{"id":23684,"date":"2016-02-05T16:08:38","date_gmt":"2016-02-05T21:08:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-buenaventura\/"},"modified":"2016-02-05T16:08:38","modified_gmt":"2016-02-05T21:08:38","slug":"san-buenaventura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-buenaventura\/","title":{"rendered":"SAN BUENAVENTURA"},"content":{"rendered":"<p>\n      Doctor de la Iglesia, cardenal-obispo de Albano, ministro general de los Frailes Menores; naci\u00f3 en Bagnorea, en las proximidades de Viterbo en 1221; muri\u00f3 en Lyons el 16 de julio de 1274. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nada se sabe de los padres de Buenaventura salvo sus nombres: Giovanni di Fidanza y Maria Ritella. No est\u00e1 claro c\u00f3mo se lleg\u00f3 a cambiar su nombre de pila, Juan, por el de Buenaventura. Se ha hecho un intento de encontrar el origen de este \u00faltimo nombre en la exclamaci\u00f3n de San Francisco de As\u00eds, O buona ventura, cuando se le trajo a Buenaventura de ni\u00f1o para ser curado de una peligrosa enfermedad. Este origen es muy improbable; parece basarse en una leyenda de fines del siglo XV. El propio Buenaventura nos cuenta (Legenda S. Francisci Prolog.) que cuando era a\u00fan ni\u00f1o se salv\u00f3 de la muerte por medio de la intercesi\u00f3n de San Francisco, pero no hay evidencia de que esta curaci\u00f3n tuviera lugar durante la vida de San Francisco, ni de que el nombre de Buenaventura se originara en alguna palabra prof\u00e9tica de San Francisco. Seguramente fue llevado por otros al Doctor Ser\u00e1fico. No se ha conservado ning\u00fan detalle sobre la juventud de Buenaventura. Ingres\u00f3 a la Orden de los Frailes Menores en 1238 o en 1243; el a\u00f1o exacto es incierto. Luke Wadding y los Bolandistas se inclinan por la \u00faltima fecha, pero la primera es apoyada por Sbaradea, Bonelli, Panfilo da Magliano y Jeiler, y parece m\u00e1s probable.  Es seguro que Buenaventura fue enviado de la provincia romana, a la que pertenec\u00eda, a completar sus estudios en la Universidad de Par\u00eds con Alejandro de Hales, el gran fundador de la Escuela Franciscana. Este \u00faltimo muri\u00f3 en 1246, seg\u00fan la opini\u00f3n generalmente aceptada, aunque a\u00fan no claramente establecida, y parece que Buenaventura se convirti\u00f3 en su disc\u00edpulo hacia 1242.  Sea como sea, Buenaventura recibi\u00f3 en 1248 la \u201clicenciatura\u201d que le daba derecho a ense\u00f1ar p\u00fablicamente como \u201cMagister regens\u201d, y continu\u00f3 ense\u00f1ando exitosamente en la universidad hasta 1256, cuando se vio obligado a dejarlo, debido a la entonces violenta explosi\u00f3n de oposici\u00f3n a las \u00f3rdenes mendicantes por parte de los profesores seglares de la universidad.  Seg\u00fan parece, \u00e9stos, celosos de los \u00e9xitos acad\u00e9micos de los dominicos y franciscanos, pretend\u00edan excluirlos de la ense\u00f1anza p\u00fablica. Los elementos latentes de discordia se hab\u00edan atizado en una llama en 1256, cuando Guillaume de Saint-Amour public\u00f3 una obra titulada \u201cLos peligros de los \u00faltimos tiempos\u201d, en la que atacaba a los frailes con gran encarnizamiento. Fue en relaci\u00f3n con esta disputa cuando Buenaventura escribi\u00f3 su tratado, \u201cDe paupertate Christi\u201d. No fue, sin embargo, Buenaventura, como algunos han afirmado err\u00f3neamente, sino el Beato Juan de Parma, quien compareci\u00f3 ante Alejandro IV en Anagni para defender a los Franciscanos contra sus adversarios. Habiendo la Santa Sede, como es bien sabido, restablecido a los mendicantes en todos sus privilegios, y habiendo sido formalmente condenado el libro de Saint-Amour, se otorg\u00f3 solemnemente el grado de doctor a San Buenaventura y a Santo Tom\u00e1s de Aquino en la universidad el 23 de octubre de 1257.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras tanto Buenaventura, aunque a\u00fan no ten\u00eda treinta y seis a\u00f1os, hab\u00eda sido elegido el 2 de febrero de 1257 Ministro general de los Frailes Menores \u2013 un cargo de particular dificultad, debido al hecho de que la orden estaba dividida por disensiones internas entre las dos facciones de los Frailes designadas respectivamente como los Spirituales y los Relaxati. Los primeros insist\u00edan en la observancia literal de la Regla original, especialmente en lo relativo a la pobreza, mientras que los segundos deseaban introducir innovaciones y mitigaciones. Esta lamentable controversia se hab\u00eda visto adem\u00e1s agravada por el entusiasmo con el que muchos de los frailes \u201cespirituales\u201d hab\u00edan adoptado las doctrinas relacionadas con el nombre del abad Joaqu\u00edn de Fiore y expuestas en el autodenominado \u201cEvangelium aeternum\u201d. La introducci\u00f3n a este pernicioso libro, que proclamaba la llegada de la administraci\u00f3n del Esp\u00edritu que iba a reemplazar la Ley de Cristo, fue falsamente atribuida al Beato Juan de Parma, que en 1257 se hab\u00eda retirado del gobierno de la orden en favor de Buenaventura. El nuevo general no perdi\u00f3 tiempo en golpear vigorosamente en ambos extremos de la orden. Por un lado, procedi\u00f3 contra varios de los \u201cespirituales\u201d joaquinistas como herejes ante un tribunal eclesi\u00e1stico en Citta della Pieve; dos de sus dirigentes fueron condenados a prisi\u00f3n perpetua, y Juan de Parma s\u00f3lo se salv\u00f3 de un destino similar por la intervenci\u00f3n personal del cardenal Ottoboni, luego Adriano V. Por otro lado, Buenaventura hab\u00eda esbozado, en una carta enc\u00edclica publicada inmediatamente despu\u00e9s de su elecci\u00f3n, un programa de reforma de los Relaxati. Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde pretendi\u00f3 poner en vigor estas reformas en el Cap\u00edtulo General de Narbona cuando las constituciones de la orden que hab\u00eda revisado fueron promulgadas de nuevo. Las as\u00ed llamadas \u201cConstitutiones Narbonenses\u201d se distribu\u00edan bajo doce cap\u00edtulos, correspondientes a los doce cap\u00edtulos de la Regla, de las que constitu\u00edan una exposici\u00f3n ilustrada y prudente, y son de capital importancia en la historia de la legislaci\u00f3n franciscana. El cap\u00edtulo que public\u00f3 este c\u00f3digo de leyes solicit\u00f3 a Buenaventura que escribiera una \u201cleyenda\u201d o vida de San Francisco que sustituyera a las que entonces estaban en circulaci\u00f3n. Esto fue en 1260. Tres a\u00f1os despu\u00e9s Buenaventura, habiendo visitado mientras tanto una gran parte de la orden, y habiendo asistido a la dedicaci\u00f3n de la capilla de La Verna y al traslado de los restos de Santa Clara y de San Antonio, convoc\u00f3 un cap\u00edtulo general de la orden en Pisa en el que se aprob\u00f3 oficialmente su reci\u00e9n compuesta vida de san Francisco como la biograf\u00eda oficial del santo con exclusi\u00f3n de todas las dem\u00e1s. En este cap\u00edtulo de 1263, Buenaventura fij\u00f3 los l\u00edmites de las diferentes provincias de la orden y, entre otras ordenanzas, prescribi\u00f3 que a la ca\u00edda de la tarde sonara una campana en honor de la Anunciaci\u00f3n, pr\u00e1ctica piadosa de la que parece haberse originado el \u00c1ngelus. No hay base, sin embargo, para la afirmaci\u00f3n de que Buenaventura prescribi\u00f3 en este cap\u00edtulo la celebraci\u00f3n de la fiesta de la Inmaculada Concepci\u00f3n en la orden. En 1264, a solicitud formal del cardenal Caetani, Buenaventura consinti\u00f3 en reasumir la direcci\u00f3n de las Clarisas a que el Cap\u00edtulo de Pisa hab\u00eda renunciado por completo el a\u00f1o antes. Sin embargo, requiri\u00f3 a las Clarisas a reconocer de vez en cuando por escrito que los favores hechos a ellas por los Frailes eran actos voluntarios de caridad que no proced\u00edan de obligaci\u00f3n alguna. Se dice que el Papa Urbano IV actu\u00f3 por sugerencia de Buenaventura cuando intent\u00f3 establecer la uniformidad de observancia en todos los monasterios de Clarisas. Por esta \u00e9poca (1264) Buenaventura fund\u00f3 en Roma la Sociedad del Gonfalone en honor de la Sant\u00edsima Virgen que, si no fue la primera confraternidad instituida en la Iglesia, como algunos han afirmado, fue ciertamente una de las primeras. En 1265 Clemente IV, por una Bula datada el 23 de noviembre, design\u00f3 a Buenaventura para el vacante arzobispado de York, pero el santo, de acuerdo con su singular humildad, rechaz\u00f3 resueltamente este honor y el Papa cedi\u00f3.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1266 Buenaventura reuni\u00f3 un cap\u00edtulo general en Par\u00eds en el que, aparte de otras decisiones, se decret\u00f3 que todas las \u201cleyendas\u201d de San Francisco escritas antes de la de Buenaventura deb\u00edan destruirse en el acto, tal como el Cap\u00edtulo de Narbona hab\u00eda ordenado en 1260 la destrucci\u00f3n de todas las constituciones anteriores a las entonces promulgadas. Este decreto ha provocado mucha cr\u00edtica hostil. Algunos querr\u00edan ver en ello un deliberado intento por parte de Buenaventura de clausurar las fuentes primitivas de la historia franciscana, para suprimir al Francisco real, y sustituirle en su lugar con uno falso. Otros, sin embargo, consideran el decreto en cuesti\u00f3n como una ordenanza puramente lit\u00fargica que pretend\u00eda garantizar la uniformidad de las \u201cleyendas\u201d en el coro. Entre estas dos opiniones en conflicto la verdad parece ser que este edicto no era nada m\u00e1s que otro intento heroico de liquidar las viejas disputas y empezar de nuevo. No se puede sino lamentar las circunstancias de este decreto, pero cuando se recuerda que las partes contendientes apelaban siempre a las palabras y acciones de San Francisco tal como se registraban en las \u201cleyendas\u201d primitivas, ser\u00eda injusto acusar al cap\u00edtulo de \u201cvandalismo literario\u201d al pretender proscribirlas. No tenemos detalles de la vida de Buenaventura entre 1266 y 1269. En este \u00faltimo a\u00f1o convoc\u00f3 su cuarto cap\u00edtulo general en As\u00eds, en el que se promulg\u00f3 que se cantara una Misa cada s\u00e1bado en toda la orden en honor de la sant\u00edsima Virgen, no, sin embargo, en honor de su Inmaculada Concepci\u00f3n como Wadding entre otros, ha afirmado err\u00f3neamente. Fue probablemente poco despu\u00e9s cuando Buenaventura compuso su \u201cApologia pauperum\u201d, en la que hace callar a Gerard de Abbeville que mediante un libelo an\u00f3nimo hab\u00eda revivido el antiguo odio de la universidad contra los frailes. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, Buenaventura contribuy\u00f3 de manera principal a reconciliar las diferencias entre los cardenales reunidos en Viterbo para elegir un sucesor de Clemente IV, que hab\u00eda muerto cerca de tres a\u00f1os antes; fue por consejo de Buenaventura que, el 1 de septiembre de 1271, eligieron un\u00e1nimemente a Teobaldo Visconti de Piacenza que tom\u00f3 el nombre de Gregorio X. Que los cardenales autorizaran seriamente a Buenaventura a designarse a s\u00ed mismo, como algunos autores afirman, es m\u00e1s improbable. Ni hay nada de cierto en el relato popular de que Buenaventura al llegar a Viterbo aconsej\u00f3 a los ciudadanos que encerraran a los cardenales con vistas a apresurar la elecci\u00f3n. En 1272 Buenaventura reuni\u00f3 por segunda vez un cap\u00edtulo general en Pisa en el que, aparte de promulgaciones de adicionales observancias regulares, se publicaron nuevos decretos con respecto a la direcci\u00f3n de las Clarisas, y se instituy\u00f3 un aniversario solemne el 25 de agosto en memoria de San Luis. Este fue el primer paso hacia la canonizaci\u00f3n del santo rey, que hab\u00eda sido amigo especial de Buenaventura, y a cuya solicitud hab\u00eda compuesto Buenaventura el \u201cOficio de la Pasi\u00f3n\u201d. El 23 de junio de 1273, Buenaventura, muy contra su voluntad, fue creado cardenal-obispo de Albano por Gregorio X. Se dice que los enviados del Papa que le trajeron el sombrero cardenalicio encontraron al santo lavando platos en el exterior de un convento cerca de Florencia y que les pidi\u00f3 que lo colgaran en un \u00e1rbol pr\u00f3ximo hasta que sus manos estuvieran libres para tomarlo. Buenaventura continu\u00f3 gobernando la Orden de Frailes Menores hasta el 20 de mayo de 1274, cuando en el Cap\u00edtulo General de Lyon, Jer\u00f3nimo de Ascoli, despu\u00e9s Nicol\u00e1s IV, fue elegido para sucederle. Mientras tanto Buenaventura hab\u00eda sido encargado por Gregorio X de preparar las cuestiones a discutir en el Decimocuarto Concilio Ecum\u00e9nico, que se abri\u00f3 en Lyon el 7 de mayo de 1274.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El propio Papa presid\u00eda el Concilio, pero confi\u00f3 la direcci\u00f3n de sus deliberaciones a Buenaventura, encarg\u00e1ndole especialmente de conferenciar con los griegos sobre los puntos relativos a la abjuraci\u00f3n de su cisma. Fue en gran medida debido a los esfuerzos de Buenaventura y a los de los frailes que hab\u00eda enviado a Constantinopla, por lo que los griegos aceptaron la uni\u00f3n que se efectu\u00f3 el 6 de julio de 1274. Buenaventura se dirigi\u00f3 dos veces a los Padres reunidos, el 18 de Mayo, durante una sesi\u00f3n del Concilio, en que predic\u00f3 sobre Baruch, 5,5, y el 29 de Junio, durante la Misa pontifical celebrada por el Papa. Mientras el Concilio estaba a\u00fan en sesi\u00f3n, Buenaventura muri\u00f3, el domingo 15 de julio de 1274. La causa exacta de su muerte es desconocida, pero si podemos dar cr\u00e9dito a la cr\u00f3nica de Peregrino de Bolonia, secretario de Buenaventura, que ha sido recuperada recientemente (1905) y editada, el santo fue envenenado. Fue enterrado la tarde siguiente a su muerte en la iglesia de los Frailes Menores de Lyon, siendo honrado con un espl\u00e9ndido funeral al que asistieron el Papa, el rey de Arag\u00f3n, los cardenales, y los dem\u00e1s miembros del Concilio. La oraci\u00f3n f\u00fanebre fue pronunciada por Pedro de Tarantasia, O.P., cardenal-obispo de Ostia, despu\u00e9s Inocencio V, y al d\u00eda siguiente durante la quinta sesi\u00f3n del Concilio, Gregorio X habl\u00f3 de la irreparable p\u00e9rdida que hab\u00eda sufrido la Iglesia por la muerte de Buenaventura, y orden\u00f3 a todos los prelados y sacerdotes de todo el mundo celebrar Misa por el descanso de su alma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Buenaventura disfrut\u00f3 de especial veneraci\u00f3n incluso durante su vida por su intachable car\u00e1cter y por los milagros atribuidos a \u00e9l. Fue Alexander de Hales quien dijo que Buenaventura parec\u00eda haber escapado a la maldici\u00f3n del pecado de Ad\u00e1n. Y la historia de Santo Tom\u00e1s visitando la celda de Buenaventura mientras este \u00faltimo escrib\u00eda la vida de San Francisco y encontr\u00e1ndolo en un \u00e9xtasis es bien conocida. \u201cDejemos a un santo trabajar por otro santo\u201d, dijo el Doctor Ang\u00e9lico mientras se retiraba. Cuando en 1434 los restos de San Buenaventura fueron trasladados a la nueva iglesia erigida en Lyon en honor de San Francisco, su cabeza se encontr\u00f3 en perfecto estado de conservaci\u00f3n, estando la lengua tan roja como en vida. Este milagro no s\u00f3lo movi\u00f3 al pueblo de Lyon a elegir a Buenaventura como su patrono especial, sino que tambi\u00e9n dio un gran impulso al proceso de su canonizaci\u00f3n. Dante, escribiendo mucho antes, hab\u00eda dado expresi\u00f3n a la opini\u00f3n popular situando a Buenaventura entre los santos en su \u201cParadiso\u201d y ninguna canonizaci\u00f3n fue nunca m\u00e1s ardiente o universalmente deseada que la de Buenaventura. Que su comienzo se retrasara tanto tiempo fue debido a las deplorables disensiones dentro de la orden tras la muerte de Buenaventura. Finalmente el 14 de abril de 1482, Buenaventura fue inscrito en el cat\u00e1logo de los santos por Sixto IV. En 1562 el santuario de Buenaventura fue saqueado por los hugonotes y la urna que conten\u00eda su cuerpo quemada en la plaza p\u00fablica. Su cabeza fue conservada por el hero\u00edsmo del superior, que la escondi\u00f3 a costa de su vida, pero desapareci\u00f3 durante la Revoluci\u00f3n Francesa y todos los esfuerzos para descubrirla han sido vanos. Buenaventura fue inscrito entre los principales Doctores de la Iglesia por Sixto V, el 14 de marzo de 1587. Su fiesta se celebra el 14 de julio. [En la reforma del santoral llevada a cabo por Pablo VI, se traslad\u00f3 su fiesta al 15 de julio.- N. del T.]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Buenaventura, como se\u00f1ala Hefele, un\u00eda en s\u00ed los dos elementos de donde procede todo lo que era noble y sublime, grande y hermoso, en la Edad Media, a saber, tierna piedad y profundo saber. Estas dos cualidades brillan notoriamente en sus escritos. Buenaventura escribi\u00f3 sobre casi todos los asuntos tratados por los escol\u00e1sticos, y sus escritos son muy numerosos. El mayor n\u00famero de ellos tratan de filosof\u00eda y teolog\u00eda. Ninguna obra de Buenaventura es exclusivamente filos\u00f3fica, pero en su \u201cComentario a las Sentencias\u201d, su \u201cBreviloquium\u201d, su \u201cItinerarium Mentis in Deum\u201d y su \u201cDe reductione Artium ad Theologiam\u201d, tratan de las cuestiones m\u00e1s importantes y dif\u00edciles de filosof\u00eda de tal manera que estas cuatro obras tomadas en conjunto contienen los elementos de un sistema completo de filosof\u00eda, y al mismo tiempo da notable testimonio de la mutua interpenetraci\u00f3n de filosof\u00eda y teolog\u00eda que es una se\u00f1al distintiva del periodo escol\u00e1stico. El Comentario sobre las \u201cSentencias\u201d sigue siendo sin duda la m\u00e1xima obra de Buenaventura; todos sus dem\u00e1s escritos est\u00e1n de alguna manera subordinados a \u00e9l. Se escribi\u00f3 superiorum praecepto (por orden de los superiores) cuando s\u00f3lo ten\u00eda veintisiete a\u00f1os y es un logro teol\u00f3gico de primera fila. Comprende m\u00e1s de cuatro mil p\u00e1ginas in folio y trata extensa y profundamente de Dios y la Trinidad, la Creaci\u00f3n y la Ca\u00edda del hombre, la Encarnaci\u00f3n y la Redenci\u00f3n, la Gracia, los Sacramentos, y el Juicio Final, es decir, que recorre todo el campo de la teolog\u00eda escol\u00e1stica. Como las dem\u00e1s Summas medievales, el \u201cComentario\u201d de Buenaventura se divide en cuatro libros. En el primero, segundo, y cuarto Buenaventura puede competir favorablemente con los mejores comentarios sobre las sentencias, pero se admite que en el tercero sobrepasa a todos los dem\u00e1s. El \u201cBreviloquium\u201d, escrito antes de 1257, es, como su nombre implica, una obra m\u00e1s corta. Hasta cierto punto es un resumen del \u201cComentario\u201d que contiene como dice Scheeben, la quintaesencia de la teolog\u00eda de la \u00e9poca, y es el m\u00e1s sublime compendio del dogma que poseemos. Es quiz\u00e1 la obra que mejor da una noci\u00f3n popular de la teolog\u00eda de Buenaventura; en ella sus facultades se ven en su mejor forma. Mientras que el \u201cBreviloquium\u201d deriva todas las cosas de Dios, el \u201cItinerarium Mentis in Deum\u201d procede en la direcci\u00f3n opuesta, devolviendo todas las cosas a su Supremo Fin. Esta \u00faltima obra, que constituy\u00f3 la delicia de Gerson durante m\u00e1s de treinta a\u00f1os, y en la que el Beato Enrique Suso se inspir\u00f3 tan ampliamente, se escribi\u00f3 en el Monte La Verna en 1259. La relaci\u00f3n de lo finito y lo infinito, lo natural y lo sobrenatural, se trata de nuevo por Buenaventura en su \u201cDe reductione Artium ad Theologiam\u201d, una peque\u00f1a obra escrita para demostrar la relaci\u00f3n que la filosof\u00eda y las artes tienen con la teolog\u00eda, y para probar que son absorbidas por ella como en su centro natural. No debe inferirse, sin embargo, que la filosof\u00eda, en opini\u00f3n de Buenaventura no posea una existencia propia. Los pasajes de las obras de Buenaventura en que se pueda fundar tal opini\u00f3n s\u00f3lo van a probar que no considera la filosof\u00eda como el principal o \u00faltimo fin de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica y la especulaci\u00f3n. Adem\u00e1s, s\u00f3lo cuando se la compara con la teolog\u00eda considera a la filosof\u00eda como de orden inferior. Considerada en s\u00ed misma, la filosof\u00eda es, seg\u00fan Buenaventura, una verdadera ciencia, anterior en cuanto al tiempo a la teolog\u00eda. Adem\u00e1s, la preeminencia de Buenaventura como m\u00edstico no permite oscurecer sus trabajos en el dominio filos\u00f3fico, pues fue indudablemente uno de los m\u00e1ximos fil\u00f3sofos de la Edad Media.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La filosof\u00eda de Buenaventura, no menos que su teolog\u00eda, manifiesta su profundo respeto por la tradici\u00f3n. Miraba con disgusto las nuevas opiniones y siempre se esforz\u00f3 por seguir las generalmente recibidas en su \u00e9poca. As\u00ed, entre las dos grandes influencias que determinaron la tendencia del Escolasticismo hacia mediados del Siglo XIII, no cabe duda que Buenaventura siempre sigui\u00f3 siendo un fiel disc\u00edpulo de Agust\u00edn y siempre defendi\u00f3 la ense\u00f1anza de ese Doctor; aunque de ninguna manera repudi\u00f3 la ense\u00f1anza de Arist\u00f3teles. Aunque basando su doctrina en la de la escuela antigua, Buenaventura tom\u00f3 no poco prestado de la nueva. Aunque critic\u00f3 severamente los defectos de Arist\u00f3teles, se dice que ha citado m\u00e1s frecuentemente a \u00e9ste que lo que lo hab\u00eda hecho ninguno de los anteriores escol\u00e1sticos .Quiz\u00e1 se inclinaba m\u00e1s, en conjunto, a algunas opiniones generales de Plat\u00f3n que a las de Arist\u00f3teles, pero no se le puede llamar por ello un plat\u00f3nico. Aunque adopt\u00f3 la teor\u00eda hilom\u00f3rfica de la materia y la forma, Buenaventura, siguiendo a Alexander de Hales, cuya Summa parece haber tenido delante al componer sus propias obras, no limita la materia a los seres corporales, sino que sostiene que una y la misma especie de materia es igualmente el sustrato de los seres espirituales y corporales. Seg\u00fan Buenaventura, la materia prima no es un mero quid indeterminado, sino que contiene las rationes seminales infundidas por el Creador al principio, y tiende a la adquisici\u00f3n de las formas espec\u00edficas que finalmente asume. La forma sustancial no es, en opini\u00f3n de Buenaventura, esencialmente una, como ense\u00f1aba Santo Tom\u00e1s. Otro punto en el que Buenaventura, como representante de la escuela franciscana, discrepa de Santo Tom\u00e1s es el que se refiere a la posibilidad de creaci\u00f3n desde la eternidad. Declara que la raz\u00f3n puede demostrar que el mundo no se cre\u00f3 ab aeterno. En su sistema de ideolog\u00eda Buenaventura no favorece ni la doctrina de Plat\u00f3n ni la de los ontologistas. S\u00f3lo malinterpretando por completo la ense\u00f1anza de Buenaventura puede leerse en ella una interpretaci\u00f3n ontologista. Pues es m\u00e1s enf\u00e1tico al rechazar cualquier visi\u00f3n inmediata o directa de Dios o de sus atributos divinos en esta vida. En cuanto al resto, la psicolog\u00eda de Buenaventura no difiere en ning\u00fan punto esencial de la ense\u00f1anza com\u00fan de los escol\u00e1sticos. Lo mismo es cierto, en t\u00e9rminos generales, de su teolog\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los escritos teol\u00f3gicos de Buenaventura pueden clasificarse en cuatro cap\u00edtulos: dogm\u00e1tica, m\u00edstica, exeg\u00e9tica y homil\u00e9tica. Su ense\u00f1anza dogm\u00e1tica se encuentra principalmente en su \u201cComentario sobre las Sentencias\u201d y en su \u201cBreviloquium\u201d. Al tratar de la Encarnaci\u00f3n, Buenaventura no difiere sustancialmente de Santo Tom\u00e1s. En respuesta a la pregunta \u201c\u00bfHabr\u00eda tenido lugar la Encarnaci\u00f3n si Ad\u00e1n no hubiera pecado?\u201d, responde de manera negativa. Tambi\u00e9n, no obstante su profunda devoci\u00f3n por la Sant\u00edsima Virgen, favorece la opini\u00f3n que no la exime del pecado original, quia magis consonat fidei pietate et sanctorum auctoritati. Pero el tratamiento por Buenaventura de esta cuesti\u00f3n se\u00f1al\u00f3 un claro avance, e hizo m\u00e1s quiz\u00e1 que ning\u00fan otro antes de Escoto para aclarar el terreno para su correcta presentaci\u00f3n. Su tratado sobre los sacramentos es en su mayor parte pr\u00e1ctico y se caracteriza por un elemento claramente devoto. Esto se muestra especialmente en su tratamiento de la Sagrada Eucarist\u00eda. Rechaza la doctrina de la eficacia f\u00edsica, y admite s\u00f3lo una moral, en los sacramentos. Es de lamentar que las opiniones de Buenaventura en \u00e9sta y otras cuestiones controvertidas sean tan a menudo tergiversadas, incluso por autores recientes. Por ejemplo, al menos tres de los m\u00e1s recientes y mejor conocidos manuales de dogma al tratar de cuestiones como \u201cDe angelorum natura\u201d, \u201cDe scientia Christi\u201d, \u201cDe natura distinctionis inter caritatem et gratiam sanctificantem\u201d, \u201cDe causalitatem sacramentorum\u201d, \u201cDe statu parvulorum sine baptismo morientium\u201d, atribuyen gratuitamente a Buenaventura opiniones que son totalmente discrepantes con su ense\u00f1anza real. Es claro que Buenaventura, como todos los escol\u00e1sticos, expuso opiniones no estrictamente correctas con respecto a cuestiones a\u00fan no definidas o claramente establecidas, pero incluso aqu\u00ed su ense\u00f1anza representa las ideas m\u00e1s aceptables y profundas de su \u00e9poca y se\u00f1ala un estadio notable en la evoluci\u00f3n del conocimiento. La autoridad de Buenaventura siempre ha sido muy grande en la Iglesia. Aparte de su influencia personal en Lyon (1274), sus escritos tuvieron gran peso en los posteriores concilios de Vienne (1311), Constanza (1417), Basilea (1435), y Florencia (1438). En Trento (1546) sus escritos, como observa Newman (Apologia, cap. v) tuvieron un efecto cr\u00edtico en algunas de las definiciones del dogma, y en el Concilio Vaticano [I] (1870), frases de ellos se incorporaron a los decretos referentes a la supremac\u00eda e infalibilidad papal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo una peque\u00f1a parte de los escritos de Buenaventura son propiamente m\u00edsticos. Se caracterizan por la brevedad y por una fiel adhesi\u00f3n a la ense\u00f1anza del Evangelio. El perfeccionamiento del alma mediante el desarraigo del vicio y la implantaci\u00f3n de la virtud es su principal preocupaci\u00f3n. Hay un grado de oraci\u00f3n en el que se produce el \u00e9xtasis. Cuando se alcanza, se ha de dar gracias sinceramente a Dios. Debe, sin embargo, ser considerado s\u00f3lo como incidental. No es de ning\u00fan modo esencial a la posesi\u00f3n de la perfecci\u00f3n en grado supremo. Tal es el esbozo general del misticismo de Buenaventura que es en gran medida una continuaci\u00f3n y desarrollo del que San V\u00edctor ya hab\u00eda expuesto. El resumen m\u00e1s corto y m\u00e1s completo de \u00e9l se encuentra en su \u201cDe Triplici Via\u201d, a menudo llamada err\u00f3neamente el \u201cIncendium Amoris\u201d, en el que distingue los diversos estadios o grados de caridad perfecta. Lo que el \u201cBreviloquium\u201d es al Escolasticismo, es el \u201cDe Triplici Via\u201d al misticismo: un compendio perfecto de todo lo que hay de mejor en ello. Savonarola hizo un piadoso e ilustrado comentario sobre \u00e9l. Quiz\u00e1 el mejor conocido de los dem\u00e1s escritos asc\u00e9ticos y m\u00edsticos de Buenaventura es el \u201cSoliloquium\u201d, una especie de di\u00e1logo que contiene una rica colecci\u00f3n de pasajes de los Padres sobre cuestiones espirituales; el \u201cLignum vitae\u201d, una serie de cuarenta y ocho meditaciones devotas sobre la vida de Cristo, el \u201cDe sex alis seraphim\u201d, un precioso op\u00fasculo sobre las virtudes de los superiores, que el Padre Claudio Acquaviva hizo que se imprimiera separadamente y circulara por toda la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas; la \u201cVitis mystica\u201d, una obra sobre la Pasi\u00f3n, que fue durante mucho tiempo atribuida err\u00f3neamente a San Bernardo, y \u201cDe perfectione vitae\u201d, un tratado que pinta las virtudes que conducen a la perfecci\u00f3n religiosa, y que parece haberse escrito para uso de la Beata Isabella de Francia, que hab\u00eda fundado un monasterio de clarisas en Longchamps.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las obras exeg\u00e9ticas de Buenaventura fueron muy estimadas en la Edad Media y siguen siendo a\u00fan un tesoro de pensamientos y tratados. Incluyen comentarios sobre los Libros del Eclesiast\u00e9s y la Sabidur\u00eda y sobre los Evangelios de San Lucas y San Juan. Adem\u00e1s de su comentario al Cuarto Evangelio, Buenaventura compuso unas \u201cCollationes in Joanem\u201d, noventa y una conferencias sobre asuntos relacionados con \u00e9l. Sus \u201cCollationes in Hexameron\u201d es una obra de la misma clase, pero su t\u00edtulo, que no es originario de Buenaventura, en cierto modo induce a error. Consiste en un curso inacabado de instrucciones dadas en Par\u00eds en 1273. Buenaventura no pretend\u00eda en estos veinti\u00fan discursos explicar la obra de los seis d\u00edas, sino m\u00e1s bien extraer algunas instrucciones an\u00e1logas del primer cap\u00edtulo del G\u00e9nesis, como advertencia a sus oyentes contra algunos errores del momento. Es una exageraci\u00f3n decir que Buenaventura considera s\u00f3lo el sentido m\u00edstico de las Escrituras. En sus escritos que son propiamente exeg\u00e9ticos sigue el texto, aunque tambi\u00e9n desarrolla las conclusiones pr\u00e1cticas que se deducen de \u00e9l, pues en la composici\u00f3n de estas obras ten\u00eda la ventaja del predicador principalmente en vistas. Buenaventura hab\u00eda concebido la idea m\u00e1s sublime del ministerio de la predicaci\u00f3n, y no obstante sus m\u00faltiples labores en otros campos, este ministerio siempre tuvo un lugar especial entre sus trabajos. No descuid\u00f3 ninguna oportunidad de predicar, bien al clero, al pueblo, o a sus propios frailes, y el Beato Francisco de Fabriano (muerto en 1322), su contempor\u00e1neo y oyente, da testimonio de que el renombre de Buenaventura como predicador sobrepas\u00f3 su fama como maestro. Predic\u00f3 ante Papas y reyes, en Espa\u00f1a y en Alemania, tanto como en Francia y en Italia. Casi quinientos sermones aut\u00e9nticos de Buenaventura han llegado hasta nosotros; la mayor parte de ellos fueron dados en Par\u00eds ante la universidad mientras Buenaventura era profesor all\u00ed, o despu\u00e9s de que se convirtiera en ministro general. La mayor parte de ellos fueron tomados por algunos de sus oyentes y conservados as\u00ed para la posteridad. En sus sermones sigue el m\u00e9todo escol\u00e1stico de adelantar las divisiones de su materia y exponer luego cada divisi\u00f3n seg\u00fan los diversos sentidos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparte de sus escritos filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos, Buenaventura dej\u00f3 un cierto n\u00famero de obras referentes a la vida religiosa, pero m\u00e1s especialmente a la Orden Franciscana. Entre estas \u00faltimas est\u00e1 su bien conocida explicaci\u00f3n de la regla de los Frailes Menores; en esta obra, escrita en una \u00e9poca en que las disensiones dentro de la orden respecto a la observancia de la Regla eran tan dolorosamente acusadas, adopt\u00f3 una actitud conciliatoria, no aprobando ni la interpretaci\u00f3n de los Zelanti ni las de los Relaxati. Su objetivo era promover la armon\u00eda en lo esencial. Con esta finalidad en vistas, hab\u00eda elegido un camino intermedio al comienzo y se adhiri\u00f3 firmemente al mismo durante los diecisiete a\u00f1os de su generalato. Si alguien hubiera podido tener \u00e9xito en unir la orden, habr\u00eda sido Buenaventura; pero la v\u00eda media demostr\u00f3 ser impracticable, y la personalidad de Buenaventura s\u00f3lo sirvi\u00f3 para contener los elementos de discordia, posteriormente representados por los Conventuales y los Fraticelli. A continuaci\u00f3n de su explicaci\u00f3n de la Regla viene el importante tratado de Buenaventura que incorpora las Constituciones de Narbona ya referidas. Hay tambi\u00e9n una respuesta de Buenaventura a algunas cuestiones relativas a la Regla, un tratado sobre la direcci\u00f3n de novicios, y un op\u00fasculo en el que Buenaventura declara por qu\u00e9 los Frailes Menores predican y oyen confesiones, aparte de cierto n\u00famero de cartas que nos dan una idea espec\u00edfica del car\u00e1cter del santo. Estas incluyen las cartas oficiales escritas por Buenaventura como general a los superiores de la orden, tanto como cartas personales dirigidas, como esa \u201cAd innominatum magistrum\u201d, a individuos privados. La hermosa \u201cLegenda\u201d o vida de San Francisco completa los escritos de Buenaventura en que se esfuerza en promover el bienestar espiritual de sus hermanos. Esta bien conocida obra se compone de dos partes de muy desigual valor. En la primera, Buenaventura publica los hechos in\u00e9ditos que hab\u00eda podido reunir en As\u00eds y otros lugares; en la otra meramente resume y repite lo que otros, y especialmente Celano, ya hab\u00edan registrado. En conjunto, es esencialmente una legenda pacis, compilada principalmente con vistas a pacificar la malhadada discordia que a\u00fan hac\u00eda estragos en la orden. El objetivo de San Buenaventura era presentar un retrato general del santo fundador que, mediante la omisi\u00f3n de ciertos puntos que hab\u00edan dado origen a la controversia, fuera aceptable a todas las partes. Este objetivo era seguramente leg\u00edtimo incluso aunque desde un punto de vista cr\u00edtico la obra no sea una biograf\u00eda perfecta. De esta \u201cLegenda Major\u201d, como vino a ser llamada, Buenaventura hizo un resumen ordenado para su uso en el coro y conocida como la \u201cLegenda Minor\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Buenaventura fue el verdadero heredero y seguidor de Alejandro de Hales y el continuador de la antigua escuela franciscana fundada por el Doctor Irrefragabilis, pero sobrepas\u00f3 a este \u00faltimo en perspicacia, fertilidad de imaginaci\u00f3n y originalidad de expresi\u00f3n. Su lugar apropiado est\u00e1 junto a su amigo Santo Tom\u00e1s, en cuanto son los dos m\u00e1ximos te\u00f3logos del Escolasticismo. Si es verdad que el sistema de Santo Tom\u00e1s est\u00e1 m\u00e1s acabado que el de Buenaventura, debe recordarse que, mientras que Santo Tom\u00e1s fue libre de dedicarse al estudio hasta el fin de sus d\u00edas, Buenaventura a\u00fan no hab\u00eda recibido el grado de doctor cuando fue llamado a gobernar su orden y se vio agobiado en consecuencia por m\u00faltiples preocupaciones. Las pesadas responsabilidades que soport\u00f3 hasta unas semanas antes de su muerte fueron incompatibles con ulteriores estudios e incluso le imposibilitaron de completar lo que hab\u00eda comenzado antes de los treinta y seis a\u00f1os. Tambi\u00e9n, al intentar hacer una comparaci\u00f3n entre Buenaventura y Santo Tom\u00e1s, debemos recordar que los dos santos fueron de una diferente inclinaci\u00f3n mental; cada uno tuvo cualidades en las que sobresal\u00eda; uno era en cierto sentido el complemento del otro; uno supl\u00eda lo que le faltaba al otro. As\u00ed Tom\u00e1s era anal\u00edtico, Buenaventura sint\u00e9tico; Tom\u00e1s fue el Arist\u00f3teles cristiano, Buenaventura el verdadero disc\u00edpulo de Agust\u00edn; Tom\u00e1s fue el maestro de las escuelas, Buenaventura el de la vida pr\u00e1ctica; Tom\u00e1s ilustr\u00f3 la mente, Buenaventura inflamaba el coraz\u00f3n; Tom\u00e1s extend\u00eda el Reino de Dios por amor a la teolog\u00eda, Buenaventura por la teolog\u00eda del amor. Incluso los que sostienen que Buenaventura no alcanza el nivel de Tom\u00e1s en la esfera de la especulaci\u00f3n escol\u00e1stica conceden que como m\u00edstico sobrepasa al Doctor Ang\u00e9lico. En este particular reino de la teolog\u00eda, Buenaventura iguala, si no sobrepasa, al propio San Bernardo. Le\u00f3n XIII llama correctamente a Buenaventura el Pr\u00edncipe de los M\u00edsticos: \u201cHabiendo escalado las dif\u00edciles cumbres de la especulaci\u00f3n de una manera muy notable, trat\u00f3 la teolog\u00eda m\u00edstica con tal perfecci\u00f3n que en la opini\u00f3n com\u00fan de los sabios es el facile princeps en este campo.\u201d (Alocuci\u00f3n del 11 de octubre de 1890). No debe concluirse, sin embargo, que los escritos m\u00edsticos de Buenaventura constituyan su principal t\u00edtulo a la fama. Esta conclusi\u00f3n, en cuanto que parece implicar una desaprobaci\u00f3n de sus trabajos en el campo del Escolasticismo, se opone a las declaraciones expl\u00edcitas de varios Pont\u00edfices y eminentes eruditos, es incompatible con la reconocida reputaci\u00f3n de Buenaventura en las escuelas, y se excluye mediante una lectura inteligente de sus obras. Como cuesti\u00f3n de hecho, la mitad de un volumen de los diez que comprende la edici\u00f3n de Quaracchi basta para contener los escritos m\u00edsticos y asc\u00e9ticos de Buenaventura. Aunque las solas obras m\u00edsticas de Buenaventura bastar\u00edan para colocarlo en primera fila, aun as\u00ed solamente se le puede llamar un m\u00edstico m\u00e1s que un escol\u00e1stico en cuanto que todo asunto del que trata se hace converger finalmente en Dios. Este permanente sentido de la presencia de Dios que se extiende por todos los escritos de Buenaventura es quiz\u00e1 su atributo fundamental. A \u00e9l podemos remontar esa unci\u00f3n que lo impregna todo que es su peculiar caracter\u00edstica. Como expresa acertadamente Sixto V: \u201cAl escribir uni\u00f3 a la erudici\u00f3n m\u00e1s alta una cantidad igual de la m\u00e1s ardiente piedad; de forma que mientras iluminaba a sus lectores tambi\u00e9n emocionaba sus corazones penetrando en los m\u00e1s \u00edntimos escondrijos de sus almas\u201d (Bula Triumphantis Jerusalem). San Antonino, Dionisio el Cartujo, Fray Luis de Granada, y el Padre Claude de la Colombi\u00e8re, entre otros, han se\u00f1alado tambi\u00e9n esta caracter\u00edstica de los escritos de Buenaventura. Invariablemente busca suscitar la devoci\u00f3n tanto como impartir conocimiento. Nunca separa uno del otro, sino que trata materias del saber devotamente y materias devotas sabiamente. Buenaventura, sin embargo, nunca sacrifica la verdad a la devoci\u00f3n, pero su tendencia a preferir una opini\u00f3n que suscita devoci\u00f3n a una especulaci\u00f3n \u00e1rida e insegura puede contribuir a explicar no poca de la amplia popularidad que disfrutaron sus escritos entre sus contempor\u00e1neos y todas las \u00e9pocas posteriores. De nuevo Buenaventura se distingue de los dem\u00e1s escol\u00e1sticos no s\u00f3lo por la mayor calidez de su ense\u00f1anza religiosa, sino tambi\u00e9n por su tendencia pr\u00e1ctica como se\u00f1ala Trithemius (Scriptores Eccles.). Muchas cuestiones puramente especulativas son pasadas por alto por Buenaventura; en casi todo lo que escribe hay un car\u00e1cter directo. Ninguna finalidad \u00fatil, declara, se logra por la mera controversia. Es incluso tolerante y modesto. As\u00ed, mientras que \u00e9l mismo acepta la interpretaci\u00f3n literal del primer cap\u00edtulo del G\u00e9nesis, Buenaventura reconoce la admisibilidad de otra diferente y se refiere con admiraci\u00f3n a la explicaci\u00f3n figurativa propuesta por San Agust\u00edn. Nunca condena las opiniones de los dem\u00e1s y enf\u00e1ticamente rechaza eso como finalidad de las suyas propias. De hecho afirma la peque\u00f1ez de su autoridad, renuncia a toda pretensi\u00f3n de originalidad y se llama a s\u00ed mismo un \u201cpobre compilador\u201d.Sin duda las obras de Buenaventura revelan algunos de los defectos del saber de su \u00e9poca, pero no hay nada en ellas que huela a sutileza in\u00fatil. \u201cUno no encuentra en sus p\u00e1ginas\u201d, se\u00f1ala Gerson (De Examin. Doctrin.) \u201cvanas frusler\u00edas o cavilaciones in\u00fatiles, ni mezcla como hacen muchos otros, prolijas digresiones con discusiones teol\u00f3gicas serias\u201d. \u201cEsta\u201d, a\u00f1ade, \u201ces la raz\u00f3n por la que San Buenaventura ha sido abandonado por aquellos escol\u00e1sticos que est\u00e1n desprovistos de piedad, cuyo n\u00famero no es, \u00a1ay!, sino demasiado amplio\u201d. Se ha dicho que el esp\u00edritu m\u00edstico de Buenaventura le incapacitaba para el an\u00e1lisis sutil. Sea como sea, uno de los m\u00e1ximos encantos de los escritos de Buenaventura es su sencilla claridad. Aunque ten\u00eda que hacer necesariamente uso del m\u00e9todo escol\u00e1stico, se elev\u00f3 por encima de la dial\u00e9ctica, y aunque su argumentaci\u00f3n puede parecer a veces demasiado engorrosa para encontrar aprobaci\u00f3n en nuestra \u00e9poca, aun as\u00ed escribe con una facilidad y gracia de estilo que uno busca en vano en los dem\u00e1s escol\u00e1sticos. Para las mentes de sus contempor\u00e1neos impregnados del misticismo de la Edad Media, el esp\u00edritu que alentaba en los escritos de Buenaventura parec\u00eda encontrar su paralelismo en los que estaban m\u00e1s pr\u00f3ximos al Trono, y el t\u00edtulo de \u201cDoctor Ser\u00e1fico\u201d que se otorg\u00f3 a Buenaventura es un innegable tributo a su amor por Dios que lo absorb\u00eda todo. Este t\u00edtulo parece hab\u00e9rsele dado por primera vez en 1333 en el Pr\u00f3logo de la \u201cPantheologia\u201d por Rainiero de Pisa O.P. Mientras ense\u00f1aba en Par\u00eds ya hab\u00eda recibido el nombre de Doctor Devotus.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Orden Franciscana siempre ha considerado a Buenaventura como uno de sus m\u00e1ximos doctores y desde el comienzo su ense\u00f1anza encontr\u00f3 muchos expositores distinguidos dentro de la Orden, estando entre los m\u00e1s antiguos sus propios disc\u00edpulos, John Peckham, m\u00e1s tarde arzobispo de Canterbuty, Matteo de Acquasparta y Alessandro di Alessandria (muerto en 1314), que llegaron ambos a ser ministros generales de la orden. El \u00faltimo escribi\u00f3 una \u201cSumma quaestionum S. Bonaventura\u201d. Otros comentarios bien conocidos son los de Juan de Erfurt (muerto en 1317), Verilongus (muerto en 1464), Brulifer (muerto ca. 1497), de Combes (muerto en 1570), Trigosus (muerto en 1616), Coriolano (muerto en 1625), Zamora (muerto en 1649), Bontemps (muerto en 1672), Hauzeur (muerto en 1676), Bonelli (muerto en 1773), etc. Desde el Siglo XIV al XVI la influencia de Buenaventura fue indudablemente un tanto oscurecida por la de Duns Escoto, debido en gran parte a la prominencia de este \u00faltimo como campe\u00f3n de la Inmaculada Concepci\u00f3n en las disputas entre Franciscanos y Dominicos. Sixto V, sin embargo, fund\u00f3 una c\u00e1tedra espec\u00edfica en Roma para el estudio de San Buenaventura; tales c\u00e1tedras existieron tambi\u00e9n en varias universidades, notablemente en Ingolstadt, Salzburgo, Valencia, y Osuna. Es digno de se\u00f1alarse que los Capuchinos prohibieron a sus frailes seguir a Escoto y les ordenaron volver al estudio de Buenaventura. Las celebraciones del centenario de 1874 parecen haber revivido el inter\u00e9s por la vida y obra de San Buenaventura. Lo cierto es que desde entonces el estudio de sus escritos se ha incrementado continuamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desgraciadamente no todos los escritos de Buenaventura han llegado hasta nosotros. Algunos se perdieron antes de la invenci\u00f3n de la imprenta. Por otro lado, varias obras que se le han atribuido en el curso del tiempo no son suyas. Tales son el \u201cCentiloquium\u201d, el \u201cSpeculum Disciplinae\u201d, que es probablemente obra de Bernardo de Besse, secretario de Buenaventura; la r\u00edtmica \u201cPhilomela\u201d, que parece ser de la pluma de John Peckham; el \u201cStimulus Amoris\u201d y el \u201cSpeculum B.V.M.\u201d, escritos respectivamente por Jacobo de Mil\u00e1n y Conrado de Sajonia; \u201cLa Leyenda de Santa Clara\u201d, que es de Tom\u00e1s de Celano; las \u201cMeditationes vitae Christi\u201d compuestas por un Fraile Menor para una Clarisa, y la \u201cBiblia Pauperum\u201d del dominico Nicol\u00e1s de Hanapis. Los familiarizados con los cat\u00e1logos de las bibliotecas europeas son conocedores de que ning\u00fan autor desde la Edad Media ha sido m\u00e1s ampliamente le\u00eddo y copiado que Buenaventura. Los cat\u00e1logos m\u00e1s antiguos de sus obras son los dados por Salimbene (1282), Enrique de Gante (muerto en 1293), Ubertino de Casale (1305), Ptolomeo de Lucca (1327) y la \u201cCr\u00f3nica de los XXIV Generales\u201d (1368). El Siglo XV vio no menos de cincuenta ediciones de las obras de Buenaventura. M\u00e1s c\u00e9lebre que ninguna edici\u00f3n precedente fue la publicada en Roma (1588-96) por orden de Sixto V (7 vols. in fol.). Fue reimpresa con s\u00f3lo ligeras enmiendas en Metz en 1609 y en Lyon en 1678. Una cuarta edici\u00f3n apareci\u00f3 en Venecia (13 vols. in cuarto) en 1751, y fue reimpresa en Par\u00eds en 1864. Todas estas ediciones eran muy imperfectas en cuanto que incluyen obras espurias y omiten genuinas. Han sido completamente sustituidas por la c\u00e9lebre edici\u00f3n cr\u00edtica publicada por los Frailes Menores en Quaracchi, cerca de Florencia. Cualquier estudio cient\u00edfico de Buenaventura debe basarse en esta edici\u00f3n, a la que no s\u00f3lo Le\u00f3n XIII (13 de diciembre de 1885) y P\u00edo X (11 de abril de 1904), sino los estudiosos de todo el mundo han colmado de los m\u00e1s altos elogios. No parece haberse omitido nada que pueda hacer esta edici\u00f3n perfecta y completa. Para su preparaci\u00f3n los editores visitaron m\u00e1s de 400 bibliotecas y examinaron cerca de 52.000 manuscritos, mientras que el primer volumen solo contiene 20.000 variantes de lectura. Se comenz\u00f3 por el Padre Fidelis a Fanna (muerto en 1881) y se termin\u00f3 por el Padre Ignatius Jeiler (muerto en 1904): \u201cDoctoris Seraphici S. Bonaventurae S.H.B. Episcopi Cardinalis Opera Omnia, &#8212; edita studio et cura P.P. Collegii S. Bonaventura in fol. ad Claras Aquas [Quaracchi] 1882-1902\u201d. En esta edici\u00f3n las obras del santo se distribuyen entre los diez vol\u00famenes como sigue: los cuatro primeros contienen sus magnos \u201cComentarios sobre el Libro de Sentencias\u201d; el quinto comprende ocho obras escol\u00e1sticas m\u00e1s cortas tales como el \u201cBreviloquium\u201d y el \u201cItinerarium\u201d; el sexto y s\u00e9ptimo se dedican a sus comentarios a las Escrituras; el octavo contiene sus escritos asc\u00e9ticos y m\u00edsticos y las obras que hacen especial referencia a la orden; el noveno sus sermones; mientras que el d\u00e9cimo se dedica al \u00edndice y a un breve esbozo de la vida y escritos del santo por el Padre Ignatius Jeiler.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No poseemos ninguna biograf\u00eda formal contempor\u00e1nea de san Buenaventura. La escrita por el franciscano espa\u00f1ol, Zamora, que floreci\u00f3 antes de 1300, no se ha conservado. Las referencias a la vida de Buenaventura contenidas en las obras de Salimbene (1282), Bernardo de Besse (ca. 1380), el Beato Francisco de Fabriano (muerto en 1332), Angelo Clareno (muri\u00f3 en 1337), Ubertino de Casale (muri\u00f3 en 1338), Bartolom\u00e9 de Pisa (muri\u00f3 en 1399) y la \u201cCr\u00f3nica de los XXIV Generales\u201d (ca. 1368) est\u00e1n en el volumen X de la Edici\u00f3n de Quaracchi (p\u00e1gs. 39-72).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Robinson, Paschal. \u00abSt. Bonaventure.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 2. New York: Robert Appleton Company, 1907.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/02648c.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Francisco V\u00e1zquez\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Doctor de la Iglesia, cardenal-obispo de Albano, ministro general de los Frailes Menores; naci\u00f3 en Bagnorea, en las proximidades de Viterbo en 1221; muri\u00f3 en Lyons el 16 de julio de 1274. Nada se sabe de los padres de Buenaventura salvo sus nombres: Giovanni di Fidanza y Maria Ritella. No est\u00e1 claro c\u00f3mo se lleg\u00f3 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-buenaventura\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSAN BUENAVENTURA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23684","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23684","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23684"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23684\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23684"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23684"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23684"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}