{"id":23865,"date":"2016-02-05T16:15:22","date_gmt":"2016-02-05T21:15:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/celibato-sacerdotal-en-el-debate-teologico-actual\/"},"modified":"2016-02-05T16:15:22","modified_gmt":"2016-02-05T21:15:22","slug":"celibato-sacerdotal-en-el-debate-teologico-actual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/celibato-sacerdotal-en-el-debate-teologico-actual\/","title":{"rendered":"CELIBATO SACERDOTAL EN EL DEBATE TEOLOGICO ACTUAL"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Planteamientos y consideraciones sobre el celibato sacerdotal<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Convergencias: el ministerio y el celibato<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 \u00bfObligaci\u00f3n del celibato?<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Carisma y opci\u00f3n libre del celibato<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 El modelo de un clero casado y c\u00e9libe<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Crisis y realismo del celibato sacerdotal despu\u00e9s de Vaticano II<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 Tensi\u00f3n valorativa<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">9 Deserciones sacerdotales<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-10\">10 Menos ilusi\u00f3n y m\u00e1s realismo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-11\">11 Soledad<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-12\">12 Formaci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-13\">13 La ense\u00f1anza de la Iglesia sobre el celibato<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-14\">14 Influencias teol\u00f3gicas sobre el sacerdocio<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-15\">15 Cambio en las perspectivas morales<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-16\">16 Influencias culturales e intelectuales<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-17\">17 Libertad y verdad<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-18\">18 Relativismo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-19\">19 Cientifismo y utilitarismo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-20\">20 Individualismo y democratizaci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-21\">21 La moral relegada al \u00e1mbito privado<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-22\">22 Recuperar el conocimiento de la esencia del sacerdocio y el celibato<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-23\">23 Redescubrir el sacerdocio<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-24\">24 Origen y evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del celibato sacerdotal<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-25\">25 Aspectos hist\u00f3ricos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-26\">26 El celibato en la Iglesia Latina<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-27\">27 Concilio de Elvira<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-28\">28 El Concilio de Cartago<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-29\">29 Los Decretales de Siricio<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-30\">30 El testimonio de los Padres de la Iglesia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-31\">31 Legislaci\u00f3n del siglo VI sobre el celibato<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-32\">32 Algunas reformas en occidente entre los siglos VII-X<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-33\">33 La reforma gregoriana y la disciplina eclesi\u00e1stica del celibato del siglo XI-XIII<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-34\">34 El Concilio de Trento y la reforma protestante respecto al sacerdocio y el celibato<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-35\">35 Antecedentes del Concilio de Trento<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-36\">36 Respuesta a los reformadores<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-37\">37 El Concilio de Trento<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-38\">38 Desde la Revoluci\u00f3n Francesa a la actualidad<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-39\">39 La praxis hist\u00f3rica del celibato en la Iglesia oriental<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-40\">40 Legislaci\u00f3n de la Iglesia oriental<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-41\">41 Leyes imperiales<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-42\">42 Concilio de Trullo (691)<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-43\">43 El matrimonio obligado de los sacerdotes<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-44\">44 Consecuencias de Trullo sobre la teolog\u00eda del sacerdocio<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-45\">45 Continencia temporal e introducci\u00f3n del celibato en algunas Iglesias orientales<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-46\">46 Bases escritur\u00edsticas sobre el celibato<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-47\">47 Aspectos b\u00edblicos del celibato<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-48\">48 El celibato en el Antiguo Testamento y en la \u00e9poca intertestamentaria<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-49\">49 Tradiciones culturales jud\u00edas<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El celibato sacerdotal ha sido un tema de amplio debate durante mucho tiempo. Actualmente, se ha convertido en un tema de palpitante inter\u00e9s para los medios de comunicaci\u00f3n, a lo que han contribuido en gran medida, los recientes ejemplos de ruptura con este compromiso de ciertos personajes relevantes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.- Son diversas las cuestiones que se plantean con respecto al celibato en el momento actual. Se suele decir que el celibato crea una barrera entre el sacerdote y la gente, especialmente con los casados, por cuanto dificulta la empat\u00eda con las dificultades que \u00e9stos pueden encontrar. Mientras unos afirman que el celibato conduce al aislamiento psicol\u00f3gico y emocional, otros ven en \u00e9l una represi\u00f3n de sentimientos e inclinaciones naturales que atrofia el crecimiento normal de la personalidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; A menudo se afirma que el celibato es una carga para la mayor\u00eda de los sacerdotes, una causa de soledad y de omisi\u00f3n  del ejercicio de sus obligaciones. Y no es raro encontrarnos, en alg\u00fan editorial de peri\u00f3dico, como muestra de aprobaci\u00f3n a sus afirmaciones, que \u201cs\u00f3lo un dos por ciento de las personas que se comprometen al celibato logran ser fieles a su compromiso\u201d . Y se llega afirmar, en todo caso, que, puesto que el celibato no es un precepto de ley divina, sino m\u00e1s bien de disciplina eclesi\u00e1stica, puede verse modificado en cualquier momento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.- Ante tal situaci\u00f3n de la Iglesia y sus ministros, en el mundo actual, un n\u00famero de te\u00f3logos distinguidos (entre ellos W. Kasper, H. Kung , G. Kraus, K. Lehmann; B. Sesboue, etc.) y de manifiestos  que consideran urgente la necesidad de llevar a cabo una reforma valiente de las condiciones de acceso al sacerdocio. En concreto, se pide a la administraci\u00f3n eclesial la abolici\u00f3n de la ley del celibato o la opci\u00f3n libre del celibato y la admisi\u00f3n de personas casadas a la ordenaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fundamentalmente, esta abolici\u00f3n de la ley del celibato significa anular la ley del celibato obligatorio; mantener el ideal del celibato sacerdotal; ensalzar el ministerio sacerdotal. Con la distinci\u00f3n entre \u201cley del celibato\u201d e \u201cideal del celibato\u201d se abre un doble camino: por un lado, sustituir la obligaci\u00f3n del celibato por su recomendaci\u00f3n del celibato. Por otro lado, se deber\u00edan emplear todos los medios espirituales y pedag\u00f3gicos para motivar a los candidatos con el ideal del sacerdocio sin matrimonio y apoyar a los sacerdotes c\u00e9libes en la realizaci\u00f3n de este ideal. As\u00ed, los dos caminos servir\u00edan para subrayar y promover el ministerio sacerdotal en su singularidad e insustituibilidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para tal razonamiento los te\u00f3logos cr\u00edticos usan los siguientes argumentos: \u2013 Hay hechos hist\u00f3ricos que nos confirman (como formula el Vaticano II en P.O. n. 16) que el celibato \u201cno se exige por la esencia del ministerio\u201d.\n<\/p>\n<ul>\n<li> A partir  del testimonio del NT, se constata que, seg\u00fan el ejemplo de Jes\u00fas y del ap\u00f3stol Pablo, el celibato es s\u00f3lo una recomendaci\u00f3n y no una ley. El celibato se elige con total libertad y no es impuesto por obligaci\u00f3n de ninguna ley. Al contrario, en la Iglesia primitiva el matrimonio es la regla prescrita para todos los que prestan un servicio a la iglesia. De manera que en los or\u00edgenes de la iglesia, el celibato no forma parte de la esencia del ministerio eclesial.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Durante todo el primer milenio se exig\u00eda la abstinencia en el seno del matrimonio y no la obligaci\u00f3n por ley de no contraer matrimonio. En la argumentaci\u00f3n de la ley del celibato, reci\u00e9n introducida en el siglo XII, se adujeron motivos muy cuestionables: impureza cultual, la salvaguarda econ\u00f3mica de los bienes materiales de la iglesia, el desprestigio del matrimonio. Todo esto confirma, a trav\u00e9s del devenir hist\u00f3rico, que la renuncia al matrimonio impuesta por ley no es inherente a la esencia del ministerio sacerdotal.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Una mirada a las \u201cIglesias cat\u00f3licas orientales\u201d, unidas con Roma, demuestra que el celibato de los sacerdotes no es un principio cat\u00f3lico de validez general. Las Iglesias orientales unidas tienen con respecto al celibato la misma ordenaci\u00f3n por ley que las iglesias ortodoxas primitivas, con sus sacerdotes casados (s\u00f3lo a los obispos se exige no casarse). El Vaticano II fortaleci\u00f3 este reglamento de las Iglesias orientales unidas mediante el decreto Orientalium Eclesiarum (OE), subrayando que las Iglesias cat\u00f3licas orientales tienen \u201csu propio derecho eclesial\u201d (OE 3) y \u201csu propia organizaci\u00f3n\u201d (OE 6).<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> En el seno de la Iglesia hay dos derechos fundamentales: los sacerdotes de la Iglesia oriental tienen derecho a casarse, mientras los de la Iglesia latina est\u00e1n obligados al celibato por ley. Estamos en principio ante una nueva prueba de que el servicio a la Iglesia y el celibato no necesariamente han de ir unidos. Adem\u00e1s, se impone la cuesti\u00f3n pr\u00e1ctica de la justicia: \u00bfpor qu\u00e9 se proh\u00edbe a unos lo que se permite a otros? O en forma constructiva: tomar en serio esta discrepancia en la justicia, \u00bfno podr\u00eda ser un fuerte impulso para que los casados en la Iglesia latina tuvieran acceso al sacerdocio?<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Se apoyan en el contraste del comportamiento contradictorio por parte del magisterio eclesial, que desde el a\u00f1o 1950, ha habido. Por una parte, imponen el celibato a los sacerdotes de la Iglesia latina pero, por otra parte, est\u00e1n permitiendo que sacerdotes casados que quieren unirse a la Iglesia cat\u00f3lica, provenientes de otras confesiones cristianas, puedan continuar con su vida matrimonial. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta dispensa eclesial, es concedida por la conversi\u00f3n de pastores o cl\u00e9rigos luteranos, episcopalianos, anglicanos. Ante esta conducta de la Iglesia, se preguntan de forma muy cr\u00edtica: \u00bfqu\u00e9 se ha hecho por la sensibilidad hacia los sacerdotes propios, obligados al celibato y que viven con grades esfuerzos su vida sin matrimonio, cosa nada f\u00e1cil? \u00bfEs justo que sacerdotes propios, que se deciden por el matrimonio, sean apartados totalmente del ministerio sacerdotal mientras que los convertidos pueden ejercer el ministerio sacerdotal con esposas e hijos?\n<\/p>\n<ul>\n<li> \u00bfCu\u00e1l es la reacci\u00f3n de los obispos ante la escasez de vocaciones? Que los obispos reaccionan mediante una reforma administrativa: van adaptando las parroquias a la cantidad escasa de sacerdotes, con la consecuencia de que se dispone de un sacerdote para varias parroquias, lo que hace que se convierta en manager y, con el efecto de que es imposible celebrar la Eucarist\u00eda dominical en cada parroquia.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> \u00bfC\u00f3mo debe valorarse esta grave situaci\u00f3n pastoral bajo el prisma de la dogm\u00e1tica?. Debemos tener en cuenta b\u00e1sicamente dos grandes l\u00edneas: el derecho de las comunidades a poder celebrar la Eucarist\u00eda dominical y la responsabilidad pastoral propia de los obispos del lugar como pastores de su Iglesia local. \u00bfQu\u00e9 hacer en esta situaci\u00f3n de necesidad desde el punto de vista dogm\u00e1tico?, principio m\u00e1ximo de toda actuaci\u00f3n eclesial que es la salvaci\u00f3n de los hombres, y concretamente el servicio salv\u00edfico a los hombres, como lo afirma el Derecho Can\u00f3nico: \u201cla salvaci\u00f3n de las almas es la m\u00e1xima ley para la Iglesia\u201d (can. 1752).<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y si hoy en muchas di\u00f3cesis, debido a la falta de sacerdotes, no se puede ejercitar el necesario servicio salv\u00edfico, los obispos est\u00e1n obligados a encontrar nuevas soluciones. Y ya que la falta de sacerdotes se ha producido en gran parte por el efecto intimidatorio del celibato, los obispos deben actuar decididamente en Roma, para que sea eliminado el engarce jur\u00eddico del sacerdocio con el celibato. Como m\u00ednimo, han de conseguir un reglamento de emergencia de manera que puedan ordenar hombres reconocidos en su fe, profesi\u00f3n y familia.\n<\/p>\n<ul>\n<li> Los signos de los tiempos muestran que no se trata de administrar una penuria institucional, sino de dar la vuelta a la necesidad pastoral. Y para cambiarla hacen falta m\u00e1s sacerdotes. Y si la ley del celibato impide esencialmente el servicio salv\u00edfico de la pastoral necesaria hoy en d\u00eda, debe ser anulada. Los obispos, que act\u00faan bajo su propia responsabilidad, deben preguntarse en conciencia: \u00bfhay una ley que sea m\u00e1s importante que la salvaci\u00f3n de los hombres? El servicio salv\u00edfico es, desde Jesucristo, una necesidad absoluta y siempre v\u00e1lida. El celibato, en cambio, es una ley humana contingente y modificable .<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Muchos echan la culpa al celibato del significativo descenso de candidatos al sacerdocio, consider\u00e1ndolo una barrera que impide que se acerquen al seminario el tipo de j\u00f3venes adecuado. Todas estas razones llevan a algunos a afirmar que la iglesia deber\u00eda convertir el celibato en un requisito opcional para la ordenaci\u00f3n, pues, de otra forma, el sacerdocio tropezar\u00eda con serias dificultades para encontrar vocaciones en el futuro. <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Desde otra perspectiva, se afirma que, con el desarrollo de la teolog\u00eda del matrimonio a partir del Vaticano II, no se puede sostener que el sacerdocio sea una vocaci\u00f3n de rango \u201csuperior\u201d, y que es necesario, por tanto, \u201cdesmitificar\u201d el concepto tradicional del ministerio para ajustarlo a las necesidades de la sociedad moderna. <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Para algunos, el sacerdocio cat\u00f3lico, tal como est\u00e1 constituido actualmente, es una posici\u00f3n privilegiada, caracterizada por un ejercicio de \u201cpoder\u201d, sin responsabilidad. Y defienden que, amparados precisamente en la insistencia de la Iglesia sobre el celibato sacerdotal, este \u201cpoder\u201d se perpet\u00faa mediante el dominio sobre el resto de los fieles cristianos. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.- A primera vista, algunas de estas objeciones y cuestiones parecen tener cierta validez y, por tanto, han de ser confrontadas. Pero hay otras que dan muestras de una parcialidad ideol\u00f3gica notoria. Est\u00e1 claro tambi\u00e9n que, en el fondo de muchos de los argumentos en contra de lo que se tiende a denominar celibato \u201cobligatorio\u201d, se encuentra una concepci\u00f3n del sacerdocio que difiere en gran medida del concepto tradicional de ministerio desarrollado en los primeros mil quinientos a\u00f1os de la vida de la Iglesia y seg\u00fan fue establecido por el Concilio de Trento y el Concilio Vaticano II. Resulta evidente, al mismo tiempo, que la actual consideraci\u00f3n del sacerdocio no se ha visto libre de la influencia de diferentes actitudes teol\u00f3gicas y filos\u00f3ficas surgidas de los \u00faltimos treinta a\u00f1os. Es necesario, por tanto, revisar lo que ha estado sucediendo en la Iglesia a lo largo de este periodo para tratar de identificar las causas de lo que muchos consideran una crisis del sacerdocio en el momento actual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este hecho es esencial para entender por qu\u00e9 en  una sola<br \/>\ngeneraci\u00f3n se ha podido devaluar tanto  la estimaci\u00f3n de la gente en el estatus del sacerdocio, como lo refleja el dram\u00e1tico descenso en el n\u00famero de vocaciones, y por qu\u00e9 el celibato, que hasta hace poco hab\u00eda gozado de un estatus de tipo reverencial, es ahora, con frecuencia, fuente de confusi\u00f3n, y de hostilidad manifiesta. Hasta hace diecis\u00e9is a\u00f1os habr\u00eda sido inconcebible encontrar en un peri\u00f3dico serio un titular del estilo: \u201cEl celibato: \u00bfuna perversi\u00f3n?\u201d , como ha sido recientemente el caso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.- Por lo tanto, en primer lugar, es necesario analizar el celibato en su desarrollo hist\u00f3rico. El compromiso constante de la Iglesia latina de permanecer fiel a un estado de vida, que fue siempre signo de contradicci\u00f3n y que dice mucho acerca de la naturaleza y el valor de este carisma. La Iglesia ha tenido que luchar en todo momento contra la debilidad humana y la oposici\u00f3n del mundo pero, firmemente persuadida de estar siendo fiel a una norma de origen apost\u00f3lico, recurri\u00f3 a los medios sobrenaturales y emple\u00f3 la fortaleza necesaria para renovar la disciplina del celibato muchas veces a lo largo de los siglos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer y segundo cap\u00edtulo de este trabajo de investigaci\u00f3n ha sido examinar los principales elementos, consideraciones y planteamientos que forman parte del flujo y reflujo de la historia de la disciplina del celibato, ha saber las objeciones que se han formulado a lo largo de los \u00faltimos tiempos y segundo las razones de la defensa por parte la Iglesia latina. Y en los siguientes cap\u00edtulos estudiamos los antecedentes y el lugar que el celibato ocupa en la Tradici\u00f3n, y que est\u00e1n tratados  en torno a los fundamentos escritur\u00edsticos, magisterial y  teolog\u00edco de este carisma. El papa Pablo VI, en la enc\u00edclica  Sacerdotalis Coelibatus, y m\u00e1s recientemente  Juan Pablo II, en la enc\u00edclica Pastores Dabo Vobis, expresaron el deseo, de que el celibato fuera presentado y explicado m\u00e1s plenamente desde un punto de vista espiritual, teol\u00f3gico y b\u00edblico .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El B. Juan Pablo II, era consciente de que muchas veces no se explica bien, el celibato sacerdotal, hasta el punto de llegar a afirmar que el extendido punto de vista de que el celibato es impuesto por ley \u201ces fruto de un equ\u00edvoco, por no decir de mala fe\u201d .<br \/>\n&#8211; El papa te\u00f3logo Benedicto XVI, en la homil\u00eda de la Misa Crismal del Juves Santo (05-04-2012), en la Bas\u00edlica de San Pedro  dijo:  \u201cque la situaci\u00f3n actual de la Iglesia es muchas veces \u00abdram\u00e1tica\u00bb, reiter\u00f3 el \u00abno\u00bb al sacerdocio femenino y  de personas casadas\u201d y denunci\u00f3 la \u00abdesobediencia organizada\u00bb que propugna un grupo de curas y te\u00f3logos europeos para renovar la instituci\u00f3n eclesial y el \u00abanalfabetismo religioso\u00bb de la sociedad, luego aleg\u00f3 que \u00abA Cristo le preocupaba precisamente la verdadera obediencia, frente al arbitrio del hombre\u00bb subray\u00f3;  asegur\u00f3 que con la obediencia \u00abno se defiende el inmovilismo ni el agarrotamiento de la tradici\u00f3n y que ello se puede ver en la historia eclesial de la \u00e9poca postconciliar\u201d del Concilio Vaticano II.; prosigui\u00f3 diciendo que \u00abNo anunciamos teor\u00edas y opiniones privadas, sino la fe de la Iglesia, de la que somos servidores\u201d, puntualizo finalmente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5.- Mientras que se pueden aducir argumentos pr\u00e1cticos en defensa del celibato, en cuanto que se trata de un carisma esencialmente sobrenatural, las razones espirituales, escritur\u00edsticas y teol\u00f3gicas \u2013como suger\u00edan los \u00faltimos pont\u00edfices\u2013 son el \u00fanico fundamento para su justificaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los recientes debates se ha prestado poca atenci\u00f3n a estos aspectos del celibato. Uno de los objetivos de este trabajo es el de replantear estos argumentos, analizando las razones que justifican su profunda importancia para entender adecuadamente esta disciplina eclesi\u00e1stica de la Iglesia latina.\n<\/p>\n<h2>Planteamientos y consideraciones sobre el celibato sacerdotal<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo parad\u00f3jico y convergente en la ley del celibato sacerdotal\n<\/p>\n<h2>Convergencias: el ministerio y el celibato<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si consideramos en toda su extensi\u00f3n el sentido de la vida c\u00e9libe conforme al evangelio y apreciamos sobre todo el celibato como un \u201csigno escatol\u00f3gico\u201d veremos que el celibato y el sacerdocio ministerial se hallan relacionados mucho m\u00e1s \u00edntimamente de lo que se expresa en las pol\u00e9micas de los \u00faltimos a\u00f1os, ya estereotipadas, y sobre todo en la ligereza con que se habla de la \u201canquilosada ley eclesi\u00e1stica del celibato\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El celibato sacerdotal implica dejarse embargar, en el centro de la propia existencia, por la tarea de la representaci\u00f3n ministerial de Cristo. El celibato tiene como consecuencia que lo que constituye el centro de la actividad ministerial y lo que ha de propugnar el sacerdote, que el reino de Dios est\u00e1 llegando y que \u201cla apariencia de este mundo es pasajera\u201d (1Cor.7,31) es cosa que hay que proclamar volc\u00e1ndose personalmente sobre ello de forma valiente y sin complejo ante el secularismo, que no cree que sea posible la vida c\u00e9libe, porque es una denuncia que no soporta ante el pansexualismo cultural. Sobre todo en el celibato se concretan aquellas palabras pronunciadas con motivo de la ordenaci\u00f3n sagrada: Imitamini quod tractatis! (\u201c\u00a1haced en vuestra propia vida lo que est\u00e1is realizando con vuestro ministerio!\u201d).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La existencia del sacerdote debe ser la confirmaci\u00f3n de lo que \u00e9l est\u00e1 diciendo constantemente y de lo que \u00e9l celebra sacramentalmente: la muerte y la resurrecci\u00f3n de Cristo, la esperanza de la venida de Cristo en gloria, la esperanza de la vida eterna en la cual las personas \u201cni se casar\u00e1n ya, ni habr\u00e1 uni\u00f3n del hombre con la mujer\u201d (Mc. 12, 25). \u00bfQu\u00e9 otras alternativas hay? \u00bfQu\u00e9 otro modo habr\u00e1 de dar testimonio de Dios, ante el mundo venidero de Dios?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el celibato no es s\u00f3lo un \u201csigno escatol\u00f3gico\u201d, sino que es adem\u00e1s un constante \u201caguij\u00f3n en la carne\u201d que pregunta clav\u00e1ndose en ella durante toda una vida si la ley que uno acept\u00f3 al ingresar en el ministerio, es decir, para dedicarse al servicio sacerdotal, seguir\u00e1 teniendo todav\u00eda vigencia; si el reino de Dios es realmente \u201cla perla singular\u00edsima\u201d y \u201cel tesoro escondido en el campo\u201d por el cual hay que dejar todo lo dem\u00e1s. Precisamente la vida c\u00e9libe representa una exigencia existencial elevada y es una norma de vida de la Iglesia, la cual un joven puede medir y, por cierto, a lo largo de toda una vida, en la seriedad de su compromiso y la intensidad con la que \u00e9l est\u00e1 dispuesto a poner su vida al servicio de Cristo .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, aunque no sea lo de menor importancia, el celibato deja libre al sacerdote para ponerse de manera \u00edntegra al servicio de la \u201ccausa de Cristo\u201d. Es el padre de la \u201cfamilia de Dios\u201d y el pastor de su grey que debe vivir enteramente para ella y que debe dar a su amor pastoral, aquella amplitud a la que se refiri\u00f3 ya Jes\u00fas cuando asign\u00f3 a sus disc\u00edpulos \u201cnuevos\u201d hermanos, hermanas, madres e hijos (Mc. 10,30).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta l\u00ednea insiste tambi\u00e9n el Beato Juan Pablo II en su Carta a los sacerdotes&#160;: el celibato no es s\u00f3lo un signo escatol\u00f3gico, \u201csino que tiene adem\u00e1s un gran sentido social en la vida actual para el servicio del pueblo de Dios. El sacerdote, con su celibato, llega a ser \u2018el hombre para los dem\u00e1s\u2019, de forma distinta a como lo es uno que, uni\u00e9ndose conyugalmente con la mujer, llega a ser tambi\u00e9n \u00e9l, como esposo y padre, \u2018hombre para los dem\u00e1s\u2019 especialmente en el \u00e1mbito de la propia familia\u2026 El sacerdote, renunciando a esta paternidad que es propia de los esposos, busca otra paternidad y casi otra maternidad, recordando las palabras del ap\u00f3stol sobre los hijos que \u00e9l engendra en el dolor\u201d.\n<\/p>\n<h2>\u00bfObligaci\u00f3n del celibato?<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin duda, uno de los planteamientos mas discutidos en el interior de la Iglesia, ha sido la posibilidad de abolir el celibato, como condici\u00f3n para la ordenaci\u00f3n sacerdotal. La conexi\u00f3n absoluta entre el celibato y la ordenaci\u00f3n sacerdotal, es de derecho eclesi\u00e1stico, o m\u00e1s exactamente, de derecho eclesi\u00e1stico occidental  y el celibato no pertenece a la naturaleza esencial del sacerdocio.<br \/>\nComo tal, tiene detr\u00e1s de s\u00ed una historia llena de vicisitudes. Estudios muy recientes  demuestran que el celibato \u2013desde el punto de vista hist\u00f3rico\u2013 se fundamenta en la continencia exigida ya desde inicios de la Iglesia al presb\u00edtero, obispo y al di\u00e1cono. Esto quiere decir que originalmente el alto clero pod\u00eda, s\u00ed, casarse, pero ten\u00eda que vivir en continencia sexual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En caso de que \u00e9l estuviera casado, no pod\u00eda tener relaciones sexuales con su mujer, y el clero todav\u00eda soltero o enviudado no pod\u00eda contraer matrimonio. Este precepto de continencia \u2013como resume S. Heid, en sus estudios\u2013 \u201cenlaza con la praxis evidente en el juda\u00edsmo y en el paganismo de observar continencia sexual. Esta pr\u00e1ctica es para todo el mundo antiguo una expresi\u00f3n destacada de profundo respeto religioso ante Dios&#8230; Forma parte sencillamente del ethos profesional de sacerdote en el mundo antiguo. Y por eso, con tanta mayor raz\u00f3n se la considera preceptuada para los sacerdotes cristianos&#8230; [Luego, como asc\u00e9tica cultual] experiment\u00f3 a la vez un cambio de fisonom\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qued\u00f3 relacionada sobre todo con la disposici\u00f3n espiritual para el sacrificio, con la incorporaci\u00f3n al sacrificio sacerdotal con que Cristo se ofreci\u00f3 a s\u00ed mismo\u201d .Tambi\u00e9n en la Iglesia antigua se supo ya que semejante continencia completa es un \u201ccarisma\u201d especial, pero que pod\u00eda obtenerse con la oraci\u00f3n. Por eso, antes de impartir la ordenaci\u00f3n sagrada se preguntaba al candidato si ten\u00eda la correspondiente disposici\u00f3n. Si el candidato declaraba que estaba dispuesto a ello, entonces se daba por supuesto que pose\u00eda el carisma implorado. Si estaba casado, entonces la esposa (que, con ello, estaba obligada igualmente a guardar continencia) ten\u00eda que declarar tambi\u00e9n su disposici\u00f3n para guardarla.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La norma de guardar continencia, de la cual naci\u00f3 luego org\u00e1nicamente el precepto de que el alto clero viviera una vida c\u00e9libe, ten\u00eda en la Iglesia antigua un alto grado de aprobaci\u00f3n. Era una se\u00f1al de la irrupci\u00f3n de la \u201cnueva\u201d actitud llegada gracias al cristianismo ante este \u201ctiempo del mundo\u201d  y  \u2013especialmente para la mujer\u2013 era un elemento de \u201cemancipaci\u00f3n\u201d . Vistas as\u00ed las cosas, la vida c\u00e9libe lleg\u00f3 incluso a ser originalmente un \u201cmovimiento de laicos &#8211; v\u00edrgenes\u201d, que luego se hizo extensivo al clero. Para el sacerdote, el celibato era un signo de que \u00e9l viv\u00eda constantemente \u201cen la presencia de Dios\u201d y de que exist\u00eda plenamente para la comunidad, pero era tambi\u00e9n un \u201csigno de contraste\u201d que mostraba patentemente el hecho de que el cristianismo \u201cse apartaba\u201d de la forma habitual en que se viv\u00eda en el mundo.\n<\/p>\n<h2>Carisma y opci\u00f3n libre del celibato<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La objeci\u00f3n, manifestada hoy frecuentemente, de que una cosa es la vocaci\u00f3n al celibato \u201ccarism\u00e1tico\u201d y otra cosa la vocaci\u00f3n al ministerio, y de que, por tanto, el celibato habr\u00eda que dejarlo a la libre decisi\u00f3n de cada uno de los ministros, lo cual resolver\u00eda el problema de la escasez de sacerdotes, es una objeci\u00f3n que sin negar lo justificada que pueda estar en puntos concretos\u2013 no tiene en cuenta factores esenciales:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchas veces se parte de una idea equivocada y unilateral del carisma y de la libertad: contra la ley de la obligatoriedad del celibato eclesi\u00e1stico se objeta no pocas veces, en los \u00faltimos a\u00f1os, que esta ley est\u00e1 en contradicci\u00f3n con lo que se dice en 1Cor.7,7, donde Pablo llama \u2018carisma\u2019 al celibato. Esta objeci\u00f3n suele concebir el \u2018carisma\u2019 como una disposici\u00f3n para el celibato que viene dada ya casi desde el nacimiento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero esto no corresponde, en modo alguno, a la concepci\u00f3n que el ap\u00f3stol tiene del \u2018carisma\u2019, ya que Pablo se refiere con este t\u00e9rmino a servicios y dones que el Esp\u00edritu Santo suscita en la comunidad y a los que el individuo puede cerrarse o abrirse&#8230; Por eso, Pablo puede exhortar a la comunidad de Corinto: \u2018Aspirad a los carismas m\u00e1s valiosos\u2019, es decir, dejad cada vez m\u00e1s espacio al Esp\u00edritu de Dios en vuestro interior y en vuestra vida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El precepto eclesi\u00e1stico del celibato como condici\u00f3n previa para la admisi\u00f3n a la ordenaci\u00f3n sacerdotal parte del supuesto de que al candidato se le hab\u00eda concedido o se le ha concedido este carisma, y de que el Esp\u00edritu de Dios (pero no una disposici\u00f3n natural en cuanto tal) lo capacita para vivir c\u00e9libe por amor del reino de Dios. La reglamentaci\u00f3n jur\u00eddica (institucional) no suprime el car\u00e1cter de gracia, sino que sirve para crear un espacio que haga posible a muchos o que les facilite el dejar que Dios se sirva de ellos para dar semejante testimonio a favor de Cristo .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; La opini\u00f3n, manifestada a menudo expresamente  o de manera subliminal, de que si no existiera la obligaci\u00f3n del celibato, la Iglesia tendr\u00eda suficientes vocaciones al sacerdocio, es una opini\u00f3n cuestionable, por lo menos en lo que se refiere a los j\u00f3venes. Es cierto que hay una serie de te\u00f3logos laicos varones que afirman que, si no existiera la obligaci\u00f3n del celibato, estar\u00edan dispuestos a recibir las sagradas \u00f3rdenes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es verdad que algunos te\u00f3logos laicos expresan sus reservas contra el ministerio sagrado, centr\u00e1ndolas en el celibato como un punto contrario de cristalizaci\u00f3n de su vocaci\u00f3n sacerdotal. Pero habr\u00e1 que saber si, en el caso de suprimirse el celibato, esas reservas que manifiestan, no elegir\u00edan otro punto de cristalizaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por lo tanto, pareciera m\u00e1s bien que el rechazo del celibato, es un s\u00edntoma de la incapacidad de muchos para identificarse con la Iglesia catolica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, la perspectiva de poder tener m\u00e1s sacerdotes si no existiera la obligaci\u00f3n del celibato, \u00bfser\u00eda una raz\u00f3n para abolirlo? Una \u201celecci\u00f3n espiritual\u201d, adoptada por la Iglesia occidental, no debe mezclar las ordenaciones sacerdotales con las necesidades pastorales. No se trata de una l\u00f3gica de las necesidades, sino de una l\u00f3gica de la gracia, orientada hacia la santidad, el amor y la fe de la comunidad. \u201cSi una comunidad cristiana es verdaderamente santa, ser\u00e1 tambi\u00e9n fecunda, y Dios no dejar\u00e1 de suscitar en ella numerosas y variadas vocaciones&#8230; No se trata de \u2018tener\u2019 mayor o menor n\u00famero de sacerdotes. Se trata de que nuestras comunidades, que a los ojos de la gente est\u00e1n agonizando, revivan en el Esp\u00edritu\u201d .\n<\/p>\n<h2>El modelo de un clero casado y c\u00e9libe<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La opini\u00f3n, manifestada a veces, de que hay que estar s\u00ed, a favor del celibato voluntario tal como entienden algunos el evangelio, pero sin conectarlo con el ministerio eclesi\u00e1stico, suscita la sospecha de ser una aseveraci\u00f3n puramente verbal, mientras uno no se comprometa con todas sus energ\u00edas (y a ser posible con la propia manera de vivir) a favor del celibato en la Iglesia y cree as\u00ed un clima en el que pueda producirse la vocaci\u00f3n al celibato, no tiene autoridad para hablar.<br \/>\nLo cierto es que, a pesar de todas las convergencias entre el ministerio sacerdotal y el celibato, el venerable y ancestral v\u00ednculo jur\u00eddico-institucional entre ambos podr\u00eda desaparecer bajo determinadas condiciones . Pero no debe suprimirse sin sustituirlo por algo que el celibato expresa y logra concretamente: la unidad entre la misi\u00f3n ministerial y la existencia del sacerdote. Por consiguiente, si alguien, bas\u00e1ndose en buenas razones, est\u00e1 convencido de que en el futuro debe existir tambi\u00e9n la figura del sacerdote casado, tendr\u00e1 que desarrollar un modelo en el que pueda quedar realizada esta unidad, de manera diferente pero an\u00e1loga.<br \/>\nSemejante modelo podr\u00eda ser el de vir probatus, es decir, la ordenaci\u00f3n de un var\u00f3n que, por la pr\u00e1ctica seguida hasta entonces de una vida cristiana madura, haya mostrado y siga mostrando que su actividad ministerial queda avalada existencialmente por una vida en seguimiento de Cristo. La unidad entre el ministerio y la existencia personal quedar\u00eda \u201cverificada\u201d en \u00e9l mediante la praxis demostrada de la propia vida, y en cambio en un var\u00f3n joven lo estar\u00eda mediante la disposici\u00f3n, para entregarse a una vida de especial seguimiento y discipulado, que abarque incluso el celibato. Existir\u00eda as\u00ed un modelo en el que coexistir\u00edan los sacerdotes c\u00e9libes y los sacerdotes casados. Claro que no hay que pensar precipitadamente que con tal reglamentaci\u00f3n quedar\u00edan resueltas todas las dificultades. Pero el vir probatus parece ser el \u00fanico modelo realista y viable para un sacerdocio ejercido por personas casadas. \u00bfSer\u00eda un modelo deseable? No olvidemos que sobrevendr\u00edan entonces nuevos problemas sobre la Iglesia. \u00bfC\u00f3mo nos las arreglar\u00edamos con \u201clas dos clases\u201d de clero? \u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda con los fracasos matrimoniales de semejantes viri probati? Lo cierto es que, entre los pastores evang\u00e9licos casados, un gran porcentaje de ellos al menos en algunas regiones llegan a divorciarse. Quiz\u00e1s tenga raz\u00f3n aquel proverbio h\u00fangaro que dice: \u201cCuando el carro tenga que cruzar el r\u00edo, no cambies de caballos\u201d. Dig\u00e1moslo claramente: en una \u00e9poca en que el celibato por amor del evangelio se encuentra en una crisis total y, no s\u00f3lo en cuanto al ministerio sacerdotal, sino tambi\u00e9n en lo que respecta a las vocaciones femeninas para profesar en institutos religiosos, el cambio a la pr\u00e1ctica del vir probatus \u00bfno podr\u00eda ser una se\u00f1al desacertada? \u00a1Sobre todo si se tiene en cuenta la sospecha fundada de que las pocas personas que pudieran considerarse como viri probati no contribuir\u00edan a resolver la denominada \u201cescasez de sacerdotes\u201d! En todo caso, si llega a ponerse en pr\u00e1ctica lo del vir probatus, es posible que \u201cen una futura Iglesia \u2013como afirma H. U. von Balthasar\u2013 los sacerdotes c\u00e9libes se hallen en minor\u00eda. Es posible. Pero tambi\u00e9n es posible que el ejemplo de los pocos haga ver m\u00e1s claramente la conveniencia y necesidad de este g\u00e9nero de vida en la Iglesia. Es posible que tengamos que pasar por un per\u00edodo de hambre y sed, pero que estas privaciones susciten nuevas vocaciones, o mejor dicho, una nueva generosidad para responder a los llamamientos divinos que nunca han de faltar\u201d .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.5.-\t\u201cGrandeza y desdicha\u201d de la vida c\u00e9libe \/ c\u00e9libe-matrimonio<br \/>\nEl actual debate en torno al celibato, puede parecer que es la ley eclesial, pero muchos expertos opinan, que m\u00e1s bien el punto cuestionable de la crisis radica en la manera de vivir la consagraci\u00f3n celibataria del sacerdocio. Podemos ver que la vida c\u00e9libe sobre todo en el momento actual se halla bajo aquel r\u00f3tulo que titula el libro de J. Garrido, \u201cgrandeza y desdicha\u2026.\u201d . Despu\u00e9s de los \u00faltimos esc\u00e1ndalos de abusos sexuales que se han denunciado, sobre lo ocurrido en las \u00faltimas d\u00e9cadas, de parte del clero y que la Iglesia ha pedido perd\u00f3n y esta tratando de sanar las heridas de las v\u00edctimas, y la expulsi\u00f3n de la vida clerical de los ministros que se aprovecharon de sus v\u00edctimas. Y voy a referirme en este momento, sobre la \u201cdesdicha\u201d, no lo hago porque \u00e9sta sea menos, sino porque hoy en d\u00eda resulta evidente: no s\u00f3lo el hecho, de que no pocos sacerdotes, lleven una vida enga\u00f1osa, ocultando indecorosamente bajo la fachada del celibato una vida cuasi-matrimonial, sino tambi\u00e9n porque hoy en d\u00eda las satisfacciones sustitutivas que pueden darse en una vida c\u00e9libe aparecen bien a las claras. As\u00ed lo estima Blarer:<br \/>\n\u201ccuando en lugar del amor pastoral aparece el af\u00e1n de dominio, la arrogancia y el narcisismo. Los impulsos instintivos reprimidos y las relaciones ocultas, han convertido a no pocos \u201chombres de Dios\u201d en r\u00edgidos moralistas que imponen a la gente cargas que ellos mismos no ser\u00edan capaces de soportar. Viendo estas cosas, no es dif\u00edcil sospechar el gran sufrimiento que se ha causado en la Iglesia cat\u00f3lica a lo largo de los siglos a consecuencia de los abusos cometidos en el celibato. Siempre que la forma de vida c\u00e9libe, no se halle en total armon\u00eda con la persona del pastor de almas, brotan de ella ansiedades, inhibiciones y represiones que privan de su fundamento al verdadero amor-eros c\u00e9libe. Hay estimaciones seg\u00fan las cuales el 10% aproximadamente de los psicoterapeutas abusan ocasionalmente de su profesi\u00f3n, para tener relaciones sexuales con sus pacientes. Probablemente la situaci\u00f3n es parecida en el caso de los pastores de almas\u201d .<br \/>\nPodemos derivar la siguiente cuesti\u00f3n: si se \u201ccorta por lo sano\u201d y se suprime el celibato, entonces se ver\u00e1 lo que sucede con los matrimonios fracasados, que por infidelidad, incompatibilidad de caracteres, rutina conyugal, desencanto afectivo-sexual, etc., si ocurriera de manera an\u00e1loga, en el caso de un clero casado, no ser\u00eda lo m\u00e1s conveniente de cara al bien de la Iglesia. Y adem\u00e1s, si alguien no est\u00e1 dispuesto a cumplir su promesa de fidelidad al celibato, \u00bfc\u00f3mo lograr\u00e1 guardar la fidelidad conyugal?. Aquel que, siendo c\u00e9libe, lleva una vida egoc\u00e9ntrica, \u00bfc\u00f3mo llevar\u00e1 una vida diferente estando casado?. Asimismo, como se vio hace algunos a\u00f1os en un programa de televisi\u00f3n, en el que habl\u00f3 el \u201cpatriarca\u201d del psicoan\u00e1lisis cat\u00f3lico, Albert G\u00f6rres, el porcentaje de matrimonios felices y el de vidas c\u00e9libes logradas, seg\u00fan su experiencia profesional, era casi id\u00e9ntico: el 10% de los matrimonios que son plenamente felices en su vida conyugal; otro 10% lo son hasta cierto punto; el resto se halla en una zona gris o su matrimonio ha fracasado. Los mismos porcentajes se indican con respecto al celibato . Por eso, en la mayor\u00eda de los casos, los problemas que surgen con una de estas dos formas de vida no pueden resolverse pas\u00e1ndose sencillamente a la otra forma de vida . La \u201csoluci\u00f3n\u201d hay que buscarla en otra parte.\n<\/p>\n<h2>Crisis y realismo del celibato sacerdotal despu\u00e9s de Vaticano II<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las ense\u00f1anzas del Vaticano II, sobre el celibato fueron desarrolladas pocos a\u00f1os despu\u00e9s por Pablo VI, en la Enc\u00edclica Sacerdotalis coelibatus. Ello no evitar\u00eda, sin embargo, que se produjera una considerable presi\u00f3n \u2013de diversa procedencia\u2013 a fin de suprimir el requisito del celibato obligatorio en la ordenaci\u00f3n al sacerdocio, a la par que se produc\u00eda un \u00e9xodo masivo de entre las filas del clero. Ciertamente, muchos de los que decidieron abandonar su ministerio arguyeron la cuesti\u00f3n del celibato como principal causa de su defecci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de la enc\u00edclica, la crisis del celibato se agrav\u00f3 de tal manera debido a las declaraciones y al comportamiento de cierto n\u00famero de sacerdotes holandeses que Pablo VI se sinti\u00f3 impulsado a publicar una declaraci\u00f3n personal sobre el tema en 1970. Las declaraciones realizadas en Holanda, comentar\u00eda el Papa, le hab\u00edan causado una \u201cprofunda aflicci\u00f3n\u201d, por la \u201cgrave actitud de desobediencia\u201d a la ley de la iglesia latina que aquella implicaba .<br \/>\nEn algunos sectores se esperaba que el S\u00ednodo de 1971 modificara la posici\u00f3n de la Iglesia y, para preparar el terreno, se hab\u00eda orquestado una campa\u00f1a como la describir\u00eda cierto cr\u00edtico \u201ccon un fervor pr\u00e1cticamente prof\u00e9tico\u201d . Un informe de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional publicado antes del S\u00ednodo, sugiriendo que el celibato fuera opcional, hab\u00eda alimentado quiz\u00e1 esas expectativas. Al mismo tiempo que manten\u00eda que el celibato era el mejor camino.<br \/>\nEl S\u00ednodo rechaz\u00f3 las presiones y afirm\u00f3 categ\u00f3ricamente que \u201cla ley del celibato sacerdotal existente en la iglesia latina ha de ser mantenida en su integridad\u201d . Sin embargo, las presiones para hacer del celibato un requisito opcional para el sacerdocio siguen siendo constantes.\n<\/p>\n<h2>Tensi\u00f3n valorativa<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace 30 a\u00f1os la crisis del celibato eclesi\u00e1stico era debida en buena parte a una valoraci\u00f3n o revalorizaci\u00f3n positiva de su&#8230; alternativa natural, el matrimonio, realidad humana maravillosa y misterio de santidad, vista no como alternativa sino como a\u00f1adidura funcional al sacerdocio; y al descubrimiento de valores que la condici\u00f3n celibataria, se pensaba, no permitir\u00eda apreciar y vivir suficientemente, como la integraci\u00f3n afectiva, la potencialidad psicol\u00f3gicamente liberadora de la sexualidad como principio din\u00e1mico de la relaci\u00f3n con el otro, lo positivo (y para algunos la necesidad) del ejercicio sexual; y al surgimiento de una sensibilidad apost\u00f3lica nueva, como \u2013por ejemplo\u2013 la exigencia de una encarnaci\u00f3n m\u00e1s real del sacerdote en el mundo secular y la necesidad de captar m\u00e1s de cerca, experiment\u00e1ndolos en s\u00ed mismo, los problemas de la gente y de la familia .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para muchos la Iglesia es una madrastra despiadada. Algunos sondeos de opini\u00f3n sobre el tema del celibato obligatorio dieron estos resultados: en Holanda el 75% de los sacerdotes entrevistados, en B\u00e9lgica el 64%, en USA el 60%, en Francia el 70%, en Italia el 63% seg\u00fan una encuesta, el 50% seg\u00fan otra; en Alemania \u201cla mayor parte\u201d de los sacerdotes encuestados, desear\u00edan el celibato optativo, de igual manera en Am\u00e9rica Latina, seg\u00fan las encuestas de los primeros a\u00f1os 70, \u201cla situaci\u00f3n es tal que se vaciar\u00edan los seminarios e inducir\u00eda a la b\u00fasqueda de un sacerdocio ordenado despu\u00e9s del matrimonio\u201d .\n<\/p>\n<h2>Deserciones sacerdotales<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s del Concilio Vaticano II, fue el tiempo de una pesada hemorragia de salidas de sacerdotes de la Iglesia, a causa del celibato: seg\u00fan los datos publicados por la Oficina central de estad\u00edstica de la Iglesia , el motivo aducido por el 94,4% de los 8.287 presb\u00edteros que han abandonado el sacerdocio del 64 al 69 ha sido el celibato.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un dato desconcertante y que habla por s\u00ed solo. Como una s\u00edntesis bien elocuente de la complejidad, de un periodo de crisis del celibato.Pero ser\u00e1 necesario ir adelante para hacer una adecuada lectura de la problem\u00e1tica.\n<\/p>\n<h2>Menos ilusi\u00f3n y m\u00e1s realismo<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy en d\u00eda han cambiado notablemente las cosas, aunque no es nada f\u00e1cil descifrar o discernir el sentido y la direcci\u00f3n de cambio. Por un lado, la visi\u00f3n del sacerdote de hoy es m\u00e1s inteligente y objetiva sobre este tema y, al mismo tiempo, al menos por lo que parece, menos problem\u00e1tica y pol\u00e9mica: queremos decir que en general parecen venir a menos aquellas actitudes idealistas t\u00edpicas del adolescente, \u201cpsicolog\u00eda del fruto prohibido\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado hay m\u00e1s realismo en el clero actual a cerca de la valoraci\u00f3n de la problem\u00e1tica sexual, de sus ra\u00edces y de su complejidad, as\u00ed como sobre la interpretaci\u00f3n m\u00e1s amplia del camino de la maduraci\u00f3n afectivo-sexual y de los componentes de la misma madurez.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El presb\u00edtero de hoy sabe que dentro y detr\u00e1s de la crisis afectiva se pueden esconder otras realidades personales problem\u00e1ticas, sabe o intuye que las dificultades para vivir el celibato pueden tener, y normalmente la tienen, una historia y prehistoria propia, m\u00e1s o menos larga, y que la crisis actual en el \u00e1rea afectivo-sexual podr\u00eda ser solamente el punto terminal, la caja de resonancia del problema con una ra\u00edz no sexual, como la crisis de fe, de identidad o de fidelidad, etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ve c\u00f3mo ha cambiado esta mentalidad entre los sacerdotes lo dice el sondeo de 409 sacerdotes (entre ellos 226 p\u00e1rrocos) realizado por Doxa para el Avvenire ante la proximidad del Octavo S\u00ednodo de Obispos (Roma, octubre 1990) dedicado al an\u00e1lisis de la formaci\u00f3n de los sacerdotes: \u00absobre las causas de los abandonos se rechaza la opini\u00f3n com\u00fan de que la causa sea la dificultad en vivir el celibato. Para los sacerdotes esta es una causa real.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero viene s\u00f3lo despu\u00e9s de la crisis ideol\u00f3gica, es decir, despu\u00e9s del desaliento en la propia misi\u00f3n, en definitiva, de una \u2018crisis de identidad\u2019, que afectar\u00eda a algunos sacerdotes\u201d  y que podr\u00eda dar lugar a dificultades espec\u00edficas en el \u00e1rea de la afectividad y del celibato.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El dato de que el 94,44% de sacerdotes han abandonado o dicen haber abandonado por causa del celibato, parece un tanto adulterado, y debe ser le\u00eddo e interpretado teniendo presente lo que la moderna psicolog\u00eda ha descubierto y viene repitiendo: cualquier problema personal tiene un matiz afectivo y se puede manifestar en el \u00e1rea afectivo-sexual sin ser originado en esa \u00e1rea, aunque el mismo sujeto no se d\u00e9 cuenta y crea que el problema sea de naturaleza sexual y se resuelva en esa parcela.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sexo, en resumen, tiene las caracter\u00edsticas de la plasticidad y de la omnipresencia, por la cual puede estar en relaci\u00f3n e influenciado por muchos y diferentes aspectos y des\u00f3rdenes de la personalidad; es decir, toda fuerza motivacional de la persona (como por ejemplo el sentido de inferioridad, la necesidad de dependencia afectiva, la agresividad, etc.) puede usar las manifestaciones y relaciones psicosexuales como medio de expresi\u00f3n de sus ideales, aun de los auto trascendentes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta situaci\u00f3n la crisis afectivo-sexual ocultar\u00eda otra crisis m\u00e1s radical; o la dificultad para vivir el celibato estar\u00eda determinada por una dificultad distinta y m\u00e1s profunda . En definitiva, es ingenuo y poco cient\u00edfico tomar el hecho del 94,4% de los que piden la dispensa \u201cpor causa del celibato\u201d como dato que refleja una situaci\u00f3n y una motivaci\u00f3n real y objetiva, o como elemento que manifiesta la verdad intraps\u00edquica de aquellos ex sacerdotes.<br \/>\nEste es el motivo por el que en muchos casos el matrimonio no ha resuelto, despu\u00e9s de un periodo aparentemente positivo, los problemas del ex sacerdote.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan lo que aparece en una encuesta encargada por la Conferencia episcopal americana: en los matrimonios de los ex sacerdotes, despu\u00e9s de un periodo inicial de buena adaptaci\u00f3n y armon\u00eda, aparece durante largo tiempo un \u00edndice de tensi\u00f3n conyugal doble que en los matrimonios comunes, lo que parece demostrar que la tensi\u00f3n, disminuida con el abandono del sacerdocio, vuelve a presentarse en la nueva situaci\u00f3n despu\u00e9s de un tiempo de consuelo .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es evidente que aquella tensi\u00f3n no est\u00e1 unida primariamente a una problem\u00e1tica afectiva o sexual y que por lo tanto no pudo ser resuelta por un remedio de ese tipo. Esto es lo mismo que Burgalassi ha manifestado con su muestrario de ex sacerdotes italianos: \u201cLa mayor parte de los que han abandonado el sacerdocio, declaran que s\u00f3lo parcialmente o nada ha satisfecho el paso que han dado y esta insatisfacci\u00f3n aumenta al pasar los a\u00f1os de su abandono de su sacerdocio\u201d .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, gracias a una interpretaci\u00f3n m\u00e1s correcta de las verdaderas causas de la crisis, debido tambi\u00e9n al aporte del an\u00e1lisis psicol\u00f3gico, parece que hoy hay una menor ilusi\u00f3n sobre la capacidad \u201cterap\u00e9utica\u201d del matrimonio, como soluci\u00f3n de todos los problemas del sacerdote. Adem\u00e1s, hay un elemento nuevo respecto al pasado, parece que est\u00e1 en aumento la recuperaci\u00f3n de las razones profundas por las que conviene una uni\u00f3n entre sacerdocio y celibato.<br \/>\nLas objeciones y cr\u00edticas del periodo postconciliar contra el celibato est\u00e1n \u201choy en camino atenuante\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed Mons. Defois, ex secretario de la Conferencia Episcopal Francesa, a la pregunta de si hay todav\u00eda discusi\u00f3n sobre la obligatoriedad de la ley del celibato, responde: \u201cNo est\u00e1 aqu\u00ed el verdadero problema. La crisis del ministerio abarca tambi\u00e9n a los protestantes. El verdadero problema es la identidad del sacerdote. El celibato es aceptado en la medida en que aquella es comprendida. Es necesario que haya una reflexi\u00f3n m\u00e1s profunda\u201d .\n<\/p>\n<h2>Soledad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra se\u00f1al, todav\u00eda m\u00e1s indicativa de la evoluci\u00f3n actual, nos dice Cencini, es la resultante de la convenci\u00f3n FIAS (Federaci\u00f3n Italiana de Asistencia a los Sacerdotes) de junio de 1989 sobre la soledad del presb\u00edtero; de los cerca de 500 sacerdotes diocesanos que han respondido a un cuestionario propuesto para la preparaci\u00f3n de la reuni\u00f3n, s\u00f3lo 3 han puesto en el celibato la causa de la soledad y en la abolici\u00f3n de su obligatoriedad la soluci\u00f3n al problema.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todav\u00eda m\u00e1s significativa es una encuesta dirigida en el 93-94 a 600 estudiantes de teolog\u00eda elegidos entre los que frecuentaban la Universidad Pontificia Gregoriana y Lateranense, el Seminario Episcopal de Brescia y el Pontificio de Molfetta, el Colegio Teol\u00f3gico Rogacionista y otros de distintas procedencias, compuesto por estudiantes residentes en Roma, pero elegidos al caso: el 54% sostiene que el celibato es el obst\u00e1culo mayor para escuchar la llamada vocacional, mientras el 27% atribuye este papel a la soledad.<br \/>\nAhora bien, podemos ver como la soledad, aparece como fen\u00f3meno ligado a una compleja realidad de factores .\n<\/p>\n<h2>Formaci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero hay otro dato que es ahora m\u00e1s importante, siempre interpretable desde la \u00f3ptica de un mayor realismo: lo que puede identificarse cada vez m\u00e1s como el elemento decisivo del problema del celibato, la formaci\u00f3n. La llamada al celibato sacerdotal, afecta a las inclinaciones naturales m\u00e1s profundas de los vocacionados, y esta no se adapta espont\u00e1neamente a esa opci\u00f3n de vida evang\u00e9lica; por eso se necesita una formaci\u00f3n fuerte, cualificada y espec\u00edfica de los formandos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La experiencia de la Iglesia en estas \u00faltimas d\u00e9cadas, pone muy bien en evidencia que el problema hoy, no es tanto el celibato en s\u00ed mismo y la posibilidad de vivirlo, tambi\u00e9n desde un punto de vista psico-afectivo, sino en cuanto a la formaci\u00f3n y la calidad de esa formaci\u00f3n para llevar una vida c\u00e9libe. El futuro c\u00e9libe sabe durante el tiempo de formaci\u00f3n que el celibato consagrado es una de las modalidades de la existencia sacerdotal .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El candidato al sacerdocio, no es enga\u00f1ado por nadie. \u00bfQu\u00e9 sentido tiene, una vez encarnado en su ministerio y con el tard\u00edo despertar de su afectividad y sexualidad, reprochar a la Iglesia el haberle impuesto el celibato? La Iglesia no obliga a nadie a que se haga sacerdote.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchas situaciones ambiguas se van esclareciendo y la Iglesia debe pronunciar una palabra significativa para dar a este estado de vida, el sacerdocio celibatario, todo su significado. Con la experiencia y la mirada retrospectiva en estos \u00faltimos a\u00f1os podemos decir que hoy no es el celibato consagrado lo que est\u00e1 en cuesti\u00f3n, sino el modo como las personas, lo interpretan para enmascarar, negar o en el mejor de los casos integrar la pulsi\u00f3n sexual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Creo, en definitiva, que al menos desde el punto de vista de la autoconciencia, acerca de la ra\u00edz del problema del celibato y su posible soluci\u00f3n, hay una cierta maduraci\u00f3n en el clero en estos \u00faltimos a\u00f1os, en la l\u00ednea de un mayor realismo.\n<\/p>\n<h2>La ense\u00f1anza de la Iglesia sobre el celibato<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de analizar las influencias que provocaron un cambio en la percepci\u00f3n del sacerdocio, conviene recordar brevemente las ense\u00f1anzas de la Iglesia sobre el celibato en el momento actual.<br \/>\nEl Vaticano II afirm\u00f3 la tradici\u00f3n sobre el celibato en la iglesia occidental .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s adelante, Pablo VI, partiendo de sus ense\u00f1anzas, desarrollar\u00eda una rica teolog\u00eda del celibato en su enc\u00edclica Sacerdotalis coelibatus , un documento que no ser\u00eda bien acogido en algunos sectores, pero que cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde ver\u00eda reafirmada su ense\u00f1anza en el S\u00ednodo de Obispos de 1971:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cLo que mantiene la ley existente es la \u00edntima y m\u00faltiple coherencia entre la funci\u00f3n pastoral y la vida de celibato: el que libremente accede a vivir una total disponibilidad \u2013el car\u00e1cter distintivo de esta funci\u00f3n\u2013, libremente se compromete con una vida de celibato. El candidato deber\u00eda aceptar este modo de vida, no como algo impuesto desde fuera, sino como una manifestaci\u00f3n de su libre entrega, que es aceptada y ratificada por la Iglesia a trav\u00e9s del obispo. De esta forma, la ley se convierte en protecci\u00f3n y salvaguarda de la libertad con la que el sacerdote se entrega a Cristo, convirtiendo su entrega en un \u201cyugo suave\u201d .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La misma posici\u00f3n fue adoptada en la edici\u00f3n revisada del C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico de 1983:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cLos cl\u00e9rigos est\u00e1n obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los cielos y, por tanto, quedan sujetos a guardar el celibato, que es un don peculiar de Dios, mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse m\u00e1s f\u00e1cilmente a Cristo con un coraz\u00f3n entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres\u201d .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la preparaci\u00f3n del S\u00ednodo de Obispos de 1990 y posteriormente, hubo una fuerte presi\u00f3n para que se introdujera el celibato opcional. El pensamiento actual de la Iglesia acerca del celibato sacerdotal se manifest\u00f3 claramente en el documento sinodal sobre la formaci\u00f3n sacerdotal Pastores Dabo vobis, publicado el 25 de marzo de 1992. Como si se anticipara a la actual corriente de especulaci\u00f3n y agitaci\u00f3n, Juan Pablo II afirm\u00f3: \u201cEl S\u00ednodo no quiere dejar ninguna duda en la mente de nadie sobre la firme voluntad de la Iglesia de mantener la ley que exige el celibato libremente escogido y perpetuo para los candidatos a la ordenaci\u00f3n sacerdotal en el rito latino\u201d . Esta es, en l\u00edneas generales, la ense\u00f1anza de la Iglesia, sobre el estatus actual del celibato.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Influencias teol\u00f3gicas sobre el sacerdocio<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Vaticano II dedic\u00f3 dos de sus diecis\u00e9is documentos al tema de los sacerdotes: uno sobre la formaci\u00f3n de los futuros sacerdotes  y otro en torno al ministerio y vida de los presb\u00edteros . Ambos documentos constituyen una declaraci\u00f3n valiosa y bien desarrollada del pensamiento de la Iglesia acerca del sacerdocio cat\u00f3lico y con raz\u00f3n sirvieron para avivar las esperanzas de renovaci\u00f3n de la vida espiritual y la eficacia pastoral del clero.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el \u00faltimo cuarto del siglo XX se produjo una hemorragia en las filas del sacerdocio, de la que quiz\u00e1s no exista otro precedente en la historia de la Iglesia a no ser el de las primeras d\u00e9cadas de la Reforma. El papa Juan Pablo II se ha referido a este \u00e9xodo como uno de los mayores reveses para las esperanzas de renovaci\u00f3n suscitadas en el Concilio . Se trat\u00f3 de un fen\u00f3meno de alcance universal que afect\u00f3 tanto a sacerdotes seculares como a religiosos, pero con un car\u00e1cter m\u00e1s acusado en los pa\u00edses desarrollados de Europa occidental y Norteam\u00e9rica. A estos aspectos negativos hay que a\u00f1adir un significado declive en el n\u00famero de vocaciones sacerdotales en los a\u00f1os posteriores al Concilio Vaticano II, al menos en la parte occidental m\u00e1s desarrollada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al mismo tiempo que se produc\u00eda el desarrollo de estos pa\u00edses se comenz\u00f3 a cuestionar seriamente la misma identidad del sacerdocio cat\u00f3lico. \u00bfFue esta p\u00e9rdida de seguridad y de confianza en la esencia del sacerdocio una de las razones principales por la que muchos decidieron abandonar su vocaci\u00f3n? o \u00bfContribuy\u00f3 este hecho, a minar la percepci\u00f3n tradicional cat\u00f3lica del sacerdocio, hasta el punto de que muchos menos j\u00f3venes se sent\u00edan favorablemente dispuestos o capacitados para ver en la vocaci\u00f3n algo por lo que merece la pena adoptar un compromiso para toda la vida? No hay duda de que el debate en torno a la identidad sacerdotal, da\u00f1o la adecuada percepci\u00f3n del compromiso, con las consiguientes defecciones en las filas del clero y un creciente rechazo de los j\u00f3venes a considerar el sacerdocio como opci\u00f3n viable.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cardenal Ratzinger analiz\u00f3 este fen\u00f3meno en profundidad en su discurso de apertura al S\u00ednodo de Obispos sobre la formaci\u00f3n de los sacerdotes  y volvi\u00f3 a tratarlo en un documento publicado para conmemorar el treinta aniversario de la proclamaci\u00f3n del decreto Presbyterorum ordinis en 1995 . El Concilio, seg\u00fan refiere, resolvi\u00f3 publicar un decreto sobre el ministerio y la vida de los presb\u00edteros, consciente de que en aquel momento la idea tradicional del sacerdocio cat\u00f3lico en algunos sectores de la Iglesia estaba perdiendo valor. En los c\u00edrculos ecum\u00e9nicos se hac\u00edan patentes los g\u00e9rmenes de una crisis en el concepto de sacerdocio cat\u00f3lico; una crisis que, seg\u00fan sus palabras, se inflamar\u00eda tras el Concilio, provocando efectos devastadores en los sacerdotes y en las vocaciones al sacerdocio.\n<\/p>\n<h2>Cambio en las perspectivas morales<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta principios de los a\u00f1os setenta, las vocaciones en Iglesia eran crecientes en los seminarios. Alcanzaron su m\u00e1ximo desarrollo en los sesenta y, a partir de entonces, comenzaron a decrecer de forma gradual. En la primera mitad de los noventa se produjo un r\u00e1pido declive, alcanzando en 1996 el n\u00famero m\u00e1s bajo de incorporaciones de todo el siglo XX.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno se pregunta: \u00bfqu\u00e9 es lo que ha provocado un cambio tan significativo? \u00bfPor qu\u00e9 se ha visto reducido el n\u00famero de vocaciones a un d\u00e9bil reguero, comparado con la firme corriente de hace una generaci\u00f3n? \u00bfPor qu\u00e9 ocurre que el sacerdocio parece no tener ya tanto atractivo como un estilo de vida desafiante? \u00bfEs lo que se conoce como celibato obligatorio lo que disuade a los j\u00f3venes que aspiran al sacerdocio o hay razones estructurales m\u00e1s profundas?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los a\u00f1os transcurridos desde el Vaticano II han sido tiempos de grandes cambios en la Iglesia. Esto ha dado lugar a una percepci\u00f3n diferente de la fe y a una relajaci\u00f3n del compromiso celibatario y que en la pr\u00e1ctica se ha manifestado en una dram\u00e1tica desbandada, especialmente acusada en las zonas urbanas.<br \/>\nLos estudios sobre las actitudes de la gente joven con respecto a la religi\u00f3n revelan un rechazo de los elementos esenciales de la fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos aspectos significativos de la ense\u00f1anza moral cristiana se han dejado de presentar con suficiente afectividad a un n\u00famero cada vez mayor de generaciones m\u00e1s j\u00f3venes. Esta laguna de credibilidad, si pudi\u00e9ramos definirla as\u00ed, tiene una relaci\u00f3n particular con los h\u00e1bitos sexuales . La realidad de este cambio de actitud encuentra su justificaci\u00f3n en el r\u00e1pido crecimiento en los niveles de ilegitimidad y de aborto de los \u00faltimos veinticinco a\u00f1os.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La superficialidad con la que se trata la virtud de la castidad en los medios de comunicaci\u00f3n ha contribuido a oscurecer la estimaci\u00f3n de su car\u00e1cter de virtud. Mucha gente considera que vivir las exigencias tradicionales de la pureza de pensamiento y de obra es un hecho fastidioso y conducente al escr\u00fapulo. En consecuencia, la promiscuidad, o lo que podr\u00edamos denominar placer sexual, se est\u00e1 convirtiendo cada vez m\u00e1s en una situaci\u00f3n \u201cnormal\u201d entre los adolescentes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos cambios en el punto de vista moral afectan tambi\u00e9n a los casados, como lo refleja el hecho de que una elevada proporci\u00f3n de parejas utilice actualmente alg\u00fan tipo de anticonceptivo. En una sociedad donde tales actitudes se hallan cada vez m\u00e1s arraigadas es inevitable que surjan dificultades para entender la idea del celibato y el compromiso personal que implica.\n<\/p>\n<h2>Influencias culturales e intelectuales<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos podr\u00edamos preguntar: \u00bfcu\u00e1les han sido las causas de este cambio de actitud hacia la fe, hacia el sacerdocio y hacia la castidad? \u00bfQu\u00e9 razones no teol\u00f3gicas han afectado a la forma de percibir el sacerdocio en los \u00faltimos treinta a\u00f1os? Ocurre que muchos pa\u00edses occidentales, con ra\u00edces cristianas, se han visto afectados en su entorno social y cultural por diversos tipos de influencia. \u00c9stos se han introducido por diversas v\u00edas, pero se han dejado sentir con especial virulencia en los medios de comunicaci\u00f3n, la filosof\u00eda educativa y la legislaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pese a todo, creo que puede ser \u00fatil tratar de identificar algunas de las tendencias que subyacen en las actuales actitudes culturales. Ello nos proporcionar\u00e1 al menos una perspectiva para poder evaluar el actual punto de vista sobre el sacerdocio y la vocaci\u00f3n al celibato y, presumiblemente, ayudar\u00e1 a los sacerdotes a entender por qu\u00e9 han cambiado tanto las cosas desde el Vaticano II hasta nuestros d\u00edas.\n<\/p>\n<h2>Libertad y verdad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La b\u00fasqueda de libertad personal es uno de los rasgos m\u00e1s caracter\u00edsticos de la cultura contempor\u00e1nea. Normalmente se le considera un bien superior al que otros valores deber\u00edan subordinarse, especialmente los que parecen restringir la libertad. De ah\u00ed que todo lo que se considera tab\u00fa o una reliquia de prohibiciones o temores arcaicos se ve como una traba a la libertad humana y para la libertad de expresi\u00f3n. Como resultado, el concepto de un compromiso permanente y personal tiende a considerarse cada vez m\u00e1s como una imposici\u00f3n o como algo imposible de conseguir.<br \/>\nEl entorno cultural en general anima a la gente a sentirse libre a la hora de determinar su propio c\u00f3digo moral y a no acomodarse a ning\u00fan sistema que considere impuesto desde fuera .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este concepto de libertad, &#8211; la ausencia de cualquier tipo de compromiso estable y permanente, &#8211; no ve la obligaci\u00f3n de mantener ning\u00fan v\u00ednculo con el pasado, excluyendo de esta forma la posibilidad de proporcionar alg\u00fan tipo de herencia a los que vengan detr\u00e1s.<br \/>\nLos psicoanalistas y conductistas tienden a separar la culpa de la responsabilidad personal, que es el correlato de la libertad, y declaran que el pecado es el resultado de diversas formas de condicionamiento, hereditario, social, cultural, etc. Podemos decir que se ha producido una p\u00e9rdida radical del sentido del pecado . El hombre es cada vez menos consciente de su necesidad de redenci\u00f3n pero su sentido de alienaci\u00f3n no se extingue. Al contrario, se hace m\u00e1s opresivo. Y, parad\u00f3jicamente, mientras que la confesi\u00f3n sacramental ha dejado de ser un rito sagrado en la vida de muchos, la psiquiatr\u00eda y otras formas de asesoramiento seculares se han convertido en pr\u00f3speras industrias.\n<\/p>\n<h2>Relativismo<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Ilustraci\u00f3n del siglo XVIII hab\u00eda prometido desembarazarse de lo que consideraba mito y tab\u00fa \u2013principalmente de la fe, para sustituirlo por una \u00e9tica human\u00edstica y un equilibrio social racional. Se propon\u00eda conseguir un c\u00f3digo \u00e9tico de car\u00e1cter consensuado, m\u00e1s que basado en la convicci\u00f3n, rechazando expresamente la noci\u00f3n de verdad absoluta, sobre todo en el terreno de la moral. Las elecciones de car\u00e1cter \u00e9tico, seg\u00fan este sistema, eran personales m\u00e1s que racionales, y la creencia religiosa era considerada como un tipo de experiencia personal que no deb\u00eda sobrepasar los l\u00edmites de la conciencia personal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la vida p\u00fablica parece existir miedo a afirmar la verdad, a se\u00f1alar que una postura concreta, ya sea de car\u00e1cter legal, pol\u00edtico o moral, se encuentra en oposici\u00f3n a ella. Es un rasgo indicativo de hasta qu\u00e9 punto la cultura contempor\u00e1nea se halla profundamente impregnada de relativismo moral y de su influencia en nuestra propia actitud. Si todas las verdades son relativas, como postular\u00eda cualquier filosof\u00eda pluralista, nadie est\u00e1 en disposici\u00f3n de defender unos valores \u00e9ticos absolutos, ya sea por falta de convicci\u00f3n o por temor a ser ridiculizado por los medios de comunicaci\u00f3n .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es de extra\u00f1ar que, en un contexto cultural semejante, el celibato como estilo de vida pueda parecer algo marginal y esot\u00e9rico, sobre todo ante la idea de considerarlo como una opci\u00f3n personal.\n<\/p>\n<h2>Cientifismo y utilitarismo<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un mundo donde las ciencias naturales proporcionan el paradigma dominante de conocimiento y donde los sentimientos han sustituido a la filosof\u00eda y la revelaci\u00f3n como clave de la realidad, existe un profundo escepticismo respecto al establecimiento de una adecuada fundamentaci\u00f3n de un sistema moral coherente . Desde esta perspectiva, la autonom\u00eda de la raz\u00f3n se ve restringida por los hechos verificables por las ciencias, y el conocimiento real se ve reducido a las verdades que tales ciencias proporcionan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El utilitarismo es una filosof\u00eda que busca el propio inter\u00e9s y, por tanto, contradice la ense\u00f1anza cristiana de que el verdadero bien del hombre no consiste en el propio inter\u00e9s sino en la entrega de s\u00ed y el servicio a los dem\u00e1s. El consciencialismo y el proporcionalismo son formas actuales de utilitarismo. No permiten que nadie diga que una acci\u00f3n es intr\u00ednsecamente mala, sino \u00fanicamente mejor o peor que las otras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta actitud choca de frente con la idea cristiana de felicidad, lograda mediante la donaci\u00f3n completa de uno mismo, especialmente en el matrimonio o en el amor comprometido del celibato .\n<\/p>\n<h2>Individualismo y democratizaci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El termino \u201cindividualismo\u201d encierra gran parte de lo que actualmente sucede en la cultura contempor\u00e1nea. Es caracter\u00edstico de algunas de las actitudes se\u00f1aladas, pero tambi\u00e9n es evidente en la creaci\u00f3n de un conflicto aparente entre la persona y diferentes formas de autoridad. Una de las consecuencias del individualismo es la p\u00e9rdida de la noci\u00f3n de bien com\u00fan y del compromiso de solidaridad humana .<br \/>\nTeniendo en cuenta que la familia es la unidad b\u00e1sica de estabilidad en la estructura social y el contexto principal en el que tanto los valores morales como las normas culturales y tradicionales son transmitidos a las sucesivas generaciones, cualquier desintegraci\u00f3n de este \u00e1mbito conlleva necesariamente un efecto negativo sobre la pervivencia de la fe y su transmisi\u00f3n. Esto, a su vez, tiene efectos perjudiciales para las vocaciones al sacerdocio, ya que la familia cristiana es lugar insustituible para la gestaci\u00f3n de dichas vocaciones.\n<\/p>\n<h2>La moral relegada al \u00e1mbito privado<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pluralismo, tal como se entiende hoy d\u00eda en el \u00e1mbito pol\u00edtico, es la presunci\u00f3n de legislar por la libertad en diferentes \u00e1reas, pero una libertad emancipada de sus fundamentos de moral y de verdad. Seg\u00fan este enfoque, no existir\u00eda ninguna base que sustentara los valores absolutos fuera de uno mismo; estos valores ser\u00edan subjetivos y, por tanto, privados, y lo \u00fanico que restar\u00eda hacer es legislar sobre la base de un consenso democr\u00e1tico, que es siempre mudable. Ciertamente, a tenor de esta l\u00f3gica, los valores deber\u00edan permanecer en la esfera privada a fin de preservar la democracia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El positivismo legal de nuestros tiempos ha desvirtuado enormemente aquellas elocuentes palabras que encontramos en el Evangelio de san Juan: \u201cY conocer\u00e9is la verdad y la verdad os har\u00e1 libres\u201d (Jn.8,32). El Evangelio nos ense\u00f1a que la libertad surge de nuestra relaci\u00f3n con algo exterior a nosotros mismos. Alcanzamos la libertad en la medida que adaptamos nuestro estilo de vida y nuestras ambiciones a la verdad objetiva. Sin embargo, la actual corriente de doctrina pol\u00edtica y social intenta tergiversar esta relaci\u00f3n entre libertad y verdad, reduci\u00e9ndola a un eslogan sin contenido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bajo la excusa de pluralismo y como un paso adelante en la libertad, se presentan propuestas legislativas a favor de la contracepci\u00f3n, el divorcio, la homosexualidad o el aborto. En ning\u00fan sitio, sin embargo, encontraremos definiciones claras de lo que los legisladores entienden por libertad o pluralismo. Y en este proceso, la gente acaba convencida de que todo lo que es legal es moralmente aceptable.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el aut\u00e9ntico pluralismo no implica ocultar nuestras m\u00e1s profundas diferencias. Por el contrario, significa aceptarlas dentro del com\u00fan compromiso con respecto a los dem\u00e1s. El pluralismo no es indiferencia en lo que se refiere a la verdad; es un genuino respeto hacia los dem\u00e1s y hacia sus convicciones .\n<\/p>\n<h2>Recuperar el conocimiento de la esencia del sacerdocio y el celibato<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Est\u00e1 claro pues, que actualmente hay algunas corrientes de influencia en nuestra sociedad que con frecuencia est\u00e1n en competencia directa con los preceptos del Evangelio y son hostiles al mismo. \u00c9ste es el entorno en que los sacerdotes tienen que vivir y en el que tienen que intentar hacer del celibato un hecho comprensible para ellos mismos y para los dem\u00e1s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, no deber\u00edan desanimarse ante las presiones culturales y sociales que oponen dificultades a la proclamaci\u00f3n del mensaje de Cristo. La verdad que encierra la ense\u00f1anza del Maestro es atractiva y desafiante y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, es la \u00fanica visi\u00f3n de la realidad capaz de satisfacer los anhelos m\u00e1s profundos del coraz\u00f3n humano. Si el sacerdote se encuentra impulsado por una profunda fe en el poder de la gracia y tiene el valor suficiente para proclamar las implicaciones que el Evangelio conlleva en la vida personal, familiar y social, no tiene por qu\u00e9 dudar de que se producir\u00e1 una reevangelizaci\u00f3n de la cultura y que se recuperar\u00e1n las ra\u00edces cristianas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La sombra de los esc\u00e1ndalos clericales arrojada sobre el celibato en los \u00faltimos a\u00f1os, unida a los esfuerzos de algunos medios de comunicaci\u00f3n por minar el carisma, hace necesaria la presencia de sacerdotes que, con el ejemplo de sus vidas, contribuyan a recuperar la convicci\u00f3n acerca de su valor y de su validez perenne.<br \/>\nComo ya hemos observado anteriormente, el Beato Juan Pablo II, en la enc\u00edclica Pastores Dabo Vobis, expres\u00f3 su deseo de que el celibato fuera presentado y explicado m\u00e1s plenamente desde un punto de vista espiritual, teol\u00f3gico y b\u00edblico .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El papa es consciente de que muchas veces no se explica bien, hasta el punto de llegar a afirmar que el extendido punto de vista de que el celibato es impuesto por ley \u201ces fruto de un equ\u00edvoco, por no decir de mala fe\u201d .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras que se pueden aducir argumentos pr\u00e1cticos en defensa del celibato, en cuanto que se trata de un carisma esencialmente sobrenatural, las razones hist\u00f3ricas, escritur\u00edsticas y teol\u00f3gicas como sugiere el Santo Padre son el \u00fanico fundamento para su justificaci\u00f3n. En los recientes debates se ha prestado poca atenci\u00f3n a estos aspectos del celibato. Uno de los objetivos de esta tesis es el de replantear estos argumentos, analizando las razones que justifican su profunda importancia para entender adecuadamente esta disciplina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ning\u00fan otro como el Beato Juan Pablo II ha hecho tanto para exponer los fundamentos teol\u00f3gicos y escritur\u00edsticos del celibato. Los desarroll\u00f3 en sus catequesis semanales en Roma, en documentos magisteriales y en sus innumerables alocuciones a los sacerdotes en todas partes del mundo en los \u00faltimos veinte a\u00f1os. Una caracter\u00edstica peculiar de las ense\u00f1anzas del B. Juan Pablo II sobre el celibato es que constantemente lo pone en relaci\u00f3n con la vocaci\u00f3n al matrimonio. Para \u00e9l son estados correlativos en la vida; uno ilustra el compromiso implicado en el otro y ambos reflejan la \u00fanica vocaci\u00f3n a la santidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A esta conclusi\u00f3n llega como resultado de un profundo y prolongado estudio de los datos que ofrece la Revelaci\u00f3n para permitirnos construir una antropolog\u00eda v\u00e1lida. En su catequesis semanal sobre \u201cel significado nupcial del cuerpo\u201d, entre 1979 y 1984, B. Juan Pablo II desarroll\u00f3 una rica antropolog\u00eda cristiana basada en la Escritura y la realidad de la Encarnaci\u00f3n. Como gr\u00e1ficamente se\u00f1ala, fruto de la Palabra de Dios hecha carne, \u201cel cuerpo entr\u00f3 en la teolog\u00eda por la puerta grande\u201d . As\u00ed pues, para formular una adecuada teolog\u00eda del celibato y del matrimonio, es necesario considerar las implicaciones antropol\u00f3gicas fundamentales de estos compromisos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con raz\u00f3n el B. Juan Pablo II, defiende con fuerza que una decisi\u00f3n madura hacia el celibato s\u00f3lo puede brotar de la plena conciencia del potencial de entrega que ofrece el matrimonio . El seminarista necesita formaci\u00f3n m\u00e1s profunda tambi\u00e9n si quiere que la ense\u00f1anza de la Iglesia sobre la sexualidad humana sea cre\u00edble en una cultura cada vez m\u00e1s influida por la \u00e9tica materialista y utilitarista.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El celibato es un don del Esp\u00edritu Santo y por tanto un carisma esencialmente sobrenatural. Sin embargo, llevamos este tesoro en vasos de barro y, como nos recuerda con fuerza San Pablo, hay una lucha constante entre los deseos de la carne y las aspiraciones del Esp\u00edritu. Proteger y alimentar este don requiere un esfuerzo constante, un ascetismo sostenido por la participaci\u00f3n diaria en el misterio pascual de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La experiencia pastoral de la Iglesia a lo largo de los siglos ha acumulado un rico bagaje de sabidur\u00eda cristiana sobre el modo de cultivar el celibato sacerdotal como un medio de identificaci\u00f3n m\u00e1s profunda con Cristo, sacerdote eterno, y sobre c\u00f3mo apartar los obst\u00e1culos que puedan surgir en esta b\u00fasqueda. El desaf\u00edo del celibato se trata de un medio de santidad personal y un medio efectivo de actividad pastoral.\n<\/p>\n<h2>Redescubrir el sacerdocio<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Teniendo en cuenta la forma en que los sacerdotes han sido atacados por los medios de comunicaci\u00f3n en los \u00faltimos a\u00f1os, no es de extra\u00f1ar que puedan sentirse inseguros e indecisos acerca de la identidad y el concepto que tienen de s\u00ed mismos. A los ojos de la gente, adem\u00e1s, el sacerdocio parece haber perdido algo de su prestigio. Por ello, podr\u00eda ocurrir que los sacerdotes se volvieran vacilantes en su \u00edmpetu pastoral y defensivos en su predicaci\u00f3n del Evangelio, tentados por una falta de convicci\u00f3n acerca de su vocaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las circunstancias actuales, los sacerdotes necesitan redescubrir el sentido de la dignidad y la grandeza de su llamada. Es algo que han de conseguir no tanto centr\u00e1ndose en el aspecto normalmente humano como reflexionando m\u00e1s profundamente en el misterio de Jesucristo y en la participaci\u00f3n que el sacerdote tiene en ese misterio. Por el sacramento de la Ordenaci\u00f3n, Cristo toma posesi\u00f3n del sacerdote como algo propio. Fruto de ello, se vuelve capaz de hacer lo que nunca podr\u00eda por propia iniciativa: hacer presente el sacrificio de Cristo, confeccionar la eucarist\u00eda, absolver los pecados y otorgar el Esp\u00edritu Santo, prerrogativas divinas que ning\u00fan hombre puede obtener con su propio esfuerzo o por delegaci\u00f3n de ninguna comunidad .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En unos momentos en los que se habla mucho de libertad, el sacerdote es el \u00fanico que puede absolver a la gente del peso de sus pecados y obtener as\u00ed para ellos la mayor de todas las libertades. Afirmaba Chesterton que la \u00faltima raz\u00f3n que le llev\u00f3 a convertirse al catolicismo fue que la iglesia cat\u00f3lica era la \u00fanica Iglesia que le garantizaba el perd\u00f3n de sus pecados. Y ah\u00ed fue donde entrevi\u00f3 la dignidad fundamental del sacerdocio cat\u00f3lico . Quiz\u00e1s los sacerdotes necesiten redescubrir esta verdad por s\u00ed mismos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sacerdocio es un compromiso exigente pero, si se ejerce con verdadera fidelidad al sacerdocio de Cristo, es la m\u00e1s satisfactoria de todas las profesiones o vocaciones humanas: otorga una formaci\u00f3n teol\u00f3gica e intelectual profunda e impulsa a conocer a fondo la gran herencia de la cultura y sabidur\u00eda cristianas y todo lo que las ciencias humanas pueden aportar, a fin de ganar el coraz\u00f3n del hombre para Cristo . El sacerdocio es el don m\u00e1s grande que Cristo ha otorgado a la humanidad, pero ofrecido a un n\u00famero relativamente peque\u00f1o de personas. S\u00f3lo a ellos ha dirigido Cristo estas palabras: \u201cComo el Padre me ha enviado, as\u00ed os env\u00edo yo\u201d (Jn. 20,21) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De entre las muchas cosas que se han escrito en los debates actuales en torno al celibato, me llam\u00f3 especialmente la atenci\u00f3n una, que, curiosamente, fue escrita por una conversa, mujer de un converso al catolicismo, antiguo ministro anglicano. Declara sobre el celibato sacerdotal, que \u201ces una joya de la iglesia cat\u00f3lica, que ha sido cuestionada \u00fanicamente porque nos hemos obsesionado con la satisfacci\u00f3n sexual, olvidando la otra satisfacci\u00f3n espiritual, que el sacerdocio ofrece a su grey\u201d . Palabras elocuentes, de alguien que viene de afuera a la Iglesia cat\u00f3lica, y redescubre, el valor intangible, del testimonio de tantos ministros fieles a sus promesas sacerdotales que son un paradigma para los hombres.\n<\/p>\n<h2>Origen y evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del celibato sacerdotal<\/h2>\n<h2>Aspectos hist\u00f3ricos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existe una amplia gama de opiniones en cuanto al comienzo y desarrollo del celibato en la Iglesia. Algunos afirman que se hizo obligatorio a partir del siglo IV, mientras que otros sostienen que el punto, de referencia es el II Concilio Lateranense (1139). Tampoco hay acuerdo respecto a su origen, habiendo gente que lo considera de origen apost\u00f3lico o divino, mientras que otros afirman que se trata de una mera expresi\u00f3n tard\u00eda de la disciplina eclesi\u00e1stica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es bien conocido que la pr\u00e1ctica de la iglesia latina, que exige de sus sacerdotes un compromiso irrevocable con el celibato, se diferencia de la disciplina de la iglesia oriental. Existe una creencia com\u00fanmente extendida de que en las iglesias orientales \u2013salvo casos excepcionales\u2013 no existe ley del celibato. Existe tambi\u00e9n un extendido sentir de que la tradici\u00f3n oriental es la m\u00e1s antigua, mientras que la disciplina latina habr\u00eda sido impuesta en una fecha comparativamente tard\u00eda. En los debates centrados en la tradici\u00f3n del celibato en occidente, se suele apuntar como punto de referencia la disciplina de las iglesias orientales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPor qu\u00e9 esta divergencia de disciplina entre Oriente y Occidente y c\u00f3mo lleg\u00f3 a producirse? \u00bfC\u00f3mo se explica que en Oriente se insista de modo inflexible en el celibato para los obispos y al mismo tiempo se fomente el matrimonio entre el clero? \u00bfPor qu\u00e9 en Oriente es normal que haya sacerdotes casados, al mismo tiempo que nunca se ha permitido el matrimonio despu\u00e9s de haber sido ordenado?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta variedad de opiniones y de afirmaciones ciertamente contradictorias son consecuencia de un conocimiento inadecuado de los hechos hist\u00f3ricos, como lo confirman importantes publicaciones recientes sobre la historia del celibato eclesi\u00e1stico, tanto en la iglesia oriental como en la occidental. Los estudios detallados de Cochini, Cholij y Stickler, especialmente, abren nuevas v\u00edas en la historia y la teolog\u00eda de este carisma y ofrecen una fuerte argumentaci\u00f3n a favor del origen apost\u00f3lico de esta disciplina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para entender la historia del celibato desde una perspectiva actual es necesario darse cuenta de que en Occidente, durante el primer milenio de la Iglesia, muchos obispos y sacerdotes eran hombres casados, algo que hoy es bastante excepcional. Sin embargo, una condici\u00f3n previa para los hombres casados a la hora de recibir \u00f3rdenes como di\u00e1conos, sacerdotes u obispos era que despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n se les exig\u00eda vivir una continencia perpetua o lex continentiae.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el asentimiento previo de sus esposas ten\u00edan que estar dispuestos a renunciar a la vida conyugal en el futuro.<br \/>\nNo obstante, junto a cl\u00e9rigos casados, hubo siempre en la Iglesia, en proporciones variables, muchos cl\u00e9rigos que nunca se casaron o que vivieron el celibato tal y como lo conocemos hoy. Con el paso del tiempo se hizo m\u00e1s patente en la iglesia occidental la conveniencia de un sacerdocio en celibato, lo que produjo una disminuci\u00f3n en la proporci\u00f3n de hombres casados llamados al sacerdocio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la instituci\u00f3n de los seminarios en el Concilio de Trento, el n\u00famero de candidatos al clero c\u00e9libe alcanz\u00f3 una dimensi\u00f3n suficiente para abordar todas las necesidades de las di\u00f3cesis.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En consecuencia, los casos de hombres casados admitidos a las sagradas \u00f3rdenes mediante dispensa de la Santa Sede fueron siendo cada vez menos frecuentes.<br \/>\nEn la primitiva Iglesia, como ya indicamos, la ordenaci\u00f3n de hombres casados era la norma. La Sagrada Escritura lo confirma. San Pablo prescribe a sus disc\u00edpulos Tito y Timoteo que los candidatos al sacerdocio deber\u00edan haberse casado una sola vez (1 Tim. 3,2-12; Tit. 1,6.). Sabemos que Pedro estaba casado y quiz\u00e1s lo estuviera tambi\u00e9n alguno de los dem\u00e1s ap\u00f3stoles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es algo que parece impl\u00edcito en la pregunta de Pedro a Cristo: \u201cNosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido\u201d. Y Jes\u00fas contest\u00f3: \u201cOs aseguro que no hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres, o hijos por causa del reino de Dios, que no reciba mucho m\u00e1s en este mundo y, en el venidero, la vida eterna\u201d (Lc. 18,28-30; Mt. 19,27-30).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed se ve la primera obligaci\u00f3n del celibato clerical \u2013la continencia\u2013 en relaci\u00f3n con el uso del matrimonio despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n. \u00c9ste fue el significado original del celibato la lex continentiae o la absoluta continencia respecto a la generaci\u00f3n de los hijos. As\u00ed es como est\u00e1 definido en todas las leyes escritas primitivas acerca del celibato, que datan de los siglos IV y V.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los candidatos a la ordenaci\u00f3n no pod\u00edan comprometerse a vivir la continencia sin el acuerdo previo y expreso de sus esposas, puesto que, en virtud del v\u00ednculo sacramental, ten\u00edan un inalienable derecho a las relaciones conyugales.<br \/>\nPor diversas razones de tipo pr\u00e1ctico y asc\u00e9tico, se desarroll\u00f3 en la Iglesia una preferencia por la ordenaci\u00f3n de hombres c\u00e9libes no casados, preferencia que, poco tiempo despu\u00e9s se convirti\u00f3 en el requisito normal para todos los candidatos al sacerdocio en la iglesia occidental.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ah\u00ed que, como se ha se\u00f1alado, en el primer milenio de la Iglesia, el celibato ven\u00eda a significar cualquiera de estas dos realidades: que los ministros ordenados no se casaban o que, si los candidatos a la ordenaci\u00f3n ya estaban casados, deb\u00edan comprometerse a una vida de continencia perpetua tras la ordenaci\u00f3n. El no distinguir entre la lex continentiae y el celibato tal como lo entendemos hoy, ha dado lugar a muchos malentendidos y a interpretaciones err\u00f3neas sobre la historia de este carisma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta hace poco, el sentir hist\u00f3rico general sosten\u00eda que hasta el siglo IV la Iglesia no elabor\u00f3 una ley de celibato. Este punto de vista fue adoptado por Franz X. Funk, conocido historiador eclesi\u00e1stico a fines del siglo XIX . Su juicio, sin embargo, era un juicio err\u00f3neo, basado en un documento cuya falsedad se comprobar\u00eda m\u00e1s tarde . Si el modo de tratar la cuesti\u00f3n del celibato es avanzar cient\u00edficamente desde un punto de vista teol\u00f3gico a un punto de vista jur\u00eddico, es necesario aclarar antes un segundo presupuesto fundamental. Los historiadores del derecho han se\u00f1alado que es un error metodol\u00f3gico b\u00e1sico identificar los conceptos de ius (derecho) y lex (ley), que es lo que hizo Funk .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todas las normas jur\u00eddicas obligatorias, tanto las transmitidas oralmente o trav\u00e9s de la costumbre, como las expresadas por escrito, forman el contenido de la idea de ius. Por otra parte, la lex es un concepto m\u00e1s estrecho, puesto que se refiere \u00fanicamente a disposiciones que han sido puestas por escrito y leg\u00edtimamente promulgadas. La historia confirma que todas las disposiciones jur\u00eddicas comenzaron siendo tradiciones orales que s\u00f3lo se fijaron por escrito tras un lento proceso, como fue el caso de las leyes germanas y romanas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La constituci\u00f3n jur\u00eddica de la naciente Iglesia consisti\u00f3 en gran parte en disposiciones y obligaciones transmitidas oralmente, tanto m\u00e1s cuanto que durante los tres primeros siglos de persecuci\u00f3n habr\u00eda sido dif\u00edcil poner cualquier ley por escrito. Ciertamente, algunos elementos de la ley primitiva de la Iglesia fueron puestos por escrito, pero vemos tambi\u00e9n como san Pablo anima a los tesalonicenses a guardar las tradiciones que hab\u00edan recibido oralmente (2 Tes. 2,15).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Funk cay\u00f3 en el error de fechar el origen del celibato en la primera ley escrita acerca del mismo, que es la del Concilio de Elvira. \u00c9ste ser\u00e1 nuestro punto de partida para analizar los significativos desarrollos en la legislaci\u00f3n de rito latino hasta el siglo VII.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>El celibato en la Iglesia Latina<\/h2>\n<h2>Concilio de Elvira<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Concilio de Elvira (Espa\u00f1a) tiene una particular significaci\u00f3n en la historia de la legislaci\u00f3n del celibato. Celebrado a comienzos del siglo IV (305), el prop\u00f3sito de sus ochenta y un c\u00e1nones fue el de renovar la vida de la Iglesia en la parte occidental del imperio romano, reafirmar antiguas normas disciplinarias y sancionar otras nuevas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El canon 33 conten\u00eda la primera ley escrita conocida sobre el celibato, aplicable a obispos, presb\u00edteros y di\u00e1conos es decir, \u201ca todos los cl\u00e9rigos dedicados al servicio del altar\u201d, y proclamaba que \u00e9stos deb\u00edan guardar una completa continencia con respecto a sus esposas, y que tolo el que quebrantara esa norma quedar\u00eda excluido del estado clerical . El canon 27 del mismo concilio prohib\u00eda a las mujeres vivir con eclesi\u00e1sticos, salvo en el caso de una hermana o una hija que fuera virgen consagrada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De estos importantes textos legales primitivos se puede deducir que la mayor\u00eda de los eclesi\u00e1sticos de la Iglesia en Espa\u00f1a eran viri probati, es decir, hombres que estaban casados antes de recibir la ordenaci\u00f3n de di\u00e1conos, presb\u00edteros u obispos. Todos, sin embargo, estaban obligados, despu\u00e9s de recibir las sagradas \u00f3rdenes, a renunciar completamente al uso del matrimonio, es decir, a vivir una continencia total.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed pues, Stickler puede decir, a la luz de los objetivos del Concilio de Elvira y de la historia de la ley en el impero romano, que no se puede ver de ninguna forma en el canon 33 una declaraci\u00f3n de una nueva ley. Al contrario, constitu\u00eda una reacci\u00f3n a la extendida falta de observancia de una obligaci\u00f3n tradicional y bien conocida a la que, en aquel momento, el Concilio a\u00f1ad\u00eda una sanci\u00f3n: los eclesi\u00e1sticos delictuosos deb\u00edan aceptar la obligaci\u00f3n de la lex continentiae o abandonar el estado clerical.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hecho de que la legislaci\u00f3n de Elvira fuera pac\u00edficamente aceptada confirma que no se introduc\u00eda ninguna novedad jur\u00eddica, sino que, fundamentalmente, se pretend\u00eda mantener una disciplina normativa ya existente. Esto es lo que quer\u00eda decir P\u00edo XI cuando en su enc\u00edclica sobre el sacerdocio, afirmaba que esta ley escrita implicaba una praxis previa . Sugerir por tanto que Elvira es el origen de la ley del celibato en la Iglesia y que, por consiguiente, hay una discontinuidad en la disciplina entre su introducci\u00f3n y la praxis anterior, es por los motivos expuestos, una conclusi\u00f3n b\u00e1sicamente err\u00f3nea .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>El Concilio de Cartago<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">A finales del siglo IV, la legislaci\u00f3n del S\u00ednodo de Roma (386) y el II Concilio de Cartago (390) tiene una aportaci\u00f3n importante, porque se desarrolla en el contexto de la lucha entre donatistas y cat\u00f3licos, (los donatistas, negaban la validez de los sacramentos conferidos por sacerdotes indignos )&#160;; confirmaron la lex continentiae como una disciplina practicada universalmente desde los comienzos de la Iglesia y la pusieron en relaci\u00f3n directa con la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles . El canon 3 de Cartago estipulaba que los cl\u00e9rigos casados ten\u00edan que observar la continencia con sus esposas conforme a la tradici\u00f3n heredada de los ap\u00f3stoles:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cConviene que los santos obispos y sacerdotes de Dios, al igual que los levitas esto es, aquellos que se dedican al servicio de los sacramentos divinos observen una perfecta continencia, de tal forma que puedan obtener con total sencillez lo que demandan de Dios. Esforc\u00e9monos por conservar lo que ense\u00f1aron los ap\u00f3stoles y observaron los antiguos. Es nuestro deseo que todos los obispos, sacerdotes y di\u00e1conos, custodios de la pureza, se abstengan de la relaci\u00f3n conyugal con sus esposas, de tal forma que los que sirven en el altar puedan guardar una perfecta castidad\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este canon se dio a conocer, trav\u00e9s de diferentes colecciones, a todas las di\u00f3cesis de la Iglesia romana y, en Oriente, el Concilio de Trullo (691) se refer\u00eda expl\u00edcitamente a \u00e9l como un seguro engarce con la Tradici\u00f3n. La ley promulgada en 390 fue insertada oficialmente en el definitivo documento legislativo de la iglesia africana, el Codex canonum ecclesiae africanae, completado y promulgado en 419, siendo Agust\u00edn obispo de Hipona.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquel momento, la mayor\u00eda del clero aunque no todos\u2013 eran hombres casados. El s\u00ednodo africano les exig\u00eda abandonar toda relaci\u00f3n conyugal, pues se estimaba que les impedir\u00eda llevar a cabo su funci\u00f3n mediadora. La importancia del canon, reside en que aquellos que por la consagraci\u00f3n se convierten en personas sagradas, deber\u00edan manifestar en adelante en sus vidas, esta nueva realidad ontol\u00f3gica. La mediaci\u00f3n efectiva entre Dios y los hombres, y el compromiso de servicio en el altar, son las razones concretas para la continencia que se les exige observar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Los Decretales de Siricio<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros tres documentos publicados por el Magisterio a finales del siglo IV defienden el origen apost\u00f3lico del celibato clerical y la continencia perpetua exigida a los ministros del altar. Se trata de dos decretales del papa Siricio, fechadas en 385 y 386, y de un canon del S\u00ednodo de Roma en torno a la misma fecha .<br \/>\nEn el primero de \u00e9stos el decretal Directa, escrita en 385 el papa responde a las noticias que le llegaban de que los cl\u00e9rigos con \u00f3rdenes mayores continuaban viviendo con sus esposas y teniendo hijos, quebrantando la disciplina tradicional, un hecho que se justificaba en la tradici\u00f3n del sacerdocio lev\u00edtico del Antiguo Testamento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siricio aclarar\u00e1 que los sacerdotes lev\u00edticos estaban sujetos a la obligaci\u00f3n de la continencia temporal durante su servicio en el templo, pero con la venida de Cristo el viejo sacerdocio alcanz\u00f3 su plenitud y, por esta raz\u00f3n, la obligaci\u00f3n de la continencia temporal se hab\u00eda convertido en una obligaci\u00f3n de continencia perpetua .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la decretal Cum in unum, enviada a las diferentes provincias eclesi\u00e1sticas en 386, el papa Siricio se refiere a los distintos textos paulinos (Tit. 1,15; 1 Tim 3,2; 1Cor. 7,7; Rom. 8,8-9) como el fundamento escritur\u00edstico de la disciplina del celibato eclesi\u00e1stico y, al hacerlo as\u00ed, ofrece una interpretaci\u00f3n autorizada del texto unius uxoris virum (hombre de una sola mujer). Que Timoteo y Tito hayan de escoger obispos, presb\u00edteros o di\u00e1conos \u201centre hombres casados una sola vez\u201d no significa que despu\u00e9s de ordenados puedan continuar con su vida conyugal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta condici\u00f3n hay que verla m\u00e1s bien como un requisito para garantizar la futura continencia, que se ha de exigir del candidato a las \u00f3rdenes sagradas. En otras palabras, un hombre que se hubiera casado por segunda vez tras el fallecimiento de su mujer, podr\u00eda no ser considerado candidato a la ordenaci\u00f3n, ya que el hecho de volverse a casar indicar\u00eda incapacidad, para vivir la vida de perpetua continencia demandada a los cl\u00e9rigos con \u00f3rdenes mayores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La legislaci\u00f3n del papa Siricio en 385 y 386, as\u00ed como los c\u00e1nones del Concilio de Cartago (390), defienden el origen apost\u00f3lico de la lex continentiae. Vale la pena se\u00f1alar que no se trata de la mera reclamaci\u00f3n de unas personas, sino de los puntos de vista de aquellos que ocupaban una responsabilidad jer\u00e1rquica dentro de la Iglesia. En Cartago, fue la opini\u00f3n un\u00e1nime de todo el episcopado africano la que declar\u00f3: \u201cesforc\u00e9monos por mantener lo que los ap\u00f3stoles ense\u00f1aron y los antiguos observaron\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Roma, el papa Siricio era consciente de colocarse en la l\u00ednea de la misma tradici\u00f3n viva de sus predecesores como obispos de la sede de Pedro .<br \/>\nM\u00e1s tarde, en el siglo XI, los promotores de la reforma gregoriana se inspiraron en los c\u00e1nones de Cartago para fundamentar de forma m\u00e1s s\u00f3lida su argumentaci\u00f3n hist\u00f3rica. Despu\u00e9s de la reforma, cuando los pr\u00edncipes alemanes escribieron al papa para pedirle la autorizaci\u00f3n para un cl\u00e9rigo casado, la respuesta negativa de P\u00edo IV se bas\u00f3, en primer t\u00e9rmino, en los mismos c\u00e1nones de Cartago.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como hemos visto, la legislaci\u00f3n de rito latino del siglo IV no represent\u00f3 una innovaci\u00f3n, en el sentido de imponer la abstinencia sexual sobre los cl\u00e9rigos por vez primera. Se trat\u00f3 m\u00e1s bien de una respuesta a una situaci\u00f3n dif\u00edcil en la Iglesia, cuando la atm\u00f3sfera general de relajaci\u00f3n moral amenazaba una disciplina que era considerada como una tradici\u00f3n, y cuya infracci\u00f3n estaba sancionada con penas severas. En una situaci\u00f3n poco favorable, las autoridades de la Iglesia no habr\u00edan impuesto sobre los cl\u00e9rigos la pesada carga de la continencia si no hubieran tenido la convicci\u00f3n de ser responsables ante la tradici\u00f3n apost\u00f3lica de la fidelidad de su ense\u00f1anza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>El testimonio de los Padres de la Iglesia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el punto de vista teol\u00f3gico, en los primeros cuatro siglos de la historia de la Iglesia, la continencia del clero est\u00e1 basada en la ense\u00f1anza paulina, como algo ligado a la disponibilidad para el servicio en el altar y a una mayor libertad para la oraci\u00f3n. El ministro de la Nueva Alianza, permaneciendo en constante presencia de Dios, y dada la importancia debida a la oraci\u00f3n, la alabanza y la adoraci\u00f3n, no dispone del tiempo necesario para cumplir con las obligaciones que corresponden a la vida conyugal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, la catequesis de San Cirilo de Jerusal\u00e9n (313-86) hab\u00eda afirmado ya que la disciplina de la continencia clerical se encontraba anclada en el ejemplo del Sumo y Eterno Sacerdote, una norma viva m\u00e1s convincente que cualquier otra justificaci\u00f3n. Cirilo, al unir estrechamente la continencia sacerdotal al nacimiento virginal de Cristo, basa su argumentaci\u00f3n en un presupuesto m\u00e1s all\u00e1 de toda conjetura hist\u00f3rica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para San Jer\u00f3nimo (347-419), la continencia es, sobre todo, una cuesti\u00f3n de santidad. En su Carta a Pamiquio, justifica la continencia basado en la autoridad de la Sagrada Escritura y el testimonio real de la castidad sacerdotal. Este \u00faltimo no se ofrece como un ideal a perseguir sino como un hecho admitido por todos. La castidad, se\u00f1ala, es tambi\u00e9n regla de selecci\u00f3n para los cl\u00e9rigos: obispos, sacerdotes y di\u00e1conos son todos escogidos de alguno de los siguientes: v\u00edrgenes (esto es, hombres solteros), viudos u hombres casados que despu\u00e9s de ordenados observar\u00e1n una perfecta continencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es tambi\u00e9n significativo que Jer\u00f3nimo, en su defensa de la disciplina tradicional, no se siente llamado a hacer ninguna distinci\u00f3n entre hechos que se producen en las iglesias orientales, egipcias u occidentales en esta materia. En su pol\u00e9mica con Vigilancio, galo romano (406) que no ve\u00eda en la continencia m\u00e1s que una herej\u00eda y una ocasi\u00f3n de pecado, San Jer\u00f3nimo reafirma la pr\u00e1ctica que considera tradicional: la iglesia de Egipto, la oriental y la sede apost\u00f3lica nunca aceptan cl\u00e9rigos a no ser que sean v\u00edrgenes u hombres continentes o, si fueran cl\u00e9rigos que tuvieran esposa, los aceptan s\u00f3lo si abandonan la vida matrimonial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al afirmar esta disciplina, nos ofrece como testimonio la experiencia de la mayor parte de la Iglesia, de la que \u00e9l, fruto de sus numerosos viajes, ten\u00eda experiencia de primera mano . Tambi\u00e9n nos da testimonio del origen apost\u00f3lico de esta disciplina: \u201cLos ap\u00f3stoles eran v\u00edrgenes o continentes despu\u00e9s de haber estado casados. Los obispos, sacerdotes y di\u00e1conos son escogidos entre hombres v\u00edrgenes y viudos. En todo caso, una vez que han sido ordenados, viven en perfecta castidad\u201d .<br \/>\nSan Jer\u00f3nimo, considerando el papel de Cristo y de su Madre en el origen e instituci\u00f3n de la Iglesia, encuentra en ellos los principios vivos de la virginidad y la vocaci\u00f3n sacerdotal .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La virginidad, aceptada hoy libremente por algunos, es, para los sacerdotes, el principio de la santidad a la que est\u00e1n llamados en raz\u00f3n de su ministerio y, a su nivel, se traduce en las concretas exigencias de la continencia. La imitaci\u00f3n de la pureza virginal inaugurado por Cristo y por su Madre, ser\u00e1 en adelante la regla del nuevo sacerdocio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Agust\u00edn particip\u00f3 en el Concilio de Cartago (419), donde la obligaci\u00f3n general de continencia para los cl\u00e9rigos con \u00f3rdenes mayores se vio repetidamente afirmada y enraizada en los ap\u00f3stoles y en una tradici\u00f3n constante. En su tratado De conjugiis adulterinis, san Agust\u00edn afirm\u00f3 que los casados que inopinadamente fueran llamados a formar parte del clero superior y fueran ordenados estaban tambi\u00e9n obligados a la continencia. En este aspecto, se convirtieron en un ejemplo para aquellos laicos que ten\u00edan que vivir separados de sus mujeres y pod\u00edan verse tentados con mayor facilidad a cometer adulterio .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Legislaci\u00f3n del siglo VI sobre el celibato<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo VI hubo varios documentos legislativos sobre el celibato. El Breviatio ferrandi fue una compilaci\u00f3n de legislaci\u00f3n de la Iglesia en \u00c1frica, elaborado alrededor de 550, en donde se reafirman las normas primitivas del celibato sacerdotal. En resumen, los puntos principales eran los siguientes:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\uf02d\tlos obispos, presb\u00edteros y di\u00e1conos hab\u00edan de abstenerse de tener relaciones con sus esposas;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\uf02d\ttodo sacerdote que se casara hab\u00eda de ser depuesto; si cometiera pecado de fornicaci\u00f3n habr\u00eda de cumplir penitencia;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\uf02d\tpara salvaguardar la reputaci\u00f3n de los ministros de la Iglesia y ayudarles a vivir la castidad, los cl\u00e9rigos no vivir\u00edan con otras mujeres, que aquellas con las que tuvieran relaci\u00f3n de parentesco.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay que tener en cuenta que en este periodo tuvo lugar una persecuci\u00f3n despiadada contra la Iglesia en el Norte de \u00c1frica, con la invasi\u00f3n de los v\u00e1ndalos y la eliminaci\u00f3n de los l\u00edderes de muchas de sus comunidades cristianas .<br \/>\nEl III Concilio de Toledo (589) fue convocado para remediar los abusos que se hab\u00edan introducido en el clero a ra\u00edz de la herej\u00eda arriana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los obispos, sacerdotes y di\u00e1conos que retornaban a al fe cat\u00f3lica tras abandonar el arrianismo, ya no consideraban la continencia como una obligaci\u00f3n del estado sacerdotal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los derechos matrimoniales se hab\u00edan reafirmado y, por tanto, aunque el arrianismo hab\u00eda sido oficialmente derrotado en el Concilio de Constantinopla de 381, los efectos negativos de esta herej\u00eda, en lo que se refiere a la castidad sacerdotal, se dejaron sentir en los dos siglos posteriores. El canon 5 del Concilio de Toledo renov\u00f3 la disciplina tradicional, indicando las sanciones que acompa\u00f1aban su infracci\u00f3n .<br \/>\nEn la Galia del siglo VI, los concilios celebrados bajo la mano en\u00e9rgica y reformadora de San Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s reafirmaron la legislaci\u00f3n para la restauraci\u00f3n del celibato sacerdotal, una disciplina que hab\u00eda sufrido a consecuencia de las invasiones visigodas del siglo anterior.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Algunas reformas en occidente entre los siglos VII-X<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante el periodo de la temprana Edad Media, se dieron importantes factores hist\u00f3ricos que influyeron en la disciplina sobre la continencia y el celibato. En primer lugar, se produjo una desintegraci\u00f3n gradual de la unidad del imperio romano, dando lugar a entidades de car\u00e1cter nacional o regional que ensombrecieron la unidad de visi\u00f3n de los diversos episcopados y provocaron un debilitamiento de la autoridad papal .<br \/>\nLas nuevas razas de b\u00e1rbaros que invadieron las fronteras del antiguo imperio con frecuencia se convirtieron al cristianismo en masa. Esto supuso serias dificultades para que las exigencias totales de la moralidad cristiana calaran entre la gente instruida m\u00e1s pobre y aun entre el clero que hab\u00eda de salir de sus filas. Los j\u00f3venes estados establecieron algunas de sus instituciones en estrecha colaboraci\u00f3n con la Iglesia, provocando que muchos pastores se convirtieran en pr\u00edncipes temporales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ah\u00ed el inter\u00e9s de los estados en la elecci\u00f3n de cargos eclesi\u00e1sticos que fue origen de la investidura por parte de los poderes seculares y que provocar\u00eda que los puestos eclesi\u00e1sticos importantes se vieran ocupados a menudo por personas carentes de las necesarias cualidades religiosas y morales. Junto a esto, la crisis que afect\u00f3 al papado en la Edad Media disminuy\u00f3 el vigor y la efectividad de sus intervenciones durante un largo periodo de tiempo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cl\u00e9rigos se vieron afectados por el mal ejemplo de sus superiores, pero la principal causa de laxitud en lo que se refiere a la ley de la continencia surgi\u00f3 del sistema de concesi\u00f3n de beneficios y del establecimiento de muchas iglesias privadas. Este sistema comprometi\u00f3 al clero, ligando su ministerio a la totalidad de recursos materiales de los que podr\u00eda disponer la Iglesia en el futuro. Las ventajas materiales de los cargos eclesi\u00e1sticos a menudo eran m\u00e1s atractivas que la responsabilidad pastoral, lo que provocaba la llegada de candidatos indignos y poco adecuados al sacerdocio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La independencia econ\u00f3mica resultante, la seguridad en lo econ\u00f3mico y la libre disposici\u00f3n de las rentas contribuyeron a que la misma funci\u00f3n ministerial, como se\u00f1ala Stickler, se hiciera mucho m\u00e1s independiente de la autoridad superior. Esto, inevitablemente, condujo a unos estilos de vida mundanos que facilitaron el descuido en la pr\u00e1ctica de la continencia y el celibato, tal como hab\u00edan sido establecidos a finales de la era patr\u00edstica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfCu\u00e1l fue la respuesta de la autoridad de la Iglesia a esta situaci\u00f3n de decadencia moral entre el clero? La evidencia hist\u00f3rica muestra que se dictaron varias normas disciplinares, que incorporaron los textos patr\u00edsticos m\u00e1s importantes referidos a la continencia y al celibato. Estos textos se encuentran en las regulaciones conciliares de la iglesia africana, de la Galia y de Espa\u00f1a, as\u00ed como en las importantes decretales de los papas Siricio, Inocencio I y Le\u00f3n I, de la mayor\u00eda de los cuales hemos hecho alguna referencia. Los textos se abrieron camino mediante un n\u00famero incontable de peque\u00f1as colecciones de normas disciplinares que tuvieron una amplia difusi\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre estas colecciones, los Libros penitenciales, Normas Capitulares y Decretales  que tuvieron especial importancia dado que conten\u00edan toda la disciplina eclesi\u00e1stica. Estos libros tuvieron su origen en Irlanda e Inglaterra y se extendieron al continente a trav\u00e9s de los misioneros de ambos pa\u00edses. En uno de ellos que data de la segunda mitad del siglo VI, leemos, en lo que se refiere a la disciplina del celibato, que un cl\u00e9rigo que contrajera matrimonio no pod\u00eda volver con su mujer, despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n y ya no pod\u00eda darle hijos, pues esto ser\u00eda equivalente a la infidelidad a la promesa que hab\u00eda hecho con Dios .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra colecci\u00f3n penitencial en relaci\u00f3n con las anteriores es el Paenitentiale bobiense, en el que se establece que un cl\u00e9rigo con \u00f3rdenes mayores, que despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n renovara las relaciones conyugales con su esposa deb\u00eda considerar que hab\u00eda cometido un pecado equivalente al adulterio, con duras penas anejas .<br \/>\nPodemos afirmar, por tanto, que durante aquellos siglos de crisis en la moral del clero, la Iglesia nunca perdi\u00f3 de vista la tradici\u00f3n antigua relativa a la ley del celibato. Partiendo de esto, afirm\u00f3 siempre la prohibici\u00f3n del matrimonio de los cl\u00e9rigos con \u00f3rdenes mayores, y la obligaci\u00f3n del voto de perpetua continencia para los que estuvieran casados antes de la ordenaci\u00f3n, aun en momentos en los que estas leyes estaban siendo flagrantemente violadas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparte de las pruebas que nos aportan las colecciones de normas disciplinarias, este compromiso viene tambi\u00e9n atestiguado por los esfuerzos de los concilios regionales y los s\u00ednodos diocesanos. En Francia, por ejemplo, el Concilio de Metz (888) prohibi\u00f3 a los sacerdotes tener una mujer en sus casas; el Concilio de Trosly &#8211; Reims (909), al observar la decadencia de la conducta del clero en lo que se refiere a la continencia, inst\u00f3 a que se prohibiera la uni\u00f3n con mujeres y la cohabitaci\u00f3n con ellas, ambas normas en relaci\u00f3n al precepto de la continencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Alemania, el Concilio de Maguncia (888) record\u00f3 la prohibici\u00f3n de cohabitar con mujeres, aun aquella mujer con la que el cl\u00e9rigo hubiera adquirido previo matrimonio, es decir, confirm\u00f3 la prohibici\u00f3n del canon 3 del Concilio de Nicea (325). En Inglaterra, el arzobispo Dunstan de Canterbury, a finales del siglo X, hizo considerables esfuerzos por reformar la moral del clero ingl\u00e9s y restaurar la disciplina tradicional. Sus esfuerzos encontraron resistencia, pero no dud\u00f3 en sustituir a los sacerdotes recalcitrantes, por monjes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante este periodo hubo varias reglamentaciones papales acerca del celibato, a pesar de los momentos de decadencia por los que atravesaba el papado. Estas reglamentaciones consistieron en instrucciones a los obispos y pr\u00edncipes de diversos pa\u00edses, as\u00ed como en decretos de s\u00ednodos romanos defendiendo o planteando la restauraci\u00f3n de la tradici\u00f3n sobre el celibato . Pero hasta el periodo de la reforma gregoriana, en los siglos XI y XII, no recibieron estas instrucciones la necesaria mordiente disciplinaria y can\u00f3nica para resultar efectivas.\n<\/p>\n<h2>La reforma gregoriana y la disciplina eclesi\u00e1stica del celibato del siglo XI-XIII<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La reforma gregoriana tuvo \u00e9xito porque ataj\u00f3 las mismas ra\u00edces de los des\u00f3rdenes que se hab\u00edan convertido en algo tan extendido. La iniciativa de la reforma surgi\u00f3 de los monasterios y su objetivo era el de restablecer la suprema autoridad del papado. Las ra\u00edces del mal no s\u00f3lo fueron reconocidas sino aniquiladas. En primer t\u00e9rmino, se realiz\u00f3 un ataque sistem\u00e1tico sobre la simon\u00eda y el nicolaitismo (la extendida violaci\u00f3n del celibato clerical) y, a continuaci\u00f3n, se entabl\u00f3 una encarnizada batalla contra el flagelo de la investidura laica. Esto condujo a una nueva era en el desarrollo de la legislaci\u00f3n del celibato y, lo que es m\u00e1s importante, a su mejora. La motivaci\u00f3n b\u00e1sica de la reforma gregoriana no fue tanto innovar como impregnarse profundamente de la sabidur\u00eda de la tradici\u00f3n y de los padres, as\u00ed como de la antigua y aut\u00e9ntica disciplina de la Iglesia que tanto anhelaba restaurar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las leyes eclesi\u00e1sticas promulgadas por Gregorio VII (1073-1085) reafirmaron las normas relativas a la continencia del clero y a la prohibici\u00f3n de matrimonio para los cl\u00e9rigos con \u00f3rdenes mayores, as\u00ed como las medidas tomadas para anticiparse a las infracciones, especialmente en relaci\u00f3n con la cohabitaci\u00f3n con mujeres. Sin embargo, el programa de reforma no estuvo exento de oposici\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los contrarios a la reforma presentaron sus propios argumentos, no s\u00f3lo a nivel pr\u00e1ctico sino tambi\u00e9n te\u00f3rico. Su principal argumento era escritur\u00edstico, extra\u00eddo del Antiguo Testamento, que no s\u00f3lo permit\u00eda a los sacerdotes casarse sino que prescrib\u00eda el matrimonio como medio de perpetuar la casta sacerdotal. Tambi\u00e9n recurrieron al episodio de Pafnucio quien, seg\u00fan reclamaban, se opuso a la idea de exigir la continencia total de los cl\u00e9rigos casados en el Concilio de Nicea (325).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ignorando toda la documentaci\u00f3n hist\u00f3rica que apoyaba la ley del celibato, desarrollaron una completa serie de argumentos supuestamente racionales y morales. Pretend\u00edan que la renuncia del matrimonio no deb\u00eda ser impuesta sino s\u00f3lo recomendada, dejada a libre elecci\u00f3n. En cualquier caso, la cuesti\u00f3n deb\u00eda ser abordada con benevolencia y tacto, y no con rigidez romana. Las costumbres que el paso del tiempo hab\u00edan convertido en l\u00edcitas deb\u00edan ser aceptadas, debi\u00e9ndose mostrar m\u00e1s caridad y compasi\u00f3n por la fragilidad humana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n defend\u00edan que una obligaci\u00f3n tan grave como la de la continencia no pod\u00eda imponerse de modo universal, puesto que no ven\u00eda de Dios, sino de los hombres y era algo que presupon\u00eda, en aquellos que lo aceptaban, un carisma que Dios s\u00f3lo conced\u00eda en casos concretos. De esta forma \u2013continuaba su argumentaci\u00f3n\u2013 recurriendo al consejo paulino, m\u00e1s val\u00eda al hombre casarse que contaminarse con deseos impuros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En todo caso, el matrimonio era un sacramento instituido por Cristo y, por tanto, algo santo, por lo que no pod\u00eda decirse que el matrimonio fuera algo equivocado para el sacerdote. Ser\u00eda contrario a la santidad del matrimonio, por tanto, describir la pr\u00e1ctica marital de los sacerdotes l\u00edcitamente unidos a una mujer como fornicatio o adulterium. A la luz de estas consideraciones, la oposici\u00f3n a la reforma gregoriana deploraba las nuevas y severas medidas decretadas por Roma para las infracciones contra la disciplina tradicional.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los promotores de la reforma respondieron a cada una de las objeciones planteadas por sus opositores y, a continuaci\u00f3n, pasaron a elucidar las razones para la nueva legislaci\u00f3n. Recurrieron a los argumentos escritur\u00edsticos de la continencia, pero el peso fuerte de su argumentaci\u00f3n recay\u00f3 sobre las pruebas de la Tradici\u00f3n. En este contexto, el valor hist\u00f3rico del incidente de Pafnucio en Nicea fue rechazado con un razonamiento cr\u00edtico convincente, siendo declarado como falsificaci\u00f3n por Gregorio VII en el S\u00ednodo de Roma de 1077.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los partidarios de la reforma afirmaron en\u00e9rgicamente la primac\u00eda del papa como autoridad de gobierno para toda la Iglesia, con competencia para dictar leyes para todos os obispos en cuestiones de disciplina eclesi\u00e1stica universal. Gregorio VII trabaj\u00f3 incesantemente para conseguir mejorar la disciplina tradicional. Lo hizo especialmente mediante s\u00ednodos regionales presididos por sus legados en colaboraci\u00f3n con los obispos y, a trav\u00e9s de innumerables cartas, dio a conocer las nuevas disposiciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra consecuencia importante de la reforma fue la regulaci\u00f3n adoptada por el II Concilio de Letr\u00e1n (1139) por la que el matrimonio intentado por un obispo, presb\u00edtero, di\u00e1cono o subdi\u00e1cono era no s\u00f3lo il\u00edcito sino inv\u00e1lido. Esto condujo a un malentendido, a\u00fan extendido hoy d\u00eda, seg\u00fan el cual el celibato de los cl\u00e9rigos con \u00f3rdenes mayores fue introducido a partir del Laterano II. En realidad, el Concilio declar\u00f3 inv\u00e1lido algo que de hecho hab\u00eda estado siempre prohibido. Como se\u00f1ala Stickler, esta nueva sanci\u00f3n vino a confirmar una obligaci\u00f3n que hab\u00eda existido de hecho durante muchos siglos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde tiempos de Alejandro III (1159-1181), a los hombres casados, por regla general, no les estaba permitido tener beneficios eclesi\u00e1sticos y al hijo de un sacerdote le estaba prohibido suceder a su padre en el beneficio. Antes de la ordenaci\u00f3n de sus maridos, las mujeres j\u00f3venes y las mujeres de los obispos hab\u00edan de acceder a ingresar en un convento. Ciertamente, uno de los factores que debi\u00f3 contribuir a que con el tiempo se ordenaran \u00fanicamente hombres no casados, es el supuesto de que la mujer, no estuviera dispuesta a renunciar a sus derechos conyugales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En resumen, podemos decir que durante este per\u00edodo, aunque la disciplina tradicional no hab\u00eda cambiado en sus rasgos principales ni hab\u00eda sido olvidada, en la pr\u00e1ctica como se\u00f1ala Stickler\u2013 hab\u00eda dejado de ser observada. A la reforma gregoriana hay que atribuir el m\u00e9rito de un compromiso total en la tarea de erradicar los principales des\u00f3rdenes que mancillaban la Iglesia. La oposici\u00f3n, sin embargo, era muy fuerte, lo que indicaba que las pr\u00e1cticas contrarias a la disciplina antigua se hallaban tan enraizadas que eran consideradas l\u00edcitas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el fin de restaurar el orden, se recurri\u00f3 principalmente a un endurecimiento de las sanciones que se impon\u00edan por infracciones de la disciplina de la continencia del clero y a la intervenci\u00f3n de la autoridad papal, contra la que no exist\u00eda apelaci\u00f3n. Tras la reforma gregoriana, se produjo un notable desarrollo en la ciencia del derecho can\u00f3nico a lo largo de los siglos XII, XIII y XIV, cuyas aportaciones facilitaron el regreso a la disciplina tradicional del celibato. De este modo se desarrollaron la teolog\u00eda y la ley que son la base de la obligaci\u00f3n del celibato. M\u00e1s tarde, abordaremos las limitaciones inherentes a esta teolog\u00eda y a esta jurisprudencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>El Concilio de Trento y la reforma protestante respecto al sacerdocio y el celibato<\/h2>\n<h2>Antecedentes del Concilio de Trento<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de todos los esfuerzos de la reforma gregoriana, la legislaci\u00f3n sobre el celibato estaba todav\u00eda lejos de lograr los objetivos deseados. Despu\u00e9s del gran cisma de Oriente (1378-1417), el estatus del papado sufri\u00f3 un nuevo declive y se hizo necesaria una nueva reforma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero la esperada reforma no lleg\u00f3 a materializarse. El principal obst\u00e1culo resid\u00eda en la organizaci\u00f3n econ\u00f3mica de la Iglesia, que estaba basada en unos beneficios eclesi\u00e1sticos que produc\u00edan considerables ingresos. Como hemos visto antes, las ventajas materiales de estos nombramientos atrajeron al sacerdocio a muchos hombres que no ten\u00edan vocaci\u00f3n o aptitudes para el ministerio sacerdotal. Esta situaci\u00f3n, unida a la negligencia de la autoridad competente, fue la primera causa de decadencia entre el clero.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Teniendo en cuenta los abusos que se produc\u00edan en la Iglesia, cuando la revuelta protestante comenz\u00f3 a tomar forma en el siglo XVI, no es de extra\u00f1ar que se alzara la cuesti\u00f3n del celibato. Muchos de los reformadores ten\u00edan profunda aversi\u00f3n hacia el celibato y, con Lutero y Zwinglio, pas\u00f3 a convertirse en uno de los temas claves de la reforma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La situaci\u00f3n era que la campa\u00f1a orquestada contra el celibato, tanto a nivel pr\u00e1ctico como te\u00f3rico, obtuvo un \u00e9xito notable debido a la violencia, destreza y talento literario con que se elaboraron y presentaron a la gente todas las viejas objeciones, ya fueran de tipo psicol\u00f3gico, social o incluso econ\u00f3mico. La oposici\u00f3n protestante al celibato fue tambi\u00e9n una oportunidad de dar testimonio de su doctrina de la sola scriptura, en la que su rechazo del celibato estaba basado, seg\u00fan reclamaban en no encontrar nada que lo fundamentara en la Escritura.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si los cat\u00f3licos apelaban a la tradici\u00f3n para justificar la doctrina y la pr\u00e1ctica del celibato, los reformadores la rechazaban radicalmente. El abandono del celibato, se puso en relaci\u00f3n tambien con un nuevo concepto de sacerdocio, y la negaci\u00f3n del car\u00e1cter sacramental del Orden Sacerdotal, el \u00e9nfasis sobre el sacerdocio com\u00fan para todos los fieles y la duda arrojada sobre la existencia del sacerdocio ministerial, esencialmente distinto de los laicos, encontraron su expresi\u00f3n concreta en el deseo de suprimir el celibato.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ah\u00ed que en el contexto de la reforma, el celibato se convirtiera en algo m\u00e1s que un problema puramente disciplinario. De esta situaci\u00f3n se derivar\u00eda una confrontaci\u00f3n doctrinal directa llegando a alcanzar los niveles de criterio de ortodoxia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Inglaterra, despu\u00e9s de la ruptura de Enrique VIII con Roma, Tom\u00e1s Cromwell, a quien \u00e9ste nombr\u00f3 arzobispo de Canterbury, se hab\u00eda casado secretamente y hab\u00eda preparado el terreno para la abolici\u00f3n del celibato bajo el sucesor de Enrique VIII.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de la conocida inclinaci\u00f3n del monarca a tomar esposas, no se encontraba preparado para aprobar una disposici\u00f3n similar para el clero. No obstante, apenas nueve meses despu\u00e9s del fallecimiento del rey, el S\u00ednodo Anglicano voto en diciembre de 1547, la abolici\u00f3n de las leyes que convert\u00edan los matrimonios de cl\u00e9rigos con sagradas \u00f3rdenes en nulos ab initio, y al mismo tiempo, fue aprobado un proyecto de ley en la C\u00e1mara de los Comunes en la sesi\u00f3n de 1548-9.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos los matrimonios de este tipo contra\u00eddos hasta ese momento que era el caso de unos ocho o nueve mil cl\u00e9rigos, eran considerados buenos y l\u00edcitos por ese mismo proyecto. Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde se aprob\u00f3 un segundo decreto que legitimaba los hijos nacidos de tales uniones .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1553, el nuevo C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico para la iglesia de Inglaterra condenaba como herej\u00eda la creencia de que las sagradas \u00f3rdenes eran un impedimento invalidante para el matrimonio .<br \/>\nTras la supresi\u00f3n del celibato en diferentes pa\u00edses, no es de extra\u00f1ar que muchos sacerdotes, tanto diocesanos como religiosos abandonaran sus obligaciones. Desgraciadamente, esto constituy\u00f3 a menudo el preludio de un posterior abandono de la fe.\n<\/p>\n<h2>Respuesta a los reformadores<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La dimensi\u00f3n revolucionaria de la oposici\u00f3n al celibato obtuvo, en un primer momento, una respuesta pol\u00edtica por parte de muchas autoridades civiles. Los emperadores Carlos V (1516-1556), Fernando I (1558-1564) y Maximiliano II (1564-1576) aconsejaron una mitigaci\u00f3n de la ley, en distintas ocasiones a lo largo del Concilio de Trento. Humanistas como Erasmo apoyaron esta misma l\u00ednea. Se pod\u00eda admitir un cambio y aun era deseable dec\u00edan, mientras no se tocara el n\u00facleo sustancial de la fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos te\u00f3logos y obispos se alinearon con los humanistas y se mostraron dispuestos a hacer acomodos que no minaran los puntos esenciales de la fe. Sin embargo, la mayor\u00eda de los obispos, convencidos de los argumentos doctrinales y asc\u00e9ticos del celibato, rehusaron verse arrastrados a un cambio precipitado. Puesto que muchos sacerdotes, que viv\u00edan en situaciones comprometidas estaban ya envueltos, con posiciones teol\u00f3gicas heterodoxas, los obispos estimaron que un cambio en la ley del celibato, servir\u00eda de poco para atraer a estos hombres a la ortodoxia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n estaban convencidos de que, tolerando el matrimonio a los sacerdotes, se minar\u00eda completamente la necesaria reforma radical del clero por la que \u00e9stos hab\u00edan de convertirse en ministros ejemplares de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pese a las fuertes presiones pol\u00edticas, Roma rehus\u00f3 legislar una soluci\u00f3n de compromiso, aunque mostr\u00f3 cierta tolerancia en algunas circunstancias atenuadas. Pod\u00eda concederse dispensa a los sacerdotes que quisieran mantener a sus esposas a fin de obtener la validez de sus matrimonios (sanatio in radice), pero tendr\u00edan que renunciar a sus beneficios y al ejercicio de su ministerio en el futuro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, los sacerdotes que desearan ser readmitidos en el ministerio s\u00f3lo podr\u00edan hacerlo con la condici\u00f3n de separarse de sus concubinas y de mostrar verdadero esp\u00edritu de arrepentimiento. \u00c9stas fueron las disposiciones que se le ofrecieron a Alemania. A trav\u00e9s del cardenal Pole, Roma hizo un acuerdo similar con Inglaterra, durante el periodo de la restauraci\u00f3n cat\u00f3lica bajo el reinado de Mar\u00eda (1553-1558), para facilitar las cosas  aquellos sacerdotes que quisieran volver a la ortodoxia .\n<\/p>\n<h2>El Concilio de Trento<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el momento en que el Concilio de Trento se reuni\u00f3 por primera vez en 1547, la cuesti\u00f3n del celibato sacerdotal form\u00f3 parte de la agenda. Sin embargo, a causa de las interrupciones, los padres conciliares no llegaron a hablar de la cuesti\u00f3n hasta la tercera y \u00faltima sesi\u00f3n, en 1563, El celibato clerical fue estudiado por una comisi\u00f3n de te\u00f3logos a la luz de las afirmaciones protestantes, seg\u00fan las cuales:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\uf02d\tEl matrimonio, como estado de vida, era superior al celibato.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\uf02d\tLos sacerdotes orientales pod\u00edan contraer matrimonio l\u00edcitamente, a pesar de las leyes eclesi\u00e1sticas y los votos; decir lo contrario supon\u00eda menospreciar el matrimonio. Todos aquellos que no fueran conscientes de haber recibido el don de la castidad ser\u00edan libres de casarse.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El debate sobre estas dos proposiciones se abri\u00f3 en Trento, en marzo de 1563, y continu\u00f3 a lo largo de trece sesiones. La segunda cuesti\u00f3n fue la que provoc\u00f3 una consideraci\u00f3n hist\u00f3rica del celibato.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La comisi\u00f3n estudi\u00f3 la cuesti\u00f3n bajo dos postulados: primero, c\u00e9libes que se hacen sacerdotes y, segundo, hombres casados aceptados para la ordenaci\u00f3n. Respecto a los primeros, se lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que en ning\u00fan momento de la historia de la Iglesia se hab\u00eda dado ninguna excepci\u00f3n a la prohibici\u00f3n de matrimonio para los sacerdotes c\u00e9libes. La mayor parte de la comisi\u00f3n consideraba esta disciplina de origen apost\u00f3lico y el Concilio rehus\u00f3 definirla como una disciplina de origen puramente eclesi\u00e1stico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por lo que se refiere a los hombres casados admitidos para recibir las \u00f3rdenes, algunos defend\u00edan que la obligaci\u00f3n de observar la continencia perfecta era de origen apost\u00f3lico, mientras otros la consideraban emanada de la disciplina eclesi\u00e1stica. Por lo que se refiere a los ap\u00f3stoles casados antes de ser llamados por Cristo, todos los te\u00f3logos afirmaron, sin dudar, que \u00e9stos abandonaron m\u00e1s tarde la vida conyugal con sus esposas, como se desprende de sus propias palabras: \u201cNosotros hemos dejado todas las cosas y te hemos seguido&#8230;\u201d (Mt. 19,27).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las discusiones de la comisi\u00f3n teol\u00f3gica condujeron a la aprobaci\u00f3n del siguiente canon por los padres de Trento el 11 de noviembre de 1563: \u201cSi alguno dijera que los cl\u00e9rigos constituidos en sagradas \u00f3rdenes o regulares, que han hecho una profesi\u00f3n solemne de castidad, pueden contraer matrimonio, y que dicho matrimonio es v\u00e1lido a pesar de la ley eclesi\u00e1stica o el voto; y que lo contrario no es m\u00e1s que una condena del matrimonio; y que todos los que piensan que no tienen el don de la castidad, aunque hayan hecho dicho voto, pueden contraer matrimonio, sea anatema, pues Dios no reh\u00fasa conceder ese don a los que lo piden con rectitud, ni permite que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas (1Cor. 10,13)\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otras dos decisiones tomadas en Trento tuvieron gran significaci\u00f3n para el futuro del celibato en la Iglesia. La primera fue la de establecer seminarios para la formaci\u00f3n de candidatos al sacerdocio desde su adolescencia. \u00c9sta fue quiz\u00e1s la \u00fanica medida realmente importante, tanto para la restauraci\u00f3n de la disciplina tradicional como para la supresi\u00f3n de las situaciones inmorales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hecho de que, a consecuencia de esta medida, un n\u00famero creciente de candidatos a la ordenaci\u00f3n resultaran ser c\u00e9libes ven\u00eda a significar que se hac\u00eda innecesario, en definitiva, ordenar hombres casados. El programa de formaci\u00f3n del seminario permitir\u00eda, en primer t\u00e9rmino, una juiciosa selecci\u00f3n y un procedimiento de examen para asegurar que s\u00f3lo fueran ordenados los candidatos con las aptitudes necesarias. En segundo lugar, los seminaristas recibir\u00edan la formaci\u00f3n necesaria a nivel asc\u00e9tico, moral y teol\u00f3gico, lo que les proporcionar\u00eda la madurez necesaria para cumplir con las exigencias del celibato consagrado, en una vida de dedicaci\u00f3n al sacerdocio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La segunda consecuencia importante para el celibato fue la decisi\u00f3n tomada en Trento de suscitar una renovaci\u00f3n del sacerdocio y del ministerio episcopal. Se ped\u00eda a los obispos que, en el ejercicio de su inter\u00e9s pastoral, dieran una prioridad especial a sus sacerdotes, proporcion\u00e1ndoles la ayuda y el aliento necesarios para perseverar en su vocaci\u00f3n. Se les exhortaba a ser verdaderos padres de sus sacerdotes, a ser conscientes de sus necesidades, de sus preocupaciones y dificultades, y a apoyarles en todos los sentidos. La ausencia de estos cuidados y atenciones paternales fue, precisamente, una de las causas principales de que muchos sacerdotes no fueran fieles al celibato en el pasado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las disposiciones dictadas en Trento para obispos y sacerdotes conformaron de modo efectivo una nueva imagen y definici\u00f3n del sacerdocio . Sus obligaciones ya no se reduc\u00edan a la celebraci\u00f3n de la liturgia y la administraci\u00f3n de los sacramentos. Los sacerdotes hab\u00edan de ser tambi\u00e9n pastores de la gente a su cuidado. Los diferentes decretos ponen de manifiesto la fuerza con la que Trento insisti\u00f3 en el oficio prof\u00e9tico ligado al ministerio apost\u00f3lico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay un nuevo \u00e9nfasis en la importancia de la predicaci\u00f3n para instruir a la gente en la ense\u00f1anza de Cristo y las exigencias de la vida cristiana. Se pide a los sacerdotes de parroquias que prediquen diariamente durante la Cuaresma y el Adviento, y tambi\u00e9n durante la administraci\u00f3n de los sacramentos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las exigencias de esta visi\u00f3n proporcionaron al sacerdote un nuevo impulso para desarrollar su vida espiritual y moral, y, en consecuencia, el sacerdocio se vio revestido de una fundamentaci\u00f3n m\u00e1s sobrenatural. De esta forma, el Concilio proporcion\u00f3 a los sacerdotes la estructura asc\u00e9tica y teol\u00f3gica necesaria para impedirles caer en los malos h\u00e1bitos de una visi\u00f3n mundana y de una excesiva preocupaci\u00f3n por los intereses de este mundo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan as\u00ed, el sistema de ingresos procedentes de los beneficios no hab\u00eda desaparecido del todo, lo que explica por qu\u00e9 las nuevas disposiciones dictadas en Trento no tuvieron un efecto inmediato en la renovaci\u00f3n del clero y en la pr\u00e1ctica del celibato. El Concilio, no obstante, ser\u00eda un hito en la historia de la Iglesia por lo que respecta al celibato, cuyo ben\u00e9fico influjo ha perdurado hasta el d\u00eda de hoy.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En resumen, se puede decir que a lo largo de toda la Edad Media y en la \u00e9poca moderna, a pesar de las presiones que con frecuencia se ejerc\u00edan sobre su mismo centro, la Iglesia nunca cuestion\u00f3 las bases y la aplicaci\u00f3n de la ley del celibato en sus aspectos esenciales, a saber, que a los candidatos con \u00f3rdenes mayores nunca se les permiti\u00f3 casarse, declarando nula cualquier uni\u00f3n intentada en este sentido, y que a los ya casados se les prohib\u00eda ejercitar sus derechos conyugales y se les ped\u00eda un compromiso de perfecta continencia en el futuro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ordenaci\u00f3n de hombres casados, poco a poco, se convirti\u00f3 en la opci\u00f3n menos favorable, pues, con el tiempo, creci\u00f3 la convicci\u00f3n de que tales ordenaciones creaban una cierta ambig\u00fcedad respecto a la vocaci\u00f3n del celibato y, como se\u00f1ala Stickler, cuestionaba la \u00edntima relaci\u00f3n que existe entre la vocaci\u00f3n al sacerdocio y la vocaci\u00f3n a la virginidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los frecuentes informes de infracciones de la disciplina del celibato sacerdotal durante este periodo muestran c\u00f3mo, en muchos lugares, el celibato era m\u00e1s honrado por su quebrantamiento que por su observancia. Esto llev\u00f3 a muchos la conclusi\u00f3n de que el celibato per se era un compromiso, m\u00e1s all\u00e1 de la libre capacidad de disposici\u00f3n de los sacerdotes, y un carisma que s\u00f3lo era concedido a unos pocos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hechos, sin embargo, nos muestran que hubo una fuerte relaci\u00f3n entre el fracaso del celibato y el declinar de la vida espiritual del clero .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n es verdad que, en aquel momento, hab\u00eda poco rigor en los criterios de selecci\u00f3n de candidatos a las sagradas \u00f3rdenes. Su formaci\u00f3n doctrinal y asc\u00e9tica era seriamente inadecuada, provocando, casi inevitablemente, que los futuros sacerdotes carecieran de los h\u00e1bitos espirituales y teol\u00f3gicos necesarios para entender el profundo significado del celibato y su sacerdocio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de todas las dificultades y fracasos, la Iglesia nunca consinti\u00f3 en verse invadida por una actitud derrotista acerca del celibato. El hecho de que, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n, abordara la obra de la reforma y que estuviera siempre dispuesta a nadar contra la corriente de compromiso, confirma su car\u00e1cter sobrenatural como instituci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fortaleza necesaria para exigir de sus sacerdotes, la observancia de esta dif\u00edcil disciplina, la obtuvo de la convicci\u00f3n de que \u00e9ste era un modo de vida, que ten\u00eda su origen en la tradici\u00f3n apost\u00f3lica. En consecuencia, nunca dud\u00f3 de que, a pesar de la humana debilidad y de todas las vicisitudes a las que est\u00e1 sometido un compromiso semejante, la gracia de Dios nunca faltar\u00eda a los que quisieran ser fieles al mismo.\n<\/p>\n<h2>Desde la Revoluci\u00f3n Francesa a la actualidad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s tarde, en la dif\u00edcil \u00e9poca engendrada por la Revoluci\u00f3n Francesa, la Iglesia mantuvo su tradici\u00f3n al celibato. Sin embargo, las corrientes de pensamiento generadas por la Ilustraci\u00f3n, prepararon el camino para un brutal ataque sobre el celibato, con p\u00e9rdidas inevitables, aunque miles de sacerdotes estuvieran dispuestos al martirio durante el reino del terror. La actitud de la Iglesia fue la praxis adoptada en la \u00e9poca de la reforma: los sacerdotes que se casaron durante la Revoluci\u00f3n ten\u00edan que decidir si renunciar a sus matrimonios civiles, inv\u00e1lidamente contra\u00eddos, o buscar la sanaci\u00f3n de la invalidez en la Iglesia. En el primer caso, pod\u00edan ser readmitidos como ministros del altar. En el segundo, permanec\u00edan excluidos, de forma permanente, del sagrado ministerio; soluci\u00f3n que, tiempo atr\u00e1s, hab\u00eda sido establecida en la primera ley escrita sobre este tema en el Concilio de Elvira (305).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A principios del siglo XIX, se form\u00f3 una asociaci\u00f3n en Alemania para pedir un cambio de la ley, pero Gregorio XIV rechaz\u00f3 este movimiento en su enc\u00edclica Mirari vos (1834). Catorce a\u00f1os m\u00e1s tarde, P\u00edo IX defendi\u00f3 esta disciplina en su enc\u00edclica Qui pluribus. A comienzos del siglo XX, el modernismo dirigi\u00f3 un nuevo ataque sobre la ley del celibato, pero sus efectos fueron muy limitados, debido en gran parte a las medidas decisivas tomadas por san P\u00edo X .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de la Primera Guerra Mundial, cuando un grupo de sacerdotes checos, intentaron cambiar la ley del celibato bajo la pretensi\u00f3n de que Roma estaba dispuesta a relajar esta disciplina, la respuesta inequ\u00edvoca de Benedicto XV no dej\u00f3 lugar a dudas: \u201cUna vez m\u00e1s afirmamos, solemne y formalmente, que esta sede apost\u00f3lica nunca rebajar\u00e1 o mitigar\u00e1 de ninguna manera la obligaci\u00f3n de esta santa y saludable ley del celibato clerical, ni mucho menos proceder\u00e1 a su abolici\u00f3n\u201d .<br \/>\nP\u00edo XI, en su detallada enc\u00edclica sobre el sacerdocio, Ad catholici sacerdotii, reafirm\u00f3 la conveniencia de la disciplina del celibato , al igual que lo hicieron P\u00edo XII  y Juan XXIII .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el Vaticano II, ha habido muchos esfuerzos por cambiar la disciplina del celibato. Uno de ellos fue el intento de tener hombres casados (viri probati) ordenados, pero sin exigirles la renuncia a la vida conyugal; otro fue la propuesta de permitir casarse a los sacerdotes. En un pr\u00f3ximo cap\u00edtulo, desarrollare el Magisterio y la teolog\u00eda del celibato en la actualidad, m\u00e1s expl\u00edcitamente en el contexto hist\u00f3rico del siglo XX, desde el Concilio del Vaticano II.\n<\/p>\n<h2>La praxis hist\u00f3rica del celibato en la Iglesia oriental<\/h2>\n<h2>Legislaci\u00f3n de la Iglesia oriental<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con frecuencia se ha criticado a la Iglesia que, manteniendo una posici\u00f3n m\u00e1s liberal en los comienzos, su disciplina actual sobre el celibato manifiesta una actitud m\u00e1s severa y dura en sus planteamientos. Para probar este hecho se alude a la praxis de la iglesia oriental donde \u2013seg\u00fan dicen\u2013 se conserva la disciplina primitiva. Se sugiere, por ello, que la iglesia latina deber\u00eda retornar a la praxis original de cl\u00e9rigos casados, ya que el celibato constituye una pesada carga para la situaci\u00f3n pastoral de la Iglesia actual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La verdad es sin embargo muy diferente. Existen testimonios autorizados sobre el celibato sacerdotal en la iglesia oriental del siglo IV que nos hablan de una disciplina paralela a la que hemos visto en Occidente. Uno de los primeros testimonios en este sentido es el del obispo Epifanio de Constanza en Chipre (317-403).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dicho obispo era un conocido defensor de la ortodoxia y de la tradici\u00f3n de la Iglesia. En su obra m\u00e1s conocida \u2013Panarion\u2013 afirma que el carisma del nuevo sacerdocio se muestra en aquellos hombres que han renunciado al uso del matrimonio contra\u00eddo despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n, o en aquellos que han vivido siempre como v\u00edrgenes. En su Expositio fidei, se\u00f1ala que la mayor\u00eda de los cl\u00e9rigos provienen de hombres j\u00f3venes que han escogido la virginidad o de los monjes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si estos candidatos no fueran suficientes para abordar las necesidades de la Iglesia, se buscar\u00edan sacerdotes de entre los hombres casados, pero \u00fanicamente de entre aquellos que estuvieran libres de obligaciones conyugales, bien por viudez, o por una libre profesi\u00f3n de continencia. Los hombres que hubieran contra\u00eddo un segundo matrimonio nunca podr\u00edan ser aceptados para el episcopado, el sacerdocio o el diaconado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No niega que en algunos lugares haya sacerdotes y di\u00e1conos que hayan engendrado hijos despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n, pero llama la atenci\u00f3n sobre el hecho de que esto no se ajusta a la norma, sino que m\u00e1s bien es consecuencia de la debilidad humana .<br \/>\nEl Concilio de Nicea (325) \u2013primer concilio ecum\u00e9nico\u2013 legisl\u00f3 contra los obispos, sacerdotes y di\u00e1conos que tuvieran mujeres en sus casas, pudiendo dar lugar a alg\u00fan posible esc\u00e1ndalo contra su castidad. Las \u00fanicas excepciones permitidas eran la madre, la hermana o la t\u00eda del cl\u00e9rigo, o aquellas que estuvieran claramente fuera de toda sospecha .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue en este concilio donde se supone que Pafnucio, obispo de Egipto, intervino para impedir la imposici\u00f3n de la disciplina de continencia total sobre los cl\u00e9rigos con \u00f3rdenes mayores. Sin embargo, los argumentos que defienden la falsedad de esta intervenci\u00f3n parecen irrefutables.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como ya se\u00f1alamos, San Jer\u00f3nimo, fruto de sus numerosos viajes por Egipto, Siria y Palestina, estaba bastante familiarizado con la praxis del celibato en la iglesia oriental. En su defensa del celibato contra Vigilancio, nos ofrece el testimonio de una praxis en Oriente y en Egipto similar a la adoptada por la sede apost\u00f3lica, la cual \u2013como \u00e9l mismo afirma\u2013 s\u00f3lo aceptaba cl\u00e9rigos c\u00e9libes para la ordenaci\u00f3n y, en caso que de \u00e9stos estuvieran casados, s\u00f3lo aquellos que hubieran renunciado a las relaciones conyugales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, no sorprende, humanamente hablando, que un compromiso serio como el del celibato pagara, con el paso de los siglos, el precio de la debilidad humana. El cumplimiento no siempre se correspondi\u00f3 con el precepto, pero la Iglesia intervino continuamente para animar, sancionar y legislar, a fin de restaurar la praxis tradicional a pesar de las dificultades y, a veces, de la oposici\u00f3n del mismo clero.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podr\u00eda parecer, no obstante, que esta atenci\u00f3n y preocupaci\u00f3n por la constante renovaci\u00f3n del celibato no se daba en la iglesia oriental, en parte por estar menos organizada que las iglesias de rito latino y en parte por el mayor efecto delet\u00e9reo de las herej\u00edas cristol\u00f3gicas sobre la disciplina oriental.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque Oriente y Occidente alcanzaron un acuerdo conciliar en cuestiones relativas al dogma, nunca fueron capaces de lograr un acuerdo sistem\u00e1tico sobre cuestiones de disciplina general, incluida la del celibato sacerdotal; cada Iglesia tendi\u00f3 a un enfoque individual en este campo. Esta divergencia con respecto a la tradici\u00f3n occidental se vio acelerada a lo largo de los a\u00f1os por el desarrollo de ciertas tensiones entre las iglesias latina y bizantina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante el siglo VII, el imperio bizantino de Oriente sufri\u00f3 a manos de los invasores infieles de forma muy parecida a como lo hab\u00eda hecho Occidente en los siglos IV y V. Las incursiones de musulmanes, b\u00falgaros y eslavos tuvieron un devastador efecto sobre la iglesia oriental hasta el punto de que de los cuatro patriarcados que exist\u00edan, s\u00f3lo sobrevivi\u00f3 el de Constantinopla; Antioquia, Alejandr\u00eda y Jerusal\u00e9n dejaron de existir.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas invasiones no s\u00f3lo tuvieron un profundo efecto sobre la estructura \u00e9tnica de Bizancio, sino tambi\u00e9n sobre la administraci\u00f3n y sobre el desarrollo social y religioso. A consecuencia de ello se iba a provocar una grave situaci\u00f3n de declive moral e intelectual, que contribuyo a su vez a establecer dificultades duraderas en las relaciones entre Bizancio y Roma, m\u00e1s exacerbadas a\u00fan por las disputas en torno a las herej\u00edas monofisita y monotelita, que s\u00f3lo resolver\u00eda en parte el Concilio de Constantinopla de 681.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Teniendo en cuenta la situaci\u00f3n general de la iglesia oriental, no es dif\u00edcil explicar la ausencia de una acci\u00f3n efectiva contra la tentaci\u00f3n, siempre presente, de ceder en materia de celibato y, m\u00e1s en concreto, en lo que se refiere a la lex continentiae. La iglesia oriental mantuvo, sin embargo, la tradici\u00f3n antigua de completa continencia para los obispos, aun para los casados antes de la ordenaci\u00f3n. No obstante, por las razones ya se\u00f1aladas, Bizancio lleg\u00f3 gradualmente a la conclusi\u00f3n de que, siendo cada vez objeto de un mayor abuso, era imposible prohibir la vida conyugal a los sacerdotes, di\u00e1conos y subdi\u00e1conos. En consecuencia, dieron paso a una situaci\u00f3n que se hab\u00eda desarrollado de ipso a lo largo de los a\u00f1os.\n<\/p>\n<h2>Leyes imperiales<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras los concilios de la iglesia de Occidente defend\u00edan la disciplina de Roma y Cartago y recuperaban el terreno perdido como resultado de las invasiones b\u00e1rbaras durante el siglo VI, el Oriente bizantino promulgaba un corpus de derecho eclesi\u00e1stico y civil que vino a ser conocido como el Corpus juris civilis.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9sta fue una iniciativa del emperador Justiniano I (527-65), y no s\u00f3lo se refer\u00eda a la ley civil sino que abarcaba todos los aspectos de la disciplina eclesi\u00e1stica.<br \/>\nLas primeras leyes que sancionaron la vida conyugal de los sacerdotes, fueron de hecho leyes imperiales, referidas fundamentalmente a la situaci\u00f3n civil de los cl\u00e9rigos casados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El C\u00f3digo Justiniano de 534, mientras que prohib\u00eda a\u00fan a los cl\u00e9rigos casarse despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n, permit\u00eda hacer uso del matrimonio, a sacerdotes, di\u00e1conos y subdi\u00e1conos . Otras prescripciones de la legislaci\u00f3n justiniana se refieren a la ordenaci\u00f3n de sacerdotes y di\u00e1conos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El obispo es responsable de la adecuada selecci\u00f3n de candidatos y debe llevar a cabo una completa investigaci\u00f3n acerca de sus antecedentes para asegurar que pueden cumplir con las exigencias de las \u201cleyes y c\u00e1nones sagrados\u201d, es decir, que han cumplido con ellas guardando castidad perfecta si estaban casados, o han estado casados una sola vez y con una mujer virgen. Las sanciones por infracci\u00f3n de estas regulaciones fueron severas .\n<\/p>\n<h2>Concilio de Trullo (691)<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Concilio de Trullo, o Quintisexto, fue convocado por el emperador Justiniano II, (685-711) con el prop\u00f3sito expreso de promulgar decretos disciplinares, para completar la obra del anterior Concilio Ecum\u00e9nico de Constantinopla (681). Aunque estaba presente un grupo de obispos de Roma, se trat\u00f3 esencialmente de un concilio del imperio bizantino. Los ciento dos c\u00e1nones promulgados ten\u00edan como principal objetivo la correcci\u00f3n de abusos y el restablecimiento de la disciplina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hay duda de que, a consecuencia de las influencias a las que nos hemos referido, la legislaci\u00f3n fue hostil en su esp\u00edritu a la Iglesia romana . Como algunos c\u00e1nones eran contrarios a las disposiciones de Roma, el papa se neg\u00f3 a firmar las actas del Concilio, la primera vez en la historia que Roma desaprobaba formalmente la disciplina de la Iglesia oriental. Pero Trullo iba a determinar el futuro de la legislaci\u00f3n bizantina durante siglos, y a dejar su impronta sobre la iglesia oriental hasta el d\u00eda de hoy. De ah\u00ed que sus decretos m\u00e1s importantes merezcan ser considerados con cierto detalle.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Canon 3: Condiciones para un cl\u00e9rigo casado. Desde Calcedonia (451), ning\u00fan concilio se hab\u00eda enfrentado con problemas disciplinares. La Iglesia, mientras tanto, hab\u00eda tolerado muchas situaciones matrimoniales irregulares entre el clero. El prop\u00f3sito del canon 3 era el de restaurar la disciplina tradicional concretamente los siguientes puntos:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">a)\tLas exigencias del unius uxoris vir de san Pablo: este mandato separaba de las sagradas \u00f3rdenes a cualquier hombre que hubiera tomado una segunda esposa despu\u00e9s del fallecimiento de la primera.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">b)\tNing\u00fan hombre que se hubiera casado con una viuda, sierva o actriz, podr\u00eda ser aceptado como candidato a las sagradas \u00f3rdenes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">c)\tLa esposa de un cl\u00e9rigo que quedaba viuda, no pod\u00eda volver a casarse .<br \/>\nCanon 6: La ordenaci\u00f3n, un impedimento para el matrimonio. Este canon prohib\u00eda, a los sacerdotes y di\u00e1conos que se ordenaron estando solteros, casarse despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n. Adem\u00e1s, se prohib\u00eda a todos los cl\u00e9rigos casarse por segunda vez en caso de que su esposa falleciera. Estas normas disciplinares, que a\u00fan definen la ley particular de las iglesias orientales, son prueba de una profunda preocupaci\u00f3n por la fidelidad a la tradici\u00f3n apost\u00f3lica. Adem\u00e1s, exceptuando el canon 13 \u2013del que trataremos m\u00e1s adelante\u2013 son exactamente iguales a la legislaci\u00f3n de la iglesia latina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El texto del canon 6 se expresa en los siguientes t\u00e9rminos: \u201cPuesto que se declara en los c\u00e1nones apost\u00f3licos que de aquellos que son ascendidos al clero no casado, s\u00f3lo los lectores y cantores pueden casarse, manteniendo esto, determinamos que, de ahora en adelante, no es l\u00edcito de ninguna manera, a ning\u00fan di\u00e1cono, subdi\u00e1cono o presb\u00edtero contraer matrimonio despu\u00e9s de su ordenaci\u00f3n y, si se atreviera a hacerlo, sea depuesto. Y si alguno de aquellos que entran a formar parte del clero deseara unirse a una mujer en l\u00edcito matrimonio, h\u00e1galo antes de ser ordenado subdi\u00e1cono, di\u00e1cono o presb\u00edtero\u201d . Se trataba de una confirmaci\u00f3n de la disciplina afirmada en Calcedonia (451). La prohibici\u00f3n de matrimonio despu\u00e9s de la recepci\u00f3n de las sagradas \u00f3rdenes era \u2013en opini\u00f3n de Cholij\u2013 una consecuencia directa de la ley de continencia: se prohib\u00eda a los sacerdotes casarse puesto que no pod\u00eda consumarse su matrimonio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de los ya apuntados, Cholij presenta varios argumentos de peso para mostrar que la prohibici\u00f3n sobre los cl\u00e9rigos que se casan despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n fue debida a la ley de absoluta continencia, lo que le lleva a concluir que hubo una ley universal del celibato \u2013en sentido amplio\u2013 en la primitiva Iglesia: \u201cla l\u00f3gica de la legislaci\u00f3n que proh\u00edbe el matrimonio despu\u00e9s de la recepci\u00f3n de las \u00f3rdenes, indica que, al menos en los primeros siglos, un cl\u00e9rigo por el hecho de su ordenaci\u00f3n era \u2018consagrado a Dios con todas las implicaciones de dicha consagraci\u00f3n, esto es, la total continencia. La ordenaci\u00f3n ser\u00eda conferida si la mujer acced\u00eda a esta vida de celibato que ella tambi\u00e9n aceptaba libremente llevar sobre sus hombros\u201d . \u00c9sta \u2013se\u00f1ala\u2013 es la \u00fanica explicaci\u00f3n satisfactoria para el impedimento al matrimonio clerical.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">C<b>anon 12:<\/b> Continencia episcopal. Este canon encuentra reprensible la praxis occidental de los obispos, que viven con sus mujeres, por el esc\u00e1ndalo que puede suscitar. Los obispos no s\u00f3lo deber\u00edan vivir una perfecta continencia sino tambi\u00e9n manifestarlo a la vista. De acuerdo con esto, Trullo legisl\u00f3 que, una vez que un hombre es ordenado obispo, su esposa deber\u00eda entrar en un convento situado a cierta distancia de su residencia episcopal. En Occidente, en esos momentos, la casa del obispo hab\u00eda asumido en muchas partes una estructura semejante a la de una instituci\u00f3n mon\u00e1stica, por lo que el esc\u00e1ndalo al que alud\u00eda Trullo ven\u00eda a ser en gran parte te\u00f3rico. Sin embargo, como resultado del canon 12, Oriente fue el primero en imponer la disciplina estricta de la total separaci\u00f3n f\u00edsica del obispo respecto de su esposa .<br \/>\nMientras que la legislaci\u00f3n trullana, iba a conducir al celibato episcopal estricto, no exigi\u00f3 que los candidatos al episcopado fueran monjes. Sin embargo, alrededor del segundo milenio, \u00e9sta era pr\u00e1cticamente la norma para todas las iglesias orientales. Esta situaci\u00f3n surgi\u00f3 porque despu\u00e9s de Trullo se desarroll\u00f3 la costumbre \u2013que en el siglo XI adquiri\u00f3 fuerza de ley\u2013 de que todo el clero secular se casara antes de recibir las \u00f3rdenes. Los que quer\u00edan permanecer c\u00e9libes ten\u00edan que entrar en un monasterio si deseaban ser ordenados.<br \/>\nCanon 13. Matrimonio de cl\u00e9rigos. Fue, sin embargo, el contenido del canon 13, que limitaba la castidad de los hombres casados \u2013ordenados como di\u00e1conos o sacerdotes\u2013 a una simple continencia temporal, el que introdujo la principal divisi\u00f3n entre las tradiciones de Bizancio y de Roma en torno al celibato sacerdotal .<br \/>\nEl hecho de que a ning\u00fan cl\u00e9rigo casado se le exigiera hacer una profesi\u00f3n de continencia es una declaraci\u00f3n expresamente hostil a la costumbre y a las protestas de Roma. La cohabitaci\u00f3n con la propia esposa y el uso del matrimonio no s\u00f3lo son defendidos con firmeza, sino que cualquier planteamiento alternativo es duramente castigado con sanciones. Contrariamente a lo que afirma el canon trullano, Roma no ve\u00eda el matrimonio como una prohibici\u00f3n para acceder al ministerio sacerdotal, ni intentaba disolver el v\u00ednculo matrimonial, como suger\u00eda aqu\u00e9l, sino que, al prescribir la continencia total a los cl\u00e9rigos casados, revest\u00eda su vida matrimonial de un rango superior, que consideraba apropiado a lo que demandaba el servicio al altar.<br \/>\nLos padres de Trullo basaron su postura acerca de la continencia temporal para los di\u00e1conos y presb\u00edteros \u201cen la norma antigua de estricta observancia y disciplina eclesi\u00e1stica\u201d, as\u00ed como en el Concilio de Cartago y el Canon Apost\u00f3lico 6. La falta de consistencia de su planteamiento viene subrayada, por el hecho de que utilizaron la misma tradici\u00f3n para negar a un obispo, lo que ahora ofrec\u00edan a un sacerdote.<br \/>\nLo que tambi\u00e9n llama la atenci\u00f3n es la referencia al Concilio de Cartago. Mientras los decretos de los concilios africanos son utilizados por los padres bizantinos como un elemento de enganche con la antig\u00fcedad, la comparaci\u00f3n de textos paralelos en los c\u00e1nones cartagineses y trullanos muestra que:<br \/>\na) mientras Cartago legisla a favor de una continencia total para los cl\u00e9rigos casados, Trullo, inexplicablemente, interpreta la continencia temporal; b) los decretos de Cartago se aplican a obispos, presb\u00edteros y di\u00e1conos. En el canon trullano, sin embargo, la referencia a los obispos ha desaparecido .<br \/>\nCholij es de la opini\u00f3n de que los redactores del canon 13 de Trullo eran conscientes de que estaban citando los c\u00e1nones cartagineses de una forma parcial y selectiva que cambiaba su significado . Lo que los padres trullanos propusieron de hecho para los presb\u00edteros fue la disciplina de continencia marital peri\u00f3dica, practicada por todos los cristianos laicos casados en la primitiva Iglesia, en la l\u00ednea de la advertencia paulina en 1 Cor. 7,5.<br \/>\nAunque la legislaci\u00f3n trullana introdujo una gran diferencia entre Bizancio y Roma en la cuesti\u00f3n del celibato sacerdotal, hay que se\u00f1alar que ambos est\u00e1n de acuerdo sobre el origen apost\u00f3lico de la obligaci\u00f3n de continencia \u2013temporal o perpetua\u2013 impuesta sobre los ministros del altar. Para ser ministros dignos de los divinos misterios y efectivos mediadores de la gente a trav\u00e9s de la oraci\u00f3n, est\u00e1n obligados a abstenerse de relaciones sexuales. Hay que decir tambi\u00e9n que tanto Oriente como Occidente consideraban que no era posible justificar la dif\u00edcil disciplina de la castidad sacerdotal, salvo que estuviera fundamentada en un mandato de los mismos ap\u00f3stoles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.4.-\tConsecuencias de Trullo sobre el Derecho Can\u00f3nico occidental<br \/>\nPuesto que la prohibici\u00f3n del matrimonio clerical, se deb\u00eda a la obligaci\u00f3n de vivir en total continencia \u2013estuviera o no casado el cl\u00e9rigo\u2013, la disciplina introducida por el canon 13 de Trullo, que permit\u00eda a los sacerdotes tener vida conyugal, cre\u00f3 por primera vez en la forma legislativa, una ruptura entre la prohibici\u00f3n del matrimonio clerical y su causa. Esto tuvo serias consecuencias para la teor\u00eda can\u00f3nica posterior, al buscarse una raz\u00f3n para justificar el hecho de que las \u00f3rdenes fueran un impedimento para el matrimonio. Graciano, el famoso canonista del siglo XII, acept\u00f3 sin cr\u00edticas el canon 13 de Trullo como ecum\u00e9nico y, en consecuencia, no s\u00f3lo acept\u00f3, sino que legitim\u00f3 la praxis oriental relativa al celibato y estableci\u00f3 que era una disposici\u00f3n de origen apost\u00f3lico. La presentaci\u00f3n de la disciplina oriental que hizo Graciano acerca del celibato hizo imposible establecer una relaci\u00f3n causa efecto entre la ley de continencia y el impedimentum ordinis. Los decretistas se dieron cuenta de la diferencia que exist\u00eda entre las disciplinas de Oriente y Occidente y trataron de acomodarla en una teor\u00eda can\u00f3nica que explicar\u00eda la ley del celibato en la iglesia latina. Esto, inevitablemente, condujo a la conclusi\u00f3n de que la ley que prohib\u00eda el matrimonio y, sobre todo, la ley que impon\u00eda la continencia a los cl\u00e9rigos casados hab\u00eda sido introducida en Occidente en una fecha muy posterior .<br \/>\nAl aceptar sin cr\u00edtica los textos griegos presentados por Graciano, los canonistas del siglo XII dejaron de ver la inmediata \u2013y necesaria\u2013 relaci\u00f3n entre la continencia y el impedimento para el matrimonio. La teor\u00eda can\u00f3nica de este periodo desarroll\u00f3 una explicaci\u00f3n del impedimento para el matrimonio formada por \u00f3rdenes que derivan principalmente de la teor\u00eda del votum, o el votum adnexum, el voto de castidad vinculado a las \u00f3rdenes . No obstante, esta teor\u00eda presentaba dificultades, ya que no pod\u00eda explicar el impedimento desde el punto de vista de los griegos, cuyos sacerdotes no estaban obligados por el voto de continencia.<br \/>\nEsta anomal\u00eda dio lugar a otra teor\u00eda can\u00f3nica a finales del siglo XII que fundamentaba la obligaci\u00f3n de la continencia en la ley eclesi\u00e1stica. En el siglo XIII, santo Tom\u00e1s sintetiza el punto de vista de los diferentes canonistas de la siguiente forma:<br \/>\n\u201cPero lo que impide el matrimonio es la ley de la Iglesia. Sin embargo, no obliga de la misma forma a los latinos que a los griegos. Pues entre los griegos, el impedimento de contraer matrimonio proviene, \u00fanicamente, de la fuerza de las \u00f3rdenes (vi ordinis), mientras que entre latinos, el impedimento proviene tanto de la fuerza de las \u00f3rdenes como del voto de continencia que va ligado a las sagradas \u00f3rdenes, de tal forma que si alguien no hiciera el voto p\u00fablicamente, por el mismo hecho de recibir el orden seg\u00fan el rito de la iglesia occidental, se entiende que lo ha hecho. Y, repito, entre los griegos y otros orientales, las sagradas \u00f3rdenes impiden contraer matrimonio, pero no el uso de un matrimonio contra\u00eddo previamente, pues pueden hacer uso de este matrimonio aun cuando no puedan contraer nuevo matrimonio\u201d .<br \/>\nDesde tiempos del Concilio Laterano II (1139), las sagradas \u00f3rdenes, lo mismo que el votum, fueron considerados un impedimento invalidante para el matrimonio. La conclusi\u00f3n de Cholij es que, si a los canonistas y te\u00f3logos de los siglos XII y XIII no se les hubiera presentado la dificultad de la disciplina griega \u2013legitimada por Graciano\u2013, es bastante probable que hubieran tenido pocas dificultades para atribuir la ley de la continencia a los ap\u00f3stoles y para relacionar el impedimento para el matrimonio \u00fanicamente con esta ley. Cualquier promesa o voto de continencia se habr\u00eda entendido, entonces, como una expresi\u00f3n externa y una garant\u00eda de un compromiso libremente adquirido, pero exigido por la misma naturaleza de la vocaci\u00f3n sacerdotal en el momento de la recepci\u00f3n de las \u00f3rdenes .<br \/>\nPara esclarecer esta conclusi\u00f3n, Cholij plantea la siguiente cuesti\u00f3n: \u00bfc\u00f3mo puede un sacramento hacer inv\u00e1lido a otro sobre la base de una ley puramente eclesi\u00e1stica? Su respuesta es que, a menos que se haga efectivo un pacto de consagraci\u00f3n entre el cl\u00e9rigo y Dios en el momento de la recepci\u00f3n de las \u00f3rdenes, la ley que proh\u00edbe el matrimonio s\u00f3lo puede ser considerada como un \u201cvestigio de disciplina positiva, expresi\u00f3n de esa otra disciplina antigua \u2013m\u00e1s sencilla\u2013 que armoniza la relaci\u00f3n entre sacerdotes y celibato\u201d. De esta forma, concluye que el impedimento para el matrimonio en la disciplina can\u00f3nica oriental, separado de su fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica, parece poco m\u00e1s que un mero formalismo jur\u00eddico .\n<\/p>\n<h2>El matrimonio obligado de los sacerdotes<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras que de hecho Trullo, no prohib\u00eda el celibato en sentido estricto a los sacerdotes, el tono de los c\u00e1nones era tal que se esperaba que los sacerdotes se casaran y tuvieran vida conyugal como el resto de los fieles laicos. En los siglos XI y XII este consejo se hab\u00eda convertido en precepto y el celibato, tal como era conocido en la iglesia latina, fue rechazado definitivamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos hechos ocurrieron en un momento de la iglesia occidental, en el que era tal la inmoralidad entre el clero, que se hizo necesaria la reforma gregoriana. Aunque tanto la tradici\u00f3n latina como la griega ve\u00edan la necesidad de erradicar la corrupci\u00f3n de moral sexual entre el clero, los medios utilizados para hacerlo en cada caso fueron muy diferentes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Roma no consideraba que el celibato fuese en s\u00ed mismo el origen del problema. Por el contrario, reafirmaba la disciplina tradicional al mismo tiempo que introduc\u00eda nuevas medidas para proteger la dignidad del estado clerical y la castidad que se esperaba de los ministros del altar. La soluci\u00f3n aplicada fue de car\u00e1cter asc\u00e9tico y disciplinar. La incontinencia y la infracci\u00f3n de esta disciplina fueron severamente castigadas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A consecuencia de los abusos en la iglesia griega en el siglo IX, el emperador bizantino Le\u00f3n VI legisl\u00f3 para suspender la costumbre, que se hab\u00eda desarrollado desde Trullo, de que aquellos que tuvieran \u00f3rdenes mayores pod\u00edan reservarse el derecho a casarse dentro de los dos a\u00f1os siguientes a su ordenaci\u00f3n, reafirmando la prohibici\u00f3n de casarse despu\u00e9s de recibir las \u00f3rdenes sagradas. Los cl\u00e9rigos deb\u00edan permanecer c\u00e9libes o, si deseaban casarse, ten\u00edan que hacerlo antes de la ordenaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo XI, sin embargo, la proliferaci\u00f3n de matrimonios ilegales despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n, llev\u00f3 a la iglesia oriental a prohibir la ordenaci\u00f3n de aquellos que estuvieran casados. Como se\u00f1ala Cholij, la perspectiva del remedium concupiscentiae era lo que hac\u00eda que se considerase el matrimonio como un estado adecuado para el sacerdocio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los c\u00e9libes que desearan ordenarse tendr\u00edan que entrar en un monasterio. De esta forma, a todos los sacerdotes que viv\u00edan en parroquias locales se les exig\u00eda contraer matrimonio y de sus hijos se esperaba que les siguieran en el estado sacerdotal. Esta pr\u00e1ctica se vio reforzada en algunos pa\u00edses por el estado, quien proporcionaba escuelas especiales a los hijos de los sacerdotes . Una de las consecuencias de esto es el olvido del aspecto sobrenatural de la vocaci\u00f3n sacerdotal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra es que todos los puestos m\u00e1s altos en la iglesia oriental se reservan para monjes c\u00e9libes \u2013generalmente mejor formados\u2013 y libres de ataduras familiares. No es extra\u00f1o, por tanto, que un sistema que se acomodaba efectivamente a dos castas sacerdotales diera lugar a sus propios problemas particulares .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La l\u00f3gica de una situaci\u00f3n que impon\u00eda el matrimonio efectivo sobre sus cl\u00e9rigos inevitablemente ten\u00eda implicaciones para los sacerdotes y di\u00e1conos viudos. En el siglo XIV, se hab\u00eda establecido una disciplina por la cual estaban obligados a abandonar su ministerio. Si deseaban continuar como sacerdotes ten\u00edan que ingresar en un monasterio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En consecuencia, los monasterios se llenaron de cl\u00e9rigos que iban all\u00ed de forma involuntaria o sin vocaci\u00f3n mon\u00e1stica, provocando a menudo serios problemas de disciplina y un declinar de la vitalidad de la vida mon\u00e1stica . Sin embargo, un s\u00ednodo de Mosc\u00fa en el siglo XVII abrog\u00f3 los decretos que prohib\u00edan a los viudos ejercer su ministerio y, m\u00e1s tarde, les permiti\u00f3 casarse por segunda vez.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando la iglesia ortodoxa ucraniana se volvi\u00f3 a unir a Roma en 1595, las leyes que prohib\u00edan ordenarse, a los c\u00e9libes y que apartaban a los di\u00e1conos y sacerdotes de su ministerio pastoral, fueron abrogadas al considerarse graves abusos, en completa oposici\u00f3n con la disciplina de la iglesia cat\u00f3lica. En los s\u00ednodos de las iglesias cat\u00f3licas orientales, especialmente durante los siglos XVIII y XIX, el celibato estricto fue promovido y propuesto como el estado preferido para los candidatos al sacerdocio secular.\n<\/p>\n<h2>Consecuencias de Trullo sobre la teolog\u00eda del sacerdocio<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La legislaci\u00f3n trullana tuvo consecuencias significativas, en cuanto que no facilit\u00f3 el disponer de un servicio lit\u00fargico frecuente para los fieles. El canon 13 de Trullo prescrib\u00eda la continencia para los momentos de oraci\u00f3n y ayuno, y para el servicio lit\u00fargico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La norma general era la abstinencia de un d\u00eda durante los periodos de servicio lit\u00fargico, aparte de los momentos de oraci\u00f3n y ayuno a los que toda la gente casada estaba obligada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo XVII se impon\u00edan tres d\u00edas de abstinencia. De ah\u00ed que no pudiera celebrarse la misa diaria, pues se presupon\u00eda siempre que los sacerdotes hac\u00edan uso de sus derechos conyugales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los c\u00e1nones cartagineses y, en general, en la legislaci\u00f3n de la iglesia occidental, los sacerdotes estaban obligados a la continencia a causa de su consagraci\u00f3n. Esta consagraci\u00f3n estaba relacionada esencialmente con su funci\u00f3n de mediador, expresada sobre todo en la administraci\u00f3n de los sacramentos pero tambi\u00e9n en cualquier otro acto que pudiera entenderse como un ejercicio del ministerio consagrado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En consecuencia, la continencia en el rito latino no fue simplemente una funci\u00f3n del ministerio eucar\u00edstico, sino tambi\u00e9n una expresi\u00f3n convincente de la especial naturaleza de la totalidad del ministerio de mediaci\u00f3n del sacerdote. Ya en el siglo IV, la teolog\u00eda y la legislaci\u00f3n en la iglesia occidental entendi\u00f3 el sacerdocio como un ministerio ininterrumpido y continuo que proporcionaba un argumento para la continencia perpetua.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puesto que el sacerdocio del Nuevo Testamento aventaja al del Antiguo, la continencia tiene que ser perpetua, m\u00e1s que temporal . Por otra parte, la legislaci\u00f3n trullana parece implicar que el ministerio sacerdotal se ejerci\u00f3 s\u00f3lo en la liturgia eucar\u00edstica, con la que la disciplina de la continencia est\u00e1 relacionada. Esto sugiere una forma de entender el sacerdocio de car\u00e1cter m\u00e1s funcional que ontol\u00f3gico y, por tanto, un cambio de \u00e9nfasis en la teolog\u00eda del sacerdocio. Es, en cierto sentido, una vuelta al concepto lev\u00edtico.\n<\/p>\n<h2>Continencia temporal e introducci\u00f3n del celibato en algunas Iglesias orientales<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde la perspectiva del celibato es interesante considerar los casos de las diferentes iglesias orientales que retornaron a Roma en los \u00faltimos cien a\u00f1os. En el siglo XVI, cuando los albanos de rito griego buscaban la unidad y m\u00e1s tarde con los maronitas en el siglo XVIII, Roma respet\u00f3 las costumbres existentes de continencia temporal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo mismo se aplic\u00f3 a los armenios, caldeos y ucranianos, aunque sus leyes exclu\u00edan la posibilidad de la celebraci\u00f3n diaria de la eucarist\u00eda. No obstante, en estas iglesias orientales hab\u00eda frecuentes demandas por parte de los fieles de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica diaria, especialmente en ciudades m\u00e1s amplias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para facilitar esto, Roma no pod\u00eda relajar las normas de continencia temporal y la \u00fanica soluci\u00f3n que le quedaba era la de incrementar el n\u00famero de c\u00e9libes ordenados en esas iglesias. De esta forma, el conflicto entre la disciplina de la continencia temporal y la celebraci\u00f3n lit\u00fargica frecuente se convirti\u00f3 en un factor muy importante a la hora de introducir el celibato estricto en las iglesias cat\u00f3licas orientales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los s\u00ednodos locales de estas iglesias favorecieron que los c\u00e9libes fueran promovidos para importantes nombramientos eclesi\u00e1sticos porque se dieron cuenta de que las responsabilidades del sacerdote casado le imped\u00edan cumplir con la dedicaci\u00f3n que exig\u00edan estos nombramientos. Aunque no se establecieran con rapidez seminarios para la formaci\u00f3n del clero c\u00e9libe, algunas iglesias empezaron a enviar seminaristas a la Universidad Urbaniana de Roma en los siglos XVII y XVIII. Hab\u00eda todav\u00eda prejuicios de tipo sociol\u00f3gico contra el clero c\u00e9libe en estas iglesias, pero, en general, las jerarqu\u00edas orientales se apresuraron en esta tarea.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cuesti\u00f3n del celibato en las iglesias cat\u00f3licas orientales fue discutida en el Vaticano I. El documento de estudio preparatorio para el Concilio indicaba que los obispos orientales en general estaban a favor del celibato para sus propios sacerdotes. En uno de los debates del Concilio (febrero de 1870), un obispo armenio dijo que la ausencia de una ley del celibato en las iglesias orientales era una verdadera \u201cherida\u201d, porque la experiencia hab\u00eda mostrado las graves enfermedades surgida en la vida de la Iglesia como consecuencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Solicitaba por tanto que los problemas debidos a la ausencia del clero c\u00e9libe fueran discutidos abiertamente, de modo que las heridas pudieran ser sanadas con rapidez .<br \/>\nFinalmente, aunque una comisi\u00f3n del Concilio decidi\u00f3 que las iglesias orientales no estaban suficientemente \u201cmaduras\u201d para aceptar una ley plena del celibato, se public\u00f3 una instrucci\u00f3n que afirmaba la prohibici\u00f3n de matrimonio a los ya ordenados y recordaba la disciplina anterior a Trullo de continencia perpetua del clero en aquellas iglesias donde se hab\u00eda mantenido la efectiva autoridad episcopal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s del Vaticano I, varios s\u00ednodos de las iglesias cat\u00f3licas orientales utilizaron esta instrucci\u00f3n como base para legislar sobre el celibato del clero. De hecho, a finales del siglo XIX, la disciplina de la continencia clerical en las iglesias uniatas orientales hab\u00eda vuelto a la praxis de los primeros siglos de la iglesia occidental.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La experiencia de la ley trullana y post-trullana de la continencia temporal del clero hab\u00eda ense\u00f1ado a las iglesias orientales que esta disciplina condujo a un conflicto irresoluble en el que el sacerdocio era considerado como un ministerio diario que exig\u00eda una total dedicaci\u00f3n a la iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como hemos visto, la iglesia latina ten\u00eda sus propios problemas con los cl\u00e9rigos casados, que s\u00f3lo fueron resueltos satisfactoriamente cuando el celibato estricto se convirti\u00f3 en la norma despu\u00e9s de la reforma gregoriana y la legislaci\u00f3n del Concilio de Trento. Desde el siglo XVII, las iglesias orientales en uni\u00f3n con Roma comenzaron a seguir la misma direcci\u00f3n evolutiva por la senda del estricto celibato.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Bases escritur\u00edsticas sobre el celibato<\/h2>\n<h2>Aspectos b\u00edblicos del celibato<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su ense\u00f1anza sobre la divina revelaci\u00f3n, el Vaticano II nos recuerda que hay un constante crecimiento y desarrollo en la comprensi\u00f3n de la Sagrada Escritura. \u00c9sta se lleva a cabo de diferentes formas: por el estudio y la contemplaci\u00f3n del texto sagrado de los creyentes, por la acci\u00f3n de la gracia en las almas de los cristianos o por la predicaci\u00f3n de aquellos que poseen el carisma seguro de la verdad como sucesores de los ap\u00f3stoles .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo VI, en su enc\u00edclica sobre el celibato sacerdotal, refiri\u00e9ndose a esta misma ense\u00f1anza del Concilio Vaticano II, afirma que es necesario reflexionar acerca de estos principios a fin de entender con m\u00e1s profundidad las diversas razones que se dan a favor del celibato seg\u00fan las diferentes situaciones y mentalidades.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ex\u00e9gesis b\u00edblica, seguida por el Magisterio, ha ayudado a desentra\u00f1ar las implicaciones m\u00e1s profundas de textos concretos y ha demostrado la coherencia mutua entre diferentes pasajes de la Escritura que se refieren al celibato. Es algo que cabr\u00eda esperar teniendo en cuenta que uno de los principios b\u00e1sicos de la hermen\u00e9utica b\u00edblica es la unidad del mensaje de la Escritura en su conjunto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras que hay algunos textos b\u00edblicos que describen el valor teol\u00f3gico y espiritual de la virginidad o del celibato in genere, a primera vista no parece haber ning\u00fan texto espec\u00edfico que relacione directamente el celibato con los ministros de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ciertamente, podr\u00eda parecer lo contrario si se realizara una lectura superficial de las cartas pastorales, en las que san Pablo trata de las cualidades requeridas por los que reciben el nombramiento de obispo, presb\u00edtero o di\u00e1cono. El candidato para un puesto de ministro deber\u00eda ser \u2013seg\u00fan \u00e9ste\u2013 \u201cesposo de una sola mujer\u201d (1 Tim. 3,2; Tit. 1,6; 1Tim. 3,12). Una mirada m\u00e1s atenta, sin embargo, nos har\u00e1 caer en la cuenta de que estos textos establecen una conexi\u00f3n inmediata entre la continencia perpetua y el sacerdocio ministerial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al mismo tiempo, la validez escritur\u00edstica del celibato sacerdotal deriva m\u00e1s de la afinidad de significado, de una serie de textos diferentes y de la fuerza acumulada de su significaci\u00f3n, que del valor probatorio de los textos individuales. Las diferentes ideas extra\u00eddas de diferentes pasajes de la Escritura, tal como los entiende la Tradici\u00f3n y propone el Magisterio, constituyen el dep\u00f3sito b\u00edblico del celibato sacerdotal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia nunca ha pretendido que este dep\u00f3sito sea el definitivo, pero se refiere a textos concretos como una afirmaci\u00f3n de la \u00edntima congruencia entre el carisma del celibato y el ejercicio del ministerio sacerdotal in persona Christi. En este cap\u00edtulo examinaremos los m\u00e1s importantes de estos textos .<br \/>\nTeniendo en cuenta la unidad de la Escritura y que el Nuevo Testamento es el cumplimiento del Antiguo , para alcanzar una apreciaci\u00f3n m\u00e1s profunda del significado b\u00edblico del celibato, ser\u00e1 \u00fatil revisar referencias e instituciones del Antiguo Testamento, que prefiguran de alguna forma el celibato en el nuevo designio divino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos argumentos a favor del celibato consideran la continencia temporal de sacerdocio lev\u00edtico como una figura de la continencia total que ser\u00eda exigida a los sacerdotes de Cristo. En consecuencia, la reflexi\u00f3n acerca del sacerdocio del templo, como instituci\u00f3n b\u00edblica servir\u00e1 para proporcionar unos antecedentes, ante los que podr\u00eda revisarse el argumento cultual del celibato.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia confirma que en los primeros siglos del cristianismo, muchos hombres y mujeres, se vieron fuertemente impulsados a comprometerse totalmente con Dios, por medio de la virginidad o del celibato. En las ense\u00f1anzas de los papas y en los escritos de los padres, se pone de manifiesto que este desarrollo asc\u00e9tico tuvo una influencia positiva, a la hora de definir la continencia de los sacerdotes en la naciente Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Examinaremos, por tanto, los fundamentos b\u00edblicos de la virginidad consagrada con vistas a arrojar m\u00e1s luz sobre el compromiso de continencia sacerdotal. No obstante los elementos comunes que puedan darse en la justificaci\u00f3n teol\u00f3gica de la virginidad y del celibato sacerdotal, hay que recordar que estas dos corrientes vocacionales separadas en la Iglesia tuvieron sus or\u00edgenes en diferentes tradiciones asc\u00e9ticas: una inspirada en los consejos evang\u00e9licos y, la otra, derivada de la funci\u00f3n de mediaci\u00f3n ejercida por el sacerdote in persona Christi.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estudiaremos los principales textos del Nuevo Testamento, sobre la virginidad y el celibato y c\u00f3mo Cristo, seguido de san Pablo, abri\u00f3 un nuevo horizonte con su ense\u00f1anza en este campo respecto de las tradiciones del Antiguo Testamento.<br \/>\nHay adem\u00e1s dos grupos de textos en el corpus paulino que tienen una significaci\u00f3n fundamental para el celibato sacerdotal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primero es la estipulaci\u00f3n en las cartas pastrales del \u201cmarido de una sola mujer\u201d (unius uxoris vir) como condici\u00f3n para la ordenaci\u00f3n, texto al que ya nos hemos referido. El segundo grupo lo constituyen aquellos textos que ilustran el aspecto de alianza del celibato sacerdotal (2Cor.11,2; Ef. 5,25-27).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto asimismo nos llevar\u00e1 a considerar la relaci\u00f3n entre matrimonio y virginidad tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.<br \/>\nPero, por encima y m\u00e1s all\u00e1 del apoyo textual al celibato sacerdotal, se encuentra el testimonio evang\u00e9lico del celibato del mismo Cristo: Dios hecho sacerdote en la humanidad de Cristo. \u00c9sta es la m\u00e1s poderosa de todas las afirmaciones a favor del celibato sacerdotal, cuya importancia revisaremos en este cap\u00edtulo desde una perspectiva b\u00edblica y, en lo posterior, desde un punto de vista asc\u00e9tico y teol\u00f3gico.\n<\/p>\n<h2>El celibato en el Antiguo Testamento y en la \u00e9poca intertestamentaria<\/h2>\n<h2>Tradiciones culturales jud\u00edas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Cristo plante\u00f3 la cuesti\u00f3n del celibato (Mt. 19,3-12) su discurso se dirigi\u00f3 a hombres cuyas costumbres estaban firmemente enraizadas en el Antiguo Testamento, de cuya tradici\u00f3n no hab\u00edan heredado ning\u00fan ideal acerca del celibato. El matrimonio no s\u00f3lo era el estado habitual de vida sino que, por la promesa hecha a Abrah\u00e1n, hab\u00eda adquirido una significaci\u00f3n consagrada. El matrimonio, como fuente de fertilidad y de progenie, era un \u201cestado privilegiado desde el punto de vista religioso, con un privilegio que proced\u00eda de la misma revelaci\u00f3n\u201d . As\u00ed pues, son pocos los vestigios de la idea del celibato tal como lo conocemos hoy en la tradici\u00f3n del Antiguo Testamento. No obstante, puesto que la revelaci\u00f3n de Cristo complet\u00f3 y perfeccion\u00f3 la revelaci\u00f3n hecha a Israel, es natural que este carisma estuviera prefigurado de alguna forma en el Antiguo Testamento. Algunos de los argumentos a favor de la continencia del clero, especialmente en la primitiva Iglesia, estuvieron claramente influidos por las tradiciones culturales y otras tradiciones jud\u00edas. Revisemos los aspectos m\u00e1s relevantes de estos antecedentes.<br \/>\nEn el Antiguo Testamento, en el que se puso un \u00e9nfasis especial en la santidad de Dios, el contraste entre \u201cpuro\u201d e \u201cimpuro\u201d estaba claramente delineado. Se consideraba que los fen\u00f3menos relacionados con el sexo produc\u00edan impureza (Lv.12,5; 1Sm. 21,5; 2 Sm. 11,4), que apartaban a la persona en cuesti\u00f3n de la comuni\u00f3n con Yahv\u00e9. De ah\u00ed que, al sacerdote que incurr\u00eda en impureza por razones de este tipo, se le desvinculaba de sus actividades sacerdotales habituales, (Lv.21,1-15) exigi\u00e9ndose ciertos ritos de purificaci\u00f3n para librarse de alguna impureza concreta. Esto condujo a una especie de formalismo moral externo, contra el que los profetas alzaron su voz, urgiendo la pureza interior de mente y de coraz\u00f3n (Os. 6,6; Am. 4,1-5; Is. 6,5; Jr. 13,27).<br \/>\nLa noci\u00f3n de que la relaci\u00f3n sexual en el matrimonio, podr\u00eda causar impureza en el sentido moral (es decir, incluir un elemento pecaminoso) es, de hecho, extra\u00f1a en la Biblia. Estas ideas circularon, sin embargo, por la primitiva cristiandad, y junto a la influencia de la ley ceremonial jud\u00eda sobre la teolog\u00eda de la joven Iglesia, provocaron cierta confusi\u00f3n entre los conceptos b\u00edblicos, de pureza ritual y moral. En el desarrollo del concepto de celibato en la Iglesia, podemos detectar elementos de esta influencia (Lv. 15,18; 22,4; Ex. 19,15) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.2.-\tEl celibato de Jerem\u00edas<br \/>\nJerem\u00edas, es el \u00fanico c\u00e9libe del Antiguo Testamento por mandato divino (Jer. 16,1ss.). El celibato de Jerem\u00edas es un signo de muerte, expl\u00edcitamente relacionado con su ministerio prof\u00e9tico. El c\u00e9libe recuerda al mundo que Dios, no es indiferente y ausente que puede ser desafiado impunemente (Sal. 14; Is. 5,19-20). \u201cEl celibato v\u00e9tero-testamentario es un signo fuerte, es una palabra dura pero necesaria, pronunciada por Dios, es un grito de alarma, semejante al grito del \u00faltimo c\u00e9libe del Antiguo Testamento (Lc. 16,16), Juan Bautista\u201d .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.3.-\tOtros testimonios de vida c\u00e9libe<br \/>\nJunto al de Jerem\u00edas, encontramos otros ejemplos de vida c\u00e9libe como el conocido c\u00edrculo de los esenios, en el que testimonian algunos autores antiguos como Josefo, Fil\u00f3n o Plinio, que exist\u00eda una tradici\u00f3n de celibato. \u00bfHasta qu\u00e9 punto estaba extendida esta pr\u00e1ctica entre ellos? Sabemos que un grupo selecto era admitido, tras un periodo de tres a\u00f1os de probar su continencia, pero hab\u00eda tambi\u00e9n otros que estaban casados. El descubrimiento de esqueletos humanos de hombres, en las zonas de enterramientos del Qumr\u00e1n, atestigua que \u00e9stos formaban una comunidad de c\u00e9libes entre los esenios. Su compromiso de celibato no parece que estuviera influido por el dualismo gn\u00f3stico.<br \/>\nFil\u00f3n, tambi\u00e9n menciona los terapeutas, una comunidad de hombres y mujeres, que viv\u00edan a las afueras de Alejandr\u00eda. Su piedad y sus pr\u00e1cticas en com\u00fan se asemejaban, a la vida de celibato de los esenios, con los que podr\u00eda haber habido alguna conexi\u00f3n .<br \/>\n2.4.-\tEl valor de la virginidad, la fecundidad y la continencia<br \/>\nEn el Antiguo Testamento, el valor de la virginidad estaba relacionado con la idea de que las muchachas j\u00f3venes permanecieran v\u00edrgenes hasta que se casaran (Gn. 24,16; 34,7; Jue.19,24). Tambi\u00e9n ten\u00eda valor desde el punto de vista de la pureza ritual. La p\u00e9rdida de la virginidad, llevaba consigo la p\u00e9rdida de honor (2 Sm. 13,2-18; Lam. 5,11; Sab. 42,9-11). Se exig\u00eda a todos los sacerdotes que se casaran con una virgen (Lv. 21,13ss.; Ez. 44,22).<br \/>\nLa virginidad, como estado de vida estable era algo desconocido. El hecho de no casarse, lejos de ser una condici\u00f3n deseable, era considerado el mayor oprobio, (Jue. 11,37). En el juda\u00edsmo posterior, sin embargo, hay indicios de que el estado no matrimonial gozaba de mejor consideraci\u00f3n (Jdt.16,22). Atisb\u00e1ndose ya el nuevo designio divino, nos encontramos con que Ana, reh\u00fasa casarse despu\u00e9s de su viudez, para adherirse m\u00e1s estrechamente a la voluntad de Dios (Lc. 2,37).<br \/>\nUn ejemplo es la \u201cvirgen de Si\u00f3n\u201d (Jerusal\u00e9n-Israel). Pero esta designaci\u00f3n de la ciudad aparece frecuentemente en contextos de ruina nacional (Am. 5,1-2; Jer. 2,32; 14,17; Lam. 1,5; Job. 1,8, etc.). Aunque el vocablo aluda a una relaci\u00f3n de fidelidad absoluta (la fidelidad deb\u00eda caracterizar las relaciones de Israel con Dios) , el contexto mencionado reproduce la situaci\u00f3n de la hija de Jeft\u00e9 o la de Jerem\u00edas. Se llora, por tanto, una maternidad imposible o la virginidad, signo de muerte.<br \/>\nConsiguientemente, todo el Antiguo Testamento est\u00e1 orientado hacia la generaci\u00f3n. La primera palabra de Dios al hombre es un imperativo para que sea fecundo y se multiplique (G\u00e9n.1,28). Despu\u00e9s de la ca\u00edda, el \u201cprotoevangelio\u201d sustenta la esperanza del triunfo sobre el mal en la descendencia (G\u00e9n. 3,1). La bendici\u00f3n de Dios es tener descendencia (Sal. 128). Ser est\u00e9ril es una maldici\u00f3n (Os. 9, 11-14; Job. 15,34). As\u00ed comprendemos el lamento de la est\u00e9ril Raquel: \u201cDame hijos o me muero\u201d, grita (G\u00e9n. 30,1), y de todas las mujeres est\u00e9riles del Antiguo Testamento .<br \/>\nEl rabinismo hereda la mentalidad v\u00e9tero-testamentaria. La procreaci\u00f3n es una participaci\u00f3n en la obra creadora de Dios y un modo de realizar la vocaci\u00f3n de ser \u201cimagen de Dios\u201d (G\u00e9n. 1,28 y 1,27; 9,7). Aqu\u00ed se inscriben dichos como \u00e9stos: \u201cQuien no tiene mujer no es un hombre completo, porque os he dicho: \u2018Var\u00f3n y hembra Dios los cre\u00f3 y los bendijo y los llam\u00f3 Ad\u00e1n y Eva\u2019\u201d&#160;; \u201cel que descuida la procreaci\u00f3n es como si derramara sangre\u201d; \u201ces como si redujera la imagen de Dios, ya que est\u00e1 escrito: \u201cSed fecundos&#8230;\u201d. El caso del rabino Sim\u00f3n ben Azaj es \u00fanico. Proclamaba la doctrina com\u00fan, pero no se cas\u00f3. Sus disc\u00edpulos le piden que acomode su vida a sus ense\u00f1anzas. A lo cual \u00e9l replica: \u201c\u00bfQu\u00e9 puedo hacer? Mi alma est\u00e1 adherida a la Torah. \u00a1Dejad que otros pueblen el mundo!\u201d . El celibato, en este caso, es valorado como un medio que permite una mejor dedicaci\u00f3n a valores superiores, cual es el estudio de la ley.<br \/>\nUna nueva sensibilidad, emerge al finalizar el periodo antiguo testamentario. D\u00edas vendr\u00e1n en los que el eunuco, tendr\u00e1 un puesto en la casa de Dios (Is. 56,3-5); la esterilidad es preferible a la descendencia de los imp\u00edos (Sab. 3,13s.; 14,1); el autor del libro de Judit elogia a su hero\u00edna por su vida casta y asc\u00e9tica, consagrada al recuerdo de su marido (Jdt. 16,22-24). Se insin\u00faa, pues, la conveniencia o necesidad de permanecer c\u00e9libes para recibir la revelaci\u00f3n divina \u2013por ejemplo\u2013, ya que el contacto con lo sagrado, excluye cualquier contaminaci\u00f3n, y especialmente la contaminaci\u00f3n sexual . Esta nueva sensibilidad posibilita la aparici\u00f3n de un mayor n\u00famero de c\u00e9libes, por ejemplo entre los ascetas esenios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.5.-\tEl amigo del Esposo<br \/>\nEl ministerio de Juan el Bautista, el \u00faltimo de los profetas, se sit\u00faa a medio camino entre el Antiguo y el Nuevo Testamento y es, por tanto, \u00fanico, en t\u00e9rminos b\u00edblicos. La misi\u00f3n de Juan estaba \u00edntimamente unida a la de Cristo, como subraya san Lucas al relatar el paralelismo entre la infancia de ambos y los sucesos que les rodearon. Aunque no fuera sacerdote de la Nueva Ley, Juan Bautista dedic\u00f3 toda su vida a ser la voz de Cristo , preparando las almas para la conversi\u00f3n y la gracia del Salvador. Tambi\u00e9n tuvo el privilegio de se\u00f1alar a Cristo a sus propios disc\u00edpulos, siendo instrumento, por tanto, para conseguir las vocaciones apost\u00f3licas de Andr\u00e9s, Juan y Pedro (Jn. 1,35-42).<br \/>\nLa Iglesia siempre ha visto una particular conveniencia en el celibato de Juan en cuanto que fue \u00e9l que se defini\u00f3 a s\u00ed mismo como el \u201camigo del esposo\u201d (Jn. 3,29), utilizando el mismo simbolismo nupcial que se encuentra en la entra\u00f1a de la teolog\u00eda del celibato. El Precursor es considerado, por tanto, como el heredero de la tradici\u00f3n prof\u00e9tica que une a Yahv\u00e9 con su pueblo, lo que constitu\u00eda realmente una preparaci\u00f3n para la virginidad cristiana. Por la forma en que muri\u00f3 (Mc. 6,14-29), y dio tambi\u00e9n testimonio de algo que Juan Pablo II, ha resaltado con frecuencia: que el celibato arroja luces sobre la santidad del v\u00ednculo matrimonial .<br \/>\nEl obispo ingl\u00e9s san Juan Fisher afirm\u00f3 esto mismo al defender la validez del matrimonio de la reina Catalina con Enrique VIII al comienzo de la reforma anglicana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.-\tEL CELIBATO EN EL NUEVO TESTAMENTO<br \/>\n3.1.-\tLa vida y ense\u00f1anza de Cristo<br \/>\nCuando Cristo llam\u00f3 a sus primeros disc\u00edpulos para hacer de ellos \u201cpescadores de hombres\u201d (Mt. 4,19; Mc 1,17), ellos \u201cdejaron todas las cosas y le siguieron\u201d (Lc. 5,11; Mt. 4,20-22; Mc. 1,18-20). Pedro record\u00f3 este aspecto de la vocaci\u00f3n apost\u00f3lica cuando un d\u00eda, con la franqueza que lo caracterizaba, le dijo a Jes\u00fas: \u201cnosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido\u201d (Mt. 19,27), pregunt\u00e1ndole a continuaci\u00f3n cu\u00e1l ser\u00eda su recompensa. El Maestro les abri\u00f3 en su respuesta inesperados horizontes de entrega. Su llamada implicaba que sus disc\u00edpulos hab\u00edan de abandonar su casa, sus propiedades y sus seres queridos<br \/>\n\u2013su familia, esposa e hijos\u2013 \u201cpor causa de mi nombre\u201d (Mt. 19,29; Lc. 18,29-30). En otra ocasi\u00f3n abordar\u00e1 la misma cuestiones con un lenguaje a\u00fan mas exigente: \u201cQuien ama a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed no es digno de m\u00ed; y quien ama a su hijo o a su hija m\u00e1s que a m\u00ed no es digno de m\u00ed\u201d (Mt 10,37), todo lo cual se\u00f1ala al hecho de que la renuncia es un elemento esencial de la vocaci\u00f3n apost\u00f3lica. Esta clara doctrina apost\u00f3lica \u2013ha se\u00f1alado Juan Pablo II\u2013 proporciona el marco para entender la ense\u00f1anza de Cristo acerca del celibato .<br \/>\nEn san Mateo vemos c\u00f3mo Cristo recomienda el celibato en el mismo escenario en el que afirma la indisolubilidad del matrimonio (Mt. 19,10-12). Los disc\u00edpulos hab\u00edan reaccionado con fuerza ante la prohibici\u00f3n de Cristo de repudiar a la esposa: \u201cSi tal es la condici\u00f3n del hombre con respecto a su mujer, entonces\u201d \u2013concluyen\u2013 \u201cno trae cuenta casarse\u201d (Mt. 19,10). La respuesta de Cristo fue desafiante:<br \/>\n\u201c\u00c9l les respondi\u00f3: No todos son capaces de entender esta doctrina, sino aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, hay eunucos que as\u00ed nacieron del seno de su madre; tambi\u00e9n hay eunucos que as\u00ed han quedado por obra de los hombres; y los hay que se han hecho tales a s\u00ed mismos por el Reino de los Cielos. Quien sea capaz de entender, que entienda\u201d (Mt. 19,11-12).<br \/>\nComo se\u00f1ala Jean Galot, este texto tiene una marcada estructura sem\u00edtica, similar a la de otras palabras de Jes\u00fas en el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, pero en el contexto de la mentalidad jud\u00eda contempor\u00e1nea la idea supone una completa innovaci\u00f3n . El eunuco, ya fuera por nacimiento o por libre voluntad, era un proscrito al que la ley jud\u00eda negaba el derecho a realizar ofrendas en el templo (Lv. 21,17-20) y lo exclu\u00eda de la asamblea de Yahv\u00e9 (Dt. 23,2), porque parec\u00eda impropio que una persona privada del poder de transmitir la vida, se asociara con el Dios de la vida . Hay, sin embargo, palabras de alabanza para el eunuco que no hace mal y que es fiel a la alianza (Sab. 3,14; Is. 56,3).<br \/>\nPero Cristo hace mucho m\u00e1s que expresar benevolencia. Se atreve a describir la condici\u00f3n del eunuco, como un estado libremente escogido: algo impensable para los jud\u00edos, que ve\u00edan el matrimonio y la procreaci\u00f3n de los hijos como una obligaci\u00f3n religiosa, y consideraban la falta de descendientes como una de las mayores desgracias. Al intentar explicar por qu\u00e9 Jes\u00fas, habr\u00eda utilizado la palabra peyorativa \u201ceunuco\u201d, algunos exegetas sugieren que probablemente los enemigos de Jes\u00fas, la habr\u00edan utilizado para referirse a \u00c9l y a sus disc\u00edpulos, como una forma de reprenderlos ante su renuncia del matrimonio. La tradici\u00f3n jud\u00eda, consideraba al c\u00e9libe como alguien inferior al hombre .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.2.-\tEl celibato de Jesucristo como apertura universal<br \/>\nDesde la perspectiva del Antiguo Testamento, por tanto, la afirmaci\u00f3n de Cristo sobre el celibato asumido por un motivo sobrenatural supone un hecho decisivo en la historia de la salvaci\u00f3n. Es un hecho, como nos recuerda Juan Pablo II, que apunta a \u201cla \u2018virginidad\u2019 escatol\u00f3gica del hombre resucitado, en el que se revelar\u00e1 el significado nupcial absoluto y eterno del cuerpo glorificado en uni\u00f3n con el mismo Dios\u201d . De ah\u00ed que la continencia temporal por la causa del reino sea un testimonio de la verdad de que el fin \u00faltimo del cuerpo no es la tumba sino la glorificaci\u00f3n y, en este sentido, sea un anticipo de la resurrecci\u00f3n futura (Rom. 8,22-23).<br \/>\nEn \u00faltimo t\u00e9rmino, el celibato deriva de la voluntad de Cristo seg\u00fan se manifiesta en el Evangelio. La relaci\u00f3n entre el celibato y el sacerdocio fue establecida por primera vez en \u00c9l, lo que demuestra que, en su realizaci\u00f3n m\u00e1s perfecta, el sacerdocio implica la renuncia del matrimonio.<br \/>\nEl celibato de Cristo resultaba coherente con la apertura universal, de su amor universal y con la generaci\u00f3n espiritual de una nueva humanidad. No lo distanciaba de la gente; al contrario, le permit\u00eda acercarse m\u00e1s a todos los hombres. A trav\u00e9s de su humanidad era capaz de revelar el infinito amor del Padre por todo el g\u00e9nero humano, expresado de formas tan diferentes en la narrativa del Evangelio: su compasi\u00f3n por la muchedumbre que le segu\u00eda, su participaci\u00f3n en los \u00e9xitos y fracasos de sus disc\u00edpulos, su congoja por la muerte de su amigo L\u00e1zaro, su predilecci\u00f3n por los ni\u00f1os, su experiencia de todas las limitaciones humanas salvo el pecado.<br \/>\nAl verse libre de las limitaciones de la familia, Cristo estaba totalmente disponible para cumplir la voluntad de su Padre (Lc. 2,49; Jn. 4,34), para formar la nueva y universal familia de los hijos de Dios. De esta forma \u201csu celibato no fue una reacci\u00f3n defensiva contra nada, sino un realce a su vida, una mayor cercan\u00eda hacia su pueblo, un anhelo de entrega sin reservas al mundo\u201d .<br \/>\nEsta nueva visi\u00f3n impl\u00edcita en el celibato de Cristo, ya se hab\u00eda anticipado en la maternidad virginal de Mar\u00eda y en la participaci\u00f3n de Jos\u00e9, en el mismo misterio virginal . Al mismo tiempo que el misterio de la concepci\u00f3n y el nacimiento de Cristo estaba escondido a sus contempor\u00e1neos, significaba un punto de partida totalmente nuevo respecto a la tradici\u00f3n del Antiguo Testamento que, por su exclusiva tendencia favorable al matrimonio, hac\u00eda que la continencia resultara un hecho incomprensible. Mar\u00eda y Jos\u00e9 fueron, por tanto, los testigos primeros y m\u00e1s cercanos de una \u201cfecundidad diferente de la carne, esto es, de una fecundidad del esp\u00edritu\u201d, plasmada en el don de la encarnaci\u00f3n de la Palabra Eterna . Este misterio ser\u00eda revelado a la Iglesia, de forma gradual sobre el testimonio de la infancia de Jes\u00fas, narrada en los evangelios de Mateo y Lucas. La maternidad divina de Mar\u00eda, nos ayuda a entender m\u00e1s plenamente la santidad del matrimonio y el misterio de la continencia, por la causa del reino de los cielos . De nuevo nos encontramos aqu\u00ed, con dos aspectos correlativos de una misma vocaci\u00f3n bautismal a la santidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.3.-\tLa llamada de Cristo al celibato<br \/>\nCuando Cristo abri\u00f3 el horizonte del celibato por primera vez a sus disc\u00edpulos, el ejemplo de su vida les servio sin duda como un claro punto de referencia de ese estilo de vida sobrenatural, que inmediatamente asociaron con el reino, que Cristo les predicaba. De las palabras de Cristo, se desprende claramente la necesidad de una gracia especial, para entender el significado del celibato y para responder a \u00e9l: \u201cQuien sea capaz de entender, que entienda\u201d, dice a sus disc\u00edpulos (Mt. 19,12). El celibato debe entenderse, por tanto, como una respuesta a la experiencia del reino de Dios, tal como se hace presente en el ejemplo y las ense\u00f1anzas del Maestro. No es, ni puede ser una pura iniciativa humana, ni puede afrontarse como una obligaci\u00f3n. Debe ser considerado como una expresi\u00f3n de libertad personal, en respuesta a una gracia particular. No se trata s\u00f3lo de una vocaci\u00f3n al celibato; unido a ello est\u00e1 la voluntad de seguir ese camino, atra\u00eddo por el ejemplo y el misterio de Cristo.<br \/>\nEs una actitud que se encuentra claramente reflejada en la respuesta de los disc\u00edpulos, a la llamada de Cristo. A\u00f1os m\u00e1s tarde el ap\u00f3stol Juan, recordar\u00eda vivamente cada detalle de su primer encuentro con el Maestro, cuando se puso a escribir su evangelio (Jn.1,35-42). El impacto de Jes\u00fas sobre el disc\u00edpulo amado, se encuentra indeleblemente grabado en la conciencia de Juan: \u201cLo que hemos o\u00eddo, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos (&#8230;) lo que hemos visto y o\u00eddo, os lo anunciamos para que tambi\u00e9n vosotros est\u00e9is en comuni\u00f3n con nosotros. Y nuestra comuni\u00f3n es con el Padre y con su Hijo Jesucristo\u201d (1Jn. 1,1-3).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.4.-\tCelibato y entrega<br \/>\nLa respuesta a la vocaci\u00f3n al celibato es una decisi\u00f3n basada en la fe. Pero esta decisi\u00f3n no anula el sacrificio que supone abandonar la atracci\u00f3n a la vida conyugal en esta vida, una renuncia que est\u00e1 impl\u00edcita en la ense\u00f1anza de Cristo en Mateo 19,10-12. Su aceptaci\u00f3n se basa en la convicci\u00f3n de que siguiendo ese estilo de vida se puede contribuir de forma particular a la realizaci\u00f3n del reino de los cielos en su dimensi\u00f3n terrenal, con la esperanza de alcanzar un grado mayor y definitivo de realizaci\u00f3n personal en la vida futura.<br \/>\nLa respuesta a la llamada de Dios supone una predisposici\u00f3n a participar en el sacrificio que entra\u00f1a la obra redentora de Cristo. Es, por tanto, una decisi\u00f3n basada en el amor, pero, como nos recuerda Juan Pablo II, \u201ces algo natural en el coraz\u00f3n humano aceptar exigencias \u2013aunque sean dif\u00edciles\u2013 por amor a un ideal, y, sobre todo, por amor a una persona\u201d .<br \/>\nEl compromiso del celibato no supone en modo alguno rechazar el valor de la sexualidad humana; es m\u00e1s, respeta la \u201cdualidad\u201d inherente en el hombre creado a imagen y semejanza de Dios . Verdaderamente, el que es capaz de entender el gran potencial de entrega que supone el matrimonio se encuentra en mejores condiciones de hacer un ofrecimiento maduro de s\u00ed mismo en el celibato .<br \/>\nAl escoger la continencia por la causa del reino de los cielos, el hombre se realiza a s\u00ed mismo \u201cde forma diferente\u201d y, en cierto sentido, m\u00e1s plenamente que a trav\u00e9s del matrimonio . Esto es lo que encierra la respuesta de Cristo a Pedro cuando, con sencillez, le pregunta por la recompensa de los que hab\u00edan dejado todo para seguirlo (Mc. 10,29-30).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.-\tLA DOCTRINA PAULINA SOBRE EL CELIBATO Y LA VIRGINIDAD<br \/>\nEn respuesta a las preguntas de las primitivas comunidades cristianas acerca del celibato y la virginidad, san Pablo, en su Primera Carta a los Corintios, da una interpretaci\u00f3n, al mismo tiempo magisterial y pastoral, de la doctrina de Cristo. Lo singular de la ense\u00f1anza de Pablo es que, al mismo tiempo que transmite la verdad proclamada por el Maestro, imprime su propia impronta, bas\u00e1ndose en la experiencia de su actividad misionera. En la doctrina del ap\u00f3stol encontramos la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n entre el matrimonio y el celibato o la virginidad, un tema que plante\u00f3 dificultades en la primera generaci\u00f3n de conversos del paganismo en Corinto.<br \/>\nSan Pablo hace notar con gran claridad que la virginidad \u2013o la voluntaria continencia\u2013 deriva exclusivamente de un consejo, y no de un mandato: \u201cEn cuanto a la virginidad, no tengo precepto del Se\u00f1or, pero doy un consejo\u201d (1Cor. 7,25). Pero les hace ver que dicho consejo proviene de quien \u201cpor la misericordia del Se\u00f1or merece confianza\u201d (ib\u00edd.). Al mismo tiempo, aconseja a los casados, a los indecisos y a los que se han quedado viudos (1Cor. 7.), y expone razones de por qu\u00e9 hacen bien los que se casan, y por qu\u00e9 hacen \u201cmejor\u201d los que escogen una vida de continencia o de virginidad (1Cor. 7,38) .<br \/>\nDesde la perspectiva del celo apost\u00f3lico, el celibato permite que un hombre se dedique por entero a los \u201casuntos del Se\u00f1or\u201d, y pueda as\u00ed \u201cagradar a Dios con todos su coraz\u00f3n\u201d (1Cor. 7,32). Por contraste, san Pablo se\u00f1ala que los hombres casados no tienen la misma disponibilidad para dedicarse a las cosas de Dios (1Cor 7,33). \u00c9l mismo fue c\u00e9libe (1Cor. 7,7) y recomienda el celibato como un medio de alcanzar la libertad para amar a Dios total e incondicionalmente.<br \/>\nEl riesgo de la humana existencia: \u201chermanos, os digo esto: el tiempo es corto&#8230;\u201d (1 Cor 7,29), y el trasunto del mundo temporal: \u201cporque pasa la apariencia de este mundo\u201d (1 Cor. 7,31), deber\u00eda provocar \u2013contin\u00faa se\u00f1alando a los Corintios\u2013 que \u201clos que tienen mujer, vivan como si no tuviesen\u201d (1Cor. 7,29). De esta forma, Pablo prepara el terreno para su ense\u00f1anza sobre la continencia .<br \/>\nLa doctrina de Cristo sobre el celibato \u201cpor la causa del reino de los cielos\u201d (Mt. 19,12) encuentra eco directo en la ense\u00f1anza del ap\u00f3stol cuando indica: \u201cel que no est\u00e1 casado se preocupa de las cosas del Se\u00f1or, de c\u00f3mo agradar al Se\u00f1or\u201d (1Cor. 7,32). Esta preocupaci\u00f3n de Pablo por servir al Se\u00f1or encuentra una expresi\u00f3n similar en su \u201csolicitud por todas las Iglesias\u201d (2Cor. 11,28), y su deseo de servir a todos los miembros del Cuerpo de Cristo (Flp. 2,20-21; 1Cor. 12,25). El no casado tiene esa preocupaci\u00f3n, y ello hace que Pablo pueda considerarse, en el sentido pleno de la palabra, \u201cap\u00f3stol de Jesucristo\u201d (1Cor. 1,1) y ministro del Evangelio (Col. 1,23), y desear\u00eda que otros fueran como \u00e9l (1Cor. 7,7).<br \/>\nAl mismo tiempo, el celo apost\u00f3lico y la actividad pastoral \u2013\u201cla preocupaci\u00f3n por las cosas del Se\u00f1or\u201d\u2013, no agotan el contenido de los motivos expuestos por san Pablo respecto a la continencia. La ra\u00edz y la fuente de este compromiso hay que buscarlas en la preocupaci\u00f3n \u201cpor agradar al Se\u00f1or\u201d (1Cor. 7,32). Una preocupaci\u00f3n que se manifiesta en el deseo de vivir una vida de profunda amistad con Cristo y que expresa, al mismo tiempo, la dimensi\u00f3n esponsal de la vocaci\u00f3n del celibato .<br \/>\nSan Pablo hace notar que el hombre que est\u00e1 obligado por el matrimonio \u201cest\u00e1 dividido\u201d (1Cor. 7,34) por raz\u00f3n de sus obligaciones familiares, lo que implica que el compromiso \u201cde agradar al Se\u00f1or\u201d presupone abstenerse del matrimonio. La condici\u00f3n de no casado permite a las v\u00edrgenes estar \u201csol\u00edcitas de las cosas del Se\u00f1or, para ser santas en el cuerpo y en el esp\u00edritu\u201d (1Cor. 7,34). En la terminolog\u00eda b\u00edblica, especialmente en el entorno del Antiguo Testamento, la santidad implica separaci\u00f3n respecto de lo \u201cprofano\u201d de este mundo, a fin de pertenecer exclusivamente a Dios .<br \/>\nAl afirmar el valor de la virginidad o el celibato, algunas de las expresiones utilizadas por san Pablo en referencia al matrimonio, sacadas de contexto, podr\u00edan interpretarse como que san Pablo considerara el matrimonio fundamentalmente como un remedio para la concupiscencia . De todas formas, hay que entender las observaciones que hace san Pablo sobre el matrimonio teniendo en cuenta lo que se\u00f1ala: \u201cme gustar\u00eda que todos los hombres fuesen como yo, pero cada cual tiene de Dios su propio don, uno de una manera, otro de otra\u201d (1Cor. 7,7). Por tanto, la vocaci\u00f3n al matrimonio es un don de Dios, una gracia adecuada a ese modo de vida. A la luz de la situaci\u00f3n en la pagana Corinto, Pablo, al hablar del matrimonio, pone en guardia frente a la realidad de la concupiscencia de la carne, pero destaca al mismo tiempo su car\u00e1cter sacramental . San Pablo desarrollar\u00e1 m\u00e1s ampliamente esta doctrina en Efesios, cap. 5, resolviendo todas las dudas que puedan inducir a considerar el matrimonio como una vocaci\u00f3n residual .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.1.-\tSacerdocio, celibato y servicio<br \/>\nHay m\u00e1s textos de san Pablo que, junto a otros pasajes del Nuevo Testamento, ayudan a tener una visi\u00f3n completa de la relaci\u00f3n entre sacerdocio, celibato y servicio.<br \/>\nEl sacerdocio debe ser considerado a la luz del hecho de que Dios mismo se hizo sacerdote en la santa humanidad de Cristo e instituy\u00f3 un nuevo sacerdocio en el tempo de su cuerpo (Jn. 2,21). Cristo se ofreci\u00f3 a s\u00ed mismo a Dios (Heb. 9,11), \u201cy quiso perpetuar a lo largo del tiempo su sacrificio (Lc. 22,19; 1Cor. 11,24) por la acci\u00f3n de otros hombres, a los que hizo part\u00edcipes de su supremo y eterno sacerdocio (Heb. 5,1-10; 7,24; 9,11-28)\u201d .<br \/>\nLa vinculaci\u00f3n con Cristo que resulta de la ordenaci\u00f3n sacramental, es tan rica que el sacerdote puede hacer suyas esas palabras de san Pablo. \u201cpara m\u00ed, el vivir es Cristo\u201d (Flp. 1,21), \u201cvivo, pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en m\u00ed\u201d (G\u00e1l. 2,20) .<br \/>\n\u00c9ste es el aspecto complementario del celibato: as\u00ed como Cristo y sus sacerdotes tienen una relaci\u00f3n conyugal con la Iglesia, \u00e9sta, como esposa virginal de Cristo, tiene, en un sentido muy real, derechos nupciales exclusivos sobre el sacerdote como representante de Cristo.<br \/>\nEn el ejercicio de su ministerio, el sacerdote descubre la grandeza de su vocaci\u00f3n: \u201csu afectividad y capacidad de amar se realizan plenamente en la tarea pastoral y paterna (G\u00e1l. 4,19) de engendrar gozosamente al pueblo de Dios en la fe, de formarlo y llevarlo \u2018como virgen casta\u2019 (2Cor. 11,2) a la plenitud de vida en Cristo\u201d .<br \/>\nYa hemos visto c\u00f3mo en algunos lugares de la primitiva Iglesia, para justificar el ejercicio de los derechos conyugales despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n, se apel\u00f3 al estilo de sacerdocio del Antiguo Testamento. Durante su periodo de servicio en el templo los sacerdotes levitas practicaban la continencia pero despu\u00e9s volv\u00edan a la vida conyugal normal en sus hogares .<br \/>\nGeneralmente encontramos una doble respuesta a esta objeci\u00f3n. Por un lado, el sacerdocio del templo era confiado a una tribu particular \u2013s\u00f3lo los descendientes de Aar\u00f3n ten\u00edan derecho a este oficio\u2013 y, por ello, los levitas ten\u00edan obligaci\u00f3n de casarse y engendrar hijos a fin de perpetuar el sacerdocio del pueblo escogido. Por otro lado, el sacerdocio del Nuevo Testamento no estaba basado en la descendencia familiar. La teolog\u00eda, por su parte, se\u00f1alaba que el sacerdocio instituido por Cristo ven\u00eda a perfeccionar el sacerdocio de la antigua ley. Esto se reflejaba en el hecho de que, mientras el ministerio de los levitas, se limitaba al servicio en el templo, los sacerdotes del Nuevo Testamento se encontraban ocupados en un continuo e ininterrumpido ministerio de oraci\u00f3n, servicio en el altar y administraci\u00f3n de los sacramentos. Puesto que la Escritura ense\u00f1a que los sacerdotes, deben guardar una completa pureza en el ejercicio del ministerio, la praxis de la continencia temporal de los sacerdotes en el templo, se convirti\u00f3 en una obligaci\u00f3n de continencia permanente para los sacerdotes de Jesucristo.<br \/>\nEl papa Siricio en su decretal Directa dirigida al obispo espa\u00f1ol Himerio (385), clarifica estas distinciones y pasa a se\u00f1alar que Cristo, que oficialmente afirm\u00f3 no haber venido a abolir la ley sino a darle cumplimiento, quiso que sus sacerdotes de la nueva ley vivieran la continencia permanente. Si los ministros del templo ten\u00edan que abstenerse peri\u00f3dicamente para conseguir que sus ofrendas fueran gratas a Dios, hab\u00eda de concluirse, seg\u00fan Siricio, que los ministros de Cristo que ofrecen el sacrificio diario \u2013un sacrificio infinitamente superior al de la Antigua Alianza\u2013 deb\u00edan ser continentes de modo permanente, para hacerse a s\u00ed mismos agradables a Dios. El principio de la pureza ritual exig\u00eda, que no se produjera ninguna relaci\u00f3n sexual el d\u00eda antes de la celebraci\u00f3n en el altar, y, puesto que la Misa se celebraba a diario, los cl\u00e9rigos deber\u00edan verse sujetos a total continencia. Este ser\u00eda el argumento cultual del celibato, anticipado en la primitiva Iglesia por los papas y los santos padres .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.2.-\tArgumento cultual de la continencia en el matrimonio<br \/>\nEste tipo de enfoque, tal como se plantea, hunde sus ra\u00edces en una visi\u00f3n negativa de la sexualidad humana y del matrimonio, y en una exagerada percepci\u00f3n del aspecto cultual de las obligaciones sacerdotales. Aunque Siricio recurre al argumento de la pureza ritual para reclamar la continencia clerical, lo hace s\u00f3lo de forma marginal . Por otra parte, en su decretal Dominus Inter, a los obispos de la Galia, a la hora de se\u00f1alar una raz\u00f3n para la continencia del clero, concede una particular importancia a la convicci\u00f3n de que la virginidad o la continencia es caracter\u00edstica del Nuevo Testamento y, por tanto, exigida para los cl\u00e9rigos con \u00f3rdenes mayores. Como la virginidad era tenida en gran estima y recomendada por la Iglesia, se vio apropiado que los cl\u00e9rigos reflejaran en sus propias vidas lo que exhortaban a hacer a los dem\u00e1s .<br \/>\nAs\u00ed como es posible encontrar expresiones en los padres que parecen menospreciar la sexualidad humana y el matrimonio para justificar la continencia y el celibato, la validez esencial de este carisma se fundamenta en razones m\u00e1s profundas: la entrega total a Dios, la paternidad espiritual y la imitaci\u00f3n del celibato de Cristo por la causa del reino de los cielos. Al mismo tiempo, en los escritos de los santos padres no se manifiesta ninguna reserva acerca del uso del matrimonio por los laicos, ni existe la menor sospecha de dualismo gn\u00f3stico cuando afirman la continencia para los sacerdotes casados .<br \/>\nSan Jer\u00f3nimo, por ejemplo, considera que, mientras que el matrimonio fue objeto de privilegio en el Antiguo Testamento, la virginidad es una caracter\u00edstica singular del nuevo designio divino introducido con la Encarnaci\u00f3n, en el que la virginidad de Mar\u00eda fue un elemento central para la transici\u00f3n. Al referirse a la absoluta continencia de los cl\u00e9rigos con \u00f3rdenes mayores, la principal justificaci\u00f3n que ofrece es la imitaci\u00f3n de la condici\u00f3n superior de la virginidad . Tanto \u00e9l como san Ambrosio rechazaron la idea de que haciendo hincapi\u00e9 en la superioridad asc\u00e9tica de la virginidad estaban degradando el matrimonio: \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda ser mala una instituci\u00f3n que engendraba v\u00edrgenes? El matrimonio es bueno, pero la virginidad es mejor. El ideal de virginidad tiene su origen en Cristo; fue aprobado por la ense\u00f1anza de san Pablo (1Cor. 7) y realizado especialmente por Mar\u00eda y por la Iglesia .<br \/>\nConviene recordar tambi\u00e9n en este contexto que en la primitiva Iglesia las parejas cristianas practicaban la continencia marital peri\u00f3dica de acuerdo con el consejo de san Pablo: \u201cNo os defraud\u00e9is el uno al otro, a no ser de mutuo acuerdo, por alg\u00fan tiempo, para dedicaros a la oraci\u00f3n\u201d (1 Cor. 7,5). Se esperaba que lo hicieran as\u00ed, especialmente cuando llegaba el momento de celebrar el memorial de la pasi\u00f3n y muerte del Se\u00f1or . La abstinencia conyugal se recomendaba tambi\u00e9n durante el periodo de Cuaresma . Los papas y los santos padres, tanto de Oriente como de Occidente, dan fe del hecho de que la continencia peri\u00f3dica era considerada como pr\u00e1ctica normal entre las parejas cristianas . Se puede decir, por tanto, que en la primitiva Iglesia el pensamiento teol\u00f3gico era el de que la continencia marital para los laicos era considerada un medio m\u00e1s adecuado para prepararse a la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00eda. En este sentido, se puede percibir cierta resonancia entre el argumento cultual del celibato de los primeros siglos y la teolog\u00eda del matrimonio en boga en aquel tiempo.<br \/>\nRetrospectivamente, desde la posici\u00f3n ventajosa de los ulteriores desarrollos en la teolog\u00eda del celibato, se puede apreciar las limitaciones del argumento cultual. Pero la actitud de los primeros escritores eclesi\u00e1sticos es justificable: no es de extra\u00f1ar que los santos padres \u2013para quien la Sagrada Escritura era la fuente b\u00e1sica de teolog\u00eda\u2013 vieran la continencia temporal del sacerdocio lev\u00edtico, como un tipo o figura del celibato de los sacerdotes, que ofrecen el \u00fanico sacrificio de la Nueva Alianza. El argumento ritual, era una respuesta pr\u00e1ctica de cierto peso aunque teol\u00f3gicamente inadecuada. M\u00e1s adelante, sin embargo, la convicci\u00f3n de la primitiva Iglesia acerca de este carisma se fundament\u00f3 en un hecho mucho m\u00e1s profundo: el ejemplo de la elecci\u00f3n de celibato realizada por Cristo, su ense\u00f1anza sobre \u00e9l y la tradici\u00f3n transmitida por los ap\u00f3stoles.<br \/>\n4.3.-\tVar\u00f3n de una sola mujer: unius uxoris vir<br \/>\nJunto a los textos que hemos analizado ya, existe otra estipulaci\u00f3n paulina para el nombramiento de obispos, sacerdotes y di\u00e1conos que es particularmente importante, por cuanto establece una conexi\u00f3n espec\u00edfica entre celibato y sacerdocio.<br \/>\nComo ya hemos visto, par entender la historia del celibato es necesario distinguir entre celibato y continencia. En la antigua Iglesia muchos sacerdotes estaban casados, pero una condici\u00f3n para su ordenaci\u00f3n era el compromiso de una continencia total y perpetua despu\u00e9s de recibir las \u00f3rdenes. San Pablo dict\u00f3 una norma estableciendo que los obispos (1Tim. 3,2), sacerdotes (Tit. 1,6) y di\u00e1conos (1Tim. 3,12) fueran unius uxoris vir (marido de una sola mujer), como un requerimiento especial para ejercer el ministerio sacerdotal . A primera vista esta condici\u00f3n para la ordenaci\u00f3n podr\u00eda parecer desconcertante puesto que el candidato no deber\u00eda haberse casado despu\u00e9s de la muerte de su primera mujer. Sin embargo, s\u00f3lo a la luz de la Tradici\u00f3n y la investigaci\u00f3n exeg\u00e9tica se aclara el significado pleno de la f\u00f3rmula.<br \/>\nPara esclarecer el significado de este pasaje de san Pablo hay que acudir a la tradici\u00f3n pontificia y patr\u00edstica, que \u2013como se\u00f1ala Stickler\u2013 ha sido olvidada o ignorada en la ex\u00e9gesis b\u00edblica moderna. Esta tradici\u00f3n dio al texto paulino, la significaci\u00f3n de un argumento b\u00edblico, en favor del celibato como algo inspirado por los ap\u00f3stoles. La norma paulina fue interpretada como \u201cuna garant\u00eda para asegurar la pr\u00e1ctica efectiva de la continencia de los ministros casados antes de que fueran ordenados\u201d .<br \/>\nEn el a\u00f1o 386, el papa Siricio envi\u00f3 una carta \u2013la decretal Cum in unum\u2013 a diferentes provincias eclesi\u00e1sticas, comunicando las decisiones de un s\u00ednodo de obispos celebrado previamente en Roma aquel mismo a\u00f1o. Entre estas decisiones se encontraban algunas estipulaciones acerca de la observancia de la continencia del clero, as\u00ed como sanciones dictadas contra las partes culpables. Del decreto se desprende claramente que algunos hab\u00edan planteado que la expresi\u00f3n unius uxuris vir (1Tim. 3,2) afirmaba de modo concreto el derecho del obispo a hacer uso del matrimonio despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n. En el cap\u00edtulo 1 nos hemos referido ya al testimonio del papa Siricio a este respecto. Sin embargo, su interpretaci\u00f3n autorizada del texto paulino (unius uxoris vir) merece una mayor atenci\u00f3n:<br \/>\n\u201cQuiz\u00e1s alguno crea que esto (engendrar hijos) est\u00e1 permitido porque est\u00e1 escrito: \u2018Es necesario que el obispo sea irreprensible, casado una sola vez\u2019 (1Tim. 3,2). Pero Pablo no estaba hablando de un hombre que persiste en su deseo de engendrar, sino de la continencia que deber\u00eda observar (propter continentiam futuram). No aceptaba a aquellos que no fueran irreprochables en esta materia, y dec\u00eda: \u2018Me gustar\u00eda que todos los hombres fuesen como yo\u2019 (1Cor. 7,7). Y manifestaba a\u00fan m\u00e1s claramente: \u2018Los que viven seg\u00fan la carne no pueden agradar a Dios. Ahora bien, vosotros no viv\u00eds seg\u00fan la carne, sino seg\u00fan el esp\u00edritu\u2019 (Rom. 8,8-9)\u201d .<br \/>\nSiricio plantea que la suya es la \u00fanica interpretaci\u00f3n fiel a la mente de san Pablo respecto de los requerimientos para la ordenaci\u00f3n. Un hombre que se volviera a casar tras la muerte de su primera esposa no podr\u00eda ser candidato a las \u00f3rdenes, porque este hecho le incapacitar\u00eda para practicar la perfecta continencia que le ser\u00eda requerida despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n. Mediante esta ex\u00e9gesis, Siricio y el s\u00ednodo romano establecieron una continuidad con la tradici\u00f3n apost\u00f3lica.<br \/>\nLa norma paulina, tal como en uso de su autoridad la interpreta el papa Siricio, no hablaba de un hombre que pod\u00eda persistir en su deseo de engendrar hijos, sino m\u00e1s bien \u201cacerca de la continencia que ten\u00edan que observar en el futuro (propter continentiam futuram)\u201d. En otras palabras, un hombre que se hubiera casado por segunda vez despu\u00e9s de que su primera esposa hubiera fallecido, no pod\u00eda considerarse candidato a la ordenaci\u00f3n, pues el hecho de su nuevo matrimonio ser\u00eda considerado un claro indicador de que no podr\u00eda observar la perfecta continencia que se requerir\u00eda m\u00e1s tarde. Es importante recordar que san Pablo utilizar la f\u00f3rmula unius uxoris vir \u00fanicamente en relaci\u00f3n a los ministros de la Iglesia, nunca a los laicos, hecho al que no se ha prestado demasiada atenci\u00f3n .<br \/>\nEsta interpretaci\u00f3n \u2013llena de autoridad\u2013 realizada por el papa Siricio, y m\u00e1s tarde por el papa Inocencio I , fue un punto de referencia para los siglos posteriores. Las Glossa ordinaria al Decretun de Graciano explican que el nuevo matrimonio contra\u00eddo por un hombre cuya primera esposa hubiera fallecido estar\u00eda considerado un signo de incontinencia y, por tanto, este hombre no satisfar\u00eda los requisitos como candidato a la ordenaci\u00f3n . En 1935, P\u00edo XI en su enc\u00edclica sobre el sacerdocio Ad catholici sacerdotii interpreta el unius uxoris vir como un argumento a favor del celibato sacerdotal .<br \/>\nEusebio de Cesarea, historiador de la primitiva Iglesia, da fe del hecho de que \u00e9sta fue tambi\u00e9n la interpretaci\u00f3n del unius uxoris vir que fue aceptada en Oriente. Eusebio estuvo presente en el Concilio de Nicea (325) y lleg\u00f3 a simpatizar con los arrianos, por lo que cabr\u00eda esperar que defendiera el uso del matrimonio por los sacerdotes ya casados. Sin embargo, afirma concretamente que, al comparar los sacerdotes del templo, con los del Nuevo Testamento, se est\u00e1 comparando la generaci\u00f3n corporal con la generaci\u00f3n espiritual, y que \u201cel sentido del unius uxoris vir consiste en esto (&#8230;) que aquellos que han sido consagrados y dedicados al servicio del cuto divino deben, por tanto, abstenerse adecuadamente de las relaciones sexuales con sus esposas\u201d .<br \/>\nLa prohibici\u00f3n paulina sobre la admisi\u00f3n a las \u00f3rdenes de un hombre que se hab\u00eda vuelto a casar despu\u00e9s de la muerte de su primera esposa fue estrictamente preservada a lo largo de los siglos, y a\u00fan se puede encontrar entre las irregularidades para la ordenaci\u00f3n, en el anterior C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico de 1917, (can. 984, \u00a74).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.4.-\tCompa\u00f1era apost\u00f3lica<br \/>\nStickler  llama la atenci\u00f3n sobre otra referencia paulina que arroja nuevas luces sobre el texto de unius uxoris vir. En 1Cor. 9,5. san Pablo afirma que \u00e9l pod\u00eda haber reclamado tambi\u00e9n el derecho, a tener la compa\u00f1\u00eda de una mujer en sus viajes misionales \u201ccomo lo hicieron otros ap\u00f3stoles y los hermanos del Se\u00f1or y Cefas\u201d. Parad\u00f3jicamente, hoy  se utiliza el mismo texto como argumento contra la continencia de los mismos ap\u00f3stoles. Muchos interpretan esta \u201cmujer\u201d como \u201cesposa\u201d de los ap\u00f3stoles, lo que en el caso de Pedro habr\u00eda sido verdad. Pero Pablo, no habla simplemente de la palabra gyn\u00e9, que bien puede significar esposa. M\u00e1s bien a\u00f1ade, no sin cierta intenci\u00f3n, la palabra adelph\u00e9 o \u201chermana\u201d, para evitar cualquier posibilidad de malentendido .<br \/>\nEste hecho tiene una significaci\u00f3n a\u00f1adida, si consideramos que m\u00e1s tarde todas las pruebas evidentes importantes en relaci\u00f3n con la continencia, de los ministros sagrados se\u00f1alan continuamente que, al hablar de la mujer de tales ministros, en el contexto de la continencia sexual posterior, se utiliza siempre la palabra soror, hermana. La relaci\u00f3n del esposo, tras la ordenaci\u00f3n, es la de hermano y hermana. San Gregorio Magno se\u00f1ala a este respecto: \u201cEl sacerdote, desde el momento de su ordenaci\u00f3n amar\u00e1 a su esposa como a una hermana\u201d . Igualmente, el II Concilio de Auvergne (535) decidi\u00f3 que: \u201cSi un sacerdote o di\u00e1cono ha recibido las ordenaci\u00f3n del divino servicio, el marido se convierte inmediatamente en un hermano para su anterior esposa\u201d . Este uso particular de la palabra soror se encuentra en muchos textos conciliares y patr\u00edsticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.5.-\tAlianza esponsal y celibato<br \/>\nLa f\u00f3rmula unius uxoris vir es de hecho una estipulaci\u00f3n en el contexto de una alianza que refleja el amor esponsal de Cristo por su Iglesia.<br \/>\nCon la mirada puesta en el futuro los profetas prometieron la Nueva Alianza. Oseas habla de nuevos desposorios que traer\u00edan a la novia amor, justicia, fidelidad y conocimiento de Dios, y que restablecer\u00edan la paz con el resto de la creaci\u00f3n. Jerem\u00edas promete que con la llegada del nuevo designio divino el coraz\u00f3n humano ser\u00e1 transformado (Jr. 31,33; 32,37-41).<br \/>\nEn el Nuevo Testamento la Alianza adquiere toda su plenitud: en adelante tendr\u00e1 como contenido el misterio total de Cristo. En la \u00daltima Cena, con la instituci\u00f3n de la eucarist\u00eda, la Nueva Alianza es sellada con la sangre de Cristo: \u201c\u00c9sta es mi sangre de la Nueva Alianza, que ser\u00e1 derramada por muchos\u201d (Mc. 14,24). Y Mt. 26,28; a\u00f1ade, \u201cpara remisi\u00f3n de los pecados\u201d. Cristo es el mediador de la Nueva Alianza. La Alianza es el tema de fondo de la Carta a los Hebreos, en la cual se muestra con claridad la superioridad de la nueva sobre la antigua.<br \/>\nEn virtud de los m\u00e9ritos de la cruz, el hombre y la mujer pueden amarse el uno al otro como Cristo nos ha amado a nosotros (Ef. 5,32-33) .<br \/>\nJuan Pablo II nos recuerda que \u201cel matrimonio y la virginidad son dos modos de expresar y de vivir el \u00fanico misterio de la alianza de Dios con su pueblo\u201d . Las dos vocaciones se apoyan una sobre la otra, de tal forma que donde no hay verdadera estima del matrimonio no puede existir celibato. Y cuando no se considera la sexualidad humana como un don inmenso, la renuncia a la misma por la causa del reino de los cielos pierde su sentido .<br \/>\nComo resultado de la Nueva Alianza, el sacerdote c\u00e9libe espera \u2013tambi\u00e9n en lo que respecta al cuerpo\u2013 \u201cla uni\u00f3n escatol\u00f3gica de Cristo con su Iglesia\u201d, ofreci\u00e9ndose a s\u00ed mismo plenamente a la Iglesia, en la esperanza de que Cristo otorgar\u00e1 la vida eterna a su Esposa. En virtud de esta fe, el celibato mantiene viva en la Iglesia la conciencia del misterio del matrimonio y la defiende de cualquier empobrecimiento o enfoque reductivo .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.6.-\tDimensi\u00f3n esponsal del celibato<br \/>\nDespu\u00e9s de haber analizado las profundas implicaciones b\u00edblicas de la Alianza, nos detendremos a considerar c\u00f3mo la f\u00f3rmula unius uxoris vir no es s\u00f3lo un texto que sirve de fundamento al celibato de los sacerdotes, sino tambi\u00e9n una f\u00f3rmula de alianza que enriquece su teolog\u00eda . Este hecho se pone de manifiesto al considerar el paralelismo que existe entre la f\u00f3rmula utilizada en las Cartas Pastorales (unius uxoris vir) y los pasajes de 2Cor. 11,2 y Ef. 5,22-23.<br \/>\nEn el primero (2Cor. 11,2), Pablo describe la iglesia de Corinto como mujer y como novia a la que \u00e9l ha presentado a Cristo como una virgen casta: \u201cEstoy celoso de vosotros con celo de Dios; os he desposado con un solo esposo (uni viro) para presentaros a Cristo como una virgen casta\u201d (2Cor. 11,2). El contexto de este pasaje es muy claro si se lee junto con 1Tim. 5,9: \u201c\u00danicamente se ha de aceptar la viuda que tenga al menos sesenta a\u00f1os, casada una sola vez (unius viri uxor)\u201d. Por tanto, la misma f\u00f3rmula, unus vir, se utiliza para referirse a las relaciones de la Iglesia con Cristo o de la viuda que tuvo un solo marido .<br \/>\nEn 2Cor. 11,2, la esposa de Cristo es la misma Iglesia. El celo del que habla Pablo es una participaci\u00f3n del celo de Dios por su pueblo. Un celo que tiene su expresi\u00f3n en el hecho de que los corintios conversos permanezcan fieles a la Alianza realizada con Cristo que es su \u00fanico y verdadero Esposo. La interpretaci\u00f3n se confirma por referencia al Antiguo Testamento: la Iglesia-Esposa es presentada a Cristo, el Esposo, como una \u201cvirgen pura\u201d que es una referencia a la Hija de Si\u00f3n (Is. 10,32; Jr. 6,2) algunas veces llamada la \u201cvirgen Si\u00f3n\u201d (Is. 37,22; Lam.2,13) o \u201cvirgen Israel\u201d por los profetas, (Jr. 18,13; 31,4; Am. 5,2), especialmente cuanto es exhortada a abandonar sus infidelidades pasadas, y ser fiel una vez m\u00e1s a la Alianza, a su relaci\u00f3n conyugal con su \u00fanico Esposo.<br \/>\nEl segundo texto es el cl\u00e1sico de Ef. 5,22-23; donde describe c\u00f3mo el marido y la mujer unidos en matrimonio, son imagen de la uni\u00f3n de Cristo con su Iglesia: \u201cLas mujeres som\u00e9tanse a sus maridos como el Se\u00f1or, porque el matrimonio es cabeza de la mujer, as\u00ed como Cristo es cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo, del cual \u00c9l es el salvador\u201d. San Pablo establece una analog\u00eda dici\u00e9ndonos que Cristo, el Esposo, se sacrifica a s\u00ed mismo por la Iglesia para que \u00e9sta pueda convertirse en su Esposa, santa e inmaculada (Ef. 5,25-27). Pero, como se\u00f1ala de la Potterie, el hecho de que la expresi\u00f3n unius uxoris vir no se utilice en Efesios para referirse a todos los cristianos, sino para describir al ministro casado, muestra que esta f\u00f3rmula se refiere directamente al ministerio sacerdotal y a la relaci\u00f3n Cristo-Iglesia: el ministro debe ser como Cristo-Esposo.<br \/>\nOtra consecuencia importante de la conexi\u00f3n entre el unius uxoris vir de las cartas pastorales y el pasaje de 2Cor. 11,2; es que la Iglesia-Esposa es denominada \u201cvirgen pura\u201d (virginem castam). Por tanto, el amor esponsal entre Cristo-Esposo y su Esposa la Iglesia es siempre un amor virginal. En la iglesia de Corinto, donde la mayor\u00eda de los cristianos se habr\u00edan casado, el t\u00e9rmino virginem castam se refiere a lo que san Agust\u00edn llama la virginidad de la fe (virginitas fidei) o virginidad del coraz\u00f3n (virginitas cordis), es decir, la fe intachable. Sin embargo, para los ministros casados a los que se alude en las cartas pastorales, a la luz de esta perspectiva espiritual sobre su ministerio, la llamada radical a la virginidad del coraz\u00f3n (virginitas cordis) es tambi\u00e9n una vocaci\u00f3n a la virginidad de la carne (virginitas carnis) por lo que se refiere a sus esposas, es decir, una llamada a la continencia .<br \/>\nEsta interpretaci\u00f3n del celibato sacerdotal desde el punto de vista de la alianza, deja claro que no se trata ya de una prescripci\u00f3n can\u00f3nica externa sino de una percepci\u00f3n interior del hecho de que la ordenaci\u00f3n convierte al ministro sacerdotal en un representante de Cristo-Esposo en relaci\u00f3n con su Iglesia, esposa y virgen; de ah\u00ed que no pueda vivir con otra mujer .<br \/>\nEste argumento sacramental y espiritual del unius uxoris vir basado en la teolog\u00eda de la Alianza surge en la tradici\u00f3n oriental con Tertuliano, lo desarrollan san Agust\u00edn y san Le\u00f3n Magno, y lo resume santo Tom\u00e1s en su comentario a 1Tim. 3,2 (Oportet ergo episcopum [&#8230;] esse unius uxoris virum): \u201cEsto es as\u00ed, no simplemente para evitar la incontinencia, sino para representar el sacramento, puesto que Cristo es el Esposo de la Iglesia y la Iglesia es \u00fanica: Una es columba mea (Ct. de los Ctrs. 6,9)\u201d .<br \/>\nLa imagen paulina del matrimonio en la Carta a los Efesios re\u00fane en s\u00ed las dimensiones esponsal y redentora del amor. Cristo se ha convertido en Esposo de la Iglesia, su Esposa, porque \u00c9l \u201cse entreg\u00f3 a s\u00ed mismo por ella\u201d (Ef. 5,25). Esta misma imagen del amor esponsal es tambi\u00e9n la encarnaci\u00f3n m\u00e1s plena del ideal del celibato \u201cpor el reino de los cielos\u201d (Mt. 19,12). En este caso, los aspectos redentores y esponsal se encuentran unidos, aunque de forma diferente al matrimonio. Siguiendo el ejemplo de Cristo, el celibato sacerdotal confirma la esperanza de la redenci\u00f3n no s\u00f3lo a los esposos, sino a toda la humanidad .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Cap\u00edtulo IV.<br \/>\nFUNDAMENTOS TEOL\u00d3GICOS Y MAGISTERIALES SOBRE EL CELIBATO A PARTIR DEL VATICANO II\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las actuales discusiones sobre el celibato, se insiste cada vez m\u00e1s en la necesidad de profundizar teol\u00f3gicamente en el sacerdocio, para poder deducir y valorar la verdad \u00fanica y completa de la teolog\u00eda del celibato de la Iglesia cat\u00f3lica latina .<br \/>\nPues por esta raz\u00f3n, la tarea actual e importante es la de analizar los elementos teol\u00f3gicos tanto del sacerdocio del Nuevo Testamento, como del celibato de los ministros sagrados. Ambas cuestiones tienen sus ra\u00edces en la Sagrada Escritura \u2013fuente principal de la teolog\u00eda cat\u00f3lica\u2013 y en la Tradici\u00f3n de la Iglesia, que desvela e interpreta el testimonio escritur\u00edstico, y da luz al magisterio de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.-\tEL MAGISTERIO DEL CONCILIO VATICANO II SOBRE EL CELIBATO<br \/>\n&#8211; A pesar de que se viv\u00eda en la d\u00e9cada del 60-70, una fuerte crisis de identidad sacerdotal y por ende se cuestionaba la ley del celibato en el estado de vida de los ministros consagrados, con deserciones masivas, en su su gran mayor\u00eda los padres conciliares aseveraron claramente con sus votos que el celibato debe ser reafirmado en toda su integridad.<br \/>\n&#8211; No faltaron, sin embargo, algunas voces que plantearon la tem\u00e1tica en una forma m\u00e1s espec\u00edfica y pormenorizada seg\u00fan Stickler  consultor en la comisi\u00f3n de estudio sobre el celibato, durante el concilio. Las propuestas m\u00e1s significativas al respecto fueron las siguientes:<br \/>\na. Algunos solicitaron que se concedieran la dispensa del celibato no s\u00f3lo por  los motivos de reducci\u00f3n al estado laical, de cuantos no observaban el celibato y dejaron el servicio sacerdotal cas\u00e1ndose civilmente, y sean tramitados en el m\u00e1s breve plazo, incluso aquellos ministros que ya no lo observaban.<br \/>\nb. Con el fin de prevenir la sucesiva infidelidad y defecciones, hay quienes consideraron oportuno que se concediese a los di\u00e1conos y tambi\u00e9n a los sacerdotes un per\u00edodo de prueba sin la obligaci\u00f3n del celibato; s\u00f3lo despu\u00e9s de la superaci\u00f3n positiva de tal prueba se deber\u00eda exigir el celibato en forma definitiva.<br \/>\nc. Algunos adelantaron la propuesta de ordenar tambi\u00e9n di\u00e1conos no c\u00e9libes, para determinados servicios.<br \/>\nd. Otros propusieron admitir al diaconado, en general, tambi\u00e9n a hombres casados.<br \/>\ne. Hay quien consider\u00f3 la posibilidad de promover excepcionalmente u ordinariamente al presbiterado hombres casados de vida proba.<br \/>\nf. Algunos propusieron a consideraci\u00f3n la posibilidad general de ordenar sacerdotes y ministros casados, como se hace ya excepcionalmente con los provenientes de las iglesias separadas que se convierten a la Iglesia cat\u00f3lica.<br \/>\ng. Hay quienes propusieron la abolici\u00f3n de la disciplina del celibato para los ministros sagrados, sobre todo en continentes y regiones donde el celibato no es comprendido y dif\u00edcilmente practicado, como, por ejemplo, en \u00c1frica y Asia.<br \/>\nh. Otros propusieron que se conceda la posibilidad de la opci\u00f3n por el celibato tambi\u00e9n en la Iglesia latina, tal como existe en la oriental.<br \/>\n&#8211; De otra parte no faltaron ciertamente opiniones que exig\u00edan mayor severidad para la salvaguarda del celibato:<br \/>\n\u2022\tAlgunos propusieron la conveniencia de exigir un voto expl\u00edcito de castidad a todos los ordenandos in sacris.<br \/>\n\u2022\tOtros demandaron que sean emanadas normas detalladas para evitar los peligros que resultan de la excesiva familiaridad y de la colaboraci\u00f3n con personas de distinto sexo.<br \/>\n\u2022\tNo faltaron los que llamaron la atenci\u00f3n sobre las numerosas facilidades de laicizaciones y dispensas del celibato, que constituyen un grave peligro, para la santidad del sacerdocio y para la observancia del mismo celibato.<br \/>\n\u2022\tHay quienes pidieron la introducci\u00f3n del celibato tambi\u00e9n en las Iglesias orientales (en referencia a los \u00abUniati\u00bb).<br \/>\n\u2022\tMuchos prelados insistieron, sobre todo, en la necesidad de profundizar la teolog\u00eda del celibato y de basar en ella la ley, en lugar de basarla demasiado exclusivamente sobre consideraciones disciplinares e hist\u00f3ricas; ellos invocan la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica, la necesidad del celibato por la santidad del servicio sacerdotal y piden que se haga evidente el nexo existente entre el celibato y el Orden sagrado y entre sacerdote y Cristo Sacerdote.<br \/>\n&#8211;\tDe esta sint\u00e9tica exposici\u00f3n de los votos episcopales para el Concilio Vaticano II se evidencia claramente que, mientras la enorme mayor\u00eda del episcopado mundial, se hab\u00eda pronunciado por una firme conservaci\u00f3n del celibato, aparecen aqu\u00ed y all\u00e1 algunos compromisos y debilitamientos, los que ser\u00e1n invocados despu\u00e9s, y hasta en nuestros d\u00edas, contra esta conservaci\u00f3n deseada por los obispos .<br \/>\nSe delinean dos categor\u00edas de argumentos que tercian, de una parte, por concesiones anti-c\u00e9libes m\u00e1s o menos amplias, y de otra parte, por una firmeza absoluta pro-c\u00e9libe.<br \/>\nLos primeros se basan en consideraciones de funcionalidad pragm\u00e1tica, de naturaleza profana, de los condicionamientos humanos. Los segundos, en cambio insisten primariamente, si no exclusivamente, en la naturaleza del sacerdocio neo-testamentario y en la configuraci\u00f3n sobrenatural del ministerio eclesi\u00e1stico, que exige un ministro sagrado y libre para su misi\u00f3n a imitaci\u00f3n de Cristo Sacerdote. S\u00f3lo partiendo de la naturaleza intr\u00ednseca del sacerdocio cat\u00f3lico, se pueden especificar las verdaderas razones del celibato eclesi\u00e1stico, que permiten un recto juicio sobre los motivos de su conservaci\u00f3n.<br \/>\nA partir de estos presupuestos, es posible basar muchas diferencias en el tratamiento, que impl\u00edcitamente o expl\u00edcitamente, ha tenido el celibato eclesi\u00e1stico en el Concilio Vaticano II.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; El Sumo Pont\u00edfice Pablo VI, el 10 de octubre de 1965, dirigi\u00f3 al Presidente del Consejo de Presidencia del Concilio, Card. Eugenio Tisserant, una carta en la cual le comunicaba lo siguiente: habiendo sabido que algunos Padres conciliares, en la sucesiva (\u00faltima) sesi\u00f3n del Concilio y con ocasi\u00f3n de la discusi\u00f3n para el Decreto sobre el ministerio y vida de los presb\u00edteros, ten\u00edan la intenci\u00f3n de presentar a consideraci\u00f3n la controversia sobre el celibato de los cl\u00e9rigos, es decir si aquella ley que un\u00eda de alguna manera el celibato al sacerdocio deb\u00eda conservarse o no, no juzgaba oportuno discutir p\u00fablicamente un argumento tan grave . El mismo habr\u00eda hecho lo posible, a fin de que una ley tan saludable fuese siempre mejor observada y hecha axiom\u00e1tico a los mismos sacerdotes. Si alguno de los padres conciliares hubiese considerado necesario tratarla, deber\u00eda haberlo hecho no p\u00fablicamente, sino mediante un escrito dirigido a la Presidencia. Ella se habr\u00eda encargado de darle tr\u00e1mite ante el Santo Padre, que habr\u00eda considerado todo atentamente.<br \/>\nSe puede suponer razonablemente que la correspondiente solicitud habr\u00eda movido a Pablo VI, a llevar a discusi\u00f3n toda la problem\u00e1tica del celibato, en el curso del S\u00ednodo Ordinario de los Obispos de 1971.<br \/>\n&#8211; Mientras tanto, a pesar de no haber tenido lugar debate general alguno sobre el tema del celibato eclesi\u00e1stico en el Concilio, hubo sin embargo, decisiones y afirmaciones expl\u00edcitas respecto del celibato eclesi\u00e1stico, a las cuales me remito ahora:<br \/>\na.- La Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica \u201cLumen Gentium\u201d expresa en el cap.III, n.29: \u201cCon el consentimiento del Romano Pont\u00edfice, este diaconado (permanente) podr\u00e1 ser conferido a varones de edad madura, aunque est\u00e9n casados. Y tambi\u00e9n a j\u00f3venes id\u00f3neos; pero para estos debe mantenerse firme la ley del celibato\u201d.<br \/>\nEsta disposici\u00f3n de varones casados, como di\u00e1conos permanentes, hay que considerarla como una excepci\u00f3n del celibato eclesi\u00e1stico, afirmado ininterrumpidamente por toda la Tradici\u00f3n, reconocido y conservado por la Iglesia latina a trav\u00e9s de los siglos y que se remonta a los Ap\u00f3stoles. Efectivamente, en el arco de la Tradici\u00f3n \u00edntegra y en todas las leyes de la Iglesia universal primitiva acerca del celibato, siempre y en cualquier parte se han comprendido juntos los tres grados del orden sagrado: di\u00e1conos, presb\u00edteros, obispos. Jam\u00e1s se hab\u00eda hecho una excepci\u00f3n para los di\u00e1conos, pero primo la necesidad pastoral de la iglesia.<br \/>\nAunque pueda sorprendernos es el primer concilio ecum\u00e9nico, que usa la expresi\u00f3n \u201c lex coelibatus \u201c cuando se refiere a la ordenaci\u00f3n diaconal de j\u00f3venes solteros, que deben guardar el celibato sacerdotal.<br \/>\nb.- El Decreto \u201cPresbyterorum Ordinis\u201d, distingue entre celibato en s\u00ed y ley del celibato, en el n. 16, donde afirma: \u201cLa perfecta y perpetua continencia por el reino de los cielos, recomendada por nuestro Se\u00f1or, aceptada con gusto y observada plausiblemente en el decurso de los siglos e incluso en nuestros d\u00edas por no pocos fieles cristianos, siempre ha sido tenida en gran aprecio por la Iglesia, especialmente para la vida sacerdotal&#8230;. Por estas razones, fundadas en el misterio de Cristo y en su misi\u00f3n, el celibato, que al principio se recomendaba a los sacerdotes, fue impuesto por ley despu\u00e9s en la Iglesia Latina a todos los que eran promovidos al Orden sagrado\u201d.<br \/>\nEsta distinci\u00f3n est\u00e1 presente tanto en el cap\u00edtulo III de la Enc\u00edclica de P\u00edo XI \u201cAd catholici Sacerdotii\u201d, como en la Enciclica de Pablo VI \u201cSacerdotalis coelibatus\u201d en el n. 21. Ambos documentos reducen siempre la ley del celibato, a su verdadero origen, que fue dado por los Ap\u00f3stoles, a trav\u00e9s de ellos, por el mismo Cristo.<br \/>\n&#8211;\tNo se puede dejar de destacar que desde el Concilio Vaticano II, hasta la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Post-sinodal \u201cPastores Dabo Vobis\u201d se ha dado todo un procedimiento de ulterior enriquecimiento y de siempre mayor conciencia del don del celibato, de la \u00edntima conveniencia y de la conexi\u00f3n entre el sacramento del Orden y la disciplina celibataria.<br \/>\nEsta doctrina teol\u00f3gica del sacerdocio cat\u00f3lico hace constar que fundamentalmente, parte de la naturaleza misma del sacerdocio, que reproduce el \u201calter Christus virginal\u201d.<br \/>\n&#8211;\tConcluyendo este apartado de la historia reciente del celibato eclesi\u00e1stico en el Concilio Vaticano II, se puede irrefutablemente afirmar que la amplia mayor\u00eda de la jerarqu\u00eda de la Iglesia, ha querido que para el ministerio y la vida de los sacerdotes se mantuviese la disciplina del celibato en la forma de la continencia perpetua y perfecta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.-\tMAGISTERIO ECLESIAL POST-CONCILIAR<br \/>\nDesarrollar\u00e9 el presente apartado de manera sucinta, examinando algunos de los documentos m\u00e1s significativos en el magisterio post-conciliar, acerca del celibato sacerdotal, mostrando la actualidad de sus ense\u00f1anzas y trazando algunas l\u00edneas de s\u00edntesis que son \u00fatiles para desarrollar una teolog\u00eda celibataria, de acuerdo al pensamiento y discurrir del magisterio eclesial latino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.1.-\tEnc\u00edclica \u201cSacerdotalis Coelibatus\u201d<br \/>\nPublicada el 24 de junio de 1967, la Sacerdotalis coelibatus, es la \u00faltima enc\u00edclica enteramente dedicada por un Pont\u00edfice al tema del celibato. En el clima del inmediato post-concilio, recibiendo enteramente la doctrina conciliar, Pablo VI, sinti\u00f3 la necesidad, de un acto magisterial autorizado, confirmando la perenne validez del celibato eclesi\u00e1stico, el cual, quiz\u00e1s de forma m\u00e1s vehemente que hoy en d\u00eda, porque era una repuesta a los intentos de deslegitimaci\u00f3n tanto hist\u00f3rico-b\u00edblica, como teol\u00f3gico-pastoral, de la pr\u00e1ctica del celibato. La enc\u00edclica, refiere la ley del celibato a su verdadero origen, que fue dado por los Ap\u00f3stoles, y a trav\u00e9s de ellos, por el mismo Cristo.<br \/>\nEn el n. 14 de la enc\u00edclica, se afirma: \u201cPensamos, pues, que la vigente ley del sagrado celibato debe tambi\u00e9n hoy, y firmemente, estar unida al ministerio eclesi\u00e1stico; ella debe sostener al ministro en su elecci\u00f3n exclusiva, perenne y total del \u00fanico y sumo amor de Cristo y de la dedicaci\u00f3n al culto de Dios y al servicio de la Iglesia, y debe cualificar su estado de vida, tanto en la comunidad de los fieles, como en la profana\u201d. Como es evidente de inmediato, el documento, asume las razones culturales propias del Magisterio precedente y las integra con las teol\u00f3gico-espirituales y pastorales, mayormente subrayadas por el Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II, poniendo en evidencia c\u00f3mo el doble orden de razones, no debe ser considerado nunca en ant\u00edtesis, sino en relaci\u00f3n rec\u00edproca y en s\u00edntesis fecunda.<br \/>\nEl mismo planteamiento se encuentra en el n. 19 del documento, que tiene  su culmen en el n. 21, que afirma: \u201cCristo permaneci\u00f3 toda la vida en el estado de virginidad, que significa su dedicaci\u00f3n total al servicio de Dios y de los hombres. Esta profunda conexi\u00f3n entre la virginidad y el sacerdocio en Cristo se refleja en los que tienen la suerte de participar de la dignidad y de la misi\u00f3n del mediador y sacerdote eterno, y esta participaci\u00f3n ser\u00e1 tanto m\u00e1s perfecta cuanto el sagrado ministro est\u00e9 m\u00e1s libre de v\u00ednculos de carne y de sangre\u201d.<br \/>\nLa vacilaci\u00f3n, por tanto, en la comprensi\u00f3n del valor inestimable del sagrado celibato, y en su consiguiente valoraci\u00f3n, podr\u00eda ser entendida como inadecuada, y precisa una fuerte defensa; es decir comprensi\u00f3n del alcance real del Ministerio ordenado en la Iglesia y de su insuperable relaci\u00f3n ontol\u00f3gico-sacramental, y por tanto real, con Cristo Sumo Sacerdote.<br \/>\nA estas imprescindibles referencias cultuales y cristol\u00f3gicas, la enc\u00edclica hace seguir una clara referencia eclesiol\u00f3gica, tambi\u00e9n esencial para la adecuada comprensi\u00f3n del valor del celibato: \u201cApresado por Cristo Jes\u00fas (Flp. 3,13) hasta el abandono total de s\u00ed mismo en El, el sacerdote se configura m\u00e1s perfectamente a Cristo tambi\u00e9n en el amor, con que el eterno sacerdote ha amado a su cuerpo, la Iglesia, ofreci\u00e9ndose a s\u00ed mismo todo por ella, para hacer de ella una esposa gloriosa, santa e inmaculada (Ef. 5,26-27). Efectivamente, la virginidad consagrada de los sagrados ministros manifiesta el amor virginal de Cristo a su Iglesia y la virginal y sobrenatural fecundidad de esta uni\u00f3n, por la cual los hijos de Dios no son engendrados ni por la carne, ni por la sangre\u201d n. 26.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo podr\u00eda Cristo amar a su Iglesia con un amor no virginal? \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda el Sacerdote, alter Christus, ser esposo de la Iglesia de modo no virginal?<br \/>\nSurge, por tanto, en la argumentaci\u00f3n completa de la enc\u00edclica, la profunda interconexi\u00f3n de todos los valores del sagrado celibato, el cual, da igual por d\u00f3nde se le mire, parece cada vez m\u00e1s radical e \u00edntimamente conectado con el Sacerdocio.<br \/>\nSiguiendo con la argumentaci\u00f3n de las razones eclesiol\u00f3gicas en apoyo del celibato, la enc\u00edclica, en los nn. 29, 30 y 31, pone en evidencia la relaci\u00f3n insuperable entre celibato y Misterio Eucar\u00edstico, afirmando que, con el celibato, \u201cel sacerdote se une m\u00e1s \u00edntimamente a la ofrenda, poniendo sobre el altar su vida entera, que lleva las se\u00f1ales del holocausto. [\u2026] muriendo cada d\u00eda totalmente a s\u00ed mismo, renunciando al amor leg\u00edtimo de una familia propia por amor de Cristo y de su reino, hallar la gloria de una vida en Cristo plen\u00edsima y fecunda, porque como \u00e9l y en \u00e9l ama y se da a todos los hijos de Dios\u201d.<br \/>\nEl \u00faltimo gran conjunto de razones, que se presentan en apoyo del sagrado celibato, se refiere a su significado escatol\u00f3gico. En el reconocimiento de que el Reino de Dios no es de este mundo (Jn. 18,30), que en la Resurrecci\u00f3n no se tomar\u00e1 mujer ni marido (Mt. 22,30), y que \u201cel precioso don divino de la perfecta continencia por el reino de los cielos constituye [\u2026] un signo particular de los bienes celestiales (1Cor. 7,29-31)\u201d; se indica tambi\u00e9n el celibato como \u201cun testimonio de la necesaria tensi\u00f3n del Pueblo de Dios hacia la meta \u00faltima de su peregrinaci\u00f3n terrenal y un est\u00edmulo para todos a levantar la mirada, a las cosas que est\u00e1n all\u00e1 arriba\u201d (n. 34).<br \/>\nCon extraordinaria actualidad, la enc\u00edclica responde tambi\u00e9n a esas objeciones, que ver\u00edan, en el celibato, una mortificaci\u00f3n de la humanidad, priv\u00e1ndola de este modo, de uno de los aspectos m\u00e1s bellos de la vida. En el<br \/>\nn. 56, se afirma: \u201cEn el coraz\u00f3n del sacerdote no se ha apagado el amor. La caridad, bebida en su m\u00e1s puro manantial, ejercitada a imitaci\u00f3n de Dios y de Cristo, no menos que cualquier aut\u00e9ntico amor, es exigente y concreta, ensancha hasta el infinito el horizonte del sacerdote, hace m\u00e1s profundo amplio su sentido de responsabilidad \u2014\u00edndice de personalidad madura, educa en \u00e9l, como expresi\u00f3n de una m\u00e1s alta y vasta paternidad, una plenitud y delicadeza de sentimientos, que lo enriquecen en medida superabundante\u201d.<br \/>\nEn una palabra: \u201cEl celibato, elevando integralmente al hombre, contribuye efectivamente a su perfecci\u00f3n\u201d (n. 55).<br \/>\nEn 1967, a\u00f1o de publicaci\u00f3n de la Enc\u00edclica Sacerdotalis Coelibatus, Pablo VI, hizo uno de los actos de Magisterio, m\u00e1s valientes y ejemplarmente clarificadores de todo su pontificado. Es una enc\u00edclica que deber\u00eda ser atentamente estudiada por todo candidato al Sacerdocio, desde el principio del propio itinerario de formaci\u00f3n, pero ciertamente antes de afrontar la petici\u00f3n de admisi\u00f3n a la ordenaci\u00f3n diaconal, y ser retomada peri\u00f3dicamente en la formaci\u00f3n permanente y hacerla objeto no s\u00f3lo de atento estudio b\u00edblico, hist\u00f3rico, teol\u00f3gico, espiritual y pastoral, sino tambi\u00e9n de profunda meditaci\u00f3n personal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.2.-\tExhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Postsinodal Pastores Dabo Vobis<br \/>\nFue publicada el 25 de marzo de 1992, por Juan Pablo II; el documento es fruto de la Octava Asamblea ordinaria del S\u00ednodo de los Obispos, dedicada al tema sobre la formaci\u00f3n de los sacerdotes en las actuales circunstancias. Dicha asamblea tuvo lugar en el a\u00f1o 1990, entre los d\u00edas 30 de septiembre y 28 de octubre, en Roma.<br \/>\nCiertamente un punto de particular relevancia, en orden a todos los temas referidos al Sacerdocio y a la formaci\u00f3n sacerdotal, ha sido la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Pastores dabo vobis, en la que el don del celibato est\u00e1 incluido en el v\u00ednculo entre Jes\u00fas y el Sacerdote y, por primera vez, se hace menci\u00f3n de la importancia tambi\u00e9n psicol\u00f3gica de ese v\u00ednculo, sin separarlo de la importancia ontol\u00f3gica. Leemos de hecho, en los n. 72-73: \u201cEn esta relaci\u00f3n entre el Se\u00f1or Jes\u00fas y el sacerdote \u2014relaci\u00f3n ontol\u00f3gica y psicol\u00f3gica, sacramental y moral\u2014 est\u00e1 el fundamento y a la vez la fuerza para aquella &#8216;vida seg\u00fan el Esp\u00edritu&#8217; y para aquel &#8216;radicalismo evang\u00e9lico&#8217; al que est\u00e1 llamado todo sacerdote y que se ve favorecido por la formaci\u00f3n permanente en su aspecto espiritual\u2026\u2026\u2026.\u201d.<br \/>\nVida seg\u00fan el Esp\u00edritu y radicalismo evang\u00e9lico representan, por tanto, las dos l\u00edneas directrices irrenunciables, a lo largo de las cuales corre la permanente validez, documentada y motivada, del celibato sacerdotal. El hecho de que el documento magisterial, reafirme inmediatamente su validez, proponga su lectura ontol\u00f3gico-sacramental, llegando hasta la acogida de las justas implicaciones psicol\u00f3gicas, que el carisma del celibato tiene en la delineaci\u00f3n de una madura personalidad cristiana y sacerdotal, alienta y justifica la lectura de este tesoro eclesial insustituible en el marco de la m\u00e1s grande e ininterrumpida continuidad y, al mismo tiempo, de la profec\u00eda m\u00e1s audaz.<br \/>\nPodr\u00edamos, de hecho, afirmar que la puesta en discusi\u00f3n o la relativizaci\u00f3n del sagrado celibato, constituyen actitudes reaccionarias respecto al soplo del Esp\u00edritu mientras que, al contrario, su valoraci\u00f3n plena, su acogida adecuada, su testimonio luminoso e insuperable constituyen apertura y profec\u00eda. Verdadera profec\u00eda, tambi\u00e9n en el hoy de la Iglesia, incluso bajo el peso de los recientes dramas, que han ensuciado horriblemente sus blancas vestiduras, y con mayor evidencia a\u00fan ante las sociedades h\u00edper erotizadas, en las que reina la banalizaci\u00f3n de la sexualidad y de la corporeidad.<br \/>\nEl celibato grita al mundo que Dios existe, que es Amor y que es posible, en cada \u00e9poca, vivir totalmente de \u00c9l y para \u00c9l. Y es del todo natural que la Iglesia elija a sus Sacerdotes entre aquellos que han acogido y madurado, a un nivel tan acabado, y por ello prof\u00e9tico, la pro-existencia: \u00a1la existencia para Otro, para Cristo!<br \/>\nEl magisterio de Juan Pablo II, tan atento a la revaloraci\u00f3n de la familia como al papel de la mujer en la Iglesia y en la sociedad, no tiene miedo de reafirmar la perenne validez del sagrado celibato. Elabor\u00f3 y vivi\u00f3 una gran teolog\u00eda del cuerpo, y nos entrega un radical afecto al celibato y la superaci\u00f3n de todo intento de reducci\u00f3n funcionalista del sacerdocio, a trav\u00e9s de las dimensiones ontol\u00f3gico-sacramentales y teol\u00f3gico-espirituales claramente establecidas.<br \/>\nUn ulterior elemento, en el n. 227 que surge, en el documento subrayando, es el de la fraternidad sacerdotal, que ayuda a superar la soledad, que es un elemento decisivo del abandono de la vida c\u00e9libe. \u00c9sta se interpreta no en sus reduccionismos psico-emotivos, sino en su ra\u00edz sacramental, tanto en relaci\u00f3n con el Orden, como en relaci\u00f3n con el Presbiterio unido al propio Obispo. La fraternidad sacerdotal es constitutiva del ministerio ordenado, poniendo en evidencia su dimensi\u00f3n \u201cde cuerpo\u201d. Esta es el lugar natural de esas sanas relaciones fraternas, de ayuda concreta, tanto material como espiritual, y de compa\u00f1\u00eda y apoyo en el camino com\u00fan de santificaci\u00f3n personal, precisamente a trav\u00e9s del ministerio a nosotros confiado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.3.-\tCatecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<br \/>\nQuisiera se\u00f1alar tambi\u00e9n al Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, publicado durante el Pontificado de Juan Pablo II, en 1992. Este es, como se ha subrayado en muchos lugares, el aut\u00e9ntico instrumento a nuestra disposici\u00f3n, para la correcta hermen\u00e9utica de los textos del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II. Y debe convertirse, de forma cada vez m\u00e1s evidente, en punto de referencia imprescindible tanto de la catequesis como de toda la acci\u00f3n apost\u00f3lica. En el Catecismo se reafirma, con autoridad, la validez perenne del celibato sacerdotal, cuando, en el n. 1579, se lee: \u201cTodos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los di\u00e1conos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como c\u00e9libes y que tienen la voluntad de guardar el celibato \u00abpor el Reino de los cielos\u00bb (Mt. 19,12). Llamados a consagrarse totalmente al Se\u00f1or y a sus \u00abcosas\u00bb (1Cor. 7,32), se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia; aceptado con un coraz\u00f3n alegre, anuncia de modo radiante el Reino de Dios\u201d.<br \/>\nTodos los temas tocados hasta ahora por el magisterio eclesial post- conciliar, que hemos examinado, est\u00e1n como admirablemente condensados en la definici\u00f3n del Catecismo: de las razones cultuales, a las de la imitatio Christi en el anuncio del Reino de Dios, de las derivadas del servicio apost\u00f3lico a las eclesiol\u00f3gicas y las escatol\u00f3gicas. El hecho de que la realidad del celibato haya entrado en el Catecismo de la Iglesia, dice c\u00f3mo est\u00e1 \u00edntimamente relacionada con el coraz\u00f3n de la Fe cristiana y documenta este anuncio radiante, del que habla el mismo texto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.4.-\tExhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Post-Sinodal Sacramentum Caritatis<br \/>\nEl 13 de marzo de 2007 fue presentada la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Postsinodal del Papa Benedicto XVI Sacramentum Caritatis, sobre la Eucarist\u00eda fuente y cumbre de la vida y de la misi\u00f3n de la Iglesia. Es fruto de la Asamblea Sinodal de Obispos, celebrada en Roma del 2 al 23 de octubre del 2005.<br \/>\nEl documento en el cap\u00edtulo IV, Eucarist\u00eda y Sacramento del Orden, dedica al tema del celibato un n\u00famero entero que dice lo siguiente: \u201cLos Padres sinodales han querido subrayar que el sacerdocio ministerial requiere, mediante la Ordenaci\u00f3n, la plena configuraci\u00f3n con Cristo. Respetando la praxis y las diferentes tradiciones orientales, es necesario reafirmar el sentido profundo del celibato sacerdotal, considerado con raz\u00f3n como una riqueza inestimable y confirmado por la praxis oriental de elegir como Obispos s\u00f3lo entre los que viven el celibato, y que tiene en gran estima la opci\u00f3n por el celibato que hacen numerosos presb\u00edteros. En efecto, esta opci\u00f3n del sacerdote es una expresi\u00f3n peculiar de la entrega que lo configura con Cristo y de la entrega exclusiva de s\u00ed mismo por el Reino de Dios. El hecho de que Cristo mismo, sacerdote para siempre, viviera su misi\u00f3n hasta el sacrificio de la cruz en estado de virginidad es el punto de referencia seguro para entender el sentido de la tradici\u00f3n de la Iglesia latina a este respecto. As\u00ed pues, no basta con comprender el celibato sacerdotal en t\u00e9rminos meramente funcionales. En realidad, representa una especial configuraci\u00f3n con el estilo de vida del propio Cristo. Dicha opci\u00f3n es ante todo esponsal; es una identificaci\u00f3n con el coraz\u00f3n de Cristo Esposo que da la vida por su Esposa. Junto con la gran tradici\u00f3n eclesial, con el Concilio Vaticano II y con los Sumos Pont\u00edfices predecesores m\u00edos, reafirmo la belleza y la importancia de una vida sacerdotal vivida en el celibato, como signo que expresa la dedicaci\u00f3n total y exclusiva a Cristo, a la Iglesia y al Reino de Dios, y confirmo por tanto su car\u00e1cter obligatorio para la tradici\u00f3n latina. El celibato sacerdotal, vivido con madurez, alegr\u00eda y entrega, es una grand\u00edsima bendici\u00f3n para la Iglesia y para la sociedad misma\u201d (n. 24).<br \/>\nComo es f\u00e1cil observar, la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica multiplica las invitaciones para que el Sacerdote viva en el ofrecimiento de s\u00ed mismo, hasta el sacrificio de la cruz, para una dedicaci\u00f3n total y exclusiva a Cristo. Particularmente relevante es el v\u00ednculo, que la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica reafirma, entre celibato y Eucarist\u00eda; si esta teolog\u00eda del Magisterio es recibida de modo aut\u00e9ntico y se aplica realmente en la Iglesia, el futuro del celibato ser\u00e1 luminoso y fecundo, porque ser\u00e1 un futuro de libertad y de santidad sacerdotal. Podr\u00edamos hablar as\u00ed no s\u00f3lo de \u201cnaturaleza esponsal\u201d del celibato, sino de su \u201cnaturaleza eucar\u00edstica\u201d, que deriva del ofrecimiento que Cristo hace de S\u00ed mismo perennemente a la Iglesia, y que se refleja de modo evidente en la vida de los sacerdotes. Estos son llamados a reproducir, en sus existencias, el Sacrificio de Cristo, a quien son asimilados en raz\u00f3n de la Ordenaci\u00f3n sacerdotal.<br \/>\nDe la naturaleza eucar\u00edstica del celibato derivan todas sus posibles implicaciones teol\u00f3gicas, que ponen al Sacerdote frente a su propio oficio fundamental: la celebraci\u00f3n de la Santa Misa, en la que las palabras \u201cEste es Mi Cuerpo\u201d y \u201cEsta es Mi Sangre\u201d no determinan solamente el efecto sacramental que les es propio, sino que, progresiva y realmente, deben modelar la oblaci\u00f3n de la propia vida sacerdotal.<br \/>\nEl Sacerdote c\u00e9libe es as\u00ed asociado personal y p\u00fablicamente a Jesucristo; lo hace realmente presente, convirti\u00e9ndose \u00e9l mismo en v\u00edctima, en la que Benedicto XVI llama \u201cla l\u00f3gica eucar\u00edstica de la existencia cristiana\u201d.<br \/>\nBenedicto XVI, cuyo Magisterio inicial sobre el celibato sacerdotal no deja ninguna duda sobre la perenne validez de la norma disciplinar, sobre todo e incluso con anterioridad, sobre su fundaci\u00f3n teol\u00f3gica y particularmente cristol\u00f3gica-eucar\u00edstica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.5.-\tEl A\u00f1o Sacerdotal 2009-2010<br \/>\nEl A\u00f1o Sacerdotal, recientemente concluido ha visto varias intervenciones de Benedicto XVI, sobre el tema del Sacerdocio en particular en las catequesis de los mi\u00e9rcoles, dedicadas a los tria munera, y tambi\u00e9n con ocasi\u00f3n de la inauguraci\u00f3n y de la clausura del A\u00f1o Sacerdotal, y de las celebraciones ligadas a san Juan Maria Vianney. Particularmente relevante fue el di\u00e1logo del Santo Padre con los sacerdotes, durante la gran Vigilia de clausura del A\u00f1o Sacerdotal, cuando, interrogado sobre el significado del celibato y sobre las dificultades que se encuentran para vivirlo en la cultura contempor\u00e1nea, respondi\u00f3, partiendo de la centralidad de la celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica cotidiana en la vida del Sacerdote, que actuando in Persona Christi, habla en el \u201cYo\u201d de Cristo, convirti\u00e9ndose en realizaci\u00f3n de la permanencia en el tiempo de la unicidad de su Sacerdocio, a\u00f1adiendo: \u201cEsta unificaci\u00f3n de Su &#8216;Yo&#8217; con el nuestro implica que somos atra\u00eddos tambi\u00e9n a su realidad de Resucitado, vamos hacia la vida plena de la Resurrecci\u00f3n [\u2026]. En este sentido, el celibato es una anticipaci\u00f3n. Trascendemos este tiempo y vamos adelante, y nos atraemos a nosotros mismos y a nuestra \u00e9poca hacia el mundo de la Resurrecci\u00f3n, hacia la novedad de Cristo, hacia la nueva y verdadera vida\u201d. Queda as\u00ed sancionada, por el Magisterio de Benedicto XVI, la relaci\u00f3n \u00edntima entre dimensi\u00f3n eucar\u00edstica-fontal y dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica anticipada y realizada del celibato sacerdotal. Superando de un solo golpe toda reducci\u00f3n funcionalista del ministerio, el Santo Padre vuelve a colocarlo en su alto y amplio marco teol\u00f3gico, lo ilumina poniendo en evidencia su relaci\u00f3n constitutiva, por tanto, con la Iglesia y revalora poderosamente toda la fuerza misionera que deriva precisamente de ese \u201cm\u00e1s\u201d hacia el Reino, que el celibato sacerdotal realiza.<br \/>\nEn esa misma circunstancia, con audacia prof\u00e9tica, el Santo Padre afirm\u00f3: \u201cPara el mundo agn\u00f3stico, el mundo en el que Dios no cuenta, el celibato es un gran esc\u00e1ndalo, porque muestra precisamente que Dios es considerado y vivido como realidad. Con la vida escatol\u00f3gica del celibato, el mundo futuro de Dios entra en las realidades de nuestro tiempo\u201d.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo podr\u00eda la Iglesia vivir sin el esc\u00e1ndalo del celibato? \u00bfSin hombres dispuestos a afirmar en el presente, tambi\u00e9n y sobre todo a trav\u00e9s de su propia carne, la realidad de Dios? Estas afirmaciones han tenido cumplimiento y, en cierto modo, coronaci\u00f3n en la extraordinaria homil\u00eda pronunciada como clausura del A\u00f1o Sacerdotal, en la que el Papa rez\u00f3 para que, como Iglesia, seamos liberados de los esc\u00e1ndalos menores, para que aparezca el verdadero esc\u00e1ndalo de la historia, que es Cristo Se\u00f1or.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.6.-\tRecapitulaci\u00f3n<br \/>\na. Al final de este recorrido, he tratado de poner en evidencia algunos de los pasajes m\u00e1s significativos del magisterio eclesial post-conciliar, sobre el celibato, intentando trazar un balance concluyente inicial, que pueda representar una primera plataforma de trabajo, para poder desarrollar una teolog\u00eda del celibato, en correspondencia con la ense\u00f1anza de la Iglesia.<br \/>\nb. Podemos tambi\u00e9n destacar una continuidad entre el magisterio del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II y los documentos sucesivos sobre el celibato sacerdotal. Aun con acentos a veces sensiblemente diferentes, m\u00e1s lit\u00fargicos-sacrales, o m\u00e1s cristol\u00f3gicos-pastorales, el magisterio ininterrumpido mencionado es concorde, en fundar el celibato sobre la realidad teol\u00f3gica del Sacerdocio ministerial, sobre la configuraci\u00f3n ontol\u00f3gico-sacramental a Cristo Se\u00f1or, sobre la participaci\u00f3n en su \u00fanico Sacerdocio y sobre la imitatio Christi que \u00e9ste implica. Solo una hermen\u00e9utica incorrecta de los textos del Concilio Vaticano II, podr\u00eda llevar a ver en el celibato un residuo del pasado, del que hay que liberarse cuanto antes. Esta postura, adem\u00e1s de ser errada hist\u00f3ricamente, doctrinalmente y teol\u00f3gicamente, es tambi\u00e9n muy da\u00f1ina desde el punto de vista espiritual, pastoral, y vocacional.<br \/>\nc. El \u201cdebate\u201d sobre el celibato, que se ha vuelto a encender peri\u00f3dicamente durante estos decenios, no favorece la serenidad de las j\u00f3venes generaciones para comprender un dato tan determinante de la vida sacerdotal. Como se expresa de modo autorizado el Decreto Pastores Dabo Vobis, en el n. 29, recogiendo \u00edntegramente el voto de toda la Asamblea Sinodal, que afirma:<br \/>\n\u201cEl S\u00ednodo no quiere dejar ninguna duda en la mente de nadie sobre la firme voluntad de la Iglesia de mantener la ley que exige el celibato libremente escogido y perpetuo para los candidatos a la ordenaci\u00f3n sacerdotal en el rito latino. El S\u00ednodo solicita que el celibato sea presentado y explicado en su plena riqueza b\u00edblica, teol\u00f3gica y espiritual, como precioso don dado por Dios a su Iglesia y como signo del Reino que no es de este mundo, signo tambi\u00e9n del amor de Dios a este mundo, y del amor indiviso del sacerdote a Dios y al Pueblo de Dios\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.-\tTEOLOG\u00cdA DEL CELIBATO SACERDOTAL<br \/>\n3.1.-\tLa relaci\u00f3n sacerdotal-cristol\u00f3gica<br \/>\nEl sacerdocio, nos dice Pablo VI en su Enc\u00edclica Sacerdotalis coelibatus , s\u00f3lo puede ser entendido a la luz de la novedad de Cristo, que instituy\u00f3 el sacerdocio cat\u00f3lico, como una participaci\u00f3n ontol\u00f3gica real, en su propio sacerdocio. Por eso, Cristo es el modelo y prototipo del sacerdocio cat\u00f3lico. Por medio del Misterio Pascual, dio origen a una nueva creaci\u00f3n (2Cor. 5,17; Ga. 6,15). Por \u00c9l, el hombre renace a la vida de la gracia, que transforma la condici\u00f3n terrena de la naturaleza humana (Gal. 3, 28).<br \/>\nCristo, mediador entre el cielo y la tierra, permaneci\u00f3 c\u00e9libe a lo largo de su vida para expresar su dedicaci\u00f3n total a Dios y al hombre. Esta profunda relaci\u00f3n entre el celibato y el sacerdocio de Cristo se refleja en la vida del hombre-sacerdote, que no s\u00f3lo le libera de los lazos de la carne y la sangre, sino que le da una participaci\u00f3n m\u00e1s perfecta en la dignidad y misi\u00f3n de Cristo . El celibato de Jes\u00fas fue en contra del clima sociocultural y religioso de su tiempo, ya que en el ambiente jud\u00edo ninguna condici\u00f3n era tan desaprobada como la de un hombre sin descendencia. Sin embargo, quiso libremente vincular el estado virginal con su misi\u00f3n como sacerdote eterno y mediador entre el cielo y la tierra.<br \/>\nPuesto que Cristo es \u201cel mismo ayer, hoy y siempre\u201d (Hb. 13,58), en un nivel fundamental, las interpretaciones sociol\u00f3gicas o las modas cambiantes tienen poco que decirnos acerca de la importancia del celibato en la vida del sacerdote. S\u00f3lo reflexionando en el misterio de Cristo, su vida y su obra, y recibiendo la experiencia del celibato vivido en la Iglesia a trav\u00e9s de los siglos bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo, podemos llegar a conclusiones v\u00e1lidas en este terreno.<br \/>\nLa llamada del sacerdocio, y el carisma del celibato que se ofrece con \u00e9l, es un don de Dios, una realidad sobrenatural a la cual nadie tiene derecho. Para seguirlo, se requiere un esfuerzo exigente pero no imposible por parte del sacerdote. Como recuerda Juan Pablo II en Pastores Dabo Vobis, este carisma trae consigo las gracias necesarias para que el que lo recibe pueda ser fiel a lo largo de su vida .<br \/>\nLa raz\u00f3n del celibato apost\u00f3lico es, como hemos visto, la dedicaci\u00f3n a Cristo en orden a construir el Reino de los Cielos en la tierra, como respuesta a una vocaci\u00f3n divina. Viviendo esto aut\u00e9nticamente, el sacerdote manifiesta hasta qu\u00e9 punto la riqueza y grandeza de Cristo son capaces de colmar el coraz\u00f3n del hombre. De esta forma, el sacerdote testimonia que s\u00f3lo a Cristo puede orientarse, en definitiva, todo verdadero amor. Su celibato es un signo de que lo espera todo de Dios, el Creador de todo amor, en cuyas manos coloca su realizaci\u00f3n humana y su fecundidad personal.<br \/>\nUn te\u00f3logo como M.J. Scheeben, supo explicar con hondura, frente al racionalismo del siglo pasado, que la ordenaci\u00f3n eleva a quien la recibe a una org\u00e1nica unidad sobrenatural con Cristo, y que el car\u00e1cter indeleble impreso por el Orden capacita al ordenado para participar en las funciones sacerdotales de Cristo .<br \/>\nEn tiempos recientes, sobre todo desde el Concilio Vaticano II en adelante, esta relaci\u00f3n del sacerdote con Cristo ha sido puesta cada vez m\u00e1s en el centro de la esencia del sacerdocio, y se han podido profundizar y ampliar desde esa perspectiva las ense\u00f1anzas b\u00edblicas y las doctrinas teol\u00f3gicas y canon\u00edsticas sobre la materia. Ha adquirido as\u00ed nueva luz, una nueva iluminaci\u00f3n teol\u00f3gica, la doctrina tradicional del sacerdos alter Christus.<br \/>\nSi san Pablo escribe a los Corintios: \u201cHemos de ser considerados por los hombres como ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios\u201d (1Cor. 4,1); o bien: \u201cHacemos las veces de embajadores de Cristo, como si Dios mismo os exhortase por medio de nosotros. Os suplicamos en nombre de Cristo: reconciliaos con Dios\u201d (2Cor. 5,20); esas expresiones pueden ser consideradas como aut\u00e9nticas ilustraciones b\u00edblicas de la identificaci\u00f3n del sacerdote con Cristo.<br \/>\nEn el Concilio Vaticano II se expresa continuamente la misma idea: \u201cLos obispos, de modo eminente y visible, hagan las veces de Cristo Maestro, Pastor y Pont\u00edfice, y act\u00faen en su persona\u201d . Los sacerdotes a ellos unidos son part\u00edcipes del oficio de Cristo, \u00fanico Mediador, y ejercitan su sagrado ministerio obrando in persona Christi . Por medio del sacramento del Orden y del car\u00e1cter por \u00e9l impreso son configurados con Cristo y act\u00faan en su nombre .<br \/>\nDespu\u00e9s del Concilio se han multiplicado tales formas de expresi\u00f3n, tambi\u00e9n por parte de la Curia romana. La Congregaci\u00f3n para la Educaci\u00f3n Cat\u00f3lica, en las normas fundamentales para la formaci\u00f3n de los sacerdotes de 1970, ha querido subrayar en una afirmaci\u00f3n de principio que el sacerdote se hace, a trav\u00e9s del sagrado Orden, un \u201calter Christus\u201d . Y el nuevo C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico de 1983, se\u00f1ala en el canon 1008: \u201cCon el sacramento del Orden y con el car\u00e1cter indeleble con el que quedan marcados aquellos que lo reciben, los ministros de la Iglesia son consagrados y destinados a cumplir, cada uno en su propio grado, los oficios de ense\u00f1ar, santificar y gobernar in persona Christi y de pastorear as\u00ed al pueblo de Dios\u201d.<br \/>\nDe un modo a\u00fan m\u00e1s intenso se ha ocupado del sacerdocio y del ministerio de los sacerdotes, desde el comienzo de su pontificado, Juan Pablo II. Ya desde 1979, en el d\u00eda de Jueves Santo de cada a\u00f1o, hac\u00eda llegar un mensaje a los sacerdotes. Muchas veces se val\u00eda de las ocasiones adecuadas \u2013audiencias, discursos y, sobre todo, las frecuentes ordenaciones sacerdotales\u2013 para situar en su justa luz teol\u00f3gica y pastoral actual la naturaleza y la esencia del sacerdocio cat\u00f3lico, y para ahondar en su significado.<br \/>\nEl acto oficial m\u00e1s importante de este Pont\u00edfice con referencia al sacerdocio ha sido, sin duda, la convocatoria y realizaci\u00f3n del octavo S\u00ednodo de los Obispos, que tuvo por objeto la formaci\u00f3n de los sacerdotes en las circunstancias actuales. Uno de los puntos centrales de las discusiones de los Padres sinodales fue el de la noci\u00f3n justa de identidad sacerdotal, vistas las cosas en el mundo de hoy y en medio de la grave crisis en la que se desenvuelve el sacerdote. S\u00edntesis y coronaci\u00f3n de los profundos trabajos sinodales ha sido la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica postsinodal Pastores Dabo vobis, publicada el 25 de marzo de 1992 y dedicada justamente a la formaci\u00f3n de los sacerdotes en las circunstancias actuales. En el cap\u00edtulo segundo de dicha Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica trata el Sumo Pont\u00edfice de la \u201cnaturaleza y misi\u00f3n del sacerdocio ministerial\u201d, e informa expresamente de que las intervenciones de los Padres en el aula sinodal \u201chan puesto de manifiesto la conciencia del v\u00ednculo ontol\u00f3gico espec\u00edfico que une al sacerdote con Cristo, Sumo Sacerdote y Buen Pastor\u201d . El Papa concluye esa exposici\u00f3n con una afirmaci\u00f3n verdaderamente cl\u00e1sica: \u201cEl presb\u00edtero encuentra la plena verdad de su identidad en el ser una derivaci\u00f3n, una participaci\u00f3n espec\u00edfica y una continuaci\u00f3n de mismo Cristo, sumo y eterno sacerdote de la eterna Alianza; \u00e9l es una imagen viva y transparente de Cristo sacerdote. El sacerdocio de Cristo, expresi\u00f3n de su absoluta \u2018novedad\u2019 en la historia de la salvaci\u00f3n, constituye la fuente \u00fanica y el paradigma insustituible del sacerdocio del cristiano y, especialmente, del presb\u00edtero. La referencia a Cristo es, pues, la clave absolutamente necesaria para la comprensi\u00f3n de las realidades sacerdotales\u201d .<br \/>\nSobre la base de esta afinidad natural entre Cristo y sus sacerdotes no ser\u00e1 dif\u00edcil nuclear una teolog\u00eda del sacerdocio ministerial. El mismo Juan Pablo II nos ofrece nuevamente la clave: \u201cEs particularmente importante que el sacerdote comprenda la motivaci\u00f3n teol\u00f3gica de la ley eclesi\u00e1stica sobre el celibato. En cuanto ley, ella expresa la voluntad de la Iglesia, antes a\u00fan que la voluntad que el sujeto manifiesta con su disponibilidad. Pero esa voluntad de la Iglesia encuentra su motivaci\u00f3n \u00faltima en la relaci\u00f3n que el celibato tiene con la ordenaci\u00f3n sagrada, que configura al sacerdote con Jesucristo Cabeza y Esposo de la Iglesia. La Iglesia, como Esposa de Jesucristo, desea ser amada por el sacerdote de modo total y exclusivo como Jesucristo Cabeza y Esposo la ha amado. Por eso el celibato sacerdotal es un don de s\u00ed mismo en y con Cristo a su Iglesia, y expresa el servicio del sacerdote a la Iglesia en y con el Se\u00f1or\u201d .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.2.-\tEucarist\u00eda y celibato: rasgos y forma eucar\u00edstica<br \/>\nPara comprender una de las razones fundamentales del celibato sacerdotal conviene hacer hincapi\u00e9 en su \u00edntima conexi\u00f3n con la eucarist\u00eda . El sacerdote no es un mero \u201cagente social\u201d que act\u00faa en el \u00e1mbito eclesi\u00e1stico. Si lo fuera, su celibato no tendr\u00eda mucho sentido. El sacerdote ha sido elegido ante todo para ser ministro (servidor) de una acci\u00f3n divina excelsa, como es la eucarist\u00eda. En consecuencia, tal como ha recordado recientemente Benedicto XVI, \u201cya no se pertenece a s\u00ed mismo, sino que, por el car\u00e1cter sacramental recibido, es \u2018propiedad\u2019 de Dios. Este \u2018ser de Otro\u2019 debe ser reconocible por todos, mediante un l\u00edmpido testimonio\u201d .<br \/>\nEl ser profundo del sacerdote est\u00e1 determinado, por tanto, por su pertenencia a Dios y por su ministerio sacramental. He aqu\u00ed, dice asimismo el Papa, \u201cel gozne adecuado para comprender y reafirmar, tambi\u00e9n en nuestros d\u00edas, el valor del sagrado celibato, que en la Iglesia latina es un carisma requerido para el Orden sagrado\u201d.<br \/>\nDe ese estar esencialmente destinado a la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00eda, esto es, a realizar el supremo acto de entrega a Cristo a la Iglesia, su Esposa (\u201cTomad y comed todos, esto es mi cuerpo&#8230;\u201d), deriva la intr\u00ednseca l\u00f3gica esponsal del sacerdocio, del don indiviso y del servicio incondicional. Esa l\u00f3gica no puede quedar como un elemento exterior al sacerdote, pues \u00e9l no es un mero instrumento pasivo de una acci\u00f3n divina. Est\u00e1 llamado a integrar la esponsalidad de Cristo en su propia vida; est\u00e1 llamado a dar a Cristo, entreg\u00e1ndose a s\u00ed mismo a todos sin reservas, identific\u00e1ndose con Cristo mismo. En la consagraci\u00f3n de las especies eucar\u00edsticas, momento culminante de toda la vida de la Iglesia, el sacerdote obra en la persona de Cristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia. En esta perspectiva se comprende que el celibato sacerdotal adquiere un valor particular, permitiendo al ministro ofrecer a los fieles un signo sacramental coherente .<br \/>\nBenedicto XVI, en el primer mensaje de su pontificado, al t\u00e9rmino de la concelebraci\u00f3n con los cardenales electores en la Capilla Sixtina, el 20 de abril de 2005, observ\u00f3: \u201cEl sacerdocio ministerial naci\u00f3 en el Cen\u00e1culo, junto con la eucarist\u00eda, como tantas veces ha subrayado mi venerado Juan Pablo II. \u2018La existencia sacerdotal debe poseer como especial t\u00edtulo una forma eucar\u00edstica\u2019, escribi\u00f3 en su \u00faltima Carta de Jueves Santo (n. 1)\u201d. Justamente esta \u201cforma eucar\u00edstica\u201d de la vida del sacerdote es la que hace tan felizmente adecuado su estado celibatario, que sustancia su entrega para pertenecer a la Iglesia con un amor esponsal, estimulando continuamente en \u00e9l la caridad pastoral al servicio de todas las almas.<br \/>\nEsto lo reafirma Benedicto XVI en la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Sacramentum caritatis (2007), cuando observa que \u201cno es suficiente comprender el celibato sacerdotal en t\u00e9rminos meramente funcionales. En realidad, el celibato representa una especial conformaci\u00f3n con el estilo de vida de Cristo mismo. Tal elecci\u00f3n es ante todo esponsal; es identificaci\u00f3n con el coraz\u00f3n de Cristo Esposo, que da la vida por su Esposa\u201d (n. 24). El sacerdote est\u00e1 llamado, por tanto, a celebrar la eucarist\u00eda, dejando que \u00e9sta resplandezca en su vida c\u00e9libe, por estar enteramente entregado .<br \/>\nLaurent Touze, teologo franc\u00e9s, y profesor de Teolog\u00eda espiritual en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, en Roma, concedi\u00f3 una entrevista a \u201cZenit\u201d , finalizando ya el A\u00f1o Sacerdotal 2009-2010  explicando en qu\u00e9 consiste la \u201cteolog\u00eda eucar\u00edstica del celibato\u201d. Dice lo siguiente:<br \/>\n\u201cCuando hablamos de la relaci\u00f3n de la eucarist\u00eda y el celibato sacerdotal pienso en textos como la Enc\u00edclica Sacerdotalis coelibatus de Pablo VI, o en las Exhortaciones Apost\u00f3licas Pastores dabo vobis del venerable Juan Pablo II y Sacramentum caritatis de Benedicto XVI. Los papas, destacan no s\u00f3lo el v\u00ednculo celibato-ministerio, sino que tambi\u00e9n precisan su naturaleza, afirmando un motivo central para el celibato eclesi\u00e1stico: el motivo nupcial o eucar\u00edstico, es decir, el reflejo sobre la condici\u00f3n sacerdotal de la oblaci\u00f3n de Cristo por la Iglesia. Siervo de Cristo esposo, muerto en la cruz-altar de sus bodas con la Iglesia, el sacerdote, espec\u00edficamente identificado con el Salvador, est\u00e1 llamado a reproducir el sacrificio, tambi\u00e9n por su celibato. El contexto todav\u00eda m\u00e1s claramente eucar\u00edstico de Sacramentum caritatis ofrece, en mi opini\u00f3n, la clave de este motivo. Esta teolog\u00eda eucar\u00edstica del celibato pone al sacerdote frente al oficio principal de su vocaci\u00f3n, la Misa, y le reitera c\u00f3mo las palabras de la consagraci\u00f3n deben modelar su propia oblaci\u00f3n para la salud del mundo. El ministro aprende a asociarse interiormente y exteriormente a Jesucristo a quien hace realmente presente, a convertirse p\u00fablicamente tambi\u00e9n \u00e9l en sacerdote y v\u00edctima, a vivir como ministro lo que Benedicto XVI llama la \u2018l\u00f3gica eucar\u00edstica de la existencia cristiana\u2019[&#8230;&#8230;] El \u00fanico sacerdote de la nueva Alianza es Jesucristo. Todos los fieles participan de su sacerdocio por su bautismo y deben aprender a hacerse sacerdotes de su vida cotidiana, ofreciendo esto a Dios como un acto de culto. Los sacerdotes y los obispos reciben por su ordenaci\u00f3n un don espec\u00edfico, que les permite distribuir en la Iglesia los dones de Cristo cabeza de su cuerpo, por los sacramentos, la predicaci\u00f3n y el gobierno. Y el obispo, como precis\u00f3 el Vaticano II, tiene la plenitud del sacramento del orden. Hay, pues, una distinci\u00f3n sacramental entre el sacerdote y el obispo, pero al mismo tiempo una fuerte relaci\u00f3n mutua. El concilio construy\u00f3 la teolog\u00eda del sacerdocio a partir del episcopado, y hoy se comprende cada vez m\u00e1s al sacerdote a la luz del obispo. Creo que existe un paralelismo de significados entre los grados del orden y los grados de la continencia-celibato requeridos por el ministro. A la plenitud del orden corresponde la visibilidad m\u00e1xima de la oblaci\u00f3n eucar\u00edstica de s\u00ed, en un celibato-continencia sin mitigaciones. Pero si el obispo debe ser c\u00e9libe-continente, cuanto m\u00e1s se defina como hoy al sacerdote en funci\u00f3n del obispo, m\u00e1s deber\u00e1 pedirse en esa medida a todos los ministros que se sometan a la misma disciplina, a causa de la l\u00f3gica del sacramento recibido [&#8230;&#8230;] Una teolog\u00eda del celibato que destaca la dimensi\u00f3n sacramental apela en efecto a la santidad. S\u00f3lo el n\u00famero 24 \u2013sobre el celibato\u2013 de la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Sacramentum caritatis multiplica tambi\u00e9n las invitaciones a que el sacerdote se abra a la \u2018consagraci\u00f3n\u2019, a la \u2018ofrenda exclusiva de s\u00ed mismo\u2019, a \u2018la misi\u00f3n vivida hasta el sacrificio de la cruz\u2019, al \u2018don de s\u00ed total y exclusivo a Cristo, a la Iglesia y al Reino de Dios\u2019. Si la teolog\u00eda actualmente, y el magisterio, es recibida de manera aut\u00e9ntica, y aplicada en la Iglesia, el futuro del celibato deber\u00e1 ser un futuro de libertad, de don, de santidad sacerdotal\u201d.<br \/>\nComo vemos hay un perfil claro, en la relaci\u00f3n \u00edntima entre la eucarist\u00eda y el estado de vida de los ministros, en su acci\u00f3n pastoral ante el mundo y la Iglesia conforme a lo que deseaba Cristo, que fueran eunucos por el Reino de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.2.1.-\tLa Eucarist\u00eda, fuente y escuela del celibato-virginidad<br \/>\nEl celibato tiene su m\u00e1s honda fuente y su fuerza m\u00e1s pura en la sant\u00edsima Eucarist\u00eda, en la experiencia de la presencia del Se\u00f1or en el sacramento del altar, en la alegre celebraci\u00f3n del santo sacrificio y sobre todo en la humilde recepci\u00f3n del \u201ctrigo de los elegidos y del vino que hace germinar las v\u00edrgenes\u201d (Zac. 9,17). Toda alma virgen comprende el sentido profundo de aquellas palabras que la Iglesia pone en labios de la virgen fuerte santa In\u00e9s: \u201cAm\u00e1ndole conservo mi castidad, toc\u00e1ndole permanezco pura; recibi\u00e9ndole me mantengo virgen\u201d.<br \/>\nLa Eucarist\u00eda es escuela de reverencia y generosidad, los dos pilares b\u00e1sicos de la continencia en general y de la castidad virginal muy particularmente.<br \/>\nLa voluntad virginal, el prop\u00f3sito de \u201cpermanecer eternamente sellado a fin de poner este misterio incorrupto en las manos de Jes\u00fas\u201d  es una oblaci\u00f3n de s\u00ed mismo \u201cpor el reino de los cielos\u201d, que no tiene sentido ni es posible realizar sino a la luz del respeto al misterio del cuerpo. Y en ninguna parte mejor que en el culto eucar\u00edstico se aprende este santo respeto que tiene ya un fundamento en el bautismo. En la eucarist\u00eda, efectivamente, aprendemos a honrar a Cristo, a toda su persona, con su alma y esp\u00edritu, a trav\u00e9s del culto a su cuerpo. Solamente el cristiano que ha encontrado en el culto eucar\u00edstico su centro y que ha marcado su vida con un sello de Eucarist\u00eda, comprender\u00e1 la hondura de la consagraci\u00f3n virginal y experimentalmente llegar\u00e1 a darse cuenta de que en la virtud cristiana de la castidad entran en juego otras categor\u00edas superiores a las puramente \u00e9ticas de la templanza y moderaci\u00f3n. Aqu\u00ed se busca sobre todo \u201cser santo para el Se\u00f1or en cuerpo y esp\u00edritu\u201d (1 Cor. 7,34). El culto eucar\u00edstico y la virginidad cristiana ponen alma y cuerpo bajo el brillo radiante de lo santo.<br \/>\nEn segundo lugar, la eucarist\u00eda nos ense\u00f1a a estar en guardia contra un gran peligro para la virtud del celibato: el apetito ego\u00edsta, que amenaza destruir las murallas del respeto a s\u00ed mismo y de la templanza. En la virginidad se ve m\u00e1s claramente que en cualquier otra forma de la vida c\u00e9libe que es ante todo entrega desinteresada de s\u00ed mismo. Por eso la virginidad es una lecci\u00f3n y un est\u00edmulo eficaz para todos los que luchan por la continencia. La virginidad es un don y gracia del Se\u00f1or que se entrega desinteresadamente por nosotros, que se entrega en particular al cristiano abierto al don de la eucarist\u00eda y que ordena su vida seg\u00fan esta ley de amor.<br \/>\n3.2.2.-\tAmor entero en la Eucarist\u00eda y en la virginidad-celibato<br \/>\n\u201cHabiendo amado a los suyos, los am\u00f3 hasta el l\u00edmite\u201d (Jn 13,1). Con la muerte de cruz y con la instituci\u00f3n de la eucarist\u00eda lleg\u00f3 el Se\u00f1or al l\u00edmite extremo de su amor. La presencia amorosa de Cristo en el sant\u00edsimo sacramento del altar habla claramente del amor m\u00e1s total a la esposa, la santa Iglesia. Y en la comuni\u00f3n dice el Se\u00f1or personalmente a toda alma que le recibe: \u201cAhora soy completamente tuyo\u201d.<br \/>\nLa Iglesia responde a este don total del amor de su esposo con una respuesta amorosa que es el culto eucar\u00edstico, en el cual ella es todos ojos y o\u00eddos para su esposo divino. En \u00edntima conexi\u00f3n con el culto eucar\u00edstico tambi\u00e9n la virginidad, el estado de consagraci\u00f3n virginal, como signo esencial del nuevo pueblo de Dios, constituye una respuesta manifiesta y f\u00e1cilmente comprensible del amor de la Iglesia al amor total del Se\u00f1or. No quiere decir esto que sean solamente las personas c\u00e9libes las que aman a la Iglesia; pero s\u00ed es cierto que gracias sobre todo al estado virginal sigue proclamando la Iglesia que en la vida cristiana lo importante es un amor indiviso a Cristo y que este amor logra en ella vida real.<br \/>\nEl celibato no se comprende sino partiendo de una vocaci\u00f3n particular, es decir, de un amor particular de Cristo a un hombre al que le hace comprender que debe seguirle con un amor virginal. El mismo Cristo da a entender al elegido que le quiere totalmente para \u00c9l, libre de las preocupaciones terrenas que \u201cdividen el coraz\u00f3n\u201d (1Cor. 7,34 ). Cristo pide a este hombre que le ame de una manera tan inmediata, tan humanamente c\u00e1lida como la del esposo que se entrega a su mujer o de la mujer a su esposo.. El amor virginal no solamente piensa \u201cen lo que es del Se\u00f1or, en c\u00f3mo dar gusto al Se\u00f1or\u201d (1Cor. 7,32), sino que adem\u00e1s, con un amor cualitativamente tan exclusivo, tan \u00edntimo, tan fuerte como el de la esposa, piensa \u201cen lo que es el esposo, en c\u00f3mo dar gusto al esposo\u201d (1 Cor. 7,33ss.). El amor conyugal es, en virtud del sacramento, imagen del amor de Cristo que alimenta y cuida a su Iglesia con su propia carne y sangre, de igual manera que el casado \u201calimenta y cuida\u201d a su mujer como a su propia carne y sangre (Ef. 5,29ss). Todo el amor de las personas v\u00edrgenes a Cristo es la respuesta inmediata a su amor eucar\u00edstico.<br \/>\nLa fuerza para renunciar a una cosa tan noble y santa, como es el amor humano entre el hombre y la mujer en el matrimonio, nos viene del sacrificio de Cristo en la cruz, que la eucarist\u00eda pone continuamente ante nuestros ojos. Por eso el clima en que ese amor virginal ha de crecer y prosperar pujante no puede ser otro sino la proximidad del esposo divino en el sacramento del amor. Es el Emmanuel, Cristo viviendo a nuestro mismo lado, el que suscita y mantiene despierto y vigilante nuestro amor virginal. Y donde est\u00e1 m\u00e1s cerca el Se\u00f1or de nosotros es en el sacramento del altar. Para que la virginidad lograse toda su autenticidad y su pleno valor era necesario el calor del cristianismo. La virginidad comenz\u00f3 verdaderamente con la Virgen Mar\u00eda, la cual vivi\u00f3 como ninguna otra criatura de la cercan\u00eda de Cristo. En ella se realiza en la m\u00e1s sublime plenitud el ideal del amor esponsal de la Iglesia hacia Cristo como respuesta a su amor indeciblemente cercano.<br \/>\n\u201cComo el Padre nos am\u00f3, os amo yo a vosotros\u201d (Jn.15,9). La virginidad no es sino un permanecer totalmente en su amor.<br \/>\nLa virginidad es todo lo contrario de un puro substituto, con que llenar un vac\u00edo doloroso impuesto por una renuncia forzada al matrimonio. En su forma m\u00e1s pura y aut\u00e9ntica, la continencia aparece sobre todo cuando un hombre se siente dominado por el amor de Cristo y toma la resoluci\u00f3n de conservarse \u00edntegro para responder a ese amor y crecer cada vez m\u00e1s en \u00e9l. Nos lo dice el mismo divino Maestro cuando establece tan neta distinci\u00f3n entre el eunuco \u201cpor el reino de los cielos\u201d y la renuncia forzada al matrimonio por mutilaci\u00f3n o incapacidad natural. Pero cuando esta renuncia se convierta en sacrificio que nace de un coraz\u00f3n puro y animado de aut\u00e9ntico amor de Dios, \u201ccuando deje de ser una situaci\u00f3n aceptada s\u00f3lo a medias, con el gesto resignado del \u2018y qu\u00e9 remedio queda\u2019, para pasar al s\u00ed decidido a la cruz del seguimiento de Cristo, entonces tambi\u00e9n aquel principio humilde ser\u00e1 la base de una aut\u00e9ntica vocaci\u00f3n. Nada mejor que la piedad eucar\u00edstica, que la celebraci\u00f3n de la muerte de Cristo \u201chasta que vuelva\u201d, para recorrer este camino que termina en la aceptaci\u00f3n de la virginidad \u201cpor el reino de los cielos\u201d. Ante el misterio de renuncia y glorificaci\u00f3n de Cristo en el sacramento del altar, comprendemos el valor de esa p\u00e9rdida dichosa que abre el coraz\u00f3n a un amor ardiente, a una comprensi\u00f3n m\u00e1s honda del amor de Cristo crucificado.<br \/>\nSiendo la virginidad testimonio en favor del amor de Cristo llevado hasta el fin, le acecha un gran peligro no s\u00f3lo de parte de la impureza que destruye su elevaci\u00f3n y hermosura, sino tambi\u00e9n de parte de toda \u201ccompensaci\u00f3n desde abajo\u201d . Por eso \u201cel c\u00e9libe tropieza lo mismo cuando da un lugar en su coraz\u00f3n a un afecto conyugal hacia otro ser humano, como cuando no da lugar al amor de Dios o cuando no se esfuerza por dar a este amor todo el lugar de su coraz\u00f3n\u201d .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.2.3.-\tLa Eucarist\u00eda y el celibato: efectos del Esp\u00edritu Santo<br \/>\nNo se puede comprender la continencia cristiana sino partiendo del centro de la Iglesia, es decir, de la eucarist\u00eda, parece obvio que la Iglesia muestre sumo inter\u00e9s en que este ideal de la virginidad sea altamente estimado por los ministros consagrados del altar. La Iglesia, en efecto, cree que normalmente Dios une la vocaci\u00f3n al servicio santo del altar con la vocaci\u00f3n interior al \u201ccelibato por causa del reino de los cielos\u201d.<br \/>\nEl celibato es un carisma particular. Por eso la Iglesia sabe tambi\u00e9n que nadie puede ser obligado jur\u00eddicamente a aceptar el celibato. De ah\u00ed su escrupulosa solicitud para que nadie se vea forzado a aceptar la vida c\u00e9libe. Los que adopten ese estado han de hacerlo espont\u00e1neamente, sin ninguna coacci\u00f3n ni violencia.<br \/>\nCiertamente que la Iglesia puede hacer excepciones como lo hace en las iglesias orientales unidas y tambi\u00e9n para algunos casos de convertidos, por ejemplo, algunos te\u00f3logos, sacerdotes, de la Iglesia anglicana, recientemente admitidos en la Iglesia cat\u00f3lica escoger sacerdotes entre las filas de los casados que vivan castamente sin haber contra\u00eddo segundas nupcias&#160;; pero en su legislaci\u00f3n sigue manteniendo el principio de que el celibato por causa del reino de los cielos es algo, si no necesario, al menos muy conveniente para los ministros del altar. As\u00ed se expresa Pablo VI en su enc\u00edclica sobre el sacerdocio celibatario .<br \/>\nLa virginidad es un triunfo del \u201cesp\u00edritu\u201d. La aut\u00e9ntica virginidad no reprime lo sexual en forma de complejos, sino que le reconoce como hermosa maestr\u00eda espiritual todo su valor y lo consagra amorosamente. La virginidad cristiana es \u201cdon y obra del Esp\u00edritu\u201d; es don del Esp\u00edritu Santo, del Esp\u00edritu de Cristo glorificado. Tambi\u00e9n de ella se podr\u00eda decir lo que dijo Cristo del misterio de la eucarist\u00eda, aludiendo a su ascensi\u00f3n al trono de la gloria como presupuesto para la irrupci\u00f3n de los tiempos nuevos se\u00f1alados con la venida del Esp\u00edritu Santo: \u201cEl Esp\u00edritu es el que da vida. La carne no sirve para nada\u201d (Jn. 6,62s.). \u201cEl hombre carnal, de mente terrena, no puede comprender el celibato por amor del reino de los cielos, como tampoco puede admitir el milagro de la eucarist\u00eda, pues son dos efectos maravillosos del mismo Esp\u00edritu Santo\u201d. S\u00f3lo por virtud de Dios, que en la resurrecci\u00f3n nos har\u00e1 semejantes a sus \u00e1ngeles, los cuales ni toman mujer ni marido (Mc. 12,24s.), puede el c\u00e9libe vivir ya desde ahora entregado sin reservas al reino, \u201cimitando, en cuanto es posible a una criatura, la vida del cielo\u201d . La castidad virginal que hace al cuerpo reflejo de la pureza interior es efecto del Esp\u00edritu Santo que ha de resucitar nuestro cuerpo para una vida eterna y radiante.<br \/>\nTodos los sacramentos son fuerzas salv\u00edficas que act\u00faan mediante s\u00edmbolos productores de gracia. La eucarist\u00eda lo es de manera particular pues en ella est\u00e1 actualmente el glorificado, el que ha de venir. La virginidad cristiana no es un sacramento, pero es superior al sacramento del matrimonio . Ella es en s\u00ed misma, y no s\u00f3lo en signo, una realidad escatol\u00f3gica producida por la gracia del bautismo, de la confirmaci\u00f3n y de la eucarist\u00eda; de alguna manera, pues, est\u00e1 por encima del signo sacramental. \u201cEn el estado virginal se verifica en toda verdad y realidad un desposorio con Cristo\u2026 Por eso la virginidad no es un sacramento, como tampoco lo es Cristo en la Gloria\u201d .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.3.-\tCelibato y Misterio Pascual<br \/>\nLa continencia perfecta por el Reino, \u00bfno tiene, pues, ning\u00fan significado o valor, desde el punto de vista teol\u00f3gico y asc\u00e9tico? \u00bfNo es tambi\u00e9n sacrificio y renuncia? Cierto que lo es, pero tambi\u00e9n esto hay que reconducirlo a su fundamento b\u00edblico que es el \u201cSe\u00f1or Jes\u00fas\u201d y su misterio pascual.<br \/>\n\u00bfCu\u00e1ndo y c\u00f3mo ha venido el Reino de Dios; cu\u00e1ndo y c\u00f3mo Jes\u00fas se ha convertido en el \u201cSe\u00f1or\u201d? Nos lo responde el mismo ap\u00f3stol Pablo: \u00a1en la cruz! \u201cSe humill\u00f3 a s\u00ed mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exalt\u00f3 y le otorg\u00f3 el Nombre, que est\u00e1 sobre todo Nombre\u201d (Flp. 2,8-11).<br \/>\nEstar casado con Cristo significa aqu\u00ed estar \u201ccrucificado con Cristo\u201d, con la esperanza, sin embargo, de ser tambi\u00e9n glorificado con \u00e9l. El gozo nunca falta, pero es un gozo en esperanza (spe gaudentes), es decir, es esperar ser felices y un ser felices de esperar. Pues, como escribe el Ap\u00f3stol, \u201clos que son de Cristo Jes\u00fas, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias\u201d (Gal. 5,24). El m\u00e1rtir Ignacio de Antioqu\u00eda, hac\u00eda eco de estas palabras, cuando viajaba hacia Roma, prisionero, para padecer el martirio, escrib\u00eda: \u201c\u00a1Qu\u00e9 hermoso es que el sol de mi vida se ponga para el mundo y vuelva a salir para Dios!&#8230; Todo amor terrenal (eros) ha sido crucificado en m\u00ed, y no hay llama alguna que haga prender en m\u00ed el fuego por las cosas de la tierra\u201d .<br \/>\nNo es de extra\u00f1ar, por consiguiente, el que en la tradici\u00f3n asc\u00e9tica y la teologia m\u00edstica de la Iglesia se haya definido muchas veces la cruz como \u201cel lecho nupcial\u201d en el que el alma se une con su Esposo divino. \u201cEn tu cruz he puesto mi lecho\u201d, dec\u00eda a Cristo la B. Angela de Foligno. Es el cumplimiento de la palabra de Jes\u00fas: \u201cY yo, cuando sea levantado de la tierra, atraer\u00e9 a todos hacia m\u00ed\u201d (Jn. 12,32). Jes\u00fas atrae, hacia la cruz, a las almas que lo han elegido como esposo. All\u00ed se realiza tambi\u00e9n la palabra prof\u00e9tica que leemos en Jerem\u00edas: \u201cPorque el Se\u00f1or crea algo nuevo en la tierra: ser\u00e1 la mujer quien abrace al var\u00f3n\u201d (Jr. 31,22). Esta palabra se refiere a la comunidad de la nueva alianza, vista como esposa de Dios, que no abandonar\u00e1 ya a su esposo para correr tras los \u00eddolos, sino que ser\u00e1 ella misma, m\u00e1s bien, la que se estrechar\u00e1 a \u00e9l para no separarse jam\u00e1s. Evento que se ha cumplido, para toda la Iglesia, en lo que uno de los santos padres llama \u201cel \u00e9xtasis de la cruz\u201d, del que naci\u00f3 la nueva Eva , que se renueva m\u00edsticamente en toda alma que desposa al crucificado, convirti\u00e9ndose as\u00ed en imagen y s\u00edmbolo de la nueva alianza nupcial entre Dios y su pueblo.<br \/>\nEste ideal de crucificar la propia carne no es, ciertamente, propio y exclusivo de las v\u00edrgenes y c\u00e9libes (\u00a1s\u00f3lo pensarlo ser\u00eda absurdo!), sino que est\u00e1 abierto a todos los que han recibido el Esp\u00edritu de Dios. Los mismos casados deben atravesar el fuego de la Pascua de Cristo, si quieren que su matrimonio sea, de verdad, aquel \u201cgran misterio\u201d, que simboliza la uni\u00f3n entre Cristo y la Iglesia. En efecto, \u00bfd\u00f3nde y c\u00f3mo se realiz\u00f3 tal uni\u00f3n entre Cristo y la Iglesia? \u00bfAcaso en un lecho de delicias o, m\u00e1s bien, como dice Pablo, \u201cen la sangre\u201d, en la cruz? Por esto, la unidad m\u00e1s perfecta entre los esposos no es la que experimentan al gozar juntos, sino la que experimentan al sufrir juntos, el uno por el otro, el uno con el otro, al amarse en el sufrimiento. La primera unidad debe servir a hacer posible la segunda.<br \/>\nDec\u00eda, pues, que crucificar la propia carne no pertenece, en exclusiva, a los c\u00e9libes; a ellos, sin embargo, les pertenece por un t\u00edtulo diverso y m\u00e1s fuerte, porque ellos, han hecho de ello la propia forma de vida. Aqu\u00ed radica el inmenso potencial asc\u00e9tico \u2013de esfuerzo, de lucha, de muerte\u2013 de la virginidad por el Reino. Crucificar la propia carne con sus pasiones y deseos, sobre todo, el deseo sexual, que es uno de los m\u00e1s imperiosos, no es ninguna broma. \u201cPues la carne tiene apetencias contrarias al esp\u00edritu\u201d (Gal. 5,17). \u00c9ste es un enemigo interior que nos acosa sin tregua, de d\u00eda y de noche, solos y acompa\u00f1ados. Tiene un aliado muy poderoso \u2013el mundo\u2013 que pone todos los recursos a su disposici\u00f3n; dispuesto a darle raz\u00f3n siempre y a defender sus \u201cderechos\u201d en nombre de la naturaleza. En realidad, es \u00e9ste el campo \u201cdonde m\u00e1s cotidiana es la batalla y m\u00e1s rara la victoria\u201d .<br \/>\nEsta lucha espiritual, algunos la miran hoy como sospechosa y la etiquetan con el t\u00e9rmino de masoquismo. No hay que infravalorar esta acusaci\u00f3n que, por lo dem\u00e1s, no tiene ninguna raz\u00f3n de ser cuando se acepta el combate con libertad, por motivos tan objetivos y profundos como los que hemos recordado hasta aqu\u00ed. \u00bfNo debe luchar y renunciar a tantas cosas tambi\u00e9n el que est\u00e1 casado con una criatura para defender y ser fiel a tal amor? \u00bfQu\u00e9 hay, pues, de extra\u00f1o en que deba afrontar una lucha y una renuncia m\u00e1s radical y exigente aquel que es llamado a ser esposo o esposa de la majestad de Dios?<br \/>\nEs importante esclarecer bien sus bases y su motivaci\u00f3n b\u00edblica. He dicho que el aspecto asc\u00e9tico, de renuncia, que se da en la virginidad y en el celibato, se funda en el misterio pascual. Creo que aqu\u00ed reside verdaderamente el \u201cporqu\u00e9\u201d la novedad del celibato y de la virginidad y que el comprenderlo ayuda enormemente a superar tantas dudas o reservas que, en la historia, se han presentado contra este estado de vida, no s\u00f3lo fuera de la Iglesia sino, desde hace alg\u00fan tiempo, tambi\u00e9n dentro de ella. La custodia de la continencia viene confiada, en parte, al mismo individuo y no puede apoyarse en algo que no sean las fuertes convicciones personales, que brotan exactamente del contacto con Dios, a trav\u00e9s de la oraci\u00f3n y a trav\u00e9s de su Palabra.<br \/>\nEl celibato, por tanto, es, por el Reino; pero \u00bfpor qu\u00e9 el Reino exige el celibato? \u00bfNo se puede realizar y manifestarse del todo con el matrimonio, como ocurr\u00eda antes de Cristo? La respuesta nos viene de lo que escribe san Pablo al comienzo de su primera carta a los Corintios: \u201cDe hecho, como el mundo mediante su propia sabidur\u00eda no conoci\u00f3 a Dios en su divina sabidur\u00eda, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicaci\u00f3n\u201d (1 Cor. 1,21). Estamos ante un principio de incalculable trascendencia que ilumina toda la historia terrena de Jes\u00fas y la existencia misma del cristiano. La \u201clocura\u201d de la predicaci\u00f3n se sabe que es la cruz. Como el hombre no ha sabido servirse de su inteligencia y voluntad para ir a Dios, sino que hizo de ellas \u00eddolo, gust\u00f3 a Dios preparar un camino diverso, el de la necedad de la cruz, el de la \u201crenuncia\u201d a la raz\u00f3n y voluntad propias, que act\u00faan de modo distinto; los \u201clocos por Cristo\u201d, y los obedientes por Cristo. Porque el hombre no ha sabido servirse de su sexualidad para salir de s\u00ed mismo y abrirse al amor del otro y de Dios, sino que hizo de ella un \u00eddolo al que dio adem\u00e1s nombres propios (Astarte, Venus\u2026), quiso Dios revelar, en el Evangelio, el camino de la renuncia al ejercicio activo de la sexualidad, que se expresa en la continencia por el Reino.<br \/>\nJes\u00fas mismo lo afirma cuando dice \u201cque el que quiera seguirle debe negarse a s\u00ed mismo y tomar la propia cruz; y que el Padre ha escondido, a los sabios y a los inteligentes, los misterios del Reino y se los ha revelado a los peque\u00f1os\u201d.<br \/>\nTiene raz\u00f3n san Gregorio Nacianceno cuando escribe que \u201cno existir\u00eda la virginidad si no existiera el matrimonio, pero el matrimonio no ser\u00eda santo si no estuviera acompa\u00f1ado por el fruto de la virginidad\u201d .<br \/>\nAlgunos padres de la Iglesia, como san Juan Cris\u00f3stomo, san Gregorio de Nisa, o san M\u00e1ximo Confesor, pensaron que, si no hubiera tenido lugar el pecado de Ad\u00e1n, no habr\u00eda existido el matrimonio con la procreaci\u00f3n por v\u00eda sexual que ahora le caracteriza, ya que la sexualidad humana, en el modo en que ahora es ejercida, es fruto del pecado original . Pero desde una perspectiva m\u00e1s b\u00edblica y menos plat\u00f3nica, es preciso afirmar que lo verdadero es precisamente lo contrario; es decir, que si no se hubiera dado del pecado, no habr\u00eda existido la virginidad, porque no hubiera sido necesario poner en crisis y someter a juicio el matrimonio y la sexualidad.<br \/>\nLa continencia, y virginidad son as\u00ed, la proclamaci\u00f3n m\u00e1s elocuente que existe de la redenci\u00f3n de Cristo y del misterio pascual, que no anula la creaci\u00f3n originaria, como pensaba el hereje Marci\u00f3n; sino que la \u201crecapitula\u201d, como afirmaba san Irineo, es decir, desde lo hondo del pecado la reconduce a la luz. Desde esta perspectiva, tambi\u00e9n es posible ver el elemento positivo y a\u00fan v\u00e1lido encerrado en aquella intuici\u00f3n de los Padres de la Iglesia, de considerar la virginidad como retorno al estado paradis\u00edaco, a condici\u00f3n, sin embargo, de que con tal regreso no se intente superar la misma sexualidad humana y el matrimonio (\u201clos cre\u00f3 macho y hembra\u201d), sino s\u00f3lo el pecado sobrepuesto por la libertad del hombre a estas realidades.<br \/>\nLa vida virginal y c\u00e9libe es, por consiguiente, en sentido muy profundo, una vida pascual. \u201cPorque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado \u2013escribe el Ap\u00f3stol\u2013. As\u00ed que, celebremos la fiesta, no con vieja levadura, ni con levadura de malicia e inmoralidad, sino con \u00e1zimos de pureza y verdad\u201d (1 Cor. 5,7-8). La palabra traducida por \u201cpureza\u201d o sea heilikrineias, contiene la idea de esplendor solar (heile) y de prueba o juicio (krino) y significa, por tanto, una \u201ctransparencia solar, algo probado a trav\u00e9s de la luz y encontrado puro\u201d. \u00c9ste es el modelo de vida que brota de la Pascua de Cristo, que es com\u00fan a todos los cristianos, pero que el c\u00e9libe debe hacer suyo con un t\u00edtulo del todo especial, hasta convertirse, despu\u00e9s, en modelo y se\u00f1al para todos en la Iglesia.<br \/>\nEl mismo concepto de fondo lo expresa san Pablo en otro texto paren\u00e9tico de la carta a los romanos, donde aparece tambi\u00e9n la idea de sacrificio: \u201cOs exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezc\u00e1is vuestros cuerpos como una v\u00edctima viva, santa, agradable a Dios: tal ser\u00e1 vuestro culto espiritual. Y no os acomod\u00e9is al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovaci\u00f3n de vuestra mente, de forma que pod\u00e1is distinguir cu\u00e1l es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto\u201d (Rom. 12,1-2). \u201cOs exhorto, pues\u201d esta conjunci\u00f3n \u201cpues\u201d es aqu\u00ed significativa: significa que el sacrificio viviente del cristiano es exigido por el sacrificio de Cristo, del que el Ap\u00f3stol ha hablado anteriormente, es como una consecuencia l\u00f3gica. Porque Cristo ha ofrecido su cuerpo en sacrificio, tambi\u00e9n los cristianos deben ofrecer sus cuerpos en sacrificio. Aqu\u00ed se comprueba c\u00f3mo la vida cristiana tiene tambi\u00e9n una impronta eucar\u00edstica, adem\u00e1s de pascual.<br \/>\nEl sacrificio comporta siempre la destrucci\u00f3n y la muerte de algo y tambi\u00e9n aqu\u00ed se habla de una forma de separaci\u00f3n y de muerte: el cristiano no debe conformarse a este mundo, debe, m\u00e1s bien, \u201cmorir al mundo\u201d. Hay una cierta analog\u00eda entre la muerte f\u00edsica y esta muerte asc\u00e9tica: en la muerte f\u00edsica, el alma se separa del cuerpo; en esta muerte del esp\u00edritu, alma y cuerpo, es decir, todo el hombre, se separa del mundo que representa para \u00e9l una especie de cuerpo m\u00e1s grande en que vive y se mueve. Una y otra muerte son dolorosas, porque conllevan el desarraigarse del terreno en que estamos plantados y hemos crecido. He ah\u00ed por qu\u00e9 se habla de un sacrificio \u201cviviente\u201d: esto es de morir viviendo y un vivir muriendo. Es verdaderamente, como dice el Ap\u00f3stol, un ser crucificados: \u201cEn cuanto a m\u00ed \u00a1Dios me libre de gloriarme si no en la cruz de Cristo, por lo cual el mundo es para m\u00ed un crucificado y yo un crucificado para el mundo\u00a1\u201d (Gal. 6,14).<br \/>\nNuevamente debemos evitar considerar este ideal del sacrificio viviente como propio y exclusivo del c\u00e9libe. S\u00f3lo decimos que el c\u00e9libe est\u00e1 obligado a hacerlo suyo y a vivirlo en forma m\u00e1s radical, a hacer de \u00e9l la substancia de su vida diaria. No debe dejarse enga\u00f1ar si ve que hoy se pone en discusi\u00f3n, con mucha frecuencia, el ideal tradicional de la \u201chuida del mundo\u201d, como no adecuado ya al concepto actual de una Iglesia que es \u201cpara el mundo\u201d. La formulaci\u00f3n puede ser criticable y rechazable, pero la substancia permanece intocable como fundada en la palabra de Dios que es \u201cviva y eterna\u201d. El mismo san Juan que hab\u00eda escrito en el Evangelio que \u201cDios ha amado tanto al mundo\u201d es tambi\u00e9n el que escribe a los cristianos en la primera carta: \u201cNo am\u00e9is al mundo ni lo que hay en el mundo\u201d (1Jn. 2,15).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.4.-\tSignificado escatol\u00f3gico, salv\u00edfico y eclesial<br \/>\nAunque el celibato es un signo del reino de Dios sobre la tierra, sobre todo es un signo de la futura gloria donde, como Cristo dijo, \u201cni ellos tomar\u00e1n mujer ni ellas marido, sino que ser\u00e1n en el cielo como \u00e1ngeles\u201d (Mt. 22,30). En este sentido, el celibato hace presente en la tierra el estado final de la salvaci\u00f3n (1Cor. 7,29-31), y as\u00ed act\u00faa como un recordatorio de que no tenemos aqu\u00ed una morada estable, sino que somos s\u00f3lo peregrinos hacia nuestra patria definitiva . Este testimonio es esencial en la \u00e9poca actual, cuando se tiende a dar un valor absoluto a las cuestiones de la vida presente en detrimento del inter\u00e9s por la salvaci\u00f3n eterna.<br \/>\nEl sacerdote c\u00e9libe no s\u00f3lo habla del mundo que llega con su palabra, tambi\u00e9n lo manifiesta con su vida, alimentando la esperanza del creyente y del no creyente en la resurrecci\u00f3n gloriosa de la vida futura. El celibato sacerdotal se convierte as\u00ed en un signo de que el hombre no puede encontrar el significado m\u00e1s profundo de su vida dentro de la aparente autosuficiencia del mundo presente. El ministerio sacerdotal debe ser un constante recuerdo a la gente de que esta vida s\u00f3lo tiene valor si se descubre la vocaci\u00f3n bautismal y se desarrolla la propia identidad cristiana. El celibato sacerdotal destaca el valor de \u201clo \u00fanico necesario\u201d (Lc. 10,42): la santidad personal que se realiza por el poder de la gracia de Dios y nuestra correspondencia .<br \/>\nEl mundo, especialmente los pa\u00edses ricos de Occidente, est\u00e1 muy necesitado de una reevangelizaci\u00f3n, como Juan Pablo II y su sucesor Benedicto XVI ha afirmado frecuentemente. Si esta nueva evangelizaci\u00f3n ha de ser efectiva, requiere un compromiso evang\u00e9lico radical, que siempre ha sido el \u00fanico modo de ganar almas para Cristo. El testimonio del celibato sacerdotal ha desempe\u00f1ado un papel importante en la evangelizaci\u00f3n, en el pasado. Y seguir\u00e1 desempe\u00f1\u00e1ndolo en el futuro.<br \/>\nPor todo esto, el celibato no es una restricci\u00f3n impuesta externamente al ministerio sacerdotal, ni puede ser considerado como una mera instituci\u00f3n humana establecida por la ley. Sino que, \u201ceste lazo, asumido libremente, tiene unos rasgos jur\u00eddicos, y son un signo de aquella dimensi\u00f3n esponsal presente en la ordenaci\u00f3n sacramental\u201d . Por \u00e9l el sacerdote adquiere una \u201cpaternidad espiritual verdadera y real que tiene dimensiones universales\u201d .<br \/>\nPorque el celibato tiene una profunda afinidad interna con la vocaci\u00f3n al sacerdocio, es enga\u00f1oso hablar de la \u201ccarga del celibato\u201d como si el sacerdocio y celibato fueran en alguna manera irreconciliables. El sacerdote que vive para Cristo y desde Cristo, no tiene generalmente dificultades insuperables para realizar este carisma. No es inmune a las tentaciones normales de la carne, pero, como resultado del ejercicio asc\u00e9tico, del cultivo diario de su vida espiritual, y del prudente apartarse de lo que pueda poner en peligro su castidad, encontrar\u00e1 una gran alegr\u00eda en su vocaci\u00f3n y experimentar\u00e1 una profunda paternidad espiritual al dar la vida sobrenatural a las almas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.5.-\tImplicaciones eclesiales<br \/>\nEl celibato consagrado del sacerdote es un signo y una manifestaci\u00f3n del amor virginal de Cristo a su Esposa, la Iglesia. Por tanto, es un recuerdo visible de la fecundidad virginal y sobrenatural de este matrimonio por el que son engendrados los hijos de Dios . Si la Palabra Encarnada quiso permanecer libre de estos v\u00ednculos humanos, por nobles que puedan ser, para facilitar su plena disponibilidad para su ministerio, podemos deducir f\u00e1cilmente qu\u00e9 conveniente resulta para el hombre-sacerdote hacer lo mismo: renunciar libremente, por el celibato, a algo que es bueno y santo en s\u00ed mismo, para poder unirse m\u00e1s f\u00e1cilmente con Cristo (Mt. 19,12; 1Cor. 7,32-34), y as\u00ed dedicarse con plena libertad al servicio de Dios y de las almas.<br \/>\nEl sacerdocio, con el carisma del celibato que le est\u00e1 asociado, es un don otorgado por el Esp\u00edritu Santo, no para el bien de la persona que lo recibe, sino principalmente para el beneficio de la Iglesia entera. Juan Pablo II explica las implicaciones eclesiol\u00f3gicas de esta relaci\u00f3n \u00edntima entre el celibato y el sacerdocio en estos t\u00e9rminos:<br \/>\n\u201cEs particularmente importante que el sacerdote comprenda la motivaci\u00f3n teol\u00f3gica de la ley eclesi\u00e1stica sobre el celibato. En cuanto ley, expresa la voluntad de la Iglesia, antes a\u00fan que la voluntad del sujeto manifieste su disponibilidad. Pero esta voluntad de la Iglesia encuentra su motivaci\u00f3n \u00faltima en la relaci\u00f3n que el celibato tiene con la ordenaci\u00f3n sagrada, que configura al sacerdote con Jesucristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia\u201d .<br \/>\nAunque la vocaci\u00f3n es una gracia personal, corresponde a la Iglesia escoger a los que juzga id\u00f3neos. La Iglesia no podr\u00eda imponer un carisma a nadie, pero tiene el derecho, que como sabemos no siempre ha ejercido, de imponer las manos s\u00f3lo a aquellos que han recibido del Esp\u00edritu Santo y aceptado libremente el don de la castidad para llevar una vida c\u00e9libe. La vocaci\u00f3n sacerdotal no es simplemente una donaci\u00f3n personal por parte del individuo: sino que requiere tambi\u00e9n signos claros de una llamada que s\u00f3lo el obispo o el superior eclesi\u00e1stico est\u00e1n capacitados para discernir y confirmar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.6.-\tEl celibato como don-ley y fidelidad a Dios<br \/>\nPuesto que el celibato apost\u00f3lico, da al sacerdote una libertad total para amar al Se\u00f1or en cuerpo y alma, para apreciar realmente este carisma, es importante entender la naturaleza de la libertad desde el punto de vista humano y sobrenatural.<br \/>\nEl Santo Padre nos recuerda que el planteamiento, muy difundido, de que el celibato sacerdotal en la Iglesia cat\u00f3lica es una imposici\u00f3n legal procede de un malentendido e incluso es el resultado de una \u201cmala fe\u201d . En primer lugar, el compromiso de celibato es la consecuencia de una decisi\u00f3n libre tomada despu\u00e9s de varios a\u00f1os de preparaci\u00f3n. Es un compromiso para toda la vida aceptado con responsabilidad plena y personal. Como Juan Pablo II subraya, \u201cse trata de mantener la palabra dada a Cristo y a la Iglesia\u201d. Es cuesti\u00f3n de fidelidad. Es un deber que expresa una maduraci\u00f3n interior, una maduraci\u00f3n que se manifiesta especialmente cuando esta decisi\u00f3n libre \u201cencuentra dificultades, es puesta a prueba o expuesta a tentaci\u00f3n\u201d, como tambi\u00e9n sucede a cualquier otro cristiano .<br \/>\nVerdaderamente, el sacerdocio lleva consigo un gran potencial para la autorrealizaci\u00f3n. Por la gracia de Dios, puede dar al hombre que lo ha elegido esta plenitud que falta con frecuencia en las vidas de los dem\u00e1s. En esos t\u00e9rminos, se expresa un psiquiatra que ha trabajado con sacerdotes durante muchos a\u00f1os:<br \/>\n\u201cLa paternidad espiritual, el poder para atar y desatar, la alegr\u00eda de dar uno mismo, con sus propias manos, el supremo don de Dios a otros, pone la dignidad sacerdotal sobre en plano tan alto en la jerarqu\u00eda de posibilidades humanas, que no se puede comparar con ninguna otra cosa y no deja lugar a la frustraci\u00f3n\u201d .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.6.1.-\tLibertad-ley<br \/>\nAunque no pertenezca a la constituci\u00f3n fundamental de la Iglesia, el celibato sacerdotal no es una superestructura sin fundamento, ni una adherencia hist\u00f3rica pasajera. Es fruto de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu en la Iglesia: por tanto, una manifestaci\u00f3n vital del desarrollo de la semilla que tiende a convertirse en \u00e1rbol frondoso (Mt. 13,31-32). Antes de que la reflexi\u00f3n de los te\u00f3logos dedujese las razones cristol\u00f3gicas y eclesiol\u00f3gicas y escatol\u00f3gicas de conveniencia, el sensus fidei del Pueblo de Dios comenz\u00f3 a intuir la honda dimensi\u00f3n espiritual y pastoral del v\u00ednculo celibato-sacerdocio. El instinto sobrenatural de la comunidad prof\u00e9tica ungida por el Esp\u00edritu Santo (1Jn. 2,20) precedi\u00f3 as\u00ed a los sucesivos actos del Magisterio jer\u00e1rquico, que primero recomend\u00f3 a todos los cl\u00e9rigos el celibato y, finalmente, estableci\u00f3 en la Iglesia latina la obligaci\u00f3n jur\u00eddica de este v\u00ednculo, para todos los que habr\u00edan de ser promovidos al Orden sagrado.<br \/>\nLa Jerarqu\u00eda regul\u00f3 as\u00ed un movimiento que se hab\u00eda abierto paso en la entra\u00f1a carism\u00e1tica de la Iglesia, y encauz\u00f3 socialmente esta manifestaci\u00f3n de la vida misma del Esp\u00edritu. La Iglesia reunida en Concilio \u2013escatol\u00f3gicamente el m\u00e1s universal de los concilios celebrados hasta ahora \u2013 comprobat et confirmat esta legislaci\u00f3n  para todos los cl\u00e9rigos destinados al presbiterado , sin que esto suponga detrimento alguno a la disciplina peculiar de las Iglesias orientales y sin prejuzgar lo m\u00e1s m\u00ednimo \u2013puesto que, como se ha dicho, se trata de algo que no pertenece a la constituci\u00f3n fundamental de la Iglesia\u2013 la disciplina propia de las comunidades separadas, con las que se ha entablado un sincero di\u00e1logo ecum\u00e9nico.<br \/>\nEvidentemente los Padres del Vaticano II, al reafirmar la ley del celibato, no dejaron de tener presente una objeci\u00f3n que no es nueva en la historia: \u00bfpuede imponerse por ley humana el celibato? Ciertamente, no. Por eso, ya al comienzo del texto del n. 16 del Decreto Presbyterorum ordinis se recuerda que la continencia perfecta y perpetua por el Reino de los cielos es un don divino, que Dios otorga a quien quiere. Un don gratuitamente dado y libremente recibido y ejercido, que pertenece al patrimonio del Pueblo de Dios  y no admite en su recepci\u00f3n y en su ejercicio violencias humanas de ning\u00fan tipo. La autoridad eclesi\u00e1stica, no puede dar ni imponer aquello sobre lo que no tiene capacidad de disponer. Lo que s\u00ed puede, en cambio, es establecer la condici\u00f3n de haber recibido este don para tener acceso a las Sagradas Ordenes. Y esto es lo que hace la ley del celibato. Con ella la Iglesia, que custodia y administra los sacramentos instituidos por Jesucristo, decide no conferir el Sacramento del Orden sino a aquellos sobres los que se tenga la certeza moral, de que han recibido el carisma de la perfecta continencia, libre y responsablemente, se comprometan a custodiarlo y cultivarlo. Conteniendo el sacerdocio ministerial el ejercicio de un oficio y poder p\u00fablico en el Pueblo de Dios en su servicio , es a\u00fan m\u00e1s comprensible la perfecta legitimidad con que la autoridad \u2013atendiendo al bien com\u00fan de la Iglesia y teniendo presente las razones teol\u00f3gicas y pastorales que indican la gran conveniencia del sacerdocio celibatario\u2013 puede poner la condici\u00f3n que representa la ley del celibato.<br \/>\nAl obrar as\u00ed, la Iglesia no atenta contra la dignidad de la persona humana, impidiendo el ejercicio de un derecho natural \u2013el ius connubii\u2013 que es parte integrante de esa dignidad. En efecto, la renuncia a ese derecho la hace libremente quien recibi\u00f3 el don divino de la perfecta continencia. La Iglesia es la primera interesada, por respeto a la dignidad humana y cristiana de los fieles y por el mismo bien pastoral del Pueblo de Dios, de que la asunci\u00f3n por el futuro sacerdote de esa responsabilidad sea verdaderamente consciente y se haga con la libertad de los hijos de Dios (Rom. 8,21) .<br \/>\nTodas estas razones que justifican el v\u00ednculo tambi\u00e9n jur\u00eddico del celibato con el sacerdocio en la Iglesia latina, quedaron evidentemente supeditadas en la mente de los Padres del Vaticano II a un \u00faltimo y definitivo interrogante, a cuya formulaci\u00f3n contribu\u00edan tambi\u00e9n motivos importantes de teolog\u00eda pastoral, de sociolog\u00eda y de estad\u00edstica: \u00bfes prudente confiar as\u00ed el futuro del sacerdocio ministerial a la existencia y abundancia del don de la perfecta y perpetua continencia? La respuesta a esa pregunta fue un acto de fe impresionante y conmovedor de la Esposa de Cristo, \u201cconfidens in Spiritu donum coelibatus, sacerdocio Novi Testamenti tam congruum, liberaliter a Patre dari\u201d . Confiando en la misericordia divina, la Iglesia se abandona al amor y al poder de Aquel en quien cree, con la misma fe firme que siempre conmovi\u00f3 a su Esposo (Mt. 8,10), y en la cual siempre se encuentra el camino necesario para la salvaci\u00f3n (Mt. 9,2; Mc. 16,16; Lc. 8,12).<br \/>\nA los sacerdotes que han de custodiar este don divino, y a toda la comunidad de los fieles, para cuya vida los sacerdotes dan su propia vida y la entregan en sacrificio, corresponde el deber de pedir humildemente y sin descanso al Padre, en el nombre de Cristo (Jn. 14,13), que no niegue a su pueblo la abundancia de esta gracia. Por eso la Iglesia ruega \u201cno s\u00f3lo a los sacerdotes, sino tambi\u00e9n a los fieles, que tengan en gran estima este don precioso del celibato sacerdotal y pidan todos a Dios que conceda siempre con abundancia este don a su Iglesia\u201d .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.6.2.-\tFidelidad al don<br \/>\nEl celibato, que choca con la visi\u00f3n reduccionista sobre el hombre extendida por nuestra cultura cient\u00edfica, es tambi\u00e9n un reto ante la incapacidad de compromiso permanente que parece ser una caracter\u00edstica de la cultura contempor\u00e1nea. La incapacidad para comprometerse uno mismo de forma irrevocable se manifiesta, especialmente en el mundo occidental, en el incremento del porcentaje de rupturas matrimoniales y de divorcios, como tambi\u00e9n por el alza de un deterioro de las relaciones sociales b\u00e1sicas: donde valores como la lealtad, la amistad y el esp\u00edritu de servicio han perdido fuerza y significado. El amor entendido como autodonaci\u00f3n es reemplazado por el amor entendido como posesi\u00f3n, donde el otro es considerado como objeto de satisfacci\u00f3n sexual, m\u00e1s que una persona que es amada en s\u00ed y por s\u00ed misma.<br \/>\nMuchas de las cr\u00edticas habituales, del celibato proceden de este clima de inestabilidad, que mira con recelo cualquier expresi\u00f3n de fidelidad y compromiso irrevocable. Es natural que, desde la perspectiva de la \u00e9tica del consumo, que promueve la satisfacci\u00f3n de los deseos, el celibato aparezca como una imposici\u00f3n inhumana y verdaderamente, como un compromiso imposible. Y esto se acent\u00faa en la medida en que falta la fe cristiana, esto, la fe en un Dios que es la fidelidad por excelencia; que se encarna y permanece con nosotros en su Iglesia por medio de la Palabra y los sacramentos.<br \/>\nLa fidelidad es un rasgo que afecta al conjunto de la personalidad; por eso, la infidelidad no puede ser circunscrita s\u00f3lo a uno de los muchos e importantes campos donde se pone en juego. La fidelidad ilumina el coraz\u00f3n humano y es la medida de su calidad moral. En consecuencia, la educaci\u00f3n para el celibato o para la castidad en general no puede ser reducida a un \u00e1rea marginal en el conjunto de las tareas educativas. Se trata de formar a la gente en la plena verdad de su personalidad humana, una verdad que encierra un profundo aprecio por la aut\u00e9ntica libertad (Jn. 8,32). Como se\u00f1al\u00f3 santo Tom\u00e1s, la raz\u00f3n para guardar la castidad es facilitar el crecimiento de la caridad y de las dem\u00e1s virtudes teologales que unen el esp\u00edritu con Dios .<br \/>\nLa fidelidad de la que es capaz una persona no es una fidelidad r\u00edgida y lineal durante toda la vida, sino, m\u00e1s bien, es una fidelidad que conoce oscilaciones, avances y retrocesos  \u2013avances, que se consiguen por la gracia de Dios, y retrocesos, como el del hijo pr\u00f3digo que, perdonado por su Padre misericordioso, reorienta su coraz\u00f3n y cura las desviaciones de sus sentidos\u2013.<br \/>\nSolamente la persona que Dios une a S\u00ed mismo y a su amor infinito puede ser verdaderamente fiel. Es un amor que nos eleva sin arrancarnos de nuestra condici\u00f3n humana, y que nos libera uni\u00e9ndonos a Dios con lazos que se anclan en la Verdad, la Bondad y la Belleza inmutables . S\u00f3lo Dios, por medio de Jesucristo, puede poner en nuestra vida creatural una dimensi\u00f3n de eternidad que nos hace capaces de una fidelidad a la vez din\u00e1mica y firme.<br \/>\nEl celibato que se ofrece a Dios de esta manera es una ocasi\u00f3n eminente para el ser humano de ejercer su libertad. Para alcanzar su madurez, necesita un compromiso e incluso una muerte. Puesto que la libertad m\u00e1s profunda, la liberaci\u00f3n del pecado, se alcanz\u00f3 mediante la muerte; desde entonces, la aut\u00e9ntica libertad y la Cruz est\u00e1n inevitablemente unidas; y el amor humano m\u00e1s aut\u00e9ntico se expresa en el sacrificio de uno mismo. La libertad sin trabas, sin responsabilidad, es una contradicci\u00f3n; y la huida de cualquier restricci\u00f3n o lazo genera angustia y sentimiento de culpa. Frankl, ve precisamente en la libertad comprometida la cualidad del esp\u00edritu humano que permite al hombre trascender su condici\u00f3n biol\u00f3gica, psicol\u00f3gica y social .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.7.-\tLa dimensi\u00f3n esponsal del celibato<br \/>\nEl sacramento del Orden otorga al sacerdote una participaci\u00f3n que no es s\u00f3lo en el misterio de Cristo como Sacerdote, Maestro y Pastor, sino tambi\u00e9n, de alguna manera, en su papel de esposo de la Iglesia . El amor esponsal de Cristo se manifiesta en su voluntad de morir por su amada, en el hecho de que \u00e9l la alimenta y cuida, y en que constantemente la santifica (Ef. 5,25-27). El sacerdote, como icono de Cristo, tiene que amar a la Iglesia con el mismo amor esponsal, que es sobrenatural y gratuito, d\u00e1ndose a s\u00ed mismo generosamente por las necesidades de la Iglesia, un amor que tiene que ser ejercido con toda la delicadeza, generosidad y paciencia de un amoris officium .<br \/>\nEn sus reflexiones sobre el sacerdocio, Juan Pablo II subraya de manera particular la dimensi\u00f3n nupcial de la cristolog\u00eda y de la Redenci\u00f3n . Esto le lleva l\u00f3gicamente a una consideraci\u00f3n del car\u00e1cter esponsal del sacerdote como icono de Cristo. El Santo Padre ha tratado de la noci\u00f3n de amor esponsal en varios de sus escritos, principalmente al comienzo de su Pontificado, en su detallado comentario de los cap\u00edtulos 2-4 del G\u00e9nesis sobre \u201cel significado nupcial del cuerpo\u201d . Ha vuelto sobre el tema en la Carta Apost. Mulieris Dignitatem de 1988, analiz\u00e1ndolo en el contexto del cap\u00edtulo quinto de la Carta a los Efesios . Este texto paulino, que recoge la tradici\u00f3n esponsal del Antiguo Testamento, de los profetas Oseas, Ezequiel e Isa\u00edas, tiene un inter\u00e9s particular para nuestra comprensi\u00f3n del significado nupcial de la Redenci\u00f3n como obra de Cristo, Esposo de la Iglesia, y por tanto, tambi\u00e9n para nuestra comprensi\u00f3n del celibato sacerdotal.<br \/>\nEl sacerdote, como hemos visto, es una imagen viva de Jesucristo, Esposo de la Iglesia. Pero Cristo es Esposo de forma especial en el sacrificio del Calvario, porque la Iglesia como Novia \u201cnace, como nueva Eva, del costado abierto del redentor en la cruz\u201d . El acto sacerdotal supremo de Cristo es entonces un acto esponsal, como san Pablo explica cuando anima a los esposos a amarse el uno al otro \u201ccomo Cristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 as\u00ed mismo por ella\u201d (Ef. 5,25). \u201cPor esto Cristo est\u00e1 al frente de la Iglesia, la alimenta y la cuida (Ef. 5,29), mediante la entrega de su vida por ella\u201d .<br \/>\nEn Mulieris dignitatem, Juan Pablo II afirma el misterio esponsal de la Misa, a la que llama \u201cSacramento del Esposo y de la Esposa\u201d, que \u201chace presente y realiza nuevamente de manera sacramental el acto redentor de (&#8230;) Cristo el Esposo hacia la Iglesia su Esposa\u201d . As\u00ed, de la misma manera que el amor sacrificial de Cristo por su Esposa es consumado sobre el Calvario, en la Eucarist\u00eda \u2013el sacrificio de la Misa\u2013, el sacerdote representa in persona Christi y hace presente, de nuevo, su amor por la Iglesia. De aqu\u00ed deriva la gracia y la obligaci\u00f3n del sacerdote de dar a su vida entera una dimensi\u00f3n \u201csacrificial\u201d .<br \/>\nPor tanto, la plena autodonaci\u00f3n del sacerdote a la Iglesia encuentra su fundamento en que la Iglesia es el Cuerpo y la Esposa de Cristo . Siguiendo a Cristo, la Iglesia como Esposa es la \u00fanica mujer con la que el sacerdote puede estar casado. Tiene que amarla con un amor exclusivo y sacrificial, que lleva a la fecundidad de su paternidad espiritual. Para el sacerdote, Cristo es la fuente, la medida y el impulso de su amor por la Esposa y de su servicio al Cuerpo . Las exigencias de este amor sugieren claramente la incompatibilidad con cualquier otro compromiso nupcial por parte del sacerdote, dando fuerza a la raz\u00f3n de mayor peso para el celibato sacerdotal . Este amor especial tiene tambi\u00e9n consecuencias pr\u00e1cticas en la vida espiritual del sacerdote .<br \/>\nEl sacerdocio cat\u00f3lico est\u00e1 \u00edntimamente vinculado al ministerio, vida y crecimiento de la Iglesia, Esposa virginal de Cristo (Ap. 19,7; 21,2; 22,17; 2 Cor. 11,2). Por la naturaleza de su servicio a la Iglesia.<br \/>\n\u201cEl sacerdote es el padre, el hermano, el siervo universal; su persona y su vida toda pertenecen a los dem\u00e1s, son posesi\u00f3n de la Iglesia, que lo ama con amor nupcial; y tiene con \u00e9l y sobre \u00e9l \u2013que hace las veces de Cristo, su Esposo\u2013 relaciones y derechos de los que ning\u00fan otro hombre puede ser destinatario (&#8230;). Por eso precisamente se comprende bien la conveniencia del celibato \u2013que custodia mejor la unidad del coraz\u00f3n humano (1Cor. 7,33) para defender, llenar de plenitud y enriquecer los lazos de amor nupcial que unen el sacerdocio cristiano con la Esposa de Cristo\u201d .<br \/>\nEste es el aspecto complementario del celibato: precisamente porque Cristo y sus sacerdotes tienen una relaci\u00f3n esponsal con la Iglesia, la Iglesia como esposa virginal de Cristo tiene un profundo sentido de la exclusividad de sus derechos nupciales sobre el sacerdote como icono de Cristo. Como Juan Pablo II afirma, \u201cla Iglesia, como esposa de Jesucristo, desea ser amada por el sacerdote de la misma manera total y exclusiva con que Jesucristo Cabeza y Esposo la am\u00f3\u201d .<br \/>\nDebido a que el don del celibato es parte integral del misterio de Cristo, para entenderlo se requiere no s\u00f3lo una reflexi\u00f3n intelectual, sino, sobre todo, un esfuerzo de contemplarlo en oraci\u00f3n y adoraci\u00f3n para comprender su sentido m\u00e1s profundo, que s\u00f3lo se alcanza con la luz del Esp\u00edritu Santo, fuente \u00faltima de este carisma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.8.-\tPaternidad espiritual<br \/>\nA cambio de la plena autodonaci\u00f3n que asume libremente, y de su renuncia a una paternidad de la carne, el sacerdote recibe un notable enriquecimiento, con una paternidad seg\u00fan el esp\u00edritu. Su renuncia se enra\u00edza en la caridad pastoral, en un amor que se desarrolla en el cuidado y preocupaci\u00f3n por los dem\u00e1s, que hace posible un mejor servicio pastoral . En virtud de esta renuncia por el Reino de los Cielos, el sacerdote realiza existencialmente lo que ya es ontol\u00f3gicamente por la gracia del sacramento: se convierte en un \u201chombre para los dem\u00e1s\u201d . Hace visible y operativa su realidad profunda en su plena dedicaci\u00f3n al bien de la comunidad de fieles que le ha sido confiada . Esa caridad sacerdotal, que florece en el coraz\u00f3n gracias al celibato, no conoce fronteras de tiempo o lugar, y no excluye a ninguna persona. Debe ser una caridad universal, un reflejo de la caridad pastoral de Cristo Sacerdote para todos los hombres y mujeres, uno por uno .<br \/>\nObservar el celibato por el Reino de los Cielos no supone ser menos hombre. Sino que, como consecuencia, el coraz\u00f3n queda libre para amar a Cristo y a los dem\u00e1s de una forma especial. \u201cPor la libre elecci\u00f3n del celibato sacerdotal el sacerdote renuncia a una paternidad terrena y gana una participaci\u00f3n en la Paternidad de Dios. En lugar de ser padre de uno o m\u00e1s hijos en la tierra, se hace capaz de amar a todos en Cristo. S\u00ed, Jes\u00fas llama a su sacerdote para que lleve el tierno amor de su Padre a todas y cada una de las personas.<br \/>\nCuando el sacerdote ejercita su ministerio, descubre la grandeza de su vocaci\u00f3n; su capacidad de afecto y amor se llena por la paternal y pastoral tarea de engendrar el pueblo de Dios en la fe, form\u00e1ndolo y tray\u00e9ndole como \u201cuna virgen casta\u201d a la plenitud de la vida de Cristo . Mirando el sacerdocio desde esta perspectiva, entendemos mejor el afecto que llenaba el coraz\u00f3n de Pablo por sus amados corintios, y por qu\u00e9 les invita a no tomar a mal las quejas que nac\u00edan de su afecto por ellos. \u201cEstoy celoso de vosotros con celo de Dios \u2013les dice\u2013, os he desposado con un solo esposo para presentaros a Cristo como una virgen casta\u201d (2Cor. 11,2). Su celibato permite a Pablo, como al sacerdote, recibir y ejercitar de una manera especial su paternidad en Cristo. Su ministerio eleva y expande \u201cla necesidad que tiene el sacerdote, como cualquier hombre, de ejercitar su capacidad de engendrar, y de llevar a la madurez a aquellos hijos que son fruto de su amor\u201d .<br \/>\nPor todo lo dicho, se ve que la virginidad no significa esterilidad, sino, al contrario, m\u00e1xima fecundidad; espiritual no carnal\u00b8 pero como el hombre es tambi\u00e9n esp\u00edritu, y no s\u00f3lo carne, se trata de una fecundidad exquisitamente humana, de un llegar a ser verdaderamente padre o madre. Es el mismo tipo de fecundidad que permit\u00eda decir a san Pablo dirigi\u00e9ndose a los cristianos instruidos por \u00e9l en la fe: \u201cHe sido yo quien, por el Evangelio, os engendr\u00e9 en Cristo Jes\u00fas\u201d (1Cor. 4,15) y tambi\u00e9n: \u201c\u00a1Hijos m\u00edos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto\u201d (Gal. 4,19). Lo sabe bien el pueblo cristiano que ha atribuido espont\u00e1neamente, en toda cultura, a los v\u00edrgenes \u2013sacerdotes, religiosos, monjes\u2013 el t\u00edtulo de padre y a las v\u00edrgenes el t\u00edtulo de madre. Cu\u00e1ntos misioneros y cu\u00e1ntos fundadores de obras son recordados simplemente como \u201cel Padre\u201d y cu\u00e1ntas mujeres simplemente como \u201cla Madre\u201d.<br \/>\nSan Gregorio Nacianceno compuso un verso estupendo en alabanza de la virginidad. Al leerlo , dice el P. Rainero Cantalamesa \u2013capuchino y predicador apost\u00f3lico\u2013 que se trataba de una expresi\u00f3n un poco enf\u00e1tica destinada a exaltar el valor de la virginidad. \u00c9ste, en efecto, viene a decir que la virginidad tiene un modelo m\u00e1s alto que la Iglesia, m\u00e1s alto incluso que Mar\u00eda: \u00a1la Trinidad! \u201cLa primera virgen es la Sant\u00edsima Trinidad\u201d . Podemos constatar, una vez m\u00e1s, que los Padres nunca dicen algo por decir, sin una raz\u00f3n objetiva y profunda. S\u00ed, la Sant\u00edsima Trinidad es, de verdad, la \u201cprimera virgen\u201d, no s\u00f3lo porque es virginal la generaci\u00f3n eterna del Verbo por el Padre sino porque tambi\u00e9n ha creado ella sola el universo, sin concurso de ning\u00fan otro principio ni siquiera el de una \u201cmateria preexistente\u201d. Ha creado de la nada, virginalmente. En toda generaci\u00f3n por v\u00eda sexual hay un elemento de ego\u00edsmo y de concupiscencia. El hombre y la mujer, al engendrar un hijo, donan pero tambi\u00e9n \u201cse hacen\u201d un don; realizan, pero tambi\u00e9n \u201cse realizan\u201d, teniendo necesidad del encuentro con el otro para completarse y enriquecerse. Pero la Trinidad, cuando crea, realiza no \u201cse realiza\u201d, siendo ya en s\u00ed misma perfectamente feliz y completa. \u201cHas dado origen al universo \u2013dice la Plegaria Eucar\u00edstica IV\u2013 para difundir tu amor sobre todas las criaturas y alegrarlas con el resplandor de tu luz\u201d.<br \/>\nLa virginidad revela aqu\u00ed su nota m\u00e1s hermosa, que es la gratitud. Los v\u00edrgenes cristianos imitan esta gratuidad cuando aman y cuidan de los ni\u00f1os que no son suyos seg\u00fan la carne, de los enfermos, de ancianos que no son suyos, y cuando \u2013y es el caso, sobre todo, de los sacerdotes en la Iglesia\u2013 se cargan con pecados que no son suyos para presentarlos delante del Se\u00f1or e interceder y perdonarlos en nombre de Dios Padre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.9.-\tEl celibato y el matrimonio<br \/>\nSe trata de una relaci\u00f3n compleja y articulada que ha conocido en la historia fases alternas.<br \/>\nEn el pasado, primero la tradici\u00f3n medieval y despu\u00e9s el Concilio de Trento, en su lucha contra el protestantismo y por la preocupaci\u00f3n de defender la legitimidad evang\u00e9lica de la virginidad, daban superioridad a la virginidad por el Reino de los Cielos en relaci\u00f3n con el matrimonio . Una frase de Schillebeeckx, en un volumen sobre el pensamiento b\u00edblico-teol\u00f3gico acerca del matrimonio, da un poco la idea del tipo de relaci\u00f3n existente entre los dos estados de vida: \u201cen el curso de la historia de la Iglesia el aspecto sacramental del matrimonio deb\u00eda ser reconocido a la luz de la virginidad\u201d .<br \/>\nHa sido el Concilio Vaticano II quien ha se\u00f1alado al respecto un cambio de perspectiva. Es cierto que la Optatam totius habla expl\u00edcitamente de \u201csuperioridad\u201d de la virginidad consagrada a Cristo en relaci\u00f3n con el matrimonio , y en la Lumen gentium de que este precioso don \u201csobresale\u201d entre los otros dones&#160;; pero la teolog\u00eda del Vaticano II y, de forma particular su eclesiolog\u00eda, dejan entender con mucha claridad el sentido de estas expresiones y el sentido, en definitiva, de la opci\u00f3n virginal en relaci\u00f3n con otras opciones.<br \/>\nDe hecho la eclesiolog\u00eda conciliar no parece insistir en los grados de perfecci\u00f3n o en la superioridad formal y absoluta de un estado de vida respecto al otro; m\u00e1s a\u00fan, como eclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n que afirma la vocaci\u00f3n universal a la santidad , prefiere hablar de \u201ccarismas espec\u00edficos\u201d y de \u201ccomplementariedad\u201d en el conjunto del pueblo de Dios .<br \/>\nY as\u00ed el mismo Concilio presenta el celibato sacerdotal y especialmente la castidad religiosa, como \u201cnuevo y excelso t\u00edtulo\u201d, a trav\u00e9s del cual los presb\u00edteros \u201cse consagran a Cristo&#8230;, se unen m\u00e1s f\u00e1cilmente al \u00c9l con un coraz\u00f3n indiviso, se dedican m\u00e1s libremente a \u00c9l y por \u00c9l al servicio de Dios y de los hombres, sirven con mayor eficacia a su Reino y a su obra de regeneraci\u00f3n divina y de este modo se disponen para recibir una paternidad m\u00e1s amplia en Cristo .<br \/>\nEn la misma l\u00ednea se encuentra la Enc. Sacerdotalis coelibatus que, adem\u00e1s de confirmar y recoger lo espec\u00edfico del celibato como adhesi\u00f3n total e inmediata al Se\u00f1or en la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la cual es signo, afirma que \u00e9ste \u201cmanifiesta de la forma m\u00e1s clara y completa la realidad profundamente innovadora del Nuevo Testamento\u201d .<br \/>\nDel mismo modo el documento conclusivo del S\u00ednodo de obispos de 1971 afirma: \u201cel celibato es un signo que no puede permanecer desconocido por largo tiempo, sino que proclama eficazmente a Cristo entre los hombres, tambi\u00e9n a los de nuestro tiempo\u201d , y tambi\u00e9n, \u201cel celibato, elegido por el Reino, demuestra claramente aquella fecundidad espiritual, o sea, aquella potencia generadora de la nueva ley, por la cual el ap\u00f3stol sabe c\u00f3mo ser, en Cristo, el padre y la madre de su propia comunidad\u201d .<br \/>\nJuan Pablo II ha dedicado mucha atenci\u00f3n a este tema, haciendo de \u00e9l, centro del quinto ciclo de catequesis de las audiencias generales, de marzo a mayo de 1982. En la audiencia-catequesis del 14 de abril de aquel a\u00f1o afirma: \u201cLas palabras de Cristo en Mateo 19,11-12 (as\u00ed como las palabras de Pablo en la primera carta a los Corintios, cap. 7) no dan motivo para sostener ni la \u201cinferioridad\u201d del matrimonio, ni la \u201csuperioridad\u201d de la virginidad o del celibato (&#8230;) Las palabras de Cristo sobre este punto son muy claras. \u00c9l propone a sus disc\u00edpulos el ideal de la continencia y la llamada a la misma, no por motivos de inferioridad o por prejuicios de la \u201cuni\u00f3n\u201d conyugal \u201cen el cuerpo\u201d, sino s\u00f3lo por el \u201cReino de los cielos\u201d .<br \/>\nAl mismo tiempo el Papa habla del celibato como una vocaci\u00f3n \u201cexcepcional (&#8230;), no ordinaria (&#8230;), particularmente importante y necesaria por el Reino de los cielos\u201d , \u201cnueva y hasta la m\u00e1s plena forma de comuni\u00f3n intersubjetiva con los otros\u201d y, por tanto, la conciencia de poder realizarse a s\u00ed mismo\u201dde otra forma\u201d y en cierto sentido \u201cm\u00e1s\u201d que en el matrimonio, convirti\u00e9ndose en un \u201cdon sincero para los dem\u00e1s\u201d  y llega a admitir una cierta \u201csuperioridad\u201d de la virginidad, pero \u201cs\u00f3lo\u201d en cuanto \u201cindicada por motivo del Reino de los cielos\u201d, especifica el pont\u00edfice .<br \/>\nOtro elemento subrayado por Juan Pablo II en sus catequesis es el concepto de complementariedad entre los dos estados de vida. Inmediatamente despu\u00e9s de haber habado de la relativa superioridad de la virginidad, \u00e9l recalca que tal superioridad como la correspondiente inferioridad del matrimonio \u201cest\u00e1n contenidas en los l\u00edmites de la misma complementariedad del matrimonio y de la continencia por el Reino de Dios. El matrimonio y la continencia no se contraponen el uno al otro, ni dividen de por s\u00ed a la comunidad humana (y cristiana) en dos campos (de \u201cperfectos\u201d a causa de la continencia y de los \u201cimperfectos\u201d o menos perfectos a causa de la realidad de la vida conyugal). Sino que (&#8230;) estos dos \u201cestados\u201d en un cierto sentido se explican y completan mutuamente en cuanto a la existencia y a la vida (cristiana) de esta comunidad, la cual en su conjunto y en todos sus miembros se realiza seg\u00fan la dimensi\u00f3n del Reino de Dios, y tiene una orientaci\u00f3n escatol\u00f3gica que es propia de este Reino. Ahora bien, respecto a esta dimensi\u00f3n y a esta orientaci\u00f3n, en la que debe participar toda la comunidad\u2013 la continencia \u201cpor el Reino de los cielos\u201d tienen una importancia y elocuencia particular para aquellos que viven la vida conyugal\u201d .<br \/>\nEn el documento del post-S\u00ednodo 90, Pastores Dabo Vobis, Juan Pablo II, recogiendo la proposici\u00f3n II votada casi por unanimidad de los Padres sinodales, habla del celibato sacerdotal como de \u201cun don precioso dado por Dios a su Iglesia y como un signo del Reino que no es de este mundo, signo del amor de Dios a este mundo, as\u00ed como del amor indiviso del sacerdote a Dios y al Pueblo de Dios\u201d .<br \/>\nEs evidente que hay cierta articulaci\u00f3n y una distinta forma de subrayar tal evoluci\u00f3n teol\u00f3gica.<br \/>\nEn efecto, cuando se habla de celibato, aparece puntual la tensi\u00f3n entre la grandeza del ideal, por un lado, y la realidad del ser humano por otro. En el punto de vista psicol\u00f3gico es quiz\u00e1s donde se encuentra el verdadero problema, el nudo que hay que desatar, lo que complica inevitablemente el tema y donde est\u00e1 probablemente el \u00e9nfasis del pasado, pero que no ser\u00eda bueno limitar demasiado corriendo el peligro de empeque\u00f1ecer y nivelar los carismas.<br \/>\nLa evoluci\u00f3n del pensamiento al respecto se ha dirigido hacia la recuperaci\u00f3n de una percepci\u00f3n m\u00e1s realista de la humanidad del que se consagra en el celibato. Se aprecia la menor insistencia en el concepto de perfecci\u00f3n aplicado autom\u00e1ticamente a un estado de vida; sin que por ello se baje el nivel del ideal, que por el contrario viene reconocido con m\u00e1s precisi\u00f3n en su especificidad o en su proyecci\u00f3n vertical, sin ninguna acomodaci\u00f3n o proceso reductivo .<br \/>\nSantidad y pecado, grandeza y miseria, ideal y realidad se entrelazan continuamente en este hombre en una s\u00edntesis que debe hacer rehacer cada d\u00eda.<br \/>\nEn tal sentido, tanto la ense\u00f1anza del Concilio, como la de Juan Pablo II, no hablan de superioridad formal y absoluta del celibato respecto al matrimonio, sino de carisma espec\u00edfico, nacido de un acto de amor particular del Padre y como respuesta igualmente particular a este amor , que encuentra su peculiaridad (su forma) en una adhesi\u00f3n m\u00e1s libre y total a Cristo, en un dedicarse a \u00e9l y a su reino con un coraz\u00f3n indiviso y con mayor eficacia, en un manifestarse Dios de forma m\u00e1s clara y completa como fuente de todo amor, y al reino de los cielos como el destino de todo amor, etc.<br \/>\nEstos \u201cm\u00e1s\u201d no deben leerse en clave de contraposici\u00f3n competitiva o de comparaci\u00f3n vencedora, sino como forma que tal vocaci\u00f3n debe asumir si quiere permanecer fiel a s\u00ed misma y si quiere, sobre todo, expresar el amor que la origina. El amor, hemos dicho, busca siempre la radicalidad . Y es siempre en este sentido como los dos estados de vida son entre s\u00ed complementarios, se explican y completan mutuamente, y juntos expresan y manifiestan el amor de Dios. Si el matrimonio representa un poco la regla com\u00fan, seguida por la gran mayor\u00eda, el celibato es una excepci\u00f3n. Como dice Laplace, la v\u00eda del matrimonio (para alcanzar la perfecci\u00f3n de la caridad) es m\u00e1s dif\u00edcil, la de la virginidad tiene m\u00e1s riesgos . Sin embargo esta \u201cexcepcionalidad arriesgada\u201d es su fuerza y su caracter\u00edstica, el signo que da al mundo.<br \/>\nAdem\u00e1s, se observa a trav\u00e9s de los siglos, que las personas casadas a pesar de todos los frutos espirituales que se proporcionen mutuamente, apenas pueden llegar por s\u00ed mismos a profundizar espiritualmente el uno en el otro, sino que para ello necesitan a una persona c\u00e9libe que los asista. As\u00ed lo afirma expresamente el psicoterapeuta S. Blarer, partiendo tambi\u00e9n de sus propias experiencias; de manera parecida sucede con el hecho, bien comprobado, de que los c\u00f3nyuges no pueden practicarse mutuamente una terapia. En todo esto el sacerdote c\u00e9libe que les asista deber\u00eda ver el significado positivo de su celibato. \u201cCuanto m\u00e1s se reconozca que el celibato es \u2013para la verdadera labor pastoral\u2013 una fuerza de amor necesaria, edificante y que inunda de profunda fidelidad, tanto m\u00e1s perder\u00e1 el celibato el gustillo amargo de ser una prohibici\u00f3n, una limitaci\u00f3n y una renuncia a impulsos f\u00edsicos, renuncia que a menudo es dif\u00edcil de comprender\u201d .<br \/>\nClaro que no s\u00f3lo el celibato tiene importancia para el matrimonio, sino tambi\u00e9n, a la inversa, el matrimonio la tiene para el celibato. T. Salomon, miembro de la asociaci\u00f3n espiritual Marriage Encounter, formula as\u00ed de manera personal\u00edsima la relaci\u00f3n \u00edntima que existe entre el matrimonio y el celibato:<br \/>\n\u201cEstoy convencido de que lo uno no es posible sin lo otro; ambos se hallan \u00edntimamente relacionados. El sacramento del matrimonio s\u00f3lo puede vivirse a la larga cuando hay alguien que llama la atenci\u00f3n incesantemente de los dos c\u00f3nyuges sobre su vocaci\u00f3n, la cual consiste en ser signos del amor de Dios. \u00a1Qui\u00e9n podr\u00eda hacerlo mejor que aquel que afirma conscientemente: \u2018No quiero entregarme por completo y vivir para una sola persona, sino para todos vosotros, para una comunidad (muy concreta)\u2019! As\u00ed como el hombre y la mujer, en el acto de administraci\u00f3n del sacramento, confiesan en presencia de la comunidad su decisi\u00f3n de conceder prioridad en la vida al compa\u00f1ero y, con su esfuerzo en pro de la unidad y del amor, quieren hacer patente su voluntad de hacer que otros experimenten a Dios en el signo del matrimonio, as\u00ed tambi\u00e9n el sacerdote, con su decisi\u00f3n de querer existir para (muchas) personas, de vivir en relaci\u00f3n con ellas, con renuncia plenamente consciente a vincularse a una sola compa\u00f1era, hace ver con claridad que todo nuestro esfuerzo humano a favor de la unidad y de la relaci\u00f3n (de amor) encuentra en Dios su origen y su plena satisfacci\u00f3n. Esto es lo que significa el celibato por amor del reino de los cielos. La fuerza para mantener ese estilo de vida, el sacerdote la recibir\u00e1 (podr\u00e1 y tendr\u00e1 que recibirla) de esa comuni\u00f3n de vida, que le muestra que es significativo dedicarse al amor que lo ofrece un ejemplo y le sustenta\u201d .<br \/>\nSi se tiene en cuenta esta relaci\u00f3n \u00edntima entre el matrimonio y el celibato, entonces no es fortuito que a la actual crisis del celibato por amor del reino de Dios le corresponda una profunda crisis del matrimonio, y a la inversa. Vemos aqu\u00ed una raz\u00f3n m\u00e1s para que la Iglesia no s\u00f3lo se esfuerce con mayor intensidad a favor de una pastoral del matrimonio, sino para que adem\u00e1s se declare insistentemente a favor del celibato vivido seg\u00fan el esp\u00edritu del evangelio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">CONCLUSIONES\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al final de este trabajo conviene acentuar las l\u00edneas capitales. Este resumen no nos permitir\u00e1 reflejar todos los aspectos considerados pero tratar\u00e9 de dar algunos alcances conclusivos.<br \/>\n1. El celibato consagrado del sacerdote tal como la Iglesia latina lo ha  practicado y ense\u00f1ado a lo largo de los siglos, ha sido impugnado siempre con id\u00e9nticas razones, seg\u00fan la opini\u00f3n de excelentes historiadores y te\u00f3logos , en el transcurso de este largo periodo de renacimiento cat\u00f3lico, que se extiende desde la Revoluci\u00f3n francesa a la segunda guerra mundial.<br \/>\nDesde Lutero y Erasmo, a la actualidad las razones invocadas contra la ley del celibato no han variado mucho . En primer lugar est\u00e1n las pretendidas razones de orden teol\u00f3gico: Cristo no ha hecho de la continencia una condici\u00f3n sine qua non (sin la cual no es posible) el servicio sacerdotal&#160;; san Pablo, cuyo estado de vida no es conocido con certeza, recomienda el estado de vida c\u00e9libe,  en los ap\u00f3stoles no podemos basarnos con argumento escritos a favor o contra del celibato&#160;; sabemos que la Iglesia post-pascual tuvo sacerdotes casados; las Iglesias orientales unidas y las Iglesias ortodoxas siguen teni\u00e9ndolos; que la continencia supone la posesi\u00f3n de un carisma y, por tanto, no puede imponerse desde fuera, por una ley.<br \/>\nPor \u00faltimo, se citan incluso razones de orden pastoral indicando que por escasez de vocaciones ser\u00eda bueno ordenar viri probati para atender pastoralmente a los fieles. La experiencia nos demuestra que  las Iglesias que los autorizan, no han hallado la soluci\u00f3n necesaria e indiscutible para atraer las vocaciones sacerdotales. En cuanto a la necesidad para el sacerdote de pertenecer al pueblo, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda discutir que el c\u00e9libe por el reino de los cielos puede entregarse tanto, e incluso m\u00e1s generosamente, a todos, sin distinci\u00f3n ni preferencias, que el que leg\u00edtimamente debe buscar los intereses de su esposa y de sus hijos? Adem\u00e1s, para afrontar los sacrificios que requiere la vida solitaria, apost\u00f3lica o misionera, se necesita un car\u00e1cter no menos viril que para comprometerse en un estado de vida de matrimonio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Hay, desde luego, cierto n\u00famero de fracasos entre los que se han entregado al celibato consagrado, fracasos cuyo n\u00famero ha variado seg\u00fan las \u00e9pocas, en especial seg\u00fan la moralidad dominante en el ambiente.<br \/>\nAdmitamos que el celibato consagrado es una condici\u00f3n de vida elevada y en ciertos aspectos sobrehumanos, pero reconozcamos que esta dificultad constituye su grandeza y que esta condicionada a ser vivida con tal que se la nutra con la ayuda sobrenatural y natural que exige. Y no olvidemos que, sobre todo en medio de esta sociedad pluralista en la que domina la influencia del sexo, tambi\u00e9n el matrimonio monog\u00e1mico fielmente observado es una empresa que se estar\u00eda igualmente tentado de calificar de sobrehumana o heroica. Quien huye del celibato para sustraerse a las exigencias de una fidelidad conyugal libremente consentida, \u00bfno corre el riesgo de declararse a su vez incapaz de asumir otra nueva fidelidad, completamente rigurosa tambi\u00e9n?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. Lo que est\u00e1 claro en la Escritura, la historia de la Iglesia primitiva, los escritos de los santos Padres, y el testimonio de muchos sacerdotes, es que existe una tradici\u00f3n constante del celibato sacerdotal en la Iglesia. Esta tradici\u00f3n fue aprobada y extendida por varios concilios provinciales y papas. Fue promovida, defendida y restaurada en sucesivos periodos del primer milenio de la historia de la Iglesia, aunque frecuentemente encontr\u00f3 oposici\u00f3n entre los mismos cl\u00e9rigos y choc\u00f3 con los criterios de las sociedades en decadencia. Aparte de los argumentos hist\u00f3ricos, la justificaci\u00f3n teol\u00f3gica para el celibato ha ganado un terreno considerable desde el Concilio Vaticano II, y de una forma m\u00e1s notable en los escritos de Juan Pablo II . En consecuencia, la idea de que el celibato clerical es, simplemente, una disciplina eclesi\u00e1stica resulta cada vez menos convincente.<br \/>\nHemos aludido a que las normas can\u00f3nicas no pueden encerrar o expresar la verdad completa sobre el fen\u00f3meno que legislan. Como bien ha se\u00f1alado Juan Pablo II, son \u201cs\u00f3lo la expresi\u00f3n jur\u00eddica de una antropolog\u00eda y una realidad teol\u00f3gica subyacentes\u201d . Por eso, aunque la primera legislaci\u00f3n can\u00f3nica conocida data de comienzos del siglo IV, presupone la existencia de una practica pastoral y de un fen\u00f3meno teol\u00f3gico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. La objeci\u00f3n de que la Iglesia, al \u201cimponer\u201d el celibato, ofende los derechos individuales no tiene fundamento. En primer lugar, ning\u00fan candidato al sacerdocio tiene derecho ni obligaci\u00f3n a ser ordenado \u2013la vocaci\u00f3n sacerdotal es un don de Dios que otorga al que quiere, sin importar los m\u00e9ritos del individuo. En segundo lugar, los que han sido llamados al sacerdocio aceptan con libertad plena la disciplina del celibato ordenada por la Iglesia. Esto lo hacen despu\u00e9s de seis a\u00f1os de intensa preparaci\u00f3n y de una reflexi\u00f3n pensada detenidamente, en una edad en que son plenamente capaces de tomar una decisi\u00f3n madura.<br \/>\nLa Iglesia responde a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo que act\u00faa dentro de ella y la gu\u00eda hacia la verdad plena (Jn. 16,13). En ese sentido est\u00e1 perfectamente en su derecho de pedir a sus candidatos y sacerdotes que sean c\u00e9libes. Ciertamente, al hacerlo, pide m\u00e1s de lo que es humanamente justificable o exigible. Sin embargo, la Iglesia no es una organizaci\u00f3n humana. Tiene un origen divino y ha sido bendecida con poderosos medios de gracia y con los carismas del Esp\u00edritu Santo. Estos mismos le llevan a afirmar audazmente que, en el rito latino, la voluntad de Dios para sus ministros es que sean c\u00e9libes, y que cuando se da una vocaci\u00f3n al sacerdocio, el Esp\u00edritu Santo la dota del carisma del celibato.<br \/>\nComo toda ley humana, la del celibato, introducida por la Iglesia, no es inmutable. Pero ante la oposici\u00f3n y la ceguera espiritual de una cultura hedonista, puede surgir la tentaci\u00f3n de escoger el camino f\u00e1cil y de establecer un celibato opcional. Sin embargo, es una se\u00f1al del car\u00e1cter esencialmente sobrenatural de la Iglesia, su constante convicci\u00f3n en el origen apost\u00f3lico del celibato, y el valor con que siempre ha remado contracorriente en este asunto. A trav\u00e9s de los siglos, ha escuchado todas las razones psicol\u00f3gicas, sociol\u00f3gicas y funcionales que parecen justificar un celibato opcional. Pero nunca ha sentido que estos argumentos fueran adecuados. Contra la sabidur\u00eda convencional, ha enraizado m\u00e1s su convicci\u00f3n en las promesas de Cristo, y nunca ha dudado de que el Esp\u00edritu Santo pueda y quiera otorgar este carisma generosamente cuando se pide con humildad.<br \/>\nCuando Pablo VI, promulg\u00f3 su enc\u00edclica sobre el sacerdocio y el celibato, Sacerdotalis Coelibatus y anteriormente el decreto Presbyteroum Ordinis (7-12-1965), no s\u00f3lo respondi\u00f3 a los votos de los padres del Vaticano II, sino, en cierto modo, tambi\u00e9n al eco de las aspiraciones y los deseos m\u00e1s vivos y firmes de santidad, ratifico la vigencia del celibato sacerdotal como estado de vida apost\u00f3lica sin dejar de comprender las necesidades de la humanidad y de la Iglesia de nuestra \u00e9poca. Y los sucesores pont\u00edfices como Juan Pablo II en la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Pastores Dabo Vobis, Cartas del Jueves Santo a los Sacerdotes y las Catequesis sobre el amor humano, continua el mismo magisterio; y actualmente  lo reafirma Benedicto XVI en la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Sacramentum Caritatis (2007), cuando observa que \u201cno es suficiente comprender el celibato sacerdotal en t\u00e9rminos funcionario eclesi\u00e1stico\u201d sino en la \u201cl\u00f3gica eucar\u00edstica\u201d, el sacerdote es servidor de una divina acci\u00f3n y por el car\u00e1cter sacramental recibido es propiedad de Dios; \u201ceste ser de otro\u201d es el \u201cenganche adecuado para comprender y reafirmar en nuestros d\u00edas el valor del sagrado celibato, que en la Iglesia latina, es un carisma requerido para el Orden Sacerdotal\u201d, lo matiz\u00f3 en diversas ocasiones especialmente durante el A\u00f1o Sacerdotal (2009-2010) proclamando que el celibato sacerdotal, es el \u201cgran esc\u00e1ndalo prof\u00e9tico\u201d ante un mundo sensualista.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. Textos relativamente numerosos prueban que tambi\u00e9n las prescripciones veterotestamentarias, sobre la obligaci\u00f3n de abstenerse de las relaciones conyugales impuesta a los sacerdotes, durante el ejercicio de su ministerio cultual han ejercido alguna influencia.<br \/>\nEsta influencia se explica a la luz de dos creencias: la primera es la fe en la autoridad divina de los libros sagrados de la antigua alianza y en el alcance tipol\u00f3gico de todas las prescripciones contenidas en ellos&#160;; la segunda, la fe en la superioridad de la nueva alianza y, por lo tanto, la obligaci\u00f3n de \u00e9sta de llevar a su plenitud  esas mismas prescripciones.<br \/>\nPero es err\u00f3neo atribuir ante todo, al influjo ejercido por las leyes caducadas del Antiguo Testamento, los or\u00edgenes y el desarrollo de la preferencia reconocida a la virginidad y al celibato consagrado para proveer al reclutamiento de los ministros del culto. Solo se puede afirmar que las referencias a estas leyes se han multiplicado y precisado, cuando los concilios y los sumos pont\u00edfices tuvieron que buscar y encontrar un antecedente escritur\u00edstico del car\u00e1cter jur\u00eddico del celibato, es decir, del car\u00e1cter de ley que pretend\u00edan darle .<br \/>\n7. La consagraci\u00f3n a Cristo, para el fiel deseoso de comuni\u00f3n con Dios y que aspira a realizar el ideal de una vida de oraci\u00f3n intensa y, por as\u00ed decir, continua, el estado de virginidad y el celibato consagrado seguir\u00e1n creando el ambiente requerido para poder responder a este deseo y a esta vocaci\u00f3n .<br \/>\nJunto a la dimensi\u00f3n personalista del dominio de s\u00ed y a la dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica surge as\u00ed una tercera dimensi\u00f3n, la dimensi\u00f3n eclesi\u00e1stica o comunitaria, que implica no solamente la idea de una disponibilidad completa e indivisa, sino tambi\u00e9n, y sobre todo, la de un amor de consagraci\u00f3n total a la Iglesia, y que, a su vez, los psic\u00f3logos no dejan de escrutar y justificar. Queda por decir algo sobre una cuarta dimensi\u00f3n que se llama escatol\u00f3gica, pero que preferio llamar m\u00e1s bien kerygm\u00e1tica. Pues en esta ocasi\u00f3n no se trata s\u00f3lo para el sacerdote de ser un signo sino de ejercer con su vida la misi\u00f3n de heraldo de Cristo, de testigo del reino de los cielos. Por su renuncia a uno de los valores capitales de este mundo, la fundaci\u00f3n de una familia, el sacerdote o  religioso(a) dan testimonio de este dato importante de la fe, que consiste en creer inquebrantablemente en la realidad de la vida m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, en una finalidad humana que s\u00f3lo encuentra su realizaci\u00f3n definitiva en el encuentro con el Se\u00f1or despu\u00e9s de la muerte.<br \/>\nSi los sacerdotes se casaran, no destacar\u00edan tanto, sino que ser\u00edan como \u201cuno m\u00e1s de la sociedad civil\u201d. Es interesante ver que, en las Iglesias orientales, donde hay sacerdotes casados, se estima m\u00e1s a los c\u00e9libes. Tambi\u00e9n en las culturas monacales budistas se entiende que una vida consagrada a lo espiritual va unida al celibato.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8. Los padres del Concilio Trullano II (691), que no pod\u00edan encontrar en sus documentos motivos para la distinci\u00f3n entre las dos posiciones, latina y oriental sobre la continencia sacerdotal, tomaron los c\u00e1nones del C\u00f3digo de Cartago (390)  que trataban expresamente de la continencia clerical, haciendo referencia directa a los ap\u00f3stoles y a la tradici\u00f3n antigua de la Iglesia;  \u201cmodificaron el texto aut\u00e9ntico de los c\u00e1nones africanos, para justificar su praxis celibataria de sus ministros ordenados y casados\u201d, en contra de la praxis universal mantenida hasta entonces.<br \/>\nDe este modo, las palabras del canon 3 del Concilio de Cartago:<br \/>\n\u201c&#8230; gradus isti tres (&#8230;) episcopos, presb\u00edteros et diaconos (&#8230;) continentes in \u00f3mnibus\u201d, fueron sustituidos en el canon 13 del Trullano por estas otras: \u201c&#8230; subdiaconi (&#8230;) diaconi et presbyteri secundum easdem rationes a consortibus se abstineant\u201d, donde esas \u201ceasdem rationes\u201d, se oponen a las del texto original de Cartago .<br \/>\nPero en todos estos textos, documentalmente manipulados, se conserva, es m\u00e1s, se busca la referencia a los ap\u00f3stoles y a la Iglesia antigua para dar al celibato bizantino y oriental, a trav\u00e9s de estos testimonios autorizados, el mismo fundamento que ten\u00eda la tradici\u00f3n occidental expl\u00edcitamente indicado por ella en Cartago y en otros lugares.<br \/>\nPara la Iglesia cat\u00f3lica occidental esta actitud de los padres trullanos puede ser considerada como una prueba m\u00e1s, y no indiferente, a favor de la propia tradici\u00f3n celibataria, que se tiene por apost\u00f3lica y se basa realmente sobre una conciencia com\u00fan a la Iglesia universal antigua, por lo que resulta verdadera y justa.<br \/>\nEl hecho de haber \u201cconservado para los obispos de la Iglesia oriental la misma severa disciplina sobre la continencia\u201d, que se ha practicado siempre en toda la Iglesia, se puede considerar como un residuo en la legislaci\u00f3n trullana, de una tradici\u00f3n que ha considerado unidos a todos los grados del Orden Sagrado en una misma obligaci\u00f3n de completa continencia.<br \/>\nA las comunidades orientales que se unieron a Roma se les concedi\u00f3 poder continuar en su tradici\u00f3n celibataria diferente. Pero el retorno de los uniatas a la praxis latina de continencia completa, ha sido positiva y favorablemente aceptada. El reconocimiento de la diversidad de disciplina concedido por las autoridades centrales de Roma, se puede considerar como noble respeto, pero dif\u00edcilmente como aprobaci\u00f3n oficial del cambio en la antigua disciplina de la continencia .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9. El Concilio Vaticano II, no habla de la \u201cnecesidad, del celibato, sino de conveniencia\u201d. Presbyterorum Ordinis, n. 16. Esto ha llevado a algunos a considerar que el celibato sacerdotal puede ser conveniente en determinadas circunstancias hist\u00f3ricas, pero no en otras, como por ejemplo las actuales.<br \/>\nEn este sentido ha de hacerse notar que, cuando en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica se habla de \u201cconveniencia\u201d, se quiere indicar la \u201cconvergencia\u201d de motivos diversos y notables, si bien \u00e9stos no determinan una estricta \u201cnecesidad\u201d.<br \/>\nSeg\u00fan el mencionado decreto conciliar, no existe un nexo de estricta necesidad entre el sacerdocio ministerial y el celibato. Para probarlo, el decreto alude a la praxis de la Iglesia primitiva y de las Iglesias orientales. Ha de observarse aqu\u00ed que el Concilio a\u00fan no ten\u00eda en cuenta las investigaciones hist\u00f3ricas llevadas a cabo en los \u00faltimos decenios, conforme a las cuales se sabe que la disciplina relativa a la continencia del clero, si bien comenz\u00f3 en el siglo IV, presupone una Tradici\u00f3n precedente, que conecta directamente con el ejemplo de Cristo y las disposiciones de los Ap\u00f3stoles.<br \/>\nEn conclusi\u00f3n, hay que reconocer que la \u201cm\u00faltiple conveniencia\u201d del celibato para el sacerdocio no se reduce a una disposici\u00f3n disciplinar contingente, sino que antes de nada remite a la recomendaci\u00f3n de Jesucristo mismo, fundada en su propio ejemplo (el Concilio hace referencia a Mt. 19,12). Es oportuno recordar, adem\u00e1s, las prerrogativas de la virginidad cristiana indicadas por Pablo (1Cor. 7,25-40) y la honda sinton\u00eda entre los motivos a favor de la continencia y el perfil teol\u00f3gico del sacerdocio ministerial. El ejemplo m\u00e1s claro de tal consideraci\u00f3n por parte del Magisterio se encuentra en la enc\u00edclica de Pablo VI sobre el celibato sacerdotal (1967) considerada como la \u201d Carta Magna del estado de vida de continencia sacerdotal\u201c.<br \/>\nEl hecho de que el celibato sacerdotal no constituya una necesidad dogm\u00e1tica no significa que se trate de una mera opci\u00f3n disciplinar. Entre los diversos argumentos con los que, a lo largo de los siglos, se ha ilustrado la conveniencia del celibato sacerdotal, surge con fuerza creciente la exigencia de que el sacerdote se configure con Cristo, Buen Pastor y Esposo de la Iglesia. As\u00ed se ha subrayado en las \u00faltimas d\u00e9cadas, tanto en los documentos del Magisterio como en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10. Es preciso reconocer que el celibato no es exclusivo de ciertos estados de vida reconocidos por la Iglesia, como son el sacerdocio o la vida religiosa (en sentido jur\u00eddico), sino que tambi\u00e9n puede \u201cser llamado a seguir este consejo evang\u00e9lico cualquier laico, hombre o mujer, que sienta la vocaci\u00f3n de vivir el celibato en medio del mundo\u201d, pueden contribuir no poco a la santidad y a la actividad de la Iglesia\u201d L.G. n. 41.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11. Como resultado de la investigaci\u00f3n y redacci\u00f3n de este trabajo, tres ideas cristalizaron en mi mente:<br \/>\n\uf02d\tEn primer lugar, que estudiar el celibato sacerdotal es  profundizar en la historia. Y, sin una conciencia clara de la tradici\u00f3n hist\u00f3rica relacionada con el celibato, es imposible apreciarlo o entenderlo, en la actualidad en su integridad la dimensi\u00f3n espiritual, teol\u00f3gica y evang\u00e9lica que encierra este don, para la Iglesia y el mundo.<br \/>\n\uf02d\tEn segundo lugar, que no es posible penetrar en el significado de este carisma o justificarlo sin una profunda apreciaci\u00f3n de la virtud de la castidad. Una castidad entendida no en el sentido estrecho y l\u00e1nguido que suele manejar cualquier cultura m\u00ednimamente hedonista, sino en el que contiene todo el vigor y la frescura de una virtud cristiana.<br \/>\n\uf02d\tFinalmente, y aunque pueda parecer parad\u00f3jico, que s\u00f3lo aquel que es capaz de captar la grandeza de la vocaci\u00f3n cristiana al matrimonio, ser\u00e1 capaz de apreciar en su plenitud la llamada al celibato sacerdotal.<br \/>\n\uf02d\tLa interdependencia de estas tres ideas es un tema recurrente en los cap\u00edtulos que he desarrollado en este trabajo de investigaci\u00f3n acad\u00e9mico-teol\u00f3gico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>H\u00e9ctor Ra\u00fal Le\u00f3n Caycho<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\nBIBLIOGRAF\u00cdA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n1.-\tDOCUMENTOS ECLESIALES<br \/>\nP\u00cdO XI<br \/>\n\uf02d\tEnc\u00edclica Ad catholici sacerdotii, publicada el 20-12-1935.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">P\u00cdO XII<br \/>\n\uf02d\tEnc\u00edclica Sacra virginitas, publicada el 25-03-1954.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CONCILIO VATICANO II<br \/>\n\uf02d\tConstituci\u00f3n Dogm\u00e1tica Lumen Gentium, publicada el 21-11-1964.<br \/>\n\uf02d\tDecreto Presbyterorum ordinis, publicada el 07-12-1965.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PABLO VI<br \/>\n\uf02d\tEnc\u00edclica Sacerdotalis coelibatus, publicada el 24-06-1967.<br \/>\n\uf02d\tCarta al Cardenal Villot, Secretario de Estado, del 2 de febrero de 1970.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JUAN PABLO II<br \/>\n\uf02d\tCarta a los Sacerdotes de la Iglesia con ocasi\u00f3n del Jueves Santo,1979 y1988.<br \/>\n\uf02d\tCarta Dominicae Cenae, publicada el 24-02-1980<br \/>\n\uf02d\tExhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Familiaris consortio, publicada el 22-11-1981.<br \/>\n\uf02d\tExhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Post- Sinodal Pastores Dabo Vobis, publicada el 25-03-1992.<br \/>\n\uf02d\tHombre y mujer los cre\u00f3. Catequesis sobre el amor humano, Ediciones Cristiandad, Madrid 2010\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BENEDICTO XVI<br \/>\n\uf02d\tExhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Post-Sinodal Sacramentum Caritatis, publicada el 13-03- 2007.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.-\tESTUDIOS: LIBROS, ENSAYOS<br \/>\n\uf02d\tAPARICIO (ed.), Diccionario Teol\u00f3gico de la Vida Consagrada, Publicaciones Claretianas, Madrid, 1992.<br \/>\n\uf02d\tCANO, M. A., El celibato: razones, motivos, historia y conveniencia de una ley, Ediciones \u00cdndice, Madrid, 1970.<br \/>\n\uf02d\tCANTALAMESA, R., Virginidad, Edicep, Valencia, 2003.<br \/>\n\uf02d\tCATTANEO, A., (ed.) \u00bfCuras Casados?, Madrid, Ediciones Rialp, Salamanca, 2011.<br \/>\n\uf02d\tCENCINI, A., Sacerdote y mundo de hoy, Editorial San Pablo, Madrid, 2012.<br \/>\n\uf02d\tCENCINI, A., Por amor con amor en el amor: Libertad y madurez afectiva en el celibato consagrado, Ediciones S\u00edgueme, Salamanca, 2001.<br \/>\n\uf02d\tCHOLIJ, R., Clerical celibacy in East and West, Leominister, 1988.<br \/>\n\uf02d\tCOCHINI, C., Origenes apostoliques du celibate sacerdotal, Editions Lethielleux, Paris, 1981.<br \/>\n\uf02d\tCOPPENS, J., (ed.), Sacerdocio y Celibato, Editorial Cat\u00f3lica B.A.C., Madrid, 1971.<br \/>\n\uf02d\tCOZZENS, D., La faz cambiante del sacerdocio, Sal Terrae, Malia\u00f1o, 2003.<br \/>\n\uf02d\tCOZZENS, D., Liberar el celibato, Editorial Sal Terrae, Santander, 2007.<br \/>\n\uf02d\tDEL PORTILLO, A., Escritos sobre el sacerdocio, Ediciones Palabra, Madrid, 1970.<br \/>\n\uf02d\tDENZINGER, E., Magisterio de la Iglesia: manual de los simbolos, definiciones y declaraciones de la Iglesia, Editorial Herder, Barcelona, 1963.<br \/>\n\uf02d\tESQUERDA. J., El Sacerdocio hoy, Editorial Cat\u00f3lica B.A.C., Madrid, 1983.<br \/>\n\uf02d\tFERRER, J., El sacerdocio don y misterio, Editorial \u201cArca de la Alianza\u201d, Madrid, 2010.<br \/>\n\uf02d\tGALOT, J., Theology of Priesthood, San Francisco, 1985.<br \/>\n\uf02d\tGARRIDO, J., Grandeza y miseria del celibato cristiano, Editorial Sal Terrae, Santander, 1987.<br \/>\n\uf02d\tGRESHAKE, G., Ser sacerdote hoy, Ediciones Sigueme, Salamanca, 2003.<br \/>\n\uf02d\tHARING, B. La nueva alianza vivida en los sacramentos, Editorial Herder, Barcelona, 1971.<br \/>\n\uf02d\tL\u00d3PEZ AZPITARTE, E., Simbolismo de la sexualidad humana: Criterios para una \u00e9tica sexual, Editorial Sal Terrae, Santander, 2001.<br \/>\n\uf02d\tL\u00d3PEZ, D., Libres para amar o liberados del Reino, Colecci\u00f3n Tau, n\u00ba 29, Avila, 1990.<br \/>\n\uf02d\tLORDA, J.L., (ed.), El celibato sacerdotal: disciplina, y formaci\u00f3n de las vocaciones al sacerdocio, Eunsa, Pamplona, 2009.<br \/>\n\uf02d\tMADRIGAL, S., Unas lecciones sobre el Vaticano II y su legado, Editorial San Pablo, Madrid, 2012.<br \/>\n\uf02d\tMCGOVERN, T., El celibato sacerdotal: una perspectiva actual, Ediciones Cristiandad, Madrid, 2004.<br \/>\n\uf02d\tMOHLER, J.A., El celibato sacerdotal, Ediciones Encuentro, Madrid, 2012.<br \/>\n\uf02d\tSAMMON, S., Un coraz\u00f3n indiviso: El sentido del celibato, Publicaciones Claretianas, Madrid, 2003.<br \/>\n\uf02d\tSESBOUE, B., Invitacion a cr\u00e9er&#160;: unos sacramentos creibles y deseables, Editorial San Pablo, Madrid, 2010.<br \/>\n\uf02d\tSTICKLER, A.M., Il Celibato ecclesiatico, Librer\u00eda Editrice Vaticana, Citta del Vaticano, 1994.<br \/>\n\uf02d\tTHURIAN, M., La identidad del Sacerdote, Madrid, Sociedad de Educaci\u00f3n Atenas, 1996.<br \/>\n\uf02d\tTOUZE, L., L\u2019avenir du celibat sacerdotal (el futuro del celibato sacerdotal), Parole et Silence, Lethielleux, 2010.<br \/>\n\uf02d\tURIARTE, J.M., Ser sacerdote en la cultura actual, Editorial Sal Terrae, Santander, 2010.<br \/>\n\uf02d\tURIARTE, J.M., Una espiritualidad sacerdotal para nuestro tiempo, Editorial Sal Terrae, Santander, 2010.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.-\tART\u00cdCULOS TEOL\u00d3GICOS<br \/>\n\uf02d\tCHOLIJ, R., El celibato sacerdotal en la Iglesia Oriental, XI Simposio Internacional de Teolog\u00eda de la Universidad de Navarra, 1990.<br \/>\n\uf02d\tGEORG, K., Defensa de la voluntariedad del celibato de los sacerdotes cat\u00f3licos, \u201cSelecciones de Teolog\u00eda\u201d, 50\/198 (2011), p\u00e1gs. 83-91.<br \/>\n\uf02d\tGRUBER, M., Eunucos por el reino de Dios, \u201cRevista Selecciones de Teolog\u00eda\u201d, 44\/173 (2005), p\u00e1gs. 74-80.<br \/>\n\uf02d\tMATTAM, J., Sacerdotes para hoy, \u201cRevista Selecciones de Teologia\u201d, 45\/179 (2006), p\u00e1gs. 230-240.<br \/>\n\uf02d\tPIKAZA, X., Raices cristol\u00f3gicas de la castidad religiosa, \u201cRevista Selecciones de Teolog\u00eda\u201d, 42\/168 (2003), p\u00e1gs. 137-148.<br \/>\n\uf02d\tPUERTO, C., Sexualidad y celibato. I-II, \u201cRevista Vida Nueva\u201d, Pliego 2336\/7 (2002), p\u00e1gs. 24-30.<br \/>\n\uf02d\tSALVINI, G., Sacerdotes que abandonan, \u201cRevista Humanitas\u201d, 13 (2008), p\u00e1gs. 806-818.<br \/>\n\uf02d\tTORELL\u00d3, J.B., Las ciencias humanas ante el celibato sacerdotal, \u201cScripta Theologica\u201d, 27 (1995\/1), p\u00e1gs. 269-283.<br \/>\n\uf02d\tVARIOS AUTORES, La discusi\u00f3n actual en torno al celibato, \u201cRevista internacional de Teolog\u00eda, Concilium\u201d, 43 (1969), p\u00e1gs. 484-513.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Introducci\u00f3n 2 Planteamientos y consideraciones sobre el celibato sacerdotal 3 Convergencias: el ministerio y el celibato 4 \u00bfObligaci\u00f3n del celibato? 5 Carisma y opci\u00f3n libre del celibato 6 El modelo de un clero casado y c\u00e9libe 7 Crisis y realismo del celibato sacerdotal despu\u00e9s de Vaticano II 8 Tensi\u00f3n valorativa 9 Deserciones sacerdotales &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/celibato-sacerdotal-en-el-debate-teologico-actual\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCELIBATO SACERDOTAL EN EL DEBATE TEOLOGICO ACTUAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23865","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23865","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23865"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23865\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23865"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23865"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23865"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}