{"id":23922,"date":"2016-02-05T16:17:34","date_gmt":"2016-02-05T21:17:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-cipriano-de-cartago-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi\/"},"modified":"2016-02-05T16:17:34","modified_gmt":"2016-02-05T21:17:34","slug":"san-cipriano-de-cartago-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-cipriano-de-cartago-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi\/","title":{"rendered":"SAN CIPRIANO DE CARTAGO EN LAS AUDIENCIAS DE BENEDICTO XVI"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\"><b>Intervenci\u00f3n de Benedicto XVI durante la audiencia general del mi\u00e9rcoles 6 de junio de 2007 en la que present\u00f3 la figura de San Cipriano de Cartago<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la serie de nuestras catequesis sobre las grandes personalidades de la Iglesia antigua, llegamos hoy a un excelente obispo africano del siglo III, san Cipriano, \u00abel primer obispo que en \u00c1frica alcanz\u00f3 la corona del martirio\u00bb. Su fama, como atestigua el di\u00e1cono Poncio, el primero en escribir su vida, est\u00e1 tambi\u00e9n ligada a la creaci\u00f3n literaria y a la actividad pastoral de los trece a\u00f1os que pasaron entre su conversi\u00f3n y el martirio (Cf. \u00abVida\u00bb 19,1; 1,1). Nacido en Cartago en el seno de una rica familia pagana, despu\u00e9s de una juventud disipada, Cipriano se convierte al cristianismo a la edad de 35 a\u00f1os. \u00c9l mismo narra su itinerario espiritual: \u00abCuando todav\u00eda yac\u00eda como en una noche oscura\u00bb, escribe meses despu\u00e9s de su bautismo, \u00abme parec\u00eda sumamente dif\u00edcil y fatigoso realizar lo que me propon\u00eda la misericordia de Dios\u2026 Estaba ligado a much\u00edsimos errores de mi vida pasada, y no cre\u00eda que pudiera liberarme, hasta el punto de que segu\u00eda los vicios y favorec\u00eda mis malos deseos\u2026 Pero despu\u00e9s, con la ayuda del agua regeneradora, qued\u00f3 lavada la miseria de mi vida precedente; una luz soberana se difundi\u00f3 en mi coraz\u00f3n; un segundo nacimiento me regener\u00f3 en un ser totalmente nuevo. De manera maravillosa comenz\u00f3 a disiparse toda duda\u2026 Comprend\u00eda claramente que era terrenal lo que antes viv\u00eda en m\u00ed, en la esclavitud de los vicios de la carne, y por el contrario era divino y celestial lo que el Esp\u00edritu Santo ya hab\u00eda generado en m\u00ed\u00bb (\u00abA Donato\u00bb, 3-4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inmediatamente despu\u00e9s de la conversi\u00f3n, Cipriano, a pesar de envidias y resistencias, fue elegido al oficio sacerdotal y a la dignidad de obispo. En el breve per\u00edodo de su episcopado afronta las dos primeras persecuciones sancionadas por un edicto imperial, la de Decio (250) y la de Valeriano (257-258). Despu\u00e9s de la persecuci\u00f3n particularmente cruel de Decio, el obispo tuvo que empe\u00f1arse con mucho esfuerzo por volver a poner disciplina en la comunidad cristiana. Muchos fieles, de hecho, hab\u00edan abjurado, o no hab\u00edan tenido un comportamiento correcto ante la prueba. Eran los as\u00ed llamados \u00ablapsi\u00bb, es decir, los \u00abca\u00eddos\u00bb, que deseaban ardientemente volver a entrar en la comunidad. El debate sobre su readmisi\u00f3n lleg\u00f3 a dividir a los cristianos de Cartago en laxistas y rigoristas. A estas dificultades hay que a\u00f1adir una grave epidemia que flagel\u00f3 \u00c1frica y que plante\u00f3 interrogantes teol\u00f3gicos angustiantes tanto dentro de la comunidad como en relaci\u00f3n con los paganos. Hay que recordar, por \u00faltimo, la controversia entre Cipriano y el obispo de Roma, Esteban, sobre la validez del bautismo administrado a los paganos por parte de cristianos herejes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En estas circunstancias realmente dif\u00edciles, Cipriano demostr\u00f3 elevadas dotes de gobierno: fue severo, pero no inflexible con los \u00abca\u00eddos\u00bb, d\u00e1ndoles la posibilidad del perd\u00f3n despu\u00e9s de una penitencia ejemplar; ante Roma, fue firme en la defensa de las sanas tradiciones de la Iglesia africana; fue sumamente comprensivo y lleno del m\u00e1s aut\u00e9ntico esp\u00edritu evang\u00e9lico a la hora de exhortar a los cristianos a la ayuda fraterna a los paganos durante la epidemia; supo mantener la justa medida a la hora de recordar a los fieles, demasiado temerosos de perder la vida y los bienes terrenos, que para ellos la verdadera vida y los aut\u00e9nticos bienes no son los de este mundo; fue inquebrantable a la hora de combatir las costumbres corruptas y los pecados que devastan la vida moral, sobre todo la avaricia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abPasaba de este modo los d\u00edas\u00bb, cuenta el di\u00e1cono Poncio, \u00abcuando por orden del proc\u00f3nsul, lleg\u00f3 inesperadamente a su casa el jefe de la polic\u00eda\u00bb (\u00abVida\u00bb, 15,1). En ese d\u00eda, el santo obispo fue arrestado y despu\u00e9s de un breve interrogatorio afront\u00f3 valerosamente el martirio en medio de su pueblo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cipriano compuso numerosos tratados y cartas, siempre ligados a su ministerio pastoral. Poco proclive a la especulaci\u00f3n teol\u00f3gica, escrib\u00eda sobre todo para la edificaci\u00f3n de la comunidad y para el buen comportamiento de los fieles. De hecho, la Iglesia es su tema preferido. Distingue entre \u00abIglesia visible\u00bb, jer\u00e1rquica, e \u00abIglesia invisible\u00bb, m\u00edstica, pero afirma con fuerza que la Iglesia es una sola, fundada sobre Pedro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se cansa de repetir que \u00abquien abandona la c\u00e1tedra de Pedro, sobre la que est\u00e1 fundada la Iglesia, se queda en la ilusi\u00f3n de permanecer en la Iglesia\u00bb (\u00abLa unidad de la Iglesia cat\u00f3lica\u00bb, 4). Cipriano sabe bien, y lo dijo con palabras fuertes, que \u00abfuera de la Iglesia no hay salvaci\u00f3n\u00bb (Ep\u00edstola 4,4 y 73,21), y que \u00abno puede tener a Dios como Padre quien no tiene a la Iglesia como madre\u00bb (\u00abLa unidad de la Iglesia cat\u00f3lica, 4). Caracter\u00edstica irrenunciable de la Iglesia es la unidad, simbolizada por la t\u00fanica de Cristo sin costura (ib\u00eddem, 7): unidad que, seg\u00fan dice, encuentra su fundamento en Pedro (ib\u00eddem, 4) y su perfecta realizaci\u00f3n en la Eucarist\u00eda (Ep\u00edstola 63,13). \u00abS\u00f3lo hay un Dios, un solo Cristo\u00bb, exhorta Cipriano, \u00abuna sola es su Iglesia, una sola fe, un solo pueblo cristiano, firmemente unido por el cemento de la concordia: y no puede separarse lo que por naturaleza es uno\u00bb (\u00abLa unidad de la Iglesia cat\u00f3lica\u00bb, 23).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hemos hablado de su pensamiento sobre la Iglesia, pero no hay que olvidar, por \u00faltimo, la ense\u00f1anza de Cipriano sobre la oraci\u00f3n. A m\u00ed me gusta particularmente su libro sobre el \u00abPadrenuestro\u00bb, que me ha ayudado mucho a comprender mejor y a rezar mejor la \u00aboraci\u00f3n del Se\u00f1or\u00bb: Cipriano ense\u00f1a que precisamente en el \u00abPadrenuestro\u00bb se ofrece al cristiano la manera recta de rezar; y subraya que esta oraci\u00f3n se conjuga en plural \u00abpara que quien reza no rece s\u00f3lo por s\u00ed mismo. Nuestra oraci\u00f3n \u2014escribe\u2014 es p\u00fablica y comunitaria y, cuando rezamos, no rezamos s\u00f3lo por uno, sino por todo el pueblo, pues somos una sola cosa con todo el pueblo\u00bb (\u00abLa oraci\u00f3n del Se\u00f1or\u00bb 8). De este modo, oraci\u00f3n personal y lit\u00fargica se presentan firmemente unidas entre s\u00ed. Su unidad se basa en el hecho de que responden a la misma Palabra de Dios. El cristiano no dice \u00abPadre m\u00edo\u00bb, sino \u00abPadre nuestro\u00bb, incluso en el secreto de su habitaci\u00f3n cerrada, pues sabe que en todo lugar, en toda circunstancia, es miembro de un mismo Cuerpo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abRecemos, por tanto, hermanos querid\u00edsimo\u00bb, escribe el obispo de Cartago, \u00abcomo Dios, el Maestro, nos ha ense\u00f1ado. Es una oraci\u00f3n confidencial e \u00edntima rezar a Dios con lo que es suyo, elevar a sus o\u00eddos la oraci\u00f3n de Cristo. Que el Padre reconozca las palabras de su Hijo cuando elevamos una oraci\u00f3n: que quien habita interiormente en el esp\u00edritu est\u00e9 tambi\u00e9n presente en la voz\u2026 Cuando se reza, adem\u00e1s, hay que tener una manera de hablar y de rezar que, con disciplina, mantenga calma y reserva. Pensemos que estamos ante la mirada de Dios. Es necesario ser gratos ante los ojos divinos tanto con la actitud del cuerpo como con el tono de la voz\u2026 Y cuando nos reunimos junto a los hermanos y celebramos los sacrificios divinos con el sacerdote de Dios, tenemos que hacerlo con temor reverencial y disciplina, sin arrojar al viento por todos los lados nuestras oraciones con voces desmesuradas, ni lanzar con tumultuosa verborrea una petici\u00f3n que hay que presentar a Dios con moderaci\u00f3n, pues Dios no escucha la voz, sino el coraz\u00f3n (\u201cnon vocis sed cordis auditor est\u201d)\u00bb (3-4). Se trata de palabras que siguen siendo v\u00e1lidas tambi\u00e9n hoy y que nos ayudan a celebrar bien la santa Liturgia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En definitiva, Cipriano se encuentra en los or\u00edgenes de esa fecunda tradici\u00f3n teol\u00f3gico-espiritual que ve en el \u00abcoraz\u00f3n\u00bb el lugar privilegiado de la oraci\u00f3n. Seg\u00fan la Biblia y los Padres, de hecho, el coraz\u00f3n es lo \u00edntimo del ser humano, el lugar donde mora Dios. En \u00e9l se realiza ese encuentro en el que Dios habla al hombre, y el hombre escucha a Dios; en el que el hombre habla a Dios y Dios escucha al hombre: todo esto tiene lugar a trav\u00e9s de la \u00fanica Palabra divina. Precisamente en este sentido, haciendo eco a Cipriano, Emaragdo, abad de san Miguel, en los primeros a\u00f1os del siglo IX, atestigua que la oraci\u00f3n \u00abes obra del coraz\u00f3n, no de los labios, pues Dios no mira a las palabras, sino al coraz\u00f3n del orante\u00bb (\u00abLa diadema de los monjes\u00bb, 1).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tengamos este \u00abcoraz\u00f3n que escucha\u00bb, del que nos hablan la Biblia (cfr 1 Reyes 3, 9) y los Padres: \u00a1nos hace mucha falta! S\u00f3lo as\u00ed podremos experimentar en plenitud que Dios es nuestro Padre y que la Iglesia, la santa Esposa de Cristo, es verdaderamente nuestra Madre.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Intervenci\u00f3n de Benedicto XVI durante la audiencia general del mi\u00e9rcoles 6 de junio de 2007 en la que present\u00f3 la figura de San Cipriano de Cartago En la serie de nuestras catequesis sobre las grandes personalidades de la Iglesia antigua, llegamos hoy a un excelente obispo africano del siglo III, san Cipriano, \u00abel primer obispo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-cipriano-de-cartago-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSAN CIPRIANO DE CARTAGO EN LAS AUDIENCIAS DE BENEDICTO XVI\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23922","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23922","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23922"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23922\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23922"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23922"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23922"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}