{"id":23938,"date":"2016-02-05T16:18:08","date_gmt":"2016-02-05T21:18:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-x\/"},"modified":"2016-02-05T16:18:08","modified_gmt":"2016-02-05T21:18:08","slug":"cister-historia-x","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-x\/","title":{"rendered":"CISTER: HISTORIA X"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Nacimiento de las Congregaciones<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Nuevo sistema de administraci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Julio II restaura la indpendencia de San Bernardo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Pobreza y escasez: la plaga de las comunidades<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Siglo XVII&#160;: reavivamiento de la disciplina y prosperidad<\/li>\n<\/ul>\n<h1>Nacimiento de las Congregaciones<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">La estructura b\u00e1sica de la interdependencia cisterciense, de acuerdo con los principios de la Carta de Caridad, era la filiaci\u00f3n: la \u00abmadre\u00bb fundadora controlaba a la \u00abhija\u00bb reci\u00e9n establecida. Dado que en \u00faltima instancia cada abad\u00eda depend\u00eda de una de las cinco \u00abprotoabad\u00edas\u00bb, la historia medieval cisterciense es testigo de una larga expansi\u00f3n lineal de las \u00abfamilias\u00bb de Cister, La Fert\u00e9, Pontigny, Claraval y Morimundo. Las l\u00edneas de filiaci\u00f3n de Claraval, la m\u00e1s prol\u00edfica, se extend\u00edan desde Portugal a Hungr\u00eda, y de Suecia al sur de Italia; las de Morimundo eran especialmente extensas en direcci\u00f3n este-oeste, alineando establecimientos desde Espa\u00f1a hasta la regi\u00f3n B\u00e1ltica. Mientras cada abad pudo delegar voluntariamente las tareas de la visita regular, el sistema funcion\u00f3 con notable eficiencia. Sin embargo, con el tiempo, la intromisi\u00f3n de abades comendatarios, la supresi\u00f3n en gran escala de monasterios y la aparici\u00f3n de estados nacionales constantemente en guerra, cortaron los medios de comunicaci\u00f3n y control. A comienzos del siglo XV, el Cap\u00edtulo General se vio obligado a desarrollar un nuevo sistema de visitas. La Carta de Caridad nunca fue derogada o reformada de forma oficial; tradicionalmente, cada sesi\u00f3n del Cap\u00edtulo se abr\u00eda con la lectura del venerable documento. Sin embargo, las nuevas disposiciones ten\u00edan muy poco en com\u00fan con el primitivo concepto cisterciense de gobierno. Las novedades m\u00e1s importantes eran la formaci\u00f3n de \u00abprovincias\u00bb y \u00abcongregaciones\u00bb. Las primeras fueron iniciadas y controladas por el Cap\u00edtulo General; las segundas vieron la luz, con frecuencia, sin el acuerdo del Cap\u00edtulo, y tendieron a desarrollarse hacia organizaciones regionales o nacionales m\u00e1s o menos independientes. Desde el siglo XV en adelante, fueron nombrados ocasionalmente por el Cap\u00edtulo General padres visitadores de monasterios aislados. Si su autoridad se extend\u00eda a un territorio m\u00e1s extenso, con poderes mayores que los habituales, se los llamaba con frecuencia \u00abreformadores\u00bb. En 1433, se nombr\u00f3 un visitador especial para cada provincia bajo la autoridad de un \u00abvisitador general\u00bb. Habitualmente se nombraba para una tarea de tal envergadura a los abades m\u00e1s influyentes, o incluso el Abad de Cister; pero con la anuencia del Cap\u00edtulo actuaron tambi\u00e9n como tales simples monjes. Se llamaba \u00abcomisarios\u00bb a los nombrados por el Cap\u00edtulo para otras tareas especiales, como arbitrajes o recaudaci\u00f3n de contribuciones. A poco de establecida esta funci\u00f3n, se hizo cada vez m\u00e1s importante.\n<\/p>\n<h1>Nuevo sistema de administraci\u00f3n<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El nuevo sistema de administraci\u00f3n adquiri\u00f3 una forma m\u00e1s fija y espec\u00edfica cuando, durante el siglo XVI, las abad\u00edas que no pertenec\u00edan a las congregaciones reci\u00e9n establecidas fueron organizadas en provincias y vicariatos bajo la directa autoridad del Cap\u00edtulo General. En caso de que \u00e9ste no se reuniera, el Abad de Cister ejerc\u00eda su autoridad. Estas provincias cistercienses, a diferencia de las de los mendicantes, eran unidades administrativas sin autonom\u00eda ni funci\u00f3n constitucional y correspond\u00edan territorialmente a las provincias pol\u00edticas de las distintas naciones. Este esquema nuevo se desarroll\u00f3 primero en Francia, y durante el siglo XVII se difundi\u00f3 por toda Europa. Hacia el a\u00f1o 1683, a m\u00e1s de las congregaciones, hab\u00eda treinta y nueve provincias. El control de los monasterios de una provincia era ejercido por el vicario provincial, nombrado por el Cap\u00edtulo General, que era normalmente un abad de esa provincia. El Cap\u00edtulo General de 1605 defini\u00f3 las funciones de este cargo nuevo e importante y los Cap\u00edtulos Generales posteriores las ampliaron. La obligaci\u00f3n principal del vicario provincial era la visita anual a todos los monasterios a su cargo. Deb\u00edan comunicar sus observaciones al abad de Cister, quien pod\u00eda nombrarlos o relevarlos, previa consulta con los protoabades, porque, si bien los nombramientos duraban hasta el Cap\u00edtulo siguiente, pod\u00edan transcurrir d\u00e9cadas sin un Cap\u00edtulo regular. Con frecuencia, abades muy estimados desempe\u00f1aron el cargo de por vida. Cuando el Abad de Cister tom\u00f3 el cargo de \u00ababad general\u00bb, los vicarios se transformaron en \u00abvicarios generales\u00bb. El procurador provincial era el subordinado oficial al vicario general, encargado de la defensa o apoyo de las abad\u00edas en casos legales. Este cargo se origin\u00f3 durante la lucha contra la commenda en el siglo XV. En 1565 se cambi\u00f3 el t\u00edtulo por el de \u00abs\u00edndico\u00bb o \u00abpromotor\u00bb, y finalmente fue suprimido en 1695. La creciente influencia de la corte francesa en materia religiosa se manifest\u00f3 en 1601, con el nombramiento de un \u00abprocurador general\u00bb que resid\u00eda en el Colegio de San Bernardo en Par\u00eds. Su misi\u00f3n era similar a la del procurador general en Roma. A despecho de estas innovaciones, el Cap\u00edtulo alentaba siempre a los abades a ejercer sus derechos constitucionales cooperando con los vicarios generales, en todo lugar donde existieran las l\u00edneas de filiaci\u00f3n originales. Los mismos factores hist\u00f3ricos que motivaron estos cambios administrativos influyeron tambi\u00e9n en la reorganizaci\u00f3n de la educaci\u00f3n de los novicios y de los monjes reci\u00e9n profesos. Como consecuencia de las desgarradoras circunstancias, ya analizadas, un gran n\u00famero de abad\u00edas declinaron tanto en personal como en disciplina regular, torn\u00e1ndose incapaces o incompetentes para mantener en forma correcta sus propios noviciados. El detallado plan de reformas del Cap\u00edtulo de 1601 exig\u00eda la formaci\u00f3n de noviciados comunes para ciertos grupos de abad\u00edas. Este plan encontr\u00f3 amplio apoyo en Roma, porque ya se hab\u00eda comprobado en otras congregaciones religiosas que era un medio pr\u00e1ctico para mantener una disciplina uniforme. Sin duda alguna, tal medida afectar\u00eda vitalmente los derechos b\u00e1sicos de cada monasterio; y a ella se opusieron en especial las abad\u00edas alemanas y todas aquellas donde todav\u00eda sobreviv\u00eda la vida cisterciense tradicional. Sin embargo, el noviciado com\u00fan se transform\u00f3 en instituci\u00f3n provincial, como una necesidad inevitable, en Francia e Italia. Siempre se respet\u00f3 el derecho de cada abad\u00eda a mantener su propio noviciado, en la medida que fuera capaz de cumplir con los requisitos m\u00ednimos de una direcci\u00f3n correcta. Las casas de noviciado com\u00fan orientaban, por lo general, hacia un curso posterior de teolog\u00eda, en el cual el neoprofeso recib\u00eda una formaci\u00f3n m\u00e1s completa en la disciplina mon\u00e1stica. Debido a la gran importancia de estos centros educativos para propiciar reformas y fortalecer el esp\u00edritu general de la Orden, se debati\u00f3 acaloradamente en todo el siglo XVII, durante la guerra de las observancias, la forma en que deb\u00eda ejercerse su direcci\u00f3n y supervisi\u00f3n. Los or\u00edgenes de las congregaciones aut\u00f3nomas est\u00e1n \u00edntimamente unidos a movimientos de reforma regionales. Tal es el caso de la Congregaci\u00f3n fundada por Joaqu\u00edn de Fiore en Calabria a comienzos del siglo XIII, de corta vida. En forma similar, el desarrollo de la poco conocida Congregaci\u00f3n de Sibculo , en los Pa\u00edses Bajos, fue motivada por fuerzas de renovaci\u00f3n espiritual. A comienzos del siglo XV, surgi\u00f3 en Espa\u00f1a un movimiento mucho m\u00e1s significativo. Mart\u00edn de Vargas, un jer\u00f3nimo (Congregaci\u00f3n de ermita\u00f1os de San Jer\u00f3nimo), que se convirti\u00f3 en monje cisterciense en la abad\u00eda de Piedra, fund\u00f3 la Congregaci\u00f3n de Castilla u \u00abObservancia Regular de San Bernardo\u00bb. Aunque su actividad como reformador suscit\u00f3 una gran controversia en Cister, era ampliamente conocido como un hombre santo y estudioso, impulsado por las mejores intenciones. Despu\u00e9s de su estancia en Italia, en 1425, lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que la mejor forma de remediar el estado decadente de la Orden en Espa\u00f1a, debido en gran parte a la infiltraci\u00f3n del sistema comendatario, ser\u00eda la adopci\u00f3n de medidas que hab\u00edan probado ser eficaces, en circunstancias semejantes, para los benedictinos italianos, bajo el liderazgo de Ludovico Barbo (\u2020 1443), obispo de Treviso. Con la aprobaci\u00f3n del papa Mart\u00edn V, Vargas abandon\u00f3 Piedra en 1427, y con once compa\u00f1eros, fund\u00f3 Montesi\u00f3n cerca de Toledo. El Cap\u00edtulo General fue informado de la existencia del nuevo movimiento alrededor de 1430, despu\u00e9s de que Vargas y sus monjes tuvieron \u00e9xito al lograr controlar la abad\u00eda cisterciense de Valbuena. Cister protest\u00f3, pero la reforma recibi\u00f3 en 1434 un nuevo apoyo del papa Eugenio IV, que estuvo ligado con anterioridad a Ludovico Barbo. En r\u00e1pida sucesi\u00f3n, sigui\u00f3 la conquista de otras seis abad\u00edas, y el Cap\u00edtulo General, sinti\u00e9ndose ultrajado, excomulg\u00f3 al insubordinado espa\u00f1ol. Sin embargo, el Papa Eugenio, convencido de que Vargas estaba en la posici\u00f3n correcta, y Cister en la equivocada, no s\u00f3lo aprob\u00f3 la nueva Congregaci\u00f3n de Castilla en 1437, sino que exigi\u00f3 que el Cap\u00edtulo General aprobara su organizaci\u00f3n. El Cap\u00edtulo de 1438 obedeci\u00f3 de mala gana, pero en 1445 Vargas fue excomulgado por segunda vez, muriendo en desgracia al a\u00f1o siguiente. Por entonces, la Congregaci\u00f3n hab\u00eda logrado amplio apoyo, y sobrevivi\u00f3 a su fundador sin mayores dificultades. Con toda certeza, Vargas fue un innovador audaz. Para desalentar a potenciales comendatarios, reemplaz\u00f3 a los abades por priores elegidos por el t\u00e9rmino de tres a\u00f1os. Pod\u00edan ser reelegidos, pero no por un per\u00edodo consecutivo. Se autotitul\u00f3 \u00abReformador\u00bb, y comparti\u00f3 la autoridad con ocho definidores. Estos nombraban a los visitadores, quienes eran responsables ante el cap\u00edtulo trienal de la Congregaci\u00f3n. Se aboli\u00f3 el voto de estabilidad y cada monje pod\u00eda ser transferido a cualquier sitio dentro de la organizaci\u00f3n. Algunos superiores terminaron reasumiendo el t\u00edtulo abacial, pero segu\u00edan estando s\u00f3lo tres a\u00f1os en funciones. En resumen, Vargas adopt\u00f3 principios que demostraron ser \u00fatiles a las congregaciones reformadas de su \u00e9poca en Italia, y pronto iban a ser introducidas en Espa\u00f1a. Aunque con bastante dificultad podr\u00eda conciliarse la tradici\u00f3n cisterciense con estas disposiciones, lo que caus\u00f3 mayor resentimiento en el Cap\u00edtulo General fue la eliminaci\u00f3n pr\u00e1ctica de todos los controles que previamente hab\u00edan unido a las abad\u00edas espa\u00f1olas con sus casas madres francesas, y en \u00faltimo t\u00e9rmino con Claraval y Cister. En 1493, Pedro de Virey, abad de Claraval, hizo un serio esfuerzo para afirmar de nuevo la autoridad del Cap\u00edtulo General y la suya propia, y firm\u00f3 un acuerdo con la reforma. Esta \u00faltima expresaba su devoci\u00f3n a Cister, y promet\u00eda no llevar la expansi\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de las ocho casas y Montesi\u00f3n y Valbuena, cunas de la Reforma. Pero el crecimiento de la Congregaci\u00f3n no pod\u00eda frenarse; en 1532, contaba con treinta y cinco monasterios. Al a\u00f1o siguiente, otro abad de Claraval, Edmundo de Saulieu, emprendi\u00f3 un viaje de visita a Espa\u00f1a para asegurarse de que por lo menos las abad\u00edas restantes en Espa\u00f1a y Portugal obedec\u00edan a Cister y al Cap\u00edtulo General. Su \u00e9xito fue temporal. En 1559, la \u00faltima casa cisterciense en el viejo reino de Le\u00f3n y Castilla se uni\u00f3 a la Congregaci\u00f3n de Castilla, que por ese entonces constaba de cuarenta y cinco monasterios florecientes y bien disciplinados. A pesar del recelo de Cister, es innegable que los cambios constitucionales efectuados por la Congregaci\u00f3n de Castilla estaban justificados. Probaron por s\u00ed mismos estar llenos de \u00e9xito y ser incluso populares. Si bien es cierto que las relaciones entre Castilla y Cister fueron fr\u00edas debido a la hostilidad perpetua entre Borbones y Habsburgos, es muy dudoso que el Cap\u00edtulo General pudiera haber retenido un control significativo sobre las casas espa\u00f1olas, aun cuando hubiera gozado de la mejor disposici\u00f3n de los cistercienses de allende los Pirineos. Sin embargo, puede alegarse a favor de los castellanos que, cuando Cister abandon\u00f3 la antigua liturgia cisterciense en el siglo XVII, los espa\u00f1oles la conservaron hasta la disoluci\u00f3n mon\u00e1stica general de 1835. Contactos personales aislados mantuvieron viva la memoria de relaciones m\u00e1s estrechas. Peri\u00f3dicamente, aparec\u00eda alg\u00fan monje castellano en Cister; Edmundo de la Croix, abad de esta \u00faltima, emprendi\u00f3 una visita a Espa\u00f1a en 1604, muri\u00f3 durante el viaje, y fue enterrado en Poblet. Sin duda alguna, el siglo XVII fue la \u00ab\u00e9poca de oro\u00bb de la Congregaci\u00f3n de Castilla. Las cuarenta y cinco abad\u00edas de la organizaci\u00f3n inclu\u00edan dos colegios, uno establecido en 1504 en Salamanca y el otro, de mayor renombre, fue fundado en 1534, vinculado a Alcal\u00e1 de Henares, universidad en r\u00e1pido desarrollo. La erudici\u00f3n lleg\u00f3 a convertirse en una gran tradici\u00f3n de la Congregaci\u00f3n. El eminente historiador Angel Manrique (1577-1648), monje de Huerta y graduado en Salamanca, fue s\u00f3lo uno de tantos de sus miembros de capacidad descollante. Todav\u00eda falta resaltar otro rasgo notorio de la Congregaci\u00f3n: aceptaba a jud\u00edos conversos, quienes, de acuerdo con el testimonio de Claudio de Bronseval (1533), constitu\u00edan el grueso de los monjes. Testigo poco amistoso, pudo muy bien haber exagerado, pero su aseveraci\u00f3n no es infundada. La gran cantidad de monjes de origen jud\u00edo puso a la Congregaci\u00f3n en una situaci\u00f3n delicada, y en 1534 se orden\u00f3 la expulsi\u00f3n de los mismos. Las abad\u00edas cistercienses del norte de Italia, asoladas por el sistema comendatario, encontraron hacia fines del siglo XV un protector ben\u00e9volo en la persona de Ludovico Sforza (el Moro), duque de Mil\u00e1n (1496-1500). Obtuvo en 1497 una bula del papa Alejandro VI, autorizando la formaci\u00f3n de una \u00abCongregaci\u00f3n de San Bernardo\u00bb, aut\u00f3noma que reun\u00eda a todas las abad\u00edas de la Orden en Lombard\u00eda y Toscana. Esta organizaci\u00f3n, al igual que la de Castilla, se form\u00f3 sin el consentimiento de Cister, y sigui\u00f3 el modelo de otros movimientos contempor\u00e1neos similares. La nueva Congregaci\u00f3n iba a celebrar sus cap\u00edtulos independientes, bajo un \u00abpresidente general\u00bb apoyado por nueve \u00abdefinidores\u00bb y varios visitadores. En lugar de abades, cada casa deb\u00eda tener \u00abprelados\u00bb, nombrados por tres a\u00f1os. Debido a la vigorosa protesta de Cister, Alejandro VI revoc\u00f3 su bula, y en 1500 el Cap\u00edtulo General tom\u00f3 la iniciativa. Todas las abad\u00edas de las provincias deb\u00edan ser visitadas, reformadas y reorganizadas bajo los auspicios de Cister. El esfuerzo fue infructuoso.\n<\/p>\n<h1>Julio II restaura la indpendencia de San Bernardo<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces, en 1511, Julio II restaur\u00f3 la independencia de la Congregaci\u00f3n de San Bernardo, con una constituci\u00f3n ligeramente modificada. Los cap\u00edtulos anuales se llevar\u00edan a cabo alternadamente en Lombard\u00eda y Tosc\u00e1na, y cada una de las provincias tendr\u00eda siete definidores. La presidencia se alternar\u00eda de la misma forma. Dentro de cada provincia, los monjes pod\u00edan ser transferidos de una casa a otra, pero el cambio de personal entre las dos provincias era excepcional. En 1578, Gregorio XIII modific\u00f3 m\u00e1s ampliamente la constituci\u00f3n. Los cap\u00edtulos se llevar\u00edan a cabo cada tres a\u00f1os, y el \u00abpresidente\u00bb reten\u00eda su posici\u00f3n por el mismo tiempo. Nunca se determin\u00f3 la relaci\u00f3n entre Cister y la Congregaci\u00f3n. Durante los siglos XVII y XVIII, el Cap\u00edtulo General realiz\u00f3 una serie de esfuerzos tendentes a lograr alg\u00fan control, por lo menos, sobre la Congregaci\u00f3n, pero sin mayor \u00e9xito. Con el tiempo, la Congregaci\u00f3n lleg\u00f3 a contar con cuarenta y cinco casas peque\u00f1as. Los superiores de algunas de las comunidades m\u00e1s renombradas recobraron el t\u00edtulo abacial, pero su mandato continu\u00f3 siendo trienal. El propio Cap\u00edtulo General promovi\u00f3 la fundaci\u00f3n de Congregaciones en otras partes de Italia. En 1605 se unieron siete abad\u00edas sobrevivientes en el sur de la Pen\u00ednsula para formar la Congregaci\u00f3n de Calabria y Lucania. En 1633, Urbano VII aprob\u00f3 las constituciones de la nueva organizaci\u00f3n exigiendo cap\u00edtulos provinciales trienales bajo un \u00abpresidente\u00bb. A pesar de las protestas de Cister, se aboli\u00f3 la estabilidad mon\u00e1stica, y aun los bienes materiales de cada casa entraban a formar parte de la propiedad de la Congregaci\u00f3n.\n<\/p>\n<h1>Pobreza y escasez: la plaga de las comunidades<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pobreza y la escasez de vocaciones continuaban siendo una plaga en las comunidades. El Cap\u00edtulo General de 1686 se quejaba todav\u00eda del \u00abestado miserable de la Congregaci\u00f3n de Calabria y Lucania, y comisionaba al procurador general en la Curia para visitar y reformar en cabeza y miembros, lo antes posible, a cada uno de los monasterios de la Congregaci\u00f3n\u00bb. El Cap\u00edtulo General de 1738 dict\u00f3 reglamentos para esas casas, acentuando la necesidad de instrucci\u00f3n teol\u00f3gica. Con tal fin, la Congregaci\u00f3n manten\u00eda un colegio en la ciudad de Cosenza, donde despu\u00e9s de siete a\u00f1os de estudios un monje pod\u00eda obtener el grado de doctor en teolog\u00eda. Algunos superiores locales eran llamados abades, otros priores, pero todos estaban nombrados por el t\u00e9rmino de cuatro a\u00f1os. En 1613 el Cap\u00edtulo General propuso la formaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n Romana, que comprend\u00eda ocho abad\u00edas dentro de los Estados papales y el Reino de N\u00e1poles. De acuerdo con la constituci\u00f3n aprobada en 1623 por Gregorio XV, esas casas ten\u00edan cap\u00edtulos provinciales cada cuatro a\u00f1os, donde nombraban abades que ejercer\u00edan sus cargos por el mismo lapso de tiempo. Tambi\u00e9n se organiz\u00f3 la Congregaci\u00f3n de Arag\u00f3n en el mismo Cap\u00edtulo de 1613 respondiendo a las exigencias de Felipe III. Reun\u00edan diecis\u00e9is abad\u00edas de Espa\u00f1a no incluidas en la Congregaci\u00f3n de Castilla. Esta nueva Congregaci\u00f3n deb\u00eda quedar bajo la autoridad del Cap\u00edtulo General y enviar dos delegados a Cister cada vez que se reun\u00eda el Cap\u00edtulo. La Congregaci\u00f3n estaba autorizada para celebrar su propio cap\u00edtulo cada cuatro a\u00f1os, ocasi\u00f3n en que se eleg\u00eda un vicario general, definidores y visitadores, tambi\u00e9n por el t\u00e9rmino de cuatro a\u00f1os. El cargo de abad tampoco era vitalicio, y para su elecci\u00f3n cada comunidad s\u00f3lo pod\u00eda elegir uno, entre los tres candidatos presentados por el vicario general. La situaci\u00f3n completamente diferente por la que atravesaba Portugal condujo al desarrollo de la Congregaci\u00f3n de Alcoba\u00e7a, que permaneci\u00f3 independiente. Durante la visita regular a las casas portuguesas en 1532, Edmundo de Saulieu, abad de Claraval, descubri\u00f3 que la mayor\u00eda de los monasterios estaban en condiciones deplorables y advirti\u00f3 los intentos de la Congregaci\u00f3n de Castilla para infiltrarse e incorporar las comunidades empobrecidas. Saulieu tuvo \u00e9xito al neutralizar los esfuerzos de los castellanos, pero no pudo desalojar al abad comendatario de Alcoba\u00e7a y asegurar la libre elecci\u00f3n en dicha abad\u00eda, de la cual depend\u00edan todas las otras casas. Sin embargo, la muy piadosa corte lusitana no ten\u00eda intenci\u00f3n de permitir que se desbaratasen los esfuerzos por lograr una reforma. La posibilidad de la misma surgi\u00f3 en 1540 cuando el rey Juan II (1521-1557) nombr\u00f3 a su hermano, el cardenal Enrique, como abad comendatario de Alcoba\u00e7a. El primer paso fue la eliminaci\u00f3n de los comendatarios y su reemplazo por priores nombrados por tres a\u00f1os. Luego, en 1564, el Cardenal comenz\u00f3 a celebrar cap\u00edtulos en Alcoba\u00e7a. La creaci\u00f3n de una congregaci\u00f3n independiente fue aprobada en 1567 por P\u00edo V y confirmada en 1574 por Gregorio XIII, quien reconoci\u00f3 al cardenal Enrique como \u00abgeneral\u00bb de la nueva Congregaci\u00f3n de Alcoba\u00e7a. Al ascender este cardenal al trono de Portugal (1578-1580), qued\u00f3 asegurada la prosperidad de la organizaci\u00f3n. La Congregaci\u00f3n portuguesa agrupaba a catorce monasterios y segu\u00eda el modelo ya familiar de abolir la estabilidad mon\u00e1stica y adoptar abades que duraban tres a\u00f1os en sus funciones. Nunca se aclar\u00f3 su relaci\u00f3n con Cister y de hecho no mand\u00f3 delegados al Cap\u00edtulo General.\n<\/p>\n<h1>Siglo XVII&#160;: reavivamiento de la disciplina y prosperidad<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero es innegable que durante el siglo XVII se reavivaron la disciplina y la prosperidad, y hubo una renovaci\u00f3n espiritual e intelectual notables. A la fundaci\u00f3n de un colegio en Coimbra (1554), le sucedi\u00f3 la organizaci\u00f3n de otro en Alcoba\u00e7a, donde se formaron gran n\u00famero de eruditos y te\u00f3logos eminentes. Un fervor religioso poco com\u00fan se manifestaba en la gran abad\u00eda mediante la instituci\u00f3n del laus perennis, servicios divinos realizados en forma ininterrumpida en la iglesia d\u00eda y noche. Entre 1596 y 1756, la Congregaci\u00f3n fund\u00f3 dos monasterios nuevos y cuatro conventos para monjas cistercienses reformadas, llamadas \u00abRecoletas Descalzas\u00bb. La magn\u00edfica reconstrucci\u00f3n barroca y la expansi\u00f3n de Alcoba\u00e7a eran simplemente expresi\u00f3n externa de una reforma verdaderamente impresionante. La Congregaci\u00f3n de Alemania Superior no s\u00f3lo permaneci\u00f3 fiel a Cister, sino que desempe\u00f1\u00f3 un papel decisivo en la historia de la Orden durante los siglos XVII y XVIII. Esta organizaci\u00f3n estaba plenamente justificada, porque la secularizaci\u00f3n de muchas abad\u00edas cistercienses durante la Reforma hab\u00eda roto los v\u00ednculos de filiaci\u00f3n, y las guerras religiosas hab\u00edan hecho imposible la reuni\u00f3n y la asistencia a un Cap\u00edtulo General. Tom\u00f3 la iniciativa en 1595, en la casa b\u00e1vara de F\u00fcrstenfeld, donde tuvo lugar una convenci\u00f3n abacial bajo la presidencia del abad general, Edmundo de la Croix. En principio, se decidi\u00f3 organizar una congregaci\u00f3n, pero el problema del n\u00famero de sus miembros dilat\u00f3 la acci\u00f3n inmediata. Aunque las abad\u00edas b\u00e1varas y renanas estaban dispuestas a cooperar, las casas suizas prefer\u00edan tener su propia congregaci\u00f3n separada. Fue s\u00f3lo en 1618, cuando otra convenci\u00f3n abacial, en Salem, pudo lograr el acuerdo para estructurar la nueva Congregaci\u00f3n de Alemania Superior (Congregatio Superioris Germaniae). Seg\u00fan lo dispuesto en la constituci\u00f3n reci\u00e9n redactada, la Congregaci\u00f3n deb\u00eda permanecer fiel a la tradici\u00f3n b\u00e1sica cisterciense de abadiato vitalicio y estabilidad mon\u00e1stica. El documento juraba fidelidad al Cap\u00edtulo General y al abad general. El \u00abPresidente\u00bb de la Congregaci\u00f3n deb\u00eda ser elegido por el cap\u00edtulo congregacional, y gozaba de los derechos y poderes ejercidos previamente por el nombrado vicario general; deb\u00eda visitar todas las abad\u00edas de la Congregaci\u00f3n anualmente, y cada cuatro a\u00f1os los cenobios de monjas afiliados, y presidir personalmente o por su comisario las elecciones abaciales. Se reunir\u00edan en Salem un cap\u00edtulo provincial un a\u00f1o antes y otro despu\u00e9s de las sesiones del Cap\u00edtulo General, o cuando lo pidieran circunstancias especiales. El cap\u00edtulo congregacional, la asamblea de todos los abades, ten\u00eda que elegir la delegaci\u00f3n que se enviar\u00eda al Cap\u00edtulo General al a\u00f1o siguiente. Deb\u00edan tener un noviciado com\u00fan y un colegio de filosof\u00eda y teolog\u00eda en Salem, la abad\u00eda m\u00e1s poblada de la regi\u00f3n. El presidente estaba facultado para admitir nuevas abad\u00edas en la Congregaci\u00f3n. El primer presidente fue el abad Tom\u00e1s Wunn de Salem (1615-1647). El abad general Nicol\u00e1s Boucherat II aprob\u00f3 los estatutos en 1619, y la fundaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n fue sancionada por el Cap\u00edtulo General de 1623. La pertinaz resistencia de las abad\u00edas suizas fue rota en 1624, cuando Urbano VIII orden\u00f3 a todas las abad\u00edas de la regi\u00f3n unirse a la nueva Congregaci\u00f3n. Bajo la presidencia de Tom\u00e1s Wunn, la organizaci\u00f3n creci\u00f3 contando con veintis\u00e9is abad\u00edas divididas en cuatro provincias, y treinta y seis conventos de monjas. La Congregaci\u00f3n de la Alemania Superior prob\u00f3 ser una organizaci\u00f3n efectiva y que tuvo \u00e9xito, asegurando un liderazgo competente, una ejemplar disciplina y la prosperidad general hasta la disoluci\u00f3n en los primeros a\u00f1os del siglo XIX. En el contexto de la historia cisterciense durante el Ancien R\u00e9gime, la Congregaci\u00f3n fue el mejor aliado y apoyo con que cont\u00f3 Cister en su lucha contra las aspiraciones separatistas de la Estricta Observancia y contra los protoabades, que siempre desafiaban la autoridad del abad general. Se ha discutido sin llegar a ninguna conclusi\u00f3n definitiva sobre si las organizaciones regionales de Polonia, Bohemia y Austria pueden ser clasificadas como \u00abcongregaciones\u00bb. El Cap\u00edtulo General nunca hizo una distinci\u00f3n legal clara entre \u00abvicariatos\u00bb, \u00abprovincias\u00bb o \u00abcongregaciones\u00bb, y estos t\u00e9rminos aparecen usados en las actas del Cap\u00edtulo indiscriminadamente. Si se acepta como rasgos distintivos de una \u00abcongregaci\u00f3n\u00bb el hecho de auspiciar cap\u00edtulos provinciales y tener una serie de reglamentos, entonces Polonia y Bohemia, por lo menos, estuvieron muy cerca de ser \u00abCongregaci\u00f3n\u00bb. La Congregaci\u00f3n polaca naci\u00f3 en 1580 en una convenci\u00f3n de abades en Wegrowitz, bajo la presidencia de Edmundo de la Croix, representante del abad general Nicol\u00e1s Boucherat I. El resultado de esa sesi\u00f3n fue un conjunto de normas publicadas en Cracovia en 1581 bajo el t\u00edtulo de Statuta Reformationis. Eran estatutos para una reforma religiosa, que no ten\u00edan ning\u00fan prop\u00f3sito de constituir la trabaz\u00f3n legal para formar una organizaci\u00f3n aut\u00f3noma. Sin embargo, el Cap\u00edtulo General de 1605 autoriz\u00f3 la realizaci\u00f3n de cap\u00edtulos provinciales que se reun\u00edan con cierta regularidad. Con el tiempo, esta Congregaci\u00f3n cont\u00f3 con quince abad\u00edas y cinco cenobios de monjas. No se puede dar una fecha exacta para fijar el origen del \u00abvicariato\u00bb o \u00abcongregaci\u00f3n\u00bb de Bohemia, pero en las cr\u00f3nicas del Cap\u00edtulo General de 1613 figura en la lista, conjuntamente con Austria y otras organizaciones similares. Tres a\u00f1os despu\u00e9s, se realiz\u00f3 en Praga un cap\u00edtulo provincial bohemio, en presencia del abad general Nicol\u00e1s Boucherat II, que promulg\u00f3 una serie de reglamentos y decidi\u00f3 reunirse cada cuatro a\u00f1os. La Guerra de los treinta a\u00f1os hizo in\u00fatiles tales disposiciones, pero cerca de una docena de abad\u00edas en Bohemia y Moravia continuaron con vida hasta la era napole\u00f3nica. Las cr\u00f3nicas del Cap\u00edtulo General de 1613, 1618, 1623 y 1628 tratan de un \u00abvicariato irland\u00e9s\u00bb, pero las condiciones imperantes en Irlanda hicieron imposible cualquier tipo de vida mon\u00e1stica organizada. No obstante, algunos vestigios de vida cisterciense sobrevivieron realmente. El \u00abvicario\u00bb, al que se refer\u00edan dichos documentos, era Pablo Ragett, abad titular de la Abad\u00eda de Saint Mary en Dubl\u00edn, quien en realidad pas\u00f3 sus d\u00edas en el exilio en Francia, donde muri\u00f3 en 1633. Le sucedi\u00f3 Lucas Archer, que reuni\u00f3 algunos novicios, se traslad\u00f3 a Holy Cross y asumi\u00f3 el t\u00edtulo de abad hasta el a\u00f1o 1637. Mientras tanto, un cierto n\u00famero de monjes refugiados recib\u00edan educaci\u00f3n, ya sea en Francia o en Espa\u00f1a, prepar\u00e1ndose para retornar a Irlanda tan pronto como les fuera posible. Cuando subi\u00f3 al trono el rey Carlos I de Inglaterra, en 1625, se abrigaron muchas esperanzas de cambiar radicalmente la situaci\u00f3n de los cat\u00f3licos en Irlanda. Previniendo una mayor flexibilidad, Urbano VIII autoriz\u00f3 en 1626 la formaci\u00f3n de la \u00abCongrecaci\u00f3n irlandesa de San Malaqu\u00edas y San Bernardo\u00bb. La Congregaci\u00f3n deb\u00eda ser fiel a Cister, pero pod\u00eda celebrar cap\u00edtulos nacionales cada cinco a\u00f1os bajo un \u00abpresidente\u00bb elegido. En el mismo a\u00f1o y bajo una atm\u00f3sfera todav\u00eda m\u00e1s optimista, la Congregaci\u00f3n romana para la Propagaci\u00f3n de la Fe animaba a los monjes irlandeses a iniciar litigios para recobrar propiedades mon\u00e1sticas confiscadas por la Corona. Estas esperanzas carec\u00edan de fundamento. \u00danicamente en 1630, en v\u00edsperas de la gran guerra civil, los cistercienses irlandeses tuvieron en realidad su primer y \u00faltimo \u00abcap\u00edtulo nacional\u00bb, eligiendo como \u00abpresidente\u00bb a Patricio Plunkett, el nuevo abad de Saint Mary. Las actas del cap\u00edtulo fueron aprobadas por la Santa Sede en 1639, y Plunkett consigui\u00f3 reunir algunos monjes en Dublin. La vida mon\u00e1stica tambi\u00e9n se reanud\u00f3 en otras localidades de Irlanda. La sangrienta invasi\u00f3n a la isla ordenada por Cromwell en 1650 termin\u00f3 con la existencia precaria de los cistercienses irlandeses, y no existen cr\u00f3nicas posteriores indicando que la Congregaci\u00f3n haya sobrevivido. La Congregaci\u00f3n de Feuillant merece un lugar de honor en la historia cisterciense. Su fundador fue Juan de la Barri\u00e8re (1544-1600), un noble del sur de Francia. En 1562, siendo un joven de 18 a\u00f1os, fue nombrado abad comendatario de Feuillant, una abad\u00eda cisterciense cerca de Toulouse, que subsist\u00eda en un estado de total decadencia moral. El joven no visit\u00f3 en absoluto la decadente abad\u00eda durante varios a\u00f1os. No obstante, siendo estudiante en la Universidad de Par\u00eds, experiment\u00f3 una conversi\u00f3n espiritual, y en 1573 se uni\u00f3 a la Orden cisterciense para convertirse en padre y reformador de sus relajados monjes. Despu\u00e9s de algunos intentos fallidos, ech\u00f3 fuera a la mayor\u00eda de los miembros de la comunidad reticente, e inici\u00f3 en 1577 una vida de extraordinaria austeridad. Su ejemplo heroico atrajo a tantos novicios a Feuillant, que se hicieron necesarias nuevas fundaciones. Su \u00e9xito promovi\u00f3 una amplia publicidad y el movimiento encontr\u00f3 un eco entusiasta en Roma, donde en 1586 Sixto V se refiri\u00f3 a los fulienses en t\u00e9rminos harto elogiosos. Al a\u00f1o siguiente, se hizo una fundaci\u00f3n en Roma mismo bajo los auspicios papales, y el rey Enrique IV de Francia los invit\u00f3 a trasladarse a Par\u00eds. Alrededor de sesenta monjes, conducidos por Bernardo de Montgaillard, comenzaron a pie una procesi\u00f3n que durar\u00eda un mes, desde Feuillant a la capital de Francia, donde se instalaron en un monasterio erigido para ellos: por el mismo rey. La gran notoriedad de los fulienses y su ruptura con muchas tradiciones cistercienses fueron seguidas con aprehensi\u00f3n por Cister. En 1596, una bula papal orden\u00f3 al abad general que dejara de intervenir en la reforma. A partir de este momento, la Congregaci\u00f3n de Feuillant vivi\u00f3 y funcion\u00f3 como orden independiente, aunque continuaron llam\u00e1ndose \u00abCongregaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora de Feuillant de la Orden cisterciense\u00bb. Su nueva relaci\u00f3n con la Orden madre est\u00e1 reflejada con toda claridad en el estatuto del Cap\u00edtulo General cisterciense de 1605, que exig\u00eda un segundo noviciado a todos los fulienses que desearan volver al viejo redil. Los fulienses estaban rigurosamente centralizados bajo un general elegido y cap\u00edtulos generales trienales. Los abades de las casas tambi\u00e9n eran elegidos por per\u00edodos de tres a\u00f1os. En 1630, se dividieron en dos ramas aut\u00f3nomas por causas pol\u00edticas. Unas veinticuatro abad\u00edas en Francia retuvieron el nombre original, mientras un n\u00famero aun mayor de casas italianas tomaban el nombre de \u00abBernardos Reformados\u00bb. Animado por el esp\u00edritu de la Contrarreforma, el movimiento fuliense puso en pr\u00e1ctica una firme restauraci\u00f3n de las observancias mon\u00e1sticas m\u00e1s estrictas. Los monjes iban descalzos y con la cabeza descubierta; dorm\u00edan sobre tablones y usaban piedras como almohadas; su dieta se limitaba normalmente a pan, agua y verdura. Durante la cuaresma viv\u00edan s\u00f3lo de pan y agua. No ten\u00edan muebles y colocaban los platos sobre el piso desnudo, comiendo arrodillados. Realizaban trabajos manuales extenuantes, aunque, dado que prefer\u00edan establecerse en ciudades, los monjes ofrec\u00edan sus servicios al clero local, como predicadores. En el Cap\u00edtulo General fuliense de 1592, que tuvo lugar en Roma, comenz\u00f3 a manifestarse la disensi\u00f3n interna. Depusieron a Juan de la Barri\u00e8re y eligieron a un nuevo general. Hacia 1595, se hab\u00eda relajado considerablemente la r\u00edgida austeridad. La nueva dieta permit\u00eda huevos, pescado, derivados de la leche, aceite y vino, y se autorizaba a los monjes a usar sandalias y dormir sobre colchones. A pesar de esas mitigaciones, los fulienses mantuvieron durante todo el siglo XVII un alto grado de ascetismo y, especialmente en Italia, salieron de sus filas buen n\u00famero de eruditos y autores eminentes, incluyendo al Cardenal Juan Bona, liturgista, y al obispo Carlos Jos\u00e9 Morozzo, historiador. Durante el siglo XVIII, la Congregaci\u00f3n perdi\u00f3 mucho de su primitiva vitalidad. Hacia el fin del Antiguo R\u00e9gimen, los fulienses contaban todav\u00eda con veinticuatro casas, pero el total de sus miembros se hab\u00eda reducido a ciento sesenta y dos monjes. La Revoluci\u00f3n la suprimi\u00f3 como hizo con todas las otras \u00f3rdenes. El monasterio parisino vac\u00edo se convirti\u00f3 en el cuartel general del c\u00e9lebre Club Feuillant. En Italia, el fin sobrevino en 1802, bajo la presi\u00f3n del gobierno napole\u00f3nico. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, los fulienses italianos que quedaban se unieron a la Congregaci\u00f3n Romana de los cistercienses. El primer superior de la casa fuliense en Par\u00eds, Bernardo de Montgaillard (1562-1628), apodado \u00abel peque\u00f1o fuliense\u00bb fue un ardiente defensor de la Liga Cat\u00f3lica, y no se pudo adaptar a la ascensi\u00f3n al poder de un ex-hugonote, Enrique IV. En 1590, se exili\u00f3 a los Pa\u00edses Bajos dominados por Espa\u00f1a, donde fue bien acogido. Con la ayuda material de su admirador, el archiduque Alberto de Habsburgo, el \u00abPiadoso\u00bb, fue instalado en 1605 como abad de Orval, en Luxemburgo, contra la voluntad manifiesta de los monjes. A pesar de esto, pudo devolver a la antigua abad\u00eda su esplendor original, preparando de esta forma el camino para la fusi\u00f3n de Orval con la Estricta Observancia. Los fulienses no hicieron ning\u00fan esfuerzo por dotar a su Congregaci\u00f3n de una rama femenina. Siguiendo su propia iniciativa, Margarita de Polestron (\u2020 1598) fund\u00f3 un convento de monjas en Tolouse, y en 1622, debido a la insistencia de la reina Ana de Austria, se estableci\u00f3 otro cenobio en Par\u00eds. Se las conoc\u00eda como \u00ablas fulienses\u00bb (feuillantines).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente: http:\/\/omesbc.wordpress.com\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n de Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Nacimiento de las Congregaciones 2 Nuevo sistema de administraci\u00f3n 3 Julio II restaura la indpendencia de San Bernardo 4 Pobreza y escasez: la plaga de las comunidades 5 Siglo XVII&#160;: reavivamiento de la disciplina y prosperidad Nacimiento de las Congregaciones La estructura b\u00e1sica de la interdependencia cisterciense, de acuerdo con los principios de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-x\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCISTER: HISTORIA X\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23938","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23938","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23938"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23938\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23938"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23938"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23938"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}