{"id":23939,"date":"2016-02-05T16:18:10","date_gmt":"2016-02-05T21:18:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xi\/"},"modified":"2016-02-05T16:18:10","modified_gmt":"2016-02-05T21:18:10","slug":"cister-historia-xi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xi\/","title":{"rendered":"CISTER: HISTORIA XI"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Historia del Cister (Parte 11) \u2013 La guerra de las Observancias<br \/>\nNoviembre 4, 2009 por omesbc<br \/>\nRate This\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 La guerra de las Observancias<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Escuela de estricto ascetismo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 La Estricta observancia en peligro<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 El Visitador de la Rochefoucauld<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Papado de Inocencio X<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Papado de Alejandro VII<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Tensiones entre Francia y el Papado<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 Muerte de Alejandro VII<\/li>\n<\/ul>\n<h1>La guerra de las Observancias<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">La organizaci\u00f3n de congregaciones respondi\u00f3 tanto a necesidades administrativas como al deseo de una recuperaci\u00f3n moral efectiva. Hacia fines del siglo XVI, todos esos movimientos estaban bien encaminados en los pa\u00edses de Europa donde sobreviv\u00edan los cistercienses, menos en Francia. Pero las comunidades francesas ten\u00edan tanta necesidad de una reforma como sus hermanos de otras naciones. Casi todas las abad\u00edas francesas cayeron en el siglo XVI bajo el r\u00e9gimen comendatario, mientras que la guerra civil incesante y las refriegas religiosas sembraban la destrucci\u00f3n material por doquier.<br \/>\nEl fracaso de una revitalizaci\u00f3n significativa no se debe a falta de buenas intenciones o esfuerzos sinceros, sino a las ca\u00f3ticas condiciones pol\u00edticas y religiosas por las que atravesaba Francia. El \u00e9xito espectacular de los fulienses demuestra con toda elocuencia la fuerza de recuperaci\u00f3n a un nivel local y limitado; pero un movimiento de magnitud nacional no pod\u00eda comenzar hasta que se hubiera restaurado la paz bajo el en\u00e9rgico y astuto Enrique IV (1589-1610). Entonces, como si la naci\u00f3n quisiera recuperar el tiempo perdido, las fuerzas reprimidas de la reforma cat\u00f3lica se desataron en toda la naci\u00f3n con una intensidad inusitada. Las \u00f3rdenes religiosas, inspiradas con frecuencia por sus hermanos extranjeros, pasaron por una renovaci\u00f3n integral, restaurando controles firmes y un estricto ascetismo. Los cistercienses franceses no se quedaron atr\u00e1s respecto de las otras \u00f3rdenes mon\u00e1sticas en la b\u00fasqueda de una autoreforma efectiva. Por suerte, la sede abacial de Cister fue ocupada sucesivamente por cuatro prelados eminentes, que no escatimaron esfuerzos cuando se exig\u00eda acci\u00f3n resuelta en beneficio de la reforma. En 1570, jer\u00f3nimo de la Souchi\u00e9re (1564-1571), previamente abad de Claraval, participante del Concilio de Trento y posteriormente cardenal (1568), dict\u00f3 un decreto de reforma general inspirado en el esp\u00edritu tridentino. Nicol\u00e1s Boucherat I (1571-1584), otra figura activa de Trento, ocup\u00f3 gran parte de su tiempo en visitas regulares e inspir\u00f3 otra serie de normas, incorporadas dentro de los estatutos del Cap\u00edtulo General de 1584. Edmundo de la Croix (1585-1604), consejero principal de sus antecesores, compuso un verdadero c\u00f3digo de reformas cistercienses que fue presentado al Cap\u00edtulo General de 1601. Sin embargo, todav\u00eda no era el tiempo propicio para la ejecuci\u00f3n de un proyecto tan ambicioso, por lo que el Cap\u00edtulo General de 1605 volvi\u00f3 al proyecto m\u00e1s modesto de 1584. Por \u00faltimo, al presentarse circunstancias m\u00e1s prometedoras bajo Nicol\u00e1s Boucherat II (1605-1625), se desataron las fuerzas reformistas, dando origen a la Estricta Observancia.<br \/>\nEl movimiento no fue la resultante de una iniciativa oficial, sino que surgi\u00f3 espont\u00e1neamente de un grupo de monjes j\u00f3venes, que estaban impacientes ante la lentitud burocr\u00e1tica de la administraci\u00f3n central de Cister y que tuvieron la fortuna de encontrar un protector ben\u00e9volo en la persona del Abad de Claraval.<br \/>\nPor razones de conveniencia, se se\u00f1ala el a\u00f1o 1598 como el comienzo de la estricta Observancia. Por ese entonces, un joven cl\u00e9rigo de noble cuna italiana, Octavio Arnolfini, que a la saz\u00f3n contaba s\u00f3lo diecinueve a\u00f1os, fue nombrado por gracia del rey Enrique IV abad comendador de La Charmoye, casa cisterciense en la Champagne, de la filiaci\u00f3n de Claraval. Este joven piadoso se sinti\u00f3 profundamente responsable de la abad\u00eda desolada, saqueada durante las guerras civiles. Comprendi\u00f3 muy pronto que no pod\u00eda iniciar ninguna reforma, a menos que \u00e9l mismo fuera cisterciense, y abad regular por lo tanto. En consecuencia, se retir\u00f3 a Claraval, donde hizo su noviciado y luego su profesi\u00f3n mon\u00e1stica en 1603. Esta gran abad\u00eda, bajo la sabia direcci\u00f3n del santo abad Denis Largentier (1596-1624), hab\u00eda sobrevivido a las d\u00e9cadas de destrucci\u00f3n sin da\u00f1os materiales, y segu\u00eda siendo una escuela aut\u00e9ntica de espiritualidad cisterciense.<br \/>\nLargentier hizo una visita regular a La Charmoye en 1605. Qued\u00f3 tan complacido con el trabajo de Arnolfini, que le confi\u00f3 el cuidado de otra abad\u00eda, Ch\u00e2tillon. Durante los tres a\u00f1os siguientes, Arnolfini gobern\u00f3 ambas casas, pero en 1608, escrupuloso de retener dos beneficios, se mud\u00f3 como abad regular a Ch\u00e2tillon. En La Charmoye, le sucedi\u00f3 otro monje joven con id\u00e9ntico celo reformista, pero con m\u00e1s energ\u00eda y ambici\u00f3n: \u00c9tienne Maugier.<br \/>\nEn 1606, en el Colegio de San Bernardo en Par\u00eds, Arnolfini y Maugier encontraron a un tal Abraham Largentier, sobrino del Abad de Claraval. Los tres firmaron un documento, por el cual renovaban su profesi\u00f3n mon\u00e1stica y expresaban su determinaci\u00f3n inflexible de instar a una reforma, cuya finalidad precisa era conseguir que la Regla&#160;;de san Benito fuera observada sin ninguna dispensa. Cerraban este curioso pacto con una velada condici\u00f3n: \u00ab\u2026 si nuestros superiores, despu\u00e9s de repetidas s\u00faplicas, se niegan a aceptar nuestras propuestas, \u2026 estamos determinados a cargar con la Cruz de Cristo y con cualquier tribulaci\u00f3n, antes que abandonar nuestra resoluci\u00f3n\u00bb. La referencia a practicar la Regla sin ninguna dispensa reanudar la abstinencia perpetua de carne, costumbre que, por entonces, hab\u00eda llegado a considerarse como rasgo distintivo de las comunidades reformadas. Por esta raz\u00f3n, el peque\u00f1o grupo de j\u00f3venes cistercienses fueron conocidos bien pronto como \u00ababstinentes\u00bb, mientras que ellos mismos consideraban al resto de la Orden como los \u00abancianos\u00bb.<br \/>\nDenis Largentier comprend\u00eda y compart\u00eda plenamente los ideales de esta nueva generaci\u00f3n y, como contribuci\u00f3n propia a la causa, instal\u00f3 priores con mentalidad reformista en varias casas afiliadas a Claraval, tales como Cheminon y Longpont. En la lejana Breta\u00f1a, se uni\u00f3 a la reforma otra hija de Claraval, Pri\u00e8res. El prior, Bernardo Carpentier, convirti\u00f3 el desolado monasterio en una floreciente escuela de estricto ascetismo.\n<\/p>\n<h1>Escuela de estricto ascetismo<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Abad de Claraval deb\u00eda proceder con cautela si quer\u00eda que el movimiento tuviera \u00e9xito. Teniendo en cuenta el tradicional antagonismo de Claraval frente a Cister, no pod\u00eda correr el riesgo de dar la impresi\u00f3n de que, una vez m\u00e1s, Claraval estaba llevando a cabo una empresa separatista. Por esta raz\u00f3n, no hizo ninguna presi\u00f3n para introducir la abstinencia perpetua en Claraval hasta 1615, y cuando cedi\u00f3 ante las exigencias de sus j\u00f3venes admiradores, lo decidi\u00f3 por libre elecci\u00f3n de los monjes. Por ese entonces, la abstinencia ya hab\u00eda sido introducida en otras ocho comunidades y la nueva disciplina requer\u00eda obviamente alguna forma de sanci\u00f3n oficial.<br \/>\nEl Abad Nicol\u00e1s Boucherat II, que estaba de acuerdo sobre el particular con Largentier, asegur\u00f3 de buena gana su aprobaci\u00f3n, sujeta a la decisi\u00f3n del Cap\u00edtulo General convocado para 1618. El Cap\u00edtulo elogi\u00f3 la reforma en c\u00e1lidos t\u00e9rminos, pero la convenci\u00f3n estaba preocupada sobre todo por preservar una disciplina uniforme. Por eso, en lugar de otorgar un apoyo sin reservas, el Cap\u00edtulo propuso una soluci\u00f3n de compromiso: la Orden completa abrazar\u00eda la reforma con toda su austeridad, pero, en lugar de la abstinencia perpetua durante todo el a\u00f1o, admit\u00eda la abstinencia de carne s\u00f3lo desde la fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la Cruz (14 de septiembre), hasta Pascua.<br \/>\nLa propuesta dif\u00edcilmente podr\u00eda agradar a los indolentes e indiferentes, y estaba en franco antagonismo con los Abstinentes. Protegidos por defensores poderosos, los abades de Cister y Claraval decidieron llevar a la pr\u00e1ctica la abstinencia perpetua. Su resoluci\u00f3n fue objeto de otra declaraci\u00f3n, firmada por un n\u00famero impresionante de Abstinentes en 1622, endureciendo su prop\u00f3sito de no negociar: \u00ab\u2026 observancia integral de la Santa Regla, es decir, efectiva abstinencia perpetua de carne y del uso de vestidos de lino, fidelidad a lo establecido en las leyes de ayuno y silencio, y todas las dem\u00e1s (reglamentaciones) fielmente seguidas desde \u00e9pocas antiguas por sus predecesores\u00bb.<br \/>\nTeniendo en cuenta que el problema de la renovaci\u00f3n en el seno de la Orden cisterciense estaba duplicado tambi\u00e9n en otras \u00f3rdenes mon\u00e1sticas, la \u00abdevota\u00bb corte de Luis XIII (1610-1643) decidi\u00f3 facilitar la coordinaci\u00f3n de los esfuerzos, pidiendo el nombramiento de un visitador apost\u00f3lico investido con amplios poderes. Para promover la reforma de los agustinos, benedictinos, cluniacenses y cistercienses franceses, Gregorio XV nombr\u00f3 en 1622, como visitador apost\u00f3lico y por el t\u00e9rmino de seis a\u00f1os, al cardenal Francisco de La Rochefoucald, miembro destacado de la jerarqu\u00eda francesa, conocido por su piedad y celo reformista.<br \/>\nEl atareado cardenal cay\u00f3 de inmediato bajo la influencia de \u00c9tienne Maugier y sus intransigentes compa\u00f1eros y, sin duda alguna, La Rochefoucald public\u00f3 siguiendo sus consejos, a comienzos de 1623 una serie inesperada de \u00abart\u00edculos\u00bb de reforma. Claraval, con todas sus casas afiliadas en Francia, formar\u00eda una congregaci\u00f3n aut\u00f3noma de reforma, autorizada para reunir cap\u00edtulos por separado y mantener noviciados comunes propios, donde todas las nuevas vocaciones ser\u00edan adiestradas en la abstinencia perpetua. Se confiaba a Maugier y Arnolfini la organizaci\u00f3n concreta de la nueva congregaci\u00f3n de \u00abEstricta Observancia\u00bb.<br \/>\nTan revolucionario documento estall\u00f3 como una bomba en medio del Cap\u00edtulo General que hab\u00eda sido convocado para una nueva sesi\u00f3n en mayo de 1623. Las congregaciones reformistas ya hab\u00edan destruido la f\u00e9rrea unidad de la Orden en otros pa\u00edses. \u00a1Un tal cisma no pod\u00eda ser permitido en Francia! En un arrebato de indignaci\u00f3n, los padres capitulares denunciaron abiertamente y rechazaron la orden del visitador consider\u00e1ndola \u00abconducente a la divisi\u00f3n, segregaci\u00f3n, cisma y separaci\u00f3n, que no puede ser sancionada por ning\u00fan medio leg\u00edtimo. Por consiguiente, cualquier medida que fuera promulgada en esta materia\u2026 deb\u00eda ser reconocida como nula o sin efecto\u00bb. Por otro lado, el mismo Cap\u00edtulo se retract\u00f3 en materia de abstinencia y permiti\u00f3 a los reformadores continuar con esa pr\u00e1ctica, en la medida en que no ponga en peligro la caridad o el bienestar e inter\u00e9s b\u00e1sico de la Orden. M\u00e1s a\u00fan, Boucherat asegur\u00f3 privadamente al Cardenal que seguir\u00eda apoyando a los Abstinentes y alentar\u00eda su causa. Como demostraci\u00f3n de su buena voluntad permiti\u00f3 que los Abstinentes formaran un vicariato diferente, y en seguida nombr\u00f3 a Maugier como el nuevo vicario de todas las casas reformadas. El Abad General fue todav\u00eda m\u00e1s lejos al estimular a los Abstinentes a organizar entre ellos una convenci\u00f3n donde podr\u00edan legislar como mejor consideraran.<br \/>\nDicha convenci\u00f3n tuvo lugar en 1624 en la abad\u00eda reformada de Vaux-de-Cernay, cerca de Versalles. Maugier y otros nueve superiores reformados no s\u00f3lo estuvieron de acuerdo sobre decisiones disciplinares, sino que recabaron el permiso de Boucherat para reunir cap\u00edtulos anuales, elegir priores en casas sometidas a abades comendatarios, mantener noviciados separados y nombrar sus propios padres visitadores. Tambi\u00e9n pidieron que ning\u00fan monje \u00abAnciano\u00bb fuera transferido a casas reformadas, ni los Abstinentes a comunidades no reformadas.<br \/>\nCon la \u00fanica excepci\u00f3n del derecho celosamente defendido de nombrar priores conventuales, Boucherat accedi\u00f3 gustoso a todas las peticiones, que quedaban sujetas a la aprobaci\u00f3n final del pr\u00f3ximo Cap\u00edtulo General. De esta forma, lo que La Rochefoucald ped\u00eda para una congregaci\u00f3n aut\u00f3noma, Boucherat lo otorgaba a un vicariato. Por supuesto la diferencia notable radicaba en que el vicariato abstinente deb\u00eda funcionar bajo la autoridad del General, pero su desarrollo futuro no quedaba en manera alguna obstaculizado. Si Maugier hubiera quedado satisfecho con estas generosas concesiones, la reforma podr\u00eda haberse expandido en forma pac\u00edfica sobre una base espont\u00e1nea, y un cap\u00edtulo embarazoso de la historia de la Orden habr\u00eda quedado sin escribir. Pero, por desgracia, esto no fue lo que aconteci\u00f3.\n<\/p>\n<h1>La Estricta observancia en peligro<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">La coincidencia de varios hechos tr\u00e1gicos entre 1624 y 1625 dio a Maugier la impresi\u00f3n de que su novel Estricta Observancia estaba en peligro. A fines de 1624, muri\u00f3 Denis Largentier durante una visita a Orval, y Boucherat muri\u00f3, asimismo en la primavera de 1625. La desaparici\u00f3n casi simult\u00e1nea de esos dos baluartes de la reforma debilit\u00f3 sin duda alguna la posici\u00f3n de los Abstinentes, pero ocurrieron desenga\u00f1os a\u00fan mayores. Tanto en Cister como en Claraval las elecciones se realizaron en una atm\u00f3sfera caldeada en exceso. En Claraval, Maugier compiti\u00f3 por la sucesi\u00f3n con el sobrino del Abad fallecido, Claudio Largentier. A pesar de la abierta intervenci\u00f3n de La Rochefoucauld a su favor, Maugier perdi\u00f3, y el nuevo Abad expuls\u00f3 a los Abstinentes de su abad\u00eda. La reforma perdi\u00f3 a Claraval para siempre. En Cister, la intervenci\u00f3n del Cardenal encontr\u00f3 id\u00e9ntico rechazo, y el victorioso Pedro Nivelle, aunque era un hombre erudito y de amplia experiencia administrativa, no se caracterizaba precisamente por ser un reformista entusiasta.<br \/>\nDebido a estas circunstancias, la Estricta Observancia perdi\u00f3 parte de su impulso inicial, pero nada m\u00e1s. Por su propia voluntad, Nivelle volvi\u00f3 a nombrar a Maugier su vicario para los Abstinentes, y el General no puso ning\u00fan obst\u00e1culo para la difusi\u00f3n posterior del movimiento. En 1628, la Estricta Observancia ya contaba catorce monasterios y el Cap\u00edtulo General del mismo a\u00f1o aprobaba los t\u00e9rminos de las disposiciones adoptadas entre Boucherat y Maugier en 1624. En 1628, expiraba el nombramiento de La Rochefoucauld como visitador, dejando as\u00ed el futuro de la Estricta Observancia en manos de sus propios conductores.<br \/>\nNo obstante, el desarrollo poco espectacular de la misma despert\u00f3 la impaciencia de muchos monjes j\u00f3venes de la segunda generaci\u00f3n reformada, en forma a\u00fan m\u00e1s intensa que la sentida anteriormente por Maugier. El liderazgo recay\u00f3 gradualmente en Juan Jouaud, quien se convirti\u00f3 en abad de Pri\u00e8res a la edad de 29 a\u00f1os, en 1631. El joven abad hab\u00eda hecho influyentes amistades durante sus a\u00f1os de estudio en Par\u00eds, y se hab\u00eda convertido en un \u00edntimo del c\u00edrculo de consejeros de Richelieu en materia de reforma religiosa. Por su profesi\u00f3n mon\u00e1stica, deber\u00eda haber sido un contemplativo, pero en realidad demostr\u00f3 ser un hombre de acci\u00f3n y voluntad imperiosa que estaba muy versado en leyes y manejaba la pluma como un formidable panfletista.\n<\/p>\n<h1>El Visitador de la Rochefoucauld<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto constituy\u00f3 el trasfondo del inesperado nuevo nombramiento de La Rochefoucauld como visitador de los cistercienses por otros tres a\u00f1os, a fines de 1632. Son inciertas las circunstancias que rodearon la reaparici\u00f3n del anciano Cardenal, pero no es imposible, como alguno de sus contempor\u00e1neos sospecharon, que fuera una maniobra de los Abstinentes, que movilizaron a sus influyentes amigos en Roma y Par\u00eds. Con todo, hay una cosa cierta: una serie de hechos dram\u00e1ticos se precipit\u00f3 en r\u00e1pida sucesi\u00f3n.<br \/>\nDespu\u00e9s de numerosas consultas con los l\u00edderes Abstinentes, el Cardenal public\u00f3 en el verano de 1634 su nuevo decreto titulado: \u00abProyecto de una sentencia para el restablecimiento de la observancia regular en la Orden de Cister\u00bb. La magnitud de los cambios que introduc\u00eda el documento produjo en la Orden un tumulto sin precedentes, que se mantuvo durante medio siglo. Nunca se curaron completamente las heridas producidas por esta guerra, sin cuartel en las palabras, y que lleg\u00f3 a veces hasta la violencia f\u00edsica.<br \/>\nEl cuerpo del texto de la sentencia de La Rochefoucauld consiste en treinta p\u00e1rrafos, que apuntaban a la reorganizaci\u00f3n total de la administraci\u00f3n de la Orden bajo el control exclusivo de la Estricta Observancia. La m\u00e1s revolucionaria de las dr\u00e1sticas medidas fue la suspensi\u00f3n de las jurisdicciones del Abad General y del Cap\u00edtulo General. La autoridad ejecutiva deb\u00eda ser ejercida por un Vicario general de la reforma, hasta que la Estricta Observancia fuera suficientemente poderosa como para lograr un control efectivo de Cister y las dem\u00e1s abad\u00edas principales de la Orden. Las casas de los \u00abAncianos\u00bb ten\u00edan prohibido recibir novicios, mientras la Estricta Observancia estaba autorizada a tomar posesi\u00f3n de todo monasterio que estuviera en condiciones de ser reformado.<br \/>\nNivelle y los protoabades hicieron o\u00edr su protesta inmediatamente en la corte papal y apelaron a Luis XIII. Tan pronto como se conoci\u00f3 el incidente en el exterior, algunas abad\u00edas cistercienses, en especial la poderosa Congregaci\u00f3n de Alemania Superior, amenazaron con separarse, a menos que la \u00abSentencia\u00bb fuera revocada. No obstante, en ese momento los Abstinentes eran firmes en sus posiciones, y en 1635, La Rochefoucauld entr\u00f3 en el Colegio parisino de San Bernardo con escolta militar, y expuls\u00f3 al preboste y a su plana mayor, convirtiendo la instituci\u00f3n en el cuartel general de la reforma.<br \/>\nComo en una \u00faltima jugada desesperada, Nivelle y sus colegas se dirigieron al Cardenal Richelieu en busca de ayuda. El gran Ministro ofreci\u00f3 su ayuda y protecci\u00f3n, por la cual deb\u00edan pagar, sin embargo, un precio muy alto: ser\u00eda el Abad General de la Orden cisterciense. Nivelle, que recibi\u00f3 en compensaci\u00f3n el obispado de Lu\u00e7on, dimiti\u00f3 cort\u00e9smente, y el 19 de noviembre de 1635, un simulacro de elecci\u00f3n otorgaba el t\u00edtulo abacial de Cister a Richelieu. Sin embargo, \u00e9ste no cumpli\u00f3 con lo estipulado en el pacto. Juan Jouaud ingres\u00f3 en el grupo de sus secretarios y comenz\u00f3 a hacer efectiva la \u00absentencia\u00bb de La Rochefoucauld con mucho m\u00e1s vigor del que el viejo cardenal hubiera sido capaz de emplear. Maugier fue nombrado nuevamente Vicario para los reformados, y comenz\u00f3 con toda seriedad la eficaz propagaci\u00f3n de la Estricta Observancia. Los \u00abAncianos\u00bb fueron arrojados de Cister, y en 1637, se instal\u00f3 all\u00ed una nueva comunidad Abstinente. En todas partes se tomaron medidas semejantes, y s\u00f3lo el limitado n\u00famero de monjes abstinentes puso freno al celo de Maugier. Aun as\u00ed, hasta la muerte de Richelieu acaecida en 1642, el n\u00famero de casas bajo la Estricta Observancia se duplic\u00f3 de quince a treinta, albergando una poblaci\u00f3n estimada en cuatrocientos monjes. Muchas de las abad\u00edas recientemente conquistadas prefer\u00edan someterse pac\u00edficamente antes que luchar. En algunos casos de resistencia, tales como Barbery o Igny, se ejerci\u00f3 incluso presi\u00f3n militar.<br \/>\nMaugier no hab\u00eda de disfrutar de su victoria por mucho tiempo. Muri\u00f3 prematuramente en el Colegio de San Bernardo en 1637. Su amigo de toda la vida, Octavio Arnolfini, de salud bastante precaria, le sucedi\u00f3 hasta que falleci\u00f3 en 1641. Desde este momento en adelante, ostentando diversos t\u00edtulos, Juan Jouaud dirigi\u00f3 el destino de los Abstinentes:<br \/>\nHay un punto, sin embargo, que empa\u00f1\u00f3 el generalato cisterciense de Richelieu. Debido a que la validez de su elecci\u00f3n era muy dudosa por cierto n\u00famero de razones, fue repudiada por la mayor\u00eda de las congregaciones extranjeras. Todav\u00eda fue m\u00e1s humillante, que la Santa Sede rechazara constantemente otorgarle las dispensas necesarias para la validez can\u00f3nica de su elecci\u00f3n, formalmente deficiente. Sin embargo, la actitud de la Curia era simplemente un s\u00edntoma del empeoramiento de las relaciones entre Par\u00eds y Roma, envenenadas por el galicanismo. En las d\u00e9cadas siguientes, las observancias cistercienses en pugna continuaron explotando este conflicto diplom\u00e1tico con pragm\u00e1tica sutileza. Jouaud, con la falsa idea de que el apoyo gubernamental pod\u00eda continuar despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n de Richelieu, busc\u00f3 ininterrumpidamente protecci\u00f3n y ventajas t\u00e1cticas invocando principios de nacionalismo galo y rechazando terminantemente cualquier intento de mediaci\u00f3n papal. Por el otro lado, los \u00abAncianos\u00bb \u2013 oficialmente la \u00abCom\u00fan Observancia\u00bb \u2013, se dirig\u00edan por comodidad a Roma alegando ser fieles defensores de los derechos papales contra la intrusi\u00f3n secular en asuntos esencialmente religiosos. La posici\u00f3n de \u00e9stos mejor\u00f3 notablemente en Roma por intercesi\u00f3n de un cisterciense italiano de gran influencia, Hilario Rancati (1594-1663), abad de Santa Croce y procurador general, te\u00f3logo y consejero papal muy admirado. Fue este mismo Rancati el que obtuvo un breve de Urbano VIII a fines de 1635 condenando el secuestro del Colegio Parisiense y declarando nulas y carentes de validez todas las medidas de La Rochefoucauld que privaban a Cister de sus a\u00f1ejos privilegios. Mientras Richelieu vivi\u00f3, este breve ni siquiera pudo ser mencionado, pero despu\u00e9s de su muerte el descubrimiento del documento levant\u00f3 mucho la moral de la alica\u00edda Com\u00fan Observancia.<br \/>\nRichelieu estaba luchando con la muerte cuando algunos de los expulsados de Cister comenzaron a converger hacia la abad\u00eda. Tan pronto como se supo la muerte del Cardenal, volvieron m\u00e1s, y el 2 de enero de 1643, veinti\u00fan Ancianos, en medio de la airada protesta de los Abstinentes, eligieron como nuevo abad a Claudio Vaussin (1608-1670). La tumultuosa escena distaba mucho de ser una elecci\u00f3n leg\u00edtima, pero hab\u00edan acertado en la persona. Vaussin, joven monje de treinta y cinco a\u00f1os, no s\u00f3lo era un monje de gran talento, perteneciente a una notable familia burguesa de Dijon, sino tambi\u00e9n el protegido del gobernador de Borgo\u00f1a, Enrique II de Borb\u00f3n, Pr\u00edncipe de Cond\u00e9.<br \/>\nEsta vez le toc\u00f3 protestar a Juan Jouaud, alegando que, de acuerdo con la \u00abSentencia\u00bb de La Rochefoucauld y las reglamentaciones de Richelieu, los miembros de la Com\u00fan Observancia no pod\u00edan ser elegidos abades. Como consecuencia, se entablaron reclamaciones legales en extremo complicadas, durante las cuales Vaussin ocup\u00f3 inteligentemente un segundo plano. El cerebro de la estrategia que concluy\u00f3 con \u00e9xito fue Claudio Largentier, abad de Claraval, que contaba con el apoyo incondicional de Rancati en Roma. El resultado final fue la decisi\u00f3n del Consejo real, fechado el 5 de abril de 1645; que, sin discutir la validez de la \u00abSentencia\u00bb de La Rochefoucauld, restauraba el derecho de los Ancianos en las elecciones abaciales. Por lo tanto, se llev\u00f3 a cabo una nueva elecci\u00f3n en Cister rodeada de todas las formalidades requeridas el 10 de mayo; Vaussin recibi\u00f3 el voto un\u00e1nime de treinta y siete miembros de su observancia, mientras los diecis\u00e9is Abstinentes se lo otorgaban a Jouaud. A la victoria de Vaussin, sigui\u00f3 una r\u00e1pida aprobaci\u00f3n real y papal.<br \/>\nAcusando el golpe, la Estricta Observancia consider\u00f3 por un instante la posibilidad de aceptar un compromiso, esto es, la idea de una Congregaci\u00f3n reformada aut\u00f3noma bajo la autoridad nominal de Vaussin, pero termin\u00f3 por prevalecer el empuje de Jouaud. Apoy\u00e1ndose en la validez de la tan discutida \u00abSentencia\u00bb, la Estricta Observancia desafi\u00f3 la legitimidad de la elecci\u00f3n de Vaussin, y exigi\u00f3 la inmediata puesta en pr\u00e1ctica de las reglamentaciones de La Rochefoucauld. El pleito, que se prolong\u00f3 por una d\u00e9cada, lleg\u00f3 hasta el Parlamento de Par\u00eds, pero en la disputa las causas reales se vieron muy oscurecidas por los manejos de la diplomacia internacional y la aparici\u00f3n del jansenismo.\n<\/p>\n<h1>Papado de Inocencio X<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta nueva situaci\u00f3n era m\u00e1s controlable para Jouaud. Bajo el nuevo papa, Inocencio X (1644-1655), la influencia de Rancati quedaba considerablemente eclipsada, a la par que el propio Jouaud lograba un puesto prominente en la corte de la Regente, la reina Ana de Austria. La reina se convirti\u00f3 en la m\u00e1s decidida protectora de la Estricta Observancia, y la lucha contra el jansenismo le facilit\u00f3 una posici\u00f3n excelente para negociar en Roma: si el Papa se mostraba reticente en acceder a las demandas de la Estricta Observancia, ella ser\u00eda igualmente reticente en proceder contra los jansenistas.<br \/>\nVaussin trat\u00f3 de neutralizar la ventaja de sus oponentes utilizando la intervenci\u00f3n decidida de las grandes abad\u00edas de Alemania y Suiza, que ten\u00edan considerable poder en Roma, pero ninguno en Par\u00eds. Por lo tanto, la decisi\u00f3n del Parlamento de Par\u00eds del 3 de julio de 1660 cambi\u00f3 el sentido de las agujas del reloj hacia 1634: era v\u00e1lida la \u00abSentencia\u00bb de La Rochefoucauld, y se ordenaba su ejecuci\u00f3n. S\u00f3lo la Estricta Observancia gozaba del privilegio de recibir novicios y s\u00f3lo los Abstinentes pod\u00edan ser elegidos abades.<br \/>\nComo hac\u00eda tiempo que se esperaba este golpe de gracia, una gran cantidad de comunidades cistercienses francesas decidieron someterse a la reforma antes de 1660, y la propagaci\u00f3n del movimiento se aceler\u00f3 bajo presi\u00f3n legal despu\u00e9s de esa fecha. Hacia 1664, las casas controladas por los Abstinentes alcanzaban a cincuenta y cinco, con un total de monjes que se acercaba a los setecientos.\n<\/p>\n<h1>Papado de Alejandro VII<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero cambios importantes en el panorama pol\u00edtico convencieron bien pronto a Vaussin que, si bien hab\u00eda perdido una batalla, podr\u00eda todav\u00eda ganar la guerra. Con el papa Alejandro VII (1655-1667), la influencia de Rancati lleg\u00f3 a su grado m\u00e1ximo. Luego, en 1661, a consecuencia de la muerte de Mazarino, el joven rey Luis XIV tom\u00f3 personalmente las riendas del gobierno. Adicto al absolutismo, miraba con suspicacia cualquier movimiento contra la autoridad establecida, y consideraba que las demandas radicales de la Estricta Observancia constitu\u00edan una rebeli\u00f3n contra el Abad General. Adem\u00e1s, para un monarca que ten\u00eda a la vista la expansi\u00f3n francesa hacia el este, era muy digna de aliento la actitud amistosa de las grandes abad\u00edas romanas. Plenamente consciente de la alianza entre Vaussin y sus colegas alemanes, el rey hall\u00f3 pol\u00edticamente adecuado apoyar la autoridad del General. Por \u00faltimo, con el advenimiento del nuevo r\u00e9gimen franc\u00e9s, la atm\u00f3sfera piadosa que rodeaba a la anciana Reina Madre se desvaneci\u00f3. No siendo ya regente y con la salud quebrantada, perdi\u00f3 r\u00e1pidamente influencia en los asuntos p\u00fablicos.<br \/>\nFue en estas circunstancias, cuando Vaussin pidi\u00f3 al real Consejo de Estado que le permitiera transferir a Roma esta enconada disputa, de tan larga duraci\u00f3n que parec\u00eda no tener fin, para someterla al arbitrio del papa. La decisi\u00f3n del Consejo de 18 de junio de 1661, mantuvo el veredicto del Parlamento del a\u00f1o anterior, pero autoriz\u00f3 a la Com\u00fan Observancia a apelar a la Santa Sede para una decisi\u00f3n final.<br \/>\nJouaud, pr\u00e1cticamente fuera de combate, se dirigi\u00f3 al Parlamento en b\u00fasqueda de consuelo y redact\u00f3 una serie de envenenados panfletos contra Vaussin y la intervenci\u00f3n papal, pero fue incapaz de impedir que el General defendiera personalmente en Roma la causa de la Com\u00fan Observancia. La tarea realizada por Vaussin en la Curia (noviembre 1661-marzo 1662) result\u00f3 muy satisfactoria. Convenci\u00f3 a las autoridades de que era m\u00e1s importante preservar la unidad de la Orden y promover una reforma general, que el dominio de la Estricta Observancia. En consecuencia, un nuevo breve papal invalidaba expresamente la Sentenzia de La Rochefoucauld, nombraba una congregaci\u00f3n especial en Roma para los asuntos cistercienses, e invitaba a representantes de ambas observancias a participar en la elaboraci\u00f3n de un c\u00f3digo cisterciense de aplicaci\u00f3n universal.\n<\/p>\n<h1>Tensiones entre Francia y el Papado<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El empeoramiento de las relaciones diplom\u00e1ticas entre Francia y Alejandro VII impidi\u00f3 la aplicaci\u00f3n inmediata de los t\u00e9rminos del breve, pero en 1664 Vaussin estaba listo para viajar de nuevo a Roma y dar un giro definitivo al litigio de las dos observancias. Anticip\u00e1ndose a lo peor, Jouaud se inclinaba a boicotear las negociaciones romanas, pero una convenci\u00f3n de abades Abstinentes decidi\u00f3 por \u00faltimo enviar a dos de los suyos a defender la Estricta Observancia. Uno fue Domingo George, abad de Val-Richer y el otro fue Armando-Juan Le Bouthillier de Ranc\u00e9 (1626-1700), abad de La Trapa, reci\u00e9n reformada.<br \/>\nEn aquel borrascoso escenario, \u00e9sta fue la primera aparici\u00f3n de Ranc\u00e9, cuya conversi\u00f3n al monaquismo era tan comentada. Sin duda alguna lo eligieron por su erudici\u00f3n, piedad y elocuencia, pero tambi\u00e9n por sus vinculaciones aristocr\u00e1ticas. A pesar de esto, su temperamento, su ostentoso ascetismo y su inflexibilidad no eran los mejores valores para lograr el \u00e9xito en Roma. Instintivamente, asumi\u00f3 en la Curia el papel de un segundo san Bernardo y trat\u00f3 de dar a los cardenales de la congregaci\u00f3n especiales lecciones de espiritualidad mon\u00e1stica y de reforma, aunque hab\u00eda hecho su propia profesi\u00f3n mon\u00e1stica s\u00f3lo pocos meses antes de partir para Roma. A pesar de todo, fue muy eficaz para lograr el apoyo de cierto n\u00famero de personajes importantes, como el reverenciado cardenal fuliense Juan Bona, y Pablo de Gondi, cardenal de Retz.<br \/>\nNadie dudaba de la decisi\u00f3n final del arbitraje romano. A fines de 1665, la bula de reforma cisterciense estaba lista para ser promulgada y \u00fanicamente la oposici\u00f3n de la moribunda Ana de Austria pudo dilatarla. Muri\u00f3 a comienzos del a\u00f1o siguiente, y la muy esperada bula fue promulgada, en forma de constituci\u00f3n apost\u00f3lica, el 19 de abril de 1666. Conocida como la In Suprema por sus palabras iniciales, sirvi\u00f3 de c\u00f3digo de disciplina cisterciense hasta la Revoluci\u00f3n Francesa.<br \/>\nEl documento era una interpretaci\u00f3n cap\u00edtulo por cap\u00edtulo de la Regla de San Benito y prescrib\u00eda la misma disciplina para ambas observancias, salvo en materia de abstinencia. La Estricta Observancia manten\u00eda la abstinencia perpetua, mientras se permit\u00eda a la Com\u00fan Observancia comer carne tres veces por semana, excepto durante Adviento y Cuaresma, cuando la abstinencia era total. M\u00e1s importante era la reglamentaci\u00f3n relativa a la Estricta Observancia como entidad legal diferente dentro de la Orden. El papa elogiaba a los Abstinentes por su celo y disciplina ejemplar, y expresaba sus mejores deseos de un desarrollo m\u00e1s amplio del movimiento, pero la Estricta Observancia ten\u00eda que contentarse con una autonom\u00eda limitada, bajo la supervisi\u00f3n de Cister y del Cap\u00edtulo General. Las casas reformadas deb\u00edan estar divididas en dos provincias, cada una de las cuales bajo un visitador Abstinente. El Colegio de San Bernardo deb\u00eda ser compartido por ambas Observancias, bajo la supervisi\u00f3n del Cap\u00edtulo General. S\u00f3lo en casos excepcionales, se aceptaba la transferencia de monjes de una a otra Observancia. Concesi\u00f3n sorprendente otorgada a la Estricta Observancia fue el derecho de designar de entre sus propias filas a diez delegados para el Definitorium, comit\u00e9 ejecutivo del Cap\u00edtulo General. Como nota final de precauci\u00f3n, el papa impuso perpetuo silencio a aquellos que podr\u00edan estar siempre inclinados a reabrir las hostilidades.<br \/>\nLa constituci\u00f3n papal fue promulgada solemnemente en el Cap\u00edtulo General de 1667, su primera sesi\u00f3n despu\u00e9s de una reuni\u00f3n sin consecuencias realizada en 1651. Apenas hab\u00eda terminado la lectura del documento, cuando se levant\u00f3 Ranc\u00e9 y declar\u00f3 que la bula era el resultado de la informaci\u00f3n incorrecta y del fraude, publicada con el \u00fanico prop\u00f3sito de suprimir la Estricta Observancia. Por lo tanto, se reservaba el derecho de iniciar gestiones legales posteriores en el caso. La protesta de Ranc\u00e9 estaba firmada por todos los participantes abstinentes del Cap\u00edtulo.\n<\/p>\n<h1>Muerte de Alejandro VII<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">La muerte de Alejandro VII, ocurrida ese mismo a\u00f1o, ofreci\u00f3 a estos \u00faltimos la oportunidad de dirigir sus quejas al nuevo papa, Clemente IX (1667-1669). La petici\u00f3n fue presentada en Roma por el cardenal de Retz. El pont\u00edfice, sin embargo, familiarizado \u00edntimamente con los asuntos cistercienses, no s\u00f3lo rechaz\u00f3 la apelaci\u00f3n, sino que conden\u00f3 con fuertes palabras la \u00abtemeraria\u00bb actitud de Ranc\u00e9.<br \/>\nDado que la In Suprema ped\u00eda Cap\u00edtulos trienales, Vaussin pronto se ocup\u00f3 en dichos preparativos para 1670. Su muerte, acaecida en Dijon el 1 de febrero de 1670, en medio de sus actividades, fue una gran p\u00e9rdida a la causa de la paz, hecho que aun sus adversarios posteriormente reconocieron. Fue un hombre de buena voluntad y con sabidur\u00eda pr\u00e1ctica, m\u00e1s inclinado a aceptar compromisos razonables que a luchar por la victoria total. Sobre \u00e9l recay\u00f3 el papel de campe\u00f3n en esta larga y enconada disputa, pero su tacto y deferencia hacia los celosos protoabades aseguraron, por lo menos en la Com\u00fan Observancia, una era de armon\u00eda y cooperaci\u00f3n.<br \/>\nEl sucesor de Vaussin fue Juan Petit (1670-1682), un doctor en derecho can\u00f3nico, hombre de aguda inteligencia, pero con una absoluta devoci\u00f3n a sus principios, uno de los cuales era el dominio total sobre la Orden. En el t\u00e9rmino de un a\u00f1o se vio complicado, no s\u00f3lo en la lucha contra los Abstinentes, sino tambi\u00e9n contra los protoabades. Aunque la muerte de Vaussin pospuso el Cap\u00edtulo General anunciado para 1670, se reuni\u00f3 un Cap\u00edtulo en 1672. Fue el m\u00e1s borrascoso jam\u00e1s registrado en los anales cistercienses. Los protoabades establecieron una extra\u00f1a alianza con la Estricta Observancia, luchando todos contra los m\u00e9todos usados por Petit para lograr el control de las sesiones. Formando una masa compacta en el poderoso Definitorium con sus propios partidarios, redujo adem\u00e1s a seis los diez delegados Abstinentes. Los protoabades y los miembros de la Estricta Observancia se retiraron de forma teatral, y el Cap\u00edtulo se disolvi\u00f3 en el mayor desorden.<br \/>\nLa muerte de Juan Jouaud en 1673 simplemente complic\u00f3 m\u00e1s el ya enmara\u00f1ado ovillo. Sin duda alguna, fue un car\u00e1cter combativo, pero nunca se pudo poner en tela de juicio su fidelidad a las genuinas tradiciones cistercienses. El liderazgo de la Estricta Observancia recay\u00f3 en Ranc\u00e9, cuya fuerte inclinaci\u00f3n a las disputas era ya legendaria, y su adhesi\u00f3n al rigor moral era un pobre sustituto para su falta de comprensi\u00f3n de la aut\u00e9ntica espiritualidad cisterciense.<br \/>\nDebido a que la Estricta Observancia no hab\u00eda gozado nunca de mucha simpat\u00eda en Roma, Ranc\u00e9 decidi\u00f3 a fines de 1673 canalizar por otras v\u00edas sus motivos de queja, que por ese entonces inclu\u00edan la abortiva sesi\u00f3n del Cap\u00edtulo General del a\u00f1o anterior. Dirigi\u00f3 una elocuente apelaci\u00f3n al rey en persona, y le promet\u00eda aceptar su veredicto como la voz de Dios. Al mismo tiempo, realiz\u00f3 una movilizaci\u00f3n total entre los numerosos amigos con que contaba en Par\u00eds y Versalles, y lanz\u00f3 una nueva ola de panfletos de amplia circulaci\u00f3n. Un comit\u00e9 real especialmente formado, encabezado por Francisco de Harlay de Champvallon, arzobispo de Par\u00eds, deb\u00eda investigar sus cargos. Petit no estaba en condiciones de competir con la influencia de Ranc\u00e9 en la sociedad parisina, y se esperaba un veredicto en favor de la Estricta Observancia. La inevitable intervenci\u00f3n de las abad\u00edas extranjeras cistercienses transform\u00f3 el panorama, y obligaron al rey a cambiar de idea. En este cr\u00edtico momento, sus ej\u00e9rcitos estaban realizando una campa\u00f1a interminable en Renania, la zona de mayor protesta. El 19 de abril de 1675, el Consejo de Estado fall\u00f3 en contra de las, reclamaciones de los Abstinentes, aunque les permit\u00eda dirigirse a Roma si deseaban continuar el litigio. En ese momento era papa Clemente X (1670-1676), el mismo Emilio Altieri que hab\u00eda servido durante a\u00f1os al frente de la Congregaci\u00f3n romana de asuntos cistercienses; lo cual desvanec\u00eda por s\u00ed mismo cualquier ilusi\u00f3n de los Abstinentes de lograr el \u00e9xito en Roma, y el asunto fue abandonado.<br \/>\nLas acusaciones y protestas de los Abstinentes parec\u00edan proseguir indefinidamente, mientras que los papas eran s\u00f3lo mortales.<br \/>\nPapado de de Inocencio XI<br \/>\nA Clemente le sucedi\u00f3 Inocencio XI (1676-1689), un santo asceta, que no hab\u00eda estado previamente involucrado en la guerra de Observancias cistercienses, pero que ten\u00eda gran estima por Ranc\u00e9 y el \u00e9xito tan propagado de su monasterio. Despu\u00e9s que el abad de La Trapa hubo obtenido algunos valiosos breves del nuevo papa para su propia abad\u00eda, la Estricta Observancia decidi\u00f3 un \u00faltimo intento para resucitar la \u00abSentencia\u00bb de La Rochefoucauld. Los emisarios de los Abstinentes trabajaron diligentemente en Roma durante 1677. En ese momento, las autoridades se mostraron bien dispuestas y surgi\u00f3 el texto de una nueva bula papal que incorporaba la mayor\u00eda de las disposiciones de la notoria \u00abSentencia\u00bb y conduc\u00eda nuevamente a la Estricta Observancia a los umbrales de la victoria total. Pero las relaciones del papado con Francia hab\u00edan alcanzado un punto ca\u00f3tico, y la curia no se atrevi\u00f3 a publicar el documento sin consultar previamente con Luis XIV. La nunciatura papal en Par\u00eds tuvo a su cargo las conversaciones exploratorias y, a comienzos de 1679, los resultados ya no fueron un secreto: aunque el rey simpatizara con la reforma, no permitir\u00eda que la autoridad de Cister quedara debilitada con la formaci\u00f3n de una congregaci\u00f3n independiente. Se vio, con toda claridad, que no pod\u00eda hacerse otra cosa que dejar completamente de lado este asunto.<br \/>\nLa situaci\u00f3n de la Estricta Observancia no mejor\u00f3 por raz\u00f3n de acci\u00f3n legal alguna, sino porque Petit comprendi\u00f3 el problema en forma distinta. Despu\u00e9s de una d\u00e9cada de duro batallar en dos frentes, lleg\u00f3 por fin a la conclusi\u00f3n de que no pod\u00eda vencer a los protoabades, sin hacer antes las paces con la Estricta Observancia. En 1683, era inminente la muy diferida sesi\u00f3n del Cap\u00edtulo General. Para evitar la confrontaci\u00f3n de 1672, Petit negoci\u00f3 un pacto razonable con los Abstinentes: les asegur\u00f3 independencia efectiva en la administraci\u00f3n de sus propias casas, por entonces sesenta, y otorg\u00f3 a los abades reformados el derecho de celebrar reuniones anuales, aunque se reservaba el de presidirlas. Tales reuniones ten\u00edan autoridad para nombrar a los visitadores Abstinentes, a la vez que cualquier problema de otra naturaleza deb\u00eda ser dirigido a una delegaci\u00f3n de abades reformados. Por \u00faltimo, asegur\u00f3 Petit a la Estricta Observancia que no se opon\u00eda en modo alguno a que la reforma fuera introducida en aquellos monasterios donde la mayor\u00eda se inclinara por ese cambio.<br \/>\nDe esta forma, despu\u00e9s de seis d\u00e9cadas de incesante lucha, se iba volviendo lentamente al punto de partida. El acuerdo alcanzado entre Petit y la Reforma recuerda en mucho al pacto de 1624 negociado entre Nicol\u00e1s Boucherat y fitienne Maugier. Es ocioso especular sobre cual hubiera sido la suerte del movimiento sin los denodados esfuerzos para imponerse en Cister. Sin embargo, no es arriesgado aventurar que, si la Estricta Observancia hubiera aplicado todos sus recursos materiales, intelectuales y espirituales para lograr una penetraci\u00f3n pac\u00edfica de la Orden, en lugar de buscar la victoria a trav\u00e9s de medidas de fuerza logradas de las autoridades, el resultado final hubiera sido m\u00e1s s\u00f3lido, aunque menos espectacular.<br \/>\nPor una iron\u00eda del destino, cuando la larga y disputada contienda llegaba a su fin, la Estricta Observancia estaba ya en proceso de disoluci\u00f3n. El factor decisivo en las filas de la reforma fue principalmente la personalidad de Ranc\u00e9. Durante la administraci\u00f3n de Richelieu, los l\u00edderes Abstinentes elaboraron un c\u00f3digo de disciplina reformada basado en su mayor parte en el \u00abLibro de las Definiciones Antiguas\u00bb de 1316. este result\u00f3 ser un instrumento que mantuvo notablemente la uniformidad, hasta que fue discutido por Ranc\u00e9 y sus disc\u00edpulos. Sus propios reglamentos para La Trapa fueron mucho m\u00e1s all\u00e1 de las medidas de los Abstinentes en severidad, e insisti\u00f3 en su derecho de formar la espiritualidad de su comunidad de cualquier forma que encontrara apropiada. Despu\u00e9s de 1667, no concurri\u00f3 m\u00e1s ni a las sesiones del Cap\u00edtulo General ni a las asambleas especiales de la Estricta Observancia, y rechaz\u00f3 constantemente cualquier intento de incorporar su abad\u00eda a la misma l\u00ednea de otras comunidades reformadas.<br \/>\nA pesar de que son innegables el celo y la piedad de Ranc\u00e9, debe se\u00f1alarse que las caracter\u00edsticas m\u00e1s notables de su reforma de La Trapa eran novedades en la historia de Cister. En lugar de dar nueva vida a las tradiciones cistercienses genuinas, La Trapa reflej\u00f3 el desarrollo espiritual de su reformador y el ascetismo exagerado de la Francia del siglo XVII. Ranc\u00e9 cre\u00eda que el monaquismo era b\u00e1sicamente una forma de vida penitencial; los monasterios una especie de prisiones y sus habitantes criminales, condenados a pasar el resto de sus vidas sufriendo castigos severos. La misi\u00f3n fundamental del abad era excogitar para sus monjes todo tipo de humillaciones, y estimularlos que practicaran la austeridad, aun a costa de su salud. No se les permit\u00eda sentir satisfacci\u00f3n alguna por sus trabajos y ejercicios; su actividad m\u00e1s apropiada era lamentar sus pecados. De acuerdo con esta concepci\u00f3n, se dispon\u00eda la disciplina de la casa, el men\u00fa y el trabajo diario. Ranc\u00e9 y sus seguidores multiplicaron el tiempo ocupado en oraciones, volvieron al trabajo duro, dieron un nuevo \u00e9nfasis al silencio y desterraron de su mesa, no s\u00f3lo la carne, sino tambi\u00e9n pescado, huevos y manteca. En cierta forma, hab\u00eda resurgido en La Trapa el esp\u00edritu heroico de los primeros cistercienses, pero Ranc\u00e9 sustituy\u00f3 la maravillosa vibraci\u00f3n del esp\u00edritu contemplativo de san Bernardo por la lobreguez del rigorismo de su \u00e9poca.<br \/>\nLa introducci\u00f3n de la reforma en Sept-Fons, otro centro renombrado de renovaci\u00f3n fue tarea de Eustaquio de Beaufort (1636-1707). En 1656, cuando recibi\u00f3 la abad\u00eda como merced real, era un joven de s\u00f3lo veinte a\u00f1os. No sin alguna vacilaci\u00f3n, se decidi\u00f3 a ser monje y complet\u00f3 su noviciado en Claraval, pero apenas se hab\u00eda unido a la Estricta Observancia en 1664, cuando experiment\u00f3 una \u00absegunda conversi\u00f3n\u00bb. En los a\u00f1os que siguieron, sinti\u00f3 mucho la influencia de Ranc\u00e9, a pesar de lo cual Sept-Fons desarroll\u00f3 igualmente una versi\u00f3n distinta de la disciplina Abstinense.<br \/>\nPor una situaci\u00f3n similar pas\u00f3 Tami\u00e9, donde la Estricta Observancia fue introducida en 1677 por el abad Juan Antonio de la Forest de Somont, que actuaba bajo la inspiraci\u00f3n de Ranc\u00e9. El \u00fanico disc\u00edpulo incondicional de Ranc\u00e9 entre los cistercienses fue Carlos de Bentzeradt, abad de Orval, quien envi\u00f3 a sus monjes para su formaci\u00f3n en La Trapa, y adopt\u00f3 en 1674 los reglamentos de dicha abad\u00eda. A su vez, Orval consigui\u00f3 imponer el nuevo estilo de vida en las comunidades de Conques (1697), D\u00fcsselthal (1701) y Beaupr\u00e9 (1710). De todas las casas cistercienses, s\u00f3lo Orval y sus tres casas afiliadas dieron entrada al jansenismo. Aunque Ranc\u00e9 goz\u00f3 de la amistad de varios jansenistas, se las arregl\u00f3 para evitar el verse involucrado en \u00e9l.<br \/>\nA pesar de que la Estricta Observancia qued\u00f3 hasta la Revoluci\u00f3n Francesa como una instituci\u00f3n principalmente gala, La Trapa dio en 1705 nueva vida y reform\u00f3 la abad\u00eda italiana de Buonsolazzo, que a su vez introdujo la misma observancia en Casamari en 1717. El \u00faltimo paso en su desarrollo fue la adquisici\u00f3n y reforma por Sept-Fons de Val-des-Choux en 1761, anteriormente Caulite (congregaci\u00f3n contemplativa independiente). Bajo la nueva administraci\u00f3n, esa antigua abad\u00eda cambi\u00f3 su nombre por Val-Saint-Lieu. Como sucedi\u00f3 en todo el mundo mon\u00e1stico de Francia durante el siglo XVIII, la Estricta Observancia perdi\u00f3 mucho de su fervor original, aunque La Trapa y Sept-Fons fueron, hasta el \u00faltimo momento, comunidades muy pobladas, de ejemplar disciplina.<br \/>\nLa Estricta Observancia incorpor\u00f3 durante el siglo XVII cinco conventos de monjas cistercienses (Maubuisson, Argensolles, LieuDieu, Thorigny, Sainte-Catherine d\u2019Angers), mientras que el convento de Les Clairets fue reformado bajo la tutela de La Trapa.<br \/>\nEs problem\u00e1tico dar un n\u00famero definitivo de abad\u00edas pertenecientes a la Estricta Observancia, porque algunas comunidades peque\u00f1as cambiaron sus afiliaciones entre las dos observancias varias veces. En la cumbre de su crecimiento, la Estricta Observancia incluy\u00f3 sesenta y cinco casas, sumadas a los cinco cenobios de monjas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente:http:\/\/omesbc.wordpress.com\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Historia del Cister (Parte 11) \u2013 La guerra de las Observancias Noviembre 4, 2009 por omesbc Rate This Contenido 1 La guerra de las Observancias 2 Escuela de estricto ascetismo 3 La Estricta observancia en peligro 4 El Visitador de la Rochefoucauld 5 Papado de Inocencio X 6 Papado de Alejandro VII 7 Tensiones entre &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xi\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCISTER: HISTORIA XI\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23939","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23939","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23939"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23939\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23939"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23939"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23939"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}