{"id":23940,"date":"2016-02-05T16:18:12","date_gmt":"2016-02-05T21:18:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xii\/"},"modified":"2016-02-05T16:18:12","modified_gmt":"2016-02-05T21:18:12","slug":"cister-historia-xii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xii\/","title":{"rendered":"CISTER: HISTORIA XII"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Los Cistercienses y el Antiguo R\u00e9gimen<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 La coyuntura barroca y el rol de la m\u00fasica<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Las colecciones art\u00edsticas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Cister de Francia&#160;: caso especial<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Administraci\u00f3n central<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Andoche Pernot<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Gran Conseil<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 Constituci\u00f3n<\/li>\n<\/ul>\n<h1>Los Cistercienses y el Antiguo R\u00e9gimen<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El fervor religioso que anim\u00f3 a la Estricta Observancia no qued\u00f3 de ninguna manera restringido a Francia. Tan pronto como la Paz de Westfalia (1648) puso fin a una centuria de devastadoras guerras religiosas, el esp\u00edritu de la renovaci\u00f3n cat\u00f3lica se manifest\u00f3 en toda la Europa central y oriental. Fue la era del Barroco, caracterizada por una apasionada b\u00fasqueda de gloria, grandeza y magnificencia, pero tambi\u00e9n por un entusiasmo religioso claramente expresado en las artes pl\u00e1sticas, la m\u00fasica, o la m\u00edstica, la pompa de la liturgia y la devoci\u00f3n popular. El mensaje del monaquismo vestido con formas y colores novedosos lleg\u00f3 de nuevo a las masas cat\u00f3licas. Se multiplicaron las vocaciones y, en cierto n\u00famero de casos, los claustros medievales resultaron demasiado peque\u00f1os. Muchas de estas abad\u00edas fueron reedificadas por completo, o por lo menos sustancialmente remodeladas. Monasterios en ruinas, abandonados y casi olvidados, cobraron vida y fueron repoblados por una nueva generaci\u00f3n de pioneros cistercienses.<br \/>\nLa devastada Hungr\u00eda, reconquistada a los turcos, se convirti\u00f3 nuevamente en un lugar prometedor para volver a establecer cuatro abad\u00edas en el transcurso de pocas d\u00e9cadas. La populosa Welehard, en Moravia, envi\u00f3 a los nuevos moradores primero a P\u00e1szto (1702) y luego a Pilis (1712). Despu\u00e9s de varios intentos sin \u00e9xito Heinrichau, Silesia, adquiri\u00f3 y reconstruy\u00f3 Zirc (1726), abad\u00eda que se convertir\u00eda en el gran centro de renovaci\u00f3n cisterciense. La austr\u00edaca Heiligenkreuz se interes\u00f3 por la abandonada San Gotardo y encendi\u00f3 de nuevo el fuego de la vida mon\u00e1stica en una abad\u00eda elegantemente reconstruida.<br \/>\nEl celo de los cistercienses polacos dio por resultado fundaciones completamente nuevas en Lituania. Entre 1670 y 1710, se erigieron tres casas para monjes, a las que sucedi\u00f3, poco despu\u00e9s, un convento de monjas. Varias abad\u00edas alemanas arruinadas y abandonadas en la tormenta de la Reforma volvieron a tener vida. Waldsassen, cerca de Regensburg, fue reavivada en 1669 por F\u00fcrstenfeld. En un plazo breve, la renaciente abad\u00eda, habitada por cincuenta monjes, se convirti\u00f3 en un hogar magn\u00edfico de arte y piedad barrocas.<br \/>\nEn Flandes, bajo r\u00e9gimen austr\u00edaco durante todo el siglo XVIII, Villers se recobr\u00f3 completamente de las guerras de Luis XIV y en 1734 alojaba sesenta y dos monjes. Por esa misma \u00e9poca, Aulne gozaba de gran prosperidad y hacia fin de siglo contaba con alrededor de ochenta sacerdotes. Les Dunes, totalmente destruida, fue trasladada a Brujas donde su numerosa comunidad construy\u00f3 una abad\u00eda nueva y magn\u00edfica, sede actualmente del seminario diocesano.<br \/>\nEn la distante Portugal, Alcoba\u00e7a alcanzaba su apogeo en el siglo XVIII. No s\u00f3lo la planta del monasterio se extendi\u00f3 en un complejo de edificios monumentales, sino que su poblaci\u00f3n se elev\u00f3 en 1762 a ciento treinta y nueve monjes profesos. El abad era miembro permanente de las Cortes y el Consejo real, serv\u00eda como Gran Limosnero en la corte, ostentando entre muchos otros, los t\u00edtulos de \u00abExcelencia\u00bb y \u00abDefensor de las Fronteras\u00bb. Guillermo Beckford (1760-1844), el conocido viajero y autor ingl\u00e9s, visit\u00f3 Alcoba\u00e7a en 1794 y public\u00f3 una descripci\u00f3n de la abad\u00eda y sus alrededores llena de color. Calculaba el personal del magn\u00edfico establecimiento en cerca de cuatrocientos, y alababa la pr\u00f3diga hospitalidad de los monjes, que inclu\u00eda conciertos y representaciones realizadas por los mismos en el teatro de la abad\u00eda. La exquisita comida, lo m\u00e1s apreciado por el irreverente ingl\u00e9s, era preparada en una cocina de enormes proporciones, \u00abel templo de la glotoner\u00eda m\u00e1s distinguido de toda Europa\u00bb. Alcoba\u00e7a no fue de ninguna manera el \u00fanico centro cisterciense que florec\u00eda en el pa\u00eds: Tarouca, Salzadas y Bouro, cada uno poblado por m\u00e1s de cincuenta monjes, gozaban de similar prosperidad. Muchas abad\u00edas en Espa\u00f1a, en especial la prestigiosa Poblet, continuaron su existencia ininterrumpidamente durante el siglo XVIII.<br \/>\nLas abad\u00edas suizas compartieron el \u00e9xito de las b\u00e1varas y renanas, y \u00fanicamente en Italia, debido principalmente a la falta de recursos financieros, qued\u00f3 rezagado el proceso de recuperaci\u00f3n.\n<\/p>\n<h1>La coyuntura barroca y el rol de la m\u00fasica<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El esplendor del barroco y el crecimiento externo se combinaban por lo general con un renacimiento moral igualmente impresionante y un alto grado de disciplina mon\u00e1stica. Sin embargo, debe admitirse que la civilizaci\u00f3n del barroco, b\u00e1sicamente aristocr\u00e1tica, penetr\u00f3 profundamente en las filas de los monjes. Los abades adoptaban, o por lo menos emulaban, el empaque de los pr\u00edncipes vecinos, y los monjes sucumb\u00edan con frecuencia ante la tentaci\u00f3n de crear dentro de los claustros una atm\u00f3sfera palaciega.<br \/>\nUna de las manifestaciones m\u00e1s notables de esta espont\u00e1nea tendencia fue el amor apasionado por la m\u00fasica. Hab\u00eda entre los cistercienses unos pocos compositores originales que lograron amplia reputaci\u00f3n, tales como el fuliense Lucretio Quintiani de Cremona y Juan Nucius (1620), abad de Himmelwitz consumado pros\u00e9lito de sus contempor\u00e1neos holandeses, especialmente Orlando di Lasso. En las iglesias, se empleaba frecuentemente la polifon\u00eda y, a veces, aun una orquesta, y los ambiciosos monjes-m\u00fasicos encontraban amplia oportunidad de desplegar todos sus talentos en frecuentes celebraciones mon\u00e1sticas. En tales ocasiones \u2013 lo mismo que en cualquier otra reuni\u00f3n aristocr\u00e1tica-, la orquesta de c\u00e1mara entreten\u00eda a los religiosos y a los hu\u00e9spedes invitados durante la cena. En algunos monasterios, por otra parte bien disciplinados, tales costumbres se impusieron sin reparos, en otros casos se los tild\u00f3 de intolerables abusos. El problema se discuti\u00f3 en el cap\u00edtulo provincial de Bohemia en 1737, donde los abades condenaron y prohibieron cualquier tipo de m\u00fasica a la hora de comer y en cualquier ocasi\u00f3n. Un vocero del grupo, escribi\u00f3 en 1737 un trabajo muy erudito titulado De musita monachorum, un documento extraordinario sobre el tema. Seguramente exager\u00f3 al describir el entusiasmo universal por la m\u00fasica; sin embargo, merece citarse una observaci\u00f3n mordaz: \u00abAl recibir un candidato para el noviciado se le interroga principalmente sobre m\u00fasica. No hay ninguna alusi\u00f3n ni indagaci\u00f3n respecto a su educaci\u00f3n, cualidades morales o estudio; una pregunta se le formula como \u00fanico requisito, o por lo menos el m\u00e1s importante: si sabe m\u00fasica\u00bb.<br \/>\nEn Austria, la m\u00fasica represent\u00f3 un papel importante en la mayor\u00eda de las abad\u00edas cistercienses. El abad Juan Seifried de Zwettl (1612-1625) compuso y puso en escena un oratorio que alcanz\u00f3 \u00e9xito. Posteriormente, en el mismo siglo, uno de sus sucesores, Gaspar Bernhard (1672-1695), adapt\u00f3 para su diario las palabras del salmo 150: \u00abEn estos d\u00edas resuenan en nuestro monasterio m\u00fasica festiva y admirable, con la que alabamos al Se\u00f1or con coro y \u00f3rgano, con el alegre resonar de c\u00edmbalos, lo mismo que con el bronco ruido de las trompetas y el son de los cuernos\u00bb. En 1768, un jubileo abacial dio ocasi\u00f3n para la representaci\u00f3n de una cantata escrita por los monjes y titulada Applausus. La excelente obra fue orquestada por el genio de la m\u00fasica austr\u00edaca, Jos\u00e9 Haydn.\n<\/p>\n<h1>Las colecciones art\u00edsticas<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">A imitaci\u00f3n de sus aristocr\u00e1ticos vecinos, cada abad\u00eda se enorgullec\u00eda en poseer finas piezas de arte y colecciones de inter\u00e9s hist\u00f3ricos o cient\u00edficos. En algunos casos, se instalaron laboratorios de f\u00edsica bien equipados, o aun observatorios astron\u00f3micos. Un visitante benedictino describi\u00f3 Raitenhaslach tres a\u00f1os antes de su secularizaci\u00f3n como un verdadero hogar de las artes y las ciencias. Una galer\u00eda de arte inclu\u00eda ciento cincuenta pinturas de maestros famosos. Ten\u00edan un laboratorio para la experimentaci\u00f3n f\u00edsica espl\u00e9ndidamente provisto, varias colecciones de bot\u00e1nica y zoolog\u00eda, y una biblioteca excelente, bien equipada en especial para las ciencias naturales. Al mismo tiempo, el hu\u00e9sped qued\u00f3 muy impresionado por la disciplina ejemplar mostrada por los cuarenta y tres monjes.<br \/>\nA primera vista, esta mezcla extra\u00f1a de tradiciones mon\u00e1sticos cistercienses y mentalidad barroca puede parecer contrapuesta y contradictoria. Sin embargo, as\u00ed como el refinamiento barroco no encontr\u00f3 objeci\u00f3n para remodelar las iglesias g\u00f3ticas en el nuevo estilo, la adaptaci\u00f3n de las costumbres mon\u00e1sticas fue aceptada con la misma naturalidad y comprensi\u00f3n. Bartolom\u00e9 Sedlak, secretario del Abad de Heinrichau, describi\u00f3 con habilidad c\u00f3mo la simplicidad y la magnificencia, pobreza y prodigalidad, disciplina y relajaci\u00f3n pod\u00edan estar combinadas en una armon\u00eda incomparable en Salem, el importante centro de la Congregaci\u00f3n Alemana. Siendo el propio Padre Bartolom\u00e9 miembro de una comunidad rica y floreciente, se acerc\u00f3 a la abad\u00eda con un esp\u00edritu predispuesto para los celos y el prejuicio. Mas su informe de 1768 refleja, con toda seguridad, su admiraci\u00f3n por todo lo que vio y experiment\u00f3. El Abad de Salem, de esmerada educaci\u00f3n y magn\u00edfico mecenas del arte y las ciencias, fue honrado con el t\u00edtulo de \u00abExcelencia\u00bb, como cabeza de un territorio inmediatamente subordinado al Emperador (Reichsunmittelbar). A su llegada, el visitante fue conducido al refectorio, donde se maravill\u00f3 por el espl\u00e9ndido servicio y la m\u00fasica vocal e instrumental bien ejecutada para su entretenimiento. Pase\u00e1ndose por el magn\u00edfico edificio, admir\u00f3 el tesoro de la sacrist\u00eda, especialmente una enorme custodia valorada en 60.000 florines, las catorce campanas de la torre y la colecci\u00f3n \u00fanica de la biblioteca, cuyo bibliotecario dominaba siete idiomas. Elogiaba la precisa perfecci\u00f3n del canto gregoriano y los oficios lit\u00fargicos, el fausto de una misa mayor solemne, pero estaba mucho m\u00e1s impresionado por el edificante recogimiento de los monjes. \u00abAll\u00ed, mientras observaba tan exacta disciplina regular\u00bb, escrib\u00eda el Padre Bartolom\u00e9, \u00abtuve la impresi\u00f3n con gran consuelo de mi coraz\u00f3n, que estaba viendo Claraval en la \u00e9poca de nuestro Padre san Bernardo. Hab\u00eda setenta monjes en la casa, pero, aunque pasamos varias veces por los corredores, no encontramos a ninguno. Esto no sucede por casualidad; estaban absortos en sus estudios y el h\u00e1bito de soledad hab\u00eda penetrado en su propia naturaleza. Aunque el monasterio posee muchos recursos, los monjes sobresalen por su gran pobreza. El material de sus h\u00e1bitos es sencillo, y no usan ropa interior de lino, sino de lana. En materia de disciplina mon\u00e1stica siguen al pie de la letra la reforma constitucional de Alejandro VII\u00bb.<br \/>\nLa influencia de la ilustraci\u00f3n dentro de los monasterios cistercienses germanos tuvo vida corta y superficial, y afect\u00f3 s\u00f3lo a monjes concretos. La famosa abad\u00eda b\u00e1vara de Kaisheim nos proporciona de ello un ejemplo caracter\u00edstico. All\u00ed, durante la d\u00e9cada de 1770, la joven generaci\u00f3n de cl\u00e9rigos estuvo influenciada por el eminente profesor Ulrico Mayr, graduado en la Universidad de Ingolstadlt y un entusiasta de la filosof\u00eda \u00abilustrada\u00bb. \u00abEstoy contento de ser monje\u00bb, escribi\u00f3 a un amigo, \u00abporque.creo que, por su profesi\u00f3n, el monje puede servir a los ideales de la filosof\u00eda cristiana. Es un hombre que vive en soledad silenciosa, libre de las cargas dom\u00e9sticas, rodeado de amigos cultos, y es siempre un virtuoso fil\u00e1ntropo\u00bb.<br \/>\n\u00a1Oh, cu\u00e1nto podr\u00eda contribuir al bienestar general! Acept\u00f3 complacido la abolici\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, as\u00ed como las medidas del emperador Jos\u00e9 contra las comunidades contemplativas, mientras que puso todo su empe\u00f1o en conformar su monasterio a las pautas \u00abilustradas\u00bb. Sin embargo, la oposici\u00f3n de la mayor\u00eda creci\u00f3 poderosamente y, en 1785, dej\u00f3 con gran tristeza Kaisheim por una parroquia rural. La reacci\u00f3n conservadora contra la Ilustraci\u00f3n fue igualmente fuerte entre todos los cistercienses de Baviera; en los c\u00edrculos \u00abilustrados\u00bb de W\u00fcrzburg eran llamados \u00ablos jesuitas blancos\u00bb.\n<\/p>\n<h1>Cister de Francia&#160;: caso especial<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por razones obvias, en su examen de la historia de la Orden debe prestarse especial atenci\u00f3n a Francia. Por su lado, la mitad de las abad\u00edas que sobrevivieron a la Reforma estaban situadas dentro de las fronteras de Francia. Luego, segu\u00edan residiendo en Cister los organismos de administraci\u00f3n central, el Cap\u00edtulo General y el abad general. Estas eran otras caracter\u00edsticas que tambi\u00e9n habr\u00edan apartado a los cistercienses franceses de sus hermanos de cualquier otro punto de Europa. Ya hemos hablado de la aparici\u00f3n de la Estricta Observancia como instituci\u00f3n predominantemente francesa. La persistencia del sistema comendatario fue otra caracter\u00edstica de la vida mon\u00e1stica francesa, que redujo a\u00fan m\u00e1s los resultados beneficiosos de la renovaci\u00f3n lit\u00fargica universal, tan espectacular en otros lugares. En Francia, se hicieron sentir m\u00e1s agudamente los perniciosos efectos de la interminable disputa entre el abad general y los cuatro protoabades, as\u00ed como la interferencia gubernamental en la administraci\u00f3n y legislaci\u00f3n de la Orden, en constante aumento. Para concluir, las profundas incursiones de la Ilustraci\u00f3n socavando la posici\u00f3n social de las \u00f3rdenes contemplativas, preparando a la opini\u00f3n p\u00fablica para los acontecimientos de la Revoluci\u00f3n, eran all\u00ed m\u00e1s evidentes.<br \/>\nAun la Estricta Observancia fue incapaz de eliminar las pretensiones y las presiones fiscales de los abades comendatarios. Se lleg\u00f3 a un compromiso: la disciplina y la administraci\u00f3n interna quedaban confiadas al prior conventual, nombrado por los superiores mon\u00e1sticos, mientras que el manejo de los bienes abaciales constitu\u00eda un derecho del abad comendatario. A pesar de esto, el problema crucial hab\u00eda sido siempre la divisi\u00f3n de las rentas mon\u00e1sticas. La usanza legal, establecida a comienzos del siglo XVII por cierto n\u00famero de decretos cortesanos, requer\u00eda una distribuci\u00f3n tripartita del ingreso bruto. El primer tercio (mensa abbatialis), era pagado al abad; el segundo (mensa conventualis), se dejaba aparte para proveer de alimentos y ropa a un n\u00famero estipulado de monjes. Esta suma, dividida entre los monjes, se llamaba con frecuencia \u00abpensi\u00f3n\u00bb. El tercero (tiers lot), se reservaba para los gastos de manutenci\u00f3n, incluida la reparaci\u00f3n de los edificios. Los t\u00e9rminos de la distribuci\u00f3n eran aceptados por medio de un contrato formal. No obstante, el abad rehusaba frecuentemente entrar en cualquier relaci\u00f3n contractual o ignoraba sus t\u00e9rminos. En ambos casos, continuaba sacando lo m\u00e1s que pod\u00eda de los bienes mon\u00e1sticos, sin tener la menor consideraci\u00f3n con las m\u00e1s elementales necesidades de los monjes. Pleitos interminables por tales causas llenan p\u00e1ginas incontables de las cr\u00f3nicas mon\u00e1sticas.<br \/>\nUna de las primeras y peores consecuencias del sistema comendatario fue el gran descenso del n\u00famero de monjes. A los ojos de las personas nombradas por el rey, que recib\u00edan sus abad\u00edas como recompensa material a variados servicios, la presencia de monjes hab\u00eda sido siempre una gravosa carga financiera. Hicieron todo lo posible por reducir el n\u00famero de monjes al m\u00ednimo absoluto; si la abad\u00eda era v\u00edctima de la guerra u otro desastre, rechazaban reconstruirla y repoblarla. Aun en el mejor de los casos, cuando el contrato especificaba las obligaciones financieras del abad, se fijaba el n\u00famero m\u00e1s bajo posible de monjes y de \u00abpensiones\u00bb, sin esperanza alguna de acrecentar el n\u00famero de miembros o de mejorar la situaci\u00f3n econ\u00f3mica. El descenso del n\u00famero y el bajo nivel del personal no se deben en forma alguna a una disminuci\u00f3n general de vocaciones, sino a una limitaci\u00f3n malsana y artificial que escapaba al control de la Orden.<br \/>\nDonde el n\u00famero de monjes hab\u00eda sido fijado ya por contrato, algunos abades comendatarios concentraron sus esfuerzos para forzar la admisi\u00f3n de sus propios protegidos para las plazas vacantes. Si el candidato no era aceptable para la Orden, se originaban nuevas disputas y los comendatarios se desquitaban impidiendo la admisi\u00f3n de novicios.<br \/>\nEn comunidades donde las \u00abpensiones\u00bb eran muy reducidas, los mismos monjes sintieron una fuerte inclinaci\u00f3n a mantener bajo el n\u00famero de miembros y mejorar las condiciones aprovechando el dinero destinado a las plazas vacantes.<br \/>\nEn cierto n\u00famero de casas, la presencia de un \u00fanico monje era simplemente una formalidad legal; quedaron todav\u00eda m\u00e1s monasterios completamente vac\u00edos, o que fueron perdidos por la Orden por distintas causas. Cuando el Cap\u00edtulo General de 1667 arregl\u00f3 las cosas para la visita de todas las casas de Francia, la lista de monasterios, tanto de la Estricta como de la Com\u00fan Observancia era s\u00f3lo de ciento cuarenta y nueve comunidades, lo que significaba que, cerca de cincuenta casas a fines pr\u00e1cticos estaban vac\u00edas. En 1683, el n\u00famero de monasterios para ser visitados hab\u00eda aumentado hasta 164, pero el desarrollo territorial de Francia fue el mayor responsable del incremento.<br \/>\nSin embargo, debe se\u00f1alarse con toda justicia que la mayor\u00eda de los comendatarios estaban de hecho forzados a contribuir con parte de sus rentas a la reconstrucci\u00f3n de los edificios, mientras que la recuperaci\u00f3n moral fue promovida eficazmente por distintos organismos de la Orden. En 1600, un monasterio con miembros disciplinados, posesiones bien administradas y edificios conservados era una excepci\u00f3n rara; hacia 1700, en cambio, la mayor\u00eda de las casas cistercienses sobrevivientes pose\u00edan por lo menos lo m\u00e1s esencial para una vida religiosa ordenada, y ya no eran frecuentes los casos de negligencia o desorden total.<br \/>\nDonde fue posible la reconstrucci\u00f3n material y se pod\u00eda garantizar el mantenimiento de una comunidad algo grande se segu\u00eda la recuperaci\u00f3n moral, casi espont\u00e1neamente. Por el contrario, cuando la falta de celo y disciplina eran cr\u00f3nicas, el n\u00famero de miembros era generalmente reducido y la pobreza en aumento. Dado que el control sobre factores econ\u00f3micos decisivos estaba en muchos casos m\u00e1s all\u00e1 del poder de la Orden, la uniformidad qued\u00f3 s\u00f3lo en deseo, pero nunca se logr\u00f3. A la sombra de magn\u00edficas abad\u00edas, con monjes ejemplares, subsist\u00edan simplemente casas peque\u00f1as, en lucha constante, dominadas por problemas sin soluci\u00f3n.<br \/>\nLa afiliaci\u00f3n a la Estricta Observancia fue, con certeza, un poderoso factor en el proceso de recuperaci\u00f3n de una tercera parte de las casas francesas. No obstante, el movimiento tuvo un \u00e9xito m\u00e1s espectacular en los casos donde la introducci\u00f3n de la reforma estaba unida al retorno de los abades regulares, o realizada con el apoyo total del abad comendatario. La simple adquisici\u00f3n de un monasterio por la Estricta Observancia raramente dio por resultado mejoras apreciables. Aunque es muy posible que el promedio de las casas de la Estricta Observancia estuviera en un plano moral y econ\u00f3mico m\u00e1s alto que sus similares de la Com\u00fan Observancia, se debe considerar tambi\u00e9n el mayor, porcentaje de abad\u00edas regulares en la Estricta Observancia. En el m\u00e1ximo de su expansi\u00f3n, la reforma contaba con casi la tercera parte de las casas cistercienses pobladas, incluyendo la mitad de las abad\u00edas regulares.<br \/>\nLa tarea de restauraci\u00f3n dentro de la Com\u00fan Observancia fue inculcada por el Cap\u00edtulo General y promovida por fervientes visitadores, pero, en \u00faltima instancia, su \u00e9xito se debe a la constituci\u00f3n apost\u00f3lica In suprema de Alejandro VII, de 1666. Sobre la base de este documento, se hab\u00eda logrado hacia fines de siglo un grado razonable de disciplina interna en todos los monasterios.\n<\/p>\n<h1>Administraci\u00f3n central<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo relativo a la administraci\u00f3n central, el recrudecimiento de la lucha enconada entre Cister y los cuatro protoabades debe reconocerse que constituy\u00f3 el problema clave durante el resto del Ancien R\u00e9gime. Cuando, despu\u00e9s de d\u00e9cadas enteras de ardua lucha, la Estricta Observancia se vio forzada a someterse, los protoabades se prepararon para reasumir su oposici\u00f3n a Cister, s\u00f3lo para descubrir que gozaban de muy poca simpat\u00eda en el gobierno de Luis XIV. El r\u00e9gimen absolutista no pod\u00eda apoyar a s\u00fabditos rebeldes contra una autoridad establecida, que, en el caso de Cister, aseguraba una efectiva influencia francesa sobre poderosas congregaciones extranjeras. Por esta raz\u00f3n, el abad Juan Petit (1670-1692), victorioso tanto contra la Estricta Observancia como contra sus cuatro antagonistas, lleg\u00f3 casi a establecer un control mon\u00e1rquico sobre la Orden Cisterciense.<br \/>\nLos sucesores de Petit se esforzaron por mantener la misma prominente posici\u00f3n en el puesto de control de la Orden. Conscientes de que el Cap\u00edtulo General y el definitorium eran los \u00fanicos tribunales donde los humillados protoabades podr\u00edan exponer sus motivos de queja, los abades de Cister se volvieron cada vez m\u00e1s reticentes para convocar a Cap\u00edtulo, a pesar de que la In suprema establec\u00eda sesiones trienales. Nicol\u00e1s Larcher (1692-1712) reuni\u00f3 s\u00f3lo una de esas asambleas en 1699. Bajo Edinundo Perrot (1712-1727), no hubo ning\u00fan Cap\u00edtulo. Perrot, como sus antecesores, descansaba en el apoyo brindado por sus colegas germanos en su batalla contra \u00abese viejo drag\u00f3n de cuatro cabezas\u00bb. El portavoz alem\u00e1n Esteban Jung (1698-1725), abad de Salem, formul\u00f3 una cl\u00e1sica expresi\u00f3n representativa de su posici\u00f3n, sacando del olvido el argumento de la generaci\u00f3n precedente. Aludiendo al dicho popular franc\u00e9s une foi, une loi, un roi (una fe, una ley, un rey), escrib\u00eda a Luis XV: \u00abAs\u00ed como tenemos un solo Dios y una sola fe, as\u00ed nuestra Orden tiene una \u00fanica cabeza\u00bb, y agregaba una antigua amenaza: \u00absi no se puede hallar otro remedio en un futuro cercano, nosotros, los alemanes, estamos decididos a elegir un General especial para Alemania, acci\u00f3n que perjudicar\u00eda enormemente al Reino de Francia\u00bb.\n<\/p>\n<h1>Andoche Pernot<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Andoche Pernot (1727-1748) se vio obligado a convocar un Cap\u00edtulo en 1738 bajo fuertes presiones, pero su maquiavelismo por asegurar el apoyo de la asamblea a su pol\u00edtica s\u00f3lo aument\u00f3 la hostilidad de los protoabades, y acentu\u00f3 la determinaci\u00f3n de \u00e9stos de asentar un contragolpe apenas se les presentara la oportunidad. Entretanto; los cambios en el ambiente social y pol\u00edtico del siglo XVIII comenzaron a favorecer lentamente a los protoabades. Durante la primera mitad del siglo XVIII, los miembros de la nobleza francesa, reducidos por el \u00abRey Sol\u00bb al impotente papel de cortesanos, lograron una notable renovaci\u00f3n. Compartieron en mayor escala el poder pol\u00edtico y reforzaron sus antiguos privilegios. Al mismo tiempo, una filosof\u00eda pol\u00edtica popular, cada vez con mayor auge, denunciaba los gobiernos absolutistas, y volviendo sus ojos envidiosos al otro lado del Canal, exig\u00edan una administraci\u00f3n m\u00e1s representativa y el equilibrio e interdependencia de los tres poderes gubernamentales.<br \/>\nComo exteriorizaci\u00f3n visible de tales aspiraciones, la nobleza recobr\u00f3 su monopolio sobre las sedes episcopales, y trat\u00f3 de forzar la sumisi\u00f3n de las \u00f3rdenes mon\u00e1sticas exentas, la exenci\u00f3n hab\u00eda sido, sin duda, un privilegio muy criticado durante siglos, pero el hecho de que, en el siglo XVIII, casi todos los abades pertenec\u00edan a una burgues\u00eda en r\u00e1pido ascenso, rica e influyente, agregaba al cr\u00f3nico antagonismo entre obispos y abades el matiz de una lucha de clases. En esencia, la mayor\u00eda de los ataques al poder del abad de Cister puede tildarse de trivialidades, pero el plan obvio de obligar al superior de la Orden \u2013 que hab\u00eda sido de otro estamento \u2013, a volver a su propio lugar dentro de la escala social, transform\u00f3 cada disputa en una lucha de principios.<br \/>\nDurante esas querellas que se prolongaron d\u00e9cadas enteras, los protoabades libraron una batalla constante contra Cister, que estaba a favor de la vuelta a la actividad y el mantenimiento del Colegio de San Bernardo en Toulouse. Larcher y sus dos sucesores inmediatos hicieron repetidos esfuerzos por insuflar nueva vida a la decadente instituci\u00f3n, y presionaron a las abad\u00edas vecinas para que apoyaran el Colegio, tanto moral como financieramente. Al mismo tiempo, los protoabades nunca cesaron de se\u00f1alar que el motivo real oculto tras la idea era la ambici\u00f3n de poder del Abad General, y su explotaci\u00f3n de los monasterios.<br \/>\nEl Cap\u00edtulo General de 1738 proporcion\u00f3 al abad Pernot una victoria p\u00edrrica, por cuanto sus humillados colegas salieron m\u00e1s determinados que nunca a resarcir sus motivos de queja. Su sucesor en Cister, Francisco Trouv\u00e9, fracas\u00f3 en el intento de lograr la reconciliaci\u00f3n en 1748. El nuevo General, un natural de la Champa\u00f1a de origen burgu\u00e9s, por entonces un hombre relativamente joven, de 37 a\u00f1os era doctor en La Sorbona y prior de la Clart\u00e9-Dieu, un monasterio peque\u00f1o de la di\u00f3cesis de Tours. Su personalidad, sus pulidos modales y su erudici\u00f3n se un\u00edan a un agudo sentido de su nueva dignidad y a una firme decisi\u00f3n de defender o aun fortalecer su encumbrada posici\u00f3n. La nueva disputa alcanz\u00f3 su cl\u00edmax en un proceso judicial iniciado por los protoabades ante el Grand Conseil el 12 de marzo de 1760. Durante los meses subsiguientes un sinf\u00edn de panfletos y memorias, firmados por ambos bandos, trataban de influenciar a los jueces, lo mismo que al p\u00fablico interesado. Los protoabades atacaban, alegando que, durante los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os, hab\u00eda tenido lugar una \u00abrevoluci\u00f3n\u00bb organizada por los abades de Cister, \u00abpara cubrirlo todo con el manto de su opresivo poder\u00bb. Ya no ten\u00edan sentido los Cap\u00edtulos, porque estaban cambiando un gobierno de corte aristocr\u00e1tico, basado en el derecho, por otro mon\u00e1rquico, donde todo quedaba en manos del Abad de Cister. Trouv\u00e9 replic\u00f3 en forma cortante que hab\u00eda planeado repetidas veces la convocatoria de un Cap\u00edtulo, pero no pudo hacerlo por circunstancias adversas o por el rechazo inesperado de los poco propicios protoabades. M\u00e1s a\u00fan, prosegu\u00eda el General, la administraci\u00f3n de la Orden no pod\u00eda depender de un \u00absenado\u00bb aristocr\u00e1tico convocado s\u00f3lo en raras ocasiones. Tal asamblea, si es que iba a ofrecer asistencia significativa al Abad de Cister, deber\u00eda estar, por lo menos potencialmente, en sesi\u00f3n permanente.\n<\/p>\n<h1>Gran Conseil<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 14 de marzo de 1761, el Grand Conseil public\u00f3 la tan esperada decisi\u00f3n, favorable en l\u00edneas generales a los protoabades. Invalidaba un cierto n\u00famero de decretos aprobados por el Cap\u00edtulo de 1738, conjuntamente con los nombramientos subsiguientes y las medidas administrativas tomadas m\u00e1s recientemente por Trouv\u00e9. El mismo arr\u00eat recalcaba que todas esas disposiciones tendr\u00edan que ser elaboradas consultando a los protoabades reunidos en cap\u00edtulo. Trouv\u00e9 apel\u00f3 el veredicto de inmediato, dirigi\u00e9ndose directamente al rey, pero era evidente que no se pod\u00eda diferir por mucho tiempo la convocatoria del Cap\u00edtulo General. Sin embargo, ante el cambio operado, un Cap\u00edtulo ofrec\u00eda m\u00e1s ventajas a los protoabades que a Cister.<br \/>\nEl Cap\u00edtulo se inici\u00f3 el 5 de mayo de 1765 despu\u00e9s de largu\u00edsimas preparaciones, en presencia de Antonio Juan Amelot de Chaillou, intendente de Borgo\u00f1a, representante del gobierno real. Asistieron a la sesi\u00f3n \u00fanicamente sesenta miembros con derecho a voto, divididos en dos facciones casi iguales. La mayor\u00eda de los abades franceses apoyaban a los protoabades, mientras que los extranjeros, especialmente los alemanes, se alinearon s\u00f3lidamente detr\u00e1s del General.<br \/>\nNo obstante, antes de que pudiera discutirse nada de importancia, surgi\u00f3 de nuevo el problema de la constituci\u00f3n y autoridad del definitorium. Dado que los protoabades pod\u00edan controlarlo f\u00e1cilmente, Trouv\u00e9 insist\u00eda en la preeminencia de la sesi\u00f3n plenaria del Cap\u00edtulo. Despu\u00e9s de algunos d\u00edas de altercados in\u00fatiles, el Cap\u00edtulo General se disolvi\u00f3 en desorden, m\u00e1s o menos como hab\u00eda ocurrido en 1672.<br \/>\nLas dos partes en pugna se dirigieron al Parlamento de Dijon, para alcanzar justicia. Cuando ese tribunal, bajo presi\u00f3n de los alemanes, fall\u00f3 a favor de Trouv\u00e9, los protoabades apelaron ante el Consejo real. Por ese entonces (1766), se hab\u00eda establecido bajo auspicio del rey la \u00abComisi\u00f3n de Regulares\u00bb encabezada por \u00c9tienne-Charles de Lom\u00e9rie de Brienne, arzobispo de Toulouse. De aqu\u00ed en adelante, todos los problemas importantes tendr\u00edan que ser solucionados por medio de este cuerpo de oficiales eclesi\u00e1sticos y estatales.<br \/>\nTal como se estableciera inicialmente, el prop\u00f3sito de la Comisi\u00f3n era la reforma de las \u00f3rdenes religiosas. Las oportunidades en que deb\u00eda intervenir espec\u00edficamente, y los medios con que contaba fueron indicados s\u00f3lo posteriormente por medio de una serie de decretos reales. Esas reglamentaciones se\u00f1alaban con gran detalle la determinaci\u00f3n de la edad y otras cualidades de los candidatos, la organizaci\u00f3n de los noviciados y una serie de cuestiones administrativas y disciplinarias. Los art\u00edculos esenciales de la reforma eran la exigencia de una revisi\u00f3n y una nueva publicaci\u00f3n de las constituciones mon\u00e1sticas y el establecimiento de un m\u00ednimo de miembros en cada casa. Como es l\u00f3gico, este \u00faltimo requisito pod\u00eda satisfacerse \u00fanicamente reduciendo el n\u00famero de comunidades peque\u00f1as; m\u00e1s a\u00fan, en el caso que, medidas tan agudas no produjeran las mejoras deseadas, estaba proyectada la secularizaci\u00f3n de toda la Orden. En realidad, durante el per\u00edodo de trabajo de la Comisi\u00f3n, se cerraron m\u00e1s de cuatrocientas cincuenta casas religiosas, y se secularizaron nueve \u00f3rdenes enteras.<br \/>\nAunque se repitiera hasta el cansancio y se asegurara solemnemente que la \u00fanica intenci\u00f3n de la Comisi\u00f3n era promover una sana reforma, y de esta forma contribuir al bienestar de la Iglesia, no pudieron silenciarse las cr\u00edticas ni vencerse la activa oposici\u00f3n. El hecho de que los m\u00e1s ruidosos agitadores a favor de una reforma fueran los mismos individuos que tramaron la expulsi\u00f3n de los jesuitas, confirmaba las sospechas de los que cre\u00edan firmemente que la nueva organizaci\u00f3n era en realidad un instrumento para la destrucci\u00f3n del monacato. Por desgracia, el car\u00e1cter y la personalidad de Lom\u00e9nie de Brienne no pod\u00edan ser garant\u00eda para la honrada ejecuci\u00f3n de las metas propuestas por la Comisi\u00f3n. No s\u00f3lo su vida privada estaba muy por debajo del m\u00ednimo exigible a los eclesi\u00e1sticos, sino que a\u00fan su fe en la existencia misma de Dios era muy cuestionada.<br \/>\nLa Comisi\u00f3n trat\u00f3 de enfrentarse con los problemas de cada orden con una flexibilidad poco com\u00fan. En el caso de los cistercienses, las t\u00e1cticas de la misma fueron en extremo refinadas. Brienne explot\u00f3 simplemente las agrias disputas peri\u00f3dicas entre las fracciones rivales de Cister y los protoabades. Se admite com\u00fanmente que podr\u00eda haberse llegado a un arreglo m\u00e1s satisfactorio revisando la constituci\u00f3n de la Orden. En el sentido estricto de la palabra, no hab\u00eda ninguna constituci\u00f3n actualizada. El documento que m\u00e1sse le parece, el breve In suprema de 1666, firmado por Alejandro VII, aunque era de naturaleza amplia, se refer\u00eda especialmente al problema de las observancias. Siempre se hab\u00eda planeado una colecci\u00f3n sistematizada de leyes, pero nunca hab\u00eda llegado a materializarse. De esta manera, el prop\u00f3sito principal de la Comisi\u00f3n, la reforma constitucional, no se lograr\u00eda por presiones externas, sino mediante la amplia cooperaci\u00f3n de ambas partes, guiando simplemente la actividad del Cap\u00edtulo General en la direcci\u00f3n deseada. Dado que los distintos elementos especiales de la reforma proyectada podr\u00edan ser incorporados con facilidad a la nueva constituci\u00f3n, no se ejerc\u00eda presi\u00f3n alguna sobre la Orden para que aceptara exigencias concretas, y aun la supresi\u00f3n de peque\u00f1as comunidades quedaba diferida hasta la ratificaci\u00f3n final de la nueva constituci\u00f3n.<br \/>\nEl Cap\u00edtulo General de 1768 se dedic\u00f3 por entero a los preliminares de la reforma constitucional. Entre los cincuenta y cuatro miembros con derecho a voto, los partidarios del General ten\u00edan neta mayor\u00eda. Sin embargo, dos comisionados reales, el ya mencionado Amelot de Chaillou y Juan Armando de Roquelaure, obispo de Senlis, actuando de acuerdo con las instrucciones recibidas de Brienne, dominaron las sesiones. Dado que la intenci\u00f3n de Brienne era democratizar el gobierno de la Orden, otorgando mayor influencia a los protoabades, el partido de Trouv\u00e9 ten\u00eda pocas posibilidades de triunfar.<br \/>\nLa sesi\u00f3n se inici\u00f3 el 2 de mayo con la puesta en circulaci\u00f3n de un cuestionario de cien preguntas preparado por la Comisi\u00f3n de Regulares y concerniente al gobierno de la Orden. Brienne anticip\u00f3 evidentemente una amplia gama de respuestas, pero simplemente se redujeron a dos grupos que apoyaban l\u00edneas partidarias estrictas: treinta y uno favorecieron la posici\u00f3n del General y veintitr\u00e9s la de los protoabades. Como no se pudo llegar a ninguna conclusi\u00f3n durante cinco d\u00edas consecutivos de acaloradas discusiones, el borrador del texto preliminar fue confiado a un comit\u00e9 abacial, en el cual estaban representados los dos bandos.<br \/>\nDespu\u00e9s de tres a\u00f1os de labor, el Comit\u00e9, tal como pod\u00eda preverse, no pudo zanjar las diferencias, y el resultado fue la aparici\u00f3n de dos propuestas de constituci\u00f3n en lugar de una. La tarea del Cap\u00edtulo General de 1771, que dur\u00f3 desde el 2 de septiembre hasta el 2 de octubre, la sesi\u00f3n m\u00e1s larga que se haya registrado jam\u00e1s, era debatir los textos en conflicto, y llegar a una posible decisi\u00f3n en materia tan compleja. Sobre el total de sesenta y cuatro participantes con derecho a voto, el partido del General estaba de nuevo en amplia mayor\u00eda, gracias a la presencia de veintitr\u00e9s abades extranjeros. A pesar de la constante intervenci\u00f3n de Roquelaure, el inevitable resultado fue la constituci\u00f3n que representaba el punto de vista de Trouve, y que por consiguiente era totalmente inaceptable para Brienne.<br \/>\nEl pr\u00f3ximo paso fue el nombramiento de un subcomit\u00e9 compuesto por cuatro miembros de la Comisi\u00f3n de Regulares encargado de la redacci\u00f3n del tan buscado texto de compromiso que pudiera ser aceptado por las facciones en disputa. Esta tarea result\u00f3 a todas luces imposible, y los puntos claves quedaron sin decidir por m\u00e1s de una d\u00e9cada.<br \/>\nLos acontecimientos tr\u00e1gicos en el Imperio austr\u00edaco, que aislaron a Trouv\u00e9 de sus leales defensores, cortaron el nudo gordiano y dieron ventaja decisiva al partido de los protoabades. Mientras que en Francia disminu\u00eda gradualmente la campa\u00f1a contra los monjes, el gobierno imperial iniciaba un ataque devastador contra las abad\u00edas ricas y poderosas, dentro de su esfera de influencia. La prosperidad de los monasterios \u00abin\u00fatiles\u00bb era una tentaci\u00f3n a la cual no pod\u00edan resistir los d\u00e9spotas \u00abilustrados\u00bb. Mantener correspondencia con superiores extranjeros, mandar fondos al exterior, concurrir a cap\u00edtulos m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras, se hab\u00edan hecho cada vez m\u00e1s dif\u00edcil, aun durante los \u00faltimos a\u00f1os de la muy religiosa Mar\u00eda Teresa. Su hijo y sucesor, Jos\u00e9 II, asest\u00f3 ahora un golpe mortal. Un decreto imperial del 12 de enero de 1782 disolvi\u00f3 todos los establecimientos mon\u00e1sticos que no sirvieran directamente al inter\u00e9s p\u00fablico. Durante los a\u00f1os subsiguientes, fueron secularizadas casi todas las abad\u00edas dentro del territorio de los Habsburgo. Las pocas que se las ingeniaron para sobrevivir, estaban paralizadas por el temor constante. De pronto, en tal atm\u00f3sfera, los problemas de la nueva constituci\u00f3n o la victoria de Trouv\u00e9 sobre sus oponentes llegaron a ser irrelevantes. Casi exclusivamente abades franceses concurrieron a las dos \u00faltimas sesiones del Cap\u00edtulo General, antes de la Revoluci\u00f3n. Mostraron todav\u00eda un grado de vitalidad sorprendente, pero trabajaron bajo la grave amenaza de su inminente ruina.<br \/>\nFrente al cambio de situaci\u00f3n, pod\u00eda ignorarse con toda tranquilidad la oposici\u00f3n de los poderosos abades extranjeros. Por eso, el subcomit\u00e9 redact\u00f3 el tan esperado texto de la nueva Constituci\u00f3n, decidiendo todas las cuestiones a favor de los protoabades. El nuevo documento trataba \u00fanicamente de los organismos legislativos y administrativos de la Orden y postergaba lo relativo a disciplina y liturgia. El anteproyecto constitucional conten\u00eda las previsiones b\u00e1sicas que siguen: Los futuros Cap\u00edtulos Generales ser\u00edan convocados cada tres a\u00f1os, y deb\u00edan comenzar siempre en la misma fecha: el lunes de la cuarta semana despu\u00e9s de Pascua. El General deb\u00eda publicar su indictio (convocatoria), por lo menos tres meses antes de abrirse la sesi\u00f3n. Si no lo hiciera, todas las personas en condiciones de participar ir\u00edan directamente a Cister, aun sin invitaci\u00f3n. Si se declaraba al General inhabilitado para presidir, su lugar ser\u00eda ocupado por el abad m\u00e1s antiguo entre los presentes. Los abades titulares (in partibus) estaban excluidos expresamente de toda participaci\u00f3n activa. Al formar el definitorium, el general pod\u00eda rechazar a s\u00f3lo uno de los cinco nombres presentados por cada uno de los cuatro protoabades. Cada tema que no contara con el voto un\u00e1nime del Cap\u00edtulo ser\u00eda transferido al definitorium. El Cap\u00edtulo General ten\u00eda facultades de veto parcial sobre las decisiones de este cuerpo, que a su vez pod\u00eda no ser admitido por los definidores. Al a\u00f1o siguiente de cada Cap\u00edtulo General, deb\u00edan realizarse cap\u00edtulos intermedios con la participaci\u00f3n del general, los protoabades, visitadores, vicarios generales de congregaciones y los dos procuradores generales. Este cuerpo s\u00f3lo podr\u00eda adoptar, sin embargo, medidas de emergencia que ser\u00edan aceptadas o rechazadas por el pr\u00f3ximo Cap\u00edtulo General. El abad general ten\u00eda jurisdicci\u00f3n directa \u00fanicamente sobre las filiales de Cister, y cada uno \u2013 de los protoabades gozaba de la misma autoridad sobre sus propias hijas, sin la intervenci\u00f3n del General. Esta autoridad no s\u00f3lo inclu\u00eda el derecho de visita, sino tambi\u00e9n el de nombrar priores y otras autoridades en casas in commendam. El mismo documento establec\u00eda un m\u00ednimo de nueve monjes, incluyendo el superior local, para cada monasterio. En lo referente a la explotaci\u00f3n de los bienes mon\u00e1sticos, venta de propiedades, impuestos y otras contribuciones financieras, pr\u00e9stamos o resortes similares de la administraci\u00f3n fiscal, se daba una supervisi\u00f3n por parte de las distintas oficinas del gobierno real, que hasta pod\u00edan ejercer con frecuencia el veto final.\n<\/p>\n<h1>Constituci\u00f3n<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El texto de la constituci\u00f3n fue presentado al Cap\u00edtulo General de 1783, dominado por cinco comisionados reales. Los treinta y ocho participantes, entre los cuales s\u00f3lo se encontraban cuatro alemanes, no tuvieron otra alternativa que aceptar el texto propuesto, aunque en realidad sugirieron un cierto n\u00famero de modificaciones. El General y sus reducidos leales expresaron su disconformidad por medio de la resistencia pasiva.<br \/>\nDespu\u00e9s de algunas correcciones de \u00faltima hora, el Cap\u00edtulo de 1786 acept\u00f3 el texto final. La validez legal de la nueva constituci\u00f3n depend\u00eda obviamente de la sanci\u00f3n real y papal, pero este documento trascendental de la historia cisterciense nunca recibi\u00f3 la aprobaci\u00f3n de dichas autoridades. El gobierno real, ya sentenciado a muerte, no ten\u00eda ya tiempo ni inter\u00e9s para dedicarse a tales asuntos. \u00bfFue esta constituci\u00f3n una obra legislativa viable? Nunca se comprob\u00f3 su valor pr\u00e1ctico. Siempre ser\u00e1 problem\u00e1tico hacer un juicio definitivo sobre sus m\u00e9ritos. En realidad, fue una tr\u00e1gica iron\u00eda del destino que la promulgaci\u00f3n de esta importante ley coincidiera con la extinci\u00f3n casi total de la Orden en el caos de la Revoluci\u00f3n.<br \/>\nLa prisa por lograr la reforma constitucional no fue en modo alguno el \u00fanico inter\u00e9s de la Comisi\u00f3n de Regulares. La investigaci\u00f3n de evidencias que pudieran fundar planes para una reforma m\u00e1s amplia de todas las \u00f3rdenes religiosas necesitaba reunir datos estad\u00edsticos de todo el pa\u00eds. Sobre la base de esa fuente de material poco com\u00fan, el investigador puede esbozar una imagen global de la Orden cisterciense en Francia, en v\u00edsperas de la Revoluci\u00f3n.<br \/>\nDentro de los l\u00edmites de Francia en el per\u00edodo pre-revolucionario hab\u00eda en conjunto 237 instituciones cistercienses, incluyendo nueve prioratos titulares y tres colegios. S\u00f3lo treinta y cinco abad\u00edas estaban gobernadas por abades regulares cistercienses, todas las otras estaban in commendam.<br \/>\nLa determinaci\u00f3n del n\u00famero exacto del personal mon\u00e1stico es mucho m\u00e1s dif\u00edcil. Tal cifra, aunque abultada, prob\u00f3 no ser digna de confianza. La cifra total m\u00e1s aproximada debe haber estado entre 1.800 y 1.900, lo que deja como promedio ocho monjes por instituci\u00f3n. Esas cifras permanecen notablemente constantes durante todo el siglo XVIII, y no cambiaron incluso en los c\u00e1lculos de las autoridades revolucionarias en 1790. En muchos casos, las comunidades concretas eran demasiado reducidas para una vida mon\u00e1stica significativa. La raz\u00f3n fundamental de esa situaci\u00f3n realmente deplorable no era sin embargo la falta de vocaciones, sino la disminuci\u00f3n de ingresos que hizo imposible mantener comunidades grandes.<br \/>\nEn efecto, el valor real de los bienes de las abad\u00edas cistercienses era elevado, pero, contrariamente a la propaganda revolucionaria posterior, los ingresos disponibles eran, en la mayor parte de los casos, modestos. Claraval era, con mucho, la m\u00e1s rica, con una entrada de alrededor de 100.000 libras anuales, pero tambi\u00e9n era la m\u00e1s poblada, con cincuenta o sesenta profesos que hab\u00eda que alimentar y vestir. Parece que la mayor\u00eda de las comunidades hab\u00edan aprendido a vivir de acuerdo con sus posibilidades, porque las cr\u00f3nicas no mencionan deudas insuperables.<br \/>\nDe acuerdo con los mismos registros, casi todas las abad\u00edas estaban en buen estado de conservaci\u00f3n; muchas hab\u00edan sido reconstruidas y remodeladas durante el siglo XVIII. Sin embargo, el esplendor barroco de los monasterios alemanes tuvo pocos imitadores en Francia. Pudo servir de escarmiento la bancarrota de Ch\u00e2lis a causa de un proyecto de edificaci\u00f3n en extremo ambicioso a comienzos del siglo. Las grandes ampliaciones de Cister y Claraval, aunque monumentales, fueron austeras en comparaci\u00f3n de Ebrach o F\u00fcrstenfeld.<br \/>\nLa Comisi\u00f3n de Regulares estimul\u00f3 a los obispos franceses a informar sobre la condici\u00f3n moral de las abad\u00edas dentro de sus di\u00f3cesis, pero son pocos los comentarios interesantes. S\u00f3lo sesenta y siete establecimientos cistercienses fueron objeto de ese estudio episcopal, de los cuales recibieron alabanzas ilimitadas treinta y dos; muchos otros fueron descartados como \u00abin\u00fatiles\u00bb. Solamente diecisiete casas fueron censuradas por irregularidades o esc\u00e1ndalos declarados, pero diez de las mismas estaban ubicadas en dos di\u00f3cesis, cuyos obispos eran enemigos declarados de los monjes.<br \/>\nAunque registros tan abundantes se presten a variadas interpretaciones, sigue en pie el hecho de que las \u00f3rdenes mon\u00e1sticas eran impopulares entre vastos sectores de la jerarqu\u00eda y sufr\u00edan los ataques del mismo grupo de intelectuales \u00abilustrados\u00bb que hab\u00eda logrado la destrucci\u00f3n de los jesu\u00edtas. Sin embargo, parec\u00eda que los cargos de relajaci\u00f3n eran usados simplemente para justificar los ataques, cuyo objeto real no eran los abusos, sino la existencia misma del monaquismo.<br \/>\nSeg\u00fan el juicio de los cr\u00edticos \u00abilustrados\u00bb, esa instituci\u00f3n medieval no encajaba en una sociedad que necesitaba de un cambio radical. Estaban en lo cierto cuando se\u00f1alaban que muchas comunidades religiosas no hab\u00edan logrado vivir de acuerdo con sus antiguos ideales, pero los mismos detractores no comprendieron que la sociedad de su \u00e9poca no les ofreci\u00f3 el mismo medio ambiente apto y comprensivo del siglo XII. Ninguna organizaci\u00f3n religiosa podr\u00eda mantener indefinidamente normas que han sido descartadas por la sociedad tiempo atr\u00e1s. Los impacientes forjadores de un nuevo mundo vieron incluso a las casas bien disciplinadas como reliquias in\u00fatiles del pasado, desesperadamente estancadas y sin ning\u00fan rasgo de \u00abilustraci\u00f3n\u00bb, que estorbaba el progreso, y estaban por lo tanto destinadas a la supresi\u00f3n.<br \/>\nLa mayor\u00eda de las casas cistercienses a fines del siglo XVIII no estaban carcomidas por la decadencia moral, pero fracasaron en adaptarse a tiempo a los nuevos ideales de un mundo que cambiaba con rapidez. Los autores modernos que retratan al monacato anterior a la Revoluci\u00f3n como una instituci\u00f3n en progresiva decadencia sufren el mismo espejismo que el pasajero de un vag\u00f3n de ferrocarril, a gran velocidad, que ve rezagarse los postes telegr\u00e1ficos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente: http:\/\/omesbc.wordpress.com\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n de Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger)\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Los Cistercienses y el Antiguo R\u00e9gimen 2 La coyuntura barroca y el rol de la m\u00fasica 3 Las colecciones art\u00edsticas 4 Cister de Francia&#160;: caso especial 5 Administraci\u00f3n central 6 Andoche Pernot 7 Gran Conseil 8 Constituci\u00f3n Los Cistercienses y el Antiguo R\u00e9gimen El fervor religioso que anim\u00f3 a la Estricta Observancia no &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xii\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCISTER: HISTORIA XII\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23940","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23940","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23940"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23940\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23940"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23940"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23940"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}