{"id":23941,"date":"2016-02-05T16:18:15","date_gmt":"2016-02-05T21:18:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xiii\/"},"modified":"2016-02-05T16:18:15","modified_gmt":"2016-02-05T21:18:15","slug":"cister-historia-xiii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xiii\/","title":{"rendered":"CISTER: HISTORIA XIII"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Al borde de la extinci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Coyuntura de la supresi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Impacto de la toma de la Bastilla<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 El monacato discutido en la Asamblea Nacional<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Refugio  extranjero y llegada de los franceses<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Bonaparte en Espa\u00f1a<\/li>\n<\/ul>\n<h1>Al borde de la extinci\u00f3n<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacia mediados del siglo XVIII, las \u00f3rdenes religiosas se encontraban en una posici\u00f3n ambigua. Todav\u00eda contaban con el apoyo de las masas b\u00e1sicamente devotas y ligadas a la tradici\u00f3n, pero estaban expuestas a la cr\u00edtica despiadada de los intelectuales \u00abilustrados\u00bb, que analizaban exhaustivamente cada instituci\u00f3n del pasado a la luz de la utilidad social. Mientras la propaganda anti-religiosa qued\u00f3 circunscripta a la \u00e9lite intelectual, las \u00f3rdenes religiosas no estuvieron en peligro inmediato. La amenaza se hizo realidad, sin embargo, cuando \u00abd\u00e9spotas ilustrados\u00bb, entre ellos Jos\u00e9 II, se hicieron eco de esas cr\u00edticas y se volvieron contra los monjes.<br \/>\nLos dirigentes de las \u00f3rdenes contemplativas se alarmaron, y trataron de asegurar la supervivencia de sus organizaciones comprometiendo a sus monjes en actividades de palpable significado social. La expresi\u00f3n m\u00e1s natural de esta tendencia fue una actividad pastoral en incesante aumento, compartida por gran n\u00famero de abad\u00edas cistercienses. Aquellas abad\u00edas que contaban con suficientes miembros bien instruidos se interesaron en la ense\u00f1anza, considerada por mucho tiempo un campo leg\u00edtimo de la actividad mon\u00e1stica.<br \/>\nEntre todos los esfuerzos educacionales del siglo XVIII, la escuela establecida en la abad\u00eda de Rauden, en Silesia, bajo la inspiraci\u00f3n del gobierno \u00abilustrado\u00bb de Federico II, fue probablemente la primera, pero con toda seguridad la de m\u00e1s \u00e9xito. En 1743, durante la Guerra de Sucesi\u00f3n en Austria, cuando la provincia qued\u00f3 aislada de otros centros educativos, la abad\u00eda abri\u00f3 una escuela de lat\u00edn, que pronto evolucion\u00f3 hacia un instituto completo de ense\u00f1anza secundaria o gimnasio. El n\u00famero de alumnos, en su mayor\u00eda pensionistas, creci\u00f3 r\u00e1pidamente, y por el a\u00f1o 1788, el monasterio alojaba a doscientos cuarenta y tres estudiantes. La ense\u00f1anza era gratis; por el pensionado se cobraba una peque\u00f1a suma. El colegio goz\u00f3 de amplia reputaci\u00f3n en todo el pa\u00eds y sobrevivi\u00f3 a la disoluci\u00f3n de la abad\u00eda en 1810. Durante los sesenta y siete a\u00f1os de administraci\u00f3n cisterciense, esta escuela gradu\u00f3 a dos mil estudiantes, de los cuales la cuarta parte llegaron a ser sacerdotes.\n<\/p>\n<h1>Coyuntura de la supresi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">La supresi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas en 1773, dej\u00f3 sin direcci\u00f3n numerosas instituciones educativas. La crisis represent\u00f3 una buena oportunidad para cierto n\u00famero de comunidades cistercienses, que cerraron la brecha y salvaron los gimnasios abandonados. Tal fue el caso de Gotteszell en Baviera, donde, poco despu\u00e9s de 1773, los monjes se hicieron cargo de la escuela de Burghausen, anteriormente dirigida por los jesu\u00edtas. Id\u00e9nticas circunstancias indujeron a los monjes h\u00fangaros de P\u00e1szt\u00f3 a aceptar el instituto jesu\u00edta de Eger en 1776. Su ejemplo fue seguido por otras abad\u00edas de la regi\u00f3n, y su reputaci\u00f3n como \u00aborden educativa\u00bb qued\u00f3 s\u00f3lidamente establecida.<br \/>\nEl Cap\u00edtulo General de Cister, apremiado por las exigencias de la comisi\u00f3n de Regulares se interes\u00f3 en varios esquemas, todos esbozados para demostrar la \u00abutilidad\u00bb de la Orden. Sin embargo, fue durante el Cap\u00edtulo General de 1786 cuando surgi\u00f3 un ambicioso plan apuntado a un objetivo triple, basado en una reorganizaci\u00f3n profunda del Colegio de San Bernardo en Par\u00eds. El plan de estudios, as\u00ed como el personal docente y el conjunto de estudiantes de esa instituci\u00f3n deb\u00edan ser ampliados y desarrollados; la amenaza de supresi\u00f3n de casas despobladas pod\u00eda ser eliminada transfiriendo sus ingresos al colegio; y para probar la utilidad social de la Orden, ser\u00eda establecido un cierto n\u00famero de escuelas gratuitas con pensionado, dirigidas por maestros formados en la instituci\u00f3n parisina.<br \/>\nLa idea, sugerida por el preboste del Colegio, Santiago Francisco Frennelet, fue bien recibida, y el abad general Trouv\u00e9 someti\u00f3 el estudio de sus detalles a una comisi\u00f3n, llamadas con toda propiedad \u00aboficina de utilidad\u00bb. Empero el proyecto no constitu\u00eda una novedad. La organizaci\u00f3n de pensionados fue propuesta originalmente, alg\u00fan tiempo antes, por Antonio Chautan, abad de Morimundo, quien en la misma sesi\u00f3n del Cap\u00edtulo General declar\u00f3 estar preparado para abrir de inmediato tres instituciones de ese tipo dentro de sus propias filiales en Francia; cada una podr\u00eda albergar 20 ni\u00f1os mayores de 9 a\u00f1os, elegidos \u00abentre las filas de la nobleza y de los plebeyos pobres, pero capaces\u00bb, estos \u00faltimos ser\u00edan educados en forma gratuita.<br \/>\nEn las discusiones posteriores, Antonio Desvignes de la Cerve, abad de La Fert\u00e9, insisti\u00f3 en que los cursos dictados en el Colegio Parisino deb\u00edan incluir la teolog\u00eda Moral, y as\u00ed los monjes podr\u00edan ser m\u00e1s eficaces en la cura pastoral, cuando se requirieran sus servicios. Este mismo abad probablemente propuso que en el Colegio de San Bernardo de Par\u00eds se establecieran a perpetuidad quince becas de 100 pistoles (1 pistole = 10 libras turnesas) per capita, financiadas por los recursos de casas peque\u00f1as unidas al colegio. Los becarios deb\u00edan ser elegidos entre los miembros de los monasterios pobres, mientras se contaba con que las casas m\u00e1s ricas enviar\u00edan a Par\u00eds estudiantes adicionales pagados con sus propios fondos. El Abad General no s\u00f3lo aprob\u00f3 el proyecto, sino tambi\u00e9n revel\u00f3 que ya hab\u00eda se\u00f1alado especialmente dos casas para que se unieran al colegio de Par\u00eds, aunque las cr\u00f3nicas del Cap\u00edtulo no identifican a esos monasterios por sus nombres. Al mismo tiempo, se autorizaba a la administraci\u00f3n del Colegio para negociar un pr\u00e9stamo de 100.000 libras para la necesaria ampliaci\u00f3n y remodelado de los edificios, que no pudo llevarse a cabo por raz\u00f3n de los acontecimientos de 1788.<br \/>\nLos repetidos golpes dirigidos contra comunidades contemplativas se dieron en primer lugar dentro del dominio de los Habsburgo. En 1782, Jos\u00e9 II (1780-1790) orden\u00f3 el cierre de todas las instituciones religiosas que consideraba \u00abin\u00fatiles\u00bb. La cura parroquial se aceptaba como causa de excepci\u00f3n. La mayor\u00eda de las abad\u00edas cistercienses cayeron v\u00edctimas del decreto imperial, y s\u00f3lo pudieron escapar aquellas casas donde la ejecuci\u00f3n de la ley no hab\u00eda sido completada antes de la muerte prematura del emperador. Tal fue el caso de B\u00e9lgica, donde la firme resistencia local retras\u00f3 a las autoridades impacientes. De este modo, los catorce monasterios y los treinta y un conventos de monjas de la Orden prolongaron sus vidas por otra d\u00e9cada, \u00fanicamente para ser consumidas en el incendio devastador de la Revoluci\u00f3n. Francia fue el pa\u00eds donde las fuerzas de la destrucci\u00f3n adquirieron mayor magnitud, listas para asestar un golpe mortal al monacato, no s\u00f3lo dentro de sus fronteras, sino en todas partes de la Europa continental, siguiendo el camino de las huestes victoriosas de Napole\u00f3n.<br \/>\nLa tr\u00e1gica cadena de acontecimientos se inici\u00f3 con el cambio de las reglas para la elecci\u00f3n de los delegados destinados a representar al \u00abprimer Estado\u00bb, el clero, en los Estados Generales de mayo de 1789. Luis XVI, para satisfacer al clero secular, declar\u00f3 que en las asambleas electorales locales los cures deb\u00edan emitir su voto individualmente, mientras cada monasterio estaba habilitado para un solo representante y un voto \u00fanico. El resultado fue inevitable: sobre doscientos noventa y seis diputados por el primer Estado, s\u00f3lo veintitr\u00e9s representaban a las abad\u00edas, y a\u00fan este modesto n\u00famero estaba formado por abades comendatarios, cuyo conocimiento e inter\u00e9s por los asuntos mon\u00e1sticos eran extremadamente limitados. Entre los delegados regulares, el \u00fanico cisterciense fue Claudio Francisco Verguet, prior de Relecq, monje que hab\u00eda hecho su primera profesi\u00f3n en Cister y representaba a la di\u00f3cesis de Saint Pold\u00eb-Le\u00f3n. Cuando en junio la mayor\u00eda del clero secular decidi\u00f3 fundirse con el tercer Estado, lleg\u00f3 a su final dram\u00e1tico la largamente gestada revuelta de los cur\u00e9s. En la nueva Asamblea Nacional, las \u00f3rdenes religiosas no ten\u00edan virtualmente representantes, y as\u00ed desapareci\u00f3 el clero franc\u00e9s como entidad aut\u00f3noma. Les quedaban unos pocos amigos, en cambio, el n\u00famero de enemigos declarados crec\u00eda de d\u00eda en d\u00eda.\n<\/p>\n<h1>Impacto de la toma de la Bastilla<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las noticias aterradoras de los sangrientos sucesos del 14 de julio, que culminaron con la destrucci\u00f3n de la Bastilla, repercutieron en todo el pa\u00eds y provocaron el gran p\u00e1nico, que fue seguido por la violencia generalizada contra las propiedades y viviendas de las clases privilegiadas. Muchas abad\u00edas compartieron el mismo destino de los palacios de la nobleza. Sin embargo, parece que fueron atacadas pocas casas cistercienses y, aun en esos casos, la furia de la plebe se dirigi\u00f3 contra los archivos mon\u00e1sticos, que se supon\u00eda conten\u00edan los documentos relativos a los impuestos u obligaciones feudales.<br \/>\nPresionada por las condiciones alarmantes que imperaban en todo el pa\u00eds, la Asamblea decret\u00f3, entre el 4 de agosto y los d\u00edas subsiguientes, la abolici\u00f3n de todos los privilegios del clero y la nobleza, incluyendo servicios, rentas, diezmos y toda otra fuente de recursos de origen \u00abfeudal\u00bb. Se expres\u00f3 repetidas veces la esperanza de una compensaci\u00f3n y previsiones para el mantenimiento de las instituciones religiosas, pero no se tom\u00f3 ninguna medida. Los monasterios comenzaron a sentir inmediatamente los resultados. Por falta de fondos, Sept-Fons se vio obligada a despedir en agosto a quince de sus treinta y seis novicios, en noviembre parti\u00f3 otro grupo y, en febrero de 1790, s\u00f3lo quedaban dos novicios en la casa.<br \/>\nLa constante crisis financiera sirvi\u00f3 de justificaci\u00f3n a la Asamblea del 2 de noviembre, para declarar que todos los bienes y propiedades de la Iglesia en Francia deb\u00edan estar \u00aba disposici\u00f3n de la Naci\u00f3n\u00bb. Antes de que se pudiera reglamentar la confiscaci\u00f3n legal, la plebe se sinti\u00f3 libre de servirse de todo lo que pudiera encontrar en los dominios mon\u00e1sticos. Aunque se hab\u00eda establecido que los bosques ser\u00edan propiedad estatal, \u00e9stos se convirtieron en los objetivos principales para el despojo, porque la madera siempre podr\u00eda convertirse en dinero efectivo. Mientras tanto, los monasterios estaban expuestos de continuo a la persecuci\u00f3n y vejamen de los auto-proclamados comit\u00e9s locales. Los monjes, que siempre hab\u00edan tenido algo que compartir con los pobres de la vecindad, comenzaron a sufrir hambre y privaciones extremas. Al llegar la primavera de 1790, las condiciones en algunos monasterios se volvieron a todas luces intolerables. En marzo, un grupo de abad\u00edas situadas en Champa\u00f1a, entre ellas Cheminon, Trois-Fontaines, Montier, Haute-Fontaine, Boulancourt y Ecurey, enviaron una carta conmovedora al presidente de la Asamblea diciendo que si \u00ab\u00e9l, en su sabidur\u00eda no podr\u00eda hallar modo de remediar la situaci\u00f3n, deber\u00eda promulgar pronto la fecha para la evacuaci\u00f3n de las casas, de lo contrario los religiosos se ver\u00edan forzados a abandonar los monasterios para salvar sus vidas\u00bb.<br \/>\nEl organismo de la Asamblea Nacional encargado de las \u00f3rdenes religiosas era el Comit\u00e9 Eccl\u00e9siastique, establecido en agosto de 1789. Lo integraban quince legisladores, la mayor\u00eda laicos, y estaba dominado por el rapporteur, Juan Bautista Treilhard (1742-1810), un abogado muy trabajador, pero librepensador, futuro regicida y conde napole\u00f3nico. Sus convicciones religiosas se manifestaron claramente con su decisiva actuaci\u00f3n en la legislaci\u00f3n contra las \u00f3rdenes mon\u00e1sticas, y su influencia en la redacci\u00f3n de la Constituci\u00f3n civil del clero.\n<\/p>\n<h1>El monacato discutido en la Asamblea Nacional<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Trece cluniacenses que viv\u00edan a disgusto en Saint-Martin-des-Champs, en Par\u00eds, encontraron una excusa para intervenir directamente en los asuntos mon\u00e1sticos, y el 25 de septiembre presentaron una carta a la Asamblea ofreciendo su casa a la Naci\u00f3n, a cambio de pensiones anuales, expresando adem\u00e1s \u00absus deseos de gozar de la libertad como cualquier otro franc\u00e9s\u00bb. La Asamblea respondi\u00f3 el 28 de octubre suspendiendo las profesiones mon\u00e1sticas.<br \/>\nDespu\u00e9s de la decisi\u00f3n del 2 de noviembre, se sobreentend\u00eda que la venta de la propiedad mon\u00e1stica comenzar\u00eda con la secularizaci\u00f3n de los monasterios. En consecuencia, el asunto fue girado al Comit\u00e9 Eclesi\u00e1stico, donde Treilhard tom\u00f3 la iniciativa. El 17 de diciembre de 1789, present\u00f3 un proyecto que detallaba paso a paso la abolici\u00f3n de las \u00f3rdenes mon\u00e1sticas, aunque una gran oposici\u00f3n evit\u00f3 su discusi\u00f3n posterior. No obstante la decisi\u00f3n fue s\u00f3lo pospuesta hasta que Treilhard lograra copar su Comit\u00e9 con otros anticlericales similares a \u00e9l. De esta forma, entre el 11 y el 12 de febrero de 1790, se asest\u00f3 el golpe despu\u00e9s de acalorado debate. Fueron rechazados los alegatos en defensa de los cartujos, La Trapa y Sept-Fons. En realidad, la severidad del texto final, exced\u00eda a las propuestas iniciales de Treilhard. De acuerdo con sus t\u00e9rminos, quedaban definitivamente prohibidas las profesiones religiosas y todos los monjes ser\u00edan interrogados sobre sus intenciones. A los que eligieran abandonar los monasterios, se les promet\u00eda una pensi\u00f3n, aunque su montante, que oscilaba entre 700 y 1.200 libras, fue determinado m\u00e1s tarde. Para los que decidieran continuar en la vida mon\u00e1stica, se reservaba ciertas \u00abcasas de uni\u00f3n\u00bb, pero no se a\u00f1ad\u00edan m\u00e1s detalles. En marzo, se orden\u00f3 a todas las casas religiosas presentar un informe con los nombres y edad de sus miembros; en abril, se hicieron inventarios por parte de las autoridades municipales y la administraci\u00f3n de la propiedad mon\u00e1stica pas\u00f3 a manos del estado; en mayo, magistrados locales tomaron declaraci\u00f3n individual a los monjes sobre sus planes para el futuro. Aunque la mayor\u00eda de los religiosos eligieron las pensiones, muchos otros permanecieron indecisos. Por lo tanto, se llevaron a cabo nuevos interrogatorios en noviembre. Por entonces, la perspectiva de continuar una vida mon\u00e1stica aut\u00e9ntica se hab\u00eda reducido tan dr\u00e1sticamente, que muy pocos voluntarios ingresaron en las \u00abcasas de uni\u00f3n\u00bb. Estas t\u00e9tricas instituciones demostraron que no ten\u00edan ning\u00fan sentido. Una ley promulgada el 4 de agosto de 1792 declar\u00f3 que todas las casas religiosas todav\u00eda existentes deb\u00edan estar clausuradas al 1.0 de octubre del mismo a\u00f1o, con excepci\u00f3n de las comunidades vinculadas a hospitales y otras instituciones similares de caridad. Pocos d\u00edas despu\u00e9s, se prohibi\u00f3 el uso de h\u00e1bitos o uniformes religiosos.<br \/>\nA diferencia de la disoluci\u00f3n del monacato ingl\u00e9s en el siglo XVI, en la supresi\u00f3n ordenada por la Asamblea Nacional Francesa, jam\u00e1s se trat\u00f3 de exponer la corrupci\u00f3n mon\u00e1stica generalizada como motivo de la secularizaci\u00f3n. Las fuerzas que triunfaron finalmente contra los monjes, no fueron en modo alguno provocadas por faltas de los individuos o comunidades. Se originaron en los principios, y no dirigieron su furia contra los abusos, sino contra el monaquismo como un ideal, una forma de vida. A los ojos de los reformadores \u00abilustrados\u00bb, el monaquismo aparec\u00eda como un s\u00edmbolo del oscurantismo medieval, y sin posibilidades de salir de su estancamiento, y por consiguiente estaba destinado a ser quitado del paso si se quer\u00eda alcanzar el progreso. Durante el debate decisivo en la Asamblea, el 12 de febrero de 1790, Barnave declar\u00f3 con franqueza brutal: \u00ablas \u00f3rdenes religiosas son incompatibles con el orden social y el bienestar p\u00fablico. Deb\u00e9is destruirlas todas, sin restricci\u00f3n alguna\u00bb. P\u00e9tion, hablando en el mismo tono, no se fundaba por cierto en la supuesta condici\u00f3n decadente de los monasterios, cuando a\u00f1ad\u00eda la exhortaci\u00f3n de que \u00abla conservaci\u00f3n de algunos preparar\u00eda el renacimiento de todos\u00bb.<br \/>\nLa venta de la propiedad mon\u00e1stica comenz\u00f3 a fines de 1790, y se complet\u00f3 durante el curso de 1791. Los infortunados monjes ni siquiera podr\u00edan gozar de sus pensiones por mucho tiempo, ya que \u00e9stas estar\u00edan bien pronto condicionadas al juramento de fidelidad a la Constituci\u00f3n Civil del Clero. Los ex-religiosos que rehusaron obedecer la ley, no s\u00f3lo perdieron sus pensiones, sino que se convirtieron en \u00absospechosos\u00bb expuestos a una persecuci\u00f3n encarnizada.<br \/>\nLa parte t\u00e9cnica de la disoluci\u00f3n y venta de la propiedad mon\u00e1stica estuvo a cargo de oficiales locales, que respond\u00edan a instrucciones recibidas de Par\u00eds. En mayo de 1790, se hicieron los inventarios y se interrog\u00f3 a los monjes de Cister. El viejo y atribulado abad general Francisco Trouv\u00e9 anunci\u00f3 valientemente que \u00e9l quer\u00eda \u00abvivir y morir como religioso\u00bb. Su ejemplo fue seguido por el prior y los priores anteriores. Once monjes y conversos hicieron declaraciones similares, con la salvedad de que su preferencia por la vida mon\u00e1stica se refer\u00eda exclusivamente a Cister. Veintinueve, en su mayor\u00eda monjes j\u00f3venes, desearon trocar la vida mon\u00e1stica por pensiones; otros dos tomaron sus decisiones condicionalmente.<br \/>\nLa mayor\u00eda de los monjes dejaron la abad\u00eda en septiembre, y en enero de 1791, los pocos que quedaban tuvieron que partir, porque la venta de la misma era ya inminente. El edificio conventual, con las 800 hect\u00e1reas de tierra adyacente, fue vendido el 24 de marzo por un total de 482.000 libras. El saqueo se hab\u00eda generalizado tanto, antes y despu\u00e9s de esa fecha, que las autoridades, preocupadas, pidieron ayuda al ej\u00e9rcito. Incluso enviaron una compa\u00f1\u00eda de artiller\u00eda desde Auxonne al escenario de los hechos, bajo el mando de un joven teniente llamado Napole\u00f3n Bonaparte.<br \/>\nEl octogenario abad general Trouv\u00e9 fue uno de los \u00faltimos monjes en abandonar Cister. En su \u00faltima comunicaci\u00f3n a los cistercienses del extranjero, autoriz\u00f3 a sus vicarios en Alemania y B\u00e9lgica a conducir los asuntos de la Orden en sus respectivos pa\u00edses con plenos poderes. El 1 de abril, deleg\u00f3 sus poderes como abad general en el procurador romano de la Orden, Alanus Bagatti, abad de Santa Croce. Este documento ya estaba fechado en Vosne, donde Trouv\u00e9 se retiro a vivir en casa de un sobrino. En la misma Vosne, cerca de Cister, falleci\u00f3 el Abad General el 1797.<br \/>\nProcedimientos semejantes se llevaron a efecto casi simult\u00e1neamente en toda abad\u00eda de la Orden en Francia. Los documentos que se han rescatado, especialmente las declaraciones de los monjes relativas a sus intenciones de permanecer como tales o aceptar las pensiones, resultaron muy significativos.<br \/>\nEn su intento de probar la moral generalmente baja que imperaba entre los monjes de la \u00e9poca, los historiadores han se\u00f1alado una y otra vez que, en 1790, la inmensa mayor\u00eda de ellos deseaba cambiar la vida del claustro por las pensiones y la libertad de establecerse en cualquier lado. Tales conclusiones revelan, sin embargo, la m\u00e1s completa tergiversaci\u00f3n de la situaci\u00f3n en que se encontraban los mismos. Cuando, en mayo de 1790, fueron obligados a elegir entre las pensiones o continuar la vida monacal, esto \u00faltimo era ya imposible. La disoluci\u00f3n de las \u00f3rdenes mon\u00e1sticas ya hab\u00eda sido decretada. La \u00fanica alternativa aparente era ingresar en las \u00abcasas de uni\u00f3n\u00bb, donde los monjes de varias comunidades ser\u00edan api\u00f1ados hasta su extinci\u00f3n total. En esta coyuntura no se hab\u00edan especificado ni la ubicaci\u00f3n, regla, normas o dem\u00e1s detalles relativos a los nuevos establecimientos, raz\u00f3n por la cual los monjes ten\u00edan todo el derecho a suponer que se asemejar\u00edan m\u00e1s a prisiones o asilos de mendigos que a monasterios.<br \/>\nM\u00e1s a\u00fan, el sentido com\u00fan obligaba a aceptar las pensiones, que no constitu\u00edan ninguna falta contra sus votos. En un sentido legal, los votos mon\u00e1sticos no exigen la dedicaci\u00f3n de toda una vida a un ideal abstracto, ni aun adherirse a un tipo particular de conducta, sino la estabilidad en un monasterio espec\u00edfico y la obediencia a un superior leg\u00edtimo. Dado que, a comienzos de 1790, la secularizaci\u00f3n de las casas y comunidades estaba ya resuelta, los v\u00ednculos legales entre las abad\u00edas y los monjes concretos tambi\u00e9n hab\u00edan sido rotos, dejando a \u00e9stos en libertad para elegir entre las alternativas razonables. Si su elecci\u00f3n no fue heroica, no por eso significa una traici\u00f3n a sus votos, y menos una apostas\u00eda.<br \/>\nUn examen imparcial de los documentos muestra la imagen de seres humanos profundamente turbados, confundidos y perplejos, en un intento desesperado de conciliar las exigencias de su conciencia con los dictados del sentido com\u00fan. Los que, sin importarles nada, aprovecharon la ocasi\u00f3n y aceptaron las pensiones sin m\u00e1s, fueron una excepci\u00f3n, como tambi\u00e9n los que decidieron continuar la vida mon\u00e1stica sin condiciones. Cuando la estructura de la Orden comenz\u00f3 a desintegrarse, saliendo a la luz los diversos individuos, con sus incontables problemas y ansiedades, expresadas con toda claridad en sus declaraciones, muchos de los inclinados a abandonar el monasterio y aceptar la pensi\u00f3n, se afanaron en justificar su decisi\u00f3n, mientras la gran mayor\u00eda de aquellos que eligieron seguir siendo religiosos hac\u00edan tal promesa s\u00f3lo bajo ciertas circunstancias. Un n\u00famero considerable de monjes rechaz\u00f3 simplemente hacer cualquier elecci\u00f3n, indicando que no pod\u00edan distinguir bien las alternativas. La diversidad de las respuestas hacen casi imposible la generalizaci\u00f3n y ser\u00eda err\u00f3neo cualquier intento de clasificar el contenido de las declaraciones reduci\u00e9ndolas a simples f\u00f3rmulas.<br \/>\nLa persecuci\u00f3n de los sacerdotes que se negaron a jurar lealtad a la Constituci\u00f3n Civil del Clero se desat\u00f3 con incre\u00edble crueldad, poco despu\u00e9s de la expulsi\u00f3n de los monjes. Siguiendo la informaci\u00f3n proporcionada por el abad de Wettingen (Suiza), s\u00f3lo un tercio de los que hab\u00edan sido cistercienses obedecieron la ley. Para la mayor\u00eda no hubo otra elecci\u00f3n que fugarse al exterior o hacer frente a la prisi\u00f3n, deportaci\u00f3n y aun la muerte. No hay registros exactos de los juicios posteriores; sin duda alguna grandes contingentes encontraron albergue temporal en las casas cistercienses de los Pa\u00edses Bajos, Alemania, Suiza y Estados Pontificios, pero muchos de ellos murieron en condiciones inhumanas en las prisiones francesas o en el penal de la Guayana Francesa.\n<\/p>\n<h1>Refugio  extranjero y llegada de los franceses<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los refugiados no pudieron gozar de una hospitalidad duradera de sus hermanos extranjeros. Las tropas francesas victoriosas invadieron bien pronto los pa\u00edses lim\u00edtrofes imponiendo por las armas sus doctrinas revolucionarias. Los Pa\u00edses Bajos, su primera v\u00edctima, fue tratada con especial severidad. Los monasterios fueron visitados, se hicieron detallados inventarios, se grav\u00f3 arbitrariamente a las abad\u00edas, y los religiosos fueron incesantemente molestados. Finalmente, las leyes de 1796 decretaron que todos los bienes mon\u00e1sticos deber\u00edan ser confiscados. Una vez m\u00e1s la negativa a prestar el juramento de lealtad a la constituci\u00f3n revolucionaria se convirti\u00f3 en pretexto para la persecuci\u00f3n de sacerdotes. M\u00e1s a\u00fan, en represalia por la resistencia generalizada, un decreto de 1798 sentenciaba a todo el clero flamenco a ser deportado. El decreto se llev\u00f3 a cabo s\u00f3lo en forma parcial, pero centenares cayeron v\u00edctimas de la tiran\u00eda, entre ellos treinta y siete cistercienses.<br \/>\nLa penetraci\u00f3n francesa en Italia trajo la destrucci\u00f3n de la mayor\u00eda de los monasterios all\u00ed establecidos. Los procedimientos legales contra los monjes difer\u00edan de estado a estado; pero los ej\u00e9rcitos franceses no respetaban derechos ni privilegios. En algunas abad\u00edas, el saqueo se agrav\u00f3 con los asesinatos. En Casamari, fueron muertos seis monjes en 1799 cuando trataban de evitar la profanaci\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento. Entre 1806 y 1808, se suprimieron por decreto la mayor\u00eda de los monasterios supervivientes.<br \/>\nDespu\u00e9s de la instalaci\u00f3n de la Rep\u00fablica Helv\u00e9tica en Suiza (1798), respaldada por Francia, los bienes mon\u00e1sticos quedaron bajo control del gobierno y se prohibi\u00f3 la recepci\u00f3n de novicios. Sin embargo, las tres abad\u00edas cistercienses escaparon de la supresi\u00f3n formal. M\u00e1s a\u00fan, despu\u00e9s de la secularizaci\u00f3n de las abad\u00edas alemanas en 1803, las abad\u00edas de Wettingen, Hauterive y Saint Urhan, completamente aisladas, formaron la Congregaci\u00f3n Cisterciense Suiza, independiente, que tambi\u00e9n inclu\u00eda once conventos de monjas de la misma Orden. Las tres abad\u00edas se alternaban en la direcci\u00f3n de la nueva organizaci\u00f3n, eligiendo un \u00ababad general\u00bb por el t\u00e9rmino de tres a\u00f1os. P\u00edo VII aprob\u00f3 su Constituci\u00f3n en 1806, pero la vida de la Congregaci\u00f3n siempre fue precaria. Despu\u00e9s de las guerras napole\u00f3nicas, un gobierno suizo cada vez m\u00e1s liberal reanud\u00f3 la legislaci\u00f3n anticlerical. En 1830, se renov\u00f3 la prohibici\u00f3n de recibir novicios y la propiedad mon\u00e1stica volvi\u00f3 a estar bajo supervisi\u00f3n. La supresi\u00f3n de Wettingen se llev\u00f3 a cabo en 1841, seguida por la secularizaci\u00f3n de Hauterive y Saint Urban en 1848.<br \/>\nLa pr\u00f3spera Congregaci\u00f3n de la Alemania superior fue presa de la voracidad de los pr\u00edncipes germanos. La Paz de Lun\u00e9ville (1801), que les fuera impuesta por Napole\u00f3n, confiscaba sus posesiones en el margen occidental del Rhin, pero los autorizaba a buscar una compensaci\u00f3n a expensas de las propiedades eclesi\u00e1sticas. La secularizaci\u00f3n general se hizo ley en 1803, sancionando la confiscaci\u00f3n de todos los bienes mon\u00e1sticos y acordando s\u00f3lo una pensi\u00f3n modesta a los monjes expulsados. Sin embargo el decreto no se ejecut\u00f3 de inmediato en todos los estados germ\u00e1nicos. En Prusia se hizo efectivo en 1810; en Austria, donde Jos\u00e9 II no hab\u00eda dejado mucho por secularizar, las pocas abad\u00edas sobrevivientes continuaron su existencia. No obstante, fueron expropiados cuarenta y seis monasterios, y ochenta y tres cenobios cistercienses de monjas en toda Alemania. La fabulosa riqueza de las grandes iglesias, los objetos de arte de incalculable valor y todas las bibliotecas fueron vendidos o malgastados, mientras que los edificios eran demolidos, o se los adaptada a fines seculares.<br \/>\nDespu\u00e9s del desmembramiento final de Polonia (1795), tanto las autoridades rusas como prusianas suprimieron las abad\u00edas cistercienses dentro de sus respectivos territorios, y s\u00f3lo dos casas polacas sobrevivieron, bajo control austr\u00edaco.<br \/>\nLa suerte corrida por las tres casas lituanas revelan un desarrollo bastante peculiar. Despu\u00e9s de la repartici\u00f3n de Polonia, las \u00f3rdenes religiosas bajo r\u00e9gimen ruso quedaron completamente aisladas y, en 1803, benedictinos y cistercienses formaron una Congregaci\u00f3n unificada a la que posteriormente se unieron los camaldulenses y cartujos. Todo el conjunto estaba formado por ocho monasterios encabezados por un presidente elegido por tres a\u00f1os. En 1832, despu\u00e9s de aplastar la insurrecci\u00f3n polaca de 1830-1831, el gobierno ruso aboli\u00f3 las \u00f3rdenes religiosas en Lituania; s\u00f3lo escap\u00f3 a esa medida la casa cisterciense de Kimbarowka, pero se le prohibi\u00f3 que aceptara novicios. Tambi\u00e9n este monasterio fue suprimido en 1842; pero se permiti\u00f3 a los monjes permanecer hasta 1864, cuando, en represalia por una nueva revuelta polaca, la Iglesia Ortodoxa tom\u00f3 posesi\u00f3n de la propiedad y el \u00faltimo prior y sus siete monjes fueron deportados a Siberia.\n<\/p>\n<h1>Bonaparte en Espa\u00f1a<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la entrada en Espa\u00f1a de las tropas de Napole\u00f3n estaba echada la suerte de las \u00f3rdenes religiosas. El rey Fernando VII fue obligado en Bayona a abdicar en favor de Jos\u00e9 Bonaparte, hermano del emperador. El \u00abrey intruso\u00bb dispuso la secularizaci\u00f3n de las casas religiosas, pero la resistencia del pueblo espa\u00f1ol, que luch\u00f3 sin tregua contra el invasor, no permiti\u00f3 que tal disposici\u00f3n fuera cumplida del todo. Derrotados los franceses, en 1814 regres\u00f3 el rey Fernando VII de su destierro y con \u00e9l fueron restablecidas todas las abad\u00edas. En 1820 una revoluci\u00f3n disolvi\u00f3 nuevamente los conventos, aunque en 1823 con la entrada de los \u00abCien Mil Hijos de San Luis\u00bb, fueron restablecidos el trono y las \u00f3rdenes religiosas. Fallecido el soberano en 1833, dos a\u00f1os m\u00e1s tarde tuvo efecto la llamada \u00abdesamortizaci\u00f3n\u00bb (1835), despu\u00e9s de un ba\u00f1o de sangre que salpic\u00f3 a varios conventos. El decreto de la supresi\u00f3n afect\u00f3 a 814 monjes de la Congregaci\u00f3n de Castilla repartidos en 47 abad\u00edas, y en la Congregaci\u00f3n de Arag\u00f3n a 396 religiosos, repartidos en 16 monasterios. Muchos cenobios fueron saqueados, profanados y mutilados y todos abandonados. Los monjes en su mayor\u00eda adoptaron marchar al extranjero o servir en alg\u00fan obispado como clero diocesano.<br \/>\nEn Portugal, se produjo un desarrollo paralelo. La guerra de la Pen\u00ednsula librada contra Francia devast\u00f3 todo el pa\u00eds; la gran Alcoba\u00e7a fue saqueada en 1811. La restauraci\u00f3n de una aut\u00e9ntica vida mon\u00e1stica result\u00f3 imposible, aun despu\u00e9s de la guerra. Durante los siguientes veinte a\u00f1os, el pa\u00eds se convirti\u00f3 en escenario de guerras civiles intermitentes entre las fuerzas liberales y conservadoras. Como en Espa\u00f1a, terminaron por imponerse los liberales, y un decreto de mayo de 1834 secularizaba toda la propiedad mon\u00e1stica. El destino de los monjes y los edificios fue el mismo de sus semejantes en Espa\u00f1a.<br \/>\nAs\u00ed, el torbellino engendrado por la Revoluci\u00f3n Francesa demoli\u00f3 casi totalmente los establecimientos mon\u00e1sticos en Europa, y dej\u00f3 detr\u00e1s suyo a unas pocas comunidades aisladas, completamente desmoralizadas por la violencia liberal y anticlerical. En condiciones favorables, los escombros de la destrucci\u00f3n f\u00edsica hubieran podido ser removidos con facilidad y reemplazados por nuevas iglesias y claustros, pero la hostilidad de un mundo apartado de las tradiciones religiosas, frustraba el inquebrantable deseo de sobrevivir de los monjes.<br \/>\nA\u00fan m\u00e1s perturbadora fue la desaparici\u00f3n de Cister, la muerte del \u00faltimo abad general y la imposibilidad de mantener cap\u00edtulos generales, dejando a los restos de la Orden desorganizados y sin direcci\u00f3n por medio siglo. La supervivencia aislada de algunas abad\u00edas atestigua, con seguridad, la vitalidad de sus moradores, pero las l\u00edneas de ese desarrollo independiente no pudieron converger. Esto hizo extremadamente problem\u00e1tica la restauraci\u00f3n de la Orden como instituci\u00f3n con un gobierno central y org\u00e1nicamente coherente.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Al borde de la extinci\u00f3n 2 Coyuntura de la supresi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas 3 Impacto de la toma de la Bastilla 4 El monacato discutido en la Asamblea Nacional 5 Refugio extranjero y llegada de los franceses 6 Bonaparte en Espa\u00f1a Al borde de la extinci\u00f3n Hacia mediados del siglo XVIII, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xiii\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCISTER: HISTORIA XIII\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23941","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23941","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23941"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23941\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23941"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23941"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23941"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}