{"id":23943,"date":"2016-02-05T16:18:19","date_gmt":"2016-02-05T21:18:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xv\/"},"modified":"2016-02-05T16:18:19","modified_gmt":"2016-02-05T21:18:19","slug":"cister-historia-xv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xv\/","title":{"rendered":"CISTER: HISTORIA XV"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 La restauraci\u00f3n del siglo XIX: la Com\u00fan Observancia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Revoluci\u00f3n de 1830<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Resurgimiento de la com\u00fan observancia en Europa<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Asambleas abaciales de 1851<\/li>\n<\/ul>\n<h1>La restauraci\u00f3n del siglo XIX: la Com\u00fan Observancia<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los reg\u00edmenes conservadores que volvieron al poder despu\u00e9s de 1815 no eran contrarios a la religi\u00f3n. En algunos pa\u00edses, la cooperaci\u00f3n voluntaria con la Iglesia se acerc\u00f3 a una nueva alianza entre \u00abtrono y altar\u00bb. A pesar de esto, las \u00f3rdenes mon\u00e1sticas no gozaron de la cordialidad oficial. Era todav\u00eda evidente la aversi\u00f3n de los ilustrados hacia las \u00abin\u00fatiles\u00bb abad\u00edas; tampoco se pod\u00eda permitir la reorganizaci\u00f3n de las comunidades disueltas sin poner en peligro los bienes de los nuevos due\u00f1os de las propiedades mon\u00e1sticas confiscadas; y por \u00faltimo, en una tensa atm\u00f3sfera de nacionalismo, reca\u00eda la sospecha de deslealtad o antipatriotismo sobre las \u00f3rdenes religiosas que ten\u00eda conexiones internacionales o superiores extranjeros. Estas fueron s\u00f3lo algunas de las razones por las cuales las abad\u00edas cistercienses que sobreviv\u00edan en Europa Central fueran incapaces de lanzar una campa\u00f1a vigorosa de renovaci\u00f3n y se vieron condenadas a subsistir durante d\u00e9cadas enteras en absoluto aislamiento.<br \/>\nLos Estados Papales fueron el \u00fanico pa\u00eds donde no pudieron prevalecer esas condiciones. En realidad, los primeros pasos para la restauraci\u00f3n, no s\u00f3lo de monasterios individuales, sino tambi\u00e9n de la Orden Cisterciense como organizaci\u00f3n, se dieron en Roma, bajo los auspicios papales. El papa P\u00edo VII restableci\u00f3 Casamari en 1814, siguiendo el mismo camino en 1817 dos antiguas abad\u00edas romanas: Santa Croce in Gerusalemme y la que fuera casa fuliense de San Bernardo alle Terme. Pronto, unos pocos monasterios sirvieron nuevamente, y los representantes de seis casas pudieron reunir un cap\u00edtulo en 1820. Tomaron el nombre de \u00abCongregaci\u00f3n Italiana de san Bernardo\u00bb, adoptaron la constituci\u00f3n de la desaparecida Congregaci\u00f3n de Lombard\u00eda y Toscana, convocaron cap\u00edtulos congregacionales cada cinco a\u00f1os y eligieron un \u00abPresidente general\u00bb, por el t\u00e9rmino tambi\u00e9n de cinco a\u00f1os.<br \/>\nDebe darse un significado particular a la iniciativa italiana, porque la Santa Sede consideraba al \u00abPresidente general\u00bb de la Congregaci\u00f3n heredero leg\u00edtimo del Abad General de Cister. El primero en ostentar este t\u00edtulo fue Raimundo Giovannini, al que sucedieron Sixto Benigni y Jos\u00e9 Fontana. Todos ellos ejercieron el derecho de confirmar elecciones abaciales, aun entre los trapenses, e hicieron repetidos, aunque infructuosos intentos, para establecer relaciones m\u00e1s amistosas con las abad\u00edas cistercienses fuera de Italia. El m\u00e1s notable de estos esfuerzos fue el acercamiento de Fontana a la Congregaci\u00f3n Suiza en 1825, proponiendo la reanudaci\u00f3n de las relaciones legales entre ambas Congregaciones. Sin embargo, los abades suizos declinaron el ofrecimiento, temiendo represalias de su gobierno. Una campa\u00f1a anticlerical posterior, que puso fin a la vida cisterciense en Suiza, justific\u00f3 ampliamente la precauci\u00f3n de los abades.\n<\/p>\n<h1>Revoluci\u00f3n de 1830<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">La revoluci\u00f3n de 1830 separ\u00f3 a B\u00e9lgica de Holanda, y el nuevo gobierno belga, a diferencia del r\u00e9gimen anterior, mostr\u00f3 mucha mejor voluntad hacia la Iglesia Cat\u00f3lica. Los supervivientes de los cistercienses de Lieu-Saint-Bernard sin casa ni hogar, que permanec\u00edan organizados bajo los sucesores del \u00faltimo abad leg\u00edtimo, no pod\u00edan volver a ocupar su abad\u00eda. En 1833, encontraron un hogar adecuado en Bornem, que fue reconocido como sucesor de Lieu-Saint-Bernard dos a\u00f1os m\u00e1s tarde. Al a\u00f1o siguiente, se restaur\u00f3 all\u00ed la vida mon\u00e1stica del todo.<br \/>\nEl \u00faltimo monje sobreviviente de Val-Dieu, Bernardo Klinkenberg, readquiri\u00f3 las ruinas de su abad\u00eda en 1840 y, con la ayuda de Bornem, pudo restaurar la vida comunitaria en 1844. Las dos abad\u00edas formaron el \u00abVicariato de B\u00e9lgica\u00bb, y aceptaron como estatuto b\u00e1sico la In Suprema, promulgada por Alejandro VII en 1666. A la cabeza de la organizaci\u00f3n figuraba el \u00abVicario general\u00bb, elegido por cinco a\u00f1os. Cada cinco a\u00f1os se reun\u00edan cap\u00edtulos que representaban a ambas comunidades. Despu\u00e9s de la restauraci\u00f3n, los primeros novicios belgas fueron educados en Santa Croce, en Roma, pero, de acuerdo con sus propios estatutos, aprobados por la Santa Sede en 1846, las abad\u00edas conservaban su independencia.\n<\/p>\n<h1>Resurgimiento de la com\u00fan observancia en Europa<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El resurgimiento de la Com\u00fan Observancia en Francia fue iniciado como un esfuerzo personal de un piadoso sacerdote diocesano, el abb\u00e9 Le\u00f3n Barnouin, quien, en honor de la Inmaculada Concepci\u00f3n (dogma definido en 1854), restaur\u00f3 la vida mon\u00e1stica en la antigua abad\u00eda cisterciense de S\u00e9nanque, en la di\u00f3cesis de Avi\u00f1\u00f3n, en 1855. El abb\u00e9 Barnouin recibi\u00f3 el nombre de Mar\u00eda Bernardo, concluy\u00f3 su noviciado en Roma, y la nueva Congregaci\u00f3n permaneci\u00f3 afiliada a la Congregaci\u00f3n de San Bernardo en Italia por alg\u00fan tiempo. Pero la floreciente comunidad se independiz\u00f3 pronto y form\u00f3 la Congregaci\u00f3n de S\u00e9nanque en 1867. En un breve lapso, la abad\u00eda restableci\u00f3 otros tres monasterios abandonados, entre ellos el famoso centro del monacato pre-benedictino franc\u00e9s de L\u00e9rins (Provenza), que posteriormente se transform\u00f3 en centro de toda la Congregaci\u00f3n. \u00c9ste fue el \u00fanico grupo en la Com\u00fan Observancia que reten\u00eda un tipo de vida de car\u00e1cter puramente contemplativo. Sin embargo, su disciplina no era tan estricta como la de los trapenses, raz\u00f3n por la cual frecuentemente se hace referencia a esta Congregaci\u00f3n como la \u00abobservancia media\u00bb (observancia media).<br \/>\nEl grupo de abad\u00edas que se salvaron del desastroso reinado del emperador Jos\u00e9 II podr\u00edan haber iniciado un movimiento de restauraci\u00f3n a una escala verdaderamente impresionante. Quedaban ocho abad\u00edas en Austria, dos en Bohemia, dos en la zona de Polonia ocupada por Austria y una en Hungr\u00eda, trece monasterios en total, la mayor\u00eda de los cuales muy poblados, en posesi\u00f3n de sus antiguos claustros y de buena parte de sus propiedades del siglo XVIII. La pol\u00edtica oficial que prevalec\u00eda en la monarqu\u00eda de los Habsburgo hasta 1850, llamada Josefinismo, el triste legado de Jos\u00e9 II, impidi\u00f3 que los monjes tomaran iniciativa alguna dirigida a una reconstrucci\u00f3n aut\u00e9ntica. Esta pol\u00edtica estaba basada en la premisa de que la Iglesia era un departamento gubernamental encargado de inspeccionar la moral de los ciudadanos. Las comunidades mon\u00e1sticas, que el gobierno termin\u00f3 por tolerar, deb\u00edan probar su utilidad ejerciendo un ministerio pastoral activo, ense\u00f1ando o realizando otras obras de caridad. Pero se aboli\u00f3 la exenci\u00f3n mon\u00e1stica, se prohibi\u00f3 cualquier contacto con el Papado o superiores extranjeros y, dado que los monjes eran considerados como simples auxiliares en el ministerio pastoral, todas las abad\u00edas quedaron bajo la estricta supervisi\u00f3n de los obispos diocesanos. El f\u00e9rreo control gubernamental sobre la educaci\u00f3n de los cl\u00e9rigos, tanto regulares como seculares, asegur\u00f3 una nueva generaci\u00f3n convenientemente adoctrinada en el esp\u00edritu del josefinismo, y capaz de llevar a cabo las tareas sacerdotales en concordancia con tales instrucciones por tiempo indefinido.<br \/>\nEs f\u00e1cil prever el impacto de esta pol\u00edtica en la vida interna de cada comunidad, y queda bien ilustrado con el ejemplo de Zirc, en Hungr\u00eda, una casa que depend\u00eda originariamente de Heinrichau, en Silesia. Despu\u00e9s de la supresi\u00f3n de esta \u00faltima abad\u00eda en 1810, Zirc fue independiente. En 1814, el emperador Francisco 1 nombr\u00f3 al abad de Pilis y P\u00e1szt\u00f3, reci\u00e9n unidas, como nuevo abad de Zirc. De esta forma los tres monasterios h\u00fangaros quedaban unificados de forma permanente bajo una sola cabeza, el abad de Zirc. Mas, en pago por el favor imperial, los monjes debieron asumir la direcci\u00f3n de dos gimnasios, anteriormente a cargo de los jesu\u00edtas, a m\u00e1s de otro en Eger, que ya estaba regido por los monjes de P\u00e1szt\u00f3. Tales tareas aumentaron considerablemente la carga que ya significaba atender a casi una docena de parroquias.<br \/>\nDebido a que el abad dispon\u00eda de unos treinta y cinco sacerdotes, pr\u00e1cticamente todos los monjes capacitados estaban empleados en trabajos pastorales o de ense\u00f1anza, quedando en la abad\u00eda de Zirc s\u00f3lo los novicios y el personal administrativo absolutamente necesario. En tales circunstancias, no se pod\u00edan observar ni el horarium tradicional, ni los estatutos del siglo XVIII. El oficio divino recitado en com\u00fan se redujo a las horas del d\u00eda, y todas las dem\u00e1s observancias mon\u00e1sticas sufrieron una reducci\u00f3n similar.<br \/>\nZirc, incapaz de establecer contacto con las altas autoridades de la Orden, cay\u00f3 bajo la jurisdicci\u00f3n del obispo de Veszpr\u00e9m. \u00c9ste realiz\u00f3 visitas peri\u00f3dicas a la abad\u00eda y, en 1817, les dio una serie de reglas adaptadas a las nuevas circunstancias. En 1822, una conferencia episcopal h\u00fangara emprendi\u00f3 la recopilaci\u00f3n de nuevos Estatutos para los monjes, pero el texto nunca recibi\u00f3 aprobaci\u00f3n gubernamental y pronto cay\u00f3 en el olvido. Por consiguiente, hasta la d\u00e9cada de 1850, la vida de los monjes estaba basada puramente en costumbres locales, que satisfac\u00edan las necesidades sacerdotales elementales, pero ignoraban las tradiciones mon\u00e1sticas.<br \/>\nEn las otras doce abad\u00edas austro-h\u00fangaras imperaban condiciones similares. Hab\u00edan desaparecido los conversos, pero cuatro o cinco abad\u00edas ten\u00edan cada una alrededor de cincuenta sacerdotes, con un n\u00famero adecuado de nuevas vocaciones para asegurar su continuidad. Las cargas, sin embargo, eran pesadas. Stams, en el Tirol, ten\u00eda a su cargo dieciocho parroquias, y las otras no le iban a la zaga. En 1854, las trece abad\u00edas ten\u00edan a su cargo un conjunto de ciento treinta y ocho parroquias, a las que se sumaban otras cuarenta y cinco iglesias no parroquiales, y capillas atendidas por los monjes. Casi todas las parroquias ten\u00edan escuela primaria. Neukloster y Ossegg ten\u00edan a su cargo gimnasios, y otras cinco abad\u00edas preparaban a cierto n\u00famero de profesores para escuelas secundarias de la vecindad. Zwettl manten\u00eda un asilo para treinta mendigos, y otras cinco abad\u00edas sosten\u00edan instituciones similares, aunque m\u00e1s peque\u00f1as. Heiligenkreuz, Zwettl y Lilienfeld organizaron pensionados para ni\u00f1os cantores. En ese mismo a\u00f1o (1854), el n\u00famero total de sacerdotes en las trece comunidades era de cuatrocientos treinta y tres. Por consiguiente, es innecesario destacar que, despu\u00e9s de cumplir con sus tareas externas, los monjes no ten\u00edan ni tiempo para entregarse a sus obligaciones mon\u00e1sticas con celo y devoci\u00f3n. En realidad, s\u00f3lo en Rein, Stams, Ossegg y las dos casas polacas de Mogila y Szcszyrzyc se recitaba el Oficio divino completo en comunidad. En otros lugares el oficio comunitario quedaba notablemente reducido. En Neukloster, los monjes s\u00f3lo pod\u00edan cumplir con la Pretiosa (una parte de Prima) a las 7 de la ma\u00f1ana.<br \/>\nSe necesitaba dar a los monjes una educaci\u00f3n apropiada, para que pudieran ocuparse intensamente en la ense\u00f1anza y el trabajo pastoral. Durante el r\u00e9gimen de Jos\u00e9 II, miembros de ambos cleros, regular y secular, se vieron forzados a concurrir a \u00abseminarios generales\u00bb reci\u00e9n organizados, para poder ser educados en el esp\u00edritu del josefinismo. En 1790, se permiti\u00f3 de nuevo a las comunidades religiosas proveer independientemente a la educaci\u00f3n de sus miembros, siempre y cuando tuvieran profesores con t\u00edtulos expedidos por el gobierno y aceptaran el uso de textos impuestos en forma obligatoria. Heiligenkreuz organiz\u00f3 una escuela de Teolog\u00eda de acuerdo con estas normas, al cual concurr\u00edan tambi\u00e9n cl\u00e9rigos de otras cuatro abad\u00edas. Stams abri\u00f3 una instituci\u00f3n similar, pero los otros monasterios enviaban a sus estudiantes de teolog\u00eda a los seminarios diocesanos m\u00e1s cercanos. La duraci\u00f3n del curso de estudios era de cuatro a\u00f1os, aunque en el tercero se permit\u00eda a los cl\u00e9rigos hacer los votos solemnes, si ten\u00edan veinti\u00fan a\u00f1os, edad m\u00ednima prescrita por el gobierno. Los maestros empleados en los gimnasios, adem\u00e1s de los estudios ya mencionados, deb\u00edan obtener el t\u00edtulo de habilitaci\u00f3n en una Universidad estatal.<br \/>\nPor otro lado, las reglamentaciones gubernamentales, impuestas con todo rigor, no s\u00f3lo imped\u00edan que las abad\u00edas cistercienses establecieran relaciones legales con el Presidente general en Roma, sino que hicieron tambi\u00e9n que la cooperaci\u00f3n organizada entre ellas, dentro del imperio de los Habsburgo, fuera extremadamente dif\u00edcil y aun arriesgada, porque una organizaci\u00f3n de ese tipo les podr\u00eda hacer aparecer como sospechosos a los ojos de las autoridades. El Procurador cisterciense en Roma pudo recoger alguna informaci\u00f3n de las condiciones imperantes en Austria, \u00fanicamente a trav\u00e9s de cartas informales o de noticias tra\u00eddas por viajeros. En 1846, Alberico Amatori, el Procurador general romano, dirigi\u00f3 una carta al abad de Heiligenkreuz, en la cual le confesaba su ignorancia de la situaci\u00f3n, hasta del n\u00famero de casas cistercienses en Austria, y le ped\u00eda informaci\u00f3n. Urg\u00eda al abad para que explorara la posibilidad de una cooperaci\u00f3n m\u00e1s \u00edntima con Roma, y le pon\u00eda el ejemplo de la Congregaci\u00f3n Belga reci\u00e9n organizada.<br \/>\nEl Procurador no recibi\u00f3 ninguna respuesta optimista de Heiligenkreuz, pero las revoluciones de 1848-1849 hicieron tambalear los fundamentos de la monarqu\u00eda y dieron por resultado un cambio fundamental en las relaciones Iglesia-Estado. La nueva constituci\u00f3n de 1849 reconoci\u00f3 la autonom\u00eda de la Iglesia en Austria y la subsiguiente Conferencia episcopal en Viena comenz\u00f3 a aprovechar tal concesi\u00f3n. En 1850, el joven emperador Francisco Jos\u00e9 aboli\u00f3 el placet (consentimiento) imperial, quedando libres de este modo las comunicaciones con Roma. Por \u00faltimo, el concordato de 1855 rompi\u00f3 definitivamente con el josefinismo, con lo cual el clero de Austria volvi\u00f3 a ser de nuevo parte de la Iglesia universal.\n<\/p>\n<h1>Asambleas abaciales de 1851<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese clima pol\u00edtico profundamente cambiado, surgi\u00f3 la posibilidad de una asamblea abacial en 1851. La agenda propuesta inclu\u00eda: la formaci\u00f3n de una provincia cisterciense austr\u00edaca: la restauraci\u00f3n de la exenci\u00f3n mon\u00e1stica; el establecimiento de relaciones con el Presidente General en Roma; los reglamentos para la administraci\u00f3n de escuelas y parroquias y, por \u00faltimo, la reforma de la disciplina mon\u00e1stica.<br \/>\nDado que ninguno de los abades hab\u00eda pertenecido a una organizaci\u00f3n de esa \u00edndole, la iniciativa fue tomada por algunos de ellos en forma privada. La reacci\u00f3n inmediata de los otros fue cauta en extremo. A pesar de sus temores de provocar la ira episcopal, los abades llevaron a cabo sus asambleas de forma casi clandestina, en Baden, cerca de Viena, a fines de octubre de 1851.<br \/>\nEntre los numerosos problemas, recibi\u00f3 atenci\u00f3n especial el de la exenci\u00f3n, pero los t\u00edmidos abades se limitaron a esperar a que la Santa Sede tomara la iniciativa en la materia. No se hizo nada en los otros campos, excepto la resoluci\u00f3n de encontrarse nuevamente en un futuro cercano; el esbozo de una constituci\u00f3n provincial y el establecimiento de relaciones directas con Roma.<br \/>\nPara preparar ese segundo encuentro, varios abades visitaron al Nuncio Apost\u00f3lico en Viena, oportunidad en que escucharon por primera vez que todos los problemas relativos a las \u00f3rdenes religiosas en Austria ser\u00edan decididos por medio de una visita apost\u00f3lica. Se les inform\u00f3 tambi\u00e9n de que la iniciativa hab\u00eda sido tomada en la Conferencia episcopal de 1849, cuando los obispos se quejaron del decadente estado de la disciplina mon\u00e1stica en toda la monarquia, y pidieron la intervenci\u00f3n de la Santa Sede en un asunto tan delicado.<br \/>\nEstas sorprendentes noticias redujeron en gran parte el significado de la asamblea programada, aunque los abades se reunieron en Viena a mediados de mayo de 1852. Inmediatamente decidieron preparar un informe detallado a la Santa Sede sobre el estado dificultoso y triste por el que atravesaba la Orden en Austria. En un documento muy franco, los abades admit\u00edan espont\u00e1neamente que durante el siglo pasado \u00abla disciplina se hab\u00eda debilitado, hab\u00eda disminuido la regularidad y las virtudes mon\u00e1sticas hab\u00edan desaparecido en gran parte\u00bb, pero hac\u00edan recaer toda la responsabilidad en la pol\u00edtica anti-religiosa del gobierno. La pat\u00e9tica representaci\u00f3n conten\u00eda s\u00f3lo tres peticiones espec\u00edficas: el nombramiento de un cardenal protector; la autorizaci\u00f3n para tener un procurador en Roma; y la organizaci\u00f3n de una provincia cisterciense austr\u00edaca bajo la autoridad del Abad General.<br \/>\nEl documento fue entregado al Nuncio en Viena, quien, a su debido tiempo, lo remiti\u00f3 a Roma. La respuesta de P\u00edo IX estaba dirigida al Abad de Rein. El papa elogiaba la solicitud y buena voluntad de los abades para realizar una reforma, pero todas las decisiones finales depend\u00edan del resultado de la visita apost\u00f3lica.<br \/>\nEl 25 de junio de 1852, el Papa eligi\u00f3 a Federico Cardenal Schwarzenberg, arzobispo de Praga, para el cargo de Visitador. En Hungr\u00eda se otorg\u00f3 la misma autoridad al Arzobispo de Esztergom. Sin embargo, como s\u00f3lo hab\u00eda una abad\u00eda cisterciense en dicho pa\u00eds, la visita a los cistercienses, incluida Zirc, fue responsabilidad de Schwarzenberg. El Cardenal era un prelado con vastos conocimientos y gran celo, que cumpli\u00f3 su tarea con seriedad, aunque deleg\u00f3 la visita efectiva de cada abad\u00eda al obispo Agust\u00edn Hille. Fue este \u00faltimo el que llam\u00f3 a la puerta de las abad\u00edas cistercienses acompa\u00f1ado en su viaje por Salesius Mayer, un monje piadoso y erudito, perteneciente a Ossegg, en Bohemia, que despu\u00e9s prest\u00f3 servicios como profesor de teolog\u00eda moral y rector de la Universidad de Praga, y termin\u00f3 su vida (1876) como abad de Ossegg. El infatigable Padre Mayer influy\u00f3 poderosamente en la naturaleza, alcance y \u00e9xito de la visita a las abad\u00edas cistercienses.<br \/>\nComo preparaci\u00f3n de la visita, se pidi\u00f3 a cada casa que presentara un informe completo sobre todos los aspectos de su vida mon\u00e1stica, incluyendo una copia de los reglamentos observados en la comunidad. Cosa caracter\u00edstica de las condiciones imperantes, \u00fanicamente Ossegg pudo mostrar sus estatutos. Todos los otros monasterios viv\u00edan sin reglamentos valederos, siguiendo simplemente costumbres transmitidas por generaciones anteriores de monjes.<br \/>\nLa visita a las abad\u00edas cistercienses se llev\u00f3 a cabo entre 1854 y 1855, seguida por la promulgaci\u00f3n de cartas constitucionales especiales para cada comunidad. Esos documentos estaban basados en una declaraci\u00f3n de principios formulados por el Cardenal, pero se adaptaban a las condiciones locales. Como broche de todo el proceso, el 12 de agosto de 1856, Schwarzenberg envi\u00f3 a Roma un informe detallado de la visita y recomendaciones.<br \/>\nLos padres visitadores, establec\u00eda el Cardenal, fueron recibidos en todas partes \u00abcon los m\u00e1s grandes honores y aperturas de coraz\u00f3n\u00bb y la mayor\u00eda de los monjes mostraron \u00abamor por la Orden y deseo de progreso\u00bb. Sin embargo, \u00abla disciplina estricta que hizo una vez que la Orden de san Bernardo se distinguiera, y que todavia es practicada en la Estricta Observancia de los trapenses, est\u00e1 ausente de los conventos austr\u00edacos, y considerando los actuales monjes y las condiciones presentes, no puede ser introducida\u00bb. En verdad, como el Cardenal observaba, mientras que la mitad, o incluso un porcentaje mayor de miembros vivieran fuera de la abad\u00eda en forma permanente, realizando tareas pastorales o docentes, era completamente imposible introducir una disciplina uniforme. Hizo todo lo que pudo para dar \u00e9nfasis a los elementos esenciales de la vida mon\u00e1stica, pero s\u00f3lo esperaba mejoras sustanciales despu\u00e9s de un notable aumento de los miembros de las comunidades y una reducci\u00f3n gradual de las tareas externas. Tambi\u00e9n afirmaba el Cardenal, que el primer paso hacia el mejoramiento ser\u00eda la organizaci\u00f3n de una provincia cisterciense aut\u00f3noma. Los detalles pr\u00e1cticos de la reforma quedar\u00edan sometidos a un cap\u00edtulo provincial, donde conjuntamente con la nueva constituci\u00f3n deb\u00eda surgir un libro b\u00e1sico de Estatutos uniformes.<br \/>\nLa asamblea tan anunciada, y preparada con tanto cuidado, fue inaugurada en Praga por el cardenal Schwarzenberg, el 30 de mayo de 1859. Todos los monasterios cistercienses estuvieron debidamente representados, y aun los cen\u00f3bios de monjas afiliados enviaron a sus capellanes como delegados; en total concurrieron veintiocho personas. Tambi\u00e9n apareci\u00f3 por primera vez el prior de Mehrerau, en nombre de la comunidad Suiza de Wettingen, exiliada, que en 1854 pudo encontrar un nuevo hogar en Mehrerau, una abad\u00eda benedictina abandonada en Austria.<br \/>\nEn cuanto a los temas de importancia, la conferencia estaba muy lejos de la unanimidad. Las diferencias de opini\u00f3n en materia de disciplina mon\u00e1stica estaban muy acentuadas por el orgullo nacionalista. Despu\u00e9s que las revoluciones de 1848-1849 fueran sofocadas en forma sangrienta, los polacos, checos y en especial los h\u00fangaros, ten\u00edan sus propios motivos de quejas y se mostraban habitualmente desconfiados hacia cualquier movimiento que implicara dominaci\u00f3n austr\u00edaca. Fue una coincidencia desafortunada que el hermano del cardenal Schwarzenberg, F\u00e9lix, como primer ministro de Austria (1848-1853) fuera odiado a muerte como opresor. No obstante, despu\u00e9s de unas semanas de ardua labor se alcanz\u00f3 el prop\u00f3sito de la reuni\u00f3n: se acept\u00f3 un libro nuevo de Estatutos, se construy\u00f3 el marco legal para una Congregaci\u00f3n aut\u00f3noma, y hasta se eligi\u00f3 al primer Vicario General.<br \/>\nEl conjunto de reglamentos, los llamados \u00abEstatutos de Praga\u00bb, alcanzaron a formar un folleto de cuarenta y cuatro p\u00e1ginas que pronto fue publicado. Se supuso generalmente que el texto era obra de Salesius Mayer, pero sus elementos m\u00e1s importantes se basaban en los estatutos de la provincia cisterciense de Bohemia y Moravia, del siglo XVIII, que a su vez eran adaptaci\u00f3n de la In Suprema de Alejandro VII, promulgada en 1666. Mientras que, por un lado, eran manifiestos los honestos esfuerzos por mantener la continuidad de las tradiciones cistercienses, por otro se prestaba la debida atenci\u00f3n a las exigencias contempor\u00e1neas. La recitaci\u00f3n o canto de todo el oficio can\u00f3nico deb\u00eda estar precedida por el oficio de la Sant\u00edsima Virgen, y eran absolutamente obligatorios en todas las abad\u00edas. Se dio nuevo \u00e9nfasis a los ejercicios espirituales, tales como la meditaci\u00f3n diaria, la lectura espiritual y los retiros espirituales, lo mismo que las reglas de ayuno y abstinencia. Aunque el car\u00e1cter de las reglas estaba muy lejos de la severidad de la de los trapenses, los Estatutos de Praga, si hubieran sido observados, habr\u00edan restaurado la disciplina mon\u00e1stica a un nivel respetable.<br \/>\nLa constituci\u00f3n provincial exig\u00eda un Vicario General electo por todos los abades por un t\u00e9rmino de seis a\u00f1os. Deb\u00eda ser ayudado en sus tareas por tres Asistentes elegidos en forma similar. El Cap\u00edtulo provincial deb\u00eda ser convocado cada tres a\u00f1os. De igual modo, la visita a cada abad\u00eda realizada por el Vicario General deb\u00eda efectuarse trienalmente. Los reglamentos tambi\u00e9n ped\u00edan un Procurador general en Roma, y dejaban la puerta abierta para el nombramiento de un futuro Abad General y Cap\u00edtulo General, que volver\u00edan a entrar en funciones en una fecha posterior. La fruct\u00edfera asamblea concluy\u00f3 con la elecci\u00f3n del primer Vicario general de la nueva Congregaci\u00f3n, en la persona de Luis Crophius, abad de Rein.<br \/>\nEl Cardenal Schwarzenberg aprob\u00f3 los nuevos Estatutos el 5 de abril y los envi\u00f3 conjuntamente con toda la documentaci\u00f3n pertinente a Roma, para su ratificaci\u00f3n final por la Congregaci\u00f3n de Obispos y Regulares. El hecho de que los Estatutos de Praga nunca recibieran esa sanci\u00f3n, redujo considerablemente su efectividad, pero todav\u00eda en 1859 constitu\u00edan un paso decisivo en la historia de la Com\u00fan Observancia. Un pasado lleno de sinsabores hab\u00eda quedado atr\u00e1s, y se abr\u00eda el camino hacia una mejor organizaci\u00f3n externa, un desarrollo m\u00e1s r\u00e1pido y una espiritualidad m\u00e1s profunda.<br \/>\nMientras tanto, la condici\u00f3n de la Iglesia en Austria hab\u00eda cambiado, estimulando al Presidente General en Roma a hacer otro intento para lograr una cooperaci\u00f3n m\u00e1s \u00edntima con sus hermanos cistercienses de allende los Alpes. Cuando Angel Geniani, abad de Santa Croce, estuvo a punto de convocar un Cap\u00edtulo para la Congregaci\u00f3n Italiana en 1856, envi\u00f3 una invitaci\u00f3n a los abades de B\u00e9lgica y Austria, y los estimul\u00f3 para que concurrieran. Como todav\u00eda se estaba desarrollando la visita en Austria, y no quedaba claro si se les invitaba para participar activamente, o para ser simples espectadores, la contestaci\u00f3n fue negativa en ambos pa\u00edses.<br \/>\nEl sucesor inmediato de Geniani, Teobaldo Cesari, continu\u00f3 con el mismo \u00edmpetu y presion\u00f3 en favor de un Cap\u00edtulo General, usando su influencia en la Curia en beneficio de dicho proyecto. Sigui\u00f3 con gran inter\u00e9s la evoluci\u00f3n de la reuni\u00f3n de Praga, donde tambi\u00e9n se discuti\u00f3 la funci\u00f3n del Abad General, aunque los abades austr\u00edacos fracasaron en llevar hasta las \u00faltimas consecuencias este tema. En 1856, renov\u00f3 la invitaci\u00f3n de su predecesor para concurrir a un Cap\u00edtulo General, pero infructuosamente. En 1863, Cesari hizo otro intento, esta vez por medio del Nuncio en Viena, que se hab\u00eda convertido en entusiasta sostenedor de la idea. Las miras del plan apuntaban a una sesi\u00f3n plenaria del Cap\u00edtulo General, a la cual hasta se invit\u00f3 a los abades trapenses. Por desgracia, ese proyecto tan prometedor no recibi\u00f3 apoyo de Austria, y fue igualmente rechazado por Estanislao Lapierre, abad de Sept-Fons y Vicario de la \u00abAntigua Reforma\u00bb.<br \/>\nNo queda completamente clara la raz\u00f3n de la frialdad de los austr\u00edacos hacia la iniciativa de Cesari, pero se puede suponer, por lo menos, que una de las razones de sus preocupaciones era la constante tensi\u00f3n pol\u00edtica entre Italia y Austria, que desemboc\u00f3 en abiertas hostilidades en 1859 y 1866. Esta suposici\u00f3n parece estar corroborada por el hecho de que el infatigable Cesari se vali\u00f3 de los h\u00fangaros, mucho m\u00e1s amistosos, para sus sucesivos intentos. Sin embargo, expres\u00f3 simplemente en 1865 su deseo de visitar informalmente las abad\u00edas austr\u00edacas, y pidi\u00f3 al abad de Zirc que explorara la actitud de sus colegas respecto a la misma. El comienzo de la guerra austro-prusiana (1866) y, como consecuencia, la entrada de tropas italianas en Venecia, estrope\u00f3 el plan. Pero, en 1867, Cesari hizo una visita en B\u00e9lgica de las dos abad\u00edas del pa\u00eds, y en su viaje de retorno visit\u00f3 algunas comunidades austr\u00edacas y la h\u00fangara de Zirc, que le impresionaron muy favorablemente, y lleg\u00f3 a la convicci\u00f3n de que era la \u00e9poca apropiada para convocar el muy postergado Cap\u00edtulo General.<br \/>\nA comienzos de 1868, Cesari envi\u00f3 sus planes a la Congregaci\u00f3n de Obispos y Regulares y la respuesta fue r\u00e1pida y favorable. El 27 de marzo, la Congregaci\u00f3n promulg\u00f3 un documento reconociendo a Cesari como General de ambas Congregaciones, la belga y la austr\u00edaca autoriz\u00e1ndolo a convocar \u00abtan pronto como fuera posible\u00bb un Cap\u00edtulo General. Cesari no perdi\u00f3 el tiempo, e invit\u00f3 a todos los abades de ambas Congregaciones a reunirse el pr\u00f3ximo septiembre en Roma. A petici\u00f3n de los sorprendidos abades, el Cap\u00edtulo se diferi\u00f3, sin embargo, hasta el 6 de abril de 1869, y \u00e9sta es la fecha en que se inici\u00f3 la asamblea en la abad\u00eda de San Bernardo alle Terme.<br \/>\nLa tan anunciada reuni\u00f3n result\u00f3 a todas luces poco propicia. Aunque invitada, la Congregaci\u00f3n de S\u00e9nanque no envi\u00f3 ning\u00fan representante; tampoco lo hizo Mogila, de Polonia. Sin contar a Cesari, que presid\u00eda, se hicieron presentes s\u00f3lo cuatro italianos, quienes al ver que las discusiones se refer\u00edan casi exclusivamente a problemas austr\u00edacos, se retiraron despu\u00e9s de la tercera sesi\u00f3n. Tomando en consideraci\u00f3n el hecho de que los trapenses ni siquiera fueron invitados, surgi\u00f3 repentinamente la duda de si la reuni\u00f3n pod\u00eda calificarse de Cap\u00edtulo General o era simplemente una asamblea especial de los abades austr\u00edacos y belgas. Nunca se explic\u00f3 oficialmente la negativa actitud hacia la Estricta Observancia. Con certeza, una raz\u00f3n fue el propio rechazo de los trapenses, que ya estaban considerando la posibilidad de formar su propia organizaci\u00f3n independiente. Otro motivo \u2013 quiz\u00e1 el principal \u2013 fue el temor de que una gran cantidad de representantes trapenses pudiera dominar por completo a una Asamblea, por otra parte modesta.<br \/>\nA despecho de problemas tan importantes, despu\u00e9s de diez d\u00edas de intensas negociaciones, el Cap\u00edtulo pudo decidir, por lo menos, sobre dos puntos de su agenda: el Abad General, y la reorganizaci\u00f3n del Cap\u00edtulo General. Se resolvi\u00f3 que el Abad General deb\u00eda residir en Roma, ser abad de la Com\u00fan Observancia y elegido en forma vitalicia por todos los otros abades de la misma observancia en una sesi\u00f3n especial del Cap\u00edtulo General. El abad Cesari fue aceptado como primer General, en honor a su previo nombramiento por parte de la Congregaci\u00f3n. Las tareas principales del General consist\u00edan en visitar las abad\u00edas cada diez a\u00f1os, la convocaci\u00f3n del Cap\u00edtulo General y la presidencia del mismo. Deb\u00eda ser ayudado por un Procurador General elegido, pero en problemas que involucraran a abad\u00edas concretas, deb\u00eda actuar s\u00f3lo por la mediaci\u00f3n del abad afectado.<br \/>\nEl Cap\u00edtulo General deb\u00eda reunirse en Roma cada diez a\u00f1os, aunque, en caso de muerte del Abad General, el Procurador General deb\u00eda convocar a una sesi\u00f3n especial para la elecci\u00f3n de un nuevo General. Constitu\u00edan un grave problema el n\u00famero de miembros y el derecho a votar, en vista de la gran desigualdad num\u00e9rica entre las Congregaciones. Se pidi\u00f3 a la Congregaci\u00f3n de Obispos y Regulares que arbitrase en la diferencia, porque la conferencia era incapaz de llegar a una decisi\u00f3n un\u00e1nime. Sobre la extensi\u00f3n de la jurisdicci\u00f3n capitular, no se lleg\u00f3 a una decisi\u00f3n espec\u00edfica, pero todos estuvieron de acuerdo en el principio que no ten\u00eda autoridad para cambiar las constituciones congregacionales aprobadas por la Santa Sede. Los abades decidieron pedir de nuevo la r\u00e1pida aprobaci\u00f3n de los Estatutos de Praga por la Congregaci\u00f3n. En otras materias, tales como la observancia uniforme del voto de pobreza y la posibilidad de abrir un colegio de teolog\u00eda com\u00fan en Roma, no se tom\u00f3 decisi\u00f3n alguna.<br \/>\nNi los abades austr\u00edacos, ni la Congregaci\u00f3n de Obispos y Regulares consideraron que los problemas que quedaron pendientes despu\u00e9s del Cap\u00edtulo tuvieran importancia vital. Cuando muri\u00f3 el Abad General Cesari en 1879, los Estatutos de Praga todav\u00eda estaban esperando ser aprobados y, dado que el Cap\u00edtulo general de 1880 no se preocup\u00f3 por el asunto, todo fue tranquilamente olvidado. El \u00fanico hecho notable del Cap\u00edtulo fue la elecci\u00f3n del nuevo General en la persona de Gregorio Bartolini, abad de Santa Croce en Roma. Sin embargo, el Cap\u00edtulo se realiz\u00f3 en Viena, porque el gobierno se hab\u00eda apoderado de ambas abad\u00edas romanas de la Orden y las hab\u00eda convertido en cuarteles. El mismo Bartolini tuvo que vivir en un peque\u00f1o departamento adyacente a su iglesia titular.<br \/>\nEl Cap\u00edtulo de 1891 se reuni\u00f3 tambi\u00e9n, por la misma raz\u00f3n, en Viena y hubo de topar con la misma emergencia. Bartolini muri\u00f3 en 1890, y por consiguiente, deb\u00eda elegirse un sucesor. Sin embargo, el factor perturbador lo constitu\u00eda el hecho de que no hab\u00eda ning\u00fan abad italiano vivo y ninguna abad\u00eda italiana disponible donde el nuevo General pudiera establecer la casa generaliza, y eso creaba un nuevo problema. En consecuencia, la Orden se dirigi\u00f3 a la Santa Sede para pedir que el nuevo General, que presumiblemente no ser\u00eda italiano, pudiera vivir y actuar fuera de Roma. La petici\u00f3n fue otorgada, y la elecci\u00f3n del Cap\u00edtulo recay\u00f3 en el abad de Hohenfurt, Leopoldo Wackarz, Vicario general de la congregaci\u00f3n austr\u00edaca, un venerable octogenario.<br \/>\nHechos m\u00e1s memorables ocurrieron en 1891, en relaci\u00f3n con el octavo centenario del nacimiento de san Bernardo. Los trapenses tomaron parte en gran n\u00famero de reuniones y celebraciones realizadas en toda Francia, y como recuerdo permanente, reeditaron la importante colecci\u00f3n de fuentes conocida como el Nomasticon cisterciense. La Com\u00fan Observancia encontr\u00f3 apropiado honrar al Santo por medio de una serie de publicaciones monumentales de gran erudici\u00f3n. Con toda seguridad la m\u00e1s sobresaliente fue Origines Cistercienses, una lista de todos los monasterios cistercienses a lo largo de la historia, obra de un estudioso monje de Zwettl, Leopoldo Janauschek, que todav\u00eda resulta indispensable en la actualidad. El mismo Janauschek edit\u00f3 en cuatro vol\u00famenes la Xenia Bernardina, que inclu\u00eda la bibliograf\u00eda Bernardina completa. En 1889, la iniciaci\u00f3n de la Cistercienser \u2013 Chronik por Gregorio M\u00fcller se\u00f1ala un jal\u00f3n para el estudio del pasado cisterciense. Una empresa similar en lengua francesa y respaldada por la Congregaci\u00f3n de S\u00e9nanque y editada en Hautecombe, L\u2019Union Cistercienne, dur\u00f3 desgraciadamente s\u00f3lo cuatro a\u00f1os. El Padre Imre Piszter de Zirc, public\u00f3 en dos vol\u00famenes su obra magna Vida y Obras de san Bernardo, que coincidi\u00f3 con la aparici\u00f3n de la famosa biograf\u00eda del Santo escrita por Vacandard. Otro miembro distinguido, profesor de Historia de la Universidad de Budapest y futuro abad de Zirc, Remigio B\u00e9kefi, comenz\u00f3 una serie de monograf\u00edas en varios vol\u00famenes cubriendo la historia cisterciense en Hungr\u00eda.<br \/>\nLa \u00fanica sombra proyectada en la festiva escena era la inminente ruptura dentro de la Orden \u2013 todav\u00eda una nominalmente entre los trapenses y la Com\u00fan Observancia. No era algo sorprendente, pero el editor de la Cistercienser \u2013 Chronick calificaba el hecho como \u00abgrave en sus consecuencias\u00bb, que \u00abllenar\u00eda de pena\u00bb los corazones de todos los cistercienses. El Padre M\u00fcller, autor de la breve comunicaci\u00f3n, que hab\u00eda trabajado m\u00e1s que ning\u00fan otro para despertar entre las filas de la Com\u00fan Observancia una valoraci\u00f3n m\u00e1s profunda de las tradiciones cistercienses, admiti\u00f3 pronto que el Abad General y el Cap\u00edtulo General de su observancia no hab\u00edan prestado a los trapenses la debida consideraci\u00f3n, pero cre\u00eda a\u00fan que la ruptura era innecesaria, y terminar\u00eda por perjudicar a ambas ramas de la Orden.<br \/>\nEsas ideas no eran raras tampoco entre los padres trapenses. En v\u00edsperas del octavo centenario de la fundaci\u00f3n de Cister, el Cap\u00edtulo General de la Estricta Observancia (1898) dio pasos tendientes a la reuni\u00f3n de las ramas separadas de la Orden sobre la base de la constituci\u00f3n trapense aprobada recientemente. Por medio de ciertas conexiones romanas se hizo llegar la propuesta al Cap\u00edtulo General de la Com\u00fan Observancia, reunido en Hohenfurt. Sus t\u00e9rminos, seg\u00fan interpretaron los abades en Hohenfurt, implicaban la pr\u00e1ctica absorci\u00f3n de la Com\u00fan Observancia por los trapenses, y por lo tanto el ofrecimiento no pudo ser considerado como un acercamiento pr\u00e1ctico hacia tal meta. Se lo rechaz\u00f3 diplom\u00e1ticamente.<br \/>\nUna de las mayores diferencias que separaron durante el siglo XIX a las dos ramas de la Orden fue el grado y significado de la uniformidad y control central. Cada abad\u00eda, como componente de la Congregaci\u00f3n trapense, estaba estrechamente supervisada y se supon\u00eda que seguir\u00eda los Estatutos comunes con r\u00edgida uniformidad. La consecuencia final de esa pol\u00edtica fue la eventual fusi\u00f3n de las congregaciones, la eliminaci\u00f3n de la variedad de observancias y la aparici\u00f3n de la Orden de la Estricta Observancia unida. En 1893, se logr\u00f3 la uniformidad y la dominaci\u00f3n completa por el Cap\u00edtulo General trapenses con un grado mayor de efectividad que en cualquier otra \u00e9poca de la historia cisterciense.<br \/>\nA lo largo de la misma centuria, en agudo contraste, las abad\u00edas pertenecientes a la Com\u00fan observancia retuvieron en gran parte su autonom\u00eda. El \u00abpluralismo\u00bb prevalec\u00eda con m\u00e1s frecuencia entre las antiguas abad\u00edas del Imperio Austro-h\u00fangaro. Esas comunidades se hab\u00edan ejercitado en el dif\u00edcil arte de sobrevivir durante varias d\u00e9cadas, y se hab\u00edan vuelto desconfiadas ante una posible intervenci\u00f3n extranjera, de cualquier origen o naturaleza. El retorno a controles efectivos, mediante cap\u00edtulos congregacionales o generales, no les parec\u00eda de vital importancia, y la observancia de un c\u00f3digo de disciplina uniforme les resultaba menos deseable a\u00fan. Es verdad, que terminaron por crear un Abad General y restauraron el Cap\u00edtulo General como organismos convenientes para su representaci\u00f3n o publicidad, pero les cercenaron cuidadosamente la autoridad, mientras conservaban con orgullo sus costumbres espec\u00edficas y su organizaci\u00f3n interna.<br \/>\nJuzgar del \u00e9xito de la Com\u00fan Observancia de acuerdo con el grado de centralizaci\u00f3n lograda, ser\u00eda completamente ut\u00f3pico, a la vez que falso. El progreso puede ser \u00fanicamente valorado, si se consideran a fondo otros aspectos de la vida mon\u00e1stica. La evidencia m\u00e1s simple es el crecimiento num\u00e9rico. Considerando a la provincia austr\u00edaca en conjunto, las cifras son particularmente expresivas. En 1854, el total de miembros ascend\u00eda a cuatrocientos noventa y nueve, e inclu\u00eda a cuatrocientos treinta y tres sacerdotes. En 1898, las cifras hab\u00edan aumentado a quinientos ochenta y uno para el total, del cual cuatrocientos ochenta y tres eran sacerdotes. Mientras tanto, los italianos sufr\u00edan grandes p\u00e9rdidas debido a la secularizaci\u00f3n de sus casas, y las dos comunidades belgas se manten\u00edan igual, sin ning\u00fan cambio importante en ninguna direcci\u00f3n. La Congregaci\u00f3n de S\u00e9nanque, por su parte, de un pu\u00f1ado de fundadores en 1853, alcanz\u00f3 un total de ciento cincuenta y siete monjes en 1899, incluyendo cuarenta y nueve sacerdotes, veintinueve cl\u00e9rigos, trece novicios y sesenta y seis conversos; era pues, la \u00fanica Congregaci\u00f3n dentro de la Com\u00fan Observancia donde la reaparici\u00f3n de los hermanos legos era significativa. Mehrerau, fundada por unos pocos refugiados suizos en 1854, constituy\u00f3 otro \u00e9xito. En muy poco tiempo, Mehrerau no s\u00f3lo se convirti\u00f3 en una comunidad considerable, sino que, en 1888, los padres pudieron reorganizar la antigua abad\u00eda alemana de Marienstatt, fundando con ella una nueva \u00abCongregaci\u00f3n suizo-alemana\u00bb. En 1898, los miembros de ambas abad\u00edas alcanzaban a ciento veinticuatro, de los cuales cincuenta y tres eran sacerdotes, veinticinco cl\u00e9rigos, siete novicios y treinta y nueve conversos.<br \/>\nSin embargo, el desarrollo m\u00e1s espectacular pertenece a Zirc, en Hungr\u00eda, que triplic\u00f3 sus miembros y, en 1898, hab\u00eda alcanzado el impresionante total de ciento treinta y ocho, cont\u00e1ndose entre ellos ciento tres sacerdotes. Este \u00e9xito hizo posible que, en 1878, los monjes pudieran hacer frente a la carga financiera que significaba San Gotardo, dependiente de Heiligenkreuz (Austria), y abrir al mismo tiempo su cuarto gimnasio, a\u00f1adiendo el quinto en los primeros a\u00f1os del siglo siguiente, en Budapest.<br \/>\nEs, en realidad, poco corriente que, en 1898, el n\u00famero de sacerdotes en la Com\u00fan Observancia fuera de seiscientos cuarenta y cuatro, m\u00e1s alto que la cifra correspondiente en las estad\u00edsticas de la Estricta Observancia. La enorme disparidad entre las dos ramas de la Orden en lo que se refiere al n\u00famero total de miembros est\u00e1 dado por el hecho de que, mientras la Com\u00fan Observancia ten\u00eda s\u00f3lo ciento cuarenta y seis hermanos legos, los trapenses contaban con cerca de dos mil conversos.<br \/>\nLa abnegada dedicaci\u00f3n al duro trabajo, en especial en el campo de las actividades educativas y pastorales, puede demostrarse mediante cifras estad\u00edsticas recogidas en 1898. Cerca de la mitad de los sacerdotes realizaban trabajos parroquiales, teniendo a su cargo, en conjunto, m\u00e1s de un cuarto de mill\u00f3n de almas. Del resto de los sacerdotes, ciento dieciocho estaban empleados como profesores en los gimnasios de la Orden, que gozaban del cr\u00e9dito p\u00fablico y oficial. La mayor\u00eda eran instituciones por ocho a\u00f1os, que ofrec\u00edan cursos universitarios preparatorios desde el quinto al duod\u00e9cimo a\u00f1o. Los aranceles eran m\u00ednimos, pero las escuelas estaban dedicadas a la educaci\u00f3n de la \u00e9lite intelectual, y como tales, eran consideradas entre las mejores, especialmente las h\u00fangaras. La mayor\u00eda de los novicios de Zirc, que crec\u00eda vertiginosamente, se reclutaban en los colegios cistercienses.<br \/>\nSe hicieron grandes esfuerzos por dotar de instrucci\u00f3n apropiada a cada miembro de la Orden; por lo tanto, se requer\u00eda para la admisi\u00f3n capacidad intelectual. A excepci\u00f3n de aquellos pocos que deseaban ser conversos, cada miembro profeso deb\u00eda recibir una preparaci\u00f3n formal en Filosof\u00eda y Teolog\u00eda, y aquellos destinados a la ense\u00f1anza deb\u00edan alcanzar grados avanzados en las distintas artes y ciencias. Entre ellos, veinticuatro monjes eran doctores en Teolog\u00eda, veintid\u00f3s doctores en filosof\u00eda, tres doctores en Leyes. El n\u00famero de publicaciones eruditas aument\u00f3 de forma sostenida durante toda la centuria. El hecho de que Cistercienser \u2013 Chronick fuera una revista mensual, editada y escrita por y para los monjes de Austria y Hungr\u00eda, puede ser citado como una prueba m\u00e1s del amor al estudio que imperaba.<br \/>\nLa Italia unificada fue un pa\u00eds donde, despu\u00e9s de 1860, la Orden estuvo expuesta a vej\u00e1menes sin l\u00edmites. El gobierno anticlerical se apropi\u00f3 de los edificios mon\u00e1sticos, especialmente para usos militares, y s\u00f3lo se dejaron las iglesias para beneficio de los feligreses. Tal fue el destino que tuvieron en 1871 las dos grandes abad\u00edas romanas, perdieron ambas al mismo tiempo sus valios\u00edsimas bibliotecas. Para asegurar su supervivencia, los monjes desalojados adquirieron en 1876 una modesta residencia en Cortona, donde, despu\u00e9s de 1883, comenzaron a recibir novicios.<br \/>\nEn un intento de realizar una rese\u00f1a de los logros de la Com\u00fan Observancia en el siglo XIX, se puede se\u00f1alar que, aunque las observancias mon\u00e1sticas estaban reducidas a lo esencial, la Orden progres\u00f3 significativamente en n\u00famero, nivel de erudici\u00f3n, servicios pastorales y educativos, y asegur\u00f3 a los cistercienses una alta reputaci\u00f3n en todos los niveles de la sociedad contempor\u00e1nea.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente: http:\/\/omesbc.wordpress.com\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 La restauraci\u00f3n del siglo XIX: la Com\u00fan Observancia 2 Revoluci\u00f3n de 1830 3 Resurgimiento de la com\u00fan observancia en Europa 4 Asambleas abaciales de 1851 La restauraci\u00f3n del siglo XIX: la Com\u00fan Observancia Los reg\u00edmenes conservadores que volvieron al poder despu\u00e9s de 1815 no eran contrarios a la religi\u00f3n. En algunos pa\u00edses, la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xv\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCISTER: HISTORIA XV\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23943","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23943","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23943"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23943\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23943"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23943"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23943"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}