{"id":23944,"date":"2016-02-05T16:18:21","date_gmt":"2016-02-05T21:18:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xvi\/"},"modified":"2016-02-05T16:18:21","modified_gmt":"2016-02-05T21:18:21","slug":"cister-historia-xvi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xvi\/","title":{"rendered":"CISTER: HISTORIA XVI"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Los Cistercienses en el siglo XX<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 La Estricta Observancia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Leyes anticlericales<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Segunda Guerra Mundial<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 La Era Vaticano II<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 La Com\u00fan Observancia<\/li>\n<\/ul>\n<h1>Los Cistercienses en el siglo XX<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El relato hist\u00f3rico de la Orden cisterciense durante las primeras tres cuartas partes del siglo XX no se puede reducir a la enumeraci\u00f3n de unas pocas tendencias dominantes. Aunque el nuevo siglo comenz\u00f3 como una continuaci\u00f3n normal de la \u00e9poca precedente, el estallido de la Primera Guerra Mundial introdujo una era de violencia y destrucci\u00f3n, tanto f\u00edsica como moral sin precedentes, que lleg\u00f3 a su cl\u00edmax en el holocausto de la Segunda Guerra Mundial. Despu\u00e9s de treinta a\u00f1os de agon\u00eda se ha acallado el estruendo de las bombas, pero no se ha conseguido la consolidaci\u00f3n de la paz anhelada. No son s\u00f3lo la prolongada guerra fr\u00eda, la confrontaci\u00f3n entre las fuerzas del comunismo y la democracia, los que evitan el restablecimiento de una condici\u00f3n que ha sobrevivido en las memorias de la vieja generaci\u00f3n como \u00abnormalidad\u00bb. Hacia mediados del siglo, se hizo evidente que las bases \u00e9ticas, los valores sobre los cuales podr\u00eda reconstruirse el equilibrio al estilo antiguo, estaban hechos a\u00f1icos sin remedio. El cuestionamiento profundo de todas las normas heredadas continu\u00f3 a lo largo de toda la d\u00e9cada del 60, sin encontrar una base para un nuevo consenso. Finalmente, surgi\u00f3 la idea de una \u00absociedad pluralista\u00bb, en la cual pod\u00edan coexistir conceptos variados y hasta contradictorios. Esto parecer\u00eda conducirnos a admitir que las preguntas han sobrepasado a las respuestas posibles, y no hay ya esperanza de encontrar un nuevo credo por el que valga la pena morir. Para cualquier que haya estudiado la historia de las instituciones y civilizaciones, esta suposici\u00f3n plantea otras cuestiones fundamentales: \u00bfpuede una \u00abIglesia pluralista\u00bb servir como n\u00facleo de una nueva civilizaci\u00f3n? \u00bfPuede concebirse una civilizaci\u00f3n fuera de un contexto firme de valores absolutos, sin una convicci\u00f3n bien arraigada en la autoridad? El estudio de una orden religiosa dividida, dentro de un mundo siempre turbulento, es una tarea arriesgada, dado que el mismo cronista es forzosamente parte. Las disputas decisivas sobre valoresy principios llegaron hasta las grandes abad\u00edas, que se hab\u00edan mantenido en el siglo XIX como remansos de paz, fuera del alcance del tiempo. Dado que algunas preguntas fundamentales quedan todav\u00eda sin respuesta, no hay posibilidad de examinar el pasado inmediato a partir de un punto de vista realmente objectivo. Con el af\u00e1n de reducir los errores de juicio al m\u00ednimo, ser\u00e1 suficiente que s\u00f3lo presentemos un bosquejo de los eventos externos m\u00e1s importantes.\n<\/p>\n<h1>La Estricta Observancia<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cistercienses de la Estricta Observancia entraron al siglo XX en medio de una vigorosa expansi\u00f3n territorial, aunque no todas las nuevas fundaciones resultaron duraderas. El Cap\u00edtulo General Trapense contestaba con una generosidad sin reserva a la mayor\u00eda de las peticiones de los obispos pidiendo monjes. Pero, al tomarse esas decisiones, se ten\u00eda m\u00e1s en cuenta el personal disponible que los problemas de clima, medio ambiente, recursos materiales o implicaciones pol\u00edticas. El primer establecimiento en \u00c1frica, Staou\u00e9li, en la Argelia francesa, se inici\u00f3 en 1843 con la ayuda masiva del gobierno, y la abad\u00eda se convirti\u00f3 pronto en la m\u00e1s rica de la Orden. Pero confiar en la buena voluntad de las autoridades civiles demostr\u00f3 ser un riesgo peligroso, tan pronto como los elementos anticlericales dominaron la situaci\u00f3n en Par\u00eds. Temerosos ante la amenaza de supresi\u00f3n, los padres vendieron el solar y, en 1904, se mudaron a Maguzzano en Italia, a orillas del Lago de Garda. Una aventura a\u00fan m\u00e1s prometedora en Sud\u00e1frica, Mariannhill, en Natal (1882), peligr\u00f3 pronto por diferentes razones. Los monjes atrajeron gran n\u00famero de vocaciones nativas, especialmente como conversos, pero fue tan grande el hambre de las almas por la palabra de Dios, que la comunidad se vio envuelta en un trabajo misionero cada vez m\u00e1s exigente. El Cap\u00edtulo General no pudo pasar por alto y, en 1909, con la aprobaci\u00f3n de la Santa Sede, la comunidad se separ\u00f3 de la Orden para continuar funcionando como una organizaci\u00f3n independiente de misioneros. Una fundaci\u00f3n de Westmalle en el Congo Belga tuvo que ser abandonada en 1925 por razones similares.<br \/>\nEl clima inh\u00f3spito y el medio ambiente extra\u00f1o y frecuentemente hostil causaron el fracaso de varias fundaciones en el Pac\u00edfico. Un establecimiento de 1874 en la isla de Nueva Caledonia debi\u00f3 ser transferido despu\u00e9s de diecis\u00e9is a\u00f1os de est\u00e9riles esfuerzos a Australia (Beagle Bay), s\u00f3lo para encontrar all\u00ed problemas todav\u00eda mayores, que obligaron a poner fin a la heroica empresa en 1903. Por el mismo tiempo, sufri\u00f3 id\u00e9ntico destino un establecimiento en Nueva Breta\u00f1a, al este de Nueva Guinea, por entonces colonia. Una fundaci\u00f3n en Brasil, apadrinada por Sept-Fons a comienzos de siglo, lleg\u00f3 a su fin en 1927.<br \/>\nCanad\u00e1 ofreci\u00f3 a los monjes emprendedores un medio ambiente mucho m\u00e1s propicio. Al \u00e9xito de Notre-Dame du Lac en la provincia de Quebec en 1881, le siguieron otras dos en 1892: Mistassini y Our Lady of the Prairies, en Manitoba.<br \/>\nEn el Extremo Oriente, una fundaci\u00f3n en Jap\u00f3n, Phare (1896) se iba arraigando firmemente. Por otro lado, la inestabilidad pol\u00edtica y la amenaza de la guerra hizo que dos nuevas tentativas en el Cercano Oriente fueran precarias desde el comienzo.<br \/>\nEl entusiasmo por realizar tantas fundaciones extranjeras en Ultramar, a comienzos de siglo, puede tener su justificaci\u00f3n en las condiciones pol\u00edticas de Francia, donde a consecuencia del famoso \u00abCaso Dreyfus\u00bb, las riendas del gobierno se deslizaron a manos de inveterados enemigos de la Iglesia.\n<\/p>\n<h1>Leyes anticlericales<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde 1901, se suced\u00edan las leyes anticlericales y, en dos a\u00f1os, todas las casas religiosas debieron enfrentarse con el peligro de la disoluci\u00f3n inmediata. Fueron clausuradas unas mil quinientas, pero Dom Juan Bautista Chautard (1858-1935), abad de Sept-Fons, defendi\u00f3 con \u00e9xito la supervivencia de los monasterios trapenses y, s\u00f3lo dos casas peque\u00f1as, Fontgombault y Chambarand, tuvieron que ser evacuadas. Esta \u00faltima fue restablecida, con todo, como convento de monjas trapenses.<br \/>\nLa Primera Guerra Mundial constituy\u00f3 una severa prueba para los cistercienses franceses, porque ni los sacerdotes ni los religiosos quedaron exentos del servicio militar activo. Muchos monjes murieron en defensa de su patria y algunas abad\u00edas, como Olenberg, Mont-des-Cats e Igny sufrieron graves da\u00f1os materiales. Despu\u00e9s de su reconstrucci\u00f3n, Igny fue transferida a las monjas trapenses. La fundaci\u00f3n en Siria, Akb\u00e9s, tuvo que ser abandonada en 1919, despu\u00e9s de ser totalmente devastada. En el mismo a\u00f1o, el nuevo gobierno de Yugoslavia se incaut\u00f3 de Mariastern, en Bosnia, comunidad predominantemente alemana.<br \/>\nLas condiciones de la postguerra hicieron peligrar la posici\u00f3n de las fundaciones trapenses en China, que databan de 1883. Nuestra Se\u00f1ora de la Consolaci\u00f3n, que prosperaba cerca de Pek\u00edn, fue saqueada durante el ataque japon\u00e9s de 1937. Lo que a\u00fan pod\u00eda salvarse fue aniquilado diez a\u00f1os m\u00e1s tarde por los comunistas, que asesinaron a unos treinta de los monjes sobrevivientes. La fundaci\u00f3n m\u00e1s joven, Liesse, fue m\u00e1s afortunada. La abad\u00eda tuvo que ser evacuada, pero la comunidad pudo encontrar refugio y nuevo hogar en Lantao, dentro del territorio de Hong-Kong.<br \/>\nEn Espa\u00f1a, pa\u00eds de vigorosa expansi\u00f3n trapense en la d\u00e9cada de los 20 (La Oliva, Huerta, Osera), los monjes se vieron pronto en medio de la sangrienta guerra civil de 1936-1939. Muchas casas lograron evitar da\u00f1os muy serios, pero Viaceli, cerca de Santander, no s\u00f3lo fue saqueada y bombardeada por los republicanos, sino que perdi\u00f3 diecinueve monjes alevosamente asesinados por una banda de anarquistas en los \u00faltimos meses del a\u00f1o 1936.<br \/>\nLa ascensi\u00f3n al poder del gobierno nazi hizo precaria la existencia de las casas alemanas. Pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde la Segunda Guerra Mundial pondr\u00eda en peligro a cada abad\u00eda cisterciense a todo lo largo y lo ancho de los pa\u00edses beligerantes de Europa.<br \/>\nEngelszell, en Austria, fue secularizada en 1939. Mariawald, en Renania, suprimida en 1941, fue duramente da\u00f1ada en 1945. Olenberg sufri\u00f3 una devastaci\u00f3n casi total en las postrimer\u00edas de la contienda. Maria-Erl\u00f6sung (Mar\u00eda-Zwijezda) en la Estiria yugoeslava, fue expropiada por el ej\u00e9rcito alem\u00e1n en 1941 y los monjes transferidos a Mariastern, que bien pronto se vio amenazada por el r\u00e9gimen de Tito, cuando confisc\u00f3 todos los latifundios mon\u00e1sticos bajo pretexto de la reforma agraria.\n<\/p>\n<h1>Segunda Guerra Mundial<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como consecuencia de la declaraci\u00f3n de guerra de 1939, muchos de los monjes j\u00f3venes de las abad\u00edas francesas fueron llamados a las armas. La fulminante invasi\u00f3n germana de 1940 produjo relativamente pocas bajas, pero un gran n\u00famero de monjes soldados cayeron prisioneros de guerra. Bajo la ocupaci\u00f3n germana, todas las abad\u00edas francesas pudieron seguir su ritmo, pero las que estaban situadas en B\u00e9lgica y Holanda lo hicieron s\u00f3lo a costa de grandes dificultades. Scourmont fue evacuada dos veces, y la mayor\u00eda de sus edificios ocupados por la Luftwaffe alemana. Echt y Achel fueron expropiadas por completo por los nazis y sus monjes dispersados. Tegelen qued\u00f3 casi totalmente destruida en la lucha, hacia fines de 1944.<br \/>\nLa invasi\u00f3n aliada de Normand\u00eda involucr\u00f3 a muchas abad\u00edas francesas, alguna de las cuales, como Notre-Dame des Dombes y Timadeuc tomaron parte en forma m\u00e1s o menos activa en la resistencia. Esta \u00faltima comunidad fue condecorada con la \u00abCruz de la Resistencia\u00bb. La abad\u00eda belga de Orval se destac\u00f3 en forma similar por ofrecer ayuda al \u00abEj\u00e9rcito secreto\u00bb de los patriotas de ese pa\u00eds.<br \/>\nEn Italia, Frattocchie, cerca de Roma se encontr\u00f3 entre 1943-1944 en la l\u00ednea de fuego, y termin\u00f3 seriamente da\u00f1ada.<br \/>\nAl concluir la contienda, el trabajo de recuperaci\u00f3n fue r\u00e1pido, probando de nuevo la extraordinaria vitalidad de la Orden. A despecho de los da\u00f1os muy considerables, en 1947 la Estricta Observancia contaba sesenta y cuatro casas, con un total de casi cuatro mil monjes. Comparando estas cifras con las de 1894, la ganancia neta a todo lo largo de la mitad m\u00e1s turbulenta del siglo llegaba a ocho monasterios y casi ochocientos monjes.<br \/>\nSin embargo, la expansi\u00f3n m\u00e1s espectacular se alcanzar\u00eda durante la d\u00e9cada del 50, cuando se hicieron una docena de fundaciones y el n\u00famero de monjes se acerc\u00f3 a cuatro mil quinientos. En los Estados Unidos, solamente entre 1844 y 1956, el n\u00famero de establecimientos trapenses creci\u00f3 de tres a doce, mientras los miembros aumentaban de trescientos a mil.\n<\/p>\n<h1>La Era Vaticano II<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacia la mitad de la d\u00e9cada del 60 la Orden comenz\u00f3 a perder vocaciones en forma considerable, sobre todo entre los conversos, aunque se hicieron varias fundaciones, especialmente en \u00c1frica negra. De acuerdo con las estad\u00edsticas del 31 de diciembre de 1972, la Estricta Observancia controlaba ochenta y cuatro establecimientos, que albergaban a tres mil noventa monjes de coro y novicios, de los cuales mil seiscientos ochenta y cinco eran sacerdotes, los que sumados a trescientos veinticinco hermanos conversos dan un total de tres mil cuatrocientos quince.<br \/>\nEl sorprendente desarrollo y la igualmente inesperada disminuci\u00f3n de miembros dentro de la misma d\u00e9cada constituye un problema intrigante para todo estudioso de la historia religiosa. La gran atracci\u00f3n por la vocaci\u00f3n mon\u00e1stica que sintieron los veteranos de guerra es un hecho innegable, que puede encontrar explicaci\u00f3n en la desilusi\u00f3n de esos millones de seres forzados a ser instrumentos de la destrucci\u00f3n suicida de una civilizaci\u00f3n grande, pero b\u00e1sicamente materialista. El monaquismo, como una nueva valoraci\u00f3n del cristianismo en su aspecto m\u00e1s genuino y exigente, llen\u00f3 sin dificultad el vac\u00edo espiritual, cuando cayeron convertidos en un mont\u00f3n de cenizas los \u00eddolos de esa generaci\u00f3n. La b\u00fasqueda de Dios por parte de miles de almas termin\u00f3 en una abad\u00eda cisterciense, donde encontraron amor comprensivo, respuestas inmediatas, una forma de hacer penitencia por su penoso pasado, y la posibilidad de comenzar una vida nueva dedicada exclusivamente a la contemplaci\u00f3n divina. La estructura monol\u00edtica de la Orden, su liturgia y disciplina, que en su rutina incambiable parec\u00eda trascender el tiempo, deb\u00edan haber aumentado en cada novicio el sentimiento de seguridad de haber arribado al puerto de perpetua serenidad, de gozar por anticipado el sabor del cielo.<br \/>\nAquellas vocaciones cuya formaci\u00f3n descans\u00f3 principalmente sobre la experiencia de la seguridad espiritual, fueron rudamente conmovidas por los abrumadores desaf\u00edos que quedaron como secuela del Concilio Vaticano II. La experiencia de nuevas formas lit\u00fargicas, distintos conceptos de disciplina e ideas modernas de gobierno, dividieron inevitablemente a las comunidades mon\u00e1sticas. Aquellos que dejaron la guerra para encontrar paz dentro del claustro, se sintieron profundamente perturbados y muchos partieron desilusionados. No pueden clasificarse con facilidad los motivos personales, pero los datos estad\u00edsticos son por s\u00ed mismos reveladores. Durante las d\u00e9cadas que examinamos (1951-1971), salieron seiscientos noventa y seis profesos de votos solemnes, sin contar con los que viv\u00edan fuera de sus monasterios en estado de \u00abexclaustraci\u00f3n\u00bb. En el primer per\u00edodo de cinco a\u00f1os de esas dos decenas, abandonaron cielito veinti\u00fan monjes; en el segundo per\u00edodo de cinco a\u00f1os, ciento cincuenta y uno; en el tercero, ciento ochenta y seis; en el cuarto, doscientos treinta y dos. En realidad, result\u00f3 err\u00f3neo el concepto de Estricta Observancia como fortaleza y custodia de tradiciones mon\u00e1sticas inmemoriales. Durante el siglo XIX, se produjo un alejamiento gradual de las ideas de Lestrange y, por \u00faltimo, hasta de las de Ranc\u00e9, y la misma tendencia continu\u00f3 en forma m\u00e1s acelerada despu\u00e9s de la fusi\u00f3n de las Congregaciones trapenses en 1892. Un moj\u00f3n significativo en el camino que conduc\u00eda hacia el retorno a las tradiciones genuinamente cisterciense, fue la publicaci\u00f3n en 1910 de una versi\u00f3n revisada del Directorio Espiritual trapense preparado por Dom Vital Lehodey (1857-1948), abad de Bricquebec. El autor expone todo su amplio conocimiento sobre oraci\u00f3n mental (Los caminos en la oraci\u00f3n mental, 1908), a la cual deb\u00eda darse preeminencia sobre las observancias de ascetismo externo en cualquier vida mon\u00e1stica aut\u00e9ntica. Los m\u00e9ritos del nuevo Directorio radican en la liberaci\u00f3n progresiva de un pesimismo algo riguroso, caracter\u00edstico de la atm\u00f3sfera trapense del siglo anterior, que abri\u00f3 la brecha hacia el retorno a las tradiciones cl\u00e1sicas del misticismo.<br \/>\nEl nuevo C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico, promulgado en 1917 bajo los auspicios de Benedicto XV, sirvi\u00f3 de poderoso incentivo para la modificaci\u00f3n de las antiguas Constituciones en 1925, seguida por la revisi\u00f3n del Libro de Usos en 1935. Esas tareas fueron llevadas a cabo con la colaboraci\u00f3n de una nueva generaci\u00f3n de eminentes eruditos como Anselmo Le Bail, Columbano Bock y Jos\u00e9 Canivez, todos miembros de la abad\u00eda belga de Scourmont. Dom Le Bail, que finalmente lleg\u00f3 a ser abad de la comunidad, introdujo la lectura y el estudio sistem\u00e1tico de los primitivos autores cistercienses, siendo maestro de novicios. A su iniciativa se debe la aparici\u00f3n de la primera publicaci\u00f3n especializada de los trapenses: la Collectanea Ordinis Cisterciensium Reformatorum. El culto secretario del abad Le Bail, Columbano Bock, fue un colaborador infatigable de la nueva revista; eminente canonista y miembro activo de la comisi\u00f3n lit\u00fargica trapense, su trabajo sobre derecho cisterciense (Les codifications du droit cistercien), sigue siendo todav\u00eda una introducci\u00f3n indispensable a la materia. La publicaci\u00f3n de los Estatutos del Cap\u00edtulo General, desde los comienzos hasta la Revoluci\u00f3n Francesa, por Jos\u00e9 Canivez, en ocho vol\u00famenes, aparecidos entre 1933 y 1941, fue, sin duda alguna, la empresa intelectual cisterciense de m\u00e1s enjundia del siglo. Este trabajo, por s\u00ed solo, hubiera podido ser suficiente para revitalizar los estudios mon\u00e1sticos, tanto dentro como fuera de la Orden.<br \/>\nEl creciente inter\u00e9s en los estudios mon\u00e1sticos y en las tradiciones cistercienses dio origen en 1950 a otra revista de importancia, C\u00eeteaux in de Nederlanden, cuyo t\u00edtulo fue simplificado posteriormente: C\u00eeteaux. Mientras la Collectanea contin\u00faa concentrada en la espiritualidad, la nueva publicaci\u00f3n emprendi\u00f3 la promoci\u00f3n de los estudios hist\u00f3ricos y, de esa forma, atrajo a un cierto n\u00famero de colaboradores distinguidos, que de otro modo no estar\u00edan vinculados con la Orden. La nueva casa de estudios en Roma, Monte Cistello, ten\u00eda el prop\u00f3sito de promover la formaci\u00f3n profesional en Filosof\u00eda y Teolog\u00eda, y se estableci\u00f3 en 1958 conjuntamente con la nueva residencia del Abad General, cercana a la antigua abad\u00eda de Tre Fontane. En el a\u00f1o escolar de 1959 a 1960, sesenta y ocho monjes j\u00f3venes, veintiuno de los cuales eran estadounidenses, concurrieron a la nueva instituci\u00f3n y pod\u00edan asistir libremente a las clases de cualquiera de las grandes universidades de Roma. Este grupo de la generaci\u00f3n joven fue el que respondi\u00f3 con entusiasmo a la llamada del Concilio Vaticano II para la \u00abrenovaci\u00f3n\u00bb de la vida religiosa y, en especial los americanos m\u00e1s progresistas, promovieron una serie de cambios revolucionarios.<br \/>\nLa creciente importancia de los americanos dentro de la Orden no puede ser explicada sin tomar en consideraci\u00f3n la influencia de Thomas Merton (1915-1968). Cuando ingres\u00f3 en Gethseman\u00ed en 1941, s\u00f3lo parec\u00eda ser uno de los tantos intelectuales j\u00f3venes y desilusionados, que buscaban a Dios en el \u00abdesierto\u00bb de Kentucky. Pero su biograf\u00eda, un best-seller (La monta\u00f1a de los siete circulos), publicada en 1948, result\u00f3 el comienzo de una carrera literaria fecunda, que le dio fama y popularidad especialmente entre los j\u00f3venes. Sin duda alguna fue el im\u00e1n que atrajo a centenares a una u otra de las comunidades trapenses en r\u00e1pida multiplicaci\u00f3n.<br \/>\nAunque Merton. \u2013 el \u00abPadre Luis\u00bb para los monjes de su abad\u00eda \u2013 declar\u00f3 siempre ser un contemplativo, su car\u00e1cter complejo y su \u00edntimo contacto con el \u00abmundo\u00bb y todos sus problemas candentes, dif\u00edcilmente pueden calificarlo como t\u00edpicamente trapense. A trav\u00e9s de todas las etapas de su itinerario espiritual e intelectual, cada una ilustrada por el constante fluir de sus escritos, se convirti\u00f3 en gu\u00eda y modelo de sus entusiastas lectores. Dado que \u00e9l mismo pose\u00eda una mente ampliamente receptiva, abierta a los cambios y a la variedad de nuevos enfoques del monaquismo contempor\u00e1neo, su profunda influencia contribuy\u00f3 con toda seguridad a reforzar los esfuerzos reformistas.<br \/>\nPero la demanda por un cambio dist\u00f3 de ser universal dentro de la Orden. Las antiguas abad\u00edas europeas prefer\u00edan ir a paso m\u00e1s lento. No hab\u00edan experimentado ni el boom de las vocaciones, ni la dram\u00e1tica crisis vocacional de fines de la d\u00e9cada del 60 con la misma intensidad de sus hermanos m\u00e1s j\u00f3venes de allende el Atl\u00e1ntico. Muchas de ellas siguieron sin convencerse de la necesidad de reformas radicales e inmediatas.<br \/>\nEl Cap\u00edtulo General acept\u00f3 el desaf\u00edo y comenz\u00f3 a luchar a brazo partido por solucionar una amplia gama de problemas fundamentales, sobre muchos de los cuales a\u00fan existen opiniones divergentes. Dado que se hizo evidente que todos los aspectos de la vida cisterciense deb\u00edan volver a examinarse, la Orden tuvo cuatro Cap\u00edtulos Generales especiales sucesivos (1967, 1969, 1971, 1974), dedicados exclusivamente al problema de la renovaci\u00f3n. Cada uno de ellos dur\u00f3 varias semanas, y cada uno de ellos tambi\u00e9n motiv\u00f3 pesados vol\u00famenes de discursos, estudios preparatorios, informes de comisiones, actas de discusiones, conferencias y consultas con expertos sobre los diversos temas en estudio.<br \/>\nSe adopt\u00f3 la decisi\u00f3n fundamental de abandonar un gobierno centralizado y una uniformidad en las observancias, en la esperanza de encontrar \u00abuna vida mon\u00e1stica m\u00e1s aut\u00e9ntica gracias a una leg\u00edtima diversidad\u00bb. En realidad, los padres capitulares percibieron el pluralismo como \u00abun acto de fe en los valores mon\u00e1sticos fundamentales. Precisamente en la experiencia de esos valores esenciales se funda la unidad\u00bb. Los primeros y m\u00e1s llamativos cambios pertenec\u00edan a la Liturgia. El lat\u00edn y el canto gregoriano se transformaron en materia de opci\u00f3n, que pocas comunidades eligieron, al mismo tiempo que se abr\u00eda a experimentaci\u00f3n la estructura completa del oficio divino. En cuanto al misal, prevaleci\u00f3 el rito romano, permaneciendo s\u00f3lo algunas particularidades cistercienses de menor importancia. Quedaron sin fijarse ciertos detalles y, dentro de las normas, se permit\u00eda tambi\u00e9n la posibilidad de adaptaci\u00f3n a la situaci\u00f3n local.<br \/>\nSe tom\u00f3 otra decisi\u00f3n de igual trascendencia con respecto a los hermanos legos. Se aboli\u00f3 la distinci\u00f3n entre los hermanos y los monjes de coro, tanto en lo externo, como en el status legal; se otorg\u00f3 a los hermanos voto efectivo en las elecciones mon\u00e1sticas y se los estimulaba a participar activamente en las oraciones lit\u00fargicas de la comunidad. Como se ha se\u00f1alado, el abandono del lat\u00edn tiene obvia justificaci\u00f3n en el hecho de que, sin el cambio a la lengua vern\u00e1cula, los hermanos no podr\u00edan participar por entero en la Liturgia.<br \/>\nSe ha iniciado una cabal revisi\u00f3n de las Constituciones antiguas, aunque el proceso no lleg\u00f3 a su fin y la redacci\u00f3n de una Constituci\u00f3n pedir\u00e1 a\u00f1os probablemente. Sin embargo, se han adoptado generalmente algunos principios. Tales son la descentralizaci\u00f3n y el fortalecimiento de la autonom\u00eda local, a los que se agrega la exigencia de una amplia consulta en el momento de tomar decisiones. Se puede ejercer la autoridad \u00fanicamente despu\u00e9s de considerar los deseos de la comunidad afectada. Se busca s\u00f3lo la unidad, y no la uniformidad, y aun esto en lo absolutamente b\u00e1sico. En todos los detalles, \u00abel pluralismo permitir\u00e1 a cada comunidad e incluso a cada monje descubrir su verdadera identidad en Cristo\u00bb, afirmaba el Cap\u00edtulo General de 1969.<br \/>\nDe acuerdo con esta postura, el Cap\u00edtulo General no se reunir\u00eda ya anualmente. Por otro lado, conferencias regionales, hasta ahora informales, organizadas sobre bases nacionales o ling\u00fc\u00edsticas, pueden convertirse en acontecimientos anuales, a los que se conf\u00eda funciones tan importantes como la valoraci\u00f3n de las experiencias comunitarias en cada abad\u00eda de la regi\u00f3n. El tradicional Definitorio, con su autoridad algo reducida, ha sido rebautizado como Consejo Permanente, con funciones de asesoramiento del Abad General. El reci\u00e9n organizado Consejo General (Consilium Generale), en el cual cada regi\u00f3n (doce en total) tendr\u00eda una participaci\u00f3n adecuadamente equilibrada, constituye la acertada expresi\u00f3n de un gobierno representativo. El proceso legislativo no se ocupar\u00eda en adelante de los detalles de las observancias, sino que velar\u00eda con m\u00e1s propiedad por la integridad del esp\u00edritu de la Regla de san Benito, y los principios de la Carta de Caridad.<br \/>\nEl muy debatido tema de la duraci\u00f3n del abadiato ha cambiado el concepto tradicional vitalicio y los abades, incluyendo al Abad General, ser\u00e1n elegidos por tiempo indeterminado, o sea, mientras puedan ser realmente \u00fatiles para el bien de la comunidad. La duraci\u00f3n del mandato podr\u00eda decidirse mediante peri\u00f3dicos votos de confianza. Mientras tanto, como \u00abexperimento\u00bb, cada comunidad podr\u00eda elegir abades por un t\u00e9rmino fijo de seis a\u00f1os.<br \/>\nEn el campo de las costumbres, usos y observancias, los \u00faltimos cuatro Cap\u00edtulos de renovaci\u00f3n adoptaron una actitud flexible y, en ese proceso, cayeron en desuso instituciones antiguas como el cap\u00edtulo de faltas. Sin mitigar el esp\u00edritu de penitencia se otorgaron concesiones relativas a la comida y al vestido, considerando las circunstancias locales, y hasta la obligaci\u00f3n de dormir en dormitorios comunes ha sido abolida y se ha concedido libre opci\u00f3n para construir celdas individuales. En forma similar, aunque han recibido nuevo \u00e9nfasis las normas relativas al silencio y separaci\u00f3n del mundo, se han levantado muchas de las antiguas tradiciones sobre comunicaciones. El alcance universal y el car\u00e1cter radical de los cambios que se han efectuado entre los cistercienses de la Estricta Observancia, una Orden que se enorgullec\u00eda con justicia de su fidelidad a tradiciones mon\u00e1sticas inmemoriales, no tiene paralelo en la historia fuera de esa d\u00e9cada turbulenta. Aunque en la perspectiva del desarrollo bosquejado en las \u00faltimas p\u00e1ginas, las novedades sean sorprendentes, han sido bien preparadas por fen\u00f3menos que evolucionaron en forma gradual.<br \/>\nLa extensi\u00f3n geogr\u00e1fica de la Orden mucho m\u00e1s all\u00e1 de los confines de Europa tendi\u00f3 a disminuir la firmeza del control ejercido por las casas-madres francesas. En realidad desde hac\u00eda tiempo se hizo evidente que eran inevitables ciertos ajustes a las costumbres en abad\u00edas situadas en climas tropicales. La rigidez de una rutina diaria, que dominaba una liturgia larga y compleja, ha sido cada vez m\u00e1s discutida por aquellos que est\u00e1n en favor de una atm\u00f3sfera m\u00e1s propicia para la contemplaci\u00f3n. Las diferencias existentes entre los hermanos legos, con frecuencia profesionales instruidos, demand\u00f3 se les diera una mayor participaci\u00f3n en el gobierno mon\u00e1stico, y sirvi\u00f3 de justificaci\u00f3n para introducir el idioma vern\u00e1culo en la Liturgia. El mayor \u00e9nfasis en el estudio socav\u00f3 gradualmente la tradici\u00f3n de simplicidad r\u00fastica y transform\u00f3 a las comunidades, volvi\u00e9ndolas m\u00e1s receptivas a las corrientes contempor\u00e1neas. Y, por \u00faltimo, el r\u00e1pido crecimiento del n\u00famero de vocaciones cre\u00f3 serios problemas para la formaci\u00f3n cl\u00e1sica de los candidatos, mientras el equilibrio se inclinaba a favor de los j\u00f3venes, quienes por naturaleza se sent\u00edan mejor dispuestos hacia los cambios que los mayores, generalmente m\u00e1s tradicionalistas. Si este estilo y estructura de vida religiosa, nuevo y valiente, conducir\u00e1 o no realmente hacia la tan deseada renovaci\u00f3n espiritual, es una pregunta que solamente los monjes de la pr\u00f3xima generaci\u00f3n podr\u00e1n contestar.\n<\/p>\n<h1>La Com\u00fan Observancia<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n para la Com\u00fan Observancia, el siglo XX comenz\u00f3 como una era de expansi\u00f3n y de insospechadas adversidades. En Francia, se repiti\u00f3 en cierto modo la historia del abb\u00e9 Barnouin. Un sacerdote rico y devoto, Bernard Mar\u00e9chal, que previamente fuera miembro de la Congregaci\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento, estaba buscando una comunidad deseosa de respaldar su plan de fundar un monasterio contemplativo, dedicado especialmente a la adoraci\u00f3n perpetua al Sant\u00edsimo Sacramento. Fontfroide, de la Congregaci\u00f3n de S\u00e9nanque, acept\u00f3 la idea. Dom Mar\u00e9chal se uni\u00f3 a los cistercienses y, en 1892, construy\u00f3 un monasterio costeado de su peculio particular en Pont-Colbert, cerca de Versalles, convirti\u00e9ndose en el primer abad del nuevo establecimiento. Pero la vida mon\u00e1stica no transcurri\u00f3 pac\u00edficamente. La persecuci\u00f3n de las \u00f3rdenes religiosas, entre 1900 y 1904, interrumpi\u00f3 la vida de S\u00e9nanque, de Fontfroide y tambi\u00e9n de Pont-Colbert. Algunos de los monjes buscaron refugio en Italia, otros en Espa\u00f1a, pero la comunidad de Pont-Colbert pudo encontrar un nuevo monasterio en Onsenoort (Marienkroon) en Holanda, en 1904. Despu\u00e9s de la Primera Guerra Mundial, fueron readmitidos en Francia los dispersos cistercienses y volvieron a la vida mon\u00e1stica en S\u00e9nanque y Pont-Colbert, mientras la comunidad de Fontfroide, ante le imposibilidad de recobrar su antiguo hogar, se estableci\u00f3 en 1919 en los Pirineos, en un antiguo monasterio benedictino abandonado, Sant Miquel de Cuix\u00e1. Onsenoort continu\u00f3 su vida como afiliada a Pont-Colbert, hasta que en una \u00e9poca m\u00e1s reciente se uni\u00f3 a la Congregaci\u00f3n Belga.<br \/>\nEn 1898, Mehrerau reorganiz\u00f3 la antigua abad\u00eda cisterciense de Sittich (Sticna) en Eslovenia (fundada en 1135 y suprimida en 1784), como su segunda casa filial. El fin de la Primera Guerra Mundial enfrent\u00f3 a esta comunidad floreciente con un problema crucial. Dado que la abad\u00eda quedaba dentro de los l\u00edmites del nuevo estado de Yugoeslavia, era conveniente que los monjes de habla alemana abandonaran el pa\u00eds. Encontraron asilo temporal (1921-1931) en Alemania, en Bronnbach (Baden), que fuera anteriormente una abad\u00eda cisterciense y por ese entonces pertenec\u00eda a la familia del Pr\u00edncipe L\u00f6wenstein; posteriormente adquirieron el convento cisterciense abandonado de Seligenporten (Alto Palatinado), donde se reanud\u00f3 la vida mon\u00e1stica en 1931. Sticna infundi\u00f3 nueva vida al monasterio polaco de Mogila, que a su vez sirviera como casa de estudios a la Congregaci\u00f3n Polaca y cuya comunidad hab\u00eda disminuido considerablemente despu\u00e9s de un largo per\u00edodo in commendam. Gracias al trabajo realizado por los monjes eslovacos, se uni\u00f3 a la Congregaci\u00f3n de Mehrerau.<br \/>\nCausas similares aumentaron la familia de Mehrerau. Su nuevo miembro fue esta vez la renaciente Himmerod, una de las abad\u00edas m\u00e1s grandes de la Alemania medieval, suprimida el 1802. Los miembros del monasterio trapense de Mariastern en Bosnia (Yugoeslavia), incapaces de continuar su vida bajo el nuevo r\u00e9gimen, hab\u00edan adquirido las ruinas del antiguo monasterio de Himmerod en 1919. Ante la insistencia del Arzobispo de Tr\u00e9veris de que los miembros del nuevo establecimiento deb\u00edan cooperar activamente en tareas pastorales \u2013 condici\u00f3n inaceptable para los trapenses-, los monjes se dirigieron a la Com\u00fan Observancia para recibir asistencia. Marienstatt acept\u00f3 apadrinar la fundaci\u00f3n y en un breve plazo surgi\u00f3 de las ruinas un nuevo y magn\u00edfico monasterio. Marienstatt se convirti\u00f3 en abad\u00eda-madre de otra casa cisterciense restaurada en Hardehausen (Westfalia). Cuando el r\u00e9gimen nazi confisc\u00f3 su propiedad en 1938, los monjes hallaron refugio temporal en la ciudad de Magdeburgo hasta el fin de la contienda. Mehrerau restaur\u00f3 tambi\u00e9n para la Orden, en 1939, la antigua abad\u00eda suiza de Hauterive, suprimida el 1848.<br \/>\nLas operaciones b\u00e9licas de la Primera Guerra Mundial dejaron los establecimientos de la Com\u00fan Observancia intactos, a excepci\u00f3n de las casas polacas. Los tratados de paz consecutivos condujeron a una reagrupaci\u00f3n de las Congregaciones existentes. La divisi\u00f3n del Imperio Austro-h\u00fangaro debilit\u00f3 los v\u00ednculos entre los miembros de la Congregaci\u00f3n Austr\u00edaca. Hohenfurt y Ossegg, al caer dentro de los l\u00edmites de la nueva Checoslovaquia, formaron la Congregaci\u00f3n del Inmaculado Coraz\u00f3n de Mar\u00eda en 1920. Zirc y sus afiliadas constituyeron la tan deseada Congregaci\u00f3n H\u00fangara en 1923. Mehrerau ya hab\u00eda reunido sus propias fundaciones en una Congregaci\u00f3n independiente desde 1888, mientras las casas austr\u00edacas que quedaban se unieron formando la Congregaci\u00f3n del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas.<br \/>\nM\u00e1s importante que esos cambios administrativos fue la fusi\u00f3n, en 1929, de Casamari y sus tres casas afiliadas con la Com\u00fan Observancia. Este grupo, que en sus comienzos estaba m\u00e1s cercano a la disciplina de los trapenses, hab\u00eda rechazado la uni\u00f3n en 1892, quedando independiente. Unida con la Com\u00fan Observancia demostr\u00f3 su fuerza real al fundar ocho casas nuevas en Italia, en un lapso de veinte a\u00f1os, y doblar el n\u00famero de sus miembros. La Congregaci\u00f3n de san Bernardo en Italia contribuy\u00f3 tambi\u00e9n a la expansi\u00f3n general, reorganizando la primera casa espa\u00f1ola desde la secularizaci\u00f3n, la importante abad\u00eda medieval de Poblet, en la provincia de Tarragona, que fue restaurada en 1940. La renovaci\u00f3n de Boquen, en Breta\u00f1a, realizada en 1936 fue obra de Dom Alexis Presse (1883-1965), anteriormente abad trapense de Tami\u00e9, pionero destacado de la renovaci\u00f3n mon\u00e1stica previa al aggiornamento. Despu\u00e9s de su alejamiento de Tami\u00e9, Dom Alexis vivi\u00f3 cierto tiempo como ermita\u00f1o en medio de las ruinas de Boquen, luego congreg\u00f3 a un pu\u00f1ado de almas afines y comenzaron a reconstruir el claustro del siglo XII. En 1950, su peque\u00f1a comunidad fue recibida dentro de la Com\u00fan Observancia, aunque sigui\u00f3 siendo esencialmente contemplativa. Por desgracia, Dom Alexis s\u00f3lo sobrevivi\u00f3 unos pocos meses a la consagraci\u00f3n de su iglesia de Boquen, en 1965, que hab\u00eda sido restaurada con tanto esmero.<br \/>\nEl Cap\u00edtulo General, reuni\u00e9ndose cada cinco a\u00f1os, reanud\u00f3 la rutina de su trabajo de administraci\u00f3n central, aunque estuvo muy limitado por el hecho de que, ni la asamblea, ni el Abad General ten\u00edan residencia permanente, despacho apropiado, o adecuado cuerpo de colaboradores. Por esta raz\u00f3n, el Cap\u00edtulo de 1900 se reuni\u00f3 en Roma, los de 1905 y 1910 en la abad\u00eda de Stams en Austria, y en 1920 convergieron en Mehrerau. Cuando, en 1900, \u00c0madeo de Bie, abad de Bornem, fue elegido cabeza de la Orden como sucesor del abad Wackarz, decidi\u00f3 residir en Roma, por un tiempo como invitado de Santa Croce, y luego en un apartamento alquilado. Despu\u00e9s de su muerte en 1920, el nuevo Abad General, Casiano Haid, abad de Wettingen-Mehrerau, acept\u00f3 la elecci\u00f3n a condici\u00f3n de poder permanecer en su amado Mehrerau. Su deseo fue respetado, pero, dado que la Congregaci\u00f3n de Religiosos exigi\u00f3 nuevamente la necesidad de establecer los organismos centrales de la Orden en Roma, Casiano Haid dimiti\u00f3 en 1927 y un Cap\u00edtulo extraordinario eligi\u00f3 a Francisco Janssens, abad de Pont-Colbert, que deb\u00eda procurar una residencia permanente en la Ciudad Eterna. Ese mismo a\u00f1o la Orden adquiri\u00f3 una casa en Monte Gianicolo (Villa Stolberg) que sirvi\u00f3 como residencia del Abad General hasta 1950, cuando se termin\u00f3 un nuevo edificio, mejor ubicado, que pod\u00eda albergar a los miembros del gobierno central y servir a la vez de Casa General de estudio para toda la Orden.<br \/>\nLa definici\u00f3n satisfactoria de simples tecnicismos no solucion\u00f3 otro problema de importancia vital: el eficaz funcionamiento de la Orden como unidad org\u00e1nica. Los monasterios, aunque sobrevivieron a la Revoluci\u00f3n Francesa y a la secularizaci\u00f3n de comienzos del siglo XIX, perdieron su cohesi\u00f3n real. Las abad\u00edas del imperio de los Habsburgo y de Italia, como restos de congregaciones m\u00e1s o menos independientes, cada una con sus costumbres y privilegios inmemoriales, restablecieron voluntariamente el cargo de Abad General y el Cap\u00edtulo General, pero la idea de disciplina generalizada, control y direcci\u00f3n estricta ejercida desde afuera, nunca consigui\u00f3 arraigarse firmemente. El tema principal de discusi\u00f3n de todos los Cap\u00edtulos desde 1900 en adelante fue la definici\u00f3n precisa de poder y autoridad del Abad General y del Cap\u00edtulo General. Una actitud paciente y comprensiva del problema asumida por todas las partes interesadas consigui\u00f3 por \u00faltimo el fin propuesto. Despu\u00e9s de varios intentos previos y a trav\u00e9s de a\u00f1os enteros de experimentaci\u00f3n, el Cap\u00edtulo General de 1933 redact\u00f3 una Constituci\u00f3n para el gobierno central de la Orden, que al a\u00f1o siguiente fue aprobada por la Congregaci\u00f3n de Religiosos. Escrita siguiendo las pautas del nuevo Derecho Can\u00f3nico, demostr\u00f3 ser una sabia combinaci\u00f3n de las tradiciones cistercienses con las necesidades modernas.<br \/>\nUna prueba excelente de la eficiencia del revitalizado Cap\u00edtulo General por un lado y del espont\u00e1neo vigor de la Orden por el otro, fue la iniciaci\u00f3n de una activa obra misionera, y por su intermedio la r\u00e1pida expansi\u00f3n fuera del continente europeo. El Cap\u00edtulo de 1925 apoy\u00f3 sin reservas el programa de misiones exteriores en gran escala propiciado por el Papa P\u00edo XI, y bosquej\u00f3 tambi\u00e9n c\u00f3mo una comunidad mon\u00e1stica podr\u00eda realizar actividad misionera sin sacrificar sus caracter\u00edsticas b\u00e1sicas. Los cistercienses, en lugar de poner a simples monjes en puestos de misiones aisladas, iban a establecer comunidades bien organizadas y, por medio del ejemplo de su vida y de la actividad educativa, promover\u00edan y profundizar\u00edan la aut\u00e9ntica vida y cultura cristiana.<br \/>\nEsta dif\u00edcil tarea encontr\u00f3 a un promotor diligente en el abad Aloysius Wiesinger de Schlierbach, cuyo monasterio se convirti\u00f3 bien pronto en el centro del movimiento. El abad inform\u00f3 al Cap\u00edtulo General extraordinario de 1927 sobre el resultado de sus investigaciones, relacionadas con Am\u00e9rica del Norte y del Sur, y el trabajo comenz\u00f3 de inmediato. Himmerod, que todav\u00eda estaba luchando contra los inconvenientes de un dif\u00edcil comienzo mand\u00f3 sus pioneros a Itaporanga (S\u00e3o Paulo, Brasil). Mientras los sacerdotes se encargaban de tareas pastorales, los hermanos se adaptaron con \u00e9xito a los m\u00e9todos locales para cultivar la hacienda y en 1939 proyectaron la fundaci\u00f3n de un nuevo monasterio. En nuestros d\u00edas, la floreciente comunidad alcanz\u00f3 ya el rango de abad\u00eda, y paralelamente al trabajo parroquial los monjes se ocupan de la agricultura.<br \/>\nLa donaci\u00f3n de una gran extensi\u00f3n en Jequitib\u00e1 (Bah\u00eda, Brasil) posibilit\u00f3 una fundaci\u00f3n realizada por una misi\u00f3n proveniente de Schlierbach en 1938. Hacia 1945, hab\u00edan terminado una parte considerable de su programa de construcciones y, al lado de las normales actividades misioneras, ejerc\u00edan otras en el campo de la educaci\u00f3n en forma muy activa. En 1950, este monasterio fue elevado tambi\u00e9n al rango de abad\u00eda. Una tercera fundaci\u00f3n brasile\u00f1a, la de Itatinga, fue llevada a cabo en 1951 por la comunidad de Hardehausen, que qued\u00f3 sin monasterio despu\u00e9s de la supresi\u00f3n de 1938. En 1952, la Santa Sede reconoci\u00f3 a Itatinga como la sucesora legal de la abad\u00eda de Hardehausen. En 1961, las tres casas brasile\u00f1as formaron la Congregaci\u00f3n Brasile\u00f1a de la Santa Cruz.<br \/>\nA requerimiento del papa P\u00edo XI, la Congregaci\u00f3n de Casamari hab\u00eda estado preparando en su propio seminario para vocaciones mon\u00e1sticas desde 1930, a gran n\u00famero de j\u00f3venes africanos nativos de Eritrea, por entonces colonia italiana. Despu\u00e9s de concluir sus estudios, fueron enviados a su pa\u00eds, donde surgi\u00f3 en 1940 un nuevo y floreciente monasterio cisterciense cerca de Asmara. En su liturgia segu\u00eda el rito et\u00edope, pero afiliados a la Congregaci\u00f3n de Casamari.<br \/>\nEn la Indochina francesa (Vietnam), un sacerdote misionero, Enrique Denis, fund\u00f3 en 1918 un establecimiento para vocaciones contemplativas de los nativos en Phuoc-Son. En 1933, la comunidad solicit\u00f3 ser admitida en la Com\u00fan Observancia y el Cap\u00edtulo General del mismo a\u00f1o se pronunci\u00f3 en forma favorable. En 1935, la desbordante poblaci\u00f3n de Phuoc-Son estableci\u00f3 otra casa en el norte, Chau-Son. La guerra civil que desgarr\u00f3 al pa\u00eds despu\u00e9s de 1945 oblig\u00f3 a esta \u00faltima comunidad a huir al sur, encontrando refugio en 1953 en Phuoc-Ly. En ese mismo a\u00f1o, hasta Phuoc-Son se vio obligada a trasladarse al sur, restableciendo la vida comunitaria en Thu-Duc. A pesar de la conmoci\u00f3n causada por la guerra incesante, los cistercienses vietnamitas experimentaron un crecimiento constante y formaron su propia Congregaci\u00f3n (1964), bajo el nombre de la Sagrada Familia, uniendo as\u00ed a cinco comunidades. La victoria final de las fuerzas comunistas a comienzos de 1975 ha comprometido, sin embargo, hasta la misma subsistencia de la vida cisterciense en esa regi\u00f3n, que tanto ha sufrido.<br \/>\nEl Abad General Janssens demostr\u00f3 un agudo inter\u00e9s por la expansi\u00f3n de la Orden en Am\u00e9rica del Norte. Por su iniciativa personal y est\u00edmulo constante se adquirieron cuatro propiedades entre 1928 y 1932, con el prop\u00f3sito de realizar dos fundaciones en Canad\u00e1, y otras antas en los Estados Unidos. Pero el momento no era adecuado. La depresi\u00f3n econ\u00f3mica mundial convirti\u00f3 en muy precarias las bases financieras de las instituciones nacientes y la Segunda Guerra cort\u00f3 el v\u00ednculo entre Europa y Am\u00e9rica. Rougemont, una de las fundaciones canadienses en Qu\u00e9bec, sobrevivi\u00f3 bajo la tutela de L\u00e9rins (Francia), y demostr\u00f3 ser un miembro pr\u00f3spero de la Congregaci\u00f3n de S\u00e9nanque, rebautizada como Congregaci\u00f3n de la Inmaculada Concepci\u00f3n. En 1950, Rougemont fue promovida a abad\u00eda.<br \/>\nEn los Estados Unidos, Nuestra Se\u00f1ora de Spring Bank, en Wisconsin, fue poblada por monjes austr\u00edacos en 1928, que bien pronto se encontraron con graves dificultades financieras, agravadas por las leyes de inmigraci\u00f3n, que imped\u00edan a los hermanos legos transformarse en residentes permanentes del pa\u00eds. La peque\u00f1a comunidad sobrevivi\u00f3, pero por bastante tiempo su futuro fue incierto. La segunda fundaci\u00f3n americana, en el estado de Mississipp\u00ed, denominada Nuestra Se\u00f1ora de Gerowval (1935) no pudo elevarse m\u00e1s all\u00e1 del nivel de una peque\u00f1a residencia que funcionaba como parroquia misionera.<br \/>\nDurante el curso de la Segunda Guerra Mundial pocas casas de la Com\u00fan Observancia en Europa sobrevivieron sin haber sufrido da\u00f1os materiales considerables y, en Alemania y Austria, donde los monjes no fueron eximidos del servicio militar activo, algunos murieron en los distintos campos de batalla, mientras otros pasaron a\u00f1os de cautiverio como prisioneros de guerra. Mucho m\u00e1s tr\u00e1gico a\u00fan fue el pacto de postguerra que asegur\u00f3 a los comunistas el control de los pa\u00edses situados detr\u00e1s del \u00abTel\u00f3n de Acero\u00bb. Las dos florecientes comunidades de Checoslovaquia (Hohenfurt y Ossegg) fueron secularizadas, y dispersados los monjes. En Hungr\u00eda, se llev\u00f3 a cabo la misma pol\u00edtica (1948-1950) y termin\u00f3 con la vida de Zirc y todas sus casas y escuelas afiliadas. Muchos monjes, incluso el abad Vendelino Endr\u00e9dy (\u2020), fueron encarcelados; otros fueron obligados a encontrar empleos seculares. S\u00f3lo una fracci\u00f3n de sus casi doscientos cincuenta miembros pudo huir al extranjero.<br \/>\nEn Polonia, aunque todas las instituciones religiosas cayeron bajo un r\u00e9gimen de control estatal, la Orden ha sobrevivido. Las vocaciones j\u00f3venes posibilitaron a la Congregaci\u00f3n Polaca obtener y repoblar varias casas antiguas de la Orden y, de acuerdo con los \u00faltimos c\u00e1lculos, un total de seis monasterios albergan a ciento diez cistercienses. Un contingente considerable de refugiados h\u00fangaros pudo encontrar nuevas oportunidades en los Estados Unidos. Al principio, ayudaron a revitalizar la despoblada Spring Bank, Wisconsin, luego, en 1956, la mayor parte particip\u00f3 en la fundaci\u00f3n de la Universidad de Dallas, donde pronto erigieron su nueva abad\u00eda de Our Lady of Dallas, y su propio colegio secundario para muchachos. Despu\u00e9s de la partida de los h\u00fangaros, Spring Bank admiti\u00f3 a un peque\u00f1o grupo de ex-trapenses. Este mismo grupo fund\u00f3 en 1967 un priorato en New Ringgold, Pennsylvania, cerca de Allentown. En el \u00ednterin, monjes de la suprimida Ossegg pudieron reagruparse en Rosenthal, cerca de Dresde, y en Langwaden, cerca de D\u00fcsseldorf. En 1958, la abad\u00eda de Hohenfurt se uni\u00f3 a la abad\u00eda austr\u00edaca de Rein.<br \/>\nDurante los dif\u00edciles a\u00f1os de la posguerra, Casamari demostr\u00f3 ser la congregaci\u00f3n m\u00e1s vigorosa dentro de la Com\u00fan Observancia y, entre 1950 y 1974, no s\u00f3lo aument\u00f3 el n\u00famero de casas afiliadas, sino que el total de sus miembros se elev\u00f3 de ciento cincuenta y uno a doscientos seis. Esta Congregaci\u00f3n incluye Our Lady of Fatima, una peque\u00f1a comunidad americana fundada en 1967 en Moorestown, Nueva Jersey.<br \/>\nLa crisis vocacional de la d\u00e9cada del 60 result\u00f3 fatal para varias comunidades europeas. En 1967 tuvo que ser suprimida, por falta de vocaciones, Seligenporten, en Alemania. En Francia, la Congregaci\u00f3n de la Inmaculada Concepci\u00f3n (S\u00e9nanque) se vio obligada a abandonar Sant Miquel de Cuix\u00e1, luego Pont-Colbert y hasta S\u00e9nanque para asegurar monjes suficientes a L\u00e9rins. Otra p\u00e9rdida importante fue Boquen, que despu\u00e9s de la muerte del Abad Alexis Presse se convirti\u00f3 en una \u00abdomus experimentorum\u00bb de renovaci\u00f3n para la juventud, perdi\u00f3 su car\u00e1cter mon\u00e1stico y fue suprimida por consiguiente en 1973. Por otro lado, Poblet fund\u00f3 una segunda casa en Catalunya en 1967: Solius, en la comarca de la Selva.<br \/>\nDentro de la Com\u00fan Observancia, la exigencia de \u00abrenovaci\u00f3n\u00bb no cre\u00f3 una revoluci\u00f3n comparable con la ocurrida entre las filas de la Estricta Observancia. La idea de \u00abpluralismo\u00bb \u2013 autonom\u00eda local-, respuesta positiva a las necesidades de la Iglesia contempor\u00e1nea y una fruct\u00edfera interacci\u00f3n entre el monasterio y el mundo se practicaban desde hac\u00eda tiempo en la mayor\u00eda de las Congregaciones de la Com\u00fan Observancia. A pesar de lo cual, el Cap\u00edtulo General dedic\u00f3 dos sesiones especiales para considerar las nuevas exigencias, una en 1968 en Roma, y en 1969 la otra, en la abad\u00eda alemana de Marienstatt.<br \/>\nFruto de esas asambleas fue la publicaci\u00f3n de una Declaraci\u00f3n detallada (cincuenta y dos p\u00e1ginas impresas) sobre la misi\u00f3n del monaquismo cisterciense en el mundo moderno y una nueva Constituci\u00f3n para el supremo gobierno de la Orden.<br \/>\nLa nueva constituci\u00f3n define a la \u00abOrden Cisterciense\u00bb (O. Cist), en ciento nueve art\u00edculos, como \u00abuna uni\u00f3n de congregaciones\u00bb gobernadas por un Cap\u00edtulo General bajo la presidencia de un Abad General. Sumados a todos los abades, los miembros del Cap\u00edtulo General incluyen a delegados de cada casa o congregaci\u00f3n, proporcionales al n\u00famero de monjes. El Cap\u00edtulo debe ser convocado cada cinco a\u00f1os, para legislar sobre la Orden en conjunto. El Abad General debe ser elegido por el Cap\u00edtulo General por un t\u00e9rmino de diez a\u00f1os, aunque siempre sigue siendo reelegible. Debe residir en Roma, y est\u00e1 ayudado por un consejo de cuatro miembros, tambi\u00e9n elegido por el Cap\u00edtulo. El hist\u00f3rico definitorium, que ha sido rebautizado como \u00abS\u00ednodo\u00bb, debe incluir al Abad General, al Procurador General, a los Presidentes de cada congregaci\u00f3n y a otros cinco miembros elegidos por el Cap\u00edtulo General. El S\u00ednodo debe reunirse al menos a\u00f1o por otro, y debe tratar los asuntos urgentes que se susciten entre las reuniones del Cap\u00edtulo General.<br \/>\nLa reglamentaci\u00f3n de la vida mon\u00e1stica a nivel local reservada a las Congregaciones aut\u00f3nomas, cada una bajo un Abad Presidente y un \u00abCap\u00edtulo congregacional\u00bb que regulan temas tan importantes como el tiempo de duraci\u00f3n del abadiato, la posici\u00f3n legal de los conversos, la reforma lit\u00fargica y las observancias mon\u00e1sticas. La tarea primordial de cada Abad Presidente es la visita trienal a cada casa de su congregaci\u00f3n. Su propia abad\u00eda es visitada por el Abad General.<br \/>\nEl Cap\u00edtulo General de 1974, reunido en Casamari, cont\u00f3 con la participaci\u00f3n, por primera vez, de algunas abadesas cistercienses como observadoras. La asamblea confirm\u00f3, con ligeras variantes, el trabajo de las sesiones extraordinarias previas de renovaci\u00f3n y consider\u00f3, entre otras cosas, asuntos lit\u00fargicos y la persistente crisis vocacional.<br \/>\nLas estad\u00edsticas compiladas para esta sesi\u00f3n del Cap\u00edtulo demostraron que la disminuci\u00f3n de miembros durante la d\u00e9cada pasada no ha sido tan acentuada, a despecho de las p\u00e9rdidas tr\u00e1gicas e irreparables tras el \u00abTel\u00f3n de Acero\u00bb. En 1950, el total de miembros alcanzaba a mil setecientos veinticuatro, en 1974 era de mil quinientos cuarenta y siete, un descenso algo mayor del 10%. El n\u00famero de novicios no mostr\u00f3 gran fluctuaci\u00f3n. Era llamativo el alto porcentaje de novicios que han salido: de seiscientos veintitr\u00e9s novicios de coro admitidos entre 1961-1965, s\u00f3lo perseveraron doscientos sesenta y cuatro, y la proporci\u00f3n de deserciones es a\u00fan mayor entre los novicios para hermanos legos. Entre 1966 y 1970, fueron admitidos menos novicios de coro (quinientos veinticinco), pero un porcentaje relativamente mayor (doscientos cuarenta y siete) alcanz\u00f3 a hacer la primera profesi\u00f3n.<br \/>\nOtro elemento en la general disminuci\u00f3n del n\u00famero de miembros ha sido los que dejaron la Orden despu\u00e9s de la profesi\u00f3n solemne. Entre 1964 y 1968, catorce monjes pidieron dispensa de sus votos antes de la ordenaci\u00f3n; veinte sacerdotes fueron secularizados; trece recibieron autorizaci\u00f3n para vivir en forma permanente fuera del monasterio; dos sacerdotes pasaron al estado laical. Entre 1969 y 1974, las cifras para las mismas categor\u00edas y en el mismo orden hab\u00edan aumentado a 20, 31, 12 y 30. Es particularmente notable el gran incremento de las reducciones al estado laical.<br \/>\nLos que buscan consuelo en el hecho de que la disminuci\u00f3n dentro de la Orden ha sido mucho m\u00e1s baja que en otros institutos, fueron advertidos por los abades austr\u00edacos, quienes se\u00f1alaron la alarmante desproporci\u00f3n entre j\u00f3venes y viejos. En 1974, sobre un total de trescientos veintinueve monjes y novicios austr\u00edacos, m\u00e1s del 19% contaba m\u00e1s de 70 a\u00f1os de edad y s\u00f3lo el 10% menos de 30. El grupo que acusaba netamente un mayor porcentaje (26,3%) reun\u00eda a aquellos cuyas edades oscilaban entre 60 y 70 a\u00f1os. En realidad, s\u00f3lo el aumento muy reciente del n\u00famero de novicios mantiene alguna esperanza de un apreciable desarrollo de la Orden en un futuro cercano\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente: [1]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Los Cistercienses en el siglo XX 2 La Estricta Observancia 3 Leyes anticlericales 4 Segunda Guerra Mundial 5 La Era Vaticano II 6 La Com\u00fan Observancia Los Cistercienses en el siglo XX El relato hist\u00f3rico de la Orden cisterciense durante las primeras tres cuartas partes del siglo XX no se puede reducir a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xvi\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCISTER: HISTORIA XVI\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23944","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23944","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23944"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23944\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23944"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23944"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23944"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}