{"id":23945,"date":"2016-02-05T16:18:23","date_gmt":"2016-02-05T21:18:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xvii\/"},"modified":"2016-02-05T16:18:23","modified_gmt":"2016-02-05T21:18:23","slug":"cister-historia-xvii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xvii\/","title":{"rendered":"CISTER: HISTORIA XVII"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Rutina de los monjes<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Cap\u00edtulo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Trabajo manual<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Ascetismo  de los monjes<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Comportamiento de los monjes<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Pr\u00e1cticas de abstinencia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Recreaci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 Dormitorios<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">9 Higiene<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-10\">10 Sangrado, rasurado y tonsura<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-11\">11 Muerte<\/li>\n<\/ul>\n<h1>Rutina de los monjes<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta la corriente actual del aggiornamento, el rasgo m\u00e1s durable y sobresaliente de la vida mon\u00e1stica tradicional fue el horarium diario. La propia Regla deline\u00f3 la rutina de los monjes, basada en el \u00abn\u00famero sacro de siete\u00bb horas para el Oficio Divino: Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, V\u00edsperas y Completas. El hecho ins\u00f3lito de levantarse a medianoche para Maitines (o vigilias) encontr\u00f3 su justificaci\u00f3n, adem\u00e1s de su valor asc\u00e9tico, en las palabras del Salmo 118, donde el salmista dice: \u00abA medianoche me levant\u00e9 para darte gracias\u00bb.<br \/>\nDe acuerdo con la misma tradici\u00f3n inmemorial, los intervalos entre las horas del Oficio se rellenaban con trabajo manual y lectura espiritual. Todas las actividades de la jornada hab\u00edan de completarse entre la salida y puesta del sol.<br \/>\nEn realidad, este astro fue el principal reloj que tuvieron los monjes antes de que comenzaran a usarse los de p\u00e9ndulo, en el siglo XVIII. Esta disposici\u00f3n daba por resultado m\u00e1s horas de trabajo en verano y mayor tiempo para descansar en las largas noches de invierno. Siempre resulta dif\u00edcil circunscribir el horario mon\u00e1stico medieval a la estimaci\u00f3n moderna del tiempo, debido especialmente a que a la diferente duraci\u00f3n del d\u00eda en las diversas estaciones se a\u00f1aden modificaciones producidas por la situaci\u00f3n en distintos grados de latitud geogr\u00e1fica. Teniendo en cuenta estos problemas, la tabla que presentamos a continuaci\u00f3n puede dar una idea aproximada de c\u00f3mo transcurr\u00eda el d\u00eda de los monjes entre junio y mediados de diciembre.\n<\/p>\n<p>\tJunio\tDiciembre\t <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Levantarse\t1.45\t1.20<br \/>\nMaitines (Vigilias)\t2.00\t1.35<br \/>\nFin de Maitines\t3.00\t2.35<br \/>\nIntervalo<br \/>\nLaudes\t3.10\t7.00\t(Comienza a la aurora). Misas privadas y missa matutinalis.<br \/>\nIntervalo<br \/>\nPrima\t4.00\t8.00\tCap\u00edtulo.\n<\/p>\n<p>\t \tEn invierno la secuencia era la siguiente: Prima, Misa, Tercia, Cap\u00edtulo.\t <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Trabajo\t5.00<br \/>\nTercia\t7.45\t9.20<br \/>\nMisa\t8.00<br \/>\nLectura\t8.50<br \/>\nSexta\t10.40\t11.20<br \/>\nAlmuerzo\t11.00\t13.35<br \/>\nSiesta\t \t \tEn invierno Nona se dec\u00eda antes del almuerzo, al cual segu\u00eda un per\u00edodo de lectura.<br \/>\nNona\t14.00<br \/>\nTrabajo\t14.30<br \/>\nV\u00edsperas\t18.00\t15.30<br \/>\nCena\t18.45\t \tEn invierno no hab\u00eda cena.<br \/>\nCompletas\t19.30\t16.00<br \/>\nAcostarse\t20.00\t16.30<br \/>\nSin contar el tiempo de la misa, el Oficio Divino exig\u00eda entre tres y cuatro horas diarias seg\u00fan el rango de las fiestas. En verano, dedicaban casi seis horas al trabajo manual, que se reduc\u00edan a menos de dos en invierno. Durante esta \u00faltima estaci\u00f3n, pasaban m\u00e1s tiempo meditando y leyendo, especialmente en el largo intervalo entre Maitines y Laudes. En pleno verano, el descanso nocturno era algo inferior a las seis horas, compensado con una siesta despu\u00e9s del almuerzo. En invierno, no hab\u00eda necesidad de eso, porque los monjes gozaban de un descanso ininterrumpido de m\u00e1s de ocho horas.<br \/>\nEl horario de los conversos difer\u00eda completamente. Se levantaban despu\u00e9s que los monjes terminaban maitines, pero pasaban mucho m\u00e1s tiempo trabajando, excepto los domingos y fiestas, cuando participaban en algunos de los oficios de los monjes.<br \/>\nComo siempre fue dif\u00edcil calcular las horas nocturnas, existieron diversas costumbres para determinar el tiempo exacto de levantarse. El Cap\u00edtulo General de 1429 trat\u00f3 de lograr uniformidad completa, ordenando que en cada abad\u00eda el sacrist\u00e1n diera la se\u00f1al de levantarse a las dos durante todo el a\u00f1o y a la una los domingos y festividades. De acuerdo con Cap\u00edtulo General de 1601, la hora de levantarse los d\u00edas de semana deb\u00eda retrasarse hasta las tres. El Cap\u00edtulo de 1765 otorg\u00f3 mayores concesiones a comunidades de hasta seis miembros, a los que se les permit\u00eda comenzar su jornada a las cuatro. Por entonces, en La Trapa, y posteriormente en todas las abad\u00edas de la Estricta Observancia, se sigui\u00f3, hasta la d\u00e9cada de 1960, el horarium cisterciense original.\n<\/p>\n<h1>Cap\u00edtulo<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un hecho importante en la rutina diaria de las abad\u00edas lo constitu\u00eda el \u00abcap\u00edtulo\u00bb (capitulum) realizado generalmente despu\u00e9s de prima, en la sala capitular, ubicada al lado de la sacrist\u00eda en el ala oriental del claustro. Estaban presentes todos los miembros profesos de la comunidad; los novicios y conversos manten\u00edan cap\u00edtulos separados. Se trataba de que la reuni\u00f3n fuera, a la vez, una oportunidad para la direcci\u00f3n espiritual, y una ocasi\u00f3n para tomar decisiones administrativas, si era necesario.<br \/>\nPrimero, se le\u00eda el martirologio conmemorando todos los santos que se celebraban ese d\u00eda. Luego segu\u00eda la Pretiosa, una breve oraci\u00f3n mon\u00e1stica matutina, y la lectura de un cap\u00edtulo de la Regla de san Benito, con un comentario o aplicaci\u00f3n realizada por el abad o prior que presid\u00eda. Los domingos \u2013 y festividades se le\u00eda y explicaba el Libro de los Usos o los estatutos del Cap\u00edtulo General.<br \/>\nUna parte menos formal y m\u00e1s vivida comenzaba con el requerimiento del superior a todos los presentes que dieran un paso adelante y se acusaran de sus faltas p\u00fablicas y transgresiones a las numerosas reglas y reglamentos de la Orden. En casos de notoria reticencia, se permit\u00eda a los otros monjes acusar al miembro en cuesti\u00f3n. A cada infractor se le daba una penitencia, que consist\u00eda de ordinario en actos de humillaci\u00f3n, ayuno, remoci\u00f3n del cargo o imponiendo la disciplina regular. Por delitos muy graves, los castigos consist\u00edan en excomuni\u00f3n, prisi\u00f3n o expulsi\u00f3n, pero se permit\u00eda siempre apelar de dichas sentencias ante las autoridades superiores.<br \/>\nAunque la Regla no las mencionara, las penas de prisi\u00f3n eran medidas punitivas mon\u00e1sticas ampliamente difundidas en otras \u00f3rdenes. Tal es el caso de Cluny. Pero aparecieron apenas en Cister en las actas del Cap\u00edtulo General de 1206, permitiendo simplemente que se construyeran c\u00e1rceles en cada abad\u00eda. En 1230 se lo ordenaba, y el estatuto insist\u00eda en que ten\u00edan que ser \u00abs\u00f3lidas y seguras\u00bb. Dado que las fechas coinciden con brotes de cierta indisciplina en alg\u00fan monasterio por parte de los conversos, se puede suponer que estas medidas, tomadas de la justicia secular, eran adoptadas por las autoridades de la Orden con el fin de reprimir tales indisciplinas. Los archivos del Cap\u00edtulo General proporcionan detalles sobre tales hechos.<br \/>\nEl Cap\u00edtulo diario era tambi\u00e9n la ocasi\u00f3n para anunciar acontecimientos importantes, nombramientos o elecciones de colaboradores, y el momento en que el prior asignaba a los monjes sus trabajos o tareas particulares. En ocasiones m\u00e1s festivas se esperaba que el abad pronunciara un serm\u00f3n alusivo. Tambi\u00e9n se llevaban a cabo durante el cap\u00edtulo la admisi\u00f3n de los novicios, tomas de h\u00e1bito y profesiones. La sesi\u00f3n terminaba con el recuerdo de los miembros fallecidos de la comunidad y la recitaci\u00f3n del Salmo 129, el De profundis, y sus preces finales. La importancia y frecuencia del cap\u00edtulo disminuy\u00f3 mucho en el siglo XV, como sucedi\u00f3 con otras costumbres, pero fue completamente restaurada dentro de la Estricta Observancia.\n<\/p>\n<h1>Trabajo manual<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El trabajo manual depend\u00eda por completo de las estaciones: m\u00e1s pesado en verano, m\u00e1s ligero en invierno. Las tareas habituales de las granjas estaban a cargo de los conversos, pero en \u00e9poca de arado y cosecha todos los monjes que estuvieran en condiciones participaban del trabajo en el campo el tiempo que fuera necesario. En esas ocasiones, se rezaba la misa matutinal a una hora temprana, y toda la comunidad marchaba llevando los aperos a los campos, donde pasaban el resto del d\u00eda, rezando y comiendo en el lugar de trabajo. En esos casos, se suspend\u00eda la ley del ayuno y se serv\u00eda mayor cantidad de bebida. Los Ecclesiastica officia especifican la distribuci\u00f3n de unos 700 gr. de pan y una mezcla de leche y miel para beber.<br \/>\nCon el arriendo progresivo de la tierra mon\u00e1stica disminuy\u00f3 en gran parte la necesidad de trabajar los campos. Las huertas cercanas a las abad\u00edas, que todav\u00eda ten\u00edan que ser cuidadas fueron asignadas a los hermanos legos que quedaban. El problema de un trabajo significativo para los monjes de coro qued\u00f3 como un problema debatido y b\u00e1sicamente sin soluci\u00f3n hasta la Revoluci\u00f3n Francesa.<br \/>\nCitando la Regla de san Benito, tanto los Cap\u00edtulos como los padres visitadores castigaban sin compasi\u00f3n la ociosidad, pero ambos fracasaron en prescribir el remedio realmente adecuado. No pod\u00eda pensarse en el retorno a una actividad agr\u00edcola extensa y organizada, cuando la mayor\u00eda de las fincas mon\u00e1sticas eran cultivadas por arrendatarios libres. Una actividad pastoral de cierta intensidad iba en contra de la tradici\u00f3n mon\u00e1stica y de los intereses del clero secular. El trabajo intelectual habr\u00eda requerido organizaci\u00f3n, disponibilidad de bibliotecas y constante aliento, todo lo cual faltaba entre los cistercienses. Cuando los Cap\u00edtulos Generales de los siglos XV y XVI intentaban organizar los archivos y mantener las bibliotecas quer\u00edan satisfacer simplemente necesidades pr\u00e1cticas, pero no abrigaban ning\u00fan anhelo de facilitar la investigaci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 pod\u00edan hacer los monjes, cuando no estaban ocupados en sus tareas religiosas o ejercicios de piedad?<br \/>\nLa naturaleza de esta situaci\u00f3n bastante pat\u00e9tica qued\u00f3 al descubierto con toda crudeza, cuando el Cap\u00edtulo de 1601 orden\u00f3 que \u00abpara evitar la ociosidad, todos deber\u00edan estar ocupados a ciertas horas en el estudio concienzudo de las letras y lectura espiritual u otros actos de piedad, y si hubiera monjes poco inclinados al estudio, deb\u00eda asign\u00e1rseles otros trabajos, tales como pintar, tejer en telares, remendar ornamentos lit\u00fargicos, encuadernar libros y otras actividades similares, ocup\u00e1ndolos siempre en algo, no sea que el demonio, buscando a qui\u00e9n devorar, los encuentre ociosos\u00bb. Por supuesto, todo esto no era sustitutivo para el trabajo organizado e institucional que hab\u00eda logrado que el monacato fuera pr\u00f3spero y reverenciado en siglos m\u00e1s felices. Tampoco result\u00f3 de gran ayuda que el mismo Cap\u00edtulo confiara la limpieza del monasterio a los miembros m\u00e1s j\u00f3venes de la comunidad todos los s\u00e1bados y vigilias. Finalmente, se orden\u00f3 que todos los monjes realizaran trabajos f\u00edsicos dos veces por semana. Indudablemente debi\u00f3 ser muy edificante ver la fila de religiosos marchando a realizar alg\u00fan trabajo de mantenimiento o jardiner\u00eda. Sigue siendo dudoso, con todo, si tales ocupaciones proporcionaban campo suficiente para las energ\u00edas creadoras o daban el grado de satisfacci\u00f3n que es indispensable para una vida religiosa sana. Sin embargo, el problema no se sinti\u00f3 tan agudamente en el Antiguo R\u00e9gimen como en la actualidad, ya que grandes sectores de las clases altas, incluyendo al clero, disfrutaron habitualmente de una vida c\u00f3moda, mantenidos por pensiones y prebendas.\n<\/p>\n<h1>Ascetismo  de los monjes<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando los legisladores mon\u00e1sticos abordaron el tema de la alimentaci\u00f3n, dieron el debido \u00e9nfasis a las virtudes de la templanza y mortificaci\u00f3n. Aunque la Regla de san Benito muestra un grado sorprendente de moderaci\u00f3n, desde el 14 de septiembre (fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la Santa Cruz) hasta Pascua, permit\u00eda comer una sola vez al d\u00eda, y prescrib\u00eda abstinencia total y perpetua de carne durante todo el a\u00f1o.<br \/>\nAmbas prescripciones segu\u00edan simplemente la tradici\u00f3n del ascetismo primitivo, que se convirtieron por medio de la Regla en rasgos caracter\u00edsticos del monaquismo medieval. Una l\u00ednea de autores cristianos, que comprende sin interrupci\u00f3n desde los primeros Padres hasta los \u00faltimos escol\u00e1sticos, compart\u00eda la convicci\u00f3n de que un cuerpo mortificado aumentaba la vigilancia espiritual, y de que la abstinencia era un escudo efectivo contra los deseos carnales. La actitud cisterciense est\u00e1 perspicazmente resumida por san Bernardo en uno de sus sermones sobre el Cantar de los Cantares (n. 66): \u00abMe abstengo de la carne, porque sobrealimentando el cuerpo, tambi\u00e9n alimento los deseos carnales; trato de comer aun el pan con moderaci\u00f3n, no sea que mi est\u00f3mago pesado me impida levantarme para orar\u00bb.<br \/>\nSanto Tom\u00e1s de Aquino, en cambio, con su aguda percepci\u00f3n, afirma: \u00abLa Iglesia en materia de ayuno, se atiende a lo m\u00e1s general. Y no hay duda de que ordinariamente agrada m\u00e1s comer carne que pescado, aunque haya excepciones. A esa ley com\u00fan se atiende la Iglesia cuando prohibe la carne\u2026 Adem\u00e1s, entre los ayunos, tienen preferencia los cuaresmales, ya porque se imita a Jesucristo, ya porque nos preparan a la devota celebraci\u00f3n de los misterios de nuestra redenci\u00f3n. No hay, pues, porqu\u00e9 extra\u00f1arse de la prohibici\u00f3n de carnes en cualquier ayuno\u00bb.<br \/>\nLas costumbres cistercienses, siguiendo la Regla, permit\u00edan que en la comida principal se sirviera una generosa porci\u00f3n de pan, dos clases de legumbres cocidas y, como tercer plato, fruta del tiempo. Cuando se cenaba se serv\u00edan verduras y fruta con la porci\u00f3n de pan que quedaba. En ocasiones de fiestas, se agregaba a la comida principal una \u00abpitanza\u00bb, tal como pan blanco, pescado y quesos. Fundaciones para misas de aniversario inclu\u00edan con frecuencia pitanzas para la comunidad, de forma que tales comidas llegaron a ser semanales, o m\u00e1s frecuentes todav\u00eda. Sin embargo, no se pod\u00edan servir pitanzas durante tres d\u00edas consecutivos ni durante las sesiones del Cap\u00edtulo General. En Adviento y Cuaresma, las restricciones de la dieta alcanzaban a los huevos, el queso y la grasa animal. Los viernes de Cuaresma, los monjes ayunaban a pan y agua. En la preparaci\u00f3n de los platos, se pod\u00eda usar sal, y s\u00f3lo hierbas arom\u00e1ticas cosechadas en el monasterio.<br \/>\nA los miembros m\u00e1s j\u00f3venes de la comunidad, se les permit\u00eda tomar un desayuno (mixtum), antes o despu\u00e9s de la Sexta, franquicia que se extend\u00eda a algunos m\u00e1s, a causa de sus enfermedades. Al comienzo, no era m\u00e1s que un poco de pan mojado en vino, y aun esto se suspend\u00eda en Cuaresma. Sin embargo, en siglos posteriores se daba el desayuno a todo el mundo y, en el siglo XVIII, muchas abad\u00edas ofrec\u00edan la raci\u00f3n habitual de leche, t\u00e9 o caf\u00e9, agregando a veces hasta un plato de sopa.<br \/>\nOtra costumbre primitiva y ampliamente aceptada era servir una bebida (biberes) despu\u00e9s de Nona, especialmente en verano. Pod\u00eda ser vino, o si \u00e9ste no abundaba, cerveza o sidra. La cerveza se produc\u00eda habitualmente en tres calidades diferentes, con mayor o menor contenido alcoh\u00f3lico. La mejor era privilegio de la mesa del abad, o se serv\u00eda en el refectorio en ocasiones solemnes.<br \/>\nEl abad habitualmente no com\u00eda con su comunidad. Ten\u00eda su propia mesa que, de acuerdo con las instrucciones de la Regla, deb\u00eda compartir con los hu\u00e9spedes, cuya presencia era casi habitual. En el caso excepcional de que faltaran, el abad ten\u00eda libertad para invitar a dos monjes, aunque, en todos los casos, tanto el abad como los hu\u00e9spedes deb\u00edan seguir las mismas reglas alimenticias que el resto de la comunidad.<br \/>\nAntes de entrar en el refectorio, los monjes deb\u00edan lavarse las manos en una fuente-lavabo, con frecuencia primorosamente decorada, donde flu\u00eda constantemente el agua a trav\u00e9s de un cierto n\u00famero de orificios. Luego, ocupaban sus lugares en el lado externo de largas mesas dispuestas en forma de u. Encontraban ya el alimento servido. Despu\u00e9s de la bendici\u00f3n en lat\u00edn se sentaban, pero no comenzaban a comer, hasta que el prior, que presid\u00eda, descubr\u00eda el pan.<br \/>\nHab\u00eda silencio total durante toda la comida, mientras un monje le\u00eda en voz alta pasajes selectos de la Biblia Latina. En siglos posteriores, se eleg\u00eda un p\u00e1rrafo de la Biblia, y luego se le\u00eda un libro edificante en idioma vern\u00e1culo. El lector usaba un atril situado sobre una plataforma elevada, pegada a la pared. En el comedor del abad, se segu\u00eda la misma pauta, aunque pudiera acortar la lectura en beneficio de los hu\u00e9spedes, y dar oportunidad a una conversaci\u00f3n edificante. Muchas abad\u00edas terminaron por adoptar esta pr\u00e1ctica tambi\u00e9n en el refectorio de los monjes. Por entonces, la lectura durante toda la comida se hab\u00eda convertido en signo especial de austeridad, practicada generalmente en las casas de la Estricta Observancia.<br \/>\nEn los pa\u00edses donde se pod\u00edan cultivar vi\u00f1as, la bebida era el vino, que hab\u00eda sido aprobado con cierta reticencia por san Benito. De acuerdo con la Regla, la cantidad diaria de vino que un monje pod\u00eda beber era una hemina, que est\u00e1 calculada como 0,275 l. Se colocaba en un jarro de barro cocido frente a cada monje, pero la misma cantidad deb\u00eda alcanzarle, si desayunaba y cenaba. En climas m\u00e1s fr\u00edos, en donde no se produce vino, se tomaba cerveza o sidra. Se evitaba en lo posible el consumo de agua, dada a veces la conocida insalubridad de la mayor\u00eda de los suministros y conducciones.\n<\/p>\n<h1>Comportamiento de los monjes<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El correcto comportamiento de los monjes estaba sujeto a minuciosas reglamentaciones, dando a la ocasi\u00f3n un car\u00e1cter semilit\u00fargico. La urbanidad cisterciense en la mesa exig\u00eda que los monjes tomaran las tazas para beber con ambas manos, que se sirviera la sal con la punta del cuchillo, y se frotaran los cubiertos con un pedazo de pan y no con la servilleta. Las comidas se conclu\u00edan con una acci\u00f3n de gracias, durante la cual toda la comunidad marchaba en procesi\u00f3n a la iglesia, donde terminaba la ceremonia.<br \/>\nComo ocurri\u00f3 en otras \u00e1reas de la disciplina, la regla de la alimentaci\u00f3n tendi\u00f3 hacia una gradual mitigaci\u00f3n, especialmente en materia de abstinencia perpetua. El proceso comenz\u00f3 en la enfermer\u00eda del monasterio, donde se permit\u00eda comer carne a los enfermos hasta que recuperaran sus fuerzas. La f\u00e1cil admisi\u00f3n en la enfermer\u00eda dio ocasi\u00f3n de comer carne. El Cap\u00edtulo General de 1439, aprobando silenciosamente esta costumbre, insist\u00eda simplemente en que, en cualquier caso, por lo menos los dos tercios de la comunidad deb\u00eda seguir la dieta regular en el refectorio, y que nadie deber\u00eda comer carne m\u00e1s de dos veces por semana.<br \/>\nA comienzos del siglo XIV fueron otras causas las exigencias de la hospitalidad y la dificultad de obtener legumbres. En un cierto n\u00famero de casos, las dispensas papales otorgadas a abad\u00edas particulares hab\u00edan debilitado la ley de abstinencia en tal grado, que aun la bula de reforma de Benedicto XII, la Benedictina de 1335, no s\u00f3lo fracas\u00f3 en hacer cumplir las observancias primitivas, sino que eximi\u00f3 de la abstinencia perpetua a los abades dimisionarios y a los comensales de la mesa del abad.\n<\/p>\n<h1>Pr\u00e1cticas de abstinencia<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacia el a\u00f1o 1473, las pr\u00e1cticas locales de abstinencia eran tan divergentes, que el Cap\u00edtulo General decidi\u00f3 dirigirse a la Santa Sede para nuevas reglamentaciones. La aclaraci\u00f3n de este tema, entre otras cosas de mayor importancia, fue confiada a la delegaci\u00f3n de abades con tanta frecuencia mencionada, que se envi\u00f3 a Roma en 1475. Una bula promulgada por Sixto IV el 13 de diciembre de 1475 no otorg\u00f3 dispensa absoluta, pero facultaba al Cap\u00edtulo General y al Abad de Cister para adoptar la ley de abstinencia a las circunstancias modificadas. Incluso se multiplicaron las concesiones del Cap\u00edtulo en favor de un cierto n\u00famero de abad\u00edas de forma tan r\u00e1pida, que, en el plazo de diez a\u00f1os, la abstinencia perpetua lleg\u00f3 a ser del pasado. Los t\u00e9rminos de la autorizaci\u00f3n dada a la casa alemana de Eberbach, en 1486, sirvieron como nueva norma de observancia: pod\u00edan comer carne tres veces por semana, los domingos, martes y jueves.<br \/>\nEn Whalley, Inglaterra, la administraci\u00f3n de su \u00faltimo abad, de tr\u00e1gico destino, Juan Paslew (1507-1537) fue una era de magnificencia y abundancia, disfrutada por toda la comunidad. En 1520, los monjes gastaron alrededor de las dos terceras partes de su presupuesto anual en comida y bebida, y su mesa se caracterizaba por servir en ella, higos, d\u00e1tiles, y dulcer\u00eda. Los hermanos hasta pagaban abultadas cifras por entretenimientos, cantores, y espect\u00e1culos con osos.<br \/>\nLa vuelta a la abstinencia perpetua se convirti\u00f3 en la exigencia principal de la Estricta Observancia en el siglo XVIII. La Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica de Alejandro VII In Suprema de 1666, elogiaba la intenci\u00f3n de los \u00ababstinentes\u00bb, pero permit\u00eda comer carne al resto de la Orden tres veces por semana, es decir, aprobaba la dispensa difundida y practicada desde antiguo. No obstante, el movimiento de reforma reintrodujo un cierto n\u00famero de austeridades de la primera \u00e9poca. El delegado de Bohemia en el Cap\u00edtulo General de 1664, el abad Lorenzo Scipio de Ossegg, relataba las comidas en Cister con franca desaprobaci\u00f3n por tales mortificaciones: \u00aben el momento de comer, que siempre era muy regular, la lectura prosegu\u00eda sin bened\u00edcite (signo de concluir la misma), y toda la comida se terminaba en menos de una hora. Nunca se serv\u00edan m\u00e1s de dos platos, a lo sumo tres, todos preparados en el miserable estilo borgo\u00f1\u00f3n, pr\u00e1cticamente sin especias. Pero el vino era bastante bueno, y si alguien prefer\u00eda, pod\u00eda mezclarlo con agua\u00bb.<br \/>\nEn el siglo XVIII, mientras la Estricta Observancia continuaba fiel a la abstinencia perpetua, la Com\u00fan Observancia, sin relajarse lo m\u00e1s m\u00ednimo en la austeridad mon\u00e1stica, y obligada, en muchos casos, por la superior carest\u00eda del pescado, tomaba carne algunos d\u00edas de la semana. De acuerdo con los libros de cuentas del Colegio de San Bernardo, en Tolosa de Languedoc, la comunidad (una docena de monjes) y sus hu\u00e9spedes consumieron en 1755 una cantidad considerable de carne, de gran variedad de animales: vaca (80 kg.), carnero (120 kg.), ternera (90 kg.), caza, cerdo (40 kg.), gallinas (214), palomas (138), codornices (50), pollos (228), pavos (15), gansos (6), patos (14). El hecho de que el pescado (300 kg.) y los huevos (7.422) fueran los dos elementos de mayor consumo en la lista parecer\u00eda indicar que la comunidad todav\u00eda segu\u00eda prefiriendo la dieta mon\u00e1stica tradicional. Era caracter\u00edstica de la localidad conseguir con facilidad frutas del Mediterr\u00e1neo, que los monjes encontraban con frecuencia en sus mesas: naranjas, limones, casta\u00f1as, aceitunas, higos y pasas. El caf\u00e9, por entonces una rareza, se serv\u00eda s\u00f3lo en ocasiones festivas. Por otro lado, la comunidad beb\u00eda vino con la moderaci\u00f3n habitual. En el a\u00f1o lectivo de 1753-1754, diez monjes, con sus sirvientes y hu\u00e9spedes ocasionales, consumieron quince barriles de vino com\u00fan, pero t\u00e9ngase en cuenta de que el Colegio era una residencia de estudiantes y no un monasterio propiamente dicho. A veces los monjes sal\u00edan de su frugalidad cotidiana, especialmente en fiestas se\u00f1alas como la de san Bernardo que coincid\u00eda con la terminaci\u00f3n del a\u00f1o acad\u00e9mico. Despu\u00e9s de la misa solemne, con un predicador de nota, la comunidad acompa\u00f1ada de amigos se sentaba en la mesa, aquel d\u00eda mejor aderezada que de costumbre en donde se serv\u00eda una comida extra.\n<\/p>\n<h1>Recreaci\u00f3n<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta el siglo XVII, el horario diario cisterciense no inclu\u00eda recreaci\u00f3n. Esto no quiere decir que los monjes no pudieran abrir sus corazones unos a otros, en especial si la conversaci\u00f3n ten\u00eda una motivaci\u00f3n espiritual que la justificara. En esta l\u00ednea, el Cap\u00edtulo General de 1232 estableci\u00f3 con claridad que, \u00abpara evitar conversaciones il\u00edcitas, se ordena que, cuando el \u00abguardi\u00e1n del orden\u00bb (una autoridad mon\u00e1stica de menor rango) estimulara a los monjes para hablar, la conversaci\u00f3n deb\u00eda girar sobre los milagros de los santos, objetos de santificaci\u00f3n y temas relativos a la salvaci\u00f3n de las almas, excluyendo siempre detracciones, controversias y otras vanidades\u00bb.<br \/>\nLa carta de visita regular de 1523 para el colegio de san Bernardo de Par\u00eds permit\u00eda excursiones anuales a la campi\u00f1a cercana bajo estricta supervisi\u00f3n. El Cap\u00edtulo General de 1601 aprob\u00f3 caminatas para recreaci\u00f3n, al decir que \u00abcuando fuera conveniente salir del claustro para tomar aire fresco o recreaci\u00f3n, las caminatas realizadas con dicho prop\u00f3sito no deben llegar muy lejos, ni durar m\u00e1s de dos o tres horas y (son permitidas) \u00fanicamente cuando toda la comunidad, conducida por el prior, pueda salir\u00bb. Per\u00edodos diarios de conversaci\u00f3n despu\u00e9s de las comidas aparecen en los horarios del Colegio Parisiense en la d\u00e9cada de 1630. Es probable que disposiciones similares fueran bastante comunes tambi\u00e9n en otras casas, excepto aquellas bajo control de la Estricta Observancia. Una costumbre mon\u00e1stica peculiar, impuesta por la regla de silencio estricto, fue el uso de un lenguaje de signos. El abad Od\u00f3n (926-942) lo introdujo en Cluny, y se difundi\u00f3 entre las congregaciones reformadas de los siglos XI y XII. Cister no dict\u00f3 reglas obligatorias para su aplicaci\u00f3n, pero adopt\u00f3 probablemente el lenguaje de se\u00f1as que se practicaba en Molesme. Los signos, formados con dedos y brazos, no deb\u00edan ser usados para desarrollar una conversaci\u00f3n, y estaban ideados simplemente para transmitir mensajes e instrucciones. Un manuscrito de Claraval que ha llegado hasta nosotros contiene un \u00abdiccionario\u00bb de doscientos veintisiete signos, correspondientes al mismo n\u00famero de palabras o t\u00e9rminos latinos. En otras partes, usaban para expresarse una cantidad m\u00e1s o menos similar. Distintas reglamentaciones restrictivas dictadas por el Cap\u00edtulo General parecen indicar que el lenguaje de se\u00f1as era usado con frecuencia para bromear, en lugar de favorecer el esp\u00edritu de silencio y recogimiento. La relajaci\u00f3n gradual de la regla de silencio estricto elimin\u00f3 los motivos del lenguaje de se\u00f1as, que fue restaurado posteriormente por la Estricta Observancia.\n<\/p>\n<h1>Dormitorios<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">En sus dormitorios los monjes del Cister primitivo hicieron un valiente esfuerzo por seguir las sugerencias de la Regla de san Benito. En concordancia con la misma, los monjes, no importa cu\u00e1n numerosos fueran, deb\u00edan dormir en el mismo dormitorio com\u00fan y acostarse completamente vestidos en sus duros lechos. La \u00abcama\u00bb era un simple catre provisto de un colch\u00f3n de paja, una almohada y una manta. La prohibici\u00f3n cisterciense de tener cualquier fuente de calor en los dormitorios, constitu\u00eda otra penuria. En los climas n\u00f3rdicos, donde el viento h\u00famedo y helado penetraba en esas salas inh\u00f3spitas desde fines de noviembre y apenas ced\u00eda a comienzos de la primavera, en abril, la noche exig\u00eda a causa del fr\u00edo tanta resistencia de los monjes como el duro trabajo diario.<br \/>\nNo es de extra\u00f1ar que el Cap\u00edtulo General se viera pronto envuelto en una batalla en dos frentes en la que llevaba las de perder: tratando de rechazar los esfuerzos constantes para proveer de alguna calefacci\u00f3n a los dormitorios de los monjes; evitar la partici\u00f3n de los dormitorios comunes en celdas peque\u00f1as, que el creciente \u00e9nfasis por los estudios y el deseo de aislamiento hicieron m\u00e1s deseables. Ya en 1194, el Cap\u00edtulo castig\u00f3 al abad de Longpont por tener un dormitorio construido \u00abirregularmente\u00bb. Durante todo el siglo XIII, aumentaron las irregularidades de tal manera, que en 1335, la Benedictina tuvo que aceptar el desaf\u00edo y reforzar la antigua ley con la autoridad papal. Aun as\u00ed, la bula otorg\u00f3 excepciones a favor de los enfermos en la enfermer\u00eda, y a un n\u00famero no especificado de \u00aboficiales, que no podr\u00edan dormir convenientemente en el dormitorio\u00bb. Mas a\u00fan, se permit\u00eda a los priores y subpriores construir celdas individuales en los dormitorios comunes, aunque todas las otras celdas dentro de .los mismos deb\u00edan ser destruidos en tres meses, bajo pena de excomuni\u00f3n. De acuerdo con una interpretaci\u00f3n posterior de la bula, se designaba con el t\u00e9rmino de celda una habitaci\u00f3n con una puerta provista de cerradura; por consiguiente, pod\u00eda tolerarse la simple separaci\u00f3n por medio de paredes que no tuviera puertas. De cualquier modo, el Cap\u00edtulo General de 1392 permiti\u00f3 a un monje de Boulbonne cerrar su habitaci\u00f3n con una puerta.<br \/>\nMientras tanto, la r\u00e1pida disminuci\u00f3n del n\u00famero de monjes y la orientaci\u00f3n cada vez m\u00e1s intelectual de muchas comunidades hicieron que los anticuados dormitorios comunes fueran pr\u00e1cticamente insostenibles. El Cap\u00edtulo de 1494 autoriz\u00f3 a los abades a dispensar de los dormitorios comunes \u00abpor una causa justa\u00bb pr\u00e1cticamente a todo el mundo, aunque el decreto insist\u00eda todav\u00eda en que las estufas deb\u00edan ser retiradas de los dormitorios comunes. En 1530, la abad\u00eda de Poblet recibi\u00f3 autorizaci\u00f3n para dividir el dormitorio en celdas privadas. El Cap\u00edtulo de 1573 trat\u00f3 simplemente de evitar la construcci\u00f3n de celdas fuera de los viejos dormitorios. El Cap\u00edtulo de 1601 generalizaba el uso de celdas individuales, porque permit\u00eda a los monjes estudiar en sus propios cuartos. La destrucci\u00f3n de las chimeneas se orden\u00f3 por \u00faltima vez en 1605, aunque este decreto fue tan ineficaz como las incontables medidas anteriores. Por \u00faltimo, la In Suprema de 1666, aprob\u00f3 las celdas individuales amuebladas con moderaci\u00f3n, \u00abpor el bien de una mayor modestia y honestidad de vida\u00bb. La Trapa y la Estricta Observancia del siglo XIX volvieron a los dormitorios comunes y en esas casas, como en el Cister antiguo, y el \u00fanico cuarto con hogar era el calefactorio. Despu\u00e9s del Concilio tienen celdas particulares.\n<\/p>\n<h1>Higiene<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las fuentes de que disponemos ofrecen \u00fanicamente escasa informaci\u00f3n sobre la higiene personal de los monjes. Sin duda no ten\u00edan ni tiempo ni oportunidad para lavarse antes de Maitines, y el \u00fanico lugar para hacerlo ser\u00eda la fuente-lavabo a la entrada del refectorio. El mandatum o lavatorio de pies de los monjes todos los s\u00e1bados a la noche, desde Pascua hasta el 14 de septiembre, ten\u00eda con toda probabilidad un fin pr\u00e1ctico, aparte de su car\u00e1cter lit\u00fargico. En los Ecclesiastica officia se lo menciona por primera vez, y aparece todav\u00eda en los estatutos del Cap\u00edtulo General de 1601.<br \/>\nAl comienzo s\u00f3lo se permit\u00eda ba\u00f1arse a los enfermos en la enfermer\u00eda. Todos los dem\u00e1s que se atrev\u00edan a frecuentar lugares donde corr\u00eda naturalmente el agua eran hasta censurados y castigados por el Cap\u00edtulo General. Un estatuto de 1188 juzga que todos aquellos que dejen sus monasterios buscando \u00abba\u00f1os calientes\u00bb, no deb\u00edan ser readmitidos. En 1202, fue depuesto el abad de san Giusto, en Toscana, porque comi\u00f3 en compa\u00f1\u00eda secular y, como dice el texto lac\u00f3nicamente, \u00abgust\u00f3 de ba\u00f1arse sin su h\u00e1bito fuera de la abad\u00eda\u00bb. En 1212, se llam\u00f3 la atenci\u00f3n a un monje de Hautecombe por haber comido carne y haberse ba\u00f1ado.<br \/>\nComo primera indicaci\u00f3n de un deshielo en la materia, el Cap\u00edtulo de 1437 estableci\u00f3 que \u00aba las personas sanas, no se les deb\u00eda permitir m\u00e1s de un ba\u00f1o por mes\u00bb. Un estatuto de 1439 parece implicar que por entonces ya estaba institucionalizado el ba\u00f1arse. Todav\u00eda insist\u00eda en que el ba\u00f1o era una condescendencia mensual, pero agregaba que no deb\u00eda ser ocasi\u00f3n para un \u00abcomportamiento fr\u00edvolo\u00bb y que los ba\u00f1istas deb\u00edan contentarse con los servicios de hasta dos servidores. \u00bfD\u00f3nde estaba situado el ba\u00f1o? Quiz\u00e1 en la enfermer\u00eda. Por \u00faltimo, el Cap\u00edtulo General de 1783 permiti\u00f3 hasta que se frecuentaran lugares donde corr\u00eda naturalmente el agua, si lo justificaban prescripciones m\u00e9dicas.\n<\/p>\n<h1>Sangrado, rasurado y tonsura<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al comienzo, era costumbre afeitarse y hacerse la tonsura mon\u00e1stica siete veces al a\u00f1o, en las vigilias de las fiestas principales. En 1257, el Cap\u00edtulo General aument\u00f3 las ocasiones a doce, y un estatuto de 1297 orden\u00f3 afeitarse dos veces al mes. La In Suprema de 1666 prescrib\u00eda todav\u00eda lo mismo, aunque el texto pon\u00eda m\u00e1s \u00e9nfasis en la prohibici\u00f3n de usar una barba acicalada, a la usanza de la \u00e9poca.<br \/>\nLas sangr\u00edas peri\u00f3dicas (flebotom\u00eda) a los monjes obedec\u00edan a una combinaci\u00f3n de razones m\u00e9dicas y asc\u00e9ticas. Se le hac\u00eda a todo miembro de las comunidades mon\u00e1sticas cuatro veces al a\u00f1o, si no estaba enfermo, de viaje o realizando alg\u00fan trabajo pesado. Se cre\u00eda generalmente, durante todo el medioevo y comienzos de la Edad Moderna, que la sangr\u00eda, aparte de su resultado ben\u00e9fico en determinados casos m\u00e9dicos, era un requisito indispensable para mantener una buena salud, y un medio efectivo contra el apetito sexual. En la primitiva legislaci\u00f3n cisterciense, aparece bajo el t\u00e9rmino minutio, y su pr\u00e1ctica continu\u00f3 hasta el siglo XIX. Se hac\u00eda en el calefactorium. o en la enfermer\u00eda y a los pacientes se les hac\u00eda descansar varios d\u00edas y se les daba comida y bebida extra.<br \/>\nEl esp\u00edritu de la m\u00e1s profunda consideraci\u00f3n prevaleci\u00f3 en el cuidado de los enfermos y ancianos. Toda planta mon\u00e1stica con. taba con una enfermer\u00eda espaciosa, construida un poco apartada del claustro. La sala principal de la enfermer\u00eda de Cister med\u00eda 55 metros de largo por 20 metros de ancho, dividida en tres pasillos por dos hileras de delicadas columnas soportando la elegante b\u00f3veda g\u00f3tica. La enfermer\u00eda de Ourscamp, que todav\u00eda se conserva, sirve hoy de iglesia parroquial. Esta \u00faltima construcci\u00f3n incluye un piso superior provisto de celdas individuales para los enfermos graves. Pero hasta las construcciones m\u00e1s peque\u00f1as inclu\u00edan comodidades para los enfermeros, y estaban equipadas con una farmacia, cocina y amplia chimenea.<br \/>\nAunque se supon\u00eda que los enfermos posibilitados para caminar concurr\u00edan a los oficios en las iglesias, con frecuencia se agregaba una capilla donde se pudiera decir misa y administrar los sacramentos. Se supon\u00eda, que tanto los pacientes como el personal de servicio deb\u00edan respetar la regla de silencio, pero las leyes sobre alimentaci\u00f3n estaban en suspenso de acuerdo con la gravedad de cada caso. El comedor de la enfermer\u00eda se llamaba con frecuencia misericordia, porque all\u00ed, por conmiseraci\u00f3n, se permit\u00eda a los miembros delicados comer carne.<br \/>\nLa asistencia dada en la enfermer\u00eda no exced\u00eda en general de las medicaciones y remedios caseros. Si algunos de los monjes que las atend\u00edan hab\u00edan tenido alguna experiencia en Medicina, era pura coincidencia. S\u00f3lo desde el Renacimiento, muchas abad\u00edas pr\u00f3speras emplearon a un seglar como cl\u00ednico o cirujano residente, que estaba a cargo de la sangr\u00eda regular de los monjes y pudo haber acompa\u00f1ado al abad y su comitiva en los largos viajes de visitas regulares. De acuerdo con las reglamentaciones del Cap\u00edtulo General de 1189, no se permit\u00eda que los monjes enfermos buscaran cura fuera de sus abad\u00edas, y fue s\u00f3lo mucho tiempo despu\u00e9s cuando se permiti\u00f3 a los cistercienses concurrir a reputados centros de salud.\n<\/p>\n<h1>Muerte<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando un monje estaba pr\u00f3ximo a morir, el ta\u00f1ido de las campanas llamaba a todos sus hermanos al lado de su lecho, para ser testigos de los \u00faltimos sacramentos y de su feliz partida. En estas ceremonias, se sacaba el colch\u00f3n de la cama y se depositaba en el suelo, sobre una capa de cenizas. Despu\u00e9s de que exhalara su \u00faltimo aliento, la comunidad se retiraba y el cuerpo era llevado a una c\u00e1mara adyacente y depositado sobre una tabla de piedra. Luego era despojado de sus vestiduras, y lavado con agua caliente de la cabeza a los pies. Esto era un acto simb\u00f3lico de una tradici\u00f3n cristiana inmemorial, pero tambi\u00e9n podr\u00eda haber sido una autopsia primitiva que revelaba los estragos visibles de su enfermedad mortal y tal vez la causa de su muerte. Caso de tratarse de la defunci\u00f3n de un monje notable por su austeridad, es posible que esta ceremonia despertara deseos de comprobar para personal edificaci\u00f3n si hab\u00eda en el cuerpo del muerto se\u00f1ales de mortificaciones. La piedra de la c\u00e1mara mortuoria de Claraval donde fue lavado el cuerpo de san Bernardo se convirti\u00f3 en objeto de veneraci\u00f3n. Algunos visitantes devotos aseguraban haber visto la marca del cuerpo del Santo sobre la piedra pulida.<br \/>\nSi se puede dar cr\u00e9dito a la extraordinariamente inveros\u00edmil historia que narra Ces\u00e1reo de Heisterbach en el Dialogus miraculorum, fue justamente en esa ocasi\u00f3n que los monjes de Sch\u00f6nau descubrieron que el \u00abHermano los\u00e9\u00bb, que hab\u00eda muerto como novicio, era en realidad una chica. Su nombre verdadero era Hildegunda, hija de un honrado ciudadano de Neuss del Rhin, que hab\u00eda fallecido de regreso ambos de Tierra Santa. Despu\u00e9s de incre\u00edbles penurias, Hildegunda fue admitida en la abad\u00eda de Sch\u00f6nau donde nadie advirti\u00f3 su sexo. Su muerte ocurri\u00f3 el a\u00f1o 1188. Cuando Ces\u00e1reo cont\u00f3 su historia parece que estaba en v\u00edas de convertirse en \u00absanta\u00bb para ser tenida as\u00ed parte de la Edad Media.<br \/>\nDespu\u00e9s del lavado ceremonial, el cuerpo del monje fallecido, vestido con el h\u00e1bito y la cogulla cisterciense habituales, era llevado en procesi\u00f3n a la iglesia y se colocaba sobre un f\u00e9retro en medio del coro. Si todav\u00eda hab\u00eda tiempo para una misa de funeral, el sepelio se realizaba el mismo d\u00eda. De lo contrario, los monjes velaban el cuerpo toda la noche y se dispon\u00eda la misa y el entierro para la ma\u00f1ana siguiente. Despu\u00e9s de las exequias, se transportaba el cuerpo a trav\u00e9s de la puerta en la pared norte del crucero hacia el cementerio adyacente. El cad\u00e1ver, sin ata\u00fad, era bajado a la tumba, y el lugar se dejaba sin se\u00f1alar. Despu\u00e9s del siglo XVII, se colocaba sobre cada tumba una cruz de madera con el nombre del monje y el a\u00f1o de su muerte. En los cementerios de las abad\u00edas muy pobladas, como Claraval y Orval, siempre hab\u00eda una fosa abierta reci\u00e9n cavada, esperando a su ocupante, quiz\u00e1s inesperado.<br \/>\nLos abades eran enterrados bajo el claustro, entre la sala capitular y la iglesia, a veces tambi\u00e9n en la sala capitular, o en una cripta bajo la iglesia. La situaci\u00f3n de los cuerpos de los abades estaba se\u00f1alada por l\u00e1pidas, m\u00e1s o menos decoradas, encastadas en el piso del claustro o colocadas en la pared.<br \/>\nUna vida mon\u00e1stica, altamente ritualista, ordenada con tal rigidez que pr\u00e1cticamente no deja lugar a la iniciativa individual, aparecer\u00eda como antinatural, hasta inhumana a los ojos de los lectores modernos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchas grandes abad\u00edas albergaron a cientos de individuos, cada uno con su temperamento, grado de inteligencia y posici\u00f3n social diferente; todas sus vidas transcurrieron en lugares demasiado estrechos, sin las ventajas del aislamiento que el hombre de nuestros d\u00edas considerar\u00eda indispensable. En tales circunstancias, una coexistencia armoniosa y una creatividad comunitaria significativa hubieran sido imposibles de no haberse impuesto reglamentos estrictos, asignando a cada individuo su propio lugar y limitada funci\u00f3n, reduciendo de este modo los roces producidos por voluntades antag\u00f3nicas e intereses en conflicto.<br \/>\nEsta organizaci\u00f3n inteligente y reglamentada logr\u00f3 que la vida mon\u00e1stica dejara su indeleble impacto en la sociedad cristiana. Aun el espectador de mente m\u00e1s simple quedar\u00eda impresionado por el \u00e9xito descollante de los monjes en todos los campos de sus m\u00faltiples actividades. Los logros espirituales e intelectuales, la monumental arquitectura, la eficiencia en la econom\u00eda y los beneficios de la seguridad personal, prueban con elocuencia la superioridad de una vida basada en la aceptaci\u00f3n voluntaria de la disciplina, dedicaci\u00f3n al trabajo duro y sumisi\u00f3n a la autoridad religiosa. La creencia inquebrantable del mundo occidental de que hasta el trabajo manuales ennoblecedor, de que \u00abla ociosidad es enemiga del alma\u00bb y, de que, por consiguiente, el trabajo es la \u00fanica fuente moralmente aceptable de bienestar, constituyen elementos del noble legado del monaquismo cisterciense.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente: [www: omesbc.wordpress.com]\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Rutina de los monjes 2 Cap\u00edtulo 3 Trabajo manual 4 Ascetismo de los monjes 5 Comportamiento de los monjes 6 Pr\u00e1cticas de abstinencia 7 Recreaci\u00f3n 8 Dormitorios 9 Higiene 10 Sangrado, rasurado y tonsura 11 Muerte Rutina de los monjes Hasta la corriente actual del aggiornamento, el rasgo m\u00e1s durable y sobresaliente de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xvii\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCISTER: HISTORIA XVII\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23945","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23945","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23945"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23945\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23945"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23945"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23945"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}