{"id":23946,"date":"2016-02-05T16:18:25","date_gmt":"2016-02-05T21:18:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xviii\/"},"modified":"2016-02-05T16:18:25","modified_gmt":"2016-02-05T21:18:25","slug":"cister-historia-xviii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xviii\/","title":{"rendered":"CISTER: HISTORIA XVIII"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Monjes y sociedad<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Cister y feudalismo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 La hospitalidad mon\u00e1stica<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Ayuda a los pobres<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Trabajo Pastoral<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Trabajo Pastoral en Austria<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Trabajo pastoral en Suiza<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 Trabajo pastoral en Francia y Alemania<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">9 Hemandad de San Jos\u00e9<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-10\">10 Supresi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas<\/li>\n<\/ul>\n<h1>Monjes y sociedad<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque los cistercienses del siglo XII no deseaban m\u00e1s que la soledad de los \u00abdesiertos\u00bb que ellos mismos hab\u00edan elegido, el \u00e9xito rotundo de la Orden puede explicarse \u00fanicamente por la interacci\u00f3n fruct\u00edfera entre aquellas abad\u00edas del desierto y el medio ambiente. Los ideales asc\u00e9ticos y religiosos de los monjes hicieron resonar un eco latente en cada elemento de la sociedad contempor\u00e1nea. Nobles, cl\u00e9rigos seculares, estudiosos y burgueses se sintieron atra\u00eddos por las primitivas casas cistercienses, con la misma intensidad que gran n\u00famero de campesinos engrosaron las filas de los conversos. Los que no tuvieron el valor ni la oportunidad de un\u00edrseles siguieron la heroica vida de los monjes con profundo inter\u00e9s, y contribuyeron materialmente al crecimiento de la Orden.<br \/>\nEl hecho de que las abad\u00edas de clausura albergaran a los hijos, y en algunos casos a los padres, de aquellos que a\u00fan permanec\u00edan fuera, constituy\u00f3 un enlace vital entre los monasterios y el medio ambiente secular. Con frecuencia, la aceptaci\u00f3n como novicio estaba estipulada en actas de donaci\u00f3n, haciendo caso omiso de la clase o valor del regalo. De esta forma, el donante y su familia deben haber experimentado un sentimiento de identificaci\u00f3n con los monjes, mientras que \u00e9stos respond\u00edan con un sentido de responsabilidad hacia aquellos que los hab\u00edan ayudado. Los numerosos casos posteriores de donaciones compensadas, que obligaron a las abad\u00edas a asegurar la subsistencia del donante mediante anualidades, pensiones, comida o ropa, no deben ser considerados como una simple transacci\u00f3n comercial. Reflejaban la atm\u00f3sfera envolvente de confianza e interdependencia mutuas.<br \/>\nTambi\u00e9n era frecuente que aquellos que necesitaran algo m\u00e1s que una ayuda econ\u00f3mica fueran aceptados dentro de la comunidad mon\u00e1stica brind\u00e1ndoseles amparo, e incluso prest\u00e1ndoseles servicios personales. Hacia el a\u00f1o 1200, un hombre al que le hab\u00edan sacado los ojos siendo reh\u00e9n, otorg\u00f3 sus tierras a los monjes de Margam, en Gales, despu\u00e9s de lo cu\u00e1l, fue aceptado como hermano lego en el monasterio, donde \u00abvivi\u00f3 con mayor seguridad todos los d\u00edas de su vida\u00bb. Otros fueron recibidos como \u00abcorrodians\u00bb, caso \u00e9ste el de Juan Nichol, admitido en Margam en 1325. Don\u00f3 sus tierras a los monjes, y a su vez, fue empleado como \u00abescudero libre\u00bb, con derecho a tres hogazas de pan, un gal\u00f3n diario de la \u00abcerveza fuerte\u00bb de los monjes y otros beneficios, mientras viviera.<br \/>\nEn la abad\u00eda catalana de Poblet, la clase de peque\u00f1os donantes o benefactores, los donats, constituyeron un grupo especial dentro de la misma. Viv\u00edan en casas aparte, fuera de la clausura. Despu\u00e9s de la muerte de sus esposas, pod\u00edan optar a ingresar como hermanos conversos. Si el donat fallec\u00eda antes, el monasterio manten\u00eda a su esposa e hijos.<br \/>\nEstos donati, familiares, en ocasiones oblati, aparecen en tantos cartularios, que su n\u00famero y papel debi\u00f3 haber sido importante en la mayor\u00eda de las abad\u00edas. Las referencias que se encuentran en las primeras cr\u00f3nicas de los Cap\u00edtulos Generales son algo ambiguas, pero se desprende con facilidad, por la legislaci\u00f3n posterior (1213, 1233), que su admisi\u00f3n se transform\u00f3 pronto en un acto de cierta solemnidad. Renunciaban ante el abad al derecho de retener cualquier propiedad, promet\u00edan obediencia y, a cambio, se les promet\u00eda la misma comida, bebida y ropa de los monjes y se los acomodaba en un dormitorio separado. Deb\u00edan ayudar a los hermanos en los trabajos manuales o en el cuidado de las fincas del monasterio. Llevaban una vestimenta distintiva, y hasta alguna forma de tonsura.<br \/>\nLa importancia de los familiares creci\u00f3 proporcionalmente con la desaparici\u00f3n de los conversos, hacia fines del siglo XIII, su n\u00famero hab\u00eda aumentado tanto, que llegaron a crear problemas disciplinarios en varias comunidades. El Cap\u00edtulo General de 1293 orden\u00f3 que, \u00abdebido a la confusi\u00f3n que causaba frecuentemente el excesivo n\u00famero de tales personas\u2026 no se les debe permitir en modo alguno (a los familiares) el uso del h\u00e1bito y la participaci\u00f3n de los bienes materiales, sin el permiso especial del susodicho Cap\u00edtulo\u00bb. La instituci\u00f3n sobrevivi\u00f3 a la Edad Media, aunque con frecuencia se los design\u00f3 como \u00abprebendados\u00bb.\n<\/p>\n<h1>Cister y feudalismo<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de que los cistercienses no desearon desempe\u00f1ar ning\u00fan papel en las instituciones feudales, parece que, en algunos casos en que era evidente el bien de los campesinos vecinos, algunos abades asumieron la responsabilidad de protector o abogado. El caso de Acey, fundado por Cherlieu en 1136 en el Franco Condado, es interesante. Poco despu\u00e9s, un tal Girard de Rossillon dio su casa, con el resto de su propiedad, a la abad\u00eda, pero simplemente sigui\u00f3 el ejemplo de otros catorce miembros de la misma comunidad rural, quienes ofrecieron todo lo que ten\u00edan al abad Guido de Cherlieu en un acto aparente de \u00abencomienda\u00bb, este \u00faltimo devolvi\u00f3 de inmediato la tierra a sus donantes, con su promesa de protecci\u00f3n. Es evidente que esto constitu\u00eda un procedimiento de rutina feudal, por el cual propietarios libres de tierra alodial reconoc\u00edan el se\u00f1or\u00edo del abad aunque se desconocen las razones que motivaron tal acto, y las verdaderas obligaciones derivadas del mismo. Sin embargo, parece cierto que la comunidad campesina actu\u00f3 libremente, como una expresi\u00f3n de preferencia por un protector mon\u00e1stico, y de aprecio hacia la abad\u00eda reci\u00e9n fundada.<br \/>\nDespu\u00e9s de la virtual desaparici\u00f3n de los conversos y de la gran reducci\u00f3n en el n\u00famero de monjes, las abad\u00edas dependieron cada vez m\u00e1s de la ayuda de los seglares, ya sea como trabajadores o encargados. Las estad\u00edsticas que nos han llegado, relacionadas con nueve casas cistercienses inglesas en v\u00edsperas de la Disoluci\u00f3n, muestran que, mientras el n\u00famero total de los monjes profesos era solamente de 108, empleaban a casi 300 laicos. Entre las nueve abad\u00edas, Biddlesden sola ten\u00eda cincuenta y un sirvientes, y Stoneleigh daba trabajo a cuarenta y seis. En la mayor\u00eda de los casos, la lealtad de los empleados seglares sigui\u00f3 inquebrantable hasta el final. Cuando el Conde de Sussex investigaba el grado de intervenci\u00f3n de la abad\u00eda de Whalley en la \u00abPeregrinaci\u00f3n de la gracia\u00bb, se quejaba de que no le era posible reunir pruebas, debido al \u00abgran n\u00famero de hombres mantenidos por el abad\u00bb.<br \/>\nEn Inglaterra, como en el resto de Europa, al finalizar el medioevo, el personal del monasterio se reclutaba en las ciudades vecinas, y entre la clase media local que conservaba un agudo inter\u00e9s por los asuntos de los monjes, especialmente cuando se realizaban elecciones abaciales. Las dos \u00faltimas elecciones en Furness antes de la Disoluci\u00f3n, por ejemplo, fueron decididas por la vigorosa intervenci\u00f3n laica. D\u00e9cadas de intrigas sucedieron a la elecci\u00f3n de Alejandro Banke en 1497, y sus oponentes trataron de despojarlo de su cargo. En un momento dado, dicho abad se vio obligado a defender su posici\u00f3n con un ej\u00e9rcito privado de trescientos partidarios. No es de extra\u00f1ar, que haya dejado como estela una deuda importante, agravada por pensiones, anualidades o sobornos manifiestos, dados a un cierto n\u00famero de oficiales reales y potentados locales.\n<\/p>\n<h1>La hospitalidad mon\u00e1stica<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">La hospitalidad, tradicional servicio mon\u00e1stico, constituy\u00f3 otro eslab\u00f3n entre las abad\u00edas cistercienses y la sociedad. La primitiva legislaci\u00f3n de la Orden recalcaba esta virtud, especialmente en beneficio de los monjes y cl\u00e9rigos de viaje, aunque a los viajeros laicos se les ofrec\u00eda comida y albergue con la misma generosidad. Muchas abad\u00edas ten\u00edan una hospeder\u00eda para visitantes, algo apartada de los edificios conventuales. De acuerdo con los libros de cuentas de la casa inglesa de Beaulieu, era raro que \u00e9sta no tuviera hu\u00e9spedes. Estaba cuidadosamente especificada la calidad y cantidad de la comida que se les serv\u00eda, as\u00ed como las tareas de los hermanos encargados de atenderles. A los familiares de los monjes se les permit\u00eda realizar tres o cuatro visitas al a\u00f1o, de dos d\u00edas cada una. El gasto para alimentarlos debi\u00f3 haber sido elevado, porque se estableci\u00f3 que si los hu\u00e9spedes quisieran permanecer por m\u00e1s tiempo, deb\u00edan alimentarse por s\u00ed mismos.<br \/>\nLas visitas de los reyes o de otros potentados de la sociedad civil o religiosa resultaban particularmente gravosas. En tales ocasiones, se serv\u00eda comida y bebida con liberalidad, aunque, por lo menos hasta mediados del siglo XV, los hu\u00e9spedes, cualesquiera que fuera su posici\u00f3n, deb\u00edan observar la regla de abstinencia perpetua. A petici\u00f3n del abad de Maulbronn, en Alemania, el Cap\u00edtulo General de 1493 le permiti\u00f3 espec\u00edficamente servir carne \u00absin escr\u00fapulos de conciencia, porque, como establec\u00eda el Cap\u00edtulo, la abad\u00eda recib\u00eda con frecuencia hu\u00e9spedes distinguidos, hombres de letras, nobles y magnates, que no s\u00f3lo honraban al susodicho monasterio, sino a toda la Orden\u00bb. Es f\u00e1cil comprender, por estas observaciones, que los visitantes de rango y posici\u00f3n social elevada recib\u00edan mayor atenci\u00f3n y mejor aposento que los caminantes ordinarios.<br \/>\nSe hicieron regalos o se otorgaron fondos para las hospeder\u00edas, como reconocimiento de los servicios y de los sacrificios econ\u00f3micos que significaban. En 1269, el obispo Hermann de Schwerin otorg\u00f3 cuarenta d\u00edas de indulgencia a todos aquellos que hicieran donaciones para mantener la casa de hu\u00e9spedes de la abad\u00eda de Doberan, \u00abdado que los monjes llevan una carga muy pesada de gastos a causa de los hu\u00e9spedes y viajeros\u00bb. En 1233, la abad\u00eda de Saint Mary, en Dubl\u00edn, separ\u00f3 algunas rentas eclesi\u00e1sticas \u00abpara uso de los pobres y para la manutenci\u00f3n de los hu\u00e9spedes\u00bb. El abad de Basingwerk, en Gales, se excusaba en 1346 ante Eduardo III, por no haber pagado un subsidio exigido, refiri\u00e9ndose a la situaci\u00f3n del monasterio cerca de un camino muy transitado, circunstancia que determinaba grandes gastos en concepto de hospitalidad. En v\u00edsperas de la Disoluci\u00f3n, se apel\u00f3 a Enrique VIII por parte de la abad\u00eda de Quarr que, de acuerdo con la petici\u00f3n, deb\u00eda ser conservada como hospeder\u00eda para viajeros y marineros pobres. Al mismo tiempo, se dec\u00eda de la abad\u00eda irlandesa de Saint Mary que era como \u00abun albergue com\u00fan\u00bb de todos los que buscaban hospitalidad, mientras que se refer\u00edan a los monjes \u00abcomo administradores\u00bb de beneficios, \u00abque ayudaban a muchos pobres, estudiantes y hu\u00e9rfanos\u00bb.<br \/>\nAdem\u00e1s de la buena acogida habitual, muchas abad\u00edas cistercienses manten\u00edan hospitales, en especial para los enfermos pobres de la vecindad, aunque normalmente los monjes no practicaran la medicina m\u00e1s all\u00e1 de administrar los remedios caseros comunes. Ya por el a\u00f1o 1197 Zwettl, en Austria, sosten\u00eda un \u00abhospital para pobres\u00bb. En 1218, el establecimiento se mud\u00f3 a un edificio espacioso, cerca de la porter\u00eda de la abad\u00eda, que contaba con una capilla. El hospital estaba espl\u00e9ndidamente dotado, con capacidad para albergar a treinta enfermos necesitados, bajo el cuidado de diez empleados. El conde Sigfrido de Blankenburg instituy\u00f3 un fondo para el hospital de la abad\u00eda alemana de Michaelstein en 1208. El Cap\u00edtulo General de 1218, no s\u00f3lo aprob\u00f3 el hospital \u00abpara el cuidado de los pobres\u00bb, sino que insisti\u00f3 tambi\u00e9n en que deb\u00eda permanecer bajo la administraci\u00f3n del propio personal de la abad\u00eda. Himmerod manten\u00eda en 1259 un \u00abhospital para pobres\u00bb, financiado con fondos y donaciones especiales. Adem\u00e1s de los aldeanos y peregrinos enfermos eran aceptadas tambi\u00e9n algunas personas ancianas, como un viejo soldado, a quien el abad invit\u00f3 a pasar all\u00ed el resto de sus d\u00edas, por el a\u00f1o 1300. De acuerdo con los datos recopilados por Franz Winter, en un cierto n\u00famero de abad\u00edas cistercienses alemanas, entre ellas Pforta, Altzelle, Chorin, Volkenrode, Kamp, Reifenstein y Walderbach, funcionaron instituciones similares durante el siglo XIII.<br \/>\nUn n\u00famero similar de abad\u00edas inglesas se ocuparon de cuidar a los enfermos y desamparados. El libro de cuentas de Beaulieu hac\u00eda referencias, hacia fines del siglo XIII, a una enfermer\u00eda, donde se atend\u00eda, entre otros, a los servidores enfermos de la abad\u00eda. Los pobres que fallec\u00edan eran enterrados por los monjes, que dispon\u00edan tambi\u00e9n de sus magras pertenencias. Meaux, durante el abadiato de Michael Brun (1235-1249), recibi\u00f3 una donaci\u00f3n importante para \u00abel mantenimiento de un hospital para seglares\u00bb, aunque el benefactor exig\u00eda que se le regalara un par de guantes blancos cada Pascua, sumados a cierta compensaci\u00f3n monetaria. El hospital de Newminster recibi\u00f3 una cierta cantidad de donaciones importantes, algunas espec\u00edficamente \u00aba fin de conservar la l\u00e1mpara que est\u00e1 ardiendo en la enfermer\u00eda de los seglares, para comodidad de los pobres de Cristo all\u00ed internados\u00bb. Otras abad\u00edas de Inglaterra, tales como Fountains, Furness, Holmcultram, Pipewell, Rieval, Robertsbridge, Sawley, Sibton y Waverley, mantuvieron hospitales similares.<br \/>\nEn Escocia, Melrose, Cupar y Kinlos regentaron hospitales que pod\u00edan albergar entre ocho y diez internados. En el siglo XIII, la abad\u00eda galesa de Strata Florida ten\u00eda una hospeder\u00eda bajo el cuidado de los monjes, en \u00ablas zonas de los leprosos\u00bb. El cartulario de la casa francesa de Gimont nombraba en 1187 a un monje, Arnaldo, enfermero en la hospeder\u00eda de la abad\u00eda. En 1206, otro monje, Guillermo, ejerc\u00eda como \u00abenfermero de los pobres\u00bb. En 1222, un tal Antonio de la Crose hizo una donaci\u00f3n, mientras se encontraba enfermo \u00aben el hospital de la abad\u00eda de Gimont\u00bb. Villers, en Brabante, ten\u00eda un bien provisto \u00abhospital para pobres\u00bb, bajo la direcci\u00f3n de un converso, en el siglo XIII.<br \/>\nEntre los estatutos del Cap\u00edtulo General de 1490, se encuentra una referencia muy posterior a un hospital. La abad\u00eda sajona de Buch anunciaba que el hospital regentado por los monjes atravesaba graves dificultades econ\u00f3micas, porque los fondos que hab\u00edan sido destinados \u00abpara mantener a cierto n\u00famero de pobres\u00bb ya no era suficiente, a la vez que las reducciones provocaban las ruidosas quejas de los pacientes necesitados. En respuesta, el Cap\u00edtulo nombr\u00f3 para una investigaci\u00f3n a tres abades de monasterios vecinos, quienes ten\u00edan amplios poderes para adoptar las medidas que juzgaran convenientes.<br \/>\nPor \u00faltimo, la posibilidad de recibir atenci\u00f3n m\u00e9dica en las ciudades en desarrollo disminuy\u00f3 la importancia de los hospitales mon\u00e1sticos, aunque algunas abad\u00edas continuaron regentando centros sanitarios hasta la Revoluci\u00f3n Francesa.<br \/>\nLa antigua enfermer\u00eda de la pr\u00f3spera Orval (despu\u00e9s de 1715 bajo el r\u00e9gimen austr\u00edaco) fue reemplazada en 1761 por una estructura espaciosa, con tres salas: una para los monjes profesos, otra para los conversos y la tercera para los numerosos servidores y empleados seglares de la casa. Ten\u00eda capilla y cocina propias, un cl\u00ednico residente y dos asistentes proporcionaban atenci\u00f3n m\u00e9dica, y pod\u00eda cubrir las necesidades de unas ciento veinte personas.<br \/>\nSin embargo, Orval debe su reputaci\u00f3n como centro de salud a su famosa farmacia, atendida por el legendario Hno. Antonio P\u00e9rin (1738-1788), m\u00e9dico profesional que estudi\u00f3 en Par\u00eds; sus servicios alcanzaron a personas que viv\u00edan mucho m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la propiedad abacial. Cultivaba un jard\u00edn de hierbas medicinales, y seleccionaba personalmente muchas de las ra\u00edces, hierbas y flores que necesitaba; otras las adquir\u00eda, generalmente en Lieja. Todo se preparaba en su laboratorio; sus productos m\u00e1s divulgados eran pociones y tinturas, entre ellas el \u00abagua de Orval\u00bb, que se supon\u00eda efectiva en un n\u00famero prodigioso de enfermedades, tanto mentales como f\u00edsicas. Su fama creci\u00f3 extraordinariamente, gracias a su \u00e9xito en 1777, cuando luchaba contra una epidemia de fiebre tifoidea muy difundida. Los negocios de la farmacia eran muy pr\u00f3speros. Solamente en el a\u00f1o 1788, se vendieron a personas de fuera 5.638 florines en concepto de medicinas, mientras 506 florines de remedios se repartieron gratuitamente entre los pobres.\n<\/p>\n<h1>Ayuda a los pobres<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante toda la Edad Media, la ayuda a los pobres fue una tarea reconocida de la Iglesia, y de acuerdo con todas las indicaciones, la Orden cisterciense acept\u00f3 gran parte del peso que significaba aliviar a los que sufr\u00edan necesidades materiales. La distribuci\u00f3n de limosnas se realizaba en la porter\u00eda de cada abad\u00eda, bajo la mirada vigilante del portero. Siempre ten\u00eda a su disposici\u00f3n pan y otros comestibles con tal fin, pero, de acuerdo con el Cap\u00edtulo General de 1185, tambi\u00e9n se distribu\u00eda entre los necesitados ropa y calzado usados. Hasta Gerardo de Gales, cr\u00edtico acerbo de los cistercienses, reconoci\u00f3 la generosidad de la Orden con los pobres. Dec\u00eda que \u00ablos monjes, aunque sean de lo m\u00e1s sobrio para s\u00ed mismos, exceden a todos los dem\u00e1s en su caridad desbordante hacia los pobres y los viajeros\u00bb. Citaba como ejemplo a la abad\u00eda galesa de Margam, que en 1189 envi\u00f3 un buque a Bristol en procura de trigo \u00abpara una gran multitud de mendigos\u00bb.<br \/>\nEl formulario de Pontigny del siglo XIII, que ofrece ejemplos de cartas de visita, insist\u00eda en que el portero deb\u00eda tener siempre a mano limosnas para distribuirlas entre los pobres, incluyendo ropa usada y, por lo menos, cien hogazas de pan, que la panader\u00eda de la abad\u00eda enviaba diariamente. El mismo documento exig\u00eda que, en un edificio separado, hubiera siempre un cierto n\u00famero de camas disponibles para los pobres que necesitaran alojarse all\u00ed.<br \/>\nEl libro de cuentas de Beaulieu de fines del siglo XIII detallaba las obligaciones del portero, relativas a la distribuci\u00f3n de las limosnas. Parece que la atenci\u00f3n de los pobres estaba bien organizada, y que los necesitados sab\u00edan de antemano no s\u00f3lo el horario, sino tambi\u00e9n la clase de ayuda que pod\u00edan esperar. La distribuci\u00f3n de alimentos ten\u00eda lugar tres veces por semana y, todas las noches, trece pobres eran acomodados para pernoctar en la hospeder\u00eda de la abad\u00eda, mientras otros tres eran tratados como hu\u00e9spedes del abad. El Jueves Santo se agregaba un penique a las limosnas acostumbradas. Durante la cosecha, se hac\u00eda trabajar en los campos a todos los pobres que estuvieran en condiciones de ganar su pan. El monje a cargo del guardarropa de la abad\u00eda ten\u00eda la misi\u00f3n de reunir la ropa usada para los necesitados.<br \/>\nEn Meaux, durante los siglos XIII y XIV, varios talleres de la abad\u00eda contribu\u00edan regularmente al alivio de los pobres. El maestro de la tener\u00eda deb\u00eda proporcionar cada a\u00f1o veinte cueros de buey o de vaca, bien curtidos, para su calzado. En el taller donde se trabajaba la lana se separaba tela completamente terminada por valor de 18 chelines, con prop\u00f3sito similar, mientras que, diariamente, se distribu\u00eda entre ellos la d\u00e9cima parte del queso recibido de la vaquer\u00eda de Felsa.<br \/>\nAunque no parece haber sido una excepci\u00f3n la contribuci\u00f3n de las abad\u00edas inglesas para mantener a los necesitados, Whalley, en 1535, distribuy\u00f3 en limosnas un total asombroso de 122 \u00a3, que significaban el 22% de los ingresos de los monjes. De esta cifra, se gastaron 41 \u00a3 para mantener a veinticuatro menesterosos dentro del monasterio, 63 \u00a3 se separaban para la distribuci\u00f3n semanal de granos, y 18 \u00a3 se repart\u00edan por Navidad y jueves Santo. Por el mismo tiempo, Furness cuidaba a trece necesitados y otorgaba limosnas semanales a ocho viudas pobres; Stanley albergaba a siete mendigos; y Garendon manten\u00eda a seis personas incapacitadas. Un documento sin fecha del cartulario de Newminster combinaba una donaci\u00f3n con la obligaci\u00f3n de que los monjes dieran limosnas anualmente a los pobres para la fiesta de Santa Catalina, repartiendo a cada uno \u00abdos tortas de avena y dos arenques\u00bb.<br \/>\nVillers era muy notable por su generosidad, que se ve\u00eda facilitada por las abundantes donaciones que recib\u00eda a tal fin. Durante el siglo XIII, el panadero de la abad\u00eda provey\u00f3 semanalmente de 2.100 hogazas de pan, que se distribu\u00edan diariamente entre los necesitados, congregados en gran cantidad en torno a la porter\u00eda. Muchas donaciones por misas de aniversario en Villers y otras casas inclu\u00edan sumas especiales para ser distribuidas entre los menesterosos en dichas ocasiones. En el siglo XIII, un donante en la abad\u00eda suiza de Hauterive, Humberto de Fernay, aport\u00f3 45 libras de Lausanne, con las cuales los monjes deb\u00edan adquirir pan y queso para distribuirlo en la ciudad de Romont, entre 366 personas necesitadas, el lunes de Pentecost\u00e9s. El rey Roberto I de Escocia leg\u00f3 100 \u00a3 anuales a Melrose. Una parte estaba destinada a mejorar la dieta de los monjes, y otra para que el d\u00eda de san Mart\u00edn repartieran veinte trajes a otros tantos pobres, que ese d\u00eda deb\u00edan compartir la mesa de los monjes.<br \/>\nEn hambres u otras calamidades los monjes compart\u00edan todo lo que ten\u00edan con los vecinos muy necesitados. En 1147, Morimundo aliment\u00f3 a toda la vecindad por tres meses, hasta que pudieran recoger la cosecha. Se dice que, en 1153, Sittichenbach, en Alemania, salv\u00f3 del hambre a 1.800 habitantes de la regi\u00f3n. En 1316, Riddagshausen, tambi\u00e9n en Alemania, aliment\u00f3 diariamente a 400 personas, salv\u00e1ndolas de morir de inanici\u00f3n. Algunos de tales incidentes quedaron para la memoria de la posteridad como haza\u00f1as legendarias de hero\u00edsmo. Por lo tanto, no siempre se puede confiar en las cifras referentes a la cantidad de personas mantenidas por los monjes. Es f\u00e1cil que esto haya ocurrido en Melrose, en 1150; cuando se supone que los monjes distribuyeron diariamente alimentos durante meses entre 4.000 hambrientos, mientras las despensas segu\u00edan estando milagrosamente repletas.<br \/>\nUna costumbre inmemorial entre las abad\u00edas cistercienses fue el tricenarium, de los hermanos fallecidos. Esto significaba que los alimentos del monje reci\u00e9n fallecido se separaba durante treinta d\u00edas consecutivos, y las porciones se daban a las personas necesitadas. Todos los a\u00f1os, un gran tricenarium segu\u00eda al cierre de la sesi\u00f3n anual del Cap\u00edtulo General, el d\u00eda de san Lamberto (17 de septiembre), cuando en todas las abad\u00edas de la Orden se daba comida a varios indigentes durante treinta d\u00edas. Al lavatorio de los pies de los doce pobres, realizado por el abad el Jueves Santo, segu\u00eda tambi\u00e9n una comida para ellos.<br \/>\nLa llegada a Cister de los abades participantes de las sesiones anuales del Cap\u00edtulo General, constitu\u00eda una ocasi\u00f3n especial para dar limosnas a gran escala. En esos d\u00edas, los caminos que conduc\u00edan a Cister estaban pr\u00e1cticamente obstruidos por los mendigos, reales o fingidos, que suplicaban monedas de los abades. Hacia 1240, la multitud se hab\u00eda vuelto tan ingobernable, que el Cap\u00edtulo prohibi\u00f3 la distribuci\u00f3n de limosnas a 3 km. de Cister. Por la misma causa, se desterr\u00f3 por completo la costumbre en 1260. En su lugar, el Cap\u00edtulo inst\u00f3 a los abades a depositar sus donaciones dentro de una caja puesta cerca de la entrada de la sala capitular.<br \/>\nDe acuerdo con todas las pruebas que poseemos, la repartici\u00f3n de limosnas fue algo natural en todas las abad\u00edas cistercienses, aunque hay que destacar que los monjes eran muy respetados como honestos distribuidores de las mismas, canalizando por lo tanto numerosos regalos y fundaciones destinadas a este fin. Por la misma raz\u00f3n, lo que se entregaba en las porter\u00edas mon\u00e1sticas reflejaba no s\u00f3lo la caridad de los monjes, sino la generosidad de los benefactores. Siempre ha estado en discusi\u00f3n el porcentaje de las limosnas, considerado el total de los ingresos mon\u00e1sticos. En \u00e9pocas de prosperidad para los cistercienses, puede haber llegado al 10%, aunque una cifra cercana al 5% parece ser una estimaci\u00f3n m\u00e1s segura. Durante los siglos XVI y XVII, cuando los propios monjes experimentaron grandes penurias, ten\u00edan muy poco para destinar a la caridad.\n<\/p>\n<h1>Trabajo Pastoral<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cistercienses del siglo XII evitaron resueltamente verse involucrados en el cuidado pastoral de las comunidades campesinas vecinas, aunque los sacerdotes de la Orden administraron siempre los sacramentos a los conversos y jornaleros que trabajaban en las granjas mon\u00e1sticas. Las primeras aceptaciones \u00abilegales\u00bb de iglesias, no significaban necesariamente que fueran atendidas por sacerdotes cistercienses. La abad\u00eda se convert\u00eda simplemente en el patr\u00f3n de la iglesia, obligada a contratar un sacerdote secular, y pagarle su salario. En algunas fundaciones, no obstante, fue inevitable desde el comienzo la implicaci\u00f3n directa en el trabajo pastoral. San Galgano, en Monte Siepi (di\u00f3cesis de Volterra), hab\u00eda sido un santuario popular, mucho antes de 1201, cuando los monjes de Casamari hicieron la fundaci\u00f3n cisterciense.<br \/>\nEl abad de Poblet recibi\u00f3 en 1221 de Honorio III el status cuasi-episcopal de nullius, que implicaba una extensa actividad pastoral a causa de su situaci\u00f3n fronteriza y su jurisdicci\u00f3n sobre un n\u00famero de aldeas. Circunstancias locales deben haber impuesto tambi\u00e9n actividades pastorales a un cierto n\u00famero de abad\u00edas, porque, en 1234, el Cap\u00edtulo General repiti\u00f3 con energ\u00eda la prohibici\u00f3n de que los monjes trabajaran en parroquias, y orden\u00f3 su in mediante retorno a los monasterios. Al a\u00f1o siguiente, se repiti\u00f3 la misma reglamentaci\u00f3n, con el a\u00f1adido de que las capillas que ya estaban en posesi\u00f3n de una abad\u00eda deb\u00edan ser atendidas a base de sacerdotes seculares. En 1236, el Cap\u00edtulo volvi\u00f3 otra vez al mismo tema, declarando que las abad\u00edas que hab\u00edan administrado capillas antes de unirse a la Orden, pod\u00edan retenerlas, siempre y cuando los abades contrataran cl\u00e9rigos seculares para su atenci\u00f3n. No obstante, en el mismo estatuto se establece una excepci\u00f3n para Les Dunes y Ter Doest \u2013 \u00abambas con capillas en varias islas en el mar\u00bb \u2013, donde debido al completo aislamiento, los fieles contaban exclusivamente con el ministerio de los monjes. De acuerdo con esto, se nombraron tres sacerdotes cistercienses en cada capilla, para servir \u00aba gran n\u00famero de hermanos legos y personas seglares\u00bb.<br \/>\nEs probable que esta concesi\u00f3n estuviera inspirada en permisos papales previos a abad\u00edas concretas. En 1232, Gregorio IX permiti\u00f3 a los monjes de Cwmhir (Gales) administrar los sacramentos a sus servidores y arrendatarios, porque debido a la localizaci\u00f3n monta\u00f1osa de la abad\u00eda, no pod\u00eda llegar all\u00ed ning\u00fan sacerdote secular. Holy Cross (establecida en 1180 en Irlanda) fund\u00f3 varias capillas en sus propios terrenos y, del siglo XIII en adelante, la mayor\u00eda de las parroquias vecinas fueron atendidas por los mismos monjes. La actividad pastoral recibi\u00f3 nuevo impulso cuando, a consecuencia de la cruzada de Ricardo I, se depositaron en la abad\u00eda reliquias de la Santa Cruz, transformando la modesta casa en uno de los santuarios m\u00e1s visitados del pa\u00eds.<br \/>\nEn Saint Urban (Suiza), la actividad pastoral comenz\u00f3 alrededor de 1280, con la adquisici\u00f3n del Santuario de Freibach. Hacia comienzos del siglo XVI, la abad\u00eda ten\u00eda derechos de patronato sobre diez iglesias parroquiales y buen n\u00famero de capillas, la mayor\u00eda de las cuales estaban atendidas por el clero secular, pero en las cuatro iglesias m\u00e1s cercanas a la abad\u00eda los propios monjes cuidaban de la feligres\u00eda.<br \/>\nMeaux, bajo el abad Roger (1286-1310), recibi\u00f3 una importante donaci\u00f3n para misas de aniversario y una capilla en Ottringham. Sus condiciones estipulaban oficios solemnes y perpetuos en beneficio de los miembros difuntos de la familia del donante. El abad acept\u00f3 el regalo, y envi\u00f3 siete monjes a la capilla mencionada, que se establecieron en un lugar llamado posteriormente \u00abMonkgarth\u00bb. Pero esta casa retirada se vio envuelta en incidentes motivados por escandalosas faltas de disciplina, con tanta frecuencia, que sus habitantes tuvieron que ser llamados de nuevo a la abad\u00eda. Durante el siglo XIV, varias abad\u00edas renanas emprendieron con tanta intensidad trabajos pastorales, que el Cap\u00edtulo General decidi\u00f3 intervenir. En 1393, el abad de Morimundo, en su visita regular, hall\u00f3 que muchos monjes de Camp, Altenberg y Heisterbach viv\u00edan en parroquias, y orden\u00f3 su inmediato retorno a las abad\u00edas.<br \/>\nA pesar de las frecuentes protestas del Cap\u00edtulo, los monjes continuaron con el servicio pastoral directo de los fieles, especialmente, cuando razones econ\u00f3micas exig\u00edan esos servicios. Tal fue el caso de Silesia, donde todas las abad\u00edas cistercienses quedaron tan devastadas durante la guerra de los husitas, que resultaron incapaces de albergar y alimentar a sus propios miembros. Muchos monjes s\u00f3lo pudieron encontrar una subsistencia segura en las parroquias. En la segunda mitad del siglo XV, las seis abad\u00edas de Silesia prove\u00edan todas con su propio personal a las parroquias y, entre ellas, Leubus y Kamenz contaban diez iglesias cada una.<br \/>\nPor \u00faltimo, en 1489, hasta el Cap\u00edtulo General lleg\u00f3 a aceptar la costumbre inevitable. Aunque un nuevo estatuto repet\u00eda que los monjes no deber\u00edan comprometerse en la \u00abcura de almas\u00bb, se otorgaba permiso para atender a iglesias y capillas ya incorporadas por las abad\u00edas.\n<\/p>\n<h1>Trabajo Pastoral en Austria<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Austria fue el pa\u00eds donde el trabajo pastoral termin\u00f3 por absorber las energ\u00edas de un n\u00famero importante de monjes sacerdotes. Ya en el siglo XIII, la mayor\u00eda de las once abad\u00edas austr\u00edacas pose\u00edan iglesias y, en el siglo XIV, gozaban de todos los derechos de patronato sobre las mismas. Bonifacio IX permiti\u00f3 en 1399 a Zwettl instalar a cistercienses como p\u00e1rrocos perpetuos en las iglesias de la abad\u00eda. La tendencia prosigui\u00f3 y, hacia el siglo XVII, la mayor\u00eda de las iglesias cistercienses estaban atendidas por monjes de la Orden. En 1758, sobre un total de trescientos diecisiete sacerdotes en la provincia austr\u00edaca, setenta y cinco se ocupaban activamente en tareas pastorales. Hacia 1780, el n\u00famero de parroquias cistercienses en ese pa\u00eds hab\u00eda aumentado a setenta y tres. Entre 1780 y 1790, bajo la presi\u00f3n del gobierno de Jos\u00e9 II, la Orden tuvo que asumir las responsabilidades de cuarenta y cinco iglesias adicionales.<br \/>\nAdem\u00e1s de los trabajos de rutina del cuidado pastoral, a partir del siglo XIII, muchas abad\u00edas cistercienses formaron y dirigieron variedad de confraternidades y sociedades piadosas. La organizaci\u00f3n comenz\u00f3 con una lista de benefactores con derechos a compartir ciertos beneficios espirituales de la Orden, tales como misas de aniversario y oficios especiales por los difuntos. Himmerod, en el siglo XIII, tuvo dos listas de nombres, uno para los donantes m\u00e1s prominentes en una \u00abconfraternidad plenaria\u00bb y la otra de benefactores menos importantes, que formaban la \u00abconfraternidad com\u00fan\u00bb. Al comienzo, ambas listas estaban constituidas en forma predominante por miembros de la nobleza, pero su composici\u00f3n tom\u00f3 finalmente su car\u00e1cter cada vez m\u00e1s burgu\u00e9s. Ser miembro de la \u00abconfraternidad plenaria\u00bb implicaba la transferencia de todos los bienes del donante a la abad\u00eda (aunque reten\u00eda el usufructo de los mismos de por vida), a la vez que promet\u00eda no volverse a casar despu\u00e9s de la muerte de su esposa, y si era soltero, continuar en el celibato hasta el resto de sus d\u00edas. Despu\u00e9s de 1440, existi\u00f3 en Himmerod una cofrad\u00eda de los Hermanos Difuntos (Totenbruderschaft), a cuyos miembros se promet\u00eda un cierto n\u00famero de misas despu\u00e9s de su muerte y una participaci\u00f3n en los m\u00e9ritos de las oraciones de los monjes. Sus miembros hac\u00edan sus devociones en una capilla especial, bajo la gu\u00eda de un monje, que serv\u00eda de maestro. Se responsabilizaban de la decoraci\u00f3n de los altares, y prove\u00edan de determinada cantidad de candelas. Por el mismo tiempo, exist\u00eda en Kamp una organizaci\u00f3n similar, pero m\u00e1s amplia.<br \/>\nEn muchas abad\u00edas, el n\u00famero de misas de aniversario creci\u00f3 hasta alcanzar cifras prodigiosas, que impon\u00edan una pesada carga a los sacerdotes del monasterio. En 1448, el Cap\u00edtulo General prohibi\u00f3 la ulterior aceptaci\u00f3n de misas perpetuas de aniversario sin la autorizaci\u00f3n del Cap\u00edtulo, \u00abno sea que los monasterios est\u00e9n sobrecargados o las almas de los muertos sean, de alguna forma, defraudadas\u00bb.<br \/>\nEn 1144, un pastor tuvo una visi\u00f3n de catorce personas rodeando y adorando al ni\u00f1o Jes\u00fas en un predio de la abad\u00eda b\u00e1vara de Langheim. Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, se erigi\u00f3 en ese sitio un santuario en honor de los \u00abCatorce Santos Auxiliadores en la necesidad\u00bb (Vierzehnheiligen). La comunidad cisterciense se vio pronto involucrada en esta devoci\u00f3n tan popular, que era compartida por otras casas de la Orden, tales como Raitenhaslach, Waldsassen, Kamenz, Neuzelle, Heinrichau y Gr\u00fcssau. En dichas abad\u00edas, cediendo a la demanda popular, se dedicaron capillas y altares a los catorce santos, y se rezaban misas en su honor. Durante la Guerra de los campesinos de 1525, Langheim y Vierzehnheiligen fueron destruidas, pero el santuario gan\u00f3 nueva popularidad en el siglo XVII. Centro de peregrinaciones, la magn\u00edfica iglesia barroca dise\u00f1ada por el gran Baltasar Neumann y consagrada en 1772, atestigua todav\u00eda el vigor del movimiento piadoso que apadrinaban los cistercienses.\n<\/p>\n<h1>Trabajo pastoral en Suiza<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Suiza, Saint Urban fue otro centro de devoci\u00f3n popular. En 1231, se organiz\u00f3 para los benefactores la Confraternidad de San Bernardo y, en el siglo XVII, la Sociedad del Escapulario. Freibach centr\u00f3 tambi\u00e9n una confraternidad piadosa fundada por el gremio de los herreros de Emmental y Oberaargau. En la primera mitad del siglo XVII, unos setenta maestros del gremio participaban en las peregrinaciones anuales a Freibach.<br \/>\nEn 1226, F\u00fcrstenfeld, otra gran abad\u00eda b\u00e1vara, recibi\u00f3 la aldea de Inchenhofen y, con ella, el santuario que honraba a san Leopardo. Sacerdotes de la comunidad se hicieron cargo de la iglesia, cuya popularidad aument\u00f3 cada vez m\u00e1s durante el siglo XIV. En 1401, Bonifacio IX autoriz\u00f3 a diez cistercienses de F\u00fcrstenfeld a confesar en el santuario. La misma abad\u00eda erigi\u00f3 en 1414 otro santuario honrando a san Willibaldo, al mismo tiempo que promov\u00eda la veneraci\u00f3n de la Santa Cruz en una parroquia de su propiedad.\n<\/p>\n<h1>Trabajo pastoral en Francia y Alemania<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los siglos XV y XVI, el Cap\u00edtulo General apoy\u00f3 gustosamente las sociedades piadosas que eran tan populares en Francia como en Alemania. En 1491, dio su bendici\u00f3n a la Confraternidad de san Sebasti\u00e1n, patrocinada por el abad de Theuley, cerca de Besan\u00e7on, prometiendo a sus miembros compartir los m\u00e9ritos de las oraciones de los monjes y de las buenas obras realizadas en todas las abad\u00edas de la Orden. En 1494, se otorgaron beneficios similares a la Confraternidad de los Siete Gozos de la Sant\u00edsima Virgen, organizada por La Fert\u00e9. En 1520, se favoreci\u00f3 de igual modo a una sociedad devota que honraba a santa Margarita, san Antonio y san Leonardo, en la abad\u00eda alemana de Sch\u00f6nthal.<br \/>\nBajo el abad Nicol\u00e1s Wydenbosch (Salicetus), la casa alsaciana de Baumgarten se convirti\u00f3 en un floreciente centro de devoci\u00f3n. A petici\u00f3n del abad, el Cap\u00edtulo General de 1488 otorg\u00f3 a todos los miembros de la confraternidad de la Inmaculada Concepci\u00f3n el derecho de participar del tesoro espiritual de la Orden. Muchos miembros de la Confraternidad pertenec\u00edan al c\u00edrculo de devotos burgueses de Berna, ciudad natal del abad.<br \/>\nLas reformas mon\u00e1sticas del siglo XVII, incluyendo la Estricta Observancia, miraban con recelo la actividad pastoral de los monjes fuera de sus abad\u00edas. Su desaprobaci\u00f3n hall\u00f3 eco en el Cap\u00edtulo General de 1672, que present\u00f3 una apelaci\u00f3n a la Santa Sede, rogando a las autoridades que no confiaran a los cistercienses ning\u00fan t\u00edtulo o posici\u00f3n que significara un ministerio activo. El Cap\u00edtulo de 1683 deliber\u00f3 sobre el mismo tema, y propuso retirar a todos los cistercienses que trabajaran en parroquias. Pero, a la saz\u00f3n, tales tareas estaban tan profundamente arraigadas en las tradiciones de muchas abad\u00edas, especialmente las ubicadas en pa\u00edses de habla alemana, que no se pod\u00eda esperar ning\u00fan cambio notable.<br \/>\nLas tendencias devocionales del barroco pusieron nuevo \u00e9nfasis en las sociedades piadosas y las peregrinaciones, lo que dio por resultado una actividad pastoral cisterciense cada vez mayor. Bajo el abad Roberto de Namur (1647-1652), los monjes de Villers se ocuparon de la direcci\u00f3n espiritual de trece monasterios femeninos afiliados. Unos veinticinco monjes estuvieron ocupados en \u00e9ste y otros tipos de actividad pastoral hasta el final del siglo XVIII. Bajo la influencia de Aldersbach, en Baviera, el culto de la Sant\u00edsima Virgen se difundi\u00f3 en cuatro santuarios, que llegaron a ser muy populares en los siglos XVII y XVIII (K\u00f6sslarn, Rotthalm\u00fcnster, Sammerei, Frauent\u00f6dling).<br \/>\nDentro del territorio de los Habsburgo, la veneraci\u00f3n de san Jos\u00e9 logr\u00f3 gran popularidad, a causa de que el santo era patr\u00f3n de la familia imperial. En 1653, se fund\u00f3 una confraternidad de san Jos\u00e9 bajo los auspicios de la casa austr\u00edaca de Lilienfeld, que goz\u00f3 de la m\u00e1s amplia expansi\u00f3n y de la mejor reputaci\u00f3n hasta su disoluci\u00f3n en 1781. Entre sus miembros, no s\u00f3lo se encontraban masas de humildes pobladores rurales e incontables burgueses piadosos,. sino muchos miembros de la familia de los Habsburgo y encumbrados personajes de la jerarqu\u00eda. Hacia 1755, el registro de la Confraternidad contaba con 215.000 nombres.\n<\/p>\n<h1>Hemandad de San Jos\u00e9<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Hermandad de San Jos\u00e9, fundada en 1688 por Gr\u00fcssau, en Silesia, gan\u00f3 popularidad semejante. En ella se alistaron tanto individuos como comunidades, de tal manera que, al concluir el siglo, estaban inscritos en los registros de la asociaci\u00f3n no menos de 43.000 nombres. Las reglas exig\u00edan oraciones diarias al Santo, comuni\u00f3n mensual y dedicaci\u00f3n de obras de caridad a pobres y enfermos.<br \/>\nMientras que la educaci\u00f3n de ni\u00f1as en casas femeninas cistercienses fue una costumbre ampliamente aceptada, los primitivos estatutos del Cap\u00edtulo General hab\u00edan excluido a los ni\u00f1os de los monasterios masculinos. No obstante, parece que los talleres de muchas abad\u00edas pr\u00f3speras atrajeron a un cierto n\u00famero de adolescentes, que no ten\u00edan intenci\u00f3n de convertirse en monjes, pero estaban interesados en aprender de los hermanos alg\u00fan oficio. Estas costumbres eran toleradas, inclusive en el siglo XII, y el Cap\u00edtulo de 1195 insist\u00eda simplemente en que los adolescentes admitidos como aprendices en los \u00abtalleres de tejedores, sastres y curtidores\u00bb tuvieran, por lo menos, doce a\u00f1os de edad.<br \/>\nEl Cap\u00edtulo de 1205 prorrumpi\u00f3 en invectivas contra ciertos abades de Frisia, cuyos nombres no se especifican, \u00abque hab\u00edan admitido para su instrucci\u00f3n ni\u00f1os menores de quince a\u00f1os\u00bb. De acuerdo con las estrictas reglas de la Orden (esos abades), merec\u00edan ser depuestos; sin embargo, suponiendo que todav\u00eda no pudieron recibir las definiciones (pertinentes), est\u00e1n, por el momento, absueltos\u00bb. La misma admonici\u00f3n se hizo al abad de Ile-en-Barrois, cerca de Toul, y fue repetida \u00aben forma irrevocable\u00bb en 1206. Una de esas abad\u00edas \u00abdelincuentes\u00bb pudo haber sido Adwert, en Frisia occidental, que en el siglo xlv manten\u00eda una \u00abEscuela Roja\u00bb (Schola rubea) para ni\u00f1os. Debi\u00f3 haber estado muy concurrida, porque a causa de la Peste Negra, en 1350, murieron all\u00ed veintinueve estudiantes. En la \u00e9poca de la Reforma, la misma instituci\u00f3n gozaba de merecida fama en todo el pa\u00eds. De acuerdo con algunas indicaciones, otros monasterios de los Pa\u00edses Bajos, como Nizelle, Boneffe y Moulins, contaban tambi\u00e9n con establecimientos educativos antes de la Reforma.<br \/>\nEn el siglo XV, Saint Urban, en Suiza, creci\u00f3 hasta convertirse en un centro renombrado de estudios humanistas. El abad Nicol\u00e1s von Hollstein (1441-1480), natural de Basilea, fund\u00f3 la \u00abEscuela abacial\u00bb, que alcanz\u00f3 su total desarrollo bajo el abad Sebasti\u00e1n Seemann (1534-1557), cuando emple\u00f3 a algunos de los mejores maestros de su pa\u00eds. En la visita regular de 1579, el abad general Nicol\u00e1s Boucherat I hall\u00f3 en la abad\u00eda a \u00abdoce adolescentes, que recib\u00edan instrucci\u00f3n en gram\u00e1tica\u00bb.<br \/>\nEn Inglaterra, antes de la Disoluci\u00f3n, Furness ten\u00eda una escuela de gram\u00e1tica y de canto para ni\u00f1os (schola cantorum), que eran pupilos dentro de la abad\u00eda; y Biddlesden aloj\u00f3 nueve ni\u00f1os en circunstancias similares. Newminster ten\u00eda cuatro ni\u00f1os de coro; mientras Waburn albergaba a tres con su maestro. En Ford, un tal Guillermo Tyler, maestro de arte, disfrutaba de casa, comida y una anualidad respetable por ense\u00f1ar gram\u00e1tica a los adolescentes que viv\u00edan en la abad\u00eda, y clases de Biblia para los monjes.<br \/>\nZwettl, en Austria, form\u00f3 un coro de ni\u00f1os en el siglo XV. Esta instituci\u00f3n sobrevivi\u00f3 la Reforma y las guerras religiosas y, bajo el abad Bernardo Link (1646-1671), el n\u00famero de ni\u00f1os, que estaban all\u00ed como pupilos y recib\u00edan instrucci\u00f3n en forma gratuita, alcanz\u00f3 a treinta. La tradici\u00f3n se ha continuado hasta el presente: los \u00abZwettler S\u00e4ngerknaben\u00bb (Ni\u00f1os Cantores de Zwettl) gozan de una bien merecida fama internacional.<br \/>\nSiempre hab\u00eda sido excepcional que los cistercienses mantuvieran instituciones educativas antes del siglo XVIII. La generalizada actitud prohibitiva se transform\u00f3, sin embargo, en un intenso inter\u00e9s bajo el impacto de la filosof\u00eda utilitaria de la Ilustraci\u00f3n. La abad\u00eda silesa de Rauden fund\u00f3 un seminario y escuela de Lat\u00edn en 1743, bajo la ben\u00e9vola mirada de Federico II. La mayor\u00eda de los estudiantes eran pupilos en el monasterio, donde la formaci\u00f3n para el sacerdocio era la principal preocupaci\u00f3n de los monjes. Antes de la supresi\u00f3n de la abad\u00eda en 1810, los registros de la escuela inclu\u00edan 2.000 estudiantes, de los cuales cerca de 500 llegaron a ser sacerdotes. Tambi\u00e9n en otras abad\u00edas alemanas cistercienses fueron bastante comunes instituciones similares.\n<\/p>\n<h1>Supresi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">La supresi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas en 1773, constituy\u00f3 un poderoso incentivo para que los cistercienses dirigieran escuelas abandonadas por los jesuitas. Gotteszell, en Baviera, que, antes de esa \u00e9poca, manten\u00eda un modesto establecimiento educativo, tom\u00f3 a su cargo el gymnasium de Burghausen, que anteriormente perteneciera a los jesuitas. El mismo desaf\u00edo indujo a muchas abad\u00edas en el Imperio de los Habsburgo a dedicarse a la educaci\u00f3n, que se convirti\u00f3 durante el siglo XIX en la ocupaci\u00f3n dominante de la mayor\u00eda de sus miembros.<br \/>\nLas operaciones bancarias fueron un servicio social un tanto inesperado, prestado por muchas abad\u00edas cistercienses medievales. La forma m\u00e1s com\u00fan era el dep\u00f3sito de dinero o la custodia de objetos valiosos confiados a los monjes por seglares. El Cap\u00edtulo General no formul\u00f3 objeciones, pero pronto sinti\u00f3 la necesidad de reglamentar el limite de las responsabilidades a asumir. Un estatuto de 1183 decret\u00f3 que deb\u00eda haber tres testigos cuando se aceptaran sumas mayores de 100 sueldos. Aunque se tomaran todas las precauciones para la seguridad del dep\u00f3sito, los monjes no se har\u00edan responsables en caso de p\u00e9rdidas. De acuerdo con otro estatuto promulgado en 1195, deb\u00edan ser expulsados los monjes o conversos que no administraran los fondos honradamente.<br \/>\nLa frecuente reinversi\u00f3n como pr\u00e9stamos del dinero depositado fue signo de las condiciones econ\u00f3micas cambiantes. El Cap\u00edtulo de 1209, empero, prohibi\u00f3 terminantemente estas pr\u00e1cticas, a menos que las permitiera el propio depositante.<br \/>\nLa historia llena de color de las abad\u00edas galesas pueden darnos algunos ejemplos concretos de ello. Dore y Margam operaban en gran escala. En 1187, un tal Guho de Hereford pidi\u00f3 prestada una gran suma para pagar su liberaci\u00f3n del cautiverio. En \u00e9ste, como en otros casos similares, los monjes exigieron garant\u00edas, tales como joyas, hasta que la suma fuera devuelta. Las dos abad\u00edas actuaron tambi\u00e9n como recaudadoras de impuestos en el siglo XIV, recibiendo y custodiando diezmos, ya sea en nombre del clero o de la tesorer\u00eda real. Dore recaud\u00f3 y retuvo entre 1328 y 1329, 700 \u00a3, gastadas finalmente en la manutenci\u00f3n de la reina Isabel, madre de Eduardo III. En 1320, Margam pidi\u00f3 ser excusada de dichas responsabilidades, porque la abad\u00eda no ten\u00eda medios para guardar el dinero en forma segura.<br \/>\nEstos servicios ten\u00edan sus peligros e inconvenientes. En Inglaterra, durante el reinado de Eduardo II (1307-1327), los monjes de Stoneleigh aceptaron la custodia de grandes sumas de los Despenser, poderosa familia que gozaba del favor real. Un grupo de sus enemigos, dirigido por el Conde de Hereford, se enter\u00f3 de las transacciones, irrumpi\u00f3 en la abad\u00eda y se llev\u00f3 1.000 \u00a3 en efectivo, a m\u00e1s de oro y plata por valor similar.<br \/>\nPoblet se encontr\u00f3 con frecuencia convertida en banquero real. La abad\u00eda comenz\u00f3 a prestar sumas de dinero a los reyes de Arag\u00f3n, hacia la d\u00e9cada de 1170. Al comienzo, esos cr\u00e9ditos sirvieron para financiar las guerras contra los moros, pero posteriormente, en el siglo XIII, Jaime I (1213-1276) recibi\u00f3 pr\u00e9stamos cuando estaba por atacar a Mallorca y Valencia. En 1258, la abad\u00eda otorg\u00f3 40.000 solidi de Barcelona a Pedro el Grande para organizar las defensas contra una esperada invasi\u00f3n francesa.<br \/>\nA partir de 1257, y casi durante un siglo, San Galgano prove\u00eda de conversos que actuaban como supervisores en la administraci\u00f3n de la ciudad de Siena. Todav\u00eda se conservan los libros de cuentas de la ciudad, ricamente ilustrados, donde se ve con frecuencia la figura encogullada de los hermanos como elemento decorativo. Los abades cistercienses, como administradores de grandes extensiones de tierra en la \u00e9poca feudal, debieron actuar con frecuencia como jueces en casos que involucraran a sus servidores. Perteneci\u00f3 siempre al abad la jurisdicci\u00f3n criminal sobre monjes y hermanos legos, y el Cap\u00edtulo General siempre defendi\u00f3 en forma en\u00e9rgica este privilegio. Por otro lado, el mismo Cap\u00edtulo se opon\u00eda firmemente a que las abad\u00edas tuvieran jurisdicci\u00f3n sobre seglares, aun cuando \u00e9stos fueran empleados de la misma. El Cap\u00edtulo de 1206 declaraba terminantemente que \u00abning\u00fan abad pod\u00eda ejercer la jurisdicci\u00f3n secular por medio de monjes o hermanos, porque tales incidentes traen aparejado gran esc\u00e1ndalo para toda la Orden\u00bb. Presumiblemente, el \u00ababogado\u00bb secular o episcopal de la abad\u00eda dispensaba justicia criminal para los seglares ocupados por la misma.<br \/>\nSin embargo, en aquellos lugares donde las granjas primitivas se hab\u00edan transformado en aldeas habitadas por arrendatarios seglares, result\u00f3 problem\u00e1tica la renuncia completa de la jurisdicci\u00f3n abacial sobre los procesos. El Cap\u00edtulo General de 1240 habl\u00f3 s\u00f3lo sobre los casos en que correspondiera pena capital, cuando establec\u00eda que: \u00aba ning\u00fan (abad) se le permite ejercer jurisdicci\u00f3n que involucre derramamiento de sangre realizado por los monjes o hermanos; debemos dirigirnos a la justicia secular para poder sortear la amenaza de ladrones y malhechores\u00bb.<br \/>\nPor \u00faltimo, e inevitablemente, los abades se convirtieron en responsables del mantenimiento de cortes de justicia se\u00f1oriales, aunque un baile o mayoral termin\u00f3 por presidir casos concretos. La jurisdicci\u00f3n de algunas abad\u00edas importantes, tales como Pontigny, se extend\u00eda a los delitos capitales y, a partir del siglo XV, se condenaba a muerte con frecuencia. Tintern, en Gales, tambi\u00e9n ostentaba derechos para \u00abahorcar y condenar a muerte o mutilaci\u00f3n\u00bb. Alrededor del 1200, Walter Map, atacando a la abad\u00eda, repet\u00eda el chisme acerca de un hombre al que los monjes hab\u00edan \u00abahorcado y enterrado en la arena\u00bb, despu\u00e9s de haberlo encontrado robando sus manzanas. Basingwert mostraba una picota, una carreta y otros instrumentos de castigo, aunque la pena que se inflig\u00eda con mayor frecuencia era una multa.<br \/>\nEn 1348, un privilegio confirm\u00f3 el derecho de Mellifont (Irlanda) a ejercer toda la jurisdicci\u00f3n criminal, incluyendo la pena capital, dentro de sus extensos dominios. En el mismo pa\u00eds se consideraba al abad de Holy Cross, como el \u00abconde\u00bb del condado de la Cruz. El rey Juan reconoci\u00f3 el alto rango del abad, quien a menudo era invitado a sentarse en el Parlamento. Dado que cada condado ten\u00eda dos tribunales, la \u00abcorte del rey\u00bb estaba a cargo del fuero criminal, mientras que la \u00abcorte del conde\u00bb, en este caso el abad, ten\u00eda jurisdicci\u00f3n civil sobre todos los individuos dentro del condado de la Cruz. La jurisdicci\u00f3n civil del abad permaneci\u00f3 sin ser cuestionada hasta la Disoluci\u00f3n, bajo Enrique VIII.<br \/>\nHacia fines del siglo XIV, el abad de Salem, en Suabia, ejerc\u00eda autoridad judicial sobre nueve aldeas de la vecindad. Originariamente, su jurisdicci\u00f3n alcanzaba s\u00f3lo a los delitos menores, mientras que los \u00abcuatro grandes casos\u00bb (asesinato, robo, incendio premeditado y hurto), pertenec\u00edan al tribunal de los condes de Heiligenberg. Al mismo tiempo, unas pocas abad\u00edas alemanas, tales como Waldsassen y Doberan, ejerc\u00edan la \u00abalta justicia\u00bb en toda su extensi\u00f3n, la pena capital inclusive. La autoridad de Salem no se limitaba a la justicia criminal. El abad tambi\u00e9n ten\u00eda autoridad para promulgar \u00f3rdenes, reglamentos y prohibiciones para las aldeas bajo su jurisdicci\u00f3n, especialmente en materia de industria, comercio y la regulaci\u00f3n de los mercados locales. El Emperador Federico III le permiti\u00f3, en 1470, recaudar impuestos y tributos a sus s\u00fabditos, lo mismo que exigirles prestaciones de trabajo y el servicio militar. El papel gubernamental de Salem descansaba en gran parte en su condici\u00f3n de \u00ababad\u00eda imperial\u00bb (Reichsabtei) otorgada por el Emperador Carlos IV en 1354. En virtud de este privilegio, la abad\u00eda qued\u00f3 bajo la autoridad inmediata del emperador, y el abad de Salem gozaba de los mismos derechos que los pr\u00edncipes del imperio. El proceso de independencia administrativa alcanz\u00f3 su plenitud en 1637, cuando se transfiri\u00f3 a la abad\u00eda la jurisdicci\u00f3n sobre cr\u00edmenes capitales.<br \/>\nQuiz\u00e1 sea innecesario aclarar que la relaci\u00f3n entre las abad\u00edas cistercienses y la sociedad circundante no transcurri\u00f3 sin tensi\u00f3n y hostilidad ocasionales. Aparte de la validez de los cargos espec\u00edficos, el mismo r\u00e1pido crecimiento de la Orden provoc\u00f3 fuertes cr\u00edticas entre todos aquellos que se ve\u00edan amenazados, o por lo menos desfavorablemente afectados, por el \u00e9xito de los monjes. Los cistercienses continuaron adquiriendo tierra durante el siglo XIII, pero a un ritmo menos intenso, y esto coincidi\u00f3 con un notable crecimiento de la poblaci\u00f3n rural, que a su vez produc\u00eda un aumento en la demanda de tierras. Las grandes abad\u00edas ten\u00edan firmemente en sus \u00abmanos muertas\u00bb gran parte de la escasa tierra. Como su valor iba en constante aumento, hab\u00eda de provocar inevitablemente la desaprobaci\u00f3n de los contempor\u00e1neos. La imagen de vastas posesiones mon\u00e1sticas en medio de una extensi\u00f3n de tierra, que iba disminuyendo en forma gradual, fue la principal responsable de los distintos cargos formulados contra los cistercienses durante el siglo XIII.<br \/>\nLa envidia de los Monjes Negros y de otras organizaciones religiosas antiguas levantaron la primera ola de protestas. A ella se unieron luego los obispos, que objetaban contra la exenci\u00f3n cada vez m\u00e1s amplia y las inmunidades fiscales de la Orden. Por \u00faltimo, muchas abad\u00edas cistercienses se encontraron rodeadas de grandes estados laicos, cuyos poderosos due\u00f1os utilizaron todos los medios para contener la expansi\u00f3n de las mismas.<br \/>\nSum\u00e1ndose al primitivo antagonismo entre los Monjes Blancos y Cluny, alrededor de 1130, un can\u00f3nigo de la catedral de Chartres, Payen Bolotin, dirigi\u00f3 un ataque demoledor contra todos los reformadores mon\u00e1sticos, pero en especial contra aquellos que \u00abvest\u00edan el h\u00e1bito blanco\u00bb. Su obra era un poema sat\u00edrico, en el que usaba de todas las libertades del g\u00e9nero literario para proferir un aluvi\u00f3n de denuncias contra la avaricia, hipocres\u00eda, autoglorificaci\u00f3n jactanciosa y vano deleite en las novedades por parte de los monjes. Seg\u00fan el encolerizado can\u00f3nigo, todos esos vicios hab\u00edan sembrado confusi\u00f3n en \u2013 la Iglesia, en tal grado, que uno se sent\u00eda forzado a mirar a los nuevos monjes como a falsos profetas apocal\u00edpticos.<br \/>\nLa inmunidad respecto del pago de diezmos, unida a la efectiva adquisici\u00f3n de iglesias y los pedidos de exenci\u00f3n, destruyeron pronto la primitiva relaci\u00f3n amistosa entre las abad\u00edas cistercienses y los obispos vecinos. Las voces de cr\u00edtica de la jerarqu\u00eda encontraron eco vigoroso en Roma, y aun grandes amigos de la Orden, como Alejandro III, no dudaron en emplear un duro lenguaje para recordar al Cap\u00edtulo General su misi\u00f3n de mantener la observancia de los primitivos ideales de Cister.<br \/>\nUna carta de Inocencio III al Cap\u00edtulo General de 1214 contiene el cat\u00e1logo m\u00e1s completo de los cargos en boga contra la Orden: debido a la falta de pago de diezmos, muchas iglesias parroquiales se hab\u00edan arruinado; abad\u00edas \u00e1vidas de tierras hab\u00edan hecho tan miserable la vida de sus vecinos, que \u00e9stos se vieron obligados a vender sus propiedades a los monjes; la Orden, a despecho de sus propias leyes, se ocupaba de comprar art\u00edculos de consumo para venderlos a mayor precio; ciertos monasterios, contra los ideales que profesaban, hab\u00edan aceptado iglesias y desarrollaban actividad pastoral; y finalmente, las personas ricas pod\u00edan comprar el derecho de ser enterradas en las iglesias cistercienses. Todas estas transgresiones, denunciaba el Papa, \u00abestaban contra vuestros estatutos originales, que hab\u00e9is relajado en \u00e9stos y en otros aspectos en tal grado, que a menos que se los restaure inmediatamente en . toda su integridad, se puede temer un desastre inminente para vuestra Orden\u00bb.<br \/>\nEl Cap\u00edtulo General reaccion\u00f3 a los cargos con una serie de reglamentaciones restrictivas, pero las cr\u00edticas clericales no pod\u00edan ser acalladas con una simple manifestaci\u00f3n de buenas intenciones. Casi un siglo despu\u00e9s (1284), el arzobispo John Pechan de Canterbury, un franciscano, adversario reconocido de los monjes, protestaba vivamente ante Eduardo I contra la transferencia de Aberconway a Maenan, argumentando que \u00abel p\u00e1rroco \u2018del lugar, lo mismo que muchas otras personas, experimentaban gran temor por la proximidad de los susodichos monjes. Porque, aunque ellos sean buenas personas, si Dios gusta, son los peores vecinos que puedan tener prelados y p\u00e1rrocos. Porque, donde apoyan el pie destruyen aldeas, quitan diezmos, y cercenan con sus privilegios todo el poder de los prelados\u00bb.<br \/>\nLa Orden sufri\u00f3 una considerable p\u00e9rdida de prestigio cuando estaba todav\u00eda en un proceso de vigorosa expansi\u00f3n, a causa de los cargos de los cl\u00e9rigos, inferiores en rango, pero m\u00e1s poderosos para influir en la opini\u00f3n p\u00fablica. Pertenec\u00edan a una nueva clase de propagandistas bien ilustrados y vers\u00e1tiles, que no vacilaban en sacar las mejores ventajas de sus habilidades literarias, nutridas en Horacio, Juvenal y Marcial, para atacar a sus enemigos, reales o imaginarios. Entre ellos, el mejor conocido fue Gerardo de Gales (\u2020 1223), un cr\u00edtico acerbo de los monjes. Aunque fue hu\u00e9sped asiduo de los abades galeses, estaba convencido de haber sido menospreciado, y en desquite, recopil\u00f3 an\u00e9cdotas perjudiciales sobre ellos. Cinco de sus v\u00edctimas fueron cistercienses. Gerardo no estaba ciego a las virtudes de la Orden, pero repet\u00eda con vehemencia los cargos de avaricia, el habitual bald\u00f3n usado por los rivales incapaces contra los monjes industriosos y frugales. Pensaba que los cistercienses franceses, en contraposici\u00f3n a sus cofrades ingleses, hab\u00edan conservado mejor el esp\u00edritu inicial de la Orden. Los h\u00e1bitos de estos \u00faltimos \u00abse hab\u00edan vuelto negros como holl\u00edn, con manchas que resist\u00edan a la habilidad del batanero, y a la fuerza de la lej\u00eda m\u00e1s poderosa\u00bb.<br \/>\nUn contempor\u00e1neo y compatriota suyo, Walter Map (\u2020 1210) experimentaba un intenso desagrado por los cistercienses, en gran parte porque hab\u00eda sido perjudicado por los monjes de Flazley. Tambi\u00e9n acusaba a la Orden de vergonzosa avaricia, pero sus cargos hicieron m\u00e1s da\u00f1o porque pertenec\u00eda al c\u00edrculo de allegados al s\u00e9quito personal de Enrique III. Al siempre repetido pecado de avaricia, agregaba otros, tales como la crueldad con los habitantes de las aldeas destruidas por los monjes y la falsificaci\u00f3n de t\u00edtulos, por medio de los cuales los monjes violaban los l\u00edmites de las propiedades legales de otras personas. No le causaron ninguna impresi\u00f3n el trabajo duro y la vida simple de los cistercienses, y sosten\u00eda que el habitante de las tierras altas de Gales llevaba una experiencia m\u00e1s austera y laboriosa.<br \/>\nUn tercer contempor\u00e1neo, Nigel Vireker (\u2020 hacia 1207), monje de Christ Church, reproduc\u00eda una versi\u00f3n m\u00e1s moderada de las cr\u00edticas existentes en su sat\u00edrico Espejo de Tontos (Speculum Stultorum). Estaba dispuesto a reconocer la laboriosidad y frugalidad de los Monjes Blancos, pero los fustigaba por su avaricia, por no tolerar vecinos, y no estar nunca satisfechos de su abundancia. Lo mismo que los otros cr\u00edticos, hac\u00eda innumerables chanzas de p\u00e9simo gusto.<br \/>\nEl equivalente franc\u00e9s de los sat\u00edricos ingleses, Guiot de Provins, se lamentaba, alrededor de 1205, de la expansi\u00f3n sin freno de las posesiones cistercienses, donde manadas de cerdos pastaban en cementerios profanados, y los vecinos enloquec\u00edan por el incesante tintinear de los cencerros. A sus ojos, los monjes aparec\u00edan como hip\u00f3critas vagabundos y falsos ermita\u00f1os.<br \/>\nLas cr\u00edticas mordaces produjeron por s\u00ed mismas consecuencias tangibles, quedando la Orden profundamente preocupada. Hacia 1230, el abad Esteban Lexington recomendaba a sus monjes no hacer ostentaci\u00f3n de riqueza, \u00abporque en estos d\u00edas, nuestra Orden tiene muchos detractores astutos\u00bb. El Cap\u00edtulo General de 1248 hizo sonar la misma alarma, \u00abporque en estos d\u00edas de creciente malicia, nuestra Orden est\u00e1 expuesta en muchas partes del mundo a vej\u00e1menes frecuentes, a causa de nuestros privilegios e inmunidades; es necesario, por consiguiente, que nuestros hermanos se apoyen a otros, de tal forma que (nuestra Orden) pueda sobrevivir, como una ciudadela fortificada\u00bb.<br \/>\nLa referencia a la Orden como una plaza fuerte no era, por desgracia, una figura literaria. Los a\u00f1os que siguieron al Concilio Lateranense IV (1215) fueron especialmente penosos para los cistercienses franceses. Las propiedades de las abad\u00edas eran constantemente hostilizadas por vecinos poderosos, tanto seglares como eclesi\u00e1sticos. Los pleitos de jurisdicci\u00f3n degeneraban con frecuencia en incursiones armadas, especialmente en el noroeste del pa\u00eds. Entre otros monasterios que sufrieron conflictos similares, la abad\u00eda de Longpont fue atacada repetidas veces por hordas devastadoras contratadas por el obispo de Soissons, en la d\u00e9cada de 1220. El propio Cister tuvo que soportar muchos apremios de sus celosos vecinos, y sus apuros financieros fueron en gran parte resultados de las vand\u00e1licas incursiones contra la propiedad mon\u00e1stica. El recurso habitual, recurrir a la protecci\u00f3n papal, produjo una serie de amonestaciones, investigaciones y, en ocasiones, hasta excomuniones a los delincuentes, medidas que en su mayor\u00eda resultaron ineficaces.<br \/>\nPoblet, favorecido por los reyes de Arag\u00f3n, hab\u00eda acumulado hacia el fin del siglo XII vastas posesiones, lo que despert\u00f3 la envidia de sus vecinos, que rivalizaban por el bot\u00edn que se lograba con la Reconquista. Se multiplicaron las disputas sobre l\u00edmites. Aunque los monjes eran vindicados en los tribunales papales y reales, tales garant\u00edas quedaban s\u00f3lo sobre el papel ante el n\u00famero de enemigos siempre creciente. Para evitar los pleitos costosos e in\u00fatiles se lleg\u00f3 a una inteligencia mediante negociaciones privadas. Hacia mediados del siglo XIII las compras de t\u00edtulos impugnados se hicieron frecuentes y as\u00ed se logr\u00f3 la consolidaci\u00f3n de las propiedades lejanas, comprando o permutando fincas.<br \/>\nEntretanto, no hay indicio de que las masas rurales se volvieran contra la Orden. Los disturbios populares afectaban a las abad\u00edas s\u00f3lo en forma espor\u00e1dica, principalmente con los brotes de la Peste Negra. En Inglaterra, tales ataques ocurrieron despu\u00e9s de la promulgaci\u00f3n del estatuto de los Trabajadores en 1351, que rechazaban las peticiones de salarios m\u00e1s elevados en beneficio de la muy disminuida gente del campo. La agitaci\u00f3n entre los siervos de Waghen, aldea de la abad\u00eda de Meaux, reconoce el mismo trasfondo. Bajo el abad Roberto Bererley (1357-1367), los aldeanos trataron de lograr su completa libertad respecto de la abad\u00eda, sosteniendo que sus antepasados hab\u00edan pertenecido a un feudo real. La abad\u00eda gan\u00f3 el caso despu\u00e9s de mucho litigar, pero evidentemente a expensas de la popularidad de los monjes. Tambi\u00e9n es innegable que el papel de recaudador de impuestos, que algunos abades desempe\u00f1aron, no mejor\u00f3 en absoluto su imagen p\u00fablica.<br \/>\nLa Reforma atac\u00f3 por primera vez los ideales esenciales del monaquismo. Las c\u00e1usticas cr\u00edticas de los reformadores dirigidos contra los monjes fueron acompa\u00f1adas por una secularizaci\u00f3n total en todas las regiones donde prevaleci\u00f3 el nuevo credo. El final de las prolongadas guerras de Religi\u00f3n encontr\u00f3 a la Orden cisterciense seriamente diezmada, pero con una resistencia sorprendentemente vigorosa. El \u00e9xito de la recuperaci\u00f3n debe atribuirse, en gran parte, a un nuevo resurgir de la aprobaci\u00f3n popular, motivada por el reavivamiento de un ascetismo estricto, o por un mayor ministerio pastoral, que prevalec\u00eda especialmente en las tierras germanas.<br \/>\nLa campa\u00f1a antimon\u00e1stica de los fil\u00f3sofos ilustrados que precedi\u00f3 a la revoluci\u00f3n francesa no cont\u00f3 con amplio apoyo popular, pero revitaliz\u00f3 la siempre latente rivalidad entre clero secular y regular. La jerarqu\u00eda francesa fue testigo indiferente del desmembramiento de antiguas instituciones mon\u00e1sticas, mientras que la ola de la secularizaci\u00f3n en marcha era manipulada a lo largo del continente por intereses econ\u00f3micos y pol\u00edticos, que hac\u00edan caso omiso a la adhesi\u00f3n, todav\u00eda manifiesta, a muchas de las grandes y pr\u00f3speras abad\u00edas.<br \/>\nSin este sentimiento de cari\u00f1o, profundamente arraigado y ampliamente compartido hacia los cistercienses, la reconstrucci\u00f3n de la Orden en el siglo XIX jam\u00e1s podr\u00eda haberse logrado. El n\u00famero de miembros no alcanz\u00f3 a sobrepasar las cifras anteriores a la Revoluci\u00f3n, pero en todos los dem\u00e1s aspectos, la alta reputaci\u00f3n de la Orden en ambas observancias, reflejaba el apoyo p\u00fablico, que con su espontaneidad sincera y desinteresada superaba en mucho el clima formalista del Antiguo R\u00e9gimen. Las vocaciones eran absolutamente libres, pero poco abundantes, atra\u00eddas a la Orden sin otro aliciente que su devoci\u00f3n. Desapareci\u00f3 la pesada carga de administrar posesiones inmensas, y los monjes pudieron concentrar todas sus energ\u00edas en lograr objetivos religiosos. No hay duda de que la disciplina mon\u00e1stica dentro de la renacida Estricta Observancia sobrepas\u00f3 a la alcanzada por la Orden desde las primeras d\u00e9cadas del siglo XII. Los tenaces miembros de la Com\u00fan Observancia, dedicados al servicio desinteresado de su medio ambiente seglar, lograron para s\u00ed un envidiable prestigio a causa de la excelencia de sus tareas educativas, la investigaci\u00f3n y el ministerio pastoral, asimismo se ha experimentado un nuevo resurgir de la vida mon\u00e1stica sine addita.<br \/>\nMientras exista una saludable interacci\u00f3n entre cistercienses y sociedad, y la Orden pueda ser ejemplo de un ideal de perfecci\u00f3n cristiana que despierte admiraci\u00f3n, habr\u00e1 siempre un nuevo cap\u00edtulo que a\u00f1adir en la historia de los Monjes Blancos\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>L.J. Lekai, Los Cistercienses Ideales y realidad, Abadia de Poblet Tarragona , 1987.<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>\u00a9 Abadia de Poblet<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Monjes y sociedad 2 Cister y feudalismo 3 La hospitalidad mon\u00e1stica 4 Ayuda a los pobres 5 Trabajo Pastoral 6 Trabajo Pastoral en Austria 7 Trabajo pastoral en Suiza 8 Trabajo pastoral en Francia y Alemania 9 Hemandad de San Jos\u00e9 10 Supresi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas Monjes y sociedad Aunque los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cister-historia-xviii\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCISTER: HISTORIA XVIII\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23946","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23946","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23946"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23946\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23946"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23946"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23946"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}