{"id":23948,"date":"2016-02-05T16:18:32","date_gmt":"2016-02-05T21:18:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santa-clara-de-asis\/"},"modified":"2016-02-05T16:18:32","modified_gmt":"2016-02-05T21:18:32","slug":"santa-clara-de-asis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santa-clara-de-asis\/","title":{"rendered":"SANTA CLARA DE ASIS"},"content":{"rendered":"<p>\n    Co-fundadora de la Orden de las Damas Pobres, o Clarisas, y primera abadesa de San Damiano; nacida en As\u00eds el 16 de julio de 1194; fallecida en la misma localidad el 11 de agosto de 1253. Era la hija mayor de Favorino Scifi, conde de Sasso-Rosso, representante acaudalado de una antigua familia romana, a quien pertenec\u00eda un gran palacio en As\u00eds y un castillo en las faldas del monte Subasio. Eso es, al menos, lo que cuenta la tradici\u00f3n. Su madre, Bta. Ortolana, pertenec\u00eda a la noble familia de los Fiumi y destacaba por su celo y piedad. Desde sus primeros a\u00f1os Clara parec\u00eda dotada con las m\u00e1s raras virtudes. Ya de ni\u00f1a era muy aficionada a la oraci\u00f3n y a la pr\u00e1ctica de la mortificaci\u00f3n, y cuando alcanz\u00f3 la adolescencia su repugnancia por el mundo y su ansia de una vida m\u00e1s espiritual se incrementaron. Cuando Clara ten\u00eda dieciocho a\u00f1os, San Francisco acudi\u00f3 a la iglesia de San Giorgio de As\u00eds para predicar durante la cuaresma. Las palabras inspiradas del Poverello encendieron una llama en el coraz\u00f3n de Clara. Fue a buscarle en secreto y le suplic\u00f3 que la ayudara a vivir tambi\u00e9n \u00abseg\u00fan el modo del Santo Evangelio\u00bb. San Francisco, que enseguida reconoci\u00f3 en Clara una de esas almas escogidas destinadas por Dios para grandes cosas, y que indudablemente previ\u00f3 tambi\u00e9n que otras muchas podr\u00edan seguir su ejemplo, prometi\u00f3 ayudarla. El Domingo de Ramos, Clara, engalanada, asisti\u00f3 a Misa Mayor en la catedral, pero cuando los dem\u00e1s se acercaron hacia el pretil del altar para recoger un ramo de palma, ella permaneci\u00f3 ensimismada en su sitio. Todos los ojos se posaron sobre la joven. Entonces, el obispo descendi\u00f3 del altar y le coloc\u00f3 la palma en su mano. Esta fue la \u00faltima vez que el mundo contempl\u00f3 a Clara. Aquella misma noche abandon\u00f3 secretamente la casa de su padre por consejo de San Francisco y, acompa\u00f1ada por su t\u00eda Bianca, se dirigi\u00f3 a la humilde capilla de la Porci\u00fancula, donde San Francisco, tras cortarle el cabello, la visti\u00f3 con una basta t\u00fanica y un grueso velo. De esta forma, la joven hizo voto de servicio a Jesucristo. Era el 20 de marzo de 1212.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Clara fue instalada provisionalmente por San Francisco con las monjas benedictinas de San Paolo, cerca de Bastia, pero su padre, que esperaba para ella un espl\u00e9ndido matrimonio, y que estaba furioso por su huida secreta, hizo lo posible, al descubrir su retiro, para disuadirla de su proyecto, e incluso trat\u00f3 de llevarla a casa por la fuerza. Pero Clara se sostuvo con una firmeza por encima de la propia de su edad, y el conde Favorino se vio finalmente obligado a dejarla. Pocos d\u00edas m\u00e1s tarde San Francisco, con el fin de proporcionar a Clara la gran soledad que deseaba, la transfiri\u00f3 a Sant&#8217;Angelo in Panzo, otro monasterio de benedictinas en una de las faldas del monte Subasio. Aqu\u00ed, a los diecis\u00e9is d\u00edas de su huida, se le uni\u00f3 su hermana In\u00e9s, de la que fue instrumento de liberaci\u00f3n frente a la persecuci\u00f3n de sus furiosos familiares (ver IN\u00c9S DE AS\u00cdS, SANTA). Clara y su hermana permanecieron con las monjas de Sant&#8217;Angelo hasta que junto con otras fugitivas del mundo fueron establecidas por San Francisco en un tosco alojamiento adyacente a la pobre capilla de San Damiano, situada fuera de los muros de la ciudad, construido en gran parte por sus propias manos, y que hab\u00eda obtenido de las Benedictinas como morada permanente para sus hijas espirituales. De este modo fue fundada la primera comunidad de la Orden de las Damas Pobres, o Clarisas, como lleg\u00f3 a ser conocida esta segunda orden de San Francisco.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia de las Clarisas ser\u00e1 tratada en un art\u00edculo separado. Aqu\u00ed basta con indicar que podemos distinguir, durante la vida de Santa Clara, tres etapas en la complicada historia inicial. Al principio, Santa Clara y sus compa\u00f1eras no ten\u00edan regla escrita que seguir salvo una corta formula vitae dada por San Francisco, y que puede encontrarse entre sus trabajos. Algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, aparentemente en 1219, durante el viaje de San Francisco a Pr\u00f3ximo Oriente, el Cardenal Ugolino, protector en aquella \u00e9poca de la orden, y posteriormente Gregorio IX, esboz\u00f3 una regla escrita para las Clarisas de Monticelli, tomando como base la Regla de San Benito, manteniendo sus puntos fundamentales y a\u00f1adiendo algunas constituciones especiales. Esta nueva regla que, en efecto si no en intenci\u00f3n, eliminaba de las Clarisas la caracter\u00edstica franciscana de la absoluta pobreza tan querida para el coraz\u00f3n de San Francisco, e hizo de ellas, a efectos pr\u00e1cticos, una congregaci\u00f3n de Benedictinas, fue aprobada por Honorio III (Bula \u00abSacrosancta\u00bb, 9 de diciembre de 1219). Cuando Clara supo que la nueva orden, tan estricta en otros aspectos, permit\u00eda la tenencia de propiedades en com\u00fan, se opuso con valent\u00eda y \u00e9xito a las innovaciones de Ugolino, por ser completamente opuestas a las intenciones de San Francisco. \u00c9ste hab\u00eda prohibido a las Damas Pobres, como lo hab\u00eda hecho a sus frailes, la posesi\u00f3n de cualquier bien terreno, incluso en com\u00fan. Al no poseer nada, depend\u00edan enteramente de lo que los frailes menores pudieran pedir por ellas. Esta completa renuncia a toda propiedad fue, sin embargo, considerada por Ugulino inviable para mujeres enclaustradas. Por tanto, cuando en 1228 fue a As\u00eds para la canonizaci\u00f3n de San Francisco (habiendo mientras tanto ascendido al trono pontificio como Gregorio IX), visit\u00f3 a Santa Clara en San Damiano, y la presion\u00f3 tratando de desviarla de la pr\u00e1ctica de la pobreza que hab\u00eda guardado hasta ese momento en San Damiano , y hacerle aceptar algunos bienes para cubrir las necesidades imprevistas de la comunidad. Pero Clara rehus\u00f3 firmemente. Gregorio, creyendo que su renuncia pod\u00eda deberse al miedo a violar el voto de absoluta pobreza que hab\u00eda hecho, ofreci\u00f3 absolverla de \u00e9l. \u00abSanto padre, yo anhelo la absoluci\u00f3n de mis pecados\u00bb, contest\u00f3 Clara, \u00abpero no deseo ser absuelta de mi obligaci\u00f3n de seguir a Jesucristo\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El heroico desprendimiento de Clara llen\u00f3 al papa de admiraci\u00f3n, como muestra con testimonio elocuente la carta, a\u00fan existente, que le escribi\u00f3, hasta el punto de otorgarle el 17 de septiembre de 1228 el c\u00e9lebre Privilegium Paupertis, con algunas consideraciones relativas a la correcci\u00f3n de la regla de 1219. La copia original aut\u00f3grafa de este privilegio &#8211; el primero de este tipo solicitado, u otorgado por la Santa Sede &#8211; se conserva en el archivo de Santa Clara de As\u00eds. El texto es el siguiente: \u00abGregorio Obispo Servidor de los Servidores de Dios. A nuestra querida hija en Cristo Clara y a otras criadas de Cristo que habitan juntas en la Iglesia de San Damiano de la Di\u00f3cesis de As\u00eds. Salud y Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica. Es evidente que el deseo de consagraros \u00fanicamente a Dios os ha guiado a abandonar todo deseo de cosas temporales. Por lo cual, despu\u00e9s de haber vendido todos vuestros bienes y haberlos distribuidos entre los pobres, os propusisteis no tener ninguna posesi\u00f3n, pues el brazo izquierdo de vuestro Celestial Esposo est\u00e1 sobre vuestra cabeza para sostener la debilidad de vuestro cuerpo, el cual, de acuerdo con la orden de la caridad, hab\u00e9is sujetado a la ley del esp\u00edritu. Finalmente, \u00c9l que alimenta a las aves y da a los lirios del campo sus galas y su sustento, no os dejara en necesidad de vestido o de alimento hasta que venga \u00c9l mismo a atenderos en la eternidad cuando, a saber, la mano derecha de Su consolaci\u00f3n os abrace en la plenitud de su Beat\u00edfica Visi\u00f3n. Desde que, por lo tanto, pedisteis por ello, Nos confirmamos como favor apost\u00f3lico vuestra resoluci\u00f3n de la m\u00e1s noble pobreza y por la autoridad de estas presentes cartas concedemos que no pod\u00e1is ser obligadas por nadie a recibir posesiones. A nadie, por tanto, le est\u00e1 permitido violar esta nuestra concesi\u00f3n u oponerse a ella con imprudente temeridad. Pero si alguien pretende atentar contra ella, h\u00e1gasele saber que incurrir\u00e1 en la ira de Dios Todopoderoso y de sus Bienaventurados Ap\u00f3stoles, Pedro y Pablo. Dada en Perusa a los quince d\u00edas de las calendas de octubre en el segundo a\u00f1o de nuestro pontificado.\u00bb\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es improbable que Santa Clara hubiera solicitado un privilegio como el anterior en una fecha m\u00e1s temprana, y que lo hubiera obtenido de viva voz. Es cierto que tras la muerte de Gregorio IX, Clara tuvo que luchar una vez m\u00e1s por el principio de absoluta pobreza prescrito por San Francisco, pues Inocencio IV habr\u00eda querido dar a las Clarisas una regla nueva y mitigada. Pero la firmeza con que ella se sostuvo venci\u00f3 al papa. Finalmente, dos d\u00edas antes de la muerte de Clara, Inocente, no vacilando ante la reiterada petici\u00f3n de la abadesa moribunda, confirm\u00f3 solemnemente la definitiva Regla de las Clarisas (Bula \u00abSolet Annuere\u00bb, 9 de agosto de 1253), y de este modo les asegur\u00f3 el precioso tesoro de la pobreza que Clara, a imitaci\u00f3n de San Francisco, hab\u00eda tomado desde el momento de su conversi\u00f3n. El autor de esta \u00faltima regla, que es en gran parte una adaptaci\u00f3n mutatis mutandis de la regla que San Francisco hab\u00eda redactado para sus Frailes Menores en 1223, parece haber sido el cardenal Rainaldo, obispo de Ostia, y protector de la orden, posteriormente Alejandro IV, aunque es muy probable que la misma Santa Clara echara una mano para su compilaci\u00f3n. Vistas as\u00ed las cosas, no puede mantenerse por m\u00e1s tiempo que San Francisco fuera en ning\u00fan sentido el autor de esta regla formal de las Clarisas; \u00e9l \u00fanicamente dio a Santa Clara como principio de su vida religiosa la breve formula vivendi ya mencionada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Santa Clara, que en 1215 hab\u00eda sido hecha superiora de San Damiano por San Francisco, en gran parte contra sus deseos, continu\u00f3 gobernando all\u00ed como abadesa hasta su muerte en 1253, casi cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde. No hay buenas razones para creer que hubiera atravesado alguna vez los muros de San Damiano durante todo este tiempo. No hay por tanto que maravillarse de que hayan llegado hasta nosotros comparativamente tan pocos detalles de la vida de Santa Clara en el claustro \u00aboculta con Cristo en Dios\u00bb. Sabemos que lleg\u00f3 a ser una r\u00e9plica viva de la pobreza, la humildad y la mortificaci\u00f3n de San Francisco. Ten\u00eda una especial devoci\u00f3n hacia la Sagrada Eucarist\u00eda, y con el fin de incrementar su amor a Cristo crucificado aprendi\u00f3 de coraz\u00f3n el Oficio de la Pasi\u00f3n compuesto por San Francisco, y durante el tiempo que le dejaban sus ejercicios devocionales se dedicaba a labores manuales. Es innecesario a\u00f1adir que durante la gu\u00eda de Santa Clara, la comunidad de San Damiano se convirti\u00f3 en el santuario de la virtud, un aut\u00e9ntico vivero de santas. Clara tuvo el consuelo no s\u00f3lo de ver a su hermana menor Beatriz, a su madre Ortolana y a su devota t\u00eda Bianca siguiendo a su hermana In\u00e9s e ingresando en la orden, sino tambi\u00e9n de ser testigo de la fundaci\u00f3n de conventos de Clarisas a lo largo y ancho de Europa. Ser\u00eda dif\u00edcil, sin embargo, estimar cu\u00e1nto hizo la silenciosa influencia de la abadesa para guiar a las mujeres medievales hacia metas m\u00e1s altas. En particular, Clara esparci\u00f3 en torno a su pobreza ese encanto irresistible que s\u00f3lo las mujeres pueden comunicar de hero\u00edsmo civil o religioso, y lleg\u00f3 a ser la m\u00e1s eficaz ayudante de San Francisco en promover ese esp\u00edritu de desprendimiento que seg\u00fan los consejos de Dios \u00abprodujo una restauraci\u00f3n de la disciplina de la Iglesia y de la moral y civilizaci\u00f3n en Europa Occidental\u00bb. Sin duda no fue la parte menos importante de la obra de Clara la ayuda y el \u00e1nimo que dio a San Francisco. En una ocasi\u00f3n en la que \u00e9ste cre\u00eda que su vocaci\u00f3n descansaba en una vida contemplativa, se revolvi\u00f3 a ella con sus dudas, y Clara le urgi\u00f3 para que continuara con su misi\u00f3n a la gente. Cuando en un ataque de ceguera y enfermedad San Francisco fue por \u00faltima vez a visitar San Damiano, Clara erigi\u00f3 para \u00e9l una peque\u00f1a choza en un olivar pr\u00f3ximo al convento, y all\u00ed fue donde compuso su glorioso \u00abC\u00e1ntico de las Criaturas\u00bb. Tras la muerte de San Francisco, la procesi\u00f3n que acompa\u00f1aba sus restos desde la Porci\u00fancula hasta la ciudad pararon en San Damiano para que Clara y sus hermanas pudieran venerar los pies y manos perforados de quien las hab\u00eda transformado al amor de Cristo crucificado- una escena llena de patetismo que Giotto conmemor\u00f3 en uno de sus mejores frescos. Sin embargo, en lo concerniente a Clara, San Francisco siempre estuvo vivo, y nada hay, tal vez, m\u00e1s llamativo en su vida posterior que su inquebrantable lealtad a los ideales del Poverello, y el celoso cuidado con el cual se agarr\u00f3 a su regla y a su ense\u00f1anza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando, en 1234, el ej\u00e9rcito de Federico II estaba devastando el valle de Espoleto, los soldados, prepar\u00e1ndose para el asalto de As\u00eds, escalaron los muros de San Damiano de noche esparciendo el terror entre la comunidad. Clara se levant\u00f3 tranquilamente de su lecho de enferma, y cogiendo el ciborio de la peque\u00f1a capilla aneja a su celda, hizo frente a los invasores, que ya hab\u00edan apoyado una escalera en una ventana abierta. Se cuenta que, conforme ella iba alzando en alto el Sant\u00edsimo Sacramento, los soldados que iban a entrar cayeron de espaldas como deslumbrados, y los otros que estaban listos para seguirles iniciaron la huida. Debido a este incidente, Santa Clara es generalmente representada portando un ciborio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando, alg\u00fan tiempo m\u00e1s tarde, una fuerza mayor, conducida por el general Vitale di Aversa, que no hab\u00eda estado presente en el primer ataque, volvi\u00f3 para asaltar As\u00eds, Clara, junto con sus hermanas, se arrodill\u00f3 en la m\u00e1s sincera oraci\u00f3n para que la ciudad pudiera ser salvada. Al poco se desencaden\u00f3 una furiosa tormenta, que desparram\u00f3 las tiendas de los soldados en todas las direcciones, y caus\u00f3 tal p\u00e1nico que volvieron a tomar refugio en la huida. La gratitud de los habitantes de As\u00eds, que de com\u00fan acuerdo atribuyeron su liberaci\u00f3n a la intercesi\u00f3n de Clara, aument\u00f3 su amor hacia la \u00abMadre Ser\u00e1fica\u00bb. Hac\u00eda ya tiempo que Clara hab\u00eda sido recogida en los corazones del pueblo, y su veneraci\u00f3n hacia ella se hizo m\u00e1s manifiesta cuando, desgastada por la enfermedad y las austeridades, se dirig\u00eda a su fin. Valiente y alegre hasta el final, a pesar de sus largas y dolorosas enfermedades, Clara hizo que la levantaran en la cama y, as\u00ed reclinada, dice su bi\u00f3grafo contempor\u00e1neo, \u00abhil\u00f3 las m\u00e1s finas hebras con el prop\u00f3sito de tenerlas tejidas en el m\u00e1s delicado material, con el cual hizo despu\u00e9s m\u00e1s de un centenar de corporales, y, guard\u00e1ndolas en una bolsa de seda, orden\u00f3 que se repartieran entre las iglesias de los campos y montes de As\u00eds\u00bb. Cuando finalmente sinti\u00f3 que el d\u00eda de su muerte se acercaba, Clara, llamando a sus afligidas religiosa en su torno, les record\u00f3 los muchos beneficios que hab\u00edan recibido de Dios y las exhort\u00f3 a que perseveraran llenas de fe en la observancia de la pobreza evang\u00e9lica. El papa Inocente IV vino desde Perusa para visitar a la santa moribunda, que ya hab\u00eda recibido los \u00faltimos sacramentos de manos del cardenal Rainaldo. Su propia hermana, Santa In\u00e9s, retorn\u00f3 de Florencia para consolarla en su \u00faltima enfermedad; Le\u00f3n, \u00c1ngel y Jun\u00edpero, tres de los primeros compa\u00f1eros de San Francisco, estuvieron tambi\u00e9n presentes en el lecho mortal, y Santa Clara les pidi\u00f3 que leyeran en voz alta la Pasi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo seg\u00fan San Juan, como hab\u00edan hecho treintisiete a\u00f1os antes, cuando Francisco estaba tendido moribundo en la Porci\u00fancula. Finalmente, antes del amanecer del 11 de agosto de 1253, la santa fundadora de las Damas Pobres falleci\u00f3 en paz entre escenas que su bi\u00f3grafo contempor\u00e1neo registr\u00f3 con conmovedora sencillez. El papa, con su corte, fue a San Damiano para el funeral de la santa, que tom\u00f3 casi la naturaleza de una procesi\u00f3n triunfal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las Clarisas deseaban retener el cuerpo de su fundadora con ellas en San Damiano, pero los magistrados de As\u00eds interfirieron y tomaron medidas con el fin de asegurar para la ciudad los venerados restos de quien, como ellos cre\u00edan, por dos veces la hab\u00eda salvado de la destrucci\u00f3n. Los milagros de Clara se hab\u00edan contado por doquier. No era seguro, seg\u00fan los ciudadanos de As\u00eds, dejar el cuerpo de Clara en un lugar solitario fuera de las murallas; era justo, adem\u00e1s, que Clara \u00abel principal rival del beato Francisco en la observancia de la perfecci\u00f3n del Evangelio\u00bb tuviera tambi\u00e9n una iglesia construida en su honor en As\u00eds. Mientras tanto, los restos de Clara fueron depositados en la capilla de San Giorgio, donde la predicaci\u00f3n de San Francisco hab\u00eda tocado por primera vez su joven coraz\u00f3n, y donde su propio cuerpo hab\u00eda igualmente sido colocado mientras se elevaba la Bas\u00edlica de San Francesco. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, el 26 de septiembre de 1255, Clara fue solemnemente canonizada por Alejandro IV, y no mucho m\u00e1s tarde la construcci\u00f3n de la iglesia de Santa Clara, en honor del segundo gran santo de As\u00eds, fue comenzada bajo la direcci\u00f3n de Filippo Campello, uno de los principales arquitectos de su tiempo. El 3 de octubre de 1260, los restos de Clara fueron transferidos desde la capilla de San Giorgio y enterrados profundamente en la tierra, bajo el altar mayor de la nueva iglesia, lejos de la vista y del alcance de nadie. Tras haber permanecido ocultos durante seis siglos- al igual que los restos de San Francisco- y despu\u00e9s de que se hubieran realizado muchas b\u00fasquedas, la tumba de Clara fue localizada en 1850, para gran alegr\u00eda de los habitantes de la ciudad. El 23 de septiembre de ese a\u00f1o el ata\u00fad fue desenterrado y abierto; la carne y ropas de la santa se hab\u00edan reducido a polvo, pero el esqueleto estaba en perfecto estado de conservaci\u00f3n. Finalmente, el 29 de septiembre de 1872, los huesos de la santa fueron transferidos, con mucha pompa, por el arzobispo Pecci, posteriormente Le\u00f3n XIII, al sepulcro erigido en la cripta de Santa Chiara para recibirlos, y donde ahora se pueden contemplar. La fiesta de Santa Clara es celebrada en toda la Iglesia el 12 de agosto; la fiesta de su primer traslado se mantiene en la orden el 3 de octubre, y la del hallazgo de su cuerpo el 23 de septiembre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las fuentes de la historia de Santa Clara a nuestra disposici\u00f3n son pocas en n\u00famero. Ellas incluyen (1) un Testamento atribuido a la santa y algunas encantadoras Cartas escritas a ella por la Beata In\u00e9s, Princesa de Bohemia; (2) la Regla de las Clarisas, y un cierto n\u00famero de tempranas Bulas Pontificias relativas a la Orden; (3) una Biograf\u00eda contempor\u00e1nea, escrita en 1256 por orden de Alejandro IV. Esta vida, que actualmente es generalmente atribuida Tom\u00e1s de Celano, es la fuente de la cual los siguientes bi\u00f3grafos de Santa Clara han obtenido la mayor parte de sus informaciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nPASCHAL ROBINSON<br \/>\nTrascrito por Rick McCarty<br \/>\nTraducido por Juan Carlos L\u00f3pez Almansa\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Co-fundadora de la Orden de las Damas Pobres, o Clarisas, y primera abadesa de San Damiano; nacida en As\u00eds el 16 de julio de 1194; fallecida en la misma localidad el 11 de agosto de 1253. 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