{"id":23964,"date":"2016-02-05T16:19:08","date_gmt":"2016-02-05T21:19:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/papa-san-clemente-i-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi\/"},"modified":"2016-02-05T16:19:08","modified_gmt":"2016-02-05T21:19:08","slug":"papa-san-clemente-i-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/papa-san-clemente-i-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi\/","title":{"rendered":"PAPA SAN CLEMENTE I EN LAS AUDIENCIAS DE BENEDICTO XVI"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\"><b>Intervenci\u00f3n del Papa Benedicto XVI durante la audiencia general del mi\u00e9rcoles 7 de marzo de 2007 en la que comenz\u00f3 un nuevo ciclo de catequesis sobre los Padres Apost\u00f3licos.  La primera figura que ha presentado es la del Papa San Clemente I, tercer sucesor de San Pedro:<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hemos meditado en los meses pasados en las figuras de cada uno de los Ap\u00f3stoles y en los primeros testigos de la fe cristiana, mencionados en los escritos del Nuevo Testamento.  Ahora, prestaremos atenci\u00f3n a los Padres Apost\u00f3licos, es decir, a la primera y segunda generaci\u00f3n de la Iglesia, despu\u00e9s de los Ap\u00f3stoles.  De este modo podemos ver c\u00f3mo comienza el camino de la Iglesia en la historia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Clemente, obispo de Roma en los \u00faltimos a\u00f1os del siglo I, es el tercer sucesor de Pedro, despu\u00e9s de Lino y Anacleto.  El testimonio m\u00e1s importante sobre su vida es el de San Ireneo, obispo de Ly\u00f3n hasta el a\u00f1o 202.  \u00c9l atestigua que Clemente \u00abhab\u00eda visto a los ap\u00f3stoles\u00bb, \u00abse hab\u00eda encontrado con ellos\u00bb y \u00abtodav\u00eda resonaba en sus t\u00edmpanos su predicaci\u00f3n, y ten\u00eda ante los ojos su tradici\u00f3n\u00bb (\u00abAdversus haereses\u00bb 3, 3, 3). Testimonios tard\u00edos, entre los siglos IV y VI, atribuyen a Clemente el t\u00edtulo de m\u00e1rtir.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La autoridad y el prestigio de este obispo de Roma eran tales que se le atribuyeron varios escritos, pero su \u00fanica obra segura es la \u00abCarta a los Corintios\u00bb.  Eusebio de Cesarea, el gran \u00abarchivero\u00bb de los or\u00edgenes cristianos, la presenta con estas palabras: \u00abNos ha llegado una carta de Clemente reconocida como aut\u00e9ntica, grande y admirable. Fue escrita por \u00e9l, de parte de la Iglesia de Roma, a la Iglesia de Corinto\u2026 Sabemos que desde hace mucho tiempo y todav\u00eda hoy es le\u00edda p\u00fablicamente durante la reuni\u00f3n de los fieles\u00bb (Historia Eclesi\u00e1stica, 3,16). A esta carta se le atribu\u00eda un car\u00e1cter casi can\u00f3nico.  Al inicio de este texto, escrito en griego, Clemente se lamenta por el hecho de que \u00ablas imprevistas calamidades, acaecidas una despu\u00e9s de otra\u00bb (1,1), le hayan impedido una intervenci\u00f3n m\u00e1s inmediata. Estas \u00abadversidades\u00bb han de identificarse con la persecuci\u00f3n de Domiciano: por ello, la fecha de composici\u00f3n de la carta hay que remontarla a un tiempo inmediatamente posterior a la muerte del emperador y al final de la persecuci\u00f3n, es decir, inmediatamente despu\u00e9s del a\u00f1o 96.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La intervenci\u00f3n de Clemente \u2014estamos todav\u00eda en el siglo I\u2014 era solicitada por los graves problemas por los que atravesaba la Iglesia de Corinto: los presb\u00edteros de la comunidad, de hecho, hab\u00edan sido despu\u00e9s por algunos j\u00f3venes contestadores. La penosa situaci\u00f3n es recordada, una vez m\u00e1s, por san Ireneo, que escribe: \u00abBajo Clemente, al surgir un gran choque entre los hermanos de Corinto, la Iglesia de Roma envi\u00f3 a los corintios una carta important\u00edsima para reconciliarles en la paz, renovar su fe y anunciar la tradici\u00f3n, que desde hace poco tiempo ella hab\u00eda recibido de los ap\u00f3stoles\u00bb (\u00abAdversus haereses\u00bb 3,3,3). Podr\u00edamos decir que esta carta constituye un primer ejercicio del Primado romano despu\u00e9s de la muerte de san Pedro. La carta de Clemente retoma temas muy sentidos por San Pablo, que hab\u00eda escrito dos grandes cartas a los corintios, en particular, la dial\u00e9ctica teol\u00f3gica, perennemente actual, entre indicativo de la salvaci\u00f3n e imperativo del compromiso moral. Ante todo est\u00e1 el alegre anuncio de la gracia que salva. El Se\u00f1or nos previene y nos da el perd\u00f3n, nos da su amor, la gracia de ser cristianos, hermanos y hermanas suyos. Es un anuncio que llena de alegr\u00eda nuestra vida y que da seguridad a nuestro actuar: el Se\u00f1or nos previene siempre con su bondad y la bondad es siempre m\u00e1s grande que todos nuestros pecados. Es necesario, sin embargo, que nos comprometamos de manera coherente con el don recibido y que respondamos al anuncio de la salvaci\u00f3n con un camino generoso y valiente de conversi\u00f3n. Respecto al modelo de san Pablo, la novedad est\u00e1 en que Clemente da continuidad a la parte doctrinal y a la parte pr\u00e1ctica, que conformaban todas las cartas de Pablo, con una \u00abgran oraci\u00f3n\u00bb, que pr\u00e1cticamente concluye la carta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La oportunidad inmediata de la carta abre al obispo de Roma la posibilidad de exponer ampliamente la identidad de la Iglesia y de su misi\u00f3n. Si en Corinto se han dado abusos, observa Clemente, el motivo hay que buscarlo en la debilitaci\u00f3n de la caridad y de otras virtudes cristianas indispensables. Por este motivo, invita a los fieles a la humildad y al amor fraterno, dos virtudes que forman parte verdaderamente del ser en la Iglesia. \u00abSomos una porci\u00f3n santa\u00bb, exhorta, \u00abhagamos, por tanto, todo lo que exige la santidad\u00bb (30, 1). En particular, el obispo de Roma recuerda que el mismo Se\u00f1or \u00abestableci\u00f3 donde y por quien quiere que los servicios lit\u00fargicos sean realizados para que todo, cumplido santamente y con su benepl\u00e1cito, sea aceptable a su voluntad\u2026 Porque el sumo sacerdote tiene sus peculiares funciones asignadas a \u00e9l; los levitas tienen encomendados sus propios servicios, mientras que el laico est\u00e1 sometido a los preceptos del laico\u00bb (40,1-5: obs\u00e9rvese que en esta carta de finales del siglo I aparece por primera vez en la literatura cristiana aparece el t\u00e9rmino \u00ablaik\u00f3s\u00bb, que significa \u00abmiembro del laos&#160;\u00bb, es decir, \u00abdel pueblo de Dios\u00bb).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De este modo, al referirse a la liturgia del antiguo Israel, Clemente revela su ideal de Iglesia. \u00c9sta es congregada por el \u00ab\u00fanico Esp\u00edritu de gracia infundido sobre nosotros\u00bb, que sopla en los diversos miembros del Cuerpo de Cristo, en el que todos, unidos sin ninguna separaci\u00f3n, son \u00abmiembros los unos de los otros\u00bb (46, 6-7). La neta distinci\u00f3n entre \u00ablaico\u00bb y la jerarqu\u00eda no significa para nada una contraposici\u00f3n, sino s\u00f3lo esta relaci\u00f3n org\u00e1nica de un cuerpo, de un organismo, con las diferentes funciones. La Iglesia, de hecho, no es un lugar de confusi\u00f3n y de anarqu\u00eda, donde cada uno puede hacer lo que quiere en todo momento: cada quien en este organismo, con una estructura articulada, ejerce su ministerio seg\u00fan su vocaci\u00f3n recibida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por lo que se refiere a los jefes de las comunidades, Clemente explicita claramente la doctrina de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica. Las normas que la regulan se derivan, en \u00faltima instancia, del mismo Dios. El Padre ha enviado a Jesucristo, quien a su vez ha enviado a los ap\u00f3stoles. \u00c9stos luego mandaron a los primeros jefes de las comunidades y establecieron que a ellos les sucedieran otros hombres dignos. Por tanto, todo procede \u00abordenadamente de la voluntad de Dios\u00bb (42). Con estas palabras, con estas frases, san Clemente subraya que la Iglesia tiene una estructura sacramental y no una estructura pol\u00edtica. La acci\u00f3n de Dios que sale a nuestro encuentro en la liturgia precede a nuestras decisiones e ideas. La Iglesia es sobre todo don de Dios y no una criatura nuestra, y por ello esta estructura sacramental no garantiza s\u00f3lo el ordenamiento com\u00fan, sino tambi\u00e9n la precedencia del don de Dios, del que todos tenemos necesidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, la \u00abgran oraci\u00f3n\u00bb, confiere una apertura c\u00f3smica a los argumentos precedentes. Clemente alaba y da gracias a Dios por su maravillosa providencia de amor, que ha creado el mundo y que sigue salv\u00e1ndolo y santific\u00e1ndolo. Particular importancia asume la invocaci\u00f3n para los gobernantes. Despu\u00e9s de los textos del Nuevo Testamento, representa la oraci\u00f3n m\u00e1s antigua por las instituciones pol\u00edticas. De este modo, tras la persecuci\u00f3n, los cristianos, aunque sab\u00edan que continuar\u00edan las persecuciones, no dejan de rezar por esas mismas autoridades que les hab\u00edan condenado injustamente. El motivo es ante todo de car\u00e1cter cristol\u00f3gico: es necesario rezar por los perseguidores, como lo hizo Jes\u00fas en la Cruz.  Pero esta oraci\u00f3n tiene tambi\u00e9n una ense\u00f1anza que orienta, a trav\u00e9s de los siglos, la actitud de los cristianos ante la pol\u00edtica y el Estado. Al rezar por las autoridades, Clemente reconoce la legitimidad de las instituciones pol\u00edticas en el orden establecido por Dios; al mismo tiempo, manifiesta la preocupaci\u00f3n que las autoridades sean d\u00f3ciles a Dios y \u00abejerzan el poder que Dios les ha dado con paz y mansedumbre y piedad\u00bb (61,2). C\u00e9sar no lo es todo. Emerge otra soberan\u00eda, cuyo origen y esencia no son de este mundo, sino \u00abde lo alto\u00bb: es la de la Verdad que tiene el derecho ante el Estado de ser escuchada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De este modo, la carta de Clemente afronta numerosos temas de perenne actualidad. Es a\u00fan m\u00e1s significativa, pues representa desde el siglo I la solicitud de la Iglesia de Roma, que preside en la caridad a todas las dem\u00e1s Iglesias. Con el mismo Esp\u00edritu, elevemos tambi\u00e9n nosotros las invocaciones de la \u00abgran oraci\u00f3n\u00bb, all\u00ed donde el obispo de Roma asume la voz del mundo entero: \u00abS\u00ed, Se\u00f1or, haz que resplandezca en nosotros tu rostro con el bien de la paz; prot\u00e9genos con tu mano poderosa\u2026 Nosotros te damos gracias, a trav\u00e9s del sumo Sacerdote y gu\u00eda de nuestras almas, Jesucristo, por medio del cual sea gloria y alabanza a ti, ahora, y de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, por los siglos de los siglos. Am\u00e9n\u00bb (60-61).\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Intervenci\u00f3n del Papa Benedicto XVI durante la audiencia general del mi\u00e9rcoles 7 de marzo de 2007 en la que comenz\u00f3 un nuevo ciclo de catequesis sobre los Padres Apost\u00f3licos. 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