{"id":24020,"date":"2016-02-05T16:21:17","date_gmt":"2016-02-05T21:21:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunion-frecuente\/"},"modified":"2016-02-05T16:21:17","modified_gmt":"2016-02-05T21:21:17","slug":"comunion-frecuente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunion-frecuente\/","title":{"rendered":"COMUNION FRECUENTE"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Historia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Pr\u00e1ctica<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Bibliograf\u00eda<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin especificar la frecuencia con que los creyentes deber\u00edan comulgar, Cristo simplemente nos ofrece comer Su Carne y beber Su Sangre, y nos avisa que si no lo hacemos, no tendremos vida en nosotros (Juan 6, etc.). El hecho, sin embargo, de que Su Carne y Su Sangre se recibir\u00edan bajo las apariencias de pan y vino, ordinaria comida y bebida de Sus oyentes, podr\u00eda apuntar a la frecuente e incluso diaria recepci\u00f3n del Sacramento. El man\u00e1, tambi\u00e9n, con el que \u00c9l compar\u00f3 \u201cel pan que \u00c9l dar\u00eda\u201d, fue compartido diariamente por los israelitas. Por otra parte, aunque la petici\u00f3n \u201cdanos hoy nuestro pan de cada d\u00eda\u201d no se refiere directamente a la Eucarist\u00eda, sin embargo no pudo por menos que llevar a los hombres a creer que sus almas, al igual que sus cuerpos, ten\u00edan necesidad de alimento diario. En este art\u00edculo trataremos con (1) la historia de la frecuencia de la Santa Comuni\u00f3n, (II) la pr\u00e1ctica actual como encarecida por P\u00edo X. (Hoy, 2010, San P\u00edo X; n.d.t.).\n<\/p>\n<h2>Historia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la Iglesia primitiva temprana de Jerusal\u00e9n los fieles comulgaban cada d\u00eda (Hch. 2,46). M\u00e1s tarde, sin embargo, podemos leer que San Pablo permaneci\u00f3 en Tr\u00f3ade siete d\u00edas, y fue s\u00f3lo  \u00abel primer d\u00eda de la semana\u00bb que los fieles estaban \u201creunidos para partir el pan\u201d (Hch. 20,6-11; cf. 1 Cor. 16,2). De acuerdo con la \u201cDidaj\u00e9\u201d el partir del pan ten\u00eda lugar \u201cel d\u00eda del Se\u00f1or\u201d (kata kiriaken, c. xiv). Plinio dice que los cristianos se re\u00fanen \u201cun d\u00eda fijo\u201d (Ep. X); y San Justino, \u201cen el d\u00eda llamado del Sol\u201d (te tou heliou legomene hemera, Apol., I, LXVII, 3, 7). Es en Tertuliano donde leemos por primera vez sobre la liturgia celebrada en alg\u00fan otro d\u00eda aparte del domingo (Sobre la Oraci\u00f3n 19; De Corona, c. III). La comuni\u00f3n diaria la menciona San Cipriano (De Orat. Domin., c. xviii en P.L.., IV, 531); San Jer\u00f3nimo (Ep. ad Damasum); San Juan Cris\u00f3stomo (Hom., III en Eph.); San Ambrosio (en Ps.cxviii, viii, 26, 28 en P.L., XV, 1461, 1462); y el autor de \u201cDe Sacramentis\u201d (V, iv, 25; P.L., XVI, 452).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Deber\u00edamos anotar que en la Iglesia primitiva y en la \u00e9poca patr\u00edstica, los fieles comulgaban, o al menos una mayor\u00eda se esperaba que comulgasen, con la frecuencia con que se celebrase la Santa Eucarist\u00eda (San Juan Cris\u00f3stomo, loc. cit.; C\u00e1nones Apost\u00f3licos, X; [[Papa San Gregorio I|San Gregorio Magno], Dial. II, 23). La recib\u00edan incluso con m\u00e1s frecuencia, ya que se hizo costumbre llevar las Sagradas Especies para comulgar en casa (San Justino, loc. cit.; Tertuliano, \u201cAd Uxorem\u201d, II, v; Eusebio, Hist. Ecl. VI.44). Esto hicieron especialmente los eremitas, por habitar en monasterios sin sacerdotes, y por aquellos que viv\u00edan a distancia de cualquier iglesia. Por otro lado vemos que la costumbre se desmoron\u00f3 por falta de norma, y que se reprend\u00eda frecuentemente a los fieles por no recibir casi nunca la Sagrada Comuni\u00f3n (ver especialmente San Juan Cris\u00f3stomo, loc. cit., y San Ambrosio, loc. cit.). San Agust\u00edn sintetiza la cuesti\u00f3n de este modo: \u201cAlgunos reciben el Cuerpo y la Sangre del Se\u00f1or cada d\u00eda; otros en ciertos d\u00edas; en algunos lugares no hay d\u00eda en el que sacrificio no se ofrezca; en otros s\u00f3lo el s\u00e1bado y el domingo; en otros s\u00f3lo en domingo\u201d (Ep. LIV en P.L., XXXIII, 200 y ss.). Si fue aconsejable para los fieles, en especial aquellos que viven en matrimonio, el comulgar diariamente, fue una cuesti\u00f3n en la que los Padres no se pusieron de acuerdo. San Jer\u00f3nimo es consciente de esta tradici\u00f3n en Roma, pero dice: \u201cEsto ni lo apruebo ni lo desapruebo; cada cual siga su propio criterio\u201d (Ep. XLVIII en P.L., XXII, 505 \u2013 6; Ep. LXXI en P.L., XXII, 672.  San Agust\u00edn discute la cuesti\u00f3n extensamente, y llega a la conclusi\u00f3n de que hay mucho que decir por ambos lados (Ep. LIV en P.L., XXXIII, 200 y ss.). Los buenos cristianos comulgaban una vez a la semana en el tiempo de Carlomagno, pero despu\u00e9s de la descomposici\u00f3n de su imperio esta tradici\u00f3n lleg\u00f3 a su fin. San Beda aporta testimonios de la costumbre romana de comulgar los domingos y d\u00edas de fiesta de los Ap\u00f3stoles y m\u00e1rtires, y lamenta lo poco com\u00fan de la comuni\u00f3n en Inglaterra (Ep. ad Egb. en P.L., XCIV, 665).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Resulta extra\u00f1o decir que fue en la Edad Media, \u201cla Edad de la Fe\u201d, que la Comuni\u00f3n era menos frecuente que en cualquier otro per\u00edodo de la historia de  la Iglesia. El Cuarto Concilio de Letr\u00e1n oblig\u00f3 a los fieles, bajo pena de excomuni\u00f3n, a comulgar al menos una vez al a\u00f1o (c. Omnis utriusque sexus). Las Clarisas Pobres, por regla, comulgaban seis veces al a\u00f1o, las [[Orden de Predicadores|dominicas, quince veces; la Orden Tercera de Santo Domingo, cuatro veces. Incluso algunos santos comulgaban raramente: San Luis seis veces al a\u00f1o, Santa Isabel solamente tres veces. La ense\u00f1anza de los grandes  te\u00f3logos , sin embargo, estaba del lado de la frecuente, y hasta cierto punto, diaria Comuni\u00f3n (Pedro Lombardo, IV Sent., dist. XII, n. 8; Santo Tom\u00e1s de Aquino, Summa Theol., III, Q. LXXX, a. 10; San Buenaventura, En IV Sent., dist. XII, punto II, a. 2, q. 2; ver Dalgairns, \u201cLa Santa Comuni\u00f3n\u201d, Dubl\u00edn, parte III, cap. i). Varios reformadores,  Tauler , Santa Catalina de Siena, San Vicente Ferrer, y Savonarola, abogaron por, y en muchos lugares, ocasionaron una vuelta a la comuni\u00f3n frecuente. El Concilio de Trento expres\u00f3 un deseo \u201cque en cada Misa los fieles presentes deber\u00edan comulgar\u201d (Sesi\u00f3n XXII, cap. VI). Y el Catecismo del concilio dice: \u201cNo juzguen los fieles suficiente recibir el Cuerpo del Se\u00f1or una vez al a\u00f1o solamente; consideren que la Comuni\u00f3n deber\u00eda ser m\u00e1s frecuente, pero si hubiera de ser m\u00e1s oportuno que sea mensual, semanal, o diaria, puede decidirse as\u00ed por no haber regla fija universal\u201d (p. II, c. IV, n. 58). Como pod\u00eda esperarse, los disc\u00edpulos de San Ignacio de Loyola y de San Felipe Neri se tomaron el trabajo de defender la Comuni\u00f3n frecuente. Con el resurgimiento de esta pr\u00e1ctica vino tambi\u00e9n la renovaci\u00f3n de la discusi\u00f3n sobre la conveniencia de la Comuni\u00f3n diaria. Mientras que todos admit\u00edan en teor\u00eda que la comuni\u00f3n diaria es algo bueno, difer\u00edan en cuanto a las condiciones requeridas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Congregaci\u00f3n del Concilio (1587) prohibi\u00f3 cualquier restricci\u00f3n general, y orden\u00f3 que nadie deber\u00eda ser excluido del Sagrado Banquete, aunque se acercase diariamente. En 1643 apareci\u00f3 la \u201cComuni\u00f3n Frecuente\u201d de Arnauld, en la que este autor requiere, para una comuni\u00f3n v\u00e1lida, severa penitencia por los pecados pasados y el m\u00e1s puro amor de Dios. Se apel\u00f3 una vez m\u00e1s a la Congregaci\u00f3n del Concilio, y decidi\u00f3 (1679) que aunque la Comuni\u00f3n diaria universal no era aconsejable, nadie puede ser excluido aunque se acerque diariamente; p\u00e1rrocos y confesores deber\u00e1n decidir la frecuencia, pero deber\u00e1n tener cuidado en evitar todo esc\u00e1ndalo e irreverencia (ver Denzinger, \u201cEnquiridion\u201d, 10th ed., n. 1148). En 1690 las condiciones de Arnauld fueron condenadas. A pesar de estas decisiones la recepci\u00f3n de la  Sagrada Comuni\u00f3n vino a ser cada vez menos frecuente, a causa de la extensi\u00f3n de las r\u00edgidas opiniones jansenistas, y este rigor ha durado casi hasta nuestros d\u00edas. La mejor y m\u00e1s antigua tradici\u00f3n fue, sin embargo, preservada por algunos escritores y predicadores, de forma notable F\u00e8nelon y San Alfonso, y con la extensi\u00f3n de la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, gradualmente se hizo una vez m\u00e1s la regla. Dif\u00edcilmente, sin embargo, lleg\u00f3 a Comuni\u00f3n diaria. Esta pr\u00e1ctica, tambi\u00e9n, fue calurosamente recomendada por P\u00edo IX y Le\u00f3n XIII, y finalmente tuvo la aprobaci\u00f3n oficial de P\u00edo X .\n<\/p>\n<h2>Pr\u00e1ctica<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a)\tLas reglas para la Comuni\u00f3n frecuente y diaria est\u00e1n establecidas por el decreto de la Congregaci\u00f3n del Concilio \u201cSacra Tridentina Synodus\u201d (20 de diciembre de 1905). (1) \u201cLa Comuni\u00f3n frecuente y diaria&#8230; deber\u00eda estar abierta a todos los fieles, de cualquier rango y condici\u00f3n de vida; de tal manera que a nadie en estado de gracia, y que se acerque a la sagrada mesa con una recta y devota intenci\u00f3n puede serle leg\u00edtimamente impedida.\u201d (2) \u201cLa recta intenci\u00f3n consiste en esto: que quien se acerca a la Sagrada Mesa, debe actuar as\u00ed no por rutina, o vanagloria, o respeto humano, sino por el prop\u00f3sito de agradar a Dios, o por estar m\u00e1s estrechamente unido a \u00c9l por la caridad, y por la b\u00fasqueda de este Divino remedio para sus debilidades y defectos\u201d. La regla 3 declara que \u201ces suficiente que ellos (los comulgantes diarios) est\u00e9n libres de pecado mortal, con el prop\u00f3sito de nunca m\u00e1s pecar en el futuro\u201d, y la Regla 4 encarece que \u201cdebe tenerse cuidado con que la Sagrada Comuni\u00f3n venga precedida de una seria preparaci\u00f3n y seguida de una deseable acci\u00f3n de gracias, seg\u00fan las fuerzas, circunstancias y deberes de cada uno\u201d. \u201cLos p\u00e1rrocos, confesores y predicadores deben frecuentemente y con gran celo exhortar a los fieles a esta devota y salut\u00edfera costumbre\u201d (Regla 6); dos reglas (7 y 8) se refieren a la Comuni\u00f3n diaria en comunidades religiosas e instituciones cat\u00f3licas de toda \u00edndole; y la \u00faltima regla (9) proh\u00edbe toda controversia posterior sobre este asunto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b)\tActas y Decretos de P\u00edo X sobre la Comuni\u00f3n frecuente y diaria.- Durante dos a\u00f1os estos decretos o pronunciamientos se siguen uno a otro en el orden siguiente:\n<\/p>\n<ul>\n<li> 30 de mayo de 1905.- En la v\u00edspera del Congreso Eucar\u00edstico de Roma, P\u00edo X concedi\u00f3 indulgencias a la \u201cOraci\u00f3n por la difusi\u00f3n de la piadosa costumbre de la Comuni\u00f3n diaria\u201d, que fue publicada y distribuida el \u00faltimo d\u00eda del Congreso.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> 4 de junio de 1905.- El Santo Padre, presidiendo la clausura del Congreso de Roma, dijo: \u201cRuego e imploro de todos vosotros el urgir a los fieles que se acerquen a aquel Divino Sacramento. Y hablo especialmente a vosotros, mis queridos hijos en el sacerdocio, para que Jes\u00fas, el tesoro de los tesoros del Para\u00edso, la m\u00e1s grande y m\u00e1s preciada de todas las posesiones de nuestra pobre y desolada humanidad, no sea abandonado de una manera tan insultante y tan desagradecida.\u201d<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">El decreto de 20 de diciembre de 1905, ya ha sido resumido.\n<\/p>\n<ul>\n<li> 25 de febrero de 1906.- Para ganar la indulgencia plenaria, garantizada a aquellos que comulguen cinco veces por semana, no es necesario ir a confesar cada semana, cada quincena, o cada mes; incluso confesar con menos frecuencia ser\u00e1 suficiente. No se da ning\u00fan plazo definido.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> 11 de agosto de 1906.- El Breve papal \u201cRomanorum Pontificum\u201d concede indulgencias e inusuales privilegios a la Liga Sacramental de la Eucarist\u00eda, la cual tiene por objeto influir en los fieles para que adopten la pr\u00e1ctica de la Comuni\u00f3n frecuente o diaria. Por un singular favor, todos los confesores inscritos en esta Liga son urgidos a exhortar a sus penitentes a comulgar diaria, o casi diariamente, a fin de obtener una indulgencia plenaria una vez a la semana.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> 15 de septiembre de 1906.- En esta fecha se explic\u00f3 que el decreto de 20 de diciembre de 1905, se aplica no solo a los adultos y a los j\u00f3venes de ambos sexos, sino tambi\u00e9n a los ni\u00f1os tan pronto como hayan recibido su primera Comuni\u00f3n de acuerdo con las normas del Catecismo Romano, es decir, tan pronto como manifiesten suficiente discernimiento.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> 7 de diciembre de 1906.- Las personas enfermas, encamadas por un mes, sin esperanza de una pronta recuperaci\u00f3n, pueden recibir la Sagrada [[[Eucarist\u00eda]], incluso aunque hayan podido romper su ayuno despu\u00e9s de medianoche bebiendo algo, como, por ejemplo, chocolate, tapioca, semolina, o sopa de pan, que son bebidas en el sentido del decreto. Esto puede repetirse una o dos veces por semana, si el Bendito Sacramento se guarda en la casa; en otro caso, una o dos veces por mes.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> 25 de marzo de 1907.- La jerarqu\u00eda es urgida a asegurarse que se lleve a cabo cada a\u00f1o, en la Iglesia Catedral un triduo especial con el prop\u00f3sito de exhortar al pueblo a comulgar frecuentemente. En las parroquias ser\u00e1 suficiente un d\u00eda. Se conceden indulgencias por estos ejercicios.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> 8 de mayo de 1907.- Se concede un permiso general para dar la Comuni\u00f3n en oratorios privados a todo aquel que atienda a la Misa, exceptuando la Comuni\u00f3n de Pascua y Viaticum.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> 14 de julio de 1907.- Expediente, delegando de nuevo al cardenal V. Vannutelli al Congreso Eucar\u00edstico de Metz, el cual se dedic\u00f3 exclusivamente a considerar la cuesti\u00f3n de la Sagrada Comuni\u00f3n. Lo que sigue es un extracto del Informe: \u201c \u00c9sta (Comuni\u00f3n frecuente) en verdad es el camino m\u00e1s corto para asegurar la salvaci\u00f3n del hombre individual as\u00ed como aquella de la sociedad.\u201d<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">HEDLEY, La Santa Eucarist\u00eda, VIII (Londres, 1907); DE ZULUETA, Apuntes sobre la Comuni\u00f3n diaria, 2\u00aa ed. (Londres, 1907); FERERES, El Decreto sobre la Comuni\u00f3n diaria, traducido por Jim\u00e9nez (Londres, 1908); DE S\u00c8GUR, La muy Santa Comuni\u00f3n, en Obras (Par\u00eds, 1872), III, 417 y ss.;FRASSINETTI, Teolog\u00eda Moral (G\u00e9nova, 1875), II, 53 y ss.; GODTS, Exageraciones Hist\u00f3ricas y Teol\u00f3gicas concernientes a la Comuni\u00f3n Cotidiana (Bruselas, 1904); CHATEL, Defensa de la Doctrina Cat\u00f3lica sobre la Comuni\u00f3n Frecuente (Bruselas, 1905) PETAVIUS, De Teolog\u00eda Dogm\u00e1tica 8Venecia, 1757), II De Penitencia P\u00fablica y Preparaci\u00f3n a la Comuni\u00f3n; San Alfonso, Teolog\u00eda Moral (Par\u00eds, 1862), V, Pr\u00e1ctica confesional, n. 148 y ss.; LEHMKHUL, Teolog\u00eda Moral (Friburgo en Br., 1902), n. 156 y ss.; BRIDGETT, Historia de la Santa Eucarist\u00eda en Gran Breta\u00f1a, edici\u00f3n de H. Thurston (Londres, 1908), parte III, c. i; LINTELLO, Op\u00fasculo sobre la Comuni\u00f3n frecuente y cotidiana (Par\u00eds, 1908); SALTER, Comuni\u00f3n frecuente en El Mensajero (Nueva York, Diciembre 1908).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Scannell, Thomas. \u201cComuni\u00f3n Frecuente\u201d. La Enciclopedia cat\u00f3lica. Vol. 6. Nueva York: Compa\u00f1\u00eda Robert Appleton, 1909.<br \/>\nhttp:\/\/.newadvent.org\/cathen\/06278a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Andr\u00e9s Peral Mart\u00edn.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Introducci\u00f3n 2 Historia 3 Pr\u00e1ctica 4 Bibliograf\u00eda Introducci\u00f3n Sin especificar la frecuencia con que los creyentes deber\u00edan comulgar, Cristo simplemente nos ofrece comer Su Carne y beber Su Sangre, y nos avisa que si no lo hacemos, no tendremos vida en nosotros (Juan 6, etc.). 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