{"id":24041,"date":"2016-02-05T16:22:04","date_gmt":"2016-02-05T21:22:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/concilio-de-trento-2\/"},"modified":"2016-02-05T16:22:04","modified_gmt":"2016-02-05T21:22:04","slug":"concilio-de-trento-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/concilio-de-trento-2\/","title":{"rendered":"CONCILIO DE TRENTO"},"content":{"rendered":"<p>\n  Concilio de TrentoEl Decimonono Concilio Ecum\u00e9nico se inaugur\u00f3 en Trento el 13 de diciembre de 1545, y se clausur\u00f3 all\u00ed el 4 de diciembre de 1563. Su objetivo principal fue la determinaci\u00f3n definitiva de las doctrinas de la Iglesia en respuesta a las herej\u00edas de los protestantes;  un objetivo ulterior fue la ejecuci\u00f3n de una reforma a fondo de la vida interior de la Iglesia, erradicando numerosos abusos que se hab\u00edan desarrollado en ella. <\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 CONVOCATORIA Y APERTURA<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 ORDEN  DE  LOS ASUNTOS<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 EL TRABAJO Y SESIONES\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">3.1 Primer Per\u00edodo en Trento<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">3.2 Per\u00edodo en Bolonia<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-6\">3.3 Segundo Per\u00edodo en Trento<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-7\">3.4 Tercer Per\u00edodo en Trento<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h2>CONVOCATORIA Y APERTURA<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 28 de noviembre de 1518 Mart\u00edn Lutero hab\u00eda apelado del Papa un concilio general porque estaba convencido de que ser\u00eda condenado en Roma por sus doctrinas her\u00e9ticas. La Dieta reunida en N\u00fcremberg en 1523 exig\u00eda un \u201cconcilio cristiano libre\u201d en tierra alemana y en la Dieta de 1524 en esa misma ciudad se exigi\u00f3 un concilio nacional alem\u00e1n para regular temporalmente las cuestiones en disputa y un concilio general para solucionar definitivamente las acusaciones contra Roma y las disputas religiosas. La exigencia era muy peligrosa debido el sentimiento prevaleciente en Alemania. Roma rechazaba terminantemente el concilio nacional alem\u00e1n pero no se opon\u00eda a la celebraci\u00f3n de un concilio general. El emperador Carlos V prohibi\u00f3 el concilio nacional, pero notific\u00f3 al Papa Clemente VII a trav\u00e9s de sus embajadores que consideraba conveniente la convocatoria de un concilio general y propuso la ciudad de Trento como lugar de la asamblea. En los a\u00f1os siguientes, las desafortunadas disputas entre el Papa y el emperador impidieron cualquier negociaci\u00f3n sobre el concilio. Nada se hizo hasta 1529 cuando el embajador papal Pico della Mirandola declar\u00f3 en la Dieta de Espira que el Papa estaba listo para ayudar a los alemanes en la lucha contra los turcos, para urgir la restauraci\u00f3n de la paz entre los gobernantes cristianos y para convocar un concilio general que se reunir\u00eda en el verano siguiente. Carlos y Clemente VII se reunieron en Bolonia en 1530 y el Papa estuvo de acuerdo en convocar un concilio, si era necesario. El cardenal legado Lorenzo Campeggio se opon\u00eda al concilio convencido de que los protestantes no eran honestos al solicitarlo. A pesar de ello, los pr\u00edncipes cat\u00f3licos alemanes, especialmente los duques de Baviera favorec\u00edan el concilio como el mejor modo de vencer los males que la Iglesia estaba padeciendo. Carlos nunca vacil\u00f3 en su determinaci\u00f3n de que se efectuara el concilio tan pronto como hubiera un per\u00edodo de paz general en la cristiandad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El asunto se discuti\u00f3 tambi\u00e9n en la Dieta de Ausgburgo de 1530, cuando Campeggio se opuso otra vez, mientras que el emperador estaba a favor siempre que los protestantes estuvieran dispuestos a restablecer las condiciones anteriores hasta la decisi\u00f3n del concilio. La propuesta de Carlos fue aceptada por los pr\u00edncipes cat\u00f3licos quienes, sin embargo, quer\u00edan que el concilio se celebrara en Alemania. Las cartas del emperador a su embajador en Roma sobre el tema llevaron a la discusi\u00f3n del asunto dos veces en la congregaci\u00f3n de cardenales nombrados especialmente para los asuntos alemanes. Aunque hubo opiniones divergentes, el Papa escribi\u00f3 al emperador que pod\u00eda prometer la convocatoria de un concilio con su consentimiento, siempre que los protestantes retornaran a la obediencia de la Iglesia. Propuso una ciudad italiana, preferiblemente Roma, como lugar de reuni\u00f3n. El emperador, sin embargo, desconfiaba del Papa, creyendo que Clemente no deseaba realmente un concilio. Mientras tanto los pr\u00edncipes protestantes no estuvieron de acuerdo en abandonar sus doctrinas. Clemente pon\u00eda constantemente dificultades respecto al concilio, aunque Carlos, de acuerdo con la mayor\u00eda de los cardenales, especialmente Farnesio, Del Monte y Canisio, le urg\u00eda frecuentemente para que lo convocara, como \u00fanico medio para dirimir las disputas religiosas. Mientras, los pr\u00edncipes protestantes rehusaban retractarse de las posturas que hab\u00edan tomado.  Francisco I de Francia intent\u00f3 frustrar la convocatoria poniendo condiciones imposibles de cumplir.  Fue culpa suya principalmente que el concilio no se celebrase durante el reinado de Clemente, pues en un consistorio del 28 de noviembre de 1531 se hab\u00eda acordado un\u00e1nimemente la convocatoria.  En 1532, en Bolonia, el emperador y el Papa discutieron el asunto de nuevo y decidieron que deb\u00eda reunirse tan pronto como se obtuviera la aprobaci\u00f3n de todos los pr\u00edncipes cristianos. Se redactaron breves apropiados para los gobernantes y se comision\u00f3 a los legados a ir a Alemania, Francia e Inglaterra. La contestaci\u00f3n del rey franc\u00e9s no fue satisfactoria. Tanto \u00e9l como Enrique VIII de Inglaterra evitaron una respuesta definitiva y los protestantes alemanes rechazaron las condiciones propuestas por el Papa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El siguiente Papa, Pablo III (1534-49), como cardenal Alejandro Farnesio siempre hab\u00eda favorecido decididamente la reuni\u00f3n conciliar, y durante el c\u00f3nclave hab\u00eda apremiado la convocatoria de uno. Cuando, tras su elecci\u00f3n, se reuni\u00f3 por primera vez con los cardenales, el 17 de octubre de 1534, habl\u00f3 de la necesidad del concilio general y repiti\u00f3 su opini\u00f3n en el primer consistorio (13 de noviembre.).  Llam\u00f3 a Roma a distinguidos prelados para discutir con ellos el asunto. Representantes de Carlos V y Fernando I tambi\u00e9n trabajaron para acelerar la celebraci\u00f3n del concilio.  Sin embargo, la mayor\u00eda de los cardenales se opon\u00edan a ello y se resolvi\u00f3 notificar a los pr\u00edncipes la decisi\u00f3n papal de reunir la asamblea. Se enviaron nuncios con este prop\u00f3sito a Francia y Espa\u00f1a y al rey alem\u00e1n, Fernando.  Vergerio, nuncio ante Fernando, deb\u00eda informar personalmente a los electores germanos y a los m\u00e1s distinguidos de los restantes pr\u00edncipes gobernantes de la inminente convocatoria del concilio. Ejecut\u00f3 su encargo con celo, aunque con frecuencia encontr\u00f3 reserva y desconfianza. La selecci\u00f3n del lugar fue fuente de muchas dificultades, ya que Roma insist\u00eda en que se celebrara en una ciudad italiana. Los gobernantes protestantes, reunidos en Esmalcalda en diciembre de 1535, rechazaron el propuesto concilio, en lo que les apoyaron Enrique VIII y Francisco I. Al mismo tiempo este \u00faltimo aseguraba a Roma que era muy conveniente para la erradicaci\u00f3n de la herej\u00eda, realizando, en cuanto a la realizaci\u00f3n del concilio, la doble intriga que siempre hab\u00eda seguido respecto al protestantismo alem\u00e1n. La visita de Carlos V a Roma en 1536 llev\u00f3 a un completo acuerdo con el Papa respecto al concilio. El 2 de junio, el Papa Pablo III publicaba la Bula llamando a todos los patriarcas, arzobispos, obispos y abades a reunirse en Mantua el 23 de mayo de 1537, para celebrar un concilio general. Los cardenales legados fueron enviados a invitar al emperador, al rey de los romanos, al rey de Francia, mientras otros nuncios llevaron la invitaci\u00f3n a otros pa\u00edses cristianos. El holand\u00e9s Peter van der Vorst fue enviado a Alemania a persuadir a los pr\u00edncipes gobernantes a que participaran. Los gobernantes protestantes recibieron al embajador poco amablemente; en Esmalcalda rechazaron la invitaci\u00f3n cort\u00e9smente, aunque en 1530 hab\u00edan exigido un concilio. Francisco I aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n de la guerra que hab\u00eda estallado entre \u00e9l y Carlos en 1536 para declarar imposible la asistencia de los obispos franceses al concilio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras, en Roma se hac\u00edan los preparativos con celo. La comisi\u00f3n de reforma, nombrada en julio de 1536, redact\u00f3 un informe como la base para la correcci\u00f3n de los abusos de la vida eclesi\u00e1stica, y el Papa se preparaba para el viaje a Mantua. El duque de Mantua levant\u00f3 ahora objeciones contra la celebraci\u00f3n en su ciudad, e impuso condiciones que Roma no pod\u00eda aceptar.  Por lo tanto, la inauguraci\u00f3n del concilio se pospuso para el 1 de noviembre; luego se decidi\u00f3 abrirlo en Vicenza el 1 de mayo de 1358.  Sin embargo, el curso de los acontecimientos era continuamente obstaculizado por Francisco I; sin embargo, los legados que iban a presidir el concilio llegaron a Vicenza.  S\u00f3lo acudieron seis obispos.  El rey franc\u00e9s y el Papa se reunieron en Niza y se decidi\u00f3 prorrogarlo hasta la Pascua de 1539. Poco despu\u00e9s el emperador tambi\u00e9n quer\u00eda posponerlo pues esperaba restaurar la unidad religiosa en Alemania mediante conferencias con los protestantes. Tras varias infructuosas negociaciones con Carlos V y con Francisco I, en el consistorio del 21 de mayo de 1539 se pospuso el concilio indefinidamente, el cual se reunir\u00eda a discreci\u00f3n del Papa. Cuando Pablo III y Carlos V se reunieron en Luca en septiembre de 1541, el Papa volvi\u00f3 al asunto del concilio. El emperador consinti\u00f3 en que se reuniese en Vicenza, pero Venecia no estuvo de acuerdo, por lo que el emperador propuso Trento, y luego el cardenal Gasparo Contarini sugiri\u00f3 Mantua, pero nada se decidi\u00f3.  El emperador y Francisco I fueron invitados a enviar a los cardenales de sus pa\u00edses a Roma de modo que el Colegio de Cardenales pudiese discutir el asunto del concilio.  Giovanni Morone trabajaba en Alemania como legado para el concilio y el Papa estuvo de acuerdo en celebrarlo en Trento. Tras otras consultas con Roma, Paulo III convoc\u00f3 el 22 de mayo de 1542 un concilio ecum\u00e9nico que se reunir\u00eda en Trento el 1 de noviembre del mismo a\u00f1o. Los protestantes atacaron violentamente al concilio y Francisco I se opuso en\u00e9rgicamente y ni siquiera permiti\u00f3 que se publicase en su reino la Bula de la convocatoria.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los pr\u00edncipes cat\u00f3licos alemanes y el rey Segismundo de Polonia consintieron en la convocatoria. Carlos V, enfadado por la posici\u00f3n neutral del Papa en la guerra que amenazaba entre \u00e9l y Francisco, as\u00ed como con la fraseolog\u00eda de la bula, escribi\u00f3 una carta de reproche a Paulo III. Sin embargo, comisionados especiales del Papa estaban haciendo preparativos para el concilio en Trento y luego se nombr\u00f3 a tres cardenales como legados conciliares.  Sin embargo, la conducta de Francisco I y del emperador volvi\u00f3 a impedir la apertura del concilio. Unos pocos obispos italianos y alemanes aparecieron en Trento. El Papa fue a Bolonia en marzo de 1543 y a una conferencia con Carlos V en Busseto, en junio, que no logr\u00f3 ning\u00fan avance.  Las tensas relaciones que surgieron de nuevo entre el Papa y el emperador y la guerra entre Carlos V y Francisco I ocasionaron otra pr\u00f3rroga (6 de julio de 1543). Despu\u00e9s de la Paz de Crespy (17 de septiembre de 1544) hubo una reconciliaci\u00f3n entre Pablo III y Carlos V.  El mismo Francisco I cambi\u00f3 de posici\u00f3n y se declar\u00f3 a favor de Trento, como lugar de reuni\u00f3n, como lo hizo tambi\u00e9n el emperador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 19 de noviembre de 1544, se promulg\u00f3 la bula \u00abLaetare Hierusalem\u00bb con la que se convocaba de nuevo el concilio en Trento para el 15 de marzo de 1545. En febrero de 1545 se nombr\u00f3 a los cardenales Giovanni del Monte, Marcello Cervini y Reginald Pole como legados papales para presidirlo. Como en marzo s\u00f3lo hab\u00edan llegado a Trento unos pocos obispos, hubo de posponerse de nuevo la fecha de apertura. Sin embargo, como el emperador deseaba que se inaugurara r\u00e1pidamente, se fij\u00f3 el 13 de diciembre como fecha de la primera sesi\u00f3n formal, la cual se celebr\u00f3 en el coro de la catedral de Trento despu\u00e9s de que el cardenal del Monte, primer presidente del concilio, hubo celebrado la Misa del Esp\u00edritu Santo. Cuando se leyeron las bulas de convocatoria y del nombramiento de los legados conciliares, el cardenal del Monte declar\u00f3 inaugurado el concilio y fij\u00f3 el 7 de enero como fecha de la segunda sesi\u00f3n. Adem\u00e1s de los tres legados presidentes, estaba presente el cardenal Christopher Madruzzi, obispo de Trento, 4 arzobispos, 21 obispos y cinco generales de \u00f3rdenes religiosas. Asist\u00edan adem\u00e1s los delegados del rey Fernando de Alemania, 42 te\u00f3logos y 9 canonistas que hab\u00edan sido llamados como consultores.\n<\/p>\n<h2>ORDEN  DE  LOS ASUNTOS<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para realizar su gran tarea, el concilio tuvo que luchar con muchas dificultades. Las primeras semanas se consumieron principalmente en fijar el orden de los asuntos a tratar en las asambleas. Tras largas discusiones se acord\u00f3 que los cardenales legados propondr\u00edan  los temas que hab\u00edan de considerar los miembros del concilio; despu\u00e9s que fueron redactados por una comisi\u00f3n de consultores (congregatio theologorum minorum) ser\u00edan discutidos detenidamente en sesiones preparatorias de congregaciones especiales de prelados para asuntos dogm\u00e1ticos y congregaciones similares para las cuestiones legales (congregatio proelatorum theologorum y congregatio proelatorum canonistarum).    Originalmente los padres conciliares se dividieron en tres congregaciones para la discusi\u00f3n de los temas, pero dejaron esa distribuci\u00f3n por ser muy engorrosa. Despu\u00e9s de todas las discusiones preliminares, el asunto as\u00ed preparado se debati\u00f3 en detalle en la congregaci\u00f3n general (congregatio generalis) donde se le dio la forma final del decreto.  Estas congregaciones generales estaban formadas por obispos, generales de las \u00f3rdenes y abades con derecho a voto, los sustitutos de miembros ausente con derecho a voto y los representantes (oratores) de los gobiernos seculares. Los decretos que resultaban de tan exhaustivos debates se presentaban en las sesiones formales y se votaba sobre ellos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 18 de diciembre los legados presentaron diecisiete art\u00edculos ante las congregaciones generales respecto al orden del procedimiento en los temas a discutirse.  Esto produjo una serie de dificultades, la primera de las cuales fue si se discutir\u00eda primero las cuestiones dogm\u00e1ticas o la reforma de la vida de la Iglesia. Finalmente se decidi\u00f3 que ambos temas deb\u00edan ser debatidos simult\u00e1neamente. As\u00ed despu\u00e9s de la promulgaci\u00f3n en las sesiones de los decretos referentes a los dogmas de la Iglesia sigui\u00f3 una promulgaci\u00f3n similar de los de la disciplina y la reforma de la Iglesia. Tambi\u00e9n se plante\u00f3 la cuesti\u00f3n de si los generales de las \u00f3rdenes y los abades que asist\u00edan al concilio ten\u00edan derecho al voto, sobre la cual hubo diversas opiniones.   Tras largas deliberaciones se lleg\u00f3 a la decisi\u00f3n de que el voto del general de la orden era el voto de toda la orden y que los tres abades benedictinos enviados por el Papa para representar a toda la orden ten\u00edan derecho a un solo voto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Surgieron violentas diferencias de opini\u00f3n durante la discusi\u00f3n preparatoria del decreto que se presentar\u00eda a la segunda sesi\u00f3n para determinar el t\u00edtulo que se deb\u00eda dar al concilio. La cuesti\u00f3n era si al t\u00edtulo de \u201cSacrosanto Concilio de Trento\u201d (Sacrosancta tridentina synodus), se deb\u00edan a\u00f1adir las palabras \u201crepresentando a la Iglesia universal\u201d (universalem ecclesiam reproesentans). Seg\u00fan el obispo de Fiesole Braccio Martello, cierto n\u00famero de miembros deseaban esta forma. Sin embargo, tal t\u00edtulo, aunque justificado en si mismo, pareci\u00f3 peligroso a los legados y otros miembros debido a su incidencia sobre los concilios de Constanza y Basilea, puesto que pod\u00eda pensarse que expresaba la superioridad del concilio ecum\u00e9nico sobre el Papa.  Por consiguiente, en vez de esa f\u00f3rmula la frase adicional \u00aboecumenica et generalis\u00bb fue propuesta y aceptada por casi todos los obispos. S\u00f3lo tres obispos que presentaron el asunto infructuosamente varias veces quer\u00edan la f\u00f3rmula \u00abuniversalem ecclesiam reproesentans\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un punto adicional se refer\u00eda a los representantes de los obispos ausentes, es decir, si ten\u00edan derecho al voto o no. Originalmente, no se les permiti\u00f3 votar.  El Papa Pablo III le concedi\u00f3 el derecho al voto por poder solamente a los obispos alemanes que no pod\u00edan salir de sus di\u00f3cesis debido a los problemas religiosos. En 1562, cuando el concilio se reuni\u00f3 de nuevo, P\u00edo IV retir\u00f3 ese permiso. Se aprobaron otras regulaciones respecto al derecho de los miembros de obtener los beneficios de sus di\u00f3cesis durante la sesi\u00f3n del concilio y sobre el modo de vida de los miembros. M\u00e1s tarde, durante el tercer periodo del concilio, se modific\u00f3 variamente estas decisiones.   As\u00ed, se dividi\u00f3 en seis clases a los te\u00f3logos del concilio, que se hab\u00edan convertido en un grupo muy numeroso; cada uno de los cuales recib\u00eda un cierto n\u00famero de borradores de los decretos en discusi\u00f3n.  A menudo tambi\u00e9n se nombraban diputaciones especiales para ciertos asuntos. La regulaci\u00f3n completa de los debates era muy prudente y ofrec\u00eda garant\u00edas de una discusi\u00f3n exhaustiva y absolutamente objetiva en todos los matices de las cuestiones tra\u00eddas a debate. Se manten\u00eda un servicio de correos regular entre Roma y Trento de manera que el Papa estaba completamente informado de los debates del concilio.\n<\/p>\n<h2>EL TRABAJO Y SESIONES<\/h2>\n<h3>Primer Per\u00edodo en Trento<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre los padres del Concilio y los te\u00f3logos convocados a Trento, hubo algunos hombres importantes. Los legados que presidieron el concilio estuvieron a la altura de su dif\u00edcil tarea:  Paceco de Ja\u00e9n, Lorenzo Campeggio de Feltre, y el antedicho obispo de Fiesole, fueron especialmente conspicuos entre los obispos que estuvieron presente en las primeras sesiones; Girolamo Seripando, general de los Ermita\u00f1os de San Agust\u00edn era el m\u00e1s prominente de los generales de las \u00f3rdenes. Entre los te\u00f3logos se debe mencionar a los eruditos dominicos Ambrosio Catarino y Domingo de Soto. Despu\u00e9s de la sesi\u00f3n de apertura formal (13 de diciembre de 1545) se debati\u00f3 las varias cuestiones sobre el orden de los asuntos y ni en la segunda sesi\u00f3n (7 de enero de 1546) ni en la tercera (4 de febrero de 1546) se trat\u00f3 asuntos de fe o disciplina.  Los trabajos del concilio no comenzaron hasta que despu\u00e9s de la tercera quedaron solucionados los asuntos preliminares y de orden de los asuntos.   El representante del emperador, Francisco de Toledo, no lleg\u00f3 a Trento hasta el 15 de marzo y otro representante personal, Mendoza, lleg\u00f3 el 25 de mayo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer tema de discusi\u00f3n que presentaron los legados ante la congregaci\u00f3n general, el 8 de febrero, fue el de las Sagradas Escrituras como fuente de la Revelaci\u00f3n Divina. Tras exhaustivas discusiones preliminares en las varias congregaciones, quedaron listos dos decretos para el debate en la cuarta sesi\u00f3n (8 de abril de 1546) que fueron adoptados por los padres. Al tratar el Canon de la Escritura declararon que, al mismo tiempo que en materia de fe y moral, la tradici\u00f3n de la Iglesia es, junto con la Biblia, el est\u00e1ndar de la revelaci\u00f3n sobrenatural; luego, sobre el texto y uso de los Libros Sagrados, declararon que la Vulgata es el texto aut\u00e9ntico para los sermones y discusiones, aunque esto no exclu\u00eda correcciones textuales. Tambi\u00e9n se determin\u00f3 que la Biblia deb\u00eda ser interpretada seg\u00fan el testimonio un\u00e1nime de los Padres y nunca ser mal usada para prop\u00f3sitos supersticiosos. Nada se decidi\u00f3 respecto a la traducci\u00f3n a las lenguas vern\u00e1culas\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras tanto, comenzaron intensas discusiones respecto a la reforma de la Iglesia entre el Papa y los legados. \u00c9stos hab\u00edan sugerido algunos temas, los cuales hac\u00edan especial referencia a la Curia Romana y su administraci\u00f3n, a los obispos, los beneficios eclesi\u00e1sticos y los diezmos, los \u00f3rdenes y la educaci\u00f3n del clero. Carlos V quer\u00eda que se pospusiera la discusi\u00f3n de las cuestiones dogm\u00e1ticas, pero el Papa y el concilio no estuvieron de acuerdo, de manera que el concilio debat\u00eda dogmas simult\u00e1neamente con los decretos sobre disciplina. El 24 de mayo toda la congregaci\u00f3n comenz\u00f3 la discusi\u00f3n sobre el pecado original, su naturaleza, consecuencias y su anulaci\u00f3n por el bautismo. Al mismo tiempo se trajo el asunto de la Inmaculada Concepci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda, pero la mayor\u00eda decidi\u00f3 finalmente no tomar ninguna decisi\u00f3n dogm\u00e1tica en este punto.   Las reformas debatidas trataban del establecimiento del profesorado teol\u00f3gico, la predicaci\u00f3n y la obligaci\u00f3n episcopal de residencia eclesi\u00e1stica.  Respecto a esto, el obispo espa\u00f1ol Pacheco trajo a colaci\u00f3n el punto de si la obligaci\u00f3n era de origen divino o si era simplemente una ordenanza eclesi\u00e1stica de origen humano, asunto que llev\u00f3 m\u00e1s tarde a largas y violentas discusiones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la quinta sesi\u00f3n (17 de junio de 1546) se promulg\u00f3 el dogma del pecado original con cinco c\u00e1nones (anatemas) contra las correspondientes doctrinas err\u00f3neas.  Tambi\u00e9n se promulg\u00f3 el primer decreto de reforma (de reformatione), que trata (en dos cap\u00edtulos) del profesorado en la Escritura y del aprendizaje secular (artes liberales) de los que predican la palabra divina, as\u00ed como de los colectores de las limosnas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para la siguiente sesi\u00f3n, originalmente fijada para el 29 de julio, los asuntos propuestos para el debate general fueron el dogma de la justificaci\u00f3n como cuesti\u00f3n dogm\u00e1tica y la obligaci\u00f3n de residencia de los obispos como decreto disciplinario; los legados propusieron a la asamblea el tratamiento de estos asuntos el 21 de junio. El dogma de la justificaci\u00f3n trajo a debate uno de los asuntos fundamentales que hab\u00eda de discutirse respecto a los herejes del siglo XVI y que presentaba en s\u00ed misma grandes dificultades. El partido imperial pens\u00f3 en bloquear la discusi\u00f3n de todo el asunto, algunos Padres estaban preocupados por la guerra inminente de Carlos V contra los pr\u00edncipes protestantes, y hab\u00eda disensi\u00f3n reciente entre el emperador y el Papa. Sin embargo, los debates sobre el asunto continuaron con el mayor celo; animados a veces con discusiones tempestuosas; el debate de la siguiente sesi\u00f3n general hubo de posponerse.  No menos de sesenta y una congregaciones generales y otras cuarenta y cuatro congregaciones fueron necesarias para el debate de los temas importantes de la justificaci\u00f3n y la obligaci\u00f3n de residencia antes de que los asuntos estuvieran listos para una decisi\u00f3n final.  En la sexta sesi\u00f3n regular (13 de enero de 1547) se promulg\u00f3 el magistral decreto sobre la justificaci\u00f3n (de justificatione) que constaba de un proemio o prefacio y diecis\u00e9is cap\u00edtulos con treinta y tres c\u00e1nones de condenaci\u00f3n de las herej\u00edas opuestas.  El decreto sobre la reforma fue uno de los cinco cap\u00edtulos relativos a la obligaci\u00f3n de residencia de los obispos y de los ocupantes de beneficios u oficios eclesi\u00e1sticos. Estos decretos hacen de la sesi\u00f3n sexta una de las m\u00e1s importantes y decisivas de todo el concilio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los legados propusieron a la congregaci\u00f3n general, como tema para la siguiente sesi\u00f3n, la doctrina de la Iglesia sobre los sacramentos y en lo relativo a la disciplina, una serie de ordenanzas sobre los nombramientos y actividades oficiales de los obispos y sobre los beneficios eclesi\u00e1sticos. Una vez debatidos en la s\u00e9ptima sesi\u00f3n (3 de marzo de 1547) se promulg\u00f3 un decreto dogm\u00e1tico con sus correspondientes c\u00e1nones sobre los sacramentos en general (trece c\u00e1nones), sobre el bautismo (catorce c\u00e1nones) y sobre la Confirmaci\u00f3n (tres c\u00e1nones); se aprob\u00f3 un decreto sobre la reforma (15 cap\u00edtulos) respecto a los obispos y los beneficios eclesi\u00e1sticos, en particular sobre las pluralidades, visitas y exenciones, respecto a la fundaci\u00f3n de enfermer\u00edas y a los asuntos legales del clero.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de esta sesi\u00f3n se hab\u00eda discutido el asunto de la posposici\u00f3n del concilio o su traslado a otra ciudad. Las relaciones entre el Papa y el emperador se hab\u00edan tornado m\u00e1s tensas, hab\u00eda comenzado la guerra de Esmalcalda en Alemania y adem\u00e1s surgi\u00f3 un brote de epidemia en Trento que caus\u00f3 la muerte al general de los franciscanos y a otros. Por lo tanto, los cardenales legados propusieron en la octava sesi\u00f3n (11 de marzo de 1547) trasladar el concilio a otra ciudad, apoyando su acci\u00f3n en el Breve publicado por el Papa poco tiempo antes. La mayor\u00eda de los padres votaron por el cambio a Bolonia y al d\u00eda siguiente (12 de marzo) los legados se trasladaron all\u00ed.  En la novena sesi\u00f3n el n\u00famero de participantes se hab\u00eda elevado a cuatro cardenales, nueve arzobispos, cuarenta y nueve obispos, dos delegados, dos abades, tres generales de \u00f3rdenes y cincuenta te\u00f3logos.\n<\/p>\n<h3>Per\u00edodo en Bolonia<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mayor\u00eda de los Padres se trasladaron a Bolonia con los legados, pero catorce obispos que pertenec\u00edan al partido de Carlos V permanecieron en Trento y no quer\u00edan reconocer el traslado. El repentino cambio de lugar sin haber consultado al Papa no gust\u00f3 a Paulo III, que seguramente vio que esto le llevar\u00eda a ulteriores serias dificultades con el emperador. De hecho, Carlos V estaba muy indignado con el cambio y a trav\u00e9s de su embajador, Andreas de Vega, protest\u00f3 y urgi\u00f3 vigorosamente para que se volviera a Trento. La derrota de la Liga de Esmalcalda aument\u00f3 el poder del emperador. Cardenales influyentes intentaron mediar entre \u00e9l y el Papa, pero las negociaciones fallaron. El emperador protest\u00f3 formalmente contra el traslado a Bolonia y rehusando permitir que los obispos espa\u00f1oles que estaban en Trento abandonaran la ciudad, inici\u00f3 las negociaciones de nuevo con los protestantes alemanes bajo su propia responsabilidad. Consecuentemente, en la sesi\u00f3n novena que se celebr\u00f3 en Bolonia el 21 de abril de 1574, el \u00fanico decreto que se public\u00f3 fue el de posponer la sesi\u00f3n. La misma acci\u00f3n se realiz\u00f3 en la sesi\u00f3n d\u00e9cima del 2 de junio de 1547, aunque hab\u00eda habido debates exhaustivos sobre varios temas en las congregaciones.  La tensi\u00f3n entre el Papa y el emperador iba creciendo a pesar de los esfuerzos de los cardenales Sfondrato y Christopher Madruzzi. Las negociaciones resultaban in\u00fatiles. Los obispos que hab\u00edan permanecido en Trento no hab\u00edan celebrado sesiones, pero cuando el Papa llam\u00f3 a Roma a cuatro de los obispos de Bolonia y a cuatro de los de Trento, \u00e9stos se excusaron diciendo que no pod\u00edan obedecer la llamada. Paulo III habr\u00eda de esperar ahora oposici\u00f3n extrema del emperador. Por lo tanto, el 13 de septiembre, proclam\u00f3 la suspensi\u00f3n del Concilio y orden\u00f3 al cardenal legado Del Monte que despidiera a los miembros del concilio reunidos en Bolonia, lo cual realiz\u00f3 el 17 de septiembre. Los obispos fueron llamados a Roma donde deb\u00edan preparar los decretos para la reforma de la disciplina. Esto cerr\u00f3 el primer per\u00edodo del concilio.  El Papa muri\u00f3 el 10 de noviembre de 1549.\n<\/p>\n<h3>Segundo Per\u00edodo en Trento<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sucesor de Paulo III fue Julio III (1550-55), Giovanni del Monte, primer cardenal legado del concilio, quien comenz\u00f3 inmediatamente negociaciones con el emperador para reabrir el mismo.  El 14 de noviembre de 1550 emiti\u00f3 la Bula \u00abQuum ad tollenda,\u00bb en la que se fijaba la reuni\u00f3n de nuevo en Trento. Nombr\u00f3 como presidentes al cardenal Marcelo Crescencio, arzobispo Sebasti\u00e1n Pighino de Siponto, y al obispo Luis Lipomanni de Verona. El cardenal legado lleg\u00f3 a Trento el 29 de abril de 1551, donde ya hab\u00eda, adem\u00e1s del obispo de la ciudad, catorce obispos de las tierras regidas por el emperador Carlos V; algunos ven\u00edan de Roma, donde hab\u00edan permanecido, y el 1 de mayo de 1551 se celebr\u00f3 la sesi\u00f3n d\u00e9cimo primera, en la que se decret\u00f3 la reapertura del concilio y se fij\u00f3 la fecha de la siguiente sesi\u00f3n para el d\u00eda 1 de septiembre. En las congregaciones de te\u00f3logos y en varias congregaciones generales se discutieron el sacramento de la Eucarist\u00eda y borradores de otros decretos disciplinares.  Entre los te\u00f3logos estaban James Lainez y Alfonso Salmer\u00f3n, enviados por el Papa, y Juan Arza, que representaba al emperador. Estaban presentes los embajadores del emperador, el rey Fernando, Enrique II rey de Francia, que estaba renuente a la asistencia de ning\u00fan obispo franc\u00e9s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la duod\u00e9cima sesi\u00f3n (1 de septiembre de 1551) la \u00fanica decisi\u00f3n tomada fue prorrogarlo hasta el 11 de octubre, debido a la expectaci\u00f3n por la llegada de otros obispos alemanes, adem\u00e1s de los arzobispos de Maguncia y Tr\u00e9veris que ya estaban all\u00ed. La d\u00e9cimo tercera sesi\u00f3n se celebr\u00f3 el 11 de octubre de 1551. Promulg\u00f3 un decreto sobre el sacramento de la Eucarist\u00eda (en 8 cap\u00edtulos y 11 c\u00e1nones) y un decreto sobre la reforma (en 8 cap\u00edtulos) respecto a la supervisi\u00f3n que hab\u00edan de ejercer los obispos y sobre la jurisdicci\u00f3n episcopal.  Otro decreto pospon\u00eda hasta la pr\u00f3xima sesi\u00f3n la discusi\u00f3n de cuatro art\u00edculos sobre la Eucarist\u00eda, es decir, sobre la Comuni\u00f3n bajo las dos especies de pan y vino y la Comuni\u00f3n de los ni\u00f1os. Tambi\u00e9n se autoriz\u00f3 un salvoconducto para los protestantes que deseasen asistir al concilio. Ya hab\u00eda llegado a Trento un embajador de Joaqu\u00edn II de Brandenburgo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los presidentes expusieron para la discusi\u00f3n ante la congregaci\u00f3n general del 15 de octubre, borradores de las definiciones de los Sacramentos de la Penitencia y Extremaunci\u00f3n.  Durante los meses de octubre y noviembre, estos temas ocuparon a las congregaciones generales y de te\u00f3logos, entre los que sobresal\u00edan John Gropper, Frederic Nausea, Tapper y Jean Hessels.  En la d\u00e9cimo cuarta sesi\u00f3n, 25 de noviembre, el decreto dogm\u00e1tico promulgado conten\u00eda nueve cap\u00edtulos sobre el dogma de la Iglesia respecto al sacramento de la penitencia y tres cap\u00edtulos sobre la Extremaunci\u00f3n.  A los cap\u00edtulos sobre la Penitencia se a\u00f1adieron quince c\u00e1nones y a los cap\u00edtulos sobre la Extremaunci\u00f3n se a\u00f1adieron cuatro c\u00e1nones que condenaban las ense\u00f1anzas her\u00e9ticas al respecto.   El decreto sobre la reforma trataba de la disciplina del clero y varios asuntos sobre los beneficios eclesi\u00e1sticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras tanto llegaron a Trento varios embajadores de los distintos pr\u00edncipes protestantes.  Hicieron varias demandas, entre ellas: que se anularan los decretos anteriores contrarios a la Confesi\u00f3n de Augsburgo; que se pospusieran los debates sobre los asuntos en disputa entre cat\u00f3licos y protestantes; que se definiera la subordinaci\u00f3n del Papa al concilio ecum\u00e9nico y otras proposiciones que el concilio no pod\u00eda aceptar.  Desde la clausura de la \u00faltima sesi\u00f3n tanto las congregaciones de te\u00f3logos como las generales se hab\u00edan ocupado en numerosas asambleas sobre el dogma del Santo Sacrificio de la Misa y de la ordenaci\u00f3n de los sacerdotes as\u00ed como con planes para nuevos decretos reformatorios. En la d\u00e9cimo quinta sesi\u00f3n (25 de enero de 1522), para hacer alguna oferta a los embajadores de los protestantes, se pospusieron las decisiones sobre los temas bajo consideraci\u00f3n y se les extendi\u00f3 un nuevo salvoconducto, como quer\u00edan. Adem\u00e1s de los tres legados papales y el cardenal Madruzzi, estaban presentes en Trento diez arzobispos y cincuenta y cuatro obispos, la mayor\u00eda de ellos provenientes de los pa\u00edses regidos por el emperador. Debido al traicionero ataque de Mauricio de Sajonia contra Carlos V, la ciudad de Trento y los miembros del concilio corr\u00edan peligro, as\u00ed que en la sesi\u00f3n decimosexta (23 de abril de 1552) se decret\u00f3 suspenderlo por dos a\u00f1os. Sin embargo, transcurri\u00f3 un per\u00edodo de tiempo m\u00e1s largo antes que pudiera reiniciar sus sesiones.\n<\/p>\n<h3>Tercer Per\u00edodo en Trento<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Papa Julio III no vivi\u00f3 para volver a convocar el concilio. Le sucedi\u00f3 Marcelo II (1555), anterior cardenal legado en Trento, Marcelo Cervini, el cual muri\u00f3 veintid\u00f3s d\u00edas despu\u00e9s de su elecci\u00f3n. Su sucesor, el austero Paulo IV (1555-59) realiz\u00f3 en\u00e9rgicamente reformas internas tanto en Roma como en otras partes de la Iglesia; pero nunca consider\u00f3 seriamente volver a convocar el concilio.   El Papa P\u00edo IV (1559-65) anunci\u00f3 a los cardenales poco despu\u00e9s de su elecci\u00f3n su intenci\u00f3n de reabrir el concilio. De hecho, hab\u00eda encontrado al hombre id\u00f3neo, su sobrino, el cardenal arzobispo de Mil\u00e1n Carlos Borromeo, para completar el importante trabajo y aplicar sus decisiones al uso normal de la Iglesia.   De nuevo surgieron grandes dificultades por todas partes. El emperador Fernando deseaba el concilio pero quer\u00eda que se celebrase en alguna ciudad alemana y no en Trento. Adem\u00e1s deseaba que se reuniese no como continuaci\u00f3n sino como un concilio nuevo. El rey de Francia tambi\u00e9n deseaba un nuevo concilio y tampoco lo quer\u00eda en Trento. Los protestantes de Alemania hac\u00edan lo posible para que no se reuniera un concilio. Despu\u00e9s de largas negociaciones, Fernando, los reyes de Espa\u00f1a y Portugal, la Suiza cat\u00f3lica y Venecia dejaron el asunto en manos del Papa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 29 de noviembre de 1560 se public\u00f3 la Bula \u00abAd ecclesiae regimen\u00bb, la cual ordenaba que el concilio se reuniera de nuevo en Trento en la Pascua de Resurrecci\u00f3n de 1561.  A pesar de todos los esfuerzos de los nuncios papales, Delfino y Commendone, los protestantes alemanes persistieron en su oposici\u00f3n. El cardenal Ercole Gonzaga fue nombrado presidente del concilio, y ser\u00eda asistido por los cardenales legados Estanislao Hosio, Jacobo Puteo (du Puy), Girolamo Seripando, Luigi Simonetta, y Marco S\u00edtico de Altemps.  La apertura del concilio se retras\u00f3 porque los obispos iban llegando muy lentamente. Finalmente el 18 de enero de 1562, se celebr\u00f3 la decimos\u00e9ptima sesi\u00f3n, la cual proclam\u00f3 la revocaci\u00f3n de la suspensi\u00f3n del concilio y fij\u00f3 la fecha de la siguiente sesi\u00f3n. Estaban presente, adem\u00e1s de los cuatro cardenales legados, un cardenal, tres patriarcas, once arzobispos, cuarenta obispos, cuatro abades y cuatro generales de \u00f3rdenes, adem\u00e1s de 34 te\u00f3logos. Los embajadores de los pr\u00edncipes crearon muchas dificultades y exigieron demandas que eran parcialmente imposibles. Los protestantes siguieron calumniando a la asamblea. El emperador Fernando quer\u00eda que se pospusieran las cuestiones dogm\u00e1ticas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la sesi\u00f3n decimoctava (25 de febrero de 1562), s\u00f3lo se decidi\u00f3 la publicaci\u00f3n de un decreto sobre la elaboraci\u00f3n de una lista de libros prohibidos y un acuerdo sobre un salvoconducto para los protestantes. En las dos sesiones siguientes, la decimonona el 14 de mayo y la vig\u00e9sima, el 4 de junio de 1562, s\u00f3lo se emitieron los decretos que prorrogaban el concilio.  En verdad el n\u00famero de miembros hab\u00eda aumentado y hab\u00edan llegado a Trento varios embajadores de gobernantes cat\u00f3licos, pero algunos pr\u00edncipes continuaron poniendo obst\u00e1culos sobre el car\u00e1cter del concilio y el lugar de la celebraci\u00f3n.  El emperador Fernando envi\u00f3 un plan exhaustivo de reformas de la Iglesia que conten\u00eda muchos art\u00edculos imposibles de aceptar. Sin embargo, los legados prosiguieron sus trabajos y presentaron el borrador del decreto sobre la Comuni\u00f3n, que trataba especialmente el asunto de la Comuni\u00f3n bajo dos especies as\u00ed como los borradores de varios decretos disciplinarios, que fueron sometidos a las discusiones habituales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la vig\u00e9simo primera sesi\u00f3n (16 de julio de 1562) se promulg\u00f3 el decreto de la Comuni\u00f3n bajo dos especies y el de la Comuni\u00f3n de los ni\u00f1os, en cuatro cap\u00edtulos y cuatro c\u00e1nones. Tambi\u00e9n se promulg\u00f3 un decreto sobre reformas en nueve cap\u00edtulos, que tratan de la ordenaci\u00f3n de los sacerdotes, los ingresos de los can\u00f3nigos la fundaci\u00f3n de nuevas parroquias y la colecta de limosnas. Quedaron para la discusi\u00f3n en las congregaciones los art\u00edculos sobre el Sacrificio de la Misa; en los meses siguientes hubo largos y animados debates sobre el dogma.  En la vig\u00e9simo segunda sesi\u00f3n, que no se efectu\u00f3 sino hasta el 17 de septiembre de 1562, se promulgaron cuatro decretos; el primero conten\u00eda el dogma de la Iglesia sobre el Sacrificio de la Misa (en 9 cap\u00edtulos y 9 c\u00e1nones); el segundo sobre la supresi\u00f3n de los abusos en la ofrenda del Santo Sacrificio; el tercero (en 11 cap\u00edtulos) trata de la reforma, especialmente en lo referente a la moral del clero, los requerimientos necesarios antes de asumir oficios eclesi\u00e1sticos, las herencias, la administraci\u00f3n de las fundaciones religiosas; el cuarto trataba de conceder a los laicos la Copa de Comuni\u00f3n, lo que se dej\u00f3 a la discreci\u00f3n del Papa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El concilio apenas hab\u00eda estado nunca en una posici\u00f3n m\u00e1s dif\u00edcil: los gobernantes seculares presentaban demandas contradictorias y, en parte, imposibles de conceder. Al mismo tiempo las discusiones de los Padres sobre el deber de residencia y sobre las relaciones de los obispos con el Papa iban entrando en calor. Los obispos franceses que llegaron el 13 de noviembre hicieron algunas proposiciones dudosas. Murieron dos de los cardenales legados: Gonzaga y Seripando.  Los dos nuevos legados y presidentes, Giovanni Morone y Navagero, fueron poco a poco venciendo las dificultades. Los varios puntos dogm\u00e1ticos concernientes a la ordenaci\u00f3n de sacerdotes se discutieron tanto en las congregaciones generales como en las de 84 te\u00f3logos, entre los que Alfonso Salmer\u00f3n, Domingo de Soto y James Lainez fueron los m\u00e1s prominentes.   Finalmente, el 15 de julio de 1563 se celebr\u00f3 la vig\u00e9simo tercera sesi\u00f3n, que promulg\u00f3 el decreto sobre el Sacramento del Orden y sobre la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica (en cuatro cap\u00edtulos y ocho c\u00e1nones) y un decreto sobre la reforma (en dieciocho cap\u00edtulos). Este decreto disciplinar trataba de la obligaci\u00f3n de residencia, la concesi\u00f3n de los distintos grados de ordenaci\u00f3n, y la educaci\u00f3n de los cl\u00e9rigos j\u00f3venes (seminaristas). Los decretos que se proclamaran ante la Iglesia en esta sesi\u00f3n fueron el resultado de largos y arduos debates en los que tomaron parte 235 miembros con derecho a voto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Surgieron disputas sobre si hab\u00eda que terminar ya r\u00e1pidamente con el concilio o seguir adelante. Mientras las congregaciones debat\u00edan el borrador del decreto sobre el Sacramento del Matrimonio y en la sesi\u00f3n vig\u00e9simo cuarta (11 de noviembre de 1563) se promulgaron un decreto dogm\u00e1tico (con doce c\u00e1nones) sobre el matrimonio como sacramento y un decreto de reforma (en diez cap\u00edtulos) que trata de varias condiciones requeridas para contraer un matrimonio v\u00e1lido. Se public\u00f3 tambi\u00e9n un decreto general sobre reforma (en 21 cap\u00edtulos), el cual trataba de varios asuntos sobre la administraci\u00f3n de los oficios eclesi\u00e1sticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El deseo de cerrar el concilio fue creciendo en todos los que estaban relacionados con \u00e9l y se decidi\u00f3 clausurarlo lo antes posible. Quedaba una serie de temas discutidos preliminarmente y que ya estaban listos para la definici\u00f3n final. Consecuentemente en la final y vig\u00e9simo quinta sesi\u00f3n, que ocup\u00f3 dos d\u00edas, (3 a 4 de diciembre de 1563) se aprobaron y promulgaron los siguientes decretos:  el 3 de diciembre, un decreto dogm\u00e1tico sobre la veneraci\u00f3n e invocaci\u00f3n de los santos y sobre sus im\u00e1genes y reliquias; un decreto de reforma (en 22 cap\u00edtulos) sobre monjes y monjas; un decreto de reforma sobre el modo de vida de cardenales y obispos, certificaciones de aptitud para los eclesi\u00e1sticos, legados para las Misas, administraci\u00f3n de beneficios eclesi\u00e1sticos, supresi\u00f3n del concubinato entre el clero y la vida del clero en general.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 4 de diciembre se promulgaron los siguientes decretos: uno dogm\u00e1tico sobre las indulgencias; uno sobre los d\u00edas de fiesta y ayuno; otro sobre la preparaci\u00f3n, por parte del Papa, de ediciones del Misal, Breviario y catecismo y una lista de libros prohibidos.   Tambi\u00e9n se declar\u00f3 que ning\u00fan poder secular hab\u00eda sido colocado en desventaja por el orden y rango acordado para sus embajadores; los gobernantes fueron invitados a aceptar las decisiones del concilio y a ejecutarlas.   Finalmente, se leyeron y declararon obligatorios los decretos aprobados por el concilio durante los pontificados de Paulo III y Julio III. Despu\u00e9s que los Padres concordaron en presentar al Papa los decretos para su confirmaci\u00f3n, el presidente, cardenal Morone, declar\u00f3 clausurado el concilio. Los decretos fueron suscritos por 215 padres conciliares: 4 cardenales legados, 2 cardenales, 3 patriarcas, 25 arzobispos, 167 obispos, 7 abades, 7 generales de \u00f3rdenes y 19 apoderados de 33 prelados ausentes. Los decretos se confirmaron el 26 de enero de 1564 por P\u00edo IV en la Bula \u00abBenedictus Deus,\u00bb y fueron aceptados por los pa\u00edses cat\u00f3licos y por algunos con reserva.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Concilio Ecum\u00e9nico de Trento ha demostrado ser de la mayor importancia para el desarrollo de la vida interior de la Iglesia. Ning\u00fan concilio ha desarrollado sus tareas en circunstancias m\u00e1s dif\u00edciles y ninguno ha tenido que decidir tantas cuestiones de la mayor importancia. La asamblea demostr\u00f3 al mundo que a pesar de la repetida apostas\u00eda en la vida de la Iglesia, hab\u00eda a\u00fan abundancia de fuerza religiosa y de fiel defensa de los principios inmutables del cristianismo. Aunque desafortunadamente el concilio, sin que los padres reunidos fueran culpables, no fue capaz de curar las diferencias religiosas de Europa occidental, sin embargo la verdad divina infalible fue claramente proclamada en oposici\u00f3n a las falsas doctrinas de su tiempo y de esta forma se pusieron unos firmes fundamentos para vencer la herej\u00eda, as\u00ed como para ejecutar una genuina reforma interna de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Kirsch, Johann Peter. \u00abCouncil of Trent.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 15. New York: Robert Appleton Company, 1912. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/15030c.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Pedro Royo.  L H M\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Concilio de TrentoEl Decimonono Concilio Ecum\u00e9nico se inaugur\u00f3 en Trento el 13 de diciembre de 1545, y se clausur\u00f3 all\u00ed el 4 de diciembre de 1563. 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