{"id":24047,"date":"2016-02-05T16:22:17","date_gmt":"2016-02-05T21:22:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/concilio-vaticano-ii-eclesiologia\/"},"modified":"2016-02-05T16:22:17","modified_gmt":"2016-02-05T21:22:17","slug":"concilio-vaticano-ii-eclesiologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/concilio-vaticano-ii-eclesiologia\/","title":{"rendered":"CONCILIO VATICANO II: ECLESIOLOGIA"},"content":{"rendered":"<p>\n  \u00abYo he vencido a la Mundo\u00bbPresentar la eclesiolog\u00eda del Concilio Vaticano II  Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevaler\u00e1n, o la influencia de dicho evento eclesial en la sucesiva reflexi\u00f3n creyente sobre la Iglesia  Vista del circo Vaticano, seg\u00fan un grabado de Carlo Fontana, 1694.   no es tarea f\u00e1cil. Durante estas casi cuatro d\u00e9cadas que nos separan de dicho acontecimiento se ha escrito mucho sobre su reflexi\u00f3n eclesiol\u00f3gica. La literatura es m\u00e1s bien abundante y, de alg\u00fan modo, diversa . Casi siempre se encuentra un tono positivo y agradecido por la influencia que el Concilio Vaticano II ha tenido en la reflexi\u00f3n sobre la Iglesia. En esta l\u00ednea, se pretende decir algo sobre la imagen de Iglesia que surge de la doctrina conciliar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es acertada la opini\u00f3n del eclesi\u00f3logo A. Ant\u00f3n al se\u00f1alar que para hacer un balance de la eclesiolog\u00eda posconciliar hay que recoger los datos que llegan de un doble cauce: el doctrinal y el existencial . A pesar de esta l\u00facida opini\u00f3n, en este trabajo se renunciar\u00e1 a la exhaustividad en la presentaci\u00f3n del tema propuesto y al m\u00e9todo propuesto por Ant\u00f3n y se intentar\u00e1 presentar tan s\u00f3lo algunas l\u00edneas relevantes de la eclesiolog\u00eda conciliar atendiendo a la doctrina propuesta en los documentos del Concilio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al abordar la reflexi\u00f3n eclesiol\u00f3gica del Concilio Vaticano II no se puede dejar de considerar que el prop\u00f3sito del Concilio fue buscar una mayor fidelidad de la Iglesia a Cristo, fidelidad a su ser y a su misi\u00f3n en el mundo. Esto se desprende de la misma doctrina conciliar . Es, pues, importante comprender lo que la Iglesia, inspirada por el Esp\u00edritu, dice de s\u00ed misma y de su misi\u00f3n en el mundo, sobre todo despu\u00e9s de un evento eclesial como el Concilio Vaticano II que, sin duda alguna, ha marcado un hito en la historia de la Iglesia y en la historia del dogma eclesiol\u00f3gico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hablando de la teolog\u00eda del Concilio, K. Rahner sostiene que \u00aben el campo de la teolog\u00eda dogm\u00e1tica verdadera y propia puso en el primer plano de la conciencia eclesial una serie de doctrinas que de por s\u00ed no eran nuevas ni inauditas ni hab\u00edan sido particularmente controvertidas, pero que antes no hab\u00edan sido expresadas con la claridad suficiente para hacerlas eficaces en la vida pr\u00e1ctica de la Iglesia\u00bb . En definitiva, nadie podr\u00e1 negar que \u00abel Vaticano II nos leg\u00f3 una eclesiolog\u00eda profundamente renovada\u00bb  tanto en el m\u00e9todo cuanto en los contenidos, sobre todo poniendo a la luz verdades importantes algo oscurecidas antes de dicho evento eclesial. Y esto no debe extra\u00f1ar, pues como indica la Constituci\u00f3n sobre la Divina Revelaci\u00f3n del Concilio Vaticano II:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia, a trav\u00e9s de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina, hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios .<br \/>\nUna voz a\u00fan m\u00e1s autorizada puede ser o\u00edda para comprender lo que el Concilio pretendi\u00f3, sobre todo a nivel eclesiol\u00f3gico. Es la voz de Pablo VI, quien al t\u00e9rmino de la tercera sesi\u00f3n dijo:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ha sido estudiada y descrita la doctrina sobre la Iglesia; se ha cumplido as\u00ed la obra doctrinal del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano I, ha sido explorado el misterio de la Iglesia y delineado el designio divino de su fundamental constituci\u00f3n\u2026 Nada de la doctrina tradicional cambia. Lo que era, permanece. Lo que la Iglesia por siglos ha ense\u00f1ado, nosotros lo ense\u00f1amos igualmente. Solamente lo que era simplemente vivido, ahora es expresado; lo que era incierto es clarificado; lo que era meditado, discutido, y en parte controvertido, ahora llega a una serena formulaci\u00f3n .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de presentar algunos puntos de la doctrina eclesiol\u00f3gica conciliar hay que reconocer la ocasionalidad de los documentos magisteriales. No obstante que el Magisterio quiera, como lo hace el Vaticano II, proponer una doctrina sistem\u00e1tica, hay que tomar en consideraci\u00f3n el contexto en el que la propuesta magisterial se desarrolla. Ning\u00fan documento pretende ser absoluto y cerrado en s\u00ed mismo. Toda intervenci\u00f3n magisterial es susceptible de una ulterior profundizaci\u00f3n, todo documento tiene una apertura y deja lugar a una nueva palabra que explicita la anterior. Prueba de ello, por ejemplo, es el desarrollo dogm\u00e1tico que se da en los concilios cristol\u00f3gicos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada uno de ellos da una palabra definitiva pero que se abre a una posterior clarificaci\u00f3n. Lo mismo sucede con el Vaticano II. En sus documentos se ha dicho mucho sobre la Iglesia y se encuentra doctrina cualitativamente excelente, pero no se ha dicho todo. Las coordenadas espacio-temporales, la situaci\u00f3n vital eclesial, fueron condicionamientos puestos a la doctrina del Concilio que, siendo fiel al patrimonio hist\u00f3rico-dogm\u00e1tico de la Iglesia, queda abierto a un desarrollo posterior.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Consciente que la presentaci\u00f3n de la eclesiolog\u00eda conciliar desborda ampliamente los l\u00edmites de este trabajo, se procurar\u00e1 presentar solamente algunos temas que pueden ser considerados m\u00e1s novedosos en la eclesiolog\u00eda del concilio, con la conciencia que el mismo no dice novedades absolutas sino que testifica datos del patrimonio teol\u00f3gico especialmente importantes en la consideraci\u00f3n de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Algunos temas eclesiol\u00f3gicos relevante en la doctrina conciliar<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se intentar\u00e1 ahora subrayar algunos de los temas eclesiol\u00f3gicos que son l\u00edneas de fuerza de la presentaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica del Concilio o son recuperaci\u00f3n importante de temas que pod\u00edan haber sido algo olvidados por la teolog\u00eda anterior, aut\u00e9nticas verdades olvidadas que el Concilio ha sacado a la luz y se\u00f1alado su importancia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>El misterio de la Iglesia<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es sin duda una de las adquisiciones mayores del Vaticano II, tanto que es el t\u00edtulo del primer cap\u00edtulo de Lumen gentium. La Iglesia no s\u00f3lo puede ser vista desde una perspectiva juridicista o sociol\u00f3gica. Ella no es, principalmente, una realidad de este mundo. La Iglesia es un misterio. Una realidad que tiene su origen en Dios pero vive en este mundo. Esa realidad te\u00e1ndrica de la Iglesia es expresada ya en los primeros n\u00fameros de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia. As\u00ed, el n\u00famero 2 de la citada Constituci\u00f3n dice:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[El Padre] determin\u00f3 convocar a los creyentes en Cristo en la Santa Iglesia, que fue ya prefigurada desde el origen del mundo, preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en el Antiguo Testamento, constituida en los \u00faltimos tiempos, manifestada por la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, y que se perfeccionar\u00e1 gloriosamente al fin de los siglos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia es, pues, un misterio que tiene su origen en el Padre que, desde el inicio del mundo, pens\u00f3 en ella para que se desarrolle en el mundo y se perfeccione al fin de los siglos. Es una realidad que tiene a Dios como origen y destino.<br \/>\nPrecisamente por su ser misterio no es f\u00e1cilmente definible, de all\u00ed que el Concilio, para expresar la realidad de esta Iglesia, se sirva de im\u00e1genes que nos aproximan a comprender algo m\u00e1s de su misterio. La Constituci\u00f3n presenta diversas im\u00e1genes, recogidas principalmente de la revelaci\u00f3n b\u00edblica, que ayudan a comprender el misterio de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se habla de la Iglesia como redil, grey, campo de labranza, edificaci\u00f3n de Dios, Jerusal\u00e9n celeste, Esposa del Cordero, Cuerpo M\u00edstico de Cristo . Cada una de las citadas im\u00e1genes expresa alg\u00fan aspecto del ser de la Iglesia y, todas juntas, nos dan una visi\u00f3n m\u00e1s adecuada de lo que la Iglesia es. Dif\u00edcil es quedarse con una, m\u00e1s a\u00fan, ser\u00eda una traici\u00f3n a la aut\u00e9ntica comprensi\u00f3n del ser de la Iglesia; a causa de la profundidad del misterio, es preciso dejarse ayudar por todas las im\u00e1genes citadas para tener una visi\u00f3n m\u00e1s global de la naturaleza de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un aspecto que muestra de modo di\u00e1fano el ser misterioso de la Iglesia es su realidad visible y espiritual. En ella coexisten ambos aspectos, as\u00ed lo se\u00f1ala el n\u00famero 8 de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia al decir:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero la sociedad dotada de \u00f3rganos jer\u00e1rquicos y el Cuerpo m\u00edstico de Cristo, la asamblea visible y la comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia enriquecida con bienes celestiales, no han de considerarse como dos cosas distintas; antes bien ellas forman una realidad completa, constituida por un elemento humano y otro divino. Por esta profunda analog\u00eda se asemejan al misterio del Verbo encarnado. Pues como la naturaleza asumida sirve al Verbo divino como \u00f3rgano de salvaci\u00f3n indisolublemente unido a \u00c9l, de forma semejante la uni\u00f3n social de la Iglesia sirve al Esp\u00edritu de Cristo, que la vivifica, para el incremento del cuerpo (Cfr. Ef. 4, 16) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Profunda presentaci\u00f3n del misterio de la Iglesia, ella no es s\u00f3lo la societas perfecta, ella es un misterio porque en ella coexisten elementos divinos y humanos, es santa y pecadora, es semper reformanda, es la Iglesia que peregrina, que \u00abmanifiesta fielmente en el mundo el misterio de Cristo, aunque entre penumbras, hasta que al fin de los tiempos se descubra con todo esplendor\u00bb .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia y la Trinidad: La relaci\u00f3ni\u00f3n Iglesia y Trinidad es una hermosa verdad algo olvidada que el Concilio pone a la luz . La Iglesia tiene una relaci\u00f3n estrecha y constitutiva con la Sant\u00edsima Trinidad . Los primeros n\u00fameros de Lumen gentium presentan con fuerza esta verdad. El n\u00famero 2 deja en claro que el designio que da origen a la Iglesia es un designio del Padre. Lumen gentium presenta al Padre como Aquel que cre\u00f3 el mundo lib\u00e9rrimamente, le ofrece salvaci\u00f3n despu\u00e9s de la ca\u00edda del hombre, elige y predestina para la salvaci\u00f3n y convoca a los creyentes en la Santa Iglesia. Esta idea est\u00e1 presente tambi\u00e9n en otros documentos conciliares . El anuncio sobre la Iglesia, seg\u00fan la mente del Concilio, es trinitario . La afirmaci\u00f3n del car\u00e1cter trinitario de la Iglesia preserva la eclesiolog\u00eda de un excesivo cristomonismo, del tratamiento de la Iglesia como una simple jerarcolog\u00eda y de un excesivo eclesiocentrismo .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El car\u00e1cter trinitario de la Iglesia hace que \u00e9sta tenga una relaci\u00f3n con cada una de las Personas divinas. El Padre tiene una relaci\u00f3n con la Iglesia en cuanto de \u00c9l depende el designio salv\u00edfico; por voluntad del Padre es constituida la Iglesia como pueblo de Dios en continuidad y discontinuidad con el Pueblo de la Antigua Alianza; la Iglesia es la vi\u00f1a del Padre, la familia de Dios, el pueblo de Dios .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero la Iglesia tiene tambi\u00e9n una relaci\u00f3n constitutiva con Cristo, es suya, su Cuerpo, la prolongaci\u00f3n de su misi\u00f3n en el mundo , hay que tener presente que \u00abdel costado de Cristo dormido en la cruz naci\u00f3 \u201cel sacramento admirable de la Iglesia entera\u201d\u00bb . Sin caer en el cristomonismo a la hora de reflexionar sobre la Iglesia, s\u00ed hay que afirmar el cristocentrismo de la misma .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La relaci\u00f3n con el Esp\u00edritu Santo es tambi\u00e9n fuertemente subrayada, \u00c9l es quien santifica continuamente a la Iglesia, \u00c9l habita en ella, la gu\u00eda, la conduce a la verdad y la unifica en comuni\u00f3n y ministerio .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una recuperaci\u00f3n importante del Vaticano II ha sido la vinculaci\u00f3n constitutiva de la Iglesia con la Sant\u00edsima Trinidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La Iglesia comuni\u00f3n<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El S\u00ednodo Extraordinario de 1985, int\u00e9rprete autorizado del Concilio Vaticano II, dice:<br \/>\nLa eclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n es una idea central y fundamental en los documentos del Concilio. Koinon\u00eda\/comuni\u00f3n, fundadas en la Sagrada Escritura, son tenidas en gran honor en la Iglesia antigua y en las iglesias orientales hasta nuestros d\u00edas. Desde el Concilio Vaticano II se ha hecho mucho para que se entendiera m\u00e1s claramente a la Iglesia como comuni\u00f3n y se llevara esta idea m\u00e1s concretamente a la vida.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 significa la palabra compleja \u00abcomuni\u00f3n\u00bb? Fundamentalmente se trata de la comuni\u00f3n con Dios por Jesucristo en el Esp\u00edritu Santo. Esta comuni\u00f3n se tiene en la Palabra de Dios y en los sacramentos .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y el conocido eclesi\u00f3logo A. Ant\u00f3n sostiene en una de sus obras que \u00abla innovaci\u00f3n del Vaticano II de mayor trascendencia para la eclesiolog\u00eda y la vida de la Iglesia ha sido el haber tratado la teolog\u00eda del misterio de la Iglesia sobre la noci\u00f3n de comuni\u00f3n\u00bb . No cabe duda que la eclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n es uno de los grandes aportes del Concilio Vaticano II recuperando el patrimonio teol\u00f3gico, sobre todo, del primer milenio cristiano. La noci\u00f3n de comuni\u00f3n subraya la vinculaci\u00f3n de la Iglesia con la Trinidad ya que se trata de estar \u00aben comuni\u00f3n con el Padre y con su Hijo Jesucristo\u00bb (1 Jn 1, 4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Concilio Vaticano II el concepto de comuni\u00f3n se convirti\u00f3 en clave hermen\u00e9utica del misterio de la Iglesia. Desde su ser m\u00e1s profundo la Iglesia es comuni\u00f3n, as\u00ed lo presenta el Concilio al describirla como \u00absacramento o signo e instrumento de la \u00edntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb . Los n\u00fameros  13 y 14 de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia son especialmente ricos al tratar de la comuni\u00f3n, \u00e9sta es una realidad que se vive en la medida que el Esp\u00edritu Santo la produce; la comuni\u00f3n eclesial conduce a compartir los dones y a tender a la plenitud de la unidad; la comuni\u00f3n respeta la diversidad de las Iglesias particulares y a la vez las integra bajo el primado de Pedro; la comuni\u00f3n teologal que constituye el misterio de la Iglesia se manifiesta visiblemente en el comunicarse entre las comunidades cristianas los bienes espirituales, los operarios apost\u00f3licos y los recursos econ\u00f3micos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La comuni\u00f3n eclesial se hace efectiva mediante la profesi\u00f3n de la misma fe, la comuni\u00f3n en los sacramentos y en el r\u00e9gimen eclesi\u00e1stico. La obra del Esp\u00edritu en la Iglesia es unificarla en comuni\u00f3n . Una expresi\u00f3n de la comuni\u00f3n eclesial es la colegialidad episcopal y la estrecha relaci\u00f3n de los obispos, sucesores de los Ap\u00f3stoles, con el Sucesor de Pedro .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El concepto comuni\u00f3n aplicado a la Iglesia es teol\u00f3gico, m\u00e1s a\u00fan, teologal. No es la simple afirmaci\u00f3n de la Iglesia como una comunidad en el sentido sociol\u00f3gico de la palabra, lo distintivo de la comuni\u00f3n eclesial es su dimensi\u00f3n vertical, la vida divina que se comunica a los creyentes en Cristo y por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. Sin tener presente la referencia de la Iglesia a la Trinidad no es posible comprender la comuni\u00f3n eclesial, por eso dice el Concilio al hablar de la unidad eclesial:<br \/>\n\u00c9ste es el sagrado misterio de la unidad de la Iglesia en Cristo y por Cristo, comunicando el Esp\u00edritu Santo la variedad de sus dones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El supremo modelo y el principio de este misterio es la unidad de un solo Dios en la Trinidad de personas; Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo .<br \/>\nLa comuni\u00f3n eclesial es, entonces, un don de Dios Trino que produce la uni\u00f3n com\u00fan intelectual y afectiva, que afecta el ser y el actuar de los creyentes, quienes se sienten atra\u00eddos por el disfrute de los bienes divinos y humanos que son objeto de la promesa divina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya el Libro de los Hechos de los Ap\u00f3stoles 2, 42 ofrece un paradigma de la comunidad cristiana que experimenta la comuni\u00f3n eclesial. Quienes componen la Iglesia deben estar unidos por cuatro elementos esenciales: la doctrina de los ap\u00f3stoles, la oraci\u00f3n, la eucarist\u00eda y la caridad o amor fraterno del que es destinatario no s\u00f3lo una persona individual sino la totalidad del Cuerpo de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La comuni\u00f3n, seg\u00fan la Nota explicativa previa de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia, \u00abes una noci\u00f3n que fue tenida en gran honor en la Iglesia antigua (como hoy tambi\u00e9n sucede sobre todo en Oriente). Su sentido no es un vago afecto sino una realidad org\u00e1nica que exige forma jur\u00eddica y al mismo tiempo est\u00e1 animada por la caridad\u00bb. La noci\u00f3n de comuni\u00f3n no excluye la constituci\u00f3n jer\u00e1rquica de la Iglesia sino que le da un nuevo sentido y remarca su necesidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La sacramentalidad del episcopado y la colegialidad<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un elemento eclesiol\u00f3gico importante que pone a la luz el Concilio Vaticano II es la afirmaci\u00f3n de la sacramentalidad del episcopado. Es sabido por todos que no siempre en la historia de la teolog\u00eda se ha visto con claridad la sacramentalidad del episcopado. Ya san Jer\u00f3nimo, en alg\u00fan texto, no obstante reconociese la funci\u00f3n del obispo y su competencia lit\u00fargica exclusiva en algunos casos, cuestion\u00f3 el car\u00e1cter divino de la instituci\u00f3n del episcopado mon\u00e1rquico, al que ve\u00eda tan s\u00f3lo como algo funcional . Santo Tom\u00e1s de Aquino, aun afirmando en algunas de sus obras que el episcopado pertenece al orden por la potestad sobre el Cuerpo m\u00edstico de Cristo, en De articulis fidei et Ecclesiae sacramentis afronta la distinci\u00f3n entre obispo y presb\u00edtero y concluye afirmando que el episcopado es m\u00e1s una dignidad que un orden . As\u00ed, conviene recordar que en la escol\u00e1stica se distingui\u00f3 potestad de orden y potestad de jurisdicci\u00f3n. Desde la primera hay igualdad sacramental entre el presb\u00edtero y el obispo; la diferencia se debe simplemente a la diversidad de funciones en cuanto a la potestad de jurisdicci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta opini\u00f3n prevaleci\u00f3 por mucho tiempo. Poco antes del Concilio Vaticano II, respondiendo a la comisi\u00f3n preparatoria del Concilio, los profesores de la Facultad Teol\u00f3gica de Mil\u00e1n propusieron que se tratase la sacramentalidad del episcopado. Los profesores de Mil\u00e1n dijeron, sin ambages, que la consagraci\u00f3n episcopal seg\u00fan la cert\u00edsima tradici\u00f3n lit\u00fargica y patr\u00edstica es un verdadero sacramento de la Nueva Ley que confiere la plenitud de la potestad del orden .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Lumen gentium el Concilio ofrece las m\u00e1s claras exposiciones sobre la sacramentalidad del episcopado, as\u00ed, en el n\u00famero 21 se lee: \u00abEnse\u00f1a el Santo S\u00ednodo que con la consagraci\u00f3n episcopal se confiere la plenitud del sacramento del orden\u00bb. Para afirmar esto el Concilio se basa en la Tradici\u00f3n y en la historia .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La afirmaci\u00f3n de la sacramentalidad del episcopado tiene claras resonancias eclesiol\u00f3gicas. No se puede ocultar que, durante siglos, la teolog\u00eda del sacramento del orden privilegi\u00f3, en cierto modo, un monopolio presbiteral, el episcopado se comprend\u00eda desde el presbiterado, como una simple extensi\u00f3n jur\u00eddica de oficio. En el Concilio Vaticano II hay todo un viraje en la concepci\u00f3n del ministerio ordenado. El obispo es la figura central cuando se trata del ministerio ordenado, en el Concilio se afirma expl\u00edcitamente la dimensi\u00f3n jer\u00e1rquica del ministerio episcopal cuando se habla de la \u00absucesi\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb, cuando se habla de la \u00abcolegialidad episcopal\u00bb . Pero esta dimensi\u00f3n jer\u00e1rquica no proviene tan s\u00f3lo de una raz\u00f3n funcional; el Concilio afirma la dimensi\u00f3n carism\u00e1tica o vertical del ministerio episcopal  y al mismo tiempo la dimensi\u00f3n diaconal del mismo en relaci\u00f3n con la Iglesia tanto universal cuanto local a trav\u00e9s del servicio de la Palabra, el sacramento y la caridad pastoral .<br \/>\nLumen gentium afirma claramente que los obispos han recibido la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica para que se contin\u00fae en la Iglesia el ministerio del Se\u00f1or Jes\u00fas; los obispos, por instituci\u00f3n divina, contin\u00faan la misi\u00f3n apost\u00f3lica como pastores de la Iglesia . El ministerio ordenado es visto desde el episcopado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los presb\u00edteros son colaboradores de los obispos&#160;; as\u00ed, no es el episcopado una prolongaci\u00f3n del presbiterado sino que el presbiterado es una derivaci\u00f3n de la misi\u00f3n apost\u00f3lica recibida por los Obispos y por ellos transmitida. Con la afirmaci\u00f3n de la sacramentalidad del episcopado se aborda un tema eclesiol\u00f3gico pues se renueva la comprensi\u00f3n del ministerio ordenado, constitutivo del ser eclesial, y se ponen los cimientos para una recta consideraci\u00f3n de la Iglesia local o particular.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero no es s\u00f3lo la sacramentalidad del episcopado un tema que el Concilio clarifica sino tambi\u00e9n la consideraci\u00f3n de la colegialidad episcopal como un aspecto de la comuni\u00f3n eclesial; comuni\u00f3n orientada a la misi\u00f3n. La Iglesia no se puede comprender a s\u00ed misma sino proyectada a la misi\u00f3n en fidelidad al mandato de su Se\u00f1or (Mt 28, 18-20). Esta relaci\u00f3n entre misi\u00f3n eclesial y ministerio episcopal queda precisada en el n\u00famero 19 de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia, donde se lee:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Se\u00f1or Jes\u00fas, despu\u00e9s de haber hecho oraci\u00f3n al Padre, llamando a s\u00ed a los que \u00c9l quiso, eligi\u00f3 a los doce para que viviesen con \u00c9l y enviarlos a predicar el Reino de Dios (cf. Mc 3, 13-19; Mt 10, 1- 42); a estos ap\u00f3stoles (cf. Lc 6, 13) los instituy\u00f3 a modo de colegio, es decir, de grupo estable, y puso al frente de ellos a Pedro, elegido de entre ellos mismos (cf. Jn 21, 15-17).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se afirma, pues, claramente, que los Doce fueron elegidos para continuar, como Colegio, la misi\u00f3n que comenz\u00f3 en la tierra el Se\u00f1or Jes\u00fas. Pero no qued\u00f3 todo all\u00ed, esta misi\u00f3n ten\u00eda que ser continuada luego que los Doce dejaran este mundo, y por eso, dice Lumen gentium en el n. 20:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta divina misi\u00f3n confiada por Cristo a los ap\u00f3stoles ha de durar hasta el fin de los siglos (cf. Mt 28, 20), puesto que el Evangelio que ellos deben transmitir es en todo tiempo el principio de toda vida para la Iglesia. Por lo cual los ap\u00f3stoles en esta sociedad jer\u00e1rquicamente organizada tuvieron cuidado de establecer sucesores [\u2026] Entre los varios ministerios que ya desde los primeros tiempos se ejercitan en la Iglesia, seg\u00fan testimonio de la tradici\u00f3n, ocupa el primer lugar el oficio de aquellos que, constituidos en el episcopado, por una sucesi\u00f3n que surge desde el principio, conservan la sucesi\u00f3n de la semilla apost\u00f3lica primera.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La afirmaci\u00f3n conciliar es di\u00e1fana. La misi\u00f3n eclesial que han de llevar a cabo los obispos es cumplimiento de una voluntad expresa de Jesucristo y ha de ser desarrollada de modo colegial. Dicha colegialidad se manifiesta en las mutuas relaciones de cada obispo con los dem\u00e1s miembros del colegio; cada obispo representa a su Iglesia particular como todos ellos, a una con el Papa, representan a toda la Iglesia en el v\u00ednculo de la paz, del amor y de la unidad .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cuidado de anunciar el evangelio en todo el mundo pertenece al cuerpo de los obispos, ya que a todos ellos en com\u00fan dio Cristo el mandato imponi\u00e9ndoles un oficio com\u00fan; de esto se sigue que todos deben, con todas sus fuerzas, proveer a las misiones de operarios y de socorros espirituales y materiales . Es sin duda, pues, la colegialidad episcopal, un modo concreto de vivencia del misterio de la Iglesia comuni\u00f3n.<br \/>\nLa corresponsabilidad laical en la vida eclesial<br \/>\nUna de las verdades eclesiol\u00f3gicas que el Concilio Vaticano II redescubri\u00f3 es el rol del laicado en la Iglesia. Se trata de una afirmaci\u00f3n contundente del importante papel que el laicado juega en la vida eclesial. La importancia dada al rol del laicado en la Iglesia lleva a conceder todo un cap\u00edtulo de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia a este tema, am\u00e9n de un Decreto, Apostolicam actuositatem. La introducci\u00f3n al cap\u00edtulo es bastante sugestiva al afirmar que<br \/>\na los laicos, hombres y mujeres, en raz\u00f3n de su condici\u00f3n y misi\u00f3n, les corresponden ciertas particularidades cuyos fundamentos, por las especiales circunstancias de nuestro tiempo, hay que considerar con mayor amplitud .<br \/>\nEs sumamente valiosa la definici\u00f3n de laico que ofrece el Concilio, pues reconoce en ellos su incorporaci\u00f3n a Cristo mediante el bautismo, su ser parte del pueblo de Dios y su participaci\u00f3n en la funci\u00f3n sacerdotal, prof\u00e9tica y real de Cristo que les lleva a ejercer la misi\u00f3n de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo . El concilio acent\u00faa una verdad que hay que profundizar a\u00fan m\u00e1s en la praxis eclesial y es la secularidad como condici\u00f3n propia del fiel laico; en virtud de ella, \u00aba los laicos pertenece por propia vocaci\u00f3n buscar el reino de Dios tratando y ordenando, seg\u00fan Dios, los asuntos temporales\u00bb .  Desde dentro del mundo ellos han de procurar santificarlo y descubrir a Cristo a los dem\u00e1s, con el testimonio que ofrezcan mediante la vivencia de las virtudes teologales. La Constituci\u00f3n sobre la Iglesia afirma la necesidad de considerar la condici\u00f3n laical como una vocaci\u00f3n orientada a la consagraci\u00f3n del mundo mediante la fuerza del testimonio del cristiano laico en su vida cotidiana .<br \/>\nLa corresponsabilidad de los laicos en la vida eclesial no puede limitarse a su colaboraci\u00f3n con las tareas intraeclesiales propias de la jerarqu\u00eda , hay que insistir cada vez m\u00e1s, en un mundo secularizado, en la tarea que el Concilio asigna a los laicos: la consecratio mundi desde la vivencia secular, haci\u00e9ndose hombres de Iglesia en el coraz\u00f3n del mundo. No se ha de olvidar que los laicos \u00abest\u00e1n llamados, particularmente, a hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra si no es a trav\u00e9s de ellos\u00bb . El concilio reconoce que los laicos tienen un papel principal en la tarea de hacer que el mundo se impregne del esp\u00edritu de Cristo y alcance su fin en la justicia, la caridad y la paz; se trata de que Cristo, a trav\u00e9s de los miembros de la Iglesia, ilumine cada vez m\u00e1s la sociedad humana; por otra parte, los fieles laicos han de procurar sanear las estructuras y los ambientes del mundo que inciten al pecado para que favorezcan, en vez de impedir, la pr\u00e1ctica de las virtudes .<br \/>\nLa verdad sobre el laicado presentada por el Concilio parece ser una verdad por estrenar en muchos ambientes eclesiales en los que se toma a los laicos s\u00f3lo como colaboradores de la jerarqu\u00eda en sus actividades. Sin despreciar ese servicio, hay que afirmar cada vez m\u00e1s el car\u00e1cter secular de la vida laical.<br \/>\nLa llamada a la santidad y la \u00edndole escatol\u00f3gica de la Iglesia<br \/>\nUna verdad important\u00edsima que responde al misterio de la Iglesia es su \u00edndole escatol\u00f3gica. \u00abEl modelo perfecto de Iglesia pertenece a la plenitud del tiempo, cuando llegue la renovaci\u00f3n de todo (Hech 3, 20-21)\u00bb . Con Jesucristo la plenitud de los tiempos ha llegado hasta nosotros y la renovaci\u00f3n del mundo est\u00e1 irrevocablemente decretada  y empieza a realizarse en el siglo presente, ya que la Iglesia, aun en la tierra, se reviste de una verdadera, si bien imperfecta santidad. Pero mientras peregrina en este mundo, la Iglesia espera. Espera entrar con Cristo a las nupcias eternas, espera reinar con Cristo glorioso, espera el cumplimiento de la esperanza bienaventurada y la llegada de la gloria de Jesucristo . Es importante esta visi\u00f3n de la Iglesia que el Vaticano II presenta, imagen que supera todo fixismo eclesial, todo intento por quedarse en la consideraci\u00f3n de la Iglesia como societas perfecta y orienta la mirada sobre la Iglesia a un futuro plenificador. La Iglesia no es de este mundo, es misterio. Y mientras camina en este mundo tiende hacia su plenitud, aquella que recibir\u00e1 cuando Cristo vuelva glorioso y premie la fidelidad de sus disc\u00edpulos, haci\u00e9ndoles part\u00edcipes de su gloria.<br \/>\nEsta realidad escatol\u00f3gica de la Iglesia fundamenta la comuni\u00f3n de la Iglesia terrestre con la Iglesia celestial. La uni\u00f3n de los hermanos que durmieron en la paz de Cristo con los que peregrinamos a\u00fan por este mundo se fortalece con la comunicaci\u00f3n de bienes espirituales, porque los bienaventurados est\u00e1n m\u00e1s \u00edntimamente unidos a Cristo, \u00abconsolidan m\u00e1s eficazmente a toda la Iglesia en la santidad, ennoblecen el culto que Ella misma ofrece a Dios en la tierra y contribuyen de m\u00faltiples maneras a su m\u00e1s dilatada edificaci\u00f3n [\u2026] Porque ellos llegaron ya a la patria y gozan de la presencia del Se\u00f1or (cf. 2 Cor 5, 8); por \u00c9l, con \u00c9l y en \u00c9l no cesan de interceder por nosotros ante el Padre\u00bb .<br \/>\nLa Iglesia terrestre mira a la Iglesia celeste y \u00abal mirar la vida de quienes siguieron fielmente a Cristo, nuevos motivos nos impulsan a buscar la ciudad futura (cf. Hebr 13, 14 y 11, 10) y al mismo tiempo aprendemos cu\u00e1l sea, entre las mundanas vicisitudes, el camino seguro, conforme al propio estado y condici\u00f3n de cada uno, que nos conduzca a la perfecta uni\u00f3n con Cristo, o sea, a la santidad\u00bb . La santidad, en la doctrina del Concilio Vaticano II, fiel a la multisecular doctrina eclesial, no es patrimonio de unos pocos sino exigencia para todos. Si bien la Iglesia es Santa, gozando de una indefectible santidad porque Cristo la fund\u00f3 y su Esp\u00edritu habita en ella, \u00abtodos en la Iglesia, ya pertenezcan a la jerarqu\u00eda, ya pertenezcan a la grey, son llamados a la santidad\u00bb . Dicha santidad se manifiesta en los frutos de gracia que el Esp\u00edritu Santo produce en los fieles y se expresa de m\u00faltiples modos en todos aquellos que, con edificaci\u00f3n de los dem\u00e1s, se acercan en su propia vida a la cumbre de la caridad. La santidad no es un patrimonio de alg\u00fan grupo selecto en la Iglesia sino que \u00e9sta ha de ser cultivada en todos los estados de vida . El camino para alcanzar la santidad es el mismo que Cristo ense\u00f1\u00f3, la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos . Lumen gentium afirma perentoriamente: \u00abQuedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar la santidad y la perfecci\u00f3n de su propio estado\u00bb .<br \/>\nLa Iglesia en b\u00fasqueda de la unidad<br \/>\nUna idea fuerza de la eclesiolog\u00eda del Vaticano II es la presentaci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica en b\u00fasqueda de la unidad resquebrajada a causa de los cismas sucedidos durante su historia. El ecumenismo es el camino te\u00f3rico-pr\u00e1ctico de acercamiento mutuo de las Iglesias y de las comunidades cristianas . El Concilio hace su aporte al ecumenismo sobre todo en el Decreto Unitatis redintegratio, documento en el que presenta los principios del ecumenismo y en Orientalium Ecclesiarum, sobre las Iglesias orientales cat\u00f3licas, en el que se destaca el principio del respeto a la disciplina peculiar de las Iglesias de Oriente . Sobre la importancia del ecumenismo en la doctrina del Concilio Vaticano II conviene se\u00f1alar lo que piensa el papa Juan Pablo II:<br \/>\nCon el Concilio Vaticano II la Iglesia cat\u00f3lica se ha comprometido de modo irreversible a recorrer el camino de la acci\u00f3n ecum\u00e9nica, poni\u00e9ndose a la escucha del Esp\u00edritu del Se\u00f1or, que ense\u00f1a a leer atentamente los \u00absignos de los tiempos\u00bb. Las experiencias que ha vivido y contin\u00faa viviendo en estos a\u00f1os la iluminan a\u00fan m\u00e1s profundamente sobre su identidad y su misi\u00f3n en la historia. La Iglesia cat\u00f3lica reconoce y confiesa las debilidades de sus hijos, consciente de que sus pecados constituyen otras tantas traiciones y obst\u00e1culos a la realizaci\u00f3n del designio del Salvador. Sinti\u00e9ndose llamada constantemente a la renovaci\u00f3n evang\u00e9lica, no cesa de hacer penitencia. Al mismo tiempo, sin embargo, reconoce y exalta a\u00fan m\u00e1s el poder del Se\u00f1or, quien, habi\u00e9ndola colmado con el don de la santidad, la atrae y la conforma a su pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n .<br \/>\nClaro planteamiento del Papa que ve en el Concilio un real e ineludible compromiso con la acci\u00f3n ecum\u00e9nica.<br \/>\nEn Unitatis redintegratio el Concilio ofrece un importante criterio para el ecumenismo al proponer la exigencia de un discernimiento de lo que es verdaderamente constitutivo y esencial para la unidad que Cristo quiere, lo cual ha de llevar a la Iglesia cat\u00f3lica a reconocer una hierarchia veritatum .  Esto no es en modo alguno una renuncia a la verdad que Cristo le confi\u00f3 y de la cual la Iglesia es depositaria y custodia; se trata m\u00e1s bien de no confundir la sustancia de la fe con su revestimiento cultural, siempre modificable . El ecumenismo, en definitiva, es una exigencia de la comuni\u00f3n eclesial y una respuesta  a la plegaria de Cristo al Padre antes de dejar este mundo (Jn 17, 21). El empe\u00f1o ecum\u00e9nico, surgido ya antes del Concilio Vaticano II y propiciado por \u00e9ste, es una meta de la vida de la Iglesia asumida por el Magisterio a trav\u00e9s de la acci\u00f3n pastoral y doctrina de Juan Pablo II .<br \/>\nMar\u00eda en el misterio de la Iglesia<br \/>\nSin entrar a detalles acerca de las discusiones sobre la inclusi\u00f3n o no de la reflexi\u00f3n sobre la Virgen Mar\u00eda en el documento sobre la Iglesia, s\u00ed se cree oportuno decir una palabra acerca de la presentaci\u00f3n que el Concilio hace en el \u00faltimo cap\u00edtulo de la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia. El \u00faltimo cap\u00edtulo de la Constituci\u00f3n est\u00e1 dedicada a aquella que, por su receptividad a la obra divina, se convirti\u00f3 en el modelo, Madre y figura de la Iglesia.<br \/>\nLos Padres conciliares, al preferir tratar de la Virgen Mar\u00eda en el documento dedicado a la Iglesia, afirman la profunda relaci\u00f3n entre el misterio de Mar\u00eda y el misterio de la Iglesia. No es del todo extra\u00f1o a la teolog\u00eda este punto de vista, ya que \u00ablos padres y los escritores del tiempo antiguo rar\u00edsimamente escriben sobre Mar\u00eda de modo directo y exclusivo; normalmente hablan de ella dentro de un contexto, cuando, p. ej., explican las Divinas Escrituras, profundizan y defienden el acontecimiento salv\u00edfico de Cristo o ilustran el misterio, la vida, el culto de la Iglesia\u00bb . Ya los Padres fueron pr\u00f3digos al tratar de Mar\u00eda en relaci\u00f3n a la Iglesia. Henri de Lubac dir\u00e1, citando a Honorio, que \u00abtodo lo que se ha escrito de Mar\u00eda, puede tambi\u00e9n, en lo esencial, leerse pensando en la Iglesia\u00bb .<br \/>\nEl Concilio, luego de presentar algunos rasgos del peregrinar terreno de la Virgen Madre considera su relaci\u00f3n con la Iglesia de Cristo. Comienza afirmando su maternidad espiritual que la convierte posteriormente en mediadora . La unidad estrecha entre Mar\u00eda e Iglesia la expresa el Concilio diciendo:<br \/>\nLa Bienaventurada Virgen por el don y la prerrogativa de la maternidad divina, con la que est\u00e1 unida al Hijo Redentor, y por sus singulares gracias y dones, est\u00e1 unida tambi\u00e9n \u00edntimamente a la Iglesia. La Madre de Dios es tipo de la Iglesia, como ya ense\u00f1aba san Ambrosio, a saber, en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta uni\u00f3n con Cristo. Porque en el misterio de la Iglesia, que con raz\u00f3n es tambi\u00e9n llamada madre y virgen, la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda la precedi\u00f3, mostrando en forma eminente y singular el modelo de la virgen y de la madre .<br \/>\nA la luz del misterio de la Virgen Mar\u00eda, el Concilio habla anal\u00f3gicamente de la Iglesia como virgen y madre; la Iglesia es madre en cuanto engendra por la Palabra y por el bautismo nuevos hijos para la nueva vida inmortal, y virgen porque custodia pura e \u00edntegramente la fe prometida al Esposo y conserva virginalmente la fe \u00edntegra, la s\u00f3lida esperanza, la sincera caridad . Maternidad y virginidad son dos rasgos marianos que la Iglesia tiene que procurar imitar. Ella no puede no ser madre, su misi\u00f3n es engendrar siempre nuevos hijos en el orden de la gracia, de all\u00ed su labor misionera y su esfuerzo evangelizador a fin de engendrar y conservar la vida divina en las almas. Al mismo tiempo ella ha de ser la virgen que se entrega a su Esposo, que vive para \u00c9l, que le es absolutamente fiel, que custodia la fe, la esperanza y el amor. Con Mar\u00eda y como Mar\u00eda la Iglesia es virgen y madre.<br \/>\nEl Concilio tambi\u00e9n presenta a Mar\u00eda como miembro eminente de la Iglesia, su figura, aquella en quien la Iglesia ya lleg\u00f3 a la perfecci\u00f3n y se presenta sin mancha ni arruga. Este car\u00e1cter ejemplar de Mar\u00eda hace que los creyentes la miren como a Modelo y, contempl\u00e1ndola, crezcan en la fe, la esperanza y la caridad y busquen obedecer siempre la voluntad divina . Mar\u00eda es un insigne modelo al que todo cristiano puede mirar para aprender lo que es el verdadero seguimiento de Cristo; es  modelo al que la Iglesia toda mira para comprender mejor su misterio y desarrollar m\u00e1s genuinamente su misi\u00f3n. La Iglesia es y ha de ser siempre mariana, mas no s\u00f3lo porque invoca a la Virgen Mar\u00eda, la venera y la ama sino, sobre todo, porque como Mar\u00eda, en absoluta fidelidad, se entrega a la obra salv\u00edfica que el Hijo cumpli\u00f3 por voluntad del Padre y de la que la Iglesia se hace continuadora y servidora .<br \/>\nLa ejemplaridad de Mar\u00eda para la Iglesia no se agota en lo relativo a la peregrinaci\u00f3n terrena de la Esposa de Cristo. Tambi\u00e9n Mar\u00eda es modelo de la Iglesia que ha de ser consumada en el cielo cuando llegue el d\u00eda del Se\u00f1or. En ella la Iglesia contempla su plenitud escatol\u00f3gica  y a la vez puede verla como signo de consuelo y de firme esperanza mientras peregrina en este mundo.<br \/>\nMar\u00eda aparece en el Concilio muy bien situada como miembro eminente de la Iglesia, cristiana que ha logrado la consumaci\u00f3n a la que todos estamos llamados, madre y virgen y en cuanto a ello modelo de la Iglesia.<br \/>\nConclusi\u00f3n<br \/>\nNo es ciertamente f\u00e1cil tratar en unas pocas p\u00e1ginas un tema tan amplio cual es la eclesiolog\u00eda del Concilio Vaticano II, m\u00e1xime cuando los comentarios son abundantes y las obras que abordan uno u otro tema presentado por el Concilio son tambi\u00e9n abundantes. Por eso, simplemente se ha intentado presentar, sin pretensi\u00f3n alguna de exhaustividad, algunos temas eclesiol\u00f3gicos que emergen de la doctrina conciliar. Hay otros temas que no se han aludido, s\u00f3lo se han recabado los que se han juzgado m\u00e1s relevantes.<br \/>\nSin duda alguna, la consideraci\u00f3n de la Iglesia como misterio es una de las caracter\u00edsticas de la eclesiolog\u00eda del Concilio Vaticano II y quiz\u00e1 el mayor aporte ya que as\u00ed impide que la Iglesia, al reflexionar sobre s\u00ed misma, caiga en un riguroso juridicismo o en un da\u00f1ino sociologismo. La categor\u00eda de misterio ayuda a comprender la realidad m\u00e1s profunda del ser de la Iglesia.<br \/>\nSi se puede hablar de la Iglesia misterio es por su origen divino, m\u00e1s concretamente, por su origen trinitario. La gran tentaci\u00f3n, al mirar a la Iglesia, es quedarse en una simple consideraci\u00f3n humana. Ella, sin embargo, no es tan s\u00f3lo una realidad humana, ella es divino-humana, es realidad te\u00e1ndrica que contiene en s\u00ed elementos divinos y humanos. Esto es as\u00ed pues no s\u00f3lo es un sujeto hist\u00f3rico, la Iglesia es de la Trinidad, Dios Trino es el sujeto meta-hist\u00f3rico de la Iglesia.<br \/>\nEn la consideraci\u00f3n eclesiol\u00f3gica del Vaticano II no puede prescindirse de la categor\u00eda comuni\u00f3n. La eclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n, que fecunda notoriamente la vida eclesial, es uno de los grandes aportes del concilio. Mirar la Iglesia desde la noci\u00f3n de comuni\u00f3n le recuerda su relaci\u00f3n constituyente con la Sant\u00edsima Trinidad y a la vez el modo en el que ella debe desarrollar su vida y misi\u00f3n, buscando la unidad profunda, al modo de la Trinidad, en sus comunidades y en sus estructuras.<br \/>\nUna especial adquisici\u00f3n del Concilio Vaticano II a nivel de la eclesiolog\u00eda es haber precisado la teolog\u00eda del ministerio ordenado. La importancia dada al ministerio episcopal abri\u00f3 nuevas perspectivas y horizontes para comprender la constituci\u00f3n jer\u00e1rquica y la misi\u00f3n del ministerio ordenado. Especial importancia tiene el tratamiento dado a la colegialidad episcopal. La clarificaci\u00f3n de la transmisi\u00f3n de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica y la responsabilidad com\u00fan de los obispos en la misi\u00f3n de la Iglesia son grandes aportes a la reflexi\u00f3n eclesiol\u00f3gica. Un especial logro, aunque no se haya se\u00f1alado, es la clarificaci\u00f3n de las relaciones entre primado y episcopado y la afirmaci\u00f3n del ministerio petrino.<br \/>\nNo se puede olvidar en la Iglesia la misi\u00f3n de los fieles laicos, mayor\u00eda del pueblo de Dios. No s\u00f3lo por ser mayor\u00eda, sino por propia vocaci\u00f3n, los laicos tienen la misi\u00f3n de colaborar con la consecratio mundi a trav\u00e9s de su vivencia diaria en medio del mundo. Hay que tener siempre muy presente que el campo propio del laico es lo secular.<br \/>\nPorque una de sus notas es la santidad, la Iglesia es santa. Pero no puede contentarse con esa santidad ontol\u00f3gica. El esfuerzo eclesial ha de ir encaminado a que, en sus miembros, ella alcance la santidad existencial. Cada miembro de la Iglesia ha de hacer suyo, con responsabilidad, el llamado universal a la santidad buscando as\u00ed poder, un d\u00eda, alcanzar la gloria del cielo.<br \/>\nSer\u00eda totalmente infiel al Concilio Vaticano II una reflexi\u00f3n eclesiol\u00f3gica que olvidase el empe\u00f1o ecum\u00e9nico. El ecumenismo es una de las caracter\u00edsticas de la eclesiolog\u00eda conciliar. Si bien ya antes del concilio se hab\u00eda iniciado en la Iglesia la participaci\u00f3n en campo ecum\u00e9nico, el concilio le da un impulso decisivo y original.<br \/>\nEl concilio dej\u00f3 muy en claro la relaci\u00f3n entre el misterio de Mar\u00eda y el misterio de la Iglesia. El primero ilumina el segundo. Mar\u00eda, madre y virgen es modelo para la Iglesia, como tambi\u00e9n lo es en su consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica. Mirando a Mar\u00eda la Iglesia peregrina por este mundo buscando, mediante su fidelidad a la voluntad del Padre, alcanzar la plenitud escatol\u00f3gica a la que el Se\u00f1or la llama.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pbro. Dr. Pedro Hidalgo,Pbro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rector Magn\u00edfico de la Facultad de Teolog\u00eda Pontificia y Civil de Lima\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abYo he vencido a la Mundo\u00bbPresentar la eclesiolog\u00eda del Concilio Vaticano II Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevaler\u00e1n, o la influencia de dicho evento eclesial en la sucesiva reflexi\u00f3n creyente sobre la Iglesia Vista del circo Vaticano, seg\u00fan un grabado de Carlo Fontana, 1694. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/concilio-vaticano-ii-eclesiologia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCONCILIO VATICANO II: ECLESIOLOGIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-24047","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24047","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24047"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24047\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24047"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=24047"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=24047"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}