{"id":24061,"date":"2016-02-05T16:22:50","date_gmt":"2016-02-05T21:22:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conclaves-no-siempre-hubo-ii\/"},"modified":"2016-02-05T16:22:50","modified_gmt":"2016-02-05T21:22:50","slug":"conclaves-no-siempre-hubo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conclaves-no-siempre-hubo-ii\/","title":{"rendered":"CONCLAVES: NO SIEMPRE HUBO II"},"content":{"rendered":"<p>\n   A mediados del siglo VIII, la Francia Occidental se hab\u00eda convertido en una importante potencia en la Cristiandad, descollando entre los distintos reinos surgidos del hundimiento del Imperio Romano de Occidente. Debido a sucesivas particiones, se hallaba dividida en tres regiones: Neustria, Austrasia y Borgo\u00f1a, cada una con sus propios reyes (todos pertenecientes a la dinast\u00eda merovingia, descendiente de Clodoveo), aunque frecuentemente vueltas a unir bajo el mismo cetro. En 732, Carlos Martel, mayordomo de palacio de Austrasia, hab\u00eda vencido y hecho retroceder a los sarracenos en Poitiers, en una decisiva batalla que entonces salv\u00f3 a Occidente de la invasi\u00f3n de la Medialuna. Los mayordomos de palacio, especie de primeros ministros, acabaron por ejercer realmente un poder que ostentaban ya s\u00f3lo nominalmente los reyes francos, llamados \u201cfain\u00e9ants\u201d (holgazanes).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pipino el Breve, hijo de Carlos Martel, era el todopoderoso mayordomo de palacio de Neustria. Austrasia y Borgo\u00f1a bajo el rey holgaz\u00e1n Childerico III. En 750 envi\u00f3 a Roma a Fulrado, capell\u00e1n de Saint-Denis, y a Burcardo, obispo de Wurzburgo, con el objeto de someter al Papa la cuesti\u00f3n sobre qui\u00e9n debiera ser considerado rey: si el que lleva el t\u00edtulo o el que ejerce el poder. San Zacar\u00edas, privado del apoyo del basileus de Constantinopla y que, por tanto s\u00f3lo pod\u00eda contar con los francos para hacer frente a la amenaza de los longobardos, respondi\u00f3 que \u201caquel que ejerce verdaderamente el poder sea el que lleve el t\u00edtulo de rey\u201d. Pipino, sinti\u00e9ndose autorizado para llevar a cabo una revoluci\u00f3n de palacio, depuso a Childerico III y lo hizo encerrar en un monasterio y ci\u00f1\u00f3 la corona, dando as\u00ed inicio a la segunda raza de reyes francos, conocida como de los carolingios.<br \/>\nPipino el Breve fue ungido rey por primera vez en Soissons, en marzo de 752, por el obispo san Bonifacio, su consejero, a fin de enlazar con la tradici\u00f3n de Clodoveo (ungido por san Remigio en Reims). Sin embargo, dos a\u00f1os m\u00e1s tarde fue el propio papa Esteban II (sucesor de san Zacar\u00edas), el que lo ratific\u00f3 como rey al consagrarlo el 28 de julio de 754 en la abad\u00eda de Saint-Denis. El Romano Pont\u00edfice hab\u00eda remontado los Alpes para pedirle su auxilio contra los longobardos, cuyo rey Astolfo amenazaba Roma. Pipino les hizo la guerra y los venci\u00f3 en 756, entregando al Papa todos los territorios que hab\u00eda reconquistado a Astolfo en cumplimiento del Tratado de Quierzy o \u201cPromissio Carisiaca\u201d de 754. Esteban II recibi\u00f3 as\u00ed los territorios del Exarcado de R\u00e1vena y las ciudades de la Pent\u00e1polis (R\u00edmini, P\u00e9saro, Fano, Senigallia y Ancona), que los longobardos hab\u00edan arrebatado a los bizantinos. El Papa de Roma se convert\u00eda as\u00ed en se\u00f1or temporal y adquir\u00eda una s\u00f3lida independencia.<br \/>\nLas nuevas circunstancias en las que se desenvolv\u00eda el pontificado romano determinaron m\u00e1s que nunca la ambici\u00f3n por ocupar la sede de Pedro. Ya antes de morir Esteban II, hab\u00edan surgido antagonismos entre los electores. Los partidarios del patronazgo bizantino deseaban que fuese papa el griego Teofilacto. Los dem\u00e1s apoyaban al hermano del papa, el di\u00e1cono Pablo. Fue \u00e9ste quien acab\u00f3 siendo elegido e inmediatamente comunic\u00f3 la noticia a Pipino el Breve, llam\u00e1ndole por el t\u00edtulo de Patricius Romanorum y salud\u00e1ndolo como a nuevo Mois\u00e9s, que hab\u00eda salvado al pueblo de Dios. Pipino respondi\u00f3 cort\u00e9smente haciendo a Pablo I (757-767) padrino de su hija Gisela. Pero tambi\u00e9n escribi\u00f3 al clero y al pueblo romanos inst\u00e1ndoles a que aceptaran al papa como su padre y se\u00f1or. Por supuesto ya no fue requerida la aprobaci\u00f3n imperial. Constantinopla se debat\u00eda en las violentas luchas provocadas por la herej\u00eda iconoclasta, en las que tomaba parte activa el propio Emperador.<br \/>\nDos partidos se formaron en Roma: el de los filo-francos y el de los filo-longobardos, que sosten\u00edan los intereses de los dos reinos por entonces m\u00e1s poderosos de la Cristiandad de Occidente, cuyos nuevos adalides eran respectivamente Carlos, hijo de Pipino, y Desiderio, sucesor de Astolfo. Este \u00faltimo intervino para acabar con el cisma que sobrevino a la muerte de Pablo I, haciendo elegir a Esteban III (768-772). Sus inmediatos sucesores Adriano I (772-795) y san Le\u00f3n III (795-816) no debieron su elecci\u00f3n a la predominancia de ning\u00fan partido y puede decirse que fueron los papas que supieron aprovechar la nueva independencia de la Iglesia, reivindicando sus derechos contra toda usurpaci\u00f3n.<br \/>\nAdriano I exigi\u00f3 a Desiderio la restituci\u00f3n de sus Estados, nuevamente ocupados por los longobardos, y, al no obtener satisfacci\u00f3n, acudi\u00f3 a Carlos, el cual no s\u00f3lo los reconquist\u00f3 y devolvi\u00f3 al Papa, sino que lleg\u00f3 hasta Pav\u00eda y venci\u00f3 a su ex-suegro (pues estaba casado con la hija de Desiderio), ci\u00f1endo la Corona de Hierro en 774. San Le\u00f3n III, por su parte, recurri\u00f3 tambi\u00e9n a Carlos para justificarse ante \u00e9l de graves acusaciones lanzadas contra \u00e9l por parte del clero de Roma. Despu\u00e9s de prestar juramento delante del rey de los Francos, el Papa, reconocido inocente por \u00e9ste, lo coron\u00f3 emperador la noche de Navidad del a\u00f1o 800, restaurando as\u00ed en su persona el Imperio de Occidente, vacante desde 476. Carlomagno se convert\u00eda as\u00ed en el protector natural del Pontificado y de la Iglesia, cuya defensa material le estaba encomendada como la primordial raz\u00f3n de ser de dignidad como Emperador.<br \/>\nLas elecciones papales se vieron nuevamente sujetas al placet imperial, aunque intermitentemente y s\u00f3lo de modo formal desde Lotario I (nieto de Carlomagno). El papa Nicol\u00e1s I (858-867), sin embargo, se opuso eficazmente a la injerencia imperial y san Adriano III (884-885) eman\u00f3 un decreto prohibiendo que, en lo sucesivo, la consagraci\u00f3n papal tuviera lugar sin la presencia de los enviados imperiales. La disoluci\u00f3n del Imperio Carolingio en 887 y las sucesivas luchas por el poder imperial entre distintas familias descendientes de una u otra manera de Carlomagno permitieron al Papado sacudirse, de momento, cualquier interferencia de un principado temporal en la elecci\u00f3n del obispo de Roma, pero, en contrapartida, \u00e9sta qued\u00f3 al arbitrio de una poderosa familia, que se mov\u00eda sorteando h\u00e1bilmente las intrigas de los distintos partidos: la de los Teofilactos, continuada en la de los Crescencios.<br \/>\nSin que sus miembros hayan ocupado continuamente el sacro solio, puede decirse que durante casi siglo y medio, los Teofilactos-Crescencios dominaron la Roma papal. El rico y potente senador Teofilacto pertenec\u00eda a la familia de los se\u00f1ores de V\u00eda Lata, que ya hab\u00edan dado a la Iglesia cuatro pont\u00edfices: Adriano I (772-795), Valent\u00edn (827), san Adriano III (884-885) y Esteban V (885-891). Con su esposa Teodora la Mayor hab\u00eda tenido dos hijas: la celeb\u00e9rrima Marozia y Teodora la Joven, ambas cabezas de las dos familias que van a dominar el Pontificado y disponer de \u00e9l como de una hacienda particular. El primer gran triunfo de Teofilacto fue la elecci\u00f3n de su pariente Sergio III (904-911), amante de Marozia y con la que tuvo un hijo: el futuro papa Juan XI. Los inmediatos sucesores de Sergio, Land\u00f3n (911-914) y Juan X (914-928), le debieron tambi\u00e9n su elecci\u00f3n. Los siguientes ya fueron criaturas de la virago, que se hac\u00eda llamar \u201cdomna senatrix\u201d: Le\u00f3n VI (928), Esteban VII (928-931) y, sobre todo, Juan XI (931-935), su hijo habido con Sergio III. Muerta Marozia en 932, su hijo Alberico II de Espoleto se convirti\u00f3 en el nuevo due\u00f1o de la situaci\u00f3n. Su primera providencia fue poner a su medio hermano Juan XI bajo estrecha vigilancia. A \u00e9l se debieron las elecciones de Le\u00f3n VII (936-939), Esteban VIII (939-942), Marino II (942-946) y Agapito II (946-955). Muri\u00f3 en 954, no sin antes haber obtenido la promesa del clero romano de elegir a su hijo Octaviano, sucesor suyo como se\u00f1or de hecho de Roma, como papa a la muerte de Agapito II, como as\u00ed fue.<br \/>\nOctaviano, que tom\u00f3 el nombre de Juan XII (955-964), es uno de los papas m\u00e1s discutidos por su inmoralidad y falta de escr\u00fapulos. Sin embargo, a \u00e9l se debe la segunda restauraci\u00f3n del Imperio de Occidente en la persona del rey de Germania Ot\u00f3n I, coronado por \u00e9l, en 962, emperador del Sacro Imperio Romano Germ\u00e1nico, por donde deb\u00eda venir la regeneraci\u00f3n de la Iglesia despu\u00e9s del llamado \u201csiglo de hierro\u201d. Ot\u00f3n I y Juan XII celebraron un pacto que qued\u00f3 plasmado en el llamado Privilegium Ottonianum, por el cual el emperador se compromet\u00eda a respetar los derechos del Pontificado al Patrimonio de San Pedro a cambio de que el papa y sus sucesores reconociesen la autoridad imperial. Juan XII prest\u00f3, pues, juramento de fidelidad a Ot\u00f3n y lo mismo hicieron la nobleza y el pueblo romanos. Apenas parti\u00f3 el emperador de regreso a Germania, Juan XII se avergonz\u00f3 de su sumisi\u00f3n, indigna de un hijo de Alberico II, y entabl\u00f3 negociaciones con Berengario. Enterado Ot\u00f3n de esta deslealtad, aprovech\u00f3 para llevar a cabo lo que secretamente anhelaba desde hac\u00eda tiempo: disponer del Papado. Juan XII fue juzgado, condenado y depuesto y el Emperador impuso a Le\u00f3n VIII (963-965). Pero el clero y pueblo romanos no se resignaron a volver a sufrir la injerencia papal y, a la muerte de Juan XII se apresuraron a elegir a Benedicto V (964-965). Ot\u00f3n puso sitio a Roma y, vencido Benedicto V, restaur\u00f3 a Le\u00f3n VIII, que confirm\u00f3 el Privilegium Ottonianum, reforz\u00e1ndolo mediante la prohibici\u00f3n a los romanos de intervenir en las elecciones papales y estableciendo que en lo sucesivo los Romanos Pont\u00edfices deb\u00edan rendir cuentas a los emperadores germ\u00e1nicos.<br \/>\nMuertos Benedicto VIII y Le\u00f3n VIII en 965, Ot\u00f3n I hizo elegir al obispo Juan de Narni como nuevo papa, que se llam\u00f3 Juan XIII. Era hijo de Teodora la Joven y, por tanto, nieto de Teofilacto, sobrino de Marozia, primo de Juan XI y t\u00edo de Juan XII. Con \u00e9l hace su aparici\u00f3n en el escenario de Roma la segunda rama de la dinast\u00eda: los Crescencios. En adelante, los sucesores de Pedro ser\u00edan elegidos en su mayor\u00eda con la intervenci\u00f3n imperial. Los Crescencios a\u00fan ocuparon el sacro solio a trav\u00e9s de los hermanos Benedicto VIII (1012-1024) y Juan XIX (1024-1032) y el sobrino de ambos Benedicto IX, que rein\u00f3 en tres per\u00edodos (1032-1044; de abril a mayo de1045; 1047-1048). Este \u00faltimo super\u00f3 la abyecci\u00f3n de su t\u00edo bisabuelo Juan XII, al llegar a vender el pontificado. Pero los tiempos de la llamada \u201cpornocracia\u201d hab\u00edan terminado y, depuesto por el emperador Enrique III, termin\u00f3 sus d\u00edas en el monasterio de Grotaferratta, entregado a la oraci\u00f3n.<br \/>\nLlegamos as\u00ed a los tiempos de la gran reforma gregoriana, nacida gracias a la influencia de los monjes de Cluny. Tras el esc\u00e1ndalo de Benedicto IX, el Emperador volvi\u00f3 a poner orden e hizo elegir a ilustres prelados partidarios de la reforma: san Le\u00f3n IX (1049-1054), V\u00edctor II (1055-1057), Esteban IX (1057-1058) y Nicol\u00e1s II (1059-1061). Se debe a este \u00faltimo el fundamental cambio en la legislaci\u00f3n sobre las elecciones papales. En abril de 1059, convoc\u00f3 Nicol\u00e1s II un concilio en la Bas\u00edlica de Letr\u00e1n. Uno de sus decretos concern\u00eda a las elecciones papales y estaba dirigido a terminar dr\u00e1sticamente con los abusos y esc\u00e1ndalos que se hab\u00edan tantas veces verificado en ocasi\u00f3n de ellas. De dicho documento se hicieron dos recensiones: la aut\u00e9ntica \u2014la papal\u2014 pas\u00f3 al Decreto de Graciano, entrando as\u00ed a formar parte del Derecho Can\u00f3nico; la otra era favorable a las pretensiones intervencionistas de los emperadores germ\u00e1nicos y, por tanto, claramente ap\u00f3crifa. El decreto lateranense fue recogido por Nicol\u00e1s II en forma de bula, que comienza con las palabras In nomine Domini y lleva la fecha de 13 de abril de 1059. En ella se advierte la influencia de Hildebrando, Pedro Dami\u00e1n y Humberto de Silva C\u00e1ndida, los grandes adalides de la reforma.<br \/>\nEn virtud de lo establecido por el concilio y por la autoridad del papa, en lo sucesivo la elecci\u00f3n de un nuevo pont\u00edfice romano estar\u00eda a cargo exclusivamente de un colegio electoral restringido a los padres cardenales. Los cardenales-obispos propondr\u00edan los candidatos y, juntamente con los dem\u00e1s cardenales har\u00edan la elecci\u00f3n, la cual podr\u00eda recaer en un no romano, aunque los candidatos romanos tendr\u00edan la preferencia. El resto del clero y el pueblo quedaban reducidos al papel de meros refrendarios, cosa que, por otra parte, hab\u00edan sido frecuentemente en los \u00faltimos siglos y, a veces, ni eso. Deb\u00edan limitarse, de ahora en adelante, a expresar su consentimiento a la elecci\u00f3n ya hecha, la cual pod\u00eda, asimismo, tener lugar fuera de Roma si as\u00ed lo consideraban oportuno los cardenales-obispos. En cuanto al emperador, ya no se hablaba de placet o confirmaci\u00f3n: tan s\u00f3lo se le notificar\u00eda la elecci\u00f3n en nombre del \u201chonor y reverencia a \u00e9l debidos\u201d. Aqu\u00ed, pues, hemos de ver el antecedente m\u00e1s remoto del actual modo de elegir al Romano Pont\u00edfice, es decir, exclusivamente por los cardenales, y que s\u00f3lo se ha quebrantado en ocasi\u00f3n de la elecci\u00f3n de Mart\u00edn V por el concilio de Constanza. Pero a\u00fan no se trata de c\u00f3nclave propiamente dicho.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Rodolfo Vargas Rubio<\/b>\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A mediados del siglo VIII, la Francia Occidental se hab\u00eda convertido en una importante potencia en la Cristiandad, descollando entre los distintos reinos surgidos del hundimiento del Imperio Romano de Occidente. 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