{"id":24075,"date":"2016-02-05T16:23:20","date_gmt":"2016-02-05T21:23:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conocimiento-de-jesucristo\/"},"modified":"2016-02-05T16:23:20","modified_gmt":"2016-02-05T21:23:20","slug":"conocimiento-de-jesucristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conocimiento-de-jesucristo\/","title":{"rendered":"CONOCIMIENTO DE JESUCRISTO"},"content":{"rendered":"<p>\n  Jes\u00fas en la Sionagoga  Jes\u00fas y los doctores. Veron\u00e9sLa expresi\u00f3n \u00abconocimiento de Jesucristo\u00bb utilizada en este art\u00edculo no se refiere a un compendio de lo que conocemos sobre Jesucristo, sino a un an\u00e1lisis de la dotaci\u00f3n intelectual de Cristo.<br \/>\n  Poseyendo Cristo dos naturalezas, y por lo tanto dos inteligencias, la humana y la divina, el problema sobre el conocimiento encontrado en su inteligencia divina es id\u00e9ntico al problema acerca del conocimiento de Dios. Los arrianos, ciertamente, sosten\u00edan que el Verbo mismo ignoraba muchas cosas, por ejemplo, el d\u00eda del juicio; en esto eran consistentes con su negaci\u00f3n de que el Verbo es consustancial con el Dios omnisciente.   Los agnoetas, tambi\u00e9n, atribu\u00edan ignorancia no solamente al alma humana de Cristo, sino al Verbo eterno. Suicer, s.v. Agnoetai, I, p. 65, dice: \u00abHi docebant divinam Christi naturam&#8230; quaedam ignorasse, ut horam extremi judicii\u00bb. Pero los agnoetas eran una secta de los monofisitas, e imaginaban una confusi\u00f3n de naturalezas en Cristo, siguiendo modelo eutiquiano, atribuyendo ignorancia a aquella naturaleza divina en la que su naturaleza humana (como sosten\u00edan) estaba absorbida. Una honesta profesi\u00f3n de la divinidad de Cristo requiere la admisi\u00f3n de la omnisciencia en su inteligencia divina.   <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">I. Clases de Conocimiento en la inteligencia humana de Cristo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) La Visi\u00f3n Beat\u00edfica<br \/>\n(2) Conocimiento Infuso de Cristo<br \/>\n(3) Conocimiento Adquirido de Cristo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">II. Alcance del conocimiento de Cristo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">I. CLASES DE CONOCIMIENTO EN LA INTELIGENCIA HUMANA DE CRISTO\n<\/p>\n<p>  El Hombre-Dios pose\u00eda no solo una naturaleza divina sino tambi\u00e9n una naturaleza humana, y por lo tanto una inteligencia humana, y es el conocimiento propio de esta naturaleza el que nos interesa aqu\u00ed. La integridad de su naturaleza humana implica la cognici\u00f3n intelectual por actos de su inteligencia humana. Jesucristo puede ser sabio por la sabidur\u00eda de Dios; sin embargo, la humanidad de Cristo conoce por su propio acto mental. Si exceptuamos a Hugo de San V\u00edctor, todos los te\u00f3logos ense\u00f1an que el alma de Cristo es elevada a la participaci\u00f3n en la sabidur\u00eda divina por una infusi\u00f3n de luz divina. Pues el alma de Cristo goz\u00f3 desde el principio de la visi\u00f3n beat\u00edfica, estaba dotada de ciencia infusa, y adquiri\u00f3 en el curso del tiempo conocimiento experimental.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) La Visi\u00f3n Beat\u00edfica\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Petavio (De Incarnatione, I, xii, c. 4) mantiene que no hay controversia entre los te\u00f3logos, o incluso entre los cristianos, acerca del hecho de que el alma de Jesucristo disfrut\u00f3 de la visi\u00f3n beat\u00edfica (ver CIELO) desde el comienzo de su existencia. \u00c9l conoc\u00eda a Dios en su esencia, o, en otras palabras, lo ve\u00eda cara a cara como los bienaventurados en el cielo. Los grandes te\u00f3logos conceden abiertamente que esta doctrina no est\u00e1 expuesta expl\u00edcitamente en los libros de la Sagrada Escritura, ni siquiera en los escritos de los primeros Padres; pero incluso modernos maestros en teolog\u00eda no dudan en considerar la opini\u00f3n contraria como imprudente, aunque fue sostenida por la falsa escuela cat\u00f3lica de G\u00fcnther. La ra\u00edz del privilegio de la visi\u00f3n beat\u00edfica de que goza el alma humana de Cristo es su uni\u00f3n hipost\u00e1tica con el Verbo. Esta uni\u00f3n implica una plenitud de gracia y de dones en la inteligencia y la voluntad. Tal repleci\u00f3n no existe sin la visi\u00f3n beat\u00edfica. De nuevo, en virtud de su uni\u00f3n hipost\u00e1tica la naturaleza humana de Cristo es asumida en la unidad de la persona divina; no se manifiesta c\u00f3mo una alma tal podr\u00eda al mismo tiempo permanecer excluida de la visi\u00f3n de Dios que los seres humanos corrientes esperan alcanzar solo cuando su estad\u00eda en la tierra haya culminado. Una vez m\u00e1s, en virtud de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica, Jes\u00fas, incluso como hombre, era el hijo natural de Dios, no solamente hijo adoptivo. Ahora bien, no ser\u00eda correcto privar de contemplar el rostro de su padre a un hijo que lo merece \u2014una incongruencia que habr\u00eda tenido lugar en el caso de Cristo si su alma hubiera estado despojada de la visi\u00f3n beat\u00edfica. Todas estas razones demuestran que el alma humana de Cristo debe haber visto a Dios cara a cara desde el primer momento de su creaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque la Escritura no declara en t\u00e9rminos expl\u00edcitos que Jes\u00fas fue privilegiado con la visi\u00f3n beat\u00edfica, contiene pasajes que implican este prerrogativa: Jes\u00fas habla de cosas divinas como un testigo ocular (Juan 3, 11 ss.; 1, 18; 1, 31 s.); cualquier conocimiento de Dios inferior a la visi\u00f3n inmediata es imperfecto e indigno de Cristo (1 Cor. 13, 9-12); Jes\u00fas afirma repetidamente que \u00c9l conoce al Padre y es conocido por \u00c9l, que \u00c9l conoce lo que el Padre conoce. Existe una dificultad en conciliar los sufrimientos e incomparable aflicci\u00f3n de Cristo con la beatitud implicada en su visi\u00f3n beat\u00edfica. Pero si el Verbo pudo estar unido a la naturaleza humana de Cristo sin permitir que su gloria se efundiera en su cuerpo sagrado, la felicidad de la visi\u00f3n beat\u00edfica tambi\u00e9n podr\u00eda haber estado en el alma humana de nuestro Se\u00f1or sin efundirse en sus facultades menores y sin absorberlas, a fin de que pudiera sentir los aguijones del pesar y el sufrimiento. Una misma facultad puede ser afectada simult\u00e1neamente por la pena y el gozo, lo que resulta de la percepci\u00f3n de objetos diferentes (cf. Sto. Tom\u00e1s III, Q. xiii, a. 5, ad 3; San Buenaventura in III, dist. xvi, a. 2, q. 2); los m\u00e1rtires han testificado con frecuencia la felicidad ext\u00e1tica con que Dios colmaba sus almas, al mismo tiempo que sus cuerpos sufr\u00edan los tormentos extremos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Conocimiento Infuso de Cristo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La existencia de una ciencia infusa en el alma humana de Jesucristo puede tal vez ser menos incontestable, desde un punto de vista teol\u00f3gico, que su continua y singular complacencia en la visi\u00f3n de Dios; sin embargo, se admite casi universalmente que Dios infundi\u00f3 en la inteligencia humana de Cristo una ciencia similar en su tipo a la de los \u00e1ngeles. Este es un conocimiento que no se adquiere gradualmente por la experiencia, sino que es comunicado al alma en una sola efusi\u00f3n. Esta doctrina se asienta sobre bases teol\u00f3gicas: el Hombre-Dios debi\u00f3 haber pose\u00eddo todas las perfecciones \u2014como fe o esperanza\u2014 excepto aquellas que ser\u00edan incompatibles con su visi\u00f3n beat\u00edfica, o con su inocencia \u2014como contrici\u00f3n\u2014, o con su car\u00e1cter de Redentor, lo que ser\u00eda incompatible con la consumaci\u00f3n de su gloria. Ahora bien, la ciencia infusa no es incompatible con la visi\u00f3n beat\u00edfica de Cristo, con su inocencia, ni con su car\u00e1cter de Redentor. Adem\u00e1s, el alma humana de Cristo es el primero y m\u00e1s perfecto de todos los esp\u00edritus creados, y no puede serle vedado un privilegio concedido a los \u00e1ngeles. M\u00e1s a\u00fan, una inteligencia creada es perfecta solo cuando, adem\u00e1s de la visi\u00f3n de las cosas en Dios, tiene una visi\u00f3n de las cosas en ellas mismas; Dios \u00fanicamente ve todas las cosas comprensivamente en \u00c9l mismo. El Hombre-Dios, adem\u00e1s de verlas en Dios, tambi\u00e9n las percibir\u00eda y conocer\u00eda por su inteligencia humana. Por \u00faltimo, la Sagrada Escritura apoya la existencia de tal ciencia infusa en la inteligencia humana de Cristo: San Pablo habla de todos los tesoros de la sabidur\u00eda y ciencia de Dios ocultos en Cristo (Col. 2, 3); Isa\u00edas habla del esp\u00edritu de sabidur\u00eda y consejo, de ciencia y entendimiento, reposando sobre Jes\u00fas (Is. 11, 2); San Juan se\u00f1ala que Dios ha dado su Esp\u00edritu sin medida a su enviado divino (Juan 3, 34); San Mateo presenta a Cristo como nuestro Maestro supremo (Mt. 23, 10). Adem\u00e1s del conocimiento divino y ang\u00e9lico, la mayor\u00eda de los te\u00f3logos admite en la inteligencia humana de Jesucristo una ciencia infusa per accidens, es decir, una comprensi\u00f3n extraordinaria de las cosas que podr\u00edan ser aprendidas del modo ordinario, similar a aquella otorgada a Ad\u00e1n y Eva (cf. Sto. Tom\u00e1s III., Q. i, a. 2; QQ. viii-xii; Q. xv, a. 2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Conocimiento Adquirido de Cristo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jesucristo tiene tambi\u00e9n, sin duda, un conocimiento experimental adquirido por el uso natural de sus facultades, a trav\u00e9s de sus sentidos e ideaci\u00f3n, tal como sucede en el caso del conocimiento humano com\u00fan. Decir que sus facultades humanas estaban totalmente inactivas parecer\u00eda una profesi\u00f3n ya sea de monotelismo o de docetismo. Este conocimiento creci\u00f3 naturalmente en Jesucristo en el curso del tiempo, de acuerdo con las palabras de Lucas 2, 52: \u00abJes\u00fas progresaba en sabidur\u00eda, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres\u00bb. Entendido de este modo, el Evangelista habla no solo de una manifestaci\u00f3n cada vez mayor de la ciencia infusa y divina de Cristo, no solo de un incremento en su conocimiento en cuanto a efectos externos, sino de un adelanto real en su conocimiento adquirido. No es que este tipo de conocimiento implicara un objeto mayor de su ciencia, sino que significa que \u00c9l lleg\u00f3 a conocer gradualmente, seg\u00fan un modo meramente humano, algunas de las cosas que hab\u00eda conocido desde el principio por su ciencia divina e infusa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">II. ALCANCE DEL CONOCIMIENTO DE JESUCRISTO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya se ha dicho que el conocimiento en la naturaleza divina de Cristo es coextensivo a la omnisciencia de Dios. En cuanto al conocimiento experimental adquirido por Cristo, debe haber sido por lo menos igual a la ciencia de los m\u00e1s dotados de los hombres; nos parece totalmente impropio de la dignidad de Cristo que sus poderes de observaci\u00f3n y penetraci\u00f3n naturales debieran haber sido menores que aquellos de otros hombres naturalmente perfectos. Pero la dificultad principal proviene de la cuesti\u00f3n sobre el grado del conocimiento de Cristo que fluye de su visi\u00f3n beat\u00edfica, y de su medida de conocimiento infuso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) El Concilio de Basilea (Sesi\u00f3n XXII) conden\u00f3 la proposici\u00f3n de un cierto Agustino de Roma: \u00abAnima Christi videt Deum tam clare et intense quam clare et intense Deus videt seipsum\u00bb (El alma de Cristo ve a Dios tan clara e \u00edntimamente como Dios se percibe a s\u00ed mismo). Es bastante claro que, no obstante cu\u00e1n perfecta sea el alma de Cristo, siempre queda finita y limitada; de aqu\u00ed que su conocimiento no pueda ser ilimitado e infinito.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Aunque la ciencia en el alma humana de Cristo no era infinita, era de lo m\u00e1s perfecta y abarcaba el mayor rango, extendi\u00e9ndose a las ideas divinas ya consumadas, o a\u00fan por ser consumadas. La nesciencia de cualquiera de ellas denotar\u00eda ignorancia positiva en Cristo, como la ignorancia de la ley en un juez. Pues Cristo no es solamente nuestro Maestro infalible, sino tambi\u00e9n el mediador universal, el supremo juez, el rey soberano de toda la creaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Se citan dos importantes textos contra esta perfecci\u00f3n del conocimiento de Cristo: Lucas 2, 52 requiere de un progreso en el conocimiento de Cristo; este texto ya ha sido considerado en el par\u00e1grafo anterior. El otro texto es Marcos 13, 32: \u00abMas de aquel d\u00eda y hora, nadie sabe nada, ni los \u00e1ngeles en el cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre.\u00bb Despu\u00e9s de todo lo que se ha escrito en los \u00faltimos a\u00f1os, no vemos la necesidad de agregar algo a las explicaciones tradicionales: el Hijo no tiene conocimiento del d\u00eda del juicio que pueda comunicar; o el Hijo no tiene conocimiento de este evento, lo que resulta de su naturaleza humana como tal, o, de nuevo, el Hijo no tiene conocimiento del d\u00eda ni la hora que no le haya sido comunicado por su Padre. (Ver Mangenot in Vigouroux, \u00abDict. de la Bible\u00bb, II, Paris, 1899, 2268 ss.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde los tiempos de las controversias nestorianas, la tradici\u00f3n cat\u00f3lica ha sido pr\u00e1cticamente un\u00e1nime en cuanto a la doctrina concerniente al conocimiento de Cristo (cf. Leporio, \u00abLibellus Emendationis\u00bb, n. 40; Eulogio Alej., \u00abin Phot.\u00bb, cod. 230, n. 10; San Gregorio Magno, lib. X, ep. xxxv, xxxix; Sofronio, \u00abEp. Syn. ad Sergium\u00bb; Damasceno, \u00abDe Haer.,\u00bb n. 85; Nat. Alex., \u00abHist. Eccl. in saec. sext.\u00bb, n. 85). En cuanto a los Padres anteriores a la controversia nestoriana, Leoncio de Bizancio hace resignar su autoridad ante los opositores de nuestra doctrina sobre el conocimiento de Cristo; Petavio la presenta como parcialmente irresuelta; pero los primeros Padres pueden ser excusados porque escribieron en la mayor\u00eda de los casos contra la herej\u00eda arriana, de manera tal que se aplicaron a establecer la divinidad de Cristo extirpando toda ignorancia de su naturaleza divina, y no se preocuparon por adentrar en una investigaci\u00f3n ex professo del conocimiento propio de su naturaleza humana. En aquel tiempo no hab\u00eda raz\u00f3n para tal estudio. Despu\u00e9s del per\u00edodo patr\u00edstico, Fulgencio (Resp. ad quaest. tert. Ferrandi) y Hugo de San V\u00edctor exageraron el conocimiento humano de Cristo, as\u00ed que los primeros Escol\u00e1sticos preguntaron por qu\u00e9 la omnisciencia de Dios era incomunicable (Lomb., \u00abLiber Sent.\u00bb, III, d. 14). Pero incluso en este per\u00edodo se admit\u00eda por lo menos una diferencia modal entre la omnisciencia de Dios y el conocimiento humano de Cristo (cf. Buenav. in III., dist. 13, a. 2). Pronto, sin embargo, los te\u00f3logos comenzaron a limitar el conocimiento humano de Cristo al rango de la scientia visionis o de todo lo que en acto ha sido, es, o ser\u00e1, mientras que la omnisciencia de Dios comprende tambi\u00e9n el rango de las posibilidades.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PEDRO LOMBARDO, Liber Sent., III, dist. 13-14, y STO. TOM\u00c1S, SAN BUENAVENTURA, ESCOTO, DIONISIO EL CARTUJO acerca de este pasaje; Summa, III, QQ. viii-xii, y sv, a. 2, y VALENT., SU\u00c1REZ, SALMERON sobre estos cap\u00edtulos; MELCHOR CANO, De Locis, XII, xiii; PETAVIO, I, i ss.; THOMASSIN, VII; LEGRAND, De Incarn., dissert. ix, c. ii; MALDONADO, A L\u00c1PIDE, KNABENBAUER, etc., sobre Lucas 3, 52 y Marcos 23, 32; FRANZELIN, De Verb. Incarn., p. 426. Ciertas obras han sido ya citadas en el cuerpo del art\u00edculo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A.J. MAAS<br \/>\nTranscrito por Thomas M. Barrett<br \/>\nDedicado a las Afligidas Almas del Purgatorio<br \/>\nTraducido por Emilce S. F\u00e9kete\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas en la Sionagoga Jes\u00fas y los doctores. 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