{"id":2409,"date":"2016-02-04T23:18:41","date_gmt":"2016-02-05T04:18:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hijos-de-dios\/"},"modified":"2016-02-04T23:18:41","modified_gmt":"2016-02-05T04:18:41","slug":"hijos-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hijos-de-dios\/","title":{"rendered":"HIJOS DE DIOS"},"content":{"rendered":"<p>Hijos de Dios    (heb. ben\u00ea h\u00e2&#8217;El\u00f4h\u00eem; gr. t\u00e9kna The\u00f3u).  No hay raz\u00f3n para suponer que la expresi\u00f3n de Gen 6:2 se refiera a otros seres que no sean seres humanos, como algunos han propuesto, aunque la expresi\u00f3n fuera interpretada as\u00ed\u00ad en tiempos del cristianismo.  La Biblia no menciona en parte alguna a deidades m\u00ed\u00adticas que tuvieran relaciones sexuales con seres humanos, una idea que se encontraba en varias religiones paganas antiguas.  El contexto (cps 5 y 6) trata exclusivamente de seres humanos, y claramente implica que los \u00abhijos de Dios\u00bb eran simplemente seres temerosos de Dios que descend\u00ed\u00adan de Ad\u00e1n (cuya genealog\u00ed\u00ada se da en el cp 5), y que las \u00abhijas de los hombres\u00bb eran jovencitas mundanas de familias que Dios no hab\u00ed\u00ada honrado.  La declaraci\u00f3n del cp 6:2 y 3 tiene como trasfondo la del v 5: \u00abLa maldad de los hombres era mucha en la tierra\u00bb, en la \u00e9poca previa al diluvio. (En Job 1:6, 2:1 y 38:7 la expresi\u00f3n se refiere a seres sobrenaturales, evidentemente \u00e1ngeles.)  La designaci\u00f3n de \u00abhijos de Dios\u00bb para quienes se someten a ser transformados a la semejanza del car\u00e1cter perfecto del Se\u00f1or, es la contraparte del calificativo \u00abPadre\u00bb, un t\u00e9rmino aplicado a Dios a lo largo de las Escrituras. Nacidos de Dios (Jam 1:18) y  \u00abrenacidHos_ por la palabra de Dios\u00bb (1Pe 1:23), han recibido a Cristo, han cre\u00ed\u00addo en su nombre (Joh 1:11, 12) y han experimentado el nuevo nacimiento (3:3-8).  Por la mediaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Dios que mora en ellos, han llegado a ser participantes de la naturaleza divina (6:48-51; cf 15:4. 5; 2Pe 1:3, 4) y se asemejan a \u00e9l en car\u00e1cter (1 Joh 3:9 ; 4:7; 5:1). Esta semejanza todav\u00ed\u00ada no es perfecta (Phi 3:12-16), pero se completar\u00e1 en la venida del Se\u00f1or Jes\u00fas en gloria (1 Joh 3:2, 3).  Su amor abarca a toda la humanidad (Joh 3:16; cf  Mat 5: 45), pero en un sentido especial \u00e9l es sol\u00ed\u00adcito con los intereses y las necesidades de sus hijos e hijas adoptados, quienes lo reconocen como Padre (v\u00e9ase Mat 6:25-34; Rom 8:15; G\u00e1. 4:6).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>Expresi\u00f3n utilizada en las Escrituras con los siguientes sentidos:<\/p>\n<p>a) Con referencia a una criatura de Dios. Los \u00e1ngeles son llamados as\u00ed\u00ad en el libro de Job, incluyendo entre ellos a Satan\u00e1s (\u2020\u0153Un d\u00ed\u00ada vinieron a presentarse delante de Jehov\u00e1 los h. de D., entre los cuales vino tambi\u00e9n Satan\u00e1s\u2020\u009d [Job 1:6; Job 2:1; Job 38:7]). En el caso de lo descrito en Gen 6:1-2 (\u2020\u0153&#8230; viendo los h. de D. que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para s\u00ed\u00ad mujeres), la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada siempre ha interpretado que se trataba de \u00e1ngeles. Pero otras opiniones se han ofrecido, una de las cuales dice que esa porci\u00f3n se refiere a hombres fieles o piadosos (la l\u00ed\u00adnea de los descendientes de Set) que celebraron matrimonios con mujeres que no lo eran. No se ha logrado una interpretaci\u00f3n que todos acepten. Tambi\u00e9n Ad\u00e1n es llamado h. de D. en Luc 3:38.<br \/>\n) Los que son engendrados por Dios, seg\u00fan el NT, participan de su naturaleza. Son \u2020\u0153miembros de la familia de Dios\u2020\u009d (Efe 2:19). Para ello hay que nacer dentro de ella, lo que se produce por el nuevo nacimiento (\u2020\u0153&#8230; siendo renacidos &#8230; por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre\u2020\u009d [1Pe 1:23; Jua 3:3-8]). Esta es una obra que hace Dios (\u2020\u0153h. de D.; los cuales no son engendrados de sangre &#8230; sino de Dios\u2020\u009d [Jua 1:12-13]). Se llama tambi\u00e9n a este proceso la \u2020\u00a2adopci\u00f3n (\u2020\u0153&#8230; a fin de que recibi\u00e9semos la adopci\u00f3n de hijos\u2020\u009d [Gal 4:5]), que se realiza por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, llamado por eso \u2020\u0153el esp\u00ed\u00adritu de adopci\u00f3n, por el cual clamamos: \u00c2\u00a1Abba, Padre!\u2020\u009d (Rom 8:15). \u2020\u0153Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado\u2020\u009d y necesariamente ama a los otros que tienen el mismo Padre, esto es, sus hermanos (1Jn 3:9-10).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>(v. filiaci\u00f3n divina participada)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO:<br \/>\nI. Hijos de Dios Padre en una sociedad sin padre:<br \/>\n1. La critica psicoanal\u00ed\u00adtica;<br \/>\n2. La critica marxista:<br \/>\n3. La critica de rebeli\u00f3n individualista<br \/>\nII. El Dios revelado: Padre diverso de hijos diversos<br \/>\nIII. La revelaci\u00f3n del Padre en la historia de los hijos:<br \/>\n1. El AT:<br \/>\n2. El NT:<br \/>\na) Terminolog\u00ed\u00ada y dato,<br \/>\nb) Significado e importancia;<br \/>\n3. Tradici\u00f3n y teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>IV. Hijos de Dios hoy:<br \/>\n1. Filiaci\u00f3n divina a la luz de Jesucristo:<br \/>\n2. Jesucristo es la salvaci\u00f3n;<br \/>\n3. Salvaci\u00f3n: liberaci\u00f3n y divinizaci\u00f3n:<br \/>\na) La salvaci\u00f3n como liberaci\u00f3n-victoria sobre la muerte, sobre el pecado y sobre todo aquello que impide al hombre lograr su plenitud humana,<br \/>\nb) La salvaci\u00f3n como \u00abglorificaci\u00f3n\u00bb y divinizaci\u00f3n del hombre<br \/>\nV. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Hijos de Dios Padre en una sociedad sin padre<\/p>\n<p>Evocar hoy en d\u00ed\u00ada la figura paterna, ya como simple evocaci\u00f3n, verbal, plantea notables problemas. La critica del padre como figura sociol\u00f3gica t\u00ed\u00adpica de un mundo en v\u00ed\u00adas de extinci\u00f3n es algo muy extendido e indiscutiblemente prevaleciente. Por eso resulta evidente el malestar espont\u00e1neo que se apodera tambi\u00e9n de quien hace teolog\u00ed\u00ada cuando debe afrontar el tema de la \u00abfiliaci\u00f3n\u00bb, en clara correspondencia con el de paternidad. El hecho de que de alg\u00fan modo nos encaminamos \u00abhacia una sociedad sin padre\u00bb1 hace m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil y problem\u00e1tico hablar tambi\u00e9n de Dios como padre y del hombre como \u00abhijo\u00bb de este padre. El recelo hacia toda clase de dependencia, en todos los \u00e1mbitos de la realidad, ha repercutido, en efecto, con notable impacto tambi\u00e9n en el campo religioso y ha hallado motivaciones originales y ecos notables en las mismas formas -diversas- de rechazo de la religi\u00f3n en general y del cristianismo en particular. De ah\u00ed\u00ad que antes de afrontar de modo positivo el tema de la \u00abfiliaci\u00f3n\u00bb divina, convenga tener en cuenta las cr\u00ed\u00adticas a la paternidad divina o a Dios visto bajo el aspecto paterno y, por consiguiente, al hombre visto como hijo de Dios, propias de tantas formas de cultura actuales. Me parece oportuno recordar al menos tres formas de esta reacci\u00f3n critica a la idea y a la realidad del padre, que tanto han influido en el contexto religioso. Estas tres formas est\u00e1n ligadas a tres grandes acontecimientos humanos y culturales de dimensi\u00f3n mundial, que tienen en com\u00fan con otras formas de pensamiento y de acci\u00f3n el componente antiautoritario. Son, al menos, tres grandes revoluciones, y profundas: la psicoanal\u00ed\u00adtica (especialmente despu\u00e9s de Freud), la proletaria (despu\u00e9s de Marx) y la individual existencial (particularmente despu\u00e9s de Nietzsche). No son s\u00f3lo tres hechos del pasado o de una minor\u00ed\u00ada intelectual elitista, ya que marcan por s\u00ed\u00ad mismos el presente y el futuro del hombre y, por lo tanto, tambi\u00e9n de nuestra fe. Forma com\u00fan de estas tres grandes reacciones culturales frente a la realidad misma de la paternidad y al valor humano de la idea de padre (y. por consiguiente, de estas tres negaciones aparentemente radicales de toda \u00abreligi\u00f3n del padre\u00bb y en particular de esa religi\u00f3n que es el cristianismo) es la afirmaci\u00f3n central de que el hombre, al instaurar la idea y la realidad de padre, reniega, traiciona, envilece y se anula a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>1. LA CR\u00ed\u008dTICA PSICOANAL\u00ed\u008dTICA &#8211; En la investigaci\u00f3n de le realidad profunda de la psique humana, el rechazo del padre se delinea como uno de los componerles esenciales de la evoluci\u00f3n del hombre hacia la verdadera madurez, que implica la eliminaci\u00f3n de los dos grandes pesos que le impiden a este \u00faltimo ser verdaderamente \u00e9l mismo: la ilusi\u00f3n y la culpa. S. Freud (1858-1939) crey\u00f3 poder individuar en el culto de un padre omnipotente absolutamente providente y protector la esencia aut\u00e9ntica de la religi\u00f3n. Desde\u00f1osamente sarc\u00e1stico hacia las formas filos\u00f3ficas y abstractamente intelectuales de religi\u00f3n -en cuanto decididamente impersonales y, por ende, inhumanas- y hacia las formas sentimentales y m\u00ed\u00adsticas -reductibles al sentimiento narcisista-, Freud est\u00e1 seguro de que la religi\u00f3n es culto de la divinidad como padre, producto del deseo ilusorio de omnipotencia protectora y del sentido de culpa originado por el complejo ed\u00ed\u00adpico, es decir, por la conciencia de tener siempre alguna cosa que nos deban perdonar. El sentido frustrarte del fracaso del deseo y la conciencia culpable del asesinato del padre originario llevan a la veneraci\u00f3n total de un padre que ofrezca al par el cumplimiento del deseo y, en la obediencia autopunitiva de su ley, la liberaci\u00f3n expiadora de la culpa de la rebeli\u00f3n. Al fin y al cabo, la religi\u00f3n, culto y nostalgia del padre que satisface el deseo y acepta la ofrenda expiadora, es una ilusi\u00f3n, y la renuncia al padre ser\u00e1 la l\u00facida toma de conciencia de la realidad necesaria y realistamente reconocida como dominada por la \u00abananke\u00bb, es decir, por el destino inevitable de la realidad mundana, que marca el fin de toda ilusi\u00f3n y de toda culpa, esto es, de toda posible religi\u00f3n, momento necesario, pero caduco, del camino de la civilizaci\u00f3n 2.<\/p>\n<p>2. LA CR\u00ed\u008dTICA MARXISTA &#8211; En la misma atm\u00f3sfera cultural, al menos relativamente a la explicaci\u00f3n de la religi\u00f3n, se hab\u00ed\u00ada movido ya Feuerbach (1804-1872), que hab\u00ed\u00ada sometido la religi\u00f3n al proceso critico de la cultura y hab\u00ed\u00ada cre\u00ed\u00addo poder reducir la g\u00e9nesis de la religi\u00f3n a la experiencia frustrante del limite y de la defectuosidad humana, que lleva al hombre a proyectar el insuprimible deseo de perfecci\u00f3n, de potencia y de dominio en una esfera ilusoriamente superior y a construirse una realidad trascendente y superior, en que se concretan, convertidos en otros diversos de \u00e9l, es decir. \u00abalienados\u00bb, todos sus deseos irrealizados. Partiendo de esta critica, se movieron tambi\u00e9n K. Marx (1818-1883) y F. Engels (1820-1895), pasando, empero, del contexto metaf\u00ed\u00adsico y psicol\u00f3gico de Feuerbach a un contexto en el que el origen de la ilusi\u00f3n-alienaci\u00f3n ya no est\u00e1 en el campo de las exigencias de absoluto o de los sentimientos del esp\u00ed\u00adritu humano, sino exclusivamente en las estructuras econ\u00f3mico-sociales en que se desenvuelve la existencia humana. La religi\u00f3n del Padre celestial, en \u00faltimo an\u00e1lisis, y con el car\u00e1cter gen\u00e9rico de una reducci\u00f3n necesariamente esquem\u00e1tica y, por ende, parcialmente injusta, es para Marx y para el pensamiento marxista en general la suprema consagraci\u00f3n-alienante y a la vez la ineficaz y desesperada protesta (\u00abopio del pueblo\u00bb) contra la realidad bien concreta del opresor y del amo terreno. De hecho, la religi\u00f3n del padre ilusorio es necesariamente conservadora y enemiga de la liberaci\u00f3n del hombre, ya que inevitablemente se presta a la consagraci\u00f3n religiosa y a la bendici\u00f3n de la realidad opresora de todos esos peque\u00f1os padres reales, en el \u00e1mbito de la familia y de la sociedad, que son los que oprimen al hombre concreto, al proletario expropiado de su misma naturaleza humana. \u00abToda religi\u00f3n no es otra cosa que el fant\u00e1stico reflejo en la cabeza de los hombres de aquellas potencias externas que dominan su existencia cotidiana, reflejo en el cual las potencias terrenas asumen la forma de potencias supraterrenas\u00bb 3. La fe en Dios-Padre, por tanto, y la pretensi\u00f3n de hablar del hombre como hijo de Dios se opone a la exigencia de construcci\u00f3n de un mundo humano, de liberaci\u00f3n de la humanidad oprimida, de verdadera humanizaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>3. LA CR\u00ed\u008dTICA DE REBELI\u00ed\u201cN INDIVIDUALISTA<br \/>\nUna tercera gran l\u00ed\u00adnea cultural, que marca autom\u00e1ticamente con valor negativo cualquier referencia a paternidad divina y filiaci\u00f3n humana, como eco de una desconfianza hacia toda dependencia en general, es la linea existencial individualista, que tiene en F. Nietzsche (1844-1900) a su renovador y en el existencialismo ateo, en general, el canal de influencia m\u00e1s consistente en la cultura contempor\u00e1nea. Tambi\u00e9n para Nietzsche las razones del rechazo del padre, y de Dios visto como padre, son eco de otras propias de autores como Hegel, Heine, Feuerbach mismo y B. Bauer. Tambi\u00e9n para \u00e9l Dios es el producto ilusorio de una vana proyecci\u00f3n de los deseos humanos; pero en \u00e9l el aspecto decisivo es el de la rebeli\u00f3n del hombre contra toda fuerza que le domine y trate de limitarlo. Desde su precoc\u00ed\u00adsima juventud, en su pensamiento y en sus escritos emerge la instancia prometeica 5. Para liberarse de toda tutela, el hombre debe rechazar el poder de Dios Padre; ello equivaldr\u00e1 a matarlo y a poder anunciar, finalmente, su muerte. Esta es la condici\u00f3n de la libertad; porque la fe en Dios Padre es \u00abilusi\u00f3n\u00bb y \u00abmentira\u00bb real, la ra\u00ed\u00adz de todo lo que oprime, debilita, arruina y deteriora a la humanidad digna de este nombre. En la huella de Nietzsche se puede colocar toda la largu\u00ed\u00adsima serie de negaciones de Dios visto como padre-patr\u00f3n hostil y rival de la felicidad, de la libertad y de que el hombre sea \u00e9l mismo.<\/p>\n<p>II. El Dios revelado: Padre diverso de hijos diversos<\/p>\n<p>Psicoan\u00e1lisis, marxismo, individualismo existencialista son tres grandes filones culturales que han impregnado de s\u00ed\u00ad, de sus an\u00e1lisis, de sus apriori, de sus conquistas, de sus errores y de sus m\u00e9ritos reales a toda la sociedad occidental contempor\u00e1nea, y que han suscitado el recelo hacia toda forma de autoridad en que se recurra a la imagen, a la terminolog\u00ed\u00ada y a la idea del padre. Este recelo es lo que ha impuesto la presente introducci\u00f3n antes de afrontar positivamente la realidad de la filiaci\u00f3n divina afirmada en la fe y en la teolog\u00ed\u00ada cristiana y que nos aprestamos a examinar. En efecto, si paternidad fuese s\u00f3lo sin\u00f3nimo de ilusi\u00f3n regresiva e infantil, de complejo insuperado de culpas imaginarias, de alienaci\u00f3n que expropia al hombre de su dignidad y lo convierte en d\u00f3cil instrumento de amos terrenos bien precisos, entonces ser\u00ed\u00ada blasfemo hablar de Dios como Padre. Si filiaci\u00f3n fuera sin\u00f3nimo de dependencia servil, de ineptitud cobarde, de rechazo de la libertad y del gusto creador de la fantas\u00ed\u00ada y de la vida, de obediencia ciega a las fuerzas de la injusticia y de la opresi\u00f3n, entonces ser\u00ed\u00ada absurdo autoaniquilamiento llamarse hijos, y m\u00e1s a\u00fan hijos de Dios. La tarea que nos incumbe es la de demostrar que, aun puestos en guardia por Freud, Marx, Nietzsche, Sartre y todas las fallidas experiencias de tantos padres verdaderos y falsos, naturales y artificiales, dichos sacros y profanos, podemos llamarnos con todo derecho, y ser, hijos de un Dios que es verdaderamente Padre. Se tratar\u00ed\u00ada de intentar, aun sin poder demostrar aqu\u00ed\u00ad exhaustivamente una tesis tan comprometida como \u00e9sta y antes de afrontar directamente los contenidos de la revelaci\u00f3n cristiana, una reflexi\u00f3n para reivindicar verdadera originalidad al nombre que la fe cristiana da al Dios revelado en Jesucristo cuando lo llama Padre.<\/p>\n<p>Est\u00e1 fuera de discusi\u00f3n que la paternidad atribuida a la divinidad o a las divinidades aparece como constitutivo universal de casi todas las religiones y que el nombre de padre es atribuido con sentido sacralizado en un n\u00famero elevad\u00ed\u00adsimo de culturas antiguas muy anteriores a la cultura y a la revelaci\u00f3n judeo-cristiana. Es tambi\u00e9n clar\u00ed\u00adsimo que con una investigaci\u00f3n puramente filos\u00f3fica no se podr\u00ed\u00ada verdaderamente hablar con seriedad de paternidad divina, ya que en el \u00e1mbito filos\u00f3fico podemos pretender a lo sumo establecer la afirmaci\u00f3n de una divinidad sin nombre. Por consiguiente, el uso del nombre padre podr\u00ed\u00ada justificarse s\u00f3lo en clave religiosa; pero en este preciso punto reaparecer\u00ed\u00ada la cr\u00ed\u00adtica radical antedicha, y el tema mismo de la paternidad caer\u00ed\u00ada bajo los golpes de recelo a que nos hemos referido (psicoan\u00e1lisis, marxismo, individualismo human\u00ed\u00adstico ateo). Esta es la raz\u00f3n por la que incluso conocidos autores cristianos han propuesto seriamente renunciar al \u00abpadre\u00bb, precisamente para derribar las horcas caudinas de ilusi\u00f3n-culpa-alienaci\u00f3n-esclavitud, siempre latentes en la idea misma del padre.<\/p>\n<p>Sin embargo, con algunas precauciones y observaciones, creemos tener todav\u00ed\u00ada derecho a llamar a nuestro Dios con el nombre de padre y, por tanto, a llamarnos nosotros hijos de Dios. Ante todo, para la fe no es el hombre el que da nombre a Dios, sino que Dios se lo da a s\u00ed\u00ad mismo, sin que sea en absoluto coesencial con la simbolog\u00ed\u00ada religiosa originaria, en la l\u00ed\u00adnea de una explicaci\u00f3n del origen del mundo y del hombre por una descendencia casi biol\u00f3gica. Es decir, el lugar del ejercicio de esta paternidad no es el origen del mundo. sino la historia, y este nombre no es fruto espont\u00e1neo del esp\u00ed\u00adritu religioso de Israel, que lo usa poqu\u00ed\u00adsimo, sino sugerancia expl\u00ed\u00adcita del mismo Dios: \u00abLos israelitas no dan sino raramente el t\u00ed\u00adtulo de padre a Yahv\u00e9 cuando se dirigen a \u00e9l, y, asimismo, rara vez se designan como hijos de Yahv\u00e9. Es m\u00e1s bien Dios quien se designa a s\u00ed\u00ad mismo como padre el llamar a los israelitas sus hijos. Esto cort\u00f3 por lo sano toda m\u00ed\u00adstica fundada en un lazo de paternidad f\u00ed\u00adsica entre Dios y el hombre. Tambi\u00e9n en el NT el nombre de padre indica siempre una presencia dialogal e inmanente en la vida del hombre concreto. Luego el nombre de padre, referido por el hombre a Dios, no es ni pretensi\u00f3n de identificar en sentido pleno y absoluto la intimidad misma de Dios, ni representaci\u00f3n simb\u00f3lico-ilusoria, sobre la cual se echar\u00ed\u00ada la cr\u00ed\u00adtica del susodicho recelo, ni afirmaci\u00f3n de v\u00ed\u00adnculo f\u00ed\u00adsico generativo. El nombre sirve s\u00f3lo para indicar la actitud de Dios frente al hombre, que dialoga hist\u00f3ricamente con \u00e9l, que se revela presente y, no obstante, expresa un sentido preciso que no remite a otro. La denominaci\u00f3n padre, cuando la usa el hombre a la luz de la revelaci\u00f3n, es asentimiento al acto real con que Dios mismo se hace padre suyo; no es m\u00e1s que eco del nombre que Dios se ha dado a s\u00ed\u00ad mismo, y funda de manera decididamente indemostrable, en el orden de la experiencia dial\u00f3gico-vital, la verdad misma de la autonominaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>S\u00f3lo as\u00ed\u00ad, pensamos, las cr\u00ed\u00adticas a la paternidad no afectan verdaderamente a la autorrevelaci\u00f3n del padre. Esta no se puede colocar en el plano del sentimiento vagamente \u00abreligioso\u00bb, visto justamente con recelo por toda la cultura contempor\u00e1nea; ni tampoco puede ser objeto de una demostraci\u00f3n filos\u00f3fico-racional, que har\u00ed\u00ada del hombre el ser que da nombre a Dios y, por ende, se adue\u00f1a de \u00e9l y lo somete a su poder. En el origen de la paternidad divina, dentro de la acepci\u00f3n propia de la fe judeo-cristiana, no se postula esencialmente el deseo ilusorio alienante de liquidar las frustraciones de las diversas paternidades siempre insuficientes bas\u00e1ndolas en ella, ni el esfuerzo apolog\u00e9tico que la funda en la raz\u00f3n divinizada. En el origen de nuestro ser de hijos y de que llamamos a Dios padre est\u00e1 la realidad gratuita e inaudita de la instauraci\u00f3n  salv\u00ed\u00adfica, la constataci\u00f3n hist\u00f3rica de un hecho real, la existencia concreta de un pueblo que es constituido hijo en la realidad de un di\u00e1logo hist\u00f3rico, cuya iniciativa es totalmente divina, no postulada por el sentimiento (ilusi\u00f3n-deseo-alienaci\u00f3n), no demostrada como necesaria por la raz\u00f3n, pero aceptada en la historia por la respuesta dialogal del intercambio del pacto. La verdadera raz\u00f3n de la denominaci\u00f3n de padre es una declaraci\u00f3n de identidad formulada por Dios y acogida por el hombre. No es el hombre el que da el nombre a Dios (lo cual significar\u00ed\u00ada que tiene poder sobre \u00e9l o equivaldr\u00ed\u00ada a construirlo sobre la base de su frustraci\u00f3n alienante), sino que es el hombre el que recibe de Dios el nombre mismo de Dios. Por eso \u00e9l puede aceptar que nos dirijamos a \u00e9l con el nombre con que \u00e9l mismo se ha revelado.<\/p>\n<p>No tiene sentido, en este punto, preguntarse si Dios pod\u00ed\u00ada revelarse de otro modo, o si deb\u00ed\u00ada necesariamente revelarse; la paternidad es por excelencia un dato no filos\u00f3fico, que no puede colocarse en el plano de las esencias, regulado por leyes internas estructurales; transportarla a este plano ser\u00ed\u00ada como someter a Dios a las leyes de nuestra raz\u00f3n, hacer de \u00e9l un \u00ed\u00addolo disponible para los m\u00e1s diversos usos y consumos. Por otra parte, tambi\u00e9n la paternidad natural tiene su origen en la \u00ed\u00adndole concreta del acontecimiento; le llega al hombre en el puro dato de la exterioridad de un di\u00e1logo, que es el hecho primordial que se impone con la fuerza invencible de la evidencia real.<\/p>\n<p>III. La revelaci\u00f3n del Padre en la historia de los hijos<br \/>\nSi intentamos recorrer, aunque sumariamente, las p\u00e1ginas de la revelaci\u00f3n judeo-cristiana, nos encontramos realmente ante una primera constataci\u00f3n que conforta y confirma cuanto hemos expuesto.<\/p>\n<p>1. EL AT &#8211; Una primera reflexi\u00f3n se impone con la fuerza de las realidades constatadas: en las p\u00e1ginas del AT, Dios es llamado padre s\u00f3lo con extrema circunspecci\u00f3n; ello es tanto m\u00e1s sorprendente cuanto que en las religiones de los pueblos circundantes el apelativo de padre se le da con mucha frecuencia a la divinidad. La paternidad de Yahv\u00e9 se halla en el AT en forma cuantitativamente relativa y jam\u00e1s prevaleciente; adem\u00e1s, siempre en un contexto que no se puede entender en el sentido obvio de progenitor, presente masiva y universalmente en las mitolog\u00ed\u00adas religiosas desde la antig\u00fcedad. El t\u00e9rmino \u00abpadre\u00bb, aplicado a Dios, est\u00e1 exclusivamente en el contexto de la elecci\u00f3n, de la alianza y de la salvaci\u00f3n hist\u00f3rica, no del origen del cosmos o de la generaci\u00f3n de la humanidad. Esto hace que Dios sea llamado padre en sentido exclusivamente metaf\u00f3rico y sin particular insistencia. La relaci\u00f3n que media entre Yahv\u00e9 y el pueblo se expresa tambi\u00e9n con otros muchos t\u00e9rminos de car\u00e1cter metaf\u00f3rico al menos con la misma insistencia e importancia que el t\u00e9rmino \u00abpadre\u00bb: Yahv\u00e9 es \u00abrey\u00bb de su pueblo, es \u00abesposo\u00bb de Israel, es el \u00abesposo prometido\u00bb de su juventud, es \u00abpastor\u00bb de Israel. En el mismo plano es tambi\u00e9n padre de Israel. S\u00f3lo m\u00e1s tarde, y con claro influjo helen\u00ed\u00adstico, la imagen padre-hijo es individualizada y pasa de la indicaci\u00f3n del pueblo a la de la persona particular. En un contexto de este g\u00e9nero es evidente que la filiaci\u00f3n es exclusiva de Israel y el nombre mismo es sin\u00f3nimo de \u00abhijo\u00bb o de \u00abhija\u00bb, a los que corresponde la herencia del padre (Jer 3).<\/p>\n<p>En suma, Israel adopta una actitud muy reservada con relaci\u00f3n a la paternidad de Dios y a su propia filiaci\u00f3n. Yahv\u00e9 es un Dios \u00fanico; no tiene hijos ni hijas, como en la religi\u00f3n cananea; es llamado padre s\u00f3lo porque se ocupa de Israel, lo llama, lo libera, lo acompa\u00f1a en su camino, sin ninguna implicaci\u00f3n de cosmogon\u00ed\u00adas o de genealog\u00ed\u00adas divinas, propias de las religiones mitol\u00f3gicas contempor\u00e1neas. Por eso es padre, pastor, rey, esposo; e Israel es hijo, reba\u00f1o, s\u00fabdito, esposa de Yahv\u00e9. La experiencia primordial es la experiencia hist\u00f3rica de salvaci\u00f3n y de alianza electiva y esa experiencia es la que produce la imagen de la paternidad. El uso de la terminolog\u00ed\u00ada paterna es producto de la experiencia hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adflca, y no viceversa. Esto es de suma importancia, precisamente a la luz del recelo freudiano a que hemos aludido antes. Si fuera lo contrario, se caer\u00ed\u00ada inevitablemente en el reino de la ilusi\u00f3n y de la culpa paralizadora y alienante. Por esta raz\u00f3n la f\u00f3rmula m\u00e1s densa del AT parte de la experiencia hist\u00f3rica y llega al uso discreto y metaf\u00f3rico del nombre de padre: \u00abT\u00fa, Yahv\u00e9, eres nuestro padre\u00bb (Is 83,18).<\/p>\n<p>2. EL NT &#8211; a) Terminolog\u00ed\u00ada y dato. Apenas pasamos al NT se impone con fuera una constataci\u00f3n: cuantitativamente, la indicaci\u00f3n de Dios como padre est\u00e1 mucho m\u00e1s desarrollada, y cualitativamente reviste una serie de significados extremamente variables, situ\u00e1ndose en contextos muy distintos y enriqueci\u00e9ndose con los m\u00e1s diversos matices. Es evidente, en consecuencia, que se impone una notable circunspecci\u00f3n y un claro sentido de prudencia en las reflexiones que siguen, conscientes de que se pueden dar \u00e1ngulos diversos desde los cuales afrontar el problema. Nosotros empezamos desde el punto de vista del simple uso de los t\u00e9rminos \u00abpadre\u00bb, \u00abhijo\u00bb, \u00abhijos\u00bb y otros semejantes.<\/p>\n<p>Los textos kerigm\u00e1ticos que se encuentran en los Hechos (2,14-41; 3,12-20; 10,34-43; 17,22-31) llaman a Dios Padre una sola vez (2,33), y no dan a Jes\u00fas el t\u00ed\u00adtulo de hijo de Dios. En el resto de los Hechos el nombre de Padre se da a Dios en otros pasajes (1,4-7; 9,20; 13,33), y en cada uno de ellos aparece claro el influjo de la teolog\u00ed\u00ada de Pablo. En boca de Pablo mismo, siempre en los Hechos, se encuentran dos menciones de Jes\u00fas como Hijo de Dios (9,20; 15.33).<\/p>\n<p>En los textos paulinos, empero, la teolog\u00ed\u00ada de la paternidad-filiaci\u00f3n divina est\u00e1 desarrollada al m\u00e1ximo. La f\u00f3rmula \u00abDios padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb aparece cinco veces (2 Cor 1,3; 11,31; Rom 15,6; Col 1,3; Ef 1,3). La paternidad de Dios respecto a los hombres es evocada treinta y dos veces, y ocho veces la com\u00fan a Cristo y a nosotros (1 Cor 15,24; G\u00e1l 4.6; Rm, 6,4; 8,15; Col 3,17; Ef 1,17; 2,18; 5,20). Pablo presenta, adem\u00e1s, diecisiete veces a Jes\u00fas como hijo de Dios, y trece veces atribuye a los hombres el t\u00ed\u00adtulo de hijos de Dios (G\u00e1l 3,26; 4,6.7; Rom 8,14.16. 17.19-21; 9,7.8.26; Flp 2,15; Ef 5,1). Tambi\u00e9n otros textos, como el de G\u00e1l 4,28, en que se habla de \u00abhijos de la promesa\u00bb, pueden ser significativos. El t\u00e9rmino espec\u00ed\u00adfico \u00abyiothesia\u00bb (filiaci\u00f3n) se encuentra cuatro veces con certeza (G\u00e1l 4,5; Rom 8,15; 9.4; Ef 1,5) y quiz\u00e1 tambi\u00e9n en otro texto (Rm, 8,23).<\/p>\n<p>Pero la evocaci\u00f3n de la paternidad de Dios no es ciertamente exclusiva de Pablo. Juan presenta ciento catorce veces a Dios como padre de Jes\u00fas y veintiocho veces a Jes\u00fas como hijo de Dios. Por lo que concierne a la atribuci\u00f3n de l filiaci\u00f3n a los hombres, es m\u00e1s prudente que Pablo y distingue entre el t\u00ed\u00adtulo \u00abyios\u00bb (hijo) y el titulo \u00abpa\u00ed\u00ads\u00bb, que tiene un sentido m\u00e1s difuminado, y que aparece con frecuencia en sus escritos (Jn 1,12; 11,52; 1 Jn 3,1.2.10; 5,2; etc.).<\/p>\n<p>Los sin\u00f3pticos son, sin duda, m\u00e1s discretos que Pablo y Juan en atribuir a Dios el t\u00ed\u00adtulo de padre de Jesucristo; s\u00f3lo dos textos son comunes a los tres (Mc 8,38; 14,36 y par.). Un texto es com\u00fan a Mt y Mc (Mc 13,32 y par. de Mt). Lucas tiene cinco menciones propias y Mateo trece. La paternidad de Dios respecto a los hombres es mencionada bastante raramente: un solo texto en Mc (11,25-28; com\u00fan tambi\u00e9n a Mt). Mateo y Lucas tienen cuatro menciones comunes; Lucas tres propias y Mateo doce. En cuanto a la otra cara de la medalla, es decir, a la filiaci\u00f3n, he aqu\u00ed\u00ad los datos principales: Jes\u00fas es llamado hijo de Dios en dieciocho pasajes, de los cuales seis son comunes a los tres, dos son comunes a Mt y Mc, dos a Mc y Lc, uno es propio de Mc, otro de Lc y seis son propios de Mt. En cuanto a la filiaci\u00f3n divina de los hombres, Mc no la menciona nunca, Lc la recuerda tres veces (6,35; 15,11s; 20,36) y Mt cinco veces (5,9.45; 8,12; 13,38; 21,28-31)14.<\/p>\n<p>b) Significado e importancia. La primera pregunta a la que hay que responder cuando queremos pasar del dato cuantitativo y filol\u00f3gico al sentido doctrinal y una vez establecido lo que hemos advertido en las observaciones anteriores y en la teolog\u00ed\u00ada del AT, es la que demanda por qu\u00e9 el tema de la filiaci\u00f3n divina es en el NT tan amplio, siendo tan escasa su presencia en el AT. El crecimiento cuantitativo del tema de la filiaci\u00f3n divina, en efecto, implica tambi\u00e9n un cambio en el significado y en la importancia ideal del t\u00e9rmino mismo. A la idea de paternidad-filiaci\u00f3n, que en el AT se sit\u00faa de modo exclusivo en el plano metaf\u00f3rico, seg\u00fan hemos visto, con una fuerte preponderancia de temas jur\u00ed\u00addico-operativos, la sustituye en el NT la afirmaci\u00f3n de una filiaci\u00f3n bien precisa, que se coloca en un plano muy diverso del plano propio del AT. La verdadera raz\u00f3n de esta transformaci\u00f3n de la paternidad y de la filiaci\u00f3n en relaci\u00f3n con Dios es la entrada, en la realidad de la vida b\u00ed\u00adblica, de la persona de Jes\u00fas de Nazaret. Jes\u00fas es llamado hijo de Dios de un modo decididamente nuevo respecto al sentido veterotestamentario. El no es un hijo, sino el hijo de Dios. No es s\u00f3lo el heredero que el Padre ha enviado despu\u00e9s de los profetas (Mc 12 6-7); tiene una uni\u00f3n especial\u00ed\u00adsima de conocimiento y de amor con el Padre; conocimiento inmediato y pleno, amor total y totalmente correlativo (Mt 11.25-27). Esta filiaci\u00f3n especial, total, hace que resulte clara la distinci\u00f3n entre \u00e9l y nosotros. Tambi\u00e9n los disc\u00ed\u00adpulos y los hombres son llamados hijos de Dios; pero el Padre es suyo de un modo profundamente original (Mt 7,21; Lc 2,49; Mc 1.11; 9,7), que indica la \u00ed\u00adntima estructura de su vida, su destino, su anhelo continuo, la fuente secreta de su obrar, de su orar, de su ser entero. El es verdaderamente una sola cosa con Dios, en unidad de vida, de operaci\u00f3n, de gloria, de poder y de cualquier otra realidad. Bastar\u00e1 un solo texto, espl\u00e9ndido: \u00abEn verdad, en verdad os digo que el Hijo, de por s\u00ed\u00ad, no puede hacer nada que no lo vea hacer al Padre; y lo que \u00e9ste hace, lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo cuanto hace&#8230; Pues como el Padre resucita y hace revivir a los muertos, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el Hijo da la vida a los que quiere. El Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo toda potestad de juzgar, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envi\u00f3&#8230; Llega la hora, y es \u00e9sta, en que los muertos escuchar\u00e1n la voz del Hijo de Dios, y los que la escucharen vivir\u00e1n. Porque como el Padre tiene vida en s\u00ed\u00ad mismo, as\u00ed\u00ad ha dado al Hijo que tenga vida en s\u00ed\u00ad mismo&#8230;\u00bb (Jn 5.19-28).<\/p>\n<p>Mas para que podamos explicarnos el desarrollo pleno, cuantitativo y cualitativo, del tema paternidad-filiaci\u00f3n en el NT, falta a\u00fan algo, a saber, el vinculo entre Jes\u00fas hijo de Dios y nosotros, hijos del hombre. Entonces emerge la figura de Jes\u00fas como hijo del hombre, como hombre entre los hombres. La expresi\u00f3n \u00abhijo del hombre\u00bb, aplicada a Jes\u00fas, se halla casi exclusivamente en los evangelios, y siempre en boca de Jes\u00fas. Esta terminolog\u00ed\u00ada se concentra sobre todo en el contexto de aquellos momentos en que Jes\u00fas experimenta hasta el fondo que es igual a los hombres en la pobreza, el sufrimiento y la debilidad (Mt 8,20; 11,19; 20,28; Mc 8,31 y par.), o en el contexto de la promesa de aquellas perspectivas en que la realidad humana ser\u00e1 definitivamente glorificada (Mt 24,27 24,30; Mc 18,27; 13,41). Por eso humildad y sufrimiento se equiparan con plenitud y gloria; el texto m\u00e1s sint\u00e9tico es el texto decisivo del proceso ante el sanedr\u00ed\u00adn, en que las dos dimensiones se unifican dram\u00e1ticamente: \u00abEl Pont\u00ed\u00adfice les dijo: &#8216;\u00c2\u00a1Te conjuro por el Dios vivo que nos digas si t\u00fa eres el Cristo, el Hijo de Dios!&#8217; D\u00ed\u00adjole Jes\u00fas: `T\u00fa lo has dicho. Y os declaro que desde ahora ver\u00e9is al hijo del hombre sentado a la diestra del Padre y venir sobre las nubes del cielo\u00bb&#8216; (Mt 28,83-84). Esta real identificaci\u00f3n del Hijo de Dios con el hijo del hombre, y del hijo del hombre con la real condici\u00f3n humana de todos los hijos de los hombres, es la verdadera raz\u00f3n, hist\u00f3rica y no ilusoria, gratuita y no exigible, inesperada y no solicitada, de la filiaci\u00f3n divina aplicada a los hombres en todos los textos del NT y, consiguientemente, en toda la tradici\u00f3n cristiana (padres, doctrinas conciliares, teolog\u00ed\u00ada). La iniciativa es siempre del Padre (G\u00e1l 4,4-5) y se realiza en la mediaci\u00f3n real, hist\u00f3rica, vivida y experimentada de la vida de Jes\u00fas de Nazaret. Al enviar al Hijo, que se hace hombre entre los hombres y hermano de los hombres, y al dar el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Rom 5,5; 2 Cor 1,22; 5.5; 1 Tes 4.8), el Padre hace de los hombres hijos suyos. En Jes\u00fas, pues, es donde Dios se da y recibe el nombre de padre, padre suyo y padre nuestro, en la experiencia precisa de una nominaci\u00f3n que no deriva de la ilusi\u00f3n, de la exigencia del deseo, sino de la revelaci\u00f3n inesperada y gratuita de un hecho vivido y anunciado a quien jam\u00e1s habr\u00ed\u00ada podido so\u00f1ar algo semejante. \u00abEl Hijo nos trae el mensaje de la paternidad divina, nos hace conocer al Padre y nos revela nuestra verdadera condici\u00f3n de hijos; pero, sobre todo, con su venida, nos aporta el don mismo de nuestra filiaci\u00f3n. El se ha hecho carne para que nosotros pudi\u00e9ramos convertirnos en hijos del Padre. A trav\u00e9s de \u00e9l -afirma Juan- nos viene la gracia (Jn 1,17) y el poder de convertirnos en hijos de Dios y de nacer una segunda vez de Dios (Jn 1; 3.3-5). A todos los que le reciben les da el ser hijos de Dios; \u00e9l, que no naci\u00f3 ni de la sangre ni de la carne, sino de Dios (Jn 1,12-13)\u00bbPor eso la Escritura habla de nosotros como hijos de Dios. Jes\u00fas nos ense\u00f1a a dirigirnos a Dios como padre (Mt 8,9), llama hijos a los pac\u00ed\u00adficos (Mt 5,9), a aquellos que aman plenamente (Lc 8,35), a los que han resucitado a vida eterna (Lc 20,35-38). Esta filiaci\u00f3n implica perfeccionamiento sin limites, cumplimiento de la voluntad del Padre, imitaci\u00f3n de la bondad, de la misericordia y del amor universal que est\u00e1 presente en la experiencia salv\u00ed\u00adfica. Es claramente, sobre todo en Pablo, una extensi\u00f3n a los hombrea de la filiaci\u00f3n divina y \u00fanica de Jes\u00fas (Rom 8,29-30), en virtud de la relaci\u00f3n \u00fanica que se ha venido a crear entre Jes\u00fas y los hijos de los hombres. La elecci\u00f3n de Dios transforma el ser mismo del hombre, que se hace vivo con su misma vida, gracias a la presencia vital en \u00e9l del principio mismo de la vida divina, que es el Esp\u00ed\u00adritu (G\u00e1l 4,5-8). As\u00ed\u00ad pues, el nuevo \u00abnacimiento\u00bb (Juan) o la nueva \u00abcreaci\u00f3n\u00bb (Pablo) hacen que el hombre llegue a ser verdaderamente hijo de Dios, es decir, participe de la vida de Dios, animado y vivificado por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu: \u00abPero vosotros no viv\u00ed\u00ads seg\u00fan la carne, sino seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu, porque el Esp\u00ed\u00adritu de Dios habita en vosotros&#8230; En efecto, cuantos son guiados por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, \u00e9stos son hijos de Dios, porque no recibisteis el esp\u00ed\u00adritu de esclavitud para recaer de nuevo en el temor, sino que recibisteis el esp\u00ed\u00adritu de hijos adoptivos, que nos hace exclamar. \u00c2\u00a1Abba! \u00c2\u00a1Padre! El mismo Esp\u00ed\u00adritu da testimonio juntamente con nuestro esp\u00ed\u00adritu de que somos hijos de Dios\u00bb (Rom 8,9.14-16). Por eso somos verdaderamente hijos de Dios, y Jes\u00fas, permaneciendo hijo del Padre en modo absolutamente especial, puede ser verdaderamente llamado \u00abprimog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Rom 8,29). Por eso la vida de hijos de Dios es realidad de nuestra historia, si bien para verla y vivirla conscientemente es necesaria la luz de la fe, y su manifestaci\u00f3n plena es vivida en la esperanza del reino. El nombre de hijos, que se nos ha dado, es nombre que corresponde a la realidad: \u00abVed qu\u00e9 grande amor nos ha dado el Padre al hacer que nos llamemos hijos de Dios y en efecto lo seamos. Si el mundo no nos comprende es porque no le ha comprendido a \u00e9l. Querid\u00ed\u00adsimos, desde ahora somos hijos de Dios, y a\u00fan no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste seremos semejantes a \u00e9l, porque le veremos tal y como es\u00bb (1 Jn 3,1-2).<\/p>\n<p>3. TRADICI\u00ed\u201cN Y TEOLOG\u00ed\u008dA &#8211; Si de la sumaria consideraci\u00f3n de la realidad de la filiaci\u00f3n adoptiva presente en la Escritura pasamos a examinar lo que de esta filiaci\u00f3n han ense\u00f1ado los padres de la Iglesia y han dicho el magisterio eclesi\u00e1stico y la teolog\u00ed\u00ada, nos encontraremos ante un material inmenso y dif\u00ed\u00adcil de sintetizar. Mas lo que es absolutamente esencial precisar es que, salvo particulares excepciones, se mantiene siempre clar\u00ed\u00adsimo el sentido de la relatividad del discurso, del car\u00e1cter sustancialmente metaf\u00f3rico de la atribuci\u00f3n de la filiaci\u00f3n, que precisamente por eso es llamada adoptiva (haci\u00e9ndose eco de la misma Escritura), y de la inserci\u00f3n de todo el tema de la filiaci\u00f3n en el gran discurso de la \u00abjustificaci\u00f3n\u00bb. Quiero decir que la filiaci\u00f3n adoptiva no es jam\u00e1s entendida en sentido realista generativo, sino que es siempre referida a Cristo y a la presencia del Esp\u00ed\u00adritu y vista como uno de los posibles modos de describir el gran hecho de la liberaci\u00f3n del mal y de la llamada a la participaci\u00f3n de la naturaleza divina. Esta participaci\u00f3n de la naturaleza divina es llamada ora justificaci\u00f3n, ora santificaci\u00f3n, ora gracia, ora divinizaci\u00f3n, ora precisamente filiaci\u00f3n adoptiva.<\/p>\n<p>En la descripci\u00f3n teol\u00f3gica de esta filiaci\u00f3n en general, se nos coloca a medio camino entre la natural, propia de quien es realmente engendrado por el padre, y la filiaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica adoptiva, que consiste en la atribuci\u00f3n gratuita exterior de derechos a un extra\u00f1o. La filiaci\u00f3n adoptiva sobrenatural, afirman los te\u00f3logos y padres, es gratuita, pero no puramente exterior, ya que implica una modificaci\u00f3n real del ser mismo del adoptado. En cuanto a las explicaciones teol\u00f3gicas, el tema se har\u00ed\u00ada casi interminable y englobar\u00ed\u00ada a todos los otros temas antedichos (gracia, herencia, santificaci\u00f3n, divinizaci\u00f3n, etc.), pudiendo reducirse \u00fatilmente al \u00fanico gran tema de la inhabitaci\u00f3n divina en el hombre justificado, es decir, de la presencia dada y operante del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la vida del hombre, que ya en la condici\u00f3n terrena permite vivir realmente la misma vida de Dios, es decir, poseer ya desde ahora y verdaderamente el don increado 19. Obviamente esta voz no puede pretender abordar cumplidamente estos temas. Lo que deseo intentar aqu\u00ed\u00ad es exponer, en t\u00e9rminos culturalmente modernos y sobre todo sint\u00e9ticos, los resultados de los est\u00ed\u00admulos documentarios y de contenido que se han rese\u00f1ado hasta ahora.<\/p>\n<p>IV.- Hijos de Dios hoy<br \/>\nToda esta realidad de revelaci\u00f3n y de conciencia, de riquezas tem\u00e1ticas y de sospechosos alertas se vuelca sobre quien desea presentar al hombre de hoy una reflexi\u00f3n acerca de la filiaci\u00f3n divina que sea fiel al dato de la fe y est\u00e9 atenta a no embarrancar en los escollos f\u00e1ciles pero mortales y sin credibilidad de la ilusi\u00f3n, o incluso del complejo de culpabilidad, o de la sumisi\u00f3n alienante que legitima el status quo y santifica \u00abreligiosamente\u00bb la opresi\u00f3n, elevando a categor\u00ed\u00ada de m\u00e9rito la tolerancia pasiva y la renuncia a hacer la historia, a realizar la humanidad y la verdadera \u00abmundanidad\u00bb de esta vida. Sin embargo, una vez puestos en guardia por los \u00abmaestros del recelo\u00bb, no podemos ni debemos perder absolutamente la riqueza espiritual y vitalmente operante del gran tema de la filiaci\u00f3n divina y hemos de traducirlo en t\u00e9rminos que sean perceptibles y cre\u00ed\u00adbles tambi\u00e9n para el hombre de hoy, \u00aben marcha hacia una sociedad sin padre\u00bb. A la luz de los temas estrictamente dogm\u00e1ticos, como la inhabitaci\u00f3n trinitaria, la atribuci\u00f3n de la acci\u00f3n divinizadora al Esp\u00ed\u00adritu, el tema de la presencia de la gracia increada en la vida misma del hombre, etc., el camino de una reflexi\u00f3n \u00abespiritual\u00bb hoy sobre la filiaci\u00f3n es extraordinariamente rico y capaz de modificar realmente, si se toma en serio, la existencia del hombre y del mundo 20.<\/p>\n<p>1. FILIACI\u00ed\u201cN DIVINA A LA LUZ DE JESUCRISTO &#8211; La primera observaci\u00f3n que se ha de hacer en esta tentativa de traducci\u00f3n espiritual, o sea existencialmente vital, del mensaje de la filiaci\u00f3n divina de los hombres es que el discurso debe estar siempre anclado como en su origen y en su \u00fanico \u00e1mbito en la realidad concreta de la persona de Cristo Jes\u00fas. Jes\u00fas de Nazaret, y s\u00f3lo Jes\u00fas de Nazaret, entregado, presente, vivido y revivido en la historia real del hombre, nos brinda la posibilidad de hablar realmente de la filiaci\u00f3n divina. Si no existiera \u00e9l, su presencia, su mediaci\u00f3n, su palabra y su vida real, todo caer\u00ed\u00ada en la ilusi\u00f3n (Freud), o en la alienante consagraci\u00f3n de la injusticia hecha autoridad (Marx), o en la desp\u00f3tica tiran\u00ed\u00ada negadora del gusto y de la libertad de la vida (Nietzsche y el ate\u00ed\u00adsmo de rebeli\u00f3n individualista). Tampoco bastar\u00ed\u00ada, como es obvio, el sentido puramente metaf\u00f3rico y cargado de significados ambiguos de que es todav\u00ed\u00ada testigo el AT, en el que la paternidad atribuida a Dios es prevalentemente un modo humano de representarse lo indecible y lo no representable, en fundamental analog\u00ed\u00ada con la experiencia religiosa universal de los hombres, m\u00e1s cargada de ambig\u00fcedad y de ilusi\u00f3n que de contenidos reales 21. En Jes\u00fas Salvador la filiaci\u00f3n divina es real y no ilusoria, por estar siempre sujeta -cada vez que nosotros la pensamos y expresamos en cuanto somos nosotros los que pensamos y expresamos- al riesgo de la ambig\u00fcedad y de la instrumentalizaci\u00f3n ideol\u00f3gica. En Jes\u00fas, Dios se da definitivamente el nombre de Padre, con una autonominaci\u00f3n que no responde a exigencias humanas de consuelo y de protecci\u00f3n (ya que esta paternidad est\u00e1 muy lejos de presentarse como consoladora o protectora). Para convencernos de ello, nos bastar\u00e1 pensar en la experiencia de humanidad d\u00e9bil, sufriente, abandonada y moribunda que se verifica en Jes\u00fas Hijo. Este Padre no es un amo que enajena la responsabilidad y el gusto de vivir y de construir la historia; no es un rival que vence derrotando a los hijos, sino que es la realidad totalmente nueva de un Dios definitivamente diverso, como es diverso Jes\u00fas de Nazaret de cualquier salvador so\u00f1ado o pedido.<\/p>\n<p>Entonces, anunciar la filiaci\u00f3n divina ser\u00e1 tomar conciencia de la salvaci\u00f3n que Jes\u00fas de Nazaret ha tra\u00ed\u00addo, en su doble realidad espec\u00ed\u00adfica de liberaci\u00f3n de lo que la fe llama mal o pecado, y de definitiva oferta-presencia de una divinizaci\u00f3n que puede expresarse verdaderamente en t\u00e9rminos de filiaci\u00f3n s\u00f3lo porque es asimilaci\u00f3n inaudita a Aquel que se dice, y es proclamado, y es verdaderamente, el Hijo diverso y \u00fanico de este Padre diverso y \u00fanico. Hablar, pues, de filiaci\u00f3n divina, ser\u00e1 hablar de salvaci\u00f3n en Cristo, y no de una imitaci\u00f3n moral (o, peor, moral\u00ed\u00adstica), de actitudes vagamente filiales (o, peor, infantiles), de un padre imaginado seg\u00fan el modelo de los padres humanos, buenos o malos.<\/p>\n<p>Sobre este aspecto fundamental, que distingue entre infantilismo b\u00e1sicamente morboso y la aut\u00e9ntica \u00abinfancia espiritual\u00bb evang\u00e9lica y cristiana, volver\u00e9 m\u00e1s adelante. Ahora es el momento de describir, tomando como base la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y la experiencia viva de la fe viva de la comunidad hist\u00f3rica que es la Iglesia en el contexto de la cultura de hoy, la realidad de la salvaci\u00f3n cristiana, en la cual el hombre se convierte realmente, tambi\u00e9n \u00e9l, en hijo diverso de un Padre diverso, en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu que es derramado en su vida real de hombre entre los hombres (Rom 5,5).<\/p>\n<p>2. JESUCRISTO ES LA SALVACI\u00ed\u201cN &#8211; La vida real del hombre, que es la historia, ha sido recorrida por una conciencia hist\u00f3rica, primero indecisa y ambigua, indistinta y no explicitada, y luego cada vez m\u00e1s clara y luminosa, que se ha concretado en la experiencia real de Jes\u00fas de Nazaret y de aquellos que lo han acogido y que han transmitido la \u00abnoticia\u00bb, anunciando el misterio inaudito finalmente revelado. No es una idea moral, un programa de vida o un complejo de preceptos cultuales, sino una persona viva, una realidad humana en toda su plenitud de limitaci\u00f3n creatural com\u00fan y de absoluta originalidad divina. Por eso esta vida hist\u00f3rica concreta, esta \u00abpalabra\u00bb, esta comuni\u00f3n de experiencia humana d\u00e9bil y sufriente, es la plenitud de un camino que ven\u00ed\u00ada de lejos, comenzado hac\u00ed\u00ada tiempo por absoluta iniciativa de Yahv\u00e9: \u00abDios, despu\u00e9s de haber hablado en los tiempos pasados muchas veces y en diversas formas a nuestros padres por medio de los profetas, ahora nos ha hablado por medio del Hijo\u00bb (He 1,1-2). La conciencia de que esta presencia es realidad nueva y al mismo tiempo est\u00e1 en la fuente misma de toda vida pasada, presente y futura, emerge en el programa de quien lo ha encontrado y lo anuncia a todos: \u00abLo que era desde el principio, lo que hemos o\u00ed\u00addo, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que han tocado nuestras manos, acerca del Verbo de la vida, s\u00ed\u00ad, la vida se ha manifestado, la hemos visto, damos testimonio de ella y os anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y se nos ha manifestado; os anunciamos lo que hemos visto y o\u00ed\u00addo para que est\u00e9is en comuni\u00f3n con nosotros. Nuestra comuni\u00f3n es con el Padre y con su Hijo Jesucristo\u00bb (1 Jn 1,1-3).<\/p>\n<p>Jes\u00fas de Nazaret es, en consecuencia, la salvaci\u00f3n, Dios mismo que entra en nuestra \u00abcarne\u00bb22, en nuestra historia, camina por nuestros caminos, llora nuestras l\u00e1grimas, sufre nuestros dolores, goza con nuestros pobres goces, ama lo que nosotros amamos, muere nuestra muerte y resucita con su vida, que se hace nuestra, nos ofrece su esperanza, nos vivifica con su alegr\u00ed\u00ada, nos transfigura en su divinidad humana, nos re\u00fane en su unidad perfecta con el Padre y con los hermanos, en la historia y m\u00e1s all\u00e1 de la historia, en una plenitud que no es alienante regalo a d\u00e9biles renunciatarios, sino conquista cotidiana sustentada por su energ\u00ed\u00ada de amor y de fraternidad concret\u00ed\u00adsima: \u00abTanto ha amado Dios al mundo, que le ha dado a su Hijo unig\u00e9nito, para que quien crea en \u00e9l no muera, sino que tenga la vida eterna\u00bb (Jn 3,18). Cristo se da a s\u00ed\u00ad mismo, volvi\u00e9ndose uno como nosotros, uno de nosotros; y nos hace entrar en su vida sin fin, en su comuni\u00f3n personal con ese Dios que \u00e9l llama padre y con los otros, en una unidad de destino que vence el dolor y la muerte, la soledad y la incapacidad de transformar la historia del mundo.<\/p>\n<p>Esto no es, ciertamente, una realidad evidente o que indique con certeza ex perimental el camino de cada d\u00ed\u00ada. Esta salvaci\u00f3n no ha eliminado el dolor ni la muerte, pero nos ha indicado el camino. La soluci\u00f3n de alg\u00fan modo est\u00e1 dada, pero hemos de hacerla nuestra; no es imposici\u00f3n que aniquile la libertad, que fuerce nuestra inteligencia y nuestra voluntad, que aliene, en una palabra, nuestra dignidad, consistente en tomar en la mano nuestra existencia, en caminar nuestro fatigoso camino de hombres entre los hombres, con los mismos problemas que los otros, pero con un anuncio nuevo para todos. Tomamos en la mano nuestra historia y descubrimos que es historia de Dios, porque es realmente tambi\u00e9n historia suya; y con \u00e9l caminamos hacia la construcci\u00f3n cotidiana de la tierra y los cielos nuevos, en la expectativa operante del cumplimiento definitivo, que \u00e9l (con nosotros) realizar\u00e1 dando sentido y plenitud a lo que es humano, de modo inaudito y rebasando las m\u00e1s grandes aspiraciones del hombre mismo: \u00abLo que el ojo no vio, ni el o\u00ed\u00addo oy\u00f3, ni se le antoj\u00f3 al coraz\u00f3n del hombre, eso prepar\u00f3 Dios para los que le aman\u00bb (1 Cor 2,9). Toda esta realidad est\u00e1 encerrada en \u00e9l, Cristo Jes\u00fas, hijo de una mujer del pueblo, hermano nuestro en el dolor y en la muerte, \u00abprobado en todo, como nosotros, a excepci\u00f3n del pecado\u00bb (Heb 4,15). El es verdaderamente el Dios vivo y verdadero; no forjado por nuestros sue\u00f1os o por nuestras ilusiones, frustradas por la dureza de la realidad cotidiana; en \u00e9l, finalmente, nosotros los hombres descubrimos el verdadero rostro de Dios y reconocemos nuestro verdadero rostro de \u00abhombres humanos\u00bb 23 El nos ha descubierto por fin la \u00abcara\u00bb de Dios: \u00abA Dios nadie lo ha visto jam\u00e1s; el Hijo unig\u00e9nito que est\u00e1 en el seno del Padre, nos lo ha revelado\u00bb (Jn 1,18). Pero de igual modo \u00e9l nos ha revelado la sustancia misma de nuestra vida, que consiste en amar a los hombres hermanos, hijos en \u00e9l, de un \u00fanico padre: \u00abJam\u00e1s ha visto nadie a Dios. Si nos amamos los unos a los otros, Dios mora en nosotros y su amor en nosotros es perfecto\u00bb (1 Jn 4,12).<\/p>\n<p>3. SALVACI\u00ed\u201cN: LIBERACI\u00ed\u201cN Y DIVINIZACI\u00ed\u201cN &#8211; Cristo es, pues, la salvaci\u00f3n, el salvador, el alfa y la omega de toda la creaci\u00f3n, de toda la historia humana, como proclama Pablo en este texto de inagotable riqueza divina y humana, en que habla de nuestra salvaci\u00f3n y de la de toda la creaci\u00f3n: \u00abDando gracias a Dios, que nos ha invitado y hecho part\u00ed\u00adcipes de la herencia de los santos en la luz, quien nos rescat\u00f3 del poder de las tinieblas y nos transport\u00f3 al reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redenci\u00f3n y remisi\u00f3n de los pecados. El cual es imagen de Dios invisible, primog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n, por \u00e9l mismo fueron creadas todas las cosas&#8230;, absolutamente todo fue creado por \u00e9l y para \u00e9l; y \u00e9l mismo existe antes que todas las cosas y todas en \u00e9l subsisten. El es tambi\u00e9n la cabeza del cuerpo de la Iglesia, siendo el principio, primog\u00e9nito entre los mortales, para as\u00ed\u00ad ocupar el mismo puesto entre todas las cosas, ya que en \u00e9l quiso el Padre que habitase toda la plenitud. Y quiso tambi\u00e9n por medio de \u00e9l reconciliar consigo todas las cosas, tanto las de la tierra como las del cielo, pacific\u00e1ndolas por la sangre de la cruz\u00bb (Col 1,12-20). El es el hombre perfecto, el hombre total, el hombre nuevo, que ha vencido todas las alienaciones, cuyo peso experimentamos en nuestra vida: el ego\u00ed\u00adsmo, la soledad y la muerte. Resucitado de la muerte, \u00e9l nos ofrece a s\u00ed\u00ad mismo; y nuestra salvaci\u00f3n es su resurrecci\u00f3n, restablecimiento definitivo de aquella unidad originaria rota por la aparici\u00f3n del mal en todas sus formas. Salvaci\u00f3n significa plenitud, novedad, totalidad, cumplimiento de la historia del hombre, realizaci\u00f3n plena de la humanidad del hombre mismo. En la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret, que se hace resurrecci\u00f3n del hombre, esta salvaci\u00f3n se realiza en los dos momentos fundamentales que la constituyen: el negativo de superaci\u00f3n del pecado, de la muerte, de la esclavitud, de la ley, del dolor, de la ineficacia, y el positivo de la glorificaci\u00f3n, vivificaci\u00f3n, comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, liberaci\u00f3n total; en una palabra, de la divinizaci\u00f3n del hombre, que teol\u00f3gicamente es precisamente la esencia de la filiaci\u00f3n divina del hombre en Jesucristo, de la que estamos tratando.<\/p>\n<p>a) La salvaci\u00f3n como liberaci\u00f3n-victoria sobre la muerte, sobre el pecado y sobre todo aquello que le impide al hombre lograr su plenitud humana. Cristo resucita derrotando a la muerte, y su resurrecci\u00f3n es la victoria definitiva sobre el \u00ab\u00faltimo enemigo\u00bb, precisamente la muerte (1 Cor 15.28). La muerte es el elemento que disgrega de modo supremo al hombre y mantiene viva su alienaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo y de los hermanos; es ruptura, dispersi\u00f3n y desorden definitivo. Es directa consecuencia del pecado seg\u00fan el esquema teol\u00f3gico paulino (Rom 5,12; 8,23), ya que el pecado es por su naturaleza laceraci\u00f3n de la unidad, alienaci\u00f3n del hombre y ruptura de la armon\u00ed\u00ada 24. Por eso la victoria sobre la muerte, la resurrecci\u00f3n, es consecuencia de la victoria definitiva sobre el pecado por obra de Cristo (Rom 8,5; Heb 9,28; 1 Jn 1,7; 3,5). As\u00ed\u00ad queda eliminada toda escisi\u00f3n, toda enemistad y hostilidad dentro del hombre, entre los mismos hombres y entre los hombres de Dios. Es el gran acontecimiento de la restauraci\u00f3n de la comuni\u00f3n amigable entre Dios y los hombres y entre todos los hombres; la totalidad del hombre \u00aba imagen y semejanza de Dios\u00bb, como en el imaginario escenario b\u00ed\u00adblico inicial, se recompone y reconstruye 25. Cristo resucitado es el que \u00abha destruido la muerte\u00bb 26, destruyendo su ra\u00ed\u00adz, que era el pecado, y la hostilidad que el mismo hab\u00ed\u00ada desencadenado entre el hombre y Dios y entre los hombres mismos.<\/p>\n<p>b) La salvaci\u00f3n como \u00abglorificaci\u00f3n\u00bb y divinizaci\u00f3n del hombre. Sin embargo, si el discurso sobre la salvaci\u00f3n cesara en este punto, llegar\u00ed\u00adamos a mutilarlo de su elemento m\u00e1s propio y espec\u00ed\u00adfico, m\u00e1s desconcertante y m\u00e1s nuevo, contenido en la esencia m\u00e1s genuina de la revelaci\u00f3n cristiana. Porque el deseo vehemente de la liberaci\u00f3n del mal es tambi\u00e9n propio del sentimiento religioso natural y de otras religiones e ideolog\u00ed\u00adas ahist\u00f3ricas, que han confirmado el anhelo de una purificaci\u00f3n de las limitaciones y de los fracasos de la existencia, acariciando un imposible retorno a los or\u00ed\u00adgenes o la eliminaci\u00f3n de los deseos como base de la felicidad posible, o tambi\u00e9n la fuga hacia una dimensi\u00f3n diversa y opuesta al mundo 27. Pero en este camino han tenido y tienen una buena baza todos los antes citados \u00abmaestros del recelo\u00bb, poniendo en apuros a un cristianismo no muy riguroso y atento a sus mismas caracter\u00ed\u00adsticas. Y la caracter\u00ed\u00adstica m\u00e1s profunda del mensaje cristiano, en la lucidez de una conciencia inaudita que se afirma con la fuerza de la gratuidad que sobreviene inesperadamente, y no como posible proyecci\u00f3n de sue\u00f1os imposibles, es precisamente \u00e9sta: la afirmaci\u00f3n l\u00facida y plenamente doctrinal de la salvaci\u00f3n como divinizaci\u00f3n real, no ilusoria, no desculpabilizante, no alienante, sino hist\u00f3rica y concreta del hombre hist\u00f3rico y concreto. Merece la pena repetirlo: es la esencia m\u00e1s profunda del mensaje cristiano, que concierne directamente al hombre. En Jes\u00fas de Nazaret, hijo unig\u00e9nito del Padre, la humanidad misma entra, de modo real\u00ed\u00adsimo y \u00abcarnal\u00ed\u00adsimo\u00bb 28, no ideol\u00f3gica, sino hist\u00f3ricamente, en comuni\u00f3n total de vida con Dios mismo que, en Cristo, no s\u00f3lo se revela (Cristo signo-imagen del Padre), sino que se comunica (Cristo signo eficaz del Padre). Por eso \u00e9l es \u00absacramento del encuentro con Dios\u00bb, sacramento primordial, fuente y realidad \u00faltima y verdadera de todos los sacramentos, que no son ni deben ser otra cosa que puntos de encuentro y de injerto de su realidad divina en nuestra realidad humana 29.<\/p>\n<p>Esto quiere decir, y es la esencia m\u00e1s intima de la salvaci\u00f3n cristiana, que, en Cristo, Dios y el hombre se han hecho una sola realidad, en un \u00fanico ritmo de vida, que une tiempo y eternidad, historia y absolutez, materia y esp\u00ed\u00adritu&#8230; Por la encarnaci\u00f3n-muerte-resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret, alfa y omega de la historia, el hombre es libre de entrar a formar parte del misterio de amor y de vida que es la realidad trinitaria; desde ese momento el hombre es Dios por gracia de Dios 30, hijo verdadero de Dios por ser hermano de Cristo, y s\u00f3lo su libre y absurda elecci\u00f3n negativa, el pecado, puede impedir esta misteriosa y sublime realidad. S\u00f3lo de este modo desconcertante es plenamente verdadera la triunfal exclamaci\u00f3n de Pablo: \u00abDonde abund\u00f3 el pecado sobreabund\u00f3 la gracia\u00bb (Rom 5.20). Si la salvaci\u00f3n consistiera s\u00f3lo en reconducir al hombre al estado preexistente al pecado, este texto no tendr\u00ed\u00ada sentido. Y no tendr\u00ed\u00adan tampoco sentido muchos otros textos escritur\u00ed\u00adsticos, que no pasar\u00ed\u00adan de modos de expresarse, mientras que suenan con una claridad perentoria que no admite dudas ni equ\u00ed\u00advocos una vez que se entra en la dimensi\u00f3n de la fe. Estos textos no admiten dudas ni equ\u00ed\u00advocos, al menos para quien no cede a las tentaciones espiritualizantes de un platonismo maniqueo y para quien no tiene miedo de tomar en serio la encarnaci\u00f3n de Cristo, que se convierte en la clave de la historia, en la fuerza transformadora del tiempo presente, de la tierra actual, y no s\u00f3lo del tiempo futuro, del m\u00e1s all\u00e1, de un \u00abcielo\u00bb imaginado no con las categor\u00ed\u00adas realistas del mundo b\u00ed\u00adblico, sino con los fantasmas falsamente celestes de cierto espiritualismo de origen dualista y pagano: \u00abCristo es nuestra paz; el que de ambos pueblos hizo uno, derribando el muro medianero de separaci\u00f3n 31, la enemistad; anulando en su carne la ley&#8230; para crear de los dos en s\u00ed\u00ad mismo un solo hombre nuevo, haciendo la paz, y reconciliar a ambos en un solo cuerpo con Dios por medio de la cruz, destruyendo en s\u00ed\u00ad mismo la enemistad&#8230; De tal suerte que ya no sois extranjeros y hu\u00e9spedes, sino que sois conciudadanos de los santos y familiares de Dios\u00bb (Ef 2,14-19).<\/p>\n<p>S\u00f3lo por esto (lo hemos visto arriba) \u00abnos llamamos hijos de Dios y lo somos verdaderamente\u00bb; en Jes\u00fas de Nazaret el hombre se hace \u00abparticipe de la naturaleza de Dios\u00bb (2 Pe 1,4), \u00abheredero de Dios\u00bb (Rom 8,17), y, por eso, desde este momento la actitud para con el hombre es la misma actitud que para con Dios. Amar al hombre significar\u00e1 amar a Dios: \u00abLo que hicisteis a uno de estos peque\u00f1uelos me lo hicisteis a m\u00ed\u00ad\u00bb (Mt 25,40). Y la rec\u00ed\u00adproca no ser\u00e1 menos verdadera; amar a Dios es cosa real s\u00f3lo cuando se ama al hombre: \u00abEl que no ama a su hermano, que ve, no puede amar a Dios, al que no ve. Este es el mandamiento que hemos recibido de \u00e9l: que el que ame a Dios, ame tambi\u00e9n a su hermano\u00bb (1 Jn 4,20-21). Por esa el mismo Juan puede afirmar con seguridad triunfal una cosa que a nosotros, tan alejados de la concreci\u00f3n de la \u00abcarne\u00bb de Cristo, nos parece sorprendente y reductiva: \u00abSabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos\u00bb (1 Jn 3,14). \u00abPasar de la muerte a la vida\u00bb es lo mismo que resucitar; es la salvaci\u00f3n en todo su alcance, que consistir\u00e1 precisamente en la caridad, es decir, en el amor del hombre en nombre de Cristo. Esto no significar\u00e1, empero, hacer al hombre instrumento de Cristo, am\u00e1ndolo \u00abcomo si fuese Cristo\u00bb; ya que, desde el momento de la encarnaci\u00f3n redentora, el hombre es Cristo, cada hombre es hijo de Dios, en la concreci\u00f3n real\u00ed\u00adsima de este don hist\u00f3rico supremo que ha transformado la condici\u00f3n humana (muerte, separaci\u00f3n, soledad, odio a s\u00ed\u00ad mismo y a los otros) en la \u00abmaravillosa herencia de los santos en la luz\u00bb, que es la luz misma que es Dios: \u00abDios es luz, y en \u00e9l no hay tinieblas\u00bb (1 Jn 1,5).<\/p>\n<p>Ciertamente sigue siendo fuerte la tentaci\u00f3n de transferir todo este discurso s\u00f3lo al m\u00e1s all\u00e1, traicionando el esp\u00ed\u00adritu fundamental de la Escritura y permaneciendo fieles, por desgracia, al esp\u00ed\u00adritu fundamental de una cierta \u00abcristiandad\u00bb, es decir, del modo ineficaz e hist\u00f3ricamente siempre imperfecto con que la palabra misma de Dios ha sido recibida y vivida por los \u00abcristianos\u00bb, pecadores y d\u00e9biles como los otros hombres, y m\u00e1s a\u00fan toda vez que piensan ser ellos, y no Cristo con ellos, los que salvan el mundo y la historia. El amor de Dios, que acosa al hombre; \u00e9ste, que se vuelve, por gracia, una sola cosa con Dios; la historia del hombre, que se vuelve historia de Dios en Cristo: tal es el anuncio de la salvaci\u00f3n cristiana y la filiaci\u00f3n divina. En esta perspectiva, Cristo resucitado es una sola cosa con la humanidad salvada, el \u00abCristo total\u00bb, o sea la Iglesia, pueblo de Dios, que marcha hacia la definitiva revelaci\u00f3n de los hijos de Dios (Rom 8,19), el lugar privilegiado, el signo excelso de este acontecimiento que es la salvaci\u00f3n y la demostraci\u00f3n eficaz de su realizaci\u00f3n en la historia de los hombres 32. Cristo, por medio de la Iglesia, pueblo de los hijos de Dios, es la posibilidad real y ya hist\u00f3ricamente operada y operante, aunque no a\u00fan totalmente manifestada, de la realizaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n como liberaci\u00f3n del mal, como divinizaci\u00f3n del hombre, convertido en verdadero hijo de Dios mismo. Pero precisamente por esto la salvaci\u00f3n no es un ideal, no es una ideolog\u00ed\u00ada, no es un valor teol\u00f3gico abstracto, ni siquiera un c\u00f3digo de comportamiento, sino una historia real. La vida-muerte-resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret y la vida-muerte-resurrecci\u00f3n del hombre son dos momentos, dos caras de una sola realidad, de un \u00fanico evento, que marca el verdadero y \u00fanico \u00abdestino\u00bb -sin fatalismo alguno- del hombre, revelando y realizando conjuntamente el sentido del hombre en la historia, que se convierte en historia de salvaci\u00f3n real. En este sentido, no cabe ninguna absorci\u00f3n del hombre, de su dignidad, de su libertad, de un Dios que lo anule, lo domine, lo sustituya; la salvaci\u00f3n no es impuesta, sino ofrecida a la libertad humana; y no se le ofrece altivamente, desde una distancia infinita que humille al hombre y le obligue a buscar protecci\u00f3n ilusoria frente a un absoluto competidor y rival de su ser y de su libertad.<\/p>\n<p>La salvaci\u00f3n est\u00e1 en un hombre, se la ofrece una mano fraterna, una mano de \u00abhijo del hombre\u00bb, \u00abcapaz de compadecer nuestras debilidades\u00bb (He 4,15) porque ha compartido con nosotros el pesado fardo, \u00abhecho en todo semejante a nosotros, a excepci\u00f3n del pecado\u00bb (ib). Ha dejado a un lado el esplendor de su divinidad, de su \u00abser igual a Dios\u00bb, para posesionarse de la \u00abforma humana\u00bb, la \u00abforma de siervo\u00bb, de criatura, y transformarla en la vida misma divina, en comuni\u00f3n de amor con el Padre y con \u00e9l, el Hijo, donde la totalidad del hombre y de los hombres se reconstruye sin disolverse y se completa en la copresencia de la totalidad de Dios en Cristo y en ellos, esperando y preparando en la praxis hist\u00f3rica el momento en que \u00ab\u00e9l entregue el reino a Dios Padre&#8230; para que sea Dios todo en todas las cosas\u00bb (1 Cor 15,24-28). No tengamos, pues, miedo a hablar de filiaci\u00f3n divina y de libertad humana, de historia humana y de historia de la salvaci\u00f3n; no son realidades contrapuestas o sobrepuestas ilusoriamente; son en conjunto la estructura \u00ed\u00adntima de la realidad entera, que se completa en la progresiva manifestaci\u00f3n de la copresencia de Dios en Cristo en el coraz\u00f3n mismo de la historia y de la vida de la humanidad, que camina concretamente en la historia.<\/p>\n<p>V. Conclusi\u00f3n<br \/>\nTodo este largo itinerario nos lleva, entonces, a la luz de la palabra, de la reflexi\u00f3n doctrinal y de la situaci\u00f3n cultural contempor\u00e1nea, a la afirmaci\u00f3n de la filiaci\u00f3n divina, como a una de las formas en que, una vez puestos en guardia sobre los riesgos desenmascarados por los \u00abmaestros del recelo\u00bb, puede ser presentada la realidad plena de la salvaci\u00f3n del hombre y del mundo, el anuncio del evangelio como \u00abbuena noticia\u00bb universal. Esto quiere decir que salvaci\u00f3n, como filiaci\u00f3n divina, no es salvaci\u00f3n del alma, sino salvaci\u00f3n del hombre, de todo el hombre y de todos los hombres, que viven en inescindible solidaridad con todo el cosmos, que espera tambi\u00e9n la salvaci\u00f3n, como nos lo anuncia Pablo y lo confirma Teilhard de Chardin 33: \u00abLa creaci\u00f3n espera, en efecto, con gran anhelo la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios&#8230; sabemos, efectivamente, que toda la creaci\u00f3n gime y est\u00e1 en dolores de parto hasta el momento presente, y no s\u00f3lo ella, sino tambi\u00e9n nosotros, que tenemos las primicias del Esp\u00ed\u00adritu, gemimos dentro de nosotros mismos esperando la adopci\u00f3n filial&#8230;\u00bb (Rom 8,19-23). El Cristo glorioso ya no est\u00e1 solo, hijo unig\u00e9nito del \u00fanico Padre, \u00abdel cual toma nombre toda paternidad\u00bb (Ef 3,15) 34, sino que como cabeza del cuerpo que es la Iglesia (Col 1,18), como jefe de toda la creaci\u00f3n, ofrece al hombre, se\u00f1or de la historia, en su misterio de muerte y de resurrecci\u00f3n, la posibilidad real\u00ed\u00adsima de vencer el mal, cualquier enemistad, de entrar en la plenitud de amor y de vida con el Padre y con los otros hombres, descubiertos plenamente como hermanos. Esta salvaci\u00f3n-filiaci\u00f3n-divinizaci\u00f3n es. al mismo tiempo, don de Dios, porque \u00abel amor viene de Dios\u00bb (1 Jn 4,7), y tarea hist\u00f3rica que compromete la libertad y la respuesta del hombre hist\u00f3rico. Esto significa que la salvaci\u00f3n-filiaci\u00f3n es realidad plenamente pose\u00ed\u00adda s\u00f3lo cuando el hombre responde con toda su persona al don gratuito y lo hace suyo a trav\u00e9s de la fe, impl\u00ed\u00adcita o expl\u00ed\u00adcita, que es encuentro real de personas, y que transforma al hombre en la nueva criatura, verdadero hijo de Dios, miembro vivo del cuerpo que es Cristo, coheredero con \u00e9l y con los hermanos de la resurrecci\u00f3n y de la plenitud de la historia. En esta clave, el compromiso terreno por un mundo m\u00e1s justo y menos inhumano es soporte sustancial de la filiaci\u00f3n divina vivida y realizada en la historia 35. La filiaci\u00f3n-salvaci\u00f3n no mata el compromiso, no protege ilusoriamente de los contragolpes de la historia, no aliena en una eternidad que es negaci\u00f3n del tiempo, no es enemiga de la fantas\u00ed\u00ada y del gusto de crear tiempos nuevos y de construir el reino del hombre 36. Todo lo contrario; el compromiso hist\u00f3rico terreno se convierte en el modo con que el hombre, vuelto verdaderamente \u00abhombre humano\u00bb, liberado y divinizado en el tiempo, realiza, movido por el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo que se hace su Esp\u00ed\u00adritu (Rom 5,5; 8,14), el programa grandioso con el que Dios mismo construye la historia y la eternidad: \u00abHe aqu\u00ed\u00ad que hago nuevas todas las cosas\u00bb (Ap 21,5).<\/p>\n<p>G. Gennari<br \/>\nNotas<br \/>\n1. A. Mitscherlich, Acusaci\u00f3n a la sociedad paternalista, Sagitario, Barcelona 1966; G. Mendel, La rebeli\u00f3n contra el padre, Ed. Roma, Barcelona 1971; J. Lusau, Padre, patr\u00f3n, padreterno, Anagrama Barcelona 1979.<\/p>\n<p>2. Sobre el pensamiento de Freud en lo referente a la religi\u00f3n: A. Vergote, Interpretaciones psicol\u00f3gicas de los fen\u00f3menos religiosos en el ate\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo, en El ate\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo (dir. por G. Girardi), Cristiandad. Madrid 1971sa. 1-1, 417-419.<\/p>\n<p>3. F. Engels, Antid\u00fchring, en K. Marx-F. Engels, OC, Editor\u00c2\u00a1 Reuniti, Roma 1975. XXV, 304. Advi\u00e9rtase que propiamente Marx no tom\u00f3 nunca en consideraci\u00f3n la religi\u00f3n en s\u00ed\u00ad, sino siempre como reflejo y producto de la verdadera y \u00fanica alienaci\u00f3n profunda del hombre, que es la econ\u00f3mica. Por eso me parece que tienen raz\u00f3n autores como I. Mencini y R. Orfei cuando precisan que hay que estar atentos a lecturas simplistas y, por ende, falsas de la relaci\u00f3n marxismo-religi\u00f3n.<\/p>\n<p>5. \u00abMi orgullo no soporta que los dioses&#8230; lleven el cetro&#8230; An\u00ed\u00admate, coraz\u00f3n m\u00ed\u00ado, porque ahora se va a revelar el enga\u00f1o, es decir, si \u00e9l es un rey o s\u00f3lo un fantasma\u00bb (Werke und Briefe).<\/p>\n<p>19. Cf Le\u00f3n XIII, Divinum illud munus, citado por P\u00ed\u00ado XII en Mystici corporis: \u00abTal uni\u00f3n admirable, que se llama inhabitaci\u00f3n, no difiere sino por la condici\u00f3n y el estado de aquella en que Dios abraza y hace bienaventurados a los elegidos\u00bb. Me permito citar a tal respecto este pensamiento de Teresa de Liaieux, en el lecho de muerte: \u00abNo logro realmente ver qu\u00e9 m\u00e1s podr\u00e9 tener, despu\u00e9s de la muerte, que ya no tenga en esta vida. Ver\u00e9 al buen Dios, es verdad, pero en cuanto a estar con \u00e9l, yo ya lo estoy plenamente en la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>20. He usado aposta el adjetivo \u00abespiritual\u00bb, que indica, prescindiendo de los esquemas dualistas, de origen pagano, la realidad de la vida de Dios, el Esp\u00ed\u00adritu, que transforma y \u00abhace nuevas todas les cosas\u00bb. Este es el verdadero sentido de espiritualidad cristiana. Es \u00abespiritual\u00bb s\u00f3lo aquello que transforme vitalmente la existencia del hombre y del mundo entero. El mundo es el ambiente del hombre. En este sentido he hablado arriba de verdadera \u00abmundanidad\u00bb de le vida, haciendo referencia al sentido positivo de la palabra \u00abmundo\u00bb en la teolog\u00ed\u00ada de Juan, y recordando la gran lecci\u00f3n de aquel amigo de Dios y de los hombres que fue Bonhoeffer.<\/p>\n<p>21. Bastar\u00e1 consultar la voz Figliolanza divina, en Enciclopedia delle Religioni, Vellecchi, Florencia, II. 1804-1808, para ver cu\u00e1ntas referencias ambiguas hay a realidades primitivas. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en el Juppiter latino, y en el Zeus Pater de los griegos, pare comprender lo que queremos decir.<\/p>\n<p>22. \u00abCarne\u00bb tiene aqu\u00ed\u00ad el sentido de existencia humana en su plenitud de realidad marcada de tiempo y espacio, de inteligencia y voluntad, de fe vivida en la historia y en la precariedad de la debilidad creatural. No hace, pues, referencia al dualismo pagano de materia-esp\u00ed\u00adritu o cuerpo-alma, que ha contagiado tambi\u00e9n al pensamiento de tantos cristianos. Cf la voz Sarx (carne), en ThW y en los diversos diccionarios b\u00ed\u00adblicos. No hay, en este sentido, ning\u00fan significado peyorativo; y por ello \u00abel Verbo se hizo carne\u00bb (Jn 1,14). Cf tambi\u00e9n Sal 83,3 (Vg); Mt 19,8; Jn 6, 56; y \u00abCreo en la resurrecci\u00f3n de la carne\u00bb.<\/p>\n<p>23. La idea de Cristo como el hombre nuevo, el hombre verdadero, en paralelo antit\u00e9tico con el hombre viejo, realizaci\u00f3n perfecta de la misma creaci\u00f3n del hombre, es uno de los temas de fondo de todo el NT en relaci\u00f3n al AT. Cf G\u00e9n 1,28: el hombre imagen de Dios; Heb 1,3: Cristo imagen del Padre; G\u00e9n 3: Ad\u00e1n primog\u00e9nito de los pecadores; y Rom 5: Cristo primog\u00e9nito de los justos: G\u00e9n, 12: Abrah\u00e1n, comienzo de la promesa, y G\u00e1l, 3: Cristo, hijo de Abrah\u00e1n a trav\u00e9s de David, plenitud de la promesa; G\u00e9n, 22: Isaac ofrecido por el padre en sacrificio, y Jn. 3: Cristo ofrecido por el Padre para la salvaci\u00f3n del mundo; Is 42-49-50-53: el Siervo sufriente, y Mt 26-27, Mc 14-15, Lc 22-23, Jn 18-19: la pasi\u00f3n de Cristo; Dan 7,13-14 y Ap 5; 19, etc.<\/p>\n<p>24. Esta idea del mal como laceraci\u00f3n de la unidad y ruptura de relaciones puede ofrecer una fecund\u00ed\u00adsima l\u00ed\u00adnea de lectura de los cc. 3-11 de G\u00e9n, que me parece muy interesante: el pecado ser\u00ed\u00ada ruptura del hombre con Dios (desobediencia a la orden de Dios y miedo de Ad\u00e1n despu\u00e9s del pecado), consigo mismo (la verg\u00fcenza de la desnudez), con la mujer (Ad\u00e1n contra Eva en la acusaci\u00f3n y en el dominio), con la vida misma (la muerte \u00abestipendio\u00bb del pecado), con la vida que comunicar (el parto, fuente de dolor), con la tierra en el trabajo (sufrimiento e improductividad), con los hermanos en la violencia (Ca\u00ed\u00adn mata a Abel), con la naturaleza entera, que se rebela (diluvio universal), con los hermanos en el plano de la comunicaci\u00f3n del pensamiento (la torre de Babel y la dispersi\u00f3n de los hombres).<\/p>\n<p>25. Llamo \u00abimaginario\u00bb al escenario inicial de G\u00e9n, teniendo presente el g\u00e9nero literario y la naturaleza del relato religioso de la creaci\u00f3n y del origen del mal.<\/p>\n<p>26. \u00abMuriendo destruy\u00f3 nuestra muerte, y resucitando nos dio la vida\u00bb (de un prefacio pascual); cf tambi\u00e9n 2 Tim 1,10.<\/p>\n<p>27. La concepci\u00f3n \u00abc\u00ed\u00adclica\u00bb de la historia, propia de la antig\u00fcedad pagana y del pensamiento filos\u00f3fico de muchos autores (Plat\u00f3n, Rousseau, etc.), es lo opuesto de la concepci\u00f3n \u00ablineal\u00bb de la Escritura, cuyo punto de llegada es una realidad completamente nueva, y no una vuelta a los or\u00ed\u00adgenes. Para el otro aspecto, cf las filosof\u00ed\u00adas orientales. el budismo, la concepci\u00f3n estoica y la c\u00ed\u00adnica, y, en Occidente, el pensamiento de Schopenhauer.<\/p>\n<p>28. Cf arriba, nota 22.<\/p>\n<p>29. Cf E. Scbiltebeeckx, Cristo, sacramento del encuentro con Dios, Dinor, Pamplona 1971.<\/p>\n<p>30. La precisi\u00f3n es esencial; si se negara esto se correrla el riesgo de negar la existencia misma de la redenci\u00f3n como obra del amor y, por tanto, gratuita. Pero una vez asentado esto, no hay ninguna raz\u00f3n para no tomar en serio la divinizaci\u00f3n misma. En esta perspectiva reviste gran importancia para la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea la grande y discutida s\u00ed\u00adntesis de Teilhard de Chardin. Aparte de los l\u00ed\u00admites y oscuridades de su pensamiento, \u00e9l es y sigue siendo uno de los puntos de referencia de la espiritualidad y de la teolog\u00ed\u00ada de hoy, Cf H. de Lubac. El pensamiento religioso del P. Teilhard de Chardin, Taurus, Madrid 1988.<\/p>\n<p>31. Cf Is 59,2: \u00abVuestra culpa es el muro entre vosotros y vuestro Dios\u00bb. Cf tambi\u00e9n arriba, nota 24.<\/p>\n<p>32. Evidentemente, la Iglesia, en este sentido y en este contexto, no es absolutamente coextensiva e identificada con todas las estructuras humanas, culturalmente condicionadas por la historia de la sociedad, que se han sucedido en ella a lo largo de los siglos. Ella es el \u00abpueblo de Dios\u00bb, la \u00abEsposa de Cristo\u00bb, que coexiste con los pecados de sus miembros, con las instituciones humanas imperfectas, en las cuales tambi\u00e9n est\u00e1 presente. La Iglesia, por ejemplo, no es el Estado de la Ciudad del Vaticano, en identidad plena con todas sus estructuras y servicios.<\/p>\n<p>33. Cf H. de Lubac, El pensamiento religioso&#8230; o.c. (nota 30), c. XII.<\/p>\n<p>34. Evidentemente, Pablo afirma simplemente este hecho, sin plantearse problema alguno de ilusi\u00f3n o de alienaci\u00f3n. Los maestros del recelo no hab\u00ed\u00adan llegado a\u00fan, y Pablo escrib\u00ed\u00ada en una sociedad en que no hab\u00ed\u00ada ninguna forma de \u00abrebeli\u00f3n contra el padre\u00bb (Mendel). Hoy, en cambio, nosotros debemos ser m\u00e1s cautos, y en la primera parte de la voz vimos por qu\u00e9.<\/p>\n<p>35. En esta l\u00ed\u00adnea debe verse como plenitud de comprensi\u00f3n del mensaje tambi\u00e9n el descubrimiento del compromiso pol\u00ed\u00adtico en general, como compromiso por el hombre, como momento de la evangelizaci\u00f3n. Teolog\u00ed\u00ada de las realidades terrenas, teolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica, teolog\u00ed\u00ada de la esperanza, teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n, etc., no han venido en vano. Y, por lo dem\u00e1s, todo el esp\u00ed\u00adritu animador de le GS.<\/p>\n<p>36. Seria \u00fatil, en este esp\u00ed\u00adritu, revisar la teor\u00ed\u00ada y la praxis de la doctrina tradicional de la \u00abinfancia espiritual\u00bb, que ha sido realmente mal comprendida y confundida demasiado a menudo con el infantilismo. Por lo que se refiere en particular a la doctrina de Teresa de Lisieux, el argumento requerir\u00ed\u00ada un tratado aparte. Teresa no ense\u00f1\u00f3 nunca la infancia espiritual tal como ha sido difundida en su nombre por sus hermanas incluso con grav\u00ed\u00adsimas omisiones textuales. El modelo de su espiritualidad no es el ni\u00f1o (enfant), sino el Hijo (Enfant), Jesucristo vivificado por el Esp\u00ed\u00adritu y abandonado en manos del Padre. Me permito remitir a mi libro Teresa de Lisieux, La veritt\u00e1 \u00e9 pi\u00fa bella, o.c. (nota 19). Aunque haya suscitado alguna pol\u00e9mica y no pocas resistencias, me parece que Teresa sale de \u00e9l m\u00e1s verdadera, m\u00e1s viva y m\u00e1s actual que nunca, mucho m\u00e1s grande que el moralismo del \u00abcaminito\u00bb, desviado por demasiados testimonios poco fiables.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA<br \/>\nAA. VV., Abba, Padre nuestro, Narc,, Madrid 1981.<\/p>\n<p>AA. VV., \u00bfUn Dios Padre?, en \u00abConcilium\u00bb, 183 (1981).<\/p>\n<p>Boff. L, Gracia y liberaci\u00f3n del hombre: experiencia y doctrina de la gracia, Cristiandad, Madrid 1978.<\/p>\n<p>Carretto. C, Padre, me pongo en tus manos, Paulinas. Madrid 1981.<\/p>\n<p>Duquoc, Ch, Dios diferente, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1978.<\/p>\n<p>Fortman, S.J. Teolog\u00ed\u00ada del hombre y de la gracia. Estudios sobre la teolog\u00ed\u00ada de lo gracia, Sal Terrae, Santander 1970.<\/p>\n<p>Jerem\u00ed\u00adas, J, Abba, Padre, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1981.<\/p>\n<p>Lochet, L, Hijos de Dios, Estela. 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Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. En el Antiguo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. Individuos de la clase \u201cdios\u201d<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>\u201cHijo\u201d (heb. <\/span><span style=''>b&#275;n<\/span><span lang=ES style=''>), <etiqueta id=\"#_ftn360\" name=\"_ftnref360\" title=\"\">arm. <\/etiqueta><\/span><span style=''>bar<\/span><span lang=ES style=''> se usa com\u00fanmente en las lenguas sem\u00edticas para indicar integraci\u00f3n en una determinada clase, como ser \u201chijo de Israel\u201d para \u201cisraelita\u201d, \u201chijo de fortaleza\u201d para \u201cvaleroso\u201d. \u201cHijo de Dios\u201d significa en heb. \u201cdios\u201d o \u201cparecido a un dios\u201d m\u00e1s bien que \u201chijo de(l) Dios (Yahv\u00e9h)\u201d. En Job 1.6; 2.1; 38.7; Sal. 29.1; 89.6, los \u201chijos de Dios\u201d componen el s\u00e9quito celestial de Yahv\u00e9h, o sus subordinados, aun cuando en la <span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span> Job los denomina angeloi de Dios (cf. Dt. 32.8 <span style='text-transform: uppercase'>LXX<\/span>, de donde <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0nbe<\/span><span lang=ES style=''> tiene \u201cseg\u00fan el n\u00famero de los hijos de Dios\u201d, lo cual apoya el texto de uno de los rollos heb. del mar Muerto, 4Q Dt<sup>q<\/sup>, contra el <etiqueta id=\"#_ftn361\" name=\"_ftnref361\" title=\"\">TM \u201chijos de Israel\u201d). Del mismo modo al \u201chijo de los dioses\u201d de Dn. 3.25<\/etiqueta>, se lo describe como el \u201c\u00e1ngel del Dios de los jud\u00edos\u201d en Dn. 3.28.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En Gn. 6.1\u20132 los \u201chijos de Dios\u201d se contrastan con mujeres de la raza humana de una manera que parecer\u00eda excluir su relaci\u00f3n con la l\u00ednea de Ca\u00edn. Muchos comentaristas consideran estos vers\u00edculos como referidos a un mito pagano, apenas modificados en cuanto a su fondo polite\u00edsta. Otros sostienen que la frase se refiere a hombres pose\u00eddos por demonios, o a \u00e1ngeles ca\u00eddos (cf. 1 P. 3.19\u201320; Jud. 6). M\u00e1s atrayente, empero, es la interpretaci\u00f3n que entra en la categor\u00eda que sigue.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. Hombres que por mandato divino ejercen la prerrogativa de juicio que corresponde a Dios<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En Ex. 21.6; 22.8\u20139, 28, \u201cDios\u201d (<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><span lang=ES style=''>; heb. <\/span><span style=''>&#722;<sup>e<\/sup>l&#333;h&#305;&#770;m<\/span><span lang=ES style=''>) puede significar \u201cjueces\u201d (as\u00ed <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''>), sus comisionados, que ejercen poder sobre la vida y la muerte (cf. 2 Cr. 19.6), como podr\u00eda ser el caso en Sal. 82.6.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el mundo del AT a los reyes se les daba el t\u00edtulo de \u201chijo del dios X\u201d, y en Israel en el sentido <i>c<\/i>, inf. M. G. Kline propone que se interprete esta forma de usar la expresi\u00f3n en Gn. 6.1\u20132, en conexi\u00f3n con los gobernantes de la remota era antediluviana (<etiqueta id=\"#_ftn362\" name=\"_ftnref362\" title=\"\"><i>WTJ<\/i><\/etiqueta> 24, 1962, pp. 187\u2013204).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>c. Aquellos que est\u00e1n relacionados con Yahv\u00e9h mediante un pacto<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El ser hijo de Dios denota principalmente estar relacionado con \u00e9l mediante el *pacto y se usa (i) para Israel en su conjunto (\u201cIsrael es mi hijo, mi primog\u00e9nito\u201d, Ex. 4.22; cf. Os. 11.1); (ii) para los israelitas en general (\u201cHijos sois de Jehov\u00e1 vuestro Dios\u201d, Dt. 14.1; cf. Os. 1.10; para un israelita en particular en \u00e9pocas posteriores del juda\u00edsmo, p. ej. Sabidur\u00eda 2.18); (iii) para el rey dav\u00eddico, el ungido de Yahv\u00e9h, quien va a reinar sobre su pueblo para siempre (\u201cMi hijo eres t\u00fa, yo te engendr\u00e9 hoy\u201d, Sal. 2.7). Esta relaci\u00f3n no es biol\u00f3gica, aunque a veces se utilizan met\u00e1foras del nacimiento, la infancia, y el crecimiento (Os. 11.1; Dt. 32.6; Is. 1.2; 63.8), y se espera que haya conformidad con el car\u00e1cter del Padre. Pero b\u00e1sicamente el car\u00e1cter de hijo de Dios se establece a trav\u00e9s de su pacto. Dt. 14.1\u20132 ilustra claramente la calidad de hijo seg\u00fan el pacto, en lo que se refiere a Israel. El Rey-Mes\u00edas, aunque se le llama (as\u00ed como Israel, con quien est\u00e1 tan \u00edntimamente ligado) \u201cprimog\u00e9nito\u201d (Sal. 89.27) y \u201cengendrado\u201d por Yahv\u00e9h (Sal. 2.7), no debe en menor medida su posici\u00f3n al pacto de Dios con \u00e9l (Sal. 89.28; 2 S. 23.5). Los t\u00e9rminos de este pacto (\u201cYo le ser\u00e9 a \u00e9l padre, y \u00e9l me ser\u00e1 a m\u00ed hijo\u201d, 2 S. 7.14) corren paralelos a las palabras del pacto con Israel (\u201cYo ser\u00e9 a ellos por Dios, y ellos me ser\u00e1n por pueblo\u201d, Jer. 31.33).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt; text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn363\" name=\"_ftnref363\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>D.W.B.R.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>A.R.M.<\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. En el Nuevo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La expresi\u00f3n \u201chijos de Dios\u201d se usa en el NT sin que haya diferencia de sentido entre los vocablos para \u201chijos\u201d (gr. <\/span><span style=' '>hyioi<\/span><span lang=ES style=' '>) y <\/span><span style=' '>tekna<\/span><span lang=ES style=' '>. Su uso neotestamentario esta basado en uno u otro de los usos veterotestamentarios de \u201chijos de Dios\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. Lc. 20.36<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Esta referencia, \u201cson iguales a los \u00e1ngeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrecci\u00f3n\u201d, refleja el uso de \u201chijos de Dios\u201d tal como aparece en Sal. 29.1; 89.6; Dt. 32.8 (<span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span>), donde significa seres extraterrestres en la presencia de Dios, en contraste con \u201clos hijos de este siglo\u201d. Era ya creencia de muchos jud\u00edos que los elegidos ten\u00edan por delante este destino, pero dicha creencia habr\u00eda de adquirir un significado mucho m\u00e1s claro a la luz de la resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. Aquellos que obran como Dios<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Lc. 6.35, \u201cser\u00e9is hijos del Alt\u00edsimo\u201d, significa poco m\u00e1s que \u201cser\u00e9is como Dios\u201d. \u201cHijo de \u2026\u201d es un modismo que equivale a decir con las caracter\u00edsticas de o \u201cque hace el trabajo de\u201d (cf. la descripci\u00f3n parab\u00f3lica del hijo que hace de aprendiz en Jn. 5.19), y los \u201chijos de Dios\u201d en Mt. 5.9 y 5.45 pertenecen a esta categor\u00eda. El Sal. 82.6, comentado por Jes\u00fas en Jn. 10.34\u201336, podr\u00eda ser un ejemplo veterotestamentario de este sentido, siendo los jueces hombres que ejercen el poder de Dios sobre la vida y la muerte. La sencilla met\u00e1fora de Pablo en Ef. 5.1, \u201csed imitadores de Dios como hijos amados\u201d, refleja este modismo, aunque tambi\u00e9n presupone una relaci\u00f3n m\u00e1s profunda entre los hijos y su Padre.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>c. El car\u00e1cter filial de Israel<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El car\u00e1cter filial colectivo de Israel (\u201cIsrael es mi hijo, mi primog\u00e9nito\u201d, Ex. 4.22) se destaca en el pensamiento de Pablo (p. ej. Ro. 9.4, \u201cson israelitas, de los cuales [es] la adopci\u00f3n \u2026\u201d) y en otras partes del NT. A veces esta filiaci\u00f3n de hijo aparece como representada y cumplida en Jesucristo, como sucede en Mt. 2.15 y en las narraciones de su bautismo y tentaci\u00f3n. Sin embargo, aun prescindiendo de una conexi\u00f3n directa con el car\u00e1cter filial de Cristo, \u201chijos de Dios\u201d nos recuerda la aplicaci\u00f3n del vocablo en el AT al pueblo del pacto que ha de reflejar su santidad. Si Ef. 5.1 es poco m\u00e1s que metaf\u00f3rico, Fil. 2.15, \u201chijos de Dios sin mancha en medio de una generaci\u00f3n maligna y perversa\u201d, est\u00e1 basado en el canto de Mois\u00e9s (Dt. 32.5\u20136, 18\u201320), y 2 Co. 6.18 combina una serie de pasajes que se refieren al pacto (p. ej. Is. 43.6; 2 S. 7.14). \u201cLos hijos de Dios que estaban dispersos\u201d en Jn. 11.52 son las ovejas descarriadas de la casa de Israel (cf. 10.16). La idea proviene de Ez. 34 y 37, aunque es discutible el que la referencia en Juan sea solamente a los creyentes jud\u00edos o a todos los creyentes en general.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La filiaci\u00f3n del pueblo de Dios como hijos est\u00e1, sin embargo, ligada a la filiaci\u00f3n especial de Jes\u00fas en He. 2.10\u201317. (En la cita en los vv. 13\u201314 se usa una palabra distinta, <i>paidia<\/i>, para \u201chijos\u201d.) Aqu\u00ed el car\u00e1cter de hijo que le corresponde a Jes\u00fas es el que se le otorga al Rey-Mes\u00edas, hijo de David (Sal. 2.7; 2 S. 7.14, citados en He. 1.5), que es paralela al car\u00e1cter filial de Israel conforme al pacto, y quiz\u00e1 hace de ep\u00edtome del mismo. Los \u201cmuchos hijos\u201d son \u201cdescendencia de Abraham\u201d e \u201chijos\u201d por elecci\u00f3n aun antes de la encarnaci\u00f3n de Cristo. No obstante, son llevados \u201ca la gloria\u201d a trav\u00e9s del Hijo, que comparte con ellos \u201ccarne y sangre\u201d, estado en el cual les asegur\u00f3 la salvaci\u00f3n mediante su muerte.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>d. Pablo en Romanos y G\u00e1latas<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Aunque Pablo reconoce que \u201cla relaci\u00f3n filial\u201d pertenece a los israelitas (Ro. 9.4), insiste en que no todos los que descienden de Israel son \u201cisraelitas\u201d en el verdadero sentido, y que, por lo tanto, no son \u201clos hijos seg\u00fan la carne\u201d sino \u201clos \u2026 hijos de la promesa\u201d los que son \u201chijos de Dios\u201d y verdaderos participantes del privilegio (Ro. 9.6ss).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Seg\u00fan esta prueba, est\u00e1n incluidos tanto jud\u00edos como gentiles, \u201cpues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jes\u00fas\u201d (G\u00e1. 3.26). Pablo hace una exposici\u00f3n de esta doctrina de la filiaci\u00f3n en Ro. 8, donde invoca el concepto de <i>hyiosthesia<\/i>, generalmente traducido *\u201cadopci\u00f3n\u201d. Pero, aun cuando el vocablo se utilizaba en el griego de la \u00e9poca para describir la adopci\u00f3n legal de ni\u00f1os (v\u00e9ase <etiqueta id=\"#_ftn364\" name=\"_ftnref364\" title=\"\"><i>MM<\/i><\/etiqueta>), no est\u00e1 claro hasta que punto este tipo de adopci\u00f3n entra en el pensamiento de Pablo. A pesar del contraste con el estado anterior de esclavitud, tanto en Ro. 8.15 (donde <\/span><span lang=ES style='font-size: 10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0nbe<\/span><span lang=ES style=''> traduce <i>hyiothesia<\/i> con la frase \u201cos hace hijos\u201d) y G\u00e1. 4.5, por lo menos en este \u00faltimo pasaje <i>hyiothesia<\/i> parece corresponder a la apropiaci\u00f3n de la herencia por un hijo en \u201cla fecha se\u00f1alada por el padre\u201d. El modelo fundamental es la acci\u00f3n soberana de la gracia de Dios cuando declar\u00f3 a Israel, y luego al rey dav\u00eddico, su hijo. Ni la filiaci\u00f3n de Israel (Ex. 4.22), ni la del Mes\u00edas (Sal. 2.7; 89.27), pueden considerarse como opuestas al hecho de que el recipiente fuese llamado \u201cprimog\u00e9nito\u201d de Dios, y la <i>hyiothesia<\/i> del creyente es pr\u00e1cticamente id\u00e9ntica a la noci\u00f3n de generaci\u00f3n espiritual. En Ro. 8.23 la <i>hyiothesia<\/i> est\u00e1 todav\u00eda por llegar. Aunque nuevamente est\u00e1 asociada con la idea de la \u201credenci\u00f3n\u201d (\u00bfde la esclavitud?), la acci\u00f3n positiva es en realidad \u201cla manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios\u201d, la que demuestra lo que en verdad ya son. Este car\u00e1cter filial est\u00e1 indisolublemente ligado al car\u00e1cter filial de Cristo mismo (Ro. 8.17), que es atestiguado y controlado por el Esp\u00edritu (8.14, 16), y su naturaleza \u00faltima es manifestada cuando se pone de manifiesto la filiaci\u00f3n de Cristo como Hijo, y cuando los elegidos de Dios se ven como \u201chechos conformes a la imagen de su Hijo, para que \u00e9l sea el primog\u00e9nito entre muchos hermanos\u201d (8.19, 29).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>e. Juan<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El concepto de Juan en cuanto a los \u201chijos de Dios\u201d difiere del de Pablo solamente en cuanto al \u00e9nfasis, aunque emplea simplemente el vocablo <\/span><span style=''>tekna<\/span><span lang=ES style=''>, y reserva <\/span><span style=''>hyios<\/span><span lang=ES style=''> exclusivamente para Cristo. Westcott sosten\u00eda que Juan deliberadamente evit\u00f3 el uso de <\/span><span style=''>hyios<\/span><span lang=ES style=''>, \u201cel vocablo para designar dignidad y privilegio reales y verdaderos\u201d, para describir la relaci\u00f3n de los cristianos para con Dios, ya que \u201cconsidera su posici\u00f3n no como el resultado de una \u2018adopci\u00f3n\u2019 (<\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>hyiosthesia<\/span><span lang=ES style=' '>), sino coma resultado de una nueva vida que avanza desde el germen vital hasta la plena madurez\u201d. Sin embargo, Westcott indudablemente exagera. Si bien no cabe duda que Juan aprovecha la idea del nacimiento natural y la relaci\u00f3n consiguiente (p. ej. 1 Jn. 3.9), tambi\u00e9n es consciente del fondo veterotestamentario en el cual Israel lleg\u00f3 a ser hijo de Dios por elecci\u00f3n y llamado. Ya nos hemos referido a Jn. 11.52. En Jn. 1.12 los \u201chijos de Dios\u201d puede interpretarse como aquellos israelitas que creyeron antes que el Verbo fuese hecho carne. De cualquier forma, se los describe no s\u00f3lo como \u201cnacidos de Dios\u201d sino tambi\u00e9n como habiendo llegado a ser \u201chijos de Dios\u201d por haberles sido conferida dicha condici\u00f3n: \u201cLes dio el derecho de ser hechos hijos de Dios\u201d (<\/span><etiqueta id=\"#_ftn365\" name=\"_ftnref365\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0ba<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=' '>). Tambi\u00e9n en 1 Jn. 3 y 4 se describe a los creyentes como \u201cnacidos de Dios\u201d, con una referencia especial a su capacidad para reproducir el car\u00e1cter de amor y justicia de Dios; no obstante, el t\u00edtulo \u201chijos de Dios\u201d es tambi\u00e9n un privilegio concedido por medio del \u201cllamado\u201d de Dios (3.1). Aunque ahora \u201cse manifiestan\u201d los que son hijos de Dios por su conducta (3.10), \u201ca\u00fan no se ha manifestado\u201d lo que han de ser al final, pero lo ser\u00e1 cuando el Hijo de Dios se manifieste y ellos reflejen plenamente la imagen de su Padre (3.2); imagen esta que se encuentra en el Hijo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> J. Kuhlewein, \u201cHijo, <etiqueta id=\"#_ftn366\" name=\"_ftnref366\" title=\"\"><i>\u00b0DTMAT<\/i><\/etiqueta>, t(t). I, cols. 460\u2013472; O. Michel, \u201cHijo\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn367\" name=\"_ftnref367\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, t(t). II, pp. 276\u2013305; W. Eichrodt, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975, t(t). II, pp. 210ss; H. Renard, \u201cHijos de Dios\u201d, <i>\u00b0EBDM<\/i>, t(t). III, cols. 1253\u20131255.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>B. F. Westcott, <i>The Epistles of St. John<\/i>, 1883, pp. 94, 119ss; <etiqueta id=\"#_ftn368\" name=\"_ftnref368\" title=\"\">Arndt, <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn369\" name=\"_ftnref369\" title=\"\">s.v. <\/etiqueta><i>hyios, teknon<\/i>; A. Richardson, <i>An Introduction to the Theology of the New Testament<\/i>, 1958, pp. 147ss, 263ss; J. D. G. Dunn, <i>Jesus and the Spirit<\/i>, 1975, pp. 21\u201340.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>D.W.B.R.<\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hijos de Dios (heb. ben\u00ea h\u00e2&#8217;El\u00f4h\u00eem; gr. t\u00e9kna The\u00f3u). No hay raz\u00f3n para suponer que la expresi\u00f3n de Gen 6:2 se refiera a otros seres que no sean seres humanos, como algunos han propuesto, aunque la expresi\u00f3n fuera interpretada as\u00ed\u00ad en tiempos del cristianismo. La Biblia no menciona en parte alguna a deidades m\u00ed\u00adticas que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hijos-de-dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHIJOS DE DIOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-2409","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2409","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2409"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2409\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2409"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2409"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2409"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}