{"id":24175,"date":"2016-02-05T16:26:54","date_gmt":"2016-02-05T21:26:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/credo-de-nicea-los-dos-simbolos-ayer-hoy-y-siempre\/"},"modified":"2016-02-05T16:26:54","modified_gmt":"2016-02-05T21:26:54","slug":"credo-de-nicea-los-dos-simbolos-ayer-hoy-y-siempre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/credo-de-nicea-los-dos-simbolos-ayer-hoy-y-siempre\/","title":{"rendered":"CREDO DE NICEA: LOS DOS SIMBOLOS, AYER HOY Y SIEMPRE"},"content":{"rendered":"<p>\n  Hemos estudiado algunos comentarios del S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles y del Credo de Nicea-Constantinopla, en su unidad, que sobrepasa sus diferencias.<br \/>\n  Conviene, ahora, echar nuevamente una mirada sobre los or\u00edgenes b\u00edblicos, las lagunas aparentes y las irradiaciones futuras de esos textos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Or\u00edgenes b\u00edblicos, pero especialmente apost\u00f3licos<\/b>\n<\/p>\n<p>  El conjunto de las afirmaciones que nos presentan los dos s\u00edmbolos constituye una elecci\u00f3n operada en las Escrituras del Nuevo Testamento por los sucesores de los Doce. Esta evidencia se impone a tal punto que no es necesario mostrarla en detalle[1]. Igualmente, las afirmaciones post-arrianas del S\u00edmbolo de Nicea presentan un sabor escriturario: El Hijo es \u201cLuz de Luz\u201d, porque, Luz del Mundo (Jn. 8,12), viene de Dios que es Luz (1 Jn. 1,5).<br \/>\n  En los contextos distintos y sucesivos de las persecuciones jud\u00edas y paganas, de la gnosis y del arrianismo, los proclamadores de estos s\u00edmbolos, los sucesores de los Doce, han querido recopilar  \u201clo que hay de m\u00e1s importante para dar plenamente la ense\u00f1anza \u00fanica de la fe [\u2026] este resumen  encierra en pocas palabras todo el conocimiento de la verdadera piedad contenida en el Antiguo y el Nuevo Testamento[2]\u201d.<br \/>\n  Por una parte, como lo observaba ya Cirilo de Jerusal\u00e9n, \u201ctodos no pueden leer las Escrituras\u201d, de tal manera que sean capaces de extraer de ellas los puntos m\u00e1s importantes: \u201cunos son impedidos de conocerla bien por su incultura, otros por sus ocupaciones\u201d; por tanto, los obispos redujeron a algunos vers\u00edculos toda la ense\u00f1anza de la fe, la fe de la Iglesia que se apoya sobre toda la Escritura\u201d (ibid.).<br \/>\n  Por otra parte, las Escrituras del Nuevo testamento resultan, en s\u00ed mismas, ense\u00f1anzas de los doce ap\u00f3stoles, enviados por Cristo. Durante casi un cuarto de siglo, hablaron sin escribir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Incluso, despu\u00e9s de la escritura de las ep\u00edstolas y de los evangelios, la catequesis de los ap\u00f3stoles y de sus sucesores permaneci\u00f3 fundamentalmente oral. El resumen escrito de los s\u00edmbolos constitu\u00eda una \u201cayuda memoria\u201d. Los candidatos al bautismo deb\u00edan ser iniciados no s\u00f3lo a una vida individual en Cristo, sino tambi\u00e9n en la vida colectiva de la Iglesia. El S\u00edmbolo de la fe no era para ellos, solamente, un punto de referencia primero y fundamental, un sumario\u201d de las verdades a creer, sino tambi\u00e9n un \u201csigno de reconocimiento\u201d, gracias al cual se identificaba mutuamente como profesando en conjunto la misma fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, si abrimos el Nuevo Testamento y buscamos las huellas de las predicaciones apost\u00f3licas, encontraremos \u201cdesde las m\u00e1s remotas \u00e9pocas, las personas del padre y del Esp\u00edritu, vinculadas de manera indisoluble a la obra del Hijo. Los textos abundan en el Nuevo Testamento, que asocian las Tres personas de la Trinidad, las f\u00f3rmulas que hacen presentir una tradici\u00f3n a la vez primitiva y com\u00fan a todos\u201d, dice justamente el exegeta Pierre Beno\u00eet. As\u00ed, resulta que la f\u00f3rmula bautismal de Mt 28, 19-20, tan expl\u00edcitamente trinitaria, es inseparable de todo un conjunto m\u00e1s o menos an\u00e1logo, especialmente de \u201cf\u00f3rmulas lit\u00fargicas que traicionan la costumbre constante de mencionar conjuntamente al Padre y al Hijo\u201d. Citemos: 1 Co 6, 11; 12, 4-6; Ep. 2, 18; 1P 1,2.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEn verdad, agrega tambi\u00e9n P. Beno\u00eet, es todo el mensaje del Nuevo Testamento el que est\u00e1 fundado sobre la fe con el concurso de las Tres personas divinas para la consumaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El estudio de la historia de los or\u00edgenes cristianos nos fuerza, pues, a reconocer que \u201cla Escritura (agreguemos incluso antes de ella, los Ap\u00f3stoles) nos ha revelado las Personas divinas a trav\u00e9s de los actos que realizaron por realizaron por nosotros, cre\u00e1ndonos, salv\u00e1ndonos y santific\u00e1ndonos. Es esta fe concreta y penetrada de historia la que expresa la f\u00f3rmula trinitaria\u201d. Tomando \u00e9sta como marco de su S\u00edmbolo, la Iglesia conserv\u00f3 la orientaci\u00f3n aut\u00e9ntica del cristianismo primitivo[3].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el mismo sentido, el documento ecum\u00e9nico titulado Confesar la de com\u00fan (13) dice: \u201cel S\u00edmbolo de Nicea no es sino uno de los numerosos s\u00edmbolos cuya necesidad ha sido reconocida desde la \u00e9poca del Nuevo Testamento para permitir a la Iglesia formular y definir su fe. Esos textos resumen y subrayan los alcances esenciales de la fe apost\u00f3lica. Muchos de ellos fueron elaborados en una relaci\u00f3n estrecha con el Bautismo\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, es precisamente aqu\u00ed que surgen algunas dificultades. \u00bfEl S\u00edmbolo y el Credo son suficientes?, \u00bfest\u00e1n completos?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>\u00bfLagunas en S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles y en el Credo de Nicea?<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de la Quinta Conferencia mundial de la Fe y  Constituci\u00f3n, en Francisco de Compostela, en agosto de 1993, el te\u00f3logo luterano alem\u00e1n Wolfhart Pannenberg observaba: \u201cMuchos elementos del testimonio de la fe (contenidos en las Escrituras) no est\u00e1n expl\u00edcitamente mencionados en el S\u00edmbolo de Constantinopla. \u00c9ste no menciona ni la doctrina de la justificaci\u00f3n por la fe de Pablo, ni el culto eucar\u00edstico de la Iglesia que conmemora la Cena de Jes\u00fas,\u2026 ni una sola palabra sobre su bautismo por Juan\u2026 temas centrales para la consciencia que un cristiano tiene de su fe[4]\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pannenberg responde a la dificultad: \u201cesos temas no est\u00e1n verdaderamente ausentes en el S\u00edmbolo de Constantinopla. Est\u00e1n impl\u00edcitamente presentes. Toda la doctrina de la justificaci\u00f3n por  la fe est\u00e1 implicada en lo que se dice sobre el bautismo como remisi\u00f3n de los pecados. La Iglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica es impensable sin la presencia de la Eucarist\u00eda en el centro de su vida cultual\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su discurso de 1993, en Espa\u00f1a, el te\u00f3logo luterano alem\u00e1n insisti\u00f3 muchas veces sobre esta dial\u00e9ctica de lo impl\u00edcito-expl\u00edcito entre S\u00edmbolo de Nicea y Escritura del Nuevo Testamento que condiciona una lectura correcta de este S\u00edmbolo. Reun\u00edan as\u00ed, sin nombrarlas, las catequesis bautismales y mistag\u00f3gicas de Cirilo de Jerusal\u00e9n[5].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco despu\u00e9s de \u00e9l, Epifanio de Salamina, en su Credo anterior al de Nicea-Constantinopla, pero no sin influencia sobre \u00e9l, confesaba en el tercer art\u00edculo al Esp\u00edritu santo descendido sobre el Jord\u00e1n\u2026 y el bautismo de penitencia (DS44), que un\u00eda de esta manera el bautismo de Cristo por Juan al bautismo de los cristianos para la remisi\u00f3n de sus pecados. Se encuentra en las mismas menciones, en la misma \u00e9poca anterior a Constantinopla I, en un s\u00edmbolo armenio y otro probablemente originario de la regi\u00f3n siro-palestina (DS 46 y 48).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con los historiadores de las doctrinas, tales como son los padres Orbe y Cantalamesa[6], se puede admitir que en Cirilo de Jerusal\u00e9n, Basilio, Ambrosio, como en Epifanio se encontraba todav\u00eda presente el punto de vista de Ireneo (AH, 9, 3): \u201cEl Verbo de Dios por haber asumido una carne y haber sido ungido con el Esp\u00edritu por el Padre, se convirti\u00f3 en Jesucristo\u2026 El Esp\u00edritu de Dios descendi\u00f3 sobre \u00c9l, el Esp\u00edritu de ese Dios mismo, que, por los Profetas hab\u00eda prometido conferirle la Unci\u00f3n \u2013 con el fin de que, recibiendo nosotros la superabundancia de esta unci\u00f3n, seamos salvados\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Esp\u00edritu dado en Pentecost\u00e9s a la Iglesia, el Esp\u00edritu que sigue siendo dado a cada bautizado en su confirmaci\u00f3n es el mismo que descendi\u00f3 sobre Jes\u00fas bautizado en las aguas del Jord\u00e1n, y lo  lanz\u00f3 en su misi\u00f3n crucificante y salv\u00edfica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tercer art\u00edculo, vinculado al segundo, significa, pues, que el Esp\u00edritu contin\u00faa siendo dado por el Padre y el Hijo a la Iglesia para enviarlo al mundo conminas a su salvaci\u00f3n. El doble mensaje, bautismal y eucar\u00edstico, de Pablo y de Juan contin\u00faa estando presente \u2013 con una presencia impl\u00edcita que nos toca explicitar en el S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles que exaltan la comuni\u00f3n de los santos, en el Credo de Nicea Constantinopla, que reconocen en la de la Iglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica. Contra todos los riesgos de expresar otra fe, Nicea-Constantinopla nos representa la unidad de la fe a trav\u00e9s de los siglos, como lo subraya justamente Pannenberg.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia de los s\u00edmbolos reconocidos por la Iglesia y de los comentarios patr\u00edsticos de los dos principales, entre ellos, es la de su lucha continua y siempre creciente para fortificar su propia unidad con la gnosis, el arrianismo y el monofisismo. Una, \u00fanica y universal en el espacio, la Iglesia lo es tambi\u00e9n en el tiempo; y la fidelidad al don divino de sus propios Credo pasados la ayuda a tomar una conciencia cada vez m\u00e1s aguda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy d\u00eda, sobre las personas divinas del Padre, de su Hijo \u00fanico y de su Esp\u00edritu, la Iglesia nos hace participar siempre en la fe de Atanasio, de Basilio, de los dos Cirilos, de Ambrosio y de Agust\u00edn. Sobre todo, en y por la continua celebraci\u00f3n de los sacramentos y del sacrificio eucar\u00edstico que esta identidad en la fe es proclamada y manifestada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el presente, se podr\u00eda decir que los dos S\u00edmbolos, el de los Ap\u00f3stoles y el de Nicea-Constantinopla, nos hacen o\u00edr simult\u00e1neamente la voz de los ap\u00f3stoles, de sus sucesores (a partir especialmente de los Asia Menor, dir\u00edamos con Smulders), del obispo de Roma a la cabeza, lo mismo que los dos concilios ecum\u00e9nicos: Nicea I y Constantinopla I. A todas estas voces se unen los obispos y los bautizados laicos a lo largo de diecis\u00e9is siglos de cristianismo. Los dos s\u00edmbolos constituyen, pues, hoy d\u00eda una manifestaci\u00f3n a la vez hist\u00f3rica y espacial de la catolicidad de la Iglesia, que une a la vez la Tradici\u00f3n, la Escritura y el magisterio. Esos dos s\u00edmbolos nos hacen comprender la maravillosa meditaci\u00f3n de la Iglesia sobre su propio magisterio, en y por el cual Cristo salvador se propaga y se comunica, con su Padre y su Esp\u00edritu.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia integr\u00f3 esos dos s\u00edmbolos en la celebraci\u00f3n de su culto, en un desarrollo a la vez tard\u00edo e irreversible. Ciertamente, el Nuevo Testamento (a semejanza del Antiguo) nos muestra que la Iglesia jam\u00e1s vivi\u00f3 sin la confesi\u00f3n ni la profesi\u00f3n de su fe. La necesidad de comprenderla e incluso de escucharla siempre fue percibida en el seno de la comunidad cristiana, a\u00fan antes de todo registro escrito. Porque, siempre, el bautismo y (por consecuencia) la participaci\u00f3n en la eucarist\u00eda no han sido concedidas por la Iglesia sino a los creyentes que manifiestan la voluntad de una vida santa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy, como en los primeros tiempos, la participaci\u00f3n en el Credo de la Iglesia es, para todo adulto, un elemento esencial de la integraci\u00f3n en su culto. En ese culto cotidiano, el Esp\u00edritu es co-adorado y conglorificado con el Padre y el Hijo en el instante mismo en que suscita la adoraci\u00f3n del Hijo y, por \u00c9l y con \u00c9l, la del Padre. Los creyentes proclaman su deber no s\u00f3lo de creer, sino tambi\u00e9n de adorarlos en y con el Esp\u00edritu. En el texto mismo del Credo de Nicea, el \u201ccreemos\u201d se convierte en \u201cadoramos, glorificamos, confesamos y esperamos\u201d. La fe se convierte en voluntad de someterse en la adoraci\u00f3n, en proclamaci\u00f3n de gloria divina, en espera de vida eterna. Los tres son amados, cre\u00eddos y esperados. Esperamos la visi\u00f3n del Hijo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Proyecciones futuras<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el hoy de la Iglesia, sus miembros tienden hacia un doble futuro, temporal y eterno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por s\u00ed misma, la Iglesia es misterio de fe: si la Iglesia es vista en la Historia de la humanidad tal como los hombres ve\u00edan a Cristo hombre como ellos, la Iglesia cree en su propio misterio tal como los ap\u00f3stoles cre\u00edan en Cristo Dios (ver Jn. 20, 8.25.29: ver y creer).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el instante en que ella proclama delante del mundo que cree ser el Templo de los tres, desde entonces, la Iglesia espera con ardiente deseo su propia culminaci\u00f3n, su consumaci\u00f3n en la unidad. Ella reconoce que sus miembros terrestres no le han sido definitivamente incorporados. Son sus miembros provisorios, en espera de su fijaci\u00f3n definitiva en ella.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A fortiori, no causa sorpresa percibir que algunos bautizados, perteneci\u00e9ndoles ya de alguna manera[7], creen poder constituir comunidades eclesiales sin s\u00edmbolo de fe. Lo que no quiere decir sin fe. En otros t\u00e9rminos, esas Iglesias, desprovistas de s\u00edmbolo en su culto habitual[8], no expresan por medio de una confesi\u00f3n y profesi\u00f3n de fe aquello que, sin embargo,  une entre ellos a los miembros de cada una de ellas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, encuentran, frente a sus ojos, el milagro y el misterio de una Iglesia que, confesando su fe, progresa tambi\u00e9n en la expresi\u00f3n y el conocimiento de esa fe, de una Iglesia que se transmite ofreci\u00e9ndose en el sacrificio eucar\u00edstico,  se proclama, se dice, se ense\u00f1a y atrae hacia ella, a las comunidades de bautizados. \u201cCristo ejerce continuamente su acci\u00f3n en el mundo para conducir a los hombres hacia la Iglesia, un\u00edrsele mediante ella m\u00e1s estrechamente y hacerlos parte de su vida gloriosa en su dar y recibir para nutrir su propio Cuerpo y su Sangre\u201d, como lo subraya el Concilio Vaticano II (LG 50).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es en esta Iglesia una y universal, que atrae hacia la plenitud en perpetuo progreso a las comunidades eclesiales de bautizados con miras a formar, en la eternidad, con ellas a la Iglesia finalmente perfectamente universal, id\u00e9ntica al Reino: \u201ctodos los justos, desde Ad\u00e1n, desde Abel hasta el \u00faltimo elegido se encontrar\u00e1n reunidos delante del Padre en la Iglesia universal\u201d (LG2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia de hoy cree que su fe y su esperanza, como estructuras visibles, entre ellas sus Escrituras y el pontificado, desaparecer\u00e1n el \u00faltimo d\u00eda para dejar el lugar a su esplendor inamisible, cuando Cristo re\u00fana a todos los justos y su Reino, convertido en Reino del Padre, no est\u00e9 compuesto sino de justos (ver Mt 13, 41-43).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el d\u00eda del Juicio, el S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles y el Credo de Nicea desaparecer\u00e1n: Cristo visto y amado permanecer\u00e1 como recompensa indefectible de la fe perseverante.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>NOTAS<\/b>:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1]  Destaquemos, por ejemplo, las citas b\u00edblicas impl\u00edcitamente contenidas en el tercer art\u00edculo del Credo de Nicea-Constantinopla: El esp\u00edritu es Se\u00f1or (2 Co 3, 17) y vivificador (1 Co 15, 45: 2 Co 3, 6; Jn. 6, 63); procede del Padre (Jn. 15,26).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2]   Cirilo de Jerusal\u00e9n, Catequesis 5, 12; CIC 186.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3]  P. Beno\u00eet, Ex\u00e9g\u00e8se et th\u00e9ologie, Par\u00eds, 1961, t. II, 208-210.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[4] W. Pnnenberg, DC, 1993, 829-831.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[5]  Cirilo de Jerual\u00e9n, cat 3, 11 y 14; Pedro Cris\u00f3logo, Sermo 59; ML 52, 363 C: \u201cunctio quae per reges, prophetas et sacerdotes olim cucurrerat in figuram, in hunc regem regu\u00e9, sacerdotem sacerdotum, prophetarum propheta tota se plenitudine Spiritus divinitatis effudit ut regnun et sacerdotium quod per alios praemiserat temporaliter, in auctorem ipsum refunderet et dedderet sempiternum\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[6]  A. Orbe, La Unci\u00f3n del Verbo, Roma 1961, An. Grez. 113; R. Cantalamesa, Credo in Spiritum Sanctum, Roma, 1983, t. I, 119 s.; San Basilio, De Spiritu Sancto, 16 CIC 536-537: \u201cel Bautismo de Jes\u00fas, es la aceptaci\u00f3n de la inauguraci\u00f3n de su destino de Servidor Sufriente. Consiente por amor a ese bautismo de muerte por la remisi\u00f3n de nuestros pecados\u2026 Por el Bautismo, el cristiano est\u00e1 sacramentalmente asimilado a Jes\u00fas que anticipa en su Bautismo su muerte y su resurrecci\u00f3n; debe entrar en ese misterio de rebajamiento y de penitencia\u2026\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[7] Vaticano II, Unitatis redintegratio (sobre el ecumenismo) 3, fin: aliquo modo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[8]  CFC XX, 13: \u201clas Iglesias llamadas \u201csin s\u00edmbolo ni fe\u201d comparten la fe apost\u00f3lica expresada en ese s\u00edmbolo de [de Nicea],\u201d Sin s\u00edmbolo en su culto habitual, se puede esperar que al menos, en ocasiones particulares, los representantes de esas Iglesias, se junten a los que profesan el S\u00edmbolo de Nicea\u201d (CFC, Introducci\u00f3n, \u00a7 13)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bertrand de Margerie S.J.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido del franc\u00e9s por Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hemos estudiado algunos comentarios del S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles y del Credo de Nicea-Constantinopla, en su unidad, que sobrepasa sus diferencias. 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