{"id":24191,"date":"2016-02-05T16:27:29","date_gmt":"2016-02-05T21:27:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/solemnidad-de-cristo-rey\/"},"modified":"2016-02-05T16:27:29","modified_gmt":"2016-02-05T21:27:29","slug":"solemnidad-de-cristo-rey","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/solemnidad-de-cristo-rey\/","title":{"rendered":"SOLEMNIDAD DE CRISTO REY"},"content":{"rendered":"<p>\n  <b>Carta Enc\u00edclica QUAS PRIMAS del Sumo Pont\u00edfice P\u00cdO XI sobre la Fiesta de Cristo Rey<\/b>  <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p>  En la primera enc\u00edclica, que al comenzar nuestro Pontificado enviamos a todos los obispos del orbe cat\u00f3lico, analiz\u00e1bamos las causas supremas de las calamidades que ve\u00edamos abrumar y afligir al g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y en ella proclamamos Nos claramente no s\u00f3lo que este c\u00famulo de males hab\u00eda invadido la tierra, porque la mayor\u00eda de los hombres se hab\u00edan alejado de Jesucristo y de su ley sant\u00edsima, as\u00ed en su vida y costumbres como en la familia y en la gobernaci\u00f3n del Estado, sino tambi\u00e9n que nunca resplandecer\u00eda una esperanza cierta de paz verdadera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de nuestro Salvador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLa \u201cpaz de Cristo en el reino de Cristo\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Por lo cual, no s\u00f3lo exhortamos entonces a buscar la paz de Cristo en el reino de Cristo, sino que, adem\u00e1s, prometimos que para dicho fin har\u00edamos todo cuanto posible nos fuese. En el reino de Cristo, dijimos: pues est\u00e1bamos persuadidos de que no hay medio m\u00e1s eficaz para restablecer y vigorizar la paz que procurar la restauraci\u00f3n del reinado de Jesucristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Entre tanto, no dej\u00f3 de infundirnos s\u00f3lida, esperanza de tiempos mejores la favorable actitud de los pueblos hacia Cristo y su Iglesia, \u00fanica que puede salvarlos; actitud nueva en unos, reavivada en otros, de donde pod\u00eda colegirse que muchos que hasta entonces hab\u00edan estado como desterrados del reino del Redentor, por haber despreciado su soberan\u00eda, se preparaban felizmente y hasta se daban prisa en volver a sus deberes de obediencia.\n<\/p>\n<p>  Y todo cuanto ha acontecido en el transcurso del A\u00f1o Santo, digno todo de perpetua memoria y recordaci\u00f3n, \u00bfacaso no ha redundado en indecible honra y gloria del Fundador de la Iglesia, Se\u00f1or y Rey Supremo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cA\u00f1o Santo\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. Porque maravilla es cu\u00e1nto ha conmovido a las almas la Exposici\u00f3n Misional, que ofreci\u00f3 a todos el conocer bien ora el infatigable esfuerzo de la Iglesia en dilatar cada vez m\u00e1s el reino de su Esposo por todos los continentes e islas -aun, de \u00e9stas, las de mares los m\u00e1s remotos-, ora el crecido n\u00famero de regiones conquistadas para la fe cat\u00f3lica por la sangre y los sudores de esforzad\u00edsimos e invictos misioneros, ora tambi\u00e9n las vastas regiones que todav\u00eda quedan por someter a la suave y salvadora soberan\u00eda de nuestro Rey.\n<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, cuantos -en tan grandes multitudes- durante el A\u00f1o Santo han venido de todas partes a Roma guiados por sus obispos y sacerdotes, \u00bfqu\u00e9 otro prop\u00f3sito han tra\u00eddo sino postrarse, con sus almas purificadas, ante el sepulcro de los ap\u00f3stoles y visitarnos a Nos para proclamar que viven y vivir\u00e1n sujetos a la soberan\u00eda de Jesucristo?<br \/>\n4. Como una nueva luz ha parecido tambi\u00e9n resplandecer este reinado de nuestro Salvador cuando Nos mismo, despu\u00e9s de comprobar los extraordinarios m\u00e9ritos y virtudes de seis v\u00edrgenes y confesores, los hemos elevado al honor de los altares, \u00a1Oh, cu\u00e1nto gozo y cu\u00e1nto consuelo embarg\u00f3 nuestra alma cuando, despu\u00e9s de promulgados por Nos los decretos de canonizaci\u00f3n, una inmensa muchedumbre de fieles, henchida de gratitud, cant\u00f3 el Tu, Rex gloriae Christe en el majestuoso templo de San Pedro!<br \/>\n  Y as\u00ed, mientras los hombres y las naciones, alejados de Dios, corren a la ruina y a la muerte por entre incendios de odios y luchas fratricidas, la Iglesia de Dios, sin dejar nunca de ofrecer a los hombres el sustento espiritual, engendra y forma nuevas generaciones de santos y de santas para Cristo, el cual no cesa de levantar hasta la eterna bienaventuranza del reino celestial a cuantos le obedecieron y sirvieron fidel\u00edsimamente en el reino de la tierra.  <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. Asimismo, al cumplirse en el A\u00f1o Jubilar el XVI Centenario del concilio de Nicea, con tanto mayor gusto mandamos celebrar esta fiesta, y la celebramos Nos mismo en la Bas\u00edlica Vaticana, cuanto que aquel sagrado concilio defini\u00f3 y proclam\u00f3 como dogma de fe cat\u00f3lica la consustancialidad del Hijo Unig\u00e9nito con el Padre, adem\u00e1s de que, al incluir las palabras cuyo reino no tendr\u00e1 fin en su S\u00edmbolo o f\u00f3rmula de fe, promulgaba la real dignidad de Jesucristo.\n<\/p>\n<p>Habiendo, pues, concurrido en este A\u00f1o Santo tan oportunas circunstancias para realzar el reinado de Jesucristo, nos parece que cumpliremos un acto muy conforme a nuestro deber apost\u00f3lico si, atendiendo a las s\u00faplicas elevadas a Nos, individualmente y en com\u00fan, por muchos cardenales, obispos y fieles cat\u00f3licos, ponemos digno fin a este A\u00f1o Jubilar introduciendo en la sagrada liturgia una festividad especialmente dedicada a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo Rey. Y ello de tal modo nos complace, que deseamos, venerables hermanos, deciros algo acerca del asunto. A vosotros toca acomodar despu\u00e9s a la inteligencia del pueblo cuanto os vamos a decir sobre el culto de Cristo Rey; de esta suerte, la solemnidad nuevamente instituida producir\u00e1 en adelante, y ya desde el primer momento, los m\u00e1s variados frutos  <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">I. LA REALEZA DE CRISTO\n<\/p>\n<p>6. Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metaf\u00f3rico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. As\u00ed, se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y alt\u00edsimo grado de su ciencia cuanto porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad. Se dice tambi\u00e9n que reina en las voluntades de los hombres, no s\u00f3lo porque en El la voluntad humana est\u00e1 entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino tambi\u00e9n porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobil\u00edsimos prop\u00f3sitos. Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad(1) y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jam\u00e1s nadie -entre todos los nacidos- ha sido ni ser\u00e1 nunca tan amado como Cristo Jes\u00fas. Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que tambi\u00e9n en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el t\u00edtulo y la potestad de Rey; pues s\u00f3lo en cuanto hombre se dice de El que recibi\u00f3 del Padre la potestad, el honor y el reino(2); porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es id\u00e9ntica a la del Padre, no puede menos de tener com\u00fan con \u00e9l lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer tambi\u00e9n como el Padre el mismo imperio supremo y absolut\u00edsimo sobre todas las criaturas.  <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">a) En el Antiguo Testamento\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7. Que Cristo es Rey, lo dicen a cada paso las Sagradas Escrituras.\n<\/p>\n<p>  As\u00ed, le llaman el dominador que ha de nacer de la estirpe de Jacob (3); el que por el Padre ha sido constituido Rey sobre el monte santo de Si\u00f3n y recibir\u00e1 las gentes en herencia y en posesi\u00f3n los confines de la tierra (4). El salmo nupcial, donde bajo la imagen y representaci\u00f3n de un Rey muy opulento y muy poderoso se celebraba al que hab\u00eda de ser verdadero Rey de Israel, contiene estas frases: El trono tuyo, \u00a1oh Dios!, permanece por los siglos de los siglos; el cetro de su reino es cetro de rectitud (5). Y omitiendo otros muchos textos semejantes, en otro lugar, como para dibujar mejor los caracteres de Cristo, se predice que su reino no tendr\u00e1 l\u00edmites y estar\u00e1 enriquecido con los dones de la justicia y de la paz: Florecer\u00e1 en sus d\u00edas la justicia y la abundancia de paz\u2026 y dominar\u00e1 de un mar a otro, y desde el uno hasta el otro extrema del orbe de la tierra (6).<br \/>\n8. A este testimonio se a\u00f1aden otros, a\u00fan m\u00e1s copiosos, de los profetas, y principalmente el conocid\u00edsimo de Isa\u00edas: Nos ha nacido un P\u00e1rvulo y se nos ha dado un Hijo, el cual lleva sobre sus hombros el principado; y tendr\u00e1 por nombre el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo venidero, el Pr\u00edncipe de Paz. Su imperio ser\u00e1 amplificado y la paz no tendr\u00e1 fin; se sentar\u00e1 sobre el solio de David, y poseer\u00e1 su reino para afianzarlo y consolidarlo haciendo reinar la equidad y la justicia desde ahora y para siempre (7). Lo mismo que Isa\u00edas vaticinan los dem\u00e1s profetas. As\u00ed Jerem\u00edas, cuando predice que de la estirpe de David nacer\u00e1 el v\u00e1stago justo, que cual hijo de David reinar\u00e1 como Rey y ser\u00e1 sabio y juzgar\u00e1 en la tierra (8). As\u00ed Daniel, al anunciar que el Dios del cielo fundar\u00e1 un reino, el cual no ser\u00e1 jam\u00e1s destruido\u2026, permanecer\u00e1 eternamente (9); y poco despu\u00e9s a\u00f1ade: Yo estaba observando durante la visi\u00f3n nocturna, y he aqu\u00ed que ven\u00eda entre las nubes del cielo un personaje que parec\u00eda el Hijo del Hombre; quien se adelant\u00f3 hacia el Anciano de muchos d\u00edas y le presentaron ante El. Y diole \u00e9ste la potestad, el honor y el reino: Y todos los pueblos, tribus y lenguas le servir\u00e1n: la potestad suya es potestad eterna, que no le ser\u00e1 quitada, y su reino es indestructible (10). Aquellas palabras de Zacar\u00edas donde predice al Rey manso que, subiendo sobre una asna y su pollino, hab\u00eda de entrar en Jerusal\u00e9n, como Justo y como Salvador, entre las aclamaciones de las turbas (11), \u00bfacaso no las vieron realizadas y comprobadas los santos evangelistas?  <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">b) En el Nuevo Testamento\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9. Por otra parte, esta misma doctrina sobre Cristo Rey que hemos entresacado de los libros del Antiguo Testamento, tan lejos est\u00e1 de faltar en los del Nuevo que, por lo contrario, se halla magn\u00edfica y luminosamente confirmada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este punto, y pasando por alto el mensaje del arc\u00e1ngel, por el cual fue advertida la Virgen que dar\u00eda a luz un ni\u00f1o a quien Dios hab\u00eda de dar el trono de David su padre y que reinar\u00eda eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jam\u00e1s fin (12), es el mismo Cristo el que da testimonio de su realeza, pues ora en su \u00faltimo discurso al pueblo, al hablar del premio y de las penas reservadas perpetuamente a los justos y a los r\u00e9probos; ora al responder al gobernador romano que p\u00fablicamente le preguntaba si era Rey; ora, finalmente, despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, al encomendar a los ap\u00f3stoles el encargo de ense\u00f1ar y bautizar a todas las gentes, siempre y en toda ocasi\u00f3n oportuna se atribuy\u00f3 el t\u00edtulo de Rey (13) y p\u00fablicamente confirm\u00f3 que es Rey (14), y solemnemente declar\u00f3 que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra (15). Con las cuales palabras, \u00bfqu\u00e9 otra cosa se significa sino la grandeza de su poder y la extensi\u00f3n infinita de su reino? Por lo tanto, no es de maravillar que San Juan le llame Pr\u00edncipe de los reyes de la tierra (16), y que El mismo, conforme a la visi\u00f3n apocal\u00edptica, lleve escrito en su vestido y en su muslo: Rey de Reyes y Se\u00f1or de los que dominan (17). Puesto que el Padre constituy\u00f3 a Cristo heredero universal de todas las cosas (18), menester es que reine Cristo hasta que, al fin de los siglos, ponga bajo los pies del trono de Dios a todos sus enemigos (19).\n<\/p>\n<p>  c) En la Liturgia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10. De esta doctrina com\u00fan a los Sagrados Libros, se sigui\u00f3 necesariamente que la Iglesia, reino de Cristo sobre la tierra, destinada a extenderse a todos los hombres y a todas las naciones, celebrase y glorificase con multiplicadas muestras de veneraci\u00f3n, durante el ciclo anual de la liturgia, a su Autor y Fundador como a Soberano Se\u00f1or y Rey de los reyes.\n<\/p>\n<p>  Y as\u00ed como en la antigua salmodia y en los antiguos Sacramentarios us\u00f3 de estos t\u00edtulos honor\u00edficos que con maravillosa variedad de palabra expresan el mismo concepto, as\u00ed tambi\u00e9n los emplea actualmente en los diarios actos de oraci\u00f3n y culto a la Divina Majestad y en el Santo Sacrificio de la Misa. En esta perpetua alabanza a Cristo Rey desc\u00fabrese f\u00e1cilmente la armon\u00eda tan hermosa entre nuestro rito y el rito oriental, de modo que se ha manifestado tambi\u00e9n en este caso que la ley de la oraci\u00f3n constituye la ley de la creencia.  <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">d) Fundada en la uni\u00f3n hipost\u00e1tica\n<\/p>\n<p>11. Para mostrar ahora en qu\u00e9 consiste el fundamento de esta dignidad y de este poder de Jesucristo, he aqu\u00ed lo que escribe muy bien San Cirilo de Alejandr\u00eda: Posee Cristo soberan\u00eda sobre todas las criaturas, no arrancada por fuerza ni quitada a nadie, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza (20). Es decir, que la soberan\u00eda o principado de Cristo se funda en la maravillosa uni\u00f3n llamada hipost\u00e1tica. De donde se sigue que Cristo no s\u00f3lo debe ser adorado en cuanto Dios por los \u00e1ngeles y por los hombres, sino que, adem\u00e1s, los unos y los otros est\u00e1n sujetos a su imperio y le deben obedecer tambi\u00e9n en cuanto hombre; de manera que por el solo hecho de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica, Cristo tiene potestad sobre todas las criaturas.  <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">e) Y en la redenci\u00f3n\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12. Pero, adem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 cosa habr\u00e1 para nosotros m\u00e1s dulce y suave que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no s\u00f3lo por derecho de naturaleza, sino tambi\u00e9n por derecho de conquista, adquirido a costa de la redenci\u00f3n? Ojal\u00e1 que todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cu\u00e1nto le hemos costado a nuestro Salvador. Fuisteis rescatados no con oro o plata, que son cosas perecederas, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero Inmaculado y sin tacha (21). No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo nos ha comprado por precio grande (22); hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo (23).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">II. CAR\u00c1CTER DE LA REALEZA DE CRISTO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A) Triple potestad\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13. Viniendo ahora a explicar la fuerza y naturaleza de este principado y soberan\u00eda de Jesucristo, indicaremos brevemente que contiene una triple potestad, sin la cual apenas se concibe un verdadero y propio principado. Los testimonios, aducidos de las Sagradas Escrituras, acerca del imperio universal de nuestro Redentor, prueban m\u00e1s que suficientemente cuanto hemos dicho; y es dogma, adem\u00e1s, de fe cat\u00f3lica, que Jesucristo fue dado a los hombres como Redentor, en quien deben confiar, y como legislador a quien deben obedecer (24). Los santos Evangelios no s\u00f3lo narran que Cristo legisl\u00f3, sino que nos lo presentan legislando. En diferentes circunstancias y con diversas expresiones dice el Divino Maestro que quienes guarden sus preceptos demostrar\u00e1n que le aman y permanecer\u00e1n en su caridad (25). El mismo Jes\u00fas, al responder a los jud\u00edos, que le acusaban de haber violado el s\u00e1bado con la maravillosa curaci\u00f3n del paral\u00edtico, afirma que el Padre le hab\u00eda dado la potestad judicial, porque el Padre no juzga a nadie, sino que todo el poder de juzgar se lo dio al Hijo (26). En lo cual se comprende tambi\u00e9n su derecho de premiar y castigar a los hombres, aun durante su vida mortal, porque esto no puede separarse de una forma de juicio. Adem\u00e1s, debe atribuirse a Jesucristo la potestad llamada ejecutiva, puesto que es necesario que todos obedezcan a su mandato, potestad que a los rebeldes inflige castigos, a los que nadie puede sustraerse.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">B) Campo de la realeza de Cristo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">a) En Lo espiritual\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14. Sin embargo, los textos que hemos citado de la Escritura demuestran evident\u00edsimamente, y el mismo Jesucristo lo confirma con su modo de obrar, que este reino es principalrnente espiritual y se refiere a las cosas espirituales. En efeeto, en varias ocasiones, cuando los jud\u00edos, y aun los mismos ap\u00f3stoles, imaginaron err\u00f3neamente que el Mes\u00edas devolver\u00eda la libertad al pueblo y restablecer\u00eda el reino de Israel, Cristo les quit\u00f3 y arranc\u00f3 esta vana imaginaci\u00f3n y esperanza. Asimisrno, cuando iba a ser proclamado Rey por la muchedumbre, que, llena de admiraci\u00f3n, le rodeaba, El rehus\u00f3 tal t\u00edtuto de honor huyendo y escondi\u00e9ndose en la soledad. Finalmente, en presencia del gobernador romano manifest\u00f3 que su reino no era de este mundo. Este reino se nos muestra en los evangelios con tales caracteres, que los hombres, para entrar en \u00e9l, deben prepararse haciendo penitencia y no pueden entrar sino por la fe y el bautismo, el cual, aunque sea un rito externo, significa y produce la regeneraci\u00f3n interior. Este reino \u00fanicamente se opone al reino de Satan\u00e1s y a la potestad de las tinieblas; y exige de sus s\u00fabditos no s\u00f3lo que, despegadas sus almas de las cosas y riquezas terrenas, guarden ordenadas costumbres y tengan hambre y sed de justicia, sino tambi\u00e9n que se nieguen a s\u00ed mismos y tomen su cruz. Habiendo Cristo, como Redentor, rescatado a la Iglesia con su Sangre y ofreci\u00e9ndose a s\u00ed mismo, como Sacerdote y como V\u00edctima, por los pecados del mundo, ofrecimiento que se renueva cada d\u00eda perpetuamente, \u00bfqui\u00e9n no ve que la dignidad real del Salvador se reviste y participa de la naturaleza espiritual de ambos oficios?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">b) En lo temporal\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15. Por otra parte, errar\u00eda gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confir\u00ed\u00f3 un derecho absolut\u00edsimo sobre las cosas creadas, de tal suerte que todas est\u00e1n sometidas a su arbitrio. Sin embargo de ello, mientras vivi\u00f3 sobre la tierra se abstuvo enteramente de ejercitar este poder, y as\u00ed como entonces despreci\u00f3 la posesi\u00f3n y el cuidado de las cosas humanas, as\u00ed tambi\u00e9n permiti\u00f3, y sigue permitiendo, que los poseedores de ellas las utilicen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acerca de lo cual dice bien aquella frase: No quita los reinos mortales el que da los celestiales (27). Por tanto, a todos los hombres se extiende el dominio de nuestro Redentor, como lo afirman estas palabras de nuestro predecesor, de feliz memoria, Le\u00f3n XIII, las cuales hacemos con gusto nuestras: El imperio de Cristo se extiende no s\u00f3lo sobre los pueblos cat\u00f3licos y sobre aquellos que habiendo recibido el bautismo pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende tambi\u00e9n a cuantos no participan de la fe cristiana, de suerte que bajo la potestad de Jes\u00fas se halla todo el g\u00e9nero humano (28).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">c) En los individuos y en la sociedad\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16. El es, en efecto, la fuente del bien p\u00fablico y privado. Fuera de El no hay que buscar la salvaci\u00f3n en ning\u00fan otro; pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos (29).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El es s\u00f3lo quien da la prosperidad y la felicidad verdadera, as\u00ed a los individuos como a las naciones: porque la felicidad de la naci\u00f3n no procede de distinta fuente que la felicidad de los ciudadanos, pues la naci\u00f3n no es otra cosa que el conjunto concorde de ciudadanos (30). No se nieguen, pues, los gobernantes de las naciones a dar por s\u00ed mismos y por el pueblo p\u00fablicas muestras de veneraci\u00f3n y de obediencia al imperio de Cristo si quieren conservar inc\u00f3lume su autoridad y hacer la felicidad y la fortuna de su patria. Lo que al comenzar nuestro pontificado escrib\u00edamos sobre el gran menoscabo que padecen la autoridad y el poder leg\u00edtimos, no es menos oportuno y necesario en los presentes tiempos, a saber: \u201cDesterrados Dios y Jesucristo -lament\u00e1bamos- de las leyes y de la gobernaci\u00f3n de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, ha sucedido que\u2026 hasta los mismos fundamentos de autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal de que unos tengan el derecho de mandar y otros la obligaci\u00f3n de obedecer. De lo cual no ha podido menos de seguirse una violenta conmoci\u00f3n de toda la humana sociedad privada de todo apoyo y fundamento s\u00f3lido\u201d (31).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">17. En cambio, si los hombres, p\u00fablica y privadamente, reconocen la regia potestad de Cristo, necesariamente vendr\u00e1n a toda la sociedad civil incre\u00edbles beneficios, como justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia. La regia dignidad de Nuestro Se\u00f1or, as\u00ed como hace sacra en cierto modo la autoridad humana de los jefes y gobernantes del Estado, as\u00ed tambi\u00e9n ennoblece los deberes y la obediencia de los s\u00fabditos. Por eso el ap\u00f3stol San Pablo, aunque orden\u00f3 a las casadas y a los siervos que reverenciasen a Cristo en la persona de sus maridos y se\u00f1ores, mas tambi\u00e9n les advirti\u00f3 que no obedeciesen a \u00e9stos como a simples hombres, sino s\u00f3lo como a representantes de Cristo, porque es indigno de hombres redimidos por Cristo servir a otros hombres: Rescatados hab\u00e9is sido a gran costa; no quer\u00e1is haceros siervos de los hombres (32).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">18. Y si los pr\u00ednc\u00edpes y los gobernantes leg\u00edtimamente elegidos se persuaden de que ellos mandan, m\u00e1s que por derecho propio por mandato y en representaci\u00f3n del Rey divino, a nadie se le ocultar\u00e1 cu\u00e1n santa y sabiamente habr\u00e1n de usar de su autoridad y cu\u00e1n gran cuenta deber\u00e1n tener, al dar las leyes y exigir su cumplimiento, con el bien com\u00fan y con la dignidad humana de sus inferiores. De aqu\u00ed se seguir\u00e1, sin duda, el florecimiento estable de la tranquilidad y del orden, suprimida toda causa de sedici\u00f3n; pues aunque el ciudadano vea en el gobernante o en las dem\u00e1s autoridades p\u00fablicas a hombres de naturaleza igual a la suya y aun indignos y vituperables por cualquier cosa, no por eso rehusar\u00e1 obedecerles cuando en ellos contemple la imagen y la autoridad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19. En lo que se refiere a la concordia y a la paz, es evidente que, cuanto m\u00e1s vasto es el reino y con mayor amplitud abraza al g\u00e9nero humano, tanto m\u00e1s se arraiga en la conciencia de los hombres el v\u00ednculo de fraternidad que los une. Esta convicci\u00f3n, as\u00ed como aleja y disipa los conflictos frecuentes, as\u00ed tambi\u00e9n endulza y disminuye sus amarguras. Y si el reino de Cristo abrazase de hecho a todos los hombres, como los abraza de derecho, \u00bfpor qu\u00e9 no habr\u00edamos de esperar aquella paz que el Rey pac\u00edfico trajo a la tierra, aquel Rey que vino para reconciliar todas las cosas; que no vino a que le sirviesen, sino a servir; que siendo el Se\u00f1or de todos, se hizo a s\u00ed mismo ejemplo de humildad y estableci\u00f3 como ley principal esta virtud, unida con el mandato de la caridad; que, finalmente dijo: Mi yugo es suave y mi carga es ligera.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Oh, qu\u00e9 felicidad podr\u00edamos gozar si los individuos, las familias y las sociedades se dejaran gobernar por Cristo! Entonces verdaderamente -diremos con las mismas palabras de nuestro predecesor Le\u00f3n XIII dirigi\u00f3 hace veinticinco a\u00f1os a todos los obispos del orbe cat\u00f3lico-, entonces se podr\u00e1n curar tantas heridas, todo derecho recobrar\u00e1 su vigor antiguo, volver\u00e1n los bienes de la paz, caer\u00e1n de las manos las espadas y las armas, cuando todos acepten de buena voluntad el imperio de Cristo, cuando le obedezcan, cuando toda lengua proclame que Nuestro Se\u00f1or Jesucristo est\u00e1 en la gloria de Dios Padre (33).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. LA FIESTA DE JESUCRISTO REY\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20. Ahora bien: para que estos inapreciables provechos se recojan m\u00e1s abundantes y vivan estables en la sociedad cristiana, necesario es que se propague lo m\u00e1s posible el conocimiento de la regia dignidad de nuestro Salvador, para lo cual nada ser\u00e1 m\u00e1s dtcaz que instituir la festividad propia y peculiar de Cristo Rey.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las fiestas de la Iglesia\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque para instruir al pueblo en las cosas de la fe y atraerle por medio de ellas a los \u00edntimos goces del esp\u00edritu, mucho m\u00e1s eficacia tienen las fiestas anuales de los sagrados misterios que cualesquiera ense\u00f1anzas, por autorizadas que sean, del eclesi\u00e1stico magisterio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas s\u00f3lo son conocidas, las m\u00e1s veces, por unos pocos fieles, m\u00e1s instruidos que los dem\u00e1s; aqu\u00e9llas impresionan e instruyen a todos los fieles; \u00e9stas -dig\u00e1moslo as\u00ed- hablan una sola vez, aqu\u00e9llas cada a\u00f1o y perpetuamente; \u00e9stas penetran en las inteligencias, a los corazones, al hombre entero. Adem\u00e1s, como el hombre consta de alma y cuerpo, de tal manera le habr\u00e1n de conmover necesariamente las solemnidades externas de los d\u00edas festivos, que por la variedad y hermosura de los actos lit\u00fargicos aprender\u00e1 mejor las divinas doctrinas, y convirti\u00e9ndolas en su propio jugo y sangre, aprovechar\u00e1 mucho m\u00e1s en la vida espiritual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el momento oportuno\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21. Por otra parte, los documentos hist\u00f3ricos demuestran que estas festividades fueron instituidas una tras otra en el transcurso de los siglos, conforme lo iban pidiendo la necesidad y utilidad del pueblo cristiano, esto es, cuando hac\u00eda falta robustecerlo contra un peligro com\u00fan, o defenderlo contra los insidiosos errores de la herej\u00eda, o animarlo y encenderlo con mayor frecuencia para que conociese y venerase con mayor devoci\u00f3n alg\u00fan misterio de la fe, o alg\u00fan beneficio de la divina bondad. As\u00ed, desde los primeros siglos del cristianismo, cuando los fieles eran acerb\u00edsimamente perseguidos, empez\u00f3 la liturgia a conmemorar a los m\u00e1rtires para que, como dice San Agust\u00edn, las festividades de los m\u00e1rtires fuesen otras tantas exhortaciones al martirio (34). M\u00e1s tarde, los honores lit\u00fargicos concedidos a los santos confesores, v\u00edrgenes y viudas sirvieron maravillosamente para reavivar en los fieles el amor a las virtudes, tan necesario aun en tiempos pac\u00edficos. Sobre todo, las festividades instituidas en honor a la Sant\u00edsima Virgen contribuyeron, sin duda, a que el pueblco cristiano no s\u00f3lo enfervorizase su culto a la Madre de Dios, su poderos\u00edsima protectora, sino tambi\u00e9n a que se encendiese en m\u00e1s fuerte amor hacia la Madre celestial que el Redentor le hab\u00eda legado como herencia. Adem\u00e1s, entre los beneficios que produce el p\u00fablico y leg\u00edtimo culto de la Virgen y de los Santos, no debe ser pasado en silencio el que la Iglesia haya podido en todo tiempo rechazar victoriosamente la peste de los errores y herej\u00edas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22. En este punto debemos admirar los designios de la divina Providencia, la cual, as\u00ed como suele sacar bien del mal, as\u00ed tambi\u00e9n permiti\u00f3 que se enfriase a veces la fe y piedad de los fieles, o que amenazasen a la verdad cat\u00f3lica falsas doctrinas, aunque al cabo volvi\u00f3 ella a resplandecer con nuevo fulgor, y volvieron los fieles, despertados de su letargo, a enfervorizarse en la virtud y en la santidad. Asimismo, las festividades incluidas en el a\u00f1o lit\u00fargico durante los tiempos modernos han tenido tambi\u00e9n el mismo origen y han producido id\u00e9nticos frutos. As\u00ed, cuando se entibi\u00f3 la reverencia y culto al Sant\u00edsimo Sacramento, entonces se instituy\u00f3 la fiesta del Corpus Christi, y se mand\u00f3 celebrarla de tal modo que la solemnidad y magnificencia lit\u00fargicas durasen por toda la octava, para atraer a los fieles a que veneraran p\u00fablicamente al Se\u00f1or. As\u00ed tambi\u00e9n, la festividad del Sacrat\u00edsimo Coraz\u00f3n de Jes\u00fas fue instituida cuando las almas, debilitadas y abatidas por la triste y helada severidad de los jansenistas, hab\u00edanse enfriado y alejado del amor de Dios y de la confianza de su eterna salvaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contra el moderno laicismo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23. Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los cat\u00f3licos del mundo, con ello proveeremos tambi\u00e9n a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficac\u00edsimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad. Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sab\u00e9is, venerables hermanos, que tal impiedad no madur\u00f3 en un solo d\u00eda, sino que se incubaba desde mucho antes en las entra\u00f1as de la sociedad. Se comenz\u00f3 por negar el imper\u00edo de Cristo sobre todas las gentes; se neg\u00f3 a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de ense\u00f1ar al g\u00e9nero humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Despu\u00e9s, poco a poco, la religi\u00f3n cristiana fue igualada con las dem\u00e1s religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de \u00e9stas. Se la someti\u00f3 luego al poder civil y a la arbitraria permisi\u00f3n de los gobernantes y magistrados. Y se avanz\u00f3 m\u00e1s: hubo algunos de \u00e9stos que imaginaron sustituir la religi\u00f3n de Cristo con cierta religi\u00f3n natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religi\u00f3n en la impiedad y en el desprecio de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24. Los amargu\u00edsimos frutos que este alejarse de Cristo por parte de los individuos y de las naciones ha producido con tanta frecuencia y durante tanto tiempo, los hemos lamentado ya en nuestra enc\u00edclica Ubi arcano, y los volvemos hoy a lamentar, al ver el germen de la discordia sembrado por todas partes; encendidos entre los pueblos los odios y rivalidades que tanto retardan, todav\u00eda, el restablecimiento de la paz; las codicias desenfrenadas, que con frecuencia se esconden bajo las apariencias del bien p\u00fablico y del amor patrio; y, brotando de todo esto, las discordias civiles, junto con un ciego y desatado ego\u00edsmo, s\u00f3lo atento a sus particulares provechos y comodidades y midi\u00e9ndolo todo por ellas; destruida de ra\u00edz la paz dom\u00e9stica por el olvido y la relajaci\u00f3n de los deberes familiares; rota la uni\u00f3n y la estabilidad de las familias; y, en fin, sacudida y empujada a la muerte la humana sociedad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fiesta de Cristo Rey\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">25. Nos anima, sin embargo, la dulce esperanza de que la fiesta anual de Cristo Rey, que se celebrar\u00e1 en seguida, impulse felizmente a la sociedad a volverse a nuestro amad\u00edsimo Salvador. Preparar y acelerar esta vuelta con la acci\u00f3n y con la obra ser\u00eda ciertamente deber de los cat\u00f3licos; pero muchos de ellos parece que no tienen en la llamada convivencia social ni el puesto ni la autoridad que es indigno les falten a los que llevan delante de s\u00ed la antorcha de la verdad. Estas desventajas quiz\u00e1 procedan de la apat\u00eda y timidez de los buenos, que se abstienen de luchar o resisten d\u00e9bilmente; con lo cual es fuerza que los adversarios de la Iglesia cobren mayor temeridad y audacia. Pero si los fieles todos comprenden que deben militar con infatigable esfuerzo bajo la bandera de Cristo Rey, entonces, inflam\u00e1ndose en el fuego del apostolado, se dedicar\u00e1n a llevar a Dios de nuevo los rebeldes e ignorantes, y trabajar\u00e1n animosos por mantener inc\u00f3lumes los derechos del Se\u00f1or.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, para condenar y reparar de alguna manera esta p\u00fablica apostas\u00eda, producida, con tanto da\u00f1o de la sociedad, por el laicismo, \u00bfno parece que debe ayudar grandemente la celebraci\u00f3n anual de la fiesta de Cristo Rey entre todas las gentes? En verdad: cuanto m\u00e1s se oprime con indigno silencio el nombre suav\u00edsimo de nuestro Redentor, en las reuniones internacionales y en los Parlamentos, tanto m\u00e1s alto hay que gritarlo y con mayor publicidad hay que afirmar los derechos de su real dignidad y potestad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contin\u00faa una tradici\u00f3n\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26. \u00bfY qui\u00e9n no echa de ver que ya desde fines del siglo pasado se preparaba maravillosamente el camino a la instituci\u00f3n de esta festividad? Nadie ignora cu\u00e1n sabia y elocuentemente fue defendido este culto en numerosos libros publicados en gran variedad de lenguas y por todas partes del mundo; y asimismo que el imperio y soberan\u00eda de Cristo fue reconocido con la piadosa pr\u00e1ctica de dedicar y consagrar casi innumerables familias al Sacrat\u00edsimo Coraz\u00f3n de Jes\u00fas. Y no solamente se consagraron las familias, sino tambi\u00e9n ciudades y naciones. M\u00e1s a\u00fan: por iniciativa y deseo de Le\u00f3n XIII fue consagrado al Divino Coraz\u00f3n todo el g\u00e9nero humano durante el A\u00f1o Santo de 1900.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27. No se debe pasar en silencio que, para confirmar solemnemente esta soberan\u00eda de Cristo sobre la sociedad humana, sirvieron de maravillosa manera los frecuent\u00edsimos Congresos eucar\u00edsticos que suelen celebrarse en nuestros tiempos, y cuyo fin es convocar a los fieles de cada una de las di\u00f3cesis, regiones, naciones y aun del mundo todo, para venerar y adorar a Cristo Rey, escondido bajo los velos eucar\u00edsticos; y por medio de discursos en las asambleas y en los templos, de la adoraci\u00f3n, en com\u00fan, del augusto Sacramento p\u00fablicamente expuesto y de solemn\u00edsimas procesiones, proclamar a Cristo como Rey que nos ha sido dado por el cielo. Bien y con raz\u00f3n podr\u00eda decirse que el pueblo cristiano, movido como por una inspiraci\u00f3n divina, sacando del silencio y como escondrijo de los templos a aquel mismo Jes\u00fas a quien los imp\u00edos, cuando vino al mundo, no quisieron recibir, y llev\u00e1ndole como a un triunfador por las v\u00edas p\u00fablicas, quiere restablecerlo en todos sus reales derechos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Coronada en el A\u00f1o Santo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28. Ahora bien: para realizar nuestra idea que acabamos de exponer, el A\u00f1o Santo, que toca a su fin, nos ofrece tal oportunidad que no habr\u00e1 otra mejor; puesto que Dios, habiendo benign\u00edsimamente levantado la mente y el coraz\u00f3n de los fieles a la consideraci\u00f3n de los bienes celestiales que sobrepasan el sentido, les ha devuelto el don de su gracia, o los ha confirmado en el camino recto, d\u00e1ndoles nuevos est\u00edmulos para emular mejores carismas. Ora, pues, atendamos a tantas s\u00faplicas como los han sido hechas, ora consideremos los acontecimientos del A\u00f1o Santo, en verdad que sobran motivos para convencernos de que por fin ha llegado el d\u00eda, tan vehementemente deseado, en que anunciemos que se debe honrar con fiesta propia y especial a Cristo como Rey de todo el g\u00e9nero humano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">29. Porque en este a\u00f1o, como dijimos al principio, el Rey divino, verdaderamente admirable en sus santos, ha sido gloriosamente magnificado con la elevaci\u00f3n de un nuevo grupo de sus fieles soldados al honor de los altares. Asimismo, en este a\u00f1o, por medio de una inusitada Exposici\u00f3n Misional, han podido todos admirar los triunfos que han ganado para Cristo sus obreros evang\u00e9licos al extender su reino. Finalmente, en este a\u00f1o, con la celebraci\u00f3n del centenario del concilio de Nicea, hemos conmemorado la vindicaci\u00f3n del dogma de la consustancialidad del Verbo encarnado con el Padre, sobre la cual se apoya como en su propio fundamento la soberan\u00eda del mismo Cristo sobre todos los pueblos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Condici\u00f3n lit\u00fargica de la fiesta\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">30. Por tanto, con nuestra autoridad apost\u00f3lica, instituimos la fiesta de nuestro Se\u00f1or Jesucristo Rey, y decretamos que se celebre en todas las partes de la tierra el \u00faltimo domingo de octubre, esto es, el domingo que inmediatamente antecede a la festividad de Todos los Santos. Asimismo ordenamos que en ese d\u00eda se renueve todos los a\u00f1os la consagraci\u00f3n de todo el g\u00e9nero humano al Sacrat\u00edsimo Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, con la misma f\u00f3rmula que nuestro predecesor, de santa memoria, P\u00edo X, mand\u00f3 recitar anualmente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este a\u00f1o, sin embargo, queremos que se renueve el d\u00eda 31 de diciembre, en el que Nos mismo oficiaremos un solemne pontifical en honor de Cristo Rey, u ordenaremos que dicha consagraci\u00f3n se haga en nuestra presencia. Creemos que no podemos cerrar mejor ni m\u00e1s convenientemente el A\u00f1o Santo, ni dar a Cristo, Rey inmortal de los siglos, m\u00e1s amplio testimonio de nuestra gratitud -con lo cual interpretamos la de todos los cat\u00f3licos- por los beneficios que durante este A\u00f1o Santo hemos recibido Nos, la Iglesia y todo el orbe cat\u00f3lico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">31. No es menester, venerables hermanos, que os expliquemos detenidamente los motivos por los cuales hemos decretado que la festividad de Cristo Rey se celebre separadamente de aquellas otras en las cuales parece ya indicada e impl\u00edcitamente solemnizada esta misma dignidad real. Basta advertir que, aunque en todas las fiestas de nuestro Se\u00f1or el objeto material de ellas es Cristo, pero su objeto formal es enteramente distinto del t\u00edtulo y de la potestad real de Jesucristo. La raz\u00f3n por la cual hemos querido establecer esta festividad en d\u00eda de domingo es para que no tan s\u00f3lo el clero honre a Cristo Rey con la celebraci\u00f3n de la misa y el rezo del oficio divino, sino para que tambi\u00e9n el pueblo, libre de las preocupaciones y con esp\u00edritu de santa alegr\u00eda, rinda a Cristo preclaro testimonio de su obediencia y devoci\u00f3n. Nos pareci\u00f3 tambi\u00e9n el \u00faltimo domingo de octubre mucho m\u00e1s acomodado para esta festividad que todos los dem\u00e1s, porque en \u00e9l casi finaliza el a\u00f1o lit\u00fargico; pues as\u00ed suceder\u00e1 que los misterios de la vida de Cristo, conmemorados en el transcurso del a\u00f1o, terminen y reciban coronamiento en esta solemnidad de Cristo Rey, y antes de celebrar la gloria de Todos los Santos, se celebrar\u00e1 y se exaltar\u00e1 la gloria de aquel que triunfa en todos los santos y elegidos. Sea, pues, vuestro deber y vuestro oficio, venerables hermanos, hacer de modo que a la celebraci\u00f3n de esta fiesta anual preceda, en d\u00edas determinados, un curso de predicaci\u00f3n al pueblo en todas las parroquias, de manera que, instruidos cuidadosamente los fieles sobre la naturaleza, la significaci\u00f3n e importancia de esta festividad, emprendan y ordenen un g\u00e9nero de vida que sea verdaderamente digno de los que anhelan servir amorosa y fielmente a su Rey, Jesucristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con los mejores frutos\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">32. Antes de terminar esta carta, nos place, venerables hermanos, indicar brevemente las utilidades que en bien, ya de la Iglesia y de la sociedad civil, ya de cada uno de los fieles esperamos y Nos prometemos de este p\u00fablico homenaje de culto a Cristo Rey.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">a) Para la Iglesia\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto: tr\u00edbutando estos honores a la soberan\u00eda real de Jesucristo, recordar\u00e1n necesariamente los hombres que la Iglesia, como sociedad perfecta instituida por Cristo, exige -por derecho propio e imposible de renunc\u00edar- plena libertad e independencia del poder civil; y que en el cumplimiento del oficio encomendado a ella por Dios, de ense\u00f1ar, regir y conducir a la eterna felicidad a cuantos pertenecen al Reino de Cristo, no pueden depender del arbitrio de nadie.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s a\u00fan: el Estado debe tambi\u00e9n conceder la misma libertad a las \u00f3rdenes y congregaciones religiosas de ambos sexos, las cuales, siendo como son valios\u00edsimos auxiliares de los pastores de la Iglesia, cooperan grandemente al establecimiento y propagaci\u00f3n del reino de Cristo, ya combatiendo con la observaci\u00f3n de los tres votos la triple concupiscencia del mundo, ya profesando una vida m\u00e1s perfecta, merced a la cual aquella santidad que el divino Fundador de la Iglesia quiso dar a \u00e9sta como nota caracter\u00edstica de ella, resplandece y alumbra, cada d\u00eda con perpetuo y m\u00e1s vivo esplendor, delante de los ojos de todos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">b) Para la sociedad civil\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">33. La celebraci\u00f3n de esta fiesta, que se renovar\u00e1 cada a\u00f1o, ense\u00f1ar\u00e1 tambi\u00e9n a las naciones que el deber de adorar p\u00fablicamente y obedecer a Jesucristo no s\u00f3lo obliga a los particulares, sino tambi\u00e9n a los magistrados y gobernantes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A \u00e9stos les traer\u00e1 a la memoria el pensamiento del juicio final, cuando Cristo, no tanto por haber sido arrojado de la gobernaci\u00f3n del Estado cuanto tambi\u00e9n aun por s\u00f3lo haber sido ignorado o menospreciado, vengar\u00e1 terriblemente todas estas injurias; pues su regia dignidad exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los j\u00f3venes en la sana doctrina y en la rect\u00edtud de costumbres. Es, adem\u00e1s, maravillosa la fuerza y la virtud que de la meditaci\u00f3n de estas cosas podr\u00e1n sacar los fieles para modelar su esp\u00edritu seg\u00fan las verdaderas normas de la vida cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">c) Para los fieles\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">34. Porque si a Cristo nuestro Se\u00f1or le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; si los hombres, por haber sido redimidos con su sangre, est\u00e1n sujetos por un nuevo t\u00edtulo a su autoridad; si, en fin, esta potestad abraza a toda la naturaleza humana, claramente se ve que no hay en nosotros ninguna facultad que se sustraiga a tan alta soberan\u00eda. Es, pues, necesario que Cristo reine en la inteligencia del hombre, la cual, con perfecto acatamiento, ha de asentir firme y constantemente a las verdades reveladas y a la doctrina de Cristo; es necesario que reine en la voluntad, la cual ha de obedecer a las leyes y preceptos divinos; es necesario que reine en el coraz\u00f3n, el cual, posponiendo los efectos naturales, ha de amar a Dios sobre todas las cosas, y s\u00f3lo a El estar unido; es necesario que reine en el cuerpo y en sus miembros, que como instrumentos, o en frase del ap\u00f3stol San Pablo, como armas de justicia para Dios (35), deben servir para la interna santificaci\u00f3n del alma. Todo lo cual, si se propone a la meditaci\u00f3n y profunda consideraci\u00f3n de los fieles, no hay duda que \u00e9stos se inclinar\u00e1n m\u00e1s f\u00e1cilmente a la perfecci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">35. Haga el Se\u00f1or, venerables hermanos, que todos cuantos se hallan fuera de su reino deseen y reciban el suave yugo de Cristo; que todos cuantos por su misericordia somos ya sus s\u00fabditos e hijos llevemos este yugo no de mala gana, sino con gusto, con amor y santidad, y que nuestra vida, conformada siempre a las leyes del reino divino, sea rica en hermosos y abundantes frutos; para que, siendo considerados por Cristo como siervos buenos y fieles, lleguemos a ser con El participantes del reino celestial, de su eterna felicidad y gloria.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos deseos que Nos formulamos para la fiesta de la Navidad de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, sean para vosotros, venerables hermanos, prueba de nuestro paternal afecto; y recibid la bendici\u00f3n apost\u00f3lica, que en prenda de los divinos favores os damos de todo coraz\u00f3n, a vosotros, venerables hermanos, y a todo vuestro clero y pueblo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de diciembre de 1925, a\u00f1o cuarto de nuestro pontificado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Notas\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Ef 3,19.<br \/>\n2. Dan 7,13-14.<br \/>\n3. N\u00fam 24,19.<br \/>\n4. Sal 2.<br \/>\n5. Sal 44.<br \/>\n6. Sal 71.<br \/>\n7. Is 9,6-7.<br \/>\n8. Jer 23, 5.<br \/>\n9. Dan 2,44.<br \/>\n10. Dan 7 13-14.<br \/>\n11. Zac 9,9.<br \/>\n12. Lc 1,32-33.<br \/>\n13. Mt 25,31-40.<br \/>\n14. Jn 18,37.<br \/>\n15. Mt 28,18.<br \/>\n16. Ap 1,5.<br \/>\n17. Ib\u00edd., 19,16.<br \/>\n18. Heb 1,1.<br \/>\n19. 1 Cor 15,25.<br \/>\n20. In Luc. 10.<br \/>\n21. 1 Pt 1,18-19.<br \/>\n22. 1 Cor 6,20.<br \/>\n23. Ib\u00edd., 6,15.<br \/>\n24. Conc. Trid., ses.6 c.21.<br \/>\n25. Jn 14,15; 15,10.<br \/>\n26. Jn 5,22.<br \/>\n27. Himno Crudelis Herodes, en el of. de Epif.<br \/>\n28. Enc. Annum sacrum, 25 mayo 1899.<br \/>\n29. Hech 4,12.<br \/>\n30. S. Agust\u00edn, Ep. ad Macedonium c.3<br \/>\n31. Enc. Ubi arcano.<br \/>\n32. 1 Cor 7,23.<br \/>\n33. Enc. Annum sacrum, 25 mayo 1899.<br \/>\n34. Serm\u00f3n 47: De sanctis.<br \/>\n35. Rom 6,13.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta Enc\u00edclica QUAS PRIMAS del Sumo Pont\u00edfice P\u00cdO XI sobre la Fiesta de Cristo Rey En la primera enc\u00edclica, que al comenzar nuestro Pontificado enviamos a todos los obispos del orbe cat\u00f3lico, analiz\u00e1bamos las causas supremas de las calamidades que ve\u00edamos abrumar y afligir al g\u00e9nero humano. Y en ella proclamamos Nos claramente no s\u00f3lo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/solemnidad-de-cristo-rey\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSOLEMNIDAD DE CRISTO REY\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-24191","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24191","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24191"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24191\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24191"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=24191"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=24191"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}