{"id":24194,"date":"2016-02-05T16:27:35","date_gmt":"2016-02-05T21:27:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/critica-historica\/"},"modified":"2016-02-05T16:27:35","modified_gmt":"2016-02-05T21:27:35","slug":"critica-historica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/critica-historica\/","title":{"rendered":"CRITICA HISTORICA"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Definici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Documentos escritos\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-3\">2.1 Autenticidad e integridad<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">2.2 Significado<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">2.3 Autoridad<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">3 Testimonios no escritos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">4 Tradici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">5 El argumento negativo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">6 La conjetura en la historia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-10\">7 El argumento a priori<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Definici\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cr\u00edtica hist\u00f3rica es el arte de distinguir lo verdadero de lo falso respecto a los hechos del pasado. Su objeto son tanto los documentos que nos han llegado como los hechos mismos. Podemos distinguir tres clases de fuentes hist\u00f3ricas: documentos escritos,  pruebas no escritas y la tradici\u00f3n. Hay tres procesos, que son medios para llegar al conocimiento de los hechos: el argumento negativo, la conjetura y el argumento a priori. Se puede decir enseguida que el estudio de las fuentes y el uso de procesos indirectos no son muy \u00fatiles a la verdadera cr\u00edtica si uno no se gu\u00eda principalmente por el amor ardiente a la verdad de manera que le impida alejarse del objetivo buscado por medio de prejuicios religiosos nacionales o dom\u00e9sticos, que puedan oscurecer su juicio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El papel del cr\u00edtico difiere mucho del abogado. Sin embargo, debe considerar que tiene que cumplir con las obligaciones de un magistrado que examina y como un jurista experto, para el que la probidad elemental, por no decir nada de su juramento, crea una obligaci\u00f3n de conciencia para decidir solamente hasta mayor conocimiento posible de los detalles del tema presentado a su consideraci\u00f3n y en mantener las conclusiones que ha deducido de esos detalles, protegi\u00e9ndose a si mismos contra todo sentimiento personal, afecto u odio respecto a de los litigantes. Pero inexorablemente la imparcialidad no es suficiente; el cr\u00edtico deber\u00eda tambi\u00e9n poseer un fondo de esa l\u00f3gica natural conocida como sentido com\u00fan, que nos capacita para estimar correctamente, ni m\u00e1s ni menos, el valor de una conclusi\u00f3n en estricta correspondencia con las premisas dadas. Si ,m\u00e1s a\u00fan, el investigador es agudo y astuto, de manera que discierna en un vistazo los elementos de prueba ofrecidos por las varias fuentes de informaci\u00f3n que tiene ante \u00e9l, elementos que con frecuencia parecen no tener sentido para el observador no entrenado, entonces debemos pensar que est\u00e1 capacitado para la tarea del cr\u00edtico. Debe entonces proceder a familiarizarse con el m\u00e9todo hist\u00f3rico, i.e., las reglas del arte de la cr\u00edtica hist\u00f3rica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el resto de este art\u00edculo presentaremos un breve resumen de estas reglas a prop\u00f3sito de las varias clases de documentos y procesos que el historiador emplea para determinar el relativo grado de certeza que asigna a los hechos que ocupan su atenci\u00f3n.\n<\/p>\n<h2>Documentos escritos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay dos clases de documentos escritos. Algunos son redactados por la autoridad civil o religiosa, y reconocen como documentos p\u00fablicos; otros, que emanan de individuos privados y que no poseen garant\u00eda oficial, se conocen como documentos privados. P\u00fablicos o privados, sin embargo, todos esos documentos plantean para comenzar las siguientes cuestiones: (1) autenticidad e integridad; (2) significado (3) autoridad.\n<\/p>\n<h3>Autenticidad e integridad<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfEl documento que tenemos delante como fuente de informaci\u00f3n  pertenece realmente al tiempo y autor que se le atribuye, y lo poseemos en la forma en que sali\u00f3 las manos del autor?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hay dificultad en el caso de que sea un documento impreso en vida del autor y que se distribuy\u00f3 mucho inmediatamente. Pero por el contrario, como ocurre con frecuencia, el documento es tanto antiguo  y manuscrito. Las llamadas ciencias auxiliares de la historia, i.e., paleograf\u00eda, diplom\u00e1tica, epigraf\u00eda, numism\u00e1tica, sigilograf\u00eda, proporcionan reglas que en general bastan para determinar aproximadamente la edad  de un manuscrito. En este estadio preliminar del la investigaci\u00f3n ayuda mucho la naturaleza del material en el que est\u00e1 escrito el manuscrito, es decir, papiro, piel, algod\u00f3n o papel de trapos; tambi\u00e9n el sistema de abreviaciones empleado, el car\u00e1cter de la escritura a mano, la ornamentaci\u00f3n y otros detalles que var\u00edan seg\u00fan los pa\u00edses y las \u00e9pocas. Es raro que un ejemplar que presenta como original o aut\u00f3grafo, al ser sometidos una serie de tests deje dudas sobre su autenticidad o no autenticidad. M\u00e1s frecuentemente, sin embargo, los antiguos documentos sobreviven solo en forma de copias, o copias de copias, haciendo que la verificaci\u00f3n sea m\u00e1s complicada. Debemos juzgar cada manuscrito y compararlos unos con otros. La comparaci\u00f3n nos permite, por una parte, fijar su edad (aproximadamente) con las reglas de la paleograf\u00eda y por otra revela un n\u00famero de variantes en las lecturas. De esta manera se hace posible designar a algunos como pertenecientes a una \u201cfamilia\u201d i.e., como transcritos de un modelo original  y as\u00ed, en su momento, reconstruir m\u00e1s o menos perfectamente, el texto primitivo como sali\u00f3 de las manos del autor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos trabajos, (meramente preliminares, despu\u00e9s de todo, a la cuesti\u00f3n de la autenticidad) si todos se vieran obligados a hacerlos, alejar\u00eda a la mayor\u00eda de los estudiantes antes de comenzar la ciencia hist\u00f3rica. Perorada d\u00eda es menos necesario, porque hay hombres especialmente dedicados a esta importante y ardua rama de la cr\u00edtica, de una probidad m\u00e1s all\u00e1 de toda sospecha, que han publicado y siguen haci\u00e9ndolo, con la generosa ayuda de sus gobiernos y de las sociedades culturales ediciones m\u00e1s o menos caras de las fuentes hist\u00f3ricas antiguas, que ponen a la disposici\u00f3n  de los investigadores y que son m\u00e1s \u00fatiles hasta que los mismos manuscritos. En los prefacios de estas publicaciones acad\u00e9micas se describen cuidadosamente todos los manuscritos conocidos de cada documento, se clasifican y con frecuencia se reproducen en facs\u00edmiles con lo que se nos permite verificar los rasgos paleogr\u00e1ficos del manuscrito en cuesti\u00f3n. La edici\u00f3n en si misma suele hacerse con frecuencia siguiendo uno de los manuscritos principales; m\u00e1s a\u00fan, en cada p\u00e1gina hallaremos un resumen exacto (a veces con excesivos detalles, aparentemente) de todas las variantes encontradas en otros manuscritos del texto. Con tales ayudas, la autenticidad de una obra o texto se puede discutir sin tener que buscar en las bibliotecas de Europa y  sin cansarse descifrando la caligraf\u00eda m\u00e1s o menos ilegible los siglos medievales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez contados y clasificados los manuscritos debemos examinar si todos, hasta los m\u00e1s antiguos llevan el nombre del autor a quien se atribuye la obra. Si falta en los m\u00e1s antiguos y se halla s\u00f3lo en los de fechas m\u00e1s recientes, especialmente si el nombre ofrecido por los m\u00e1s antiguos manuscritos difiere del dado por copistas posteriores, podemos dudar con todo derecho de la fidelidad de la trascripci\u00f3n. Tales dudas surgen con frecuencia a prop\u00f3sito de pasajes que no se encuentran en los m\u00e1s antiguos manuscritos, sino solo en los m\u00e1s recientes, o viceversa. A no ser que podamos explicar la divergencia de otra manera, estamos justificados al sospechar una interpolaci\u00f3n o una mutilaci\u00f3n en los manuscritos posteriores. Mientras que la autenticidad de una obra se puede probar por el acuerdo de todos sus manuscritos, es posible tambi\u00e9n confirmarla por el testimonio de escritores antiguos que citan la obra con el mismo t\u00edtulo y como obra del mismo autor. Tales citas son especialmente \u00fatiles si son amplias y corresponden bien al texto encontrado en los manuscritos. Por otra parte, si un o varios de tales pasajes citados no se encuentran en el manuscrito, o si no se reproducen en t\u00e9rminos id\u00e9nticos, hay una raz\u00f3n para creer que lo que no tenemos delante de nosotros el documento citado originalmente por los antiguos escritores o al menos que nuestra copia ha sufrido notablemente por la negligencia o mala fe de los que las han transcrito.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A estos signos de autenticidad llamados extr\u00ednsecos, porque se basan en testimonios extra\u00f1os a la propia obra del autor, se puede a\u00f1adir ciertos signos intr\u00ednsecos basados en un examen de la obra misma. Cuando se trata de actos oficiales y p\u00fablicos se ha de tener cuidado de que no solo la caligraf\u00eda sino tambi\u00e9n las f\u00f3rmulas de apertura y cierre, los t\u00edtulos de las personas, la manera de anotar las fechas  y otras indicaciones corroborativas est\u00e1n de acuerdo con las costumbres conocidas de la edad a la que se atribuye el documento. Entre tantos medios de verificaci\u00f3n es extremadamente dif\u00edcil que una falsificaci\u00f3n escape a la detenci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las palabras y la fraseolog\u00eda proporciones otras pruebas. Cada siglos posee su propia dicci\u00f3n peculiar y entre tantas dificultades de esta naturaleza es apenas posible que el falsificador logre tener \u00e9xito en su. Tambi\u00e9n es verdad respecto al estilo de cada autor particular. En general, especialmente en el caso de los grandes escritores, cada uno tiene su propio y particular sello que es f\u00e1cilmente reconocible o al menos nos previene de atribuir a la misma pluma composiciones que son muy desiguales en su estilo. Al aplicar esta regla, sin duda, se debe tener cuidado en no exagerar. Un escrito cambia su tono y su lenguaje seg\u00fan el tema del que trata, la naturaleza de la composici\u00f3n literaria y la clase de lectores a los que se dirige. Sin embargo una mente aguda y con experiencia tendr\u00e1 pocas dificultades en reconocer entre varias obras de un autor dado ciertas cualidades que traicionan enseguida el car\u00e1cter del escritor y su estilo o forma habitual de escribir. Otro y m\u00e1s seguro medio de detenci\u00f3n de una falsificaci\u00f3n positiva o de la alteraci\u00f3n de un documento es la comisi\u00f3n de anacronismos en los hechos o las fechas, la menci\u00f3n de un documento de personas, instituciones o costumbres que son ciertamente de fecha posterior al per\u00edodo que dice pertenecer; de la misma clase son el plagiarismo y la imitaci\u00f3n servil de escritores m\u00e1s recientes,\n<\/p>\n<h3>Significado<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cr\u00edtico debe hacer ahora el mejor uso de las fuentes escritas a su disposici\u00f3n, i.e., debe entenderlas bien, lo que no siempre es f\u00e1cil. La dificultad puede surgir por la oscuridad de ciertas palabras, de su forma gramatical, o de su forma de agrupamiento en la frase que intenta interpretar. Respecto al sentido de las palabras individuales es muy importante que el cr\u00edtico pueda leer los documentos en el idioma en el que fueron escritos, en vez de usar una traducci\u00f3n.  Sin duda que hay traducciones excelentes y que pueden ser muy \u00fatiles; pero es peligroso confiar ciegamente en ellas El especialista que entra conscientemente en la obra del cr\u00edtico sentir\u00e1 siempre que es un deber estricto advertir a sus lectores siempre que cite un texto de una traducci\u00f3n. Es bien sabido que para interpretar un t\u00e9rmino correctamente no es suficiente saber su significado en una \u00e9poca determinada, que estamos acostumbrados a mirar como cl\u00e1sica, en el idioma al que pertenece. Basta con abrir un l\u00e9xico latino amplio, por ejemplo el de Forcellini o el de Freund (especialmente si tenemos a la vista la p\u00e1gina correspondiente del \u00abGlossarium\u00bb latino de Du Cange), para apreciar inmediatamente las notables modificaciones de significado sufridas por los t\u00e9rminos latinos en diferentes per\u00edodos del lenguaje, ya por la sustituci\u00f3n de los antiguos significados por otros nuevos, o por el uso de ambos significado al mismo tiempo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En sus esfuerzos para fijar el tiempo de texto el cr\u00edtico  se ver\u00e1 ocasionalmente obligado  excluir un significado que aun no hab\u00eda surgido o hab\u00eda dejado de usarse cuando se compuso el texto en cuesti\u00f3n. A veces se quedar\u00e1 en una situaci\u00f3n de incertidumbre o suspenso  y se ver\u00e1 obligado a abstenerse de llegar a conclusiones agradables pero inseguras. M\u00e1s aun, para captar correctamente el sentido de un texto es necesario entender las opiniones pol\u00edticas o religiosas del autor, las instituciones peculiares de su tiempo y pa\u00eds, el car\u00e1cter general de su estilo, los asuntos de los que trata, y las circunstancias en las que habla. Todas estas cosas hacen pensar que una expresi\u00f3n general puede tomar un sentido muy particular  que el ser\u00eda desastroso que el cr\u00edtico la pasara por alto. Con frecuencia estos detalles solo pueden entenderse en el contexto del pasaje bajo discusi\u00f3n. En general siempre que hay ocasi\u00f3n de verificar la exactitud de una cita hecha en apoyo de una tesis, es prudente leer el cap\u00edtulo entero del que se ha tomado, a veces hasta leer la obra entera. Un testimonio individual, aislado de todo lo que le rodea en la obra del autor parece con frecuencia bastante decisivo, sin embargo cuando leemos la obra, nuestra fe en el valor del argumento basado en una cita parcial se viene abajo o desaparece totalmente.\n<\/p>\n<h3>Autoridad<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfCual es el valor del texto correctamente entendido? Toda afirmaci\u00f3n o testimonio hist\u00f3rico sugiere naturalmente dos cuestiones: \u00bfTiene el testigo en cuesti\u00f3n un conocimiento apropiado del hecho sobre el que es llamado a testificar? Y si es as\u00ed, \u00bfes completamente sincero en su manifestaci\u00f3n? En la respuesta imparcial a estas cuestiones  est\u00e1 el grado de confianza que se de al testimonio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Respecto al conocimiento del testigo podemos preguntar: \u00bfvivi\u00f3 en el tiempo y en el lugar en que  en que sucedi\u00f3 el hecho y estaba en circunstancias de conocerlo? O, al menos \u00bfestamos seguros de que obtuvo esta informaci\u00f3n de una buena fuente? Cuantas m\u00e1s garant\u00edas a este aspecto, mejor, si todo lo dem\u00e1s es igual, prueba ser digno de confianza. Respecto a la cuesti\u00f3n de sinceridad no es suficiente estar satisfecho porque el testigo no tuviera la intenci\u00f3n de mentir deliberadamente; si pudiera mostrarse razonablemente que ten\u00eda un inter\u00e9s personal en distorsionar la verdad, se debe sospechar gravemente sobre la veracidad de todas sus afirmaciones. Los casos de mendacidad formal malintencionada en  las fuentes hist\u00f3ricas se pueden considerar raros. Con mayor frecuencia el prejuicio o la pasi\u00f3n pervierten secretamente la sinceridad natural de un hombre que realmente se respeta a si mismo y estime el respeto de los dem\u00e1s. Es posible, y eso hasta con una cierta buena fe, enga\u00f1arse a s\u00ed mismo y a los dem\u00e1s. Es deber del cr\u00edtico enumerar y sopesar todas las influencias que han podido alterar m\u00e1s o menos la sinceridad de un testigo \u2013 sus gustos , las propiedades de oratoria, su autoestima o vanidad, as\u00ed como las influencias que puedan afectar la claridad de la memoria del escritor o la correcci\u00f3n de su voluntad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se sigue en absoluto que la autoridad de un testigo  sea siempre debilitada  por el proceso descrito arriba: Con frecuencia ocurre lo contrario. Cuando un testigo ha vencido las influencias que normalmente afectan poderosamente la mente del hombre y le disuaden de ceder ante su natural amor a la verdad, no hay raz\u00f3n alguna para dudar de su veracidad. M\u00e1s a\u00fan cuando afirma un hecho desfavorable a sus posturas religiosas o pol\u00edticas, causas que por otra parte defiende con ardor; cuando as\u00ed no gana ventaja particular, sino que al contrario se somete a una desventaja seria, en una palabra siempre que una afirmaci\u00f3n  est\u00e1 en manifiesta oposici\u00f3n a sus intereses, sus prejuicios y sus inclinaciones, es claro que sus prueba es mucho m\u00e1s s\u00f3lida que la de un hombre perfectamente desinteresado. Es m\u00e1s, las consideraciones precedentes se aplican no solo al testigo inmediato el hecho en cuesti\u00f3n, sino tambi\u00e9n a todos los intermediarios a trav\u00e9s de los que sus pruebas nos son trasmitidas. La confianza en las \u00faltimas debe ser establecida as\u00ed como la de las autoridades a las que apela.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dada la necesidad de observar tanta precauci\u00f3n en el uso de textos hist\u00f3ricos, puede aparecer muy dif\u00edcil  alcanzar la certeza completa sobre los datos de la historia. \u00bfC\u00f3mo podemos estar seguros, especialmente al tratar de tiempos antiguos, que nuestro testigo presenta las garant\u00edas deseables? Con frecuencia nos es desconocido y an\u00f3nimo. \u00bfCu\u00e1ntos hechos, que una vez se dieron por establecidos han sido eliminados de las p\u00e1ginas de la historia y cuantas veces m\u00e1s  tenemos que suspender  nuestro juicio por falta de una autoridad suficientemente convincente? La certeza hist\u00f3rica ser\u00eda dif\u00edcil de hecho si para cada suceso tuvi\u00e9ramos solamente un testimonio. La certeza solo ser\u00eda posible entonces cunado pudiera mostrarse que el car\u00e1cter o posici\u00f3n del testigo fuera tal  que no dejara dudas razonables respecto a la exactitud de su afirmaciones. Pero si la veracidad del testigo  se fanatiza solo por los datos negativos, i.e., si \u00fanicamente somos conscientes de que no hay circunstancias conocidas  que nos permitan sospechar la falta de cuidado o la mala fe, surge en nosotros una creencia m\u00e1s o menos  vaga, de manera que con facilidad  cedemos ante una persona muy desconocida  que seriamente relatan un suceso que dicen haber visto, mientras que por nuestra parte no tenemos razones para suponer que \u00e9l mismo est\u00e1 enga\u00f1ado o que nos enga\u00f1a. Estrictamente hablando, nuestra creencia  en tales testigos no puede ser llamada fe. Por otra parte, difiere considerablemente de una creencia que est\u00e1 basada en fundamentos m\u00e1s s\u00f3lidos. No deberemos, por consiguiente, sorprendernos, si el suceso es descrito despu\u00e9s de una manera totalmente diferente, ni pondremos objeci\u00f3n a abandonar nuestra creencia anterior cuando aparecen testigos m\u00e1s confiables y mejor informados. Si fuera de otra forma tend\u00edamos que culpar a nuestras pasiones por hacer que  nos mantengamos en creencias que nos agradas, quiz\u00e1s, pero que no tienen suficientes pruebas para sustentarse. Admitimos francamente, as\u00ed pues, la posibilidad de una adhesi\u00f3n mental m\u00e1s o menos dubitativa a hechos que se basan en un solo testimonio y cuyo valor  somos incapaces de apreciar apropiadamente. Otra cosa es en el caso de hechos confirmados por varios testigos en condiciones  enteramente diferentes. Des muy dif\u00edcil, y hasta quiz\u00e1s moralmente imposible hablando en general, que tres o cuatro o hasta m\u00e1s personas, no sujetas a una influencia com\u00fan, sean enga\u00f1adas de la misma manera, o formen parte de una misma decepci\u00f3n com\u00fan. Por consiguiente, cuando encontramos un hecho  establecido por varias aseveraciones o narraciones tomadas de fuentes diferentes y todas concordantes, hay apenas lugar a para una duda razonable sobre la verdad completa del hecho.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este momento, sin embargo, debemos asegurarnos de que las fuentes hist\u00f3ricas son verdaderamente diferentes. Dios o veinte escritores que copian la narraci\u00f3n de un autor antiguo, sin fuente ninguna de nuevo conocimiento a su disposici\u00f3n, no a\u00f1aden, en general, nada nuevo a la autoridad del que han copiado su informaci\u00f3n. No son m\u00e1s que ecos de un testimonio original, ya bien conocido. Puede suceder, sin embargo, y el cano no es raro en absoluto, que narraciones basadas  en diferentes fuentes muestren desacuerdos \u00bfC\u00f3mo formaremos, entonces, nuestro juicio?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace falta hacer una distinci\u00f3n importante aqu\u00ed mismo. Las distintas narraciones de un suceso ofrecen con frecuencia una perfecta armon\u00eda respecto a lo sustancial, apareciendo las divergencias solo en asuntos de detalle sobre los que la informaci\u00f3n era m\u00e1s dif\u00edcil de conseguir. En tales casos los desacuerdos parciales de los testimonios, lejos de quietarles autoridad respecto al hecho principal, sirve para confirmarla; desacuerdos de este estilo muestran por una parte una ausencia de colusi\u00f3n y por otra dependencia de los testimonios de ciertas fuentes de informaci\u00f3n comunes a todos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo hay una excepci\u00f3n. Puede suceder que varios escritores de cuya veracidad dudemos justificadamente, est\u00e1n de acuerdo al narrar con mucha precisi\u00f3n de detalle un hecho favorable a sus gustos y disgustos comunes. Hasta lo manifiestan como si hubieran sido testigos presenciales y dicen que reproducen una narraci\u00f3n fiel de los testigos. Al tratar con escritores de estas caracter\u00edsticas el cr\u00edtico debe examinar cuidadosamente todas sus afirmaciones hasta los detalles m\u00ednimos porque con frecuencia una circunstancia insignificante desvelar\u00e1 la decepci\u00f3n. Debemos recordar ahora el ingenioso interrogatorio con el que Daniel salv\u00f3 la vida y la reputaci\u00f3n de Susana (Dan., xiii, 52-60). Medios semejantes se emplean con frecuencia con \u00e9xito en los tribunales para derrotar a sistemas de defensa  construidos por los culpables o para convencer a una de las partes que ha sobornado a falsos testigos en inter\u00e9s de una mala causa. En ocasiones tales medidas pueden ser aplicadas con ventaja en la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica. Supongamos que existe un conflicto de opini\u00f3n sobre lo sustancial de un hecho y que ha sido imposible reconciliar los testigos y est\u00e1 claro que no est\u00e1n de acuerdo. En esto punto debemos dejar de insistir en su valor absoluto y sopesar uno contra otro. Teniendo siempre a la vista las circunstancias de tiempo, lugar y postura personal de los diferentes testigos debemos intentar asegurarnos en cual de ellos las condiciones de conocimiento y veracidad parecen predominar; este examen determinar\u00e1 la medida de confianza que hay que poner en ellos y como consecuencia, el grado de certeza o probabilidad que se da al hecho que narran.<br \/>\nFrecuentemente, aunque no sea un preliminar indispensable de la convicci\u00f3n mental, una cuidadosa comparaci\u00f3n de versiones m\u00e1s o menos discordantes de un hecho o un suceso, revelar\u00e1n  en los testigos rechazados las causas o fuentes de sus errores y por consiguiente colocar\u00e1n en una luz m\u00e1s clara la soluci\u00f3n completa de problemas cuyos datos parec\u00edan a primera vista confusos y contradictorios.\n<\/p>\n<h2>Testimonios no escritos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para colgar a un hombre, un magistrado listo que examine el caso no necesita ni una l\u00ednea de su escritura. Testigos silenciosos han convencido con frecuencia de la culpabilidad de un criminal con m\u00e1s eficacia que los acusadores positivos. El m\u00e1s insignificante objeto dejado por \u00e9l en la escena del crimen, otro encontrado en su posesi\u00f3n, un grado poco com\u00fan de prodigalidad, y un ciento de otras se\u00f1ales, descubre muy frecuentemente los planes cuidadosos para evitar ser detenidos por la ley.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo mismo ocurre en la ciencia de la historia, Nada es aqu\u00ed negligente o poco importante. Monumentos arquitect\u00f3nicos, objetos de arte pl\u00e1stico, monedas, armas, equipos de labor, utensilios caseros, objetos materiales de todas clases pueden de un u otra forma proporcionarnos informaci\u00f3n preciosa. Ciertas clases de fuentes hist\u00f3ricas han adquirido desde hace tiempo la dignidad de ciencias auxiliares especiales., como por ejemplo, la her\u00e1ldica, los grabados en la piedra, cer\u00e1mica o el estudio de la alfarer\u00eda de todas las \u00e9pocas. Se puede a\u00f1adir la numism\u00e1tica, sigilograf\u00eda y especialmente la ling\u00fc\u00edstica, no tanto para una interpretaci\u00f3n m\u00e1s segura de los textos cuanto para procurar datos de los que se pueda establecer la conclusi\u00f3n del origen de los pueblos y sus migraciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La arqueolog\u00eda en el sentido m\u00e1s amplio, comprende todas estas ciencias y en el sentido m\u00e1s restringido trata los objetos que est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 de sus fines. Verdaderamente es un campo muy amplio que se extiende ante el pionero hist\u00f3rico que necesita mucha erudici\u00f3n, acumen y tacto para aventurarse en \u00e9l. Afortunadamente, como con los manuscritos e inscripciones ya no es necesario para el estudiante de historia poseer un conocimiento profundo de todas estas ciencias auxiliares antes de ponerse a la tarea propia. Para la mayor\u00eda de ellos existen obras especiales en las que puede encontrar con facilidad los detalles arqueol\u00f3gicos necesarios en la discusi\u00f3n de las cuestiones hist\u00f3ricas. A estas obras y al consejo de los hombres sabios  en tales asuntos hay que recurrir para solucionar las dos cuestiones preliminares respecto a las pruebas, escritas y no escritas: la autenticidad o proveniencia y la del significado  es decir, en los restos arqueol\u00f3gicos, el uso que se dio a los objetos descubiertos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al tratar de las pruebas no escritas, estas cuestiones son m\u00e1s delicadas, de forma similar las reglas  que no sirven de gu\u00eda son m\u00e1s dif\u00edciles, tanto formularlas como aplicarlas. Es aqu\u00ed donde la agudeza y el acumen y el toque prof\u00e9tico que viene de la larga pr\u00e1ctica ofrecen ayuda m\u00e1s importante que las reglas m\u00e1s exactas. Solo por la observaci\u00f3n  y comparaci\u00f3n aprendemos con el tiempo a distinguir con exactitud. Una vez cumplidos estos preliminares, se entra en la tarea de la cr\u00edtica hist\u00f3rica propiamente dicha. A trav\u00e9s de ella las preciosas reliquias del pasado arrojan luz sobre ciertos escritos, para confirmar sus pruebas, para revelar un hecho que no expresan y m\u00e1s frecuentemente proporcionan una base segura para las conjeturas de las que con el tiempo se siguen los descubrimientos de gran importancia. Sin embargo, y no nos cansaremos de repetirlo, el camino del estudiante de la historia es verdaderamente peligroso. Las desgracias de los arque\u00f3logos aficionados ya en asuntos de pretendidos descubrimientos o en las disertaciones basadas en ellos, han provocado no pocas burlas, no solo entre los profesionales cr\u00edticos m\u00e1s severos sino tambi\u00e9n entre los novelistas y escritores dram\u00e1ticos. Como ya se ha dicho es especialmente debido al uso juicioso de la conjetura por el que obtenemos de estos silenciosos testigos toda la informaci\u00f3n que pueden proporcionar. Para un tratamiento m\u00e1s espec\u00edfico de este delicado pero poderoso instrumento de la cr\u00edtica hist\u00f3rica referimos al lector a la siguiente sedici\u00f3n de este art\u00edculo: La conjetura en la Historia.\n<\/p>\n<h2>Tradici\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo estudiante de historia debe enfrentarse m\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano a un problema muy embarazoso para un estudiante concienzudo. Aparecen hechos que no han dejado rastro en ning\u00fan escrito o monumento contempor\u00e1neo. Enterrado en la oscuridad durante siglos aparecen repentinamente a la luz p\u00fablica y se aceptan como incontrovertibles. Todos repiten la historia, con frecuencia con much\u00edsimos detalles, aunque nadie sea capaz de ofrecer ninguna prueba cre\u00edble de que lo que se afirma sea cre\u00edble. Se dice entonces que tales hechos se apoyan en las pruebas conocidas como tradici\u00f3n popular. \u00bfQu\u00e9 grado de confianza merece esta tradici\u00f3n popular? Los que la originaron nos son desconocidos as\u00ed como los intermediarios que la siguieron pasando hasta el momento en que la reconocemos por primera vez. \u00bfC\u00f3mo podemos obtener una garant\u00eda de la veracidad de los testigos originales y de la de sus sucesores? Quiz\u00e1s una comparaci\u00f3n natural nos ayude a aclarar la situaci\u00f3n. Puede que enseguida notemos una chocante analog\u00eda entre la tradici\u00f3n sobre el rumor pasado y p\u00fablico y los sucesos presentes. En ambos casos hay un sinn\u00famero de intermediarios y testigos an\u00f3nimos, que est\u00e1n de acuerdo en lo sustancial de los hechos, pero que en los detalles se contradicen unos a otros frecuentemente; en ambos casos hay una ignorancia id\u00e9ntica respecto al los testitos originales; en ambos casos, finalmente, hubo muchos ejemplos en los que la informaci\u00f3n actual era verificada y muchos otros en los que se vio que eran totalmente falsos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Supongamos el caso de un hombre prudente profundamente interesado en saber precisamente qu\u00e9 sucede en un pa\u00eds lejano; uno que, m\u00e1s a\u00fan, se esfuerza mucho para estar bien informado. \u00bfQu\u00e9 hace cuando oye el rumor p\u00fablico de un hecho importante que se dice que sucedi\u00f3 en el lugar por el que se interesa? \u00bfAcepta ciegamente todos los detalles rumoreados en el extranjero? Por otra parte, \u00bfno pone atenci\u00f3n en absoluto al rumor? Ni una cosa ni la otra. Re\u00fane con inter\u00e9s los distintos relatos que corren y los compara unos con otros, nota sus puntos de acuerdo  y los elementos de divergencia. Y no saca conclusiones precipitadas. Suspende el juicio, intenta conseguir informes oficiales, escribe a sus amigos que est\u00e1n en el lugar para saber por ellos las noticias cre\u00edbles, es decir, la confirmaci\u00f3n  de los hechos  en los que est\u00e1n de acuerdo los hombres, las soluciones y dificultades que surgen de las versiones discordantes del suceso. Posiblemente no tiene confianza en las personas encargadas de redactar el informe oficial; posiblemente, tambi\u00e9n  no puede tener correspondencia con sus amigos, debido a la interrupci\u00f3n de las comunicaciones por razones de guerra u otras causas. En una palabra, si tal persona depende del rumor solamente, permanecer\u00eda indefinidamente en un estado de duda, contento con un conocimiento m\u00e1s o menos probable hasta que aparezca alguna fuente m\u00e1s cierta de informaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfNo debi\u00e9ramos proceder de forma similar con la tradici\u00f3n popular? Se nos presenta de esta manera ante nuestra atenci\u00f3n y tenemos los mismos motivos para desconfiar. M\u00e1s de una vez ha sido una ayuda para los cr\u00edticos juiciosos se\u00f1alando el camino de importantes descubrimientos que nunca hubieran hecho con la sola ayuda de un documento escrito o de unos monumentos. Tratemos de verlo de otra manera. \u00bfNo les ha ocurrido a los que estudian los documentos hist\u00f3ricos que con frecuencia se encuentran con la misma mezcla peculiar, dir\u00edamos que caprichosa, de verdadero y falso que se nos presenta en cada paso que damos en la investigaci\u00f3n de las tradiciones populares? Ser\u00eda igualmente precipitado por una parte rechazar toda tradici\u00f3n  y creer solamente a los testimonios escritos o monumentos contempor\u00e1neos y por otra parte dar a la tradici\u00f3n una confianza impl\u00edcita simplemente porque otros datos hist\u00f3ricos no la han contradicho formalmente, aunque tampoco la hayan confirmado. El historiador deber\u00eda recoger con cuidado las tradiciones populares de los pa\u00edses y \u00e9pocas que est\u00e1 tratando, compararlas unas con otras y determinar su valor a la luz de otras informaciones cient\u00edficamente adquiridas. En case de que esta luz tambi\u00e9n le falle, debe esperar con paciencia hasta que lleguen nuevos descubrimientos que la renueven, conform\u00e1ndose de momento con la medida de probabilidad que proporciona la tradici\u00f3n. De esta manera ya la riqueza hist\u00f3rica ya adquirida se retiene, sin peligro de que se exagere su valor o finalmente, de lanzar sospechar sobre la confianza que se tiene  incorporando  afirmaciones falsas o dudosas.\n<\/p>\n<h2>El argumento negativo<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">En historia, el argumento negativo es el que  se deduce del silencio de los documentos contempor\u00e1neos o casi contempor\u00e1neos sobre un hecho dado. Los grandes maestros de la ciencia hist\u00f3rica lo han utilizado frecuentemente con \u00e9xito para refutar errores hist\u00f3ricos, que a veces est\u00e1n bien atrincherados en las creencias populares.<br \/>\nHay que notar que en tales ocasiones siempre se han atenido firmemente a dos principios; primero, que el autor cuyo silencio se invoca como prueba de la falsedad de hecho dado, no pod\u00eda ignorarlo si de hecho hubiera ocurrido como se relata; segundo, que si no ignoraba el hecho, no hubiera dejado de hablar de \u00e9l  en la obra que tenemos ante nosotros. Cuanto mayor sea la certeza en estos dos puntos, m\u00e1s fuerte es el argumento negativo. Cuando se quita toda duda respecto a ellos, estamos correctamente acertados al afirmar que el silencio del escritor sobre el hecho en cuesti\u00f3n es equivalente a una negaci\u00f3n formal de su verdad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nada hay m\u00e1s racional que este proceso de razonamiento; se emplea todos los d\u00edas en los tribunales de justicia. Muchas veces  una l\u00ednea de ataque legal e rompe por las prueba puramente negativas. Hombres honorables son llevados ante los tribunales que deber\u00edan ciertamente, si fuera verdad, conocer los hechos presentados pon una de las partes  en litigio. Si afirman que no tienen conocimiento de ellos, sus deposiciones con correctamente consideradas pruebas positivas de la falsedad de las alegaciones. Pero estas clases de pruebas no difieren sustancialmente del argumento negativo en las condiciones expuestas arriba. En un caso, es verdad, los testigos afirman formalmente que no saben nada, mientras que en el otro sabemos tanto igualmente por su silencio. Sin embargo, este silencio, en las circunstancias dadas, significa una afirmaci\u00f3n positiva.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay, sin embargo, algunos que reclaman que el argumento negativo nunca puede prevalecer contra un texto formal. Pero esto no es siquiera admisible respecto a un texto contempor\u00e1neo. Si el autor al que pertenece no ofrece una garant\u00eda absoluta e incontestable del conocimiento de la veracidad, su autoridad queda muy debilitada  o hasta destruida por el silencio de otro escritor  m\u00e1s confiable y prudente. Ocurre con frecuencia en los tribunales de justicia que la deposici\u00f3n de un testigo ocular o de o\u00eddas es cuestionado y hasta rechazado, a la vista de la deposici\u00f3n de otros testigos igualmente bien colocados para ver y o\u00edr lo que ocurri\u00f3, peor que a\u00fan declara que ni vio ni oy\u00f3  nada. Mabillon estaba equivocado  al mantener que el argumento negativo nunca podr\u00eda usarse  a no ser que uno tuviera ante s\u00ed  todas las obras  de todos los autores de la \u00e9poca en la que sucedi\u00f3 el hecho. Por el contrario, una sola obra de un solo autor puede en ciertos casos proporcionar un s\u00f3lido argumento negativo. Launoy, por otra parte, est\u00e1 igualmente equivocado al mantener que el silencio universal de los escritores de un per\u00edodo de alrededor de dos siglos proporciona prueba suficiente de la falsedad de los hechos no mencionados por ellos; e muy posible que ning\u00fan autor del per\u00edodo estuviera moralmente obligado por la naturaleza de asunto-tema a constatar tales hechos. En este caso, el silencio de tales autores no es en absoluto equivalente a una negaci\u00f3n. Pero, se objeta, para crear una duda sobre el hecho relatado  por escritores posteriores, \u00bfacaso los mejores cr\u00edticos  no se han apoyado en este silencio universal de los historiadores durante un tiempo considerable? Esto es verdad, pero la \u00e9poca en cuesti\u00f3n era una ya cuidadosamente estudiada y concientemente descrita por varios historiadores. M\u00e1s a\u00fan, el hecho disputado, de ser verdadero, hubiera sido  necesariamente p\u00fablico y de tal manera, seg\u00fan la clase y la importancia, que ni la ignorancia ni la omisi\u00f3n voluntaria podr\u00eda postularse para todos estos historiadores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tenemos pues aqu\u00ed las dos condiciones  necesarias para hacer inexplicable el silencia de estros autores; por consiguiente el argumento negativo no pierde nada de su fuerza y es poderoso en proporci\u00f3n al n\u00famero de testigos silenciosos. Naturalmente, esta l\u00ednea de argumentaci\u00f3n no se aplica en el caso de detalles oscuros que pueden f\u00e1cilmente haber sido desconocidos o poco notables para los autores contempor\u00e1neos e ignorados por otros. Ni, se aplica, m\u00e1s en particular, a un a \u00e9poca de la que quedan pocos restos, especialmente pocos escritos hist\u00f3ricos. En el \u00faltimo caso el hecho del silencio universal por parte de todos los escritores durante un periodo considerable, puede ciertamente debilitar la certeza de un hecho, en realidad no hacemos otra cosa que segurar con ello la ausencia de una prueba positiva  en su favor, aparte de la tradici\u00f3n de origen incierto. Sin embargo, una vez admitida la falta de informaci\u00f3n, no es permisible avanzar ni un paso m\u00e1s all\u00e1 y presentar el silencio de los documentos como prueba de la falsedad del hecho. Su silencio en este caso no es el argumento negativo descrito arriba.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La regla establecida en los p\u00e1rrafos precedentes parece no carecer de elementos de precisi\u00f3n y ventajas pr\u00e1cticas. Pero al aplicarla a los tiempos antiguaos hace falta precauci\u00f3n  En Una edad de tanta publicidad como en la nuestra, ning\u00fan suceso importante puede ocurrir en ninguna parte del mundo civilizado sin ser inmediatamente conocido en todas partes y por todos. Los principales detalles se fijan inmediatamente en la memoria de todos los interesados y no se borraran dentro de un largo per\u00edodo. Es sorprendente ver qu\u00e9 f\u00e1cilmente algunos escritores modernos olvidan que las condiciones anteriores de la humanidad eran muy diferentes. Intentan establecer un argumento negativo irrefutable sobre la hip\u00f3tesis de que un hecho p\u00fablico dado de importancia no puso ser desconocido a ciertas personas de educaci\u00f3n y refinamiento  que vivieron poco despu\u00e9s. Esos escritores deber\u00eda aprender a ser m\u00e1s cautos recordando un aserie de hechos hist\u00f3ricos curiosos. Baste recordar a nuestros lectores que cuando S. Agust\u00edn fue consagrado obispo auxiliar de Hipona (391) no sab\u00eda, seg\u00fan el mismo dice, que el canon sexto del Concilio de Nicea  (325) prohib\u00eda esta clase de consagraciones.\n<\/p>\n<h2>La conjetura en la historia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La conjetura o hip\u00f3tesis ocurre en la historia cundo el estudio de los documentos nos lleva a sospechar, m\u00e1s  all\u00e1 de los hechos que revelan directamente, otros hechos, tan relacionados con ellos que del conocimiento de posprimeros podemos proceder a los segundos. Tales hechos son relatados la mayor\u00eda de las veces como causa y efecto.  Cuando ocurre un evento importante \u00bfcomo lo explicamos? \u00bfPor qu\u00e9 sucedi\u00f3? Evidentemente por otro hecho o grupo de hechos  que constituyen su causa o raz\u00f3n suficiente. Estos nuevos hechos no se revelan en documentos hist\u00f3ricos o al menos nadie los ha percibido a\u00fan. Inmediatamente, el investigador ve que es posible descubrir m\u00e1s de lo que se conoce en los documentos existentes. Y con esa esperanza comienza a leer extensamente, comenzar varias investigaciones interrogar en todos los sentidos a muchas obras y monumentos y restos relacionados con el hecho que le ha impresionado, para estudiar a las personas que estuvieron  implicadas en \u00e9l o la edad en la que sucedi\u00f3 y todo ello para recuperar el m\u00e1s invisible hilo  que conecte este hecho con detalles que originalmente no fueron advertidos o puestos a un lado como poco importantes. Absorto en intensa meditaci\u00f3n, a veces con una repentina iluminaci\u00f3n que arroja luz  sobre el camino correcto, busca con intensidad la verdad que la prueba positiva que tiene ante s\u00ed a\u00fan no manifiesta. Pasa de una a otra hip\u00f3tesis, reclama todos los recursos de su memoria y as\u00ed comienza de nuevo el estudio de los documentos recogiendo con cuidadoso detalle cualquier pista o indicaci\u00f3n  que pueda avalar o demostrar su exactitud o su falsedad. De una verificaci\u00f3n tan cuidadosa a veces aparece que el camino que se eligi\u00f3 al principio era falso y deb\u00eda ser abandonado. El investigador debe a veces modificar m\u00e1s o menos sus ideas originales y por otra parte a veces se encuentra con una sorprendente confirmaci\u00f3n  de las mismas. D\u00e9biles rayos de luz muy inciertos al principio crecen en potencia hasta convertirse en una luz ante la cual toda duda se desvanece. As\u00ed se revelan nuevos aspectos ante los asombrados ojos del investigador manifest\u00e1ndose ante \u00e9l un amplio campo de conocimiento del m\u00e1s alto inter\u00e9s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como ya hemos dicho, la conjetura nos permite concluir de efecto a causa, pero tambi\u00e9n seguir el camino inverso para concluir de causa a efecto. Este proceso es en general menos confiable en la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica y requiere m\u00e1s precauci\u00f3n y reserva cuando se aplica a los hechos f\u00edsicos. En este caso los agentes son necesariamente causas; una vez conocido su forma de obrar es posible predecir  casi con certeza absoluta los resultados, en condiciones dadas,  y la conjetura sirven solamente para hacer surgir la idea de un efecto que seguir\u00e1 con toda certeza, pero que a\u00fan no se ha producido. M\u00e1s a\u00fan, habando en un sentido general, en las ciencias f\u00edsicas es f\u00e1cil imaginar una variedad de m\u00e9todos por los que hay que experimentar una hip\u00f3tesis y verificar su exactitud.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las ciencias hist\u00f3ricas la situaci\u00f3n no es la misma en absoluto. Trata sobre todo de leyes morales que regulan las acciones de seres libres y estas est\u00e1n muy lejos de ser tan invariables en su aplicaci\u00f3n como las leyes f\u00edsicas. Es necesaria mucha precauci\u00f3n antes de arriesgarse a emitir un juicio sobre los que un hombre hubiera hecho en determinadas circunstancias, m\u00e1s a\u00fan puesto que sus acciones pueden haber sido influidas por las acciones libes de otros hombres o por una seria de circunstancias accidentales desconocidas para nosotros pero que pueden haber modificado notablemente en un caso dado las ideas y sentimientos ordinarios de la persona en cuesti\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y no es menos necesaria la prudencia cundo la hip\u00f3tesis se basa en la analog\u00eda, es decir, cuando, para completar  nuestro conocimiento sobre u hecho, ciertos detalles que nos son desconocidos en los documentos hist\u00f3ricos, recurrimos a un hecho muy parecido al que estamos considerando y concluimos de ellos en favor del primero con una semejanza de detalles que conocemos con certeza solo respecto al segundo hecho.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo no debemos rechazar totalmente este m\u00e9todo de investigaci\u00f3n que si se usa h\u00e1bilmente puede rendir valiosos servicios. Una conjetura apela a la mente con m\u00e1s fuerza de convicci\u00f3n cuando resuelve enseguida un n\u00famero de problemas hasta entonces obscuros y sin correlaci\u00f3n. Una hip\u00f3tesis tomada separadamente suele dar apenas una ligera probabilidad. Por otra parte la certeza completa resulta con frecuenta de la convergencia moral de varias soluciones plausibles, todas las cuales apuntan en una misma direcci\u00f3n. A\u00f1adamos que en la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica no obtendremos f\u00e1cilmente demasiadas pistas ni deberemos exceder el l\u00edmite de la verificaci\u00f3n. Adem\u00e1s, debemos estar vigilantes contra nuestras propias percepciones que nos tientan f\u00e1cilmente a exagerar la fuerza de una conclusi\u00f3n favorable a nuestras hip\u00f3tesis. Y no debemos negarnos a considerar los argumentos que tienden a debilitarlas o eliminarlas. Por el contrario, son precisamente estos argumentos los que debemos estudiar con m\u00e1s cuidado darlas las vueltas necesarias en todos los sentidos de manera que, sin resultan verdaderos, podamos abandonar oportunamente nuestra seductora conjetura  o al menos modificarla una y otra ves se es necesario, hasta que llegue a adquirir la exactitud y precisi\u00f3n  que satisfaga la m\u00e1s rigurosa inquisici\u00f3n y llegue a ser admitida por todos como una adquisici\u00f3n cient\u00edfica nueva y s\u00f3lida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una recomendaci\u00f3n final, que tiene la intenci\u00f3n de advertir contra las seducciones de las conjeturas hist\u00f3ricas de ciertos aventureros e inexpertos autores, quiz\u00e1 no est\u00e9 fuera de lugar aqu\u00ed. No hay que ceder a las ilusiones demasiado frecuentes entre ellos, que por su poder imaginativo y su genialidad est\u00e1n destinadas a hacer avanzar  notablemente la causa de la ciencia sin adquirir a trav\u00e9s de una penosa y dura formaci\u00f3n el amplio y variado  y exacto conocimiento  que los hombres llaman erudici\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No todo sabio historiador  hace brillantes descubrimientos sobre la base de hip\u00f3tesis afortunadas; pero la erudici\u00f3n es un requisito necesario para tales descubrimientos. En el conocimiento hist\u00f3rico, como en todos los caminos de la vida, el trabajo duro y la paciencia son el precio que hay que pagar para lograr el \u00e9xito.\n<\/p>\n<h2>El argumento a priori<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cr\u00edtica hist\u00f3rica tiene a su disposici\u00f3n otra fuente de la verdad, el argumento a priori, un arma delicada, en verdad, pero muy \u00fatil cuando se maneja con experiencia. Tal como se ha utilizado en la historia, este argumento se basa en la naturaleza intr\u00ednseca de un hecho, dejando a parte, de momento todas las pruebas a favor o en contra. En presencia del hecho desnudado de todas las relaciones extr\u00ednsecas el proceso a priori trata de mostrar que se conforma o no con las leyes generales que regulan el mundo. Estas leyes son de tres clases principales:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera comprende las leyes fundamentales o metaf\u00edsicas es decir, el principio de contradicci\u00f3n, seg\u00fan el cual no puede existir en el mismo sujeto elementos absolutamente contradictorios unos de otros y tambi\u00e9n el principio de causalidad, seg\u00fan el cual no existe ning\u00fan ser sin una causa o raz\u00f3n suficiente de su existencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La segunda clase incluye las leyes f\u00edsicas que gobierna los fen\u00f3menos del mundo de la naturaleza y de la actividad de los seres que la componen. A esta clase pertenecen las leyes que gobiernan las naturalezas espirituales y las facultades que son independientes, o en cuanto que son independientes, la acci\u00f3n de la libre voluntad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tercera clase, finalmente comprende las leyes morales que gobiernan la actividad de los seres libres, considerados en cuento tales. Nadie que haya adquirido un poco de experiencia, bajo una buena gu\u00eda, del coraz\u00f3n, humano negar\u00e1 la existencia de esta clase de leyes, es decir que en condiciones dadas y bajo ciertas influencias podemos prever en los seres libres ciertas actividades habituales. As\u00ed, una ley moral bien asentada es que ning\u00fan hombre ama el mal y lo sigue en cuanto mal, salvo cuando se le aparece disfrazado de bien. Otra ley parecida es que el hombre, a no ser que sea un monstruo de perversidad, dir\u00e1 naturalmente la verdad si no tiene ning\u00fan inter\u00e9s en mentir.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esta manera, ahora, \u00bfpueden estas tres clases de leyes consideradas correctamente ayudarnos a pronunciarnos sobre la verdad de un hecho hist\u00f3rico? En primer lugar si el hecho en cuesti\u00f3n presenta detalles absolutamente contradictorios e irreconciliables debe evidentemente ser rechazado sin m\u00e1s ex\u00e1menes. Sin embargo hay que probar claramente que hay esa contradicci\u00f3n absoluta e irreconciliable entre los detalles presentados  para la aceptaci\u00f3n simult\u00e1nea. Es importante, m\u00e1s a\u00fan, asegurarse con certeza si la contradicci\u00f3n afecta a la sustancia del hecho o solo circunstancias accidentales conectadas err\u00f3neamente con el en la imaginaci\u00f3n del testigo, como ocurre frecuentemente con las tradiciones populares. En tales casos solo hay que rechazar los detalles, precisamente como se hace con otros testimonios m\u00e1s o menos conflictivos. La imposibilidad f\u00edsica, es decir, la oposici\u00f3n manifiesta entre las leyes bien conocidas de la naturaleza y las afirmaciones hist\u00f3ricas son tambi\u00e9n un argumento conclusivo contra la aceptaci\u00f3n de tales afirmaciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de la oposici\u00f3n de los no \u2013creyentes, la posibilidad de intervenciones milagrosas no preocupa seriamente en este punto al juicio de los cr\u00edticos cat\u00f3licos. Ellos saben muy bien cuando admitir, en un caso particular, tal posibilidad. Estaos casos, adem\u00e1s no son muy frecuentes. Ellos saben que para aceptar un milagro deben requerir mayores cantidades de  pruebas que cuando se trata de un simple hecho natural. En el proceso de canonizaci\u00f3n cat\u00f3lico (Ver BEATIFICACIONES Y CANONIZACIONES) tenemos un ejemplo perfecto  de la manera en que las pruebas de los milagros son tratadas por el tribunal que m\u00e1s respetan los cat\u00f3licos. Puede que no sea superfluo a\u00f1adir que tal prudencia sugiere cierta vacilaci\u00f3n  o reserva cuando est\u00e1 en cuesti\u00f3n la imposibilidad f\u00edsica de un hecho- Las leyes de la naturaleza no son tan totalmente entendidas que no corramos peligro de confundir un hecho extra\u00f1o o nuevo  con otro totalmente imposible. El tratamiento de las leyes morales es algo m\u00e1s delicado porque que son menos absolutas en su aplicaci\u00f3n que las leyes f\u00edsicas. Los misterios de la libertad est\u00e1n a\u00fan m\u00e1s ocultos que los de naturaleza material. Por consiguiente, antes de afirmar la impasibilidad moral de un hecho esta bien considerar atentamente si hay o no alguna circunstancia, aunque parezca trivial, que puede haber accidentalmente ejercido sobre una persona concreta una influencia capaz de hacerle actuar de manera opuesta a la corriente habitual de sus ideas y sentimientos. Tales excepciones a las leyes morales se dan rara vez en las multitudes; aparecen m\u00e1s frecuentemente entre los individuos. Hay que tener cuidado de no admitirlo sin una grava raz\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En apoyo o en posici\u00f3n n a una conjetura es cuando m\u00e1s se usa el argumento a priori; con frecuencia la misma conjetura se confunde con \u00e9l. En el esfuerzo para reproducir mentalmente lo que ciertas personas, en condiciones dadas, deben haber hecho, es donde finalmente encontramos lo que realmente hicieron. El paso siguiente  es la recogida de pruebas m\u00e1s precisas que puedan confirmar y establecer de forma muy satisfactoria la verdad que vimos primero con la imaginaci\u00f3n. Deber\u00eda recordar siempre, sin embargo, que la mera posibilidad o la no-repugnancia no deben ser consideradas como equivalentes de la probabilidad positiva, de misma manera que la mera ignorancia de las causas de un hecho no equivale a su improbabilidad y menos a\u00fan a su imposibilidad, cuando est\u00e1 suficientemente atestado por pruebas directas. Las mentes superficiales o apasionadas est\u00e1n muy expuestas a esta clase de confusi\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al formular, como se ha hecho arriba, las leyes apropiadas para guiar a la mente en su b\u00fasqueda de la verdad hist\u00f3rica, debe repetirse que la mente debe aportar al proceso ciertas cualidades y disposiciones como las indicadas al principio de este art\u00edculo, siendo la primera y m\u00e1s esencial un sincero y constante amor a la verdad. Nada puede sustituir a este sentimiento. Es la regla de las reglas, el principio vital y eficiente en todo el proceso de la cr\u00edtica. Sin \u00e9l son bastante est\u00e9riles\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  DE SMEDT, Principes de La critique historique (Li\u00e8ge, Paris, 1884); BERNHEIM, Lehrbuch der historischen Methode (Leipzig, 1894); LANGLOIS et SEIGNOBOS, Introduction aux \u00e9tudes historiques (Paris, 1899). BUTLER, The Modern Critical and Historical School, its methods and tendencies. Dublin Review (Londres. 1898).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>: De Smedt, Charles. \u00abHistorical Criticism.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 4. New York: Robert Appleton Company, 1908. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/04503a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Pedro Royo\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Definici\u00f3n 2 Documentos escritos 2.1 Autenticidad e integridad 2.2 Significado 2.3 Autoridad 3 Testimonios no escritos 4 Tradici\u00f3n 5 El argumento negativo 6 La conjetura en la historia 7 El argumento a priori Definici\u00f3n La cr\u00edtica hist\u00f3rica es el arte de distinguir lo verdadero de lo falso respecto a los hechos del pasado. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/critica-historica\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCRITICA HISTORICA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-24194","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24194","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24194"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24194\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24194"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=24194"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=24194"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}