{"id":24268,"date":"2016-02-05T16:30:32","date_gmt":"2016-02-05T21:30:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/libro-de-daniel\/"},"modified":"2016-02-05T16:30:32","modified_gmt":"2016-02-05T21:30:32","slug":"libro-de-daniel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/libro-de-daniel\/","title":{"rendered":"LIBRO DE DANIEL"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">En la Biblia hebrea, y en las m\u00e1s recientes versiones protestantes, el Libro de Daniel se limita a sus partes protocan\u00f3nicas. En los Setenta, en la Vulgata y en muchas otras traducciones antiguas y modernas de la Biblia, el libro comprende tanto sus partes protocan\u00f3nicas como deuterocan\u00f3nicas, pues ambas tienen igual derecho de ser consideradas inspiradas, y a ser incluidas en cualquier tratado sobre el Libro de Daniel. Como en la Vulgata, casi todas las partes deuterocan\u00f3nicas de ese escrito prof\u00e9tico forman una especie de ap\u00e9ndice a su contenido protocan\u00f3nico en el texto hebreo.\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Partes Protocan\u00f3nicas\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-2\">1.1 Contenido<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-3\">1.2 Objeto y unidad<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">1.3 Autor\u00eda y fecha de composici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">1.4 Profec\u00eda de las setenta semanas<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-6\">1.5 Texto y principales versiones antiguas<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">2 Partes Deuterocan\u00f3nicas<\/li>\n<\/ul>\n<h3>Partes Protocan\u00f3nicas<\/h3>\n<p>Contenido<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El  Libro de Daniel, seg\u00fan aparece hoy en la Biblia hebrea ordinaria, se divide generalmente en dos partes principales. La primera incluye una serie de narraciones hechas en tercera persona (cap\u00edtulos 1-4), y la segunda una serie de visiones, descritas en primera persona (cap\u00edtulos 7-12). El cap\u00edtulo inicial de la primera serie puede considerarse como el prefacio de todo el trabajo. Presenta al lector a los h\u00e9roes hebreos del libro: Daniel y sus tres compa\u00f1eros cautivos, Ananan\u00edas, Misael y Azar\u00edas, y registra la manera en la que esos j\u00f3venes nobles obtuvieron un alto rango al servicio de Nabucodonosor a pesar de que se negaron a mancharse comiendo los alimentos reales. El segundo cap\u00edtulo relata un inquietante sue\u00f1o del rey que s\u00f3lo Daniel pudo interpretar adecuadamente. El sue\u00f1o de Nabucodonosor consisti\u00f3 en una enorme estatua elaborada con varios materiales y luego reducida a pedazos por una piedrecilla que luego se convirti\u00f3 en una monta\u00f1a y llen\u00f3 toda la tierra. La interpretaci\u00f3n de Daniel explic\u00f3 que las diversas partes de la estatua, con sus diferentes materiales, simbolizaban igual n\u00famero de monarqu\u00edas con sus respectivos poderes, mientras que la piedra peque\u00f1a que los destruy\u00f3 y creci\u00f3 hasta ser una gran monta\u00f1a prefiguraba un reino universal y eterno que convertir\u00eda en peque\u00f1os trozos los dem\u00e1s reinos y el cual, claro, no es otro que el del Mes\u00edas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La siguiente secci\u00f3n (3, 1-30; Vulgata 3, 1-23; 91-97) narra c\u00f3mo los tres compa\u00f1eros de Daniel, habiendo rehusado adorar una estatua colosal levantada por Nabucodonosor, fueron arrojados dentro de un horno ardiente del que fueron preservados a salvo, y a ra\u00edz de lo cual el rey emiti\u00f3 un decreto a favor de su Dios y los promovi\u00f3 a puestos de dignidad. La siguiente secci\u00f3n (3, 31- 4; Vulgata 3, 98-4) contiene la carta de Nabucodonosor a todos los pueblos y naciones, en la que les cuenta su sue\u00f1o de un \u00e1rbol gigante que era cortado por orden de Dios, y la interpretaci\u00f3n que Daniel hizo del mismo. As\u00ed mismo, del cumplimiento de dicho sue\u00f1o en forma de una locura que afect\u00f3 al rey por siete a\u00f1os y cuya curaci\u00f3n era la ocasi\u00f3n de esa carta de agradecimiento. El cap\u00edtulo quinto (Biblia hebrea, 5-6,1) describe el banquete profano de Baltasar, la misteriosa escritura en el muro, la interpretaci\u00f3n que Daniel hizo de tal escritura, y el derrocamiento, esa misma noche, del reino de Baltasar. En el sexto cap\u00edtulo Daniel aparece presentado como objeto especial del favor de Dar\u00edo el Meda y tambi\u00e9n de los celos de otros oficiales de la corona quienes finalmente terminaron por echarlo a la jaula de los leones a causa de su fidelidad en orar a Dios tres veces al d\u00eda. Luego de su milagrosa salvaci\u00f3n, Dar\u00edo decreta que todos en su reino deben \u201ctemer al Dios de Daniel\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La segunda parte del libro en la Biblia hebrea (7-12) la ocupan las cuatro visiones que Daniel describe en primera persona. La primera de esas visiones (cap. 7) se refiere al primer a\u00f1o del reino de Baltasar, y ofrece un cercano paralelo al sue\u00f1o que se narra y explica en el cap\u00edtulo segundo del libro.  La visi\u00f3n nocturna versaba sobre cuatro bestias que sal\u00edan del mar, simbolizando las fuerzas gentiles que ser\u00e1n juzgadas a su debido tiempo por el \u201canciano de d\u00edas\u201d y finalmente substituidas por el reino mesi\u00e1nico, universal y eterno. Del mismo modo que la primera, la segunda visi\u00f3n (cap. 8) se atribuye al reino de Baltasar y representa las fuerzas mundanas bajo figuras animales. Daniel ve un carnero con dos cuernos (los medos y los persas) que avanza victorioso hacia el occidente, al norte y al sur, hasta que es atacado por el macho cabr\u00edo (los griegos) con un gran cuerno (Alejandro) que tiene entre los ojos. Este cuerno da origen a otros cuatro (los reinos griegos de Egipto, Siria, Macedonia y Tracia), y de uno de ellos crece un \u201ccuerno peque\u00f1o\u201d, a saber, Ant\u00edoco Epifanes. Definitivamente este pr\u00edncipe no es mencionado por el \u00e1ngel Gabriel, quien  explica la visi\u00f3n a Daniel, pero s\u00ed est\u00e1 claramente se\u00f1alado por la descripci\u00f3n de las acciones del \u201cpeque\u00f1o cuerno\u201d contra los ej\u00e9rcitos celestiales y su pr\u00edncipe (Dios), desacrando \u201cel santuario\u201d, interrumpiendo los sacrificios diarios por tres a\u00f1os y medio y, finalmente \u201cquebrado sin intervenci\u00f3n de mano alguna\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El siguiente cap\u00edtulo contiene la profec\u00eda de las setenta semanas, refiri\u00e9ndose al primer a\u00f1o de Dar\u00edo, el hijo de Asuero. Mientras Daniel suplicaba a Dios que cumpliera las promesas de misericordia que hab\u00eda hecho en Jerem\u00edas, 29, 10 y ss., o en 25, 11, fue favorecido con la visi\u00f3n del \u00e1ngel Gabriel. El celestial mensajero le explic\u00f3 c\u00f3mo deb\u00edan entenderse los setenta a\u00f1os de desolaci\u00f3n anunciados por Jerem\u00edas.  Se trata de setenta semanas de a\u00f1os, que caen en tres per\u00edodos de siete, sesenta y dos y una semana de a\u00f1os, respectivamente. El primer per\u00edodo de siete semanas, o cuarenta y nueve a\u00f1os, se extender\u00e1 desde la salida de la \u201cpalabra\u201d para la reconstrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n hasta \u201cel ungido, un pr\u00edncipe\u201d. Durante la segunda, de sesenta y dos semanas, o cuatrocientos treinta y cuatro a\u00f1os, la Ciudad Santa ser\u00e1 construida, aunque \u201cen la angustia de los tiempos\u201d. Al final de ese per\u00edodo \u201cun ungido\u201d ser\u00e1 separado, y el pueblo de un pr\u00edncipe que vendr\u00e1 \u201cdestruir\u00e1\u201d la ciudad y el santuario. \u00c9l har\u00e1 alianza con muchos durante una semana (siete a\u00f1os) y durante la mitad de la misma har\u00e1 que cesen el sacrificio y la oblaci\u00f3n y que reine la abominaci\u00f3n de la desolaci\u00f3n, hasta que encuentre su destino. La \u00faltima visi\u00f3n, ubicada en el tercer a\u00f1o del reinado de Ciro, se narra en los cap\u00edtulos 10-12. Su parte inicial (10-11,1) describe la visi\u00f3n con una referencia a Media, Persia y Grecia. La parte segunda (11) anuncia muchos eventos relacionados con los cuatro reyes persas, con Alejandro y sus sucesores y, m\u00e1s particularmente, con los hechos de un rey del norte, i.e. Ant\u00edoco Epifanes, contra Egipto, los jud\u00edos, el Templo, etc., hasta que llegue a su fin. La conclusi\u00f3n de la visi\u00f3n (12) declara c\u00f3mo Miguel (el \u00e1ngel guardi\u00e1n de Israel) salvar\u00e1 al pueblo. Se hace menci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n de los muertos, seguida de premios y castigos. Durante 1290 d\u00edas, o cerca de tres a\u00f1os y medio, cesar\u00e1 el sacrificio diario y se establecer\u00e1 la abominaci\u00f3n de la desolaci\u00f3n. Bendito aquel que se mantenga firme por 1335 d\u00edas.\n<\/p>\n<p>Objeto y unidad<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ese contenido se desprende con facilidad que el Libro de Daniel no pretende ser un resumen hist\u00f3rico del per\u00edodo del exilio babil\u00f3nico, o de la vida del mismo Daniel, ya que ambas partes proclaman transmitir solamente algunos datos aislados relacionados con el exilio o con la vida del profeta. Del mismo contenido se puede igualmente ver que el objeto de ese escrito sagrado no pretende registrar lo substancial de discursos prof\u00e9ticos parecidos a los que constituyen la obra atribuida a distintos profetas en la literatura del Antiguo Testamento. Tanto en materia como en forma los contenidos de la profec\u00eda de Daniel son de un tipo peculiar que no tiene paralelo exacto en la Biblia, con excepci\u00f3n del Apocalipsis de San Juan. En Daniel, como en el \u00faltimo libro de la Biblia, se encuentra uno en presencia de contenidos cuyo prop\u00f3sito general es indudablemente fortalecer al Pueblo de Dios, v\u00edctima de crueles persecuciones, principalmente a trav\u00e9s de visiones simb\u00f3licas que se refieren al \u201ctiempo del fin\u201d. Tal es el objetivo patente de las cuatro visiones que aparecen en la segunda parte del Libro de Daniel (caps. 7-12), e igualmente del sue\u00f1o de Nabucodonosor, seg\u00fan se le describe y explica en el cap\u00edtulo segundo de la primera parte de ese escrito inspirado. La persecuci\u00f3n que ah\u00ed se narra es la de Ant\u00edoco Epifanes, y los jud\u00edos deben ser consolados por la perspectiva tanto del destino que aguarda al opresor como del establecimiento del reino universal y eterno de Dios. Las narraciones de los cap\u00edtulos 3-6 tampoco difieren en su prop\u00f3sito general: en todos y cada uno de ellos triunfan finalmente los servidores constantes y generosos del verdadero Dios- Daniel y sus compa\u00f1eros cautivos- mientras que sus opresores, por m\u00e1s numerosos y poderosos que puedan ser, son finalmente castigados u obligados a reconocer y promover la gloria del Dios de Israel. El objetivo apocal\u00edptico del Libro de Daniel es admitido por casi todos los expertos actuales, lo cual est\u00e1 en armon\u00eda con el lugar que se le da a ese escrito sagrado en la Biblia hebrea, en la que no aparece entre los \u201cprofetas\u201d, o segunda gran divisi\u00f3n del texto original, sino entre los \u201cescritos\u201d, o tercera parte de ese texto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Casi todos los escritos apocal\u00edpticos delatan su car\u00e1cter de compilaci\u00f3n, por lo que uno puede sentirse naturalmente tentado a ver el Libro de Daniel- cuyo car\u00e1cter apocal\u00edptico acaba de ser descrito- como una obra de compilaci\u00f3n. De hecho, muchos autores del siglo pasado- algunos de los cuales eran cat\u00f3licos- han propuesto fundamentos positivos que intentan probar que el autor del libro reuni\u00f3 sus documentos de la forma m\u00e1s propicia para apoyar su objetivo general. En la actualidad, sin embargo, casi se acepta universalmente la opini\u00f3n contraria, que afirma la unidad literaria de la profec\u00eda de Daniel. Se percibe que el plan uniforme del libro, el acucioso arreglo de sus temas, la fuerte semejanza de lenguaje de sus dos partes principales, etc., son argumentos poderosos a favor de la \u00faltima posici\u00f3n.\n<\/p>\n<p>Autor\u00eda y fecha de composici\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez admitido que el Libro de Daniel es obra de un solo autor, nace la pregunta importante: \u00bfEs ese autor solitario el profeta Daniel, quien compuso el libro durante el exilio (586-536 a. C.), o, por el contrario, fue otro autor, desconocido a la fecha, quien compuso el libro en fecha posterior, a\u00fan indeterminada? La posici\u00f3n tradicional, vigente mayormente entre cat\u00f3licos, afirma que toda la obra, seg\u00fan se encuentra en la Biblia hebrea, debe ser adjudicado directamente a Daniel, cuyo nombre detenta. Admite esa opini\u00f3n, sin embargo, que a trav\u00e9s de los a\u00f1os se han introducido numerosas alteraciones al texto primitivo del libro.  Dicha opini\u00f3n sostiene, tambi\u00e9n, que las narraciones (caps. 1-6) en las que se describe a Daniel en tercera persona como actuando de la manera en que se describe, y las visiones simb\u00f3licas (caps. 7-13), donde \u00e9l se describe a si mismo como favorecido con revelaciones celestiales, fueron escritas no simplemente por un autor contempor\u00e1neo del profeta, que habr\u00eda vivido en Babilonia en el siglo VI a.C., sino por Daniel mismo. La diferencia en el uso de las personas gramaticales se ve como algo natural si se toma en cuenta el contenido de las dos partes del libro. Daniel emplea la tercera persona al registrar acontecimientos, ya que el acontecimiento es testigo de si mismo; la primera persona, al relatar visiones prof\u00e9ticas, dada la necesidad de que las comunicaciones del cielo sean atestiguadas por aquellos a quienes se les otorgan. En oposici\u00f3n a esta posici\u00f3n tradicional, que adjudica a Daniel la autor\u00eda del libro que lleva su nombre y que admite el per\u00edodo entre el 570 y el 536 a.C. como fecha de su composici\u00f3n, se destaca una teor\u00eda relativamente reciente que ha sido ampliamente aceptada por los eruditos contempor\u00e1neos. Basada principalmente en aspectos ling\u00fc\u00edsticos e hist\u00f3ricos, esta teor\u00eda rival refiere el origen del Libro de Daniel, en su forma actual, a un escritor y a un per\u00edodo m\u00e1s tard\u00edos. Afirma que este escrito apocal\u00edptico es obra de un autor desconocido quien lo habr\u00eda compuesto durante el per\u00edodo de los Macabeos, m\u00e1s espec\u00edficamente durante el reinado de Ant\u00edoco IV, Epifanes (175-164 a.C.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que sigue son los testimonios extr\u00ednsecos que los estudiosos conservadores general y confiadamente utilizan para probar que el Libro de Daniel debe referirse al bien conocido profeta que lleva ese nombre y, consecuentemente, a una \u00e9poca muy anterior a la que proponen sus oponentes. La tradici\u00f3n cristiana, tanto en el Este como en el Oeste, ha sido un\u00e1nime en admitir, desde el tiempo de Cristo hasta nuestros d\u00edas, la genuineidad del Libro de Daniel. Su testimonio se basa sobre todo en Mateo 24, 15: \u201cCuando vean la abominaci\u00f3n de la desolaci\u00f3n de la que habla Daniel el profeta erigida en el lugar sagrado: quien lea que entienda\u201d. En ese pasaje Cristo trata las visiones de Daniel como verdaderos or\u00e1culos, y expresamente nombra al profeta como su autor. Con ello, se dice, Cristo con su autoridad  confirma la opini\u00f3n aceptada por entonces por los jud\u00edos, que ve\u00eda a Daniel como el autor del libro que lleva su nombre. La tradici\u00f3n jud\u00eda, antes y durante el tiempo de Cristo, tambi\u00e9n rinde claro testimonio de la genuineidad de la profec\u00eda de Daniel. En sus \u201cAntig\u00fcedades de los Jud\u00edos\u201d (libro XI, cap. 8, 5), el erudito sacerdote jud\u00edo y fariseo, Josefo (alrededor de 40-100 d.C.), escribe: \u201cCuando fue mostrado a Alejandro Magno (m.323 a.C.) el Libro de Daniel, en el que Daniel declaraba que un griego destruir\u00eda el imperio persa, \u00e9l supuso que \u00e9l era la persona de la que se hablaba\u201d. Antes de la Era Cristiana, el primer Libro de los Macabeos (escrito en la primera parte del siglo primero a.C.) demuestra estar familiarizado con la versi\u00f3n de los Setenta de la profec\u00eda de Daniel (cf. I Mac., 1, 54; Dn., 9,27; I Mac. 2, 59 y Dn. 3,6),  de donde se puede inferir lo siguiente:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7   que en esa fecha el Libro de Daniel ya debe haber tenido un tiempo considerable de haber sido traducido al griego y\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 que su composici\u00f3n debe haber antecedido con mucho m\u00e1s tiempo a esta traducci\u00f3n, de modo que es poco probable ubicar su origen bajo el reinado de Ant\u00edoco Epifanes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n los or\u00e1culos sibilinos (libro III, versos 388 y ss), que supuestamente fueron escritos alrededor del 170 a.C., contienen alusiones a Ant\u00edoco IV y a los diez cuernos de Dn. 7, 7- 24, e indica, por tanto, una fecha anterior a la propuesta por quienes proponen la teor\u00eda de una fecha m\u00e1s temprana. A\u00fan m\u00e1s particularmente, la traducci\u00f3n del Pentateuco de los Setenta, elaborada cerca del a\u00f1o 285 a.C., en Deut. 32,8 exhibe una doctrina acerca de los \u00e1ngeles guardianes, aparentemente tomada del Libro de Daniel y as\u00ed prueba la existencia de ese escrito sagrado desde mucho antes de la \u00e9poca de Ant\u00edoco Epifanes. Seg\u00fan Josefo (Contra Apion, VIII), finalmente, el canon del Antiguo Testamento de los jud\u00edos de Palestina, que siempre ha incluido a Daniel entre sus \u201cescritos\u201d, fue clausurado por Esdras (mediados del siglo V a.C.), o sea,  en una fecha tan cercana a la composici\u00f3n del libro que se puede certificar f\u00e1cilmente su genuineidad y explicar\u00eda naturalmente su inserci\u00f3n en el canon palestino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para fortalecer m\u00e1s la deducci\u00f3n hecha arriba a partir de esos testimonios externos, los eruditos conservadores hacen referencia a las siguientes bases, directas e indirectas. A lo largo de la segunda parte de su libro Daniel habla en primera persona y con ello se declara impl\u00edcitamente como el escritor de los cap\u00edtulos 7-12. No s\u00f3lo eso, sino que en las palabras: \u201cEntonces \u00e9l [Daniel] escribi\u00f3 el sue\u00f1o y narr\u00f3 la totalidad de los asuntos\u201d, se tiene una afirmaci\u00f3n que le atribuye expl\u00edcitamente a \u00e9l la escritura de la primera visi\u00f3n (cap. 8) e, impl\u00edcitamente, la de las visiones subsiguientes, indisolublemente unidas a la del inicio. As\u00ed pues, si las visiones descritas en la segunda parte del libro son obra de \u00e9l, lo mismo se debe admitir en lo tocante a las narraciones que constituyen la primera parte del libro (caps. 1-6), dada la reconocida unidad de la obra. Y del mismo modo se tiene evidencia intr\u00ednseca sobre la autor\u00eda de Daniel. Tambi\u00e9n apuntan las bases intr\u00ednsecas en la misma direcci\u00f3n, ya que parecen demostrar que el autor del Libro de Daniel fue\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        un residente de Babilonia\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        alguien que escribi\u00f3 en el mismo per\u00edodo al que perteneci\u00f3 el profeta Daniel, y\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        alguien que se puede identificar con el profeta mismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera de esas posiciones, se afirma, surge a partir de la gran familiaridad demostrada por el autor en la porci\u00f3n hist\u00f3rica del libro (caps. 1-6) con relaci\u00f3n a las maneras, costumbres, historia, religi\u00f3n, etc. de los babilonios que \u00e9l refiere en minucioso detalle. El color local de sus descripciones y la referencia exacta que hace de algunos hechos son tales que solamente se pueden explicar en un residente de Babilonia. Tambi\u00e9n surge al comparar la forma de las profec\u00edas de Daniel en los cap\u00edtulos 7-12 con las circunstancias que rodeaban a un habitante de Babilonia y, en particular, con los monumentos de ese pa\u00eds. Por ejemplo, la imaginer\u00eda de la visi\u00f3n de Daniel en el cap\u00edtulo s\u00e9ptimo es casi id\u00e9ntica a la encontrada en los monumentos de las ruinas de N\u00ednive; en los cap\u00edtulos 8, 2  (texto hebreo), y 10,4, las orillas del r\u00edo son utilizadas apropiadamente como escenas de las visiones de Daniel. Aunque el autor del Libro de Daniel se muestra muy conocedor de Babilonia, no demuestra lo mismo acerca de Persia y Grecia como deber\u00eda esperarse si, en vez de haber vivido en el siglo seis a. C. hubiera sido contempor\u00e1neo de Ant\u00edoco Epifanes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta ausencia de conocimientos precisos de los tiempos que siguieron al per\u00edodo babilonio ha servido a veces para probar la segunda posici\u00f3n: que el escritor pertenec\u00eda a ese per\u00edodo y no a otro. M\u00e1s frecuentemente, sin embargo, y con mayor fuerza, las caracter\u00edsticas ling\u00fc\u00edsticas  del Libro de Daniel se han utilizado para establecer la segunda posici\u00f3n. Se ha afirmado, por una parte, que el hebreo de Daniel, con sus numerosos arame\u00edsmos, se parece bastante al de Ezequiel, y que, por ello, debe ser del per\u00edodo del exilio; por otra parte, que las partes arameas de Daniel (2,4-7) est\u00e1n en total acuerdo con el arameo de Esdras, mientras que se distinguen del lenguaje de las m\u00e1s antiguas par\u00e1frasis arameas del Antiguo Testamento por sus expresiones hebreas. En particular, la f\u00e1cil transici\u00f3n del hebreo al arameo (2,4), y su opuesto (8, 1 y ss.), se explica- por lo que se dice- solamente si suponemos que el escritor y los lectores del libro dominan ambos. Este manejo libre de ambos lenguajes no es cre\u00edble de la era macabea sino de la de Daniel, del exilio, puesto que ambos estaban en uso igualmente. Los fundamentos intr\u00ednsecos para establecer la \u00faltima  posici\u00f3n (que el autor del Libro de Daniel es el profeta que lleva ese nombre), puede ser resumida en la siguiente frase: aunque ning\u00fan otro vidente del exilio babil\u00f3nico ha sido, ni ser\u00e1 nombrado como el probable redactor de las visiones descritas en el escrito inspirado, Daniel, gracias a su posici\u00f3n en la corte de Babilonia, a su profundizaci\u00f3n en el pensamiento caldeo y al problema de su llamado, seg\u00fan Dios se lo hab\u00eda mostrado, estaba excelentemente capacitado en ese momento para escribir las profec\u00edas que se le hab\u00edan hecho a favor de la tranquilidad de los jud\u00edos de su tiempo y de las \u00e9pocas subsiguientes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los estudiosos que han examinado esta evidencia en forma minuciosa y sin prejuicios han concluido que los cr\u00edticos racionalistas est\u00e1n definitivamente equivocados al negar totalmente el car\u00e1cter hist\u00f3rico del Libro de Daniel. Sin embargo, muchos de ellos a\u00fan cuestionan la absoluta congruencia de las pruebas extr\u00ednsecas e intr\u00ednsecas aducidas para probar la autor\u00eda de Daniel. Con raz\u00f3n estos \u00faltimos acad\u00e9micos rechazan como falsa la aseveraci\u00f3n de Josefo  que ubica el cierre del canon del Antiguo Testamento  en la \u00e9poca de Esdras. Y es bien conocido el prejuicio del mismo historiador jud\u00edo quien tend\u00eda a magnificar todo aquello que tiene que ver con su naci\u00f3n. Tienen una raz\u00f3n v\u00e1lida para dudar de su afirmaci\u00f3n que las profec\u00edas de Daniel fueron mostradas a Alejandro Magno cuando este pr\u00edncipe pas\u00f3 a trav\u00e9s de Palestina. F\u00e1cilmente explican como una glosa posterior la presunta referencia a las expresiones de Daniel en la versi\u00f3n de los Setenta del Deuteronomio, y ven como compatible la familiaridad del primer libro de los Macabeos y la profec\u00eda de Daniel con la teor\u00eda que niega la autor\u00eda a Daniel. E incluso con la composici\u00f3n del Libro de Daniel en tiempos de Ant\u00edoco IV. En lo tocante al \u00faltimo testimonio externo a favor de la genuineidad de ese escrito sagrado, o sea las palabras de Cristo acerca de Daniel y su profec\u00eda, los mismos acad\u00e9micos piensan que, sin perder la reverencia hacia la persona de Cristo y la credibilidad que sus palabras merecen, tienen el derecho de no considerar el pasaje de Mateo 24,15 como definitivamente concluyente. Jes\u00fas no dice expl\u00edcitamente que Daniel escribi\u00f3 las profec\u00edas que llevan su nombre. No se puede inferir, por tanto, de las palabras de Jes\u00fas algo que puede ser objeto de disputa, o sea que por referirse a los contenidos de un libro \u00c9l confirmaba la creencia tradicional en su tiempo acerca de su autor\u00eda. De hecho muchos estudiosos cuya creencia en Cristo est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la duda- por ejemplo, los cat\u00f3licos Padre Souciet, S.J., el obispo Hanneberg, Francois Lenormant y otros-  han cre\u00eddo que la referencia de Cristo a Daniel en Mt. 24,15 no tiene la autor\u00eda de Daniel, al contrario de lo que afirman los acad\u00e9micos tradicionales que se basan principalmente en sus palabras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Habiendo mostrado, a su propia satisfacci\u00f3n, el car\u00e1cter no concluyente de la evidencia externa, o principal defensa de la posici\u00f3n tradicional, los oponentes de la autor\u00eda de Daniel tratan de probar que la evidencia apunta en forma decisiva al origen tard\u00edo que ellos adjudican al Libro de Daniel. En pocas palabras, estos son sus argumentos principales:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        Tal como se encuentra actualmente en la Biblia hebrea, el Libro de Daniel contiene referencias hist\u00f3ricas que tienden a probar que su autor no fue testigo ocular de los acontecimientos  a los que se refiere, como hubiese sido el caso si el autor fuera el profeta Daniel. Si su autor hubiese vivido durante el exilio, se aduce, no hubiera afirmado: \u201cen al a\u00f1o tercero del reinado de Joaquim, rey de Juda, Nabucodonosor, rey de Babilonia lleg\u00f3 a Jerusal\u00e9n y la siti\u00f3\u201d (Dn. 1,1), pues esto se opone a Jerem\u00edas 36,9,29.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        No hubiera repetido la palabra \u201ccaldeos\u201d utiliz\u00e1ndolo como el nombre de una casta erudita, ya que este sentido no era usual en el idioma asirio-babilonio y de un origen no posterior al exilio. No hubiera hablado de Baltasar como \u201crey\u201d (5, 1,23,5, etc., 8, 1), o como \u201chijo de Nabucodonosor\u201d (5,2,18,etc.), ya que Baltasar nunca fue rey, ni \u00e9l ni su padre tuvieron relaci\u00f3n de sangre con Nabucodonosor,\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        Hubiese evitado la afirmaci\u00f3n \u201cDario el Meda lo sucedi\u00f3 en el trono\u201d de Baltasar (5,31), ya que no hay campo para tal gobernante entre Nabonahid, el padre de Baltasar, y Ciro, el conquistador de Babilonia,\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        No hubiese hablado de \u201clos libros\u201d (Dn. 9,2; texto hebreo), una expresi\u00f3n que implica que las profec\u00edas de Jerem\u00edas formaban parte de una bien conocida colecci\u00f3n de libros sagrados, lo cual no sucedi\u00f3 en tiempos de Nabucodonosor y Ciro, etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        Las caracter\u00edsticas ling\u00fc\u00edsticas del libro, tal como existen en la Biblia hebrea, tambi\u00e9n apuntan, seg\u00fan se dice, a una fecha posterior al tiempo de Daniel. Su hebreo es del tipo distintamente posterior que sigui\u00f3 a la \u00e9poca de Nehem\u00edas. Tanto en su porci\u00f3n hebrea como en la aramea existen palabras persas y al menos tres palabras griegas, lo cual ciertamente debe referirse a un per\u00edodo m\u00e1s tard\u00edo que el exilio en Babilonia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No satisfecho con la mera inferencia que negaba que el Libro de Daniel hab\u00eda sido compuesto durante la cautividad, los oponentes de la autor\u00eda de Daniel buscan llegar a una conclusi\u00f3n positiva respecto al origen de la fecha de su origen. Con este prop\u00f3sito examinan los contenidos de ese escrito inspirado y creen que, con observar sus partes a la luz de la historia, pueden concluir definitivamente que fue compuesto en el tiempo de Ant\u00edoco Epifanes. Es f\u00e1cil observar, se nos dice, que el inter\u00e9s de las visiones que conforman la segunda parte de Daniel culminan en las relaciones entre los jud\u00edos y Ant\u00edoco. Es este pr\u00edncipe el sujeto aparente de Dn. 8, 9-13; 23-25, y a quien probablemente se llama \u201cpeque\u00f1o cuerno\u201d en Dn. 7, 8; 20-21; 25, mientras que algunos acontecimientos de su reinado son aparentemente descritos en Dn. 9, 25-27, como indudablemente lo son en Dn. 11, 21-45; 12, 6-7; 10-12. Se afirma que quien guarde eso en mente debe ser llevado por la analog\u00eda de la Escritura a admitir que el libro pertenece al per\u00edodo de Ant\u00edoco. La regla es que \u201ca\u00fan cuando los profetas del Antiguo Testamento transmiten un mensaje divino referente a d\u00edas muy lejanos, tienen en mente las necesidades del pueblo de sus propios d\u00edas. Ellos les recriminan sus pecados, los consuelan en sus penas, les fortalecen su esperanza y alejan sus miedos. Pero si el libro fue escrito en tiempos de Ciro, en Daniel no hay huella alguna de ello. Su mensaje se refiere decididamente al tiempo del fin, al per\u00edodo de Ant\u00edoco y de los Macabeos\u201d. Y esta conclusi\u00f3n se confirma cuando se ve que la narraci\u00f3n de la primera parte, al ser estudiada en referencia a los eventos del reinado de Ant\u00edoco, imparte lecciones apropiadas a los jud\u00edos de ese per\u00edodo. La cuesti\u00f3n de alimentarse de carne (Dn. 1, 8 ss.) constitu\u00eda en ese tiempo una prueba a la fe (cf. I Mac. 1, 65 ss; II Mac. 6, 18 ss; 7). Las lecciones del horno ardiente y el pozo de los leones (Dn. 3; 6) fueron totalmente adecuados en tiempo de los Macabeos cuando se castigaba a los jud\u00edos con la muerte para obligarlos a adorar deidades extranjeras (cf. I Mac. 1, 43-54). Los relatos acerca de la humillaci\u00f3n de Nabucodonosor (Dn. 4) y del destino de Baltasar (Dn. 5) tambi\u00e9n fueron calculados particularmente para consolar a los jud\u00edos que eran cruelmente oprimidos por Ant\u00edoco y sus oficiales. Tal punto de vista acerca de la fecha del Libro de Daniel est\u00e1 en armon\u00eda con el car\u00e1cter apocal\u00edptico de toda la obra, y se puede confirmar, se dice, por ciertos datos de la historia externa del libro, como por ejemplo su lugar entre \u201clos escritos\u201d del canon palestino, la ausencia de cualquier huella de la influencia de Daniel sobre la literatura postex\u00edlica antes del per\u00edodo macabeo, etc. A pesar del hecho de que algunos de esos argumentos en contra de la autor\u00eda de Daniel a\u00fan no han sido completamente rechazados, los acad\u00e9micos cat\u00f3licos generalmente se atienen a la postura tradicional, aunque no los obligue a ello ninguna decisi\u00f3n de la Iglesia.\n<\/p>\n<p>Profec\u00eda de las setenta semanas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Varias secciones del Libro de Daniel contienen predicciones mesi\u00e1nicas, cuyo objetivo general ha sido suficientemente se\u00f1alado al explicar los contenidos y el objeto de ese escrito inspirado. Una de esas predicciones, sin embargo, reclama una consideraci\u00f3n especial, dado el inter\u00e9s especial relacionado con sus contenidos. Se conoce como la profec\u00eda de las setenta semanas y se encuentra en un pasaje obscuro (9, 24-27), del cual lo que sigue es su versi\u00f3n literal\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24. Setenta semanas  [literalmente heptads] est\u00e1n fijadas sobre tu pueblo y tu ciudad santa para poner fin a la rebeld\u00eda, para sellar los pecados, para expiar la culpa, para instaurar justicia eterna, para sellar visi\u00f3n y profec\u00eda, para ungir el santo de los santos [literalmente la santidad de la santidad]. 25. \u201cEntiende y comprende: Desde el instante en que sali\u00f3 la orden de volver a construir Jerusal\u00e9n, hasta un Pr\u00edncipe Mes\u00edas, [hay] siete semanas y sesenta y dos semanas,  [con] plaza y foso ser\u00e1n reconstruidos, pero en la angustia de los tiempos. 26. Y despu\u00e9s de las sesenta y dos semanas un Mes\u00edas ser\u00e1 suprimido, y no habr\u00e1 para \u00e9l..[ Sept. kai ouk estai]. y destruir\u00e1 la ciudad y el santuario el pueblo de un pr\u00edncipe que vendr\u00e1. Su fin ser\u00e1 un cataclismo y, hasta el final, [habr\u00e1] guerra y los desastres decretados. 27. \u00c9l concertar\u00e1 con muchos una firme alianza una semana; y en media semana har\u00e1 cesar el sacrificio y la oblaci\u00f3n, y en el ala del Templo estar\u00e1 la abominaci\u00f3n de la desolaci\u00f3n, hasta que la ruina decretada se derrame sobre el desolador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La dificultad de traducir este pasaje del texto hebreo solamente es superada por la de interpretar sus contenidos. La mayor\u00eda de los comentaristas admiten, claro, que las setenta semanas son semanas de a\u00f1os, que se dividen en tres per\u00edodos de 7, 62 y una semana de a\u00f1os, respectivamente. Pero no se ponen de acuerdo en lo que toca al punto exacto de partida y el t\u00e9rmino preciso de las setenta semanas. Del mismo modo, la mayor parte de ellos consideran que la profec\u00eda de las setenta semanas es una referencia mesi\u00e1nica, pero incluso los interpretes cat\u00f3licos no est\u00e1n de acuerdo respecto a la naturaleza precisa de tal referencia. Algunos de entre ellos, siguiendo a Hardouin, S.J., a Calmet, O.S.B., etc., ven en el contenido de la profec\u00eda una referencia t\u00edpica a Cristo, m\u00e1s que una literal como la que ha sido, y es a\u00fan, m\u00e1s usual en la Iglesia. En breve, las siguientes son las principales interpretaciones que se han dado a Dn. 9, 24-27.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        La primera es la visi\u00f3n antigua, que puede ser llamada tradicional, y que mantiene que la profec\u00eda de las setenta semanas se refiere directamente a Cristo encarnado, a su muerte, el establecimiento de la Nueva Alianza y la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n por los romanos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        La segunda es la de los estudiosos m\u00e1s recientes, principalmente los no cat\u00f3licos, los cuales refieren todo el pasaje directamente al tiempo de Ant\u00edoco Epifanes, con (generalmente cristianos) o sin (los racionalistas) ninguna referencia espec\u00edfica a Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        La tercera es la de algunos Padres de la Iglesia y de algunos te\u00f3logos recientes quienes entienden la profec\u00eda en forma escatol\u00f3gica, como una predicci\u00f3n del desarrollo del reino de Dios desde el fin del exilio hasta la plenitud de ese reino en la segunda venida de Cristo.\n<\/p>\n<p>Texto y principales versiones antiguas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las principales razones de la oscuridad que rodea la interpretaci\u00f3n de Dn. 9, 24-27 radica en la condici\u00f3n tan pobre en que el texto original ha llegado a nosotros. No s\u00f3lo en la profec\u00eda de las setenta semanas, sino a lo largo de sus secciones hebreas (Dn. 1-2,4; 8-9) y aramea (2,4-7), el texto deja ver varios defectos que es m\u00e1s f\u00e1cil se\u00f1alar que corregir. La ling\u00fc\u00edstica, el contexto, y las traducciones antiguas de Daniel generalmente no ayudan gran cosa para intentar la restauraci\u00f3n de la lectura primitiva. La m\u00e1s antigua de todas esas traducciones es la versi\u00f3n griega conocida como los Setenta, cuyo texto nos ha llegado, no en su forma original, sino en la forma que le dio Or\u00edgenes (fallecido alrededor del 254 d.C.) para la composici\u00f3n de su Hexapla. Antes de esa revisi\u00f3n hecha por Or\u00edgenes, el texto de los Setenta era considerado como tan falto de credibilidad, por la libertad de traducci\u00f3n y por las alteraciones que se le hab\u00edan introducido, etc., que durante el siglo segundo de nuestra era fue rechazado por la Iglesia, la que adopt\u00f3 mejor la versi\u00f3n griega de Daniel, elaborada en el mismo siglo por un pros\u00e9lito jud\u00edo, Teodoci\u00f3n. Esta versi\u00f3n de Teoditi\u00f3n era aparentemente una revisi\u00f3n muy h\u00e1bil de los Setenta a partir del texto original y es la que se encuentra incorporada a la edici\u00f3n de los Setenta publicada por Sixto V en 1587. En la edici\u00f3n de los Setenta elaborada por el Dr. H.B. Swete las versiones de Or\u00edgenes y la de Teodoci\u00f3n fueron apropiadamente impresas lado a lado en p\u00e1ginas opuestas (vol. III, pp. 498 y ss.). La versi\u00f3n de las versiones protocan\u00f3nicas del Libro de Daniel en la Vulgata latina es la traducci\u00f3n hecha por San Jer\u00f3nimo a partir del mismo texto hebreo y arameo que se encuentran en las biblias hebreas actuales.\n<\/p>\n<h3>Partes Deuterocan\u00f3nicas<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las secciones hebrea y aramea del Libro de Daniel, de las que hemos hablado hasta aqu\u00ed, son las \u00fanicas que aparecen en la Biblia hebrea y que son reconocidas como sagradas y can\u00f3nicas por los protestantes. Pero aparte de dichas secciones, la Vulgata y las traducciones griegas de Daniel (Setenta y Teodoci\u00f3n), a una con otras versiones antiguas y moderna, contienen tres partes muy importantes, que son deuterocan\u00f3nicas. Ellas son:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        La oraci\u00f3n de Azar\u00edas y el canto de los tres j\u00f3venes, frecuentemente interpolados en el cap\u00edtulo tercero, entre los vers\u00edculos veintitr\u00e9s y veinticuatro;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        La historia de Susana, encontrada como el cap\u00edtulo 13, al fin del libro;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        La historia de la destrucci\u00f3n de Bel y del drag\u00f3n, finalizando el libro como cap\u00edtulo 14.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primero de estos fragmentos (Dn. 3, 24-90) consiste en una oraci\u00f3n en la que Azar\u00edas, de pie en medio del horno, pide a Dios que lo libre a \u00e9l y a sus compa\u00f1eros, Anan\u00edas y Misael, y que averg\u00fcence a sus enemigos (vers\u00edculos 24-25); una breve informaci\u00f3n del hecho que el \u00e1ngel del Se\u00f1or salv\u00f3 del peligro a los tres j\u00f3venes mientras el fuego consum\u00eda a los caldeos sobre el horno (46-50); y una doxolog\u00eda (52-56) que culmina en un himno m\u00e1s conocido como el \u201cBenedicite\u201d (57-90). El segundo fragmento (cap. 13) narra la historia de Susana. Ella era la fiel esposa de un rico jud\u00edo llamado Joaquim que viv\u00eda en Babilonia. Falsamente acusada de adulterio por dos ancianos indignos cuyos criminales avances ella hab\u00eda rechazado. Fue sentenciada a muerte por el tribunal antes de que fuera juzgada. Mientras era llevada a su ejecuci\u00f3n, Daniel, movido por Dios, amonest\u00f3 al pueblo por haber condenado a muerte a una hija de Israel sin suficiente deliberaci\u00f3n. \u00c9l mismo examin\u00f3 a los dos testigos separadamente y prob\u00f3 que su testimonio era contradictorio. En cumplimiento de la ley de Mois\u00e9s (Deut.19, 18-19), los dos ancianos fueron ejecutados y \u201cDaniel se hizo grande a los ojos del pueblo desde entonces\u201d. La \u00faltima parte deuterocan\u00f3nica de Daniel (cap. 14) contiene la narraci\u00f3n de la destrucci\u00f3n de Bel y del drag\u00f3n. Cuenta primero la astuta manera como Daniel desenga\u00f1\u00f3 al rey, Ciro, que consideraba al \u00eddolo babilonio llamado Bel como \u201cun dios viviente\u201d que realmente com\u00eda abundantes ofrendas, aunque quienes las com\u00edan eran los sacerdotes paganos y sus familias. En consecuencia, los impostores fueron muertos y Bel y su templo fueron destruidos. Enseguida narra, c\u00f3mo Daniel caus\u00f3 la muerte de un drag\u00f3n a quien los babilonios adoraban y a los que el rey deseaba adorar como a un \u201cdios vivo\u201d. Enfurecido, el pueblo forz\u00f3 al rey a entregarles a Daniel y a arrojarlo en una cueva de leones. Daniel permaneci\u00f3 ah\u00ed por seis d\u00edas, alimentado por el profeta Habakuk quien fue milagrosamente transportado desde Judea a babilonia. Al s\u00e9ptimo d\u00eda, al encontrar el rey a Daniel vivo entre los leones, alab\u00f3 en voz alta al Dios de Daniel y entreg\u00f3 a los acusadores de Daniel al mismo destino del que Daniel hab\u00eda escapado milagrosamente. Sin duda alguna, el griego es la forma m\u00e1s antigua en la que nos han llegado esas partes deuterocan\u00f3nicas del Libro de Daniel, pero ello no constituye prueba de que fueron compuestas en ese lenguaje. Es m\u00e1s probable que haya existido un original hebreo que ya no existe. Es claro que la posici\u00f3n que ve estos tres fragmentos como textos escritos originalmente en un lenguaje distinto del griego hace m\u00e1s f\u00e1cil suponer que eran partes integrales del libro desde el principio. Sin embargo, no soluciona el problema de su fecha y autor\u00eda. Algunos estudiosos conservadores (Vigoroux, Gilly, etc.) conceden que los dos \u00faltimos son probablemente obra de un autor distinto y posterior al resto del libro. Por otra parte, casi todos los escritores cat\u00f3licos sostienen que la oraci\u00f3n de Azar\u00edas y el Canto de los Tres J\u00f3venes no pueden ser disociados del contexto anterior y posterior en Dn. 3, y que por lo tanto deben ser referidos al tiempo de Daniel si no es que al profeta mismo. En realidad existen dificultades insuperables para determinar una fecha tan temprana para Dn. 3, 24-90, de modo que este fragmento, al igual que los otros dos, deber\u00edan quiz\u00e1s ser adjudicados a alg\u00fan autor desconocido que vivi\u00f3 mucho despu\u00e9s del exilio. Finalmente, aunque las partes deuterocan\u00f3nicas de Daniel parecen contener anacronismos, no deben ser tratados- como hizo San Jer\u00f3nimo- como simples f\u00e1bulas. Una investigaci\u00f3n m\u00e1s objetiva probablemente admitir\u00e1 que ellos encarnan tradiciones orales y escritas con cierto valor hist\u00f3rico. Pero, sea lo que se piense acerca de estas cuestiones literarias e hist\u00f3ricas, no puede haber duda alguna que al decretar el car\u00e1cter sagrado y can\u00f3nico de estos fragmentos, el Concilio de Trento proclam\u00f3 la creencia antigua y moralmente un\u00e1nime de la Iglesia de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Gigot, Francis. \u00abBook of Daniel.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 4. New York: Robert Appleton Company, 1908. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/04621b.htm.GIGOT\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Javier Algara Coss\u00edo\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la Biblia hebrea, y en las m\u00e1s recientes versiones protestantes, el Libro de Daniel se limita a sus partes protocan\u00f3nicas. 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