{"id":24301,"date":"2016-02-05T16:31:49","date_gmt":"2016-02-05T21:31:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-francisco-de-asis\/"},"modified":"2016-02-05T16:31:49","modified_gmt":"2016-02-05T21:31:49","slug":"san-francisco-de-asis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-francisco-de-asis\/","title":{"rendered":"SAN FRANCISCO DE ASIS"},"content":{"rendered":"<p>\n  Leyenda del nacimiento de San FranciscoFundador de la Orden Franciscana, naci\u00f3 en As\u00eds, en la Umbr\u00eda, en 1181 o 1182- no se tiene un dato exacto. All\u00ed mismo muri\u00f3, el 3 de octubre de 1226.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su padre, Pietro Bernardone, fue un rico mercader de telas de As\u00eds. De su madre, Pica, poco se sabe, pero se dice de ella que perteneci\u00f3 a una familia noble de Provenza. Francisco fue uno de varios hijos. La leyenda que dice que \u00e9l naci\u00f3 en un pesebre data apenas del siglo quince y parece haberse originado por el deseo de varios escritores de hacer que su vida se pareciese a la de Cristo. En su bautismo el santo recibi\u00f3 el nombre de Juan, mismo que su padre cambi\u00f3 despu\u00e9s por el de Francesco, a causa de su cari\u00f1o por Francia, a donde sus negocios lo hab\u00edan llevado en la \u00e9poca del nacimiento de su hijo. Como quiera que haya sido, el cambio de nombre ocurri\u00f3 durante su infancia y no tuvo nada que ver con su aptitud para aprender franc\u00e9s, como algunos pensaron.\n<\/p>\n<p>  Llamado del crucifijoFrancisco recibi\u00f3 alguna educaci\u00f3n elemental de parte de los sacerdotes del templo de San Jorge en As\u00eds, aunque quiz\u00e1s aprendi\u00f3 m\u00e1s en la escuela de los Trovadores, quienes en ese tiempo pugnaban por el refinamiento italiano. Una cosa es segura, \u00e9l no era muy estudioso y su educaci\u00f3n literaria nunca se complet\u00f3. A pesar de que trabaj\u00f3 con su padre en el comercio, nunca mostr\u00f3 gran inter\u00e9s por la carrera mercantil, y parece que sus padres le consent\u00edan todos sus caprichos. Tom\u00e1s de Celano, su primer bi\u00f3grafo, habla de la juventud de Francisco en t\u00e9rminos muy severos. Ciertamente la primera parte de la vida del santo no vaticinaba los a\u00f1os dorados que estaban por venir. Nadie disfrutaba m\u00e1s del placer que Francisco.  Abandono de las cosas materiales Muy simp\u00e1tico, cantaba alegremente, y gustaba de lucir buena ropa. Bien parecido, jovial, audaz, bien educado, pronto se convirti\u00f3 en el favorito de los j\u00f3venes nobles de As\u00eds, el m\u00e1s aventajado en toda actividad marcial, l\u00edder de las parrandas, el aut\u00e9ntico rey de la diversi\u00f3n. Pero con todo, desde entonces ya mostraba una innata compasi\u00f3n por los pobres. Aunque despilfarraba el dinero, de alg\u00fan modo \u00e9ste siempre flu\u00eda de modo que testimoniaba una magnanimidad de esp\u00edritu digna de un pr\u00edncipe.Cuando rondaba los veinte a\u00f1os, Francisco sali\u00f3 con sus paisanos a pelear contra los habitantes de Perusa, en uno de tantos combates tan frecuentes entre ciudades rivales de aquel tiempo. En esa ocasi\u00f3n En esa ocasi\u00f3n fueron derrotados los soldados de As\u00eds, y Francisco, que se contaba entre los que fueron capturados, estuvo en cautividad en Perusa por m\u00e1s de un a\u00f1o. Una fiebre que lo afect\u00f3 en ese lugar parece que lo hizo orientar sus pensamientos hacia las cosas eternas. Durante la larga enfermedad, por lo menos el vac\u00edo de la vida que hab\u00eda llevado hasta entonces se le hizo patente. A pesar de ello, en cuanto san\u00f3, se despert\u00f3 su sed de gloria y su fantas\u00eda volvi\u00f3 a vagar en busca de nuevas victorias. Al fin, decidi\u00f3 abrazar la carrera militar y todo parec\u00eda favorecer tales aspiraciones. Un caballero de As\u00eds, Walter de Brienne, quien hab\u00eda tomado las armas contra el emperador en los Estados napolitanos, estaba por alistarse en \u00abla cuenta noble\u00bb y Francisco hizo todos los arreglos para unirse a \u00e9l. Los bi\u00f3grafos nos dicen que la noche anterior a partir Francisco tuvo un extra\u00f1o sue\u00f1o en el que \u00e9l ve\u00eda un gran sal\u00f3n lleno de armaduras marcadas que ten\u00edan la insignia de la Cruz. \u00abEstas\u00bb- dijo una voz- \u00abson para ti y tus j\u00f3venes soldados\u00bb.   predicando a las aves\u00bbAhora s\u00e9 que ser\u00e9 un gran pr\u00edncipe\u00bb exclam\u00f3 exaltado Francisco, mientras se pon\u00eda en camino hacia Apulia. Pero una segunda enfermedad detuvo su camino en Espoleto. Se narra que fue ah\u00ed donde Francisco tuvo otro sue\u00f1o en el que se le orden\u00f3 volver a As\u00eds, cosa que cumpli\u00f3 inmediatamente. Era el a\u00f1o 1205. A pesar de que Francisco a\u00fan se un\u00eda a veces a las ruidosas fiestas de sus antiguos camaradas, la diferencia de su actitud claramente mostraba que su coraz\u00f3n ya no estaba del todo con ellos. Una especie de a\u00f1oranza acerca de la vida del esp\u00edritu lo ten\u00eda pose\u00eddo. Los compa\u00f1eros hac\u00edan burla de \u00e9l por andar en las nubes y le preguntaban si andaba pensando en casarse. \u00abS\u00ed\u00bb- les respond\u00eda- \u00abestoy por tomar una esposa de insuperable hermosura\u00bb. Ella era nada menos que la Dama Pobreza, a quien tanto Dante como Giotto han unido inseparablemente a su nombre, y a quien \u00e9l ya hab\u00eda comenzado a amar. Luego de un corto per\u00edodo de incertidumbre empez\u00f3 a buscar una respuesta a su llamado en la oraci\u00f3n y la soledad.  Cristo \u00abdel llamado\u00bb Ya hab\u00eda dejado de lado totalmente su ropa llamativa y sus despilfarros. Cierto d\u00eda, mientras cruzaba las planicies de Umbr\u00eda en su caballo, Francisco lleg\u00f3 inesperadamente cerca de un pobre leproso. La s\u00fabita aparici\u00f3n de tan repulsiva visi\u00f3n lo llen\u00f3 de n\u00e1usea e instintivamente dio marcha atr\u00e1s, pero habiendo controlado su rechazo natural, desmont\u00f3, abraz\u00f3 al pobre hombre y le dio todo el dinero que tra\u00eda. Por ese tiempo, Francisco realiz\u00f3 una peregrinaci\u00f3n a Roma. La vista de las pobres limosnas que se depositaban en la tumba de San Pedro lo mortific\u00f3 tanto que ah\u00ed mismo vaci\u00f3 toda su bolsa. Y enseguida, como para poner a prueba su car\u00e1cter quisquilloso, intercambi\u00f3 sus ropas con un andrajoso mendigo y durante el resto del d\u00eda guard\u00f3 ayuno entre la horda de limosneros a un lado de la puerta de la bas\u00edlica. Poco despu\u00e9s de su regreso a As\u00eds, al estar en oraci\u00f3n ante un antiguo crucifijo en la olvidada capilla de San Anselmo, camino abajo desde el poblado, escuch\u00f3 una voz que le dec\u00eda: \u00abVe, Francisco, y repara mi casa que, como puedes ver, est\u00e1 en ruinas\u00bb. \u00c9l entendi\u00f3 la llamada literalmente, como si se refirieran a la ruinosa iglesia en la que estaba arrodillado. Fue al taller de su padre, tom\u00f3 un mont\u00f3n de telas de colores, mont\u00f3 su caballo y se dirigi\u00f3 apresurado a Foligno, por entonces una plaza mercantil de cierta importancia, donde vendi\u00f3 tanto las telas como el caballo para obtener el dinero necesario para restaurar San Dami\u00e1n.  Bas\u00edlica San Francisco de As\u00edsSin embargo, cuando el pobre sacerdote que celebraba ah\u00ed se rehus\u00f3 a recibir un dinero adquirido de tal modo, Francisco se lo arroj\u00f3 en forma desde\u00f1osa. El viejo Bernardone, un hombre muy taca\u00f1o, se puso inmensamente furioso por la conducta de su hijo y Francisco, para evitar la ira de su padre, se escondi\u00f3 en una cueva cercana a San Dami\u00e1n durante todo un mes. Cuando sali\u00f3 de su escondite y volvi\u00f3 al pueblo, mugriento y enflaquecido por el hambre, una turba escandalosa lo segu\u00eda, arroj\u00e1ndole lodo y piedras y burl\u00e1ndose de \u00e9l como de un loco. Finalmente su padre lo arrastr\u00f3 a casa, lo golpe\u00f3, lo at\u00f3 y lo encerr\u00f3 en una alacena obscura.   Liberado por su madre durante una ausencia de Benardone, Francisco volvi\u00f3 inmediatamente a San Dami\u00e1n, donde busc\u00f3 asilo con el sacerdote. Pronto fue citado por su padre ante el consejo de la ciudad. El padre, no contento con haber recuperado el oro desparramado en el piso de San Dami\u00e1n, buscaba obligar a su hijo a renunciar a su herencia. Francisco acept\u00f3 \u00e09sto de muy buen grado, pero declar\u00f3 que, dado que \u00e9l se hab\u00eda puesto al servicio de Dios, ya no estaba bajo la jurisdicci\u00f3n civil. Llevado a la presencia del arzobispo, Francisco se quit\u00f3 incluso la ropa que tra\u00eda puesta, y entreg\u00e1ndola a su padre, dijo: \u00abHasta hoy te he llamado padre en la tierra. De ahora en adelante yo s\u00f3lo deseo decir \u00abPadre Nuestro que est\u00e1s en los cielos\u00bb.   Como canta Dante, \u00abah\u00ed y entonces\u00bb se celebraron las nupcias de Francisco con su amada esposa, la Dama Pobreza, bajo cuyo nombre, y en el lenguaje m\u00edstico que despu\u00e9s le fue tan familiar, \u00e9l comprend\u00eda el abandono total de los bienes terrenales, honores y privilegios. Y entonces Francisco se puso en camino a las colinas en la parte posterior de As\u00eds, improvisando himnos al caminar. \u00abSoy el heraldo del Gran Rey\u00bb, declar\u00f3 como respuesta a unos bandidos que enseguida procedieron a despojarlo de lo que ten\u00eda y lo arrojaron despectivamente en la nieve. Desnudo y a medio congelar, Francisco se arrastr\u00f3 a un monasterio cercano en el que por un tiempo trabaj\u00f3 como galop\u00edn. En Gubbio, a donde viaj\u00f3 despu\u00e9s, Francisco obtuvo como limosna de un amigo una t\u00fanica, un ce\u00f1idor y un bast\u00f3n de peregrino. Vuelto a As\u00eds, iba y ven\u00eda por la ciudad pidiendo piedras para la restauraci\u00f3n de San Dami\u00e1n. Llevaba \u00e9stas a la vieja capilla, las colocaba personalmente en su lugar y finalmente la reconstruy\u00f3. Del mismo modo Francisco restaur\u00f3 otras dos capillas abandonadas, San Pedro, a cierta distancia de la ciudad, y Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles, en la planicie camino abajo, en un punto llamado la Porci\u00fancula. Mientras tanto, redoblaba su celo en trabajos de caridad, muy especialmente cuidando a los leprosos. Cierta ma\u00f1ana de 1208, probablemente el 24 de febrero, Francisco participaba en misa en la capilla de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles, cerca de la que \u00e9l se hab\u00eda construido una choza. El evangelio del d\u00eda hablaba de c\u00f3mo los disc\u00edpulos de Cristo no deben poseer ni oro ni plata, ni vi\u00e1ticos para el viaje, ni dos t\u00fanicas, ni calzado, ni bast\u00f3n, y que deber\u00edan exhortar a los pecadores al arrepentimiento y la penitencia, y anunciar el Reino de Dios. Francisco tom\u00f3 esas palabras como si fueran dirigidas directamente a \u00e9l, de tal modo que en cuanto termin\u00f3 la misa abandon\u00f3 lo poco que le quedaba de bienes temporales: sus zapatos, la t\u00fanica, el cayado de peregrino y su bolsa vac\u00eda. Por fin hab\u00eda encontrado su vocaci\u00f3n.   Habiendo obtenido una \u00e1spera t\u00fanica de lana, de \u00abcolor de bestia\u00bb, la ropa usada por los m\u00e1s pobres campesinos de Umbr\u00eda, y at\u00e1ndose una cuerda anudada a la cintura, Francisco se puso inmediatamente en camino, exhortando a la gente del campo a la penitencia, al amor fraterno y la paz. La gente de As\u00eds hab\u00eda ya cesado de mofarse de Francisco; ahora se deten\u00edan asombrados. Su ejemplo incluso atrajo a otros. Bernardo de Quintavalle, un magnate de la localidad, fue el primero que se uni\u00f3 a Francisco. Pronto fue seguido por Pedro Cataneo, un renombrado can\u00f3nigo de la catedral. Con verdadero esp\u00edritu de entusiasmo religioso Francisco repar\u00f3 la iglesia de San Nicol\u00e1s y busc\u00f3 all\u00ed descubrir la voluntad de Dios acerca de ellos abriendo tres veces al azar el libro de los evangelios sobre el altar. Cada vez aparecieron pasajes en los que Cristo les dec\u00eda a sus disc\u00edpulos que deb\u00edan dejar todo y seguirlo. \u00abEsta ser\u00e1 nuestra regla de vida\u00bb, exclam\u00f3 Francisco, y condujo a sus compa\u00f1eros a la plaza p\u00fablica, donde ellos entregaron todas sus pertenencias a los pobres. Luego consiguieron h\u00e1bitos \u00e1speros como el de Francisco, y se construyeron peque\u00f1as chozas cercanas a la de \u00e9l en la Porci\u00fancula.   Pocos d\u00edas despu\u00e9s, Giles, quien posteriormente se habr\u00eda de convertir en el gran contemplativo y pronunciador de \u00abbuenas palabras\u00bb, fue el tercer seguidor de Francisco. La peque\u00f1a banda se dividi\u00f3 y march\u00f3, de dos en dos, causando tal impresi\u00f3n por sus palabras y conducta que antes que pasara mucho tiempo varios otros disc\u00edpulos se agruparon en torno a Francisco, ansiosos de participar en su pobreza. Entre ellos estaba Sabatino, \u00abvir bonus et justus\u00bb, Moricus, quien hab\u00eda pertenecido a los cruc\u00edgeros, Juan de Capella, quien posteriormente abandon\u00f3, Felipe, el \u00abLargo\u00bb, y cuatro m\u00e1s de quienes s\u00f3lo sabemos los nombres. Cuando el n\u00famero de sus compa\u00f1eros hab\u00eda crecido hasta once, Francisco consider\u00f3 conveniente escribir una regla para ellos. Esa primera regla, como se le conoce, de los frailes menores no nos ha llegado en su forma original. Parece que era muy breve y simple, una mera adaptaci\u00f3n de los preceptos evang\u00e9licos que previamente Francisco hab\u00eda seleccionado para la gu\u00eda de sus primeros compa\u00f1eros, y que \u00e9l deseaba practicar perfectamente. Una vez redactada la regla, los Penitentes de As\u00eds, como se llamaban a si mismos Francisco y sus seguidores, marcharon a Roma a buscar la aprobaci\u00f3n de la Santa Sede, aunque en ese entonces no era obligatoria a\u00fan esa aprobaci\u00f3n. Hay varias versiones acerca de la recepci\u00f3n que Inocencio III dio a Francisco.   Lo que se cuenta es que Guido, obispo de As\u00eds, quien estaba en Roma por entonces, recomend\u00f3 a Francisco con el cardenal Juan de San Pablo y que, a instancias de este \u00faltimo, el Papa llam\u00f3 al santo, cuyas primeras exposiciones, seg\u00fan parece, hab\u00eda rechazado con cierta groser\u00eda. M\u00e1s a\u00fan, en vez de las siniestras predicciones de otros en el colegio cardenalicio, quienes ve\u00edan el modo de vida propuesto por Francisco como inseguro e impracticable, Inocencio, movido, seg\u00fan cuentan, por un sue\u00f1o que tuvo en el que vio al Pobre de As\u00eds sosteniendo una tambaleante bas\u00edlica de Letr\u00e1n, dio una autorizaci\u00f3n verbal a la regla presentada por Francisco y concedi\u00f3 al santo y a sus compa\u00f1eros salir a predicar el arrepentimiento en todas partes. Antes de partir de Roma todos ellos recibieron la tonsura eclesi\u00e1stica, y Francisco fue ordenado di\u00e1cono posteriormente.<br \/>\n  Luego de su retorno a As\u00eds, los Frailes Menores, que as\u00ed hab\u00eda llamado Francisco a sus hermanos- por los minores, o clases inferiores, como algunos piensan, o en referencia al Evangelio (Mateo 25, 40-45), como otros creen, y para perpetuo recuerdo de su humildad- encontraron cobijo en una choza abandonada en Rivo Torto, en la planicie colina abajo desde la ciudad. Pero fueron forzados a abandonar ese aposento por un rudo campesino que les ech\u00f3 encima su mula. Alrededor del a\u00f1o 1211 obtuvieron una base permanente cerca de As\u00eds, gracias a la generosidad de los benedictinos de Monte Subasio, quienes les dieron la peque\u00f1a capilla de Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles en la Porci\u00fancula. El convento franciscano se form\u00f3 en cuanto se levantaron unas cuantas chozas peque\u00f1as de paja y lodo, cercadas por una valla, a un costado del humilde santuario que ya desde antes era el preferido de Francisco. De este establecimiento, que se convirti\u00f3 en la cuna de la Orden Franciscana (Caput et Mater Ordinis) y el punto central de la vida de San Francisco, los frailes menores sal\u00edan de dos en dos exhortando a la gente de los alrededores. Igual que ni\u00f1os \u00absin cuidado por el d\u00eda\u00bb, iban de lugar en lugar cantando su gozo, llam\u00e1ndose trovadores del Se\u00f1or. Su claustro era el ancho mundo; dorm\u00edan en pajares, grutas, p\u00f3rticos de iglesias, y trabajaban al lado de los operarios de los campos. Cuando no les daban trabajo, mendigaban. En poco tiempo Francisco y sus compa\u00f1eros llegaron a tener una influencia enorme, de modo que varones de toda clase social y forma de pensar ped\u00edan ser admitidos a la orden. Entre los nuevos reclutas de esa \u00e9poca estaban los famosos Tres Compa\u00f1eros, quienes posteriormente escribieron su vida, a saber: Angelus Tancredi, un caballero noble, Le\u00f3n, el secretario y confesor del santo, y Rufino, primo de Santa Clara. Adem\u00e1s, Jun\u00edpero, el afamado \u00abjuglar del Se\u00f1or\u00bb. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la cuaresma de 1212 tuvo Francisco un nuevo gozo, tan grande como inesperado. Clara, una joven rica de As\u00eds, movida por la predicaci\u00f3n del santo en la iglesia de San Jorge, lo busc\u00f3 y le solicit\u00f3 que le permitiera abrazar la nueva forma de vida que \u00e9l hab\u00eda fundado. Por consejo suyo, Clara, que a la saz\u00f3n ten\u00eda apenas dieciocho a\u00f1os, dej\u00f3 en secreto la casa de su padre la noche siguiente al Domingo de Ramos, y acompa\u00f1ada de dos amigas se dirigi\u00f3 a la Porci\u00fancula, donde los frailes le salieron al encuentro en procesi\u00f3n, con antorchas. Enseguida, habi\u00e9ndole cortado el cabello, Francisco le puso el h\u00e1bito de los menores y de ese modo la recibi\u00f3 en la vida de pobreza, penitencia y retiro. Clara permaneci\u00f3 provisionalmente con unas monjas benedictinas cerca de As\u00eds hasta que Francisco logr\u00f3 encontrar un lugar adecuado para ella y para Santa In\u00e9s, su hermana, y las dem\u00e1s v\u00edrgenes piadosas que se hab\u00edan unido a ella. Finalmente las estableci\u00f3 en San Dami\u00e1n, en una habitaci\u00f3n adjunta a la capilla que \u00e9l hab\u00eda reconstruido con sus propias manos y que hab\u00eda sido donada al santo por los Benedictinos como morada para sus hijas espirituales. Esa casa se convirti\u00f3 as\u00ed en el primer monasterio de la Segunda Orden Franciscana de las Damas Pobres, conocidas hoy d\u00eda como Clarisas Pobres.<br \/>\nEn el oto\u00f1o del mismo a\u00f1o (1212) el ardiente deseo de Francisco de convertir a los sarracenos lo llev\u00f3 a embarcarse hacia Siria, pero habiendo encallado en la costa de Eslavonia hubo de volver a Ancona. La primavera siguiente se dedic\u00f3 a evangelizar la Italia central. Por ese entonces (1213) Francisco recibi\u00f3 del Conde Orlando de Chiusi la monta\u00f1a de La Verna, un aislado picacho en medio de los Apeninos toscanos que se levanta unos 1000 metros sobre el Valle de Casentino, para que sirviera de retiro, \u00abespecialmente favorable para la contemplaci\u00f3n\u00bb. Ah\u00ed se pod\u00eda retirar de tiempo en tiempo a orar y descansar. Francisco nunca separ\u00f3 la vida contemplativa de la activa, de lo que dan testimonio los varios eremitorios asociados con su recuerdo y las pr\u00edstinas reglas que \u00e9l escribi\u00f3 para quienes los habitaban. Por lo menos en una ocasi\u00f3n parece haber dominado al santo el deseo de dedicarse totalmente a la vida contemplativa. En alg\u00fan momento del a\u00f1o siguiente (1214) Francisco se dirigi\u00f3 a Marruecos, en otro intento m\u00e1s de llegar a los infieles y de, si fuera necesario, derramar su sangre por el Evangelio, pero estando en Espa\u00f1a fue atacado por una enfermedad tan severa que se vio obligado a tornar de nuevo a Italia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desafortunadamente nos faltan detalles aut\u00e9nticos del viaje de Francisco a Espa\u00f1a y de su estancia en ella. Probablemente tuvo lugar en el invierno del 1214-1215. Luego de su regreso a Umbr\u00eda recibi\u00f3 en la orden a varios hombres nobles y letrados, incluso a quien iba a ser posteriormente su bi\u00f3grafo, Tom\u00e1s de Celano. Los siguientes dieciocho meses abarcan lo que se puede considerar el per\u00edodo m\u00e1s oscuro de la vida del santo. No se sabe a ciencia cierta si particip\u00f3 en el Concilio de Letr\u00e1n, en 1215; pudo haber sido. Sabemos por Eccleston, sin embargo, que Francisco s\u00ed estuvo presente a la muerte de Inocencio II, acaecida en la Perusa, en julio de 1216. Breve tiempo despu\u00e9s, o sea, en los inicios del pontificado de Honorio III, se concedi\u00f3 la famosa indulgencia de la Porci\u00fancula. Se cuenta que, una vez, mientras Francisco oraba en la Porci\u00fancula, Cristo se le apareci\u00f3 y le ofreci\u00f3 cumplirle cualquier favor que le pidiera. La salvaci\u00f3n de las almas era la procuraci\u00f3n constante de la oraci\u00f3n de Francisco y, deseando hacer de su amada Porci\u00fancula un santuario donde muchas de ellas encontraran la salvaci\u00f3n, solicit\u00f3 una indulgencia plenaria para aquellos que, habiendo confesado sus pecados, visitaran la peque\u00f1a capilla. Nuestro Se\u00f1or concedi\u00f3 su deseo con la condici\u00f3n que el Papa ratificara la indulgencia. De modo que Francisco sali\u00f3 hacia Perusa con el Hermano Maseo, a entrevistarse con Honorio III. Este \u00faltimo, a pesar de cierta oposici\u00f3n de la Curia ante favor tan poco com\u00fan, concedi\u00f3 la indulgencia. Pero la restringi\u00f3, sin embargo, a un d\u00eda al a\u00f1o. Posteriormente fij\u00f3 el 2 de agosto, a perpetuidad, como el d\u00eda en que deb\u00eda ganarse la Indulgencia Porci\u00fancula, com\u00fanmente conocida en Italia como il perdono d&#8217;Assisi. Eso es lo que dice la tradici\u00f3n. Pero el hecho de que no exista menci\u00f3n de esa indulgencia ni en los archivos papales ni en los diocesanos, ni tampoco la menor alusi\u00f3n a ella en las primeras biograf\u00edas de Francisco o en documentos contempor\u00e1neos, ha llevado a algunos escritores a rechazarla. Tal argumentum ex silentio fue rebatido, sin embargo, por M. Paul Sabatier, quien en su edici\u00f3n cr\u00edtica del \u00abTractatus de Indulgentia\u00bb de Fray Bartholi (vea BARTHOLI, FRANCESCO DELLA ROSSA) ha aportado todo lo que puede ser considerado como evidencia realmente confiable en su favor. Pero a\u00fan aquellos que consideran la concesi\u00f3n de la indulgencia como un dato hist\u00f3rico sustentable en el que se cre\u00eda tradicionalmente admiten la falta de certeza de la primera narraci\u00f3n. (Vea PORCIUNCULA)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En mayo de 1217 se llev\u00f3 a cabo el primer cap\u00edtulo general de los Frailes Menores, en la Porci\u00fancula, teniendo la orden dividida en provincias y el mundo cristiano en igual n\u00famero de misiones franciscanas. Toscania, Lombard\u00eda, Provenza, Espa\u00f1a y Alemania fueron asignadas a cinco de los principales seguidores de Francisco. El santo se reserv\u00f3 Francia, y de hecho tom\u00f3 rumbo hacia ese pa\u00eds, pero al llegar a Florencia fue persuadido por el cardenal Ugolino, quien hab\u00eda sido nombrado protector de la orden en 1216, para que no siguiera. En su lugar, por tanto, envi\u00f3 Francisco a su util\u00edsimo hermano Pac\u00edfico, reconocido en el siglo como poeta, junto con el Hermano Agnello, quien m\u00e1s adelante estableci\u00f3 los Frailes Menores en Inglaterra. Aunque Francisco y sus frailes tuvieron gran \u00e9xito, con \u00e9l tambi\u00e9n lleg\u00f3 la oposici\u00f3n. Para tratar de corregir cualquier prejuicio que la Curia pudiera haber albergado sobre sus m\u00e9todos, Francisco, por insistencia del Cardenal Ugolino, fue a Roma y predic\u00f3 ante el Papa y los cardenales en Letr\u00e1n. La visita, que tuvo lugar entre 1217 y 1218, fue al parecer la ocasi\u00f3n del memorable encuentro entre Francisco y Santo Domingo. Francisco dedic\u00f3 el a\u00f1o 1218 a viajes misioneros en Italia, que constituyeron un triunfo para \u00e9l. Generalmente predicaba a la intemperie, en los mercados, desde las escalinatas de las iglesias, de los muros de los patios del alg\u00fan castillo. Atra\u00eddos por la magia de su presencia, las multitudes, admiradas por lo desacostumbrado de una predicaci\u00f3n popular en el idioma del pueblo, segu\u00edan a Francisco de lugar en lugar, pendientes de sus labios; las campanas de las iglesias repicaban para anunciar su llegada; procesiones del clero con la gente sal\u00edan a recibirlo con m\u00fasica y cantos; sacaban a sus enfermos para que los bendijera y sanara, y besaban hasta el suelo donde \u00e9l caminaba, e incluso intentaban cortar trozos de su t\u00fanica. Al extraordinario entusiasmo con el que el santo era bienvenido en todas partes s\u00f3lo se equiparaba el resultado inmediato y visible de su predicaci\u00f3n. Sus exhortaciones, que dif\u00edcilmente pueden ser llamados sermones: cortas, hogare\u00f1as, afectivas y pat\u00e9ticas, mov\u00edan a\u00fan al m\u00e1s fr\u00edvolo y endurecido. Como resultado, Francisco se convirti\u00f3 en un verdadero conquistador de almas. Una vez aconteci\u00f3 que, mientras el santo estaba predicando en Camara, un pueblecillo cerca de As\u00eds, la multitud fue motivada de tal modo por sus \u00abpalabras de esp\u00edritu y vida\u00bb que se presentaron a \u00e9l como una sola persona y le rogaron que los admitiera en su orden. Para responder a tales solicitudes fue que Francisco cre\u00f3 la Tercera Orden de los Hermanos y Hermanas de la Penitencia, como se llama hoy d\u00eda, que \u00e9l ve\u00eda como una especie de camino intermedio entre el claustro y el mundo para quienes no pod\u00edan dejar su hogar o traicionar sus vocaciones para entrar en la Primera Orden de Frailes Menores o la Segunda Orden de las Damas Pobres. No hay duda que Francisco prescribi\u00f3 obligaciones espec\u00edficas para esos terciarios. No deb\u00edan portar armas, hacer juramentos, inmiscuirse en procesos legales, etc. Aunque se dice que dise\u00f1\u00f3 una regla formal para ellos, tambi\u00e9n queda claro que dicha regla, que fue confirmada por Nicol\u00e1s IV en 1289, al menos en la forma como nos ha llegado a nosotros, no representa la regla original de Los Hermanos y Hermanas de la Penitencia. De cualquier modo, ya es costumbre fijar la fecha de la fundaci\u00f3n de la Tercera Orden en 1221, aunque se desconozca la fecha exacta con certeza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nDurante el segundo cap\u00edtulo general (Mayo, 1219), decidido a llevar adelante su proyecto de evangelizar a los infieles, Francisco encarg\u00f3 una misi\u00f3n distinta a cada uno de sus disc\u00edpulos m\u00e1s aventajados, y se reserv\u00f3 para si mismo el sitio de la guerra entre los cruzados y los sarracenos. Con once compa\u00f1eros, que inclu\u00edan al Hermano Iluminado y a Pedro de Cataneo, Francisco se embarc\u00f3 en Ancona el 21 de junio, rumbo a San Juan de Acre, y estuvo presente durante el sitio y la toma de Damietta. Luego de predicar ah\u00ed ante las fuerzas cristianas, Francisco se pas\u00f3 sin temor al campo de los infieles, donde fue tomado prisionero y llevado ante el sult\u00e1n. Seg\u00fan el testimonio de Jacques de Vitry, quien estaba entre los cruzados en Damietta, el sult\u00e1n recibi\u00f3 a Francisco cort\u00e9smente, pero fuera de haber obtenido del gobernante un trato m\u00e1s indulgente de los prisioneros cristianos, la predicaci\u00f3n del santo no tuvo mayor efecto. Se cree que el santo, antes de retornar a Europa, visit\u00f3 Palestina y obtuvo ah\u00ed para los frailes el derecho, que a\u00fan conservan, de ser los guardianes de los santos lugares. Lo que s\u00ed consta es que Francisco fue obligado a regresar de prisa a Italia a causa de varios problemas que se hab\u00edan suscitado en su ausencia. Hasta Oriente le llegaron las noticias de que Mateo de Narni y Gregorio de N\u00e1poles, los dos vicarios generales que \u00e9l hab\u00eda dejado a cargo de la orden, hab\u00edan convocado a un cap\u00edtulo que, entre otras innovaciones, buscaba imponer a los frailes un ayuno mayor y m\u00e1s estricto que lo que la regla requer\u00eda. Adem\u00e1s, el Cardenal Ugolino hab\u00eda impuesto a las Damas Pobres una regla que era pr\u00e1cticamente igual a la de las benedictinas y el Hermano Felipe la hab\u00eda aceptado, siendo que a \u00e9l lo hab\u00eda delegado Francisco para que cuidara de los intereses de las hermanas. Para empeorar las cosas, Juan de Capella, uno de los primeros compa\u00f1eros del santo, hab\u00eda reunido un gran n\u00famero de leprosos, hombres y mujeres, con la idea de formar con ellos una nueva orden religiosa y hab\u00eda partido a Roma para solicitar la aprobaci\u00f3n de la regla que hab\u00eda escrito para esos pobres. Por \u00faltimo, se hab\u00eda esparcido el rumor de que Francisco hab\u00eda muerto, as\u00ed que cuando lleg\u00f3 a Italia de regreso con el Hermano El\u00edas- parece que desembarc\u00f3 en Venecia en julio de 1220- los frailes se sumieron en un sentimiento general de inquietud. Aparte de esos problemas, la orden estaba pasando por un per\u00edodo de transici\u00f3n. Era evidente que las formas simples, familiares e informales que hab\u00edan distinguido el movimiento franciscano en sus inicios, estaban desapareciendo gradualmente. La pobreza heroica que practicaban Francisco y sus compa\u00f1eros al principio se volv\u00eda cada vez m\u00e1s dif\u00edcil en la medida en que aumentaba el n\u00famero de frailes. Al regresar, Francisco no pudo evita darse cuenta de todo eso. El Cardenal Ugolino se hab\u00eda dado a la tarea de \u00abreconciliar inspiraciones tan faltas de reflexi\u00f3n y tan libres con un orden de cosas que ellas mismas hab\u00edan sobrepasado\u00bb. Este notable var\u00f3n, quien despu\u00e9s ascender\u00eda al trono papal con el nombre de Gregorio IX, amaba profundamente a Francisco, a quien veneraba como santo y a quien, tambi\u00e9n, seg\u00fan nos cuentan algunos escritores, manejaba como a un fan\u00e1tico. Parece indiscutible que el Cardenal Ugolino tuvo mucho que ver con modelar los altos ideales de Francisco \u00abdentro de cierto alcance y orientaci\u00f3n\u00bb. Tampoco es dif\u00edcil reconocer su mano en los importantes cambios realizados en la organizaci\u00f3n de la orden en el as\u00ed llamado Cap\u00edtulo de las Esteras. Se dice que en esa famosa asamblea, llevada a cabo en la Porci\u00fancula de Whitsuntide, en 1220 \u00f3 1221, (no hay mucho campo de duda referente a la fecha exacta y al n\u00famero de los primeros cap\u00edtulos), estaban presentes cerca de 5000 frailes, adem\u00e1s de 500 postulantes de la orden. Chozas de paja y barro brindaron abrigo a esa multitud.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Deliberadamente Francisco hab\u00eda evitado hacer provisiones para ella, pero la caridad de los poblados vecinos les abasteci\u00f3 de alimento, al tiempo que caballeros y nobles les serv\u00edan con gusto. Fue en esa ocasi\u00f3n que Francisco, indudablemente molesto y desanimado por la tendencia mostrada por un gran n\u00famero de frailes a relajar los rigores de la regla seg\u00fan los dictados de la prudencia humana, y sinti\u00e9ndose quiz\u00e1s fuera de lugar en una posici\u00f3n que demandaba cada vez m\u00e1s habilidades de organizaci\u00f3n, cedi\u00f3 su lugar como general de la orden a Pedro de Cataneo. Mas este \u00faltimo falleci\u00f3 en menos de un a\u00f1o, siendo sucedido como vicario general por el infeliz Hermano El\u00edas (vea ELIAS DE CORTONA), quien continu\u00f3 en ese puesto hasta la muerte de Francisco. Mientras tanto, el santo, durante los a\u00f1os de vida que le quedaban, busc\u00f3 siempre dar a los frailes una impresi\u00f3n de lo que \u00e9l pensaba que deber\u00edan ser a trav\u00e9s de la silenciosa ense\u00f1anza del ejemplo personal. Ya en una ocasi\u00f3n, pasando por Bolonia a su regreso de Oriente, se hab\u00eda rehusado a entrar en un convento porque oy\u00f3 que lo llamaban \u00abla casa de los frailes\u00bb y porque se hab\u00eda instituido en \u00e9l un institutum. Adem\u00e1s, orden\u00f3 a todos los frailes que ah\u00ed viv\u00edan, incluso a los que estaban enfermos, que lo abandonaran inmediatamente y no fue sino hasta cierto tiempo despu\u00e9s, cuando el Cardenal Ugolino hubo declarado que ese edificio era de su propiedad, que Francisco soport\u00f3 que sus hermanos entraran en \u00e9l de nuevo. Por m\u00e1s que las convicciones del santo fueran fuertes y definidas, y la l\u00ednea de vida que adopt\u00f3 fuera determinada, nunca se convirti\u00f3 en esclavo de alguna teor\u00eda en lo concerniente a la observancia de la pobreza o de cualquier otra cosa. No hab\u00eda nada en \u00e9l de estrechez de miras o de fanatismo. En lo tocante al estudio, Francisco s\u00f3lo deseaba para sus frailes tanto conocimiento teol\u00f3gico como fuera necesario para la misi\u00f3n de la orden, que era ante todo una misi\u00f3n de ejemplo. De aqu\u00ed que viera la acumulaci\u00f3n de libros como un distanciamiento de la pobreza que los frailes profesaban, y resisti\u00f3 el deseo de simple erudici\u00f3n, tan popular en su tiempo, en la medida en que afectaba las ra\u00edces de la simplicidad que estaba tan hondamente enraizada en la esencia de su vida e ideal, y amenazaba sofocar el esp\u00edritu de oraci\u00f3n, al que consideraba preferible sobre todo lo dem\u00e1s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1221, nos cuentan algunos escritores, Francisco redact\u00f3 una nueva regla para los Frailes Menores. Otros ven esta regla de 1221 no como una nueva regla sino como la primera que fue aprobada oralmente por Inocencio, no en su forma original, claro, porque \u00e9sta no ha llegado hasta nosotros, sino adicionada y modificada en el curso de doce a\u00f1os. Cualquiera que sea la verdad, la as\u00ed llamada Regla de 1221 es totalmente distinta de cualquier otra regla que se haya elaborado. Era demasiado larga y vaga para ser una regla formal. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, Francisco se retir\u00f3 a Fonte Colombo, un eremitorio cerca de Rieti, y reescribi\u00f3 la regla en una forma m\u00e1s compendiada. Confi\u00f3 el borrador de la regla revisada al Hermano El\u00edas, quien poco despu\u00e9s confes\u00f3 que lo hab\u00eda perdido por negligencia. Ante esa circunstancia, Francisco regres\u00f3 a la soledad de Fonte Colombo y volvi\u00f3 a escribir la regla siguiendo las mismas l\u00edneas de la anterior, pero reduciendo sus 23 cap\u00edtulos a 12, y modificando ciertos detalles de algunos de sus preceptos a instancias del Cardenal Ugolino. Fue en esta forma que la regla fue solemnemente aprobada por Honorio III, el 29 de noviembre de 1223 (Litt. \u00abSolet annuere\u00bb). Esta Segunda Regla, como se le llama com\u00fanmente, o Regula Bullata de los Frailes Menores, es la que desde entonces se ha profesado en la Primera Orden de San Francisco (vea SAN FRANCISCO, REGLA DE). Est\u00e1 basada en los tres votos de obediencia, pobreza y castidad, con un \u00e9nfasis especial en la pobreza, la que Francisco quiso que fuera la caracter\u00edstica de su orden, y que se convirti\u00f3 en el signo de contradicci\u00f3n. Este voto de pobreza absoluta en la primera y segunda \u00f3rdenes y la reconciliaci\u00f3n de lo religioso con el estado secular en la Tercera Orden de Penitencia son las principales novedades introducidas por Francisco en la regulaci\u00f3n mon\u00e1stica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue durante la Navidad de ese a\u00f1o (1223) que el santo concibi\u00f3 la idea de celebrar dicha fiesta en \u00abuna forma nueva\u00bb, reproduciendo el praesepio de Bel\u00e9n en un templo de Greccio. De ese modo se convirti\u00f3 en el iniciador de la devoci\u00f3n popular por el pesebre. La Navidad parece haber sido la fiesta favorita de Francisco y quiso persuadir al emperador de que hiciera una ley para obligar a los ciudadanos a cuidar bien de las aves y de las bestias, igual que de los pobres, de modo que todos tuvieran ocasi\u00f3n de regocijarse en el Se\u00f1or.<br \/>\nA principios de agosto de 1224, Francisco se retir\u00f3 con tres compa\u00f1eros a \u00abesa \u00e1spera roca entre Tiber y Arno\u00bb, como Dante llam\u00f3 La Verna, para ayunar cuarenta d\u00edas en preparaci\u00f3n de la fiesta de San Miguel. Durante el retiro los sufrimientos de Cristo se convirtieron m\u00e1s que nunca en el tema de sus meditaciones. En pocas almas, quiz\u00e1s, ha llegado a penetrar tan profundamente el significado total de la Pasi\u00f3n. Fue durante, o cerca de, la fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la Santa Cruz (14 de septiembre), mientras oraba en la ladera de la monta\u00f1a, que tuvo la maravillosa visi\u00f3n del seraf\u00edn, cuya secuela fue la aparici\u00f3n en su cuerpo de las se\u00f1ales visibles de las cinco heridas del Crucificado que, dice uno de los primeros escritores, ya ten\u00edan tiempo de haber sido impresas en su coraz\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Hermano Le\u00f3n, quien estaba con Francisco cuando \u00e9ste recibi\u00f3 los estigmas, nos ha dejado en su nota a la bendici\u00f3n aut\u00f3grafa del santo que se conserva en As\u00eds una narraci\u00f3n simple y clara del milagro que, por otro lado, fue mejor atestiguado que muchos otros acontecimientos hist\u00f3ricos. Describe el costado derecho del santo como mostrando una herida abierta que se ve\u00eda como si hubiera sido hecha por una lanza, mientras que sus manos y pies estaban atravesados por clavos negros de carne cuyas puntas estaban doblados hacia atr\u00e1s. Despu\u00e9s de recibir los estigmas Francisco sufri\u00f3 dolores cada vez mayores en todo su cuerpo fr\u00e1gil, ya de por s\u00ed debilitado por la continua mortificaci\u00f3n. Siendo condescendiente con las flaquezas de los dem\u00e1s, se trataba tan duramente a si mismo que, al final, se vio obligado a pedir perd\u00f3n al \u00abHermano Asno\u00bb, como \u00e9l llamaba su cuerpo, por haberlo tratado tan malamente. Desgastado como estaba Francisco entonces por dieciocho a\u00f1os de trabajos incansables, su fuerza dio de si completamente, y a veces su vista fallaba de tal modo que se quedaba casi ciego. Durante un acceso de angustia, Francisco visit\u00f3 a Santa Clara en San Dami\u00e1n y fue en esa peque\u00f1a choza de varas, construida para \u00e9l en el jard\u00edn, que el santo compuso el \u00abC\u00e1ntico del Sol\u00bb, en el que su genio po\u00e9tico se explay\u00f3 tan gloriosamente. Esto sucedi\u00f3 en septiembre de 1225. No mucho despu\u00e9s, ante la insistencia del Hermano El\u00edas, Francisco se someti\u00f3 a una infructuosa operaci\u00f3n de los ojos en Rieti. Parece ser que pas\u00f3 el invierno de 1225-1226 en Siena a donde hab\u00eda sido llevado para ulterior tratamiento m\u00e9dico. En abril del 1226, durante un per\u00edodo de mejora, Francisco fue trasladado a Cortona y se cree que fue all\u00ed, mientras descansaba en el eremitorio de Celle, que dict\u00f3 su testamento, el cual \u00e9l mismo describe como \u00abun recordatorio, una advertencia y una exhortaci\u00f3n\u00bb. En ese emotivo documento, escrito desde la plenitud de su coraz\u00f3n, Francisco urge de nueva cuenta con su simple elocuencia los pocos pero claramente definidos principios que deb\u00edan guiar a sus seguidores: impl\u00edcita obediencia a los superiores que representan a Dios, observancia literal de la \u00abregla sin pulimento\u00bb, en especial en lo referente a la pobreza, y la obligaci\u00f3n de realizar trabajo manual, todo lo cual deber\u00eda ser solemnemente aceptado por los frailes. Entretanto se le hab\u00edan desarrollado s\u00edntomas alarmantes de hidropes\u00eda, de modo que fue casi en condiciones mortales que Francisco parti\u00f3 a As\u00e0ds. La peque\u00f1a caravana que lo acompa\u00f1aba hizo un rodeo pues cre\u00edan que si tomaban la ruta directa los insolentes habitantes de Perusa podr\u00edan tratar de raptar a Francisco para que muriera en su ciudad y poder as\u00ed apropiarse de sus preciosas reliquias. Fue de ese modo que finalmente, en julio de 1226 y bajo una fuerte guardia, Francisco lleg\u00f3 a salvo al palacio arzobispal de su ciudad natal entre el entusiasmo de todo el populacho. A principios del oto\u00f1o, como Francisco sent\u00eda sobre si la mano de la muerte, fue llevado a su amada Porci\u00fancula, para que pudiera exhalar su \u00faltimo aliento en el sitio en el que se le hab\u00eda revelado su vocaci\u00f3n y donde su orden hab\u00eda visto la luz. A medio camino pidi\u00f3 que se le bajara de la litera y, con doloroso esfuerzo invoc\u00f3 una hermosa bendici\u00f3n sobre un As\u00eds al que sus ojos ya no pod\u00edan distinguir. El santo pas\u00f3 sus \u00faltimos d\u00edas en una peque\u00f1a choza en la Porci\u00fancula, cerca de la capilla que funcionaba como enfermer\u00eda. La llegada por esos d\u00edas de la se\u00f1ora Jacoba de Settesoli, quien hab\u00eda llegado con sus dos hijos y un gran acompa\u00f1amiento a decirle adi\u00f3s a Francisco, caus\u00f3 algo de consternaci\u00f3n porque se prohib\u00eda la entrada de mujeres al convento. Pero Francisco, en tierna gratitud a esta dama romana, hizo una excepci\u00f3n para ella, y \u00abel Hermano Jacoba\u00bb, como \u00e9l la llamaba por raz\u00f3n de su fortaleza, se qued\u00f3 hasta el final. La v\u00edspera de su muerte, el santo, a imitaci\u00f3n de su maestro, pidi\u00f3 que le llevaran pan y lo partieran. Luego lo distribuy\u00f3 entre los presentes, bendiciendo a Bernardo de Quintaville, su primer compa\u00f1ero, a El\u00edas, su vicario, y a todos los dem\u00e1s de la orden. \u00abHe hecho mi parte\u00bb- dijo en seguida- \u00abespero que Cristo les ense\u00f1e a hacer la suya\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Posteriormente, deseoso de dejar una \u00faltima se\u00f1al de desprendimiento y para mostrar que ya no ten\u00eda nada en com\u00fan con el mundo, Francisco se quit\u00f3 su pobre h\u00e1bito y se postr\u00f3 sobre el piso, cubierto con una ropa prestada, feliz de haber sido fiel a su \u00abDama Pobreza\u00bb hasta el final. Luego de un momento pidi\u00f3 que le leyeran la pasi\u00f3n seg\u00fan San Juan, concluido lo cual \u00e9l procedi\u00f3 a cantar el salmo CXLI con voz desfalleciente. Al llegar al vers\u00edculo final, \u00abLibera mi alma de la prisi\u00f3n\u00bb, Francisco fue llevado de este mundo por la \u00abHermana Muerte\u00bb, en alabanza de la cual \u00e9l hab\u00eda poco antes a\u00f1adido una nueva estrofa a su \u00abC\u00e1ntico del Sol\u00bb. Era la tarde del s\u00e1bado 3 de octubre de 1226. Francisco contaba cuarenta y cinco a\u00f1os de edad y era aqu\u00e9l el a\u00f1o veinte de su perfecta conversi\u00f3n a Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se cuenta que el santo, en su humildad, hab\u00eda expresado el deseo de ser enterrado en la Colle d&#8217;Inferno, una despreciada colina en las afueras de As\u00eds, en la que se ejecutaba a los criminales. Como quiera que haya sido, el d\u00eda 4 de octubre su cuerpo fue llevado en procesi\u00f3n triunfante a la ciudad, con una parada en San Dami\u00e1n para que Santa Clara y sus compa\u00f1eras pudieran venerar los sagrados estigmas que ahora eran visibles para todos, y luego fue colocado provisionalmente en la iglesia de San Jorge (que se encuentra ahora dentro del claustro de Santa Clara), donde el santo hab\u00eda aprendido a leer y predicado por primera vez. Se conserva registro de muchos milagros sucedidos en su tumba. Francisco fue canonizado en San Jorge por Gregorio IX el 16 de julio de 1228. Al d\u00eda siguiente el Papa puso la primera piedra de la grandiosa iglesia doble de San Francisco, erigida en honor del nuevo santo y a la que el Hermano El\u00edas transport\u00f3 secretamente los restos de Francisco el 25 de Mayo de 1230, para sepultarlo profundamente bajo el altar mayor de la nave inferior. Despu\u00e9s de haber descansado all\u00ed por seis siglos, al igual que el de Santa Clara, el f\u00e9retro de Francisco fue encontrado el 12 de diciembre de 1818, como resultado de una ardua b\u00fasqueda que se prolong\u00f3 por 52 noches. El descubrimiento de los restos de Francisco se celebra en la orden con un oficio especial cada 12 de diciembre, y el de su translaci\u00f3n con otro el d\u00eda 25 de mayo. Su fiesta se celebra en la Iglesia Universal el 4 de octubre, y la conmemoraci\u00f3n de la impresi\u00f3n de los estigmas el 17 de septiembre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha dicho con comprensible ternura que Francisco entr\u00f3 a la gloria durante el curso mismo de su vida, y que \u00e9l es el \u00fanico santo al cual todas las generaciones subsecuentes han estado de acuerdo en canonizar. Una cosa es cierta: aparte de esas personas que saben que el cristianismo es divino, incluso aquellos a los que interesa poco la orden fundada por \u00e9l, o que albergan escasa simpat\u00eda por la Iglesia a la que \u00e9l fue siempre devotamente fiel, casi instintivamente buscan una gu\u00eda en el maravilloso Poverello de Umbr\u00eda, e invocan su nombre en agradecido recuerdo a trav\u00e9s de los siglos. Indudablemente que Francisco debe en gran parte su singular posici\u00f3n a su personalidad amable y encantadora. Pocos santos han exhalado el \u00abbuen aroma de Cristo\u00bb con tanta intensidad como \u00e9l. En Francisco hab\u00eda, adem\u00e1s, una caballerosidad y una poes\u00eda que daba a su extramundaneidad un cierto encanto rom\u00e1ntico y una singular belleza. Otros santos fueron percibidos en vida como enteramente muertos al mundo, mientras que Francisco estuvo siempre en contacto con el esp\u00edritu de su \u00e9poca. Se deleitaba con las canciones provenzales, se regocijaba ante la reci\u00e9n adquirida libertad de su ciudad, y sent\u00eda un cari\u00f1o especial por lo que Dante llama el agradable sonido de su amada tierra. El exquisito elemento humano que era parte del car\u00e1cter de Francisco era la clave de su simpat\u00eda cautivadora. Ella puede ser llamada su don caracter\u00edstico. Como dice un antiguo cronista, en su coraz\u00f3n encontraba refugio todo el mundo. De modo especial el pobre, el enfermo, el que hab\u00eda ca\u00eddo, constitu\u00edan el objeto de su solicitud. Teniendo como ten\u00eda Francisco, nulo inter\u00e9s en los juicios del mundo sobre \u00e9l, siempre fue muy cuidadoso de mostrar respeto por las opiniones de todos y de no ofender a nadie. De ah\u00ed que siempre advert\u00eda a sus frailes de utilizar mesas baratas, para que \u00absi alg\u00fan mendigo hubiese de sentarse junto a ellos pudiera sentir que estaba entre iguales y no sintiese verg\u00fcenza por su pobreza\u00bb.. Una noche, se nos narra, el convento se despert\u00f3 a media noche a causa de un grito: \u00abMe muero\u00bb. Francisco, levant\u00e1ndose, pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfQui\u00e9n eres y porqu\u00e9 mueres?\u00bb. \u00abMe muero de hambre\u00bb, respondi\u00f3 la voz de uno que ten\u00eda tendencia a ayunar. Inmediatamente Francisco pidi\u00f3 que se pusiera una mesa, se sent\u00f3 junto al hambriento fraile y, para que \u00e9ste no sintiese pena de comer solo, orden\u00f3 a todos los hermanos que se unieran a la comida. La devoci\u00f3n de Francisco por consolar a los afligidos lo hicieron tan condescendiente que no ten\u00eda temor de morar con los leprosos en sus sucios lazaretos y de comer con ellos en el mismo plato. Pero, sobre todo, era su trato con aquellos que erraban lo que revelaba el verdadero esp\u00edritu cristiano de su caridad. \u00abM\u00e1s santo que cualquier santo\u00bb escribe Celano, \u00abentre los pecadores era uno de ellos\u00bb. En una carta a cierto ministro de la orden, dice Francisco: \u00abSi hubiera un hermano en el mundo que hubiese pecado, sin importar qu\u00e9 grande haya sido su culpa, no permitas que se vaya, despu\u00e9s de haber visto tu rostro, sin mostrarle piedad. Y si \u00e9l no busca misericordia, preg\u00fantale si no la desea. Por eso conocer\u00e9 si t\u00fa me amas a m\u00ed y a Dios\u00bb. Seg\u00fan la noci\u00f3n medieval de justicia el malhechor estaba m\u00e1s all\u00e1 de la ley y no hab\u00eda necesidad de serle fiel. De acuerdo a Francisco no s\u00f3lo se deb\u00eda ser justo a\u00fan con los malhechores, sino que la justicia deb\u00eda ser precedida por la cortes\u00eda como por un heraldo. La cortes\u00eda, indudablemente, en el concepto del santo, es la hermana menor de la caridad y una de las cualidades del mismo Dios, quien \u00abpor su cortes\u00eda\u00bb, seg\u00fan declara, \u00abda su sol y su lluvia al justo y al injusto\u00bb. Francisco siempre trat\u00f3 de inculcar este h\u00e1bito de cortes\u00eda entre sus disc\u00edpulos. Escribe: \u00abQuienquiera que venga a nosotros, sea amigo o enemigo, ladr\u00f3n o bandido, debe ser recibido amablemente\u00bb, y la fiesta que prepar\u00f3 para el bandido hambriento en el bosque del Monte Casale bastan para mostrar que \u00ab\u00e9l actuaba como ense\u00f1aba\u00bb. Incluso los animales encontraban en Francisco una amigo tierno y un protector. Lo encontramos arguyendo con la gente de Gubbio para que alimentara al fiero lobo que hab\u00eda devastado sus reba\u00f1os porque era \u00aba causa del hambre\u00bb que el \u00abHermano Lobo\u00bb hab\u00eda hecho ese da\u00f1o. Las primeras leyendas nos han legado una imagen id\u00edlica de c\u00f3mo las bestias y las aves por igual, susceptibles al encanto de la gentileza de Francisco, entablaban amable compa\u00f1\u00eda con \u00e9l; c\u00f3mo la liebre perseguida buscaba atraer su atenci\u00f3n; c\u00f3mo las abejas medio congeladas se arrastraban hacia \u00e9l en el invierno para que las alimentara; c\u00f3mo el halc\u00f3n salvaje revoloteaba a su alrededor; c\u00f3mo la cigarra le cantaba a \u00e9l con dulce contento en la huerta de encinas en las Carceri, y c\u00f3mo sus \u00abpeque\u00f1as hermanas aves\u00bb escucharon tan devotamente su serm\u00f3n a la orilla del camino cerca de Bevagna que Francisco se amonest\u00f3 a si mismo por no haber pensado antes en predicarles. El amor de Francisco por la naturaleza tambi\u00e9n aparece patentemente en el mundo en el que \u00e9l viv\u00eda. Le encantaba comunicarse con las flores silvestres, la fuente cristalina, el amistoso fuego y saludar al sol cuando se levantaba sobre los bellos valles de Umbr\u00eda. A este respecto, el \u00abdon de simpat\u00eda\u00bb de Francisco, sin duda, parece haber sido incluso mayor que el de San Pablo, pues no encontramos evidencia de amor del Ap\u00f3stol por la naturaleza y por los animales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Igualmente atractiva que su ilimitado sentido de compa\u00f1erismo era la sinceridad abierta y la simplicidad sin sofisticaci\u00f3n de Francisco. \u00abQueridos m\u00edos\u00bb, comenz\u00f3 una vez un serm\u00f3n luego de una severa enfermedad, \u00abdebo confesar a Dios y a ustedes que durante la Cuaresma pasada he comido pastelillos hechos con manteca\u00bb. Y cuando un guardi\u00e1n insisti\u00f3 que Francisco llevara una piel de zorra bajo su ra\u00edda t\u00fanica para calentarse, el santo accedi\u00f3 con la condici\u00f3n de que otra piel del mismo tama\u00f1o fuera cosida en la parte exterior. Pues era para \u00e9l de primera importancia no esconder de los hombres lo que era conocido para Dios. \u00abLo que un hombre es a la vista de Dios\u00bb, gustaba de repetir, \u00abes todo lo que es y nada m\u00e1s\u00bb- dicho que pas\u00f3 a la \u00abImitaci\u00f3n\u00bb y que ha sido citado frecuentemente. Otra caracter\u00edstica atractiva de Francisco que inspira el m\u00e1s profundo afecto fue su inquebrantable rectitud de prop\u00f3sito e incesante b\u00fasqueda de un ideal. \u00abSu m\u00e1s ardiente deseo durante su vida\u00bb, escribe Celano, \u00abfue buscar siempre entre sabios y sencillos, perfectos e imperfectos, los medios para caminar la senda de la verdad\u00bb. Para Francisco, la m\u00e1s verdadera de las verdades era el amor. De ah\u00ed su hondo sentido de responsabilidad personal hacia sus amigos. El amor de Cristo, y de \u00e9ste crucificado, pernearon toda la vida y el car\u00e1cter de Francisco, y \u00e9l puso su principal esperanza de redenci\u00f3n y superaci\u00f3n para la humanidad sufriente en la imitaci\u00f3n literal de su Divino Maestro. El santo imit\u00f3 el ejemplo de Cristo tan literalmente como estuvo a su alcance; descalzo y en total pobreza proclam\u00f3 el reino del amor. Esa heroica imitaci\u00f3n de la pobreza de Cristo fue quiz\u00e1s la marca distintiva de la vocaci\u00f3n de Francisco, y fue \u00e9l sin duda, en palabras de Bossuet, el amador m\u00e1s ardiente, m\u00e1s entusiasta y desesperado de la pobreza que el mundo haya visto. Lo que m\u00e1s odiaba Francisco despu\u00e9s del dinero fue la discordia y la divisi\u00f3n. La paz, por lo tanto, se convirti\u00f3 en su palabra clave. La pat\u00e9tica reconciliaci\u00f3n que logr\u00f3 en sus \u00faltimos d\u00edas entre el obispo y el potestado de As\u00eds es s\u00f3lo un ejemplo entre muchos de su fuerza para apaciguar las tormentas de la pasi\u00f3n y restaurar la tranquilidad a los corazones destrozados por las pugnas civiles. El deber de un siervo de Dios, declar\u00f3 Francisco, era levantar los corazones de los hombres y llevarlos a la alegr\u00eda espiritual. A ello se deb\u00eda que el santo y sus seguidores se dirig\u00edan a la gente no \u00abdesde las bancas de los monasterios o con la cuidadosa irresponsabilidad del estudiante enclaustrado\u00bb, sino que \u00abviv\u00edan entre ellos y batallaban con los males del sistema bajo el que la gente gem\u00eda\u00bb.. Trabajaban a cambio de su paga, realizando las faenas m\u00e1s humildes e insignificantes, hablando a los pobres con palabras de esperanza que el mundo no hab\u00eda escuchado en mucho tiempo. As\u00ed fue como Francisco ech\u00f3 un puente sobre la brecha que separaba al clero aristocr\u00e1tico y el pueblo com\u00fan, y aunque no ense\u00f1\u00f3 doctrina novedosa alguna, de tal modo volvi\u00f3 a popularizar la que hab\u00eda sido dada en el monte que el Evangelio tom\u00f3 nueva vida y exigi\u00f3 un nuevo tipo de amor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tales son, en forma muy resumida, algunas de las m\u00e1s sobresalientes caracter\u00edsticas que hacen de la figura de Francisco algo tan cautivador que todo tipo de personas se siente atra\u00eddo a \u00e9l con un sentimiento de apego personal. Pocos, sin embargo, de entre los que sienten el encanto de la personalidad de Francisco, pueden seguir al santo a su solitaria altura de comuni\u00f3n con Dios. Pues a pesar de ser un atractivo \u00abjuglar de Dios\u00bb, Francisco era tambi\u00e9n un m\u00edstico profundo en el sentido m\u00e1s aut\u00e9ntico de la palabra. El mundo todo era para \u00e9l una escala luminosa, por cuyos escalones \u00e9l ascendi\u00f3 hasta la contemplaci\u00f3n de Dios. Es err\u00f3neo, sin embargo, describir a Francisco como viviendo en \u00abuna altura en la que el dogma deja de existir\u00bb, y a\u00fan m\u00e1s lejano de la verdad es representar la l\u00ednea de su ense\u00f1anza como una en la que la ortodoxia era sujeta al \u00abhumanitarianismo\u00bb. La menor de las pesquisas respecto a la fe religiosa de Francisco basta para mostrar que ella abarca la totalidad del dogma cat\u00f3lico, ni m\u00e1s ni menos. Si los sermones del santo eran m\u00e1s morales que doctrinales se deb\u00eda a que \u00e9l hablaba para satisfacer las exigencias de su tiempo y aquellos a quienes hablaba no se hab\u00edan desviado del dogma; eran m\u00e1s \u00abescuchantes\u00bb que \u00abrealizadores\u00bb de la Palabra. Fue por eso que Francisco dej\u00f3 de lado los asuntos m\u00e1s teor\u00e9ticos y volvi\u00f3 al Evangelio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n, ver en Francisco al amante amigo de todas las creaturas de Dios, al alegre cantor de la naturaleza, es pasar por alto totalmente el aspecto de su trabajo que explica todo lo dem\u00e1s- su lado sobrenatural. Pocas vidas han estado tan imbuidas de los sobrenatural, como admite el mismo Renan. No hay otro lugar, quiz\u00e1s, donde podamos encontrar una mirada m\u00e1s aguda sobre el mundo interior del esp\u00edritu y, sin embargo, tan entremezclados est\u00e1n en Francisco lo sobrenatural con lo natural, que hasta su mismo ascetismo lo revest\u00eda a veces de romance, como lo atestigua su galanteo a la Dama Pobreza, en un sentido que lleg\u00f3 a dejar de ser figurativo. La imaginaci\u00f3n particularmente viva de Francisco estaba impregnada de las im\u00e1genes de la chanson de geste, y debido a esa tendencia tan marcada al dramatismo, se deleitaba en acomodar su acci\u00f3n a su pensamiento. Del mismo modo, la naturaleza pintoresca del santo lo llev\u00f3 a unir la religi\u00f3n y la naturaleza. \u00c9l hall\u00f3 en todas las creaturas, por m\u00e1s trivial que pareciesen, alg\u00fan reflejo de la perfecci\u00f3n divina, y se deleitaba en admirar en ellas la belleza, la fuerza, la sabidur\u00eda y la bondad de su Creador. De ese modo lleg\u00f3 a descubrir sermones a\u00fan en las piedras, y bondad en todo. M\u00e1s a\u00fan, la naturaleza simple y hasta infantil de Francisco se afianzaba en la idea de que si todo sale del mismo Padre, entonces todos son parte de la misma familia. De ah\u00ed procede su costumbre de hermanarse con toda clase de objetos animados e inanimados. La personificaci\u00f3n, por tanto, de los elementos del \u00abC\u00e1ntico del Sol\u00bb es mucho m\u00e1s de una figura literaria. El amor de Francisco por las creaturas no era simplemente el resultado de una naturaleza d\u00e9bil o de una disposici\u00f3n sentimental. Sal\u00eda m\u00e1s bien de ese sentido profundo y permanente de la presencia de Dios, que subrayaba cada cosa que dec\u00eda o hac\u00eda. El regocijo habitual de Francisco no era el de una naturaleza irresponsable, ni la de alguien a quien no hubiera tocado el dolor. Nadie fue testigo de las batallas internas de Francisco, de sus prolongadas agon\u00edas de l\u00e1grimas, o su secreta lucha en la oraci\u00f3n. Y si lo encontramos haciendo pantomimas de m\u00fasica, moviendo un par de varitas para imitar un viol\u00edn y as\u00ed dar rienda suelta a su alegr\u00eda, tambi\u00e9n lo encontramos con el coraz\u00f3n adolorido por el peso de las disensiones en la orden que amenazaban con hacer encallar su ideal. Ni tampoco le faltaron alguna vez al santo tentaciones u otros malestares. La levedad de Francisco ten\u00eda su fuente en su total abandono de todo lo presente y pasajero, en la que hab\u00eda encontrado la libertad interior de los hijos de Dios; tomaba su fuerza de su \u00edntima uni\u00f3n con Jes\u00fas en la Sant\u00edsima Comuni\u00f3n. El misterio de la Santa Eucarist\u00eda, siendo una extensi\u00f3n de la Pasi\u00f3n, ocupaba un lugar preponderante en la vida de Francisco, y nada ten\u00eda tanta importancia en su coraz\u00f3n como lo que se relacionara con el culto al Sant\u00edsimo Sacramento. De ah\u00ed que no s\u00f3lo escuchamos a Francisco exhortando al clero para que muestre respeto a todo lo que est\u00e9 conectado con el Sacrificio de la Misa, sino que lo vemos barriendo iglesias pobres, buscando vasos sagrados para ellas y provey\u00e9ndolas de pan para el altar hecho por \u00e9l mismo. Tan grande era la reverencia de Francisco por el sacerdocio, a causa de su relaci\u00f3n con el Adorable Sacramento, que en su humildad \u00e9l nunca se atrevi\u00f3 a aspirar a esa dignidad. La humildad fue, sin duda, la virtud dominante del santo. Aunque era el \u00eddolo de una devoci\u00f3n entusiasta, \u00e9l nunca se consider\u00f3 sino el menor de todos. Igualmente admirable en Francisco fue su obediencia pronta y d\u00f3cil a la voz de la gracia en su interior, a\u00fan en los primeros d\u00edas cuando su ambici\u00f3n a\u00fan no estaba bien definida y su esp\u00edritu de interpretaci\u00f3n no era tan certero. M\u00e1s adelante, contando con una conciencia tan clara de su misi\u00f3n como la que pudo haber tenido cualquier profeta, se someti\u00f3 incondicionalmente a lo que constitu\u00eda la autoridad eclesi\u00e1stica. Ning\u00fan reformador, adem\u00e1s, fue menos agresivo que Francisco. Su apostolado encarnaba el m\u00e1s noble esp\u00edritu de reforma; busc\u00f3 siempre corregir abusos a base de sostener en alto su ideal. Extendi\u00f3 sus brazos a aquellos que ansiaban \u00ablos mejores dones\u00bb. A los otros los dej\u00f3 en paz.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, sin conflicto ni cisma, el Peque\u00f1o Hombre de Dios de As\u00eds se convirti\u00f3 en el medio de renovar la juventud de la Iglesia y de iniciar el movimiento religioso m\u00e1s potente y popular desde el inicio del cristianismo. Sin duda que su movimiento tuvo un lado social as\u00ed como tuvo uno religioso. Es ya un dato de la historia el que la Tercera Orden de San Francisco tuvo mucho que ver con la recristianizaci\u00f3n de la Europa medieval. Sin embargo, el prop\u00f3sito \u00faltimo de Francisco era religioso. Reanimar el amor de Dios en el mundo y reanimar la vida del esp\u00edritu en los corazones de los hombres, tal era su misi\u00f3n. Pero porque Francisco busc\u00f3 primero el reino de Dios y su justicia, muchas otras cosas le fueron dadas. Y su exquisito esp\u00edritu franciscano, como se le llama, al ser transmitido al amplio mundo, se convirti\u00f3 en una fuente inagotable de inspiraci\u00f3n. Quiz\u00e1s se vea como una exageraci\u00f3n decir, como se ha dicho, que \u00abtodos los hilos de la civilizaci\u00f3n de los siglos subsiguientes parecen partir de Francisco\u00bb, y que desde ese d\u00eda \u00abel car\u00e1cter de la Iglesia Cat\u00f3lica es notablemente de Umbr\u00eda\u00bb. Ser\u00e1 dif\u00edcil, por otra parte, sobrestimar el efecto producido por Francisco en la mentalidad de su tiempo, o en la fuerza aceleradora que \u00e9l despleg\u00f3 en las generaciones que lo han sucedido. Si mencionamos s\u00f3lo dos aspectos de su influencia persuasiva, Francisco debe formar parte de aquellos con quienes est\u00e1n en deuda el mundo de las artes y el de las letras. Como Arnold comenta, la prosa no pod\u00eda satisfacer el alma ardiente del santo, as\u00ed que hizo poes\u00eda. Es claro que \u00e9l no era versado en las reglas de composici\u00f3n como para avanzar en esa direcci\u00f3n. Pero \u00e9l emiti\u00f3 el primer grito de la poes\u00eda naciente que encontr\u00f3 su m\u00e1xima expresi\u00f3n en la \u00abDivina Comedia\u00bb. De ah\u00ed que a Francisco se le ha llamado el precursor de Dante. Lo que el santo hizo fue ense\u00f1ar a la gente \u00abacostumbrada a la versificaci\u00f3n artificial de los poetas cortesanos latinos y provenzales el uso de su lengua natal en simples himnos espont\u00e1neos, que fueron incluso m\u00e1s populares con los Laudi y los Cantici de su seguidor poeta Japone de Todi\u00bb. Adem\u00e1s, en la medida que las repraesentatio, como las llama Salimbene, hechas por Francisco, del establo de Bel\u00e9n fueron las primeras pastorelas que se conocen en Italia, se le cuenta como parte del renacimiento del drama. De alg\u00fan modo, si el amor de Francisco por el canto invit\u00f3 el inicio del verso italiano, su vida tambi\u00e9n produjo el nacimiento del arte italiana. Dice Ruskin que su historia se convirti\u00f3 en una apasionada tradici\u00f3n pintada en todas partes con deleite. La leyenda franciscana primitiva, llena de color, posibilidades dram\u00e1ticas e inter\u00e9s humano, provey\u00f3 a los pintores del material m\u00e1s popular desde la vida de Cristo. Tan pronto apareci\u00f3 en el arte, la figura de Francisco se convirti\u00f3 en un tema favorito, especialmente para la escuela m\u00edstica de Umbr\u00eda. Tan verdadero es eso que se ha dicho que siguiendo su figura podemos \u00abconstruir una historia del arte cristiano, desde los predecesores de Cimabue hasta Guido Reni, Rubens y Van Dyck.\u00bb\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Probablemente el retrato m\u00e1s antiguo de Francisco que ha llegado a nosotros es el que se conserva en el Sacro Speco de Subiaco. Se cuenta que fue pintado por un monje benedictino durante una visita del santo a ese lugar, que pudo haber tenido lugar en 1218. La ausencia de los estigmas, del halo, y del t\u00edtulo de santo en ese fresco es la raz\u00f3n principal para considerarlo una obra de esa \u00e9poca. No es, sin embargo, un retrato verdadero en el sentido moderno de la palabra, y dependemos de la tradicional presentaci\u00f3n de Francisco m\u00e1s que de los ideales de artistas, como la estatua de Della Robbia en la Porci\u00fancula, que constituye sin duda la vera effigies del santo, cosa que ning\u00fan retrato bizantino puede ser jam\u00e1s, y la descripci\u00f3n gr\u00e1fica de Francisco dejada por Celano (Vita Prima, C.LXXXIII). De estatura inferior a la mediana, se nos dice, y de forma fr\u00e1gil, Francisco pose\u00eda un rostro largo pero alegre y una voz suave pero fuerte, peque\u00f1os ojos negros, pelo casta\u00f1o obscuro y barba rala. No ten\u00eda una personalidad imponente, sin embargo hab\u00eda en \u00e9l cierta delicadez, gracia y distinci\u00f3n que lo hac\u00eda sumamente atractivo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los materiales literarios para la historia de San Francisco son casi siempre copiosos y aut\u00e9nticos. Hay pocas vidas medievales tan detalladamente documentadas. Tenemos, en primer lugar, los propios escritos del santo. \u00c9stos no son voluminosos y nunca fueron escritos con el prop\u00f3sito de transmitir sus ideas en forma sistem\u00e1tica, pero no por ello dejan de llevar la marca de su personalidad y de las caracter\u00edsticas de su predicaci\u00f3n. Parecen bastarle unos cuantos pensamientos tomados \u00abde las palabras del Se\u00f1or\u00bb, que repite una y otra vez, adapt\u00e1ndolos a las necesidades de las personas a las que se dirig\u00eda. Sus escritos, cortos, simples e informales, respiran amor no estudiado por el Evangelio y refuerzan la misma moralidad pr\u00e1ctica, mientras que abundan en alegor\u00edas y personificaci\u00f3n, y revelan un tejido de fraseolog\u00eda b\u00edblica. No se han conservado todos los escritos del santo, y algunos de los que antes se le atribu\u00edan se cree ahora con mayor certeza que son obra de otros. Los op\u00fascula aut\u00e9nticos de Francisco que a\u00fan existen comprenden, adem\u00e1s de la regla de los Frailes Menores y algunos fragmentos de otra legislaci\u00f3n ser\u00e1fica, varias cartas, incluyendo una dirigida a \u00abtodos los cristianos que habiten en el mundo\u00bb, una serie de consejos espirituales dirigidos a sus disc\u00edpulos, los \u00abLaudes Creaturarum\u00bb o \u00abC\u00e1ntico del Sol\u00bb, y algunas alabanzas menores, un oficio de la Pasi\u00f3n compilado para su uso personal, y pocas otras oraciones que nos muestran a Francisco tal como Celano lo vio, \u00abno tanto un hombre orando, sino la oraci\u00f3n misma\u00bb. Adem\u00e1s de los escritos del santo las fuentes de la historia de Francisco incluyen algunas bulas papales tempranas y otros documentos diplom\u00e1ticos, como se les llama, que versan sobre su vida y obra. Despu\u00e9s est\u00e1n las biograf\u00edas propiamente dichas. Ellas incluyen las vidas escritas entre 1229-1247 por Tom\u00e1s de Celano, uno de los seguidores de Francisco; una narraci\u00f3n conjunta de su vida compilada en 1246 por Le\u00f3n, Rufino y Angelo, compa\u00f1eros \u00edntimos del santo, la c\u00e9lebre leyenda de San Buenaventura, que apareci\u00f3 alrededor de 1263. Adem\u00e1s, existe una leyenda m\u00e1s pol\u00e9mica llamada el \u00abSpeculum Perfectionis\u00bb, atribuida al Hermano Le\u00f3n, pero cuya autor\u00eda a\u00fan es materia de controversia. Hay tambi\u00e9n varias cr\u00f3nicas importantes del siglo XIII sobre la orden, como las de Jordan, Eccleston y Bernardo de Besse, junto con la \u00abChronica XXIV Generalium\u00bb y el \u00abLiber de Conformitate\u00bb, que constituyen una clase de continuaci\u00f3n de aquellas. Todas las biograf\u00edas posteriores de Francisco est\u00e1n basadas en estas obras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los a\u00f1os recientes han sido testigos de un crecimiento notable del inter\u00e9s en la vida y obra de San Francisco, muy especialmente entre los no cat\u00f3licos, y As\u00eds, consecuentemente, se ha convertido en la meta de una nueva clase de peregrinos. Este inter\u00e9s, mayormente literario y acad\u00e9mico, est\u00e1 centrado en el estudio de documentos primitivos que se relacionan con la historia del santo y los comienzos de la orden franciscana. A pesar de haber comenzado hace varios a\u00f1os, este movimiento recibi\u00f3 su mayor impulso de la publicaci\u00f3n en 1894 de la \u00abVie de S. FranV ois\u00bb, una obra que fue casi simult\u00e1neamente coronada por la Academia Francesa y colocada en el \u00cdndice. A pesar de la antipat\u00e0da del autor respecto al punto de vista religioso del santo, su biograf\u00eda de Francisco delata una gran erudici\u00f3n, profunda investigaci\u00f3n y una rara visi\u00f3n cr\u00edtica que han abierto una nueva \u00e9poca en el estudio de las fuentes franciscanas. Para llevar ese estudio a\u00fan m\u00e1s lejos en 1902 se fund\u00f3 la Sociedad Internacional de Estudios Franciscanos, en As\u00eds, cuya meta es reunir una biblioteca lo m\u00e1s completa posible de obras sobre historia franciscana y compilar un cat\u00e1logo de manuscritos franciscanos que actualmente est\u00e1n dispersos. En diferentes pa\u00edses se han creado, adem\u00e1s, varios peri\u00f3dicos dedicados exclusivamente a documentos y discusiones franciscanas. Aunque en breve tiempo ha crecido una abundante literatura en torno al Poverello, nada esencialmente nuevo se ha a\u00f1adido a lo que ya se sab\u00eda del santo. El intenso trabajo de investigaci\u00f3n de los a\u00f1os recientes ha dado como resultado la recuperaci\u00f3n de varios textos primitivos importantes, y ha dado lugar a muchos magn\u00edficos estudios cr\u00edticos sobre las fuentes; pero la nota mejor recibida de ese inter\u00e9s moderno por los or\u00edgenes franciscanos ha sido la cuidadosa reedici\u00f3n y traducci\u00f3n de los escritos de Francisco y de casi todos los manuscritos contempor\u00e1neos de las autoridades que tratan de su vida. No pocas de las cuestiones controvertidas relacionadas con el tema son de considerable trascendencia, a\u00fan para aquellos que no son estudiantes propiamente dichos de la leyenda franciscana, pero no han podido ser tratados en los l\u00edmites del presente art\u00edculo. Baste indicar algunas de las obras principales acerca de la vida de San Francisco.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los escritos de San Francisco han sido publicados en \u00abOpuscula S.P.Francisci Assisiensis\u00bb (Quaracchi, 1904); B\u00f6hmer, \u00abAnalekten zur Geschichte des Franciscus von Assisi\u00bb (Tubinga, 1904); Universidad de Alen\u00e7on, \u00abLes Opuscules de S. Fran\u00e7ois d&#8217; Assise\u00bb (Paris, 1905); Robinson, \u00abThe Writings of St. Francis of Assisi\u00bb (Filadelfia, 1906).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PASCHAL ROBINSON<br \/>\nTraducido por Javier Algara Coss\u00edo\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leyenda del nacimiento de San FranciscoFundador de la Orden Franciscana, naci\u00f3 en As\u00eds, en la Umbr\u00eda, en 1181 o 1182- no se tiene un dato exacto. All\u00ed mismo muri\u00f3, el 3 de octubre de 1226. Su padre, Pietro Bernardone, fue un rico mercader de telas de As\u00eds. De su madre, Pica, poco se sabe, pero &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-francisco-de-asis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSAN FRANCISCO DE ASIS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-24301","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24301","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24301"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24301\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24301"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=24301"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=24301"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}