{"id":24395,"date":"2016-02-05T16:35:08","date_gmt":"2016-02-05T21:35:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-dionisio-de-alejandria\/"},"modified":"2016-02-05T16:35:08","modified_gmt":"2016-02-05T21:35:08","slug":"san-dionisio-de-alejandria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-dionisio-de-alejandria\/","title":{"rendered":"SAN DIONISIO DE ALEJANDRIA"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">(Obispo desde 247-8 a 264-5)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llamado \u201cel Grande\u201d por Eusebio, San Basilio y otros, fue indudablemente, despu\u00e9s de San Cipriano de Cartago, el obispo m\u00e1s eminente del siglo III.  Como San Cipriano fue menos un gran te\u00f3logo que un gran administrador. Como San Cipriano sus escritos toman habitualmente la forma de cartas. Ambos santos fueron conversos del paganismo; ambos se vieron implicados en las controversias respecto a los que hab\u00edan apostatado (lapsi) en la persecuci\u00f3n de Decio, sobre Novaciano, y con respecto a la repetici\u00f3n del bautismo her\u00e9tico; ambos mantuvieron correspondencia con los Papas de su tiempo. Aun as\u00ed es curioso que ninguno mencione el nombre del otro. S\u00f3lo se ha conservado una carta de Dionisio en el derecho can\u00f3nico griego. Para el resto dependemos de las muchas citas de Eusebio, y, para una etapa, de las obras de su gran sucesor San Atanasio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dionisio era un anciano cuando muri\u00f3, as\u00ed que su nacimiento tendr\u00eda lugar hacia 190 o antes. Se dice que era de familia distinguida. Se hizo cristiano cuando a\u00fan era joven. En un periodo posterior, cuando fue advertido por un sacerdote del peligro que corr\u00eda al estudiar los libros de herejes, una visi\u00f3n&#8212;as\u00ed nos lo informa \u00e9l&#8212;le asegur\u00f3 que era capaz de probar todas las cosas, y que esta capacidad hab\u00eda sido de hecho la causa de su conversi\u00f3n. Estudi\u00f3 con Or\u00edgenes. \u00c9ste fue desterrado por Demetrio hacia 231, y San Heraclas ocup\u00f3 su puesto a la cabeza de la escuela catequ\u00e9tica. A la muerte de San Demetrio muy poco despu\u00e9s, Heraclas se convirti\u00f3 en obispo y Dionisio tom\u00f3 la direcci\u00f3n de la famosa escuela. Se cree que retuvo este cargo incluso cuando sucedi\u00f3 a Heraclas como obispo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el \u00faltimo a\u00f1o de Filipo, 249, aunque se informaba que el propio emperador era cristiano, un mot\u00edn en Alejandr\u00eda, suscitado por un popular poeta y profeta, tuvo todo el efecto de una severa persecuci\u00f3n.  Dionisio lo describi\u00f3 en una carta a Fabio de Antioqu\u00eda. La multitud atrap\u00f3 en primer lugar a un anciano llamado Metras, le golpearon con palos cuando no quiso negar su fe, perforaron sus ojos y rostro con flechas, le arrastraron fuera de la ciudad y lo lapidaron.  Luego una mujer llamada Quinta, que no quiso sacrificar, fue arrastrada por los pies por el \u00e1spero pavimento, estrellada contra piedras de molino, azotada y finalmente lapidada en el mismo suburbio. Las casas de los fieles fueron saqueadas.  Ninguno, por lo que supo el obispo, apostat\u00f3.  La anciana virgen, Apolonia, despu\u00e9s de que le rompieran los dientes, salt\u00f3 por propia voluntad al fuego preparado para ella antes que pronunciar blasfemias.  A Serapi\u00f3n le rompieron todas sus extremidades, y fue precipitado a la calle desde el piso alto de su propia casa. Era imposible para ning\u00fan cristiano salir a las calles, ni siquiera de noche, pues la multitud gritaba que todo el que no blasfemara ser\u00eda quemado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La guerra civil interrumpi\u00f3 el mot\u00edn,, pero el nuevo emperador Decio instituy\u00f3 una persecuci\u00f3n legal en enero de 250.  San Cipriano describe c\u00f3mo en Cartago los cristianos se apresuraron a sacrificar, o al menos a conseguir falsos certificados (libellus) de haberlo hecho. De manera similar Dionisio nos cuenta que en Alejandr\u00eda muchos obedecieron por miedo, otros debido a su cargo oficial, o persuadidos por amigos; algunos p\u00e1lidos y temblando en su actuaci\u00f3n, otros afirmando con audacia que nunca hab\u00edan sido cristianos. Algunos sufrieron prisi\u00f3n por un tiempo, otros abjuraron s\u00f3lo a la vista de las torturas; otros resistieron hasta que las torturas vencieron su resoluci\u00f3n. Pero hubo nobles ejemplos de constancia. Juli\u00e1n y Kronion fueron azotados por toda la ciudad sobre camellos, y luego quemados en la hoguera. Un soldado, Besas, que les protegi\u00f3 de los insultos del pueblo, fue decapitado. Macario, un libio, fue quemado vivo. Ep\u00edmaco y Alejandro, tras larga prisi\u00f3n y muchas torturas, fueron tambi\u00e9n quemados, con cuatro mujeres. La virgen Ammomarion tambi\u00e9n fue muy torturada. Las ancianas Mercuria y Dionisia, madres de muchos ni\u00f1os, murieron por la espada. Her\u00f3n, Ater e Isidoro, egipcios, tras muchas torturas fueron entregados a las llamas. Un muchacho de quince a\u00f1os, Di\u00f3scoro, que se mantuvo firme ante la tortura, fue absuelto por el juez por pura verg\u00fcenza. Nemesio fue torturado y azotado, y luego quemado entre dos ladrones. Un cierto n\u00famero de soldados y con ellos un anciano llamado Ingenuo, hicieron gestos de indignaci\u00f3n a uno que estaba siendo juzgado y a punto de apostatar.  Cuando se les llam\u00f3 al orden gritaron que eran cristianos con tanta audacia que el gobernador y sus asesores se desconcertaron; ellos sufrieron un glorioso martirio. Muchos fueron martirizados en las ciudades y aldeas. A un mayordomo llamado Isquiri\u00f3n su amo le atraves\u00f3 el est\u00f3mago con una gran estaca porque rehus\u00f3 sacrificar.  Muchos huyeron, vagaron por los desiertos y monta\u00f1as, y fueron exterminados por el hambre, la sed, el fr\u00edo, la enfermedad, los ladrones o los animales salvajes. Un obispo llamado Querem\u00f3n huy\u00f3 con su s\u00fambios (\u00bfesposa?) a las monta\u00f1as de Arabia y nunca m\u00e1s se supo de \u00e9l. Muchos fueron hechos esclavos por los sarracenos y algunos de estos fueron m\u00e1s tarde rescatados por grandes sumas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos de los lapsi hab\u00edan sido readmitidos a la comuni\u00f3n cristiana por medio de los m\u00e1rtires.  Dionisio le insisti\u00f3 a Fabio, obispo de Antioqu\u00eda, que se inclinaba a unirse a Novaciano, que era justo respetar este juicio emitido por los bienaventurados m\u00e1rtires \u201csentados ahora con Cristo, y copart\u00edcipes en su Reino y asesores en su juicio\u201d. A\u00f1ade la historia de un anciano, Serapi\u00f3n, que despu\u00e9s de una vida larga y sin tacha hab\u00eda sacrificado y no pod\u00eda conseguir la absoluci\u00f3n de nadie. En su lecho de muerte envi\u00f3 a su nieto a buscar a un sacerdote. El sacerdote estaba enfermo, pero dio al ni\u00f1o una part\u00edcula de la Eucarist\u00eda, dici\u00e9ndole que la humedeciera y la colocara en la boca del anciano.  Serapi\u00f3n la recibi\u00f3 con alegr\u00eda, e inmediatamente expir\u00f3. Sabino, el prefecto, envi\u00f3 un frumentarius (detective) a buscar a Dionisio en seguida que se public\u00f3 el decreto; busc\u00f3 por todas partes salvo en la propia casa de Dionisio, donde el santo se qued\u00f3 tranquilamente. Al cuarto d\u00eda tuvo la inspiraci\u00f3n de partir, y la abandon\u00f3 por la noche, con sus dom\u00e9sticos y algunos hermanos. Pero parece que fue hecho pronto prisionero, pues los soldados escoltaron a toda la expedici\u00f3n a Taposiris en el Mareotis. Un tal Timoteo, que no hab\u00eda sido capturado con los dem\u00e1s, inform\u00f3 a un campesino que pasaba, el cual llev\u00f3 la noticia a una fiesta de bodas a la que iba a asistir. Inmediatamente todos se levantaron y corrieron a liberar al obispo. Los soldados emprendieron la huida, dejando a sus prisioneros en sus literas sin cojines. Dionisio, creyendo que sus rescatadores eran ladrones, les entreg\u00f3 sus ropas, qued\u00e1ndose s\u00f3lo su t\u00fanica. Ellos le urgieron a levantarse y huir. Les rog\u00f3 que lo dejaran, declarando que tambi\u00e9n perder\u00edan su cabeza en seguida, como har\u00edan los soldados en breve. Se tendi\u00f3 en el suelo de espaldas; pero ellos le tomaron por las manos y los pies y lo arrastraron llev\u00e1ndoselo de la peque\u00f1a ciudad, mont\u00e1ndolo en un asno sin albarda. Con dos compa\u00f1eros, Gayo y Pedro, permaneci\u00f3 en un lugar desierto de Libia hasta que ces\u00f3 la persecuci\u00f3n en 251.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo la cristiandad cay\u00f3 entonces en confusi\u00f3n por la noticia de que Novaciano reclamaba el obispado de Roma en oposici\u00f3n al Papa San Cornelio. Dionisio enseguida tom\u00f3 partido con el Papa, y fue en gran medida por su influencia que todo Oriente, despu\u00e9s de muchos disturbios, se recondujo a la unidad y armon\u00eda dentro de pocos meses. Novaciano le escribi\u00f3 para que le apoyara. Su seca respuesta se ha conservado \u00edntegra: \u201cNovaciano puede f\u00e1cilmente probar la verdad de su protesta de que fue consagrado contra su voluntad retir\u00e1ndose voluntariamente; deb\u00eda haber sufrido el martirio antes que dividir a la Iglesia de Dios; ciertamente habr\u00eda sido un singularmente glorioso martirio en beneficio de toda la Iglesia (tanta importancia otorgaba Dionisio a un cisma en Roma); incluso si pod\u00eda ahora persuadir a su partido a hacer la paz, el pasado ser\u00eda olvidado; si no, que salvara su propia alma\u201d. San Dionisio tambi\u00e9n escribi\u00f3 muchas cartas sobre este asunto a Roma y al Oriente; algunas de estas eran tratados sobre la penitencia. Manten\u00eda una opini\u00f3n en cierto modo m\u00e1s suave que Cipriano, pues daba gran peso a las \u201cindulgencias\u201d concedidas por los m\u00e1rtires, y no rechazaba el perd\u00f3n para nadie a la hora de la muerte.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de la persecuci\u00f3n, la peste. Dionisio la describe m\u00e1s gr\u00e1ficamente de lo que lo hace San Cipriano, y nos recuerda a Tuc\u00eddides y Defoe. Los paganos rechazaron a sus enfermos, huyeron de sus propios parientes, lanzaron cuerpos medio muertos a las calles; aun as\u00ed sufrieron m\u00e1s que los cristianos, cuyos heroicos actos de misericordia se relatan por su obispo. Muchos sacerdotes, di\u00e1conos y personas de m\u00e9rito murieron por socorrer a otros, y esta muerte, escribe Dionisio, de ning\u00fan modo fue inferior al martirio. La controversia bautismal se extendi\u00f3 desde \u00c1frica por todo el Oriente. Dionisio estaba lejos de ense\u00f1ar, como Cipriano, que el bautismo por un hereje ensucia m\u00e1s que limpia; pero estaba impresionado por la opini\u00f3n de muchos obispos y algunos concilios de que la repetici\u00f3n de tal bautismo era necesaria, y parece que suplic\u00f3 al Papa Esteban que no rompiera la comuni\u00f3n con las Iglesias de Asia  por esta causa. Tambi\u00e9n escribi\u00f3 sobre el asunto a Dionisio de Roma, que a\u00fan no era Papa, y a un romano llamado Filem\u00f3n, los cuales le hab\u00edan escrito a \u00e9l. Conocemos siete cartas suyas sobre el asunto, dos dirigidas al Papa Sixto.  En una de \u00e9stas pide consejo sobre el caso de un hombre que hac\u00eda mucho tiempo hab\u00eda sido bautizado por herejes, y ahora declaraba que se hab\u00eda realizado incorrectamente. Dionisio hab\u00eda rechazado renovar el sacramento despu\u00e9s que el hombre hubiera recibido durante tantos a\u00f1os la Sagrada Eucarist\u00eda; pide la opini\u00f3n del Papa. En este caso est\u00e1 claro que la dificultad resid\u00eda en la naturaleza de las ceremonias utilizadas, no en el mero hecho de haber sido llevado a cabo por herejes. Deducimos que el propio Dionisio sigui\u00f3 la costumbre romana, bien por tradici\u00f3n de su Iglesia, o bien por obediencia al decreto de Esteban. En 253 muri\u00f3 Or\u00edgenes; \u00e9l no hab\u00eda estado en Alejandr\u00eda por muchos a\u00f1os. Pero Dionisio no hab\u00eda olvidado a su viejo maestro, y escribi\u00f3 una carta en alabanza suya a Teocteno de Cesarea.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un obispo egipcio, Nepos, ense\u00f1aba el error milenarista de que habr\u00eda un reino de Cristo en la tierra durante mil a\u00f1os, un per\u00edodo de deleites corporales; \u00e9l fundamentaba esta doctrina sobre el Apocalipsis en un libro titulado \u201cRefutaci\u00f3n de los aleg\u00f3ricos\u201d. Fue s\u00f3lo tras la muerte de Nepos cuando Dionisio se vio obligado a escribir dos libros \u201cSobre las promesas\u201d para contrarrestar este error. Trata a Nepos con gran respeto, pero rechaza su doctrina, como en realidad la Iglesia ha hecho desde entonces, aunque fue ense\u00f1ada por San Pap\u00edas, San Justino, San Ireneo, San Victorino y otros. La di\u00f3cesis de Alejandr\u00eda era a\u00fan muy extensa (aunque se dice que Heraclas hab\u00eda fundado nuevos obispados), y formaba parte de ella el distrito de Arsinoe. Aqu\u00ed el error era muy predominante, y San Dionisio fue en persona a las aldeas, reuni\u00f3 a sacerdotes y maestros, y durante tres d\u00edas les instruy\u00f3, refutando los argumentos que sacaban del libro de Nepos. Estaba muy edificado por el esp\u00edritu d\u00f3cil y el amor a la verdad que encontraba. Al final Korakion, que hab\u00eda introducido el libro y la doctrina, se declar\u00f3 convencido. El principal inter\u00e9s del incidente no est\u00e1 en el retrato que nos da de la vida de la Iglesia antigua y de la sabidur\u00eda y gentileza del obispo, sino en la notable disquisici\u00f3n, que a\u00f1ade Dionisio, sobre la autenticidad del Apocalipsis. Es una pieza muy impresionante de \u201calta cr\u00edtica\u201d, y por su claridad y moderaci\u00f3n, agudeza y penetraci\u00f3n, es dif\u00edcil que sea superada. \u201cAlgunos de los hermanos\u201d, nos dice, \u201cen su celo contra el error milenarista, repudiaban el Apocalipsis en conjunto, y lo tomaban cap\u00edtulo por cap\u00edtulo para ridiculizarlo, atribuyendo su autor\u00eda a Cerinto (como sabemos que hizo el romano Gayo unos a\u00f1os antes)\u201d. Dionisio lo trata con reverencia, y declara que est\u00e1 lleno de ocultos misterios, y sin duda realmente escrito por un hombre llamado Juan.  (En un pasaje ahora perdido, demostr\u00f3 que el libro debe entenderse aleg\u00f3ricamente). Pero encontraba dif\u00edcil creer que el autor fuera el hijo del Zebedeo, el autor del Evangelio y de la Ep\u00edstola cat\u00f3lica, por el gran contraste de car\u00e1cter, estilo y \u201clo que se llama elaboraci\u00f3n\u201d. Muestra que el autor se llama a s\u00ed mismo Juan, mientras que el otro s\u00f3lo se refiere a s\u00ed mismo mediante algunas per\u00edfrasis. A\u00f1ade la famosa observaci\u00f3n, que \u201cse dice que hay dos tumbas en \u00c9feso, que son llamadas ambas de Juan\u201d. Demuestra la estrecha semejanza entre el Evangelio y la Ep\u00edstola, y se\u00f1ala lo completamente diferente del vocabulario del Apocalipsis; este \u00faltimo est\u00e1 lleno de solecismos y barbarismos, mientras que los primeros est\u00e1n en buen griego. Este agudo criticismo fue desafortunado, en cuanto que fue en gran medida la causa del frecuente rechazo del Apocalipsis en las Iglesias de habla griega, incluso tan tard\u00edamente como en la Edad Media. Los argumentos de Dionisio parecieron incontestables a los cr\u00edticos liberales del siglo XIX. Posteriormente, el movimiento del p\u00e9ndulo ha tra\u00eddo a muchos, guiados por Bousset, Harnack y otros, a dejarse impresionar m\u00e1s por los innegables puntos de contacto entre el Evangelio y el Apocalipsis, que por las diferencias de estilo (que pueden explicarse por un diferente escriba o traductor, puesto que el autor de ambos libros era ciertamente jud\u00edo), as\u00ed que incluso Loisy admite que la opini\u00f3n de los numerosos e ilustrados eruditos conservadores \u201cya no parece imposible\u201d. Pero debe se\u00f1alarse que los cr\u00edticos modernos no han a\u00f1adido nada a las juiciosas observaciones del patriarca del siglo III.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El emperador Valeriano, cuyo acceso al trono tuvo lugar en 253, no realiz\u00f3 persecuciones hasta 257. Ese a\u00f1o San Cipriano fue desterrado a Curubis y San Dionisio a Kefro en el Mareotis, despu\u00e9s de ser juzgado junto con un sacerdote y dos di\u00e1conos por Emiliano, prefecto de Egipto. \u00c9l mismo nos cuenta las firmes respuestas que dio al prefecto, escribiendo para defenderse de un tal Germano, que le hab\u00eda acusado de huida vergonzosa. Cipriano padeci\u00f3 martirio en 258, pero Dionisio fue perdonado, y volvi\u00f3 a Alejandr\u00eda enseguida cuando Galieno decret\u00f3 la tolerancia en 260. Pero no para la paz, pues en 261-62 la ciudad estaba en un estado de tumulto poco menos peligroso que una persecuci\u00f3n. La gran v\u00eda p\u00fablica que atravesaba la ciudad estaba intransitable. El obispo ten\u00eda que comunicarse con su grey por carta, como si estuvieran en pa\u00edses diferentes. Era m\u00e1s f\u00e1cil, escribe, pasar de Oriente a Occidente que de Alejandr\u00eda a Alejandr\u00eda. Se desencadenaron de nuevo el hambre y la peste. Los habitantes de la que a\u00fan era la segunda ciudad del mundo hab\u00edan disminuido tanto que los varones entre catorce y ochenta a\u00f1os eran ahora apenas tan numerosos como hab\u00edan sido los de entre cuarenta y setenta no muchos a\u00f1os antes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los \u00faltimos a\u00f1os de Dionisio se suscit\u00f3 una controversia que el semiarriano Eusebio ha tenido cuidado de no mencionar. Todo cuanto sabemos procede de San Atanasio. Algunos obispos de la Pent\u00e1polis de la Libia Superior cayeron en el sabelianismo y negaban la diferencia entre las Tres Personas de la Sant\u00edsima Trinidad. Dionisio escribi\u00f3 unas cuatro cartas para condenar su error, y envi\u00f3 copias al Papa San Sixto II (257-58). Pero \u00e9l mismo cay\u00f3, hasta donde llegan las palabras, en el error opuesto, pues dijo que el Hijo es un poiema (algo hecho) y distinto en sustancia, x\u00e9nos kat\u2019o\u00fasian, del Padre, incluso como lo es el labrador de la vid, o un constructor de barcos del barco. Los arrianos del siglo IV tomaron estas palabras como puro arrianismo. Pero Atanasio defendi\u00f3 a Dionisio contando la continuaci\u00f3n de la historia. Ciertos hermanos de Alejandr\u00eda, ofendidos por las palabras de su obispo, se dirigieron a Roma al Papa San Dionisio (259-68), que escribi\u00f3 una carta, en la que declaraba que ense\u00f1ar que el Hijo fue hecho o era una criatura era una impiedad igual, aunque contraria, a la de Sabelio. Tambi\u00e9n escribi\u00f3 a su hom\u00f3nimo de Alejandr\u00eda inform\u00e1ndole de la acusaci\u00f3n presentada contra \u00e9l. Este \u00faltimo inmediatamente redact\u00f3 libros titulados \u201cRefutaci\u00f3n\u201d y \u201cApolog\u00eda\u201d; en estos expl\u00edcitamente declaraba que nunca hubo un tiempo en que Dios no fuera Padre, que Cristo siempre fue, al ser Palabra y Sabidur\u00eda y Poder, y coeterno, incluso como el brillo no es posterior a la luz de la que procede. Ense\u00f1a la \u201cTrinidad en Unidad y la Unidad en Trinidad\u201d; da claramente a entender la igualdad y procesi\u00f3n eterna del Esp\u00edritu Santo. En estos \u00faltimos puntos es m\u00e1s expl\u00edcito que el propio San Atanasio lo es en otros lugares, mientras que en el uso de la palabra consustancial, \u2018homoousion, se anticipa a  Nicea, pues se queja amargamente de la calumnia de que \u00e9l hab\u00eda rechazado la expresi\u00f3n. Pero no obstante que \u00e9l mismo y su abogado Atanasio intenten explicar sus primeras expresiones, est\u00e1 claro que hab\u00eda sido incorrecto en pensamiento tanto como en palabras, y que al principio no comprendi\u00f3 la verdadera doctrina con la claridad necesaria. La carta del Papa era evidentemente expl\u00edcita y debe haber sido la causa de la visi\u00f3n m\u00e1s clara del alejandrino. El Papa, como se\u00f1ala Atanasio, dict\u00f3 una condena formal del arrianismo mucho antes de que surgiera la herej\u00eda. Cuando consideremos la vaguedad e incorrecci\u00f3n en el siglo IV de incluso los defensores de la ortodoxia en Oriente, la decisi\u00f3n de la Sede Apost\u00f3lica nos parecer\u00e1 un maravilloso testimonio de la doctrina de los Padres y de la fe infalible de Roma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hallamos a Dionisio publicando anualmente, como los posteriores obispos de Alejandr\u00eda, cartas festivas que anuncian la fecha de la Pascua y ocupado en diversos asuntos. Cuando la herej\u00eda de Pablo de Samosata, obispo de Antioqu\u00eda, comenz\u00f3 a turbar el Oriente, Dionisio escribi\u00f3 a la Iglesia de Antioqu\u00eda sobre el asunto, pues se vio obligado a declinar la invitaci\u00f3n a asistir a un s\u00ednodo all\u00ed, por causa de su edad y enfermedades. Muri\u00f3 poco despu\u00e9s. En el Martirologio Romano San Dionisio aparece bajo el 17 de noviembre, pero tambi\u00e9n se le incluye, con sus compa\u00f1eros de huida durante la persecuci\u00f3n de Decio, por la nota err\u00f3nea, el 3 de octubre: Dionisio, Fausto, Gayo, Pedro y Pablo, m\u00e1rtires (!). El mismo error se encuentra en los menologios griegos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda:<\/b>  Lo principal que se conserva de Dionisio son las citas en EUSEBIO, H. E., VI-VII, algunos fragmentos de los libros Sobre la Naturaleza en IDEM, Pr\u00e6p. Evang., xiv, y las citas en ATANASIO, De Sententi\u00e2 Dionysii, etc. Una colecci\u00f3n de estos y otros fragmentos est\u00e1 en GALLANDI, Bibl. Vett. Patrum, III XIV, reimpresa en P.G., X. La mejor edici\u00f3n es la de SIMON DE MAGISTRIS, S. Dion. Al. Opp. omnia (Roma, 1796); tambi\u00e9n ROUTH, Reliqui\u00e6 Sacr\u00e6 III-IV. Fragmentos sir\u00edacos y armenios en PITRA, Analecta Sacra, IV. Una lista completa de todos los fragmentos est\u00e1 en HARNACK, Gesch. der altchr. Litt., I, 409-27, pero su relaci\u00f3n de los pasajes de la Cadena de Lucas (probablemente de una carta a Or\u00edgenes, Sobre el Martirio) precisa ser completado por SICKENBERGER, Die Lucaskatene des Niketas von Heracleia (Leipzig, 1902). Para la vida de Dionisio ver TILLEMONT, IV; Acta SS., 3 Oct.; DITTRICH, Dionysius der Grosse, eine Monographie (Friburgo de Br., 1867); MORIZE, Denys d&#8217;Alexandrie (Par\u00eds, 1881). DOM MORIN intent\u00f3 infructuosamente identificar los C\u00e1nones de Hip\u00f3lito con DIONYSIUS\u00bb \u2019Epist\u00f3le diokonik\u00e8 di\u00e0 \u2018Ippol\u00fatou (EUSEB., H. E., VI, 45-6) en Revue B\u00e9n\u00e9dictine (1900), XVII, 241. Tambi\u00e9n MERCATI, Note di letteratura bibl. et crist. ant.: Due supposte lettere di Dionigi Aless. (Roma, 1901). Para la cronolog\u00eda ver HANACK, Chronol., I, 202, II, 57. Una relaci\u00f3n muy buena, con bibliograf\u00eda completa, est\u00e1 en BARDENHEWER, Gesch. der altkirchl. Litt., II. Sobre la cuesti\u00f3n milenarista ver GRY, Le Mill\u00e9narisme (Paris, 1904), 101.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente:<\/b> Chapman, John. \u00abDionysius of Alexandria.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/05011a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Francisco V\u00e1zquez.  L H M\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Obispo desde 247-8 a 264-5) Llamado \u201cel Grande\u201d por Eusebio, San Basilio y otros, fue indudablemente, despu\u00e9s de San Cipriano de Cartago, el obispo m\u00e1s eminente del siglo III. Como San Cipriano fue menos un gran te\u00f3logo que un gran administrador. Como San Cipriano sus escritos toman habitualmente la forma de cartas. Ambos santos fueron &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-dionisio-de-alejandria\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSAN DIONISIO DE ALEJANDRIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-24395","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24395","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24395"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24395\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24395"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=24395"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=24395"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}