{"id":24397,"date":"2016-02-05T16:35:12","date_gmt":"2016-02-05T21:35:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dionisio-el-pseudo-areopagita\/"},"modified":"2016-02-05T16:35:12","modified_gmt":"2016-02-05T21:35:12","slug":"dionisio-el-pseudo-areopagita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dionisio-el-pseudo-areopagita\/","title":{"rendered":"DIONISIO EL PSEUDO-AREOPAGITA"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Por \u201cDionisio el Areopagita\u201d usualmente se entiende el juez del Are\u00f3pago que, seg\u00fan se narra en Hechos 17,34, se convirti\u00f3 al cristianismo por la predicaci\u00f3n de San Pablo, y seg\u00fan San Dionisio de Corinto (Eusebio, Hist. Igl. III.4) fue obispo de Atenas\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo con el pasar del tiempo surgieron dos errores de  importancia trascendente en relaci\u00f3n con este nombre.  En primer lugar, se le adscribi\u00f3 al Areopagita una serie de escritos de una naturaleza bastante peculiar, y segundo, popularmente se le identificaba con el santo m\u00e1rtir de Galia, Dionisio, el primer obispo de Par\u00eds.  No es nuestro prop\u00f3sito tocar directamente este \u00faltimo punto; aqu\u00ed trataremos sobre (1) la persona del Pseudo-Areopagita; (2) la clasificaci\u00f3n, contenido y caracter\u00edsticas de sus escritos; (3) su historia y transmisi\u00f3n; bajo este encabezamiento el asunto de su autenticidad, origen, primera aceptaci\u00f3n y gradual difusi\u00f3n de estos escritos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Profunda obscuridad todav\u00eda se cierne sobre la persona del Pseudo-Areopagita.  Carecemos de evidencia externa sobre el tiempo y lugar de su nacimiento, su educaci\u00f3n y ocupaci\u00f3n posterior.  Nuestra \u00fanica fuente de informaci\u00f3n respecto a este problem\u00e1tico personaje son los escritos mismos.  Las pistas que da la primera impresi\u00f3n y por el car\u00e1cter de los escritos nos capacita a concluir que el autor perteneci\u00f3 como lo m\u00e1s temprano a la \u00faltima mitad del siglo V, y que, con toda probabilidad, era nativo de Siria.  Sus pensamientos, frases y expresiones muestran una gran familiaridad con las obras de los neo-plat\u00f3nicos, especialmente con Plotino y Proclo.  Tambi\u00e9n es completamente versado en los libros sagrados del Antiguo y Nuevo Testamento, y en las obras de los Padres como San Cirilo de Alejandr\u00eda.  (Los pasajes de los escritos areopagitas se indican por el t\u00edtulo y cap\u00edtulo.  En este art\u00edculo D.D.N. significa \u201cDe divinis nominibus\u201d; C.H., \u201cCaelestis hierachia\u201d; E.H., \u201cEcclesiastica hierarchia\u201d; Th.M., \u00abTheologia mystica\u00bb, que se hallan todos en Migne, P.G., vol. III).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una carta a San Policarpo (Ep. VII; P.G., III, 1080 A) y en \u00abCael. hier.\u00bb (IX, 3; P.G. III, 260 D) insin\u00faa que antes fue un pagano, y esto parece bastante probable, considerando el car\u00e1cter peculiar de su obra literaria.  Pero uno debe ser m\u00e1s cauteloso respecto a ciertas otras referencias personales, por ejemplo, que fue escogido maestro de los \u201creci\u00e9n bautizados\u201d (D.D.N., III, 2; P.G., III, 681 B); que su padre y gu\u00eda espiritual era un hombre sabio y santo, de nombre Hieroteo; que \u00e9ste le aconsejaba y que sus propios superiores le ordenaron escribir esas obras (ibid., 681 ss.).  Y es claramente con el prop\u00f3sito de enga\u00f1ar que \u00e9l dice que observ\u00f3 el eclipse solar el d\u00eda de la Crucifixi\u00f3n de Cristo (Ep., VII, 2; P.G., III, 1081 A) y de haber visto, con Hieroteo, los ap\u00f3stoles (San Pedro y Santiago) y otros jerarcas, el cuerpo \u201cEngendrador de Vida, Recibidor de Dios, es decir, de la Virgen Mar\u00eda (D.D.N., III, 2; P.G., III, 681 C).  El primero de estos relatos se basa en Mateo 27,45, y Marcos 15,33; el \u00faltimo se refiere a las descripciones ap\u00f3crifas del \u201cDormitio mariae\u201d.  Con el mismo prop\u00f3sito, es decir, para crear la impresi\u00f3n de que el autor perteneci\u00f3 a los tiempos apost\u00f3licos y que era id\u00e9ntico con el Areopagita mencionado en los Hechos, en sus escritos aparecen diferentes personas, tales como San Juan el Evangelista, San Pablo, Timoteo, Tito, Justo y Carpo, con quienes supuestamente se relacionaba \u00edntimamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La actitud doctrinal del Pseudo-Areopagita no est\u00e1 claramente definida.  Cierta vaguedad, que quiz\u00e1s fue adrede, es caracter\u00edstica de su cristolog\u00eda, especialmente respecto a las dos naturalezas en Cristo.  Podemos muy bien colegir que no era extra\u00f1o a esto \u00faltimo, y a una forma de monofisismo bastante modificada, y que pertenec\u00eda al grupo conciliatorio que buscaba, basado en el Henoticon emitido en el 482 por el emperador Zeno (Evagrio, Hist. Eccl., III, IV), reconciliar los extremos de la ortodoxia y la herej\u00eda.  Esta actitud reservada e indefinida del autor explica el notable hecho de que facciones opuestas lo reclamaban como seguidor.  En cuanto a su clase social, una comparaci\u00f3n cuidadosa de detalles dispersos a trav\u00e9s de sus obras muestran que pertenec\u00eda a la clase de los estudiosos que eran conocidos en ese tiempo como los scholastikoi.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los escritos mismos forman una colecci\u00f3n de cuatro tratados y diez cartas.  El primer tratado, el cual es el m\u00e1s importante en alcance y contenido, presenta en trece cap\u00edtulos una explicaci\u00f3n de los nombres divinos.  Partiendo del principio de que los nombres de Dios se deben aprender de la Escritura solamente, y que ellos nos proporcionan s\u00f3lo un conocimiento imperfecto de Dios, Dionisio discute, entre otros t\u00f3picos, la bondad, el ser, la vida, la sabidur\u00eda, el poder y la justicia de Dios.  El pensamiento subyacente de la obra, recurriendo una y otra vez a diferentes formas y frases es: Dios, el \u00danico Ser (to hen), trascendiendo toda cualidad y predicaci\u00f3n, toda afirmaci\u00f3n y negaci\u00f3n y toda concepci\u00f3n intelectual, por la misma fuerza de su amor y su bondad da a los seres fuera de S\u00ed mismo sus incontables gradaciones, los une con los lazos m\u00e1s cercanos (troodos), mantiene a cada uno con su cuidado y direcci\u00f3n en su esfera designada, y los atrae de nuevo hacia S\u00ed en orden ascendente (epistrophe).  Mientras que ilustra la vida interior de la Sant\u00edsma Trinidad con met\u00e1foras de florecidas y luz aplicadas a las Segunda y Tercera Persona  (D.D.N., II, 7 en P.G., III, 645 B), Dionisio representa la procesi\u00f3n de todas las cosas creadas desde Dios por la exuberancia de estar en Dios (to hyperpleres), su derramamiento y desbordamiento (D.D.N., IX, 9, en P.G., III, 909 C; cf. II, 10 en P.G., III, 648 C; XIII, 1 en P.G., III, 977 B), y como una flama que sale del sol de la Deidad (D.D.N., IV, 6 en P.G., III,701 A; IV, 1 en P.G., III, 693 B). Exactamente seg\u00fan su naturaleza f\u00edsica, las cosas creadas absorben m\u00e1s o menos de la luz irradiada, la cual, sin embargo, mientras m\u00e1s desciende m\u00e1s se debilita (D.D.N., XI, 2 en P.G., III, 952 A; I, 2 en P.G., III, 588 C).  Seg\u00fan la poderosa ra\u00edz produce una multitud de plantas que sostiene y controla, as\u00ed las cosas creadas le deben su origen y conservaci\u00f3n a la Deidad que todo lo gobierna (D.D.N., X, 1 en P.G., III, 936 D).  A ejemplo del amor, justicia y paz divinas originales, as\u00ed es la armon\u00eda que permea el universo (D.D.N., cap\u00edtulos IV, VIII, XI). Todas las cosas tienden hacia Dios, y en \u00c9l se sumergen y completan, justo como el c\u00edrculo regresa a s\u00ed mismo (D.D.N., IV, 14 en P.G., III, 712 D), como los radios est\u00e1n unidos en el centro o como los n\u00fameros est\u00e1n incluidos en unidad (D.D.N., V, 6 en P.G., III, 820 sq.).  \u00c9stas y muchas expresiones similares han hecho surgir frecuentes cargos de pante\u00edsmo contra el autor.  Sin embargo, \u00e9l no afirma una emanaci\u00f3n necesaria de las cosas de Dios, sino que admite un acto creativo libre de parte de Dios (D.D.N., IV, 10, en P.G., III, 708 B; cf. C.H., IV 1 en P.G., III, 177 C); todav\u00eda el eco del neoplatonismo es evidente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los mismos pensamientos, o sus aplicaciones a ciertos \u00f3rdenes de seres, recurren en sus otros escritos.  El segundo tratado desarrolla en quince cap\u00edtulos la doctrina de la jerarqu\u00eda celestial, la cual comprende nueve coros ang\u00e9licos divididos en sub-grupos de tres coros cada uno (triadas).    Toma los nombres de los nueve coros de los libros can\u00f3nicos y los organiza del siguiente modo:\n<\/p>\n<ul>\n<li> Primera triada:  seraf\u00edn, querub\u00edn, tronos;<\/li>\n<li> segunda triada:  virtudes, dominaciones, potestades;<\/li>\n<li> tercera triada: principados, arc\u00e1ngeles, \u00e1ngeles (C.H., VI, 2 en P.G., III, 200 D). <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">La agrupaci\u00f3n de la segunda triada exhibe algunas variantes.  De la etimolog\u00eda de cada nombre de coro el autor elabora hasta desarrollar una riqueza de descripci\u00f3n, y como resultado, cae a menudo en la tautolog\u00eda.  Bastante caracter\u00edstica es la idea dominante de que el amor y conocimiento de Dios que tienen los diferentes coros de \u00e1ngeles son menos intensos a medida que se alejan m\u00e1s, tal como un rayo de luz o calor se debilita mientas m\u00e1s lejos viaje de su fuente.  A esto se debe a\u00f1adir otra idea fundamental peculiar del Pseudo-Areopagita, es decir, que los coros m\u00e1s altos transmiten la luz recibida de la fuente divina s\u00f3lo para los coros intermedios, y que \u00e9stos a su vez la transmiten a los m\u00e1s bajos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tercer tratado es s\u00f3lo una continuaci\u00f3n de los otros dos, considerando que est\u00e1 basado en las mismas ideas principales.  Trata sobre la naturaleza y grados de la \u201cjerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica\u201d en siete cap\u00edtulos, cada uno de los cuales est\u00e1 subdividido en tres partes (prologos, mysterion, theoria).  Luego de una introducci\u00f3n que discute el prop\u00f3sito de Dios al establecer la jerarqu\u00eda de la Iglesia, y que pinta a Cristo como su cabeza, santa y suprema, Dionisio trata sobre tres sacramentos (bautismo, Eucarist\u00eda Unci\u00f3n de los enfermos, sobre los tres grados de la Iglesia Docente (obispos, sacerdotes, di\u00e1conos), de los tres grados de la \u201cIglesia Aprendiz\u201d (monjes, pueblo, y la clase compuesta por los catec\u00famenos, energ\u00famenos y penitentes), y por \u00faltimo, sobre el entierro de los muertos [C.H., III, (3), 6 en P.G., III, 432 sq.; VI, en P.G., III, 529 sq.]  El prop\u00f3sito principal del autor es revelar y volver a los usos de la contemplaci\u00f3n el sentido m\u00edstico profund\u00edsimo que subyace en los ritos, ceremonias, instituciones y s\u00edmbolos sagrados.  El cuarto tratado se titula \u201cTeolog\u00eda M\u00edstica\u201d, y presenta en cinco cap\u00edtulos principios gu\u00edas respecto a la uni\u00f3n m\u00edstica con Dios, la cual est\u00e1 completamente m\u00e1s all\u00e1 de la percepci\u00f3n intelectual o sensorial (epopteia).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las diez cartas, cuatro dirigidas a un monje, Cayo, y de las otras seis, una al di\u00e1cono Dorteo, una al sacerdote Sopater, una al obispo Policarpo, una al monje Dem\u00f3filo, al obispo Tito y al ap\u00f3stol Juan.  Contiene, en parte, anotaciones adicionales o suplementarias a las antedichas obras principales, y en parte, indicaciones para bregar con los pecadores y los no creyentes.  Puesto que en todos estos escritos los mismos pensamientos dominantes sobre filosof\u00eda y teolog\u00eda recurren con las mismas peculiaridades de expresi\u00f3n notables y con m\u00faltiples referencias, tanto en forma como en materia, de una obra a la otra, se justifica la asunci\u00f3n de que todas pertenecen a un solo y mismo autor.  De hecho, desde su primera aparici\u00f3n en el mundo literario el corpus completo de estos escritos estaba organizado como lo est\u00e1 hoy d\u00eda.  Una und\u00e9cima carta a Apol\u00f3fanes, que aparece en Migne, P.G., III, 1119, es una falsificaci\u00f3n medieval basada en la s\u00e9ptima carta.  Una carta a Timoteo y una segunda carta a Tito tambi\u00e9n son ap\u00f3crifas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dionisio nos podr\u00eda llevar a inferir que \u00e9l es el autor de a\u00fan otros tratados eruditos, a saber:  \u00abBosquejos Teol\u00f3gicos\u00bb (D.D.N., II, 3, en P.G., III 640 B); \u00abHimnos Sagrados\u00bb (C.H., VII, 4 en P.G., III, 212 B); \u00abTeolog\u00eda Simb\u00f3lica\u00bb C.H., XV, 6 en P.G., III,336 A); y tratados sobre \u00abEl Justo Juicio de Dios\u00bb (D.D.N., IV, 35 en P.G., III, 736 B); sobre \u00abEl Alma\u00bb (D.D.N., IV, 2 en P.G., III, 696 C); y sobre \u00abLos objetos del Intelecto y Sentido\u00bb (E. H., I, 2 en P.G., III, 373 B).  Sin embargo, no se ha hallado ning\u00fan rastro confiable de estos escritos, y en sus referencias a ellos Dionisio es tan incontrolable como en sus citas de Hieroteo.   Uno se puede preguntar si \u00e9stos no son s\u00f3lo pura y simple ficci\u00f3n, dise\u00f1ada para reforzar la creencia en la autenticidad de las obras realmente publicadas.  Esta sospecha parece estar m\u00e1s garantizada por sus discrepancias, por ejemplo, cuando Dionisio, el sacerdote, en su carta a Timoteo, ensalza a \u00e9ste como un theoeides, entheos, theios ierarches, y sin embargo busca instruirlo en aquellas sublimes doctrinas que son para obispos solamente (E.H., I, 5 en P.G., III, 377 A), adem\u00e1s, doctrinas que desde el cese de la Disciplina Arcani, ya hab\u00edan sido hechas p\u00fablicas.  De nuevo, Dionisio se\u00f1ala (D.D.N., III, 2 en P.G., III, 681 B; cf. E.H., IV, 2 en P.G., III, 476 B) que sus escritos est\u00e1n destinados para servir a la instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica para los reci\u00e9n bautizados.  Esta es evidentemente otra contradicci\u00f3n de la antedicha declaraci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Veremos ahora la historia de los escritos pseudo-dionisianos.  Esta comprende un per\u00edodo de casi mil quinientos a\u00f1os, y tres puntos cruciales diferentes en su curso lo han dividido en otros tantos per\u00edodos distintos:  primero, el per\u00edodo del ascenso gradual y establecimiento de los escritos en la literatura cristiana, que data desde la \u00faltima parte del siglo V hasta el Concilio de Letr\u00e1n (649); segundo, el per\u00edodo de su m\u00e1s alta y universalmente reconocida autoridad, tanto en Oriente como en Occidente, que dur\u00f3 hasta el comienzo del siglo XV; y tercero, el per\u00edodo del agudo conflicto que surgi\u00f3 sobre su autenticidad, comenzado por Lorenzo Valla y cerrado a fines del siglo XIX.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes se supon\u00eda que los escritos pseudo-areopagitas hab\u00edan hecho su primera aparici\u00f3n, o que hab\u00edan sido notados por los escritores cristianos, en unas pocas obras pseudo-epigr\u00e1ficas que ahora se ha probado fueron productos de una \u00e9poca mucho m\u00e1s tard\u00eda; como por ejemplo en los siguientes:  Pseudo-Or\u00edgenes, \u00abHomilia in diversos secunda\u00bb; Pseudo-Atanasio, \u00abQuaestiones ad Antiochum ducem\u00bb, Q. VIII; Pseudo-Hip\u00f3lito, contra el hereje Beron; Pseudo-Cris\u00f3stomo, \u00absermo de pseudo-prophetis.\u00bb  Recientemente se le dio m\u00e1s cr\u00e9dito a otras l\u00edneas de evidencia con las cuales Franz Hipler trat\u00f3 de apoyar su completamente nueva tesis a los efectos de que el autor de los escritos vivi\u00f3 cerca del a\u00f1o 375 en Egipto como abad de Rhinokorura.  El intento de Hipler, sin embargo, prob\u00f3 ser infructuoso al remover las diferencias textuales ekleipsis, adelphotheos, soma.  De hecho, esos mismos pasajes en los cuales Hipler pens\u00f3 que los Padres hab\u00edan usado al Areopagita (por ejemplo, San Gregorio Nacianceno y San Jer\u00f3nimo) no aportan a esta hip\u00f3tesis; por el contrario, se explican mucho mejor si se asume lo inverso, es decir, que Pseudo-Dionisio los sac\u00f3 de ellos.  Hipler mismo, convencido por los resultados de investigaciones recientes, abandon\u00f3 su opini\u00f3n.  Otros eventos tambi\u00e9n, tanto hist\u00f3ricos como literarios, evidentemente ejercieron una marcada influencia sobre el Areopagita:\n<\/p>\n<ul>\n<li> (1)  el Concilio de Calcedonia (451), cuya terminolog\u00eda cristol\u00f3gica fue estudiosamente seguida por Dionisio; <\/li>\n<li> (2) los escritos del neoplat\u00f3nico Proclo (411-485), de los que Dionisio tom\u00f3 en gran cantidad;<\/li>\n<li> (3) la introducci\u00f3n (c. 476) del Credo a la liturgia de la Misa, al cual se hace referencia en la \u201cJerarqu\u00eda Eclesi\u00e1stica\u201d [III, 2, en P.G., III, 425 C, y III, (3), 7 en P.G., III, 436 C; cf. la explicaci\u00f3n de M\u00e1ximo en P.G., IV, 144 B]; <\/li>\n<li> (4) el Henoticon del emperador Zeno (482), una formula de uni\u00f3n dise\u00f1ada para obispos, cl\u00e9rigos, monjes y fieles de Oriente, como un compromiso entre monofisitas y ortodoxos.  Tanto en esp\u00edritu como en tendencia los Areopagitas corresponden completamente al sentido del Henoticon; y uno puede f\u00e1cilmente inferir que fueron escritos para fomentar la causa del Henoticon.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">El resultado de la informaci\u00f3n anterior es que la primera aparici\u00f3n de los escritos pseudo-areopagitas no se puede situar antes de la \u00faltima mitad, de hecho al cierre, del siglo V.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Habiendo indagado un terminus post quem, es posible por medio de evidencia tomada de Dionisio mismo fijar un terminus ante quem, estrechando as\u00ed a treinta a\u00f1os el per\u00edodo dentro del cual estos escritos debieron haberse originado.   Las citas confiables m\u00e1s tempranas de los escritos de Dionisio son desde el fin del siglo V y principios del siglo VI.  La primera es de Severo, el l\u00edder de un partido de monofisitas moderados llamados seg\u00fan \u00e9l, y patriarca de Antioqu\u00eda (512-518).  En una carta dirigida a cierto abad, Juan (Angelo Mai Script. vett. nov. coll., VII, I, 71), cita como prueba de su doctrina de la mia synthetos physis en Cristo el dionisiano Ep. IV (P.G., III, 1072 C), donde se menciona un kaine theandrike energeia.  De nuevo, en el tratado \u00abAdversus anathem. Juliani Halicarn.\u00bb (Cod. Syr. Vat. 140, fol. 100 b), Severo cita un pasaje de D.D.N., II, 9, P.G., III, 648A (abba kai to pases &#8212; thesmo dieplatteto), y regresa una vez m\u00e1s a Ep. IV.  En la \u00abHistoria de la Iglesia\u00bb siria de Zacar\u00edas (e. Ahrens-Kruger, 134-5) se relata que Severo, un hombre muy versado en los escritos de Dionisio (Areop.), estaba presente en el S\u00ednodo de Tiro (513). Andreas, Obispo de Cesarea en Cappodocia, escribi\u00f3 (c. 520) un comentario sobre el Apocalipsis donde cita al Areopagita cuatro veces y por lo menos tres veces hace uso de sus obras  (Migne, P.G., CVI, 257, 305, 356, 780; cf. Wilhelm Diekamp en \u00abHist. Jahrb\u00bb, XVIII, 1897, pp. 1-36). Como Severo, Zacar\u00edas Retor y, con toda probabilidad, tambi\u00e9n Andreas de Capadocia, inclinados al monofisismo (Diekamp, un \u00abLibro de Hieroteo\u00bb)&#8212;Hieroteo lleg\u00f3 a ser considerado el maestro de Dionisio&#8212;existi\u00f3 en la literatura sir\u00edaca de ese tiempo y ejerci\u00f3 considerable influencia en la expansi\u00f3n de las doctrinas dionisinas.  Frothingham (Stephen Bar Sudaili, p. 63 ss.) considera al pante\u00edsta Stephen Bar Sudaili como su autor.  Jobio Monaco, un contempor\u00e1neo de los antedichos escritores, public\u00f3 un pol\u00e9mico tratado, ya perdido, contra Severo, pero reclama al Areopagita como autoridad para la ense\u00f1anza ortodoxa (P.G., CIII, 765).  As\u00ed tambi\u00e9n Efra\u00edn de Antioqu\u00eda, arzobispo, (527-545), interpreta en un sentido correcto el muy conocido pasaje del D.D.N., I, 4, P.G., III,, 529 A: ho haplous Iesous synetethe, al distinguir entre synthetos hypostasis y synthetos ousia.  Entre los a\u00f1os 532-548, si no m\u00e1s temprano, Juan de Scit\u00f3polis escribi\u00f3 en Palestina una interpretaci\u00f3n de Dionisio (Pitra, \u00abAnalect. sacr.\u00bb, IV, Proleg., p. XXIII; cf. Loof&#8217;s, \u00abLeoncio de Bizancio\u00bb (p. 270 ss.) desde un punto de vista anti-severino). Leoncio de Bizancio (485-543) es otro testigo importante.  Este eminente adalid de la doctrina cat\u00f3lica en por lo menos cuatro pasajes de sus obras cuenta con los megas Dionysios (P.G., LXXXVI, 1213 A; 1288 C; 1304 D; Canisius-Basnage, \u00abThesaur. monum. eccles.\u00bb, Amberes, 1725, I, 571). Sergio de Resaina en Mesopotamia, primer m\u00e9dico y presb\u00edtero (m. 536), en una fecha temprana tradujo las obras de Dionisio al sir\u00edaco.  \u00c9l admiti\u00f3 su autenticidad, y para su defensa tambi\u00e9n tradujo al sir\u00edaco las ya corrientes \u201cApolog\u00edas\u201d (Brit. Mus. cod. add. 1251 y 22370; cf. Zacharias Rhetor en Ahrens-Kruger, p. 208).  \u00c9l mismo era un monofisita.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por mucho el documento m\u00e1s importante en el caso es el informe dado por el obispo Inocencio de Maronia sobre el debate religioso sostenido en Constantinopla en 533 entre siete ortodoxos y siete oradores severinos (Jean Hardouin II, 1159 ss.).  Los primeros ten\u00edan como l\u00edder y portavoz al obispo de \u00c9feso, Hipacio, quien era sumamente versado en la literatura del asunto.  El segundo d\u00eda los \u201corientales\u201d (severinos) alegaron contra el Concilio de Calcedonia, que con una expresi\u00f3n novel y err\u00f3nea hab\u00eda decretado dos naturalezas en Cristo.  Adem\u00e1s San Cirilo de Alejandr\u00eda, San Atanasio, San Gregorio Taumaturgo y F\u00e9lix y Julio de Roma, tambi\u00e9n citaron a Dionisio el Areopagita como exponente de la doctrina de una naturaleza.  Hipacio rechaz\u00f3 como espurias todas estas citas, y mostr\u00f3 que Cirilo nunca hab\u00eda hecho el m\u00e1s leve uso de ellas, aunque en varias ocasiones le hubiesen servido admirablemente a su prop\u00f3sito.  \u00c9l sospechaba que estos falsificadores eran apolinaristas.  Cuando los severinos replicaron que ellos pod\u00edan se\u00f1alar en los escritos pol\u00e9micos de Cirilo contra Diodoro y Teodoro el uso hecho de tal evidencia, Hipacio persisti\u00f3 en su punto de vista:  \u00absed nunc videtur quoniam et in illis libris [Cyrilli] haeretici falsantes addiderunt ea\u00bb.  Las referencias a los archivos de  Alejandr\u00eda tuvieron muy poco peso para \u00e9l, puesto que Alejandr\u00eda, con sus bibliotecas hab\u00eda estado por mucho tiempo en manos de los herejes.  \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda introducirse como testigo a una parte interesada de la oposici\u00f3n?  Hipacio se refiere de nuevo especialmente a Dionisio y exitosamente derrota a la oposici\u00f3n:   \u00abIlla enim testimonia quae vos Dionysii Areopagitae dicitis, unde potestis ostendere vera esse, sicut suspicamini? Si enim eius erant, non potuissent latere beatum Cyrillum. Quis autem de beato Cyrillo dico, quando et beatus Athanasius, si pro certo scisset eius fuisse, ante omnia in Nicaeno concilio de consubstantiali Trinitate eadem testimonia protulisset adversus Arii diversae substantiae blasphemias\u00bb. Ciertamente, en cuanto a la consubstancialidad del Padre y el Hijo, el Areopagita tiene declaraciones que no dejan espacio para malas interpretaciones; y si \u00e9stas hubiesen venido de alg\u00fan disc\u00edpulo de los ap\u00f3stoles, hubieran podido ser de gran valor.  Desde ah\u00ed en adelante los severinos abandonaron esta objeci\u00f3n y se volvieron a otra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ciertamente, debe parecer notable que estos mismos escritos, aunque fueron rechazados por tal autoridad como Hipacio, los cat\u00f3licos los consideraron genuinos durante m\u00e1s de un siglo, de modo que pudieron usarse contra los herejes durante el Concilio de Letr\u00e1n de 649 (Hardouin III, 699 ss.).  \u00bfC\u00f3mo se realiz\u00f3 esta reversi\u00f3n?   Como mostrar\u00e1 la siguiente agrupaci\u00f3n, fueron principalmente escritores heterodoxos, monofisitas, nestorianos y monotelitas, los que durante d\u00e9cadas apelaron al Areopagita.  Pero entre los cat\u00f3licos tambi\u00e9n hubo muchos que asumieron la autenticidad, y como algunos de ellos eran personas distinguidas, gradualmente se paviment\u00f3 el camino para la autorizaci\u00f3n de estos escritos en el antedicho concilio.  Al grupo de monofisitas pertenec\u00edan:  Temistio, di\u00e1cono en Alejandr\u00eda cerca del a\u00f1o 537 (Hardoiun, III, 784, 893 sq., 1240 sq.); Coluto de Alejandr\u00eda (Hardouin III, 786, 895, 898); Juan Fil\u00f3pono, un gram\u00e1tico alejandrino, cerca de 546-549 (W. Reichardt, \u00abPhiloponus, de opificio mundi\u00bb); Petro Cal\u00ednico, patriarca monofisita de Antioquia, en la \u00faltima mitad del siglo V, cit\u00f3 a Dionisio en su pol\u00e9mica contra el patriarca Damiano de Alejandr\u00eda (II, XLI, and XLVII; cf. Frothingham, op. cit., after Cod. Syr. Vat., 108, f. 282 ss.). Como ejemplos del grupo nestoriano se puede mencionar a Joseph Huzaja, un monje sirio, maestro cerca de 580 en la escuela de Nisibis (Assemani, Bibl. orient., vol. III, pt. I, p. 103); tambi\u00e9n Ischojeb, cat\u00f3licos, desde 580 a 581 a 594 \u00f3 595 (Braun, \u00abBuch der Synhados\u00bb, p. 229 sq.); y Juan de Apamea, un monje en uno de los claustros situados en el Orontes, que perteneci\u00f3 muy probablemente al siglo VI (Cod. Syr. Vat., 93). Los l\u00edderes de los monotelitas, Sergio, patriarca de Constantinopla (610-638), Ciro, patriarca de Alejandr\u00eda (630-643), Pirro, sucesor de Sergio en Constantinopla (639-641), tom\u00f3 como punto de partida para su herej\u00eda la cuarta carta de Dionisio a Cayo, en la cual alteraban la a menudo citada f\u00f3rmula, theandrike energeia into mia theandrike energeia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para echar una breve ojeada al grupo cat\u00f3lico encontramos en la \u00abHistoria Euthymiaca\u00bb, escrita para mediados del siglo VI, un pasaje tomado, seg\u00fan una cita de San Juan Damasceno (P.G., XCVI, 748), del D.D.N., III, 2, P.G., III, 682 D: paresan de &#8212; epakousas. Otro testigo, que al mismo tiempo era un l\u00edder en la literatura Latina, es Liberato de Cartago (Breviarium causae Nestor. et Euthych., ch. v). Juan Malalas, de Antioqu\u00eda, quien muri\u00f3 cerca del a\u00f1o 565, narra en su \u00abCr\u00f3nica Universal\u00bb, la conversi\u00f3n del juez del Are\u00f3pago a trav\u00e9s de San Pablo (Hch. 17,34), y alaba a nuestro autor como un poderoso fil\u00f3sofo y antagonista de los griegos (P.G., XCVII, 384; cf. Krumbacher, Gesch. d. byz. Lit.\u00bb, 3ra ed., p. 112 sq.).  Otro adalid fue Teodoro, presb\u00edtero. Aunque es dif\u00edcil localizarlo cronol\u00f3gicamente, \u00e9l fue, seg\u00fan Denis-Nicolas Le Nourry (P.G., III, 16), un \u00abauctor antiquissimus\u00bb que floreci\u00f3, en todo caso, antes del Concilio de Letr\u00e1n de 649, y seg\u00fan sabemos por Focio (P.G., CIII, 44 sq.), emprendi\u00f3 la defensa de la autenticidad de los escritos areopagitas.  Adem\u00e1s, la reputaci\u00f3n de estos escritos era realzada en gran medida por los siguientes eminentes eclesi\u00e1sticos:   San Eulogio, patriarca de Alejandr\u00eda (580-607), conoc\u00eda y cit\u00f3 entre otros al D.D.N., XIII, 2, verbatim (P.G., CIII, 1061; cf. Der Katholic, 1897, II, p. 95). De Eulogio naturalmente pasamos al Papa San Gregorio I Magno, con quien el ten\u00eda una cercana y honorable amistad.  Gregorio Magno (590-604), en su trig\u00e9sima cuarta homil\u00eda en Like, XV, 1-10 (P.L.L. XXVI, 1254), claramente se refiere a las ense\u00f1anzas del Areopagita respecto a los [[[\u00e1ngeles]]:  \u201cFertur vero Dionysius Areopagitica, antiquus videlicet et venerabilis Pater, dicere\u00bb etc. (c.f. C.H., VII, IX, XIII).  Como Gregorio admite que \u00e9l no es versado en griego (Ewald, Reg., I,28; III, 63; X, 10, 21) el usa  fertur no para expresar su duda sobre la autenticidad, sino para implicar que \u00e9l tuvo que descansar en el testimonio de otros, puesto que en ese tiempo no exist\u00eda una versi\u00f3n en lat\u00edn.  Ciertamente, es muy probable que Eulogio dirigiera su atenci\u00f3n a la obra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cerca del a\u00f1o 620, Ant\u00edoco de Palestina, un miembro del monasterio Sabas cerca de Jerusal\u00e9n, recopil\u00f3 una colecci\u00f3n de \u201csentencias\u201d morales dise\u00f1adas para los miembros de su orden (P.G., LXXXIX, 1415 ss.). En la \u00abHomilia (capitulum) LII\u00bb descubrimos cierto n\u00famero de expresiones similares y ejemplos b\u00edblicos que se tomaron prestados de la octava carta de Dionisio \u00abad Demophilum\u00bb (P.G., III, 1085 ss.). En otros pasajes se hace referencia frecuente al D.D.N.  En los a\u00f1os siguientes, dos patriarcas de Jerusal\u00e9n, ambos de monasterios, defendieron a Dionisio como un testigo de las verdaderas doctrinas honrado por el tiempo. El primero fue el patriarca Modesto (631-634), anteriormente abad del monasterio de Teodosio en el desierto de Jud\u00e1.  En un paneg\u00edrico sobre la Assumptio Mariae (P.G., LXXXVI, 3277 sq.) \u00e9l cita oraciones del D.D.N., I, 4; II,10; de la \u00abTheologia Mystica\u00bb, I, 1; y de la Ep. II.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo, una luminaria todav\u00eda m\u00e1s brillante en la Iglesia es el patriarca Sofronio (634-638), anteriormente un monje del monasterio de Teodosio cerca de Jerusal\u00e9n.  Inmediatamente despu\u00e9s de su instalaci\u00f3n public\u00f3 una epistula synodica, \u00abquiz\u00e1s el documento m\u00e1s importante en la disputa monotelita\u00bb.  Da, entre otros dogmas, una extensa exposici\u00f3n de la doctrina de las dos energ\u00edas en Cristo (Hefele, Conciliengesch., 2da ed., III, 140 sqq.). Citando a \u00abEph. IV ad Caium\u00bb (theandrike energeia), se refiere a nuestro autor como un hombre a trav\u00e9s del cual Dios habla y quien fue ganado por el divino Pablo de una forma divina (P.G., LXXXVII, 3177).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1ximo Confesor evidentemente se basa en Sofronio, cuya amistad se gan\u00f3 mientras fue abad del monasterio de Cris\u00f3polis en Alejandr\u00eda (633). Seg\u00fan Sofronio, \u00e9l explica el t\u00e9rmino dionisino theandrike energeia en un sentido ortodoxo, y lo alaba como que indica ambas esencial y naturalezas en sus distintas propiedades y a\u00fan en uni\u00f3n cercana (P.G., XCI, 345).   Siguiendo el ejemplo de Sofronio M\u00e1ximo tambi\u00e9n distingue en Cristo tres clases de acciones (theoprepeis, anthropoprepeis and miktai) (P.G., IV, 536). As\u00ed los monotelitas perdieron su m\u00e1s potente arp\u00f3n y el Concilio Lateranense encontr\u00f3 la palabra salvadora (Hefele, op. cit., 2nd ed., III, 129). En otros aspectos M\u00e1ximo tambi\u00e9n jug\u00f3 un papel importante en la autorizaci\u00f3n de los Areopagitas.  Un amante de la especulaci\u00f3n teol\u00f3gico-m\u00edstica, \u00e9l mostr\u00f3 una reverencia poco com\u00fan por estos escritos, y con sus glosas (P.G., IV), en las cuales explic\u00f3 pasajes dudosos de Dionisio en sentido ortodoxo, contribuy\u00f3 grandemente hacia el reconocimiento de Dionisio en la Edad Media.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro igualmente infatigable a favor de Dionisio fue Anastasias, un monje del monasterio del Sina\u00ed, quien en 640 comenz\u00f3 su carrera como un predicador ambulante.  No s\u00f3lo en su \u201cGu\u00eda\u201d (hodegos), sino tambi\u00e9n en su \u201cQuaestiones\u201d y en el s\u00e9ptimo libro de Mediaciones sobre el Hexaemeron\u201d, \u00e9l indubitablemente hace uso de diferentes pasajes de Dionisio (P.G. LXXXIX).  Por ese tiempo se hab\u00eda llegado a un punto en el cual el sello oficial, por as\u00ed decirlo, se pod\u00eda poner en los escritos de Dionisio.  El Concilio Lateranense de 649 solemnemente rechaz\u00f3 la herej\u00eda monotelita (Hardouin III, 699 sq.). El Papa Marino I cita del D.D.N., II, 9; IV, 20 y 23; y la \u00abEp. ad Caium\u00bb; habla del autor como \u00abbeatae memoriae Dionysius\u00bb, \u00abDionysius egregius, sanctus, beatus,\u00bb y objeta vigorosamente a la perversi\u00f3n del texto: una en lugar de nova Dei et viri operatio.  La influencia que ejerci\u00f3 M\u00e1ximo por su comparecencia personal en el concilio y por su antedicha explicaci\u00f3n de theandrike energeia es f\u00e1cilmente reconocida. (\u00abDionysius duplicem [operationem] duplicis naturae compositivo sermone abusus est\u00bb \u2014 Hardouin, III, 787). Dos de los testimonios de los Padres que fueron le\u00eddos en la quinta sesi\u00f3n se tomaron de Dionisio.  Entonces, no hay que extra\u00f1ar que de ah\u00ed en adelante no se expresara duda respecto a la autenticidad de los Areopagitas.  El Papa San Agat\u00f3n en una ep\u00edstola dogm\u00e1tica dirigida al emperador Constantino el Grande (680) cita entre otros pasajes de los Padres tambi\u00e9n el D.D.N., II, 6.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Tercer Concilio Ecum\u00e9nico de Constantinopla (680) siguiendo las huellas del S\u00ednodo Lateranense, de nuevo defendi\u00f3 la \u00abEph. IV ad. Caium\u00bb contra la falsificaci\u00f3n de Pirro, y rechaz\u00f3 el significado que el patriarca monotelita Macario le asignaba al pasaje (Hardouin III, 1099, 1346, 1066). En el Segundo Concilio de Nicea (787) encontramos que se cita la \u00abJerarqu\u00eda Celestial\u00bb del \u00abdeificado Dionisio\u00bb contra los iconoclastas (Hardouin IV, 362).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto termina el primer y m\u00e1s obscuro per\u00edodo en la historia de los Areopagitas; y puede resumirse como sigue: Los escritos de Dionisio aparecieron en p\u00fablico por primera vez en las controversias monotelitas.  Los severinos los usaron primero y fueron seguidos por los ortodoxos.  Despu\u00e9s del debate religioso en Constantinopla en 533 comenzaron a aumentar los testigos a favor de la autenticidad de los Areopagitas entre los diferentes herejes.  A pesar de la oposici\u00f3n de Hipat\u00edas, Dionisio no perdi\u00f3 del todo su autoridad incluso ente los cat\u00f3licos, que fue debido mayormente a Leoncio y Efra\u00edn de Antioqu\u00eda.  El n\u00famero de cristianos ortodoxos que lo defendieron creci\u00f3 enormemente, incluyendo a altos dignatarios eclesi\u00e1sticos que hab\u00edan venido de los monasterios.  Finalmente, bajo la influencia de M\u00e1ximo, el Concilio de Letr\u00e1n de 649 lo cito como un competente testigo contra el monotelismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto al segundo per\u00edodo, el reconocimiento universal de los escritos Areopagitas en la Edad Media, no necesitamos mencionar la Iglesia Griega, que estuvo especialmente orgullosa de \u00e9l; pero ni en Occidente se levant\u00f3 una voz de reto hasta la primera mitad del siglo XV; por el contrario, sus obras se consideraban excesivamente valiosas e incluso sagradas.  Se cre\u00eda que San Pablo, quien le hab\u00eda comunicado sus revelaciones a su disc\u00edpulo en Atenas, hablaba a trav\u00e9s de estos escritos (Histor.-polit. Blatter, CXXV, 1900, p. 541).  Como no hay duda respecto al hecho mismo, una ojeada a las principales divisiones de la tradici\u00f3n puede ser suficiente.  Roma recibi\u00f3 el texto original del Areopagita indudablemente a trav\u00e9s de monjes griegos.  Las opresiones de parte del [[[Mahoma y Mahometismo|Islam]] durante los siglos VI y VII obligaron a muchos monjes griegos y orientales a abandonar sus hogares y establecerse en Italia.  En Roma misma, se construy\u00f3 un monasterio para monjes griegos bajo el reinado de Esteban II y Papa Pablo I.  Fue Pablo I (757-767) quien en 757 envi\u00f3 los escritos de Dionisio junto con otros libros, a Pipino en Francia.  El Papa Adri\u00e1n I (772-795) tambi\u00e9n mencion\u00f3 a Dionisio como un testis gravissimus en una carta que acompa\u00f1aba la traducci\u00f3n al lat\u00edn de las Actas del Segundo Concilio de Nicea (787) que \u00e9l le envi\u00f3 a Carlomagno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante la primera mitad del siglo IX los hechos respecto a Dionisio se agrupaban mayormente alrededor del Abad Hilduino de Saint-Denys en Par\u00eds.  A trav\u00e9s de \u00e9ste ultimo la falsa idea de que el m\u00e1rtir galicano Dionisio del siglo III, cuyas reliquias se conservaban en el monasterio de Saint Denys, era id\u00e9ntico al Areopagita, levant\u00f3 una certeza indudable, mientras que las obras adscritas a Dionisio ganaron en fama.  A trav\u00e9s de una legaci\u00f3n de Constantinopla, Miguel II hab\u00eda enviado varios regalos al emperador franco Luis el P\u00edo (827), y entre ellas estaban los escritos del Areopagita, lo cual le dio particular felicidad y honor a Hilduino, el influyente archicapell\u00e1n de Luis.  Hilduino los tom\u00f3 bajo su cuidado y los mand\u00f3 a traducir al lat\u00edn y \u00e9l mismo escribi\u00f3 una vida del santo (P.L., CVI, 13 ss.).  Alrededor del a\u00f1o 858 Escoto Eriguena, quien era versado en griego, hizo una nueva traducci\u00f3n del Areopagita, la cual se convirti\u00f3 en la principal fuente de la cual la Edad Media obtuvo un conocimiento de Dionisio y sus doctrinas.  La obra fue emprendida a instancias de Carlos el Calvo, en cuya corte Escoto gozaba de gran influencia (P.L., CXXII, 1026 sq.; cf. Traube, \u00abPoet. lat. aev. Carol.\u00bb, II, 520, 859 sq.).  Comparada con la de Hilduino, esta segunda traducci\u00f3n marca un paso de avance decisivo.  Escoto, con su habilidad dial\u00e9ctica aguda y su mente especulativa elevada, encontr\u00f3 en el Areopagita un esp\u00edritu af\u00edn.  De ah\u00ed que a pesar de los muchos errores de traducci\u00f3n debido a la obscuridad del original griego, \u00e9l pudo dominar las conexiones de pensamiento y penetrar los problemas.  Ya que acompa\u00f1\u00f3 sus traducciones con notas explicativas y como, en sus escritos filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos, particularmente en la obra \u00abDe divisione naturae\u00bb, (P.L., CXXII), \u00e9l recurre una y otra vez a Dionisio, se puede ver f\u00e1cilmente cu\u00e1n mucho hizo para asegurar el reconocimiento para el Areopagita.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las obras de Dionisio, introducidas de este modo a la literatura occidental, fueron f\u00e1cilmente aceptadas por los escol\u00e1sticos medievales.  Los grandes maestros de Saint-Victor en Par\u00eds, sobresaliente entre ellos el muy admirado Hugo, basaron sus ense\u00f1anzas en la doctrina de Dionisio. Pedro Lombardo y los grandes eruditos dominicos y franciscanos, Alejandro de Hales, Alberto Magno, Santo Tom\u00e1s de Aquino, San Buenaventura, adoptaron sus tesis y argumentos.  Maestros poetas, por ejemplo Dante, e historiadores como Otto de Freising construyeron sobre sus bases.  Estudiosos tan renombrados como Roberto Grosseteste de Lincoln y Vicente de Beauvais tomaron prestado de \u00e9l libremente.  Libros de religi\u00f3n populares, tales como la \u201cLegenda aurea\u201d de giacomo da Voragine y la \u201cVida de Mar\u00eda\u201d del Hermano Felipe, le dieron una gran bienvenida.  Los grandes m\u00edsticos, Meister Johann Eckhardt, John Tauler, Enrique Suso, y otros entraron a la misteriosa obscuridad de Dionisio con santa reverencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En r\u00e1pida sucesi\u00f3n aparecieron un n\u00famero de taducciones:  al lat\u00edn por Juan Sarraceno  (1170), Roberto Grosseteste (about 1220), Thomas Vercellensis (1400), Ambrosius Camaldulensis (1436), Marsilius Ficinus (1492); en el siglo XVI la de Faber Stapulensis, Perionio, etc. Entre los comentarios el de Hugo de San V\u00edctor es notable por su calidez, el de Alberto Magno por su extensi\u00f3n, el de Santo Tom\u00e1s por su precisi\u00f3n, el de Denis el Cartujo por su esp\u00edritu piadoso y su dominio en la inclusi\u00f3n de comentarios previos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se reserv\u00f3 para el per\u00edodo del Renacimiento romper con la por tanto tiempo honrada tradici\u00f3n.  Verdaderamente, algunos de los humanistas m\u00e1s antiguos como Pico della Mirandola, Marcilio Ficino, y el ingl\u00e9s John Colet, estaban todav\u00eda convencidos de la autenticidad de los escritos;  pero el agudo e intr\u00e9pido cr\u00edtico Lorenzo Valla  en sus glosas al Nuevo Testamento, expres\u00f3 sus dudas abiertamente y desde ah\u00ed comenz\u00f3 el impulso, primero para el erudito Erasmo (1504), y luego para el mundo cient\u00edfico completo, de alinearse con o contra Dionisio.  La consecuencia fue la formaci\u00f3n de dos campos; entre los adversarios hab\u00eda no s\u00f3lo protestantes (Mart\u00edn Lutero, Sculteto, Dallaeus, etc.) sino tambi\u00e9n prominentes te\u00f3logos cat\u00f3licos (Beato Renano, Cajetan, Morinus, Jacques Sirmond, Petavio, Michel Le Quien, Le Nourry); entre los defensores estaban Cesare Baronio, San Roberto Bellarmine, Lansselius, Baltasar Cordier, Halloix, Delario, de Rubeis, Leonard Lessius, Alexander Netalis y otros.  La controversia literaria asumi\u00f3 tales dimensiones y fue realizada con tanta vehemencia que s\u00f3lo pod\u00eda ser comparada con la disputa relativa a los falsos decretales Pseudo-Isidorianos y la donaci\u00f3n del Pseudo-Constantino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo XIX la opini\u00f3n general se inclin\u00f3 cada vez m\u00e1s hacia la oposici\u00f3n; los alemanes especialmente, M\u00f6hler, Joseph Fessler, D\u00f6llinger, Joseph Hergenr\u00f6ther, Juan Bautista Alzog, Funk y otros no tuvieron reserva en tomar su decisi\u00f3n negativa. En esta coyuntura el erudito profesor Franz Hipler pas\u00f3 a la delantera y trat\u00f3 de defender el honor de Dionisio.  Hall\u00f3 en Dionisio no un falsificador, sino un prominente te\u00f3logo del siglo IV quien, debido a faltas no suyas, sino debido a la mala interpretaci\u00f3n de algunos pasajes, era confundido con el Areopagita. Muchos cat\u00f3licos y protestantes emitieron su apoyo.  Finalmente en 1895 aparecieron casi simult\u00e1neamente dos investigaciones independientes, la de Hugo Kock y la de Joseph Stiglmayr, ambas de las cuales partieron del mismo punto y llegaron a la misma meta.  La conclusi\u00f3n alcanzada fue que extractos del neoplat\u00f3nico Proclo \u201cDe malorum sussistentia\u201d (transmitidos en la traducci\u00f3n al lat\u00edn de Morbeka, Cousin ed., Paris, 1864), hab\u00edan sido usados por Dionisio en el tratado \u00abDe div. nom.\u00bb (c. iv, secciones 19-35)  Un an\u00e1lisis cuidadoso trajo a la luz un asombroso acuerdo de ambas obras en cuanto a arreglo, secuencia de pensamiento, ejemplos, figuras y expresiones.  Es f\u00e1cil se\u00f1alar muchos paralelismos de otros y posteriores escritos de Proclo, por ejemplo de su \u00abInstitutio theologica\u00bb, \u00abtheologia Platonica\u00bb, y su comentario sobre los \u00abParmenides\u00bb, \u00abAlcibiades I\u00bb, and \u00abTimaeus\u00bb de Plat\u00f3n (estos cinco fueron escritos despu\u00e9s de 462).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En consecuencia, el antiguo problema parece estar resuelto en su fase m\u00e1s importante.  De hecho, esta es la decisi\u00f3n pronunciada por los m\u00e1s competentes jueces, tales como Bardenhewer, Erhard, Funk, Wilhelm Diekamp, Rauschen, De Smedt, S.J., Duchesne, Battifol; y los eruditos protestantes de la literatura cristiana primitiva Gelzer, Harnack, Kruger, Bonwetsch.  Al determinar as\u00ed la cronolog\u00eda, se hall\u00f3 f\u00e1cilmente una explicaci\u00f3n para las varias objeciones propuestas hasta ese momento, es decir, el silencio de los Padres tempranos, la terminolog\u00eda dogm\u00e1tica posterior, un ceremonial mon\u00e1stico desarrollado y sistema penitencial, el eco del neoplatonismo, etc.  Por otro lado deja descansando muchas hip\u00f3tesis que hab\u00edan sido propuestas respecto al autor y su \u00e9poca y varias discusiones&#8212;si fue el autor, por ejemplo, un cierto Apollinaris o Sinesio, o Dionisio Alejandrino, o un obispo de Ptolemais, o un pagano hierofante.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se necesita urgentemente una edici\u00f3n cr\u00edtica del texto del Areopagita.  La Juntina (1516), la de Basilea (1539), de Par\u00eds (1562 y 1615), y por ultimo la edici\u00f3n principal de Amberes (1634) por Corderio, S.J., que fue reimpresa frecuentemente (Paris, 1644, 1755, 1854) y fue incluida en la colecci\u00f3n de Migne  (P.G., III y IV con traducci\u00f3n al lat\u00edn y adiciones), son insuficientes porque usan s\u00f3lo unos pocos de los numerosos manuscritos griegos y no toman en cuenta las traducciones al sir\u00edaco, armenio y ar\u00e1bigo.  Las siguientes traducciones han aparecido hasta ahora en lenguajes modernos:  Ingl\u00e9s por Lupton (Londres, 1869) y Parker (Londres, 1894), ambas de las cuales contienen s\u00f3lo el \u00abCael. Hierarchia\u00bb y la \u00abEccles. Hier.\u00bb; al alem\u00e1n por Engelhardt (Sulzbach, 1823) y Storf, \u00abKirkliche Hierarchie\u00bb (Kempten, 1877); al franc\u00e9s, por Georges Darboy (Par\u00eds, 1845) y Dulac (Paris, 1865).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  Para literatura m\u00e1s antigua, cf. CHEVALIER, Bio. bibl. (Par\u00eds, 1905). Obras recientes que tartan sobre Dionisio: HIPLER, Dionysius der Areopagite, Untersuchungen (Ratisbona, 1861); IDEM en Kirkchenlex., s.v.; SCHNEIDER, Areopagitica, Verteiligung ihrer Echteit (Ratisbon, 1886); FROTHINGHAM, Stephen Bar Sudaili (Leyden, 1886); STIGLMAYR, Der Neuplatoniker Proklus als Vorlage des sog. Dionysius Areopagita in der Lehre vom Uebel en Hist. Jahrb. der Gorres-Gesellschaft (1895), pp. 253-273 y 721-748: IDEM, Das Aufkommen der pseudo-dionysischen Schriften und ihr Eindringen in die christliche Literatur bis zum Laterankonzil (Feldkirch, Austria, 1895); KOCH, Der pseudepigraphische Charakter der dionysischen Schriften en Theol. Quartalscrift (T\u00fcbingen, 1895), pp. 353-420; IDEM, Proklus, als Quelle des Pseudo-Dionysius, Areop. in der Lehrer vom Bosen in Philologus (1895), pp. 438-454; STIGLMAYR, Controversia con DRASEKE, LANGEN, y NIRSCHL en Byzantinische Zeitschrift (1898), pp. 91-110, y (1899), pp. 263-301, y Histor.-polit. Blatter (1900), CXXV, pp. 541-550 y 613-627; IDEM, Die Lehrer von den Sakramenten und der Kirche nach Pseudo-Dionysius in Zeitschrift fur kath. Theol. (Innsbruck, 1898), pp. 246-303; IDEM, Die Eschatologie des Pseudo-Dionysius, ibid. (1899), pp. 1-21; KOCH, Ps.-Dionysius Areop. en seinen Beziehungen zum Neoplatonismus und Mysterienwesen (Mainz, 1900). Vea tambi\u00e9n los art\u00edculos sobre Dionisio en la Patrologie de BARDENHEWER (Friburgo, 1901), en la Realencyk. fur prot. Theol., y en el Dicc. De Biograf\u00edas Cristianas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente:<\/b>  Stiglmayr, Joseph. \u00abDionysius the Pseudo-Areopagite.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/05013a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por \u201cDionisio el Areopagita\u201d usualmente se entiende el juez del Are\u00f3pago que, seg\u00fan se narra en Hechos 17,34, se convirti\u00f3 al cristianismo por la predicaci\u00f3n de San Pablo, y seg\u00fan San Dionisio de Corinto (Eusebio, Hist. Igl. III.4) fue obispo de Atenas Sin embargo con el pasar del tiempo surgieron dos errores de importancia trascendente &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dionisio-el-pseudo-areopagita\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDIONISIO EL PSEUDO-AREOPAGITA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-24397","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24397","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24397"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24397\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24397"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=24397"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=24397"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}