{"id":24409,"date":"2016-02-05T16:35:38","date_gmt":"2016-02-05T21:35:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/disciplina-del-secreto\/"},"modified":"2016-02-05T16:35:38","modified_gmt":"2016-02-05T21:35:38","slug":"disciplina-del-secreto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/disciplina-del-secreto\/","title":{"rendered":"DISCIPLINA DEL SECRETO"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">(En lat\u00edn, Disciplina Arcani; en alem\u00e1n, Arcandisciplin).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">T\u00e9rmino teol\u00f3gico usado para expresar la costumbre que prevaleci\u00f3 en las \u00e9pocas primitivas de la Iglesia, por la cual el conocimiento de los misterios m\u00e1s \u00edntimos de la religi\u00f3n cristiana se ocultaba cuidadosamente a los paganos e incluso a aquellos que estaban recibiendo instrucci\u00f3n en la Fe. La costumbre en s\u00ed misma est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de discusi\u00f3n, pero su nombre es relativamente moderno, y no parece haber sido usado antes de las controversias del Siglo XVII, cuando se publicaron disertaciones espec\u00edficas que llevaban el t\u00edtulo \u201cDe disciplin\u00e2 arcani\u201d tanto por parte protestante como cat\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El origen de la costumbre debe buscarse en las palabras registradas de Cristo: \u201cNo deis a los perros lo que es santo; no ech\u00e9is vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y despu\u00e9s, volvi\u00e9ndose, os despedacen\u201d (Mt., 7, 6), mientras que la pr\u00e1ctica est\u00e1 suficientemente confirmada en los tiempos apost\u00f3licos por la afirmaci\u00f3n de San Pablo de que \u00e9l aliment\u00f3 a los corintios \u201ccomo&#8230; ni\u00f1os en Cristo\u201d d\u00e1ndoles \u201cleche para beber, no carne\u201d, porque no eran capaces de soportarlo (I Cor., 3, 1-2). Podemos comparar este pasaje con Heb., 5, 12-14, donde se usa la misma ilustraci\u00f3n, y se declara que \u201cel manjar s\u00f3lido es de adultos; de aquellos que, por la costumbre, tienen las facultades ejercitadas en el discernimiento del bien y del mal.\u201d Aunque el origen de la costumbre ha de buscarse as\u00ed en los mismos comienzos del Cristianismo, no parece haber sido tan general, o no haber sido puesta en pr\u00e1ctica con un car\u00e1cter tan estricto en los primeros siglos como lo fue inmediatamente despu\u00e9s de que cesaran las persecuciones. Esto puede deberse en parte a la ausencia de informaci\u00f3n detallada respecto del periodo primitivo, pero es bastante probable que la disciplina fuera haci\u00e9ndose m\u00e1s estricta a lo largo de los siglos II y III por causa de la presi\u00f3n de la persecuci\u00f3n, y que, cuando al final la persecuci\u00f3n se mitig\u00f3, se sintiera al principio que la necesidad de reserva, mientras la Iglesia estaba a\u00fan rodeada por el paganismo hostil, deb\u00eda incrementarse m\u00e1s que disminuirse. Desde el Siglo V o VI, cuando el Cristianismo estaba firmemente establecido y seguro, no se sinti\u00f3 ya la necesidad de tal disciplina, y desapareci\u00f3 r\u00e1pidamente. La pr\u00e1ctica de la reserva (oikonomia) se ejerc\u00eda principalmente en dos direcciones, al tratar con los catec\u00famenos, y con los paganos. Ser\u00e1 conveniente tratar de ellas separadamente, en cuanto que las razones para la pr\u00e1ctica, y el modo en que se ejercitaba, difiere algo en los dos casos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Catec\u00famenos\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era deseable conducir lentamente y por grados a los principiantes al pleno conocimiento de la Fe. Un converso del paganismo no pod\u00eda asimilar provechosamente toda la religi\u00f3n cat\u00f3lica de una vez, sino que deb\u00eda ense\u00f1\u00e1rsele gradualmente. Ser\u00eda necesario para \u00e9l aprender primero la gran verdad de la unidad de Dios, y hasta que \u00e9sta no hubiera penetrado profundamente en su coraz\u00f3n no se le pod\u00eda instruir con seguridad en lo relativo a la sant\u00edsima Trinidad. De otro modo el resultado inevitable habr\u00eda sido el trite\u00edsmo. As\u00ed tambi\u00e9n, en \u00e9pocas de persecuci\u00f3n, era necesario ser muy cuidadoso sobre los que se presentaban a la instrucci\u00f3n, y que pod\u00edan ser esp\u00edas deseando ser instruidos s\u00f3lo para poder traicionar. Las doctrinas a las que se aplicaba m\u00e1s especialmente la reserva eran las de la Sant\u00edsima Trinidad y el Sacramento de la Sagrada Eucarist\u00eda. La Oraci\u00f3n del Se\u00f1or, tambi\u00e9n, era guardada celosamente del conocimiento de todos los que no estaban plenamente instruidos. Con respecto a la Sagrada Eucarist\u00eda y la Oraci\u00f3n del Se\u00f1or sobreviven a\u00fan en la Iglesia algunos restos de la pr\u00e1ctica. La Misa de los catec\u00famenos, esa primera parte del servicio eucar\u00edstico a la que se admit\u00eda a los principiantes y ne\u00f3fitos, y que consist\u00eda en oraciones y lecturas de las Sagradas Escrituras y a veces inclu\u00eda un serm\u00f3n, se distingue a\u00fan bastante, aunque ya no subsiste la costumbre en la Liturgia Occidental, como lo hace en la Oriental, de ordenar formalmente a los no iniciados que salgan cuando va a empezar la parte m\u00e1s solemne del servicio. As\u00ed tambi\u00e9n la costumbre de rezar en silencio la Oraci\u00f3n del Se\u00f1or en todos los servicios p\u00fablicos, excepto en la \u00faltima parte de la Misa, cuando los catec\u00famenos seg\u00fan el uso antiguo ya no habr\u00edan estado presentes, debe su origen a esta disciplina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer testigo formal de la costumbre parece ser Tertuliano (Apol. vii): Omnibus mysteriis silentii fides adhibetur. De nuevo, hablando de los herejes, se queja amargamente de que su disciplina es laxa a este respecto, y que se han seguido malos resultados: \u201cEntre ellos es dudoso qui\u00e9n sea un catec\u00fameno y qui\u00e9n un creyente; todos entran del mismo modo; escuchan uno al lado del otro y rezan juntos; incluso paganos, si tienen oportunidad de entrar. Lo que es santo lo echan a los perros, y sus perlas, aunque no son reales, las arrojan a los cerdos.\u201d (Praescr. Adv. Haer., xii). Otros pasajes de los Padres que pueden citarse son de San Basilio (De Spir. Sanct., xxvii): \u201cEstas cosas no deben decirse a los no iniciados\u201d; San Gregorio Nacianceno (Oratio xi, in s. bapt.) donde habla de una diferencia de conocimiento entre los que est\u00e1n fuera y los que est\u00e1n dentro, y San Cirilo de Jerusal\u00e9n cuyos \u201cDiscursos catequ\u00e9ticos\u201d est\u00e1n enteramente construidos sobre este principio y que en su primer discurso advierte a su oyentes que no cuenten lo que han escuchado. \u201cSi pregunta un catec\u00fameno lo que han dicho los maestros, no se cuente nada a un extra\u00f1o; pues les entregamos un misterio&#8230;guardaos de revelar nada, no porque lo que se dice no sea digno de contar, sino porque el o\u00eddo que oye no merece recibirlo. T\u00fa mismo fuiste una vez catec\u00fameno, y entonces no te cont\u00e9 lo que iba a venir. Cuando hayas llegado a experimentar la altura de lo que se ense\u00f1a, sabr\u00e1s que los catec\u00famenos no son dignos de o\u00edrlo\u201d (Cat., Lect. I, 12). San Agust\u00edn y San Juan Cris\u00f3stomo de manera semejante se detienen bruscamente en sus discursos p\u00fablicos, y, tras una m\u00e1s o menos velada referencia a los misterios, contin\u00faan con \u201cLos iniciados entender\u00e1n lo que quiero decir\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Oraci\u00f3n del Se\u00f1or se ense\u00f1aba en tiempos de San Agust\u00edn ocho d\u00edas antes del bautismo (Hom. xlii; cf. \u201cEnchir.\u201d, lxxii, y las \u201cConstituciones apost\u00f3licas\u201d, VII, xliv; Chrys., Hom. cc, al. xix in Matt.). El Credo se ense\u00f1aba de manera similar justo antes del bautismo. As\u00ed San Ambrosio escribiendo a su hermana Marcelina (Epist. xx, ed. Benedict) dice que el domingo, despu\u00e9s de que los catec\u00famenos hab\u00edan sido despedidos, estaba ense\u00f1ando el Credo en el baptisterio de la bas\u00edlica a los que estaban suficientemente avanzados. (Cf. tambi\u00e9n S. Jer\u00f3nimo, Epist. xxxviii, ed. Pammach.) Ense\u00f1anzas m\u00e1s detalladas sobre la Sant\u00edsima Trinidad y los dem\u00e1s sacramentos se daban s\u00f3lo despu\u00e9s del bautismo. Otros pasajes que se pueden consultar son: Chrys., \u201cHom.in Matt.\u201d, xxiii, \u201cHom. xviii, in II Cor.\u201d, Pseud. Agust\u00edn, \u201cSerm. ad Neoph\u201d, i; San Ambrosio, \u201cDe his qui mysteriis initiantur\u201d; Gaudencio, \u201cSer. ii ad Neoph\u201d; Const. Apost., III, v, y VIII, xi. La regla de reticencia se aplicaba a todos los sacramentos, y a ning\u00fan catec\u00fameno se le permit\u00eda nunca estar presente en su celebraci\u00f3n. San Basilio (De Spir. S. ad Amphilochium, xxvii) hablando de los sacramentos dice: \u201cNo se debe divulgar por escrito la doctrina de los sacramentos que a nadie sino a los iniciados se le permite ver\u201d Para el bautismo se puede hacer referencia a Teodoreto (Epitom. Decret., xcviii), a San Cirilo de Alejandr\u00eda (Contr. Julian., i) y a San Gregorio Nacianceno (Orat. xl, de bapt.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La disciplina respecto de la Sagrada Eucarist\u00eda no exige por supuesto prueba. Est\u00e1 impl\u00edcita en el propio nombre de la Missa Catechumenorum, y uno apenas puede acudir a alg\u00fan pasaje de los Padres que trate de este asunto en el que no se observe reticencia si no es que expresamente se afirma. Nunca se hablaba abiertamente de la confirmaci\u00f3n. San Basilio, en el tratado ya mencionado (De Spir. S., xxv, 11), dice que nadie se ha atrevido nunca a hablar abiertamente por escrito del santo \u00f3leo de la unci\u00f3n, e Inocencio I, escribiendo al obispo de Gubbio sobre la \u201cforma\u201d sacramental de la comuni\u00f3n responde: \u201cNo me atrevo a pronunciar las palabras, pues parecer\u00eda m\u00e1s bien que traiciono una confianza que que respondo a una petici\u00f3n de informaci\u00f3n\u201d (Epist. i, 3). De la misma forma, las \u00f3rdenes sagradas nunca fueron conferidas p\u00fablicamente. El Concilio de Laodicea lo prohibi\u00f3 claramente: al hablar de la pr\u00e1ctica de rogar oraciones por los que iban a ser ordenados, dice que los que entienden cooperan con y asienten a lo que se hace. \u201cPues no es leg\u00edtimo revelar todo a los que a\u00fan no est\u00e1n iniciados. \u201c As\u00ed tambi\u00e9n San Agust\u00edn (Tract. xi in Joann.): \u201cSi dices a un catec\u00fameno, \u00bfcrees en Cristo?, responder\u00e1, creo, y se persignar\u00e1 haciendo el signo de la Cruz&#8230;Pregunt\u00e9mosle, \u00bfcomes la Carne del Hijo del Hombre y bebes la Sangre del Hijo del Hombre? No sabr\u00e1 que queremos decir, pues Jes\u00fas no se lo ha confiado\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Los paganos\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La prueba de la reserva de los autores cristianos al tratar de cuestiones religiosas en libros que pod\u00edan ser accesibles a los paganos es, naturalmente, en gran medida de car\u00e1cter negativo, y por tanto dif\u00edcil de aducir. Teodoreto (Quaest.xv in Num.) establece el principio general en t\u00e9rminos que son totalmente claros e inequ\u00edvocos: \u201cHablamos en t\u00e9rminos oscuros de lo referente a los Misterios divinos, por causa de los no iniciados; pero cuando estos se han retirado ense\u00f1amos a los iniciados claramente\u201d Ese solo pasaje bastar\u00eda para refutar la alegaci\u00f3n frecuentemente hecha de que la Disciplina del Secreto era una limitaci\u00f3n del conocimiento introducida a imitaci\u00f3n de los \u201cmisterios\u201d paganos. Por el contrario a todos los cristianos se les ense\u00f1aba toda la verdad, no hab\u00eda doctrina esot\u00e9rica, pero eran conducidos lentamente al conocimiento pleno, y se tomaban precauciones, como era muy necesario, para evitar que los paganos aprendieran nada de lo que pudieran hacer un mal uso. Un ejemplo muy chocante de la manera en que funcionaba la disciplina puede encontrarse en los escritos de San Juan Cris\u00f3stomo. Escribe al Papa Inocencio I para decir que en el curso de unos disturbios en Constantinopla se hab\u00eda cometido un acto de irreverencia, y \u201cla sangre de Cristo hab\u00eda sido derramada por el suelo\u201d En una carta al papa no hab\u00eda raz\u00f3n para no hablar claramente. Pero Palladius, su bi\u00f3grafo, hablando del mismo incidente en un libro de lectura general dice s\u00f3lo, \u201cvolcaron los s\u00edmbolos\u201d (Chrys. ad Inn., i, 3, en P-G., LII, 534; cf. D\u00f6llinger, \u201cLehre der Eucharisitie\u201d, 15). Es, sin duda, por esta causa que casi todos los primeros apologistas, como Minucio F\u00e9lix, Aten\u00e1goras, Arnobio, Taciano, y Te\u00f3filo, no dicen absolutamente nada sobre la Sagrada Eucarist\u00eda. Justino M\u00e1rtir y, en menor grado, Tertuliano son m\u00e1s francos. Se ha sugerido indebidamente que la franqueza del primero prueba la inexistencia de esta instituci\u00f3n en la primera mitad del Siglo II. As\u00ed tambi\u00e9n, como ha observado el cardenal Newman (Development, 87) tanto Minucio F\u00e9lix como Arnobio en discusi\u00f3n con los paganos niegan absolutamente que los cristianos usaban altares en sus iglesias. El significado obvio era que no usaban altares en el sentido pagano, y no debe tomarse como una negaci\u00f3n de la ense\u00f1anza de la Ep\u00edstola a los Hebreos, de que, en un sentido cristiano, \u201ctenemos un altar\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La importancia de la controversia en esta materia en tiempos m\u00e1s recientes es, por supuesto, obvia. Los cat\u00f3licos respond\u00edan a la acusaci\u00f3n de los autores protestantes, de que sus doctrinas espec\u00edficas no se encontraban en los escritos de los primeros Padres, demostrando la existencia de esta pr\u00e1ctica de reserva. Estaba prohibido hablar o escribir p\u00fablicamente de estas doctrinas; el silencio estaba completamente justificado. As\u00ed tambi\u00e9n, si aqu\u00ed y all\u00ed se usaban en los primeros escritos t\u00e9rminos que parec\u00edan aprobar la ense\u00f1anza protestante \u2013 como por ejemplo hablar de la Sagrada Eucarist\u00eda como s\u00edmbolo \u2013 era siempre necesario examinar si estos t\u00e9rminos se usaban o no intencionadamente para ocultar la verdadera doctrina a los no iniciados, y si los mismos autores no usaban, en otras circunstancias, un lenguaje mucho m\u00e1s claro. Los controversistas protestantes, por tanto, se esforzaron en primer lugar en negar que la pr\u00e1ctica hubiera existido realmente nunca, y luego cuando fueron desalojados de esta posici\u00f3n, afirmaron que era desconocida para los cristianos primitivos, como lo demuestra la libertad con que Justino M\u00e1rtir habla del asunto de la Sagrada Eucarist\u00eda, y que fue el resultado de las persecuciones. Alegaban por tanto que los cat\u00f3licos no pod\u00edan utilizarla para justificar el silencio de todo autor anterior a la parte final del Siglo II como pronto. A esto los cat\u00f3licos respond\u00edan que, aunque sin duda la pr\u00e1ctica se pudo haber intensificado por las persecuciones, se remonta a los mismos or\u00edgenes del Cristianismo, y a las propias palabras de Cristo. Adem\u00e1s puede demostrarse que haya estado en vigor antes de la \u00e9poca de San Justino, y su acci\u00f3n debe considerarse una excepci\u00f3n, hecha necesaria por la necesidad de presentar ante el emperador un informe de la religi\u00f3n cristiana que fuera verdadero y completo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los monumentos de los primeros siglos proporcionan interesantes ejemplos del principio de la Disciplina del Secreto. Los monumentos que pod\u00edan ser vistos por todos s\u00f3lo pod\u00edan hablar de los misterios de la religi\u00f3n bajo velados s\u00edmbolos. As\u00ed en las catacumbas apenas hay alg\u00fan ejemplo de una pintura cuyo asunto sea directamente cristiano. Aunque todos hablaban de la verdad cristiana a los que estaban instruidos en su significado. Se eleg\u00edan normalmente motivos jud\u00edos t\u00edpicos de verdades cristianas, mientras que la representaci\u00f3n de Cristo bajo el nombre y forma de un pez hac\u00eda posible y clara la alusi\u00f3n a la doctrina de la Sagrada Eucarist\u00eda. Hay, por ejemplo, la famosa inscripci\u00f3n de Autun (ver PECTORIUS): \u201cToma el alimento, dulce como la miel, del redentor de los santos, come y bebe teniendo en tus manos el Pez\u201d, palabras que todo cristiano comprender\u00eda enseguida, pero que no dec\u00edan nada a los no iniciados. La inscripci\u00f3n de Abercio ofrece otro notable ejemplo. La necesidad de esta reticencia se hizo menos apremiante despu\u00e9s del Siglo V, cuando Europa se cristianiz\u00f3 y la disciplina gradualmente desapareci\u00f3. Podemos, sin embargo, encontrar a\u00fan sus efectos en el Siglo VII en las absurdas afirmaciones contenidas en el Cor\u00e1n sobre la Sant\u00edsima Trinidad y la Sagrada Eucarist\u00eda. Este, quiz\u00e1, sea casi el \u00faltimo ejemplo que podemos presentar. Una vez que las doctrinas de la Iglesia se han expuesto p\u00fablicamente, tal disciplina se hac\u00eda imposible y era impracticable su retorno. Para una refutaci\u00f3n de la teor\u00eda de G. Anrich (Das Antike Mysterienwesen, 1894), de que los cristianos primitivos tomaron prestada esta pr\u00e1ctica de los misterios de Mitra, ver Cumont, \u201cThe Mysteries of Mythra\u201d (Londres, 1903), 196-99.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Schelstrate, De Disciplin\u00e2 arcani (Amberes, 1678); Meier, De recondit\u00e2 vet. Eccl. theol. (Helmstedt, 1670); Shollinger, Dissert. de Disc. arc. (Venecia, 1756); Lienhardt, De. antiq. liturg. et de disc. arc. (Estrasburgo, 1823); Toklot, De Disc. arc. (Colonia, 1836); Newman, Arians, i, 3. Entre las obras protestantes: Fromann, De Disc. arc. in vet. Eccl., (Jena, 1833); Rothe, De disc. arc. (Heidelberg, 1841); Credner en Jenaer Literaturzeitung (1844); Bonwetsch, Ueber Wesen, Entstehung u. Fortgang d. Arckanidisziplin in Zeitschr. f\u00fcr hist. hist. Theol. (1873), II, 203-299; cf. tambi\u00e9n BINGHAM, Antiq. Eccl., y Haddan en Dict. of Christ. Antiq., s.v. Las dudas suscitadas por el Abb\u00e9 Batiffol en Etudes d&#8217;Hist. et de Th\u00e9ologie positive (Par\u00eds, 1902), 1-42, respecto a la antig\u00fcedad y opini\u00f3n tradicional de la Disciplina Arcani parecen haber sido satisfactoriamente despejadas por el erudito tratado de Ignaz von Funk, Das Alter der Arkanidisziplin en su Theologische Abhandlungen (Paderborn, 1907), III, 42-57; MacDonald, The Discipline of the Secret en The Am. Eccl. Rev. (Filadelfia, 1904), xxx.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ARTHUR S. BARNES<br \/>\nTranscrito por Hugh J.F. McDonald<br \/>\nTraducido por Francisco V\u00e1zquez\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(En lat\u00edn, Disciplina Arcani; en alem\u00e1n, Arcandisciplin). T\u00e9rmino teol\u00f3gico usado para expresar la costumbre que prevaleci\u00f3 en las \u00e9pocas primitivas de la Iglesia, por la cual el conocimiento de los misterios m\u00e1s \u00edntimos de la religi\u00f3n cristiana se ocultaba cuidadosamente a los paganos e incluso a aquellos que estaban recibiendo instrucci\u00f3n en la Fe. 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