{"id":24424,"date":"2016-02-05T16:36:12","date_gmt":"2016-02-05T21:36:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sentido-del-dolor\/"},"modified":"2016-02-05T16:36:12","modified_gmt":"2016-02-05T21:36:12","slug":"sentido-del-dolor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sentido-del-dolor\/","title":{"rendered":"SENTIDO DEL DOLOR"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 \u00bfQu\u00e9 hay despu\u00e9s de esta vida?<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 \u00bfHay sentido en el dolor?\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">3.1 Getseman\u00ed<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">3.2 La Cruz<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">4 Visi\u00f3n de eternidad<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">5 NOTAS<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Profundizar en el misterio del ser humano ha sido una inquietud que ha acompa\u00f1ado la historia de los hombres y del pensamiento desde sus inicios. Ya sobre el dintel del templo de Delfos se le\u00eda la exhortaci\u00f3n: \u00abCon\u00f3cete a ti mismo\u00bb, testimoniando con ello un rasgo que distingue al ser humano de toda la creaci\u00f3n. El hombre est\u00e1 llamado a ser \u00abconocedor de s\u00ed mismo\u00bb[1]. Blas Pascal[2] comprendi\u00f3 esta caracter\u00edstica \u00fanica de la persona humana:\n<\/p>\n<p>\u00abel hombre no es m\u00e1s que una ca\u00f1a, la m\u00e1s fr\u00e1gil de la naturaleza, pero es una ca\u00f1a pensante. No hace falta que el universo entero se arme para destruirla; un vapor, una gota de agua es suficiente para matarlo. Pero, aun cuando el universo le aplastase, el hombre ser\u00eda todav\u00eda m\u00e1s noble que lo que le mata, puesto que \u00e9l sabe que muere y la ventaja que el universo tiene sobre \u00e9l. El universo no sabe nada\u00bb[3]. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pl\u00e1sticamente describe la fragilidad humana junto a su grandeza. S\u00f3lo el ser humano es capaz de realizar la pregunta por la propia mismidad. Esta b\u00fasqueda existencial por la propia identidad revela la profundidad del ser humano y es un signo que apunta a una realidad que lo sobrepasa expresando el horizonte trascendente al que est\u00e1 llama-do. Aqu\u00ed reside su grandeza. El ser humano busca la verdad, y en esta b\u00fasqueda se descubre como un ser que tiende a la plenitud trascendente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De la seriedad y el compromiso con que se asuma esta b\u00fasqueda depender\u00e1 el \u00e9xito de encontrar la respuesta y la posibilidad de la propia felicidad y realizaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta b\u00fasqueda por la propia identidad la Revelaci\u00f3n sale al encuentro del ser hu-mano mostr\u00e1ndole su grandeza y dignidad. El hombre fue creado por Dios para enta-blar con \u00e9l un di\u00e1logo de amistad y comuni\u00f3n. Romano Guardini expresa esta invita-ci\u00f3n afirmando: \u00abme cre\u00f3 al llamarme a ser su \u201ct\u00fa\u201d\u00bb[4]. El ser humano es persona en la medida que despliega su ser en la vivencia del encuentro plenificante: encuentro con-sigo mismo, con los dem\u00e1s y con el T\u00fa divino[5]. Ser persona significa ser \u00fanico, irrepetible, llamado a la libertad y al despliegue en el amor y al encuentro profundo con Aquel que es Comuni\u00f3n de Amor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es gracias a esta dimensi\u00f3n de encuentro que el ser humano puede adentrarse en el misterio de su propia mismidad para desde ah\u00ed autoposeerse y asumir responsable-mente la propia existencia. Es en este camino de encuentro consigo mismo que todo hombre se enfrenta con preguntas fundamentales sobre s\u00ed mismo: \u00bfQui\u00e9n soy? \u00bfQu\u00e9 sentido tiene el dolor? \u00bfQu\u00e9 hay despu\u00e9s de esta vida? Son preguntas acuciantes que esperan una respuesta que sacie el anhelo de encuentro con la verdad sobre la propia humanidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quisiera detenerme en dos de estas preguntas: \u00bfQu\u00e9 hay despu\u00e9s de esta vida? \u00bfHay sentido en el dolor? Mi intenci\u00f3n es ahondar en ambas preguntas para poder mejor responder desde la fe a la primera y fundamental cuesti\u00f3n: \u00bfQui\u00e9n soy yo?\n<\/p>\n<h2>\u00bfQu\u00e9 hay despu\u00e9s de esta vida?<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay una realidad ante la cual nadie queda indiferente, y \u00e9sta es la muerte. Es ante ella donde la persona experimenta su propia contingencia y fragilidad y \u00abdonde alcanza su cima el enigma de la condici\u00f3n humana\u00bb[6]. La muerte es un hecho frente al cual ning\u00fan ser humano puede escapar. Muchos tratan de silenciar su existencia o evadir su presencia, pero tarde o temprano llega a todos. Sin embargo, no es una experiencia conocida, pues ning\u00fan vivo ha experimentado la muerte. Ninguno que haya atravesado el umbral de la muerte ha podido regresar a compartir su experiencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ello, es s\u00f3lo a trav\u00e9s de un \u201ct\u00fa\u201d cercano que el misterio de la muerte se aproxima y pone ante nuestros ojos su realidad inesperada. Ante la p\u00e9rdida de alguien querido la muerte deja de ser una realidad abstracta e impersonal: \u00abel sentimiento de la muerte como \u00abm\u00eda\u00bb y de su proximidad se hace sentir de forma m\u00e1s viva en ciertos momentos de nuestra existencia: por ejemplo, con ocasi\u00f3n de una enfermedad grave, de la muerte de un amigo, de un pariente inmediato\u00bb[7]. Seg\u00fan D. von Hildebrand, \u00abes en la muer-te de los seres a los que queremos profundamente y, en rigor, s\u00f3lo en la de aquel al que amamos, con amor extremo, m\u00e1s que a todas las otras personas, donde nos encon-tramos con este fen\u00f3meno de una manera plenamente existencial\u00bb[8]. Se experimenta la muerte como real y como un acontecimiento que me ata\u00f1e. De pronto, se percibe cercana como un hecho que tarde o temprano tocar\u00e1 las puertas de la propia vida. Se experimenta m\u00e1s claramente la caducidad de la existencia. Ante el tr\u00e1nsito de alguien cercano, se advierte como si la muerte truncara repentinamente y arrebatara sin aviso la vida rompiendo bruscamente su recorrido armonioso. Es \u00e9ste un momento clave que lleva a muchos a revalorizar la propia existencia: la conciencia de su valor irrumpe con toda su carga existencial buscando reordenar la jerarqu\u00eda de valores o las prioridades de la vida cotidiana. Todo adquiere una medida diversa. Uno es capaz de liberarse de una perspectiva superficial de la cotidianidad volviendo la mirada a lo esencial y sorprendi\u00e9ndose ante las distracciones en las que muchas veces se hab\u00eda ca\u00eddo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La realidad de la muerte estremece, pues no s\u00f3lo cuestiona sobre la vida eterna sino que interpela el peregrinar humano. Preguntarse por el sentido de \u201cmi\u201d muerte es con-frontarse con el misterio de la propia identidad. De pronto cada minuto que se recorre asume un peso eterno, pues de las opciones y de las decisiones cotidianas \u2014grandes o peque\u00f1as\u2014 depender\u00e1 el destino eterno. La muerte implica un juicio sobre lo que es la vida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quisiera servirme del poeta C\u00e9sar Vallejo para comprender c\u00f3mo sus preguntas buscan una respuesta profunda al misterio de la muerte. Se suele decir que la literatura \u00abes el espejo aut\u00e9ntico de una \u00e9poca en sus interrogativos m\u00e1s profundamente humanos\u00bb[9]. Vallejo es un poeta que ante todo enfrenta el hecho de su propia muerte sin huirle: \u00abMe morir\u00e9 en Par\u00eds con aguacero, un d\u00eda del cual tengo ya el recuerdo. Me morir\u00e9 en Par\u00eds \u2014 y no me corro \u2014 tal vez un jueves, como es hoy, de oto\u00f1o\u00bb[10].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuestro autor constata la realidad de su fin y comprende que la muerte es el paso ante el cual nadie ir\u00e1 acompa\u00f1ado, pues se muere solo. Al m\u00e1ximo uno podr\u00e1 ser escoltado hasta el umbral por los seres m\u00e1s queridos, pero la muerte es el acto personal por ex-celencia. Es el momento en que se est\u00e1 solo ante uno mismo y ante la propia vida, es el momento del encuentro con uno mismo. Lo recita bellamente: \u00abJueves ser\u00e1, porque hoy, jueves, que proso estos versos, los h\u00fameros me he puesto a la mala y, jam\u00e1s como hoy, me he vuelto, con todo mi camino, a verme solo\u00bb[11]. El poeta ha entendido que el misterio de la muerte tiene tal importancia que merece su reflexi\u00f3n y sus versos. Pensar en este misterio no es otra cosa que pensar en el sentido de la vida: \u00ab\u00bfSoy un ser para la vida o un ser para la muerte?\u00bb[12].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay dos maneras de responder a esta pregunta. Una de ellas proclama que todo termi-na con este peregrinar humano, por lo que la existencia se limita al momento presente. Quien vive en esta dimensi\u00f3n fugaz y pasajera de la existencia encontrar\u00e1 como con-secuencia l\u00f3gica el vac\u00edo y el sinsentido de la vida en este mundo. Hoy son muchos los que viven bajo este prisma desesperanzado y nihilista, dignos representantes de un agnosticismo, como el de un Camus que proclamaba: \u00abAnteriormente se trataba de saber si la vida, para ser vivida, deb\u00eda tener un sentido. Ahora parece, por el contrario, que se la vivir\u00e1 tanto mejor cuanto menos sentido tenga\u00bb[13]. Sin embargo, esta op-ci\u00f3n por el sinsentido con la mirada puesta en la \u00abnada\u00bb pareciera que contradice la experiencia profunda del coraz\u00f3n humano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfHay alguna experiencia humana que verifique y acerque a la verdad de la invitaci\u00f3n del hombre a una vida eterna? \u00bfLa vida eterna es una locura del cristianismo? En nuestro tiempo se hace imprescindible acercarse a una vivencia cercana que sirva de clave hermen\u00e9utica para ahondar en el misterio de las realidades \u00faltimas. Trataremos de acercarnos al misterio de la vida eterna a trav\u00e9s de una experiencia humana que apunta a la fe en la Resurrecci\u00f3n: el hambre de Infinito y el anhelo de comuni\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La persona anhela permanecer y rechaza la posibilidad de destrucci\u00f3n. Todo su ser clama por permanecer en el ser y vivir para siempre. Mas a\u00fan, la persona es grito que pide permanecer, deseando la eternidad que no puede otorgarse a s\u00ed misma. Hay en el propio interior una exigencia que clama por no desaparecer y por no caer en la nada. Sin embargo, al constatar la propia fragilidad y contingencia se verifica que el ser hu-mano es incapaz por s\u00ed solo de otorgarse esta vida eterna. El catecismo alem\u00e1n lo ex-presa de esta manera: \u00abEl hombre es un grito de inmortalidad y de vida eterna, que \u00e9l mismo no puede satisfacer porque ese anhelo exige m\u00e1s de lo que el hombre puede dar. La respuesta s\u00f3lo puede venir de la fuente y plenitud de la vida. As\u00ed, la nueva vi-da, la inmortalidad del hombre tiene un sentido dial\u00f3gico: existencia que proviene to-talmente de Dios y que se orienta totalmente a Dios\u00bb[14].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra clave existencial que nos puede abrir paso a esta verdad revelada es el anhelo de comuni\u00f3n. G. Marcel defin\u00eda esta experiencia como el deseo del amante de que el amado no muera[15]. Quien ama profundamente a alguien experimenta el anhelo in-tenso de una presencia continua, un clamor que pide que la persona amada no muera ni desaparezca. Todo el ser del hombre parece que quisiera confirmar las palabras del Cantar de los cantares: \u00abel amor es m\u00e1s fuerte que la muerte\u00bb (8,6). Esta hermosa cita expresa dos verdades fundamentales: por un lado, el deseo profundamente humano de vivir el amor y la comuni\u00f3n y al mismo tiempo el anhelo de vivir este amor y esta co-muni\u00f3n eternamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy en d\u00eda somos testigos de muchas traiciones al amor. Estamos ante una claudica-ci\u00f3n de la propia humanidad en que no pocos han renunciado a la posibilidad de vivir un amor indestructible o duradero. La desintegraci\u00f3n del matrimonio y la familia muestran esta dram\u00e1tica realidad. Frente a este panorama desolador, el compromiso por ahondar en la verdad del coraz\u00f3n humano y descubrir en \u00e9l la vocaci\u00f3n a la comu-ni\u00f3n y el llamado a vivir el despliegue en el amor se vuelven esperanzadores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuestra humanidad, con su impulso a permanecer en el ser y a vivir el despliegue del amor, clama por la vida eterna. Y en este tema el poeta peruano tambi\u00e9n nos acompa-\u00f1a. C\u00e9sar Vallejo no concibe que la fuerza del amor no pueda triunfar sobre la muerte; todo su ser reclama un amor perpetuo que libre a la creatura de las garras de la des-trucci\u00f3n mortal. Vallejo no es un nihilista, es hombre en busca de certezas que vayan m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. Traigamos a la memoria su poema Masa:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al fin de la batalla,<br \/>\nY muerto el combatiente, vino hacia \u00e9l un hombre<br \/>\nY le dijo: No mueras, te amo tanto!<br \/>\nPero el cad\u00e1ver ay! Sigui\u00f3 muriendo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se le acercaron dos y repiti\u00e9ronle:<br \/>\nNo nos dejes! Valor! Vuelve a la vida!<br \/>\nPero el cad\u00e1ver ay! Sigui\u00f3 muriendo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acudieron a \u00e9l veinte, cien, mil, quinientos mil,<br \/>\nClamando: \u00abTanto amor y no poder nada contra la muerte!\u00bb<br \/>\nPero el cad\u00e1ver ay! Sigui\u00f3 muriendo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le rodearon millones de individuos,<br \/>\nCon un ruego com\u00fan: Qu\u00e9date hermano!<br \/>\nPero el cad\u00e1ver ay! Sigui\u00f3 muriendo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces todos los hombres de la tierra<br \/>\nLe rodearon; les vio el cad\u00e1ver triste, emocionado;<br \/>\nIncorpor\u00f3se lentamente<br \/>\nAbraz\u00f3 al primer hombre; ech\u00f3se a andar&#8230;[16]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este grito y clamor existencial no es una quimera ni una invenci\u00f3n humana. Toca las fibras profundas del hombre que anda en b\u00fasqueda de eternidad. La sed por un en-cuentro plenificante es un signo que se\u00f1ala el horizonte humano: la persona ha sido creada para vivir en comuni\u00f3n de Amor. Y es que \u00abel germen de eternidad que lleva en s\u00ed mismo, irreductible a la sola materia, se subleva contra la muerte\u00bb[17]. Ante este anhelo de amor pleno la realidad parece desenga\u00f1ar este clamor: si ya resulta dif\u00edcil vivir el amor aut\u00e9ntico, la comunicaci\u00f3n y el servicio en el encuentro con los dem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 podremos decir del anhelo profundo de vivir el amor eternamente?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay una clara conciencia de que el ser humano es incapaz de darse por s\u00ed mismo la permanencia y la eternidad que pide el amor. El primer anhelo que brota de la mismi-dad es que Alguien con may\u00fascula libere a la creatura de la muerte eterna, d\u00e1ndole la vida y haci\u00e9ndole permanecer por siempre. La vocaci\u00f3n a no morir expresa que el hombre est\u00e1 llamado a la esperanza. En el fondo se espera una existencia nueva, que comience a realizarse en este mundo y que despu\u00e9s de la muerte se prolongue eterna-mente. Aqu\u00ed se est\u00e1 ante una decisi\u00f3n: esperar o no esperar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fe viene en nuestro auxilio, confirmando la a\u00fan d\u00e9bil esperanza, pues fuera de Cris-to \u00bfad\u00f3nde podr\u00e1 la persona encontrar fundamento a su esperanza? El fundamento de la esperanza cristiana en la vida eterna se afianza en las promesas del Se\u00f1or Jes\u00fas: \u00abMira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entrar\u00e9 en su casa y cenar\u00e9 con \u00e9l y \u00e9l conmigo\u00bb (Ap 3,20). \u00c9sta es la vida eterna y el llamado a la plena comuni\u00f3n con Dios. Vallejo lo intuy\u00f3 y anhel\u00f3 esta cena eterna en sus poemas: \u00abcuando nos veremos con los dem\u00e1s, al borde de una ma\u00f1ana eterna, desayunados todos\u00bb[18]. S\u00f3lo se podr\u00e1 saciar el anhelo de Infinito y la b\u00fasqueda de permanencia, s\u00f3lo el amor podr\u00e1 ser m\u00e1s fuerte que la muerte cuando brote de la fuente inagotable de la Vida que es Dios, Uno y Trino. El ser humano es invitado a participar de la misma vida de la Trinidad. El Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo son esa comunidad eterna de Amor que invita a la creatura a participar de este amor por siempre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta esperanza se ha hecho realidad en Jesucristo. En los albores de la humanidad el hombre pec\u00f3 e introdujo a trav\u00e9s de su propia libertad el mal en el mundo. El pecado de los primeros padres se propag\u00f3 y se reedita incesantemente siendo todos testigos de sus nefastas consecuencias. Sin embargo, Dios Padre en su infinito amor no ha querido dejar al hombre a su suerte. En su designio divino envi\u00f3 a su Hijo quien a trav\u00e9s de su Encarnaci\u00f3n, Muerte y Resurrecci\u00f3n ha revelado a la humanidad la plenitud de su Amor. Su resurrecci\u00f3n es la culminaci\u00f3n de toda una vida vivida en obediencia filial al Padre y en el amor extremo a los hombres. La resurrecci\u00f3n no es sino el fruto de la existencia del Hijo Unig\u00e9nito que entregando su vida a la muerte experiment\u00f3 \u00abel amor del Padre que es m\u00e1s fuerte que la muerte\u00bb[19]. La resurrecci\u00f3n es el misterio de la revelaci\u00f3n plena del amor, de un amor que triunfa y vence la muerte y el pecado. Juan Pablo II refiri\u00e9ndose al misterio de la resurrecci\u00f3n afirma que es \u00abla vida, que se ha manifestado m\u00e1s all\u00e1 del l\u00edmite de la muerte, la vida que es m\u00e1s fuerte que la muer-te\u00bb[20].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ello, la Cruz para el cristiano es el signo de la victoria y la reconciliaci\u00f3n. Es el signo de la gloria de Dios, donde se manifest\u00f3 el Amor del Padre que vence a la muer-te. En el momento de la Cruz, no s\u00f3lo se revela el amor del Hijo que entrega su vida en obediencia al Padre, es tambi\u00e9n la revelaci\u00f3n del amor del Padre que corresponde al amor del Hijo otorg\u00e1ndole la Vida en el Esp\u00edritu Santo. Y es con este amor que el Hijo de Dios vence a la muerte y el Padre lo resucita. El Hijo no fue sometido a la muerte porque \u00c9l es la Vida que hace posible a la humana criatura participar de la vida divina: \u00abEl que cree en m\u00ed, aunque muera vivir\u00e1\u00bb (Jn 11,25).\n<\/p>\n<h2>\u00bfHay sentido en el dolor?<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay en esta vida dos realidades de las cuales se siente la necesidad de verse librados y de encontrarles un sentido profundo: el mal y el sufrimiento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por fe, sabemos que Dios es Amor y no busca ni desea el mal ni el sufrimiento para sus criaturas. El dolor se introdujo en el mundo por causa del pecado y el mal uso de la libertad humana. Dios Padre, siendo fiel a s\u00ed mismo, no puede negar su propia Verdad y racionali-dad; por ello, creando al ser humano con el don de la libertad, sigui\u00f3 fiel a su Plan creador corriendo el riesgo de ser rechazado por sus propios hijos. El respeto de Dios por la libertad humana y la coherencia de su designio salv\u00edfico llevan a comprender por qu\u00e9 el dolor y el sufrimiento fruto del pecado siguen presentes en este mundo. Sin embargo, Dios no abandon\u00f3 a la creatura. \u00c9l nos dio la respuesta en su Hijo Jesucristo, quien decidi\u00f3 \u00c9l mismo recorrer el camino del dolor. Cristo revela el sentido del sufrimiento y es a trav\u00e9s de Su Persona que se encuentra la luz para iluminar este misterio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante todo es importante adentrarse en la experiencia de la persona cuando sufre. El poeta Vallejo testimonia con sus versos el drama y la hondura del dolor humano: \u00abHay golpes en la vida tan fuertes [\u2026] Yo no s\u00e9! [\u2026] Son pocos; pero son [\u2026] Abren zanjas oscuras en el rostro m\u00e1s fiero y en el lomo m\u00e1s fuerte\u00bb[21] . El poeta se pregunta por el sentido del sufri-miento y este interrogante lo eleva a Dios con un tono triste de reclamo: \u00abDios m\u00edo, estoy llorando el ser que vivo [\u2026] pero este pobre barro pensativo no es costra fermentada a tu costado, t\u00fa no tienes Mar\u00edas que se van\u00bb[22]. El esp\u00edritu contradictorio de Vallejo lo lleva en ciertos versos a culpar a Dios del dolor humano y a considerarlo lejano e indiferente ante las penalidades del hombre, pues \u00c9l no tiene \u00abMar\u00edas que se van\u00bb. Pareciera como si por mo-mentos Vallejo ignorara la Encarnaci\u00f3n del Verbo eterno que se hizo uno de nosotros y no s\u00f3lo vivi\u00f3 compadeci\u00e9ndose con el dolor del hombre, sino que decidi\u00f3 recorrer el camino del sufrimiento para colmarlo de valor redentor. No pocas veces esta experiencia se repite en quien decide seguir coherentemente su fe. En los momentos de dolor resulta dif\u00edcil perci-bir la presencia de Dios. Sin embargo, el Se\u00f1or Jes\u00fas no est\u00e1 lejos del ser humano cuando sufre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quisiera detenerme en dos pasajes evang\u00e9licos para iluminar la realidad del dolor y sufrimiento y comprender la luz que arroja el misterio de Cristo. Hay dos momentos de la vida hist\u00f3rica de Cristo en que el sufrimiento y la obediencia alcanzan su cl\u00edmax: Getseman\u00ed y la muerte en Cruz.\n<\/p>\n<h3>Getseman\u00ed<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El evangelista Marcos nos narra que Cristo tom\u00f3 consigo a algunos de sus ap\u00f3stoles y se dirigi\u00f3 al huerto de Getseman\u00ed, donde \u00abcomenz\u00f3 a sentir miedo y angustia y les di-jo: mi alma est\u00e1 triste hasta el punto de morir. Y avanzando un poco m\u00e1s se postr\u00f3 en tierra y suplicaba que, a ser posible, pasara de \u00e9l aquella hora. Y dec\u00eda: \u00a1Abba Padre! Todo es posible para ti; aparta de m\u00ed esta copa; pero no sea lo que yo quiero sino lo que quieras t\u00fa\u00bb (Mc 14,32). La versi\u00f3n de Lucas, atento a los detalles, a\u00f1ade que \u00absumido en agon\u00eda insist\u00eda m\u00e1s en su oraci\u00f3n y su sudor se hizo gotas espesas de sangre que ca\u00edan en tierra\u00bb (Lc 22,44).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adentr\u00e1ndonos en el misterio de Getseman\u00ed es conveniente preguntarse qu\u00e9 es lo que experimenta el Se\u00f1or Jes\u00fas en este momento: \u00ab\u00bfSu tristeza es causada por la angustia de la muerte? \u00bfSe debi\u00f3 su sufrimiento al car\u00e1cter mesi\u00e1nico de la prueba de Jes\u00fas? \u00bfEn Getseman\u00ed experimenta el abandono por parte de Dios?\u00bb[23].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera reflexi\u00f3n que evoca este momento de tristeza y angustia es que sin lugar a dudas Getseman\u00ed refleja de modo particular la dimensi\u00f3n humana del sufrimiento de Cristo. Hay una particularidad en la tristeza que experimenta. En los a\u00f1os de anuncio de la Buena Nueva, Jesucristo pas\u00f3 su vida compadeci\u00e9ndose y sufriendo con los que sufren. En Getseman\u00ed, en cambio, \u00ab\u00e9l mismo parece merecer ahora la m\u00e1s grande mi-sericordia y apelarse a la misericordia\u00bb[24].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta ocasi\u00f3n se revela claramente que Cristo sufre como hombre. Su angustia se explica por el destino de muerte que le esperaba, sumado a todas las manifestaciones de pecado y sufrimiento que se dieron lugar en ese momento: la traici\u00f3n, la soledad, el abandono, las calumnias, la injusticia, el dolor f\u00edsico, la maldad de quienes planearon su fin, entre muchas m\u00e1s. Su humanidad gime ante la muerte violenta y despiadada que le espera. En Getseman\u00ed el Se\u00f1or Jes\u00fas enfrenta una intensa y radical prueba pre-par\u00e1ndose a trav\u00e9s del encuentro con el Padre a vivir la pasi\u00f3n y muerte en Cruz.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que aconteci\u00f3 en el Huerto de los Olivos evoca la verdad sobre el hombre que se estremece ante el mal y pide no beber el c\u00e1liz del dolor. Cristo revela la consustancia-lidad con los seres humanos, mostrando el realismo de su sufrimiento y su cercan\u00eda con todo el que sufre: \u00abRealmente en aquella hora ya no s\u00f3lo el romano Poncio Pilato sino toda la humanidad entera debi\u00f3 presentar a Jes\u00fas en el balc\u00f3n del universo pro-clamando: Ecce homo!\u00bb[25]. Cristo, verdadero hombre, no se eximi\u00f3 de vivir el mis-terio del dolor humano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, su tristeza no s\u00f3lo se limit\u00f3 al dolor producido por la cercan\u00eda de la muerte y la pasi\u00f3n inminente. La causa de su sufrimiento probado humanamente ade-m\u00e1s de incluir una explicaci\u00f3n existencial y psicol\u00f3gica se ha de remitir al hecho de que Cristo sufre desde su conciencia mesi\u00e1nica de estar cargando los pecados de toda la humanidad. El Poema del Siervo doliente cobra vida en Getseman\u00ed. S\u00f3lo desde esta conciencia mesi\u00e1nica de que \u00aberan nuestras dolencias las que \u00e9l llevaba\u00bb (Is 53,5), se puede comprender la intensidad de la angustia que lo llev\u00f3 a derramar gotas de sangre de dolor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fe nos invita a desentra\u00f1ar lo que este misterio nos revela: Getseman\u00ed es un mo-mento crucial de la pasi\u00f3n, en el que el Se\u00f1or Jes\u00fas haciendo pleno uso de su libertad acepta obedientemente el designio divino para la reconciliaci\u00f3n de la humanidad. To-da su vida hab\u00eda vivido bajo el signo de una obediencia amorosa al Padre y en esta si-tuaci\u00f3n dram\u00e1tica reafirma su deseo de cumplir hasta las \u00faltimas consecuencias su mi-si\u00f3n de Reconciliador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este momento experimenta las consecuencias de todo el pecado de la humanidad y percibe en su alma la lejan\u00eda del hombre con Dios. Vive una prueba desgarradora. Por un lado, es consciente de que el Plan del Padre le pide asumir el pecado y el sufri-miento humano de manera total; comprende que la Cruz reconciliar\u00e1 a la humanidad y que s\u00f3lo \u00c9l, verdadero Dios y verdadero hombre, es capaz de cargar todo el dolor del mundo. \u00c9l es el Hijo de Dios sin pecado. Al mismo tiempo, sufre el horror y la angus-tia por el motivo doloroso de ese designio. Aqu\u00ed el sufrimiento es transido por su obe-diencia al Plan divino y por su intenci\u00f3n junto al Padre de salvar al ser humano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegados a este punto habr\u00eda que preguntarse si Cristo experiment\u00f3 en este momento el abandono del Padre. Desde la experiencia humana parece l\u00f3gico que una primera reacci\u00f3n haya sido sentirse abandonado por el Padre. Sin embargo, un examen atento al texto evang\u00e9lico aclara la realidad del hecho.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jes\u00fas reza \u00abAbb\u00e1, Padre; todo es posible para ti; aparta de m\u00ed esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras t\u00fa\u00bb (Mc 14,36). En esta oraci\u00f3n el Se\u00f1or Jes\u00fas se vuelve al Padre con la invocaci\u00f3n Abb\u00e1. Esta invocaci\u00f3n habla de su exclusiva relaci\u00f3n filial, es su tierna expresi\u00f3n de confianza \u00ab\u00a1Abb\u00e1, Padre!\u00bb[26]. En este instante de intenso sufrimiento Cristo tambi\u00e9n se experimenta como el Hijo del Padre. No deja de lacerarle el horror de la pasi\u00f3n. El sufrimiento no desaparece pero est\u00e1 unido a su confianza filial: \u00abaparta de m\u00ed esta copa\u00bb, y su oraci\u00f3n contin\u00faa: \u00abpero no sea lo que yo quiero sino lo que quieras t\u00fa\u00bb (Mc 14,36).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Getseman\u00ed se cumple el \u00abacto filial por excelencia\u00bb[27], pues su amor y su obe-diencia filial se disponen al sacrificio y a la donaci\u00f3n de la propia vida. Si la pasi\u00f3n en la Cruz se inscribe en el designio reconciliador de la humanidad, el Hijo no retrocede en su adhesi\u00f3n a la obediencia al Plan divino en su amor por todos los hombres. Es una conciencia filial en el momento culminante de su existencia. El Hijo no est\u00e1 s\u00f3lo. El Padre tambi\u00e9n ofrece al Hijo en un acto de amor para la salvaci\u00f3n de la humana creatura. En Getseman\u00ed Cristo sufre humanamente, sufre como Mes\u00edas inocente y vive en ese momento una profunda comuni\u00f3n con el Padre realizando el acto filial por ex-celencia: la obediencia total.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y Getseman\u00ed habla claro y fuerte para el ser humano que diariamente se enfrenta con todo tipo de sufrimientos y tristezas. El Hijo se ha unido a esta experiencia humana revelando al hombre c\u00f3mo vivir esta dimensi\u00f3n de la existencia. El sufrimiento no desaparecer\u00e1 mientras se peregrina en este mundo. Sin embargo, no estamos solos. Cristo ha sufrido humanamente e introduci\u00e9ndose en el llorar humano lo ha redimido desde el interior, ha revelado que a pesar del penetrante dolor es posible vivir una pro-funda comuni\u00f3n con Dios y expresar la m\u00e1xima confianza y s\u00faplica filial. Puede su-ceder en el camino de fe del cristiano, que en los momentos de dolor le sea dif\u00edcil per-cibir la cercan\u00eda de Dios. Podr\u00edamos decir que estas situaciones son vividas como \u201cverdaderas pruebas\u201d que ponen en el crisol la fidelidad y confianza del ser humano en Dios. Cristo no se eximi\u00f3 de vivir una experiencia similar en el car\u00e1cter de \u201cprue-ba\u201d, donde \u00c9l, a diferencia muchas veces del ser humano, sali\u00f3 victorioso. Contemplar a Jes\u00fas en el huerto de Getseman\u00ed y meditar en su oraci\u00f3n ayuda a comprender c\u00f3mo afront\u00f3 las dificultades y dolores de la vida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si la persona vive un sufrimiento concreto y real, el cristiano est\u00e1 invitado a confor-marse con Cristo y a hacer que este momento se convierta tambi\u00e9n en un acto de obediencia y adhesi\u00f3n filial. El cristianismo no es un llamado a una resignaci\u00f3n pasiva ni tampoco una fe masoquista que va en busca de sufrimientos. Todo lo contrario. El Se-\u00f1or Jes\u00fas pide poner todas las capacidades y medios evang\u00e9licos para vencer el mal en sus distintas expresiones. A\u00fan as\u00ed, no faltan las ocasiones en que las fuerzas humanas son incapaces de superar un sufrimiento concreto y la persona experimenta su impo-tencia. En este sufrimiento y en esta experiencia de dolor el cristiano est\u00e1 invitado de manera especial a mostrar toda su grandeza y a superar la prueba como una ocasi\u00f3n para crecer en fidelidad y amor a Dios y a los hermanos.\n<\/p>\n<h3>La Cruz<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Se\u00f1or Jes\u00fas en la Cruz nos ayuda tambi\u00e9n a adentrarnos en el misterio del dolor humano. La muerte en Cruz de Jesucristo tiene una dimensi\u00f3n mist\u00e9rica y tambi\u00e9n parad\u00f3jica que interpela al creyente. En el grito de dolor proferido por Cristo esta pa-radoja emerge con toda su fuerza: \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb[28]. Es un texto dif\u00edcil de comprender. Tratemos de ahondar en la experiencia del Hijo. El realismo del momento se\u00f1ala que la oraci\u00f3n dirigida al Padre presenta unidos dos sentimientos: el sufrimiento y el amor confiado[29].<br \/>\nRecordemos que las palabras de Cristo en la Cruz son las primeras palabras del Salmo 22, donde se expresan tambi\u00e9n ambos sentimientos: la confianza y el sentimiento de abandono. E. Manicardi se\u00f1ala que: \u00aben el Salmo 22 el lamento por la situaci\u00f3n de abandono por parte de Dios se contrapone a la afirmaci\u00f3n de la presencia de Dios en el templo [\u2026] los mismos elementos que encontramos en el salmo \u2014el lamento por una situaci\u00f3n de abandono, la concentraci\u00f3n en la relaci\u00f3n con Dios, el contraste entre el abandono y una realidad de presencia\u2014 nos parece que tambi\u00e9n se encuentran en el texto de Mc 15,34\u00bb[30].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esta manera hemos de delimitar el abandono sentido por el Hijo. El abandono no es absoluto, no se refiere a una ruptura moment\u00e1nea entre el Padre y el Hijo pues la experiencia de abandono nace en el \u00e1mbito de la comuni\u00f3n entre el Hijo y el Padre. Cristo hizo suya la experiencia humana de la lejan\u00eda de Dios y debido a la profundidad de su persona divina pudo percibir hasta qu\u00e9 punto esta ruptura her\u00eda interiormente al ser humano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El dolor experimentado como \u201cabandono del Padre\u201d se ha de entender como el acto de identificaci\u00f3n del Hijo con los pecados de la humanidad. Cristo vive en este momento una conciencia de la profundidad del mal y de la gravedad de la ruptura con Dios, experimentando en solidaridad con la humanidad esta lejan\u00eda en su dimensi\u00f3n humana. Sin embargo, es importante precisar que Cristo pudo llegar a comprender hasta el fondo esta experiencia de lejan\u00eda del hombre con Dios debido a su profunda uni\u00f3n filial con el Padre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debemos \u00abmirar hacia el mysterium Crucis como al drama m\u00e1s alto en el que Cristo percibe y sufre hasta el fondo el drama de la divisi\u00f3n del hombre con respecto a Dios, hasta el punto de gritar con las palabras del Salmista: \u201cDios m\u00edo, Dios m\u00edo \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado\u201d, llevando a cabo, al mismo tiempo, nuestra propia reconcilia-ci\u00f3n\u00bb[31].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su grito no es un reproche frente al Padre. Al llamarlo \u00abDios m\u00edo\u00bb Jes\u00fas expresa que su grito no es el del Hijo alejado del Padre ni tampoco un grito de rebeld\u00eda. Expresa m\u00e1s bien la fragilidad humana frente al sufrimiento. Revela la voluntad humana de Cristo que, lejos de apartarse de la del Padre, siente la experiencia de la angustia. Jes\u00fas pronuncia lo que nosotros podemos experimentar en medio del dolor: el porqu\u00e9 del sufrimiento y la impotencia. Sin embargo, \u00c9l experimenta la soledad y la turbaci\u00f3n en su dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica \u2014en el alma\u2014, pero no en su mismidad \u2014es decir en la profundidad de su esp\u00edritu\u2014 , pues ah\u00ed vive la comuni\u00f3n con el Padre por la obedien-cia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No debemos considerar los sentimientos de abandono y de amor confiado como dos dimensiones opuestas y separadas, sino, m\u00e1s bien, que este abandono probado en su psicolog\u00eda es la revelaci\u00f3n de su amor por el Padre que lo lleva a la obediencia total. La paradoja halla su punto de encuentro en la Cruz. En ella se revela a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Sensiblemente experimenta la desolaci\u00f3n, pero en \u00c9l su voluntad y sentimientos humanos se elevan y son trascendidos en su estructura m\u00e1s profunda. En el n\u00facleo de su libertad y de su esp\u00edritu se adhiere sin reservas al Plan del Padre:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEn la cima de su esp\u00edritu Jes\u00fas tiene la visi\u00f3n neta de Dios y la certeza de la uni\u00f3n con el Padre. Pero en las zonas que lindan con la sensibilidad y, por ello, m\u00e1s sujetas a las impresiones, emociones, repercusiones de las experiencias dolorosas internas y externas, el alma humana de Jes\u00fas se reduce a un desierto, y \u00c9l no siente ya la \u201cpresencia\u201d del Padre, sino la tr\u00e1gica experiencia de la m\u00e1s completa desolaci\u00f3n\u00bb[32].<br \/>\nAqu\u00ed tenemos una clave fundamental. Todos sufrimos. Sin embargo, la fe en Jesucristo permite no desesperar, permite sufrir realmente con toda la carga existencial que el dolor comporta y a la vez ir m\u00e1s all\u00e1 de esta experiencia y encontrar en el sagrario de la propia mismidad la presencia de Dios Padre. Momento en que se puede vivir una profunda comuni\u00f3n con Dios y experimentar, a trav\u00e9s de un acto de fe, la confianza de hijo teniendo la sabidur\u00eda para comprender el designio divino y el camino a seguir en las circunstancias concretas de la vida. Una frase que ha llegado hasta nuestros d\u00edas  repite sabiamente la v\u00eda a recorrer: \u00abSe\u00f1or, dame paciencia para aceptar las realidades que no puedo cambiar, la valent\u00eda para cambiar lo que si puedo y la sabidur\u00eda para co-nocer la diferencia\u00bb. As\u00ed, la vivencia del sufrimiento se libra de dos amenazas o tenta-ciones que pueden convertirlo en in\u00fatil: una resignaci\u00f3n o sometimiento pasivo que no lanza a una acci\u00f3n querida por Dios desde la luz de la fe, o una rebeld\u00eda in\u00fatil frente a situaciones que requieren la virtud de la paciencia y la humildad.<br \/>\nJunto con la experiencia de sufrimiento, Jesucristo se confi\u00f3 al Padre y pudo experi-mentar tambi\u00e9n un gozo interior por la comuni\u00f3n en el amor de este sacrificio. En el dolor se prueba la fidelidad y el amor. Es decir, se trata de una din\u00e1mica de dolor-alegr\u00eda inseparable. La oraci\u00f3n de Cristo es una oraci\u00f3n de petici\u00f3n confiada del Hijo que pide vencer la fuerza enemiga del pecado que aleja al ser humano de la comuni\u00f3n con el Padre.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo pueden convivir estas dos experiencias? Quiz\u00e1s en este momento se revela de manera m\u00e1s evidente la reconciliaci\u00f3n que Cristo ha tra\u00eddo. La fuerza salv\u00edfica penetra con su amor en el sufrimiento haciendo brotar de \u00e9l, como de una fuente, un caudal de alegr\u00eda y paz. Dios Padre acepta la entrega del Hijo en el Esp\u00edritu y ese vac\u00edo que exis-t\u00eda en la relaci\u00f3n entre el hombre y Dios es colmado con el amor trinitario. La Cruz es la revelaci\u00f3n del amor del Padre y del Hijo en el Esp\u00edritu. La Cruz fue colmada con el amor y el ser humano puede hacer que las propias cruces o el propio sufrimiento se conviertan tambi\u00e9n en un acto de amor al Padre.<br \/>\nEsta confianza se distingue de aquella del afligido o del justo del Antiguo Testamento que pide ser librado de la muerte. Su confianza es m\u00e1s bien una aceptaci\u00f3n de la pro-pia muerte en un acto de obediencia con la certeza de la Vida que otorga el Padre. To-da la vida de Jes\u00fas es una acci\u00f3n de gracias y de gloria al Padre. Es una confianza au-daz, pero tambi\u00e9n certera pues se integra en el marco de la conciencia que Jes\u00fas ten\u00eda como Hijo y por tanto el conocimiento de lo que esa muerte le deparar\u00eda[33]. Sufrido el primer momento doloroso, tocando las ra\u00edces del mal, \u00c9l conquist\u00f3 la vida nueva en el seno del Padre para la reconciliaci\u00f3n de la humanidad a trav\u00e9s de su muerte y resu-rrecci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo por su obediencia y entrega generosa, por su amor sin l\u00edmites que no se detuvo ante el sufrimiento, conquist\u00f3 la vida siendo resucitado por el Padre. Esta audacia tambi\u00e9n se le pide al cristiano. \u00c9sta es la vocaci\u00f3n humana: llamados a la felicidad y a la vida eterna, con la conciencia y la esperanza de que mientras se peregrina en este mundo los sufrimientos podr\u00e1n ser una ocasi\u00f3n de conformaci\u00f3n con Jesucristo vi-viendo al comp\u00e1s de los acontecimientos la din\u00e1mica de la alegr\u00eda-dolor, para recibir finalmente la corona de la vida eterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ello el cristiano no desespera. Es capaz de vivir la alegr\u00eda como signo caracter\u00edstico de su ser cristiano. En este tiempo de desesperanza, la vivencia de la alegr\u00eda es un signo de la credibilidad del anuncio reconciliador de la Iglesia. Se trata de una alegr\u00eda profunda, aut\u00e9ntica y real que trasciende un simple sentimentalismo. Es una experien-cia que transforma la existencia llen\u00e1ndola de sentido. Pensar en la comuni\u00f3n eterna con Dios toca las fibras m\u00e1s profundas del coraz\u00f3n humano y se\u00f1ala un horizonte que vale la pena conquistar y por el cual la vida adquiere un valor inconmensurable.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El peregrinar en este mundo con un destino eterno ha de ser vivido con profunda ale-gr\u00eda, pues el cristiano est\u00e1 llamado a participar desde ya en la gloria que ser\u00e1 definitiva en la vida eterna. El cristiano vive el realismo de la esperanza, consciente de que en este mundo los sufrimientos no desaparecer\u00e1n. Todos sufrimos \u2014sin necesidad de crear o buscar falsos sufrimientos\u2014, pero hay una diferencia en quien vive el sufri-miento a la luz de la fe. La Resurrecci\u00f3n dio una luz al sufrimiento humano que llev\u00f3 a San Pablo a decir: \u00abMe alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo\u00bb[34].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La frase de San Pablo es fuerte. S\u00f3lo se podr\u00e1 comprender y vivir con paz y acepta-ci\u00f3n el misterio del dolor y de la Cruz cuando la persona decida asumir la propia cruz. Cuando no evada, el cristiano ser\u00e1 capaz de comprender el lenguaje del Se\u00f1or Jes\u00fas, el lenguaje del silencio elocuente. S\u00f3lo quien se introduce en el misterio de la Cruz puede experimentar el misterio de la Resurrecci\u00f3n y experimentar existencialmente el fruto redentor del dolor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo muri\u00f3 en la Cruz y el acto doloroso fue colmado con Su amor, invitando al cris-tiano a saber sufrir por amor. No puede haber cristianismo sin Cruz. No hay que rehuirle ni tenerle miedo a la Cruz cuando se presenta en la vida. Hemos de vivir como San Pablo la locura de la Cruz: \u00abAs\u00ed mientras los jud\u00edos piden se\u00f1ales y los griegos buscan sabidur\u00eda, nosotros predicamos a un Cristo crucificado; esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos, necedad para los gentiles\u00bb (1Cor 1,22-24).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">iento a la luz de la fe. La Re-surrecci\u00f3n dio una luz al sufrimiento humano que llev\u00f3 a San Pablo a decir: \u00abMe alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribu-laciones de Cristo\u00bb .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La frase de San Pablo es fuerte. S\u00f3lo se podr\u00e1 comprender y vivir con paz y aceptaci\u00f3n el misterio del dolor y de la Cruz cuando la persona decida asumir la propia cruz. Cuando no evada, el cristiano ser\u00e1 capaz de comprender el lenguaje del Se\u00f1or Jes\u00fas, el lenguaje del silencio elocuente. S\u00f3lo quien se introduce en el misterio de la Cruz puede experimentar el misterio de la Resurrecci\u00f3n y experimentar existencialmente el fruto redentor del dolor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo muri\u00f3 en la Cruz y el acto doloroso fue colmado con Su amor, invitando al cristiano a saber sufrir por amor. No puede haber cristianismo sin Cruz. No hay que rehuirle ni tenerle miedo a la Cruz cuando se presenta en la vida. Hemos de vivir como San Pablo la locura de la Cruz: \u00abAs\u00ed mientras los jud\u00edos piden se\u00f1ales y los griegos buscan sabidur\u00eda, nosotros pre-dicamos a un Cristo crucificado; esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos, necedad para los gentiles\u00bb (1Cor 1,22-24).\n<\/p>\n<h2>Visi\u00f3n de eternidad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se puede vivir esta locura de la Cruz pues los ojos est\u00e1n puestos en la Resurrecci\u00f3n. San Pablo vive con esta mirada hacia el horizonte de eternidad: \u00abEn efecto, la leve tribulaci\u00f3n de un momento nos produce, sobre toda medida un pesado caudal de gloria eterna, a cuantos no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las cosas visibles son pasajeras, mas las invisibles eternas\u00bb (2Cor 4,17).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es dif\u00edcil que el ser humano se desoriente poniendo sus seguridades en las cosas visibles y su confianza en lo pasajero. La conciencia de la provisionalidad del peregrinar humano lleva a comprender que nada es definitivo pues caminamos hacia la Patria eterna. Esta mira-da es una invitaci\u00f3n profunda a una visi\u00f3n de eternidad que, lejos de hacernos escapar del mundo presente, nos compromete m\u00e1s en la vida cotidiana. Sabemos que seg\u00fan el amor y entrega con los que vivamos esta vida en presencia de Dios entreg\u00e1ndonos al servicio de los hermanos y tratando en todo de darle gloria a \u00c9l gozaremos de la plena comuni\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta visi\u00f3n de eternidad ayudar\u00e1 tambi\u00e9n a descubrir con cada vez mayor intensidad el poder de la resurrecci\u00f3n de Cristo que act\u00faa en el misterio del sufrimiento. El ser humano, asociando su propio dolor al misterio del Se\u00f1or Jes\u00fas, se va poco a poco conformando con \u00c9l. En esta conformaci\u00f3n de vida, de sentimientos, de pensamientos y de acci\u00f3n la persona descubre el sentido de la existencia humana y su propia identidad. S\u00f3lo en Cristo se escla-rece el misterio de la propia identidad. S\u00f3lo en Cristo se esclarece la verdad del ser humano llamado a la comuni\u00f3n eterna, llamado a conformarse al misterio de la vida de Cristo para resucitar finalmente y gozar de la comuni\u00f3n divina de Amor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dra. Roc\u00edo Figueroa Alvear.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Universidad Popular Aut\u00f3noma de Puebla.\n<\/p>\n<h2>NOTAS<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1]  S.S. Juan Pablo II, Fides et ratio, 1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2]    Blas Pascal dio un importante giro antropol\u00f3gico en la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica; sin embargo, se percibe en \u00e9l una marcada antropolog\u00eda negativa, influida ciertamente por el ambiente jansenista que frecuent\u00f3.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3]  B. Pascal, Pensamientos, Alianza, Madrid 1986, VI, frag. 347.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[4]  R. Guardini, La existencia del cristiano, BAC, Madrid 1997, p. 179.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[5]  S\u00f3lo en el Misterio de la Trinidad las personas divinas se definen y se distinguen por las relaciones que tienen unas con otras. El ser humano \u201ces\u201d primero y luego entra en relaci\u00f3n. Sin embargo, al ser creados a imagen y semejanza de Dios, la teolog\u00eda de la relaci\u00f3n ilumina la identidad humana. En el encuentro con Dios y con los dem\u00e1s donde la persona humana es m\u00e1s persona, es en el encuentro que se \u201cpersonaliza\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[6]  Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 18.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[7] R. Latourelle, El hombre y sus problemas a la luz de Cristo, S\u00edgueme, Salamanca 1984,  p. 411.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[8]  D. von Hildebrand, Sobre la muerte, Encuentro, Madrid 1983, p. 16.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[9]  A.  Amato, Ges\u00f9, il Signore. Saggio di cristologia, Dehoniane, Bolonia 1999, p. 30.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[10]  C. Vallejo,  Piedra negra sobre piedra blanca, Poemas humanos, en Obra po\u00e9tica completa, Mosca Azul, Lima 1988,  p. 171.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[11]  Lug. cit.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[12]  R. Latourelle, ob. cit., p. 415.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[13]  A. Camus, El Mito de S\u00edsifo, Alianza Editorial, Madrid 2003, p. 72.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[14]  Conferencia Episcopal Alemana, Catecismo Cat\u00f3lico para adultos. La fe de la Iglesia, vol. I, BAC, Madrid 1988, p. 449.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[15]  Ver G. Marcel, Il mistero dell\u2019essere, v. II, Borla, Tur\u00edn 1971, p. 131\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[16]  C. Vallejo,  Masa, Espa\u00f1a aparta de m\u00ed este c\u00e1liz, en ob. cit., p. 236.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[17]  Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 18.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[18]  C. Vallejo, La Cena miserable. Truenos, en ob. cit., p. 45.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[19]  S.S. Juan Pablo II, Dives in misericordia, 8.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[20]  S.S. Juan Pablo II, Dominum et Vivificantem, 58.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[21]  C. Vallejo, Los heraldos negros, en ob. cit., p. 7.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[22]  C. Vallejo, Los dados eternos. Truenos, en ob. cit., p. 49.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[23]  Analizando el texto de Getseman\u00ed el biblista Feuillet se plantea estas tres preguntas. Ver A. Feuillet, \u00abIl significato fondamentale dell\u2019agonia nel Gets\u00e8mani\u00bb en La Sapienza della Croce Oggi. Atti del Congresso internazionale Roma, vol. I, Elle Di Ci, Leumann 1976, pp. 69ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[24]  S.S. Juan Pablo II, Dives in misericordia, 7.  Tambi\u00e9n Feuillet al interpretar los inicios del relato de Getseman\u00ed (\u00abcomenz\u00f3 a sentir angustia y tristeza\u00bb) se\u00f1ala que \u00abse trata de un comenzar en sentido fuerte, es decir de un cambio capital en la existencia terrena de Cristo\u00bb (A. Feuillet, L\u2019Agonie de Geths\u00e9mani, Gabalda, Par\u00eds 1977, p. 79).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[25]  G. Ricciotti, Vita di Ges\u00f9 Cristo, Mondadori, 14ta. ed., Roma 2000, p. 634.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[26]  Se trata \u00abde una persona por \u00c9l invocada con la filial confianza (Abb\u00e1!) de un hijo leg\u00edtimo a su natural y propio padre. \u00a1Ning\u00fan jud\u00edo piadoso invoc\u00f3 as\u00ed a Dios!&#8230; una invocaci\u00f3n formulada, por tanto, desde su autoconciencia de ser Hijo de Dios en un sentido propio y exclusivo\u00bb (S. Sabugal, Abb\u00e1! La Oraci\u00f3n del Se\u00f1or, BAC, Ma-drid 1985, pp. 385-386).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[27]  Ver J. Galot,  \u00a1Cristo!, \u00bfT\u00fa qui\u00e9n eres? Cristolog\u00eda I, Centro de Estudios de Teo-log\u00eda Espiritual, Madrid 1982,  p. 119.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[28]   Mc 15,34. Hay quienes dudan que Jes\u00fas haya pronunciado estas palabras y las atribuyen a la comunidad primitiva. Sin embargo, seg\u00fan diversos exegetas parece del todo improbable que los disc\u00edpulos hayan incluido estas palabras como interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica pues har\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil a\u00fan la fe en el Hijo de Dios: \u00abEn conclusi\u00f3n, me parece que la invocaci\u00f3n El\u00ec, El\u00ec, lem\u00e0 sabactani, nunca se le hubiera atribuido a Jes\u00fas agonizante, ni mucho menos puesta por escrito, si no hubiese tenido en su ra\u00edz un re-cuerdo imborrable de testigos presentes en el hecho\u00bb (G. Danieli, \u00abEl\u00ec, El\u00ec, lem\u00e0 saba-ctani?\u00bb, en: Ges\u00f9 e la sua morte. Atti della XXVII Settimana biblica, vol. 27, Paideia, Brescia 1984, p. 42).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[29]  Sobre esta doble experiencia de abandono y confianza Guardini anota: \u00abel \u201cabandono\u201d no deja abolido el sentido de confianza, sino que forma un todo con \u00e9l\u00bb (R. Guardini, La realidad humana del Se\u00f1or, Lumen, Buenos Aires 1989, p. 83).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[30]  E. Manicardi, \u00abGes\u00f9 e la sua morte secondo Mc 15,33-37\u00bb, en Ges\u00f9 e la sua morte, ob. cit., p. 25.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[31]  S.S. Juan Pablo II, Reconciliatio et paenitentia, 7.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[32]  S.S. Juan Pablo II, Le ultime parole di Cristo sulla Croce, Audiencia general del 30\/11\/1988, en Insegnamenti, XI\/4, p. 1693.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[33]  La conciencia de su misi\u00f3n redentora es fundamental para que \u00e9sta tenga valor redentor. Un dogm\u00e1tico como Galot se\u00f1ala al respecto: \u00abDel anuncio que Jes\u00fas hace sobre su pasi\u00f3n, no podr\u00edamos concluir que antes hab\u00eda ignorado este destino y que el curso de los acontecimientos le oblig\u00f3 a admitirlo. Por el contrario, ciertos indicios muestran que desde el comienzo de la vida p\u00fablica era consciente del esp\u00edritu sacrifi-cial que deb\u00eda acompa\u00f1ar a su misi\u00f3n\u00bb (J. Galot, La Conciencia de Jes\u00fas, Mensajero, Bilbao 1973, pp. 236-237).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[34]  Col 1,24ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nTexto revisado por Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Introducci\u00f3n 2 \u00bfQu\u00e9 hay despu\u00e9s de esta vida? 3 \u00bfHay sentido en el dolor? 3.1 Getseman\u00ed 3.2 La Cruz 4 Visi\u00f3n de eternidad 5 NOTAS Introducci\u00f3n Profundizar en el misterio del ser humano ha sido una inquietud que ha acompa\u00f1ado la historia de los hombres y del pensamiento desde sus inicios. Ya sobre &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sentido-del-dolor\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSENTIDO DEL DOLOR\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-24424","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24424","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24424"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24424\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24424"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=24424"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=24424"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}