{"id":24566,"date":"2016-02-05T16:41:22","date_gmt":"2016-02-05T21:41:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/esclavitud-y-cristianismo\/"},"modified":"2016-02-05T16:41:22","modified_gmt":"2016-02-05T21:41:22","slug":"esclavitud-y-cristianismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/esclavitud-y-cristianismo\/","title":{"rendered":"ESCLAVITUD Y CRISTIANISMO"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Es notorio cu\u00e1n numerosos eran los esclavos en la sociedad romana cuando el cristianismo hizo su aparici\u00f3n, cu\u00e1n dura era su suerte, y c\u00f3mo la competencia del trabajo esclavo aplastaba el trabajo libre. Es el objeto de este art\u00edculo mostrar qu\u00e9 ha hecho el cristianismo por los esclavos y contra la esclavitud, primero en el mundo romano, luego en la sociedad resultante de las invasiones b\u00e1rbaras, y finalmente en el mundo moderno.\n<\/p>\n<h2>La Iglesia y la esclavitud romana<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los primeros misioneros del Evangelio, hombres de origen Jud\u00edo, proven\u00edan de un pa\u00eds donde exist\u00eda la esclavitud. Pero en Judea exist\u00eda bajo una forma muy diferente a la romana. La Ley Mosaica era misericordiosa con los esclavos (Ex., xxi; Lev., xxv; Deut., xv, xxi) y cuidadosamente aseguraba su salario justo al trabajador (Deut., xxiv, 15). En la sociedad Jud\u00eda el esclavo no era objeto de desprecio, porque el trabajo no era despreciado como lo era en otros lados. Ning\u00fan hombre era considerado inferior por practicar un trabajo manual. Estas fueron ideas y h\u00e1bitos de vida que los Ap\u00f3stoles llevaron a la nueva sociedad que tan r\u00e1pidamente creci\u00f3 como efecto de su pr\u00e9dica. Como esta sociedad incluy\u00f3, desde el principio, creyentes de toda condici\u00f3n \u2013 ricos y pobres, esclavos y seres libres \u2013 los Ap\u00f3stoles estuvieron obligados a expresar sus creencias sobre las desigualdades sociales que tan profundamente divid\u00edan el mundo Romano. \u201cComo tantos de vosotros cuantos hab\u00e9is sido bautizados en Cristo, hab\u00e9is sido puestos en Cristo. No hay ni Jud\u00edos ni Griegos; no hay ni esclavo ni libre; no hay ni hombre ni mujer. Porque todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas\u201d (Gal., iii, 27-28; cf. I Cor., xii, 13). Desde este principio San Pablo no extrajo ninguna conclusi\u00f3n pol\u00edtica. No era su deseo, ni estaba en su poder, realizar la igualdad Cristiana por la fuerza o por una revuelta. Tales revoluciones no son resultados de lo repentino. El Cristianismo acepta la sociedad como es, influenci\u00e1ndola para su transformaci\u00f3n a trav\u00e9s, y s\u00f3lo a trav\u00e9s de almas individuales. Lo que demanda en primer lugar de los amos y de los esclavos es, vivir como hermanos \u2013 conduci\u00e9ndose con equidad, sin amenazas, recordando que Dios es el amo de todos \u2013 obedeciendo con temor, pero sin halagos serviles, en la simplicidad de la atenci\u00f3n, como obedecer\u00edan a Cristo (cf. Ef., vi, 9; Col. iii, 22-4; iv, 1).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este idioma era entendido por amos y por esclavos quienes se convirtieron al Cristianismo. Pero muchos esclavos que eran cristianos ten\u00edan amos paganos para quienes estos sentimientos de fraternidad eran desconocidos, y quienes a veces exhib\u00edan aquella crueldad de la cual tan a menudo hablan moralistas y poetas. A tales esclavos San Pedro les indic\u00f3 su obligaci\u00f3n: ser sumisos \u201cno s\u00f3lo con los buenos y gentiles, sino tambi\u00e9n con los contrarios\u201d, no con una mera resignaci\u00f3n inerte, sino para dar un buen ejemplo y para imitar a Cristo, Quien tambi\u00e9n sufri\u00f3 injustamente (I Pedro, ii, 18, 23-4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A ojos de los Ap\u00f3stoles, la condici\u00f3n de los esclavos, particularmente desdichada, peculiarmente expuesta a tentaciones, conllevaba el m\u00e1s eficaz testimonio de la nueva religi\u00f3n. San Pablo, recomienda a los esclavos tratar de complacer a sus amos en todas las cosas, no contradecirlos, no hacerle ning\u00fan mal, honrarlos, serles leales, de modo de hacer brillar ante los ojos de todos, la ense\u00f1anza de Dios Nuestro Salvador, y para prevenir que ese nombre y ense\u00f1anza sea blasfemada (cf. I Ti., vi, 1; Tit., ii, 9, 10).<br \/>\nLos escritos apost\u00f3licos muestran cu\u00e1n gran lugar ocupaban los esclavos en la Iglesia. Pr\u00e1cticamente todos los nombres de los ristianos a los que San Pablo saluda en sus Ep\u00edstolas a los Romanos son serviles cognomina: los dos grupos a los que llama \u201caquellos de la casa de Arist\u00f3bulo\u201d y \u201caquellos de la casa de Narciso\u201d indican sirvientes Cristianos de la casa de esos dos contempor\u00e1neos de Ner\u00f3n. Su Ep\u00edstola, escrita desde Roma a los Filipenses (iv,22) les lleva saludos de los santos de la casa de C\u00e9sar, i.e. esclavos conversos del palacio imperial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un hecho que, en la Iglesia, aliviaba la condici\u00f3n del esclavo, fue la ausencia del antiguo desprecio por el trabajo entre los Cristianos (Ciceron, \u00abDe off.\u00bb, I, xlii; Pro Flacco\u00bb, xviii; \u00abpro domo\u00bb, xxxiii; Suetonius, \u00abClaudius, xxii; Seneca, \u00abDe beneficiis\u00bb, xviii; Valerius Maximus, V, ii, 10). Los conversos a la nueva religi\u00f3n sab\u00edan que Jes\u00fas hab\u00eda sido carpintero; vieron a San Pablo ejercitar la ocupaci\u00f3n de tendero (Hch, xviii, 3; I Cor, iv, 12). \u201cNi comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con af\u00e1n y fatiga d\u00eda y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros (II Ts., iii, 8; cf. Hch, xx, 33, 34). Tal ejemplo, dado en un tiempo en que aquellos que trabajaban eran considerados \u201cla escoria de la ciudad\u201d, y aquellos que no trabajaban viv\u00edan de la generosidad p\u00fablica, constituy\u00f3 una muy eficaz manera de predicar. Un nuevo sentimiento fue por tanto introducido en el mundo Romano, mientras que al mismo tiempo fue establecida una disciplina formal en la Iglesia. No hubiera sido ninguna curiosidad en las ciudades Griegas y Romanas aquellos que alardearan de su ocio (II Ts., iii, 11). Se declar\u00f3 que aquellos que no trabajaran no merec\u00edan ser alimentados (ibid, 10). No le estaba permitido a un cristiano vivir sin una ocupaci\u00f3n (Didaj\u00e9, XII).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La igualdad religiosa fue la negaci\u00f3n de la esclavitud como era practicada por la sociedad pagana. Debe haber sido una exageraci\u00f3n, sin duda, decir, como dijo un autor del siglo primero, que \u201clos esclavos no tienen religi\u00f3n, o tienen solamente religiones extranjeras\u201d (T\u00e1cito, \u201cAnales\u201d, XIV, xliv): muchos eran miembros del collegia funeraria bajo la invocaci\u00f3n de las divinidades Romanas (Estatutos del Colegio de \u00abCorp. Inscr. lat.\u00bb, XIV, 2112). Pero en muchas circunstancias, esta religi\u00f3n altanera y formalista, exclu\u00eda a los esclavos de sus funciones, ya que se sosten\u00eda que su presencia la hubiera profanado. (Cicer\u00f3n, \u00abOctavio\u00bb, xxiv). La igualdad religiosa absoluta, como proclam\u00f3 el Cristianismo, fue por lo tanto una novedad. La Iglesia no tomaba en cuenta la condici\u00f3n social de los creyentes. Esclavos y libres recib\u00edan los mismos sacramentos. Eran numerosos los cl\u00e9rigos de origen servil (San Jer\u00f3nimo, Ep. Lxxxii). La mism\u00edsima Silla de San Pablo fue ocupada por hombres que hab\u00edan sido esclavos: P\u00edo en el siglo segundo, Calisto en el tercero. Uno podr\u00eda casi decir, que esta igualdad Cristiana era tan completa, tan niveladora, que San Pablo (I Ti., vi, 2), y posteriormente, San Ignacio (Polyc., iv), se ven obligados a amonestar a los esclavos y siervas para que no amenacen a sus amos, \u201ccreyentes como ellos y compartiendo los mismos beneficios\u201d. Al darles un lugar en la sociedad religiosa, la Iglesia les restituy\u00f3 a los esclavos la familia y el matrimonio. La ley Romana no legitimaba el matrimonio, ni la paternidad regular, ni siquiera ten\u00eda impedimentos para las uniones m\u00e1s antinaturales para los esclavos (Digesto, XXXVIII, viii, i, (secc) 2; X, 10, (secc) 5). A trav\u00e9s de innumerables inscripciones mortuorias est\u00e1 conmovedoramente comprobado que los esclavos intentaron superar esta abominable situaci\u00f3n, pero el nombre de uxor que las mujeres esclavas tienen en estas inscripciones es muy precario, ya que ninguna ley protege su honor y con ellas no hay adulterio (Digesto, XLVIII, v, 6; Cod. Justin., IX, ix, 23). En la Iglesia, el matrimonio de esclavos es un sacramento; posee \u201cla solidez\u201d de tal (San Basilio, Ep. cxcix, 42). La Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica impone al amo el deber de hacer contraer a su esclavo \u201cun matrimonio leg\u00edtimo\u201d (III, iv; VIII, xxxii). San Juan Cris\u00f3stomo declara que los esclavos tienen el poder marital sobre sus esposas y el paternal sobre sus ni\u00f1os (In Ep. ad Ephes.\u00bb, Hom. xxii, 2). \u00c9l dice que \u201caquel que tiene relaciones inmorales con la esposa de un esclavo es tan culpable como aquel que tiene las mismas relaciones con la esposa del hombre de alto rango: ambos son ad\u00falteros, porque no es la condici\u00f3n de las partes lo que hace el crimen (\u00abEn I Tes.\u00bb, Hom. v, 2; \u00abEn II Tes.\u00bb, Hom. iii, 2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los cementerios Cristianos no hay diferencia entre las tumbas de los esclavos y las de los libres. Las inscripciones en los sepulcros paganos \u2013 ya sea el columbarium com\u00fan a todos los sirvientes de una casa, la parcela para el entierro de un collegium funerario de un esclavo o liberto, o tumbas aisladas, siempre indicaban la condici\u00f3n servil. En los epitafios Cristianos dif\u00edcilmente puedan ser vistos (\u00abBull. di archeol. Christiana\u00bb, 1866, p. 24), aunque los esclavos formaran una parte considerable de la poblaci\u00f3n Cristiana. A veces encontramos esclavos honrados con un sepulcro m\u00e1s pretencioso que los de otros creyentes, como aquella de Ampliatus en el cementerio de Domitila (\u201cBull. di archeol. christ.\u00bb, 1881, pp. 57-54, y pl. III, IV). Esto es particularmente as\u00ed en el caso de esclavos que fueron m\u00e1rtires: las cenizas de dos esclavos, Proto y Jacinto, quemados vivos en la persecuci\u00f3n Valeriana hab\u00edan sido envueltos en una s\u00e1bana mortuoria de tejido de oro (ibid., 1894, p. 28). El martirio manifiesta elocuentemente la igualdad religiosa de los esclavos: \u00e9l despliega tanta firmeza ante la amenaza de los perseguidores como lo hace el hombre libre. A veces no es por la Fe solamente que la mujer esclava muere, sino por la fe y la castidad igualmente amenazadas \u00abpro fide et castitate occisa est\u00bb (\u00abActa S. Dulae\u00bb in Acta SS., III Marzo, p. 552). Se hallan bellas aseveraciones de esta libertad moral en los relatos de los martirios de las esclavas Ariadne, Blandina, Evelpistus, Potamienna, Felicitas, Sabina, Vitalis, Porphyrus y muchas otras (ver Allard, \u00abDix le\u00e7ons sur le martyre\u00bb, 4th ed., pp. 155&#8211; 64). La Iglesia hizo la liberaci\u00f3n del esclavo un acto de caridad desinteresada. Los amos paganos usualmente les vend\u00edan su libertad por su precio de mercado, al recibir sus ahorros penosamente amasados (Cicer\u00f3n, \u00abPhilipp. VIII\u00bb, xi; S\u00e9neca \u00abEp. lxxx\u00bb); los verdaderos cristianos se la daban a ellos como almas. A veces la Iglesia redimi\u00f3 esclavos con sus recursos comunes (San Ignacio, \u00abPolyc.\u00bb, 4; Apos. Const., IV, iii). Se sabe de cristianos heroicos que se vendieron a s\u00ed mismos en esclavitud para liberar esclavos (San Clemente, \u00abCor.\u00bb, 4; \u00abVita S. Joannis Eleemosynarii\u00bb in Acts SS., Jan., II, p. 506). Muchos liberaron a todos los esclavos que ten\u00edan. En la antig\u00fcedad pagana son frecuentes las liberaciones al por mayor, pero nunca incluyen a todos los esclavos del propietario, y siempre son por disposici\u00f3n testamentaria, que es cuando el propietario no puede ser empobrecido por su propia generosidad (Justiniano, \u00abInst.\u00bb, I, vii; \u00abCod. Just.\u00bb, VII, iii, 1). Solamente los cristianos liberaban todos sus esclavos en vida, despoj\u00e1ndose por tanto a s\u00ed mismos de una considerable parte de su fortuna (ver Allard, \u00abLes esclaves chr\u00e9tiens\u00bb, 4th ed., p. 338). A comienzos del siglo quinto, Santa Melania, una millonaria Romana, garantiz\u00f3 gratuitamente la libertad a tantos miles de esclavos que su bi\u00f3grafo se declara incapaz de dar su n\u00famero exacto (Vita S. Melaniae, xxxiv). Palladius menciona ocho mil esclavos liberados, lo que, tomando el precio promedio de un esclavo como de alrededor de $ 100, representar\u00eda un valor de $800.000 (1912 d\u00f3lares). Pero Palladius escribi\u00f3 antes de 406, que fue mucho antes de que Melania hubiera agotado completamente su inmensa fortuna en actos de liberalidad de todo tipo (Rampolla, \u00abS. Melania Giuniore\u00bb, 1905, p. 221).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cristianismo primitivo no atacaba a la esclavitud directamente; actuaba como si la esclavitud no existiera. Inspirando lo mejor de sus ni\u00f1os con esta caridad heroica, ejemplos de los cuales han sido dados m\u00e1s arriba, preparaba a lo lejos el camino para la abolici\u00f3n de la esclavitud. Reprochar a la Iglesia de los primeros tiempos por no haber condenado a la esclavitud en el principio, y por haberla tolerado de facto es culparla por no haber permitido desatar una espantosa revoluci\u00f3n, en la cual quiz\u00e1s, toda la civilizaci\u00f3n habr\u00eda perecido con la sociedad romana. Pero decir, con Ciccotti (Il tramonto della schiavit\u00f9, Fr. tr., 1910, pp. 18, 20), que el Cristianismo primitivo no ten\u00eda ni a\u00fan \u201cuna visi\u00f3n embrionaria\u201d de la sociedad en la cual no deber\u00eda haber esclavitud, decir que los Padres de la Iglesia no sent\u00edan \u201cel horror de la esclavitud\u201d, es demostrar o una extra\u00f1a ignorancia o una injusticia singular. Puede encontrarse en San Gregorio de Niza (In Ecclesiastem, hom. iv), la m\u00e1s en\u00e9rgica y absoluta reprobaci\u00f3n a la esclavitud, y nuevamente en numerosos pasajes del discurso de San Cris\u00f3stomo tenemos im\u00e1genes de una sociedad sin esclavos: una sociedad compuesta solamente de trabajadores libres, un retrato ideal que traza con la m\u00e1s elocuente insistencia (ver los textos citados en Allard Les esclaves chr\u00e9tiens\u00bb, p. 416-23).\n<\/p>\n<h2>La Iglesia y la esclavitud despu\u00e9s de las invasiones b\u00e1rbaras<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del objetivo de este art\u00edculo discutir el movimiento legislativo que tuvo lugar durante este per\u00edodo con relaci\u00f3n a los esclavos. Desde Augusto a Constantino los estatutos y la jurisprudencia tendieron a proveerles una mayor protecci\u00f3n contra la enfermedad, su tratamiento y a facilitarles la liberaci\u00f3n. Bajo los emperadores Cristianos esta tendencia, y a pesar de reca\u00eddas en ciertos puntos, se hizo diariamente m\u00e1s marcada y finaliz\u00f3, en el siglo sexto, en la muy liberal legislaci\u00f3n de Justiniano (ver Wallon, \u00abHist. de l&#8217;esclavage dans l&#8217;antiquit\u00e9\u00bb, III, ii and x). Aunque la ley civil sobre esclavitud permaneci\u00f3 rezagada a las demandas Cristianas (Las leyes de C\u00e9sar son una cosa, las leyes de Cristo otra\u201d, escrib\u00eda San Jer\u00f3nimo en \u201cEp. lxxvii\u00bb), sin embargo se hab\u00edan hecho grandes progresos. Continu\u00f3 en el Imperio de Oriente (leyes de Basilio el Macedonio, de Le\u00f3n el Sabio, de Constantino Porphirogenitus), pero en el Oeste fue abruptamente frenado por las invasiones b\u00e1rbaras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas invasiones fueron calamitosas para los esclavos incrementando su n\u00famero, el que hab\u00eda comenzado a disminuir, y sujet\u00e1ndolos a una legislaci\u00f3n y a costumbres mucho m\u00e1s duras que aquellas que obtuvieron bajo la ley Romana del per\u00edodo (ver Allard \u00abLes origines du servage\u00bb in \u00abRev. des questions historiques\u00bb, Abril, 1911). Aqu\u00ed nuevamente la Iglesia intervino. Lo hizo de tres formas: liberando esclavos, legislando para su beneficio en sus concilios; dando un ejemplo de buen trato. Los documentos de los siglos quinto al s\u00e9ptimo est\u00e1n llenos de instancias de cautivos sacados de las ciudades conquistadas por los b\u00e1rbaros y condenados a la esclavitud, a los que obispos, sacerdotes y monjes, y p\u00edos laicos liberaron. Los cautivos liberados fueron a veces mandados de a miles de regreso a su propio pa\u00eds (ibid., p. 393-7, y Lesne, \u00abHist de la propri\u00e9t\u00e9 eccl\u00e9siastique en France\u00bb, 1910, pp. 357-69).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las Iglesias de Galia, Espa\u00f1a, Breta\u00f1a e Italia, estaban incesantemente ocupadas, en numerosos concilios, con los asuntos de los esclavos; protecci\u00f3n del esclavo maltratado que ha buscado refugio en una iglesia (Concilios de Orleans, 511, 538, 549; Concilio de Epona, 517); aquellos manumitted in ecclesiis, pero tambi\u00e9n aquellos liberados por cualquier otro proceso (Concilio de Arles 452; de Agde, 506; de Orleans, 549; de M\u00e2con, 585; de Toledo, 589, 633; de Paris, 615); validez del matrimonio contra\u00eddo con completo conocimiento de las circunstancias entre personas libres y esclavos (Concilios de Verberie, 752, de Compi\u00e8gne, 759); descanso de los esclavos los Domingos y d\u00edas festivos (Concilio de Auxerrre, 578 o 585; de Ch&amp;acric;lon-sur-Sa\u00f4ne, mediados del siglo s\u00e9ptimo; de Rouen, 650; de Wessex, 691; de Berghamsted, 697); prohibici\u00f3n a los Jud\u00edos a poseer esclavos Cristianos (Concilio de Orl\u00e9ans, 541; de M\u00e2con, 581; de Clichy, 625; de Toledo, 589, 633, 656); supresi\u00f3n del tr\u00e1fico de esclavos mediante la prohibici\u00f3n de su venta fuera del reino (Concilio de Ch\u00e2lon-sur-Sa\u00f4ne, entre 644 y 650); prohibici\u00f3n contra la reducci\u00f3n de un hombre libre a la esclavitud(Concilio de Clichy, 625).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Menos liberal en este aspecto que Justiniano (Novella cxxiii, 17), quien hizo el consentimiento t\u00e1cito una condici\u00f3n suficiente, la disciplina Occidental no permite al esclavo ser elevado al sacerdocio sin el consentimiento formal de su amo; sin embargo los concilios llevados a cabo en Orl\u00e9ans en 511, 538, 549, aunque imponiendo penalidades can\u00f3nicas al obispo que exced\u00eda su autoridad en esta materia, declara tales ordenaciones como v\u00e1lidas. Un concilio celebrado en Roma en 595 bajo la presidencia de San Gregorio Magno permite al esclavo convertirse en monje sin ning\u00fan consentimiento, expreso o t\u00e1cito, de su amo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este per\u00edodo la Iglesia se encontr\u00f3 convirti\u00e9ndose en una gran propietaria. Los b\u00e1rbaros conversos la dotaron en gran parte con propiedades inmuebles. Como estas propiedades estaban provistas de siervos asignados al cultivo del suelo, la Iglesia se convirti\u00f3 por la fuerza de las circunstancias en una gran propietaria de seres humanos, para quienes, en esos tiempos tumultuosos, esta relaci\u00f3n fue una gran bendici\u00f3n. Las leyes de los b\u00e1rbaros, enmendadas a trav\u00e9s de la influencia Cristiana, les dio a los siervos eclesi\u00e1sticos una posici\u00f3n privilegiada: sus rentas fueron fijadas; ordinariamente estaban obligados a dar la propietario la mitad de su trabajo o la mitad de sus productos, lo restante se les dejaba a ellos (Lex Alemannorum, xxii; Lex Bajuvariorum, I, xiv, 6). Un concilio del siglo sexto (Eauze, 551) ordena a los obispos a exigir a sus siervos un servicio m\u00e1s liviano que el desempe\u00f1ado por los siervos de propietarios laicos, y remitirles a ellos un cuarto de sus rentas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra ventaja de los siervos eclesi\u00e1sticos era su permanencia en sus lugares. Una ley Romana de mitad del siglo cuarto (Cod.Just.,XI, xlvii, 2) hab\u00eda prohibido que los esclavos rurales fueran sacados de las tierras a las que pertenec\u00edan; este fue el origen de la servidumbre, una condici\u00f3n mucho mejor que la esclavitud propiamente dicha. Pero los b\u00e1rbaros virtualmente suprimieron esta ben\u00e9fica ley (Gregorio of Tours, \u00abHist. Franc.\u00bb, VI, 45); hasta hab\u00eda sido abrogada formalmente entre los Godos de Italia por el edicto de Teodorico (sect.142). No obstante, como un privilegio excepcional, permaneci\u00f3 vigente para los siervos de la Iglesia, los que, como la Iglesia misma, permanecieron bajo la ley Romana (Lex Burgondionum, LVIII, i; Louis I, \u00abAdd. ad legem Langobard.\u00bb, III, i). Compart\u00edan adem\u00e1s, la inalienabilidad de todas las propiedades eclesi\u00e1sticas, que hab\u00eda sido establecida por los concilios (Roma, 50; Orl\u00e9ans, 511, 538; Epone, 517; Clichy, 625; Toledo, 589); estaban protegidos de las exacciones de los oficiales reales por la inmunidad garantizada a casi todas las tierras de la iglesia (Kroell, \u00abL&#8217;immunit\u00e9 franque\u00bb, 19110); por tanto su posici\u00f3n era generalmente envidiada (Flodoard, \u00abHist eccl. Remensis\u00bb, I, xiv), y cuando la liberalidad real asignaba a una iglesia una porci\u00f3n de tierra de propiedad estatal, los siervos que la cultivaban eran ruidosos en su expresi\u00f3n de alegr\u00eda (Vita S. Eligii, I, xv).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ha sido aseverado que los siervos eclesi\u00e1sticos estaban en una situaci\u00f3n menos afortunada debido a que la inalienabilidad de las propiedades de la iglesia imped\u00eda que fueran liberados. Pero esto es inexacto. San Gregorio Magno liber\u00f3 siervos de la Iglesia Romana (Ep.vi, 12), y hay una frecuente discusi\u00f3n en los concilios con referencia a los liberados eclesi\u00e1sticos. El Concilio de Agde (506) da al obispo el derecho de liberar esos siervos \u201cquienes deb\u00edan merecerlo\u201d y dejarles un peque\u00f1o patrimonio. Un Concilio de Orl\u00e9ans (541) declara que a\u00fan si el obispo ha derrochado la propiedad de su iglesia, los siervos que haya liberado en un n\u00famero razonable (numero competenti) permanecer\u00e1n libres. Una f\u00f3rmula Merovingia muestra a un obispo liberando un d\u00e9cimo de sus siervos (Formulae Biturgenses, viii). Los concilios Espa\u00f1oles impusieron restricciones mayores, reconociendo el derecho de un obispo a liberar los siervos de su iglesia a condici\u00f3n de que la indemnizaci\u00f3n saliera de su propiedad privada (Concilio de Sevilla, 590; de Toledo, 633; de M\u00e9rida, 666). Pero hicieron obligatorio liberar a los siervos en los que se detectara una seria vocaci\u00f3n (Concilio de Zaragoza, 593). Un concilio Ingl\u00e9s (Celchyte, 816) ordena que a la muerte de un obispo todos lo otros obispos y todos los abades deb\u00edan liberar a tres esclavos cada uno por el reposo de su alma. Esta \u00faltima cl\u00e1usula muestra nuevamente el error de afirmar que los monjes no ten\u00edan el derecho de manumisi\u00f3n. El canon del Concilio de Epone (517) que prohibe a los abades a liberar a sus siervos fue promulgado con el objeto que los monjes no pudieran ser dejados sin asistencia en sus trabajos y ha sido tomado demasiado literalmente. Est\u00e1 inspirado no s\u00f3lo por prudencia agr\u00edcola, sino tambi\u00e9n por la consideraci\u00f3n de que los siervos pertenecen a la comunidad de monjes y no al abad individualmente. M\u00e1s a\u00fan, la regla de San Ferr\u00e9ol (siglo sexto) permite al abad liberar siervos con el consentimiento de los monjes, o sin su consentimiento si, en este \u00faltimo caso, reemplaza de su propio pecunio a los que ha liberado. La afirmaci\u00f3n de que los liberados eclesi\u00e1sticos no eran tan libres como los liberados por propietarios laicos no resiste un examen a la luz de los hechos, que muestran que la situaci\u00f3n de las dos clases era id\u00e9ntica, excepto que los liberados de la iglesia ganaban un wergheld m\u00e1s alto que los liberados por laicos, y por tanto su vida estaba mejor protegida. El \u00abPolyptych of Irminon\u00bb, una detallada descripci\u00f3n de las tierras de la abad\u00eda de Saint-Germain-des-Pr\u00e9s muestra que en el siglo noveno los siervos de este dominio no eran numerosos y llevaban en todos los sentidos la vida de un campesino libre\n<\/p>\n<h2>La Iglesia y la esclavitud moderna<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la Edad Media la esclavitud propiamente dicha, no existi\u00f3 m\u00e1s en los pa\u00edses Cristianos; hab\u00eda sido reemplazada por la servidumbre, una condici\u00f3n intermedia en la cual el hombre disfrutaba de todos sus derechos personales, excepto el derecho a dejar la tierra que cultivaba y el derecho a disponer libremente de su propiedad. La servidumbre pronto desapareci\u00f3 en los pa\u00edses Cat\u00f3licos, durando m\u00e1s tiempo solamente donde la Reforma Protestante prevaleci\u00f3. Pero mientras que la servidumbre se iba extinguiendo, el curso de los acontecimientos dio paso a un renacimiento de la esclavitud. Como una consecuencia de las guerras contra los Musulmanes y el comercio mantenido con el Este, los pa\u00edses Europeos linderos al Mediterr\u00e1neo, particularmente Espa\u00f1a e Italia, tuvieron una vez m\u00e1s esclavos; prisioneros Turcos y tambi\u00e9n, desafortunadamente, cautivos importados por comerciantes sin conciencia. Aunque estos esclavos eran en general bien tratados y puestos en libertad si solicitaban el bautismo, este renacimiento de la esclavitud, que dur\u00f3 hasta el siglo diecisiete, es una mancha para la civilizaci\u00f3n Cristiana. Pero el n\u00famero de estos esclavos fue siempre muy peque\u00f1o en comparaci\u00f3n con el de los Cristianos cautivos reducidos a esclavitud en los pa\u00edses Musulmanes, particularmente en los estados B\u00e1rbaros desde Tr\u00edpoli a la costa atl\u00e1ntica de Marruecos. Estos cautivos eran tratados cruelmente y estaban en peligro constante de perder su fe. Muchos realmente renegaron de su fe o, al menos, fueron conducidos por la desesperaci\u00f3n a abandonar toda religi\u00f3n y toda moralidad. Fueron fundadas \u00f3rdenes religiosas para socorrerlos y redimirlos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Trinitarios, fundados en 1189 por San Juan de Matha y San F\u00e9lix de Valois, establecieron hospitales para esclavos en Argelia y T\u00fanez en los siglos dieciseis y diecisiete, y desde su fundaci\u00f3n hasta el a\u00f1o 1787 liberaron 900.000 esclavos. La Orden de Nuestra Se\u00f1ora del Rescate (Mercedarios), fundados en el siglo trece por San Pedro Nolasco, y establecida m\u00e1s especialmente en Francia y Espa\u00f1a, liber\u00f3 490.736 esclavos entre los a\u00f1os 1218 y 1632. A los tres votos regulares su fundador agreg\u00f3 un cuarto, \u201cConvertirse en un reh\u00e9n en manos de los infieles, si esto es necesario para la liberaci\u00f3n de un fiel a Cristo.\u201d Muchos Mercedarios mantuvieron este voto a\u00fan hasta el martirio\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra orden emprendi\u00f3 la tarea no solo de redimir a cautivos, sino de darles adem\u00e1s asistencia espiritual y material. San Vicente de Paul hab\u00eda sido un esclavo en Argelia en 1605, hab\u00eda sido testigo de los sufrimientos y peligros de los esclavos Cristianos. A pedido de Luis XIV, les envi\u00f3, en 1642, sacerdotes de la congregaci\u00f3n que hab\u00eda fundado. Muchos de estos sacerdotes, en verdad, fueron investidos de funciones consulares en T\u00fanez y Argelia. Desde 1642 a 1660 redimieron alrededor de 1200 esclavos a un costo de 1.200.000 livres. Pero su mayor logro fue la ense\u00f1anza del Catecismo y la conversi\u00f3n de miles, y en la preparaci\u00f3n de muchos de los cautivos para sufrir el m\u00e1s cruel martirio antes de renegar de la Fe. Como ha dicho recientemente un historiador Protestante, ninguna de las expediciones enviadas contra los Estados B\u00e1rbaros por los Poderes de Europa, o a\u00fan Am\u00e9rica, igual\u00f3 \u201cel efecto moral producido por el ministerio de consuelo, y abnegaci\u00f3n, llegando a\u00fan hasta el sacrificio de la libertad y la vida, que fue ejercido por los humildes hermanos de San Juan de Matha, San Pedro Nolasco, y San Vicente de Paul\u201d (Bonet-Maury, \u00abFrance, christianisme et civilisation\u00bb, 1907, p. 142).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un segundo resurgimiento de la esclavitud tuvo lugar despu\u00e9s del descubrimiento del Nuevo Mundo por los Espa\u00f1oles en 1492. Relatar la historia del mismo exceder\u00eda los l\u00edmites de este art\u00edculo. Ser\u00e1 suficiente recordar los esfuerzos de Las Casas en favor de los abor\u00edgenes de Am\u00e9rica y las protestas de los papas contra la esclavizaci\u00f3n de esos abor\u00edgenes y el tr\u00e1fico de esclavos negros. Inglaterra, Francia, Portugal y Espa\u00f1a, todas participaron del nefasto tr\u00e1fico. Inglaterra s\u00f3lo hizo correcciones para sus transgresiones cuando, en 1815, tom\u00f3 la iniciativa en la supresi\u00f3n del comercio de esclavos. En 1871, un escritor tuvo la temeridad de aseverar que el Papado \u201cno ten\u00eda en mente condenar la esclavitud\u201d (Ernest Havet, \u00abLe christianisme et ses origines\u00bb, I, p. xxi). Olvid\u00f3 que, en 1462, P\u00edo II declar\u00f3 a la esclavitud como \u201cun gran crimen\u201d (magnum scelus); que, en 1537, Pablo III prohibi\u00f3 la esclavizaci\u00f3n de los indios; que Urbano VIII la prohibi\u00f3 en 1639 y Benedicto XIV en 1741; que P\u00edo VII demand\u00f3 del Congreso de Viena, en 1815, la supresi\u00f3n del tr\u00e1fico de esclavos y Gregorio XVI lo conden\u00f3 en 1839; que en la Bula de Canonizaci\u00f3n del Jesuita Pedro Claver, uno de los m\u00e1s ilustrado adversarios de la esclavitud, P\u00edo IX estigmatiz\u00f3 la \u201csuprema villan\u00eda\u201d (summum nefas) de los traficantes de esclavos. Todos conocen la hermosa carta que dirigi\u00f3 Le\u00f3n XIII, en 1888, a los obispos Brasileros, exhort\u00e1ndolos a desterrar de su pa\u00eds los remanentes de la esclavitud; carta a la cual los obispos respondieron con sus m\u00e1s en\u00e9rgicos esfuerzos, como algunos propietarios de esclavos generosos que liberaron sus esclavos en masa, como en los primeros tiempos de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En nuestros tiempos el tr\u00e1fico de esclavos todav\u00eda contin\u00faa devastando Africa, no ya para beneficio de los estados Cristianos, de los cuales toda la esclavitud ha desaparecido, sino por parte de los pa\u00edses Musulmanes. Pero a medida que la penetraci\u00f3n Europea progresa en \u00c1frica, los misioneros, que son siempre sus precursores \u2013 Padres del Esp\u00edritu Santo, Oblatos, Padres Blancos, Franciscanos, Jesuitas, Padres de la Misi\u00f3n de Lyons \u2013 trabajan en el Sudan, Guinea, Gab\u00f3n, en la regi\u00f3n de los Grandes Lagos, liberando esclavos y estableciendo \u201cvillas de la libertad\u201d. Encabezando este movimiento aparecen dos hombres: el Cardenal Lavigerie quien en 1888 fund\u00f3 la Soci\u00e9t\u00e9 Antiesclavagiste y en 1889 promovi\u00f3 la conferencia de Bruselas; Le\u00f3n XIII, quien alent\u00f3 a Lavierie en todos sus proyectos, y, en 1890, a trav\u00e9s de una Enc\u00edclica, condenando una vez m\u00e1s a los traficantes de esclavos y la \u201cmaldita peste de la servidumbre\u201d, orden\u00f3 una colecta anual para ser hecha en todas las iglesias Cat\u00f3licas en beneficio del trabajo anti-esclavista. Algunos escritores modernos, la mayor\u00eda de la Escuela Socialista \u2013 Karl Marx, Engel, Ciccotti, y en alguna medida Seligman \u2013 atribuyen la hoy casi completa desaparici\u00f3n de la esclavitud solamente a la evoluci\u00f3n de intereses y a causas econ\u00f3micas. La precedente exposici\u00f3n del tema es una respuesta a su concepci\u00f3n materialista de la historia, y est\u00e1 mostrando que, si no la \u00fanica, al menos la principal causa de esa desaparici\u00f3n es el Cristianismo actuando a trav\u00e9s de la autoridad de su magisterio y la influencia de su caridad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Nota del director: En el tiempo presente el Islam rapta y ven de en p\u00fablica almoneda a los mujeres como esclavas sexuales, sin importar su minoridad, ante el silencio c\u00f3mplice de las Naciones Unidas y la Uni\u00f3n Europea<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Allard, Paul. \u00abSlavery and Christianity.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 14. New York: Robert Appleton Company, 1912. 8 Sept. 2010 <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/14036a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luis Alberto Alvarez Bianchi\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es notorio cu\u00e1n numerosos eran los esclavos en la sociedad romana cuando el cristianismo hizo su aparici\u00f3n, cu\u00e1n dura era su suerte, y c\u00f3mo la competencia del trabajo esclavo aplastaba el trabajo libre. Es el objeto de este art\u00edculo mostrar qu\u00e9 ha hecho el cristianismo por los esclavos y contra la esclavitud, primero en el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/esclavitud-y-cristianismo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abESCLAVITUD Y CRISTIANISMO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-24566","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24566","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24566"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24566\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24566"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=24566"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=24566"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}