{"id":24628,"date":"2016-02-05T16:43:39","date_gmt":"2016-02-05T21:43:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eucaristia-devocion-en-el-virreinato-del-peru\/"},"modified":"2016-02-05T16:43:39","modified_gmt":"2016-02-05T21:43:39","slug":"eucaristia-devocion-en-el-virreinato-del-peru","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eucaristia-devocion-en-el-virreinato-del-peru\/","title":{"rendered":"EUCARISTIA; DEVOCION EN EL VIRREINATO DEL PERU"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">La devoci\u00f3n a la Eucarist\u00eda en el virreinato del Per\u00fa* Jes\u00fas sacramentado fue una de las principales devociones durante el virreinato. La presencia real de Cristo en la Eucarist\u00eda era asumida como un elemento indiscutible de la fe. Adem\u00e1s, en aquel per\u00edodo hist\u00f3rico se ten\u00eda en el Cuerpo de Cristo al mejor referente de la sociedad, asumida en esos d\u00edas en funci\u00f3n de la trascendencia, y que era representada bajo la forma de un organismo humano, al que los juristas y te\u00f3logos llamaban \u201ccuerpo m\u00edstico de rep\u00fablica\u201d. Los acontecimientos que acaec\u00edan en torno del sacramento del altar constituyeron un indicador de las aspiraciones de los integrantes de la sociedad peruana entre los siglos XVI y XVIII. Vemos as\u00ed que su profanaci\u00f3n pod\u00eda alterar \u00edntegramente a la poblaci\u00f3n de las ciudades y llevarla hasta el llanto y las muestras de p\u00fablico dolor a trav\u00e9s de las procesiones de penitentes. Asimismo, su hallazgo y desagravio propiciaban la algarab\u00eda general entre los habitantes del Per\u00fa.  A lo largo de la historia virreinal, se puede descubrir varios hechos relativos a la profunda creencia en la Eucarist\u00eda. Valga como ejemplo el sacrilegio que se produjo en Quito el 20 de enero de 1649 en la iglesia del convento de Santa Clara por unos sujetos que desfondaron el sagrario, tomaron el c\u00e1liz y dejaron las hostias regadas por el piso. Narra fray Diego de C\u00f3rdoba y Salinas que Quito entero llor\u00f3 la afrenta y que: \u201c[\u2026] todos sus vecinos se vistieron de luto, haciendo muchas plegarias y oraciones y una procesi\u00f3n de sangre, en que todos los religiosos, el clero y la nobleza del pueblo fueron descalzos para aplacar la ira de Dios justamente indignado por el agravio tan atroz hecho a nuestra cabeza, Christo Sacramentado [sic]\u201d. Dos meses despu\u00e9s, el 25 de marzo de ese mismo a\u00f1o, los habitantes de Lima dejaron mostrar su pesar por el acontecimiento de Quito a trav\u00e9s de un homenaje al Sant\u00edsimo con la exposici\u00f3n de la hostia durante todo el d\u00eda, una misa pontifical y una procesi\u00f3n por las calles, que se ornamentaron con esmero. Se sabe que el entonces arzobispo de Lima, Pedro de Villag\u00f3mez, redact\u00f3 en honor a la Eucarist\u00eda unos versos que fueron recordados por los vecinos de la Ciudad de los Reyes, y que rezaban: \u201cViva la fe que confiesael alt\u00edsimo misterioen que Cristo nos dej\u00f3su divina Sangre y Cuerpo:y que en la Virgen Mar\u00edatom\u00f3 nuestra carne el Verboque, con el divino Esp\u00edrituy Dios Padre, es Dios Eterno\u201d.  Este hecho, \u00edntimamente relacionado con el milagro del Santo Ni\u00f1o de Eten (2 de junio de 1649), guarda gran semejanza con el robo del Santo Sacramento de Lima, que sucedi\u00f3 el 29 de enero de 1711. Un tal Fernando Hurtado de Ch\u00e1vez, de quien se dec\u00eda era hijo bastardo del conde de Cartago, sustrajo el c\u00e1liz lleno de hostias consagradas del altar mayor del Sagrario capitalino. Al d\u00eda siguiente, el virrey del Per\u00fa y obispo de Quito Diego Ladr\u00f3n de Guevara dispuso que se enlutaran las torres de los templos. Gran parte de la poblaci\u00f3n estall\u00f3 en llanto, las campanas doblaron con tristeza y se organizaron procesiones de penitentes por toda la urbe. Dos d\u00edas despu\u00e9s, un joven esclavo hall\u00f3 las sagradas formas bajo un \u00e1rbol, y fueron recogidas por el jesuita lime\u00f1o Alonso Mess\u00eda Bedoya. Luego del hallazgo, el dolor se torn\u00f3 en p\u00fablico regocijo. De inmediato el vicesoberano orden\u00f3 que se organizase una procesi\u00f3n de desagravio, desde el lugar del descubrimiento (donde hoy se levanta la viceparroquia de Santa Liberata), hasta el Sagrario. La marcha congreg\u00f3 a los can\u00f3nigos y a los frailes de las \u00f3rdenes religiosas, que enrumbaron a la plaza mayor pasando por la calle del templo de Nuestra Se\u00f1ora de Copacabana. La pompa del cortejo fue realzada por cohetes que estallaban en el cielo, y tambi\u00e9n por la generosidad de los vecinos ricos que lanzaban monedas al viento. La fiesta dur\u00f3 tres d\u00edas y fue clausurada con una corrida de toros.  En el Per\u00fa de esos a\u00f1os, la festividad de la Eucarist\u00eda era la del Corpus Christi, conocida tambi\u00e9n como Corpus Domini en otras latitudes. Ella tuvo su origen en la devoci\u00f3n a la presencia real de Cristo en la Eucarist\u00eda, y se remontaba a la promulgaci\u00f3n de la bula Transiturus por el papa Urbano IV el 8 de septiembre de 1264. A trav\u00e9s de \u00e9sta, el pont\u00edfice se\u00f1al\u00f3 la celebraci\u00f3n anual del Santo Sacramento cada jueves siguiente al domingo de la Trinidad. Posteriormente, Juan XXII (1316-1334) declar\u00f3 obligatoria su fiesta. En el siglo XIV, el Corpus pas\u00f3 a la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica, espec\u00edficamente a Catalu\u00f1a. Se sabe que se celebr\u00f3 en Barcelona por vez primera en 1319. Fue en esa regi\u00f3n de Espa\u00f1a donde se instaur\u00f3 esta tradici\u00f3n eucar\u00edstica que lleg\u00f3 a perdurar hasta bien entrado el mundo moderno. Atestigua el cronista Pedro Juan Comes que en 1535 el mismo emperador Carlos V port\u00f3 por las calles de esa ciudad condal una de las varas del palio. El \u00e1nimo evangelizador del Estado virreinal en el Per\u00fa, motivado por las propuestas del Concilio de Trento (1545-1563), llev\u00f3 al virrey Francisco de Toledo en 1572 a iniciar de forma obligatoria las procesiones del Corpus en todo el virreinato. El sentido radicaba en el triunfo de la fe sobre la herej\u00eda y en el del cristianismo sobre las idolatr\u00edas ind\u00edgenas. Aqu\u00ed se descubr\u00eda que la festividad coincid\u00eda con los sentimientos de la poblaci\u00f3n, y que, como ya dijimos, conformaba un cuerpo a imagen y semejanza del organismo humano. En los siglos XVI y XVII, los habitantes del reino del Per\u00fa desde los esclavos hasta el virrey, de acuerdo con su naturaleza conformaban un \u00abtodo trascendente\u00bb. La manifestaci\u00f3n m\u00e1s consciente de ese \u201ctodo\u201d, era, sin lugar a dudas, la fiesta del Corpus Christi. Ella era la festividad del cuerpo social, y por lo tanto la m\u00e1s importante de todo el per\u00edodo hisp\u00e1nico. De esta forma la poblaci\u00f3n virreinal celebraba su comuni\u00f3n con la Eucarist\u00eda de acuerdo con la naturaleza que le hab\u00eda sido otorgada. Cuenta Juan Antonio Suardo, cl\u00e9rigo curioso e informante de los sucesos que acaecieron en tiempos del virrey conde de Chinch\u00f3n (1629-1639), que los habitantes de Lima, sinti\u00e9ndose llamados a formar parte del Cuerpo de Cristo, sal\u00edan todos los a\u00f1os en procesi\u00f3n por la plaza mayor, pero la noche anterior, en ese mismo lugar, derrochaban su dinero con luminarias y \u201cmuy ricas invenciones de fuego [\u2026]\u201d, y toda edificaci\u00f3n p\u00fablica estaba: \u201c[\u2026] a las mill maravillas colgada y aderezada [sic]\u201d. De la procesi\u00f3n participaban el virrey y su corte, el arzobispo, los oidores, el Tribunal del Consulado, los dos cabildos, las \u00f3rdenes religiosas, el clero secular, los miembros de la Universidad de San Marcos, las cofrad\u00edas y los gremios. Por cierto, para los Corpus lime\u00f1os no faltaban la \u201ctarasca\u201d y los \u201ccabezudos\u201d. La primera consist\u00eda en la figura de un animal monstruoso, com\u00fanmente un drag\u00f3n o una gran serpiente, y demostraba el dominio de la Eucarist\u00eda sobre las fuerzas adversas al cristianismo. Los segundos eran representaciones de gigantes con enormes y grotescas testas que encarnaban la soberbia y otros pecados capitales, siempre vencidos por la religi\u00f3n.  En el Cuzco, en el \u00faltimo tercio del siglo XVII, el obispo don Manuel de Mollinedo y Angulo, prelado local entre 1674 y 1699, dej\u00f3 sentada la tradici\u00f3n de las m\u00e1s suntuosas procesiones de esa ciudad. Un cuadro de varias piezas demuestra el orden de la sociedad. All\u00ed desfilaban desde el prelado y los can\u00f3nigos hasta los caciques y descendientes de los incas elegantemente trajeados con sus diademas y uncus, es decir, el traje que vest\u00edan los antiguos soberanos del Tahuantinsuyo y sus cortesanos u \u201corejones\u201d. Los gremios, que representaban la vida laboral, se hac\u00edan presentes en la romer\u00eda y compet\u00edan por deslumbrar con sus altares. Con las cofrad\u00edas marchaban en la plaza del Huakaypata im\u00e1genes de los santos de mayor veneraci\u00f3n como San Crist\u00f3bal, San Sebasti\u00e1n, San Jer\u00f3nimo y el ap\u00f3stol Santiago, todas, figuras imponentes que serv\u00edan para hacer factible la conversi\u00f3n de los indios. Justamente, la festividad del Corpus constituy\u00f3 un medio para cubrir con el cristianismo todo rezago de paganismo andino. El inca Garcilaso nos alcanza un buen ejemplo al describirnos el Corpus Christi cuzque\u00f1o de 1554, donde da a entender que esta celebraci\u00f3n fue superpuesta sobre el Inti Raymi con fines evangelizadores: \u201cCon las mismas cosas aument\u00e1ndolas todo lo que m\u00e1s pod\u00edan celebraban en mis tiempos la fiesta del Sant\u00edsimo Sacramento, Dios verdadero, Redemptor y Se\u00f1or Nuestro. Y haci\u00e9ndolo con grand\u00edsimo contento como gente desenga\u00f1ada de las vanidades de su gentilidad pasada\u201d. En Potos\u00ed, la ciudad m\u00e1s rica y m\u00e1s poblada de Sudam\u00e9rica, el escritor criollo Bartolom\u00e9 Arzans de Ors\u00faa y Vela (1674-1736) narraba, en 1735, que el Corpus congregaba a las quince parroquias de la urbe y que los vecinos de esa villa no escatimaban gastos para pagar el ostentoso desfile de su cofrad\u00eda y la elegante indumentaria con la que exhib\u00edan a sus santos. Se paseaban ciento veinte pendones y estandartes de hermandades y otras im\u00e1genes de devoci\u00f3n popular, as\u00ed como m\u00e1s de veintitr\u00e9s cruces altas, que iban acompa\u00f1adas de cabezudos, que daban a la celebraci\u00f3n un aire carnavalesco. Las procesiones del Corpus Christi de Potos\u00ed se convirtieron en verdaderas pugnas por presentar la mejor ofrenda a la Eucarist\u00eda, y sus habitantes llegaron a gastar en ellas las fortunas m\u00e1s elevadas del mundo hisp\u00e1nico. No en vano, a inicios del siglo anterior, se pudo componer all\u00ed la mejor poes\u00eda para el Cuerpo de Cristo. El sevillano Diego Mej\u00eda de Fernangil (ca. 1565-ca. 1630), residente en la villa argent\u00edfera, en su \u00e9gloga El Dios Pan, escrita (entre 1607 y 1621) especialmente para la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, escribi\u00f3: \u201cCristo se ir\u00e1, y para queSe nos quedase, orden\u00f3quedarse en pan, y as\u00ed diovida y m\u00e9rito a la fe.Queriendo Cristo irse al Cielo,Por medio de su Pasi\u00f3n,Como nos tuvo afici\u00f3nQuiso quedarse en el suelo.Qued\u00f3se y tambi\u00e9n se fuePorque, y\u00e9ndose, orden\u00f3quedarse en pan, y as\u00ed diovida y m\u00e9rito a la fe.El Verbo Eterno encarnado,Queriendo al Padre tornarse,Gust\u00f3 partirse y quedarse como buen enamorado.Fu\u00e9se, pero no se fue,Y, aunque sufri\u00f3, se qued\u00f3Mas qued\u00f3 en pan, con que diovida y m\u00e9rito a la fe\u201d. De otro lado, el Santo Sacramento, adem\u00e1s de su funci\u00f3n religiosa y pedag\u00f3gica, cumpli\u00f3 con la de ocuparse de la unificaci\u00f3n de la \u201crep\u00fablica cristiana\u201d, pues a trav\u00e9s de \u00e9l los monarcas del reino espa\u00f1ol demostraban la lealtad a Cristo y, con \u00e9l, a todo su imperio. Los reyes eran representados en la iconograf\u00eda de la \u00e9poca de los Habsburgo como los defensores de la Eucarist\u00eda frente a los infieles, lo que implicaba la defensa de la armon\u00eda del mundo y de las Iglesias militante y triunfante frente a la amenaza de las fuerzas desunificadoras del \u201ccuerpo m\u00edstico de la rep\u00fablica\u201d. Son m\u00e1s elocuentes los cuadros que muestran a Carlos II de Habsburgo, y a los reyes de la casa de Borb\u00f3n \u2014Felipe V, Fernando VI y Carlos III\u2014 desenvainando la espada contra los moros con la finalidad de proteger a Cristo sacramentado. Cabe a\u00f1adir que este tema pict\u00f3rico inclu\u00eda frecuentemente la presencia de Santa Rosa de Lima sosteniendo la custodia, pues de acuerdo con sus bi\u00f3grafos, en 1615, la criolla defendi\u00f3 la Eucarist\u00eda con su propio cuerpo frente a las huestes del corsario holand\u00e9s Jorge Spilbergen, que amenazaron con destruir la capital, y, de acuerdo con el sistema de creencias de la \u00e9poca, pod\u00edan sembrar la herej\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rafael S\u00e1nchez-Concha Barrios\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pontificia Universidad Cat\u00f3lica del Per\u00fa\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nFuentes: C\u00f3rdoba y Salinas, fray Diego de. Cr\u00f3nica franciscana de las provincias del Per\u00fa (1651). Washington Academy of Franciscan History, edici\u00f3n y notas a cargo de Lino G\u00f3mez Canedo, O.F.M., 1957. Angulo, Domingo. \u00abOr\u00edgenes del barrio de San L\u00e1zaro. Santa Liberata\u00bb. En: Revista Hist\u00f3rica. Lima, Instituto Hist\u00f3rico del Per\u00fa, 1917, tomo V, p\u00e1gs. 410-421. Acosta de Arias Schreiber, Rosa Mar\u00eda. Fiestas coloniales urbanas (Lima, Cuzco, Potos\u00ed). Lima, Otorongo, 1997. Bernales Ballesteros, Jorge. El Corpus Christi: Fiesta barroca en Cuzco. Sevilla, Universidad Internacional de Andaluc\u00eda. Sede Iberoam\u00e9rica de La R\u00e1bida, 1996. Estenssoro Fuchs, Juan Carlos. \u201cDescubriendo los poderes de la palabra: funciones de la pr\u00e9dica en la evangelizaci\u00f3n del Per\u00fa (siglos XVI-XVII)\u201d. En: Ramos, Gabriela (compiladora). La venida del reino. Religi\u00f3n, evangelizaci\u00f3n y cultura en Am\u00e9rica. Siglos XVI-XX. Cuzco, Centro de Estudios Regionales Andinos \u201cBartolom\u00e9 de las Casas\u201d, 1994. p\u00e1gs. 75-101. Pini Rodolfi, Francesco. El milagro eucar\u00edstico de Eten (1649). Lima, Colibr\u00ed Ediciones, 1999. Vargas Ugarte, S.J., Rub\u00e9n. De la conquista a la rep\u00fablica (art\u00edculos hist\u00f3ricos). Lima, Librer\u00eda e Imprenta Gil, 1942. *Publicado en Studia limensia. Lima, Asociaci\u00f3n Cultural Studia Limensia, 2002, n\u00b0 1, p\u00e1gs. 38-42.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La devoci\u00f3n a la Eucarist\u00eda en el virreinato del Per\u00fa* Jes\u00fas sacramentado fue una de las principales devociones durante el virreinato. La presencia real de Cristo en la Eucarist\u00eda era asumida como un elemento indiscutible de la fe. 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