{"id":24668,"date":"2016-02-05T16:45:09","date_gmt":"2016-02-05T21:45:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evangelio-segun-san-juan\/"},"modified":"2016-02-05T16:45:09","modified_gmt":"2016-02-05T21:45:09","slug":"evangelio-segun-san-juan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evangelio-segun-san-juan\/","title":{"rendered":"EVANGELIO SEGUN SAN JUAN"},"content":{"rendered":"<p>\n  San Juan De acuerdo al orden tradicional, el Evangelio de San Juan ocupa el \u00faltimo lugar entre los cuatro Evangelios can\u00f3nicos.  Aunque en muchas de las antiguas copias este Evangelio, teniendo en cuenta la dignidad apost\u00f3lica de su autor, estaba ubicado inmediatamente despu\u00e9s o incluso antes del Evangelio seg\u00fan San Mateo, la posici\u00f3n que ocupa hoy fue desde el principio la m\u00e1s usual y la m\u00e1s aceptada.    Cristo y San Juan. Fotograf\u00eda de Juan Dejo Bendez\u00fa S.J.En cuanto a su contenido, el Evangelio de San Juan es una narraci\u00f3n de la vida de Jes\u00fas desde su Bautismo hasta su Resurrecci\u00f3n y su propia manifestaci\u00f3n en medio de sus disc\u00edpulos.    La cr\u00f3nica se divide naturalmente en cuatro secciones: <\/p>\n<ul>\n<li> el pr\u00f3logo (1,1-18) contiene lo que es en cierto modo un breve resumen de todo el Evangelio en la doctrina de la Encarnaci\u00f3n del Verbo Eterno;<\/li>\n<li> la primera parte (1,19 &#8211; 12,50), que relata la vida p\u00fablica de Jes\u00fas desde su Bautismo hasta la V\u00edspera de su Pasi\u00f3n;<\/li>\n<li> La segunda parte (13 &#8211; 21,23), que relata la historia de la Pasi\u00f3n y la Resurrecci\u00f3n;<\/li>\n<li> un corto ep\u00edlogo (21,23 &#8211; 25), que se refiere a la gran mayor\u00eda de las palabras y hechos del Salvador que no est\u00e1n registradas en el Evangelio.<\/li>\n<\/ul>\n<p>  San Juan. El GrecoCuando consideramos la distribuci\u00f3n del material por parte del evangelista, encontramos que sigue el orden hist\u00f3rico de los sucesos, como es evidente por el an\u00e1lisis previo.  Pero el autor tiene adem\u00e1s una especial preocupaci\u00f3n por determinar exactamente el momento en que ocurren y la conexi\u00f3n de los distintos sucesos ajustados dentro de su estructura cronol\u00f3gica.  Esto se ve claramente desde el comienzo de su narraci\u00f3n cuando, como en un diario, \u00e9l relata las circunstancias concomitantes de los comienzos del principio del ministerio p\u00fablico del Salvador, con cuatro indicaciones definidas sucesivas del tiempo (1,29.35.43; 2,1).  Le otorga un \u00e9nfasis especial al primer milagro:  \u201cAs\u00ed, en Can\u00e1 de Galilea hizo Jes\u00fas el primero de los signos&#8230;  \u201d (2,11), y \u201cEste segundo signo lo hizo Jes\u00fas cuando vino de Judea a Galilea\u201d (iv, 54).  Finalmente, se refiere reiteradamente a las grandes festividades nacionales y religiosas de los jud\u00edos con el prop\u00f3sito de indicar la secuencia hist\u00f3rica exacta de los hechos relatados (2,13; 5,1; 6,4; 7,2; 10,22; 12,1; 13,1).  <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos los ex\u00e9getas antiguos y la mayor\u00eda de los modernos est\u00e1n plenamente justificados, por lo tanto, cuando consideran estrictamente esta distribuci\u00f3n cronol\u00f3gica de los sucesos como base de sus comentarios.  Las opiniones divergentes de algunos pocos estudiosos modernos no tienen una base objetiva ya sea en el texto del Evangelio o en la historia de su ex\u00e9gesis.\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Peculiaridades Distintivas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Autor\u00eda\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-3\">2.1 Prueba hist\u00f3rica directa<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">2.2 Evidencia externa indirecta<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">2.3 El testimonio del Evangelio mismo<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">3 Circunstancias de la Composici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">4 Preguntas Cr\u00edticas Acerca del Texto\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-8\">4.1 Juan 5,3-4<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-9\">4.2 Juan 7,53 \u2013 8,11<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-10\">4.3 Juan 21<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-11\">5 Autenticidad Hist\u00f3rica\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-12\">5.1 Objeciones contra el car\u00e1cter hist\u00f3rico del cuarto Evangelio<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-13\">6 Objeto e Importancia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-14\">7 Enlaces internos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-15\">8 Enlaces externos<\/li>\n<\/ul>\n<h3>Peculiaridades Distintivas<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cuarto Evangelio est\u00e1 escrito en griego, y aun un estudio superficial de \u00e9l es suficiente para revelar muchas particularidades, que le dan a la narraci\u00f3n un car\u00e1cter distintivo.  La dicci\u00f3n y el vocabulario son especialmente caracter\u00edsticos.  Es cierto que su vocabulario es menos rico en expresiones peculiares que el de San Pablo o el de Lucas:  \u00e9l usa en total alrededor de noventa palabras que no se encuentran en ning\u00fan otro hagi\u00f3grafo.  Son m\u00e1s numerosas las expresiones usadas m\u00e1s frecuentemente por Juan que por los otros escritores sagrados.  M\u00e1s aun, en comparaci\u00f3n con los otros libros del Nuevo Testamento, la narraci\u00f3n de San Juan contiene una proporci\u00f3n muy considerable de aquellas palabras y expresiones que podr\u00edan llamarse el lenguaje com\u00fan de los cuatro evangelistas.\n<\/p>\n<p>  San Juan. Rubens. Museo del Prado.Lo que es aun m\u00e1s distintivo que el vocabulario es el uso gramatical de las part\u00edculas, pronombres, preposiciones, verbos, etc. en el Evangelio de San Juan.  Tambi\u00e9n se distingue por muchas particularidades de estilo \u2013 as\u00edndeton, reduplicaci\u00f3n, repetici\u00f3n, etc.  En resumen, el evangelista revela una estrecha intimidad con el lenguaje helen\u00edstico del siglo I de nuestra era, que encuentra en sus manos, en ciertas expresiones, un tono hebreo.  Su estilo literario es alabado merecidamente por su simpleza noble, natural y no exenta de arte.  Combina armoniosamente el lenguaje r\u00fastico de los Sin\u00f3pticos con la fraseolog\u00eda urbana de San Pablo. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo primero que llama nuestra atenci\u00f3n en el tema central del Evangelio es que circunscribe la narraci\u00f3n a lo cronol\u00f3gico de los sucesos que tienen lugar en Judea y Jerusal\u00e9n.  De los hechos del Salvador en Galilea Juan relata solo unos pocos sucesos, sin entrar en detalles, y de los mismos solo dos&#8212;la multiplicaci\u00f3n de los panes y peces (6,1-16), y el viaje mar\u00edtimo (6,17-21)&#8212;ya han sido relatados por los Evangelios Sin\u00f3pticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una segunda particularidad del material se ve en la elecci\u00f3n de su tema central, ya que en comparaci\u00f3n con los otros evangelistas, Juan relata s\u00f3lo unos pocos milagros y concentra su atenci\u00f3n m\u00e1s en los discursos de Jes\u00fas que en sus obras.  En la mayor\u00eda de los casos los hechos s\u00f3lo relatan, por decirlo as\u00ed, una trama para las palabras, conversaciones, y ense\u00f1anzas del Salvador y sus disputas con sus adversarios.  En realidad son las controversias con los miembros del Sanedr\u00edn en Jerusal\u00e9n lo que parece llamar especialmente la atenci\u00f3n del evangelista.  En estas ocasiones, el inter\u00e9s de San Juan es altamente teol\u00f3gico, tanto en la narraci\u00f3n de las circunstancias como en el registro de los discursos y conversaciones del Salvador.  Con justicia, por lo tanto, se le concedi\u00f3 a San Juan aun en los tiempos primitivos del cristianismo, el t\u00edtulo honor\u00edfico de \u201cte\u00f3logo\u201d de los evangelistas.  Existen, en particular, ciertas grandes verdades, a las cuales el Evangelio constantemente retorna y las cuales pueden ser consideradas como ideas gobernantes, y una menci\u00f3n especial debe hacerse de expresiones como Luz del Mundo, la Verdad, la Vida, la Resurrecci\u00f3n, etc.  Es frecuente que \u00e9sta y otras frases se encuentren en forma concisa y gn\u00f3mica al comienzo de un coloquio o discurso del Salvador, y frecuentemente retorna, como un \u201cleifmotif\u201d, a intervalos durante el discurso (Ej.  6,35.48.51.58; 10,7.9; 15,1.5; 17,1.5; etc.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un grado mayor que en los Sin\u00f3pticos, la narraci\u00f3n completa del cuarto Evangelio se centra en la Persona del Redentor.  Desde las primeras frases iniciales Juan dirige su mirada a lo m\u00e1s rec\u00f3ndito de la eternidad, a la Palabra Divina en el seno del Padre.  Nunca se cansa de retratar la gloria y dignidad del Verbo Eterno, el cual se dign\u00f3 aceptar su permanencia entre los hombres que, mientras reciben la revelaci\u00f3n de Su Divina Majestad, podr\u00e1n participar en la plenitud de la verdad y de su gracia.  Como evidencia de la Divinidad del Salvador el autor relata alguna de las grandes maravillas mediante las cuales Cristo revela su gloria, aunque \u00e9l intenta m\u00e1s bien llevarnos hacia un profundo entendimiento de la Divinidad y majestad de Cristo mediante la consideraci\u00f3n de sus palabras, discursos y ense\u00f1anzas, e imprimir as\u00ed en nuestras mentes las grandes maravillas de Su divino amor.\n<\/p>\n<h3>Autor\u00eda<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con excepci\u00f3n de los herejes mencionados por San Ireneo (Adv. haer., III.11.9) y San Epifanio (Haer. LI, 3), la autenticidad del cuarto Evangelio raramente fue cuestionada seriamente hasta fines del siglo XVIII.  Evanson (1792) y Bretschneider (1820) fueron los primeros que cuestionaron la tradici\u00f3n en cuanto a la autor\u00eda del Evangelio; y desde entonces David Friedrich Strauss (1834-40) adopt\u00f3 los puntos de vista de Bretschneider y los miembros de la Escuela de T\u00fcbingen, siguiendo a Ferdinand Christian Baur, negaron la autenticidad de este Evangelio; la mayor\u00eda de los cr\u00edticos fuera de la Iglesia Cat\u00f3lica han negado que el cuarto Evangelio sea aut\u00e9ntico.  Como admiten muchos cr\u00edticos, la raz\u00f3n principal descansa en el hecho de que Juan clara y enf\u00e1ticamente hizo la verdadera Divinidad del Redentor el centro de su narraci\u00f3n, en sentido estrictamente metaf\u00edsico.  Sin embargo, aunque Harnack niega la autenticidad del cuarto Evangelio, ha tenido que admitir que ha buscado en vano una soluci\u00f3n satisfactoria para el problema jo\u00e1nico:  \u201cUna y otra vez he intentado resolver el problema desde varias posibles teor\u00edas, las cuales me llevaron a mayores dificultades, y aun generaron mayores contradicciones\u201d.  (\u00abGesch. der altchristl. Lit.\u00bb, I, pt. II, Leipzig, 1897, p. 678.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un breve examen de los argumentos tendientes a la soluci\u00f3n del problema de la autor\u00eda del cuarto Evangelio permitir\u00e1 al lector formarse un juicio independiente.\n<\/p>\n<p>Prueba hist\u00f3rica directa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si, como demanda el car\u00e1cter de la cuesti\u00f3n hist\u00f3rica, consultamos primero el testimonio hist\u00f3rico del pasado, descubrimos el hecho admitido universalmente que, desde el siglo III hasta al menos el siglo XVIII, se acept\u00f3 sin cuestionamientos al Ap\u00f3stol San Juan como el autor del cuarto Evangelio.  Por lo tanto, al examinar la evidencia, podemos empezar desde el siglo III, y luego retroceder hasta el tiempo de los Ap\u00f3stoles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las antiguas traducciones y manuscritos del Evangelio constituyen el primer grupo de evidencia.  En los t\u00edtulos, tablas de contenido, firmas, que usualmente se agregan a los textos de los Evangelios por separado, siempre y en todos los casos se menciona a Juan como el autor de este Evangelio sin la menor indicaci\u00f3n de duda.  Si bien es cierto que el manuscrito existente m\u00e1s antiguo no se remonta m\u00e1s all\u00e1 del siglo IV, la perfecta unanimidad de todos los c\u00f3dices prueba a todo cr\u00edtico que los prototipos de estos manuscritos, en una fecha mucho m\u00e1s antigua, deben haber contenido las mismas indicaciones respecto al autor.  Es similar el testimonio de las traducciones del Evangelio, de las cuales las versiones sir\u00edaca, copta y latina antigua se remontan es sus formas m\u00e1s ancestrales hasta el siglo II.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las evidencias aportadas por los primeros autores eclesi\u00e1sticos, cuya referencia a cuestionamientos sobre la autor\u00eda del Evangelio es s\u00f3lo incidental, est\u00e1n de acuerdo con las fuentes arriba mencionadas.  Es verdad que San Dionisio de Alejandr\u00eda (264-5), busc\u00f3 un autor diferente para el Apocalipsis, debido a las dificultades especiales alegadas por los milenaristas en Egipto; pero siempre dio por sentado como hecho indiscutible que el Ap\u00f3stol Juan era el autor del cuarto Evangelio. Es igualmente claro el testimonio de Or\u00edgenes (m. 254), quien sab\u00eda por la Tradici\u00f3n de la Iglesia que Juan fue el \u00faltimo de los evangelistas en escribir su Evangelio (Eusebio, \u00abHist. ecl.\u00bb, VI.25.6), y por lo menos nos ha llegado gran parte de sus comentarios sobre el Evangelio de San Juan, en los cuales deja en claro en todas partes su convicci\u00f3n del origen apost\u00f3lico de la obra.  El maestro de Or\u00edgenes, Clemente de Alejandr\u00eda (m. antes de 215-6), relata como \u201ctradici\u00f3n de los antiguos presb\u00edteros\u201d, que el Ap\u00f3stol San Juan, el \u00faltimo de los Evangelistas, \u201clleno del Esp\u00edritu Santo ha escrito un Evangelio espiritual\u201d (Eusebio, op. cit., VI, XIV, 7).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De mayor importancia aun es el testimonio de San Ireneo, obispo de Lyon (m. alrededor 202), tan ligado a la era apost\u00f3lica a trav\u00e9s de su maestro San Policarpo, disc\u00edpulo del ap\u00f3stol San Juan.  El pa\u00eds natal de Ireneo (Asia Menor) y el escenario de su subsecuente ministerio (Galia), lo convierten en un testigo de la fe tanto en la Iglesia de Oriente como en la de Occidente.  Cita en sus escritos al menos cien versos del cuarto Evangelio, a menudo con la observaci\u00f3n \u201ccomo dice San Juan, el disc\u00edpulo del Se\u00f1or\u201d.  Al hablar de la composici\u00f3n del cuarto Evangelio, dice sobre este \u00faltimo:  \u201cM\u00e1s tarde Juan, el disc\u00edpulo del Se\u00f1or que descans\u00f3 sobre su pecho, tambi\u00e9n escribi\u00f3 un Evangelio, mientras resid\u00eda en \u00c9feso en Asia\u201d (Adv. Haer., III, I, n. 2).  Tanto aqu\u00ed como en los otros textos es claro que \u201cJuan, el disc\u00edpulo del Se\u00f1or\u201d, no se refiere a otro que no sea el Ap\u00f3stol Juan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Encontramos que la misma convicci\u00f3n respecto a la autor\u00eda del cuarto Evangelio se expresa en mayor extensi\u00f3n en la Iglesia Romana alrededor del 170, por los escritos del Canon Muratorio (l\u00edneas 9-34).  El obispo Te\u00f3filo de Antioqu\u00eda en Siria (antes del 181) tambi\u00e9n cita el comienzo del cuarto Evangelio como palabras de San Juan (Ad Autolycum, II, XXII).  Finalmente, seg\u00fan el testimonio de un manuscrito Vaticano (Codex Regin Sueci seu Alexandrinus, 14), el obispo San Pap\u00edas de Hier\u00e1polis en Frigia, disc\u00edpulo inmediato del ap\u00f3stol San Juan, incluye en su gran obra exeg\u00e9tica, un relato de la composici\u00f3n del Evangelio de San Juan durante el cual \u00e9l hab\u00eda estado empleado como escriba del Ap\u00f3stol.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es apenas necesario repetir que, en los pasajes antedichos, Pap\u00edas y los otros antiguos escritores ten\u00edan en mente s\u00f3lo a un Juan, a saber llamado el ap\u00f3stol y evangelista, y no a otro Juan el Presb\u00edtero, que se debe distinguir del Ap\u00f3stol (Vea San Juan el Evangelista).\n<\/p>\n<p>Evidencia externa indirecta<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s del testimonio claro y expl\u00edcito, los primeros siglos del cristianismo testifican en forma indirecta y de diversas formas el origen jo\u00e1nico del cuarto Evangelio.  Entre esta evidencia indirecta, se debe asignar el lugar m\u00e1s prominente a las numerosas citas de textos del Evangelio que demuestran su existencia y el reconocimiento de su pretensi\u00f3n de formar parte de los escritos can\u00f3nicos del Nuevo Testamento, tan temprano como a comienzos del siglo II.  San Ignacio de Antioqu\u00eda, que muri\u00f3 durante el gobierno de Trajano (98 -117), revela en las citas, alusiones y puntos de vista teol\u00f3gicos encontrados en sus Ep\u00edstolas, un \u00edntimo conocimiento del cuarto Evangelio.  En los escritos de la mayor\u00eda de los otros Padres Apost\u00f3licos existe tambi\u00e9n una familiaridad similar con este Evangelio que raramente puede ser discutido, especialmente en el caso de Policarpo, el \u201cMartirio de Policarpo\u201d, la \u201cCarta a Diogneto\u201d y el \u201cPastor\u201d de Hermas (cf. la lista de citas y alusiones en la edici\u00f3n de los Padres Apost\u00f3licos de F. X. Funk).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al hablar de San Pap\u00edas, Eusebio dice (Hist. Ecl. III.39.17) que \u00e9l us\u00f3 en sus obras pasajes de la Primera Ep\u00edstola de San Juan.  Pero esta Ep\u00edstola necesariamente presupone la existencia del Evangelio, del cual es en cierta forma la introducci\u00f3n u obra acompa\u00f1ante.  Adem\u00e1s, San Ireneo (Adv. Haer., V, XXXII, 2) cita una frase de los \u201cpresb\u00edteros\u201d que contiene una cita de Juan, 14,2, y de acuerdo a la opini\u00f3n de aquellos autorizados a hablar como cr\u00edticos, San Pap\u00edas debe ser ubicado en el primer rango de los presb\u00edteros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De los apologistas del siglo II, San Justino (m. alrededor de 166) de manera especial, indica en su doctrina del Logos, y en muchos pasajes de sus apolog\u00edas, la existencia del cuarto Evangelio.  Su disc\u00edpulo Taciano, en el esquema cronol\u00f3gico de su \u00abDiatessaron\u00bb, sigue el orden del cuarto Evangelio, cuyo pr\u00f3logo emplea como introducci\u00f3n a su obra.  En su \u201cApolog\u00eda\u201d tambi\u00e9n cita un texto del Evangelio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como Taciano, quien apostat\u00f3 alrededor del 172 y se uni\u00f3 a la secta gn\u00f3stica de los encratitas, muchos otros herejes del siglo II tambi\u00e9n aportan testimonio indirecto respecto al Cuarto Evangelio.  Bas\u00edlides apela a Juan 1,8 y 2,4.  Valentino busca apoyo para sus teor\u00edas de los eones en expresiones tomadas de Juan, su pupilo Heracle\u00f3n compuso, alrededor del 160, un comentario sobre el cuarto Evangelio, mientras Ptolomeo, otro de sus seguidores, da una explicaci\u00f3n del pr\u00f3logo del Evangelista.  Marci\u00f3n preserva una porci\u00f3n del texto can\u00f3nico del Evangelio de San Juan (13,4-15; 34,15.19) en su propio evangelio ap\u00f3crifo.  Los montanistas deducen su doctrina del Par\u00e1clito principalmente de los cap\u00edtulos 15 y 16 de Juan.  De forma similar en su \u201cDiscurso verdadero\u201d (alrededor 178) el fil\u00f3sofo pagano Celso basa algunas de sus proposiciones en pasajes del cuarto Evangelio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, las m\u00e1s antiguas liturgias eclesi\u00e1sticas y monumentos del arte cristiano  primitivo tambi\u00e9n proveen testimonio indirecto respecto a este Evangelio. En cuanto a las primeras, desde el comienzo hallamos textos del cuarto Evangelio usados en todas partes de la Iglesia, y frecuentemente con especial predilecci\u00f3n.  Adem\u00e1s, a modo de ejemplo, la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro representado en las catacumbas forma, por as\u00ed decirlo, un monumento conmemorativo del cap\u00edtulo 11 del Evangelio de San Juan.\n<\/p>\n<p>El testimonio del Evangelio mismo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Evangelio por s\u00ed mismo facilita una soluci\u00f3n totalmente inteligible a la cuesti\u00f3n de su autor\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) Car\u00e1cter general de la obra:  En primer lugar, del car\u00e1cter general de la obra podemos obtener algunas inferencias respecto a su autor.  A juzgar por su lenguaje, el autor es un jud\u00edo palestino, quien estaba muy familiarizado con el griego hel\u00e9nico de las clases altas.  Tambi\u00e9n despliega un conocimiento exacto de las condiciones geogr\u00e1ficas y sociales de Palestina aun en sus m\u00e1s ligeras referencias incidentales.  Debe haber disfrutado de una relaci\u00f3n personal con el Salvador y debe haber pertenecido al c\u00edrculo de sus m\u00e1s \u00edntimos amigos.  El mismo estilo de su relato muestra que el escritor ha sido testigo ocular de la mayor\u00eda de los sucesos.  Respecto a los Ap\u00f3stoles Juan y Santiago, el autor muestra una minuciosa y caracter\u00edstica reserva.  Nunca menciona sus nombres, aunque da los nombres de la mayor\u00eda de los ap\u00f3stoles, y s\u00f3lo una vez, y quiz\u00e1s muy incidentalmente, habla de \u201clos hijos de Zebedeo\u201d (21,2).  En varias ocasiones, cuando trata de incidentes en los que estaba involucrado el ap\u00f3stol San Juan, parece que trata intencionalmente de evitar mencionar su nombre (Jn 1,37-40; 18,15.16; cf. 20:3-10).  Habla nueve veces de Juan el Precursor sin darle el t\u00edtulo de \u201cel Bautista\u201d, como hacen invariablemente los otros evangelistas para distinguirlo del ap\u00f3stol.  Todas estas indicaciones apuntan claramente a la conclusi\u00f3n que el ap\u00f3stol Juan debe haber sido el autor del cuarto Evangelio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) El testimonio expl\u00edcito del autor:  Motivos a\u00fan m\u00e1s claros para esta opini\u00f3n se encuentran en el testimonio expl\u00edcito del autor.  Habiendo mencionado en su relato de la Crucifixi\u00f3n que el disc\u00edpulo amado por Jes\u00fas permanec\u00eda junto a la Cruz al lado de la madre de Jes\u00fas (Jn 19,26 ss.), despu\u00e9s de relatar la Muerte de Cristo y de que abrieran su costado derecho, \u00e9l agrega la solemne afirmaci\u00f3n:  \u201cEl que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y \u00e9l sabe que dice la verdad para que tambi\u00e9n vosotros cre\u00e1is\u201d (19,35).  De acuerdo a lo que todos admiten Juan es el \u201cdisc\u00edpulo que el Se\u00f1or am\u00f3\u201d.  Su testimonio aparece en el Evangelio que por muchos a\u00f1os consecutivos anunci\u00f3 en palabras de su boca y que ahora puso por escrito para instruir a los fieles.  Nos asegura, no solamente que este testimonio es verdadero, sino que \u00e9l es testigo personal de esta verdad.  De este modo se identifica con el disc\u00edpulo amado por Jes\u00fas y de quien solo \u00e9l puede dar tal testimonio por su \u00edntimo conocimiento.  En forma similar el autor repite este testimonio al final de su Evangelio.  Luego de referirse nuevamente al disc\u00edpulo que Jes\u00fas am\u00f3, inmediatamente agrega las palabras:  \u201cEste es el disc\u00edpulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero\u201d (Jn 21,24).  Como demuestra el siguiente vers\u00edculo, su testimonio se refiere no solamente a los sucesos recientemente descritos sino a todo el Evangelio.  Est\u00e1 m\u00e1s de acuerdo con el texto y el estilo general del evangelista considerar estas palabras finales como la propia composici\u00f3n del autor.  Aunque preferimos, de todas formas, ver este vers\u00edculo como una adici\u00f3n del primer lector y disc\u00edpulo del ap\u00f3stol, el texto constituye la evidencia m\u00e1s temprana y venerable del origen jo\u00e1nico del cuarto Evangelio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Comparaci\u00f3n del Evangelio con las Ep\u00edstolas de San Juan:  Finalmente podemos obtener evidencia respecto al autor del Evangelio del Evangelio mismo, comparando su obra con las tres Ep\u00edstolas, las cuales han mantenido su lugar entre las Ep\u00edstolas Cat\u00f3licas como escritas por el Ap\u00f3stol Juan.  Podemos aqu\u00ed dar por sentado como un hecho admitido por la mayor\u00eda de los cr\u00edticos, que estas Ep\u00edstolas son obra del mismo escritor, y que el autor es id\u00e9ntico al autor del Evangelio.  En realidad los argumentos basados en la unidad de estilo y lenguaje, en la uniforme ense\u00f1anza jo\u00e1nica, en el testimonio de la antig\u00fcedad cristiana, hacen imposible cualquier duda razonable sobre la autor\u00eda en com\u00fan.  Al comienzo de la Segunda y Tercera Ep\u00edstolas el autor se denomina simplemente \u201cel presb\u00edtero\u201d&#8212;evidentemente el t\u00edtulo honor\u00edfico por el cual era com\u00fanmente conocido entre la comunidad cristiana.  Por otra parte, en su Primera Ep\u00edstola, enfatiza repetidamente y con gran sinceridad el hecho que \u00e9l era un testigo ocular de los sucesos concernientes a la vida de Cristo de quien \u00e9l (en su Evangelio) ha dado testimonio entre los cristianos: \u201cLo que exist\u00eda desde el principio, lo que hemos o\u00eddo, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, pues la vida se manifest\u00f3, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y que se nos ha manifestado; lo que hemos visto y o\u00eddo, os lo anunciamos\u201d (1 Juan 1,1-3; cf. 4,14).   Este presb\u00edtero que encuentra suficiente usar tal t\u00edtulo honorario sin otra calificaci\u00f3n como su nombre propio, y que por otra parte fue testigo ocular y auditivo de los incidentes de la vida del Salvador, no puede ser otro que el presb\u00edtero Juan mencionado por Pap\u00edas, que a su vez no puede ser otro que el Ap\u00f3stol Juan (cf. San Juan el Evangelista).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podemos por lo tanto, afirmar con la mayor certeza que el ap\u00f3stol San Juan, el disc\u00edpulo favorito de Jes\u00fas, fue realmente el autor del Cuarto Evangelio.\n<\/p>\n<h3>Circunstancias de la Composici\u00f3n<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Omitiendo las circunstancias \u00edntimas con las que las leyendas primitivas revisten la composici\u00f3n del cuarto Evangelio, discutiremos brevemente el tiempo y lugar de la composici\u00f3n, y los primeros lectores del Evangelio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Respecto a la fecha de su composici\u00f3n no poseemos informaci\u00f3n hist\u00f3rica cierta.  De acuerdo con la opini\u00f3n general, el Evangelio debe ser remitido a la \u00faltima d\u00e9cada del siglo I, o para ser m\u00e1s precisos, al a\u00f1o 96 o uno de los siguientes.  Las bases para sustentar esta opini\u00f3n se resumen brevemente en lo que sigue:\n<\/p>\n<ul>\n<li> El cuarto Evangelio fue compuesto despu\u00e9s de los tres Sin\u00f3pticos; <\/li>\n<li> Fue escrito despu\u00e9s de la muerte de San Pedro, puesto que el \u00faltimo cap\u00edtulo, especialmente 21,18-19 presupone la muerte del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles;<\/li>\n<li> Fue escrito despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n y del  Templo, ya que las referencias del evangelista a los jud\u00edos (cf. particularmente 11,18; 18,1; 19,41) parecen indicar que el fin de la ciudad y de su gente como naci\u00f3n ya ha sucedido;<\/li>\n<li> el texto de 21,23, parece implicar que Juan era de edad muy avanzada cuando escribi\u00f3 el Evangelio;  <\/li>\n<li> aqu\u00e9llos que negaban la Divinidad de Jesucristo, punto principal al cual San Juan presta especial atenci\u00f3n a lo largo de su Evangelio, comenzaron a diseminar su herej\u00eda alrededor de fines del siglo I; <\/li>\n<li> finalmente, tenemos evidencia directa respecto a la fecha de composici\u00f3n.  El llamado \u00abPr\u00f3logo Monarquiano\u00bb del cuarto Evangelio, que probablemente fue escrito alrededor del a\u00f1o 200 o algo m\u00e1s tarde, dice respecto a la fecha de la aparici\u00f3n del Evangelio: \u00ab\u00c9l (el ap\u00f3stol Juan) escribi\u00f3 su Evangelio en la provincia de Asia despu\u00e9s de haber compuesto el Apocalipsis en la Isla de Patmos\u201d.  El destierro de Juan a Patmos ocurri\u00f3 en el \u00faltimo a\u00f1o del reinado de Domiciano) (esto es, alrededor del 95).  Pocos meses antes de su muerte (18 de septiembre de 96), el emperador hab\u00eda descontinuado la persecuci\u00f3n de los cristianos y llam\u00f3 a los exiliados (Eusebio \u00abHist. Ecl.\u00bb, III.20.5-7).  Esta evidencia podr\u00eda por lo tanto ubicar la composici\u00f3n del Evangelio al a\u00f1o 96 d.C. o a uno de los a\u00f1os inmediatamente siguientes. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lugar de su composici\u00f3n fue, de acuerdo al pr\u00f3logo arriba mencionado, en la provincia de Asia.  Todav\u00eda m\u00e1s precisa es la declaraci\u00f3n de San Ireneo, quien nos dice que Juan escribi\u00f3 su Evangelio \u201cen \u00c9feso en Asia\u201d (Adv. Haer. III.1.2). Todas las otras referencias tempranas est\u00e1n de acuerdo con esta afirmaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los primeros lectores del Evangelio fueron los cristianos de la segunda y tercera generaci\u00f3n en Asia Menor.  No hab\u00eda necesidad de iniciarlos en los elementos de la fe; en consecuencia Juan debe haber intentado m\u00e1s bien confirmarlos contra los ataques de sus oponentes, en la fe legada por sus padres.\n<\/p>\n<h3>Preguntas Cr\u00edticas Acerca del Texto<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Respecto al texto del Evangelio, los cr\u00edticos tienen objeciones especiales con tres pasajes, 5,3-4; 7,53 &#8211; 8,11; y 21.\n<\/p>\n<p>Juan 5,3-4<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cap\u00edtulo 5 relata la cura del paral\u00edtico en la piscina de Betsaida en Jerusal\u00e9n.  De acuerdo con la Vulgata el texto de la segunda parte del vers\u00edculo tres y del vers\u00edculo cuatro es como sigue \u201c&#8230;esperando la agitaci\u00f3n del agua.  Porque el \u00c1ngel del Se\u00f1or bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el primero que se met\u00eda despu\u00e9s de la agitaci\u00f3n del agua, quedaba curado de cualquier mal que tuviera\u201d.  Pero estas palabras faltan en los tres manuscritos m\u00e1s antiguos, el C\u00f3dice Vaticano (B), el C\u00f3dice Sina\u00edtico (aleph), y el C\u00f3dice Bezae (D), en el texto original de los palimpsestos de San Efr\u00e9n (C), en la traducci\u00f3n siria de Cureton, as\u00ed como en las traducciones copta y sah\u00eddica, en varios min\u00fasculos, en tres manuscritos de la Itala, en cuatro de la Vulgata, y en varios manuscritos armenios. Otras copias agregan a las palabras un signo cr\u00edtico que indica una duda de su autenticidad.  La mayor\u00eda de los cr\u00edticos modernos, incluyendo los ex\u00e9getas cat\u00f3licos Schegg, Schanz, Belser, etc., consideran este pasaje como una adici\u00f3n posterior de San Pap\u00edas o de alg\u00fan otro disc\u00edpulo del Ap\u00f3stol.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros ex\u00e9getas como Corluy, Comely, Knabenbauer y Murillo defienden la autenticidad del pasaje insistiendo en importantes evidencias internas y externas a su favor.  En primer lugar las palabras se encuentran en el C\u00f3dice Alejandrino (A), el C\u00f3dice Efr\u00e9n Rescripto enmendado (C), en casi todos los manuscritos min\u00fasculos, en seis manuscritos de la Itala, en la mayor\u00eda de los c\u00f3dices de la Vulgata, incluyendo al mejor, en el Peshito sirio, en la traducci\u00f3n siria de Filoxeno (con una nota cr\u00edtica), en las traducciones persas, ar\u00e1biga y eslava y en algunos manuscritos del texto armenio. Es m\u00e1s importante el hecho que, aun antes de la fecha de nuestros c\u00f3dices actuales, muchos de los Padres griegos y latinos encontraron estas palabras en el texto del Evangelio.  Esto est\u00e1 claro en Tertuliano [Sobre el bautismo 1 (antes 202)], D\u00eddimo el Ciego de Alejandr\u00eda [De Trin., II, XIV (alrededor 381)], San Juan Cris\u00f3stomo, San Cirilo de Alejandr\u00eda, San Ambrosio, y en San Agust\u00edn [Serm\u00f3n XV (al. XII), De verbis Evangelii S. Joannis) aunque este \u00faltimo, en su tratado del Evangelio de San Juan, omite el pasaje.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El contexto de la narrativa parece necesariamente presuponer la presencia de estas palabras.  La respuesta siguiente del hombre enfermo (v. 7) \u201cSe\u00f1or no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se mueve el agua; mientras voy, baja otro antes que yo\u201d, dif\u00edcilmente se hace inteligible sin el vers\u00edculo 4, y el Evangelista no est\u00e1 acostumbrado a omitir del texto este tipo de informaci\u00f3n necesaria.  Luego ambos bandos tienen buenas bases para sostener sus opiniones, y no parece posible una decisi\u00f3n final sobre la cuesti\u00f3n; desde el punto de vista de la cr\u00edtica de los textos.\n<\/p>\n<p>Juan 7,53 \u2013 8,11<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este pasaje se refiere al relato de la ad\u00faltera.  La evidencia cr\u00edtica externa parece en este caso aportar una decisi\u00f3n m\u00e1s clara contra la autenticidad de este pasaje.  Est\u00e1 ausente en los cuatro manuscritos m\u00e1s antiguos (B, A, C, y aleph) y en muchos otros, mientras que en muchas copias es admitido s\u00f3lo con una nota cr\u00edtica, indicativa de su dudosa autenticidad.  Tampoco se encuentra en la traducci\u00f3n siria de Cureton, en el Sina\u00edtico, en la traducci\u00f3n g\u00f3tica, en la mayor\u00eda de los c\u00f3dices del Peshito, o en las traducciones copta y armenia, o finalmente en los manuscritos m\u00e1s antiguos de la Itala.  Ninguno de los Padres Griegos ha tratado el incidente en sus comentarios, y entre los escritores latinos, Tertuliano, San Cipriano de Cartago y San Hilario de Arles no parecen tener conocimiento de este segmento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar del peso de la evidencia externa de estas importantes autoridades, es posible aducir testimonios todav\u00eda m\u00e1s importantes a favor de la autenticidad de este pasaje.  En cuanto a los manuscritos, conocemos por la autoridad de San Jer\u00f3nimo que el incidente \u201caparec\u00eda en muchos c\u00f3dices griegos y latinos\u201d (Contra Pelagium, II, XVII), testimonio sostenido hoy en d\u00eda por los C\u00f3dice Bezae de Canterbury (D) y muchos otros.  La autenticidad del pasaje tambi\u00e9n es favorecida por la Vulgata, por las traducciones ar\u00e1bigas et\u00edopes y eslavas, por muchos manuscritos de la Itala y del texto sirio y armenio.  De los comentarios de los Padres Griegos, los libros de Or\u00edgenes que tratan sobre esta parte del Evangelio no existen m\u00e1s; solo ha llegado hasta nosotros una porci\u00f3n de los comentarios de San Cirilo de Alejandr\u00eda, mientras que las homil\u00edas de San Juan Cris\u00f3stomo sobre el cuarto Evangelio deben considerarse como un tratamiento de pasajes selectos en lugar del texto completo.  Entre los Padres latinos, San Ambrosio y San Agust\u00edn incluyen el pasaje en sus textos, y buscan una explicaci\u00f3n a su omisi\u00f3n de otros manuscritos en el hecho de que el incidente podr\u00eda f\u00e1cilmente dar lugar a ofensa (cf. especialmente Agust\u00edn, \u00abDe coniugiis adulteris\u00bb, II, VII).  Por lo tanto es m\u00e1s f\u00e1cil explicar la omisi\u00f3n del incidente de muchas de las copias, que la adici\u00f3n de dicho pasaje en versiones tan antiguas de todas partes de la Iglesia.  M\u00e1s a\u00fan, los cr\u00edticos admiten que tanto el estilo como el modo de presentaci\u00f3n no tienen el m\u00e1s m\u00ednimo rastro de origen ap\u00f3crifo, sino que revelan la mano de un aut\u00e9ntico maestro.  No debe darse gran importancia a las diferencias en el vocabulario que pueden encontrarse al comparar este pasaje con el resto del Evangelio, dado que la correcta variante de los textos es en muchas partes dudosa, y cualquiera de estas diferencias de lenguaje puede ser f\u00e1cilmente armonizada con el fuerte estilo individual del evangelista.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es por lo tanto posible, aun desde un punto de vista estrictamente cr\u00edtico, aducir una fuerte evidencia a favor del car\u00e1cter can\u00f3nico e inspirado de este pasaje, que por decisi\u00f3n del Concilio de Trento, forma parte de la Sagrada Biblia.\n<\/p>\n<p>Juan 21<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Respecto al \u00faltimo cap\u00edtulo del Evangelio ser\u00e1n suficientes unas pocas consideraciones. Los \u00faltimos dos vers\u00edculos del cap\u00edtulo 20 indican muy claramente que el Evangelista trat\u00f3 de terminar aqu\u00ed su trabajo:  \u201cJes\u00fas realiz\u00f3 en presencia de los disc\u00edpulos otras muchas se\u00f1ales que no est\u00e1n escritas en este libro. \u00c9stas han sido escritas para que cre\u00e1is que Jes\u00fas es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo teng\u00e1is vida en su nombre\u201d (20,30 ss.) Pero la conclusi\u00f3n que puede deducirse de esto, es que el cap\u00edtulo 21 fue agregado posteriormente y debe por lo tanto considerarse como un ap\u00e9ndice del Evangelio.  Todav\u00eda hay que producir evidencia para demostrar que no fue el evangelista, sino otro, quien escribi\u00f3 este ap\u00e9ndice.  La opini\u00f3n actualmente es bastante general, aun entre los cr\u00edticos, que el vocabulario, estilo, y modo de presentaci\u00f3n en general, junto con el tema principal del pasaje, revelan un autor com\u00fan de este cap\u00edtulo con las partes precedentes de este cuarto Evangelio.\n<\/p>\n<h3>Autenticidad Hist\u00f3rica<\/h3>\n<p>Objeciones contra el car\u00e1cter hist\u00f3rico del cuarto Evangelio<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La autenticidad hist\u00f3rica del cuarto Evangelio es en la actualidad negada casi universalmente fuera de la Iglesia Cat\u00f3lica. Desde David Friedrich Strauss y Ferdinand Christian Baur este rechazo ha sido postulado por adelantado en la mayor\u00eda de las investigaciones cr\u00edticas de los Evangelios y de la vida de Jes\u00fas.  Influenciado por esta tendencia prevaleciente, Alfredo Loisy tambi\u00e9n lleg\u00f3 al punto en que niega abiertamente la historicidad del cuarto Evangelio; en su opini\u00f3n el autor deseaba, no escribir la historia, sino vestir en un entorno simb\u00f3lico sus ideas religiosas y especulaciones teol\u00f3gicas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los escritos de Loisy y sus prototipos racionalistas, especialmente aquellos de los cr\u00edticos alemanes, han influido en muchos ex\u00e9getas posteriores, quienes mientras desean mantener el punto de vista cat\u00f3lico en general, le conceden s\u00f3lo una medida muy limitada de autenticidad hist\u00f3rica al cuarto Evangelio.  Dentro de esta clase se incluyen aquellos que reconocen como hist\u00f3ricas las l\u00edneas principales de la narraci\u00f3n del evangelista, pero ven en muchas partes individuales solo un embellecimiento simb\u00f3lico.  Otros sostienen, junto con H. J. Holtzmann, que debemos reconocer en el Evangelio una mezcla de lo subjetivo, las especulaciones teol\u00f3gicas del autor, y de lo objetivo, recolecciones personales de su relaci\u00f3n con Cristo, sin que tengamos ninguna oportunidad de distinguir mediante criterios seguros estos diversos elementos.  Es evidente que esta hip\u00f3tesis excluye cualquier pregunta ulterior respeto a la autenticidad hist\u00f3rica de la narrativa jo\u00e1nica, y m\u00e1s aun es c\u00e1ndidamente admitida por los representantes de estos puntos de vista.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al examinar las bases para esta negaci\u00f3n o limitaci\u00f3n de la autenticidad hist\u00f3rica de Juan encontramos que son redactadas por los cr\u00edticos casi exclusivamente por la relaci\u00f3n entre el cuarto Evangelio a la narraci\u00f3n de los Sin\u00f3pticos.  Al compararlos se descubren tres puntos de contraste:  (1) respecto a los sucesos relatados; (2) en cuanto al modo de presentaci\u00f3n; (3) la doctrina contenida en la narraci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) Los sucesos relatados:  Respecto a los sucesos relatados, se acent\u00faa especialmente el gran contraste entre Juan y los Sin\u00f3pticos en la elecci\u00f3n y arreglo de los materiales. Los \u00faltimos nos muestran al Salvador casi exclusivamente en Galilea, trabajando entre la gente com\u00fan.  Por el contrario, Juan se dedica principalmente a relatar las actividades de Cristo en Judea y sus conflictos con el Sanedr\u00edn en Jerusal\u00e9n.  Una soluci\u00f3n simple a esta primera dificultad se encuentra en las especiales circunstancias relacionadas con la composici\u00f3n del cuarto Evangelio. Juan puede&#8212;en realidad debe&#8212;haber asumido que la narrativa de los Sin\u00f3pticos era conocida por sus lectores a finales del siglo I.  El inter\u00e9s y las necesidades espirituales de sus lectores demanda primeramente que suplemente la historia evang\u00e9lica de tal modo que lleve a un conocimiento m\u00e1s profundo de la Persona y de la Divinidad del Salvador, contra la cual las primeras herej\u00edas de Cerinto, los ebionitas y los nicola\u00edtas ya se hab\u00edan diseminado entre las comunidades cristianas.  Fue principalmente en sus discusiones con los escribas y fariseos en Jerusal\u00e9n donde Cristo habl\u00f3 de su Persona y Divinidad.  Por lo tanto, en su Evangelio Juan hizo de su prop\u00f3sito primario dejar establecido las sublimes ense\u00f1anzas de Nuestro Salvador, para salvaguardar la fe de los cristianos contra los ataques de los herejes.  Cuando consideramos los sucesos individuales en la narraci\u00f3n, hay tres puntos a considerar en particular:\n<\/p>\n<ul>\n<li> en el Cuarto Evangelio la duraci\u00f3n del ministerio p\u00fablico de Cristo se extiende por m\u00e1s de dos a\u00f1os, probablemente m\u00e1s de tres a\u00f1os, y algunos meses.  Sin embargo, el relato de la vida p\u00fablica de Jes\u00fas en los Sin\u00f3pticos de ning\u00fan modo puede confinarse dentro del estrecho espacio de un a\u00f1o, como pretenden algunos cr\u00edticos modernos.  Los tres primeros evangelistas tambi\u00e9n suponen el intervalo de por lo menos dos a\u00f1os y algunos meses.  <\/li>\n<li> Juan coloca la purificaci\u00f3n del Templo al comienzo del ministerio del Salvador, mientras que los Sin\u00f3pticos la narran hacia el final.  Pero esto de ning\u00fan modo prueba que la purificaci\u00f3n ocurriera s\u00f3lo una vez.  Los cr\u00edticos no presentan ni una sola raz\u00f3n objetiva por la que no podamos sostener que el incidente, bajo las circunstancias relatadas en los Sin\u00f3pticos, as\u00ed como las del cuarto Evangelio, tuviera su lugar hist\u00f3rico al comienzo y al final de la vida p\u00fablica de Jes\u00fas.  <\/li>\n<li> A pesar de todas las objeciones presentadas, Juan concuerda con los Sin\u00f3pticos en cuanto a la fecha de la \u00daltima Cena, la cual ocurri\u00f3 un jueves, el decimotercer d\u00eda de Nisan, y la Crucifixi\u00f3n tuvo lugar un Viernes, el d\u00e9cimo cuarto d\u00eda.  El hecho que seg\u00fan Juan, Cristo celebr\u00f3 la Cena con sus Ap\u00f3stoles el jueves, mientras que, seg\u00fan los Sin\u00f3pticos, los jud\u00edos comen el cordero pascual el viernes, no es irreconciliable con la declaraci\u00f3n anterior.  La soluci\u00f3n m\u00e1s probable a esta cuesti\u00f3n descansa en la leg\u00edtima y muy diseminada costumbre seg\u00fan la cual, cuando el 15 de Nisan ca\u00eda en el Sabbath, como sucedi\u00f3 el a\u00f1o de la Crucifixi\u00f3n, el cordero pascual se mataba en las horas de la tarde del d\u00e9cimo tercer d\u00eda de Nisan y la fiesta pascual se celebraba en esa tarde o la siguiente, para evitar toda infracci\u00f3n del estricto descanso sab\u00e1tico. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) El modo de presentaci\u00f3n:  Respecto al modo de presentaci\u00f3n, se insiste especialmente en que la gran sublimidad del Cuarto Evangelio es dif\u00edcil de reconciliar con la ordinaria simplicidad de los Sin\u00f3pticos.  Sin embargo, esta objeci\u00f3n ignora completamente las grandes diferencias en las circunstancias bajo las cuales fueron escritos los Evangelios.  Para la tercera generaci\u00f3n de cristianos en Asia que viv\u00edan en medio de florecientes escuelas, el cuarto Evangelista se vio obligado a adoptar un estilo totalmente diferente del empleado por sus predecesores al escribir para los reci\u00e9n convertidos jud\u00edos y paganos del per\u00edodo inicial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra dificultad presentada es el hecho que el peculiar estilo jo\u00e1nico se encuentra no s\u00f3lo en los fragmentos narrativos del Evangelio, sino tambi\u00e9n en los discursos de Jes\u00fas y en las palabras del Bautista y de otros personajes. Pero debemos recordar que todos los discursos y coloquios debieron ser traducidos del arameo al griego, y en dicho proceso recibieron de parte del autor su unidad de estilo distintiva.  Adem\u00e1s en el Evangelio, la intenci\u00f3n no es de ning\u00fan modo hacer un informe \u201cverbatim\u201d de cada declaraci\u00f3n y expresi\u00f3n de un discurso, un serm\u00f3n o una disputa.  Solo las ideas conductoras son ubicadas exactamente de acuerdo a su sentido original y, de este modo tambi\u00e9n, ellas vienen a reflejar el estilo del evangelista.  Finalmente, el disc\u00edpulo recibi\u00f3 seguramente de su Maestro muchas de las met\u00e1foras y expresiones distintivas que imprimen sobre el Evangelio su car\u00e1cter particular.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) El contenido doctrinal:  La diferencia en contenido doctrinal descansa s\u00f3lo en las formas externas y no se extiende a las verdades propiamente dichas.  Una explicaci\u00f3n satisfactoria del car\u00e1cter dogm\u00e1tico de la narraci\u00f3n de San Juan, en comparaci\u00f3n con el \u00e9nfasis que los Sin\u00f3pticos dan al aspecto moral de los discursos de Jes\u00fas, se encuentra en el car\u00e1cter de sus primeros lectores, a quienes se ha hecho referencia repetidamente.  Tambi\u00e9n debe atribuirse a la misma causa la diferencia ulterior entre los Evangelios, a saber, por qu\u00e9 Juan centra su ense\u00f1anza alrededor de la Persona de Jes\u00fas, mientras los Sin\u00f3pticos resaltan el Reino de Dios.  A fines del siglo I no hac\u00eda falta que el Evangelista repitiera las lecciones respecto al Reino de los Cielos, ya ampliamente tratada por sus predecesores.  Su principal tarea era enfatizar, en oposici\u00f3n a los herejes, la verdad fundamental de la Divinidad del Fundador de este Reino, y la de relatar aquellas palabras y acciones del Redentor en las cuales \u00c9l mismo revel\u00f3 la majestad de su gloria, para guiar a los fieles hacia un conocimiento m\u00e1s profundo de esta verdad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es superfluo explicar que en la ense\u00f1anza en s\u00ed, especialmente respecto a la Persona del Redentor, no hay ni la m\u00e1s m\u00ednima contradicci\u00f3n entre Juan y los Sin\u00f3pticos.  Los mismos cr\u00edticos tienen que admitir que incluso en los Evangelios Sin\u00f3pticos cuando Cristo habla de su relaci\u00f3n con el Padre, asume el solemne modo \u201cjo\u00e1nico\u201d de hablar.  Ser\u00e1 suficiente con recordar las impresionantes palabras:  \u201cnadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo\u201d (Mt. 11,27; Luc. 10,22).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4) Evidencia positiva a favor de la autenticidad hist\u00f3rica del Evangelio:  Las razones que se arguyen en contra de la autenticidad del cuarto Evangelio est\u00e1n desprovistas de cualquier fuerza conclusiva.  Por otra parte, todo el car\u00e1cter de la narraci\u00f3n garantiza su autenticidad.  Desde el mismo comienzo los sucesos se describen con la precisi\u00f3n de un testigo ocular; se mencionan las m\u00e1s m\u00ednimas circunstancias subsidiarias; no se ha podido encontrar la menor sugerencia que el autor tuviera en mente cualquier otro objeto que el de relatar la m\u00e1s estricta verdad hist\u00f3rica.  Una lectura concienzuda de los pasajes que describen el llamado a los primeros disc\u00edpulos (1,35\u201351), las bodas de Can\u00e1 (2,1-11), la conversaci\u00f3n con la mujer samaritana (4,3-42), la curaci\u00f3n del ciego de nacimiento (9,1-41), la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro (11,1-47), es suficientes para convencer a cualquiera que dicha cr\u00f3nica debe necesariamente llevar a los lectores a un error, si los sucesos que se describen no fueran la verdad en sentido hist\u00f3rico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debe agregarse a esto la aseveraci\u00f3n expl\u00edcita que hace el evangelista repetidas veces de que \u00e9l habla la verdad y reclama para sus palabras una creencia absoluta (19,35; 20,30 ss.; 21,24; 1 Jn 1,1-4).  Rechazar estas aseveraciones es rotular al Evangelista de ser un despreciable impostor, y hacer de su Evangelio un enigma tanto hist\u00f3rico como psicolog\u00edapsicol\u00f3gico imposible de resolver.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y finalmente, el veredicto de todo el cristianismo pasado tiene ciertamente una reclamaci\u00f3n distintiva a considerar en esta cuesti\u00f3n, puesto que el cuarto Evangelio ha sido siempre indudablemente aceptado como una de las principales e hist\u00f3ricamente cre\u00edbles fuentes de nuestro conocimiento de la vida de Jesucristo.  Por lo tanto, con toda justicia, las opiniones contrarias han sido condenadas por las cl\u00e1usulas 16 \u2013 18 del Decreto \u201cLamentabili\u201d (3 de julio de 1907) y en el decreto de la Comisi\u00f3n B\u00edblica del 29 de mayo de 1907.\n<\/p>\n<h3>Objeto e Importancia<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La intenci\u00f3n del Evangelista al componer el Evangelio est\u00e1 expresada en las palabras que ya hemos se\u00f1alado:  \u201cSin embargo, \u00e9stos han sido escritos para que cre\u00e1is que Jes\u00fas es el Cristo, el Hijo de Dios\u201d (20,31).  Desea tambi\u00e9n mediante su obra confirmar la fe de los disc\u00edpulos en el car\u00e1cter Mesi\u00e1nico y en la Divinidad de Cristo.  Para alcanzar su objetivo, selecciona principalmente aquellos discursos y coloquios de Jes\u00fas en los cuales la auto-revelaci\u00f3n del Salvador daba mayor \u00e9nfasis en la Divina Majestad de Su Persona.  De este modo, Juan desea asegurar a los fieles contra las tentaciones de las falsas ense\u00f1anzas mediante las cuales los herejes pod\u00edan perjudicar la pureza de la fe.  Respecto a la narraci\u00f3n de los evangelistas m\u00e1s tempranos, la actitud de Juan es la de quien busca rellenar la historia de las obras y palabras del Salvador, mientras trata de librar de la mala interpretaci\u00f3n algunos sucesos.  Su Evangelio por lo tanto forma una gloriosa conclusi\u00f3n del jubiloso mensaje del Verbo Eterno.  Para siempre permanecer\u00e1 para la Iglesia como el m\u00e1s sublime testimonio de su fe en el Hijo de Dios, la l\u00e1mpara radiante de verdad para su doctrina, la fuente incesante de amoroso celo en la devoci\u00f3n a su Maestro, quien la amar\u00e1 hasta el fin.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  Comentarios sobre el Evangelio de San Juan.  En los tiempos cristianos primitivos:  las Homil\u00edas de SAN JUAN CRISOSTOMO y los Tratados de SAN AGUSTIN; las porciones existentes de los comentarios de ORIGENES y SAN CIRILO DE ALEJANDRIA; las exposiciones de TEOFILACTO y EUTIMIO, quienes generalmente segu\u00edan a Cris\u00f3stomo, y las obras exeg\u00e9ticas de SAN BEDA, que sigue a Agust\u00edn.  En la Edad Media:  las interpretaciones de SANTO TOMAS DE AQUINO y SAN BUENAVENTURA, del beato ALBERTO MAGNO, RUPERTO DE DEUTZ, y SAN BRUNO DE SEGNI.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Fonck, Leopold. \u00abGospel of St. John.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 8. New York: Robert Appleton Company, 1910.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/08438a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Angel Nadales.  L H M\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Enlaces internos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1] Evangeliario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2] Evangelio en la liturgia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3] Evangelio seg\u00fan San Lucas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[4] Evangelio seg\u00fan San Marcos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[5] Evangelios Seg\u00fan San Mateo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[6] Evangelios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[7] Evangelista.\n<\/p>\n<h2>Enlaces externos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[8] Ilustraciones del Evangelio de Jer\u00f3nimo Nadal S.J.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n y revisi\u00f3n de enlaces: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Juan De acuerdo al orden tradicional, el Evangelio de San Juan ocupa el \u00faltimo lugar entre los cuatro Evangelios can\u00f3nicos. 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