{"id":24670,"date":"2016-02-05T16:45:13","date_gmt":"2016-02-05T21:45:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evangelio-segun-san-marcos\/"},"modified":"2016-02-05T16:45:13","modified_gmt":"2016-02-05T21:45:13","slug":"evangelio-segun-san-marcos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evangelio-segun-san-marcos\/","title":{"rendered":"EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">El tema se tratar\u00e1 bajo los siguientes encabezados:\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Contenido, Selecci\u00f3n y Disposici\u00f3n del Asunto<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Autor\u00eda<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Lenguaje Original, Vocabulario y Estilo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Estado e Integridad del Texto<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Lugar y Fecha de Composici\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Destinatarios y Prop\u00f3sito<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Relaci\u00f3n con los Evangelios de Mateo y Lucas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 Enlaces internos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">9 Enlaces externos<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Contenido, Selecci\u00f3n y Disposici\u00f3n del Asunto<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo Evangelio, al igual que los otros dos Sin\u00f3pticos, trata principalmente sobre el ministerio de Cristo en Galilea, y los acontecimientos de su \u00faltima semana en Jerusal\u00e9n.   En una breve introducci\u00f3n se tocan ligeramente el ministerio del Precursor y la preparaci\u00f3n inmediata de Cristo para su obra oficial por su bautismo y las tentaciones (1,1-13); luego sigue el cuerpo del Evangelio, que trata del ministerio p\u00fablico, la Pasi\u00f3n, Muerte y Resurrecci\u00f3n de Jesucristo (1,14 &#8211; 16,8); y, por \u00faltimo, la obra en su forma actual, da un relato resumido de algunas apariciones del Se\u00f1or resucitado, y termina con una referencia a la Ascensi\u00f3n y a la predicaci\u00f3n universal del Evangelio (16,9-20).  El cuerpo del Evangelio cae naturalmente en tres divisiones: el ministerio en Galilea y los distritos adyacentes: Fenicia, Dec\u00e1polis y el pa\u00eds al norte hacia Cesarea de Filipo (1,14 &#8211; 9,49), el ministerio en Judea y (kai peran, con B, Aleph, C*, L, Psi, en X, 1) Per\u00e6, y el viaje a Jerusal\u00e9n (10,1 &#8211; 11,10); los eventos de la \u00faltima semana en Jerusal\u00e9n (11,11 &#8211; 16,8).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comenzando con el ministerio p\u00fablico (cf. Hch. 1,22; 10,37), San Marcos pasa en silencio sobre los eventos preliminares registrados por los otros Sin\u00f3pticos:  la concepci\u00f3n y el nacimiento del Bautista, la genealog\u00eda, la concepci\u00f3n y el nacimiento de Jes\u00fas, la llegada de los Reyes Magos, etc.  \u00c9l est\u00e1 mucho m\u00e1s interesado en los actos de Cristo que en sus discursos; s\u00f3lo da dos de ellos de una extensi\u00f3n considerable (4,3-32; 13,5-37).   Narra los milagros m\u00e1s gr\u00e1ficamente y les da gran prominencia, le dedica a ellos casi una cuarta parte de todo el Evangelio (en la Vulgata 164 versos de 677), y parece haber un deseo de impresionar a los lectores desde el principio con la omnipotencia de Cristo y el dominio sobre toda la naturaleza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mismo primer cap\u00edtulo registra tres milagros: la expulsi\u00f3n de un esp\u00edritu inmundo, la curaci\u00f3n de la suegra de Pedro y la curaci\u00f3n de un leproso, adem\u00e1s de aludir resumidamente a muchos otros (1,32-34), y de los dieciocho milagros registrados en total en el Evangelio, todos menos tres (9,16-28; 10,46-52, 11,12-14) ocurren en los primeros ocho cap\u00edtulos.   S\u00f3lo dos de estos milagros (7,31-37, 8,22-26) son peculiares de Marcos, pero, con respecto a casi todos, hay toques gr\u00e1ficos y detalles minuciosos que no se encuentran en los otros Sin\u00f3pticos.   De las par\u00e1bolas propiamente dichas Marcos tiene s\u00f3lo cuatro: el sembrador (4,3-9), la semilla que crece en secreto (4, 26-29), la semilla de mostaza, (4,30-32) y los vi\u00f1adores homicidas (12,1-9); la segunda de ellas no aparece en los otros Evangelios.   Se presta especial atenci\u00f3n a todos los sentimientos humanos y emociones de Cristo, y al efecto que producen sus milagros en la multitud.   Las debilidades de los Ap\u00f3stoles son mucho m\u00e1s evidentes que en los relatos paralelos de San Mateo  y San Lucas; lo cual se puede deber probablemente a los discursos gr\u00e1ficos y sinceros de Pedro, sobre los que la tradici\u00f3n dice que se basa Marcos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La repetici\u00f3n de notas de tiempo y lugar (por ejemplo, 1,14.19.20.21.29.32.35) parece mostrar que el evangelista pretende organizar en orden cronol\u00f3gico al menos una serie de eventos que \u00e9l recuerda.   En ocasiones, falta la nota de tiempo (por ejemplo, 1,40; 3,1; 4,1: 10,1.2.13) o es vaga (por ejemplo, 2,1.23; 4,35) y, en tales casos, \u00e9l puede por supuesto apartarse del orden de los acontecimientos.   Pero el mismo hecho de que en algunos casos habla tan vaga e indefinidamente hace m\u00e1s necesario considerar que sus notas definidas de tiempo y secuencia en otros casos indican el orden cronol\u00f3gico.   Nos enfrentamos aqu\u00ed, sin embargo, con el testimonio de San Pap\u00edas, que cita a un anciano (presb\u00edtero), con quien al parecer concuerda, diciendo que Marcos no escribi\u00f3 en orden: \u00abY el anciano le dijo tambi\u00e9n esto: Marcos, habi\u00e9ndose convertido en int\u00e9rprete de Pedro, escribi\u00f3 con exactitud todo lo que record\u00f3, sin embargo, no registr\u00f3 en orden lo que dijo o hizo Cristo.  Pues \u00e9l no escuch\u00f3 al Se\u00f1or, ni tampoco le sigui\u00f3, sino que luego, como he dicho (\u00e9l asisti\u00f3 a) Pedro, que adapt\u00f3 sus instrucciones a las necesidades (de sus oyentes), pero no ten\u00eda el dise\u00f1o de dar un relato coherente de los or\u00e1culo (v. l. \u201cpalabras) del Se\u00f1or.  Entonces Marcos no cometi\u00f3 ning\u00fan error [Schmiedel \u00abcometi\u00f3 ninguna falta\u00bb], mientras que \u00e9l escribi\u00f3 algunas cosas (enia seg\u00fan las record\u00f3; pues \u00e9l fue muy cuidadoso de no omitir nada de lo que hab\u00eda o\u00eddo, o dejar cualquier declaraci\u00f3n falsa en el mismo\u00bb (Eusebio \u00abHist. Eccl.\u00bb, III, XXXIX, en PG, XX, 300).  Algunos de hecho han entendido este famoso pasaje como que significa simplemente que Marcos no escribi\u00f3 una obra literaria, sino simplemente una serie de notas relacionadas del modo m\u00e1s simple (cf. Swete, \u00abThe Gospel acc to Mark\u201d, p\u00e1gs. LX-LXI).   El autor presente, sin embargo, est\u00e1 convencido de que lo que Pap\u00edas y el anciano le niegan a nuestro Evangelio es el orden cronol\u00f3gico, puesto que para ning\u00fan otro orden habr\u00eda sido necesario que Marcos deber\u00eda haber escuchado o seguido a Cristo.  Pero el pasaje no necesita ser entendido nada m\u00e1s que para significar que Marcos ocasionalmente se sale del orden cronol\u00f3gico, algo que estamos muy dispuestos a admitir.   No podemos decir cu\u00e1l consideraban Pap\u00edas y el anciano el verdadero orden; ellos apenas se pueden haber imaginado que ese orden estaba representado en el primer Evangelio, ya que es evidente que hace agrupaciones de sucesos (por ejemplo, 8 &#8211; 9), ni, al parecer, en el Tercer Evangelio, puesto que Lucas, como Marcos, no hab\u00eda sido un disc\u00edpulo de Cristo.  Es muy posible que, como ellos pertenec\u00edan a Asia Menor, tuvieran en mente el Evangelio seg\u00fan San Juan y su cronolog\u00eda.  En cualquier caso, su juicio sobre el Segundo Evangelio, aunque sea justo, no nos impide afirmar que Marcos, hasta cierto punto, organiza los eventos de la vida de Cristo en orden cronol\u00f3gico.\n<\/p>\n<h2>Autor\u00eda<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Toda la tradici\u00f3n temprana conecta el segundo Evangelio con dos nombres: los de San Marcos y San Pedro, y se afirma que Marcos escribi\u00f3 lo que Pedro predic\u00f3.  Acabamos de ver que esta era la opini\u00f3n de San Pap\u00edas y el anciano a quien se refiere.   Pap\u00edas escribi\u00f3 no m\u00e1s tarde del a\u00f1o 130 d.C., de modo que el testimonio del anciano probablemente nos remonta al siglo I, y muestra que en esa \u00e9poca tan remota ya el segundo Evangelio era conocido en Asia Menor y se atribu\u00eda a San Marcos.  As\u00ed San Ireneo dice: \u00abMarcos mismo, el disc\u00edpulo e int\u00e9rprete de Pedro, nos transmiti\u00f3 por escrito lo que Pedro hab\u00eda predicado.\u201d  (\u00abAdv. Haer.\u00bb, III, I, en PG, VIII, 845; Ib\u00edd., X, 6, en PG, VII, 878).  Clemente de Alejandr\u00eda, bas\u00e1ndose en la autoridad de \u00ablos ancianos presb\u00edteros\u00bb, nos dice que, cuando Pedro predicaba p\u00fablicamente en Roma, muchos de los que le escuchaban exhortaron a Marcos, como uno que hab\u00eda seguido a Pedro por mucho tiempo y recordaba lo que hab\u00eda dicho, para que lo escribiera, y que Marcos\u00bb, compuso el Evangelio y se lo dio a los que le hab\u00eda preguntado por \u00e9l.\u201d (Eusebio, \u201cHist. Ecl.\u201d, VI, XIV).  Or\u00edgenes dice (ibid., VI, XXV) que Marcos escribi\u00f3 y Pedro lo dirigi\u00f3 (os Petros huphegesato auto), y Eusebio mismo informa la tradici\u00f3n de que Pedro aprob\u00f3 o autoriz\u00f3 la obra de Marcos (\u00abHist. Eccl.\u00bb, II, XV).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A estos testigos orientales primitivos se puede a\u00f1adir, desde Occidente, el autor del Canon Muratorio, el cual en su primera l\u00ednea casi ciertamente se refiere a la presencia de Marcos en los discursos de Pedro y su consecuente composici\u00f3n del Evangelio (Quibus tamen interfuit et ita posuit); Tertuliano, quien afirma:  \u201cSe afirma que el Evangelio que Marcos public\u00f3 (edidit) es de Pedro, cuyo int\u00e9rprete era Marcos\u201d (\u00abContra Marc.\u00bb, IV, V); San Jer\u00f3nimo, quien en un lugar dice que Marcos escribi\u00f3 un Evangelio corto a pedido de los hermanos de Roma, y que Pedro autoriz\u00f3 que se leyera en las iglesias (\u00abDe Vir. Ill.\u00bb, VIII), y en otro lugar dice que el Evangelio de Marcos fue compuesto mientras Pedro narraba y Marcos escrib\u00eda (Petro narrante et illo scribente&#8211;\u00abAd Hedib.\u00bb, ep. CXX). Cada una de estas antiguas autoridades consideran a Marcos como el escritor del Evangelio, el cual se considera al mismo tiempo como poseedor de autoridad apost\u00f3lica, porque por lo menos substancialmente provino de San Pedro.  A la luz de esta conexi\u00f3n tradicional del Evangelio con San Pedro, no puede haber duda que es a \u00e9l que se refiere San Justino M\u00e1rtir cuando dice, escribiendo a mediados del siglo II (\u201cDial.\u201d, 106), que Cristo le dio el t\u00edtulo de \u201cBoanerges\u201d a los hijos de Zebedeo (un hecho mencionado en el Nuevo Testamento s\u00f3lo en Marcos 3,17), y que esto est\u00e1 escrito en las \u201cmemorias\u201d de Pedro (en tois apopnemaneumasin autou&#8211;luego de que justamente hab\u00eda nombrado a Pedro).  Aunque San Justino no nombra a Marcos como el escritor de las memorias, el hecho de que su disc\u00edpulo Taciano usara a nuestro actual Marcos, incluyendo incluso los \u00faltimos doce vers\u00edculos, en la composici\u00f3n del \u201cDiatessaron\u201d, hace pr\u00e1cticamente cierto que San Justino conoc\u00eda nuestro actual Segundo Evangelio, y que al igual que los otros Padres, lo relacionaba con San Pedro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si, entonces, una antigua tradici\u00f3n consistente y diseminada cuenta para algo, San Marcos escribi\u00f3 una obra basada en la predicaci\u00f3n de San Pedro.  Es absurdo tratar de destruir la fuerza de esta tradici\u00f3n sugiriendo que todas las autoridades posteriores se basaron en Pap\u00edas, quien pudo haber sido enga\u00f1ado.  Adem\u00e1s de la imposibilidad absoluta de que Pap\u00edas, quien hab\u00eda hablado con muchos disc\u00edpulos de los Ap\u00f3stoles, pudiera haber sido enga\u00f1ado sobre tal cuesti\u00f3n, el hecho de que Ireneo parece colocar la composici\u00f3n de la obra de Marcos despu\u00e9s de la muerte de San Pedro, mientras que Or\u00edgenes y otros representan al Ap\u00f3stol como aprobador de ella (vea el V abajo), demuestra que no todos extrajeron de la misma fuente.  Por otra parte, Clemente de Alejandr\u00eda menciona como su fuente, no una sola autoridad, sino \u201clos ancianos desde el principio\u201d (ton anekathen presbuteron&#8211;Eusebio \u00abHist. Eccl.\u00bb, VI, XIV).  La \u00fanica pregunta, entonces, que puede surgir con cualquier sombra de raz\u00f3n, es si la obra de San Marcos era id\u00e9ntica a nuestro actual Segundo Evangelio, y en cuanto a esto no hay lugar a dudas.  La literatura cristiana primitiva no conoce vestigios de un Urmarkus diferente a nuestro presente Evangelio, y es imposible que pueda haber desaparecido completamente, sin dejar ning\u00fan rastro, una obra que da el relato del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles sobre las palabras y obras de Cristo.  Ni se puede decir que el Marcos original ha sido elaborado a nuestro presente Segundo Evangelio, pues entonces, al no ser San Marcos el verdadero escritor de la presente obra y al ser su substancia debida a San Pedro, no habr\u00eda raz\u00f3n para atribu\u00edrselo a Marcos, e indudablemente habr\u00eda sido conocido en la Iglesia, no por el t\u00edtulo que lleva, sino como el \u201cEvangelio seg\u00fan San Pedro\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La evidencia interna confirma fuertemente la opini\u00f3n de que nuestro presente Segundo Evangelio es la obra a que se refiri\u00f3 Pap\u00edas.  Esa obra, como se ha visto, estaba basada en los discursos de Pedro.  Ahora bien conocemos por los Hechos (1,21-22; 10,37-41) que la predicaci\u00f3n de Pedro trat\u00f3 principalmente sobre la vida p\u00fablica, muerte, Resurrecci\u00f3n y Ascensi\u00f3n de Cristo.  As\u00ed nuestro Marcos actual, al confinarse a los mismos l\u00edmites, omitiendo toda referencia al nacimiento y vida p\u00fablica de Cristo, tal como se encuentra en los primeros cap\u00edtulos de Mateo y Lucas, y al comenzar con la predicaci\u00f3n del Bautista, finaliza con la Resurrecci\u00f3n de Jesucristo y su Ascensi\u00f3n.  De nuevo (1) los toques gr\u00e1ficos y v\u00edvidos de nuestro actual Segundo Evangelio, (2) las personas, (3) los lugares, (4) los tiempos y (5) los n\u00fameros, se\u00f1alar a un testigo presencial como Pedro como la fuente de informaci\u00f3n del escritor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed se nos dice\n<\/p>\n<ul>\n<li> (1) c\u00f3mo Jes\u00fas tom\u00f3 de la mano a la suegra de Pedro y la levant\u00f3 (1,31), con cuanta ira mir\u00f3 alrededor a sus cr\u00edticos (3,5), c\u00f3mo tom\u00f3 en brazos a los ni\u00f1os peque\u00f1os y los bendijo poniendo las manos sobre ellos (9,35; 10,6), c\u00f3mo los que llevaban al paral\u00edtico abrieron el techo (2,3-4), como Cristo orden\u00f3 que la multitud se sentara sobre la hierba verde, y c\u00f3mo se sentaron por grupos de cien y de cincuenta (6,39-40):<\/li>\n<li> (2) c\u00f3mo Santiago y Juan dejaron a su padre en la barca con los jornaleros (1,20); la forma en que entr\u00f3 en la casa de Sim\u00f3n y Andr\u00e9s, con Santiago y Juan (1,29); c\u00f3mo el ciego Jeric\u00f3 era el hijo de Timeo (10,46); como Sim\u00f3n de Cirene era el padre de Alejandro y Rufo (15,21);<\/li>\n<li> (3) c\u00f3mo no hab\u00eda sitio ni siquiera ante la puerta de la casa donde Jes\u00fas estaba (2,2); c\u00f3mo Jes\u00fas se sent\u00f3 en una barca en el mar y toda la multitud estaba en tierra a la orilla del mar (4,1); como Jes\u00fas estaba en popa durmiendo sobre un cabezal (4,38); <\/li>\n<li> (4) como al atardecer del s\u00e1bado, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos para ser curados (1,32); como de madrugada, cuando todav\u00eda estaba muy oscuro, Cristo se levant\u00f3 (1,35); como fue crucificado a la hora tercia (15,25), como las mujeres vinieron a la tumba muy de madrugada, a la salida del sol (16,2);<\/li>\n<li> (5) como el paral\u00edtico fue cargado por cuatro (2,3); como la piara eran en n\u00famero de dos mil (5,13); como Cristo comenz\u00f3 a enviar los Ap\u00f3stoles, de dos en dos (5,7).  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta gran cantidad de informaci\u00f3n que falta en los otros Sin\u00f3pticos, y de la cual los ejemplos dados arriba son s\u00f3lo un ejemplo, prueban m\u00e1s all\u00e1 de toda duda que el escritor del Segundo Evangelio debi\u00f3 haber extra\u00eddo de alguna fuente independiente; y que esta fuente debi\u00f3 ser un testigo ocular.   Cuando pensamos que los incidentes relacionados con Pedro, tales como la sanaci\u00f3n de su suegra y sus tres negaciones, son contados con detalles peculiares en este Evangelio; que los relatos de la resurrecci\u00f3n de la hija de Jairo, de la Transfiguraci\u00f3n, y la Agon\u00eda de Cristo en el Huerto, tres ocasiones en las que s\u00f3lo estuvieron presentes Pedro, Santiago y Juan, muestran signos especiales de un conocimiento de primera mano (cf. Swete, op. cit., p. XLIV) tal como el que se esperar\u00eda en la obra de un disc\u00edpulo de Pedro (Mateo y Lucas tambi\u00e9n pueden haberse basado en la tradici\u00f3n petrina para sus relatos de estos eventos, pero naturalmente el disc\u00edpulo de Pedro estar\u00eda m\u00e1s \u00edntimamente familiarizado con la tradici\u00f3n).  Finalmente, cuando recordamos que, aunque el Segundo Evangelio registra con especial plenitud las tres negaciones de Pedro, es el \u00fanico de los Evangelios que omite toda referencia a la promesa o concesi\u00f3n sobre \u00e9l de la primac\u00eda (cf. Mt. 16,18-19; Lc. 22,32; Jn. 21,15-17), nos lleva a concluir que el testigo ocular con quien San Marcos estaba endeudado para su especial informaci\u00f3n era San Pedro mismo, y que nuestro actual Segundo Evangelio, como la obra mencionada por Pap\u00edas, est\u00e1 basado en los discursos de Pedro.  Esta evidencia interna, si no prueba realmente la visi\u00f3n tradicional respecto al origen petrino del Segundo Evangelio, es del todo consistente con ella y tiene una fuerte tendencia a confirmarla.\n<\/p>\n<h2>Lenguaje Original, Vocabulario y Estilo<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre ha sido la opini\u00f3n com\u00fan que el Segundo Evangelio fue escrito en griego, y no hay raz\u00f3n s\u00f3lida para dudar de la exactitud de esta opini\u00f3n.   Aprendemos de Juvenal (Sat., III, 60 ss; VI, 187 ss.) y Marcial (Epig., XIV, 58) que el griego era muy hablado en Roma en el siglo I, y  varias influencias trataban de difundir la lengua en la capital del Imperio.   \u00abDe hecho, hubo una doble tendencia que abarcaba a la vez las clases en ambos extremos de la escala social.  Por una parte entre los esclavos y comerciantes hab\u00eda una multitud de griegos y orientales de habla griega.  Por otra parte, en los niveles superiores estaba de moda hablar griego y nodrizas griegas se lo ense\u00f1aban a los ni\u00f1os; y en la vida ulterior su uso se llevaba al extremo de la afectaci\u00f3n.\u201d (Sanday y Headlam, \u00abRomans\u00bb, p. LII).  Sabemos, tambi\u00e9n, que fue en griego que San Pablo le escribi\u00f3 a los romanos, y que desde Roma San Clemente le escribi\u00f3 a la Iglesia de Corinto en ese mismo idioma.  Es cierto que algunos manuscritos cursivos griegos del siglo X o m\u00e1s tarde hablan del Segundo Evangelio como escrito en lat\u00edn (egraphe Pomaisti en Pome), pero a evidencia escasa y tard\u00eda como \u00e9sta, la cual es probablemente s\u00f3lo una deducci\u00f3n del hecho que el Evangelio fue escrito en Roma, no se le puede conceder ning\u00fan peso.  Igualmente improbable parece la opini\u00f3n de Blass (Philol. Of the Gospel, 196 ss.) que el Evangelio fue escrito originalmente en arameo.  Los argumentos presentados por Blass (cf. tambi\u00e9n Allen en \u00abExpositor\u00bb, 6ta. serie, I, 436 ss.) s\u00f3lo demuestran a lo sumo que Marcos pudo haber pensado en arameo, y, naturalmente, su griego sencillo y coloquial griego revela mucho del toque nativo arameo.  Blass de hecho insiste en que las diversas variantes en los manuscritos de San Marcos, y las variaciones en las citas patr\u00edsticas del Evangelio, son reliquias de diferentes traducciones de un original en arameo, pero los casos que aduce en apoyo de ello son muy poco concluyentes.   Un original arameo es absolutamente incompatible con el testimonio de San Pap\u00edas, que, evidentemente, contrasta la obra del int\u00e9rprete de San Pedro con la obra arameo de San Mateo.  Es incompatible tambi\u00e9n con el testimonio de todos los dem\u00e1s Padres, que representan el Evangelio como escrito por el int\u00e9rprete de Pedro para los cristianos de Roma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El vocabulario del Segundo Evangelio consta de 1,330 palabras distintas, de las cuales 60 son nombres propios.  Ochenta palabras, exclusivas de nombres propios, no se encuentran en otras partes del Nuevo Testamento; sin embargo, \u00e9ste es un n\u00famero peque\u00f1o en comparaci\u00f3n con m\u00e1s de 250 palabras peculiares encontradas en el Evangelio seg\u00fan San Lucas.  De las palabras de San Marcos, s\u00f3lo 150 son compartidas por los otros dos Sin\u00f3pticos; 15 son compartidas solamente por San Juan (Evangelio), y otras 12 por uno u otro de los Sin\u00f3pticos y San Juan.  Aunque las palabras encontradas s\u00f3lo una vez en el Nuevo Testamento (apax legomena) no son relativamente numerosas en el Segundo Evangelio, son a menudo notables; nos encontramos con palabras raras en el griego posterior, tales como eaten, paidiothen, con expresiones coloquiales como kenturion, ksestes, spekoulator, y con transliteraciones como korban, taleitha koum, ephphatha, rabbounei (Cf. Swete, op. cit., p. XLVII).  De las palabras propias de San Marcos, aproximadamente una cuarta parte son no cl\u00e1sicas, mientras que entre las propias de San Mateo o San Lucas, la proporci\u00f3n de palabras no cl\u00e1sicas es s\u00f3lo una s\u00e9ptima parte (cf. Hawkins, \u00abHor. Synopt.\u00bb, 171).  En general, el vocabulario del Segundo Evangelio se\u00f1ala al escritor como un extranjero que conoc\u00eda bien el griego coloquial, pero un comparativamente extra\u00f1o al uso literario de la lengua.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El estilo de San Marcos, es claro, directo, conciso, y pintoresco, aunque a veces un poco duro.  Hace uso muy frecuente de los participios, le gusta el presente hist\u00f3rico, la narraci\u00f3n directa, los negativos dobles, el uso abundante de adverbios para definir y enfatizar sus expresiones.  Var\u00eda sus tiempos muy libremente, a veces para llevar a cabo diferentes matices de significado (7,35; 15,44), a veces aparentemente para dar vida a un di\u00e1logo (9,34; 11,27).  El estilo es a menudo m\u00e1s comprimido, una gran cantidad se transmite en muy pocas palabras (1,13.27; 12,38-40), pero en otras ocasiones usa adverbios y sin\u00f3nimos e incluso repeticiones para aumentar la impresi\u00f3n y dar color a la imagen.  A menudo enlaza juntas cl\u00e1usulas en la forma m\u00e1s sencilla mediante el uso de kai; de no se utiliza ni con la mitad de la frecuencia como en Mateo o Lucas, mientras que oun aparece s\u00f3lo cinco veces en todo el Evangelio.  Se hallan latinismos con m\u00e1s frecuencia que en los otros Evangelios, pero esto no prueba que Marcos escribiera en lat\u00edn o incluso entendiera el idioma.  Esto demuestra simplemente que estaba familiarizado con el griego com\u00fan del Imperio Romano, mientras que adopt\u00f3 libremente palabras en lat\u00edn y, en cierta medida, la fraseolog\u00eda latina (cf. Blass, \u00abPhilol. of the Gospel\u201d, 211 ss.)  De hecho tal familiaridad con lo que podemos llamar griego romano confirma firmemente la opini\u00f3n tradicional de que Marcos fue un \u00abint\u00e9rprete\u00bb, que pas\u00f3 alg\u00fan tiempo en Roma.\n<\/p>\n<h2>Estado e Integridad del Texto<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El texto del Segundo Evangelio, como de hecho el de todos los Evangelios, est\u00e1 excelentemente atestiguado.  Aparece en todos los manuscritos unciales, C, sin embargo, no tiene el texto completo en todos los unciales tard\u00edos m\u00e1s importantes, en su mayor\u00eda en cursivas; en todas las versiones antiguas: latina (tanto en la Vet. It., en sus mejores manuscritos, y la Vulgata), sir\u00edaca (Pesh., Curet., Sin., Harcl., Palest.), coptas (Memph. y Theb.), armenias, g\u00f3tica y et\u00edope, y es en gran medida sancionado con citas patr\u00edsticas.  Sin embargo, todav\u00eda hay algunos problemas textuales, por ejemplo, si en 5,1 se debe leer Perasenon o Gergesenon , en 6,20, eporei o epoiei, y si en 6,20 se debe leer el dif\u00edcil autou, atestiguado por B, Aleph, A, L o autes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el gran problema textual del Evangelio se refiere a la autenticidad de los \u00faltimos doce vers\u00edculos.  Se conocen tres conclusiones de este Evangelio: la conclusi\u00f3n larga, como en nuestras Biblias, que contiene los vers\u00edculos del 9 al 20; la corta que termina con el vers\u00edculo 8 (ephabounto gar); y una forma intermedia, que (con algunas ligeras variaciones) lee como sigue: \u00abY de inmediato dieron a conocer todo lo que se les hab\u00eda mandado a aquellos sobre Pedro. Y despu\u00e9s de esto, Jes\u00fas mismo se apareci\u00f3 a ellos, y a trav\u00e9s de ellos envi\u00f3 de Oriente a Occidente la proclamaci\u00f3n santa e incorruptible de la salvaci\u00f3n eterna\u00bb.  Ahora bien, esta tercera forma puede ser descartada de inmediato.  Cuatro manuscritos unciales que datan de los siglos VII al IX, la colocan, en efecto, despu\u00e9s de 16,8, pero cada uno de ellos hace referencia tambi\u00e9n al final largo como alternativa (para detalles cf. Swete, op. cit., pp. CV-CVII).  Aparece tambi\u00e9n en el margen del manuscrito cursivo 274, en el margen del sir\u00edaco harcleano y de dos manuscritos de la versi\u00f3n de Menfis; y en unos pocos  manuscritos de la et\u00edope aparece entre el vers\u00edculo 8 y la conclusi\u00f3n ordinaria.  S\u00f3lo una autoridad, la antigua k latina, lo da solo (en una traducci\u00f3n muy corrupta), sin ninguna referencia a la forma larga.  Esta evidencia, especialmente cuando se compara con la de los otros dos finales, no puede tener peso, y de hecho, ning\u00fan estudioso considera que esta conclusi\u00f3n intermedia tenga ning\u00fan derecha a ser aceptada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podemos pasar entonces a considerar c\u00f3mo se encuentra el caso entre la conclusi\u00f3n larga y la corta, es decir, entre la aceptaci\u00f3n de los vers\u00edculos 16,9-20 como una parte genuina del Evangelio original, o hacer el final original en el 16,8.  A favor de la forma corta se apela a la declaraci\u00f3n de Eusebio (\u00abQuaest. Ad Mar\u00edn.\u00bb, en PG, XXII, 937-40) como que un apologista puede deshacerse de cualquier dificultad que surja de la comparaci\u00f3n de Mateo 28,1 con Marcos 16,9, en lo que respecta a la hora de la Resurrecci\u00f3n de Jesucristo, al se\u00f1alar que el pasaje en Marcos que comienza con el vers\u00edculo 9 no aparece en todos los manuscritos del Evangelio.  El historiador pasa luego a decir \u00e9l mismo que en casi todos los manuscritos de Marcos, al menos, en los precisos (schedon en apasi tois antigrahois &#8230; ta Goun akribe), el Evangelio termina con el vers\u00edculo 16,8.  Es cierto, Eusebio da una segunda respuesta que el apologista puede hacer, y que supone la autenticidad del disputado pasaje, y dice que esta \u00faltima respuesta podr\u00eda ser dada por uno \u00abque no se atreviera a dejar de lado cualquier cosa que se encontrara de cualquier modo en la redacci\u00f3n del Evangelio\u00bb.  Pero todo el pasaje muestra claramente que Eusebio estaba dispuesto a rechazar todo despu\u00e9s de 16,8.  Suele afirmarse, tambi\u00e9n, que \u00e9l no le aplic\u00f3 sus c\u00e1nones a los vers\u00edculos en disputa, lo que demuestra claramente que no los consideraba parte del texto original (vea, sin embargo, Scriv. \u00abIntrod.\u00bb, II, 1894, 339).  San Jer\u00f3nimo tambi\u00e9n dice en un lugar ( \u00abAd. Hedib.\u00bb, en PL, XXII, 987) que el pasaje faltaba en casi todos los manuscritos griegos (omnibus Graeciae libris poene hoc capitulum in fine non habentibus), pero se lo cita en otro lugar (\u00abComment. on Matt.\u00bb, en P.L., XXVI, 214; \u00abAd Hedib.\u00bb, en P.L., XXII, 987-88), y como sabemos, lo incorpor\u00f3 a la Vulgata.   Es evidente que todo el pasaje, donde Jer\u00f3nimo declara que los vers\u00edculos en disputa est\u00e1n ausentes de los manuscritos griegos, fue tomado casi literalmente de Eusebio, y puede ponerse en duda si su declaraci\u00f3n realmente a\u00f1ade ning\u00fan peso independiente a la declaraci\u00f3n de Eusebio.  Parece muy probable tambi\u00e9n que V\u00edctor de Antioqu\u00eda, el primer comentarista del Segundo Evangelio, considerara el v. 16,8 como la conclusi\u00f3n.  Si a esto le a\u00f1adimos que el Evangelio termina con 16,8 en los dos manuscritos griegos m\u00e1s antiguos, B y N, en el Sin.  Sir\u00edaco y en unos cuantos manuscritos et\u00edopes; y que el manuscrito cursivo 22 y algunos manuscritos armenios  indican duda sobre si el verdadero final es el vers\u00edculo 8 o el vers\u00edculo 20, se ha mencionado toda la evidencia que puede aducirse a favor de la conclusi\u00f3n corta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La evidencia externa a favor de la conclusi\u00f3n larga, u ordinaria, es sumamente fuerte.  El pasaje se encuentra en todos las grandes unciales excepto B y A&#8212;en A, C, (D), E, F, G, H, K, M (N), S, U, V, X, Gamma, Delta, (Pi, Sigma), Omega, Beth&#8212;en todos los cursivos, en todos los manuscritos latinos (O.L. y Vulgata) excepto k, en todas las versiones sir\u00edacas excepto el C\u00f3dice Sina\u00edtico (en el Peshito, Curet., Harcl., Palest.) en la copta, g\u00f3tica y la mayor\u00eda de los manuscritos armenios.  En el siglo IV lo citaron o aludieron a \u00e9l Afraates, la Tabla de C\u00e1nones Sir\u00edaca, Macario Magno, D\u00eddimo el Ciego, los Hechos de los Ap\u00f3stoles Sir\u00edacos, Leoncio, Pseudo-Efr\u00e9n, San Cirilo de Jerusal\u00e9n, San Epifanio, San Ambrosio, San Agust\u00edn y San Juan Cris\u00f3stomo; en el siglo III, San Hip\u00f3lito, Vincencio, la Acta Pilati, las Constituciones Ap\u00f3st\u00f3licas, y probablemente Celso; en el siglo II,  San Ireneo m\u00e1s expl\u00edcitamente como el final del Evangelio de Marcos (\u00abIn fine autem evangelii ait Marcus et quidem dominus Jesus\u00bb, etc.&#8211;Mark 16,19), Taciano en el \u201cDiatessaron\u201d, y muy probablemente San Justino (Apol. I\u201d, 45) y Hermas (Pastor, IX, XXV, 2).  Adem\u00e1s, en el siglo IV, de hecho, y probablemente en el III, el pasaje fue usado en la liturgia de la Iglesia Griega, prueba suficiente de que no se tuvo ninguna duda en cuanto a su autenticidad.  As\u00ed, si la autenticidad del pasaje se fuera a juzgar s\u00f3lo por la evidencia externa, apenas habr\u00eda ninguna duda sobre \u00e9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha hablado mucho del silencio de algunos Padres del siglo III y IV, el cual se interpreta en el sentido de que o bien no conoc\u00edan el pasaje o lo rechazaban; as\u00ed se ha apelado a Tertuliano, San Cipriano, San Atanasio, San Basilio el Grande, San Gregorio Nacianceno y San Cirilo de Alejandr\u00eda.   En el caso de Tertuliano y de Cipriano hay margen para la duda, ya que, naturalmente, se podr\u00eda esperar que se hayan referido o hayan citado a Marcos 16,16, si lo aceptaban; pero el pasaje apenas pudo haber sido desconocido para San Atanasio (298 -373), ya que fue aceptado por D\u00eddimo (309-394), su contempor\u00e1neo en Alejandr\u00eda (P.G., XXXIX, 687), ni para Basilio, ya que fue aceptado por su hermano menor San Gregorio de Nisa (PG, XLVI, 652), ni para Gregorio Nacianceno, ya que era conocido por su hermano menor, Ces\u00e1reo (PG, XXXVIII, 1178), y en cuanto a San Cirilo de Alejandr\u00eda, \u00e9l en realidad lo cita a partir de Nestorio (PG, LXXVI, 85).  Las \u00fanicas dificultades serias surgen de su omisi\u00f3n en B y Aleph y por las declaraciones de Eusebio y Jer\u00f3nimo.  Pero Tischendorf demuestra (Proleg., p. XX, 1 ss.) que los dos famosos manuscritos no son aqu\u00ed dos testigos independientes, porque el escriba de B copia la hoja en Aleph en el que se basa nuestro pasaje.  Por otra parte, aunque el escriba concluye ambos manuscritos en el vers\u00edculo 8, revela el conocimiento de que segu\u00eda algo m\u00e1s, ya sea en su arquetipo o en otros manuscritos, pues en el B, contrario a su costumbre, deja m\u00e1s de una columna vac\u00eda despu\u00e9s del vers\u00edculo 8, y en Aleph el vers\u00edculo 8 es seguido por un elaborado arabesco, como no se halla en ning\u00fan otro sitio en el manuscrito, mostrando que el escribano era consciente de la existencia de alguna conclusi\u00f3n que planeaba excluir deliberadamente (cf. Cornely, \u00abIntrod.\u00bb, III, 96-99; Salmon, \u00abIntrod.\u00bb, 141- 48).  As\u00ed, ambos manuscritos dan testimonio de la existencia de una conclusi\u00f3n despu\u00e9s del vers\u00edculo 8, la cual omiten.  No podemos estar seguros si B y Aleph son dos de los manuscritos de los cincuenta que Constantino le encarg\u00f3 a Eusebio que copiara para su nueva capital; pero de todos modos fueron escritos en un tiempo en que la autoridad de Eusebio era primordial en la cr\u00edtica b\u00edblica y, probablemente, su autoridad es s\u00f3lo la autoridad de Eusebio.  Por lo tanto, la verdadera dificultad contra el pasaje, a partir de la evidencia externa, se reduce a lo que Eusebio y San Jer\u00f3nimo dicen acerca de su omisi\u00f3n en tantos manuscritos griegos, y \u00e9stos, como dice Eusebio, los correctos.  Pero cualquiera que sea la explicaci\u00f3n de esta omisi\u00f3n, es preciso recordar que, como hemos visto anteriormente, que los versos en disputa eran ampliamente conocidos y aceptados mucho antes del tiempo de Eusebio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dean Burgon, defendiendo la autenticidad de los versos, sugiri\u00f3 que la omisi\u00f3n podr\u00eda haber ocurrido de la siguiente manera.  Una de las lecturas de la antigua iglesia terminaba en Marcos 16,8, y Burgon sugiri\u00f3 que el telos, que estar\u00eda al final de tal lectura, puede haber inducido a error a alg\u00fan escriba que ten\u00eda ante s\u00ed una copia de los cuatro Evangelios en el que Marcos aparec\u00eda \u00faltimo, y del cual faltaba la \u00faltima hoja con los disputados vers\u00edculos.  Habida cuenta de tal copia defectuosa, y suponiendo que cay\u00f3 en manos de escribas ignorantes, el error se propag\u00f3 f\u00e1cilmente.  Otros han sugerido que el origen de la omisi\u00f3n se ha de buscar, probablemente, en Alejandr\u00eda.  Que la Iglesia puso fin al ayuno cuaresmal y comenz\u00f3 la celebraci\u00f3n de la Pascua a la medianoche, contrario a la costumbre de la mayor\u00eda de las iglesias, que esperaban al canto del gallo (cf. San Dionisio de Alejandr\u00eda en PG, X, 1272 y ss.)  Ahora bien Marcos 16,9: \u201c\u00c9l resucit\u00f3 en la madrugada\u201d, etc., se podr\u00eda tomar f\u00e1cilmente para favorecer la pr\u00e1ctica de las otras Iglesias, y se sugiere que los alejandrinos pudieron haber omitido el vers\u00edculo 9, y lo que sigue de sus leccionarios, y de esta omisi\u00f3n pudo pasar a los manuscritos del Evangelio.  Si hay alguna fuerza en estas sugerencias, de todos modos apuntan a las formas en que fue posible que el pasaje, aunque aut\u00e9ntico, pudo haber estado ausente de una serie de manuscritos en la \u00e9poca de Eusebio; mientras que, por otra parte, si los versos no fueron escritos por San Marcos, es muy dif\u00edcil entender c\u00f3mo pudieron haber sido tan ampliamente aceptados en el siglo II como para ser aceptados por Taciano y San Ireneo, y probablemente por San Justino y Hermas, y encontrar un lugar en las versiones latina antigua y sir\u00edaca.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando volvemos a la evidencia interna, el n\u00famero, y a\u00fan m\u00e1s el car\u00e1cter, de las peculiaridades es verdaderamente sorprendente.  Las siguientes palabras o frases no aparecen en ning\u00fan otro lugar en el Evangelio:  prote sabbatou (v. 9), no se halla de nuevo en el Nuevo Testamento, en lugar de te[s] [ton] sabbaton (v. 2), ekeinos usado absolutamente (10, 11, 20), poreuomai (10, 12, 15), theaomai (11, 14), apiteo (11, 16) meta tauta y eteros (12), parakoloutheo y en to onomati (17), o kurios (19, 20), pantachou, sunergeo, bebaioo, epakoloutheo (20).  En lugar de la conexi\u00f3n usual por kai y un de ocasional, tenemos meta de tauta (12), usteron (14), o men oun (19), ekeinoi de (20).  Entonces se insiste que el tema del vers\u00edculo 9 no ha sido mencionado inmediatamente antes; que parece que se presenta por primera vez a Mar\u00eda Magdalena, aunque de hecho ella ha sido mencionada tres veces en los diecis\u00e9is versos anteriores; que no se hace referencia a una aparici\u00f3n del Se\u00f1or en Galilea, aunque esto era de esperarse en vista del mensaje del vers\u00edculo 7.  Comparativamente los tres \u00faltimos puntos tienen poca importancia, pues el tema del vers\u00edculo 9 es lo suficientemente evidente por el contexto; aqu\u00ed se explica la referencia a la Magdalena como la mujer de la que Cristo hab\u00eda echado siete demonios, al mostrar el amor misericordioso del Se\u00f1or a quien antes hab\u00eda sido tan miserable; y la menci\u00f3n de una aparici\u00f3n en Galilea era apenas necesaria, pues lo importante era demostrar, como lo hace este pasaje, que Cristo fue realmente resucitado de entre los muertos, y que sus Ap\u00f3stoles se vieron obligados a creer el hecho casi contra su voluntad.  Pero, incluso cuando se dice esto, es considerable la fuerza acumulativa de las pruebas contra la autor\u00eda de Marcos de este pasaje.   De hecho, se puede ofrecer alguna explicaci\u00f3n de casi todos los puntos (Cf. Knabenbauer \u00ab, Com. De Marc\u00bb., 445-47), pero es el hecho de que en el corto espacio de doce vers\u00edculos tantos puntos requieren de una explicaci\u00f3n que constituye la fuerza de la evidencia.  En un pasaje como \u00e9ste, no hay nada extra\u00f1o en el uso de muchas palabras raras en el autor.  S\u00f3lo en el \u00faltimo cap\u00edtulo apisteo es utilizado tambi\u00e9n por San Lucas (Lc. 24,11.41), eteros se usa s\u00f3lo una vez en el Evangelio seg\u00fan San Juan (19,37), y parakoloutheo aparece una sola vez en San Lucas (1,3).  Adem\u00e1s, en otros pasajes San Marcos usa muchas palabras que no se encuentran en el Evangelio fuera de este pasaje en particular.  En los diez vers\u00edculos, Mc. 4,20-29, el escritor ha encontrado catorce palabras (quince, si phanerousthai en 16,12, no es de Marcos) que no aparecen en ninguna otra parte en el Evangelio.  Pero, como se dijo, es la combinaci\u00f3n de tantas caracter\u00edsticas peculiares, no s\u00f3lo de vocabulario, sino de materia y de construcci\u00f3n, que no deja lugar a dudas a que Marcos sea el autor de los vers\u00edculos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, al sopesar la evidencia interna debe tenerse en cuenta la improbabilidad de que el evangelista concluya con el vers\u00edculo 8.  Aparte de la escasa probabilidad de que haya concluido con la part\u00edcula gar, nunca podr\u00eda deliberadamente cerrar su relato de las \u00abbuenas nuevas\u00bb (1,1) con la nota de terror que se atribuye en el vers\u00edculo 16,8 a algunas de las seguidoras de Cristo.  Tampoco pudo un evangelista, sobre todo un disc\u00edpulo de San Pedro, concluir voluntariamente su Evangelio sin mencionar alguna aparici\u00f3n del Se\u00f1or resucitado (Hch. 1,22; 10,37-41).  Entonces, si Marcos concluy\u00f3 con el vers\u00edculo 8, debe haber sido porque muri\u00f3 o porque fue interrumpido antes que pudiese escribir m\u00e1s.  Pero la tradici\u00f3n se\u00f1ala a que \u00e9l estaba vivo luego de completado su Evangelio, ya que lo representa como llevando su obra consigo a Egipto o entreg\u00e1ndosela a los cristianos romanos que se la hab\u00edan pedido.  Tampoco es f\u00e1cil entender c\u00f3mo, si sobrevivi\u00f3, pudo haber sido interrumpido de tal modo como para evitar que a\u00f1adiera, tarde o temprano, incluso una corta conclusi\u00f3n.  No se habr\u00edan necesitado muchos minutos para escribir un pasaje como el de 16,9-20, e incluso si fue su deseo, como sugiere Zahn sin raz\u00f3n (Introd., II, 479), a\u00f1adir algunas porciones considerables a su obra, es todav\u00eda inconcebible c\u00f3mo pudo haberla circulado \u00e9l mismo o permitirle a sus amigos circularla sin proveerle por lo menos de una conclusi\u00f3n temporal o provisional.    En todas las hip\u00f3tesis, entonces, el v. 16,8 parece un final imposible un final, y estamos obligados a concluir que o bien el verdadero final se perdi\u00f3 o es que lo tenemos en los versos en disputa.  Ahora bien, no es f\u00e1cil ver c\u00f3mo se podr\u00eda haber perdido.  Zahn afirma que nunca se ha establecido ni hecho probable que siquiera una oraci\u00f3n completa del Nuevo Testamento ha desaparecido por completo del texto transmitido por la Iglesia (Introducci\u00f3n, II, 477).  En el caso presente, si el verdadero final se perdi\u00f3 durante la vida de Marcos, surge de inmediato la pregunta:  \u00bfPor qu\u00e9 \u00e9l no lo reemplaz\u00f3?  Y es dif\u00edcil entender c\u00f3mo pudo haberse perdido despu\u00e9s de su muerte, pues antes de esa fecha, a menos que \u00e9l muriera a los pocos d\u00edas de la compleci\u00f3n del Evangelio, debe haber sido copiado, y es muy poco probable que los mismos versos puedan haber desaparecido de varias copias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ver\u00e1 a partir de este examen del asunto que no hay justificaci\u00f3n para la declaraci\u00f3n confiada de Zahn que \u00abpuede considerarse como una de las conclusiones cr\u00edticas m\u00e1s certeras que las palabras ephobounto gar, 16,8, son las \u00faltimas palabras del libro que fueron escritas por el propio autor\u00bb (Introd., II, 467).  Cualquiera que sea la realidad, no es del todo seguro que Marcos no escribi\u00f3 los versos en disputa.  Puede ser que no, que son de la pluma de alg\u00fan otro escritor inspirado, y que fueron anexados al Evangelio en el siglo I o principios del II.  Un manuscrito armenio, escrita en el a\u00f1o 986 d.C., se los atribuye a un presb\u00edtero llamado Arist\u00f3n, que puede ser el mismo que el presb\u00edtero Aristi\u00f3n que menciona San Pap\u00edas como contempor\u00e1neo de San Juan en Asia.  Los cat\u00f3licos no est\u00e1n obligados a sostener que los vers\u00edculos fueron escritos por San Marcos.  Pero s\u00ed son Escritura can\u00f3nica, pues el Concilio de Trento (Sesi\u00f3n IV ), al definir que todas las partes de los Libros Sagrados deben ser aceptados como sagrados y can\u00f3nicos, ten\u00eda en mente especialmente las partes disputadas de los Evangelios, de los cuales esta conclusi\u00f3n de Marcos es una (Cf. Theiner, \u00abActa gen. Conc. . Trid. \u00ab, I, 71 ss.)  Por lo tanto, quienquiera escribiese los vers\u00edculos, \u00e9stos son inspirados, y todos los cat\u00f3licos los deben considerar como tal.\n<\/p>\n<h2>Lugar y Fecha de Composici\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es cierto que el Evangelio fue escrito en Roma.  De hecho, San Juan Cris\u00f3stomo habla de Egipto como el lugar de composici\u00f3n (\u00abHom. I sobre Mat.\u201d, 3 en PG, LVII, 17), pero probablemente \u00e9l malinterpret\u00f3 a Eusebio, quien dice que Marcos fue enviado a Egipto y predic\u00f3 all\u00ed el Evangelio que hab\u00eda escrito ( \u00abHist. Ecl.\u00bb, II, XVI, en PG, XX, 173).  Unos pocos estudiosos modernos han adoptado la sugerencia de Richard Simon ( \u00abHist. Crit. du texte du NT\u00bb, 1689, 107) que el evangelista pudo haber publicado tanto una edici\u00f3n romana como una egipcia del Evangelio.  Pero esta opini\u00f3n es suficientemente refutada por el silencio de los Padres de Alejandr\u00eda.  Otras opiniones, como que el Evangelio fue escrito en Asia Menor o en Antioqu\u00eda de Siria, no merecen ninguna consideraci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fecha del Evangelio es incierta. La evidencia externa no es decisiva, y la interna no ayuda mucho. Clemente de Alejandr\u00eda, Or\u00edgenes, Eusebio, Tertuliano, y San Jer\u00f3nimo indican que fue escrito antes de la muerte de San Pedro. La suscripci\u00f3n de muchos de los manuscritos unciales y cursivos tard\u00edos declara que fue escrito en el d\u00e9cimo o duod\u00e9cimo a\u00f1o despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n (38-40 d.C.). La \u00abCr\u00f3nica Pascual\u00bb lo asigna al a\u00f1o 40 d.C., y la \u00abCr\u00f3nica de Eusebio\u201d al tercer a\u00f1o de Claudio (43 d.C.). Posiblemente estas fechas tempranas pueden ser s\u00f3lo una deducci\u00f3n de la tradici\u00f3n de que Pedro vino a Roma en el segundo a\u00f1o de Claudio, 42 d.C. (cf. Euseb., \u00abHist. Ecl.\u00bb, II, XIV, en PG, XX, 472; Jer., \u00abDe Vir. Ill\u00bb, I, en PL, XXIII). Por otro lado, San Ireneo parece situar la composici\u00f3n del Evangelio despu\u00e9s de la muerte de Pedro y Pablo (meta de ten touton eksodon\u2014 \u00abAdv. Haer.\u00bb, III I, en P.G., VII, 844).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha pensado que San Pap\u00edas, tambi\u00e9n, al afirmar que Marcos escribi\u00f3 seg\u00fan su recopilaci\u00f3n de los discursos de Pedro, implicaba que Pedro estaba muerto.  Sin embargo, esto no se deduce necesariamente de las palabras de Pap\u00edas, pues Pedro pudo haber estado ausente de Roma.  Adem\u00e1s, Clemente de Alejandr\u00eda (Eusebio, \u201cHist. Ecl.\u201d, VI, XIV) parece decir que Pedro estaba vivo y en Roma en el tiempo que Marcos escribi\u00f3, aunque no le ayud\u00f3 al evangelista en su obra.   Queda, pues, el testimonio de San Ireneo contra el de todos los otros testigos tempranos, y es interesante el hecho de que la mayor\u00eda de los eruditos racionalistas y protestantes modernos prefieren seguir a Ireneo y aceptar la fecha m\u00e1s tard\u00eda para el Evangelio de Marcos, aunque rechazan casi por unanimidad el testimonio del santo, dado en el mismo contexto y apoyado por toda la antig\u00fcedad, a favor de la prioridad del Evangelio de Mateo al de Marcos.  Varios intentos se han hecho para explicar el pasaje de Ireneo, para traerlo a un acuerdo con las otras autoridades tempranas (v\u00e9ase, por ejemplo, Cornely \u00abIntrod.\u00bb, III, 76-78; Patrizi, \u00abDe Evang.\u00bb, I, 38), pero para este escritor ellos parecen poco exitosos si el si el texto actual ha de ser considerado como correcta.  Parece mucho m\u00e1s razonable, sin embargo, creer que Ireneo estaba equivocado en lugar de que todas las dem\u00e1s autoridades estaban en el error, y por lo tanto la evidencia externa mostrar\u00eda que Marcos escribi\u00f3 antes de la muerte de Pedro (64 \u00f3 67 d.C.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de la evidencia interna, podemos concluir que el Evangelio fue escrito antes del a\u00f1o 70, pues no hay alusi\u00f3n a la destrucci\u00f3n del Templo de Jerusal\u00e9n, como era de esperarse naturalmente, en vista de la predicci\u00f3n en el 13,2, si ese evento ya se hubiese realizado.  Por otra parte, si 16,20: \u00abEllos salieron a predicar por todas partes\u00bb, es de la pluma de San Marcos, el Evangelio no puede haber sido escrito antes del cierre del primer viaje apost\u00f3lico de San Pablo (49 \u00f3 50 d.C. ), pues se ve en Hch. 14,26; 15,3, que s\u00f3lo entonces la conversi\u00f3n de los gentiles hab\u00eda comenzado en gran escala.  Por supuesto, es posible que antes de esto los Ap\u00f3stoles hubiesen predicado a lo largo y ancho entre los jud\u00edos dispersos, pero, en general, parece m\u00e1s probable que el \u00faltimo vers\u00edculo del Evangelio, que ocurre en una obra destinada a los lectores europeos, no puede haber sido escrito antes de la llegada de San Pablo a Europa (50-51 d.C.).  Tomando juntos los datos internos y externos, podemos concluir que la fecha del Evangelio se encuentra probablemente en alg\u00fan lugar entre el 50 y 67 d.C.\n<\/p>\n<h2>Destinatarios y Prop\u00f3sito<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tradici\u00f3n representa el Evangelio como escrito principalmente para los cristianos de Roma (v\u00e9ase arriba, II) y la evidencia interna, si no prueba bastante la verdad sobre este punto de vista, est\u00e1 totalmente de acuerdo con ella.   Se supone que el idioma y las costumbres de los jud\u00edos fueran desconocidos para al menos algunos de los lectores.   Por lo tanto, se da la explicaci\u00f3n para t\u00e9rminos tales como Boanerges (3,17), korban (7,11), ephphatha (7,34); se explican las costumbres jud\u00edas para ilustrar la narraci\u00f3n (7,3-4; 14,12); se se\u00f1ala la situaci\u00f3n del Monte de los Olivos en relaci\u00f3n con el Templo (13,3), se omite la genealog\u00eda de Jesucristo, y el se cita una sola vez el Antiguo Testamento (1,2-3; 15,28, es omitido en B, Aleph, A , C, D, X).   Por otra parte, la evidencia, en lo que va, se\u00f1ala a los lectores romanos.   Se supone que conozcan a Poncio Pilato y su oficio (15,1&#8212;Cf. Mat. 27,2; Lc. 3,1); otras monedas se reducen a su valor en dinero romano (12,42); se dice que Sim\u00f3n de Cirene es el padre de Alejandro y de Rufo (15,21), un hecho sin importancia en s\u00ed mismo, pero mencionado probablemente porque Rufo era conocida por los cristianos de Roma (Rom. 16,13); finalmente latinismos o usos del griego vulgar, como deben haber sido particularmente comunes en una ciudad cosmopolita como Roma, ocurren m\u00e1s frecuentemente que en los otros Evangelios (5,9.15; 6,37; 15,39.44, etc.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo Evangelio no tiene tal declaraci\u00f3n de su prop\u00f3sito como el que se encuentra en el Tercero y el Cuarto (Lc. 1,1-3; Jn. 20,31).   Los cr\u00edticos de Tubinga lo consideraron durante mucho tiempo como un escrito \u201ctendencia\u00bb, compuesto con el prop\u00f3sito de mediar y conciliar entre los partidos petrino y paulino en la Iglesia primitiva.   Otros racionalistas han visto en \u00e9l un intento de disipar la decepci\u00f3n de los cristianos por el retraso de la Venida de Cristo, y han declarado que su objetivo era exponer la vida terrena del Se\u00f1or, de tal manera como para demostrar que, aparte de su retorno glorioso, \u00c9l hab\u00eda atestiguado lo suficiente el car\u00e1cter mesi\u00e1nico de su misi\u00f3n.  Pero no hay necesidad de recurrir a los racionalistas para conocer el prop\u00f3sito del Evangelio.   Los Padres son testigos de que fue escrito para poner en forma permanente para la Iglesia Romana los discursos de San Pedro, ni hay raz\u00f3n para dudar de ello.   Y el Evangelio mismo, muestra claramente que San Marcos intentaba, por la selecci\u00f3n que hizo de los discursos de Pedro, probar a los cristianos de Roma, y m\u00e1s a\u00fan a aquellos que tal vez podr\u00edan pensar en hacerse cristianos, que Jesucristo es el Hijo de Dios Todopoderoso.   Con este fin, en vez de citar la profec\u00eda, como hizo San Mateo para demostrar que Jes\u00fas es el Mes\u00edas, \u00e9l establece en lenguaje gr\u00e1fico el poder de Cristo sobre toda la naturaleza, seg\u00fan lo evidencian sus milagros.  La nota dominante de todo el Evangelio resuena en el primer vers\u00edculo: \u00abEl comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios\u00bb (las palabras \u00abHijo de Dios\u00bb fueron suprimidas del texto por Westcott y Hort, pero muy impropiamente&#8212;cf.  Knabenb., \u00abComm. in Marc\u00bb., 23), y el prop\u00f3sito principal del evangelista parece ser probar la verdad de este t\u00edtulo y del veredicto del centuri\u00f3n: \u00abVerdaderamente este hombre era (el) Hijo de Dios \u00ab(15,39).\n<\/p>\n<h2>Relaci\u00f3n con los Evangelios de Mateo y Lucas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los tres Evangelios Sin\u00f3pticos cubren en gran medida el mismo terreno.  Sin embargo, Marcos no tiene nada que corresponda a los dos primeros cap\u00edtulos de Mateo, o a los dos primeros de Lucas, muy poco que represente la mayor\u00eda de los largos discursos de Cristo en Mateo, y tal vez nada bastante paralelo a la larga secci\u00f3n en Lucas 9,51 &#8211; 18,14.  Por otra parte, tiene muy poco que no se encuentre en uno o ambos de los otros dos Sin\u00f3pticos; la cantidad de materia que es peculiar al Segundo Evangelio, si se pusiera toda junta, ascender\u00eda s\u00f3lo a menos de sesenta vers\u00edculos.   En el arreglo de la materia com\u00fan los tres Evangelios difieren considerablemente hasta el punto donde se dice que Herodes Antipas hab\u00eda o\u00eddo hablar de la fama de Jes\u00fas (Mt. 13,58, Mc. 6,13; Lc. 9,6).   A partir de este punto en adelante el orden de los acontecimientos es pr\u00e1cticamente el mismo en los tres, salvo que Mateo (26,10) parece decir que Jes\u00fas purific\u00f3 el Templo el d\u00eda de su entrada triunfal en Jerusal\u00e9n y maldijo a la higuera s\u00f3lo al d\u00eda siguiente, mientras que Marcos sit\u00faa ambos eventos al d\u00eda siguiente, y coloca la maldici\u00f3n de la higuera antes de la purificaci\u00f3n del Templo; y mientras que Mateo parece decir que el efecto de la maldici\u00f3n y el asombro de los disc\u00edpulos sigui\u00f3 inmediatamente a eso, Marcos dice que fue s\u00f3lo al d\u00eda siguiente que los disc\u00edpulos vieron que el \u00e1rbol estaba seco desde la ra\u00edz (Mt. 21,12-20; Mc. 11,11-21).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n se dice a menudo que Lucas se aparta del orden de Marcos en la colocaci\u00f3n de la divulgaci\u00f3n del traidor despu\u00e9s de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, pero si, como parece seguro, el traidor fue mencionado muchas veces durante la cena, esta diferencia puede ser m\u00e1s aparente que real (Mc. 14,18-24; Lc. 22,19-23).  Y no s\u00f3lo existe este acuerdo considerable en cuanto a la materia y arreglo, sino en muchos pasajes, algunos de considerable longitud, hay tal coincidencia de palabras y frases que es imposible creer que los relatos sean completamente independientes.   Por otro lado, al lado de esta coincidencia, hay una divergencia extra\u00f1a y de recurrencia frecuente.  \u00abQue cualquier pasaje com\u00fan a los tres Sin\u00f3pticos se someta a la prueba.  Los fen\u00f3menos que se presenten ser\u00e1n m\u00e1s o menos as\u00ed: en primer lugar, tal vez, tendremos tres, cinco o m\u00e1s palabras id\u00e9nticas; luego otras tantas totalmente distintas; luego dos cl\u00e1usulas o m\u00e1s expresadas en las mismas palabras, pero de diferente orden; a continuaci\u00f3n, una cl\u00e1usula que figura en uno o dos, y no en el tercero; luego varias palabras id\u00e9nticas; a continuaci\u00f3n, una cl\u00e1usula o dos, no s\u00f3lo totalmente distintas, sino al parecer incompatibles; y as\u00ed sucesivamente; con repeticiones de las mismas alteraciones, consideraciones y transposiciones an\u00f3malas y arbitrarias (Alford, \u00abGreek Testament\u00bb, I, prol., 5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces surge la pregunta, \u00bfc\u00f3mo vamos a explicar la muy notable relaci\u00f3n de los tres Evangelios entre s\u00ed? y, en particular, para nuestro prop\u00f3sito presente, \u00bfc\u00f3mo vamos a explicar la relaci\u00f3n de Marcos con los otros dos?  Para una discusi\u00f3n completa de este important\u00edsimo problema literario vea el art\u00edculo Sin\u00f3pticos.  Apenas ser\u00e1 tocado aqu\u00ed, pero no puede ser pasado por alto en silencio.  Al principio puede ser dejado de lado, en opini\u00f3n del autor, la teor\u00eda de la dependencia com\u00fan de los tres evangelios en la tradici\u00f3n oral, pues, salvo en forma muy modificada, es incapaz por s\u00ed sola de explicar todos los fen\u00f3menos a ser explicados.  Parece imposible que una tradici\u00f3n oral pueda explicar la extraordinaria similitud entre, por ejemplo, Mc. 2,10-11, y sus paralelos.   Se debe admitir la dependencia literaria o la conexi\u00f3n de alg\u00fan tipo, y la pregunta es, \u00bfcu\u00e1l es la naturaleza de esa dependencia o relaci\u00f3n?   \u00bfDepende Marcos de Mateo, o de Mateo y Lucas, o fue anterior a ellos y utilizado por ambos, o est\u00e1n los tres, quiz\u00e1s, relacionados a trav\u00e9s de su dependencia com\u00fan sobre documentos anteriores o a trav\u00e9s de una combinaci\u00f3n de algunas de estas causas?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En respuesta, hay que se\u00f1alar, en primer lugar, que todos las primeras tradiciones representan el Evangelio seg\u00fan San Mateo como escrito primero; y esto debe entenderse de nuestro presente Mateo, pues Eusebio, con la obra de San Pap\u00edas ante \u00e9l, no tuvo ninguna duda de que era nuestro actual Mateo el que Pap\u00edas afirmaba que hab\u00eda sido escrito en hebreo (en arameo).   El orden de los Evangelios, de acuerdo con los Padres y de los primeros escritores que se refieren al tema, fue Mateo, Marcos, Lucas, Juan.   Clemente de Alejandr\u00eda es el \u00fanico en indicar que Lucas escribi\u00f3 antes que Marcos (Eusebio, \u00abHist.  Ecl. &#8216;, VI, XIV, en PG, XX, 552), y ning\u00fan autor antiguo afirm\u00f3 que Marcos escribi\u00f3 antes que Mateo.  San Agust\u00edn, asumiendo la prioridad de Mateo, intent\u00f3 explicar las relaciones de los dos primeros Evangelios al afirmar que el segundo es un compendio del primero (Matthaeum secutus tanquam pedisequus et breviator&#8212;\u00abDe Consens. Evang.\u00bb, I, II, en P.L., XXXIV).  Pero, tan pronto comenz\u00f3 el estudio serio del problema sin\u00f3ptico, se vio que esta opini\u00f3n no pod\u00eda explicar los hechos, y fue abandonada.  Sin embargo, la dependencia del Evangelio de Marcos sobre Mateo, aunque no a modo de un compendio, sigue siendo defendida en\u00e9rgicamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Zahn sostiene que el segundo Evangelio depende del Mateo arameo, as\u00ed como de los discursos de San Pedro por su asunto, y, en cierta medida, por su orden; y que el Mateo griego es a su vez dependiente de Marcos por su fraseolog\u00eda. As\u00ed, tambi\u00e9n, Belser (\u00abEinleitung in das NT\u00bb, 1889) y Bonaccorsi (\u00abI tre primi Vangeli\u00bb, 1904). Se ve de inmediato que esta opini\u00f3n est\u00e1 en consonancia con la tradici\u00f3n en lo que respecta a la prioridad de Mateo, y tambi\u00e9n explica las similitudes en los dos primeros Evangelios.  Al presente autor le parece que su principal debilidad estriba en su incapacidad para explicar algunas de las omisiones de Marcos. Es muy dif\u00edcil de ver, por ejemplo, por qu\u00e9, si San Marcos tuvo ante s\u00ed el primer Evangelio, omiti\u00f3 toda referencia a la sanaci\u00f3n del sirviente del centuri\u00f3n (Mt. 8,5-13). Este milagro, debido a su relaci\u00f3n con un oficial romano, debi\u00f3 haber tenido un muy especial inter\u00e9s para los lectores romanos, y es sumamente dif\u00edcil explicar su omisi\u00f3n por parte de San Marcos, si \u00e9l tuvo ante s\u00ed el Evangelio de San Mateo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez m\u00e1s, San Mateo relata que cuando, despu\u00e9s de alimentar a los cinco mil, Jes\u00fas hab\u00eda venido a los disc\u00edpulos caminando sobre el agua, los que estaban en el bote \u201cvinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios\u201d (Mt. 14,33).  Ahora bien, el relato de Marcos sobre el incidente es como sigue:  \u201cSubi\u00f3 entonces donde ellos a la barca, y amain\u00f3 el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, pues no hab\u00edan entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.\u201d  (Mc. 6,51-52).  As\u00ed, Marcos no hace ninguna referencia a la adoraci\u00f3n, ni a la confesi\u00f3n sorprendente de los disc\u00edpulos de que Jes\u00fas era [el] Hijo de Dios.  \u00bfC\u00f3mo podemos explicar esto, si el hubiera tenido ante s\u00ed el relato de Mateo?  Una vez m\u00e1s, Mateo relata que, con ocasi\u00f3n de la confesi\u00f3n de Pedro de Cristo, cerca de Cesarea de Filipo, Pedro dijo: \u00abT\u00fa eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo\u00bb (Mt.16,16). Pero el informe de Marcos de esta magn\u00edfica confesi\u00f3n es simplemente magn\u00edfica: \u00abPedro le contesta: \u2018T\u00fa eres el Cristo.\u2019\u00bb  (Mc. 8,29).  Parece imposible explicar la omisi\u00f3n aqu\u00ed de las palabras: \u201cel Hijo de Dios vivo), palabras que son la gloria especial de esa confesi\u00f3n, si Marcos hizo uso del Primer Evangelio.    Parecer\u00eda, por lo tanto, que no es satisfactoria la opini\u00f3n que hace al Segundo Evangelio dependiente del primero.  Una cr\u00edtica algo detallada de la opini\u00f3n se puede hallar en Stanton, \u201cThe Gospels as Historical Documents\u201d (1909), parte II, 38-42.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La opini\u00f3n predominante en la actualidad entre los estudiosos protestantes y no pocos cat\u00f3licos, en Am\u00e9rica e Inglaterra, as\u00ed como en Alemania, es que el Evangelio de San Marcos es anterior a San Mateo, y fue utilizado en \u00e9l as\u00ed como en el de San Lucas.  As\u00ed Gigot escribe: \u00abEl Evangelio seg\u00fan Marcos fue escrito primero y utilizado por los otros dos Sin\u00f3pticos\u00bb (\u00abThe New York Review\u00bb, septiembre-diciembre, 1907).  As\u00ed tambi\u00e9n Bacon, Escuela de Teolog\u00eda de Yale: \u00abParece que la materia narrativa de Mateo es simplemente la de Marcos transferida para formar una armaz\u00f3n para las masas del discurso\u2026\u201d \u00abEncontramos aqu\u00ed una prueba positiva de la dependencia de nuestro Mateo sobre Marcos\u201d (Introd. to the N.T., 1905, 186-89).  Allen, en su art\u00edculo \u201cMateo\u00bb en \u00abThe International Critical Commentary\u00bb, habla de la prioridad del segundo a los otros dos Evangelios Sin\u00f3pticos, como \u00abel resultado s\u00f3lido de la cr\u00edtica literaria\u00bb; y de Burkitt en \u00abThe Gospel History\u00bb (1907) , 37, escribe: \u00abEstamos obligados a concluir que Marcos contiene la totalidad de un documento que Mateo y Lucas han utilizado de forma independiente, y, adem\u00e1s, que Marcos contiene muy poco m\u00e1s al lado. Esta conclusi\u00f3n es sumamente importante, es la s\u00f3lida contribuci\u00f3n del saber del siglo XIX hacia la soluci\u00f3n del problema sin\u00f3ptico.\u201d  V\u00e9ase tambi\u00e9n Hawkins, \u00abHorne Synopt\u00bb.  (1899), 122; Salmond en Hast., \u00abDict. De la Biblia\u00bb, III, 261; Plummer, \u00abGospel of Matthew\u201d (1909), p.  XI; Stanton, \u00abThe Gospels as Historical Documents\u201d (1909), 30-37; Jackson, \u00abCambridge Biblical Essays\u00bb (1909), 455.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, a pesar de la amplia aceptaci\u00f3n que ha ganado esta teor\u00eda, puede dudarse si nos permite explicar todos los fen\u00f3menos de los dos primeros Evangelios; Orr, \u00abThe Resurrection of Jesus\u201d (1908), 61-72, no piensa que puede, ni Zahn (Introd., II, 601-17), con algunos de cuyos argumentos en contra a\u00fan no se han tratado de comprender.   Ofrece en efecto una explicaci\u00f3n efectiva de las similitudes en el lenguaje entre los dos Evangelios, pero as\u00ed tambi\u00e9n lo hace la teor\u00eda de Zahn de la dependencia del Mateo griego sobre Marcos.   ayuda tambi\u00e9n a explicar el orden de los dos Evangelios, y a explicar ciertas omisiones en Mateo (cf. especialmente Allen, op. cit., pp. XXXI-XXXIV), pero deja sin explicar muchas diferencias.  Por ejemplo, si Mateo ten\u00eda ante s\u00ed el Evangelio de Marcos, \u00bfpor que omitir\u00eda de toda referencia al hecho singular registrado por Marcos que Cristo en el desierto estaba con las fieras salvajes? (Mc. 1,13).  \u00bfPor qu\u00e9 deber\u00eda omitir (Mt. 4,17) del resumen de Marcos de la primera predicaci\u00f3n de Cristo, \u00abConvert\u00edos y creed en el Evangelio\u00bb? (Mc.1,15), las palabras muy importantes \u00abCree en el Evangelio\u00bb, que eran tan apropiados para la ocasi\u00f3n?  \u00bfPor qu\u00e9 \u00e9l (4,21) omitir\u00eda ligon y a\u00f1adir\u00eda tautol\u00f3gicamente \u00abdos hermanos\u00bb a Mc. 1,19, o dejar\u00eda de mencionar (4,22) \u201clos jornaleros\u201d con quienes los hijos de Zebedeo dejaron a su padre en la barca (Mc. 1,20), especialmente puesto que, como se\u00f1ala Zahn, la menci\u00f3n habr\u00eda ayudado a que su deserci\u00f3n de su padre no pareciera indigna de un hijo?  \u00bfPor qu\u00e9, de nuevo, omitir\u00eda el curioso hecho (8,28-34) que aunque el endemoniado gadareno, luego de su curaci\u00f3n, deseaba seguir en compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, \u00e9ste no se lo permiti\u00f3, sino que lo mand\u00f3 a volver a su casa y anunciar a sus amigos las grandes cosas que el Se\u00f1or hab\u00eda hecho por \u00e9l (Mc. 5-18-19)?  \u00bfC\u00f3mo es que Mateo no hace referencia al \u00f3bolo de la viuda y al conmovedor comentario de Cristo sobre ello (Mc. 12,41-44, ni al n\u00famero de los cerdos (Mt. 8,32-34; Mc. 5,13), ni al desacuerdo de los testigos que comparecieron contra Cristo? (Mt. 26,60; Mc. 14,56.59).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin duda es extra\u00f1o tambi\u00e9n, si ten\u00eda ante s\u00ed el Evangelio de Marcos, que pareciera representar de manera tan diferente el momento de la visita de las mujeres a la tumba, la situaci\u00f3n del \u00e1ngel que se les apareci\u00f3 y el prop\u00f3sito de su visita (Mt. 28,1-6; Mc. 16,1-6).   Una vez m\u00e1s, aun cuando admitimos que Mateo agrupa en los cap\u00edtulos 8 a 9, es dif\u00edcil ver una raz\u00f3n satisfactoria de por qu\u00e9, si ten\u00eda el Evangelio de Marcos ante s\u00ed, tratara de tal modo con el relato de Marcos sobre los anteriores milagros registrados de Cristo para no s\u00f3lo omitir del todo el primero, sino para hacer del tercero y segundo con Marcos, respectivamente, el primero y el tercero con \u00e9l mismo (Mt. 8,1-15; Mc. 1,23-31; 40-45).  Allen, de hecho (op. cit., p. XV-XVI) intenta una explicaci\u00f3n de esta extra\u00f1a omisi\u00f3n e inversi\u00f3n en el cap\u00edtulo 8 de Mateo, pero no es convincente.   Para otras dificultades vea Zahn, \u00abIntrod.\u00bb, II, 616-617.   En conjunto, entonces, parece prematuro considerar esta teor\u00eda de la prioridad de Marcos como finalmente establecida, sobre todo cuando tenemos en cuenta que se opone a toda la primera evidencia de la prioridad de Mateo.   La cuesti\u00f3n est\u00e1 todav\u00eda sub judice, y a pesar del inmenso trabajo que se le ha dedicado, todav\u00eda se necesita m\u00e1s investigaci\u00f3n paciente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Posiblemente sea que la soluci\u00f3n de las relaciones peculiares entre Mateo y Marcos se encuentra no en la dependencia de ambas en la tradici\u00f3n oral ni en la dependencia de cualquiera sobre la otra, sino en el uso por uno o ambos de documentos anteriores.   Si se puede suponer, y Lucas 1,1 da motivos para la suposici\u00f3n, que Mateo tuvo acceso a un documento escrito probablemente en arameo, que conten\u00eda la tradici\u00f3n de Pedro, \u00e9l pudo haberlo combinado con uno o m\u00e1s documentos, que conten\u00edan principalmente los discursos de Cristo, para formar su Evangelio en arameo.   Pero quiz\u00e1s Marcos tambi\u00e9n pudo haber conocido la misma tradici\u00f3n petrina, quiz\u00e1s en la forma griega; pues las primeras autoridades apenas nos obligan a afirmar que el no us\u00f3 documentos preexistentes.   San Pap\u00edas (apud.  Eus.  \u00abHE\u00bb III, 39: PG XX, 297) dice de \u00e9l que escribi\u00f3 algunas cosas como las recordaba, y si Clemente de Alejandr\u00eda (ap. Eus.  \u00abHE\u00bb VI, 14; PG XX, 552) representa a los romanos como que pensaban que \u00e9l pod\u00eda escribir de todo de memoria, no se deduce en absoluto que lo hizo.   Supongamos, pues, que Mateo encarn\u00f3 la tradici\u00f3n petrina en su Evangelio en arameo, y que luego Marcos lo utiliz\u00f3 o m\u00e1s bien una forma griega un tanto diferente de \u00e9l, combinando con \u00e9l reminiscencias de los discursos de Pedro.   Si adem\u00e1s de esto, suponemos que el traductor griego de Mateo hizo uso de nuestro actual Evangelio de Marcos para su fraseolog\u00eda, tenemos medios bastante posibles para explicar las semejanzas y diferencias de nuestros dos primeros Evangelios, y somos libres al mismo tiempo de aceptar el punto de vista tradicional en lo que respecta a la prioridad de Mateo.  Entonces podr\u00eda considerarse que Lucas utiliz\u00f3 nuestro Marcos actual o tal vez una forma anterior de la tradici\u00f3n de Pedro, que combina con una fuente o fuentes que no nos pertenece considerar en el presente art\u00edculo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por supuesto, la existencia de documentos antiguos, como aqu\u00ed se supone, no puede ser probada directamente a menos que la pala d\u00e9 oportunidad de divulgarlos, pero no es del todo improbable.   Es razonable pensar que no pasaron muchos a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Cristo antes de que se hicieran intentos de poner en forma escrita alg\u00fan relato de sus palabras y obras.   Lucas nos dice que muchos de esos intentos se hicieron antes de que \u00e9l escribiera, y no se necesita ning\u00fan esfuerzo para creer que la forma petrina del Evangelio se hab\u00eda puesto por escrito antes de que los Ap\u00f3stoles se separaran; no ser\u00eda sorprendente que desapareciera despu\u00e9s, puesto que ya estaba plasmada en los Evangelios.  Apenas es necesario decir que es apenas muy comprensible que el escritor Inspiraci\u00f3n de la Biblia usara documentos anteriores.   La gracia no prescinde de la naturaleza ni, por regla general, la inspiraci\u00f3n con los medios ordinarios naturales.   El autor del segundo libro de Macabeos declara claramente que su libro es un compendio de una obra anterior (2 Mac. 2,24.27), y San Lucas nos dice que antes de comprometerse a escribir su Evangelio hab\u00eda preguntado diligentemente sobre todas las cosas desde el principio (Lc. 1,1).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hay raz\u00f3n, por lo tanto, para que los cat\u00f3licos sean t\u00edmidos en admitir, en caso necesario, la dependencia de los evangelistas inspirados sobre documentos anteriores, y, en vista de las dificultades contra las otras teor\u00edas, es bueno tener en mente esta posibilidad al intentar explicar las desconcertantes relaciones de Marcos con los otros dos Sin\u00f3pticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  Vea el art\u00edculo Evangelio seg\u00fan San Lucas para la decisi\u00f3n de la Comisi\u00f3n B\u00edblica (26 de enero de 1913).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  MacRory, Joseph. \u00abGospel of Saint Mark.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 9. New York: Robert Appleton Company, 1910.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/09674b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Enlaces internos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1] Evangeliario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2] Evangelio en la liturgia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3] Evangelio seg\u00fan San Juan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[4] Evangelio seg\u00fan San Lucas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[5] Evangelios Seg\u00fan San Mateo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[6] Evangelios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[7] Evangelista.\n<\/p>\n<h2>Enlaces externos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">[8] Ilustraciones del Evangelio de Jer\u00f3nimo Nadal S.J.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n y revisi\u00f3n de enlaces: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El tema se tratar\u00e1 bajo los siguientes encabezados: Contenido 1 Contenido, Selecci\u00f3n y Disposici\u00f3n del Asunto 2 Autor\u00eda 3 Lenguaje Original, Vocabulario y Estilo 4 Estado e Integridad del Texto 5 Lugar y Fecha de Composici\u00f3n 6 Destinatarios y Prop\u00f3sito 7 Relaci\u00f3n con los Evangelios de Mateo y Lucas 8 Enlaces internos 9 Enlaces externos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evangelio-segun-san-marcos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEVANGELIO SEGUN SAN MARCOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-24670","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24670","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24670"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/24670\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24670"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=24670"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=24670"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}