{"id":2501,"date":"2016-02-04T23:21:43","date_gmt":"2016-02-05T04:21:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia\/"},"modified":"2016-02-04T23:21:43","modified_gmt":"2016-02-05T04:21:43","slug":"iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia\/","title":{"rendered":"IGLESIA"},"content":{"rendered":"<p>v. Asamblea, Congregaci\u00f3n, Reuni\u00f3n, Santuario, Tabern\u00e1culo, Templo<br \/>\nMat 16:18 y sobre esta roca edificar\u00e9 mi i; y las<br \/>\nMat 18:17 dilo a la i; y si no oyere a la i, tenle<br \/>\nAct 2:47 el Se\u00f1or a\u00f1ad\u00eda cada d\u00eda a la i los que<br \/>\nAct 5:11 vino gran temor sobre toda la i, y sobre<br \/>\nAct 8:3 Saulo asolaba la i, y entrando casa por<br \/>\nAct 9:31 las i ten\u00edan paz por toda Judea, Galilea<br \/>\nAct 11:22 lleg\u00f3 .. a o\u00eddos de la i que estaba en<br \/>\nAct 11:26 congregaron all\u00ed todo un a\u00f1o con la i<br \/>\nAct 12:1 Herodes ech\u00f3 mano a algunos de la i<br \/>\nAct 12:5 la i hac\u00eda sin cesar oraci\u00f3n a Dios por \u00e9l<br \/>\nAct 14:23 y constituyeron ancianos en cada i<br \/>\nAct 14:27 reunido a la i, refirieron cu\u00e1n grandes<br \/>\nAct 15:4 y llegados a .. fueron recibidos por la i<br \/>\nAct 16:5 as\u00ed que las i eran confirmadas en la fe<br \/>\nAct 20:28 para apacentar la i del Se\u00f1or, la cual \u00e9l<br \/>\nRom 16:5 saludad tambi\u00e9n a la i de su casa<br \/>\n1Co 10:32 no se\u00e1is tropiezo .. ni a la i de Dios<br \/>\n1Co 11:18 cuando os reun\u00eds como i, oigo que hay<br \/>\n1Co 11:22 \u00bfo menospreci\u00e1is la i de Dios, y<br \/>\n1Co 12:28 a unos puso Dios en la i .. ap\u00f3stoles<br \/>\n1Co 14:4 pero el que profetiza, edifica a la i<br \/>\n2Co 8:1 gracia de Dios que se ha dado a las i<br \/>\n2Co 8:23 mensajeros de las i, y gloria de Cristo<br \/>\n2Co 11:8 he despojado a otras i .. para serviros<br \/>\nGal 1:13 persegu\u00eda .. a la i de Dios, y la asolaba<br \/>\nEph 1:22 por cabeza sobre todas las cosas a la i<br \/>\nEph 3:21 a \u00e9l sea gloria en la i en Cristo Jes\u00fas por<br \/>\nEph 5:23 como Cristo es cabeza de la i, la cual es<br \/>\nEph 5:27 una i gloriosa, que no tuviese mancha ni<br \/>\nPhi 3:6 en cuanto a celo, perseguidor de la i; en<br \/>\nCol 1:18 y \u00e9l es la cabeza del cuerpo que es la i<br \/>\nCol 4:15 saludad .. a Ninfas y a la i .. en su casa<br \/>\n1Ti 3:5 casa, \u00bfc\u00f3mo cuidar\u00e1 de la i de Dios?<br \/>\n1Ti 3:15 la casa de Dios, que es la i del Dios<br \/>\n1Ti 5:16 no sea gravada la i, a fin de que haya lo<br \/>\n3Jo 1:10 se lo prohibe, y los expulsa de la i<br \/>\nRev 1:4 Juan, a las siete i que est\u00e1n en Asia<\/p>\n<hr>\n<p>Iglesia    (gr. ekkl&#8217;s\u00ed\u00ada; de ek [\u00abfuera\u00bb] y kal\u00e9\u00ed\u2021 [\u00abllamar\u00bb]).  En el griego secular, el t\u00e9rmino significaba una reuni\u00f3n de gente, tal como un cuerpo pol\u00ed\u00adtico debidamente citado, o, en general, una asamblea.  No se puede presentar alg\u00fan caso en que se lo usara para una sociedad religiosa.  En la LXX ekkl&#8217;s\u00ed\u00ada es traducci\u00f3n casi exclusiva del heb. q\u00e2h\u00e2l, \u00abcongregaci\u00f3n\u00bb, \u00abreuni\u00f3n\u00bb, \u00abasamblea\u00bb       (1Ki 8:14, 22; 1Ch 13:2; etc.).  El uso que se le da en el NT      parece estar basado en el de la LXX.  En tiempos del NT el t\u00e9rmino se aplica con mayor frecuencia al cuerpo de personas que creen en Jes\u00fas como el Mes\u00ed\u00adas y lo aceptan, viven sus ense\u00f1anzas y est\u00e1n unidos en una      organizaci\u00f3n creada por Jes\u00fas (Mat 16:18; cf  1Co 3:11; Mat 28:19, 20; Mar 16:15, 16; Act 2:38, 41, 47; 16:13; Rom 12:4, 5; 1 Co.  12:12).  En Act 7:38 se lo usa para referirse a la congregaci\u00f3n de los israelitas.  Cuando se lo emplea para la iglesia cristiana tiene varios matices de significaci\u00f3n: 1. Una reuni\u00f3n eclesi\u00e1stica (1Co 11:18).  2. El total de cristianos que viven en un lugar (4:17).  3. La iglesia universal (Mat 16:18).  Despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n de Jes\u00fas, el liderazgo de la iglesia recay\u00f3 naturalmente sobre los ap\u00f3stoles. Cuando surgi\u00f3 una necesidad, 573 se dio cargos directivos a otros (Act 6:2-6).  La iglesia se concentr\u00f3 primero en Jerusal\u00e9n (Luk 24:47; Act 1:8; 10:39; 15:2), pero m\u00e1s tarde se extendi\u00f3 a otras partes (Act 1:8; 8:1; etc.). Aparentemente, los primeros miembros fueron exclusivamente jud\u00ed\u00ados (Act 11:19), pero m\u00e1s tarde los gentiles se constituyeron     en mayor\u00ed\u00ada.  A medida que surg\u00ed\u00adan congregaciones en diversos lugares, se designaron l\u00ed\u00adderes locales (Act 14:21-23; 20:17; etc.; cf  1 Tit 3:1-13)  El requisito b\u00e1sico para entrar a la iglesia cristiana era aceptar a Jes\u00fas como el Mes\u00ed\u00adas (Act 2:38; 4:10-12; 5:30, 31; etc,).  Con respecto a otras doctrinas, las creencias de la iglesia naciente eran muy similares a las del juda\u00ed\u00adsmo.  Los cristianos, tanto jud\u00ed\u00ados como     gentiles, asist\u00ed\u00adan a las sinagogas el s\u00e1bado para escuchar la interpretaci\u00f3n de los escritos de Mois\u00e9s (13:42-44;15:13, 14, 21).  Con el tiempo, al surgir diversos movimientos cism\u00e1ticos en la iglesia, se vio la necesidad de desarrollar y clarificar las doctrinas (1 Tit 6:20; 2Pe 2:15-19; 1 Joh 2:18, 19; 4:1-3; 5:10;  v\u00e9ase Jud_17-19).  La iglesia deb\u00ed\u00ada completar la obra que Israel hab\u00ed\u00ada dejado sin hacer: representar el car\u00e1cter de Dios ante el mundo (Mat 28:19; Rom 2:28, 29; G\u00e1. 3:28, 29; Eph 2:8-22; 1Pe 2:5-10) y prepararse para el retorno de su Se\u00f1or (1Co 1:7, 8; 2Pe 3:14;  Rev 14:5; etc.).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>griego ekkles\u00ed\u00ada, convocaci\u00f3n, de ek-kaleo, llamar fuera.   Asamblea p\u00fablica, convocada por alguien. Con este t\u00e9rmino se traducen dos voces sem\u00ed\u00adticas: qahal, convocatoria, de q\u00f4l, voz, la cual se encuentra frecuentemente en el A. T. para referirse a la congregaci\u00f3n o comunidad del pueblo elegido, reuniones sagradas, asambleas santas del pueblo de Dios, es decir, hermanos que reconocen al \u00fanico Dios,  convocadas por Dios, comunidad cultual obligada por ciertos preceptos seg\u00fan la alianza establecida; sobre todo en el Deuteronomio se usa este t\u00e9rmino qahal, como el llamado el d\u00ed\u00ada de la promulgaci\u00f3n de la Ley, Dt 4, 10; 5, 22; 9, 10; 10, 4; 18, 16; en Dt 23, 2-9, se dice qui\u00e9nes pueden ser admitidos en la asamblea de Yahv\u00e9h; y la otra voz, \u2020\u02dcedah, Israel como comunidad, el pueblo, en muchos casos sin m\u00e1s especificaciones, es decir, Israel como un todo. En el \u00e9xodo se constituye la comunidad de Israel, el pueblo, y en la celebraci\u00f3n de la primera Pascua est\u00e1n las dos voces, qahal y \u2020\u02dcedah, comunidad cultual y pueblo, Ex 12, 3-6.<\/p>\n<p>En el N. T.  la venida de Cristo, el Mes\u00ed\u00adas, que fue crucificado, muerto y resucitado, glorificado y sentado a la diestra de Dios Padre, determin\u00f3 la instituci\u00f3n de su I. La I. en el N. T., como en el A. T., tambi\u00e9n es convocaci\u00f3n, comunidad, pero tiene un sentido cristiano, esto es, se refiere tanto a la I. universal como a las iglesias particulares o locales as\u00ed\u00ad como a las reuniones de los fieles creyentes, Hch 9, 31; 15, 41; 16, 5; Rm  16, 5 y 16; 1 Co 1, 2; 2 Co 1, 1. Esta I., Ekkles\u00ed\u00ada, distinta de la sinagoga,  algo exclusivo de los jud\u00ed\u00ados y considerada \u00fanica depositaria de las promesas de Abraham, es la misma qahal del A, T., convocaci\u00f3n, pero este llamado es universal, la \u2020\u0153I. de Dios\u2020\u009d, como gusta decir el Ap\u00f3stol, la  I. de Cristo, no tiene en cuenta el origen de los fieles, Hch 2, 39; Rm 9,  6-13; 16, 4; Ga 3, 6-9. Tambi\u00e9n la I. es el pueblo de Dios, como el del A.<\/p>\n<p>T. todos los creyentes en Cristo lo contin\u00faan, son sus herederos. El creyente o el fiel es quien ha acogido a Jes\u00fas en su vida y esto es un don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, consecuencia de la conversi\u00f3n y el bautismo, y que lleva a la salvaci\u00f3n, Hch 2, 38; Ga 5, 22. Es decir, que la I. es una comunidad mesi\u00e1nica y escatol\u00f3gica, as\u00ed\u00ad se toma el t\u00e9rmino I. en Mt 16,  18, cuando Jes\u00fas le dice a Sim\u00f3n: \u2020\u0153T\u00fa eres Pedro, y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi I.\u2020\u009d; Mateo se refiere a la comunidad mesi\u00e1nica juntamente con la referencia al Reino de los cielos, Mt 4, 17, es decir, una comunidad escatol\u00f3gica que se inicia en la tierra con una congregaci\u00f3n organizada,  con Pedro como jefe instituido por Jes\u00fas. La I. formada por aqu\u00e9llos que acogen a Jes\u00fas, son sus hermanos en cuanto cumplen la voluntad del Padre, parentesco \u00e9ste espiritual, y son, por tanto, hermanos entre s\u00ed\u00ad, Mt 12, 46-50; Mc 3, 31-35; Lc 8, 19-21; nacidos de Dios, hijos del mismo Padre, Jn 1, 12-13; de donde la I. es una comunidad de hermanos, 1 P 5,   9. En Hechos de los Ap\u00f3stoles, la I. la forman los \u2020\u0153seguidores del Camino\u2020\u009d, la comunidad de los creyentes, Hch 9, 2; 18, 25; 19, 9; 22, 4; 24, 14; Jes\u00fas mismo se llam\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo el camino, nos ense\u00f1a la senda para llegar al Padre, Jn 8, 12; 14, 6.<\/p>\n<p>San Pablo  usa el s\u00ed\u00admil del cuerpo al hablar de la I. Los cristianos unidos  por el bautismo con Cristo muerto y resucitado son miembros de su cuerpo y de \u00e9l como de su cabeza vivificante reciben la nueva vida.<\/p>\n<p>Todos los cristianos son miembros de un mismo cuerpo  el de Cristo,  cada uno a su modo, unos son ap\u00f3stoles, otros reciben diferentes carismas, es decir, la I. es una unidad org\u00e1nica cuya cabeza es Cristo; la pluralidad de miembros forman un solo cuerpo, Cristo es el principio unificador de los diferentes cristianos, los miembros de su cuerpo, de su I.; y la I. es la presencia de Cristo en la tierra en cuanto prolonga su ministerio, 1 Co 12, 12-30; la I., pues, es una comunidad que depende de  Cristo, que es su cabeza visible, y en la que a la vez hay una interdependencia entre sus miembros, \u2020\u0153para el crecimiento y edificaci\u00f3n en el amor\u2020\u009d, Ef 4, 15-16.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>La palabra en ingl\u00e9s deriva del gr. kuriakos (perteneciente al Se\u00f1or), pero tambi\u00e9n deriva de otra palabra gr., ekklesia (de donde \u2020\u0153eclesi\u00e1stico\u2020\u009d), denotando una asamblea. Se usa en su sentido general en Act 19:32 pero ya se hab\u00ed\u00ada aplicado en la LXX como un equivalente para la congregaci\u00f3n del AT (comparar Act 7:38) y en este sentido se adopt\u00f3 para describir la nueva reuni\u00f3n o congregaci\u00f3n de disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En los Evangelios, el t\u00e9rmino se encuentra solamente en Mat 16:18 y 18:17. Esta escasez quiz\u00e1 pueda explicarse por el hecho de que ambos vv. parecen contemplar una situaci\u00f3n que seguir\u00ed\u00ada al ministerio terrenal de Cristo.<\/p>\n<p>No obstante, los vv. muestran que Cristo tiene esta reconstituci\u00f3n en perspectiva, que la iglesia reconstituida as\u00ed\u00ad descansar\u00e1 sobre la confesi\u00f3n apost\u00f3lica y que emprender\u00e1 el ministerio de reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando volvemos a Hechos la situaci\u00f3n cambia. La obra redentora ha sido cumplida y la iglesia del NT puede tener su cumplea\u00f1os en Pentecost\u00e9s. El t\u00e9rmino se usa ahora regularmente para describir los grupos locales de creyentes. As\u00ed\u00ad, leemos de la iglesia en Jerusal\u00e9n (Act 5:11), en Antioqu\u00ed\u00ada (Act 13:1) y en Cesarea (Act 18:22). Al mismo tiempo, la palabra se usa para todos los creyentes (posiblemente Act 9:31). Desde el principio la iglesia ha tenido tanto un significado local al igual que uno general, denotando tanto la asamblea individual como la comunidad mundial.<\/p>\n<p>Este doble uso tambi\u00e9n se ve en Pablo. El dirige sus cartas a iglesias espec\u00ed\u00adficas (p. ej., 1Co 1:2; 1Th 1:1). A la verdad, a veces parece que regionaliza m\u00e1s refiri\u00e9ndose a grupos espec\u00ed\u00adficos dentro de la comunidad local como iglesias, como si estuviera enviando saludos a congregaciones dentro de una ciudad (p. ej., Rom 16:5). No obstante, Pablo tambi\u00e9n desarrolla m\u00e1s cabalmente el concepto de una iglesia que consiste de todos los creyentes en todas las iglesias locales (1Co 10:32; Col 1:18; 1Ti 3:15; especialmente Efesios). Los otros libros del NT nos dan mayormente ejemplos del uso local (p. ej., 3Jo 1:9; Rev 1:4; Rev 2:1).<\/p>\n<p>La iglesia no es principalmente una estructura humana como un organismo pol\u00ed\u00adtico, social o econ\u00f3mico. Es b\u00e1sicamente la iglesia de Jesucristo (Mat 16:18), del Dios viviente (1Ti 3:15). Es un edificio del cual Jesucristo es la principal piedra del \u00e1ngulo o fundamento (Eph 2:20-22), el compa\u00f1erismo de santos o pueblo de Dios (1Pe 2:9), la esposa de Cristo (Eph 5:25-26) y el cuerpo de Cristo, siendo \u00e9l la cabeza y los creyentes los miembros (Rom 12:5; 1Co 12:12-13; Eph 4:4, Eph 4:12, Eph 4:15-17). Como el cuerpo, es la plenitud de Cristo quien todo lo llena en todo (Eph 1:23).<\/p>\n<p>La iglesia recibe su vida de Jesucristo por el Esp\u00ed\u00adritu Santo; pero lo hace por la Palabra por medio de la cual obtiene vida (Jam 1:18) y por la cual se nutre y santifica (Eph 5:26; 1Pe 2:2). Su funci\u00f3n es transmitir la Palabra para que otros tambi\u00e9n puedan ser vivificados y purificados. Su tarea es predicar el evangelio (Mar 16:15), asumir el ministerio de reconciliaci\u00f3n (2Co 5:19) y administrar los misterios de Dios (1Co 4:1).<\/p>\n<p>Finalmente, el trabajo de la iglesia no es meramente el procurar la salvaci\u00f3n de la gente; es en primer lugar procurar la gloria de Dios (Eph 1:6; Eph 2:7).<\/p>\n<p>Por tanto, ni la iglesia ni su funci\u00f3n cesan con la terminaci\u00f3n de su labor terrenal. Por eso, hay base para la antigua distinci\u00f3n entre la iglesia triunfante y la iglesia militante. Toda la iglesia es triunfante en su realidad verdadera. Pero la iglesia que lucha y va en camino todav\u00ed\u00ada est\u00e1 comprometida en el conflicto entre la antigua realidad y la nueva. Su destino, sin embargo, es ser llevada a plena conformidad con el Se\u00f1or (1Jo 3:2). Hacia esto se mueve vacilante pero en expectaci\u00f3n, confiada en su gloria futura cuando ser\u00e1 totalmente la iglesia triunfante como se describe gr\u00e1ficamente en Rev 7:9 ss., gozando su plena realidad como la novia y el cuerpo del Se\u00f1or.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(asamblea, apartados por el Senor).<\/p>\n<p> La Iglesia de Cristo es lo m\u00e1s entranable de su coraz\u00f3n, la que continuar\u00e1 su \u00abmisi\u00f3n\u00bb hasta el final de los tiempos, Mat 16:18-19, Mat 28:18-20, Mar 16:16-18, Luc 10:16, Jua 10:16.<\/p>\n<p> 1- Es Una, prefigurada de varias formas en la Biblia.<\/p>\n<p> &#8211; Como un \u00ab\u00e1rbol\u00bb, donde Cristo es el tronco, y los miembros, las ramas, ]n.15:1-7.<\/p>\n<p> &#8211; Un \u00abcuerpo\u00bb, donde Cristo es la cabeza, y nosotros los miembros, \u00c2\u00a1un solo cuerpo!, Ro.12, 1 Cor.12, Ef.12.<\/p>\n<p> &#8211; Un \u00abedificio\u00bb, donde Cristo es la piedra angular, y nosotros las piedras de ese \u00fanico edificio, 1 Ped.2.<\/p>\n<p> &#8211; Un \u00abrebano\u00bb. \u00c2\u00a1y habr\u00e1 un solo rebano y un solo pastor\u00bb, Jua 10:16, Jua 10:21.<\/p>\n<p> 15-17.<\/p>\n<p> &#8211; Un \u00abpueblo\u00bb, 1 Ped.2, Mat 21:33-44.<\/p>\n<p> &#8211; Una \u00abred\u00bb, Mat 13:47-51.<\/p>\n<p> &#8211; Una \u00abvi\u00f1a\u00bb, Mat 21:33-44, Jn.15.<\/p>\n<p> &#8211; La \u00abesposa\u00bb, Jua 3:29, Rev 21:2.<\/p>\n<p> &#8211; La \u00abJerusal\u00e9n Celestial\u00bb, Rev 21:2, Rev 21:10.<\/p>\n<p> 2- Se llaman \u00abiglesias\u00bb las comunidades locales de la \u00fanica Iglesia de Cristo, Rev 1:4, Rev 1:2 y 3, Gal 1:13, Hec 9:31.<\/p>\n<p> 3- Habr\u00e1 muchas \u00abfalsas iglesias\u00bb: Promovidas por \u00abmuchos\u00bb falsos Cristos, Mat 24:5, Mat 24:11, Mat 24:24; por \u00abfalsos ap\u00f3stoles\u00bb, 2Co 11:9-11; por \u00abfalsos maestros\u00bb, 2 Ped.2.<\/p>\n<p> 4- C\u00f3mo reconocer la \u00fanica Iglesia de Cristo: (Ver \u00abCristianismo\u00bb, \u00abReligi\u00f3n).<\/p>\n<p> 1. Fue fundada por Cristo, hace casi 2.000 a\u00f1os, Mat 16:18, Mat 28:19-20, Mar 16:15-18, Jua 20:23, Jua 21:15-17. Si la suya fue fundada hace s\u00f3lo 50 o 500 a\u00f1os, \u00c2\u00a1no es la de Cristo!. y, si su fundador fue un hombre, \u00c2\u00a1no es la \u00fanica de Cristo!.<\/p>\n<p> 2. Tiene los \u00abpoderes\u00bb que le dio Jes\u00fas:  De bautizar adultos y ninos, Mat 28:19, Hec 16:15, Hec 16:33.<\/p>\n<p> De \u00abperdonar pecados\u00bb, Jua 20:23.<\/p>\n<p> De ser \u00abinfalible\u00bb, Mat 16:19, Mat 18:18.<\/p>\n<p> De celebrar la \u00abEucarist\u00ed\u00ada\u00bb, de ofrecer \u00abrealmente\u00bb el Cuerpo y la Sangre de Cristo, Luc 22:19-20, Jua 6:48-58, 1 Cor. l<br \/>\n 23-30, Hc,Jua 2:42.<\/p>\n<p> De tener un \u00abpastor\u00bb visible e infalible, Jua 21:15-17, Mat 16:19, Luc 22:42.<\/p>\n<p> Donde se puede orar con eficacia por los \u00abdifuntos\u00bb, 1Co 15:29, 1Co 3:13-15, 2Ma 12:46.<\/p>\n<p> Donde se cumple la profec\u00ed\u00ada de Luc 1:48 y Sal 45:18 : (17), que dice que \u00abtodas generaciones llamar\u00e1n bienaventurada a la Virgen Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p> 3. Es \u00abCat\u00f3lica\u00bb, en el tiempo y en el espacio, y \u00abacepta\u00bb todas los dogmas de la Biblia, Mat 28:19, Stg 2:10, Stg 13:31-38, Stg 20:1-16, Jua 17:21.<\/p>\n<p> 4. Es \u00abapost\u00f3lica\u00bb, Luc 10:16, Efe 2:20, Mat 16:18-19, Mat 18:18., Jua 21:15-17.<\/p>\n<p> 5. Es \u00absanta\u00bb, pero con mala hierba en ella, Mat 13:47-51, Luc 7:4-15.<\/p>\n<p> 6. Es \u00abjer\u00e1rquica\u00bb y \u00abvisible\u00bb: Mat 16:19Mat 18:18, Luc 10:16, Luc 22:24-30, Jua 21:15.<\/p>\n<p> 7. Es \u00abcarism\u00e1tica\u00bb, con poder para expulsar demonios, sanar enfermos, resucitar los muertos por el aburrimiento. Mt.10, Mar 16:17-18, Lc. 10, Jua 14:12-14.<\/p>\n<p> 8. Es \u00abespiritual\u00bb, el Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo, de Ro. 12, 1 Cor.12 y Ef.4. Pero es \u00abuna sociedad visible tambien\u00bb, de Mat 18:18, Luc 10:16, Luc 10:1 y 2 de Tim, y Tito.<\/p>\n<p> 5- El \u00abArca de No\u00e9\u00bb fue figura de la \u00fanica Iglesia de Cristo: No se salvaron del Diluvio los muy inteligentes, sino s\u00f3lo los que estaban en el Arca; lo mismo ocurre con la Iglesia, Mat 24:3741. as\u00ed\u00ad es que esto de pertenecer a la Iglesia es important\u00ed\u00adsimo.<\/p>\n<p> 6- Quienes est\u00e1n en la Iglesia:  &#8211; Los bautizados en la \u00fanica Iglesia de Cristo, Mat 28:19, Ro.6, Efe 4:4, Col 2:12.<\/p>\n<p> &#8211; Los \u00abbautizados de deseo\u00bb, Mat 8:1112, Luc 23:43.<\/p>\n<p> 7- Estados en la \u00fanica Iglesia:  &#8211; Iglesia \u00abmilitante\u00bb: Los que vivimos en la tierra, cada uno con distintos dones o talentos o carismas, para ejercer distintas funciones o ministerios, como los distintos miembros de un cuerpo, 1 Cor.12, Ro.12, Ef.4.<\/p>\n<p> &#8211; La Iglesia \u00abpurgante\u00bb. Ver \u00abPurgatorio\u00bb.<\/p>\n<p> &#8211; La Iglesia \u00abtriunfante\u00bb, de los que ya est\u00e1n en el Cielo, con Jes\u00fas, el buen ladr\u00f3n. Luc 23:43, Ap.21, Fi12Cr 1:21-23, 2Cr 3:20., Mat 8:11-12.<\/p>\n<p> 8- El Esp\u00ed\u00adritu Santo la ensena, gu\u00ed\u00ada, vivifica y santifica: Jua 14:16, Jua 14:26, Jua 16:713, Mat 16:19, Mat 18:18, Hech.2, 10.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino griego ekklesia, que se traduce como i., significa \u2020\u0153asamblea, congregaci\u00f3n, reuni\u00f3n\u2020\u009d. Originalmente, se usaba para designar una asamblea de ciudadanos reunida para tratar asuntos comunales o pol\u00ed\u00adticos en una ciudad griega. En hebreo hab\u00ed\u00ada una palabra similar, kahal, que se empleaba para referirse a una asamblea hecha con prop\u00f3sitos religiosos. En el per\u00ed\u00adodo helen\u00ed\u00adstico de la historia de Israel, la palabra griega que se busc\u00f3 como equivalente fue sunag\u00f6g\u00eb, que quiere decir \u2020\u0153reunir, juntar\u2020\u009d. Cuando se hizo la traducci\u00f3n de la Biblia hebrea al griego ( \u2020\u00a2Septuaginta), donde dec\u00ed\u00ada kahal se puso \u2020\u0153sinagoga\u2020\u009d. Pero tambi\u00e9n se traduc\u00ed\u00ada como ekklesia, en diversos lugares (\u2020\u0153&#8230; y en ellas estaba escrito seg\u00fan todas las palabras que os habl\u00f3 Jehov\u00e1 en el monte &#8230; el d\u00ed\u00ada de la asamblea [ekklesia]\u2020\u009d [Deu 9:10]; \u2020\u0153No entrar\u00e1 amonita ni moabita en la congregaci\u00f3n [ekklesia] de Jehov\u00e1\u2020\u009d [Deu 23:3]; \u2020\u0153\u00bfQui\u00e9n de todas las tribus de Israel no subi\u00f3 a la reuni\u00f3n [ekklesia] delante de Jehov\u00e1?\u2020\u009d [Jue 21:5]; \u2020\u0153Por tanto, no habr\u00e1 quien a suerte reparta heredades en la congregaci\u00f3n [ekklesia] de Jehov\u00e1\u2020\u009d [Miq 2:5]).<\/p>\n<p>De manera que cuando el Se\u00f1or Jes\u00fas dijo: \u2020\u0153&#8230; edificar\u00e9 mi i.\u2020\u009d (Mat 16:18), la palabra era conocida por los que le escuchaban. La ep\u00ed\u00adstola de Santiago, considerada como de los primeros libros del NT que fueran escritos (entre el 40 y el 60 d.C.), cuando se refiere a una reuni\u00f3n de cristianos usa la palabra sunag\u00f6g\u00eb (\u2020\u0153Porque si en vuestra congregaci\u00f3n entra un hombre&#8230;\u2020\u009d [Stg 2:2]). Pero, en general, los autores del NT utilizan el vocablo ekklesia. En sus or\u00ed\u00adgenes neotestamentarios, este vocablo es paralelo y casi similar a sinagoga. Ekklesia tambi\u00e9n se usa para se\u00f1alar al pueblo de Israel en Sina\u00ed\u00ad (\u2020\u0153Este es aquel Mois\u00e9s que estuvo en la congregaci\u00f3n [ekklesia] en el desierto con el \u00e1ngel que le hablaba en el monte Sina\u00ed\u00ad\u2020\u009d [Hch 7:38]). O para indicar a una muchedumbre (\u2020\u0153Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra; porque la muchedumbre [ekklesia] estaba confusa\u2020\u009d [Hch 19:32]; \u2020\u0153&#8230; en leg\u00ed\u00adtima asamblea [ekklesia] se puede decidir\u2020\u009d [Hch 19:39]). Pero muy pronto se restringi\u00f3 el uso de la palabra para referirse a la reuni\u00f3n, o asamblea, o congregaci\u00f3n de los cristianos. El t\u00e9rmino as\u00ed\u00ad utilizado tiene s\u00f3lo dos sentidos en el NT: uno que habla del conjunto de los cristianos de todos los tiempos y otro que designa lo mismo, pero con un sentido local, aquellos que se re\u00fanen en un sitio. A lo primero se le denomina \u2020\u0153i. universal\u2020\u009d, y a lo segundo \u2020\u0153i. local\u2020\u009d. En ning\u00fan lugar del NT se habla de i. como refiri\u00e9ndose a un local o un edificio. Este es un uso que se aplic\u00f3, por extensi\u00f3n, en per\u00ed\u00adodos posteriores. Tampoco se habla de una i. en el sentido regional, o nacional, o internacional. Cuando los ap\u00f3stoles escrib\u00ed\u00adan a i. que estaban diseminadas en una regi\u00f3n o provincia, les llamaban \u2020\u0153las i.\u2020\u009d<\/p>\n<p>Las i. del NT. \u00bfC\u00f3mo eran las i. del NT? \u00bfCu\u00e1les cosas suced\u00ed\u00adan en ellas? La primera que conocemos fue la de Jerusal\u00e9n. Los ap\u00f3stoles se reun\u00ed\u00adan en un \u2020\u0153aposento alto, donde moraban&#8230;\u2020\u009d; \u2020\u0153&#8230; partiendo el pan en las casas&#8230;\u2020\u009d (Hch 1:13; Hch 2:46). Una de esas casas era la de \u2020\u0153Mar\u00ed\u00ada la madre de Juan &#8230; donde muchos estaban reunidos orando\u2020\u009d (Hch 12:12) cuando Pedro estaba preso. Se hac\u00ed\u00adan reuniones en el templo jud\u00ed\u00ado (\u2020\u0153Y perseverando un\u00e1nimes cada d\u00ed\u00ada en el templo y partiendo el pan en las casas&#8230;\u2020\u009d [Hch 2:46]). La forma del lenguaje parece indicar que las reuniones eran diarias. Los ap\u00f3stoles acud\u00ed\u00adan al \u2020\u00a2templo a orar (Hch 3:1). En efecto, los cristianos iban a las sinagogas y participaban de sus cultos. Los creyentes de Jerusal\u00e9n, cuando oyeron los informes de Pablo acerca de lo que Dios hac\u00ed\u00ada entre los gentiles, le dijeron: \u2020\u0153Ya ves, hermano, cu\u00e1ntos millares de jud\u00ed\u00ados hay que han cre\u00ed\u00addo; y todos son celosos por la ley\u2020\u009d (Hch 21:20). Fue en el a\u00f1o 90 d.C. cuando los jud\u00ed\u00ados decidieron, con sentido universal, la expulsi\u00f3n de las sinagogas de todo aquel que confesara que Jes\u00fas era el Cristo. Las iglesias de los gentiles tambi\u00e9n comenzaron reuni\u00e9ndose en casas. Se mencionan varios ejemplos, como el de \u2020\u00a2Priscila y \u2020\u00a2Aquila (\u2020\u0153Saludad tambi\u00e9n a la iglesia de su casa\u2020\u009d [Rom 16:5; 1Co 16:19]), el de Ninfas (\u2020\u0153&#8230; la iglesia que est\u00e1 en su casa\u2020\u009d [Col 4:15]) y el de \u2020\u00a2Filem\u00f3n (\u2020\u0153&#8230; la iglesia que est\u00e1 en su casa\u2020\u009d [Flm 1:2]).<br \/>\ncuanto al gobierno de las i., es evidente que los ap\u00f3stoles asumieron la direcci\u00f3n de la de Jerusal\u00e9n. Luego, para ciertos trabajos que les distra\u00ed\u00adan de la \u2020\u0153oraci\u00f3n y &#8230; el ministerio de la palabra\u2020\u009d se escogieron siete personas para \u2020\u0153servir a las mesas\u2020\u009d, surgiendo as\u00ed\u00ad lo que se llam\u00f3 el oficio de \u2020\u00a2di\u00e1cono (Hch 6:1-6). En su trabajo misionero, los ap\u00f3stoles se preocupaban de establecer \u2020\u0153ancianos en cada ciudad\u2020\u009d, esto es, en las i. (Tit 1:5). Los \u2020\u00a2ancianos, pastores u obispos eran los encargados de dirigir las i. Los que \u2020\u0153gobiernan bien\u2020\u009d, dec\u00ed\u00ada Pablo, merec\u00ed\u00adan ser sostenidos por la i. (1Ti 5:17). Aunque la i. de Jerusal\u00e9n no interfer\u00ed\u00ada en los asuntos de las dem\u00e1s i., se reconoc\u00ed\u00ada su autoridad moral por ser la m\u00e1s antigua y por la significaci\u00f3n hist\u00f3rica de la ciudad y la experiencia de sus l\u00ed\u00adderes.<br \/>\ncon la predicaci\u00f3n del evangelio, las i. se preocupaban por los pobres y marginados sociales. En Jerusal\u00e9n, \u2020\u0153vend\u00ed\u00adan sus propiedades y sus bienes, y los repart\u00ed\u00adan a todos seg\u00fan la necesidad de cada uno\u2020\u009d (Hch 2:45). Los l\u00ed\u00adderes de la i. de Jerusal\u00e9n pidieron a Pablo que se acordase de los pobres (\u2020\u0153&#8230; lo cual tambi\u00e9n procur\u00e9 con diligencia hacer\u2020\u009d [Gal 2:10]). Las i. gentiles se preocuparon por ayudar a los necesitados en Jerusal\u00e9n (\u2020\u0153Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos en Jerusal\u00e9n\u2020\u009d [Rom 15:26]). Tambi\u00e9n ten\u00ed\u00adan la costumbre de ayudar econ\u00f3micamente a las viudas de su comunidad (\u2020\u0153Sea puesta en la lista s\u00f3lo la viuda no menor de sesenta a\u00f1os&#8230;\u2020\u009d [1Ti 5:9]) y se ocupaban de los enfermos (Stg 5:14-15).<br \/>\npersonas idealizan las i. del NT, pero \u00e9ste no encubre los grandes problemas, errores y pecados que exist\u00ed\u00adan en aquellas comunidades cristianas. En Jerusal\u00e9n \u2020\u00a2Anan\u00ed\u00adas y \u2020\u00a2Safira mintieron (Hch 5:1-11). Tambi\u00e9n \u2020\u0153hubo murmuraci\u00f3n de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aqu\u00e9llos eran desatendidas en la distribuci\u00f3n diaria\u2020\u009d (Hch 6:1). En \u2020\u00a2Antioqu\u00ed\u00ada, l\u00ed\u00adderes de la envergadura de \u2020\u00a2Pedro y \u2020\u00a2Bernab\u00e9 tuvieron que sufrir de Pablo un reproche p\u00fablico como hip\u00f3critas, por una \u2020\u0153simulaci\u00f3n\u2020\u009d que hac\u00ed\u00adan frente a visitantes jud\u00ed\u00ados para que no les vieran comer con gentiles (Gal 2:11-13). En \u2020\u00a2Corinto hubo casos de diversos pecados, incluyendo uno de incesto (1Co 5:1). El ap\u00f3stol Juan menciona a un tal \u2020\u00a2Di\u00f3trefes, que se convirti\u00f3 en un cacique exclusivista en una i. No recib\u00ed\u00ada a los hermanos y expulsaba a los que no estaban de acuerdo con \u00e9l (3Jn 1:9-10. En la i. de los \u2020\u00a2Tesalonicenses hab\u00ed\u00ada personas que tomaban como excusa la esperanza de la venida del Se\u00f1or para comportarse como vagos (2Te 3:10-12). Aparecieron maestros falsos en las i., que ten\u00ed\u00adan \u2020\u0153apariencia de piedad\u2020\u009d pero negaban \u2020\u0153la eficacia de ella\u2020\u009d, y \u2020\u0153mujercillas cargadas de pecados\u2020\u009d (2Ti 3:5-7). En la mayor\u00ed\u00ada de las cartas a las iglesias de Asia, a las cuales Juan se dirige en el Apocalipsis, se detectan defectos y pecados que exist\u00ed\u00adan en ellas.<br \/>\nla observaci\u00f3n de estos aspectos de la vida de las i., corrientes en toda la historia hasta el d\u00ed\u00ada de hoy, nos asombran las declaraciones apost\u00f3licas en cuanto a la i. No \u2020\u0153las i., sino \u2020\u009dla i.\u2020\u0153 Ella es \u2020\u009dla casa de Dios &#8230; la i. del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad\u00bb (1Ti 3:15). Jesucristo es el fundamento de ella (1Co 3:11-12). \u00e9l es su cabeza y ella es su cuerpo (Efe 1:22-23; Col 1:18). Esta figura se refuerza con otra: la i. es la esposa de Cristo (Efe 5:21-33). Pablo explica que el evangelio era un \u2020\u0153misterio escondido desde los siglos en Dios\u2020\u009d y que \u2020\u0153la multiforme sabidur\u00ed\u00ada de Dios\u2020\u009d es \u2020\u0153dada a conocer por medio de la i. a los principados y potestades en los lugares celestiales\u2020\u009d (Efe 3:9-10). El prop\u00f3sito de Cristo es \u2020\u0153santificarla, habi\u00e9ndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de present\u00e1rsela a s\u00ed\u00ad mismo, una i. gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha\u2020\u009d (Efe 5:26-27).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT<\/p>\n<p>ver, CARISMAS, CONCILIO<\/p>\n<p>vet, (gr. \u00abEkklesia\u00bb, del verbo \u00abek kale\u00f5\u00bb, \u00abllamar fuera de\u00bb). (a) Uso del t\u00e9rmino. En los estados griegos recib\u00ed\u00ada este nombre la asamblea de los ciudadanos, convocada por un heraldo para tratar y decidir los asuntos p\u00fablicos (cfr. la asamblea alborotada de Efeso, Hch. 19:32, 41). La LXX traduce como \u00abekklesia\u00bb el t\u00e9rmino hebreo \u00abk\u00e3h\u00e3l\u00bb, que designa a la asamblea o congregaci\u00f3n de Israel. Es en este sentido que Esteban habla de \u00abla congregaci\u00f3n\u00bb (\u00abekklesia\u00bb) que estuvo con Mois\u00e9s en el desierto (Hch. 7:38). El Se\u00f1or Jes\u00fas emplea por primera vez en el NT el t\u00e9rmino iglesia, que va a recibir un tratamiento tan corriente en el NT. Se\u00f1alemos ya aqu\u00ed\u00ad que este t\u00e9rmino no designa jam\u00e1s un edificio ni un lugar de culto, como sucede en la actualidad. (b) Definici\u00f3n. En esencia, la Iglesia es la comunidad de todos los creyentes del Nuevo Testamento que han sido unidos por el lazo de la fe y de la acci\u00f3n regeneradora del Esp\u00ed\u00adritu Santo, de una manera vital, a Jesucristo. Esta Iglesia \u00abespiritual\u00bb es el cuerpo m\u00ed\u00adstico del Se\u00f1or, del que se llega a ser miembro por el bautismo del Esp\u00ed\u00adritu, y en este sentido s\u00f3lo es discernida por los ojos de la fe (1 Co. 12:13). Es \u00abuniversal\u00bb por cuanto todos los hijos de Dios de todos los pa\u00ed\u00adses y procedencias forman parte de ella (Hch. 2:47; 9:31), comprendiendo tambi\u00e9n a todos los rescatados ya recogidos en el Se\u00f1or (He. 12:22-23). Si bien en cierto sentido es \u00abinvisible\u00bb, es al mismo tiempo \u00abvisible\u00bb, pues se halla en la tierra manifestada por medio de miembros vivos y activos, para que el mundo pueda ver su amor fraternal, constatar sus buenas obras, y comprender su fiel testimonio del Se\u00f1or (Jn. 17:21; 1 P. 2:12; Fil. 2:15-16). Asimismo, es tambi\u00e9n \u00ablocal\u00bb, ya que en el NT la comunidad cristiana de cada localidad era considerada como una iglesia, lo que permite emplear asimismo el t\u00e9rmino \u00abiglesias\u00bb (Hch. 8:1; 11:26; 13:1; 14:23, 27; 15:41; Ro. 16:4-5; 1 Co. 7:17; 1 Ts. 2:14). (c) Relaci\u00f3n entre Cristo y la Iglesia. La relaci\u00f3n entre Cristo y la Iglesia queda maravillosamente ilustrada en el NT. Cristo es la Cabeza, el Jefe del Cuerpo de la Iglesia (1 Co. 12:12-13, 27; Ef. 5:23, 30); es el Esposo celestial, que se ha unido tan \u00ed\u00adntimamente a ella que los dos ya no son m\u00e1s que una sola carne (2 Co. 11:2; Ef. 5:31-32). Es la piedra cabecera del \u00e1ngulo del templo del Se\u00f1or, cuyas piedras vivas son los creyentes individuales edificados sobre el fundamento de los ap\u00f3stoles y profetas (Ef. 2:19-22; 1 P. 2:4-5; es as\u00ed\u00ad como se debe interpretar Mt. 16:18, siendo que Pedro fue el primero en confesar claramente el nombre del Salvador, siendo en este sentido la primera piedra individual puesta sobre el fundamento. Cfr. Hch. 4:11-12). Cristo es asimismo el sumo sacerdote que encabeza el regio sacerdocio constituido por todos los miembros de la Iglesia (1 P. 2:5, 9-10; He. 9:11, 14; Ap. 1:6). (d) Unidad. La unidad de la Iglesia es un don de Dios y un milagro conseguido por la obra de la Cruz y de Pentecost\u00e9s, reuniendo en uno solo a los hijos de Dios que estaban esparcidos (Jn. 11:52; Ef. 2:13-16; 1 Co. 12:13). As\u00ed\u00ad se cumple la oraci\u00f3n intercesora de Cristo, pidiendo para los suyos una perfecta unidad de naturaleza, semejante a la del Padre y el Hijo (Jn. 17:11, 20-23). La base s\u00e9ptuple de esta unidad queda indicada en Ef. 4:4-6; esta unidad existe entre aquellos que adoran y sirven al Dios uno y trino, que han venido a ser miembros del cuerpo de Cristo, la Iglesia, por el bautismo del Esp\u00ed\u00adritu, teniendo la sola fe que salva y la esperanza viva del retorno de Cristo. Fuera de esta base, es ilusoria toda b\u00fasqueda de unidad. De todas maneras, no tenemos que hacer, ni organizar la unidad, que es espiritual, mediante nuestros esfuerzos, sino guardarla en el v\u00ed\u00adnculo de la paz (Ef. 4:1-3). Esto demanda un constante esfuerzo de los creyentes, y debe llevarnos a la confesi\u00f3n de que todos hemos pecado gravemente a este respecto. \u00c2\u00a1Se deber\u00ed\u00ada prestar m\u00e1s atenci\u00f3n a la severa advertencia de 1 Co. 3:16-17 ! (e) Dones y ministerios en el seno de la iglesia. En el Cuerpo de Cristo cada miembro recibe uno o varios dones del Esp\u00ed\u00adritu, para capacitarle a actuar en bien del resto de los miembros. Una enumeraci\u00f3n de los dones y ministerios posibles se halla en 1 Co. 12:7-11, 28- 30; Ro. 12:4-8; Ef. 4:11 (v\u00e9ase CARISMAS). Por cuanto todos los miembros del cuerpo de Cristo son as\u00ed\u00ad dotados y llamados al sacerdocio, no existe jerarqu\u00ed\u00ada en la Iglesia, ni divisi\u00f3n entre clero y laicos. Lo que s\u00ed\u00ad existe es una arm\u00f3nica distribuci\u00f3n de los dones y ministerios, ejercidos en mutuo amor y sumisi\u00f3n los unos a los otros (1 P. 4:10-11). En la Iglesia del NT los ap\u00f3stoles ejercieron un papel que era, en un sentido, irrepetible (Hch. 1:21-22; Ef. 2:20); los obispos (gr. \u00absupervisores\u00bb), llamados tambi\u00e9n ancianos (Hch. 14:23; 15:22; 20:17, 18), estaban encargados de velar sobre el reba\u00f1o y de asegurar la predicaci\u00f3n y la ense\u00f1anza (1 Ti. 3:1-7; 5:17); los di\u00e1conos ejerc\u00ed\u00adan un ministerio de servicio (Hch. 3:8-13; 6:2-6; cfr. Ro. 16:1-2: Febe, diaconisa de la iglesia de Cencrea). Estos eran cargos siempre establecidos por la irreemplazable autoridad de los ap\u00f3stoles bien personal, bien delegada expresamente (1 Ti. 3:1-7, 8-13, 14-15; Tit. 1:5), lo cual es evidencia de que no eran establecidos por las iglesias mismas. Hab\u00ed\u00ada tambi\u00e9n profetas, evangelistas, pastores y maestros (Ef. 4:11). Estos son constituidos por la autoridad directa del mismo Se\u00f1or, cabeza de la Iglesia (cfr. Hch. 13:1-3), ejerciendo sus ministerios en comuni\u00f3n con toda la Iglesia pero no, ciertamente, comisionados por ella, sino por el mismo Se\u00f1or para edificaci\u00f3n mutua. Es adem\u00e1s un ministerio plural, y no reducido a un solo hombre, como sucede tan frecuentemente hoy en d\u00ed\u00ada. Las actividades y la autoridad quedan as\u00ed\u00ad en el seno de la Iglesia, de manera que en el Concilio de Jerusal\u00e9n las decisiones son tomadas en nombre de los ap\u00f3stoles, ancianos, hermanos y, finalmente, de toda la Iglesia, bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Hch. 15:22-23, 28). (V\u00e9ase CONCILIO DE JERUSALEN.) f) El destino eterno de la iglesia. En esta tierra, la Iglesia es a\u00fan imperfecta, incompleta y menospreciada; no es del mundo y marcha, como su Se\u00f1or, por el camino de la cruz (Lc. 12:32; Jn. 15:18, 20; 17:14-18). Su tarea es dar testimonio de Jesucristo y ganar almas para Su nombre (1 P. 2:9-10; Fil. 2:15-16). Tiene que crecer en la santidad (Ef. 4:12-16); es inminente el momento en que se cumplir\u00e1 el n\u00famero de los elegidos (Ro. 11:25) y en que Cristo har\u00e1 comparecer ante S\u00ed\u00ad a su esposa perfecta, gloriosa e irreprensible (Ef. 5:27). Para ello, su esposa habr\u00e1 sido arrebatada al cielo al encuentro de su Se\u00f1or (1 Ts. 4:14-17; cfr. Mt. 25:1-13), purificada y unida a El en las Bodas del Cordero (Ap. 19:7-9). Sentada con Cristo en su trono, reinar\u00e1 con El por los siglos de los siglos (Ap. 3:21; 22:3-5). Entonces aquellos que han sido salvos por la fe del Evangelio, gozar\u00e1n de su felicidad sin adversidad alguna, en la presencia del mismo Dios, en aquella ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios, gozando de una comuni\u00f3n entra\u00f1able con Cristo y con el Padre en una uni\u00f3n eterna por el Esp\u00ed\u00adritu (He. 11:10; Jn. 14:1-3; Ap. 21:9-22:5). Las \u00faltimas palabras de la Biblia retumban con la esperanza de la Iglesia alimentada por el Esp\u00ed\u00adritu: \u00abY el Esp\u00ed\u00adritu y la Esposa dicen: Ven&#8230; El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Am\u00e9n, s\u00ed\u00ad, ven, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Ap. 22:17, 20) Bibliograf\u00ed\u00ada: Chafer L. S.: \u00abTeolog\u00ed\u00ada Sistem\u00e1tica\u00bb, tomo II vol. IV. \u00abEclesiolog\u00ed\u00ada\u00bb (Publicaciones Espa\u00f1olas, Dalton, Ga., 1974 PP 3-256). Darby J N.:\u00bbConsiderations on the Nature and Unity of the Church of Christ\u00bb; \u00abThe Character of Office in the Present Dispensation\u00bb; \u00abOn the Formation of Churches\u00bb; \u00abOn Ministry, its Nature, Source, Power, and Responsiblity\u00bb; \u00abOn Discipline\u00bb; \u00abSeparation from Evil God&#8217;s Principle of Unity\u00bb; \u00abGrace, the Power of Unity and of Gathering\u00bb; \u00abOn Gifts and Offices in the Church\u00bb; \u00abThe House of God; the Body of Christ; and the Baptism of the Holy Ghost\u00bb; \u00abThe Church &#8211; the House arid the Body\u00bb, en The Collected Writings of J. N. Darby (Ed.: W. Kelly, vols. 1 y 14; Stow Hill Bible and Tract Depot, Kingston-on-Thames, Surrey, reimp. 1972); Kelly, W.: \u00abLectures on the Church of God\u00bb (C. E. Hammond Trust Bible Depot, Londres s\/f); Lacueva, F.: \u00abLa Iglesia cuerpo de Cristo\u00bb (Cl\u00ed\u00ade, Terrassa, 1973); MacDonald, W.: \u00abCristo am\u00f3 a la Iglesia\u00bb (P\u00e1ginas Orientadoras, Tehuac\u00e1n, 1961); Morgan, G. C.: \u00abPedro y la Iglesia\u00bb (Cl\u00ed\u00ade, 1984); Nee, W.: \u00abLa iglesia normal\u00bb (Cl\u00ed\u00ade, Terrassa, 1983); Nee, W.: \u00abLa iglesia gloriosa (Cl\u00ed\u00ade, Terrassa, 1983); Patterson, F. G.: \u00abPaul&#8217;s Doctrine and other papers\u00bb (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, 1944); Regard, P. F.: \u00abLos ministerios y los dones\u00bb (Ed. \u00abLas Buenas Nuevas\u00bb, Los \u00ed\u0081ngeles s\/f); Shaeffer, F. A.: \u00abLa Iglesia al final del siglo XX\u00bb (Ediciones Evang\u00e9licas Europeas, Barcelona, 1973), Shaeffer, F. A.: \u00abThe Church Before the Watching World\u00bb (Inter-Varsity Press, Londres, 1972).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[260]<\/p>\n<p>     Jes\u00fas quiso dejar a sus disc\u00ed\u00adpulos organizados en una comunidad o asamblea (Eclesia, Sinagoga) y no s\u00f3lo en grupo provisional de adeptos.<\/p>\n<p>    Esa comunidad de creyentes y seguidores suyos, con capacidad de conservarse a trav\u00e9s de los tiempos y abrirse a todas las naciones de la tierra, fue y es una realidad hist\u00f3rica, es decir una de las grandes \u00abreligiones\u00bb de la tierra, con millones de adeptos y sistemas org\u00e1nicos de doctrinas y de normas \u00e9ticas.<\/p>\n<p>    Pero al mismo tiempo es algo m\u00e1s. Es un misterio de presencia de Cristo en la tierra, en cumplimiento de su promesa: \u00abDonde dos o tres est\u00e1n reunidos en mi nombre, all\u00ed\u00ad estoy yo en medio de ellos.\u00bb (Mt. 18.20)<\/p>\n<p>    1. Conceptos de Iglesia<br \/>\n    En las lenguas germ\u00e1nicas, la palabra con que se designa la Iglesia, Kirche o Church, se deriva de la griega \u00abKyrion\u00bb, Se\u00f1or\u00ed\u00ado, que equivale en el lenguaje latino al de imperio o dominio. En las lenguas romances se recoge el t\u00e9rmino \u00abEcclesia\u00bb, Iglesia, Igreja, Eglise, Chiesa, que es a su vez la trascripci\u00f3n de la griega Eklessia con sentido de asamblea, comunidad, congregaci\u00f3n, reuni\u00f3n, synagoga.<\/p>\n<p>     En ambas preferencias sem\u00e1nticas, el cristiano encuentra en la Iglesia el cauce participativo de su fe. Sin el sentido comunitario, la fe se reduce a un sentimiento individual y fragmentario, que une a cada persona con el Misterio de Dios. Cierta soledad interior, por muy religiosa que parezca, no facilita la maduraci\u00f3n de la fe y se refugia en creencias subjetivas y pasajeras. Pero con la riqueza aportada por la fe de los dem\u00e1s, compartida por la fe propia, la vida cristiana se transforma en una vivencia profunda y solidaria, en la que importa tanto lo propio como lo ajeno.<\/p>\n<p>     Por eso, los cristianos se definen como hermanos, se declaran hijos del mismo Padre Dios y reconocen al mismo Hermano Jes\u00fas. La Iglesia es pues una familia, un hogar, un encuentro de amor. Sin embargo, la dimensi\u00f3n comunitaria de Iglesia no atrofia ni eclipsa las realidades comunitarias m\u00e1s cercanas o concretas: familias, instituciones, grupos, fraternidades, parroquias, movimientos, etc. Todas se integran en una realidad simple y complementadota, a la que llamamos Iglesia y que hoy describimos como \u00abcomunidad de comunidades\u00bb.<\/p>\n<p>     2. Jes\u00fas quiso una Iglesia<\/p>\n<p>     La Iglesia que Jes\u00fas quiso formar en el mundo fue un regalo dado a los hombres para ayudarles en el camino de la salvaci\u00f3n. A sus primeros seguidores les invit\u00f3 a formar parte de su grupo de amigos. \u00abEn adelante, ya no os llamar\u00e9 siervos, pues el siervo no sabe lo va a hacer el Se\u00f1or. Os llamar\u00e9 amigos, porque os he dado a conocer lo que o\u00ed\u00ad a mi Padre.\u00bb  (Jn. 15.15-16)<\/p>\n<p>     Durante su vida de Profeta los fue preparando para que siguieran unidos cuando la hora de su partida llegara. Les prometi\u00f3 la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo enviado por El mismo y por el Padre. Y les dispuso para que anunciaran el Reino de Dios en la tierra entera, pues para eso El hab\u00ed\u00ada venido al mundo. \u00abNo me elegisteis vosotros a mi, soy yo el que os he elegido y destinado para march\u00e9is y deis muchos frutos\u00bb (Jn. 15. 17)<\/p>\n<p>     Pero Jes\u00fas no pensaba s\u00f3lo en la peque\u00f1a comunidad que le segu\u00ed\u00ada de momento. En sus previsiones divinas sab\u00ed\u00ada que su mensaje estaba destinado a llegar a todos los hombres. Por eso preparaba la gran familia que se formar\u00ed\u00ada con todos los que, creyendo en su nombre, se ir\u00ed\u00adan a\u00f1adiendo a sus seguidores a lo largo de los siglos y a lo ancho del mundo. \u00abNo te pido s\u00f3lo por \u00e9stos, sino por todos aquellos que creer\u00e1n en mi por medio de su palabra.\u00bb (Jn. 17. 20-21)<\/p>\n<p>    Jes\u00fas regal\u00f3 a todos ellos una Iglesia capaz de recibirlos, de alentarlos, de iluminarlos, de servir de camino de salvaci\u00f3n. El signo distintivo de esa comunidad quiso que fuera el amor fraterno entre los miembros. Y la fuerza constructiva de esa comunidad habr\u00ed\u00ada de ser el celo y la fe de quienes en ella se integraran con sinceridad.<\/p>\n<p>     La Iglesia siempre se ha sentido la obra de Jes\u00fas. Por eso ha ido por el mundo anunciando y bautizando en el nombre de su divino Fundador y pidiendo para todos la luz a trav\u00e9s del amor. Gracias a su acci\u00f3n entre los hombres, Jes\u00fas ha vivido en medio de ellos; pues la Iglesia, es decir la comunidad de sus seguidores, siempre fue testimonio y espejo de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas recibi\u00f3 de su Padre una misi\u00f3n universal y la comunic\u00f3 a su Iglesia. Precisamente para ello la estableci\u00f3 en el mundo. No hizo otra cosa que anunciar el Reino de Dios y por eso mand\u00f3 a sus seguidores hacer lo mismo por todo el universo. Fue el encargo que el Padre le hab\u00ed\u00ada dado al ser enviado a la tierra.<\/p>\n<p>    Presentar lo que es la Iglesia sin referencia a Jes\u00fas y a su misi\u00f3n salvadora es entrar en un error, es como definir la luz sin resplandor.<\/p>\n<p>    Porque la Iglesia no es una simple sociedad religiosa sin m\u00e1s, no es una multinacional cristiana. Es un misterio de fe, de salvaci\u00f3n y un sacramento ante el mundo que la observa<\/p>\n<p>     El drama de muchos cristianos es que se sienten s\u00f3lo socios de una colectividad y por eso no valoran su grandeza. Hasta que no lleguen a entender lo que es ser miembros de un Cuerpo M\u00ed\u00adstico y ciudadanos de un Pueblo de Dios, no podr\u00e1n experimentar el gozo pleno de su ser cristiano.<\/p>\n<p>    3. En la Escritura<br \/>\n    La Sagrada Escritura emplea el t\u00e9rmino de \u00abiglesia\u00bb tanto en sentido profano como religioso.<\/p>\n<p>    3.1. En el Antiguo Testamento<br \/>\n    Aparece en alguna ocasi\u00f3n. En la versi\u00f3n de los Setenta, la palabra eklessia es traducci\u00f3n de la hebraica \u00abkahal\u00bb o asamblea.<\/p>\n<p>    En sentido profano significa la asamblea popular, la comunidad civil o cualquier reuni\u00f3n de hombres: Deut. 23.1; Sal. 25. 5; Eccli. 23. 34 y 31. 11. Empleada en sentido religioso, significa la comunidad de Dios, es decir, en el Antiguo Testamento, la reuni\u00f3n o sociedad de los israelitas: Salm. 21. 23 y 26; 39, 10; Joel. 2. 16. En el Antiguo Testamento son m\u00e1s las veces que se alude al Pueblo, a Israel, que al de reuni\u00f3n o asamblea.<\/p>\n<p>   3.2. En el Nuevo Testamento<\/p>\n<p>    En el Nuevo Testamento, la reuni\u00f3n o grupo de los seguidores de Jes\u00fas, los presentes (mi peque\u00f1a iglesia) y los que vendr\u00e1n. Hasta 114 veces se emplea el t\u00e9rmino Eclesia (3 en Mateo, 23 en los Hechos, 62 en la Cartas paulinas, 4 en las otras Cartas y 22 en el Apocalipsis)   Siempre alude a la \u00abreuni\u00f3n de fieles\u00bb ocasional y en un lugar concreto o a la reuni\u00f3n permanente y general, que ser\u00e1 el sentido que se perpet\u00fae a trav\u00e9s de los siglos. En ocasiones hace referencia a una comunidad particular: Rom. 16. 5; Hech. 8, 1; Hech. 1 3 y 14. 26; Hech. 19. 32 a 40; 1 Tes. 1.1. Y en ocasiones se refiere a la totalidad de los seguidores de Jes\u00fas: Mt. 16. 18; Hech. 9. 1. 31; 20. 28;  Gal. 1. 13; Efes. 1. 22; 5. 23 ss;  Filip. 3. 6; Col. 1. 18; 1 Tim. 3. 15.<\/p>\n<p>    Expresiones sin\u00f3nimas son: Reino de los cielos o Reino de Dios (Mt. 13.24; Mc. 4.30. Lc. 1.33; Jn 3.5) o expresiones equivalentes, como casa de Dios (1 Tim. 3. 15; Hebr. 10. 21; 1 Petr. 4. 17) o como reuni\u00f3n de los fieles: Hech. 2. 44.<\/p>\n<p>     3.3. Gestos de Jes\u00fas<\/p>\n<p>     La conciencia de uni\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos fue aumentando cada vez m\u00e1s. Con sus gestos y sus palabras Jes\u00fas tendi\u00f3 a fomentarla. La podemos descubrir si analizamos todo lo que el Maestro manifest\u00f3 para dar a entender su profunda amistad con ellos.<\/p>\n<p>   &#8211; Re\u00fane disc\u00ed\u00adpulos en torno suyo y escoge a los de m\u00e1s variada condici\u00f3n: pescadores, recaudadores, del grupo del Bautista, hasta miembros del Sanedr\u00ed\u00adn o gente principal. (Mt. 4.18)<\/p>\n<p>   &#8211; Selecciona doce que le siguen m\u00e1s estrechamente y los distingue con su amistad singular. (Mc. 3.14)<\/p>\n<p>   &#8211; Los llama Ap\u00f3stoles, o enviados, y desarrolla su conciencia de elegidos, amigos no siervo, mensajeros. (Lc. 16.13)<\/p>\n<p>   &#8211;  Les prepara especialmente en el arte de predicar y les da instrucciones sabias. (Mc. 4. 34)<\/p>\n<p>   &#8211; Les transmite poderes singulares, y hasta divinos, como el perdonar los pecados o someter a los esp\u00ed\u00adritus. (Lc. 22. 10. y Jn. 20.23)<\/p>\n<p>   &#8211;  Les env\u00ed\u00ada por todo el mundo a predicar y a bautizar en su nombre. (Mc. 16. 20; Jn. 20. 21)<\/p>\n<p>     Por sus hechos y palabras, qued\u00f3 evidente que Jes\u00fas quer\u00ed\u00ada una Iglesia. Mostraba en todo momento el deseo de que sus disc\u00ed\u00adpulos se mantuvieran unidos con El y se consideraran miembros de su grupo elegido.<\/p>\n<p>     3.4. Exigi\u00f3 fidelidad<br \/>\n    Jes\u00fas reclam\u00f3 el seguimiento de sus disc\u00ed\u00adpulos de forma personal. Llam\u00f3 a cada uno de manera concreta, individual, muy propia de un Maestro que tiene autoridad sobre ellos.<\/p>\n<p>    Les dec\u00ed\u00ada que hab\u00ed\u00ada llegado el momento de una nueva vida. Y les anunciaba que era preciso encontrar la salvaci\u00f3n a su lado, haciendo penitencia.<\/p>\n<p>    Se dedic\u00f3 a anunciar el Reino de Dios a toda clase de gente, dejando a cada uno la libertad de aceptar o de rechazar lo que El ense\u00f1aba.<\/p>\n<p>     A sus seguidores les llamaba \u00abpeque\u00f1o reba\u00f1o\u00bb, \u00abamigos\u00bb, \u00abdisc\u00ed\u00adpulos\u00bb. El se llamaba \u00abmaestro\u00bb, \u00abcamino\u00bb, verdad\u00bb, \u00abvida\u00bb, \u00abluz\u00bb, \u00abenviado\u00bb, \u00abvid\u00bb, etc., expresiones toda que aluden a unidad e interrelaci\u00f3n. Record\u00f3 que los elegidos por Dios para seguirle reciben nueva vida, don, gracia viva que hay que agradecer.<\/p>\n<p>    3.5. Perfil\u00f3 su conciencia<br \/>\n    Las palabras de Jes\u00fas, tal como las recordaron sus seguidores, mezclaban el sentimiento de grupo  la conciencia de misteriosa comunidad.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas afirmaba que su comunidad estaba destinada a salvar a los hombres de todo el mundo, pero que no era una obra terrena sin m\u00e1s: \u00abMi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera, mis gentes me habr\u00ed\u00adan defendido. Pero mi Reino no es de aqu\u00ed\u00ad\u00bb. (Jn. 18.36)<\/p>\n<p>    Se sent\u00ed\u00ada unido a ella, a pesar de la inminencia de su partida. Por eso reclama de sus seguidores la permanencia en la unidad: \u00abYo soy la vid. Mi Padre es labrador&#8230; El que est\u00e1 unido conmigo y yo con \u00e9l, ese dar\u00e1 mucho fruto&#8230; Ya no os llamo siervos&#8230;vosotros sois mis amigos.\u00bb (Jn. 15. 1-15)<\/p>\n<p>    Y la miraba tambi\u00e9n como una comunidad de vida y compuesta de hombres, en la que el seguir\u00ed\u00ada siempre siendo el Pastor: \u00abYo soy el buen Pastor. Conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a m\u00ed\u00ad\u00bb.(Jn. 10.14)<\/p>\n<p>  4. Iglesia en la Historia<\/p>\n<p>     La Iglesia ha conservado inmutable esa conciencia de comunidad de Jes\u00fas a lo largo de los siglos. Los textos b\u00ed\u00adblicos no son adornos en su memoria. Son testamento, compromiso, bases firmes de su constituci\u00f3n.<\/p>\n<p>     El Catecismo Romano (1. 10, 2), siguiendo las expresiones de San Agust\u00ed\u00adn (Enarr. in Sal. 149. 3), la define como \u00bb El pueblo cristiano esparcido por toda la redondez de la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>    San Roberto Belarmino defin\u00ed\u00ada Iglesia en su Catecismo: \u00abLa Iglesia es una asociaci\u00f3n de hombres que se hallan unidos por la confesi\u00f3n de la misma fe cristiana y por la participaci\u00f3n en los mismos sacramentos, bajo la direcci\u00f3n de los pastores leg\u00ed\u00adtimos y, sobre todo, del vicario de Cristo en la tierra, que es el Papa de Roma.\u00bb (De eccl. mil. 2).<\/p>\n<p>     El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica de Juan Pablo II no la define, pero reclama su realidad como hecho querido por Jes\u00fas. La entiende como misterio, como comunidad de fieles, como \u00e1mbito en donde Cristo realiza su salvaci\u00f3n, como sacramento ante los hombres, etc.<\/p>\n<p>    La Iglesia es en si misma indefinible, pues es sociedad humana, pero es misterio divino. Recuerda la misma Iglesia la fuente de este misterio indefinible al identificarse como nacida del mismo Cristo Se\u00f1or y ser su prolongaci\u00f3n en la tierra en referencia a su misi\u00f3n evangelizadora.<\/p>\n<p>     El Concilio Vaticano II recordaba su ra\u00ed\u00adz: \u00abNacida del Padre Eterno, fundada en el tiempo por Cristo Redentor, reunida en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, la Iglesia tiene una finalidad escatol\u00f3gica y de salvaci\u00f3n. Y s\u00f3lo en el mundo futuro podr\u00e1 alcanzarla plenamente.<\/p>\n<p>    En el tiempo presente est\u00e1 en la tierra, formada por hombres, es decir, por miembros de la ciudad terrena, que tienen la vocaci\u00f3n en la propia historia del g\u00e9nero humano de ser la familia de los hijos de Dios. Esta familia ha de ir aumentando sin cesar hasta la venida del Se\u00f1or\u00bb. (Gaudium  et  Spes 40) 5. Conceptos y met\u00e1foras<\/p>\n<p>    La manera como tiene la Iglesia de definir su naturaleza y de explicar su misi\u00f3n en la tierra es emplear las mismas met\u00e1foras que el Se\u00f1or usaba en sus d\u00ed\u00adas terrenos y que recogieron los Ap\u00f3stoles y Evangelistas.<\/p>\n<p>    5.1 Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo<br \/>\n    San Pablo, fue el que explic\u00f3 la m\u00e1s afortunada de las met\u00e1foras eclesiales. Desde sus d\u00ed\u00adas se consider\u00f3 la mejor y m\u00e1s expresiva de referente a la uni\u00f3n de Cristo y de su Iglesia.<\/p>\n<p>    Es la de un cuerpo humano que tiene cabeza y miembros. Es la que explica en el cap\u00ed\u00adtulo 12 de la Primera Carta a los Corintios.<\/p>\n<p>    En el Cuerpo M\u00ed\u00adstico, como en el cuerpo natural, Cristo es la cabeza, y cada miembro tiene su carisma o funci\u00f3n peculiar.<\/p>\n<p>    5.1.1. Iglesia como cuerpo<br \/>\n    La Iglesia es el cuerpo m\u00ed\u00adstico de Jesucristo. Este concepto qued\u00f3 ampliamente explicado y popularizado desde la Enc\u00ed\u00adclica de P\u00ed\u00ado XII Mystici Corporis, de 1943: \u00abSi buscamos una definici\u00f3n de la esencia de esta verdadera Iglesia de Cristo, que es la santa, cat\u00f3lica, apost\u00f3lica y romana Iglesia, no se puede hallar nada m\u00e1s excelente y egregio, nada m\u00e1s divino que aquella frase con que se la llama \u00abCuerpo m\u00ed\u00adstico de Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p>    Sobre todo es en la Ep\u00ed\u00adstola a los Corintios donde m\u00e1s clarifica esta realidad: \u00abVosotros sois el cuerpo de Cristo, y, considerados como partes, sois sus miembros\u00bb (1 Cor. 12. 27). Los textos se multiplican sin cesar: Rom. 1. 2-4; Col. 2. 1; Ef. 4. 15 y 5, 23.<\/p>\n<p>    La relaci\u00f3n cabezacuerpo sintetiza de forma intuitiva la \u00ed\u00adntima vinculaci\u00f3n espiritual que existe entre Cristo y su Iglesia, vinculaci\u00f3n establecida por la fe, la caridad y la gracia: \u00abA El[a Cristo] sujet\u00f3 todas las cosas bajo sus pies; y le puso por cabeza de todas las cosas en su Iglesia, que es su cuerpo\u00bb. (Ef. 1. 22). Y tambi\u00e9n: \u00abEl[Cristo] es la cabeza del cuerpo de la Iglesia.\u00bb (Col. 1, 18).<\/p>\n<p>    Lo m\u00e1s expresivo de la idea de cuerpo es la pluralidad de miembros y la unidad de vida, el crecimiento y la dimensi\u00f3n operativa.<\/p>\n<p>    5.1.2. Extensi\u00f3n del Cuerpo<br \/>\n    En sentido amplio, el Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo est\u00e1 formado por la comunidad de todos los santificados por la gracia de Cristo. Pertenecen, por tanto, a este cuerpo los viadores, o fieles de la tierra, los purgantes, o fieles todav\u00ed\u00ada no totalmente llegado al cielo, bienaventurado, ya salvados en el cielo. El Cuerpo M\u00ed\u00adstico est\u00e1 formado por la Iglesia militante, la purgante y la triunfante.<\/p>\n<p>    Pero en sentido m\u00e1s restringido, se suele hablar en la tradici\u00f3n de Cuerpo de Cristo aludiendo a los fieles de la Iglesia visible en la tierra. Era la terminolog\u00ed\u00ada preferida por los antiguos Padres: San Agust\u00ed\u00adn (Enarr. in Salm. 90. 2) y San Gregorio Magno (Epist. 5. 18),<br \/>\n    En el Cuerpo M\u00ed\u00adstico as\u00ed\u00ad entendido existe un aspecto exterior, que es la Sociedad de la Iglesia; y hay una dimensi\u00f3n interior, que es la Comuni\u00f3n de los Santos. Abarca, pues, el Cuerpo M\u00ed\u00adstico a la organizaci\u00f3n social, jur\u00ed\u00addica, que se ve en el mundo; y llega a la uni\u00f3n por la gracia, del hombre con Cristo, por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y de todos los miembros del Cuerpo entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>    El esp\u00ed\u00adritu de uni\u00f3n es la vida de la Iglesia como Cuerpo M\u00ed\u00adstico, de modo que hasta la muerte es incapaz de destruir la fuerza cohesiva de los creyentes. Los miembros de la Iglesia habitan la tierra como peregrinos, pero se sienten miembros de una sociedad que transciende este mundo; Saben que siguen miembros del Cuerpo vivo de Cristo cuando fallecen y van al cielo a gozar de Dios o esperan la purificaci\u00f3n de sus pecados en el Purgatorio.<\/p>\n<p>    El Cuerpo de Jes\u00fas, la Iglesia, implica igualdad de todos, de los m\u00e1s nobles y de los m\u00e1s viles, de las manos y del os pies, de los ojos y del coraz\u00f3n. Todos somos iguales en cuanto somos miembros de una realidad viva y comunitaria. Pero todos somos diferentes, originales, responsables de nuestra misi\u00f3n.<\/p>\n<p>    5.1.3. Unidad en la variedad.<\/p>\n<p>     Decir Cuerpo M\u00ed\u00adstico es lo mismo que decir cuerpo misterioso, espiritual y organizado. Para entender mejor lo que significa la Iglesia hay que tener la referencia de la Autoridad como servicio (Jerarqu\u00ed\u00ada y Magisterio). Se precisa asumir una variedad de funciones complementarias en armon\u00ed\u00ada a la unidad<br \/>\n    Lo explica as\u00ed\u00ad el mismo S. Pablo en su Ep\u00ed\u00adstola: \u00abSabido es que el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros y que los diversos miembros constituyen un solo y \u00fanico cuerpo. Todos nosotros, seamos jud\u00ed\u00ados o no jud\u00ed\u00ados, esclavos o libres, hemos recibido en el Bautismo. A todos se nos ha dado a beber un mismo Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>    Por otra parte, el cuerpo no est\u00e1 formado por un solo miembro, sino por muchos. Si el pie dijera: Como no soy mano, no tengo nada que ver con el cuerpo; y el o\u00ed\u00addo dijera: como no soy ojo, nada tengo que ver con el cuerpo, \u00bfdejar\u00ed\u00adan por ello de formar parte del cuerpo?&#8230;Y si el cuerpo entero fuera todo ojo,  \u00bfc\u00f3mo podr\u00ed\u00ada o\u00ed\u00adr? Y, si todo fuera ojo, \u00bfc\u00f3mo podr\u00ed\u00ada oler?&#8230;<\/p>\n<p>    Vosotros form\u00e1is el Cuerpo de Cristo y cada uno, por separado, constituye un miembro. Es Dios quien ha asignado en la Iglesia a cada uno su puesto. Y por eso hay ap\u00f3stoles y mensajeros, y encargados de ense\u00f1ar y los que tienen el don de hacer milagros, de hacer curaciones, de atender a los necesitados, de presidir la Asamblea o de hablar lenguajes misteriosos.\u00bb (1 Cor. 12. 1-16)<\/p>\n<p>    5.1.4. Vitalidad m\u00ed\u00adstica<br \/>\n    Es una comparaci\u00f3n en la que se habla de la vida, de la unidad, de la solidaridad y del crecimiento.<\/p>\n<p>    La idea de vitalidad viene del mismo Se\u00f1or que nos declara \u00ed\u00adntimamente unidos con El. Como es misterio, no lo podemos entender del todo. Pero podemos acercarnos a lo que significa y sentirnos importantes, ya que somos miembros imprescindibles.<\/p>\n<p>    Los seguidores de Jes\u00fas estamos unidos a Cristo, que es la Cabeza de los que se sienten vinculados con su vida y con su Persona. Esta realidad la entendemos a trav\u00e9s de una met\u00e1fora, la cual nos resulta familiar, pues alude a nuestro cuerpo real. Y, como nuestro cuerpo es lo m\u00e1s visible y cercano a nosotros, entendemos f\u00e1cilmente lo que significa la vida en cada miembro.<\/p>\n<p>    De manera especial sabemos lo que es la cabeza que dirige y el coraz\u00f3n que anima el cuerpo; y no s\u00f3lo lo que valen las piernas para moverse o las manos para valerse.<\/p>\n<p>    As\u00ed\u00ad pasa en la Iglesia, cuerpo de Jes\u00fas. Actuamos con \u00e9l y servimos a los dem\u00e1s cristianos con nuestras acciones, con nuestras oraciones, con nuestras disposiciones y actitudes.<\/p>\n<p>    5.1.5  Conciencia de cuerpo<br \/>\n    La Iglesia siempre ha tenido conciencia de ser el Cuerpo de Jes\u00fas. Desde los primeros tiempos se sinti\u00f3 reflejada en muchas palabras del Se\u00f1or y aprendi\u00f3 de los Ap\u00f3stoles a vivirlas.<\/p>\n<p>    En el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica se dice: \u00abLos creyentes que responden a la Palabra de Dios y se hacen miembros del Cuerpo de Cristo quedan estrechamente unidos al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Lo dice el Concilio Vaticano II (Lum. Gent. 7): \u00abLa vida se comunica a los creyentes unidos a Cristo, muerto y glorificado, por medio de los sacramentos de manera misteriosa pero real&#8230;\u00bb<br \/>\n    En la unidad del Cuerpo M\u00ed\u00adstico no se ha destruido la diversidad de los miembros&#8230; Y esa unidad del Cuerpo m\u00ed\u00adstico provoca y estimula la caridad de los fieles&#8230; Por eso esa unidad sale victoriosa en medio de las diversidades humanas.\u00bb (Catecismo 790)<\/p>\n<p>    Cuando la Iglesia siente esa conciencia de cuerpo, misterioso y unido, descubre al mismo tiempo el gozo de cumplir con su misi\u00f3n en el mundo. Ayuda a vivir a todos sus miembros el mensaje evang\u00e9lico. Siente el deseo de que otros muchos entren en la gran familia. La conciencia de Iglesia se intensifica y expl\u00ed\u00adcita cuando se siente la participaci\u00f3n en la misi\u00f3n evangelizadora.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo si nos sentimos miembros activos e importantes del Cuerpo de Jes\u00fas, podremos entender el mandato del  Maestro: \u00abId por todo el mundo&#8230; y bautizad a todas las naciones en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230;Y ense\u00f1adles a cumplir todo lo que os he mandado.\u00bb (Jn. 20. 21; Mc. 16. 15; Mt. 28. 19)<\/p>\n<p>     5.2. La vid m\u00ed\u00adstica<br \/>\n    Paralela a la met\u00e1fora del Cuerpo, el Ap\u00f3stol Juan pone en boca de Jes\u00fas la met\u00e1fora de la vid. Es paralela y equivalente a la del Cuerpo M\u00ed\u00adstico. Con ella quer\u00ed\u00ada expresar la necesidad de que sus seguidores se mantuvieran unidos a El. \u00abYo soy la verdadera vid y mi Padre es el vi\u00f1ador. El Padre poda todos los sarmientos improductivos y los que no dan fruto, a fin de que luego produzcan todav\u00ed\u00ada m\u00e1s. Vosotros ya est\u00e1is limpios, gracias al mensaje que es he anunciado. Por eso deb\u00e9is permanecer unidos a M\u00ed\u00ad, como yo lo estoy con vosotros.<\/p>\n<p>    Ning\u00fan sarmiento puede producir fruto si no est\u00e1 unido con la vid. Lo mismo os ocurrir\u00e1 a vosotros si no est\u00e1is unidos conmigo.<\/p>\n<p>    Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. El que permanece unido a m\u00ed\u00ad, como yo estoy unido a \u00e9l, ese produce mucho fruto. Porque, separados de M\u00ed\u00ad, nada pod\u00e9is hacer. Y los que no est\u00e1n unidos a M\u00ed\u00ad, son arrancados y echados afuera, como se hace con los sarmientos improductivos \u00bb (Jn. 15. 1-7)<\/p>\n<p>    5.3. Las otras met\u00e1foras<br \/>\n    El mismo Jes\u00fas, dentro de su sistema catequ\u00ed\u00adstico y pastoral de sentido parab\u00f3lico, ense\u00f1\u00f3 a la Iglesia a definirse con met\u00e1foras y semejanzas profundas.<\/p>\n<p>    5.3.1. En los sin\u00f3pticos<\/p>\n<p>    Por eso, las comparaciones y met\u00e1foras sobre la Iglesia se han multiplicado siempre. Es debido esto a que la Iglesia es un misterio que no entenderemos nunca del todo. Por eso lo explicamos con \u00abaproximaciones\u00bb. Hermosas y claras son las diez siguientes:<\/p>\n<p>   &#8211; La tierra del Sembrador&#8230; Mt. 13. 1-9.<\/p>\n<p>   &#8211; El hogar con vigilancia. Mt. 24. 45-51.<\/p>\n<p>   &#8211; El \u00e1rbol de mostaza y la artesa con buena levadura. Mc. 4. 30-32.<\/p>\n<p>   &#8211; La gran cena. Mt. 22. 1-10.<\/p>\n<p>   &#8211; La posada del samaritano. Lc. 30-35.<\/p>\n<p>   &#8211; Las bodas del rey. Lc 4. 15-24.<\/p>\n<p>   &#8211; La red barredera. Mt. 13. 46-47.<\/p>\n<p>   &#8211; La casa de los talentos. Mt. 25. 14-30.<\/p>\n<p>   &#8211; El edificio sobre roca. Lc. 6. 46-49.<\/p>\n<p>   &#8211; El terreno con diversos jornaleros pagados de forma desigual. Mt. 20.1-16.<\/p>\n<p>    Entre las met\u00e1foras salidas de los labios de Jes\u00fas, encontramos algunas especialmente tiernas: &#8211; La del reba\u00f1o, cuyo Pastor bueno es El, dispuesto a dar su vida por sus ovejas y a dejar las noventa y nueve en el aprisco por salvar a la extraviada antes de que la devore el lobo enemigo. (Jn. 10. 11-15) &#8211; La del edificio en el que Jes\u00fas es la piedra clave del arco, en la cual se apoyan los dem\u00e1s dovelas y sin la cual no hay armon\u00ed\u00ada. (Mt. 21. 42) &#8211; Incluso la casa del hijo pr\u00f3digo, en donde siempre hay un padre bueno en espera del regreso. Lc. 15. 11-32.<\/p>\n<p>     El com\u00fan denominador de todas ellas es la presencia de los diversos protagonistas y la confianza en el bien.<\/p>\n<p>    5.3.2. En el Apocalipsis<br \/>\n    Recuerdo especial merece el Apocalipsis, en donde se recogen estas hermosas palabras: \u00abY vi la ciudad santa la nueva Jerusal\u00e9n, que descend\u00ed\u00ada del cielo, enviada por Dios, adornada como una novia se prepara con adornos para su Esposo. Ella es la morada de Dios en medio de los hombres&#8230; Acampar\u00e1 entre ellos. Y ellos ser\u00e1n su Pueblo y Dios estar\u00e1 con ellos\u00bb. (Apoc. 21. 2-3<br \/>\n    Ciudad santa, nueva Jerusal\u00e9n, novia adornada, morada, tienda de campa\u00f1a, barca, campo, tesoro, etc. son figuras que terminan resumidas en una: es Pueblo elegido y se halla en camino.<\/p>\n<p>    Los s\u00ed\u00admbolos que nos hablan de la Iglesia nos acercan a la voluntad de Jes\u00fas de hacer de sus seguidores un grupo bien unido por el mundo.<\/p>\n<p>     Se compara tambi\u00e9n con un Templo santo en el cual se encuentran los hijos de Dios (Apoc. 21. 3) y en el cual se elevan las oraciones al Se\u00f1or para recibir la misericordia. Y se la valora como Tienda en donde desciende Dios.<\/p>\n<p>    5.3.3 Las met\u00e1foras paulinas<br \/>\n    Son tambi\u00e9n de excelente y profunda resonancia eclesial.<\/p>\n<p>   &#8211; Con resonancia jo\u00e1nica, se la mira como Jerusal\u00e9n celestial, patria de los creyentes. (Gal. 4.26)<br \/>\n   &#8211; La llama a veces Edificio o Casa de Dios (1 Cor. 3.9) en la cual se necesitan piedras s\u00f3lidas y protecciones para cuando llegue la tormenta y para que se mantenga firme.<\/p>\n<p>   &#8211; Compara la Iglesia con un Campo de labranza, en el cual el mismo Dios es el Labrador (1 Cor. 3.9, Rom. 11. 13-26&#8230;). Hay que sembrar y regar, hay que esperar el crecimiento y hay que recoger la cosecha cuando la hora llega.<\/p>\n<p>   &#8211; Es una Familia (Ef. 2. 19-22) en la que todos viven al abrigo del Se\u00f1or, que es Padre y en donde todos se sienten hermanos por ser hijos del mismo Padre.<\/p>\n<p>    Sin el sentido metaf\u00f3rico, apenas si podremos valorar la realidad de la Iglesia en cuanto familia de Jes\u00fas, en cuanto Pueblo de Dios y en cuanto Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo.<\/p>\n<p>    6. Qui\u00e9nes componen la Iglesia<br \/>\n    Si la Iglesia es un Pueblo de Dios, nos podemos preguntar por qui\u00e9nes son los que lo forman. En general podemos decir que la Iglesia est\u00e1 formada por  todos los cristianos que han recibido el Bautismo y han entrado, por este sacramento, en la Comunidad de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>     Entre ellos hay que resaltar el valor y la influencia de algunos de esos miembros de la Comunidad: &#8211; Los que tienen una significaci\u00f3n especial, como es el caso de los padres creyentes que educan a sus hijos en la fe o de los educadores que siembra cultura, paz, libertad y amor.<\/p>\n<p> &#8211; Los ap\u00f3stoles y comprometidos en obras de evangelizaci\u00f3n, como son los misioneros, los catequistas, los dirigentes cristianos, los promotores de obras de caridad, los diversos animadores de grupos y movimientos, etc.<\/p>\n<p> &#8211; Los sacerdotes, quienes han recibido el sacramento del Orden y se han comprometido de manera especial a animar a los fieles cristianos en las obras de fe y de caridad, sobre todo por medio de la vida sacramental y por el cultivo espiritual.<\/p>\n<p>   &#8211; Los Obispos y el Papa, que son los Ministros especialmente queridos por Jes\u00fas para dirigir y gobernar a la Iglesia entera y son sucesores de Pedro y de los Ap\u00f3stoles. No son miembros especiales, sino normales en la marcha de la Iglesia, pues ellos recogen una misi\u00f3n singular.<\/p>\n<p>   &#8211; Los religiosos y cuantas almas consagradas por compromisos, como son los votos y otras promesas, se entregan al servicio del Reino de Dios con especial y permanente dedicaci\u00f3n.<\/p>\n<p> &#8211; Los pobres, los enfermos y los marginados, los que sufren o son perseguidos, los que han tenido que dejar sus hogares y sus formas de vida por la violencia o la injusticia, los necesitados de todo tipo, que siempre fueron mirados con especial predilecci\u00f3n por el Se\u00f1or.<\/p>\n<p> &#8211; Las autoridades que, desde diversos niveles pol\u00ed\u00adticos, econ\u00f3micos, culturales, trabajan por el bien de los s\u00fabditos y hacen lo posible por establecer entre ellos la virtudes y valores humanos e incluso los criterios inspirados en la verdadera luz, natural o sobrenatural, de Dios.<\/p>\n<p>     6.1. Todos son iguales<\/p>\n<p>     En la Iglesia no hay categor\u00ed\u00adas ni dignidades, aunque los miembros tengan especial respeto y veneraci\u00f3n a los que ejercen determinados ministerios.<\/p>\n<p>    Todos son iguales ante Jes\u00fas, que es la Cabeza. Y todos han sido llamados a la fe por igual y a realizar su funci\u00f3n comunitaria y de servicio al Reino de Dios. Es el fin para el que la Iglesia ha sido preparada por Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Es una Comunidad de amor, no s\u00f3lo una colectividad o agrupaci\u00f3n de individuos que tienen las mismas creencias religiosas o la misma fe.<\/p>\n<p>    Todos son miembros del mismo Cuerpo, del mismo Pueblo, de la misma Casa, de la misma Barca, del mismo Campo de cultivo. En este Pueblo existe el don misterioso, pero al mismo tiempo consolador, de la apertura a todos los hombres. Se es del Pueblo de Dios sin tener en cuenta la raza, la cultura, la profesi\u00f3n, el sexo, la edad, la riqueza, la naci\u00f3n o las ideas diversas.<\/p>\n<p>   Se es Cuerpo cualquiera que sea la funci\u00f3n que dentro de \u00e9l se desarrolla y se es Campo de Dios cualquiera que resulte el tipo de cultivo que se atiende.<\/p>\n<p>    Lo \u00fanico que es necesario para entrar y permanecer en este maravilloso Pueblo, Casa, Hogar, Edificio o Campo, es el amor a Jes\u00fas. El signo de ese amor es el Bautismo. La fuerza es el amor. La condici\u00f3n es la permanencia en la unidad. El destino es la salvaci\u00f3n. Todo lo dem\u00e1s es secundario.<\/p>\n<p>    Todos los hombres pueden entrar en la Iglesia de Jes\u00fas, pues ella es ante todo y sobre todo un Pueblo vivo y abierto y universal. En este \u00e1mbito se trabaja por la salvaci\u00f3n de todos. Pues \u00abla vida eterna es que te conozca a ti s\u00f3lo Dios verdadero y a Jesucristo a quien has enviado.\u00bb (Jn 17.2)<\/p>\n<p>    6.2. Lo humano en la Iglesia<br \/>\n    La Iglesia no es una comunidad puramente interior y espiritual, ya que sus miembros viven en este mundo y tienen que desenvolverse en la tierra. En cuanto humana, tambi\u00e9n la Iglesia tiene elementos que requieren acomodo terreno y formas y normas que obligan a adaptarse al mundo.<\/p>\n<p>    Entre esos elementos podemos hablar de personas, instituciones, leyes y lugares y tiempos. Sobre todo en la Iglesia viven y crecen grupos, peque\u00f1as iglesias, que forman unidad la verdadera Iglesia de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    La Iglesia ejerce su misi\u00f3n en medio de los hombres, pero precisa, por ejemplo, lugares de culto, que llamamos templos, o recursos humano para hacer el bien a los necesitados y reclama limosnas.<\/p>\n<p>    Tiene tiempos especiales como son el domingo y las fiestas religiosas, para orar y para contar con posibilidades de anunciar el mensaje que lleva.<\/p>\n<p>    Todos los elementos no tienen sentido por s\u00ed\u00ad mismos (el arte, las tradiciones, los usos sociales), sino por el estimulo o cauce que representan para su mensaje y sus valores supremos.<\/p>\n<p>    La Iglesia es divina por su origen y su por finalidad, pero es humana por su encarnaci\u00f3n en hombres concretos y terrenos.<\/p>\n<p>    6.3. Comunidad de comunidades<br \/>\n    Hoy tendemos a resaltar el sentido comunitario de la Iglesia. Lo importante en ella no son los cargos, los oficios, los t\u00ed\u00adtulos, tradiciones, los derechos, las demarcaciones o las actividades, las leyes que existen en ella. Lo importante es su mensaje y las presencia de Jes\u00fas en su caminar terreno. Lo dem\u00e1s es secundario.<\/p>\n<p>    El fin de la Iglesia es ayudar a los hombres en la salvaci\u00f3n. Esta misi\u00f3n se desarrolla de manera solidaria y nunca aislada. Desde los primeros tiempos se han multiplicado las instituciones que contribuyen a este fin: Parroquias, cofrad\u00ed\u00adas, asociaciones, movimientos, Instituciones piadosas, congregaciones religiosas y fraternidades.<\/p>\n<p>    Los cristianos saben respetar las venerables tradiciones, como tambi\u00e9n lo hacen con las personas y con sus oficios dentro de la Iglesia. Tambi\u00e9n saben ayudar a quienes m\u00e1s se comprometen en la animaci\u00f3n espiritual de los otros o a quienes se entregan silenciosamente a los servicios de caridad.<\/p>\n<p>    Incluso, convencidos de que son realidades humanas queridas por Dios, saben respetar las limitaciones y las discrepancias.<\/p>\n<p>   8. Nueva visi\u00f3n de la Iglesia<br \/>\n    En la medida en que podamos sentirnos miembros vivos de la Iglesia, seremos de verdad cristianos. Para ello tendremos que superar la simple mirada \u00abclerical\u00bb de la Iglesia. Lo lograremos si avanzamos con mirada \u00abcomunitaria\u00bb.<\/p>\n<p>    Muchos cristianos no han comprendido lo que es la Iglesia. La identifican con el Papa, los Obispos, los sacerdotes, los religiosos. Piensan en una Iglesia distante, se\u00f1orial, falsa, \u00abclerical\u00bb. Es el fruto de una mala educaci\u00f3n de su fe.<\/p>\n<p>    Es preciso reeducar sus criterios y sus sentimientos y ayudarles a revisar su visi\u00f3n de iglesia. En ella todos somos iguales y vivimos del amor de Jes\u00fas. Para ello hemos recibido el signo de su amor, que es el Bautismo. Y todos tenemos el mismo destino, que es la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Desde el Concilio Vaticano II, es frecuente el expresar el sentido de Iglesia aludiendo a los dos hermosos documentos que se prepararon entonces y recogieron el sentir de todos los Papas, Obispos, Santos, Escritores y Te\u00f3logos de los \u00faltimos tiempos sobre la identidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>    8.1. La Iglesia ante s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>    El concepto de la Iglesia sobre su mismo ser qued\u00f3 recogido en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica promulgada por el Concilio el 21 de Noviembre de 1964 y conocida por sus primeras palabras: \u00abLuz de las Gentes\u00bb. (Lumen Gentium).<\/p>\n<p>   En este documento se presenta a la Iglesia con diversos rasgos:<\/p>\n<p>     &#8211; La Iglesia es una Comunidad de seguidores de Jes\u00fas, la cual participa de la vida del mismo Hijo de Dios.<br \/>\n     &#8211; No es s\u00f3lo una sociedad religiosa, por universal e internacional que se la considere. Es algo mucho m\u00e1s profundo. Es una comunidad establecida por el mismo Jes\u00fas.<br \/>\n     &#8211; Es un Pueblo de Dios que vive y camina en este mundo y es tambi\u00e9n el Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo, en el cual el Se\u00f1or Jes\u00fas es su cabeza viva en medio de todos los dem\u00e1s miembros.<br \/>\n     &#8211; Por la misma voluntad de Cristo, la Iglesia es jer\u00e1rquica, lo cual quiere decir que cuenta con el ministerio del Magisterio y con el servicio de la Autoridad, encarnada en el Papa y en los Obispos, sucesores de Pedro y de los Ap\u00f3stoles.<br \/>\n     &#8211; La Iglesia es una Familia m\u00faltiple y por lo tanto est\u00e1 formada por todos los miembros, laicos y cl\u00e9rigos, religiosos y seglares, casados y c\u00e9libes, llamados todos a caminar por el mundo, a vivir el mensaje de Jes\u00fas y a luchar por llegar a la santidad o uni\u00f3n con Dios.<br \/>\n     &#8211; El fin de la Iglesia es llevar a los hombres a la salvaci\u00f3n y por eso fomenta la esperanza de todos en el Se\u00f1or Jes\u00fas, el cual Reina por los siglos de los siglos y vendr\u00e1 al final de los tiempos.<br \/>\n     &#8211; El modelo de creyente es la Santa Madre de Jes\u00fas, la Virgen Mar\u00ed\u00ada, que se presenta en la historia y en la actualidad como modelo y como signo del amor y de la fidelidad al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>   Ante estas ideas fundamentales sobre la Comunidad de Jes\u00fas, s\u00f3lo nos queda decir: \u00abLa Iglesia est\u00e1 destinada a recorrer los mismos caminos de Jes\u00fas para comunicar a los hombres los frutos de la salvaci\u00f3n.\u00bb (Lumen Gentium 8)<\/p>\n<p>    8.2. La Iglesia ante el mundo<\/p>\n<p>    El otro gran documento del Concilio Vaticano II present\u00f3 la acci\u00f3n iluminadora de la Iglesia en el mundo actual. Es la hermosa Constituci\u00f3n Pastoral que lleva por t\u00ed\u00adtulo: \u00abGozo y Esperanza\u00bb (Gaudium et Spes) y fue aprobada el 7 de Diciembre de 1965.<\/p>\n<p>   No ser\u00ed\u00ada suficiente contemplar a la Iglesia tal como se ve a s\u00ed\u00ad misma, si queremos una visi\u00f3n suficiente de la misma. Puesto que el mismo Jes\u00fas la configur\u00f3 como mensajera del Reino de Dios en el mundo, ella estudi\u00f3 en el Concilio las circunstancias de cada momento hist\u00f3rico y de cada lugar.<\/p>\n<p>   Este documento refleja el mensaje y el testimonio que la Iglesia quiere ofrecer ante los problemas del mundo moderno:<\/p>\n<p>     &#8211; Alude a los profundos cambios de la cultura, de la ciencia, de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     &#8211; Explora lo que la fe cristiana puede ofrecer al hombre desconcertado de hoy.<\/p>\n<p>     &#8211; Reclama el reconocimiento universal de la dignidad de la persona humana y de sus derechos radicales.<\/p>\n<p>     &#8211; Analiza las dificultades espirituales del hombre y de la sociedad: ate\u00ed\u00adsmo, desconcierto, libertad, inmoralidad. Ilumina la actividad humana: econ\u00f3mica, t\u00e9cnica, social, a la luz de los principios cristianos.<\/p>\n<p>     &#8211; Sugiere an\u00e1lisis profundos sobre cuestiones capitales, como la familia y el matrimonio, sobre los reclamos del progreso y de la econom\u00ed\u00ada, sobre los nuevos estilos de vida, las discriminaciones frecuentes en la actualidad, el trabajo y el ocio, los desaf\u00ed\u00ados de la comunidad pol\u00ed\u00adtica, los riesgos de la guerra y los anhelos de la paz.<\/p>\n<p>    &#8211; Abre la visi\u00f3n de los creyentes a los desaf\u00ed\u00ados de un mundo intercomunicado y afectado por diversas revoluciones como la tecnol\u00f3gica o la demogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>    &#8211; Reclama la esperanza como necesidad del coraz\u00f3n humano y solicita la confianza en el hombre como protagonista de su historia y de la vida.<\/p>\n<p>    El Documento es un gesto de ilusionada confianza en el hombre real. \u00abEl Concilio quiere dialogar con toda la familia humana acerca de los problemas, quiere aclararlos a la luz del Evangelio y pone a disposici\u00f3n del g\u00e9nero humano el poder salvador de la Iglesia, que ella ha recibido de su Fundador.\u00bb (Gaudium et Spes. 3)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>La \u00abfamilia\u00bb convocada por Jes\u00fas<\/p>\n<p>\tLa expresi\u00f3n \u00abIglesia\u00bb (\u00abeccles\u00ed\u00ada\u00bb, \u00abasamblea\u00bb, \u00abconvocaci\u00f3n\u00bb) indica una comunidad convocada por el Se\u00f1or. Tambi\u00e9n se llama la \u00abcasa de Se\u00f1or\u00bb (\u00abkyriak\u00e9\u00bb, \u00abkirche\u00bb, \u00abchurch\u00bb). Jes\u00fas llama as\u00ed\u00ad a sus seguidores con el tono de un afecto especial y familiar \u00abmi Iglesia\u00bb (Mt 16,18). Es el mismo afecto que manifiesta al decir \u00abmis hermanos\u00bb, \u00abmis ovejas\u00bb. Para Jes\u00fas es la comunidad \u00abconsorte\u00bb o esposa amada \u00abam\u00f3 a su Iglesia y se entreg\u00f3 por ella\u00bb (Ef 5,25). Es el Pueblo convocado por el Se\u00f1or, propiedad esponsal suya.<\/p>\n<p>\tPor ser Cristo la \u00abCabeza\u00bb o principio vital de su Iglesia, \u00e9sta se llama \u00abcuerpo\u00bb de Cristo (Ef 1,22-3). Esta realidad se expresa tambi\u00e9n con otras im\u00e1genes, tomadas algunas del Antiguo Testamento Pueblo, familia, misterio-sacramento, redil, reba\u00f1o, campo, templo, nueva Jerusal\u00e9n, esposa, madre&#8230; (cfr. LG 6).<\/p>\n<p>\tLa Iglesia es la \u00abfamilia de Dios\u00bb, querida por el Padre a trav\u00e9s de la historia, \u00abprefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza\u00bb (LG 2). Esta Iglesia es la que se ha manifestado en Cristo gracias a la efusi\u00f3n de su Esp\u00ed\u00adritu, como inicio del Reino definitivo (cfr. LG 3-4; AG 4). La Iglesia \u00abllegar\u00e1 a su perfecci\u00f3n\u00bb (LG 48) s\u00f3lo en la manifestaci\u00f3n de Cristo glorioso al final de los tiempos.<\/p>\n<p>\tTodos los fieles de la Iglesia participan del profetismo, sacerdocio y realeza de Cristo, cada uno seg\u00fan su propia vocaci\u00f3n y estado de vida Jerarqu\u00ed\u00ada, laicos, vida consagrada (cfr. CEC 871-945). En Pedro y en sus sucesores, Cristo estableci\u00f3 el principio y el fundamento de la unidad y comuni\u00f3n. Vocaciones, ministerios y carismas proceden todos del Padre, por Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Todo tiende a la comuni\u00f3n eclesial, que es \u00absigno e instrumento de la uni\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1). Mar\u00ed\u00ada, \u00abMadre de Dios y Madre de los hombres\u00bb (LG 69), es Madre y figura de la Iglesia, \u00absigno levantado en medio de las naciones\u00bb (SC 2; Is 11,12).<\/p>\n<p>\tUniversalismo de la Iglesia<\/p>\n<p>\tEn el Credo, profesamos creer en la \u00abIglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica\u00bb, indicando sus notas caracter\u00ed\u00adsticas. Afirmamos nuestra ve en Dios y, a partir de sus designios salv\u00ed\u00adficos en Cristo, creemos que existe esta Iglesia como expresi\u00f3n del mismo Cristo prolongado en el tiempo y presente en ella bajo signos. Por esto, \u00abla luz de Cristo resplandece sobre el rostro de la Iglesia\u00bb (LG 1).<\/p>\n<p>\tEsta Iglesia de Cristo es una sola, universal, esparcida por todo el mundo, con el encargo o misi\u00f3n de convertir en Iglesia (comunidad querida por Cristo) a toda la comunidad humana. Pero se concretiza en diversos lugares (Iglesia local o particular), all\u00ed\u00ad donde preside un sucesor de los Ap\u00f3stoles, especialmente para escuchar la Palabra de Dios, celebrar la Eucarist\u00ed\u00ada, y compartir en caridad fraterna la misma vida. Tambi\u00e9n se llama Iglesia a la asamblea lit\u00fargica que celebra los misterios del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>\tLa Iglesia es fruto de la redenci\u00f3n, es decir, del Esp\u00ed\u00adritu Santo comunicado por Jes\u00fas, puesto que \u00abdel costado de Cristo dormido en la cruz, naci\u00f3 el sacramento admirable de toda la Iglesia\u00bb (SC 5). Es la Iglesia de la Trinidad, expresi\u00f3n de la comuni\u00f3n de Dios Amor, uno y trino (cfr. LG 4). Tiene, pues, dimensi\u00f3n trinitaria, teol\u00f3gica, cristol\u00f3gica y pneumatol\u00f3gica, siempre en bien de la humanidad entera (dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica, cultural, social e hist\u00f3rica).<\/p>\n<p>\tMisterio, comuni\u00f3n, misi\u00f3n<\/p>\n<p>\tDebido a la presencia de Cristo resucitado bajo signos eclesiales, la Iglesia es \u00abmisterio\u00bb o signo transparente y portador de Cristo (\u00absacramento\u00bb). La garant\u00ed\u00ada de esta realidad cristol\u00f3gica y pneumatol\u00f3gica depende de su naturaleza de \u00abcomuni\u00f3n\u00bb. La eficacia del misterio de Cristo escondido y manifestado en ella, se convierte en misi\u00f3n. Esta relaci\u00f3n profunda entre Cristo y su Iglesia fundamenta la afirmaci\u00f3n de que \u00abla fidelidad a Cristo no puede separarse de la fidelidad a la Iglesia\u00bb (RMi 89; PO 14). La fidelidad a la Iglesia se traduce en \u00absentido\u00bb y amor de Iglesia.<\/p>\n<p>\tLa Iglesia es misionera \u00abpor su misma naturaleza\u00bb (AG 2; LG 17). Su acci\u00f3n evangelizadora \u00abno es facultativa\u00bb, sino \u00abun acto profundamente eclesial\u00bb (EN 60). La naturaleza misionera de la Iglesia se basa en su \u00absacramentalidad\u00bb (Iglesia misterio), en su unidad y catolicidad (Iglesia comuni\u00f3n) y en su apostolicidad (Iglesia misi\u00f3n). Ser Iglesia equivale a formar parte de \u00abuna comunidad que es evangelizadora\u00bb (EN 13). \u00abLa Iglesia existe para evangelizar\u00bb (EN 14) y, por tanto, \u00abno es fin para s\u00ed\u00ad misma\u00bb (RMi 19).<\/p>\n<p>Referencias Apostolicidad de la Iglesia, catolicidad de la Iglesia, Cuerpo m\u00ed\u00adstico, eclesiolog\u00ed\u00ada, Iglesia comuni\u00f3n-esposa-madre-particular, misterio, Pueblo de Dios, Reino, sacramento universal de salvaci\u00f3n, unidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG; AG 1-2, 5; EN 13-16, 59; RMi 9,20; CEC 748-870; CIC 781-792.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Comentarios a la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia ( BAC, Madrid, 1966); A. ANTON, La Iglesia de Cristo ( BAC, Madrid, 1977); J. AUER, La Iglesia (Barcelona, Herder, 1986); L. BOUYER, L&#8217;Eglise de Dieu (Paris, Cerf, 1970); R. BLAZQUEZ, La Iglesia del concilio Vaticano II (Salamanca, S\u00ed\u00adguieme, 1988); J. CAPMANY, La Iglesia, sujeto de misi\u00f3n, en La Misionolog\u00ed\u00ada hoy (Madrid, OMP, 1987) 253-300; Y.M. CONGAR, Un peuple messianique, l&#8217;Eglise sacrement du salut (Paris, Cerf, 1975); S. DIANICH, Iglesia y misi\u00f3n (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1988); Ch. JOURNET, L&#8217;Eglise du Verb Incarn\u00e9 (Paris, Descl\u00e9e, 1969); Idem, Teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia (Bilbao, Descl\u00e9e, 1960); B. MONDIN, La Chiesa primizia del regno (Bologna, EDB, 1986); G. PHILIPS, L&#8217;Eglise et son myst\u00e8re (Paris, Descl\u00e9e, 1967); J. RATZINGER, La Iglesia (Madrid, San Pablo, 1992); CH. SCHORNBORN, Amar a la Iglesia ( BAC, Madrid, 1997); N. SILLANES, La Iglesia de la Trinidad. La Sant\u00ed\u00adsima Trinidad en el concilio Vaticano II (Salamanca, Secretariado Trinitario, 1981); L.L. WOSTYN, Iglesia y misi\u00f3n hoy. Ensayo de eclesiolog\u00ed\u00ada (Estella, Verbo Divino, 1992).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>En su sentido etimol\u00f3gico, de asamblea o de reuni\u00f3n de fieles, aparece con frecuencia en el A. T. (N\u00fam 19, 20; 20, 4; Dt 23, 1-2; Jue 20, 2; 1 Sam 17, 47; 1 Re 8, 14).<\/p>\n<p>En el sentido del reino de Jesucristo, de comunidad de fieles cristianos, aparece s\u00f3lo en San Mateo (Mt 16, 18; 18, 17). Jesucristo funda la Iglesia sobre los cimientos s\u00f3lidos de los ap\u00f3stoles y en especial de Pedro (Mt 16, 18; Act 5, 11; 8, 3; Rom 16, 1; 1 Cor 4, 7; 11, 16; 12, 28; G\u00e1l 1, 13; Ef 1, 22; 5, 23-32; Flp 3, 6; Sant 5, 4).<\/p>\n<p>La Iglesia en San Pablo es el nuevo Israel, el cuerpo m\u00ed\u00adstico, cuya cabeza es Jesucristo (1 Cor 12, 27; 2 Cor 11, 2; Ef 1, 22; 5, 25; Col 1, 18; 2, 10; Ap 21, 9). El la adquiri\u00f3 con su sangre derramada en la cruz (Act 20, 28; 1 Cor 6, 20; 7, 23; Ef 2, 13; Col 1, 4; Heb 9, 12; 1 Pe 1,19;1 Jn 1, 7; Ap 1, 5; 5, 9; 14, 4; 5, 9; 14, 4).<\/p>\n<p>Jesucristo es la cabeza de la Iglesia, que la asiste y la vivifica siempre; el Esp\u00ed\u00adritu Santo es el alma; por estas razones la Iglesia no puede perecer, ni fallar nunca, ni jam\u00e1s equivocarse en cuestiones de dogma o de moral (Mt 16, 18; 28, 20; Lc 22, 32; Jn 14, 16; 16, 36; 17, 11-12).<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>1. Primera generaci\u00f3n<\/p>\n<p>(-> Pedro, Pablo, Santiago). Hay un solo cristianismo (centrado en la figura de Jes\u00fas, Mes\u00ed\u00adas de Dios), pero se expresa en diversas comunidades de disc\u00ed\u00adpulos y amigos de Jes\u00fas que, en general, ten\u00ed\u00adan la certeza de que Jes\u00fas resucitado iba a manifestarse muy pronto (en su parns\u00ed\u00ada gloriosa), para resolver por s\u00ed\u00ad mismo los problemas que hab\u00ed\u00ada dejado pendientes antes de ser asesinado. Por eso, no se propon\u00ed\u00adan crear una instituci\u00f3n estable (como la Iglesia cat\u00f3lica posterior), ni quer\u00ed\u00adan organizar de un modo unitario y bien delimitado sus peque\u00f1os grupos, sino que procuraban ser fieles al proyecto m\u00faltiple de Jes\u00fas, anticipando el fin de la historia, es decir, la llegada del Cristo como Mes\u00ed\u00adas celeste y victorioso. Esa actitud de provisionalidad constituye un elemento esencial de la experiencia de Jes\u00fas y de sus primeros seguidores, que forman la \u00abprimera generaci\u00f3n\u00bb (30 al 70 d.C.), cuyos miembros podemos presentar de un modo esquem\u00e1tico:<\/p>\n<p>(1) Pedro y los Doce hab\u00ed\u00adan seguido a Jes\u00fas durante el tiempo de su vida; le abandonaron al final pero luego retomaron su camino, dirigido en principio a la restauraci\u00f3n de las doce tribus de Israel.<\/p>\n<p>(2) Mar\u00ed\u00ada Magdalena y otras mujeres hab\u00ed\u00adan acompa\u00f1ado a Jes\u00fas durante el tiempo de la vida y no le traicionaron, sino que estuvieron cerca de la cruz y quisieron acompa\u00f1arle hasta el otro lado de su muerte, llorando por \u00e9l, guardando su luto (cf. Lc 8,2; Mc 15,40.47; 16,1). A trav\u00e9s de un proceso de recuperaci\u00f3n personal, ellas creyeron que Jes\u00fas estaba vivo.<\/p>\n<p>(3)  Disc\u00ed\u00adpulos de Galilea*, una comunidad abierta. La \u00abcosa\u00bb o movimiento de Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada empezado all\u00ed\u00ad (Hch 9,31), de manera que sus primeros disc\u00ed\u00adpulos se llamaron galileos (cf. Hch 1,11; 2,7). Las comunidades cristianas de la patria de Jes\u00fas recogieron y transmitieron los elementos b\u00e1sicos de la tradici\u00f3n de Jes\u00fas. Estaban organizadas de un modo familiar, partiendo del ministerio carism\u00e1tico de los profetas itinerantes, y su recuerdo ha sido acogido por los evangelios.<\/p>\n<p>(4) Parientes de Jes\u00fas y la comunidad de Jerusal\u00e9n. Pedro y los Doce debieron trasladarse a Jerusal\u00e9n, para reunir all\u00ed\u00ad la comunidad rnesi\u00e1nica y esperar la venida del Se\u00f1or resucitado; pero todo nos permite suponer que su funci\u00f3n y tarea primera fue decayendo, de manera que en Jerusal\u00e9n se alzaron Santiago*, el hermano de Jes\u00fas, y otros parientes, que fundaron ya una iglesia o comunidad estable, fiel al templo de Jerusal\u00e9n, pero  vinculada a la memoria mesi\u00e1nica de Jes\u00fas, que \u00abtiene que venir muy pronto\u00bb. As\u00ed\u00ad se mantuvieron durante unos veinte a\u00f1os (entre el 40 y el 60 d.C.), pero entraron en crisis bien pronto, por conflictos internos y\/o por persecuci\u00f3n externa (asesinato de Santiago: a\u00f1o 62) y guerra jud\u00ed\u00ada (67-70 d.C.).<\/p>\n<p>(5) Helenistas*. Hch 6-7 supone que surgieron en Jerusal\u00e9n muy pronto, animados primero por Esteban*, luego por Felipe y otros, que reinterpretaron el evangelio de un modo centr\u00ed\u00adfugo: no hay que reforzar el centro (Jerusal\u00e9n), para que vengan los de fuera, sino que hay que salir ya hacia fuera, ofreciendo el evangelio a los gentiles. A diferencia del grupo de Santiago (e incluso de Pedro, al principio), pensaron que los cristianos ten\u00ed\u00adan que salir de Jerusal\u00e9n, ofreciendo un evangelio que pod\u00ed\u00ada y deb\u00ed\u00ada vivirse en cada zona de un modo diferente. Muchos investigadores piensan que ellos fueron los fundadores de la Iglesia cristiana estrictamente dicha.<\/p>\n<p>(6) Pablo* y sus disc\u00ed\u00adpulos y colaboradores. Algunos han tomado a Pablo como impostor fan\u00e1tico, creador del cristianismo jer\u00e1rquico, inventor de una iglesia nueva, con sus leyes y organizaciones (en contra de Jes\u00fas). Otros le oponen a Pedro y a los partidarios de la iglesia jer\u00e1rquica romana, present\u00e1ndole como defensor de la libertad evang\u00e9lica (en l\u00ed\u00adnea protestante). Ambas posturas tienen algo de verdad, pero son exageradas y acaban siendo falsas. Pablo no fund\u00f3 la Iglesia, sino que vino a formar parte de la iglesia helenista ya fundada, a cuyos representantes hab\u00ed\u00ada antes perseguido, pues pensaba que destru\u00ed\u00adan la unidad del judaismo. Pablo defiende la libertad y la universalidad cristiana, que a su juicio van unidas, pero nunca rompi\u00f3 la comuni\u00f3n con Pedro y sus partidarios, ni siquiera con Santiago y los jud\u00ed\u00adocristianos de Jerusal\u00e9n, sino que quiso mantenerse siempre unido a los diversos grupos de cristianos.<\/p>\n<p>(7) Compendio. Estos (Pedro y los Doce, Magdalena y las mujeres, los galileos y los helenistas, Santiago y Pablo) parecen haber sido los grupos b\u00e1sicos de la primera generaci\u00f3n de cristianos, entre los a\u00f1os 30 y el 70 d.C. Ellos fueron y siguen siendo los testigos fundacionales, porque marcan el estado naciente de la Iglesia, apare ciendo as\u00ed\u00ad como punto de referencia para la historia posterior. En aquellos momentos del principio, las iglesias no se hab\u00ed\u00adan separado todav\u00ed\u00ada de la gran matriz jud\u00ed\u00ada, sino que, de un modo u otro, segu\u00ed\u00adan dentro de ella, de forma a veces tensa, dram\u00e1tica, incluso violenta (en fuerte pol\u00e9mica), pero siempre dentro de la gran identidad mesi\u00e1nica israelita. As\u00ed\u00ad podemos afirmar que todos estos l\u00ed\u00adderes (Pedro y Pablo, Esteban y Santiago, con Mar\u00ed\u00ada Magdalena) murieron sin saber que hab\u00ed\u00adan creado de hecho una Iglesia que se har\u00ed\u00ada independiente del judaismo y perdurar\u00ed\u00ada por siglos.<\/p>\n<p>Cf. J. D. CROSSAN, El nacimiento del cristianismo, Panorama, Sal Terrae, Santander 2002; L. SCHENKE, La comunidad primitiva, BEB 88, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1999; E. W. STEGEMANN y W. STEGEMANN, Historia social del cristianismo primitivo. Los inicios en el judaismo y las comunidades cristianas en el mundo mediterr\u00e1neo. Verbo Divino, Estella 2001; F. VOUGA, Los primeros pasos del cristianismo. Escritos, protagonistas, debates. Verbo Divino, Estella 2001.<\/p>\n<p>IGLESIA<br \/>\n2. Segunda y tercera generaci\u00f3n<\/p>\n<p>(-> evangelios, Hechos, ministerios). En este tiempo (70 al 150 d.C.), los cristianos no tienen todav\u00ed\u00ada una organizaci\u00f3n unitaria, ni instituciones fijas, ni medios econ\u00f3micos significativos. Pero tienen y son algo mucho m\u00e1s grande: cultivan la experiencia del amor de Jes\u00fas (amor a Dios, amor mutuo), que les capacita para iniciar y recorrer, de formas convergentes, la gran traves\u00ed\u00ada del Reino que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada anunciado, al servicio de la nueva Humanidad, es decir, de la reuni\u00f3n y salvaci\u00f3n de todos los pueblos, sabiendo siempre que el fin est\u00e1 cerca y que no se puede absolutizar ninguna estructura social cerrada en s\u00ed\u00ad misma. En la l\u00ed\u00adnea de lo indicado en el momento anterior (Iglesia* 1), los cristianos siguen formando comunidades, que est\u00e1n vinculadas por una experiencia mesi\u00e1nica (el evangelio* de Dios) y por un deseo de compartir los dones de su fe y su vida humana. Las iglesias emergen as\u00ed\u00ad como un proyecto multifocal, que sigue vinculado todav\u00ed\u00ada al proyecto del resto del judaismo, pero se introducen cada vez m\u00e1s en las realidades y valores (y los desvalores) de su entorno helenista y romano. De esa forma se consolidan, poniendo de relieve los  rasgos anteriores de expansi\u00f3n y unificaci\u00f3n, de diferenciaci\u00f3n y di\u00e1logo (entre Pedro y Pablo, las mujeres y Santiago). Poco a poco, van tomando distancia con respecto al judaismo nacional y establecen sus propias mediaciones simb\u00f3licas y organizativas (sacramentos y ritos, funciones administrativas). L\u00f3gicamente, tendr\u00e1n que recrear o reformular las historias sobre su origen, recurriendo a los recuerdos de Jes\u00fas. En este proceso, ellas apelan tambi\u00e9n, de un modo selectivo a los personajes antiguos, ya muertos (entre ellos Pedro y Pablo), a quienes conceden una gran importancia. De esa manera, elaboran una fuerte conciencia de s\u00ed\u00ad mismas, que les lleva a descubrirse y expandirse como grupo mesi\u00e1nico propio.<\/p>\n<p>(1) Focos eclesiales. Las iglesias se configuran seg\u00fan focos entre los cuales pueden citarse, aproximadamente, los siguientes: (a) Hay un foco palestino, que quiz\u00e1 ya no est\u00e1 centrado ni en Jerusal\u00e9n ni en Galilea, como en los momentos anteriores, sino en los diversos grupos de judeocristianos, vinculados no s\u00f3lo al entorno de Palestina, sino a la di\u00e1spora en la que muchos de ellos extienden su evangelio. Sus tradiciones pueden estar en el fondo de Mt y Jn, por poner dos ejemplos, (b) Hay 1111 foco sirio, vinculado en especial con Antioqu\u00ed\u00ada, donde la Iglesia ha tenido un fuerte desarrollo, que se expresa por ejemplo en la Didaj\u00e9 y las cartas de Ignacio. En ese contexto se puede hablar de simbiosis de cultura griega y sir\u00ed\u00adaca (aramea); aqu\u00ed\u00ad surgen algunos de los primeros movimientos asc\u00e9ticos y gn\u00f3sticos de la Iglesia; desde aqu\u00ed\u00ad se abre la misi\u00f3n hacia el oriente de cultura aramea. (c) Hay un foco asi\u00e1tico, que podemos centrar en torno a Efeso, pero que se extiende por gran parte de la actual Turqu\u00ed\u00ada. En este contexto se entiende no s\u00f3lo el Apocalipsis y los destinatarios de 1 Pe, sino tambi\u00e9n las referencias de Plinio el Joven y la carta de Policarpo. (d) Hay un foco m\u00e1s griego, vinculado a las iglesias de Filipos, Tesal\u00f3nica y Corinto, en las que evangeliz\u00f3 Pablo. Conocemos algo de la problem\u00e1tica de la iglesia de Corinto a trav\u00e9s de 1 Clemente. En un sentido extenso se podr\u00ed\u00adan situar aqu\u00ed\u00ad (y en Asia) los textos de Lucas y las pastorales, (e) Hay un foco romano, que conocemos ya por las cartas de Pablo (Rom) y por el evangelio de Marcos, redactado posiblemente en Roma. La iglesia romana se expresa en 1 Clemente y Pap\u00ed\u00adas, lo mismo que en algunos documentos tard\u00ed\u00ados del Nuevo Testamento, (f) Quiz\u00e1 podr\u00ed\u00adamos hablar tambi\u00e9n de un foco alejandrino o africano, que en este momento resulta todav\u00ed\u00ada poco conocido. Pablo alude a un tal Apolo (1 Cor 1,12; 3,4-6.22; 4,6; 16,12), al que evoca tambi\u00e9n Hechos (18,24; 19,1). Esta es una iglesia de la que por ahora conocemos poco, aunque debi\u00f3 de tener mucha importancia, pues en el per\u00ed\u00adodo siguiente aparece llena de vitalidad, como lugar donde se cruzan y fecundan muchos elementos (entre ellos un tipo de gnosticismo*).<\/p>\n<p>(2) Los primeros escritos. Quiz\u00e1 m\u00e1s que esos \u00abfocos\u00bb influyen los escritos que la Iglesia va elaborando y codificando, para formar de esa manera su propia Biblia, en la que se incluye no s\u00f3lo el Antiguo Testamento (Biblia de los LXX), sino el Nuevo Testamento. Entre los escritos que surgen y se afianzan en la Iglesia en este tiempo citamos: (a) Marcos*. Es el primer evangelio conservado y conocido, pues del documento Q* (conjunto de dichos, sin relato biogr\u00e1fico sobre Jes\u00fas) s\u00f3lo podemos hacer suposiciones. Parece que Marcos se opuso a las pretensiones de algunos miembros de la iglesia de Jerusal\u00e9n, centrada en los parientes de Jes\u00fas, que intentaba seguir vinculando el evangelio con el judaismo (cf. Mc 3,20-31). En contra de posibles tendencias entusi\u00e1sticas, empe\u00f1adas en destacar la gloria de Jes\u00fas, puso de relieve la importancia de la cruz, (b) Mateo*. Tras algunos a\u00f1os (hacia el 80 d.C.), retom\u00f3 en otra perspectiva la narraci\u00f3n de Marcos, complet\u00e1ndola con elementos del documento Q y con sus propias aportaciones, desde la nueva situaci\u00f3n de su iglesia, en di\u00e1logo con la Ley del judaismo, apoy\u00e1ndose en la l\u00ed\u00adnea de Pedro. Su texto culmina con el mandato de la misi\u00f3n universal (Mt 28,16-20). * Lucas*. Evangelio y Hechos. Al mismo tiempo que Mateo, o quiz\u00e1 un poco m\u00e1s tarde, escribi\u00f3 Lucas su obra doble, ofreciendo una especie de biograf\u00ed\u00ada m\u00e1s ordenada de Jes\u00fas y una visi\u00f3n unitaria y teol\u00f3gica de la historia de la Iglesia. Comienza destacando el valor de la Iglesia de Jerusal\u00e9n (Hch 1-11), para acentuar despu\u00e9s la misi\u00f3n helenista (ambas pactan en el llamado Concilio de Jerusal\u00e9n: Hch 15), tal como supone tambi\u00e9n Pablo, (d) Evangelio de Juan*. La tradici\u00f3n del disc\u00ed\u00adpulo amado. Pasados unos a\u00f1os, en torno al 100-110 d.C., se integr\u00f3 en la Gran Iglesia una comunidad de cristianos, de origen jud\u00ed\u00ado, que hab\u00ed\u00adan empezado a desarrollarse primero en Jerusal\u00e9n y despu\u00e9s (quiz\u00e1 tras la guerra del 67-70 d.C.) en alguna zona del entorno de Siria-Transjordania o Asia Menor. Para ellos, la autoridad m\u00e1xima de la Iglesia hab\u00ed\u00ada sido el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que Jes\u00fas les hab\u00ed\u00ada prometido y ofrecido, recreando as\u00ed\u00ad la misma figura de Jes\u00fas, en di\u00e1logo con la sabidur\u00ed\u00ada de su entorno, (e) Corpus de Pablo. En este tiempo se recopilan las cartas aut\u00e9nticas de Pablo, escritas en el per\u00ed\u00adodo anterior (1 Tes, Gal, Flp, 1 y 2 Cor, Rom, Flm), y se unen con otras escritas en su nombre: las llamadas cartas de la cautividad (Col y Ef) y, sobre todo, las pastorales (1 y 2 Tim, Tit), que quieren marcar ya una primera organizaci\u00f3n de la Iglesia, pero sin distinguir a\u00fan entre clero y laicado. (f) Otros escritos. El Nuevo Testamento. En este tiempo surgen ya los restantes escritos cristianos recogidos en el Nuevo Testamento: las cartas enviadas en nombre y con la autoridad de Pedro (1 y 2 Pe), de Juan (1, 2 y 3 Jn), de Santiago y de Judas, adem\u00e1s de la carta a los Hebreos y el Apocalipsis. Hasta ahora, la Escritura de los cristianos hab\u00ed\u00ada sido la misma de Israel, tomada b\u00e1sicamente de la traducci\u00f3n griega de los LXX. Pero esa Escritura empieza a tomarse ya como Primer Testamento, al que se a\u00f1ade el Segundo o Nuevo Testamento, con los escritos de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Cf. R. E. BROWN, Las iglesias que los ap\u00f3stoles nos dejaron, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1986; H. KOSTER, Introducci\u00f3n al Nuevo Testamento. Historia, cidtura y religi\u00f3n de la \u00e9poca helenista e historia y literatura del cristianismo primitivo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988; M. Y. MACDONALD, Las comunidades paidinas. Estudio socio-hist\u00f3rico de la institucionalizaci\u00f3n en los escritos paulinos y deuteropaidinos, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1994; W. A. MEEKS, Los primeros cristianos urbanos. El mundo social del ap\u00f3stol Pablo, BEB 64, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988; A. PI\u00ed\u2018ERO e I. PEL\u00ed\u0081EZ, El Nuevo Testamento. Introducci\u00f3n al estudio de los primeros escritos cristianos, C\u00f3rdoba 1995; Ph. VIELHAUER, Historia de la Literatura Cristiana Primitiva. Introducci\u00f3n al Nuevo Testamento, los ap\u00f3crifos y los Padres Apost\u00f3licos, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 2001.<\/p>\n<p>IGLESIA<br \/>\n3. La Gran Iglesia<\/p>\n<p>(-> judaismo). El despliegue del cristianismo est\u00e1 vinculado a la historia del judaismo de los siglos II-IV, y as\u00ed\u00ad podemos hablar de una separaci\u00f3n pol\u00e9mica y creadora entre \u00abjud\u00ed\u00ados nacionales o rab\u00ed\u00adnicos*\u00bb, cuyo testimonio ha sido recogido en la Misn\u00e1, y \u00abjud\u00ed\u00ados cristianizados o mesi\u00e1nicos\u00bb, que, a partir de la experiencia de Jes\u00fas, recrearon su identidad israelita en formas culturales abiertas al helenismo. Ese cambio forma parte de la crisis del judaismo, que acaba rechazando su simbiosis con el helenismo*, para tomar una forma rab\u00ed\u00adnica, m\u00e1s vinculada a la cultura semita (hebrea, aramea) y al cultivo de la Ley que a la sabidur\u00ed\u00ada griega.<\/p>\n<p>(1) La Gran Iglesia. Elementos. En contra del judaismo nacional, los cristianos pudieron pactar con la cultura helenista y desarrollarse como la Gran Iglesia, luego triunfadora, porque contaban con unos elementos que marcan su diferencia: (a) Mensaje personal de salvaci\u00f3n. En un mundo dominado por el miedo al destino, poblado de fuerzas astrales y poderes demon\u00ed\u00adacos, los seguidores de Jes\u00fas ofrecieron la confianza en Dios Padre y la certeza de su amor m\u00e1s \u00ed\u00adntimo (dirigido a cada uno de los hombres y mujeres) y m\u00e1s universal (abierto al conjunto de la humanidad, asumiendo y desbordando incluso los esquemas del orden social dominante, representado por un Imperio romano que quer\u00ed\u00ada extenderse a todo el mundo conocido). En esa l\u00ed\u00adnea se entendieron, sobre todo, los textos de Juan y de Pablo, (b) Opci\u00f3n por los pobres y vinculaci\u00f3n comunitaria. Gran parte de los habitantes del imperio, por otra parte muy jerarquizado, se sent\u00ed\u00adan desamparados y expulsados del orden social. Los cristianos, en cambio, a pesar de haber roto ese orden jer\u00e1rquico (o quiz\u00e1 por ello), formaban grupos que garantizan identidad y asistencia a cada individuo, especialmente a los marginados, como ha puesto por ejemplo de relieve 1 Pe: la Iglesia puede presentarse como casa para muchos que no ten\u00ed\u00adan casa, (c) Fidelidad personal, confianza. Dentro de una sociedad donde se hab\u00ed\u00adan perdido los antiguos criterios morales de las diversas clases y todo pod\u00ed\u00ada comprarse, venderse y cambiarse (cf. Ap  13-14; 18,12-13), los cristianos se mostraban seguros de su vocaci\u00f3n y dignidad, como hijos de Dios y portadores de una fraternidad sagrada que les un\u00ed\u00ada a todos los hombres. En esa l\u00ed\u00adnea resultaba b\u00e1sico el mensaje de Jes\u00fas, recogido especialmente por Mc y Le. * Capacidad de adaptaci\u00f3n. Frente a otros grupos (especialmente jud\u00ed\u00ados) con un mensaje particular, que les aislaba del ambiente, los cristianos asumieron y cultivaron los valores universales del judaismo, del helenismo y del imperio, dialogando as\u00ed\u00ad con los restantes movimientos de la sociedad. La grandeza del cristianismo se expresaba en su misma \u00abversatilidad\u00bb, es decir, en su capacidad de apertura y di\u00e1logo, tanto en perspectiva social (opci\u00f3n por los pobres) como institucional (en su manera de recrear sus instituciones).<\/p>\n<p>(2) La Gran Iglesia es resultado de una simbiosis. Muchos han dicho que el valor y riesgo del cristianismo oficial posterior est\u00e1 vinculado al \u00abconstantinismo\u00bb, es decir, a la toma de poder. Pero eso es cierto s\u00f3lo a medias. Antes de unirse al poder (a lo largo del siglo IV d.C.), el cristianismo, que viv\u00ed\u00ada en una situaci\u00f3n de clandestinidad relativa, pudo desarrollar sus elementos distintivos, pactando con los valores y pretensiones de la cultura helenista y del Imperio romano, logrando as\u00ed\u00ad algo que no hab\u00ed\u00adan podido realizar los jud\u00ed\u00ados en tiempo de los macabeos*, cuando se opusieron judaismo y helenismo, Jerusal\u00e9n y Atenas. Surgi\u00f3 de esa manera lo que suele llamarse la Gran Iglesia y en ella han influido tres rasgos que han determinado hasta el d\u00ed\u00ada de hoy su estructura sacral, filos\u00f3fica y social: un tipo de retomo al orden jer\u00e1rquico del Antiguo Testamento, la filosof\u00ed\u00ada griega y la administraci\u00f3n romana: (a) Herencia sacerdotal del Antiguo Testamento. Frente al intento de Marci\u00f3n y de otros que quer\u00ed\u00adan separar el cristianismo de su fondo b\u00ed\u00adblico, la Iglesia en su conjunto defendi\u00f3 su origen israelita, aceptando la Escritura de Israel, pero poniendo de relieve su propia independencia. En esa l\u00ed\u00adnea acab\u00f3 desarrollando un tipo de sacerdocio cercano al del viejo judaismo, (b) Cultura helenista. En general, los jud\u00ed\u00ados rab\u00ed\u00adnicos rechazaron el pensamiento y orden griego; los cristianos, en cambio, lo aceptaron, interpretando el Evangelio como respuesta a las preguntas que la filosof\u00ed\u00ada griega no hab\u00ed\u00ada podido responder. Des de esa perspectiva se pudo expandir un tipo de Iglesia, que vino a presentarse como principio de unificaci\u00f3n sacral y de educaci\u00f3n de Occidente, (c) Orden romano. En principio, el movimiento de Jes\u00fas no era jer\u00e1rquico, sino mesi\u00e1nico. No promov\u00ed\u00ada un orden sacerdotal, ontol\u00f3gico e imperial, sino una experiencia de trascendencia amorosa, inmediata, vinculada a la comunicaci\u00f3n igualitaria entre los hombres y mujeres, desde los marginados del sistema. En su identidad m\u00e1s honda, el movimiento de Jes\u00fas sigui\u00f3 siendo lo que era y as\u00ed\u00ad pudo expandirse en medio de una situaci\u00f3n de rechazo e incluso de persecuci\u00f3n, entre los siglos II y III, penetrando en las estmeturas del Imperio romano y asumiendo elementos vinculados a la cultura jer\u00e1rquica del entorno. Pero, al mismo tiempo, se convirti\u00f3 en una buena religi\u00f3n establecida, con un clero jer\u00e1rquico y con un estructura sacral, centrada en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada, en la l\u00ed\u00adnea de un culto de misterios.<\/p>\n<p>Cf. J. COLSON, L\u2020\u2122\u00e9piscopat catholique. Collegialit\u00e9 et primante dans les trois premiers siecles, Par\u00ed\u00ads 1963; Ministre de Je&#8217;sus-Christ ou le sacerdoce de l\u2020\u2122Evang\u00fce. Tradition paidinienne et tradition Johannique de lepiscopat, des origines a Saint Ir\u00e9n\u00e9e, Par\u00ed\u00ads 1951; A. FAIVRE, Ordonner la Fratemite&#8217;. Pouvoir d&#8217;innover et retour \u00e1 l&#8217;ordre dans lEglise ancienne, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1992; Naissance dime hi\u00e9rarchie, Beauchesne, Par\u00ed\u00ads 1977; X. PIKAZA, Una roca sobre el abismo. Historia y actualidad del papado, Trotta, Madrid 2006; H. Von CAMPENHAUSEN, Ecclesiastical Autliority and Spiritual Power, Hendrickson, Peabody MA 1997.<\/p>\n<p>IGLESIA<br \/>\n4. Modelos<\/p>\n<p>(-> amor). En principio, la Iglesia cristiana no implica un modelo \u00fanico de vinculaci\u00f3n, sino que ha tenido y tiene varios, que responden a las circunstancias sociales y culturales de los tiempos y lugares donde ella se ha extendido. A partir de los principios que ofrece el Nuevo Testamento, queremos ofrecer algunos modelos de Iglesia, desde una perspectiva social y de comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>(1) Modelos sociales. La Iglesia no naci\u00f3 ya formada, con un tipo de estructura y de organizaci\u00f3n ya determinada, sino que ella debi\u00f3 tomar los modelos que hab\u00ed\u00ada en su entorno, para adaptarlos al mensaje de Jes\u00fas, (a) Sinagoga. Pablo, jud\u00ed\u00ado, conoce y asume el modelo de reuni\u00f3n sinagogal, lo mismo que otros muchos cristianos de ori  gen igualmente jud\u00ed\u00ado. Sus iglesias aparecen as\u00ed\u00ad como sinagogas mesi\u00e1nicas, abiertas a la libertad y universalidad cristiana. Por eso, tender\u00e1n a recibir estructuras y servicios propios de ellas, con ancianos, escribas, servidores, etc. Este modelo est\u00e1 en la base de la Iglesia, pero resulta insuficiente, porque los cristianos no se distinguen por cultura y raza (naci\u00f3n) de las gentes de su entorno. Por eso, junto a la federaci\u00f3n* de sinagogas jud\u00ed\u00adas, surgir\u00e1 la comuni\u00f3n de iglesias cristianas, (b) Casa: familia ampliada (extensa). Este modelo est\u00e1 vinculado al tiempo del mensaje de Jes\u00fas y de sus seguidores galileos. Pablo sigue empleando este modelo: los cristianos se re\u00fanen en la casa de alg\u00fan \u00abpatrono\u00bb de cierta fortuna que les ofrece su hospitalidad, no para ser sus \u00abclientes\u00bb, sino para crear una familia mesi\u00e1nica, de tipo igualitario y fraterno. De todas formas, es normal que el due\u00f1o\/a de la casa tienda a verse como dirigente o responsable de la comunidad, en un camino que llevar\u00e1 a la patriarcalizaci\u00f3n del Evangelio, con el obispo como padre de familia del conjunto de la Iglesia, (c) Asociaci\u00f3n voluntaria (club), escuela filos\u00f3fica. Hab\u00ed\u00ada otros modelos de vinculaci\u00f3n, tomados de las agrupaciones sacrales o culturales, festivas o funerarias: grupos igualitarios de encuentro o trabajo, que sol\u00ed\u00adan tener sus servidores (diakonoi) e inspectores (episkopoi), con una disciplina interna en plano econ\u00f3mico y administrativo. Otras veces, el movimiento cristiano ha podido tomarse como escuela o asociaci\u00f3n filos\u00f3fica, con fines no s\u00f3lo de conocimiento, sino tambi\u00e9n de organizaci\u00f3n social, como han mostrado luego algunos Padres de la Iglesia, (d) Cuerpo mesi\u00e1nico. Pablo no tiene un modelo previo de iglesia, con estructuras fijas de gobierno y pr\u00e1cticas sociales (sacramentales) bien determinadas. Sus comunidades poseen muchos elementos comunes: predicaci\u00f3n y ense\u00f1anza, profec\u00ed\u00ada y plegaria, bautismo y celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, servicios asistenciales y comunicaci\u00f3n personal. Pero en otros rasgos (incluidos los de tipo administrativo) pueden variar y han variado, en un proceso en el que Pablo y sus comunidades se influyen mutuamente. Pues bien, en el fondo de todos esos modelos, la Iglesia viene a presentarse en forma de comunidad mesi\u00e1ni ca, como un grupo de personas a las que vincula y enriquece la palabra y presencia de Jes\u00fas resucitado.<\/p>\n<p>(2) Experiencia de comuni\u00f3n mesi\u00e1nica. Ejemplos fundamentales. Quien m\u00e1s ha desarrollado en el Nuevo Testamento el tema de la Iglesia ha sido Pablo y su escuela, sobre todo en su correspondencia con Corinto (amor*, carismas*). La Iglesia aparece en esa l\u00ed\u00adnea como cuerpo* de Cristo y como novia mesi\u00e1nica de las bodas de Dios (cf. 2 Cor 12,2; Ef 5,23-33; Col 1,18.24). Pero hay elementos eclesiales que han quedado bien delimitados en otros textos como el libro de los Hechos, el evangelio de Mateo y el Apocalipsis, (a) Hechos 2-4. Vida com\u00fan. La iglesia de Jerusal\u00e9n, sobre todo la que se desarroll\u00f3 en torno a Santiago*, aun estando vinculada a la ley nacional de Israel, desarroll\u00f3 una intensa experiencia de vida com\u00fan, que Lucas* ha presentado como modelo para todas las iglesias: \u00abTen\u00ed\u00adan los bienes en com\u00fan; vend\u00ed\u00adan sus posesiones y las repart\u00ed\u00adan entre todos, seg\u00fan la necesidad de cada uno\u00bb (Hch 2,44). Aqu\u00e9lla era, sin duda, una comunidad escatol\u00f3gica, en la l\u00ed\u00adnea de otros grupos jud\u00ed\u00ados del entorno; pero ella pon\u00ed\u00ada de relieve una intensa experiencia de culminaci\u00f3n mesi\u00e1nica, lograda ya por Jes\u00fas. Se trataba de una comunidad de \u00abpobres\u00bb en el sentido fuerte del t\u00e9rmino: \u00abla multitud de los creyentes ten\u00ed\u00adan un coraz\u00f3n y una mente, y ninguno llamaba propios a sus bienes, sino que los ten\u00ed\u00adan en com\u00fan&#8230;; y no hab\u00ed\u00ada entre ellos nadie que fuera pobre, pues los que pose\u00ed\u00adan campos o casas los vend\u00ed\u00adan y pon\u00ed\u00adan el producto de la venta a los pies de los ap\u00f3stoles, que daban a cada uno lo que necesitaba\u00bb (Hch 4,32-24). Eran los pobres y nadie era pobre. Parece que en esa misma l\u00ed\u00adnea se sit\u00faan las referencias de Pablo, cuando alude a la comunidad de Jerusal\u00e9n como iglesia de los pobres (cf. Gal 2,10; Rom 15,26). Este es para Lucas el modelo de todas las iglesias: una experiencia y proyecto de vida com\u00fan, en el nivel espiritual y material, en l\u00ed\u00adnea de libertad, no de imposici\u00f3n social o doctrinal, (b) Mateo 18. Organizaci\u00f3n com\u00fan. La iglesia de Mateo no es congregaci\u00f3n de creyentes intachables, compa\u00f1eros seg\u00fan ley, cumplidores del derecho. Al contrario, ella es comuni\u00f3n de pobres (peque\u00f1os) perdonados, que se acogen y  ayudan unos a otros (cf. Mt 18,1-14). Desde aqu\u00ed\u00ad surge el problema: \u00bfPuede mantenerse una comunidad desde el perd\u00f3n? \u00bfPuede estructurarse alg\u00fan tipo de iglesia desde el principio radical de la misericordia? Mateo no ha querido (ni podido) responder de una manera argumentativa, pero ha destacado tres elementos b\u00e1sicos para la formaci\u00f3n de la Iglesia. La Iglesia puede marcar unas fronteras (Mt 18,15-17). En principio, ella se abre a todos, pero si alguno no acepta su apertura ni perdona, si rechaza al grupo entero y si se niega a vivir en actitud de gracia, queda fuera de la uni\u00f3n comunitaria. As\u00ed\u00ad lo puede declarar la Iglesia entera, es decir, la comunidad reunida, distinguiendo de esa forma lo que es comuni\u00f3n (vida eclesial) y lo que es ruptura de comuni\u00f3n, es decir, lo que queda fuera de ella, en un mundo que tiene otras normas de conducta y otras formas de imponerse. Dios revela su perd\u00f3n y amor por medio del perd\u00f3n comunitario (Mt 18,18-20). Pero la Iglesia no nace de la expulsi\u00f3n, sino del perd\u00f3n, es decir, de la acogida que se ofrece a los disidentes y distintos, en amor generoso. Ella no es una sociedad de limpios y perfectos, sino una comunidad de perdonados que se aman. As\u00ed\u00ad se forma la iglesia rnesi\u00e1nica, sin m\u00e1s principio de vida interior que el amor y sin m\u00e1s norma que el perd\u00f3n. Por eso, los cristianos deben perdonar y perdonarse siempre, setenta veces siete (18,21-35). Eso significa que ella puede trazar fronteras, como ya hemos dicho, pero s\u00f3lo a fin de perdonar mejor a todos.<\/p>\n<p>(3) Apocalipsis. Iglesia novia. La Iglesia es m\u00faltiple y es una. La multiplicidad de las comunidades cristianas est\u00e1 representada por las Siete iglesias de Asia (Ap 2-3), simbolizadas por siete candelabros y presididas por siete astros o \u00e1ngeles (1,9-20). La unidad de la Iglesia est\u00e1 simbolizada por la mujer celeste y perseguida (Ap 12) que se opone a la prostituta (Ap 17) y aparece al final como novia-esposa del Cordero y ciudad de reconciliaci\u00f3n (19,7; 21,911), vinculada al Esp\u00ed\u00adritu que dice a Jes\u00fas: \u00c2\u00a1ven! (21,7). Ella se eleva como signo de verdadera humanidad (comuni\u00f3n gratuita de personas), abierta a todos los pueblos de la tierra, superando el nacionalismo de aquellos jud\u00ed\u00ados que se cierran en los l\u00ed\u00admites del pueblo y oponi\u00e9ndose a la opresi\u00f3n idol\u00e1trica (violenta) de las bestias y la prostituta del Imperio romano.<\/p>\n<p>Cf. R. AGUIRRE, Del movimiento de Jes\u00fas a la Iglesia cristiana. Ensayo de ex\u00e9gesis sociol\u00f3gica del cristianismo primitivo, Verbo Divino, Estella 1998; Ensayo sobre los or\u00ed\u00adgenes del cristianismo. De la religi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica de Jesils a la religi\u00f3n dom\u00e9stica de Pablo, Verbo Divino, Estella 2001; L. GOPPELT, Les origines de VEglise, Payot, Par\u00ed\u00ads 1961; G. LOHFINK, La Iglesia que Jesils quer\u00ed\u00ada, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1986: X. PIKAZA, Sistema, libertad, iglesia. Las instituciones del Nuevo Testamento, Trotta, Madrid 2001; J. ROLOFF, Die Kirche im Nene Testament, GNT 10, Vandenhoeck, Gotinga 1993.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>La red de pescar de Sim\u00f3n Pedro, la Iglesia de Pedro, no es una red hecha para un grupito, para una minor\u00ed\u00ada espiritual; es la red para una Iglesia popular, universal, capaz de abarcar a todas las gentes y a todas las categor\u00ed\u00adas de personas.  Esta ense\u00f1anza siempre ha sido muy necesaria en la historia de la Iglesia. Hall\u00e1ndose ante unos preceptos evang\u00e9licos tan sublimes, no pocos cristianos han tenido la tentaci\u00f3n de reconstruir una Iglesia de peque\u00f1os grupos, de minor\u00ed\u00adas, de hombres y mujeres muy selectos, casi una Iglesia que se distinguiera de la gran masa por una particular santidad, iluminaci\u00f3n sobre los misterios de Dios y elevaci\u00f3n de vida.      Se trata de un deseo que puede tener detr\u00e1s una sincera voluntad de expresar la altura de la Iglesia de Cristo.  Sin embargo, en la imagen de la red de pescar, nos damos cuenta de que no se nos propone simplemente una Iglesia de minor\u00ed\u00adas, sino una Iglesia que, sin quitar nada a las exigencias de los dones del evangelio, est\u00e1 abierta a los humildes, a los peque\u00f1os, a los sencillos, a los pobres, a los enfermos, a los que no cuentan, a todos aquellos que de alguna manera pueden encender la llamita de la fe y abrirse al candil de la caridad.  Una Iglesia, por tanto, que requiere en sus pastores, en sus responsables, un gran coraz\u00f3n, una gran comprensi\u00f3n, una capacidad de misericordia, una mirada clarividente para proponer un camino educativo capaz de ayudar a todos, incluidos los m\u00e1s d\u00e9biles, los m\u00e1s despose\u00ed\u00addos, a dar pasos sinceros hacia esta plenitud de la red de Pedro.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>Este t\u00e9rmino se deriva del verbo griego kal\u00e9o (\u00abllamar\u00bb). En el uso com\u00fan, mediante el prefijo ek-, designaba la reuni\u00f3n de los ciudadanos que en la polis griega gozaban de capacidad jur\u00ed\u00addica. En la versi\u00f3n griega del Antiguo Testamento el t\u00e9rmino traduce con cierta frecuencia el hebreo qahal, que en la tradici\u00f3n deuteronomista designaba a la comunidad de Israel en cuanto constituida por la alianza. Ausente de los evangelios (excepto en Mt 16,18 y 18,17), este t\u00e9rmino aparece en los Hechos de los Ap\u00f3stoles y sobre todo en el corpus paulino. En los diversos usos neotestamentarios del t\u00e9rmino, se entiende a la Iglesia en sentido particular (asamblea en acto para el servicio lit\u00fargico, pero sobre todo para la celebraci\u00f3n de la cena del Se\u00f1or, y comunidad establecida en un lugar o territorio), o bien en un sentido universal, es decir, el pueblo entero disperso por todo el mundo que ha sido reunido en el nombre de la santa Trinidad. Del griego se deriva el lat\u00ed\u00adn Ecclesia, de donde ha pasado a las lenguas latinas. El nombre Kirche (alem\u00e1n) y Church (ingl\u00e9s), adoptado en las lenguas germ\u00e1nicas y eslavas, se deriva de la expresi\u00f3n bizantina (oik\u00ed\u00ada) kyriak\u00e9 (\u00bb casa del Se\u00f1or\u00bb). Para comprender la realidad designada por este nombre hay que remontarse al designio libre y misterioso de Dios Padre de salvar a todos los hombres, llam\u00e1ndolos a la comuni\u00f3n consigo mediante su Hijo en la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Debido a este origen trinitario, el concilio Vaticano II designa a la Iglesia como \u00abmisterio\u00bb. Se trata de un proyecto eterno que se manifiesta y se realiza gradualmente en la historia desde sus comienzos. En este sentido la Iglesia, \u00abprefigurada ya desde el origen del mundo, preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en el Antiguo Testamento, fue constituida en los \u00faltimos tiempos y manifestada por la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y se perfeccionar\u00e1 gloriosamente al fin de los tiempos\u00bb (LG 2).<\/p>\n<p>En particular la eclesiolog\u00ed\u00ada procurar\u00e1 poner de relieve la ra\u00ed\u00adz hist\u00f3rica de la Iglesia, considerada en una fase preliminar en la llamada de Israel y de forma de6nitiva en la persona de Jes\u00fas, que reuni\u00f3 en torno a s\u00ed\u00ad al Israel de los \u00faltimos tiempos y que en el misterio de su muerte-res\u00farrecci\u00f3n comunica su Esp\u00ed\u00adritu, consitituyendo m\u00ed\u00adsticamente como cuerpo suyo a sus hermanos, llamados de todas- las gentes. A la luz del misterio pascual la Iglesia aparece como pueblo mesi\u00e1nico que, \u00abconstituido por Cristo en orden a la comuni\u00f3n de vida, de caridad y de verdad, es empleado tambi\u00e9n por- \u00e9l como instrumento de la redenci\u00f3n universal y es enviado a todo el mundo como luz del mundo y sal de la tierra\u00bb (LG 9). De aqu\u00ed\u00ad &#8211; deduce la eclesiolog\u00ed\u00ada las grandes nociones con las que se indica el misterio de la Iglesia: pueblo de Dios, Cuerpo (m\u00ed\u00adstico) de Cristo, sacramento de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu, comuni\u00f3n. En el Nuevo Testamento y en la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica es posible- encontrar igualmente una multitud de im\u00e1genes en las que se encuentra descrita la naturaleza \u00ed\u00adntima de la Iglesia.<\/p>\n<p>Entre \u00e9stas recordemos las del reba\u00f1o y del redil, las del campo y la vi\u00f1a, las del edificio y el templo, y sobre todo la de Esposa; el valor simb\u00f3lico de estas im\u00e1genes, importante va en el Antiguo Testamento, alcanza su plenitud definitiva en Cristo y en la Iglesia. Del conjunto surge en toda su vitalidad la realidad de la Iglesia, dotada en su conjunto de algunas propiedades esenciales que, indicadas en la expresi\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo niceo-constantinopolitano, son: la unidad, la santidad, la catolicidad y la apostolicidad. Estas propiedades, que dimanan de su esencia y que est\u00e1n unidas establemente a ella, asumen tambi\u00e9n una importancia fenomenol\u00f3gica. Es decir, pueden hacerse visibles en el cuerpo eclesial por el hecho de que la Iglesia, precisamente por ser \u00abmisterio\u00bb es la actuaci\u00f3n en el espacio y en e1 tiempo de los hombres del plan eterno salv\u00ed\u00adfico de Dios. Por consiguiente, es tambi\u00e9n un sujeto hist\u00f3rico , es decir, una realidad social y visible, activamente presente en la historia, influida por los hechos hist\u00f3ricos y marc\u00e1ndolos a su vez en su camino hacia la meta final, a la que Dios llama desde el principio a la comunidad humana. Por esto la eclesiolog\u00ed\u00ada, mientras que reflexiona sobre el misterio de la Iglesia, la estudia tambi\u00e9n en su estructura de comunidad visible, organizada como sociedad seg\u00fan la voluntad del Se\u00f1or Jes\u00fas.<\/p>\n<p> En el evangelio de Cristo se indican  las estructuras fundamentales e irrenunciables de la Iglesia. Dentro del \u00fanico pueblo de Dios, donde subsiste una dignidad com\u00fan de los miembros por su regeneraci\u00f3n en Cristo, la gracia com\u00fan de los hijos y la vocaci\u00f3n com\u00fan a la santidad (sacerdocio com\u00fan de los fieles), \u00abalgunos, por la voluntad de Cristo, han sido constituidos para los dem\u00e1s como doctores, dispensadores de los misterios y pastores\u00bb (LG 32) (sacerdocio jer\u00e1rquico o ministerial). Esta estructura del \u00fanico pueblo de Dios se expresa tambi\u00e9n mediante el binomio \u00abministros sagrados laicos \u00ab. Por otra parte, pertenece tambi\u00e9n firmemente a la vida y a la santidad de la Iglesia el estado de los que, mediante la profesi\u00f3n de los \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb, se entregan totalmente a Dios sumamente amado, de manera que est\u00e1n destinados por un t\u00ed\u00adtulo nuevo y especial al servicio y al honor de Dios (cf. LG 44). Articulada de este modo, la Iglesia se expresa como \u00abcomunidad de creyentes\u00bb que, en estrecha adhesi\u00f3n a sus propios pastores establecidos por Cristo, son reunidos por \u00e9l mediante la proclamaci\u00f3n del Evangelio, son santificados mediante los sacramentos y son enviados al mundo como testigos de su resurrecci\u00f3n. Como tal, la Iglesia se expresa de forma eminente cada vez que celebra la Cena del Se\u00f1or bajo la sagrada presidencia del obispo, rodeado de su presbiterio y de los di\u00e1conos; el obispo es el centro visible de la comuni\u00f3n en la Iglesia particular. Adem\u00e1s, cada obispo, por el sacramento que ha recibido con el orden sagrado, est\u00e1 unido en comuni\u00f3n con todos los dem\u00e1s obispos, junto con los cuales forma un Colegio, que tiene al frente como cabeza al obispo de Roma, sucesor de Pedro, en quien Cristo estableci\u00f3 el principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de la fe y de la comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEsta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una Sociedad, se realiza en la Iglesia cat\u00f3lica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos, en comuni\u00f3n con \u00e9l, aunque puedan encontrarse fuera de su comunidad muchos elementos de santificaci\u00f3n y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad cat\u00f3lica\u00bb (LG 8). Esta misma Iglesia, debido al car\u00e1cter misionero que le ha querido dar Cristo  \u00abora y trabaja a un tiempo para que la totalidad del mundo se incorpore al pueblo de Dios, cuerpo del Se\u00f1or y templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y en Cristo cabeza de todos, se rinda todo honor y gloria al Creador y Padre universal \u00bb (LG 17).<\/p>\n<p> M. Semeraro<\/p>\n<p> Bibl.: Concilio Vaticano II, Const, dogm\u00e1tica \u00abLumen gentium\u00bb (21 de noviembre de 1965); J Auer, La Iglesia, Herder, Barcelona 1986; J Ratzinger La Iglesia, San Pablo Madrid 1992; R, Bl\u00e1zquez, La Iglesia del concilio Vaticano II S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988; AA. VV , La Iglesia, sacramento de salvaci\u00f3n, en R. Latourelle (ed.), Vaticano II Balance y perspectivas, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1989, 259-450.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Mensaje cristiano sobre la Iglesia: 1. \u00bfQu\u00e9 es realmente la Iglesia?; 2. El origen de la Iglesia; 3. La misi\u00f3n de la Iglesia; 4. La pedagog\u00ed\u00ada de Dios. II. Presentaci\u00f3n catequ\u00e9tica de la Iglesia: 1. En la etapa adulta (30-65 a\u00f1os); 2. En la etapa de la infancia (0-5 a\u00f1os) y la ni\u00f1ez (6-Il a\u00f1os); 3. En la etapa de la adolescencia (12-14 y 15-18 a\u00f1os); 4. En la etapa de la juventud (19-29 a\u00f1os); 5. En la etapa de los mayores (65 a\u00f1os en adelante). III. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. Mensaje cristiano sobre la Iglesia<br \/>\nEn el credo, tras confesar que creemos en Dios Padre, en Jesucristo nuestro Se\u00f1or y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, afirmamos que, desde esa entrega confiada a Dios, aceptamos a la Iglesia como objeto de fe. No creemos \u00aben\u00bb la Iglesia, pues s\u00f3lo se cree en Dios, pero creemos que existe la Iglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica. Y, situ\u00e1ndola en este lugar del credo, afirmamos que tiene su origen en el misterio de Dios uno y Trino: en su designio de salvar a los hombres, llam\u00e1ndonos a la comuni\u00f3n de vida con \u00e9l, por su Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. La Iglesia, obra eminente de Dios, brota de la Santa Trinidad. Como dice el Vaticano II, aparece \u00abprefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la antigua alianza\u00bb; \u00abse constituy\u00f3 en los \u00faltimos tiempos, se manifest\u00f3 por la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y llegar\u00e1 gloriosamente a su plenitud al final de los siglos\u00bb (LG 2).<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad tres cuestiones que no debemos olvidar: 1) que la Iglesia entra ya en el plan de Dios al crear al hombre (cf Ef 1,10; 3,9), pues \u00abel mundo fue creado en orden a la Iglesia\u00bb (Hermas, VI. 2, 4, 1); 2) que tiene tres etapas en tensi\u00f3n hacia el futuro (preparaci\u00f3n en el Antiguo Testamento; constituci\u00f3n por Jesucristo y manifestaci\u00f3n en pentecost\u00e9s, y plenitud escatol\u00f3gica al final de los tiempos); 3) que tiene su ra\u00ed\u00adz y su fundamento en la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, por lo que es tambi\u00e9n misterio y comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>I. \u00bfQUE ES REALMENTE LA IGLESIA?<br \/>\nPablo VI propuso al Vaticano II: \u00abLa Iglesia debe profundizar en la conciencia de s\u00ed\u00ad misma, debe meditar sobre el misterio que le es propio, debe ahondar en la doctrina&#8230; sobre el propio origen, la propia naturaleza, la propia misi\u00f3n, el propio destino final\u00bb (ES 7). El Concilio asumi\u00f3 el reto y nos dio una doctrina jugosa.<\/p>\n<p>a) Los nombres tambi\u00e9n hablan: Qahal-Ekkl\u00e9sia-Iglesia. Qahal es un vocablo de la tradici\u00f3n deuteronomista, que, entre otras cosas, significa \u00abel grupo convocado por Dios para el culto, obligado a ciertas leyes y normas seg\u00fan la alianza establecida\u00bb, una asamblea que est\u00e1 interesada por la alianza. Al traducir la Biblia del hebreo al griego, all\u00e1 por el a\u00f1o 250 a.C., los LXX emplearon el t\u00e9rmino griego ekkl\u00e9sia para acoger el significado de qahal; y de \u00e9l proviene Iglesia.<\/p>\n<p>Casi dos siglos y medio despu\u00e9s, san Pablo emplea con frecuencia este vocablo, que hab\u00ed\u00ada adquirido ya un significado religioso. Lo toma en tres sentidos: 1) para indicar a los cristianos de una ciudad, congregados para el servicio lit\u00fargico (cf 1Cor 11,18); 2) para indicar a la totalidad de los cristianos de ese lugar, a la comunidad local (cf 1Tes 1,1; G\u00e1l 1,2; 1Cor 1,2); 3) para referirse a la Iglesia universal, entendida como un todo repartido por el mundo (cf G\u00e1l 1,13; 1Cor 10,32; 12,28).<\/p>\n<p>b) La comuni\u00f3n, ra\u00ed\u00adz de la comunidad. \u00abLa Iglesia universal -dice el Concilio- se presenta como un pueblo congregado por la unidad del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. La uni\u00f3n procede del Esp\u00ed\u00adritu, que habita en la Iglesia, la construye sin cesar y la une en la comuni\u00f3n y el servicio (LG 4). Antes de ser una congregaci\u00f3n de los fieles entre s\u00ed\u00ad, la Iglesia es comuni\u00f3n de los hombres con Dios \u00abpor la caridad que no pasar\u00e1 jam\u00e1s\u00bb (1Cor 13,8).<\/p>\n<p>El evangelista Juan presenta esta comuni\u00f3n como la uni\u00f3n vital del sarmiento con la vid, e insiste en que la vitalidad de los sarmientos depende de su uni\u00f3n con la vid (cf Jn 15,1-8). El concepto clave es permanecer en, que figura tambi\u00e9n en otros pasajes (cf Jn 6,56). Permaneciendo en Cristo por la fe viva, \u00abestamos en comuni\u00f3n con el Padre y con su Hijo, Jesucristo\u00bb (lJn 1,3).<\/p>\n<p>Los santos Padres, cuando hablan de la Iglesia, se refieren a la comunidad de los cristianos bautizados y ungidos, entendida como un todo; es \u00abel pueblo unido en torno al sacerdote y la grey que se adhiere fielmente a su pastor\u00bb (san Cipriano, Ep. 66, 8). Esta comunidad creyente alcanza su plenitud, dir\u00e1 san Agust\u00ed\u00adn, por la caridad y la unidad, que proceden de su uni\u00f3n con Cristo por la fe y los sacramentos, y porque la anima el esp\u00ed\u00adritu de Cristo (cf Tract. Jo. Ev. 26, 13; 27, 6). Esta idea de la Iglesia-comuni\u00f3n pierde fuerza en los siglos posteriores, pero volver\u00e1 a encontrar eco en la escuela de Tubinga, durante el siglo XIX, y hallar\u00e1 una bella expresi\u00f3n en la Mystici corporis y en el Vaticano II.<\/p>\n<p>De esta comuni\u00f3n fontal del hombre con Dios, nace la comuni\u00f3n de unos con otros. Y al hablar de la Iglesia comuni\u00f3n, no debemos olvidar que la comuni\u00f3n es, en su dimensi\u00f3n m\u00e1s honda, un don que se nos da en el bautismo. Jesucristo hizo de la Iglesia una comuni\u00f3n de vida, de amor y de unidad de los hombres con Dios y de los hombres entre s\u00ed\u00ad (cf LG 9). Pero desde la vertiente humana, desde nuestra respuesta, la comuni\u00f3n es una realidad en camino, nunca lograda del todo. El Esp\u00ed\u00adritu Santo \u00abrealiza esa admirable comuni\u00f3n de fieles y une a todos en Cristo tan \u00ed\u00adntimamente que es el principio de la unidad de la Iglesia\u00bb (UR 2). Pero nuestros pecados la retrasan y la destruyen. Y en nuestras relaciones mutuas se refleja, tanto la tensi\u00f3n de nuestra comuni\u00f3n con Dios hacia su plenitud como la debilidad con que acogemos dicho don. Asumir la grandeza del don y, a la par, la pobreza de nuestra respuesta, sin conformismo pero con profunda paz, significa dar un paso de gran alcance en nuestro ser-Iglesia.<\/p>\n<p>Podemos decir que la Iglesia es la prolongaci\u00f3n de la comuni\u00f3n trinitaria en nuestra historia humana. Dios Trinidad habita en nuestros corazones y se adue\u00f1a de ellos, y en la medida en que acogemos su amor y participamos de su vida, reproducimos en nuestras comunidades la imagen de la comuni\u00f3n trinitaria.<\/p>\n<p>Esta Iglesia comuni\u00f3n es la Iglesia cuerpo m\u00ed\u00adstico, que tiene a Jesucristo por cabeza (Col 1,18) y al Esp\u00ed\u00adritu Santo como alma que la une y vivifica. Mediante esa imagen, san Pablo quiere acentuar la inmanencia de Jesucristo en el Esp\u00ed\u00adritu, como origen y principio vital de la Iglesia. Tal es la Iglesia sacramento, la Iglesia misterio: invisible en sus ra\u00ed\u00adces, a la vez que sujeto visible e hist\u00f3rico, compuesto por la totalidad de sus miembros.<\/p>\n<p>c) La Iglesia, pueblo de Dios. La presentaci\u00f3n de la Iglesia como pueblo de Dios es uno de los logros m\u00e1s fecundos del Vaticano II. Se trata de una imagen b\u00ed\u00adblica, recuperada gracias a la renovaci\u00f3n de los estudios escritur\u00ed\u00adsticos y patr\u00ed\u00adsticos.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino hebreo `am (pueblo) designa un conjunto de personas relacionadas por la consanguinidad. Componen un pueblo que vive en comuni\u00f3n porque entre sus miembros existen v\u00ed\u00adnculos familiares. De ah\u00ed\u00ad que la imagen b\u00ed\u00adblica pueblo de Dios venga a significar una familia, en la que todos se consideran hermanos, porque reconocen a un \u00fanico Dios como padre del pueblo, como su protector y redentor, su g\u00f3&#8217;el. Es una concepci\u00f3n que se remonta a los or\u00ed\u00adgenes (cf Ex 3,7; 8,16-19) y que adquiere su expresi\u00f3n m\u00e1s alta en el Deuteroisa\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento, la Iglesia es presentada como el nuevo pueblo de Dios. En los escritos de Lucas aparece 80 veces, pero tambi\u00e9n es frecuente en los escritos de san Pablo y de san Pedro. La Iglesia es el verdadero Israel de Dios (G\u00e1l 6,16), el templo de Dios (1Cor 3,16). Con palabras de lPe, \u00abvosotros sois linaje escogido, sacerdocio real, naci\u00f3n consagrada, pueblo de su propiedad, para anunciar las grandezas del que os ha llamado de las tinieblas a su luz maravillosa; los que en un tiempo no erais pueblo de Dios, ahora hab\u00e9is venido a ser pueblo suyo\u00bb (lPe 2,9-10). As\u00ed\u00ad, con claras alusiones a diversos pasajes b\u00ed\u00adblicos, el autor identifica a los seguidores de Jes\u00fas con los herederos leg\u00ed\u00adtimos del pueblo de Dios, y les atribuye las caracter\u00ed\u00adsticas del pueblo de Dios del Antiguo Testamento.<\/p>\n<p>Los santos Padres prestan notable atenci\u00f3n al concepto pueblo (de Dios). Y sin ignorar el ministerio jer\u00e1rquico, al hablar de la Iglesia como pueblo de Dios suelen referirse a toda la comunidad de bautizados y ungidos, que celebra la liturgia y ejerce la maternidad espiritual. Los Padres latinos tratan de resaltar, mediante este concepto, el car\u00e1cter hist\u00f3rico y din\u00e1mico de la Iglesia. Pero cay\u00f3 en desuso a partir del siglo V, aunque sigue presente en el lenguaje de la liturgia.<\/p>\n<p>El Vaticano II vuelve a presentar a la Iglesia como pueblo de Dios, y esta categor\u00ed\u00ada se convierte en un pilar b\u00e1sico de su eclesiolog\u00ed\u00ada (cf LG 9-17). Mediante ella, pone de relieve la continuidad entre Israel y la Iglesia; resalta la dignidad com\u00fan de los cristianos; ayuda a superar el individualismo y el subjetivismo; ilumina el car\u00e1cter de sujeto hist\u00f3rico y din\u00e1mico de la comunidad cristiana y su condici\u00f3n de pueblo entre los pueblos; y hace posible una articulaci\u00f3n m\u00e1s armoniosa entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares. Pero tiene sus limitaciones, pues esta imagen no agota todo el ser de la Iglesia. Para dar su sentido pleno a la Iglesia comuni\u00f3n y para soslayar el riesgo de cierta unilateralidad, hay que vincularla a la noci\u00f3n de cuerpo de Cristo. Si la categor\u00ed\u00ada pueblo de Dios pone de relieve el aspecto visible e hist\u00f3rico de la Iglesia, la categor\u00ed\u00ada cuerpo m\u00ed\u00adstico acent\u00faa su dimensi\u00f3n espiritual e invisible.<\/p>\n<p>2. EL ORIGEN DE LA IGLESIA. Los santos Padres presentan a la Iglesia como nuevo pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo, grey del Se\u00f1or. Mediante estas im\u00e1genes b\u00ed\u00adblicas tratan de comprender y explicar el misterio de la Iglesia y su origen.<\/p>\n<p>En realidad, la cuesti\u00f3n de su origen y de su fundaci\u00f3n por Jesucristo no surgi\u00f3 hasta la Reforma. Alcanzar\u00e1 su m\u00e1ximo inter\u00e9s en tiempos de la Ilustraci\u00f3n y m\u00e1s tarde ser\u00e1 una cuesti\u00f3n b\u00e1sica para la Apolog\u00e9tica.<\/p>\n<p>a) Jesucristo, fundamento de la Iglesia. Desde el siglo IV, la Iglesia se reconoce a s\u00ed\u00ad misma, en los s\u00ed\u00admbolos de la fe, como apost\u00f3lica. Esto quiere decir que est\u00e1 fundada sobre la misi\u00f3n (apostolado) que Dios Padre ha encomendado a su Hijo Jesucristo. El ha sido enviado al mundo (cf Jn 17,18; 20,21) para establecer la asamblea definitiva del nuevo pueblo de Dios. Y lo hace, transfiriendo su misi\u00f3n a los disc\u00ed\u00adpulos elegidos de antemano. Llamamos a la Iglesia apost\u00f3lica porque descansa sobre el fundamento de los ap\u00f3stoles; pero hay que tener en cuenta que la apostolicidad de estos descansa sobre la apostolicidad de Jes\u00fas de Nazaret, el Se\u00f1or resucitado.<\/p>\n<p>En cierto sentido, la Iglesia es el Hijo de Dios, es Cristo que sigue existiendo en el tiempo y en el mundo; es el Cristo entre nosotros (Newman). Pero conviene completar esta afirmaci\u00f3n subrayando enseguida las diferencias entre Cristo y la Iglesia. Y aqu\u00ed\u00ad nos presta una preciosa ayuda la doctrina del Cuerpo m\u00ed\u00adstico, pues nos presenta a Cristo como la cabeza, y a los cristianos como los miembros. As\u00ed\u00ad pone en claro el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo sobre la Iglesia y la necesidad que esta tiene de escuchar, seguir y obedecer a Cristo.<\/p>\n<p>b) Jesucristo, fundador de la Iglesia. Prefigurada desde la creaci\u00f3n, empieza a prepararse a partir de la llamada de Abrah\u00e1n, a quien Dios promete que ser\u00e1 padre de un gran pueblo (cf G\u00e9n 12,2), y contin\u00faa en la alianza del Sina\u00ed\u00ad, donde Israel es constituido pueblo de Dios (Ex 19,5-6). Los profetas denuncian la infidelidad de Israel, que ha roto la alianza (cf Os 1; Jer 2), y anuncian una nueva (cf Is 55,3; Jer 31,31-34), que toma cuerpo en la Iglesia.<\/p>\n<p>Esta no viene despu\u00e9s de Jesucristo como un movimiento que brota de la libre agrupaci\u00f3n de sus seguidores y va tomando forma desde el pueblo. La Iglesia existi\u00f3, por voluntad positiva de Jes\u00fas, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, y ella misma se entendi\u00f3 como fundaci\u00f3n divina. El punto de partida fue la elecci\u00f3n de los Doce, con Pedro a la cabeza (cf Mc 3,14-15), pues con ellos \u00abform\u00f3 una especie de colegio o grupo estable\u00bb. Despu\u00e9s de la dispersi\u00f3n producida por su muerte violenta, Cristo resucitado los congrega y los env\u00ed\u00ada con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu a continuar su misi\u00f3n (cf Jn 20,21-23). Y en pentecost\u00e9s recibieron la definitiva y plena confirmaci\u00f3n de esta misi\u00f3n (cf He 2,1-26).<\/p>\n<p>Numerosas actuaciones de Jes\u00fas ponen de manifiesto su voluntad positiva de fundar la Iglesia sobre el n\u00facleo de los Doce, s\u00ed\u00admbolo del nuevo Israel: la elecci\u00f3n, su dedicaci\u00f3n especial a ellos, su actuaci\u00f3n en la \u00faltima cena, el haberles encomendado continuar su misi\u00f3n&#8230; Como dice el Vaticano II, es Jesucristo quien hace de este pueblo mesi\u00e1nico \u00abuna comuni\u00f3n de vida, de amor y de unidad, lo asume tambi\u00e9n como instrumento de redenci\u00f3n universal y lo env\u00ed\u00ada a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra\u00bb (LG 9); pues \u00abantes de ascender al cielo, fund\u00f3 su Iglesia como sacramento de salvaci\u00f3n y envi\u00f3 a los ap\u00f3stol\u00e9s al mundo entero, como tambi\u00e9n \u00e9l hab\u00ed\u00ada sido enviado por el Padre\u00bb (AG 5).<\/p>\n<p>Esta doctrina no pretende que podamos reconstruir hist\u00f3ricamente todos los pasos por los que se lleg\u00f3 desde la funci\u00f3n de los ap\u00f3stoles a la de los obispos, ni que Jesucristo hubiera dise\u00f1ado la estructura de la Iglesia y el desarrollo del ministerio en todos sus detalles. Como dice el padre Congar, \u00abel Esp\u00ed\u00adritu Santo no viene tan solo a animar una instituci\u00f3n totalmente determinada en sus estructuras, sino que es verdaderamente cofundador\u00bb.<\/p>\n<p>c) La Iglesia, comunidad ministerial, es apost\u00f3lica. Este pueblo de Dios no es un conjunto indiferenciado de personas. Seg\u00fan lCor 12,4-12, en \u00e9l hay diversos ministerios y carismas, pues \u00aba cada cual se le otorga la manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu para provecho com\u00fan\u00bb (12,7). Y es necesario recalcar este car\u00e1cter ministerial de toda la comunidad, en la que no debe haber miembros pasivos.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la Iglesia entera es apost\u00f3lica, porque est\u00e1 edificada sobre \u00abel fundamento de los ap\u00f3stoles\u00bb (Ef 2,20), testigos escogidos y enviados por Jesucristo; porque, con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo, guarda y transmite el buen dep\u00f3sito (2Tim 1,13-14); y porque sigue siendo ense\u00f1ada, santificada y dirigida por los ap\u00f3stoles mediante sus sucesores, los obispos. Como dice el Concilio, \u00abcon estos ap\u00f3stoles (cf Lc 6,13), form\u00f3 una especie de Colegio o grupo estable, y eligiendo de entre ellos a Pedro, lo puso al frente de \u00e9l (cf Jn 21,15-17). Los envi\u00f3, en primer lugar, a los hijos de Israel, luego a todos los pueblos (Rom 1,16), para que, participando de su potestad, hicieran a todos los pueblos sus disc\u00ed\u00adpulos, los santificaran y los gobernaran&#8230; y as\u00ed\u00ad extendieran la Iglesia y estuvieran al servicio de ella como pastores, bajo la direcci\u00f3n del Se\u00f1or, todos los d\u00ed\u00adas hasta el fin del mundo\u00bb (LG 19). Son los obispos quienes \u00abpor divina instituci\u00f3n suceden en su puesto a los ap\u00f3stoles, como pastores de la Iglesia\u00bb (LG 21), y ahora ejercen su misi\u00f3n con la ayuda de los presb\u00ed\u00adteros, \u00abjuntamente con el sucesor de Pedro y sumo Pastor de la Iglesia\u00bb (AG 5).<\/p>\n<p>d) La Iglesia, construida por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Esta afirmaci\u00f3n no debilita la de que Jes\u00fas es el fundador y el fundamento vivo y permanente de la Iglesia, sino que nos recuerda lo que dice el Vaticano II siguiendo a los santos Padres: que el Esp\u00ed\u00adritu santifica continuamente a la Iglesia, la rejuvenece y la renueva sin cesar, mediante diversos dones jer\u00e1rquicos y carism\u00e1ticos (cf LG 4). Por eso se a\u00f1adi\u00f3 al s\u00ed\u00admbolo de Nicea, en el concilio del a\u00f1o 381, que el Esp\u00ed\u00adritu es \u00abSe\u00f1or y dador de vida\u00bb.<\/p>\n<p>Esta presencia activa del Esp\u00ed\u00adritu en el pueblo de Dios hace que la Iglesia visible e hist\u00f3rica, hecha con nuestro d\u00e9bil material humano, sea una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica. Durante el siglo pasado, la apolog\u00e9tica cre\u00ed\u00ada poder demostrar estas notas y se basaba en ellas para probar cu\u00e1l es la verdadera Iglesia. Hoy preferimos decir que dichas notas son objeto de fe. Creemos que la Iglesia es una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica, porque hunde sus ra\u00ed\u00adces en el misterio de la Trinidad. Pero Dios act\u00faa en lo terreno, hist\u00f3rico y d\u00e9bil; y su gracia se pone de manifiesto en la realidad visible de la Iglesia, como puede observar quien analice sin prejuicios su realidad hist\u00f3rica. A trav\u00e9s de muchas realizaciones, la Iglesia aparece como signo muy elocuente de la presencia y de la acci\u00f3n de Dios en nuestro mundo. De forma que nuestra raz\u00f3n contempla por s\u00ed\u00ad lo que hab\u00ed\u00adamos aceptado por fe.<\/p>\n<p>3. LA MISI\u00ed\u201cN DE LA IGLESIA. Para expresar mejor qu\u00e9 es la Iglesia, hay que hablar de su misi\u00f3n. Siguiendo el Vaticano II, citaremos aquellos datos que consideramos prioritarios.<\/p>\n<p>a) Continuar la misi\u00f3n de Jesucristo. La misi\u00f3n de la Iglesia arranca de las misiones trinitarias, de la misi\u00f3n de Jesucristo, el Hijo, \u00abenviado por el Padre, que nos eligi\u00f3 en el antes de la creaci\u00f3n del mundo y nos predestin\u00f3 a ser sus hijos adoptivos porque quiso que todo tuviera a Cristo por cabeza\u00bb (LG 3).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de su muerte y resurrecci\u00f3n, \u00abapareci\u00f3 constituido Se\u00f1or, Cristo y sacerdote para siempre y derram\u00f3 sobre sus disc\u00ed\u00adpulos el Esp\u00ed\u00adritu prometido por el Padre\u00bb (LG 5).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad enriquecida, la Iglesia recibi\u00f3 \u00abla misi\u00f3n de anunciar y establecer en todos los pueblos el reino de Cristo y de Dios\u00bb (LG 5). La Iglesia \u00abpretende una sola cosa: que venga el reino de Dios y se instaure la salvaci\u00f3n de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (GS 54), pues \u00abla misi\u00f3n de la Iglesia tiende a la salvaci\u00f3n de los hombres, que se consigue por la fe en Cristo y por la gracia\u00bb (AA 6).<\/p>\n<p>b) Todo el pueblo de Dios es sujeto de la misi\u00f3n. Dice el Concilio que este pueblo mesi\u00e1nico \u00abes un germen muy seguro de unidad, de esperanza y de salvaci\u00f3n\u00bb, y que Cristo ha hecho de \u00e9l \u00abuna comuni\u00f3n de vida, de amor y de unidad y lo asume tambi\u00e9n como instrumento de redenci\u00f3n universal y lo env\u00ed\u00ada a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra\u00bb (LG 9). Esta presentaci\u00f3n articula la visi\u00f3n de la Iglesia, en cuanto misterio, con su realidad de sujeto hist\u00f3rico verdadero y propio. El conjunto de los bautizados pasa de ser considerado destinatario del ministerio jer\u00e1rquico a ser contemplado como sujeto activo de la misi\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>&#8211; Pueblo de Dios y sacerdocio com\u00fan. A esta visi\u00f3n de todo el pueblo de Dios como sujeto unitario de la misi\u00f3n, contribuye la realidad enjundiosa del sacerdocio com\u00fan de los fieles, que brota de la teolog\u00ed\u00ada del pueblo de Dios (cf LG 10-12). Los bautizados \u00abquedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo, para que ofrezcan, a trav\u00e9s de las obras propias del cristiano, sacrificios espirituales y anuncien las maravillas del que los llam\u00f3 de las tinieblas a su luz admirable\u00bb (LG 10). Es decir, \u00aben cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al pueblo de Dios y hechos part\u00ed\u00adcipes, a su modo, del oficio sacerdotal, prof\u00e9tico y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misi\u00f3n de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos les corresponde\u00bb (LG 31).<\/p>\n<p>La innovaci\u00f3n de Cristo consiste en que se pasa de un esquema de separaci\u00f3n entre el sacerdocio y el pueblo en general, a una realidad de comuni\u00f3n y participaci\u00f3n solidaria del \u00fanico sacerdocio de la nueva alianza. Sin olvidar, por supuesto, que cada uno ejerce esta misi\u00f3n seg\u00fan el ministerio recibido, y que existe una diferencia esencial entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio com\u00fan.<\/p>\n<p>&#8211; Pueblo de Dios y profec\u00ed\u00ada. Pero dicha diferencia no puede hacernos olvidar que este pueblo mesi\u00e1nico \u00abparticipa tambi\u00e9n del car\u00e1cter prof\u00e9tico de Cristo\u00bb. Adem\u00e1s, el Esp\u00ed\u00adritu Santo \u00abreparte gracias especiales entre los fieles de cualquier estado o condici\u00f3n, y distribuye sus dones a cada uno seg\u00fan quiere para el bien com\u00fan (lCor 12,11). Con estos dones, hace que est\u00e9n preparados y dispuestos a asumir diversas tareas o ministerios, que contribuyen a renovar y construir m\u00e1s y m\u00e1s la Iglesia\u00bb (LG 12).<\/p>\n<p>&#8211; Pueblo de Dios y realeza. Por el bautismo, Jesucristo, vencedor de la muerte y Se\u00f1or de la historia, nos hace part\u00ed\u00adcipes de su soberan\u00ed\u00ada: nos da una libertad soberana, capaz de enfrentarse con el reino del pecado (cf LG 36). Libera nuestra libertad y nos convierte en un pueblo de reyes.<\/p>\n<p>Esta realeza nos invita a ser se\u00f1ores de nosotros mismos, sin otro compromiso que el de dejarnos guiar por el Esp\u00ed\u00adritu y seguir siempre la voz de Dios, que en eso consiste la santidad. Pero tambi\u00e9n nos invita a colaborar, cada uno seg\u00fan su ministerio, en la liberaci\u00f3n integral de todos los hombres. Y una manera de hacerlo consiste en \u00abdedicarse con empe\u00f1o a que los bienes creados por el trabajo humano, por la t\u00e9cnica y por la civilizaci\u00f3n, se desarrollen, seg\u00fan el plan del Creador y la iluminaci\u00f3n de su Verbo, al servicio de todos los hombres\u00bb, y en \u00absanear las estructuras y condiciones del mundo, de tal forma que, si alguna de sus costumbres incitan al pecado, todas ellas sean conformes con las normas de la justicia y favorezcan en vez de impedir la pr\u00e1ctica de las virtudes\u00bb (LG 36).<\/p>\n<p>c) \u00abLa Iglesia existe para evangelizar\u00bb (EN 14). Estos tres aspectos (sacerdotal, prof\u00e9tico y real) se resumen en una hermosa palabra: evangelizar. Como dijo Pablo VI, \u00abevangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocaci\u00f3n propia de la Iglesia, su identidad m\u00e1s profunda\u00bb (EN 14).<\/p>\n<p>Juan Pablo II ha presentado como opci\u00f3n preferente para toda la Iglesia la nueva evangelizaci\u00f3n. Pero nos ha hecho una advertencia sabia: el hombre es el camino hacia Dios. Si queremos que se nos tome en serio cuando presentamos a Jesucristo, debemos partir del hombre concreto: de sus desenga\u00f1os, de sus preguntas o falta de preguntas, de sus conquistas, sue\u00f1os y realizaciones hist\u00f3ricas. Y desde ah\u00ed\u00ad, asumiendo el mundo como creaci\u00f3n divina y lugar donde habita el Esp\u00ed\u00adritu, la tarea hoy prioritaria es la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4. LA PEDAGOG\u00ed\u008dA DE DIOS. La catequesis toma sus orientaciones fundamentales de la pedagog\u00ed\u00ada de Dios, y las desarrolla bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf Directorio general para la catequesis, DGC 143). La catequesis sobre la Iglesia ha de actualizar principalmente los siguientes principios de la pedagog\u00ed\u00ada divina:<br \/>\na) La salvaci\u00f3n en comunidad. Dios inici\u00f3 la historia de la salvaci\u00f3n llamando y salvando a Abrah\u00e1n como padre de los creyentes, para llevar la salvaci\u00f3n por la fe a toda la humanidad (cf Rom 4,lss). Jes\u00fas, Mes\u00ed\u00adas salvador, funda la Iglesia, comunidad de salvados, para extender el Reino de la salvaci\u00f3n a todos los hombres (Mt 28,18-29). La Iglesia anuncia y realiza la salvaci\u00f3n, orientando hacia el Reino \u00abque est\u00e1 entre nosotros\u00bb (Lc 17,21), y hacia ella misma, comunidad-sacramento del Reino (cf DGC 139-141). La salvaci\u00f3n y liberaci\u00f3n de Dios es comunitaria.<\/p>\n<p>b) La llamada a la vida teologal. Jes\u00fas, promotor de la humanidad nueva mediante la predicaci\u00f3n del reino de su Padre, invita a un modo de vivir, sostenido por la fe-confianza en Dios, la esperanza en el Reino y la caridad fraterna (cf DGC 140). Esta llamada a la vida teologal alimenta el cuerpo eclesial y realiza la salvaci\u00f3n de cada hombre.<br \/>\nc) La Iglesia de la Trinidad. El Concilio (LG 2-5) recuerda la realidad trinitaria subyacente en el misterio de la Iglesia: \u00abAs\u00ed\u00ad se manifiesta toda la Iglesia como una muchedumbre reunida por la unidad del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (LG 4). Por eso la Trinidad se hace visible en la vida y quehacer de la Iglesia: sus personas, su proyecto salvador, sus relaciones interpersonales, su unidad y pluralidad, su igualdad y comuni\u00f3n, su amor (Jn 4,8). Como la Trinidad, la Iglesia es comuni\u00f3n para la misi\u00f3n, comuni\u00f3n misionera (cf Mt 28,18-20), di\u00e1logo incansable y generoso con las personas (cf DGC 142-144).<\/p>\n<p>El Vaticano II presenta a la Iglesia tal y como se percibe en los apartados anteriores.<\/p>\n<p>II. Presentaci\u00f3n catequ\u00e9tica de la Iglesia<br \/>\nOfrecemos aqu\u00ed\u00ad algunas pistas metodol\u00f3gicas generales y otras espec\u00ed\u00adficas seg\u00fan las edades.<\/p>\n<p>Al abordar esta catequesis, hay que tener en cuenta, quiz\u00e1 m\u00e1s que en otras realidades reveladas: 1) el contexto social, marcado por la comunicaci\u00f3n y el mundo audiovisual, que exige una verdadera conversi\u00f3n, especialmente en los adultos. La visi\u00f3n del mundo como aldea global favorece los aspectos de aproximaci\u00f3n, integraci\u00f3n, unificaci\u00f3n, comunicaci\u00f3n y liberaci\u00f3n de la Iglesia, pero tambi\u00e9n entra\u00f1a peligros de individualismo, descomposici\u00f3n de la comuni\u00f3n, introversi\u00f3n, aislamiento y sincretismo; 2) el testimonio de comunidades eclesiales vivas y din\u00e1micas -que resulta, hoy m\u00e1s que nunca, determinante-, que transparenten a la Iglesia en tiempos y espacios determinados.<\/p>\n<p>Las pistas metodol\u00f3gicas espec\u00ed\u00adficas seg\u00fan las edades las comenzamos por la etapa adulta, ya que su catequesis es punto de referencia para las catequesis de las otras etapas vitales (cf DGC 171).<\/p>\n<p>1. EN LA ETAPA ADULTA (30-65 A\u00ed\u2018OS).<\/p>\n<p>En la edad adulta distinguimos dos per\u00ed\u00adodos: de 30 a 49 a\u00f1os y de 50 a 65 a\u00f1os.<\/p>\n<p>a) Adultos de 30 a 49 a\u00f1os. En este primer per\u00ed\u00adodo, algunos datos a tener en cuenta podr\u00ed\u00adan ser los siguientes:<br \/>\n&#8211; Maduraci\u00f3n humana y religiosa. Esta es una etapa de unificaci\u00f3n de la persona, que pretende afirmar su autonom\u00ed\u00ada y profundizar en su responsabilidad profesional. Asume riesgos, y lucha ante las dificultades. Siente el reto de la fecundidad: busca abrirse camino y construir su vida, su familia, la sociedad. Tiene capacidad para la relaci\u00f3n, potenciada por los medios de comunicaci\u00f3n e inform\u00e1ticos. Padece de inseguridad en el trabajo y de dificultad de adaptaci\u00f3n a trabajos ajenos a su propia vocaci\u00f3n. Todo esto le hace sobrevalorar el bienestar, la felicidad inmediata, el confort egoc\u00e9ntrico, con el riesgo de orillar importantes valores humanos y religiosos.<\/p>\n<p>A esta etapa no le va lo institucional. Confunde la Iglesia con la jerarqu\u00ed\u00ada y los religiosos. La considera aburrida, no le dice nada. Sin embargo, desde sus ra\u00ed\u00adces religiosas, esta etapa se identifica con ciertos ritos y se sirve de ellos, pero sin reconocer su significado cristiano. Su pr\u00e1ctica religiosa alcanza un nivel muy bajo.<\/p>\n<p>&#8211; Pistas para la catequesis sobre la Iglesia. De cara a una precatequesis, se puede invitar a participar en peque\u00f1os grupos -heterog\u00e9neos en cuanto a edad y sexo-, de encuentro e intercambio de experiencias y opiniones, compuestos por cristianos adultos, en los que pueda experimentarse el reconocimiento de cada persona, la libertad, la cercan\u00ed\u00ada c\u00e1lida, la presencia viva de Jes\u00fas, la acci\u00f3n impulsora del Esp\u00ed\u00adritu; es decir, grupos que sean experiencia y expresi\u00f3n de la  Iglesia-comunidad, que viven la comuni\u00f3n en el amor fraterno, y los distintos carismas, dinamizadores de actividades, que transforman, de alg\u00fan modo, la propia comunidad eclesial y el entorno social.<\/p>\n<p>Para realizar una catequesis, se puede proponer a la Iglesia como la obra de Cristo -su fundamento y fundador- y del Esp\u00ed\u00adritu; madre que engendra e impulsa la Vida; cuerpo vertebrado, dinamizado por los carismas del Esp\u00ed\u00adritu; comunidad viva, no ritualista o costumbrista; pueblo de Dios integrado por personas de todas las edades. En \u00e9l, estos adultos son sujetos activos para evangelizar, para buscar y encontrar nuevos are\u00f3pagos donde presentar el evangelio al mundo de hoy, en di\u00e1logo abierto y franco con \u00e9l, en corresponsabilidad con la jerarqu\u00ed\u00ada, cuya funci\u00f3n de servir, alentar, coordinar e integrar en la unidad cat\u00f3lica aceptan, as\u00ed\u00ad como para transformar a la sociedad, seg\u00fan los criterios evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>Se tendr\u00e1 en cuenta el sentimiento y la experiencia humana y cristiana como elementos unificadores del creyente. En esta edad se celebran con frecuencia el bautismo, las primeras penitencia y eucarist\u00ed\u00ada, e incluso la confirmaci\u00f3n, de los hijos; son momentos aptos para vivir una catequesis sobre la Iglesia, como pueblo y familia de Dios, como cuerpo de Cristo y fraternidad en el Esp\u00ed\u00adritu. Pero se ha de prever c\u00f3mo continuar la formaci\u00f3n de los adultos que lo deseen, en grupos cristianos.<\/p>\n<p>b) Adultos de 50 a 65 a\u00f1os. En este segundo per\u00ed\u00adodo, habr\u00e1 que tener en cuenta los siguientes datos:<br \/>\n&#8211; Maduraci\u00f3n humana y religiosa. Enraizada en la adultez, la persona intenta retener su vitalidad f\u00ed\u00adsica y demostrar que sigue siendo \u00fatil, en un mundo que sobrevalora a los j\u00f3venes. Si sufre la lacra del paro, su sensaci\u00f3n de exclusi\u00f3n de inutilidad puede degenerar en depresi\u00f3n, con destrucciones irreparables en s\u00ed\u00ad mismo, en la familia y aun en la sociedad. En estas edades, se desmembra la familia -estudios, matrimonio, independencia de los hijos&#8230;- y aparecen, en el horizonte, las primeras experiencias de soledad y una mayor consciencia de las propias limitaciones. Buscan evadirse de los problemas; pero se abren tambi\u00e9n perspectivas m\u00e1s positivas y hondas.<\/p>\n<p>Las personas de estas edades van recuperando valores humanos del pasado; crece su capacidad de relativizar lo que antes consideraban absoluto. Parece resurgir lo religioso: recuperan la Iglesia y las pr\u00e1cticas religiosas, pero, en general, no como consecuencia de un encuentro vivo con Dios, con Jes\u00fas, sino atra\u00ed\u00addas por lo religioso como misterio, sin captar la hondura de sentirse miembro de la familia de Dios, ni responsable de los otros. Algunos vuelven a colaborar con la comunidad eclesial, en especial la mujer. Es un per\u00ed\u00adodo espiritual y pastoralmente interesante.<\/p>\n<p>&#8211; Pistas para la catequesis de la Iglesia. Para una precatequesis, se puede proponer la Iglesia como lugar acogedor de encuentro, donde se celebra la vida, donde \u00f1o cabe el cumplimiento sino la sincera cordialidad, donde todos somos importantes y \u00fatiles y se valora la sabidur\u00ed\u00ada de quien aprende con los golpes de la vida. Algunos pasajes b\u00ed\u00adblicos de los Hechos de los ap\u00f3stoles y las Cartas apost\u00f3licas pueden ayudar a leer el propio grupo como grupo de Iglesia; tambi\u00e9n ayuda el testimonio de cristianos que cuenten su experiencia eclesial renovada; todo ello sembrado de momentos oportunos de oraci\u00f3n en com\u00fan.<\/p>\n<p>En una catequesis, ser\u00e1 bueno destacar a la Iglesia como familia de Jes\u00fas, convocada por su palabra, que crea v\u00ed\u00adnculos m\u00e1s fuertes que los de la sangre y se re\u00fane en torno al Padre; como maestra de vida, que ofrece el contenido vital de la fe, ense\u00f1a a superar dificultades y cansancios y valora la utilidad de todas las edades al servicio del reino de Dios; como comunidad viva, pueblo universal, que tiene en cuenta los carismas personales y la sabidur\u00ed\u00ada acogedora, adquirida en la lucha diaria a lo largo de los a\u00f1os.<\/p>\n<p>Hay que partir de la vida y tener en cuenta que esta edad peca de querer quedar bien con todo el mundo, incluso con Dios.<\/p>\n<p>2. EN LA ETAPA DE LA INFANCIA (0-5 A\u00ed\u2018OS) Y LA NI\u00ed\u2018EZ (6-11 A\u00ed\u2018OS). a) Maduraci\u00f3n humana y religiosa de los peque\u00f1os (0-5 a\u00f1os). El ni\u00f1o vive estos a\u00f1os seguro y feliz con los suyos. Es efecto de un estado general de confianza en quienes le atienden, especialmente en la madre, en s\u00ed\u00ad mismo y en cuanto se percibe digno de tal confianza b\u00e1sica (E. H. Erikson). Este sentimiento le proporciona una conciencia rudimentaria de su identidad, que consolidar\u00e1 a lo largo de la vida, como base de una personalidad equilibrada. La familia es el \u00e1mbito primero donde despierta a ella y a las primeras relaciones grupales; es su primera educadora, como transmisora de valores para su personalizaci\u00f3n y socializaci\u00f3n. Con frecuencia la socializaci\u00f3n se ampl\u00ed\u00ada en las escuelas maternas o parvularios.<\/p>\n<p>La confianza b\u00e1sica y dem\u00e1s valores interiorizados en el ni\u00f1o son condici\u00f3n indispensable para despertar -siempre con la ayuda divina- al sentimiento religioso, para abrirse a Dios. Este despertar conlleva: una actitud de confianza en Dios: \u00abfiarse de \u00e9l\u00bb y la intuici\u00f3n -m\u00e1s tarde convicci\u00f3n- de que la vida tiene sentido: \u00abmerece vivirse\u00bb. El ni\u00f1o con esta confianza b\u00e1sica en la familia est\u00e1 abierto a fiarse de Dios, en quien creen los suyos; si experimenta felicidad, amistad, perd\u00f3n, cari\u00f1o incondicional de estos y dem\u00e1s valores, est\u00e1 predispuesto a valorar la vida. El despertar religioso nace en el clima afectuoso creado por los padres, y madura progresivamente con la educaci\u00f3n del hogar. A esto llamamos personalizaci\u00f3n religiosa, que se complementa con la socializaci\u00f3n religiosa, que muchos ni\u00f1os ampl\u00ed\u00adan en parvularios cristianos.<\/p>\n<p>&#8211; Pistas para la catequesis (en realidad precatequesis) sobre la Iglesia. Esta edad del despertar de los ni\u00f1os bautizados a la relaci\u00f3n afectiva con Dios y con Jes\u00fas es la etapa del paso de la fe habitual, sembrada en el bautismo, al acto de fe, mediante realidades significativas de la naturaleza y de la familia. Susurrarle: \u00abDios lo ha hecho para ti\u00bb, cuando el ni\u00f1o contempla la flor, el p\u00e1jaro&#8230; Decirle: \u00ab\u00c2\u00a1Qu\u00e9 bueno es Dios que nos quiere a todos como una mam\u00e1 o un pap\u00e1!\u00bb, cuando se siente querido, protegido de sus miedos&#8230; La precatequesis puede ser comunitaria, si las parvulistas creyentes educan en el despertar religioso. M\u00e1s a\u00fan, unos padres y familiares no creyentes o unas buenas parvulistas, si viven estos valores, aunque no expliciten a Dios, est\u00e1n sembrando en el ni\u00f1o semillas del Verbo, valores del Reino; una verdadera preparaci\u00f3n evang\u00e9lica, propia de la acci\u00f3n misionera.<\/p>\n<p>Esta precatequesis sobre la Iglesia impulsar\u00e1 m\u00e1s el despertar religioso, si en la familia: 1) oran los padres con el ni\u00f1o, con silencios, recogimiento y coloquio afectivo y directo con Dios, aludiendo a cada uno de la familia; 2) se celebran las, fiestas, el domingo&#8230;, y en ellas se comenta la asistencia de los adultos a misa, vienen los abuelos, la comida es festiva&#8230; para honrar a Dios, a Jes\u00fas y darle gracias; 3) se cuentan narraciones b\u00ed\u00adblicas -Mois\u00e9s y el pueblo de Dios, David y el pueblo de Dios, Jes\u00fas y los ap\u00f3stoles- en un t\u00fa a t\u00fa entre la madre-padre y el ni\u00f1o&#8230; Las parvulistas cristianas pueden favorecer el descubrimiento de la Iglesia con celebraciones muy sencillas, empleando expresiones de amor fraterno, etc.<\/p>\n<p>b) Maduraci\u00f3n humana y cristiana de los ni\u00f1os (6-11 a\u00f1os). El desenvolvimiento vigoroso de esta etapa lleva al ni\u00f1o a sentirse m\u00e1s integrado, m\u00e1s \u00e9l mismo, afectivamente m\u00e1s estable, relajado, brillante en sus juicios, activo. Es la etapa de la propia iniciativa, con su planificaci\u00f3n para acometer tareas, y de cierto sentimiento de culpa si no consigue las metas planeadas. Desarrolla gradualmente un sentido de responsabilidad moral y goza con el manejo de herramientas y \u00fatiles de trabajo (E. H. Erikson); el trabajo y el esfuerzo conformar\u00e1n su personalidad. A la iniciativa se une el sentido de la industria: se somete a reglas para realizar sus trabajos, con atenci\u00f3n y diligencia. La escolarizaci\u00f3n favorece este inicio de vida social. En ese encuentro con los dem\u00e1s descubre dos valores trascendentales: la justicia y la igualdad (M. Richard).<\/p>\n<p>En su maduraci\u00f3n religiosa, la familia contin\u00faa siendo el factor principal; sus relaciones con Dios son las aprendidas en la familia: amor y misericordia o lejan\u00ed\u00ada y terror, aunque se abre a otros c\u00ed\u00adrculos de socializaci\u00f3n religiosa: profesores y compa\u00f1eros cristianos, amigos, grupo de catequesis parroquial. Hoy muchas familias son religiosamente indiferentes y no alimentan el sentido religioso de sus hijos. Por esta increencia pr\u00e1ctica o creencia no practicada, muchos ni\u00f1os no interiorizan ni la existencia ni el ser aut\u00e9ntico de la Iglesia. Sin embargo, al prepararse a los primeros sacramentos (penitencia y eucarist\u00ed\u00ada), ellos y sus familias (sus madres) encuentran a la Iglesia en la comunidad parroquial. \u00bfQu\u00e9 imagen de Iglesia se les ha de ofrecer a unos y a otras?<br \/>\n&#8211; Pistas para la catequesis sobre la Iglesia con ni\u00f1os entre 6 y 9 a\u00f1os. En estos ni\u00f1os, por edad y, en muchos casos, por familia, no se puede suponer el despertar religioso, ni la vivencia de sentirse en una comunidad cristiana. La catequesis de iniciaci\u00f3n cristiana abre a los ni\u00f1os a las realidades centrales de la fe, entre las cuales est\u00e1 la lglpsia como familia. Esos mensajes centrales se hacen precatequesis de la Iglesia, si hacen referencia a los grupos experimentados por los ni\u00f1os: familia, amigos, compa\u00f1eros de clase y profesor, grupo de catequesis con su catequista&#8230; As\u00ed\u00ad captar\u00e1n que la comunicaci\u00f3n real con esos muchos, vivida por ellos mismos, tiene bastante que ver con el propio grupo de los amigos de Jes\u00fas. Hay que aludir a la comunidad de adultos y j\u00f3venes de la parroquia y aun presentar a los ni\u00f1os a la comunidad parroquial. M\u00e1s a\u00fan, conviene hacer con los padres una precatequesis de la Iglesia, invit\u00e1ndoles a una reuni\u00f3n con grupos parroquiales, que les ayuden con sus testimonios a descubrir el nuevo rostro de la Iglesia posconciliar. \u00c2\u00a1La gran desconocida para ellos!<br \/>\n&#8211; Pistas para la catequesis sobre la Iglesia con ni\u00f1os de 9 a 11 a\u00f1os. Tampoco en estos ni\u00f1os podemos suponer, hoy, arraigados ni el despertar a la amistad con Dios Padre y con Jes\u00fas ni la vivencia comunitaria de la fe. La catequesis es necesaria, despu\u00e9s de la primera eucarist\u00ed\u00ada, hasta el final de los 11 a\u00f1os. Por su actividad industriosa hacia fuera, la vida afectiva de estos ni\u00f1os es menos intensa, y su relaci\u00f3n con Dios y con lo religioso suele enfriarse. Pero su inter\u00e9s por los conocimientos hist\u00f3ricos puede favorecer un acercamiento admirativo a la Iglesia-comunidad de los seguidores de Jes\u00fas, con testimonios de creyentes, de ayer y de hoy, de aqu\u00ed\u00ad o de tierras de misi\u00f3n. Todos ellos, en grupos de Iglesia, desarrollan actividades humanizadoras, convencidos de que Dios est\u00e1 con ellos y ellos son colaboradores de Dios. Convendr\u00e1: 1) narrar la historia b\u00ed\u00adblica de Jes\u00fas en Palestina, dentro de la cultura jud\u00ed\u00ada: c\u00f3mo llama a los disc\u00ed\u00adpulos, c\u00f3mo estos lo siguen, c\u00f3mo viven, c\u00f3mo lo abandonan y c\u00f3mo Jes\u00fas ya resucitado vuelve a reunirlos; c\u00f3mo se extienden la Iglesia y sus comunidades a partir de pentecost\u00e9s, y c\u00f3mo el Esp\u00ed\u00adritu sigue actuando hoy en la Iglesia y en el mundo; 2) narrar los hechos de la historia de la Iglesia en que se vea a personas que han seguido a Jes\u00fas y han fundado grupos eclesiales, dedicados a los necesitados: san Juan de Dios, san Francisco de As\u00ed\u00ads, Santiago Alberione, Teresa de Calcuta&#8230;; 3) acabar las sesiones con momentos de oraci\u00f3n comunitaria de admiraci\u00f3n, de alabanza, de acci\u00f3n de gracias&#8230;, porque estas acciones las siguen realizando hoy los seguidores de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Estas catequesis ser\u00e1n verdaderas, si el punto de partida no es la indiferencia, sino la fe. En este caso, la fe en la Iglesia crecer\u00e1 hasta amar a la comunidad de Jes\u00fas, donde viven los que lo siguen y le dejan actuar a trav\u00e9s de ellos. No olvidar la fuerza del grupo en catequesis, como rodaje de la experiencia de Iglesia y de sus miembros activos y corresponsables, hacia dentro y hacia fuera, para la comuni\u00f3n y para la misi\u00f3n. Si nos encontramos con grupos todav\u00ed\u00ada no abiertos a la fe, habr\u00e1 que hacer estos planteamientos m\u00e1s en l\u00ed\u00adnea de precatequesis que de catequesis.<\/p>\n<p>3. EN LA ETAPA DE LA ADOLESCENCIA (12-14 Y 15-18 A\u00ed\u2018OS). a) Maduraci\u00f3n humana y cristiana de los preadolescentes (12-14 a\u00f1os). La preadolescencia es \u00e9poca de reorganizaci\u00f3n, dolorosa y gozosa, de la personalidad del ni\u00f1o. Como reconoce el Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica de 1971, en ella empieza la trabajosa b\u00fasqueda de una nueva identidad personal (cf DCG 83). Es tiempo de introversi\u00f3n y de confusi\u00f3n en su vida. Para salir de esta desidentificaci\u00f3n, tiende a identificarse con los h\u00e9roes o l\u00ed\u00adderes de la pandilla en que se arropa, como modelos de la identidad buscada.<\/p>\n<p>El desarrollo intelectual al final de la ni\u00f1ez (9-11 a\u00f1os) y el brote confuso e incipiente de una nueva personalidad, desestabilizan su vida religiosa, hasta provocarle una crisis: tensi\u00f3n entre raz\u00f3n y fe, entre fe y \u00e9tica, con per\u00ed\u00adodos en que siente el apoyo de Dios y otros en que experimenta su total abandono o un temor sacro hacia \u00e9l. Tambi\u00e9n en el orden religioso, el grupo es el baluarte del preadolescente; sus confidencias religiosas las compartir\u00e1 con pocos, pero el apoyo moral lo encuentra en grupos de clima religioso.<\/p>\n<p>&#8211; Orientaciones catequ\u00e9ticas sobre la Iglesia. Por lo expuesto, el preadolescente, sobre todo si no ha participado en la catequesis de la ni\u00f1ez adulta (9-11 a\u00f1os), no es apto para una catequesis estricta de iniciaci\u00f3n cristiana: org\u00e1nica, sistem\u00e1tica, integral y b\u00e1sica (cf DGC 65-68 IC 39ss). La educaci\u00f3n de la fe para la mayor parte de los preadolescentes ha de desarrollarse entre la precatequesis y la catequesis, dado que la fe aparece inestable, necesitada de aliento y consolidaci\u00f3n, aunque tambi\u00e9n necesita unos conocimientos sustanciales del mensaje de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La precatequesis sobre la Iglesia puede apoyarse, sobre todo, en el grupo preadolescente. Este: 1) realiza acciones peri\u00f3dicas, por ejemplo, en favor de personas necesitadas -juegos con ni\u00f1os enfermos, recogida de papel para el tercer mundo, limpieza del barrio, campa\u00f1as, funciones de teatro, rastrillos&#8230;- con la colaboraci\u00f3n de todos; 2) reflexiona sobre lo hecho a la luz de pasajes evang\u00e9licos, en que grupos de disc\u00ed\u00adpulos se entregan a los dem\u00e1s, o a la luz de modelos cristianos de identificaci\u00f3n: por ejemplo, Francisco y Clara de As\u00ed\u00ads, su tiempo, su obra de reconstrucci\u00f3n de la Iglesia en ruinas; religiosos y seglares en la obra latinoamericana de Fe y Alegr\u00ed\u00ada, en favor de ni\u00f1os y j\u00f3venes sin porvenir, etc.; 3) termina orando todos juntos. La figura del animador es capital como modelo de identificaci\u00f3n personal y como persona de Iglesia y de Esp\u00ed\u00adritu. Hay que ofrecerles tambi\u00e9n una s\u00ed\u00adntesis del mensaje cristiano sobre la Iglesia en lenguaje significativo (cf DCG 188).<\/p>\n<p>b) Maduraci\u00f3n humana y cristiana de los adolescentes (15-18 a\u00f1os). El adolescente adulto persiste en la b\u00fasqueda de su nueva identidad. Ensimismado, toma lentamente conciencia de su propio yo, quiere afirmarse a s\u00ed\u00ad mismo, autorrealizarse. Esto se da en com\u00fan con los de la misma edad, de ah\u00ed\u00ad su gusto por la vida en grupo. Con frecuencia se afirma a s\u00ed\u00ad mismo oponi\u00e9ndose a actitudes autoritarias, paternalistas, defendiendo su autonom\u00ed\u00ada personal. Sufre por su inconstancia. Suele ser radical por una autosuficiencia que lo lleva al protagonismo. Le ilusiona su impulso vital. Por su sensibilidad, percibe hondamente la ternura y la belleza y siente anhelos de amistad sincera. A veces, decepcionado, busca salidas f\u00e1ciles y placenteras.<\/p>\n<p>Los adolescentes ahondan, con frecuencia, su crisis religiosa de la preadolescencia. Revisan cr\u00ed\u00adticamente su religiosidad y construyen su vida religiosa a su gusto: religiosidad a la carta. Aceptan el hecho cristiano, pero con contenidos difusos. Muchos identifican a la Iglesia como una instituci\u00f3n del pasado, sin utilidad para sus vidas. Rechazan las pr\u00e1cticas impuestas en su infancia. La mayor\u00ed\u00ada de los adolescentes viven en esta nueva evangelizaci\u00f3n: necesitan ser llamados a la conversi\u00f3n a Jes\u00fas, el Se\u00f1or, y a su causa, el reino de Dios, cuyo signo m\u00e1s cualificado es la Iglesia.<\/p>\n<p>&#8211; Orientaciones catequ\u00e9ticas sobre la Iglesia. La precatequesis y catequesis de adolescentes est\u00e1n insertas dentro de una pastoral m\u00e1s amplia. Es frecuente celebrar en esta etapa el sacramento de la confirmaci\u00f3n y la catequesis queda te\u00f1ida por la referencia a \u00e9l. En todo caso, se puede decir que la precatequesis y la catequesis de adolescentes sobre la Iglesia est\u00e1n muy cerca una de otra.<\/p>\n<p>Hay que partir, en general, con una precatequesis para recuperar la conversi\u00f3n inicial al Salvador. En cuanto a la precatequesis sobre la Iglesia, puede ayudar el valorar entre todos al propio grupo con sus caracter\u00ed\u00adsticas. Despu\u00e9s se presentar\u00e1 la Iglesia como fraternidad: acogedora, c\u00e1lida, viva, donde se sientan reconocidos, responsables de una tarea, y donde los adultos, firmes y seguros, son capaces de encontrarse, de dialogar con ellos, sin imposiciones; se rememorar\u00e1n las comunidades de los Hechos de los ap\u00f3stoles y de las Cartas apost\u00f3licas, y el estilo de vida de los primeros cristianos, y se evocar\u00e1 la ra\u00ed\u00adz de esta fraternidad y la de aquellas comunidades primeras: el esp\u00ed\u00adritu del Padre y de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En el \u00faltimo tercio del proceso preconfirmatorio, ya se podr\u00ed\u00ada realizar una catequesis de iniciaci\u00f3n cristiana, que proponga a la Iglesia como familia, que enriquece la vida recibida en el bautismo con el esp\u00ed\u00adritu de testigos por la confirmaci\u00f3n; como comunidad orante, en la que se vive una espiritualidad confiada, perceptible por los sentidos, que afirma la identidad de cada uno de sus miembros (contemplaci\u00f3n); y como Iglesia al servicio del mundo, que les impulsa a corresponsabilizarse en la transformaci\u00f3n del entorno, incluso de las estructuras de la sociedad (lucha).<\/p>\n<p>Tanto en la precatequesis como en la catequesis, se cuidar\u00e1 la participaci\u00f3n activa y el lenguaje simb\u00f3lico, elemento b\u00e1sico del mundo audiovisual en que se mueven.<\/p>\n<p>4. EN LA ETAPA DE LA JUVENTUD (19-29 A\u00ed\u2018OS). a) Maduraci\u00f3n humana y cristiana de los j\u00f3venes. Los j\u00f3venes, reticentes a la ley, a la autoridad y a la instituci\u00f3n, se dejan estimular por personas de prestigio (consejeros), para caminar hacia un ideal de vida y abrirse a las relaciones sociales. Para ello es importante la independencia de sus padres, cosa no f\u00e1cil por la escasez de empleo; la dependencia econ\u00f3mica de la familia condiciona su libertad y autonom\u00ed\u00ada; pero se esfuerzan por lograrla. El ideal de vida ampl\u00ed\u00ada horizontes hacia nuevas metas: casarse, tener hijos, asumir nuevas responsabilidades en el trabajo, en ONGs, en pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>En general, afirman creer en Dios y en Cristo, pero no en la Iglesia. Muchos la consideran como estructura de poder, limitadora de libertad, manipuladora de la personalidad, incoherente con el evangelio. Sus contactos con ella son espor\u00e1dicos. Muchos se identifican con l\u00ed\u00adderes carism\u00e1ticos, cristianos o no, y con ciertas expresiones de religiosidad -cofrad\u00ed\u00adas, romer\u00ed\u00adas, representaciones de la Pasi\u00f3n- en las que se sienten protagonistas, pero no comprometidos con la aut\u00e9ntica fe y sus consecuencias. Lo llamativo es que, cuanto m\u00e1s necesitan del evangelio para tomar decisiones vitales e iluminar el campo del amor y del trabajo, precisamente m\u00e1s alejados est\u00e1n de la Iglesia.<\/p>\n<p>b) Orientaciones catequ\u00e9ticas sobre la Iglesia. Una precatequesis sobre la Iglesia se ha de presentar como una entrada en ese mundo de los valores que ellos mismos anhelan, distinto al que ofrece la sociedad de consumo. Pero, previamente, habr\u00e1 que reconocer algunos errores de la Iglesia a lo largo de los \u00faltimos siglos: autoritarismo, educaci\u00f3n por el miedo a la condenaci\u00f3n eterna, vinculaci\u00f3n a los poderosos, riqueza de la Iglesia, etc. Despu\u00e9s, se puede presentar el rostro de la Iglesia madre, acogedora, samaritana, volcada sobre las miserias de sus hijos, los hombres&#8230; mediante obras de C\u00e1ritas, voluntarios, misioneros&#8230;<\/p>\n<p>En la catequesis, se puede proponer la Iglesia como comunidad de disc\u00ed\u00adpulos que siguen a Jes\u00fas, firme, testimonial, aut\u00e9ntica; como lugar de encuentro de Dios con los hombres, en Jesucristo, c\u00e1lida, acogedora, fraterna, solidaria con los d\u00e9biles, liberadora y potenciadora de valores con los que nos invita a servir a los dem\u00e1s, a transformar el mundo: su misi\u00f3n es realizar el reinado de Dios, que es la fraternidad entre sus hijos. As\u00ed\u00ad, la catequesis ayudar\u00e1 a los j\u00f3venes a pasar de una actitud introspectiva y egoc\u00e9ntrica a una actitud social, seg\u00fan la misi\u00f3n propia de todo miembro de la Iglesia.<\/p>\n<p>Los catequistas ser\u00e1n testigos de los valores humanos y evang\u00e9licos y miembros de una comunidad cristiana, que integra todas las edades y testimonia, en la vida, la fe en el Dios de Jesucristo y su obra, una Iglesia para el mundo. A esta edad, de manera privilegiada, es primordial sentir el impacto de los testigos (cf EN 76 y 78). \u00abSentir es lo primero\u00bb (P. Bab\u00ed\u00adn).<\/p>\n<p>5. EN LA ETAPA DE LOS MAYORES (65 A\u00ed\u2018OS EN ADELANTE). a) Maduraci\u00f3n humana y cristiana. Los mayores tienden a recordar el pasado con a\u00f1oranza. Tienen necesidad de sentirse queridos, agudizada quiz\u00e1 por largos momentos de soledad, casi siempre no deseados. Necesitan sentirse \u00fatiles. Se resisten a los cambios. Cuando estos se producen, suelen acelerar su decrepitud, sobre todo si los sienten como perjudiciales.<\/p>\n<p>Los mayores, en sus conversaciones sobre los acontecimientos, hacen referencia a Dios y a lo religioso en general, de manera espont\u00e1nea, pero m\u00e1s por costumbre que desde una fe madura. Son pasivos; no se sienten miembros activos de la Iglesia. Para muchos, esta es una instituci\u00f3n en la que siempre se aprende algo bueno, que ayuda; una seguridad para el futuro, para la otra vida. Otros, sin embargo, la consideran como una instituci\u00f3n rica y poderosa, y la rechazan como algo negativo. Sobre todo a los hombres, les lleva a guardar, respecto de ella, un, escepticismo pr\u00e1ctico.<\/p>\n<p>b) Orientaciones catequ\u00e9ticas sobre la Iglesia. Para una aproximaci\u00f3n de precatequesis, se les puede ofrecer la Iglesia como una familia c\u00e1lida, acogedora, de la que frecuentemente est\u00e1n faltos, en la que se les reconoce, se les valora, se les ofrece amor y la calidad de vida que desean, como miembros que tienen mucho que aportar. Ella, como la sociedad, necesita su madurez y su riqueza experiencial. Cuando esto ocurre, los mayores se sienten revitalizados y son capaces de rendir lo incre\u00ed\u00adble. La apertura al evangelio podr\u00ed\u00ada hacerse con pasajes como las par\u00e1bolas del Reino y los Hechos de los ap\u00f3stoles; pero ser\u00ed\u00ada m\u00e1s eficaz aportar hechos de la historia de la Iglesia en que se palpe su condici\u00f3n de comunidad abierta, como Jes\u00fas, a las necesidades del mundo de los pobres, como experta en humanidad.<\/p>\n<p>En un proceso ya de catequesis, se les puede ayudar a descubrir a la Iglesia como expresi\u00f3n de la comunidad trinitaria, la familia de los tres en la que nos integramos como hijos de Dios. Se les ha de recordar la mirada comprensiva de Dios a lo largo de su vida, as\u00ed\u00ad como la bondad de tantos cristianos y cristianas que los han acompa\u00f1ado en su larga historia. Tambi\u00e9n se les puede ayudar a descubrir a la Iglesia como expresi\u00f3n temporal de la fraternidad plena y definitiva a la que la familia eclesial es invitada por el Padre. La Iglesia es la madre que acompa\u00f1a en el \u00faltimo tramo de la vida con las celebraciones sacramentales, especialmente de la eucarist\u00ed\u00ada, la penitencia y la unci\u00f3n de enfermos.<\/p>\n<p>El catequista favorecer\u00e1 un clima de confianza, que ayude a compartir y valorar los acontecimientos, y estar\u00e1 atento a la presencia del Se\u00f1or en la vida de ellos. Potenciar\u00e1 una catequesis que rehabilite el sentimiento, la experiencia y el silencio contemplativo en los encuentros de los mayores con Dios y con Jes\u00fas, que les permitan sentirse a gusto cuando rezan y oran, y hasta familiarizarse con Dios, Padre siempre cercano cuando lo necesitamos, y que se manifiesta en quienes los rodean, los ayudan y los quieren.<\/p>\n<p>III. Conclusi\u00f3n<br \/>\nPara terminar la catequesis sobre la Iglesia, conviene advertir que hemos considerado a la Iglesia como objeto espec\u00ed\u00adfico de catequesis, una realidad revelada que de ninguna manera puede estar ausente en la catequesis cristiana. Es una pieza clave del mensaje de Cristo. Pero la Iglesia no se conforma con ser catequizada de esta manera. La Iglesia es una realidad que impregna todo el mensaje cristiano; es expansiva y abarcante, colorea las otras realidades reveladas.<\/p>\n<p>Por eso, la catequesis de la Iglesia ha de completarse con la catequesis que descubre a los creyentes la dimensi\u00f3n eclesiol\u00f3gica: de Mar\u00ed\u00ada, de los sacramentos, de la moral evang\u00e9lica, de los ministerios prof\u00e9tico y lit\u00fargico, del servicio de la caridad, de la salvaci\u00f3n-liberaci\u00f3n cristiana, de la oraci\u00f3n, de la vida teologal, de la realidad del pecado, del testimonio cristiano, etc. Esta eclesialidad del mensaje evang\u00e9lico, incluso con otros arm\u00f3nicos o matices (cf DGC 105), pertenece tambi\u00e9n a la catequesis sobre la Iglesia.<\/p>\n<p>BIBL.: ALBERICH A.-BINz A., Catequesis de adultos, CCS, Madrid 1994; ALBERICH E.-L\u00f3PEZ J., Adultos (catequesis de), en J. GEVAERT (dir.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, 22-27; ANT\u00ed\u201cN A., El misterio de la Iglesia, 2 vols., BAC, Madrid 1986; AUER J., La Iglesia, Herder, Barcelona 1986; BAB\u00ed\u008dN P., El lenguaje de la nueva cultura, San Pablo, Madrid 1993; BARAUNA G., La Iglesia del Vaticano II, 2 vols., Barcelona 1968; BL\u00ed\u0081ZQUEZ R., La Iglesia del Vaticano II, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988; CENTRO NACIONAL SALESIANO DE PASTORAL JUVENIL, Itinerario de educaci\u00f3n en la fe 10-19 a\u00f1os, CCS, Madrid 1994, 1996; CODINA V., Los nuevos are\u00f3pagos: presentar el evangelio al mundo hoy, Vida Nueva (27.9.1997) 8-11; COMISI\u00ed\u201cN NACIONAL FRANCESA DE CATEQUESIS, Catecumenado de adultos, Mensajero, Bilbao 1996; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Con vosotros est\u00e1. Catecismo y Manual del educador I: Gu\u00ed\u00ada doctrinal, Edice, Madrid 1974; J\u00f3venes en la Iglesia, cristianos en el mundo. Proyecto de pastoral de juventud, Edice, Madrid 1992; CONGAR Y. M. J., Santa Iglesia, Herder, Barcelona 1968; El Esp\u00ed\u00adritu Santo, Herder, Barcelona 1983; ERIKSON E. H., Infancia y sociedad, Paid\u00f3s, Buenos Aires 1976; FAYNEL P., La Iglesia, 2 vols., Herder, Barcelona 19822; FLORIST\u00ed\u0081N C.-TAMAYO J. J. (eds.), Conceptos fundamentales de pastoral, Cristiandad, Madrid 1983; FORTE B., La Iglesia, icono de la Trinidad, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1992; FRIES H., Cambios en la imagen de la Iglesia y desarrollo hist\u00f3rico-dogm\u00e1tico, en FEINER J. Y OTROS, Mysterium Salutis IV\/ 1, Cristiandad, Madrid 1973; Conceptos fundamentales de teolog\u00ed\u00ada, 2 vols., Cristiandad, Madrid 19792; FUNDACI\u00ed\u201cN SANTA MAR\u00ed\u008dA, J\u00f3venes espa\u00f1oles 89, SM, Madrid 1989; GARC\u00ed\u008dA MONGE J. A., Unificarse como persona creyente, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 60 (1996); GARRIDO J., Adulto y cristiano, Sal Terrae, Santander 1989; GONZ\u00ed\u0081LEZ CARVAJAL L., Rehabilitaci\u00f3n del sentimiento, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 60 (1996); HAMER J., La Iglesia es una comuni\u00f3n, Herder, Barcelona 1965; KEHL M., \u00bfAd\u00f3nde va la Iglesia?, Sal Terrae, Santander 1997; La Iglesia. Eclesiolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1996; KONG H., La Iglesia, Herder, Barcelona 1968; LATOURELLE R.-FISICHELLA R. (dirs.), Diccionario de teolog\u00ed\u00ada fundamental, San Pablo, Madrid 1992; MARIOTTI P., Iglesia, en DE FLORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 19914, 925-955; MOVIMIENTO DE CATEQUESIS DE ADULTOS \u00abCON VOSOTROS EST\u00ed\u0081\u00bb, Itinerario de catequesis de adultos inspirado en \u00abCon vosotros est\u00e1\u00bb, C\u00f3rdoba 1992; MOHLEN H., El Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia, Secretariado Trinitario, Salamanca 1974; RATZINGER J., La Iglesia, San Pablo, Madrid 19942; ROSSANO P.-RAVASI G.-GIRLANDA A. (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990; VAN CASTER M., Dios nos habla II, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1967.<\/p>\n<p>Juan Antonio Paredes Mu\u00f1oz,<br \/>\nFrancisco P\u00e9rez Pinel y<br \/>\nFrancisco Molina de Gabriel<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La experiencia de la Iglesia en la historia: 1. La espiritualidad eclesial en la Iglesia antigua: a) Liturgia y sacramentos, b) La experiencia del martirio, c) La necesidad pastoral, d) Predicaci\u00f3n apost\u00f3lica y sentido eclesial, e) El di\u00e1logo con la cultura, J) El caso de san Agust\u00ed\u00adn; 2. Eclipse de la espiritualidad eclesial en el feudalismo: a) El r\u00e9gimen de cristiandad, b) La reforma gregoriana; 3. Movimientos de reforma her\u00e9ticos y cism\u00e1ticos: a) La Iglesia entre evangelio de Cristo y reino del Esp\u00ed\u00adritu. b) La instancia de lo cualitativo, c) Reino y revoluci\u00f3n; 4. Movimientos de reforma ortodoxos: a) La humanidad de Cristo y la santificaci\u00f3n de la Iglesia, b) Reforma cat\u00f3lica y caridad pastoral, e) Entre obediencia y libertad, d) Piedad popular y representaci\u00f3n vicaria; 5. Renacimiento y despliegue de la espiritualidad eclesial: a) La Iglesia, tema expl\u00ed\u00adcito de espiritualidad, b) Renacimiento eclesiol\u00f3gico y misterio de la Iglesia, c) El despertar de la Iglesia en las almas, d) Espiritualidad laica en \u00e9poca de democracia &#8211; II. Los caminos de la espiritualidad eclesial abiertos por el Vat. II: 1. La Iglesia, lugar de experiencia de la comuni\u00f3n con Dios: a) La Iglesia y el Padre, b) La Iglesia y Cristo, c) La Iglesia y el Esp\u00ed\u00adritu; 2. La Iglesia, lugar de experiencia de la comuni\u00f3n fraterna: a) El nuevo pueblo de Dios, b) Por ministerios y sacramentos, c) Elite, masa o pueblo, d) Di\u00e1spora, unidad y pluralismo, e) Iglesia de pueblo e Iglesia institucional,,f) Colegialidad y comuni\u00f3n, g) Orden y jurisdicci\u00f3n, h) De la di\u00f3cesis a la iglesia local. i) Autoridad y libertad; 3. La Iglesia. sacramento de salvaci\u00f3n para toda la humanidad: a) La Iglesia, inserta en la historia de la salvaci\u00f3n, b) La Iglesia, esencialmente en relaci\u00f3n al mundo, c) La Iglesia, esencialmente misionera, d) Catolicidad y universalidad pastoral, e) Ecumenismo y sentido de la verdad,,f) Libertad de la Iglesia y libertad de conciencia, g) Iglesia, reino y comuni\u00f3n de los santos; 4. Maria y la espiritualidad eclesial.<\/p>\n<p>I. La experiencia de la Iglesia en la historia<br \/>\nNi la teolog\u00ed\u00ada, ni la pastoral, ni el compromiso de testimonio en el mundo agotan la vivencia eclesial, si bien se nutre de todas esas cosas. De ah\u00ed\u00ad la importancia de cultivar expresamente la espiritualidad, sin la cual la Iglesia, en especial la Iglesia cat\u00f3lica, corre el riesgo de convertirse en un cuerpo sin alma. La dimensi\u00f3n eclesial de la espiritualidad, muy viva en la patr\u00ed\u00adstica, experimenta un eclipse durante el feudalismo, traspasa el medioevo en forma de instancia de reforma de la Iglesia, se afirma como caridad pastoral en la \u00e9poca tridentina, pero s\u00f3lo en la \u00e9poca de las revoluciones, de los totalitarismos y de la democracia explota y se despliega plenamente.<\/p>\n<p>1. LA ESPIRITUALIDAD ECLFSIAL EN LA IGLESIA ANTIGUA &#8211; No existe experiencia que no est\u00e9 estructurada; no existe vivencia eclesial que no est\u00e9 \u00abinformada\u00bb. Los factores que informan la riqu\u00ed\u00adsima y viva espiritualidad eclesial de la Iglesia antigua y del per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico se pueden sistematizar y ejemplificar como sigue:<\/p>\n<p>a) Liturgia y sacramentos. En la Didaj\u00e9 (fin del s. 1 d.C.) tenemos el testimonio m\u00e1s antiguo de la Iglesia apost\u00f3lica sobre la liturgia vivida por las comunidades judeo-cristianas de ambiente sir\u00ed\u00adaco. En las oraciones eucar\u00ed\u00adsticas se dice: \u00abComo este pan partido estaba esparcido por las colinas y, reunido, se ha convertido en una sola cosa, as\u00ed\u00ad se re\u00fana tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino; porque tuya es la honra y el poder por Jesucristo en los siglos\u00bb (n. 9). Y tambi\u00e9n: \u00abAcu\u00e9rdate, Se\u00f1or, de tu Iglesia, para librarla de todo mal y para perfeccionarla en tu caridad, y rec\u00f3gela en tu reino, que le tienes preparado\u00bb (n. 10). Sorprende la claridad de algunas verdades vividas. La Iglesia es objeto de oraci\u00f3n porque, aun siendo ya un fruto de la redenci\u00f3n de Cristo y si bien a ella le pertenecen la gloria y el poder, no obstante debe ejercerse activamente a\u00fan sobre ella el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo glorioso para librarla del mal, perfeccionar su amor, reunirla en el espacio y en el tiempo y conducirla al reino preparado. Este se\u00f1or\u00ed\u00ado se descubre experimentando la salvaci\u00f3n, es decir, siendo y sinti\u00e9ndose asamblea de individuos salvados, y esta experiencia lo es a la vez de un camino de conversi\u00f3n y de santificaci\u00f3n que recorrer para llegar al reino ya preexistente y preparado. Elementos de esta doble experiencia son la liberaci\u00f3n del pecado y la santificaci\u00f3n, la unidad de la dispersi\u00f3n en el espacio y en el tiempo y el perfeccionamiento del amor al Se\u00f1or. No importa que esto se viva dentro del dualismo del juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado, que se expresa en la invocaci\u00f3n: \u00abVenga tu gracia y pase este mundo\u00bb (n. 10), o en la concepci\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica, que hace del reino invisible y final algo preexistente e hipost\u00e1ticamente subsistente. Lo que cuenta es que la comunidad es consciente de vivir en su interior la tensi\u00f3n entre iglesia y reino, entre santidad y conversi\u00f3n, entre unidad y di\u00e1spora, entre iglesia y mundo. De ah\u00ed\u00ad la importancia del nexo iglesia-eucarist\u00ed\u00ada. En la asamblea lit\u00fargica, la comunidad, que se re\u00fane para consumir juntos la cena del Se\u00f1or, para darle gracias e invocar su vuelta, realiza una experiencia concreta de unidad, de salvaci\u00f3n, de liberaci\u00f3n del pecado, de perfecci\u00f3n del amor; experimenta en s\u00ed\u00ad el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo resucitado, que atrae y se da. La eucarist\u00ed\u00ada hace a la Iglesia en su mismo acontecer. Como el grano esparcido por las colinas se convierte en el pan partido, as\u00ed\u00ad la comunidad dispersa por el mundo se convierte en asamblea de santos, en pueblo de Dios en camino hacia el reino.<\/p>\n<p>La Tradici\u00f3n apost\u00f3lica, de Hip\u00f3lito de Roma, compilada en torno al 215, expresa, en cambio, el intento de fijar en la liturgia las adquisiciones tradicionales contra las innovaciones her\u00e9ticas y de hacer de la liturgia un instrumento para defender la fe ortodoxa y la organizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>La liturgia de la ordenaci\u00f3n de los ministros (obispo, presb\u00ed\u00adteros, di\u00e1conos, etc.) supone la experiencia de una Iglesia como comunidad org\u00e1nica de pastores y fieles, en la cual los ministros, mediante la imposici\u00f3n de las manos, desarrollan la acci\u00f3n lit\u00fargica verdadera y propia, y el pueblo participa de un modo articulado en ministerios y servicios no ordenados en el culto \u00fanico de adoraci\u00f3n y alabanza a Dios. La Iglesia, pues, difundida en el espacio y en el tiempo, ofrece dones a Dios por medio del obispo, y Dios, buen pastor, por medio del obispo apacienta al reba\u00f1o de Dios para la salvaci\u00f3n de toda la humanidad.<\/p>\n<p>Fuertemente integrista es la concepci\u00f3n subyacente a la praxis de la iniciaci\u00f3n cristiana: la Iglesia es sociedad de santos; de ah\u00ed\u00ad que, para ser plenamente incorporados a ella, es necesario recorrer un largo camino de purificaci\u00f3n e iniciaci\u00f3n, que culmina, despu\u00e9s de la admisi\u00f3n a escuchar la palabra y al bautismo, en la participaci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada. Rigorismo comprensible por el creciente n\u00famero de candidatos y para evitar el peligro de deserciones. La incompatibilidad de algunos oficios con el \u00abstatus\u00bb cristiano testimonia no s\u00f3lo el rigor moral, sino tambi\u00e9n la autosuficiencia cultural de esta tendencia tradicionalista, que deber\u00e1 moderarse y, en definitiva, retroceder frente a una caridad pastoral m\u00e1s sabia.<\/p>\n<p>b) La experiencia del martirio. En Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (t 110 ca.) la experiencia del martirio tiene un profundo sentido teol\u00f3gico y eclesial. Sorprende la voluntariedad de su martirio. Exhorta a los romanos a no dar ning\u00fan paso en su favor: \u00abOs suplico que no me mostr\u00e9is un cari\u00f1o mal entendido. Dejadme ser pasto de las fieras, por las cuales se alcanza a mi Dios. Trigo soy del Se\u00f1or, y en los dientes de las fieras debo ser molido para convertirme en pan pur\u00ed\u00adsimo de Cristo\u00bb (Ad Rom., 4). Aqu\u00ed\u00ad no aparece tanto el martirio, seg\u00fan ocurrir\u00e1 luego, como consecuencia de negarse a sacrificar al emperador. En ese caso la motivaci\u00f3n ser\u00ed\u00ada un testimonio contra la legitimaci\u00f3n religiosa del poder, contra el cesarismo de la pol\u00ed\u00adtica. En las cartas que Ignacio escribe a lo largo del viaje est\u00e1 ausente toda preocupaci\u00f3n por la incidencia social y pol\u00ed\u00adtica del cristianismo o por su incompatibilidad con ideolog\u00ed\u00adas terrenas. El motivo es exquisitamente teol\u00f3gico; sectas de herejes judaizantes, de tendencias docetistas y gn\u00f3sticas, niegan la humanidad de Cristo y su pasi\u00f3n por considerar que Dios no puede padecer. Cultivan una interpretaci\u00f3n peculiar de las Sagradas Escrituras, no participan con toda la Iglesia en la asamblea eucar\u00ed\u00adstica y por eso est\u00e1n separados del obispo y siembran la divisi\u00f3n entre los presb\u00ed\u00adteros. Hablan mucho y ense\u00f1an, pero hacen poco. S\u00f3lo queda realizar un gesto y motivarlo: el martirio. Es un hecho, no una palabra vana. Y un hecho que se hace palabra (cf Ad Ram., 2; 4d Efes., 15). Su significado no es una conformaci\u00f3n gen\u00e9rica con la pasi\u00f3n de Cristo para as\u00ed\u00ad salvarse. Es demostrar la seriedad y lo concreto de la pasi\u00f3n de Cristo, que se pretende negar: \u00abSi \u00e9l (Dios) padeci\u00f3 s\u00f3lo en apariencia&#8230; \u00bfa qu\u00e9 viene el estar yo encadenado? \u00bfPara qu\u00e9 estoy pidiendo ser echado a las fieras? In\u00fatilmente voy a inmolarme. Si es as\u00ed\u00ad, estoy mintiendo contra el Se\u00f1or\u00bb (Ad Trall., 10; cf Ad Smyrn., 4). Debe ser un gesto voluntario, porque s\u00f3lo \u00e9l, al conformar con Cristo, explica el prop\u00f3sito: que \u00e9l fue obediente al Padre y estuvo unido a \u00e9l. Padeci\u00f3 en la carne para concordar con El en su esp\u00ed\u00adritu, en el amor (cf Ad Magn., 7). Es la intuici\u00f3n infalible, el sentido vivo de una doctrina cristol\u00f3gica y trinitaria, aqu\u00ed\u00ad apenas esbozada, que desarrollar\u00e1 luego la iglesia antigua. Si Cristo no padeci\u00f3 verdaderamente en uni\u00f3n con el Padre, entonces tampoco la eucarist\u00ed\u00ada es una verdadera pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n de Cristo, que engendra la unidad de la Iglesia (cf Ad Rom., 7). Pero, entonces, la Iglesia no es una comunidad de individuos salvados y de personas unidas en el amor del Padre y de Cristo. Al obispo no le queda otra cosa que hacerse, con su cuerpo, trigo de Dios en favor de la unidad de su Iglesia. \u00abExpiaci\u00f3n vuestra soy yo, y me ofrezco, \u00c2\u00a1oh efesios!, en sacrificio por vuestra Iglesia, la que por los siglos es celebrad\u00ed\u00adsima\u00bb (Ad Efes., 8; cf Ad Magn., 14). \u00abYo ofrezco mi vida por los que est\u00e1n sometidos al obispo, a los presb\u00ed\u00adteros, a los di\u00e1conos\u00bb (Ad Polyc., 6). S\u00f3lo el martirio del obispo, \u00abque est\u00e1 sujeto al episcopado de Dios Padre y del Se\u00f1or Jesucristo\u00bb, demostrando as\u00ed\u00ad con los hechos el car\u00e1cter concreto de la pasi\u00f3n de Cristo llevada a cumplimiento por los cristianos (cf Ad Magn., 5), puede hacer tangiblemente presente en la Iglesia la unidad de amor entre el Padre y Cristo, y exigir, por tanto, que los fieles est\u00e9n unidos en la obediencia al obispo y en la celebraci\u00f3n de la \u00fanica eucarist\u00ed\u00ada (AdMagn., 5; Ad Fil., 4; Ad Smyrn., 8; etc.) [>M\u00e1rtir 1].<\/p>\n<p>c) La necesidad pastoral. Tambi\u00e9n las necesidades pastorales determinan el desarrollo de la conciencia eclesial. Un caso singular lo tenemos en san Cipriano (t 258). El es un valiente defensor de la necesidad de la Iglesia para la salvaci\u00f3n. Suyas son las famosas frases: \u00abNo puede tener a Dios por padre el que no tiene a la Iglesia por madre\u00bb y \u00abfuera de la Iglesia no hay salvaci\u00f3n\u00bb. Sin embargo, en el curso de la pol\u00e9mica sobre la readmisi\u00f3n de los \u00ablapsi\u00bb a la comuni\u00f3n eclesial y eucar\u00ed\u00adstica, pasa de una posici\u00f3n inicialmente rigorista a una actitud de comprensi\u00f3n y benevolencia.<\/p>\n<p>Durante la persecuci\u00f3n de Decio, muchos cristianos cedieron a las presiones y ofrecieron los sacrificios prescritos (sacr icati), o al menos obtuvieron un certificado falso sobre el cumplimiento del decreto imperial (libellatici). Muchos de estos \u00ablapsi\u00bb pidieron, sin embargo, ser readmitidos en la Iglesia. Las posturas dentro de \u00e9sta fueron varias, algunas blandas y otras duras. En un primer tiempo, Cipriano se aline\u00f3 con los intransigentes, aunque admitiendo la posibilidad de una reconciliaci\u00f3n. Luego, con ocasi\u00f3n de una devastadora epidemia, estim\u00f3 que a los \u00ablapsi\u00bb se les deb\u00ed\u00ada readmitir a la eucarist\u00ed\u00ada si estaban enfermos. Finalmente, acabada la persecuci\u00f3n, mientras se perfilaba en el horizonte otra, decret\u00f3 que todos los \u00ablapsi\u00bb inscritos ya en el orden de los penitentes pudieran reconciliarse inmediatamente.<\/p>\n<p>No se trata de mero ablandamiento de la pr\u00e1ctica pastoral, ni menos a\u00fan de una cesi\u00f3n en los principios doctrinales. Se trata, m\u00e1s bien, de una respuesta a las necesidades pastorales unida a una profundizaci\u00f3n de la conciencia eclesial y de la misma comprensi\u00f3n teol\u00f3gica. Como lo han puesto de relieve M. Flick y Z. Alszeghy, Cipriano mantuvo siempre el cuadro ortodoxo de pensamiento, cuya norma es la ley del evangelio, conocida mediante la Sagrada Escritura, interpretada seg\u00fan las directrices del obispo en uni\u00f3n del episcopado regional y con los obispos de todo el mundo, y habida cuenta del parecer del pueblo cristiano, aunque las opiniones sean opuestas. E igualmente mantuvo firmes los criterios de una actuaci\u00f3n pastoral correcta, tales como la exigencia de los tiempos, la salvaci\u00f3n de todos y la utilidad de curar las heridas. \u00ab\u00bfC\u00f3mo se puede exigir que den su sangre por Cristo aquellos a quienes se ha negado la sangre de Cristo?\u00bb (Ep., 57,2).<\/p>\n<p>d) Predicaci\u00f3n apost\u00f3lica y sentido eclesial. En la formaci\u00f3n de la vivencia eclesial no hay que desvalorizar el \u00abcontenido\u00bb de la fe. No se puede comprender absolutamente la espiritualidad eclesial de la iglesia antigua y de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica sin hacer referencia a las luchas por la defensa y el desarrollo del sentido correcto de la doctrina. Alimentados por la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica y por su tradici\u00f3n viviente, as\u00ed\u00ad como por el contacto con la liturgia y las Escrituras, sentido de la Iglesia y sentido de fe (o sentido tradicional) est\u00e1n indisolublemente entrelazados. Lo que Eusebio de Cesares llamar\u00e1 \u00absentido eclesial\u00bb encuentra su formulaci\u00f3n ejemplar en ]reveo de Lyon (+203 ca.).<\/p>\n<p>Err\u00f3neamente pretenden los gn\u00f3sticos acogerse a una interpretaci\u00f3n suya de las Sagradas Escrituras, err\u00f3neamente apelan a una tradici\u00f3n secreta, err\u00f3neamente exaltan la experiencia privada de la verdadera gnosis en c\u00ed\u00adrculos iniciados. La verdad cristiana es una experiencia universal y ecum\u00e9nica, se funda en una tradici\u00f3n p\u00fablica y se nutre de las Sagradas Escrituras, interpretadas aut\u00e9nticamente a la luz de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica y del sentido eclesial de la universalidad de los fieles. El evangelio, en efecto, no es letra muerta, sino una realidad viva en el coraz\u00f3n de todos los fieles que se adhieren a la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles. Por eso la verdad se manifiesta como omonoia, como concordia en la fe de toda la Iglesia, dispersa en el espacio y en el tiempo e \u00ed\u00adntimamente \u00abunida\u00bb en la proclamaci\u00f3n de la verdad. El consenso interno a algunas proposiciones, cre\u00ed\u00addas por todos y desde siempre, se convierte en regla de fe, a cuya luz se han de interpretar las mismas Sagradas Escrituras. Pero antes aun que proposiciones recogidas en un credo com\u00fan \u00abtenemos como regla la verdad misma\u00bb (Adv. Haer. 2; PG 41, 1), donde est\u00e1 claro que la verdad es una realidad viviente en el coraz\u00f3n mismo de los fieles, en la totalidad de la Iglesia, que precede a su misma formulaci\u00f3n y es capaz de tener en s\u00ed\u00ad los instrumentos para rechazar cualquier intento de falsificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El sentido de la fe, difundido en la realidad total y org\u00e1nica de la Iglesia, se convierte m\u00e1s claramente en sentido tradicional con Vicente Ler\u00ed\u00adn (t 450 ca.): \u00abEn la Iglesia cat\u00f3lica hay que tener gran cuidado de retener lo que en todas partes, siempre y por todos se ha cre\u00ed\u00addo\u00bb (Commonitorium, 2: PL 50, 639). Ello nace de la necesidad de distinguir el patrimonio de la verdad de fe de las opiniones teol\u00f3gicas privadas, aunque l\u00ed\u00adcitas. La incomprensi\u00f3n de algunas frases del Lerinense ha llevado con frecuencia al inmovilismo: \u00abNada se ha de innovar, sino lo que se ha transmitido\u00bb. \u00abAbandonada la antig\u00fcedad, ha surgido la novedad\u00bb (Ib, 6: PI. 50. 646); o bien, al fixismo ling\u00fc\u00ed\u00adstico: la inteligencia de la fe crece en cada uno y en todos \u00abeodem sensu, eademque sententia\u00bb (Ib, 23: PI. 50, 668). En realidad, el Lerinense se refer\u00ed\u00ada a la necesidad de una relaci\u00f3n reciproca entre el desarrollo, dentro de la identidad, de la inteligencia de la fe y la formulaci\u00f3n de la misma, a la manera que el alma se desarrolla en relaci\u00f3n con el cuerpo.<\/p>\n<p>e) El di\u00e1logo con la cultura. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica en di\u00e1logo con la cultura, si bien arriesgada en la medida en que puede alejarse de la viva experiencia de la fe del pueblo de los fieles, es tambi\u00e9n un factor imprescindible de formaci\u00f3n y desarrollo de la vivencia eclesial. Desde que paganos cultos, como Celso (s. u), dirigieron graves ataques al cristianismo bas\u00e1ndose en argumentos filos\u00f3ficos, ha resultado ineludible el di\u00e1logo del evangelio con la cultura. Dos momentos significativos de este di\u00e1logo est\u00e1n representados por Or\u00ed\u00adgenes y por el Pseudo-Areopagita.<\/p>\n<p>H. de Lubac ha puesto de manifiesto c\u00f3mo Or\u00ed\u00adgenes (185-254), al asumir la representaci\u00f3n del mundo y las aspiraciones m\u00e1s aut\u00e9nticas de la cultura helen\u00ed\u00adstica, repens\u00e1ndolas y corrigi\u00e9ndolas para hacerlas capaces de expresar la verdad cristiana, vincul\u00f3 la ascensi\u00f3n intelectual hacia la verdadera gnosis con el proceso de interpretaci\u00f3n de las Sagradas Escrituras. De forma que meditar la Biblia y captar en la letra no s\u00f3lo la ense\u00f1anza \u00e9tica, sino tambi\u00e9n la sustancia espiritual, se convierte simult\u00e1neamente en una liberaci\u00f3n del mundo carnal y ps\u00ed\u00adquico hacia el mundo de la contemplaci\u00f3n espiritual. Interpretar significa aplicar la palabra a uno mismo, a la propia alma, y captar el sentido profundo de la Sagrada Escritura (que, por lo dem\u00e1s, es Cristo mismo, Verbo hecho carne) m\u00e1s all\u00e1 de la letra; significa alcanzar la verdadera gnosis (que es, sin embargo, rigurosamente conocimiento de fe) hasta poseerla con plenitud el \u00faltimo d\u00ed\u00ada, cuando se manifieste el evangelio eterno.<\/p>\n<p>El mismo De Lubac ha se\u00f1alado en otro trabajo la relaci\u00f3n, en la hermen\u00e9utica de Or\u00ed\u00adgenes, entre la Iglesia y el alma. Todo lo que en la Sagrada Escritura conviene a la Iglesia puede referirse tambi\u00e9n al alma. Existe una correspondencia entre el crecimiento espiritual del mundo y el del alma individual. El alma es el microcosmos de aquel macrocosmos que es la Iglesia, de suerte que todas las etapas superadas por la Iglesia en su peregrinaci\u00f3n las encuentra el alma en s\u00ed\u00ad misma en las vicisitudes de su vida. Podr\u00ed\u00ada decirse: la ontog\u00e9nesis m\u00ed\u00adstica reproduce la filog\u00e9nesis. El motivo es la misteriosa comunicaci\u00f3n entre los miembros y el cuerpo entero, del mismo modo que hay comunicaci\u00f3n entre Cristo, la cabeza, y la Iglesia. el cuerpo. El valor espiritual de esta indicaci\u00f3n es evidente; vivir la iglesia, sentir la iglesia, conduce a un itinerario espiritual m\u00e1s expedito y completo.<\/p>\n<p>Se debe observar que, detr\u00e1s de la interpretaci\u00f3n aleg\u00f3rica del Cantar de los Cantares, la literatura m\u00ed\u00adstica posterior tradujo siempre el di\u00e1logo Cristo-Iglesia, entendidos como esposo y esposa, como di\u00e1logo entre Dios y el alma. Pero a menudo, como en san Juan de la Cruz, el sentido eclesial queda en el fondo y el alma individual ocupa toda la escena.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n de Dionisio el Pseudo-Ireopagita (hacia 500) para entablar di\u00e1logo con el neoplatonismo constituye otro momento delicado de la teolog\u00ed\u00ada patr\u00ed\u00adstica. Su influencia fue grande, no s\u00f3lo en la Iglesia ortodoxa y en la teolog\u00ed\u00ada bizantina, sino en todo el Medioevo cristiano y en la espiritualidad de Occidente. Seg\u00fan L. Bouyer, en Dionisio es central y peculiar la noci\u00f3n de jerarqu\u00ed\u00ada. Reconsidera la visi\u00f3n neoplat\u00f3nica del ser, concibi\u00e9ndolo como el Uno que se expande en lo m\u00faltiple a trav\u00e9s de la escala jer\u00e1rquica de los seres hasta los inferiores (de manera que sea coherente con la idea cristiana de creaci\u00f3n), mostrando con ello el movimiento de los seres como proceso y retorno al Dios trinitario, incesante circulaci\u00f3n de vida, de modo que tal jerarqu\u00ed\u00ada c\u00f3smica aspira a la asimilaci\u00f3n y a la uni\u00f3n con Dios, aquel Dios uno y trino, inmanente pero infinitamente trascendente e indecible, del cual procede y hacia el cual es atra\u00ed\u00adda. Mas es la Iglesia de Cristo la que hace posible y efectiva la aspiraci\u00f3n de todo lo creado. Por eso se refleja en la \u00abjerarqu\u00ed\u00ada celeste\u00bb y se modela como \u00abjerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica\u00bb en torno a Cristo, Logos encarnado. Con la iluminaci\u00f3n de la palabra y con la liturgia terrena, que expresa y actualiza la liturgia celeste, con los varios ministerios jer\u00e1rquicamente unidos, la Iglesia permite realizar la \u00abconversi\u00f3n\u00bb o retorno de todas las cosas a Dios. desde los grados inferiores a los superiores. Entre \u00e9stos. los monjes pregustan y anticipan la uni\u00f3n m\u00e1s perfecta en el amor.<\/p>\n<p>Or\u00ed\u00adgenes vincul\u00f3 la experiencia de la Iglesia con la lectura de la Biblia; Dionisio, con la concepci\u00f3n del cosmos. As\u00ed\u00ad le aseguraron a la civilizaci\u00f3n occidental el que interpretaci\u00f3n del libro e interpretaci\u00f3n de la naturaleza no quedaran separadas de la interpretaci\u00f3n de la Iglesia, y \u00e9sta como el fruto m\u00e1s precioso.<\/p>\n<p>f) El caso de san Agust\u00ed\u00adn. Los factores de formaci\u00f3n de la conciencia eclesial que hemos ilustrado se pueden encontrar en el singular itinerario de conversi\u00f3n de Agust\u00ed\u00adn (354-430).<\/p>\n<p>Es sabido que Agust\u00ed\u00adn pas\u00f3 de la filosof\u00ed\u00ada materialista y de la pr\u00e1ctica de una vida moralmente irregular al manique\u00ed\u00adsmo, para arribar a la filosof\u00ed\u00ada neoplat\u00f3nica, penetrada cada vez m\u00e1s del mensaje cristiano. J. Mar\u00e9chal ha se\u00f1alado la importancia de la experiencia eclesial en el punto decisivo de su itinerario espiritual, precisamente donde su misticismo neoplat\u00f3nico asume ya sin ambig\u00fcedades los rasgos de la fisonom\u00ed\u00ada cristiana. La exigencia moral de liberarse de la sensualidad le hab\u00ed\u00ada conducido al manique\u00ed\u00adsmo y al desprecio de la carne. La exigencia de vivir abiertamente la espiritualidad le hab\u00ed\u00ada llevado al neoplatonismo y a la b\u00fasqueda de la uni\u00f3n con Dios. La predicaci\u00f3n de san Ambrosio y las oraciones de su cristiana madre le hab\u00ed\u00adan conducido al bautismo. Como observa L. Bouyer, todo esto sigue a\u00fan demasiado envuelto en el neoplatonismo y en la escisi\u00f3n entre corporeidad y espiritualidad, hasta que la liturgia le hace descubrir lo concreto de la Iglesia y con ello la l\u00f3gica de la encarnaci\u00f3n: \u00ab\u00bfQu\u00e9 necesidad ten\u00e9is de buscar a aquel (Dios) que habla, cuando est\u00e1 en vuestro poder ser aquel que busc\u00e1is? Sin embargo, no es un hombre solo; es un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo, la Iglesia\u00bb. Para ver a Dios no es suficiente dejar a un lado lo corp\u00f3reo, que para el neoplat\u00f3nico limita al alma. Hay que acoger al Dios que viene en Jesucristo y que se hace en la tierra tabern\u00e1culo sensible en su Iglesia. Experimentar la Iglesia es preguntar sensiblemente la visi\u00f3n final de Dios.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y el debate pastoral le permiten luego a Agust\u00ed\u00adn ampliar esta experiencia. La sustancia de la Iglesia es la caridad. No se trata s\u00f3lo del tema neoplat\u00f3nico seg\u00fan el cual el bien es \u00abdiffusivum sui\u00bb, o de que el bien no puede ser pose\u00ed\u00addo sino por todos juntos. Se trata m\u00e1s bien de entender que la caridad es participaci\u00f3n de la caridad misma de Dios, y por ello la comuni\u00f3n en la caridad que se vive en la Iglesia es reflejo y comunicaci\u00f3n de la caridad con que, desde la eternidad. se aman las personas de la Trinidad. Si en el De Trinitate llega a esta altura especulativa, ello no es solamente fruto de la reflexi\u00f3n sobre una experiencia personal y psicol\u00f3gica, sino que se debi\u00f3 asimismo al desarrollo en \u00e9l de la caridad pastoral.<\/p>\n<p>Es sabido que Pelagio, monje bret\u00f3n (354-427), quer\u00ed\u00ada proponer a una cristiandad, no precisamente rigurosa y santa, la v\u00ed\u00ada de un esfuerzo asc\u00e9tico para impedir el pecado y conquistar la santidad. Para promoverlo insist\u00ed\u00ada en la bondad natural de la naturaleza humana (en orden a las cosas divinas) yen su capacidad de imitar a Cristo. Agust\u00ed\u00adn restablece el primado y la necesidad de la gracia para obrar bien, dado el pecado de origen (y la absoluta trascendencia de Dios). Si bien no carente de tonalidades oscuras y dram\u00e1ticas, la visi\u00f3n del hombre ofrecida por Agust\u00ed\u00adn tend\u00ed\u00ada exactamente a no hacer de la santidad divina una conquista de pocos, sino un don para muchos, incluso para los m\u00e1s sencillos. La respuesta a la gracia que ilumina, previene y salva es, adem\u00e1s, para Agust\u00ed\u00adn no tanto el esfuerzo asc\u00e9tico, tambi\u00e9n requerido, cuanto sobre todo la caridad, con la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y a todas las cosas en Dios. El camino del monje no puede sustituir o contradecir la caridad del pastor o el recto esfuerzo mundano del \u00ablaico\u00bb, del hombre del pueblo. No es un azar que el monaquismo instituido por Agust\u00ed\u00adn sea \u00abclerical\u00bb, es decir, ligado a las tareas pastorales. Se puede comprender as\u00ed\u00ad su frase: \u00abEn la medida en que se ama a la Iglesia de Cristo se posee el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (In Joannem, 32, 8, PL 35, 1846).<\/p>\n<p>2. ECLIPSE DE LA ESPIRITUALIDAD ECLESIAL EN EL FEUDALISMO &#8211; No ha faltado ni puede faltar a los cristianos una vivencia eclesial. No obstante, ha habido per\u00ed\u00adodos en los cuales parece que no encontr\u00f3 caminos significativos de explicitaci\u00f3n tem\u00e1tica. De la Regla de san Benito (480-547) a la Imitaci\u00f3n de Cristo (s. xiv), del De simplicitate christianae vitae, de Savonarola (1452-1498), a los Directorii, de Scaramelli (1687-1752), con frecuencia est\u00e1 del todo ausente en los escritos de espiritualidad la dimensi\u00f3n eclesial. Puede verse una motivaci\u00f3n teol\u00f3gica general en la observaci\u00f3n de que la Iglesia no puede anunciarse a s\u00ed\u00ad misma, sino que ha de anunciar a Cristo al mundo, de suerte que la conciencia de ser Iglesia puede permanecer en sombra para evidenciar aquella transparencia. El amor a la Iglesia puede llegar a tal grado de purificaci\u00f3n e identificaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica, que se convierta en el amor de la Iglesia a su Se\u00f1or y esposo. Pero tambi\u00e9n es posible encontrar motivos hist\u00f3rico-sociales e hist\u00f3rico-eclesiales. La conciencia espiritual de la Iglesia no puede nunca desligarse de las relaciones concretas internas del cuerpo eclesial, y \u00e9stas referidas a las relaciones m\u00e1s generales de una sociedad determinada.<\/p>\n<p>Desde este punto de vista, el eclipse de la espiritualidad eclesial se debe al r\u00e9gimen de cristiandad y a la identificaci\u00f3n pr\u00e1ctica, cuando no te\u00f3rica, entre sujeto eclesi\u00e1stico y sujeto pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>a) El r\u00e9gimen de cristiandad. Las etapas de la formaci\u00f3n del r\u00e9gimen de cristiandad (as\u00ed\u00ad como las de su progresiva disoluci\u00f3n) son conocidas. Ya en Constantino (+ 337) se pasa del conflicto entre cristianismo e imperio a la reconciliaci\u00f3n y al sost\u00e9n rec\u00ed\u00adproco, de suerte que la Iglesia se ve forzada a asumir m\u00f3dulos de vida de la organizaci\u00f3n civil y legitimaciones teol\u00f3gicas del sacerdocio, preferentemente del AT. Cuando, luego, el imperio entra en fase de decadencia interna por la presi\u00f3n de los pueblos b\u00e1rbaros, Gregorio Magno, papa grande y valeroso (590-604), asume tareas subsidiarias de direcci\u00f3n tambi\u00e9n social, civil y pol\u00ed\u00adtica, mientras inicia el proceso de evangelizaci\u00f3n de los b\u00e1rbaros, y con ello de la nueva Europa. Entretanto, el cristianismo ha pasado progresivamente de las ciudades al campo, superando las resistencias paganas y acercando el clero al pueblo.<\/p>\n<p>Con Carlomagno (+ 814) se forma el Sacro Imperio Romano, que experimenta, en la depresi\u00f3n cultural general, un cierto reflorecimiento de la teolog\u00ed\u00ada, la intervenci\u00f3n del emperador en los asuntos religiosos y un esfuerzo de la organizaci\u00f3n feudal de la sociedad.<\/p>\n<p>Es sabida la importancia central del monaquismo en todo este proceso. Nacido como fecunda \u00abfuga del mundo\u00bb frente a la disoluci\u00f3n civil y moral del imperio, vino a desempe\u00f1ar un papel no s\u00f3lo religioso y espiritual, no s\u00f3lo de continuidad cultural y de civilizaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n de agregaci\u00f3n de la nueva estructura econ\u00f3mico-social, providencial al faltar un poder central tanto en la Iglesia como en la sociedad civil.<\/p>\n<p>Nada tiene de extra\u00f1o que la espiritualidad mon\u00e1stica occidental adoptara un cariz \u00e9tico-pr\u00e1ctico, centrado en la oraci\u00f3n y el trabajo, en el perfeccionamiento moral yen la obediencia y la alabanza a Dios Padre. El abad no representa a la autoridad eclesi\u00e1stica, sino m\u00e1s bien a la autoridad misma de Dios. Esto no quiere decir que el monasterio estuviera aislado o separado en la Iglesia. Testigo de ello es el papel que representa en la disciplina penitencial; hacerse hermano converso es un factor privilegiado de penitencia. La liturgia se extiende a las poblaciones aldeanas vecinas. El abandono social y espiritual en que vive el clero fuerza a los monjes a asumir cada vez m\u00e1s tareas pastorales.<\/p>\n<p>An\u00e1logo razonamiento vale para la sociedad civil. La importancia concedida al trabajo hace del monasterio un centro, a menudo poderoso, de vida social y econ\u00f3mica, cuya estructura modela el feudalismo. La propiedad de las tierras, los campesinos ligados a la tierra que trabajan, la divisi\u00f3n del trabajo manual como distinto del intelectual, que los monjes poco a poco se reservan: una estructura autosuficiente y jerarquizada, en la que reina una relaci\u00f3n personalista por la ausencia total de un poder p\u00fablico.<\/p>\n<p>Feudalismo no quiere decir s\u00f3lo r\u00e9gimen de cristiandad y confusi\u00f3n entre sujeto eclesial y sujeto pol\u00ed\u00adtico. Para la sociedad quiere decir falta de distinci\u00f3n entre lo privado y lo p\u00fablico, dispersi\u00f3n y anarqu\u00ed\u00ada de los centros econ\u00f3micos y sociales, mantenidos unidos a duras penas por el vasallaje y el control imperial. Para la Iglesia quiere decir falta de una organizaci\u00f3n unitaria y, por tanto, carencia de condiciones para una conciencia eclesial com\u00fan. Significa imposibilidad de sostener y cualificar la dignidad del clero y la fecundidad de su ministerio pastoral. Significa, sobre todo, incapacidad de resistir a los abusos de los se\u00f1ores y a las injerencias del poder laico en las cosas religiosas. Como observa Lagarde, \u00abesta edad ense\u00f1a tambi\u00e9n que la Iglesia resiste m\u00e1s f\u00e1cilmente los asaltos masivos de un estado poderoso y unitario que la sorda conquista de una multitud de poderes min\u00fasculos, cada uno de los cuales act\u00faa en su propio \u00e1mbito con el impulso irresistible de las fuerzas naturales.<\/p>\n<p>b) La reforma gregoriana. Puede comprenderse entonces la carga revolucionaria de la reforma promovida por el monje Ildebrando; que subi\u00f3 luego al solio pontificio con el nombre de Gregorio VII (1073-1085). El se preocupa de garantizar la libertad y autonom\u00ed\u00ada de la Iglesia, forzando la distinci\u00f3n entre poder eclesi\u00e1stico y poder civil. Dos cadenas hab\u00ed\u00ada que quebrantar: a) el matrimonio o concubinato de los sacerdotes, con el cual el clero estaba ligado a la estructura feudal por medio de la sucesi\u00f3n hereditaria; b) la compraventa de cargos eclesi\u00e1sticos, con los cuales los se\u00f1ores feudales controlaban el episcopado. La lucha por las investiduras (de los obispos por parte del emperador, pero tambi\u00e9n del emperador por parte del Papa) no es m\u00e1s que el fen\u00f3meno externo en que descargan aquellas contradicciones; de hecho, todo poder se basaba en una relaci\u00f3n personalista de vasallaje y, por tanto, en un v\u00ed\u00adnculo de fidelidad garantizado por una motivaci\u00f3n sacra. Gregorio VII reserva para s\u00ed\u00ad el derecho de nombramiento de los obispos, depone a los obispos simon\u00ed\u00adacos (que han comprado el obispado con el feudo anexo), restablece el celibato de los sacerdotes y le recuerda al emperador que el lazo de fidelidad por parte de los s\u00fabditos puede disolverlo la autoridad espiritual. La libertad y autonom\u00ed\u00ada de la Iglesia no puede garantizarse m\u00e1s que con el desarrollo del ejercicio directo e inmediato del primado de Pedro. Comienza la centralizaci\u00f3n de la Iglesia en torno a la potestad pontificia a trav\u00e9s del instrumento del derecho can\u00f3nico, al que se otorga vigencia universal, de la ampliaci\u00f3n de la curia romana y de los legados pontificios y del sistema fiscal centralizado.<\/p>\n<p>Si la figura de iglesia que sale de ah\u00ed\u00ad es exactamente la que hoy, sobre todo con el Vat. II, se intenta redimensionar mediante la recuperaci\u00f3n de verdades teol\u00f3gicas y eclesiales quedadas en sombra, no hay duda de que la reforma gregoriana inici\u00f3 un proceso de cambio profundo, tanto en el plano de la sociedad civil como en el interno de la Iglesia.<\/p>\n<p>En el plano temporal echa las bases para la superaci\u00f3n del mismo sistema feudal e, indirectamente, estimula la formaci\u00f3n del estado moderno. En efecto, all encaminar a la Iglesia y su organizaci\u00f3n jer\u00e1rquica hacia motivos m\u00e1s rigurosamente pastorales y a una l\u00f3gica aut\u00f3noma, privar\u00e1 de un importante pilar de la vida social a la estructura feudal. Al diferenciar al sujeto eclesial del pol\u00ed\u00adtico, al promover la autonom\u00ed\u00ada organizativa de la Iglesia y darle un poder central, estimular\u00e1 a la autoridad temporal a hacer otro tanto, a buscar un poder central fundado en principios nacionalistas, a basar la legitimaci\u00f3n no ya en un v\u00ed\u00adnculo personal y sacro de fidelidad, sino en motivos pol\u00ed\u00adticos y aut\u00f3nomos (v\u00e9ase Felipe el Hermoso: 1268-1314). Se establecen las condiciones para el nacimiento del esp\u00ed\u00adritu laico. En el plano eclesial da lugar a una dial\u00e9ctica interna entre los tres estados de vida: monjes, cl\u00e9rigos y laicos. El monaquismo, sost\u00e9n de la reforma \u00c2\u00a1pi\u00e9nsese en la figura de san Pedro Dami\u00e1n (1007-1072) y m\u00e1s tarde de san Bernardo (1091-1153)] agota su funci\u00f3n hist\u00f3rica primaria, pero no sale humillado; antes bien, sirve todav\u00ed\u00ada de inspiraci\u00f3n a la espiritualidad del clero y de los laicos. El clero queda incomparablemente promovido. Es verdad que no posee todav\u00ed\u00ada una espiritualidad propia [hay que esperar a la escuela de san Sulpicio (s. xvii) y, m\u00e1s claramente a\u00fan, al Vat. II]; pero queda liberado de la sujeci\u00f3n a la tierra y al poder se\u00f1orial y encaminado hacia un ejercicio desplegado de la pastoral (si bien s\u00f3lo el concilio de Trento lo conseguir\u00e1 ampliamente). La libertad del Papa es libertad para los obispos; la libertad de los obispos es libertad para el clero, y viceversa. Mientras se genera una indudable clericalizaci\u00f3n de la Iglesia (el cl\u00e9rigo vive en un estado de vida \u00abseparado\u00bb), se abre dial\u00e9cticamente el espacio a los movimientos laicales y, por tanto, a una espiritualidad laica.<\/p>\n<p>Si los bogomilias y los c\u00e1taros tienen una derivaci\u00f3n cristiana no genuina, veteada de manique\u00ed\u00adsmo; si la pataria milanesa puede considerarse como un fen\u00f3meno limitado de reacci\u00f3n a la corrupci\u00f3n del clero; si algunos movimientos tienen desenlaces her\u00e9ticos o cism\u00e1ticos, como los valdenses y los lollardos, mientras otros conservan un car\u00e1cter ortodoxo y de v\u00ed\u00adnculo eclesial, sin embargo, desde los hermanos de la vida apost\u00f3lica a las beguinas y a la\u00bbdevotio moderna\u00bb, los factores comunes parecen ser su car\u00e1cter laico y, las m\u00e1s de las veces, su organicidad con la nueva clase ascendente, la burgues\u00ed\u00ada ciudadana.<\/p>\n<p>Desde este punto de vista, tambi\u00e9n las \u00f3rdenes religiosas, en especial la fundada por Francisco de As\u00ed\u00ads (ca. 1182-1226). pueden considerarse en sus or\u00ed\u00adgenes como movimientos laicos atentos a los nuevos fermentos de la vida ciudadana. El que luego la previsora atenci\u00f3n de los pont\u00ed\u00adfices les confiriera un car\u00e1cter m\u00e1s \u00abclerical\u00bb, de inserci\u00f3n en la vida cultural y en la organizaci\u00f3n unitaria de la Iglesia, es un testimonio de la importancia y de la capacidad de soldadura entre los dos polos de tensi\u00f3n.<\/p>\n<p>3. MOVIMIENTOS DE REFORMA HERETICOS Y CISM\u00ed\u0081TICOS &#8211; Sin embargo, las \u00f3rdenes religiosas no pudieron impedir que se produjeran aquellas dolorosas rupturas que todav\u00ed\u00ada hoy nutren la pol\u00e9mica religiosa y que tienen su ra\u00ed\u00adz en el alto medioevo, en la Iglesia surgida de la reforma gregoriana: la ruptura entre Cristo y la Iglesia, entre Iglesia institucional e Iglesia del pueblo, entre Iglesia y reino de Dios. Desde el medioevo a la \u00e9poca contempor\u00e1nea, la espiritualidad eclesial vive preferentemente en forma de anhelo de una reforma de la Iglesia con el intento de conciliar aquellas rupturas. A pesar de la grandeza de la obra de Gregorio VII, la Iglesia que sale de ella se presenta, de hecho, como una Iglesia poderosa, rica, que quiere influir y dirigir la cristiandad, clerical y jurista. No es posible reducir a un \u00fanico com\u00fan denominador los diversos impulsos y tendencias reformadoras de la Iglesia. Se puede, en cambio, identificar los rasgos comunes de aquellas aspiraciones, as\u00ed\u00ad como los g\u00e9rmenes de su desenlace her\u00e9tico y cism\u00e1tico, o bien ortodoxo y efectivamente regenerador.<\/p>\n<p>a) La Iglesia, entre evangelio de Cristo y reino del Esp\u00ed\u00adritu. Los modos y la profundidad de la crisis se pueden estudiar en la obra del monje cisterciense calabr\u00e9s Joaqu\u00ed\u00adn da Fiore (1145-1202). El distingue en la historia tres tiempos: el del Padre, que se extiende de la creaci\u00f3n a Cristo; el del Hijo, que va del Hijo a la \u00e9poca contempor\u00e1nea; el del Esp\u00ed\u00adritu, que est\u00e1 pr\u00f3ximo a llegar y a regenerar el mundo instaurando su reino terreno milenario. Es discutible si entendi\u00f3 realmente la venida del Esp\u00ed\u00adritu como totalmente escatol\u00f3gica, o si su evangelio eterno no es otra cosa que la sustancia espiritual del mismo y \u00fanico evangelio de Jesucristo, que debe desarrollarse en la historia hasta su plenitud. Si es hereje, su error consiste en no haber comprendido que el Esp\u00ed\u00adritu se lo dio Cristo resucitado a la Iglesia de una vez por todas y que una divisi\u00f3n de la historia en per\u00ed\u00adodos que distingue (por no decir opone) las personas de la Trinidad divina no es viable, puesto que cada una nunca obra si no es en compa\u00f1\u00ed\u00ada de las otras. De cualquier modo que se lo interprete, su pensamiento es expresi\u00f3n de una desviaci\u00f3n del reconocimiento del misterio de la Iglesia. No consigue ver en la Iglesia actual su nexo pleno con el evangelio de Cristo, ni en la comunidad actual de los creyentes a la Iglesia de los santificados por el Esp\u00ed\u00adritu, por lo cual establece como expectativa totalmente futura aquel reino milenario que, en realidad, est\u00e1 ya dado, si bien de manera oculta y germinal. Bien mirado, su utop\u00ed\u00ada del reino milenario, en el que reinar\u00e1 la justicia, la pobreza y la comunidad de los bienes bajo la gu\u00ed\u00ada de los monjes, verdaderos hombres espirituales, es bastante regresiva, puesto que tiende a perpetuar un mundo ya en declive y a asegurar un nuevo papel al monaquismo, que est\u00e1 llegando al final de su funci\u00f3n hegem\u00f3nica en la Iglesia y la cristiandad. A pesar de ello, su pensamiento, por m\u00e1s torcido que sea, influir\u00e1 no al azar en muchos movimientos espirituales y populares, desde los franciscanos \u00abespirituales\u00bb de Angelo Clareno (1247-1337) al comunismo de ciertos anabaptistas (s. xvi) y a los furores pauperistas de Savonarola. Hab\u00ed\u00ada comprendido, finalmente, la dificultad del reconocimiento pleno del misterio de la Iglesia y hab\u00ed\u00ada encendido el fuego de la tensi\u00f3n entre evangelio e Iglesia, entre Iglesia institucional, poderosa y rica, e Iglesia popular, espiritual y pobre, entre reino de Dios y comunidad hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Mas fue con Wyclef (1320-1384) cuando el malestar y las tensiones adquirieron la forma de una verdadera alternativa hist\u00f3rica. Las clases que surg\u00ed\u00adan de la cristiandad medieval hac\u00ed\u00ada tiempo que presionaban para que se reconociera el derecho de propiedad junto con la exigencia de un estilo de vida m\u00e1s laborioso y evang\u00e9lico que el ofrecido por cl\u00e9rigos y feudatarios. Entretanto, a pesar de la exaltaci\u00f3n del poder pontificio llevada a cabo por Gregorio VII, la Iglesia experiment\u00f3 una grave crisis en suv\u00e9rtice, debida tambi\u00e9n a los impulsos nacionalistas y a las teor\u00ed\u00adas conciliaristas, crisis que culminar\u00e1 en el llamado \u00abcisma de Occidente\u00bb (1378-1449). Se deseaba una nueva ordenaci\u00f3n de la misma estructura constitucional de la Iglesia. Result\u00f3 f\u00e1cil recoger en un sistema \u00fanico de pensamiento las aspiraciones reformadoras tradicionales: la vuelta al evangelio y a la absoluta normatividad de la Sagrada Escritura frente a los sofismas de los escol\u00e1sticos y los gravosos intereses de la tradici\u00f3n; el rechazo, sutilmente maniqueo, de los ministerios y de los sacramentos en favor de una autogesti\u00f3n laica de la comunidad y de un compromiso \u00e9tico dimanante del significado de los gestos lit\u00fargicos; la neta oposici\u00f3n entre Iglesia espiritual de los santos (que tienen derecho de propiedad) e Iglesia institucional, poderosa, rica y corrompida (que no tiene derecho a poseer y a ejercer el ministerio). La mecha encendida por Wyclif explot\u00f3 con J. Huss (1369-1415), el infatigable , reformador bohemio; pero s\u00f3lo encontr\u00f3 su plena madurez y su desenlace cism\u00e1tico con M. Lutero (1483-1545).<\/p>\n<p>b) La instancia de lo cualitativo. Los rasgos te\u00f3ricos de la reforma de Lutero no son muy diversos de los de Wyclef y de toda la tradici\u00f3n reformista. En Lotero, sin embargo, son m\u00e1s robustas y profundas las l\u00ed\u00adneas de una espiritualidad eclesial. En rigor, ni siquiera se podr\u00ed\u00ada hablar de una espiritualidad como disciplina distinta y separada, desde el momento que \u00e9sta qued\u00f3 del todo absorbida en la \u00abfe\u00bb que nace de la escucha de la palabra. Unico punto leg\u00ed\u00adtimo de partida para el conocimiento de Dios, la palabra evang\u00e9lica absorbe toda la calidad de la existencia cristiana. Por eso la vida espiritual es radicalmente s\u00f3lo la vida de la fe, mediante la cual el hombre, de pecador que era, se reconoce salvado. De suerte que tambi\u00e9n la Iglesia es radicalmente s\u00f3lo una criatura de la palabra viviente. Su sustancia es el evangelio mismo, no los creyentes. Es la palabra la que convoca a los creyentes y hace de ellos una comunidad de santos. La escisi\u00f3n tradicional entre Iglesia y Evangelio queda superada de manera radical. Como tambi\u00e9n es superada la escisi\u00f3n entre Iglesia santa e invisible e instituci\u00f3n visible y pecadora. Es la palabra, en efecto, la que constituye a la Iglesia en cuanto santifica a sus miembros pecadores. La verdadera Iglesia, pues, es s\u00f3lo la de los santos; y las notas que permiten reconocerla son el evangelio puro y la recta administraci\u00f3n de los sacramentos. Por eso la ordenaci\u00f3n eclesi\u00e1stica y los ministerios no tienen raz\u00f3n de ser, sino en cuanto y en la medida en que expresan el puro acontecimiento del evangelio y de la santidad que produce. As\u00ed\u00ad se supera tambi\u00e9n la escisi\u00f3n entre cl\u00e9rigos y laicos (lo mismo que el estado de vida mon\u00e1stico); nadie en la Iglesia es objeto de cura pastoral; s\u00f3lo puede ser objeto de la palabra, puesto que, en definitiva, es la palabra sola la que administra la misericordia de Dios y todos somos sujetos suyos. Se entiende que no existe tampoco separaci\u00f3n entre comunidad de los santos y reino de Dios; la historia, en efecto, s\u00f3lo es inteligible en cuanto movida por la palabra de Dios; y por eso, mientras la humanidad camina corrompida hacia su destrucci\u00f3n, es salvada por el evangelio la porci\u00f3n de humanidad fiel, seg\u00fan se manifestar\u00e1 en los \u00faltimos d\u00ed\u00adas, que ya est\u00e1n cerca. Entretanto, el reino de Dios vive oculto en una historia y en un mundo ambiguos.<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00ada decirse que en Lutero la instancia de lo \u00abcualitativo\u00bb cristiano y eclesial asume su forma m\u00e1s radical y exclusiva. Mas esta radicalidad y exclusividad constituyen tambi\u00e9n el grave l\u00ed\u00admite de la reforma. La cualidad vive a expensas de \u00abreducciones\u00bb grav\u00ed\u00adsimas. El evangelio devora por completo la ordenaci\u00f3n eclesial; lo propio hace el reino de Dios con la Iglesia; el laico absorbe totalmente al sacerdote (y al monje). La Iglesia se dispersa y se confunde en la cristiandad (que es, por lo dem\u00e1s, la de la clase ascendente, la burgues\u00ed\u00ada, con la cual se corresponde la reforma), sin que la distinga apenas otra cosa que la disciplina de la palabra y de la fe interior.<\/p>\n<p>e) Reino y revoluci\u00f3n. Quien pierde inexorablemente es el alma revolucionaria y marginada por la reforma que presenta Th. M\u00fcntzer (1490-1525). Tenemos aqu\u00ed\u00ad no el centralismo de la palabra de Dios, sino la experiencia del Esp\u00ed\u00adritu vivida por la comunidad eclesial. La Iglesia no es una criatura abstracta y a\u00e9rea de la palabra, sino un pueblo concreto, una cristiandad llamada a conocer a Dios en una revelaci\u00f3n abierta, no fijada en la letra muerta de la Sagrada Escritura, sino que vive en el coraz\u00f3n de los hombres. M\u00fcntzer veclaramente que la justicia imputada por la fe desemboca en el quietismo; no cambia moralmente al individuo ni el orden social existente. En realidad, para conocer a Dios en lo \u00ed\u00adntimo del coraz\u00f3n es preciso luchar duramente contra las pasiones carnales. Si no consiguen conducir al pueblo a la santidad y al conocimiento de Dios los ministros de la Iglesia cat\u00f3lica (no puede conducir a la experiencia del Esp\u00ed\u00adritu el que no tiene experiencia del Esp\u00ed\u00adritu), mucho menos pueden conseguirlo los predicadores luteranos, que sustituyen a la Iglesia jurista y papista por el ministerio de las universidades y de la ex\u00e9gesis. Mas la palabra de Dios no es una palabra muerta, cuyo juez es un te\u00f3logo carnal, sino una palabra viva al servicio del crecimiento del pueblo. La Iglesia tiende aqu\u00ed\u00ad a identificarse poco a poco con la clase proletaria. Esta identificaci\u00f3n nace de la cr\u00ed\u00adtica de la doctrina de Lutero de los dos reg\u00ed\u00admenes. La autoridad pol\u00ed\u00adtica no tiene, como quiere Lutero, el cometido de mantener el orden exterior, sino de reprimir a los malvados y favorecer la santidad del pueblo. Al establecer una separaci\u00f3n abstracta entre Iglesia y autoridad pol\u00ed\u00adtica, en realidad Lutero legitima el abuso de los poderes y convence con la predicaci\u00f3n a los pobres de que est\u00e9n sujetos a ellos. La autoridad pol\u00ed\u00adtica controlada por el pueblo debe acelerar, de hecho, el fin del \u00abquinto reino\u00bb, el de la alianza entre el poder espiritual y el poder temporal, y luchar por la instauraci\u00f3n del reino de Dios, en el cual no haya ya conflicto entre Iglesia visible e Iglesia de los santos.<\/p>\n<p>Movido por las preocupaciones decididamente pastorales, rota la unidad con la Iglesia cat\u00f3lica, a M\u00fcntzer no le qued\u00f3 otra salida que llevar a las \u00faltimas consecuencias los principios de la reforma (frente a sus soluciones conservadoras), hacia una lucha de los campesinos y de los obreros contra los pr\u00ed\u00adncipes y los burgueses. Testimonio de que las reformas luterana y m\u00fcntzeriana, \u00e9sta mucho m\u00e1s, permanecen ligadas a la identificaci\u00f3n medieval entre iglesia y cristiandad, sin encontrar en la b\u00fasqueda de lo \u00abcualitativo\u00bb eclesial un camino de salida.<\/p>\n<p>4. MOVIMIENTOS DE REFORMA ORTODOXOS &#8211; Caracter\u00ed\u00adstico de la tradici\u00f3n reformadora ortodoxa es, por el contrario, el rechazo de la oposici\u00f3n entre Cristo e Iglesia, entre Iglesia institucional e Iglesia santa y\/o popular, entre Iglesia y reino de Dios. Ella lucha y sufre por la santidad de la Iglesia hist\u00f3rica y visible y por su reforma, pero sin pensar, en la b\u00fasqueda exasperada de lo \u00abcualitativo\u00bb cristiano, en trastornar el ordenamiento eclesial recibido normativamente del NT e intentando formular poco a poco nuevas relaciones en la distinci\u00f3n frente al ordenamiento civil y pol\u00ed\u00adtico. Hay que observar, sin embargo, que esta tradici\u00f3n cat\u00f3lica en su desarrollo acentu\u00f3 excesivamente, a causa tambi\u00e9n de las tendencias her\u00e9ticas y cism\u00e1ticas, la defensa de la Iglesia institucional (v\u00e9ase contrarreforma) y puso sordina a la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica lo mismo que a la radicalidad de la referencia evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>a) La humanidad de Cristo y la santificaci\u00f3n de la Iglesia. Una figura muy significativa de la reforma cat\u00f3lica es la de santa Catalina de Siena (1347-1380)10, en la cual destaca netamente una espiritualidad eclesial aut\u00e9ntica. Es significativo el hecho de que Catalina, como M\u00fcntzer, el reformador popular no burgu\u00e9s, parta tambi\u00e9n de la experiencia espiritual y del problema del discernimiento del Esp\u00ed\u00adritu, y que ambos, desde este patrimonio m\u00ed\u00adstico, desemboquen en una acci\u00f3n pastoral reformadora, si bien de un resultado muy diverso. La experiencia espiritual de Catalina, en efecto, est\u00e1 fuertemente arraigada en la humanidad crucificada y gloriosa de Cristo.<\/p>\n<p>Ello le permite, en la experiencia del alma individual, no separar el di\u00e1logo con el Padre de la palabra evang\u00e9lica de Cristo o \u00e9sta del don del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Conocimiento m\u00ed\u00adstico de Dios, revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y experiencia del Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1n profundamente unidos en la realidad concreta del costado abierto de Cristo, vivo en la eucarist\u00ed\u00ada, en los ministerios y en la Iglesia. Por eso la reforma de la Iglesia brota \u00fanicamente de la caridad crucificada del Verbo encarnado, el cual llama al hombre a colaborar y a todos los fieles a trabajar activamente en la vi\u00f1a del Se\u00f1or para restaurarla. Esto se realiza comprendiendo y amando al coraz\u00f3n de Jes\u00fas, que manifiesta el amor del Padre. Hay que pasar del temor servil (el ordenamiento eclesi\u00e1stico puramente jur\u00ed\u00addico) a la caridad, que acepta sufrir por la salvaci\u00f3n de todos. Tenemos aqu\u00ed\u00ad una vuelta neta a la espiritualidad eclesial centrada en la noci\u00f3n de sustituci\u00f3n vicaria y enla comuni\u00f3n m\u00ed\u00adstica entre santos y pecadores. El que es santo pide sufrir con Cristo por la conversi\u00f3n de los pecadores, porque un lazo misterioso une a la comunidad eclesial, e incluso a todos los hombres. No es un lazo puramente invisible, sino org\u00e1nico. De hecho lo establece el Verbo encarnado, el cual nos une indisoluble y personalmente a los sacramentos y a los ministerios. De ah\u00ed\u00ad que los santos deban rezar por la santificaci\u00f3n de los ministros y de los pastores y fustigar con amor sus vicios y sus defectos. Con amor, porque no se puede prescindir de los ministros, aunque pecadores y corrompidos; de hecho, los sacramentos que ellos administran tienen valor en virtud de la acci\u00f3n de Cristo resucitado, y no por su santidad personal. Y mucho menos se puede recurrir al poder temporal para castigar a los pastores corrompidos. El cometido del poder pol\u00ed\u00adtico, en efecto, es promover la justicia, y no la santificaci\u00f3n de la Iglesia. Esta es s\u00f3lo obra de Cristo y de los fieles que aceptan sufrir con su coraz\u00f3n, haciendo crecer la caridad en el cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo. La misma caridad de Cristo gu\u00ed\u00ada al discernimiento interior, a la profec\u00ed\u00ada exterior, a la caridad social (que es el verdadero problema de la cristiandad y el secreto del mantenimiento de los estados) y a la caridad pastoral.<\/p>\n<p>b) Reforma cat\u00f3lica y caridad pastoral. As\u00ed\u00ad quedan delineadas las directrices de la reforma cat\u00f3lica. Perfecci\u00f3n espiritual y compromiso para la santificaci\u00f3n de la Iglesia aparecen frecuentemente unidos en los escritos y en las obras de muchos religiosos, desde santa Catalina de Ricci (1522-1590) a santa Mar\u00ed\u00ada Magdalena de Pazzi (1566-1607). La caridad social encuentra, especialmente en Italia, un fervor de iniciativas asistenciales, que constituir\u00e1n a la larga el tejido vinculativo de la solidaridad social, ausente en el estado, primero, de los se\u00f1ores, absoluto luego y, finalmente, liberal. Pero, junto al poderoso impulso misionero hacia el nuevo mundo, el dato m\u00e1s caracter\u00ed\u00adstico de la reforma cat\u00f3lica es la primac\u00ed\u00ada de la caridad pastoral. La figura de obispo que sale de la reforma tridentina, representada simb\u00f3licamente por san Carlos Borromeo (1538-1584), rompe definitivamente con la confusi\u00f3n feudal entre sacerdocio y autoridad pol\u00ed\u00adtica. Aunque la influencia de la Iglesia en la direcci\u00f3n de la cosa p\u00fablica tienda a seguir bajo la forma de la \u00abpotestas indirecta\u00bb (san Roberto Belarmino: 1542-1621), sin embargo, la pastoralidad de los ministerios no da ya lugar a equ\u00ed\u00advocos. Los obispos tienen obligaci\u00f3n de residir en las di\u00f3cesis, se combate la acumulaci\u00f3n de cargos eclesi\u00e1sticos, con las visitas pastorales se ejerce el episcopado o la vigilancia sobre la ense\u00f1anza del catecismo, sobre la administraci\u00f3n de los sacramentos y sobre la cura pastoral de los p\u00e1rrocos. El obispo, en una palabra, vuelve a ser el buen pastor que da la vida para que Cristo crezca en los fieles.<\/p>\n<p>e) Entre obediencia y libertad. Aspectos negativos y limitaciones los hubo. La espiritualidad eclesial tiende, a partir de la contrarreforma, a hacerse inflexible en una defensa apriorista de la jerarqu\u00ed\u00ada, dando origen a una especie de voluntarismo eclesi\u00e1stico. Escribe san Ignacio de Loyola (1491-1556) en las \u00abreglas para obtener el verdadero sentido de la Iglesia militante\u00bb, al t\u00e9rmino de sus \u00abEjercicios espirituales\u00bb: \u00abDebemos siempre tener, para en todo acertar, que lo blanco que veo, creer que es negro, si la Iglesia jer\u00e1rquica as\u00ed\u00ad lo determina&#8217;. Esto se corresponde con el car\u00e1cter batallador y pragm\u00e1ticamente apost\u00f3lico de la espiritualidad ignaciana y, por tanto, jesu\u00ed\u00adtica. En los Ejercicios espirituales se pide escoger la bandera, realizar una elecci\u00f3n de campo te\u00f3rica y pr\u00e1ctica, de fe y praxis, por la Iglesia y contra sus enemigos hist\u00f3ricamente individuados. Y ello incluso en detrimento de las verdades naturales e hist\u00f3ricas que pueden encerrarse en la posici\u00f3n de los adversarios. Lo que cuenta es escoger aquella parte hist\u00f3ricamente determinada que lo incluye todo en s\u00ed\u00ad potencialmente.<\/p>\n<p>Se dice que la frase arriba referida iba dirigida contra el humanismo individualista de Erasmo de Rotterdam (1467-1536), enteramente carente del sentido de Iglesia. Pero nada podr\u00ed\u00ada contra el humanismo mucho m\u00e1s ortodoxo de santo Tom\u00e1s Moro (1478-1535), el cual con su testimonio y su martirio anticipa los derechos de la libertad de conciencia. Desgarrado entre la fidelidad a su rey y la fidelidad a la Iglesia, Tom\u00e1s Moro acepta subir al pat\u00ed\u00adbulo no por una fidelidad apriorista a las razones del Papa, sino para no pecar contra la propia conciencia, condenando as\u00ed\u00ad su alma. Convencido de la verdad de las razones de la Iglesia, conjura a su soberano a mostrarle sus razones y a convencerle de que lo blanco es negro. Al no hacerlo, se inclina bajo el hacha para no contradecir la persuasi\u00f3n de su conciencia. Una desgarradora tensi\u00f3n entre obediencia a la autoridad y libertad de conciencia ha surgido no fuera, sino dentro de la misma espiritualidad eclesial.<\/p>\n<p>d) Piedad popular y representaci\u00f3n vicaria. En la \u00e9poca de los estados absolutos y del iluminismo no hay desarrollos significativos de la espiritualidad eclesial. El nuevo equilibrio de alianza entre trono y altar no favorece la explicitaci\u00f3n tem\u00e1tica de la realidad de la Iglesia en la espiritualidad. Esta, sin embargo, alcanza precisamente en este per\u00ed\u00adodo su \u00e9poca cl\u00e1sica. Tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada atiende preferentemente a los temas antropol\u00f3gicos de la relaci\u00f3n entre naturaleza y gracia. Mientras en la moral oficial hay que buscar un equilibrio entre laxismo y rigorismo, la piedad popular, ausente de estos excesos y sostenida por una religiosidad humana y afectiva (san Alfonso de Ligorio: 1696-1787), se desarrolla como un fil\u00f3n subterr\u00e1neo que se inclinar\u00e1, a trav\u00e9s de la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y al Coraz\u00f3n Inmaculado de Mar\u00ed\u00ada, en el s. xix, a coincidir con el movimiento de exaltaci\u00f3n del primado del Romano Pont\u00ed\u00adfice (1870).<\/p>\n<p>Hay que subrayar el papel de la piedad popular y de la espiritualidad de las devociones, porque en ellas viven y se mantienen presentes temas de espiritualidad eclesial ausentes de la teolog\u00ed\u00ada docta. J. Ratzinger ha subrayado el valor cristol\u00f3gico y eclesial de la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n. En \u00e9l alienta el tema de la representaci\u00f3n por amor que Jes\u00fas ejerce ante el Padre en sustituci\u00f3n de nuestra incapacidad de vencer sobre el pecado. La devoci\u00f3n al amor herido de Cristo expresa nuestra voluntad no s\u00f3lo de reparar por amor las ofensas inferidas por los hombres. sino tambi\u00e9n de suscitar, mediante nuestra voluntaria aceptaci\u00f3n por amor de los sufrimientos, la gracia de la conversi\u00f3n de los pecadores. De este modo se vive antes de ser pensado el misterio de la Iglesia, que es en el mundo servicio de salvaci\u00f3n para muchos y signo eficaz de la solidaridad de todo el g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>El nexo entre movimiento mariano y principio petrino lo ha destacado H. U. von Balthasar. La devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada y la comprensi\u00f3n viva de su maternidad espiritual respecto a la Iglesia y a los cristianos desarrollan enormemente el sentido eclesial y, de hecho, est\u00e1n \u00ed\u00adntimamente unidas con la comprensi\u00f3n y el amor por el ministerio del Romano Pont\u00ed\u00adfice.<\/p>\n<p>Sin embargo, no rara vez estos movimientos populares de devoci\u00f3n adquieren tonos apocal\u00ed\u00adpticos y catastr\u00f3ficos con la ingenua tendencia a individuar en la avanzada de las fuerzas hist\u00f3ricas innovadoras los signos premonitores de los conflictos entre la Iglesia y el anticristo, que preceden al fin.<\/p>\n<p>5. RENACIMIENTO Y DESPLIEGUE DE LA ESPIRITUALIDAD ECLESIAL &#8211; La espiritualidad eclesial experimenta un verdadero y aut\u00e9ntico renacimiento en la \u00e9poca contempor\u00e1nea. La Revoluci\u00f3n francesa (1789), con su fuga hacia un proyecto de sociedad program\u00e1tica y abiertamente laica, con su intento de transici\u00f3n democr\u00e1tica, lleva a la madurez los frutos de la distinci\u00f3n entre poder espiritual y autoridad pol\u00ed\u00adtica, los frutos del esp\u00ed\u00adritu laico, que desde hac\u00ed\u00ada tiempo se hab\u00ed\u00adan ido formando. Tampoco el intento de restauraci\u00f3n cat\u00f3lica puede evitar la novedad revolucionaria, y se ve forzado a asumir elementos de las nuevas concepciones, hasta asimilar la fecundidad positiva de las libertades civiles, de la democracia y de las instancias de la nueva socializaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) La Iglesia, tema expl\u00ed\u00adcito de espiritualidad. La espiritualidad eclesial se convierte en factor no colateral, sino esencial, y a menudo decisivo, de la perfecci\u00f3n cristiana. As\u00ed\u00ad lo vemos en A. Rosmini (1797-1855). En sus Massime di perfezione, por primera vez despu\u00e9s de mucho tiempo de literatura espiritual, enumera entre los \u00abfines del obrar cristiano en simplicidad\u00bb no s\u00f3lo \u00abdesear \u00fanica e infinitamente agradar a Dios, es decir, ser justo\u00bb (m\u00e1xima primera), sino tambi\u00e9n \u00abdirigir todos los pensamientos y acciones propios al incremento y a la gloria de la Iglesia de Jesucristo\u00bb (m\u00e1xima segunda) y, asimismo, \u00abpermanecer con perfecta tranquilidad respecto a todo lo que sucede por disposici\u00f3n divina, no s\u00f3lo en relaci\u00f3n a s\u00ed\u00ad mismo, sino tambi\u00e9n en relaci\u00f3n a la Iglesia de Jesucristo, obrando en favor de ella seg\u00fan la llamada divina\u00bb (m\u00e1xima tercera).<\/p>\n<p>Trabajar por la Iglesia, ser Iglesia, mantener la tranquilidad espiritual en los sufrimientos propios y de la Iglesia, a causa de la Iglesia y por parte de la Iglesia, se hace finalidad espiritual expl\u00ed\u00adcita, lugar en el que se desarrolla la verdadera perfecci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Se ha de observar tambi\u00e9n que por Iglesia no se entiende ya, como en santa Catalina de Siena, los ministros sagrados, sino toda la comunidad de los fieles. de la cual los obispos y el Papa son \u00abparte esencial\u00bb, no caduca. Al ser puesta en tela de juicio toda la Iglesia en su mismo ser por parte de la ruptura revolucionaria, se adquiere entonces conciencia de la totalidad de la Iglesia como cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo (con esta expresi\u00f3n santa Catalina, poco rigurosa en el uso de los t\u00e9rminos teol\u00f3gicos, entend\u00ed\u00ada, no al azar, la sola jerarqu\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>Toda la Iglesia, objeto y fin de la espiritualidad, comprende en Rosmini no s\u00f3lo la militante, como en san Ignacio. sino tambi\u00e9n la purgante y la triunfante. As\u00ed\u00ad no se olvida la tendencia al reino de Dios. \u00abTodas las complacencias del Padre est\u00e1n puestas en el Hijo y las del Hijo en los fieles que forman su reino\u00bb. Pero hay que orar y desear que todos los miembros de la Iglesia lleguen a la perfecci\u00f3n en el reino y as\u00ed\u00ad venga el reino, que glorifica al Padre.<\/p>\n<p>El principio de pasividad, com\u00fan a toda la tradici\u00f3n espiritual cristiana, se convierte en un sufrir serenamente en esp\u00ed\u00adritu por todo lo que acaece en la Iglesia, seguros de la providencia divina y de la indefectibilidad de la Iglesia prometida por Cristo. Pero significa tambi\u00e9n sufrir con tranquilidad de esp\u00ed\u00adritu por todo lo que acaece a uno a causa de la Iglesia y tambi\u00e9n por parte de la Iglesia (Rosmini lo experimenta en su propia situaci\u00f3n personal).<\/p>\n<p>Pasividad, sin embargo, quiere decir purificaci\u00f3n, no inactividad. Al contrario, el obrar cristiano es indispensable y se orienta en estas tres direcciones insustituibles: hacia el perfeccionamiento de s\u00ed\u00ad, hacia el perfeccionamiento de la Iglesia y hacia el perfeccionamiento de la sociedad. Aunque, y precisamente porque estas tres esferas tienden a independizarse relativamente, es preciso que est\u00e9n coordinadas entre s\u00ed\u00ad. De este modo se puede responder al desaf\u00ed\u00ado iluminista y revolucionario que busca al hombre emancipado y emancipador. Obrar en caridad, en efecto, debe ser un obrar inteligente; es decir, maduro y adulto. El abandono a la providencia es esencial para purificar en sentido cristiano la misma inteligencia.<\/p>\n<p>La caridad y s\u00f3lo la caridad, nos dice Rosmini en otras obras, es la sustancia y el fundamento de la Iglesia. Su constituci\u00f3n jur\u00ed\u00addica no podr\u00ed\u00ada regir los acontecimientos de no estar sostenida por el misterio de la caridad que el Padre tiene a su Hijo, el Hijo a los fieles y los fieles entre s\u00ed\u00ad y al mundo. El verdadero ordenamiento de la Iglesia es un ordenamiento espiritual, el de la caridad.<\/p>\n<p>Inteligencia de la historia y penetraci\u00f3n del misterio le permiten a Rosmini el salto cualitativo en la espiritualidad cristiana. Consigue romper con muchos lugares comunes del pensamiento cat\u00f3lico de la restauraci\u00f3n. Animado, como el gran Gregorio VII, de la preocupaci\u00f3n por la libertad de la Iglesia, comprende el principio de que \u00e9sta s\u00f3lo queda garantizada dentro de una libertad (social, civil y pol\u00ed\u00adtica) para todos. Por eso no cae en el equ\u00ed\u00advoco contrarrevolucionario. Antes bien, rompe con los galanteos medievalistas de los restauradores rom\u00e1nticos y cuenta entre las llagas de la santa Iglesia la separaci\u00f3n entre el clero y el pueblo verificada en la Edad Media. La reforma de la Iglesia debe realizarse al presente teniendo en cuenta tanto el misterio interno de la caridad y de la uni\u00f3n entre pastores y fieles, como las condiciones hist\u00f3ricas externas posteriores a la revoluci\u00f3n, no todas ellas malas; y, de todas formas, defendiendo siempre la libertad de la Iglesia.<\/p>\n<p>b) Renacimiento eclesiol\u00f3gico y misterio de la Iglesia. La reflexi\u00f3n de los te\u00f3logos no tarda tampoco en hacer objeto de sus preocupaciones al misterio de la Iglesia. Precursores del renacimiento eclesiol\u00f3gico (que se desarrollar\u00e1 en nuestro siglo hasta culminar en el Vat. II) son: en Alemania, J. A. Moehler; en Inglaterra, J. H. Newman; en Italia, la escuela romana y, m\u00e1s tarde, J. M. Scheeben.<\/p>\n<p>Caracter\u00ed\u00adstica de este renacimiento es la recuperaci\u00f3n del misterio, pero de modo org\u00e1nico, en la unidad entre aspecto visible e invisible de la Iglesia, no ya, como en la reforma protestante, como una exasperaci\u00f3n de lo \u00abcualitativo\u00bb, que exten\u00faa el ordenamiento externo, sino superando tambi\u00e9n decididamente los l\u00ed\u00admites de la eclesiolog\u00ed\u00ada de la contrarreforma, la cual exalta el momento jur\u00ed\u00addico y el ordenamiento en menoscabo de lo \u00abcualitativo\u00bb y, en definitiva, del misterio.<\/p>\n<p>Es conocida la frase con que, ir\u00f3nicamente, resum\u00ed\u00ada J. A. Moehler la concepci\u00f3n eclesiol\u00f3gica en vigor desde la contrarreforma: \u00abDios cre\u00f3 la jerarqu\u00ed\u00ada y con ello provey\u00f3 suficientemente a la Iglesia\u00bb. Hab\u00ed\u00ada que recuperar el cuerpo de la Iglesia, el pueblo de los fieles. Pero a\u00fan m\u00e1s hab\u00ed\u00ada que recuperar el misterio. En el volumen L&#8217;unit\u00e1 della chiesa presenta a la Iglesia fundada por el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu Santo en Pentecost\u00e9s y, por tanto, como realidad \u00ed\u00adntimamente espiritual, pero que crece y se articula a la manera de un organismo viviente, cuya alma (el Esp\u00ed\u00adritu, la comuni\u00f3n, la caridad) impulsa a los miembros a crecer y articularse en \u00f3rganos cada vez m\u00e1s complejos.<\/p>\n<p>En la obra siguiente, la Simbolica, completa la perspectiva, afirmando que la Iglesia nace ciertamente del Esp\u00ed\u00adritu, pero es enviada de manera expl\u00ed\u00adcita y autorizada por Cristo, con el cual mantiene un v\u00ed\u00adnculo m\u00ed\u00adstico. Ella es como una encarnaci\u00f3n continuada. El aspecto interno, puesto de relieve en L&#8217;unit\u00e1 sella chiesa, se coordina aqu\u00ed\u00ad con el aspecto externo; la predicaci\u00f3n exterior, la administraci\u00f3n de los sacramentos, la autoridad y la disciplina est\u00e1n vinculadas de manera visible y verificable con el mandato positivo de Cristo. De suerte que no se puede separar el alma del cuerpo, ni subordinar el cuerpo a las meras exigencias del Esp\u00ed\u00adritu. No obstante, subsiste todav\u00ed\u00ada en esta visi\u00f3n un marcado acento m\u00ed\u00adstico, que hace de la Iglesia en sus aspectos visibles e invisibles, exteriores e interiores, un \u00fanico misterio de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el itinerario de la conversi\u00f3n de J. H. Newman del anglicanismo al catolicismo pone de manifiesto el descubrimiento del misterio de la Iglesia, realidad inseparablemente visible e invisible. No le gu\u00ed\u00ada otra preocupaci\u00f3n que buscar la plenitud de la verdad cristiana y su realizaci\u00f3n temporal e hist\u00f3rica en la verdadera Iglesia. La encuentra en la Iglesia cat\u00f3lica, la cual poco a poco, en el estudio asiduo de los Padres y de la historia, se le revela como el estado adulto del cristianismo, como el punto m\u00e1s alto y completo del crecimiento y del desarrollo de la realidad cristiana.<\/p>\n<p>La experiencia de Dios s\u00f3lo puede tenerse plenamente en Cristo. La experiencia de Cristo s\u00f3lo puede realizarse de un modo completo y manifiesto en la Iglesia, que es como una continuaci\u00f3n de la l\u00f3gica de la encarnaci\u00f3n; y, concretamente, en esto: en la autoridad y en los sacramentos. Ahora bien, s\u00f3lo la Iglesia cat\u00f3lica ha mantenido a lo largo de la historia la plenitud de estos dos elementos. La autoridad eclesi\u00e1stica, en efecto, en contra de cuanto afirma el esp\u00ed\u00adritu racionalista, est\u00e1 movida en toda su actividad y en toda su raz\u00f3n de ser por la representaci\u00f3n del misterio de la pasi\u00f3n de Cristo, el cual se hace siervo y obediente hasta la muerte para salvar a muchos. En cuanto a los sacramentos, ofrecen a lo largo de la historia a los contempor\u00e1neos la presencia reveladora de Cristo y permiten de forma concreta un verdadero encuentro con Dios. El aspecto visible e hist\u00f3rico de la Iglesia, que se articula en la autoridad y los sacramentos, es, pues, el instrumento esencial e indispensable para generar la comunidad de los santos, la cual une las almas con Dios a trav\u00e9s de Cristo.<\/p>\n<p>El acercamiento a la Iglesia cat\u00f3lica no coincide en Newman, como sucede a menudo, con un endurecimiento conservador. M\u00e1s bien lleva al catolicismo el est\u00ed\u00admulo de instancias renovadoras, desde la concepci\u00f3n din\u00e1mica del desarrollo de los dogmas a la instancia a hacer participar a todos los fieles en las definiciones dogm\u00e1ticas de la Iglesia; desde la atenci\u00f3n a una armon\u00ed\u00ada entre dogma e itinerario psicol\u00f3gico y subjetivo de la fe al apostolado de los laicos. Historicidad, subjetividad, sentido comunitario entran en la Iglesia cat\u00f3lica sin lacerarla, exaltando m\u00e1s bien el descubrimiento del misterio.<\/p>\n<p>Los te\u00f3logos de la escuela romana, atentos y no moderadores obtusos de la ortodoxia y del catolicismo, acogieron las nuevas sugerencias, pero repens\u00e1ndolas sin soluci\u00f3n de continuidad con la tradici\u00f3n controversista (G. Perrone) y escol\u00e1stica (C. Passaglia, C. Schrader, J. Franzelin). Es genial la elaboraci\u00f3n de C. Passaglia. En el tratado De Ecclesia Christi pone a punto la sustancia teol\u00f3gica de la Iglesia, mostrando su derivaci\u00f3n trinitaria, encontrando as\u00ed\u00ad un nuevo equilibrio entre Iglesia de los justos atra\u00ed\u00adda por el Padre, comunidad visible o hist\u00f3rica proveniente de Cristo, y realidad espiritual animada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Rehusa dar una definici\u00f3n un\u00ed\u00advoca y exhaustiva de la Iglesia, y emplea la multiplicidad de las im\u00e1genes b\u00ed\u00adblicas ofrecidas por la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica. Relaciona luego la Iglesia con la tradici\u00f3n viva, concibiendo la expresi\u00f3n \u00abeconom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n\u00bb y de la transmisi\u00f3n de la verdad. De suerte que la Iglesia es en la historia \u00f3rgano detransmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n y de realizaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n transhist\u00f3rica, pero tambi\u00e9n \u00f3rgano de la salvaci\u00f3n de todo el g\u00e9nero humano en cuanto \u00f3rgano de la palabra de Dios, la \u00fanica soberana.<\/p>\n<p>La no total identificaci\u00f3n entre palabra de Dios y dogma, la no total identificaci\u00f3n entre tradici\u00f3n viva y magisterio, entre Iglesia y jerarqu\u00ed\u00ada, y menos a\u00fan entre Iglesia y cristiandad, no es extra\u00f1a a las aperturas liberales y conciliadoras de Passaglia, diplom\u00e1tico y escritor pol\u00ed\u00adtico. De gran relieve es tambi\u00e9n el hecho de que la doctrina de la gracia sea reconsiderada en \u00e9l dentro de la eclesiolog\u00ed\u00ada. La gracia no es s\u00f3lo la gracia de Cristo transmitida a todo fiel, sino que es la gracia de la cabeza transmitida al cuerpo (la Iglesia) y a cada uno de los fieles. La gracia es eclesioforme. Y consiste no s\u00f3lo en una presencia ontol\u00f3gica creada en el alma del justo, sino en la inhabitaci\u00f3n personal del Esp\u00ed\u00adritu, y con \u00e9l, del Padre y del Hijo, en el coraz\u00f3n del creyente.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta gran ocasi\u00f3n teol\u00f3gica no prosper\u00f3 mucho en la Iglesia, preocupada por la reforma pastoral, por la confutaci\u00f3n de los errores filos\u00f3ficos y pol\u00ed\u00adticos del tiempo, por la sacudida social y pol\u00ed\u00adtica; en una palabra, por los problemas de la \u00abcristiandad\u00bb.<\/p>\n<p>e) El despertar de la Iglesia en las almas. Entre las dos guerras, al caer en la cuenta del car\u00e1cter totalizador de la sociedad burguesa e intentar reaccionar globalmente frente a su decadencia, tambi\u00e9n la espiritualidad se ve estimulada a una reconsideraci\u00f3n total del ser de la Iglesia y de su capacidad para responder a la plenitud de los problemas humanos dentro de un mundo concebido ahora como totalidad.<\/p>\n<p>R. Guardini, sacerdote alem\u00e1n de origen italiano, escribe en 1922 Il seno della chiesa, que comienza con estas palabras: \u00abUn proceso de incalculable alcance ha comenzado: el despertar de la Iglesia en las almas\u00bb. Intenta presentar a la Iglesia como la respuesta global a la crisis individualista de la sociedad burguesa. La Iglesia, en efecto, como realidad viva y org\u00e1nica responde a la necesidad comunitaria del hombre, que la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la sociedad reprime pero no suprime. Esto no quiere decir estrangulamiento de la personalidad. Al contrario, satisface la necesidad de un v\u00ed\u00adnculo societario, al cual la persona est\u00e1 constitutivamente abierta y sin el cual no puede realizarse y desarrollarse plenamente. En este sentido, la Iglesia realiza el verdadero humanismo. A pesar de los pecados y de los errores, la Iglesia pone la realizaci\u00f3n del hombre en lo que le abre a una relaci\u00f3n viva con el todo, con lo incondicionado, con lo absoluto. \u00abLa Iglesia es la realidad entera vista, valorada y vivida por el hombre total. Solamente en ella est\u00e1 la totalidad del ser&#8230; la totalidad de lo real, vivida y dominada por la totalidad de lo humano\u00bb (p. 91). Al abrir al hombre a la vida m\u00e1s all\u00e1 de la historia, libra al hombre de las contingencias, y con ello lo emancipa, d\u00e1ndole un punto de vista nuevo y superior, un principio de vida nuevo e integral.<\/p>\n<p>Si esto es as\u00ed\u00ad, entonces es preciso que la Iglesia sepa renovarse y transformarse en sus expresiones hist\u00f3ricas de forma que ponga de relieve: a) La vida comunitaria, \u00abdescendencia de la comunidad divina\u00bb (p. 110); b) la anterioridad de la Iglesia, realidad sobrepersonal, respecto a la gracia de los individuos; c) la armon\u00ed\u00ada entre lazo societario y realizaci\u00f3n de la personalidad; d) su capacidad de estar pr\u00f3xima a la humanidad; y e) que para gustar la libertad en la Iglesia tienen que tener todos el sentido de ser Iglesia.<\/p>\n<p>El mismo Guardini, en el prefacio a la edici\u00f3n del 33, se\u00f1alaba los l\u00ed\u00admites de su trabajo, consistentes en su falta de historicidad. Podemos a\u00f1adir que se resiente de los limites de aquella cultura rom\u00e1ntica y vitalista, a la cual quer\u00ed\u00ada oponerse en sus \u00e9xitos individualistas. El movimiento juvenil que suscit\u00f3 permiti\u00f3 ofrecer una alternativa a la \u00abFreideutsche Jugend\u00bb, terreno fecundo para el nacimiento del nacionalsocialismo. La comprensi\u00f3n incompleta de las razones de la crisis de la burgues\u00ed\u00ada, as\u00ed\u00ad como el indudable l\u00ed\u00admite integralista, no suprimen el m\u00e9rito de haber colocado en el primer plano de la conciencia de la Iglesia entera, y sobre todo de los j\u00f3venes, la importancia y la necesidad, en el ambiente atormentado de la historia, de vivir de modo personal, comunitario, liberador y responsable la realidad de la Iglesia, as\u00ed\u00ad como su papel en la cultura y en la sociedad.<\/p>\n<p>d) Espiritualidad laica en \u00e9poca de democracia. El desarrollo de la democracia y el reforzamiento del movimiento obrero han orientado la atenci\u00f3n de la espiritualidad eclesial hacia el significado cristiano y eclesial del estado laico, hacia la relaci\u00f3n entre Iglesia y mundo, entre Iglesia y condici\u00f3n obrera.<\/p>\n<p>En la teolog\u00ed\u00ada del laicado se busca nq s\u00f3lo aclarar el papel activo, maduro y responsable del laico en la Iglesia, sino tambi\u00e9n definir los rasgos de una moderna santidad del laico y los valores de una santificaci\u00f3n en el mundo. De la idea tomasiana de la magnanimidad (el alma tiene un radio de apertura coinci, dente con el mundo y quiere asimilarse a \u00e9l, transform\u00e1ndolo; la vida cristiana repite la actitud universalista del geste de Jes\u00fas) se pasa a una visi\u00f3n m\u00e1s org\u00e1nica, que valoriza la leg\u00ed\u00adtima autonom\u00ed\u00ada de las realidades terrenas, indicando los caminos de una santificaci\u00f3n en le profano. Entonces la adhesi\u00f3n a la voluntad de Dios, santa y santificadora, se expresa como vocaci\u00f3n, servicio, compromiso y responsabilidad. Se trata, en suma, de hacerse responsable del mundo ante Dios, viviendo aqu\u00ed\u00ad la experiencia de la cruz y recuperando las funciones prof\u00e9tica, sacerdotal y real de Cristo y de la Iglesia en el coraz\u00f3n mismo de la condici\u00f3n de laico, de hombre del pueblo inmerso en las realidades seculares.<\/p>\n<p>Semejante espiritualidad est\u00e1 orientada a llevar a la Iglesia, por encima del ordenamiento jer\u00e1rquico, al coraz\u00f3n del mundo, de las realidades profanas; pero tambi\u00e9n, viceversa, las cosas laicas, en su bondad natural y transformadas por la santidad, al interior de la Iglesia en cuanto prolongaci\u00f3n de la encarnaci\u00f3n de Cristo o anticipo del reino. Semejante espiritualidad, si bien corre el riesgo de ser entendida como la espiritualidad separada de un estado preciso de la Iglesia, el de los laicos, es consciente, sin embargo, de la totalidad de la Iglesia, al tiempo que mantiene la insustituible distinci\u00f3n entre pastores y fieles. derivada de la \u00ed\u00adndole apost\u00f3lica de la Iglesia no menos que de su articulaci\u00f3n constitutiva en sacramentos y ministerios. La orientaci\u00f3n actual hacia la ambigua teolog\u00ed\u00ada de la secularizaci\u00f3n puede considerarse como una radicalizaci\u00f3n de la espiritualidad laica, madurada en terreno protestante, no del todo adaptada a la espiritualidad cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>De mayor actualidad hist\u00f3rica es el estimulo a recuperar una espiritualidad eclesial bajo las incitaciones del movimiento obrero. Son famosas las palabras de P\u00ed\u00ado XI, seg\u00fan el cual el gran esc\u00e1ndalo del s. xix es el hecho de haber perdido la Iglesia a la clase obrera. A pesar de los grandes m\u00e9ritos del movimiento social cat\u00f3lico, el divorcio se ha consumado. La cuesti\u00f3n es de una importancia tan decisiva, que su soluci\u00f3n no puede menos de implicar una reformulaci\u00f3n de la \u00abmisi\u00f3n\u00bb y del \u00abser\u00bb Iglesia en la historia.<\/p>\n<p>La experiencia de los sacerdotes obreros puso al desnudo, con su fracaso, la profundidad de la separaci\u00f3n y la amplitud de las tareas que conlleva una reconciliaci\u00f3n. Desde una profunda espiritualidad misionera y con el prop\u00f3sito de ganar de nuevo al mundo obrero para la Iglesia, la experiencia demostr\u00f3, por un lado, la necesidad de una reconversi\u00f3n radical de la Iglesia en su cultura teol\u00f3gica, en su estructuraci\u00f3n hist\u00f3rica, en sus m\u00e9todos pastorales, y, por otro, la necesidad de afrontar el mido hist\u00f3rico del movimiento obrero organizado. Este no ha de entenderse s\u00f3lo como un movimiento emancipador de las clases proletarias en el plano puramente econ\u00f3mico, social y pol\u00ed\u00adtico, sino como poderoso reformador moral e intelectual, y en cuanto tal capaz de suscitar la cuesti\u00f3n de la verdad humana, filos\u00f3fica y moral; m\u00e1s a\u00fan, de cuestionar la concepci\u00f3n de la religi\u00f3n y la cualidad misma del mensaje cristiano como mensaje de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La dificultad pastoral, que de momento parece insuperable, consiste en la incapacidad de mostrar con los hechos, por encima de las palabras, que la Iglesia no est\u00e1 ligada, en su raz\u00f3n de ser, a los intereses de los ricos y de las clases dominantes. En otras palabras, la Iglesia aparece de hecho muy poco religiosa y espiritual all\u00ed\u00ad donde se cree que la religi\u00f3n no debe alienar de las tareas encaminadas a transformar la tierra y de las luchas en pro de la justicia, y s\u00ed\u00ad expresando su rebeld\u00ed\u00ada frente a una condici\u00f3n (la de la sociedad burguesa) \u00abprivada de espiritualidad\u00bb (Marx), favorecer los rectos esfuerzos de emancipaci\u00f3n humana, a la vez que mostrar y hacer vivir las cosas divinas (Maritain).<\/p>\n<p>II. Los caminos de la espiritualidad eclesial<br \/>\n abiertos por el Vat. II<br \/>\nNo se trata aqu\u00ed\u00ad de exponer la eclesiolog\u00ed\u00ada del Vat. II, sino de destacar la toma de conciencia del misterio de la Iglesia y de identificar los caminos para vivir una espiritualidad eclesial concreta seg\u00fan las indicaciones que pueden deducirse del concilio.<\/p>\n<p>Vivir el misterio de la Iglesia significa: 1) experimentar en ella el acontecimiento de la salvaci\u00f3n, o sea la comuni\u00f3n con Dios; 2) experimentar en ella la comuni\u00f3n fraterna; 3) hacerse, con ella, sacramento de salvaci\u00f3n para toda la humanidad.<\/p>\n<p>1. LA IGLESIA, LUGAR DE EXPERIENCIA DE LA COMUNI\u00ed\u201cN CON Dios &#8211; Seg\u00fan el Vat. II, misterio no significa s\u00f3lo una verdad inaccesible a la raz\u00f3n humana, sino m\u00e1s bien el plan de salvaci\u00f3n del Padre revelado en Cristo y ofrecido en signos sensibles a todos los hombres. Por tanto, vivir en la Iglesia, comunidad concreta, significa encontrarse con la persona concreta de Jesucristo y, por lo mismo, a trav\u00e9s de \u00e9l, tener la experiencia del Padre, conocer y amar su voluntad salv\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>Por eso, vivir la Iglesia como misterio significa tener la experiencia de la comuni\u00f3n con Dios (cf LG 1). La Iglesia, en efecto, es \u00abun pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (LG 4). Es la circulaci\u00f3n de amor entre el Padre. Cristo crucificado y resucitado, y el Esp\u00ed\u00adritu de pentecost\u00e9s, el cual hace vivir a la Iglesia como realidad divina y comunica a cada uno la vida teologal.<\/p>\n<p>a) La Iglesia y el Padre. La Iglesia debe sentirse como una asamblea convocada por el Padre, que camina para volver a \u00e9l (cf LG 2). Tal vocaci\u00f3n invisible y eficaz comprende a todos los justos o a los elegidos, aunque no los veamos pertenecer de hecho a la comunidad visible. El Hijo, en efecto, ha sido enviado para reunir a todos los justos; pero esto s\u00f3lo se manifestar\u00e1 a su vuelta.<\/p>\n<p>Quiere esto decir que la vocaci\u00f3n del Padre es universal (cf LG 13) y que se consumar\u00e1 en los \u00faltimos tiempos. Vivir como Iglesia en relaci\u00f3n con el Padre significa entonces tener el ansia de universalidad pastoral y misionera, tener el ansia de consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica a trav\u00e9s de la paciencia de la historia y del impulso a congregar a los hombres en unidad. El que gusta la comuni\u00f3n con Dios, revelado como Padre, no puede consumar esta comuni\u00f3n para s\u00ed\u00ad solo.<\/p>\n<p>b) La Iglesia y Cristo. El Padre realiza a trav\u00e9s de Jesucristo, palabra de Dios hecha carne, su voluntad salv\u00ed\u00adfica (cf LG 3). Por eso la Iglesia, comunidad visible que sigue las huellas de Cristo, vive y se nutre de \u00e9l, cumpliendo su mandato de transmitir la salvaci\u00f3n a todos los hombres y en todo tiempo hasta su vuelta. Vivir la Iglesia como comunidad hist\u00f3ricamente determinada supone superar el esc\u00e1ndalo de la encarnaci\u00f3n. Dios quiere salvar a trav\u00e9s de pocos a muchos; a todos los hombres a trav\u00e9s de un hombre y a trav\u00e9s de algunos a quienes ha llamado a seguirle. La dificultad radical de la aceptaci\u00f3n de la Iglesia estriba en este esc\u00e1ndalo. Elegir la Iglesia significa superarlo, encontr\u00e1ndose con Cristo, palabra de Dios hecha carne, y no con un simple hombre, por m\u00e1s capaz que sea de suscitar admiraci\u00f3n. Elegir la Iglesia, peque\u00f1o reba\u00f1o, hist\u00f3rica y socialmente \u00abextra\u00f1o\u00bb, significa haber captado la realidad invisible (la comunidad llamada y elegida por el Padre) en la realidad visible (la comunidad hist\u00f3rica que contin\u00faa la misi\u00f3n de Cristo, no sin defectos y errores).<\/p>\n<p>La separaci\u00f3n (querida por la econom\u00ed\u00ada divina) entre la asamblea visible de los justos y la comunidad hist\u00f3ricamente individuada provoca ya de por s\u00ed\u00ad sufrimiento y cruz, pero tambi\u00e9n anhelo de reforma, deseo misionero y santificaci\u00f3n. Hoy cuando, m\u00e1s que nunca, el peque\u00f1o reba\u00f1o hist\u00f3rico se encuentra en un mundo contradictorio, aunque no falto de aspiraciones y obras de justicia, las fricciones entre la Iglesia y la comunidad humana, m\u00e1s amplia, provocan en quien escoge responsablemente la Iglesia, ya en esta elecci\u00f3n, la experiencia de la cruz y del consuelo del resucitado. No es posible ser santos sin sufrir por la Iglesia, en la Iglesia y por parte de la Iglesia. Al que acepta la cruz inherente al ser consciente y responsablemente Iglesia se le abre el consuelo de experimentar en la propia carne el car\u00e1cter concreto del amor del Padre, el cual se complace en su Hijo obediente en su condici\u00f3n humana y lo resucita.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, vivir lo concreto de la comunidad hist\u00f3rica significa conformarse a la \u00abk\u00e9nosis\u00bb, a la humillaci\u00f3n de Cristo, el cual para servir se despoj\u00f3 de la forma divina y para enriquecer a muchos se hizo pobre. Ser Iglesia es un servicio a la humanidad. Entonces la comunidad puede experimentar en el acontecimiento de la eucarist\u00ed\u00ada la pascua del Se\u00f1or, el cual est\u00e1 presente, glorioso, en medio de ella. Entonces la Iglesia escoger\u00e1 como estilo suyo de ser y de realizar su misi\u00f3n los medios pobres (cf LG 8), o sea, la pobreza desarmada de la predicaci\u00f3n, la fuerza discreta del testimonio, y no permitir\u00e1 que el uso de los bienes externos, si bien necesario, impida la transparencia de Cristo crucificado.<\/p>\n<p>e) La Iglesia y el Esp\u00ed\u00adritu. La peque\u00f1a comunidad hist\u00f3rica, en efecto, recibe constantemente el Esp\u00ed\u00adritu de complacencia del Padre, que es el mismo Esp\u00ed\u00adritu de Cristo resucitado y vivo, enviado de una vez por todas a la Iglesia el d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s. Vivir la Iglesia significa realizar la experiencia del Esp\u00ed\u00adritu; no solos, sino juntos, porque todos comulgamos en el mismo Esp\u00ed\u00adritu, en el mismo cuerpo de Cristo resucitado (cf LG 4). No para nosotros solos, sino para toda la humanidad y para la renovaci\u00f3n del mundo, en el cual el Esp\u00ed\u00adritu obra misteriosamente.<\/p>\n<p>Vivir el Esp\u00ed\u00adritu de la Iglesia y en la Iglesia significa experimentar la filiaci\u00f3n de Dios y la libertad a la que hemos sido llamados. Significa pasar del temor servil del Dios de la religi\u00f3n opresiva y de la ley inexorable a la alegr\u00ed\u00ada de la confianza y el perd\u00f3n recibido. Significa tambi\u00e9n obrar para ampliar los espacios de la libertad y de la dignidad de los hijos de Dios en la Iglesia, tentada siempre de convertirse en \u00abreligi\u00f3n\u00bb y \u00abley\u00bb.<\/p>\n<p>Vivir la libertad del Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia no significa oponer el entusiasmo carism\u00e1tico a la opacidad de la instituci\u00f3n y a la inercia del pueblo. El mismo Esp\u00ed\u00adritu, que se ha dado a toda la comunidad y otorga carismas a los particulares para la edificaci\u00f3n de todo. es tambi\u00e9n el que se ha autovinculado soberanamente a los sacramentos y a los ministerios, garantizando que no faltar\u00e1. Vivir el Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia significa entonces intentar comprender el Esp\u00ed\u00adritu de la Iglesia (de la totalidad de los fieles unidos a sus pastores) sin impaciencias ni perezas. Si luego el Esp\u00ed\u00adritu conduce a la verdad toda entera, entonces nos da el sentido interior de la fe verdadera e \u00ed\u00adntegra. Pero el sentido de la verdad no es una posesi\u00f3n individual. Es infalible en la medida en que se comunica con la universalidad de los fieles unidos a sus pastores (cf LG 12; 25). Si, finalmente, el Esp\u00ed\u00adritu santifica a la Iglesia y la enriquece con los dones del Esposo, impuls\u00e1ndola constantemente a convertirse, entonces vivir el Esp\u00ed\u00adritu de la Iglesia no significa s\u00f3lo creer en la santidad originaria e indestructible de la Iglesia, a pesar de los pecados, sino tambi\u00e9n recibir de ellanuestra santidad y no negar a ninguno en la Iglesia los instrumentos para su santificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. I.A IGLESIA, LUGAR DE EXPERIENCIA DE LA COMUNI\u00ed\u201cN FRATERNA &#8211; \u00abFue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente sin conexi\u00f3n alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente\u00bb (LG 9). A la Iglesia la define el Vat. II como un pueblo inserto en la sociedad, en camino por la historia, el cual experimenta la salvaci\u00f3n como comuni\u00f3n fraterna y hace experimentar en toda comuni\u00f3n fraterna un momento de salvaci\u00f3n. Comuni\u00f3n con Dios y comuni\u00f3n entre los hombres son, en efecto, aspectos \u00ed\u00adntimamente correlacionados y necesarios del acontecimiento de salvaci\u00f3n \u00fanico.<\/p>\n<p>a) El nuevo pueblo de Dios. Sin embargo, el pueblo de Dios no se identifica. como el antiguo Israel, por un lazo \u00e9tnico, ni por una alianza con Dios testimoniada por un signo en la carne, sino que \u00abtiene por cabeza a Cristo&#8230; por condici\u00f3n la dignidad y la libertad de los hijos de Dios&#8230; por la ley el nuevo mandato de amar como el mismo Cristo nos am\u00f3&#8230; como fin la dilataci\u00f3n del reino de Dios\u00bb (LG 9). El germen de unidad, de comuni\u00f3n y de salvaci\u00f3n que en \u00e9l se puede experimentar es un signo eficaz, un fermento para todo el g\u00e9nero humano hasta la unidad final, cuando no habr\u00e1 ya Iglesia en la humanidad, sino la humanidad entera salvada en torno a Cristo y la pecadora rechazada.<\/p>\n<p>b) Por ministerios y sacramentos. La carta de identidad del pueblo de Dios no puede ser, pues. sociol\u00f3gica, cultural o pol\u00ed\u00adtica, sino que su estatuto, arriba definido, hace de \u00e9l un pueblo que no se distingue de la sociedad en que est\u00e1 inmerso m\u00e1s que por el hecho de ser pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, que crece y se articula mediante los ministerios y sacramentos. No se ha destacado bastante el hecho de que la noci\u00f3n de pueblo de Dios, m\u00e1s hist\u00f3rica o social respecto a la noci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de sociedad perfecta, o a la espiritual de cuerpo m\u00ed\u00adstico, no justifica algunas interpretaciones sociol\u00f3gicas que se han dado de \u00e9l. Mediante los sacramentos y los ministerios es como una porci\u00f3n del pueblo se convierte de conjunto sociol\u00f3gico en pueblo de Dios. El organismo sacramental entero, a trav\u00e9s de los diversos ministerios, articula y hace crecer a un pueblo amorfo, d\u00e1ndole unidad org\u00e1nica y haci\u00e9ndolo cuerpo de Cristo. Pues bien, todos los sacramentos culminan y est\u00e1n compendiados en la eucarist\u00ed\u00ada. Por eso es la eucarist\u00ed\u00ada la que hace a la Iglesia. La experiencia lit\u00fargica no puede entenderse, pues, como simple momento de culto que realiza en cada participante la virtud de la religi\u00f3n. Es no s\u00f3lo lugar privilegiado de la experiencia de la Iglesia, sino v\u00e9rtice al que tiende y fuente de la que mana toda la vida cristiana de la comunidad y de los individuos (cf SC 10).<\/p>\n<p>c) Elite, masa o pueblo. Hay que superar una peligrosa escisi\u00f3n que se est\u00e1 produciendo. Por una parte, peque\u00f1os grupos experimentan casi en laboratorio la novedad conciliar de la Iglesia como comunidad, como comuni\u00f3n intensa, pero corriendo el riesgo de olvidar o de eliminar a la gran masa del pueblo cristiano. Por otra, \u00e9sta aspira a vivir la espiritualidad eclesial promovida por el Vat. II y tiende a proponer de nuevo a la Iglesia como cristiandad sociol\u00f3gica o bien como sociedad jur\u00ed\u00addica que no se deja reformar por la realidad del misterio. Habr\u00e1 que superar semejante escisi\u00f3n. Ello supone claridad doctrinal y sensibilidad pastoral. La Iglesia no es una \u00e9lite de reformadores iluminados, ni una cristiandad, o sea, una masa cultural, social y pol\u00ed\u00adticamente identificada. Es un pueblo que del bautismo a la eucarist\u00ed\u00ada, en torno a los ministros salidos de su seno y capacitados por el sacramento del orden, sigue un camino org\u00e1nico, por lento que pueda parecer, de conformaci\u00f3n y de asimilaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu santificador, de vuelta al Padre. Hacer la experiencia de esta comunidad fraterna significa ser sol\u00ed\u00adcitos con toda la Iglesia, atendiendo a los modos espec\u00ed\u00adficos de su crecimiento. Esto supone en todos un vivo sentido de la pastoral. o sea, de la obra de auto-construcci\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>d) Di\u00e1spora, unidad y pluralismo. Es preciso que todos los bautizados que buscan el reino de Dios sepan buscar el rostro del hermano, sepan gustar la alegr\u00ed\u00ada de encontrarse juntos en nombre de Cristo, incluso fuera de la asamblea lit\u00fargica. Aun viviendo como en di\u00e1spora en medio del mundo, hecho providencial y querido por Dios, no pueden menos de recibir con gratitud, como don de Dios, la oportunidad de encontrarse juntos incluso con desconocidos, incluso entre concepciones, mentalidades, culturas diversas, y gustar la unidad reforzando la comuni\u00f3n. Unidad y pluralismo, en efecto, no son valores antit\u00e9ticos (cf LG 13). Precisamente la unidad de los cristianos, incluso en medio de tanta diversidad de pueblos, de clases sociales y de culturas, es un signo potente de credibilidad del acontecimiento cristiano y poderoso fermento de conciliaci\u00f3n, de paz y de unidad entre los hombres. Por eso amar a la Iglesia significa buscar siempre su unidad, trabajar por ella. El deseo de unidad no oculta los contrastes reales, ni sofoca en la uniformidad el pluralismo leg\u00ed\u00adtimo, sino que busca lo que une m\u00e1s bien que lo que divide. La unidad de la Iglesia, en efecto, es la unidad misma de Cristo, la unidad de los fines y la unidad misma del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>e) Iglesia de pueblo e Iglesia institucional. Otro equ\u00ed\u00advoco que puede surgir de la noci\u00f3n de pueblo de Dios es la contraposici\u00f3n de principio entre Iglesia de pueblo e Iglesia institucional, entre realidad de base y autoridad jer\u00e1rquica. El Vat. II no puede dar a entender esto. Por ser un pueblo org\u00e1nicamente unido y articulado en ministerios y sacramentos debe manifestar siempre la unidad org\u00e1nica entre pastores y fieles. Ni reforma, ni contrarreforma. No hay pueblo de Dios sin sucesi\u00f3n apost\u00f3lica (cf LG 20) y ministerios ordenados (cf LG 21: 28s), igual que no hay cabeza separada del cuerpo o autoridad eclesial que no se nutra de la fe de todo el pueblo y se ponga a su servicio. En esto la autoridad eclesial es a imagen de Cristo, que da la vida por los suyos y est\u00e1 entre nosotros como el que sirve; pero, a diferencia de Cristo, ella se sit\u00faa en religiosa escucha de la palabra de Dios y ense\u00f1a s\u00f3lo lo que ha recibido de toda la Iglesia desde siempre (cf DV 10).<\/p>\n<p>f) Colegialidad y comuni\u00f3n. Al definir la colegialidad episcopal y la sacramentalidad del episcopado, el Vat. II ha abierto nuevas y amplias v\u00ed\u00adas a la espiritualidad de la Iglesia, pueblo de Dios org\u00e1nicamente unido a sus pastores. Decir colegialidad episcopal significa, en efecto, dejar transparentar tambi\u00e9n a nivel de gobierno pastoral el misterio intimo de la Iglesia, que es misterio de comuni\u00f3n. Los esquemas secularistas de gobierno propios de la sociedad civil no son viables para la Iglesia; no son m\u00e1sque una analog\u00ed\u00ada muy extr\u00ed\u00adnseca y como tal deben verse. La Iglesia no es ni una monarqu\u00ed\u00ada absoluta, ni una democracia, ni alg\u00fan otro sistema mixto. Desde un punto de vista jur\u00ed\u00addico, el gobierno de la Iglesia (el colegio de los obispos con el Papa y bajo el Papa) es un monstruo. Desde un punto de vista teol\u00f3gico y espiritual, es un misterio de comuni\u00f3n y de caridad. Sin embargo, la colegialidad no es algo que se refiere s\u00f3lo a los obispos en sus relaciones entre s\u00ed\u00ad con el Papa. Por una cierta analog\u00ed\u00ada, a saber, en cuanto expresa a nivel de gobierno pastoral el misterio de comuni\u00f3n que es la Iglesia, puede extenderse a toda forma de gobierno pastoral, como, por ejemplo, entre fieles y p\u00e1rroco, entre presbiteros y obispo. Esto no ha de entenderse como una concesi\u00f3n al democratismo, sino como una expresi\u00f3n de la participaci\u00f3n de todos los fieles, en la medida de su orden y grado, en la resoluci\u00f3n de los problemas pastorales de toda la Iglesia. No es cuesti\u00f3n s\u00f3lo de eficiencia (lo que se decide con la responsabilidad de todos y, por tanto, con consenso, es seguido mejor por todos), sino de espiritualidad: participar en el sufrimiento del servicio de la autoridad estimula la caridad pastoral y el amor hacia la Iglesia.<\/p>\n<p>g) Orden y jurisdicci\u00f3n. Tambi\u00e9n la definici\u00f3n de la sacramentalidad del episcopado tiene gran importancia hist\u00f3rica y espiritual. Significa que el aspecto jur\u00ed\u00addico de la Iglesia, es decir, su articulaci\u00f3n jurisdiccional, sin perjuicio de la potestad inmediata y directa del Papa, debe plegarse, reformarse y conformarse a la sustancia teol\u00f3gica de la potestad episcopal, la cual est\u00e1 arraigada y tiene su fuente en el sacramento del orden. Esto quiere decir que el aspecto jur\u00ed\u00addico de la Iglesia, tan temido y tan poco amado, no debe concebirse como algo inmutable y extra\u00f1o, e incluso opuesto al esp\u00ed\u00adritu de la Iglesia o dejado de cualquier forma a una l\u00f3gica enteramente suya, dado que no se puede prescindir de \u00e9l. Por el contrario, encuentra en la sustancia teol\u00f3gica y, en definitiva, en el misterio de la caridad, el criterio al que ha de conformarse y servir.<\/p>\n<p>h) De la di\u00f3cesis a la iglesia local. De la sacramentalidad del episcopado deriva tambi\u00e9n la noci\u00f3n de iglesia local. Donde hay obispo hay iglesia local. Donde se celebra la eucarist\u00ed\u00ada en comuni\u00f3n con el obispo hay Iglesia. En efecto, all\u00ed\u00ad est\u00e1n representados todos los elementos que constituyen la esencia de la Iglesia. Un obispo, se entiende, que est\u00e9 en comuni\u00f3n con todos los obispos y con el Papa. Desde el punto de vista de la conciencia eclesial, hay que pasar de la di\u00f3cesis (entendida como realidad puramente administrativa) a la iglesia local (pero \u00c2\u00a1cuidado con caer en el localismo!). Esto supone no s\u00f3lo un amor no localista a la propia iglesia local, sino una solicitud y una \u00abkoinon\u00ed\u00ada\u00bb concreta hacia todas las iglesias (aspecto horizontal) y un sentido m\u00e1s vivo que nunca de la Iglesia universal y de su unidad garantizada por el Romano Pont\u00ed\u00adfice (aspecto vertical).<\/p>\n<p>i) Autoridad y libertad. La tensi\u00f3n normal entre autoridad y libertad en la Iglesia encuentra en las l\u00ed\u00adneas del Vat. II el camino para vivirla con una mayor riqueza espiritual. No hay duda, en efecto, de que \u00e9l exalta como nunca anteriormente la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, fundada no s\u00f3lo en el respeto absoluto debido a toda conciencia, incluso invenciblemente err\u00f3nea, y a la \u00ed\u00adndole radicalmente libre de la adhesi\u00f3n de fe (cf DH 2s; 10), sino tambi\u00e9n en el sacerdocio bautismal y en la confirmaci\u00f3n crismal, que confieren a todo fiel autonom\u00ed\u00ada de iniciativa y capacidad de participaci\u00f3n en lo que se refiere a toda la Iglesia (cf LG 30-38). Por otra parte, la autoridad eclesial es purificada de preocupaciones extra\u00f1as y enriquecida con motivaciones teol\u00f3gicas, y rigurosamente encaminada al servicio pastoral para el crecimiento del pueblo cristiano, a la obediencia exclusiva a Dios y a su palabra de conformidad con Cristo siervo obediente. Se ha puesto en marcha un estilo nuevo. Asumir la tensi\u00f3n entre autoridad y libertad teniendo en gran estima ya sea el valor de la obediencia, ya el respeto de la conciencia, es un medio poderoso de crecimiento espiritual de toda la Iglesia como reino de Dios (no siempre y necesariamente como inter\u00e9s visible). Lo que se sufre a este prop\u00f3sito no se pierde, sino que hace crecer a la totalidad en la verdad y la caridad. T\u00e9ngase presente que la verdad evang\u00e9lica, que la Iglesia posee tambi\u00e9n en plenitud, no se desarrolla en la historia sino progresivamente (cf DV 8), y por ello el tiempo requerido para el reconocimiento de una verdad puede ser largo; y, por otra parte, que un pueblo es tanto m\u00e1s fuerte cuanto m\u00e1s firmes est\u00e1n en el Se\u00f1or sus pastores; y, viceversa, que los obispos son tanto m\u00e1s libres en su autoridad cuanto m\u00e1s unidos est\u00e1n a ellos los sacerdotes y el pueblo por el consenso.<\/p>\n<p>3. LA IGLESIA, SACRAMENTO DE SALVACI\u00ed\u201cN PARA TODA I.A HUMANIDAD &#8211; La definici\u00f3n de la Iglesia como sacramento de salvaci\u00f3n para la humanidad (cf LG 1; 9) est\u00e1 en continuidad con la noci\u00f3n de econom\u00ed\u00ada o historia de la salvaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la revelaci\u00f3n divina (cf DV 2) y con la nueva comprensi\u00f3n de la misi\u00f3n del mundo en t\u00e9rminos de di\u00e1logo establecida en la Constituci\u00f3n pastoral (cf GS 40-45).<\/p>\n<p>a) La Iglesia, inserta en la historia de la salvaci\u00f3n. La Dei verbum define la revelaci\u00f3n como una econom\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n integrada por palabras y acontecimientos \u00ed\u00adntimamente conexos entre s\u00ed\u00ad y que culmina en el acontecimiento-palabra-persona, que es Jesucristo. \u00abEconom\u00ed\u00ada\u00bb significa que el plan divino de salvaci\u00f3n es realizado por Dios progresivamente en la historia, de modo que todos los pueblos se salven a trav\u00e9s de la elecci\u00f3n de un pueblo y que todos los hombres reciban la gracia a trav\u00e9s de un solo hombre.<\/p>\n<p>Ahora bien, esto quiere decir que la Iglesia, comunidad hist\u00f3rica que sigue a Cristo, realiza su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica en un tiempo peculiar de la historia de la salvaci\u00f3n que va de la resurrecci\u00f3n a la parus\u00ed\u00ada; mas con un estatuto especial para ello, que lejos de absorber o negar a la humanidad y al mundo, se sit\u00faa en medio de \u00e9l como mediaci\u00f3n saludable hasta la unidad final en el reino definitivamente manifestado en el retorno de Cristo. Anticipa, pues, para todos lo que seremos todos, mientras que ella misma va perfeccion\u00e1ndose y purific\u00e1ndose en la historia. Por tanto, es germen, fermento y signo eficaz o sacramento de todo el g\u00e9nero humano y de su vocaci\u00f3n en Cristo, como de su destino escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>b) La Iglesia, esencialmente en relaci\u00f3n al mundo. Se sigue de ah\u00ed\u00ad consecuentemente que el di\u00e1logo entre la Iglesia y el mundo contempor\u00e1neo no es una t\u00e1ctica pastoral supletoria y reversible, sino una definici\u00f3n m\u00e1s profunda de su aut\u00e9ntica misi\u00f3n pastoral, consiguiente a una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda, de naturaleza dogm\u00e1tica, del misterio de la Iglesia.<\/p>\n<p>La Gaudium et spes traza las l\u00ed\u00adneas de este cambio esencial e insustituible entre Iglesia y mundo, en el cual ocurre la salvaci\u00f3n, lo mismo que Cristo salva en cuanto, como Hijo de Dios, asume la carne humana en la historia. No hay sitio para el integralismo. La Iglesia no puede dejar de acoger cuanto de verdadero, de bueno y de bello viene realizando en la historia la actuaci\u00f3n aut\u00f3noma de los hombres, en los cuales la Iglesia reconoce la imagen de Dios creador, que no puede contradecir al Dios salvador. Adem\u00e1s de la acogida cr\u00ed\u00adtica de cuanto hay de bueno en el mundo moderno, la Iglesia anuncia y testimonia la vocaci\u00f3n m\u00e1s plena e integral en Cristo de toda la humanidad (cf GS 45) y llama a todos los hombres a entrar en la Iglesia, sin la cual no podemos salvarnos (cf LG 14).<\/p>\n<p>Sin embargo, la necesidad de la Iglesia para la salvaci\u00f3n no se entiende en sentido exclusivo, excepto cuando existe un rechazo culpable, sino que indica positivamente la naturaleza \u00ed\u00adntimamente eclesial de toda salvaci\u00f3n. El que se salva se salva siempre y s\u00f3lo a causa de la Iglesia. Su gracia, aunque no se perciba, es no s\u00f3lo cristiforme, sino tambi\u00e9n eclesioforme; y por ello dice relaci\u00f3n en grado diverso a la \u00fanica Iglesia visible e invisible y aspira a ella \u00ed\u00adntimamente. Por tanto, los que tienen el don y la responsabilidad de vivir en la plena pertenencia a la Iglesia han de saber que su \u00abser Iglesia\u00bb es un servicio misteriosamente eficaz para todos los que se salvan sin conocer a la Iglesia (o acaso, sin culpa, rechaz\u00e1ndola). Se es Iglesia para la humanidad.<\/p>\n<p>b) La Iglesia, esencialmente misionera. La Iglesia, pueblo prof\u00e9tico, sacerdotal y real, tiene prefigurada en s\u00ed\u00ad, como en un sacramento, la plenitud, o sea, el se\u00f1or\u00ed\u00ado escatol\u00f3gico de Cristo (cf LG 17), que es reconciliaci\u00f3n de todas las cosas, naturaleza e historia, carne y esp\u00ed\u00adritu, ahora y por siempre. Su misi\u00f3n a todos los pueblos hasta el fin de los siglos, al mismo tiempo que se contin\u00faa incesantemente para implantar la Iglesia donde no existe y conducir a todo hombre a su seno, ha de reconsiderarse de manera adecuada a la totalidad de las l\u00ed\u00adneas vectoriales que conducen en la historia al se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo, superando el esc\u00e1ndalo de lo sectorial o bien del peque\u00f1o reba\u00f1o que se repliega tras sus propios intereses o en el reducido proselitismo olvidando la totalidad final. El alma misionera tradicional de los pastores, de los \u00abmisioneros\u00bb y de los contemplativos debe adue\u00f1arse de toda la Iglesia, que es esencialmente misionera (cf AG 2), y, por tanto, tambi\u00e9n de los obreros y de los hombres cul, tos. No s\u00f3lo en sentido espacial y horizontal (ganar a todos y a cada uno de los hombres), sino tambi\u00e9n en sentido cualitativo y org\u00e1nico (orientar a todos los fieles y todo el trabajo de la historia al se\u00f1or\u00ed\u00ado escatol\u00f3gico de Cristo).<\/p>\n<p>c) Catolicidad y universalidad pastoral. Tener el sentido de la catolicidad no significa tanto vanagloriarse de la representaci\u00f3n de todos los pueblos quo la Iglesia contiene en su seno, ni s\u00f3lo profesar devoci\u00f3n al Romano Pont\u00ed\u00adfice, que es jefe y garante visible de la catolicidad y la unidad. El reino de Cristo no es de este mundo, sino del futuro, y por eso \u00abno disminuye el bien temporal de ning\u00fan pueblo\u00bb (LG 13); al contrario, la Iglesia estimula la necesidad y la ten, dencia a la unidad de esfuerzos, in, cluso temporales, situ\u00e1ndose en las naciones como signo de paz y de un orden m\u00e1s avanzado en la justicia. Mas esta funci\u00f3n de reconciliaci\u00f3n cat\u00f3lica en medio de los pueblos no ser\u00ed\u00ada posible si no se desarrollara dentro de la Iglesia el sentido de la universalidad pastoral, que no se deja limitar por la diversidad de las clases sociales, por orientaciones culturales y pol\u00ed\u00adticas, confiando en que es siempre posible una comunicaci\u00f3n material y espiritual entre todos los hombres. Somos deudores del evangelio a todos los hombres. Somos deudores de los medios de santificaci\u00f3n a todos los bautizados.<\/p>\n<p>e) Ecumenismo y sentido de la verdad. Tener sentido ecum\u00e9nico no significa s\u00f3lo tener celo por la unidad del cuerpo de Cristo y trabajar para superar el esc\u00e1ndalo de la divisi\u00f3n de las iglesias, sino que ante todo significa reconocer los elementos de la verdad cat\u00f3lica presentes en las iglesias separadas (cf UR 3; LG 15). La catolicidad, en efecto, no se identifica nunca \u00abtotalmente\u00bb en una sola iglesia visible, si bien la fe atestigua sin sombra de duda que la Iglesia establecida por Jesucristo \u00absubsiste\u00bb en la Iglesia cat\u00f3lica gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comuni\u00f3n con \u00e9l (cf LG 8). Adem\u00e1s, la integridad y catolicidad de la doctrina no reposa en una adhesi\u00f3n formal y positivista, sino que reconoceuno jerarqu\u00ed\u00ada de la verdad por su nexo con el fundamento de la fe cristiana (cf UR 11). Sin caer en una fe vaga no formada eclesial y competentemente, el movimiento ecum\u00e9nico estimula a tener un sentido m\u00e1s vivo y calibrado de las verdades cristianas en la diversidad l\u00ed\u00adcita e incluso enriquecedora de las tradicione<br \/>\nf) Libertad de la Iglesia y libertad de conciencia. La Iglesia no debe exhibir los derechos de la verdad cuando la sociedad civil se encuentra en condiciones de fuerza y los derechos de la libertad cuando se encuentra en condiciones de debilidad. Semejante escisi\u00f3n es inadmisible en virtud del principio de que \u00abla verdad no se impone de otra manera que por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y a la vez fuertemente en las almas\u00bb (DH 1), o en virtud del principio de que la b\u00fasqueda de la verdad y la obediencia a la misma tiene su ra\u00ed\u00adz en la naturaleza inteligente y libre de la persona humana (DH 2ss), o tambi\u00e9n en virtud del car\u00e1cter esencialmente libre del acto de fe (cf DH 10ss). As\u00ed\u00ad pues, la Iglesia reivindica para s\u00ed\u00ad la libertad religiosa como parte indivisible de la libertad para todos en la sociedad civil (cf DH 13), libertad que es condici\u00f3n externa y pol\u00ed\u00adtica para la maduraci\u00f3n total de toda verdad humana o religiosa, racional o revelada. Esto no debe significar en modo alguno indiferentismo religioso o descuido en el celo por la libertad de la Iglesia, sino reconocimiento de la soberan\u00ed\u00ada absoluta de Dios sobre las conciencias y, por lo mismo, de las conciencias, tanto respecto a la sociedad civil como respecto a la Iglesia, y siempre tambi\u00e9n exigencia de autonom\u00ed\u00ada rec\u00ed\u00adproca entre Iglesia y sociedad civil.<\/p>\n<p>g) Iglesia, reino y comuni\u00f3n de los santos. Si la Iglesia es un pueblo de Dios que, inserto en la familia humana m\u00e1s amplia como signo de salvaci\u00f3n, camina en la historia hacia el cumplimiento del reino final, entonces quiere decir que la tendencia escatol\u00f3gica del cristiano no puede entenderse ya s\u00f3lo en sentido individualista como uni\u00f3n del alma particular con Dios en la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica, sino que debe contener un elemento eclesial e hist\u00f3rico. Esperar en Dios significa desear unirse a los santos en el reino final de Cristo, pero significa tambi\u00e9n desear que se realice en la historia para que el mundo sea transformado y recapitulado en Cristo. Por tanto, la esperanza se hace ya aqu\u00ed\u00ad activa no s\u00f3lo para merecer para s\u00ed\u00ad el para\u00ed\u00adso con las buenas obras, sino m\u00e1s bien para acelerar el reino final con la lucha por un mundo humanamente m\u00e1s justo (cf GS 45) y, a la vez, para convertir y santificar a la Iglesia, a fin de que venga el Esposo (cf LG 48). Entre tanto, la piedad de la Iglesia peregrina no puede prescindir de alimentar la comuni\u00f3n con la Iglesia celeste, la de los santos. que esperan impacientes la resurrecci\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n final y por esc interceden por nosotros para que la historia se cumpla pronto (cf LG 49s).<\/p>\n<p>4. MAR\u00ed\u008dA Y LA ESPIRITUALIDAD ECLESIAL &#8211; El nexo entre Mar\u00ed\u00ada y la espiritualidad eclesial debe tratarse aparte y de modo privilegiado. La experiencia espiritual ense\u00f1a que la comprensi\u00f3n vital de Mar\u00ed\u00ada y la devoci\u00f3n a ella facilitan el acceso a la verdades cat\u00f3licas y a la espiritualidad eclesial concreta. Pero tambi\u00e9n, rec\u00ed\u00adprocamente, el que vive en la Iglesia el sentido genuino de la fe, antes o despu\u00e9s llegar\u00e1 a la comprensi\u00f3n del misterio de Mar\u00ed\u00ada y no encontrar\u00e1 dificultad en profesarle devoci\u00f3n. Este nexo entre Mar\u00ed\u00ada y el sentido de la Iglesia se funda en la maternidad espiritual respecto a la Iglesia, lo mismo que respecto a cada uno de los cristianos y a la humanidad entera, que Mar\u00ed\u00ada mereci\u00f3 bajo la cruz cuando Jes\u00fas la confi\u00f3 a la Iglesia naciente y la Iglesia naciente a ella (cf LG 60-65). Mar\u00ed\u00ada es ciertamente modelo de fe y figura de la Iglesia, y, por tanto, la primera criatura de la obra salv\u00ed\u00adfica del Padre y de Cristo. Mas por su estrecha participaci\u00f3n y colaboraci\u00f3n, totalmente singular, en el plan de salvaci\u00f3n del Padre y en los misterios de la vida de Jes\u00fas (cf LG 55-59), es tambi\u00e9n objeto de la devoci\u00f3n de los cristianos debido a la capacidad mediadora que con esto se conquist\u00f3 (cf LG 66ss).<\/p>\n<p>P. Mariotti<br \/>\nBIBL.-AA. VV., El misterio de la Iglesia, 2 vols., Herder. Barcelona 1965.-Balthasar, H. U. von Sponsa Verbi, Cristiandad. Madrid 1965.-Boff, L, Eclesiog\u00e9nesis. Las comunidades de base reinveman la Iglesia, Sal Terrae, Santander 1980.-Bouyer, L. La Iglesia de Dios, Studium, Madrid 1973.-Congar, Y. M.-J, Santa Iglesia, Estela, Barcelona 1965.-Congar, Y. M.-J, Verdaderas y falsas reformas en la Iglesia, Inst. de Estudios Pol\u00ed\u00adticos, Madrid 1973.-Dulles, A, Modelos de la Iglesia, Sal Terrae, Santander 1975.-Hamer, J, La Iglesia es una comuni\u00f3n, Estela, Barcelona 1965.-K\u00fcng, H. La Iglesia, Herder, Barcelona 1968.-Lubac. H, Meditaciones sobre la Iglesia, Encuentro. Madrid 1980.-Matagrin, G, Pol\u00ed\u00adtica, Iglesia y fe, Marova, Madrid 1974.-Mersch, E. Cuerpo m\u00ed\u00adstico y moral, Descl\u00e9e, Bilbao 1963.-Moltmann, J, La Iglesia, fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1978.-Navarro, A, La Iglesia, sacramento de Cristo sacerdote, Sigueme. Salamanca 1965.-Philips. G, La Iglesia y su misterio, 2 vols., Herder, Barcelona 1968.-Ratzinger, J, El nuevo pueblo de Dios, Herder, Barcelona 1972.-Schillebeeckx, E, El mundo y la Iglesia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1969.-Schillebeeckx, E, Misi\u00f3n de la Iglesia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1971.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. AT: la preparaci\u00f3n de la Iglesia fundada por Cristo: 1. Las formas veterotestamentarias de la Iglesia: a) Pueblo de Dios, b) Reino: de Dios, de David, de Jud\u00e1 y de Israel, c) Comunidad cultual y santa; 2. Relaciones de la Iglesia del AT con Dios: a) Israel, propiedad de Dios, b) El contrayente de la alianza, c) Israel, morada de Dios; 3. La funci\u00f3n de Israel-Iglesia en el mundo: a) Separado de los dem\u00e1s pueblos; b) Israel, al servicio de los pueblos. II. La Iglesia de Cristo en el NT: 1. Los t\u00e9rminos expresivos de la Iglesia; 2. Las im\u00e1genes figurativas de la Iglesia: a) Presente en el mundo, b) En crecimiento, c) Los diversos llamados, d) En espera de la parus\u00ed\u00ada; 3. Las figuras que m\u00e1s directamente dependen del AT: a) La Jerusal\u00e9n celestial, b) La novia, esposa virgen, madre, c) El reba\u00f1o, d) La vida; 4. Las alegor\u00ed\u00adas cristian\u00e1s: a) Algunas indicaciones del Ap, b) Plantaci\u00f3n y campo de Dios, c) El edificio o construcci\u00f3n, d) Cuerpo de Cristo; 5. Algunas notas teol\u00f3gicas: a) Comunidad de salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica, b) Comunidad fundada por Jes\u00fas, c) En los escritos joaneos, d) En la teolog\u00ed\u00ada de Lc-He, e) En el misterio de la providencia divina (Pablo), I) El desarrollo de las pastorales: una Iglesia ministerial, g) Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. AT: LA PREPARACI\u00ed\u201cN DE LA IGLESIA FUNDADA POR CRISTO. 1. LAS FORMAS VETEROTESTAMENTARIAS DE LA IGLESIA.<\/p>\n<p>Son las realizaciones que en el AT preparaban la Iglesia del Nuevo y que en cierto modo la prefiguraban.<\/p>\n<p>a) Pueblo de Dios. Aunque sea la indicaci\u00f3n m\u00e1s gen\u00e9rica, sin embargo, no est\u00e1 privada de especificidad y es la preferida por la LG para indicar la Iglesia tanto del AT como del NT. El hebreo `am, \u00abpueblo\u00bb, a diferencia del griego la\u00f3s, designa un \u00abconjunto\u00bb, una \u00abcomuni\u00f3n\u00bb. De aqu\u00ed\u00ad se pasa f\u00e1cilmente a la idea de parentesco, de hermandad tribal o familiar. \u00abPueblo de Dios\u00bb se\u00f1ala que todos, como hermanos, reconocen al \u00fanico Dios, el cual a su vez, honrado como padre, establece un mismo grado de parentesco con sus adoradores. \/ \u00abPueblo de Dios\u00bb supone como una gran familia, de la que Dios es el g\u00f3&#8217;el, el \u00abredentor\u00bb (especialmente en P y en D\u00e9utero-Isa\u00ed\u00adas). Esta concepci\u00f3n se remonta a los or\u00ed\u00adgenes: cf, por ejemplo, Exo 3:7.10; Exo 8:16-19; Exo 9:1.13; Exo 10:3; etc.<\/p>\n<p>La naturaleza marcadamente teol\u00f3gica de la denominaci\u00f3n \u00abpueblo de Dios\u00bb nos hace estar especialmente atentos a dos datos que se\u00f1alan todo su camino: la di\u00e1spora y el \u00abresto\u00bb. De estas dos realidades, cada una acent\u00faa prevalentemente un elemento (f\u00ed\u00adsico o espiritual), que completa con el otro la fisonom\u00ed\u00ada esencial de pueblo.<\/p>\n<p>Bajo el aspecto f\u00ed\u00adsico, este pueblo se encuentra en di\u00e1spora desde siempre, \u00abdisperso\u00bb como est\u00e1 entre las naciones y mezclado con ellas, pero especialmente en las sucesivas deportaciones de su historia multisecular. Mediante la di\u00e1spora el pueblo vive su realidad como una continuaci\u00f3n de su per\u00ed\u00adodo n\u00f3mada, \u00abperegrino\u00bb y \u00abextranjero\u00bb; lo mismo que sus padres (cf G\u00e9n 17:8; G\u00e9n 28:4; G\u00e9n 47:9), ser\u00e1 siempre extranjero en la tierra, incluso en su propia tierra, puesto que \u00e9sta es \u00abde Dios\u00bb (cf Lev 25:23). De este modo la di\u00e1spora es ocasi\u00f3n de anuncio (Tob 13:3-6) y de proselitismo (Isa 56:3), as\u00ed\u00ad como de respuesta de la vocaci\u00f3n de Israel entre los paganos (Sab 18:4). Y en la oraci\u00f3n del desterrado suena con frecuencia el anhelo por una reuni\u00f3n final, vista como cumplimiento de la salvaci\u00f3n (cf Sal 106:47).<\/p>\n<p>Esta reuni\u00f3n final se concibe como fruto de una nueva opci\u00f3n, de una elecci\u00f3n siempre nueva. Es \u00abel resto\u00bb. Su fisonom\u00ed\u00ada de escapados del peligro y de salvados pone de relieve, por una parte, el amor fiel de Dios y, por otra, la respuesta fiel del pueblo, de aquella parte del pueblo que crey\u00f3 en su Dios, que se puso en sus manos y se adhiri\u00f3 a \u00e9l (cf Isa 10:20s). Con \u00abel resto\u00bb, el juicio de elecci\u00f3n no se desarrolla ya solamente entre el pueblo y las naciones, sino dentro mismo de Israel. La misma calamidad se ha convertido entonces en ocasi\u00f3n\/medio de salvaci\u00f3n. Adem\u00e1s, seg\u00fan la teolog\u00ed\u00ada del \u00abresto\u00bb, para aquel momento hist\u00f3rico concreto es \u00e9l el pueblo de Dios, el que se ha salvado del juicio (y mediante el juicio mismo: cf Isa 10:20-23 = Rom 9:27s; Jer 31:2.7). La noci\u00f3n de \u00abresto\u00bb corresponde as\u00ed\u00ad a la de \u00abpueblo\u00bb; \u00e9ste queda ahora redimensionado en cuanto al n\u00famero y en cuanto al tiempo, pero se convierte tambi\u00e9n en una realidad de futuro (Isa 4:3s; Isa 28:5s; cf Dan 12:1). El \u00abresto\u00bb ser\u00e1 como una especie de \u00abtronco\u00bb, de \u00absemilla santa\u00bb (Isa 6:13), que \u00abse salvar\u00e1\u00bb de todas formas; una semilla que dar\u00e1 origen a todo el futuro pueblo de los salvados (cf Isa 65:8-12; Hab 17; J13,5) y comprender\u00e1 tambi\u00e9n a los paganos (Isa 66:19; Zac 9:7).<\/p>\n<p>b) Reino: de Dios, de David, de Jud\u00e1 y de Israel. La \u00e9poca de la realeza dav\u00ed\u00addica se convierte en prototipo de una futura existencia, rica en paz y en sabidur\u00ed\u00ada por medio de su rey, el futuro mes\u00ed\u00adas heredero del \u00abtrono de David, su padre\u00bb (Luc 1:32). En el tiempo, el per\u00ed\u00adodo dav\u00ed\u00addico y salom\u00f3nico se considerar\u00e1 como una \u00e9poca ideal para Israel, realizaci\u00f3n de las antiguas promesas de la posesi\u00f3n de una tierra y de un pueblo numeroso y pujante.<br \/>\nEl reino prefigura a la Iglesia tambi\u00e9n en cuanto a su divisi\u00f3n. El reino dav\u00ed\u00addico-salom\u00f3nico no fue m\u00e1s que un episodio; le sucedi\u00f3 el \u00abgran cisma\u00bb (930 a.C.), con el establecimiento de los dos reinos, \u00ablas dos casas\u00bb (cf Isa 8:14 con 8,17) de Israel y de Jud\u00e1. Desde entonces esta fecha marcar\u00e1 una \u00e9poca (cf Isa 7:17). La divisi\u00f3n en la Iglesia est\u00e1 ya presente en su figura (typos) y es efecto no s\u00f3lo de los hombres, sino de una voluntad concreta de Dios: \u00abEsto ha sucedido porque yo lo he querido\u00bb(1Re 12:24; cf 11,29-39; 12,15; 14,7s; 16,2s). Por su parte, los escritos prof\u00e9ticos pensaban en la reunificaci\u00f3n como en una promesa, una acci\u00f3n escatol\u00f3gica de Dios salvador, parecida a una nueva creaci\u00f3n (cf Isa 11:11-16 [,6]; Jer 3:18; Jer 23:5-8; 30-31; Exo 37:15-22; Ose 2:2; Miq 4:8; Zac 9:10).<\/p>\n<p>c) Comunidad cultual y santa. Comunidad religiosa y santa, la Iglesia del AT se define mediante dos t\u00e9rminos: qahal, deuteronomista (convocatoria, bando, de q\u00f3l, voz), y `edah, sacerdotal (comunidad convocada o reunida, de ya`ad, determinar). La qahal es el grupo convocado por Dios para el culto, obligado a ciertas leyes y normas seg\u00fan la alianza establecida, una asamblea que est\u00e1 interesada sobre todo por la alianza. En la gran extensi\u00f3n de significados de qahal (convocaci\u00f3n militar, pol\u00ed\u00adtica, judicial) destaca de forma especial la convocaci\u00f3n cultual. El t\u00e9rmino &#8216;edah (sobre todo en el Pentateuco: 147 veces) indica una decisi\u00f3n, un lugar, una situaci\u00f3n, una comunidad de personas. Muchas veces no tiene ninguna especificaci\u00f3n. La constituci\u00f3n de la comunidad como &#8216;edah parece estar ligada al \u00e9xodo, y m\u00e1s en concreto a la primera I pascua (Exo 12:3.6 con los dos t\u00e9rminos): aqu\u00ed\u00ad por primera vez se constituye en Israel una `edah (comunidad). Es la comunidad nacional, el pueblo en su unidad y su complejidad; comunidad en cuanto reunida, no vinculada a ning\u00fan lugar, sino \u00abdeterminada\u00bb simplemente por la funci\u00f3n para la que ha sido elegido el mismo pueblo, es decir, la custodia de la presencia y del honor de Dios mediante la instituci\u00f3n comunitaria. `Edah, por consiguiente, resume y define a Israel como pueblo en su conjunto y como un todo, sin cualificaci\u00f3n alguna (tan s\u00f3lo en cuatro pasajes se lee el especificativo \u00abde Dios\u00bb).<\/p>\n<p>Por tanto, es evidente la diferencia entre qahal y `edah: qahal es la \u00abconvocaci\u00f3n\u00bb de la comunidad, es la reuni\u00f3n solemne que constituye a la comunidad en cuanto tal, es la llamada de aquella comunidad para formar una asamblea ordenada (N\u00fam 10:7; 1Re 12:3), como la del Sina\u00ed\u00ad o su representaci\u00f3n actual, una asamblea que celebra una solemnidad (\u00abgran asamblea\u00bb: Sal 22:26). `Edah, por el contrario, circunscribe al pueblo en su totalidad: es el pueblo en cuanto comunidad de la alianza, en su conjunto y en cuanto unitario.<\/p>\n<p>En los LXX, debajo de ekkl\u00e9s\u00ed\u00ada (unas 100 veces) est\u00e1 siempre qahal (que, sin embargo, se traduce tambi\u00e9n 21 veces por synag\u00f3ghl). Synag\u00f3ghM (225 veces), con muy pocas excepciones, es, por el contrario, la \u00fanica voz para traducir `edah.<\/p>\n<p>Son cuatro los elementos que hacen de Israel una comunidad cultual: 1) La llamada por parte de Dios: de q\u00f3l, \u00abvoz\u00bb, a qahal, \u00abllamada, convocatoria\u00bb, de donde quiz\u00e1 tambi\u00e9n, por asonancia, ekkles\u00ed\u00ada, \u00abconvocaci\u00f3n\u00bb (de ek-kaleo). Israel ha sido convocado por Yhwh; es la comunidad de Dios, Iglesia del Se\u00f1or. 2) Esta comunidad se alinea por completo en torno a Dios, como en el desierto (seg\u00fan P), donde el centro del campamento estaba ocupado por la tienda de la reuni\u00f3n; de esta manera todo lo que afecta a la comunidad y todo lo que ella realiza guarda relaci\u00f3n con lo sagrado, es religioso. 3) La manifestaci\u00f3n de Dios y de su voluntad en medio de la comunidad y para ella; de este modo pasa a ser la comunidad que escucha, la de la palabra de Dios. 4) Las alabanzas del Se\u00f1or, que celebra la comunidad recogida y reunida precisamente para eso; es precisamente esta actividad de alabanza la que, en definitiva, cualifica a la comunidad en cuanto cultual, la renueva y la santifica.<\/p>\n<p>2. RELACIONES DE LA IGLESIA DEL AT CON Dios. a) Israel, propiedad de Dios. El pueblo es de Dios en una medida muy especial; simplemente, le pertenece. Las motivaciones son tantas como las variedades de expresi\u00f3n, veh\u00ed\u00adculo de enorme riqueza. En el \u00e1mbito de la creaci\u00f3n -toda ella propiedad de Dios, seg\u00fan el catecismo m\u00e1s elemental de la Biblia- a Israel se le aplican de manera especial los tres verbos caracter\u00ed\u00adsticos del crear: Dios lo ha \u00abcreado\u00bb (Isa 43:1.7), lo ha \u00abhecho\u00bb y \u00abformado\u00bb (Isa 43:1.7.21; Isa 44:2.21.24; Isa 45:11). Por consiguiente, Israel es una criatura peculiar, t\u00e9rmino especial de la intervenci\u00f3n divina en la historia. Al liberarlo de Egipto, Dios lo crea como pueblo y se hace fiador del mismo.<\/p>\n<p>Son diversas las im\u00e1genes para expresar esta misma pertenencia: Israel es la vida de su Dios (Sal 80:9-16; etc.; cf Jua 15:1-8), su vi\u00f1a (Isa 5:1-7; Jer 2:21; Jer 5:10), \u00ablas primicias de su cosecha\u00bb (Jer 2:3), su reba\u00f1o (Sal 25:7; etc.), su siervo (Lev 25:42.55; Isa 41:8; Isa 44:1.21), su hijo (Exo 4:22; Sab 18:13; Ose 11:1), su esposa (Isa 50:1; Isa 54:4-8; Isa 61:10; Jer 2:2; Ez 16; Os 1-3; \u00abDios celoso\u00bb en Exo 20:5).<\/p>\n<p>b) El contrayente de la alianza. Puesto que es de Dios y mantiene con \u00e9l tales relaciones que es exclusivamente suyo, Israel es el pueblo de la \/ alianza de Dios. Es muy frecuente en el AT el recuerdo de este \u00abcompromiso\u00bb o \u00abdisposici\u00f3n\u00bb: \u00abYo ser\u00e9 tu Dios, t\u00fa ser\u00e1s mi pueblo\u00bb. Estamos as\u00ed\u00ad en el coraz\u00f3n de todo el entramado entre Dios y el pueblo que forma el AT: Dios no s\u00f3lo est\u00e1 con el pueblo, sino que es su Dios exclusivo, y s\u00f3lo a \u00e9l le pertenece el pueblo. De aqu\u00ed\u00ad una constante y articulada reciprocidad, que se expresa globalmente en una comuni\u00f3n de vida y de destino entre los dos contrayentes.<br \/>\nc) Israel, morada de Dios. \u00abHabitar\u00e9 en medio de los israelitas y ser\u00e9 su Dios&#8230;; los saqu\u00e9 de Egipto para habitar en medio de ellos\u00bb(Exo 29:45s; cf Lev 26:11s). Israel es el lugar de la presencia de Dios en el mundo. Dios est\u00e1 en medio de su pueblo, con \u00e9l y \u00abpara\u00bb \u00e9l (Exo 33:16; Exo 34:9; N\u00fam 35:34; Deu 2:7; Deu 31:6). A ese pueblo se le ha confiado manifestar la acci\u00f3n de Dios, es decir, que Dios est\u00e1 presente y vela por los suyos, los guarda, los protege, los salva (cf Deu 32:6b-14). Por su parte, en cuanto contrayente de esa alianza y con ese pueblo, Dios se conf\u00ed\u00ada a la historia de aquel pueblo, y la historia de Israel se convierte as\u00ed\u00ad en la historia de Dios.<\/p>\n<p>3. LA FUNCI\u00ed\u201cN DE ISRAEL-IGLESIA EN EL MUNDO. a) Separado de los dem\u00e1s pueblos. En la pluralidad de expresiones del AT -unas veces un universalismo palpable, otras una cerraz\u00f3n extrema- destaca y permanece constante la separaci\u00f3n de Israel de los dem\u00e1s pueblos, juntamente con su santidad; por otra parte, \u00absantificar\u00bb es lo mismo que \u00abseparar\u00bb.<\/p>\n<p>b) Israel al servicio de los pueblos. Elegido (\u00abseparado\u00bb, \u00absantificado\u00bb), Israel tiene que manifestarse digno de la misi\u00f3n que Dios le ha confiado. Elecci\u00f3n que es tambi\u00e9n juicio permanente de responsabilidad: \u00abS\u00f3lo a vosotros escog\u00ed\u00ad entre todas las familias de la tierra; por eso os pedir\u00e9 cuentas de todas vuestras iniquidades\u00bb (Am\u00f3 3:2). La misi\u00f3n y la responsabilidad conducen a Israel a atestiguar y a propagar la salvaci\u00f3n. Es misionero por el mero hecho de habitar entre los pueblos, pero lo es m\u00e1s a\u00fan en cuanto constituido en fuente de bendici\u00f3n para todos ellos (cf G\u00e9n 12,Iss).<\/p>\n<p>Instrumento de servicio a Dios para la mediaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, Israel ha recibido las dotes t\u00ed\u00adpicas para ello: mediador real (Dan 7:13; Isa 55:3ss), sacerdotal (Exo 19:5s) y prof\u00e9tico (Sab 18:4; Isa 42:6.19; Isa 49:8). Esta mediaci\u00f3n, adem\u00e1s, se ejerce en provecho de todos los pueblos, y espec\u00ed\u00adficamente en la intercesi\u00f3n, como Abrah\u00e1n (G\u00e9n 20:7.17; cf 18,23-32), o Mois\u00e9s (Exo 8:4.8s.24-27), o el \u00absiervo de Dios\u00bb, que \u00abintercedi\u00f3 por los pecadores\u00bb (Isa 53:12). Del mismo modo, Israel \u00abreza\u00bb por el pa\u00ed\u00ads de su destierro (Jer 29:7; cf Bar 1:11) y alaba a Dios delante de todas las gentes (Isa 12:4s; cf Tob 13:3s; Sal 96:3; Sal 105:1; Isa 43:21; Isa 48:20). De este modo se convierte en evangelizador y todos los pueblos se ven implicados en la salvaci\u00f3n (Salmos; Jer 1:10; Jer 16:21; D\u00e9utero-Isa\u00ed\u00adas). Todas las naciones tendr\u00e1n as\u00ed\u00ad la experiencia del Dios de Israel y le honrar\u00e1n (1Re 8:43; Sal 87:4; etc.).<\/p>\n<p>II. LA IGLESIA DE CRISTO EN EL NT. La llegada del mes\u00ed\u00adas, Jes\u00fas de Nazaret, crucificado y resucitado, glorioso y sentado ahora a la derecha de Dios, determin\u00f3 el NT y la fundaci\u00f3n de su Iglesia.<\/p>\n<p>1. LOS TERMINOS EXPRESIVOS DE LA IGLESIA. Iglesia. Equivale a \u00abconvocaci\u00f3n\u00bb, \u00abcomunidad\u00bb (Del AT \/ supra I, lc). Excepto Heb 19:32.39s, en el NT tiene siempre un sentido cristiano; es decir, indica, bien la Iglesia universal, bien la Iglesia local (tambi\u00e9n en plural), bien las reuniones de los fieles. Frente a synag\u00f3gh\u00e9, que se defin\u00ed\u00ada siempre m\u00e1s bien como cuesti\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados y casi como s\u00ed\u00admbolo del juda\u00ed\u00adsmo, ekkl\u00e9s\u00ed\u00ada identificaba a la nueva comunidad como lugar de salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica, aunque manteni\u00e9ndola profundamente vinculada a los datos del AT. Ekkl\u00e9s\u00ed\u00ada actualiza as\u00ed\u00ad el valor de \u00abcomunidad convocada\u00bb por Dios (AT) mediante Cristo Jes\u00fas y su obra. \u00abIglesia de Dios\u00bb subraya la continuaci\u00f3n con la qahal de la antigua econom\u00ed\u00ada, sea cual fuere el origen de esos creyentes; \u00abIglesia de Cristo\u00bb o \u00abm\u00ed\u00ada\u00bb pone de relieve el dato escatol\u00f3gico que ha llegado con el mes\u00ed\u00adas y \u00absu\u00bb comunidad, incluida la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu ya prometido.<\/p>\n<p>Pueblo de Dios (o \u00abm\u00ed\u00ado\u00bb). M\u00e1s bien raro: gracias a la referencia constante a citas del AT, esta denominaci\u00f3n identifica a los creyentes en Jes\u00fas con los datos atribuidos al \u00abpueblo de Dios\u00bb del AT, haci\u00e9ndolos as\u00ed\u00ad herederos y continuadores suyos.<\/p>\n<p>Los creyentes, los fieles. Estos dos t\u00e9rminos son bastante frecuentes y equivalentes: son las diversas formas del verbo pist\u00e9uo, que se usa con diversos matices. Se pone de relieve la confianza que el hombre tiene en Jes\u00fas o en \u00abel Se\u00f1or\u00bb, haberlo acogido en la propia vida como orientaci\u00f3n y elemento vital de la propia existencia. Creer o hacerse fiel es un don del Esp\u00ed\u00adritu Santo (G\u00e1l 5:22), que sigue a la conversi\u00f3n y al bautismo (Heb 2:38) y que lleva consigo la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los disc\u00ed\u00adpulos. Este t\u00e9rmino pone de manifiesto que la vida del cristiano recoge las caracter\u00ed\u00adsticas del propio maestro, Jes\u00fas Se\u00f1or, copiando su existencia (cf Mar 8:34s 10,21.43ss; Luc 22:26ss; Jua 12:26). Al mismo tiempo se insin\u00faa la mera funcionalidad del \/ ap\u00f3stol y del did\u00e1skalos, se confirma la presencia constante y activa en la tierra del Se\u00f1or en quien se cree, y que no s\u00f3lo se celebra en la eucarist\u00ed\u00ada, sino que se guarda siempre como presente en uno mismo durante toda la vida, al cual se pertenece y del cual se recibe la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los hermanos. Es el apelativo quiz\u00e1 m\u00e1s frecuente entre los cristianos (unas 100 veces). Ciertamente se observa en \u00e9l la influencia hebrea. \u00abHermanos\u00bb de Jes\u00fas son los creyentes que le acogen y que cumplen la voluntad del Padre (Mat 12:46-50; Mar 3:31-35; Luc 8:19-21), nacidos tambi\u00e9n de Dios (Jua 1:13) e hijos del Padre (Jua 1:12), de manera que toda la comunidad cristiana resulta ser una verdadera \u00abcomunidad de hermanos\u00bb (IPe 5,9), de los que Jes\u00fas es el \u00abprimog\u00e9nito\u00bb gracias a la resurrecci\u00f3n (Rom 8:29).<\/p>\n<p>Los salvados. M\u00e1s que el t\u00e9rmino (s\u00f3lo Heb 2:47), es la idea de salvaci\u00f3n la que est\u00e1 difundida en todas partes. Se comprende a la luz del AT y de las esperanzas escatol\u00f3gicas ligadas al mesianismo, configuradas, por tanto, en Jes\u00fas mes\u00ed\u00adas y constituido Se\u00f1or en la resurrecci\u00f3n; los que lo aceptan y se hacen suyos, recibiendo el bautismo en su nombre (Heb 2:38) pueden llamarse \u00ablos salvados\u00bb;-sin embargo, s\u00f3lo est\u00e1n salvados \u00aben esperanza\u00bb (Rom 8:24) [I Redenci\u00f3n].<\/p>\n<p>\u00abEl camino\u00bb: El uso absoluto del \u00abcamino\u00bb para indicar la comunidad de los creyentes es una caracter\u00ed\u00adstica de los Hechos (Rom 9:2.5.14.21; Rom 19:9.23; etc.). Al designar a la Iglesia como \u00abel camino\u00bb y al definirse como \u00ablos del camino\u00bb, los cristianos intentan representar gracias a su fe ese modo de ser y de obrar que asegura la salvaci\u00f3n. \u00abEl camino de Dios\u00bb es el que se identifica con el cristiano.<\/p>\n<p>\u00abSanto\u00bb; \u00ablos santos\u00bb. Teol\u00f3gicamente esta denominaci\u00f3n se relaciona con todo lo que el AT dec\u00ed\u00ada del \u00abpueblo santo\u00bb, de la \u00abasamblea santa\u00bb, de los \u00absantos\u00bb en relaci\u00f3n con el culto, etc. Es l\u00f3gica la conexi\u00f3n de esta denominaci\u00f3n con Dios el santificador, con Cristo santificador y, especialmente, con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, al que se atribuye la santificaci\u00f3n en particular.<\/p>\n<p>\u00abLos elegidos\u00bb. T\u00e9rmino relacionado con la santidad; sirve para subrayar hasta qu\u00e9 punto la Iglesia y sus miembros son el fruto de la libre voluntad divina que act\u00faa en ellos [\/ Elecci\u00f3n].<\/p>\n<p>\u00abLos llamados\u00bb. Toda la vida del cristiano est\u00e1 bajo el signo de la t vocaci\u00f3n; la misma ra\u00ed\u00adz verbal vincula la \u00abllamada\u00bb con la \u00abIglesia\u00bb o convocaci\u00f3n, asamblea reunida para el culto de Dios. Este nombre subraya particularmente el origen de esta \u00abconvocaci\u00f3n\u00bb: la voluntad de Dios y su obra.<\/p>\n<p>\u00abLos que invocan el nombre del Se\u00f1or\u00bb. De JI 3,5 (LXX) = Heb 2:21 (cf 2,39s). Expresa la \u00absalvaci\u00f3n\u00bb mediante Jes\u00fas Se\u00f1or. El acento recae bien en la unidad de fe y la identidad de \u00abcredo\u00bb, bien en la adhesi\u00f3n del hombre -de cualquier hombre- al plan salv\u00ed\u00adfico de Dios.<\/p>\n<p>\u00abLos cristianos\u00bb Derivado del nombre Christ\u00f3s, \u00abungido\u00bb o mes\u00ed\u00adas, describe a los \u00abcristianos\u00bb como los que acogen al mes\u00ed\u00adas, es decir, los indica como \u00abmesianistas\u00bb. La comunidad (de \u00e1mbito helenista) manifiesta tambi\u00e9n as\u00ed\u00ad su propio convencimiento escatol\u00f3gico respecto al mundo.<\/p>\n<p>2. LAS IM\u00ed\u0081GENES FIGURATIVAS DE LA IGLESIA. El lenguaje figurado, tan caracter\u00ed\u00adstico del mundo semita, nos revela no poco sobre el misterio de la Iglesia.<\/p>\n<p>a) Presente en el mundo. \u00abVosotros sois la luz del mundo\u00bb (Mat 5:14-16). Mediante los cristianos, la Iglesia est\u00e1 puesta en el mundo y para el mundo, cumpliendo lo que estaba previsto para el futuro Israel. Por otra parte, Jes\u00fas es \u00abla luz del mundo\u00bb (Jua 1:5-9; Jua 8:12; Jua 12:35s.46; cf Mat 4:16 = Isa 9:1). El compromiso de la Iglesia en las vicisitudes del mundo aparece ya en los relatos sin\u00f3pticos de la vocaci\u00f3n de los primeros disc\u00ed\u00adpulos (Mat 4:19; Mar 1:17). Lo mismo se deduce del discurso de misi\u00f3n que ve a los disc\u00ed\u00adpulos enviados como \u00abovejas entre lobos\u00bb (Mat 10:6; Luc 9:2), proclamadores del reino (Mat 10:7; Luc 9:2) como lo fue Jes\u00fas (Mar 1:15 y Mat 4:17) y continuadores de su obra (Mat 10:17-22; Mar 13:9-13; ; Heb 7:59s), presencia en la tierra del Padre celestial (Mat 5:16), ejecutores de la misi\u00f3n recibida del Se\u00f1or (cf Mat 10:7; Mat 28:18-20). La Iglesia tiene su sede en el mundo, est\u00e1 presente en \u00e9l como una realidad concreta y visible; pertenece al tiempo, interesa a los hombres y a su existencia actual terrena. Pero, l\u00f3gicamente, con vistas al reino de Dios, del que vive de alguna manera, pero del cual est\u00e1 tambi\u00e9n a la espera, cuando se constata que su misma oraci\u00f3n lo invoca todos los d\u00ed\u00adas con el \u00abvenga a nosotros tu reino\u00bb (Mat 6:9; Luc 11:2).<br \/>\nb) En crecimiento. \u00abEl reino de Dios es como un grano de mostaza&#8230; Es la m\u00e1s peque\u00f1a de todas las semillas, pero cuando crece, es la mayor de las hortalizas y se hace \u00e1rbol&#8230;\u00bb (Mat 13:31s; cf Mar 4:30ss; Luc 13:18s). Su desarrollo es tan grande que \u00ablas aves vienen y anidan en sus ramas\u00bb (v. 32; para esta imagen, cf Dan 4:7-9.17-19; Eze 7:1-10.22ss; Eze 31:1-14). El objeto de la semejanza es el crecimiento: la instituci\u00f3n tendr\u00e1 unos comienzos muy modestos, pero le espera un gran desarrollo. Y \u00e9ste, a su vez, parece asegurar una profunda cohesi\u00f3n y una total continuidad entre los mismos comienzos -Cristo, su ense\u00f1anza y su obra- y las sucesivas expansiones.<\/p>\n<p>Es an\u00e1loga la ense\u00f1anza sobre el crecimiento de la Iglesia que nos ofrece la par\u00e1bola del sembrador, con los diversos rendimientos de la semilla ca\u00ed\u00adda en tierra buena (Mat 13:1-9 y su relectura en 13,18-23). Los terrenos diferentes son un mundo humano, visible y sumamente concreto, pero tambi\u00e9n heterog\u00e9neamente dispuesto para con \u00abla palabra del reino\u00bb (Mat 13:19); en \u00e9l, tan s\u00f3lo una parte, quiz\u00e1 la menor, presta verdaderamente atenci\u00f3n y comprensi\u00f3n a la palabra (v. 23a), y tambi\u00e9n en \u00e9sta \u00abel fruto\u00bb que se produce no es m\u00e1s que el \u00abciento, sesenta y treinta por uno\u00bb (v. 23b). En esta misma direcci\u00f3n va igualmente la breve alusi\u00f3n o ejemplo parab\u00f3lico de la levadura (Mat 13:33), figura de aquella virtualidad inicial escondida en lo \u00ed\u00adntimo del coraz\u00f3n humano y destinada a crecer y a manifestarse como reino de Cristo en la tierra, como Iglesia en crecimiento gracias a la acci\u00f3n escondida e interior de Dios y de su Hijo que derraman sobre la humanidad el don escatol\u00f3gico del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>c) Los diversos llamados. Muy instructiva es la par\u00e1bola de los invitados a las bodas: Mat 22:1-14 y Luc 14:15-24. En las tres etapas a trav\u00e9s de las cuales fue pasando -en labios de Jes\u00fas, en la tradici\u00f3n de la comunidad, en el evangelista-, la ense\u00f1anza es siempre la misma: Dios llama gratuitamente a la salvaci\u00f3n mediante Jes\u00fas. La respuesta es negativa por parte de los privilegiados del reino, mientras que-los excluidos, los que carecen de derechos (los pobres, los pecadores, las meretrices; luego los paganos, en la segunda etapa: vv. 6-7 de Mt), dan una respuesta positiva; ni los que se resisten ni los que no se convierten pero no obran en consecuencia (el traje nupcial de la tercera etapa) se salvar\u00e1n de hecho; por su parte, la Iglesia recoge en su seno a todos los llamados para presentarlos ante el rey para el examen escatol\u00f3gico (tercera etapa) antes del banquete eterno (que tiene su anticipaci\u00f3n sacramental en el banquete eucar\u00ed\u00adstico). De este modo los marginados ser\u00e1n -y lo son de hecho-los privilegiados del Dios de la misericordia. Bastante. parecida a la anterior es la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores infieles: Mat 21:33-44 (Mar 12:1-11; Luc 20:9-18). La par\u00e1bola de Mat 20:1-16-los obreros de la vi\u00f1a- se fija en aquel (Dios) que los llam\u00f3 y en su \u00ed\u00adndole inconcebible e inexplicable de bondad generosa.<\/p>\n<p>d) En espera de la parus\u00ed\u00ada. Tambi\u00e9n las par\u00e1bolas (o ejemplos) que acabamos de mencionar contienen algunas indicaciones sobre 1.a. esperanza de la parus\u00ed\u00ada. Pero sobre todo aparecen en el llamado apocalipsis sin\u00f3ptico (Mat 24:1-36) con las par\u00e1bolas-im\u00e1genes del retorno (Mat 24:37-51; Mat 25:1-46 par). Esos dos cap\u00ed\u00adtulos son una evidente invitaci\u00f3n a la vigilancia de los creyentes respecto a los acontecimientos \u00faltimos o la \u00abvenida del Hijo del hombre\u00bb. En ellos se propone todo en im\u00e1genes y con diversas escenas seg\u00fan su g\u00e9nero literario. Sin embargo, es posible captar ah\u00ed\u00ad no pocas l\u00ed\u00adneas de mensaje; por ejemplo, la dimensi\u00f3n terrena o temporal de la Iglesia y su vida en el tiempo y en el mundo, a pesar de ser tambi\u00e9n celestial; su ser humano, cargado de seriedad, tanto a nivel personal corno comunitario; la parus\u00ed\u00ada vista como el momento decisivo de la historia del hombre, el momento en orden al cual se emplea toda la vida, momento que abre un futuro, mientras escruta y sopesa el pasado, es decir, el tiempo de la existencia terrena. Consiguientemente, el elemento escatol\u00f3gico continuamente presente en la existencia terrena del hombre, y por tanto la necesidad de la vigilancia para no vernos sorprendidos en el d\u00ed\u00ada del juicio final, as\u00ed\u00ad como la necesidad de la actividad y de la diligencia para equiparnos con obras id\u00f3neas en orden al juicio. La fidelidad, la perseverancia, la confianza, la prudencia son las virtudes que animan a la Iglesia y que distinguen a los cristianos, poni\u00e9ndolos en condiciones de actuar con suma tranquilidad y sin desasosiego, serenos frente a la imprevista irrupci\u00f3n final.<\/p>\n<p>3. LAS FIGURAS QUE M\u00ed\u0081S DIRECTAMENTE DEPENDEN DEL AT. a) La Jerusal\u00e9n celestial. Largamente preparada en el AT, especialmente despu\u00e9s del destierro, mediante una creciente idealizaci\u00f3n teol\u00f3gica y espiritualizaci\u00f3n (cf Isa 27:13; Isa 60:1-9.11.18; Tob 14:5; Sir 36:12s; cf tambi\u00e9n Exo 25:40 para el santuario) hasta hacerse invisible, celestial, etc., la Jerusal\u00e9n ideal es identificada con la Iglesia, misterio escondido en Dios y manifestado ahora mediante el ministerio de los ap\u00f3stoles (Rom I6,25s; Col 1:26-29; Efe 3:10ss), Jerusal\u00e9n celestial a la que ya desde ahora tienen acceso los cristianos (cf Heb 12:22s, especialmente en el contexto). Lo mismo vale para G\u00e1l 4:24-29 (cf Flp 3:20). Es bastante rica esta tem\u00e1tica en Ap (Flp 3:12; Flp 12:1s; Flp 21:2; etc.). Hay que a\u00f1adir adem\u00e1s los numerosos textos prof\u00e9ticos: el nuevo cielo y la nueva tierra (Isa 65:17; Isa 66:22), la nueva creaci\u00f3n (Isa 41:4; Isa 43:18s; Isa 44:6), los nuevos nombres (Isa 62:2), la nueva paz entre los hombres y los animales (Eze 34:25)&#8230;, que encuentran su cumplimiento en la nueva Jerusal\u00e9n que baja del cielo, presencia de Dios entre los hombres, constituci\u00f3n de un pueblo que sea de Dios y del que Dios toma posesi\u00f3n: \u00abEl habitar\u00e1 con ellos, ellos ser\u00e1n su pueblo\u00bb (Apo 21:3). Tambi\u00e9n Mat 24:29.35; Heb 3:21; 2Pe 3:13, y Apo 21:1 se expresan en t\u00e9rminos de cielo nuevo y de tierra nueva. Mientras lleva ya en s\u00ed\u00ad misma la realidad de la Jerusal\u00e9n celestial, la Iglesia experimenta ampliamente -y todo el Apocalipsis es testimonio de ello- las dificultades de un recorrido erizado de obst\u00e1culos, persecuciones y tentaciones, a las que se ve expuesto el creyente antes de formar parte del cortejo del cielo.<\/p>\n<p>b) La novia, esposa virgen, madre. Las tres im\u00e1genes tienen matices propios, pero todas ellas se derivan de la misma representaci\u00f3n veterotestamentaria de la naci\u00f3n o del pueblo como una mujer de la que son hijos los creyentes -el pueblo-(cf 2Sa 20:19; Sal 87:5; Isa 54:1) o de la que Dios mismo es novio y esposo.<br \/>\nEn las grandes cartas paulinas, la Iglesia como novia est\u00e1 presente s\u00f3lo en 2Co 11:2s: \u00abOs he desposado con un solo marido, os he presentado a Cristo como una virgen pura\u00bb. M\u00e1s conocido es Efe 5:24-32, donde la relaci\u00f3n de la mujer con el marido se equipara a la de Cristo con la Iglesia bajo diferentes aspectos, aunque su verdadera realidad sigue siendo todav\u00ed\u00ada un \u00abmisterio\u00bb calificado como \u00abgrande\u00bb (Efe 5:32). En el Apocalipsis la Jerusal\u00e9n escatol\u00f3gica, la \u00abnueva\u00bb, \u00abbajada del cielo del lado de Dios\u00bb y \u00abdispuesta como una esposa ataviada para su esposo\u00bb (Apo 21:2), se representa como desposada no de Dios, sino del Cordero (Apo 19:7s; Apo 21:9; cf 22,17). En G\u00e1l 4:26, en el conjunto de la alegor\u00ed\u00ada de 4,21-5,1, Pablo ve en Sara el s\u00ed\u00admbolo del testamento nuevo, de la comunidad de los creyentes o Iglesia: identific\u00e1ndola con la \u00abJerusal\u00e9n celestial\u00bb, la llama \u00abnuestra madre\u00bb: la ciudad celestial es aquella que engendra a los creyentes, que son sus hijos y sus testigos en la tierra (cf Apo 12:2.17).<\/p>\n<p>c) El reba\u00f1o. \u00abNo teng\u00e1is miedo, peque\u00f1o reba\u00f1o, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino\u00bb (Luc 12:32): el reino de los santos, el escatol\u00f3gico (cf Dan 7:27). \u00abComo corderos en medio de lobos\u00bb (Mat 10:16; Luc 10:3), ese reba\u00f1o es enviado en medio de asaltantes que intentar\u00e1n dispersarlo, como dir\u00e1 m\u00e1s tarde Pablo en Mileto (Heb 20:17.28s). Otros enemigos, otros lobos se vestir\u00e1n incluso de ovejas para da\u00f1ar al reba\u00f1o desde dentro (Mat 7:15). El mismo Jes\u00fas se considera el enviado a las ovejas perdidas de Israel (Mat 15:24; cf 10,6), pastor que acude en ayuda de las ovejas perdidas (Mat 9:36; Mar 6:34; cf Eze 34:5) y que tendr\u00e1 que ser herido, seg\u00fan la profec\u00ed\u00ada de Zac 13:7, citada en Mat 26:31. Un pastor que tendr\u00e1 tambi\u00e9n la funci\u00f3n de juez, puesto que al final de los tiempos se colocar\u00e1 entre las ovejas y las cabras para pronunciar la sentencia eterna (Mat 25:32s).<br \/>\nEsta imagen es bastante elocuente: los creyentes en Jes\u00fas son ahora objeto de las atenciones que el AT describ\u00ed\u00ada en relaci\u00f3n con el reba\u00f1o-Israel. En el AT era Dios el que guiaba el reba\u00f1o de su pueblo, unas veces de forma directa (Sal 74:1; Sal 79:13; Sal 100:3; Miq 7:14) e incluso asumiendo el t\u00ed\u00adtulo de \u00abpastor\u00bb (Sal 23:1; Sal 90:2; cf G\u00e9n 48:15; G\u00e9n 49:24), y otras veces gui\u00e1ndola \u00abpor mano de Mois\u00e9s\u00bb (Sal 77:21) o de otros (Josu\u00e9, David&#8230;). Ahora, en cumplimiento de Eze 34:23s (cf Jer 2:8), Jes\u00fas es el nuevo pastor, y los suyos en tanto se llamar\u00e1n y ser\u00e1n pastores en cuanto que reciban de \u00e9l la misi\u00f3n, anunciando como \u00e9l la venida del reino (Mat 10:7; Luc 9:2; cf Mat 4:17; Mar 1:15).<\/p>\n<p>Jn 10 destaca sobre los dem\u00e1s textos en cuanto a la imagen del reba\u00f1o. En realidad, m\u00e1s que el reba\u00f1o, es el pastor el que se encuentra en el centro de la atenci\u00f3n; sin embargo, de rechazo, se dice mucho sobre el reba\u00f1o, y la par\u00e1bola-alegor\u00ed\u00ada pasa de ser cristol\u00f3gica a ser igualmente eclesiol\u00f3gica. El reba\u00f1o recuerda al de Eze 34:3, oprimido e instrumentalizado por los intereses de personas indignas, a las que se opone y sustituye Jes\u00fas, mediante el cual el reba\u00f1o \u00abtendr\u00e1 la vida\u00bb y la tendr\u00e1 \u00aben abundancia\u00bb (Jua 10:10). Efectivamente, \u00e9l, y no los otros, es el \u00abbuen pastor\u00bb (Jua 10:11), tan amante de su reba\u00f1o (que es tambi\u00e9n \u00abreba\u00f1o del Padre\u00bb: v. 29) que \u00abda su vida por las ovejas\u00bb (vv. 11.15), lo cual se transforma para ellas en \u00abvida eterna\u00bb, de manera que \u00abno perecer\u00e1n jam\u00e1s\u00bb (v. 28). Todo esto garantiza al reba\u00f1o la continua presencia del Padre y del Hijo, la seguridad de permanecer en Dios, y se refiere adem\u00e1s a las ovejas \u00abque no son de este redil\u00bb, es decir, a las que provienen del mundo pagano (v. 16): todas ellas formar\u00e1n \u00abun solo reba\u00f1o\u00bb bajo \u00abun solo pastor\u00bb.<\/p>\n<p>d) La vid. La vid (o la vi\u00f1a) encuentra ya una discreta presencia en el NT en las par\u00e1bolas antes mencionadas [ Jua 111:2c]. La vi\u00f1a, aclara Mat 21:43, es \u00abel reino de Dios\u00bb. Esta imagen se articula y resulta fecunda ya en el AT: v\u00e9ase, por ejemplo, Ose 10:1; Isa 5:1-7; Isa 27:2s; Sal 80:9-19; Jer 2:21; Jer 5:10; Jer 8:13; Jer 12:10; Eze 15:6; Eze 19:10-14 (supra ! I,2a). Las atenciones de Dios para con su pueblo no tienen l\u00ed\u00admite, lo mismo que su amor y su fidelidad. Tambi\u00e9n los castigos tienden a avivar la conciencia del pueblo en cuanto elegido y amado por Dios, rodeado de atenciones y de ternura sin l\u00ed\u00admites.<\/p>\n<p>La alegor\u00ed\u00ada de la vi\u00f1a, o mejor de la vid, alcanza su forma m\u00e1s expresiva en Jua 15:1-6 con el ap\u00e9ndice eventual de los vers\u00ed\u00adculos que siguen y que en cierto modo le hacen eco. \u00abYo soy la vid verdadera y mi Padre el vi\u00f1ador\u00bb (v. 1). La alegor\u00ed\u00ada carece de ambig\u00fcedad; es aclarada por el que la propone: \u00abYo soy la vid, vosotros los sarmientos\u00bb (v. 5); y se completa en los personajes que la animan. La Iglesia est\u00e1 unida a Cristo, lo mismo que el sarmiento a la vid; por la Iglesia corre la savia vital de Cristo, vive la misma vida de Cristo. El estar separado de Cristo-vid es la muerte, la perdici\u00f3n, \u00abel fuego\u00bb (v. 6); unidos a \u00e9l, damos \u00abmucho fruto\u00bb (v. 5); m\u00e1s a\u00fan, la relaci\u00f3n con Cristo, a diferencia de lo que sucede entre el sarmiento y la vid, es rec\u00ed\u00adproca: \u00abSeguid unidos a m\u00ed\u00ad, que yo lo seguir\u00e9 estando en vosotros\u00bb (v. 4), como para indicar que la figura de la vid no es m\u00e1s que una imagen, y que la realidad que intenta tansmitir es mucho m\u00e1s profunda. Se trata realmente del amor eficaz de Cristo a su Iglesia (vv. 9-17), seg\u00fan la voluntad y la obra salv\u00ed\u00adfica querida por el Padre (\u00abel vi\u00f1ador\u00bb, al que se refieren, de forma propia, tanto la vid como los sarmientos). Un amor que garantiza la escucha de toda plegaria (v. 7) que se exprese en nombre del Hijo (v. 16); un amor que pasa primero por entre el Padre y el Hijo, luego une al Hijo con los suyos y, finalmente, los califica a \u00e9stos por el intercambio mutuo del mismo amor (vv. 10.12s.15.17).<\/p>\n<p>4. LAS ALEGOR\u00ed\u008dAS CRISTIANAS. a) Algunas indicaciones del Apocalipsis. La Iglesia terrena (Ap 2-3) est\u00e1 contempor\u00e1neamente presente en el cielo, \u00abalrededor del trono\u00bb, representada por los veinticuatro ancianos (4,4), es decir, los doce patriarcas m\u00e1s los doce ap\u00f3stoles que ejercen conjuntamente el servicio sacerdotal y real. La liturgia celestial (Apo 5:6ss) es el prototipo de la que la Iglesia terrena desarrolla entre los hombres. Para el Ap no existe una clara distinci\u00f3n entre el ahora y el futuro. El cordero, el Cristo muerto y resucitado, tiene en sus manos los destinos de la historia en el tiempo; lo que se va realizando aqu\u00ed\u00ad abajo no es m\u00e1s que la manifestaci\u00f3n de un plan victorioso de salvaci\u00f3n, el aspecto visual de lo que sucede gracias a aquel \u00abque nos ama y nos ha lavado de nuestros pecados con su propia sangre\u00bb (Apo 1:5).<\/p>\n<p>Hay que recordar adem\u00e1s la larga serie de los 144.000 sellados, los \u00abservidores de nuestro Dios\u00bb (Apo 7:3s), los preservados (y por tanto salvados) de los azotes simbolizados en los siete sellos; y sobre todo, la alegor\u00ed\u00ada de la \u00abmujer vestida de sol\u00bb (Apo 12:1), en lucha, ella y su hijo, contra el \u00abdrag\u00f3n color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos\u00bb (Apo 12:3), junto con toda la compleja simbolog\u00ed\u00ada sobre la Iglesia, los creyentes, el desierto, etc.<\/p>\n<p>b) Plantaci\u00f3n y campo de Dios. 1Co 3:6-8 ofrece una brev\u00ed\u00adsima par\u00e1bola-alegor\u00ed\u00ada: Pablo ha plantado, es decir, fundado, la comunidad de Corinto, Apolo reg\u00f3 el terreno, \u00abpero quien hizo creer fue Dios\u00bb; los cristianos, en cuanto comunidad, son el jard\u00ed\u00adn, el huerto, \u00abel campo de Dios\u00bb, en el que se trabaja constantemente (griego, ghe\u00f3rghion, v. 9, ya raro en los LXX y s\u00f3lo aqu\u00ed\u00ad en el NT). M\u00e1s que a la met\u00e1fora veterotestamentaria de la plantaci\u00f3n-vi\u00f1a, 1Co 3:6-8 parece referirse a la del \u00abplantar y edificar\u00bb (cf Jer 1:9s; Jer 18:7-9; Jer 24:6; 38 [TM 31],45; etc.), como se afirma expresamente en el vers\u00ed\u00adculo 9b: \u00abVosotros, labrant\u00ed\u00ado de Dios, edificio de Dios\u00bb; y como los vers\u00ed\u00adculos 6-8 introducen la met\u00e1fora del cultivo, as\u00ed\u00ad los vers\u00ed\u00adculos 10-15 desarrollan la de la construcci\u00f3n. Dios mismo es el que comienza y prosigue la obra y el que trabaja continuamente en ella; cualquier otro, incluso Pablo, no es m\u00e1s que colaborador. La intervenci\u00f3n directa de Dios se contrapone a la actual situaci\u00f3n de abandono y de opresi\u00f3n, y acent\u00faa de este modo la gracia y la bondad del salvador.<\/p>\n<p>En otro pasaje Pablo recurre expresamente a la imagen de la plantaci\u00f3n; en Rom 11:17-24, cuando habla del olivo silvestre injertado en el olivo bueno. De forma an\u00e1loga al pasaje de 1 Cor 3, l a, met\u00e1fora de la plant\u00e1ci\u00f3n, insiste en la unidad del pueblo cristiano, cuyo cultivo y cuyos frutos corresponden propiamente a Dios, no sin la \u00abcolaboraci\u00f3n\u00bb de los predicadores o ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>c) El edificio o construcci\u00f3n. La met\u00e1fora ya mencionada de 1Co 3:9 se desarrolla y se determina en los vers\u00ed\u00adculos siguientes: su \u00abfundamento (&#8230;) es Jesucristo\u00bb (v. 11). Se pensar\u00e1, pues, en un edificio sagrado, en un templo. Lo cual se subraya en el vers\u00ed\u00adculo 16: \u00ab\u00bfNo sab\u00e9is que sois templo de Dios y que el Esp\u00ed\u00adritu de Dios habita en vosotros?\u00bb. Y refiri\u00e9ndose probablemente al lenguaje del edificar-destruir, contin\u00faa en el vers\u00ed\u00adculo 17: \u00abSi alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruir\u00e1 a \u00e9l; porque el templo de Dios, que sois vosotros, es santo\u00bb (cf 1Co 6:19; 2Co 6:16).<\/p>\n<p>La imagen de Cristo como piedra de construcci\u00f3n aparece varias veces. Ella es la que afianza el edificio levantado por encima, la que le da solidez y santidad. En esta imagen concurren tres textos del AT interpretados en clave cristol\u00f3gica (eclesiol\u00f3gica). El Sal 117:22 (LXX): Israel es la piedra descartada y sin valor alguno, pero que ha quedado altamente valorada y honrada por la salvaci\u00f3n experimentada que ha recibido de Dios. Mat 21:42 (Mar 12:10; Luc 20:17s) y Heb 4:11 : Jes\u00fas es piedra angular y fundamental gracias a su resurrecci\u00f3n y exaltaci\u00f3n, despu\u00e9s de haber sido \u00abdescartado\u00bb y \u00abreducido a la nada\u00bb en su pasi\u00f3n y muerte. Para IPe 2,4-8 tenemos un acento cristol\u00f3gico diferente (cf Mat 21:44). El segundo texto es el de Isa 28:16 : es Dios el que salva al pueblo; \u00e9l es el que ha construido a Si\u00f3n, poniendo de cimiento \u00abuna piedra probada, una piedra angular, preciosa, bien asentada. El que crea, no vacilar\u00e1\u00bb. lPe 2,4-7 asocia a los cristianos a Cristo, \u00abpiedra escogida angular\u00bb. Tambi\u00e9n Isa 8:14 se le aplica a Cristo en lPe 2,8: en-el AT la \u00abpiedra de tropiezo\u00bb era Dios: contra \u00e9l iban a chocar todos los que no cre\u00ed\u00adan; aqu\u00ed\u00ad, por el contrario, y en Rom 9:32s el que se convierte en tropiezo es Jes\u00fas, esc\u00e1ndalo para los que \u00abno quieren creer en el evangelio\u00bb.<\/p>\n<p>Gracias a esta imagen de Cristo, piedra puesta como fundamento, tambi\u00e9n la predicaci\u00f3n misionera de Pablo es un edificio sagrado que es construido (Rom 15:20), mientras que la relaci\u00f3n de mutua caridad de los cristianos es definida como un \u00abedificar\u00bb (Rom 15:2). Al mismo tiempo, los cristianos, como \u00abpiedras vivas\u00bb adheridas ala \u00abpiedra viva\u00bb (lPe 2,4s), forman todos juntos una Iglesia que puede compararse con un edificio sagrado, con el templo. En esta edificaci\u00f3n concurrir\u00e1n no s\u00f3lo el Cristo fundamento, sino tambi\u00e9n la obra de Dios y la del Esp\u00ed\u00adritu (cf tambi\u00e9n Efe 2:19-22).<\/p>\n<p>d) Cuerpo de Cristo. Es la expresi\u00f3n m\u00e1s densa que en el NT encierra todo el sentido de la Iglesia en sus relaciones de uni\u00f3n con Cristo. Su formulaci\u00f3n se limita solamente a la teolog\u00ed\u00ada paulina; pero tendremos que recordar tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad todos esos s\u00ed\u00admbolos o figuras que aparecen en el NT y que de alguna manera la clarifican: por ejemplo, la vid y los-sarmientos (Jua 15:1-8), el edificio espiritual, la esposa y el cordero&#8230; Habr\u00ed\u00ada que tener tambi\u00e9n en cuenta las expresiones de la uni\u00f3n fieles-Cristo mediante las preposiciones \u00aben\u00bb o \u00abcon\u00bb. Sobre todo habr\u00ed\u00ada que considerar el valor del cuerpo individual de Jes\u00fas, del Jes\u00fas terreno y glorioso, con el que los cristianos se identifican de manera ciertamente m\u00ed\u00adstica, pero tambi\u00e9n muy real, en la eucarist\u00ed\u00ada, experiencia de la que se aprovecha la Iglesia y de la que vive desde que Jes\u00fas le confi\u00f3 este memorial (1Co 11:24ss), orientaci\u00f3n y anticipaci\u00f3n del encuentro escatol\u00f3gico que la Iglesia aguarda y prepara (1Co 11:26).<\/p>\n<p>Experiencia que desde siempre ha acompa\u00f1ado a la vida de la Iglesia, es posible que la eucarist\u00ed\u00ada, cuerpo de Cristo partido y distribuido a los fieles bajo el signo del pan, no haya tenido alguna repercusi\u00f3n en estos textos. M\u00e1s a\u00fan, es probable que la met\u00e1fora-alegor\u00ed\u00ada de la Iglesia cuerpo de Cristo haya encontrado su punto de partida precisamente en esta experiencia. Es un hecho que el primer testimonio de la Iglesia cuerpo de Cristo se encuentra a prop\u00f3sito de la eucarist\u00ed\u00ada: \u00abPuesto que s\u00f3lo hay un pan, todos formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan\u00bb (l Cor 10,17). La uni\u00f3n, aunque m\u00ed\u00adstica, es tan real como lo es el cuerpo del Se\u00f1or en la eucarist\u00ed\u00ada. Y se da una especie de analog\u00ed\u00ada entre la eucarist\u00ed\u00ada y el bautismo. Ya desde el principio de la Iglesia, tambi\u00e9n el bautismo, aunque bajo otra forma, nos une con la muerte de Cristo (Rom 6:3), nos \u00absepulta junto con \u00e9l\u00bb (v. 4), nos permite \u00abllegar a ser una misma cosa con \u00e9l por una muerte semejante a la suya\u00bb (v. 5), caus\u00e1ndonos una verdadera muerte al pecado y a la ley (Rom 7:4ss). As\u00ed\u00ad pues, hemos sido bautizados en el \u00fanico cuerpo de Cristo, formamos una unidad fundamental con \u00e9l (cf G\u00e1l 3:28). Es evidente la analog\u00ed\u00ada con los efectos de la eucarist\u00ed\u00ada. Esto mismo podr\u00ed\u00ada repetirse a prop\u00f3sito de la resurrecci\u00f3n: la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas lleva consigo la nuestra. San Pablo lo expresa con claridad cuando afirma que el Esp\u00ed\u00adritu -el mismo que resucit\u00f3 a Jes\u00fas- deposita en nosotros una semilla de resurrecci\u00f3n tal que resucitaremos a imagen del cuerpo resucitado de Jes\u00fas (cf 1Co 15:40; Rom 8:11).<\/p>\n<p>Animados por el mismo Esp\u00ed\u00adritu que est\u00e1 tambi\u00e9n en Jes\u00fas y alimentados del mismo pan que es el cuerpo real, aunque espiritual, de Cristo, los cristianos forman juntos un solo cuerpo, que es el cuerpo del Se\u00f1or. Ciertamente Pablo utiliza el conocido ap\u00f3logo helenista del cuerpo y de los miembros, recogido de Esopo y aplicado al orden social por Menenio Agripa. Podemos volver a escucharlo de forma transparente, pero totalmente centrado en el \u00absolo cuerpo de Cristo\u00bb, en Rom 12:3-6. An\u00e1logamente, y quiz\u00e1 todav\u00ed\u00ada m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente, se hab\u00ed\u00ada expresado en 1Co 12:11s. El cuerpo humano reduce a la unidad la pluralidad de miembros de que est\u00e1 compuesto el cuerpo. La frase \u00abas\u00ed\u00ad tambi\u00e9n Cristo\u00bb del vers\u00ed\u00adculo 12c tiene que completarse de este modo: as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n Cristo tiene muchos miembros y reduce a la unidad en su cuerpo a todos los cristianos (como en Rom 12:5). El desarrollo de los vers\u00ed\u00adculos 13-14 confirma esta interpretaci\u00f3n: Cristo es el principio de unidad de su cuerpo. Si luego, en el vers\u00ed\u00adculo 13b, se lee una referencia a la eucarist\u00ed\u00ada (\u00abtodos hemos bebido&#8230;\u00bb), entonces estos dos sacramentos de la unidad -bautismo y eucarist\u00ed\u00ada- se mencionan aqu\u00ed\u00ad para afirmar la evidencia de nuestra uni\u00f3n espiritual y real con Cristo (como ya en 10,17; cf 10,4). El largo desarrollo figurado de los vers\u00ed\u00adculos 15-26 y la conclusi\u00f3n en el vers\u00ed\u00adculo 27 lo vuelven a remachar: \u00abAhora&#8230; vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno por su parte es miembro de ese cuerpo\u00bb.<\/p>\n<p>En las cartas de la cautividad resulta todav\u00ed\u00ada m\u00e1s importante y variado el uso de la f\u00f3rmula \u00abcuerpo de Cristo\u00bb. Por una parte, se conserva el tema precedente (cf Col 3:12-16; Efe 4:1-7; Efe 5:30). Pero se ensancha la perspectiva, poniendo de relieve al Cristo resucitado y glorioso, acentuando sus funciones como \u00abcabeza\u00bb del cuerpo (y por tanto de la Iglesia) en su funci\u00f3n c\u00f3smica como creador y como ser superior a los \u00e1ngeles. V\u00e9anse especialmente Col 1:24 y Efe 1:22s, donde la Iglesia universal se identifica con el cuerpo resucitado del Se\u00f1or. Otro tanto puede decirse de Col 1:18(\u00abcabeza del cuerpo de la Iglesia\u00bb) y de Efe 5:23 (\u00abcabeza de la Iglesia\u00bb y \u00absalvador del cuerpo\u00bb). Cristo es kephal\u00e9, \u00abcabeza\u00bb, respecto al cuerpo, que es la Iglesia. Este t\u00e9rmino es propio de las cartas de la cautividad. Probablemente hay que entenderlo en el sentido de \u00abcabeza jefe\u00bb, leyendo por tanto en \u00e9l una especie de primac\u00ed\u00ada o de dominio o de causalidad de Cristo respecto a la Iglesia.<\/p>\n<p>La Iglesia es \u00abla plenitud\u00bb de Cristo (griego, pl\u00e9r\u00f3ma) (Efe 1:23), una plenitud din\u00e1mica que tiende a la santificaci\u00f3n de los cristianos mediante el mismo Cristo, ya que en \u00e9l \u00abhabita corporalmente toda la plenitud de la divinidad\u00bb (Col 2:9). Por consiguiente, la Iglesia, cuerpo suyo, no podr\u00e1 menos de estar repleta y perfeccionada en la santidad de Cristo y mediante \u00e9l (Efe 4:16).<\/p>\n<p>5. ALGUNAS NOTAS TEOL\u00ed\u201cGICAS.   a) Comunidad de salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica. Tal es la Iglesia desde sus comienzos. Esto se basa y corresponde a la convicci\u00f3n de que Jes\u00fas es el mes\u00ed\u00adas prometido, que ha sido levantado ahora por la diestra de Dios y ha enviado el Esp\u00ed\u00adritu: as\u00ed\u00ad Pedro en Heb 2:14-36 (especialmente los vv. 38-40; cf 4,11s; 5,31s). An\u00e1logamente, Pablo en su primer discurso -program\u00e1tico- en Antioqu\u00ed\u00ada de Pisidia (Heb 13:23.26.38s): al rechazar el anuncio de Jes\u00fas mes\u00ed\u00adas y salvador, los jud\u00ed\u00ados rechazan la \u00abvida eterna\u00bb que est\u00e1 contenida en ese mensaje (v. 46).<\/p>\n<p>\u00abJes\u00fas es el Cristo\u00bb es la f\u00f3rmula m\u00e1s primitiva de fe, reconocida antes de la resurrecci\u00f3n: por ejemplo, Mar 8:29 (y variantes en par); Mat 16:20; Mat 16:16; frecuent\u00ed\u00adsima en el relato de la pasi\u00f3n, no menos que en los escritos de Juan, aunque con diferentes versiones, en las cartas pastorales y en los dem\u00e1s escritos del NT.<\/p>\n<p>La Iglesia remacha constantemente su propia fe fundada en Jes\u00fas de Nazaret y en su misma experiencia en el tiempo. Proclama que ha superado ya las fronteras de la escatolog\u00ed\u00ada y que vive actualmente en un tiempo que es ya salvaci\u00f3n, salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica, realizaci\u00f3n de las promesas y manifestaci\u00f3n del plan salv\u00ed\u00adfico divino. \u00abPero cuando se cumpli\u00f3 (gr., lleg\u00f3 la plenitud, t\u00f3 pl\u00e9r\u00f3ma, del tiempo, Dios envi\u00f3 a su Hijo&#8230;\u00bb(G\u00e1l 14:4). El, \u00abnacido bajo la ley\u00bb O.), satisfizo con la cruz las exigencias de muerte de esa misma ley: \u00abSe entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por nuestros pecados para sacarnos de este mundo perverso\u00bb (G\u00e1l 1:4). Con su cruz y despu\u00e9s de ella ha dejado de existir todo aquello que constitu\u00ed\u00ada el mundo antiguo, marcado por el pecado (cf 2Co 5:21; G\u00e1l 3:13). Recogiendo una distinci\u00f3n corriente en el juda\u00ed\u00adsmo, en donde \u00abeste mundo actual perverso\u00bb se opone al mundo venidero, es decir, escatol\u00f3gico, que ha de inaugurar el mes\u00ed\u00adas, Pablo declara que Jes\u00fas ha sido precisamente el que ha realizado este cambio: con Jes\u00fas y su muerte, el mundo actual ha encontrado su propio fin, su propia muerte. El nuevo mundo es una realidad en Cristo, gracias a su muerte, que ha \u00abcrucificado\u00bb al mundo actual y, consiguientemente, ha hecho del cristiano, por as\u00ed\u00ad decirlo, un \u00abcrucificado para el mundo\u00bb (G\u00e1l 6:14).<\/p>\n<p>b) Comunidad fundada por Jes\u00fas. Es precisamente esta fe mesi\u00e1nico-escatol\u00f3gica, por la que la Iglesia tiene conciencia de ser la comunidad final de salvaci\u00f3n, la que explica la manera con que ella elige, transmite y orienta las noticias relativas a la \u00abvida\u00bb de Jes\u00fas, su actividad y su propia fundaci\u00f3n. En la actividad de su Maestro ella capta la realidad de su fundador, de aquel que con su acci\u00f3n y con su ense\u00f1anza lleva a su cumplimiento las antiguas promesas de salvaci\u00f3n, confi\u00e1ndolas a la historia concreta de su comunidad. Antes de santificarla y de manifestarla mediante la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en pentecost\u00e9s (Heb 2:23) y de confiarla a \u00absus testigos\u00bb (Heb 1:8) con un mandato de evangelizaci\u00f3n universal (Mat 28:18-20), Jes\u00fas la fue preparando esmerada y atentamente durante su vida terrena.<\/p>\n<p>De esta preparaci\u00f3n de la Iglesia como comunidad hemos de ver una primera referencia en la \u00abgente\u00bb o \u00abmultitud\u00bb que rodeaba a Jes\u00fas: son \u00ablas ovejas dispersas de la casa de Israel\u00bb (Mat 10:6; cf 10,23; 15,24), \u00abel pueblo que yace en las tinieblas\u00bb (Mat 4:16; cf 13,15; 15,8). Pero son sobre todo indicativos los evangelios cuando hablan de los disc\u00ed\u00adpulos, para los cuales la caracter\u00ed\u00adstica esencial es la llamada o \/ vocaci\u00f3n, la acogida de la palabra de Jes\u00fas y su seguimiento. Lo mismo hay que decir de los \u00abdoce\u00bb, con su m\u00faltiple significado, especialmente mesi\u00e1nico-escatol\u00f3gico [\/ Ap\u00f3stol\/ Disc\u00ed\u00adpulo], y con todas aquellas indicaciones embrionales, pero fundamentales, sobre aquello que nosotros llamamos \u00ablos sacramentos\u00bb. Al encargarse personalmente de preparar a \u00absu Iglesia\u00bb (Mat 16:18), Jes\u00fas pon\u00ed\u00ada en camino a aquella comunidad de fe que a distancia de algunos decenios (y ahora de varios siglos) se habr\u00ed\u00ada de reconocer en aquella realidad del tiempo de Jes\u00fas, en aquellas ense\u00f1anzas, en aquellas experiencias. Gracias a la permanencia entre \u00ablos suyos\u00bb (Mat 18:20; Mat 28:20), \u00e9l contin\u00faa la obra que fund\u00f3, la hace creer y desarrollarse, la va llevando poco a poco a su cumplimiento.<\/p>\n<p>La Iglesia se manifiesta abierta a todos los hombres desde el tiempo de Jes\u00fas. A pesar de la afirmaci\u00f3n de estrecho rigorismo nacionalista de Mat 15:24 (cf 10,5s y 8,12), lo que cuenta para encontrar a Jes\u00fas y ser su seguidores la fe (Mat 8:5-10; Mat 15:28). Al final, cuando tenga lugar la segunda venida, en la parus\u00ed\u00ada, \u00abtodos los pueblos ser\u00e1n llevados a su presencia\u00bb (25,32), mientras que los \u00e1ngeles del juicio \u00abreunir\u00e1n de los cuatro vientos a los elegidos desde uno a otro extremo del mundo\u00bb (24,31). Pero para toda la tradici\u00f3n evang\u00e9lica el Hijo del hombre ha venido ya y ha comenzado tambi\u00e9n \u00abla cosecha\u00bb (el juicio). Para Mt, el nuevo Israel tiene ya en \u00ablos doce\u00bb sus ep\u00f3nimos y sus jueces, y en los disc\u00ed\u00adpulos (Mat 13:38) \u00ablos hijos\u00bb del reino que, gracias a la fe, provienen tambi\u00e9n del mundo de los paganos (Mat 12:18 = Isa 42:1; Mat 12:21 = Isa 42:4 LXX). Esta universalidad se har\u00e1 manifiesta en la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La escena final en el monte (Mat 28:16-20) es intencionalmente muy instructiva: \u00aba los once disc\u00ed\u00adpulos\u00bb, \u00abpostrados en adoraci\u00f3n\u00bb, Jes\u00fas se les revela como el Se\u00f1or universal, dotado de \u00abtodo poder en el cielo y en la tierra\u00bb, y por tanto autorizado para fundar por medio de ellos una comunidad universal de disc\u00ed\u00adpulos entre todos los pueblos: \u00abId y haced disc\u00ed\u00adpulos m\u00ed\u00ados en todos los pueblos\u00bb. Son enviados, y por consiguiente constituidos \u00abap\u00f3stoles\u00bb para todos, sin excluir a nadie, para que todos puedan llegar a ser disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas. La Iglesia del evangelio es tanto la del Jes\u00fas terreno como la del Jes\u00fas resucitado.<\/p>\n<p>c) En los escritos joaneos. El Jes\u00fas terreno y su obra de preformaci\u00f3n de la Iglesia quedan filtrados por la vida de una Iglesia que ya ha evolucionado y que vuelve a proponerlos en t\u00e9rminos de actualidad y de historia. Aunque nunca nos hablan expl\u00ed\u00adcitamente de la Iglesia, estos escritos no pierden nunca de vista su naturaleza \u00ed\u00adntima, que consiste en la perfecta comuni\u00f3n entre sus miembros y por parte de \u00e9stos con Jes\u00fas. En estos escritos la Iglesia es siempre el grupo de disc\u00ed\u00adpulos, que en Ap se ti\u00f1e con el martirio. De suyo, la Iglesia equivale a \u00abcreyentes\u00bb (Jua 1:12; Jua 3:16.18.36; Jua 5:24; etc.), aunque no todos los creyentes sean disc\u00ed\u00adpulos (Jua 4:39.41.53; Jua 9:38; Jua 11:27; etc.). S\u00f3lo la fe une con lo que fue \u00abdesde el principio\u00bb (lJn l,lss; 2,7s; 3,11; 2Jn 1:4ss). Entre los creyentes hay algunos que s\u00f3lo creen superficialmente (en los signos: Jua 2:23), o tan s\u00f3lo a escondidas (Jua 12:42; Jua 19:38); la verdadera fe, la de los disc\u00ed\u00adpulos aut\u00e9nticos y la de la Iglesia, se caracteriza por la relaci\u00f3n con la palabra de Jes\u00fas (Jua 5:38; Jua 8:31; Jua 15:7; Un 1,1), por el \u00abconocimiento\u00bb que viene de la fe (Jua 6:69) y que \u00abda mucho fruto\u00bb (Jua 15:8). Los \u00abdoce\u00bb son el modelo adecuado para los verdaderos disc\u00ed\u00adpulos (cf Jua 6:70, referido a los doce, con 15,16, dicho para los disc\u00ed\u00adpulos en general).<\/p>\n<p>Entre Jes\u00fas y \u00ablos suyos\u00bb se da una uni\u00f3n muy \u00ed\u00adntima, en virtud de una presencia constante de Jes\u00fas y del \/ Esp\u00ed\u00adritu con, por y en los disc\u00ed\u00adpulos (Jua 14:16s; Jua 15:13; etc.). El es \u00abdesde el principio\u00bb la \u00abpalabra de la vida\u00bb para los creyentes en la Iglesia (lJn 1,1ss). Como comunidad de los creyentes, la Iglesia es la morada de Jes\u00fas y del Padre (Jua 14:23; Apo 21:3). La misma muerte de Jes\u00fas no es considerada, ni mucho menos, como separaci\u00f3n o como lejan\u00ed\u00ada de Jes\u00fas respecto a su comunidad; al contrario, mediante el Esp\u00ed\u00adritu Jes\u00fas vuelve y permanece continuamente presente en su Iglesia. Ese Esp\u00ed\u00adritu es dado por Dios (1Jn 3:24); pero es tambi\u00e9n enviado &#8216;por Jes\u00fas (Jua 15:26), como \u00abotro Par\u00e1clito\u00bb (\u00abotro\u00bb respecto a Jes\u00fas) y permanece \u00abpara siempre\u00bb con los disc\u00ed\u00adpulos (Jua 14:16); m\u00e1s a\u00fan, est\u00e1 \u00abdentro\u00bb de ellos (Jua 14:17). Esta intimidad tan grande y tan vital entre el creyente y Jes\u00fas se pone de manifiesto en el lenguaje figurado de la par\u00e1bola aleg\u00f3rica del buen pastor (Jua 10:1-17) y en la met\u00e1fora de la vid y los sarmientos (Jua 15:1-8): la Iglesia recibe su vida de Jes\u00fas; m\u00e1s a\u00fan, lleva dentro de s\u00ed\u00ad la vida misma de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Este lazo tan estrecho que la une a Jes\u00fas impone a la Iglesia la necesidad absoluta de la unidad interior&#8217;y exterior. Tal es el objetivo de la obra de Jes\u00fas pastor (Jua 10:14ss), el objeto de su oracion (Jua 17:20), el fruto de su muerte (Jua 11:51s) y al mismo tiempo el instrumento elegido de evangelizaci\u00f3n en manos de los disc\u00ed\u00adpulos (Jua 17:21.23).<\/p>\n<p>Unida y tambi\u00e9n \u00fanica, es decir, Iglesia universal. Seg\u00fan Jn 4, la universalidad de la Iglesia formaba ya parte de la ense\u00f1anza terrena del Maestro, aun cuando hay claros indicios que atestiguan en el texto una evoluci\u00f3n y una clave escatol\u00f3gica dif\u00ed\u00adcilmente originales (pero que al mismo tiempo confirman la interpretaci\u00f3n universalista que hay que dar a todo el episodio). Tambi\u00e9n tiene un aire universalista Jua 12:12-28 : \u00abMirad c\u00f3mo todo el mundo se va tras \u00e9l\u00bb, es el comentario amargo de los fariseos (v. 19); pero tambi\u00e9n la interpretaci\u00f3n universal del evangelista, que habla de \u00abalgunos griegos\u00bb (v. 20) y de la necesidad del ministerio&#8217; apost\u00f3lico para \u00abver a Jes\u00fas\u00bb (v. 21s).<\/p>\n<p>Es evidente la misi\u00f3n: la Iglesia recoge y desarrolla en ella los datos originales de Jes\u00fas. Por medio de Juan Bautista (Jua 1:6.33; Jua 3:28), por medio de Jes\u00fas (enviado de Dios: Jua 3:17; Jua 4:34; etc.) y por medio de los disc\u00ed\u00adpulos (enviados por Jes\u00fas: Jua 4:38; Jua 13:20). Estos contin\u00faan la misi\u00f3n misma de Jes\u00fas, el enviado del Padre; as\u00ed\u00ad pues, resalta all\u00ed\u00ad el car\u00e1cter mesi\u00e1nico-escatol\u00f3gico, y al mismo tiempo teol\u00f3gico, de su env\u00ed\u00ado (cf Jua 17:18 y especialmente 20,21).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n est\u00e1 presente en Juan el principio de la tradici\u00f3n: la ense\u00f1anza est\u00e1 garantizada por el Esp\u00ed\u00adritu (Jua 16:13s); m\u00e1s a\u00fan, es \u00e9l mismo el que \u00abense\u00f1ar\u00e1\u00bb (Jua 14:26) y el que \u00abdar\u00e1 testimonio\u00bb (Jua 15:26) de Jes\u00fas a trav\u00e9s de todo lo que digan luego los disc\u00ed\u00adpulos, que ser\u00e1n tambi\u00e9n testigos suyos, puesto que \u00abest\u00e1n con \u00e9l desde el principio\u00bb (Jua 15:27).<\/p>\n<p>Es adem\u00e1s interesante la referencia al nuevo culto, es decir, a la era escatol\u00f3gica, representada aqu\u00ed\u00ad por la Iglesia: cf las bodas de Can\u00e1 (Jua 2:1-11), le\u00ed\u00addas en paralelo con la referencia al templo y con la interpretaci\u00f3n siguiente (Jua 2:13-22); v\u00e9ase la afirmaci\u00f3n sobre los \u00abverdaderos adoradores\u00bb, los actuales, esto es, los del tiempo de Cristo y de la Iglesia, que \u00abadorar\u00e1n al Padre en esp\u00ed\u00adritu y en verdad\u00bb (Jua 4:23). Jes\u00fas inaugur\u00f3 la hora escatol\u00f3gica de la verdadera adoraci\u00f3n, la que contin\u00faa entre los que creen en \u00e9l y en su misi\u00f3n. Entre los sacramentos, se habla particularmente del \/ bautismo (III) con agua y Esp\u00ed\u00adritu (Jua 3:1-12); al bautismo y a la eucarist\u00ed\u00ada juntamente se alude en Jua 19:34 y en 1Jn 5:6ss: los dos brotan de la muerte de Jes\u00fas; a la \/ eucarist\u00ed\u00ada (V) se dedica todo el cap\u00ed\u00adtulo 6. Hay que recordar igualmente el perd\u00f3n de los pecados (Jua 20:23) [\/ Reconciliaci\u00f3n], verdadera y propia habilitaci\u00f3n para un acto judicial por parte de los disc\u00ed\u00adpulos\/ ap\u00f3stoles dentro de la comunidad.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el mundo tiene su peso en la teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia, aunque como contraste. \u00abElegidos y sacados del mundo\u00bb (Jua 15:59) y hasta en oposici\u00f3n a \u00e9l (1Jn 2:15ss), los disc\u00ed\u00adpulos no son \u00abdel mundo\u00bb(Jua 17:14), sino que, como Jes\u00fas, s\u00f3lo han sido enviados al mundo (Jua 17:18). \u00abEn el mundo\u00bb est\u00e1n \u00ablas pasiones carnales, el ansia de las cosas y la arrogancia\u00bb (1Jn 2:16), la mentira, el pecado y la muerte (cf Jn 8). \u00abNosotros sabemos que somos de Dios, y que todo el mundo est\u00e1 en poder del maligno\u00bb (lJn 5,19); los creyentes, o la Iglesia, son \u00abhijos de Dios\u00bb (1Jn 3:10) y cumplen la voluntad de Dios (1Jn 2:17). Los caminos y los objetivos del mundo son fatales para los disc\u00ed\u00adpulos (Jua 12:35; Jua 14:4s), para que no se hagan \u00abdel mundo\u00bb, Jes\u00fas le pide al Padreque los \u00abpreserve del mal\u00bb (Jua 17:15). Tambi\u00e9n hay que luchar contra el demonio: Jes\u00fas ha venido a \u00abdestruir las obras del diablo\u00bb (lJn 3,8), es decir, el pecado, \u00abporque el diablo es pecador desde el principio\u00bb (1Jn 3:8). Los creyentes, gracias a su fe, \u00abhan vencido al mundo\u00bb (1Jn 5:4), mientras que la palabra de Dios que mora en el cristiano es la que \u00abha vencido al maligno\u00bb (Un 2,14).<\/p>\n<p>Pero el mundo y el maligno han logrado, sin embargo, penetrar en la Iglesia mediante las herej\u00ed\u00adas. En la comunidad hay muchos \u00abanticristos\u00bb (1Jn 2:18.22; 1Jn 4:3.6; 2Jn 1:7) y muchos falsos profetas (1Jn 4:1), que son un motivo de perversi\u00f3n para los miembros de la Iglesia (1Jn 2:26; cf 3,7). El error recae sobre Jes\u00fas (docetismo: Un 2,22; 4,2s) y manifiesta una falsa concepci\u00f3n del pecado (lJn 1,8; 3,4.7s). Estos falsos profetas son excluidos de la comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica (2Jn 1:10s); es natural que as\u00ed\u00ad sea, puesto que \u00abno tienen a Dios\u00bb (2Jn 1:9). La Iglesia, sin embargo, aunque tentada y sometida a la prueba, permanece fiel: \u00abSe disipan las tinieblas y la luz verdadera brilla ya\u00bb (lJn 2,8).<\/p>\n<p>Fiel y victoriosa sobre las tentaciones y en medio de las tribulaciones, triunfante gracias a Dios y al Cordero, segura en el tiempo y para siempre, la Iglesia es el tema constante y la idea central del Ap. Heredera del antiguo Israel, consciente de realizar el plan divino de la salvaci\u00f3n, es presentada desde el principio como la comunidad de los redimidos (1,5b; cf 1,8), convertida en un \u00abreino de sacerdotes para su Dios y Padre\u00bb (1,6 = Isa 61:6; cf 5,9s; 14,3s; 20,6). Es la Iglesia de Jesucristo. Realiza todo lo que hab\u00ed\u00ada sido dicho del antiguo Israel, del \u00abpueblo de Dios\u00bb (18,4; cf Isa 52:11). La alianza antigua con Israel, formulada en los tiempos y en los t\u00e9rminos m\u00e1s variados, se establece ahora de manera definitiva con la Iglesia considerada como el nuevoy eterno Israel, tan totalmente representativa que figura como la ideal \u00abciudad santa, la nueva Jerusal\u00e9n, que baja del cielo del lado de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su esposo\u00bb (21,2; cf Isa 61:2) [\/ Juan: evangelio, cartas; \/ Apocalipsis].<\/p>\n<p>d) En la teolog\u00ed\u00ada de Lc-He. Aqu\u00ed\u00ad la Iglesia aparece en continuidad con todo lo que antes se ha ido dibujando. Espec\u00ed\u00adficamente, la Iglesia es el anuncio kerigm\u00e1tico para el presente y para el futuro; es una \u00abIglesia en el tiempo\u00bb, guiada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo y convertida en anuncio de salvaci\u00f3n para todos los hombres de esta historia ya cristiana.<\/p>\n<p>Seg\u00fan una concepci\u00f3n totalmente hebrea, la Iglesia es obra de Dios. Es su prodigio escatol\u00f3gico, conocido por \u00e9l ya desde la eternidad (Heb 15:38) e insuprimible (Heb 5:38s). Jes\u00fas y su obra se sit\u00faan en esta historia de Dios, y por tanto est\u00e1n prefigurados y prometidos (Heb 3:22-26; etc.). La Iglesia comprende tanto a los jud\u00ed\u00ados como a los paganos; es con toda claridad el \u00abnuevo\u00bb Israel, el \u00abverdadero\u00bb Israel o el de los \u00faltimos tiempos, injertado en el antiguo y prolongaci\u00f3n suya, pero tambi\u00e9n su cumplimiento, su superaci\u00f3n y su meta (Am9,llss=Heb 15:15s).<\/p>\n<p>La Iglesia, obra de Dios, comprende como su propia esencia la historia terrena de Jes\u00fas, incluidas su muerte y su resurrecci\u00f3n. El acento se pone en el Jes\u00fas resucitado, en el Se\u00f1or: \u00e9l es \u00abel viviente\u00bb (Luc 24:5), o \u00abaquel que vive\u00bb (Luc 24:23), que dio \u00abmuchas pruebas evidentes de que estaba vivo\u00bb y que \u00abse apareci\u00f3 durante cuarenta d\u00ed\u00adas y les habl\u00f3 de las cosas del reino de Dios\u00bb (Heb 1:3). En el centro, el acontecimiento-resurrecci\u00f3n atrae y ordena en torno a s\u00ed\u00ad todos los dem\u00e1s hechos de Jes\u00fas. La Iglesia queda fundada desde que Jes\u00fas resucit\u00f3 y se manifest\u00f3; est\u00e1 escondida, peropresente, y durar\u00e1 hasta la parus\u00ed\u00ada. El alma de la Iglesia es la presencia del Se\u00f1or en la \u00abpalabra\u00bb y en la eucarist\u00ed\u00ada; su garant\u00ed\u00ada es la presencia y la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu derramado seg\u00fan la promesa (Luc 24:49; Heb 1:4s.8) sobre los ap\u00f3stoles (Heb 2:3s.11.17s; etc.) por el Kyrios Jes\u00fas resucitado (Heb 2:23s). De \u00e9l es de quien \u00abPedro y los once\u00bb (Heb 2:14) recibir\u00e1n la fuerza para ser testigos del resucitado \u00aben Jerusal\u00e9n, en toda Judea, en Samar\u00ed\u00ada y hasta los confines de la tierra\u00bb (Heb 1:8; cf 5,31s).<\/p>\n<p>Los prodigios y los signos (Heb 2:22.43; Heb 4:16.22) son igualmente expresi\u00f3n de la presencia activa del Esp\u00ed\u00adritu Santo y se ponen al lado de la \u00abpalabra\u00bb como apoyo y como demostraci\u00f3n (Heb 4:29s; Heb 8:6ss): son las curaciones (Heb 4:16.22.30; etc.) y los exorcismos (Heb 5:16; Heb 8:7; Heb 16:18). Realizados por los ap\u00f3stoles, no son de ellos, sino de Dios (Heb 3:12), que de esta forma y por medio de ellos realiza su plan de salvaci\u00f3n y su propia obra, o es tambi\u00e9n el mismo Jes\u00fas en acci\u00f3n (Heb 4:29s), sobre todo el \u00abnombre\u00bb de Jes\u00fas (Heb 3:6ss.16; Heb 4:10. 12.29s; etc.).<\/p>\n<p>Las persecuciones (Heb 5:41; Heb 9:16) van tambi\u00e9n ligadas al \u00abnombre\u00bb y forman parte de la existencia cristiana, como anuncio y difusi\u00f3n de la palabra. Para Pablo las tribulaciones son necesarias (griego, dei) \u00abpara entrar en el reino de Dios\u00bb (Heb 14:22). Los Hechos est\u00e1n saturados desde el principio de diversas vejaciones contra los cristianos y los testigos de la palabra (Heb 4:1ss.25; Heb 5:17ss), pero que son tambi\u00e9n la ocasi\u00f3n privilegiada y providencial para la \u00abedificaci\u00f3n\u00bb o el crecimiento de la Iglesia (cf Heb 8:4; Heb 11:19ss).<\/p>\n<p>Ocupa un lugar preeminente la fe y su camino: los cristianos se re\u00fanen para \u00abescuchar la palabra\u00bb(Heb 10:44; Heb 13:7.44) y la \u00abacogen\u00bb (Heb 2:41; Heb 8:14; Heb 11:1; Heb 17:11). Mar\u00ed\u00ada es precisamente la que de manera ejemplar acoge la palabra y cree (Luc 1:45; Luc 11:28). Los t\u00e9rminos de la fe, que algunas veces no se especifican (Heb 13:48; Heb 14:1; Heb 15:5), se refieren todos ellos al acontecimiento-Jes\u00fas, que naci\u00f3, vivi\u00f3, muri\u00f3 y resucit\u00f3 en Palestina y que est\u00e1 ahora glorioso en los cielos (Heb 10:36-43). Se supone ciertamente un conocimiento, un saber (Heb 18:25-28); pero se requiere esencialmente un ser nuevo y un vivir de la nueva realidad, as\u00ed\u00ad como su manifestaci\u00f3n en formas concretas de vida y de comuni\u00f3n. Esto se lleva a cabo s\u00f3lo mediante una previa conversi\u00f3n profunda, total, una verdadera transformaci\u00f3n de la persona (Heb 9:35-42; Heb 11:21; Heb 20:21). Hay que convertirse de las \u00abmalas obras\u00bb (Heb 3:26) o del \u00abmal\u00bb (Heb 8:22) y hay que dirigirse \u00aba Dios, observando una conducta de arrepentimiento sincera\u00bb (Heb 26:20). La llamada a la conversi\u00f3n (griego, met\u00e1noia) se dirige a todos los hombres (Luc 24:45-49; Heb 17:30), aunque bajo formas diversas. Su sello es el bautismo, que lleva unido el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo mediante la imposici\u00f3n de las manos (Heb 8:17s; Heb 9:17).<\/p>\n<p>Esta Iglesia de los primeros tiempos pretende encarnar comunitariamente, y como efecto que se remonta a la primera hora, el mensaje del Maestro; de este modo se convierte en par\u00e1metro y en fuente de vida cristiana para la Iglesia de todos los tiempos. El primer elemento que se destaca en esa Iglesia es su reuni\u00f3n: cf desde el principio Heb 1:4.6.13s.15; luego en 2,1.42.44.46; 4,23s.31.32; etc. El lugar de encuentro es a veces el templo (Luc 24:53; Heb 2:46), pero tambi\u00e9n las casas privadas (Heb 2:46; Heb 5:42; Heb 12:12; etc.). De esta manera la Iglesia \u00abse edifica\u00bb (cf Heb 9:31; Heb 20:32) y sobre todo \u00abcrece\u00bb, mientras que los disc\u00ed\u00adpulos \u00abse multiplican\u00bb (Heb 2:41.47; Heb 4:4).<\/p>\n<p>Por lo que se refiere al culto en particular [! Bautismo I; ! Eucarist\u00ed\u00ada II], son frecuentes en los Hechos las oraciones por parte de la comunidad (Heb 1:14; Heb 2:42; Heb 12:5.12; Heb 13:3; etc.) y de los individuos, por ejemplo Pedro y Juan (Heb 8:15-24), Pablo (Heb 9:11), etc\u00e9tera. En ella se presta atenci\u00f3n a la acci\u00f3n de gracias y a la alabanza (Luc 24:53; Heb 1:24), a la intercesi\u00f3n (Heb 12:5; Heb 13:3), a la petici\u00f3n (Heb 1:24s; Heb 4:29s), al culto en general (Heb 13:1).<\/p>\n<p>El culto cristiano y la oraci\u00f3n no ser\u00ed\u00adan genuinos y resultar\u00ed\u00adan incompletos si prescindieran de las exigencias de los hermanos. Lo recuerda la koinon\u00ed\u00ada de Heb 2:42 y todo el sumario de Heb 2:32-35, con la figura de Bernab\u00e9 (Heb 4:26s), al que se contrapone el d\u00ed\u00adptico del comportamiento de Anan\u00ed\u00adas y Safira y de su destino (Heb 5:1-11). Los cristianos se manifiestan realmente como \u00abhermanos\u00bb (Heb 1:15; Heb 9:30; etc.).<\/p>\n<p>Una \u00faltima nota se refiere a los que en la Iglesia de los Hechos parecen ejercer un cierto ministerio y tener los llamados carismas. No se trata de la presencia o no del Esp\u00ed\u00adritu Santo; en efecto, \u00e9ste est\u00e1 sobre toda la Iglesia y sobre cada uno de sus miembros (Heb 2:1.4.17s; etc.). Pero dentro de la Iglesia se mueven algunos personajes que nosotros llamar\u00ed\u00adamos carism\u00e1ticos, en cuanto que no est\u00e1n constituidos propiamente en un ministerio y gozan, sin embargo, de ciertos dones particulares espirituales al servicio de la comunidad: por ejemplo, el \u00abprofeta\u00bb Agabo (Heb 11:27s), el grupo de profetas que se recuerda en Antioqu\u00ed\u00ada de Siria (Heb 13:1ss); tambi\u00e9n son \u00abprofetas\u00bb Judas y Silas (Heb 15:32); por el don del Esp\u00ed\u00adritu destacan tambi\u00e9n Esteban (Heb 6:8; Heb 7:55), Felipe (Heb 8:29) y sus cuatro hijas \u00abprofetisas\u00bb (Heb 21:9), Bernab\u00e9 (Heb 11:24), Apolo (Heb 18:25). Pero hay adem\u00e1s una ministerialidad propia y verdadera, aunque privada de contornos precisos. Hay que se\u00f1alar, por ejemplo, la funci\u00f3n primacial de \/ Pedro sobre los once, tanto dentro de ellos como en el interior de la Iglesia, o tambi\u00e9n la de todos los ap\u00f3stoles (definidos en Heb 1:8 y 1,21s), que ciertamente son distintos de los \u00abhermanos\u00bb (11,1); algo debi\u00f3 suceder con la instituci\u00f3n de los \u00absiete\u00bb (6,5s) a quienes se les impusieron las manos; lo mismo ocurre en el caso de la misi\u00f3n que se menciona en Heb 13:2ss. Santiago preside la comunidad de Jerusal\u00e9n (Heb 15:13-21). Tambi\u00e9n destacan los \u00abpresb\u00ed\u00adteros\u00bb o \u00abancianos\u00bb (Heb 11:30), que forman en Jerusal\u00e9n un gran consejo  alrededor de los ap\u00f3stoles (Heb 15:2; Heb 16:4), llamados \u00abhermanos\u00bb de los ap\u00f3stoles, con los que est\u00e1n asociados. Tambi\u00e9n fuera de Palestina son establecidos algunos \u00abpresb\u00ed\u00adteros\u00bb(Heb 14:23) por obra de Pablo y Bernab\u00e9. A estos \u00abpresb\u00ed\u00adteros\u00bb se les reconoce abiertamente el sello del Esp\u00ed\u00adritu Santo para \u00abser inspectores\u00bb o episkopein (Heb 20:28). De esta manera se afirma que no s\u00f3lo el carism\u00e1tico depende del Esp\u00ed\u00adritu, sino tambi\u00e9n todos los que ejercen alg\u00fan ministerio; \u00e9stos tendr\u00e1n que \u00abapacentar a la Iglesia de Dios\u00bb, defendi\u00e9ndola adem\u00e1s de los errores y de la perversi\u00f3n respecto al dep\u00f3sito apost\u00f3lico transmitido (Heb 20:29ss). Por consiguiente, se puede afirmar que ya en este nivel los Hechos atestiguan la presencia de la tradici\u00f3n e incluso la de la sucesi\u00f3n, es decir, la de una gesti\u00f3n de tipo ministerial [! Lucas; \/ Hechos de los Ap\u00f3stoles].<\/p>\n<p>e) En el misterio de la providencia divina [\/ Pablo]. \u00abTodos nosotros fuimos bautizados en un solo Esp\u00ed\u00adritu, para formar un solo cuerpo\u00bb (1Co 12:13). Es el cuerpo de Cristo (1Co 12:27), cuya cohesi\u00f3n viva manifiesta, asegura e incrementa el pan eucar\u00ed\u00adstico, junto con el evangelio (1Co 10:17). Para Pablo, el cuerpo de Cristo es sobre todo el cuerpo de Jes\u00fas, el del crucificado. De aqu\u00ed\u00ad el interrogante: \u00bfC\u00f3mo es que la misma expresi\u00f3n \u00abcuerpo de Cristo\u00bb indica tambi\u00e9n a la Iglesia? \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n existe entre el \u00abcuerpo de Cristo\u00bb y la Iglesia?<br \/>\nEste problema es espec\u00ed\u00adfico de Ef (y de Col). Para Ef, la Iglesia no se deriva del mundo ni pertenece de suyo esencialmente a la historia de aqu\u00ed\u00ad abajo. Si realmente est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad abajo, esto no hace m\u00e1s que manifestar el misterio profundo e insondable de la providencia divina y de su eterna salvaci\u00f3n. Para Ef, la Iglesia ha existido desde siempre en la eterna voluntad salv\u00ed\u00adfica del Padre, que quiere \u00abrecapitular\u00bb todas las cosas en Cristo, las de los cielos y las de la tierra\u00bb (Efe 1:10). Su \u00abplan secreto, escondido desde todos los siglos en Dios, creador de todas las cosas\u00bb (Efe 3:9), \u00abno se dio a conocer a los hombres de las generaciones pasadas, y ahora se lo ha manifestado a sus santos ap\u00f3stoles y profetas por medio del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (cf 3,5). Este misterio tiene un contenido concreto, realmente inaudito: \u00abEste secreto consiste en que los paganos comparten la misma herencia con los jud\u00ed\u00ados, son miembros del mismo cuerpo y, en virtud del evangelio, participan de la misma promesa en Jesucristo\u00bb (Efe 3:6).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, ya desde la creaci\u00f3n tiene ante sus ojos a la Iglesia: al crear, manifiesta su bondad (G\u00e9n 1) y conduce a la salvaci\u00f3n, lo cual se realizar\u00e1 precisamente en la Iglesia (y en Cristo). Lo mismo que Dios es creador seg\u00fan un m\u00f3dulo \u00abescondido\u00bb en \u00e9l, igualmente hay que decir esto de Cristo, ya que \u00abtodo ha sido creado en \u00e9l\u00bb y todo existe \u00abmediante \u00e9l y con vistas a \u00e9l\u00bb y \u00ab\u00e9l mismo existe antes que todas las cosas y todas subsisten en \u00e9l\u00bb (Col 1:16-17). Conjugando como es debido la relaci\u00f3n Cristo-Iglesia con el \u00abmisterio de Dios\u00bb (tambi\u00e9n Cristo, como la Iglesia, es \u00abel misterio de Dios\u00bb: cf Col 2:2), habr\u00e1 que concluir que la presencia de Cristo y de la Iglesia cumple el misterio de la creaci\u00f3n y al mismo tiempo manifiesta el de Dios [\/ Misterio III, 4].<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu edifica y hace crecer a la Iglesia como \u00abcuerpo de Cristo\u00bb gracias a tres elementos principales, l\u00f3gicamente unidos entre s\u00ed\u00ad: a) el evangelio o la predicaci\u00f3n, es decir, la palabra: actualizaci\u00f3n y revelaci\u00f3n de la cruz-resurrecci\u00f3n, llamada de Dios a la salvaci\u00f3n; b) los sacramentos, es decir, el \/ bautismo (IV), la \/ eucarist\u00ed\u00ada (II-III), el \/ sacerdocio (II), el \/ matrimonio (VI), en cuanto acciones o signos que santifican al hombre y que lo edifican como cuerpo vivo y santo de Cristo; c) el crecimiento de sus mismos miembros, bien en general, bien de los carism\u00e1ticos, bien en los ministerios constituidos, puesto que la Iglesia crece y se edifica en la medida en que crecen y se edifican sus miembros en sus respectivas funciones, viviendo de la vida misma de Cristo. De esta forma la Iglesia, gracias al Padre y al Esp\u00ed\u00adritu, es el cuerpo salvador de Cristo en la tierra.<\/p>\n<p>f) El desarrollo de las pastorales: una Iglesia ministerial. M\u00e1s que por otros temas, igualmente centrales, en las pastorales la Iglesia se caracteriza sobre todo por una concepci\u00f3n de tipo ministerial. Se la representa como una familia terrena (ITim 3,5), como una verdadera y propia \u00abcasa de Dios\u00bb (lTim 3,15; cf 5,1s), especificada mejor como \u00abcolumna y fundamento de la verdad\u00bb (ibid). Tambi\u00e9n se la representa como una \u00abgran casa\u00bb, donde \u00abno s\u00f3lo hay vajillas de oro y plata, sino tambi\u00e9n de madera y barro\u00bb (2Ti 2:20), es decir, en donde conviven creyentes y menos creyentes, buenos y malos.<\/p>\n<p>En el contexto general de una Iglesia pueblo de Cristo (Tit 2:14), formada por hombres con diferente grado de fe y considerada como una familia, se ejerce el ministerio confiado a Timoteo y a Tito. Estos se conciben como prototipos: desempe\u00f1an un ministerio que se confiere y se ejerce continuamente dirigido al oficio apost\u00f3lico, puesto en continuidad con el mismo y como en su lugar (cf ITim 3,15; 4,13; 2Ti 4:5s.9; Tit 3:12). Por eso mismo las pastorales hacen hablar muy frecuentemente al ap\u00f3stol, interpret\u00e1ndolo y autoriz\u00e1ndolo; de esta forma todo gravita en torno al ministerio apost\u00f3lico, expresamente en torno a Pablo (son tambi\u00e9n muy numerosas las referencias personales). Su ense\u00f1anza se ha hecho ya normativa (Tit 1:9; 2Ti 1:12s). Sus destinatarios, Timoteo y Tito, no hacen m\u00e1s que guardar lo que fue ense\u00f1ado por el ap\u00f3stol y volver a proponerlo como repetidores (ITim 4,16; 6,2.20; etc.). La prolongaci\u00f3n del oficio apost\u00f3lico en el ministerio afecta tambi\u00e9n a su interioridad: el amor, la fe, el Esp\u00ed\u00adritu, la dulzura, la paciencia, etc. No solamente el ministerio ha de ser \u00abespiritual\u00bb, sino tambi\u00e9n el que est\u00e1 revestido de \u00e9l (ITim 6,11s; etc.); habr\u00e1 de imitar al ap\u00f3stol en el sufrimiento por el evangelio (2Ti 1:8); tendr\u00e1 que ser un verdadero typos para la comunidad (lTim 4,12; Tit 2:7); ser\u00e1 como un alistado para una \u00abbuena milicia\u00bb (ITim 1,18; 2Ti 4:5), como en un aut\u00e9ntico \u00abservicio\u00bb (1Ti 1:12; 1Ti 4:6; 2Ti 4:5). Y lo mismo que hizo el ap\u00f3stol, tambi\u00e9n el oficio ministerial edifica la Iglesia; m\u00e1s a\u00fan, la hace crecer y la cumple, puesto que est\u00e1 puesto para llevar a su cumplimiento el mismo oficio apost\u00f3lico. Este oficio ministerial afecta tambi\u00e9n a la administraci\u00f3n responsable de la \u00abcasa de Dios\u00bb, a la vigilancia y a las directivas varias -tambi\u00e9n de orden disciplinar- para los diferentes ministerios (p.ej., para las viudas: lTim 5,3-16; para los presb\u00ed\u00adteros: 1Ti 5:17-22); constituye a otros en el oficio de presb\u00ed\u00adteros (ITim 5,22; Tit 1:5), algunos de ellos con funciones de inspecci\u00f3n (ep\u00ed\u00adskopoi: 1Ti 3:1-7; Tit 1:5-7) y a otros s\u00f3lo como auxiliares (di\u00e1konoi: lTim 3,8-13). Tambi\u00e9n \u00e9stos, a su vez, ense\u00f1an, presiden, ordenan (ITim 4,13; 5,17; 2Ti 2:2). De esta manera la Iglesia se presenta monol\u00ed\u00adtica, siempre ligada al ap\u00f3stol; escucha sus instrucciones y es dirigida por ellas; las aplica y autom\u00e1ticamente las desarrolla [\/ Timoteo: \/ Tito].<\/p>\n<p>g) Conclusi\u00f3n. Misterio salv\u00ed\u00adfico de Dios, escondido antes del tiempo y revelado sucesivamente mediante el Hijo Jes\u00fas, pero de una forma realmente sublime que se ha verificado en el don de su muerte y resurrecci\u00f3n, la Iglesia realiza en t\u00e9rminos b\u00ed\u00adblicos la etapa de la nueva y eterna alianza, en t\u00e9rminos cuantitativos la llamada universal de Dios a todos los pueblos y en t\u00e9rminos cristol\u00f3gicos el don estable e imperecedero de toda la divinidad.<\/p>\n<p>Su ser en el mundo la pone en constante peregrinaci\u00f3n hacia aquel que llama y hacia la patria de arriba; en continuaci\u00f3n natural, por otra parte, con la Iglesia del AT, totalmente sometida a su Dios, en plenitud de fe y en completa y alegre esperanza.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, con su existencia, la iglesia est\u00e1 proyectada hacia el futuro; un futuro del que no solamente prepara la llegada, sino del que ya goza anticipadamente en el presente, gracias al don del Esp\u00ed\u00adritu que le ha enviado el Padre por medio de su Se\u00f1or. Cristo es siempre ayer, hoy y ma\u00f1ana (Apo 1:8; Apo 22:13). Y hoy est\u00e1 en su Iglesia, es la cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, lo mismo que es tambi\u00e9n su vida, su pastor, su fundamento, etc. As\u00ed\u00ad pues, ella es, lo mismo que su Se\u00f1or, ahora y siempre, el misterio salv\u00ed\u00adfico de Dios.<\/p>\n<p>BIBL.: ANT\u00ed\u201cN A., La Iglesia de Cristo. El Israel de la Vieja v de la Nueva Alianza, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1977; BAMMEL_ E. (ed.), Israels Dienstbarkeit, Clarendon Press, Oxford 1978, 295-306; BAEs R.A., New Testament nuptial imagen, Brill, Leiden 1971; Boas P.C., Chiesa primitiva. L&#8217;hnnmgine delta comunitd del\/e origini (Aui 2,42-47; 4.32-3 7) nena storia della chiesa antica, Paideia, Brescia 1974; Borrra L., Minist\u00e9re eccl\u00e9siastique el succession apostolique, en \u00abNRT\u00bb 95 (1973) 241-252; CASAS GNRG\u00ed\u008dA V., La Iglesia en el Nuevo Testamento, en \u00abVerdad y Vida\u00bb 37 (1979) 363-384; Cuvu rva ., Apocal vpse 20: pr\u00e9diction ou pr\u00e9dica[ ion, en \u00abE t udes Th\u00e9ologiques et Religieuses\u00bb 59 (1984) 345-354; DACQF NO P., La chiesa alta luee delta Bihbia, Marietti, Tur\u00ed\u00adn 1974; ID, La chiesa \u00abcarpo del Cristo\u00bb, en \u00abRBit\u00bb 29 (1981) 315-330; DA( V ILLER J., Les temps apo.stohques, 1. &#8216;si\u00e9cle, Sirey, Par\u00ed\u00ads 1980; DEScAMPS A., Aux origines du ministi&#8217;re. La pens\u00e9e de J\u00e9sus, en \u00abRTL\u00bb 2 (1971) 3-45; 3 (1972) 121-159; Dr PONT J., Teologia della chiesa negli Ato degli Apostoli, EDB, Bolonia 1984; lo, L&#8217;ap\u00f3tre camine interm\u00e9diaire du salut dans les Actes des ap\u00f3tres, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1984; F1mmr1s H.J., Vers\u00fchnung-Apostolat-Kirche. Eine exegetisehtheologische und rezeptionsgeschichtliche Studie zu den Vers\u00f3hnungsaussagen des Neuen Testaments (2Kor, R\u00fcm, Kol, Eph), Echter Verlag, W\u00fcrzburg 1983; FCGUSTER N., Estructuras de la eclesiolog\u00ed\u00ada veterotestamentaria, en \u00abMysterium Salutis\u00bb 1V\/1, Madrid 1973, 30-105; GALBIA ti E., La funzione d&#8217;Israele nena \u00abeconotnia\u00bbdelta salvezza&#8217; en \u00abBibOr\u00bb 20 (1978) 5-16; GsiNEi. V. (ed.), Le corps et le corps du Christ dans la premi\u00e9re \u00e9pitre aux Corinthiens. Congrio de 1 ACFEB, Tarbes 1981, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1983; Het EWA G., La chiesa corpo di Cristo, en \u00abRivista di Vita spirituale 33 (1979) 418-472; KearEi ce K., Die Bine Kirche Jesu Christi im Zeugnis des Neuen Testament, en \u00abCatholica\u00bb 35 (1981) 265-279; ID, Kervgtna und Koinonia zur theo\u00ed\u00adogischen Bestimmung der Kirche des Urchristentums, en Fs. Fr. Mussner, Kontinuitdt und Einheit, Herder, Friburgo en  Bar_1981:327-339; Kont.ER M.E., La communaut\u00e9 des chr\u00e9tiens selon la premi\u00e9re \u00e9pitre de Fierre, en \u00abRTP\u00bb 114 (1982) 1-21; LEGRANO L., Images de la mission dans le Nouveau Testament, en \u00abSpiritus\u00bb 25 (1984) 17-24; Rosso URBIGLI L., Dalla\u00bb Nuova Gerusalemme \u00abalfa \u00abGerusalemme celeste\u00bb. Contributo per la comprensione del\/ Apoca\/Mica, en \u00abHenoch\u00bb 3 (1981) 369-372; SArcutxo J., Relazione tra 1 Antica e la Nuova Alleanza, en \u00abAngelicum\u00bb 60 (1983) 165-189; SCHt1ER E., Eclesiolog\u00ed\u00ada del Nuevo Testamento, en \u00abMysterium Salutis\u00bb IV 1. Madrid 1973, 107-229; SCUNACKENBCRG R., THIEME K., La Bihle et le mvst\u00e9re de 1&#8217;Eglise, Descl\u00e9e, Tournai 1964; SCHWEIZER E., Manhew&#8217;s Church, en STANTON G. (ed.), The interpretation of Matthew. Edited with an Introduetion, Fortress Press-SPCK, Filadelfia-Londres 1983, 129-155; THEOBAL_o M., Die Anfdnge der Kirche. Zur Struktur von Lk. 5.1-6.19, en \u00abNTS\u00bb 30 (1984) 91-108; THIERINC B.E., The Qumran Origins of the Christian Church. Theological Explorations, Sydney 1983; TRAGAN P.R., La parabole du \u00abpasteur\u00bbet ses applicalions: Jean 10.1-18, Ed. Anselmiana, Roma 1980.<\/p>\n<p>L. de Lorenzi<\/p>\n<p>P Rossano &#8211; G. Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO:<br \/>\nI. Eclesiolog\u00ed\u00ada fundamental (S. Pi\u00e9-Ninot).<br \/>\nII. Jes\u00fas y la Iglesia (S. Pi\u00e9-Ninot).<br \/>\nIII. Motivo de credibilidad (R. Latourelle).<br \/>\nIV. La v\u00ed\u00ada emp\u00ed\u00adrica (S. Pi\u00e9-Ninot).<br \/>\nV. Notas de la Iglesia (F.A. Sullivan).<br \/>\nVI. Int\u00e9rprete de la Escritura (J. Wicks).<br \/>\nVII. Iglesias evang\u00e9licas (D.G. Bloesch).<br \/>\nVIII. Iglesias orientales (A. Amato).<br \/>\nIX. Iglesia ortodoxa (A. Amato).<\/p>\n<p>I. Eclesiolog\u00ed\u00ada fundamental<br \/>\n1. EL NACIMIENTO DEL TRATADO \u00abDE ECCLESiA\u00bb. El problema de la demostraci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de la verdad de la Iglesia cat\u00f3lica, y por tanto la verificaci\u00f3n de que el cristianismo cat\u00f3lico romano est\u00e1 en continuidad total con las intenciones y la obra de Jesucristo, fundador de la Iglesia, fue una cuesti\u00f3n que se plante\u00f3 ya al principio desde que aparecieron los primeros cismas. Ahora bien, el cap\u00ed\u00adtulo de la eclesiolog\u00ed\u00ada apolog\u00e9tica cl\u00e1sica que se designa como demonstratio catholica es una creaci\u00f3n moderna; en efecto, ni las herej\u00ed\u00adas de 1a antig\u00fcedad ni la separaci\u00f3n en la Edad Media del Oriente y el Occidente cristianos hab\u00ed\u00adan provocado la crisis religiosa que apareci\u00f3 en el siglo XVI, oponiendo diversas comuniones rivales que pretend\u00ed\u00adan ser las verdaderas herederas de Cristo: catolicismo, anglicanismo y protestantismos de diversos tipos. El tratado De vera Ecclesia, a pesar de ciertas anticipaciones, como la inicial de Jaime de Viterbo (1301-1302), no se elabora hasta el siglo xvi; y se consolida, desarrolla y transforma sin cesar durante varios siglos, hasta su gran relanzamiento en el concilio l Vaticano I (1870).<\/p>\n<p>Tres son las formas tradicionales de esta eclesiolog\u00ed\u00ada, tipificada en tres v\u00ed\u00adas. La v\u00ed\u00ada hist\u00f3rica, que intenta mostrar a trav\u00e9s del examen de los documentos antiguos que la Iglesia cat\u00f3lica romana es la Iglesia cristiana de siempre, que aparece en la historia como una sociedad una, visible, permanente y organizada jer\u00e1rquicamente. Esta v\u00ed\u00ada se reduce en la pr\u00e1ctica a la llamada vio primatus, que es una simplificaci\u00f3n de la v\u00ed\u00ada hist\u00f3rica, ya que se limita a mostrar la verdad de la Iglesia romana a partir de la prueba de que su cabeza, el obispo de Roma, es el leg\u00ed\u00adtimo sucesor del Pedro, prescindiendo de todos los otros aspectos de continuidad hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>La segunda v\u00ed\u00ada es la vio notarum, que se desarrolla siguiendo este silogismo: Jesucristo dot\u00f3 a su Iglesia de cuatro notas distintivas: la unidad, la santidad, la catolicidad y la apostolicidad; ahora bien, la Iglesia cat\u00f3lica romana es la \u00fanica que posee estas cuatro notas; por tanto, es la verdadera Iglesia de Cristo, excluyendo as\u00ed\u00ad las restantes confesiones cristianas, tales como el luteranismo, calvinismo, anglicanismo y ortodoxia, que no las poseen. Finalmente, la tercera v\u00ed\u00ada es la v\u00ed\u00ada emp\u00ed\u00adrica, asumida por el concilio Vaticano I, gracias a su promotor, el cardenal Dechamps, que sigue un m\u00e9todo m\u00e1s simple: abandona toda confrontaci\u00f3n de la Iglesia romana actual con la antig\u00fcedad para escapar a las dificultades que suscita la interpretaci\u00f3n de los documentos hist\u00f3ricos, as\u00ed\u00ad como a la verificaci\u00f3n concreta de las notas (\/Iglesia: notas), y valora la Iglesia en s\u00ed\u00ad misma como milagro moral, que es como el signo divino que confirma su trascendencia.<\/p>\n<p>El tratado sobre la Iglesia, pues, tras sus primeros escarceos en el siglo xiv con Jaime de Viterbo, en el siglo xv con Juan de Ragusa y Juan de Torquemada, aparece ya de forma com\u00fan en el siglo XVI con dos grados: despu\u00e9s del tratado De vera Religione se constituye el De Ecclesia. Este \u00faltimo asume una clara perspectiva introductoria y apolog\u00e9tica, ya que aparece en el momento en que se libran las primeras luchas contra el luteranismo y el calvinismo, de tal forma que hacia el a\u00f1o 1550 ya circula por toda Europa ese tratado, aunque con matices bien diferenciados.<\/p>\n<p>A partir de esta formulaci\u00f3n inicial, el tratado sobre la Iglesia, especialmente a trav\u00e9s de su v\u00ed\u00ada m\u00e1s divulgada, la vio notarum, sufre diversos cambios de acuerdo con la sensibilidad del momento. As\u00ed\u00ad, en los siglos xvi y xvn las notas se presentan como tomadas m\u00e1s bien de la Escritura y de los padres. En cambio, en los siglos xviH y xix se prefiere subrayar que las cuatro notas se imponen por s\u00ed\u00ad mismas a la sociedad eclesi\u00e1stica. A finales del siglo xix y primera mitad del siglo xx -es decir, entre el Vaticano I y el Vaticano IIse describen tales notas de forma primordialmente rom\u00e1ntica y se subraya la expansi\u00f3n mundial del catolicismo, la cohesi\u00f3n y la fecundidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>De estas tres v\u00ed\u00adas, la v\u00ed\u00ada notarum ha sido la m\u00e1s utilizada en los tratados eclesiol\u00f3gicos y, aunque es distinta de las otras dos, no siempre se las ha distinguido claramente, ya que su esp\u00ed\u00adritu debe sacarlo de la v\u00ed\u00ada hist\u00f3rica por raz\u00f3n de referencias constantes en la verificaci\u00f3n hist\u00f3rica de las notas, y su materia va muy ligada a la v\u00ed\u00ada emp\u00ed\u00adrica, ya que, en definitiva, las notas son percibidas como un milagro de orden moral.<\/p>\n<p>En este proceso aparece como relevante el legado eclesiol\u00f3gico del concilio Vaticano I por su doble aporte, el referido a la vio primatus, centrado en la infalibilidad pontificia (DS 3053-3074) y el propio de la v\u00ed\u00ada emp\u00ed\u00adrica, orientado a la Iglesia como signo y, por tanto, motivo de credibilidad (DS 3012-3014). El texto conciliar, aunque cita de paso la v\u00ed\u00ada notarum = `Ecclesiam `notis&#8217; instruxit\u00bb (DS 3012)-, no la elabora.<\/p>\n<p>2. PERSPECTIVAS ECLESIOL\u00f3GICO-FUNDAMENTALES DEL VATICANO II. La categor\u00ed\u00ada Iglesia-sacramento de comuni\u00f3n, propia del Vaticano II, es fecunda para una orientaci\u00f3n teol\u00f3gico-fundamental. En efecto, se trata de una expresi\u00f3n que opera una descentralizaci\u00f3n de la Iglesia respecto a s\u00ed\u00ad misma, ya que queda centrada totalmente en Cristo. Este concepto muestra su doble valor: el interno, ya que la Iglesia, sacramento primordial, es ra\u00ed\u00adz de los sacramentos; y el externo, ya que visualiza la misi\u00f3n y mediaci\u00f3n significativa de la Iglesia para el mundo, unidos ambos en \u00abuna complexa realitas\u00bb (LG 8). Tal afirmaci\u00f3n ya replantea los silogismos cl\u00e1sicos de las tres v\u00ed\u00adas de demostraci\u00f3n apolog\u00e9tica de la verdadera Iglesia, puesto que manifiesta la \u00abdificultad\u00bb de captar su \u00abglobalidad\u00bb externo-interna por su mismo car\u00e1cter sacramental, es decir, por ser \u00absigno\u00bb no \u00abdemostrativo\u00bb, sino indicativo y mostrativo, y, el m\u00e1ximo, revelador del misterio -s\u00f3lo perceptible a los ojos de la fe-.<\/p>\n<p>A su vez, el Vaticano II hace una referencia expl\u00ed\u00adcita a las notas de la Iglesia de esta forma: \u00abEsta es la \u00fanica Iglesia de Cristo que en el s\u00ed\u00admbolo profesamos como una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica&#8230; \u00bb (LG 8); y precisa que \u00abesta Iglesia, establecida y estructurada en este mundo como una sociedad, subsiste en (subsistit in) la Iglesia cat\u00f3lica\u00bb (LG 8b). Como puede observarse, tanto el lenguaje como la misma intenci\u00f3n del texto rechazan toda exclusividad e identidad de la verdadera Iglesia concebidas de modo cerrado, mientras que se abre el espacio para la positividad y el reconocimiento. En efecto, el subsistit -que sustituye al texto primitivo, que usaba el est- subraya no tanto la exclusividad -m\u00e1s propia del es\u00c2\u00a1- cuanto el car\u00e1cter abierto y positivo. De esta forma el subsistit tiene la intenci\u00f3n y desempe\u00f1a la funci\u00f3n de evitar una identificaci\u00f3n incontrolada de la Iglesia de Cristo con la Iglesia cat\u00f3lica romana, manteni\u00e9ndose abierto a la realidad eclesial presente en las otras confesiones cristianas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la categor\u00ed\u00ada \u00absacramento\u00bb usada por el Vaticano II recuerda la expresi\u00f3n del Vaticano I: Ecclesia, signum levatum in nationes (Di 3013). De hecho, esta f\u00f3rmula es citada en SC 2; LG 50; AG 36; UR 2, y se orienta siempre hacia el signo de la unidad en la caridad. La Iglesia, pues, es signo de la llegada de la salvaci\u00f3n entre los hombres en la medida en que refleja en nuestro mundo la unidad y el amor de la vida trinitaria. El Vaticano II, por un proceso de personalizaci\u00f3n que se extiende a toda la econom\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n y de su transmisi\u00f3n, habla de testimonio personal y comunitario all\u00ed\u00ad donde el Vaticano I habla de atributos milagrosos de la Iglesia, dando as\u00ed\u00ad un nuevo enfoque a toda la eclesiolog\u00ed\u00ada fundamental.<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n: el testimonio es signo eclesial de credibilidad y paradigma para la eclesiolog\u00ed\u00ada fundamental. La categor\u00ed\u00ada testimonio ha aparecido de forma progresiva en el lenguaje teol\u00f3gico y eclesial, especialmente a partir del Vaticano II, en el cual es omnipresente (133 veces). En los s\u00ed\u00adnodos de los obispos sobre la evangelizaci\u00f3n (1974) y sobre el laicado (1987), el tema se manifiesta con fuerza, as\u00ed\u00ad como en las exhortaciones apost\u00f3licas correspondientes: Evangelii nuntiandi y Christiftdeles laici. En esta perspectiva se convierte en signo eclesial de credibilidad y paradigma para la eclesiolog\u00ed\u00ada fundamental.<\/p>\n<p>En efecto, la categor\u00ed\u00ada testimonio, adem\u00e1s de tipificar la vida cristiana y eclesial por excelencia, es asumida por la filosof\u00ed\u00ada reflexiva actual (J. Nabert, E. Levinas, P. Ricoeur) en su triple dimensi\u00f3n emp\u00ed\u00adrica, jur\u00ed\u00addica y \u00e9tica, como lugar hermen\u00e9utico que \u00abrevela\u00bb la doble confluencia presente en el testimonio: su vertiente de constataci\u00f3n hist\u00f3rica y su vertiente de expresi\u00f3n autotestimonial. Con raz\u00f3n, pues, se puede hablar de una verdadera \u00abmetaf\u00ed\u00adsica del testimonio\u00bb, capaz de mostrar la posibilidad racional de un testimonio del absoluto que sea al mismo tiempo plenamente hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>A su vez, la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica recuerda que para que el testimonio sea signo eclesial de credibilidad se deber\u00e1 referir siempre a la Iglesia apost\u00f3lica, como vertiente hist\u00f3ricoobjetiva, transmisora del \u00abdep\u00f3sito de la fe\u00bb (DV 10; GS 62, UR 6). En este marco y desde esta perspectiva es como podemos hablar de la EccIesia water congregans, que vehicula de este modo el testimonio fundante, que es la Iglesia apost\u00f3lica, como presencia del Se\u00f1or resucitado hasta el fin de los tiempos (cf Mt 28,26-30). Por otro lado, este testimonio fundante posibilitar\u00e1 la realizaci\u00f3n de su correlativo en la Ecclesia fraternitas congregata, formulaci\u00f3n de la vertiente autotestimonial y subjetiva que es el testimonio viviente de los cristianos a trav\u00e9s de su vida e historia (cf 1Cor 1,2; Rom 1,7; Ef 5,27; ITes 4,7; 2Tes 2,13s&#8230;). Como mediaci\u00f3n entre ambos: el testimonio del Esp\u00ed\u00adritu, que anima a la Iglesia en cuanto Spiritus in Ecclesia (cf LG 4).<\/p>\n<p>Emerge as\u00ed\u00ad la funci\u00f3n decisiva del testimonio como camino de credibilidad eclesial y s\u00ed\u00adntesis de lo mejor de las tres v\u00ed\u00adas cl\u00e1sicas de acceso a la verdadera Iglesia. Este no se reduce ni a una credibilidad meramente externa y extr\u00ed\u00adnseca -riesgo de la apolog\u00e9tica eclesiol\u00f3gica cl\u00e1sica- ni a una credibilidad meramente interna y subjetiva -riesgo fide\u00ed\u00adsta frecuente para compensar el anterior-, sino que centra su atenci\u00f3n en una comprensi\u00f3n de la credibilidad como invitaci\u00f3n a la fe -externa e interna a la vez-, por raz\u00f3n de su car\u00e1cter integrador. As\u00ed\u00ad pues, en esta credibilidad del testimonio eclesial se entrecruzan la dimensi\u00f3n externa, fruto de la conexi\u00f3n hist\u00f3rica con el testimonio apost\u00f3lico fundante de la Iglesia; la dimensi\u00f3n interiorizada, surgida de la experiencia eclesial del testimonio vivido, y la dimensi\u00f3n interior e interiorizadora, gracias al testimonio del Esp\u00ed\u00adritu, que es quien anima y santifica la Iglesia.<\/p>\n<p>BIBL.: ANT\u00ed\u201cN A., El misterio de la Iglesia I-II, Madrid 1986-1987; CONGAR Y., La Eclesiolog\u00ed\u00ada de San Agust\u00ed\u00adn a nuestros d\u00ed\u00adas, Madrid 1976; GARIIO-GUEMBE M.M., la comuni\u00f3n de los santos, Barcelona 1991; LATOURELLE R., Le t\u00e9moignage chr\u00e9tien, Montreal 1971; ID, Cristo y la Iglesia, signos de salvaci\u00f3n, Salamanca 1971; ID, Evangel\u00ed\u00adsation et t\u00e9moignage, en M. DHAVAMANONY (ed.), Evangelisation, Roma 1975, 77 110; PI\u00c2\u00a3-NINOT S., Hacia una ec\u00ed\u00adesiologiafundamental basada en el testimonio, en \u00abRCT\u00bb IX (1984) 401-461; ID, La chiesa come tema teologico fondamentale, en R. FISICHELLA (ed.), Ges\u00fa Rivelatore. Teolog\u00ed\u00ada Fondamentale, Casale Monferrato 1988, 140-163; ID, Tratado de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Salamanca 1989, 307-406; ID, Eclesiolog\u00ed\u00ada Fundamental: `status quaestionis&#8217;; en \u00abRET\u00bb 49 (1989) 361-403; SULLIVAN F.A., The Chureh We Believe In. One, Holy, Catholic and Apostolic, Dubl\u00ed\u00adn 1988.<\/p>\n<p>S. Pi\u00e9-Ninot<\/p>\n<p>II. Jes\u00fas y la Iglesia<br \/>\n1. ESBOZO HIST\u00f3RICO DEL TEMA. El tema de Jes\u00fas y la Iglesia, y especialmente el de la formaci\u00f3n de \u00e9sta, es b\u00e1sico para la fe cristiana. De hecho, ya en los escritos del NT, aparece esta formaci\u00f3n, con trazos germinales y pluriformes, a partir de una descripci\u00f3n creyente de la propia autocomprensi\u00f3n de la misma Iglesia. Lugar preeminente de tal desarrollo es el acontecimiento de pentecost\u00e9s y el protagonismo de los ap\u00f3stoles, particularmente el de Pedro, como pionero de la primera comunidad cristiana, que, unido al Pablo misionero de los gentiles, se convierten en los grandes portadores del desarrollo y formaci\u00f3n de la Iglesia. Para ser miembros de esta primera comunidad cristiana se necesitan estas exigencias: la conversi\u00f3n a la fe en Cristo, el bautismo, el don del Esp\u00ed\u00adritu de pentecost\u00e9s, la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, el amor operativo y comunitario (cf He 2,38.42-47). En los mismos evangelios, a trav\u00e9s de la narraci\u00f3n sobre Jes\u00fas, encontramos muchos elementos de la formaci\u00f3n de la Iglesia, como continuidad de su predicaci\u00f3n y misi\u00f3n, especialmente mediante los ap\u00f3stoles. De forma m\u00e1s relevante a\u00fan en la literatura paulina y en el resto de escritos del NT aparecen ya elementos teol\u00f3gicos y organizativos de esta Iglesia naciente.<\/p>\n<p>S\u00f3lo a partir de la etapa de los padres, tales como san Ignacio, san Ireneo, Or\u00ed\u00adgenes, san Juan Cris\u00f3stomo y, particularmente, san Ambrosio y san Agust\u00ed\u00adn, el tema de la formaci\u00f3n de la Iglesia se convierte en un planteamiento teol\u00f3gico de la fundamentaci\u00f3n de la Iglesia, manteni\u00e9ndose ese enfoque pr\u00e1cticamente hasta la ilustraci\u00f3n y la disputa modernista de principios del siglo xx. En efecto, a partir de los grandes padres, la formaci\u00f3n de la Iglesia se ve en la imagen misteriosa del nacimiento de la Iglesia del costado dei crucificado igual que Eva del costado de Ad\u00e1n (SAN AMBROSIO, In Psalm. 36.37: PL 14,986; Epist. 76,3s: PL 16,1260; SAN AGUST\u00ed\u008dN In \u00c2\u00a1ah. Tract. IX, 2,10; XV 4,8; CXX 19,2: PL 35: 1463.1513. 1953&#8230;). La importancia de este simbolismo es tal que es retomado en la Edad Media; en particular lo cita el concilio ecum\u00e9nico de Viena de 1312 (DS 901).<\/p>\n<p>En el per\u00ed\u00adodo siguiente, caracterizado por las luchas eclesi\u00e1sticas por el poder, a esta reflexi\u00f3n se a\u00f1ade otra sobre la fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica de la Iglesia. Se trata de la elecci\u00f3n y misi\u00f3n de los ap\u00f3stoles, especialmente de Pedro, como iniciadores de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica. Por influencia del pensamiento jur\u00ed\u00addico se introduce el concepto \u00abius divinum\u00bb como garante de la fidelidad hist\u00f3rica y fundacional de la Iglesia y sus instituciones, que con la disputa sobre la Escritura como \u00abnorma non normata\u00bb, se convierte en piedra de toque del\/ luteranismo con la f\u00f3rmula \u00absola Scriptura\u00bb. El concilio de \/ Trento tratar\u00e1 con atenci\u00f3n y situar\u00e1 en su justo lugar estos dos conceptos. La contrarreforma posterior acentuar\u00e1 fuertemente el ministerio de Pedro y el papado como garant\u00ed\u00ada de continuidad entre Jes\u00fas y la Iglesia.<\/p>\n<p>Ahora bien, hasta la ilustraci\u00f3n y la controversia modernista propiamente dicha no se plantea la cuesti\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la \u00absingular fundaci\u00f3n de la Iglesia por Jes\u00fas de Nazaret\u00bb. Ya el concilio \/Vaticano I (1870) declar\u00f3 que Cristo \u00abdecidi\u00f3 edificar la santa Iglesia\u00bb (sanctam aedificare ecclesiam decrevit: DS 3050), pero este tema lo afrontaron m\u00e1s los documentos magisteriales en torno al modernismo, concretamente el decreto Lamentabili (DS 3452) y la enc\u00ed\u00adclica Pascendi (DS 3492), ambos del 1907, resumidos en el juramento antimodernista de 1910, que dice as\u00ed\u00ad: \u00abLa Iglesia fue instituida inmediata y directamente por Cristo mismo, verdadero e hist\u00f3rico, mientras viv\u00ed\u00ada entre nosotros\u00bb (DS 3540).<\/p>\n<p>A partir de estos textos magisteriales los manuales de teolog\u00ed\u00ada y eclesiolog\u00ed\u00ada fundamental introducen un importante apartado sobre este tema, que sirve de proleg\u00f3meno apolog\u00e9tico a toda la teolog\u00ed\u00ada. Se divulgan as\u00ed\u00ad las expresiones \u00abinstituir\u00bb, \u00abf\u00dandar\u00bb y \u00abedificar\u00bb para significar la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas de Nazaret y la Iglesia, y se enumeran sus principales actos: la vocaci\u00f3n y misi\u00f3n de los doce, la instituci\u00f3n del primado de Pedro y su sucesi\u00f3n, la transmisi\u00f3n de la triple potestas de Cristo (\u00abpotestas docendi, sanctificandi et regendi&#8217;~ a los ap\u00f3stoles y la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada como nueva alianza (J.B. Franzelin, H. Dieckmann, A. Tanquerey, J. Salaverri, T. Zapelena, M. Schmaus, F.A. Sullivan&#8230;).<\/p>\n<p>S\u00f3lo con el Vaticano II esta tem\u00e1tica encuentra un enfoque m\u00e1s completo y articulado. En efecto, en los cuatro n\u00fameros de la LG 2-5 se dibuja toda una visi\u00f3n procesual de la instituci\u00f3n de la Iglesia; en el \u00faltimo se usan por \u00fanica vez las palabras \u00abfundaci\u00f3n\u00bb y \u00abfundador\u00bb. En la etapa posconciliar debe se\u00f1alarse un importante documento de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional del 7 de octubre de 1985, con motivo del XX aniversario de la conclusi\u00f3n del Vaticano II, sobre \u00abtemas escogidos de eclesiolog\u00ed\u00ada\u00bb, que se inicia precisamente con el de \u00abla fundaci\u00f3n de la Iglesia por Jesucristo\u00bb (EV 9,16731680) y que representa tanto una respuesta a ciertos planteamientos quiz\u00e1 demasiado esc\u00e9pticos o cr\u00ed\u00adticos (H. K\u00fcng, L. Boff&#8230;) como una ajustada s\u00ed\u00adntesis cat\u00f3lica actualizada sobre esta cuesti\u00f3n. Repasemos ahora los puntos teol\u00f3gicos m\u00e1s relevantes de esta panor\u00e1mica hist\u00f3rica, ya que para articular un planteamiento propio de la teolog\u00ed\u00ada y eclesiolog\u00ed\u00ada fundamental sobre la relaci\u00f3n originaria y fundante de Jes\u00fas con la Iglesia conviene tener presentes diversas cuestiones teol\u00f3gicas implicadas en tal tema.<\/p>\n<p>2. DOS BINOMIOS, CL\u00ed\u0081SICOS DE LA RELACI\u00f3N JES\u00daS-IGLESIA. De hecho, la pregunta propia de la ilustraci\u00f3n y la controversia modernista sobre la fundaci\u00f3n de la Iglesia, a pesar de su novedad, que la hace paralela al nacimiento de la teolog\u00ed\u00ada fundamental como disciplina, hunden sus ra\u00ed\u00adces en dos cuestiones teol\u00f3gicas de largo alcance debatidas en la historia de la teolog\u00ed\u00ada y ya antes apuntadas. Se trata de la relaci\u00f3n entre Escritura e Iglesia y entre \u00abtus divinum\u00bb y \u00abtus ecclesiasticum\u00bb como binomios cl\u00e1sicos de nuestro tema: Jes\u00fas y la Iglesia. Ser\u00e1 bueno, pues, apuntar los elementos m\u00e1s sobresalientes de estos binomios, que nos proporcionar\u00e1n puntos de base para nuestro tema con vistas a un planteamiento teol\u00f3gico correcto.<\/p>\n<p>a) Escritura e Iglesia. La Escritura fue considerada desde los inicios de la vida de la Iglesia como un instrumento normativo de toda actividad comunitaria y privada; de ah\u00ed\u00ad la famosa expresi\u00f3n \u00abnorma normans-norma non normata\u00bb, ya que la Sagrada Escritura es la objetivaci\u00f3n literaria de la fe de la Iglesia apost\u00f3lica, norma y fundamento de la Iglesia de todos los tiempos. Por esta raz\u00f3n, la Escritura asumi\u00f3 una funci\u00f3n de importancia excepcional para la, definici\u00f3n y conservaci\u00f3n del dep\u00f3sito de la fe, en raz\u00f3n del significado b\u00e1sico que se dio a tal dep\u00f3sito de la fe como componente fundamental y caracter\u00ed\u00adstico de la verdadera Iglesia de Cristo. Ahora bien, tanto en los padres como en la teolog\u00ed\u00ada medieval exist\u00ed\u00ada una conexi\u00f3n \u00ed\u00adntima entre la Escritura y la tradici\u00f3n. Ser\u00e1 a partir de la crisis protestante cuando esa conexi\u00f3n se cuestionar\u00e1, suscitando el famoso axioma de Lutero: \u00absola Scriptura\u00bb.<\/p>\n<p>Esta cuesti\u00f3n fue debatida en el concilio de Trento y retomada de nuevo en el Vaticano II. Sobre el decreto tridentino (DS 1501) y su interpretaci\u00f3n existe en el momento actual un notable consenso entre los investigadores cat\u00f3licos en el sentido de afirmar que, por lo que a la fe se refiere, la Sagrada Escritura es materialmente suficiente, y que la tradici\u00f3n ejerce en este caso funci\u00f3n de traditio interpretativa. Respecto a los mores et consuetudines de la Iglesia, la Escritura es insuficiente y necesita ser completada materialmente (en su contenido) por la tradici\u00f3n, que en este caso es traditio constitutiva (J. R. Geiselmann, G. Tavard, Y. Congar, J. Ratzinger, J. Beumer, J. M. Rovira Belloso&#8230;).<\/p>\n<p>Esta interpretaci\u00f3n del texto de Trento -no com\u00fan antes del estudio pionero de Geiselmann sobre la cuesti\u00f3n- ayud\u00f3 a la formulaci\u00f3n del Vaticano II para superar dualismos entre Escritura y tradici\u00f3n. As\u00ed\u00ad DV 9 evita los extremos subrayando la integraci\u00f3n de ambos, ya que no se habla de dos fuentes, sino de \u00abun mismo manantial\u00bb (ex eadem scaturigine promanantes), de la cual surge la Escritura como \u00fanica palabra de Dios transmitida por la tradici\u00f3n eclesial. Esta tiene fundamentalmente una funci\u00f3n criteriol\u00f3gica decisiva, apuntada expl\u00ed\u00adcitamente en el concilio con tres aspectos; en efecto, la tradici\u00f3n, a) dice cu\u00e1l es el canon de los libros sagrados (DV 8c); b)precisa la certeza de todas las verdades reveladas (DV 9; este punto es el que suscit\u00f3 m\u00e1s debate conciliar), y c) actualiza y profundiza la Escritura (DV 8c; 12; 21; 24s). Queda, pues, ya anacr\u00f3nico el sentido que se dio en el siglo xvi a las f\u00f3rmulas pol\u00e9micas como la teor\u00ed\u00ada de las \u00abdos fuentes\u00bb entre cat\u00f3licos y la de la \u00absola Scriptura\u00bb entre los protestantes (cf los comentarios conciliares de U. Betti, P. Lengsfeld, B.-D. Dupuy, A. Franzini&#8230;).<\/p>\n<p>b) \u00ablus divinum \u00bb y \u00abius ecclesiasticum \u00ab. El tema del \u00abius divinum\u00bb fue abordado ya por el concilio de Trento y se convirti\u00f3 en punto de controversia del luteranismo, especialmente en las cuestiones directamente sacramentales para justificar o no su \u00abinstituci\u00f3n\u00bb por parte de Jes\u00fas. En efecto, Trento, m\u00e1s que una perspectiva eclesiol\u00f3gica y una definici\u00f3n del cuadro teol\u00f3gico de los ministerios de la Iglesia, determina el poder sacerdotal en orden a los sacramentos. En este contexto la cuesti\u00f3n del \u00abius divinum\u00bb aparece como argumento relevante en pro del car\u00e1cter revelado de la cuesti\u00f3n correspondiente, cuesti\u00f3n que de nuevo aparecer\u00e1 en el Vaticano I con el tema del primado. El Vaticano II, recogiendo las afirmaciones de estos dos concilios previos, las enmarcar\u00e1 en una clara perspectiva eclesiol\u00f3gica y ecum\u00e9nica. Veamos ahora los puntos m\u00e1s importantes de esta cuesti\u00f3n, generalmente relegada a los tratados de derecho, quiz\u00e1 por su misma forma expresiva (\u00abius\u00bb), pero que tiene una importancia teol\u00f3gica y eclesiol\u00f3gica fundamental.<\/p>\n<p>De forma general se puede decir que la expresi\u00f3n \u00abius divinum\u00bb designa frecuentemente una realidad de instituci\u00f3n divina positiva, para la que se puede invocar una referencia escritur\u00ed\u00adstica. Ya san Agust\u00ed\u00adn lo defini\u00f3 como lo equivalente a lo atestiguado en la Escritura: \u00abDivinum ius in Scripturis habemus\u00bb (In tr. loh. VI, 25: PL 35,1436); m\u00e1s a\u00fan, existe \u00abius divinum\u00bb porque existe Escritura (PL 33,665, n. a). Santo Tom\u00e1s de Aquino se situar\u00e1 en esta l\u00ed\u00adnea -\u00abius divinum est quod pertinet ad legem novam\u00bb (I-II, q. 107 a. 4&#8230;)y precisar\u00e1 que \u00e9ste no suprime el \u00abius humanum\u00bb, o \u00abius ecclesiasticum\u00bb, ya que el \u00abius divinum quod est ex gratia non tollit ius humanum quod est ex naturali ratione\u00bb (II-II, q. 10 a. 10).<\/p>\n<p>La reforma luterana y el mismo Lutero usaron frecuentemente la noci\u00f3n de \u00abius divinum\u00bb: se trata de lo que est\u00e1 legitimado por la Escritura. As\u00ed\u00ad Lutero escrib\u00ed\u00ada: \u00abSacra Scriptura, quae est proprie ius divinum\u00bb (WA 2279,23,). De hecho la equivalencia entre \u00abius divinum\u00bb y Escritura queda muy clara en el art\u00ed\u00adculo de Esmacalda -redactado por Lutero-, que dice as\u00ed\u00ad: \u00abQuod Papa non sit iure divino seu secundum verbum Dei&#8230;\u00bb, y el comentario de Melanchton, que introduc\u00ed\u00ada el concepto de \u00abius humanum\u00bb al hablar de la superioridad del papa sobre los obispos.<\/p>\n<p>Esta expresi\u00f3n de \u00abius humanum\u00bb tiene gran similitud con la perspectiva apuntada por el voto del franciscano Juan Antonio Delphino en el concilio de Trento, que lo sit\u00faa en el tercer grado del \u00abius divinum\u00bb: el primero designa todas las cosas que se encuentran en la Escritura; el segundo grado se refiere a todo aquello que se encuentra impl\u00ed\u00adcita o concomitantemente en la Escritura; el tercer grado son los estatutos de la Iglesia y de los concilios, y puede calificarse como \u00abius humanum\u00bb.<\/p>\n<p>Como referencia significativa se puede constatar la asusencia de la expresi\u00f3n \u00abius divinum\u00bb referida directamente al episcopado en los concilios de Trento (DS 1776) y del Vaticano II (LG 28a); pero, por otro lado, todo el contexto y las f\u00f3rmulas que sustituyen tal expresi\u00f3n, especialmente divina ordinatio\/institutio, apuntan a una comprensi\u00f3n m\u00e1s amplia. En cambio la expresi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita se usa en el Vaticano I al hablar de la perpetuidad de la sucesi\u00f3n de Pedro, calificada como de iure divino (DS 3058). En este caso la f\u00f3rmula concluye el cap\u00ed\u00adtulo segundo, donde no se invoca ning\u00fan texto evang\u00e9lico expl\u00ed\u00adcito, aunque se hace una par\u00e1frasis de Mt 16,18 y 28,20, y se transcribe una larga cita de Felipe, del legado papal del concilio de Efeso y textos de san Le\u00f3n Magno, san Ireneo y san Ambrosio. Es claro, pues, aqu\u00ed\u00ad que la lectura de la Escritura interpretada por la Iglesia (cf DS 3054: \u00abesta doctrina tan clara de las Escrituras, tal y como la ha entendido siempre la Iglesia cat\u00f3lica&#8217;~ es un camino leg\u00ed\u00adtimo para reconocer que una instituci\u00f3n es de \u00abius divinum\u00bb. De hecho parece obvio que no debe identificarse ni la \u00abinstituci\u00f3n-ordenaci\u00f3n divina\u00bb de Trento y Vaticano II ni el \u00abius divinum\u00bb del Vaticano 1 con una exclusiva fundaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita del Se\u00f1or, ya que diversas estructuras pueden ser instituidas por la Iglesia apost\u00f3lica guiada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, como lo atestiguan las Escrituras, o por la providencia divina que dirig\u00ed\u00ada la Iglesia posapost\u00f3lica.<\/p>\n<p>En esta l\u00ed\u00adnea de comprensi\u00f3n amplia del \u00abius divinum\u00bb se encuentran diversos te\u00f3logos cat\u00f3licos, que subrayan c\u00f3mo una serie de estructuras eclesi\u00e1sticas (p.ej., una constituci\u00f3n mon\u00e1rquico-episcopal y un permanente ministerio de Pedro) pueden entenderse como procedentes de Jes\u00fas y \u00abiuris divini\u00bb, aunque no puedan reducirse a una palabra propia de Jes\u00fas inequ\u00ed\u00advocamente aprehensible para nosotros en el plano hist\u00f3rico. Se presupone solamente que pueda hacerse comprensible que tales decisiones (tales actos de la Iglesia creadores de una constituci\u00f3n) se hallan dentro de las aut\u00e9nticas posibilidades dadas por Jes\u00fas y la fe en \u00e9l. Tambi\u00e9n tales actos pueden ser irreversiblemente obligatorios, y. en este sentido \u00abiuris divini\u00bb, para las generaciones posteriores en los presupuestos ya mencionados (K. Rahner, Y. Congar, C.J. Peter, A. Dulles, A. Ant\u00f3n, M. Miller&#8230;).<\/p>\n<p>En este planteamiento, pues, se subraya que la forma en que se determina este \u00abius divinum\u00bb es humana e hist\u00f3rica, ya que el derecho divino s\u00f3lo existe en un enunciado o en una realizaci\u00f3n hist\u00f3rica llamada con frecuencia \u00abius ecclesiasticum\u00bb. Es lo que afirma la \u00abRelaci\u00f3n luteranocat\u00f3lico romana\u00bb en el documento de Malta de 1972: \u00abEl `ius divinum&#8217; no se distingue nunca totalmente del `ius humanum&#8217;. S\u00f3lo poseemos el `ius divinum&#8217; en la mediaci\u00f3n de formas que llevan siempre el sello de la historia. Estas formas de mediaci\u00f3n no deben ser consideradas un producto puro del proceso sociol\u00f3gico de desarrollo, sino que se las puede percibir como un fruto del Esp\u00ed\u00adritu en raz\u00f3n de la naturaleza pneum\u00e1tica de la Iglesia\u00bb (n. 31). M\u00e1s adelante prosigue: \u00abLa Iglesia, en sus instituciones, permanece constantemente ligada al evangelio, que tiene sobre ella una prioridad ineluctable. En atenci\u00f3n a ello, la tradici\u00f3n cat\u00f3lica habla de `ius divinum&#8217;. Sin embargo, para las instituciones de la Iglesia, el evangelio s\u00f3lo puede ser un criterio en la relaci\u00f3n viva con la realidad social propia de cada \u00e9poca. As\u00ed\u00ad como se puede leg\u00ed\u00adtimamente explicar el evangelio en dogmas y confesiones de fe as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n se da una realizaci\u00f3n hist\u00f3rica del derecho en la Iglesia\u00bb (n. 33).<\/p>\n<p>Como complemento de este texto puede ser \u00fatil referirse tambi\u00e9n a la declaraci\u00f3n sobre la \u00abAutoridad en la Iglesia II\u00bb (Windsor), de 1981, de la Comisi\u00f3n mixta anglicano-cat\u00f3lico romana, que se refiere al significado del \u00abderecho divino\u00bb propio del \u00abservicio petrino\u00bb como uno de los \u00abcuatro problemas de importancia en este tema que requer\u00ed\u00adan un estudio posterior\u00bb (n. 1). Entresaquemos los puntos m\u00e1s relevantes de su reflexi\u00f3n: \u00abAunque no hay una interpretaci\u00f3n universalmente aceptada de esta expresi\u00f3n (`ius divinum), todo confirma que&#8230; expresa el designio de Dios para su Iglesia. No hace falta entender que el `ius divinum&#8217; en este contexto implique que&#8230; haya sido fundada directamente por Jes\u00fas durante su vida terrena\u00bb (n. I 1). Y m\u00e1s adelante se contin\u00faa: \u00abConsiderada la interpretaci\u00f3n de la frase acerca del derecho divino en el concilio Vaticano I, como hemos hecho antes, es razonable preguntarse si existe realmente diferencia entre la afirmaci\u00f3n de una primac\u00ed\u00ada por derecho divino (`iure divinos y el reconocimiento de su emergencia por providencia divina (`divina providentia&#8217;) (n. 13).<\/p>\n<p>Para concluir este punto anotemos que es importante distinguir entre el \u00abhecho\u00bb de la instituci\u00f3n por parte del Se\u00f1or y el uso de un argumento de la Escritura. De ah\u00ed\u00ad que pueda ser \u00fatil tal distinci\u00f3n -no siempre presente en los tratadistas del temapara poder superar la frecuente ambig\u00fcedad de la expresi\u00f3n \u00abius divinum\u00bb, especialmente si no se tiene en cuenta la tradici\u00f3n teol\u00f3gica y el contexto confesional en la cual se usa.<\/p>\n<p>3. LA HISTORIA TEOL\u00ed\u201cGICA RECIENTE. En la primera obra que adopt\u00f3 una concepci\u00f3n hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtica sobre la vida de Jes\u00fas del luterano H.S. Reimarus (1694-1768), se afirma que el objetivo de Jes\u00fas, compartido por sus ap\u00f3stoles, no era el de establecer una Iglesia o una comunidad religiosa separada, sino el de restablecer el reino dav\u00ed\u00addico en tierra palestina. Despu\u00e9s del fracaso de Jes\u00fas y de su ejecuci\u00f3n, y como resultado de la decepci\u00f3n de sus disc\u00ed\u00adpulos, se propag\u00f3 la noci\u00f3n de una Iglesia. Esta visi\u00f3n ha sido tan frecuentemente repetida como justamente refutada en la edad contempor\u00e1nea, y, como sugieren ya sus inicios, va ligada a la interpretaci\u00f3n escatol\u00f3gica de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas. En efecto, la controversia de inicios de nuestro siglo, asociada al modernismo y al descubrimiento del significado escatol\u00f3gico del reino de Dios, es el trasfondo de la discusi\u00f3n contempor\u00e1nea de la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas y la Iglesia. He aqu\u00ed\u00ad brevemente las etapas m\u00e1s significativas de esta cuesti\u00f3n, dividida en diversos momentos:<br \/>\na) El primer \u00abconsenso \u00abde la investigaci\u00f3n hist\u00f3rico-liberal 1932 (inicialmente A. Harnack, los modernistas A. Sabatier, G. Tyrrell, A. Loisy y, posteriormente, R. Bultmann y seguidores). Estos autores niegan cualquier forma de Iglesia organizada en el pensamiento y predicaci\u00f3n de Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad sintetiz\u00f3 O. Linton en 1932 el \u00abconsenso\u00bb logrado en esta etapa sobre este tema: la Iglesia global surgi\u00f3 como una confederaci\u00f3n posterior de comunidades locales. M\u00e1s a\u00fan, la Iglesia en su forma cat\u00f3lica como comunidad sacramental se forj\u00f3 bajo el influjo del helenismo y el imperio romano, ante la tardanza de la parus\u00ed\u00ada. Recordemos aqu\u00ed\u00ad la famosa formulaci\u00f3n de A. Loisy: \u00abJ\u00e9sus annon\u00ed\u2021ait le royaume, et c&#8217;est l&#8217;\u00e9glise qui est venue\u00bb, que, debido a la pol\u00e9mica con Harnack, no ten\u00ed\u00ada un sentido originario negativo, ya que subraya que la existencia de la Iglesia es una condici\u00f3n necesaria para la posibilidad de continuar la predicaci\u00f3n del reino. Posteriormente esta afirmaci\u00f3n se ha convertido en eslogan paradigm\u00e1tico del modernismo en la consideraci\u00f3n negativa sobre la Iglesia (cf F.M. Braun, O. Cullmann, H. Conzelmann, H. Fries, L. Boff&#8230;; en cambio, han reivindicado su sentido originario no negativo los estudios monogr\u00e1ficos de E. Poulat y G. Heinz).<\/p>\n<p>b) El \u00abnuevo consenso\u00bb de la investigaci\u00f3n escatol\u00f3gico-neotestamentaria: 1942 (F, Kattenbusch, K.L. Schmidt, A. Nygren, T. W. Manson, V. Taylor, F.J. Leenhardt, W.A. Visser&#8217;t Hooft, L. Goppelt, E. Stauffer&#8230; y, m\u00e1s recientemente, J. Jerem\u00ed\u00adas). Esta etapa, calificada como de \u00abnuevo consenso\u00bb por el cat\u00f3lico F.M. Braun en 1942, define la Iglesia como el pueblo de Dios del fin de los tiempos, reunido por el mes\u00ed\u00adas-Hijo del hombre, constituido a partir de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y confirmado por la donaci\u00f3n escatol\u00f3gica del Esp\u00ed\u00adritu en pentecost\u00e9s. En este contexto el c\u00ed\u00adrculo de los doce anuncian ya antes de la pascua la instauraci\u00f3n del pueblo escatol\u00f3gico de Dios, hacia el cual habr\u00ed\u00adan de afluir tambi\u00e9n los gentiles, seg\u00fan la expectativa de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>c) La \u00abs\u00ed\u00adntesis de E. Kdsemann: el protocatolicismo (Fr\u00fchkatholizismus). Se trata de un planteamiento ya presente en R. Bultxnann, pero divulgado y ampliamente presentado por E. K\u00ed\u00adisemann a partir de 1963, que subraya el contraste entre la eclesiolog\u00ed\u00ada paulina orientada \u00fanicamente a los carismas, y la m\u00e1s tard\u00ed\u00ada, atestiguada especialmente en las cartas deuteropaulinas y en la obra lucana, centrada en la autoridad de los ministros ordenados y que la identifica como una esclesiolog\u00ed\u00ada de tipo cat\u00f3lico, y no atribuible a la voluntad del Jes\u00fas hist\u00f3rico. Estas afirmaciones comportan una revisi\u00f3n del concepto tradicional de l canon, ya que imponen lo que K\u00ed\u00adisemann califica como el \u00abcanon dentro del canon\u00bb en un intento radical de aplicar el axioma luterano: \u00abUrgemus Christum contra Scripturam\u00bb, y que toca al epicentro de la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas y la Iglesia. El planteamiento del protocatolicisino ha tenido gran influencia en diversos exegetas protestantes (F. Hahn, L. Goppelt, S. Schulz, U. Luz&#8230; -e inicialmente en H. Schlier que, precisamente al valorar positivamente esta evoluci\u00f3n pas\u00f3 del protestantismo al catolicismo-), y es relevante en los estudios eclesiol\u00f3gicos m\u00e1s pol\u00e9micos de H. K\u00fcng.<\/p>\n<p>d) El \u00abnuevo planteamiento\u00bb de la investigaci\u00f3n y las posiciones de los te\u00f3logos cat\u00f3licos. A partir de las etapas anteriores fundamentalmente protestantes, dentro de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica aparecen los inicios de un \u00abnuevo planteamiento\u00bb de la cuesti\u00f3n que asume los elementos m\u00e1s v\u00e1lidos de los m\u00e9todos hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adticos. As\u00ed\u00ad, dos grandes exegetas cat\u00f3licos: R. Schnackenburg y A. V\u00f3gtle, ya poco antes del Vaticano II afirmaban que, estrictamente, s\u00f3lo se puede hablar de la Iglesia despu\u00e9s de la glorificaci\u00f3n y pentecost\u00e9s. Pero a su vez subrayaban con la misma fuerza que la manifestaci\u00f3n de la Iglesia despu\u00e9s de pascua est\u00e1 en continuidad con Jes\u00fas y con sus obras y palabras; de ah\u00ed\u00ad que hablen tambi\u00e9n de \u00abkirchenstifenden Akte Jesu\u00bb. Esta postura ya hab\u00ed\u00ada sido intuida por l R. Guardini en 1937; ha sido difundida de forma generalizada por el reconocido comentarista exeg\u00e9tico J. Schmid en sus colaboraciones en el \u00abComentario de Ratisbona al NT\u00bb, y ha tenido una reformulaci\u00f3n m\u00e1s reciente en la afirmaci\u00f3n de los ` kirchenrelevante Akte\u00bb de Jes\u00fas de Nazaret en el fundamentalista H. Fries.<\/p>\n<p>Existen unas voces m\u00e1s cr\u00ed\u00adticas dentro de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica como son las planteadas por H. K\u00fcng (1967) y L. Boff (1980). Ambos autores, siguiendo el \u00abnuevo planteamiento\u00bb de la cuesti\u00f3n, tienden a acentuar unas conclusiones m\u00e1s radicales en el sentido de no hablar de actos propiamente \u00abeclesiales\u00bb de Jes\u00fas, aunque ambos coinciden en afirmar que su predicaci\u00f3n y su acci\u00f3n puso \u00ablos fundamentos para que surgiera la Iglesia pospascual (cf las observaciones criticas sobre H. K\u00fcng en la declaraci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe de 15 de diciembre de 1979= EV 6,1942-1951, y la carta de Juan Pablo II de 15 de mayo de 1980=EV 7,374-399; sobre L. Boff, en la notificaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe de 11 de marzo de 1985=EV 9,1421-1432).<\/p>\n<p>e) La \u00abnueva s\u00ed\u00adntesis exeg\u00e9ticoteol\u00f3gica: la eclesiolog\u00ed\u00ada \u00abimpl\u00ed\u00adcita\u00bb de Jes\u00fas de Nazaret. A partir de las etapas y dificultades citadas y, en similitud con la expresi\u00f3n \u00abcristolog\u00ed\u00ada impl\u00ed\u00adcita\u00bb referida a Jes\u00fas de Nazaret, se ha sugerido lo que podemos llamar una \u00abnueva s\u00ed\u00adntesis\u00bb exeg\u00e9tico-teol\u00f3gica con la f\u00f3rmula de \u00abeclesiolog\u00ed\u00ada impl\u00ed\u00adcita\u00bb. Tal expresi\u00f3n ha sido consagrada por el documento del 1986 de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional sobre la conciencia de Jes\u00fas (n. 3,2). Este enfoque recoge los resultados de diversos estudios cat\u00f3licos de estos \u00faltimos a\u00f1os (A. Descamps, H. Schlier, seguido por A. Ant\u00f3n, que hablan de una \u00abPr\u00fcformation er Kirche\u00bb en Mateo; W. Trilling, H. Frankem\u00f3lle, M.M. Garijo-Guembe). La \u00abeclesiolog\u00ed\u00adaimpl\u00ed\u00adcita\u00bb significa que Dios lleva adelante el reino de Dios iniciado por Jes\u00fas, y que el mismo Dios permanece fiel a \u00abeste\u00bb inicio cuando lo conf\u00ed\u00ada, despu\u00e9s de la pascua, a la Iglesia, ligada a la vez a ese inicio (Trilling). Merece particular menci\u00f3n G. Lohfink, cr\u00ed\u00adtico respecto a alg\u00fan tipo de explicitaci\u00f3n, pero defensor de la identidad del pueblo de Dios escatol\u00f3gico y la Iglesia: Jes\u00fas, en efecto, no fue tanto el fundador de una nueva instituci\u00f3n cuanto el salvador de Israel; el que congreg\u00f3 al Israel verdadero de los \u00faltimos tiempos: la Iglesia. Notemos aqu\u00ed\u00ad tambi\u00e9n las sugerentes reflexiones de F.S. Fiorenza que no restringe el concepto \u00abfundar\u00bb a la intenci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita del sujeto, sino que lo sit\u00faa en una interpretaci\u00f3n a posteriori de la historia a partir de la hermen\u00e9utica de la recepci\u00f3n. Dentro de este marco son de especial relevancia los estudios sociol\u00f3gicos sobre los inicios de los seguidores de Jes\u00fas, especialmente los de G. Theisen y . Aguirre, que consideran el cristianismo naciente como un movimiento intrajud\u00ed\u00ado de renovaci\u00f3n, que progresivamente consum\u00f3 su ruptura con el juda\u00ed\u00adsmo farisaico \u00aboficial\u00bb.<\/p>\n<p>4. PERSPECTIVAS TEOL\u00ed\u201cGICAS. El Vaticano II ha sido el primer concilio que ha ofrecido un amplio planteamiento teol\u00f3gico de la relaci\u00f3n originaria y fundante de Jes\u00fas con la Iglesia. He aqu\u00ed\u00ad un an\u00e1lisis detallado del tenor de estos textos comprendidos en la Lumen gentium 2-5. En efecto, la Iglesia, seg\u00fan la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia, est\u00e1 ligada a las tres personas divinas como \u00abun pueblo unido por la unidad del Padre (n. 2), y del Hijo (n. 3) y del Esp\u00ed\u00adritu Santo (n. 4)\u00bb (texto de san Cipriano; cf tambi\u00e9n san Agust\u00ed\u00adn, san Juan Damasceno, san Fulgencio, san Cirilo&#8230;: LG 4 al final), y adem\u00e1s se relaciona con el reino de Dios (n. 5). M\u00e1s adelante, en LG 18, al tratar de la instituci\u00f3n de la jerarqu\u00ed\u00ada se refiere al p\u00e1rrafo ya citado del Vaticano I (\u00abedific\u00f3 la Iglesia santa\u00bb: DS 3050) y recoge sus textos y pruebas en pro de la vocaci\u00f3n y misi\u00f3n de los ap\u00f3stoles en su conjunto (LG 18-29).<\/p>\n<p>En LG 2 se habla del designio salvador de Dios Padre, que es quien convoca la santa Iglesia, \u00abprefigurada desde el origen del mundo, preparada en la historia de Israel, constituida en los tiempos \u00faltimos, manifestada por la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y que se consumar\u00e1 al fin de los siglos\u00bb. En este contexto LG se refiere a la famosa expresi\u00f3n patr\u00ed\u00adstica \u00abecclesia ab Abel\u00bb (san Gregorio M., san Ireneo, Or\u00ed\u00adgenes, san Agust\u00ed\u00adn, san Le\u00f3n M., san Juan Damasceno; cf la s\u00ed\u00adntesis de santo Tom\u00e1s: \u00abpatres antiqui pertinebant ad idem corpus Ecclesiae\u00bb: III. q. 8, a. 3, ad 3).<\/p>\n<p>En LG 3 se habla de la misi\u00f3n y obra del Hijo que \u00abinaugur\u00f3 en la tierra el reinado de Dios, nos revel\u00f3 su misterio y nos redimi\u00f3 por su obediencia\u00bb. Es aqu\u00ed\u00ad donde se lo relaciona con la Iglesia mediante una formulaci\u00f3n significativa al afirmar: \u00abLa Iglesia, o remo de Cristo presente ya en el misterio, crece visiblemente en el mundo por el poder de Dios\u00bb; y, a su vez, tal \u00abcomienzo y expansi\u00f3n se simbolizan en la sangre y el agua que manan del costado abierto de Cristo crucificado\u00bb, imagen mist\u00e9rica recordada por los grandes padres (san Ambrosio, san Agust\u00ed\u00adn), retomada por el concilio de Viena del a\u00f1o 1312 (DS 901) y por la constituci\u00f3n conciliar del Vaticano II sobre liturgia (SC 5).<\/p>\n<p>En LG 4 se habla del Esp\u00ed\u00adritu que santifica la Iglesia en una l\u00ed\u00adnea parecida a la de LG 2, centr\u00e1ndose todo en la din\u00e1mica mostrada por la frase \u00abde esta forma los que creen en Cristo pueden acercarse al Padre en un mismo Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, que manifiesta toda la econom\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n y hace comprender c\u00f3mo \u00abel Esp\u00ed\u00adritu vive en la Iglesia\u00bb (\u00abSpiritus in Ecclesia&#8217;~. Esta observaci\u00f3n recuerda a su vez la distinci\u00f3n entre verdades de medio y verdades de fin de Tom\u00e1s de Aquino al comentar el credo apost\u00f3lico y observar que la Iglesia est\u00e1 entre las primeras y que m\u00e1s que \u00abcreer en la Iglesia\u00bb se debe preferir la formulaci\u00f3n \u00abcreer en el Esp\u00ed\u00adritu Santo que santifica la Iglesia\u00bb (II-II, q. 1, a. 9). Finalmente, el texto conciliar se\u00f1ala el car\u00e1cter escatol\u00f3gico de esta presencia del Esp\u00ed\u00adritu y de la Iglesia, que \u00abdicen al Se\u00f1or Jes\u00fas: \u00c2\u00a1Ven!\u00bb, y concluye con la referida cita-s\u00ed\u00adntesis de san Cipriano sobre la \u00abEcclesia de Trinitate\u00bb.<\/p>\n<p>En LG 5, el texto conciliar se centra en la relaci\u00f3n entre Iglesia y reino de Dios; es aqu\u00ed\u00ad donde por \u00fanica vez se usa la palabra \u00abfundaci\u00f3n\u00bb y \u00abfundador\u00bb. En efecto, dice el texto: \u00abEl misterio de la santa Iglesia se manifiesta en su fundaci\u00f3n\u00bb; y se enumeran los siguientes \u00abactos fundantes\u00bb: \u00abinicio de la Iglesia proclamando el reino prometido\u00bb; \u00absu manifestaci\u00f3n se realiza a trav\u00e9s de la palabra, las obras y la presencia de Cristo\u00bb; \u00ablos milagros comprueban la venida del reino sobre la tierra\u00bb; \u00absobre todo, el reino se manifiesta en la persona dei mismo Cristo\u00bb; \u00abJesucristo resucitado derram\u00f3 en sus disc\u00ed\u00adpulos el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb: De esta forma \u00abla Iglesia, dotada de los dones de su fundador&#8230;, recibe la misi\u00f3n de anunciar el reino de Cristo y de Dios&#8230; y constituye en la tierra el germen y el inicio (germen et initium) de este reino\u00bb.<\/p>\n<p>Vemos, pues, c\u00f3mo el Vaticano II se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea de la reflexi\u00f3n actual sobre los datos del NT, seg\u00fan la cual lo m\u00e1s acertado es la idea de una fundaci\u00f3n de la Iglesia a lo largo de toda la actividad de Jes\u00fas, tanto del terreno como del exaltado. En el movimiento de convocaci\u00f3n del Jes\u00fas terreno, en su c\u00ed\u00adrculo de disc\u00ed\u00adpulos, en sus comidas, especialmente su \u00faltima cena antes de su muerte, etc., hay \u00abvestigia ecclesiae\u00bb prepascuales (cf W. Kasper), quiz\u00e1 expl\u00ed\u00adcitos o m\u00e1s probablemente impl\u00ed\u00adcitos. Todos los elementos y perspectivas se utilizaron como materiales de construcci\u00f3n en la nueva situaci\u00f3n despu\u00e9s de la pascua.<\/p>\n<p>En el marco de la comprensi\u00f3n de estos \u00abvestigia ecclesiae\u00bb prepascuales, y como avance y precisi\u00f3n, se sit\u00faa el documento m\u00e1s reciente de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional de 7 de noviembre de 1985, sobre algunas cuestiones de eclesiolog\u00ed\u00ada, que enumera con detalle el desarrollo y las etapas en el proceso de fundaci\u00f3n de la Iglesia, sintetizadas en diez:<br \/>\n1) \u00ablas promesas veter\u00f3testamentarias sobre el pueblo de Dios, que se presuponen en la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas y que conservan toda su fuerza salv\u00ed\u00adfica\u00bb;<br \/>\n2) \u00abla amplia llamada de Jes\u00fas a todos los hombres \u00e1 la conversi\u00f3n y a la fe\u00bb;<br \/>\n3) \u00abla vocaci\u00f3n \u00e9 instituci\u00f3n de los doce como signo del futuro restablecimiento de todo Israel\u00bb;<br \/>\n4) \u00abla imposici\u00f3n del nombre a Sim\u00f3n Pedro y su lugar preeminente en el c\u00ed\u00adrculo de los disc\u00ed\u00adpulos y su misi\u00f3n\u00bb;<br \/>\n5) \u00abel rechazo de Jes\u00fas, por, parte de Israel y la ruptura entre el pueblo jud\u00ed\u00ado y los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas&#8217;,<br \/>\n6) \u00abel hecho de que Jes\u00fas, al instituir la cena y afrontar su pasi\u00f3n y muerte, persiste en predicar el reino universal de Dios, que consiste en el don de la vida a todos los hombres\u00bb,<br \/>\n7) \u00abla restauraci\u00f3n, gracias a la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, de la comunidad rota entre Jes\u00fas y sus disc\u00ed\u00adpulos, y la introducci\u00f3n despu\u00e9s de pascua de la vida propiamente eclesial (`proprie ecclesialem&#8217;)\u00bb;<br \/>\n8) \u00abel env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que hace de la Iglesia una verdadera `creatura de Dios&#8217; (cf la narraci\u00f3n de `pentecost\u00e9s&#8217; en los escritos de san Lucas)\u00bb;<br \/>\n9) \u00abla misi\u00f3n a los paganos y la constituci\u00f3n de la Iglesia de los paganos\u00bb;<br \/>\n10) \u00abla ruptura definitiva entre el `verdadero Israel&#8217; y el juda\u00ed\u00adsmo\u00bb;<br \/>\nEl texto, a su vez, concluye de forma bien clara: \u00abNinguna etapa, tomada separadamente, es totalmente significativa, pero todas unidas muestran con evidencia que la fundaci\u00f3n de la Iglesia debe entenderse como un proceso hist\u00f3rico, como el devenir de la Iglesia en el interior de la historia de la revelaci\u00f3n. El Padre `ha querido llamar a todos los que creen en Cristo para formar la santa Iglesia, que prefigurada desde el principio del mundo admirablemente preparada en la historia del pueblo de Israel y en la antigua alianza, establecida en los \u00faltimos tiempos se ha manifestado gracias a la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y, al fin de los siglos, se consumar\u00e1 en la gloria&#8217; (LG 2). En este mismo proceso se constituye la estructura fundamental permanente y definitiva de la Iglesia\u00bb (= EV 9,1677-1679).<\/p>\n<p>Como complemento existe un documento posterior de la misma Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional referente a la conciencia de Jes\u00fas, del 31 de mayo de 1986, que en su tercera proposici\u00f3n dedicada a esta tem\u00e1tica afirma: \u00abPara realizar su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, Jes\u00fas quiso reunir los hombres en orden al reino y reunirlos entorno a s\u00ed\u00ad. Para realizar este prop\u00f3sito, Jes\u00fas realiz\u00f3 actos concretos, cuya \u00fanica interpretaci\u00f3n posible, si se toman conjuntamente, es la preparaci\u00f3n de la Iglesia, que se constituy\u00f3 definitivamente con los acontecimientos de la pascua y de pentecost\u00e9s. Es, pues, necesario afirmar que Jes\u00fas quiso fundar la iglesia (Iesum voluisse EccIesiam fundare&#8217;)\u00bb. En el comentario a tal proposici\u00f3n se habla de la categor\u00ed\u00ada \u00abeclesiolog\u00ed\u00ada impl\u00ed\u00adcita\u00bb como expresi\u00f3n de la intenci\u00f3n de Jes\u00fas, ya que \u00abno se trata de afirmar que esta intenci\u00f3n de Jes\u00fas implique una voluntad expresa de fundar y establecer todos los aspectos institucionales de la Iglesia, tal y como se han desarrollado en el curso de los siglos\u00bb. M\u00e1s adelante se precisa que \u00abCristo ten\u00ed\u00ada conciencia de su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. Esta comportaba la fundaci\u00f3n de su `Iglesia&#8217;, esto es, la convocaci\u00f3n de todos los hombres en la `familia de Dios&#8217;. La historia del cristianismo se apoya, en \u00faltima instancia, en la intenci\u00f3n y la voluntad de Jes\u00fas de fundar su Iglesia\u00bb (n. 3,2) (=\u00bbGreg\u00bb 67[19861413-428.422-424).<\/p>\n<p>5. CONCLUSI\u00ed\u201cN. Para concluir y sintetizar la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas y la Iglesia, podemos iluminar con una visi\u00f3n teol\u00f3gica tripartita el comienzo de la Iglesia sacramental a imagen de la estructura esencial de los sacramentos, que se .establece mediante tres determinaciones: la \u00abinstituci\u00f3n por Cristo\u00bb (1), el \u00absigno externo\u00bb (2) y el \u00abefecto interno de la gracia\u00bb (3).<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n teol\u00f3gica tripartita es la que surge de los textos conciliares, especialmente de LG 2-5, los cuales m\u00e1s que centrarse \u00fanicamente en la cuesti\u00f3n suscitada por el modernismo sobre la \u00abfundaci\u00f3n\u00bb hist\u00f3rica de la Iglesia por Jes\u00fas de Nazaret, aportan un planteamiento teol\u00f3gico global de la relaci\u00f3n fundadora, originaria y fundante de Jes\u00fas con la Iglesia. En este sentido hemos de afirmar que las tres determinaciones aportadas por la sacramentolog\u00ed\u00ada deben tenerse en cuenta conjuntamente para dar una correcta soluci\u00f3n teol\u00f3gicofundamental a la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas Y la Iglesia:<br \/>\na) \u00abLa instituci\u00f3n por Cristo&#8217;:Jesucristo `fundador\u00bb de la Iglesia. Est\u00e1 primera determinaci\u00f3n va ligada profundamente, tal como ya hemos observado, a las cuestiones relativas a la persona y ala conciencia personal de Jes\u00fas. En este sentido aparece con fuerza, a partir del desarrollo y las etapas de la vida y ministerio de Jes\u00fas de Nazaret, la g\u00e9nesis de una \u00abeclesiolog\u00ed\u00ada impl\u00ed\u00adcita y procesual\u00bb, ya que esta f\u00f3rmula expresa que el reino de Dios iniciado por Jes\u00fas permanece en continuidad fiel a `este&#8217; inicio cuando se conf\u00ed\u00ada, despu\u00e9s de la pascua, a la Iglesia, ligada a su vez a ese inicio. As\u00ed\u00ad se manifiesta la forma concreta como Jesucristo es con propiedad \u00abfundador\u00bb de la Iglesia (cf LG 5 y los documentos de la CTI de 1985 y 1986).<\/p>\n<p>b) \u00abEl signo externo \u00ab.- Jesucristo \u00aborigen\u00bb de la Iglesia. Esta segunda determinaci\u00f3n queda iluminada por el origen de la Iglesia como formaci\u00f3n en la historia. En efecto, la acci\u00f3n s\u00e1lvadora de Jes\u00fas s\u00f3lo se desarrolla en este mundo a trav\u00e9s dedos hombres y de su historia. En esta transmisi\u00f3n hist\u00f3rica ocupan una misi\u00f3n relevante los ap\u00f3stoles y sus sucesores, que tienen el ministerio de conservar \u00ed\u00adntegro el \u00abdep\u00f3sito de la fe\u00bb (DV 10). De esta forma la \u00abIglesia en su doctrina, vida y culto perpet\u00faa a trav\u00e9s de los tiempos todo lo que es y todo lo que cree\u00bb (DV 8). Por esta raz\u00f3n puede ser descrita como \u00abuniversale sacramentum salutis\u00bb (LG 1.9.48.59; GS 42.45), formada por elemento divino y humano en analog\u00ed\u00ada con el misterio del Verbo encarnado, \u00absancta simul et semper purificanda\u00bb (LG 8). En esta l\u00ed\u00adnea se debe subrayar que la Iglesia es \u00abmisterio\u00bb y a su vez \u00absujeto hist\u00f3rico\u00bb con la consiguiente \u00abplenitud y relatividad\u00bb que esto comporta en su \u00abexistencia hist\u00f3rica\u00bb. Esta-debe ser analizada tambi\u00e9n con la ayuda de la m\u00e9todolog\u00ed\u00ada hist\u00f3rica y sociol\u00f3gica, como \u00abpueblo de Dios `in via&#8217; en una situaci\u00f3n nunca completa aqu\u00ed\u00ad, en la tierra\u00bb (CTI: 1985, n. 3), pero a su vez consciente de que \u00abes el reino de Dios ya presente en el misterio\u00bb (LG 3) y, de alguna forma, \u00absacramento del reino\u00bb (cf las precisiones sobre esta f\u00f3rmula de la CTI: 1985, n. 10,3).<\/p>\n<p>c) \u00abEl efecto interno de la gracia&#8217;:- Jesucristo &#8216;fundamentador\u00bbde la Iglesia. Esta tercera determinaci\u00f3n encuentra su realizaci\u00f3n en la fundamentaci\u00f3n de la Iglesia en los misterios salv\u00ed\u00adficos de Cristo, preparados ya desde los or\u00ed\u00adgenes (cf \u00abEcclesia ab Abel\u00bb: LG 2), articulados en su encarnaci\u00f3n, su misterio pascual y el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu. En efecto, la \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb del Verbo le convierte en padre de la \u00abnueva humanidad\u00bb (cf Rom 5,12.25) y posibilita \u00abla recapitulaci\u00f3n de la historia universal en Cristo\u00bb (cf Ef 1,10) por mediaci\u00f3n de la Iglesia \u00abcreatura Verbi\u00bb (cf DV 1).<\/p>\n<p>El segundo acontecimiento fundamentador es el misterio pascual de Cristo, como m\u00e1xima expresi\u00f3n de su servicio para todos los hombres (cf Mc 10,45;14,24), ya que \u00abpara eso muri\u00f3 y resucit\u00f3 Cristo: para ser se\u00f1or de vivos y muertos\u00bb (Rom 14,9), que crea una nueva econom\u00ed\u00ada sacramental (cf SC 61); de ah\u00ed\u00ad la imagen del nacimiento de la Iglesia del costado de Cristo (cf LG 3; SC 5). El tercer acontecimiento de la vida de Cristo es \u00abel env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (cf He 2), verdadero protagonista fundamentador de toda la historia y de la vida de la Iglesia, de la cual es su \u00abalma\u00bb (cf LG 7), y que manifiesta plenamente su ser propio como \u00abEcclesia de Trinitate\u00bb (cf LG 4).<\/p>\n<p>Queda as\u00ed\u00ad determinada y mejor precisada la relaci\u00f3n fundadora (1), originaria (2) y fundante (3) de Jesucristo respecto a la Iglesia, entendida desde su estructura sacramental, verdadero quicio de la eclesiolog\u00ed\u00ada del Vaticano II. De esta forma su misterio, hist\u00f3rico y trascendente a la vez, que forma \u00abuna realidad compleja\u00bb (LG 8), est\u00e1 totalmente referido e iluminado a Cristo, que es el \u00fanico \u00abLumen gentium\u00bbdel cual la Iglesia, fundada-originada-y-fundamentada en \u00e9l, es \u00abcomo un sacramento o signo e instrumento de la uni\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1).<\/p>\n<p>BIBL.: AGUIRRE R. Del movimiento de Jes\u00fas a la Iglesia cristiana, Bilbao 1987; ID, La Iglesia de Jerusal\u00e9n, Bilbao 1989; ANT\u00f3N A., La Iglesia de Cristo, Madrid 1977; AUER 1., La Iglesia, Barcelona 1986, 142-157; DESCAMPS A., Jes\u00fas et l Eglise, Lovaina 1987; FIORENZA F.S., Fundational Theology: Jesus and the Church, Nueva York 1985; FORTE B\u00bb La chiesa \u00c2\u00a1cona della Trinit\u00e1, Brescia 1984; FRANKEMULLE H. y HARING H., lgksia\/Eclesiolog\u00ed\u00ada, en \u00abDCT\u00bb I 493-517; FRIES H., Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Barcelona 1985, 471-483; GARIJD-G\u00dcEMBE M.M., La comuni\u00f3n de los santos, Barcelona 1991; HEINz G., Das problem der Kirchenenstehung, Mainz 1974 LOHF7NK G., Jesus und die Kirche, en \u00abHFhT\u00bb 3, 49-96; SCHLIER H., Eclesiolog\u00ed\u00ada del NT, en \u00abMyS\u00bb IV\/ 1, 107-223; SCHNEIDER Th., Lo que nosotros creemos. Exposici\u00f3n del S\u00ed\u00admbolo de los Ap\u00f3stoles, Salamanca 1991, 347-350 (\u00abEclesiolog\u00ed\u00ada impl\u00ed\u00adcita&#8217;; THEISSEN G., Sociolog\u00ed\u00ada del movimiento de Jes\u00fas, Santander 1979.<\/p>\n<p>S. Pi\u00e9-Ninot<\/p>\n<p>III. Motivo de credibilidad<br \/>\n1. DEL VATICANO I AL VATICANO II. En un sentido general puede decidirse que la Iglesia es signo de la salvaci\u00f3n por representar y comunicar la gracia invisible de la salvaci\u00f3n. Es el signo, y el signo eficaz de una realidad espiritual, a saber: la uni\u00f3n de los hombres con Dios y, mediante esta uni\u00f3n, la uni\u00f3n de los hombres entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>En la medida en que este misterio de salvaci\u00f3n o de comuni\u00f3n irradia entre los hombres con intensidad, se convierte, incluso para los no-creyentes, en signo perceptible de la llegada de la salvaci\u00f3n al mundo. Se habla entonces de la Iglesia como motivo de credibilidad. En efecto, cuando el pueblo de Dios, reunido en la unidad, es fiel a su vocaci\u00f3n a la santidad y vive en plenitud su vida de uni\u00f3n con Dios y de uni\u00f3n entre los hombres, testifica por su misma presencia que la salvaci\u00f3n anunciada y predicada por la Iglesia ha visitado realmente a la humanidad para transformarla y santificarla. En otras palabras, cuando la vida de unidad y de caridad de los miembros de Cristo est\u00e1 de acuerdo con el evangelio, esa vida se hace signo, no solamente alusivo, sino expresivo de la realidad significada: manifiesta, en la visibilidad, que la Iglesia es verdaderamente el lugar de la salvaci\u00f3n en Jesucristo y que el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo habita realmente entre los hombres. La Iglesia se convierte entonces en el signo visible e hist\u00f3rico del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, principio invisible de la unidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>La idea de que la presencia de la Iglesia en el mundo a lo largo de los siglos, con todos los bienes que ella representa, constituye un signo de su origen divino no es un descubrimiento del primer concilio Vaticano. Se trata realmente de un argumento tradicional en la Iglesia. Tiene sus ra\u00ed\u00adces en los Hechos, donde se describe la vida de la comunidad primitiva (He 2, 44-45), y parece que se encuentra una prefiguraci\u00f3n de la misma en el AT, en la presencia del pueblo de Dios, signo elevado a la vista de las naciones. Desde los primeros siglos los padres, especialmente Ireneo, Tertuliano, Or\u00ed\u00adgenes y Agust\u00ed\u00adn, invocan en favor del cristianismo su expansi\u00f3n milagrosa, la constancia de sus m\u00e1rtires, la luz de su santidad. En el siglo xv es Savonarola el que desarrolla este argumento. M\u00e1s tarde fueron Bossuet y Pascal en el siglo xvn, F\u00e9nelon en el siglo XVIII, Balmes, Lacordaire, Bautam y Dechamps en el siglo xIx e, inmediatamente antes del Vaticano I, J. Kleutgen y J.B. Franzelin. El 1 Vaticano I sancion\u00f3 con su autoridad el valor de este signo y le dio su formulaci\u00f3n, si no definitiva, al menos la m\u00e1s importante. \u00abLa Iglesia -dice el concilio-, debido a su admirable propagaci\u00f3n, a su eminente santidad, a su inagotable fecundidad en todos los bienes, debido a su unidad cat\u00f3lica y a su solidez invicta, es por s\u00ed\u00ad misma un grande y perpetuo motivo de credibilidad y un testimonio irrefutable de su misi\u00f3n divina\u00bb (DS 3013-3014).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el proceso sugerido por el concilio es distinto del proceso hist\u00f3rico que establece la fundaci\u00f3n de la Iglesia por Cristo y la continuidad de esta Iglesia con la Iglesia cat\u00f3lica actual. En otras palabras, no se trata de la v\u00ed\u00ada llamada de las notas de la Iglesia, que consiste en reconocer en la Iglesia actual las propiedades esenciales y exclusivas que dio Cristo a la instituci\u00f3n fundada por \u00e9l. Se trata m\u00e1s bien de un proceso emp\u00ed\u00adrico que parte de la Iglesia como fen\u00f3meno espacio-temporal observable e ins\u00f3lito. En la v\u00ed\u00ada de las notas se trata de la esencia de la Iglesia de Cristo. En la v\u00ed\u00ada propuesta por el Vaticano I se trata directamente de la imagen de la Iglesia, de los rasgos de su rostro, tal como se manifiestan al observador, incluso no creyente, y sin apelar a la fundaci\u00f3n hist\u00f3rica de la Iglesia por Cristo.<\/p>\n<p>En la enumeraci\u00f3n que hace, el concilio propone cinco de esos rasgos observables que pertenecen al fen\u00f3meno de la Iglesia, a saber: su expansi\u00f3n admirable, su santidad eminente, su fecundidad inagotable, su unidad cat\u00f3lica y su estabilidad invicta. Los cinco calificativos que acompa\u00f1an a los sustantivos insisten en el car\u00e1cter no com\u00fan de estas manifestaciones. La Iglesia se presenta en el mundo como un fen\u00f3meno ins\u00f3lito, excepcional, milagroso. Esos rasgos deben considerarse, no aisladamente, sino juntos y cualitativamente. Como en el caso de Cristo, se trata de una convergencia multiforme.<\/p>\n<p>La formulaci\u00f3n del Vaticano I no pretende ser definitiva ni irreprochable. En este sentido podemos preguntarnos si, tal como se presenta, manifiesta una conciencia suficiente de la complejidad real del signo de la Iglesia. En efecto, este signo es m\u00e1s ambiguo e infnitamente m\u00e1s dificil de presentar que el signo de Cristo. La unidad de la Iglesia es real, pero es una unidad herida y que hay que reparar, una unidad que proteger y continuamente perfeccionable; su estabilidad se ve siempre amenazada; su catolicidad est\u00e1 sometida a perpetuas tensiones; su santidad surge en tierra de pecado. La formulaci\u00f3n del Vaticano I debe comprenderse sin duda en el contexto sociol\u00f3gico del siglo xlx, cuando se conceb\u00ed\u00ada a la Iglesia como una sociedad perfecta, aut\u00f3noma, trascendente, libre de las vicisitudes de las sociedades humanas. Lo cierto es que apenas deja suponer que el signo de la Iglesia se parece a una trama deparadojas, que hacen de la Iglesia un enigma cuya clave hay que encontrar. La Iglesia del Vaticano I parece una Iglesia abstracta, ideal, con atributos absolutos, m\u00e1s que una comunidad de fieles, itinerante, fr\u00e1gil, pecadora. Los calificativos que se a\u00f1aden a los rasgos de la Iglesia (admirable, eminente, inagotable, invicta) son del orden de la intensidad m\u00e1s que del de la paradoja. De ah\u00ed\u00ad que la formulaci\u00f3n del Vaticano I no pueda utilizarse en teolog\u00ed\u00ada fundamental, sobre todo en el contexto del siglo xx.<\/p>\n<p>Por eso el Vaticano II, sensible a esta diferencia de contexto, ha modificado las perspectivas y la formulaci\u00f3n, aunque manteniendo la realidad del signo. En efecto, el Vaticano II alude con frecuencia al texto del Vaticano I, pero sin citarlo nunca por completo. Tambi\u00e9n es notable el hecho de que, en las p\u00e1ginas en cuesti\u00f3n, el signo de la Iglesia se reduzca en la pr\u00e1ctica al signo de la unidad en la caridad. La Iglesia es signo de la llegada de la salvaci\u00f3n entre los hombres en la medida en que refleja en nuestro mundo la unidad de amor de la vida trinitaria. Adem\u00e1s, el Vaticano II, por un proceso de personalizaci\u00f3n que se extiende a toda la econom\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n y de su transmisi\u00f3n, habla de I testimonio personal y comunitario donde el Vaticano I habla de los atributos milagrosos de la Iglesia. Son las mismas personas con su vida santa, las comunidades cristianas con su vida de unidad y de caridad, todo el pueblo de Dios con su vida de acuerdo con el evangelio, quienes hacen entender a los hombres que la Iglesia es el lugar de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. EN BUSCA DE UN CAMINO DE APROXIMACI\u00ed\u201cN. No cabe duda de que el signo de la Iglesia ha sido valorado en los dos \u00faltimos concilios, aunque las perspectivas y la formulaci\u00f3n son distintas en cada caso: formulaci\u00f3n m\u00e1s abstracta en el Vaticano I, formulaci\u00f3n personalista y de tono m\u00e1s discreto en el Vaticano II.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hemos de confesar que sentimos cierto malestar en proponer el signo de la Iglesia a los hombres de nuestro tiempo. En efecto, debido a una publicidad que convierte el m\u00e1s peque\u00f1o suceso local en un acontecimiento mundial, conocemos mejor las debilidades de los hombres de Iglesia y de las instituciones eclesiales. Por las revistas, los peri\u00f3dicos, la radio y la televisi\u00f3n conocemos todas las acusaciones que se dirigen continuamente contra la Iglesia. Somos igualmente m\u00e1s sensibles a los errores hist\u00f3ricos de la Iglesia y a sus actitudes de una sinceridad a veces dudosa.<\/p>\n<p>En el estudio de la Iglesia como motivo de credibilidad hemos de descartar dos aproximaciones que nos parecen inadecuadas, aunque por motivos diferentes. Descartamos primero la aproximaci\u00f3n comparativa (al menos como aproximaci\u00f3n directa), que consiste en comparar la Iglesia con las otras comunidades religiosas (comunidades cristianas separadas o grandes religiones hist\u00f3ricas: l budismo, \/hinduismo, \/islamismo), declarando que la Iglesia manifiesta sobre esas comunidades una superioridad sin igual, sobre todo a nivel de la unidad, de la universalidad, de la duraci\u00f3n y de la santidad. Esta aproximaci\u00f3n supone evidentemente que se reconocen fuera de la comunidad cat\u00f3lica ciertos elementos de salvaci\u00f3n y de Iglesia. Sin embargo, la Iglesia representa una excelencia, una plenitud de santificaci\u00f3n y de salvaci\u00f3n que no parecen realizarse en tanto grado en las otras comunidades de salvaci\u00f3n. Esta v\u00ed\u00ada nos parece complicada, poco satisfactoria, expuesta a peligros muy graves. En particular, dif\u00ed\u00adcilmente se libra de la acusaci\u00f3n de ignorancia, de inexactitud, de prejuicio y hasta de injusticia, ya que el que la practica siente siempre la tentaci\u00f3n de minimizar los hechos positivos encontrados en los otros para destacar la superioridad cat\u00f3lica. Creemos que esta aproximaci\u00f3n tiene sobre todo un valor confirmativo.<\/p>\n<p>Descartamos igualmente la aproximaci\u00f3n de la trascendencia, al menos tal como la formula el Vaticano I, que ve en la Iglesia un fen\u00f3meno de superaci\u00f3n an\u00e1logo, en el orden moral, al del milagro f\u00ed\u00adsico, y que atestigua directamente el origen divino de la Iglesia y de su misi\u00f3n. Describir ante el hombre de hoy la expansi\u00f3n admirable, la santidad eminente, la fecundidad inagotable, la unidad cat\u00f3lica y la estabilidad invicta de la Iglesia es provocar in\u00fatilmente una alergia incontrolable. Ser\u00e1 imposible apartar de \u00e9l el fantasma de una Iglesia triunfante.<\/p>\n<p>Proponemos m\u00e1s bien una aproximaci\u00f3n por v\u00ed\u00ada de inteligibilidad interna, de b\u00fasqueda de l sentido. Este m\u00e9todo toma como punto de partida no ya los atributos absolutos y gloriosos de la Iglesia, sino las paradojas y las tensiones que la constituyen en su realidad concreta. Estas paradojas y tensiones intenta comprenderlas en s\u00ed\u00ad mismas y en sus mutuas relaciones, as\u00ed\u00ad como en relaci\u00f3n con la explicaci\u00f3n que la Iglesia propone de s\u00ed\u00ad misma. La coherencia de la explicaci\u00f3n propuesta con los hechos observados (naturaleza y dimensi\u00f3n) induce a pensar que el testimonio de la Iglesia es ver\u00ed\u00addico: ella es realmente entre los hombres signo de la salvaci\u00f3n en Jesucristo. La inteligibilidad del fen\u00f3meno est\u00e1 en el misterio que atestigua. No partimos entonces de los atributos milagrosos de la Iglesia; la trascendencia de la Iglesia aparece m\u00e1s bien como la clave de inteligibilidad para comprender el fen\u00f3meno en su totalidad y complejidad.<\/p>\n<p>Podemos entonces distinguir en la Iglesia al menos tres grandes paradojas: la paradoja de la unidad, la paradoja de la perennidad, la paradoja de la santidad. No se trata de unas simples paradojas. En efecto, cada una de ellas est\u00e1 constituida por un conjunto de tensiones, de las que algunas son lo bastante fuertes para hacer explotar toda sociedad que tuviera que sufrirlas y arrostrar al mismo tiempo la prueba de la duraci\u00f3n. Este conjunto de paradojas y tensiones hace de la Iglesia un signo enigm\u00e1tico cuya cifra o clave es preciso encontrar.<\/p>\n<p>Por la existencia simult\u00e1nea de rasgos aparentemente incompatibles a los ojos de la experiencia y de la historia humanas, y sin embargo armonizados en ella, la Iglesia evoca algo de las grandes paradojas de la presencia de Cristo en el mundo: sencillez y autoridad, humildad y pretensiones absolutas de aquel que se declara Hijo del Padre, juez escatol\u00f3gico, sin pecado, y sin embargo teniendo m\u00e1s que cualquier otro el sentido del pecado y de su universalidad. La Iglesia como Cristo, es un enigma por descifrar.<\/p>\n<p>3. PARADOJAS Y TENSIONES DE LA UNIDAD. La primera de las grandes paradojas de la Iglesia es la de la unidad. A los ojos superficiales, la unidad de la Iglesia se reduce a la unidad del bautismo, del credo y de la autoridad. En realidad, esta unidad cubre m\u00faltiples y prodigiosas tensiones. Hubo \u00e9pocas en la Iglesia en que la teolog\u00ed\u00ada subray\u00f3 la unidad cat\u00f3lica, pero sin percibir demasiado su complejidad. La nuestra es m\u00e1s sensible a ladiversidad y ala complejidad que constituyen esa unidad.<\/p>\n<p>a) Una unidad compleja. El primer hecho observable en la Iglesia es que su unidad no es una unidad cualquiera, superficial, sino una unidad de complejidad. En efecto, la fe cat\u00f3lica no es simplemente una vaga actitud religiosa, sentimental y poco exigente, m simplemente la adhesi\u00f3n a unas cuantas observancias exteriores, sino una fe en unos misterios desconcertantes para la raz\u00f3n humana: Trinidad, encarnaci\u00f3n, divinizaci\u00f3n de los hombres, resurrecci\u00f3n corporal, etc. Esta unidad de complejidad es tambi\u00e9n una unidad de exigencia, que invita al hombre a someter a la palabra de Cristo no s\u00f3lo sus actos exteriores, sino incluso sus pensamientos m\u00e1s secretos, sus deseos m\u00e1s \u00ed\u00adntimos. Es la exigencia de una preferencia que puede llegar hasta la eventualidad del !martirio.<\/p>\n<p>Pues bien, a pesar de esta unidad de complejidad y de exigencia, la Iglesia ha ido acogiendo e incorporando a lo largo de los siglos a muchedumbres humanas. Esta pertenencia a la Iglesia que va acompa\u00f1ada generalmente de una integraci\u00f3n profunda de las personalidades, establece entre todos los miembros de la Iglesia, aunque se desconozcan entre s\u00ed\u00ad y est\u00e9n aislados en el espacio y en el tiempo, una verdadera \u00abcomuni\u00f3n\u00bb. Seg\u00fan el testimonio de los mismos fieles, el principio de esta cohesi\u00f3n y de esta comuni\u00f3n de la Iglesia es la uni\u00f3n de todos los miembros con Cristo y con su Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>b) Fidelidad y actualizaci\u00f3n. Palabra dirigida a un ambiente determinado, en un momento preciso de la historia, la revelaci\u00f3n debe llegar sin embargo a los hombres de todos los tiempos en su situaci\u00f3n hist\u00f3rica siempre \u00fanica, y responder a sus cuestiones, a sus inquietudes, para encaminarlos hacia Dios (! Teolog\u00ed\u00ada fundamental, II). La Iglesia debe estar atenta a la palabra de Dios y a la voz de las tiempos.<\/p>\n<p>La Iglesia puede ser v\u00ed\u00adctima del estancamiento, del inmovilismo o de las formas pasajeras de la moda y del tiempo. Lo cierto es que se da una tensi\u00f3n inevitable entre el dato pac\u00ed\u00adficamente pose\u00ed\u00addo y la adaptaci\u00f3n necesaria al presente y al futuro inminente. La Iglesia est\u00e1 condenada a vivir en la precariedad; porque una Iglesia que vive en la esperanza es una Iglesia que inventa sin cesar el porvenir en el presente, que inventa hoy su fidelidad del ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>De hecho, la Iglesia manifiesta en su predicaci\u00f3n la voluntad de no dejar que caiga nada del mensaje recibido, de no alterarlo; pero al mismo tiempo reconoce la obligaci\u00f3n de comprender el evangelio con un frescor siempre nuevo para sacar de \u00e9l respuestas in\u00e9ditas a las cuestiones in\u00e9ditas. Debe, declara la Ecclesiam suam, \u00abinsertar el mensaje cristiano en la circulaci\u00f3n del pensamiento, de la expresi\u00f3n, de la cultura, de las costumbres, de las tendencias de la humanidad, tal como vive y se agita hoy por toda la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>Que la Iglesia sea fiel al pasado, sin ser su esclava; que manifieste una misma y tenaz voluntad al \u00fanico mensaje de la fe y de actualizaci\u00f3n de ese mensaje para responder a las cuestiones de cada \u00e9poca, no es uno de los menores aspectos de esta paradoja de la unidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>c) Unidad de fe y pluralismo teol\u00f3gico. Con el problema de la actualizaci\u00f3n de la palabra va \u00ed\u00adntimamente ligado el de la interpretaci\u00f3n de la fe y el de la pluralidad de expresiones que traducen esta inteligencia de la fe. \u00bfEn qu\u00e9 medida la fe cat\u00f3lica es capaz de dejar sitio a un cierto pluralismo teol\u00f3gico?<\/p>\n<p>El pluralismo es una cuesti\u00f3n de hecho, que siempre .ha existido. Ya en el nivel de la revelaci\u00f3n hay, si no pluralismo, al menos pluralidad y complementariedad de perspectivas en la presentaci\u00f3n del mismo misterio. As\u00ed\u00ad, existe un perspectiva sin\u00f3ptica, jo\u00e1nica y paulina del misterio de Cristo. Cuando comienza, no ya la revelaci\u00f3n, sino la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, el \u00abpluralismo\u00bb es a\u00fan m\u00e1s acusado. En la \u00e9poca de la patr\u00ed\u00adstica, los problemas de la inculturaci\u00f3n del evangelio suscitaron presentaciones del evangelio muy diferentes por el lenguaje y los horizontes filos\u00f3ficos. En la Edad Media se forman; proliferan y hasta se oponen diversas escuelas: tomistas, esc\u00f3tistas, suarezianos.<\/p>\n<p>El pluralismo teol\u00f3gico se debe a m\u00faltiples factores: 1) Diferente mentalidad y ambiente cultural; as\u00ed\u00ad el Oriente desarroll\u00f3 una eclesiolog\u00ed\u00ada de la comuni\u00f3n, mientras que el Occidente elabor\u00f3 una eclesiolog\u00ed\u00ada de la instituci\u00f3n. 2) Opciones filos\u00f3ficas de base: platonismo, aristotelismo, personalismo, existencialismo. 3) Intuiciones y preocupaciones iniciales, que engendran luego sistematizaciones diferentes: dominicos, jesuitas, carmelitas, franciscanos, benedictinos&#8230; 4) Hoy, en virtud de los lenguajes y de la marcha propia de las diversas disciplinas (ex\u00e9gesis, historia, semi\u00f3tica, etc.), la teolog\u00ed\u00ada presenta una figura cada vez m\u00e1s compleja y diversificada. 5) M\u00e1s que anta\u00f1o, la teolog\u00ed\u00ada quiere estar \u00absituada\u00bb (l Teolog\u00ed\u00ada, VII) en-un \u00e1rea cultural determinada, \u00aben contexto\u00bb, m\u00e1s atenta a la jerarqu\u00ed\u00ada de las verdades.<\/p>\n<p>En otros tiempos, ortodoxos y heterodoxos pod\u00ed\u00adan enfrentarse y contradecirse, pero al mismo tiempo identificarse e identificar los motivos de sus desacuerdos. No ocurre lo mismo en nuestros d\u00ed\u00adas. Hoy nos encontramos ante unas teolog\u00ed\u00adas que se dicen cristianas, pero que constituyen un universo diferente. \u00bfC\u00f3mo situar a Bultmann respecto a la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, e incluso simplemente respecto a la fe cristiana? Observamos el mismo vocabulario cristiano, pero que no encierra ya sangre cristiana, sino m\u00e1s bien cianuro racionalista.<\/p>\n<p>El pluralismo teol\u00f3gico es inevitable; es incluso un beneficio. Y el Vaticano lI reconoce su legitimidad y su fecundidad (UR 17; GS 62; LG 23; AG 22). Pero es indudable que el pluralismo teol\u00f3gico provoca una tensi\u00f3n continua que puede alcanzar un punto cr\u00ed\u00adtico. En un pluralismo multiforme y multidireccional se corre el riesgo de disolver la raz\u00f3n fundamental de la fe, a saber: la persona de Cristo, Hijo de Dios entre nosotros. En ese momento la unidad corre el peligro de explotar. Entonces podemos preguntarnos leg\u00ed\u00adtimamente c\u00f3mo una sociedad sometida durante siglos a estas tensiones puede subsistir sin disolverse y desaparecer.<\/p>\n<p>d) Unidad herida y voluntad ecum\u00e9nica. Que las tensiones interiores de la unidad pueden alcanzar un punto cr\u00ed\u00adtico y comprometer el equilibrio de la Iglesia no es una simple hip\u00f3tesis, sino un hecho que pertenece a la historia.<\/p>\n<p>La unidad de la Iglesia se mantuvo durante un largo milenio. Luego conoci\u00f3 rupturas hist\u00f3ricas de especial gravedad: el cisma con el Oriente en 1054 y la reforma protestante de Lutero en el siglo xvi. En esas rupturas, las responsabilidades se comparten. As\u00ed\u00ad lo reconoce abiertamente el decreto sobre el ecumenismo: \u00abComunidades no peque\u00f1as se separaron de la plena comuni\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica, y a veces no sin culpa de los hombres de una y otra parte\u00bb (UR 3).<\/p>\n<p>Si la Iglesia logr\u00f3 mantener su unidad interna, no se sigue que no se haya visto afectada por esas grandes rupturas hist\u00f3ricas. Si la tempestad no aplast\u00f3 a la Iglesia, s\u00ed\u00ad que la debilit\u00f3 y empobreci\u00f3, como al \u00e1rbol que pierde alguna de sus mayores ramas por el vendaval y ve a veces comprometido su equilibrio. Por otra parte, las comunidades separadas no son ramas muertas. Siguen viviendo del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo y de su evangelio. Muchas veces incluso han valorado m\u00e1s que nosotros los tesoros que han conservado: sentido de la Escritura y de la palabra de Dios, sentido de la trascendencia de Dios y de la gratuidad de la salvaci\u00f3n en los protestantes, sentido del misterio y de la plegaria lit\u00fargica en los orientales.<\/p>\n<p>La Iglesia no se ha resignado a esta ruptura de su unidad. La fundaci\u00f3n de un Secretariado para la unidad en 1960 y el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II manifiestan por parte de la Iglesia una voluntad firme y sincera de restablecer el di\u00e1logo y la comuni\u00f3n con las Iglesias separadas. Los gestos de amistad de Pablo VI con el patriarca Aten\u00e1goras y con el arzobispo Ramsey concretan esta actitud que expresan los textos. En el decreto sobre el ecumenismo, la Iglesia cat\u00f3lica asume su parte de responsabilidad en las grandes rupturas de la historia; reconoce las riquezas de salvaci\u00f3n y de vida de las diversas comunidades; evita los apelativos hirientes de cism\u00e1ticos y herejes; habla de comunidades eclesiales o de Iglesias; invita a todos los fieles a la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n o al testimonio de la vida santa.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la Iglesia tiene conciencia de que su unidad est\u00e1 herida\u00bb\u00e9n parte por culpa suya, y de que esta divisi\u00f3n es escandalosa. Por tanto, no se trata de una unidad triunfante y definitiva, sino de una unidad interna real y, sin embargo, activa y suplicante, no solamente para incorporar nuevos miembros, sino tambi\u00e9n para recuperar a quienes lo fueron: es una unidad total que hay que restaurar y perfeccionar. Si la Iglesia no manifestase este dinamismo ecum\u00e9nico, le faltar\u00ed\u00ada a su unidad la conciencia de la gravedad de las rupturas ocurridas, as\u00ed\u00ad como la conciencia del precepto de Cristo: \u00abQue todos sean uno\u00bb (Jn 17,21). Esta ausencia de voluntad ecum\u00e9nica ser\u00ed\u00ada la condenaci\u00f3n de la Iglesia. Pero el que la Iglesia sea consciente de sus heridas y est\u00e9 al mismo tiempo preocupada de recobrar la plenitud de su unidad es el signo en ella de una tensi\u00f3n saludable.<\/p>\n<p>e) Unidad y catolicidad. Estos dos substantivos parecen estar en contradicci\u00f3n. En efecto, la unidad dice eliminaci\u00f3n de los elementos de diferenciaci\u00f3n. Una unidad, sobre todo si quiere ser fuerte y consistente (como la unidad del pueblo jud\u00ed\u00ado, al que Dios impon\u00ed\u00ada el rechazo de todo lo que fuera extranjero), se convierte f\u00e1cilmente en autoritaria, intransigente, centralizadora, y sacrifica los elementos de leg\u00ed\u00adtima diversidad; o bien, para protegerse, se transforma en secta cerrada. La catolicidad, por el contrario, dice acogida, comuni\u00f3n, y admite de buena gana las divergencias, sacrificando si es preciso la unidad interna. La catolicidad est\u00e1 dispuesta a simplificar, con tal que haya un denominador com\u00fan, y hasta inferior, que permita acercarse a la mayor parte.<\/p>\n<p>La paradoja est\u00e1 en que la Iglesia persigue a la vez la unidad y la catolicidad. No solamente la Iglesia es convocada y reunida (unidad interna), sino que adem\u00e1s -como atestigua la historia de las misiones- convoca a todos los hombres de la tierra. Intenta construir, por encima de la geograf\u00ed\u00ada terrena, una geograf\u00ed\u00ada nueva, que re\u00fana a todos los hombres, sin distinci\u00f3n de lengua, de color, de raza, de instituci\u00f3n. Edifica el cuerpo de Cristo, re\u00fane a los hijos del Padre, que \u00abhan bebido del mismo Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (I Cor 12,13). La Iglesia se edifica no contra los hombres, sino en uni\u00f3n de amor con todos los hombres.<\/p>\n<p>Lo que importa se\u00f1alar en esta universalidad no es tanto el fen\u00f3meno (espacio conquistado y n\u00famero de adhesiones) como su calidad. Se trata de una expansi\u00f3n que va acompa\u00f1ada de una transformaci\u00f3n profunda del esp\u00ed\u00adritu y del coraz\u00f3n a partir de una opci\u00f3n libre, obtenida no por la fuerza de las armas, sino por una seducci\u00f3n de amor: el amor de Dios en Jesucristo.<\/p>\n<p>f) Iglesia universal e Iglesias locales. La unidad y la catolicidad son causa de tensiones m\u00faltiples y multiformes dentro mismo de la Iglesia. Tensi\u00f3n primero entre Iglesias locales. Ya el NT manifiesta en la Iglesia la coexistencia de la unidad en la pluralidad. Existen Iglesias locales, estructuradas y relativamente aut\u00f3nomas: Iglesias de Jerusal\u00e9n, de Corinto, de Antioqu\u00ed\u00ada, etc.; Iglesias regionales: Asia, Palestina Grecia. M\u00e1s a\u00fan, algunas Iglesias tienen su propio evangelio: Marcos para los romanos, Mateo para los judeocristianos, Lucas para los griegos, Juan para el Asia Menor. Hay adem\u00e1s pluralidad de lenguas, de costumbres, de mentalidades. Unidad no es uniformidad. Hay incluso tensiones entre Jerusal\u00e9n y la di\u00e1spora, entre judeocristianos y cristianos de la gentilidad. A pesar de este regionalismo, las Iglesias guardan entre s\u00ed\u00ad la comuni\u00f3n de fe y de sacramentos, la comuni\u00f3n de los obispos, la comuni\u00f3n fraterna. Hay Iglesias locales, y sin embargo comuni\u00f3n de las Iglesias.<\/p>\n<p>Una tensi\u00f3n semejante se manifiesta entre las Iglesias locales y la Iglesia universal formada por la comuni\u00f3n de todas las Iglesias. Estas dos l\u00ed\u00adneas de fuerza, a lo largo de los siglos, han conocido aproximaciones, s\u00ed\u00adntesis, pero tambi\u00e9n concurrencias y oposiciones. A medida que la Iglesia como sociedad se fue organizando y estructurando, con su administraci\u00f3n central y todos sus organismos, con su derecho y sus juristas, se present\u00f3 la tendencia a concebir las Iglesias locales como sucursales de la gran Iglesia universal, estando \u00e9sta compuesta por el conjunto de fieles reunidos bajo la autoridad del papa. Occidente destac\u00f3 en la Iglesia el aspecto de unidad, de universalidad, pero sin prestar siempre suficiente atenci\u00f3n a la diversidad de las iglesias locales. Para el Oriente, por el contrario, la unidad de base es la iglesia local, que realiza plenamente la esencia de la Iglesia, reunida por la palabra, la eucarist\u00ed\u00ada, el Esp\u00ed\u00adritu Santo y por el obispo, fundamento de la unidad. La colegialidad est\u00e1 en el di\u00e1logo de las Iglesias locales. El sucesor de Pedro es el que preside esta sinergia.<\/p>\n<p>Es inevitable cierta tensi\u00f3n entre una eclesiolog\u00ed\u00ada de la Iglesia universal y una eclesiolog\u00ed\u00ada de las Iglesias locales, entre el primado del papa y la colegialidad de los obispos. Es verdad que la Iglesia est\u00e1 dotada de todos los organismos capaces de asegurar a la vez la unidad y la diversidad. As\u00ed\u00ad, la funci\u00f3n del primado es la de mantener la unidad, mientras que la colegialidad garantiza la universalidad en la pluriformidad de las Iglesias locales y salvaguarda la unidad por la comuni\u00f3n de los obispos entre s\u00ed\u00ad y con el papa.<\/p>\n<p>Sin embargo, sigue siendo inevitable una tensi\u00f3n dial\u00e9ctica, imposible de reabsorber por completo, entre la unidad y la diversidad. Una preocupaci\u00f3n exagerada por la unidad conduce al autocratismo y a la nivelaci\u00f3n; un exceso de diversidad conduce a la desintegraci\u00f3n de la unidad y a la anarqu\u00ed\u00ada. Es preciso que haya unidad sin uniformidad, pluriformidad sin divisi\u00f3n. Este movimiento pendular entre Iglesia universal e Iglesias locales, entre primado y colegialidad, pertenece a la realidad misma de la Iglesia. Las prescripciones m\u00e1s previsoras del derecho can\u00f3nico no lograr\u00e1n nunca impedir conflictos inevitables. La paradoja est\u00e1 m\u00e1s bien en que la Iglesia pueda sobrevivir a tan numerosas y tan grandes tensiones.<\/p>\n<p>g) Unidad interna y unidad misionera. La unidad pertenece a la Iglesia como un don de Cristo a su esposa. Sin embargo, esta unidad exige ampliarse a todas las dimensiones de la tierra y abrazar todos los siglos. Esta unidad din\u00e1mica y misionera de la Iglesia no es simple proselitismo, deseo de crecimiento num\u00e9rico, sino una exigencia natural. La Iglesia no ser\u00ed\u00ada ella misma, es decir, \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb (LG 9.13.48; AG 1), si se manifestara en un solo continente, en una sola naci\u00f3n. No manifestar\u00ed\u00ada visiblemente su verdadera naturaleza. Si la Iglesia no fuera una, no ser\u00ed\u00ada el nuevo pueblo de Dios que Cristo vino a reunir; por otra parte, si no fuera misionera, no ser\u00ed\u00ada ya sacramento de salvaci\u00f3n para todos los hombres.<\/p>\n<p>La historia muestra que, de hecho, la actividad misionera es uno de los rasgos dominantes de la Iglesia, aunque es posible distinguir en esta historia tiempos fuertes y tiempos d\u00e9biles, que se parecen a la muerte.<\/p>\n<p>El primer siglo, con el prodigioso impulso dado por los ap\u00f3stoles, en particular por san Pablo, es a la vez la primavera de la Iglesia y de la misi\u00f3n. El siglo iii y el comienzo del iv marcan la evangelizaci\u00f3n de Africa. A partir del siglo vii se produce cierta lentitud debido a la barrera del Islam y tambi\u00e9n a la ignorancia en la que se estaba respecto al nuevo mundo. A finales del siglo xvi, con los grandes descubrimientos y la reforma de Trento, vino la explosi\u00f3n misionera: en la India, en China, en Jap\u00f3n, en las Filipinas, en las dos Am\u00e9ricas. El siglo xviii es un tiempo muerto, debido a las persecuciones y a la supresi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas. En el siglo xix la actividad misionera conoce un nuevo impulso con la fundaci\u00f3n de m\u00e1s de veinte comunidades misioneras. En el siglo xx asistimos a un debilitamiento debido a la crisis de vocaciones, as\u00ed\u00ad como a la actitud poco iluminada de ciertos te\u00f3logos que, con el pretexto de valorar la gracia salv\u00ed\u00adfica universal, llegaron a poner entre par\u00e9ntesis la necesidad de una Iglesia \u00aben misi\u00f3n\u00bb. El decreto del Vaticano II sobre la actividad misionera de la Iglesia, as\u00ed\u00ad como una reflexi\u00f3n m\u00e1s profunda sobre la misi\u00f3n, sobre la inculturaci\u00f3n, sobre las formas y fases variadas del proceso de l evangelizaci\u00f3n, vuelve a dar vida a la unidad din\u00e1mica de la Iglesia.<\/p>\n<p>h) Unidad perseguida y siempre huidiza. La unidad de la Iglesia est\u00e1 siempre por rehacer, ya que siempre est\u00e1 amenazada: interiormente por el esc\u00e1ndalo de los cat\u00f3licos, y fuera por la persecuci\u00f3n. La tarea de reunir a los hombres en la unidad de la caridad parece abocar continuamente al fracaso. La acci\u00f3n de los cristianos parece chocar con la muerte; nunca llega a imponerse. Su unidad es precaria. Y tambi\u00e9n incansable. En efecto, la Iglesia no se cansa, no desespera jam\u00e1s, no cede nunca al escepticismo, a pesar de estar siempre comenzando de nuevo debido a la guerra, la persecuci\u00f3n, la pereza o la traici\u00f3n de los hombres. La Iglesia no renuncia jam\u00e1s. Se sit\u00faa a medio camino entre la utop\u00ed\u00ada y la desconfianza. Tiende a \u00abrecapitular\u00bb a todos los pueblos y renueva su tarea siglo tras siglo. Ha tenido cien veces motivos para desesperar y abandonar. Pensemos en los esfuerzos de la Iglesia por implantarse en China, de donde siempre se ha visto expulsada. Contradicha, rechazada, expulsada, pisoteada, aplastada, la Iglesia vuelve a comenzar y se empe\u00f1a, por los mismos caminos del amor y con una obstinaci\u00f3n paciente, en seguir edificando el cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>i) Una paradoja que interroga.<\/p>\n<p>Esta unidad de complejidad y de exigencia, basada en la libertad y en el amor; esta unidad que es a la vez fidelidad al mensaje de Cristo y actualizaci\u00f3n constante para estar a la escucha del mundo y de sus llamadas; esta unidad de credo en la pluralidad de perspectivas, de formulaciones y de sistematizaciones; esta unidad herida, pero seguida del arrepentimiento, de la.reforma y de nuevos intentos de restablecer la comuni\u00f3n con las Iglesias separadas; esta unidad en la catolicidad, a pesar de todos los particularismos; esta unidad de la Iglesia universal en la pluriformidad de las Iglesias locales; esta unidad interna, pero al mismo tiempo misionera; esta unidad precaria, siempre amenazada, pero nunca desanimada, que prosigue desde hace dos mil a\u00f1os: todo esto constituye una paradoja, un enigma. Todas las tensiones enumeradas pertenecen al fen\u00f3meno de la Iglesia; todas son observables y est\u00e1n sometidas a la mirada de los testigos. Una sola de ellas bastar\u00ed\u00ada para provocar la explosi\u00f3n de la iglesia. Sin embargo la Iglesia sigue adelante. De Cristo dec\u00ed\u00adan: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es este hombre?\u00bb; de la Iglesia se puede decir: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es \u00e9sta?\u00bb<br \/>\n4. PARADOJA Y TENSIONES DE LA TEMPORALIDAD. En su encuentro con el tiempo y con la historia, la Iglesia se ve constantemente amenazada por dos peligros, de los que no se sabe cu\u00e1l es m\u00e1s grave: una inserci\u00f3n demasiado profunda o una falta de inserci\u00f3n. En efecto, por una parte la Iglesia tiene que insertarse en la vida de los hombres: tiene que encontrarlos a nivel de sus problemas, captarlos en su ambiente de vida y de trabajo, en las estructuras que los re\u00fanen. Pues bien, si esta inserci\u00f3n es una fuerza para la Iglesia, es tambi\u00e9n una amenaza. Porque cuanto m\u00e1s se inserta la Iglesia en la historia de una \u00e9poca y m\u00e1s adopta su ritmo, sus estructuras, sus modos de pensar y de obrar, tanto m\u00e1s se arriesga a perder su identidad y a disolverse con ellos. Por otra parte, si la Iglesia, para escapar de los riesgos de la temporalidad, se a\u00ed\u00adsla del mundo y vive como un gueto, corre el peligro de no comprender ya a los hombres a los que se dirige, de hablarles un lenguaje indescifrable y de perderlos. Corre el peligro de hacerse una Iglesia absorbida por la temporalidad y digerida por ella, o bien el riesgo de una Iglesia separada del mundo y finalmente reducida al silencio: la historia demuestra que esta doble amenaza ha pesado siempre sobre la Iglesia. Veamos brevemente algunos de esos momentos de la historia de la Iglesia en los que alcanz\u00f3 un punto cr\u00ed\u00adtico la tensi\u00f3n entre un exceso de inserci\u00f3n y una falta de inserci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) La amenaza del juda\u00ed\u00adsmo. El primer peligro que tuvo que arrostrar la Iglesia para hacerse religi\u00f3n un\u00c2\u00a1versal le vino de la misma naci\u00f3n en donde se hab\u00ed\u00ada arraigado. Desde el principio tuvo que superar un doble escollo: la defecci\u00f3n de los judeocristianos que, bajo la presi\u00f3n del nacionalismo jud\u00ed\u00ado, corr\u00ed\u00adan el peligro de volver al juda\u00ed\u00adsmo; y por otra parte, la presi\u00f3n de los pagano-cristianos, que corr\u00ed\u00adan el riesgo de abandonar la fe nueva antes que verse apresados en los cuadros del juda\u00ed\u00adsmo antiguo. Si la Iglesia primitiva hubiera escuchado a los judaizantes, se habr\u00ed\u00ada quedado en una miserable secta jud\u00ed\u00ada, convertida en una curiosidad hist\u00f3rica, como la de los esenios. Al romper su solidaridad con la sinagoga y el juda\u00ed\u00adsmo rigorista, la Iglesia super\u00f3 su primer escollo.<\/p>\n<p>b) El peso del imperio romano. Tras librarse del peligro de una inserci\u00f3n excesiva en su ambiente de origen, la Iglesia tuvo que enfrentarse con las persecuciones, sobre todo por parte del paganismo del imperio. Durante m\u00e1s de tres siglos, con ciertas alternancias de calma relativa, la Iglesia vivi\u00f3 en un clima de iron\u00ed\u00ada, de sospecha y de odio. Esta amenaza constante explica el semi-apartamiento voluntario de la Iglesia de la vida oficial de la \u00e9poca. Sin embargo, si la vida cristiana no puede actuar abiertamente en la vida p\u00fablica, no por ello es menos activa. Va ganando a las personas una a una. Penetra en la sociedad en todos los niveles. Transforma su alma. Llegar\u00e1 el d\u00ed\u00ada en que el imperio se reconozca cristiano.<\/p>\n<p>Hist\u00f3ricamente, este cambio de situaci\u00f3n coincide con el edicto de Mil\u00e1n, en el 313, que pone fin a las persecuciones y reconoce oficialmente a la Iglesia. Libre ya, la Iglesia se inserta en la vida del imperio. Va creciendo con \u00e9l, acepta su protecci\u00f3n y lo sostiene. Comparte la creencia universal en la eternidad de la civilizaci\u00f3n romana y del imperio. Situaci\u00f3n comprometedora. Al asociarse a la pol\u00ed\u00adtica centralista y totalitaria del imperio, la Iglesia corre el peligro de caer en el estatismo cristiano. Ella misma ser\u00ed\u00ada entonces la primera v\u00ed\u00adctima de la protecci\u00f3n del emperador: cadenas doradas, pero verdaderas cadenas. En su estructura, la Iglesia adopta las estructuras de la sociedad civil. La sede civil y la sede eclesi\u00e1stica est\u00e1n \u00ed\u00adntimamente unidas y gozan de un prestigio igual. As\u00ed\u00ad, cuando el signo del imperio se desplaza de Roma a Constantinopla, la sede eclesi\u00e1stica de esta \u00faltima ciudad se convertir\u00e1 en rival de la sede pontificia de Roma. Esta vinculaci\u00f3n de la sede eclesi\u00e1stica con la sede civil conducir\u00e1 finalmente al cisma de Oriente. A\u00f1adamos que el cristianismo, al volverse omnipotente por el favor de Constantino y de sus sucesores, se hizo a su vez intolerante y perseguidor: acosando a los paganos, asemejando el cisma y la herej\u00ed\u00ada al crimen y haci\u00e9ndolos castigar por el Estado. Apenas liberada de la opresi\u00f3n, la Iglesia tiene que atravesar una prueba m\u00e1s terrible todav\u00ed\u00ada, la de la protecci\u00f3n del Estado, y se hace a su vez opresora.<\/p>\n<p>c) Sumisi\u00f3n de la Iglesia al feudalismo. Identificada con el imperio, la Iglesia parec\u00ed\u00ada destinada a perecer con \u00e9l. Pues bien, en el momento mismo en que se hunde el imperio, por una especie de salto misterioso, la Iglesia emprende la evangelizaci\u00f3n de los conquistadores y abre a los pueblos nuevos el camino de la salvaci\u00f3n. En menos de tres siglos los llamados b\u00e1rbaros son conquistados para el cristianismo. En este sentido, el bautismo de Clodoveo tiene un valor de s\u00ed\u00admbolo: la Iglesia de Occidente rompe su solidaridad con el imperio en el momento en que \u00e9ste se extingue. De nuevo la Iglesia se inserta en la vida de los pueblos, pero no sin correr otro peligro, el m\u00e1s grave quiz\u00e1 de su historia. La Iglesia llev\u00f3 a los b\u00e1rbaros al evangelio de Cristo. En retorno, los monasterios, las Iglesias locales y los santuarios se benefician de la magnanimidad de los grandes. Los reyes comparten su autoridad con los prelados, que se convierten en pr\u00ed\u00adncipes temporales. Tantas riquezas y honores, lejos de ser una fuerza para la iglesia, se convierten en un peligro supremo. Despu\u00e9s de enriquecer a la Iglesia, los se\u00f1ores feudales intentaron absorberla y someterla. Debido a la dignidad de pr\u00ed\u00adncipes temporales que les confiere, el rey ejerce una autoridad cada vez mayor en el nombramiento de los obispos y abades, escogi\u00e9ndolos entre sus amigos m\u00e1s fieles. M\u00e1s a\u00fan, durante un siglo (a partir del 962) los reyes de Alemania se atribuyen el nombramiento de los romanos pont\u00ed\u00adfices. La Iglesia se convierte en un anejo del Estado y es v\u00ed\u00adctima del engranaje feudal. La Iglesia del feudalismo corre hacia el abismo. Despu\u00e9s de perder la facultad de escoger ella misma a sus ministros y a su jerarqu\u00ed\u00ada, desde el papa hasta el \u00faltimo sacerdote, no es ya due\u00f1a de su destino. Al hacerse m\u00e1s importante el beneficio que el oficio, se cae en la simon\u00ed\u00ada y en la inmoralidad. Se\u00f1ores m\u00e1s que obispos, estos \u00faltimos no tienen ninguna preocupaci\u00f3n pastoral y dejan sumirse al pueblo en la ignorancia. Apenas existe una pr\u00e1ctica sacramental. Est\u00e1n maduros los tiempos para la herej\u00ed\u00ada. De hecho, en el siglo xi explota la herej\u00ed\u00ada albigense, acompa\u00f1ada de un pulular de sectas y supersticiones. Quiz\u00e1 nunca fue tan desesperada la situaci\u00f3n de la iglesia. La inserci\u00f3n de la Iglesia en las estructuras sociales y pol\u00ed\u00adticas de la \u00e9poca se convirti\u00f3 en una absorci\u00f3n por las estructuras, en una p\u00e9rdida de su libertad y en una ruina de su dinamismo espiritual.<\/p>\n<p>d) Grandeza y ambig\u00fcedades de la cristiandad medieval. La situaci\u00f3n era desesperada. Pero la Iglesia se recuper\u00f3 y cobr\u00f3 nueva vida. El movimiento parte de Cluny, abad\u00ed\u00ada benedictina del siglo x, y gracias a sus abades, algunos de los cuales fueron aut\u00e9nticos santos, se extiende progresivamente por los monasterios de Francia, de Italia, de Espa\u00f1a, de Inglaterra y de Portugal. Fundada en el 910, la abad\u00ed\u00ada de Cluny cuenta en 1100 con m\u00e1s de 10.000 monjes, repartidos por 1.450 casas diseminadas por todo el Occidente. Poco a poco va irradiando la reforma y se extiende por toda la cristiandad, sostenida y propagada por algunos santos, como san Romualdo, san Juan Gualberto, san Pedro Damiano, san Bernardo, y algunos papas, como Le\u00f3n IX, Gregorio VII, Urbano II. Gregorio VII fue el principal art\u00ed\u00adfice de esta reforma. De una energ\u00ed\u00ada prodigiosa, de un celo incandescente, comprendi\u00f3 enseguida que, para salvar a la Iglesia, era necesario hacerla libre. Tras cincuenta a\u00f1os de lucha, la Iglesia obtuvo la libertad de las elecciones can\u00f3nicas, desde la del papa hasta la de los dignatarios inferiores.<\/p>\n<p>Libre, finalmente, de los pr\u00ed\u00adncipes temporales, la autoridad del papa crece de d\u00ed\u00ada en d\u00ed\u00ada. La iglesia tiende a organizarse como monarqu\u00ed\u00ada fuertemente centralizada, con su curia y sus nuncios. Cabeza de la cristiandad y rodeado del esplendor imperial, el papa decide como soberano en mater\u00ed\u00ada de fe y de disciplina. Puede juzgar al emperador, deponerlo, excomulgarlo, desligar a sus s\u00fabditos de todo v\u00ed\u00adnculo de fidelidad a \u00e9l. No s\u00f3lo eso, sino que es soberano del Estado pontificio y se\u00f1or de otros muchos Estados. La cruzada es una guerra santa, suscitada por el papa y dirigida por \u00e9l. Todo eso lo convierte en el primer hombre de su tiempo, el jefe de la cristiandad y de todo el Occidente.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, durante casi tres siglos, de 1050 a 1350, la Iglesia parece haber logrado construir en la tierra una morada de Dios: la cristiandad. Se levantan catedrales, se parte a la conquista del santo sepulcro, se lucha contra el Islam, se lanza a la conquista del nuevo mundo. El impulso de las \u00f3rdenes mon\u00e1sticas es realmente admirable; cistercienses, premonstratenses, franciscanos, dominicos. Es la \u00e9poca de las grandes s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gicas de san Buenaventura y santo Tom\u00e1s, la \u00e9poca de Dante y de Roger Bacon. Pero en esta sociedad el no creyente no ten\u00ed\u00ada m\u00e1s consideraciones que el cristiano en el sistema pagano. El hereje era tratado como un traidor. Despu\u00e9s de haber estado dominada por el Estado, la Iglesia se hace a su vez dominadora. La herencia de la Edad Media fue pesada. Sumergi\u00f3 a la Iglesia en una profunda ambig\u00fcedad. Como las actividades humanas y profanas se desarrollaban bajo el signo de la Iglesia, \u00e9sta resultaba solidaria de todo lo que se hac\u00ed\u00ada en su nombre. La Iglesia tard\u00f3 siglos en disipar las ambig\u00fcedades creadas por semejante situaci\u00f3n en el plano de la guerra, de la ciencia, de la pol\u00ed\u00adtica, de la filosof\u00ed\u00ada, de la teolog\u00ed\u00ada. Las cruzadas, la Inquisici\u00f3n, Cop\u00e9rnico, Galileo, Descartes, Pascal, Leibniz son otros tantos hechos y nombres que expresan esta situaci\u00f3n ambigua, a veces dolorosa y tr\u00e1gica.<\/p>\n<p>e) Las naciones modernas y el neocesarismo. A partir del siglo xiv el poder del Estado, eclipsado en parte por la fuerza universal y dominadora del papado medieval, recobra en el concierto de las naciones una autonom\u00ed\u00ada y luego una autoridad, que pronto se hizo absoluta y despu\u00e9s agresiva y hostil. Adem\u00e1s, en todos los terrenos se debilita el impulso de la Iglesia. Las cruzadas pertenecen al pasado. Disminuye el celo de los constructores de catedrales. La teolog\u00ed\u00ada se repite y pierde creatividad. El gusto por el lujo gangrena al clero y hasta a las \u00f3rdenes religiosas. Y sobre todo la unidad de la cristiandad empieza a disgregarse. La imagen grandiosa de una sociedad intelectual y religiosamente unida, que se sirve del lat\u00ed\u00adn para su liturgia y sus escuelas, est\u00e1 en plena decadencia.<\/p>\n<p>Se abre la era de los nacionalismos, y la Iglesia ha de tenerlo en cuenta. En el marco de las naciones es donde la Iglesia tiene que proseguir su tarea e insertarse. Nueva inserci\u00f3n, que supone nuevos riesgos, En Francia y en Espa\u00f1a sobre todo, en el seno del r\u00e9gimen centralizante y autoritario del rey, vice-Dios, la Iglesia no es m\u00e1s que un instrumento del Estado. Desde 1516 los obispos son nombrados por el rey, provistos de beneficios, se\u00f1ores, duques, pares y consejeros del rey. Una vez m\u00e1s la Iglesia, despu\u00e9s de insertarse en la vida de las naciones es domesticada por ellas. Esta tutela del clero las separa pr\u00e1cticamente de Roma. El movimiento pendular juega ahora en favor del Estado.<\/p>\n<p>f) Renacimiento, humanismo e inserci\u00f3n cultural. M\u00e1s a\u00fan que un simple retorno al estudio de las letras y de las artes antiguas, el renacimiento designa una revoluci\u00f3n que alcanza a la sociedad occidental en todos los niveles: social, moral, est\u00e9tico, filos\u00f3fico. Caracteriza a una \u00e9poca (del siglo xiv al xvi) y se define por un nuevo impulso del esp\u00ed\u00adritu, en oposici\u00f3n a la \u00e9poca y a la sociedad medievales. El renacimiento no es a\u00fan una liberaci\u00f3n total del hombre respecto a Dios y al mensaje cristiano, sino una afirmaci\u00f3n vehemente del hombre y de su valor propio.<\/p>\n<p>El humanismo es el elemento literario y cultural de esta revoluci\u00f3n. Se propone formar al hombre (al gram\u00e1tico al orador, al poeta, al pedagogo, al fil\u00f3sofo) por medio de la literatura cl\u00e1sica latina y griega. El humanista se caracteriza por el culto a las letras, el amor a la sabidur\u00ed\u00ada, la confianza en el hombre, la preocupaci\u00f3n por unir la cultura y la piedad. No rechaza el pecado ni la gracia, pero subraya todo lo que hay de hermoso y de bueno en el hombre. Tomado en su conjunto, el movimiento humanista no es un movimiento pagano y no es posible hacerlo directamente responsable de la inmoralidad del renacimiento, que exist\u00ed\u00ada mucho antes y proliferaba en ambientes muy extra\u00f1os a la cultura humanista. Sin embargo, hay que reconocer que los humanistas, al dejar que coexistieran en ellos el ideal cristiano y el ideal pagano, se situaban en una ambig\u00fcedad permanente.<\/p>\n<p>De suyo, la Iglesia tuvo raz\u00f3n para asociarse al movimiento cultural de su tiempo y mantener contacto con la elite. Desgraciadamente, no supo resistir a los elementos disolventes que llevaba consigo esta cultura. Con el arte y el culto de la antig\u00fcedad, absorbi\u00f3 el espirit\u00f3 de esta antig\u00fcedad y se dej\u00f3 ganar por un estilo de vida en el que los valores dominantes eran el dinero \u00e9l lujo, el fasto, el placer. Los. efectos desastrosos de este cambio se inaiiifiestan en los mismos papas. Durante cincuenta a\u00f1os, con Sixto IV, Inocencio VIII, Alejandro VI, la corte pontificia dio ejemplo de los mayores esc\u00e1ndalos y de lujo provocador. La Iglesia toc\u00f3 los bajos fondos de la inmoralidad y del crimen. Es la \u00e9poca en que los venenos y los pu\u00f1ales act\u00faan con extra\u00f1a eficacia. Durante este tiempo, en Florencia, Savonarolaexigi\u00f3 la reforma y anunci\u00f3 los castigos de Dios sobre la Iglesia ad\u00faltera. Los peregrinos que pasaban por Roma volv\u00ed\u00adan a sus pa\u00ed\u00adses profundamente desalentados por la venalidad, el lujo, la codicia y el desenfreno de los hombres de Iglesia y hasta de los papas. El esc\u00e1ndalo de la Roma pontificia arroja un inmenso descr\u00e9dito sobre toda la Iglesia.<\/p>\n<p>La reforma llegar\u00e1, pero tarde, despu\u00e9s de unas iniciativas que escaparon al control de la Iglesia y desembocaron en el drama de Lutero y en la p\u00e9rdida de la mitad de Europa. La Iglesia se insert\u00f3 en la cultura y en el estilo de vida del renacimiento, pero hundi\u00e9ndose en \u00e9l.<\/p>\n<p>g) El siglo XIX y la falta de inserci\u00f3n. Tras un per\u00ed\u00adodo de inserci\u00f3n excesiva en la cultura y en la vida pol\u00ed\u00adtica de las naciones, la Iglesia del siglo xix y de comienzos del XX conoci\u00f3 un nuevo peligro, pero m\u00e1s sutil: el de una falta de inserci\u00f3n. En efecto, durante siglo y medio la Iglesia estuvo como extranjera en el mundo, quedando por tanto retrasada. Frente a la filosof\u00ed\u00ada y la ciencia moderna, desarroll\u00f3 un extra\u00f1o y penoso complejo de inferioridad. Se encontr\u00f3 ante una civilizaci\u00f3n que la desconcert\u00f3 y luego la inquiet\u00f3. Abomin\u00f3 de las nuevas ideas. Se apoy\u00f3 en la burgues\u00ed\u00ada, que representaba la nueva forma del poder, pero al mismo tiempo perdi\u00f3 a las clases obreras.<\/p>\n<p>Por otra parte, a lo largo de todo el siglo xix, la irreligi\u00f3n gan\u00f3 en extensi\u00f3n y en profundidad. Se hizo sectaria, agresiva, decidida a eliminar no s\u00f3lo a Cristo y a la iglesia, sino a Dios mismo. Todo el humanismo del siglo xix es ateo. La concepci\u00f3n cristiana del hombre se sinti\u00f3 como un yugo. Fruto de una evoluci\u00f3n que empez\u00f3 con el renacimiento, esta actitud se desarroll\u00f3 en el siglo XVIII y se formul\u00f3 en el siglo xix en la filosof\u00ed\u00ada y los escritos de Hegel, Feuerbach, Karl Marx, Comte, Taine y Littr\u00e9.<\/p>\n<p>Ante esta marea ascendente del racionalismo, la Iglesia no dispon\u00ed\u00ada sino de una apolog\u00e9tica m\u00e1s cargada de buena voluntad que de solidez. Pol\u00e9mica y mal equipada cient\u00ed\u00adficamente, acude a lo m\u00e1s urgente, se limita a cerrar brechas. Para responder a la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica de la \u00e9poca hubiera sido menester una ex\u00e9gesis, una filosof\u00ed\u00ada y una teolog\u00ed\u00ada vigorosas. Pues bien, la ciencia cat\u00f3lica del siglo xix es d\u00e9bil y decadente. La Iglesia est\u00e1 en retraso y es incapaz de realizar la s\u00ed\u00adntesis entre lo antiguo y lo nuevo. No puede hacer m\u00e1s que oponer un rechazo a las tesis del racionalismo. En las ideas laicas del siglo xix (libertad, igualdad, democracia, separaci\u00f3n entre lo pol\u00ed\u00adtico y lo religioso, cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica y literaria) hab\u00ed\u00ada indudablemente, con ingredientes dudosos, algunos elementos v\u00e1lidos y asimilables. Pero ante los ataques, la Iglesia lo rechaz\u00f3 todo en bloque. Durante casi un siglo multiplic\u00f3 las condenaciones.<\/p>\n<p>Sin duda es posible encontrar explicaciones a la actitud de la Iglesia. Pero el hecho sigue en pie: la Iglesia del siglo xix, ante el mundo en construcci\u00f3n, realiz\u00f3 un movimiento de repliegue. Se fue aislando progresivamente. Despu\u00e9s de haberse comprometido demasiado en las estructuras sociales, pol\u00ed\u00adticas y culturales del pasado, corri\u00f3 entonces el riesgo de no comprometerse suficientemente, de no hacerse comprender por ese mundo al que ten\u00ed\u00ada que llevar el evangelio y de interrumpir todo di\u00e1logo con \u00e9l. Su vida se concentra en s\u00ed\u00ad misma y sobre s\u00ed\u00ad misma, pero est\u00e1 cada vez m\u00e1s ausente dei mundo, cada vez m\u00e1s aislada y, por consecuencia, sin un impacto verdadero sobre el mundo. La falta de inserci\u00f3n, para la Iglesia, es un riesgo no menos grave que el exceso de inserci\u00f3n.<\/p>\n<p>h) El siglo XX en busca de nuevas formas de compromiso. Tras un largo per\u00ed\u00adodo de protesta contra el mundo moderno y luego de aislamiento, la Iglesia del siglo xx, sobre todo despu\u00e9s del Vaticano II, ha realizado una verdadera conversi\u00f3n en su actitud frente al mundo. Conversi\u00f3n multiforme en sus manifestaciones. De desconfiada como era, la Iglesia se ha hecho accesible y acogedora: pensemos en los gestos de Juan XXIII y de Pablo VI (ante la ONU). Pas\u00f3 de una pol\u00ed\u00adtica de prestigio a una pol\u00ed\u00adtica de discreci\u00f3n, y hasta de olvido de s\u00ed\u00ad misma. Antes pretend\u00ed\u00ada dar sin recibir; saberlo todo sin tener nada que aprender. Ahora reconoce que tiene mucho que recibir y que aprender del mundo. Reconoce al mundo como interlocutor libre de un di\u00e1logo abierto. Reconoce las otras culturas, las otras mentalidades, y pone confianza en ellas. El di\u00e1logo, largo tiempo interrumpido con las ilosof\u00ed\u00adas del tiempo presente, vuelve a establecerse. La Iglesia entabla adem\u00e1s di\u00e1logo con las comunidades cristianas separadas, con las grandes religiones mundiales y hasta con el l humanismo ateo moderno.<\/p>\n<p>M\u00e1s consciente de su verdadera naturaleza y de sus relaciones con el mundo, la Iglesia del siglo xx est\u00e1 en busca de nuevas formas de compromiso: b\u00fasqueda dif\u00ed\u00adcil, ya que el mundo con el que tiene que comprometerse est\u00e1 tambi\u00e9n en situaci\u00f3n de b\u00fasqueda: buscando un lenguaje, buscando unas nuevas estructuras sociales y pol\u00ed\u00adticas, buscando una representaci\u00f3n nueva del cosmos. Con ese mundo, en donde el \u00fanico elemento definido es lo indefinido y lo imprevisible, es con el que la Iglesia se tiene que comprometer. Adem\u00e1s, la Iglesia vive en un contexto cultural, c\u00ed\u00advico, pol\u00ed\u00adtico, cient\u00ed\u00adfico, econ\u00f3mico y art\u00ed\u00adstico que no es ya obra s\u00f3lo de los cristianos. Los cristianos viven en situaci\u00f3n de di\u00e1spora en un mundo secularizado. Entonces, la vida de fe no es ya cuesti\u00f3n de herencia y de ambiente, sino de decisi\u00f3n personal, de conquista incesante. En este mundo nuevo, la Iglesia ha de ser una Iglesia de miembros vivos, activos, que lleven consigo el evangelio y el esp\u00ed\u00adritu de Cristo en medio de sus ocupaciones familiares, profesionales, sociales. Semejante acci\u00f3n pertenece a ese tipo de influencia que se llama testimonio, compromiso vital, y que se ejerce por infusi\u00f3n y por irradiaci\u00f3n personal. Esta acci\u00f3n tiene que penetrar y vivificar todos los ambientes y todos los niveles de la sociedad.<\/p>\n<p>Este compromiso en un mundo secularizado encierra tambi\u00e9n peligros, que se pueden descubrir. Por ejemplo: reducci\u00f3n del cristianismo a una forma de humanismo so pretexto de apertura al mundo; tendencia a hacer del hombre la medida y el criterio de las iniciativas de Dios: peligro por acercarse a los hombres, de reducir a Cristo a la \u00ed\u00adnter-subjetividad; peligro de reducir la religi\u00f3n a la \u00e9tica; peligro deponer a la jerarqu\u00ed\u00ada entre par\u00e9ntesis, en provecho de la base; peligro de un relativismo generalizado y de una indiferencia pr\u00e1ctica. El compromiso de la Iglesia en el mundo que se est\u00e1 formando est\u00e1 todav\u00ed\u00ada demasiado poco definido para que pueda hablarse con certeza de la profundidad de estos peligros o de su car\u00e1cter transitorio.<\/p>\n<p>i) Una paradoja que interroga. As\u00ed\u00ad, distinta del mundo, pero comprometida con el mundo y con la historia de los hombres, la Iglesia no puede librarse de los riesgos de la temporalidad. El problema del equilibrio que hay que mantener entre un exceso de inserci\u00f3n y una falta de inserci\u00f3n en la historia es sin duda uno de los problemas m\u00e1s arduos que la Iglesia tiene que resolver; y si no se ha encontrado nunca una soluci\u00f3n satisfactoria, es sin duda porque no existe.<\/p>\n<p>Dicho esto, \u00bfc\u00f3mo explicarla perennidad de la Iglesia, a pesar de todos estos riesgos de la temporalidad que la rodean como otros tantos factores de decadencia y de muerte? Aunque cada momento de la historia puede o pod\u00ed\u00ada encontrar una explicaci\u00f3n coherente y plausible en el contexto de la \u00e9poca, \u00bfc\u00f3mo explicar que las circunstancias favorezcan siempre a la Iglesia y le permitan sobrevivir? Si se quiere apelar al azar, \u00bfc\u00f3mo explicar que el azar juegue siempre en su favor? Considerada en cada etapa, la Iglesia aparece como una realidad improbable, defectiva, vulnerable, superada, un mont\u00f3n de ruinas y de g\u00e9rmenes, ocupada en fallar y en renacer. La Iglesia sigue siendo un enigma. Hace ya tiempo que deber\u00ed\u00ada estar muerta. Y sin embargo, perdura. M\u00e1s que la religi\u00f3n jud\u00ed\u00ada, que no supo desprenderse jam\u00e1s de sus condiciones de raza, de instituciones y de ritos, la Iglesia se compromete y deja de comprometerse. No tiene miedo, en cada \u00e9poca, de comprometerse en un mundo in\u00e9dito, terrible, que hace pesar sobre ella la amenaza de la asimilaci\u00f3n y corre el riesgo de arrastrarla en su ruina.<\/p>\n<p>Insertada, metida en las estructuras de la vida pol\u00ed\u00adtica del imperio romano, del feudalismo, de la cristiandad medieval y de las naciones modernas, la Iglesia deber\u00ed\u00ada haber perecido y muerto como ellas. Por el contrario, en los \u00faltimos siglos, cada vez m\u00e1s libre respecto al poder temporal, pero cada vez m\u00e1s ausente del mundo, la Iglesia, como una noble dama, pero de otros tiempos, deber\u00ed\u00ada haberse apagado en un aislamiento peor que la muerte. Pues bien, lo extra\u00f1o, lo parad\u00f3jico, es que sigue existiendo y que encuentra siempre la fuerza para renovarse y rejuvenecer. Veinte siglos no han logrado acabar con su vitalidad. En la historia humana, tal como la conocemos, semejante perennidad en la temporalidad constituye un verdadero enigma. Es verdad que por la fe sabemos que la Iglesia no perecer\u00e1, ya que el principio de su perennidad no est\u00e1 en el hombre, sino en Dios y en su Esp\u00ed\u00adritu. Sin embargo, la floraci\u00f3n hist\u00f3rica de esta acci\u00f3n es asombrosa. Porque todo el que es consciente de cuanto hay de fr\u00e1gil y de caduco en la historia humana, se extra\u00f1ar\u00e1 de que una instituci\u00f3n tan insertada, tan comprometida en la historia de los hombres y sometida a tantas tensiones durante veinte siglos haya logrado mantener su identidad y su dinamismo. El fen\u00f3meno parece desembocar entonces en un misterio.<\/p>\n<p>5. LA PARADOJA PECADO-SANTIDAD DE LA IGLESIA. La tercera y la mayor paradoja de la Iglesia es la de la coexistencia en ella del pecado y de la santidad. Es tambi\u00e9n la que plantea m\u00e1s preguntas, incluso entre los creyentes, ya que para muchos es piedra de tropiezo, esc\u00e1ndalo, aut\u00e9ntico sinsentido. Sin embargo, los textos del magisterio afirman con la misma seguridad la santidad y el pecado de la Iglesia.<\/p>\n<p>Santa es el primer atributo que se a\u00f1ade a la palabra Iglesia. En el s\u00ed\u00admbolo bautismal de Jerusal\u00e9n, por el a\u00f1o 348, el fiel declara su fe en la Iglesia santa (DS 41). En el 374, el s\u00ed\u00admbolo de Epifanio declara igualmente santa a la Iglesia (DS 42). El s\u00ed\u00admbolo niceno-constantinopolitano del 381 repite a su vez: \u00abCreemos en la Iglesia santa\u00bb (DS 150). M\u00e1s cerca de nosotros, el Vaticano II se\u00f1ala que la Iglesia es santa (LG 2.5.8.10. 48). Por otra parte, el magisterio declara con la misma seguridad que la Iglesia es una Iglesia peregrina de pecadores, vulnerable, asaltada por las tentaciones, continuamente necesitada de penitencia y de reforma (LG 8.9.15.65; GS 43).<\/p>\n<p>Ya las cartas de san Pablo atestiguan que hay, en las comunidades primitivas, faltas de fe y de caridad, envidia mentiras, codicia, impureza. No puede escapar a ello; a no ser que se conciba a la Iglesia como una hip\u00f3stasis idealizada, separada de los mismos creyentes, es preciso decir que los pecados de los miembros de la Iglesia son los pecados del pueblo de Dios, que los pecados de los cristianos afectan a la misma iglesia. Debilitan y manchan el cuerpo misterioso y santo de Cristo.<\/p>\n<p>De este modo, la Iglesia es una comuni\u00f3n de pecadores y una comuni\u00f3n de santos. A pesar de su pecado, la Iglesia es llamada santa; y, aunque santa, est\u00e1 marcada por el pecado. Seg\u00fan la expresi\u00f3n tan sugestiva de los padres de la Iglesia, la Iglesia es una casta meretrix, una \u00abcasta prostituta\u00bb. Esta es la paradoja. Se plantea entonces la cuesti\u00f3n: \u00bfC\u00f3mo una Iglesia manchada por el pecado puede seguir siendo signo expresivo de la salvaci\u00f3n que anuncia? \u00bfNo ser\u00e1 m\u00e1s bien un antisigno, un contra-testimonio? Algunas consideraciones sacadas de la Escritura y de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica pueden ayudarnos a \u00abredimensionar\u00bb el problema y a precisar la relaci\u00f3n que existe entre el pecado y la santidad en la Iglesia.<\/p>\n<p>a) Iluminaci\u00f3n de la Escritura. En la santidad, en sentido b\u00ed\u00adblico, se puede distinguir un doble aspecto: 1) S\u00f3lo Dios es santo y toda santidad viene de Dios. El pueblo de Dios es santo, la Iglesia es santa, porque ha sido elegida, llamada por Dios, consagrada a Dios y a Cristo por el bautismo. 2) Esta santidad de iniciativa y de gracia de parte de Dios exige una santidad de respuesta por parte del hombre, es decir, una santidad \u00e9tica. Estas precisiones iluminan ya la paradoja pecado-santidad de la Iglesia. Nos sit\u00faan en un contexto personalista de gratuidad y de amor por parte de Dios, de respuesta libre y amorosa por parte del hombre.<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes empleadas por la Escritura para describir el misterio de la Iglesia nos iluminan m\u00e1s sobre la paradoja pecado-santidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, el Vaticano ll ha adoptado la imagen del pueblo de Dios como imagen fundamental para presentar a la Iglesia. Esta imagen subraya la iniciativa de Dios. Israel no existe m\u00e1s que en virtud de la iniciativa graciosa y decisiva de Dios. Ha nacido de la nada y est\u00e1 formado por aquellos a los que Dios ha agraciado. La elecci\u00f3n, la salvaci\u00f3n, la alianza, la ley son puros dones. Esta imagen subraya tambi\u00e9n que la Iglesia es un pueblo peregrino, una caravana en marcha hacia el reino escatol\u00f3gico. La Iglesia est\u00e1 en tr\u00e1nsito. Como est\u00e1 en camino, este pueblo se ve sometido a las vicisitudes del tiempo; es deficiente y pecador; tiene continua necesidad de reforma y de perd\u00f3n. Despu\u00e9s del \u00e9xodo, el pueblo de Dios murmura, es infiel. Pero esta imagen subraya tambi\u00e9n que la Iglesia se encamina hacia un t\u00e9rmino que ser\u00e1 su descanso y su gozo.<\/p>\n<p>La imagen del esposo y de la esposa insiste igualmente en la iniciativa de Dios; \u00e9l es el primero en amar y elegir a su esposa. Le sigue siendo fiel a pesar de las infidelidades de ella. Esta imagen insiste tambi\u00e9n en el car\u00e1cter interpersonal de las relaciones entre Dios y su Iglesia. Subraya el car\u00e1cter de libertad en el amor y de reciprocidad en el don. Al amor de iniciativa de Dios tiene que responder el amor de la Iglesia, porque \u00bfqu\u00e9 ser\u00ed\u00ada un amor sin respuesta, sin reciprocidad? Finalmente, la imagen insiste en los dones permanentes del esposo a la esposa: el evangelio, los sacramentos, el Esp\u00ed\u00adritu sobre todo. En el AT, el Esp\u00ed\u00adritu era un don epis\u00f3dico; en el NT es un don permanente; por eso la Iglesia no traicionar\u00e1 nunca enteramente a su esposo.<\/p>\n<p>Aunque muy sugestiva, la imagen del pueblo de Dios no agota toda la riqueza del misterio de la Iglesia. Puede decirse de esta imagen que constituye el elemento gen\u00e9rico que sirve para expresar la continuidad de las dos alianzas. Pero el estatuto de la Iglesia bajo la nueva alianza se expresa por la imagen del cuerpo de Cristo. Desde la uni\u00f3n de la naturaleza divina con la naturaleza humana en la encarnaci\u00f3n y desde la resurrecci\u00f3n de Cristo, la Iglesia es el cuerpo de Cristo. Puesto que Cristo ama a la Iglesia, su esposa, como a su cuerpo, \u00e9sta permanece indisolublemente unida a \u00e9l. El esposo y la esposa no se separan. Los miembros pueden sustraerse libremente de la influencia vivificante y santificadora de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu, y la enfermedad puede afectar a alg\u00fan que otro miembro del cuerpo humano, pero nada puede separar a Cristo esposo de su esposa la Iglesia. Nada puede debilitar o manchar la fuente de vida que no deja de vivificar al cuerpo de Cristo, puesto que esta fuente es Dios mismo.<\/p>\n<p>En cada una de estas im\u00e1genes se advierte un aspecto de iniciativa, de vocaci\u00f3n, de llamada, de santificaci\u00f3n activa que viene-de Dios; y, por otra parte, se advierte un aspecto de libre respuesta a esta iniciativa y a esta llamada. La uni\u00f3n y la comuni\u00f3n con el Dios santo exigen un estilo de vida conforme con una vocaci\u00f3n tan alta.<\/p>\n<p>b) Reflexi\u00f3n de los te\u00f3logos. En las investigaciones de la teolog\u00ed\u00ada reciente (cf C. Journet, A. de Bovis, Y. Congar, K. Rahner, G. Martelet, H. K\u00fcng, etc.) encontramos, junto con sus divergencias de perspectiva, cierto n\u00famero de puntos en los que el acuerdo es cada vez m\u00e1s firme: 1) A no ser que se conciba a la Iglesia como una hip\u00f3stasis irreal, hemos de hablar de la Iglesia como pueblo de Dios, y por tanto como asamblea de santos y asamblea de pecadores. 2) La nota decisiva de la Iglesia, sin embargo, no es el pecado, sino la santidad, y esto en virtud de la elecci\u00f3n, de la vocaci\u00f3n y de la acci\u00f3n de Dios, que, por Cristo y su Esp\u00ed\u00adritu, suscita a la Iglesia y no deja de vivificarla. 3) La Iglesia es subjetivamente santa, como totalidad, en virtud de la fidelidad indefectible que le ha merecido Cristo, que la uni\u00f3 consigo para siempre como su esposa y su cuerpo. 4) La Iglesia participa del misterio general de la sacramentalidad de la econom\u00ed\u00ada cristiana; a pesar de sus miserias, sigue siendo siempre, en su fuente, instrumento de salvaci\u00f3n para el mundo. 5) En sus miembros, la santidad \u00e9tica depende de la respuesta m\u00e1s o menos generosa de sus miembros. 6) La Iglesia totalmente pura y totalmente santa no se realizar\u00e1 m\u00e1s que en la escatolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>c) Una paradoja que interroga. No se puede negar que la Iglesia es una comunidad visible, cuyo testimonio asume una forma no s\u00f3lo personal, sino tambi\u00e9n comunitaria. La calidad de los miembros de esta comunidad afecta a la calidad de la comunidad misma y a la calidad de la imagen que presenta ante el mundo. Si esta comunidad vive del evangelio, afirma de este modo el poder que tiene sobre ella el evangelio reconocido como valor supremo. De aqu\u00ed\u00ad resulta una imagen fiel a Cristo y a su Esp\u00ed\u00adritu. Por el contrario, el pecado establece entre los miembros de una comunidad unas relaciones interpersonales pecaminosas. Una comunidad que tiene a sus miembros divididos; que son ego\u00ed\u00adstas, crueles, recelosos, inmorales, mentirosos y ladrones, es justamente calificada de pecadora. Si presenta un cuerpo y un rostro de pecado, constituye un antisigno de la salvaci\u00f3n, ya que contradice al evangelio que anuncia.<\/p>\n<p>No es posible silenciar o reducir la importancia de este aspecto de la Iglesia. Porque, en definitiva, es la imagen que la Iglesia presenta al mundo la que la convierte en signo expresivo y contagioso o en signo negativo de la salvaci\u00f3n que predica. En el plano de la teolog\u00ed\u00ada fundamental, es leg\u00ed\u00adtimo, por consiguiente, hablar de la Iglesia pecadora, precisando que se trata de la imagen dE la Iglesia que resulta del testimonios comunitario.<\/p>\n<p>Dicho esto, \u00bfcu\u00e1les son esos hechos, que pueden observar incluso los hombres de fuera, capaces de suscitar la admiraci\u00f3n y hacer nacer la pregunta: si la salvaci\u00f3n est\u00e1 en el mundo, \u00bfno estar\u00e1 en esa comunidad que se dice fundada por Cristo para salvar a los hombres? En otras palabras, \u00bfcu\u00e1les son en la Iglesia las manifestaciones visibles de santidad que, a pesar del pecado de sus miembros, pueden atraer la mirada incluso del no creyente? He aqu\u00ed\u00ad algunos de estos hechos: 1) La Iglesia no deja de predicar el evangelio y los medios de la salvaci\u00f3n. 2) La Iglesia no deja de trabajar por la elevaci\u00f3n del nivel moral de la persona y de la humanidad. 3) La Iglesia acoge a los pecadores. 4) La Iglesia no cesa de proponer el ideal de la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica. 5) La Iglesia no deja de engendrar santos en todas las \u00e9pocas: Pablo y Pedro, Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, Basilio, Gregorio, Atanasio, Ambrosio, Agust\u00ed\u00adn, Bernardo, Benito, Clara, Francisco, Domingo, Tom\u00e1s de Aquino, Buenaventura, Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Vicente de Pa\u00fal, Juan Mar\u00ed\u00ada Vianney, Juan Bosco, Juan de la Cruz, Francisco de Sales, Teresa de \u00ed\u0081vila, Teresa de Lisieux, Juan de Br\u00e9beuf, Isaac Jogues, M. Kolbe, etc. Estos santos y santas pertenecen a la historia universal. 6) La reforma peri\u00f3dica de la Iglesia; en efecto, la Iglesia cuenta, junto a santos heroicos, con una pesada masa de pecadores. Tanto en su cuerpo entero como en sus miembros tiene constantemente necesidad de reformarse. El Vaticano II ha expresado con vehemencia esta necesidad. La Iglesia precisa constantemente reformarse y es perfectamente consciente de ello. Peri\u00f3dicamente, para ser fiel al evangelio que pide una constante conversi\u00f3n, la Iglesia procede a su propio rejuvenecimiento por medio de reformas sucesivas. Por ejemplo: reformas de Cluny, en el siglo xI, extendida y prolongada hasta el siglo xIII; reforma tridentina del siglo xvi, prolongada por san Ignacio, san Carlos Borromeo, san Francisco de Sales, san Vicente de Pa\u00fal; reforma actual del Vaticano II, verdadera revoluci\u00f3n a nivel de los textos y de las actitudes, imprevisible todav\u00ed\u00ada en sus repercusiones.<\/p>\n<p>En una palabra, incluso en sus miserias, la Iglesia sigue siendo una paradoja. Se constituye ella misma en juez y reformadora de sus debilidades. En el seno del abismo encuentra la fuerza para recuperarse. La paradoja es que los hombres, tan d\u00e9biles, tan miserables, encuentran la fuerza de mirar hacia adelante y hacia arriba. La paradoja es que la Iglesia, a pesar de sus debilidades, no cesa de producir regularmente santos suficientemente grandes y suficientemente fieles para ser propuestos a la imitaci\u00f3n de todos.<\/p>\n<p>6. EN BUSCA DEL SENTIDO: DEL FEN\u00f3MEN0 AL MISTERIO. En su globalidad, con todos sus rasgos parad\u00f3jicos, el fen\u00f3meno de la Iglesia se presenta como un enigma por descifrar. No entrega de antemano su secreto, sino que act\u00faa sobre el esp\u00ed\u00adritu como una provocaci\u00f3n, como una llamada a una b\u00fasqueda de inteligibilidad, en busca de un sentido. Guarda parentesco con otra paradoja, a la que apela por otra parte: la de Cristo.<\/p>\n<p>La Iglesia, como hemos visto, presenta a los ojos del observador, incluso no creyente, un conjunto de rasgos parad\u00f3jicos, constituidos a su vez por tensiones m\u00faltiples y un potencial explosivo tan grande que una sola de ellas bastar\u00ed\u00ada para provocar la explosi\u00f3n de la Iglesia. No se trata de amenazas te\u00f3ricas, sobre las cuales podr\u00ed\u00ada elucubrarse como sobre inocentes problemas de \u00e1lgebra, sino de realidades hist\u00f3ricas que han estado a punto de tragarse a la Iglesia. El fen\u00f3meno Iglesia, en su totalidad, plantea un problema; exige una explicaci\u00f3n, una explicaci\u00f3n suficiente y proporcionada. Remite a algo distinto. Porque hay que encontrar el principio de inteligibilidad de las grandes antinomias de la Iglesia: unidad-catolicidad, perennidad-temporalidad, pecado-santidad. \u00bfCu\u00e1l es entonces la clave de este enigma?<\/p>\n<p>La Iglesia, por su parte, propone como explicaci\u00f3n de ella misma el hecho de que todo su ser y su obrar proceden de una intervenci\u00f3n especial de Dios en Jesucristo. Atestigua que, por s\u00ed\u00ad misma, ella no es nada, sino que toda su fuerza de expansi\u00f3n y de cohesi\u00f3n, de santificaci\u00f3n y de salvaci\u00f3n le viene de Dios en Jesucristo, epifan\u00ed\u00ada del Padre. El sentido real del fen\u00f3meno Iglesia es la presencia activa en ella de Cristo y de su Esp\u00ed\u00adritu, fuente de unidad y de caridad.<\/p>\n<p>Semejante explicaci\u00f3n no debe rechazarse sin examen, puesto que parece ser la \u00fanica explicaci\u00f3n adecuada de los hechos observados. Si se la admite, todo queda claro, todo se hace coherente, inteligible. Si no, por mucho que algunos se empe\u00f1en en buscar explicaciones \u00abnaturales\u00bb, la Iglesia con todas sus paradojas, con todas sus tensiones y sus veinte siglos de historia, sigue siendo un enigma indescifrable. Ante el car\u00e1cter y la importancia de los hechos observados, es prudente reconocer como ver\u00ed\u00addico el testimonio de la Iglesia sobre s\u00ed\u00ad misma; ella es, entre los hombres, la comunidad de la salvaci\u00f3n en Jesucristo querida por Dios.<\/p>\n<p>Esta conclusi\u00f3n es tanto m\u00e1s razonable cuanto que existe una armon\u00ed\u00ada maravillosa entre los hechos observados y el mensaje de Cristo, al que apela la Iglesia. En efecto, la Iglesia proclama que Cristo es el Hijo de Dios venido entre los hombres para inaugurar en la tierra el reino de Dios; es decir, para transformar el coraz\u00f3n del hombre en un coraz\u00f3n filial y para reunir a todos los hombres en un solo, pueblo de Dios, para hacer de \u00e9l un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo, animado por el Esp\u00ed\u00adritu de amor, que une al Padre y al Hijo. Pues bien, la Iglesia aparece en la tierra como la presencia visible y al menos incoativa de esta transformaci\u00f3n anunciada. En el santo, concretamente, aparece un nuevo tipo de humanidad, es decir, un hijo de Dios que vive y act\u00faa bajo el poder del Esp\u00ed\u00adritu. Por otra parte, en la Iglesia aparece un nuevo tipo de sociedad, que deja vislumbrar, con algunos indicios de su condici\u00f3n humana y terrena, ciertos rasgos m\u00e1s luminosos, que son como el esbozo de una humanidad finalmente reunida en la unidad y la caridad, a imagen de la comuni\u00f3n trinitaria. Esta coherencia entre el evangelio de Cristo y los rasgos parad\u00f3jicos de la Iglesia lleva a concluir que la Iglesia es verdaderamente, entre los hombres -como ella misma declara-, el signo de la venida de Dios, el lugar de la presencia de la salvaci\u00f3n en Jesucristo. La paradoja encierra un misterio.<\/p>\n<p>Insistimos: el m\u00e9todo que hemos empleado procede por v\u00ed\u00ada de inteligibilidad interna. Toma como punto de partida no ya los atributos absolutos y gloriosos de la Iglesia, sino las paradojas que la constituyen. Este m\u00e9todo intenta comprender estas paradojas, en s\u00ed\u00ad mismas y en vinculaci\u00f3n con la explicaci\u00f3n que la Iglesia propone de s\u00ed\u00ad misma y de su relaci\u00f3n con Cristo. La coherencia de la explicaci\u00f3n propuesta y su aptitud para dar cuenta de los fen\u00f3menos observados inducen a pensar que el testimonio de la Iglesia es ver\u00ed\u00addico: la Iglesia es verdaderamente, entre los hombres, \u00absacramento universal de la salvaci\u00f3n\u00bb en Jesucristo. La explicaci\u00f3n del fen\u00f3meno reside en el misterio que atestigua. Este camino de aproximaci\u00f3n, lo mismo que los otros, no conduce a la evidencia, sino a una certeza moral, que puede motivar una decisi\u00f3n prudente. Para abrirse a la presencia que se oculta en la carne del fen\u00f3meno y en la fragilidad de la instituci\u00f3n Iglesia, hay que aceptar perderse: hay que dejarse llevar por el Esp\u00ed\u00adritu que murmura en nosotros en lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de nuestro ser.<\/p>\n<p>En definitiva, la Iglesia es signo en la medida en que tiende a acercarse a la realidad que ella figura, es decir, a Cristo en su caridad universal. Cuanto m\u00e1s refleje a Cristo con fidelidad, como un puro espejo, tanto m\u00e1s la santidad de la esposa tender\u00e1 a reproducir la del esposo, y tanto m\u00e1s significar\u00e1 y atraer\u00e1. Lo mismo que Cristo fue la epifan\u00ed\u00ada de Dios para los jud\u00ed\u00ados de su tiempo, tambi\u00e9n la Iglesia tiene que ser la epifan\u00ed\u00ada de Cristo para los hombres de hoy. En esta perspectiva, el Vaticano II ha subrayado, con una insistencia que es casi una obstinaci\u00f3n, la necesidad del testimonio de una vida santa. La Iglesia, en cada uno de sus miembros y en las comunidades que la componen, tiene que ser el testigo vivo de Cristo a trav\u00e9s de los siglos. Cuanto m\u00e1s visible y brillante sea la comuni\u00f3n de los hombres entre s\u00ed\u00ad y de los hombres con Dios, m\u00e1s atractivo ser\u00e1 tambi\u00e9n el signo.<\/p>\n<p>BIBL.: OBRAS GENERALES: Documentos del Vaticano II, especialmente LG, GS AG, AA; JEDIN H., Handbuch der Kirchengeschichte, Friburgo 1966 FLICHE A. y MARTIN V., Historia de la Iglesia, 30 vols., Valencia 1978; PAs-r\u00f3R L., Historia de los Papas desde fines de la Edad Media, 39 vols., Barcelona 1910-1961. MONOGRAFIAS: ADAM K., Le vrai visage du catholi* cisme, Par\u00ed\u00ads 1934; BALTHASAR H.U. von, Ensayos teol\u00f3gicos II, Sponsa Verbi, Madrid 1965; CONGAR Y., Santa Iglesia, Barcelona 19682; COTUGNO :N., La testimonianza del Popolo di Dio; segno di Rivetazione alla luce del Concilio Vaticano II, en R. FISICHELLA (ed.), Ges\u00fa Rivelatore, Casale Monferrato 1988, 227-240; FISICHELLA R., H. U. von Balthasar. Amore e credibilit\u00e1 cristiana. Roma 1981; GuITTON J., La Iglesia y el Evangelio, Madrid 1961; GRANDM\u00ed\u0081ISON M., L Eglise par elle-m\u00e9me m\u00f3tif de er\u00e9dibilit\u00e9, Roma 1961; HAMER J., La Iglesia es una comuni\u00f3n, Barcelona 1965; HOLSTEIN H., LEglise, Signe parmi les Nations, en \u00abEtudes\u00bb (oct. 1962); K\u00dcNG H., La Iglesia, Barcelona 1970; LATOURELLE R., La testimonianza della vita, segno di salvezza, en Laici sulle vie del Concilio, As\u00ed\u00ads 1966, 377-395; ID, Cristo y la Iglesia, signos de salvaci\u00f3n, Salamanca 1971; LuBAC H. de, Paradoxe el Myst\u00e9re de PEglise, Par\u00ed\u00ads 1967; MANARANCHE A., Je crvis en` J\u00e9sus-Christ aujourd hu\u00ed\u00ad, Par\u00ed\u00ads 1968; MARTELET G., Saintet\u00e9 el vie religieuse, Toulouse 1964 M\u00dcHLEN H., El Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia, Salamanca 1974; RAHNER K., Sobre la posibilidad de la fe hoy, en Escritos de Teolog\u00ed\u00ada V, Madrid 1964, I1-31; SCHILLEBEECKx E., Cristo, sacramento del encuentro con Dios, Pamplona 19715; SCHuTz R_., Dynamique du provisoire, Taiz\u00e9 1965.<\/p>\n<p>R. Latourelle<\/p>\n<p>IV. La v\u00ed\u00ada emp\u00ed\u00adrica<br \/>\nLa v\u00ed\u00ada emp\u00ed\u00adrica, calificada como v\u00ed\u00ada ascendente, m\u00e9todo regresivo o anal\u00ed\u00adtico, aparece como propia de la eclesiolog\u00ed\u00ada fundamental (\/ Iglesia, I), ya que parte de la consideraci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica tal como hoy existe y vive para mostrar su credibilidad. As\u00ed\u00ad, mientras que las otras dos v\u00ed\u00adas -la hist\u00f3rica y la notarum- siguen un proceso com\u00fan: de Cristo a la Iglesia, la v\u00ed\u00ada emp\u00ed\u00adrica sigue un proceso inverso: de la Iglesia se \u00abasciende\u00bb a Jesucristo.<\/p>\n<p>Esta forma de reflexi\u00f3n se vislumbra ya en san Agust\u00ed\u00adn: \u00abEl poder divino no se nos manifiesta ya en la vida de Cristo que no vemos ya m\u00e1s, sino en la Iglesia viviente, presente bajo nuestros ojos: Nosotros que vemos el cuerpo, creemos eh la cabeza\u00bb (PL 38,659-660). Tom\u00e1s de Aquino muestra a su vez que la conversi\u00f3n al cristianismo constituye un \u00abmilagro m\u00e1ximo y obra manifiesta e indicio cierto de inspiraci\u00f3n divina\u00bb (CG 1,1, c. 6).<\/p>\n<p>En el siglo xv, Savoranola o.p. inaugur\u00f3 el m\u00e9todo apolog\u00e9tico con el que mostr\u00f3 la verdad de la Iglesia a partir de su vida. En el siglo xvll, los principales autores de tal m\u00e9todo fueron J.B. Bossuet y B. Pascal. En el siglo xlx, J. Balmes, H. Lacordaire y, especialmente, el cardenal Dechamps, que vio en esta v\u00ed\u00ada el centro de su obra apolog\u00e9tica a partir del m\u00e9todo de la \u00abProvidencia\u00bb e influy\u00f3 decisivamente en el Vaticano I.<\/p>\n<p>Este concilio es crucial para la potenciaci\u00f3n de la v\u00ed\u00ada emp\u00ed\u00adrica, ya que declar\u00f3 que la Iglesia cat\u00f3lica es \u00abpor s\u00ed\u00ad misma\u00bb (per se ipsa) un motivo de credibilidad que la convierte en \u00absigno levantado entre las naciones\u00bb (signum levatum in nationes, cf 1s 11,12), aunque no se trata de una prueba demostrativa sino indicativa (DS 3013s). A partir del De Ecclesia 1 (1925), de H. Dieckmann tal v\u00ed\u00ada ser\u00e1 calificada como \u00abemp\u00ed\u00adrica\u00bb: Esta tendr\u00e1 por fundamento su naturaleza de \u00abmilagro moral\u00bb, que tipifica el hecho extraordinario de la Iglesia e infiere as\u00ed\u00ad su trascendencia y divinidad.<\/p>\n<p>A partir del Vaticano II, ciertos rasgos-del signo Iglesia propios del Vaticano I quedan difuminados, percibi\u00e9ndose un nuevo enfoque a partir de la \u00absacramentalidad\u00bb de la Iglesia, visible y espiritual, y que forma \u00abuna complexa realitas \u00ab(LG 8). En efecto, el centro de la constataci\u00f3n del signo de la Iglesia se sit\u00faa progresivamente en la categor\u00ed\u00ada del testimonio. Se trata de todo un proceso de personalizaci\u00f3n, ya que lo que el Vaticano I entend\u00ed\u00ada por signo de la Iglesia con sus atributos milagrosos, el Vaticano II lo refiere al t testimonio personal y comunitario. Tal testimonio se convierte en signo eclesial de credibilidad y en paradigma para la eclesiolog\u00ed\u00ada fundamental, perfil\u00e1ndose actualmente en estos cuatro acentos:<br \/>\n1. V\u00ed\u008dA HAGIOF\u00ed\u0081NICA. Presenta a la Iglesia como testimonio de hagiofan\u00ed\u00ada. El milagro ya no es considerado como efecto del poder de Dios, sino como signo de la presencia y la llamada divina que invita a la conversi\u00f3n. La Iglesia es, pues, una hagiofan\u00ed\u00ada m\u00e1s ostensiva que probativa (Y. Congar, G.C. Berkouwer).<\/p>\n<p>2. VIA SOCIOL\u00ed\u201cGICO-INSTITUCIONAL. Se parte de la constataci\u00f3n de que la instituci\u00f3n es la \u00fanica forma de salvar la \u00ablibertad concreta\u00bb (cf G.W.F. Hegel) y de su valor emp\u00ed\u00adrico-sociol\u00f3gico (P. Berger, Th. Luckmann, J. Habermas). As\u00ed\u00ad la instituci\u00f3n eclesial se manifiesta como signo identificador, integrador y liberador de la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu (M. Kehl, L. Dullaart) y de su visibilidad prof\u00e9tica (P. A. Li\u00e9g\u00e9).<\/p>\n<p>3. V\u00ed\u008dA AUTOEXPLICATIVA. Procede por v\u00ed\u00ada de inteligibilidad interna, de b\u00fasqueda de sentido (K. Rahner). Como punto de partida se basa no ya en los atributos gloriosos de la Iglesia, sino en las paradojas que presenta: la explicaci\u00f3n de este testimonio parad\u00f3jico reside en el misterio atestiguado (H. de Lubac, A. Dulles). No se parte de la Iglesia como milagro moral: se finaliza precisamente en este punto. Tampoco este examen, como los dem\u00e1s, lleva a la evidencia, sino a una certeza moral, suficiente para motivar una decisi\u00f3n prudente (R. Latourelle).<\/p>\n<p>4. V\u00ed\u008dA SIGNIFICATIVA. Muestra que las verdaderas notae ecclesiaeson las notae christianorum (H. K\u00fcng), en la l\u00ed\u00adnea fundamental de la Iglesia-sacramento-signo (O. Semmelroth, L. Boff, W. Kasper). La significatividad de tal testimonio se manifiesta en la coherencia doctrinal (G. Baum, J. Ratzinger), la catolicidad (W. Beinert, J. Meyendorff, A. Dulles), la visualizaci\u00f3n del amor (G. Thils, H. von Balthasar, R. Fisichella), la percepci\u00f3n de la comuni\u00f3n (J. Hamer, H. de Lubac, S. Dianich, J. M. R. Tillard, M. M. Garijo-Guembe), la dimensi\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica (J. Zizioulas, B. Forte), la incidencia pol\u00ed\u00adtica (J. B. Metz, J. Moltmann), el compromiso liberador (te\u00f3logos de la liberaci\u00f3n), la apertura y di\u00e1logo ecum\u00e9nico (Y. Congar, H. Fries, K. Rahner, H. D6ring) y, finalmente, su ser signo del reino de Dios (H.J. Pottmeyer, G. Ruggieri, C. Duquoc), que la convierte en peregrinante en el mundo (W. Pannenberg, F.A. Sullivan). Especial menci\u00f3n merecen los s\u00ed\u00adnodos de los obispos sobre la justicia en el mundo (1971), sobre la evangelizaci\u00f3n (1974), sobre el posconcilio (1985), sobre los laicos (1987) y sobre el sacerdocio (1990), as\u00ed\u00ad como las exhortaciones apost\u00f3licas Evangelii nuntiandi, de Pablo VI, y la Christifideles laici, de Juan Pablo II.<\/p>\n<p>Buena s\u00ed\u00adntesis de la comprensi\u00f3n posconciliar de la v\u00ed\u00ada emp\u00ed\u00adrica es la conclusi\u00f3n del s\u00ed\u00adnodo de 1985: \u00abLa evangelizaci\u00f3n de los no creyentes presupone la autoevangelizaci\u00f3n de los bautizados y tambi\u00e9n de los mismos di\u00e1conos, presb\u00ed\u00adteros y obispos. La evangelizaci\u00f3n se hace por testigos; pero el testigo no da s\u00f3lo testimonio con las palabras, sino con la vida. No debemos olvidar que en griego testimonio se dice `martirio\u00bb&#8216; (TI: B-2 = EV 9,1795).<\/p>\n<p>BIBL.: BOFF L. Die Kirche als Sakrament im Horizont der Welterfahrung, Paderborn 1972; GIANFROCCA G., La vio emp\u00ed\u00adrica del concilio Vaticano 1 a no\u00c2\u00a1, Roma 1963; HIDEER B., GlaubeNatur-\u00dcbernatur. Studien der \u00abMethode der Vorsehung\u00bbvon Kardinal Dechamps. Frankfurt 1978; LATOURELLE R., Cristo y la Iglesia, signos de salvaci\u00f3n, Salamanca 1971; PIE-NINOT S., Tratado de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Salamanca 1989, 19912, 340-354.363-366.<\/p>\n<p>S. Pi\u00e9-Ninot<\/p>\n<p>V. Notas de la Iglesia<br \/>\nPr\u00e1cticamente, todos los cristianos est\u00e1n unidos al profesar su fe en la \u00abIglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica\u00bb. Esta cu\u00e1druple descripci\u00f3n de la Iglesia forma parte del credo bautismal que fue adoptado como su profesi\u00f3n de fe por el primer concilio de Constantinopla, fue confirmado por el concilio de Calcedonia y m\u00e1s tarde se convirti\u00f3 en el credo lit\u00fargico de las Iglesias de Oriente y de Occidente. Estos cuatro atributos son profesados, como la Iglesia misma, en el credo como objetos del acto de fe, compartiendo la naturaleza de la Iglesia en cuanto misterios. Por eso, como la Iglesia, son realidades complejas, siendo en algunos aspectos experimentalmente verificables, y en otros conocibles s\u00f3lo por la fe. Los eclesi\u00f3logos consideran estas propiedades de la Iglesia en todos sus aspectos, buscando una comprensi\u00f3n m\u00e1s plena de lo que creemos acerca de la Iglesia. Los apologistas cat\u00f3licos, especialmente a partir del siglo xvii, han centrado su atenci\u00f3n en aquellos aspectos de los cuatro atributos del credo que pueden conducir a una persona que est\u00e1 buscando sinceramente la verdadera Iglesia de Cristo a identificarla s\u00f3lo como la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Con esta finalidad, los apologistas han seleccionado aquellos aspectos de las cuatro propiedades de la Iglesia que pueden funcionar como las \u00abnotas\u00bb o \u00abmarcas\u00bb distintivas de la \u00fanica Iglesia verdadera. Tales notas tendr\u00ed\u00adan que ser: 1) m\u00e1s f\u00e1cilmente identificables que la Iglesia misma; 2) propias de la verdadera Iglesia; 3) inseparables de ella, y 4) reconocibles por cualquiera que busque sinceramente, aunque no sea instruido.<\/p>\n<p>El argumento apolog\u00e9tico conocido como la v\u00ed\u00ada notarum implicaba dos pasos b\u00e1sicos: 1) la demostraci\u00f3n de que por la voluntad de Cristo, su divino fundador, la Iglesia debe ser visible y reconocible como una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica, con un tipo espec\u00ed\u00adfico de unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad que es propio s\u00f3lo de la verdadera Iglesia, y 2) la demostraci\u00f3n de que precisamente tal unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad caracterizan a la Iglesia cat\u00f3lica romana y no a otra.<\/p>\n<p>En el transcurso de los siglos xviii y xix, la v\u00ed\u00ada notarum se convirti\u00f3 en un rasgo normal de la apolog\u00e9tica cat\u00f3lica, experimentando varias evoluciones y adaptaciones a medida que los problemas inherentes a ella llegaron a ser mejor conocidos y se tomaron medidas para abordarlos. Un problema de este tipo resid\u00ed\u00ada en el hecho de que era claramente imposible afirmar que sencillamente no era en absoluto posible hallar unidad, santidad, catolicidad o apostolicidad en las Iglesias no cat\u00f3licas. Esto era particularmente evidente con respecto a las Iglesias separadas de Oriente, cuyos sacramentos ciertamente pod\u00ed\u00adan producir santidad en aquellos que los recib\u00ed\u00adan devotamente y cuyas \u00f3rdenes episcopales eran de origen apost\u00f3lico. Problemas como \u00e9stos hicieron necesario especificar nuevamente las nociones de unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad que son propias de la verdadera Iglesia, de tal modo que se pudiera concluir que se encuentran \u00fanicamente en la Iglesia cat\u00f3lica romana. En otras palabras, el uso cat\u00f3lico de la v\u00ed\u00ada notarum depend\u00ed\u00ada de una comprensi\u00f3n t\u00ed\u00adpicamente cat\u00f3lica de las cuatro propiedades del credo de la Iglesia. Naturalmente, otros cristianos pod\u00ed\u00adan afirmar estas mismas cuatro propiedades a sus Iglesias, al entenderlas de modo que correspondieran a su realizaci\u00f3n en sus Iglesias.<\/p>\n<p>La debilidad de este procedimiento resid\u00ed\u00ada en el hecho de que inevitablemente la descripci\u00f3n de la unidad, santidad, etc., que la Iglesia debe tener tend\u00ed\u00ada a estar determinada por el tipo de unidad, etc., que la propia Iglesia de cada uno pose\u00ed\u00ada realmente. Conscientemente o no, se comenzaba con la presunci\u00f3n de que la propia Iglesia de uno ten\u00ed\u00ada el verdadero tipo de unidad santidad, etc:, y despu\u00e9s se volv\u00ed\u00ada al NT y a los documentos de la Iglesia primitiva para demostrar que \u00e9se era el tipo de unidad, santidad, etc., que Cristo quer\u00ed\u00ada que tuviera su Iglesia. As\u00ed\u00ad la via notarum tra\u00ed\u00ada consigo todos los problemas de un uso estrictamente confesional de las fuentes. Significaba volver a las fuentes para demostrar una tesis preestablecida, m\u00e1s que una investigaci\u00f3n que permitiera que las propias fuentes determinaran qu\u00e9 tipo de propiedades debe tener una Iglesia para ser fiel a sus or\u00ed\u00adgenes neotestamentarios.<\/p>\n<p>Una soluci\u00f3n a este problema fue propuesta por V.A. Dechamps, arzobispo de Malinas, y fue adoptada por el concilio Vaticano I. Esta soluci\u00f3n obviaba la necesidad de volver a las fuentes, al insistir en que la unidad, santidad y universalidad que son \u00fanicas de la Iglesia cat\u00f3lica constituyen un milagro moral, y por tanto, por s\u00ed\u00ad mismas, aportan una prueba suficiente de que \u00e9sta es la verdadera Iglesia de Cristo (DS 3013). Desde luego esta soluci\u00f3n no carece de dificultades, ya que implica la necesidad de demostrar no s\u00f3lo que la Iglesia cat\u00f3lica goza s\u00f3lo ella de estas propiedades, sino tambi\u00e9n que su posesi\u00f3n es prueba innegable de su origen divino.<\/p>\n<p>A pesar de la aprobaci\u00f3n de esta v\u00ed\u00ada emp\u00ed\u00adrica por el Vaticano I, los apologistas cat\u00f3licos continuaron proponiendo la v\u00ed\u00ada notarum, bien incluyendo el primado romano en ella, al tratar de la unidad y apostolicidad, o bien proponiendo dos aproximaciones distintas, la via notarum y la via primatus.<\/p>\n<p>Sin embargo, los progresos a lo largo del siglo xx han conducido, si no al total abandonala v\u00ed\u00ada notarum, al menos a una aproximaci\u00f3n totalmente diferente a la cuesti\u00f3n de identificar la \u00abverdadera Iglesia de Cristo\u00bb: En primer lugar, los trascendentales avances realizados en los estudios b\u00ed\u00adblicos, patr\u00ed\u00adsticos e hist\u00f3ricos han llevado a una creciente insatisfacci\u00f3n por el uso de las fuentes, que era caracter\u00ed\u00adstico del m\u00e9todo apolog\u00e9tico. Al proyectar m\u00e1s luz sobre la Iglesia primitiva, se hizo cada vez m\u00e1s evidente que los apologistas cat\u00f3licos hab\u00ed\u00adan estado encontrando en esas fuentes con demasiada facilidad lo que quer\u00ed\u00adan encontrar, y no lo que objetivamente hab\u00ed\u00ada en ellas. La debilidad del uso de las fuentes como \u00abtexto-prueba\u00bb fue cada vez m\u00e1s patente.<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n que m\u00e1s radicalmente ha afectado a la apolog\u00e9tica cat\u00f3lica en est\u00e9 siglo es la apertura de la Iglesia cat\u00f3lica al movimiento ecum\u00e9nico; aprobada por el Vaticano II. Esto ha llevado a una profunda revisi\u00f3n de algunas de las premisas b\u00e1sicas del viejo argumento apolog\u00e9tico. Una de estas premisas fue formulada en su forma m\u00e1s enf\u00e1tica en el Schema de Ecclesia, redactado por la Comisi\u00f3n teol\u00f3gica preparatoria del Vaticano II, que declaraba no s\u00f3lo que la Iglesia cat\u00f3lica romana es la \u00fanica Iglesia verdadera, sino que no existe otra que tenga en absoluto derecho a llamarse a s\u00ed\u00ad misma Iglesia (AS I\/4, 15). Sin embargo, este esquema preliminar encontr\u00f3 una cr\u00ed\u00adtica tan severa durante el primer per\u00ed\u00adodo del concilio que fue retirado sin someterlo a votaci\u00f3n. El nuevo esquema discutido por el concilio en 1963, aunque continuaba identificando a la Iglesia de Cristo con la Iglesia romano-cat\u00f3lica, reconoc\u00ed\u00ada la presencia, fuera de ella, de \u00abelementos de santificaci\u00f3n\u00bb que por naturaleza pertenecen a la Iglesia. Con posterioridad, el concilio aprob\u00f3 una enmienda por la que la afirmaci\u00f3n de que la Iglesia de Cristo es la Iglesia cat\u00f3lica se cambi\u00f3 diciendo: subsiste en la Iglesia cat\u00f3lica. La raz\u00f3n dada para el cambio fue \u00abque la expresi\u00f3n pudiera concordar mejor con la afirmaci\u00f3n acerca de los elementos eclesiales que se encuentran en otra parte\u00bb (AS III\/ 1, 177).<\/p>\n<p>Pr\u00e1cticamente, todos los comentaristas han visto en este cambio de redacci\u00f3n una significativa apertura al reconocimiento por parte de la Iglesia cat\u00f3lica de la realidad eclesial en el mundo no cat\u00f3lico. Esto se confirm\u00f3 en LG 15, donde el concilio reconoc\u00ed\u00ada la funci\u00f3n de las iglesias no cat\u00f3licas y comunidades eclesiales de administrar el bautismo y otros sacramentos a sus miembros. Esto se desarroll\u00f3 m\u00e1s tarde en el decreto sobre el ecumenismo, que declaraba que estas Iglesias y comunidades no cat\u00f3licas eran utilizadas por el Esp\u00ed\u00adritu Santo c\u00f3mo medios de gracia y salvaci\u00f3n (UR 3).<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son las consecuencias para la apolog\u00e9tica cat\u00f3lica de este trascendental cambio de actitud concerniente al status eclesial de las Iglesias y comunidades eclesiales separadas de Roma? Primero: no se trata ya de la cuesti\u00f3n de tener que demostrar que la Iglesia romano-cat\u00f3lica es la \u00ab\u00fanica Iglesia verdadera\u00bb con exclusi\u00f3n del derecho de cualquier otra a ser llamada Iglesia. El Vaticano II, al reconocer la naturaleza eclesial de esas otras Iglesias y comunidades, claramente reconoc\u00ed\u00ada que la \u00fanica Iglesia de Cristo est\u00e1 presente y salv\u00ed\u00adficamente operativa tambi\u00e9n en ellas. En otras palabras, la tarea de la apolog\u00e9tica cat\u00f3lica no consiste ya en probar que la Iglesia de Cristo, en un sentido exclusivo es la Iglesia romano-cat\u00f3lica, sino m\u00e1s bien en justificar la afirmaci\u00f3n de que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia cat\u00f3lica. Lo que esta tarea implica depende de c\u00f3mo se entienda la expresi\u00f3n subsiste en.<\/p>\n<p>Un importante indicio de la mentalidad del concilio sobre esta cuesti\u00f3n se ofrece en la afirmaci\u00f3n del decreto sobre ecumenismo: \u00abCreemos que aquella unidad de una y \u00fanica Iglesia que Cristo concedi\u00f3 desde el principio a su Iglesia subsiste indefectible en la Iglesia cat\u00f3lica y esperamos que crezca cada d\u00ed\u00ada hasta la consumaci\u00f3n de los siglos\u00bb (UR 4). Por otra parte, el mismo decreto hab\u00ed\u00ada establecido que las Iglesias y comuniones separadas \u00abno disfrutan de aquella unidad (&#8230;) que la Sagrada Escritura y la venerable tradici\u00f3n de la Iglesia confiesan\u00bb (UR 3). Podr\u00ed\u00ada parecer plenamente de acuerdo con lo que el concilio ha dicho acerca de la unidad que Cristo dio a su Iglesia, \u00abque subsiste\u00bb en la Iglesia cat\u00f3lica, concluir que puede decirse que las otras tres propiedades del credo \u00absubsisten\u00bb en la Iglesia cat\u00f3lica tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>De esto se sigue que el uso de la via notarum.en la apolog\u00e9tica cat\u00f3lica, desde el Vaticano II, ser\u00ed\u00ada para demostrar que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia cat\u00f3lica precisamente porque es ah\u00ed\u00ad donde las cuatro propiedades del credo de la Iglesia de Cristo siguen subsistiendo.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n entonces es: \u00bfen qu\u00e9 diferir\u00ed\u00ada una via notarum cat\u00f3lica le\u00ed\u00adda a la luz del Vaticano II de la apolog\u00e9tica preconciliar? Existir\u00ed\u00adan varias diferencias importantes. La primera nace del hecho de que la expresi\u00f3n subsiste en no tiene el sentido exclusivo de la palabra es, a la que sustituy\u00f3 en el texto conciliar. Decir que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia cat\u00f3lica no significa que no se encuentre en otra parte; ciertamente el concilio reconoc\u00ed\u00ada que est\u00e1 presente y operativo en otras Iglesias y comunidades tambi\u00e9n en virtud de los medios eclesiales de gracia que otorgan a sus miembros. Asimismo, decir que la unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad que Cristo concedi\u00f3 a su Iglesia subsisten en la Iglesia cat\u00f3lica no implica que se encuentren exclusivamente ah\u00ed\u00ad. Una clave de la apertura del concilio al ecumenismo reside en el reconocimiento de que cosas tales como la comuni\u00f3n eclesial admiten grados de plenitud en su realizaci\u00f3n de modo que afirmar una cierta plenitud de eclesialidad, unidad, etc., de la Iglesia cat\u00f3lica no significa una negaci\u00f3n de su presencia en otra parte. Lo que el apologista cat\u00f3lico tiene que justificar ahora es la afirmaci\u00f3n de que su Iglesia tiene una cierta plenitud de lo que significa ser Iglesia, y una plenitud de las propiedades esenciales de la iglesia, de modo que se pueda decir con todo derecho que la Iglesia de Cristo subsiste ah\u00ed\u00ad de una manera que no se encuentra en otras Iglesias.<\/p>\n<p>Dos nuevas diferencias deben tambi\u00e9n resaltarse. La primera es que, a la luz del Vaticano II, una afirmaci\u00f3n de esa \u00abplenitud\u00bb no es lo mismo que una afirmaci\u00f3n de realizar la naturaleza de la Iglesia o sus propiedades en su absoluta perfecci\u00f3n. El concilio declaraba, por ejemplo, que aunque la Iglesia es \u00abindefectiblemente santa\u00bb (LG 39), no obstante aqu\u00ed\u00ad, en la tierra, \u00abest\u00e1 adornada de verdadera santidad, aunque todav\u00ed\u00ada imperfecta\u00bb (LG 48). De modo similar reconoc\u00ed\u00ada que el estado de divisi\u00f3n de la Iglesia no le permite realizar la plenitud de catolicidad que le es propia (UR 4). Su unidad es algo que \u00abdebe crecer hasta la consumaci\u00f3n de los siglos\u00bb (UR 4). Los apologistas cat\u00f3licos despu\u00e9s del Vaticano II no pueden permitirse el triunfalismo que caracteriz\u00f3 a algunas apolog\u00e9ticas preconcilares.<\/p>\n<p>Finalmente, como se ha se\u00f1alado antes, uno de los problemas del primitivo uso de la via notarum era que depend\u00ed\u00ada de un caracter\u00ed\u00adstico modo cat\u00f3lico de entender las cuatro \u00abnotas\u00bb de la Iglesia. A partir del Vaticano II se han dedicado importantes estudios ecum\u00e9nicos a la elucidaci\u00f3n de las cuatro propiedades del credo de la Iglesia. Por eso hay motivos para esperar que en el futuro un apologista cat\u00f3lico ser\u00e1 capaz de basar su via notarum en un modo de entender estas propiedades que representar\u00ed\u00ada al menos una convergencia, si no un pleno consenso, logrado a trav\u00e9s del estudio y el di\u00e1logo ecum\u00e9nicos.<\/p>\n<p>BIBL.: CONGAR Y., Propiedades esenciales de la Iglesia, en Mysterium Salutis IV\/ 1, Madrid 1973, 371-699; PO7TMEYER H.J., Die Frage nach der wahren Kirche, en W- IiERN, H.J. hOTlMEYER y M. SECKLER (eds.), Handbueh der Fundamental-theologie, vol. 3, Traktat Kirche, Friburgo 1986, 212-241&#8242; SULLIVAN F.A. 7&#038;e Church We Relieve In, One, Holy, Catholic and Apostolic, Mahwah-Dubl\u00ed\u00adn 1989; Txn.s G., Les Notes de l E`glise dares l \u00e1polog\u00e9tique catholique depuis la r\u00e9jorme, Gembloux 1947; W1Tre J.L., One, Holy, Catholic and Apostolic, en H. VORGRIMLse (ed.), One, Holy, Catholic and Apostolic, Londres 1968, 3-43.<\/p>\n<p>F.A. Sullivan<br \/>\nVI. Int\u00e9rprete de la Escritura<br \/>\nComo asamblea de creyentes, la Iglesia vive de la palabra de Dios. En la oraci\u00f3n, la liturgia y el estudio, los cristianos buscan gu\u00ed\u00ada y sustento diario en la privilegiada expresi\u00f3n de la palabra en la Escritura. En consecuencia, la interpretaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica es de vital importancia, y el concilio Vaticano IIpuso especial cuidado en explicar los principios de la l \u00abex\u00e9gesis integral\u00bb de la Biblia. La principal declaraci\u00f3n hermen\u00e9utica del concilio, DV 12, anima a la recuperaci\u00f3n hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtica del sentido original o literal de los textos; pero despu\u00e9s contin\u00faa insistiendo en una interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s amplia del significado de la Biblia en la perspectiva de la fe. DV 12 concluye luego afirmando que la interpretaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica \u00abqueda sometida al quicio definitivo de la Iglesia, que recibi\u00f3 de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Este papel de la Iglesia en la interpretaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, especialmente a trav\u00e9s de la ense\u00f1anza aut\u00e9ntica por parte del magisterio eclesial, puede ser mal entendido. Una aproximaci\u00f3n simplista, por ejemplo, podr\u00ed\u00ada contraponer los principios protestantes del \u00ablibre examen e interpretaci\u00f3n privada a la obligaci\u00f3n de los cat\u00f3licos de aceptar la instrucci\u00f3n autorizada de la Iglesia sobre el significado de la Biblia. En realidad, sin embargo, la mayor\u00ed\u00ada de los protestantes leen la Escritura bajo la gu\u00ed\u00ada de la catequesis y predicaci\u00f3n que les transmite la tradici\u00f3n teol\u00f3gica de su denominaci\u00f3n particular.<\/p>\n<p>La fe cat\u00f3lica incluye un compromiso expl\u00ed\u00adcito con la tradici\u00f3n de la Iglesia, especialmente tal como est\u00e1 formulada en la ense\u00f1anza solemne. Pero el l dogma es esencialmente protector de la revelaci\u00f3n de Dios en Cristo tal como \u00e9sta ha sido originalmente transmitida por los ap\u00f3stoles y evangelistas y m\u00e1s tarde explicada en la Iglesia. La tradici\u00f3n, sin embargo, es m\u00e1s que el dogma, puesto que es tambi\u00e9n el proceso por el cual el \/dep\u00f3sito de la fe en su conjunto se hace presente en cada \u00e9poca (DV 8,1). As\u00ed\u00ad, la tradici\u00f3n es tambi\u00e9n la atm\u00f3sfera comunitaria formada por la liturgia y la espiritualidad, y los cat\u00f3licos creen que este ambiente tiene una afinidad natural con la Escritura y es de hecho el contexto en el que el texto escrito es le\u00ed\u00addo, entendido y vivido con provecho, como testimonio inspirado de la palabra de Dios dirigida a la fe (DV 9).<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la conexi\u00f3n que los cat\u00f3licos establecen entre la interpretaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y la autoridad magisterial de la Iglesia descansa sobre la convicci\u00f3n de que Cristo proporcion\u00f3 unos medios institucionales para asegurar la transmisi\u00f3n, protecci\u00f3n y explicaci\u00f3n \u00ed\u00adntegras de lo que ha sedo revelado para nuestra salvaci\u00f3n (DV 10; cf \/Magisterio). Esta convicci\u00f3n, sin embargo, tiene una historia que muestra tanto la continuidad a trav\u00e9s de las \u00e9pocas como una considerable variedad en los modos de articular y ejercer el papel arbitral de Iglesia en la interpretaci\u00f3n de la Escritura.<\/p>\n<p>Los padres de los siglos II y ni estaban seguros de que las Iglesias, especialmente aqu\u00e9llas de fundaci\u00f3n apost\u00f3lica, ten\u00ed\u00adan en su \/\u00bbregla de fe\u00bb un cuerpo de doctrina que expresaba el sentido global de la Escritura de forma sumaria. Or\u00ed\u00adgenes pod\u00ed\u00ada decir que la verdad de la palabra de Dios, realidad m\u00e1s profunda que la letra del texto, es conocida por la Iglesia ahora convertida a su Se\u00f1or. Pues el Esp\u00ed\u00adritu Santo ha transmitido el sentido inspirado (Spiritalem sensum) a la Iglesia (In Leviticus 1,1; 5,5). En consecuencia, los antiguos concilios evaluaron repetidamente doctrinas, incluyendo las propuestas con el apoyo de textos b\u00ed\u00adblicos, en funci\u00f3n de su conformidad con la fe transmitida y su confesi\u00f3n en las Iglesias (cf l S\u00ed\u00admbolo de la fe). La cristolog\u00ed\u00ada adopcionista fue rechazada porque sus partidarios, aunque citaban los evangelios, no los entend\u00ed\u00adan de acuerdo con la sana doctrina, es decir, en la forma en que los padres cat\u00f3licos hab\u00ed\u00adan confesado su fe y explicado los textos. Las Escrituras, efectivamente, eran la fuente de la ense\u00f1anza y alimento diario, pero el s\u00ed\u00admbolo de la fe se fund\u00ed\u00ada con la doctrina de los padres para constituir la norma por la cual se valoraban las interpretaciones de la Escritura.<\/p>\n<p>Una nueva situaci\u00f3n se cre\u00f3 en torno al 1500, debido tanto a la creciente difusi\u00f3n de biblias impresas para la lectura personal como a estallidos espor\u00e1dicos de fervor y expectaci\u00f3n apocal\u00ed\u00adpticos. Un decreto del concilio Lateranense V (sesi\u00f3n XI, 19 de diciembre de 1516) censuraba a aquellos que torc\u00ed\u00adan el significado de la Escritura en sermones tejidos de interpretaciones temerarias y muy particulares. El individualismo en la predicaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica estaba excluido, y a los predicadores se les asignaba como mandato anunciar y explicar la verdad del evangelio de acuerdo con la ense\u00f1anza de los doctores acreditados.<\/p>\n<p>Cuando el concilio de l Trento emprendi\u00f3 su tarea de responder a la reforma, su primer acto solemne fue la recepci\u00f3n formal del s\u00ed\u00admbolo tradicional de la fe como principio y fundamento, anterior a la Escritura y las tradiciones apost\u00f3licas, para la ense\u00f1anza y la reforma (sesi\u00f3n III, 4 de febrero de 1546). La declaraci\u00f3n de Trento sobre la interpretaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica (sesi\u00f3n IV; DS 1507) forma parte de un decreto de reforma contra abusos en la predicaci\u00f3n y educaci\u00f3n clerical, pero tiene implicaciones doctrinales a largo plazo. Trento afirma que el sentido de la Escritura transmitido por la Iglesia, por ejemplo, en su tradici\u00f3n conciliar, es la norma negativa de interpretaci\u00f3n. La Biblia no deber\u00ed\u00ada ser interpretada de una manera contraria ni a la herencia doctrinal central ni al consenso de los padres. Trento modific\u00f3 una propuesta de formulaci\u00f3n que dec\u00ed\u00ada que la Iglesia es la \u00fanica int\u00e9rprete leg\u00ed\u00adtima de la Biblia, pero sigui\u00f3 afirmando que la Iglesia est\u00e1 ciertamente autorizada .para valorar y juzgar aquello que los int\u00e9rpretes b\u00ed\u00adblicos proponen como ense\u00f1anza de la Biblia en relaci\u00f3n con la fe y las formas concretas de culto y vida cristiana.<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n dogm\u00e1tica del concilio Vaticano I Dei Filius reafirm\u00f3 Trento, pero cambiando la formulaci\u00f3n negativa de Trento, que exclu\u00ed\u00ada interpretaciones contrarias al sensus de la Iglesia, por una declaraci\u00f3n positiva de que el sentido eclesial es verdadero para la Escritura en asuntos de fe y de la vida cristiana (DS 3007). La principal preocupaci\u00f3n del Vaticano I en la Dei Filius era exponer tanto las diferencias como las relaciones entre la raz\u00f3n natural y la revelaci\u00f3n y la fe sobrenaturales. Especialmente a trav\u00e9s de las intervenciones del obispo Meignan de Ch\u00e1lons, el concilio tom\u00f3 conciencia del peligro de una aproximaci\u00f3n demasiado restrictiva a la Escritura que pudiera perjudicar a los investigadores cat\u00f3licos en su defensa de la revelaci\u00f3n y de la Biblia contra ataques radicales. As\u00ed\u00ad, aunque el Vaticano I es m\u00e1s en\u00e9rgico que Trento en su declaraci\u00f3n del car\u00e1cter normativo de la tradici\u00f3n doctrinal, no afirm\u00f3 que la ense\u00f1anza de la Iglesia agote el significado de la Escritura. El Vaticano I no cerr\u00f3 la puerta a la adhesi\u00f3n cat\u00f3lica final a esa obra de la raz\u00f3n que es la aplicaci\u00f3n de m\u00e9todos cr\u00ed\u00adticos en la recuperaci\u00f3n de la intenci\u00f3n comunicativa original de determinados autores b\u00ed\u00adblicos.<\/p>\n<p>El posterior desarrollo de la doctrina cat\u00f3lica sobre la inspiraci\u00f3n e interpretaci\u00f3n de la Escritura entre los dos concilios vaticanos, con la represi\u00f3n de la investigaci\u00f3n tras la condena del modernismo, ha sido expuesto en otra parte (Beumer, Grelot, Brown-Collins). Las enc\u00ed\u00adclicas papales de 1893, 1920 y 1943, junto con los decretos de la Pontificia Comisi\u00f3n B\u00ed\u00adblica (especialmente 19051915), son ahora de inter\u00e9s hist\u00f3rico como trasfondo de la Dei Verbum. Citamos antes la concisa reafirmaci\u00f3n del Vaticano II en DV 12 de la afirmaci\u00f3n tradicional del papel de la Iglesia como instancia arbitral en la interpretaci\u00f3n. Lo que el mismo texto dice sobre la recuperaci\u00f3n exeg\u00e9tica del sentido original y sobre la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica a la luz de la fe indica que el magisterio es ciertamente una instancia \u00faltima de interpretaci\u00f3n. Tambi\u00e9n la afirmaci\u00f3n tradicional, con laque DV 12 concluye, va inmediatamente precedida por una elogiosa declaraci\u00f3n sobre la tarea de los investigadores b\u00ed\u00adblicos al contribuir a la maduraci\u00f3n del juicio de la Iglesia cuando cumple su misi\u00f3n de preservar e interpretar la palabra de Dios.<\/p>\n<p>Ciertamente no se ha dicho la \u00faltima palabra sobre el papel de la Iglesia en la interpretaci\u00f3n de la Escritura, pero pueden afirmarse dos puntos en conclusi\u00f3n:<br \/>\n1) En las intervenciones doctrinales del magisterio se debe distinguir entre el uso de textos b\u00ed\u00adblicos para ilustrar la doctrina y una aut\u00e9ntica declaraci\u00f3n sobre un pasaje b\u00ed\u00adblico. La primera pr\u00e1ctica no pretende ofrecer una interpretaci\u00f3n de los pasajes citados o aludidos. Pero otras declaraciones magisteriales se refieren al sentido original de pasajes b\u00ed\u00adblicos espec\u00ed\u00adficos: Casos de lo \u00faltimo ser\u00ed\u00ada el cap\u00ed\u00adtulo de Trentosobre las palabras de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada (DS 1637) y sobre la fundamentaci\u00f3n en Sant 5,14 del sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos (DS 1695,1716). Estos ejemplos ilustran el papel arbitral del magisterio en arreglar disputas sobre interpretaciones de la Escritura. Sin embargo, tales declaraciones no parecen identificar formalmente el contenido del dogma posterior con el sentido literal del pasaje original. Lo que est\u00e1 en juego es, en cambio, la homogeneidad entre el significado original y lo que se ha desarrollado en la Iglesia. Los dos sentidos est\u00e1n unidos por una trayectoria de evoluci\u00f3n org\u00e1nica y leg\u00ed\u00adtima, como aparece claramente en las declaraciones del Vaticano Isobre los textos petrinos y la primac\u00ed\u00ada papal (DS 3053-55).<\/p>\n<p>El Vaticano II fundamenta la explicaci\u00f3n anterior cuando subraya la distancia entre los autores b\u00ed\u00adblicos, con su cultura medio-oriental antigua y sus modos de pensar, y lo que vino despu\u00e9s como fruto del desarrollo doctrinal. La recuperaci\u00f3n del sentido literal de los textos exige la aplicaci\u00f3n de un estudio atento y de los m\u00e9todos cr\u00ed\u00adticos (DV 12,2). Esto parece excluir una retroproyecci\u00f3n del significado del dogma posterior sobre el prop\u00f3sito comunicativo de los autores b\u00ed\u00adblicos.<\/p>\n<p>2) DV 12,3 insiste en una lectura \u00abcon el mismo Esp\u00ed\u00adritu\u00bb que une a los textos b\u00ed\u00adblicos particulares con el campo completo de la revelaci\u00f3n y con su actualizaci\u00f3n interpretativa en la tradici\u00f3n eclesial. La historia hasta Trento indica que la expresi\u00f3n primaria de esta tradici\u00f3n interpretativa es el complejo objetivo del s\u00ed\u00admbolo de la fe, el dogma y la liturgia. Por ejemplo, los grandes ciclos de la pr\u00e1ctica lit\u00fargica, centrados en navidad y pascua, ofrecen una expresi\u00f3n inequ\u00ed\u00advoca de lo que la fe asume como central en la Biblia. El movimiento ascendente de&#8217; la plegaria eucar\u00ed\u00adstica muestra una fe que llega a su expresi\u00f3n aut\u00e9ntica al dar todo honor y gloria al Padre, por medio del Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu. El sensus Scripturae de la Iglesia tiene un contenido identificable, y \u00e9ste no deber\u00ed\u00ada oscurecerse interpret\u00e1ndolo s\u00f3lo en t\u00e9rminos de autoridad formal que interviene con un juicio aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p>BIBL.: BEUMER J., Die katholische Inspirationslehre zwischen Vaticanum I und II. Stutgart 1965; BRANDMOLLER W., Die Lehreder Konzilien \u00fcber die rechte Schrijtinterpretation biszum 1. Vatikanum, en \u00abAnnuarium Historiae Conciliorum\u00bb, 19 (1987) 13-61; Bnowrr R. E., Biblical Exegesis and Church Doctrine, Nueva York-Mahwah 1985; In, Introducci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica al NT, en A. GEORGE y P. GaELOT (eds.), vol. 6,P, i7REL0T, Los evangelios y la historia, Herder, Barcelona 1988; BeowN R.E. y SCHNEIDI:RS S., Hermen\u00e9utica, y Beowrr R.E. y CoLLns&#8217;r.A., Pronunciamientos de la Iglesia, en R. E., BRflWN y otros (eds.), Comentario b\u00ed\u00adblico San Jer\u00f3nimo, Cristiandad, Madrid 1972; K\u00dcMMERINGER H., Fs\u00c2\u00a1si Sache der Kirche, \u00abiudicare de vero sensu el interpretatione scripturarum sanetarum\u00bb : Zum Verst\u00e1ndnis dieses Satzes aujdem T\u00fcdentinum und Vaticanum I, en \u00abTheologische Quartalschrift\u00bb 149 (1969) 282-296; MIDALI M., Rivelazione, chiesa, scrittura e tradiztone alla IV sessione del Concilio di Trento, Roma 1973 POTTMEYER H.J., Die historisch-kritische Methode und die Erkldrung zur Schrijtauslegung in der dogmatischen Konstitution \u00abDei Filius\u00bbdes 1. Vatikanums, en \u00abAnnuarium Historiae Conciliorum\u00bb, 2 (1970) 87-111; S\u00ed\u0081NCHEZ CARO J.M., Hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica, en A.M. ARTOLA y J. M. S\u00ed\u0081NCHEZ CARO, Biblia y Palabra de Dios, Estella 1989,245-435.<\/p>\n<p>J. Wicks<\/p>\n<p>VII. Iglesias evang\u00e9licas<br \/>\nEl evangelismo como movimiento religioso tiene su origen tanto en la reforma protestante del siglo xvi como en las variadas formas de despertar evang\u00e9lico entre los siglos xvii y XIX. Abarca, por tanto, los diversos cuerpos eclesiales que surgieron de estas important\u00ed\u00adsimas conmociones espirituales.<\/p>\n<p>Las Iglesias que brotaron directamente de la reforma protestante constituyen cuatro ramas caracter\u00ed\u00adsticas: luterana, reformada, anglicana y anabaptista. La reforma luterana produjo estas importantes confesiones de fe: la Confesi\u00f3n de Augsburgo, los Art\u00ed\u00adculos de Smalkalda, Peque\u00f1o catecismo de Lutero y la F\u00f3rmula de concordia. Del movimiento reformado tenemos el Catecismo de Ginebra, el Catecismo de Heildelberg, la primera y segunda Confesiones helv\u00e9ticas, la Confesi\u00f3n belga, la Confesi\u00f3n escocesa, los C\u00e1nones de Dort y la Confesi\u00f3n de Westminster. La Iglesia anglicana adopt\u00f3 las Treinta y nueve art\u00ed\u00adculos, que reflejan hasta cierto punto la teolog\u00ed\u00ada de la reforma calvinista.<\/p>\n<p>El protestantismo evang\u00e9lico s\u00f3lo puede entenderse plenamente en el marco de los movimientos de purificaci\u00f3n espiritual posteriores a la reforma: pietismo, puritanismo y el evangelismo asociado a Wesley y Whitefield. Estos movimientos buscaban completar la reforma exigiendo una reforma en la vida as\u00ed\u00ad, como en la doctrina. Era evidente una inclinaci\u00f3n iconoclasta entre los puritanos, que presionaban por una sencillez en el culto. Fue a partir de este esp\u00ed\u00adritu de renacimiento cuando el protestantismo experiment\u00f3 un m\u00e1s notable aumento de inter\u00e9s y actividad por las misiones extranjeras.<\/p>\n<p> Aunque su prop\u00f3sito era reformar las Iglesias desde dentro, los movimientos de renovaci\u00f3n, sin darse cuenta, contribuyeron a la aparici\u00f3n de nuevas denominaciones. Grupos eclesiales que remontan sus or\u00ed\u00adgenes al puritanismo separatista incluyen a los baptistas, congregacionalistas, y los hermanos de Plymouth. El pietismo dio origen a la iglesia morava, la Iglesia de los hermanos, los Hermanos evang\u00e9licos unidos (ahora parte de la Iglesia metodista), las Iglesias de Dios de Norteam\u00e9rica, la Iglesia de la alianza evang\u00e9lica y la Iglesia evang\u00e9lica libre (estos dos \u00faltimos grupos, originados en Suecia). De los esfuerzos restauradores de Wesley Whitefield en el siglo xviii brit\u00e1nico nacieron las Iglesias metodistas, y m\u00e1s tarde el movimiento de Santidad, que exig\u00ed\u00ada el retorno a las ra\u00ed\u00adces de Wesley. Entre las Iglesias que muestran el impacto de la teolog\u00ed\u00ada de Santidad est\u00e1n: la Alianza cristiana y misionera, el Ej\u00e9rcito de salvaci\u00f3n, la Iglesia del Nazareno, la Iglesia metodista libre, la Iglesia de Wesley, la Iglesia de Santidad peregrina, la Iglesia misionera unida, la Iglesia de Dios (Anderson, indiana) y la Iglesia congregacional evang\u00e9lica. Las Iglesias provenientes del movimiento de restauraci\u00f3n del siglo xix que mantuvieron el modelo neotestamentario de la Iglesia incluyen a los Disc\u00ed\u00adpulos de Cristo y a las Iglesias de Cristo.<\/p>\n<p>El movimiento m\u00e1s significativo de renovaci\u00f3n espiritual de los \u00faltimos a\u00f1os es el pentecostalismo, que tiene su origen en reactivaciones de males dei siglo xlx y principios del xx. Originado principalmente dentro de la familia de las Iglesias de Santidad, el pentecostalismo se distingue por su \u00e9nfasis en los dones carism\u00e1ticos -especialmente profec\u00ed\u00ada, curaci\u00f3n y don de lenguas-. Tambi\u00e9n comparte con la mayor\u00ed\u00ada de los grupos evang\u00e9licos un sentido de la urgencia de la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las Iglesias que pertenecen a esta \u00faltima corriente de conciencia religiosa comprenden las Asambleas de Dios, la Iglesia de Dios (Cleveland, Tenn.), la Iglesia de Dios en Cristo, la Iglesia com\u00fan de la Biblia abierta y la Iglesia internacional del evangelio de las cuatro esquinas, todas afincadas en Am\u00e9rica; las Asambleas pentecostales y las Iglesias evang\u00e9licas de Pentecost\u00e9s, en Canad\u00e1; la Iglesia apost\u00f3lica y la Iglesia Elim, en Gran Breta\u00f1a; la Comunidad de asambleas cristianas y la Asociaci\u00f3n M\u00fclheim de comunidades cristianas, en Alemania; la Iglesia pentecostal cristiana en Yugoslavia; la Iglesia apost\u00f3lica, en Nigeria; la Misi\u00f3n de fe apost\u00f3lica y la Iglesia de Dios del evangelio pleno, en Sud\u00e1frica; la Iglesia pentecostal evang\u00e9lica, la Congregaci\u00f3n de Cristo y las Asambleas de Dios, en Brasil; la Iglesia pentecostal metodista, en Chile, y la Iglesia pentecostal, la Iglesia de Betel del evangelio pleno y la Iglesia de Jesucristo, en Indonesia. A causa de su extraordinaria expansi\u00f3n por los pa\u00ed\u00adses del tercer mundo, los pentecostales constituyen en la actualidad la familia individual de Iglesias m\u00e1s grande dentro del protestantismo.<\/p>\n<p>Debido a la multitud de Iglesias diferentes, la teolog\u00ed\u00ada evang\u00e9lica muestra una notable diversidad; existen, no obstante, puntos comunes que reflejan el impacto de la corriente principal de la reforma protestante. Entre los temas a los que se da especial prominencia en la teolog\u00ed\u00ada evang\u00e9lica est\u00e1n la soberan\u00ed\u00ada de Dios, la autoridad y primac\u00ed\u00ada de la Sagrada Escritura, la invasi\u00f3n radical del pecado, la expiaci\u00f3n sustitutiva, la salvaci\u00f3n por la gracia (sola gratia), la justificaci\u00f3n por la fe (sola fide), la experiencia de la conversi\u00f3n, la llamada a la santidad personal, el sacerdocio de todos los creyentes, la urgencia de la misi\u00f3n y el fin cercano del mundo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las notas cl\u00e1sicas de la Iglesia -unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad-,los evang\u00e9licos de la tradici\u00f3n de la reforma valoran estas dos notas pr\u00e1cticas de la Iglesia: la predicaci\u00f3n de la palabra y la recta administraci\u00f3n de los sacramentos. Bajo el impacto del pietismo y del puritanismo, muchos evang\u00e9licos mantienen tambi\u00e9n la disciplina eciesial, el compromiso en la misi\u00f3n y la comuni\u00f3n de amor (la koinonia) como aut\u00e9nticos signos de la Iglesia en su plenitud.<\/p>\n<p>Entre los te\u00f3logos que han llevado a cabo una contribuci\u00f3n significativa a la vida y pensamiento evang\u00e9licos se cuentan Mart\u00ed\u00adn Lutero, Juan Calvino, Ulrico Zuinglio, Felipe Melanchton, Martin Chemnitz, John Wesley, Jonathan Edwards, Abraham Kuyper, Charles Hodge, y en el siglo XX, P.T. Forsyth, Karl Barth, Emil Brunner, Anders Nygren, G. C. Berkouwer, Dietrich BonhZiffer y C.S. Lewis. Indudablemente, los tres pensadores m\u00e1s influyentes han sido Calvino, Lutero y Wesley. La obra de Calvino Instituciones de la religi\u00f3n cristiana ha alcanzado una amplia difusi\u00f3n no s\u00f3lo en los c\u00ed\u00adrculos reformados y presbiterianos, sino tambi\u00e9n entre los congregacionalistas, anglicanos de la Iglesia baja, baptistas, Hermanos de Plymouth, Iglesias evang\u00e9licas libres e Iglesias de la Biblia independientes. Los puntos teol\u00f3gicos destacadas por Wesley han sido cruciales no s\u00f3lo para el metodismo, sino tambi\u00e9n para las ramas de Santidad y pentecostal del cristianismo.<\/p>\n<p>De vez en cuando, los te\u00f3logos evang\u00e9licos se han inspirado en la herencia teol\u00f3gica de la Iglesia romano-cat\u00f3lica, aunque con discernimiento. Entre los pensadores cat\u00f3licos tenidos en gran estima por los evang\u00e9licos est\u00e1n Atanasio, Ireneo,  Agust\u00ed\u00adn, Bernardo de Claraval y Pascal. Tom\u00e1s de Aquino tambi\u00e9n ha sido recomendado por el \u00e9nfasis dado a la prioridad de la gracia y su firme confianza en la autoridad b\u00ed\u00adblica, aunque su teolog\u00ed\u00ada natural ha sido criticada por los evang\u00e9licos de inclinaci\u00f3n neo-ortodoxa. Est\u00e1 demostrado que la m\u00ed\u00adstica de la Renania, incluyendo a Juan Taulero y al autor an\u00f3nimo de la Theologica Germanica, ha tenido una influencia palpable en el pensamiento y espiritualidad de Mart\u00ed\u00adn Lutero.<\/p>\n<p>El protestantismo moderno se halla actualmente dividido en dos campos: el liberal y el evang\u00e9lico. El liberalismo protestante tiene su fuente en la ilustraci\u00f3n del siglo xvIII, cuando una cr\u00ed\u00adtica radical comenz\u00f3 a socavar la autoridad b\u00ed\u00adblica. Entre las lumbreras teol\u00f3gicas de la tradici\u00f3n liberal est\u00e1n Friedrich Schleiermacher, Albrecht Ritschl, Wilhelm Herrmann, Adolf von Harnack, Ernst Troeltsch, Horace Bushnell, Paul Tillich, Rudolf Bultmann, Henry Nelson Wieman, J\u00fcrgen Moltmann y Wolfhart l Pannenberg. Reinhold Niebuhr y su hermano H. Richard Niebuhr (ambos americanos) fueron cr\u00ed\u00adticos duros de la teolog\u00ed\u00ada liberal dentro de esta tradici\u00f3n, pero su pensamiento tambi\u00e9n tuvo una notable tendencia b\u00ed\u00adblica, lo que explica que hayan llegado a ser apreciados por muchos evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>Entre los acentos distintivos de la teolog\u00ed\u00ada liberal est\u00e1n la prioridad de la experiencia religiosa sobre la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, una visi\u00f3n naturalista o idealista del mundo por encima del sobrenaturalismo, un agudo sentido de la relatividad hist\u00f3rica de la doctrina, una \u00e9tica de situaci\u00f3n o contextual sobre una \u00e9tica revelada, una fe en el progreso y la nueva concepci\u00f3n de la revelaci\u00f3n como penetraci\u00f3n racional o anuncio de la trascendencia m\u00e1s que como manifestaci\u00f3n divina definitiva de significado en la historia particular narrada en la Biblia.<\/p>\n<p>Las divisiones en el protestantismo actualmente no lo son tanto entre denominaciones como entre posiciones teol\u00f3gicas que cruzan las l\u00ed\u00adneas de denominaci\u00f3n. La polaridad entre teolog\u00ed\u00ada liberal o modernista por una parte y teolog\u00ed\u00ada evang\u00e9lica por otra, en vez de disiparse, se est\u00e1 haciendo m\u00e1s profunda. Como el conflicto se intensifica, los evang\u00e9licos buscan cada vez m\u00e1s el contacto con carism\u00e1ticos y conservadores romano-cat\u00f3licos y ortodoxo-orientales para establecer un frente com\u00fan contra el secularismo y el modernismo.<\/p>\n<p>Gran parte de la fuerza actual del movimiento evang\u00e9lico reside en las organizaciones evangelistas paraeclesiales, que hacen un esfuerzo especial por trabajar con j\u00f3venes de ense\u00f1anzas medias o de los campus universitarios. Entre \u00e9stos est\u00e1n la Comunidad cristiana interuniversitaria, Vida joven, los Navegantes, J\u00f3venes por Cristo, Uni\u00f3n b\u00ed\u00adblica y Cruzada del campus por Cristo.<\/p>\n<p>Dentro del movimiento evang\u00e9lico, algunos han abogado por un evangelismo cat\u00f3lico, en el que el compromiso con el evangelio est\u00e1 unido al respeto de la tradici\u00f3n y la autoridad de la Iglesia Este empuje ecum\u00e9nico es perceptible en buen n\u00famero de te\u00f3logos de la \u00e9poca actual: Wilhelm Ltihe, Philip Schaff, John Nevin, P.T. Forsyth, Nathan Stiderblom, Gustaf Aul\u00e9n, Friedrich Heiler, Thomas F. Torrance y Karl Barth. Entre los te\u00f3logos contempor\u00e1neos de Am\u00e9rica que adoptan una postura evang\u00e9lica cat\u00f3lica se cuentan Jaroslav Pelikan, Robert Webber, Richard Neuhaus, Carl Braaten, Richard Lovelace y Donald Bloesch. Algunos de estos eruditos ven la necesidad de una restauraci\u00f3n de la vida religiosa comunitaria sobre el fundamento evang\u00e9lico, as\u00ed\u00ad como de nuevos planteamientos sobre los sacramentos, la Iglesia, los santos y el papel de Mar\u00ed\u00ada como madre de todos los cristianos.<\/p>\n<p>BIBL.: BLOESCH D.G., The Futuro of Evangelical Christianity: A Call for Unity Amid Diversity, Doubleday, Nueva York 1983; ELLINGSEN M., The Evangelical Movement, Augsburg, Minne\u00e1polis 1988; HOLLENWEGER W.J., Enthusiastisches Christentum: -Die Pfingstbewegung in Geschichte und Gegenwart, Zwingli Verlag, Zurich 1969; MEAD F.S., Handbook of Denominations in the United States, Abingdon Press, Nashville 19756; PELIKAN J., The Christian Tradition, vol. 4, Reformation of Ch\u00farch and Dogma (1300-1700), Univeisity of Chicago Press, Chicago 1984; PIEMOPN A.C., Profiles in Belief:: The Religious Bodies of the United States and Canada, vol. III, Holiness and Pentecostal,; vol. IV, Evangelical, Fundamentalist, and Other Christian Bodies, Harper &#038; Row, San Francisco 1979; RAMM B., The Evangelical Heritage, Word Books, Wavo, TX, 1973; $CHAFF Ph. (ed.), The Creeds of Christendom, vol. III, Evangelical Protestant Creeds, Harper &#038; Bros., Nueva York 1919&#8242;.<\/p>\n<p>D. G. Bloesch<\/p>\n<p>VIII. Iglesias orientales<br \/>\n1. UNA MIRADA HIST\u00ed\u201cRICA. Las \u00abIglesias orientales\u00bb reciben este nombre por haber nacido en Oriente (m\u00e1s concretamente, en la parte oriental del imperio romano) de las escisiones debidas al rechazo de las f\u00f3rmulas dogm\u00e1ticas de los concilios de Efeso en el 431 y de Calcedonia en el 451 (cf UR 13). Es decir, se trata de comunidades eclesiales que se separaron por no aceptar ni la orientaci\u00f3n ciriliana de Efeso ni la nueva f\u00f3rmula cristol\u00e1gica de Calcedonia. A finales del siglo v la Iglesia sirio-oriental de Persia rechaz\u00f3 la doctrina de Cirilo de la mia physis lo\u00fc Theo\u00fc Logo\u00fa sesarkomen\u00e9 (\u00ab\u00fanica naturaleza encarnada del Dios Verbo\u00bb), dando lugar a los llamados cristianos \u00abnestorianos\u00bb, que ejercieron una gran actividad misionera, sobre todo en la India. La f\u00f3rmula calcedonense de la \u00ab\u00fanica persona o hip\u00f3stasis de Jesucristo en dos naturalezas\u00bb fue rechazada, a su vez, en Alejandr\u00ed\u00ada (y en la Iglesia eti\u00f3pica dependiente) por la mitad del patriarcado de Antioqu\u00ed\u00ada y por la Iglesia armenia. Son las Iglesias \u00abno calcedonenses\u00bb, llamadas impropiamente \u00abmonofisitas\u00bb, porque mantienen la formulaci\u00f3n de Cirilo, que, despu\u00e9s de la purificaci\u00f3n del lenguaje realizada en Calcedonia (es decir, distinci\u00f3n entre \u00abnaturaleza\u00bb y \u00abpersona\u00bb), resulta fuertemente ambigua. Sin embargo parece injusto adscribir este fracaso parcial a la f\u00f3rmula conciliar. Hubo otros factores, no siempre de orden teol\u00f3gico, que determinaron escisiones, oposiciones y rechazos. Una atenta revisi\u00f3n de la llamada cristolog\u00ed\u00ada no calcedonense no logra realmente determinar diferencias sustanciales de contenido respecto a la f\u00f3rmula del 451. La cristolog\u00ed\u00ada del \u00abmonofisismo siriaco\u00bb, por ejemplo, m\u00e1s que teol\u00f3gicamente impropia puede considerarse tan s\u00f3lo como \u00abextra\u00f1a a Calcedonia\u00bb, como \u00abprecalcedoniana\u00bb y \u00abantinestoriana\u00bb.<\/p>\n<p>2. EL DI\u00ed\u0081LOGO. A pesar de sus innegables diferencias teol\u00f3gicas, rituales, jur\u00ed\u00addicas y experienciales, estas Iglesias aceptan los dogmas de la Trinidad y de la encarnaci\u00f3n, el misterio de la Iglesia, la vida lit\u00fargica y sacramental, la experiencia mon\u00e1stica. Por esto, tambi\u00e9n con estas Iglesias orientales, a partir del Vaticano II ha prevalecido una actitud de di\u00e1logo. Hubo algunos exponentes de estas comunidades presentes en el concilio. El Papase encontr\u00f3 con algunos de los patriarcas orientales en Roma o durante los viajes de Pablo VI y de Juan Pablo II al extranjero. Citemos algunos ejemplos concretos del di\u00e1logo \u00abbilateral\u00bb entre la Iglesia cat\u00f3lica y algunas de estas Iglesias orientales. En 1973, Pablo VI y Shenuda III, patriarca copto de Alejandr\u00ed\u00ada, firmaron en Roma una declaraci\u00f3n com\u00fan, con una parte cristol\u00f3gica absolutamente correcta, aunque evitando la expresi\u00f3n calcedoniana \u00abuna persona en dos naturalezas\u00bb. En ella, entre otras cosas, se afirma: \u00abEn l\u00ed\u00adnea con nuestras tradiciones apost\u00f3licas transmitidas a nuestra Iglesia y conservadas en ellas, y en conformidad con los tres primeros concilios ecum\u00e9nicos, confesamos una \u00fanica fe en un solo Dios uno y trino y en la divinidad del \u00fanico Hijo encarnado de Dios, la segunda persona de la sant\u00ed\u00adsima Trinidad, la palabra de Dios, el fulgor de su gloria y la imagen manifiesta de su sustancia, que por nosotros se encarn\u00f3, asumiendo por s\u00ed\u00ad mismo un cuerpo real con un alma racional, y que comparte con nosotros nuestra humanidad, pero sin pecado. Confesamos que nuestro Se\u00f1or y Dios y salvador y rey de todos nosotros, Jesucristo, es Dios perfecto respecto a su divinidad, y hombre perfecto respecto a su humanidad\u00bb (EV 4,2500).<\/p>\n<p>El di\u00e1logo entre la Iglesia cat\u00f3lica y la Iglesia copta continu\u00f3 mediante una comisi\u00f3n mixta, cuya primera sesi\u00f3n plenaria (El Cairo, 26-30 de marzo de 1974) elabor\u00f3 una relaci\u00f3n conjunta relativa a la cristolog\u00ed\u00ada. En ella se precisan las respectivas f\u00f3rmulas cristol\u00f3gicas. As\u00ed\u00ad queda ilustrado el mantenimiento, incluso despu\u00e9s de Calcedonia, de la f\u00f3rmula ciriliana de la \u00ab\u00fanica naturaleza encarnada del Verbo de Dios\u00bb: \u00abCuando los ortodoxos (en este caso los coptos) profesan que la divinidad y la humanidad de nuestro Se\u00f1or est\u00e1n unidas en una naturaleza, toman la palabra `naturaleza&#8217; no como una pura y simple naturaleza, sino m\u00e1s bien como una naturaleza compuesta, en la que la divinidad y la humanidad est\u00e1n unidas inseparablemente y sin confusi\u00f3n\u00bb (EO 1,2225). La misma comisi\u00f3n mixta recomend\u00f3 un estudio ulterior de los concilios cristol\u00f3gicos, los sacramentos en su relaci\u00f3n con la Iglesia y con la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n, el reconocimiento de los santos y otras cuestiones pr\u00e1cticas relativas a la cooperaci\u00f3n entre las dos Iglesias (EO 1,2230-2242). El informe de la segunda sesi\u00f3n plenaria (El Cairo 27-31 de octubre de 1975), despu\u00e9s de reafirmar la propia tendencia a la unidad efectiva en la fe, en la vida sacramental y en la armon\u00ed\u00ada de las mutuas relaciones, destaca algunas divergencias eclesiol\u00f3gicas entre la Iglesia copta (Iglesia local como realidad constitutiva de la universalidad de la Iglesia; concilio ecum\u00e9nico como instancia suprema de la Iglesia universal) y la Iglesia cat\u00f3lica (Iglesia local, comunidad de los fieles reunida en torno al obispo; Iglesia particular, reuni\u00f3n de una serie de Iglesias locales; Iglesia universal, constituida por las Iglesias locales y en las Iglesias locales; ministerio de unidad universal al servicio de la comuni\u00f3n entre las Iglesias locales, ejercido por el obispo de Roma). El informe enumera a continuaci\u00f3n un conjunto de temas que necesitan una mayor profundizaci\u00f3n, entre ellos la estructura de la unidad de la Iglesia antes del 451, el papel espec\u00ed\u00adfico de Pedro y de sus sucesores, los dogmas marianos, los sacramentos (EO 1,2243-2260). Las reuniones de esta comisi\u00f3n mixta prosiguen con cierta regularidad (la \u00faltima, la sexta, estaba en programa para diciembre de 1989).<\/p>\n<p>En 1984 hubo una declaraci\u00f3n com\u00fan entre el papa Juan Pablo II y el patriarca de Antioqu\u00ed\u00ada Mar Zakka 1 Iwas. Estos di\u00e1logos oficiales van acompa\u00f1ados adem\u00e1s por di\u00e1logos locales y por encuentros no oficiales entre te\u00f3logos. En los Estados Unidos de Am\u00e9rica, por ejemplo, hay algunas declaraciones conjuntas de la Consulta Ortodoxa Oriental y la Cat\u00f3lica Romana sobre la finalidad, el m\u00e9todo y los temas del di\u00e1logo intereclesial (1982: cf EO 2,30803097) y sobre la eucarist\u00ed\u00ada (1983: EO 2,3098-3099).<\/p>\n<p>Del 18 al 25 de septiembre de 1988 se celebr\u00f3 en Viena el V Coloquio no oficial entre te\u00f3logos orientales y cat\u00f3licos que reafirmaron, entre otras cosas: la posibilidad de un cierto pluralismo en las f\u00f3rmulas cristol\u00f3gicas, la aceptaci\u00f3n de una plataforma de fe com\u00fan dada por los tres primeros concilios ecum\u00e9nicos, un estudio ulterior sobre la recepci\u00f3n de los otros concilios y sobre el primado del papa.<\/p>\n<p>BIBL.: EO = Enchiridion oecumenicum. Documenti del dialogo teologico interconfessionale: 1. Dialoghi internazionali 1931-1984; 2. Dialoghi locali, 1965-1987 (eds. S.J. Voicu y G. Ceretti), Bolonia 1986-1988 (ed. espa\u00f1ola, A. GONZ\u00ed\u0081LEZ MONTES, Documentos 1964-1984, Salamanca 1986; DE VRIES W., Der christliche Osten in Geschichte urul Gegenwart, W\u00fcrzburgo 1951; In, Rom und die Patriarchate des Ostens, Friburgo 1963; GREGORIOS P., LAZARETH W.H. y NISSIOTIS N.A., Does Chalcedon Divide or Unite? Towards Convergente in Orthodox Christology. Ginebra 1981; KOTTJE R. (ed.), Storia ecumenica della chiesa I \/ III, Brescia 1980-1981; S\u00ed\u0081NCHEZ VAQUERO J., Ecumenismo, Salamanca 1971 In, El oriente pr\u00f3ximo y la unidad cristiana, Flors, Barcelona 1962; SANTOS HERN\u00ed\u0081NDEZ A., Iglesias de Oriente. Puntos espec\u00ed\u00adficos de su teolog\u00ed\u00ada, Sal Terrae, Santander 1959; UQBIT T., Current Christological Positions of Ethiopian Orthodox Theologians, Roma 1973.<\/p>\n<p>A. Amato<\/p>\n<p>IX. Iglesia ortodoxa<br \/>\nI. UNA MIRADA HIST\u00ed\u201cRICA. Suele fijarse en 1054 la fecha del primer gran cisma entre Iglesia oriental e Iglesia occidental, que marca oficialmente la divisi\u00f3n entre Iglesia ortodoxa (que significa literalmente \u00abIglesia que mantiene la fe recta&#8217; e iglesia cat\u00f3lica romana (que significa literalmente \u00abIglesia universal\u00bb, que tiene como gu\u00ed\u00ada supremo al papa, obispo de Roma). Forman parte de la ortodoxia aquellas Iglesias orientales que reconocen los siete primeros concilios ecum\u00e9nicos (de Nicea I a Nicea II) y que tienen adem\u00e1s en com\u00fan el rito bizantino y el derecho can\u00f3nico, y no est\u00e1n en comuni\u00f3n con Roma. Aunque mantienen su independencia intr\u00ed\u00adnseca, las Iglesias ortodoxas consideran como su centro espiritual y su gu\u00ed\u00ada al patriarca de Constantinopla, el cual, por ejemplo, dirige la preparaci\u00f3n del gran s\u00ed\u00adnodo panortodoxo de inminente celebraci\u00f3n. Las Iglesias ortodoxas se distinguen en nueve patriarcados, que han ido surgiendo a lo largo de los siglos -de los m\u00e1s antiguos a los m\u00e1s recientes, como el de Rumania, que surgi\u00f3 en 1925-, y en varias Iglesias autoc\u00e9falas (\u00abaut\u00f3nomas&#8217;. Hasta el 1989 la Iglesia ortodoxa m\u00e1s grande que exist\u00ed\u00ada en el mundo libre era la de Grecia, con m\u00e1s de ocho millones de fieles. Con la apertura y la liberaci\u00f3n gorbachoviana de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y con el hundimiento de los reg\u00ed\u00admenes comunistas en los pa\u00ed\u00adses sat\u00e9lites de la URSS a finales de 1989, tambi\u00e9n las otras Iglesias ortodoxas -sobre todo el patriarcado de Mosc\u00fa, que surgi\u00f3 en 1589- parecen haber recobrado la libertad de culto, junto con sus fieles (m\u00e1s de 120 millones).<\/p>\n<p>A partir del cisma de 1054 -que es llamado por los occidentales \u00abcisma de Oriente\u00bb y por los orientales \u00abcisma de la Iglesia occidental\u00bb- la historia de las relaciones entre Roma y Constantinopla ha registrado no pocos acontecimientos traum\u00e1ticos, que a veces no han sido advertidos como tales en Occidente. Adem\u00e1s del cisma, fueron acontecimientos muy dolorosos para la ortodoxia las cruzadas (con la conquista de Jerusal\u00e9n en 1099 y de Constantinopla en 1204), los intentos de uni\u00f3n de los concilios de Lyon (1274) y de Florencia (1439), la conquista de Constantinopla por los turcos (1453) y el funesto per\u00ed\u00adodo posterior del poder turco. Este \u00faltimo acontecimiento, que concluy\u00f3 con la liberaci\u00f3n de Atenas en 1821 y de Sal\u00f3nica en 1912, supuso la pr\u00e1ctica imposibilidad de una expresi\u00f3n teol\u00f3gica y cultural libre de la ortodoxia, sobre todo griega. Esto contribuy\u00f3 a ahondar m\u00e1s todav\u00ed\u00ada el surco de la desconfianza y de la defensa contra la Iglesia cat\u00f3lica y, a partir de finales del siglo xvl, tambi\u00e9n contra el protestantismo.<\/p>\n<p>A ello hay que a\u00f1adir las diferencias que aparecieron ya en el primer milenio entre Oriente y Occidente: diversidad en los ritos lit\u00fargicos; en la estructura jer\u00e1rquica, con la formaci\u00f3n de los patriarcados; en la concepci\u00f3n de la Iglesia y de la comuni\u00f3n intereclesial. Despu\u00e9s del cisma se afirmaron otras divergencias: el contrastre entre la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica y el palamismo; el \u00e9nfasis casi absoluto de la antigua tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y conciliar (la \u00abpar\u00e1dosis&#8217;~; el rechazo de la infalibilidad papal y de su primac\u00ed\u00ada de jurisdicci\u00f3n universal; la oposici\u00f3n a los dogmas marianos m\u00e1s recientes (la Inmaculada y la Asunci\u00f3n); el significado que hay que dar a la ep\u00ed\u00adclesis en la liturgia eucar\u00ed\u00adstica; la perplejidad sobre la f\u00f3rmula de la absoluci\u00f3n sacramental utilizada en Occidente. Otro motivo de contraste y de incomprensi\u00f3n entre la Iglesia ortodoxa e Iglesia cat\u00f3lica se deriva de aquellas Iglesias que, unidas a Roma desde hac\u00ed\u00ada siglos, fueron condenadas a la extinci\u00f3n legal por los reg\u00ed\u00admenes comunistas del este europeo (p.ej., la Iglesia ucraniana en 1946, la rumana en 1948) y absorbidas a la fuerza por las Iglesias ortodoxas. Con el reciente hundimiento de estos reg\u00ed\u00admenes, los cat\u00f3licos est\u00e1n reivindicando ahora sus derechos sobre los edificios sagrados y sobre los bienes confiscados, pero ante todo sobre la libertad de culto y de pertenencia a la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>A pesar de este conjunto de divergencias y sinsabores, existe entre las dos Iglesias un patrimonio com\u00fan muy vasto, dada su esencial referencia a la Escritura y a los padres, su aceptaci\u00f3n de los dogmas fundamentales de la fe (Trinidad y encarnaci\u00f3n), su vida lit\u00fargica y espiritual, su admisi\u00f3n de los siete sacramentos, su experiencia mon\u00e1stica, su devoci\u00f3n mariana, su vida de apostolado, de misi\u00f3n y de santidad. El hecho de que estos elementos de base sean vividos e interpretados de forma propia y original en Oriente y en Occidente mediante una disciplina, una tradici\u00f3n jur\u00ed\u00addica y una teolog\u00ed\u00ada leg\u00ed\u00adtimamente diferentes entre s\u00ed\u00ad (cf UR 15-17) debe verse como un motivo de complementariedad y de armon\u00ed\u00ada, no de oposici\u00f3n y de contraste.<\/p>\n<p>2. EL DI\u00ed\u0081LOGO DE LA CARIDAD. Fue el patriarca Aten\u00e1goras de Constantinopla, en octubre de 1958, quien rompi\u00f3 el silencio secular oficial entre la Iglesia cat\u00f3lica y la ortodoxa, motivado adem\u00e1s por m\u00f3viles contingentes de supervivencia pol\u00ed\u00adtica (contrastes con el gobierno turco, clausura de la escuela teol\u00f3gica de Chalkis, supresi\u00f3n de algunas revistas del patriarcado, reducci\u00f3n de los ortodoxos de Estambul a su m\u00ed\u00adnimo hist\u00f3rico). En dos comunicados de prensa (7 y 10 de octubre de 1958) manifest\u00f3 su profunda tristeza por la enfermedad de P\u00ed\u00ado XII y tom\u00f3 luego parte \u00aben el gran dolor de la venerable Iglesia de Roma\u00bb por la muerte del papa. El mismo patriarca se felicitaba por la elecci\u00f3n de Juan XXIII y respond\u00ed\u00ada afirmativamente a la llamada a la unidad lanzada por el papa. Juan XXIII, por su parte, instituy\u00f3 el 5 de junio de 1960 el \u00abSecretariado para la unidad de los cristianos\u00bb (llamado desde 1989: \u00abConsejo pontificio para la promoci\u00f3n de la unidad de los cnstianos&#8217;~. Comienza as\u00ed\u00ad el di\u00e1logo de la caridad, caracterizado por gestos concretos de respeto, de estima y de apertura. Se\u00f1alamos algunos de estos hechos: el encuentro en Jerusal\u00e9n entre Aten\u00e1goras y Pablo VI (5-6 de enero de 1964); el decreto conciliar sobre el ecumenismo (21 de noviembre de 1964); la abrogaci\u00f3n simult\u00e1nea en Roma y en Constantinopla de las excomuniones de 1054 (7 de diciembre de 1965); la visita valiente de Pablo VI a Constantinopla (25-26 de julio de 1967) y la entrega al patriarca de la bula Anno ineunte (25 de julio de 196?), donde se desarrolla una \u00abteolog\u00ed\u00ada de las Iglesias hermanas\u00bb original, con el deseo de apertura de un di\u00e1logo teol\u00f3gico fraternal; la visita a Roma del patriarca Aten\u00e1goras (26-28 de octubre de 1967); la publicaci\u00f3n en 1971 del Libro de la caridad ( = T\u00f3mos ag\u00e1pis) con los testimonios de esta densa red de relaciones cordiales entre Roma y Constantinopla (traducido al ingl\u00e9s y puesto al d\u00ed\u00ada en 1987 por la Pauhst Press con el t\u00ed\u00adtulo: Towards the Healing of Schism); el extraordinario gesto de reconciliaci\u00f3n y de perd\u00f3n de Pablo VI, que en la ceremonia de conmemoraci\u00f3n del decenio de la abrogaci\u00f3n de la excomuni\u00f3n (1975) se arrodill\u00f3 de forma imprevista y bes\u00f3 el pie del metropolita Melit\u00f3n, representante del patriarca de Constantinopla Dimitrios I, que sucedi\u00f3 en 1972 a Aten\u00e1goras; el env\u00ed\u00ado de delegaciones, a partir de 1978, para las fiestas de los patronos de las dos Iglesias (el 29 de junio -fiesta de los santos ap\u00f3stoles Pedro y Pablo- y el 30 de noviembre -fiesta del ap\u00f3stol san Andr\u00e9s-); la visita del papa Juan Pablo II a Constantinopla (30 de noviembre de 1979) y su gran atenci\u00f3n al problema de la unidad de la Iglesia; las celebraciones centenarias de algunos concilios (Constantinopolitano I en el 381, Efeso en el 431, Niceno II en e1787) y del i l centenario de la muerte de san Metodio (6 de abril de 1985), que dio lugar a m\u00faltiples contactos entre cat\u00f3licos y ortodoxos en reuniones de estudio y de oraci\u00f3n; la participaci\u00f3n de observadores ortodoxos en el s\u00ed\u00adnodo extraordinario de obispos para el 20 aniversario de la clausura del Vaticano II (1985); la visita del patriarca Dimitrios I a Roma (3-7 de diciembre de 1987); la celebraci\u00f3n del milenio de la conversi\u00f3n y del bautismo de los rusos (6-16 de junio de 1988), con la participaci\u00f3n de una delegaci\u00f3n cat\u00f3lica invitada por el patriarca moscovita Pimen.<\/p>\n<p>3. EL DI\u00ed\u0081LOGO DE LA VERDAD. Este di\u00e1logo de la caridad, que contin\u00faa hoy con todas las Iglesias ortodoxas, va acompa\u00f1ado tambi\u00e9n de la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica en com\u00fan, para la comprensi\u00f3n y el arreglo de los problemas que los tiempos y los prejuicios han ido endureciendo m\u00e1s de lo debida. El 30 de noviembre de 1979, en el Fanar, Dimitrios I y Juan Pablo II firmaron una declaraci\u00f3n com\u00fan con la que anunciaban el comienzo del di\u00e1logo de la verdad entre las dos Iglesias hermanas. Se nombr\u00f3 adem\u00e1s una comisi\u00f3n mixta cat\u00f3lico-ortodoxa encargada de realizarlo. Este di\u00e1logo, todav\u00ed\u00ada en curso, representa la garant\u00ed\u00ada m\u00e1s s\u00f3lida de una marcha concreta hacia la unidad entre las Iglesias. La primera etapa de planteamiento tuvo lugar en Patmos y en Rodas del 29 de mayo al 4 de junio de 1980: se defini\u00f3 el procedimiento a seguir, se escogieron algunos temas de estudio para las reuniones plenarias. En la segunda reuni\u00f3n plenaria en Munich, del 30 de junio al 6 de julio de 1982, la comisi\u00f3n mixta aprob\u00f3 por unanimidad el texto sobre el \u00abmisterio de la Iglesia y de la eucarist\u00ed\u00ada a la luz del misterio de la sant\u00ed\u00adsima Trinidad\u00bb. Este documento, que no puede reducirse a ninguna escuela teol\u00f3gica particular, presenta un aut\u00e9ntico lenguaje de unidad, sobre todo con la acentuaci\u00f3n de la eclesiolog\u00ed\u00ada eucar\u00ed\u00adstica. La tercera reuni\u00f3n plenaria en Creta, del 30 de mayo al 8 de junio de 1984, tuvo como tema: \u00abFe y comuni\u00f3n en los sacramentos. Los sacramentos de iniciaci\u00f3n y su relaci\u00f3n con la unidad de la Iglesia\u00bb. No se aprob\u00f3 ning\u00fan texto com\u00fan. Del 29 de mayo al 7 de junio de 1986 se celebr\u00f3 en Bar\u00c2\u00a1 el cuarto encuentro, sobre el tema: \u00abEl sacramento del orden en la estructura sacramental de la Iglesia. En particular, la importancia de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica para la santificaci\u00f3n y la unidad del pueblo de Dios\u00bb. Tampoco aqu\u00ed\u00ad se aprob\u00f3 ning\u00fan texto final, e incluso se retiraron algunos representantes. Sin embargo, un a\u00f1o despu\u00e9s (16 de junio de 1987), tambi\u00e9n en Bar\u00c2\u00a1, se aprob\u00f3 por unanimidad el segundo documento de la comisi\u00f3n mixta internacional sobre el tema: \u00abFe, sacramentos y unidad de la Iglesia\u00bb. En la parte final de este documento, relativa a los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, se afirma la unidad teol\u00f3gica y lit\u00fargica del bautismo, de la confirmaci\u00f3n y de la eucarist\u00ed\u00ada. Se destacan tambi\u00e9n las diferentes modalidades de administraci\u00f3n de estos sacramentos: el bautismo por inmersi\u00f3n en Oriente, por infusi\u00f3n en Occidente; la colaci\u00f3n simult\u00e1nea de los tres sacramentos en Oriente (incluso para los ni\u00f1os), la (primera) comuni\u00f3n dada a los ni\u00f1os antes de la confirmaci\u00f3n en Occidente. Del 19 al 27 de junio de 1988 la comisi\u00f3n mixta internacional celebr\u00f3 su quinta reuni\u00f3n plenaria en Valamo (Finlandia), sobre el tema: \u00abEl sacramento del orden en la estructura sacramental de la Iglesia\u00bb. El documento, aprobado por unanimidad, despu\u00e9s de haber puesto de relieve la relaci\u00f3n entre Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, destaca la funci\u00f3n del sacerdocio en la econom\u00ed\u00ada divina de salvaci\u00f3n, expone el ministerio del obispo, del sacerdote y del di\u00e1cono, y subraya, finalmente, la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica como presencia incesante en la historia del mismo y \u00fanico ministerio de Cristo y de los ap\u00f3stoles. El documento se\u00f1ala adem\u00e1s que en el curso de los siglos la Iglesia ha conocido en Oriente y en Occidente diversas formas de vivir la comuni\u00f3n entre los obispos, dando vida a \u00f3rdenes especiales de preeminencia entre las Iglesias, entre las que destacan las cinco sedes principales de Roma, Constantinopla, Alejandr\u00ed\u00ada, Antioqu\u00ed\u00ada y Jerusal\u00e9n. El documento concluye subrayando la funci\u00f3n de los concilios ecum\u00e9nicos, como expresi\u00f3n de la comuni\u00f3n entre las Iglesias locales, dentro de la cual es urgente afrontar el problema de la primac\u00ed\u00ada del obispo de Roma, \u00abque constituye una divergencia grave entre nosotros y que se discutir\u00e1 ulteriormente\u00bb (n. 55). El tema de la sexta reuni\u00f3n, en Munich en 1990, fue: \u00abLas consecuencias eclesiol\u00f3gicas y can\u00f3nicas de la estructura sacramental de la Iglesia. La conciliaridad y la autoridad en la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>4. LAS DIFICULTADES DEL DI\u00ed\u0081LOGo. La rapidez de. este proceso de acercamiento mutuo no pod\u00ed\u00ada menos de provocar incomprensiones y a veces el rechazo, sobre todo en comunidades habituadas a un cierto inmovilismo secular. No hay que olvidar que, mientras que la Iglesia cat\u00f3lica vivi\u00f3 con sustancial optimismo la aceleraci\u00f3n hist\u00f3rica que le imprimi\u00f3 el Vaticano II, las otras Iglesias cristianas -si exceptuamos el patriarcado de Constantinopla- no mantuvieron el mismo paso. Pero hay que reconocer que en estos \u00faltimos treinta a\u00f1os las dos Iglesias hermanas han recuperado siglos de distancia espiritual. Es un dato de hecho adquirido que hoy las dos se encuentran, se comprenden, se aceptan, dialogan con sinceridad y verdad. Por estas caracter\u00ed\u00adsticas de libertad fraternal, el di\u00e1logo teol\u00f3gico no ha resultado nada f\u00e1cil. M\u00e1s a\u00fan, se presenta en concreto dif\u00ed\u00adcil y exigente. Ya se han registrado frenos, interrupciones y momentos de gran tensi\u00f3n. A pesar de la importancia y de la novedad del acontecimiento -hac\u00ed\u00ada siglos que no hab\u00ed\u00ada textos teol\u00f3gicos oficiales aprobados por las dos Iglesias-, el impacto en el mundo ecles\u00c2\u00a1al no ha s\u00c2\u00a1do muy espectacular. La falta de un documento final en las sesiones plenarias de Creta y de Bar\u00c2\u00a1, respectivamente en 1984 y en 1986, provoc\u00f3 no pocas desilusiones.<\/p>\n<p>Como ejemplo de las dificultades presentes en el contencioso teol\u00f3gico del di\u00e1logo, nos referiremos a las que surgieron en Creta y que hoy se han superado felizmente. Se admit\u00ed\u00ada que las dos Iglesias, la ortodoxa y la cat\u00f3lica, aunque profesaban la misma fe, pod\u00ed\u00adan tener s\u00ed\u00admbolos bautismales diversos. Tambi\u00e9n se estaba de acuerdo en el hecho de que la Iglesia oriental usaba en su ritual bautismal el s\u00ed\u00admbolo n\u00c2\u00a1ceno-constant\u00c2\u00a1nopol\u00c2\u00a1tano, mientras que la occidental usaba el antiguo texto del s\u00ed\u00admbolo llamado \u00abde los ap\u00f3stoles\u00bb. S\u00c2\u00a1n embargo, por parte de los ortodoxos se planteaba una pregunta no formulada expresamente: la Iglesia latina, al a\u00f1adir el \u00abF\u00c2\u00a1lioque\u00bb al s\u00ed\u00admbolo n\u00c2\u00a1ceno-constant\u00c2\u00a1nopol\u00c2\u00a1tano (a comienzos del siglo xI), realiz\u00f3 un acto un\u00c2\u00a1lateral. \u00bfNo ser\u00ed\u00ada entonces oportuno quitar este a\u00f1adido del credo? Adem\u00e1s, m\u00c2\u00a1entras que en Oriente los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana van un\u00c2\u00a1dos lit\u00fargicamente seg\u00fan la sucesi\u00f3n bautismo-confirmaci\u00f3n-eucarist\u00ed\u00ada, en Occidente se administran por separado y, por motivos pastorales, tras el bautismo v\u00c2\u00a1ene (primero) la comuni\u00f3n y luego la confirmaci\u00f3n. Hay que responder enseguida que, a pesar de las objeciones ortodoxas sobre el uso de dar la comuni\u00f3n a los bautizados antes de su confirmaci\u00f3n, se puede demostrar hist\u00f3ricamente que la praxis lit\u00fargica cat\u00f3lica es antiqu\u00ed\u00adsima (se remonta incluso a la formaci\u00f3n de los grandes sacramentarios) y perfectamente justificable. Tambi\u00e9n en este caso los ortodoxos defend\u00ed\u00adan el uso griego, seg\u00fan el cual todos los sacerdotes (y no s\u00f3lo los obispos) pueden conferir la confirmaci\u00f3n (el sacro myron) inmediatamente despu\u00e9s del bautismo. De todas formas, por parte cat\u00f3lica, el decreto conciliar sobre las Iglesias orientales cat\u00f3licas (1964) hab\u00ed\u00ada admitido ya oficialmente la legitimidad de esta facultad por parte de los sacerdotes (OE 13-14). Estas y otras dificultades se han superado ya por fortuna, reconociendo la presencia de usos lit\u00fargicos y pastorales diversos en Oriente y Occidente y aceptando el hecho de que la misma fe, basada en la Escritura y en los santos padres, puede tener formulaciones y pr\u00e1cticas diversas.<\/p>\n<p>Con este mismo esp\u00ed\u00adritu de comprensi\u00f3n y de aceptaci\u00f3n se enfrentan los otros temas del contencioso teol\u00f3gico entre las dos Iglesias, como, por ejemplo, el problema de los cat\u00f3licos orientales en comuni\u00f3n con Roma, los modelos de la unidad de la Iglesia en la futura comuni\u00f3n plena, la interpretaci\u00f3n del primado del papa y de su infalibilidad. A prop\u00f3sito, por ejemplo, de las relaciones entre ortodoxos y cat\u00f3licos de rito oriental en Ucrania occidental, en un encuentro que se celebr\u00f3 en Mosc\u00fa del 12 al 17 de enero de 1990 entre los representantes del patriarcado de Mosc\u00fa, la sede que absorbi\u00f3 a la fuerza a los ucranianos cat\u00f3licos en 1946, y una delegaci\u00f3n de la Santa Sede dirigida por el cardenal J. Willebrands, presidente em\u00e9rito del Consejo Pontificio para la promoci\u00f3n de la unidad de los cristianos, y por monse\u00f1or E.I. Cassidy, presidente del mismo Consejo, se lleg\u00f3 a las siguientes recomendaciones como primer paso para regular toda la cuesti\u00f3n: la normalizaci\u00f3n debe garantizar a los cat\u00f3licos de rito oriental el derecho a la actividad religiosa reconocido por la constituci\u00f3n y la legislaci\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y, consiguientemente, debe proporcionarle los edificios destinados al culto.<\/p>\n<p>Las dificultades que plantea el di\u00e1logo de la verdad no pueden resolverse m\u00e1s que dentro del di\u00e1logo de la caridad, con la promoci\u00f3n por parte de ambas Iglesias de gestos de absoluta gratuidad, como el del encuentro en Jerusal\u00e9n entre Aten\u00e1goras y Pablo VI, los dos grandes profetas del ecumenismo. Recordemos el icono bizantino de un monje pintor del monte Athos regalado por Aten\u00e1goras a Pablo VI en recuerdo de este encuentro hist\u00f3rico celebrado el 5 de enero de 1964. Representa el abrazo fraternal entre san Pedro y san Andr\u00e9s. Baj\u00f3 la mirada del Cristo Pantocr\u00e1tor, que abre los brazos para atraer a todos hacia s\u00ed\u00ad (Jn 12,32), est\u00e1 la frase \u00abLos santos hermanos ap\u00f3stoles\u00bb. A la izquierda de -Pedro est\u00e1 el s\u00ed\u00admbolo de la cruz invertida, en la que fue martirizado el ap\u00f3stol Pedro, \u00abel corifeo\u00bb. Y a la derecha est\u00e1 la cruz llamada de san Andr\u00e9s, con la inscripci\u00f3n \u00abAndr\u00e9s el primer llamado\u00bb (el \u00abprotoklito\u00bb: cf Jn 1,31). La intenci\u00f3n teol\u00f3gica del icono es evidente: las Iglesias hermanas se abrazan en sus obispos. La mirada de los dos ap\u00f3stoles a los fieles es una invitaci\u00f3n a hacer lo mismo.<\/p>\n<p>BIBL.: ALAMEDA J., Las Iglesias de Oriente y su uni\u00f3n con Roma, Eset, Vitoria 1960; AMATO A., Der \u00f3kumenfsche Dialog zwischen Katholiken und Orthodoxen. Situation und entstandene Probleme, en \u00abForum Katholische Theologie\u00bb 2 (1986) 184-200; CONGAR Y.-M., Cristianos ortodoxos, Estela Barcelona 1962 ID Diversit\u00e9 et communion Par\u00ed\u00ads 1982, 126-141; DE VRIES W., Ortodossia e cattolicesimo, Brescia 1983; DESsEAUx J.-E., Lessico ecumenico, Brescia 1986; ESTERAN ROMERO A.A., Juan XXIII y las iglesias ortodoxas, Atenas, Madrid 1961; S\u00ed\u0081NCHEZ VAQUERO J., Ecumenismo, Salamanca 1971; SANTOS HERN\u00ed\u0081NDEZ q., Iglesias de Oriente. Puntos espec\u00ed\u00adficos de su teolog\u00ed\u00ada, Sal Terrae, Santander 1959; SCHULTZE B., Teolog\u00ed\u00ada latina y teolog\u00ed\u00ada oriental, Herder, Barcelona 1961; STORMON E.J. (ed.), Towards the Healing ojSchism. The Sees of Rome and Constantinople: PubHc Statements and Correspondance between the Holy and the Ecumenical Patriarchate 1958-1984, Mahwah 1987. Tienen especial utilidad las cr\u00f3nicas del bolet\u00ed\u00adn del Consejo Pontificio para la promoci\u00f3n de la unidad de los cristianos, titulado \u00abService d&#8217;information\u00bb, y los estudios y documentos publicados por las revistas de \u00ed\u00adndole ecum\u00e9nica (se\u00f1alamos, entre otras, \u00abIr\u00e9nikon, Pastoral ecum\u00e9nica&#8217;).<\/p>\n<p>A. Amato<\/p>\n<p>IGLESIA PRIMITIVA<\/p>\n<p>En los evangelios la expresi\u00f3n \u00abIglesia\u00bb aparece s\u00f3lo dos veces. En Mt 18,17 se refiere a la comunidad local al tratar la correcci\u00f3n fraterna, y en Mt 16,18 recuerda que Jes\u00fas habl\u00f3 de la Iglesia en sentido amplio: \u00abSobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia\u00bb. Adem\u00e1s de esta breve referencia terminol\u00f3gica al ministerio de Jes\u00fas, en la segunda mitad del siglo i, Ef 5,25 afirma: \u00abComo Cristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 por ella\u00bb. De esta forma germinal se expresa la relaci\u00f3n fundadora, originaria y fundante entre l Jes\u00fas y la Iglesia. Ya en los inicios del siglo ii, Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada habla claramente de la \u00abIglesia cat\u00f3lica\u00bb (Smyrn. 8,2), y a finales de este mismo siglo, Celso distingue entre los convent\u00ed\u00adculos gn\u00f3sticos y \u00abla gran Iglesia\u00bb (Or\u00ed\u00adgenes, Contra Celsum, 5,59).<\/p>\n<p>Toda esta etapa configura la Iglesia primitiva en su \u00e9poca apost\u00f3lica, cuyo testimonio inspirado es el NT (I Inspiraci\u00f3n), redactado en su mayor parte en el siglo I d.C. En la primera mitad del siglo II d.C. a\u00fan se incorpora al canon del NT alguna obra -posiblemente 2Pe-, en coincidencia con los primeros escritos no can\u00f3nicos. Algunos de estos \u00faltimos, como los \u00abPadres apost\u00f3licos\u00bb y los ! \u00abApologetas\u00bb, sirven de gu\u00ed\u00ada teol\u00f3gica para la Iglesia en los siglos sucesivos. Otros son clasificados como \/ap\u00f3crifos e incluyen una teolog\u00ed\u00ada que es calificada como her\u00e9tica, ya sea gn\u00f3stica o doceta. Ya en la segunda mitad del siglo II d.C, se cierra definitivamente tal \u00e9poca, y con l Ireneo (obispo de Lyon en el 177 d.C.), empieza el per\u00ed\u00adodo propiamente patr\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>La importancia de la \u00e9poca apost\u00f3lica de la Iglesi\u00e1 primitiva para la teolog\u00ed\u00ada fundamental es decisiva por raz\u00f3n del .car\u00e1cter definitivo de la revelaci\u00f3n plena que es Jesucristo, puesto que despu\u00e9s de 1 \u00abno hay que esperar ya ninguna revcaci\u00f3n p\u00fablica antes de la gloriosa manifestaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (DV 4; cf 2.17): de ah\u00ed\u00ad que esta \u00e9poca sea norma y fundamento para la Iglesia de todos los tiempos (cf K. Rahner). Precisamente el concilio Vaticano II al hablar de esta \u00e9poca engloba a \u00ablos ap\u00f3stoles\u00bb y a los llamados \u00abvarones apost\u00f3licos\u00bb (DV 7 y 18), y as\u00ed\u00ad reafirma el origen apost\u00f3lico de los evangelios, cuyo proceso de formaci\u00f3n triple -Jes\u00fas\/ap\u00f3stoles\/evangelistas-posibilita la recta comprensi\u00f3n de su car\u00e1cter hist\u00f3rico (cf DV 19). Este origen apost\u00f3lico tambi\u00e9n es propio de los restantes escritos del NT (cf DV 20). De esta forma e1 Vaticano IIrecoge la tesis del decreto Lamentabili,que sustentaba que con los ap\u00f3stoles se cerr\u00f3 la revelaci\u00f3n (c\u00e2\u201a\u00ac DS 3421). Ya desde un punto de vista m\u00e1s sociol\u00f3gico-hist\u00f3rico, esta \u00e9poca apost\u00f3lica puede dividirse en tres per\u00ed\u00adodos, que coinciden aproximadamente con tres generaciones (cf R.E. Brown): el per\u00ed\u00adodo apost\u00f3lico (ca. 30-65), el per\u00ed\u00adodo subapost\u00f3lico (ca. 66-100) y el per\u00ed\u00adodo posapost\u00f3lico (ca. 100-150).<\/p>\n<p>I. EL PER\u00ed\u008dODO APOST\u00ed\u201cLICO: CA. 30-65 D.C. 1) La comunidad y su vida. Aunque inicialmente Jes\u00fas no tuviese un inter\u00e9s expl\u00ed\u00adcito en crear una sociedad formalmente distinta, a pesar de que exist\u00ed\u00ada en su predicaci\u00f3n y vida una clara \u00abeclesiolog\u00ed\u00ada impl\u00ed\u00adcita\u00bb y procesual (cf CTI de 1986, n. 3,2; t Jes\u00fas y la Iglesia), muy pronto los cristianos se convirtieron en una comunidad reconocida, en la cual el bautismo ten\u00ed\u00ada la funci\u00f3n de designar los seguidores de Jes\u00fas. El amplio uso de la expresi\u00f3n koinonia, comunidad\/ comuni\u00f3n, en el NT -13 veces en la literatura paulinamanifiesta la forma de vida de estos bautizados, y quiz\u00e1 sea reflejo del nombre esenio de Qumr\u00e1n dado a su comunidad, yahad: \u00abla \u00fanica\u00bb, \u00abla com\u00fan-unidad\u00bb (1QS 1:1.16; 5:1.2. 16&#8230;). Otras designaciones son los \u00abdisc\u00ed\u00adpulos\u00bb (27 veces en He), los \u00absantos\u00bb (tres en He 9 y 26,10), el \u00abcamino\u00bb (seis en He, que recuerda tambi\u00e9n Qumr\u00e1n 1QS 8:12-14), los \u00abcristianos\u00bb (He 11,26) y la \u00ab.`Iglesia\u00bb (28 en He). Ser\u00e1 esta \u00faltima la expresi\u00f3n progresivamente prevalente, y se usar\u00e1 tanto para significar las comunidades locales (He 15,45; 16,5) como para -un \u00e1mbito m\u00e1s amplio (He 5,11; 9,31). En su trasfondo puede verse una referencia al momento en que Israel se convirti\u00f3 en pueblo de Dios a trav\u00e9s de la alianza, y que en Dt 23,1-9 es calcado como qahai, -asamblea-, expresi\u00f3n que los- LXX traducen por ekklesia -Iglesia-. Otro signo claro de la continuidad con Israel viene dado por la expresi\u00f3n \u00ablos doce\u00bb, referida a las doce tribus de Israel como expresi\u00f3n-s\u00ed\u00adntesis de todo el pueblo y que est\u00e1 tambi\u00e9n presente en Qumr\u00e1n (cf el \u00abConsejo de los doce hombres\u00bb: IQS 8,1).<\/p>\n<p>El modelo de vida de esta \u00abcomunidad\u00bb cristiana est\u00e1 bien descrito en He 2,42, y refleja un claro trasfondo judeo-cristiano en sus cuatro aspectos. Por un lado, la oraci\u00f3n: los evangelios se refieren primariamente a la oraci\u00f3n jud\u00ed\u00ada Shema (cf Mc 12,29); a su vez, los himnos cristianos primitivos, tales como el Magn\u00ed\u00adficat y el Benedictus (Le 1,46-55.68-79), son un mosaico de referencias del AT y manifiestan grandes similitudes con los himnos de Qumr\u00e1n; los mismos himnos cristol\u00f3gicos primitivos tienen amplias citas jud\u00ed\u00adas (Flp 2,5-11; Col 1,15-20; Jn 1,1-18), y en la oraci\u00f3n del Se\u00f1or resuena claramente la oraci\u00f3n jud\u00ed\u00ada (Lc 11,2-4; Mt 6,9-13). Por otro lado, se celebra la fracci\u00f3n del pan: en He se habla de la asistencia al templo para orar; as\u00ed\u00ad Pedro y Juan (2,46; 3,1; 5,12.21). Esto muestra c\u00f3mo en los primeros pasos de los judeo-cristianos se manten\u00ed\u00adan sus pr\u00e1cticas jud\u00ed\u00adas. La \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb se impuso adem\u00e1s como actualizaci\u00f3n de la fiesta pascual jud\u00ed\u00ada en clave eucar\u00ed\u00adstica. Tambi\u00e9n el modelo jud\u00ed\u00ado afect\u00f3 el tiempo de tal celebraci\u00f3n. En efecto, a la ca\u00ed\u00adda de la tarde del s\u00e1bado ya era permitido reunirse a los judeo-cristianos, que as\u00ed\u00ad celebraban juntos la eucarist\u00ed\u00ada cristiana en espera del \u00abprimer d\u00ed\u00ada de la semana\u00bb, conocido ya desde finales del siglo I d.C. como \u00abel d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or\u00bb (Ev. Pedro 9,35; 12,50; Didaj\u00e9 14,1).<\/p>\n<p>El tercer aspecto es la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles: a partir de la ley, los profetas y los otros escritos, \u00ablos ap\u00f3stoles y los varones apost\u00f3licos\u00bb completaron esta Sagrada Escritura enraizados en la ense\u00f1anza de Jes\u00fas y progresivamente redactaron una segunda parte con el t\u00ed\u00adtulo de Nuevo Testamento, que se complet\u00f3 definitivamente durante el siglo II. A su vez se produjo un proceso similar en el juda\u00ed\u00adsmo a trav\u00e9s de la \u00abMisn\u00e1\u00bb, una segunda ense\u00f1anza a trav\u00e9s de las Escrituras, publicada a finales del mismo siglo, base de todo el desarrollo posterior del juda\u00ed\u00adsmo.<\/p>\n<p>Finalmente, el cuarto aspecto es la comunidad de bienes: era la puesta en com\u00fan de los bienes atestiguada en He 2,44s; 4,32-37; 5,1-6. Aunque puedan encontrarse elementos de \u00abidealizaci\u00f3n\u00bb en esta descripci\u00f3n lucana, la perspectiva encaja con la tradici\u00f3n de Qumr\u00e1n, que ve en esto un signo escatol\u00f3gico (1QS 1:11-15). A su vez, Pablo parece confirmar esta situaci\u00f3n al hablar de la colecta a favor de los pobres de Jerusal\u00e9n (Rom 15,26; G\u00e1l 2,10; 1 Cor 16,1-3). Por otro lado, tal forma de proceder es vista como caracter\u00ed\u00adstica de la \u00e9tica cristiana, que condena la riqueza y ensalza la pobreza (Lc 1,53; 6,24; Mc 10,23; 2Cor 8,9; Sant 5,1), y es requisito para los ministros el que sean buenos administradores (1Pe 5,2; 1Tim 3,4s).<\/p>\n<p>2) Diversidades en la comunidad. Progresivamente, la comunidad primitiva se encontr\u00f3 con un nuevo y decisivo desaf\u00ed\u00ado: la entrada de gentiles, que suscit\u00f3 un vivo debate entre tres principales portavoces: Pedro, Santiago y Pablo. Hacia la mitad del siglo I d.C. se produjeron unas actitudes diferentes entre la comunidad cristiana, que reflejan diferencias teol\u00f3gicas atestiguadas en el NT y que dieron varios grupos de cristianismo judeo-gentil: el primer grupo insist\u00ed\u00ada en la plena observancia de la ley mosaica, incluida la circuncisi\u00f3n (He 11,2; 15,2; G\u00e1l2,4; Flp 1,15-17&#8230;). El segundo grupo manten\u00ed\u00ada la importancia de la observancia de algunas pr\u00e1cticas del juda\u00ed\u00adsmo, pero sin la circuncisi\u00f3n (He 15; G\u00e1l 2; Pedro y Santiago&#8230;). El tercer grupo, en cambio, negaba la necesidad de pr\u00e1cticas jud\u00ed\u00adas, especialmente en las comidas (He 15,20-39; G\u00e1l 2,11-14; 1Cor 8; Pablo). Finalmente, el cuarto grupo no daba importancia al culto y a las fiestas jud\u00ed\u00adas, y se opon\u00ed\u00ada claramente al templo, como refleja el discurso de Esteban (He 7,47-51) y, con m\u00e1s radicalidad, la carta a los Hebreos (8,13) y algunos textos jo\u00e1nicos (Jn 8,44; 15,25; Ap 3,9).<\/p>\n<p>Este dibujo de la comunidad primitiva en el per\u00ed\u00adodo apost\u00f3lico hasta el a\u00f1o 65 d.C. es fuertemente apost\u00f3lico, ya que los evangelios, Hechos y Pablo indican la importancia de los ap\u00f3stoles como grupo o como individuos en este per\u00ed\u00adodo formativo. De ah\u00ed\u00ad las observaciones ya presentes en el documento cristiano m\u00e1s antiguo, como es la 1Tes, que pide respeto \u00aba los que os presiden en el Se\u00f1or\u00bb (5,12), y a su vez en escritos posteriores se subraya la diversidad de funciones en las primitivas Iglesias paulinas (Flp 1,2: \u00ablos inspectores\/obispos y di\u00e1conos\u00bb; 1Cor 12: los numerosos carismas).<\/p>\n<p>II. EL PER\u00ed\u008dODO SUBAPOST\u00ed\u201cLICO (\u00daLTIMO TERCIO DEL SIGLO I) Y POSAPOST\u00ed\u201cLICO (INICIOS DEL SIGLO II). 1) La gran transici\u00f3n. A partir del a\u00f1o 66 d.C. las tres figuras m\u00e1s conocidas de la Iglesia primitiva (Santiago, Pedro y Pablo) ya han muerto como m\u00e1rtires. En este \u00faltimo tercio del siglo 1, m\u00e1s que conocer nuevos nombres de \u00abvarones apost\u00f3licos\u00bb, \u00e9stos se cubren bajo el manto de los ap\u00f3stoles ya desaparecidos: de ah\u00ed\u00ad la nomenclatura de per\u00ed\u00adodo \u00absubapost\u00f3lico\u00bb (cf R.E. Brown). As\u00ed\u00ad, Col, Ef y las cartas pastorales hablan en nombre de Pablo. El evangelio m\u00e1s antiguo, Mc, asume el nombre de un compa\u00f1ero de Pedro y Pablo. Mt se atribuye a uno de los doce, y Lc, al compa\u00f1ero de Pablo. El cuarto evangelio se refiere a la tradici\u00f3n del disc\u00ed\u00adpulo amado. Las cartas de Sant, Pe y Jds son ejemplos de una trayectoria subapost\u00f3lica. En definitiva, el testimonio cristiano del per\u00ed\u00adodo subapost\u00f3lico se convierte en menos misionero y m\u00f3vil, y m\u00e1s pastoral y estable para consolidar las iglesias constituidas en el per\u00ed\u00adodo apost\u00f3lico anterior (entre los a\u00f1os 30 y 60 d.C.).<\/p>\n<p>Otra transici\u00f3n interna fue el progresivo dominio de los gentiles. De hecho, la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n comport\u00f3 que la Iglesia de Jerusal\u00e9n no perpetuase su funci\u00f3n preeminente como antes del a\u00f1o 65 d.C. (cf G\u00e1l 1-2, y la colecta paulina). Si He 15,23 describ\u00ed\u00ada la Jerusal\u00e9n del a\u00f1o 50 d. C. como interlocutora de los cristianos de Antioqu\u00ed\u00ada, Siria y Cilicia -y quiz\u00e1 tambi\u00e9n de los de Espa\u00f1a, de acuerdo con la voluntad de Pablo de visitarla (Rom 15,24.28) y del testimonio de tal realizaci\u00f3n (1 Clem. 5,7; Frag. Muratori, hacia el 180 d.C.)- al final del siglo 1 d.C. la Iglesia de Roma habla a los cristianos del norte de Asia Menor y de Corinto (1 Pe 1,1; 1 Clem.) y es calificada como \u00abpreeminente en la caridad\u00bb (IGN., Rom.). As\u00ed\u00ad, mientras que a finales del 50 d.C. Pablo confiaba a\u00fan en la plena incorporaci\u00f3n de Israel (Rom 11,1116: \u00abmi linaje&#8217;, en este per\u00ed\u00adodo subapost\u00f3lico, He nos transmite las \u00faltimas palabras de Pablo sobre este pueblo que no ha querido entender y que por esto la salvaci\u00f3n ha sido enviada a los gentiles que la acoger\u00e1n (28,25-28). A pesar de la afirmaci\u00f3n de la ruptura del muro de hostilidad que les separaba (Ef 2,13-16), se acrecienta una dura pol\u00e9mica contra \u00abla sinagoga de Sat\u00e1n\u00bb (Ap 2 9; 3,9) y contra el templo (He 7,47-51; Heb 8.13; Jn 8,44; 15,25).<\/p>\n<p>Esta transici\u00f3n va ligada tambi\u00e9n a la del juda\u00ed\u00adsmo. La revuelta jud\u00ed\u00ada del 66\/70 d.C. no tuvo un soporte uniforme dentro del juda\u00ed\u00adsmo, especialmente entre el sector m\u00e1s selecto de los fariseos, que se convirtieron entonces en los m\u00e1s dominantes. Progresivamente los judeo-cristianos fueron considerados como secta y excluidos de la sinagoga (la airesis -secta- de He 28,22; cf H. Cazelles). La comunidad de Jn atestigua este proceso al recordar que quien confesaba a Jes\u00fas era expulsado de la sinagoga (9,22.34;12,42) y aun ejecutado (16,2), en el sentido de que sin la protecci\u00f3n de la sinagoga los cristianos eran vistos como ateos seg\u00fan confirma en el a\u00f1o 112 d.C. Plinio el Joven, gobernador de Bitinia.<\/p>\n<p>Progresivamente, pues, el cristianismo apareci\u00f3 como una nueva religi\u00f3n al crecer los procedentes de los gentiles y al ser excluidos sus seguidores de las sinagogas. Los antiguos privilegios de Israel seg\u00fan el AT: \u00abun pueblo escogido, un sacerdocio real y una naci\u00f3n santa\u00bb (Ex 19 5s; Ez 43,20s) se convierten en calificativos propios de los cristianos (cf 1Pe 2,9s.). Como ejemplo de radicalizaci\u00f3n de esta postura se encuentra Marci\u00f3n a mitad del siglo H d.C., que prescinde del AT, extremo no aceptado por la gran Iglesia. Can todo, tambi\u00e9n quedaron judeocristianos en este per\u00ed\u00adodo. En efecto, parece que los que rehusaron la revuelta cruzaron el Jord\u00e1n hacia la zona de la ciudad de Pella (cf EUSEBIO, Hist. Ecle. 111, 5.3), y as\u00ed\u00ad pudieron preservar un vibrante testimonio del judeo-cristianismo. Dentro de este per\u00ed\u00adodo, entre los a\u00f1os 65\/95 d.C., el evangelio de Mt se mueve entre la misi\u00f3n \u00aba las ovejas de la casa de Israel\u00bb (10,6) hasta la que llega a todas las naciones (28,19). Pablo va contra la imposici\u00f3n de la ley, \u00abya que el hombre es justificado por la fe y no por las obras\u00bb (ltom 3,28). Santiago en cambio dice: \u00abpor las obras es justificado el hombre y no por la fe sola\u00bb (2,24). Ser\u00e1 Pedro quien se presenta como amigo de ambos (2Pe 3,15s; Clem.); y aunque es criticado tambi\u00e9n por ellos (G\u00e1l 2,11-14), emerge como la imagen de figurapuente en esta Iglesia apost\u00f3lica (l Ministerio petrino).<\/p>\n<p>2) La vertebraci\u00f3n de la eclesiologia tard\u00ed\u00ada del NT. La desaparici\u00f3n de los grandes ap\u00f3stoles, la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n y la creciente separaci\u00f3n del juda\u00ed\u00adsmo produjo varias reacciones en los cristianos del per\u00ed\u00adodo sub y posapost\u00f3lico que configuraron los elementos base de la eclesiolog\u00ed\u00ada naciente en una instituci\u00f3n eclesial ya regularizada, que se dibuja en tres etapas en la misma literatura paulina (cf M.Y. Mac Donald). Este proceso es calificado frecuentemente de forma negativa, y no sin poca precisi\u00f3n, como l \u00abprotocatolicismo\u00bb. Mejor ser\u00ed\u00ada reconocer que cada religi\u00f3n necesita una tradici\u00f3n y una institucionalizaci\u00f3n reguladora para poder transmitirse (cf N. Brox). As\u00ed\u00ad, las primeras y grandes cartas de Pablo manifiestan los comienzos de esta institucionalizaci\u00f3n que construye la comunidad: es un momento en el que prevalece una cierta autoridad carism\u00e1tica -que la persona misma de Pablo visibiliza-, aunque bien enraizada en su origen divino y apost\u00f3lico. En la segunda etapa, tipificada por Col y Ef, se percibe la institucionalizaci\u00f3n, que progresivamente estabiliza la comunidad: la ausencia del ap\u00f3stol conlleva un establecimiento de una cierta autoridad y vertebraci\u00f3n seg\u00fan el modelo familiar en las Iglesias y la acentuaci\u00f3n de la unidad en la Iglesia dentro de la diversidad en el texto paradigm\u00e1tico de Ef 4,46: Un solo Se\u00f1or, una sola fe, un solo bautismo, una sola esperanza, un solo cuerpo un solo Esp\u00ed\u00adritu, un solo Dios y Padre\u00bb (cf PONT. CoM. BIBLICA, Unidad y diversidad en la Iglesia de 1988). Finalmente, las cartas pastorales muestran la institucionalizaci\u00f3n que protege definitivamente la comunidad: de ah\u00ed\u00ad el papel decisivo de Timoteo y Tito, a quienes se dirigen estas cartas, as\u00ed\u00ad como el papel emergente de los presbyteroi (presb\u00ed\u00adteros\/ ancianos) y de la episkop\u00e9 (supervisi\u00f3n\/ obispo) en cada ciudad.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad la desaparici\u00f3n de la generaci\u00f3n apost\u00f3lica cre\u00f3 de forma especial una situaci\u00f3n totalmente nueva para la Iglesia que, de acuerdo con el principio de la \u00abtradici\u00f3n por sucesi\u00f3n\u00bb (la famosa f\u00f3rmula de IRENEO, Adv. Haer. III, 3.1), la oblig\u00f3 paulatinamente a encontrar \u00absucesores\u00bb del particular \u00abministerio\u00bb que ejerc\u00ed\u00adan los ap\u00f3stoles. Esta transici\u00f3n entre el per\u00ed\u00adodo apost\u00f3lico y el per\u00ed\u00adodo sub y posapost\u00f3lico se hizo de forma relevante con la ayuda de la funci\u00f3n de la episcop\u00e9. Las comunidades locales sub y posapost\u00f3licas experimentaron la necesidad primera de consolidarse en un \u00ablugar\u00bb y de mantenerse en la \u00abcatolicidad\u00bb de la Iglesia una. Esta misi\u00f3n, este ministerio, fue asumido por aquellos que suced\u00ed\u00adan a los ap\u00f3stoles en su particular episcop\u00e9, se llamaran obispos o presb\u00ed\u00adteros, tal como se manifiesta en Tit 1,7-11 y ITim 3,1-7, as\u00ed\u00ad como en la 1 Clem. de finales del siglo i d.C.<\/p>\n<p>Correlativamente se pasa de un apostolado misionero al episcopado local. Cada comunidad ten\u00ed\u00ada un colegio de ministros locales y de forma preeminente, a partir de la presidencia \u00fanica de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, se asumi\u00f3 el episcopado mon\u00e1rquico. As\u00ed\u00ad pues, progresivamente se condens\u00f3 en una misma persona aquello que ven\u00ed\u00ada de la episcop\u00e9 apost\u00f3lica y aquello que defin\u00ed\u00ada ya al obispo local. De esta forma, hacia el 110 d. C., Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada da ya el testimonio consolidado del triple grado del ministerio apost\u00f3lico: los obispos, los presb\u00ed\u00adteros y los di\u00e1conos, establecidos \u00abhasta los confines de la tierra\u00bb (1GN, Eph. 3,2).<\/p>\n<p>3. CONCLUSI\u00ed\u201cN. Con el \u00faltimo escrito del NT, la 2Pe, se concluir\u00e1 propiamente la Iglesia primitiva en su \u00e9poca apost\u00f3lica, y por tanto en su fase constitutiva y fundante (cf DV 4), probablemente hacia inicios del siglo n d. C. y no m\u00e1s all\u00e1 de su mitad (en el caso de confirmarse que la 2Pe refleja la discusi\u00f3n con Valentiniano y Marci\u00f3n hacia el 140 d.C.). Epoca apost\u00f3lica que se refleja en el testimonio inspirado que es el NT, el cual completa al reconocido desde entonces como su primera parte o AT, especialmente en su versi\u00f3n griega usual de los LXX. Epoca marcada por una progresiva institucionalizaci\u00f3n de la koinon\u00ed\u00ada naciente, en la cual emerge la funci\u00f3n progresiva de los sucesores de los ap\u00f3stoles, cuyo \u00abministerio eclesi\u00e1stico de instituci\u00f3n divina es ejercido por aquellos que desde antiguo fueron llamados obispos, presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos\u00bb(LG 28). A su vez, la imagen final de Pedro en 2Pe, que abraza Pablo y Santiago, a trav\u00e9s de Judas (y si su origen fuera Roma, cosa que no debe excluirse, -cf 3,1-,esta imagen quedar\u00ed\u00ada a\u00fan m\u00e1s confirmada con la funci\u00f3n clave de esta Iglesia en la segunda mitad del siglo u d. C.), sirve de nuevo como figura-puente entre ambas tendencias y a su vez como palabra final y autorizada de la Iglesia primitiva, norma y fundamento de la Iglesia de todos los tiempos.<\/p>\n<p>BIBL.: AcmexE R., La Iglesia de Antioqu\u00ed\u00ada de Siria, Bilbao 1988; La Iglesia de Jerusal\u00e9n, Bilbao 1989; La Iglesia de los Hechos, Madrid 1989; BeowN R. E., La comunidad del disc\u00ed\u00adpulo amado. Salamanca 1987; Antioch and Rome, Londres 1983; Las Iglesias que los Ap\u00f3stoles nos dejaron, Bilbao 1986; Early Church: The New Jerome B\u00ed\u00adblica\u00c2\u00a1 Commentary, Nueva Yersey 1990, 1338-1346 (\u00c2\u00a7 80: 1-33); Baox N., Historia de la Iglesiaprimitiva, Barcelona 1987; CAZELLES H., La naissance de l&#8217;!r`glise, secte juive rejet\u00e9e, Par\u00ed\u00ads 19832; COMISSION BIBLIQUE PONTIFICALE Unit\u00e9 et Diversit\u00e9 dans 1 Eglise. Texte officiel de la C.B.P. (1988) et travaux personnels des membres, Ciudad del Vaticano 1989; CWIExowstcl F.J., The Beginnlngs ojthe Church, Nueva Jersey 1988; LEG1D0 M., La Iglesia del Se\u00f1or. Un estudio de ec%siolog\u00ed\u00ada paulina, Salamanca 1978; LOnEMANN G., Das jr\u00fche Christenturn nach den Traditionen der Apostelgesehichte, Gotinga 1987; MACDONALO M.Y., The Pauline Churches, Cambridge 1988; MEEKS W.A., Los primeros cristianos urbanos Salamanca 1987 PtE-NINO f S., La apostolicidad de la Iglesia y el ministerio del obispo, en \u00abDi\u00e1logo ecum\u00e9nico\u00bb<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. AT: la preparaci\u00f3n de la Iglesia fundada por Cristo: 1. Las formas veterotesta-mentarias de la<br \/>\nIglesia: a) Pueblo de Dios, b) Reino: de Dios, de David, de Jud\u00e1 y de Israel, c) Comunidad cultual y santa;<br \/>\n2. Relaciones de la Iglesia del AT con Dios: a) Israel, propiedad de Dios, b) El contrayente de la alianza, c)<br \/>\nIsrael, morada de Dios; 3. La funci\u00f3n de Israel-Iglesia en el mundo: a) Separado de los dem\u00e1s pueblos; b)<br \/>\nIsrael, al servicio de los pueblos. II. La Iglesia de Cristo en el NT: 1. Los t\u00e9rminos expresivos de la Iglesia;<br \/>\n2. Las im\u00e1genes figurativas de la Iglesia: a) Presente en el mundo, b) En crecimiento, c) Los diversos<br \/>\nllamados, d) En espera de la parus\u00ed\u00ada; 3. Las figuras que m\u00e1s directamente dependen del AT: a) La<br \/>\nJerusal\u00e9n celestial, b) La novia, esposa virgen, madre, c) El reba\u00f1o, d) La vida; 4. Las alegor\u00ed\u00adas cristianas:<br \/>\na) Algunas indicaciones del Ap, b) Plantaci\u00f3n y campo de Dios, c) El edificio o construcci\u00f3n, d) Cuerpo de<br \/>\nCristo; 5. Algunas notas teol\u00f3gicas: a) Comunidad de salvaci\u00f3n es-catol\u00f3gica, b) Comunidad fundada por<br \/>\nJes\u00fas, c) En los escritos joaneos, \u00e1\/En la teolog\u00ed\u00ada de Lc-Ac, e) En el misterio de la providencia divina<br \/>\n(Pablo), 19 El desarrollo de las pastorales: una Iglesia ministerial, g) Conclusi\u00f3n.<br \/>\n1310<br \/>\n1. AT: LA PREPARACION DE LA IGLESIA FUNDADA POR CRISTO.<br \/>\n1311<br \/>\n1. Las formas vetero-TESTAMENTARIAS DE LA IGLESIA.<br \/>\nSon las realizaciones que en el AT preparaban la Iglesia del Nuevo y que en cierto modo la prefiguraban.<br \/>\n1312<br \/>\na) Pueblo de Dios.<br \/>\nAunque sea la indicaci\u00f3n m\u00e1s gen\u00e9rica, sin embargo, no est\u00e1 privada de especificidad y es la preferida por la LG para indicar la Iglesia tanto del AT como del NT. El hebreo \u2020\u02dcam, \u2020\u0153pueblo, a diferencia del griego la\u00f3s, designa un \u2020\u0153conjunto\u2020\u009d, una \u2020\u0153comuni\u00f3n. De aqu\u00ed\u00ad se pasa f\u00e1cilmente a la idea de parentesco, de hermandad tribal o familiar. \u2020\u0153Pueblo de Dios\u2020\u009d se\u00f1ala que todos, como hermanos, reconocen al \u00fanico Dios, el cual a su vez, honrado como padre, establece un mismo grado de parentesco con sus adoradores. \/ \u2020\u0153Pueblo de Dios\u2020\u2122 supone como una gran familia, de la que Dios es el g\u00f3 \u2020\u02dcel, el \u2020\u0153redentor\u2020\u2122 (especialmente en ? yen D\u00e9utero-lsa\u00ed\u00adas). Esta concepci\u00f3n se remonta a los or\u00ed\u00adgenes: cf, por ejemplo, Ex 3,7.10; 8,16-19; 9,1.13; 10,3; etc.<br \/>\nLa naturaleza marcadamente teol\u00f3gica de la denominaci\u00f3n \u2020\u0153pueblo de Dios\u2020\u009d nos hace estar especialmente atentos a dos datos que se\u00f1alan todo su camino: la di\u00e1spora y el \u2020\u0153resto. De estas dos realidades, cada una acent\u00faa prevalentemente un elemento (f\u00ed\u00adsico o espiritual), que completa con el otro la fisonom\u00ed\u00ada esencial de pueblo.<br \/>\nBajo el aspecto f\u00ed\u00adsico, este pueblo se encuentra en di\u00e1spora desde siempre, \u2020\u0153disperso\u2020\u009d como est\u00e1 entre las naciones y mezclado con ellas, pero especialmente en las sucesivas deportaciones de su historia multisecular. Mediante la di\u00e1spora el pueblo vive su realidad como una continuaci\u00f3n de su per\u00ed\u00adodo n\u00f3mada, \u2020\u0153peregrino\u2020\u2122y \u2020\u0153extranjero\u2020\u2122; lo mismo que sus padres (Gn 17,8; Gn 28,4; Gn 47,9), ser\u00e1, siempre extranjero en la tierra, inclu- : so en su propia tierra, puesto que \u00e9sta es \u2020\u0153de Dios\u2020\u009d (Lv 25,23). De, este modo la di\u00e1spora es ocasi\u00f3n de J anuncio (Tb 13,3-6) y de proselitis-mo (Is 56,3), as\u00ed\u00ad como de respuesta de la vocaci\u00f3n de Israel entre los paanos (Sb 18,4). Y en la oraci\u00f3n del desterrado suena con frecuencia el anhelo por una reuni\u00f3n final. vista como cumrlimiento de la salvaci\u00f3n LSaI 106,471.<br \/>\nEsta reuni\u00f3n final se concibe como fruto de una nueva opci\u00f3n, de una elecci\u00f3n siempre nueva. Es \u2020\u0153el resto\u2020\u2122. Su fisonom\u00ed\u00ada de escapados del peligro y de salvados pone de relieve, por una parte, el amor fiel de Dios y, por otra, la respuesta, fiel del pueblo, de aquella parte del pueblo que crey\u00f3 en su Dios, que se puso en sus manos y se adhiri\u00f3 a \u00e9l (cf Is 10,20s). Con \u2020\u0153el resto\u2020\u2122, el juicio de elecci\u00f3n no se desarrolla ya solamente entre el pueblo y las naciones, sino dentro mismo de Israel. La misma calamidad se ha convertido entonces en ocasi\u00f3n\/medio de salvaci\u00f3n. Adem\u00e1s, seg\u00fan la teolog\u00ed\u00ada del \u2020\u0153resto, para aquel momento hist\u00f3rico concreto es \u00e9l el pueblo de Dios, el que se ha salvado del juicio (y mediante el juicio mismo: cfls 10,20-23 = Rom 9,27s; Jr31,2;Jr31,7). La noci\u00f3n de \u2020\u0153resto corresponde as\u00ed\u00ada la de \u2020\u0153pueblo\u2020\u2122; \u00e9ste queda ahora redimensionado en cuanto al n\u00famero y en cuanto al tiempo, pero se convierte tambi\u00e9n en una realidad de futuro (Is 4,3s; 28,5s; Dn 12,1). El \u2020\u0153resto ser\u00e1 como una espe-cie,de \u2020\u0153tronco\u2020\u2122, de \u2020\u0153semilla santa\u2020\u009d (Is 6,13), que \u2020\u0153se salvar\u00e1\u2020\u009d de todas formas; una semilla que dar\u00e1 origen a todo el futuro pueblo de los salvados (cfls 65,8-12; Ha 17; J13,5) y comprender\u00e1 tambi\u00e9n a los paganos (Is 66,19; Za 9,7<br \/>\n1313<br \/>\nb) Reino: de Dios, de David, de Jud\u00e1 y de Israel.<br \/>\nLa \u00e9poca de la realeza dav\u00ed\u00addica se convierte en prototipo de una futura existencia, rica en paz y en sabidur\u00ed\u00ada por medio de su rey, el futuro mes\u00ed\u00adas heredero del \u2020\u0153trono de David, su padre\u2020\u009d (Lc 1,32). En el tiempo, el per\u00ed\u00adodo dav\u00ed\u00addico y salom\u00f3nico se considerar\u00e1 como una \u00e9poca ideal para Israel, realizaci\u00f3n de las antiguas promesas de la posesi\u00f3n de una tierra y de un pueblo numeroso y pujante.<br \/>\nEl reino prefigura a la Iglesia tambi\u00e9n en cuanto a su divisi\u00f3n. El reino dav\u00ed\u00addico-salom\u00f3nico no fue m\u00e1s que un episodio; le sucedi\u00f3 el \u2020\u0153gran cisma\u2020\u2122 (930 a.C.), con el establecimiento de los dos reinos, \u2020\u0153las dos casas\u2020\u2122 (Is 8,14 con 8,17) de Israel y de Jud\u00e1. Desde entonces esta fecha marcar\u00e1 una \u00e9poca (Is 7,17). La divisi\u00f3n en la Iglesia est\u00e1 ya presente en su figura (ty\u2020\u2122pos) y es efecto no s\u00f3lo de los hombres, sino de una voluntad concreta de Dios: \u2020\u0153Esto ha sucedido porque yo lo he querido\u2020\u009d(lRe 12,24; cf 11,29-39; 12,15; 14,7s; 16,2s). Por su parte, los escritos prof\u00e9ticos pensaban en la reunificaci\u00f3n. como en una promesa, una acci\u00f3n escatol\u00f3gi-ca de Dios salvador, parecida a una nueva creaci\u00f3n (Is 11,11-16 [8,23-9,6]; Jr3,18; Jr23,5-8; Jr30-31; Ex 37,15-22; Os 2,2 Miq Os 4,8; Za 9,10).<br \/>\n1314<br \/>\nc) Comunidad cultual y santa.<br \/>\nComunidad religiosa y santa, la Iglesia del AT se define mediante dos t\u00e9rminos: qahal, deuteronomista (convocatoria, bando, de q\u00f3l, voz), y \u2020\u02dcedah, sacerdotal (comunidad convocada o reunida, de ya\u2020\u2122ad, determinar). La qahales el grupo convocado por Dios para el culto, obligado a ciertas leyes y normas seg\u00fan la alianza establecida, una asamblea que est\u00e1 interesada sobre todo por la alianza. En la gran extensi\u00f3n de significados de qahal (convocaci\u00f3n militar, pol\u00ed\u00adtica, judicial) destaca de forma especi\u00e1l la convocaci\u00f3n cultual. El t\u00e9rmino \u2020\u02dcedah (sobre todo en el Pentateuco: 147 veces) indica tmaxiecisi\u00f3n, un lugar, una situaci\u00f3n, una comunidad de personas. Muchas veces no tiene ninguna especificaci\u00f3n. La constituci\u00f3n de la comunidad como \u2020\u02dcedah parece estar ligada al \u00e9xodo, y m\u00e1s en concreto a la primera \u00c2\u00a1pascua (Ex12;3.6 con los dos t\u00e9rminos): aqu\u00ed\u00ad por primera vez se constituye en Israel una \u2020\u02dcedah (comunidad). Es la comunidad nacional, el pueblo en su unidad y su complejidad; comunidad en cuanto reunida, no vinculada a ning\u00fan lugar, sino \u2020\u0153determinada\u2020\u009d simplemente por la funci\u00f3n para la que ha sido elegido el mismo pueblo, es decir, la custodia de la presencia y del honor de Dios mediante la instituci\u00f3n comunitaria. \u2020\u02dcEdah, por consiguiente, resume y define a Israel como pueblo en su conjunto y c\u00f3mo un todo, sin cualificaci\u00f3n alguna (tan s\u00f3lo en cuatro pasajes se lee el especificativo \u2020\u0153de Dios\u2020\u009d).<br \/>\nPor tanto, es evidente la diferencia entre qahaly \u2020\u02dcedah: qahales la \u2020\u0153convocaci\u00f3n\u2020\u009d de la comunidad, es la reuni\u00f3n solemne que constituye a la comunidad en cuanto tal, es la llamada de aquella comunidad para formar una asamblea ordenada (Nm 10,7; IR 12,3), como la del Sina\u00ed\u00ad o su representaci\u00f3n actual, una asamblea que celebra una solemnidad (\u2020\u02dcgran asamblea\u2020\u009d: Sal 22,26). \u2020\u02dcEdah, por el contrario, circunscribe al pueblo en su totalidad: es el pueblo en cuanto comunidad de la alianza, en su conjunto y en cuanto unitario.<br \/>\nEn los LXX, debajo de ekkles\u00ed\u00ada (unas 100 veces) est\u00e1 siempre qahal (que, sin embargo, se traduce tambi\u00e9n 21 veces por synagoghi). Syna-g\u00f3gh\u00e9 (225 veces), con muy pocas excepciones, es, por el contrario, la \u00fanica voz para traducir \u2020\u02dcedah.<br \/>\nSon cuatro los elementos que hacen de Israel una comunidad cultual: 1) La llamada por parte de Dios: de q\u00f3l, \u2020\u0153voz\u2020\u009d, a qahal, \u2020\u0153llamada, convocatoria\u2020\u009d, de donde quiz\u00e1 tambi\u00e9n, por asonancia, ekkles\u00ed\u00ada, \u2020\u0153convocaci\u00f3n\u2020\u009d (de ek-kale\u00f3). Israel ha sido convocado por Yhwh; es la comunidad de Dios, Iglesia del Se\u00f1or.<br \/>\n2) Esta comunidad se almea por completo en torno a Dios, como en el desierto (seg\u00fan P), donde el centro del campamento estaba ocupado por la tienda de la reuni\u00f3n; de esta manera todo lo que afecta a la comunidad y todo lo que ella realiza guarda relaci\u00f3n con lo sagrado, es religioso.<br \/>\n3) La manifestaci\u00f3n de Dios y de su voluntad en medio de la comunidad y para ella; d\u00e9 este modo pasa a ser la comunidad que escucha, la de la palabra de Dios. 4) Las alabanzas del Se\u00f1or, que celebra la comunidad recogida y reunida precisamente para eso; es precisamente esta actividad de alabanza la que, en definitiva, cualifica a la comunidad en cuanto cultual, la renueva y la santifica.<br \/>\n1315<br \/>\n2. Relaciones de la Iglesia del AT CON Dios.<br \/>\n1316<br \/>\na) Israel, propiedad de Dios.<br \/>\nEl pueblo es de Dios en una medida muy especial; simplemente, le pertenece. Las motivaciones son tantas como las variedades d\u00e9 expresi\u00f3n, veh\u00ed\u00adculo de enorme riqueza. En el \u00e1mbito de la creaci\u00f3n -toda ella propiedad de Dios, seg\u00fan el catecismo m\u00e1s elemental de la Biblia- a Israel se le aplican de manera especial los tres verbos caracter\u00ed\u00adsticos del crear: Dios lo ha \u2020\u0153creado\u2020\u009d (Is 43,1; Is 43,7), lo ha \u2020\u02dchecho\u2020\u2122 y \u2020\u0153formado\u2020\u009d (Is 43,1; Is 43,7; Is 43,21; Is 44,2; Is 44,21; Is 44,24; Is 45,11). Por consiguiente, Israel es una criatura peculiar, t\u00e9rmino especial de la intervenci\u00f3n divina en la historia. Al liberarlo de Egipto, Dios lo crea como pueblo y se hace fiador del mismo.<br \/>\nSon diversas las im\u00e1genes para expresar esta misma pertenencia: Israel es la vida de su Dios<br \/>\nSal 80,9-16 etc.; Jn 15,1-8), su vi\u00f1a (Is 5,1-7; Jr2,21; Jr5,10), \u2020\u0153las primicias de su cosecha\u2020\u009d (Jr2,3), su<br \/>\nreba\u00f1o (Sal 25,7 etc. ), su siervo (Lv 25,42; Lv 25,55; Is 41,8; Is 44,1; Is 44,21), su hijo (Ex 4,22;<br \/>\nSb 18,13; Os 11,1), su esposa (Is 50,1; Is 54,4-8; Is 61,10; Jr 2,2; Ez 16; Os 1-3 \u2020\u0153Dios celoso\u2020\u009d en Ex 20,5).<br \/>\n1317<br \/>\nb) El contrayente de la alianza.<br \/>\nPuesto que es de Dios y mantiene con \u00e9l tales relaciones que es exclusivamente suyo, Israel es el pueblo de la \/ alianza de Dios. Es muy frecuente en el AT el recuerdo de este \u2020\u0153compromiso\u2020\u009d o \u2020\u0153disposici\u00f3n\u2020\u009d: \u2020\u0153Yo ser\u00e9 tu Dios, t\u00fa ser\u00e1s mi pueblo. Estamos as\u00ed\u00ad en el coraz\u00f3n de todo el entramado entre Dios y el pueblo que forma el AT: Dios no s\u00f3lo est\u00e1 con el pueblo, sino que es su Dios exclusivo, y s\u00f3lo a \u00e9l le pertenece el pueblo. De aqu\u00ed\u00ad una constante y articulada reciprocidad, que se expresa globalmen-te en una comuni\u00f3n de vida y de destino entre los dos contrayentes.<br \/>\n1318<br \/>\nc) Israel, morada de Dios.<br \/>\n\u2020\u0153Habitar\u00e9 en medio de los israelitas y ser\u00e9 su Dios&#8230;; los saqu\u00e9 de Egipto para habitar en medio de ellos\u2020\u009d (Ex 29,45s; cf Lev 26,1 is). Israel es el lugar de la presencia de Dios en el mundo. Dios est\u00e1 en medio de su pueblo, con \u00e9l y \u2020\u0153para\u2020\u2122\u00e9l (Ex 33,16; Ex 34,9 N\u00fam Ex 35,34; Dt 2,7; Dt 31,6). A ese pueblo se le ha confiado manifestar la acci\u00f3n de Dios, es decir, que Dios est\u00e1 presente y vela por los suyos, los guarda, los protege, los salva (Dt 32,6-14). Por su parte, en cuanto contrayente de esa alianza y con ese pueblo, Dios se conf\u00ed\u00ada a la historia de aquel pueblo, y la historia de Israel se convierte as\u00ed\u00ad en la historia de Dios.<br \/>\n1319<br \/>\n3. La funci\u00f3n de Israel-Iglesia en EL mundo,<br \/>\n1320<br \/>\na) Separado de los dem\u00e1s pueblos.<br \/>\nEn la pluralidad de expresiones del AT -unas veces un universalismo palpable, otras una cerraz\u00f3n extrema- destaca y permanece constante la separaci\u00f3n de Israel de los dem\u00e1s pueblos, juntamente con su santidad; por otra parte, \u2020\u0153santificar\u2020\u009d es lo mismo que \u2020\u0153separar\u2020\u2122.<br \/>\n1321<br \/>\nb) Israel al servicio de los pueblos.<br \/>\nElegido (separado, \u2020\u0153santificado\u2020\u009d), Israel tiene que manifestarse digno de la misi\u00f3n que Dios le ha confiado. Elecci\u00f3n que es tambi\u00e9n juicio permanente de responsabilidad: \u2020\u0153S\u00f3lo a vosotros escog\u00ed\u00ad entre todas las familias de la tierra; por eso os pedir\u00e9 cuentas de todas vuestras iniquidades\u2020\u2122 (Am 3,2). La misi\u00f3n y la responsabilidad conducen a Israel a atestiguar y a propagar la salvaci\u00f3n. Es misionero por el mero hecho de habitar entre los pueblos, pero lo es m\u00e1s a\u00fan en cuanto constituido en fuente de bendici\u00f3n para todos ellos (cf Gen 12,lss).<br \/>\nInstrumento de servicio a Dios para la mediaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, Israel ha recibido las dotes t\u00ed\u00adpicas para ello:<br \/>\nmediador real (Dn 7,13 1s55,3ss), sacerdotal (Ex 19,5s)y prof\u00e9tico (Sb 18,4; Is 42,6; Is 42,19; Is 49,8). Esta mediaci\u00f3n, adem\u00e1s, se ejerce en provecho de todos los pueblos, y espec\u00ed\u00adficamente en la intercesi\u00f3n, como Abra-h\u00e1n (Gn 20,7; Gn 20,17 cf Gn 18,23-32), o Mois\u00e9s (Ex 8,4; Ex 8, Ex 24-27), o el \u2020\u0153siervo de Dios, que \u2020\u0153intercedi\u00f3 por los pecadores\u2020\u009d (Is 53,12). Del mismo modo, Israel \u2020\u0153reza\u2020\u009d por el pa\u00ed\u00ads de su destierro (Jr 29,7; Ba 1,11) y alaba a Dios delante de todas las gentes (Is 12,4s; cf Tob 13,3s; Sal 96,3; Sal 105,1; Is 43,21; Is 48,20). De este modo se convierte en evangelizador y todos los pueblos se ven implicados en la salvaci\u00f3n (Salmos; Jr 1,10; Jr 16,21 D\u00e9utero-lsa\u00ed\u00adas). Todas las naciones tendr\u00e1n as\u00ed\u00ad la experiencia del Dios de Israel y le honrar\u00e1n (IR 8,43; Sal 87,4 etc. ).<br \/>\n1322<br \/>\nII. LA IGLESIA DE CRISTO EN EL NT.<br \/>\nLa llegada del mes\u00ed\u00adas, Jes\u00fas de Nazaret, crucificado y resucitado, glorioso y sentado ahora a la derecha de Dios, determin\u00f3 el NT y la fundaci\u00f3n de su Iglesia.<br \/>\n1323<br \/>\n1. LOS TERMINOS EXPRESIVOS DE la Iglesia.<br \/>\nIglesia. Equivale a \u2020\u0153convocaci\u00f3n\u2020\u2122, \u2020\u0153comunidad\u2020\u2122 (Del AT\/supra 1, le). Excepto Ac 19,32.39s, en el NT tiene siempre un sentido cristiano; es decir, indica, bien la Iglesia universal, bien la Iglesia local (tambi\u00e9n en plural), bien las reuniones de los fieles. Frente a synagoghe, que se defin\u00ed\u00ada siempre m\u00e1s bien como cuesti\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados y casi como s\u00ed\u00admbolo del judaismo, ekkles\u00ed\u00ada identificaba a la nueva comunidad como lugar de salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica, aunque manteni\u00e9ndola profundamente vinculada a los datos del AT. Ekkles\u00ed\u00ada actualiza as\u00ed\u00ad el valor de \u2020\u0153comunidad convocada\u2020\u009d por Dios (AT) mediante Cristo Jes\u00fas y su obra. \u2020\u0153Iglesia de Dios\u2020\u009d subraya la continuaci\u00f3n con la qahalde la antigua econom\u00ed\u00ada, sea cual fuere el origen de esos creyentes; \u2020\u0153Iglesia de\u2020\u2122 Cristo\u2020\u009d o \u2020\u0153m\u00ed\u00ada\u2020\u2122 pone de relieve el dato escatol\u00f3gico que ha llegado con el mes\u00ed\u00adas y \u2020\u0153su comunidad, incluida la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu ya prometido.<br \/>\nPueblo de Dios (o \u2020\u0153m\u00ed\u00ado\u2020\u009d). M\u00e1s bien raro: gracias a la referencia constante a citas del AT, esta denominaci\u00f3n identifica a los creyentes en Jes\u00fas con los datos atribuidos al \u2020\u0153pueblo de Dios\u2020\u009d del AT, haci\u00e9ndolos as\u00ed\u00ad herederos y continuadores suyos.<br \/>\nLos creyentes, los fieles. Estos dos t\u00e9rminos son bastante frecuentes y equivalentes: son las diversas formas del verbo pist\u00e9uo, que se usa con diversos matices. Se pone de relieve la confianza que el hombre tiene en Jes\u00fas o en \u2020\u0153el Se\u00f1or, haberlo acogido en la propia vida como orientaci\u00f3n y elemento vital de la propia existencia. Creer o hacerse fiel es un don del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Ga 5,22), que sigue a la conversi\u00f3n y al bautismo (Hch 2,38) y que lleva consigo la salvaci\u00f3n.<br \/>\nLos disc\u00ed\u00adpulos. Este t\u00e9rmino pone de manifiesto que la vida del cristiano recoge las caracter\u00ed\u00adsticas del propio maestro, Jes\u00fas Se\u00f1or, copiando su existencia(cfMc8,34s10,21 .43ss;Lc 22,26ss; Jn 12,26). Al mismo tiempo se insin\u00faa la mera funcionalidad del \/ ap\u00f3stol y del did\u00e1skalos, se confirma la presencia constante y activa en la tierra del Se\u00f1or en quien se cree, y que no s\u00f3lo se celebra en la eucarist\u00ed\u00ada, sino que se guarda siempre como presente en uno mismo durante toda la vida, ai cual se pertenece y del cual se recibe la salvaci\u00f3n.<br \/>\nLos hermanos. Es el apelativo quiz\u00e1 m\u00e1s frecuente entre los cristianos (unas 100 veces). Ciertamente se observa en \u00e9l la influencia hebrea. \u2020\u0153Hermanos\u2020\u009d de Jes\u00fas son los creyentes que le acogen y que cumplen la voluntad del Padre (Mt 12,46-50; Mc 3,31-35; Lc 8,19-21), nacidos tambi\u00e9n de Dios (Jn 1,13) e hijos del Padre (Jn 1,12), de manera que toda la comunidad cristiana resulta ser una verdadera \u2020\u0153comunidad de hermanos\u2020\u009d (IP 5,9), de los que Jes\u00fas es el \u2020\u0153primog\u00e9nito\u2020\u009d gracias a la resurrecci\u00f3n (Rm 8,29).<br \/>\nLos salvados. M\u00e1s que el t\u00e9rmino (s\u00f3lo Hch 2,47), es la idea de salvaci\u00f3n la que est\u00e1 difundida en todas partes. Se comprende a la luz del AT y de las esperanzas escatol\u00f3gicas ligadas al mesianismo, configuradas, por tanto, en Jes\u00fas mes\u00ed\u00adas y constituido Se\u00f1or en la resurrecci\u00f3n; los que lo aceptan y se hacen suyos, recibiendo el bautismo en su nombre (Hch 2,38) pueden llamarse \u2020\u0153los salvados\u2020\u009d; sin embargo, s\u00f3lo est\u00e1n salvados \u2020\u0153en esperanza\u2020\u009d (Rm 8,24) [1 Redenci\u00f3n].<br \/>\n\u2020\u0153El camino \u2020\u0153. El uso absoluto del \u2020\u0153camino\u2020\u009d para indicar la comunidad de los creyentes es una caracter\u00ed\u00adstica de los Hechos (9,2.5.14.21; 19,9.23; etc.). Al designar a la Iglesia como \u2020\u0153el camino\u2020\u009d y al definirse como \u2020\u0153los del camino\u2020\u009d, los cristianos intentan representar gracias a su fe ese modo de ser y de obrar que asegura la salvaci\u00f3n. \u2020\u0153El camin\u00f3 de Dios\u2020\u009d es el que se identifica con el cristiano.<br \/>\n\u2020\u0153Santo\u2020\u009d, \u2020\u0153los santos\u2020\u009d. Teol\u00f3gicamente esta denominaci\u00f3n se relaciona con todo lo que el AT dec\u00ed\u00ada del \u2020\u0153pueblo santo\u2020\u009d, de la \u2020\u0153asamblea santa\u2020\u009d, de los \u2020\u0153santos\u2020\u009d en relaci\u00f3n con el culto, etc. Es l\u00f3gica la conexi\u00f3n de esta denominaci\u00f3n con Dios el san-tificador, con Cristo santificador y, especialmente, con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, al que se atribuye la santificaci\u00f3n en particular.<br \/>\n\u2020\u0153Los elegidos\u2020\u2122 T\u00e9rmino relacio-nadocon la santidad; sirve para subrayar hasta qu\u00e9 punto la Iglesia y sus miembros son el fruto de la libre voluntad divina que act\u00faa en ellos [1 Elecci\u00f3n].<br \/>\n\u2020\u0153Los llamados \u2020\u0153. Toda la vida del cristiano est\u00e1 bajo el signo de la \u00c2\u00a1vocaci\u00f3n; la misma ra\u00ed\u00adz verbal vincula la \u2020\u0153llamada\u2020\u009d con la \u2020\u0153Iglesia\u2020\u009d o convocaci\u00f3n, asamblea reunida para \u00e9l-culto de Dios! Este nombre subraya particularmente el origen de esta \u2020\u0153convocaci\u00f3n\u2020\u009d: la voluntad de Dios y su obra.<br \/>\n\u2020\u0153Los que invocan el nombre del Se\u00f1or\u2020\u009d, De JI 3,5 (LXX) = Ac 2,21 (cf 2,39s). Expresa la \u2020\u0153salvaci\u00f3n\u2020\u009d mediante Jes\u00fas Se\u00f1or. El acento recae bien en la unidad de fe y la identidad de \u2020\u0153credo\u2020\u009d, bien en la adhesi\u00f3n del hombre -de cualquier hombre- al plan salv\u00ed\u00adfico de Dios.<br \/>\n\u2020\u0153Los: cristianos\u2020\u009d. Derivado del nombre Christ\u00f3s, \u2020\u0153ungido\u2020\u009d o mes\u00ed\u00adas, describe a los \u2020\u0153cristianos\u2020\u009d como los que acogen al mes\u00ed\u00adas, es decir, los indica como \u2020\u0153mesianistas\u2020\u009d. La comunidad (de \u00e1mbito helenista) manifiesta tambi\u00e9n as\u00ed\u00ad su propio convencimiento escatol\u00f3gico respecto al mundo.<br \/>\n1324<br \/>\n2. Las im\u00e1genes figurativas de la Iglesia.<br \/>\nEl lenguaje figurado, tan caracter\u00ed\u00adstico del mundo semita, nos revela no poco sobre el misterio de la Iglesia.<br \/>\n1325<br \/>\na) Pr\u00e9sente en el mundo.<br \/>\n\u2020\u0153Vosotros sois la luz del mundo\u2020\u009d (Mt 5,14-16). Mediante los cristianos, la Iglesia est\u00e1 puesta en el mundo y para el mundo, cumpliendo l\u00f3 que estaba previsto para el futuro Israel. Por otra parte, Jes\u00fas es \u2020\u0153la luz del mundo\u2020\u009d (Jn 1,5-9; Jn 8,12 12,35s. Jn 46; Mt 4,16 = ls9,1). El compromiso de la Iglesia en las vicisitudes del mundo aparece ya en los relatos sin\u00f3pticos de la vocaci\u00f3n de los primeros disc\u00ed\u00adpulos Mt 4,19; Mc 1,17). Lo mismo se deduce del discurso de misi\u00f3n que ve a los disc\u00ed\u00adpulos enviados como \u2020\u0153ovejas entre lobos\u2020\u009d (Mt 10,6; Lc 9,2), proclamadores del reino (Mt 10,7; Lc 9,2) como lo fue Jes\u00fas( Mc 1,15 y Mt 4,17) y continuadores de su obra (Mt 10,17-22; Mc 13,9-13; Lc 21,12-8 Ac 7,59s), presencia en la tierra del Padre celestial (Mt 5,16), ejecutores de la misi\u00f3n recibida del Se\u00f1or (Mt 10, 7 Mt 28,18-20). La Iglesia tiene su sede en el mundo, est\u00e1 presente en \u00e9l como una realidad concreta y visible; pertenece al tiempo, interesa a los hombres y a su existencia actual terrena. Pero, l\u00f3gicamente, con vistas al reino de Dios, del que vive de alguna manera, pero del cual est\u00e1 tambi\u00e9n a la espera, cuando se constata que su misma oraci\u00f3n lo invoca todos los d\u00ed\u00adas con el \u2020\u0153venga a nosotros tu reino\u2020\u009d (Mt 6,9; Lc 11,2).<br \/>\n1326<br \/>\nb) En crecimiento.<br \/>\n\u2020\u0153El reino de Dios es como un grano de mostaza&#8230; Es la m\u00e1s peque\u00f1a de todas las semillas, pero cuando crece, es la\u2020\u2122mayor de las hortalizas y se hace \u00e1rbol&#8230;\u2020\u009d (Mt 13,31s;cf Mc 4,3Oss; Lc 13,18s). Su desarrollo es tan grande que \u2020\u0153las aves vienen y anidan en sus ramas\u2020\u009d (y. 32; para esta imagen, Dn 4,7-9; Dn 4,17-19; Ez 7,1-10; Ez 7, Ez 31,1-14). El objeto de la semejanza es el crecimiento: la instituci\u00f3n tendr\u00e1 unos comienzos muy modestos, pero le espera un gran desarrollo. Y \u00e9ste, a su vez, parece asegurar una profunda cohesi\u00f3n y una total continuidad entre los mismos comienzos -Cristo, su ense\u00f1anza y su obra- y las sucesivas expansiones.<br \/>\nEs an\u00e1loga la ense\u00f1anza sobre el crecimiento de la Iglesia que nos ofrece la par\u00e1bola del sembrador, con los diversos rendimientos de la semilla ca\u00ed\u00adda en tierra buena (Mt 13,1-9 y su relectura en 13,18-23). Los terrenos diferentes son un mundo humano, visible y sumamente concreto, pero tambi\u00e9n<br \/>\nheterog\u00e9neamente dispuesto para con \u2020\u0153la palabra del reino\u2020\u009d (Mt 13,19); en \u00e9l, tan s\u00f3lo una parte, quiz\u00e1 la menor, presta verdaderamente atenci\u00f3n y comprensi\u00f3n a la palabra (y. 23a), y tambi\u00e9n en \u00e9sta \u2020\u0153el fruto\u2020\u009d que se produce no es m\u00e1s que el \u2020\u0153ciento, sesenta y treinta por uno\u2020\u009d (y. 23b). En esta misma direcci\u00f3n va igualmente la breve alusi\u00f3n o ejemplo parab\u00f3lico de la levadura (Mt 13,33), figura de aquella virtualidad inicial escondida en lo \u00ed\u00adntimo del coraz\u00f3n humano y destinada a crecer y a manifestarse como reino de Cristo en la tierra, como Iglesia en crecimiento gracias a la acci\u00f3n escondida e interior de Dios y de su Hijo que derraman sobre la humanidad el don escatol\u00f3gico del Esp\u00ed\u00adritu.<br \/>\n1327<br \/>\nc) Los diversos llamados.<br \/>\nMuy instructiva es la par\u00e1bola de los invitados a las bodas: Mt 22,1-14 y Lc 14,15-24. En las tres etapas a trav\u00e9s de las cuales fue pasando -en labios de Jes\u00fas, en la tradici\u00f3n de la comunidad, en el evangelista-, la ense\u00f1anza es siempre la misma: Dios llama gratuitamente a la salvaci\u00f3n me-idiante Jes\u00fas. La respuesta es negativa por parte de los privilegiados del rei-???, mientras que \u2020\u0153los excluidos, los que carecen de derechos (los pobres, los pecadores, las meretrices; luego los paganos, en la segunda etapa:<br \/>\nvv. 6-7 de Mt), dan una respuesta positiva; ni los que se resisten ni los que no se convierten pero no obran en consecuencia (el traje nupcial de la tercera etapa) se.salvar\u00e1n de hecho; por su parte, la Iglesia recoge en su seno a todos tos llamados, para presentarlos ante el rey para el examen escatol\u00f3gico (tercera etapa) antes del banquete eterno (que tiene su anticipaci\u00f3n sacramental en el banquete eucar\u00ed\u00adstico). De este modo los marginados ser\u00e1n -y lo son de hecho- los privilegiados del Dios de la misericordia. Bastanteparecida a la anterior es la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores infieles: Mt 21 33-44 (Mc 12,1-11; Lc 20,9-18 ). La par\u00e1bola de Mt 20,1-16 -los obreros de la vi\u00f1a- se fija en aquel (Dios) que los llam\u00f3 y en su \u00ed\u00adndole inconcebible e inexplicable de bondad generosa.<br \/>\n1328<br \/>\nd) En espera de la parus\u00ed\u00ada.<br \/>\nTambi\u00e9n las par\u00e1bolas (o ejemplos) que acabamos de mencionar contienen algunas indicaciones sobre la esperanza de la parus\u00ed\u00ada. Pero sobre todo aparecen en el llamado apocalipsis sin\u00f3ptico (Mt 24,1-36) con las par\u00e1bolas-im\u00e1genes del retorno (Mt 24,37-51; Mt 25,1-46 par). Esos dos cap\u00ed\u00adtulos son una evidente invitaci\u00f3n a la vigilancia de los creyentes respecto a los acontecimientos \u00faltimos o la \u2020\u0153venida del Hijo del hombre\u2020\u009d. En ellos se propone todo en im\u00e1genes y con diversas escenas seg\u00fan su g\u00e9nero literario. Sin embargo, es posible captar ah\u00ed\u00ad no pocas l\u00ed\u00adneas de mensaje; por ejemplo, la dimensi\u00f3n terrena o temporal de la Iglesia y su vida en el tiempo y en el mundo, a pesar de ser tambi\u00e9n celestial; su ser humano, cargado de seriedad, tanto a nivel personal como comunitario; la parus\u00ed\u00ada vista como el momento decisivo de la historia del hombre, el momento en orden al cual se emplea toda la vida, momento que abre un futuro mientras escruta y sopesa el pasado, es decir, el tiempo de la existencia terrena.<br \/>\nConsiguientemente, el elemento escatol\u00f3gico continuamente presente en la existencia terrena del hombre, y por tanto la necesidad de la vigilancia para rio vernos sorprendidos en el d\u00ed\u00ada del juicio final, as\u00ed\u00ad como la necesidad de la actividad y de la diligencia para equiparnos con obras id\u00f3neas en orden al juicio. La fidelidad, la perseverancia, la confianza, la prudencia son las virtudes que animan a la Iglesia y que distinguen a los cristianos, poni\u00e9ndolos en condiciones de actuar con suma tranquilidad y sin desasosiego, serenos frente a la imprevista irrupci\u00f3n final.<br \/>\n1329<br \/>\n3. Las figuras que m\u00e1s directamente DEPENDEN DEL AT.<br \/>\n1330<br \/>\na) La Jerusal\u00e9n celestial.<br \/>\nLargamente preparada en el AT, especialmente despu\u00e9s del destierro, mediante una creciente idealizaci\u00f3n teol\u00f3gica y espiritualizaci\u00f3n (Is 27,13; Is 60,1-9; Is 60,11; Is 60,18; Tb 14,5 Si 36,12s; cf tambi\u00e9n Ex 25,40 para el santuario) hasta hacerse invisible, celestial, etc., la Jerusal\u00e9n ideal es identificada con la Iglesia, misterio escondido en Dios y manifestado ahora mediante el ministerio de los ap\u00f3stoles (Rom 16,25s; Col 1,26-29 Ep 3,lOss), Jerusal\u00e9n celestial a la que ya desde ahora tienen acceso los cristianos (cf Heb 12,22s, especialmente en el contexto). Lo mismo vale para Gal 4,24-29 (Flp 3,20). Es bastante rica esta tem\u00e1tica en Ap (3,12; 12,ls; 21,2; etc.). Hay que a\u00f1adir adem\u00e1s los numerosos textos pro-f\u00e9ticos: el nuevo cielo y la nueva tierra (Is 65,17; Is 66,22), la nueva creaci\u00f3n (Is 41,4 43,18s; Is 44,6), los nuevos nombres (Is 62,2), la nueva paz entre los hombres y los animales (Ez 34,25)&#8230;, que encuentran su cumplimiento en la nueva Jerusal\u00e9n que baja del cielo, presencia de Dios entre los hombres, constituci\u00f3n de un pueblo que sea de Dios y del que Dios toma posesi\u00f3n: \u2020\u0153El habitar\u00e1 con ellos, ellos ser\u00e1n su pueblo\u2020\u009d (Ap 21,3). Tambi\u00e9n Mt 24,29.35; Ac 3,21; 2P 3,13, y Ap 21,1 se expresan en t\u00e9rminos de cielo nuevo y de tierra nueva. Mientras lleva ya en s\u00ed\u00ad misma la realidad de la Jerusal\u00e9n celestial, la Iglesia experimenta ampliamente -y todo el Apocalipsis es testimonio de ello- las dificultades de un recorrido erizado de obst\u00e1culos, persecuciones y tentaciones, a las que se ve expuesto el creyente antes de formar parte del cortejo del cielo.<br \/>\n1331<br \/>\nb) La novia, esposa virgen, madre.<br \/>\nLas tres im\u00e1genes tienen matices propios, pero todas ellas se derivan de la misma representaci\u00f3n veterotestamentaria de la naci\u00f3n o del pueblo como una mujer de la que son hijos los creyentes -el pueblo2S 20,19; Sal 87,5; Is 54,1) o de la que Dios mismo es novio y esposo.<br \/>\nEn las grandes cartas paulinas, la Iglesia como novia est\u00e1 presente s\u00f3lo en 2Co 1 l,2s: \u2020\u0153Os he desposado con un solo marido, os he presentado a Cristo como una virgen pura\u2020\u009d. M\u00e1s conocido es Ep 5,24-32, donde la relaci\u00f3n de la mujer con el marido se equipara a la de Cristo con la Iglesia bajo diferentes aspectos, aunque su verdadera realidad sigue siendo todav\u00ed\u00ada un \u2020\u0153misterio\u2020\u009d calificado como \u2020\u0153grande\u2020\u009d (Ef 5,32). En el Apocalipsis la Jerusal\u00e9n escatol\u00f3gica, la \u2020\u0153nueva\u2020\u009d, \u2020\u0153bajada del cielo del lado de Dios\u2020\u009d y \u2020\u0153dispuesta como una esposa ataviada para su esposo\u2020\u009d (Ap 21,2), se representa como desposada no de Dios, sino del Cordero (1 9,7s; 21,9; cf 22,17). En Gal 4,26, en el conjunto de la alegor\u00ed\u00ada de 4,21-5,1, Pablo ve en Sara el s\u00ed\u00admbolo del testamento nuevo, de la comunidad de los creyentes o Iglesia; identific\u00e1ndola con la \u2020\u0153Jerusal\u00e9n celestial\u2020\u009d, la llama \u2020\u0153nuestra madre\u2020\u009d: la ciudad celestial es aquella que engendra a los creyentes, que son sus hijos y sus testigos en la tierra (Ap 12,2; Ap 12,17).<br \/>\n1332<br \/>\nc) El reba\u00f1o.<br \/>\n\u2020\u0153No teng\u00e1is miedo, peque\u00f1o reba\u00f1o, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino\u2020\u009d (Lc 12,32): el reino de los santos, el esca-tol\u00f3gico (Dn 7,27). \u2020\u0153Como corderos en medio de lobos\u2020\u009d (Mt 10,16; Lc 10,3), ese reba\u00f1o es enviado en medio de asaltantes que intentar\u00e1n dispersarlo, como dir\u00e1 m\u00e1s tarde Pablo en Mileto (Hch 20,17; Hch 20, . Otros enemigos, otros lobos se vestir\u00e1n incluso ovejas para da\u00f1ar al reba\u00f1o desde dentro (Mt 7,15). El mismo Jes\u00fas se considera el enviado las ovejas perdidas Israel (Mt 15,24; cf 10,6); pastor que acude en ayuda las ovejas perdidas (Mt 9,36; Mc 6,34; cf Ez 34,5) y que tendr\u00e1 que ser herido, seg\u00fan la profec\u00ed\u00ada Za 13,7, citada en Mt 26,31; Mt 26, pastor que tendr\u00e1 tambi\u00e9n la funci\u00f3n juez, puesto que al final los tiempos se colocar\u00e1 entre las ovejas y las cabras para pronunciar la sentencia eterna (Mt 25,32s).<br \/>\nEsta imagen es bastante elocuente: los creyentes en Jes\u00fas son ahora objeto de las atenciones que el AT describ\u00ed\u00ada en relaci\u00f3n con el reba\u00f1o-Israel. En el AT era Dios el que guiaba el reba\u00f1o de su pueblo, unas veces de forma directa (Sal 74,1; Sal 79,13; Sal 100,3 Miq Sal 7,14) eincluso asumiendo el t\u00ed\u00adtulo de \u2020\u0153pastor\u2020\u009d (Sal 23,1; Sal 90,2; Gn 48,15; Gn 49,24), y otras veces gui\u00e1ndola \u2020\u0153por mano de Mois\u00e9s\u2020\u009d (Sal 77,21 o de otros (Josu\u00e9, David&#8230;). Ahora, en cumplimiento de Ez 34,23s (Jr2,8), Jes\u00fas es el nuevo pastor, y los suyos en tanto se llamar\u00e1n y ser\u00e1n pastores en cuanto que reciban de \u00e9l la misi\u00f3n, anunciando como \u00e9l la venida del reino (Mt 10,7; Lc 9,2; Mt 4,17; Mc 1,15).<br \/>\nJn 10 destaca sobre los dem\u00e1s textos en cuanto a la imagen del reba\u00f1o. En realidad, m\u00e1s que el reba\u00f1o, es el pastor el que se encuentra en el centro de la atenci\u00f3n; sin embargo, de rechazo, se dice mucho sobre el reba\u00f1o, y la par\u00e1bola-alegor\u00ed\u00ada pasa de ser cristol\u00f3gica a ser igualmente eclesiol\u00f3gica. El reba\u00f1o recuerda al de Ez. 34,3, oprimido e instrumentalizado por los intereses de personas indignas, a las que se opone y sustituye Jes\u00fas, mediante el cual el reba\u00f1o \u2020\u0153tendr\u00e1 la vida\u2020\u009d y la tendr\u00e1 \u2020\u0153en abundancia\u2020\u009d (Jn 10,10 ). Efectivamente, \u00e9l, y no los otros, es el \u2020\u0153buen pastor\u2020\u009d (Jn 10,11), tan amante de su reba\u00f1o (que es tambi\u00e9n \u2020\u0153reba\u00f1o del Padre\u2020\u009d: y. 29) que \u2020\u0153da su vida por las ovejas\u2020\u009d (vv. 11.15), lo cual se transforma para ellas en \u2020\u0153vida eterna\u2020\u009d, de manera que \u2020\u0153no perecer\u00e1n jam\u00e1s\u2020\u009d (y. 28). Todo esto garantiza al reba\u00f1o la continua presencia del Padre y del Hijo, la seguridad de permanecer en Dios, y se refiere adem\u00e1s a las ovejas \u2020\u0153que no son de este redil\u2020\u009d, es decir, a las que provienen del mundo pagano (y. 16): todas ellas formar\u00e1n \u2020\u0153un solo reba\u00f1o\u2020\u009d bajo \u2020\u0153un solo pastor\u2020\u009d.<br \/>\n1333<br \/>\nd) La vid.<br \/>\nLa vid (o la vi\u00f1a) encuentra ya una discreta presencia en el NT en las par\u00e1bolas antes mencionadas [111, 2c]. La vi\u00f1a, aclara Mt 21,43, es \u2020\u0153el reino de Dios\u2020\u009d. Esta imagen se articula y resulta fecunda ya en el AT:<br \/>\nv\u00e9ase, porejemplo, Os 10,1; 1s5,1-7; 27,2s; Ps 80,9-19; Jer2,21; 5,10; 8,13; 12,10; Ez 15,6; 19,10-14 (supra \/ 1 ,2a). Las atenciones de Dios para con su pueblo no tienen l\u00ed\u00admite, lo mismo que su amor y su fidelidad. Tambi\u00e9n los castigos tienden a avivar la conciencia del pueblo en cuanto elegido y amado por Dios, rodeado de atenciones y de ternura sin l\u00ed\u00admites.<br \/>\nLa alegor\u00ed\u00ada de la vi\u00f1a, o mejor de la vid, alcanza su forma m\u00e1s expresiva en Jn 15,1-6 con el ap\u00e9ndice eventual de los vers\u00ed\u00adculos que siguen y que en cierto modo le hacen eco. \u2020\u0153Yo soy la vid verdadera y mi Padre el vi\u00f1ador\u2020\u009d (y. 1). La alegor\u00ed\u00ada carece de ambig\u00fcedad; es aclarada por el que la propone: \u2020\u0153Yo soy la vid, vosotros los sarmientos\u2020\u009d(v. 5); y se completa en los personajes que la animan. La Iglesia est\u00e1 unida a Cristo, lo mismo que el sarmiento a la vid; por la Iglesia corre la savia vital de Cristo, vive la misma vida de Cristo. El estar separado de Cristo-vid es la muerte, la perdici\u00f3n, \u2020\u0153el fuego\u2020\u009d (y. 6); unidos a \u00e9l, damos \u2020\u0153mucho fruto\u2020\u009d(v. 5); m\u00e1s a\u00fan, la relaci\u00f3n con Cristo, a diferencia de lo que sucede entre el sarmiento y la vid, es rec\u00ed\u00adproca: \u2020\u0153Seguid unidos a m\u00ed\u00ad, que yo lo seguir\u00e9 estando en vosotros\u2020\u009d (y. 4), como para indicar que la figura de la vid no es m\u00e1s que una imagen, y que la realidad que intenta tansmitir es mucho m\u00e1s profunda. Se trata realmente del amor eficaz de Cristo a su Iglesia (vv, 9-17), seg\u00fan la voluntad y la obra salv\u00ed\u00adfica querida por el Padre (\u2020\u0153el vi\u00f1ador\u2020\u2122Val que se refieren, de forma propia, tanto la vid como los sarmientos). Un amor que garantiza la escucha de toda plegaria (y. 7) que se exprese en nombre del Hijo(v. 16); un amor que pasa primero por entre el Padre y el Hijo, luego une al Hijo con los suyos y, finalmente, los califica a \u00e9stos por el intercambio mutuo del mismo amor (vv. 10.12s. 15.17).<br \/>\n1334<br \/>\n4. Las alegor\u00ed\u00adas cristianas.<br \/>\n1335<br \/>\na) Algunas indicaciones del Apocalipsis.<br \/>\nLa Iglesia terrena (Ap 2-3) est\u00e1 contempor\u00e1neamente presente en el cielo, \u2020\u0153alrededor del trono\u2020\u009d, representada por los veinticuatro ancianos (4,4), es decir, los doce patriarcas m\u00e1s los doce ap\u00f3stoles que ejercen conjuntamente el servicio sacerdotal y real. La liturgia celestial (Ap 5,6ss) es el prototipo de la que la Iglesia terrena desarrolla entre los hombres. Para el Ap no existe una clara distinci\u00f3n entre el ahora y el futuro. El cordero, el Cristo muerto y resucitado, tiene en sus manos los destinos de la historia en el tiempo; lo que se va realizando aqu\u00ed\u00ad abajo no es m\u00e1s que la manifestaci\u00f3n de un plan victorioso de salvaci\u00f3n, el aspecto visual de lo que sucede gracias a aquel \u2020\u0153que nos ama y nos ha lavado de nuestros pecados con su propia sangre\u2020\u009d (1,5).<br \/>\nHay que recordar adem\u00e1s la larga serie de los 144.000 sellados, los \u2020\u0153servidores de nuestro Dios\u2020\u009d (7,3s), los preservados (y por tanto salvados) de los azotes simbolizados en los siete sellos; y sobre todo, la alegor\u00ed\u00ada de la \u2020\u0153mujer vestida de sol\u2020\u009d (12,1), en lucha, ella y su hijo, contra el \u2020\u0153drag\u00f3n color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos\u2020\u009d (12,3), junto con toda la compleja simbolog\u00ed\u00ada sobre la Iglesia, los creyentes, el desierto, etc.<\/p>\n<p>1336<br \/>\nb) Plantaci\u00f3n y campo de Dios.<br \/>\n1 Co 3,6-8 ofrece una brev\u00ed\u00adsima par\u00e1bola-alegor\u00ed\u00ada: Pablo ha plantado, es decir, fundado, la comunidad de Corinto, Apolo reg\u00f3 el terreno, \u2020\u0153pero quien hizo creer fue Dios\u2020\u009d; los cristianos, en cuanto comunidad, son el jard\u00ed\u00adn, el huerto, \u2020\u0153el campo de Dios\u2020\u009d, en el que se trabaja constantemente (griego, gheorghion, y. 9, ya raro en los LXX y s\u00f3lo aqu\u00ed\u00ad en el NT). M\u00e1s que a la met\u00e1fora vetero-testamentaria de la plantaci\u00f3n-vi\u00f1a, 1 Co 3,6-8 par,eqe referirse a la del \u2020\u0153plantar y edificar\u2020\u009d (cf Jer l,9s; 18,7-9; 24,6; 38 [TM 31],45; etc.), como se afirma expresamente en el vers\u00ed\u00adculo 9b: \u2020\u0153Vosotros, labrant\u00ed\u00ado de Dios, edificio de Dios\u2020\u009d; y como los vers\u00ed\u00adculos 6-8 introducen la met\u00e1fora del cultivo, as\u00ed\u00ad los vers\u00ed\u00adculos 10-15 desarrollan la de la construcci\u00f3n. Dios mismo es el que comienza y prosigue la obra y el que trabaja continuamente en ella; cualquier otro, incluso Pablo, no es m\u00e1s que colaborador. La intervenci\u00f3n directa de Dios se contrapone a la actual situaci\u00f3n de abandono y de opresi\u00f3n, y acent\u00faa de este modo la gracia y la bondad del salvador.<br \/>\nEn otro pasaje Pablo recurre expresamente a la imagen de la plantaci\u00f3n; en Rom 11,17-24, cuando habla del olivo silvestre injertado en el olivo bueno. De forma an\u00e1loga al pasaje de ICar 3,la, met\u00e1fora de la plantaci\u00f3n, insiste en la unidad del pueblo cristiano, cuyo cultivo y cuyos frutos corresponden propiamente a Dios, no sin la \u2020\u0153colaboraci\u00f3n\u2020\u009d de los predicadores o ap\u00f3stoles.<br \/>\n1337<br \/>\nc) El edificio, o construcci\u00f3n.<br \/>\nLa met\u00e1fora ya mencionada de 1 Cor 3,9 se desarrolla y se determina en los vers\u00ed\u00adculos siguientes: su \u2020\u0153fundamento (&#8230;) es Jesucristo\u2020\u009d (y. 11). Se pensar\u00e1, pues, en un edificio sagrado, en un templo. Lo cual se subraya en el vers\u00ed\u00adculo 16: \u2020\u0153,No sab\u00e9is que sois templo de Dios y que el Esp\u00ed\u00adritu de Dios habita en vosotros?\u2020\u009d. Y refiri\u00e9ndose probablemente al lenguaje del edifi-car-destruir, contin\u00faa en el vers\u00ed\u00adculo 17: \u2020\u0153Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruir\u00e1 a \u00e9l; porque el templo de Dios, que sois vosotros, es santo\u2020\u009d (1Co 6,19; 2Co 6,16).<br \/>\nLa imagen de Cristo como piedra de construcci\u00f3n aparece varias veces. Ella es la que afianza el edificio levantado por encima, la que le da solidez y santidad. En esta imagen concurren tres textos del AT interpretados en clave cristol\u00f3gica (ecle-siol\u00f3gica). El Ps 117,22 (LXX): Israel es la piedra descartada y sin valor alguno, pero que ha quedado altamente valorada y honrada por la salvaci\u00f3n experimentada que ha recibido de Dios. Mt 21,42 (Mc 12,10 Lc 20,17s) y Ac 4,11: Jesuses piedra angular y fundamental gracias a su resurrecci\u00f3n y exaltaci\u00f3n, despu\u00e9s de haber sido \u2020\u0153descartado\u2020\u009d y \u2020\u0153reducido a la nada\u2020\u009d en su pasi\u00f3n y muerte. Para 1P 2,4-8 tenemos un acento cristol\u00f3gico diferente (Mt 21,44). El segundo texto es el de Is 28,16: es Dios el que salva al pueblo; \u00e9l es el que ha construido a Si\u00f3n, poniendo de cimiento \u2020\u0153una piedra probada, una piedra angular, preciosa, bien asentada. El que crea, no vacilar\u00e1\u2020\u009d. 1 P 2,4-7 asocia a los cristianos a Cristo, \u2020\u0153piedra escogida angular\u2020\u009d. Tambi\u00e9n 1s8,14 se le aplica a Cristo en 1P 2,8: end AT la \u2020\u0153piedra de ttopiezo\u2020\u009d era Dios: contra \u00e9l iban a chocar todos los que no cre\u00ed\u00adan; aqu\u00ed\u00ad, por el contrario, y en Rom 9,32s el que se convierte en tropiezo es Jes\u00fas, esc\u00e1ndalo para los que \u2020\u0153no quieren creer en el evangelio\u2020\u009d.<br \/>\nGracias a esta imagen de Cristo, piedra puesta como fundamento, tambi\u00e9n la predicaci\u00f3n misionera de Pablo es un edificio sagrado que es construidor(Rm 15,20), mientras que la relaci\u00f3n de mutua caridad de los cristianos es definida como un \u2020\u0153edificar\u2020\u009d(Rm 15,2). Al mismo tiempo, los cristianos, como \u2020\u0153piedras vivas\u2020\u009d adheridas a la \u2020\u0153piedra viva\u2020\u009d (1 Pe 2,4s), forman todos juntos una Iglesia que puede compararse con un edificio sagrado, con el templo. En esta edificaci\u00f3n concurrir\u00e1n no s\u00f3lo el Cristo fundamento, sino tambi\u00e9n la obra de Dios y la del Esp\u00ed\u00adritu (cf tambi\u00e9n Ef 2,19-22).<br \/>\n1338<br \/>\nd) Cuerpo de Cristo.<br \/>\nEs la expresi\u00f3n m\u00e1s densa que en el NT encierra todo el sentido de la Iglesia en sus relaciones de uni\u00f3n con Cristo. Su formulaci\u00f3n se limita solamente a la teolog\u00ed\u00ada paulina; pero tendremos que recordar tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad todos esos s\u00ed\u00admbolos o figuras que aparecen en el NT y que de alguna manera la clarifican: por ejemplo, la vid y los sarmientos (Jn 15,1-8), el edificio espiritual, la esposa y el cordero&#8230; Habr\u00ed\u00ada que tener tambi\u00e9n en cuenta las expresiones de la uni\u00f3n fieles-Cristo mediante las preposiciones \u2020\u0153en\u2020\u009d o \u2020\u0153con\u2020\u009d. Sobre todo habr\u00ed\u00ada que considerar el valor del cuerpo individual de Jes\u00fas, del Jes\u00fas terreno y glorioso, con el que los cristianos se identifican de manera ciertamente m\u00ed\u00adstica, pero tambi\u00e9n muy real, en la eucarist\u00ed\u00ada, experiencia de la que se aprovecha la Iglesia y de la que vive desde que Jes\u00fas le confi\u00f3 este memorial (1 Co ll,24ss), orientaci\u00f3n y anticipaci\u00f3n del encuentro escatol\u00f3gico que la Iglesia aguarda y prepara<br \/>\nico 11,26).<\/p>\n<p>Experiencia que desde siempre ha acompa\u00f1ado a la vida de la Iglesia, es posible que la eucarist\u00ed\u00ada, cuerpo de Cristo partido y distribuido a los fieles bajo el signo del pan, no haya tenido alguna repercusi\u00f3n en estos textos. M\u00e1s a\u00fan, es probable que la met\u00e1fora-alegor\u00ed\u00ada de la Iglesia cuerpo de Cristo haya encontrado su punto de partida precisamente en esta experiencia. Es un hecho que el primer testimonio de la Iglesia cuerpo de Cristo se encuentra a prop\u00f3sito de la eucarist\u00ed\u00ada: \u2020\u0153Puesto que s\u00f3lo hay un pan, todos formamos un solo cuerpo, pues todos participamos del mismo pan\u2020\u009d (1Co 10,17). La uni\u00f3n, aunque m\u00ed\u00adstica, es tan real como lo es el cuerpo del Se\u00f1or en la eucarist\u00ed\u00ada. Y se da una especie de analog\u00ed\u00ada entre la eucarist\u00ed\u00ada y el bautismo. Ya desde el principio de la Iglesia, tambi\u00e9n el bautismo, aunque bajo otra forma, nos une con la muerte de Cristo (Rm 6,3), nos \u2020\u0153sepultajunto con \u00e9l\u2020\u009d (y. 4), nos permite \u2020\u0153llegar a ser una misma cosa con \u00e9l por una muerte semejante a la suya\u2020\u009d (y. 5), caus\u00e1ndonos una verdadera muerte al pecado y a la ley (Rom 7,4ss). As\u00ed\u00ad pues, hemos sido bautizados en el \u00fanico cuerpo de Cristo, formamos una unidad fundamental con \u00e9l (Ga 3,28). Es evidente la analog\u00ed\u00ada con los efectos de la eucarist\u00ed\u00ada. Esto mismo podr\u00ed\u00ada repetirse a prop\u00f3sito de la resurrecci\u00f3n: la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas lleva consigo la nuestra. San Pablo lo expresa con claridad cuando afirma que el Esp\u00ed\u00adritu -el mismo que resucit\u00f3 a Jes\u00fas- deposita en nosotros una semilla de resurrecci\u00f3n tal que resucitaremos a imagen del cuerpo resucitado de Jes\u00fas ico 15,40;Rm 8,11).<br \/>\nAnimados por el mismo Esp\u00ed\u00adritu que est\u00e1 tambi\u00e9n en Jes\u00fas y alimentados del mismo pan que es e\u00ed\u00ad cuerpo real, aunque espiritual, de Cristo, los cristianos forman juntos un solo cuerpo, que es el cuerpo del Se\u00f1or. Ciertamente Pablo utiliza el conocido ap\u00f3logo helenista del cuerpo y de los miembros, recogido de Esopo y aplicado al orden social por Menenio Agripa. Podemos volver a escucharlo de forma transparente, pero totalmente centrado en el \u2020\u0153solo cuerpo de Cristo\u2020\u009d, en Rom 12,3-6. An\u00e1logamente, y quiz\u00e1 todav\u00ed\u00ada m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente, se hab\u00ed\u00ada expresado en ico 12,11 s. El cuerpo humano reduce a la unidad la pluralidad de miembros de que est\u00e1 compuesto el cuerpo. La frase \u2020\u0153as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n Cristo\u2020\u009d del vers\u00ed\u00adculo 12c tiene que completarse de este modo: as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n Cristo tiene muchos miembros y reduce a la unidad en su cuerpo a todos los cristianos (como en Rm 12,5). El desarrollo de los vers\u00ed\u00adculos 13-14 confirma esta interpretaci\u00f3n: Cristo es el principio de unidad de su cuerpo. Si luego, en el vers\u00ed\u00adculo 13b, se lee una referencia a la eucarist\u00ed\u00ada (\u2020\u0153todos hemos bebido&#8230;\u2020\u2122), entonces estos dos sacramentos de la unidad<br \/>\n-bautismo y eucarist\u00ed\u00ada- se mencionan aqu\u00ed\u00ad para afirmar la evidencia de nuestra uni\u00f3n espiritual y real con Cristo (como ya en 10,17; cf 10,4). El largo desarrollo figurado de los vers\u00ed\u00adculos 15-26 y la conclusi\u00f3n en el vers\u00ed\u00adculo 27 lo vuelven a remachar: \u2020\u0153Ahora&#8230; vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno por su parte es miembro de ese cuerpo\u2020\u009d.<br \/>\nEn las cartas de l\u00e1 cautividad resulta todav\u00ed\u00ada m\u00e1s importante y variado el uso de la f\u00f3rmula \u2020\u0153cuerpo de Cristo\u2020\u009d. Por una parte, se conserva el tema precedente (Col 3,12-16; Ef 4, 1-7; Ef 5,30). Pero se ensancha la perspectiva, poniendo de relieve al Cristo resucitado y glorioso, acentuando sus funciones como \u2020\u0153cabeza\u2020\u009d del cuerpo (y por tanto de la Iglesia) en su funci\u00f3n c\u00f3smica como creador y como ser superior a los \u00e1ngeles. V\u00e9anse especialmente Col 1,24 y Ep 1,22s, donde la Iglesia universal se identifica con el cuerpo resucitado del Se\u00f1or. Otro tanto puede decirse de Col 1,18 (\u2020\u0153cabeza del cuerpo de la Iglesia\u2020\u009d) y de Ep 5,23 (\u2020\u0153cabeza de la Iglesia\u2020\u009d y \u2020\u0153salvador del cuerpo\u2020\u009d). Cristo es ke-phale, \u2020\u0153cabeza\u2020\u009d, respecto al cuerpo, que es la Iglesia. Este t\u00e9rmino es propio de las cartas de la cautividad. Probablemente hay que entenderlo en el sentido de \u2020\u0153cabeza-jefe\u2020\u009d, leyendo por tanto en \u00e9l una especie de primac\u00ed\u00ada o de dominio o de causalidad de Cristo respecto a la Iglesia.<br \/>\nLa Iglesia es \u2020\u0153la plenitud\u2020\u009d de Cristo (griego, ?leroma) (Ef 1,23), una plenitud din\u00e1mica que tiende a la santificaci\u00f3n de los cristianos mediante el mismo Cristo, ya que en \u00e9l \u2020\u0153habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad\u2020\u009d (Col 2,9). Por consiguiente, la Iglesia, cuerpo suyo, no podr\u00e1 menos de estar repleta y perfeccionada en la santidad de Cristo y mediante \u00e9l (Ef 4,16).<br \/>\n1339<br \/>\n5. Algunas notas teol\u00f3gicas.<br \/>\n1340<br \/>\na) Comunidad de salvaci\u00f3n escalol\u00f3gica.<br \/>\nTal es la Iglesia desde sus comienzos. Esto se basa y corresponde a la convicci\u00f3n de que Jes\u00fas es el mes\u00ed\u00adas prometido, que ha sido levantado ahora por la diestra de Dios y ha enviado el Esp\u00ed\u00adritu: as\u00ed\u00ad Pedro en Ac 2,14-36 (especialmente los vv. 38-40; cf 4,lis; 5,31s). An\u00e1logamente, Pablo en su primer discurso<br \/>\n-program\u00e1tico- en Antioqu\u00ed\u00ada de Pisidia (Hch 13,23; Hch 13,26; Hch 13, , ai rechazar el anuncio Jes\u00fas mes\u00ed\u00adas y salvador, los jud\u00ed\u00ados rechazan la \u2020\u0153vida eterna\u2020\u009d que est\u00e1 contenida en ese mensaje (y. 46).<br \/>\n\u2020\u0153Jes\u00fas es el Cristo\u2020\u009d es la f\u00f3rmula m\u00e1s primitiva de fe, reconocida antes de la resurrecci\u00f3n: por ejemplo, Mc 8,29 (y variantes en par); Mt 16,20; 16,16; frecuent\u00ed\u00adsima en el relato d\u00e9la pasi\u00f3n, no menos que en los escritos de Juan, aunque con diferentes versiones, en las cartas pastorales y en los dem\u00e1s escritos del NT.<br \/>\nLa Iglesia remacha constantemente su propia fe fundada en Jes\u00fas de Nazaret y en su misma experiencia en el tiempo. Proclama que ha superado ya las fronteras de la escatolog\u00ed\u00ada y que vive actualmente en un tiempo que es ya salvaci\u00f3n, salvaci\u00f3n escato-l\u00f3gica, realizaci\u00f3n de las promesas y manifestaci\u00f3n del plan salv\u00ed\u00adfico divino. \u2020\u0153Pero cuando se cumpli\u00f3 (gr., lleg\u00f3 la plenitud, topleroma, del tiempo, Dios envi\u00f3 a su Hijo&#8230;\u2020\u2122(Ga 4,4). El, \u2020\u0153nacido bajo la ley\u2020\u009dQ, satisfizo con la cruz las exigencias de muerte de esa misma ley:<br \/>\n\u2020\u0153Se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por nuestros pecados para sacarnos de este mundo perverso\u2020\u009d (Ga 1,4). Con su cruz y despu\u00e9s de ella ha dejado de existir todo aquello que constitu\u00ed\u00ada el mundo antiguo, marcado por el pecado (2Co 5,21; Ga 3,13). Recogiendo una distinci\u00f3n corriente en el judaismo, en donde \u2020\u0153este mundo actual perverso\u2020\u009d se opone al mundo venidero, es decir, escatol\u00f3-gico, que ha de inaugurar el mes\u00ed\u00adas, Pablo declara que Jes\u00fas ha sido precisamente el que ha realizado este cambio: con Jes\u00fas y su muerte, el mundo actual ha encontrado su propio fin, su propia muerte. El nuevo mundo es una realidad en Cristo, gracias a su muerte, que ha \u2020\u0153crucificado\u2020\u009d al mundo actual y, consiguientemente, ha hecho del cristiano, por as\u00ed\u00ad decirio, un \u2020\u0153crucificado para el mundo\u2020\u009d (Ga 6,14).<br \/>\n1341<br \/>\nb) Comunidad fundada por Jes\u00fas.<br \/>\nEs precisamente esta fe mesi\u00e1nico-escatol\u00f3gica, por la que la Iglesia tiene conciencia de ser la comunidad final de salvaci\u00f3n, la que explica la manera con que ella elige, transmite y orienta las noticias relativas a la \u2020\u0153vida\u2020\u009d de Jes\u00fas, su actividad y su propia fundaci\u00f3n. En la actividad de su Maestro ella capta la realidad de su fundador, de aquel que con su acci\u00f3n y con su ense\u00f1anza lleva a su cumplimiento las antiguas promesas de salvaci\u00f3n, confi\u00e1ndDIAS a la historia concreta de su comunidad. Antes de santificarla y de manifestarla mediante la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en pen-tecost\u00e9s (Hch 2,23) y de confiarla a \u2020\u0153sus testigos\u2020\u009d (Hch 1,8) con un mandato de evangelizaci\u00f3n universal (Mt 28,18-20), Jes\u00fas la fue preparando esmerada y atentamente durante su vida terrena.<br \/>\nDe esta preparaci\u00f3n de la Iglesia como comunidad hemos de ver una primera referencia en la \u2020\u0153gente\u2020\u009d o \u2020\u0153multitud\u2020\u009d que rodeaba a Jes\u00fas: son \u2020\u0153las ovejas dispersas de la casa de Israel\u2020\u009d (Mt 10,6 cf Mt 10,23; Mt 15,24), \u2020\u0153el pueblo que yace en las tinieblas\u2020\u009d (Mt 4,16 cf Mt 13,15; Mt 15,8). Pero son sobre todo indicativos los evangelios cuando hablan de los disc\u00ed\u00adpulos, para-los cuales la caracter\u00ed\u00adstica esencial es la llamada o \/ vocaci\u00f3n, la acogida de la palabra de Jes\u00fas y su seguimiento. Lo mismo hay que decir de los \u2020\u02dcdoce\u2020\u2122, con su m\u00faltiple significado, especialmente mesi\u00e1nico-escatol\u00f3gi-co [1 Ap\u00f3stol! Disc\u00ed\u00adpulo], y con todas aquellas indicaciones embrionales, pero fundamentales, sobre aquello que nosotros llamamos \u2020\u0153los sacramentos\u2020\u009d. Al encargarse personalmente de preparar a \u2020\u0153su Iglesia\u2020\u009d (Mt 16,18), Jes\u00fas pon\u00ed\u00ada en camino a aquella comunidad de fe que a distancia de, algunos decenios (y ahora de varios siglos) se habr\u00ed\u00ada de reconocer en aquella realidad del tiempo de Jes\u00fas, en aquellas ense\u00f1anzas, en aquellas experiencias. Gracias a la permanencia entre \u2020\u0153los suyos\u2020\u009d (Mt 18,20; Mt 28,20), \u00e9l contin\u00faa la obra que fund\u00f3, la hace creer y desarrollarse, la va llevando poco a poco a su cumplimiento.<br \/>\nLa Iglesia se manifiesta abierta a todos los hombres desde el tiempo de Jes\u00fas. A pesar de la afirmaci\u00f3n de estrecho rigorismo nacionalista de Mt 15,24 (cf lO,5s y 8,12), lo que cuenta para encontrar a Jes\u00fas y ser su seguidores la fe (Mt 8,5-10; Mt 15,28). Al final, cuando tenga lugar la segunda venida, en la parus\u00ed\u00ada, \u2020\u0153todos los ?peA?R .ser\u00e1n llevados a su presencia\u2020\u009d (25,32), mientras que los \u00e1ngeles del juicio \u2020\u0153reunir\u00e1n de los cuatro vientos a los elegidos desde uno a otro extremo del mundo\u2020\u009d (24,31). Pero para toda la tradici\u00f3n evang\u00e9lica el Hijo del hombre ha venido ya y ha comenzado tambi\u00e9n \u2020\u0153la cosecha\u2020\u009d (el juicio). Para Mt, el nuevo Israel tiene ya en \u2020\u0153los doce\u2020\u009d sus ep\u00f3-nimos y sus jueces, y en los disc\u00ed\u00adpulos (Mt 13,38) \u2020\u02dclos hijos\u2020\u009d del reino que, gracias a la fe, provienen tambi\u00e9n del mundo de los paganos (Mt 12,18 = Is 42,1; Mt 12,21 = Is 42,4 LXX). Esta universalidad se har\u00e1 manifiesta en la resurrecci\u00f3n.<br \/>\nLa escena final en el monte (Mt 28,16-20) es intencionalmente muy instructiva: \u2020\u0153a los once disc\u00ed\u00adpulos\u2020\u009d, \u2020\u0153postrados en adoraci\u00f3n\u2020\u009d, Jes\u00fas se les revela como el Se\u00f1or universal, dotado de \u2020\u0153todo poder en el cielo y en la tierra\u2020\u009d, y por tanto autorizado para fundar por medio de ellos una comunidad universal de disc\u00ed\u00adpulos entre todos los pueblos: \u2020\u0153Id y haced disc\u00ed\u00adpulos m\u00ed\u00ados en todos los pueblos\u2020\u009d. Son enviados, y por consiguiente constituidos \u2020\u0153ap\u00f3stoles\u2020\u009d para todos, sin excluir a nadie, para que todos puedan llegar a ser disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas. La Iglesia del evangelio es tanto la del Jes\u00fas terreno como la del Jes\u00fas resucitado.<\/p>\n<p>1342<br \/>\nc) En los escritos joaneos.<br \/>\nEl Jes\u00fas terreno y su obra de preformaci\u00f3n de la Iglesia quedan filtrados por la vida de una Iglesia que ya ha evolucionado y que vuelve a proponerlos en t\u00e9rminos de actualidad y de historia. Aunque nunca nos hablan expl\u00ed\u00adcitamente de la Iglesia, estos escritos no pierden nunca de vista su naturaleza \u00ed\u00adntima, que consiste en la perfecta comuni\u00f3n entre sus miembros y por parte de \u00e9stos con Jes\u00fas. En estos escritos la Iglesia es siempre el grupo de disc\u00ed\u00adpulos, que en Ap se ti\u00f1e con el martirio. De suyo, la Iglesia equivale a \u2020\u0153creyentes\u2020\u009d (Jn 1,12; Jn 3,16; Jn 3,18; Jn 3,36; Jn 5,24 etc. ), aunque no todos los creyentes sean disc\u00ed\u00adpulos (Jn 4,39; Jn 4,41; Jn 4,53; Jn 9,38; Jn 11,27 etc. ). S\u00f3lo la fe une con lo que fue \u2020\u0153desde el principio\u2020\u009d(Unl,lss;2,7s;3,1l;2Jn4ss). Entre los creyentes hay algunos que sol\u00f3 creen superficialmente (en los signos: Jn 2,23), o tan s\u00f3lo a escondidas (Jn 12,42; Jn 19,38); la verdadera fe, la de los disc\u00ed\u00adpulos aut\u00e9nticos y la de la Iglesia, se caracteriza por la relaci\u00f3n con la palabra de Jes\u00fas (Jn 5,38; Jn 8,31; Jn 15,7 Un Jn 1,1), por el \u2020\u0153conocimiento\u2020\u009d que viene de la fe (Jn 6,69) y que \u2020\u0153da mucho fruto\u2020\u009d (Jn 15,8). Los \u2020\u0153doce\u2020\u009d son el modelo adecuado para los verdaderos disc\u00ed\u00adpulos (cf Jn 6,70, referido a los doce, con 15,16, dicho para los disc\u00ed\u00adpulos en general).<br \/>\n\u2020\u0153Entre Jes\u00fas y \u2020\u0153los suyos\u2020\u009d se da una uni\u00f3n muy \u00ed\u00adntima, en virtud de una presencia constante de Jes\u00fas y del! Esp\u00ed\u00adritu con, por y en los disc\u00ed\u00adpulos (Jn 14,16s; 15,13; etc.). El es \u2020\u0153desde el principio\u2020\u009d la \u2020\u0153palabra de la vida\u2020\u009d para los creyentes en la Iglesia (1Jn 1,1 ss). Como comunidad de los creyentes, la Iglesia es la morada de Jes\u00fas y del Padre (Jn 14,23; Ap 21,3). La misma muerte de Jes\u00fas no es considerada, ni mucho menos, como separaci\u00f3n o como lejan\u00ed\u00ada de Jes\u00fas respecto a su comunidad; al contrario, mediante el Esp\u00ed\u00adritu Jes\u00fas vuelve y permanece* continuamente presente en su Iglesia. Ese Esp\u00ed\u00adritu es dado por Dios (1Jn 3,24); pero es tambi\u00e9n enviado por Jes\u00fas (Jn 15,26), como \u2020\u0153otro Par\u00e1clito\u2020\u009d (\u2020\u0153otro\u2020\u009d respecto a Jes\u00fas) y permanece \u2020\u0153para siempre\u2020\u009d con los disc\u00ed\u00adpulos (Jn 14,16); m\u00e1s a\u00fan, est\u00e1 \u2020\u0153dentro\u2020\u009d de ellos (Jn 14,17 ). Esta intimidad tan grande y tan vital entre el creyente y Jes\u00fas se pone de manifiesto en el lenguaje figurado de la par\u00e1bola aleg\u00f3rica del buen pastor(Jn 10,1-17) y en la met\u00e1fora de la vid y los sarmientos Jn 15,1-8): la Iglesia recibe su vida de Jes\u00fas; m\u00e1s a\u00fan, lleva dentro de s\u00ed\u00ad la vida misma de Jes\u00fas.<br \/>\nEste lazo tan estrecho que la une a Jes\u00fas impone a la Iglesia la necesidad absoluta de la unidad interiory exterior. Tal es el objetivo de la obra de Jes\u00fas pastor (10,l4ss), el objeto de su oraci\u00f3n (Jn 17,20), el fruto de su muerte (Jn ll,51s) y al mismo tiempo el instrumento elegido de evangeliza-ci\u00f3n en manos de los disc\u00ed\u00adpulos(Jn 17,21;Jn 17,23).<br \/>\nUnida y tambi\u00e9n \u00fanica, es decir, Iglesia universal. Seg\u00fan Jn 4, la universalidad de la Iglesia formaba ya parte de la ense\u00f1anza terrena del Maestro, aun cuando hay claros indicios que atestiguan en el texto una evoluci\u00f3n y una clave escatol\u00f3gica dif\u00ed\u00adcilmente originales (pero que al mismo tiempo confirman la interpretaci\u00f3n universalista que hay que dar a todo el episodio). Tambi\u00e9n tiene un aire universalista Jn 12,12-28: \u2020\u0153Mirad c\u00f3mo todo el mundo se va tras \u00e9l\u2020\u009d, es el comentario amargo de los fariseos (y. 19); pero tambi\u00e9n la interpretaci\u00f3n universal del evangelista, que habla de \u2020\u0153algunos griegos\u2020\u009d (y. 20) y de la necesidad del ministerio apost\u00f3lico para \u2020\u0153ver a Jes\u00fas\u2020\u009d (y. 21s).<br \/>\nEs evidente la misi\u00f3n: la Iglesia recoge y desarrolla en ella los datos originales de Jes\u00fas. Por medio de Juan Bautista (Jn 1,6; Jn 1,33; Jn 3,28), por medio de Jes\u00fas (enviado de Dios: Jn 3,17; Jn 4,34 etc. ) y por medio de los disc\u00ed\u00adpulos (enviados por Jes\u00fas: Jn 4,38; Jn 13,20). Estos contin\u00faan la misi\u00f3n misma de Jes\u00fas, el enviado del Padre; as\u00ed\u00ad pues, resalta all\u00ed\u00ad el car\u00e1cter mesi\u00e1nico-escatol\u00f3gico, y al mismo tiempo teol\u00f3gico, de su env\u00ed\u00ado (Jn 17,18 y especialmente 20,21).<br \/>\nTambi\u00e9n est\u00e1 presente en Juan el principio de la tradici\u00f3n: la ense\u00f1anza est\u00e1 garantizada por el Esp\u00ed\u00adritu<br \/>\n(Jn 16,13s); m\u00e1s a\u00fan, es \u00e9l mismo el que \u2020\u0153ense\u00f1ar\u00e1\u2020\u009d (Jn 14,26) y el que \u2020\u0153dar\u00e1 testimonio\u2020\u009d (15,26) de<br \/>\nJes\u00fas a trav\u00e9s de todo lo que digan luego los disc\u00ed\u00adpulos, que ser\u00e1n tambi\u00e9n testigos suyos, puesto que<br \/>\n\u2020\u0153est\u00e1n con \u00e9l desde el principio\u2020\u009d (15,27).<br \/>\n1343<br \/>\nEs adem\u00e1s interesante la referencia al nuevo culto, es decir, a la era esca-tol\u00f3gica, representada aqu\u00ed\u00ad por la Iglesia: cf las bodas de Cana (Jn 2,1-11), le\u00ed\u00addas en paralelo con la referencia al templo y con la interpretaci\u00f3n siguiente (2,13-22); v\u00e9ase la afirmaci\u00f3n sobre los \u2020\u0153verdaderos adoradores\u2020\u009d, los actuales, esto es, los del tiempo de Cristo y de la Iglesia, que \u2020\u0153adorar\u00e1n al Padre en esp\u00ed\u00adritu y en verdad\u2020\u009d (Jn 4,23). Jes\u00fas inaugur\u00f3 la hora escatol\u00f3gica de la verdadera adoraci\u00f3n, la que contin\u00faa entre los que creen en \u00e9l y en su misi\u00f3n. Entre los sacramentos, se habla particularmente del \/ bautismo (III) con agua y Esp\u00ed\u00adritu Jn 3,1-12); al bautismo y a la eucarist\u00ed\u00ada juntamente se alude en Jn 19,34 y en 1Jn 5,6ss: los dos brotan de la muerte de Jes\u00fas; ala \/ eucarist\u00ed\u00ada (V) se dedica todo el cap\u00ed\u00adtulo 6. Hay que recordar igualmente el perd\u00f3n de los pecados (Jn 20,23) [1 Reconciliaci\u00f3n], verdadera y propia habilitaci\u00f3n para un acto judicial por parte de los disc\u00ed\u00adpulos! ap\u00f3stoles dentro de la comunidad.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el mundo tiene su peso en la teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia, aunque como contraste. \u2020\u0153Elegidos y sacados del mundo\u2020\u009d (Jn 15,59) y hasta en oposici\u00f3n a \u00e9l (1Jn 2,l5ss), los disc\u00ed\u00adpulos no son\u2020\u009ddelmundo\u2020\u009d(Jn 17,14), sino que, como Jes\u00fas, s\u00f3lo han sido enviados al mundo (Jn 17,18). \u2020\u0153En el mundo\u2020\u009d est\u00e1n \u2020\u0153las pasiones carnales, el ansia de las cosas y la arrogancia\u2020\u009d (1Jn 2,16), la mentira, el pecado y la muerte (Jn 8). \u2020\u0153Nosotros sabemos que somos de Dios, y que todo el mundo est\u00e1 en poder del maligno\u2020\u009d (1Jn 5,19); los creyentes, ola Iglesia, son \u2020\u0153hijos de Dios\u2020\u009d(Un 3,10) y cumplen la voluntad de Dios (1Jn 2,17). Los caminos y los objetivos del mundo son fatales para los disc\u00ed\u00adpulos (Jn 12,35 14,4s), para que no se hagan \u2020\u0153del mundo\u2020\u009d, Jes\u00fas le pide al Padre que los \u2020\u0153preserve del mal\u2020\u009d (Jn 17,15). Tambi\u00e9n hay que luchar contra el demonio: Jes\u00fas ha venido a \u2020\u0153destruir las obras del diablo\u2020\u009d (1Jn 3,8), es decir, el pecado, \u2020\u0153porque el diablo es pecador desde el principio\u2020\u009d(Un 3,8). Los creyentes, gracias a su fe, \u2020\u0153han vencido al mundo\u2020\u009d (1Jn 5,4), mientras que la palabra de Dios que mora en el cristiano es la que \u2020\u0153ha vencido al maligno\u2020\u009d (1Jn 2,14).<br \/>\nPero el mundo y el maligno han logrado, sin embargo, penetrar en la Iglesia mediante las herej\u00ed\u00adas. En la comunidad hay muchos \u2020\u0153anticristos\u2020\u009d (1Jn 2,18; 1Jn 2,22; 1Jn 4,3; 1Jn 4,6; 2Jn 7) y muchos falsos profetas (1Jn 4,1), que son un motivo de perversi\u00f3n para los miembros de la Iglesia (1Jn 2,26 cf 1Jn 3,7). El error recae sobre Jes\u00fas (docetismo: Un 2,22; 4,2s) y manifiesta una falsa concepci\u00f3n del pecado (1Jn 1,8; 1Jn 3,4; 1Jn 3, . Estos falsos profetas son excluidos la comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica (2Jn lOs); es natural que as\u00ed\u00ad sea, puesto que \u2020\u0153no tienen Dios\u2020\u009d (2Jn 9). La Iglesia, sin embargo, aunque tentada y sometida la prueba, permanece fiel: \u2020\u0153Se disipan las tinieblas y la luz verdadera brilla ya\u2020\u009d (1Jn 2,8).<br \/>\nFiel y victoriosa sobre las tentaciones y en medio de las tribulaciones, triunfante gracias a Dios y al Cordero, segura en el tiempo y para siempre,, la Iglesia es el tema constante y la idea central del Ap. Heredera del antiguo Israel, consciente de realizar el plan divino de la salvaci\u00f3n, es presentada desde el principio como la comunidad de los redimidos (1 ,5b; cf 1,8), convertida en un \u2020\u0153reino de sacerdotes para su Dios y Padre\u2020\u009d (1,6 = 1s61 ,6;cf5,9s; 14,3s; 20,6). Es la Iglesia de Jesucristo. Realiza todo lo que hab\u00ed\u00ada sido dicho del antiguo Israel, del \u2020\u0153pueblo de Dios\u2020\u009d (18,4; Is 52,11). La alianza antigua con Israel, formulada en los tiempos y en los t\u00e9rminos m\u00e1s variados, se establece ahora de manera definitiva con la Iglesia considerada como el nuevo y eterno Israel, tan totalmente representativa que figura como la ideal \u2020\u0153ciudad santa, la nueva Jerusal\u00e9n, que baja del cielo del lado de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su esposo\u2020\u009d (21,2; Is 61,2) [1 Juan: evangelio, cartas; \u00c2\u00a1Apocalipsis].<br \/>\n1344<br \/>\nd) En la teolog\u00ed\u00ada de Lc-Ac.<br \/>\nAqu\u00ed\u00ad la Iglesia aparece en continuidad con todo lo que antes se ha ido dibujando. Espec\u00ed\u00adficamente, la Iglesia es el anuncio kerigm\u00e1tico para el presente y para el futuro; es una \u2020\u0153Iglesia en el tiempo\u2020\u009d, guiada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo y convertida en anuncio de salvaci\u00f3n para todos los hombres de esta historia ya cristiana.<br \/>\nSeg\u00fan una concepci\u00f3n totalmente hebrea, la Iglesia es obra de Dios. Es su prodigio escatol\u00f3gico, conocido por \u00e9l ya desde la eternidad (Hch 15,38) e insuprimible (Ac 5,38s). Jes\u00fas y su obra se sit\u00faan en esta historia de Dios, y por tanto est\u00e1n prefigurados y prometidos (Hch 3,22-26 etc. ). La Iglesia comprende tanto a los jud\u00ed\u00ados como a los paganos; es con toda claridad el \u2020\u0153nuevo\u2020\u009d Israel, el \u2020\u0153verdadero\u2020\u009d Israel o el de los \u00faltimos tiempos, injertado en el antiguo y prolongaci\u00f3n suya, pero tambi\u00e9n su cumplimiento, su superaci\u00f3n y su meta (Am9,llss = Ac 15,15s).<br \/>\nLa Iglesia, obra de Dios, comprende como su propia esencia la historia terrena de Jes\u00fas, incluidas su muerte y su resurrecci\u00f3n. El acento se pone en el Jes\u00fas resucitado, en el Se\u00f1or: \u00e9l es \u2020\u0153el viviente\u2020\u009d (Lc 24,5 ), o \u2020\u0153aquel que vive\u2020\u009d (Lc 24,23), que dio \u2020\u0153muchas pruebas evidentes de que estaba vivo\u2020\u009d y que \u2020\u0153se apareci\u00f3 durante cuarenta d\u00ed\u00adas y les habl\u00f3 de las cosas del reino de Dios\u2020\u009d (Hch 1,3). En el centro, el acontecimiento-resurrecci\u00f3n atrae y ordena en torno a s\u00ed\u00ad todos los dem\u00e1s hechos de Jes\u00fas. La Iglesia queda fundada desde que Jes\u00fas resucit\u00f3? se manifest\u00f3; est\u00e1 escondida, pero presente, y durar\u00e1 hasta la parus\u00ed\u00ada. El alma de la Iglesia es la presencia del Se\u00f1or en la \u2020\u0153palabra\u2020\u009d y en la eucarist\u00ed\u00ada; su garant\u00ed\u00ada es la presencia y la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu derramado seg\u00fan la promesa (Lc 24,49 Ac l,4s. Hch 8) sobre los ap\u00f3stoles (Ac 2,3s.ll.17s; etc.) por el Kyrios Jes\u00fas resucitado (Ac 2,23s). De \u00e9l es de quien \u2020\u0153Pedro y los once\u2020\u009d (Hch 2,14) recibir\u00e1n la fuerza para ser testigos del resucitado \u2020\u0153en Jerusal\u00e9n, en toda Judea, en Samar\u00ed\u00ada y hasta los confines de la tierra\u2020\u009d (Hch 1,8 cf Hch 5,3 Is).<br \/>\nLos prodigios y los signos (Hch 2,22; Hch 2,43; Hch 4,16; Hch 4,22) son igualmente expresi\u00f3n de la presencia activa del Esp\u00ed\u00adritu Santo y se ponen al lado de la \u2020\u0153palabra\u2020\u009d como apoyo y como demostraci\u00f3n (Ac 4,29s; 8,6ss): son las curaciones (Hch 4,16; Hch 4,22; Hch 4,30 etc. ) y los exorcismos (Hch 5,16; Hch 8,7; Hch 16,18). Realizados por los ap\u00f3stoles, no son de ellos, sino de Dios (Hch 3,12), que de esta forma y por medio de ellos realiza su plan de salvaci\u00f3n y su propia obra, o es tambi\u00e9n el mismo Jes\u00fas en acci\u00f3n (Ac 4,29s), sobretodo el \u2020\u0153nombre\u2020\u009d de Jes\u00fas (Ac 3,6ss. 16; 4,10. 12.29s; etc.).<\/p>\n<p>Las persecuciones (Hch 5,41; Hch 9,16) van tambi\u00e9n ligadas al \u2020\u0153nombre\u2020\u009d y forman parte de la existencia cristiana, como anuncio y difusi\u00f3n de la palabra. Para Pablo las tribulaciones son necesarias (griego, de\u00ed\u00ad) \u2020\u0153para entrar en el reino de Dios\u2020\u009d (Hch 14,22). Los Hechos est\u00e1n saturados desde el principio de diversas vejaciones contra los cristianos y los testigos de la palabra (4,lss.25; 5,l7ss), pero que son tambi\u00e9n la ocasi\u00f3n privilegiada y providencial para la \u2020\u0153edificaci\u00f3n\u2020\u009d o el crecimiento de la Iglesia (Hch 8,4, Hch 11<br \/>\nOcupa un lugar preeminente la fe y su camino: los cristianos se re\u00fanen para \u2020\u0153escuchar la palabra\u2020\u009d Hch 10,44; Hch 13,7; Hch 13,44) y la \u2020\u0153acogen\u2020\u009d (Hch 2,41; Hch 8,14; Hch 11,1; Hch 17,11). Mar\u00ed\u00ada es precisamente la que de manera ejemplar acoge la palabra y cree (Lc 1,45; Lc 11,28). Los t\u00e9rminos de la fe, que algunas veces no se especifican (Hch 13,48; Hch 14,1; Hch 15,5), se refieren todos ellos al acontecimiento-Jes\u00fas, que naci\u00f3, vivi\u00f3, muri\u00f3 y resucit\u00f3 en Palestina y que est\u00e1 ahora glorioso en los cielos (Hch 10,36-43). Se supone ciertamente un conocimiento, un saber (Hch 18,25-28); pero se requiere esencialmente un ser nuevo y un vivir de la nueva realidad, as\u00ed\u00ad como su manifestaci\u00f3n en formas concretas de vida y de comuni\u00f3n. Esto se lleva a cabo s\u00f3lo mediante una previa conversi\u00f3n profunda, total, una verdadera transformaci\u00f3n de la persona (Hch 9,35-42; Hch 11,21; Hch 20,21). Hay que convertirse de las \u2020\u0153malas obras\u2020\u009d (Hch 3,26) o del \u2020\u0153mal\u2020\u009d (Hch 8,22) y hay que dirigirse \u2020\u0153a Dios, observando una conducta de arrepentimiento sincera\u2020\u009d (Hch 26,20). La llamada a la conversi\u00f3n (griego, met\u00e1noia) se dirige a todos los hombres (Lc 24,45-49; Hch 17,30), aunque bajo formas diversas. Su sello es el bautismo, que lleva unido el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo mediante la imposici\u00f3n de las manos (Ac 8,17s; 9,17).<br \/>\nEsta Iglesia de los primeros tiempos pretende encarnar comunitariamente, y como efecto que se remonta a la primera hora, el mensaje del Maestro; de este modo se convierte en par\u00e1metro y en fuente de vida cristiana para la Iglesia de todos los tiempos. El primer elemento que se destaca en esa Iglesia es su reuni\u00f3n: cf desde el principio Ac 1,4.6.13s. 15; luego en 2,1.42.44.46; 4,23s.31.32; etc. El lugar de encuentro es a veces el templo (Lc 24,53; Hch 2,46), pero tambi\u00e9n las casas privadas (Hch 2,46; Hch 5,42; Hch 12,12 etc. ). De esta manera la Iglesia \u2020\u0153se edifica\u2020\u009d (Hch 9,31; Hch 20,32) y sobre todo \u2020\u0153crece\u2020\u009d, mientras que los disc\u00ed\u00adpulos \u2020\u0153se multiplican\u2020\u009d (Hch 2,41; Hch 2,47; Hch 4,4).<br \/>\nPor lo que se refiere al culto en particular [1 Bautismo 1; \/ Eucarist\u00ed\u00ada II], son frecuentes en los Hechos las oraciones por parte de la comunidad (Hch 1,14; Hch 2,42; Hch 12,5; Hch 12,12; Hch 13,3 etc. ) y de los individuos, por ejemplo Pedro y Juan (Hch 8,15-24), Pablo (9,11), etc\u00e9tera. En ella se presta atenci\u00f3n a la acci\u00f3n de gracias y a la alabanza (Lc 24,53; Hch 1,24), a la intercesi\u00f3n (Hch 12,5; Hch 13,3), a la petici\u00f3n (Ac l,24s; 4,29s), al culto en general (Hch 13,1).<br \/>\nEl culto cristiano y la oraci\u00f3n no ser\u00ed\u00adan genuinos y resultar\u00ed\u00adan incompletos si prescindieran de las exigencias de los hermanos. Lo recuerda la koinon\u00ed\u00ada de Ac 2,42 y todo el sumario de Ac 2,32-35, con la figura de Bernab\u00e9 (Ac 4,26s), al que se contrapone el d\u00ed\u00adptico del comportamiento de Anan\u00ed\u00adas y Safira y de su destino (Hch 5,1-11). Los cristianos se manifiestan realmente como \u2020\u0153hermanos\u2020\u009d (Hch 1,15; Hch 9,30 etc. ).<br \/>\nUna \u00faltima nota se refiere a los que en la Iglesia de los Hechos parecen ejercer un cierto ministerio y tener los llamados carismas. No se trata de la presencia o no del Esp\u00ed\u00adritu Santo; en efecto, \u00e9ste est\u00e1 sobre toda la Iglesia y sobre cada uno de sus miembros (Hch 2,1; Hch 2,4; Hch 2, etc. ). Pero dentro de la Iglesia se mueven algunos personajes que nosotros llamar\u00ed\u00adamos carism\u00e1ticos, en cuanto que no est\u00e1n constituidos propiamente en un ministerio y gozan, sin embargo, de ciertos dones particulares espirituales al servicio de la comunidad: por ejemplo, el \u2020\u0153profeta\u2020\u009d Agabo (1 l,27s), el grupo de profetas que se recuerda en Antioqu\u00ed\u00ada de Siria (13,lss); tambi\u00e9n son \u2020\u0153profetas\u2020\u009d Judas y Silas (15,32); por el don del Esp\u00ed\u00adritu destacan tambi\u00e9n Esteban (6,8; 7,55), Felipe (8,29) y sus cuatro hijas \u2020\u0153profetisas\u2020\u009d (21 9), Bernab\u00e9 (11,24), Apolo (18,25). Pero hay adem\u00e1s una ministerialidad propia y verdadera, aunque privada de contornos precisos. Hay que se\u00f1alar, por ejemplo, la. funci\u00f3n primacial de \/ Pedro sobre los once, tanto dentro de ellos como en el interior de la Iglesia, o tambi\u00e9n Ja de todos los ap\u00f3stoles (definidos en Hch 1,8 y 1,21s), que ciertamente son distintos de los \u2020\u0153hermanos\u2020\u009d (11,1); algo debi\u00f3 suceder con la instituci\u00f3n de los \u2020\u0153siete\u2020\u009d (6,5s) a quienes se les impusieron las manos; lo mismo ocurre en el caso de la misi\u00f3n que se menciona en Ac 13,2ss. Santiago preside la comunidad de Jerusal\u00e9n (15,13-21). Tambi\u00e9n destacan los \u2020\u0153presb\u00ed\u00adteros\u2020\u009do \u2020\u0153ancianos\u2020\u009d (11,30), que forman en Jerusal\u00e9n un gran consejo alrededor de los ap\u00f3stoles (15,2; 16,4), llamados \u2020\u0153hermanos\u2020\u009d de los ap\u00f3stoles, con los que est\u00e1n asociados. Tambi\u00e9n fuera de Palestina son establecidos algunos \u2020\u0153presb\u00ed\u00adteros\u2020\u009d (14,23) por obra de Pablo y Bernab\u00e9. A estos \u2020\u0153presb\u00ed\u00adteros\u2020\u009d se les reconoce abiertamente el sello del Esp\u00ed\u00adritu Santo para \u2020\u0153ser inspectores\u2020\u009d o episkopein (20,28). De esta manera se afirma que no s\u00f3lo el carism\u00e1tico depende del Esp\u00ed\u00adritu, sino tambi\u00e9n todos los que ejercen alg\u00fan ministerio; \u00e9stos tendr\u00e1n que \u2020\u0153apacentar a la Iglesia de Dios\u2020\u009d, defendi\u00e9ndola adem\u00e1s de los errores y de la perversi\u00f3n respecto al dep\u00f3sito apost\u00f3lico transmitido (20,29ss). Por consiguiente, se puede afirmar que ya en este nivel los Hechos atestiguan la presencia de la tradici\u00f3n e incluso la de la sucesi\u00f3n, es decir, la de una gesti\u00f3n de tipo ministerial [\/Lucas; \/Hechos de los Ap\u00f3stoles].<\/p>\n<p>1345<br \/>\ne) En el misterio de la providencia divina [1 Pablo].<br \/>\n\u2020\u0153Todos nosotros fuimos bautizados en un solo Esp\u00ed\u00adritu, para formar un solo cuerpo\u2020\u2122 (1Co 12,13). Es el cuerpo de Cristo (1Co 12,27), cuya cohesi\u00f3n viva manifiesta, asegura e incrementa el pan eucar\u00ed\u00adstico, junto con el evangelio (1Co 10,17). Para Pablo, el cuerpo de Cristo es sobre todo el cuerpo de Jes\u00fas, el del crucificado. De aqu\u00ed\u00ad el interrogante: \u00bfC\u00f3mo es que la misma expresi\u00f3n \u2020\u0153cuerpo de Cristo\u2020\u009d indica tambi\u00e9n a la Iglesia? \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n existe entre el \u2020\u0153cuerpo de Cristo\u2020\u009d y la Iglesia?<br \/>\nEste problema es espec\u00ed\u00adfico de Ep (y de Col). Para Ep, la Iglesia no se deriva del mundo ni pertenece de suyo esencialmente a la historia de aqu\u00ed\u00ad abajo. Si realmente est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad abajo, esto no hace m\u00e1s que manifestar el misterio profundo e insondable de la providencia divina y de su eterna salvaci\u00f3n. Para Ep, la Iglesia ha existido desde siempre en la eterna voluntad salv\u00ed\u00adfica del Padre, que quiere \u2020\u0153recapitular\u2020\u009d todas las cosas en Cristo, las de los cielos y las de la tierra\u2020\u009d (Ef 1,10). Su \u2020\u0153plan secreto, escondido desde todos los siglos en Dios, creador de todas las cosas\u2020\u009d (Ef 3,9), \u2020\u0153no se dio a conocer a los hombres de las generaciones pasadas, y ahora se lo ha manifestado a sus santos ap\u00f3stoles y profetas por medio del Esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d (cf 3,5). Este misterio tiene un contenido concreto, realmente inaudito: \u2020\u0153Este secreto consiste en que los paganos comparten la misma herencia con los jud\u00ed\u00ados, son miembros del mismo cuerpo y, en virtud del evangelio, participan de la misma promesa en Jesucristo\u2020\u009d (Ef 3,6).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, ya desde la creaci\u00f3n tiene ante sus ojos a la Iglesia: al crear, manifiesta su bondad (Gn 1) y conduce a la salvaci\u00f3n, lo cual se realizar\u00e1 precisamente en la Iglesia (y en Cristo). Lo mismo que Dios es creador seg\u00fan un m\u00f3dulo \u2020\u0153escondido\u2020\u009d en \u00e9l, igualmente hay que decir esto de Cristo, ya que \u2020\u0153todo ha sido creado en \u00e9l\u2020\u009d y todo existe \u2020\u0153mediante \u00e9l y con vistas a \u00e9l\u2020\u009d y \u2020\u0153\u00e9l mismo existe antes que todas las cosas y todas subsisten en \u00e9l\u2020\u009d (Col 1,16-17). Conjugando como es debido, la relaci\u00f3n Cristo-Iglesia con el \u2020\u0153misterio de Dios\u2020\u009d (tambi\u00e9n Cristo, como la Iglesia, es \u2020\u0153el misterio de Dios\u2020\u009d: Col 2,2), habr\u00e1 que concluir que la presencia de Cristo y de la Iglesia cumple el misterio de la creaci\u00f3n y al mismo tiempo manifiesta el de Dios [1 Misterio III, 4].<br \/>\nEl Esp\u00ed\u00adritu edifica y hace crecer a la Iglesia como \u2020\u0153cuerpo de Cristo\u2020\u009d gracias a tres elementos principales, l\u00f3gicamente unidos entre s\u00ed\u00ad: a) el evangelio o la predicaci\u00f3n, es decir, la palabra: actualizaci\u00f3n y revelaci\u00f3n de la cruz-resurrecci\u00f3n, llamada de Dios a la salvaci\u00f3n; b) los sacramentos, es decir, el \/ bautismo (IV), la \u00c2\u00a1eucarist\u00ed\u00ada (11-111), el \u00c2\u00a1sacerdocio (II), el \/ matrimonio (VI), en cuanto acciones o signos que santifican al hombre y que lo edifican como cuerpo vivo y santo de Cristo; c) el crecimiento de sus mismos miembros, bien en general, bien de los carism\u00e1-ticos, bien en los ministerios constituidos, puesto que la Iglesia crece y se edifica en la medida en que crecen y se edifican sus miembros en sus respectivas funciones, viviendo de la vida misma de Cristo. De esta forma la Iglesia, gracias al Padre y al Esp\u00ed\u00adritu, es el cuerpo salvador de Cristo en la tierra.<br \/>\n1346<br \/>\nf) El desarrollo de las pastorales: una Iglesia ministerial.<br \/>\nM\u00e1s que por otros temas, igualmente centrales, en las pastorales la Iglesia se caracteriza sobre todo por una concepci\u00f3n de tipo ministerial. Se la representa como una familia terrena (lTm 3,5), como una verdadera y propia \u2020\u0153casa de Dios\u2020\u009d (lTm 3,15 cf lTm 5,1 5), especificada mejor como \u2020\u0153columna y fundamento de la verdad\u2020\u009d (ibid). Tambi\u00e9n se la representa como una \u2020\u0153gran casa\u2020\u009d, donde \u2020\u0153no s\u00f3lo hay vajillas de oro y plata, sino tambi\u00e9n de madera y barro\u2020\u009d (2Tm 2,20), es decir, en donde conviven creyentes y menos creyentes, buenos y malos.<br \/>\nEn el contexto general de una Iglesia pueblo de Cristo (Tt 2,14), formada por hombres con diferente grado de fe y considerada como una familia, se ejerce el ministerio confiado a Timoteo y a Tito. Estos se conciben como prototipos: desempe\u00f1an un ministerio que se confiere y se ejerce continuamente dirigido al oficio apost\u00f3lico, puesto en continuidad con el mismo y como en su lugar (lTm 3,15; lTm 4,13 2Tm 4,5s. 2Tm 9; Tt 3,12). Por eso mismo las pastorales hacen hablar muy frecuentemente al ap\u00f3stol, interpret\u00e1ndolo y autoriz\u00e1ndolo; de esta forma todo gravita en torno al ministerio apost\u00f3lico, expresamente en torno a Pablo (son tambi\u00e9n muy numerosas las referencias personales). Su ense\u00f1anza se ha hecho ya normativa (Tt 1,9 2Tm 1,12s). Sus destinatarios, Timoteo y Tito, no hacen m\u00e1s que guardarlo que fue ense\u00f1ado por el ap\u00f3stol y volver a proponerlo como repetidores (lTm 4,16; lTm 6,2; lTm 6,20 etc. ). La prolongaci\u00f3n del oficio apost\u00f3lico en el ministerio afecta tambi\u00e9n a su interioridad: el amor, la fe, el Esp\u00ed\u00adritu, la dulzura, la paciencia, etc. No solamente el ministerio ha de ser \u2020\u0153espiritual\u2020\u009d, sino tambi\u00e9n el que est\u00e1 revestido de \u00e9l (lTm 6,1 Is; etc.); habr\u00e1 de imitar al ap\u00f3stol en el sufrimiento por el evangelio (2Tm 1,8); tendr\u00e1 que ser un verdadero ty\u2020\u2122pos para la comunidad (lTm 4,12; Tt2,7); ser\u00e1 como un alistado para una \u2020\u0153buena milicia\u2020\u009d(lTm 1,18 2Tim4,5), como en un aut\u00e9ntico \u2020\u0153servicio (lTm 1,12; lTm 4,6; 2Tm 4,5). Y lo mismo que hizo el ap\u00f3stol, tambi\u00e9n el oficio ministerial edifica la Iglesia; m\u00e1s a\u00fan, la hace crecer y la cumple, puesto que est\u00e1 puesto para llevar a su cumplimiento el mismo oficio apost\u00f3lico. Este oficio ministerial afecta tambi\u00e9n a la administraci\u00f3n responsable de la \u2020\u0153casa de Dios, a la vigilancia y a las directivas varias -tambi\u00e9n de orden disciplinar- para los diferentes ministerios (p.ej., para las viudas:<br \/>\nlTm 5,3-16;\u2020\u2122 para los presb\u00ed\u00adteros: lTm 5,17-22); constituye a otros en el oficio de presb\u00ed\u00adteros (lTm 5,22; Tt 1,5), algunos de ellos con funciones de inspecci\u00f3n (ep\u00ed\u00adskopoi: lTm 3,1-7; Tt 1,5-7)y a otros s\u00f3lo como auxiliares (di\u00e1konoi: lTm 3,8-13). Tambi\u00e9n \u00e9stos, a su vez, ense\u00f1an, presiden, ordenan (lTm 4,13; lTm 5,17; 2Tm 2,2). De esta manera la Iglesia se presenta monol\u00ed\u00adtica, siempre ligada al ap\u00f3stol; escucha sus instrucciones y es dirigida por ellas; las aplica y autom\u00e1ticamente las desarrolla [1 Timoteo: \/ Tito].<br \/>\n1347<br \/>\ng) Conclusi\u00f3n.<br \/>\nMisterio salv\u00ed\u00adfico de Dios, escondido antes del tiempo y revelado sucesivamente mediante el Hijo Jes\u00fas, pero de una forma realmente sublime que se ha verificado en el don de su muerte y resurrecci\u00f3n, la Iglesia realiza en t\u00e9rminos b\u00ed\u00adblicos la etapa de la nueva y eterna alianza, en t\u00e9rminos cuantitativos la llamada universal de Dios a todos los pueblos y en t\u00e9rminos cristol\u00f3gicos el don estable e imperecedero de toda la divinidad.<br \/>\nSu ser en el mundo la pone en constante peregrinaci\u00f3n hacia aquel que llama y hacia la patria de arriba; en continuaci\u00f3n natural, por otra parte, con la Iglesia del AT, totalmente sometida a su Dios, en plenitud de fe y en completa y alegre esperanza.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, con su existencia, la Iglesia est\u00e1 proyectada hacia el futuro; un futuro del que no solamente prepara la llegada, sino del que ya goza anticipadamente en el presente, gracias al don del Esp\u00ed\u00adritu que le ha enviado el Padre por medio de su Se\u00f1or. Cristo es siempre ayer, hoy y ma\u00f1ana (Ap 1,8; Ap 22,13). Y hoy est\u00e1 en su Iglesia, es la cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, lo mismo que es tambi\u00e9n su vida, su pastor, su fundamento, etc. As\u00ed\u00ad pues, ella es, lo mismo que su Se\u00f1or, ahora y siempre, el misterio salv\u00ed\u00adfico de Dios.<br \/>\n1348<br \/>\nBIBL.: Ant\u00f3n ?., La Iglesia de Cristo. El Israel de la Vieja y de la Nueva Alianza, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1977; Bammel E. (ed.), Israels Dienstbarkeit, Clarendon Press, Oxford 1978, 295-306 Batey RA , \u00c2\u00a1Ven TestamenInuptiaIimager, Bnll, Leiden 1971, Bori ? C, Chiesa primitiva L \u2020\u02dcimmagme del\/a c omunita delle ori-gmi (A11\u00ed\u00ad2,42-47 4 32-3\/\u2020\u2122Jnellastoriadellachte-saantua, Paideia, Brescia 1974, Boi yer L, Mi-nist\u00e9re ecclesiastique el successton aposiolique, en \u2020\u0153NRT\u2020\u2122 95 (1973) 241-252, Casas Garc\u00ed\u00ada V, La Iglesia en el Nuevo Testamento, en \u2020\u0153Verdad y Vida\u2020\u009d 37(1979)363-384, CIviller ? , Apo-calypse2oprediction oupredication, en \u2020\u0153Etudes Theologiques et Rehgieuses\u2020\u009d 59 (1984) 345-354, Dacqlino?, La chiesa alia luce della Bibbia, Manetti, Tunn 1974, Id, La chiesa corpo del Cristo en \u2020\u0153RBit\u2020\u2122 29 (1981) 31 5-330, Dalviller J Les tempsapostohques, 1 \u2020\u0153siecle, Sirey, Par\u00ed\u00ads 1980, DescAmps A , Aux origines du mmisi\u00e9re La pensee de Jes\u00fas, en \u2020\u0153RTL\u2020\u2122 2 (1971) 3-45, 3 (1972)121-159, DlpontJ, Teolog\u00ed\u00ada della chiesa negh Atti degh Apostoli, EDB, Bolonia 1984, Id, L apotre comme mtermediatre du salut dans les Actes des apotres, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1984, Findeis ? J, Versohnung-Apostolat-Kirche Eme exe-gettschtheologische und<br \/>\nrezeptionsgeschichthche Studie zu den Versohnungsaussagen des Neuen Testaments (2Kor, Rom, Kol, Eph), Echter Ver-lag, Wurzburg 1983, F\u00fcglister?, Estructuras de la ecleswlogia veterolestamentana, en \u2020\u0153Myste-num Sahitis\u2020\u009d IV\/l, Madrid 1973, 30-1 05, Galbiati ?, Lafunzioned\u2020\u2122Israele nella \u2020\u02dceconom\u00ed\u00ada\u2020\u009d della salvezza en\u2020\u009dBibOr\u2020\u212220(1 978) 5-16, Gl\u00e9nel V (ed), Le corps el le lorps du Chrisr dans lapremi\u00e9reepitre aux Connlhiens Congr\u00e9s de IACFEB, Tarbes 1981, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1983, Helewa G , La chiesa corpo di Cristo, en \u2020\u0153Ri-vista di Vita spintuale 33 (1979) 418-472, Kertelge?, Die eme Kirche Jesu Chnstt \u00c2\u00a1m Zeugms des Neuen Testament, en \u2020\u0153Cathoiica\u2020\u2122 35(1981)265-279, Id, Kerygma undKomoma zurtheologischen Bestimmung der Km he des Vrchristentums, en Fs Fr Mussner Kontmuitat und Emheit Herder, Fnburgo en Br 1981,327-339, Kohler ME, La communaute des chre-tiens selon lapremi\u00e9re ipitre de Fierre, en \u2020\u0153RTP\u2020\u009d 114 (1982) 1-21, Lecrand L, Images de la mis-sion dans le Nouveau Tesiamenl, en \u2020\u0153Spmtus\u2020\u009d 25 (1984) 17-<br \/>\n24, Rosso Urbigli L, Dalia \u2020\u0153Nuova Gerusalemme\u2020\u2122 alia \u2020\u0153Gerusalemme c eleste\u2020\u2122 Con-inbulo perla comprensionedell\u2020\u2122Apocalutica, en \u2020\u0153Henoch\u2020\u009d 3(1981)369-372, Salglero J . Relazwne ira l\u2020\u2122Anttca ela Nuova Alleanza, en \u2020\u0153Angehcum\u2020\u009d 60 (1983) 165-189, Schlier E, Ecleswlogia del Nuevo Testamento, en \u2020\u0153Myste-num Salutis\u2020\u009d IV\/1, Madnd 1973, 107-229, Schnackenburc R, ???elje?, La Btble et le mvstere de l\u2020\u2122Eglise, Desclee, Tournai 1964, Schweizer?, Matthew\u2020\u2122s Church, en Stan ton G (ed), The interpretaron of Matthev, Edited with an Introduction, Fortress Press-SPCK, Filadelfia-Londres 1983, 129-1 55, Theo bald? Dic Anfange der Kirche Zur Struktur von Lk 5.1-6 19, en \u2020\u0153NTS\u2020\u009d 30 (1984) 91-1 08, Thiering ??, The Qumran Origins of the Christian Church. TheologicalExplorations, Sydney 1983; Tragan P.R., La parabole du \u2020\u0153pasteur\u2020\u009detses applications: Jean 10.1-18, Ed. Anselmiana, Roma 1980.<br \/>\nL. de Lorenzi<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>I. La fundaci\u00f3n de la Iglesia en la perspectiva del Nuevo Testamento<br \/>\nA la cuesti\u00f3n de si Jes\u00fas fund\u00f3 una I. y en qu\u00e9 sentido lo hizo, si la quiso o al menos no la excluy\u00f3 para el futuro, s\u00f3lo puede responderse indirectamente explicando algunos aspectos parciales y una serie de cuestiones previas. La causa principal de esta situaci\u00f3n estriba en que ya en las m\u00e1s primitivas tradiciones del NT se da una yuxtaposici\u00f3n de diversas experanzas jud\u00ed\u00adas para el fin de los tiempos, que hubo que conciliar posteriormente en el plano teol\u00f3gico: la tradici\u00f3n sobre la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu al final (Joel), la tradici\u00f3n sobre la reunificaci\u00f3n de Israel y la conversi\u00f3n de los gentiles (Deuteroisa\u00ed\u00adas, Ez) y la del juicio que amenazaba con su inminencia. Por consiguiente no se podr\u00e1 partir de un concepto abstracto de I. obtenido en el NT, para interrogar si Jes\u00fas quiso algo as\u00ed\u00ad como una I. Pues los escritos neotestamentarios presuponen ya una I. en el lugar de su nacimiento y una idea de la misma extendida por doquier; y la propia concepci\u00f3n teol\u00f3gica de cada escrito es con frecuencia producto de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y de la acomodaci\u00f3n redaccional. El problema de la fundaci\u00f3n de la Iglesia consiste m\u00e1s bien en saber qu\u00e9 continuidad existe entre Jes\u00fas (su predicaci\u00f3n, su c\u00ed\u00adrculo de disc\u00ed\u00adpulos) y los dos grupos de la comunidad primitiva (-> cristianismo, A), los hebreos y los helenistas.<\/p>\n<p>1. Generalmente se sobrevalora el papel de las apariciones del Resucitado en orden a la fundaci\u00f3n de la I. (especialmente en R. Bultmann), pues se cree que \u00e9stas fueron la ocasi\u00f3n para que volvieran a congregarse los disc\u00ed\u00adpulos dispersos. La frase \u00abJes\u00fas ha resucitado\u00bb es ya una afirmaci\u00f3n de fe propia de una comunidad creyente. Cada una de las apariciones del Resucitado debe asimismo legitimar a sus autoridades (cf. 1 Cor 15, 3ss). Pero la cuesti\u00f3n es saber con respecto a qui\u00e9n Pedro y los dem\u00e1s eran autoridades. En todo caso el prop\u00f3sito de los autores de tales relatos no es fundamentar la instituci\u00f3n de la I. Tambi\u00e9n en el caso de la aparici\u00f3n ante los 500 hermanos (1 Cor 15, 6) se presupone ya la existencia com\u00fan de estos 500. Esa visi\u00f3n legitima aqu\u00ed\u00ad la comunidad, su fe, etc\u00e9tera, pero no la crea.<\/p>\n<p>2. La efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu sobre los disc\u00ed\u00adpulos y el prodigio del don de lenguas son acontecimientos de los \u00faltimos tiempos, que se realizan en el c\u00ed\u00adrculo de los disc\u00ed\u00adpulos y en los creyentes de Jerusal\u00e9n. Seg\u00fan la concepci\u00f3n de Lucas, en adelante la funci\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica de los doce consiste en transmitir la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. En el tiempo de la I. la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu se comunica por la imposici\u00f3n de manos que hacen los -> ap\u00f3stoles. De este modo surge la -a tradici\u00f3n en general, pues el c\u00ed\u00adrculo de los ap\u00f3stoles se caracteriza frente a los presb\u00ed\u00adteros y obispos posteriores por su proximidad a los comienzos, as\u00ed\u00ad como por su singularidad hist\u00f3rica (-> episcopado r). Para Lc la Iglesia est\u00e1 siempre all\u00ed\u00ad donde se transmite por tradici\u00f3n lo recibido al principio en la convivencia con Jes\u00fas y en la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. De donde se deduce claramente que para Lc el acontecimiento de pentecost\u00e9s no es lo \u00fanico que constituye la fundaci\u00f3n de la I. sino solamente una etapa de la misma. Para Lc el acontecimiento decisivo es la vocaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos o la elecci\u00f3n de los doce (Lc 6, 13). Como la vocaci\u00f3n de Pedro en Lc 5, 1-11 se describe seg\u00fan el esquema lucano de la conversi\u00f3n, y como adem\u00e1s en Lc precisamente los ap\u00f3stoles son aquellos que se caracterizan por su fe (Lc 17, 5; 22,30s), ellos aparecen como los \u00abjustos\u00bb y los \u00abprototipos de cristianos\u00bb. Lc considera de hecho el c\u00ed\u00adrculo de los ap\u00f3stoles como la I. en germen, que despu\u00e9s se va desarrollando. La vocaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos es una llamada al estado cristiano (elecci\u00f3n y conversi\u00f3n para Lc son solamente actos que se corresponden del estado de justificaci\u00f3n). Naturalmente, con ello el tiempo de la 1. se define por el hecho de que \u00e9sta se halla edificada sobre el fundamento singular de los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>3. El considerar los acontecimientos en torno a Jes\u00fas de Nazaret como hechos hist\u00f3ricos e insertarlos por principio en el curso de la historia como sustrato capaz de ser transmitido, es evidentemente el presupuesto m\u00e1s esencial para la posibilidad de una I. \u00bfCont\u00f3 el mismo Jes\u00fas con algo parecido? W.G. K\u00fcmmel ha defendido de la manera m\u00e1s clara la antigua posici\u00f3n de que Jes\u00fas contaba con la llegada de un final muy pr\u00f3ximo y, partiendo de aqu\u00ed\u00ad, tuvo que excluir naturalmente la idea de una instituci\u00f3n. De acuerdo con esta doctrina, la I. posterior a pascua es considerada como una soluci\u00f3n secundaria que surgi\u00f3 con una cierta necesidad: la I. ser\u00ed\u00ada el resultado de la experiencia de la dilataci\u00f3n de la parus\u00ed\u00ada, por una parte, y de la institucionalizaci\u00f3n de la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, por otra. La posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu concebida institucionalmente por la Iglesia, viene a sustituir al Se\u00f1or que no ha retornado. Considerar a la I. como una instituci\u00f3n del tiempo intermedio resulta incompatible de hecho con una expectaci\u00f3n tensa e inminente.<\/p>\n<p>La soluci\u00f3n de esta dificultad estriba en la funci\u00f3n que ha tenido el -> Esp\u00ed\u00adritu Santo para Jes\u00fas y su imagen del futuro. La Iglesia podr\u00ed\u00ada llenar el lugar que tiene el Pneuma divino en el contexto de la doctrina sobre la pronta venida del reino de Dios. Aqu\u00ed\u00ad no se trata de una tentativa apolog\u00e9tica de vincular a Jes\u00fas con la Iglesia, pero hay que preguntarse si la conciencia comunitaria de los primeros cristianos ha sido s\u00f3lo una construcci\u00f3n teol\u00f3gica y una soluci\u00f3n nacida de la necesidad de sustituir el retraso de la parus\u00ed\u00ada. \u00bfC\u00f3mo fue posible entre los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas una transici\u00f3n relativamente ininterrumpida? De todos los escritos neotestamentarios resulta claro que la nota especial, visible incluso desde fuera del cristianismo primitivo, fueron los fen\u00f3menos del Esp\u00ed\u00adritu. El mismo Jes\u00fas, ya antes de su bautismo (Mc) o de su concepci\u00f3n (Lc, Mt), est\u00e1 presentado como Hijo de Dios por la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (seg\u00fan Rom 1, 3 por la resurrecci\u00f3n). Los -> milagros y la expulsi\u00f3n de -> demonios, as\u00ed\u00ad como su doctrina llena de autoridad, se deben a la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Tambi\u00e9n su -> resurrecci\u00f3n es efecto del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 1, 3s; Ez 37). S\u00f3lo la pretensi\u00f3n de poseer el Esp\u00ed\u00adritu, manifestada ya antes por Jes\u00fas, hizo posible interpretar el sepulcro vac\u00ed\u00ado como el comienzo de la resurrecci\u00f3n de los muertos. Por lo que hace a la cuesti\u00f3n del tiempo, merece especial atenci\u00f3n el Q-logion de Mt 12, 31s y Lc 12, 10: una palabra contra el Hijo del hombre se perdonar\u00e1, pero no una palabra contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Despu\u00e9s del tiempo del Hijo del hombre hay todav\u00ed\u00ada un tiempo cualificado, en el que la decisi\u00f3n es definitiva. As\u00ed\u00ad, en las primitivas interpretaciones este logion es relacionado con el Esp\u00ed\u00adritu que habita en los ap\u00f3stoles o en los cristianos. Esa misma valoraci\u00f3n superior del tiempo del Esp\u00ed\u00adritu frente al tiempo del Hijo del hombre se encuentra tambi\u00e9n en Jn 14,12 (el creyente realizar\u00e1 obras mayores todav\u00ed\u00ada que Jes\u00fas, porque Jes\u00fas se va al Padre y env\u00ed\u00ada el Esp\u00ed\u00adritu; cf. Jn 1, 50; 5, 20). De acuerdo con estos testimonios el tiempo del Jes\u00fas terrestre en cuanto tal (a diferencia de su posesi\u00f3n personal del Esp\u00ed\u00adritu) es s\u00f3lo un per\u00ed\u00adodo de preparaci\u00f3n para el tiempo del Esp\u00ed\u00adritu, que, por esa posesi\u00f3n pneum\u00e1tica, tiene un car\u00e1cter espec\u00ed\u00adficamente escatol\u00f3gico. Tambi\u00e9n la elaboraci\u00f3n de la obra hist\u00f3rica por parte de Lc exige semejante tiempo del Esp\u00ed\u00adritu, que sigue al tiempo de Jes\u00fas. En la comunidad de Corinto ese tiempo, junto con la escatolog\u00ed\u00ada presente, se encuentra en la base de la libre actuaci\u00f3n pneum\u00e1tica. Seg\u00fan la concepci\u00f3n jud\u00ed\u00ada, los efectos del Esp\u00ed\u00adritu son: pureza, uni\u00f3n de corazones entre los hombres, una nueva alianza (Jer, Ez) e igualdad social; elementos que en conjunto actuaron en la formaci\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n tiene esta visi\u00f3n con la del juicio que se aguarda como algo inminente? En el Evangelio de Juan la funci\u00f3n del juicio final ha pasado a un segundo plano frente a la acentuaci\u00f3n de dichos elementos: la decisi\u00f3n del juicio se lleva a cabo ya ahora (como en Mt 12, 31). Si el tiempo del Esp\u00ed\u00adritu Santo albore\u00f3 gracias a Jes\u00fas y su resurrecci\u00f3n, y si tuvo como consecuencia la formaci\u00f3n de una comunidad de hermanos, en consecuencia el bien esencial de la salvaci\u00f3n ya est\u00e1 dado. Las nuevas dificultades surgen ahora, no de que el fin no llegue todav\u00ed\u00ada, sino de la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo se relaciona la actual manera de poseer la salvaci\u00f3n con la que todav\u00ed\u00ada est\u00e1 por llegar; en el fondo esas dificultades provienen de la necesidad de compaginar la doctrina tradicional del juicio futuro con la realidad ya pose\u00ed\u00adda. Pero si el bien salv\u00ed\u00adfico escatol\u00f3gico se ha hecho presente fundamentalmente en la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, si esta comunidad pneum\u00e1tica es adem\u00e1s perceptible en las acciones poderosas del Esp\u00ed\u00adritu, si ella es realmente una comunidad que repite la \u00faltima cena de Jes\u00fas como anticipaci\u00f3n del reino de Dios, y si esta comunidad espiritual deriva en su irrevocable existencia de la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, con todo ello est\u00e1 ya dada la esencia \u00faltima de la I. Tampoco podemos pasar por alto que los ap\u00f3stoles como representantes de Jes\u00fas tienen que ejercer en la tierra con \u00abautoridad\u00bb una funci\u00f3n de \u00abatar y desatar\u00bb, cuya naturaleza exacta debe entenderse a partir de la peculiaridad de esta comunidad pneum\u00e1tica de los \u00faltimos tiempos. Una vez puesto este comienzo, la configuraci\u00f3n exacta de dicha comunidad del Esp\u00ed\u00adritu puede muy bien atribuirse al tiempo apost\u00f3lico, sin que con ello deje de ser obligatoria para tiempos posteriores.<\/p>\n<p>4. El reinado de Dios y la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu al final de los tiempos son en primer lugar dos esbozos diferentes acerca del fin. Todav\u00ed\u00ada se encuentran inmediatamente yuxtapuestos, al igual que las afirmaciones referentes a la salvaci\u00f3n y al juicio en la tradici\u00f3n prof\u00e9tica. Lo mismo puede decirse de Jes\u00fas: en cuanto es mensajero del juicio, la llamada a la conversi\u00f3n y la amenaza pertenecen a su mensaje; en cuanto es predicador de la salvaci\u00f3n, se refiere al tiempo del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que ve ya iniciado en su acci\u00f3n de expulsar los demonios. De acuerdo con la segunda de estas concepciones el tiempo de la salvaci\u00f3n podr\u00ed\u00ada empezar ya en pascua o en pentecost\u00e9s; por eso sus efectos en principio ya son posibles ahora (cf. Mt 27, 52). Por el contrario, el cumplimiento de sus amenazas de condenaci\u00f3n est\u00e1 todav\u00ed\u00ada pendiente. La expectaci\u00f3n pr\u00f3xima, en lo que respecta a las afirmaciones sobre la salvaci\u00f3n, se cumple de manera radical e irrevocable en la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Por consiguiente, la concepci\u00f3n de una Iglesia se asemeja m\u00e1s a una escatolog\u00ed\u00ada de presente que a una acentuaci\u00f3n del juicio todav\u00ed\u00ada pendiente. El que este bien de la salvaci\u00f3n no se hubiera dado todav\u00ed\u00ada universalmente se tom\u00f3 como una prueba de que se dar\u00ed\u00ada despu\u00e9s del juicio. Pero esta soluci\u00f3n es de nuevo una peculiar contribuci\u00f3n teol\u00f3gica que no se entiende en modo alguno desde el horizonte de las expectaciones jud\u00ed\u00adas. Por tanto la I. est\u00e1 en todas partes donde el reinado de Dios se ha realizado ya con los efectos espec\u00ed\u00adficos del Pneuma divino. De acuerdo con las diversas cristolog\u00ed\u00adas del NT, esta particular realizaci\u00f3n dio comienzo en la persona de Jes\u00fas y, por cierto, como fundamento de la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu para los dem\u00e1s. En la estructura fundamental de estas teolog\u00ed\u00adas se puede constatar generalmente el proceso de cierta dilataci\u00f3n del ser y de la autoconciencia de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>5. Habitualmente la vocaci\u00f3n de los doce se entiende como un acto fundacional de la Iglesia. Pero aqu\u00ed\u00ad se representa a los doce  como cabezas de tribu o como los patriarcas de un Israel escatol\u00f3gico; lo cual depende de la idea de un restablecimiento de las doce tribus (cf. palingenes\u00ed\u00ada en Mt 19, 28). Los ap\u00f3stoles son primero \u00abcolectores\u00bb y luego gobernantes de esas doce tribus. Cuando los ap\u00f3stoles son enviados incluso a los gentiles (Mt 28, 19; Act 1, 8), se trata de una aplicaci\u00f3n del esquema del Deuteroisa\u00ed\u00adas sobre la congregaci\u00f3n y conversi\u00f3n tambi\u00e9n de los gentiles, que a menudo se menciona juntamente con la de Israel (Is 43, 5.9; 60, 4; Am 9, 11-14 [LXX]; Miq 2,12 [LXX]; TestNef 8, 3; Sa1S1 17, 31; TestBenj 9, 2) para describir los acontecimientos finales. partiendo de esta concepci\u00f3n, la \u00e9poca de la I. ser\u00ed\u00ada el tiempo de la reuni\u00f3n de todos los justos, formando su n\u00facleo los justos de Israel. La divisi\u00f3n de los hombres en justos e injustos se realiza de cara a este mensaje. La instituci\u00f3n de los doce procede de un esquema teol\u00f3gico del tiempo \u00faltimo, en el que la salvaci\u00f3n de Israel ocupa el centro. Aunque ese esquema provenga de Jes\u00fas, no por eso la I. queda fundada sin m\u00e1s como instituci\u00f3n, ni siquiera por el hecho de que los doce sean dise\u00f1ados seg\u00fan la imagen de Jes\u00fas. M\u00e1s bien, los doce como s\u00e9quito de Jes\u00fas tienen la misma funci\u00f3n que los \u00e1ngeles como s\u00e9quito del Hijo del hombre; lo cual presupone ya una identificaci\u00f3n de Cristo con el Hijo del hombre. La cena que Jes\u00fas celebra con los doce debe verse desde este punto de vista, pues es una anticipaci\u00f3n de la comuni\u00f3n que un d\u00ed\u00ada tendr\u00e1 el Hijo del hombre con los jefes de Israel. La nueva alianza, que se funda aqu\u00ed\u00ad, debe desde luego entenderse esencialmente en el sentido de la posesi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (cf. Jer 31, 31). Y, bajo este aspecto, en dicha anticipaci\u00f3n se ha realizado ya y est\u00e1 presente el reino lo mismo que en la acci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>6. La cuesti\u00f3n de si Jes\u00fas ha fundado o no una I., no puede decidirse por la pregunta acerca de la historicidad de Mt 16, 18: a) \u00e9kkles\u00ed\u00ada se remonta aqu\u00ed\u00ad al t\u00e9rmino g\u00e4h\u00e1l y, como en el AT y en Qumr\u00e1n, designa la totalidad del Israel escatol\u00f3gico (cf. 1QSa 1, 4); mas por el \u00c2\u00b5ou es referida de una manera radical a Jes\u00fas (como Hijo del hombre). Esta interpretaci\u00f3n coincide con la que antes hemos mencionado acerca de los doce, cuyo caudillo es Pedro. b) El futuro o\u00ed\u00adkodom\u00e9so muestra que se trata de una acci\u00f3n venidera.<\/p>\n<p>Esta comunidad de los \u00faltimos tiempos sobrevivir\u00e1 tambi\u00e9n a la confusi\u00f3n de los acontecimientos finales. Seg\u00fan Mt 16, 18 esta \u00e9kkles\u00ed\u00ada debe ser congregada ya ahora por los mensajeros de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Th. Sp\u00f6rri, Der Gemeindegedanke im 1. Petrusbrief (G\u00fc 1925); 0. Linton, Das Problem der Ur-Kirche in der neueren Forschung (Up 1932); W. G. K\u00fcmmel, Kirchenbegriff und Geschichtsbewu\u00dftsein in der Ur-Kirche und bei Jesus (Up 1943); L. Cerfaux, La Iglesia en San Pablo (Descl\u00e9e Bi 1964); J. Jeremias, Der Gedanke des \u00abHeiligen Restes\u00bb im Sp\u00e4tjudentum und in der Verk\u00fcndigung Jesu: ZNW 42 (1949) 184-194; P. N. Christensen, Wer hat die Kirche gestiftet?: SBibUps 12 (1950); H. v. Campenhausen, Kirchliches Amt und geistliche Vollmacht in den ersten drei Jahrhunderten (T 1953); H. J. Kraus, Das Volk Gottes im AT (Neukirchen 1958); E. Schweizer, Gemeinde und Gemeindeordnung im NT (Z 1959); A. V\u00f6gtle, Ekklesiologische Auftragsworte des Auferstandenen: Sacra Pagina II (P-Gembloux 1959) 290-294; idem, Jesus und die Kirche: Begegnung der Christen (homenaje a O. Karrer) (Sr &#8211; F 21960) 54-81; !dem, Der Einzelne und die Gemeinschaft in der Stufenfolge der Christusoffenbarung: Sentire Ecclesiam (homenaje a H. Rahner) (Fr 1961) 50-91; B. Rigaux, Die \u00abZw\u00f6lf\u00bb in Geschichte und Kerygma: Der historische Jesus und der kerygmatische Christus, bajo la dir. de H. Ristow &#8211; K. Matthiae (B 1960) 468-486; R. Conzelmann, Die Mitte der Zeit (T 31960); G. Bornkamm, Enderwartung und Kirche im Mt-Ev.: \u00dcberlieferung und Auslegung im Matth\u00e4usevangelium (Neukirchen 1960) 13-47; R. Hummel, Die Auseinandersetzung zwischen Kirche und Judentum im Matth\u00e4usevangelium (Mn 1963); R. Schnackenburg, La Iglesia en el Nuevo Testamento (Taurus Ma 1965); H. Schlier, Die Zeit der Kirche (Fr 41966) 129-147 (Die Ordnung der Kirche nach den Pastoralbriefen); G. Schalle, Anf\u00e4nge der Kirche (Mn 1966); J. M. Robinson, Kerygma und historischer Jesus (Z &#8211; St 21967); J. Jeremias, Die Abendmahlsworte Jesu (1935, G\u00f6 41967); H. Conzelmann, Grundri\u00df der Theologie des NT (Mn 1967) 280-314.<\/p>\n<p>Klaus Berger<\/p>\n<p>II. Los problemas de la teolog\u00ed\u00ada fundamental<br \/>\n1. Definici\u00f3n<br \/>\nLa esencia de la I., que, vista desde la perspectiva de la historia en general y bajo el prisma de la historia de la salvaci\u00f3n, se realiza en muy diferentes \u00e9pocas de la vida social humana y de la comunidad creyente, y como tal es objeto de reflexi\u00f3n, constituye una realidad muy amplia que no se puede reducir a una imagen, a un concepto o a una f\u00f3rmula.<\/p>\n<p>En consecuencia, la identidad en la concepci\u00f3n de s\u00ed\u00ad misma, que tanto en lo referente a su origen como en lo relativo a su fin escatol\u00f3gico se funda inmediatamente en la revelaci\u00f3n, debe entenderse y desarrollarse en m\u00faltiples aspectos, bien sea con relaci\u00f3n a la evoluci\u00f3n en el horizonte de la conciencia eclesi\u00e1stica, o bien en lo que ata\u00f1e a la elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica (te\u00f3rica e hist\u00f3ricamente, sistem\u00e1tica y hermen\u00e9uticamente). Y esto tanto m\u00e1s por el hecho de que ah\u00ed\u00ad no se trata solamente de interpretar una realidad que permanece siempre igual desde su fundaci\u00f3n, sino que se trata m\u00e1s bien de una identidad que ha de ser llevada hacia s\u00ed\u00ad misma por la interpretaci\u00f3n de su propia realidad hist\u00f3rica y escatol\u00f3gica a la vez. Ya las interpretaciones reflejas de la concepci\u00f3n de la I. acerca de s\u00ed\u00ad misma (seg\u00fan aparece precisamente en la historia de la -> eclesiolog\u00ed\u00ada) muestran a \u00e9sta como una identidad hist\u00f3rica referida al mundo y a la sociedad, identidad que en cada caso se presupone a s\u00ed\u00ad misma en su direcci\u00f3n hacia el pasado y hacia el futuro, para fundamentarse a s\u00ed\u00ad misma desde esa presuposici\u00f3n. S\u00f3lo desde este c\u00ed\u00adrculo hist\u00f3rico (de tipo dialog\u00ed\u00adstico o dial\u00e9ctico-hermen\u00e9utico) puede entenderse como lo que es, a saber, como fundada por Dios. En este sentido la noticia hist\u00f3rica de la fundaci\u00f3n de la I., sobre todo su fijaci\u00f3n escrita en el NT, representa por una parte el primer documento hist\u00f3rico, al que la Iglesia debe acudir constantemente en la tarea de su cimentaci\u00f3n y legitimaci\u00f3n. Pero, por otra parte, ese documento ha surgido ante todo de la realizaci\u00f3n hist\u00f3rica de la I., y s\u00f3lo resulta inteligible a la luz de este dato. El que la I. como actualidad constante que se refleja en la sociedad o en la comunidad hist\u00f3rica s\u00f3lo se transmite a s\u00ed\u00ad misma a trav\u00e9s de una diferenciaci\u00f3n hist\u00f3rica, y \u00fanicamente as\u00ed\u00ad ha de fundamentarse y legitimarse como mediadora de la revelaci\u00f3n divina y como verdadera Iglesia de Cristo; es un hecho que no ha sido objeto de la debida consideraci\u00f3n por parte de los manuales teol\u00f3gicos, con su doble visi\u00f3n de la I.: una \u00abnatural\u00bb en la teolog\u00ed\u00ada fundamental o apolog\u00e9tica, y otra \u00absobrenatural\u00bb en la teolog\u00ed\u00ada dogmatica.<\/p>\n<p>Esta distinci\u00f3n, bajo la concepci\u00f3n preestablecida de la revelaci\u00f3n, metodol\u00f3gicamente parece muy razonable. Pero tales tratados teol\u00f3gicos hacen aparecer la visi\u00f3n de la I. como un c\u00ed\u00adrculo vicioso o una petitio principii, en lugar de presentarla como un c\u00ed\u00adrculo hermen\u00e9utico leg\u00ed\u00adtimo.<\/p>\n<p>2. Fundaci\u00f3n hist\u00f3rica<br \/>\nLa visi\u00f3n teol\u00f3gico-fundamental de la I., tal como se forj\u00f3 en los \u00faltimos siglos, trata de exponer la fundaci\u00f3n de la I. y su identificaci\u00f3n con la actual I. cat\u00f3lica en su segundo tratado, cuya parte principal es la llamada demonstratio catholica. Esta demonstratio catholica presenta una doble estructura, pues, o bien muestra que la faz emp\u00ed\u00adrica de la Iglesia, tal como se presenta al hombre, est\u00e1 sostenida directamente por Dios, o sea, es un signum elevatum in nationes y perpetuam motivum credibilitatis et divinae suae legationis testimonium irrefragabile (Dz 1794); o bien demuestra hist\u00f3ricamente la misi\u00f3n divina de Cristo, para probar despu\u00e9s que \u00e9l ha encomendado la permanente presencia de su misi\u00f3n redentora a la comunidad institucionalizada que viene dada en la I. cat\u00f3lica. La legitimidad de la I. cat\u00f3lica como verdadera I. de Cristo se fundamenta: o bien mostr\u00e1ndola en su infalibilidad, limitada pero esencialmente permanente, del ministerio episcopal y papal como querida y garantizada hist\u00f3ricamente por jes\u00fas (-> sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, ->tradici\u00f3n, ->constituci\u00f3n de la I. i); o bien por la demostraci\u00f3n de las llamadas \u00abnotas\u00bb, que como signos cognoscitivos revelan a la I. mediata o inmediatamente (en el camino emp\u00ed\u00adrico) como fundaci\u00f3n de Cristo. Las dos o tres v\u00ed\u00adas tienen sus ventajas e inconvenientes apolog\u00e9ticos, y al final deben complementarse mutuamente, pues tampoco el testimonio que se acredita directamente como de origen divino y su procedencia hist\u00f3rica deben separarse, si se pretende adquirir una comprensi\u00f3n adecuada de la Iglesia.<\/p>\n<p>En contraposici\u00f3n a las concepciones de las escuelas protestantes liberales, seg\u00fan las cuales &#8211; con marcadas diferencias &#8211; la formaci\u00f3n de la I. habr\u00ed\u00ada surgido a partir de las comunidades locales por un proceso m\u00e1s bien colegial y democr\u00e1tico, pero en todo caso ajeno al ministerio y a la jerarqu\u00ed\u00ada; y en contraposici\u00f3n tambi\u00e9n a la idea de que la I. sea esencial y exclusivamente de car\u00e1cter religioso-carism\u00e1tico, contrario a cualquier ordenamiento jer\u00e1rquico de tipo jur\u00ed\u00addico-institucional (R. Sohm); la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica fundamental se adhiere a una concepci\u00f3n exeg\u00e9tica que distingue entre las comunidades primitivas del cristianismo jud\u00ed\u00ado y las del gentil, pero que en conjunto entiende el cristianismo primitivo como una organizaci\u00f3n mon\u00e1rquica y jer\u00e1rquica. Seg\u00fan esto, Jesucristo quiso la I. como una instituci\u00f3n estructurada jer\u00e1rquica y ministerialmente, aun cuando las formas concretas y la ampliaci\u00f3n de los ministerios eclesi\u00e1sticos surgieran m\u00e1s tarde, en el cristianismo primitivo y a lo largo de la d\u00e9cadas y los siglos posteriores.<\/p>\n<p>Los testimonios procedentes del cristianismo primitivo y antiguo apuntan expl\u00ed\u00adcita e impl\u00ed\u00adcitamente a una I. que se entiende esencialmente a s\u00ed\u00ad misma como una instituci\u00f3n, en el sentido de una estructura ministerial y jer\u00e1rquica. Con relaci\u00f3n a la evoluci\u00f3n de esta estructura ministerial y a su diferenciaci\u00f3n en los diversos -> oficios eclesi\u00e1sticos, cf. -> comunidad primitiva (en -> cristianismo, A), ->ap\u00f3stoles (->sacramentos, -> eucarist\u00ed\u00ada) -> episcopado, -> sacerdocio, -> diaconado. Sobre la primac\u00ed\u00ada del obispo romano: cf. -> papa, -> magisterio, -> infalibilidad. Una teolog\u00ed\u00ada m\u00e1s exacta de la g\u00e9nesis de esta visi\u00f3n eclesi\u00e1stica deber\u00ed\u00ada mostrar de todos modos c\u00f3mo la I. cat\u00f3lica corri\u00f3 a menudo el peligro de hacerse pasar por la I. primitiva de una manera falsa, con un prop\u00f3sito de identificaci\u00f3n carente de esp\u00ed\u00adritu hist\u00f3rico y dialog\u00ed\u00adstico, es decir, de una manera abstracta. La colecci\u00f3n misma de testimonios hist\u00f3ricos escritos que pueden citarse presupone ya la I. como una realidad hist\u00f3rica. Por eso, su interpretaci\u00f3n no puede hacerse en forma objetivista, sin esp\u00ed\u00adritu hist\u00f3rico y hermen\u00e9utico, sino que en cada caso debe estar determinada por la visi\u00f3n actual de la I., y con ello ha de estar enmarcada en las mencionadas diferencias hist\u00f3ricas de la concepci\u00f3n de la I. acerca de s\u00ed\u00ad misma. La leg\u00ed\u00adtima supresi\u00f3n de la dial\u00e9ctica de esa hermen\u00e9utica deber\u00ed\u00ada elaborarse todav\u00ed\u00ada con detalle desde el punto de vista teol\u00f3gico; \u00e9sta tiene su norma reguladora concreta -para todas las maneras de autointerpretaci\u00f3n y autocorrecci\u00f3n humanas y sociales- en la direcci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>A fin de evitar algunas dificultades hist\u00f3ricas y, en general, el car\u00e1cter abstracto y mediato de la demostraci\u00f3n hist\u00f3rico-documental que presenta la reclamaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de la I., y tambi\u00e9n a causa de la defectuosa reflexi\u00f3n hermen\u00e9utica de la teolog\u00ed\u00ada, el Vaticano I ha preferido la llamada v\u00ed\u00ada emp\u00ed\u00adrica para demostrar que la I. cat\u00f3lica es la verdadera I. de Cristo. La via notarum parte de que Cristo asign\u00f3 a su I. cuatro notas permanentes como signos de reconocimiento (lo que b\u00ed\u00adblicas), y a continuaci\u00f3n trata de mostrar que tales notas se dan exclusivamente en la I. cat\u00f3lica. La via empirica trata de atribuir a estas notas una fuerza probativa directa. Las cuatro caracter\u00ed\u00adsticas de la I., a las que en el curso del tiempo se redujeron las \u00abnotas\u00bb, a saber, unidad, catolicidad, apostolicidad y santidad, presentan a la I. como un \u00abmilagro moral\u00bb, que s\u00f3lo puede explicarse con la inmediata asistencia de Dios. Con ello se demuestra al mismo tiempo que en la I. cat\u00f3lica \u00absubsiste\u00bb la verdadera I. de Cristo.<\/p>\n<p>3. M\u00e9todo de autointeligencia de la Iglesia<br \/>\nLas tentativas esbozadas por la tradicional -> teolog\u00ed\u00ada fundamental prueban con una demostraci\u00f3n natural que la I. cat\u00f3lica, incluso en su constituci\u00f3n ministerial y jer\u00e1rquica, es la verdadera I. de Cristo y, por lo mismo, la leg\u00ed\u00adtima mediadora de la revelaci\u00f3n divina. Esas tentativas, en sus tradicionales formas (por una sola v\u00ed\u00ada o por doble v\u00ed\u00ada) son en su conjunto demasiado irreflexivas en el orden hermen\u00e9utico frente al planteamiento teol\u00f3gico actual como para que puedan ser una respuesta realmente convincente a la cuesti\u00f3n cr\u00ed\u00adtica, no s\u00f3lo desde el punto de vista te\u00f3rico-acad\u00e9mico, sino tambi\u00e9n en el plano existencial. No bastan para poder legitimar por s\u00ed\u00ad solas una existencia eclesial responsable. La argumentaci\u00f3n hist\u00f3rica mediata y la emp\u00ed\u00adrica inmediata (que en definitiva deben relacionarse entre s\u00ed\u00ad) abren un horizonte en el que no puede mantenerse la dimensi\u00f3n cognoscitiva puramente \u00abnatural\u00bb que propugna la teolog\u00ed\u00ada fundamental. Ello se debe a que, por lo menos impl\u00ed\u00adcitamente, al final tambi\u00e9n hay que plantearse la visi\u00f3n dogm\u00e1tica de la I. como presencia salv\u00ed\u00adfica en cuanto pueblo de Dios, que vive como cuerpo de Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, para poder reconocer en la I. cat\u00f3lica a la verdadera I. de Cristo y por ende a la leg\u00ed\u00adtima mediadora de la salvaci\u00f3n y de la revelaci\u00f3n. Por consiguiente, el procedimiento tradicional, que, por mantener la pureza de su m\u00e9todo, s\u00f3lo puede alcanzar su objetivo excluyendo el condicionamiento hermen\u00e9utico que le atenaza, se presenta adem\u00e1s tanto m\u00e1s insuficiente cuanto que el m\u00e9todo en conjunto cubre el aspecto l\u00f3gico-te\u00f3rico del conocimiento de la I., pero no las dimensiones dialog\u00ed\u00adstico-personales del proceso de convicci\u00f3n existencial, \u00fanicas que en el dinamismo racional-personal de la confianza debe demostrarse partiendo de las fuentes pueden responder a la cuesti\u00f3n de un aut\u00e9ntico compromiso con la I. A estas dimensiones no se puede responder simplemente a\u00f1adiendo que la verdadera fe es gracia, sino que aquello que designamos como gracia debe entenderse (diferenciadamente) como proceso de convicci\u00f3n en el problema general sobre la legitimidad de las pretensiones de la I. para ser cre\u00ed\u00adda. Tales pretensiones de la I. no hay que entenderlas s\u00f3lo de manera hist\u00f3rica y te\u00f3rica, si han de interesar al hombre pr\u00e1ctica y existencialmente. Por eso la \u00abprueba\u00bb de la legitimidad eclesi\u00e1stica como testimonio existencial tampoco es objeto de una demostraci\u00f3n te\u00f3rica hecha de una vez para siempre, sino que es una tarea constante.<\/p>\n<p>Una explicaci\u00f3n de c\u00f3mo la I. se ve a s\u00ed\u00ad misma, que a la vez pueda responder al sentido radicalmente humano del problema (anterior a cualquier distinci\u00f3n metodol\u00f3gica entre \u00abnatural\u00bb y \u00absobrenatural\u00bb y, por lo mismo, anterior a las diferencias entre una teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica y una teolog\u00ed\u00ada fundamental sobre la I.), deber\u00ed\u00ada mostrar c\u00f3mo el hombre puede ser abierto y capacitado para la autointeligencia de la I. a trav\u00e9s del testimonio personal, en el que se transmite personalmente (y con ello cristol\u00f3gica y soteriol\u00f3gicamente) la exigencia de la verdad como exigencia de Dios. Ser\u00ed\u00ada \u00e9sta una prueba testifical, en la que los datos edesiol\u00f3gicos de la teolog\u00ed\u00ada fundamental y de la dogm\u00e1tica, una vez sometidos a una reflexi\u00f3n hermen\u00e9utica, se pondr\u00ed\u00adan tambi\u00e9n de manifiesto, pero en el que lo \u00fanico que se deber\u00ed\u00ada garantizar es la unidad del proceso de convicci\u00f3n y de la autoconcepci\u00f3n de la I. (en su totalidad de ministerio y carisma, de instituci\u00f3n y evento, etc.).<\/p>\n<p>4. Totalidad concreta de la inteligencia de la Iglesia<br \/>\nEl sentido de la I. en su totalidad concreta resulta hoy en d\u00ed\u00ada problem\u00e1tico incluso para el creyente mismo, no tanto por determinadas razones te\u00f3ricas de tipo teol\u00f3gico, cuanto a causa de un sentimiento vital abierto a las exigencias espirituales y culturales de la sociedad, y a sus impulsos configuradores. Creer en la I. de un modo simple e indiferenciado como transmisora de la revelaci\u00f3n divina necesaria para la salvaci\u00f3n, aparece -incluso cuando se est\u00e1 personalmente convencido de la importancia de la revelaci\u00f3n- tanto menos posible cuanto m\u00e1s claramente saltan a la vista los m\u00faltiples condicionamientos hist\u00f3ricos y sociales de la I. Esta misma distingue, empezando por el testimonio que de ella se da en el NT, entre \u00abreino de Dios\u00bb e I. Pero esa distinci\u00f3n, que no puede significar una separaci\u00f3n, no debe conducir simplemente a un dualismo eclesiol\u00f3gico en los diferentes terrenos, en el cual existir\u00ed\u00ada por una parte la realidad del Pneuma (tal como la han destacado sobre todo la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica y la literatura espiritual y m\u00ed\u00adstica) y, por otra, la esfera pol\u00ed\u00adtica o p\u00fablica, institucional y ministerial (como si ambas dimensiones estuvieran separadas entre s\u00ed\u00ad). Para que esto no suceda, la mencionada diferencia escatol\u00f3gica debe convertirse en cuanto tal en tema eclesial te\u00f3rica y pr\u00e1cticamente. La conciencia cr\u00ed\u00adtica de la I. que de ah\u00ed\u00ad surge, no puede darse por satisfecha con la distinci\u00f3n abstracta entre lo \u00abhumano\u00bb y lo \u00abdivino\u00bb en la vida eclesi\u00e1stica. Hay que tener en cuenta adem\u00e1s la convicci\u00f3n cada vez m\u00e1s clara de que lo \u00abhumano\u00bb no se extiende s\u00f3lo a las personas aisladas, sino a la I. en su totalidad concreta; y en el terreno pr\u00e1ctico con frecuencia eso afecta indistintamente al creyente aislado y a la comunidad eclesial en general. S\u00f3lo si la diferencia escatol\u00f3gica en cuanto tal, con su vigencia hist\u00f3rica de cada momento, se refleja constantemente de alg\u00fan modo, estableciendo as\u00ed\u00ad una relaci\u00f3n concreta entre el lado pneum\u00e1tico y el pol\u00ed\u00adtico de la I., podr\u00e1 superarse eficazmente una mala ingenuidad eclesi\u00e1stica (que conduce al alejamiento &#8211; a menudo s\u00f3lo latente &#8211; de los fieles o al atrofiamiento pastoral y personal), as\u00ed\u00ad como cierto dualismo intraeclesi\u00e1stico. Si la I. se concibe de forma constante y concreta desde su propia diferencia escatol\u00f3gica y a la vez desde la dial\u00e9ctica entre su ineludible vinculaci\u00f3n perenne a la historia y la supresi\u00f3n hist\u00f3ricosalv\u00ed\u00adfica de esa diferencia, entonces tambi\u00e9n transmite su propia concepci\u00f3n dial\u00e9cticamente. Esa transmisi\u00f3n de su propia concepci\u00f3n consistir\u00ed\u00ada primeramente en desarrollar una idea de la I., no s\u00f3lo como teor\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, sino, m\u00e1s bien, plasmada institucionalmente; y adem\u00e1s en tomar conocimiento de la mencionada dial\u00e9ctica como tal y de los conflictos que surgen de ella con una necesidad condicionada (entre ministerio y carisma, predicaci\u00f3n y pol\u00ed\u00adtica, pneuma e instituci\u00f3n, I. y sociedad, etc.), intentando despu\u00e9s la creaci\u00f3n de instancias institucionales capaces de establecer al menos un cierto equilibrio en esa dial\u00e9ctica (as\u00ed\u00ad, frente a la unidad, un pluralismo intraeclesi\u00e1stico; frente a la jerarqu\u00ed\u00ada, instancias democr\u00e1ticas; pluralismo teol\u00f3gico, etc.). Esta mediaci\u00f3n en la totalidad, as\u00ed\u00ad como en la relaci\u00f3n interna entre las Iglesias concretas, es (para cada uno de los creyentes al igual que para el conjunto de la I.) una tarea vital en el presente momento hist\u00f3rico y, en caso de conflicto, puede suponer una participaci\u00f3n en la cruz de Cristo. Queda todav\u00ed\u00ada por elaborar teol\u00f3gicamente la comprensi\u00f3n adecuada de tal mediaci\u00f3n con arreglo a la nueva orientaci\u00f3n de la concepci\u00f3n total de la teolog\u00ed\u00ada (que, hasta ahora, a causa de su divisi\u00f3n de tratados, ha dejado de exponer algunos problemas fundamentales). Y as\u00ed\u00ad, tambi\u00e9n la eclesiolog\u00ed\u00ada recibir\u00ed\u00ada un puesto donde se pondr\u00ed\u00adan de manifiesto todos sus aspectos (el elaborado por la teolog\u00ed\u00ada fundamental, el b\u00ed\u00adblico, el lit\u00fargico, el dogm\u00e1tico, el jur\u00ed\u00addico).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: J. Beumer, Apologetik oder Dogmatik der Kirche?: ThGl 31 (1939) 379-391; M. D. Koster, Ekklesiologie im Werden (Pa 1940); K. Adam, Das Wesen des Katholizismus (D 111946), tr. cast.: La esencia del catolicismo (E L Esp Ba); L F. G\u00f6rres, Die leibhaftige Kirche (F 31951); H. de Lubac, Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia (Descl\u00e9e Bi); S. Jaki, Les Tendances nouvelles de l&#8217;eccl\u00e9siologie (R 1957); N. Dunas, Les Probl\u00e9mes et le statut de l&#8217;apolog\u00e9tique: RSPhTh 43 (1959) 643-680; H. U. v. Balthasar, Sponsa Verbi (Ei 1961); L Salaverri, De ecclesia Christi: PSJ 1 (Ma 51962) 488-976; Lang; U. Valeske, Votum Ecclesiae (Mn 1962); Y. Congar, Santa Iglesia (Estela Ba 1966); H. Rahner, Symbole der Kirche (Sa 1964); F. A. Sullivan, De Ecclesia I (R 21965); B. Weite, Zur Lage der Fundamentaltheologie heute: Auf der Spur des Ewigen (Fr 1965) 297-314; H. Fries, \u00ed\u201ergernis u. Widerspruch (W\u00fc 1965); J. Feiner, Offenbarung und Kirche &#8211; Kirche und Offenbarung: MySal 1 497-541; Bara\u00fana; Volk Gottes (homenaje a J. H\u00f6fer) (Fr 1967).<\/p>\n<p>Eberhard Simons<\/p>\n<p>III. Teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica<br \/>\n1. El magisterio eclesi\u00e1stico acerca de la Iglesia<br \/>\nAunque la doctrina formulada en los documentos del Vaticano ii (cf. sobre todo Lumen gentium, Unitatis redintegratio, Nostra aetate, Gaudium et spes, Ad gentes) constituye en la actualidad la s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica del magisterio oficial acerca de la I., sin embargo hemos de mencionar adem\u00e1s tres grandes documentos, relativamente recientes: la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Pastor aeternus del Vaticano i (1870: Dz 1821-1840); la enc\u00ed\u00adclica Satis cognitum (Le\u00f3n xiii, a\u00f1o 1896: DS 3300-3310); y la enc\u00ed\u00adclica Mystici corporis (P\u00ed\u00ado XII, a\u00f1o 1943: DS 3800-3822). Hasta ahora las declaraciones eclesiol\u00f3gicas del magisterio se refer\u00ed\u00adan solamente a preguntas especiales (cf. las colecciones: CAVALLERA 149284; DS ind. sist. GHJ; NR n. 335-398; L&#8217;Eglise. Les enseignements pontificaux i [P 1959] \u00c2\u00a7\u00c2\u00a7 356-372). En 1949 el Santo Oficio en una carta al cardenal Cushing de Boston (DS 3869-3873) dio una explicaci\u00f3n sobre la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica de la frase Extra ecclesiam nulla salus. Los concilios de Ly\u00f3n (Dz 466) y de Florencia (Dz 694) confirmaron la posici\u00f3n primacial del papa. El Vaticano i defini\u00f3 el primado universal de jurisdicci\u00f3n y la -> infalibilidad del papa en asuntos de fe y costumbres. Adem\u00e1s han sido rechazadas las siguientes doctrinas: en el concilio de Constanza (Dz 627-656) el -> espiritualismo eclesiol\u00f3gico, en el Lateranense v el -> conciliarismo (Dz 740), y en el concilio de Trento la negaci\u00f3n de la estructura jer\u00e1rquica de la I. (Dz 666). Los escritos doctrinales de P\u00ed\u00ado ix y de Le\u00f3n xiii se refieren a las relaciones entre -> Iglesia y Estado, entre -> Iglesia y mundo.<\/p>\n<p>2. El lugar teol\u00f3gico de la eclesiolog\u00ed\u00ada<br \/>\nLa eclesiolog\u00ed\u00ada se halla actualmente bajo el signo de un retorno a las fuentes: Escritura, patr\u00ed\u00adstica, liturgia, tradici\u00f3n y vida de la I. (situaci\u00f3n pastoral, misi\u00f3n, relaci\u00f3n con el mundo). Su meta es la recapitulaci\u00f3n en una unidad org\u00e1nica de los diversos aspectos que presenta el misterio de la Iglesia.<\/p>\n<p>Como tratado aut\u00f3nomo la eclesiolog\u00ed\u00ada, que estructuralmente depende de la cristolog\u00ed\u00ada, mariolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada, se presenta como una s\u00ed\u00adntesis de los dem\u00e1s tratados. Pero, no siempre ha sido as\u00ed\u00ad. Frecuentemente la eclesiolog\u00ed\u00ada ha sido entendida como un ap\u00e9ndice de la cristolog\u00ed\u00ada o ha estado subordinada a otro tratado. En primera l\u00ed\u00adnea fue un tema de la -> teolog\u00ed\u00ada fundamental y de la -> apolog\u00e9tica.<\/p>\n<p>La eclesiolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica en sentido estricto presupone siempre una teolog\u00ed\u00ada de la -> revelaci\u00f3n y de la -> palabra de Dios. Se basa necesariamente en la concepci\u00f3n de la I. acerca de s\u00ed\u00ad misma, que crece constantemente en la fe. Esta concepci\u00f3n incluye con necesidad tanto los datos de la revelaci\u00f3n como la evoluci\u00f3n de la I., o sea, sus formas de aparici\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>3. Aspectos teol\u00f3gicos de la Iglesia<br \/>\nLa I. es ante todo una realidad concreta y experimentable, cuya significaci\u00f3n verdadera s\u00f3lo se descubre en la fe. \u00abEl misterio de la I. no es primordialmente objeto de conocimiento teol\u00f3gico, sino que ante todo debe ser una realidad vivida. El creyente, anteriormente a toda elaboraci\u00f3n conceptual, puede tener una experiencia connatural de la realidad de la I.\u00bb (PABLO vi, enc. Ecclesiam suam) .<\/p>\n<p>Para nuestra inteligencia de la I. la palabra de Dios nos ofrece toda una serie de conceptos e im\u00e1genes. Tras un per\u00ed\u00adodo de articulaci\u00f3n demasiado unilateral y exclusiva de la realidad de la I. con ayuda de una terminolog\u00ed\u00ada abstracta y t\u00e9cnica, el Vaticano Ii ha contribuido a la recuperaci\u00f3n de las im\u00e1genes b\u00ed\u00adblicas en las que se revela el misterio de la I.: cuerpo de Cristo, esposa, templo, ciudad, vi\u00f1a, reino de Dios, casa, grey. Todas estas im\u00e1genes expresan realidades colectivas, que con su progresiva actualizaci\u00f3n en la historia (mediante la participaci\u00f3n de todos y de algunos en especial por su puesto y responsabilidad) descubren la naturaleza de la I. (Y. Congar).<\/p>\n<p>En primer lugar hemos de determinar los conceptos e im\u00e1genes principales a base de los cuales se edifica el tratado eclesiol\u00f3gico, y por cierto mediante un an\u00e1lisis cr\u00ed\u00adtico de estos conceptos.<\/p>\n<p>a) La Iglesia como misterio y sacramento de la salvaci\u00f3n<br \/>\nSeg\u00fan Ef 3, 4 y 3, 10 la I. es el \u00abmisterio de Cristo\u00bb, porque en ella se realiza el designio eterno del Padre, que toma su principio en el suceso de la cruz, abarca en la unidad de la I. la humanidad entera (jud\u00ed\u00ados y gentiles), y la lleva a la consumaci\u00f3n del Dios \u00abtodo en todo\u00bb (1 Cor 15, 28). La idea de misterio, tomada de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada (Dan 2, 18s), designa el acto por el que Dios, en la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica de Jesucristo, da testimonio ante la humanidad de su amor eterno y se le comunica a s\u00ed\u00ad mismo, para hacerla entrar en su gloria. Eso sucede en la \u00abpalabra\u00bb, en cuanto \u00e9sta es la forma plena de la revelaci\u00f3n y la realizaci\u00f3n del \u00abmisterio\u00bb escondido en Dios desde la eternidad (Col 1, 16; Ef 3, 3-9; 1 Cor 2, 6-10).<\/p>\n<p>Este misterio incluye la realidad de la -> encarnaci\u00f3n (mediadora de la salvaci\u00f3n), que se contin\u00faa en la I. por la predicaci\u00f3n de la palabra y por los sacramentos, pues la obra salv\u00ed\u00adfica de Cristo llega a su consumaci\u00f3n en la I. (Ef 2, 13-16; 5, 25ss; Col 1, 20ss), en cuanto \u00e9sta une en s\u00ed\u00ad la humanidad entera.<\/p>\n<p>La eclesiolog\u00ed\u00ada entiende, pues, la I. en funci\u00f3n de las procesiones divinas (Lumen gentium, n \u00c2\u00b0 1, 14; Ad gentes, n \u00c2\u00b0 2-5). Y as\u00ed\u00ad el concepto de I. como sacramento de la salvaci\u00f3n alcanza su m\u00e1s profunda significaci\u00f3n dentro de la perspectiva trinitaria: \u00abLa I. es en Cristo como el sacramento, es decir, el signo e instrumento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de la humanidad\u00bb (Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 1). O, m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente, alcanza su significaci\u00f3n m\u00e1s profunda en una perspectiva que acent\u00faa la funci\u00f3n de la -a resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y la del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la constituci\u00f3n de la I.: \u00abCristo, levantado en alto sobre la tierra, atrajo hacia s\u00ed\u00ad a todos los hombres (cf. Jn 12, 32); resucitado de entre los muertos (cf. Rom 6, 9), envi\u00f3 a su Esp\u00ed\u00adritu vivificador sobre sus disc\u00ed\u00adpulos y por \u00e9l constituy\u00f3 a su cuerpo que es la I., como sacramento universal de salvaci\u00f3n; estando sentado a la diestra del Padre, sin cesar act\u00faa en el mundo para conducir a los hombres a su I. y por ella unirlos a s\u00ed\u00ad m\u00e1s estrechamente\u00bb (Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 48; Ad gentes, n\u00c2\u00b0 2, 5; Gaudium et spes, n\u00c2\u00b0 45).<\/p>\n<p>Como \u00ablugar universal de los sacramentos cristianos\u00bb o \u00absacramento de los sacramentos\u00bb (TeaeTwv TeXETd. Ps. DIONIsIo, Hier. eccl. III: PG 3, 424 C), la I. es el sacramento de Jesucristo, como \u00e9ste mismo es en su humanidad el sacramento de Dios, seg\u00fan la f\u00f3rmula de Agust\u00ed\u00adn: Non est enim aliud Dei mysterium, nisi Christus (PL 38, 845). La visi\u00f3n sacramental de la I. significa un retorno al originario sentido gen\u00e9rico de la palabra \u00absacramento\u00bb; equivale a una concepci\u00f3n de la I. en la l\u00ed\u00adnea de la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica, en funci\u00f3n del sacramento por antonomasia, que es la humanidad de Jesucristo como origen y soporte de todos los dem\u00e1s sacramentos. La I. es por tanto aquella comunidad en la que, por la operaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, se hace presente Jesucristo, el crucificado y resucitado, con su misterio pascual de la salvaci\u00f3n y de cara al futuro del mundo. La I., llamada \u00aba revelar el misterio del Se\u00f1or\u00bb ante el mundo (Lumen gentium, n\u00c2\u00ba. 8), es palabra y signo para el mundo entero. Puesto que est\u00e1 llamada a hacer presente en el mundo a trav\u00e9s de la proclamaci\u00f3n el misterio de Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, la I. en toda su estructura se halla absolutamente subordinada al misterio de Cristo. La estructura visible y social de la I. es, por tanto, solamente signo e instrumento de la operaci\u00f3n de Jesucristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Seg\u00fan los grandes te\u00f3logos de la edad media (TOM\u00ed\u0081S DE AQUINO, ST I-ri q. 106 a. 1), lo que constituye la I. a manera de principio es el Esp\u00ed\u00adritu Santo en los corazones, y todo lo dem\u00e1s (-> jerarqu\u00ed\u00ada, -> magisterio, -> potestades de la I.) est\u00e1 a servicio de esta transformaci\u00f3n interna.<\/p>\n<p>Pero lo dicho no quita importancia a lo social e institucional, ni lo relega a un campo meramente relativo. Acent\u00faa solamente que, para entender la peculiaridad de la I. como signo, primariamente hay que ver en ella su verdad espiritual. En y por s\u00ed\u00ad misma, la I. no tiene ninguna consistencia; recibe toda su realidad de la relaci\u00f3n a Cristo, en quien, por quien y para quien ella es signo. Est\u00e1 totalmente referida a su realidad espiritual, cuyo signo es, a saber: el Cristo entero, la cabeza y los miembros en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Hall\u00e1ndose vinculada constantemente a la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Jesucristo por su gracia, la I. es en el Esp\u00ed\u00adritu Santo el lugar de la revelaci\u00f3n visible del Se\u00f1or. Por tanto, s\u00f3lo es ella misma en su verdad como signo cuando, distanci\u00e1ndose de s\u00ed\u00ad misma, se realiza en el Esp\u00ed\u00adritu Santo hacia Cristo.<\/p>\n<p>La I. se entiende a s\u00ed\u00ad misma como misterio y sacramento haciendo una referencia constante a la Trinidad, su origen. Es el pueblo \u00abmesi\u00e1nico\u00bb de Dios (Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 9), formado por aquel pueblo disperso, imperfecto y potencial de Dios que es la humanidad entera, la cual, hall\u00e1ndose bajo la -> voluntad salv\u00ed\u00adfica (en -> salvaci\u00f3n) de Dios y estando redimida por la sangre de Cristo, se llena incesantemente de la fuerza operante de la gracia.<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n m\u00ed\u00adstica y sacramental de la I. (que es la de la patr\u00ed\u00adstica y de la teolog\u00ed\u00ada medieval) muestra c\u00f3mo toda eclesiolog\u00ed\u00ada depende de su fundamentaci\u00f3n en el misterio de la Trinidad y a la vez de una inteligencia teol\u00f3gicamente elaborada de la historia de la -> salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) La Iglesia como plenitud de Cristo y comunidad<br \/>\nLa concepci\u00f3n sacramental de la I. s\u00f3lo podr\u00ed\u00ada significar de hecho un peligro cuando en ella se quisiera separar el signo y la realidad significada. El considerarla solamente como signo y causa ser\u00ed\u00ada olvidar que la I. misma es la realidad que ella hace presente y significa. Rectamente entendido, el concepto de I. como misterio o sacramento incluye con necesidad las ideas de pleroma Jristou y de comunidad.<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n de la I. se desprende de su meta: la conducci\u00f3n de todos los hombres a la \u00abplenitud de Dios\u00bb (Ef 3, 19).<\/p>\n<p>En dependencia de Cristo, en quien se da la plenitud de la -a revelaci\u00f3n y de la comunicaci\u00f3n de -> Dios mismo a la humanidad (Col 2, 9), la I. es pleroma de Cristo, que lleva todas las cosas -bajo todas sus dimensiones &#8211; a la propia consumaci\u00f3n (Ef 1, 23), porque en ella se descubre y realiza el misterio de la vida de Dios, que concede una participaci\u00f3n en su amor. El significado del concepto de pleroma es sobre todo de \u00ed\u00adndole escatol\u00f3gica. La I. se entiende a s\u00ed\u00ad misma como la vida de la Trinidad difundida en la humanidad, la cual comienza en el misterio de la encarnaci\u00f3n, o bien como comunidad en el Esp\u00ed\u00adritu Santo (patr\u00ed\u00adstica; Tom\u00e1s; Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 8).<\/p>\n<p>Esta comunidad escatol\u00f3gica, una comuni\u00f3n de vida, amor y verdad (Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 9), que el Esp\u00ed\u00adritu Santo produce congregando la I. en la unidad por la efusi\u00f3n del amor, se realiza bajo la forma de una comunidad sacramental. El NT describe la I. bajo las siguientes ideas: comunidad (Act 2, 42), fe concorde, participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada y en la misma oraci\u00f3n, comuni\u00f3n en la jerarqu\u00ed\u00ada (G\u00e1l 2, 9), servicio a los pobres y cuidado de ellos (2 Cor 9, 13).<\/p>\n<p>c) La Iglesia como cuerpo de Cristo<br \/>\nEn Pablo el t\u00e9rmino soma Jristou s\u00f3lo adquiere su significaci\u00f3n en relaci\u00f3n con los conceptos mysterium y pleroma. Los padres del Vaticano i evitaron el uso del concepto \u00abcuerpo de Cristo\u00bb, pues lo entend\u00ed\u00adan solamente como una met\u00e1fora vaga. Los padres del Vaticano ii le concedieron un importante puesto eclesiol\u00f3gico en uni\u00f3n con otras im\u00e1genes b\u00ed\u00adblicas. En las enc\u00ed\u00adclicas Satis cogn\u00ed\u00adtum y sobre todo Mystici corporis la idea del cuerpo de Cristo experiment\u00f3 una amplia evoluci\u00f3n ulterior.<\/p>\n<p>El concepto soma Jristou designa en Pablo el ser concreto del Se\u00f1or, el cuerpo del Cristo muerto y resucitado como principio de una nueva creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y cuando el ap\u00f3stol aplica el concepto de \u00abcuerpo de Cristo\u00bb a la I., entiende bajo tal expresi\u00f3n aquel cuerpo que, en el Esp\u00ed\u00adritu y a trav\u00e9s de los sacramentos, especialmente a trav\u00e9s de la eucarist\u00ed\u00ada, constituye la comunidad de los creyentes. Por eso la unidad que ellos constituyen no resulta de su propia acci\u00f3n, pues es una ordenaci\u00f3n divina y se funda esencialmente en la unidad del cuerpo del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La I. es, pues, cuerpo de Cristo porque ella est\u00e1 fundada en la comunidad de la fe testimoniada en el bautismo (congregatio fidelium) y se contin\u00faa en la comuni\u00f3n del mismo pan eucar\u00ed\u00adstico, que une a los creyentes con el cuerpo resucitado del Se\u00f1or. La unidad eclesi\u00e1stica es absolutamente originaria, es espiritual y visible (incluye el cuerpo mismo) y da un claro testimonio de la uni\u00f3n entre eucarist\u00ed\u00ada e I. Por eso la realidad escatol\u00f3gica de la I. se hace aprehensible en la incorporaci\u00f3n a Cristo, que es el Se\u00f1or de su cuerpo y, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, el principio vital de la uni\u00f3n org\u00e1nica del todo. La I. aparece adem\u00e1s como cuerpo visible, que en el Esp\u00ed\u00adritu Santo est\u00e1 formado de hombres. En los textos del concilio que hablan del cuerpo el acento est\u00e1 cargado con raz\u00f3n sobre el Esp\u00ed\u00adritu: \u00abA sus hermanos, convocados de entre todas las gentes, los constituy\u00f3 m\u00ed\u00adsticamente como su cuerpo, comunic\u00e1ndoles su Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Lumen gentium, n .o 7, 48; Orientalium Ecclesiarum, n\u00c2\u00b0 2). La hora natal de la I. es efectivamente pentecost\u00e9s: \u00abAs\u00ed\u00ad los ap\u00f3stoles fueron el n\u00facleo del nuevo Israel y a la vez el origen de la sagrada jerarqu\u00ed\u00ada\u00bb (Ad gentes, n\u00c2\u00b0 5). Por tanto, el fundamento de la I. en cuanto comunidad y tambi\u00e9n en cuanto instituci\u00f3n es el Esp\u00ed\u00adritu. Esta tesis presupone un an\u00e1lisis de la relaci\u00f3n entre -> ministerio y carisma, entre instituci\u00f3n y evento (-> oficios eclesi\u00e1sticos).<\/p>\n<p>Por la fuerza de los oficios y carismas instituidos por Cristo, la I., en su peregrinaci\u00f3n (Ef 4, 11-16), aspira a la perfecta unidad espiritual en el Cristo escatol\u00f3gico. La L, que es en igual medida comunidad en Cristo e instituci\u00f3n, tiene los medios para completar la edificaci\u00f3n en s\u00ed\u00ad misma.<\/p>\n<p>El ministerio, encomendado a la I. como un don, es constitutivo para ella, pues garantiza la predicaci\u00f3n de la palabra y la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, que forman y hacen crecer el cuerpo de Cristo. El ministerio ha de entenderse en la l\u00ed\u00adnea de la misi\u00f3n sacramental de Cristo, en una perspectiva donde se acent\u00fae que la acci\u00f3n entera de la I. es una continuaci\u00f3n de la obra de Cristo (cf. a este respecto: -> sacramentos, -> liturgia, -> kerygma, -> palabra de Dios, -> predicaci\u00f3n, -> magisterio, -> papa, -> episcopado, -> sacerdocio, -> diaconado, -> pueblo de Dios).<\/p>\n<p>d) La Iglesia como pueblo de Dios<br \/>\nLos conceptos expuestos hasta ahora remiten a la idea de -> pueblo de Dios por cuanto incluyen el plan salv\u00ed\u00adfico. En principio la I. ha de entenderse desde el misterio de Dios, pero igualmente ha de entenderse partiendo del proceso hist\u00f3rico en que ella ha crecido. La I. es el pueblo de Dios que por el Esp\u00ed\u00adritu se ha hecho cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>El concepto de \u00abpueblo de Dios\u00bb, que originariamente designa la unidad nacional y religiosa de Israel (cf. Ex 6, 6b), la alianza que Dios ha pactado con \u00e9l (cf. Lev 26, 9-12), transmiti\u00f3 al NT la conciencia escatol\u00f3gica de la I. As\u00ed\u00ad significa la continuidad de la I. con el pueblo de la antigua alianza, y resalta adem\u00e1s (particularmente en contextos lit\u00fargicos) que la I. es una comunidad en crecimiento, una realidad hist\u00f3rica y caracterizada por la debilidad de sus miembros, que necesita incesantemente de la misericordia divina. Pero este concepto tiene un grave inconveniente, a saber: s\u00f3lo expresa los rasgos comunes entre el pueblo de la antigua alianza y el de la nueva alianza, pero sin indicar directamente su convergencia en Cristo. Puede, ciertamente, ofrecer una excelente caracterizaci\u00f3n de la I. y, por su radicaci\u00f3n hist\u00f3rica y concreta, preservar de su petrificaci\u00f3n a un concepto demasiado abstracto de cuerpo de Cristo, mas para definir la I. ha de ser completado con la idea de cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>La I. (\u00e9kkles\u00ed\u00ada, t\u00e9rmino con que los LXX traducen g\u00e1h\u00e4l) originariamente se entendi\u00f3 a s\u00ed\u00ad misma tan s\u00f3lo desde el concepto fundamental de \u00abpueblo de Dios\u00bb, y as\u00ed\u00ad se concibi\u00f3 como la reuni\u00f3n de los congregados por la palabra de Dios, que le da su forma, se hace o\u00ed\u00adr en ella y funda la alianza sellada en el don sacrificial del sacrificio de la cruz (cf. el anuncio de la ley sina\u00ed\u00adtica, Ex l9ss; la promulgaci\u00f3n del Deuteronomio, 2 Re 23; el retorno de la cautividad, Neh 8ss).<\/p>\n<p>Esta convocatio pone al pueblo de Dios en el orden de la elecci\u00f3n, que se realiza en una progresiva segregaci\u00f3n: distanciamiento frente a Egipto y los pueblos cananeos; formaci\u00f3n de un \u00abresto\u00bb creyente (Am 5, 15; Is 4, 2-3 y 11-16; Jer 23, 3; Ez 9, 8 y 11, 13); y, finalmente, una \u00faltima reducci\u00f3n al \u00fanico siervo de Dios, al que est\u00e1 encomendada la unificaci\u00f3n escatol\u00f3gica de todos los pueblos.<\/p>\n<p>Estando prefigurada en los doce, congregados en torno al siervo paciente de Dios como el peque\u00f1o resto que ha de extenderse a todo el mundo, la I. tiene su origen como pueblo de Dios de la alianza nueva y eterna en la muerte de Jes\u00fas y en la experiencia del Pneuma el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s. Subsiste por la predicaci\u00f3n del evangelio, por el bautismo y la fe, en unidad y comuni\u00f3n con el Cristo muerto y resucitado (1 Cor 10, 16s; Col 3, 11; G\u00e1l 3, 28), y en esperanza de su retorno.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad la I. naciente tiene conciencia de su unidad con Israel, cuya historia es interpretada en la experiencia del Pneuma a la luz de los acontecimientos fundamentales de la encarnaci\u00f3n, la muerte y la resurrecci\u00f3n de Jesucristo. Seg\u00fan Ef 2, en adelante los gentiles en Jesucristo participan de la gracia y del evangelio que estaban prometidos a Israel (cf. tambi\u00e9n Act 15, 8; 15, 24). Las palabras de Pedro (1 Pe 2, 9): \u00abVosotros (los creyentes), sois el pueblo adquirido por Dios\u00bb (cf. Ex 19, 6; 23, 22; aqu\u00ed\u00ad se habla a Israel en su uni\u00f3n hist\u00f3rica y espiritual con Dios), transmiten el misterio de la pertenencia de la I. al Dios de Israel en virtud de su \u00abelecci\u00f3n\u00bb en, por y para Jesucristo. La fe que se expresa en el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada es el signo decisivo de la pertenencia a este pueblo, signo que recibe su autenticidad por el sello del Esp\u00ed\u00adritu (cf. miembros de la -~ Iglesia, voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios [en -~ salvaci\u00f3n] ).<\/p>\n<p>Por tanto, en Cristo, que \u00aben cuanto Hijo ha sido instituido como cabeza de la casa de Dios\u00bb (Heb 3, 6; 1, 2), en el primog\u00e9nito, que revela la fidelidad plena de Dios a su pueblo, ha sido creado el pueblo uno de Dios, que en adelante es portador y testigo de la revelaci\u00f3n. En principio la teolog\u00ed\u00ada de la I. como pueblo de Dios tiene su fundamento en la cristolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Este pueblo, gracias a su nueva creaci\u00f3n en Cristo, es un pueblo libre. \u00abLa situaci\u00f3n de este pueblo est\u00e1 fundada en la dignidad y libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones el Esp\u00ed\u00adritu Santo habita como en un templo\u00bb (Lumen gentium, n.<> 10); por eso \u00e9l debe vivir en esp\u00ed\u00adritu de libertad (2 Cor 3, 17) como testigo de la esperanza escatol\u00f3gica. La gran tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y escol\u00e1stica (en particular ToM\u00ed\u0081s DE AQuiNo, ST i-ii q. 106) resalt\u00f3 especialmente este punto.<\/p>\n<p>Mas por s\u00ed\u00ad solo, ese concepto de pueblo de Dios no es capaz de expresar plenamente la realidad de la I. En el nuevo orden el pueblo de Dios tiene una nueva relaci\u00f3n cristol\u00f3gica y pneumatol\u00f3gica, que s\u00f3lo queda expresada en la idea de participaci\u00f3n en el misterio y en el cuerpo de Cristo. \u00abLa I., que existe como cuerpo misterioso de Cristo, es el pueblo neotestamentario de Dios fundado por Jesucristo y ordenado jer\u00e1rquicamente para fomentar el reino de Dios y la salvaci\u00f3n de los hombres\u00bb (Scrir us D iii\/1, 48).<\/p>\n<p>e) La Iglesia como sociedad<br \/>\nComo sabe ya la tradici\u00f3n (cf. Tods DE AQuiNo, Com. in Heb., cap. vira, lee. 3), la idea de pueblo evoca espont\u00e1neamente los conceptos de sociedad y de reino de Dios. Ante todo se requieren algunas anotaciones para mostrar los l\u00ed\u00admites de la aplicaci\u00f3n del concepto de \u00absociedad\u00bb a la I. Lo m\u00e1s tarde desde el siglo xvi, la -> eclesiolog\u00ed\u00ada usa con predilecci\u00f3n el concepto filos\u00f3fico de sociedad como \u00abfirme uni\u00f3n moral de varios hombres para un fin, que es conseguido con la acci\u00f3n com\u00fan\u00bb. Esto significa que la I. es una societas perfecta, o sea, autosuficiente e independiente, una sociedad jer\u00e1rquicamente estructurada, una sociedad sobrenatural por su origen y su fin.<\/p>\n<p>Por otro lado, hasta cierto punto este concepto ha posibilitado el esclarecimiento del car\u00e1cter aut\u00f3nomo de la I. en el plano de sus relaciones con otras sociedades. Esta es una comunidad originaria, independientemente de todo poder, raza y cultura; y tiene la consistencia de una sociedad terrena (->derecho con\u00f3nico, -> Iglesia y Estado). Pero a causa de una evoluci\u00f3n unilateral, que ha conducido a un formalismo en el significado de casi todos los conceptos e im\u00e1genes con que la I. es descrita en la Escritura (exceptuados los de pueblo de Dios y cuerpo m\u00ed\u00adstico, que a su vez son entendidos desde una perspectiva sobre todo sociol\u00f3gica), este concepto ha obscurecido el car\u00e1cter espec\u00ed\u00adficamente cristiano del bien com\u00fan, de la autoridad y de la obediencia, as\u00ed\u00ad como las relaciones entre las comunidades y sus presidentes, entre la I. y la sociedad civil, e igualmente la dimensi\u00f3n personal y la social de la comunidad cristiana. Ha fomentado una consideraci\u00f3n est\u00e1tica de la I. como instituci\u00f3n, llevando pr\u00e1cticamente a la p\u00e9rdida de toda visi\u00f3n din\u00e1mica.<\/p>\n<p>Sin embargo, la rehabilitaci\u00f3n de las expresiones b\u00ed\u00adblicas no puede llevar a una exclusi\u00f3n radical del concepto de sociedad, utilizado de diversas maneras en Lumen gentium. La I., presencia del misterio, aparece en forma de una corporaci\u00f3n social; es una sociedad concreta erigida sobre un fundamento divino. Para mostrar la unidad de los diversos temas eclesiol\u00f3gicos antes indicados, habr\u00ed\u00ada que resaltar el car\u00e1cter an\u00e1logo del concepto de sociedad. Y as\u00ed\u00ad el pueblo de Dios, el cuerpo de Cristo y el templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo deber\u00ed\u00adan definirse como sociedad (o comunidad) de la gracia de Cristo, como una comunidad realmente sobrenatural y acu\u00f1ada por Cristo, no s\u00f3lo en su fin, sino en toda su estructura. Como comunidad de hombres articulada y congregada visiblemente, la I. posee un interno principio sobrenatural y divino de ordenaci\u00f3n, que la hace cuerpo de Cristo y le permite asumir estructuras sociol\u00f3gicas en los m\u00faltiples estratos de su realidad, las cuales, sin embargo, tienen un car\u00e1cter sobrenatural.<\/p>\n<p>f) Iglesia y reino de Dios<br \/>\nLa I. celeste ser\u00e1 una comunidad en la gloria; pero la ley propia de la I. en la tierra, en virtud de su estructura sacramental, est\u00e1 caracterizada por la tensi\u00f3n entre I. y -> reino de Dios. El NT muestra las relaciones existentes entre I. y reino de Dios, pero no permite una identificaci\u00f3n completa entre ambos. Solamente despu\u00e9s de la prueba y divisi\u00f3n del juicio, la I. pasar\u00e1 a ser la perfecta comunidad divina del reino de Dios. El Vaticano ii ve en la I. el germen y principio del reino de Dios (Lumen gentium, n.\u00c2\u00b0 3, 5, 9).<\/p>\n<p>En el curso de la historia los te\u00f3logos ora subrayaron el abismo que separa a la I. del reino de Dios, ora resaltaron la coincidencia entre ambos. Esto resulta f\u00e1cilmente comprensible, pues la I. en su substancia es ya el reino de Dios, pero lo es en su situaci\u00f3n de \u00abhallarse en camino\u00bb, en la reconditez de la fe. La I. es en cierto modo la escatolog\u00ed\u00ada ya presente y realizada (Mc 1, 14; Act 2, 17; 2 Pe 1, 19), la realizaci\u00f3n anticipada, aunque imperfecta, del reino de Dios. Los bienes del reino de Dios, que son los frutos del esp\u00ed\u00adritu, se hallan cada uno y su conjunto en posesi\u00f3n de la I., cierto que de una manera imperfecta, misteriosa, pero realmente (Col 13, 2). Pero si el \u00abreino de Dios\u00bb significa plenitud y consumaci\u00f3n, consecuentemente en la I. debe existir una conciencia (incrementada cada d\u00ed\u00ada) de distancia frente a esa gloriosa consumaci\u00f3n; lo cual explica la creciente expectaci\u00f3n con que ella se proyecta hacia el retorno de su Se\u00f1or. Esta tensi\u00f3n entre lo que ya ha llegado y lo que todav\u00ed\u00ada ha de esperarse caracteriza el ser de la I. y explica algunas de sus propiedades, especialmente su faz de I. crucificada. La I. es el reino del siervo paciente de Dios: debe sufrir como su Se\u00f1or, para entrar en su gloria (cf. Lc 24, 26). Por eso la I. en este mundo se halla en la lejan\u00ed\u00ada, en una peregrinaci\u00f3n (2 Cor 8, 6, etc.; cf. 1 Pe 2, 11).<\/p>\n<p>Esta tensi\u00f3n entre reino de Dios e I., que est\u00e1 relacionada con su estructura sacramental, puede entenderse tambi\u00e9n en funci\u00f3n de la acci\u00f3n de Dios que determina toda la historia de la salvaci\u00f3n (Rom 8, 18-30).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, pues, todos los conceptos o im\u00e1genes que caracterizan la I. muestran su car\u00e1cter complementario. Todos deben entenderse en funci\u00f3n del misterio de Dios, que llama a los hombres a la comunidad de su Hijo. La constituci\u00f3n Lumen gentium contiene una profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica. A la luz de la revelaci\u00f3n la I. es vista aqu\u00ed\u00ad como comunidad en la unidad con Dios en Cristo, como sacramento de la salvaci\u00f3n, como pueblo de Dios, constituido a manera de cuerpo de Cristo y templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>4. La Iglesia cat\u00f3lica y las dem\u00e1s comunidades<br \/>\nLa estructura sacramental de la I. funda el ecumenismo y la misi\u00f3n, la relaci\u00f3n entre la I. y el mundo, y la reforma eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>De hecho todo cristiano agradece su cristianismo, por lo menos el bautismo, a la mediaci\u00f3n de una comunidad. Este, junto con la fe bautismal, es el primer elemento de la unidad visible entre los cristianos y la base de su b\u00fasqueda de una unidad perfecta. Hay, pues, entre los cristianos (no s\u00f3lo en el plano individual, sino tambi\u00e9n en el comunitario) una visibilidad fundamental, que a la vez es exigencia, motivo de esperanza y fermento de la unidad. Pues, efectivamente, esa esfera visible es la participaci\u00f3n com\u00fan en la muerte y resurrecci\u00f3n, en el sacrificio y la victoria de Cristo, la vivificaci\u00f3n com\u00fan por el Esp\u00ed\u00adritu, la com\u00fan filiaci\u00f3n divina que quiere desarrollarse en la plenitud de la unidad eucar\u00ed\u00adstica de la I. Las relaciones mutuas entre los cristianos est\u00e1n determinadas por una cierta comunidad sacramental, sin duda imperfecta, pero real (Unitatis redintegratio, n\u00famero 3). Ah\u00ed\u00ad se funda la preocupaci\u00f3n com\u00fan a todos los cristianos por una amplia representaci\u00f3n de ese signo de Cristo que es la Iglesia.<\/p>\n<p>Pero desde aqu\u00ed\u00ad se plantea tambi\u00e9n el problema de la relaci\u00f3n de la I. a las dem\u00e1s comunidades. Despu\u00e9s de acentuar expl\u00ed\u00adcitamente la unidad de la I. jer\u00e1rquicamente articulada, por una parte, y el cuerpo m\u00ed\u00adstico, por otra, el Concilio a\u00f1ade en el cap\u00ed\u00adtulo i de Lumen gentium: \u00abEsta I., constituida y ordenada en el mundo como una sociedad, est\u00e1 realizada (subsiste) en la I. cat\u00f3lica&#8230;, aunque puedan encontrarse fuera de ella muchos elementos de santificaci\u00f3n y de verdad que, como dones propios de la I. de Cristo, inducen hacia la unidad cat\u00f3lica\u00bb (n\u00c2\u00ba. 8). La palabra subsistit ser\u00ed\u00ada mal interpretada si se intentara concebirla en el sentido de un platonismo eclesiol\u00f3gico, como si, antes o m\u00e1s all\u00e1 de su realizaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica, la I. poseyera un \u00abser existente en s\u00ed\u00ad mismo\u00bb que nunca puede actualizarse plenamente en su aparici\u00f3n terrestre. Cierto que la I. nunca es plenamente ella misma, y va inherente a su esencia un movimiento hacia su realizaci\u00f3n completa, el cual debe ser aceptado y querido para alcanzar esta plenitud. Pero el punto de partida para una concepci\u00f3n teol\u00f3gica de la I. es necesariamente el Cristo resucitado, sometido a un crecimiento hist\u00f3rico de su cuerpo, y no una universal esencia (hipostatizada) de la I., con relaci\u00f3n a la cual la realidad emp\u00ed\u00adrica fuera una mera participaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el texto antes aducido la I. cat\u00f3lica expresa esencialmente la fe de que ella &#8211; y s\u00f3lo ella &#8211; realiza como comunidad la forma de la unidad visible que Dios quiere para su I. Sin embargo, hagamos referencia a la diferencia entre dicho texto final y la redacci\u00f3n anterior, que sonaba as\u00ed\u00ad: \u00abPor eso, jur\u00ed\u00addicamente (iure) s\u00f3lo la I. cat\u00f3lica es designada como I.\u00bb La expresi\u00f3n usada en la redacci\u00f3n final tiene la ventaja de que resalta c\u00f3mo hay una relaci\u00f3n entre la I. cat\u00f3lica y los cristianos no cat\u00f3licos, no s\u00f3lo en el aspecto individual, sino tambi\u00e9n como grupos y comunidades creyentes, a trav\u00e9s de los cuales esos cristianos han recibido su fe y son santificados. La constituci\u00f3n Lumen gentium, n\u00c2\u00ba. 15 (que ha de compararse con Unitatis redintegratio, n\u00c2\u00b0 3) dice m\u00e1s exactamente: Los bienes espirituales fundamentales de la I. de Cristo no s\u00f3lo se dan en la I. cat\u00f3lica. Se hallan tambi\u00e9n, si bien con grados diversos, en otras comunidades cristianas, que as\u00ed\u00ad participan de alg\u00fan modo en la realidad del misterio de la I. Tal reconocimiento incluye la confirmaci\u00f3n del car\u00e1cter eclesial de esas comunidades. Pero el nombre de I. en el sentido aut\u00e9ntico de I. parcial (en cuanto, en este o aquel punto, el misterio de Cristo esta realizado, aunque s\u00f3lo de manera imperfecta), \u00fanicamente se les aplica por su posesi\u00f3n de las estructuras jer\u00e1rquicas esenciales (sacerdocio ministerial entendido en continuidad con el peculiar oficio apost\u00f3lico). En consonancia con esto se distingue entre Iglesias y comunidades eclesiales, seg\u00fan que se conserve o que falte all\u00ed\u00ad el oficio sacerdotal del obispo.<\/p>\n<p>Pero Unitatis redintegratio acent\u00faa que la fuerza de los bienes existentes en las otras Iglesias fluye desde la plenitud de gracia y erdad confiada a la I. cat\u00f3lica (n\u00c2\u00b0 3), y que los hermanos separados (ya individualmente, ya en cuanto comunidades e Iglesias) carecen de la unidad que Jesucristo quiso dar a cuantos por \u00e9l renacieron y han sido santificados, a fin de crear un \u00fanico cuerpo para una nueva vida (n\u00c2\u00b0 3).<\/p>\n<p>Por el conocimiento de los v\u00ed\u00adnculos que la unen a otras comunidades, la I. cat\u00f3lica al mismo tiempo adquirir\u00e1 una conciencia cada vez mayor de la distancia entre la exigencia de Cristo y su realizaci\u00f3n concreta (n .o 4); de aqu\u00ed\u00ad resulta la conciencia de la necesidad de su constante renovaci\u00f3n. En este sentido hay que entender el principio: Ecclesia semper reformanda (cf. movimientos de -> reforma). Tambi\u00e9n podr\u00ed\u00adamos decir que la I. cat\u00f3lica se juzga a s\u00ed\u00ad misma y enjuicia a las otras comunidades e Iglesias cristianas bajo la luz de la realidad escatol\u00f3gica, indicada siempre por la propia estructura sacramental, pero siempre superior a la propia realizaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica, que es sometida a juicio por el mundo venidero.<\/p>\n<p>5. Iglesia y misi\u00f3n<br \/>\nLa estructura sacramental de la I. es la base de su misi\u00f3n. Las dos primeras palabras de la constituci\u00f3n Lumen gentium (tomadas de Is 49, 6; cf. Lc 2, 32 y Act 13, 47) caracterizan la I. como una I. misionera que, en virtud de su sacramentalidad, ha recibido el encargo de realizar una misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica en el mundo. Esta conciencia clara de la I. sobre su propio y singular car\u00e1cter fundamenta la misi\u00f3n en su absoluta necesidad (Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 17; Ad gentes, n\u00c2\u00b0 2). Enviada por Dios a todos los pueblos, la I. debe ser \u00abel sacramento universal de la salvaci\u00f3n\u00bb. Ella se esfuerza por anunciar el evangelio a todos los hombres (Ad gentes, introducci\u00f3n). La I. peregrinante es \u00abmisionera\u00bb por esencia, pues debe su origen a la misi\u00f3n del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu (Ad gentes, n\u00c2\u00b0 2). Con ello queda subrayada tambi\u00e9n la aut\u00e9ntica naturaleza de la actividad misionera, que est\u00e1 orientada totalmente hacia la plenitud escatol\u00f3gica. \u00abLa actividad misionera es nada m\u00e1s y nada menos que la manifestaci\u00f3n o epifan\u00ed\u00ada del designio de Dios y su cumplimiento en el mundo y en su historia, en la que Dios realiza abiertamente, por la misi\u00f3n, la historia de la salvaci\u00f3n\u00bb (Ad gentes, n\u00c2\u00b0 9). La I. entera es misionera, pues, si bien el encargo misional en el sentido estricto de la palabra fue dado a los ap\u00f3stoles y a sus sucesores, sin embargo toda la I. debe contribuir a su cumplimiento (Ad gentes, n\u00c2\u00b0 5; Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 17).<\/p>\n<p>La misi\u00f3n de la I., que presupone una toma de conciencia de la naturaleza sacramental del servicio (cf. Lumen gentium, cap. III), es el fundamento de las misiones en el significado espec\u00ed\u00adfico de la palabra. La perspectiva escatol\u00f3gica, que determina la actividad misionera, regula las relaciones de la I. con los hombres (a los que ha sido enviada) en un clima de respeto a su peculiaridad. La I. afirma con insistencia que la aceptaci\u00f3n de la fe presupone la plena libertad religiosa. En cuanto, de esa manera, prepara una nueva modalidad en sus relaciones con las comunidades cristianas y los Estados, confirma la autenticidad del di\u00e1logo interconfesional como tarea de la I. Pero no se conforma con esta confirmaci\u00f3n general, ni se limita a mostrar su patrimonio com\u00fan con Israel (debido a la revelaci\u00f3n divina), sino que resalta adem\u00e1s sus aspectos comunes con otras ->religiones no cristianas. Reconoce todos los valores espirituales, morales y socioculturales de las religiones (Nostra aetate, n\u00famero 3), y afirma decididamente que una conversi\u00f3n al cristianismo no implica una renuncia a la herencia religiosa y cultural de las mismas. En armon\u00ed\u00ada con la tradici\u00f3n entera, ve en ellas estadios previos del evangelio (Ad gentes, n\u00c2\u00b0 8). Pero esto no significa un reconocimiento de una econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica que transcurra paralelamente a Cristo, pues el Concilio declara solemnemente que los hombres s\u00f3lo en Cristo (presente para nosotros en su cuerpo, la I.) han sido llamados a encontrar la plenitud de la vida divina. Toda experiencia religiosa, en lo que tiene de aut\u00e9ntica, tiende a su estructura fundamental querida por Dios, a su forma eclesial cat\u00f3lica (Nostra aetate, n\u00c2\u00b0 2). La humanidad, que est\u00e1 ordenada toda ella a la salvaci\u00f3n en Cristo, no es por tanto extrafia a la I., sino que se halla ligada a \u00e9sta por muchos v\u00ed\u00adnculos (Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 14s).<\/p>\n<p>6. Las relaciones entre Iglesia y mundo<br \/>\nTambi\u00e9n las relaciones entre -> Iglesia y mundo se fundan a la postre en el car\u00e1cter sacramental de la I. Todos los bienes que la I. en el tiempo de su peregrinaci\u00f3n puede comunicar a la familia humana se deben a que ella es el sacramento universal de la salvaci\u00f3n y, a la vez, representa y realiza el misterio del amor de Dios a los hombres. Con creciente conciencia de su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, la I. ha reconocido que debe anunciar la salvaci\u00f3n a una humanidad concreta, social e hist\u00f3rica que se renueva en cada generaci\u00f3n, a un mundo que est\u00e1 transform\u00e1ndose totalmente; y ha reconocido tambi\u00e9n c\u00f3mo ella misma ha de aprender de la humanidad (Lumen gentium, n\u00c2\u00ba. 11). Por eso, en nombre de la libertad y dignidad humana aparece una nueva solidaridad de la I. con el mundo: \u00abLa I. es a la vez signo y protecci\u00f3n de la transcendencia de la persona humana\u00bb (Gaudium et spes, n .o 76). As\u00ed\u00ad el pueblo de Dios ha de aparecer ante el mundo como la realizaci\u00f3n escatol\u00f3gica en germen de la ardiente aspiraci\u00f3n a la unidad, la paz, la justicia, la libertad y al amor que mueve a la humanidad entera (Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 9).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad se insin\u00faa c\u00f3mo la I. est\u00e1 obligada a tomar en serio las preguntas de la humanidad, sus objeciones y dudas (-> ate\u00ed\u00adsmo). Pero esto no obsta a que la I., frente a tendencias que impiden el desarrollo del hombre, pronuncie su condenaci\u00f3n o su amonestaci\u00f3n prof\u00e9tica.<\/p>\n<p>7. Los defectos de la Iglesia y la reforma eclesi\u00e1stica<br \/>\n\u00abAunque la I., por la virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, se ha mantenido como esposa fiel de su Se\u00f1or y nunca ha cesado de ser signo de salvaci\u00f3n en el mundo, sabe, sin embargo, muy bien que no siempre, a lo largo de su prolongada historia, fueron todos sus miembros, cl\u00e9rigos o laicos, fieles al esp\u00ed\u00adritu de Dios\u00bb (Gaudium et spes, n .O 43). Este texto asume una afirmaci\u00f3n de Unitatis redintegratio (n .o 4). Aqu\u00ed\u00ad aparece claramente que la aut\u00e9ntica base de la reforma constante de la I. es su estructura sacramental. En aqu\u00e9lla se desarrolla una lucha sin tregua por la fidelidad al Esp\u00ed\u00adritu. \u00abCristo llama a la I. peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la I. misma, en cuanto instituci\u00f3n humana y terrena, tiene siempre necesidad\u00bb (ibid. n .o 6). El Concilio expresa con suma claridad la conciencia de los defectos de la I. en el curso de la historia. Por ejemplo, en el decreto sobre la libertad religiosa se hace alusi\u00f3n a los comportamientos antievang\u00e9licos adoptados por la I. en diversas \u00e9pocas (Dignitatis humanae, n .o 12). En Gaudium et spes (no 19) leemos: \u00abPor lo cual, en esta g\u00e9nesis del ate\u00ed\u00adsmo pueden tener parte no peque\u00f1a los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educaci\u00f3n religiosa, o con la exposici\u00f3n inadecuada de la doctrina o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado m\u00e1s bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religi\u00f3n.\u00bb Adem\u00e1s, la declaraci\u00f3n com\u00fan (el 7-12-1965) de Pablo vi y del patriarca Aten\u00e1goras sobre la excomuni\u00f3n de 1054 confirma en un acto solemne el reconocimiento de los defectos hist\u00f3ricos de la I.<\/p>\n<p>La I., que alberga a pecadores en su propio seno, tiene necesidad por tanto de una incesante renovaci\u00f3n y purificaci\u00f3n (cf. Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 8; el tema es tratado nuevamente en Gaudium et spes, n.\u00c2\u00b0 44 y en Unitatis redintegratio, n\u00c2\u00b0 6), y en el encuentro con el mundo descubre sus propias contradicciones a la redenci\u00f3n en Cristo. La I. aprende de la historia humana, que la ayuda a conocer mejor todas las riquezas de su fe. Pero la I., reconociendo sus debilidades, sabe tambi\u00e9n c\u00f3mo es signo eficaz del encuentro transformador entre Dios y la humanidad y de la creaci\u00f3n nueva de \u00e9sta en Cristo, recuerda c\u00f3mo debe reproducir la enajenaci\u00f3n de Cristo, que se hizo pobre por los hombres. La pobreza de la I. est\u00e1 fundada en su naturaleza sacramental, que la refiere plenamente a Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Con este prop\u00f3sito constantemente renovado de fidelidad a Cristo y de servicio al mundo, la I. experimenta su propio misterio. Y, a la luz de los acontecimientos hist\u00f3ricos, que despiertan en ella una nueva exigencia de vida cristiana y la incitan a una inteligencia m\u00e1s profunda de la palabra de Dios, conoce la hondura sin fondo del misterio. Asimismo, bajo la luz de la fe, contempla con creciente amor la maravillosa direcci\u00f3n de Dios, que quiere configurarla con la muerte y resurrecci\u00f3n de su Se\u00f1or.<\/p>\n<p>8. Fuera de la Iglesia no hay salvaci\u00f3n<br \/>\nLa I. es para el mundo el signo eficaz y universal de salvaci\u00f3n. Ning\u00fan hombre puede salvarse sin la eficacia de ese signo.<\/p>\n<p>Pero hemos de a\u00f1adir que la operaci\u00f3n invisible de la I. es inmensamente superior a su acci\u00f3n visible. Como sacramento de la salvaci\u00f3n la I. transmite efectivamente de forma invisible lo que ella representa visiblemente: la salvaci\u00f3n de todos bajo todos los aspectos. Esto significa que tambi\u00e9n la interpretaci\u00f3n del axioma Extra ecclesiam nulla salus debe situarse en esa perspectiva sacramental. En el curso de la historia el magisterio ha hecho dos series de declaraciones aparentemente opuestas: una sobre la necesidad de pertenecer a la I. para salvarse; y otro en que se rechaza la doctrina de quienes afirman que la gracia reduce su operaci\u00f3n a los l\u00ed\u00admites visibles de la Iglesia.<\/p>\n<p>a) La f\u00f3rmula de Cipriano Extra ecclesiam nulla salus (De unitate ecclesiae, 6: CSEL 3\/1, 214s), asumida nuevamente en la profesi\u00f3n de fe que Inocencio iii impuso a los valdenses (Dz 423 430), fue usada sin limitaci\u00f3n alguna sobre todo en la bula Unam sanctam de Bonifacio viii (Dz 468).<\/p>\n<p>b) Pero de tanto en tanto hallamos declaraciones seg\u00fan las cuales la operaci\u00f3n de la gracia no se reduce a los l\u00ed\u00admites visibles de la I. (cf. Dz 693 1379 1294; sobre todo DS 3866 3872). Entre estas dos posiciones opuestas viene a mediar la suposici\u00f3n de un \u00aberror de buena fe\u00bb. P\u00ed\u00ado ix fue el primero que habl\u00f3 del error invencible en la exposici\u00f3n del axioma mencionado (Singular\u00c2\u00a1 quadam). En la misma l\u00ed\u00adnea se halla un cap\u00ed\u00adtulo del esquema De Ecclesia del Vaticano i.<\/p>\n<p>Pero el texto interpretativo m\u00e1s importante es la carta del santo oficio al arzobispo de Boston (DS 3866-3873). En primer lugar se resalta que \u00abla incorporaci\u00f3n por el bautismo al cuerpo de Cristo, que es la I., constituye un estricto mandato de Jesucristo\u00bb (DS 3867). \u00abEl Redentor no s\u00f3lo ha mandado que todos los hombres y pueblos se hagan miembros de la I., sino que tambi\u00e9n ha dispuesto que \u00e9sta sea un medio de salvaci\u00f3n sin el cual nadie puede entrar en el reino de la gloria\u00bb (DS 3868). Pero la necesidad de la I. para la salvaci\u00f3n queda precisada m\u00e1s exactamente. No se trata de una necesidad de medio, o sea, debida a la naturaleza interna de la cosa (que har\u00ed\u00ada indispensable el uso afectivo, real del instrumento, como sucede en el caso de la fe o del amor de Dios, que son necesarios para la salvaci\u00f3n), sino de una necesidad de precepto, basada en una disposici\u00f3n positiva. En este caso, el fin para el que est\u00e1 preceptuado el medio puede alcanzarse incluso cuando no es posible usarlo efectivamente. Entonces el medio ha de substituirse -y esto basta- por el deseo o el voto. \u00abPara alcanzar la salvaci\u00f3n eterna no siempre se requiere la pertenencia efectiva (reapse) a la I. como miembro suyo; pero el hombre ha de estar unido con la I. por lo menos mediante el deseo o el voto\u00bb (DS 3870; ->bautismo de deseo).<\/p>\n<p>En comparaci\u00f3n con el esquema preparatorio del Vaticano i, que todav\u00ed\u00ada hablaba de una necesidad de medio, es evidente el progreso alcanzado en el documento citado. El Vaticano ii, con una referencia expl\u00ed\u00adcita a dicho documento, declara: \u00abPues los que inculpablemente desconocen el evangelio de Cristo y su I., pero buscan con sinceridad a Dios y se esfuerzan bajo el influjo de la gracia por cumplir eficazmente su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvaci\u00f3n eterna\u00bb (Lumen gentium, n .o 15).<\/p>\n<p>Brevemente, para salvarse, es necesario hacerse hijo de la I. por lo menos a trav\u00e9s de un acto impl\u00ed\u00adcito de fe y de un deseo de la salvaci\u00f3n. El axioma \u00abno hay salvaci\u00f3n fuera de la I.\u00bb no es sino una expresi\u00f3n de la verdad eclesiol\u00f3gica: la I. es el sacramento de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>IV. Sobre la estructura jur\u00ed\u00addica de la Iglesia<br \/>\n1. Cuestiones generales sobre su fundamentaci\u00f3n<br \/>\nV\u00e9ase constituci\u00f3n de la -> Iglesia, -> derecho can\u00f3nico, -> Codex Iuris Canonici.<\/p>\n<p>2. Acerca de la estructura jer\u00e1rquica<br \/>\nV\u00e9ase -> jerarqu\u00ed\u00ada, -> papa, -> episcopado, -> sacerdocio, -> potestades de la I., -> jurisdicci\u00f3n.<\/p>\n<p>NUEVAS DISPOSICIONES ECLESI\u00ed\u0081STICAS: Plo XII., enc. Mystici Corporis Christi del 29-6-1943: AAS 35 (1943) 1943) 193-248; Vaticano II, Constitutio dogmatica de Ecclesia: LThK Vat 1 137-359; Pablo VI., enc. Ecclesiam suam del 10-8-1964: AAS 56 (1964) 609-659.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: K. L. Schmidt, \u00e9kkles\u00ed\u00ada: ThW 111 502-539; N. A. Dahl, Das Volk Gottes. Eine Untersuchung zum Kirchenbewu\u00dftsein des Urchristentums (Oslo 1941, Darmstadt 1963); H. de Lubac, Catolicismo (Estela Ba 1965); K. Adam, Das Wesen des Katholizismus (D 111946), tr. cast.: La esencia del catolicismo (E L Esp Ba); J. Brinktrine, Offenbarung und Kirche (Pa 21949); J. Salaverri, De Ecclesia Christi (Ma 1950); E. Brunner, Das Mi\u00dfverst\u00e4ndnis der Kirche (Z 1951); Ch. Journet, L&#8217;Eglise du Verbe Incam\u00e9, 2 vols. (P 1951); L. K\u00f6sters, Die Kirche unseres Glaubens (Fr 41952); Y. Congar, Ecclesia ab Abel: Abhandlungen \u00fcber Theologie und Kirche (homenaje a K. Adam) (D 1952) 79108; J. Dani\u00e9lou, Le myst\u00e9re du salut des nations (P 1946); H. v. Campenhausen, Geistliches Amt und geistliche Vollmacht in den ersten drei Jhh. (T 1953); O. Semmelroth, La Iglesia como sacramento original (Dinor SS 1963); H. de Lubac, Meditaci\u00f3n sobre la Iglesia (Descl\u00e9e Bi 1953); Y. Congar, En-sayos sobre el misterio de la Iglesia (Estela Ba); D.  Bonhoeffer, Sanctorum Communio (Mn 41954); H. Fries, Die Kirche als Anwalt des Menschen (St 1954); H. Asmussen &#8211; W. Stdhlin, Die Katholizit8t der Kirche (St 1957); St. Jakl, Les tendances nouvelles de 1&#8217;eccl\u00e9siologie (R 1957); Y. Congar, Jalones para una teolog\u00ed\u00ada del laicado (Estela Ba 1961); Ch. Journet, Th\u00e9ologie de 1&#8217;Eglise (P 1957); J. L. Leuba, L&#8217;institution et I&#8217;\u00e9v\u00e9nement (P-NeuchB-tel 1950); H. Fries, Kirche als Ereignis (D 1958); E.   Kinder, Der evangelische Glaube und die Kirche (B 1958); Schmaus D I1I\/2 (bibl.); W. Bartz, Die lehrende Kirche (Trier 1959); O. Semmelroth. Ich glaube an die Kirche (D 1959), tr. cast.: Creo en la Iglesia (Guad Ma); O. Linton, Ekklesia: RAC IV IV 905-921; A. V\u00f3gtle, Jesus und die Kirche: Begegnung der Christen (homenaje a O. Karrer) (St &#8211; F 1959) 54-81; M. N\u00e9doncelle, L&#8217;eccl\u00e9siologie au XIX\u00c2\u00b0 si\u00e9cle (P 1960); J. Betz &#8211; H. Fries (dir.), Kirche und \u00dcberlieferung (homenaje a G. S\u00f3hngen) (Fr 1962); F. Malmberg, Ein Leib &#8211; ein Geist (Fr 1960); S. Tromp, Corpus Christi, quod est ecclesia III (R 1960); R. Schnackenburg, Die Kirche im NT (Fr 1961); K. Rahner, La Iglesia y los sacramentos (Herder Ba 21967); Y. Congar, Amplio mundo mi parroquia (V Divino Est 1965); H. U. v. Balthasar, Sponsa Verbi (Ei 1961); Sentire Ecclesiam. Das Bewul3tsein von der Kirche als gestaltende Kraft der Fr\u00f3mmigkeit, (bajo la dir. de J. Dani\u00e9lou &#8211; H. Vorgrimler) (homenaje a H. Rahner) (Fr 1961). E. Schlink, Der kommende Christus und die kirchlichen Traditionen. Beitr\u00e1ge zum GesprBch zwischen den getrennten Kirchen (G\u00f3 1961); F. Holb\u00f3ck &#8211; Th. Sartory (dir.). Mysterium Kirche in der Sicht der theologischen Disziplinen, 2 vols. (Sa 1962); H. K\u00fcng, Estructuras de la Iglesia (Estela Ba 21969); U. Valeske, Votum Ecclesiae. Das Ringen um die Kirche in der neueren r\u00f3misch-kath. Theologie. Dargestellt auf dem Hintergrund der evangelischen und \u00f3kumenischen Parallel-Entwicklung (Mn 1962) (bibl.); J. Hamer, La Iglesia es una comuni\u00f3n (Estela Ba 1965); H. Bacht, Die Sichtbarkeit der Kirche im kontroverstheol. GesprBch der Gegenwart: Einsicht und Glaube (homenaje a G. S\u00f3hngen) (Fr 1962) 447-463; Ekklesia (homenaje a M. Wehr) (Trier 1962); F. Viering, Christus und die Kirche in r\u00f3m.-kath. Sicht. Probleme zwischen dem ersten und zweiten Vatikanischen Konzil (G8 1962); H. Fries, Aspekte der Kirche (St 1963); M. Honecker, Kirche als Gestalt und Ereignis. Die sichtbare Gestalt der Kirche als dogmatisches Problem (Mn 1963); O. Kuss, Jesus und die Kirche im NT: Auslegung und Verk\u00fcndigung (Rb 1963) 25-77; E. Schweizer, Zur Ekklesiologie des NT: Neotestamentica (Z 1963) 239-329; A. Winklhofer, \u00daber die Kirche (F 1963); M.-J. Le Guillou, Misi\u00f3n y unidad (Estela Ba 1963); idem, Teolog\u00ed\u00ada del misterio (Estela Ba 1966); J. Ratzinger, Wesen und Grenzen der Kirche: Das Zweite Vatikanische Konzil (Studien und Berichte der kath. Akademie in Bayem H. 24) (W\u00fc 1963) 47-68; W. Beinert, Um das dritte Kirchenattribut. Die Katholizit\u00e1t der Kirche im Verst\u00e1ndnis der evangelisch-lutherischen und r\u00f3m.-kath. Theologie der Gegenwart, 2 vols. (Essen 1964) (bibl.); J. Ch. Hoekendijk, Die Zukunft der Kirche und die Kirche der Zukunft (St 1964); K. Holl, Der Kirchenbegriff des Paulus in seinem Verhaltnis zu dem der Urgemeinde: Das Paulusbild in der neueren dt. Forschung (Darmstadt 1964) 144-178; H. Schlier, Zu den Narren der Kirche in den Paulinischen Briefen: Besinnung auf das NT (Fr 1964) 294-306; H. M\u00fchlen, Una mystica persona. Die Kirche als das Mysterium der Identit\u00e1t des Heiligen Geistes in Christus und den Christen. Eine Person in vielen Personen (1964, Pa 21967); H. Opitz, Die Kirche und das Heil. Zur Frage cines evangelischen Verst\u00e1ndnisses der Heilsnotwendigkeit der Kirche: Una Sancta 19 (1964) 125-145; H. Rahner, Symbole der Kirche. Die Ekklesiologie der V\u00e1ter (Sa 1964); J. Feiner, Kirche und Heilsgeschichte: Rahner GW II 317-345; J. L. Witte, Zu den vier Wesensz\u00fcgen der Kirche: ibid. 427-454; Y. Congar, Cristianos en di\u00e1logo (Estela Ba 1967); \u00ed\u00addem, El episcopado y la Iglesia universal (Estela Ba 1966); idem, El servicio y la pobreza en la Iglesia (Estela Ba); idem, Kirche und Welt: Weltverst8ndnis im Glauben, bajo la dir. de J. B. Metz (Mz 1965) 102-126; E. Schillebeeckx, Kirche und Welt. Zur Bedeutung von \u00abSchema 13\u00bb des Vaticanum II: ibid 127-142; idem, Iglesia y humanidad: Concilium n.\u00c2\u00b0 1 (1965) 63-94; R. Guaral, Die Kirche des Herrn. Meditationen \u00fcber Wesen und Auftrag der Kirche (W\u00fc 1965); Rahner II 9-98 99-118, III 109-124, VI 295-358 445-544, VII 113-134; J. Ratzinger -E. Schweizer y otros, Kirche heute (Bergen-Enkheim 1965); B. C. Butler, L&#8217;id\u00e9e de l&#8217;Eglise (P 1965); R. Adolfs, Die Kirche ist anders. Alte Wahrheiten &#8211; neue Wege (Graz 1965); Theologische Akademie, bajo la dir. de K. Rahner &#8211; O. Semmelroth, I (F 1965), III (1966); Bara\u00fana; Y. Congar, Santa Iglesia (Estela Ba 1966); J. Giblet (dir.), Vom Christus zur Kirche Charisma und Amt im Urehristentum (Fr 1966); A. Gerken, Christ u. Kirche im Umbruch der Gegenwart (D 1966); J. Ratzinger, Weltoffene Kirche: Umkehr und Erneuerung. Kirche nach dem Konzil, bajo la dir. de Th. Filthaut (Mz 1966) 273-291; J. B. Metz, Kirche f\u00fcr die Ungl\u00e1ubigen: ibid. 312-329; H. R. Schlette, Die Kirche auf dem Weg zu sich selbst: Kirche unterwegs (Olten 1966) 30-41; G. Schille, Anf\u00e1nge der K. Erwagungen zur apostolischen Fr\u00fchgeschichte (Mn 1966); H. Volk, Emeuerung der Ekklesiologie als emeuertes Selbstverst\u00e1ndnis der Kirche u. ihre \u00f3kumenische Bedeutung: Gesammelte Schriften II (Mz 1966) 101-130; Das neue Volk Gottes. Introducci\u00f3n a la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia con las colaboraciones de H. Fries, K. Rahner y otros, bajo la dir. de W. Sandfuchs (W\u00fc 1966); F.   Holb\u00f3ck &#8211; Th. Sartory y otros, El misterio de la Iglesia. Fundamentos para una eclesiolog\u00ed\u00ada, 2 vols. (Herder Ba 1966); E. Przywara, Katholische Krise (D 1967); R. Adolfs, Wird die Kirche zum Grab Gottes? (Gran 1957); Volk Gottes. Zum KirchenverstBndnis der kath., ev. und anglikanischen Theologie (homenaje a J. H\u00f3fer) (Fr 1967); J. Ch. Hampe (dir), Die Autoritgt der Freiheit. Gegenwart des Konzils und Zukunft der Kirche im \u00f3kumenischen Disput I-II (Mn 1967); Wahrheit und Verk\u00fcndigung, 2 vols. (homenaje a M. Schmaus) (Mn &#8211; Pa &#8211; W 1967); H. K\u00fcng, La Iglesia (Herder Ba 31970); Rahner VIII 329-444 (Das neue Bild der Kirche und andere Aufs\u00e1tze zur Ekklesiologie); P. V. Dias, Vielfalt der Kirche in der Vielfalt der J\u00fcnger, Zeugen und Diener (Fr 1968) (bibl.); G. Philips, La Iglesia y su misterio en el concilio Vaticano II. Historia, texto y comentario de la constituci\u00f3n \u00abLumen Gentium\u00bb, 2 vols. (Herder Ba 1968 y 1969).<\/p>\n<p> Marie-Joseph Le Guillou<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>IGLESIA<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>(ekki\u00e9sia)<\/p>\n<p>   A trav\u00e9s de ekkl\u00e9tos,  \u00abdesignado como arbitro en un litigio\u00bb, ekki\u00e9sia  viene de ek-kalein,  \u00abconvocar\u00bb. La ekki\u00e9sia  es, en primer lugar, la asamblea leg\u00ed\u00adtimamente convocada. En griego cl\u00e1sico y helen\u00ed\u00adstico, el t\u00e9rmino designa la asamblea de hombres libres que tienen derecho a voto en la ciudad (polis)  o derecho a la libre expresi\u00f3n (parrh\u00e9sia).  Aparte de Hch 19,32, el Nuevo Testamento ignora esta acepci\u00f3n de ekki\u00e9sia,  ya que no conoce m\u00e1s que el significado nacido de la historia de las comunidades cristianas. Este significado abraza, por una parte, a la \u00abcomunidad\u00bb de los cristianos de un lugar determinado y, por otra, a la \u00abIglesia\u00bb, que es esa misma comunidad considerada en sus propiedades esenciales, prescindiendo de su particularidad local. La ekki\u00e9sia  como comunidad \u00abdom\u00e9stica\u00bb no es ignorada por Pablo; pero \u00e9ste, en la casi totalidad de sus empleos, le da a ekki\u00e9sia  una tonalidad teol\u00f3gica. Pablo utiliza la palabra 65 veces (el resto del Nuevo Testamento, 49 veces); se encuentra sobre todo en las primeras cartas (46 veces).<\/p>\n<p>   En varios pasajes, en los que el ap\u00f3stol depende de un uso cristiano anterior, se encuentra la expresi\u00f3n \u00abekki\u00e9sia  de Dios\u00bb. A pesar de una opini\u00f3n todav\u00ed\u00ada corriente, es poco probable que esta expresi\u00f3n sea una copia de la de los Setenta, \u00abiglesia del Se\u00f1or\u00bb (ekki\u00e9sia tou Kyriou).  No ser\u00ed\u00ada explicable el paso de \u00abSe\u00f1or\u00bb a \u00abDios\u00bb, sobre todo si se piensa que los Setenta traducen tambi\u00e9n el hebreo qahal  por sinagoga (synagog\u00e9).  Puede afirmarse que el uso absoluto de ekki\u00e9sia  es el compendio de una expresi\u00f3n, de suyo imposible de descomponer. \u00abIglesia de Cristo\u00bb debe interpretarse ciertamente como sigue: \u00abIglesia que tiene su origen en la gracia de Dios en Cristo\u00bb, como se puede ver expresamente en 1 Tes 2,14.<\/p>\n<p>   Cuando confiesa que ha perseguido a la Iglesia de Dios  (Gal 1,13; 1 Cor 15,9), Pablo hace suya la designaci\u00f3n que la comunidad primitiva de Jerusa-l\u00e9n se dio de s\u00ed\u00ad misma: comunidad de los salvados suscitada por Dios en el coraz\u00f3n de Israel en los tiempos del cumplimiento de las promesas hechas a los padres. Confirmado por la Iglesia de Jerusal\u00e9n en su misi\u00f3n entre las naciones, consider\u00e1ndose como enviado por ella, a quien el Esp\u00ed\u00adritu Santo da a reconocer su dones y carismas, Pablo ve actuando en las comunidades que nacen de su anuncio del evangelio la misma acci\u00f3n salvadora que dio origen a la comunidad-madre. Las nuevas comunidades no son menos \u00abIglesias de Dios\u00bb que la comunidad de Jerusal\u00e9n. En homenaje, tanto a la unidad de su origen que est\u00e1 en Jerusal\u00e9n como a la acci\u00f3n salvadora que all\u00ed\u00ad se manifest\u00f3, las nuevas Iglesias son llamadas la Iglesia de Dios que est\u00e1 en Corinto  (1 Cor 1,1; 2 Cor 1,1), \u00abla Iglesia que est\u00e1 en Cencreas\u00bb (Rom 16,1), las Iglesias de Dios que est\u00e1n en Judea  (1 Tes 2,14).<\/p>\n<p>   La multiplicidad de las Iglesias \u00abparticulares\u00bb, como las califica el uso teol\u00f3gico, no es m\u00e1s que la multiplicidad de las manifestaciones de la \u00fanica acci\u00f3n salvadora por la que Dios re\u00fane a los salvados en Cristo. Estas manifestaciones son el despliegue de la bendici\u00f3n  (Hch 3,26), cuya fuente brot\u00f3 en Jerusal\u00e9n el d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s. El v\u00ed\u00adnculo que constituye su unidad es la palabra apost\u00f3lica, \u00abvenida\u00bb de Si\u00f3n (Is 2,3) precisamente. Es verdad que ellas se organizan seg\u00fan una misma estructura unitaria (ap\u00f3stoles-profetas-did\u00e1scalos: cf. 1 Cor 12,28). Pero la unidad de las Iglesias (22 veces el plural en Pablo) no es esencialmente ni formal, ni de pertenencia a un solo conjunto que pudiera decirse \u00abuniversal\u00bb.<\/p>\n<p>   Es en las cartas de la cautividad donde se pone de relieve su naturaleza. Seg\u00fan la Carta a los Efe-sios, la Iglesia est\u00e1 unida a Cristo lo mismo que el cuerpo a la cabeza, principio de unidad y de vida. Es tambi\u00e9n la esposa que Cristo am\u00f3 y por la que se entreg\u00f3, a fin de santificarla, purific\u00e1ndola con un ba\u00f1o de agua acompa\u00f1ado de una palabra  (Ef 5,26). De las aguas del bautismo que sumergen a los bautizados en su muerte, Cristo \u00absaca\u00bb a su esposa, la Iglesia, para present\u00e1rsela a s\u00ed\u00ad mismo, resplandeciente  (ib\u00ed\u00add.). Por medio del bautismo, Cristo hace de nosotros su cuerpo, que es la Iglesia, en la que se ha manifestado la sabidur\u00ed\u00ada infinitamente variada de Dios  (Ef 3,10).<\/p>\n<p>M. G.<\/p>\n<p>AA. VV., Vocabulario de las ep\u00ed\u00adstolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p>Si muchos de los contempor\u00e1neos apenas si rebasan el aspecto humano de la Iglesia, sociedad mundial bien encuadrada, de hombres unidos por las creencias y por el culto. la Escritura, hablando a nuestra fe, la designa como un *misterio, oculto en otro tiempo en Dios, pero hoy descubierto y en parte realizado (Ef 1,9s; Rom 16,25s). Misterio de un pueblo todav\u00ed\u00ada pecador, pero que posee las arras de la salud, porque es la extensi\u00f3n del cuerpo de Cristo, el hogar del amor; misterio de una instituci\u00f3n humano-divina en la que el hombre puede hallar la luz, el perd\u00f3n y la gracia, \u00abpara alabanza y gloria de Dios\u00bb (Ef 1,14). A esta fundaci\u00f3n in\u00e9dita los primeros cristianos de lengua griega le dieron el nombre de ekklesia, que aun marcando cierta continuidad entre Israel y el pueblo cristiano, era muy apropiada para cargarse de un contenido nuevo.<\/p>\n<p>I. LAS SUGERENCIAS DE LA PALABRA. En el mundo griego la palabra ekklesia, de la que iglesia no es sino un calco, designa la asamblea del demos, del pueblo como fuerza pol\u00ed\u00adtica. Este sentido profano (cf. Act 19,32.39s) colora el sentido religioso cuando Pablo trata del comportamiento actual de una asamblea cristiana reunida \u00aben iglesia\u00bb (cf. lCor 11,18).<\/p>\n<p>En los LXX, por el contrario, la palabra designa una asamblea convocada para un gesto religioso, con frecuencia cultual (p.c. Dt 23; lRe 8; Sal 22,26): corresponde al hebreo qahal, empleado sobre todo por la escuela deuteron\u00f3mica para designar la asamblea del Horeb (p.e. Dt 4, 10); de las estepas de Moab (Dt 31, 30), o de la tierra prometida (p.e. Jos 8.35: Jue 20,2), y por el cronista (p.c. 1Par 28,8; Neh 8,2) para designar la asamblea lit\u00fargica de Israel en tiempo de los reyes o despu\u00e9s del exilio. Pero si ekklesia traduce siempre kahal, esta \u00faltima palabra es traducida a veces por otros vocablos, en particular por synag\u00f3ge (p.c. N\u00fam 16,3; 20,4; Dt 5,22), que se emplea con m\u00e1s frecuencia por la palabra sacerdotal &#8216;edah. Iglesia y sinagoga son dos t\u00e9rminos casi sin\u00f3nimos (cf. Sant 2,2): s\u00f3lo se opondr\u00e1n cuando los cristianos se hayan apropiado el primero reservando el segundo a los jud\u00ed\u00ados recalcitrantes. La elecci\u00f3n de ekklesia por los LXX se debi\u00f3 sin duda en parte a la asonancia qahal ekklesia, pero tambi\u00e9n a las sugerencias de la etimolog\u00ed\u00ada: este t\u00e9rmino, que viene de ekkale\u00f3 (llamo de, convoco), indica por s\u00ed\u00ad mismo que Israel, el pueblo de Dios, era la agrupaci\u00f3n de los hombres convocados por la iniciativa divina, y converg\u00ed\u00ada con una expresi\u00f3n sacerdotal en que se expresaba la idea de llamamiento: klete hagia, traducci\u00f3n literal de mikra gode..\u00bbs, \u00abconvocaci\u00f3n santa\u00bb (Ex 12, 16; Lev 23,3; N\u00fam 29,1).<\/p>\n<p>Es muy natural que Jes\u00fas, al fundar un nuevo pueblo de Dios en continuidad con el antiguo, lo designara con un nombre b\u00ed\u00adblico de la asamblea religiosa (en arameo dir\u00ed\u00ada &#8216;edta, o kenista, traducido las m\u00e1s de las veces por synagdge, o m\u00e1s probablemente qehala), nombre traducido por ekklesia en Mt 16,18. Asimismo la primera generaci\u00f3n cristiana, sabiendo ser el nuevo *pueblo de Dios (IPe 2,10) prefigurado por la \u00abiglesia del desierto\u00bb (A _ 7,38) adopt\u00f3 un t\u00e9rmino que, viniendo de las Escrituras, era muy apto para designarla a ella misma como \u00abIsrael de Dios\u00bb (G\u00e1l 6,16; cf. Ap 7,4; Sant 1,1 ; Flp 3,3). Este t\u00e9rmino ofrec\u00ed\u00ada adem\u00e1s la ventaja de incluir eltema del llamamiento que dirige Dios gratuitamente en Jesucristo a los jud\u00ed\u00ados y luego a los paganos, para formar \u00abla convocaci\u00f3n santa\u00bb de los \u00faltimos tiempos (cf. ICor 1,2; Rom 1,7: \u00abconvocados santos\u00bb).<\/p>\n<p>II. PREPARACI\u00ed\u201cN Y REALIZACI\u00ed\u201cN DE LA IGLESIA. Por largo tiempo prepar\u00f3 Dios la reuni\u00f3n de sus hijos dispersos (Jn 11,52). La Iglesia es la comunidad de los hombres beneficiarios de la salvaci\u00f3n en Jesucristo (Act 2,47): \u00abnosotros, los salvados\u00bb, escribe Pablo (ICor 1,18). Ahora bien, el *designio divino de la salvaci\u00f3n, si bien culmina en esta comunidad, fue, no obstante, concebido \u00abdesde antes de la creaci\u00f3n del mundo\u00bb (Ef 1,4) y esbozado entre los hombres ya desde Abraham y hasta desde la aparici\u00f3n de Ad\u00e1n.<\/p>\n<p>1. Creaci\u00f3n primera y nueva creaci\u00f3n. Ya en los or\u00ed\u00adgenes el hombre es llamado a formar sociedad (G\u00e9n 1,27; 2.18) y a multiplicarse (1,28) viviendo en la familiaridad de Dios (3,8). Pero el *pecado viene a atravesarse en el plan divino; Ad\u00e1n, en lugar de ser jefe de un pueblo reunido para vivir con Dios, es padre de una humanidad dividida por el *odio (4,8; 6,11). dispersada por la *soberbia (11,8s) y que huye de su Creador (3,8; 4,14). Ser\u00e1, pues, preciso que un nuevo *Ad\u00e1n (ICor 15, 45; Col 3,10s) inaugure una nue &#8216;a *creaci\u00f3n (2Cor 5,17s; G\u00e1l 6,15), en la que se restaure la vida de amistad con Dios (Rom 5,12&#8230;), se reduzca la humanidad a la *unidad (Jn 11, 52) y se reconcilien sus miembros (Ef 2,15-18). Tal ser\u00e1 la Iglesia, preparada por Israel. La Biblia, al situar la historia de Abraham y de su descendencia en la historia universal de un mundo en que el pecado despliega sus consecuencias, muestra por el mismo caso que la Iglesia, verdadero pueblo de Abraham (Rom 4, l ls), debe insertarse en el mundo y ser en \u00e9l la respuesta al pecado, as\u00ed\u00ad como a las divisiones y a la muerte que de \u00e9l dimanan. Las tradiciones sobre el *diluvio suministraban ya a Israel el ejemplo de un justo situado por Dios al comienzo de una nueva creaci\u00f3n despu\u00e9s de la proliferaci\u00f3n del pecado; esta salvaci\u00f3n universal otorgada por medio del *agua a la descendencia de No\u00e9 era *figura de la otra, mucho m\u00e1s rica, que aportar\u00ed\u00ada Cristo por medio del *bautismo (IPe 3,20s).<\/p>\n<p>Sin embargo, la Iglesia no igualar\u00e1 jam\u00e1s perfectamente ac\u00e1 abajo a la nueva creaci\u00f3n descrita por los profetas. Solamente en el *cielo, al final de los \u00faltimos tiempos, ser\u00e1 totalmente eliminado el pecado (Is 35,8; Ap 21,27), as\u00ed\u00ad como el dolor y la muerte (Ap 21,4; cf. ls 25,8; 65,19); entonces la *dispersi\u00f3n de *Babel, cuya ant\u00ed\u00adtesis es ya *pentecost\u00e9s, hallar\u00e1 su r\u00e9plica definitiva (ls 66,18; Ap 7,9s). Entonces tambi\u00e9n desaparecer\u00e1n las caricaturas: imperios soberbios, \u00absinagogas de Sat\u00e1n\u00bb (Ap 2, 9; 3,9); ya no habr\u00e1 m\u00e1s que la asamblea de los elegidos, en que Dios ser\u00e1 todo en todos (ICor 15,28).<\/p>\n<p>2. Antiguo y nuevo Israel. Con la *elecci\u00f3n de Abraham, sellada ya por una *alianza (G\u00e9n 15,18), se inicia el proceso decisivo de formaci\u00f3n de un *pueblo de Dios. De esta raza bendita, cuyo tronco es \u00e9l, saldr\u00e1 Cristo, en quien tendr\u00e1n plenamente efecto las *promesas (G\u00e1l 3,16) y que a su vez fundar\u00e1 el pueblo definitivo, posteridad espiritual de *Abraham, el creyente (Mt 3,9 p; Jn 8, 40; G\u00e1l 4,21-31; Rom 2,28s; 4, 16; 9,6ss). Entrando en la Iglesia de Jesucristo mediante la fe es como todas las *naciones ser\u00e1n benditas en Abraham (G\u00e1l 3,8s = G\u00e9n 12, 3 LXX; cf. Sal 47,10).<\/p>\n<p>Entre Israel, posteridad carnal de los patriarcas, y la Iglesia hay a la vez ruptura y continuidad. As\u00ed\u00ad el NTaplica al nuevo pueblo de Dios los nombres del antiguo, pero mediante transposiciones y contrastes. Uno y otro son la ekklesia, pero la palabra significa ahora el misterio desconocido en el AT, el *cuerpo de Cristo (Ef 1,22s); y el *culto que en \u00e9l se tributa a Dios es totalmente espiritual (Rom 12,1). La Iglesia es *Israel, pero Israel de Dios (G\u00e1l 6,16), espiritual y ya no carnal (ICor 10,18); es un pueblo adquirido, pero adquirido por la *sangre de Cristo (Act 20, 28; IPe 2,9s; Ef 1,14) y sacado tambi\u00e9n de entre los gentiles (Act 15, 14). Es la *esposa, no m\u00e1s ad\u00faltera (Os; Jer 2-3; Ez 16), sino inmaculada (Ef 5,27); la *vi\u00f1a, ya no bastarda (Jer 2,21), sino fecunda (Jn 15, 1-8); el *resto santo (ls 4,2s). Es el reba\u00f1o, ya no reunido una vez (Jer 23,3) y luego dispersado de nuevo (Zac 13,7ss), sino el reba\u00f1o definitivo del *pastor inmolado y resucitado por \u00e9l (Jn 10); es la *Jerusal\u00e9n de lo alto, ya no esclava, sino libre (G\u00e1l 4,24s). Es el pueblo de la nueva *alianza predicha por los profetas (Jer 31,31ss; Ez 37,26ss), pero sellada por la sangre de Cristo (Mt 26, 28 p; Heb 9,12ss; 10,16), que es su *mediador para todas las naciones (Is 42,6). Su carta de alianza no es ya la *ley de Mois\u00e9s, incapaz de comunicar la vida (G\u00e1l 3,21), sino la del *Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8,2), inscrita en los corazones (Jer 31,33s; Ez 36,27; cf. Un 2,27). Es el *reino de los santos, anunciado por Daniel y prefigurado por la asamblea dav\u00ed\u00addica del cronista: no m\u00e1s organizaci\u00f3n de la vida temporal de una naci\u00f3n (Jn 18,36), sino germen por todas partes visible y esbozo espiritual de un reino invisible e intemporal, en el que la muerte ser\u00e1 destruida (ICor I5,25s; Ap 20,14). Finalmente, puesto que el *templo de la nueva econom\u00ed\u00ada, no hecho de mano de hombre (Mt 14,58) e indestructible (Mt 16,18), es el *cuerpo resucitado de Cristo (Jn 2,21s), la Iglesia, cuerpo de Cristo, es igualmente el templo nuevo (2Cor 6,16; Ef 2,21; lPe 2,5), lugar de una *presencia y de un *culto mejores que en otro tiempo y accesibles a todos (Mc 11,17).<\/p>\n<p>III. FUNDACI\u00ed\u201cN DE LA IGLESIA POR JES\u00daS. El AT prepara, pues, la Iglesia y la prefigura; Jes\u00fas la revela y la funda.<\/p>\n<p>1. Las etapas de la Iglesia. El pensamiento de Jes\u00fas entra dentro del marco de su proclamaci\u00f3n del *reino de los cielos; en ella revela, en un lenguaje prof\u00e9tico en que no siempre se distinguen los planos, que la fase celestial del reino (Mt 13,43; 25,31-46) ir\u00e1 precedida de una fase terrenal. Esta, a su vez, comprender\u00e1 dos etapas. La primera es la vida mortal de Jes\u00fas que, por su predicaci\u00f3n, su acci\u00f3n sobre Sat\u00e1n y la formaci\u00f3n de la comunidad mesi\u00e1nica, hace ya presente el reino (Mt 12,28; Le 17, 21). La segunda ser\u00e1 el tiempo de la Iglesia propiamente dicho (Mt 16,18), que comenzar\u00e1 con tres acontecimientos mayores: el *sacrificio de Jes\u00fas que funda (Mt 26,28) esta \u00abcomunidad de la nueva alianza\u00bb, celadora de un culto puro (cf. Mal 3,1-5), que Jerem\u00ed\u00adas hab\u00ed\u00ada esperado en tiempos de Jos\u00ed\u00adas (2Re 23) y luego remitido al futuro escatol\u00f3gico (Jer 31,31s), y que las agrupaciones de Qumr\u00e1n y de Damasco cre\u00ed\u00adan representar; la venida de Jes\u00fas como *Se\u00f1or e *Hijo del hombre en el momento de su resurrecci\u00f3n (Mt 26,64); finalmente, la ruina de *Jerusal\u00e9n (Mt 16,28; cf. Lc 21,24), a la vez signo de la sustituci\u00f3n del pueblo jud\u00ed\u00ado por la Iglesia y pr\u00f3dromo del juicio final.<\/p>\n<p>2. Reuni\u00f3n y formaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos. Durante su vida mortal agrupa Jes\u00fas y forma *disc\u00ed\u00adpulos, a los que revela los *misterios del reino (Mt 13.10-17 p); es ya el \u00abpeque\u00f1o reba\u00f1o\u00bb (Lc 12,32) del buen pastor (Jn 10) anunciado por los profetas, el reino de los santos (Dan 7,18-22). Jes\u00fas puso la mira en la supervivencia y crecimiento de este grupo despu\u00e9s de su muerte, y esboz\u00f3 los grandes rasgos de su futuro estatuto. Tres clases de palabras lo muestran : sus predicciones sobre las *persecuciones que deber\u00e1n sufrir los suyos (Mt 10,17-25 p; Jn 15,18-16,4); sus *par\u00e1bolas sobre la mezcla de justos y de pecadores en el reino (Mt 22, llss; 13,24-43.47-50); sus instrucciones destinadas a los doce.<\/p>\n<p>a) Los doce. En efecto, Jes\u00fas se escoge entre sus disc\u00ed\u00adpulos a doce \u00ed\u00adntimos que ser\u00e1n las c\u00e9lulas fundamentales y los cabezas del nuevo Israel (Mc 3,13-19 p: Mt 19,28 p). Los inicia en el rito bautismal (Jn 4,2), en la predicaci\u00f3n, en el combate contra los *demonios y las *enfermedades (Mc 6,7-13 p). Les ense\u00f1a a preferir el servicio a los primeros puestos (Mc 9,35), a dar la prioridad a las \u00abovejas perdidas\u00bb (Mt 10,6), a no temer las persecuciones inevitables (10,17&#8230;), a reunirse en su *nombre para orar en com\u00fan (18,19s), a perdonarse mutuamente (18,21-35) y a no excomulgar a los pecadores p\u00fablicos sin haber antes intentado la persuasi\u00f3n (18,15-18). La Iglesia, hasta el fin de los tiempos, deber\u00e1 inspirarse en esta experiencia de los doce para hallar en ella sus reglas de vida.<\/p>\n<p>b) Misi\u00f3n universal de los doce. El aprendizaje misionero de los *ap\u00f3stoles no sale del marco de Israel (Mt 10.5s). Solamente despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas recibir\u00e1n la orden de ense\u00f1ar y bautizar a todas las *naciones (Mt 28,19). Sin embargo, ya antes de su muerte anuncia Jes\u00fas la agregaci\u00f3n de los paganos al reino. Los \u00abhijos del reino\u00bb (Mt 8,12), es decir, los *jud\u00ed\u00ados, que ten\u00ed\u00adan prioridad para entrar en \u00e9l, ver\u00e1n que se les retira (Mt 21,43) por haberse negado a dejarse \u00abreunir\u00bb (Mt 23,37) por Cristo; en lugar de la masa jud\u00ed\u00ada, excluida provisionalmente (cf. Mt 23,39; Rom 11,11-32), los paganos entrar\u00e1n (Mt 8,11s; Le 14, 21-24; Jn 10,16) en iguales condiciones (Mt 20,1-16) con el n\u00facleo jud\u00ed\u00ado de los pecadores arrepentidos que creyeron en Jes\u00fas (Mt 21,31ss).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad la Iglesia, primera realizaci\u00f3n de un reino que no es de este mundo (Jn 18,36), realizar\u00e1 y superar\u00e1 las m\u00e1s atrevidas profec\u00ed\u00adas universalistas del AT (p.c. Jon; Is 19.16-25; 49,1-6). Jes\u00fas no la asocia en modo alguno al triunfo temporal de Israel, del que \u00e9l mismo se desentiende. Lecci\u00f3n dura para !as multitudes (Jn 6,15-66), y tambi\u00e9n para los Doce (Act 1,6), que no la comprender\u00e1n bien hasta despu\u00e9s de pentecost\u00e9s. Pero entonces no tratar\u00e1n de integrar su misi\u00f3n universal en una venganza de su naci\u00f3n, y predicar\u00e1n la lealtad para con las *autoridades imperiales (Rom 13,1&#8230;; lPe 2,13s). La norma de las relaciones entre la Iglesia y el Estado la hallar\u00e1n en la palabra de Cristo: \u00abDad al C\u00e9sar lo que es del C\u00e9sar y a Dios lo que es de Dios\u00bb (Mt 22,21 p). Al emperador, el impuesto y todo lo que es necesario para satisfacer las justas exigencias del Estado para el bien temporal de los pueblos (Rom 13, 6s); a Dios, cuyo derecho soberano proclamado por la Iglesia crea, rebasa y juzga al del C\u00e9sar (Rom 13,1), el resto, es decir, todo nuestro ser.<\/p>\n<p>c) Autoridad de los doce. Los jefes tienen necesidad de poderes. Jes\u00fas los promete a los doce: a *Pedro, *roca que garantiza la estabilidad de la Iglesia, la responsabilidad del mayordomo que abre y cierra las *puertas de la ciudad celestial, y la totalidad de los poderes disciplinares y doctrinales (Mt 16.18s; cf. Le 22,32; Jn 21); a los ap\u00f3stoles, aparte la renovaci\u00f3n de la Cena (Le 22,el mismo encargo de \u00abatar y desatar\u00bb, que se aplicar\u00e1 especialmente al juicio de las conciencias (Mt 18,18; Jn 20,22s). Estos textos revelan ya la naturaleza de la Iglesia, cuyo creador y Se\u00f1or es Jesucristo: ser\u00e1 una sociedad organizada y visible, que inaugure ac\u00e1 abajo el reino de Dios; construida sobre la roca, perpetuando la presencia de Cristo por el ejercicio de los poderes apost\u00f3licos y por la eucarist\u00ed\u00ada, vencer\u00e1 al *infierno y le arrancar\u00e1 su presa. As\u00ed\u00ad aparecer\u00e1 como fuente de vida y de perd\u00f3n.<\/p>\n<p>En el pensamiento de Jes\u00fas tal *misi\u00f3n durar\u00e1 tanto cuanto dure el mundo; lo mismo, pues, suceder\u00e1 a las estructuras visibles y a los poderes ordenados a esta misi\u00f3n. Cierto, hay toda una parte de la funci\u00f3n apost\u00f3lica, que es intransmisible: la situaci\u00f3n de los *ap\u00f3stoles, *testigos de Jes\u00fas durante su vida y despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, es \u00fanica en la historia. Pero cuando Jes\u00fas, despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, encarga a los once ense\u00f1ar, bautizar, dirigir, y les promete que estar\u00e1 con ellos para siempre, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20), deja entrever la permanencia de los poderes as\u00ed\u00ad conferidos, durante todos los siglos futuros, incluso m\u00e1s all\u00e1 de la muerte de los ap\u00f3stoles. As\u00ed\u00ad lo entender\u00e1 la Iglesia primitiva, en que los poderes apost\u00f3licos continuar\u00e1n siendo ejercidos por jefes, a los que los ap\u00f3stoles escoger\u00e1n y consagrar\u00e1n para esta misi\u00f3n *imponi\u00e9ndoles las manos (2Tim 1,6). Todav\u00ed\u00ada hoy los poderes de los obispos no tienen otro origen que estas palabras de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>IV. NACIMIENTO Y VIDA DE LA IGLESIA. 1. Pascua y pentecost\u00e9s. La Iglesia nace en la pascua de Cristo, cuando Cristo \u00abpasa\u00bb de este mundo a su Padre (Jn 13,1). Con Cristo que sale del sepulcro y viene a ser \u00abesp\u00ed\u00adritu vivificante\u00bb (1Cor 15,45), surge una humanidad *nueva (Ef 2,15; G\u00e1l 6,15), una creaci\u00f3n *nueva. Los padres han dicho con frecuencia que la Iglesia, nueva Eva, hab\u00ed\u00ada nacido del costado de Cristo durante el sue\u00f1o de la muerte, como la antigua Eva del costado de Ad\u00e1n dormido; Juan, dando testimonio de los efectos de la lanzada (Jn I9,34s), sugiere esta concepci\u00f3n, si es que para \u00e9l la sangre y el agua simbolizan primero el sacrificio de Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu que anima a la Iglesia, luego los sacramentos del bautismo y de la eucarist\u00ed\u00ada, que le transmiten la vida.<\/p>\n<p>Pero el cuerpo eclesial s\u00f3lo es vivo si es el *cuerpo de Cristo *resucitado (\u00abdespertado\u00bb, cf. Ef 5,14) y que derrama el *Esp\u00ed\u00adritu (Act 2,33). Esta efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu comienza ya el d\u00ed\u00ada de pascua (Jn 20,22), cuando Jes\u00fas \u00abinsufla\u00bb el Esp\u00ed\u00adritu recreador (Jn 20,22; cf. G\u00e9n 1,2) sobre los disc\u00ed\u00adpulos finalmente reunidos por \u00e9l (cf. Mc 14,27), jefes del nuevo pueblo de Dios (cf. Ez 37,9). Pero el d\u00ed\u00ada de *pentecost\u00e9s es cuando tiene lugar la gran efusi\u00f3n carism\u00e1tica (Act 2,4) con miras al *testimonio de los doce (Act 1,8) y a la manifestaci\u00f3n p\u00fablica de la Iglesia; as\u00ed\u00ad este d\u00ed\u00ada es para ella como la fecha oficial del nacimiento. Pentecost\u00e9s es para ella en cierto modo lo que hab\u00ed\u00ada sido para Jes\u00fas concebido del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Le 1,35), a saber, la *unci\u00f3n que le confiri\u00f3 este Esp\u00ed\u00adritu al alborear de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica (Act 10,38; Mt 3,16 p), y lo &#8216;que es para todo cristiano el don del Esp\u00ed\u00adritu por la *imposici\u00f3n de las manos, que pone el *sello a su obra en el bautismo (Act 8,17; cf. 2,38).<\/p>\n<p>2. Extensi\u00f3n de la Iglesia. Despu\u00e9s de pentecost\u00e9s crece r\u00e1pidamente la Iglesia. Se entra en ella aceptando la *palabra de los ap\u00f3stoles (Act 2, 41), que engendra la *fe (2,44; 4,32) en Jes\u00fas resucitado, se\u00f1or y Cristo (2,36), cabeza y salvador (5,31), luego recibiendo el *bautismo de agua (2, 41). seguido de una imposici\u00f3n de las manos que confiere el Esp\u00ed\u00adritu y sus *carismas (8,16s; 19,6). Se es miembro vivo de ella, seg\u00fan san Lucas (Act 2,42), mediante una cu\u00e1druple fidelidad: a la *ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles que profundiza la fe primera engendrada por la proclamaci\u00f3n del mensaje de salud, a la *comuni\u00f3n fraterna (koinjnia), a la fracci\u00f3n del *pan y a las oraciones en com\u00fan. Sobre todo durante la fracci\u00f3n del pan, es decir, en la comida *eucar\u00ed\u00adstica (cf. ICor 11,20.24), es cuando se forja la unanimidad (Act 2,46), cuando se experimenta la presencia de Cristo resucitado, poco ha comensal de los doce (Act 10,41), cuando se \u00abanuncia\u00bb su sacrificio y se fomenta la espera de su retorno (ICor 1 1,26).<\/p>\n<p>En Jerusal\u00e9n la *comuni\u00f3n de los esp\u00ed\u00adritus llega hasta a inspirar una libre puesta en com\u00fan de los bienes materiales (Act 4,32-35; Heb 13,16), que recuerda la que era de regla en Qumr\u00e1n; pero Lucas mismo deja percibir algunas sombras en el cuadro (Act 5,2; 6,1). Los fieles est\u00e1n agrupados bajo la autoridad de los *ap\u00f3stoles. Pedro est\u00e1 a la cabeza (Act 1,13s), ejerciendo, de acuerdo con ellos, el primado que recibiera de Cristo. Un colegio de ancianos comparte en forma s\u00fabordinada la autoridad de los ap\u00f3stoles (Act 15,2) y luego, despu\u00e9s de la partida de \u00e9stos, la de Santiago (21,18), constituido cabeza de la iglesia local. Siete hombres llenos del Esp\u00ed\u00adritu, entre los cuales se hallan Esteban y Felipe, son puestos a la cabeza del servicio de los cristianos \u00abhelenizados\u00bb (6,1-6).<\/p>\n<p>El ardor de estos \u00faltimos, sobre todo de Esteban, provoca su dispersi\u00f3n (Act 8,1.4). Pero \u00e9sta contribuye a la extensi\u00f3n de la Iglesia, desde Judea (8,1 ; 9,31-43) hasta Antioqu\u00ed\u00ada (11,19-25), y de all\u00ed\u00ad \u00abhasta los confines de la tierra\u00bb IAct 1,8; cf. Rom 10.18; Col 1,23), por lo menos hasta Roma (Act 28.16-31). La repulsa que sufre Pablo por parte de los jud\u00ed\u00ados facilita el injerto del brote silvestre pagano en el tronco podado del pueble escogido (Rom 11.11-18). Pero ni Pablo ni Pedro, que bautizando a Cornelio ha hecho un gesto decisivo no desmentido por ciertas concesiones excesivas a los judaizantes (G\u00e1l 2.11-14), aceptan que se someta a los paganos admitidos en la Iglesia, a las pr\u00e1cticas jud\u00ed\u00adas, que observan todav\u00ed\u00ada los cristianos \u00abhebreos\u00bb (Act 10,14: 15,29).<\/p>\n<p>3. As\u00ed\u00ad la originalidad de la Iglesia frente al juda\u00ed\u00adsmo se afirma, su catolicidad se actualiza, se cumple la orden de misi\u00f3n que ha recibido de Cristo. Su *unidad aparece como dominando los lugares y los pueblos, reconoci\u00e9ndose todas las comunidades como c\u00e9lulas de una ekklesia \u00fanica: la extensi\u00f3n a las asambleas pagano-cristianas, de esta palabra b\u00ed\u00adblica, aplicada en un principio a los cristianos de Jerusal\u00e9n, la colecta hecha en favor de estos \u00faltimos entre los convertidos de Pablo (2Cor 8,7-24). el recurso a los usos de las Iglesias para regular un punto de disciplina (ICor 11,16: 14,33), el inter\u00e9s que tienen unas por otras (Act 15,12; 21,20; 1Tes 1,7ss; 2,14; 2Tes 1,4), las salutaciones que se ehv\u00ed\u00adan (ICor 16,19s; Rom 16.16: Flp 3,21s) son otros tantos indicios caracter\u00ed\u00adsticos de una verdadera conciencia de Iglesia.<\/p>\n<p>V. LA REFLEXI\u00ed\u201cN CRISTIANA SOBRE LA IGLESIA. 1. Todos los aspectos colectivos de la salud en Jesucristo interesan a la Iglesia. Pablo es, sin embargo, el \u00fanico autor inspirado que escudri\u00f1\u00f3 el misterio como tal y con su propio nombre. En su visi\u00f3n de Damasco tuvo al punto la revelaci\u00f3n de una misteriosa identidad entre Cristo y la Iglesia (Act 9.4s); a esta intuici\u00f3n primera se a\u00f1ade una reflexi\u00f3n estimulada por la experiencia. En efecto, a medida que Pablo *edifica la Iglesia descubre todas sus dimensiones. Por lo pronto reflexiona sobre la uni\u00f3n vital que mediante el rito bautismal contraen sus convertidos con Cristo y entre s\u00ed\u00ad, uni\u00f3n que el Esp\u00ed\u00adritu hace casi tangible con sus *carismas. As\u00ed\u00ad, a los corintios, que desv\u00ed\u00adan estos *dones de su funci\u00f3n \u00abedificante\u00bb y unificante, les recuerda este punto fundamental: \u00abTodos nosotros hemos sido bautizados en un solo Esp\u00ed\u00adritu para constituir un solo cuerpo\u00bb (ICor 12,13). Los bautizados que constituyen la Iglesia son, por tanto, miembros de este \u00fanico *cuerpo de Cristo, cuya viva cohesi\u00f3n es mantenida por el pan eucar\u00ed\u00adstico (ICor 10,17). Esta unidad, que es la de la fe y del bautismo, proh\u00ed\u00adbe que los cristianos se digan adeptos de Cefas, de Apolo o de Pablo, como si Cristo pudiera estar dividido (ICor I,12s; 3,4). Para manifestar y consolidar esta unidad organiza Pablo una colecta en favor de los \u00absantos\u00bb de Jerusal\u00e9n (ICor 16,1-4; 2Cor 8-9; Rom 15,26s).<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s tarde, la cautividad, que le abstrae de los problemas demasiado inmediatos, y las especulaciones c\u00f3smicas que debe combatir en Colosos, contribuyen a la ampliaci\u00f3n de sus horizontes. Todo el plan divino, que ve con sus ojos de *Ap\u00f3stol de los paganos (G\u00e1l 2,8s; Rom 15,20), le aparece en su esplendor (Ef 1) Entonces la ekklesia no es ya generalmente tal o cual comunidad local (como anteriormente, salvo excepciones posibles en ICor 12, 28; 15,9; G\u00e1l 1,13); es, en toda su amplitud y universalidad, el cuerpo de Cristo, lugar de la reconciliaci\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados y de los gentiles, que constituye un solo *hombre perfecto (Col 1,18-24; Ef 1,23; 5, 23ss; cf. 4,13). A este tema esencial superpone Pablo la imagen de Cristo, cabeza de la Iglesia; Cristo es distinto de la Iglesia, pero \u00e9sta le est\u00e1 unida como a su cabeza (Ef 1, 22s; Col 1,18), en lo cual comparte la condici\u00f3n de los poderes ang\u00e9licos (Col 2,10), y sobre todo como a su principio de vida, de cohesi\u00f3n y de *crecimiento (Col 2,19; Ef 4, 15s). Diversas veces la imagen del *templo, que se construye sobre Cristo como piedra angular y sobre los ap\u00f3stoles y profetas como cimientos (Ef 2,20s), se mezcla con el tema del cuerpo, hasta el punto de producir un entrecruzado de verbos; el edificio crece (Ef 2,21) y el cuerpo se construye (4,12.16). En Ef 5,22-32 las ideas de cuerpo y de cabeza se combinan con la imagen b\u00ed\u00adblica de la *esposa: *Jes\u00fas, jefe (=cabeza) de la Iglesia, es tambi\u00e9n el Salvador que ha amado a la Iglesia como a una prometida (comp. 2Cor 11,2), inmol\u00e1ndose para comunicarle por el bautismo santificaci\u00f3n y purificaci\u00f3n, para present\u00e1rsela \u00e9l mismo resplandeciente y asoci\u00e1rsela como esposa. En fin, una \u00faltima noci\u00f3n entra en composici\u00f3n con las precedentes para definir la Iglesia seg\u00fan Pablo: la Iglesia es la porci\u00f3n escogida de la *plenitud (pleroma) que reside en Cristo en cuanto es Dios (Col 2,9), salvador de los hombres agregados a su cuerpo (Ef) y cabeza de todo el universo regido por los poderes c\u00f3smicos (Col 1,19s); as\u00ed\u00ad ella misma puede decirse el pleroma (Ef 1,23); y efectivamente lo es, puesto que Jesucristo la \u00abllena\u00bb y ella a su vez lo \u00abllena\u00bb completando su cuerpo con su crecimiento progresivo (Ef 4,13), siendo el principio y el t\u00e9rmino de todo esto la plenitud de Dios mismo (3,19).<\/p>\n<p>2. Juan, sin emplear la palabra, insin\u00faa una teolog\u00ed\u00ada profunda de la Iglesia. Sus alusiones a un nuevo *Exodo (Jn 3,14; 6,32s; 7,37ss; 8,12) evocan un nuevo pueblo de Dios, que las im\u00e1genes b\u00ed\u00adblicas de la *esposa (3,29), del reba\u00f1o (10,1-16) y de la *vi\u00f1a (15,1-17) designan directamente y cuyo embri\u00f3n lo constituye el peque\u00f1o grupo de los disc\u00ed\u00adpulos sacados del mundo (15,19; cf. 1,39. 42s). El paso de este grupo a la Iglesia se opera por la muerte y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; \u00e9ste muere \u00abpara reunir a los dispersos\u00bb (11,52) en un solo reba\u00f1o, sin distinci\u00f3n de jud\u00ed\u00ados, de samaritanos y de griegos (10.16: 12,20.32; 4,21 ss.30-42) y asciende a su Padre para dar el Esp\u00ed\u00adritu a los suyos (16,7; 7.39). especialmente a sus enviados encargados de perdonar los pecados (20,21s). La Iglesia entrojar\u00e1 las mieses que Cristo ha preparado (4,38) y con ello prolongar\u00e1 la *misi\u00f3n de Cristo (20. 21). Juan puede atestiguarlo, habiendo tocado al Verbo hecho carne (lJn 1,1) y dado el Esp\u00ed\u00adritu a los convertidos de Filipos (Act 8,14-17, que contrasta con Le 9.54). Sin embargo. conforme a su genio, Juan se fija con preferencia en la vida interior de la Iglesia. Los que la componen, reunidos bajo el cayado de Pedro (21), sacan su vida profunda de su uni\u00f3n con Cristo cepa (15). realizada por el bautismo (3,5) y la eucarist\u00ed\u00ada (6); meditan juntos bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu las palabras de Cristo (14,26) y am\u00e1ndose unos a otros (13. 33-35) producen el *fruto que Dios aguarda de ellos (15,12.16s). Con todo esto manifiesta la Iglesia su *unidad, que tiene como fuente y modelo la unidad misma de las personas divinas presentes en todos y en cada uno (17); y, familiarizada con la persecuci\u00f3n (15,18-16.4), la afronta con una confianza triunfante, una vez que se ha reportado ya la victoria sobre el *mundo y su pr\u00ed\u00adncipe (16,33).<\/p>\n<p>Esta \u00faltima idea es central en el Apocalipsis. En \u00e9l !a Iglesia es figurada alternativamente por la *mujer que tiene que hab\u00e9rselas con el drag\u00f3n (*Sat\u00e1n) (Ap 12), que se sirve de la *bestia (el imperio pagano) para perseguir a los santos, pero cuyos d\u00ed\u00adas est\u00e1n contados, luego por la ciudad santa o m\u00e1s bien por el templo y sus atrios, donde es preservado un bloque de verdaderos fieles mientras que la bestia mata en la plaza a dos testigos profetas (11, 1-13). El milenio del cap\u00ed\u00adtulo 20, que no es un tiempo de triunfo terrenal de la Iglesia, \u00bfdesigna una renovaci\u00f3n espiritual en su seno (comp.-20, 6 y 5,10; y cf. Ez 37,10 = Ap 11,11) o la bienaventuranza de los m\u00e1rtires aun antes del juicio general? En todo caso, la Iglesia aspira ante todo a la nueva *Jerusal\u00e9n, el cielo (3,12; 21, 1-8; 21,9-22,5). \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu y la esposa dicen: \u00c2\u00a1Ven!\u00bb (22,17).<\/p>\n<p>VI. ESBOZO DE S\u00ed\u008dNTESIS TEOL\u00ed\u201cGICA. La Iglesia, creaci\u00f3n de Dios, construcci\u00f3n de Cristo, animada y habitada por el Esp\u00ed\u00adritu (ICor 3.16; Ef 2,22), est\u00e1 confiada a hombres, los ap\u00f3stoles \u00abescogidos por Jes\u00fas bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Act 1, 2) y luego los que, por la imposici\u00f3n de las manos, recibir\u00e1n el carisma de gobernar (lTim 4,14; 2Tim 1,6).<\/p>\n<p>La Iglesia, guiada por el Esp\u00ed\u00adritu (Jn 16,13), es \u00abcolumna y soporte de la verdad\u00bb (lTim 3,15), capaz, sin desfallecer, de \u00abguardar el dep\u00f3sito de las sanas palabras recibidas\u00bb de los ap\u00f3stoles (2Tim 1,13s). es decir, de enunciarlo y explicarlo sin error. Constituida cuerpo de Cristo por medio del Evangelio (Ef 3,6), nacida de un solo bautismo (Ef 4,5), nutrida con un solo pan (ICor 10,17) re\u00fane en un solo pueblo (G\u00e1l 3,28) a los hijos del mismo Dios y Padre (Ef 4,6); borra las divisiones humanas reconciliando en un solo pueblo a jud\u00ed\u00ados y paganos (Ef 2,14ss), civilizados y b\u00e1rbaros, amos y esclavos, hombres y mujeres (lCor 12,13; Col 3,11; G\u00e1l 3,28). Esta unidad es cat\u00f3lica, como se dice desde el siglo II; est\u00e1 hecha para reunir todas las diversidades humanas (cf. Act 10, 13: \u00abMata y come\u00bb), para adaptarse a todas las culturas (lCor 9,20ss) y abarcar al universo entero (Mt 28,19).<\/p>\n<p>La Iglesia es *santa (Ef 5,26s), no s\u00f3lo en su cabeza, sus junturas y sus ligamentos, sino tambi\u00e9n en sus miembros que ha santificado el bautismo. Cierto que hay pecadores en la Iglesia (lCor 5,12); pero est\u00e1n desgarrados entre su pecado y las exigencias del llamamiento que los ha hecho entrar en la asamblea de los \u00absantos\u00bb (Act 9,13). A ejemplo del maestro, la Iglesia no los rechaza y les ofrece el *perd\u00f3n y la purificaci\u00f3n (Jn 20,23; Sant 5,15s; 1Jn 1,9), sabiendo que la ciza\u00f1a puede todav\u00ed\u00ada convertirse en trigo en tanto la muerte no haya anticipado para cada uno la \u00absiega\u00bb (Mt 13,30). La Iglesia no tiene su fin en ella misma: conduce al *reino definitivo, por el que la sustituir\u00e1 la parus\u00ed\u00ada de Cristo y en el que entrar\u00e1 nada impuro (Ap 21,27; 22,15). Las *persecuciones avivan su aspiraci\u00f3n a transformarse en *Jerusal\u00e9n celestial.<\/p>\n<p>El modelo perfecto de la fe, de la esperanza y de la caridad de la Iglesia es *Mar\u00ed\u00ada, que la vio nacer en el Calvario (Jn 19,25) y en el Cen\u00e1culo (Act 1,14). Pablo por su parte est\u00e1 lleno de un amor ardiente (lCor 4, 15; G\u00e1l 4,19) y concreto de la Iglesia: le devora \u00abel *cuidado de todas las iglesias\u00bb (2Cor 11,28) y, dando curso para los hombres a costa de grandes *sufrimientos (ICor 4,9-13; 2Cor 1,5-9) a los frutos infinitos de la *cruz, \u00abcompleta en su carne lo que falta a las *pruebas de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia\u00bb (Col 1,24). Su vida como \u00abministro de la Iglesia\u00bb (1,25) es un *ejemplo, sobre todo para los continuadores de la obra apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Todos los miembros del pueblo cristiano (laos), y no s\u00f3lo los jefes. est\u00e1n llamados a *servir a la Iglesia mediante el ejercicio de sus *carismas, a vivir en la cepa como sarmientos cargados del *fruto de la caridad, a honrar su *sacerdocio (IPe 2,5) con el *sacrificio de la fe (Flp 2,17) y una vida pura seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu (Rom 12.1; ICor 6,19; Flp 3,3), a tomar parte .activa en el *culto de la asamblea; finalmente, si han recibido el carisma de la *virginidad, a adherirse exclusivamente al Se\u00f1or, o bien, si han contra\u00ed\u00addo *matrimonio, a modelar su vida conyugal conforme a la uni\u00f3n de esposos que existe entre Cristo y la Iglesia (Ef 5,21-33). La ciudad santa, a la que Jes\u00fas ha amado como a esposa fecunda (5,25) y a la que todos y cada uno dicen: \u00bb i *madre! \u00bb (Sal 87,5 = G\u00e1l 4,26), merece nuestro amor filial; pero s\u00f3lo la amaremos *edific\u00e1ndola por nuestra parte.<\/p>\n<p>-> Cuerpo de Cristo &#8211; Mar\u00ed\u00ada &#8211; Pueblo &#8211; Reino.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La palabra inglesa \u00abchurch\u00bb, igual que sus otras formas relacionadas como <em>kirche, kerk, kirk<\/em>, vienen del adjetivo griego <em>to kuriakon<\/em>, palabra que primero se us\u00f3 para referirse a la Casa del Se\u00f1or y despu\u00e9s para referirse a su pueblo. Nuestra palabra espa\u00f1ola \u00abiglesia\u00bb es una transliteraci\u00f3n del griego <em>ekkl\u0113sia<\/em>, que es una palabra que aparece en el NT, y que se usa para una asamblea p\u00fablica citada por un heraldo (Hch. 19:32, 39, 40). Sin embargo, en la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">LXX<\/a> significa asamblea o congregaci\u00f3n de israelitas, especialmente cuando se re\u00fanen delante del Se\u00f1or con prop\u00f3sitos religiosos. Por consiguiente, se usa en el NT para la congregaci\u00f3n que el Dios vivo re\u00fane alrededor de su Mes\u00edas Jes\u00fas. De esta forma, la iglesia es la familia espiritual de Dios, la comuni\u00f3n cristiana creada por el Esp\u00edritu Santo a trav\u00e9s del testimonio de los grandiosos hechos de Dios en Cristo Jes\u00fas. Dondequiera que el Esp\u00edritu Santo una las almas que adoran a Cristo unidas, all\u00ed est\u00e1 el misterio de la iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Definici\u00f3n de la iglesia. Explicado m\u00e1s ampliamente, la iglesia no es una instituci\u00f3n, sino una entidad sobrenatural que est\u00e1 en proceso de crecer hacia el mundo venidero. Es la esfera de acci\u00f3n del Se\u00f1or resucitado y exaltado. Todos sus miembros est\u00e1n en Cristo y est\u00e1n unidos unos a otros por una relaci\u00f3n sobrenatural. Todos sus dones y actividades son la continuaci\u00f3n de la obra de Cristo por el poder del Esp\u00edritu Santo, se originan en Cristo y son coordinados por \u00e9l hacia la meta final. Entonces la iglesia aparecer\u00e1 en la era venidera como el pueblo de Dios unido en una congregaci\u00f3n ante el trono, como la ciudad celestial\u2014la nueva Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las marcas de la iglesia. El Se\u00f1or atrae y mantiene a su pueblo en una relaci\u00f3n de pacto con \u00e9l por su Esp\u00edritu y Palabra (Is. 59:21). Su voz se escucha en la proclamaci\u00f3n de la Palabra y sus acciones se ven en la administraci\u00f3n de los sacramentos. Por consiguiente, \u00e9stas (junto con la oraci\u00f3n y la alabanza) son las se\u00f1ales de la iglesia visible, y los medios que el Esp\u00edritu Santo usa para traer a los individuos a una fe personal y para nutrir a los creyentes en aquel culto colectivo de la comunidad cristiana. Ya que ellos (los creyentes) reciben las promesas de Dios, \u00e9l perdona los pecados de su pueblo y los sella con los sacramentos para el mundo venidero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia b\u00edblica de la iglesia. La existencia de la iglesia es una revelaci\u00f3n del misericordioso coraz\u00f3n de Dios. El Padre escoge a su Hijo eterno para que llegue a ser el Salvador de los pecadores, el Mes\u00edas de todo el Israel de Dios. En \u00e9l, Dios escoge al pueblo de su propiedad y llama a los individuos a esta comuni\u00f3n. Este pueblo de Dios incluye a los patriarcas, a la congregaci\u00f3n del antiguo Israel, a Jes\u00fas y sus disc\u00edpulos, a la comunidad primitiva de su resurrecci\u00f3n y a la iglesia cristiana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para el pueblo de Dios, el AT fue la dispensaci\u00f3n de la promesa, el NT la del cumplimiento. Jesucristo no revel\u00f3 un nuevo Dios, sino una nueva forma de adorar a ese mismo Dios. En el AT es \u00abtoda la congregaci\u00f3n de Israel\u00bb (Dt. 31:30) la que oye la ley (Dt. 4:10; 9:10; 18:16; Hch. 7:38), la que sacrifica el cordero pascual (Ex. 12), la que Dios redime de Egipto (Ex. 15:13, 16; Sal. 77:15; 74:2; Hch. 20:28), con la cual Dios hace pacto en Sina\u00ed (Ex. 33\u201335), para la cual provee sacrificios expiatorios para quitar sus pecados (Lv. 4 y 16), quien es una naci\u00f3n santa para alabar a Dios (Ex. 19:6; Os. 2:23; Sal. 22:22; cf. Heb. 2:12; 1 P. 2:9\u201310). Otros pasajes del NT tambi\u00e9n reconocen que el pueblo del AT era una unidad (Mt. 8:11; Ro. 11:16\u201328; 1 Co. 10:1\u20134). La expectaci\u00f3n mesi\u00e1nica del AT incluye la formaci\u00f3n de un nuevo Israel fiel. El Dios del AT habla en Cristo, de tal forma que la iglesia del NT es el cumplimiento de la congregaci\u00f3n del AT<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los diversos pasos que se requer\u00edan para la formaci\u00f3n del nuevo Israel de Dios inclu\u00edan el llamamiento de los disc\u00edpulos a que se juntasen como ovejas alrededor de su pastor, la confesi\u00f3n de Pedro, la \u00daltima Cena, la cruz y la resurrecci\u00f3n, Pentecost\u00e9s y el env\u00edo de los ap\u00f3stoles como testigos oculares de la resurrecci\u00f3n. Jes\u00fas no relacion\u00f3 a sus disc\u00edpulos a la Torah de los rabinos, ni a las ideas de S\u00f3crates, sino que los lig\u00f3 a \u00e9l. A esta comuni\u00f3n reunida alrededor de la revelaci\u00f3n salvadora que Dios hizo de s\u00ed mismo en el Mes\u00edas, Jes\u00fas a\u00f1adi\u00f3 el kerygma, la oraci\u00f3n del Se\u00f1or, los sacramentos con la com\u00fan alabanza que sigui\u00f3 despu\u00e9s de la Cena del Se\u00f1or, un c\u00f3digo distinto con ense\u00f1anzas especiales sobre asuntos como el divorcio, maestros autoritativos, y una sola alcanc\u00eda y tesorero para todos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La forma en que Dios trata con los hombres est\u00e1 marcada primero por un estrechamiento del canal, a fin de que la corriente de la revelaci\u00f3n pueda ser profundizada y, despu\u00e9s, se ensancha para que la bendici\u00f3n pueda llegar a ser universal. As\u00ed, primero trat\u00f3 con la raza humana despu\u00e9s con la naci\u00f3n de Israel, despu\u00e9s con su remanente, m\u00e1s adelante con unas cuantas familias piadosas de la cuales salieron Juan, Jes\u00fas y los primeros disc\u00edpulos. Cuando el Buen Pastor fue tomado, todos los disc\u00edpulos lo abandonaron y huyeron, de manera que, el Israel de Dios era una persona, el Salvador que muri\u00f3 en el Calvario por los pecados del mundo. Pero Dios resucit\u00f3 de los muertos a nuestro Se\u00f1or Jesucristo y envi\u00f3 a este gran Pastor a juntar otra vez a las ovejas. Cerca de quinientas personas se juntaron con \u00e9l en una ocasi\u00f3n en un monte, tres mil se convirtieron en Pentecost\u00e9s, y el Se\u00f1or continu\u00f3 a\u00f1adiendo diariamente a aquellos que ser\u00edan salvos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En base al AT y la preparaci\u00f3n de los Evangelios, Cristo derram\u00f3 su Santo Esp\u00edritu en Pentecost\u00e9s para constituir la comunidad congregada, la iglesia de Dios. El Esp\u00edritu ungi\u00f3, cristianiz\u00f3 y sell\u00f3 a cada miembro de la congregaci\u00f3n. Fue enviado por el Cristo exaltado para ser la vida y el gu\u00eda de la iglesia hasta la venida de su Se\u00f1or. Dios estableci\u00f3 un nuevo centro misionero, Antioqu\u00eda, al llevar el evangelio a los gentiles. Tambi\u00e9n llam\u00f3 una nueva voz, el ap\u00f3stol Pablo, y dio su aprobaci\u00f3n a un nuevo nombre para su pueblo, cristianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La naturaleza de la iglesia. Pablo habla del total y de cada iglesia local como \u00abla iglesia\u00bb, sea que hable de un grupo familiar de creyentes o de congregaciones m\u00e1s amplias. Por tanto, no es la suma de iglesias lo que hace la totalidad de la iglesia, ni la totalidad de la iglesia est\u00e1 dividida en congregaciones separadas. Cuando la iglesia se re\u00fane ella existe como un todo, es la iglesia en ese lugar. La congregaci\u00f3n particular representa a la iglesia universal, y, mediante la participaci\u00f3n en la redenci\u00f3n de Cristo, abarca m\u00edsticamente la totalidad de la cual es la manifestaci\u00f3n local.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los t\u00e9rminos \u00abiglesia de Dios\u00bb, \u00ablas iglesias en Cristo\u00bb llegan a su plena expresi\u00f3n en \u00ablas iglesias de Dios en Cristo Jes\u00fas\u00bb (1 Ts. 2:14). Esta fraseolog\u00eda nos ense\u00f1a que los rasgos m\u00e1s significantes de la iglesia son su relaci\u00f3n hacia Dios y Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto a lo primero, la iglesia es un hecho establecido por Dios. Es su acci\u00f3n sobrenatural. Seg\u00fan el testimonio un\u00e1nime del AT y NT, no es un mito inventado por el hombre, sino un hecho creado por Dios. El mismo Dios que dirigi\u00f3 la palabra de promesa a Israel pronuncia la palabra de cumplimiento a la congregaci\u00f3n cristiana. As\u00ed como el Padre revela al Hijo, el Mes\u00edas edifica su iglesia (Mt. 16:17\u201318; 11:25\u201330). En Pentecost\u00e9s los tres milagros manifiestan la acci\u00f3n directa de Dios al establecer su iglesia. El NT habla de la iglesia como el edificio de Dios, como su cultivo, su vi\u00f1a, su templo, su familia, su olivo, su ciudad y su pueblo. Tambi\u00e9n describe su ministerio como don de Dios (1 Co. 12:28), y del Cristo exaltado (Ef. 4:11), o del Esp\u00edritu Santo (Hch. 20:28). Pablo reconoce la prioridad de la iglesia de Jerusal\u00e9n, no a causa de la importancia personal de ciertos individuos que la componen sino porque esta comuni\u00f3n de hombres y mujeres era la asamblea de Dios en Cristo. Esto es, \u00e9l reconoci\u00f3 el hecho de la acci\u00f3n de Dios y no lo trat\u00f3 como un asunto sujeto a la especulaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed como la iglesia es un hecho establecido por Dios, tambi\u00e9n ella es el lugar donde Dios act\u00faa para nuestra salvaci\u00f3n. Aqu\u00ed es donde el Se\u00f1or resucitado sale al encuentro de los hombres y los transforma de rebeldes hacia su Hacedor en ni\u00f1os de su Padre celestial, tray\u00e9ndolos de la enemistad a la paz. Plug\u00f3 a Dios salvar a los que creen por la locura del <em>kerygma<\/em> (1 Co. 1:21). El evangelio es el poder de Dios que nos salv\u00f3 y llam\u00f3 a la fe (Ro. 1:16; 15:16s.; 2 Ti. 1:8). A la vez que observamos el funcionamiento exterior de la Palabra y los sacramentos con los sentidos corporales, no es menos importante que tambi\u00e9n contemplemos la actividad de Dios en la iglesia con o\u00eddos y ojos de fe. La predicaci\u00f3n se vuelve m\u00e1s efectiva cuando llama a los hombres a contemplar la obra que Dios hace para ellos, que cuando se les rega\u00f1a por no obrar mejor para con Dios. \u00abDios, el creador de cielos y la tierra, habla contigo a trav\u00e9s de sus predicadores, bautismos y catequesis, y te absuelve mediante el ministerio de sus propios sacramentos\u00bb (Lutero). Mientras el sacramento es administrado, Cristo no est\u00e1 menos ocupado en entregarse a s\u00ed mismo, y las bendiciones que el ministro est\u00e1 distribuyendo, el pan y la copa a los comunicantes. Los reformadores hablaron del \u00abSabbath\u00bb como el d\u00eda en que debemos descansar de nuestras obras para que Dios obre en nosotros. As\u00ed como Dios genera creyentes por la predicaci\u00f3n de la Palabra de Cristo, y los nutre por los sacramentos de su gracia, la fe contempla la faz del Se\u00f1or en la forma de la iglesia del Dios viviente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hechos de Dios en la iglesia son en Cristo Jes\u00fas. El reconocimiento adecuado de Jes\u00fas como el Mes\u00edas y el reconocimiento de los poderosos hechos de Dios en \u00e9l, son las cosas que establecen la relaci\u00f3n integral de la iglesia hacia su Se\u00f1or. El Mes\u00edas Pr\u00edncipe y el pueblo de Dios se pertenecen. As\u00ed como el pastor da por sentado que debe haber un reba\u00f1o, como la gallina junta sus polluelos bajo sus alas, as\u00ed como la vid tiene muchos p\u00e1mpanos y el cuerpo muchos miembros, as\u00ed como el fundamento soporta el edificio, as\u00ed como el Siervo justifica a muchos, as\u00ed como el Hijo del Hombre representa a los santos del alt\u00edsimo, as\u00ed como el Rey implica un reino, as\u00ed el Mes\u00edas tiene a sus doce, y el Se\u00f1or su iglesia. Jes\u00fas habl\u00f3 de \u00abmi iglesia\u00bb y \u00abmi reba\u00f1o\u00bb, y ambas cosas se juntan en Hch. 20:28. Diversas l\u00edneas de pensamientos paralelos apoyan el uso tan poco frecuente que Jes\u00fas hace de la palabra \u00abiglesia\u00bb (Mt. 16:18; 18:17). Despu\u00e9s de su exaltaci\u00f3n, todos nosotros somos bautizados por un mismo Esp\u00edritu Santo para ser parte del solo cuerpo de Cristo, y a cada uno se nos otorga una funci\u00f3n especial en su cuerpo. Cristo es la iglesia misma en el sentido que ella es el cuerpo de Cristo, y, sin embargo, Cristo es distinto de la iglesia en el sentido que mientras ella es su cuerpo, \u00e9l es su Cabeza, y al mismo tiempo su Se\u00f1or, su Juez, su Novio. La vida, la santidad y la unidad de la iglesia est\u00e1n en \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La iglesia celestial es la novia que espera a Cristo, su Novio (Mr. 2:19, 20; 2 Co. 11:2; Ro. 7:1\u20136, y en especial Efesios y Ap. 19\u201321). Cristo am\u00f3 a la iglesia y se dio a s\u00ed mismo por ella. Habiendo limpiado a la iglesia por el lavamiento del agua con la Palabra, ahora \u00e9l est\u00e1 santific\u00e1ndola a fin de que pueda present\u00e1rsela a s\u00ed mismo sin mancha para la fiesta de las bodas del Cordero. De este modo, dentro del coraz\u00f3n de la novia de Cristo debe haber siempre un ardiente deseo para que llegue la hora cuando todas las sombras huyan delante del resplandor de su venida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ministerio de la iglesia. El ministerio esencial de la iglesia es, por tanto, el ministerio de su Se\u00f1or y Salvador Jesucristo. Hebreos y Apocalipsis revelan al Cordero en medio del trono, el Sumo Sacerdote, intercediendo siempre en el altar celestial de la oraci\u00f3n como el centro del culto cristiano. Por su ministraci\u00f3n celestial todo el pueblo de Dios tiene acceso al trono de gracia. No existe en el NT un antealtar que separeal clero de los laicos. Todo el reba\u00f1o es la heredad (clero), un sacerdocio santo, un pueblo (laico) adquirido por Dios (1 P. 2:9; 5:2\u20133).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como vice-pastores, Cristo nombr\u00f3 primero a los ap\u00f3stoles que lo acompa\u00f1aron durante su ministerio y que fueron testigos oculares de su resurrecci\u00f3n. Por el <em>kerugma<\/em> apost\u00f3lico, Dios trajo a quienes no hab\u00edan visto a Jes\u00fas a una fe igualmente preciosa que la de los ap\u00f3stoles. Dado que ellos representaron directamente a Cristo y hablaron con la autoridad que \u00e9l les confiri\u00f3, no existe camino que llegue a Cristo si se desv\u00eda del testimonio que los ap\u00f3stoles dieron de Cristo. Ellos predicaron a Cristo Jes\u00fas como el Se\u00f1or y a s\u00ed mismos como siervos de Cristo (2 Co. 4:5). Mientras que la iglesia pertenece a Cristo, los ap\u00f3stoles pertenecen a la iglesia, no la iglesia a ellos (1 Co. 3:22). Para que nadie pensara que bautizaban en su propio nombre, su costumbre era que sus compa\u00f1eros realizaran el bautismo (Hch. 10:47s; 1 Co. 1:13\u201317).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siguiendo a los ap\u00f3stoles estaban los profetas que tra\u00edan la Palabra de Dios a los problemas pr\u00e1cticos de la vida, y eran responsables a la iglesia. Entonces ven\u00edan los evangelistas, dotados con dones para presentar el evangelio para ganar almas para Cristo, y los maestros cuya funci\u00f3n era instruirles en la vida cristiana. Hab\u00eda una pluralidad de oficios en las congregaciones locales: ancianos para supervisar la obra y conducta de la iglesia, y di\u00e1conos para atender las necesidades de los santos. En este \u00faltimo servicio, el ministerio de las mujeres ayudaba eficazmente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La misi\u00f3n de la iglesia. Nuestro Se\u00f1or Jesucristo es el sol alrededor del cual gira toda la misi\u00f3n de la iglesia. El culto p\u00fablico es el encuentro del Redentor resucitado con su pueblo; el evangelismo es llamar a los hombres al Salvador; publicar la ley del Se\u00f1or es proclamar su soberan\u00eda; la nutrici\u00f3n cristiana es alimentar a sus corderos y disciplinar a su reba\u00f1o; ministrar a las necesidades de los hombres es continuar la labor del gran M\u00e9dico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo debe ser reconocido como el Se\u00f1or y como el \u00fanico Rey de Sion en toda la labor y testimonio de la iglesia. Lo que concierne a la iglesia es obedecer su voluntad y proclamar su reino, no el de ella. Porque Dios lo ha establecido en aquel trono del cual David era tipo (Is. 9:6\u20137: Lc. 1:26\u201335; Hch. 2:25\u201336). \u00c9l ha sido entronado con toda autoridad para que pueda dar arrepentimiento y perd\u00f3n de pecados (Mt. 28:18; Hch. 5:31). Gracias a su intercesi\u00f3n, su pueblo tiene acceso al trono de gracia para alcanzar misericordia y oportuno socorro en tiempo de necesidad. Toda misericordia recibida de Cristo, todo consuelo del Esp\u00edritu, toda certeza del amor del Padre es un testimonio para la alabanza de la gloria de Dios. Y la iglesia es este testimonio, la evidencia concreta de la gracia del Se\u00f1or Jesucristo, el amor del Padre y la comuni\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Arndt, K.L. Schmidt, \u00abEkklesia\u00bb. en <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">TWNT<\/a><\/em>; pamphlet 92 of the World Conference on Faith and Order, 1939; <em>The Nature of the Church<\/em>, American Theol. Committee, Chicago, 1945; F.J.A. Hort, <em>The Christian Ecclesia<\/em>; R.N. Flew, <em>Jesus and His Church<\/em>; Geo. Johnston, <em>The Doctrine of the Church in the NT<\/em>; G. Aulen, <em>The Universal Church <\/em><em>in God\u2019s Design<\/em>; A. Nygren, <em>Christ and His Church<\/em>; A. Schlatter, <em>The Church in the NT Period<\/em>; W.G. Kuemmel, <em>Kirchenbegriff und geschichtsbewusstsein und bei Jesus<\/em>; J. Knox, <em>The Early Church and the Coming Great Church<\/em>; S. de Dietrich, <em>The Witnessing Community<\/em>; W.A. Visser\u2019t Hooft, <em>The Kingship of Christ<\/em>; y <em>The Renewal of the Church<\/em>. Art\u00edculos incluidos: E. Schlik, \u00abChristus und die Kirche\u00bb <em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">KeDo<\/a><\/em> I (1955), pp. 1\u201327; N.A. Dahl, \u00abChrist, Creation and the Church\u00bb en (Dood) Background of the NT (1955), pp. 422\u2013443; K. Barth, \u00abDie Kirche die lebendige Gemeinde des lebendige Herm Jesus Christus\u00bb, <em><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">TS<\/a><\/em>, heft 22 (1947), pp. 21\u201344; E.L. Allen, \u00abThe Jewish Christian Church in the Fourth Gospel\u00bb, <em><a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">JBL<\/a><\/em>, LXXIV (1955), pp. 175\u2013185; R.L. Hicks, \u00abJesus and His Church\u00bb, <em>ATR<\/em>, XXXIV (1952), pp. 84\u201393; E. Fascher, \u00abJesus der Lehrer Ein Beitrag zur frage nach dem Quellort der Kirchen idee\u00bb, <em><a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">ThLZ<\/a><\/em> 80 (1955), pp. 325\u2013342; R. Bultmann, \u00abThe Transformation of the Idea of the Church in the History of Early Christianity\u00bb, <em><a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">CJT<\/a><\/em> (1955), pp. 73\u201381; O. Kuss, \u00abJesus und die Kirche im NT\u00bb, <em><a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">TQ<\/a><\/em> 135 (1955), pp. 18\u201333; B. Metzger, E. Brunner y C. Norborg, \u00abThe Church\u00bb, <em><a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">ThT<\/a><\/em> (1947), pp. 316\u2013345.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">William Childs Robinson<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>TWNT <\/em><\/a><em>Theologisches Woerterbuch zum Neuen Testament<\/em> (Kittel)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><em>KeDo <\/em><\/a><em>Kerygma und Dogma<\/em> (Goettingen)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><em>TS <\/em><\/a><em>Theologische Studien<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><em>JBL <\/em><\/a><em>Journal of Biblical Literature<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\"><em>ThLZ <\/em><\/a><em>Theologische L\u00edteraturzeitung<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\"><em>CJT <\/em><\/a><em>Canadian Journal of Theology<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\"><em>TQ <\/em><\/a><em>Theologische Quartalschrift<\/em> (Tuebingen)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\"><em>ThT <\/em><\/a><em>Theology Today<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (304). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Significado<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La palabra \u201ciglesia\u201d en el NT proviene del gr. <\/span><span style=' '>ekkl&#275;sia<\/span><span lang=ES style=''>, que en general significa congregaci\u00f3n local de cristianos, nunca un edificio, Aunque a menudo designamos a estas congregaciones colectivamente como la iglesia neotestamentaria o la iglesia primitiva, ning\u00fan escritor del NT usa la palabra <\/span><span style=''>ekkl&#275;sia<\/span><span lang=ES style=''> en esta forma colectiva. Una <\/span><span style=''>ekkl&#275;sia<\/span><span lang=ES style=''> era una reuni\u00f3n o asamblea. La forma m\u00e1s com\u00fan de utilizarla era para designar a una asamblea p\u00fablica de ciudadanos debidamente citada, siendo esta una caracter\u00edstica de todas las ciudades fuera de Judea donde se implant\u00f3 el evangelio (p. ej. Hch. 19.39); el vocablo <\/span><span style=' '>ekkl&#275;sia<\/span><span lang=ES style=''> tambi\u00e9n se usaba entre los jud\u00edos (<etiqueta id=\"#_ftn50\" name=\"_ftnref50\" title=\"\"><span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span><\/etiqueta>) para designar la *\u201ccongregaci\u00f3n\u201d de Israel que se constituy\u00f3 en el Sina\u00ed, y se reun\u00eda delante del Se\u00f1or en las fiestas anuales en la persona de sus varones representativos (Hch. 7.38).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En Hechos, Santiago, 3 Juan, Apocalipsis, y las primeras ep\u00edstolas paulinas, \u201ciglesia\u201d siempre se refiere a una determinada congregaci\u00f3n local. \u201cLa iglesia \u2026 en toda Judea, Galilea y Samaria\u201d (Hch. 9.31, <\/span><etiqueta id=\"#_ftn51\" name=\"_ftnref51\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0nbe<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=' '>; <\/span><span lang=ES style='font-size: 10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''> \u201ciglesias\u201d, plural) parecer\u00eda una excepci\u00f3n, pero el singular podr\u00eda ser distributivo (cf. G\u00e1. 1.22), o, m\u00e1s probablemente, se debe al hecho de que este vers\u00edculo es el final de una secci\u00f3n acerca de la forma en que fue perseguida \u201cla iglesia que estaba en Jerusal\u00e9n\u201d (Hch. 8.1) y sus miembros esparcidos. Aunque cada congregaci\u00f3n local es \u201cla iglesia de Dios\u201d (1 Cor. 1.2), Pablo no utiliza el t\u00e9rmino en conexi\u00f3n con su doctrina de la justificaci\u00f3n, y est\u00e1 totalmente ausente de su exposici\u00f3n sobre Israel y los gentiles en Ro. 9\u201311. Pero en las cartas posteriores a Colosenses y Efesios, Pablo generaliza el uso de \u201ciglesia\u201d para indicar, no una iglesia ecum\u00e9nica, sino el significado espiritual y celestial de todos y cada uno de los \u201ccuerpos\u201d locales que tienen a Cristo como su \u201ccabeza\u201d, y por medio de los cuales Dios manifiesta su multiforme sabidur\u00eda a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n de \u201cun solo y nuevo hombre\u201d tomado de todas las razas y clases. En los prop\u00f3sitos de Dios existe una sola iglesia, una sola reuni\u00f3n de todos bajo la Cabeza que es Cristo. Pero en la tierra es pluriforme, y se manifiesta dondequiera se re\u00fanen dos o tres en su nombre. No es necesario explicar la relaci\u00f3n entre la iglesia \u00fanica y las muchas. Como el creyente, la iglesia es a la vez local y celestial. En He. 12.23 tambi\u00e9n se nos pinta el cuadro de una \u201casamblea\u201d (<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0nbe<\/span><span lang=ES style=''>; <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '> \u201ccongregaci\u00f3n\u201d; <\/span><span style=''>ekkl&#275;sia<\/span><span lang=ES style=''>) celestial, pero que est\u00e1 basada en el modelo de la \u201ccongregaci\u00f3n de Israel\u201d en el Sina\u00ed, y existe duda sobre si los \u201cprimog\u00e9nitos\u201d que la componen son seres humanos o celestiales. De la misma manera, la \u201ciglesia\u201d de Jes\u00fas en Mt. 16.18 puede no ser id\u00e9ntica a lo que Pablo quiere decir con la palabra \u201ciglesia\u201d. Es posible que Jes\u00fas estuviera pensando en el conjunto de sus ap\u00f3stoles reunidos para formar, bajo su persona, la casa de David restaurada (cf. Mt. 19.28; Hch. 15.16), por medio de la cual la salvaci\u00f3n alcanzar\u00eda a los gentiles (Ro. 15.12). (En Mt. 18.17 \u201cla iglesia\u201d se refiere a la sinagoga.) Pablo compara la iglesia local a un cuerpo cuyos miembros son dependientes entre s\u00ed (1 Co. 12.12ss), y a un edificio que se est\u00e1 construyendo, especialmente a un *templo para el Esp\u00edritu de Dios (1 Co. 3.10ss). Se utilizan met\u00e1foras de crecimiento, y tambi\u00e9n la imagen de un reba\u00f1o que est\u00e1 siendo alimentado (Hch. 20.28; 1 P. 5.2). \u201cIglesia\u201d no es sin\u00f3nimo de \u201cpueblo de Dios\u201d; es mas bien una <i>actividad<\/i> del \u201cpueblo de Dios\u201d. Im\u00e1genes tales como \u201cextrajeros y peregrinos\u201d (1 P. 2.11) se aplican al pueblo de Dios en el mundo, pero no describen a la iglesia, e. d. al pueblo reunido en asamblea con Cristo en el medio (Mt. 18.20; He. 2.12).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. La iglesia de Jerusal\u00e9n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La iglesia en el sentido cristiano apareci\u00f3 primeramente en Jerusal\u00e9n despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n de Jes\u00fas. Se compon\u00eda del grupo de disc\u00edpulos de Jes\u00fas, predominantemente galileos, juntamente con los que respondieron a la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles en Jerusal\u00e9n. Sus miembros se consideraban el remanente elegido de Israel, destinado a hallar la salvaci\u00f3n en Si\u00f3n (Jl. 2.32; Hch. 2.17ss), y como el tabern\u00e1culo de David, restaurado, que el mismo Jes\u00fas hab\u00eda prometido edificar (Hch. 15.16; Mt. 16.18). Jerusal\u00e9n era, pues, el escenario divinamente se\u00f1alado para los que esperaban el cumplimiento final de todas las promesas de Dios (Hch. 3.21). Visto externamente, el grupo de creyentes bautizados revest\u00eda las caracter\u00edsticas de una secta dentro del juda\u00edsmo. Se la denomin\u00f3 \u201csecta de los nazarenos\u201d por un orador profesional (Hch. 24.5, 14; cf. 28.22), mientras que sus propios adherentes dieron el nombre de \u201cel *Camino\u201d a la fe que profesaban. Fue m\u00e1s o menos tolerada por el juda\u00edsmo durante los treinta o m\u00e1s a\u00f1os de su existencia en Judea, excepto cuando las autoridades judaicas se sintieron molestas por su fraternizaci\u00f3n con las iglesias gentiles en el extranjero. No obstante, debe tenerse presente el car\u00e1cter esencialmente jud\u00edo de la iglesia en Jerusal\u00e9n. Sus miembros aceptaban las obligaciones impuestas por la ley, y el culto del templo. La creencia que los distingu\u00eda era la de que Jes\u00fas de Nazaret era el Mes\u00edas de Israel, que Dios mismo hab\u00eda certificado esta verdad al levantarlo de entre los muertos despu\u00e9s de haber sufrido por la redenci\u00f3n de Israel, y que \u201cel d\u00eda del Se\u00f1or, grande y manifiesto\u201d, estaba ya por llegar, y culminar\u00eda con la aparici\u00f3n final del Mes\u00edas en juicio y gloria.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Las pr\u00e1cticas que los distingu\u00edan inclu\u00edan el bautismo en el nombre de Jes\u00fas, asistencia regular a las sesiones de instrucci\u00f3n organizadas por los ap\u00f3stoles, y la \u201ccomuni\u00f3n\u201d de casa en casa, lo que Lucas describe como \u201cel partimiento del pan y\u2026 las oraciones\u201d (Hch. 2.41\u201346). Los primeros dirigentes de la iglesia fueron los doce ap\u00f3stoles (galileos), especialmente *Pedro y *Juan, pero esto pronto fue reemplazado por ancianos nombrados en la forma habitual entre los jud\u00edos, con *Jacobo, el hermano de Jes\u00fas, como presidente (G\u00e1. 2.9; Hch. 15.6ss). La presidencia de este \u00faltimo se extendi\u00f3 durante casi toda la vida de la iglesia en Jerusal\u00e9n, quiz\u00e1s ya desde la d\u00e9cada del treinta (G\u00e1. 1.19; cf. Hch. 12.17), hasta su ejecuci\u00f3n en ca. 62 <etiqueta id=\"#_ftn52\" name=\"_ftnref52\" title=\"\">d.C. Es muy posible que esto haya ocurrido en relaci\u00f3n con las concep<\/etiqueta>ciones mesi\u00e1nicas de la iglesia. \u201cEl *Trono de David\u201d constitu\u00eda una esperanza mucho m\u00e1s literal entre los jud\u00edos fieles que lo que com\u00fanmente pensamos, y Jacobo era, adem\u00e1s, \u201cde la casa y familia de David\u201d. \u00bfSer\u00e1 que lo consideraban como una especie de pr\u00edncipe regente hasta el regreso del Mes\u00edas en persona? Eusebio informa que un primo de Jes\u00fas, Sime\u00f3n hijo de Cleofas, sucedi\u00f3 a Jacobo en la presidencia, y que se dice que Vespasiano, despu\u00e9s de la captura de Jerusal\u00e9n en el 70 d.c., orden\u00f3 la b\u00fasqueda de todos aquellos que pertenecieran a la familia de David, a fin de que no quedara entre los jud\u00edos ni un solo miembro de la familia real (<etiqueta id=\"#_ftn53\" name=\"_ftnref53\" title=\"\"><i>HE <\/i><\/etiqueta>3.11\u201312).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La iglesia se hizo numerosa (Hch. 21.20), llegando a incluir entre sus miembros a sacerdotes y fariseos (Hch. 6.7; 15.5). En sus comienzos incluy\u00f3 tambi\u00e9n a muchos *helenistas, jud\u00edos de habla griega (de la dispersi\u00f3n) que llegaban como peregrinos a ciertas fiestas, o que por distintos motivos se encontraban transitoriamente en Jerusal\u00e9n. A menudo estos jud\u00edos eran m\u00e1s pudientes que los de Jerusal\u00e9n, y manifestaban su piedad llevando \u201climosnas a [su] naci\u00f3n\u201d (cf. Hch. 24.17). Cuando la iglesia adopt\u00f3 la pr\u00e1ctica de la ayuda mutua, un benefactor t\u00edpico fue *Bernab\u00e9, natural de Chipre (Hch. 4.34\u201337), y cuando se hizo necesario nombrar una comisi\u00f3n para atender la distribuci\u00f3n para los necesitados, los siete elegidos, a juzgar por sus nombres, eran helenistas (Hch. 6.5). Aparentemente fue a trav\u00e9s de este elemento helenista que el evangelio desbord\u00f3 los estrechos l\u00edmites del cristianismo judaico, creando nuevas corrientes en territorios extranjeros. *helenistas, uno de los siete, tuvo una discusi\u00f3n en una sinagoga helenista de Jerusal\u00e9n (de la que posiblemente era miembro Saulo de Tarso), y fue acusado ante el sanedr\u00edn de haber blasfemado contra el templo y la ley de Mois\u00e9s. Su defensa demuestra sin lugar a dudas una actitud liberal hacia la inviolabilidad del templo, y la persecuci\u00f3n que se desencaden\u00f3 despu\u00e9s de su muerte quiz\u00e1s haya estado dirigida contra este tipo de tendencias entre los creyentes helenistas, antes que contra el cristianismo de los ap\u00f3stoles (que era respetuoso de la ley), los que se quedaron en Jerusal\u00e9n cuando otros fueron \u201cesparcidos\u201d. *Esteban, otro de los siete, llev\u00f3 el evangelio a Samaria, y despu\u00e9s de bautizar a un eunuco extranjero cerca de la antigua ciudad de Gaza, sigui\u00f3 predicando por la costa hasta que lleg\u00f3 a la ciudad de Cesarea, predominantemente pagana, donde muy pronto encontramos a Pedro aceptando a los gentiles no circuncidados para ser bautizados.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Es importante notar que fueron helenistas los que se dirigieron de Jerusal\u00e9n a Antioqu\u00eda y all\u00ed predicaron a los gentiles, sin hacer ninguna estipulaci\u00f3n referente a la ley mosaica. Despu\u00e9s de Esteban, parece ser que el elemento helenista desapareci\u00f3 de la iglesia de Jerusal\u00e9n, prevaleciendo su car\u00e1cter judaico. Algunos de sus miembros no estaban de acuerdo en que el evangelio fuera ofrecido a los gentiles, sin la correspondiente obligaci\u00f3n de guardar la ley, y se encaminaron a plantear su punto de vista a las nuevas iglesias (Hch. 15.1; G\u00e1. 2.12; 6.12s). Sin embargo, la iglesia de Jerusal\u00e9n oficialmente dio su aprobaci\u00f3n, no solamente a la misi\u00f3n de Felipe en Samaria, y al bautismo de Cornelio en Cesarea, sino tambi\u00e9n a la pol\u00edtica de la nueva iglesia en Antioqu\u00eda y sus misioneros. En el 49 d.C. <etiqueta id=\"#_ftn54\" name=\"_ftnref54\" title=\"\">aprox. se consult\u00f3 formalmente a un *concilio de la iglesia de Jerusal\u00e9n en cuanto a las exigencias que deb\u00edan cumplir \u201clos gentiles que se convierten a Dios\u201d. En esa oportunidad se resolvi\u00f3 que,<\/etiqueta> aunque los creyentes jud\u00edos, por supuesto, seguir\u00edan circuncidando a sus hijos y guardando toda la ley, estos requisitos no deb\u00edan imponerse a los creyentes gentiles, si bien a estos \u00faltimos se les pedir\u00eda que hiciesen ciertas concesiones a determinados escr\u00fapulos de los jud\u00edos, porque favorecer\u00edan la confraternizaci\u00f3n a la mesa entre los dos grupos, y que cumpliesen la ley en lo relativo a la pureza sexual (Hch. 15.20, 29; 21.21\u201325). La forma de proceder refleja la primac\u00eda de Jerusal\u00e9n en asuntos de fe y moralidad. Sin lugar a dudas, durante toda la primera generaci\u00f3n fue \u201cla iglesia\u201d por excelencia (v\u00e9ase Hch. 18.22, que se refiere a la iglesia en Jerusal\u00e9n). Esto se nota en la actitud de Pablo (G\u00e1. 1.13; Fil. 3.6), que la trasmiti\u00f3 a sus iglesias (Ro. 15.27). Su \u00faltima visita a Jerusal\u00e9n en 57 d.C. aprox. la hizo como reconocimiento de esta primac\u00eda espiritual. Fue recibido por \u201cJacobo \u2026 y todos los ancianos\u201d, quienes le recordaron que los numerosos miembros de la iglesia \u201ctodos son celosos por la ley\u201d. Por m\u00e1s escrupulosos que fuesen, sin embargo, esto no evit\u00f3 que cayera sobre ellos la sospecha de no ser leales a la esperanza nacional de los jud\u00edos. Jacobo \u201cel Justo\u201d fue judicialmente asesinado por instigaci\u00f3n del sumo sacerdote ca. 62 d.C.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Cuando estall\u00f3 la guerra con Roma en 66 d.C. la iglesia lleg\u00f3 a su fin. Seg\u00fan Eusebio, sus miembros se trasladaron a Pela en la Transjordania (<i>HE <\/i>3.5). Posteriormente se dividieron en dos grupos: los nazarenos, que, aunque ellos mismos ardaban la ley, adoptaban una actitud tolerante hacia los creyentes gentiles, y los ebionitas, que heredaron el punto de vista judaizante de sumisi\u00f3n a la ley. Los cristianos de \u00e9pocas posteriores incluyeron a los ebionitas entre los herejes.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. La iglesia de Antioqu\u00eda<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Los creyentes de Jerusal\u00e9n no pod\u00edan arrogarse la exclusividad del t\u00e9rmino <\/span><span style=''>ekkl&#275;sia<\/span><span lang=ES style=''>, a pesar de la asociaci\u00f3n del mismo con el AT, y la congregaci\u00f3n mixta, de creyentes jud\u00edos y gentiles, que se form\u00f3 en Antioqu\u00eda a orillas del Orontes tambi\u00e9n se comenz\u00f3 a llamar sencillamente \u201cla iglesia\u201d de dicho lugar (Hch. 11.26; 13.1). Adem\u00e1s, *Antioqu\u00eda, y no Jerusal\u00e9n, sirven de modelo de la \u201cnueva iglesia\u201d que habr\u00eda de surgir en todas partes del mundo. Fue fundada por jud\u00edos helenistas. Aqu\u00ed, tambi\u00e9n, los creyentes fueron por primera vez apodados *cristianos, o \u201ccristitas\u201d, por sus vecinos gentiles (Hch 11.26). Antioqu\u00eda vino a ser el trampol\u00edn para la extensi\u00f3n del evangelio en todo el Levante. La figura clave al principio fue *Bernab\u00e9, que quiz\u00e1s fuera \u00e9l mismo helenista, pero que al mismo tiempo gozaba de la plena confianza de los dirigentes de Jerusal\u00e9n, quienes lo enviaron a investigar. Se lo menciona primeramente entre los \u201cprofetas y maestros\u201d, que son los \u00fanicos funcionarios que se mencionan como existentes en esa iglesia. Fue \u00e9l quien busc\u00f3 a Saulo, el fariseo convertido, en Tarso (\u00a1un interesante elemento disolvente para el fermento!). Bernab\u00e9 tambi\u00e9n dirigi\u00f3 dos expediciones misioneras a su propio pa\u00eds, *chipre, y con Pablo realiz\u00f3 las primeras incursiones en el Asia Menor. Hab\u00eda importantes lazos entre Antioqu\u00eda y Jerusal\u00e9n. De Jerusal\u00e9n iban profetas a ministrar la Palabra en Antioqu\u00eda (Hch. 11.27), as\u00ed como tambi\u00e9n Pedro mismo y delegados de Jacobo (G\u00e1. 2.11\u201312), sin olvidar a los visitantes farisaicos mencionados en Hch. 15.1. Por su parte, Antioqu\u00eda manifestaba su comuni\u00f3n con Jerusal\u00e9n enviando socorro en tiempos de hambre (Hch. 11.29), y m\u00e1s tarde solicit\u00f3 asesoramiento a la iglesia de Jerusal\u00e9n para la soluci\u00f3n de la controversia legal. Los principales profetas de la iglesia inclu\u00edan a un africano de nombre Sime\u00f3n, a Lucio de Cirene, y a un miembro del s\u00e9quito de Herodes Antipas. Se ha sostenido que el autor de los Hechos de los Ap\u00f3stoles era oriundo de Antioqu\u00eda (pr\u00f3logos antimarcionitas). Pero la iglesia de Antioqu\u00eda adquiri\u00f3 renombre por el hecho de haber encomendado a Bernab\u00e9 y a Saulo \u201ca la gracia de Dios para la obra que hab\u00edan cumplido (Hch. 14.26).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. Las iglesias paulinas<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Aunque es evidente que *Pablo y Bernab\u00e9 no fueron los \u00fanicos misioneros de la primera generaci\u00f3n, conocemos muy yoco de los trabajos de los dem\u00e1s, incluidos aqu\u00ed los doce ap\u00f3stoles. Pablo, sin embargo, sostuvo haber predicado el evangelio \u201cdesde Jerusal\u00e9n, y por los alrededores hasta Il\u00edrico\u201d (Ro. 15.19), y sabemos que fund\u00f3 iglesias al estilo de la de Antioqu\u00eda en las provincias del S de Asia Menor, Macedonia, y Grecia, en Asia occidental, donde adopt\u00f3 como base la ciudad de *Efeso, y, seg\u00fan se desprende de la ep\u00edstola a *Tito, tambi\u00e9n en *Creta. No sabemos si fund\u00f3 iglesias en *Espa\u00f1a (Ro. 15.24). En todas partes adoptaba como centro alguna ciudad, desde donde \u00e9l (o sus acompa\u00f1antes) alcanzaban otras ciudades de la provincia (Hch. 19.10; Col. 1.7). Donde fuera posible, Pablo se val\u00eda de la *Sinagoga jud\u00eda como punto de partida, y predicaba all\u00ed en calidad de rabino mientras le daban la oportunidad de hacerlo. Con el tiempo, sin embargo, fue surgiendo una <\/span><span style=''>ekkl&#275;sia<\/span><span lang=ES style=''> aparte (a veces el vocablo habr\u00e1 tenido un sentido semejante al de <\/span><span style=''>synag&#333;g&#275;<\/span><span lang=ES style=''> [cf. Stg. 2.2, <\/span><etiqueta id=\"#_ftn55\" name=\"_ftnref55\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0ba<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=' '> <etiqueta id=\"#_ftn56\" name=\"_ftnref56\" title=\"\">mg]), constituida por<\/etiqueta> convertidos jud\u00edos y gentiles, cada una con sus propios ancianos nombrados, por el ap\u00f3stol o su delegado, de entre los creyentes responsables de mayor edad. La familia represent\u00f3 un papel importante en la formaci\u00f3n de estas iglesias. El AT griego fue la Sagrada Escritura de todas estas iglesias, y la clave de su interpretaci\u00f3n estaba indicada en ciertos pasajes selectos, juntamente con un resumen claramente definido del evangelio mismo (1 Co. 15.1\u20134). Otras \u201ctradiciones\u201d relativas al ministerio la ense\u00f1anza de Jes\u00fas fueron encomendadas a las iglesias (1 Co. 11.2, 23\u201325; 7.17; 11.16; 2 Ts. 2.15), con pautas definidas de instrucci\u00f3n \u00e9tica respecto a las obligaciones sociales y pol\u00edticas. No se sabe qui\u00e9n administraba regularmente el *Bautismo, o presid\u00eda en la *Cena del Se\u00f1or, aunque se mencionan ambas ordenanzas. Tampoco se sabe con cu\u00e1nta frecuencia o en qu\u00e9 d\u00edas se congregaba la iglesia. La reuni\u00f3n en Troas \u201cel s\u00e1bado por la noche\u201d (Hch. 20.7, <\/span><etiqueta id=\"#_ftn57\" name=\"_ftnref57\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>neb<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''>) podr\u00eda ser un modelo, y si as\u00ed fuera servir\u00eda de apoyo para el punto de vista de que la utilizaci\u00f3n del \u201cprimer d\u00eda de la semana\u201d (o el \u201cprimer d\u00eda despu\u00e9s del s\u00e1bado\u201d; <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0nbe<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><etiqueta id=\"#_ftn58\" name=\"_ftnref58\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0fs<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''> \u201cel domingo\u201d) para la asamblea cristiana comenz\u00f3 simplemente utilizando las horas nocturnas que segu\u00edan a la terminaci\u00f3n del s\u00e1bado (v\u00e9ase H.Riesenfeld, \u201cThe Sabbath and the Lord\u2019s Day in Judaism, the Preaching of Jesus and Early Christianity\u201d, <i>The Gospel Tradition<\/i>, 1970).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Pero no est\u00e1 claro si exist\u00eda o no una iglesia en Troas; esta ocasi\u00f3n puede haber sido sencillamente la despedida de los compa\u00f1eros de viaje de Pablo, y la hora puede haber sido la m\u00e1s adecuada para los preparativos en relaci\u00f3n con el viaje. El primer d\u00eda, sin embargo, no puede haber sido observado como el s\u00e1bado jud\u00edo, pues no era feriado para los gentiles, y Pablo no aceptaba ninguna regla obligatoria respecto a los d\u00edas que deb\u00eda guardar para el Se\u00f1or (Ro. 14.5). Los creyentes jud\u00edos deben haber seguido observando muchas costumbres que no eran compartidas por los miembros gentiles. La descripci\u00f3n m\u00e1s completa de lo que se hac\u00eda cuando se congregaban las iglesias la tenemos en 1 Co. 11\u201314. No hab\u00eda ning\u00fan v\u00ednculo formal entre las iglesias de Pablo, aunque s\u00ed hab\u00eda ciertas afinidades naturales entre las iglesias de una misma provincia (Col. 4.15\u201316; 1 Ts. 4.10). Se esperaba que todas se sometieran a la autoridad de Pablo en lo concerniente a la fe (esto explica el papel de las ep\u00edstolas de Pablo, y las visitas de *Timoteo); pero esa autoridad era espiritual y admonitoria, y no coercitiva (2 Co. 10.8; 13.10). La administraci\u00f3n y la disciplina en cada iglesia eran aut\u00f3nomas (2 Co. 2.5\u201310). Ninguna iglesia ejerc\u00eda superioridad sobre otra, aunque todas reconoc\u00edan que Jerusal\u00e9n era la fuente de \u201cbienes espirituales\u201d (Ro. 15.27), y las colectas que se hac\u00edan para los santos en esa ciudad daban testimonio de este reconocimiento.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>V. Otras iglesias<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El origen de las otras iglesias mencionadas en el NT es cuesti\u00f3n de inferencias. Hab\u00eda creyentes jud\u00edos y gentiles en Roma ya para el 56 d.C. aprox., cuando Pablo les escribi\u00f3 su ep\u00edstola. En el d\u00eda de Pentecost\u00e9s (Hch. 2.10) estaban presentes \u201cromanos aqu\u00ed residentes\u201d, tanto jud\u00edos como pros\u00e9litos, y en la lista de saludos en Ro. 16 se menciona uno destinado a dos creyentes \u201cmuy estimados entre los ap\u00f3stoles\u201d, *Andr\u00f3nico y Junias, parientes de Pablo que se convirtieron antes que \u00e9l. \u00bfSer\u00e1 esta una referencia elogiosa al hecho de haber sido ellos los que llevaron el evangelio a Roma? Ciertos \u201chermanos\u201d salieron a recibir a Pablo y sus acompa\u00f1antes cuando se dirig\u00edan a *Roma, pero nuestro conocimiento de la iglesia en esa ciudad, de su composici\u00f3n y del lugar que ocupaba, es una cuesti\u00f3n problem\u00e1tica.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>De la salutaci\u00f3n con que comienza *1 Pedro se desprende que hubo un grupo de iglesias a lo largo de la costa S del mar Negro y el territorio correspondiente (\u201cPonto, Gafacia, Capadocia, Asia y Bitinia\u201d) integradas por miembros jud\u00edos o judeogentiles. Esta es la regi\u00f3n a la que Pablo no pudo entrar (Hch. 16.6\u20137), lo que podr\u00eda indicar que fueron escenario de la labor de otro, quiz\u00e1s de Pedro mismo. Pero leyendo la ep\u00edstola no se descubre con claridad nada concreto respecto a dichas iglesias. La tarea de la supervisi\u00f3n y la responsabilidad de \u201capacentar la grey\u201d en cada lugar estaba en manos de ancianos (1 P. 5.1\u20132).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Con esto se agota nuestro conocimiento de c\u00f3mo se fundaron determinadas iglesias en la \u00e9poca neotestamentaria. Del libro de Apocalipsis se puede conocer algo m\u00e1s acerca de las iglesias del Asia occidental. Se cree que se deben haber fundado iglesias cuando menos en Alejandr\u00eda y la Mesopotamia, y posiblemente aun m\u00e1s al oriente, en el curso del ss. I, pero de esto no hay pruebas fehacientes.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>De la vida y la organizaci\u00f3n de las iglesias en general sabemos muy poco, con excepci\u00f3n de Jerusal\u00e9n, y este \u00faltimo caso no era t\u00edpico. Sin embargo, lo poco que conocemos deja ver que la unidad de las mismas estribaba en el evangelio mismo, en la aceptaci\u00f3n de las escrituras veterotestamentarias, y en el reconocimiento de Jes\u00fas como \u201cSe\u00f1or y Cristo\u201d. Las diferenc\u00edas en cuanto al gobierno de las iglesias *(<span style='text-transform: uppercase'>Iglesias, Gobierno de<\/span>), las distintas formas que adoptaba el *ministerio, los esquemas conceptuales, y el nivel de logros morales y espirituales, probablemente fueran mayores de lo que generalmente se concibe en nuestros d\u00edas. Ninguna de las iglesias neotestamentarias, ni todas ellas conjuntamente (si bien no formaban una unidad visible), ejerce autoridad alguna sobre nuestra fe en los d\u00edas artuales. Esta *aturidad divina pertenece exclusivamente al evangelio apost\u00f3lico tal como aparece en el conjunto de las Escrituras (* <span style='text-transform:uppercase'>Llaves del reino; *Pedro<\/span>, <b>IV.<\/b>)<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> L. Cerfaux, <i>La iglesia en san Pablo<\/i>, 1963; R. Schnackenburg, <i>La iglesia en el Nuevo Testamento<\/i>, 1965; <etiqueta id=\"#_ftn59\" name=\"_ftnref59\" title=\"\">id. <\/etiqueta><i>La teolog\u00eda del Nuevo Testamento. Estado de la cuesti\u00f3n<\/i>, 1966; L. Newbigin, <i>La familia de Dios<\/i>, 1961; J. C. Turner, <i>La doctrina neotestamentaria de la iglesia<\/i>, s\/f; D. Semmelroth, <i>Yo creo en la iglesia<\/i>, 1962; J. Feiner y M. Lohrer, \u201cLa iglesia: El acontecimiento salv\u00edfico en la comunidad cristiana\u201d, <i>Mysterium salutis<\/i>, vol. IV, 1, 1973; V. Warnach, \u201cIglesia\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn60\" name=\"_ftnref60\" title=\"\"><i>\u00b0DTB<\/i><\/etiqueta>, 1966, pp. 477\u2013499; L. Coenen, \u201cIglesia\u201d, <i>\u00b0DTNT<\/i>, t(t). II, 1985, pp. 322\u2013336.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>F. J. A. Hort, <i>The Christian Ecclesia<\/i>, 1897; R. Newton Flew, <i>Jesus and His Church<\/i>, 1938; K. L. Schmidt, <i>TDNT <\/i>3, pp. 501\u2013536; <i>BC<\/i>; Hans Lietzmann, <i>The Beginnings of the Christian Church<\/i>, 1937; F. F. Bruce, <i>The Spreading Flame<\/i>, 1958; Gregory Dix, <i>Jew and Greek<\/i>, 1953; E. Schweizer, <i>Church Order in the New Testament<\/i>, 1961; A. Cole, <i>The Body of Christ<\/i>, 1964.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn61\" name=\"_ftnref61\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>D.W.B.R.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Asamblea, Congregaci\u00f3n, Reuni\u00f3n, Santuario, Tabern\u00e1culo, Templo Mat 16:18 y sobre esta roca edificar\u00e9 mi i; y las Mat 18:17 dilo a la i; y si no oyere a la i, tenle Act 2:47 el Se\u00f1or a\u00f1ad\u00eda cada d\u00eda a la i los que Act 5:11 vino gran temor sobre toda la i, y sobre &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abIGLESIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-2501","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2501","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2501"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2501\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2501"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2501"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2501"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}