{"id":25014,"date":"2016-02-05T16:57:55","date_gmt":"2016-02-05T21:57:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-gregorio-nacianceno\/"},"modified":"2016-02-05T16:57:55","modified_gmt":"2016-02-05T21:57:55","slug":"san-gregorio-nacianceno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-gregorio-nacianceno\/","title":{"rendered":"SAN GREGORIO NACIANCENO"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Su Vida<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Composiciones Po\u00e9ticas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Ep\u00edstolas en Prosa<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Discursos<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Su Vida<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Doctor de la Iglesia, nacido en Arianzo, en Asia Menor, c. 325; muri\u00f3 en el mismo lugar, 389. Fue el mayor de tres hijos de Gregorio, obispo de Nacianzo (329-374), en el suroeste de Capadocia, y de Nonna, una hija de padres cristianos. El padre del santo fue originalmente un miembro de la secta her\u00e9tica de los Hypsistarianos, y fue convertido al cristianismo por la influencia de su piadosa esposa. Sus dos hijos, quienes parece nacieron entre las fechas de la ordenaci\u00f3n de su padre y su consagraci\u00f3n episcopal, fueron enviados a la famosa escuela de Cesarea, capital de Capadocia, y all\u00ed educados por Carterio, probablemente el mismo quien fue despu\u00e9s tutor de San Juan Cris\u00f3stomo. Aqu\u00ed comenz\u00f3 la amistad entre Basilio y Gregorio que \u00edntimamente afect\u00f3 sus vidas, as\u00ed como el desarrollo de la teolog\u00eda de su \u00e9poca. De Cesarea de Capadocia Gregorio procedi\u00f3 a Cesarea de Palestina, donde estudi\u00f3 ret\u00f3rica bajo Tespesio; y despu\u00e9s a Alejandr\u00eda, en la cual Atanasio era obispo, mientras al mismo tiempo estaba en el exilio. Partiendo por mar desde Alejandr\u00eda hacia Atenas, Gregorio se perdi\u00f3 en una gran tormenta, y algunos de sus bi\u00f3grafos infieren -aunque el hecho no es preciso- que mientras estaban en peligro de muerte, \u00e9l y sus acompa\u00f1antes recibieron el rito del bautismo. Ciertamente Gregorio no hab\u00eda sido bautizado en la infancia, pero fue dedicado a Dios por su piadosa madre, y hay alguna autoridad para creer que recibi\u00f3 los sacramentos, no en su viaje a Atenas, sino a su regreso a Nacianzo algunos a\u00f1os despu\u00e9s. En Atenas Gregorio y Basilio, quienes se hab\u00edan separado en Cesarea, se reencontraron, y renovaron su amistad de juventud, estudiando ret\u00f3rica juntos bajo los famosos profesores Himerio y Prohaeresios. Entre sus compa\u00f1eros estudiantes se encontraba Juliano, despu\u00e9s conocido como el ap\u00f3stata, cuyo car\u00e1cter real acierta Gregorio en haber discernido entonces y desconfiar enteramente de \u00e9l. El estudio de los santos en Atenas (el cual dej\u00f3 Basilio antes que su amigo) se extendi\u00f3 alrededor de diez a\u00f1os; y cuando parti\u00f3 en el 356 a su provincia nativa, visitando Constantinopla en su camino a casa, ten\u00eda alrededor de 30 a\u00f1os de edad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegado a Nacianzo, donde sus padres se encontraban ya en edad avanzada, Gregorio, quien ten\u00eda para este tiempo firmemente resuelto dedicar su vida y talentos a Dios, ansiosamente consideraba el plan de su futura carrera. A un hombre joven con sus altos logros una distinguida carrera secular estaba abierta, fuera como abogado o como profesor de ret\u00f3rica; pero sus anhelos eran por la vida mon\u00e1stica o asc\u00e9tica, aunque esto no se mostraba compatible ni con los estudios de la Escritura en los cuales estaba profundamente interesado, ni con sus labores filiales en el hogar. Como era natural, consult\u00f3 a su amado amigo Basilio en su perplejidad sobre su futuro; y \u00e9l nos ha dejado en sus propios escritos la interesant\u00edsima narrativa de su intercomunicaci\u00f3n en este tiempo, y de su com\u00fan resoluci\u00f3n (basada en algunos diferentes motivos, de acuerdo con las decididas diferencias de sus propios caracteres) de renunciar al mundo por el servicio \u00fanicamente de Dios. Basilio se retir\u00f3 al Ponto para llevar una vida de ermita\u00f1o; pero descubriendo que Gregorio no pod\u00eda un\u00edrsele all\u00ed, regres\u00f3 y se estableci\u00f3 primero en Tiberina (cerca del propio hogar que Gregorio), luego en Neocesarea, en el Ponto, donde vivi\u00f3 en santo retiro por algunos a\u00f1os, y reuni\u00f3 a su derredor una hermandad de cenobitas, entre quienes su amigo Gregorio estuvo incluido por un tiempo. Tras un descanso de dos o tres a\u00f1os all\u00ed, durante los cuales Gregorio edit\u00f3, junto con Basilio, algunos de los trabajos exeg\u00e9ticos de Or\u00edgenes, adem\u00e1s de ayudar a su amigo en la compilaci\u00f3n de sus famosa regla, Gregorio regres\u00f3 a Nacianzo, dejando con lamentos la pac\u00edfica vida de ermita\u00f1o donde \u00e9l y Basilio (como recuerda en su subsiguiente correspondencia) hab\u00edan pasado un tiempo tan placentero en la labor tanto caritativa como intelectual. A su regreso a casa Gregorio fue \u00fatil en traer de nuevo la ortodoxia a su padre quien, quiz\u00e1s en parte a su ignorancia, hab\u00eda suscrito las creencias her\u00e9ticas de Rimini; y el anciano obispo, deseando la presencia y apoyo de su hijo, transigi\u00f3 su escrupulosa simplificaci\u00f3n del sacerdocio, y le oblig\u00f3 a aceptar la ordenaci\u00f3n (probablemente en Navidad, 361). Herido y afligido por la presi\u00f3n puesta sobre \u00e9l, Gregorio huy\u00f3 de vuelta a su soledad, y a la compa\u00f1\u00eda de san Basilio; pero tras la reflexi\u00f3n de algunas semanas regres\u00f3 a Nacianzo, donde predic\u00f3 su primer serm\u00f3n del domingo de Pascua, y enseguida escribi\u00f3 la notable oraci\u00f3n apolog\u00e9tica, que es en realidad un tratado acerca del oficio sacerdotal, el fundamento del \u201cDe Sacerdotio\u201d de Cris\u00f3stomo, del \u201cCura Pastoris\u201d de Gregorio el Grande, y de incontables escritos subsiguientes sobre el mismo tema.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante los siguientes a\u00f1os la vida de Gregorio en Nacianzo se vio entristecida por las muertes de su hermano Cesario y de su hermana Gorgonia, en cuyos funerales predic\u00f3 dos de sus m\u00e1s elocuentes oraciones, las cuales todav\u00eda existen. Por este tiempo Basilio fue hecho Obispo de Cesarea y metropolitano de Capadocia, y poco despu\u00e9s el emperador Valencio, quien estaba celoso de la influencia de Basilio, dividi\u00f3 Capadocia en dos provincias. Basilio continu\u00f3 reclamando jurisdicci\u00f3n eclesi\u00e1stica, como antes, sobre la provincia entera, mas esto fue disputado por Antimo, obispo de Tiana, y jefe de la ciudad de Nueva Capadocia. Para fortalecer su posici\u00f3n Basilio fund\u00f3 una nueva visi\u00f3n en S\u00e1sima, resuelto a tener a Gregorio como su primer obispo, y de acuerdo con esto lo hizo consagrar, aunque en gran manera contra su voluntad. Gregorio, sin embargo, se opuso a S\u00e1sima desde el comienzo; se consideraba \u00e9l mismo completamente inadecuado para el lugar, as\u00ed como el lugar lo era para \u00e9l; y no pas\u00f3 mucho antes de que abandonara la di\u00f3cesis y regresara a Nacianzo como ayudante de su padre. Este episodio de la vida de Gregorio fue desafortunadamente la causa de un extra\u00f1amiento entre Basilio y \u00e9l que nunca fue del todo sanado; adem\u00e1s no hay registro existente de ninguna subsiguiente correspondencia entre ellos tras el retiro de S\u00e1sima por Gregorio. Mientras se ocupaba asiduamente con las tareas de ayudante de su anciano padre, este muri\u00f3 a principios del 374, y su esposa Nonna pronto lo sigui\u00f3 a la tumba. Gregorio, quien ahora se encontraba sin lazos familiares, dedic\u00f3 a los pobres la vasta fortuna que hab\u00eda heredado, conservando para s\u00ed tan s\u00f3lo un peque\u00f1o pedazo de tierra en Arianzo. Continu\u00f3 administrando la di\u00f3cesis por dos a\u00f1os, rehusando, sin embargo, volverse el obispo, y de continuo urgiendo en la designaci\u00f3n de un sucesor para su padre. Al final del 375 se retir\u00f3 a un monasterio en Seleuci, viviendo all\u00ed en soledad alrededor de tres a\u00f1os, y prepar\u00e1ndose (aunque \u00e9l no lo sab\u00eda) para lo que ser\u00eda el trabajo estelar de su vida. Hacia el final de este periodo muri\u00f3 Basilio. El propio estado de salud de Gregorio no le permiti\u00f3 estar presente ni en su lecho de muerte ni en su funeral; pero s\u00ed escribi\u00f3 una carta de condolencias al hermano de Basilio, Gregorio de Niza, y compuso doce hermosos poemas memoriales o epitafios a su difunto amigo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tres semanas despu\u00e9s de la muerte de Basilio, Teodosio fue promovido por el emperador Graciano a la dignidad de emperador de Oriente. Constantinopla, la sede de su imperio, hab\u00eda sido por el espacio de alrededor de treinta a\u00f1os (desde la muerte del santo y m\u00e1rtir obispo Pablo) pr\u00e1cticamente otorgado al arrianismo, con un prelado arriano, Dem\u00f3filo, entonado en santa Sof\u00eda. El remanente de los perseguidos cat\u00f3licos, sin iglesia ni pastor, apelaron a Gregorio para que fuera y se colocara \u00e9l mismo a la cabeza y organizar\u00e1 sus diezmadas fuerzas; y muchos obispos apoyaron el llamado. Tras mucha incertidumbre dio su consentimiento, encamin\u00e1ndose a Constantinopla en los comienzos del a\u00f1o 379, y comenz\u00f3 su misi\u00f3n en una casa privada que \u00e9l describe como \u201cel nuevo silo donde el Arca fue reparada\u201d, y como \u201cuna Anastasia, la escena de la resurrecci\u00f3n de la fe\u201d. No solamente los fieles cat\u00f3licos, sino que tambi\u00e9n muchos herejes se reunieron en la humilde capilla de Anastasia, atra\u00eddos por la santidad de Gregorio, su aprendizaje y elocuencia; y fue en esta capilla donde entreg\u00f3 los cinco maravillosos discursos de la fe de Nicea -desdoblando la doctrina de la Trinidad mientras salvaguardaba la Unidad de la substancia de Dios- lo que le gan\u00f3, s\u00f3lo a \u00e9l de entre todos los maestros cristianos exceptuando al ap\u00f3stol Juan, el t\u00edtulo especial de el Te\u00f3logo o el Divino. Tambi\u00e9n en este tiempo otorg\u00f3 los elocuentes paneg\u00edricos sobre San Cipriano, San Anastasio, y los Macabeos, los que se encuentran entre los m\u00e1s finos trabajos oracionales. Mientras tanto se encontr\u00f3 a s\u00ed mismo expuesto a persecuci\u00f3n de todo tipo desde el exterior, y de hecho fue atacado en su propia capilla, mientras bautizaba a sus ne\u00f3fitos de la Pascua, por una turba hostil de arrianos de Santa Sof\u00eda, entre ellos contando monjes arrianos y mujeres enfurecidas. Se entristeci\u00f3, tambi\u00e9n, por disensiones entre su propio peque\u00f1o reba\u00f1o, algunos de los cuales abiertamente lo acusaron de sostener errores trite\u00edstas. San Jer\u00f3nimo se volvi\u00f3 su disc\u00edpulo y pupilo por ese entonces, y nos cuenta en reluciente lenguaje cuanto le debi\u00f3 a su erudito y elocuente maestro. Gregorio fue consolado por la aprobaci\u00f3n de Pedro, patriarca de Constantinopla (la opini\u00f3n de Duchesne de que el patriarca estuvo desde el principio celoso o suspicaz de la influencia del obispo capadocio en Constantinopla no parece suficientemente apoyada por evidencia), y Pedro parece haber estado deseoso de verlo a \u00e9l enfocado en el obispado de la capital del Este. Gregorio, sin embargo, desafortunadamente se dej\u00f3 impresionar por un aventurero plausible llamado Hero, o M\u00e1ximo, quien vino a Constantinopla desde Alejandr\u00eda en la guisa (cabello largo, t\u00fanica blanca, y b\u00e1culo) de un c\u00ednico, y profesaba ser un converso al cristianismo, y una ardiente admirador de los sermones de Gregorio. Gregorio le entretuvo hospitalariamente, le dio su completa confianza, y pronunci\u00f3 un paneg\u00edrico p\u00fablico sobre \u00e9l en su presencia. Las intrigas de M\u00e1ximo para obtener el obispado para s\u00ed mismo encontraron apoyo en varias localidades, incluida Alejandr\u00eda, la cual el patriarca Pedro, por qu\u00e9 precisa raz\u00f3n no es sabido, hab\u00eda tornado en contra de Gregorio; y ciertos obispos egipcios depuestos por Pedro, repentinamente, y en la noche, consagraron y entronaron a M\u00e1ximo como obispo cat\u00f3lico de Constantinopla, mientras Gregorio estaba confinado en cama por enfermedad. Los amigos de Gregorio, sin embargo, cerraron filas a su alrededor, y M\u00e1ximo tuvo que huir de Constantinopla. El emperador Teodosio, a quien hab\u00eda recurrido, se rehus\u00f3 a reconocer a ning\u00fan otro obispo que a Gregorio, y M\u00e1ximo se retir\u00f3 en desgracia a Alejandr\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Teodosio recibi\u00f3 cristiano bautizo a comienzos del 380, en Tesal\u00f3nica, e inmediatamente dirigi\u00f3 un edicto a sus s\u00fabditos en Constantinopla, orden\u00e1ndoles adherirse a la fe ense\u00f1ada por San Pedro, y profesada por el Pont\u00edfice romano, quien solo merec\u00eda ser llamado cat\u00f3lico. En noviembre, el emperador entr\u00f3 en la ciudad y llam\u00f3 a Dem\u00f3filo, el obispo arriano, a suscribirse al credo Niceno: pero se neg\u00f3 a hacerlo, y fue desterrado de Constantinopla. Teodosio determin\u00f3 que Gregorio deb\u00eda ser obispo en la nueva visi\u00f3n cat\u00f3lica, y \u00e9l mismo emperador le acompa\u00f1\u00f3 a Santa Sof\u00eda, donde fue entronado en presencia de una inmensa multitud, la cual manifestaba sus sentimientos mediante aplausos y otros signos de regocijo. Entonces fue Constantinopla restaurada a la unidad cat\u00f3lica; el emperador, mediante un nuevo edicto, devolvi\u00f3 todas las iglesias para el uso cat\u00f3lico; a los arrianos y otros herejes se les prohibi\u00f3 sostener asambleas p\u00fablicas; y el nombre de cat\u00f3lico fue restringido a los asiduos de la fe ortodoxa y cat\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gregorio apenas se hab\u00eda establecido en el trabajo de la administraci\u00f3n de la di\u00f3cesis de Constantinopla, cuando Teodosio llev\u00f3 a cabo su largamente anhelado prop\u00f3sito de convocar ah\u00ed un concilio general de la iglesia oriental. Ciento cincuenta obispos se reunieron en concilio, en mayo, 381, siendo el objeto de la asamblea, como S\u00f3crates plenamente declara, confirmar la fe de Nicea, y nombrar un obispo para Constantinopla (v\u00e9ase CONSTANTINOPLA, PRIMER CONCILIO DE). Entre los obispos presentes hab\u00eda treinta y seis sosteniendo opiniones semi-arrianas o macedonias; ni los argumentos de los prelados ortodoxos ni la elocuencia de Gregorio, quien predic\u00f3 en Pentecost\u00e9s, en Santa Sof\u00eda, sobre el tema del Esp\u00edritu Santo, consigui\u00f3 persuadirles en afirmar el credo ortodoxo. En cuanto al nombramiento del obispado, la confirmaci\u00f3n de Gregorio a la visi\u00f3n s\u00f3lo pod\u00eda ser mera formalidad. Los obispos ortodoxos estuvieron todos a favor, y la objeci\u00f3n (lanzada por los prelados egipcios y macedonios quienes se unieron al concilio m\u00e1s tarde) de que esta traslaci\u00f3n de una visi\u00f3n a otra era una imposici\u00f3n al canon del concilio de Nicea obviamente era infundada. Era bien conocido el hecho de que Gregorio, despu\u00e9s de su forzada consagraci\u00f3n a instancias de Basilio, nunca hab\u00eda entrado en posesi\u00f3n de la visi\u00f3n de S\u00e1sima y que despu\u00e9s hab\u00eda ejercitado sus funciones episcopales en Nacianzo, no como obispo de esa di\u00f3cesis, sino como mero ayudante de su padre. Gregorio sucedi\u00f3 a Melito como presidente del concilio, en lo que se encontr\u00f3 llamado a lidiar con la dif\u00edcil cuesti\u00f3n de nombrar un sucesor del difunto obispo. Hab\u00eda un acuerdo entre las dos partes ortodoxas en Antioquia, de donde Melito y Paulino hab\u00edan sido respectivamente obispos, de que el sobreviviente de cualquiera de los dos deb\u00eda quedar como \u00fanico obispo. Paulino, sin embargo, era un prelado de origen y crianza occidental, y los obispos orientales reunidos en Constantinopla renunciaron a reconocerlo. En vano Gregorio pidi\u00f3, en aras de la paz, la permanencia de Paulino en la visi\u00f3n durante el remanente de su vida, ya bastante avanzada; los padres del concilio rehusaron o\u00edr el consejo, y resolvieron que Melito deb\u00eda ser sucedido por un sacerdote oriental. \u201cFue en Oriente donde Cristo naci\u00f3\u201d, fue uno de los argumentos que ofrecieron; y el reproche de Gregorio, \u201cS\u00ed, y fue en Oriente donde fue sentenciado a morir\u201d, no hizo vacilar su decisi\u00f3n. Flaviano, un obispo de Antioquia, fue electo para la visi\u00f3n vacante; y Gregorio, quien narra que el \u00fanico resultado de su apelaci\u00f3n fue \u201cun gemido como el de una parvada de grajillas (especie de cuervo N. del T.)\u201d mientras que los miembros m\u00e1s j\u00f3venes del concilio \u201cle atacaron como un enjambre de avispas\u201d, renunci\u00f3 al concilio, y tambi\u00e9n dej\u00f3 su residencia oficial, cerca del iglesia de los Santos Ap\u00f3stoles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gregorio lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que no s\u00f3lo la oposici\u00f3n y desilusi\u00f3n con las que se hab\u00eda encontrado en el concilio, sino que tambi\u00e9n su continua propensi\u00f3n a la enfermedad, justificaban, y en verdad demandaban, su renuncia a la visi\u00f3n de Constantinopla, que \u00e9l hab\u00eda sostenido por tan s\u00f3lo unos cuantos meses. Volvi\u00f3 a aparecer ante el concilio, culpado de estar listo para ser otro Jon\u00e1s para apaciguar las violentas olas, y que todo lo que deseaba era descansar de sus labores, y tiempo de quietud para prepararse para morir. Los padres no hicieron protesta contra su anuncio, el cual algunos de ellos sin duda escucharon con secreta satisfacci\u00f3n; y de una vez Gregorio requiri\u00f3 y obtuvo permiso del emperador para renunciar a su visi\u00f3n. En junio, 381, predic\u00f3 un serm\u00f3n de despedida ante el consejo y en presencia de una abundante congregaci\u00f3n. La peroraci\u00f3n de su discurso es de belleza singular y conmovedora, e insuperable incluso entre sus muchas otras elocuentes oraciones. Tras esto dej\u00f3 Constantinopla muy pronto (Nectario, un nativo de Sicilia, fue escogido para sucederle en el obispado), y se retir\u00f3 a su antiguo hogar en Nacianzo. Sus dos cartas restantes dirigidas a Nectario en este tiempo son notables en tanto que aportan evidencia, por el esp\u00edritu y tono de ellas, de que \u00e9l estuvo actuando por ning\u00fan otro sentimiento m\u00e1s que por aquellos interesados en la buena voluntad para con la di\u00f3cesis de la cual estaba renunciando a su cuidado, y para con su sucesor en la sede episcopal. A su regreso a Nacianzo, Gregorio encontr\u00f3 la iglesia ah\u00ed en una condici\u00f3n miserable, estando infestada con la ense\u00f1anza err\u00f3nea de Apolinario el joven, quien se separ\u00f3 de la comuni\u00f3n cat\u00f3lica unos pocos a\u00f1os antes, y muri\u00f3 poco despu\u00e9s que Gregorio mismo. La preocupaci\u00f3n de Gregorio era ahora la de encontrar un educado y celoso obispo que fuera capaz de drenar la inundaci\u00f3n de herej\u00eda que amenazaba con abrumar la iglesia cristiana en ese lugar. Todos sus esfuerzos fueron al principio infruct\u00edferos, y consinti\u00f3 a la larga con mucha renuencia a tomar la administraci\u00f3n de la di\u00f3cesis \u00e9l mismo. Combati\u00f3 por un tiempo, con su usual elocuencia y tanta energ\u00eda como quedaba en \u00e9l, la falsa ense\u00f1anza de los adversarios de la Iglesia; pero se sent\u00eda \u00e9l mismo muy debilitado en su salud para continuar el trabajo activo del episcopado, y le escribi\u00f3 al arzobispo de Tiana suplic\u00e1ndole en que proviniera con el nombramiento de un nuevo obispo. Su solicitud fue concedida, y su primo Eulalio, un sacerdote de santa vida a quien se encontraba muy ligado, fue id\u00f3neamente nombrado a la visi\u00f3n de Nacianzo. Esto fue a finales del a\u00f1o 383, y Gregorio, feliz de ver el cuidado de la di\u00f3cesis confiada a un hombre conforme a su propio coraz\u00f3n, inmediatamente se retir\u00f3 a Arianzo, el escenario de su nacimiento e infancia, donde pas\u00f3 los restantes a\u00f1os de su vida en retir\u00f3, y en labores literarias, las cuales congeniaban mucho m\u00e1s con su car\u00e1cter de lo que lo hac\u00eda el acoso del trabajo de la administraci\u00f3n eclesi\u00e1stica en aquellos problem\u00e1ticos y tormentosos tiempos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Volviendo la vista a la carrera de Gregorio, el dif\u00edcil no sentir que desde el d\u00eda en que fue impelido a aceptar las ordenaciones sacerdotales, hasta aquel que le vio regresar de Constantinopla a Nacianzo para terminar su vida en el retiro y la obscuridad, pareci\u00f3 estar constantemente puesto, mediante ninguna iniciativa suya, en posiciones aparentemente inadecuadas para su disposici\u00f3n y temperamento, y realmente no calculadas para el llamado del ejercicio de las m\u00e1s notables y atractivas cualidades de su mente y coraz\u00f3n. Afectivo y tierno por naturaleza, de un temperamento altamente sensitivo, simple y humilde, vigoroso y animoso por disposici\u00f3n, aunque susceptible a la irritabilidad y al decaimiento, constitutivamente t\u00edmido, y algo deficiente, como parece, en decisi\u00f3n de car\u00e1cter y el autocontrol, fue muy humano, muy afable (f\u00e1cil de amar N. del T.), muy entregado -sin embargo no, uno estar\u00eda inclinado a pensar, apto naturalmente para desempe\u00f1ar la notable parte que desempe\u00f1\u00f3 durante el per\u00edodo precedente y consecuente de la inauguraci\u00f3n del Concilio de Constantinopla. Entr\u00f3 a su dif\u00edcil y arduo trabajo en esa ciudad a s\u00f3lo unos meses de la muerte de Basilio, el amado amigo de su juventud; y Newman, en su apreciaci\u00f3n del car\u00e1cter y la carrera de Gregorio, sugiere la impactante idea de que el heroico y elevado esp\u00edritu de su amigo entr\u00f3 en \u00e9l, y le inspir\u00f3 a tomar la importante y activa parte que recay\u00f3 en \u00e9l de reestablecer la ortodoxia y la fe cat\u00f3lica en la capital oriental del imperio. Su actuar, en efecto, parece m\u00e1s bien a la firmeza e intrepidez, la alta soluci\u00f3n y consistente perseverancia, caracter\u00edsticas de Basilio, que a su propio car\u00e1cter, el de un santo y escolar amable, fastidiado, retirado, temeroso, amante de la paz, quien hizo sonar la trompeta de guerra durante los turbulentos y alterados meses, en los mism\u00edsimos cuarteles y resistencias de militancia her\u00e9tica, hasta llegar al real y sofocante peligro a su seguridad, e incluso a su vida que nunca dej\u00f3 de estar amenazaba. \u201cQue juntos podamos recibir\u201d, dijo en la conclusi\u00f3n del maravilloso discurso que pronunci\u00f3 sobre su difunto amigo, a su regreso a Asia de Constantinopla, \u201cla recompensa del conflicto que hemos cobrado, que hemos prolongado.\u201d Es imposible dudar, leyendo los detalles \u00edntimos que \u00e9l mismo nos ha ofrecido sobre su larga amistad, y profunda admiraci\u00f3n de Basilio, que el esp\u00edritu de su pronto y bien amado amigo haya en alto grado modelado e informado su propia personalidad sensitiva e impresionable y que haya sido esto, bajo Dios, lo que le vigoriz\u00f3 e inspir\u00f3, tras una vida de lo que parec\u00eda, externamente, casi un fracaso, a cooperar en la grandiosa tarea de derrocar la monstruosa herej\u00eda que hab\u00eda por tanto tiempo devastado la mayor parte de la cristiandad, y trayendo por largo la pacificaci\u00f3n de la Iglesia de Oriente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante los seis a\u00f1os de vida que le quedaron despu\u00e9s de su retiro final a su lugar natal, Gregorio compuso, con toda probabilidad, la mayor parte de sus copiosos trabajos po\u00e9ticos que han llegado a nosotros. Estos incluyen un valioso poema autobiogr\u00e1fico de cerca de 2000 l\u00edneas, que forma, por supuesto, una de las m\u00e1s importantes fuentes de informaci\u00f3n para los hechos de su vida; alrededor de otros cien poemas m\u00e1s cortos relacionados con su carrera pasada, y un gran n\u00famero de epitafios, epigramas, y ep\u00edstolas a reconocidas personas de la \u00e9poca. Muchos de sus tard\u00edos poemas personales refieren la continua enfermedad y severo sufrimiento, f\u00edsicos y espirituales por igual, que lo asediaron durante sus \u00faltimos a\u00f1os, y sin duda le asistieron para perfeccionar en \u00e9l aquellas tantas cualidades que jam\u00e1s hicieron falta, fuertemente sacudidas a pesar de haber estado en los caminos y golpeteos de vida. En el peque\u00f1o pedazo de tierra en Arianzo, todo (como ya sea dicho) lo que le qued\u00f3 de su rica herencia, escribi\u00f3 y medit\u00f3, como \u00e9l cuenta, en torno a una fuente cerca de la cual hab\u00eda un paraje sombreado, su destino favorito. All\u00ed, tambi\u00e9n, recib\u00eda ocasionales visitas de amigos \u00edntimos, ocasionalmente tambi\u00e9n de extra\u00f1os atra\u00eddos a su retiro por la reputaci\u00f3n de su santidad y educaci\u00f3n; y all\u00ed pac\u00edficamente respir\u00f3 por \u00faltima vez. La fecha exacta de su muerte es desconocida, pero por un pasaje de Jer\u00f3nimo (De Script. Eccl.) puede ser asignada, con tolerable certeza, al a\u00f1o 389 o 390.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora debe ser dada alguna cuenta de los voluminosos escritos de Gregorio, y de su reputaci\u00f3n como orador y te\u00f3logo, en lo cual, mas que sobre ning\u00fan otra cosa, descansa su fama como una de las m\u00e1s grandes luces en la Iglesia Oriental. Sus trabajos naturalmente caen bajo tres encabezados, puntualmente sus poemas, sus ep\u00edstolas, y sus oraciones. Mucho, sin embargo de ninguna manera todo, de lo que escribi\u00f3 ha sido conservado, y ha sido frecuentemente publicado, la editio princeps de los poemas fue la Aldina (1504), mientras que la primera edici\u00f3n de sus obras recogidas apareci\u00f3 en Par\u00eds en 1609-11. El cat\u00e1logo Boedliano contiene m\u00e1s de treinta hojas folio enumerando varias ediciones de los trabajos de Gregorio, de las cuales las mejores y m\u00e1s completas son la edici\u00f3n Benedictina (dos vol\u00famenes folio, comenzada en 1778, terminada en 1840), y la edici\u00f3n de Migne (cuatro vol\u00famenes XXXV-XXXVIII, en P.G., Par\u00eds, 1857-1862).\n<\/p>\n<h2>Composiciones Po\u00e9ticas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9stas, como ya se declar\u00f3, comprend\u00edan versos autobiogr\u00e1ficos, epigramas, epitafios y ep\u00edstolas. Los epigramas han sido traducidos por Thomas Drant (Londres, 1568), los epitafios por Boyd (Londres, 1826), mientras que otros poemas han sido graciosa y encantadoramente parafraseados por Newman en su \u201cChurch of the Fathers\u201d. Jer\u00f3nimo y Suidas dicen que Gregorio escribi\u00f3 m\u00e1s de 30,000 versos; si esta no es una exageraci\u00f3n, enteramente dos tercios de ellos se han perdido. Delicados, gr\u00e1ficos, y fluidos como son muchos de sus versos, y dada la amplia evidencia del culto y dotado intelecto que los produjo, no pueden sostenerse en paralelo (la comparaci\u00f3n ser\u00eda una injusta, pues muchos de ellos no fueron expresamente escritos para superar y tomar el lugar de la obra de escritores paganos) las grandes creaciones de los poetas griegos. A\u00fan Villemain, ning\u00fan mal cr\u00edtico, ubica los poemas del rango frontal de las composiciones de Gregorio, y piensa tan altamente de ellos que mantiene que el escritor debe ser llamado, prominentemente, no tanto el te\u00f3logo del Oriente como \u201cel poeta de la cristiandad oriental\u201d.\n<\/p>\n<h2>Ep\u00edstolas en Prosa<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9stas, por consentimiento com\u00fan, pertenecen a las m\u00e1s finas producciones literarias de la \u00e9poca de Gregorio. Todas las que no sobreviven son composiciones granadas; y que el autor sobresal\u00eda en este tipo de composiciones es revelado por una de ellas (Ep. ccix, a Nic\u00f3bulo) en la cual se explaya con admirable raz\u00f3n sobre las reglas mediante las cuales todos los escritores de cartas debe guiarse. Fue por pedido de Nic\u00f3bulo, quien cre\u00eda, y correctamente, que estas cartas conten\u00edan gran y permanente inter\u00e9s y valor, que Gregorio prepar\u00f3 y edit\u00f3 la colecci\u00f3n conteniendo un gran n\u00famero de las cuales han llegado hasta nosotros. Muchas de ellas son perfectos modelos del estilo epistolar -corto, claro, cobijadas en un admirablemente escogido lenguaje, y en cambio sagaz y profundo, juguet\u00f3n, afectivo, y tierno.\n<\/p>\n<h2>Discursos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tanto en su propio tiempo, como en el general veredicto de la posteridad, Gregorio fue reconocido como uno de los m\u00e1s notables oradores que jam\u00e1s hayan adornado la iglesia cristiana. Entrenado en las m\u00e1s finas escuelas de ret\u00f3rica de su \u00e9poca, hizo m\u00e1s que justicia a sus distinguidos profesores; y mientras que el pavoneo o la vanagloria fueron ajenas a su naturaleza, \u00e9l francamente reconoc\u00eda a conciencia sus notables dones oracionales, y su satisfacci\u00f3n al haber sido habilitado para cultivarlas enteramente en su juventud. Basilio y Gregorio, ha sido dicho, fueron los pioneros de la elocuencia cristiana, moderada en, e inspirada por, la notable y sustancial oratoria de Dem\u00f3stenes y Cicer\u00f3n, y calculada para mover e impresionar las m\u00e1s cultas y cr\u00edticas audiencias de su \u00e9poca. Comparativamente s\u00f3lo pocas de las numerosas oraciones elaboradas por Gregorio han sido preservadas para nosotros, consistentes en discursos dichos por \u00e9l en muy variadas ocasiones, pero todas marcadas por las mismas elevadas cualidades. Fallas tienen, por supuesto: largas discreciones, excesivo ornamento, forzadas ant\u00edtesis, elaboradas met\u00e1foras, y ocasional sobre abuso de diatriba. Pero sus m\u00e9ritos son por mucho m\u00e1s grandes que sus defectos, ni nadie puede leerlas sincerar arremetido por su noble fraseolog\u00eda, perfecto dominio del m\u00e1s puro griego, altas potencias imaginativas, lucidez e incisi\u00f3n de pensamiento, fiero celo y transparente sinceridad de intenci\u00f3n, por las cuales son distinguidas. Dif\u00edcilmente alguno de los restantes sermones de Gregorio son exposiciones directas de la Escritura, y por esta raz\u00f3n han sido adversamente criticados. Bousset, sin embargo, apunta con perfecta verdad que muchos de estos discursos realmente son no otra cosa sino h\u00e1biles entretejidos de textos de la Escritura, un profundo conocimiento de la cual es evidente desde cada l\u00ednea de ellos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las declaraciones de Gregorio para posicionarse como uno de los m\u00e1s grandes te\u00f3logos de la iglesia temprana est\u00e1n basadas, aparte de su reputaci\u00f3n entre sus contempor\u00e1neos, y el veredicto de la historia a su respecto, principalmente en los cinco grandes \u201cDiscursos Teol\u00f3gicos\u201d los cuales pronunci\u00f3 en Constantinopla en el curso del a\u00f1o 380. Al estimar la visi\u00f3n y el valor de estos famosos pronunciamientos, es necesario recordar cu\u00e1l era la condici\u00f3n religiosa de Constantinopla cuando Gregorio, ante la demandante instancia de Basilio, de muchos otros obispos, y de los adoloridos y cansados cat\u00f3licos de la capital oriental, fue all\u00ed mismo a sobrellevar la carga espiritual de los fieles. Fue menor como administrador, o como organizador, que como un hombre de una vida santa y de dones oracionales famoso a lo largo de la Iglesia Oriental, que fue pedido, y consentido, para asumir su dif\u00edcil misi\u00f3n; y tuvo que ejercitar esos dones al combatir no una sino numerosas herej\u00edas las cuales hab\u00edan estado dividiendo y desolando Constantinopla por muchos a\u00f1os. Arrianismo en cada forma y grado, incipiente, moderado, y extremo, fue desde luego el gran enemigo, pero Gregorio tambi\u00e9n tuvo que entrar la batalla contra la ense\u00f1anza Apolinaria, la cual negaba la humanidad de Cristo, as\u00ed como en contra de la tendencia cristiana -m\u00e1s tarde desarrollada en Nestorianismo- que distingu\u00eda entre el hijo de Mar\u00eda y el hijo de Dios como dos distintas y separadas personalidades.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Primero un santo, y despu\u00e9s con te\u00f3logo, el uno de sus primeros sermones en la Anastasia Gregorio insisti\u00f3 en el principio de referencia al tratar sobre los misterios de la fe (un principio enteramente ignorado por sus oponentes arrianos), y tambi\u00e9n en la pureza de vida y ejemplo que todo el que tratara con estos elevados asuntos deb\u00eda mostrar en la pr\u00e1ctica si es que su ense\u00f1anza iba a ser eficiente. En el primero y segundo de los cinco discursos desarrolla estos dos principios en cierta amplitud, demandando en un lenguaje de maravillosa belleza y fuerza la necesidad de que todo aquel que conociera a Dios correctamente llevara una vida sobrenatural, y se aproximara tan sublime al estudio con una mente pura y libre del pecado. El tercer discurso (sobre el Hijo) est\u00e1 dedicado a la defensa de la doctrina cat\u00f3lica de la Trinidad, y a la demostraci\u00f3n de su consistencia con la primitiva doctrina de la Unidad de Dios. La existencia externa del Hijo y del Esp\u00edritu est\u00e1 reafirmadas, junto con su dependencia en el Padre como origen o principio; y la divinidad del Hijo est\u00e1 argumentada desde la escritura contra los arrianos, cuyo malentendido de varios pasajes de la escritura es expuesta y refutada. En el cuarto discurso, sobre el mismo tema, la uni\u00f3n de la naturaleza de Dios y la naturaleza humana en Cristo encarnado es proclamada y luminosamente probada desde la Escritura y la raz\u00f3n. El quinto y \u00faltimo discurso (sobre el Esp\u00edritu Santo) est\u00e1 dirigido parcialmente en contra de la herej\u00eda macedonia, que negaba toda la divinidad del Esp\u00edritu Santo, y tambi\u00e9n en contra de aquellos que reduc\u00edan la Tercera Persona de la Trinidad a una mera energ\u00eda impersonal del Padre. Gregorio, en respuesta a la contienda de que la divinidad del Esp\u00edritu no est\u00e1 expresada en la Escritura, cita y comenta diversos pasajes que ense\u00f1an la doctrina por implicaci\u00f3n, a\u00f1adiendo que la completa manifestaci\u00f3n de esta gran verdad estaba planeada para ser gradual, siguiendo la revelaci\u00f3n de la divinidad del Hijo. Es de hacerse notar que Gregorio en este momento formula la doctrina de la Doble Procesi\u00f3n, aunque en esta luminosa exposici\u00f3n de la doctrina trinitaria hay muchos pasajes que parecen anticipar la m\u00e1s completa ense\u00f1anza del Quicumque vult. Ning\u00fan resumen, siquiera una traducci\u00f3n verbal y fiel, pueden dar alguna idea adecuada de la combinaci\u00f3n de sutileza y lucidez de pensamiento, ignorara belleza de expresi\u00f3n, de estos maravillosos discursos, en los cuales, como uno de sus cr\u00edticos franceses verdaderamente observa, Gregorio \u201cha sumado y cerrado la controversia de un siglo entero\u201d. La mejor evidencia de su valor y poder descansa en el hecho de que por catorce siglos han sido una veta de donde los m\u00e1s grandes te\u00f3logos de la cristiandad han sacado riquezas de sabidur\u00eda para ilustrar y sostener sus propias ense\u00f1anzas sobre los m\u00e1s profundos misterios de la Fe Cat\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  Acta SS.; Vidas prefijas a MIGNE, P.G. (1857) XXXV, 147-303; Lives of the Saints collected from Authentick Records (1729), II; BARONIUS, De Vita Greg. Nazianz. (Rome, 1760); DUCHESNE, Hist. Eccl., ed. BRIGHT (Oxford, 1893), 195, 201, etc.; ULLMAN, Gregorius v. Nazianz der Theologe (Gotha, 1867), tr. COX (Londone, 1851); BENOIT, Saint Greg. de Nazianze (Paris, 1876); BAUDUER, Vie de S. Greg. de Nazianze (Lyons, 1827); WATKINS in Dict. Christ. Biog., s. v. Gregorius Nazianzenus; FLEURY, Hist. Ecclesiastique (Paris, 1840), II, Bk. XVIII; DE BROGLIE, L&#8217;eglise et l&#8217;Empire Romain au IV siecle (Paris, 1866), V; NEWMAN, The arians of the Fourth Century (London, 1854), 214-227; IDEM, Church of the Fathers in Historical Sketches; BRIGHT, The Age of the Fathers (London, 1903), I, 408-461; PUSEY, The Councils of the Church A.D. 31 &#8211; A.D. 381 (Oxford, 1857), 276-323; HORE, Eighteen Centuries of the Orthodox Greek Church (London, 1899), 162, 164, 168, etc; TILLEMONT, Mem. Hist. Eccles., IX; MASON, Five Theolog. Discourses of Greg. of Nazianz. (Cambridge, 1899).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Hunter-Blair, Oswald. \u00abSt. Gregory of Nazianzus.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/07010b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Mauricio Villase\u00f1or Ter\u00e1n\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Su Vida 2 Composiciones Po\u00e9ticas 3 Ep\u00edstolas en Prosa 4 Discursos Su Vida Doctor de la Iglesia, nacido en Arianzo, en Asia Menor, c. 325; muri\u00f3 en el mismo lugar, 389. Fue el mayor de tres hijos de Gregorio, obispo de Nacianzo (329-374), en el suroeste de Capadocia, y de Nonna, una hija &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-gregorio-nacianceno\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSAN GREGORIO NACIANCENO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-25014","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25014","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25014"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25014\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25014"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25014"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25014"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}