{"id":25027,"date":"2016-02-05T16:58:23","date_gmt":"2016-02-05T21:58:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/papa-san-gregorio-vii\/"},"modified":"2016-02-05T16:58:23","modified_gmt":"2016-02-05T21:58:23","slug":"papa-san-gregorio-vii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/papa-san-gregorio-vii\/","title":{"rendered":"PAPA SAN GREGORIO VII"},"content":{"rendered":"<p>\n    (Hildebrando). <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno de los m\u00e1s grandes pont\u00edfices romanos y uno de los hombres m\u00e1s notables de todos los tiempos, naci\u00f3 entre los a\u00f1os 1020 y 1025, en Soana o Ravacum, en Toscana; muri\u00f3 el 25 de mayo de 1085 en Salerno<br \/>\nLos primeros a\u00f1os de su vida est\u00e1n envueltos en considerable oscuridad. Su nombre, Hildebrando (Hellebrand) \u2014 signific\u00f3 para los contempor\u00e1neos que le amaron \u201cuna brillante llama\u201d y para los que le odiaron, una se\u00f1al del infierno \u2013 parece indicar que su familia ten\u00eda conexiones lombardas, aunque m\u00e1s tarde tambi\u00e9n se relacion\u00f3 con su  ascendencia, fabulosa m\u00e1s bien, de la noble familia Aldobrandini.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No parece que haya razones para dudar de una carta de un abad contempor\u00e1neo que le llama vir de plebe indicando su origen humilde. En algunas cr\u00f3nicas se dice que su padre, Bonizo, era carpintero, en otras que campesino, aunque no hay evidencias. No se conoce el nombre de su madre. Lleg\u00f3 a Roma de muy tierna edad para ser educado en el monasterio de Santa mar\u00eda en el Aventino, del que era abad Lorenzo, su t\u00edo materno. El austero esp\u00edritu de Cluny dominaba en este claustro romano y no es improbable que el joven Hildebrando respirara aqu\u00ed los principios de reforma eclesi\u00e1stica de los que fue el m\u00e1s valiente exponente. Profes\u00f3 como monje benedictino en Roma (no en Cluny) en una temprana fecha de su vida, aunque no se sepa ni en qu\u00e9 casa ni en qu\u00e9 fecha entr\u00f3 en la orden. Como cl\u00e9rigo con \u00f3rdenes menores entr\u00f3 al servicio de Juan Graciano, Arcipreste de S. Juan de la Puerta Latina, y al ser Graci\u00e1n elevado al pontificado como Gregorio VI, fue su capell\u00e1n. En 1046 sigui\u00f3 a su patr\u00f3n a trav\u00e9s de los Alpes, al exilio, permaneciendo con Gregorio en Colonia  hasta la muerte del depuesto pont\u00edfice, en 1047, fecha en la que se retir\u00f3 a Cluny, residiendo all\u00ed durante m\u00e1s de un a\u00f1o.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En enero de 1049, en Besan\u00e7on, conoci\u00f3 a Bruno, obispo de Toul, reci\u00e9n elegido pont\u00edfice en Worms bajo el nombre de Le\u00f3n IX, y volvi\u00f3 con \u00e9l a Roma pero no antes de que Bruno, que hab\u00eda sido nombrado solamente por el emperador, hubiera expresado su intenci\u00f3n de someterse a la elecci\u00f3n formal de los cl\u00e9rigos y pueblo de Roma. Poco despu\u00e9s de acceso de Le\u00f3n  a la Sede fue nombrado cardenal-di\u00e1cono y administrador del Patrimonio de S. Pedro. Enseguida dio Hildebrando muestras de esa extraordinaria capacidad de administraci\u00f3n que m\u00e1s tarde caracteriz\u00f3 su gobierno de la Iglesia Universal. Bajo su en\u00e9rgica y capaz direcci\u00f3n, la propiedad de la Iglesia, que \u00faltimamente hab\u00eda sido desviada a manos de la nobleza romana y de los normando, se recuper\u00f3  y las rentas de la Santa Sede, cuyo tesoro hab\u00eda sido agotado, aument\u00f3 r\u00e1pidamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le\u00f3n IX tambi\u00e9n le nombr\u00f3  propositus o promisor (no abad) de monasterio de S. pablo Extramuros. La violencia de las bandas sin ley que pululaban por la campi\u00f1a hab\u00eda tra\u00eddo una gran miseria a tan venerable establecimiento. La disciplina mon\u00e1stica se hab\u00eda relajado tanto que los monjes, en el refectorio, eran servidos por mujeres y los edificios sagrados estaban tan abandonados que las ovejas y el ganando campaban a su antojo por el interior de las puertas rotas. Hildebrando logr\u00f3 restaurar la regla antigua de la abad\u00eda y las antiguas observancias con rigurosas reformas y sabia administraci\u00f3n; y a lo largo de su vida siempre manifest\u00f3 su profunda ligaz\u00f3n con esa famosa casa a la que con su energ\u00eda hab\u00eda salvado de la ruina y de la decadencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1054 fue enviado a Francia como delegado papal para examinar la causa de Berengario. Mientras estaba en Tour supo de la muerte de Le\u00f3n IX y volviendo r\u00e1pidamente a Roma, supo que el clero y la plebe quer\u00edan elegirle a \u00e9l, que hab\u00eda sido el mejor amigo y consejero de Le\u00f3n, como su sucesor. Hildebrando se resisti\u00f3 a la propuesta de del romanos y sali\u00f3 para Alemania a la cabeza de una embajada para implorar al emperador un nombramiento. Las negociaciones, que duraron once meses, resultaron en la selecci\u00f3n del candidato de Hildebrando, Gebhard, obispo de Eichstadt, que fue consagrado en Roma el 13 de abril de 1055 con el nombre de V\u00edctor II.  Durante su pontificado, el cardenal\u2013subdi\u00e1cono mantuvo e increment\u00f3 la ascendencia que hab\u00eda adquirido gracias a su extraordinaria capacidad de mando, adquirida durante el pontificado de Le\u00f3n IX. A finales del a\u00f1o 1057 volvi\u00f3 una vez m\u00e1s a Alemania a reconciliar a la Emperatriz\u2013regente In\u00e9s y su corte por la (meramente) can\u00f3nica elecci\u00f3n  del papa Esteban X (057-1058).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan no hab\u00eda completado su misi\u00f3n cuando Estaban muri\u00f3 en Florencia y aunque el moribundo papa hab\u00eda prohibido que eligieran a nadie antes de la vuelta de Hildebrando, la facci\u00f3n tusculana aprovech\u00f3 la oportunidad para colocar a un miembro de la familia de Crescencio, Juan Mincius, obispo de Valletri, bajo el t\u00edtulo de Benedicto X. Pero con habilidosa maestr\u00eda, Hildebrando logr\u00f3 derrotar al partido hostil y asegur\u00f3 la elecci\u00f3n de Gerardo, obispo de Florencia, borgo\u00f1\u00f3n nacimiento, que asumi\u00f3 el nombre de Nicol\u00e1s II (1059-1061).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las dos transacciones m\u00e1s importantes de este pontificado &#8211; el celebrado decreto de elecci\u00f3n que asignaba el poder de elecci\u00f3n de los papas al colegio de cardenales y la alianza con los normandos, asegurada por el tratado de Meifi, 1059, fueron en gran medida m\u00e9rito de Hildebrando, cuyo poder e influencia era ahora supremo en Roma. Quiz\u00e1s fue inevitable que el nuevo decreto sobre la elecci\u00f3n papal encontrara dificultades y al morir Nicol\u00e1s II  en 1061, el conflicto se declar\u00f3. Pero cuando termin\u00f3, tras varios a\u00f1os de cisma, el partido imperial con su antipapa Cadolus hab\u00eda quedado desconcertado y el candidato de Hildebrando y del partido reformista, Anselmo de Baggio, fue entronizado en el Palacio luterano como Alejandro II. En 1059 Hildebrando hab\u00eda sido elevado a la dignidad y oficio de Archidi\u00e1cono de la Santa Iglesia Romana, y Alejandro II le hizo ahora Canciller de la Sede Apost\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alejandro II muri\u00f3 el 21 de abril de 1073. Hab\u00eda llega el tiempo para Hildebrando, que durante m\u00e1s de 20 a\u00f1os hab\u00eda sido la figura m\u00e1s prominente de la Iglesia y el instrumento de la elecci\u00f3n de dirigentes, que hab\u00eda dado inspirado y dedo un prop\u00f3sito a su pol\u00edtica y que hab\u00eda estado desarrollando y llevando a cabo su soberan\u00eda y pureza, de que asumiera en su persona la majestad y responsabilidad de ese poder exaltado que su genio hab\u00eda dirigido durante tanto tiempo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente de la muerte de Alejandro II, mientras se celebraban en la Bas\u00edlica Lateranense las exequias por el pont\u00edfice difunto, surgi\u00f3 de repente un enorme griter\u00edo de la multitud del pueblo y clero de Roma \u00a1Qu\u00e9 Hildebrando sea papa! \u00a1S. Pedro ha elegido al archidi\u00e1cono Hildebrando! Toda oposici\u00f3n del archidi\u00e1cono result\u00f3 in\u00fatil, sus protestas fueron vanas. M\u00e1s tarde, aquel mismo d\u00eda, Hildebrando fue llevado a la iglesia de S. Pedro in Vinculi y elegido all\u00ed, de forma legal, por los cardenales reunidos, con el debido consentimiento del clero romano y entre repetidas aclamaciones de la gente. No parece probable que este arranque del clero y del pueblo a favor de Hildebrando fuera el resultado de acuerdos previos, como a veces se afirma. Hildebrando era el hombre de aquella hora. Su austera virtud impon\u00eda respeto y su genio, admiraci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La prontitud y unanimidad en su elecci\u00f3n indicar\u00eda, m\u00e1s bien, un reconocimiento general de su preparaci\u00f3n para el puesto. En el decreto de elecci\u00f3n  los que le hab\u00edan elegido como pont\u00edfice le proclamaban \u201cun hombre devoto, un hombre poderoso en conocimiento humano y divino, un distinguido amante de la equidad y la justicia, un hombre firme en la adversidad y templado en la prosperidad, un hombre,  seg\u00fan el dicho del Ap\u00f3stol, de buen comportamiento, sin culpa, modesto, sobrio, casto, dado a la hospitalidad y uno que gobierna bien su propia casa; un hombre educado desde su tierna infancia en el regazo de la Madre Iglesia y por el m\u00e9rito de su vida ya elevado a la dignidad archidiaconal\u201d. \u201cElegimos entonces, dice a la gente, \u201ca nuestro Archidi\u00e1cono Hildebrando para papa y sucesor del Ap\u00f3stol, y para que lleve desde ahora en adelante el nombre de Gregorio\u201d (22 de abril, 1703), Mansi, \u00abConciliorum Collectio\u00bb, XX, 60. \u00e7\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puesto que el decreto de Nicol\u00e1s II reconoc\u00eda expresa, si bien vagamente, el derecho del emperador a tener voz en la elecci\u00f3n papal, Hildebrando pospuso la ceremonia de su consagraci\u00f3n hasta haber recibido la sanci\u00f3n real. Al enviar a Enrique IV de Alemania el anuncio formal de su elevaci\u00f3n, aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n  para indicar francamente la actitud  que estaba dispuesto a asumir como soberano pont\u00edfice en el trato con los pr\u00edncipes cristianos y con una nota grave de aviso personal suplic\u00f3 al rey que se abstuviera. Los obispos alemanes  temerosos de la severidad con la que un hombre como Hildebrando llevar\u00eda a cabo los decretos de reforma intentaron prevenir al rey para que no asintiera a la elecci\u00f3n. Pero con el informe favorable del Conde Eberhard de Nettenburg que hab\u00eda sido enviado a Roma para hacer valer los derechos de la corona, Enrique dio su aprobaci\u00f3n (result\u00f3 ser la \u00faltima vez en la historia de la elecci\u00f3n papal que era ratificada por un emperador) y el nuevo papa entretanto fue ordenado de sacerdote y consagrado solemnemente en la fiesta de los santos Pedro y Pablo , el 29 de junio de 1703. Al asumir el nombre de Gregorio VII no solamente honraba a su protector Gregorio VI sino que tambi\u00e9n proclamaba ante el mundo la legitimidad de su t\u00edtulo pontificio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De las cartas que Gregorio envi\u00f3 a sus amigos poco despu\u00e9s de ser elegido implorando sus oraciones y pidiendo su simpat\u00eda y apoyo, se deduce con claridad que asumi\u00f3 la carga del pontificado, que le hab\u00eda sido impuesto, solamente con la mayor reticencia y no sin una gran lucha interior. A Desiderio abad de Monte Casino le habla con terror por su elevaci\u00f3n, utilizando las palabras del salmista\u201d He llegado a aguas profundas y la corriente me arrastra\u201d. \u201cintrepidez y temblores han venido sobre m\u00ed y la oscuridad me cubre\u201d. Y en vista de la espantosa naturaleza de la tarea que ten\u00eda ante s\u00ed (nadie ten\u00eda una m\u00e1s clara percepci\u00f3n de las dificultades que \u00e9l mismo)  no puede parecer extra\u00f1o que hasta su intr\u00e9pido esp\u00edritu estuviera abrumado en ese momento. Porque en el momento de la elevaci\u00f3n de Gregorio, el mundo cristiano estaba en una condici\u00f3n deplorable. Durante la desoladora era de la transici\u00f3n  &#8212; ese terrible per\u00edodo de guerras y rapi\u00f1a, violencia y corrupci\u00f3n en los altos lugares, que sigui\u00f3 inmediatamente a la disoluci\u00f3n del imperio carolingio, per\u00edodo en el que la sociedad en Europa y todas las instituciones existentes parec\u00edan condenadas  a ruina y destrucci\u00f3n \u2013 la Iglesia no hab\u00eda sido capaz de escapar de la degradaci\u00f3n general. El siglo d\u00e9cimo, quiz\u00e1s el m\u00e1s triste en los anales cristianos, se caracteriza, seg\u00fan la v\u00edvida descripci\u00f3n de Baronio de que Cristo dorm\u00eda mientras el barco de la Iglesia naufragaba.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la elecci\u00f3n de Le\u00f3n IX, en 1049, seg\u00fan el testimonio de S, bruno, obispo de Sengi, todo el mundo yac\u00eda en la maldad, la santidad hab\u00eda desaparecido, la justicia hab\u00eda perecido y la verdad hab\u00eda sido enterrada; Sim\u00f3n el mago dominaba la iglesia, cuyos obispos y sacerdotes estaban entregados a la lujuria y la fornicaci\u00f3n\u201d (Vita S. Leonis PP. IX in Watterich, Pont. Roman, Vitae, I, 96). S. Pedro Dami\u00e1n, el censor m\u00e1s severo de su tiempo hace una descripci\u00f3n de la decadencia de la moral clerical en su \u00abLiber Gomorrhianus\u00bb (Libro de Gomorra). Aunque concedamos alguna licencia al estilo exagerado y ret\u00f3rico &#8212; un estilo com\u00fan a todos los censores de la moralidad \u2013 la evidencia derivada de otras fuentes justifica la creencia de que la corrupci\u00f3n  estaba extendida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al escribir a su venerado amigo el abad Hugo de Cluny (enero 1075) el mismo Gregorio lamenta el infeliz estado de la iglesia en los siguientes t\u00e9rminos:\u201d La iglesia oriental ha perdido la fe y est\u00e1 ahora siendo asaltada por todas partes por infieles. A cualquier parte que vuelvo mis ojos \u2013 al oeste, el norte o al sur \u2013 encuentro obispos que han conseguido su oficio de una forma irregular, cuyas vidas y conversaci\u00f3n est\u00e1n extra\u00f1amente en desacuerdo con su sagrada llamada y cumplen sus obligaciones no por el amor de Cristo sino por motivos de ganancias mundanas.. Ya no hay pr\u00edncipes que pongan por delante el honor de Dios antes que sus fines ego\u00edstas o que permitan que la justicia se oponga a su ambici\u00f3n\u2026Y aquellos entre los que vivo \u2013 romanos , lombardos y normandos \u2013 son , como con frecuencia les he dicho, peores que los jud\u00edos o los paganos (Greg. VII, Registr., 1.II, ep. xlix).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero fueran los que fueran los sentimientos y ansiedades que Gregorio pudiera haber tenido al aceptar el peso del papado, en un tiempo en que los esc\u00e1ndalos y abusos aparec\u00edan pro todas partes, el pont\u00edfice, no sinti\u00f3 miedo ni vacilaci\u00f3n alguna cumpliendo con su deber en la realizaci\u00f3n de la reforma ya empezada por sus predecesores. Una vez asegurado en el trono apost\u00f3lico, Gregorio hizo todos los esfuerzos para desterrar de la iglesia los dos males que la consum\u00edan en esa \u00e9poca, la simon\u00eda y la incontinencia clerical, y, con la energ\u00eda y vigor que le caracterizaba, trabaj\u00f3 incesantemente  para asegurar los principios que \u00e9l cre\u00eda que estaban ligados inseparablemente del bienestar de la iglesia de Cristo y de la regeneraci\u00f3n de la misma sociedad. Su primera preocupaci\u00f3n, naturalmente, fue asegurarse su posici\u00f3n en Roma. Para ello viaj\u00f3 al sur de Italia, unos meses tras su elecci\u00f3n, y cerr\u00f3 tratados con Landolfo de Benevento, Ricardo de Capun y Gisolfo de Salerno, por los que esos pr\u00edncipes se compromet\u00edan a defender a la persona del papa y la propiedad de la Santa Sede y nunca investir a nadie con un beneficio eclesi\u00e1stico sin la sanci\u00f3n papal.<br \/>\nEl l\u00edder normando Robert Guiscard, sin embargo, mantuvo una actitud de desconfianza hacia el papa y en el S\u00ednodo de Cuaresma (1075) Gregorio lo excomulg\u00f3 solemnemente por su sacr\u00edlega invasi\u00f3n del territorio de la Santa Sede (Capun y Benevento).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante el a\u00f1o 1704 la mente del papa estuvo muy ocupada por el proyecto de una expedici\u00f3n a oriente para librar a los cristianos orientales de la opresi\u00f3n de los turcos seli\u00facidas. Para promover la causa de la cruzada y realizar, si era posible, una reuni\u00f3n entre las iglesias orientales y occidentales \u2013 el emperador Miguel VIII en su carta a Gregorio VII de 1703, hab\u00eda dado esperanzas en este sentido \u2013 el pont\u00edfice envi\u00f3 al patriarca de Venecia a Constantinopla como su legado. Escribi\u00f3 a los pr\u00edncipes cristianos para que reunieran las fuerzas de la cristiandad occidental para la defensa del este cristiano y en marzo de 1704 envi\u00f3 una carta circular a todos los fieles exhort\u00e1ndoles a ir en ayuda de sus hermanos orientales. Pero el proyecto hall\u00f3 mucha indiferencia y hasta oposici\u00f3n y como el mismo Gregorio se vio enseguida envuelto en complicaciones por todas partes que reclamaban todas sus energ\u00edas, no pudo realizar sus intenciones y la expedici\u00f3n qued\u00f3 en nada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las relaciones de Gregorio con el joven monarca alem\u00e1n al principio de su pontificado eran pac\u00edficas. Enrique, que entonces estaba amenazado por los sajones, hab\u00eda escrito al papa en septiembre de 1073 en un tono de humilde deferencia, reconociendo su pasada mala conducta y expresando pesar por sus numerosas fechor\u00edas \u2013 invasi\u00f3n de propiedades de la iglesia, promoci\u00f3n simon\u00edaca de personas indignas, negligencia en castigar a los malhechores \u2013 prometi\u00f3 corregirse en el futuro, profes\u00f3 sumisi\u00f3n a la Santa Sede en un lenguaje m\u00e1s amable que el que hab\u00edan empleado sus predecesores con el Pont\u00edfice de Roma, y expres\u00f3 la esperanza de que los poderes real y sacerdotal, unidos por la necesidad de mutua ayuda, permanecieran indisolublemente unidos en adelante. Pero el apasionado y voluntarioso rey no mantuvo mucho tiempo estos sentimientos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gregorio comenz\u00f3 con admirable discernimiento su gran tarea de purificar la Iglesia con una reforma del clero. En su primer s\u00ednodo cuaresmal (marzo, 1704), emiti\u00f3 los siguientes decretos:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tQue los cl\u00e9rigos que hab\u00edan obtenido con dinero cualquier grado, oficio u \u00f3rdenes sagradas cesen inmediatamente como ministros de la iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tQue nadie que hubiera comprado una iglesia la retuviera y que a nadie se le permitiera en el futuro comprar o vender derechos eclesi\u00e1sticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tQue todos los culpables de incontinencia dejasen de ejercer su sagrado ministerio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tQue la gente rechazara el ministerio de los cl\u00e9rigos que no obedeciesen estos mandatos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Decretos similares hab\u00edan sido emitidos por papas y concilios anteriores. Clemente II, Le\u00f3n IX, Nicol\u00e1s II y Alejandro II hab\u00edan renovado las leyes disciplinarias antiguas y hecho esfuerzos  para que se cumplieran. Pero encontraron vigorosa resistencia y s\u00f3lo tuvieron \u00e9xitos parciales. Sin embargo la promulgaci\u00f3n de las medidas de Gregorio en este momento provoc\u00f3 una violenta tormenta de oposici\u00f3n por toda Italia, Alemania y Francia. Y las razones de esta oposici\u00f3n por parte de una gran cantidad de cl\u00e9rigos inmorales y simon\u00edacos no son dif\u00edciles de encontrar. Mucho de lo conseguido por la reforma hasta ahora se hab\u00eda conseguido principalmente por los esfuerzos de Gregorio. T todas la naciones hab\u00edan conocido la fuerza de su voluntad y el poder de su dominante personalidad. Su car\u00e1cter, por consiguiente, era suficiente garant\u00eda de que su legislaci\u00f3n no acabar\u00eda en letra muerta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Alemania en particular se levant\u00f3 un sentimiento de intensa indignaci\u00f3n por los decretos de Gregorio. El conjunto de los cl\u00e9rigos casados ofrecieron la m\u00e1s firme resistencia y declararon que el canon que impon\u00eda el celibato no encontraba aval en la Escritura. En apoyo de su postura apelaban a las palabras del Ap\u00f3stol Pablo en I Cor.,vii, 2 y 9: \u201c es mejor casarse que abrasarse\u201d; y I Tim., iii,2: Conviene que el obispo sea irreprensible, var\u00f3n de una sola mujer\u201d Citaban tambi\u00e9n la palabras de Cristo en Mat. xix,11: \u201c No todos los hombres entienden \u00e9stas palabras, sino aquellos a quienes les es dado\u201d y recurr\u00edan al discurso del obispo egipcio Paphnutius en el Concilio de Nicea. En N\u00fcremberg le dijeron al legado papal que prefer\u00edan renunciar a su sacerdocio que a sus esposas y que aquel que cre\u00eda que los hombres no eran suficientemente buenos para presidir las iglesias que buscara \u00e1ngeles para que lo hicieran. Sigfrido, Arzobispo de Maguncia y Primado de Alemania, trat\u00f3 de contemporizar cuando fue obligado a promulgar los decretos, y dio seis meses a sus cl\u00e9rigos para que lo pensaran. La orden permaneci\u00f3 sin efecto, naturalmente, tras ese per\u00edodo y tampoco pudo conseguir nada en un s\u00ednodo celebrado en Erfurt en octubre de 1704.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Altmann, el en\u00e9rgico obispo de Nassau, casi pierde la vida por publicar esas medidas, pero se adhiri\u00f3 firmemente a las instrucciones del pont\u00edfice. La gran mayor\u00eda de obispos recibieron las instrucciones con manifiesta indiferencia y algunos desafiaron abiertamente al papa. Otto de Constanza que hab\u00eda tolerado antes el matrimonio de sus cl\u00e9rigos, ahora lo sancion\u00f3 formalmente. En Francia la excitaci\u00f3n no era menor que en Alemania. Un concilio en Paris en 1704 conden\u00f3 los decretos romanos, porque implicaba que la validez de los sacramentos depend\u00eda de la santidad del ministro y los declar\u00f3 intolerables e irracionales. Juan, Arzobispo de Ru\u00e1n, fue apedreado y tuvo que salir huyendo para salvar la vida, cuando trataba de hacer cumplir el canon del celibato en un s\u00ednodo provincial. Walter, abad de Pontoise, que trat\u00f3 de defender los decretos papales encarcelado y amenazado de muerte. En un concilio en Burgos, Espa\u00f1a, el legado papal fue insultado y ultrajado en su dignidad. Pero el celo de Gregorio no cedi\u00f3. Hizo seguimiento de sus decretos enviando legados a todas partes con atribuciones para deponer a los eclesi\u00e1sticos inmorales y simon\u00edacos. Estaba claro que las causas de la simon\u00eda y de la incontinencia entre el clero estaban muy unidas y que la propagaci\u00f3n de la \u00faltima solo pod\u00eda ser reprimida con la erradicaci\u00f3n de la primera. Enrique IV hab\u00eda fallado en hacer efectivas las promesas hechas en su carta penitente al nuevo pont\u00edfice. Cuando logr\u00f3 subyugar a Sajones y Turingios, depuso a los obispos sajones y los remplaz\u00f3 por criaturas suyas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1705 un s\u00ednodo en Roma excomulgaba a \u201ccualquier persona, aunque fuera emperador o rey, que confiriera una investidura de un oficio eclesi\u00e1stico\u201d, y Gregorio, reconociendo la futilidad de medidas m\u00e1s suaves, depuso a los prelados simon\u00edacos nombrados por Enrique, anatematiz\u00f3 a varios consejeros imperiales y cit\u00f3 al mismo emperador para que se presentase en Roma en 1706 para responder de su conducta ante un concilio. A esto contest\u00f3 Enrique reuniendo con sus seguidores una Dieta en Worms en enero de 1706, que defendi\u00f3 a Enrique contra los cargos papales, acus\u00f3 al pont\u00edfice de los m\u00e1s horribles cr\u00edmenes y lo declar\u00f3 depuesto. Estas decisiones fueron aprobadas unas pocas semanas despu\u00e9s por dos s\u00ednodos de los obispos lombardos en Piacenza y Pav\u00eda respectivamente y se envi\u00f3 un mensajero con la respuesta que portaba una carta personal de Enrique, muy ofensiva para el papa. Gregorio ya no dud\u00f3: reconociendo que la fe cristiana deb\u00eda ser preservada y la marea de inmoralidad cortada de ra\u00edz a toda costa y viendo que no pod\u00eda evitar el por el cisma del emperador y por la violaci\u00f3n de sus promesas solemnes, excomulg\u00f3 a Enrique  y a todos los eclesi\u00e1sticos que le apoyaban y libr\u00f3 a sus s\u00fabditos del juramento de fidelidad de acuerdo con los procedimientos pol\u00edticos usuales de la \u00e9poca.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La posici\u00f3n de Enrique era ahora precaria. Al principio, sus seguidores le animaron a resistir, pero sus amigos, incluso sus c\u00f3mplices en el episcopado, comenzaron a abandonarle, mientras los Sajones se rebelaban una vez m\u00e1s exigiendo un nuevo rey. En una reuni\u00f3n de los Se\u00f1ores alemanes, tanto espirituales como temporales, que tuvo lugar en Tibur, en octubre de 1076, se especul\u00f3 con la elecci\u00f3n de un nuevo emperador. Al saber por el legado papal el deseo de Gregorio de que, si era posible, se mantuviese a Enrique en el trono, la asamblea se content\u00f3 de momento con hacer saber al emperador que se abstuviese de la administraci\u00f3n de los asuntos p\u00fablicos y que evitase la compa\u00f1\u00eda de los que hab\u00edan sido excomulgados y declararon su corona retenida como prenda durante un a\u00f1o para que en ese tiempo se reconciliara con el papa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se acord\u00f3 adem\u00e1s invitar a Gregorio a un concilio en Ausgburgo en febrero siguiente, al que se citaba a Enrique para que se presentase. Abandonado por los suyos y temiendo por su trono, Enrique huy\u00f3 en secreto con su mujer, su hijo y un criado para mostrar su sumisi\u00f3n a Gregorio. Cruz\u00f3 los Alpes en medio de uno de los peores inviernos que se recuerdan. Al llegar a Italia, los italianos se acercaban a \u00e9l prometi\u00e9ndole ayuda contra el papa, pero Enrique despreci\u00f3 sus ofrecimientos. Gregorio iba ya de camino a Ausgburgo y temiendo una traici\u00f3n, se retir\u00f3 al castillo de Canossa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta all\u00ed le sigui\u00f3 Enrique, pero el pont\u00edfice, recordando sus traiciones anteriores, lo trat\u00f3 con extrema severidad. Quit\u00e1ndose sus vestiduras reales, vestido como un penitente y pisando hielo y nieve con los pies desnudos, rogaba ser admitido a la presencia del papa. Permaneci\u00f3 todo el d\u00eda a las puertas de la ciudadela, ayunando y expuesto a la inclemencia del fr\u00edo invernal, sin lograr ser admitido. Un segundo y un tercer d\u00eda permaneci\u00f3 disciplin\u00e1ndose, hasta que finalmente, el 28 de enero de 1087, fue recibido por el pont\u00edfice y absuelto de toda censura, con la condici\u00f3n de que se presentara y se sometiera a las decisiones del concilio que se iba a celebrar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Enrique volvi\u00f3 a Alemania, aunque la severa lecci\u00f3n no logr\u00f3 mejora radical alguna en su conducta. Disgustados por su inconsistencia y deshonestidad, los pr\u00edncipes alemanes eligieron a Rodolfo de Swabia el 15 de marzo de 1077, para que le sucediera. Gregorio intent\u00f3 permanecer neutral hasta que se llegara a un compromiso entre las partes. Pero ambas partes estaban insatisfechas e impidieron que se celebrara el concilio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras tanto, la conducta de Enrique para con el papa se caracterizaba por una gran duplicidad y lleg\u00f3 hasta amenazar con crear un antipapa. Gregorio renov\u00f3 en 1080 la sentencia de excomuni\u00f3n contra \u00e9l. En Junio de 1080, en Brixen, el rey y sus obispos feudales, ayudados por los lombardos, llevaron a cabo la amenaza y pusieron un antipapa, Gilberto, arzobispo de Ravena, simoniaco y excomulgado, con el nombre de Clemente III. En la batalla de Mersburg en 1080, cay\u00f3 herido mortalmente Rodolfo de Swabia y Enrique pudo concentrar todas sus fuerzas contra Gregorio. En 1081 march\u00f3 hacia Roma, pero no pudo tomarla hasta 1084. Gregorio entonces se retir\u00f3 al exilio de Sant \u00b4Angelo, rehusando hacer caso a los intentos de Enrique, aunque \u00e9ste prometi\u00f3 entregarle a Gilberto como prisionero, si el papa consent\u00eda en coronarle como emperador. Gregorio insisti\u00f3 en que antes Enrique deb\u00eda aparecer ante un concilio y hacer penitencia. El emperador, fingiendo someterse a sus t\u00e9rminos, intentaba evitar al mismo tiempo que se reunieran los obispos. Sin embargo un peque\u00f1o n\u00famero logr\u00f3 juntarse y de acuerdo con sus deseos, Gregorio excomulg\u00f3 de nuevo a Enrique, quien al saberlo entr\u00f3 de nuevo en Roma el 21 de marzo de 1084. Gilberto fue consagrado papa y a su vez coron\u00f3 a Enrique como emperador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo Roberto Guiscard, duque de Normand\u00eda, que hab\u00eda formado alianza con Gregorio, estaba ya marchando sobre la ciudad. Enrique, al saberlo, huy\u00f3 a Citta Castellana. El pont\u00edfice fue liberado pero la gente estaba cansada de los excesos de sus aliados normandos y fue obligado a abandonar Roma. Desilusionado y doliente se retir\u00f3 a Monte Cassino y despu\u00e9s al castillo de Salerno, junto al mar, donde muri\u00f3 al a\u00f1o siguiente. Tres d\u00edas antes de su muerte levant\u00f3 todas las censuras de excomuni\u00f3n que hab\u00eda pronunciado, excepto las de los principales culpables, Enrique y Gilberto. Sus \u00faltimas palabras fueron: \u201cAm\u00e9 la justicia y odi\u00e9 la iniquidad, por ello muero en el exilio\u201d Su cuerpo fue enterrado en la iglesia de S. Mateo de Salerno. Fue beatificado por Gregorio XIII en 1584, y canonizado en 1725 por Benedicto XIII.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus escritos tratan principalmente de los principios y pr\u00e1ctica del gobierno de la iglesia. Se pueden encontrar bajo el t\u00edtulo \u00abGregorii VII registri sive epistolarum libri\u00bb en Mansi, \u00abSacrorum Conciliorum nova et amplissima collectio\u00bb (Florence, 1759) y \u00abS. Gregorii VII epistolae et diplomata\u00bb por Horoy (Paris, 1877).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h3>Bibliograf\u00eda<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">ALZOG, Universal Church History, tr., II (Dublin, 1900), 321, 343-67; HASS, History of the Popes (Tubingen, 1792); IDEM, Vindication of Gregory VII (Pressburg, 1786); BARRY, The Papal Monarchy (New York, 1902), 190-232; BOWDEN, Life and Pontificate of Gregory VII (London, 1840); VOIGT, Hildebrand, als Papst Gregorius VII., und sein Zeitalter, aus den Quellen bearbeitet (Weimar, 1846), French tr. (Paris, 1854); LILLY, Work of Gregory VII, the turning-point of the Middle Ages in Contemporary Review (1882), XLII, 46,237; MONTALEMBERT, St. Gregoire VII, moine et pape in La Correspondant (1874), B, LXIII, 641, 861, 1081, tr. in The Month (1875), C, V, 370, 502 sqq., VI, 104, 235, 379 sqq.; ROCQUAIN, La puissance pontificate sous Gregoire VII in Cpte. rendu acad. scien. mor.-polit. (1881), F,XV, 315-50; DE VIDAILLON, Vie de Gregoire VII (Paris, 1837); DAVIN, St. Gregoire VII (Tournai, 1861); DULARC, Gregoire VII et la reforme de l&#8217;Eglise au Xie siecle (Paris, 1889); GFORORER, Papst Gregorius VII, und sein Zeitalter (Schaffhausen, 1859-61); Acta SS., May, VI, 102-13, VII, 850; MABILLON, Acta SS. O.S.B. (1701), VI, ii, 403-6; MANSI, Sacrorum conciliorum nova et amplissima collectio (Florence, 1759-1798), XX, 60-391; BRISCHAR in Kirchenlexicon, s. v. Gregor VII.; CASOLI, La vita di papa Sn Gregorio VII (Bologna, 1885); Anal. Boll. (1892), XI, 324-6; WATTERICH, Pontificum Roman, vitoe exeunte soeculo IX ad finem soeculi XIII. ab oequalibus conscriptoe (Braunsberg, 1864); HEFELE, Gregor VII. und Heinrich IV. zu Canossa in Theolog. Quartalschr. (Tubingen, 1861).,XLIII, 3- 36; IDEM, Hist. concil., V, 1-166; JAFFE, Bibl. rer. German., II (1865), 1-9, 520; IDEM, Reg. pont. Roman, (1851), 379, 384, 389, 402-43, 949; Centenario di papa S. Gregorio VII in Civilta cattolica (1873), H, X, 428-45;Centenary of Gregory VII at Canossa in Dublin Review, LXXXIII (London, 1878), 107; GIRAUD, Gregoire VII et son temps in Revue des deux mondes, CIV, 437-57, 613-45; CV, 141-74; Gregory VII and Sylvester II in Dublin Review, VI (London, 1839), 289. See also HERGENROTHER-KIRSCH, Kirchengeschichte; and GORINI, Defense de l&#8217;eglise contre les erreurs historiques de MM. Guizot, Aug. et Am. Thierry, Michelet, Ampere, etc., III (Lyons, 1872), 177-307.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Oestereich, Thomas. \u00abPope St. Gregory VII.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 6. New York: Robert Appleton Company, 1909.<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/06791c.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Pedro Royo\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Hildebrando). Uno de los m\u00e1s grandes pont\u00edfices romanos y uno de los hombres m\u00e1s notables de todos los tiempos, naci\u00f3 entre los a\u00f1os 1020 y 1025, en Soana o Ravacum, en Toscana; muri\u00f3 el 25 de mayo de 1085 en Salerno Los primeros a\u00f1os de su vida est\u00e1n envueltos en considerable oscuridad. Su nombre, Hildebrando &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/papa-san-gregorio-vii\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPAPA SAN GREGORIO VII\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-25027","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25027","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25027"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25027\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25027"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25027"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25027"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}