{"id":25102,"date":"2016-02-05T17:01:14","date_gmt":"2016-02-05T22:01:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hebraismo-e-iglesia-las-raices-del-antijudaismo-en-los-ambientes-cristianos\/"},"modified":"2016-02-05T17:01:14","modified_gmt":"2016-02-05T22:01:14","slug":"hebraismo-e-iglesia-las-raices-del-antijudaismo-en-los-ambientes-cristianos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hebraismo-e-iglesia-las-raices-del-antijudaismo-en-los-ambientes-cristianos\/","title":{"rendered":"HEBRAISMO E IGLESIA: LAS RAICES DEL ANTIJUDAISMO EN LOS AMBIENTES CRISTIANOS"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Se\u00f1ores cardenales, queridos hermanos en el Episcopado, queridos amigos:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n1. Me complace recibiros en el curso de vuestro encuentro sobre las ra\u00edces del antisemitismo. Saludo especialmente al Sr. cardenal Roger Etchegaray, Presidente del Comit\u00e9 del Gran Jubileo del a\u00f1o 2000, que preside vuestras trabajos. Os agradezco a todos el haber consagrado estas jornadas a un estudio teol\u00f3gico de gran importancia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nVuestro coloquio se inscribe en la preparaci\u00f3n del Gran Jubileo para el cual he invitado a los hijos de la Iglesia a hacer balance sobre el pasado milenio, y especialmente de nuestro siglo, en el esp\u00edritu de un necesario \u00abexamen de conciencia\u00bb, a las puertas de lo que debe ser un tiempo de conversi\u00f3n y de reconciliaci\u00f3n (Cf.Tertio millennio adveniente, nn. 27-35).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nEl prop\u00f3sito de vuestro simposio es la correcta interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica de las relaciones de la Iglesia de Cristo con el pueblo jud\u00edo, a las que la declaraci\u00f3n conciliar Nostra Aetate puso las bases y sobre las que, en el ejercicio de mi magisterio, he tenido personalmente la ocasi\u00f3n de intervenir en varias ocasiones. De hecho, en el mundo cristiano -no digo por parte de la Iglesia en cuanto tal- han circulado durante mucho tiempo err\u00f3neas e injustas interpretaciones del Nuevo Testamento relativas al pueblo jud\u00edo y a su supuesta culpa, engendrando sentimientos de hostilidad respecto a este pueblo. Tambi\u00e9n contribuyeron a adormecer muchas conciencias, de modo que, cuando se extendi\u00f3 por Europa la ola de persecuciones inspiradas por un antijuda\u00edsmo pagano, que, en su esencia era al mismo tiempo un anticristianismo, junto a cristianos que hicieron de todo para salvar a los perseguidos hasta arriesgar su vida, la resistencia espiritual de muchos no fue la que la humanidad ten\u00eda el derecho de esperar de parte de los disc\u00edpulos de Cristo. Vuestra l\u00facida mirada sobre el pasado, con vistas a una purificaci\u00f3n de la memoria, es particularmente oportuna para mostrar claramente que el antisemitismo no tiene ninguna justificaci\u00f3n y es absolutamente condenable.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nVuestros trabajos completan la reflex\u00ed\u00f3n realizada especialmente por la Comisi\u00f3n para las Relaciones religiosas con el Juda\u00edsmo, reflexi\u00f3n que desemboc\u00f3, entre otras, en las Orientaciones del 1 de diciembre de 1974 y en las Notas para una correcta presentaci\u00f3n de los jud\u00edos y del Juda\u00edsmo en la predicaci\u00f3n y la catequesis de la Igelsia Cat\u00f3lica del 24 de junio de 1985. Aprecio el hecho de que la investigaci\u00f3n de car\u00e1cter teol\u00f3gico realizada por vuestro Simposio est\u00e9 presidida por un gran rigor cient\u00edfico, en la convicci\u00f3n de que servir a la verdad es servir a Cristo mismo y a su Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n2. El Ap\u00f3stol Pablo, como conclusi\u00f3n a los cap\u00edtulos de la Carta a los Romanos (Caps. 9-11), en los cuales nos aporta una luz decisiva sobre el destino de Israel seg\u00fan el plan de Dios, hace resonar un canto de adoraci\u00f3n: \u00ab\u00a1 Qu\u00e9 Abismo de la riqueza, de la sabidur\u00eda y de la ciencia de Dios!\u00bb. En el alma ardiente de Pablo este himno es un eco del principio que acaba de enunciar y que constituye en cierto sentido el tema central de toda la ep\u00edstola. \u00abPues Dios ha encerrado a todos los hombres en la desobediencia para tener de todos misericordia\u00bb (Ibid. II, 32). La historia de la Salvaci\u00f3n, incluso cuando sus avatares nos parecen desconcertantes, est\u00e1 guiada por la misericordia de Aquel que ha venido a salvar lo que estaba perdido. S\u00f3lo una actitud de adoraci\u00f3n ante las insondables profundidades de la Providencia amorosa de Dios permite vislumbrar algo de lo que constituye un misterio de la fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n3. En el origen de este peque\u00f1o pueblo situado entre dos grandes imperios de religi\u00f3n pagana que lo eclipsaban con el resplandor de su cultura, est\u00e1 el hecho de la elecci\u00f3n divina. Este pueblo es convocado y conducido por Dios, Creador del cielo y de la tierra. Su existencia no es, pues, un mero hecho de naturaleza ni de cultura, en el sentido en que por la cultura el hombre despliega los recursos de su propia naturaleza. Es un hecho sobrenatural. Este pueblo persevera a pesar de todo porque es el pueblo de la Alianza y porque, pese a las infidelidades de los hombres, el Se\u00f1or es fiel a su Alianza. Ignorar este dato primordial es seguir la trayectoria de un marcionismo contra el cual la Iglesia bien pronto reaccion\u00f3 con energ\u00eda, consciente como era de su v\u00ednculo vital con el Antiguo Testamento, sin el cual el mismo Nuevo Testamento queda falto de significado. Las Escrituras son inseparables del pueblo y de su historia, que conduce al Cristo Mes\u00edas prometido y esperado, Hijo de Dios hecho hombre. La Iglesia no cesa de confesarlo cuando en su liturgia recupera d\u00eda a d\u00eda los salmos, as\u00ed como los c\u00e1nticos de Zacar\u00edas, de la Virgen Mar\u00eda y de Sime\u00f3n (Cf. Ps 132, 17; Lc 1,46-55; I, 68-79; 2, 29-32).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nPor ello, quienes consideran meros hechos culturales contingentes que Jes\u00fas fuera jud\u00edo y que su ambiente fuera el mundo jud\u00edo -hechos que a su juicio podr\u00edan ser reemplazados por otra tradici\u00f3n religiosa sin que la persona del Se\u00f1or perdiera su identidad- no s\u00f3lo desconocen el significado de la historia de la salvaci\u00f3n, sino que, m\u00e1s radicalmente, atacan a la verdad misma de la Encarnaci\u00f3n, haciendo imposible un concepto aut\u00e9ntico de inculturaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n4. De todo lo dicho podemos sacar unas conclusiones que sirvan de orientaci\u00f3n a la actitud del cristiano y a la labor del te\u00f3logo. La Iglesia condena con firmeza todas las formas de genocidio, as\u00ed como las teor\u00edas racistas que las inspiran y que pretenden justificarlas. Podr\u00eda recordarse la enc\u00edclica de P\u00edo XI Mit brennender Sorge (1937) y la de P\u00edo XII Summi Pontificatus (1939); este \u00faltimo recordaba la ley de la solidaridad humana y de la caridad hacia todo hombre, cualquiera que sea el pueblo al que pertenezcan. El racismo es, pues, una negaci\u00f3n de la identidad m\u00e1s profunda del ser humano, persona creada a imagen y semejanza de Dios. A la malicia moral de todo genocidio se a\u00f1ade, con la Shoah, la malicia de un odio que ataca el plan salv\u00edfico de Dios sobre la historia. La Iglesia se sabe ella misma amenazada por este odio. La doctrina de Pablo en la carta a los Romanos nos ense\u00f1a qu\u00e9 sentimientos fraternos, arraigados en la fe, debemos abrigar hacia los hijos de Israel (cf. Rm 9,4-5). Subraya el Ap\u00f3stol: \u00aben atenci\u00f3n a los patriarcas\u00bb Dios los ama, ese Dios cuyos dones y llamada son irrevocables (cf. Rm II, 28-29).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n5. Estad ciertos de mi gratitud por la labor que est\u00e1is realizando en un tema de gran alcance y en el que estoy particularmente interesado. De esta manera contribu\u00eds a la profundizaci\u00f3n del di\u00e1logo entre cat\u00f3licos y jud\u00edos, de cuya renovaci\u00f3n en los \u00faltimos decenios nos alegramos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nA vosotros y a vuestros allegados os expreso mis mejores deseos, imparti\u00e9ndoos de todo coraz\u00f3n mi bendici\u00f3n apost\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DISCURSO DE JUAN PABLO II PRONUNCIADO ANTES LOS PARTICIPANTES<br \/>\nDEL SIMPOSIO SOBRE \u00abLAS RAICES DEL ANTIJUDA\u00cdSMO EN\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LOS AMBIENTES CRISTIANOS\u00bb\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Roma 31 de octubre al 2 de noviembre 1997\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se\u00f1ores cardenales, queridos hermanos en el Episcopado, queridos amigos: 1. Me complace recibiros en el curso de vuestro encuentro sobre las ra\u00edces del antisemitismo. Saludo especialmente al Sr. cardenal Roger Etchegaray, Presidente del Comit\u00e9 del Gran Jubileo del a\u00f1o 2000, que preside vuestras trabajos. Os agradezco a todos el haber consagrado estas jornadas a un &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hebraismo-e-iglesia-las-raices-del-antijudaismo-en-los-ambientes-cristianos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHEBRAISMO E IGLESIA: LAS RAICES DEL ANTIJUDAISMO EN LOS AMBIENTES CRISTIANOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-25102","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25102","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25102"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25102\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25102"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25102"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25102"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}