{"id":25104,"date":"2016-02-05T17:01:18","date_gmt":"2016-02-05T22:01:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hebraismo-e-iglesia-no-hubo-complicidad-entre-el-regimen-nazi-y-la-iglesia-ii\/"},"modified":"2016-02-05T17:01:18","modified_gmt":"2016-02-05T22:01:18","slug":"hebraismo-e-iglesia-no-hubo-complicidad-entre-el-regimen-nazi-y-la-iglesia-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hebraismo-e-iglesia-no-hubo-complicidad-entre-el-regimen-nazi-y-la-iglesia-ii\/","title":{"rendered":"HEBRAISMO E IGLESIA: NO HUBO COMPLICIDAD ENTRE EL REGIMEN NAZI Y LA IGLESIA (II)"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">CARTA ENC\u00cdCLICA<br \/>\nMIT BRENNENDER SORGE<br \/>\nDEL SUMO PONT\u00cdFICE<br \/>\nP\u00cdO XI<br \/>\nSOBRE LA SITUACI\u00d3N<br \/>\nDE LA IGLESIA CAT\u00d3LICA EN EL REICH ALEM\u00c1N\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A los venerables hermanos,<br \/>\narzobispos, obispos y otros ordinarios de Alemania<br \/>\nen paz y comuni\u00f3n con la Sede Apost\u00f3lica\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n1. Con viva preocupaci\u00f3n y con asombro creciente venimos observando, hace ya largo tiempo, la v\u00eda dolorosa de la Iglesia y la opresi\u00f3n progresivamente agudizada contra los fieles, de uno u otro sexo, que le han permanecido devotos en el esp\u00edritu y en las obras; y todo esto en aquella naci\u00f3n y en medio de aquel pueblo al que San Bonifacio llev\u00f3 un d\u00eda el luminoso mensaje, la buena nueva de Cristo y del reino de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Esta nuestra inquietud no se ha visto disminuida por los informes que los reverend\u00edsimos representantes del episcopado, seg\u00fan su deber, nos dieron, ajustados a la verdad, al visitarnos durante nuestra enfermedad. Junto a muchas noticias muy consoladoras y edificantes sobre la lucha sostenida por sus fieles por causa de la religi\u00f3n, no pudieron pasar en silencio, a pesar de su amor al propio pueblo y a su patria y el cuidado de expresar un juicio bien ponderado, otros innumerables sucesos muy tristes y reprobables. Luego que Nos hubimos escuchado sus relatos, con profunda gratitud a Dios pudimos exclamar con el ap\u00f3stol del amor: No hay para mi mayor alegr\u00eda que o\u00edr de mis hijos que andan en la verdad (3Jn 4). Pero la sinceridad que corresponde a la grave responsabilidad de nuestro ministerio apost\u00f3lico y la decisi\u00f3n de presentar ante vosotros y ante todo el mundo cristiano la realidad en toda su crudeza, exigen tambi\u00e9n que a\u00f1adamos: No tenemos preocupaci\u00f3n mayor ni m\u00e1s cruel aflicci\u00f3n pastoral que cuando o\u00edmos: Muchos abandonan el camino de la verdad (cf. 2Pe 2,2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">I. CONCORDATO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. Cuando Nos, venerables hermanos, en el verano de 1933, a instancia del Gobierno del Reich, aceptamos el reanudar las gestiones para un concordato, tomando por base un proyecto elaborado ya varios a\u00f1os antes, y llegamos as\u00ed a un acuerdo solemne que satisfizo a todos vosotros, tuvimos por m\u00f3vil la obligada solicitud de tutelar la libertad de la misi\u00f3n salvadora de la Iglesia en Alemania y de asegurar la salvaci\u00f3n de las almas a ella confiadas, y, al mismo tiempo, el sincero deseo de prestar un servicio capital al pac\u00edfico desenvolvimiento y al bienestar del pueblo alem\u00e1n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. A pesar de muchas y graves consideraciones, Nos determinamos entonces, no sin una propia violencia, a no negar nuestro consentimiento. Quer\u00edamos ahorrar a nuestros fieles, a nuestros hijos y a nuestras hijas de Alemania, en la medida humanamente posible, las situaciones violentas y las tribulaciones que, en caso contrario, se pod\u00edan prever con toda seguridad seg\u00fan las circunstancias de los tiempos. Y con hechos quer\u00edamos demostrar a todos que Nos, buscando \u00fanicamente a Cristo y cuanto a Cristo pertenece, no rehus\u00e1bamos tender a nadie, si \u00e9l mismo no la rechazaba, la mano pac\u00edfica de la madre Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. Si el \u00e1rbol de la paz, por Nos plantado en tierra alemana con pura intenci\u00f3n, no ha producido los frutos por Nos anhelados en inter\u00e9s de vuestro pueblo, no habr\u00e1 nadie en el mundo entero, con ojos para ver y o\u00eddos para o\u00edr, que pueda decir, todav\u00eda hoy, que la culpa es de la Iglesia y de su Cabeza suprema. La experiencia de los a\u00f1os transcurridos hace patentes las responsabilidades y descubre las maquinaciones que, ya desde el principio, no se propusieron otro fin que una lucha hasta el aniquilamiento. En los surcos donde nos hab\u00edamos esforzado por echar la simiente de la verdadera paz, otros esparcieron \u2014como el inimicus homo de la Sagrada Escritura (Mt 13, 25)\u2014 la ciza\u00f1a de la desconfianza, del descontento, de la discordia, del odio, de la difamaci\u00f3n, de la hostilidad profunda, oculta o manifiesta, contra Cristo y su Iglesia, desencadenando una lucha que se aliment\u00f3 en mil fuentes diversas y se sirvi\u00f3 de todos los medios. Sobre ellos, y solamente sobre ellos y sobre sus protectores, ocultos o manifiestos, recae la responsabilidad de que en el horizonte de Alemania no aparezca el arco iris de la paz, sino el nubarr\u00f3n que presagia luchas religiosas desgarradoras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. Venerables hermanos, Nos no nos hemos cansado de hacer ver a los dirigentes, responsables de la suerte de vuestra naci\u00f3n, las consecuencias que se derivan necesariamente de la tolerancia, o peor a\u00fan, del favor prestado a aquellas corrientes. A todo hemos recurrido para defender la santidad de la palabra solemnemente dada y la inviolabilidad de los compromisos voluntarios contra\u00eddos frente a las teor\u00edas y pr\u00e1cticas que, si hubieran llegado a admitirse oficialmente, habr\u00edan disipado toda confianza y desvalorizado intr\u00ednsecamente toda palabra para lo futuro. Cuando llegue el momento de exponer a los ojos del mundo estos nuestros esfuerzos, todos los hombres de recta intenci\u00f3n sabr\u00e1n d\u00f3nde han de buscarse los defensores de la paz y d\u00f3nde sus perturbadores. Todo el que haya conservado en su \u00e1nimo un residuo de amor a la verdad, y en su coraz\u00f3n una sombra del sentido de justicia, habr\u00e1 de admitir que, en los a\u00f1os tan dif\u00edciles y llenos de tan graves acontecimientos que siguieron al Concordato, cada una de nuestras palabras y de nuestras acciones tuvo por norma la fidelidad a los acuerdos estipulados. Pero deber\u00e1 tambi\u00e9n reconocer con extra\u00f1eza y con profunda reprobaci\u00f3n c\u00f3mo por la otra parte se ha erigido en norma ordinaria el desfigurar arbitrariamente los pactos, eludirlos, desvirtuarlos y, finalmente, violarlos m\u00e1s o menos abiertamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7. La moderaci\u00f3n que, a pesar de todo esto, hemos demostrado hasta ahora no nos ha sido sugerida por c\u00e1lculos de intereses terrenos, ni mucho menos por debilidad, sino simplemente por la voluntad de no arrancar, junto con la ciza\u00f1a, alguna planta buena; por la decisi\u00f3n de no pronunciar p\u00fablicamente un juicio mientras los \u00e1nimos no estuviesen bien dispuestos para comprender su ineludible necesidad; por la resoluci\u00f3n de no negar definitivamente la fidelidad de otros a la palabra empe\u00f1ada, antes de que el irrefutable lenguaje de la realidad le hubiese arrancado los velos con que se ha sabido y se pretende a\u00fan ahora disfrazar, conforme a un plan predeterminado, el ataque contra la Iglesia. Todav\u00eda hoy, cuando la lucha abierta contra las escuelas confesionales, tuteladas por el Concordato, y la supresi\u00f3n de la libertad del voto para aquellos que tienen derecho a la educaci\u00f3n cat\u00f3lica, manifiestan, en un campo particularmente vital para la Iglesia, la tr\u00e1gica gravedad de la situaci\u00f3n y la angustia, sin ejemplo, de las conciencias cristianas, la solicitud paternal por el bien de las almas nos aconseja no dejar de considerar las posibilidades, por escasas que sean, que a\u00fan puedan subsistir, de una vuelta a la fidelidad de los pactos y una inteligencia que nuestra conciencia pueda admitir. Secundando los ruegos de los reverend\u00edsimos miembros del episcopado, en adelante no nos cansaremos de ser el defensor \u2014ante los dirigentes de vuestro pueblo\u2014 del derecho conculcado, y ello, sin preocuparnos del \u00e9xito o del fracaso inmediato, obedeciendo s\u00f3lo a nuestra conciencia y a nuestro ministerio pastoral, y no cesaremos de oponernos a una mentalidad que intenta, con abierta u oculta violencia, sofocar el derecho garantizado por solemnes documentos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8. Sin embargo, el fin de la presente carta, venerables hermanos, es otro. Como vosotros nos visitasteis amablemente durante nuestra enfermedad, as\u00ed ahora nos dirigimos a vosotros, y por vuestro conducto, a los fieles cat\u00f3licos de Alemania, los cuales, como todos los hijos que sufren y son perseguidos, est\u00e1n muy cerca del coraz\u00f3n del Padre com\u00fan. En esta hora en que su fe est\u00e1 siendo probada, como oro de ley, en el fuego de la tribulaci\u00f3n y de la persecuci\u00f3n, insidiosa o manifiesta, y en que est\u00e1n rodeados por mil formas de una opresi\u00f3n organizada de la libertad religiosa, viviendo angustiados por la imposibilidad de tener noticias fidedignas y de poder defenderse con medios normales, tienen un doble derecho a una palabra de verdad y de est\u00edmulo moral por parte de Aquel a cuyo primer predecesor dirigi\u00f3 el Salvador aquella palabra llena de significado: Yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y t\u00fa, una vez convertido, confirma a tus hermanos (Lc 22,32).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. GENUINA FE EN DIOS\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9. Y ante todo, venerables hermanos, cuidad que la fe en Dios, primer e insustituible fundamento de toda religi\u00f3n, permanezca pura e \u00edntegra en las regiones alemanas. No puede tenerse por creyente en Dios el que emplea el nombre de Dios ret\u00f3ricamente, sino s\u00f3lo el que une a esta venerada palabra una verdadera y digna noci\u00f3n de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10. Quien, con una confusi\u00f3n pante\u00edsta, identifica a Dios con el universo, materializando a Dios en el mundo o deificando al mundo en Dios, no pertenece a los verdaderos creyentes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11. Ni tampoco lo es quien, siguiendo una pretendida concepci\u00f3n precristiana del antiguo germanismo, pone en lugar del Dios personal el hado sombr\u00edo e impersonal, negando la sabidur\u00eda divina y su providencia, la cual se extiende poderosa del uno al otro extremo (Sab 8,1) y lo dirige a buen fin. Ese hombre no puede pretender que sea contado entre los verdaderos creyentes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12. Si la raza o el pueblo, si el Estado o una forma determinada del mismo, si los representantes del poder estatal u otros elementos fundamentales de la sociedad humana tienen en el orden natural un puesto esencial y digno de respeto, con todo, quien los arranca de esta escala de valores terrenales elev\u00e1ndolos a suprema norma de todo, aun de los valores religiosos, y, diviniz\u00e1ndolos con culto idol\u00e1trico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios, est\u00e1 lejos de la verdadera fe y de una concepci\u00f3n de la vida conforme a esta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13. Vigilad, venerables hermanos, con cuidado contra el abuso creciente, que se manifiesta en palabras y por escrito, de emplear el nombre tres veces santo de Dios como una etiqueta vac\u00eda de sentido para un producto m\u00e1s o menos arbitrario de una especulaci\u00f3n o aspiraci\u00f3n humana; y procurad que tal aberraci\u00f3n halle entre vuestros fieles la vigilante repulsa que merece. Nuestro Dios es el Dios personal, trascendente, omnipotente, infinitamente perfecto, \u00fanico en la trinidad de las personas y trino en la unidad de la esencia divina, creador del universo, se\u00f1or, rey y \u00faltimo fin de la historia del mundo, el cual no admite, ni puede admitir, otras divinidades junto a s\u00ed.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14. Este Dios ha dado sus mandamientos de manera soberana, mandamientos independientes del tiempo y espacio, de regi\u00f3n y raza. Como el sol de Dios brilla indistintamente sobre el g\u00e9nero humano, as\u00ed su ley no reconoce privilegios ni excepciones. Gobernantes y gobernados, coronados y no coronados, grandes y peque\u00f1os, ricos y pobres, dependen igualmente de su palabra. De la totalidad de sus derechos de Creador dimana esencialmente su exigencia de una obediencia absoluta por parte de los individuos y de toda la sociedad. Y esta exigencia de una obediencia absoluta se extiende a todas las esferas de la vida, en las que cuestiones de orden moral reclaman la conformidad con la ley divina y, por esto mismo, la armon\u00eda de los mudables ordenamientos humanos con el conjunto de los inmutables ordenamientos divinos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15. Solamente esp\u00edritus superficiales pueden caer en el error de hablar de un Dios nacional, de una religi\u00f3n nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los l\u00edmites de un pueblo solo, en la estrechez \u00e9tnica de una sola raza, a Dios, creador del mundo, rey y legislador de los pueblos, ante cuya grandeza las naciones son como gotas de agua en el caldero (Is 40, 5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16. Los obispos de la Iglesia de Cristo encargados de las cosas que miran a Dios (Heb 5,1), deben vigilar para que no arraiguen entre los fieles esos perniciosos errores, a los que suelen seguir pr\u00e1cticas aun m\u00e1s perniciosas. Es propio de su sagrado ministerio hacer todo lo posible para que los mandamientos de Dios sean considerados y practicados como obligaciones inconcusas de una vida moral y ordenada, tanto privada como p\u00fablica; para que los derechos de la majestad divina, el nombre y la palabra de Dios no sean profanados (cf. Tit 2,5); para que las blasfemias contra Dios en palabras, escritos e im\u00e1genes, numerosas a veces como la arena del mar, sean reducidas a silencio, y para que frente al esp\u00edritu tenaz e insidioso de los que niegan, ultrajan y odian a Dios, no languidezca nunca la plegaria reparadora de los fieles, que, como el incienso, suba continuamente al Alt\u00edsimo, deteniendo su mano vengadora.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">17. Nos os damos gracias, venerables hermanos, a vosotros, a vuestros sacerdotes y a todos los fieles que, defendiendo los derechos de la Divina Majestad contra un provocador neopaganismo, apoyado, desgraciadamente con frecuencia, por personalidades influyentes, hab\u00e9is cumplido y cumpl\u00eds vuestro deber de cristianos. Esta gratitud es particularmente \u00edntima y llena de reconocida admiraci\u00f3n para todos los que en el cumplimiento de este su deber se han hecho dignos de sufrir por la causa de Dios sacrificios y dolores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. GENUINA FE EN JESUCRISTO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">18. La fe en Dios no se mantendr\u00e1 por mucho tiempo pura e incontaminada si no se apoya en la fe de Jesucristo. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revel\u00e1rselo (Lc 10,22). Esta es la vida eterna, que te reconozcan a ti, \u00fanico Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo (Jn 17,3). A nadie, por lo tanto, es l\u00edcito decir: Yo creo en Dios, y esto es suficiente para mi religi\u00f3n. La palabra del Salvador no deja lugar a tales escapatorias: El que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene tambi\u00e9n al Padre (1Jn 2,23).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19. En Jesucristo, Hijo encarnado de Dios, apareci\u00f3 la plenitud de la revelaci\u00f3n divina: Muchas veces y en muchas maneras habl\u00f3 Dios en otro tiempo a nuestros padres por ministerio de los profetas; \u00faltimamente, en estos d\u00edas, nos habl\u00f3 por su Hijo (Heb 1,1-2). Los libros santos del Antiguo Testamento son todos palabra de Dios, parte sustancial de su revelaci\u00f3n. Conforme al desarrollo gradual de la revelaci\u00f3n, en ellos aparece el crep\u00fasculo del tiempo que deb\u00eda preparar el pleno mediod\u00eda de la Redenci\u00f3n. En algunas partes se habla de la imperfecci\u00f3n humana, de su debilidad y del pecado, como no puede suceder de otro modo cuando se trata de libros de historia y legislaci\u00f3n. Aparte de otros innumerables rasgos de grandeza y de nobleza, hablan de la tendencia superficial y materialista que se manifestaba reiteradamente a intervalos en el pueblo de la Antigua Alianza, depositario de la revelaci\u00f3n y de las promesas de Dios. Pero cualquiera que no est\u00e9 cegado por el prejuicio o por la pasi\u00f3n no puede menos de notar que lo que m\u00e1s luminosamente resplandece, a pesar de la debilidad humana de que habla la historia b\u00edblica, es la luz divina del camino de la salvaci\u00f3n, que triunfa al fin sobre todas las debilidades y pecados. Y precisamente sobre este fondo, con frecuencia sombr\u00edo, la pedagog\u00eda de la salvaci\u00f3n eterna se ensancha en perspectivas, las cuales a un tiempo dirigen, amonestan, sacuden, consuelan y hacen felices. S\u00f3lo la ceguera y el orgullo pueden hacer cerrar los ojos ante los tesoros de saludables ense\u00f1anzas encerrados en el Antiguo Testamento. Por eso, el que pretende desterrar de la Iglesia y de la escuela la historia b\u00edblica y las sabias ense\u00f1anzas del Antiguo Testamento, blasfema la palabra de Dios, blasfema el plan de la salvaci\u00f3n dispuesto por el Omnipotente y erige en juez de los planes divinos un angosto y mezquino pensar humano. Ese tal niega la fe en Jesucristo, nacido en la realidad de su carne, el cual tom\u00f3 la naturaleza humana de un pueblo que m\u00e1s tarde hab\u00eda de crucificarle. No comprende nada del drama mundial del Hijo de Dios, el cual al crimen de quienes le crucificaban opuso, en calidad de Sumo Sacerdote, la acci\u00f3n divina de la muerte redentora, dando de esta forma al Antiguo Testamento su cumplimiento, su fin y su sublimaci\u00f3n en el Nuevo Testamento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20. La revelaci\u00f3n, que culmin\u00f3 en el Evangelio de Jesucristo, es definitiva y obligatoria para siempre, no admite complementos de origen humano, y mucho menos sucesiones o sustituciones por revelaciones arbitrarias, que algunos corifeos modernos querr\u00edan hacer derivar del llamado mito de la sangre y de la raza. Desde que Cristo, el Ungido del Se\u00f1or, consum\u00f3 la obra de la redenci\u00f3n, quebrantando el dominio del pecado y mereci\u00e9ndonos la gracia de llegar a ser hijos de Dios, desde aquel momento no se ha dado a los hombres ning\u00fan otro nombre bajo el cielo, para conseguir la bienaventuranza, sino el nombre de Jesucristo (Hech 4,12). Por m\u00e1s que un hombre encarnara en s\u00ed toda la sabidur\u00eda, todo el poder y toda la pujanza material de la tierra, no podr\u00eda asentar fundamento diverso del que Cristo ha puesto (1Cor 3,11). En consecuencia, aquel que con sacr\u00edlego desconocimiento de la diferencia esencial entre Dios y la criatura, entre el Hombre-Dios y el simple hombre, osase poner al nivel de Cristo, o peor a\u00fan, sobre El o contra El, a un simple mortal, aunque fuese el m\u00e1s grande de todos los tiempos, sepa que es un profeta de fantas\u00edas a quien se aplica espantosamente la palabra de la Escritura: El que mora en los cielos se burla de ellos (Sal 2,4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. GENUINA FE EN LA IGLESIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21. La fe en Jesucristo no permanecer\u00e1 pura e incontaminada si no est\u00e1 sostenida y defendida por la fe en la Iglesia, columna y fundamento de la verdad (1Tim 3,15). Cristo mismo, Dios eternamente bendito, ha erigido esta columna de la fe; su mandato de escuchar a la Iglesia (cf. Mt 18,17) y recibir por las palabras y los mandatos de la Iglesia sus mismas palabras y sus mismos mandatos (cf. Lc 10,16), tiene valor para todos los hombres de todos los tiempos y de todas las regiones. La Iglesia, fundada por el Salvador, es \u00fanica para todos los pueblos y para todas las naciones: y bajo su b\u00f3veda, que cobija, como el firmamento, al universo entero, hallan puesto y asilo todos los pueblos y todas las lenguas, y pueden desarrollarse todas las propiedades, cualidades, misiones y cometidos, que han sido se\u00f1alados por Dios creador y salvador a los individuos y a las sociedades humanas. El coraz\u00f3n materno de la Iglesia es tan generoso, que ve en el desarrollo de tales peculiaridades y cometidos particulares, conforme al querer de Dios, la riqueza de la variedad, m\u00e1s bien que el peligro de escisiones: se goza con el elevado nivel espiritual de los individuos y de los pueblos, descubre con alegr\u00eda y santo orgullo materno en sus genuinas actuaciones los frutos de educaci\u00f3n y de progreso, que bendice y promueve siempre que lo puede hacer en conciencia. Pero sabe tambi\u00e9n que a esta libertad le han sido se\u00f1alados l\u00edmites por disposici\u00f3n de la Divina Majestad, que ha querido y ha fundado esta Iglesia como unidad inseparable en sus partes esenciales. El que atenta contra esta intangible unidad, quita a la esposa de Cristo una de las diademas con que Dios mismo la ha coronado; somete el edificio divino, que descansa en cimientos eternos, a la revisi\u00f3n y a la transformaci\u00f3n por parte de arquitectos a quienes el Padre celestial no ha concedido poder alguno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22. La divina misi\u00f3n que la Iglesia cumple entre los hombres y debe cumplir por medio de hombres, puede ser dolorosamente oscurecida por el elemento humano, quiz\u00e1s demasiado humano que en determinados tiempos vuelve a reto\u00f1ar, como la ciza\u00f1a en medio del trigo del reino de Dios. El que conozca la frase del Salvador acerca de los esc\u00e1ndalos y de quienes los dan, sabe c\u00f3mo la Iglesia y cada individuo deben juzgar sobre lo que fue y es pecado. Pero quien, fund\u00e1ndose en estos lamentables desacuerdos entre la fe y la vida, entre las palabras y los actos, entre la conducta exterior y los pensamientos interiores de algunos \u2014aunque \u00e9stos fuesen muchos\u2014, echa en olvido o conscientemente pasa en silencio la enorme suma de genuina actividad para llegar a la virtud, el esp\u00edritu de sacrificio, el amor fraternal, el hero\u00edsmo de santidad, en tantos miembros de la Iglesia, manifiesta una ceguera injusta y reprobable. Y cuando luego se ve que la r\u00edgida medida con que juzga a la odiada Iglesia se deja al margen cuando se trata de otras sociedades que le son cercanas por sentimiento o inter\u00e9s, entonces se evidencia que, al mostrarse lastimado en su pretencioso sentido de pureza, se revela semejante a aquellos que, seg\u00fan la tajante frase del Salvador, ven la paja en el ojo ajeno y no se dan cuenta la viga en el propio. Tambi\u00e9n es menos pura la intenci\u00f3n de aquellos que ponen por fin de su vocaci\u00f3n lo que hay de humano en la Iglesia, hasta hacer quiz\u00e1s de ello un negocio bastardo, y si bien la potestad de quien est\u00e1 investido de la dignidad eclesi\u00e1stica, fundada en Dios, no depende de su nivel humano y moral, sin embargo, no hay \u00e9poca alguna, ni individuo, ni sociedad que no deba examinar sinceramente su conciencia, purificarse inexorablemente, renovarse profundamente en el sentir y en el obrar. En nuestra enc\u00edclica sobre el sacerdocio y en la de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica hemos llamado insistentemente la atenci\u00f3n de todos los pertenecientes a la Iglesia, y particularmente la de los eclesi\u00e1sticos, religiosos y seglares, que colaboran en el apostolado, sobre el sagrado deber de poner su fe y su conducta en aquella armon\u00eda exigida por la ley de Dios y reclamada con incansable insistencia por la Iglesia. Tambi\u00e9n hoy Nos repetimos con gravedad profunda: No basta ser contados en la Iglesia de Cristo, es preciso ser en esp\u00edritu y en verdad miembros vivos de esta Iglesia. Y lo son solamente los que est\u00e1n en gracia de Dios y caminan continuamente en su presencia, o por la inocencia o por la penitencia sincera y eficaz. Si el Ap\u00f3stol de las Gentes, el vaso de elecci\u00f3n, sujetaba su cuerpo al l\u00e1tigo de la mortificaci\u00f3n, no fuera que, despu\u00e9s de haber predicado a los otros (cf 1Cor 9,27), fuese \u00e9l reprobado, \u00bfhabr\u00e1, por ventura, para aquellos en cuyas manos est\u00e1 la custodia y el incremento del reino de Dios, otro camino que el de la \u00edntima uni\u00f3n del apostolado con la santificaci\u00f3n propia? S\u00f3lo as\u00ed se demostrar\u00e1 a los hombres de hoy, y en primer lugar a los detractores de la Iglesia, que la sal de la tierra y la levadura del cristianismo no se ha vuelto ineficaz, sino que es poderosa y capaz de renovar espiritualmente y rejuvenecer a los que est\u00e1n en la duda y en el error, en la indiferencia y en el descarr\u00edo espiritual, en la relajaci\u00f3n de la fe y en el alejamiento de Dios, de quien ellos \u2014lo admitan o lo nieguen\u2014 est\u00e1n m\u00e1s necesitados que nunca. Una cristiandad en la que todos los miembros vigilen sobre s\u00ed mismos, que deseche toda tendencia a lo puramente exterior y mundano, que se atenga seriamente a los preceptos de Dios y de la Iglesia y se mantenga, por consiguiente, en el amor de Dios y en la sol\u00edcita caridad para el pr\u00f3jimo, podr\u00e1 y deber\u00e1 ser ejemplo y gu\u00eda para el mundo profundamente enfermo, que busca sost\u00e9n y direcci\u00f3n, si es que no se quiere que sobrevenga una enorme cat\u00e1strofe o una decadencia indescriptible.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23. Toda reforma genuina y duradera ha tenido propiamente su origen en el santuario, en hombres inflamados e impulsados por amor de Dios y del pr\u00f3jimo, los cuales, gracias a su gran generosidad en corresponder a cualquier inspiraci\u00f3n de Dios y a ponerla en pr\u00e1ctica ante todo en s\u00ed mismos, profundizando en humildad y con la seguridad de quien es llamado por Dios, llegaron a iluminar y renovar su \u00e9poca. Donde el celo de reformas no deriv\u00f3 de la pura fuente de la integridad personal, sino que fue efecto de la explosi\u00f3n de impulsos pasionales, en vez de iluminar oscureci\u00f3, en vez de construir destruy\u00f3, y fue frecuentemente punto de partida para errores todav\u00eda m\u00e1s funestos que los da\u00f1os que se quer\u00eda o se pretend\u00eda remediar. Es cierto que el esp\u00edritu de Dios sopla donde quiere (Jn 3,8), de las piedras puede suscitar los cumplidores de sus designios (cf. Mt 3,9; Lc 3,8), y escoge los instrumentos de su voluntad seg\u00fan sus planes, no seg\u00fan los de los hombres. Pero El, que ha fundado la Iglesia y la llam\u00f3 a la vida en Pentecost\u00e9s, no quiebra la estructura fundamental de la salvadora instituci\u00f3n por El mismo querida. Quien est\u00e1 movido por el esp\u00edritu de Dios observa, por esto mismo, una actitud exterior e interior de respeto hacia la Iglesia, noble fruto del \u00e1rbol de la Cruz, don del Esp\u00edritu Santo en Pentecost\u00e9s al mundo necesitado de gu\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24.. En vuestras regiones, venerables hermanos, se alzan voces, en coro cada vez m\u00e1s fuerte, que incitan a salir de la Iglesia; y entre los voceadores hay algunos que, por su posici\u00f3n oficial, intentan producir la impresi\u00f3n de que tal alejamiento de la Iglesia, y consiguientemente la infidelidad a Cristo Rey, es testimonio particularmente convincente y meritorio de su fidelidad al actual r\u00e9gimen. Con presiones ocultas y manifiestas, con intimidaciones, con perspectivas de ventajas econ\u00f3micas, profesionales, c\u00edvicas o de otro g\u00e9nero, la adhesi\u00f3n de los cat\u00f3licos a su fe \u2014y singularmente la de algunas clases de funcionarios cat\u00f3licos\u2014 se halla sometida a una violencia tan ilegal como inhumana. Nos, con paterna emoci\u00f3n, sentimos y sufrimos profundamente con los que han pagado a tan caro precio su adhesi\u00f3n a Cristo y a la Iglesia; pero se ha llegado ya a tal punto, que est\u00e1 en juego el \u00faltimo fin y el m\u00e1s alto, la salvaci\u00f3n, o la condenaci\u00f3n; y en este caso, como \u00fanico camino de salvaci\u00f3n para el creyente, queda la senda de un generoso hero\u00edsmo. Cuando el tentador o el opresor se le acerque con las traidoras insinuaciones de que salga de la Iglesia, entonces no habr\u00e1 m\u00e1s remedio que oponerle, aun a precio de los m\u00e1s graves sacrificios terrenos, la palabra del Salvador: Ap\u00e1rtate de m\u00ed, Satan\u00e1s, porque est\u00e1 escrito: al Se\u00f1or tu Dios adorar\u00e1s y a El s\u00f3lo dar\u00e1s culto (Mt 4,10; Lc 4,8). A la Iglesia, por el contrario, deber\u00e1 dirigirle estas palabras: \u00a1Oh t\u00fa, que eres mi madre desde los d\u00edas de mi infancia primera, mi fortaleza en la vida, mi abogada en la muerte, que la lengua se me pegue al paladar si yo, cediendo a terrenas lisonjas o amenazas, llegase a traicionar las promesas de mi bautismo! Finalmente, aquellos que se hicieron la ilusi\u00f3n de poder conciliar con el abandono exterior de la Iglesia la fidelidad interior a ella, adviertan la severa palabra del Se\u00f1or: El que me negare delante de los hombres, ser\u00e1 negado ante los \u00e1ngeles de Dios (Lc 12,9).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. GENUINA FE EN EL PRIMADO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">25. La fe en la Iglesia no se mantendr\u00e1 pura e incontaminada si no est\u00e1 apoyada por la fe en el primado del obispo de Roma. En el mismo momento en que Pedro, adelant\u00e1ndose a los dem\u00e1s ap\u00f3stoles y disc\u00edpulos, profes\u00f3 su fe en Cristo, Hijo de Dios vivo, la respuesta de Cristo, que le premiaba por su fe y por haberla profesado, fue el anuncio de la fundaci\u00f3n de su Iglesia, de la \u00fanica Iglesia, sobre  la roca de Pedro (Mt 1,18). Por esto la fe en Cristo, en la Iglesia y en el Primado, est\u00e1n en sagrada trabaz\u00f3n de mutua dependencia. Una autoridad genuina y legal es en todas partes un v\u00ednculo de unidad y un manantial de fuerza, una defensa contra la divisi\u00f3n y la ruina, una garant\u00eda para el porvenir. Y esto se verifica en un sentido m\u00e1s alto y noble donde, como en el caso de la Iglesia, y s\u00f3lo en la Iglesia, a tal autoridad se le ha prometido la asistencia sobrenatural del Esp\u00edritu Santo y su apoyo invencible. Si personas, que ni siquiera est\u00e1n unidas por la fe de Cristo, os atraen y lisonjean con la seductora imagen de una iglesia nacional alemana, sabed que esto no es otra cosa que renegar de la \u00fanica Iglesia de Cristo, una apostas\u00eda manifiesta del mandato de Cristo de evangelizar a todo el mundo, lo que s\u00f3lo puede llevar a la pr\u00e1ctica una Iglesia universal. El desarrollo hist\u00f3rico de otras iglesias nacionales, su entumecimiento espiritual, su opresi\u00f3n y servidumbre por parte de los poderes laicos, muestran la desoladora esterilidad, que denuncia con irremediable certeza ser un sarmiento desgajado de la cepa vital de la Iglesia. Quien, ya desde el principio, opone a estos err\u00f3neos desarrollos un no vigilante e inconmovible, presta un servicio no solamente a la pureza de la fe, sino tambi\u00e9n a la salud y fuerza vital de su pueblo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. NINGUNA ADULTERACI\u00d3N<br \/>\nDE NOCIONES Y T\u00c9RMINOS SAGRADOS\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26. Venerables hermanos, ejerced particular vigilancia cuando conceptos religiosos fundamentales son vaciados de su contenido genuino y son aplicados a significados profanos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27. Revelaci\u00f3n, en sentido cristiano, significa la palabra de Dios a los hombres. Usar este t\u00e9rmino para indicar las sugestiones que provienen de la sangre y de la raza o la irradiaciones de la historia de un pueblo es, en todo caso, causar desorientaciones. Estas monedas falsas no merecen pasar al tesoro ling\u00fc\u00edstico de un fiel cristiano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28. La fe consiste en tener por verdadero lo que Dios ha revelado y que por medio de la Iglesia manda creer: es demostraci\u00f3n de las cosas que vemos (Heb 11,1). La confianza, risue\u00f1a y altiva, sobre el porvenir del propio pueblo, cosa grata a todos, significa algo bien distinto de la fe en sentido religioso. El usar una por otra, el querer sustituir la una por la otra y pretender con esto ser considerado como \u00abcreyente\u00bb por un cristiano convencido, es un mero juego de palabras, una confusi\u00f3n de t\u00e9rminos a sabiendas, o incluso algo peor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">29. La inmortalidad, en sentido cristiano, es la sobrevivencia del hombre despu\u00e9s de la muerte terrena, como individuo personal, para la eterna recompensa o para el eterno castigo. Quien con la palabra inmortalidad no quiere expresar m\u00e1s que una supervivencia colectiva en la continuidad del propio pueblo, para un porvenir de indeterminada duraci\u00f3n en este mundo, pervierte y falsifica una de las verdades fundamentales de la fe cristiana y conmueve los cimientos de cualquier concepci\u00f3n religiosa, la cual requiere un ordenamiento moral universal. Quien no quiere ser cristiano deber\u00eda al menos renunciar a enriquecer el l\u00e9xico de su incredulidad con el patrimonio ling\u00fc\u00edstico cristiano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">30. El pecado original es la culpa hereditaria, propia, aunque no personal, de cada uno de los hijos de Ad\u00e1n, que en \u00e9l pecaron (cf. Rom 5,12); es p\u00e9rdida de la gracia \u2014y, consiguientemente, de la vida eterna\u2014 con la propensi\u00f3n al mal, que cada cual ha de sofocar por medio de la gracia, de la penitencia, de la lucha y del esfuerzo moral. La pasi\u00f3n y muerte del Hijo de Dios redimi\u00f3 al mundo de la maldita herencia del pecado y de la muerte. La fe en estas verdades, hechas hoy objeto de vil escarnio por parte de los enemigos de Cristo en vuestra patria, pertenece al inalienable dep\u00f3sito de la religi\u00f3n cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">31. La cruz de Cristo, aunque que su solo nombre haya llegado a ser para muchos locura y esc\u00e1ndalo (cf 1Cor 1,23), sigue siendo para el cristiano la se\u00f1al sacrosanta de la redenci\u00f3n, la bandera de la grandeza y de la fuerza moral. A su sombra vivimos, bes\u00e1ndola morimos; sobre nuestro sepulcro estar\u00e1 como pregonera de nuestra fe, testigo de nuestra esperanza, aspiraci\u00f3n hacia la vida eterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">32. La humildad en el esp\u00edritu del Evangelio y la impetraci\u00f3n del auxilio divino se compaginan bien con la propia dignidad, con la seguridad de s\u00ed mismo y con el hero\u00edsmo. La Iglesia de Cristo, que en todos los tiempos, hasta en los m\u00e1s cercanos a nosotros, cuenta m\u00e1s confesores y heroicos m\u00e1rtires que cualquier otra sociedad moral, no necesita, ciertamente, recibir de algunos campos ense\u00f1anzas sobre el hero\u00edsmo de los sentimientos y de los actos. En su necio af\u00e1n de ridiculizar la humildad cristiana como una degradaci\u00f3n de s\u00ed mismo y como una actitud cobarde, la repugnante soberbia de estos innovadores no consigue m\u00e1s que hacerse ella misma rid\u00edcula.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">33. Gracia, en sentido lato, puede llamarse todo lo que el Creador otorga a la criatura. Pero la gracia, en el propio sentido cristiano de la palabra, comprende solamente los dones gratuitos sobrenaturales del amor divino, la dignaci\u00f3n y la obra por la que Dios eleva al hombre a aquella \u00edntima comunicaci\u00f3n de su vida, que en el Nuevo Testamento se llama filiaci\u00f3n de Dios. Ved qu\u00e9 amor nos ha mostrado el Padre: que seamos llamados hijos de Dios, y lo seamos en realidad (1Jn 3,1). Rechazar esta elevaci\u00f3n sobrenatural a la gracia por una pretendida peculiaridad del car\u00e1cter alem\u00e1n, es un error, una abierta declaraci\u00f3n de guerra a una verdad fundamental del cristianismo. Equiparar la gracia sobrenatural a los dones de la naturaleza equivale a violentar el lenguaje creado y santificado por la religi\u00f3n. Los pastores y guardianes del pueblo de Dios har\u00e1n bien en oponerse a este hurto sacr\u00edlego y a este empe\u00f1o por confundir los esp\u00edritus.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7. DOCTRINA Y ORDEN MORAL\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">34. Sobre la fe en Dios, genuina y pura, se funda la moralidad del g\u00e9nero humano. Todos los intentos de separar la doctrina del orden moral de la base gran\u00edtica de la fe, para reconstruirla sobre la arena movediza de normas humanas, conducen, pronto o tarde, a los individuos y a las naciones a la decadencia moral. El necio que dice en su coraz\u00f3n: No hay Dios, se encamina a la corrupci\u00f3n moral (Sal 13[14],1). Y estos necios, que presumen separar la moral de la religi\u00f3n, constituyen hoy legi\u00f3n. No se percatan, o no quieren percatarse, de que, el desterrar de las escuelas y de la educaci\u00f3n la ense\u00f1anza confesional, o sea, la noci\u00f3n clara y precisa del cristianismo, impidi\u00e9ndola contribuir a la formaci\u00f3n de la sociedad y de la vida p\u00fablica, es caminar al empobrecimiento y decadencia moral. Ning\u00fan poder coercitivo del Estado, ning\u00fan ideal puramente terreno, por grande y noble que en s\u00ed sea, podr\u00e1 sustituir por mucho tiempo a los est\u00edmulos tan profundos y decisivos que provienen de la fe en Dios y en Jesucristo. Si al que es llamado a las empresas m\u00e1s arduas, al sacrificio de su peque\u00f1o yo en bien de la comunidad, se le quita el apoyo moral que le viene de lo eterno y de lo divino, de la fe ennoblecedora y consoladora en Aquel que premia todo bien y castiga todo mal, el resultado final para innumerables hombres no ser\u00e1 ya la adhesi\u00f3n al deber, sino m\u00e1s bien la deserci\u00f3n. La observancia concienzuda de los diez mandamientos de la ley de Dios y de los preceptos de la Iglesia \u2014estos \u00faltimos, en definitiva, no son sino disposiciones derivadas de las normas del Evangelio\u2014, es para todo individuo una incomparable escuela de disciplina org\u00e1nica, de vigorizaci\u00f3n moral y de formaci\u00f3n del car\u00e1cter. Es una escuela que exige mucho, pero no m\u00e1s de lo que podemos. Dios misericordioso, cuando ordena como legislador: \u00abT\u00fa debes\u00bb, da con su gracia la posibilidad de ejecutar su mandato. El dejar, por consiguiente, inutilizadas las energ\u00edas morales de tan poderosa eficacia o el obstruirles a sabiendas el camino en el campo de la instrucci\u00f3n popular, es obra de irresponsables, que tiende a producir una depauperaci\u00f3n religiosa en el pueblo. El solidarizar la doctrina moral con opiniones humanas, subjetivas y mudables en el tiempo, en lugar de cimentarla en la santa voluntad de Dios eterno y en sus mandamientos, equivale a abrir de par en par las puertas a las fuerzas disolventes. Por lo tanto, fomentar el abandono de las normas eternas de una doctrina moral objetiva, para la formaci\u00f3n de las conciencias y para el ennoblecimiento de la vida en todos sus planos y ordenamientos, es un atentado criminal contra el porvenir del pueblo, cuyos tristes frutos ser\u00e1n muy amargos para las generaciones futuras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8. RECONOCIMIENTO DEL DERECHO NATURAL\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">35. Es una nefasta caracter\u00edstica del tiempo presente querer desgajar no solamente la doctrina moral, sino los mismos fundamentos del derecho y de su aplicaci\u00f3n, de la verdadera fe en Dios y de las normas de la relaci\u00f3n divina. F\u00edjase aqu\u00ed nuestro pensamiento en lo que se suele llamar derecho natural, impreso por el dedo mismo del Creador en las tablas del coraz\u00f3n humano (cf. Rom 2,14-15), y que la sana raz\u00f3n humana no obscurecida por pecados y pasiones es capaz de descubrir. A la luz de las normas de este derecho natural puede ser valorado todo derecho positivo, cualquiera que sea el legislador, en su contenido \u00e9tico y, consiguientemente, en la legitimidad del mandato y en la obligaci\u00f3n que implica de cumplirlo. Las leyes humanas, que est\u00e1n en oposici\u00f3n insoluble con el derecho natura, adolecen de un vicio original, que no puede subsanarse ni con las opresiones ni con el aparato de la fuerza externa. Seg\u00fan este criterio, se ha de juzgar el principio: \u00abDerecho es lo que es \u00fatil a la naci\u00f3n\u00bb. Cierto que a este principio se le puede dar un sentido justo si se entiende que lo moralmente il\u00edcito no puede ser jam\u00e1s verdaderamente ventajoso al pueblo. Hasta el antiguo paganismo reconoci\u00f3 que, para ser justa, esta frase deb\u00eda ser cambiada y decir: \u00abNada hay que sea ventajoso si no es al mismo tiempo moralmente bueno; y no por ser ventajoso es moralmente bueno, sino que por ser moralmente bueno es tambi\u00e9n ventajoso [Cicer\u00f3n, De officiis III, 30). Este principio, desvinculado de la ley \u00e9tica, equivaldr\u00eda, por lo que respecta a la vida internacional, a un eterno estado de guerra entre las naciones; adem\u00e1s, en la vida nacional, pasa por alto, al confundir el inter\u00e9s y el derecho, el hecho fundamental de que el hombre como persona tiene derechos recibidos de Dios, que han de ser defendidos contra cualquier atentado de la comunidad que pretendiese negarlos, abolirlos o impedir su ejercicio. Despreciando esta verdad se pierde de vista que, en \u00faltimo t\u00e9rmino, el verdadero bien com\u00fan se determina y se conoce mediante la naturaleza del hombre con su arm\u00f3nico equilibrio entre derecho personal y v\u00ednculo social, como tambi\u00e9n por el fin de la sociedad, determinado por la misma naturaleza humana. El Creador quiere la sociedad como medio para el pleno desenvolvimiento de las facultades individuales y sociales, del cual medio tiene que valerse el hombre, ora dando, ora recibiendo, para el bien propio y el de los dem\u00e1s. Hasta aquellos valores m\u00e1s universales y m\u00e1s altos que solamente pueden ser realizados por la sociedad, no por el individuo, tienen, por voluntad del Creador, como fin \u00faltimo el hombre, as\u00ed como su desarrollo y perfecci\u00f3n natural y sobrenatural. El que se aparte de este orden conmueve los pilares en que se asienta la sociedad y pone en peligro la tranquilidad, la seguridad y la existencia de la misma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">36. El creyente tiene un derecho inalienable a profesar su fe y a practicarla en la forma m\u00e1s conveniente a aqu\u00e9lla. Las leyes que suprimen o dificultan la profesi\u00f3n y la pr\u00e1ctica de esta fe est\u00e1n en oposici\u00f3n con el derecho natural.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">37. Los padres, conscientes y conocedores de su misi\u00f3n educadora, tienen, antes que nadie, derecho esencial a la educaci\u00f3n de los hijos, que Dios les ha dado, seg\u00fan el esp\u00edritu de la verdadera fe y en consecuencia con sus principios y sus prescripciones. Las leyes y dem\u00e1s disposiciones semejantes que no tengan en cuenta la voluntad de los padres en la cuesti\u00f3n escolar, o la hagan ineficaz con amenazas o con la violencia, est\u00e1n en contradicci\u00f3n con el derecho natural y son \u00edntima y esencialmente inmorales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">38. La Iglesia, que tiene como misi\u00f3n guardar e interpretar el derecho natural, divino en su origen, tiene el deber de declarar que son efecto de la violencia, y, por lo tanto, sin valor jur\u00eddico alguno, las inscripciones escolares hechas en un pasado reciente en una atm\u00f3sfera de notoria carencia de libertad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9. A LA JUVENTUD\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">39. Representantes de Aquel que en el Evangelio dijo a un joven: Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos (Mt 19,17), Nos dirigimos una palabra particularmente paternal a la juventud.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">40. Por mil voces se os repite al o\u00eddo un Evangelio que no ha sido revelado por el Padre celestial; miles de plumas escriben al servicio de una sombra de cristianismo, que no es el cristianismo de Cristo. La prensa y la radio os inundan a diario con producciones de contenido opuesto a la fe y a la Iglesia y, sin consideraci\u00f3n y respeto alguno, atacan lo que para vosotros debe ser sagrado y santo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">41. Sabemos que much\u00edsimos de vosotros, por ser fieles a la fe y a la Iglesia y por pertenecer a asociaciones religiosas, tuteladas por el Concordato, hab\u00e9is tenido y ten\u00e9is que soportar trances duros de desprecio, de sospechas, de vituperios, acusados de antipatriotismo, perjudicados en vuestra vida profesional y social. Y bien sabemos que se cuentan en vuestras filas muchos desconocidos soldados de Cristo que, con el coraz\u00f3n dolorido, pero con la frente erguida, sobrellevan su suerte y buscan alivio solamente en la consideraci\u00f3n de que sufren afrentas por el nombre de Jes\u00fas (cf Hech 5,41).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">42. Y hoy, cuando amenazan nuevos peligros y nuevas tensiones, Nos decimos a esta juventud: \u00abSi alguno os quisiere anunciar un Evangelio distinto del que recibisteis\u00bb sobre el regazo de una madre piadosa, de los labios de un padre creyente, por las instrucciones de un educador fiel a Dios y a su Iglesia, ese tal sea anatema (G\u00e1l 1,9). Si el Estado organiza a la juventud en asociaci\u00f3n nacional obligatoria para todos, en ese caso, dejando a salvo siempre los derechos de las asociaciones religiosas, los j\u00f3venes tienen el derecho obvio e inalienable, y con ellos sus padres, responsables de ellos ante Dios, de exigir que esta asociaci\u00f3n est\u00e9 libre de toda tendencia hostil a la fe cristiana y a la Iglesia; tendencia que hasta un pasado muy reciente y aun hasta el presente angustia a los padres creyentes con un insoluble conflicto de conciencia, por cuanto no pueden dar al Estado lo que se les pide en nombre del Estado, sin quitar a Dios lo que a Dios pertenece.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">43. Nadie piensa en poner tropiezos a la juventud alemana en el camino que debiera conducirla a la realizaci\u00f3n de una verdadera unidad nacional y a fomentar un noble amor por la libertad y una inquebrantable devoci\u00f3n a la patria. A lo que Nos nos oponemos y nos debemos oponer es al antagonismo voluntaria y sistem\u00e1ticamente suscitado entre las preocupaciones de la educaci\u00f3n nacional y de las propias del deber religioso. Por esto, Nos decimos a esta juventud: Cantad vuestros himnos de libertad, mas no olvid\u00e9is que la verdadera libertad es la libertad de los hijos de Dios. No permit\u00e1is que la nobleza de esta insustituible libertad desaparezca en los grilletes serviles del pecado y de la concupiscencia. No es l\u00edcito a quien canta el himno de la fidelidad a la patria terrena convertirse en tr\u00e1nsfuga y traidor con la infidelidad a su Dios, a su Iglesia y a su patria eterna. Os hablan mucho de grandeza heroica, contraponi\u00e9ndola osada y falsamente a la humildad y a la paciencia evang\u00e9lica, pero \u00bfpor qu\u00e9 os ocultan que se da tambi\u00e9n un hero\u00edsmo en la lucha moral, y que la conservaci\u00f3n de la pureza bautismal representa una acci\u00f3n heroica, que deber\u00eda ser apreciada como merece, tanto en el campo religioso como en el natural? Os hablan de las fragilidades humanas en la historia de la Iglesia, pero \u00bfpor qu\u00e9 os ocultan las grandes gestas que la acompa\u00f1an a lo largo de los siglos, los santos que ha producido, los beneficios que la civilizaci\u00f3n occidental recibi\u00f3 de la uni\u00f3n vital entre la Iglesia y vuestro pueblo? Os hablan mucho de ejercicios deportivos, los cuales, si se usan en una bien entendida medida, dan gallard\u00eda f\u00edsica, que es un beneficio para la juventud. Pero hoy se les se\u00f1ala, con frecuencia, una extensi\u00f3n que no tiene en cuenta ni la formaci\u00f3n integral y arm\u00f3nica del cuerpo y del esp\u00edritu, ni el conveniente cuidado de la vida de familia, ni el mandamiento de santificar el d\u00eda del Se\u00f1or. Con una indiferencia rayana en el desprecio, se despoja al d\u00eda del Se\u00f1or de su car\u00e1cter sagrado y de su recogimiento que corresponde a la mejor tradici\u00f3n alemana. Esperamos confiados que los j\u00f3venes alemanes cat\u00f3licos reivindicar\u00e1n expl\u00edcitamente, en el dif\u00edcil ambiente de las organizaciones obligatorias del Estado, su derecho a santificar cristianamente el d\u00eda del Se\u00f1or; que el cuidado de robustecer el cuerpo no les har\u00e1 olvidar su alma inmortal; que no se dejar\u00e1n vencer por el mal, sino que m\u00e1s bien procurar\u00e1n ahogar el mal con el bien (Rom 12,21); que seguir\u00e1n considerando como meta alt\u00edsima suya la corona de la victoria en el estadio de la vida eterna (1Cor 9,24-25).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10. SACERDOTES Y RELIGIOSOS\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">44. Dirigimos una palabra de particular gratitud y de exhortaci\u00f3n a los sacerdotes de Alemania, a los cuales, con sumisi\u00f3n a sus Obispos, corresponde mostrar a la grey de Cristo los rectos senderos, en tiempos dif\u00edciles y en circunstancias duras, con la solicitud diaria, con la paciencia apost\u00f3lica. No os cans\u00e9is, amados hijos y part\u00edcipes de los divinos misterios, de seguir al eterno Sumo Sacerdote Jesucristo en su amor y oficio de buen samaritano. Caminad de continuo en una conducta inmaculada ante Dios, en una incesante autodisciplina y perfeccionamiento, en un amor misericordioso para todos los que os han sido confiados, especialmente para con los que peligran, los d\u00e9biles y los vacilantes. Sed gu\u00edas para los fieles, apoyo para los que titubean, maestros para los que dudan, consoladores para los afligidos, bienhechores desinteresados y consejeros para todos. Las pruebas y los sufrimientos por que ha pasado vuestro pueblo en el periodo de la posguerra, no pasaron sin dejar huellas en su alma. Os han dejado angustias y amarguras, que s\u00f3lo paulatinamente podr\u00e1n curarse y ser superadas por un esp\u00edritu de amor desinteresado y operante. Este amor, que es la armadura indispensable al ap\u00f3stol, especialmente en el mundo presente, agitado y trastornado, Nos lo deseamos y lo imploramos de Dios para vosotros en medida copiosa. El amor apost\u00f3lico, si no logra haceros olvidar, por lo menos os har\u00e1 perdonar muchas amarguras inmerecidas que, en vuestro camino de sacerdotes y de pastores de almas, son hoy m\u00e1s numerosas que nunca. Por lo dem\u00e1s, este amor inteligente y misericordioso para con los descarriados y para con los mismos que os ultrajan no significa, ni en manera alguna puede significar, renuncia a proclamar, a hacer valer y a defender con valent\u00eda la verdad, y a aplicarla a la realidad que os rodea. El primero y m\u00e1s obvio don amoroso del sacerdote al mundo es servirle la verdad, la verdad toda entera; desenmascarar y refutar el error, cualquiera que sea su forma o su disfraz. La renuncia a esto ser\u00eda no solamente una traici\u00f3n a Dios y a vuestra santa vocaci\u00f3n, sino un delito en lo tocante al verdadero bienestar de vuestro pueblo y de vuestra patria. A todos aquellos, que han conservado para con sus obispos la fidelidad prometida en la ordenaci\u00f3n, a aquellos que en el cumplimiento de su oficio pastoral han tenido y tienen que soportar dolores y persecuciones \u2014algunos hasta ser encarcelados o mandados a campos de concentraci\u00f3n\u2014, a todos ellos llegue la expresi\u00f3n de la gratitud y el encomio del Padre de la Cristiandad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">45. Y Nuestra gratitud paterna se extiende igualmente a los religiosos de ambos sexos; una gratitud unida a una participaci\u00f3n \u00edntima por el hecho de que, a consecuencia de medidas contra las Ordenes y Congregaciones religiosas, muchos han sido arrancados del campo de una actividad bendita y para ellos grat\u00edsima. Si algunos han sucumbido y se han mostrado indignos de su vocaci\u00f3n, sus yerros, condenados tambi\u00e9n por la Iglesia, no disminuyen el m\u00e9rito de la grand\u00edsima mayor\u00eda que con desinter\u00e9s y pobreza voluntaria se han esforzado por servir con plena entrega a su Dios y a su pueblo. El celo, la fidelidad, el esfuerzo en perfeccionarse, la sol\u00edcita caridad para con el pr\u00f3jimo y la prontitud bienhechora de aquellos religiosos cuya actividad se desenvuelve en los cuidados pastorales, en los hospitales y en la escuela, son y siguen siendo gloriosa aportaci\u00f3n al bienestar privado y p\u00fablico; un futuro tiempo m\u00e1s tranquilo les har\u00e1 justicia m\u00e1s que el turbulento que atravesamos. Nos tenemos confianza de que los superiores de las comunidades religiosas tomar\u00e1n pie de las dificultades y pruebas presentes para implorar del Omnipotente nueva lozan\u00eda y nueva fertilidad sobre el duro campo de su trabajo por medio de un redoblado celo, de una vida espiritual profunda, de una santa gravedad conforme a su vocaci\u00f3n y de una genuina disciplina regular.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11. A LOS FIELES SEGLARES\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">46. Se ofrecen a nuestra vista, en inmenso desfile, nuestros amados hijos e hijas, a quienes los sufrimientos de la Iglesia en Alemania y los suyos nada han quitado de su entrega a la causa de Dios, nada de su tierno afecto hacia el Padre de la Cristiandad, nada de su obediencia a los obispos y sacerdotes, nada de su alegre prontitud en permanecer en lo sucesivo, pase lo que pase, fieles a lo que han cre\u00eddo y a lo que han recibido como preciosa herencia de sus antepasados. Con coraz\u00f3n conmovido les enviamos nuestro paternal saludo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">47. Y en prime lugar, a los miembros de las asociaciones cat\u00f3licas, que con valent\u00eda y a costa de sacrificios, a menudo dolorosos, se han mantenido fieles a Cristo y no han estado jam\u00e1s dispuestos a ceder en aquellos derechos que un solemne pacto hab\u00eda aut\u00e9nticamente garantizado a la Iglesia y a ellos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">48. Un saludo particularmente cordial va tambi\u00e9n a los padres cat\u00f3licos. Sus derechos y sus deberes en la educaci\u00f3n de los hijos que Dios les ha dado est\u00e1n en el punto agudo de una lucha tal que no se puede imaginar otra mayor. La Iglesia de Cristo no puede comenzar a gemir y a lamentarse solamente cuando se destruyen los altares y manos sacr\u00edlegas incendian los santuarios. Cuando se intenta profanar, con una educaci\u00f3n anticristiana, el tabern\u00e1culo del alma del ni\u00f1o, santificada por el bautismo; cuando se arranca de este templo vivo de Dios la antorcha de la fe y en su lugar se coloca la falsa luz de un sustitutivo de la fe, que no tiene nada que ver con la fe de la cruz, entonces ya est\u00e1 inminente la profanaci\u00f3n espiritual del templo, y es deber de todo creyente separar claramente su responsabilidad de la parte contraria, y su conciencia de toda pecaminosa colaboraci\u00f3n en tan nefasta destrucci\u00f3n. Y cuanto m\u00e1s se esfuercen los enemigos en negar o disimular sus turbios designios, tanto m\u00e1s necesaria es una avisada desconfianza y una vigilancia precavida, estimulada por una amarga experiencia. La conservaci\u00f3n meramente formularia de una instrucci\u00f3n religiosa \u2014por otra parte controlada y sojuzgada por gente incompetente\u2014 en el ambiente de una escuela que en otros ramos de la instrucci\u00f3n trabaja sistem\u00e1tica y rencorosamente contra la misma religi\u00f3n, no puede nunca ser t\u00edtulo justificativo para que un cristiano consienta libremente en tal clase de escuela, destructora para la religi\u00f3n. Sabemos, queridos padres cat\u00f3licos, que no es el caso de hablar, con respecto a vosotros, de un semejante consentimiento, y sabemos que una votaci\u00f3n libre y secreta entre vosotros equivaldr\u00eda a un aplastante plebiscito en favor de la escuela confesional. Y por esto no nos cansaremos tampoco en lo futuro de echar en cara francamente a las autoridades responsables la ilegalidad de las medidas violentas que hasta ahora se han tomado, y el deber que tienen de permitir la libre manifestaci\u00f3n de la voluntad. Entretanto, no os olvid\u00e9is de esto: ning\u00fan poder terreno puede eximiros del v\u00ednculo de responsabilidad, impuesto por Dios, que os une con vuestros hijos. Ninguno de los que hoy oprimen vuestro derecho a la educaci\u00f3n y pretenden sustituiros en vuestros deberes de educadores podr\u00e1 responder por vosotros al Juez eterno, cuando le dirija la pregunta: \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los que yo te di? Que cada uno de vosotros pueda responder: No he perdido a ninguno de los que me diste (Jn 18,9).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">49. Venerables hermanos, estamos ciertos de que las palabras que Nos os dirigimos, y por vuestro conducto a los cat\u00f3licos del Reich alem\u00e1n, encontrar\u00e1n, en esta hora decisiva, en el coraz\u00f3n y en las acciones de nuestros fieles hijos un eco correspondiente a la solicitud amorosa del Padre com\u00fan. Si hay algo que Nos imploramos del Se\u00f1or con particular fervor, es que nuestras palabras lleguen tambi\u00e9n a los o\u00eddos y al coraz\u00f3n de aquellos que han empezado a dejarse prender por las lisonjas y por las amenazas de los enemigos de Cristo y de su santo Evangelio y que les hagan reflexionar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">50. Hemos pesado cada palabra de esta enc\u00edclica en la balanza de la verdad y, al mismo tiempo, del amor. No quer\u00edamos, con un silencio inoportuno, ser culpables  de no haber aclarado la situaci\u00f3n, ni de haber endurecido con un rigor excesivo el coraz\u00f3n de aquellos que, estando confiados a nuestra responsabilidad pastoral, no nos son menos amados porque caminen ahora por las v\u00edas del error y porque se hayan alejado de la Iglesia. Aunque muchos de \u00e9stos, acostumbrados a los modos del nuevo ambiente, no tienen sino palabras de ingratitud y hasta de injuria para la casa paterna y para el Padre mismo; aunque olvidan cu\u00e1n precioso es lo que ellos han despreciado, vendr\u00e1 el d\u00eda en que el espanto que sentir\u00e1n por su alejamiento de Dios y por su indigencia espiritual pesar\u00e1 sobre estos hijos hoy perdidos, y la a\u00f1oranza nost\u00e1lgica los conducir\u00e1 de nuevo al Dios que alegr\u00f3 su juventud (Sal 42[43],4), y a la Iglesia, cuya mano materna les ense\u00f1\u00f3 el camino hacia el Padre celestial. Acelerar esta hora es el objeto de nuestras incesantes plegarias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">51. Como otras \u00e9pocas de la Iglesia, tambi\u00e9n \u00e9sta ser\u00e1 precursora de nuevos progresos y de purificaci\u00f3n interior, cuando la fortaleza en la profesi\u00f3n de la fe y la prontitud en afrontar los sacrificios por parte de los fieles de Cristo sean lo bastante grandes para contraponer a la fuerza material de los opresores de la Iglesia la adhesi\u00f3n incondicional a la fe, la inquebrantable esperanza, anclada en lo eterno, la fuerza arrolladora de una caridad activa. El sagrado tiempo a la Cuaresma y de Pascua, que invita al recogimiento y a la penitencia y hace al cristiano volver los ojos m\u00e1s que nunca a la cruz, as\u00ed como tambi\u00e9n al esplendor del Resucitado, sea para todos y para cada uno de vosotros una ocasi\u00f3n, que acoger\u00e9is con gozo y aprovechar\u00e9is con ardor, para llenar toda el alma con el esp\u00edritu heroico, paciente y victorioso que irradia de la cruz de Cristo. Entonces los enemigos de Cristo \u2014estamos seguros de ello\u2014, que en vano sue\u00f1an con la desaparici\u00f3n de la Iglesia, reconocer\u00e1n que se han alegrado demasiado pronto y que han querido sepultarla demasiado deprisa. Entonces vendr\u00e1 el d\u00eda en que, en vez de prematuros himnos de triunfo de los enemigos de Cristo, se elevar\u00e1 al cielo, de los corazones y de los labios de los fieles el Te Deum de la liberaci\u00f3n, un Te Deum de acci\u00f3n de gracias al Alt\u00edsimo, un Te Deum de j\u00fabilo, porque el pueblo alem\u00e1n, hasta en sus mismos miembros descarriados, habr\u00e1 encontrado el camino de la vuelta a la religi\u00f3n; con una fe purificada por el dolor, doblar\u00e1 nuevamente su rodilla en presencia del Rey del tiempo y de la eternidad, Jesucristo, y se dispondr\u00e1 a luchar \u2014contra los que niegan a Dios y destruyen el Occidente cristiano\u2014 en armon\u00eda con todos los hombres bienintencionados de las otras naciones y a cumplir la misi\u00f3n que le han asignado los planes del Eterno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">52. Aquel, que sondea los corazones y los deseos (Sal 7,10) nos es testigo de que Nos no tenemos aspiraci\u00f3n m\u00e1s \u00edntima que la del restablecimiento de una paz verdadera entre la Iglesia y el Estado en Alemania. Pero si la paz, sin culpa nuestra, no viene, la Iglesia de Dios defender\u00e1 sus derechos y sus libertades, en nombre del Omnipotente, cuyo brazo aun hoy no se ha abreviado. Llenos de confianza en El, no cesamos de rogar y de invocar (Col 1,9) por vosotros, hijos de la Iglesia, para que se acorten los d\u00edas de la tribulaci\u00f3n, y para que se\u00e1is hallados fieles en el d\u00eda de la prueba, y para que aun a los mismos perseguidores y opresores les conceda el Padre de toda luz y de toda misericordia la hora del arrepentimiento para s\u00ed y para muchos que con ellos han errado y yerran.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con esta plegaria en el coraz\u00f3n y en los labios, Nos impartimos, como prenda de la ayuda divina, como apoyo en vuestras decisiones dif\u00edciles y llenas de responsabilidad, como lenitivo en el dolor, a vosotros, obispos, pastores de vuestro pueblo fiel, a los sacerdotes, a los religiosos, a los ap\u00f3stoles seglares de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica y a todos vuestros diocesanos, y en se\u00f1alado lugar a los enfermos y prisioneros, con amor paternal la Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado en el Vaticano, en la dominica de Pasi\u00f3n, 14 de marzo de 1937.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">PIUS PP.XI\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA ENC\u00cdCLICA MIT BRENNENDER SORGE DEL SUMO PONT\u00cdFICE P\u00cdO XI SOBRE LA SITUACI\u00d3N DE LA IGLESIA CAT\u00d3LICA EN EL REICH ALEM\u00c1N A los venerables hermanos, arzobispos, obispos y otros ordinarios de Alemania en paz y comuni\u00f3n con la Sede Apost\u00f3lica 1. 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