{"id":25105,"date":"2016-02-05T17:01:19","date_gmt":"2016-02-05T22:01:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hebraismo-e-iglesia-pio-xii-contra-el-racismo\/"},"modified":"2016-02-05T17:01:19","modified_gmt":"2016-02-05T22:01:19","slug":"hebraismo-e-iglesia-pio-xii-contra-el-racismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hebraismo-e-iglesia-pio-xii-contra-el-racismo\/","title":{"rendered":"HEBRAISMO E IGLESIA: PIO XII CONTRA EL RACISMO"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">CARTA ENC\u00cdCLICA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SUMMI PONTIFICATUS\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DE NUESTRO SANT\u00cdSIMO SE\u00d1OR\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">P\u00cdO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">POR LA DIVINA PROVIDENCIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PAPA XII\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A LOS VENERABLES HERMANOS<br \/>\nPATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS<br \/>\nY DEM\u00c1S ORDINARIOS LOCALES<br \/>\nEN PAZ Y EN COMUNI\u00d3N CON LA SEDE APOST\u00d3LICA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Dios, en su secreto designio, nos ha confiado, sin m\u00e9rito alguno nuestro, la dignidad y las graves preocupaciones del supremo pontificado precisamente en el a\u00f1o en que se cumple el cuadrag\u00e9simo aniversario de la consagraci\u00f3n del g\u00e9nero humano al Sacrat\u00edsimo Coraz\u00f3n del Redentor, que nuestro inmortal predecesor Le\u00f3n XIII intim\u00f3 a todo el orbe, al declinar el pasado siglo, en los umbrales del A\u00f1o Santo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Con suma alegr\u00eda e \u00edntimo gozo acogimos entonces como mensaje del cielo la enc\u00edclica Annum Sacrum , precisamente cuando reci\u00e9n ordenados de sacerdote, hab\u00edamos podido recitar el Introibo ad altare Dei (Sal 42,4) . Y \u00a1con qu\u00e9 ardiente entusiasmo unimos nuestro coraz\u00f3n a los pensamientos y a las intenciones que animaban y guiaban aquel acto, llevado a cabo, no sin una especial providencia, por un Pont\u00edfice que con tan profunda agudeza conoc\u00eda las necesidades y los males manifiestos y ocultos de su tiempo! Por esto, no podemos dejar de manifestar nuestro agradecimiento a la divina Providencia, que ha querido hacer coincidir nuestro primer a\u00f1o de pontificado con un recuerdo tan trascendental y querido de nuestro primer a\u00f1o de sacerdocio. Aprovechando de buena gana esta oportunidad, Nos queremos que el culto debido al Rey de reyes y al Se\u00f1or de los se\u00f1ores (1Tim 6,15; Ap 19,16) sea como la plegaria introductoria de nuestro pontificado, cumpliendo as\u00ed los deseos de nuestro santo predecesor. Sea este culto tambi\u00e9n el fundamento en que se apoyan y el prop\u00f3sito que pretenden tanto nuestra voluntad esperanzada como nuestra ense\u00f1anza y pastoral actividad, y, finalmente, el sufrimiento de los trabajos y penas, que consagramos exclusivamente a la difusi\u00f3n del reino de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. Si contemplamos a la luz de la eternidad los acontecimientos externos y el crecimiento de vida interior logrado durante los \u00faltimos cuarenta a\u00f1os y medimos, por una parte, sus grandezas y, por otra, sus deficiencias, aquella consagraci\u00f3n del g\u00e9nero humano a Jesucristo Rey revela cada vez m\u00e1s a nuestro esp\u00edritu su hondo significado sagrado, su simbolismo exhortador, su fuerza purificadora, elevante, defensora y consolidadora de las almas, y al mismo tiempo, con no menor evidencia, observan nuestros ojos con cu\u00e1nta sabidur\u00eda procura esa consagraci\u00f3n restablecer por completo la salud de toda la sociedad humana y promover la verdadera prosperidad de \u00e9sta. Esta consagraci\u00f3n nos parece como un mensaje de exhortaci\u00f3n y de gracia divina no s\u00f3lo para la Iglesia, sino tambi\u00e9n para toda la humanidad, que, necesitada de est\u00edmulo y de gu\u00eda, se apartaba del camino recto y, hundi\u00e9ndose en las cosas de la tierra y poniendo en ellas de manera exclusiva su deseo, perec\u00eda miserablemente; mensaje para todos los hombres que, en n\u00famero cada d\u00eda mayor, se alejaban de la fe en Cristo e incluso tambi\u00e9n del reconocimiento y de la observancia de su ley; mensaje, finalmente, que se alzaba contra una concepci\u00f3n de la vida, muy extendida, para la cual el precepto del amor y la doctrina de la renuncia de s\u00ed mismo promulgada en el serm\u00f3n evang\u00e9lico de la monta\u00f1a, e igualmente la divina gesta de amor realizada en la cruz, parec\u00edan un esc\u00e1ndalo y una locura. De la misma manera que en otro tiempo el Precursor del Redentor, para responder a los que le preguntaban con deseo de instruirse, proclamaba: He aqu\u00ed el Cordero de Dios (Jn 1,29) , para avisarles que el Deseado de los pueblos (Ag 2,8) , si bien todav\u00eda desconocido, viv\u00eda ya en medio de ellos, as\u00ed tambi\u00e9n el Vicario de Jesucristo a todos aquellos que \u2014renegados, dudosos, fluctuantes\u2014 se negaban a seguir al Redentor glorioso, viviente y operante siempre en su Iglesia, o le segu\u00edan con descuido y flojedad, con poderosa voz les conjuraba diciendo: He aqu\u00ed vuestro Rey (Jn 19,14) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. De la propagaci\u00f3n y del arraigo cada d\u00eda mayor del culto al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas \u2014derivados no s\u00f3lo de la consagraci\u00f3n del g\u00e9nero humano, hecha al declinar el pasado siglo, sino tambi\u00e9n de la instituci\u00f3n de la fiesta de Jesucristo Rey, creada por nuestro inmediato predecesor, de feliz memoria \u2014 han brotado innumerables bienes para los fieles como un impetuoso r\u00edo que alegra la ciudad de Dios (Sal 45,5) \u00bfQu\u00e9 \u00e9poca ha tenido mayor necesidad de estos bienes que la nuestra? \u00bfQu\u00e9 \u00e9poca m\u00e1s que la nuestra, a pesar de los progresos de toda clase que ha producido en el orden t\u00e9cnico y puramente exterior, ha sufrido un vac\u00edo interior tan crecido y una indigencia espiritual tan \u00edntima? Se le puede aplicar con exactitud la palabra aleccionadora del Apocalipsis: Dices: Rico soy y opulento y de nada necesito, y no sabes que eres m\u00edsero, miserable, pobre, ciego y desnudo (Ap 3, 17).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. No hay necesidad m\u00e1s urgente, venerables hermanos, que la de dar a conocer las inconmensurables riquezas de Cristo (Ef 3,8) a los hombres de nuestra \u00e9poca. No hay empresa m\u00e1s noble que la de levantar y desplegar al viento las banderas de nuestro Rey ante aquellos que han seguido banderas falaces y la de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado. \u00bfQui\u00e9n, a la vista de una tan gran multitud de hermanos y hermanas que, cegados por el error, enredados por las pasiones, desviados por los prejuicios, se han alejado de la verdadera fe en Dios y del salvador mensaje de Jesucristo; qui\u00e9n, decimos, no arder\u00e1 en caridad y dejar\u00e1 de prestar gustosamente su ayuda? Todo el que pertenece a la milicia de Cristo, sea cl\u00e9rigo o seglar, \u00bfpor qu\u00e9 no ha de sentirse excitado a una mayor vigilancia, a una defensa m\u00e1s en\u00e9rgica de nuestra causa viendo como ve crecer temerosamente sin cesar la turba de los enemigos de Cristo y viendo a los pregoneros de una doctrina enga\u00f1osa que, de la misma manera que niegan la eficacia y la saludable verdad de la fe cristiana o impiden que \u00e9sta se lleve a la pr\u00e1ctica, parecen romper con impiedad suma las tablas de los mandamientos de Dios, para sustituirlas con otras normas de las que est\u00e1n desterrados los principios morales de la revelaci\u00f3n del Sina\u00ed y el divino esp\u00edritu que ha brotado del serm\u00f3n de la monta\u00f1a y de la cruz de Cristo? Todos, sin duda, saben muy bien, no sin hondo dolor, que los g\u00e9rmenes de estos errores producen una tr\u00e1gica cosecha en aquellos que, si bien en los d\u00edas de calma y seguridad se confesaban seguidores de Cristo, sin embargo, cuando es necesario resistir con energ\u00eda, luchar, padecer y soportar persecuciones ocultas y abiertas, cristianos s\u00f3lo de nombre, se muestran vacilantes, d\u00e9biles, impotentes, y, rechazando los sacrificios que la profesi\u00f3n de su religi\u00f3n implica, no son capaces de seguir los pasos sangrientos del divino Redentor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. Que en esta situaci\u00f3n, venerables hermanos, la ya pr\u00f3xima fiesta de Cristo Rey, en cuya fecha os llegar\u00e1 esta nuestra enc\u00edclica, os conceda los dones de la divina gracia, con los cuales puedan renovarse los hambres en las virtudes evang\u00e9licas y pueda renacer el reino de Cristo por todas partes. Que la consagraci\u00f3n del g\u00e9nero humano al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, que en este d\u00eda se celebrar\u00e1 de modo solemne y con especial devoci\u00f3n, re\u00fana junto al altar del eterno Rey a los fieles de todos los pueblos y de todas las naciones en adoraci\u00f3n y en reparaci\u00f3n, para renovarle a \u00c9l y a su ley de verdad y de amor, ahora y siempre, el juramento de fidelidad. Beban en ese d\u00eda la gracia divina todos los cristianos, para que en ellos el fuego que el Se\u00f1or vino a traer a la tierra se convierta en llama cada vez m\u00e1s luminosa y pura. Sea d\u00eda de gracia tambi\u00e9n para los tibios, los cansados, los hastiados, y renueven as\u00ed todos ellos la integridad y la fortaleza de su esp\u00edritu. Sea tambi\u00e9n, por \u00faltimo, d\u00eda de gracia para los que no han conocido a Cristo o lo han abandonado miserablemente, y la multitud de los fieles, muchos millones de hambres, rueguen juntos a Dios en ese solemne d\u00eda que la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9) les ilumine y se\u00f1ale el camino de la salvaci\u00f3n, y su divina gracia suscite en el inquieto esp\u00edritu de los extraviados la nostalgia de los bienes eternos, nostalgia que los impela a volver a Aquel que desde el doloroso trono de la cruz tiene sed de sus almas y ardiente deseo de ser tambi\u00e9n para ellos camino, verdad y vida (Jn 14,6).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7. Al poner esta primera enc\u00edclica de nuestro pontificado, con el coraz\u00f3n rebosante de confiada esperanza, bajo la bandera de Cristo Rey, Nos estamos absolutamente seguros de la un\u00e1nime y entusiasta aprobaci\u00f3n de toda la grey del Se\u00f1or. Las experiencias y las ansiedades de la \u00e9poca presente despiertan la solidaridad entre todos los miembros de la familia cat\u00f3lica y agudizan y purifican el sentimiento de esta solidaridad en grado raras veces conseguido. E igualmente excitan en todos los que crecen en Dios y siguen a Cristo como gu\u00eda y maestro el reconocimiento de un peligro com\u00fan que est\u00e1 amenazando sobre todos sin excepci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8. Este esp\u00edritu de mutua solidaridad entre los cat\u00f3licos, que, como hemos dicho, se ha visto aumentado por la peligrosa situaci\u00f3n presente, y que confirma a los esp\u00edritus haci\u00e9ndoles entrar dentro de s\u00ed y alimenta al mismo tiempo el prop\u00f3sito de futuras victorias, nos produjo un suave deleite y un sumo consuelo en aquellos d\u00edas en que con tr\u00e9mulo paso, pero confiando en Dios, tomamos posesi\u00f3n de la C\u00e1tedra que la muerte de nuestro gran predecesor hab\u00eda dejado vacante.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9. Hoy, recordando el sinn\u00famero de testimonios de estrecha adhesi\u00f3n filial a la Iglesia y al Vicario de Cristo que libre y espont\u00e1neamente llegaron a Nos con motivo de nuestra elecci\u00f3n y coronaci\u00f3n, no podemos dejar de daros a vosotros, venerables hermanos, y a todos cuantos pertenecen a la familia cat\u00f3lica, las gracias m\u00e1s conmovidas por los testimonios de amor reverente y de inquebrantable fidelidad al Papado enviados de todas partes al Pont\u00edfice, en el cual se reconoc\u00eda la misi\u00f3n providencial del Sumo Sacerdote y del Pastor Supremo. Porque estas manifestaciones no estaban dirigidas a nuestra humilde persona, sino \u00fanicamente al alto y grave oficio a cuyo cumplimiento el Se\u00f1or nos llamaba. Y si ya entonces experiment\u00e1bamos la extraordinaria gravedad de la carga recibida que nos hab\u00eda impuesto la suma potestad que nos confer\u00eda la Providencia divina, sin embargo, sent\u00edamos el gran consuelo de ver aquella grandiosa y palpable demostraci\u00f3n de la indivisible unidad de la Iglesia cat\u00f3lica, que, levantada como muralla y baluarte, con tanta mayor firmeza y energ\u00eda se une a la roca invicta de Pedro cuanto mayor aparece la jactancia de los enemigos de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10. Este universal plebiscito de la unidad cat\u00f3lica y de la fraterna y divina solidaridad de los pueblos ofrecido al Padre com\u00fan nos parec\u00eda dar una esperanza tanto m\u00e1s feliz y m\u00e1s fecunda cuanto m\u00e1s tr\u00e1gicas eran las circunstancias materiales y espirituales del momento. Y su gozoso recuerdo nos sigui\u00f3 confortando durante los primeros meses de nuestro pontificado, cuando debimos padecer las fatigas, las ansiedades, y soportar las pruebas de que est\u00e1 sembrado el camino de la Esposa de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11. No queremos tampoco pasar en silencio el reconocimiento que suscit\u00f3 en nuestro coraz\u00f3n la felicitaci\u00f3n de aquellos que, sin pertenecer al cuerpo visible de la Iglesia cat\u00f3lica, en su nobleza y sinceridad, no han querido olvidar todo aquello que, en el amor a la persona de Cristo o en la fe en Dios, les une con Nos. Vaya a todos ellos la expresi\u00f3n de nuestra gratitud. Nos los encomendamos a todos y a cada uno a la protecci\u00f3n y a la direcci\u00f3n del Se\u00f1or, y aseguramos solemnemente que solo un pensamiento domina nuestra mente: imitar cuidadosamente el ejemplo del Buen Pastor, para conducir a todos a la verdadera felicidad y para que tengan vida, y la tengan m\u00e1s abundante (Jn 10,10) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12. Pero de manera particular Nos deseamos mostrar aqu\u00ed nuestro agradecimiento a los soberanos, a los jefes de Estado y a las autoridades p\u00fablicas que, en nombre de sus respectivas naciones, con las cuales la Santa Sede se halla en amigables relaciones, han querido ofrecernos en aquella ocasi\u00f3n el homenaje de su reverencia. En este n\u00famero y con ocasi\u00f3n de esta primera enc\u00edclica, dirigida a todos los pueblos del universo, con particular alegr\u00eda nos es permitido incluir a Italia; Italia, que, como fecundo jard\u00edn de la fe cat\u00f3lica, plantada por el Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, despu\u00e9s de los providenciales pactos lateranenses, ocupa un puesto de honor entre aquellos Estados que oficialmente se hallan representados cerca del Romano Pont\u00edfice. De estos pactos volvi\u00f3 a lucir como una aurora feliz la \u00abpaz de Cristo devuelta a Italia\u00bb, anunciando una tranquila y fraterna uni\u00f3n de esp\u00edritus tanto en la vida religiosa como en los asuntos civiles; paz que, aportando siempre tiempos serenos, como pedimos al Se\u00f1or, penetre, consuele, dilate y corrobore profundamente el alma del pueblo italiano, tan cercano a Nos y que goza del mismo ambiente de vida que Nos. Con ruegos suplicantes deseamos de todo coraz\u00f3n que este pueblo, tan querido a nuestros predecesores y a Nos, fiel a sus gloriosas tradiciones cat\u00f3licas y asegurado por el divino auxilio, experimente cada d\u00eda m\u00e1s la divina verdad de las palabras del salmista: Bienaventurado el pueblo que tiene al Se\u00f1or por su Dios (Sal 143,15) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13. Este nuevo y deseado orden jur\u00eddico y espiritual que para Italia y para todo el orbe cat\u00f3lico cre\u00f3 y sell\u00f3 aquel hecho, digno de memoria indeleble para toda la historia, jam\u00e1s nos pareci\u00f3 demostrar una tan grandiosa uni\u00f3n de esp\u00edritus como cuando desde la alta loggia de la Bas\u00edlica Vaticana abrimos y levantamos por primera vez nuestros brazos y nuestra mano para bendecir a Roma, sede del Papado y nuestra amad\u00edsima ciudad natal; a Italia, reconciliada con la Iglesia cat\u00f3lica, y a los pueblos del mundo entero.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14. Como Vicario de Aquel que, en una hora decisiva, delante del representante de la m\u00e1s alta autoridad de aquel tiempo, pronunci\u00f3 la augusta palabra: Yo para esto nac\u00ed y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo aquel que pertenece a la verdad, oye mi voz (Jn 18,37), declaramos que el principal deber que nos impone nuestro oficio y nuestro tiempo es \u00abdar testimonio de la verdad\u00bb. Este deber, que debemos cumplir con firmeza apost\u00f3lica, exige necesariamente la exposici\u00f3n y la refutaci\u00f3n de los errores y de los pecados de los hombres, para que, vistos y conocidos a fondo, sea posible el tratamiento m\u00e9dico y la cura: Conocer\u00e9is la verdad, y la verdad os har\u00e1 libres (Jn 8,32). En el cumplimiento de este oficio no nos dejaremos influir por consideraciones humanas o terrenas, del mismo modo, no cejaremos en el prop\u00f3sito emprendido ni por las desconfianzas, ni por las contradicciones, ni por las repulsas, no nos apartar\u00e1 tampoco de esta determinaci\u00f3n el temor de que nuestra acci\u00f3n sea incomprendida o falsamente interpretada. Sin embargo, aun trabajando con cuidadosa diligencia para este fin, nuestra conducta estar\u00e1 animada por aquella caridad paterna que mientras nos ordena trabajar con suma tristeza a causa de los males que atormentan a los hijos, nos manda tambi\u00e9n se\u00f1alar estos mismos hijos los oportunos remedios, imitando as\u00ed al divino modelo de los pastores, Cristo, Se\u00f1or nuestro, que nos da al mismo tiempo luz y amor: Practicando la verdad con amor (Ef 4, 15) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15. Ahora bien, el nefasto esfuerzo con que no pocos pretenden arrojar a Cristo de su reino, niegan la ley de la verdad por \u00c9l revelada y rechazan el precepto de aquella caridad que abriga y corrobora su imperio como con un vivificante y divino soplo, es la ra\u00edz de los males que precipitan a nuestra \u00e9poca por un camino resbaladizo hacia la indigencia espiritual y la carencia de virtudes en las almas. Por lo cual, la reverencia a la realeza de Cristo, el reconocimiento de los derechos de su regia potestad y el procurar la vuelta de los particulares y de toda la sociedad humana a la ley de su verdad y de su amor, son los \u00fanicos medios que pueden hacer volver a los hombres al camino de la salvaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16. Mientras escribimos estas l\u00edneas, venerables hermanos nos llega la terrible noticia de que, por desgracia, a pesar de todos nuestros esfuerzos por evitarlo, el terrible incendio de la guerra se ha desencadenado ya. Nuestra pluma casi se detiene cuando pensamos en las innumerables calamidades de aquellos que hasta ayer se gozaban con la modesta prosperidad de su propio hogar familiar. Nuestro coraz\u00f3n paterno se siente lleno de angustia al prever todos los males que podr\u00e1n brotar de la tenebrosa semilla de la violencia y del odio, a los que la espada est\u00e1 abriendo ya sangrientos surcos. Sin embargo, cuando consideramos este diluvio de males presentes y tememos calamidades a\u00fan mayores para el futuro, juzgamos deber nuestro dirigir con creciente insistencia los ojos y los corazones de cuantos conservan todav\u00eda una voluntad recta hacia Aquel de quien \u00fanicamente viene la salvaci\u00f3n del mundo, hacia Aquel cuya mano omnipotente y misericordiosa es la \u00fanica que puede poner fin a esta tempestad; hacia Aquel, finalmente, cuya verdad y amor son los \u00fanicos que pueden iluminar las inteligencias y encender los esp\u00edritus de tantos hombres que, combatidos por las olas del error y por el ansia de un ego\u00edsmo inmoderado y casi sumergidos por las ondas de las contiendas, deben ser reformados nuevamente y devueltos al gobierno y al esp\u00edritu de Jesucristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">17. Tal vez se puede esperar \u2014y pedimos a Dios que as\u00ed sea\u2014 que esta \u00e9poca de m\u00e1ximas calamidades mejore la manera de pensar y de sentir de muchos que, ciegamente confiados hasta ahora en las enga\u00f1osas opiniones tan difundidas hoy d\u00eda, despreocupados e imprudentes, pisaban un camino incierto lleno de peligros. Y muchos que no apreciaban la importancia y el valor de la misi\u00f3n pastoral de la Iglesia para la recta educaci\u00f3n de los esp\u00edritus, comprender\u00e1n tal vez ahora mejor y estimar\u00e1n m\u00e1s las amonestaciones de la Iglesia que ellos desatendieron en un tiempo m\u00e1s f\u00e1cil y seguro. Las angustias presentes y la calamitosa situaci\u00f3n actual constituyen una apolog\u00eda tan definitiva de la doctrina cristiana, que es tal vez esta situaci\u00f3n la que puede mover a los hombres m\u00e1s que cualquier otro argumento. Porque de este ingente c\u00famulo de errores y de este diluvio de movimientos anticristianos se han cosechado frutos tan envenenados, que constituyen una reprobaci\u00f3n y una condenaci\u00f3n de esos errores, cuya fuerza probativa supera a toda refutaci\u00f3n racional.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">18. Porque, mientras las esperanzas fallan y desilusionan, la gracia divina sonr\u00ede a las almas temblorosas: se percibe el paso del Se\u00f1or (Ex 12,11) y a la palabra del Redentor: He aqu\u00ed que estoy a la puerta y llamo (Ap 3,20); se abren con frecuencia puertas que, de otro modo, nunca se abrir\u00edan. Dios es testigo de la ardorosa compasi\u00f3n, del santo gozo con que se vuelve nuestro coraz\u00f3n a aquellos que, experimentando tan dolorosas pruebas, sienten nacer en su interior el deseo impelente y saludable de la verdad, de la justicia y de la paz cristiana. Pero, incluso hacia aquellos para quienes no ha sonado todav\u00eda la hora de la iluminaci\u00f3n celeste, nuestro coraz\u00f3n no conoce sino amor, y nuestros labios pronuncian plegarias a Dios para que en sus almas, indiferentes o enemigas de Cristo, haga brillar un rayo de aquella luz que un d\u00eda transform\u00f3 a Saulo en Pablo, y que ha demostrado su fuerza misteriosa precisamente en los tiempos m\u00e1s dif\u00edciles de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19. En la hora presente, en que las calamitosas perturbaciones ocupan la mente de todos, no es nuestro prop\u00f3sito exponer una refutaci\u00f3n completa de los errores de esta \u00e9poca \u2014refutaci\u00f3n que haremos cuando se presente ocasi\u00f3n oportuna\u2014, sino desarrollar por escrito solamente algunas observaciones fundamentales sobre este tema.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20. Hoy d\u00eda los hombres, venerables hermanos, a\u00f1adiendo a las desviaciones doctrinales del pasado nuevos errores, han impulsado todos estos principios por un camino tan equivocado que no se pod\u00eda seguir de ello otra cosa que perturbaci\u00f3n y ruina. Y en primer lugar es cosa averiguada que la fuente primaria y m\u00e1s profunda de los males que hoy afligen a la sociedad moderna brota de la negaci\u00f3n, del rechazo de una norma universal de rectitud moral, tanto en la vida privada de los individuos como en la vida pol\u00edtica y en las mutuas relaciones internacionales; la misma ley natural queda sepultada bajo la detracci\u00f3n y el olvido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21. Esta ley natural tiene su fundamento en Dios, creador omnipotente y padre de todos, supremo y absoluto legislador, omnisciente y justo juez de las acciones humanas. Cuando temerariamente se niega a Dios, todo principio de moralidad queda vacilando y perece, la voz de la naturaleza calla o al menos se debilita paulatinamente, voz que ense\u00f1a tambi\u00e9n a los ignorantes y aun a las tribus no civilizadas lo que es bueno y lo que es malo, lo l\u00edcito y lo il\u00edcito, y les hace sentir que dar\u00e1n cuenta alguna vez de sus propias acciones buenas y malas ante un Juez supremo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22. Como bien sab\u00e9is, venerables hermanos, el fundamento de toda la moralidad comenz\u00f3 a ser rechazado en Europa, porque muchos hombres se separaron de la doctrina de Cristo, de la que es depositaria y maestra la C\u00e1tedra de San Pedro. Esta doctrina dio durante siglos tal cohesi\u00f3n y tal formaci\u00f3n cristiana a los pueblos de Europa, que \u00e9stos, educados, ennoblecidos y civilizados por la cruz, llegaron a tal grado de progreso pol\u00edtico y civil, que fueron para los restantes pueblos y continentes maestros de todas las disciplinas. Pero desde que muchos hermanos, separados ya de Nos, abandonaron el magisterio infalible de la Iglesia, llegaron, por desgracia, hasta negar la misma divinidad del Salvador, dogma capital y centro del cristianismo, acelerando as\u00ed el proceso de disoluci\u00f3n religiosa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23. Narra el sagrado Evangelio que, cuando Jes\u00fas fue crucificado, las tinieblas invadieron toda la superficie de la tierra (Mt 27,45); s\u00edmbolo luctuoso de lo que ha sucedido, y sigue sucediendo, cuando la incredulidad religiosa, ciega y demasiado orgullosa de s\u00ed misma, excluye a Cristo de la vida moderna, y especialmente de la p\u00fablica y, junto con la fe en Cristo, debilita tambi\u00e9n la fe en Dios. De aqu\u00ed se sigue que todas las normas y principios morales seg\u00fan los cuales eran juzgadas en otros tiempos las acciones de la vida privada y de la vida p\u00fablica, hayan ca\u00eddo en desuso, y se sigue tambi\u00e9n que donde el Estado se ajusta por completo a los prejuicios del llamado laicismo \u2014fen\u00f3meno que cada d\u00eda adquiere m\u00e1s r\u00e1pidos progresos y obtiene mayores alabanzas\u2014 y donde el laicismo logra substraer al hombre, a la familia y al Estado del influjo ben\u00e9fico y regenerador de Dios y de la Iglesia, aparezcan se\u00f1ales cada vez m\u00e1s evidentes y terribles de la corruptora falsedad del viejo paganismo. Cosa que sucede tambi\u00e9n en aquellas regiones en las que durante tantos siglos brillaron los fulgores de la civilizaci\u00f3n cristiana: las tinieblas se extendieron mientras crucificaban a Jes\u00fas (Brev. Rom., Viernes Santo, resp.4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24. Pero muchos, tal vez, al separarse de la doctrina de Cristo, no advert\u00edan que eran enga\u00f1ados por el falso espejismo de unas frases brillantes, que presentaban esta separaci\u00f3n del cristianismo como liberaci\u00f3n de una servidumbre impuesta; ni preve\u00edan las amargas consecuencias que se seguir\u00edan del cambio que ven\u00eda a sustituir la verdad, que libera, con el error, que esclaviza; ni pensaban, finalmente, que, renunciando a la ley de Dios, infinitamente sabia y paterna, y a la amorosa, unificante y ennoblecedora doctrina de amor de Cristo, se entregaban al arbitrio de una prudencia humana l\u00e1bil y pobre. Alardeaban de un progreso en todos los campos, siendo as\u00ed que retroced\u00edan a cosas peores; pensaban; elevarse a las m\u00e1s altas cimas, siendo as\u00ed que se apartaban de su propia dignidad; afirmaban que este siglo nuestro hab\u00eda de traer una perfecta madurez, mientras estaban volviendo precisamente a la antigua esclavitud. No percib\u00edan que todo esfuerzo humano para sustituir la ley de Cristo por algo semejante est\u00e1 condenado al fracaso: Se entontecieron en sus razonamientos (Rom 1,21) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">25. As\u00ed debilitada y perdida la fe en Dios y en el divino Redentor y apagada en las almas la luz que brota de los principios universales de moralidad, queda inmediatamente destruido el \u00fanico e insustituible fundamento de estable tranquilidad en que se apoya el orden interno y externo de la vida privada y p\u00fablica, que es el \u00fanico que puede engendrar y salvaguardar la prosperidad de los Estados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26. Es cierto que, cuando los pueblos de Europa estaban vinculados por una fraterna uni\u00f3n, alimentada por las instituciones y los preceptos del cristianismo, no faltaban disensiones, ni trastornos, ni guerras asoladoras; pero tal vez jam\u00e1s como en el presente los hombres se han encontrado con un \u00e1nimo tan quebrantado y afligido, porque ven con temor indecible la extraordinaria dificultad para curar sus propios males. Mientras que, por el contrario, en los siglos anteriores estaba presente en los esp\u00edritus de todos la noci\u00f3n de lo justo y de lo injusto, de lo l\u00edcito y de lo il\u00edcito; lo cual facilita los acuerdos, refrena las pasiones desordenadas y deja abierta la v\u00eda a una honesta inteligencia mutua. En nuestros d\u00edas, sin embargo, las disensiones no provienen \u00fanicamente del \u00edmpetu vehemente de un esp\u00edritu destemplado, sino m\u00e1s bien de una profunda perturbaci\u00f3n e la conciencia interior, que ha trastornado temerariamente los sanos principios de la moral privada y p\u00fablica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27. Entre los m\u00faltiples errores que brotan, como de fuente envenenada, del agnosticismo religioso y moral, hay dos principales que queremos proponer de manera particular a vuestra diligente consideraci\u00f3n, venerables hermanos, porque hacen casi imposible, o al menos precaria e incierta, la tranquila y pac\u00edfica convivencia de los pueblos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28. El primero de estos dos errores, en la actualidad enormemente extendido por desgracia, consiste en el olvido de aquella ley de mutua solidaridad y caridad humana impuesta por el origen com\u00fan y por la igualdad de la naturaleza racional en todos los hombres, sea cual fuere el pueblo a que pertenecen, y por el sacrificio de la redenci\u00f3n, ofrecido por Jesucristo en el ara de la cruz a su Padre celestial en favor de la humanidad pecadora.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">29. La primera p\u00e1gina de la Sagrada Escritura refiere con grandiosa simplicidad que Dios, para coronar su obra creadora, hizo al hombre a su imagen y semejanza (cf. G\u00e9n 1,26-27); y la misma Escritura ense\u00f1a que el hombre, enriquecido con dones y privilegios sobrenaturales, fue destinado a una eterna e inefable felicidad. Refiere, adem\u00e1s, que de la primera uni\u00f3n matrimonial proceden todos los dem\u00e1s hombres, los cuales, como ense\u00f1a la Escritura con extraordinaria viveza y plasticidad de lenguaje, se dividieron despu\u00e9s en varias tribus y pueblos, disemin\u00e1ndose por las diversas partes del mundo. Y ense\u00f1a tambi\u00e9n que, aunque se alejaron miserablemente de su Creador, Dios no dej\u00f3 de considerarlos como hijos, a los cuales, seg\u00fan sus misericordiosos designios, hab\u00eda de traer de nuevo un d\u00eda al seno de su amistad (cf. G\u00e9n 12,3) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">30. El Ap\u00f3stol de las Gentes, como heraldo de esta verdad que hermana a los hombres en una gran familia, anuncia estas realidades al mundo griego: Sac\u00f3 [Dios] de un mismo tronco todo el linaje de los hombres, para que habitase la vasta extensi\u00f3n de la tierra, fijando el orden de los tiempos y los limites de la habitaci\u00f3n de cada pueblo para que buscasen a Dios (Hech 17, 26-27). Raz\u00f3n por la cual podemos contemplar con admiraci\u00f3n del esp\u00edritu al g\u00e9nero humano unificado por la unidad de su origen com\u00fan en Dios, seg\u00fan aquel texto: Uno el Dios y Padre de todos, el cual est\u00e1 sobre todos y habita en todos nosotros (Ef 4,6); por la unidad de naturaleza, que consta de cuerpo material y de alma espiritual e inmortal; por la unidad del fin pr\u00f3ximo de todos y por la misi\u00f3n com\u00fan que todos tienen que realizar en esta vida presente; por la unidad de habitaci\u00f3n, la tierra, de cuyos bienes todos los hombres pueden disfrutar por derecho natural, para sustentarse y adquirir la propia perfecci\u00f3n; por la unidad del fin supremo, Dios mismo, al cual todos deben tender, y por la unidad de los medios para poder conseguir este supremo fin.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">31. Y el mismo Ap\u00f3stol de las Gentes demuestra la unidad de la familia humana con aquellas razones por medio de las cuales estamos unidos con el Hijo de Dios, imagen eterna de Dios invisible, en quien todas las cosas han sido creadas (Col 1,16); e igualmente con la unidad de la redenci\u00f3n, que Cristo don\u00f3 a todos los hombres por medio de su acerb\u00edsima pasi\u00f3n, cuando restableci\u00f3 la destruida amistad originaria con Dios y se constituy\u00f3 mediador celestial entre Dios y los hombres: porque uno es Dios y uno tambi\u00e9n el mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hecho hombre (1Tim 2,5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">32. Y para hacer m\u00e1s \u00edntima y firme esta amistad entre Dios y la humanidad, el Mediador universal de la salvaci\u00f3n y de la paz, en el silencio del cen\u00e1culo, cuando iba ya a realizar el sacrificio supremo de s\u00ed mismo, pronunci\u00f3 aquellas profundas palabras que resuenan a trav\u00e9s de los siglos, y que a las almas carentes de amor y destrozadas por el odio muestran los hero\u00edsmos m\u00e1s altos de la caridad: Este es mi precepto, que os am\u00e9is los unos a los otros, como yo os he amado (Jn 15,12) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">33. Estos puntos capitales de la verdad revelada constituyen el fundamento y el v\u00ednculo m\u00e1s estrecho de la unidad com\u00fan de todos los hombres, reforzados por el amor de Dios y del Redentor divino, de quien todos reciben la salud para la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe, al conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto seg\u00fan la medida de la plenitud de Cristo (cf. Ef 2, 12.13) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">34. Por lo cual, si consideramos atentamente esta unidad de derecho y de hecho de toda la humanidad, los ciudadanos de cada Estado no se nos muestran desligados entre s\u00ed, como granos de arena, sino m\u00e1s bien unidos entre s\u00ed en un conjunto org\u00e1nicamente ordenado, con relaciones variadas, seg\u00fan la diversidad de los tiempos, en virtud del impulso y del destino natural y sobrenatural. Y si bien los pueblos van desarrollando formas m\u00e1s perfectas de civilizaci\u00f3n y, de acuerdo con las condiciones de vida y de medio se van diferenciando unos de otros, no por esto deben romper la unidad de la familia humana, sino m\u00e1s bien enriquecerla con la comunicaci\u00f3n mutua de sus peculiares dotes espirituales y con el rec\u00edproco intercambio de bienes, que solamente puede ser eficaz cuando una viva y ardiente caridad cohesiona fraternalmente a todos los hijos de un mismo Padre y a todos los hombres redimidos por una misma sangre divina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">35. La Iglesia de Jesucristo, como fidel\u00edsima depositaria de la vivificante sabidur\u00eda divina, no pretende menoscabar o menospreciar las caracter\u00edsticas particulares que constituyen el modo de ser de cada pueblo; caracter\u00edsticas que con raz\u00f3n defienden los pueblos religiosa y celosamente como sagrada herencia. La Iglesia busca la profunda unidad, configurada por un amor sobrenatural en el que todos los pueblos se ejerciten intensamente, no busca una uniformidad absoluta, exclusivamente externa, que debilite las fuerzas naturales propias. Todas las normas y disposiciones que sirven para el desenvolvimiento prudente y para el aumento equilibrado de las propias energ\u00edas y facultades \u2014que nacen de las m\u00e1s rec\u00f3nditas entra\u00f1as de toda estirpe\u2014, la Iglesia las aprueba y las secunda con amor de madre, con tal que no se opongan a las obligaciones que impone el origen com\u00fan y el com\u00fan destino de todos los hombres. Proceder demostrado repetidas veces por el inmenso esfuerzo que realizan los predicadores en los territorios de misiones. La Iglesia confiesa que esta finalidad es como la estrella polar, a la cual dirige su vista en el camino de su apostolado universal. Estos predicadores de la palabra divina, con un sinn\u00famero de investigaciones realizadas a lo largo de los siglos con ingente trabajo y suma consagraci\u00f3n, procuraron conocer a fondo la civilizaci\u00f3n y las instituciones de los pueblos m\u00e1s diversos y cultivar y favorecer sus cualidades espirituales para que el Evangelio de Cristo obtuviere all\u00ed con mayor facilidad frutos m\u00e1s abundantes. Todo lo que en las costumbres de un pueblo no se halla indisolublemente ligado a errores y supersticiones, encuentra siempre un examen ben\u00e9volo, y, en cuanto es posible, es conservado y favorecido por la Iglesia. Nuestro inmediato predecesor, de santa memoria, en una cuesti\u00f3n de este g\u00e9nero que requer\u00eda mucha prudencia y consejo, adopt\u00f3 una noble decisi\u00f3n que constituye una perenne alabanza de su aguda inteligencia y del ardor de su esp\u00edritu apost\u00f3lico. No es necesario declararos, venerables hermanos, que Nos continuaremos sin vacilaci\u00f3n por este mismo camino. Todos aquellos que ingresan en la Iglesia cat\u00f3lica, sean cuales sean su origen y su lengua, deben tener por seguro que todos ellos disfrutan de los mismos derechos de hijos en la casa del Padre, donde todos gozan de la ley y de la paz de Cristo. Para realizar progresivamente estas normas de igualdad, la Iglesia selecciona de entre los pueblos ind\u00edgenas algunos hombres escogidos que aumenten gradualmente el sacerdocio y el episcopado en su propia naci\u00f3n. Y por esta causa, es decir, para dar a nuestras intenciones una demostraci\u00f3n palpable, hemos escogido la pr\u00f3xima fiesta de Cristo Rey para elevar a la dignidad episcopal, sobre el sepulcro del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, a doce sacerdotes representantes de sus propios pueblos y estirpes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">36. De esta manera, mientras una dura contienda hace sufrir a las almas y divide la unidad de la familia humana, este rito solemne dar\u00e1 a entender a todos nuestros hijos, diseminados por el mundo, que la doctrina, la acci\u00f3n y la voluntad de la Iglesia jam\u00e1s podr\u00e1n ser contrario a la predicaci\u00f3n del Ap\u00f3stol de las Gentes: Vest\u00edos del [hombre] nuevo, que por el conocimiento de la fe se renueva seg\u00fan la imagen de Aquel que lo ha criado; para El no existe griego ni jud\u00edo, circunciso o incircunciso, b\u00e1rbaro o escita, esclavo o libre, sino que Cristo est\u00e1 en todo y en todos.(Col 3,10-11)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">37. Juzgamos necesaria aqu\u00ed una advertencia: la conciencia de una universal solidaridad fraterna, que la doctrina cristiana despierta y favorece, no se opone al amor, a la tradici\u00f3n y a las glorias de la propia patria, ni proh\u00edbe el fomento de una creciente prosperidad y la leg\u00edtima producci\u00f3n de los bienes necesarios, porque la misma doctrina nos ense\u00f1a que en el ejercicio de la caridad existe un orden establecido por Dios, seg\u00fan el cual se debe amar m\u00e1s intensamente y se debe ayudar preferentemente a aquellos que est\u00e1n unidos a nosotros con especiales v\u00ednculos. El divino Maestro en persona dio ejemplo de esta manera de obrar, amando con especial amor a su tierra y a su patria y llorando tristemente a causa de la inminente ruina de la Ciudad Santa. Pero el amor a la propia patria, que con raz\u00f3n debe ser fomentado, no debe impedir, no debe ser obst\u00e1culo al precepto cristiano de la caridad universal, precepto que coloca igualmente a todos los dem\u00e1s y su personal prosperidad en la luz pacificadora del amor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">38. Esta maravillosa doctrina ha contribuido de muchas maneras al progreso civil y religioso de la humanidad. Porque los heraldos de esta doctrina, animados de una ardorosa caridad sobrenatural, no s\u00f3lo roturaron terrenos e intentaron curar toda clase de enfermedades, sino que principalmente procuraron levantar las almas de aquellos que estaban a ellos confiados a las realidades divinas, conformarlos a \u00e9stas y elevarlos hasta las cumbres m\u00e1s altas de la santidad, donde todo se ve en la claridad de la mirada simplic\u00edsima de Dios. Levantaron monumentos y templos, que demuestran a que alturas tan grandes eleva el ideal de la perfecci\u00f3n cristiana; pero sobre todo, hicieron de los hombres, sabios e ignorantes, poderosos o d\u00e9biles, templos vivos de Dios y sarmientos de aquella vid que es Cristo. Transmitieron a las generaciones venideras los tesoros del arte y de la sabidur\u00eda antiguos, pero su principal prop\u00f3sito fue \u00e9ste: hacer a estas generaciones part\u00edcipes de aquel inefable don de la sabidur\u00eda eterna, que une a los hombres, hijos de Dios por la gracia, con los v\u00ednculos de una fraterna amistad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">39. Pero si el olvido de la ley, venerables hermanos, que manda amar a todos los hombres y que, apagando los odios y disminuyendo desavenencias, es la \u00fanica que puede consolidar la paz, es fuente de tantos y tan grav\u00edsimos males para la pac\u00edfica convivencia de los pueblos, sin embargo, no menos nocivo para el bienestar de las naciones y de toda la sociedad humana es el error de aquellos que con intento temerario pretenden separar el poder pol\u00edtico de toda relaci\u00f3n con Dios, del cual dependen, como de causa primera y de supremo se\u00f1or, tanto los individuos como las sociedades humanas; tanto m\u00e1s cuanto que desligan el poder pol\u00edtico de todas aquellas normas superiores que brotan de Dios como fuente primaria y atribuyen a ese mismo poder una facultad ilimitada de acci\u00f3n entreg\u00e1ndola exclusivamente al l\u00e1bil y fluctuante capricho o a las meras exigencias configuradas por las circunstancias hist\u00f3ricas y por el logro de ciertos bienes particulares.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">40. Despreciada de esta manera la autoridad de Dios y el imperio de su ley, se sigue forzosamente la usurpaci\u00f3n por el poder pol\u00edtico de aquella absoluta autonom\u00eda que es propia exclusivamente del supremo Hacedor, y la elevaci\u00f3n del Estado o de la comunidad social, puesta en el lugar del mismo Creador, como fin supremo de la vida humana y como norma suprema del orden jur\u00eddico y moral; prohibiendo as\u00ed toda apelaci\u00f3n a los principios de la raz\u00f3n natural y de la conciencia cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">41. No ignoramos, es verdad, que los principios err\u00f3neos de esta concepci\u00f3n no siempre ejercen absolutamente su influjo en la vida moral; cosa que sucede principalmente cuando la tradici\u00f3n de una vida cristiana, de la que se han nutrido durante siglos los pueblos, ha echado, aunque no se advierta, hondas ra\u00edces en las almas. A pesar de lo cual, hay que advertir con insistente diligencia la esencial insuficiencia y fragilidad de toda norma de vida social que se apoye sobre un fundamento exclusivamente humano, se inspire en motivos meramente terrenos y haga consistir toda su fuerza eficaz en la sanci\u00f3n de una autoridad puramente externa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">42. Donde se rechaza la dependencia del derecho humano respecto del derecho divino, donde no se apela m\u00e1s que a una apariencia incierta y ficticia de autoridad terrena y se reivindica una autonom\u00eda jur\u00eddica regida \u00fanicamente por razones utilitarias, no por una recta moral, all\u00ed el mismo derecho humano pierde necesariamente, en el agitado quehacer de la vida diaria, su fuerza interior sobre los esp\u00edritus; fuerza sin la cual el derecho no puede exigir de los ciudadanos el reconocimiento debido ni los sacrificios necesarios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">43. Bien es verdad que a veces el poder p\u00fablico, aunque apoyado sobre fundamentos tan d\u00e9biles y vacilantes, puede conseguir por casualidad y por la fuerza de las circunstancias, ciertos \u00e9xitos materiales que provocan la admiraci\u00f3n de los observadores superficiales; pero llega necesariamente el momento en que aparece triunfante aquella ineluctable ley que tira por tierra todo cuanto se ha construido velada o manifiestamente sobre una raz\u00f3n totalmente desproporcionada, esto es, cuando la grandeza del \u00e9xito externo alcanzado no responde en su vigor interior a las normas de una sana moral. Desproporci\u00f3n que aparece por fuerza siempre que la autoridad pol\u00edtica desconoce o niega el dominio del Legislador supremo, que, al dar a los gobernantes el poder, les ha se\u00f1alado tambi\u00e9n los l\u00edmites de este mismo poder.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">44. Porque el poder pol\u00edtico, como sabiamente ense\u00f1a en la enc\u00edclica Immortale Dei nuestro predecesor Le\u00f3n XIII, de piadosa memoria, ha sido establecido por el supremo Creador para regular la vida p\u00fablica seg\u00fan las prescripciones de aquel orden inmutable que se apoya y es regido por principios universales; para facilitar a la persona humana, en esta vida presente, la consecuci\u00f3n de la perfecci\u00f3n f\u00edsica, intelectual y moral, y para ayudar a los ciudadanos a conseguir el fin sobrenatural, que constituye su destino supremo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">45. El Estado, por tanto, tiene esta noble misi\u00f3n: reconocer, regular y promover en la vida nacional las actividades y las iniciativas privadas de los individuos; dirigir convenientemente estas actividades al bien com\u00fan, el cual no puede quedar determinado por el capricho de nadie ni por la exclusiva prosperidad temporal de la sociedad civil, sino que debe ser definido de acuerdo con la perfecci\u00f3n natural del hombre, a la cual est\u00e1 destinado el Estado por el Creador como medio y como garant\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">46. El que considera el Estado como fin al que hay que dirigirlo todo y al que hay que subordinarlo todo, no puede dejar de da\u00f1ar y de impedir la aut\u00e9ntica y estable prosperidad de las naciones. Esto sucede lo mismo en el supuesto de que esta soberan\u00eda ilimitada se atribuya al Estado como mandatario de la naci\u00f3n, del pueblo o de una clase social, que en el supuesto de que el Estado se apropie por s\u00ed mismo esa soberan\u00eda, como due\u00f1o absoluto y totalmente independiente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">47. Porque, si el Estado se atribuye y apropia las iniciativas privadas, estas iniciativas \u2014que se rigen por m\u00faltiples normas peculiares y propias, que garantizan la segura consecuci\u00f3n del fin que les es propio\u2014 pueden recibir da\u00f1o, con detrimento del mismo bien p\u00fablico, por quedar arrancadas de su recta ordenaci\u00f3n natural, que es la actividad privada responsable.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">48. De esta concepci\u00f3n te\u00f3rica y pr\u00e1ctica puede surgir un peligro: considerar la familia, fuente primera y necesaria de la sociedad humana, y su bienestar y crecimiento, como instituci\u00f3n destinada exclusivamente al dominio pol\u00edtico de la naci\u00f3n, y se corre tambi\u00e9n el peligro de olvidar que el hombre y la familia son, por su propia naturaleza, anteriores al Estado, y que el Criador dio al hombre y a la familia peculiares derechos y facultades y les se\u00f1al\u00f3 una misi\u00f3n, que responde a inequ\u00edvocas exigencias naturales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">49. Seg\u00fan esta concepci\u00f3n pol\u00edtica, la educaci\u00f3n de las nuevas generaciones no pretende un desarrollo equilibrado y arm\u00f3nico de las fuerzas f\u00edsicas, intelectuales y morales, sino la formaci\u00f3n unilateral y el fomento excesivo de aquella virtud c\u00edvica que se considera necesaria para el logro del \u00e9xito pol\u00edtico, por lo cual son menos cultivadas las virtudes de la nobleza, de la humanidad y del respeto, como si \u00e9stas deprimiesen la gallarda fortaleza de los temperamentos j\u00f3venes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">50. Por todo lo cual, se alzan ante nuestra vista los tremendos peligros que tememos puedan venir sobre la actual y las futuras generaciones, de la disminuci\u00f3n y de la progresiva abolici\u00f3n de los derechos de la familia. Juzgamos, por tanto, obligaci\u00f3n nuestra, impuesta por la conciencia del deber exigido por nuestro grave ministerio apost\u00f3lico, defender religiosa y abiertamente estos derechos de la familia; porque nadie, sin duda, padece tan amargamente como la familia las angustias de nuestro tiempo, tanto materiales como espirituales, y los m\u00faltiples errores con sus dolorosas consecuencias. Hasta tal punto es esto as\u00ed, que el paso diario de las desgracias y la indigencia creciente por todas partes, tan luctuosa que tal vez ning\u00fan siglo anterior la experiment\u00f3 mayor, y cuya raz\u00f3n o necesidad verdadera son consecuencia imposibles de discernir, resultan hoy intolerables sin una firmeza y una grandeza de alma capaz de despertar la admiraci\u00f3n universal. Los que, por el ministerio pastoral que desempe\u00f1an, ven los repliegues \u00edntimos de la conciencia y pueden conocer las l\u00e1grimas ocultas de las madres, el callado dolor de los padres y las innumerables amarguras  \u2014de las que ninguna estad\u00edstica p\u00fablica habla ni puede hablar\u2014, ven con mirada hondamente preocupada el crecimiento cada d\u00eda mayor de este c\u00famulo de sufrimientos, y saben muy bien que las tenebrosas fuerzas de la impiedad, cuya \u00fanica finalidad es, abusando de la dura situaci\u00f3n, la revoluci\u00f3n y el trastorno social, est\u00e1n al acecho buscando la oportunidad que les permita realizar sus imp\u00edos prop\u00f3sitos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">51. \u00bfQu\u00e9 hombre sensato, prudente, en esta grave situaci\u00f3n, negar\u00e1 al Estado unos derechos m\u00e1s amplios que los ordinarios, que respondan a la situaci\u00f3n y con los que se pueda atender a las necesidades del pueblo? Sin embargo, el orden moral establecido por Dios exige que se determine con todo cuidado, seg\u00fan la norma del bien com\u00fan, la licitud o ilicitud de las medidas que aconsejen los tiempos como tambi\u00e9n la verdadera necesidad de estas medidas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">52. De todos modos, cuanto m\u00e1s gravosos son los sacrificios materiales exigidos por el Estado a los ciudadanos y a la familia tanto m\u00e1s sagrados e inviolables deben ser para el Estado los derechos de las conciencias. El Estado puede exigir los bienes y la sangre pero nunca el alma redimida por Dios. Por esta raz\u00f3n, la misi\u00f3n que Dios ha encomendado a los padres de proveer al bien temporal y al bien eterno de la prole y de procurar a los hijos una adecuada formaci\u00f3n religiosa, nadie puede arrebatarla a los padres sin una grave lesi\u00f3n del derecho. Esta adecuada formaci\u00f3n debe, sin duda, tener tambi\u00e9n como finalidad preparar la juventud para la aceptaci\u00f3n de aquellos deberes de noble patriotismo, con cuyo cumplimiento inteligente, voluntario y alegre s e demuestre pr\u00e1cticamente el amor a la tierra patria. Pero, por otra parte, una educaci\u00f3n de la juventud que se despreocupe, con olvido voluntario, de orientar la mirada de la juventud tambi\u00e9n a la patria sobrenatural, ser\u00e1 totalmente injusta tanto contra la propia juventud como contra los deberes y los derechos totalmente inalienables de la familia cristiana; y, consiguientemente, por haberse incurrido en una extralimitaci\u00f3n, el mismo bien del pueblo y del Estado exige que se pongan los remedios necesarios. Una educaci\u00f3n semejante podr\u00e1, tal vez, parecer a los gobernantes responsables de ella una fuente de aumento de fuerza y de vigor; pero las tristes consecuencias que de aqu\u00e9lla se deriven demostrar\u00e1n su radical falacia. El crimen de lesa majestad contra el Rey de los reyes y Se\u00f1or de los que dominan (1Tim 6,15; Ap 19,16) cometido con una educaci\u00f3n de los ni\u00f1os indiferente y contraria al esp\u00edritu y a sentimiento cristianos, al estorbar e impedir el precepto de Jesucristo: Dejad que los ni\u00f1os vengan a m\u00ed (Mc 10,14), producir\u00e1, sin duda alguna, frutos amargu\u00edsimos. Por el contrario, el Estado que libera estas preocupaciones a las madres y a los padres cristianos, entristecidos por esta clase de peligros, y mantiene enteros los derechos de la familia, fomenta la paz interna del Estado y asienta el fundamento firme sobre el cual podr\u00e1 levantarse la futura prosperidad de la patria. Las almas de los hijos que Dios entreg\u00f3 a los padres, purificadas con el bautismo y se\u00f1aladas con el sello real de Jesucristo, son como un tesoro sagrado, sobre el que vigila con amor sol\u00edcito el mismo Dios. El divino Redentor, que dijo a los ap\u00f3stoles: Dejad que los ni\u00f1os vengan a m\u00ed, no obstante su misericordiosa bondad, ha amenazado con terribles castigos a los que escandalizan a los ni\u00f1os, objeto predilecto de su coraz\u00f3n. Y \u00bfqu\u00e9 esc\u00e1ndalo puede haber m\u00e1s da\u00f1oso, qu\u00e9 esc\u00e1ndalo puede haber m\u00e1s criminal y duradero que una educaci\u00f3n moral de la juventud dirigida equivocadamente hacia una meta que, totalmente alejada de Cristo, camino, verdad y vida, conduce a una apostas\u00eda oculta o manifiesta del divino Redentor? Este divino Redentor que se le roba criminalmente a las nuevas generaciones presentes y futuras es el mismo que ha recibido de su Eterno Padre todo poder y tiene en sus manos el destino de los Estados, de los pueblos y de las naciones. El cese o la prolongaci\u00f3n de la vida de los Estados, el crecimiento y la grandeza de los pueblos, todo depende exclusivamente de Cristo. De todo cuanto existe en la tierra, s\u00f3lo el alma es inmortal. Por eso, un sistema educativo que no respete el recinto sagrado de la familia cristiana, protegido por la ley de Dios; que tire por tierra sus bases y cierre a la juventud el camino hacia Cristo, para impedirle beber el agua en las fuentes del Salvador (cf Is 12,3), y que, finalmente, proclame la apostas\u00eda de Cristo y de la Iglesia como se\u00f1al de fidelidad a la naci\u00f3n o a una clase determinada, este sistema, sin duda alguna al obrar as\u00ed, pronunciar\u00e1 contra s\u00ed mismo la sentencia de condenaci\u00f3n y experimentar\u00e1 a su tiempo la ineluctable verdad del aviso del profeta: Los que se apartan de ti ser\u00e1n escritos en la tierra (Jer 17,13) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">53. La concepci\u00f3n que atribuye al Estado un poder casi infinito, no s\u00f3lo es, venerables hermanos, un error pernicioso para la vida interna de las naciones y para el logro arm\u00f3nico de una prosperidad creciente, sino que es adem\u00e1s da\u00f1osa para las mutuas relaciones internacionales, porque rompe la unidad que vincula entre s\u00ed a todos los Estados, despoja al derecho de gentes de todo firme valor, abre camino a la violaci\u00f3n de los derechos ajenos y hace muy dif\u00edcil la inteligencia y la convivencia pac\u00edfica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">54. Porque el g\u00e9nero humano, aunque, por disposici\u00f3n del orden natural establecido por Dios, est\u00e1 dividido en grupos sociales, naciones y Estados, independientes mutuamente en lo que respecta a la organizaci\u00f3n de su r\u00e9gimen pol\u00edtico interno, est\u00e1 ligado, sin embargo, con v\u00ednculos mutuos en el orden jur\u00eddico y en el orden moral y constituye una universal comunidad de pueblos, destinada a lograr el bien de todas las gentes y regulada por leyes propias que mantienen su unidad y promueven una prosperidad siempre creciente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">55. Ahora bien: todos ven f\u00e1cilmente que aquellos supuestos derechos del Estado, absolutos y enteramente independientes, son totalmente contrarios a esta inmanente ley natural; m\u00e1s a\u00fan, la niegan radicalmente, es igualmente evidente que esos derechos absolutos entregan al capricho de los gobernantes del Estado las leg\u00edtimas relaciones internacionales e impiden al mismo tiempo la posibilidad de una uni\u00f3n verdadera y de una colaboraci\u00f3n fecunda en el orden de los intereses generales. Porque, venerables hermanos, las relaciones internacionales normales y estables, la amistad internacional fructuosa exigen que los pueblos reconozcan y observen los principios normativos del derecho natural regulador de la convivencia internacional. Igualmente, estos principios exigen el respeto \u00edntegro de la libertad de todos y la concesi\u00f3n a todos de aquellos derechos que son necesarios para la vida y para el desenvolvimiento progresivo de una prosperidad por el camino del sano progreso civil; exigen por \u00faltimo, la fidelidad \u00edntegra e inviolable a los pactos estipulados y sancionados de acuerdo con las normas del derecho de gentes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">56. No cabe duda que el presupuesto indispensable de toda pac\u00edfica convivencia entre los pueblos y la condici\u00f3n indispensable de las relaciones jur\u00eddicas del derecho p\u00fablico vigentes entre los pueblos es la mutua confianza, la general persuasi\u00f3n de que todas las partes deben ser fieles a la palabra empe\u00f1ada; la admisi\u00f3n, finalmente, por todos de la verdad de este principio: Es mejor la sabidur\u00eda que las armas b\u00e9licas (Ecl 9,18), y, adem\u00e1s, la disposici\u00f3n de \u00e1nimo para discutir e investigar los propios intereses y no para solucionar las diferencias con la amenaza de la fuerza cuando surjan demoras, controversias, dificultades y cambios, cosas todas que pueden nacer no solamente de mala voluntad, sino tambi\u00e9n del cambio de las circunstancias y del cruce de intereses opuestos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">57. Pero separar el derecho de gentes del derecho divino para apoyarlo en la voluntad aut\u00f3noma del Estado como fundamento exclusivo, equivale a destronar ese derecho del solio de su honor y de su firmeza y entregarlo a la apresurada y destemplada ambici\u00f3n del inter\u00e9s privado y del ego\u00edsmo colectivo, que s\u00f3lo buscan la afirmaci\u00f3n de sus derechos propios y la negaci\u00f3n de los derechos ajenos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">58. Hay que afirmar, es cierto, que, con el transcurso del tiempo y el cambio substancial de las circunstancias \u2014no previstas y tal vez imprevisibles al tiempo de la estipulaci\u00f3n\u2014, un tratado entero o alguna de sus cl\u00e1usulas pueden resultar o pueden parecer injustas, o demasiado gravosas, o incluso inaplicables para alguna de las partes contratantes. Si esto llega a suceder, es necesario recurrir a tiempo a una leal discusi\u00f3n para modificar en lo que sea conveniente o sustituir por completo el pacto establecido. Pero considerar los convenios ratificados como cosa ef\u00edmera y caduca y atribuirse la t\u00e1cita facultad de rescindirlos cuando la propia utilidad parezca aconsejarlo, o atribuirse la facultad de quebrantarlos unilateralmente, sin consultar a la otra parte contratante, es un proceder que echa por tierra la seguridad de la confianza rec\u00edproca entre los Estados, de esta manera queda totalmente derribado el orden natural y los pueblos quedan separados por un inmenso vac\u00edo, imposible de salvar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">59. Hoy d\u00eda, venerables hermanos, todos miran con espanto el c\u00famulo de males al que han llevado los errores y el falso derecho de que hemos hablado y sus consecuencias pr\u00e1cticas. Se ha desvanecido el espejismo de un falso e indefinido progreso, que enga\u00f1aba a muchos; la tr\u00e1gica actualidad de las ruinas presentes parece despertar de su sue\u00f1o a los que segu\u00edan dormidos, repitiendo la sentencia del profeta: Sordos, o\u00edd, y, ciegos, mirad (Is 42,18). Lo que externamente parec\u00eda ordenado, en realidad no era otra cosa que una perturbaci\u00f3n general invasora de todo; perturbaci\u00f3n que ha alcanzado a las mismas normas de la vida moral, una vez que \u00e9stas, separadas de la majestad de la ley divina, han contaminado todos los campos de la actividad humana. Pero dejemos ahora el pasado y volvamos los ojos hacia ese porvenir que, seg\u00fan las promesas de aquellos que tienen en sus manos los destinos de los pueblos \u2014cuando cesen los sangrientos conflictos presentes\u2014, traer\u00e1 consigo una nueva organizaci\u00f3n, fundada en la justicia y en la prosperidad. Pero \u00bfes que acaso ese porvenir ser\u00e1 en realidad diverso, y, lo que es m\u00e1s importante, llegar\u00e1 a ser mejor y m\u00e1s feliz? Los nuevos tratados de paz y el establecimiento de un nuevo orden internacional que surgir\u00e1n cuando termine la guerra, \u00bfestar\u00e1n acaso animados de la justicia y de la equidad hacia todos y de un esp\u00edritu pac\u00edfico y restaurador, o constituir\u00e1n m\u00e1s bien una luctuosa repetici\u00f3n de los errores antiguos y de los errores recientes? Es totalmente vano, es enga\u00f1oso, y la experiencia lo demuestra, poner la esperanza de un nuevo orden exclusivamente en la conflagraci\u00f3n b\u00e9lica y en el desenlace final de \u00e9sta. El d\u00eda de la victoria es un d\u00eda de triunfo para quien tiene la fortuna de conseguirla; pero es al mismo tiempo una hora de peligro mientras el \u00e1ngel de la justicia lucha con el demonio de la violencia. Porque, con demasiada frecuencia, el coraz\u00f3n del vencedor se endurece, y la moderaci\u00f3n y la prudencia sagaz y previsora se le antojan enfermiza debilidad de \u00e1nimo. Y, adem\u00e1s, la excitaci\u00f3n de las pasiones populares, exacerbadas por los innumerables y enormes sacrificios y sufrimientos soportados, muchas veces parece anublar la vista de los hombres responsables de las determinaciones, y les hace cerrar sus o\u00eddos a la amonestadora voz de la equidad humana que parece vencida o extinguida por el inhumano clamor de \u00a1Ay de los vencidos! Por este motivo, si en tales circunstancias se adoptan resoluciones y se toman decisiones judiciales sobre las cuestiones planteadas, puede suceder que aut\u00e9nticos hechos injustos tengan la mera apariencia de una externa justicia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">60. La salvaci\u00f3n de los pueblos, venerables hermanos, no nace de los medios externos, no nace de la espada, que puede imponer condiciones de paz, pero no puede crear la paz. Las energ\u00edas que han de renovar la faz de la tierra tienen que proceder del interior de las almas. El orden nuevo del mundo que regir\u00e1 la vida nacional y dirigir\u00e1 las relaciones internacionales \u2014cuando cesen las crueles atrocidades de esta guerra sin precedentes\u2014, no deber\u00e1 en adelante apoyarse sobre la movediza e incierta arena de normas ef\u00edmeras, inventadas por el arbitrio de un ego\u00edsmo utilitario, colectivo o individual, sino que deber\u00e1 levantarse sobre el inconcluso y firme fundamento del derecho natural y de la revelaci\u00f3n divina. Es aqu\u00ed donde debe buscar el legislador el esp\u00edritu de equilibrio y la conciencia de su responsabilidad, sin los cuales f\u00e1cilmente se desconocen los l\u00edmites exactos que separan el uso leg\u00edtimo del uso ileg\u00edtimo del poder. \u00danicamente as\u00ed tendr\u00e1n sus determinaciones consistencia interna, noble dignidad y sanci\u00f3n religiosa, y no servir meramente para satisfacer las exigencias del ego\u00edsmo y de las pasiones humanas. Porque, si bien es verdad que los males que aquejan actualmente a la humanidad provienen de una perturbada y desequilibrada econom\u00eda y de la enconada lucha por una m\u00e1s equitativa distribuci\u00f3n de los bienes que Dios ha concedido a los hombres para el sustento y progreso de \u00e9stos, sin embargo, es un hecho evidente que la ra\u00edz de estos males es m\u00e1s profunda, pues toca a la creencia religiosa y a los principios normativos del orden moral, corrompidos y destruidos por haberse separado progresivamente los pueblos de la moral verdadera, de la unidad de la fe y de la ense\u00f1anza cristiana que en otro tiempo procur\u00f3 y logr\u00f3 con su infatigable y ben\u00e9fica labor la Iglesia. La reeducaci\u00f3n de la humanidad, si quiere ser efectiva, ha de quedar saturada de un esp\u00edritu principalmente religioso; ha de partir de Cristo como fundamento indispensable, ha de tener como ejecutor eficaz una \u00edntegra justicia y como corona la caridad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">61. Llevar a cabo esta obra de renovaci\u00f3n espiritual, que deber\u00e1 adaptar sus medios al cambio de los tiempos y al cambio de las necesidades del g\u00e9nero humano, es deber principalmente de la materna misi\u00f3n de la Iglesia. La predicaci\u00f3n del Evangelio, que le ha confiado su divino Fundador, con la cual se inculcan a los hombres los preceptos de la verdad, de la justicia y de la caridad, e igualmente el esfuerzo por arraigar s\u00f3lida y profundamente estos preceptos en las almas, son medios tan id\u00f3neos para el logro de la paz, es una labor tan noble y eficaz, que no hay ni puede haber otros que se les igualen. Esta misi\u00f3n, por su amplitud y su gravedad, deber\u00eda, a primera vista, desalentar los corazones de los miembros de la Iglesia militante; sin embargo, el procurar con todas las fuerzas posibles la difusi\u00f3n del reino de Dios \u2014misi\u00f3n realizada por la Iglesia a lo largo de los siglos de modos muy diversos, no sin graves y duras dificultades\u2014 es un deber al que est\u00e1n obligados todos cuantos, liberados por la gracia del Se\u00f1or de la esclavitud de Satan\u00e1s, han sido llamados por medio del santo bautismo a formar parte del reino de Dios. Y si el formar parte de este reino, y el vivir conforme a su esp\u00edritu, y el trabajar por su difusi\u00f3n y por hacer asequibles sus bienes espirituales a un n\u00famero cada vez mayor de hombres, exigen en nuestros d\u00edas tener que luchar con toda clase de oposiciones y de dificultades perfectamente organizadas y tan serias como tal vez jam\u00e1s lo han sido en tiempos anteriores, esto no dispensa a los fieles de la franca y valerosa profesi\u00f3n de la fe cat\u00f3lica, sino que m\u00e1s bien los estimula incesantemente a mantenerse firmes en la defensa de su causa, aun a costa de la p\u00e9rdida de los propios bienes y del sacrificio de la propia vida. El que vive del esp\u00edritu de Cristo no se abate por las dificultades que surgen, sino que, totalmente confiado en Dios, soporta con \u00e1nimo esforzado toda clase de trabajos; no huye las angustias ni las necesidades de la hora presente, sino que sale a su encuentro, dispuesto siempre a ayudar con aquel amor que, m\u00e1s fuerte que la muerte, no reh\u00faye el sacrificio ni se deja ahogar por el oleaje de las tribulaciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">62. Nos sentimos, venerables hermanos, un \u00edntimo consuelo y un gozo sobrenatural, y diariamente damos a Dios gracias por ello, al contemplar en todas las regiones del mundo cat\u00f3lico evidentes y heroicos ejemplos de un encendido esp\u00edritu cristiano, que valerosamente se enfrenta con todas las exigencias de nuestra \u00e9poca y que con noble esfuerzo procura alcanzar la propia santificaci\u00f3n \u2014que es lo primero y lo esencial\u2014 y desarrolla una labor de iniciativas apost\u00f3licas para aumentar el reino de Dios. De los frecuentes congresos eucar\u00edsticos, promovidos sin descanso por nuestros predecesores con suma solicitud, y de la colaboraci\u00f3n de los seglares, formados eficazmente por la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica en el profundo convencimiento de su misi\u00f3n, brotan fuentes de gracia y de virtudes tan abundantes, que en un siglo como el presente, que parece multiplicar las amenazas y provocar necesidades cada vez mayores, y mientras el cristianismo se ve atacado con virulencia cada d\u00eda mayor por las fuerzas de la impiedad, tienen tanta importancia y oportunidad, que dif\u00edcilmente pueden ser estimados en su verdadero valor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">63. Hoy d\u00eda, en que, por desgracia, el n\u00famero de sacerdotes es inferior al n\u00famero de necesidades que deben cubrir, y en que se aplica tambi\u00e9n la palabra del Salvador: La mies es mucha y los operarios pocos (Mt 9,37; Lc 10,2), la colaboraci\u00f3n de los seglares prestada a la Jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica, y cada d\u00eda creciente y animada de un ardiente celo y de una total entrega, ofrece a los ministros sagrados una valiosa fuerza auxiliar y promete tales frutos que justifican las m\u00e1s bellas esperanzas. La s\u00faplica de la Iglesia dirigida al Se\u00f1or de la mies para que env\u00ede operarios a su vi\u00f1a (Mt 9,38; Lc 10,2) parece haber sido o\u00edda de la manera que conven\u00eda a las necesidades de la hora presente, supliendo felizmente y completando el trabajo, muchas veces insuficiente y obstaculizado, del apostolado sacerdotal. Grupos fervorosos de hombres y mujeres, de j\u00f3venes de ambos sexos, obedientes a la voz del Sumo Pont\u00edfice y a las normas de sus respectivos obispos, se consagran con todo el ardor de su esp\u00edritu a las obras del apostolado, para devolver a Cristo las masas populares, que, por desgracia, se hab\u00edan alejado de \u00c9l. A ellos vayan dirigidos, en este momento tan grave para la Iglesia y para la humanidad, nuestro saludo paterno, nuestro sentido agradecimiento, y sepan que Nos les seguimos con paterna y confiada esperanza. Ellos, que siguen con amor la bandera de Cristo Rey y le han consagrado su persona, su vida y su obra, pueden apropiarse justamente las palabras del salmista: Yo consagro mis obras al Rey (Sal 44,1); y no s\u00f3lo con la oraci\u00f3n, sino tambi\u00e9n con las obras procuran realizar la venida del reino de Dios. En todas las clases y categor\u00edas sociales, esta colaboraci\u00f3n de los seglares con el sacerdocio encierra valiosas energ\u00edas, a las que est\u00e1 confiada una misi\u00f3n, que los corazones nobles y fieles no pueden desear m\u00e1s alta y consoladora. Este trabajo apost\u00f3lico, realizado seg\u00fan el esp\u00edritu y las normas de la Iglesia, consagra al seglar como ministro de Cristo, en el sentido que San Agust\u00edn explica de esta manera: \u00abCuando o\u00eds, hermanos, decir al Se\u00f1or: Donde estoy yo, all\u00ed estar\u00e1 tambi\u00e9n mi ministro, no pens\u00e9is \u00fanicamente en los obispos y cl\u00e9rigos santos. Tambi\u00e9n vosotros, a vuestra manera, sed ministros de Cristo, viviendo bien, haciendo limosna, predicando a cuantos pod\u00e1is su nombre y su doctrina, para que cada uno, aun el padre de familia reconozca en este nombre que debe un amor paterno a su familia. Por Cristo y por la vida eterna, a todos los suyos debe amonestar, ense\u00f1ar, exhortar, corregir, usar con ellos de benevolencia, ejercitar la disciplina; de esta manera desempe\u00f1ar\u00e1 en su casa un oficio eclesi\u00e1stico y en cierto modo episcopal, sirviendo a Cristo para vivir eternamente con \u00c9l\u00bb (In Evang. Joan., tract. 52,18s) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">64. Hay que advertir aqu\u00ed que la familia tiene una parte muy principal en el fomento de esta colaboraci\u00f3n de los seglares, tan importante, como hemos dicho, en nuestros tiempos, porque el gobierno equilibrado de la familia ejerce un influjo extraordinario en la formaci\u00f3n espiritual de los hijos. Mientras en el hogar dom\u00e9stico brille la llama sagrada de la fe cristiana y los padres imbuyan con esta fe las almas de los hijos, no hay duda alguna que nuestra juventud estar\u00e1 siempre dispuesta a reconocer pr\u00e1cticamente la realeza de Jesucristo y a oponerse valiente y virilmente a todos cuantos intenten desterrar al Redentor de la sociedad humana y profanar sacr\u00edlegamente sus sagrados derechos. Donde se cierran las iglesias, donde se quitan de las escuelas y de la ense\u00f1anza la imagen de Jes\u00fas crucificado, queda el hogar familiar como el \u00fanico refugio impenetrable de la vida cristiana, preparado providencialmente por la benignidad divina. Damos infinitas gracias a Dios al ver el n\u00famero innumerable de familias que cumplen esta misi\u00f3n con una fidelidad que no se deja amedrentar ni por los ataques ni por los sacrificios. Un poderoso ej\u00e9rcito de j\u00f3venes de ambos sexos, aun en aquellas regiones en las que la fe en Cristo implica una persecuci\u00f3n inicua y toda clase de sufrimientos, permanece imp\u00e1vido junto al trono del Redentor con una fortaleza tan segura que hace recordar los heroicos ejemplos del martirologio cristiano. Si en todas partes se diera a la Iglesia, maestra de la justicia y de la caridad, la libertad de acci\u00f3n a la que tiene un sagrado e incontrovertible derecho en virtud del mandato divino, brotar\u00edan por todas partes riqu\u00edsimas fuentes de bienes, nacer\u00eda la luz para las almas y un orden tranquilo para los Estados, se tendr\u00edan fuerzas necesariamente valiosas para promover la aut\u00e9ntica prosperidad del g\u00e9nero humano. Y si los esfuerzos que tienden a establecer una paz definitiva en el interior de los Estados y en la vida internacional se dejasen regular por las normas del Evangelio \u2014que predican y subrayan el amor cristiano frente al inmoderado af\u00e1n de los intereses propios que sacude a los individuos y a las masas\u2014, se evitar\u00edan, sin duda alguna, muchas y graves desdichas y se conceder\u00eda a la humanidad una tranquila felicidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">65. Porque entre las leyes reguladoras de la vida cristiana y los postulados de una aut\u00e9ntica humanidad fraterna no existe oposici\u00f3n, sino consonancia rec\u00edproca y mutuo apoyo. Nos, por consiguiente, que tanto deseamos procurar el bien de la humanidad doliente y perturbada en el orden material y en el orden espiritual, no tenemos mayor deseo que el de que las actuales angustias abran los ojos de muchos para que consideren atentamente en su verdadera luz a Jesucristo, Se\u00f1or nuestro, y la misi\u00f3n de su Iglesia sobre la tierra, y que todos cuantos rigen el tim\u00f3n del Estado dejen libre el camino a la Iglesia para que \u00e9sta pueda as\u00ed trabajar en la formaci\u00f3n de una nueva \u00e9poca, seg\u00fan los principios de la justicia y de la paz. Esta obra de paz exige que no se pongan obst\u00e1culos al ejercicio de la misi\u00f3n confiada por Dios a la Iglesia; que no se limite injustamente el campo de su actividad; que no se substraigan, por \u00faltimo, las masas, y especialmente la juventud, a su ben\u00e9fico influjo. Por lo cual Nos, como representante en la tierra de Aquel que fue llamado por el profeta Pr\u00edncipe de la Paz (Is 9,6), exhortamos y conjuramos a los gobernantes y a todos los que de alguna manera tienen influencia en la vida pol\u00edtica para que la Iglesia goce siempre de la plena libertad debida, y pueda as\u00ed realizar su obra educadora, comunicar a las mentes la verdad, inculcar en los esp\u00edritus la justicia y enfervorizar los corazones con la caridad divina de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">66. Porque, as\u00ed como la Iglesia no puede renunciar al ejercicio de su misi\u00f3n, que consiste en realizar en la tierra el plan divino de restaurar en Cristo todas las cosas de los cielos y de la tierra (Ef 1,10), as\u00ed tambi\u00e9n su obra resulta hoy d\u00eda m\u00e1s necesaria que nunca, pues la experiencia nos ense\u00f1a que los medios puramente externos, las precauciones humanas y los expedientes pol\u00edticos no pueden dar lenitivo alguno eficaz a los grav\u00edsimos males que aquejan a la humanidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">67. Aleccionados por el doloroso fracaso de los esfuerzos humanos dirigidos a impedir y frenar las tempestades que amenazan destruir la civilizaci\u00f3n humana, muchos dirigen su mirada, con renovada esperanza, a la Iglesia, ciudadela de la verdad y del amor y a esta C\u00e1tedra de San Pedro, que saben puede restituir al g\u00e9nero humano aquella unidad de doctrina religiosa y moral que en los siglos pasados dio consistente seguridad a una tranquila relaci\u00f3n de convivencia entre los pueblos. A esta unidad miran con encendida nostalgia tantos hombres, responsables del destino de las naciones, que experimentan diariamente la fals\u00eda de aquellas realidades en las que un d\u00eda cifraron su gran confianza; unidad que innumerables multitudes de hijos nuestros ans\u00edan ardientemente, los cuales invocan a diario al Dios de la paz y del amor (cf. 2Cor 13,11), unidad que anhelan, finalmente, tantos esp\u00edritus nobles separados de Nos, que en su hambre y sed de justicia y de paz, vuelven sus ojos a la Sede de Pedro, esperando de \u00e9sta la luz y el consejo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">68. Todos ellos reconocen la inconmovida firmeza dos voces milenaria de la Iglesia cat\u00f3lica en la profesi\u00f3n de la fe y en la defensa de la moral cristiana, reconocen tambi\u00e9n la estrecha unidad de la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica, que, ligada al sucesor del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, ilumina las mentes con la doctrina del Evangelio dirige a los hombres a la santidad y, mientras es maternalmente condescendiente con todos, se mantiene firme, soportando incluso los tormentos m\u00e1s duros y el mismo martirio, cuando hay que decidir un asunto con aquellas palabras: Non licet!\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">69. No obstante, venerables hermanos, la doctrina de Cristo, que es la \u00fanica que puede dar al hombre las verdades fundamentales de la fe, y es la que aguza las inteligencias, y enriquece las almas con la gracia sobrenatural, y propone remedios id\u00f3neos para las graves dificultades actuales, e igualmente la actividad apost\u00f3lica de la Iglesia, que ense\u00f1a a la humanidad esa misma doctrina propagada por todo el mundo y que modela a los hombres seg\u00fan los principios del Evangelio, son a veces objeto de hostiles sospechas, como si sacudieran los quicios de la autoridad pol\u00edtica y usurpasen los derechos de \u00e9sta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">70. Contra estos recelos, Nos \u2014manteniendo en todo su vigor las ense\u00f1anzas expuestas por nuestro predecesor, de inmortal memoria, P\u00edo XI , en su enc\u00edclica Quas primas, de 11 de diciembre de 1925, sobre el poder de Cristo Rey y el poder de la Iglesia\u2014 declaramos con sinceridad apost\u00f3lica que la Iglesia es totalmente ajena a semejantes prop\u00f3sitos, porque la Iglesia abre sus maternales brazos a todos los hombres, no para dominarlos pol\u00edticamente, sino para prestarles toda la ayuda que le es posible. Ni tampoco pretende la Iglesia invadir la esfera de competencia propia de las restantes autoridades leg\u00edtimas, sino que m\u00e1s bien les ofrece su ayuda, penetrada del esp\u00edritu de su divino Fundador y siguiendo el ejemplo de Aquel que pas\u00f3 haciendo el bien (Hech 10,38) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">71. La Iglesia predica e inculca el deber de obedecer y de respetar a la autoridad terrena, que recibe de Dios su noble origen y se atiene a la ense\u00f1anza del divino Maestro, que dice: Dad a C\u00e9sar lo que es del C\u00e9sar (Mt 22,21). No pretende usurpar los derechos ajenos aquella que canta en su sagrada liturgia: No arrebata reinos mortales quien da los celestiales (Himno de la Fiesta de la Epifan\u00eda) . La Iglesia no menoscaba las energ\u00edas humanas, sino que las levanta a las cimas m\u00e1s altas y nobles, formando caracteres firmes, que nunca traicionen los deberes de su conciencia. La Iglesia, que ha civilizado tantos pueblos y naciones nunca ha retardado el progreso de la humanidad, sino que, por el contrario con materno orgullo se complace en ese progreso. El fin que la Iglesia pretende ha sido declarado de modo admirable por los \u00e1ngeles sobre la cuna del Verbo encarnado cuando cantaron gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad (Lc 2,14). Esta paz, que el mundo no puede dar, el divino Redentor la ha dejado a sus disc\u00edpulos como herencia: Os dejo la paz, os doy mi paz (Jn 14,27); esta paz la han conseguido, la consiguen y la conseguir\u00e1n innumerables hombres que han abrazado amorosamente la doctrina de Cristo, compendiada por \u00c9l mismo en el doble precepto del amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo. La historia de casi veinte siglos, la historia llamada sabiamente por el gran orador maestra de la vida (Cic., Orat. 1,2,9), demuestra la verdad de aquella sentencia de la Sagrada Escritura: No tiene paz el que resiste a Dios (Job 9,4), porque la \u00fanica piedra angular (Ef 2,20) sobre la que tanto el Estado como el individuo pueden hallar salvaci\u00f3n segura es Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">72. Ahora bien, como la Iglesia est\u00e1 fundada sobre esta piedra angular, por esto las potencias adversarias nunca podr\u00e1n destruirla, nunca podr\u00e1n debilitarla: Portae inferi non praevalebunt (Mt 16,18); las luchas internas y externas contribuyen m\u00e1s bien a acrecentar su fuerza sus virtudes y, al mismo tiempo, le proporcionan la corona gloriosa de nuevas victorias. Por el contrario, todo otro edificio que no tenga como fundamento la doctrina de Cristo, est\u00e1 levantado sobre una arena movediza, y su destino es, m\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde, una inevitable ca\u00edda (Mt 7,26-27).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">73. Mientras os escribimos, venerables hermanos, esta nuestra primera enc\u00edclica nos parece, por muchas causas, que una hora de tinieblas (Lc 22,53) est\u00e1 cayendo sobre la humanidad, hora en que las tormentas de una violenta discordia derraman la copa sangrienta de innumerables dolores y lutos. \u00bfEs acaso necesario que os declaremos que nuestro coraz\u00f3n de Padre, lleno de amor compasivo, est\u00e1 al lado de todos sus hijos, y de modo especial al lado de los atribulados y perseguidos? Porque, aunque los pueblos arrastrados por el tr\u00e1gico torbellino de la guerra hasta ahora s\u00f3lo sufren tal vez los comienzos de los dolores (Mt 24,8), sin embargo, reina ya en innumerables familias la muerte y la desolaci\u00f3n, el lamento y la miseria. La sangre de tantos hombres, incluso de no combatientes, que han perecido levanta un f\u00fanebre llanto, sobre todo desde una amada naci\u00f3n, Polonia, que por su tenaz fidelidad a la Iglesia y por sus m\u00e9ritos en la defensa de la civilizaci\u00f3n cristiana, escritos con caracteres indelebles en los fastos de la historia, tiene derecho a la compasi\u00f3n humana y fraterna de todo el mundo, y, confiando en la Virgen Madre de Dios, Auxilium Christianorum, espera el d\u00eda deseado en que pueda salir salva de la tormenta presente, de acuerdo con los principios, de una paz s\u00f3lida y justa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">74. Lo que ha sucedido hace poco y est\u00e1 sucediendo tambi\u00e9n en estos d\u00edas, se presentaba ya a nuestros ojos como una visi\u00f3n anticipada cuando, no habiendo desaparecido todav\u00eda la \u00faltima esperanza de conciliaci\u00f3n, hicimos todo lo posible, en la medida que nos suger\u00edan nuestro ministerio apost\u00f3lico y los medios de que dispon\u00edamos, para impedir el recurso a las armas y mantener abierto el camino de una soluci\u00f3n honrosa para las dos partes. Convencidos como est\u00e1bamos de que al uso de la fuerza por una parte se responder\u00eda con el recurso a las armas por la otra, consideramos entonces obligaci\u00f3n de nuestro apost\u00f3lico ministerio y del amor cristiano hacer todas las gestiones posibles para evitar a la humanidad entera y a la cristiandad los horrores que se seguir\u00edan de una conflagraci\u00f3n mundial, aun temiendo que la manifestaci\u00f3n de nuestras intenciones y nuestros fines fuese mal interpretada. Pero nuestras amonestaciones, si bien fueron escuchadas con respetuosa atenci\u00f3n no fueron, sin embargo, obedecidas. Y mientras nuestro coraz\u00f3n de pastor mira dolorido y preocupado la gravedad de la situaci\u00f3n, se presenta ante nuestra vista la imagen del Buen Pastor, y, tomando sus propias palabras, nos juzgamos obligados a repetir en su nombre a la humanidad entera aquel lamento: \u00a1Si hubieses conocido&#8230; lo que te conduc\u00eda a la paz, pero ahora est\u00e1 oculto a tus ojos! (Lc 19,42).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">75. En medio de un mundo que actualmente es tan contrario a la paz de Cristo en el reino de Cristo, la Iglesia y sus fieles experimentan unas dificultades que rara vez conocieron en su larga historia de luchas y contradicciones. Pero los que precisamente en tiempos tan dif\u00edciles permanecen firmes en su fe y tienen un coraz\u00f3n inquebrantable, saben que Cristo Rey est\u00e1 en la hora de la prueba, que es la hora de la fidelidad, m\u00e1s cerca que nunca de nosotros. Consumida por la tristeza de tantos hijos suyos que sufren males innumerables, pero sostenida por la firme fortaleza que proviene de las promesas divinas, la Esposa de Cristo, en medio de sus sufrimientos, avanza al encuentro de amenazadoras tempestades. Sabe la Iglesia que la verdad que ella anuncia y el amor que ella ense\u00f1a y pone en pr\u00e1ctica ser\u00e1n los mejores est\u00edmulos y los mejores medios que tendr\u00e1n a su alcance los hombres de buena voluntad en la reconstrucci\u00f3n de un nuevo orden nacional e internacional establecido seg\u00fan la justicia y el amor, una vez que la humanidad, cansada del camino del error, haya saboreado hasta la saciedad los amargos frutos del odio y de la violencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">76. Entretanto, venerables hermanos, hay que esforzarse por que todos, y principalmente los que sufren la calamidad de la guerra, experimenten que el deber de la caridad cristiana, quicio fundamental del reino de Cristo, no es palabra vac\u00eda, sino pr\u00e1ctica realidad viviente. Un vasto campo de ocasiones se abre hoy d\u00eda a la caridad cristiana en todas sus formas. Confiamos plenamente en que todos nuestros hijos, especialmente aquellos que se ven libres del azote de la guerra, imitando al divino Samaritano, aliviar\u00e1n en la medida de sus fuerzas a todos los que, por ser v\u00edctimas de la guerra, tienen derecho especial no s\u00f3lo a la compasi\u00f3n, sino tambi\u00e9n al socorro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">77. La Iglesia cat\u00f3lica, civitas Dei, \u00abcuyo rey es la verdad, cuya ley la caridad, cuya medida la eternidad\u00bb (S. Agust\u00edn, Ep CXXXVIII ad Marcellinum, c.3 n.17), predicando la verdad cristiana, exenta de errores y de contemporizaciones, y consagr\u00e1ndose con amor de madre a las obras de la caridad cristiana destaca sobre el oleaje de los errores y de las pasiones como una bienaventurada visi\u00f3n de paz y espera el d\u00eda en que la omnipotente mano de Cristo, su Rey, calme el tumulto de las tempestades y destierre el esp\u00edritu de la discordia que las ha provocado. Todo cuanto esta a nuestro alcance para acelerar el d\u00eda en que la paloma de la paz halle d\u00f3nde reposar su pie sobre esta tierra sumergida en el diluvio de la discordia, todo ello lo utilizaremos, confiando tanto en los hombres de Estado que antes de desencadenarse la guerra trabajaron noblemente por alejar de los pueblos tan terrible azote como tambi\u00e9n en los millones de hombres de todos los pa\u00edses y de todas las clases sociales que piden a gritos no s\u00f3lo la justicia, sino tambi\u00e9n la caridad y la misericordia, y confiando, finalmente y sobre todo, en Dios omnipotente, a quien diariamente dirigimos esta plegaria: A la sombra de tus alas esperar\u00e9 hasta que pase la iniquidad (Sal 56,2) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">78. Dios tiene un poder infinito; tiene en sus manos lo mismo la felicidad y el destino de los pueblos que las intenciones de cada hombre, y dulcemente inclina a unos y otros en la direcci\u00f3n que El quiere; y hasta tal punto es esto verdad, que incluso los mismos obst\u00e1culos que se le ponen quedan convertidos por su omnipotencia en medios id\u00f3neos para modelar el curso de los acontecimientos y para enderezar las mentes y las voluntades de los hombres a sus alt\u00edsimos fines.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">79. Orad, pues, a Dios, venerables hermanos; orad sin interrupci\u00f3n, orad sobre todo cuando ofrec\u00e9is la Hostia divina del amor. Orad a Dios vosotros, a quienes la valiente profesi\u00f3n de vuestra fe impone duros, penosos y, no raras voces, sobrehumanos sacrificios; orad a Jesucristo vosotros, miembros pacientes y dolientes de la Iglesia, cuando Jes\u00fas viene a consolar y aliviar vuestras penas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">80. Y con un recto esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n y con el ejercicio de dignas obras de penitencia, no dej\u00e9is de hacer vuestras plegarias m\u00e1s agradables a Aquel que levanta a los que caen y anima a los deprimidos (Sal 144,14), para que el Redentor misericordioso abrevie los d\u00edas de la prueba y se cumplan as\u00ed las palabras del Salmo: Clamaron al Se\u00f1or en sus tribulaciones y los libr\u00f3 de sus necesidades (Sal 106,13) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">81. Y vosotros, c\u00e1ndidas legiones de ni\u00f1os, en quienes Jes\u00fas tiene puestas sus delicias, cuando os aliment\u00e1is con el Pan de los \u00e1ngeles, alzad vuestras ingenuas y puras plegarias unidas a las de toda la Iglesia. El Coraz\u00f3n Sacrat\u00edsimo de Jes\u00fas, que tanto os ama, no puede en modo alguno rechazar la oraci\u00f3n de vuestras almas inocentes. Orad todos, orad sin interrupci\u00f3n: sine intermissione orate (1Tes 5,17) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">82. As\u00ed practicar\u00e9is el precepto del divino Maestro, el testamento sagrado de su coraz\u00f3n, ut omnes unum sint (Jn 17,21): que todos vivan en aquella unidad de fe y de amor, a trav\u00e9s de la cual el mundo pueda reconocer la potencia y la eficacia de la redenci\u00f3n de Cristo y de la obra de la Iglesia, por \u00c9l establecida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">83. La Iglesia primitiva, que comprendi\u00f3 y practic\u00f3 este divino precepto, lo resumi\u00f3 en una significativa oraci\u00f3n; unidos con ella, expresad tambi\u00e9n vosotros en vuestra oraci\u00f3n aquellos sentimientos que tan bien responden a las necesidades de nuestra \u00e9poca: \u00abAcu\u00e9rdate, Se\u00f1or, de tu Iglesia, para que la libres de todo mal y la perfecciones en tu caridad, y de los cuatro vientos re\u00fanela santificada en tu reino, que preparaste para ella; pues tuya es la virtud y la gloria por los siglos de los siglos\u00bb (Doctrina de los Doce Ap\u00f3stoles, c.10) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, deseando con ardor que Dios, autor y amante de la paz, escuche benigno las s\u00faplicas de su Iglesia, como prenda de las gracias divinas y testimonio de nuestra ben\u00e9vola voluntad os damos a todos paternalmente la bendici\u00f3n apost\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado en Castelgandolfo, cerca de Roma, el 20 de octubre de 1939, a\u00f1o primero de nuestro pontificado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PIUS PP. XII\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA ENC\u00cdCLICA SUMMI PONTIFICATUS DE NUESTRO SANT\u00cdSIMO SE\u00d1OR P\u00cdO POR LA DIVINA PROVIDENCIA PAPA XII A LOS VENERABLES HERMANOS PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS Y DEM\u00c1S ORDINARIOS LOCALES EN PAZ Y EN COMUNI\u00d3N CON LA SEDE APOST\u00d3LICA 1. 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