{"id":2520,"date":"2016-02-04T23:22:15","date_gmt":"2016-02-05T04:22:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/incredulidad\/"},"modified":"2016-02-04T23:22:15","modified_gmt":"2016-02-05T04:22:15","slug":"incredulidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/incredulidad\/","title":{"rendered":"INCREDULIDAD"},"content":{"rendered":"<p>v. Dudar<br \/>\nMat 13:58 no hizo .. milagros, a causa de la i de<br \/>\nMar 6:6 estaba asombrado de la i de ellos<br \/>\nMar 9:24 padre .. clam\u00f3 y dijo: Creo; ayuda mi i<br \/>\nMar 16:14 les reproch\u00f3 su i y dureza de coraz\u00f3n<br \/>\nRom 3:3 su i habr\u00e1 hecho nula la fidelidad de Dios?<br \/>\nRom 4:20 tampoco dud\u00f3, por i, de la promesa de<br \/>\nRom 11:20 por su i fueron desgajadas, pero t\u00fa por<br \/>\n1Ti 1:13 porque lo hice por ignorancia, en i<br \/>\nHeb 3:12 no haya en ninguno .. coraz\u00f3n malo de i<\/p>\n<hr>\n<p>Incredulidad    (gr. apist\u00ed\u00ada y \u00e1pistos, \u00abfalta de fe\u00bb, \u00abno creyente\u00bb).  T\u00e9rmino que aparece en 2Co 6:14, 15 y 1 Tit 5:8 con la connotaci\u00f3n de negaci\u00f3n de la fe y del evangelio de Cristo.  Incr\u00e9dulo.  V\u00e9ase Incredulidad.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>Quien no cree en Jesucristo, no s\u00f3lo no tiene la vida eterna, sino que la c\u00f3lera de Dios est\u00e1 sobre \u00e9l, \u00c2\u00a1aqu\u00ed\u00ad, en la tierra!, Jua 3:36.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Falta de fe. Es no decir \u2020\u0153am\u00e9n\u2020\u009d a todo lo que Dios dice. No existe un t\u00e9rmino equivalente en el AT. En el NT la palabra es apistia. La buena palabra de Dios para con los israelitas cuando estaban en el desierto \u2020\u0153no les aprovech\u00f3\u2020\u009d porque no la oyeron \u2020\u0153acompa\u00f1ada de fe\u2020\u009d (Heb 4:2). Por eso \u2020\u0153vemos que no pudieron entrar\u2020\u009d a la Tierra Prometida \u2020\u0153a causa de i.\u2020\u009d (Heb 3:19). A veces la i. impide la plena manifestaci\u00f3n del poder de Dios (\u2020\u0153Y no hizo all\u00ed\u00ad muchos milagros, a causa de la i. de ellos\u2020\u009d [Mat 13:58]). El Se\u00f1or Jes\u00fas se asombr\u00f3 \u2020\u0153de la i.\u2020\u009d de sus coterr\u00e1neos (Mar 6:5). Despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, reproch\u00f3 la \u2020\u0153i. y dureza de coraz\u00f3n\u2020\u009d de sus disc\u00ed\u00adpulos (Mar 16:14). Se exhorta a los cristianos a evitar la i. (\u2020\u0153Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros coraz\u00f3n malo de i. para apartarse del Dios vivo\u2020\u009d [Heb 3:19]). El mundo ser\u00e1 juzgado a causa de su i. (\u2020\u0153&#8230; por cuanto no creen en m\u00ed\u00ad\u2020\u009d [Jua 16:9]).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>vet, (DUDA). Despu\u00e9s de la ca\u00ed\u00adda, la humanidad constituye una \u00abgeneraci\u00f3n incr\u00e9dula y perversa\u00bb (Mt. 17:17), que pone en tela de juicio la palabra de Dios, y a\u00fan su misma existencia (Sal. 53:1-4). No se trata que el hombre sea ignorante o incapaz de creer: Dios le habla mediante la triple revelaci\u00f3n de la naturaleza (Ro. 1:18-21), de la conciencia (Ro. 2:14, 15), y de las Escrituras (Ro. 2:17-20; 2 Ti. 3:16-17). El que, a pesar de todo ello, se aleja del Se\u00f1or, es por ello inexcusable (Ro. 1:20; 2:1; 3:19); en realidad lo hace porque \u00abama m\u00e1s las tinieblas que la luz\u00bb, porque \u00abtodo aquel que hace lo malo, aborrece la luz\u00bb (Jn. 3:19-20). La incredulidad no proviene en absoluto de la imposibilidad de resolver una multitud de problemas intelectuales. Su origen es moral y espiritual: en su soberbia, el hombre elige deliberadamente permanecer independiente con respecto a Dios. No quiere abandonar su pecado, o su propia justicia, y sobre todo reh\u00fasa abdicar de su rebelde voluntad. Despu\u00e9s de haber dado a los jud\u00ed\u00ados todas las pruebas que se pudieran desear de su divinidad y de su amor, Jes\u00fas les tuvo que decir: \u00abNo quer\u00e9is venir a m\u00ed\u00ad para que teng\u00e1is vida\u00bb (Jn. 5:40). \u00ab\u00c2\u00a1Jerusal\u00e9n, Jerusal\u00e9n&#8230;! \u00c2\u00a1Cu\u00e1ntas veces quise juntar a tus hijos&#8230; y no quisiste!\u00bb (Mt. 23:37). Los invitados a las bodas del rey no quieren venir, ni se molestan lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo en atender la invitaci\u00f3n, sino que incluso los hay que dan muerte a los mensajeros reales (Mt. 22:3-6). La incredulidad es algo tan inveterado en nuestra naturaleza ca\u00ed\u00adda que en principio se halla en todos (Jn. 3:11, 32); \u00abel hombre no regenerado no percibe las cosas que son del Esp\u00ed\u00adritu de Dios, porque para \u00e9l son locura\u00bb (1 Co. 2:14). Jes\u00fas vino a los suyos, y los suyos no le recibieron (Jn. 1:11); no recibi\u00f3 honor en su patria (Mt. 13:57- 58), los pr\u00ed\u00adncipes de su pueblo lo rechazaron (Jn. 7:48), y ni aun sus hermanos cre\u00ed\u00adan en El (Jn. 7:5). Incluso sus disc\u00ed\u00adpulos se mostraron frecuentemente incr\u00e9dulos (Jn. 6:60, 66; 20:24-29; Mt. 17:17). La primera manifestaci\u00f3n de la incredulidad es de naturaleza negativa: al no aceptar la palabra de Dios, uno se aleja de El (Jn. 1:5; 5:43; 6:66); a continuaci\u00f3n vienen varios pecados relacionados con ella (Lc. 15:12-13; Ro. 1:20-25); Posteriormente se manifiesta la persecuci\u00f3n que, despu\u00e9s de los insultos y de los malos tratos, llega hasta la muerte (v\u00e9ase esta progresi\u00f3n en Jn. 7:7, 13, 20; 8:6, 47, 59; 9:22, 34, 41; 10:31; 11:53, etc.). El juicio que espera a los que persisten en la incredulidad es terrible. En efecto, Cristo fue en la cruz la propiciaci\u00f3n por los pecados de todo el mundo, y en base a ello ofrece el perd\u00f3n a todos los que se arrepientan (Jn. 1:29; 1 Jn. 2:1-2); pero \u00bfqu\u00e9 se puede dar al que reh\u00fasa creer y rechaza la gracia? \u00abEl que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha cre\u00ed\u00addo en el nombre del unig\u00e9nito Hijo de Dios&#8230; la ira est\u00e1 sobre \u00e9l\u00bb (Jn. 3:18, 36). Toda una generaci\u00f3n de israelitas pereci\u00f3 en el desierto, por cuanto hab\u00ed\u00adan rehusado entrar en Cana\u00e1n \u00aba causa de incredulidad\u00bb (He. 3:17-19). Los cobardes (que nunca llegan a decidirse) y los incr\u00e9dulos son los primeros que van al infierno (Ap. 21:8). \u00c2\u00a1Qu\u00e9 desventurados son aquellos a los que el dios de este siglo les ha cegado la inteligencia! (2 Co. 4:4). Pero hay remedio para la incredulidad. Dios conoce la debilidad e incapacidad de nuestra naturaleza, y desea ardientemente ayudar a aquellos que se presentan a El con todas sus dudas y falta de fe. A Pedro, al hundirse en el agua y clamar por su ayuda, el Se\u00f1or le tendi\u00f3 la mano diciendo: \u00abHombre de poca fe, \u00bfPor qu\u00e9 dudaste?\u00bb (Mt. 14:30-31). Al Tom\u00e1s que exclama: \u00abSi no viere&#8230; no creer\u00e9\u00bb, el Se\u00f1or responde: \u00abNo seas incr\u00e9dulo, sino creyente\u00bb, al mismo tiempo que lo convence de la realidad de su resurrecci\u00f3n (Jn. 20:25, 27). Llega hasta aquel que clama: \u00abCreo, ayuda mi incredulidad\u00bb (Mr. 9:24). Por su Esp\u00ed\u00adritu, mediante la obra de la regeneraci\u00f3n, engendra a los creyentes a una esperanza viva (Jn. 3:5; 1 P. 1:3).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[209]<\/p>\n<p>    Actitud negativa ante la posibilidad o necesidad de prestar fe a alguien o a algo. Se denominan incr\u00e9dulos los que se niegan m\u00e1s o menos voluntariamente a asumir la fe y viven sin creencias.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEl t\u00e9rmino \u00ed\u00ada (incredulidad) aparece once veces en el Nuevo Testamento (Mt 13, 58; Mc 6, 6; 9, 24;. 16, 14; Rm 3, 6; 4, 20; 11, 20; 1 Tim 1, 13; Hb 3, 12. 19). Esta palabra est\u00e1 relacionada a su vez con el verbo (ser incr\u00e9dulo, ser infiel) que se repite ocho veces en los escritos neotestamentarios, mientras que el adjetivo apist\u00f3s (incr\u00e9dulo, infiel) recurre veintitr\u00e9s veces.<\/p>\n<p>En la lengua hebrea no encontramos t\u00e9rminos equivalentes de estas formas privativas. No analizamos el verbo ni el adjetivo \u00f3s. Nos atenemos estrictamente a la palabra \u00abincredulidad\u00bb.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00ed\u00ada tiene dos significados e incredulidad en los escritos del Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>Con el significado de aparece en la Carta a los Romanos a trav\u00e9s de una contraposici\u00f3n realizada por San Pablo entre la de Dios y la de los jud\u00ed\u00ados (Rm 3, 3).<\/p>\n<p>Con el significado designa en un sentido t\u00e9cnico el rechazo de los jud\u00ed\u00ados al mensaje de salvaci\u00f3n, manifestado en el evangelio (Rm 11, 20), aunque pueden ser incorporados si no rechazan el evangelio (Rm 11, 23). El ap\u00f3stol San Pablo era perseguidor de la Iglesia de Cristo, cuando era incr\u00e9dulo (1 Tim 1, 13). El mismo ap\u00f3stol de los gentiles describe en un pasaje de la Carta a los Romanos el ejemplo del patriarca Abrah\u00e1m que no cede a la duda con la incredulidad, sino con la fe en Dios (Rm 4, 20).<\/p>\n<p>El evangelista San Marcos subraya la en tres pasajes del evangelio. El primero subraya la desconfianza de los nazaretanos, ante la visita de Jes\u00fas porque se niegan a reconocerlo profeta y se escandalizaban de \u00e9l, de ah\u00ed\u00ad que Jes\u00fas no hizo all\u00ed\u00ad ning\u00fan milagro (Mc 6, 3-6). San Mateo difiere de San Marcos y afirma que por su incredulidad hizo all\u00ed\u00ad unos pocos milagros (Mt 13, 58).<\/p>\n<p>El segundo pasaje de San Marcos pone en evidencia la fe como una tarea, es decir, la aventura fascinante de hacerla vida, precisamente ante la misma experiencia existencial, cuando surgen las dificultades y las dudas. Es la pregunta ante la fe misma (Mc 9, 24).<\/p>\n<p>El tercer lugar marcano narra la reprensi\u00f3n de Jes\u00fas a los once disc\u00ed\u00adpulos ante la incredulidad que hab\u00ed\u00adan mostrado, sobre todo la dureza de su coraz\u00f3n, obstinados por no creer a los que le hab\u00ed\u00adan visto resucitado (Mc 16, 14).<\/p>\n<p>El autor de la Carta a los Hebreos muestra un detalle que debe subrayarse: el predicador sugiere a la asamblea una actitud comunitaria. No se dirige a cada uno particularmente, sino que pide a todos los miembros de la comunidad de ayudar a cada uno a guardarse de la falta de fe (Hb 3, 12). -> .<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>1. I. es la negativa voluntaria a la -> fe. Se presupone aqu\u00ed\u00ad que para el hombre capaz de una decisi\u00f3n la fe y la i. no son dos posibilidades entre otras, sino que cada uno es o creyente o incr\u00e9dulo, sin que se d\u00e9 una posibilidad de evitar esa alternativa tajante. Esbozado as\u00ed\u00ad el concepto, surge enseguida la cuesti\u00f3n de si (en el hombre llegado al uso de raz\u00f3n y de la libertad) no puede existir una i. que no constituya una negativa libre frente a la fe, sino que se conciba sin m\u00e1s como una serena actitud arreligiosa, y no precisamente antirreligiosa. No cabe ninguna duda de que la general i. de nuestros d\u00ed\u00adas (-> ate\u00ed\u00adsmo), tanto en los pa\u00ed\u00adses \u00absocialistas\u00bb como en los \u00aboccidentales\u00bb, intenta entenderse as\u00ed\u00ad como una i. neutral y arreligiosa la cual por principio se presenta tambi\u00e9n en la opini\u00f3n p\u00fablica de la sociedad como una conducta espont\u00e1nea y normal del hombre de hoy. Se dice que \u00abintenta\u00bb, significando con ello que tal i. tanto psicol\u00f3gica (existencial) como socialmente cree poder eliminar la fe como su ant\u00ed\u00adtesis real. Con otras palabras: ya al principio se plantea la cuesti\u00f3n de si la i. tiene su origen \u00faltimo en la fe, o si es un fen\u00f3meno comprensible en s\u00ed\u00ad, que s\u00f3lo secundaria y negativamente viene calificado como incredulidad desde una postura de fe. Pero as\u00ed\u00ad precisamente aparece el problema fundamental: la fe y la incredulidad consideran su respectiva posici\u00f3n como general y obligatoria para todos, frente a la cual no hay ninguna otra leg\u00ed\u00adtima (si bien por motivos distintos: la fe, porque cree en la palabra de Dios; la i. porque cree estar ya en la meta a la que infaliblemente han de llegar todos los hombres en la evoluci\u00f3n de la humanidad). Y ambas, dentro de sus sistemas \u00abinconmensurables\u00bb, han de solucionar el hecho de que existen creyentes e incr\u00e9dulos, quienes no pueden acusarse a priori de necedad o malicia, y han de solucionar el problema de por qu\u00e9 a pesar del car\u00e1cter \u00ababsoluto\u00bb de su posici\u00f3n pueden sostener entre s\u00ed\u00ad un \u00abdi\u00e1logo\u00bb y mantener una coexistencia (no s\u00f3lo en el plano biol\u00f3gico y econ\u00f3mico).<\/p>\n<p>2. A diferencia de la &#8211; herej\u00ed\u00ada (cf. CIC 1325), que representa la negaci\u00f3n de algunas verdades cristianas reveladas, aunque consider\u00e1ndose fundamentalmente cristiana (nomen christianum retentum), la i. es (como status) la falta habitual de fe. Esta i., como infidelidad (infidelitas), se divide en infidelidad negativa (falta no culpable de fe, cf. 1 Tim 1, 13), infidelidad privativa (falta culpable de fe, radicando la culpa en la indiferencia frente al problema religioso), e infidelidad positiva (repulsa directa, consciente y culpable a la fe). Como en el pecado, se podr\u00ed\u00ada distinguir entre incredulidad material y formal, seg\u00fan que se d\u00e9 con culpa o sin culpa. Es verdad que tales distinciones presuponen un concepto de fe orientado por la objetivaci\u00f3n conceptual y refleja del objeto de la misma. A este respecto puede darse ciertamente una incredulidad que sea total (- ate\u00ed\u00adsmo) y s\u00ed\u00adn embargo inculpable(cf. Vaticano u, Lumen gentium, n.0 16; Gaudium et spes, n.\u00c2\u00b0 2lss). Pero si se entiende por fe la gracia y la concomitante ilustraci\u00f3n tem\u00e1tica, aunque no necesariamente objetivada (-> fe, -> revelaci\u00f3n), que en virtud de la universal -> voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios (en -> salvaci\u00f3n) se ofrece a todo hombre, y que en los \u00abadultos\u00bb, es decir, en quienes disponen libremente de s\u00ed\u00ad mismos, s\u00f3lo puede darse a modo de libre aceptaci\u00f3n o de repulsa; entonces la i. frente a esta fe s\u00f3lo puede concebirse como culpable. Mas en tal caso cabe decir a la inversa que tambi\u00e9n puede poseer esta fe alguien que, \u00absin culpa, no ha llegado al conocimiento expreso de Dios (o sea que es incr\u00e9dulo en el sentido habitual); pero que, no sin la ayuda de la gracia, procura llevar una vida justa\u00bb (Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 16). Dicho de otro modo, en la ra\u00ed\u00adz m\u00e1s profunda de la existencia, y bajo la oferta permanente de la gracia divina, (-> existencial II), no hay i. La i. hasta el ate\u00ed\u00adsmo en la dimensi\u00f3n de la objetivaci\u00f3n conceptual y refleja (aun trat\u00e1ndose de un acto libre) no es necesariamente ni siempre manifestaci\u00f3n de una i. (en el hond\u00f3n \u00faltimo de la existencia) que sea la p\u00e9rdida culpable de la gracia de la fe, exactamente igual que un aferrarse libremente a los principios de la fe en el terreno de los conceptos y de la confesi\u00f3n p\u00fablica no es ning\u00fan argumento seguro en favor de la fe como decisi\u00f3n, movida por la gracia, de la libertad originaria hacia Dios en el centro de la existencia, sino que esta \u00abobra\u00bb de la fe sigue siendo ambivalente.<\/p>\n<p>Supuesto este concepto de fe y de i., podr\u00ed\u00ada distinguirse entre incredulidad existencial (siempre culpable) y te\u00f3rica (culpable o inculpable). Las usuales distinciones escol\u00e1sticas se referir\u00ed\u00adan sobre todo a la i. te\u00f3rica. Evidentemente tales distinciones no significan que nosotros podamos clasificar claramente a un hombre concreto en su relaci\u00f3n con Dios. Por cuanto toda la gracia de la fe es gracia de Cristo y el hombre que obra en apariencia de forma meramente humana tiene una relaci\u00f3n positiva aunque inconsciente con Cristo (cf. p. ej., Mt 25), esta relaci\u00f3n con Cristo no significa cualquier simple objeto de fe, sino que se refiere a la dimensi\u00f3n encarnacionista de la fe (sin perjuicio de Heb 11, 6 y de toda la discusi\u00f3n teol\u00f3gica sobre qu\u00e9 \u00abobjetos de fe\u00bb son necesarios con necesidad de medio para salvarse); la fe \u00fanica y la i. (otra vez con la misma diferencia de planos) pueden verse simplemente tanto en relaci\u00f3n con Dios como con Jesucristo, cual ocurre ante todo en el lenguaje de Juan (p. ej., 11, 6).<\/p>\n<p>3. Por lo que acabamos de decir ya se ve que en realidad no existe todav\u00ed\u00ada una teolog\u00ed\u00ada de la i. perfectamente desarrollada. Pues los planteamientos m\u00e1s simples de lo que es la i. llevaron a apor\u00ed\u00adas y teor\u00ed\u00adas que en modo alguno han sido abordadas a fondo en la teolog\u00ed\u00ada. La i. es vista s\u00f3lo como un caso, especialmente grave, de pecado; o sea, no se ve claramente como oposici\u00f3n a la fe, la cual es ra\u00ed\u00adz y fundamento de la adecuada relaci\u00f3n con Dios (Dz 801). As\u00ed\u00ad, la i. viene descrita de manera meramente negativa y la fe es entendida directamente en su forma de conceptos articulados, como suma de verdades de fe, las cuales, son negadas en la i. Con lo que no se llega a una afirmaci\u00f3n clara del car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico de la i. existencial como decisi\u00f3n de toda la persona. En cuanto acto originario y existencial de libertad, con que el hombre dispone de todo su ser, la i. es necesariamente o bien el proyecto de una existencia humana que dispone de s\u00ed\u00ad misma sin ninguna clase de misterios, o bien un encerramiento radical y desesperado, el cual no permite que el futuro del hombre sea, en esperanza, mayor de lo que \u00e9l mismo puede crear, aun viendo lo insuficiente de la propia creaci\u00f3n. Ambas formas de i. pueden estar ocultas y reprimidas por una sobriedad esc\u00e9ptica y valiente (o valiente en apariencia) que quiere solucionar silenciosamente lo incomprensible de la existencia. Pero esta postura firme ante lo cotidiano tambi\u00e9n puede ser en su ambivalencia la manifestaci\u00f3n de la fe esperanzada. Y lo que eso es en realidad nadie puede decirlo por s\u00ed\u00ad mismo con seguridad en el tribunal de la reflexi\u00f3n (cf. Dz 805 822ss).<\/p>\n<p>Una teolog\u00ed\u00ada de la i. deber\u00ed\u00ada poner en claro d\u00f3nde est\u00e1 para el creyente el topos existencial y te\u00f3rico para su inteligencia de la i., topos que no puede (como si fuera absolutamente extra\u00f1o e incomprendido), afectar a la fe desde fuera, si \u00e9sta ha de ser la comprensi\u00f3n total de la existencia humana y del mundo, comprensi\u00f3n en la que todo es juzgado (1 Cor 2, 15). Una teolog\u00ed\u00ada de la i. deber\u00ed\u00ada ilustrarla no s\u00f3lo como un suceso de la historia privada de salvaci\u00f3n y perdici\u00f3nde cada uno, sino tambi\u00e9n como fen\u00f3meno de la historia colectiva de salvaci\u00f3n y del \u00abmundo\u00bb. As\u00ed\u00ad como hay un \u00abpecado del mundo\u00bb (Jn 1, 19, etc.; ->pecado original), hay tambi\u00e9n una \u00abi. del mundo\u00bb, que a su vez tiene una forma de historia, en la cual aqu\u00e9lla se hace cada vez m\u00e1s radical e intenta presentarse siempre como algo evidente e incuestionable. La i. no s\u00f3lo niega ateamente a Dios, sino que quiere tambi\u00e9n configurar los horizontes mentales, de modo que ya no pueda plantearse el problema de Dios. La cuesti\u00f3n hist\u00f3rico-teol\u00f3gica de la i. atea, como vasto fen\u00f3meno social, debe orientarse ante todo hacia el hecho de que el ate\u00ed\u00adsmo secularizante es la falsa forma de reacci\u00f3n ante la justificada, y en el fondo cristiana, eliminaci\u00f3n del car\u00e1cter divino del mundo, la cual pone en claro que Dios es Dios en su misterio inaccesible y no una parte del mundo.<\/p>\n<p>4. La fe misma suscita la posibilidad de la i.; a su condici\u00f3n peregrinante pertenece esencialmente la posibilidad de que el hombre sea tentado por la i. Y eso no s\u00f3lo porque la fe es esencialmente libre y gracia indisponible de Dios, y por lo mismo debe existir en el espacio de una aut\u00e9ntica posibilidad de su contrario, sino tambi\u00e9n porque la objetivaci\u00f3n concreta de la fe originaria y existencial en las f\u00f3rmulas creyentes, a causa de su car\u00e1cter an\u00e1logo, a causa de la imposibilidad de afirmar en cada formulaci\u00f3n su referencia al misterio, de expresar en palabras esa misma referencia originaria, suscita la tentaci\u00f3n de descargarse del peso de tales formulaciones con un escepticismo o con la huida a una \u00e9nox\u00ed\u00ad intelectual. Finalmente en su -> concupiscencia, que es una situaci\u00f3n no s\u00f3lo moral sino tambi\u00e9n intelectual, interna y externa, pluralista, no integrada con sus elementos en la decisi\u00f3n de fe y no integrable totalmente, tambi\u00e9n el hombre creyente encuentra siempre objetivaciones que proceden de la i. y tienden a ella (cf. Dz 792) y que hacen insoluble para la existencia individual la cuesti\u00f3n de si es ella o son las -> \u00abobras\u00bb de la fe la manifestaci\u00f3n de la decisi\u00f3n que arranca del centro de la existencia (cf. 1 Cor 4, 4s). Si el hombre debe repetir un . y otra vez las palabras de Mc 9, 24, ah\u00ed\u00ad no se trata de un caso particular de la fe que no deber\u00ed\u00ada darse, sino que eso es expresi\u00f3n de la situaci\u00f3n normal del creyente, el cual as\u00ed\u00ad como puede ser simul iustus et peccator, puede ser tambi\u00e9n simul fidelis et infidelis.<\/p>\n<p>5. En este per\u00ed\u00adodo de transici\u00f3n desde la Iglesia del pueblo a la Iglesia de los creyentes personales, el cristiano deber\u00ed\u00ada ver claramente que la situaci\u00f3n en la cual la fe pod\u00ed\u00ada identificarse con la opini\u00f3n p\u00fablica de la sociedad no es la situaci\u00f3n aut\u00e9ntica de la fe; su situaci\u00f3n es aquella en que una convenci\u00f3n social no le quita el peso de la decisi\u00f3n. El predicador no se puede abandonar en su tarea a esta convenci\u00f3n; debe saber que hoy el mensaje del Evangelio debe orientarse en una forma distinta de la de antes; es decir, desde y hacia el mundo secularizado, debe orientarse teniendo en cuenta y expresando la i. latente en los cristianos tradicionales. Quien predica cual si hablase a los i. de hoy, predica correctamente a los cristianos. Por ello debe hablarse tambi\u00e9n desde una teolog\u00ed\u00ada que responda a la mentalidad del hombre de hoy. En esta predicaci\u00f3n no puede pasarse por alto la distinci\u00f3n entre la fe originaria que late en lo profundo de la existencia y su articulaci\u00f3n conceptual; aunque \u00e9sta \u00faltima ya por el mero hecho de la historicidad de los sucesos de la salvaci\u00f3n cre\u00ed\u00addos y proclamados, tampoco puede menospreciarse. Pero la predicaci\u00f3n y la fe articulada conceptualmente deben ser de tal manera que resulte clara su relaci\u00f3n retrospectiva con las decisiones supremas y existenciales (sostenidas por la gracia) que de un modo o de otro se le exigen al hombre en su ineludible situaci\u00f3n. Al faltar a menudo esta vinculaci\u00f3n, pudo producirse la impresi\u00f3n de que bastaba con olvidar de un modo radical la fe expl\u00ed\u00adcita para escapar as\u00ed\u00ad incluso a la decisi\u00f3n entre fe e incredulidad.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Rahner III 415-443 271-294, VIII 187-212; H. de Lubac, tr. cast.: Por los caminos de dios (Lohle B Aires); A. Rich, Glaube und Unglaube in unserer Zeit: Ev Th 19 (1959) 52-65; A. R\u00e1per, Die anonymen Christen (Mz 1963); F. Jean-son, La foi d&#8217;un incroyant (P 1963); J. B. Metz, La incredulidad como problema teol\u00f3gico: Concilium n.o 6 (1965) 63-83; H. R. Schlette, Cristianos y no cristianos. Coloquio de salvaci\u00f3n (Herder Ba 1969); G. Szczesny, Die Zukunft des Unglaubens (Mn 1965); E. Leppin, Glaubt ihr nicht, so bleibt ihr nicht. Eine Antwort auf Gerhard Szczesnys Buch \u00abDie Zukunft des Unglaubens\u00bb (T 1966); O. Haendler, Zwischen Glaube und Unglaube (G&#038; 1966); J. B. Metz, Kirche fiir die Unglaubigen?: Umkehr und Erneuerung (Mz 1966) 312-329; B. H\u00fcring, Unglaube und Naturrecht: Theologie im Wandel (homenaje a la facultad cat\u00f3lica de<br \/>\nteolog\u00ed\u00ada de Tubinga) (Mn &#8211; Fr 1967) 211-227; G. Waldmann, Christlicher Glauben und chrisliche Glaubenslosigkeit (T 1968); H. Holstein y otros, La incredulidad y sus problemas (Herder Ba 1968).<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>La incredulidad concierne al pueblo de Dios, a diferencia de la *idolatr\u00ed\u00ada, que caracteriza a las *naciones paganas y requiere una *conversi\u00f3n a la *fe en Dios. La existencia de incr\u00e9dulos en su seno ha sido siempre un *esc\u00e1ndalo para todos los hombres de fe; la incredulidad de Israel frente a Jesucristo debe causar al coraz\u00f3n de todo cristiano un \u00abdolor incesante\u00bb (Rom 9,2).<\/p>\n<p>La incredulidad no consiste meramente en negar la existencia de Dios o en rechazar la divinidad de Jesucristo, sino en desconocer los signos y los testigos de la *palabra divina, en no *obedecerle. No creer, seg\u00fan la etimolog\u00ed\u00ada de la palabra hebrea \u00abcreer\u00bb, es no decir \u00abam\u00e9n\u00bb a Dios; es rechazar la relaci\u00f3n que quiere Dios establecer y mantener con el hombre. Esta negativa se expresa diversamente: el *imp\u00ed\u00ado pone en tela de juicio la existencia de Dios (Sal 14,1); el esc\u00e9ptico, su presencia activa a lo largo de la historia (Is 5,19); el pusil\u00e1nime, su *amor y su omnipotencia; el rebelde, la soberan\u00ed\u00ada de su *voluntad, etc. A diferencia de la idolatr\u00ed\u00ada, la incredulidad admite grados y puede coexistir con cierta fe : la l\u00ed\u00adnea de demarcaci\u00f3n entre fe e incredulidad pasa menos entre diversos hombres que por el coraz\u00f3n de cada hombre (Mc 9,24).<\/p>\n<p>I. LA INCREDULIDAD EN ISRAEL. Para no tener que referir toda la historia de la *fe, cuyo reverso tenebroso es la incredulidad, bastar\u00e1 con poner delante dos situaciones mayores del pueblo elegido, que caracterizan una doble manera de ser incr\u00e9dulo: en el *desierto porque no se tienen, en la *tierra prometida porque se tienen ya en figura los bienes de la fe.<\/p>\n<p>1. Las murmuraciones de los hebreos. Para designar la incredulidad del pueblo en el desierto utilizan los historiadores diversas expresiones: \u00abrebeldes\u00bb (N\u00fam 20,10; Dt 9,24) que se resisten y son recalcitrantes (N\u00fam 14,9; Dt 32,15), \u00abhombres de dura cerviz\u00bb (Ex 32,9; 33,3; Dtt..9,13; cf. Jer 7,26; Is 48,4), y sobre todo la murmuraci\u00f3n; Juan reasumir\u00e1 esta \u00faltima expresi\u00f3n para caracterizar a los jud\u00ed\u00ados y disc\u00ed\u00adpulos que se niegan a creer en Jes\u00fas (Jn 6,41.43, 61). Dos pasajes hablan principalmente de ella: Ex 15-17 y N\u00fam 14-17. El pueblo piensa que en aquel desierto inhospitalario va a morir de *hambre (Ex 16,2; N\u00fam 11,4s) y de sed (Ex 15,24; 17,3; N\u00fam 20,2s) y echa de menos las buenas ollas de carne consumidas en Egipto; o bien siente hast\u00ed\u00ado del *man\u00e1 y pierde la paciencia (N\u00fam 21,4s); o tambi\u00e9n tiene miedo de los enemigos que le obstruyen la entrada en la tierra prometida (N\u00fam 14,1; cf. Ex 14,11); olvida los signos prodigiosos de que hab\u00ed\u00ada sido testigo (Sal 78; 106). Murmura contra Mois\u00e9s y Aar\u00f3n, pero en realidad contra Dios en persona (Ex 16,7s; N\u00fam 14,27; 16,11), cuya bondad y poder pone en duda (cf. Dt 8,2). La incredulidad, uno de los rostros del miedo, consiste en exigir a Dios que realice inmediatamente lo que ha prometido, en practicar una especie de chantaje con el que ha hecho alianza: es \u00abdespreciar a Yahveh\u00bb, \u00abno creer\u00bb,en \u00e9l (N\u00fam 14,11), \u00abno obedecer a su voz\u00bb (14,22), \u00abtentarle y levantarle querella\u00bb (Ex 17,7).<\/p>\n<p>Otra forma de murmurar contra Yahveh consiste en hacerse una imagen de \u00e9l con el \u00abbecerro de oro\u00bb (Ex 32; Dt 9,12-21): los hebreos esperaban as\u00ed\u00ad dominar al que no quer\u00ed\u00ada estar a su medida y a su merced. El mismo pecado de incredulidad caracterizar\u00e1 al reino del Norte, \u00abel pecado de Jerobo\u00e1n\u00bb (lRe 12,28ss; 16, 26.31). A un mismo deseo de poseer el misterio de Yahveh se refieren las pr\u00e1cticas de adivinaci\u00f3n, magia, hechicer\u00ed\u00ada, que duran hasta el exilio (lSa 18,3-25; 2Re 9,22; 17,17; cf. Ex 22,17; Is 2,6; Miq 3,7; Jer 27,9; Ez 12,24; Dt 18,10ss), as\u00ed\u00ad como el recurso a los falsos profetas (cf. Jer 4,10).<\/p>\n<p>2. Israel de coraz\u00f3n dividido. En realidad, cuando el pueblo se estableci\u00f3 en Palestina, la incredulidad hab\u00ed\u00ada adoptado otra forma, no menos culpable : pactar con los dioses del pa\u00ed\u00ads o con las *naciones vecinas. Ahora bien, Yahveh no tolera componendas; es lo que proclama El\u00ed\u00adas: \u00ab\u00bfHasta cu\u00e1ndo cojear\u00e9is de las dos piernas? Si Yahveh es Dios, seguidle; si lo es Baal, seguidie\u00bb (IRe 18. 21). Igualmente, los profetas luchan contra el \u00abcoraz\u00f3n doble\u00bb, dividido (Os 10,2), que busca en las naciones un apoyo que s\u00f3lo Yahveh puede otorgarle (Os 7,11s). La incredulidad es prostituci\u00f3n de la esposa consagrada (Os 2; Jer 2-4; Ez 16), que debiera tener un coraz\u00f3n perfectamente fiel (Dt 18,13; Sal 18,24), \u00abenteramente\u00bb para Dios (IRe 8,23; 11,4), *siguiendo a Yahveh sin desfallecer (Dt 1,36; N\u00fam 14,24; 32,11).<\/p>\n<p>Este ideal se mantiene, aunque es imposible de realizar por las solas fuerzas del hombre. Isa\u00ed\u00adas muestra claramente al pueblo que \u00absi no cre\u00e9is, no subsistir\u00e9is\u00bb (Is 7,9): la fe es la \u00fanica existencia posible del pueblo elegido, y excluye cualquier otro recurso (28,14s; 30,15s). Para Jerem\u00ed\u00adas consiste la incredulidad en \u00abfiarse\u00bb, en \u00abponer la confianza\u00bb en criaturas (Jer 5,17; 7,4; 8,14; 17,5; 46,25; 49,4). Ezequiel manifiesta la consecuencia de la incredulidad: \u00abSabr\u00e9is que yo soy Yahveh cuando mur\u00e1is\u00bb (Ez 6,7; 7,4; 11, 10). La incredulidad se convierte en el *endurecimiento que profetizaba Isa\u00ed\u00adas (Is 6,9s): el pueblo, exilado, se ha hecho sordo y ciego (Is 42, 19; 43,8). Pero Yahveh debe suscitar un *siervo, al que \u00abcada ma\u00f1ana le despierta el o\u00ed\u00addo\u00bb (50,4s) ; por \u00e9l se realizar\u00e1 la gran esperanza de los profetas: la incredulidad cesar\u00e1 el d\u00ed\u00ada en que \u00abtodos ser\u00e1n ense\u00f1ados por Yahveh\u00bb (Jer 31,33s; Is 54,13; Jn 6,45): entonces todos reconocer\u00e1n que Yahveh es el \u00fanico Dios (Is 43,10).<\/p>\n<p>II. LA INCREDULIDAD FRENTE A JESUCRISTO. Sin embargo, Jes\u00fas deb\u00ed\u00ada antes realizar por su cuenta la profec\u00ed\u00ada relativa al siervo: \u00ab\u00bfQui\u00e9n ha cre\u00ed\u00addo en lo que se ha anunciado?\u00bb (Js 53,1; cf. Jn 12,38; Rom 10,16). La incredulidad parece triunfar, rechazar la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios y su obra redentora.<\/p>\n<p>1. Delante de Jes\u00fas de Nazaret. En otro tiempo los *profetas hablaban en nombre de Yahteh y se les deb\u00ed\u00ada creer; Jes\u00fas, en cambio, pone su propia *palabra en el mismo plano que la palabri de Dios; no ponerla en pr\u00e1ctica es edificar sobre arena, carecer de todo apoyo (Mt 7,24-27). Semejante pretensi\u00f3n parece exorbitante: \u00abBienaventurado aquel para quien no sea yo ocasi\u00f3n de esc\u00e1ndalo\u00bb (Mt 11,6). En realidad, a su predicaci\u00f3n y a sus milagros no responden sino la *hipocres\u00ed\u00ada de los *fariseos (15,7; 23,13&#8230;) y la incredulidad por parte de las ciudades de las orillas del lago (11,20-24), de Jerusal\u00e9n (23,37s), de la masa de los jud\u00ed\u00ados (8,10ss). El poder de Jes\u00fas est\u00e1 incluso ligado por esta incredulidad (13,58) hasta tal punto que Jes\u00fas se asombra de su falta de fe (Mc 6,6). Pero esta falta de fe puede ser vencida por el Padre, que es la fuente de la fe: tiene oculto a los ojos de los sabios el misterio de Jes\u00fas (Mt 11,25s), pero lo comunica a los muy peque\u00f1os que hacen su voluntad y constituyen el *resto de Israel, la familia de Jes\u00fas (12,46-50).<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n entre los creyentes se insin\u00faa la incredulidad, en diferentes grados: algunos se muestran \u00abde poca fe\u00bb. As\u00ed\u00ad cuando los disc\u00ed\u00adpulos tienen miedo de la tempestad (8,26) o sobre las olas agitadas (14,31); cuando ellos no pueden hacer un milagro, a pesar de haber recibido tal poder (17,17.20; cf. 10,8); cuando se preocupan (*cuidado) por el pan que les falta (16,8; cf. 6,24). La oraci\u00f3n puede remediar estas flaquezas (Mc 9,24), y Jes\u00fas garantiza as\u00ed\u00ad la fe de Pedro (Le 22,32).<\/p>\n<p>2. En presencia del misterio pascual. La incredulidad llega a su colmo cuando el esp\u00ed\u00adritu debe ceder ante la sabidur\u00ed\u00ada divina, que escoge la *cruz como camino para la gloria (ICor 1,21-24). Al anuncio de la suerte de Jes\u00fas, Pedro cesa de *seguir a su maestro para convertirse en un \u00ab*esc\u00e1ndalo\u00bb delante de Jes\u00fas (Mt 16,23); y cuando llega la hora, lo reniega escandalizado, como lo hab\u00ed\u00ada anunciado Jes\u00fas (26.31-35.69-75). Sin embargo, el disc\u00ed\u00adpulo debe llevar esta misma cruz (16,24) si quiere dar *testimonio de Jes\u00fas ante los tribunales (10,32s). Su testimonio versa, en efecto, sobre la resurrecci\u00f3n, cosa apenas cre\u00ed\u00adble (Act 26,8), que los mismos disc\u00ed\u00adpulos no llegaban a creer: hasta tal punto est\u00e1 arraigada la incredulidad en el coraz\u00f3n del hombre (Lc 24,25.37.41; Mt 28,17; Mc 16,11. 13.14).<\/p>\n<p>III. LA INCREDULIDAD DE ISRAEL. Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada anunciado que los constructores hab\u00ed\u00adan de desechar la *piedra angular (Mt 21,42); la Iglesia naciente lo recuerda con energ\u00ed\u00ada (Act 4,33; lPe 2,4.7), atribuyendo la repulsa de Israel unas veces a ignorancia (Act 3,17; 13,27s), otras a culpabilidad (2,23; 3,13; 10,39). Pero comprueba r\u00e1pidamente que su predicaci\u00f3n, lejos de convertir a Israel, no es acogida por la masa de los jud\u00ed\u00ados. Esta situaci\u00f3n nueva es misteriosa, y los te\u00f3logos Pablo y Juan van a intentar justificarla.<\/p>\n<p>1. San Pablo y el pueblo incr\u00e9dulo. Al comienzo de su predicaci\u00f3n, Pablo, heredero del fogoso Esteban (Act 7,51s), entrega a la *ira divina a los jud\u00ed\u00ados incr\u00e9dulos y perseguidores (1Tes 2,16) considerando que no son ya del *resto fiel. Posteriormente, cuando se apacigua el conflicto, cuando los gentiles entran en masa en la fe, examina Pablo el misterio de la incredulidad de su pueblo. Sufre de ella profundamente (Rom 9, 2; 11,13s). Sobre todo, esta negativa global del pueblo elegido parece poner en contingencia a Dios y sus *promesas (3,3) y poner en peligro la fe; resuelve el problema en Rom 8-11, no ya en un plano humano, sino ahondando en el misterio de la sabidur\u00ed\u00ada divina. Dios no ha desechado a su pueblo y se mantiene fiel a sus promesas (9,6-29); Dios no ha cesado de \u00abtender las manos a este pueblo rebelde\u00bb (10,21) bajo la forma de la *predicaci\u00f3n apost\u00f3lica; son los jud\u00ed\u00ados los que se han negado, a fin de hallar la *justicia a partir de la *ley (9,30-10,21). Pero Dios es quien dir\u00e1 la \u00faltima palabra, pues un d\u00ed\u00ada cesar\u00e1 el *endurecimiento de Israel; as\u00ed\u00ad la desobediencia habr\u00e1 manifestado a todos la infinita *misericordia de Dios (11,1-32).<\/p>\n<p>2. San Juan y el jud\u00ed\u00ado incr\u00e9dulo. Pablo y la Iglesia entera no hab\u00ed\u00adan tardado en llamar \u00abincr\u00e9dulos\u00bb o \u00abinfieles\u00bb no s\u00f3lo a los paganos, sino probablemente tambi\u00e9n a los jud\u00ed\u00ados que no compart\u00ed\u00adan la fe en Jes\u00fas (1Cor 6,6; 7,12s; 10,27; 14,22s), a los que el dios de este *mundo hab\u00ed\u00ada cegado (2Cor 4,4), con los cuales no hay trato posible (6,14s). Exist\u00ed\u00adan, sin embargo, testigos vivos de lo que pod\u00ed\u00ada llegar a ser un cristiano si renegaba su fe: \u00abpeor que un infiel\u00bb (ITim 5,8). Al paso que Pablo mostraba en Israel incr\u00e9dulo un testigo de la severidad de Dios (Rom 11, 21s) y de la elecci\u00f3n primera (11,16), Juan presentar\u00e1 en el *jud\u00ed\u00ado que rechaz\u00f3 a Jes\u00fas el tipo del incr\u00e9dulo, el precursor del *mundo malo. El pecado de incredulidad consiste en no *confesar que Jes\u00fas es el Cristo (1Jn 2,22s; 4,2s; 5,1-5), en sacar a Dios *mentiroso (5,10). El cuarto evangelio centra la incredulidad en el hecho de negarse a acoger en Jes\u00fas de Nazaret la palabra encarnada (Jn 1,11; 6,36) y al redentor de los hombres (6,53); no creer es estar juzgado (3, 18), entregarse a la mentira y al homicidio (8,44), estar abocado a la muerte (8,24). El incr\u00e9dulo, huyendo as\u00ed\u00ad de la *luz porque&#8217; sus *obras son malas (3,20), se sume en las tinieblas, se entrega a Sat\u00e1n : una especie de determinismo lleva al endurecimiento, \u00abno puede ya escuchar [la] palabra\u00bb de Jes\u00fas, es de la raza del maligno (8.43s). Por otra parte Jes\u00fas, compensando esta aparente fatalidad de la incredulidad, revela el misterio del atractivo ejercido por el Padre (6,44), el cual se ejercer\u00e1 con \u00e9xito por aqu\u00e9l que, \u00abelevado de la tierra, atraer\u00e1 a todos los hombres a [s1il\u00bb (12,32). Como para Pablo, tambi\u00e9n para Juan debe ser dominada un d\u00ed\u00ada la incredulidad: \u00abSi nosotros somos infieles, [Dios] es fiel\u00bb (2Tim 2,13); la existencia cristiana es un descubrimiento renovado cada d\u00ed\u00ada, del misterio de Jes\u00fas resucitado: \u00abNo seas incr\u00e9dulo, sino creyente\u00bb (Jn 20,27).<\/p>\n<p>-> Confianza &#8211; Endurecimiento &#8211; Fidelidad &#8211; Fe &#8211; Hipocres\u00ed\u00ada &#8211; \u00ed\u00addolos &#8211; Esc\u00e1ndalo &#8211; Ver.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Aunque en el AT hay muchas referencias al fen\u00f3meno de la incredulidad (Nm. 20:10; Is. 30:9s.), no se emplea ninguna palabra en particular. Por otra parte, en el NT los escritores usan <em>apeizeia<\/em> y <em>apistia<\/em>, ambas implican cierta obstinaci\u00f3n y resistencia a la verdad (Ro. 11:20, 23; Ef. 2:2; 5:6; 1 Ti. 1:13; Heb. 3:12). La verdad que el incr\u00e9dulo reh\u00fasa aceptar nunca es una posici\u00f3n filos\u00f3fica o una idea abstracta, sino que es la revelaci\u00f3n misma de Dios (a) en la naturaleza y (b) en la redenci\u00f3n. Es por eso que la incredulidad es fundamentalmente un rechazo a la oferta del evangelio de la gracia de Dios (Mt. 13:58; Mr. 16:16; Hch. 7:51s.; 14:2; Ro. 2:8; 11:30s.). \u00c9ste es el motivo b\u00e1sico del pecado (Ro. 14:23; 1 Jn. 5:10), causando la desobediencia del hombre a la ley de Dios. De modo que es la incredulidad la que trae sobre \u00e9l, a menos que haya un mediador, la ira y el juicio de Dios (Ro. 11:20\u201324; Ef. 2:2; 5:6).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La incredulidad en el sentido cristiano no es causada ni por meras dudas intelectuales, ni por oposici\u00f3n emocional a la verdad. Encuentra su origen en lo que la Biblia llama \u00abel coraz\u00f3n\u00bb, y es la consecuencia de una caracter\u00edstica b\u00e1sica de la corrupci\u00f3n de la personalidad del hombre, el deseo humano de autonom\u00eda contra la soberan\u00eda de Dios. Esto se revela claramente en la narraci\u00f3n de la ca\u00edda, contenida en Gn. 3, y en la exposici\u00f3n de Pablo de este tema en Ro. 1:20\u201325. (cf. adem\u00e1s Sal. 14:1; Is. 6:9\u201312; Jer. 17:9). La incredulidad domina, por lo tanto, al hombre por completo, de modo que \u00e9ste necesita nacer de nuevo espiritualmente por la gracia de Dios (Jn. 3:3\u201313; 1 Co. 1:22\u201324; 2:12\u201316).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existen, por supuesto, casos de incredulidad de parte de cristianos, como en el caso de los disc\u00edpulos, particularmente Tom\u00e1s, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Cristo (Mr. 16:11; Lc. 24:41; Jn. 20:27). Fue la misma incredulidad, pero temporal. No obstante, la incredulidad del no-cristiano, desde el punto de vista tradicional cristiano, es su total rechazo a la revelaci\u00f3n misma de Dios. La duda del cristiano es un resultado de un debilitamiento temporal de su fe, mientras que la del no-cristiano es mucho m\u00e1s profunda y m\u00e1s fundamental, como lo demuestra la diferencia final entre Pedro y Judas (Lc. 22:32; Mt. 27:3, 5; Hch. 1:16s.).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Stanford Reid<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (314). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Se expresa mediante dos palabras gr. en el NT, <\/span><span style=' '>apistia<\/span><span lang=ES style=' '> y <\/span><span style=' '>apeitheia<\/span><span lang=ES style=' '>. Seg\u00fan <etiqueta id=\"#_ftn129\" name=\"_ftnref129\" title=\"\"><i>MM <\/i><\/etiqueta>la palabra <\/span><span style=''>apeitheia<\/span><span lang=ES style=''>, junto con <\/span><span style=''>apeithe&#333;<\/span><span lang=ES style=''> y <\/span><span style=''>apeith&#275;s<\/span><span lang=ES style=''>, \u201cconnota invariablemente desobediencia, rebeli\u00f3n, contumacia\u201d. De modo que Pablo dice que los gentiles han obtenido misericordia por la rebeli\u00f3n de los jud\u00edos (Ro. 11.30). V\u00e9ase tambi\u00e9n Ro. 11.32; He. 4.6, 11. Esta desobediencia surge de la <\/span><span style=''>apistia<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018falta de fe y confianza\u2019. <\/span><span style=''>apistia<\/span><span lang=ES style=''> es un estado mental, y <\/span><span style=''>apeitheia<\/span><span lang=ES style=''> la expresi\u00f3n de ese estado. Cristo afirm\u00f3 que la incredulidad es el principal pecado acerca del cual el Esp\u00edritu redarg\u00fcir\u00eda al mundo (Jn. 16.9). La incredulidad en todas sus formas es una afrenta directa a la veracidad divina (cf. 1 Jn. 5.10), y esa es la raz\u00f3n por la cual constituye un pecado tremendo. Los hijos de Israel no entraron en el descanso de Dios por dos razones. No ten\u00edan la fe (<\/span><span style=''>apistia<\/span><span lang=ES style=''>, He. 3.19) necesaria y desobedecieron (<\/span><span style=' '>apeitheia<\/span><span lang=ES style=' '>, He. 4.6). \u201cLa incredulidad encuentra su manifestaci\u00f3n pr\u00e1ctica en la desobediencia\u201d (Westcott sobre He. 3.12).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> O. Becker, \u201cFe\u201d, <i>\u00b0DTNT<\/i>, t(t). II, pp. 170\u2013175; P. Blaser, \u201cIncredulidad\u201d, <i>\u00b0EBDM<\/i>, t(t). IV, cols. 138\u2013141.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>O. Becker, O. Michel, en <i>NIDNTT <\/i>1, pp. 587\u2013606.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn130\" name=\"_ftnref130\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>D.O.S.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Dudar Mat 13:58 no hizo .. milagros, a causa de la i de Mar 6:6 estaba asombrado de la i de ellos Mar 9:24 padre .. clam\u00f3 y dijo: Creo; ayuda mi i Mar 16:14 les reproch\u00f3 su i y dureza de coraz\u00f3n Rom 3:3 su i habr\u00e1 hecho nula la fidelidad de Dios? &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/incredulidad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abINCREDULIDAD\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-2520","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2520","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2520"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2520\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2520"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2520"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2520"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}