{"id":25207,"date":"2016-02-05T17:05:08","date_gmt":"2016-02-05T22:05:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-hugo-el-grande\/"},"modified":"2016-02-05T17:05:08","modified_gmt":"2016-02-05T22:05:08","slug":"san-hugo-el-grande","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-hugo-el-grande\/","title":{"rendered":"SAN HUGO EL GRANDE"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\nAbad de Cluny, nacido en Semur (Brionnais en la Diocesis def Autun, 1024; m. en  Cluny, el 28 de abril de 1109. Era el hijo mayor del conde Dalmatuis de Semur y Aremberge (Aremburgis) de Vergy, descendiente de las familias m\u00e1s nobles de Borgo\u00f1a. Damatius, dedicado a la guerra y la caza, deseaba que Hugo adoptara la misma carrera de caballero y le sucediera en sus ancestrales territorios. Pero su madres, influenciada, al parecer,  por una visi\u00f3n de un sacerdote al que consultaba, quiso que su hijo se dedicara al servicio de Dios. Desde sus primeros a\u00f1os Hugo dio muestras de una extraordinaria seriedad y piedad que su padre, reconociendo su evidente e aversi\u00f3n al oficio de caballero, se lo conf\u00edo a su t\u00edo- abuelo Hugo, obispo de Auxerre, para que se preparara para el sacerdocio. Bajo la protecci\u00f3n de este familiar, Hugo recibi\u00f3 su primera educaci\u00f3n en la escuela del monasterio adjunta al priorato de S, Marcelo. A los catorce a\u00f1os entr\u00f3 en el noviciado de Cluny donde mostr\u00f3 tal fervor religioso que se le permiti\u00f3 hacer sus votos al a\u00f1o siguiente sin completar el severo noviciado acostumbrado en este monasterio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El privilegio especial de la Congregaci\u00f3n Cluniacense le permiti\u00f3 convertirse en di\u00e1cono a los dieciocho y sacerdote a los veinte. En reconocimiento por el maravilloso celo por la disciplina de la orden y por la confianza que despert\u00f3 su sobresaliente talento para el gobierno enseguida fue  elegido gran prior a pesar de su juventud. Esto significaba estar al cargo de la direcci\u00f3n dom\u00e9stica del claustro tanto en lo espiritual como en lo material y representaba al abad durante su ausencia (Cfr. D&#8217;Achery, \u00abSpicilegium\u00bb, 2\u00aa ed., I, 686). Al morir S. Odil\u00f3n el 1 de enero de 1049, despu\u00e9s de una administraci\u00f3n de casi medio siglo,  Hugo fue un\u00e1nimemente elegido Abad. El d\u00eda de su toma solemne de posesi\u00f3n ofici\u00f3 el arzobispo Hugo de Besan\u00e7on  el d\u00eda de la fiesta de la C\u00e1tedra de Pedro de Antioqu\u00eda (22 de febrerote 1049).\n<\/p>\n<h3>Hugo como abad<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El car\u00e1cter de Hugo tiene muchas semejanzas con el de su contempor\u00e1neo Gregorio VII. Ambos ard\u00edan en el deseo de extirpar los abusos que abundaban entre el clero, deseaban acabar con la investidura y sus corolarios, con la simon\u00eda y la incontinencia clerical, y quer\u00edan rescatar a la sociedad cristiana de la confusi\u00f3n en la que e inestabilidad pol\u00edtica en que se hallaba debido a la avaricia y ambici\u00f3n de los gobernantes.<br \/>\nEl emperador reclamaba el derecho  de nombrar a los obispos, abades y hasta al papa mismo (ver CONFLICTO DE LAS INVESTIDURAS)  y en demasiados casos su selecci\u00f3n se deb\u00eda motivos pol\u00edticos sin tener en cuenta en absoluto los motivos religiosos. Los grandes prop\u00f3sitos tanto de Hugo como de Gregorio, fueron evitar que la iglesia se convirtiera en un mero patrimonio del Estado y reestablecer la disciplina eclesi\u00e1stica. Si en ciertos casos Gregorio permiti\u00f3 que su pasi\u00f3n sobrepasara la discreci\u00f3n, encontr\u00f3 en Hugo un aliado sin fisuras y hay que atribuir el m\u00e9rito a la orden benedictina, sobre todo a la rama cluniacense, de extender entre la gente y llevando a efecto en Europa occidental, las muchas y saludables reformas que emanaban de la Santa Sede\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al fundar Cluny en 910 y dotarla de todos sus territorios, Guillermo el Piadoso de Aquitania la hab\u00eda colocado bajo la directa protecci\u00f3n de Roma. As\u00ed, Cluny con su red de fundaciones dependientes de ella (ver Cluny, Congregaci\u00f3n de; Gallia Christ., II, 374), era un arma formidable para la reforma, en manos de los sucesivos papas. Hugo deleg\u00f3 la elecci\u00f3n de sus superiores de todos los claustros e Iglesias bajo su autoridad, en manos  espirituales y les prometi\u00f3 \u2013 adem\u00e1s de los privilegios de la congregaci\u00f3n \u2013 el apoyo y protecci\u00f3n de Cluny, salvando as\u00ed a cientos de claustros de la avaricia de los se\u00f1ores seculares que procuraban no interferir con los derechos de una congregaci\u00f3n tan poderosa que ten\u00eda el favor del emperador y de los reyes. Para asegurarse esa protecci\u00f3n muchos claustros se afiliaron con Cluny, se abrieron nuevas casa en Francia, Alemania, Espa\u00f1a e Italia, mientras que bajo Hugo tambi\u00e9n se fund\u00f3 en S. Pancras cerca de Lewes, la primera casa benedictina en Inglaterra. (ver, sin embargo, SAN AGUSTIN DE CANTERBURY; SAN DUNSTAN). Puesto que los superiores de la mayor\u00eda de estas casas estaban directa o indirectamente nombrados por Hugo y puesto que, como abad, ten\u00eda que ratificar las elecciones, es f\u00e1cil de entender el importante papel que tuvo en la gran lucha entre el imperialismo y la Santa Sede.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya en 1049, con veinticinco a\u00f1os, Hugo apareci\u00f3 en el concilio de Reims. Y a petici\u00f3n y ante Le\u00f3n IX, expres\u00f3 tan en\u00e9rgicamente contra los abusos que se daban que ni los obispos simon\u00edacos pudieron oponerse a su celo. Este fervor contribuy\u00f3 mucho a  que se aceptaran muchas ordenanzas para remediar la disciplina eclesi\u00e1stica (cfr. Labbe, \u00abConc.\u00bb, IX, 1045-6), y Le\u00f3n IX se lo llev\u00f3 a Roma  para tener el apoyo del joven abad en el gran concilio que se celebr\u00f3 en 1050 en el que se decidieron muchas cuestiones de disciplina eclesi\u00e1stica y se conden\u00f3 la herej\u00edas de Berengario (cfr. Hefele,  Conciliengesch.\u00bb, IV, 741).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Victor II, sucesor de Le\u00f3n, tambi\u00e9n mantuvo a Hugo en la m\u00e1s alta estima y confirm\u00f3 en 1055 todos los privilegios de Cluny. Al llegar Hildebrando a Francia como legado papal (1054) se apresur\u00f3 a ir a Cluny a consultar con Hugo y asegurar que asistir\u00eda al concilio de Tours. Esteban IX, nada m\u00e1s ser elegido, llam\u00f3 a Hugo a Roma, le hizo su acompa\u00f1ante en los viajes y finalmente muri\u00f3 en sus brazos  en Florencia (1058).  Tambi\u00e9n fue acompa\u00f1ante de Nicol\u00e1s II  y con \u00e9l tomo parte en el concilio de Roma que promulg\u00f3 el importante decreto sobre las elecciones papales (Pascua, 1059).<br \/>\nFue enviado a Francia con el cardenal Esteban, un monje de Monte Cassino, para hace cumplir los decretos del s\u00ednodo romano y proceder a Aquitania, mientras su compa\u00f1ero iba a al noroeste.  La ayuda activa de numerosos claustros  pertenecientes a Cluny le permitieron realizar la misi\u00f3n con gran \u00e9xito. Reuni\u00f3 concilios en Avi\u00f1\u00f3n y Vienne y logr\u00f3 el apoyo de los obispos para muchas importantes reformas. El mismo a\u00f1o presidi\u00f3 el concilio de Toulouse. En el concilio de Roma de 1063 defendi\u00f3 los privilegios de Cluny que estaba siendo atacado duramente en Francia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alejandro II envi\u00f3 a S. Pedro Dami\u00e1n, cardenal obispo de ostia, como legado en Francia para afrontar esta y otras cuestiones, mientras ratificaba todos los derechos y privilegios  de los predecesores de Hugo. Tras una estancia en Cluny, durante la cual concibi\u00f3 una gran admiraci\u00f3n  y venenraci\u00f3n por el monasterio y sus abades, como se refleja en sus cartas (cfr. \u00abEpist.\u00bb, VI, 2, 4, 5 en P.L., XCLIV, 378), el legado reuni\u00f3 un concilio en Chalons, que decidi\u00f3 a favor de Hugo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apenas hab\u00eda ascendido Hildebrando a la silla de S. Pedro  como Gregorio VII cuando escribi\u00f3 a Cluny  para asegurarse la cooperaci\u00f3n de Hugo en la promoci\u00f3n de varias reformas. A Hugo le encarg\u00f3 ocuparse del desagradable asunto del obispo Manasse de Reims as\u00ed como de comisiones en relaci\u00f3n a la  expedici\u00f3n del conde Evroul de Roucy contra los sarracenos en Espa\u00f1a. Gregorio le ped\u00eda frecuentemente que fuera a Roma, por no pudo dejar Francia hasta despu\u00e9s de los desagradables acontecimientos de 1076 (ver GREGORIO VII), apresur\u00e1ndose entonces a visitarle en Canossa. Con ka ayuda de la condesa Matilde, se las arregl\u00f3 para conseguir la reconciliaci\u00f3n  &#8212; desafortunadamente  de corta duraci\u00f3n \u2013 entre Gregorio y Enrique IV, que ya  hab\u00eda escrito una carta afectuosa declarando su gran deseo de paz con la Iglesia (cfr. \u00abHist. Lit. de la France\u00bb, loc. cit. infra).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hugo trat\u00f3 con el legado papal en Espa\u00f1a el asunto de la reforma eclesi\u00e1stica y como resultado de su diligencia y el gran favor que le dispensaba Alfonso VI de Castilla, se cambi\u00f3 el rito moz\u00e1rabe por el ritual romano en todo su reino. (N. del T. El primer lugar en cambiar el rito fue el Monasterio de S. Juan de la Pe\u00f1a en Arag\u00f3n; ver la cr\u00f3nica  Pinatense). Gracias a la ayuda de muchas fundaciones cluniacenses en Arag\u00f3n, Castilla, Catalu\u00f1a y Le\u00f3n etc., y a los muchos obispos cluniacenses elegidos fue capaz de dar un gran \u00edmpetu a la reforma eclesi\u00e1stica en estos lugares. En 1077 fue comisionado para presidir el concilio de Langres y despu\u00e9s de encargarse de deponer al obispo de Orleans y al arzobispo de Reims. Gregorio le escribi\u00f3 muchas cartas afectuosas y en el s\u00ednodo romano de 1091 se refiri\u00f3 a Hugo en t\u00e9rminos laudatorios raramente empleados por un sucesor de Pedro  para una persona a\u00fan viva. Y que la opini\u00f3n no era solo la del papa est\u00e1 claro porque Gregorio pidi\u00f3 a los conciliares que si compart\u00edan su opini\u00f3n y contestaron: \u00abPlacet, laudamus\u00bb (Bullar. Clun., p. 21).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al volver a comenzar la lucha entre Enrique IV y la Santa Sede, Hugo sali\u00f3 inmediatamente para Roma, pero fue apresado por el camino y llevado ante el rey. Habl\u00f3 al rey de someterse al sucesor de Pedro con tanto inter\u00e9s que pareci\u00f3 haber evitado de nuevo la guerra, de no haber sido este otro ejemplo de la bien conocida duplicidad del monarca.  No es necesario  volver a afirmar que la relaci\u00f3n de Hugo con la Santa sede continu\u00f3 sin cambios bajo Urbano II y Pascual II, puesto que ambos hab\u00edan salido de entre las filas de sus monjes. Rodeado de cardenales y obispos, Urbano consagr\u00f3 el 25 de octubre  de 1095 el altar mayor de la nueva iglesia de Cluny y concedi\u00f3 al monasterio nuevos privilegios, que fueron aumentados por Pascual  durante su visita de 1107.<br \/>\nEn el gran concilio de Clermont de 1095 donde se decidi\u00f3 organizar la primera cruzada se vio el gran entusiasmo religioso  resultado de los trabajos de Gregorio y Hugo. El abad realiz\u00f3 los m\u00e1s valioso servicios en la composici\u00f3n y promulgaci\u00f3n de los decretos, por lo que el papa se lo agradeci\u00f3 especialmente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta la muerte en 1106, de Enrique IV  que en ese a\u00f1o dirigi\u00f3 dos cartas a su \u201cm\u00e1s querido padre\u201d, pidi\u00e9ndole que rezara por \u00e9l  y que intercediera ante la Santa sede (cfr. \u00abHist. Lit. de la France\u00bb, loc. cit. infra), Hugo nunca dej\u00f3 en su empe\u00f1o de conseguir la reconciliaci\u00f3n entre los poderes espiritual y temporal.<br \/>\nEn la primavera de 1109 Hugo, agotado de tantos a\u00f1os de trabajo y sintiendo de que aproximaba su fin, pidi\u00f3 los \u00faltimos sacramentos, reuni\u00f3 en torno a si a sus hijos espirituales y dando a cada uno el beso de paz los despidi\u00f3 con el saludo: Benedicite.  Entonces pidi\u00f3 que le llevaran a la capilla de La Virgen, se visti\u00f3 con tela de saco y cenizas ante el altar y as\u00ed expir\u00f3 su alma a su creador  en la tarde del lunes de pascua (28 de abril). Su tumba, en la iglesia, fue pronto testigo de milagros; el papa Gelasio peregrin\u00f3 a ella en 1119, muriendo en Cluny el 20 de enero. El 2 de febrero fue elegido en el monasterio Calixto II, que inici\u00f3 inmediatamente el proceso de canonizaci\u00f3n y el 6 de enero de 1120 le declar\u00f3 santo, designando el 29 de abril como su fiesta. En honor de S. Hugo, se concedi\u00f3 al abad de Cluny en adelante el t\u00edtulo y dignidad de cardenal. A instancias de Honorio III el traslado de sus restos se realiz\u00f3 el 23 de mayo de 1220. Pero con la revuelta de los hugonotes (1575), los restos y el costoso sarc\u00f3fago desaparecieron quedando apenas unas pocas reliquias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h3>Personalidad e influencia de S. Hugo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">En pocos casos de santos se ha dado tanta unanimidad  ya en el tiempo en que vivi\u00f3 ya despu\u00e9s, como en el de S. Hugo. Viviendo en un edad de distorsionada y de abusos, cuando la iglesia ten\u00eda que luchar contra mayores fuerzas enemigas dom\u00e9sticas y externas m\u00e1s fuertes a\u00fan que la que manejaba la Reforma, ni siquiera una voz se levant\u00f3 contra este santo \u2013 ya que no tenemos en cuenta las palabras del obispo franc\u00e9s que en el calor de una discusi\u00f3n pronunci\u00f3  alguna palabras  precipitadas y que de hecho se convertir\u00eda en uno de los principales panegiristas de Hugo. En una de sus cartas, Gregorio declara que espera con confianza el \u00e9xito de la reforma eclesi\u00e1stica en Francia por la misericordia de Dios y por medio de Hugo \u201ca quien ninguna imprecaci\u00f3n, ning\u00fan aplauso o favor, ning\u00fan motivo personal puede desviar del camino de la rectitud\u201d (Gregorii VII Registr., IV, 22).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la \u201cVida del obispo Arnulfo de Soissons\u201d, Arnulfo dice de Hugo:\u201dM\u00e1s puro en pensamiento y obra, como el perfecto promotor y perfecto guardi\u00e1n de la disciplina mon\u00e1stica y de la vida regular, el firme apoyo de lo verdaderamente religioso y de los hombres probos, el campe\u00f3n vigoroso y defensor de la Santa Iglesia\u201d (Mabillon, op. cit. infra, saec. VI, pars II, P. 532). Y el Obispo Bruno de Segni dice de sus \u00faltimos d\u00edas:\u201d Anciano y cargado de a\u00f1os reverenciado y amado por todos, aun gobierno el venerable monasterio (es decir,  Cluny) con la misma consumada sabidur\u00eda \u2013 un hombre laudable en todas las cosas, dif\u00edcil de comparar y de maravillosa santidad \u201c(Muratori, \u00abRerum Ital. script.\u00bb, III, pt. ii, 347).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Emperadores y reyes compitieron con el soberano pont\u00edfice en mostrar su veneraci\u00f3n y estima  por Hugo. Enrique el Negro en una carta que nos ha llegado se dirige a Hugo como su \u201cmuy querido padre, digno de todo respeto\u201d, y declara que le debe a las oraciones del abad \u00e9l haber recuperado la salud y el feliz nacimiento de su hijo, urgi\u00e9ndole a que vaya a la corte de Colonia  la pr\u00f3xima pascua para ser el padrino de su hijo (el futuro Enrique IV).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante su viudedad, la emperatriz In\u00e9s escribi\u00f3 a Hugo en t\u00e9rminos no menos respetuoso y afectuosos, pidi\u00e9ndole que rogara por el feliz descanso del alma de su marido y por el pr\u00f3spero reino de su hijo. Ya hemos hablado de las cartas que envi\u00f3 Enrique IV a Hugo, quien a pesar de su larga lucha para intentar someter a la Iglesia al poder imperial,  parece que nunca perdi\u00f3 el profundo respeto y afecto de su santo padrino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En reconocimiento por los beneficios derivados de las fundaciones cluniacenses, Fernando I el Magno de Castilla y Le\u00f3n  (m.1065), hizo a su reino tributario de Cluny; sus hijos Sancho y Alfonso (VI) doblaron los tributos y \u00e9ste \u00faltimo, adem\u00e1s de introducir  el ritual romano a instancias de Hugo, mantuvo una afectuosa correspondencia con el abad. En 1081 Hugo fue elegido por los reyes y pr\u00edncipes de de varios reinos cristianos de Espa\u00f1a como \u00e1rbitro para decidir las cuestiones sucesorias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Roberto II de Borgo\u00f1a rehus\u00f3 asistir al concilio de Autun (1065) en el que su presencia era necesaria, Hugo fue enviado a convencerle y lo hizo tan bien  y tan elocuentemente en inter\u00e9s de la paz que Roberto acompa\u00f1\u00f3 al abad sin resistirse al concilio, se reconcili\u00f3 con los que hab\u00edan matado a su hijo y prometi\u00f3 respetar en adelante las propiedades de la iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Guillermo el Conquistador, poco despu\u00e9s de la batalla de Hastings (1066) hizo ricos regalos a Cluny y pidi\u00f3 ser admitido como un confrater de la abad\u00eda como los reyes espa\u00f1oles. Le pidi\u00f3 que enviara seis monjes a Inglaterra para las necesidades espirituales de la corte, petici\u00f3n que renov\u00f3 en 1078, prometiendo nombrar a doce cluniacenses a los obispados y abad\u00edas dentro del reino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hugo se desentendi\u00f3 del tema de los nombramientos eclesi\u00e1sticos y cuando un poco m\u00e1s tarde fund\u00f3 el Priorato de S. Pancras en Lewes, tom\u00f3 todas las precauciones para asegurar a sus claustros dependientes la libertad de elecci\u00f3n  y respeto del derecho can\u00f3nico. Poco despu\u00e9s se vio la necesidad de esa precauci\u00f3n al estallar la guerra de las investiduras bajo el hijo de Guillermo. El campe\u00f3n de la iglesia en esta lucha, Anselmo de Canterbury era uno de los muchos obispos que consultaban con Hugo en sus dificultades y en tres ocasiones \u2013 una durante su exilio de Inglaterra \u2013 visit\u00f3 al abad en Cluny.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para los monjes confiados a \u00e9l, Hugo fue un modelo de previsi\u00f3n paternal, de devoci\u00f3n a la disciplina y oraci\u00f3n y de obediencia sin dudas a la Santa Sede. En el cumplimiento de los grandes objetivos de su orden, el servicio de Dios y la santificaci\u00f3n personal, intent\u00f3 hacerlo con el m\u00e1ximo esplendor y solemnidad en los servicios lit\u00fargicos de Cluny. Algunas de sus ordenanzas lit\u00fargicas, como el canto del Veni Creator en tercia del domingo de Pentecost\u00e9s (y durante al octava) se extendi\u00f3 a toda la iglesia romana.<br \/>\nComenz\u00f3 la magn\u00edfica iglesia de Cluny \u2013 ahora completamente desaparecida \u2013que fue, hasta la erecci\u00f3n de S. pedro de Roma, la m\u00e1s grande de la cristiandad, y considerada el m\u00e1s excelso ejemplo de rom\u00e1nico de Francia. El papel de Cluny  en la evoluci\u00f3n de este estilo  y de su escuela especial de escultura, el lector debe buscar los tratados  sobre la historia de la arquitectura. Hugo dio el primer impulso a la introducci\u00f3n de la clausura estricta en los conventos de monjas, prescribi\u00e9ndola por primera vez en el de Marcigny, del que su hermana fue la primera priora, en 1061 (Cucherat, op. cit. infra), y donde  su madre tambi\u00e9n tomo el velo. Conocido por su caridad para con los pobres que sufr\u00edan, construy\u00f3 un hospital para leprosos, donde \u00e9l mismo realizaba los m\u00e1s b\u00e1sicos trabajos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es imposible seguir aqu\u00ed el efecto que han tenido para la civilizaci\u00f3n, la concesi\u00f3n de la libertad personal y c\u00edvica a los siervos de la gleba y a los colonos feudatarios de Cluny, y el impulso hacia la formaci\u00f3n de organizaciones de oficios y comerciantes \u2013 de cuyos n\u00facleos surgieron la mayor\u00eda de las ciudades modernas de Europa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque su estudio favorito era la Escritura, Hugo anim\u00f3 al estudio de la ciencia en todas las formas posibles uy mostr\u00f3 profundo interesen la educaci\u00f3n ense\u00f1ando personalmente en la escuela adjunta al monasterio. A pesar de la tremenda actividad de su vida, encontr\u00f3 tiempo  para mantener una extensa correspondencia. Se han perdido casi todas sus cartas y su \u201cVida de la Virgen Mar\u00eda\u201d, por la que ten\u00eda una gran devoci\u00f3n, as\u00ed como por las almas del purgatorio. Sin embargo, las que quedan y su serm\u00f3n sobre el m\u00e1rtir S. Marcelo bastan para mostrar  \u201c lo bien que sabia escribir y con cuanta habilidad pod\u00eda hablar a los corazones\u201d (Hist. Lit. de la France, IX, 479).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h3>Fuentes<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las Fuentes para la biograf\u00eda de Hugo son las \u201c Vitae\u201d de RAINALD, HILDEDETER, el monje HUGO, GILO, ANONYMUS PRIMUS y SECUNDUS.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las Vitae de Rainald y Anonymus Primus, unto con una sinopsis del mismo, tambi\u00e9n de Rainald, se pueden ver en Acta S.S., III, Apr., 648 58; las de Hildebert, Hugo y Anonymus Secundus en Bibliotheca Cluniacensis, ed. MARRIER y DU CHESNE (Paris, 1614), 413 38; 447 62, 557-69; LEHMANN, Forschungen zur Gesch. des Abtes Hugo I von Cluny (Gottingen, 1869) es una cuidadosa consideraci\u00f3n de la informaci\u00f3n contenida en todas las anteriores \u201cVitae\u201d excepto la de Gilo. La Vita de Gilo se edit\u00f3 por primera por L&#8217;HUILLIER, Vie de St-Hugurs (Solesmes, 1888) y es probablemente la mejor de todas.<br \/>\nRespecto a la disciplina cluniacense, ver HEROOTT, Vetus disciplina monastica (Paris, 1726), 371 ss, y P.L., XCLIX (Paris, 1882). Se pueden consultar tambi\u00e9n las siguientes obras: DUCKETT, Charters and Records of Cluni (Lewes, 1890); IDEM, Record-Evidences among Archives of the Ancient Abbey of Cluni from 1077 to 1537 (Lewes, 1886), que contiene documentos relacionados con las fundaciones de la orden en Inglaterra;MABILLON, Annales O.S.B., III V (Paris, 1703-38); SAINTE-MARTHE, Gallia Christ., IV (Paris, 1728), 1117; HELVOT, Hist. des ordres religieux, V (Paris, 1792); CHAMPLY, Hist. de Cluny (Macon, 1866); Hist. Lit. de la France, IX, 465 ss.; HEIMBUCHER, Die Orden u. Kongreg. der kath. Kirche, I (Paderborn, 1896), 116 ss.; BAUMER in Kirchenlex., s.v.; BOURGAIN, Chaire Francaise, XII s. (1879), 72; BRIAL, Rec. hist. France, XIV (1896), exi, 71 3; PIGNOT, Hist. de Cluny, II (Paris, 1868), 1-372; WATTENBACH, Deutsch. Geschichtsquell., II (1874), 150; CUCHERAT, Cluny au onzieme siecle (Autun, 1886); BERNARD and BRUEL, Recucil des chartes de l&#8217;Abbaye de Cluny (Paris, 1876-); GREEVEN, Die Wirksankeit der Cluniacenser auf kirchl. u. polit. Gebiete im 11. Jahrhunderete (Wesel, 1870).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nKennedy, Thomas (1910).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tanscrito  por Michael T. Barrett. Dedicado a las almas benditas del purgatorio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Pedro Royo\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Abad de Cluny, nacido en Semur (Brionnais en la Diocesis def Autun, 1024; m. en Cluny, el 28 de abril de 1109. Era el hijo mayor del conde Dalmatuis de Semur y Aremberge (Aremburgis) de Vergy, descendiente de las familias m\u00e1s nobles de Borgo\u00f1a. Damatius, dedicado a la guerra y la caza, deseaba que Hugo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-hugo-el-grande\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSAN HUGO EL GRANDE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-25207","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25207","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25207"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25207\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25207"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25207"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25207"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}