{"id":25226,"date":"2016-02-05T17:05:50","date_gmt":"2016-02-05T22:05:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/la-iglesia\/"},"modified":"2016-02-05T17:05:50","modified_gmt":"2016-02-05T22:05:50","slug":"la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/la-iglesia\/","title":{"rendered":"LA IGLESIA"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 El T\u00e9rmino Ecclesia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 La Iglesia en las Profec\u00edas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Constituci\u00f3n por Cristo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Organizaci\u00f3n por los Ap\u00f3stoles<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 La Iglesia, Sociedad Divina<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Los Medios de Salvaci\u00f3n Necesarios<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Visibilidad de la Iglesia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 El Principio de Autoridad<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">9 Miembros de la Iglesia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-10\">10 Indefectibilidad de la Iglesia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-11\">11 Universalidad de la Iglesia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-12\">12 Notas de la Iglesia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-13\">13 La Iglesia, una Sociedad Perfecta<\/li>\n<\/ul>\n<h2>El T\u00e9rmino Ecclesia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El t\u00e9rmino iglesia es el nombre empleado para traducir el griego ekklesia (ecclesia), t\u00e9rmino con el que los autores del Nuevo Testamento designan a la sociedad fundada por Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. El t\u00e9rmino ingl\u00e9s church (en anglosaj\u00f3n cirice, circe; en alem\u00e1n moderno, Kirche; en sueco, Kyrka) es el nombre empleado por los idiomas teut\u00f3nicos para traducirlo. El origen de esta palabra ha sido muy debatido. Hoy se admite que procede del griego kyriakon (cyriacon), esto es, la casa del Se\u00f1or, un t\u00e9rmino que desde el siglo III se utilizaba, tanto como el de ekklesia, para significar un lugar de culto cristiano. Aunque una expresi\u00f3n menos usual, \u00e9sta es la que aparentemente obtuvo \u00e9xito entre las razas teut\u00f3nicas. Las tribus norte\u00f1as se hab\u00edan acostumbrado a saquear las iglesias del imperio, mucho antes de su propia conversi\u00f3n. De ah\u00ed que, incluso antes de la llegada de los sajones a Breta\u00f1a, su idioma hubiera adquirido palabras que designaban algunos de los aspectos externos de la religi\u00f3n cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para comprender la fuerza precisa de esta palabra, se debe decir en primer lugar algo respecto a su empleo por los traductores de la Versi\u00f3n de los Setenta del Antiguo Testamento. Aunque en uno o dos lugares (Sal. 25,5; Jd. 6,21; etc.) se usa la palabra sin significaci\u00f3n religiosa, meramente en el sentido de \u201casamblea\u201d, \u00e9ste no es habitualmente el caso. Ordinariamente se emplea como el equivalente griego del hebreo qahal, esto es, la entera comunidad de los hijos de Israel contemplada en su aspecto religioso. El Antiguo Testamento emplea dos palabras hebreas para significar la congregaci\u00f3n de Israel, a saber, qahal y \u2018\u00eadah. En Los Setenta se traducen, respectivamente, como ekklesia y synagoge. As\u00ed en Proverbios 5,14, donde las palabras aparecen juntas, \u201cen medio de la iglesia y la congregaci\u00f3n\u201d, la traducci\u00f3n griega es \u201cen meso ekklesias kai synagoges\u201d. La distinci\u00f3n en realidad no se observa r\u00edgidamente&#8212;as\u00ed en \u00c9xodo, Lev\u00edtico y N\u00fameros, ambas se traducen generalmente por synagoge&#8212;pero se cumple en la gran mayor\u00eda de los casos, y puede considerarse como una regla establecida. En los escritos del Nuevo Testamento las palabras se distinguen netamente. En ellos ecclesia designa la Iglesia de Cristo; synagoga, a los jud\u00edos todav\u00eda adheridos al culto de la Antigua Alianza. Ocasionalmente, es cierto, ecclesia se emplea en su significaci\u00f3n gen\u00e9rica de \u201casamblea\u201d (Hch. 19,32; 1 Cor. 14,19); y synagoga aparece una vez en referencia a una reuni\u00f3n de cristianos, aunque aparentemente de car\u00e1cter no religioso (Stgo. 2,2). Pero los Ap\u00f3stoles nunca emplean ecclesia para designar la Iglesia Jud\u00eda. La palabra como expresi\u00f3n t\u00e9cnica se ha trasladado a la comunidad de creyentes cristianos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha discutido frecuentemente si hay alguna diferencia en el significado de las dos palabras. San Agust\u00edn (Sobre el Salmo 77) las distingue sobre la base de que ecclesia es indicativa de la convocatoria de hombres, y synagoga de la reuni\u00f3n forzosa de criaturas irracionales: \u201ccongregatio magis pecorum convocatio magis hominum intelligi solet\u201d. Pero se puede dudar que haya alg\u00fan fundamento para esta opini\u00f3n. Parecer\u00eda, m\u00e1s bien, que el t\u00e9rmino qahal se usaba con la significaci\u00f3n especial de \u201clos llamados por Dios a la vida eterna\u201d, mientras que \u2018\u00eadah designaba meramente a \u201cla comunidad jud\u00eda existente actualmente\u201d (Sch\u00fcrer, Histora del Pueblo Jud\u00edo, II, 59). Aunque la prueba de esta distinci\u00f3n se obtiene de la Mishna, y pertenece por tanto a una fecha algo posterior, aun as\u00ed la diferencia de significado probablemente exist\u00eda en tiempos del ministerio de Cristo. Pero aunque pueda haber sido as\u00ed, su intenci\u00f3n al emplear el t\u00e9rmino, hasta entonces utilizado para el pueblo hebreo considerado como una iglesia, para designar la sociedad que \u00c9l estaba estableciendo no puede ignorarse. Implicaba que esta sociedad ahora constitu\u00eda el verdadero pueblo de Dios, que la Antigua Alianza hab\u00eda finalizado, y que \u00c9l, el Mes\u00edas prometido, estaba inaugurando una Nueva Alianza con un nuevo Israel.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los autores cristianos usan la palabra Ecclesia con el significado la Iglesia a veces en sentido m\u00e1s amplio, a veces en sentido m\u00e1s restringido.\n<\/p>\n<ul>\n<li> Se emplea para designar a todos los que, desde el comienzo del mundo, han cre\u00eddo en el verdadero Dios, y han sido hechos hijos suyos por la gracia. En este sentido, se distingue a veces, entre la Iglesia antes de la Antigua Alianza, la Iglesia de la Antigua Alianza, o la Iglesia de la Nueva Alianza. As\u00ed el Papa San Gregorio I (Libro V, Ep. 18) escribe&#160;: \u201cSancti ante legem, sancti sub lege, sancti sub grati\u00e2, omnes hi\u2026 in membris Ecclesiae sunt constituti\u201d (Los santos antes de la Ley, los santos bajo la Ley, y los santos bajo la gracia&#8212;todos son constituidos miembros de la Iglesia).<\/li>\n<li> Puede significar el conjunto de los fieles, incluyendo no meramente los miembros de la Iglesia que viven en la tierra sino, tambi\u00e9n, los que, en el Purgatorio o en el Cielo, forman parte de la Comuni\u00f3n de los Santos. As\u00ed considerada, la Iglesia se divide en Iglesia militante, Iglesia purgante, e Iglesia triunfante. <\/li>\n<li> Se emplea adem\u00e1s para significar la Iglesia militante del Nuevo Testamento. Incluso en esta acepci\u00f3n restringida, hay alguna variedad en el uso del t\u00e9rmino. En el Nuevo Testamento a menudo se menciona a los disc\u00edpulos de una determinada localidad como una Iglesia (Apoc. 2,18; Rom. 16,4; Hch. 9,31), y San Pablo incluso aplica el t\u00e9rmino a disc\u00edpulos pertenecientes a una casa determinada (Rom. 16,5; 1 Cor. 16,19; Col. 4,15; Fil. 1,2). Adem\u00e1s, puede designar especialmente a los que ejercen el oficio de ense\u00f1ar y gobernar a los fieles, la Ecclesia Docens (Mt. 18,17), o tambi\u00e9n a los gobernados en cuanto distintos de sus pastores, la Ecclesia Discens (Hch. 20,28). En todos estos casos el nombre que pertenece al todo se aplica a una parte. El t\u00e9rmino, en su plena significaci\u00f3n, designa al conjunto de los fieles, tanto gobernantes como gobernados, en todo el mundo (Ef. 1,22; Col. 1,18). Es en este sentido en el que se trata de la Iglesia en este art\u00edculo. As\u00ed entendida, la definici\u00f3n de la Iglesia dada por Belarmino es la habitualmente adoptada por los te\u00f3logos cat\u00f3licos: \u201cUn conjunto de hombres unidos por la profesi\u00f3n de la misma fe cristiana, y por la participaci\u00f3n en los mismos Sacramentos, bajo el gobierno de leg\u00edtimos pastores, m\u00e1s especialmente del Romano Pont\u00edfice, \u00fanico Vicario de Cristo en la tierra\u201d (Coetus hominum ejusdem christianae fidei professione, et eorumdem sacramentorum communione colligatus, sub regimine legitimorum pastorum et praecipue unius Christi in Terris vicarii Romani Pontificis. \u2013 Belarmino, De Eccl., III, II, 9). La exactitud de esta definici\u00f3n se revelar\u00e1 en el curso de este art\u00edculo.<\/li>\n<\/ul>\n<h2>La Iglesia en las Profec\u00edas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La profec\u00eda hebrea se refiere en proporciones casi iguales a la persona y a la obra del Mes\u00edas. Esta obra se conceb\u00eda como consistente en el establecimiento de un reino, en el cual iba a reinar sobre un Israel regenerado. Los escritos prof\u00e9ticos nos describen con precisi\u00f3n muchas caracter\u00edsticas que iban a distinguir a ese reino.  Durante su ministerio Cristo no s\u00f3lo afirm\u00f3 que las profec\u00edas relativas al Mes\u00edas se iban a cumplir en su propia persona, sino tambi\u00e9n que el esperado reino mesi\u00e1nico no era otro que su Iglesia. Una consideraci\u00f3n de las caracter\u00edsticas del reino tal como las presentaban los profetas, debe por tanto ayudarnos en gran manera a comprender las intenciones de Cristo al instituir la Iglesia. En realidad muchas de las expresiones empleadas por \u00c9l en referencia a la sociedad que estaba estableciendo s\u00f3lo son inteligibles a la luz de estas profec\u00edas y de las consiguientes expectativas del pueblo jud\u00edo. Se ver\u00e1 adem\u00e1s que tenemos un s\u00f3lido argumento para el car\u00e1cter sobrenatural de la revelaci\u00f3n cristiana en el cumplimiento preciso de los or\u00e1culos sagrados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un rasgo caracter\u00edstico del reino mesi\u00e1nico, tal como se predijo, es su alcance universal. No meramente las doce tribus, sino que los gentiles iban a rendir homenaje al Hijo de David. Todos los reyes le servir\u00e1n y obedecer\u00e1n; su dominio se extender\u00e1 a los confines de la tierra (Sal. 21,28ss; 2,7-12; 116,1; Zac. 9,10). Otra serie de notables pasajes declara que las naciones que se le sometan tendr\u00e1n la unidad concedida por una fe com\u00fan y un culto com\u00fan&#8212;un rasgo representado mediante la impactante imagen de la concurrencia de todos los pueblos y naciones a rendir culto en Jerusal\u00e9n. \u201cSuceder\u00e1 en d\u00edas futuros [esto es, en la era mesi\u00e1nica] \u2026que numerosas naciones dir\u00e1n: Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob; para que \u00e9l nos ense\u00f1e sus caminos y nosotros sigamos sus senderos. Pues de Si\u00f3n saldr\u00e1 la Ley y de Jerusal\u00e9n la palabra de Yahveh\u201d (Miq. 4,1-2; cf. Is. 2,2; Zac. 8, 3). Esta unidad de culto ser\u00e1 el fruto de una revelaci\u00f3n divina com\u00fan a todos los habitantes de la tierra. (Zac. 14,8).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como corresponde al triple oficio del Mes\u00edas como sacerdote, profeta y rey, debe se\u00f1alarse que en relaci\u00f3n con el reino, las Sagradas Escrituras insisten en tres puntos:\n<\/p>\n<ul>\n<li> estar\u00e1 dotado de un nuevo y peculiar sistema de sacrificios; <\/li>\n<li> va a ser el reino de la verdad pose\u00edda por revelaci\u00f3n divina; <\/li>\n<li> va a gobernarse por una autoridad que emana del Mes\u00edas. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con relaci\u00f3n al primero de estos puntos, el sacerdocio del propio Mes\u00edas mismo se afirma expl\u00edcitamente (Sal. 110(109),4); mientras que se ense\u00f1a adem\u00e1s que el culto que va a inaugurar sustituir\u00e1 a los sacrificios de la Antigua Ley.  Esto est\u00e1 impl\u00edcito, como nos dice el Ap\u00f3stol, en el t\u00edtulo mismo, \u201csacerdote seg\u00fan el orden de Melquisedec\u201d; y la misma verdad se incluye en la predicci\u00f3n de que se instituir\u00e1 un nuevo sacerdocio, sacado de otros pueblos adem\u00e1s de los israelitas (Is. 66,18), y en las palabras del profeta Malaqu\u00edas que predijo la instituci\u00f3n de un nuevo sacrificio que iba a ser ofrecido \u201cdesde donde sale el sol hasta el ocaso\u201d (Mal. 1,11). Los sacrificios ofrecidos por el sacerdocio del reino mesi\u00e1nico van a perdurar tanto como duren el d\u00eda y la noche (Jer. 33,20).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La revelaci\u00f3n de la verdad divina bajo la Nueva Alianza confirmada por Jerem\u00edas: \u201cHe aqu\u00ed que vienen d\u00edas, or\u00e1culo del Se\u00f1or, en que yo pactar\u00e9 con la casa de Israel y con la casa de Jud\u00e1\u2026 y ya no tendr\u00e1n que adoctrinar m\u00e1s el uno a su pr\u00f3jimo y el otro a su hermano diciendo: Conoced a Yahveh, pues todos ellos me conocer\u00e1n, del m\u00e1s chico al m\u00e1s grande\u201d (Jer. 31, 31.34), mientras Zacar\u00edas nos asegura que en esos d\u00edas Jerusal\u00e9n ser\u00e1 conocida como ciudad de la verdad. (Zac. 8,3).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son numerosos los pasajes que predicen que el Reino poseer\u00e1 un peculiar principio de autoridad en el gobierno personal del Mes\u00edas (por ej.: Salmos 2 y 71; Is. 9,6 ss.); pero en relaci\u00f3n con las propias palabras de Cristo es de inter\u00e9s observar que en algunos de esos pasajes la predicci\u00f3n se expresa mediante la met\u00e1fora de un pastor guiando y gobernando su reba\u00f1o (Ez. 34,23; 37,24-28). Hay que se\u00f1alar, adem\u00e1s, que igual que las profec\u00edas relativas a la funci\u00f3n sacerdotal predicen el nombramiento de un sacerdocio subordinado al Mes\u00edas, as\u00ed las que se refieren a la funci\u00f3n de gobierno indican que el Mes\u00edas asociar\u00e1 consigo mismo otros \u201cpastores\u201d, y ejercer\u00e1 su autoridad sobre las naciones a trav\u00e9s de gobernantes delegados para gobernar en su nombre (Jer. 18, 6; Sal. 45(44),17; cf. San Agust\u00edn Enarr. in Psalm. 44, no. 32). Otra caracter\u00edstica del reino ha de ser la santidad de sus miembros. El camino a ella va a ser llamado \u201cla v\u00eda sacra; no pasar\u00e1 por ella el impuro\u201d. Los incircuncisos y los impuros no entrar\u00e1n en la renovada Jerusal\u00e9n (Is. 35,8; 52,1).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La literatura apocal\u00edptica tard\u00eda no inspirada de los jud\u00edos nos muestra cu\u00e1n profundamente estas predicciones han influido en sus esperanzas nacionales, y nos explica la intensa expectaci\u00f3n entre el pueblo descrita en las narraciones del Evangelio. En estas obras como en las profec\u00edas inspiradas los rasgos del reino mesi\u00e1nico presentan dos aspectos muy diferentes. Por un lado, el Mes\u00edas es un rey dav\u00eddico que re\u00fane a los dispersos de Israel, y establece en esta tierra un reino de pureza y ausencia de pecado (Salmos de Salom\u00f3n, XVII). El enemigo exterior va a ser sometido (Asunci\u00f3n de Mois\u00e9s, c. X) y los malvados van a ser juzgados en el valle del hijo de Hinnon (Enoch, XXV, XXVII, XC). Por otro lado, se describe el reino con caracter\u00edsticas escatol\u00f3gicas. El Mes\u00edas es preexistente y divino (Enoch, Simil., XLVIII, 3); el reino que establecer\u00e1 va a ser un reino celestial inaugurado por una gran cat\u00e1strofe c\u00f3smica, que separar\u00e1 este mundo (aion outos) del mundo que va a venir (mellon). Esta cat\u00e1strofe estar\u00e1 acompa\u00f1ada de un juicio tanto de los \u00e1ngeles como de los hombres (Jubileos, X, 8; V, 10; Asunci\u00f3n de Mois\u00e9s, X,1). Los muertos resucitar\u00e1n (Salmos de Salom\u00f3n, III, 11) y todos los miembros del reino mesi\u00e1nico se har\u00e1n semejantes al Mes\u00edas (Enoch, Simil., XC, 37). Este doble aspecto de las esperanzas jud\u00edas relativas al Mes\u00edas por venir debe tenerse en cuenta, si se ha de comprender el uso que hizo Cristo de la expresi\u00f3n \u201cReino de Dios\u201d. Con frecuencia, es cierto, la emplea en un sentido escatol\u00f3gico. Pero mucho m\u00e1s habitualmente la usa para un reino establecido en esta tierra&#8212;su Iglesia. Estos, en realidad, no son dos reinos, sino uno. El Reino de Dios que se establecer\u00e1 en el \u00faltimo d\u00eda es la Iglesia en su triunfo final.\n<\/p>\n<h2>Constituci\u00f3n por Cristo<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Bautista proclam\u00f3 la cercan\u00eda del Reino de Dios, y de la Era Mesi\u00e1nica. Mand\u00f3 a todos los que quisieran compartir sus bendiciones que se prepararan mediante la penitencia. Su propia misi\u00f3n, dec\u00eda, era preparar el camino del Mes\u00edas. A sus disc\u00edpulos les indic\u00f3 a Jes\u00fas de Nazaret como el Mes\u00edas cuyo advenimiento hab\u00eda declarado (Jn. 1,29-31). Desde el mismo comienzo de su ministerio Cristo sostuvo de manera expl\u00edcita la pretensi\u00f3n a la dignidad mesi\u00e1nica. En la sinagoga de Nazaret (Lc. 4,21) afirma que las profec\u00edas se cumplen en su persona; declara que es m\u00e1s grande que Salom\u00f3n (Lc. 11,31), m\u00e1s venerable que el Templo (Mt. 12,6), Se\u00f1or del Sabbath (Lc. 6,5). Juan, dice, es El\u00edas, el precursor prometido (Mt. 17,12); y a los mensajeros de Juan les presenta las pruebas de su dignidad mesi\u00e1nica que ellos le solicitan (Lc. 7,22). Pide una fe impl\u00edcita basada en su misi\u00f3n divina (Jn. 6,29). Su entrada p\u00fablica en Jerusal\u00e9n fue la aceptaci\u00f3n por todo el pueblo de una afirmaci\u00f3n reiterada una y otra vez ante ellos. El tema de toda su predicaci\u00f3n es el Reino de Dios que ha venido a establecer. San Marcos, describiendo el comienzo de su ministerio, dice que lleg\u00f3 a Galilea diciendo, \u201cEl tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios est\u00e1 cerca\u201d.   La Ley y los Profetas, dec\u00eda, s\u00f3lo hab\u00edan sido una preparaci\u00f3n para el reino que estaba incluso entonces estableciendo a su alrededor (Lc. 16,16; cf. Mt. 4,23; 9,35; 13,17; 21,43; 24,14; Mc. 1,14; Lc. 4,43; 8,1; 9,2.60; 18,17).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando uno se pregunta qu\u00e9 es este reino del que Cristo habl\u00f3, s\u00f3lo puede haber una respuesta. Es su Iglesia, la sociedad de los que aceptan su misi\u00f3n divina, y admiten su derecho a la obediencia de fe que \u00c9l reclam\u00f3.  Toda su actividad est\u00e1 dirigida al establecimiento de tal sociedad: la organiza y nombra a sus gobernantes, establece ritos y ceremonias en ella, traslada a ella el nombre que hasta entonces hab\u00eda designado a la Iglesia Jud\u00eda., y advierte solemnemente a los jud\u00edos que el reino ya no es suyo, sino que se les ha quitado y dado a otro pueblo. Los evangelistas trazan los diversos pasos dados por Cristo en la organizaci\u00f3n de la Iglesia. Se le presenta como reuniendo a numerosos disc\u00edpulos, aunque seleccionando doce de ellos para ser sus compa\u00f1eros de manera especial, los cuales comparten su vida. A ellos revela las partes m\u00e1s ocultas de su doctrina. (Mt. 13,11). Les env\u00eda como sus delegados a predicar el reino, y les concede el poder de hacer milagros. Todos est\u00e1n obligados a aceptar su mensaje; y los que reh\u00fasen escucharles se enfrentar\u00e1n a un destino m\u00e1s terrible que el de Sodoma y Gomorra (Mt. 10,1-15). Los autores sagrados hablan de estos doce disc\u00edpulos elegidos de manera que indican que son vistos como formando un \u00f3rgano colectivo. En varios pasajes son llamados \u201clos doce\u201d incluso cuando el nombre, entendido literalmente, ser\u00eda inexacto. El nombre se les aplica cuando se han reducido a once por la defecci\u00f3n de Judas Iscariote, en una ocasi\u00f3n cuando s\u00f3lo diez de ellos est\u00e1n presentes, y nuevamente tras el nombramiento de San Pablo que ha aumentado su n\u00famero a trece (Lc. 24,33; Jn. 20,24; 1 Cor. 15,5; Apoc. 21,14).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta constituci\u00f3n del Apostolado Cristo pone el fundamento de su Iglesia. Pero no es hasta que la actitud del juda\u00edsmo oficial le ha hecho manifiestamente imposible esperar que la Iglesia jud\u00eda admitir\u00eda su pretensi\u00f3n cuando ordena la Iglesia como un organismo independiente de la sinagoga y teniendo una administraci\u00f3n propia. Despu\u00e9s de que la ruptura se haya definido, convoca a los Ap\u00f3stoles y les habla de la acci\u00f3n judicial de la Iglesia, distinguiendo, de manera inconfundible, entre el individuo privado que emprende la tarea de la correcci\u00f3n fraternal, y la autoridad eclesi\u00e1stica facultada para pronunciar una sentencia judicial (Mt. 18,15-17). A la jurisdicci\u00f3n as\u00ed conferida otorga una sanci\u00f3n divina. Una sentencia pronunciada as\u00ed, asegura a los Ap\u00f3stoles, ser\u00e1 ratificada en el cielo. Un paso ulterior fue el nombramiento de San Pedro para ser el jefe de los doce. Hab\u00eda sido designado ya para esta posici\u00f3n (Mt. 16,15 ss.) en una ocasi\u00f3n previa a la ahora mencionada: en Cesarea de Filipo, Cristo le hab\u00eda declarado que \u00e9l ser\u00eda la roca sobre la que edificar\u00eda su Iglesia, afirmando as\u00ed que la continuidad y desarrollo de la Iglesia se basar\u00eda en el cargo creado en la persona de Pedro. A \u00e9l, adem\u00e1s se le dio el poder de las llaves del Reino de los Cielos&#8212;una expresi\u00f3n que significaba el don de una plena autoridad (Is. 22,22). La promesa as\u00ed hecha fue cumplida tras la Resurrecci\u00f3n, en la ocasi\u00f3n narrada en Juan 21. Aqu\u00ed Cristo emplea un s\u00edmil usado en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n por \u00c9l mismo para designar su propia relaci\u00f3n con los miembros de su Iglesia&#8212;la del pastor y su reba\u00f1o. Su solemne encargo, \u00abApacienta mis ovejas\u00bb, constituy\u00f3 a Pedro en pastor com\u00fan de todo el reba\u00f1o en su conjunto.(Para una consideraci\u00f3n adicional de los textos petrinos ver el art\u00edculo Primac\u00eda).  Cristo encomend\u00f3 a los doce la tarea de extender el reino entre todas las naciones, instituyendo el rito del bautismo como \u00fanico medio de admisi\u00f3n a una participaci\u00f3n en sus privilegios (Mt. 28,19).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el curso de este art\u00edculo se dedicar\u00e1 una detallada consideraci\u00f3n a las principales caracter\u00edsticas de la Iglesia. La ense\u00f1anza de Cristo sobre este punto puede ser resumida aqu\u00ed brevemente. Va a ser un reino gobernado en su ausencia por hombres (Mt. 18,18; Jn. 21,17). Es por tanto una teocracia visible; y ser\u00e1 la sustituta de la teocracia jud\u00eda que le ha rechazado (Mt. 21,43). En ella, hasta el d\u00eda del juicio final, los malos se mezclar\u00e1n con los buenos (Mt. 13,41). Su alcance ser\u00e1 universal (Mt. 28,19), y su duraci\u00f3n, hasta el fin de los tiempos (Mt. 13,49); todos los poderes que se le opongan ser\u00e1n aniquilados (Mt. 21,44). Adem\u00e1s, ser\u00e1 un reino sobrenatural de verdad, en el mundo, aunque no de \u00e9l (Jn. 28,36). Ser\u00e1 \u00fanico e indiviso, y esta unidad testimoniar\u00e1 ante todos los hombres que su fundador ven\u00eda de Dios (Jn. 17,21).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ha de observarse que ciertos cr\u00edticos recientes discuten las posiciones mantenidas en los p\u00e1rrafos precedentes. Niegan del mismo modo que Cristo proclamara ser el Mes\u00edas, y que el reino del que hablaba fuera su Iglesia. As\u00ed, con respecto a la afirmaci\u00f3n de la dignidad mesi\u00e1nica de Cristo, dicen que Cristo no declara ser \u00c9l mismo el Mes\u00edas en su predicaci\u00f3n: que manda a guardar silencio a los posesos que lo proclaman el Hijo de Dios: que el pueblo no sospechaba su car\u00e1cter mesi\u00e1nico, sino que formulaba diversas hip\u00f3tesis extravagantes sobre su personalidad. Es manifiestamente imposible dentro de los l\u00edmites de este art\u00edculo entrar en una discusi\u00f3n detallada de estos puntos. Pero, a la luz del testimonio de los pasajes arriba citados, se ver\u00e1 que esa postura es completamente insostenible. En relaci\u00f3n con el Reino de Dios, muchos de los cr\u00edticos sostienen que la concepci\u00f3n habitual jud\u00eda era totalmente escatol\u00f3gica, y que las referencias de Cristo a \u00e9l deben interpretarse as\u00ed de una vez por todas. Esta opini\u00f3n hace inexplicables los numerosos pasajes en que Cristo habla del reino como algo presente, y adem\u00e1s implica un error respecto a la naturaleza de las esperanzas jud\u00edas, que, como se ha visto, junto a rasgos escatol\u00f3gicos, conten\u00edan otros de car\u00e1cter diferente. Harnack (\u00bfQu\u00e9 es el Cristianismo? p.62) sostiene que en su significado \u00edntimo el reino tal como lo conceb\u00eda Cristo es \u201cun beneficio puramente religioso, el lazo interno del alma con el Dios vivo\u201d. Tal interpretaci\u00f3n no puede en manera alguna conciliarse con las declaraciones de Cristo sobre el asunto. Todo el tenor de sus expresiones es insistir en el concepto de una sociedad teocr\u00e1tica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La Iglesia tras la Ascensi\u00f3n<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La doctrina de la Iglesia tal como la establecieron los Ap\u00f3stoles despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n es en todos los respectos id\u00e9ntica a la ense\u00f1anza de Cristo arriba descrita. San Pedro, en su primer serm\u00f3n, pronunciado el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, declara que Jes\u00fas de Nazaret es el rey mesi\u00e1nico (Hechos, 2, 36). El medio de salvaci\u00f3n que indica es el bautismo; y por el bautismo sus conversos se agregan a la sociedad de los disc\u00edpulos (2,41). Aunque en estos d\u00edas los cristianos a\u00fan asist\u00edan a los servicios del Templo, aun as\u00ed desde el principio la fraternidad de Cristo form\u00f3 una sociedad esencialmente distinta de la sinagoga. La raz\u00f3n por la que San Pedro manda a sus oyentes que acepten el bautismo no es otra que la de que ellos pueden \u201csalvarse de esta generaci\u00f3n incr\u00e9dula\u201d. Dentro de la sociedad de creyentes no s\u00f3lo estaban unidos los miembros por ritos comunes, sino que el lazo de unidad era tan estrecho como para producir en la Iglesia de Jerusal\u00e9n ese estado de cosas en el que los disc\u00edpulos ten\u00edan todas las cosas en com\u00fan (2,44).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo hab\u00eda declarado que su reino se extender\u00eda entre todas las naciones, y hab\u00eda encargado la ejecuci\u00f3n de la tarea a los doce (Mt. 28,19). Aun as\u00ed la misi\u00f3n universal de la Iglesia no se revel\u00f3 sino gradualmente. En realidad San Pedro hace menci\u00f3n de ello desde el principio (Hch. 2,39). Pero en los primeros a\u00f1os la actividad apost\u00f3lica se limita a solo Jerusal\u00e9n. De hecho una antigua tradici\u00f3n (Apolonio, citado por Eusebio \u201cHist. Eccl.\u201d, V, XVII, y Clemente, \u201cStrom.\u201d, VI, v, en P.G. IX, 264) afirma que Cristo hab\u00eda ordenado a los Ap\u00f3stoles esperar doce a\u00f1os en Jerusal\u00e9n antes de dispersarse para llevar su mensaje a otras partes. El primer progreso notable ocurre como consecuencia de la persecuci\u00f3n que se produjo tras la muerte de San Esteban en el a\u00f1o 37. Esta fue la ocasi\u00f3n de predicar el Evangelio a los samaritanos, un pueblo excluido de los privilegios de Israel, aunque reconocedor de la Ley Mosaica (Hechos, 8,5). Una expansi\u00f3n a\u00fan ulterior result\u00f3 de la revelaci\u00f3n que orden\u00f3 a San Pedro admitir al bautismo a [[Cornelio], un gentil piadoso, esto es, simpatizante con la religi\u00f3n jud\u00eda pero no circuncidado. Desde este momento en adelante la circuncisi\u00f3n y la observancia de la Ley no fueron una condici\u00f3n requerida para la incorporaci\u00f3n a la Iglesia. Pero el paso final de admitir a los gentiles que no hab\u00edan tenido previa relaci\u00f3n con la religi\u00f3n de Israel, y hab\u00edan pasado su vida en el paganismo, no se dio hasta m\u00e1s de quince a\u00f1os despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n de Cristo; no se produjo, al parecer, antes del d\u00eda descrito en Hch. 13,46, cuando en Antioqu\u00eda de Pisidia, Pablo y Bernab\u00e9 anunciaron que puesto que los jud\u00edos se juzgaban indignos de la vida eterna ellos \u201cse volv\u00edan a los gentiles\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la ense\u00f1anza apost\u00f3lica el t\u00e9rmino Iglesia, desde el mismo principio, toma el lugar de la expresi\u00f3n Reino de Dios (Hechos, 5, 11). La mayor idoneidad del primer nombre era evidente donde, adem\u00e1s de los jud\u00edos otros estaban concernidos; pues Reino de Dios ten\u00eda especial relaci\u00f3n con las creencias jud\u00edas. Pero el cambio de t\u00edtulo s\u00f3lo enfatiza la unidad social de los miembros. Son la nueva congregaci\u00f3n de Israel \u2013el estado teocr\u00e1tico: son el pueblo (laos) de Dios (Hch. 15,14; Rom. 9,25; 2 Cor. 6,16; 1 Pd. 2,9 ss.; Hb. 8,10; Apoc. 18,4; 21,3). Por su admisi\u00f3n en la Iglesia, los gentiles se han injertado en ella y forman parte del olivo fruct\u00edfero de Dios, mientras que el ap\u00f3stata Israel ha sido separado (Rom., 11, 24). San Pablo, escribiendo a sus conversos gentiles de Corinto, denomina a la antigua Iglesia hebrea \u201cnuestros padres\u201d (1 Cor. 10,1). En realidad de vez en cuando se emplea la terminolog\u00eda anterior, y el mensaje del Evangelio es llamado predicaci\u00f3n del Reino de Dios (Hch. 20,25; 28,31).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dentro de la Iglesia los Ap\u00f3stoles ejerc\u00edan ese poder regulador del que Cristo les hab\u00eda dotado. No era una masa ca\u00f3tica, sino una verdadera sociedad que pose\u00eda una vida colectiva, y organizada en diversos \u00f3rdenes. La evidencia muestra que los doce pose\u00edan (a) un poder de jurisdicci\u00f3n, en virtud del cual ejercieron una autoridad legislativa y judicial, y (b) una funci\u00f3n magisterial para ense\u00f1ar la revelaci\u00f3n divina a ellos confiada. As\u00ed (a) encontramos a San Pablo regulando con autoridad el orden y disciplina de las iglesias. No aconseja; ordena (1 Cor. 11,34; 26,1; Tito 1,5). Pronuncia sentencias judiciales (1 Cor. 5,5; 2 Cor. 2,10), y sus sentencias, como las de los dem\u00e1s ap\u00f3stoles, reciben a veces la solemne sanci\u00f3n del castigo milagroso (1 Tim. 1,20; Hch. 5,1-10). De manera similar ordena a su delegado Timoteo que oiga las causas incluso de sacerdotes y reprenda, a la vista de todos, a los que pecan (1 Tim. 5,19 ss.). (b) Con car\u00e1cter no menos definido afirma que el Apostolado lleva consigo una autoridad doctrinal, que todos est\u00e1n obligados a reconocer. Dios les ha enviado, afirma, a predicar \u201cla obediencia de la fe\u201d (Rom. 1,5; 15,18). A\u00fan m\u00e1s, su deseo expresado solemnemente, de que incluso si un \u00e1ngel del cielo fuera a predicar una doctrina distinta de la que \u00e9l hab\u00eda predicado a los g\u00e1latas, fuera considerado anatema (Gal. 1,8), implica una pretensi\u00f3n de infalibilidad en la ense\u00f1anza de la verdad revelada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras que todo el Colegio Apost\u00f3lico disfrutaba de este poder en la Iglesia, San Pedro aparece siempre en la posici\u00f3n de primac\u00eda que Cristo le asign\u00f3. Es San Pedro quien recibe en la Iglesia a los primeros conversos, tanto del juda\u00edsmo como del paganismo (Hch. 2,41; 10,5 ss.), quien obra el primer milagro (Hch. 3,1 ss), quien inflige la primera pena eclesi\u00e1stica (Hch. 5,1 ss).  Es Pedro quien expulsa de la Iglesia al primer hereje, Sim\u00f3n el Mago (Hch. 8,21), quien realiza la primera visita apost\u00f3lica a las iglesias (Hch. 9,32), y quien pronuncia la primera decisi\u00f3n dogm\u00e1tica (Hch. 15,7). (Ver Schanz, III, p. 460). Tan indiscutible era su posici\u00f3n que cuando San Pablo est\u00e1 a punto de emprender la obra de predicar a los paganos el Evangelio que Cristo le hab\u00eda revelado, consider\u00f3 necesario obtener el reconocimiento de Pedro (Gal. 1,18).  No se necesitaba m\u00e1s que esto, pues la aprobaci\u00f3n de Pedro era definitiva.\n<\/p>\n<h2>Organizaci\u00f3n por los Ap\u00f3stoles<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pocos asuntos han sido m\u00e1s debatidos durante el pasado medio siglo que la organizaci\u00f3n de la Iglesia primitiva.  El presente art\u00edculo no puede tratar todo esta amplia materia, sino que su \u00e1mbito se limita a un solo punto.  Se har\u00e1 un esfuerzo por valorar la informaci\u00f3n existente respecto a la \u00e9poca apost\u00f3lica misma.  Una consideraci\u00f3n de la organizaci\u00f3n que se descubre como existente en el per\u00edodo inmediatamente posterior a la muerte del \u00faltimo Ap\u00f3stol arroja m\u00e1s luz sobre el asunto (Ver obispo).  La evidencia independiente derivada del an\u00e1lisis de cada uno de esos periodos, se encontrar\u00e1, en opini\u00f3n de este autor, cuando se sopese con imparcialidad, que produce resultados similares.  As\u00ed las conclusiones aqu\u00ed avanzadas, adem\u00e1s y por encima de su valor intr\u00ednseco, obtienen apoyo en el testimonio independiente de otra serie de autoridades que tienden en todo lo esencial a confirmar su exactitud.  La cuesti\u00f3n en litigio es si los Ap\u00f3stoles establecieron o no una organizaci\u00f3n jer\u00e1rquica en las comunidades cristianas.  Todos los estudiosos cat\u00f3licos, junto con unos pocos protestantes, sostienen que as\u00ed lo hicieron.  Los racionalistas cr\u00edticos, junto con la mayor\u00eda de los protestantes, afirman la opini\u00f3n opuesta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al considerar la evidencia del Nuevo Testamento sobre el asunto, aparece enseguida que hay una marcada diferencia entre el estado de cosas revelado en los escritos tard\u00edos del Nuevo Testamento, y la que aparece en los de fecha m\u00e1s temprana.  En los escritos m\u00e1s antiguos encontramos s\u00f3lo escasa menci\u00f3n de una organizaci\u00f3n oficial.  Tales posiciones oficiales que pueden haber existido parecer\u00edan haber tenido menor importancia en presencia de los carismas milagrosos que el Esp\u00edritu Santo conced\u00eda a los individuos, que los capacitaba para actuar como \u00f3rganos de la comunidad en diversos grados.  En sus primeras Ep\u00edstolas San Pablo no tiene mensajes para los obispos o di\u00e1conos, aunque las circunstancias de que trat\u00f3 en las Ep\u00edstolas a los Corintios y en la de los G\u00e1latas parecer\u00edan sugerir una referencia a los gobernantes locales de la Iglesia.  Cuando enumera las diversas funciones a las que Dios ha llamado a los diversos miembros de la Iglesia, no nos da una lista de cargos de la Iglesia.  \u201cDios\u201d, dice, \u201clos puso en la Iglesia, primeramente como ap\u00f3stoles, en segundo lugar como profetas, en tercer lugar como doctores [didaskaloi]; luego el poder de obrar milagros; luego el don de las curaciones, de ayuda, de gobierno, el don de lenguas\u201d (1 Cor. 12,28).  Esta no es una lista de designaciones oficiales, sino que es una lista de \u201ccarismas\u201dconcedidos por el Esp\u00edritu Santo, que habilitan al que los recibe para llevar a cabo una funci\u00f3n especial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El \u00fanico t\u00e9rmino que constituye una excepci\u00f3n a esto es el de ap\u00f3stol.  Aqu\u00ed la palabra se usa indudablemente en el sentido en el que significa los doce y San Pablo s\u00f3lo.  As\u00ed aplicado, el apostolado era una funci\u00f3n distinta, que implicaba una misi\u00f3n personal recibida del propio Se\u00f1or Resucitado (1 Cor. 1,1; G\u00e1l. 1,1).  Tal posici\u00f3n daba con mucho un car\u00e1cter tan especial a los que la recib\u00edan como para ser colocados en cualquier otra categor\u00eda.  El t\u00e9rmino pod\u00eda en realidad usarse con sentido m\u00e1s amplio.  Se utiliza para Bernab\u00e9 (Hch. 14,13) y para Andr\u00f3nico y Junia, parientes de San Pablo (Rom., 16,7).  En este sentido amplio es aparentemente equivalente a evangelista (Ef. 4,11; 2 Tim. 4,5) y designa a los \u201chombres apost\u00f3licos\u201d, que, como los Ap\u00f3stoles, iban de sitio en sitio trabajando en nuevos campos, pero que hab\u00edan recibido su encargo de ellos, y no de Cristo en persona.  (Ver los Ap\u00f3stoles).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los \u201cprofetas\u201d, la segunda categor\u00eda mencionada, eran hombres a quienes se les conced\u00eda hablar de vez en cuando bajo la influencia directa del Esp\u00edritu Santo como receptores de inspiraci\u00f3n sobrenatural (Hch. 13,2; 15,23; 21,11; etc.).  Por la naturaleza del caso el ejercicio de tal funci\u00f3n s\u00f3lo pod\u00eda ser ocasional.  El \u201ccarisma\u201d de los \u201cdoctores\u201d (o maestros) difer\u00eda del de los profetas, en que pod\u00eda usarse continuamente.  Hab\u00edan recibido el don de la visi\u00f3n inteligente de la verdad revelada, y la facultad de impartirla a los dem\u00e1s.  Es manifiesto que los que pose\u00edan tal facultad deben haber ejercido una funci\u00f3n de vital importancia para la Iglesia en esos primeros d\u00edas, cuando las comunidades cristianas consist\u00edan en tan gran medida de reci\u00e9n convertidos.  Los dem\u00e1s \u201ccarismas\u201d mencionados no exigen especial atenci\u00f3n.  Pero los profetas y los maestros parecen haber tenido importancia como \u00f3rganos de la comunidad, eclipsando la del ministerio local.  As\u00ed en Hechos 13,1, simplemente se cuenta que en la Iglesia de Antioqu\u00eda hab\u00eda profetas y doctores; no hay menci\u00f3n de obispos o di\u00e1conos.  Y en la Didaj\u00e9&#8212;una obra que parece ser del siglo I, escrita antes de la muerte del \u00faltimo ap\u00f3stol&#8212;el autor recomienda respeto para los obispos y di\u00e1conos, sobre la base de que tienen un t\u00edtulo similar al de los profetas y doctores.  \u201cNombrad vosotros mismos\u201d, escribe, \u201cobispos y di\u00e1conos, dignos del Se\u00f1or, hombres que sean mansos, y no amantes del dinero, y sinceros y probados; pues ellos realizan tambi\u00e9n para vosotros el servicio [leitorgousi ten leitourgian] de los profetas y los doctores.  Por tanto no los despreci\u00e9is: pues son vuestros hombres de honor junto con los profetas y los maestros\u201d (C. 15).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Parecer\u00eda, entonces, indiscutible que en los primeros a\u00f1os de la Iglesia Cristiana las funciones eclesi\u00e1sticas eran en gran medida ejercidas por hombres que hab\u00edan sido capacitados para esta finalidad por \u201ccarismas\u201d del Esp\u00edritu Santo, y que en tanto en cuanto subsist\u00edan esos dones, el ministerio local ocupaba una posici\u00f3n de menor importancia e influencia.  Aun as\u00ed, aunque este fuera el caso, parecer\u00eda que hay base amplia para sostener que el ministerio local fue de instituci\u00f3n apost\u00f3lica: y, m\u00e1s a\u00fan, que hacia la \u00faltima parte de la Edad Apost\u00f3lica los \u201ccarismas\u201d abundantes estaban cesando, y que los mismos Ap\u00f3stoles tomaron medidas para determinar la posici\u00f3n de la jerarqu\u00eda oficial como autoridad dirigente de la Iglesia.  La evidencia de la existencia de tal ministerio local es abundante en las \u00faltimas Ep\u00edstolas de San Pablo (Filipenses, 1 y 2 Timoteo y Tito).  La Ep\u00edstola a los Filipenses se inicia con un saludo especial a los obispos y di\u00e1conos. Los que tienen estas posiciones oficiales son reconocidos como los de alg\u00fan modo representantes de la Iglesia. En toda la carta no hay menci\u00f3n de los \u201ccarismas\u201d, que tan ampliamente figuran en las primeras Ep\u00edstolas. En realidad Hort insiste (Christian Ecclesia, p. 211) que incluso aqu\u00ed estos t\u00e9rminos no son t\u00edtulos oficiales. Pero a la vista de su empleo como t\u00edtulos en documentos tan pr\u00f3ximos en el tiempo, como la Ep\u00edstola de Clemente 4 y el Didaj\u00e9, tal afirmaci\u00f3n parece desprovista de toda probabilidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las ep\u00edstolas pastorales la nueva situaci\u00f3n aparece incluso m\u00e1s claramente. La finalidad de estos escritos era instruir a Timoteo y Tito respecto a la manera en que hab\u00edan de organizar las Iglesias locales. La total ausencia de toda referencia a los dones espirituales apenas puede explicarse de otro modo que suponiendo que ya no exist\u00edan en las comunidades, o que eran a lo m\u00e1s fen\u00f3menos excepcionales. En cambio, encontramos las Iglesias gobernadas por una organizaci\u00f3n jer\u00e1rquica de obispos, a veces llamados tambi\u00e9n presb\u00edteros y di\u00e1conos.  Tito 1,5-7 evidencia que los t\u00e9rminos obispo y presb\u00edtero eran sin\u00f3nimos: \u201cEl motivo de haberte dejado en Creta fue para. que&#8230; ordenaras sacerdotes en cada ciudad&#8230; Porque el obispo debe ser irreprochable.\u201d Estos presb\u00edteros forman un cuerpo unido (1 Tim. 4,14), y se les conf\u00eda la doble misi\u00f3n de gobernar la Iglesia (1 Tim. 3,5) y de ense\u00f1ar (1 Tim. 3,2; Tito 1,9). La selecci\u00f3n de los que van a ocupar este puesto no depende de la posesi\u00f3n de dones sobrenaturales. Se requiere que sean ne\u00f3fitos probados, que no est\u00e9n bajo reproche, que demuestren idoneidad moral para la labor, que sean capaces de ense\u00f1ar. (1 Tim. 3,2-7; Tito 1,5-9)  El nombramiento a este oficio se hac\u00eda mediante la solemne imposici\u00f3n de manos (1 Tim. 5,22).  Algunas palabras dirigidas por San Pablo a Timoteo, en referencia a la ceremonia tal como hab\u00eda tenido lugar en el caso de Timoteo, iluminan sobre su naturaleza. \u201cTe recomiendo\u201d, escribe, \u201cque reavives el carisma de Dios, que est\u00e1 en ti por la imposici\u00f3n de mis manos\u201d (2 Tim., 1, 6). Aqu\u00ed se declara el rito como el medio por el que se confiere un don carism\u00e1tico; y, adem\u00e1s, el don en cuesti\u00f3n, como el car\u00e1cter bautismal, es permanente en sus efectos. El receptor s\u00f3lo necesita \u201cdespertar a la vida\u201d (anazopyrein) la gracia que tiene as\u00ed para aprovecharse de ella, la cual es un don permanente. No puede haber raz\u00f3n para afirmar que la imposici\u00f3n de manos, por la que Timoteo fue instruido para nombrar a los presb\u00edteros para su cargo, fuera un rito de car\u00e1cter diferente, una mera formalidad sin importancia pr\u00e1ctica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la evidencia ante nosotros, se pueden considerar ciertas otras notas en los escritos del Nuevo Testamento, que se\u00f1alan a la existencia de este ministerio local. Hay menci\u00f3n de presb\u00edteros en Jerusal\u00e9n en una fecha aparentemente inmediatamente posterior a la dispersi\u00f3n de los Ap\u00f3stoles (Hch. 11,30; cf. 15,2; 16,4; 21,18). Adem\u00e1s, se nos dice que cuando Pablo y Bernab\u00e9 volv\u00edan sobre sus pasos en su primer viaje misionero, nombraban presb\u00edteros en cada Iglesia (Hch. 14,22). As\u00ed tambi\u00e9n el mandato a los tesalonicenses (1 Tes. 5,12) de que tengan en consideraci\u00f3n a los que les presiden en el Se\u00f1or (proistamenoi; cf. Rom. 12,6) parecer\u00eda implicar que tambi\u00e9n all\u00ed San Pablo hab\u00eda investido a ciertos miembros de la comunidad de una misi\u00f3n pastoral. A\u00fan m\u00e1s expl\u00edcita es la evidencia que aparece en el relato de la entrevista de San Pablo con los ancianos de \u00c9feso (Hch. 20,17-23).   Se dice que, enviando un recado desde Mileto a \u00c9feso, convoc\u00f3 a \u201clos presb\u00edteros de la Iglesia\u201d, y en el curso de su amonestaci\u00f3n se dirigi\u00f3 a ellos como sigue: \u201cTened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Esp\u00edritu Santo como obispos para pastorear [poimainein] la Iglesia de Dios\u201d (20,28). San Pedro emplea un lenguaje similar: \u201c A los presb\u00edteros que est\u00e1n entre vosotros, les exhorto yo, presb\u00edtero como ellos&#8230;apacentad [poimainein] la grey de Dios que os est\u00e1 encomendada.\u201d Estas expresiones no dejan duda sobre el cargo designado por San Pablo, cuando en Ef. 4,11, enumera los dones del Se\u00f1or Ascendido como sigue: \u201c\u00c9l mismo dio a unos el ser ap\u00f3stoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, y a otros pastores y maestros [tous de poimenas kai didaskalous]. La Ep\u00edstola de Santiago nos proporciona a\u00fan otra referencia a este cargo, en la que se recomienda al enfermo que llame a los presb\u00edteros de la Iglesia, para que pueda recibir de sus manos el rito de la unci\u00f3n (Stgo. 5,14).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El t\u00e9rmino presb\u00edtero era de uso com\u00fan en la Iglesia Jud\u00eda, como designaci\u00f3n de los \u201cjefes\u201d de la sinagoga (cf. Lc. 13,14). De ah\u00ed que algunos autores no cat\u00f3licos han alegado que en los obispos y di\u00e1conos del Nuevo Testamento hay simplemente la organizaci\u00f3n de la sinagoga familiar a los primeros conversos, e introducida por ellos en las comunidades cristianas. El concepto de la Iglesia de San Pablo, se insiste, es esencialmente opuesto a cualquier sistema r\u00edgido de gobierno; aun as\u00ed esta forma familiar de organizaci\u00f3n se estableci\u00f3 gradualmente incluso en las Iglesias que \u00e9l hab\u00eda fundado. Respecto a esta opini\u00f3n parece suficiente decir que la similitud entre los \u201cjefes de la sinagoga\u201d jud\u00edos y los presb\u00edteros-ep\u00edscopos cristianos no va m\u00e1s all\u00e1 del nombre. El funcionario jud\u00edo era civil y ten\u00eda el cargo s\u00f3lo durante un tiempo. El presbiterado cristiano era vitalicio y sus funciones, espirituales. Hay quiz\u00e1s m\u00e1s base para la opini\u00f3n que defienden algunos (cf. de Smedt, Revue des quest. hist., vols. XLIV, L), de que presb\u00edtero y ep\u00edscopo pueden no ser en todos los casos perfectamente sin\u00f3nimos. El t\u00e9rmino presb\u00edtero es indudablemente un t\u00edtulo honor\u00edfico, mientras que el de ep\u00edscopo primariamente indica la funci\u00f3n realizada. Es posible que el primer t\u00edtulo haya tenido un significado m\u00e1s amplio que el \u00faltimo.  Se sugiere que la designaci\u00f3n presb\u00edtero se habr\u00eda dado a todos los que ten\u00edan derecho a alguna voz a la hora de dirigir los asuntos de la comunidad, tanto si estuviera basado esto en su status oficial, en su rango social, en su car\u00e1cter de bienhechores de la Iglesia local, o en alg\u00fan otro motivo; mientras que los presb\u00edteros que hab\u00edan recibido la imposici\u00f3n de manos ser\u00edan llamados, no simplemente \u201cpresb\u00edteros\u201d, sino \u201cpresb\u00edteros presidentes\u201d [proistamenoi \u2013 1 Tes. 5,12], \u201cpresb\u00edteros-obispos\u201d, \u201cpresb\u00edteros-dirigentes\u201d (hegoumenoi \u2013 Hb. 13,17).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Queda considerar si el as\u00ed llamado episcopado \u201cmon\u00e1rquico\u201d fue instituido por los Ap\u00f3stoles. Aparte de establecer un colegio de presb\u00edteros-obispos, \u00bfcolocaron ellos a un hombre en posici\u00f3n de supremac\u00eda, confi\u00e1ndole el gobierno de la Iglesia, y dot\u00e1ndole de autoridad apost\u00f3lica sobre la comunidad cristiana? Incluso si tomamos en cuenta la sola evidencia de las Escrituras, hay base suficiente para responder afirmativamente a esta pregunta. Desde el tiempo de la dispersi\u00f3n de los Ap\u00f3stoles, Santiago aparece en una relaci\u00f3n episcopal con la Iglesia de Jerusal\u00e9n (Hch. 12,17; 15,13; G\u00e1l. 2,12). En las dem\u00e1s comunidades cristianas la instituci\u00f3n de obispos \u201cmon\u00e1rquicos\u201d fue un desarrollo algo posterior. Al principio los propios Ap\u00f3stoles ejercieron, al parecer, todos los deberes de vigilancia suprema. Establecieron el cargo cuando lo demandaron las crecientes necesidades de la Iglesia. Las Ep\u00edstolas Pastorales no dejan espacio a dudar que Timoteo y Tito fueron enviados como obispos a \u00c9feso y a Creta respectivamente. A Timoteo se le concedieron plenos poderes apost\u00f3licos. No obstante su juventud tiene autoridad tanto sobre el clero como sobre los laicos. A \u00e9l se conf\u00eda la tarea de guardar la pureza de la fe de la Iglesia, de ordenar sacerdotes, de ejercer jurisdicci\u00f3n.  Adem\u00e1s, la exhortaci\u00f3n que le hace San Pablo de que \u201cconserve el mandamiento sin tacha ni culpa, hasta la venida de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u201d muestra que no es una misi\u00f3n transitoria. Un encargo tan expreso incluye en su alcance, no a Timoteo solo, sino a sus sucesores en un cargo que ha de durar hasta la Segunda Venida. La tradici\u00f3n local le reconoci\u00f3 indudablemente entre los ocupantes de la sede episcopal. En el Concilio de Calcedonia, la Iglesia de \u00c9feso contaba con una sucesi\u00f3n de veintisiete obispos empezando con Timoteo (Mansi, VII, 293; cf. Eusebio, Hist. Ecl. III.4-5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas no son las \u00fanicas evidencias del episcopado mon\u00e1rquico que proporciona el Nuevo Testamento. En el Apocalipsis los \u201c\u00e1ngeles\u201d a quienes se dirigen las cartas de las siete Iglesias son casi seguramente los obispos de las respectivas comunidades. Algunos comentaristas, en realidad, han sostenido que eran personificaciones de las propias comunidades, pero esta explicaci\u00f3n apenas puede mantenerse.  San Juan, en todas partes, se refiere al \u00e1ngel como responsable de la comunidad precisamente como se referir\u00eda a su gobernante. Adem\u00e1s, en el simbolismo del cap\u00edtulo 1, los dos est\u00e1n representados bajo diferentes im\u00e1genes: los \u00e1ngeles son las estrellas en la mano derecha del Hijo del Hombre; los siete candeleros son la imagen que representa las comunidades.  Debe notarse que el propio t\u00e9rmino \u00e1ngel es pr\u00e1cticamente sin\u00f3nimo de ap\u00f3stol, y as\u00ed se le elige acertadamente para designar el cargo episcopal.  Adem\u00e1s, los mensajes a Arquipo (Col. 4,17; Fil. 2) implican que ten\u00eda una posici\u00f3n de especial dignidad, superior a la de otros presb\u00edteros.  Su menci\u00f3n en una carta referida completamente a un asunto privado, como es la de Filem\u00f3n, es apenas explicable, salvo que fuera el jefe oficial de la Iglesia Colosense. Tenemos por tanto cuatro indicaciones importantes de la existencia de un cargo en las Iglesias locales, ocupado por una \u00fanica persona, y llevando consigo autoridad apost\u00f3lica; ni puede causar ninguna dificultad el hecho de que hasta ahora ning\u00fan t\u00edtulo especial distinga a estos sucesores de los Ap\u00f3stoles de los presb\u00edteros ordinarios. Est\u00e1 en la naturaleza de las cosas que el cargo existiera antes de que se le asignara un t\u00edtulo. El nombre de ap\u00f3stol, como hemos visto, no se limit\u00f3 a los Doce. San Pedro (1 Pd. 5,1) y San Juan (2 y 3 Juan, 1,1) hablan de s\u00ed mismos ambos como \u201cpresb\u00edteros\u201d. San Pablo habla del Apostolado como una diakonia.  Un caso paralelo en la historia eclesi\u00e1stica posterior lo suministra la palabra Papa, cuyo t\u00edtulo no se asign\u00f3 al uso exclusivo de la Santa Sede hasta el siglo XI, aunque nadie sostiene que el pontificado supremo del obispo de Roma no fuera reconocido hasta entonces. No puede sorprender que una terminolog\u00eda precisa, distinguiendo a los obispos, en sentido propio, de los presb\u00edteros-obispos, no se encuentre en el Nuevo Testamento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La conclusi\u00f3n alcanzada se coloca m\u00e1s all\u00e1 de toda duda razonable por el testimonio de la \u00e9poca post-apost\u00f3lica, la cual es tan importante en relaci\u00f3n con la cuesti\u00f3n del episcopado que es completamente imposible pasarla por alto. Ser\u00e1 suficiente, sin embargo, referirse a la evidencia contenida en las ep\u00edstolas de San Ignacio, obispo de Antioquia, \u00e9l mismo disc\u00edpulo de los Ap\u00f3stoles. En estas ep\u00edstolas (aproximadamente del a\u00f1o 107) afirma una y otra vez que la supremac\u00eda del obispo es de instituci\u00f3n divina y pertenece a la constituci\u00f3n apost\u00f3lica de la Iglesia. Llega tan lejos como a afirmar que el obispo est\u00e1 en lugar del propio Cristo. \u201cCuando obedec\u00e9is al obispo como a Jesucristo\u201d escribe a los cristianos de Tralles, \u201ces evidente para m\u00ed que no est\u00e1is viviendo seg\u00fan los hombres, sino seg\u00fan Jesucristo&#8230;sed obedientes tambi\u00e9n a los presb\u00edteros como a los Ap\u00f3stoles de Jesucristo\u201d (ad Trall., n.2).  Incidentalmente nos dice tambi\u00e9n que se encuentran obispos en la Iglesia, incluso en \u201clos lugares m\u00e1s alejados del mundo\u201d (ad. Ephes., n.3). Est\u00e1 fuera de cuesti\u00f3n que alguien que viv\u00eda en un periodo tan poco distante de la Edad Apost\u00f3lica pudiera proclamar esta doctrina en t\u00e9rminos tales como los que emplea, si el episcopado no hubiera sido universalmente reconocido como de creaci\u00f3n divina. Se ha visto que Cristo no s\u00f3lo estableci\u00f3 el episcopado en la persona de los Doce sino que, a\u00fan m\u00e1s, cre\u00f3 en San Pedro el cargo de supremo pastor de la Iglesia. La historia cristiana primitiva nos dice que antes de su muerte, fij\u00f3 su residencia en Roma, y all\u00ed gobern\u00f3 la Iglesia como su obispo.  Es en Roma donde fecha su primera Ep\u00edstola, hablando de la ciudad bajo el nombre de Babilonia, una designaci\u00f3n que San Juan tambi\u00e9n le da en el Apocalipsis (cap. 18). En Roma, adem\u00e1s, sufri\u00f3 el martirio en compa\u00f1\u00eda de San Pablo, en el a\u00f1o 67. La lista de sus sucesores en la sede se conoce desde Lino, Anacleto y Clemente, quienes fueron los primeros en sucederle, hasta el pont\u00edfice reinante. La Iglesia siempre ha visto en el ocupante de la sede de Roma al sucesor de Pedro en el supremo cargo pastoral. (Ver Papa).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La evidencia hasta ahora considerada parece demostrar m\u00e1s all\u00e1 de toda duda que la organizaci\u00f3n jer\u00e1rquica de la Iglesia fue, en sus elementos esenciales, obra de los propios Ap\u00f3stoles; y que a esta jerarqu\u00eda transmitieron la misi\u00f3n que les confi\u00f3 Cristo de gobernar el Reino de Dios y de ense\u00f1ar la doctrina revelada.  Estas conclusiones est\u00e1n lejos de ser admitidas por los protestantes y otros cr\u00edticos, los cuales son un\u00e1nimes en afirmar que la idea de una Iglesia&#8212;una sociedad organizada&#8212;es completamente extra\u00f1a a la ense\u00f1anza de Cristo.  Por lo tanto, es imposible a sus ojos que el catolicismo, si con ese t\u00e9rmino denotamos una instituci\u00f3n universal ligada por una unidad de constituci\u00f3n, de doctrina y de culto, pueda haber sido establecido por la acci\u00f3n directa de los Ap\u00f3stoles. En el transcurso del siglo XIX se propusieron muchas teor\u00edas para explicar la transformaci\u00f3n del as\u00ed llamado \u201ccristianismo apost\u00f3lico\u201d en el cristianismo de comienzos del siglo III, cuando m\u00e1s all\u00e1 de toda discusi\u00f3n el sistema cat\u00f3lico estaba firmemente establecido desde un extremo a otro del Imperio Romano. En la actualidad (1908) las teor\u00edas defendidas por los cr\u00edticos son de una naturaleza menos extravagante que las de F.C. Baur (1853) y la Escuela de Tubinga, que estuvieron tan en boga a mediados del siglo XIX.  Se muestra mayor consideraci\u00f3n por las exigencias de posibilidad hist\u00f3rica y por el valor de las evidencias cristianas primitivas. Al mismo tiempo debe observarse que la teor\u00eda de la reconstrucci\u00f3n que se sugiere implica el rechazo de las Ep\u00edstolas pastorales como si fueran documentos del siglo II. Ser\u00e1 suficiente aqu\u00ed se\u00f1alar uno o dos puntos sobresalientes de las opiniones que ahora encuentran acogida entre los m\u00e1s conocidos autores no cat\u00f3licos.\n<\/p>\n<ul>\n<li> Se sostiene que una organizaci\u00f3n oficial tal como exist\u00eda en las comunidades cristianas no se consideraba que implicara dones espirituales especiales, y no ten\u00eda m\u00e1s que poco significado religioso. Algunos autores, como se ha visto, creen con Holtzmann que en los episcopi y presbiteri, lo que hay es simplemente el sistema de archontes e hyperetai de la sinagoga. Otros, con Hatch, derivan el origen del episcopado del hecho de que ciertos funcionarios civiles en las ciudades sirias parecen haber llevado el t\u00edtulo de \u201cepiscopi\u201d. El profesor Harnack, aun estando de acuerdo con Hatch sobre el origen del cargo, difiere de \u00e9l en cuanto admite que desde el principio la supervisi\u00f3n del culto form\u00f3 parte de las funciones del obispo. Los cargos de profeta y maestro, insiste, eran a los que la Iglesia primitiva reconoc\u00eda un significado espiritual. Estos depend\u00edan completamente de los dones especiales carism\u00e1ticos del Esp\u00edritu Santo. El gobierno de la Iglesia en asuntos religiosos era as\u00ed considerado como un gobierno divino directo del Esp\u00edritu Santo, actuando a trav\u00e9s de sus agentes inspirados. Y se supon\u00eda que s\u00f3lo gradualmente el ministerio local tomar\u00eda el lugar de los profetas y maestros, y heredar\u00eda de ellos la autoridad una vez atribuida solo a los poseedores de los dones espirituales (cf. Sabatier, Religiones de Autoridad, p. 24). Incluso si prescindimos del todo de la evidencia arriba considerada, esta teor\u00eda parece desprovista de probabilidad intr\u00ednseca. Un gobierno directo divino por \u201ccarismas\u201d s\u00f3lo pod\u00eda producir confusi\u00f3n, si no estaba controlado por un poder dirigente dotado de autoridad superior. Tal autoridad directiva y reguladora, a la que el ejercicio de dones espirituales estaba sujeto, exist\u00eda en el apostolado, como lo muestra ampliamente el Nuevo Testamento (1 Cor. 14). En la \u00e9poca posterior una autoridad claramente similar se encuentra en el episcopado. Todos los principios de cr\u00edtica hist\u00f3rica exigen que el origen del episcopado se busque, no en los \u201ccarismas\u201d, sino, donde la tradici\u00f3n los sit\u00faa, en el propio Apostolado.    <\/li>\n<li> Es a la crisis provocada por el gnosticismo y el montanismo en el siglo II a la que estos autores atribuyen el surgimiento del sistema cat\u00f3lico. Dicen que, para combatir estas herej\u00edas, la Iglesia encontr\u00f3 necesario federarse, y que con este fin estableci\u00f3 un estatuto, denominado fe \u201capost\u00f3lica\u201d, y adem\u00e1s asegur\u00f3 la supremac\u00eda episcopal mediante la ficci\u00f3n de la \u201csucesi\u00f3n apost\u00f3lica\u201d, (Harnack, Hist. del Dogma, II, II; Sabatier, op. cit., pp.35-59). Esta opini\u00f3n parece ser irreconciliable con los hechos del caso. La evidencia sola de las ep\u00edstolas ignacianas muestra que, mucho antes que se produjera la crisis gn\u00f3stica, las Iglesias locales particulares estaban conscientes de un principio esencial de solidaridad que las un\u00eda a todas en un \u00fanico sistema. Adem\u00e1s, el propio hecho de que estas herej\u00edas no lograron establecerse dentro de la Iglesia en ning\u00fan lugar del mundo, sino que fueron en todas partes reconocidas como her\u00e9ticas y r\u00e1pidamente excluidas, basta para probar que la fe apost\u00f3lica era ya claramente conocida y firmemente sostenida, y que las Iglesias ya estaban organizadas bajo un episcopado activo. Adem\u00e1s, decir que la doctrina de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica fue inventada para hacer frente a estas herej\u00edas es olvidar el hecho de que se afirma en t\u00e9rminos claros en la Ep\u00edstola de Clemente 42. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">La teor\u00eda de M. Loisy respecto a la organizaci\u00f3n de la Iglesia ha atra\u00eddo tanta atenci\u00f3n en a\u00f1os recientes como para reclamar una breve rese\u00f1a. En su obra, \u201cL\u2019Evangile et l\u2019Eglise\u201d, acepta muchas de las opiniones sostenidas por cr\u00edticos hostiles al catolicismo, y trata mediante una doctrina de desarrollo de reconciliarlos con alguna forma de adhesi\u00f3n a la Iglesia. Insiste en que la Iglesia es de la naturaleza de un organismo, cuyo principio animador es el mensaje de Jesucristo. Este organismo puede experimentar muchos cambios de forma externa, conforme se desarrolla de acuerdo con sus necesidades internas, y con los requerimientos de su medio ambiente. Aun as\u00ed mientras estos cambios sean los demandados para que el principio vital pueda preservarse, son de car\u00e1cter no esencial. En realidad, est\u00e1n lejos de ser alteraciones org\u00e1nicas, como para que debamos reconocerles como que afectan impl\u00edcitamente al mismo ser de la Iglesia.  \u00c9l ve la formaci\u00f3n de la jerarqu\u00eda como un cambio de esta clase. De hecho, puesto que sostiene que Jesucristo anticip\u00f3 err\u00f3neamente que el fin del mundo estaba muy pr\u00f3ximo, y que sus primeros disc\u00edpulos viv\u00edan en la esperanza de su inmediata vuelta en gloria, se deduce que la jerarqu\u00eda debe haber tenido un origen como \u00e9ste. Est\u00e1 fuera de cuesti\u00f3n atribuirlo a los Ap\u00f3stoles. Hombres que cre\u00edan que el fin del mundo era inminente no habr\u00edan visto la necesidad de dotar una sociedad con una forma de gobierno destinada a larga duraci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas opiniones revolucionarias forman parte de la teor\u00eda conocida como modernismo, cuyos presupuestos filos\u00f3ficos implican la completa negaci\u00f3n de lo milagroso.  Seg\u00fan esta teor\u00eda, la Iglesia no es una sociedad establecida por la eterna interposici\u00f3n divina. Es una sociedad que expresa la experiencia religiosa de la colectividad de las conciencias, y debe su origen a dos tendencias naturales en el hombre, a saber, la tendencia del creyente individual a comunicar sus creencias a los dem\u00e1s, y la tendencia de los que tienen las mismas creencias a unirse en una sociedad. Las teor\u00edas modernistas fueron analizadas y condenadas como \u201cla s\u00edntesis de todas las herej\u00edas\u201d en la Enc\u00edclica \u201cPascendi Dominici gregis\u201d (18 de septiembre de 1907). Los rasgos principales de la teor\u00eda de la Iglesia de M. Loisy ya hab\u00edan sido incluidos entre las proposiciones condenadas en el Decreto \u201cLamentabili\u201d (3 de julio de 1907). La proposici\u00f3n n\u00famero cincuenta y tres all\u00ed singularizada para su reprobaci\u00f3n es la siguiente: \u201cLa constituci\u00f3n original de la Iglesia no es inmutable; sino que la sociedad cristiana como sociedad humana est\u00e1 sujeta a cambio perpetuo.\u201d\n<\/p>\n<h2>La Iglesia, Sociedad Divina<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como hemos visto, la Iglesia es una sociedad formada por hombres vivos, no una mera uni\u00f3n m\u00edstica de almas, y que como tal se parece a las dem\u00e1s sociedades; como ellas, tiene su c\u00f3digo de reglas, sus funcionarios ejecutivos, sus observancias ceremoniales.  Aun as\u00ed difiere de ellas m\u00e1s de lo que se les parece, pues es una sociedad sobrenatural.  El Reino de Dios es sobrenatural tanto en su origen, como en la finalidad que pretende y en los medios a su disposici\u00f3n.  Otros reinos son naturales en su origen; y su \u00e1mbito est\u00e1 limitado al bienestar temporal de sus ciudadanos.  El car\u00e1cter sobrenatural de la Iglesia es visible, cuando se considera su relaci\u00f3n con la obra redentora de Cristo; es la sociedad de los que \u00c9l ha redimido del mundo.  El reino del Maligno siempre se describe en la Escritura con el t\u00e9rmino mundo, t\u00e9rmino con el que se denota a los hombres en cuanto se han separado de Dios.  Es el \u201cmundo de tinieblas\u201d (Ef. 6,12), \u201cyace en poder del Maligno\u201d (I Juan 5, 19), odia a Cristo (Jn. 15,18).  Para salvar el mundo, Dios Hijo se hizo hombre.  Se ofreci\u00f3 a S\u00ed mismo como propiciaci\u00f3n por los pecados de todo el mundo (I Jn. 2,2).  Dios, que desea que todos los hombres se salven, ha ofrecido la salvaci\u00f3n a todos; pero la mayor parte de la humanidad rechaza el don ofrecido.  La Iglesia es la sociedad de los que aceptan la redenci\u00f3n, de aquellos a quienes Cristo \u201cha sacado del mundo\u201d (Jn. 15,19).  As\u00ed es la Iglesia sola a la que \u00c9l \u201cha adquirido con su propia sangre\u201d (Hch. 20,28).  El Ap\u00f3stol puede decir respecto a los miembros de la Iglesia que \u201cDios nos libr\u00f3 del poder de las tinieblas, y nos traslad\u00f3 al reino del Hijo de su amor\u201d (Col. 1,13).  San Agust\u00edn denomina a la Iglesia \u201cmundus salvatus\u201d&#8212;el mundo redimido&#8212;y hablando de la enemistad de los que rechazan la Iglesia, dice: \u201cEl mundo de perdici\u00f3n odia al mundo de salvaci\u00f3n\u201d (\u201cin Joan.\u201d, Tract. 80, n\u00fam. 2).  Cristo le ha dado a la Iglesia los medios de la gracia que \u00e9l mereci\u00f3 por su vida y muerte.  Ella los comunica a sus miembros; y a los que est\u00e1n fuera de su redil les recomienda entrar para que puedan tambi\u00e9n participar de ellos.  Por estos medios de gracia&#8212;la luz de la verdad revelada, los Sacramentos, la perpetua renovaci\u00f3n del sacrificio del Calvario&#8212;la Iglesia lleva a cabo la tarea de santificar a los elegidos.  Por medio de ella cada alma individual se perfecciona, y se forma a semejanza del Hijo de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed es manifiesto que, cuando consideramos la Iglesia simplemente como sociedad de disc\u00edpulos, estamos considerando s\u00f3lo su forma externa.  Su vida interior se encuentra en la presencia del Esp\u00edritu Santo, en los dones de la fe, esperanza, y caridad, en la gracia comunicada por los Sacramentos, y en las dem\u00e1s prerrogativas por las que los hijos de Dios se diferencian de los hijos del mundo.  Los Ap\u00f3stoles describen este aspecto de la Iglesia los Ap\u00f3stoles en lenguaje figurado.  La representan como el Cuerpo de Cristo, la Esposa de Cristo, el Templo de Dios.  Para comprender su verdadera naturaleza se requiere cierta consideraci\u00f3n de estas comparaciones.  En la concepci\u00f3n de la Iglesia como cuerpo gobernado y dirigido por Cristo como cabeza, abarca mucho m\u00e1s que la analog\u00eda familiar entre un gobernante y sus s\u00fabditos por un lado, y la cabeza guiando y coordinando las actividades de los diversos miembros por otro.  Esa analog\u00eda expresa en realidad la diversidad de funciones, la unidad de principio directivo, y la cooperaci\u00f3n de las partes para un fin com\u00fan, que se encuentra en una sociedad; pero es insuficiente para explicar los t\u00e9rminos en los que habla San Pablo de la uni\u00f3n entre Cristo y sus disc\u00edpulos.  Cada uno de ellos es un miembro de Cristo (1 Cor. 6,15); juntos forman el cuerpo de Cristo (Ef. 4,16); como unidad colectiva son simplemente denominados Cristo (1 Cor. 12,12).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El car\u00e1cter \u00edntimo de la uni\u00f3n aqu\u00ed sugerida est\u00e1, sin embargo, justificada si recordamos que los dones y gracias otorgados a cada disc\u00edpulo son gracias merecidas por la Pasi\u00f3n de Cristo, y est\u00e1n destinadas a producir en \u00e9l la semejanza con Cristo.  Su relaci\u00f3n con Cristo es as\u00ed muy diferente de la relaci\u00f3n puramente jur\u00eddica que liga al gobernante de una sociedad natural con los individuos que pertenecen a ella.  El Ap\u00f3stol desarrolla la relaci\u00f3n entre Cristo y sus miembros desde varios puntos de vista.  Como se organiza un cuerpo humano, teniendo cada articulaci\u00f3n y m\u00fasculo su propia funci\u00f3n, aunque cada uno contribuyendo a la uni\u00f3n del complicado conjunto, as\u00ed tambi\u00e9n la sociedad cristiana es un cuerpo \u201ccompacto y firmemente unido por lo que cada parte proporciona\u201d (Ef. 4,16), mientras que todas las partes dependen de Cristo su cabeza.  Es \u00c9l quien ha organizado el cuerpo, asignando a cada miembro su lugar en la Iglesia, dotando a cada uno con las gracias especiales necesarias, y, por encima de todo, confiriendo a algunos de los miembros las gracias en virtud de las cuales rigen y gu\u00edan la Iglesia en su nombre (ibid., 4,11).  Reforzado por estas gracias, el cuerpo m\u00edstico, como un cuerpo f\u00edsico, se desarrolla y crece.  Este desarrollo es doble:  tiene lugar en el individuo, puesto que cada cristiano se desarrolla hacia el \u201chombre perfecto\u201d, hacia la imagen de Cristo (Ef. 4,13.15; Rom. 8,29); pero hay tambi\u00e9n un desarrollo de todo el cuerpo.  Conforme pasa el tiempo, la Iglesia va a crecer y multiplicarse hasta llenar la tierra.  Tan \u00edntima es la uni\u00f3n entre Cristo y sus miembros, que el Ap\u00f3stol habla de la Iglesia como \u201cplenitud\u201d (pleroma) de Cristo (Ef. 1,23; 4,13), como si separada de sus miembros algo faltase a la cabeza.  Incluso habla de ella como Cristo: \u201cComo todos los miembros de un cuerpo aunque sean muchos, aun as\u00ed son un \u00fanico cuerpo, as\u00ed tambi\u00e9n es Cristo\u201d (1 Cor., 12,12).  Y para establecer la realidad de esta uni\u00f3n la refiere a la eficaz mediaci\u00f3n de la Sagrada Eucarist\u00eda: Siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan\u201d (1 Cor. 10,17 \u2013 texto griego).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La descripci\u00f3n de la Iglesia como templo de Dios, en el que los disc\u00edpulos son \u201cpiedras vivas\u201d (1 Pd. 2,5), es apenas menos frecuente en los escritos apost\u00f3licos que la met\u00e1fora del cuerpo.  \u201cSois templo de Dios vivo\u201d (2 Cor. 6,16), escribe San Pablo a los corintios, y recuerda a los efesios que est\u00e1n \u201cedificados sobre el cimiento de los ap\u00f3stoles y profetas, siendo la piedra angular Jesucristo mismo, en quien toda edificaci\u00f3n bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Se\u00f1or\u201d (Ef. 2,20 ss).  Con un ligero cambio de met\u00e1fora, el mismo Ap\u00f3stol en otro pasaje (1 Cor. 3,11) compara a Cristo con el cimiento, y a s\u00ed mismo y a los dem\u00e1s trabajadores apost\u00f3licos con los constructores que levantan el templo sobre aqu\u00e9l.  Ha de observarse que la palabra traducida como \u201ctemplo\u201d es naos, un t\u00e9rmino que significa propiamente santuario interior.  Al emplear esta palabra, el Ap\u00f3stol est\u00e1 claramente comparando la Iglesia Cristiana con el Santo de los Santos donde Dios manifiesta su presencia visible en el Shekinah.  La met\u00e1fora del templo es muy adecuada para hacer comprender dos lecciones.  En varias ocasiones el Ap\u00f3stol la emplea para inculcar a sus lectores la santidad de la Iglesia a la que se han incorporado.  \u201cSi alguno violara el templo de Dios\u201d, dice, hablando de los que corrompen la Iglesia mediante falsas doctrinas, \u201cDios le destruir\u00e1 a \u00e9l\u201d (1 Cor. 3,17).  Y emplea el mismo motivo para disuadir a los disc\u00edpulos de contraer matrimonio con no creyentes: \u201c\u00bfQu\u00e9 conformidad hay entre el templo de Dios y el de los \u00eddolos? Porque nosotros somos templo de Dios vivo\u201d (20 Cor. 6,16). Esto adem\u00e1s ilustra de manera clar\u00edsima la verdad de que a cada miembro de la Iglesia Dios le ha asignado su propio lugar, capacit\u00e1ndole para cooperar mediante su trabajo all\u00ed en el gran fin com\u00fan, la gloria de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tercer paralelismo representa a la Iglesia como novia de Cristo, en lo cual hay mucho m\u00e1s que una met\u00e1fora.  El Ap\u00f3stol dice que la uni\u00f3n entre Cristo y su Iglesia es el arquetipo del que el matrimonio humano es una representaci\u00f3n terrena. As\u00ed ordena a las esposas que est\u00e9n sujetas a sus maridos como la Iglesia est\u00e1 sujeta a Cristo (Ef., 5,22 ss.). Aunque se\u00f1ala por otro lado que la relaci\u00f3n del marido con la mujer no es la del amo con su criado, sino que implica ternura y el amor m\u00e1s abnegado. Ordena a los maridos que amen a sus mujeres, \u201ccomo Cristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo por ella\u201d (Ef. 5,25). El hombre y la mujer son una sola carne; y en esto el marido tiene un poderoso motivo para amar a la mujer, puesto que \u201cning\u00fan hombre odia su propia carne\u201d.  Esta uni\u00f3n f\u00edsica es s\u00f3lo la contrafigura de ese misterioso v\u00ednculo en virtud del cual la Iglesia est\u00e1 tan verdaderamente unida a Cristo, que \u201c somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. \u2018Por eso dejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer, y los dos se har\u00e1n una sola carne\u2019 \u201d( Ef. 5,30 ss; G\u00e9n. 2, 24). Con estas palabras el Ap\u00f3stol indica el misterioso paralelismo entre la uni\u00f3n del primer Ad\u00e1n con la esposa formada de su cuerpo, y la uni\u00f3n del segundo Ad\u00e1n con la Iglesia. Ella es \u201chueso de sus huesos, y carne de su carne\u201d, igual que Eva lo fue con relaci\u00f3n a nuestro primer padre. Y s\u00f3lo pertenecen a la familia del segundo Ad\u00e1n los que son sus hijos, \u201cnacidos de nuevo del agua y del Esp\u00edritu Santo\u201d.  Ocasionalmente, la met\u00e1fora asume una forma ligeramente diferente. En Apocalipsis 19,7. el matrimonio del Cordero con su esposa la Iglesia no se realiza hasta el \u00faltimo d\u00eda en la hora del triunfo final de la Iglesia. As\u00ed tambi\u00e9n San Pablo, escribiendo a los corintios (2 Cor. 11,2), se compara a s\u00ed mismo al \u201camigo del novio\u201d, que jugaba un papel tan importante en la ceremonia del matrimonio hebreo (cf. Jn. 3,29).  \u00c9l ha desposado, dice, a la comunidad corintia con Cristo y se considera a s\u00ed mismo responsable de presentarla sin mancha al novio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por medio de estas met\u00e1foras los Ap\u00f3stoles explican la naturaleza interna de la Iglesia.  Sus expresiones no dejan duda de que en ellas siempre se refieren a la Iglesia efectivamente existente fundada por Cristo en la tierra&#8212;la sociedad de los disc\u00edpulos de Cristo.  De aqu\u00ed que sea instructivo observar que los te\u00f3logos protestantes encuentren necesario distinguir entre una Iglesia ideal y una actual, y afirmar que la ense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles respecto de la Esposa, el Templo, y el Cuerpo, se refiere a la sola Iglesia ideal (cf. Gayford en Hastings, \u201cDicd. de la Biblia\u201d, s.v. Church).\n<\/p>\n<h2>Los Medios de Salvaci\u00f3n Necesarios<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el precedente examen de la doctrina de la Escritura respecto a la Iglesia, se ha visto cu\u00e1n claramente se establece que s\u00f3lo entrando en la Iglesia se puede participar en la redenci\u00f3n que Cristo obr\u00f3 para nosotros.  La incorporaci\u00f3n a la Iglesia puede ella sola unirnos a la familia del segundo Ad\u00e1n, y ella sola puede injertarnos en la verdadera Vid.  Adem\u00e1s es a la Iglesia a la que Cristo entreg\u00f3 los medios de gracia que se comunica a los hombres los dones que \u00c9l gan\u00f3 para ellos.  La Iglesia sola dispensa los Sacramentos; s\u00f3lo ella hace conocer la luz de la verdad revelada.  Fuera de la Iglesia no pueden obtenerse estos dones.  De todo esto no cabe m\u00e1s que una conclusi\u00f3n: La uni\u00f3n con la Iglesia no es meramente uno de los diversos medios por el que puede obtenerse la salvaci\u00f3n: es el \u00fanico medio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo ense\u00f1\u00f3 en t\u00e9rminos expl\u00edcitos esta doctrina de la absoluta necesidad de la uni\u00f3n con la Iglesia.  Afirm\u00f3 que el Bautismo, el acto de incorporaci\u00f3n entre sus miembros, era esencial para la salvaci\u00f3n.  \u201cEl que crea y se bautice se salvar\u00e1: el que no crea se condenar\u00e1\u201d (Mc. 16,16).  Cualquier disc\u00edpulo que abandone la obediencia a la Iglesia ser\u00e1 reconocido como uno de los paganos: no forma parte del reino de Dios (Mt. 18,17).  San Pablo es igualmente expl\u00edcito. \u201cAl hereje\u201d, escribe a Tito, \u201cdespu\u00e9s de una y otra amonestaci\u00f3n, r\u00e9huyele; ya sabes que \u00e9se&#8230;est\u00e1 condenado por su propia sentencia\u201d (Tito 3,10 ss).  La doctrina se resume en la frase, Extra Ecclesiam nulla salus. Este dicho ha sido ocasi\u00f3n de tantas objeciones que parece deseable alguna consideraci\u00f3n de su significado.  Ciertamente no significa que nadie pueda salvarse excepto los que est\u00e9n en comuni\u00f3n visible con la Iglesia. La Iglesia Cat\u00f3lica siempre ha ense\u00f1ado que no se necesita para conseguir la justificaci\u00f3n nada m\u00e1s que un acto de caridad perfecta y de contrici\u00f3n.  Cualquiera que, bajo el impulso de la gracia actual, realice estos actos recibe inmediatamente el don de la gracia santificante, y es contado entre los hijos de Dios.  Si muriera con esta disposici\u00f3n, con seguridad alcanzar\u00eda el cielo.  Es verdad que tales actos no pueden ser realizados posiblemente por quien es consciente de que Dios ha mandado a todos unirse a la Iglesia, y que sin embargo voluntariamente permanece fuera de su redil, pues el amor de Dios lleva consigo el deseo pr\u00e1ctico de cumplir sus Mandamientos.  Pero de aquellos que mueren sin visible comuni\u00f3n con la Iglesia, no todos son culpables de desobediencia voluntaria a los mandamientos de Dios.  Muchos se mantienen fuera de la Iglesia por ignorancia.  Tal puede ser el caso de gran cantidad de los que han sido educados en la herej\u00eda.  Para otros los medios externos de gracia pueden ser inalcanzables. As\u00ed una persona excomulgada puede no tener oportunidad de buscar la reconciliaci\u00f3n al final, aunque puede reparar sus faltas por actos internos de contrici\u00f3n y caridad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debe observarse que los que se salvan as\u00ed no est\u00e1n totalmente fuera de los l\u00edmites de la Iglesia.  La voluntad de cumplir todos los Mandamientos de Dios est\u00e1, y debe estar, presente en todos ellos.  Tal deseo impl\u00edcitamente incluye el deseo de incorporaci\u00f3n a la Iglesia visible: pues esto, aunque ellos no lo sepan, ha sido mandado por Dios.  As\u00ed, pertenecen a la Iglesia por el deseo (voto). Adem\u00e1s, hay un sentido verdadero en el que puede decirse que van a ser salvados a trav\u00e9s de la Iglesia. En el orden de la Divina Providencia, la salvaci\u00f3n se da al hombre en la Iglesia: la pertenencia a la Iglesia Triunfante se da por medio de la pertenencia a la Iglesia Militante.  La gracia santificante, el t\u00edtulo para la salvaci\u00f3n, es peculiarmente la gracia de los que est\u00e1n unidos a Cristo en la Iglesia: es el patrimonio de los hijos de Dios. La finalidad primaria de las gracias actuales que Dios concede a los que est\u00e1n fuera de la Iglesia es traerlos dentro del redil.  As\u00ed, incluso en el caso de que Dios salve a los hombres que est\u00e1n fuera de la Iglesia, lo hace as\u00ed a trav\u00e9s de las gracias de la Iglesia. Est\u00e1n unidos a la Iglesia en comuni\u00f3n espiritual, aunque no en comuni\u00f3n visible y externa. En la expresi\u00f3n de los te\u00f3logos, pertenecen al alma de la Iglesia, aunque no a su cuerpo.  Aun as\u00ed la posibilidad de salvaci\u00f3n fuera de la comuni\u00f3n visible con la Iglesia no debe ocultarnos la p\u00e9rdida sufrida por los que est\u00e1n as\u00ed situados. Est\u00e1n aislados de los Sacramentos que Dios ha dado como apoyo del alma.  No pueden participar en los canales ordinarios de la gracia, que est\u00e1n siempre abiertos a los fieles cat\u00f3licos.  Los incontables medios de santificaci\u00f3n que la Iglesia ofrece les est\u00e1n negados. A menudo se insiste que esta es una doctrina dura y estrecha.  La respuesta a esta objeci\u00f3n es que la doctrina es dura, pero s\u00f3lo en el sentido en el que la dureza es inseparable del amor.  Es la misma dureza que encontramos en las palabras de Cristo, cuando dijo:\u201cSi no cre\u00e9is que Yo Soy, morir\u00e9is en vuestros pecados\u201d (Jn. 8,24).  La Iglesia est\u00e1 animada con el esp\u00edritu de Cristo; est\u00e1 llena del mismo amor a las almas, el mismo deseo de su salvaci\u00f3n.  Puesto que, entonces, sabe que el camino de la salvaci\u00f3n es a trav\u00e9s de la uni\u00f3n con ella, que en ella y en ella sola se almacenan los beneficios de la Pasi\u00f3n, necesita ser intransigente e incluso dura en la afirmaci\u00f3n de sus reclamaciones.  Fracasar en esto ser\u00eda fracasar en el deber que el Se\u00f1or le confi\u00f3; incluso donde el mensaje no es bien recibido, ella debe comunicarlo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es instructivo observar que esta doctrina ha sido proclamada en todos los periodos de la historia eclesi\u00e1stica.de la Iglesia, y no es una a\u00f1adidura de una \u00e9poca posterior.  Los primeros sucesores de los Ap\u00f3stoles hablan tan claramente como los te\u00f3logos medievales, y los te\u00f3logos medievales no son m\u00e1s enf\u00e1ticos que los actuales; desde el siglo I al XX ha habido absoluta unanimidad.  San Ignacio de Antioqu\u00eda escribe:  \u201cNo os enga\u00f1\u00e9is, hermanos m\u00edos.  Si alguien sigue al que hace cisma, no heredar\u00e1 el Reino de Dios.  Si alguien se introduce en una doctrina extra\u00f1a, no est\u00e1 asociado con la Pasi\u00f3n\u201d (ad Philad., n.3).  Or\u00edgenes dice: \u201cQue nadie se enga\u00f1e.  Fuera de esta casa, esto es, fuera de la Iglesia, nadie se salva\u201d (Hom. en Jos., III, num. 5 en P.G., XII, 841). San Cipriano de Cartago habla en el mismo sentido: \u201cNo puede tener a Dios por su padre, el que no tiene a la Iglesia por su madre\u201d (Tratado sobre la Unidad, 6). Las palabras del Cuarto Concilio de Letr\u00e1n (Duod\u00e9cimo Concilio General) (1215) definen as\u00ed la doctrina en su decreto contra los albigenses: \u201cUna est fidelium universalis Ecclesiam extra quam nullus omnino salvatur\u201d (Denzinger, n.357); y el Papa P\u00edo IX emple\u00f3 casi id\u00e9ntico lenguaje en su Enc\u00edclica a los obispos de Italia (10 de agosto de 1863): \u201cNotissimum est catholicum dogma neminem scilicet extra catholicam ecclesiam posse salvari\u201d (Denzinger, n.1529).\n<\/p>\n<h2>Visibilidad de la Iglesia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al afirmar que la Iglesia de Cristo es visible, queremos decir, primero, que como sociedad ser\u00e1 en todos los tiempos p\u00fablica y notoria, y segundo, que ser\u00e1 reconocible entre los dem\u00e1s organismos como la Iglesia de Cristo.  Los te\u00f3logos cat\u00f3licos denominan a estos dos aspectos de visibilidad respectivamente visibilidad \u201cmaterial\u201d y \u201cformal\u201d.  La visibilidad material de la Iglesia no implica m\u00e1s que ha de haber siempre una profesi\u00f3n p\u00fablica, no privada; una sociedad manifiesta al mundo, no un colectivo cuyos miembros est\u00e9n vinculados por alg\u00fan lazo secreto. La visibilidad formal es m\u00e1s que esto. Implica que en todas las \u00e9pocas la verdadera Iglesia de Cristo ser\u00e1 f\u00e1cilmente reconocible como lo que es, a saber, como la sociedad divina del Hijo de Dios, el medio de salvaci\u00f3n ofrecido por Dios a los hombres; que posee ciertos atributos que postulan tan evidentemente un origen divino que todos los que la vean sabr\u00e1n que viene de Dios. Esto, naturalmente, debe entenderse con algunas matizaciones necesarias. La facultad de reconocer a la Iglesia como lo que es presupone ciertas disposiciones morales.  Donde hay una arraigada desgana a seguir la voluntad de Dios, puede haber ceguera espiritual respecto a las pretensiones de la Iglesia. El prejuicio invencible o la presunci\u00f3n heredada pueden producir el mismo resultado; pero en tales casos la incapacidad de ver se debe, no a la falta de visibilidad de la Iglesia, sino a la ceguera del individuo.  El caso tiene una analog\u00eda casi exacta con la evidencia que tienen las pruebas de la existencia de Dios.  Las pruebas en s\u00ed mismas son evidentes, pero pueden fracasar en penetrar en mentes oscurecidas por el prejuicio o la mala voluntad.  Desde la \u00e9poca de la Reforma, los autores protestantes o niegan la visibilidad de la Iglesia o la explican de forma que pierda la mayor parte de su significado.  Tras indicar brevemente las bases de la doctrina cat\u00f3lica, se rese\u00f1ar\u00e1n algunas opiniones predominantes entre las autoridades protestantes sobre este asunto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es innecesario decir respecto a la visibilidad material de la Iglesia m\u00e1s de lo que se ha dicho en las secciones III y IV de este art\u00edculo.  Se ha demostrado all\u00ed que Cristo estableci\u00f3 su Iglesia como una sociedad organizada bajo dirigentes acreditados, y que \u00c9l orden\u00f3 a sus gobernantes y a los que les sucedieran llamar a todos los hombres a asegurar su salvaci\u00f3n eterna entrando en ella.  Es manifiesto que no se trata aqu\u00ed de una uni\u00f3n secreta de creyentes; la Iglesia es una corporaci\u00f3n universal, cuya existencia va a imponerse a la atenci\u00f3n de todos, quieran o no. La visibilidad formal se asegura por los atributos que habitualmente se denominan las \u201cnotas\u201d de la Iglesia&#8212;su unidad, santidad, catolicidad, y apostolicidad (ver m\u00e1s abajo). La prueba puede ilustrarse en el caso de la primera de \u00e9stas. La unidad de la Iglesia se destaca como un hecho totalmente sin paralelo en la historia humana. Sus miembros en todo el mundo est\u00e1n unidos por la profesi\u00f3n de una fe com\u00fan, por la participaci\u00f3n en un culto com\u00fan, y por la obediencia a una autoridad com\u00fan. Las diferencias de clase, de nacionalidad y de raza, que parece como si debieran ser fatales para cualquier forma de uni\u00f3n, no pueden cortar este v\u00ednculo.   Une al civilizado y al inculto, al fil\u00f3sofo y al campesino, al rico y al pobre.  Todos y cada uno mantienen las mismas creencias, se unen en las mismas ceremonias religiosas, y reconocen en el sucesor de Pedro al mismo gobernante supremo, lo cual s\u00f3lo puede ser explicado por un poder sobrenatural. Es una prueba evidente para todas las mentes, incluso las simples e iletradas, de que la Iglesia es una sociedad divina. Sin esta visibilidad formal, se frustrar\u00eda la finalidad por la que se fund\u00f3 la Iglesia. Cristo la estableci\u00f3 para ser el medio de salvaci\u00f3n de toda la humanidad. Para esta finalidad es esencial que sus afirmaciones sean autentificadas de una manera evidente para todos; en otras palabras, debe ser visible, no meramente como lo son las dem\u00e1s sociedades p\u00fablicas, sino por ser la sociedad del Hijo de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las opiniones sostenidas por los protestantes respecto a la visibilidad de la Iglesia son diversas. Los cr\u00edticos racionalistas rechazan naturalmente toda la concepci\u00f3n. Para ellos la religi\u00f3n predicada por Jesucristo era algo puramente interior. Cuando la Iglesia como instituci\u00f3n vino a ser considerada como un factor indispensable en religi\u00f3n, hubo una corrupci\u00f3n del mensaje primitivo. (Ver Harnack, Qu\u00e9 es cristianismo, p.213).  Los pasajes que tratan de la Iglesia como unidad colectiva son referidos por los autores de esta escuela a una Iglesia ideal invisible, una comuni\u00f3n m\u00edstica de las almas. Tal interpretaci\u00f3n violenta el sentido de los pasajes. Adem\u00e1s, a\u00fan no se ha dado ninguna explicaci\u00f3n que tenga alguna apariencia de probabilidad para explicar la g\u00e9nesis entre los disc\u00edpulos de esta notable y absolutamente novedosa concepci\u00f3n de una Iglesia invisible. Puede pedirse razonablemente a una escuela declaradamente cr\u00edtica que explique este fen\u00f3meno. Harnack sostiene que ocup\u00f3 el lugar de la unidad racial de los jud\u00edos. Pero no est\u00e1 claro por qu\u00e9 los conversos gentiles habr\u00edan sentido la necesidad de reemplazar una caracter\u00edstica tan enteramente propia de la religi\u00f3n hebrea.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La doctrina de los autores protestantes m\u00e1s antiguos es que hay dos Iglesias, una visible y otra invisible. Esta es la opini\u00f3n de los te\u00f3logos anglicanos corrientes tales como Barrow, Field y Jeremy Taylor (v\u00e9ase, por ejemplo, Barrow, Unity of Church, Works, 1830, VII, 628). Los que explican as\u00ed la visibilidad subrayan que el elemento esencial y vital de la pertenencia a Cristo descansa en la uni\u00f3n interna con \u00c9l; que esto es necesariamente invisible, y los que la tienen constituyen una Iglesia invisible. Los que est\u00e1n unidos a \u00c9l solo externamente no tienen parte en su gracia. As\u00ed, cuando prometi\u00f3 a su Iglesia el don de la indefectibilidad, declarando que las puertas del infierno nunca prevalecer\u00edan contra ella, la promesa debe entenderse respecto de la Iglesia invisible, no de la visible. Con respecto a esta teor\u00eda, que a\u00fan es tolerablemente predominante, hay que decir que las promesas de Cristo fueron hechas a la Iglesia como organismo colectivo, como constituyendo una sociedad.  As\u00ed entendidas, fueron hechas a la Iglesia visible, no a un organismo invisible y desconocido.  Ciertamente no hay confirmaci\u00f3n en las Escrituras para esta distinci\u00f3n entre Iglesia visible e invisible.  Incluso aunque muchos de sus hijos prueben ser infieles, aun as\u00ed todo lo que Cristo dijo respecto de la Iglesia se realiza en ella como organismo colectivo. Ni la infidelidad de estos que se declaran cat\u00f3licos los separa totalmente de su pertenencia a Cristo; ellos son suyos en virtud de su bautismo. El car\u00e1cter entonces recibido los marca como suyos; aunque ramas secas y marchitas no han roto del todo con la Vid verdadera (Belarmino, De Ecclesia, III, IX, 13). Los autores de la Alta Iglesia Anglicana ense\u00f1an expl\u00edcitamente la visibilidad de la Iglesia. Se limitan, sin embargo, a la consideraci\u00f3n de la visibilidad material (cf. William Palmer, Treatise on the Church, Parte I, cap. III).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La doctrina de la visibilidad de ninguna manera excluye de la Iglesia a los que ya han alcanzado la bienaventuranza. Estos est\u00e1n unidos a los miembros de la Iglesia Militante en la comuni\u00f3n de los santos. Observan sus esfuerzos; se ofrecen plegarias para su beneficio.  De manera similar tambi\u00e9n pertenecen a la Iglesia los que a\u00fan est\u00e1n en los purificadores fuegos del Purgatorio. No hay, como se ha dicho, dos Iglesias; no hay m\u00e1s que una Iglesia, y de ella son miembros todas las almas de los justos, est\u00e9n en el cielo, en la tierra, o en el purgatorio (Catec. Rom., I, x, 6). Pero s\u00f3lo a la Iglesia en cuanto militante aqu\u00ed abajo&#8212;a la Iglesia entre los hombres&#8212;le corresponde la propiedad de ser visible.\n<\/p>\n<h2>El Principio de Autoridad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cualquier autoridad que se ejerza en la Iglesia, se ejerce en virtud de la autorizaci\u00f3n de Cristo.  \u00c9l es el \u00fanico Profeta, el que ha dado al mundo la revelaci\u00f3n de la verdad, y mediante su Esp\u00edritu preserva en la Iglesia la fe en un tiempo comunicada a los santos. \u00c9l es el \u00fanico Sacerdote, siempre intercediendo a favor de la Iglesia en el sacrificio del Calvario.  Y \u00c9l es el \u00fanico Rey&#8212;el Pastor principal (1 Ped. 5,4)&#8212;que gobierna y gu\u00eda el curso de su Iglesia a trav\u00e9s de su Providencia.  Aun as\u00ed \u00c9l quiere que se ejerza su poder a trav\u00e9s de sus representantes en la tierra.  Eligi\u00f3 a los Doce, y les encarg\u00f3 en su nombre ense\u00f1ar a las naciones (Mt. 28,19), ofrecer su sacrificio (Lc. 22,19) y gobernar su reba\u00f1o (Mt. 18,18; Jn. 21,17).   Como se ha visto m\u00e1s arriba, ellos usaron la autoridad a ellos delegada mientras vivieron; y antes de su muerte, tomaron medidas para la perpetuaci\u00f3n de este principio en la Iglesia. Desde ese d\u00eda hasta ahora, la jerarqu\u00eda as\u00ed establecida ha reclamado y ha ejercido su triple cargo. As\u00ed se han cumplido las profec\u00edas del Antiguo Testamento que predec\u00edan que a los que fueran designados para gobernar el reino mesi\u00e1nico se les conceder\u00eda participar en las funciones de profeta, sacerdote y rey del Mes\u00edas (Ver el II arriba).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La autoridad establecida en la Iglesia recibe su delegaci\u00f3n de arriba, no de abajo. El Papa y los obispos ejercen su poder como sucesores de los hombres que fueron elegidos por Cristo personalmente.  No son, como ense\u00f1a la teor\u00eda presbiteriana de gobierno de la Iglesia, delegados del reba\u00f1o; su mandato lo reciben del Pastor, no de las ovejas.  La opini\u00f3n de que la autoridad eclesi\u00e1stica es s\u00f3lo ministerial, y originada por delegaci\u00f3n de los fieles, fue expresamente condenada por el Papa P\u00edo VI (1794) en su Constituci\u00f3n \u201cAuctorem Fidei\u201d; y ante la renovaci\u00f3n del error por ciertos autores modernistas recientes, el Papa San P\u00edo X reiter\u00f3 la condena en la Enc\u00edclica sobre los errores de los modernistas. En este sentido el gobierno de la Iglesia no es democr\u00e1tico. Esto en realidad est\u00e1 impl\u00edcito en la propia naturaleza de la Iglesia como sociedad sobrenatural, que conduce a los hombres a un fin sobrenatural. Nadie es capaz de ejercer autoridad con tal finalidad, salvo que el poder le sea comunicado de una fuente divina. El caso es completamente diferente si a la sociedad civil se refiere.   Aqu\u00ed el fin no es sobrenatural, sino el bienestar temporal de los ciudadanos. No puede decirse que se requieran unas dotes especiales para hacer a cualquier clase de hombres capaz de ocupar el puesto de gobernantes y gu\u00edas. De ah\u00ed que la Iglesia apruebe igualmente todas las formas de gobierno civil que est\u00e9n en consonancia con el principio de justicia.  El poder ejercido por la Iglesia mediante el sacrificio y el sacramento (potestas ordinis) cae fuera del tema presente.  Aqu\u00ed nos proponemos considerar brevemente la naturaleza de la autoridad de la Iglesia en su funci\u00f3n (1) de ense\u00f1ar (potestas magisterii) y (2) de gobierno (potestas jurisdictionis).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Infalibilidad<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como maestra de la verdad revelada nombrada divinamente, la Iglesia es infalible. Este don de inerrancia est\u00e1 garantizado por las palabras de Cristo, en las que prometi\u00f3 que su Esp\u00edritu permanecer\u00eda con ella por siempre para guiarla hasta la verdad completa (Jn. 14,16; 16,13).  Esto est\u00e1 impl\u00edcito tambi\u00e9n en otros pasajes de la Escritura, y afirmado por el testimonio un\u00e1nime de los Padres.  El alcance de esta infalibilidad es preservar el dep\u00f3sito de la fe revelada al hombre por Cristo y sus Ap\u00f3stoles (ver Infalibilidad).  La Iglesia ense\u00f1a expresamente que es la guardiana s\u00f3lo de la revelaci\u00f3n, que no puede ense\u00f1ar nada que no haya recibido. El Concilio Vaticano I declara: \u201cEl Esp\u00edritu Santo no fue prometido a los sucesores de Pedro, para que por su revelaci\u00f3n pudieran manifestar nuevas doctrinas, sino que a trav\u00e9s de su asistencia pudieran guardar religiosamente, y exponer fielmente la revelaci\u00f3n transmitida por los Ap\u00f3stoles, o dep\u00f3sito de la fe\u201d (Conc. Vat., Ses. IV, cap. LIV).  La obligaci\u00f3n de la ley moral natural forma parte de la revelaci\u00f3n.  Cristo y sus Ap\u00f3stoles recalcaron una y otra vez la autoridad de esa ley.  Por lo tanto, la Iglesia es infalible en materia tanto de fe como de moral. Adem\u00e1s, los te\u00f3logos concuerdan en que el don de infalibilidad respecto al dep\u00f3sito debe, por consecuencia necesaria, llevar consigo la infalibilidad respecto a hechos dogm\u00e1ticos.  Hay cuestiones que inciden tan pr\u00f3ximamente con la preservaci\u00f3n de la fe que, si la Iglesia pudiera errar en ellas, su infalibilidad no bastar\u00eda para salvar al reba\u00f1o de las falsas doctrinas.  Tal es, por ejemplo, la decisi\u00f3n de si un libro dado contiene o no ense\u00f1anzas condenadas como her\u00e9ticas. (Ver hechos dogm\u00e1ticos).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es innecesario se\u00f1alar que si la fe cristiana es realmente una doctrina revelada, que los hombres han de creer bajo pena de condenaci\u00f3n eterna, el don de la infalibilidad era necesario para la Iglesia.  Si pudiera equivocarse, podr\u00eda hacerlo sobre cualquier punto y el reba\u00f1o no tendr\u00eda garant\u00edas de la veracidad de ninguna doctrina.  La condici\u00f3n de los organismos que en tiempos de la Reforma abandonaron la Iglesia nos proporciona un adecuado objeto de estudio.  Divididos en diversas facciones y partidos, son escenario de discusiones interminables; y por la naturaleza del caso est\u00e1n desprovistos de toda esperanza de alcanzar la certeza.  Tambi\u00e9n respecto a la ley moral, la necesidad de una gu\u00eda infalible es apenas menos imperativa. Aunque en algunos grandes principios pueda haber alg\u00fan consenso de opini\u00f3n sobre lo que es bueno y lo que es malo, aun as\u00ed, es imposible lograr un acuerdo en la aplicaci\u00f3n de esos principios a hechos concretos.  En asuntos de importancia pr\u00e1ctica tales como son, por ejemplo, las cuestiones de la propiedad privada, el matrimonio, y la libertad, las opiniones m\u00e1s divergentes son defendidas por pensadores de gran capacidad.  En medio de todos estos cuestionamientos, la voz inequ\u00edvoca de la Iglesia da confianza a sus hijos de estar siguiendo el camino correcto, y de no haberse extraviado por alguna especiosa falacia.  Los diversos modos en que la Iglesia ejercita este don, y las prerrogativas de la Santa Sede respecto a la infalibilidad, se discuten en el art\u00edculo infalibilidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Jurisdicci\u00f3n<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los pastores de la Iglesia gobiernan y dirigen el reba\u00f1o a ellos encomendado en virtud de la jurisdicci\u00f3n que Cristo les concedi\u00f3.  La autoridad de jurisdicci\u00f3n difiere esencialmente de la autoridad de ense\u00f1ar, pues los dos poderes se refieren a objetos diferentes.  El derecho a ense\u00f1ar se refiere \u00fanicamente a la manifestaci\u00f3n de la doctrina revelada; el objeto del poder de jurisdicci\u00f3n es establecer y poner en vigor tantas leyes y reglas como son necesarias para el bienestar de la Iglesia. Adem\u00e1s, el derecho de la Iglesia a ense\u00f1ar se extiende a todo el mundo: La jurisdicci\u00f3n de sus gobernantes se extiende s\u00f3lo a sus miembros (1 Cor. 5,12).  Las palabras de Cristo a San Pedro, \u201cte dar\u00e9 las llaves del Reino de los Cielos\u201d, expresan claramente el poder de jurisdicci\u00f3n. La autoridad suprema sobre un organismo lleva consigo el derecho a gobernar y dirigir. Los tres elementos que van a constituir la jurisdicci\u00f3n&#8212;el poder legislativo, el poder judicial, y el poder coercitivo&#8212;est\u00e1n adem\u00e1s impl\u00edcitos en las instrucciones de Cristo a los Ap\u00f3stoles (Mt. 18).  No solamente se les instruye para imponer obligaciones y resolver discusiones; sino que pueden incluso infligir la pena eclesi\u00e1stica m\u00e1s excepcional&#8212;la de exclusi\u00f3n de su pertenencia a Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La jurisdicci\u00f3n ejercida dentro de la Iglesia es en parte de derecho divino, y en parte determinada por la ley eclesi\u00e1stica.  La suprema jurisdicci\u00f3n sobre toda la Iglesia&#8212;tanto clero como laicos&#8212;pertenece por designaci\u00f3n divina al Papa (Conc. Vat. Ses. IV, cap. III).  El gobierno de los fieles por obispos que poseen la jurisdicci\u00f3n ordinaria (esto es, una jurisdicci\u00f3n que no se tiene por mera delegaci\u00f3n, sino que se ejerce en su propio nombre) es del mismo modo de decreto divino.  Pero el sistema por el que la Iglesia se divide territorialmente en di\u00f3cesis, dentro de cada una de las cuales un solo obispo gobierna a los fieles de ese distrito, es una ordenaci\u00f3n eclesi\u00e1stica susceptible de modificaci\u00f3n.  La Santa Sede puede cambiar los l\u00edmites de las di\u00f3cesis.  En Inglaterra las antiguas divisiones anteriores a la Reforma se mantuvieron hasta 1850, aunque la jerarqu\u00eda cat\u00f3lica se hab\u00eda extinguido en el reinado de Isabel I.  En ese a\u00f1o se anul\u00f3 la antigua divisi\u00f3n y se estableci\u00f3 un nuevo sistema diocesano. De manera similar en Francia, se introdujo un cambio completo tras la Revoluci\u00f3n.   Un obispo puede ejercer su poder sobre una base distinta a la territorial. As\u00ed en Oriente hay obispos diferentes para los fieles que pertenecen a los diferentes ritos en comuni\u00f3n con la Santa Sede.  Adem\u00e1s de los obispos, en los pa\u00edses donde el sistema eclesi\u00e1stico est\u00e1 plenamente desarrollado, los cl\u00e9rigos inferiores que son los sacerdotes parroquiales, en el sentido propio del t\u00e9rmino, tienen jurisdicci\u00f3n ordinaria dentro de sus propias parroquias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La jurisdicci\u00f3n interna es la que se ejerce en el tribunal de la penitencia.  Difiere de la jurisdicci\u00f3n externa de la que hemos estado hablando en que su objeto es el bienestar del penitente individual, mientras que el objeto de la jurisdicci\u00f3n externa es el bienestar de la Iglesia como un organismo colectivo. Para ejercer esa jurisdicci\u00f3n interna, el poder de \u00f3rdenes es una condici\u00f3n esencial: nadie sino un sacerdote puede absolver.  Pero el poder de \u00f3rdenes es por s\u00ed solo insuficiente. El ministro del sacramento debe recibir la jurisdicci\u00f3n de alguien competente para otorgarla.  De ah\u00ed que un sacerdote no pueda o\u00edr en confesi\u00f3n en cualquier localidad, si no ha recibido facultades del ordinario del lugar.  Por otro lado, para el ejercicio de la jurisdicci\u00f3n externa no es necesario el poder de \u00f3rdenes. Un obispo, debidamente nombrado para una sede, pero a\u00fan no consagrado, est\u00e1 investido de jurisdicci\u00f3n externa sobre su di\u00f3cesis tan pronto muestra sus cartas de nombramiento al cap\u00edtulo.\n<\/p>\n<h2>Miembros de la Iglesia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La descripci\u00f3n anterior sobre la Iglesia y el principio de autoridad por el que se gobierna nos capacita para determinar quienes son miembros de la Iglesia y quienes no.  La pertenencia de la que hablamos, es la incorporaci\u00f3n al cuerpo visible de Cristo.  Ya se ha observado (VI ) que un miembro de la Iglesia puede haber perdido la gracia de Dios. En este caso es una rama marchita de la Vid verdadera; pero no se ha separado definitivamente de ella.  A\u00fan pertenece a Cristo. Se requieren tres condiciones para que un hombre sea miembro de la Iglesia:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.  En primer lugar, debe profesar la verdadera fe, y haber recibido el Sacramento del Bautismo.  La necesidad esencial de esta condici\u00f3n es clara por el hecho de que la Iglesia es el reino de la verdad, la sociedad de los que aceptan la revelaci\u00f3n del Hijo de Dios. Todo miembro de la Iglesia debe aceptar el conjunto de la revelaci\u00f3n, bien expl\u00edcita o bien impl\u00edcitamente, mediante la profesi\u00f3n de todo lo que la Iglesia ense\u00f1a. El que reh\u00fasa recibirla, o quien, habi\u00e9ndola recibido, la pierde, se excluye de ese modo del Reino (Tito 3,10 ss.).  El Sacramento del Bautismo se considera correctamente parte de esta condici\u00f3n. Mediante \u00e9l los que profesan la fe son adoptados formalmente como hijos de Dios (Ef. 1,13), y entre los dones que ofrece est\u00e1 una fe habitual. Cristo expresamente relaciona a los dos, al declarar que \u201cel que crea y se bautice se salvar\u00e1\u201d (Mc. 16,16; cf. Mt. 28,19).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.  Es adem\u00e1s necesario reconocer la autoridad de la Iglesia y de sus gobernantes. Los que rechazan la jurisdicci\u00f3n establecida por Cristo ya no son miembros de su reino. As\u00ed lo afirma San Ignacio en su Carta a la Iglesia de Esmirna (n\u00fam. 8): \u201cDondequiera que aparezca el obispo, all\u00ed ha de estar el pueblo; del mismo modo que donde Jes\u00fas pueda estar ha de estar la Iglesia universal\u201d.  En relaci\u00f3n con esta condici\u00f3n, la \u00faltima piedra de toque ha de ser hallarse en comuni\u00f3n con la Santa Sede. Cristo fund\u00f3 su Iglesia sobre San Pedro. Los que no est\u00e1n unidos a ese cimiento no pueden formar parte de la casa de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.  La tercera condici\u00f3n se basa en el derecho can\u00f3nico a la comuni\u00f3n con la Iglesia. En virtud de su poder coercitivo la Iglesia tiene autoridad para excomulgar a los pecadores notorios.  Puede infligir este castigo no meramente sobre la base de herej\u00eda o cisma, sino por otras faltas graves.  As\u00ed San Pablo pronuncia sentencia de excomuni\u00f3n a los corintios incestuosos (1 Cor. 5,3).  Esta pena no es una mera separaci\u00f3n externa del derecho al culto en com\u00fan. Es una separaci\u00f3n del cuerpo de Cristo, deshaciendo hasta este punto la obra del bautismo, y situando al excomulgado en la condici\u00f3n del \u201cpagano y el publicano\u201d.  Lo expulsa del Reino de Dios; y el Ap\u00f3stol habla de ello como de \u201centregarlo a Satan\u00e1s\u201d (1 Cor. 5,5; 1 Tim. 1,20)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, al considerar cada una de estas condiciones se pueden hacer ciertas distinciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Muchos herejes bautizados han sido educados en creencias err\u00f3neas.  Su caso es enteramente diferente del de aquellos que han renunciado voluntariamente a la fe.  Ellos aceptan que lo que creen es revelaci\u00f3n divina. As\u00ed estos pertenecen a la Iglesia en deseo, pues en su coraz\u00f3n ans\u00edan cumplir la voluntad de Dios respecto a ellos.  En virtud de su bautismo y su buena voluntad, pueden estar en estado de gracia.  Pertenecen al alma de la Iglesia, aunque no est\u00e9n unidos al cuerpo visible. Como tal son miembros de la Iglesia internamente, aunque no externamente. Incluso en relaci\u00f3n con los que se han apartado ellos mismos de la fe, se debe hacer una distinci\u00f3n entre los herejes p\u00fablicos y notorios por un lado, y los herejes secretos por otra.  La herej\u00eda p\u00fablica y notoria separa de la Iglesia visible. La mayor\u00eda de los te\u00f3logos est\u00e1n de acuerdo con Belarmino (De Ecclesia, III, cap. x) y contra Francisco Su\u00e1rez, en que la herej\u00eda secreta no tiene este efecto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Con respecto al cisma debe hacerse la misma distinci\u00f3n. Un rechazo secreto de la autoridad de la Iglesia no separa al pecador de la Iglesia, la cual lo reconoce como miembro, con derecho a la comuni\u00f3n con ella, hasta que por rebeli\u00f3n p\u00fablica y notoria rechace su autoridad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. Las personas excomulgadas son o bien excommunicati tolerati (esto es, los que a\u00fan son tolerados) o excommunicati vitandi (esto es, los que se han de evitar).  Muchos te\u00f3logos sostienen que aquellos a los que la Iglesia a\u00fan tolera no est\u00e1n completamente separados de la pertenencia a ella, y que s\u00f3lo aquellos a los que ella ha calificado como \u201ca ser evitados\u201d est\u00e1n separados del reino de Dios (ver Murray, De Eccles., Disp. I, sec. VIII, n. 118) (Vea excomuni\u00f3n.\n<\/p>\n<h2>Indefectibilidad de la Iglesia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre las prerrogativas que Cristo concedi\u00f3 a su Iglesia est\u00e1 el don de la indefectibilidad.  Por este t\u00e9rmino denota, no meramente que la Iglesia perdurar\u00e1 hasta el fin de los tiempos, sino adem\u00e1s, que conservar\u00e1 intactas sus caracter\u00edsticas esenciales.  La Iglesia no puede experimentar nunca un cambio constitucional que la haga, como organismo social, algo distinto de lo que originalmente era.  Nunca puede corromperse en fe o moral; ni puede perder nunca la jerarqu\u00eda apost\u00f3lica, ni los Sacramentos a trav\u00e9s de los cuales Cristo comunica la gracia a los hombres.  Cristo prometi\u00f3 expresamente a la Iglesia el don de la indefectibilidad por medio de las palabras en las que declara que las puertas del infierno no prevalecer\u00e1n contra ella.  Est\u00e1 claro que, las tormentas que se encuentre la Iglesia pudieran perturbarla de manera que se alteren sus caracter\u00edsticas esenciales y la hagan distinta de lo que Cristo pretendi\u00f3 que fuera, las puertas del infierno, esto es, el poder del mal, habr\u00eda prevalecido.  Tambi\u00e9n est\u00e1 claro que, si la Iglesia pudiera sufrir un cambio substancial, ya no ser\u00eda un instrumento capaz de llevar a cabo la obra por la que Dios la llam\u00f3 a ser.  \u00c9l la estableci\u00f3 para que fuese la escuela de santidad para todos los hombres.  Esto dejar\u00eda de ser as\u00ed si alguna vez pudiera fijar un criterio moral falso y corrompido.  \u00c9l la estableci\u00f3 para proclamar su revelaci\u00f3n al mundo, y le encarg\u00f3 de advertir a todos los hombres que salvo que aceptaran ese mensaje perecer\u00edan eternamente.  Si la Iglesia pudiera errar al definir las verdades de la revelaci\u00f3n en el m\u00e1s peque\u00f1o punto, tal encargo ser\u00eda imposible.  Ning\u00fan organismo podr\u00eda poner en vigor bajo tal pena la aceptaci\u00f3n de lo que puede ser err\u00f3neo.  Mediante la jerarqu\u00eda y los sacramentos, Cristo, adem\u00e1s, hizo a la Iglesia la depositaria de las gracias de la Pasi\u00f3n.  De perderse alguno de estos, ya no podr\u00edan dispensarse a los hombres los tesoros de la gracia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El don de la indefectibilidad claramente no garantiza a cada parte de la Iglesia contra la herej\u00eda o la apostas\u00eda; la promesa se hizo al organismo en su conjunto.  Las Iglesias individuales pueden corromper su moral, caer en la herej\u00eda, incluso apostatar. As\u00ed en la \u00e9poca de las conquistas mahometanas, poblaciones enteras renunciaron a su fe; y la Iglesia sufri\u00f3 p\u00e9rdidas similares en el siglo XVI.  Pero la defecci\u00f3n de ramas aisladas no altera el car\u00e1cter del tronco principal.  La sociedad de Jesucristo contin\u00faa dotada de las prerrogativas que le otorg\u00f3 su Fundador. S\u00f3lo a una Iglesia particular se le garantiza la indefectibilidad, a saber, a la sede de Roma.  A Pedro, y en \u00e9l a todos sus sucesores en el cargo de supremo pastor, Cristo encarg\u00f3 la tarea de confirmar en la fe a sus hermanos (Lc. 22,32); y as\u00ed, en la Iglesia Romana, como dice Cipriano, \u201cla infidelidad no consigue penetrar\u201d [Ep. 54, ad Cornelium].  Los diversos colectivos que han abandonado la Iglesia naturalmente niegan su indefectibilidad.   Su alegato a favor de la separaci\u00f3n se basa en cada caso en el supuesto hecho de que el cuerpo principal de los cristianos se ha separado tanto de la verdad primitiva, o de la pureza de la moral cristiana, que la formaci\u00f3n de una organizaci\u00f3n separada no es s\u00f3lo deseable sino necesaria.  Los que pretenden defender estas alegaciones se esfuerzan de diversas maneras en reconciliarlas con la promesa de Cristo.  Algunos, como se ha visto m\u00e1s arriba (VII), recurren a la hip\u00f3tesis de una Iglesia invisible indefectible.  El muy Reverendo Charles Gore de Worcester, que puede ser considerado como el representante del anglicanismo superior, prefiere una soluci\u00f3n diferente.  En su controversia con el can\u00f3nigo Richardson, adopt\u00f3 la posici\u00f3n de que mientras que la Iglesia no puede fallar al ense\u00f1ar toda la verdad revelada, pueden existir universalmente \u201cerrores de a\u00f1adidura\u201d en su ense\u00f1anza actual (ver Richardson, Catholic Claims, Ap\u00e9ndice).Tal explicaci\u00f3n priva a las palabras de Cristo de todo su significado.  Una Iglesia que en alg\u00fan periodo pudiera hipot\u00e9ticamente ense\u00f1ar, en cuanto a la fe, doctrinas que no formaran parte del dep\u00f3sito nunca podr\u00eda entregarlas al mundo como el mensaje de Dios.  Los hombres razonablemente se persuadir\u00edan respecto de cualquier doctrina de que pod\u00eda ser un \u201cerror de a\u00f1adidura\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha dicho m\u00e1s arriba que una parte del don de indefectibilidad de la Iglesia en su preservaci\u00f3n de cualquier corrupci\u00f3n sustancial en la esfera de la moral.  Esto supone, no meramente que siempre proclamar\u00e1 el est\u00e1ndar perfecto de moralidad que le leg\u00f3 su Fundador, sino tambi\u00e9n que en todas las \u00e9pocas las vidas de muchos de sus hijos se basar\u00e1n en ese sublime modelo.  S\u00f3lo un principio sobrenatural de vida espiritual podr\u00eda producirlo.  La tendencia natural del hombre es hacia abajo. La fuerza de todo movimiento religioso se gasta gradualmente; y los seguidores de los grandes reformadores religiosos tienden con el tiempo a descender al nivel de su medio ambiente. Seg\u00fan las leyes de la naturaleza humana sin asistencia, as\u00ed deber\u00eda haber ocurrido con la sociedad establecida por Cristo.  Sin embargo la historia nos muestra que la Iglesia Cat\u00f3lica posee un poder de reforma interna, que no tiene paralelo en ninguna otra organizaci\u00f3n religiosa. Una y otra vez produce santos, hombres que imitan las virtudes de Cristo en un grado extraordinario, cuya influencia, que se extiende a lo largo y ancho, da nuevo ardor incluso a los que alcanzan un nivel menos heroico.  As\u00ed, para citar uno o dos ejemplos bien conocidos de los muchos que podr\u00edan darse:  Santo Domingo de Guzm\u00e1n y San Francisco de As\u00eds reavivaron el amor por la virtud en los hombres del siglo XIII; San Felipe Neri y San Ignacio de Loyola llevaron a cabo una obra similar en el siglo XVI; San Pablo de la Cruz y San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio, en el XVIII.  Ninguna explicaci\u00f3n basta para justificar este fen\u00f3meno salvo la doctrina cat\u00f3lica de que la Iglesia no es una sociedad natural sino sobrenatural, que la preservaci\u00f3n de su vida moral depende, no de ninguna ley de la naturaleza humana, sino de la vivificadora presencia del Esp\u00edritu Santo.  Los principios de reforma cat\u00f3licos y protestantes est\u00e1n en marcado contraste uno con el otro.  Los reformadores cat\u00f3licos han recurrido de una vez por todas al modelo establecido ante ellos en la persona de Cristo y al poder del Esp\u00edritu Santo para alentar nueva vida en las almas que \u00c9l ha regenerado.  Los reformadores protestantes comenzaron su obra con la separaci\u00f3n, y por este acto se aislaron a s\u00ed mismos del verdadero principio de vida.  Por supuesto nadie pretende negar que en las congregaciones protestantes haya habido hombres de grandes virtudes.  Aun as\u00ed no es excesivo afirmar que en todos los casos su virtud se nutr\u00eda de lo que quedaba en ellos de la creencia y pr\u00e1ctica cat\u00f3lica y no de lo que hubieran recibido del protestantismo como tal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La Teor\u00eda de la Continuidad<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La doctrina de la indefectibilidad de la Iglesia ahora analizada nos colocar\u00e1 en situaci\u00f3n de estimar, en su verdadero valor, la pretensi\u00f3n de la Iglesia Anglicana y de las organizaciones episcopales en los dem\u00e1s pa\u00edses de habla inglesa de ser continuadores de la antigua Iglesia de Inglaterra previa a la Reforma, en el sentido de formar parte de una y la misma sociedad.  Lo que hay que determinar aqu\u00ed es qu\u00e9 constituye una ruptura de continuidad en lo que respecta a una sociedad.  Se puede decir seguramente que la continuidad de una sociedad se rompe cuando se introduce un cambio radical en los principios que encarna.  En el caso de una Iglesia, un cambio tal en su constituci\u00f3n jer\u00e1rquica y en la fe que profesa basta para hacerla una Iglesia diferente de la que era antes. Pues las sociedades que llamamos Iglesias existen como encarnaci\u00f3n de unos ciertos dogmas sobrenaturales y de un principio de gobierno autorizado divinamente.  Por tanto, cuando las verdades previamente presentadas como de fe son rechazadas, y el principio de gobierno considerado sagrado se repudia, hay una ruptura de la continuidad, y se constituye una nueva Iglesia. En esto la continuidad de una Iglesia difiere de la de una naci\u00f3n. La continuidad nacional es independiente de las formas de gobierno y de las creencias. Una naci\u00f3n es un conjunto de familias, y en cuanto que estas familias constituyen un organismo social autosuficiente, permanece la misma naci\u00f3n, cualquiera que sea la forma de gobierno.  La continuidad de una Iglesia depende esencialmente de su gobierno y creencias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cambios introducidos en la Iglesia inglesa en tiempos de la Reforma fueron precisamente del car\u00e1cter ahora descrito.  En ese periodo se hicieron alteraciones fundamentales en su constituci\u00f3n jer\u00e1rquica y en sus reglas dogm\u00e1ticas. No ha de determinarse aqu\u00ed quien ten\u00eda raz\u00f3n, la Iglesia Cat\u00f3lica de la \u00e9poca o la Iglesia Reformada. Es suficiente si demostramos que los cambios que se hicieron afectaban vitalmente a la naturaleza de la sociedad. Es notorio que desde la \u00e9poca de Agust\u00edn hasta la de Warham, todos los arzobispos de Canterbury reconoc\u00edan al Papa como fuente suprema de la jurisdicci\u00f3n eclesi\u00e1stica.  Los propios arzobispos no pod\u00edan ejercer su jurisdicci\u00f3n en su provincia hasta haber recibido la confirmaci\u00f3n papal.  Adem\u00e1s, los Papas acostumbraban a enviar a Inglaterra legados a latere, los cuales, en virtud de su autoridad delegada, fuera cual fuera su status personal en la jerarqu\u00eda, ten\u00edan una jurisdicci\u00f3n superior a la de los obispos locales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las apelaciones de todos los tribunales eclesi\u00e1sticos de Inglaterra iban al Papa, y su decisi\u00f3n era reconocida por todos como definitiva.  El Papa, tambi\u00e9n, ejerc\u00eda el derecho de excomuni\u00f3n respecto a los miembros de la Iglesia inglesa. Esta autoridad suprema era, adem\u00e1s, considerada por todos como perteneciente al Papa por derecho divino, y no en virtud de una mera instituci\u00f3n humana. Por tanto, cuando este poder de jurisdicci\u00f3n se transfiri\u00f3 al rey, la alteraci\u00f3n afect\u00f3 a los principios constitutivos de la sociedad y su car\u00e1cter fue fundamental. Del mismo modo, con respecto a los asuntos de fe, los cambios fueron revolucionarios. Ser\u00e1 suficiente observar que se introdujo una nueva regla de fe, con la Escritura y la Tradici\u00f3n sustituidas por la sola Escritura; que se borraron varios libros del Canon de la Escritura; que se rechazaron cinco de los siete Sacramentos; y que se declar\u00f3 el Sacrificio de la Misa como \u201cf\u00e1bula blasfema y peligroso enga\u00f1o\u201d.  En realidad a veces se dice que los formularios oficiales del anglicanismo son susceptibles de un sentido cat\u00f3lico, si se les da una interpretaci\u00f3n \u201cno natural\u201d.  Este argumento, sin embargo, no puede tener fuerza. Al estimar el car\u00e1cter de una sociedad, debemos juzgarla, no por el sentido restringido que algunos individuos puedan dar a sus regulaciones, sino por el sentido que estas pretend\u00edan tener.  Juzgado por este criterio, nadie puede discutir que estas innovaciones constituyeron un cambio fundamental en la posici\u00f3n dogm\u00e1tica de la Iglesia de Inglaterra.\n<\/p>\n<h2>Universalidad de la Iglesia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el principio la Iglesia de Cristo ha reclamado trascender todas las diferencias nacionales que dividen a los hombres.  En ella, afirma el Ap\u00f3stol,\u201dno hay ni gentil ni jud\u00edo&#8230; b\u00e1rbaro ni escita\u201d (Col. 3,11).  Los hombres de todas las razas son unos en ella; forman una \u00fanica hermandad en el Reino de Dios.  En el mundo pagano, religi\u00f3n y nacionalidad han sido coincidentes.  Los l\u00edmites del Estado eran los l\u00edmites de la fe que el Estado profesaba.  Incluso la religi\u00f3n jud\u00eda se limitaba a una raza especial. Antes de la revelaci\u00f3n cristiana la idea de una religi\u00f3n adaptada a todos los pueblos era extra\u00f1a a las concepciones humanas.  Una de las caracter\u00edsticas esenciales de la Iglesia es que sea una sola sociedad universal que abarca todas las razas.  En ella, y solo en ella, se realiza la hermandad del hombre. Todas las barreras nacionales, no menos que todas las diferencias de clase, desaparecen en la Ciudad de Dios. No se ha de entender que la Iglesia ignore los lazos que unen al hombre con su pa\u00eds, o infravalore la virtud del patriotismo.  La divisi\u00f3n de los hombres en diferentes naciones entra en los planes de la Providencia. A cada naci\u00f3n se le ha asignado una tarea especial a realizar en el desarrollo de los prop\u00f3sitos de Dios. Un hombre tiene deberes hacia su naci\u00f3n no menos que hacia su familia.  El que descuida ese deber incumple una obligaci\u00f3n moral primordial.  Adem\u00e1s, cada naci\u00f3n tiene su propio car\u00e1cter, y sus propios talentos especiales.  Se descubrir\u00e1 que habitualmente un hombre alcanza una virtud superior, no descuidando estos talentos, sino encarnando los ideales mejores y m\u00e1s nobles de su propio pueblo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por estas razones la Iglesia consagra el esp\u00edritu de nacionalidad, aunque lo trasciende, pues re\u00fane a las diversas nacionalidades en una \u00fanica fraternidad.  M\u00e1s que esto, purifica, desarrolla y perfecciona el car\u00e1cter nacional, tal como purifica y perfecciona el car\u00e1cter de cada individuo.  En realidad ha sido a menudo acusada de ejercer una influencia antipatri\u00f3tica.  Pero invariablemente se descubrir\u00e1 que ha incurrido en este reproche por oponerse y censurar lo que era mezquino en las aspiraciones nacionales, no por frustrar lo que era justo o heroico.  Igual que la Iglesia perfecciona a la naci\u00f3n, as\u00ed rec\u00edprocamente cada naci\u00f3n a\u00f1ade algo propio a la gloria de la Iglesia.  Produce su propio tipo de santidad, sus virtudes nacionales, y contribuye as\u00ed a \u201cla plenitud de Cristo\u201d con algo que ninguna otra raza puede dar.  Tales son las relaciones de la Iglesia con lo que es denominado nacionalidad.  La unidad externa de la sociedad \u00fanica es la encarnaci\u00f3n visible de la doctrina de la fraternidad humana.  El pecado de cisma, nos dicen los Padres, reside en esto, que por \u00e9l se rechaza impl\u00edcitamente la ley del amor a nuestro pr\u00f3jimo.  \u201cNec haeretici pertinent ad Ecclesiam Catholicam, quae diligit Deum; nec schismatici quoniam diligit proximum\u201d (Los herejes no pertenecen a la Iglesia Cat\u00f3lica, pues esta ama a Dios, ni los cism\u00e1ticos, pues ama al pr\u00f3jimo\u2014Agust\u00edn, De Fide et Symbolo, cap. X, en P.L., XL, 193).Es importante insistir en este punto, pues a veces se sugiere que la unidad organizada del catolicismo puede estar bien adaptada a las razas latinas pero conviene mal al esp\u00edritu teut\u00f3nico.  Decir esto es decir que una caracter\u00edstica esencial de esta revelaci\u00f3n cristiana conviene mal a una de las grandes razas del mundo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La uni\u00f3n de naciones diferentes en una sociedad es contraria a las inclinaciones naturales de la humanidad ca\u00edda. \u00c9sta debe siempre luchar contra los impulsos del orgullo nacional, el deseo de una completa independencia, o el desagrado del control externo.  De ah\u00ed que la historia proporcione diversos casos en los que estas pasiones han conseguido ganar, se ha roto el lazo de unidad, y se han constituido \u201cIglesias Nacionales\u201d.  En todos estos casos, la autodenominada Iglesia Nacional ha descubierto a su costa que, al romper su relaci\u00f3n con la Santa Sede, ha perdido a su \u00fanico protector contra los abusos del gobierno secular.  La Iglesia Griega bajo el Imperio Bizantino, la autoc\u00e9fala Iglesia Rusa actualmente, han sido meros instrumentos en manos de la autoridad civil.  La historia de la Iglesia Anglicana presenta las mismas caracter\u00edsticas. No hay sino una instituci\u00f3n capaz de resistir las presiones de los poderes seculares&#8212;la Sede de Pedro, que se estableci\u00f3 en la Iglesia con esta finalidad por Cristo, para que pudiera proporcionar un principio de estabilidad y seguridad a todas sus partes.  El Papado est\u00e1 por encima de todas las nacionalidades.  No es el servidor de ning\u00fan Estado en particular; y de ah\u00ed que tenga fortaleza para resistir a las fuerzas que querr\u00edan subordinar la religi\u00f3n de Cristo a fines seculares. S\u00f3lo las Iglesias que han mantenido su uni\u00f3n con la Sede de Pedro han conservado su vitalidad. Las ramas que se han desgajado de ese tronco se han marchitado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La Teor\u00eda de la Rama<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el transcurso del siglo XIX, el principio de las Iglesias Nacionales fue vigorosamente defendido por los te\u00f3logos de la Alta Iglesia Anglicana bajo el nombre de \u201cTeor\u00eda de la Rama\u201d.  Seg\u00fan esta opini\u00f3n, cada Iglesia Nacional cuando est\u00e1 plenamente constituida bajo su propio episcopado, es independiente del control externo.  Posee plena autoridad respecto a su disciplina interna, y no s\u00f3lo puede reformarse en lo que respecta a liturgia y usos ceremoniales, sino que puede corregir abusos evidentes en materia de doctrina.  Se justifica que haga esto incluso si la medida implica una ruptura de la comuni\u00f3n con el resto de la cristiandad; pues, en este caso, la culpa corresponde no a la Iglesia que emprende la labor de reforma, sino a los que, con este motivo, los rechazan de la comuni\u00f3n.  Sigue siendo a\u00fan una \u201crama\u201d de la Iglesia cat\u00f3lica como lo era antes. En la actualidad, las Iglesias Anglicana, Cat\u00f3lica Romana, y Griega son cada una de ellas una rama de la Iglesia Universal.  Ninguna de ellas tiene derecho exclusivo a llamarse a s\u00ed misma la Iglesia Cat\u00f3lica.  Los defensores de la teor\u00eda reconocen, de hecho, que este estado dividido de la Iglesia es anormal.  Admiten que los Padres nunca contemplaron la posibilidad de una iglesia as\u00ed separada en partes.  Pero afirman que circunstancias tales como las que condujeron a este estado de cosas anormal nunca se presentaron durante los primeros siglos de historia eclesi\u00e1stica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta posici\u00f3n est\u00e1 expuesta a fatales objeciones.\n<\/p>\n<ul>\n<li> Es una teor\u00eda enteramente nueva respecto a la constituci\u00f3n de la Iglesia, que es rechazada tanto por la Iglesia Cat\u00f3lica como por la Griega.  Ninguno de ellos admite la existencia de las llamadas ramas de la Iglesia.  Los cism\u00e1ticos griegos, no menos que los cat\u00f3licos, afirman que ellos, y solamente ellos, constituyen la Iglesia.  Adem\u00e1s la mayor\u00eda del colectivo anglicano rechaza esta teor\u00eda.  No es sino la creencia de una escuela, aunque sea distinguida. Es casi una reductio ad absurdum el que se nos pida creer que una sola escuela de una secta particular es la \u00fanica depositaria de la verdadera teor\u00eda de la Iglesia.      <\/li>\n<li> Es enteramente indefendible la afirmaci\u00f3n hecha por muchos anglicanos de que no hay nada en su posici\u00f3n contrario a la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica y patr\u00edstica.  Los Padres usaron contra los donatistas argumentos exactamente aplicables a su caso.  Se sabe por la \u201cApolog\u00eda\u201d que la magistral demostraci\u00f3n de este punto por el cardenal Wiseman fue uno de los factores principales que produjeron la conversi\u00f3n de Newman.  En la controversia con los donatistas, San Agust\u00edn tiene por suficiente para su prop\u00f3sito alegar que los que se separan de la Iglesia Universal no pueden tener raz\u00f3n.  Para \u00e9l es una simple cuesti\u00f3n de hecho. \u00bfEst\u00e1n los donatistas separados del grueso de los cristianos, o no? Si lo est\u00e1n, ninguna justificaci\u00f3n de su causa puede absolverles de la acusaci\u00f3n de cisma. \u201cSecurus judicat orbis terrarum bonos non esse qui se dividunt ab orbe terrarum in qu\u00e2cunque parte orbis terrarum\u201d (El mundo entero juzga con seguridad que no son buenos los que se separan del mundo entero en cualquier parte del mundo entero&#8212;Agust\u00edn, Contra epist. Parm., III, c.IV, en P.L., XLIII, 101).  La posici\u00f3n de San Agust\u00edn se basa en la doctrina que \u00e9l supone como absolutamente indudable, de que la Iglesia de Cristo debe ser una, debe ser visiblemente una; y que cualquier colectivo que se separe de ella demuestra ipso facto incurrir en cisma.  La afirmaci\u00f3n de los anglicanos que discuten que la Iglesia inglesa no es separatista puesto que no rechaza la comuni\u00f3n con Roma, sino que Roma la rechaz\u00f3 a ella, tiene naturalmente s\u00f3lo el valor de una pieza espec\u00edfica de la argumentaci\u00f3n, y no hay que tomarlo como un argumento serio. Aun as\u00ed es interesante observar que en esto tambi\u00e9n se les anticiparon los donatistas. (Contra epist. Petil., II, xxxviii en P.L., XLIII, 292).       <\/li>\n<li> Las consecuencias de la doctrina constituyen una prueba manifiesta de su falsedad.  La unidad de la Iglesia Cat\u00f3lica en todas las partes del mundo es, como ya se ha visto, el signo de una hermandad que re\u00fane a los hijos de Dios. M\u00e1s que esto, el propio Cristo declar\u00f3 que ser\u00eda una prueba de su misi\u00f3n divina para todos los hombres.  La unidad de su reba\u00f1o, una representaci\u00f3n terrenal de la unidad del Padre y del Hijo, ser\u00eda suficiente para demostrar que \u00c9l hab\u00eda venido de Dios (Jn. 17,21).  Por el contrario, esta teor\u00eda, presentada en primer lugar para justificar un estado de cosas que tienen como autor a Enrique VIII, har\u00eda a la Iglesia Cristiana, no un testigo de la fraternidad de los hijos de Dios, sino una prueba permanente de que incluso el Hijo de Dios hab\u00eda fracasado al oponerse al esp\u00edritu de discordia entre los hombres.  Si la teor\u00eda fuera verdadera, tan lejos como est\u00e1 de la unidad de la Iglesia que testimonie la misi\u00f3n divina de Jesucristo, su condici\u00f3n de rota y separada ser\u00eda un poderoso argumento en manos de un incr\u00e9dulo.<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Notas de la Iglesia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia tiene ciertas caracter\u00edsticas destacadas que la distinguen de todas las dem\u00e1s organizaciones y que prueban que es la \u00fanica sociedad de Jesucristo.  Necesita tener algunas de tales marcas caracter\u00edsticas, si es, realmente, la \u00fanica depositaria de las beneficios de la redenci\u00f3n, la v\u00eda de salvaci\u00f3n ofrecida por Dios al hombre.  Una babel de organizaciones religiosas se proclaman a s\u00ed mismas como la Iglesia de Cristo.  Sus doctrinas son contradictorias, y precisamente a la vez que cualquiera de ellas considera que las doctrinas que ense\u00f1a son de vital importancia, declara las de las organizaciones rivales como err\u00f3neas y perniciosas. Salvo que la verdadera Iglesia estuviera dotada de caracter\u00edsticas tales que probaran que ella, y solo ella, ten\u00eda derecho al nombre, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda la vasta mayor\u00eda de la humanidad distinguir la revelaci\u00f3n de Dios de las invenciones del hombre?  Si no pudiera garantizar su pretensi\u00f3n, ser\u00eda imposible para ella advertir a todos los hombres que rechazarla era rechazar a Cristo.  Al discutir la visibilidad de la Iglesia (VII) se vio que la Iglesia Cat\u00f3lica indica cuatro de tales notas, a saber:  las que se incluyeron en el Credo de Nicea en el Primer Concilio Ecum\u00e9nico de Constantinopla (a\u00f1o 381):  unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad.  \u00c9stas, declara, la distinguen de todas las dem\u00e1s organizaciones, y prueban que en ella sola se va a encontrar la verdadera religi\u00f3n.  Cada una de estas caracter\u00edsticas constituye la materia de un art\u00edculo especial de esta obra. Aqu\u00ed, sin embargo, se indicar\u00e1 el sentido en que han de entenderse los t\u00e9rminos. Una breve explicaci\u00f3n de su significado mostrar\u00e1 cuan decisiva es la prueba que proporcionan de que la sociedad de Jesucristo no es ninguna otra sino la Iglesia en comuni\u00f3n con la Santa Sede.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los reformadores protestantes se esforzaron en se\u00f1alar caracter\u00edsticas de la Iglesia, en cuanto pod\u00edan prestar apoyo a sus reci\u00e9n fundadas sectas. Juan Calvino declara que la Iglesia se halla \u201cdonde se predica la palabra de Dios en su pureza, y donde se administra los Sacramentos seg\u00fan las instrucciones de Cristo\u201d (Inst., Libro IV, cap. I; cf. Confessio August., art. 4). Es manifiesto que tales notas son del todo inv\u00e1lidas.  La verdadera raz\u00f3n por la que se requieren se\u00f1ales de manera absoluta es que los hombres puedan ser capaces de discernir la palabra de Dios de las palabras de los falsos profetas, y puedan conocer qu\u00e9 organizaci\u00f3n religiosa tiene derecho a llamar a sus ceremonias los Sacramentos de Cristo.  No nos puede ayudar el decir que la Iglesia se encontrar\u00e1 donde se descubran estas dos cualidades. La Iglesia Anglicana adopt\u00f3 la descripci\u00f3n de Calvino en sus formularios oficiales (Treinta y Nueve Art\u00edculos, art. 17); por otro lado conserva el uso del Credo Niceno; aunque una profesi\u00f3n de fe en una Iglesia que es una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica, puede tener poco significado para los que no est\u00e1n en comuni\u00f3n con el sucesor de San Pedro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Unidad<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia es Una porque sus miembros:\n<\/p>\n<ul>\n<li> est\u00e1n unidos bajo un gobierno, <\/li>\n<li> profesan todos la misma fe, <\/li>\n<li> se unen todos en un culto com\u00fan. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como ya se ha observado (XI) el propio Cristo declar\u00f3 que la unidad de sus seguidores dar\u00eda testimonio de \u00c9l.  La discordia y la separaci\u00f3n son la obra del Diablo en la tierra.  La unidad y la fraternidad prometida por Cristo han de ser la manifestaci\u00f3n visible en la tierra de la uni\u00f3n divina (Juan, 17,21). La ense\u00f1anza de San Pablo sobre este punto conduce al mismo resultado. \u00c9l ve en la unidad visible del cuerpo de Cristo un signo externo de la unicidad del Esp\u00edritu que habita en \u00e9l.  Hay, dice, \u201cun solo cuerpo y un solo Esp\u00edritu\u201d (Ef. 4,4).  Como en cualquier organismo vivo la uni\u00f3n de los miembros en un cuerpo es el signo de un principio interno que lo anima, as\u00ed ocurre con la Iglesia.  Si la Iglesia estuviera dividida en dos o m\u00e1s cuerpos mutuamente excluyentes, \u00bfc\u00f3mo iba a testimoniar la presencia de un Esp\u00edritu cuyo nombre es Amor?  Adem\u00e1s, cuando se dice que los miembros de la Iglesia est\u00e1n unidos por la profesi\u00f3n de la misma fe, hablamos tanto de la profesi\u00f3n externa como de la aceptaci\u00f3n interna. En los \u00faltimos a\u00f1os, los que est\u00e1n fuera de la Iglesia han dicho mucho respecto a que la unidad de esp\u00edritu es compatible con la diferencia de credo.  Tales palabras carecen de sentido con referencia a una revelaci\u00f3n divina. Cristo baj\u00f3 del cielo para revelar la verdad a los hombres.  Si se puede descubrir una diversidad de credos en su Iglesia, esto s\u00f3lo puede ser porque la verdad que \u00c9l revel\u00f3 se habr\u00eda perdido en el cenagal del error humano. Eso significar\u00eda que su obra se hab\u00eda frustrado, que su Iglesia ya no era la columna y el fundamento de la verdad. No hay, claro est\u00e1, sino una Iglesia, en la que se encuentra la unidad que hemos descrito&#8212;en la Iglesia cat\u00f3lica, unida bajo el gobierno del Sumo Pont\u00edfice, y que reconoce todo lo que \u00e9l ense\u00f1a en su calidad de gu\u00eda infalible de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Santidad<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando la Iglesia se\u00f1ala a la santidad como una de sus notas, es manifiesto que lo que quiere decir es una santidad de tal clase que excluye la suposici\u00f3n de cualquier origen natural.  La santidad que distingue a la Iglesia corresponder\u00eda a la santidad de su Fundador, del Esp\u00edritu que habita en ella, de las gracias que se conceden a trav\u00e9s de ella.  Una santidad como \u00e9sta puede servir bien para distinguir a la verdadera Iglesia de sus falsas imitaciones.  No sin raz\u00f3n la Iglesia de Roma afirma ser santa en este sentido.  Su santidad se manifiesta en la doctrina que ense\u00f1a, en el culto que ofrece a Dios, en los frutos que produce.\n<\/p>\n<ul>\n<li> La doctrina de la Iglesia se resume en la imitaci\u00f3n de Jesucristo. Esta imitaci\u00f3n se expresa en buenas obras, en abnegaci\u00f3n, en amor a los que sufren, y especialmente en la pr\u00e1ctica de los tres consejos evang\u00e9licos de perfecci\u00f3n:  pobreza voluntaria, castidad, y obediencia.  El ideal que la Iglesia nos propone es un ideal divino. Las sectas que se han separado de la Iglesia han descuidado o rechazado una parte de la ense\u00f1anza de la Iglesia a este respecto.  Los reformadores del siglo XVI llegaron hasta a negar del todo el valor de las buenas obras.  Aunque la mayor\u00eda de sus seguidores han abandonado esta doctrina anticristiana, aun ahora los protestantes consideran una locura la autorrenuncia (el \u201cni\u00e9gate a ti mismo\u201d) del estado religioso.    <\/li>\n<li> Incluso el mundo fuera de la Iglesia reconoce la santidad de su culto.  En la solemne renovaci\u00f3n del Sacrificio del Calvario reside un misterioso poder, que todos se ven forzados a reconocer. Incluso los enemigos de la Iglesia se dan cuenta de la santidad de la Misa.    <\/li>\n<li> Ciertamente, los frutos de santidad no se encuentran en las vidas de todos los hijos de la Iglesia.  La voluntad del hombre es libre, y aunque Dios d\u00e9 la gracia, muchos de los que se han unido a la Iglesia por el bautismo hacen poco uso del don.  Pero en todas las \u00e9pocas de la historia eclesi\u00e1stica ha habido muchos que han ascendido a las sublimes cumbres de la abnegaci\u00f3n, del amor al hombre y del amor a Dios.  S\u00f3lo en la Iglesia Cat\u00f3lica se encuentra esta especie de car\u00e1cter que reconocemos en los santos&#8212;en hombres tales como San Francisco Javier, San Vicente de Paul y muchos otros.  Fuera de la Iglesia los hombres no buscan tal santidad.  Adem\u00e1s, los santos y todos los dem\u00e1s miembros de la Iglesia que han alcanzado alg\u00fan grado de piedad, siempre han estado dispuestos a reconocer que deb\u00edan todo lo que era bueno en ellos a la gracia que concede la Iglesia. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Catolicidad<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo fund\u00f3 la Iglesia para la salvaci\u00f3n de la raza humana. La estableci\u00f3 para que pudiera preservar su revelaci\u00f3n, y dispensar su gracia a todas las naciones De ah\u00ed que fuera necesario que se encontrara en todos los pa\u00edses, proclamando su mensaje a todos los hombres, y comunic\u00e1ndoles los medios de gracia. Con este fin dej\u00f3 a los Ap\u00f3stoles el mandato de \u201cid y predicad a todas las naciones\u201d. No hay, evidentemente, sino una organizaci\u00f3n religiosa que cumpla esta orden, y que pueda por tanto afirmar su pretensi\u00f3n a la nota de catolicidad. La Iglesia que tiene como cabeza suprema al Romano Pont\u00edfice extiende sus servicios por todo el mundo. Reconoce su obligaci\u00f3n de predicar el Evangelio a todos los pueblos. Ninguna otra Iglesia intenta esta tarea, ni puede usar el t\u00edtulo de cat\u00f3lica con alguna apariencia de justificaci\u00f3n. La [[Iglesia Griega}} es en la actualidad un mero cisma local. Ninguna de las organizaciones protestantes ha pretendido nunca una misi\u00f3n universal.  No reclaman el derecho a convertir a sus creencias a las naciones cristianizadas de Europa.  Incluso respecto a los paganos, durante casi doscientos a\u00f1os la empresa misionera fue desconocida entre las organizaciones protestantes.  En el siglo XIX, es cierto, muchos de ellos desplegaron un celo no peque\u00f1o en la conversi\u00f3n de los paganos, y contribuyeron con grandes sumas de dinero a esta finalidad. Pero los resultados obtenidos fueron tan inadecuados como para justificar la conclusi\u00f3n de que la bendici\u00f3n de Dios no apoya la empresa. (Ver Misiones Cat\u00f3licas; Protestantismo).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Apostolicidad<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La apostolicidad de la Iglesia consiste en su identidad con la organizaci\u00f3n que Cristo estableci\u00f3 sobre la base de los Ap\u00f3stoles, y a la que \u00c9l encarg\u00f3 llevar a cabo su obra.  Ninguna otra organizaci\u00f3n salvo \u00e9sta es la Iglesia de Cristo. La verdadera Iglesia debe ser apost\u00f3lica en doctrina y apost\u00f3lica en misi\u00f3n. Sin embargo, puesto que ya se ha demostrado que a la Iglesia se le prometi\u00f3 el don de infalibilidad, se deduce que donde hay apostolicidad de misi\u00f3n, habr\u00e1 tambi\u00e9n apostolicidad de doctrina.  La Apostolicidad de misi\u00f3n consiste en el poder de los \u00f3rdenes sagrados y en el poder de jurisdicci\u00f3n derivado por leg\u00edtima transmisi\u00f3n de los Ap\u00f3stoles. Cualquier organizaci\u00f3n religiosa cuyos ministros no posean estos dos poderes no est\u00e1 acreditada para predicar el Evangelio de Cristo.  Pues, \u201c\u00bfc\u00f3mo predicar\u00e1n\u201d, pregunta el Ap\u00f3stol, \u201csi no son enviados?\u201d (Rom. 10,15).  Es la Apostolicidad de misi\u00f3n la que se considera como se\u00f1al de la Iglesia.  Ning\u00fan hecho hist\u00f3rico puede estar m\u00e1s claro que la apostolicidad, si se encuentra en alg\u00fan lugar, es en la Iglesia Cat\u00f3lica.  En ella est\u00e1 el poder de los \u00f3rdenes sagrados recibido por la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica. En ella, tambi\u00e9n, hay apostolicidad de jurisdicci\u00f3n; pues la historia nos muestra que el obispo de Roma es el sucesor de Pedro, y como tal el centro de jurisdicci\u00f3n.  Los prelados que est\u00e1n unidos a la Sede Romana reciben su jurisdicci\u00f3n del Papa, \u00fanico que puede concederla. Ninguna otra Iglesia es apost\u00f3lica. La Iglesia Griega, es cierto, afirma poseer esta propiedad con el argumento de la v\u00e1lida sucesi\u00f3n de sus obispos; pero, al rechazar la autoridad de la Santa Sede, se separ\u00f3 del Colegio Apost\u00f3lico y perdi\u00f3 por tanto toda jurisdicci\u00f3n. Los anglicanos mantienen una pretensi\u00f3n similar, pero incluso si tuvieran \u00f3rdenes v\u00e1lidas, les faltar\u00eda la jurisdicci\u00f3n a ellos no menos que a los griegos (vea \u00f3rdenes anglicanos.\n<\/p>\n<h2>La Iglesia, una Sociedad Perfecta<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia ha sido considerada como una sociedad que busca una finalidad espiritual, pero que aun as\u00ed es una comunidad visible, como las comunidades seculares entre las cuales existe.  Es, adem\u00e1s, una \u201csociedad perfecta\u201d. El significado de esta expresi\u00f3n, \u201cuna sociedad perfecta\u201d, debe entenderse claramente, pues esta caracter\u00edstica justifica, incluso sobre la base de la pura raz\u00f3n, esa independencia del control secular que la Iglesia siempre ha reclamado.  Una sociedad puede definirse como un cierto n\u00famero de hombres que se unen de manera m\u00e1s o menos permanente con vistas a alcanzar, por medio de sus esfuerzos combinados, un bien com\u00fan. Una asociaci\u00f3n de este tipo es una condici\u00f3n necesaria de la civilizaci\u00f3n.  Un individuo aislado no puede lograr sino poco; apenas puede asegurarse el necesario sustento; mucho menos puede encontrar los medios de desarrollar sus talentos superiores mentales y morales.  Conforme progresa la civilizaci\u00f3n, los hombres ingresan en diversas sociedades para el logro de diversos fines. Estas organizaciones son sociedades perfectas o imperfectas. Para que una sociedad sea perfecta, son necesarias dos condiciones:\n<\/p>\n<ul>\n<li> El fin que se propone no debe estar puramente subordinado al fin de alguna otra sociedad. Por ejemplo, la caballer\u00eda de un ej\u00e9rcito es una asociaci\u00f3n de hombres organizada; pero el fin para el que esa asociaci\u00f3n existe est\u00e1 enteramente subordinado al bien del ej\u00e9rcito en su conjunto. Fuera del \u00e9xito del ej\u00e9rcito entero, no se puede hablar propiamente de una cosa tal como el \u00e9xito de una asociaci\u00f3n menor. De manera similar, el bien del ej\u00e9rcito est\u00e1 subordinado al bienestar del Estado.   <\/li>\n<li> La sociedad en cuesti\u00f3n debe ser independiente de las dem\u00e1s sociedades con respecto al logro de sus fines.  Las sociedades mercantiles, no importa lo grande que sea su riqueza y poder, son imperfectas; pues dependen de que la autoridad del Estado les permita existir. As\u00ed, tambi\u00e9n, una sola familia es una sociedad imperfecta. No puede alcanzar su fin&#8212;el bienestar de sus miembros&#8212; aislada de las dem\u00e1s familias. La vida civilizada requiere que muchas familias cooperen para constituir un Estado. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay dos sociedades que son perfectas:  la Iglesia y el Estado.  El fin del Estado es el bienestar temporal de la comunidad.  Busca hacer efectivas las condiciones que se requieren para que sus miembros sean capaces de alcanzar la felicidad temporal. Protege los derechos y promueve los intereses de los individuos y de los grupos de individuos que pertenecen a \u00e9l. Todas las dem\u00e1s sociedades que pretenden de alguna manera un bien temporal son necesariamente imperfectas. O bien existen en \u00faltimo t\u00e9rmino para el bien del propio Estado; o, si su finalidad es el provecho privado de algunos de sus miembros, el Estado debe concederles autorizaci\u00f3n, y protegerlas en el ejercicio de sus diversas funciones. Si demuestran ser peligrosas para \u00e9l, puede con justicia disolverlas.  La Iglesia tambi\u00e9n posee las condiciones requeridas para una sociedad perfecta.  Es evidente que su finalidad no est\u00e1 subordinada a la de ninguna otra sociedad: pues pretende el bienestar espiritual, la felicidad eterna del hombre.  Esta es la finalidad suprema que una sociedad puede tener; no es ciertamente una finalidad subordinada a la felicidad temporal pretendida por el estado. Adem\u00e1s la Iglesia no depende del permiso del Estado para lograr su fin.  Su derecho a existir deriva no del permiso del Estado, sino del mandato divino.  Su derecho a predicar el Evangelio, a administrar los sacramentos, a ejercer jurisdicci\u00f3n sobre sus s\u00fabditos, no est\u00e1 condicionado a la autorizaci\u00f3n del gobierno civil.  Ha recibido del propio Cristo el gran encargo de ense\u00f1ar a todas las naciones.  A la orden de los gobernantes civiles de que desistieran de predicar, los Ap\u00f3stoles respondieron simplemente que deb\u00edan obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch. 5,29). Cierta cantidad de bienes temporales es, realmente, necesaria a la Iglesia para posibilitarle llevar a cabo la tarea a ella confiada. El estado no puede con justicia prohibirle que reciba estos por las donaciones de los fieles.  Aquellos cuyo deber es lograr un cierto fin tienen derecho a poseer los medios necesarios para llevar a cabo su tarea.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Papa Le\u00f3n XIII resumi\u00f3 esta doctrina en su Enc\u00edclica \u201cInmortale Dei\u201d (1 de noviembre de 1885) sobre la constituci\u00f3n cristiana de los Estados: \u201cLa Iglesia\u201d, dice, \u201cse distingue y difiere de la sociedad civil; y, lo que es de suma importancia, es una sociedad estatuida por derecho divino, perfecta en su naturaleza y su t\u00edtulo para poseer en s\u00ed y por s\u00ed misma por la voluntad y la amorosa bondad de su Fundador, todo cuanto necesite para su conservaci\u00f3n y actuaci\u00f3n.  E igual que la finalidad que la Iglesia pretende es con mucho el m\u00e1s noble de los fines, as\u00ed su autoridad es la m\u00e1s excelente de todas, y no puede ser considerada como inferior a la autoridad civil, ni en manera alguna dependiente de \u00e9l.\u201d Ha de observarse que aunque el fin al que tiende la Iglesia es superior al del Estado, este \u00faltimo no est\u00e1, en cuanto sociedad, subordinado a la Iglesia. Las dos sociedades pertenecen a \u00f3rdenes diferentes. La felicidad temporal a que tiende el Estado no es esencialmente dependiente del bien espiritual que busca la Iglesia. La prosperidad material y un alto grado de civilizaci\u00f3n pueden encontrarse donde no exista la Iglesia. Cada sociedad es suprema en su propio orden. Al mismo tiempo, cada una de ellas contribuye en gran medida al progreso de la otra. La Iglesia no puede atraer a hombres que no tengan alg\u00fan rudimento de civilizaci\u00f3n, y cuyo salvaje modo de vida hace imposible el desarrollo moral. De ah\u00ed que, aunque su funci\u00f3n no es civilizar sino salvar almas, aun as\u00ed cuando llega a tratar con razas salvajes, comienza por buscar comunicarles los elementos de la civilizaci\u00f3n. Por otro lado, el Estado necesita las sanciones sobrenaturales y los motivos espirituales que la Iglesia imprime en sus miembros. Un poder civil sin \u00e9stos se fundamenta de manera insegura.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A menudo se ha objetado que la doctrina de la independencia de la Iglesia respecto del Estado har\u00eda imposible el gobierno civil.  Tal teor\u00eda, se subraya, crea un Estado dentro de otro Estado; y de esto resultar\u00e1 inevitablemente un conflicto de autoridades que pretender\u00e1n cada una el supremo dominio sobre los mismos s\u00fabditos.  Tal era el argumento de los regalistas galicanos.  Los autores de esta escuela, por consiguiente, no admit\u00edan la pretensi\u00f3n de la Iglesia de ser una sociedad perfecta. Afirmaban que cualquier jurisdicci\u00f3n que pudiera ejercer era enteramente dependiente del permiso del poder civil.  La dificultad, sin embargo, es m\u00e1s aparente que real. El alcance de las dos autoridades es diferente, la una perteneciente a lo que es temporal, la otra a lo que es espiritual.  Incluso cuando la jurisdicci\u00f3n de la Iglesia implica el uso de medios temporales y afecta a intereses temporales, no desvirt\u00faa la debida autoridad del Estado. Si surgen dificultades, surgen, no por necesidad, sino por alguna raz\u00f3n extr\u00ednseca.  En el curso de la historia, sin duda han surgido ocasiones, cuando las autoridades eclesi\u00e1sticas han tratado de apropiarse del poder que por derecho pertenec\u00eda al Estado, y, m\u00e1s a menudo a\u00fan, cuando el Estado ha tratado de arrogarse jurisdicci\u00f3n espiritual.  Esto, sin embargo, no demuestra que el sistema sea el culpable, sino meramente que la perversidad humana puede abusar de \u00e9l.  Hasta ahora, en realidad, est\u00e1 m\u00e1s lejos de ser verdad que las pretensiones de la Iglesia hagan imposible el gobierno, que el caso contrario.  Mediante la determinaci\u00f3n de los justos l\u00edmites de la libertad de conciencia, son una defensa para el Estado.  Donde no se reconoce la autoridad de la Iglesia, cualquier entusiasta puede elevar las extravagancias de su propio capricho a mandato divino, y puede pretender rechazar la autoridad del gobernante civil con el argumento de que debe obedecer a Dios y no a los hombres.  La historia de Juan de Leyden y la de muchos otros sedicentes profetas proporcionar\u00e1 ejemplos adecuados.  La Iglesia ordena a sus miembros vean en el poder civil al \u201cministro de Dios\u201d, y no justifica nunca la desobediencia, excepto en los raros casos en que el Estado viola abiertamente la ley natural o revelada.  (Ver obediencia civil).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  Entre los escritos de los Padres, las obras principales que se refieren a la doctrina de la Iglesia son las siguientes: S. IRENEO, Adv. Hereses en P.G., VII; TERTULIANO, De Prescriptionibus en P. L., II; S. CIPRIANO, De Unitate Ecclesie en P.L., IV; S. OPTATO, De Schismate Donatistarum en P.L., XI; S. AGUST\u00cdN, Contra Donatistas, Contra Epistolas Parmeniani, Contra Litteras Petiliani en P.L., XLIII; S. VICENTE DE L\u00c9RINS, Commonitorium en P.L., L. \u2013 De los te\u00f3logos que en los Siglos XVI y XVII defendieron a la Iglesia Cat\u00f3lica contra los reformadores puede mencionarse a: STAPLETON, Principiorum Fidei Doctrinalium Demonstratio (1574; Par\u00eds, 1620); BELARMINO, Disputationes de Controversiis Fidei (1576; Praga, 1721); SU\u00c1REZ, Defensio Fidea Catholicoe adversus Anglicanoe Sectae Errores (1613; Par\u00eds, 1859). \u2013 Entre autores m\u00e1s recientes: MURRAY, De Ecclesi\u00e2 (Dubl\u00edn, 1866); FRANZELIN, De Ecclesi\u00e2 (Roma, 1887); PALMIERI, De Romano Pontifice (Prato, 1891); D\u00d6LLINGER, The First Age of the Church (tr. Londres, 1866); SCHANZ, A Christian Apology (tr. Dubl\u00edn, 1892). \u2013 Pueden tambi\u00e9n rese\u00f1arse las siguientes obras en ingl\u00e9s: WISEMAN, Lectures on the Church; NEWMAN, Development Of Christian Doctrine; IDEM, Difficulties Of Anglicans; MATHEW, ed., Ecclesia (Londres, 1907).En relaci\u00f3n espec\u00edfica al reciente racionalismo cr\u00edtico respecto a la Iglesia primitiva y su organizaci\u00f3n, puede se\u00f1alarse: BATIFFOL, Etudes d&#8217;histoire et de la th\u00e9ologie positive (Par\u00eds, 1906); ar\u00edculos importantes de Mons. Batiffol  se encontrar\u00e1n tambi\u00e9n en el Bulletin de litt\u00e9rature eccl\u00e9siastique de 1904, 1905, 1906, y en el Irish Theological Quarterly de 1906 y 1907; DE SMEDT en la Revue des questions historiques (1888, 1891), vols. XLIV, CL; BUTLER en The Dublin Review (1893, 1897), vols. CXIII, CXXI. De te\u00f3logos anglicanos de diversas escuelas de pensamiento son las siguientes obras: PALMER, Treatise on the Church (1842); GORE, Lux Mundi (Londres, 1890); IDEM, The Church and the Ministry (Londres, 1889); HORT, The Christian Ecciesia (Londres, 1897); LIGHTFOOT, la disertaci\u00f3n titulada The Christian Ministry en su Commentary on Epistle to Philippians (Londres, 1881); GAYFORD en HASTING, Dict. of Bible, i. v. Church. Entre los racionalistas cr\u00edticos puede mencionarse a: HARNACK, History of Dogma (tr. Londres, 1904); IDEM, What is Christianity? (tr. Londres, 1901), y art\u00edculos en Expositor (1887), vol. V; HATCH, Organization of the Early Christian Churches (Londres, 1880); WEISZ\u00c4CKER, Apostolic Age (tr. Londres, 1892); SABATIER, Religions of Authority and the Religion of the Spirit (tr. Londres, 1906); LOWRIE, The Church and its Organization &#8212; an Interpretation of Rudolf Sohm&#8217;s &#8216;Kirchenrecht\u00bb (Londres, 1904). Con estos puede  clasificarse: LOISY, L&#8217;Evangile et l&#8217;Eglise (Par\u00eds, 1902).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Joyce, George. \u00abThe Church.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 3. New York: Robert Appleton Company, 1908.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/03744a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Francisco V\u00e1zquez.  L H M\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 El T\u00e9rmino Ecclesia 2 La Iglesia en las Profec\u00edas 3 Constituci\u00f3n por Cristo 4 Organizaci\u00f3n por los Ap\u00f3stoles 5 La Iglesia, Sociedad Divina 6 Los Medios de Salvaci\u00f3n Necesarios 7 Visibilidad de la Iglesia 8 El Principio de Autoridad 9 Miembros de la Iglesia 10 Indefectibilidad de la Iglesia 11 Universalidad de la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/la-iglesia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLA IGLESIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-25226","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25226","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25226"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25226\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25226"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25226"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25226"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}