{"id":25243,"date":"2016-02-05T17:06:26","date_gmt":"2016-02-05T22:06:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-ignacio-de-antioquia\/"},"modified":"2016-02-05T17:06:26","modified_gmt":"2016-02-05T22:06:26","slug":"san-ignacio-de-antioquia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-ignacio-de-antioquia\/","title":{"rendered":"SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Su Vida<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Colecciones<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 La Controversia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Contenido de las Cartas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Ediciones<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Su Vida<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n llamado Te\u00f3foro (ho Theophoros); naci\u00f3 en Siria hacia el a\u00f1o 50; muri\u00f3 en Roma entre el a\u00f1o 98 y el 117.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s de uno de los primeros autores eclesi\u00e1sticos han hado cr\u00e9dito, aparentemente sin buenas razones, a la  leyenda de que Ignacio fue el ni\u00f1o a quien el  Salvador tom\u00f3 en sus brazos, como se describe en  Marcos 9,35. Tambi\u00e9n se  cree, y con gran probabilidad, que, con su amigo San Policarpo, estuvo entre los oyentes del Ap\u00f3stol  San Juan. Si incluimos a San Pedro, Ignacio fue el tercer obispo de Antioqu\u00eda e inmediato sucesor de Evodio ( Eusebio, \u201cHist. Eccl.\u201d, II, III, 22). Teodoreto (\u201cDial. Inmutab.\u201d, I, IV, 33a, Par\u00eds, 1642) es la autoridad para la afirmaci\u00f3n de que San Pedro nombr\u00f3 a Ignacio para la  sede de Antioqu\u00eda. San Juan Cris\u00f3stomo le atribuye especial \u00e9nfasis al honor conferido al m\u00e1rtir al recibir su consagraci\u00f3n episcopal de manos de los mismos  Ap\u00f3stoles (\u201cHom. en S. Ign.\u201d, IV, 587). Alejandro Natalis cita a Teodoreto al mismo efecto (III, XII, art. XVI, p. 53).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El obispo de Antioqu\u00eda posey\u00f3 en grado eminente todas las excelentes cualidades de pastor ideal y verdadero soldado de  Cristo. De acuerdo con ello, cuando la tormenta de la persecuci\u00f3n de Domiciano estall\u00f3 en su pleno furor sobre los  cristianos de Siria, encontr\u00f3 a su fiel dirigente preparado y vigilante. Fue infatigable en su vigilancia e incansable en sus esfuerzos por inspirar esperanza y alentar a los d\u00e9biles de su grey contra el terror de la persecuci\u00f3n. La restauraci\u00f3n de la paz, aunque fue de corta duraci\u00f3n, le confort\u00f3 en gran manera.  Pero no se regocij\u00f3 por s\u00ed mismo, pues el gran deseo omnipresente de su alma  caballerosa era poder recibir la plenitud del  discipulado de Cristo por medio del martirio. Su deseo no iba a permanecer largo tiempo insatisfecho. Asociado con los escritos de San Ignacio hay una obra titulada \u201cMartyrium Ignatii\u201d, que pretende ser el relato de un testigo presencial del martirio de San Ignacio y los hechos conducentes al mismo. En esta obra, que cr\u00edticos  protestantes tan competentes como Pearson y Ussher consideran como genuina, se registra fielmente, para edificaci\u00f3n de la Iglesia de Antioqu\u00eda, la historia completa de ese accidentado viaje de Siria a Roma. Es ciertamente muy antigua y se considera que fue escrita por Fil\u00f3n,  di\u00e1cono de Tarso y Reo Agatopo, un sirio, que acompa\u00f1\u00f3 a Ignacio a Roma. Generalmente se admite, incluso por los que la consideran  aut\u00e9ntica, que esta obra ha sido muy interpolada. Su versi\u00f3n m\u00e1s fiable es la que se encuentra en el \u201cMartirium Colbertinum\u201d, la cual cierra la recensi\u00f3n mixta y se llama as\u00ed porque su testimonio m\u00e1s antiguo es el C\u00f3dice Colbertino (Par\u00eds) del siglo X.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan estas  Actas, en el noveno a\u00f1o de su reinado, Trajano, emocionado con la victoria sobre los escitas y los dacios, pretendi\u00f3 perfeccionar la universalidad de su dominio por una especie de conquista  religiosa.  Decret\u00f3, por tanto, que los cristianos se unieran a sus vecinos  paganos en el  culto a los dioses. Se amenaz\u00f3 con una persecuci\u00f3n general, y se anunci\u00f3 la muerte como pena para todos los que rehusaran ofrecer el sacrificio prescrito. Advertido inmediatamente del peligro que amenazaba, Ignacio se provey\u00f3 de todos los medios a su alcance para frustrar los prop\u00f3sitos del emperador. El \u00e9xito de sus celosos esfuerzos no permaneci\u00f3 oculto mucho tiempo a los perseguidores de la Iglesia. Pronto fue detenido y conducido ante Trajano, que estaba entonces residiendo en Antioqu\u00eda. Acusado por el propio emperador de violar el edicto imperial, y de incitar a otros a similares transgresiones, Ignacio dio valientemente testimonio de la fe de Cristo. Si creemos el relato que se da en el \u201cMartyrium\u201d, su declaraci\u00f3n ante Trajano se caracteriz\u00f3 por la inspirada elocuencia, el sublime  valor, e incluso un esp\u00edritu de exultaci\u00f3n. Incapaz de apreciar los motivos que lo animaban, el emperador orden\u00f3 que lo encadenaran y llevaran a Roma, para convertirse all\u00ed en pasto de las fieras y espect\u00e1culo para el pueblo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su Carta a los Romanos (par. 5) colegimos que las pruebas de este viaje a Roma fueron grandes: \u201cIncluso desde Siria a Roma luch\u00e9 con bestias salvajes, por tierra y mar, de noche y de d\u00eda, estando atado entre diez leopardos, hasta una compa\u00f1\u00eda de soldados, que s\u00f3lo se volv\u00edan peores cuando eran tratados amablemente\u201d. Pese a todo esto, su viaje fue una especie de triunfo. Noticias de su destino, de su paradero y de su probable itinerario le hab\u00edan precedido velozmente.  En varios lugares a lo largo de la ruta sus correligionarios cristianos le saludaban con palabras de consuelo y de homenaje reverente. Es probable que en su camino a Roma embarcara en  Seleucia, en Siria, el puerto m\u00e1s pr\u00f3ximo a Antioqu\u00eda, o bien hasta Tarso, en Cilicia, o Attalia en Pamfilia, y de all\u00ed, como colegimos por sus cartas, viaj\u00f3 por tierra a trav\u00e9s del Asia Menor. En Laodicea, en el r\u00edo Licos, donde se presentaba una encrucijada, sus guardias eligieron la ruta m\u00e1s septentrional, que llev\u00f3 al futuro m\u00e1rtir a trav\u00e9s de Filadelfia y Sardes, y finalmente a Esmirna, donde era obispo San Policarpo, su condisc\u00edpulo en la  escuela de  San Juan.  La estancia en Esmirna, que fue prolongada, les dio a los representantes de las diversas comunidades cristianas de Asia Menor una oportunidad de saludar al ilustre prisionero, y ofrecerle el homenaje de las Iglesias que representaban. Vinieron delegaciones de las congregaciones de \u00c9feso, Magnesia y Tralles para consolarlo. A cada una de estas comunidades cristianas dirigi\u00f3 cartas desde Esmirna, exhort\u00e1ndolas a la obediencia a sus respectivos obispos, y advirti\u00e9ndoles que evitaran la contaminaci\u00f3n de la herej\u00eda. Estas cartas respiran el esp\u00edritu de caridad cristiana, celo apost\u00f3lico y solicitud pastoral. Mientras que a\u00fan estaba all\u00ed tambi\u00e9n escribi\u00f3 a los cristianos de Roma, pidi\u00e9ndoles que no hicieran nada para privarle de la oportunidad del martirio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde Esmirna sus captores le llevaron a Troya, desde la cual envi\u00f3 cartas a los cristianos de Filadelfia y Esmirna y a Policarpo. Aparte de estas cartas, Ignacio hab\u00eda previsto dirigir otras a las comunidades cristiana del Asia Menor, invit\u00e1ndolas a hacer expresi\u00f3n p\u00fablica de su simpat\u00eda con los hermanos de Antioqu\u00eda, pero el cambio de planes de sus guardias, que exig\u00eda una apresurada partida de Troya, frustr\u00f3 su prop\u00f3sito, y se vio  obligado a contentarse con delegar esta funci\u00f3n en su amigo Policarpo. En Troya tomaron un barco para Ne\u00e1polis, desde cuyo lugar el viaje les llev\u00f3 por tierra a trav\u00e9s de Macedonia e Iliria. El siguiente puerto de embarque fue probablemente Dyrrhachium (Durazzo). Es imposible de determinar si al haber llegado a las costas del Adri\u00e1tico complet\u00f3 su viaje por tierra o por mar. No mucho despu\u00e9s de su llegada a Roma obtuvo su muy codiciada corona de martirio en el anfiteatro de Flavio. Las reliquias del  santo m\u00e1rtir fueron llevadas de vuelta a Antioqu\u00eda por el di\u00e1cono Fil\u00f3n de Cilicia, y Rheus Agathopus, un sirio, y fueron  enterradas fuera de las puertas no lejos del hermoso suburbio de Dafne. M\u00e1s tarde fueron trasladadas por el emperador Teodosio II al Tiqueo, o Templo de la Fortuna que se convirti\u00f3 entonces en una iglesia cristiana bajo el patrocinio del m\u00e1rtir cuyas reliquias albergaba. En el a\u00f1o 637 fueron trasladadas a San Clemente de Roma, donde descansan ahora. La Iglesia celebra la  fiesta de San Ignacio el 1 de febrero.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El car\u00e1cter de San Ignacio, como se deduce de sus propios escritos y de los que se conservan de sus contempor\u00e1neos, es el de un verdadero atleta de Cristo. El triple honor de ap\u00f3stol, obispo y m\u00e1rtir fue bien merecido por este en\u00e9rgico soldado de la fe. Una entusiasta devoci\u00f3n al deber, un apasionado amor al sacrificio, y una temeridad absoluta en la defensa de la verdad cristiana, fueron sus principales caracter\u00edsticas. El celo por el bienestar espiritual de los que estaban a su cargo alienta desde cada l\u00ednea de sus escritos. Siempre vigilante para que no se infectaran por las herej\u00edas rampantes de aquellos primeros tiempos;  rezando por ellos, para que su fe y su \u00e1nimo no les faltara a la hora de la persecuci\u00f3n; exhort\u00e1ndoles constantemente a una obediencia sin fallos a sus obispos; ense\u00f1\u00e1ndoles a todos la verdad cat\u00f3lica; al suspirar con ansia por la corona del martirio, para que su propia sangre pudiera fructificar en gracias adicionales en las almas de su grey, demuestra ser en todos sentidos un verdadero pastor de almas, el buen pastor que da su vida por su oveja.\n<\/p>\n<h2>Colecciones<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La colecci\u00f3n m\u00e1s antigua de los escritos de San Ignacio que se sabe que ha existido fue la utilizada por el historiador  Eusebio en la primera mitad del siglo IV, pero que desafortunadamente ya no existe. Estaba compuesta de las siete cartas escritas por Ignacio mientras estaba de camino a Roma. Estas cartas iban dirigidas a los cristianos\n<\/p>\n<ul>\n<li>de \u00c9feso (Pros Ephesious);<\/li>\n<li>de Magnesia (Magnesieusin); <\/li>\n<li> de Tralles (Trallianois); <\/li>\n<li> de Roma (Pros Romaious); <\/li>\n<li> de Filadelfia (Philadelpheusin); <\/li>\n<li> de Esmirna (Smyrnaiois); y <\/li>\n<li> a  Policarpo (Pros Polykarpon).<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Encontramos estas siete mencionadas no s\u00f3lo por Eusebio (\u201cHist. eccl.\u201d, III, XXXVI) sino tambi\u00e9n por San Jer\u00f3nimo (De viris illust., c. XVI). De las colecciones posteriores de las cartas de Ignacio que se han conservado, la m\u00e1s antigua se conoce como la \u201crecensi\u00f3n larga\u201d. Esta colecci\u00f3n, cuyo autor es desconocido,  data de la \u00faltima parte del siglo IV. Contiene las siete cartas  genuinas y seis espurias, pero incluso las ep\u00edstolas genuinas est\u00e1n muy interpoladas para a\u00f1adir peso a las opiniones personales de su autor. Por esta raz\u00f3n no son capaces de dar testimonio de la forma original. Las cartas espurias de esta recensi\u00f3n son las que pretenden ser de Ignacio\n<\/p>\n<ul>\n<li>a Mar\u00eda de Cassobola (Pros Marian Kassoboliten); <\/li>\n<li>a los tarsos (Pros tous en tarso); <\/li>\n<li> a los filipenses (Pros Philippesious); <\/li>\n<li> a los antioquenos (Pros Antiocheis); <\/li>\n<li> a Her\u00f3n, un  di\u00e1cono de Antioqu\u00eda (Pros Erona diakonon Antiocheias).  Asociada con las anteriores est\u00e1  <\/li>\n<li> una carta de Mar\u00eda de Cassobola a Ignacio.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es extremadamente probable que la interpolaci\u00f3n de las genuinas, la a\u00f1adidura de las espurias y la uni\u00f3n de ambas en la recensi\u00f3n larga sea la obra de un  apolinarista de Siria o Egipto, que escribi\u00f3 hacia el comienzo del siglo V. Funk lo identifica con el compilador de las Constituciones Apost\u00f3licas, que salieron de Siria en la primera parte del mismo siglo. Posteriormente se a\u00f1adi\u00f3 a esta colecci\u00f3n un paneg\u00edrico sobre San Ignacio titulado \u201cLaus Heronis\u201d. Aunque en el original estaba probablemente escrito en griego, ahora s\u00f3lo se conoce en textos latinos y coptos.  Hay tambi\u00e9n una tercera recensi\u00f3n, designada por Funk como la \u201ccolecci\u00f3n mixta\u201d. La \u00e9poca de su origen puede ser determinada s\u00f3lo vagamente como estando entre la de la colecci\u00f3n conocida por Eusebio y la recensi\u00f3n larga. Aparte de las siete cartas genuinas de Ignacio en su forma original, tambi\u00e9n contiene las seis espurias, con la excepci\u00f3n de la dirigida a los filipenses.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta colecci\u00f3n se encuentra tambi\u00e9n el \u201cMartyrium Colbertinum\u201d. El original griego de esta recensi\u00f3n se contiene en un \u00fanico c\u00f3dice, el famoso manuscrito Mediceo-Laurenciano de Florencia. Este c\u00f3dice est\u00e1 incompleto, al faltar la carta a los Romanos que, sin embargo, se encuentra asociada al \u201cMartyrium Colbertinum\u201d en el C\u00f3dice Colbertino, de Par\u00eds. La colecci\u00f3n mixta est\u00e1 considerada como la m\u00e1s fiable de todas para determinar cu\u00e1l era el texto aut\u00e9ntico de las cartas genuinas de Ignacio. Hay tambi\u00e9n una antigua versi\u00f3n latina que es una traducci\u00f3n inusualmente exacta de la griega. Los cr\u00edticos se inclinan generalmente a considerar esta versi\u00f3n como una traducci\u00f3n de alg\u00fan manuscrito griego del mismo tipo que el del C\u00f3dice Mediceo. Esta versi\u00f3n debe su descubrimiento al arzobispo Ussher, de Irlanda, que la encontr\u00f3 en dos manuscritos en bibliotecas  inglesas y la public\u00f3 en 1644. Fue obra de Robert Grosseteste, un fraile  franciscano y obispo de Lincoln (c. 1250). La versi\u00f3n original  sir\u00edaca nos ha llegado en su integridad s\u00f3lo en una traducci\u00f3n  armenia. Tambi\u00e9n contiene las siete cartas genuinas y las seis espurias. Esta colecci\u00f3n en el original sir\u00edaco ser\u00eda inestimable para determinar el texto exacto de Ignacio, si existiera, por la raz\u00f3n de que no puede haber sido posterior al siglo IV o V. Las deficiencias de la versi\u00f3n armenia se suplen en parte por una recensi\u00f3n abreviada en el original sir\u00edaco. Este resumen contiene las tres cartas genuinas a los Efesios, a los Romanos y a Policarpo. El manuscrito fue descubierto por Cureton en una colecci\u00f3n de manuscritos sir\u00edacos obtenida en 1843 del monasterio de Santa Mar\u00eda De\u00edpara en el desierto de Nitria. Tambi\u00e9n hay tres cartas que est\u00e1n s\u00f3lo en lat\u00edn. Dos de las tres pretenden ser de Ignacio al Ap\u00f3stol San Juan, y una a la  Sant\u00edsima Virgen, con su respuesta a la misma. Son probablemente de origen occidental, no datando de m\u00e1s all\u00e1 del siglo XII.\n<\/p>\n<h2>La Controversia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">A intervalos durante los \u00faltimos siglos se ha producido una acalorada controversia entre los estudiosos de la patr\u00edstica respecto a la  autenticidad de las cartas de Ignacio. Cada recensi\u00f3n particular ha tenido sus  apologistas y sus oponentes. Cada una ha sido favorecida con la exclusi\u00f3n de todas las dem\u00e1s, y todas, a su vez, han sido colectivamente rechazadas, especialmente por los correligionarios de  Calvino. El propio reformador, en un lenguaje tan  violento como  no cr\u00edtico (Instituciones, 1-3), repudia in globo las cartas que tan absolutamente desacreditan sus peculiares opiniones sobre el gobierno de la Iglesia. La convincente evidencia que las cartas aportan al origen divino de la  doctrina  cat\u00f3lica no conduce a predisponer a los cr\u00edticos no cat\u00f3licos a su favor, de hecho, ha a\u00f1adido no poco al calor de la controversia. En general, los estudiosos cat\u00f3licos y  anglicanos se alinean a favor de las cartas escritas a los efesios, a los de Magnesia, a los de Tralles, a los romanos, a los de Filadelfia, a los de Esmirna, y a Policarpo; mientras que los  presbiterianos, como regla general, y quiz\u00e1 a priori, repudian todo lo que reclama la autor\u00eda de Ignacio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las dos cartas al  Ap\u00f3stol  San Juan y la dirigida a la Sant\u00edsima  Virgen, que existen s\u00f3lo en lat\u00edn, son reconocidas un\u00e1nimemente como espurias. El gran conjunto de cr\u00edticos que reconocen la autenticidad de las cartas de Ignacio limitan su aprobaci\u00f3n a las mencionadas por  Eusebio y San Jer\u00f3nimo. Las otras seis no son defendidas por ninguno de los primeros  Padres. La mayor\u00eda de los que reconocen la autor\u00eda de Ignacio de las siete cartas lo hacen condicionalmente, rechazando lo que consideran interpolaciones evidentes en estas cartas. En 1623, cuando la controversia estaba en su punto culminante, Vedelius expres\u00f3 esta \u00faltima opini\u00f3n publicando en Ginebra una edici\u00f3n de las cartas de Ignacio en las que las siete cartas genuinas se pon\u00edan aparte de las cinco espurias. En las cartas genuinas indicaba lo que consideraba como interpolaciones. El reformador Dallaeus, en Ginebra, en 1666, public\u00f3 una obra titulada \u201cDe scriptis quae sub Dionysii Aerop. et Ignatii Antioch. nominibus circumferuntur\u201d, en la que (lib. II) pon\u00eda en cuesti\u00f3n la autenticidad de todas las siete cartas. A esto replic\u00f3 en\u00e9rgicamente el anglicano Pearson en una obra llamada \u201cVindiciae epistolarum S. Ignatii\u201d, publicada en Cambridge, en 1672. Tan convincentes fueron los argumentos aducidos en esta erudita obra que durante doscientos a\u00f1os la controversia permaneci\u00f3 cerrada a favor del car\u00e1cter genuino de las siete cartas. La discusi\u00f3n fue reabierta por el descubrimiento de Cureton (1843) de la versi\u00f3n abreviada sir\u00edaca, que conten\u00eda las cartas de Ignacio a los Efesios, a los romanos y a Policarpo. En una obra titulada \u201cVindiciae Ignatianae\u201d (Londres, 1846), defendi\u00f3 la posici\u00f3n de que s\u00f3lo las cartas contenidas en su recensi\u00f3n abreviada sir\u00edaca, y en la forma contenida en ella, eran genuinas, y que todas las dem\u00e1s estaban interpoladas o claramente  falsificadas. Esta posici\u00f3n fue vigorosamente combatida por varios cr\u00edticos brit\u00e1nicos y alemanes, incluyendo los cat\u00f3licos  Denzinger y  Hefele, que defendieron con \u00e9xito el car\u00e1cter genuino de las siete ep\u00edstolas \u00edntegras. Generalmente se admite ahora que la versi\u00f3n abreviada sir\u00edaca de Cureton es s\u00f3lo un resumen del original.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque apenas se pueda decir que haya actualmente un acuerdo un\u00e1nime sobre el asunto, la mejor cr\u00edtica moderna apoya la autenticidad de las siete cartas mencionadas por Eusebio. Incluso cr\u00edticos no cat\u00f3licos tan eminentes como Zahn, Lightfoot y Harnack sostienen esta opini\u00f3n. Tal vez la mejor evidencia de su autenticidad debe encontrarse en la carta de San Policarpo a los Filipenses, que menciona cada una de ellas por su nombre. Como \u00edntimo amigo de Ignacio, Policarpo, escribiendo poco despu\u00e9s de la muerte del m\u00e1rtir, da testimonio contempor\u00e1neo de la autenticidad de estas cartas, salvo, en realidad, que la misma de Policarpo sea considerada como interpolada o falsificada. Cuando, adem\u00e1s, tomamos en consideraci\u00f3n el pasaje de San Ireneo (Adv. Haer., V, XXVIII, 4) que se encuentra en el original griego de Eusebio (Hist. eccl., III, XXXVI), en el que se refiere a la carta a los romanos (IV, I) con las siguientes palabras: \u201cTal como dijo uno de nuestros hermanos, condenado a las fieras salvajes en martirio por su fe\u201d, la evidencia de autenticidad se hace inevitable. La novela de Luciano de Samosata, \u201cDe morte peregrini\u201d, escrita en 167, da un incontestable testimonio de que el autor no s\u00f3lo estaba familiarizado con las cartas de Ignacio, sino que incluso hizo uso de ellas. Harnack, que no siempre est\u00e1 tan predispuesto, describe estas pruebas como \u201cun testimonio tan fuerte del car\u00e1cter genuino de las ep\u00edstolas como cualquiera pueda concebir\u201d (Expositor, ser. 3, III, p. 11).\n<\/p>\n<h2>Contenido de las Cartas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apenas es posible exagerar la importancia del testimonio que las cartas de Ignacio ofrecen del car\u00e1cter  dogm\u00e1tico del cristianismo  apost\u00f3lico. El obispo m\u00e1rtir de  Antioqu\u00eda constituye un eslab\u00f3n muy importante entre los Ap\u00f3stoles y los  Padres de la Iglesia primitiva. Al recibir de los mismos Ap\u00f3stoles, cuyo oyente fue, no s\u00f3lo la sustancia de la revelaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n su propia interpretaci\u00f3n inspirada de ella; morando, por as\u00ed decir, en el mismo nacimiento de la fuente de la verdad del  Evangelio, su testimonio debe aportar consigo el m\u00e1ximo peso y pide la m\u00e1s seria consideraci\u00f3n. El cardenal  Newman no exager\u00f3 la cuesti\u00f3n cuando dijo (\u201cLa Teolog\u00eda de las siete cartas de San Ignacio\u201d, en \u201cEsbozos hist\u00f3ricos\u201d, I, Londres, 1890) que \u201ctodo el sistema de la  doctrina  cat\u00f3lica puede descubrirse, al menos en esbozo, por no decir \u00edntegro en partes, en el curso de sus siete ep\u00edstolas\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre las muchas doctrinas cat\u00f3licas que se encuentran en las cartas est\u00e1n las siguientes:\n<\/p>\n<ul>\n<li>la Iglesia fue establecida divinamente como una sociedad visible, cuyo fin es la salvaci\u00f3n de las almas, y los que se separan de ella se a\u00edslan de Dios (Philad., c. III); *la  jerarqu\u00eda de la Iglesia fue instituida por  Cristo (introd. a Philad.; Ephes., c. VI); <\/li>\n<li>el triple car\u00e1cter de la jerarqu\u00eda (Magn., c. VI); <\/li>\n<li>el orden del episcopado superior por autoridad divina al del sacerdocio (Magn., c. VI, c. XIII; Smyrn., c. VIII; Trall., c. III); <\/li>\n<li>la unidad de la Iglesia (Trall., c. VI; Philad., c. III; Magn., c. XIII); <\/li>\n<li>la santidad de la Iglesia (Smyrn., Ephes., Magn., Trall., y Rom.); <\/li>\n<li>la  catolicidad de la Iglesia (Smyrn., c. VIII); <\/li>\n<li>la infalibilidad de la Iglesia (Philad., c. III; Ephes., cc. XVI, XVII); <\/li>\n<li>la doctrina de la Eucarist\u00eda (Smyrn., c. VIII), palabra que encontramos por primera vez aplicada al Sant\u00edsimo Sacramento, igual que en Smyrn., VIII, encontramos por primera vez la frase \u201cIglesia Cat\u00f3lica\u201d, usada para designar a todos los  cristianos; <\/li>\n<li>la Encarnaci\u00f3n (Ephes., c. XVIII); la virtud  sobrenatural de la virginidad, ya muy estimada y hecha objeto de un  voto (Polyc., c. V); <\/li>\n<li>el car\u00e1cter religioso del  matrimonio (Polyc., c. V); <\/li>\n<li>el valor de la oraci\u00f3n en com\u00fan (Ephes., c. XIII); <\/li>\n<li>la primac\u00eda de la  Sede de Roma (Rom., introd.). Adem\u00e1s, denuncia en principio la doctrina  protestante del juicio privado en asuntos de religi\u00f3n (Philad., c. iii). La herej\u00eda que condena principalmente es el  docetismo; las herej\u00edas judaizantes tampoco escapan a su vigorosa condena. <\/li>\n<\/ul>\n<h2>Ediciones<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cuatro cartas encontradas s\u00f3lo en lat\u00edn fueron impresas en Par\u00eds en 1495. La versi\u00f3n latina com\u00fan de once cartas, junto con una carta de Policarpo y algunas supuestas obras de Dionisio el Pseudo-Areopagita, fueron impresas en Par\u00eds en 1498, por  Lef\u00e8vre d&#8217;Etaples.  Otra edici\u00f3n de las siete cartas genuinas y las seis espurias, incluyendo la de Mar\u00eda de Cassobola, fue editada por Symphorianus Champerius, de Lyon, Par\u00eds, 1516. Valentinus Paceus public\u00f3 una edici\u00f3n griega de doce cartas (Dillingen, 1557).  Una edici\u00f3n similar fue sacada a la luz en Zurich en 1559, por Andrew Gesner; una versi\u00f3n latina de la obra de John Brunner la acompa\u00f1aba. Ambas ediciones usaron el texto griego de la recensi\u00f3n larga. En 1644 el arzobispo Ussher edit\u00f3 las cartas de Ignacio y San Policarpo. La versi\u00f3n latina com\u00fan, con tres de las cuatro cartas latinas, se le adjunt\u00f3. Tambi\u00e9n conten\u00eda la versi\u00f3n latina de once cartas tomadas de los manuscritos de Ussher. En 1646 Isaac Voss public\u00f3 en Amsterdam una edici\u00f3n del famoso C\u00f3dice Mediceo en Florencia. Ussher sac\u00f3 a la luz otra edici\u00f3n en 1647, titulada \u00abAppendix Ignatiana\u00bb, que conten\u00eda el texto griego de las ep\u00edstolas genuinas y la versi\u00f3n latina del \u00abMartyrium Ignatii\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1672 apareci\u00f3 en Par\u00eds la edici\u00f3n de  Cotelier, conteniendo todas las cartas, las genuinas y las supuestas, de Ignacio, con las de los dem\u00e1s Padres Apost\u00f3licos. Le Clerc imprimi\u00f3 una nueva edici\u00f3n de esta obra en Amberes in 1698. Se reimprimi\u00f3 en Venecia, 1765-1767, y en Par\u00eds por  Migne en 1857. La Carta a los Romanos se public\u00f3 a partir del \u00abMartyrium Colbertinum\u00bb en Par\u00eds, por Ruinart, en 1689. En 1724 Le Clerc sac\u00f3 a la luz en Amsterdam una segunda edici\u00f3n de los \u00abPatres Apostolici\u00bb de Cotelier, que contiene todas las cartas, tanto las genuinas como las espurias, en versiones griega y latina. Tambi\u00e9n incluye las cartas de Mar\u00eda de Cassobola y las que pretenden ser de la Sant\u00edsima  Virgen en el \u00abMartyrium Ignatii\u00bb, la \u00abVindiciae Ignatianae\u00bb de Pearson, y varias disertaciones. La primera edici\u00f3n de la versi\u00f3n armenia se public\u00f3 en Constantinopla en 1783. En 1839    Hefele edit\u00f3 las cartas de Ignacio en una obra titulada \u00abOpera Patrum Apostolicorum\u00bb, que apareci\u00f3 en Tubingen. Migne sac\u00f3 su texto de la tercera edici\u00f3n de esta obra (Tubingen, 1847). Bardenhewer designa las siguientes como las mejores ediciones: Zahn, \u00abIgnatii et Polycarpi epistulae martyria, fragmenta\u00bb en \u00abPatr. apostol. opp. rec.\u00bb, ed. por de Gebhardt, Harnack, Zahn, fasc. II, Leipzig, 1876; Funk, \u00abOpp. Patr. apostol.\u00bb, I, Tubingen, 1878, 1887, 1901; Lightfoot, \u00abThe Apostolic Fathers\u00bb, parte II, Londres, 1885, 1889; una versi\u00f3n inglesa de las cartas se encuentra en los \u00abApostolic Fathers\u00bb de Lightfoot, Londres, 1907, de la que se han tomado todas las menciones de las cartas en (el original de) este art\u00edculo y al que remiten todas las citas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente:<\/b>  O&#8217;Connor, John Bonaventure. \u00abSt. Ignatius of Antioch.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/07644a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Francisco V\u00e1zquez.  lhm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Enlaces Relacionados\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1]  Ex\u00e9gesis Patr\u00edstica: La escuela de Antioqu\u00eda\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2] Biblioteca port\u00e1til de Padres y Doctores de la Iglesia. (Tomo V)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3] Biblioteca port\u00e1til de Padres y Doctores de la Iglesia. Tomo I\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Su Vida 2 Colecciones 3 La Controversia 4 Contenido de las Cartas 5 Ediciones Su Vida Tambi\u00e9n llamado Te\u00f3foro (ho Theophoros); naci\u00f3 en Siria hacia el a\u00f1o 50; muri\u00f3 en Roma entre el a\u00f1o 98 y el 117. M\u00e1s de uno de los primeros autores eclesi\u00e1sticos han hado cr\u00e9dito, aparentemente sin buenas razones, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-ignacio-de-antioquia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSAN IGNACIO DE ANTIOQUIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-25243","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25243","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25243"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25243\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25243"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25243"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25243"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}