{"id":25289,"date":"2016-02-05T17:08:02","date_gmt":"2016-02-05T22:08:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jean-auguste-dominique-ingres\/"},"modified":"2016-02-05T17:08:02","modified_gmt":"2016-02-05T22:08:02","slug":"jean-auguste-dominique-ingres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jean-auguste-dominique-ingres\/","title":{"rendered":"JEAN-AUGUSTE DOMINIQUE INGRES"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Pintor franc\u00e9s, n. en Montauban el 29 de agosto de 1780; m. en Par\u00eds el 14 de enero de 1867. Su padre lo mand\u00f3 a estudiar a Tolosa. A la edad de diecis\u00e9is entr\u00f3 en el famoso estudio de David (Par\u00eds). \u00c9ste, absorto en las teor\u00edas de Mengs y Wincklemann, hab\u00eda roto con las presunciones y los libertinismos del siglo xviii y condujo al arte de regreso a la naturaleza y a la antig\u00fcedad. En opini\u00f3n de David, las antig\u00fcedades eran la m\u00e1xima expresi\u00f3n de la vida, libres de todo lo meramente transitorio y lejanos a los caprichos del antojo y la moda. Ingres acept\u00f3 el programa de su maestro en su totalidad. Sin embargo, lo que para David constitu\u00eda un sistema homog\u00e9neo, que contestaba las facultades gemelas de su vasto y poderoso organismo, significaba otra cosa muy distinta para el alumno. El joven artista estaba dotado de una maravillosa sensibilidad realista: nadie experiment\u00f3 jam\u00e1s tan meridianas, penetrantes y obvias impresiones, as\u00ed como la capacidad para trasladarlas en su totalidad al papel o al lienzo. Pero estos dones excepcionales fueron perjudicados por una extremada carencia de ingenio y originalidad. Desafortunadamente, las ense\u00f1anzas de David le hiceron creer que el arte fino consist\u00eda en imitar lo antiguo y que la dignidad de un pintor lo constre\u00f1\u00eda a pintar temas hist\u00f3ricos. Toda su vida, Ingres se hizo violencia para pintar escenas de la clase de las Sabinas de su maestro, tal como lo hizo en Los embajadores de Agamen\u00f3n (Pais, Ecole des Beaux-Arts), cuadro ganador del Prix de Rome en 1801. Mas en lugar de ser una escena hist\u00f3rica o po\u00e9tica viva, esta pintura no es m\u00e1s que una colecci\u00f3n de estudios, bordados con esfuerzo, y con un resultado carente de verdadera unidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, en Ingres siempre hubo una curiosa contradicci\u00f3n entre su temperamento y su educaci\u00f3n, entre su habilidad y sus teor\u00edas. Y esta batalla secreta entre sus vehementes deseos realistas y sus convicciones idealistas explica las discordancias de sus obras. Al principio, sin embargo, su juventud fue el factor principal \u2014aunque quiz\u00e1 tambi\u00e9n le favorecieran su obscuridad, la escasez de \u00f3rdenes importantes y la necesidad de ganarse la vida\u2014, pues nunca fue m\u00e1s fenomenal, o nunca fue m\u00e1s \u00e9l mismo, que durante este per\u00edodo de su carrera (1800-1820). Su realismo absoluto y su intransigencia causaron que se le considerara en la escuela de David como exc\u00e9ntrico y revolucionario. Ingres hab\u00eda sido amigo de un escultor florentino llamado Bartolini, y sinti\u00f3 una fuerte atracci\u00f3n por las obras del per\u00edodo renacentista temprano, y por aquel arte vibrante de vida y casi febril en su manera de representar la naturaleza, ejemplos de los cuales hayamos en las obras de Donatelo y Filippo Lippi. Se volvi\u00f3 entusiasta de las escuelas arcaicas, de los extra\u00f1os poemas de Osi\u00e1n, de los trajes medievales, en pocas palabras, de todo lo que al ser poco convencional le parec\u00eda acercarse m\u00e1s a la realidad, o al menos le emocionaba y llenaba de sensaciones.  Fue catalogado de g\u00f3tico, de imitador de Jean de Bruges (Jan van Eyck), y todas las obras que produjo en este tiempo llevan la marca de rareza. Esto es cierto especialmente en sus retratos. Los de Madame Rivi\u00e8re (Louvre, 1804), de Granet (Aix-en-Provence, 1806), de Madame Aymon, La Belle Z\u00e9lie, (Rouen, 1806), de Madame Devan\u00e7ay (Chantilly, 1807) y el de Madame de Sennoues (Nantes, 1810) no tienen igual en todo el mundo, y merecen un lugar enseguida de las creaciones inmortales de Tiziano y Rafael. Nunca hubo una ausencia m\u00e1s total de estilo, de olvido de un prop\u00f3sito fijo, de esfuerzo sistem\u00e1tico o po\u00e9tico; nunca un pintor se dio m\u00e1s enteramente al realismo o se rindi\u00f3 m\u00e1s plenamente a su modelo, al objeto que se hallaba ante \u00e9l. Ninguna obra nos ayuda a entender con mayor claridad la expresi\u00f3n de algo acabado, a no ser que sean esos peque\u00f1os bocetos dibujados por este mismo artista en los d\u00edas de su pobreza, vendidos a veinte francos cada uno, y que ahora se conocen en todo el mundo como los dibujos a l\u00e1piz de Ingres. Los mejores han de verse en el Louvre y en la colecci\u00f3n Bonnat de Par\u00eds y Bayona.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1806, Ingres parti\u00f3 para Roma, y en el Vaticano vio los frescos del mejor de los decoradores, el maestro del Parnaso y la Escuela de Atenas. Al instante se convenci\u00f3 de que esta era la belleza en su forma absoluta y de que estas pinturas conten\u00edan las f\u00f3rmulas y los conceptos reveladores de una total definici\u00f3n del arte y de sus leyes inmutables. Y a este error suyo debemos no pocas de sus mejores obras; pues si no se hubiera cre\u00eddo equivocadamente un clasicista, no se hubiera sentido obligado a adoptar el constituyente esencial del idioma cl\u00e1sico, es decir, el desnudo. El desnudo, en el realismo moderno, da a entender lo inusual, sugiere algo furtivo y secreto, y s\u00f3lo ocurre en el programa de los realistas como algo excepcional. Mientras que con Ingres, gracias al idealismo cl\u00e1sico de su doctrina, el desnudo siempre fue un objeto de estudio muy importante y sagrado. Y a este estudio aplic\u00f3, como con todas sus empresas, una delicadeza y una frescura de sentimiento, una exactitud de observaci\u00f3n atenuada por un leve toque de atractivo sensual, el cual coloca estas pinturas entre sus m\u00e1s preciadas obras. Ning\u00fan franc\u00e9s lleg\u00f3 a dominar en igual medida, o con tanta similaridad al arte de los grandes, el gozo de dibujar y pintar un hermoso cuerpo, de reproducirlo en toda la gloria y la gracia de su juventud. El Edipo y la Ba\u00f1ista (1808), la Odalisca (1814), la Fuente (1818) \u2014todos estos cuadros hallados el Louvre\u2014 est\u00e1n entre los m\u00e1s bellos poemas consagrados a la exposici\u00f3n de aquel nobil\u00edsimo significado de la figura humana. Con todo, siguen siendo apenas \u00abestudios\u00bb incomparables. El pintor mientras tanto permanece incapaz de armonizar sus sensaciones para formar un cuadro vivo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este mismo gusto por lo curioso llev\u00f3 a Ingres en este periodo a producir una gran cantidad de obras menores del tipo anecd\u00f3tico e hist\u00f3ricas, tales como Rafael y la Fornarina, Francesca da rimini (1819, en el Museo de Angers), etc\u00e9tera, obras que a veces demuestran el ingenio, el romance y el capricho de una miniatura del Quattrocento. Aqu\u00ed el estilo se convierte en una parte de la realidad y el arca\u00edsmo del uno s\u00f3lo sirve para resaltar con mayor claridad la originalidad del otro. En obras de esta clase,  no hay otra m\u00e1s perfecta que su Capilla Sixtina (Louvre, 1814). Esta magn\u00edfica creaci\u00f3n, aunque peque\u00f1a en tama\u00f1o, es quiz\u00e1 la obra m\u00e1s completa, mejor balanceada y de mayor firmeza que jam\u00e1s haya creado el maestro. Para este tiempo, David, exiliado por la Restauraci\u00f3n, dej\u00f3 la escuela francesa sin representante; mientras que la escuela rom\u00e1ntica, con la Medusa de Gericault (1818) y el Dante de Delacroix (1822), clamaba reconocimiento. Ingres, hasta ahora poco conocido en su soledad en Italia, decidi\u00f3 regresar a Francia y asestar un golpe temerario. Ya en 1820 envi\u00f3 al Sal\u00f3n su Cristo entrega las llaves a san Pedro (Louvre), una obra fr\u00eda y sobria que gan\u00f3 gran \u00e9xito entre los clasicistas. El cuadro El voto de Luis XIII (Montauban, 1824), homenaje a Rafael, apareci\u00f3 oportunamente como un contraste a La matanza de Qu\u00edos de Delacroix. Desde entonces, a Ingres se le respet\u00f3 como dirigente de la escuela tradicional, y prueba su derecho al t\u00edtulo con la producci\u00f3n de la famosa Apoteosis de Homero (Louvre, 1827).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto se\u00f1ala el comienzo de un nuevo per\u00edodo, en el cual Ingres, absorto en las obras decorativas, no es m\u00e1s que el defensor de la ense\u00f1anza cl\u00e1sica. Una y otra vez  se violent\u00f3 en la composici\u00f3n de obras enormes como el Martirio de san Sinforiano (Autun, 1835), La edad de oro (Dampierre, 1843-49), la Apoteosis de Napole\u00f3n, Jes\u00fas entre los doctores (Montauban, 1862), obras que suponen una labor de la m\u00e1xima perseverancia, y que despu\u00e9s de todo son solamente grupos de \u00abestudios\u00bb: mosaicos cuidadosamente colocados y sin vida. Algunos de los retratos m\u00e1s bellos de Ingres, los de Armand Bertin (Louvre, 1831), de Cherubini (Louvre, 1842) y de Madame de Haussonville (1845), pertenecen a este per\u00edodo. Pero poco a poco renunci\u00f3 a los retratos, y dese\u00f3 ser \u00fanicamente pintor de lo ideal. Sin embargo, ahora lo era menos. En sus \u00faltimas obras, su deficiencia en la composici\u00f3n se vuelve cada vez m\u00e1s evidente; su vida pasa sin acontecimientos de nota. En 1820 parti\u00f3 de Roma hacia Florencia, y en 1824 se estableci\u00f3 en Par\u00eds, ciudad a la que nunca dej\u00f3, excepto por seis a\u00f1os (1836-1842), los cuales pas\u00f3 en Roma como director de la Villa M\u00e9dici. Muri\u00f3 a la edad de 87 trabajando hasta el \u00faltimo d\u00eda. Tal vez su prestigio y su alta autoridad vali\u00f3 algo en el renacimiento de la pintura decorativa ocurrido a mediados del siglo xix. Mas su legado indiscutible fue un principio de rareza o curiosidad y de excentricidad, copiada por artistas como Signol y Jeanniot. Ingres fue un naturalista que persisti\u00f3 en practicar el estilo m\u00e1s idealista del arte jam\u00e1s emprendido en la escuela francesa. Como su gran rival Delacroix, puede decirse que fue un fen\u00f3meno aislado en el arte del siglo xix.\n<\/p>\n<p>GAUTIER, Les Beaux-Arts en Europe (Par\u00eds, 1855); DELECLUZE, Louis David, son ecole et son temps (Par\u00eds, 1855); DELABORDE, Ingres, sa vie, sa doctrine (Par\u00eds, 1870); BLANCE, Ingres (Par\u00eds, 1870); DUVAL, L\u2019Atelier d\u2019Ingres (Par\u00eds, 1878); LAPAUZE, Les dessins d\u2019Ingres (Par\u00eds, 1901): 7 vols. en folio y 1 vol. de impresos); DE WYZEWA, L\u2019aervre peint de J.D. Ingres (Par\u00eds, 1907): D\u2019AGEN, Ingres, d\u2019apres une correspondance inedite (Par\u00eds, 1909). <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LOUIS GILLET<br \/>\nTranscrito por Beth Ste-Marie<br \/>\nTraducci\u00f3n de Manuel Rodr\u00edguez Rmz.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pintor franc\u00e9s, n. en Montauban el 29 de agosto de 1780; m. en Par\u00eds el 14 de enero de 1867. Su padre lo mand\u00f3 a estudiar a Tolosa. 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