{"id":25499,"date":"2016-02-05T17:15:30","date_gmt":"2016-02-05T22:15:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escala-espiritual\/"},"modified":"2016-02-05T17:15:30","modified_gmt":"2016-02-05T22:15:30","slug":"escala-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escala-espiritual\/","title":{"rendered":"ESCALA ESPIRITUAL"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Juan: La Santa Escala.\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Pimera Parte<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 La segunda parte<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Prologo.<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Vida de San Juan Cl\u00edmaco<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Carta de Juan, Hig\u00fameno de Raitu, al Venerable Juan, Hig\u00fameno del Monte Sina\u00ed<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Respuesta de San Juan Cl\u00edmaco.<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Juan nos ha dejado una \u00abEscala\u00bb compuesta de treinta logoi, llamados posteriormente por los editores: escalones, y completada por una \u00abCarta&#8230;\u00bb dirigida al hig\u00fameno Juan, de Raitu, a quien dedic\u00f3 el libro.<br \/>\nLa obra puede ser dividida en tres partes principales.\n<\/p>\n<h2>Pimera Parte<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera de ellas podr\u00eda considerarse como una Introducci\u00f3n \u03bd est\u00e1 compuesta por los tres primeros Escalones, que tratan respectivamente: el 1\u00b0, de la renuncia al mundo; el 2\u00b0, del desapego interior y el 3\u00b0, del ingreso en la vida religiosa; este \u00faltimo ofrece adem\u00e1s un suplemento sobre los sue\u00f1os, \u00abpara poner en guardia a los principiantes contra las ilusiones que en ellos se infiltran.\u00bb Se podr\u00eda decir que estos escalones hablan de los tres aspectos de la renunciaci\u00f3n.\n<\/p>\n<h2>La segunda parte<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Est\u00e1 constituida por los veintitr\u00e9s Escalones siguientes, que tratan, respectivamente: el 4\u00b0, de la obediencia, que es base y fundamento de la vida cenob\u00edtica; el 5\u00b0, de la penitencia; el 6\u00b0, de la memoria de la muerte; el 1\u00b0, de la aflicci\u00f3n purificadora (siendo estos tres el punto de partida de todo esfuerzo asc\u00e9tico); el 8\u00b0, de la ausencia de c\u00f3lera y la mansedumbres el 9\u00b0, del rencor; el 10\u00b0, de la maledicencia: el 11\u00b0, del silencio; el 12\u00b0, de la mentira; el 13\u00b0, de la aced\u00eda y la pereza; el 14\u00b0, de la gula; el 15\u00b0 de la lujuria y la castidad; el 16\u00b0, de la avaricia y de la no posesi\u00f3n; el 12\u00b0, de la insensibilidad; el 18\u00b0, del sue\u00f1o y la salmodia de los cenobitas; el 19\u00b0, de la vigilia; el 20\u00b0, del temor pusil\u00e1nime; el 21\u00b0, de la vanagloria; el 22\u00b0, del orgullo; el 23\u00b0, de los pensamientos blasfemos; el 24\u00b0, de la simplicidad y la dulzura; el 25\u00b0, de la humildad; el 26\u00b0, del discernimiento y la discreci\u00f3n. Este cap\u00edtulo cierra la segunda parte, dedicada a los vicios y las virtudes, con una recapitulaci\u00f3n de todos los Escalones anteriores e incluye una serie de comparaciones muy instructivas y pintorescas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tercera parte de \u00abLa Escala,\u00bb est\u00e1 conformada por los \u00faltimos tres Escalones, que tratan: el 27\u00b0, de la vida solitaria y anacor\u00e9tica, de la h\u00e9sychia y de la vigilancia del intelecto; el 28\u00b0, de la oraci\u00f3n inmaterial y de la paciencia; el 29\u00b0, de la impasibilidad; y el 30\u00b0, muestra las tres virtudes teologales como coronamiento de toda perfecci\u00f3n. Se puede considerar esta tercera parte de la obra como un peque\u00f1o tratado de m\u00edstica.<br \/>\nNo es posible encontrar en \u00abLa Santa Escala\u00bb una exposici\u00f3n sistem\u00e1tica, ni tampoco reglas o recetas de vida espiritual; la \u00abEscala no es un tratado de asc\u00e9tica ni un c\u00f3digo de moral. Sin embargo indica, a trav\u00e9s de m\u00faltiples se\u00f1ales, el camino a seguir por la libertad humana en la obra de crucifixi\u00f3n de nuestra individualidad no transfigurada, y de transfiguraci\u00f3n de nuestro ser entero en la luz de la resurrecci\u00f3n \u2014 obra que no puede ser realizada sin la acci\u00f3n de la gracia divina.\n<\/p>\n<h2>Prologo.<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">A todos aquellos que deseen tomar el rumbo que llevar\u00e1 su nombre a ser inscripto en el libro del cielo, estas p\u00e1ginas les mostrar\u00e1n el mejor camino. Si tal es nuestro prop\u00f3sito, aqu\u00ed hallaremos una gu\u00eda segura, una escalera muy firme que nos conducir\u00e1 de las cosas terrestres a las santas realidades, en cuya cima veremos a Dios. Esta es, pienso yo, la escalera que Jacob \u2014 \u00abaquel que suplant\u00f3 las pasiones\u00bb \u2014 contempl\u00f3 mientras reposaba en la ascesis.<br \/>\nYo os exhorto a trepar con coraje y confianza por esta escalera espiritual que lleva al cielo, la cual, desde su primer escal\u00f3n, nos muestra claramente el camino a seguir.<br \/>\nEl autor ha trazado este excelente dise\u00f1o poniendo a nuestra disposici\u00f3n una v\u00eda ascendente cuyas etapas equivalen, en n\u00famero, a la edad seg\u00fan la carne del Se\u00f1or. Teniendo por modelo esos treinta a\u00f1os \u00e9l ha levantado una escalera simb\u00f3lica que conduce, a trav\u00e9s de treinta escalones, hacia la perfecci\u00f3n. Cuando nosotros alcancemos gracias a ella la plenitud de la edad del Se\u00f1or, estaremos formados y afirmados; mas aquel que no haya llegado a ser como un ni\u00f1o ser\u00e1 considerado imperfecto.<br \/>\nEn cuanto a nosotros, hemos cre\u00eddo necesario encabezar este libro con el relato de la vida de este hombre pleno de sabidur\u00eda, a fin de que, viendo sus trabajos, no se refute nuestra fe en sus obras.<br \/>\n(Vida del San Juan Climaco (por Daniel, monje de Raitu).\n<\/p>\n<h2>Vida de San Juan Cl\u00edmaco<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Cu\u00e1l ha sido la ciudad en que naci\u00f3 y creci\u00f3 este devoto var\u00f3n antes de ingresar en la gloriosa milicia de su profesi\u00f3n, no se sabe con certeza; mas cu\u00e1l es la que ahora lo alberga, brind\u00e1ndole eternos deleites, mucho antes que nosotros lo declar\u00f3 el ap\u00f3stol San Pablo (Ef. 2). Porque \u00e9l es ahora ciudadano de la celestial Jerusal\u00e9n, y est\u00e1, en compa\u00f1\u00eda de los primog\u00e9nitos \u00abcuya conversaci\u00f3n es en los cielos\u00bb (Flp.) contemplando, con ojos pur\u00edsimos y libres de toda materia y tinieblas, aquella invisible hermosura, y recibiendo el glorioso salario por sus trabajos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque gozando de la heredad del reino celestial, para siempre cantar\u00e1 y se alegrar\u00e1 con aquellos cuyos pies estuvieron siempre fijos en la senda de la virtud. Mas ahora hemos de narrar brevemente de qu\u00e9 manera y por qu\u00e9 medios conquist\u00f3 esta corona.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Habiendo alcanzado la edad de diecis\u00e9is a\u00f1os, \u00e9l se ofreci\u00f3 a Cristo en sacrificio santo y agradable, recibiendo sobre s\u00ed el yugo de la vida mon\u00e1stica en un convento que estaba sobre el monte Sina\u00ed, pretendiendo con esto que hasta el mismo nombre y condici\u00f3n del lugar visible despertase su coraz\u00f3n, llevase sus ojos a la contemplaci\u00f3n del Dios invisible y le convidase a ir hacia \u00e9l. Desterr\u00e1ndose de esta manera, y alej\u00e1ndose de su patria, y amando la peregrinaci\u00f3n, y despidiendo de su coraz\u00f3n toda vana estima y confianza en s\u00ed mismo, y abrazando la santa humildad, venci\u00f3 perfectamente al demonio aquel que trabaja por hacer que nos tengamos en algo y confiemos en nosotros mismos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, inclinando la cabeza, confiando en Dios, y sujet\u00e1ndose perfectamente al padre espiritual, atraves\u00f3 sin peligro las olas grandes y brav\u00edas de esta vida mortal como un experto piloto. Y, progresando d\u00eda a d\u00eda en este estado, lleg\u00f3 a estar muerto para el mundo y para sus propias voluntades, a un grado tal que parec\u00eda tener el alma del todo despojada del propio parecer y de la propia voluntad. Lo cual era m\u00e1s llamativo por tratarse de \u00e9l, que anteriormente hab\u00eda sido instruido en el mundo en las ciencias seculares. Y la soberbia y la arrogancia de la humana filosof\u00eda suelen por lo general apartar de la humildad y de la sujeci\u00f3n a Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. De esta manera permaneci\u00f3 durante diecinueve a\u00f1os, hecho un perfecto dechado de obediencia y sujeci\u00f3n, hasta que falleci\u00f3 el santo padre que lo ten\u00eda a su cargo. Entonces, confiando en sus oraciones como en potent\u00edsimas armas, pas\u00f3 a la vida solitaria. Escogi\u00f3 para ello un lugar llamado Thola, que estaba a cinco millas de una iglesia. En este sitio persever\u00f3 constantemente por espacio de cuarenta a\u00f1os, con gran alegr\u00eda y fervor de su esp\u00edritu.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. Mas \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda, con palabras y alabanzas explicar lo que all\u00ed pas\u00f3 durante tan largo tiempo? \u00bfc\u00f3mo se podr\u00eda sacar a luz lo que all\u00ed padeci\u00f3 a solas y sin testigos? Sin embargo, a partir de algunos indicios y de algunas noticias, podremos decir ciertas cosas de la muy santa conducta de este gran santo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. Primeramente, en cuanto a la forma de su abstinencia, com\u00eda de todos aquellos alimentos que seg\u00fan su profesi\u00f3n era l\u00edcito comer, pero de todo poco. Porque comiendo de todo rehu\u00eda la nota de singularidad y vanagloria; y comiendo poco venc\u00eda la furiosa rabia de la gula, hablando muchas veces con ella y dici\u00e9ndole: \u00abCalla, calla.\u00bb Con la soledad, y por el poco trato y compa\u00f1\u00eda de los hombres, apag\u00f3 de tal modo la llama de la lujuria que \u00e9sta ya no le daba pena ni molestia. La avaricia &#8211; que el Ap\u00f3stol llama idolatr\u00eda- fue vencida por la generosidad y la misericordia para con los otros y la escasez de las cosas necesarias para consigo mismo. Porque content\u00e1ndose con lo poco, no ten\u00eda necesidad de codiciar lo mucho; que es propio de esta pestilencia. A la pereza y a la aced\u00eda (que con raz\u00f3n puede llamarse una perpetua muerte del alma) las venci\u00f3 con la memoria de la muerte y con los continuos ejercicios de piedad. M\u00e1s, a la tiran\u00eda de la ira \u00e9l ya la hab\u00eda degollado con el cuchillo de la obediencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto a su lucha contra el mayor de los vicios, que es la soberbia, a la cual este nuevo Beleel comenz\u00f3 a vencer con la mansedumbre de la obediencia, debo decir que acab\u00f3 en victoria cuando el Se\u00f1or de la celestial Jerusal\u00e9n , con su presencia levant\u00f3 contra ella la virtud de la humildad, sin la cual ni es posible vencer al pr\u00edncipe de este mundo, ni a la flota de vicios que trae consigo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. Mas \u00bfen qu\u00e9 sitio de esta celestial corona pondr\u00e9 la abundancia de sus l\u00e1grimas? Rara cosa es \u00e9sta, por cierto, y en muy pocos se encuentra. Pues bien, existe, a\u00fan hoy d\u00eda, un secreto refugio \u2014 una cueva en la ladera de una monta\u00f1a-, tan apartado de su celda y de cualquier otra celda cuanto bastase para cerrar puertas y o\u00eddos al vicio de la vanagloria. All\u00ed elevaba su voz al cielo con tan grandes gemidos, suspiros y clamores como quien recibiera el cauterio del fuego y otras curas del mismo estilo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7. Dorm\u00eda apenas lo necesario como para conservar la claridad y quietud del entendimiento y para no desfallecer por exceso de vigilias. Antes de entregarse al sue\u00f1o, ten\u00eda por costumbre orar largamente y escribir un poco, combatiendo de este modo a la aced\u00eda. Pero, en verdad, todo el transcurrir de su vida era oraci\u00f3n permanente, continuo ejercicio en el amor de Dios, al cual miraba d\u00eda y noche en el espejo pur\u00edsimo de su alma llena de castidad y sin hartarse jam\u00e1s de ese manjar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8. Un monje llamado Mois\u00e9s, que era de los que profesaban la vida solitaria, deseando imitar a este santo var\u00f3n y ser guiado por \u00e9l hacia la verdadera sabidur\u00eda, pidi\u00f3 a los otros padres que intervinieran en su favor a fin de ser aceptado. Ayudado por tales intercesores, fue finalmente recibido. Al poco tiempo, fue enviado por Juan en busca de buena tierra para agregar al huerto. Yendo, pues, el disc\u00edpulo a cumplir lo que el Maestro le mandaba, trabaj\u00f3 con gran ahinco hasta el mediod\u00eda, en que fatigado por la tarea se concedi\u00f3 un rato de reposo a la sombra de una gran roca que hab\u00eda en el lugar, la cual pod\u00eda caer en cualquier momento. Mas aquel clement\u00edsimo Se\u00f1or, que tan especial cuidado tiene de sus siervos, al ver el peligro que corr\u00eda Mois\u00e9s, le socorri\u00f3 de esta manera:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9. El gran Juan, nuestro padre, que estaba como ten\u00eda por h\u00e1bito en su celda, recogido en s\u00ed mismo y en Dios, fue sorprendido por un suave sue\u00f1o y tuvo una visi\u00f3n, en la que contempl\u00f3 a un hombre de aspecto venerable que le reprendi\u00f3 de este modo; &#8216;T\u00fa est\u00e1s aqu\u00ed, seguramente durmiendo, mientras Mois\u00e9s, tu disc\u00edpulo, est\u00e1 en grave peligro.\u00bb R\u00e1pidamente despert\u00f3 el santo var\u00f3n y se arm\u00f3 con la oraci\u00f3n, rogando con gran fervor por Mois\u00e9s. Cuando \u00e9ste regres\u00f3, le pregunt\u00f3 si le hab\u00eda pasado algo, y \u00e9l respondi\u00f3 que se hab\u00eda visto en peligro de que una gran piedra le cayera encima mientras dorm\u00eda, haci\u00e9ndolo pedazos, de no haber sido porque estando as\u00ed oy\u00f3 la voz de Juan que le despertaba, por lo que dio un gran salto escapando de la roca que en ese momento ca\u00eda en tierra. Al escuchar estas palabras, el var\u00f3n de Dios, verdaderamente humilde de coraz\u00f3n, nada dijo de su visi\u00f3n; aunque por otra parte, y en secreto, elevaba su voz en ardientes clamores, cantando himnos a Dios y agradeciendo aquella gracia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10. Era tambi\u00e9n este santo var\u00f3n m\u00e9dico de secretas llagas. Hab\u00eda, en efecto, en aquel tiempo, un monje llamado Isaac, el cual, vi\u00e9ndose arder en el fuego de una tentaci\u00f3n carnal acudi\u00f3 a \u00e9l con gran prisa, y abatido por el dolor de una gran tristeza, descubri\u00f3 su secreta herida ante el padre Juan. \u00c9ste, maravillado ante la fe y la humildad del monje, lo consol\u00f3 diciendo: &#8216;Oremos, hijo m\u00edo, y el Se\u00f1or, que es clemente y misericordioso, no despreciar\u00e1 nuestros ruegos.\u00bb Y mientras todav\u00eda oraban, estando el religioso enfermo, postrado en tierra, hizo el Se\u00f1or la voluntad de su siervo: aquella serpiente de la carne huy\u00f3, castigada por el l\u00e1tigo de la oraci\u00f3n. El monje Isaac, entonces, vi\u00e9ndose libre de la enfermedad, dio muchas gracias a Dios y a su gran servidor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11. Como pasado un tiempo este padre venerable comenzara a apacentar a las almas que a \u00e9l ven\u00edan con el pasto de la palabra de Dios, haci\u00e9ndoles beber generosamente en el r\u00edo de la sabidur\u00eda divina, ciertos \u00e9mulos, inflamados con el fuego de la envidia, procuraron estorbar al Maestro afirmando que s\u00f3lo era un charlat\u00e1n. Mas \u00e9l, aun sabiendo que en el Cristo que lo fortificaba todo lo pod\u00eda, y deseando instruir a aquellos que a \u00e9l ven\u00edan en busca de edificaci\u00f3n no solamente con palabras, sino mucho m\u00e1s con el silencio y el ejemplo de la paciencia, determin\u00f3 callar por un tiempo y detener el fluir de aquella corriente celestial, teniendo por m\u00e1s \u00fatil que los amadores de la virtud sufrieran este detrimento antes que provocar la ira de aquellos ingratos y malos jueces. Ocurri\u00f3 entonces que \u00e9stos, maravillados ante su gran humildad y modestia, viendo c\u00f3mo se hab\u00eda cegado una fuente de tanta utilidad, y habiendo sido ellos mismos los culpables de tan grave da\u00f1o, compungidos se acercaron a \u00e9l llenos de humildad y, junto con los otros, le pidieron el acostumbrado alimento de su doctrina, lo cual el padre Juan les otorg\u00f3 benignamente. Y as\u00ed retorn\u00f3 a proseguir lo comenzado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12. Y como nuestro padre Juan resplandeciese de esta manera en todo g\u00e9nero de virtudes, y como no se hallase ninguno semejante a \u00e9l, vinieron todos los monjes del monasterio del Sina\u00ed, con un mismo afecto y deseo, y como a un nuevo Mois\u00e9s, te ense\u00f1an de la divina ley, y contra toda su voluntad, le entregaron la conducci\u00f3n de aquel monasterio, para que alumbrase a todos. En lo que no fueron defraudados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y as\u00ed subi\u00f3 tambi\u00e9n \u00e9l al monte, y entrando en aquella sagrada niebla, como Mois\u00e9s recibi\u00f3 la ley escrita por la mano de Dios, gozando primero de su contemplaci\u00f3n; y ascendiendo por los escalones de las virtudes intelectuales abri\u00f3 su boca para que brotara la palabra de Dios, y atrayendo hacia s\u00ed el Esp\u00edritu, sac\u00f3 palabras de vida del tesoro de su coraz\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13. Testigo de todo esto son aquellos que se beneficiaron por su boca de las palabras del Esp\u00edritu Santo y de su gracia, muchos de los cuales por su doctrina alcanzaron la salvaci\u00f3n. Testigo es tambi\u00e9n el padre Juan, abad del monasterio de Raitu, por cuyos ruegos este santo var\u00f3n descendi\u00f3 del monte Sina\u00ed trayendo estas tablas escritas por el dedo de Dios, las cuales contienen, exteriormente las reglas de la vida activa, y en su interior las de la vida contemplativa.\n<\/p>\n<h2>Carta de Juan, Hig\u00fameno de Raitu, al Venerable Juan, Hig\u00fameno del Monte Sina\u00ed<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al admirable padre de padres, igual a los \u00c1ngeles y doctor excelente: Juan, hig\u00fameno del monasterio del monte Sina\u00ed, de Juan el pecador, hig\u00fameno del monasterio de Raitu.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conociendo nosotros, que tan alejados estamos de la perfecci\u00f3n, oh venerable padre, tu singular y perfecta obediencia, la cual nada sabe de objetar lo que se manda, que embellece toda suerte de virtudes, y que ha hecho fructificar todos los talentos que Dios te ha dado, hemos decidido, puesto que est\u00e1 escrito: \u00abPregunta a tu padre, y \u00e9l te ense\u00f1ar\u00e1; y a los ancianos, y ellos te responder\u00e1n\u00bb (cf. Deut. 32), poner en pr\u00e1ctica dicho mandamiento. Por tal motivo, a trav\u00e9s de esta carta todos postrados ante ti, y ante la cumbre de tus virtudes, te suplicamos que, como padre com\u00fan de todos, como el m\u00e1s antiguo de todos por la asc\u00e9tica, y por la penetraci\u00f3n de su esp\u00edritu el m\u00e1s aventajado en la perfecci\u00f3n de las virtudes, tengas por bien escribir, a nosotros, rudos e ignorantes, las cosas que en la contemplaci\u00f3n divina &#8211; como otro Mois\u00e9s \u2014 viste en este mismo monte, y que de all\u00ed quieras traernos las tablas divinamente escritas, o sea una doctrina que propongas al nuevo Israel, es decir: aquellos que perfectamente han salido del Egipto espiritual y del mar tempestuoso de este mundo. Y tal como la vara de Mois\u00e9s hizo maravillas en el mar, as\u00ed pedimos que con esa lengua divinamente inspirada nos quieras ense\u00f1ar las cosas en que consiste la perfecci\u00f3n de la vida mon\u00e1stica, como gran maestro de ella, para consolaci\u00f3n de todos los que han escogido este celestial y santo modo de vida. No pienses que exista por nuestra parte af\u00e1n de halagarte, ya que bien sabes, oh santo var\u00f3n, cuan lejos de todo tipo de lisonjas est\u00e1 nuestro g\u00e9nero de vida, sino que hemos expresado lo que todos vemos y entendemos con claridad. Confiamos en el Se\u00f1or, por lo tanto, que en breve nos traigas las letras esculpidas de estas tablas, con las cuales ser\u00e1n correctamente guiados los que desean caminar sin desviaciones, y con ellas nos hagas una escalera que llegue hasta las puertas del cielo, la cual lleve suavemente, sanos y salvos, a todos los que por ella quieran ascender, y sin que las milicias espirituales de los gobernantes de las tinieblas de este mundo y de los pr\u00edncipes del aire, puedan impedir esta subida. Porque si aquel santo patriarca Jacob, siendo pastor de ovejas, pudo ver en una ocasi\u00f3n aquella escalera tan terrible que llegaba hasta el cielo, con mucha mayor raz\u00f3n el pastor de las ovejas racionales, no solamente ver\u00e1, sino tambi\u00e9n armar\u00e1 esta escalera que nos har\u00e1 seguro el camino hasta Dios, y libre de todo error. Sea Dios siempre contigo, amant\u00edsimo y muy venerable padre.\n<\/p>\n<h2>Respuesta de San Juan Cl\u00edmaco.<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recib\u00ed, santo var\u00f3n, tu venerable carta, no menos digna de la honestidad y religiosidad de tu vida que de tu humilde y limpio coraz\u00f3n, y a la cual este pobre hombre, falto de virtudes, m\u00e1s que carta pudo llamar precepto o mandamiento que exced\u00eda sus fuerzas. Reconozco en esta demanda tuya la santidad de tu alma \u2014 pues es propio de ella pedir a quien como yo es tan ignorante en palabras como corto en obras, reglas de doctrina y virtud-. Por nuestra parte, para confesar la verdad, nunca hubi\u00e9ramos osado acometer esta tarea que nos exced\u00eda, de no haber sido compelidos por el miedo a faltar a la santa obediencia, que es madre de todas las virtudes. Porque mejor hubiera sido \u00a1oh admirable padre! que hubieras procurado, para ser instruido en estas materias, a otros m\u00e1s avanzados, ya que nosotros debemos ser contados todav\u00eda en el n\u00famero de los principiantes. Mas ya que nuestros santos padres, maestros de la verdadera sabidur\u00eda, dicen que la verdadera y pura obediencia consiste en el cumplimiento de aquellas cosas que exceden las fuerzas del hombre, olvidando mi incapacidad, me aboqu\u00e9 osadamente a cumplir con lo que me has pedido (no porque pueda decir algo de provecho o que t\u00fa no sepas mejor que yo \u2014 ya que estoy convencido de que los pur\u00edsimos ojos de tu alma, libres por completo de las tinieblas de las perturbaciones humanas, generadoras de las tinieblas que oscurecen el entendimiento, sin obst\u00e1culo ni impedimentos ven la luz divina y por ella son esclarecidos e instruidos).<br \/>\nNo obstante, temiendo como dije la muerte de la desobediencia, compelido por este temor y con el deseo de cumplir con tu santo mandamiento, como hijo agradecido, obediente e in\u00fatil de un sabio pintor, determin\u00e9 hacer este dibujo, o mejor dicho, este borr\u00f3n, y delinear con mi poco saber las reglas y documentos de la vida espiritual, dejando para ti, como gran maestro, a\u00f1adir los colores, corregir las fallas que hubiere, y tratar m\u00e1s claramente lo que yo no supe explicar.<br \/>\nEste trabajo nuestro lo enviamos sin pensar, por cierto, que pudiera ser de alg\u00fan provecho \u2014 y quiera Dios nunca lo pensemos, pues ser\u00eda extremada locura, ya que t\u00fa eres suficiente, por virtud de Cristo para ense\u00f1ar, no solamente a los otros, sino tambi\u00e9n a nosotros, tanto con palabras como con ejemplos de virtud \u2014 sino que lo hacemos llegar a esa santa congregaci\u00f3n que es como yo instruida por ti \u2014 con cuyas oraciones, cual espirituales manos, aliviado del peso de mi ignorancia, quiero comenzar a extender las velas de mi pluma-, entregando a Cristo el gobierno de mi discurso. Confiando, pues, en este socorro y en vuestro mandamiento, dimos comienzo a esta doctrina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y ruego a todos aquellos en cuyas manos cayera este libro, que si en \u00e9l hallaren alguna cosa provechosa, se lo atribuyan a nuestro excelente superior y a \u00e9l se lo agradezcan, y a nosotros paguen con oraciones, suplicando al Se\u00f1or nos de el premio sin mirar las cosas que decimos, que en verdad son baj\u00edsimas y llenas de ignorancia y simplicidad, sino solamente por la intenci\u00f3n y la alegr\u00eda con que ofrecemos esto, imitando la devoci\u00f3n de aquella viuda del Evangelio (L\u00fae. 21), que aunque no ofreci\u00f3 mucho ofreci\u00f3 con mucha voluntad aquello que tuvo. Porque no mira Dios tanto la cantidad de las ofrendas, cuanto la intenci\u00f3n y el fervor de la voluntad.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan: La Santa Escala. Contenido 1 Introducci\u00f3n 2 Pimera Parte 3 La segunda parte 4 Prologo. 5 Vida de San Juan Cl\u00edmaco 6 Carta de Juan, Hig\u00fameno de Raitu, al Venerable Juan, Hig\u00fameno del Monte Sina\u00ed 7 Respuesta de San Juan Cl\u00edmaco. Introducci\u00f3n Juan nos ha dejado una \u00abEscala\u00bb compuesta de treinta logoi, llamados posteriormente &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escala-espiritual\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abESCALA ESPIRITUAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-25499","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25499","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25499"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25499\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25499"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25499"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25499"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}