{"id":25507,"date":"2016-02-05T17:15:48","date_gmt":"2016-02-05T22:15:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-juan-crisostomo-libro-del-sacerdocio-v\/"},"modified":"2016-02-05T17:15:48","modified_gmt":"2016-02-05T22:15:48","slug":"san-juan-crisostomo-libro-del-sacerdocio-v","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-juan-crisostomo-libro-del-sacerdocio-v\/","title":{"rendered":"SAN JUAN CRISOSTOMO: LIBRO DEL SACERDOCIO V"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">I.<br \/>\nMe parece haber mostrado bastante, cu\u00e1nta es la experiencia que debe tener un obispo para entrar en los combates por defensa de la verdad. Pero fuera de esto, tengo que a\u00f1adir otra cosa, la cual es causa de mil peligros; o por mejor decir, no es esta la causa, sino aqu\u00e9llos que no saben usar bien de ella. De esta resulta la salud y otros muchos bienes, cuando se halla en hombres adornados de bondad y de diligencia. \u00bfCu\u00e1l pues es \u00e9sta? es el grande trabajo, y atenci\u00f3n que debe emplearse en los sermones que se tienen p\u00fablicamente al pueblo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Porque en primer lugar, la mayor parte de los s\u00fabditos no quiere escuchar a los predicadores como a maestros; sino que excediendo la condici\u00f3n de disc\u00edpulos, se sientan a o\u00edrles como si se sentaran a ver unos espect\u00e1culos profanos. Y as\u00ed como en aqu\u00e9llos se divide el pueblo, y qui\u00e9n se inclina a \u00e9ste, y qui\u00e9n a aqu\u00e9l; as\u00ed tambi\u00e9n aqu\u00ed divididos, unos favorecen a uno, otros a otro, y escuchan el serm\u00f3n prevenidos de odio, o de favor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ni se encuentra aqu\u00ed sola esta molestia, sino otra nada inferior; porque si sucede que alguno de los predicadores entreteje en sus razonamientos alguna cosa que otros han trabajado, tiene que sufrir m\u00e1s villan\u00edas que los que han robado alg\u00fan dinero. Y aun no pocas veces sucede, que este tal, no habiendo tomado cosa alguna de otro, sino solamente porque se sospecha, que lo hace, le sucede lo mismo que a los que han cogido con el hurto en las manos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPero qu\u00e9 hablo yo de lo que otros han trabajado? No le es l\u00edcito valerse frecuentemente de sus propios descubrimientos, porque la mayor parte suele acudir al serm\u00f3n, no para aprovecharse de \u00e9l, sino para divertirse, sent\u00e1ndose a ser como jueces de unos representantes de tragedia, o de unos m\u00fasicos de c\u00edtara. Y aquella fuerza de oraci\u00f3n, que poco antes hemos excluido, es aqu\u00ed tan deseada, como puede serlo de los mismos Sofistas, cuando se ven precisados a disputar entre s\u00ed.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por tanto, se necesita tambi\u00e9n en esta parte un \u00e1nimo fuerte, y que exceda en mucho esta flaqueza, para refrenar el desordenado e in\u00fatil gusto de la muchedumbre, y para poder reducir a lo m\u00e1s \u00fatil al auditorio, para que el pueblo le siga, ceda a sus discursos, y \u00e9l no se deje llevar, ni se acomode a los caprichos de un vulgo. Pero esto no puede conseguirse sin dos cosas; es a saber, el desprecio de las alabanzas y la facultad de hablar. Porque si falta la una, es in\u00fatil la que queda, por estar separada de la otra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">II.<br \/>\nY si despreciando las alabanzas, no propone la doctrina con gracia y sazonada de sal, se granjear\u00e1 el desprecio de la mayor parte, no sacando utilidad alguna de aquella superioridad de \u00e1nimo. Y si cumpliendo bien en esta parte, tiene la flaqueza de dejarse llevar de vanagloria por los aplausos, resulta el mismo da\u00f1o a \u00e9l, y a quien le escucha, acomodando el serm\u00f3n por ambici\u00f3n de alabanza, m\u00e1s al paladar, que a la utilidad de sus oyentes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y as\u00ed como aqu\u00e9l a quien no mueven los aplausos, pero que no sabe hablar, no se acomoda al gusto del pueblo, ni puede traerle, por faltarle la facundia, alguna utilidad considerable; as\u00ed aqu\u00e9l a quien arrastra el deseo de ser alabado, aunque tenga con que poder mejorar a sus oyentes, quiere m\u00e1s en cambio de aquellas alabanzas, ofrecerles cosas que puedan lisonjear su gusto, comprando con el precio de \u00e9stas el estruendo de los aplausos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">III.<br \/>\nEs necesario, pues, que el que gobierna un pueblo sobresalga en estas dos partes, para que la una no sea destruida de la otra; porque si present\u00e1ndose en un p\u00fablico dice cosas que pueden muy bien contener a los que viven descuidadamente, y despu\u00e9s se queda sin poder proseguir el discurso, y se ve obligado a que su rostro se cubra de verg\u00fcenza porque le faltan las palabras, en aquel punto se pierde todo el fruto que pod\u00edan dar las cosas que ha dicho. Aqu\u00e9llos que han sido reprendidos, sintiendo lo que oyeron, y no pudiendo vengarse de \u00e9l de otra suerte, le comienzan a motejar de ignorante, creyendo ocultar de este modo sus oprobios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por tanto, conviene que a semejanza de un buen cochero, tenga una pr\u00e1ctica muy cumplida de estas dos prendas; de modo que pueda usar de ellas como convenga. Porque si su conducta apareciere para con todos irreprensible, podr\u00e1 en tal caso, con cuanta libertad gustare, acortar o soltar la rienda a los que le est\u00e1n subordinados; pero sin esto, no le ser\u00e1 muy f\u00e1cil el hacerlo. Ni basta solamente mostrar aquella superioridad de \u00e1nimo hasta el desprecio de las alabanzas, sino que es necesario llevarla m\u00e1s adelante para que nuevamente no se pierda el fruto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">IV.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 otra cosa, pues, es la que se ha de despreciar? la envidia. Y supuesto que un prelado se halla en la necesidad de estar sujeto a sufrir reprensiones poco razonables, no es bien que sin medida tiemble y se espante de semejantes calumnias intempestivas; las que ni tampoco debe despreciar inconsideradamente. Conviene s\u00ed, aun cuando sean falsas, y que provengan de gente de poco valer, procurar desvanecerlas prontamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Verdaderamente, no hay cosa alguna que aumente tanto la buena, o mala fama, como el vulgo descompuesto. Acostumbrado \u00e9ste a o\u00edr y a hablar sin discernimiento dice, sin reflexi\u00f3n, todo lo que le viene a la boca, sin cuidarse de si es o no verdad. Por tanto, no debe despreciarse la voz del vulgo; antes bien en el principio, y sin perder tiempo, se han de cortar las malas sospechas, persuadiendo a los acusadores, aunque fuesen los m\u00e1s irracionales de todo el mundo, sin omitir alguna cosa de las que puedan conducir para destruir la mala opini\u00f3n. Cuando hecho todo esto de nuestra parte, no quieren volver en s\u00ed los calumniadores, entonces viene bien el no hacer aprecio de ellos; porque si alguno por semejantes accidentes abatiere su esp\u00edritu, no podr\u00e1 producir cosa que aparezca dimanada de un \u00e1nimo generoso o digno de admiraci\u00f3n. Porque la tristeza y el permanecer fijo constantemente con el pensamiento en una cosa tienen mucha fuerza para abatir el vigor del \u00e1nimo y reducirlo a una extrema debilidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debe, pues, el sacerdote portarse con sus s\u00fabditos del mismo modo que un padre se portar\u00eda con sus hijos cuando son a\u00fan muy tiernos. Y as\u00ed como no nos movemos considerablemente por sus insolencias, ni cuando nos hieren, o cuando lloran, como tampoco recibimos alg\u00fan placer excesivo de sus risas, o caricias; as\u00ed tambi\u00e9n conviene que no nos envanezcamos oyendo que nos alaban; ni abatirnos por sus calumnias, cuando son fuera de prop\u00f3sito.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dif\u00edcil cosa es esta, \u00a1oh bienaventurado! o tal vez imposible, seg\u00fan yo entiendo; porque dejar de alegrarse un hombre cuando oye sus alabanzas, no s\u00e9 si habr\u00e1 sucedido a alguno. Aqu\u00e9l, pues, que se alegra de o\u00edrlas, es natural que desee tambi\u00e9n gozarlas; y quien desea gozarlas, es necesario por una forzosa consecuencia, que se consuma y entristezca, si no consigue esto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed como los que se regocijan con las riquezas, si vienen a caer en pobreza, lo sienten; y los que est\u00e1n acostumbrados a vivir en medio de las delicias, no pueden ajustarse a hacer una vida frugal; as\u00ed los que aman ser alabados, no s\u00f3lo cuando son reprendidos sin raz\u00f3n, sino aun cuando continuamente no oyen sus elogios, casi como consumidos de una cierta hambre, se destruyen el \u00e1nimo; y particularmente si se han criado en medio de ellos, o si oyen alabar a otros en su presencia. Por tanto, aqu\u00e9l que con este deseo pasare a dar muestras de su doctrina, \u00bfcu\u00e1ntas molestias y cu\u00e1ntos dolores crees t\u00fa que pasar\u00e1? Ni el mar puede hallarse jam\u00e1s sin olas, ni tampoco su \u00e1nimo dejar de ser agitado de varios pensamientos y afanes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V.<br \/>\nPero aun cuando tenga una gran facilidad en el decir (lo que a la verdad se encuentra en pocos), no por esto queda libre de trabajar continuamente. Siendo la elocuencia obra, no de la naturaleza, sino de la doctrina, aun cuando alguno llegue a lo sumo de ella, si no aplica un continuo estudio y ejercicio a esta facultad ser\u00e1 abandonado de ella f\u00e1cilmente. De modo, que los m\u00e1s sabios, tienen que trabajar m\u00e1s que los menos doctos; porque no es igual la p\u00e9rdida de los unos y de los otros, si fueren descuidados en esto; antes bien es tanto mayor, cuanta es la diferencia que hay entre la pericia de los unos y de los otros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y si aqu\u00e9llos no ofrecen cosa que sea de consideraci\u00f3n, no por esto habr\u00e1 quien los reprenda; pero si estos no dan de s\u00ed siempre cosas superiores a aquella opini\u00f3n que se tiene de ellos, les siguen muchas quejas de parte de todos. Fuera de esto, aqu\u00e9llos, aun en cosas de poca monta, pueden conseguir grandes alabanzas; pero las de \u00e9stos, si no fueren hasta lo sumo maravillosas y estupendas, no solo quedan privados de alabanzas, sino que encuentran muchos que los reprenden.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los oyentes se sientan como jueces, no tanto de las cosas que dicen los oradores, como de la opini\u00f3n que se tiene de ellos. De modo que si alguno sobresale en elocuencia sobre todos los otros, a \u00e9ste le queda que trabajar mucho m\u00e1s que a todos los otros. No le es permitido aparecer sujeto a lo que est\u00e1 la naturaleza humana; esto es, el no poder bastar para todo; antes bien, si no corresponde la oraci\u00f3n al concepto que se tiene de \u00e9l, se retirar\u00e1 de la presencia del pueblo despu\u00e9s de haber o\u00eddo mil motes y reprensiones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y ninguno entra a pensar dentro de s\u00ed mismo, que sobrevini\u00e9ndole alguna tristeza, af\u00e1n, o cuidado, y no pocas veces alguna indignaci\u00f3n, le habr\u00e1 ofuscado la claridad del entendimiento y no le habr\u00e1 permitido que se manifestasen sinceros a la luz p\u00fablica sus partos. Y que generalmente hablando, el hombre no puede ser siempre el mismo, ni salir bien en todas las cosas que dice; sino que le es natural el errar alguna vez y manifestarse inferior a su propia facultad y virtud.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ninguna de estas cosas, como dejo dicho, quieren reflexionar estos tales, sino que lo acusan del mismo modo que si juzgaran a un \u00c1ngel.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se junta a todo esto, el ser natural al hombre, el perder de vista las acciones excelentes del pr\u00f3jimo, por muchas y grandes que sean. Pero por el contrario, si se descubre alguna falta, por ligera que sea, y aunque haya acaecido mucho tiempo antes, la advierte prontamente y la reprende, teni\u00e9ndola fija en la memoria. Y semejante falta de poqu\u00edsima consideraci\u00f3n ha disminuido, no pocas veces, la gloria de muchos y grandes hombres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VI.<br \/>\n\u00a1Ves, oh valeroso, cu\u00e1nto mayor estudio, y con el estudio, cu\u00e1nta mayor paciencia necesita el que sobresale en elocuencia entre los otros, que aqu\u00e9llos de quien antes te hablaba! Son muchos los que sin motivo alguno, y sin cesar, le asaltan, no teniendo de qu\u00e9 acusarle, sino solamente por el sinsabor que experimentan de que est\u00e9 tan bien opinado de todos; debiendo \u00e9l tolerar con un \u00e1nimo generoso la \u00e1spera envidia de estos tales. Porque no pudiendo ocultar este odio execrable, que sin causa alguna tienen reconcentrado en su coraz\u00f3n, motejan, vituperan y calumnian escondidamente, manifestando sin rebozo su perversa inclinaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora, pues, un alma, que por cada una de estas cosas comienza a entristecerse y a condolerse, no har\u00e1 otra cosa, sino consumirse de dolor y de pena.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y no solamente le hacen estos tiros por s\u00ed mismos, sino que procuran valerse de otros para hacer lo mismo. Y muchas veces escogiendo uno, que le es muy inferior en la elocuencia, le alaban hasta los cielos y lo admiran sobre sus m\u00e9ritos: haciendo esto unos s\u00f3lo por capricho, y otros por ignorancia y envidia, para echar por tierra su reputaci\u00f3n, y no precisamente con la mira de que aparezca digno de admiraci\u00f3n el que no lo es.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y este hombre valeroso, no s\u00f3lo tiene que combatir con esta casta de gente, sino frecuentemente aun con la ignorancia de todo un pueblo. No es posible que todos los que concurren, formen un congreso de hombres doctos; antes por el contrario, sucede ordinariamente que se componga por la mayor parte de gente idiota. Y los dem\u00e1s, aunque sean m\u00e1s prudentes que aqu\u00e9llos, con todo, son tan inferiores a los que pueden dar su juicio en materia de elocuencia, cuanto todo el resto de los dem\u00e1s son inferiores a ellos; se sientan solamente uno o dos que poseen esta facultad. De donde resulta que aqu\u00e9l que dice mejor, lleva los menores aplausos y que alguna vez se retire sin recibir alguna alabanza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora, pues, conviene prepararse generosamente para sufrir todas estas desigualdades, y para perdonar a quien hace esto por ignorancia, y compadecer y llorar a los que lo hacen movidos de envidia como desdichados y dignos de compasi\u00f3n; sin creer, que su habilidad ha padecido disminuci\u00f3n, ni menoscabo por los unos, ni por los otros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un excelente pintor que sobresale entre todos los otros, aunque vea ser censurada por gente ignorante una figura que ha pintado con el mayor esmero, no por esto debe descaecer de \u00e1nimo, ni juzgarla mala por el juicio de personas que no lo entienden; como tampoco tener por digna de aprecio, y por bien hecha, una pintura, que en la realidad lo est\u00e1 mal, por la admiraci\u00f3n que excita en los que no la entienden.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VII.<br \/>\nUn art\u00edfice excelente debe ser por s\u00ed mismo juez de sus obras, y tenerlas por feas o por hermosas cuando el mismo entendimiento que las produjo lo sentenciare as\u00ed; y por lo que toca a la opini\u00f3n err\u00f3nea de los otros, y a su poca pericia en el arte, no debe, ni aun darla asiento en su \u00e1nimo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00e9l, pues, que tom\u00f3 a su cargo el trabajo de ense\u00f1ar, no atienda a las aclamaciones de los otros, ni por faltar \u00e9stas, abata su \u00e1nimo; sino que trabaje siempre sus discursos con el fin de agradar a Dios (esto sin duda ha de serle la sola regla, y el t\u00e9rmino de su mayor atenci\u00f3n en trabajarlas, no las aclamaciones, ni los aplausos), y si es alabado de los hombres, no deseche sus elogios; y si los oyentes no le aplauden, no por esto lo pretenda, ni se entristezca. Por lo que toca a \u00e9l, tiene por suficiente consuelo de sus fatigas, y mayor que todos los otros, cuando no le falta el testimonio de la conciencia, de que ha compuesto y trabajado su oraci\u00f3n con el fin de agradar a Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VIII.<br \/>\nEn el mismo punto en que le sorprenda el deseo de estas indiscretas alabanzas, de nada le aprovechan sus muchas fatigas, ni la facultad de su elocuencia porque un \u00e1nimo que no puede sufrir las necias reprensiones del vulgo, se relaja f\u00e1cilmente y abandona el estudio. Por esto conviene, que sobre todo se halle bien instruido en despreciar las alabanzas; porque sin esto, el solo saber hablar bien, no basta para conservar esta facultad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si alguno, pues, quisiere hacer un diligente examen, de otro que se halla escasamente adornado de esta habilidad, encontrar\u00e1 que le es igualmente necesario a \u00e9l, que al otro, el despreciar las alabanzas. Porque se ver\u00e1 en la precisi\u00f3n de incurrir en muchos errores, si se deja vencer por la opini\u00f3n del vulgo; de donde hall\u00e1ndose sin fuerzas para poder igualar a los que son celebrados por su elocuencia, no tendr\u00e1 dificultad en ponerles asechanzas, en envidiarles y censurarles temerariamente, y en cometer otras ruindades semejantes. No dejar\u00e1 piedra por mover, aunque sea necesario perder su alma, como logre reducir la opini\u00f3n de aqu\u00e9llos a la humildad de su peque\u00f1ez.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo que se junta, que apoder\u00e1ndose de su \u00e1nimo una torpeza, abandonar\u00e1 aquellos sudores que traen consigo alguna fatiga. El aplicarse mucho al trabajo, recogiendo de esto una muy corta alabanza, es bastante para abatir y hacer caer en un profundo sue\u00f1o a aqu\u00e9l que no sabe despreciar las alabanzas. Del mismo modo que un labrador cuando trabaja en un terreno est\u00e9ril, y se ve obligado a labrar las piedras, se aparta pronto del trabajo, si no es que tenga una grande inclinaci\u00f3n a la fatiga, o que por otra parte le amenace el hambre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y si aqu\u00e9llos que poseen un gran caudal de elocuencia, tienen necesidad de tanto ejercicio para conservarse en la posesi\u00f3n; aqu\u00e9l que no ha recogido cosa alguna, sino que en el mismo tiempo de las disputas se ve obligado a meditar; \u00bfqu\u00e9 dificultad no hallar\u00e1, cu\u00e1nta inquietud, cu\u00e1nta turbaci\u00f3n para poder recoger alguna cosa a costa de mucho trabajo?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y si alguno de aqu\u00e9llos que est\u00e1n despu\u00e9s de \u00e9l, y a quienes cupo un orden inferior, puede brillar m\u00e1s en esta parte, se requiere un \u00e1nimo casi divino para que no le sorprenda la envidia y para no caer en tristeza. Para uno que se halla constituido en mayor dignidad, el ser vencido por los inferiores y tolerar esto con un \u00e1nimo generoso, no es cosa para un \u00e1nimo vulgar, ni para el nuestro, sino para uno hecho de diamante. Y si aqu\u00e9l que le excede en la fama, es un hombre justo y moderado, el mal es de alg\u00fan modo tolerable; pero si es atrevido, arrogante y sediento de gloria es cosa de que cada d\u00eda le desee la muerte y le amargue la vida insult\u00e1ndolo en p\u00fablico, mof\u00e1ndolo en oculto, defraud\u00e1ndolo y apoy\u00e1ndose, cuanto pueda, en su autoridad. El quiere s\u00f3lo ser el todo; y para asegurarse m\u00e1s todas estas cosas tiene de su parte la libertad en el hablar, el favor del pueblo y el amor de todos los s\u00fabditos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPor ventura, no ves cu\u00e1n grande es el amor de la elocuencia, que vergonzosamente se ha apoderado, al presente, del coraz\u00f3n de los cristianos, y que son honrados sobre todos, aqu\u00e9llos que la cultivan, no s\u00f3lo de los extra\u00f1os, sino tambi\u00e9n de los dom\u00e9sticos de la fe? \u00bfC\u00f3mo, pues, podr\u00e1 sufrir uno tan gran verg\u00fcenza, como la de que hablando \u00e9l, callan todos y juzgan ser molestados, esperando el fin de la oraci\u00f3n como un descanso de su fatiga?; y haciendo un discurso su antagonista, por largo que sea, lo oyen con gusto y cuando est\u00e1 para concluirlo manifiestan impaciencia y queriendo callar, se conmueven y alteran. Estas cosas, aunque ahora, por tu falta de experiencia te parezcan de poca consideraci\u00f3n y dignas de desprecio; son bastantes para amortiguar el ardor del \u00e1nimo y relajar su vigor, a no ser que apartando de \u00e9l todos los afectos humanos, procure hacerse semejante a las potestades incorp\u00f3reas; que ni se dejan sorprender de envidia, ni del amor de la gloria, ni de otra semejante enfermedad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si hay, pues, entre los hombres alguno de tal calidad que pueda pisar esta ind\u00f3mita, inexpugnable y fiera bestia de la gloria popular y cortar sus muchas cabezas, o por mejor decir, hacer de modo que no nazcan, \u00e9ste tal podr\u00e1 f\u00e1cilmente rechazar estos muchos asaltos y gozar como de un tranquilo puerto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero aqu\u00e9l que no se halla libre de semejante bestia, introduce en su \u00e1nimo una guerra variada, un continuo tumulto, un tropel de tristezas y de otras pasiones. \u00bfPero para qu\u00e9 proseguir, contando las otras dificultades? las cuales no podr\u00e1 referir, ni saber, sino aqu\u00e9l que se hubiese hallado en medio de los mismos negocios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuente Biblioteca Electr\u00f3nica Cristiana]]\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. 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