{"id":25554,"date":"2016-02-05T17:17:29","date_gmt":"2016-02-05T22:17:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sor-juana-ines-de-la-cruz\/"},"modified":"2016-02-05T17:17:29","modified_gmt":"2016-02-05T22:17:29","slug":"sor-juana-ines-de-la-cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sor-juana-ines-de-la-cruz\/","title":{"rendered":"SOR JUANA INES DE LA CRUZ"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Alguna vez Sor Juana In\u00e9s de la Cruz se defini\u00f3 a s\u00ed misma como buscadora de la verdad: \u00abaunque sea contra m\u00ed \u2014dijo\u2014 me ha hecho Dios la merced de darme grand\u00edsimo amor a la verdad\u00bb (Respuesta, l. 186s.). Esta es, luego una de las claves que explican su vida; una vida entregada al estudio y a la comprensi\u00f3n del enigma de la existencia. Pero la Verdad primera y \u00faltima para ella fue Dios, eje y misterio, meta y punto de partida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Naci\u00f3 Juana In\u00e9s un 12 de noviembre, en el pueblo de San Miguel Nepantla, hoy Estado de M\u00e9xico, en a\u00f1o a\u00fan no perfectamente esclarecido, pues mientras cierta acta de bautismo de una ni\u00f1a \u00abIn\u00e9s\u00bb parece se\u00f1alar la fecha de 1648, el P. Diego Calleja, protobi\u00f3grafo y amigo suyo, apunt\u00f3 el de 1651.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su padre era vasco y muri\u00f3 hacia 1669, mientras que su madre, Isabel Ram\u00edrez, mexicana, falleci\u00f3 alrededor de 1668. El apellido del primero ha creado confusi\u00f3n a lo largo del s. XX, pues se pens\u00f3 que el nombre de la poetisa debi\u00f3 ser Juana In\u00e9s de Asbaje Ram\u00edrez, cuando ahora sabemos que en realidad fue Asuage o Asuaje. De la uni\u00f3n de ambos nacieron asimismo dos hermanas de Juana In\u00e9s: Mar\u00eda y Josefa Mar\u00eda; mientras que de la segunda pareja de su madre, Diego Ruiz Lozano, tres hermanos: In\u00e9s, Antonia y Diego. Parece haber sido hija ileg\u00edtima, aunque todav\u00eda existe duda de cuando tuvo conocimiento de ello.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, su ambici\u00f3n de hallar la verdad apareci\u00f3 desde temprano, pues afirma ella misma no haber cumplido tres a\u00f1os cuando, acompa\u00f1ando a su hermana a la escuela, se \u00abencendi\u00f3\u00bb en \u00abel deseo de saber\u00bb. Lo que se inici\u00f3 a tan tierna edad no concluir\u00eda sino con su vida, la cual ser\u00e1 un esfuerzo prolongado en tal direcci\u00f3n. M\u00e1s tarde, tras o\u00edr \u00abdecir que hab\u00eda Universidad y Escuelas en que se estudiaban las ciencias\u00bb, importun\u00f3 a do\u00f1a Isabel suplic\u00e1ndole que le \u00abmudara\u00bb el traje y la enviara all\u00ed. Es necesario aclarar que tan simp\u00e1tico ruego infantil fue naturalmente desatendido por la madre, quedando s\u00f3lo como uno m\u00e1s de los mitos (producto con toda seguridad de una lectura y transmisi\u00f3n incorrectas de este pasaje de la Respuesta a Sor Filotea) el que Juana In\u00e9s haya en realidad utilizado vestimentas varoniles para asistir a la universidad. Lo que s\u00ed es cierto es que sus estudios se iniciaron, de modo azaroso, en los libros encontrados en casa de su abuelo materno en Panoayan, donde se cri\u00f3. Asegura la poetisa que la reprend\u00edan para \u00abestorb\u00e1rselo\u00bb, pero ella, encendida de amor por la verdad, no ces\u00f3, como no lo har\u00eda jam\u00e1s, en su empe\u00f1o.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Juana In\u00e9s se inici\u00f3 como autodidacta, y siempre lo ser\u00eda. Sin embargo, fue due\u00f1a de una capacidad intelectual superior a la de la mayor\u00eda y, adem\u00e1s, pervive la fama de su belleza f\u00edsica. Una vez que su familia decidi\u00f3 enviarla a vivir a casa de unos \u00abdeudos\u00bb que ten\u00eda en la ciudad de M\u00e9xico (probablemente Juan de Mata y Mar\u00eda Ram\u00edrez, t\u00edos suyos, aprendi\u00f3 all\u00ed lat\u00edn (\u00aben que creo no llegaron a veinte las lecciones que tom\u00e9\u00bb \u2014nos dice\u2014 con Mart\u00edn de Olivas) y, poco m\u00e1s tarde, hacia 1665, debido a las razones antes mencionadas, entendimiento y hermosura, fue \u00abintroducida\u00bb en el palacio virreinal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Explica el p. Calleja c\u00f3mo la virreina, Leonor Carreto, marquesa de Mancera, encantada con ella, no \u00abpod\u00eda vivir un instante sin su Juana In\u00e9s\u00bb. Mujeres cultas ambas, debieron gozar mutuamente de la presencia de la otra, aunque, como es l\u00f3gico, fuese la poetisa la mayor beneficiada. Empero, ni aun as\u00ed quitaba tiempo a sus estudios. Y \u00e9stos eran de tal nivel que el virrey, de regreso en Espa\u00f1a a\u00f1os despu\u00e9s, contaba el modo con que, en aquel entonces, deslumbrado por los conocimientos de la ni\u00f1a, la mand\u00f3 examinar juntando alrededor de cuarenta sabios en palacio. Entre ellos los hab\u00eda de diversas facultades, e incluso as\u00ed Juana In\u00e9s respond\u00eda a las preguntas de modo tan correcto y desenvuelto como \u00abun gale\u00f3n real [&#8230;] se defender\u00eda de pocas chalupas\u00bb que lo embistieran.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero la jovencita, que hac\u00eda poes\u00eda desde los 8 a\u00f1os (\u00a1 \u00abporque la ofrecieron por premio un libro\u00bb!, explica Calleja), deseaba, en realidad, s\u00f3lo eso: estudiar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro mito, al cu\u00e1l dedico unas cuantas palabras, es el que sugiere los amor\u00edos de Juana In\u00e9s. No sabemos nada, por lo que resulta superfluo hablar. Empero, la cr\u00edtica te\u00f1ida de romanticismo insisti\u00f3, con base en algunos poemas suyos perfectamente perge\u00f1ados, en que ella entr\u00f3 al convento por, entre otras, esta supuestamente poderosa raz\u00f3n. Sin referirme a sus asuntos amorosos, de los que, repito, ignoramos todo, dir\u00e9 que tales hip\u00f3tesis surgieron principalmente de la perfecci\u00f3n formal de sus versos, algunos de los cuales dan, en efecto, la sensaci\u00f3n de amor real perdido. Pero como existen otros igualmente bien hechos, donde inclusive llega a ponerse en el lugar de una viuda, es necesario dudar de su historicidad. El genio de la poetisa se manifest\u00f3, entre otras maneras, as\u00ed, sabiendo transmitirnos sensaciones que no necesariamente fueron las suyas. En cuanto al ingreso al convento, existen otras causas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquella \u00e9poca la mujer no ten\u00eda muchas opciones, comenta Calleja al respecto que se hallaba amenazada su virtud, pues \u00abla buena cara de una mujer pobre es una pared blanca donde no hay necio que no quiera echar su borr\u00f3n; que aun la mesura de su honestidad sirve de riesgo\u00bb. Entonces, a la ni\u00f1a que no deseaba casarse le quedaba en el M\u00e9xico virreinal el camino del convento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He aqu\u00ed una distorsi\u00f3n m\u00e1s en la interpretaci\u00f3n de la vida de Sor Juana. Quienes supones que Juana In\u00e9s dese\u00f3, sobre todo, escribir, ser poeta, fallan, pues su principal anhelo no era \u00e9ste, sino, como mencion\u00e9, estudiar. Pero estudiar para encontrar la verdad, la verdad \u00fanica e infinita: Dios: \u00abporque \u2014nos dice en la Respuesta a Sor Filotea (l. 300s.)\u2014 el fin a que aspiraba era a estudiar Teolog\u00eda, pareci\u00e9ndome menguada inhabilidad, siendo cat\u00f3lica, no saber todo lo que en esta vida se puede alcanzar, por medios naturales, de los divinos misterios&#8230;\u00bb Ella, pues, no quiso ser poetisa, sino trabajar para llegar a la verdad. Si se ven de esta manera las cosas, se comprende que ingresara en el riguroso convento del Carmen en 1667. All\u00ed su intento fue, seg\u00fan sus propias palabras, \u00absepultar con mi nombre mi entendimiento\u00bb, sacrific\u00e1ndoselo a Dios. Es decir, procur\u00f3 no escribir y, ni siquiera, estudiar. Aunque nos parezca incre\u00edble, esta deslumbrante mujer dese\u00f3 sacrificar lo mejor de s\u00ed, la luz de su inteligencia, a quien se la hab\u00eda dado; pero \u00c9l no se lo permiti\u00f3. \u00abAlguien\u00bb, apunta, pero ignoramos qui\u00e9n, le dijo que era tentaci\u00f3n, \u00aby as\u00ed ser\u00eda\u00bb, concluye ella d\u00f3cilmente. Juana In\u00e9s entonces, entr\u00f3 en un convento de regla dura: en \u00e9l no escribir\u00eda, ni siquiera estudiar\u00eda, pero ello no importaba, pues la verdad, Dios, desborda infinitamente tanto a la poes\u00eda como a los libros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mucho se ha especulado sobre el peso que tuvo en tal decisi\u00f3n su confesor el P. Antonio N\u00fa\u00f1ez de Miranda. Hasta hoy existen dudas, pero lo natural es que haya sido tomada luego de una seria y solitaria reflexi\u00f3n; no exenta, por supuesto, de otros consejos. Y aunque en un inicio concordaron entrambos, N\u00fa\u00f1ez y Juana In\u00e9s, en lo tocante a que ella olvidase los estudios, la intervenci\u00f3n arriba indicada, antes o despu\u00e9s, lo ignoramos, se sum\u00f3 a cierta enfermedad que la oblig\u00f3 a abandonar el Carmen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, no ten\u00eda dudas sobre lo que quer\u00eda, y poco despu\u00e9s ingresaba en el convento de San Jer\u00f3nimo, donde permanecer\u00eda el resto de su vida (profes\u00f3 en 1669). Al respecto, se dice que se hizo monja porque no deseaba casarse, y quer\u00eda tiempo para estudiar, lo cual (son sus propias palabras) es verdad, pero tambi\u00e9n es cierto que el claustro \u00abera lo menos desproporcionado y lo m\u00e1s decente que pod\u00eda elegir en materia de la seguridad que deseaba para mi salvaci\u00f3n (Respuesta, l. 270s.). Es decir, el estado religioso no resultaba ajeno a sus anhelos, pues le permit\u00eda cumplirlos (San Jer\u00f3nimo era, adem\u00e1s, un convento mucho menos r\u00edgido que el Carmen) sin faltar a los que como cristiana ten\u00eda. M\u00e1s a\u00fan: puede afirmarse que, en su coraz\u00f3n, son complementarios, desde el momento en que b\u00fasqueda de la verdad y vida dedicada a ella son lo mismo: \u00abporque el fin a que aspiraba era a estudiar Teolog\u00eda [&#8230;] y que siendo monja y no seglar, deb\u00eda, por el estado eclesi\u00e1stico, profesar letras\u00bb. En cuanto a su vocaci\u00f3n como escritora, hizo una afirmaci\u00f3n que no es f\u00e1cilmente descartable: \u00abel escribir nunca ha sido dictamen propio, sino fuerza ajena; que les pudiera decir con verdad: \u00bb &#8216;Vos me coegistis'\u00bb (\u00abustedes me obligaron\u00bb \u2014 Respuesta, l. 183s.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y, efectivamente, la historia de Sor Juana est\u00e1 marcada por una serie de obligaciones literarias (poemas hechos por compromiso) de modo que basta echar una ojeada al \u00edndice de sus Obras para corroborarlo: las catedrales le ped\u00edan villancicos; los famosos la obligaban al distinguirla; los amigos la agasajaban; los extra\u00f1os la buscaban; y ella correspond\u00eda con lo mejor \u2014para ellos\u2014 de sus posesiones: su talento po\u00e9tico. Porque, \u00bfqu\u00e9 otro regalo desear\u00eda cualquiera de tan extraordinario artista?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto exactamente sucedi\u00f3 con la llegada de los nuevos virreyes, los marqueses de la Laguna, en 1680. Ahora no s\u00f3lo el gobierno eclesi\u00e1stico le pidi\u00f3 villancicos, sino algo de mayor importancia y distinci\u00f3n: el arco triunfal para recibirlos. Sor Juana no pudo, aunque lo intent\u00f3, negarse: \u00ab\u00e9sta es \u2014le escribe al p. N\u00fa\u00f1ez quej\u00e1ndose\u2014 la irremediable culpa m\u00eda, a la cual precedi\u00f3 avermel(\u00f3) pedido tres o cuatro veces, y tantas desped\u00eddome yo, hasta que viniendo los dos se\u00f1ores juezes hazedores, que antes de llamarme a m\u00ed llamaron a la madre priora y despu\u00e9s a m\u00ed, y mandaron en nombre del Excelent\u00edsimo Sr. Arzobispo lo hiciere, porque as\u00ed lo av\u00eda votado el Cavildo pleno&#8230;\u00bb (Carta de Monterrey, l. 57s.). La monja no quiere hacer una obra que le dar\u00e1 todav\u00eda mayor notoriedad de la que ya tiene: se esconde, no desea escribir, pero le ordenan llevarla a cabo. \u00bfAcaso no valida esto los asertos anteriores, seg\u00fan los cuales intent\u00f3, primero, \u00absepultar su entendimiento\u00bb y, luego, que la forzaron a escribir? Sor Juana no plane\u00f3 ser poeta, aunque, para fortuna nuestra, la encaminaran sabiamente a serlo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vinieron luego los tiempos aparentemente felices del gobierno de los marqueses de la Laguna (1680-86), con quienes tuvo gran amistad (permanecieron en M\u00e9xico hasta 1688, pero la jer\u00f3nima seguir\u00eda en contacto epistolar con ellos toda su vida); tiempos que, empero, se vieron empa\u00f1ados por el rompimiento con su confesor, el p. N\u00fa\u00f1ez de Miranda, a ra\u00edz, principalmente, de haber hecho el arco triunfal (llamado Neptuno aleg\u00f3rico). Sin que hayan sido esclarecidas del todo las razones, la l\u00ednea principal indica que Sor Juana termin\u00f3 su relaci\u00f3n con el jesuita porque \u00e9ste la acusaba de no seguir el camino que, seg\u00fan \u00e9l, deb\u00eda seguir toda monja: retraimiento y retiro, sin p\u00fablicos lucimientos ni \u2014esto es lo que no pareci\u00f3 a la F\u00e9nix, pues a lo anterior, ya lo dije, no le conced\u00eda importancia\u2014 estudio. Honda herida debieron dejar en ella tanto las reprensiones como el inevitable fin de su \u2014me atrevo a decirlo\u2014 amistad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, la fama hab\u00eda ya hecho de la poetisa una notabilidad, y dif\u00edcilmente podr\u00eda alejarse de la escritura. Con todo, hacia 1685 concluy\u00f3 el \u00fanico poema hecho, seg\u00fan su personal confesi\u00f3n, por propio gusto: El sue\u00f1o (tambi\u00e9n conocido como Primero sue\u00f1o). Adem\u00e1s, en 1689 apareci\u00f3 en Espa\u00f1a el primer volumen de sus Obras, Inundaci\u00f3n cast\u00e1lida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el a\u00f1o de 1690 fue especialmente significativo en la existencia de Sor Juana. Su fama (esa que desde temprano la atorment\u00f3, llev\u00e1ndola a exclamar: \u00ab\u00bfde qu\u00e9 embidia no soi blanco? \u00bfDe qu\u00e9 mala intenci\u00f3n no soi objeto? \u00bfQu\u00e9 acci\u00f3n hago sin temor? \u00bfQu\u00e9 palabra digo sin recelo?\u00bb) hizo que circulara entre los habitantes de Nueva Espa\u00f1a un texto suyo de origen extra\u00f1o. Alguien \u2014no sabemos, hasta hoy, qui\u00e9n, pese a todas las hip\u00f3tesis, muchas de ellas insostenibles, que se han lanzado\u2014, habi\u00e9ndola o\u00eddo disertar sobre cierto serm\u00f3n que el jesuita portugu\u00e9s Antonio Vieira pronunciara cincuenta a\u00f1os antes, le orden\u00f3, dada la calidad de sus ideas, ponerlas por escrito. Este papel debi\u00f3 pasar de mano en mano en copias manuscritas hasta llegar a poder del obispo de Puebla, don Manuel Fern\u00e1ndez de Santa Cruz, quien finalmente lo public\u00f3 con el t\u00edtulo de Carta atenag\u00f3rica (\u00abpropio de la sabidur\u00eda de Atenea\u00bb). \u00c9ste iba precedido por una carta-pr\u00f3logo suya conocida como Carta de Sor Filotea de la Cruz a la poetisa, pues el obispo, para que su amiga y los lectores no sintieran que los consejos y admoniciones ah\u00ed expresados ten\u00edan car\u00e1cter oficial, la firm\u00f3 con ese seud\u00f3nimo: \u00abFilotea de la Cruz\u00bb. El escrito de Sor Juana trata materias totalmente teol\u00f3gicas, terreno reservado entonces no s\u00f3lo a los varones, sino a varones de alta calidad intelectual. Debido precisamente al espl\u00e9ndido nivel mostrado por la poetisa, el obispo, deslumbrado, lo dar\u00eda a la prensa. Pero antes, como es obvio, hab\u00edase ya excitado en algunos (ignoramos, de nuevo y a pesar de innumerables e insostenibles tesis, sus nombres) envidia (he aqu\u00ed una vez m\u00e1s el martirio a\u00f1ejo de la D\u00e9cima musa, aqu\u00e9l del que desde temprano se quejara). La envidia atrajo asimismo el esc\u00e1ndalo de aquellos que no toleraban a una mujer te\u00f3loga. Adem\u00e1s, en don Manuel existi\u00f3 cierto resquemor de que los argumentos usados por la monja (\u00a1todos ellos impecables desde el punto de vista ortodoxo!) la hicieran envanecerse. El pastor no obstante, ya lo dije, public\u00f3 la Carta atenag\u00f3rica. Sus motivos fueron dos: acallar las voces de los enemigos de la monja, avalando con su autoridad el texto, y hacer ver a \u00e9sta que, pese a la correcta estructuraci\u00f3n formal de su argumentaci\u00f3n, hab\u00eda en ella cierto tufillo vanidoso, producto seguramente de a\u00f1os de alabanzas y aplausos que, sin hacer mella de ning\u00fan modo en su car\u00e1cter siempre d\u00f3cil, parec\u00edan haberla hecho, aunque fuese s\u00f3lo moment\u00e1neamente y all\u00ed, perder la humildad. Por eso el pr\u00f3logo firmado como Sor Filotea primero la alaba, defendi\u00e9ndola de quienes la critican, pero asimismo la amonesta, en bien p\u00fablico y, sobre todo, de su propia alma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pocos meses despu\u00e9s de recibir su escrito impreso, at\u00f3nita y, ella lo reitera, agradecida con el obispo, redacta la Respuesta a Sor Filotea. Documento reconocido por la defensa del derecho de las mujeres al estudio (cosa que, ciertamente, hab\u00eda ya hecho Sor Filotea) es, adem\u00e1s, una detallada narraci\u00f3n de la vida y vocaci\u00f3n de su autora. En \u00e9l dialoga con su amigo, explic\u00e1ndole c\u00f3mo su \u00fanico deseo fue estudiar (\u00a1al igual que cualquier ser humano, mujer u hombre\u00a1) \u00abpara ignorar menos\u00bb, no para ense\u00f1ar, ni mucho menos para escribir. A ella, asevera, la obligaron, \u00a1todos ellos!, con sus insistencias y apremios, pues su \u00fanico af\u00e1n era buscar la verdad. La Respuesta entonces no sale \u00fanicamente en defensa de las mujeres, pero de todo hombre que desee saber; saber para hallar a Dios, pues tal es, en \u00faltima instancia, el sentido de su trabajo intelectual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese mismo a\u00f1o de 1691 fue escrita una misiva recientemente sacada a luz, cuya firma es de una tal Serafina de Cristo. Como lugar de redacci\u00f3n se da el convento de San Jer\u00f3nimo. Dicho documento se public\u00f3 en 1996 adjudic\u00e1ndoselo a Sor Juana, pero hoy sabemos a ciencia cierta que no es de ella. En \u00e9l se la defiende de cierto impugnador, cuya critica se relaciona con el asunto de la Atenag\u00f3rica, pero como esta carta se encuentra cifrada, resulta problem\u00e1tico reconocer tanto a su autor como la identidad del enemigo de la poetisa ah\u00ed criticado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por si no bastara, 1692 fue tr\u00e1gico para la Nueva Espa\u00f1a. Hubo problemas con los granos, pues una plaga redujo severamente las cosechas, lo cual caus\u00f3 especulaci\u00f3n y elevaci\u00f3n de los precios. Un mot\u00edn fue la resultante. Las cosas no se ve\u00edan bien. Los novohispanos entendieron que Dios los reprend\u00eda. Hubo rogativas y procesiones. Sor Juana debi\u00f3 reflexionar y hacer examen de conciencia. Las amorosas palabras de Sor Filotea cayeron en terreno f\u00e9rtil, y la gran poetisa, teniendo en cuenta los tiempos, con humildad le otorg\u00f3 la raz\u00f3n. Entonces se reconcili\u00f3 con su antiguo confesor. Ignoramos la actitud de \u00e9ste, pero, sacerdote de Cristo, debi\u00f3 encontrarla con actitud paternal. Lo que s\u00ed se sabe es que Sor Juana no dej\u00f3 del todo ni los estudios ni las letras: las plumas de Iberoam\u00e9rica segu\u00edan solicit\u00e1ndola, y su cortes\u00eda no estaba peleada con su fe. Vi\u00e9ndola cambiada, el mismo p. N\u00fa\u00f1ez, m\u00e1s viejo y sabio, muy probablemente no le exigi\u00f3 abandonos totales: la madre Juana se hab\u00eda transformado, pues ya no era el centro de su vida la obsesi\u00f3n libresca (es conocida la venta de su biblioteca en aras de los pobres). Era la hora de ir a buscar la verdad en un sitio m\u00e1s alto: la caridad. Y en este camino fue ahora la Verdad la que sali\u00f3 en busca suya. Una epidemia entr\u00f3 en San Jer\u00f3nimo, y Sor Juana, cuidando a sus hermanas, cay\u00f3 enferma; enfermedad que la llev\u00f3 a la muerte el 17 de abril de 1695, d\u00eda que, como dice el p. Calleja, fue para ella \u00abprincipio de la eternidad\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alatorre, Antonio. \u00abLa Carta de Sor Juana al P. N\u00fa\u00f1ez (1682)\u00bb. Nueva revista de filolog\u00eda hisp\u00e1nica. T. XXXV, n. 2, 1987. Alatorre, Antonio y Martha Lilia Tenorio. Serafina y Sor Juana. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico, 1998. Cervantes, Enrique A. Testamento de Sor Juana In\u00e9s de la Cruz y otros documentos. M\u00e9xico, 1949. Cruz, Salvador. Juana In\u00e9s de Asuaje \u2014o Asuage. El verdadero nombre de Sor Juana. Puebla, Benem\u00e9rita Universidad Aut\u00f3noma de Puebla, 1995. Cruz, Sor Juana In\u00e9s de la. Obras completas. T. I-III, edici\u00f3n, pr\u00f3logo y notas de Alfonso M\u00e9ndez Plancarte, T. IV de Alberto G. Salceda. M\u00e9xico, FCE, 1951-1957. De la Maza, Francisco (recop.). Sor Juana In\u00e9s de la Cruz ante la historia. (Biograf\u00edas antiguas. La Fama de 1700. Noticias de 1667 a 1892.) Revisi\u00f3n de El\u00edas Trabulse. M\u00e9xico, UNAM, 1980. Paz, Octavio. Sor Juana In\u00e9s de la Cruz o las trampas de la fe. Primera reimpresi\u00f3n. M\u00e9xico, FCE, 1985. Puccini, Dario. Sor Juana In\u00e9s de la Cruz. Studio d\u2019una personalit\u00e0 del Barocco messicano. Roma, Edizioni dell\u2019Ateneo, 1967. Una mujer en soledad. Sor Juana In\u00e9s de la Cruz, una excepci\u00f3n en la cultura y la literatura barroca, M\u00e9xico, FCE, 1996. Ram\u00edrez Espa\u00f1a, Guillermo. La familia de Sor Juana. M\u00e9xico, 1947. Robles, Antonio. Diario de sucesos notables. M\u00e9xico, Porr\u00faa, 1946. Salceda, Alberto G. \u00abEl acta de bautismo de Sor Juana In\u00e9s de la Cruz\u00bb. \u00c1bside, XVI, enero-marzo 1952. Soriano Vall\u00e8s, Alejandro. Aquella F\u00e9nix m\u00e1s rara. Vida de Sor Juana In\u00e9s de la Cruz. M\u00e9xico, Ed. Nueva Imagen, 2000. Trabulse, El\u00edas. \u00abLa guerra de las finezas\u00bb. Memoria del coloquio internacional Sor Juana In\u00e9s de la Cruz y el pensamiento novohispano 1995. Toluca, Instituto Mexiquense de Cultura, 1995. El enigma de Serafina de Cristo. Acerca de un manuscrito in\u00e9dito de Sor Juana In\u00e9s de la Cruz (1691). Toluca, Instituto Mexiquense de Cultura, 1995 Carta de Serafina de Cristo (1691). Ed. facsimilar. Introducci\u00f3n y transcripci\u00f3n paleogr\u00e1fica de E. Trabulse. Instituto Mexiquense de Cultura, 1996. Los a\u00f1os finales de Sor Juana: una interpretaci\u00f3n (1688-1695). M\u00e9xico, Condumex, 1995.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alejandro Soriano Vall\u00e8s\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alguna vez Sor Juana In\u00e9s de la Cruz se defini\u00f3 a s\u00ed misma como buscadora de la verdad: \u00abaunque sea contra m\u00ed \u2014dijo\u2014 me ha hecho Dios la merced de darme grand\u00edsimo amor a la verdad\u00bb (Respuesta, l. 186s.). Esta es, luego una de las claves que explican su vida; una vida entregada al estudio &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sor-juana-ines-de-la-cruz\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSOR JUANA INES DE LA CRUZ\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-25554","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25554","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25554"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25554\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25554"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25554"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25554"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}