{"id":25666,"date":"2016-02-05T17:21:42","date_gmt":"2016-02-05T22:21:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/lapsi\/"},"modified":"2016-02-05T17:21:42","modified_gmt":"2016-02-05T22:21:42","slug":"lapsi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/lapsi\/","title":{"rendered":"LAPSI"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">(Lat\u00edn, labi, lapsus).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La designaci\u00f3n regular en el siglo III para los cristianos que recayeron al paganismo, especialmente aquellos que durante las persecuciones mostraron debilidad frente a la tortura, y negaron la fe al sacrificar a los dioses paganos o mediante otros actos.    Muchos de los lapsi,  de hecho la mayor\u00eda de los muy numerosos casos en las grandes persecuciones en la segunda mitad del siglo III,  ciertamente no regresaron al paganismo  por convicci\u00f3n:  simplemente ellos no tuvieron la fortaleza para  confesar la fe  firmemente cuando fueron amenazados con p\u00e9rdidas temporales y castigos severos (destierro, trabajos forzados [manchados en mi opini\u00f3n]\u2026 muerte),  y su \u00fanico deseo era librarse de la persecuci\u00f3n por un acto externo de apostas\u00eda, y salvar su propiedad, libertad y vida.  La obligaci\u00f3n de confesar la fe  cristiana bajo todas las circunstancias y evitar cualquier acto de negaci\u00f3n fue firmemente establecido en la Iglesia desde tiempos apost\u00f3licos.   La Primera  Ep\u00edstola de San Pedro exhorta a los creyentes a permanecer firmes al ser visitados por la aflicci\u00f3n (1,6-7; 4,16-17).   En su carta a Trajano, Plinio escribe que aquellos que son verdaderamente cristianos no ofrecer\u00e1n ningunos sacrificios  ni pronunciar\u00e1n ning\u00fan ultraje contra Cristo.  Sin embargo, vemos tanto en \u201cEl Pastor\u201d de Hermas, como  en los relatos de las persecuciones y martirios, que los cristianos individuales despu\u00e9s del siglo II mostraron debilidad, y apostataron de la fe.    La meta de los procesos civiles contra los cristianos, seg\u00fan establecido en el rescripto de Trajano  a Plinio, era llevarlos a la apostas\u00eda.   Fueron absueltos aquellos cristianos que declararon que ya no quer\u00edan serlo y realizaron actos de culto religioso pagano, pero los firmes eran castigados.  En el \u201cMartirio de San Policarpo\u201d (c. IV; ed. Funk, \u00abPatres Apostolici\u00bb, 2nd ed., I, 319), leemos sobre un frigio, Quinto, quien al principio voluntariamente confes\u00f3 la fe cristiana, pero mostr\u00f3 debilidad al ver las bestias salvajes en el anfiteatro, y permiti\u00f3 ser persuadido por el proc\u00f3nsul para ofrecer sacrificio.  La carta de los cristianos de Lyons, respecto de la persecuci\u00f3n de la Iglesia all\u00ed en 177, nos dice asimismo de diez hermanos que mostraron debilidad y apostataron.  Sin embargo, mantenidos en confinamiento y estimulados por el ejemplo y por el tratamiento generoso que recibieron de los cristianos que hab\u00edan permanecido firmes, muchos de ellos se arrepintieron de su apostas\u00eda, y en un segundo juicio, en el cual los renegados iban a ser absueltos,  confesaron fielmente a Jesucristo y se ganaron la corona del martirio. (Eusebio, Historia de la Iglesia, V. 2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En general, fue un principio preestablecido en la Iglesia del siglo II y comienzos del siglo III que un ap\u00f3stata, a\u00fan si hacia penitencia, no era admitido de nuevo a la comunidad cristiana, o permitido recibir la Santa Eucarist\u00eda.  La idolatr\u00eda era uno de los tres pecados capitales que conllevaban la exclusi\u00f3n de la Iglesia.  Despu\u00e9s de mediados del siglo III, el asunto del lapsi dio inicio en muchas ocasiones a serias disputas en las comunidades cristianas, y llev\u00f3 a un futuro desarrollo de la disciplina penitencial en la Iglesia.  La primera vez que el asunto del lapsi se volvi\u00f3 uno serio en la Iglesia, y finalmente llev\u00f3 al cisma, fue la gran persecuci\u00f3n de Decio (250-1).  Un edicto imperial que francamente intentaba exterminar el cristianismo,  ordenaba que todo cristiano deb\u00eda realizar un acto de idolatr\u00eda.   Quienes se negaran eran amenazados con los castigos m\u00e1s severos.   Los oficiales eran instruidos a buscar a los cristianos y obligarlos a sacrificar, y proceder contra los recalcitrantes con la mayor severidad (v. Decio).   Las consecuencias de este primer edicto general fueron terror\u00edficas para la Iglesia.   Durante el largo per\u00edodo de paz de que hab\u00edan disfrutado,  muchos se hab\u00edan contaminado con el esp\u00edritu mundano.    Una gran parte del laicado, y aun algunos miembros del clero, se debilitaron y, a la promulgaci\u00f3n del edicto,  enseguida acudieron en masa a los altares de los \u00eddolos paganos a ofrecer sacrificio.  Estamos particularmente bien informados sobre los sucesos en \u00c1frica y en Roma por la correspondencia de San Cirpriano, Obispo de Cartago, y por sus tratados,   \u00abDe catholicae ecclesiae unitate\u00bb y  \u00abDe lapsis\u00bb (\u00abCaecilii Cypriani opera omnia\u00bb, ed. Hartel I, II, Viena, 1868-71). Hab\u00eda varias clases de lapsi, seg\u00fan el acto por el cual ca\u00edan:<br \/>\n(a)  sacrificati, los que ya hab\u00edan ofrecido sacrificio a los \u00eddolos,<br \/>\n(b)  thuruficati, los que hab\u00edan quemado incienso en el altar ante la estatua de los dioses;<br \/>\n(c)  libellatici, los que hab\u00edan redactado una certificaci\u00f3n (libellus), o, sobornando a las autoridades, hab\u00edan conseguido que se las redactaran, haciendo ver que hab\u00edan ofrecido sacrificio, sin haberlo realizado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nCinco de estos libelos son conocidos por nosotros (uno en Oxford, uno en Berl\u00edn, dos en Viena, uno en Alejandr\u00eda; vea Krebs en \u00abSitzungsberichte der kais. Akademie de Wissenschaften in Wein\u00bb, 1894, pp. 3-9; Idem en \u00abPatrologia Orientalis\u00bb, IV, Paris, 1907, pp. 33 sq.; Franchi de&#8217; Cavalieri in \u00abNuovo Bulletino di archeologia cristiana\u00bb, 1895, pp. 68-73).   A algunos cristianos se les permit\u00eda presentar una declaraci\u00f3n  escrita a las autoridades al efecto de que hab\u00edan ofrecido a los dioses los sacrificios prescritos, y ped\u00edan una certificaci\u00f3n de este acto (libellum tradere):  este certificado era pronunciado por las autoridades, y los peticionarios recib\u00edan de vuelta la atestaci\u00f3n (libellum accipere).   Aquellos que realmente hab\u00edan sacrificado (los sacrificati y los thurificati) tambi\u00e9n recib\u00edan un certificado de haberlo hecho.   Los libellatici, en el sentido estrecho de la palabra, eran aquellos que obten\u00edan el certificado sin haber ofrecido el sacrificio.  Algunos de los libellatici, que llevaban  a las autoridades documentos redactados concerniente a sus sacrificios reales o alegados y  firmados por ellos, tambi\u00e9n eran llamados acta facientes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nLos nombres de los cristianos, que hab\u00edan mostrado su apostas\u00eda por medio de los m\u00e9todos antedichos,  eran anotados en los registros de la corte.   Despu\u00e9s que estos hermanos d\u00e9biles recib\u00edan sus atestaciones y sab\u00edan que sus nombres hab\u00edan sido anotados, se sent\u00edan a salvo de futura inquisici\u00f3n y persecuci\u00f3n.    La mayor\u00eda de los lapsi verdaderamente hab\u00edan  obedecido el edicto de Decio por debilidad:  en su coraz\u00f3n deseaban seguir siendo cristianos.  Sinti\u00e9ndose librados de futura persecuci\u00f3n, ahora quer\u00edan asistir al culto cristiano otra vez y ser readmitidos a la comuni\u00f3n de la Iglesia, pero este deseo era contrario a la disciplina penitencial existente.   Los lapsi de Cartago lograron ganar para su causa a ciertos cristianos que hab\u00edan permanecido fieles, y hab\u00edan sufrido tortura y prisi\u00f3n.   Estos confesores enviaban cartas de recomendaci\u00f3n a nombre de los m\u00e1rtires muertos (libella pacis) al obispo a favor de los renegados.   Bajo la fuerza de estas \u201ccartas de paz\u201d, los lapsi deseaban inmediatamente la admisi\u00f3n a la comuni\u00f3n con la Iglesia, y eran realmente admitidos por algunos cl\u00e9rigos que estaban dispuestos hostilmente hacia Cipriano.  Dificultades similares surgieron en Roma, y los oponentes cartagineses de San Cipriano buscaron apoyo en la capital en su ataque contra los obispos.   Cipriano, quien se hab\u00eda mantenido en constante comunicaci\u00f3n con el clero romano durante la vacante de la Santa Sede  despu\u00e9s del martirio del Papa Fabi\u00e1n, decidi\u00f3 que nada se pod\u00eda hacer sobre el asunto de la reconciliaci\u00f3n de los lapsi hasta que terminase la persecuci\u00f3n y \u00e9l pudiese regresar a Cartago.  S\u00f3lo aquellos ap\u00f3statas que hab\u00edan demostrado ser penitentes, y hab\u00edan recibido una nota personal (libellus pacis) de un confesor o un m\u00e1rtir, pod\u00edan obtener absoluci\u00f3n  y admisi\u00f3n a la comuni\u00f3n con la Iglesia y a la Santa Eucarist\u00eda, si estaban  gravemente enfermos o a punto de morir.   Asimismo, en Roma se estableci\u00f3 la norma de que los ap\u00f3statas no deb\u00edan ser abandonados,  sino que deb\u00edan ser exhortados a la penitencia, para que, en caso de ser citados nuevamente ante las autoridades, ellos pudieran reparar por su apostas\u00eda y confesar firmemente su fe.  Es m\u00e1s, la comuni\u00f3n no se le pod\u00eda negar a aquellos que estuviesen seriamente enfermos, y desearan reparar de su apostas\u00eda por la penitencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El partido opuesto a Cipriano en Cartago no acept\u00f3 la decisi\u00f3n del Obispo y promovi\u00f3 el cisma.  Cuando, despu\u00e9s de la elecci\u00f3n de San Cornelio a la Silla de Pedro, el sacerdote romano Novaciano se elev\u00f3 a s\u00ed mismo en Roma como el antipapa, reclam\u00f3 ser el defensor de la disciplina estricta,   puesto que \u00e9l se negaba incondicionalmente a readmitir a la comuni\u00f3n con la Iglesia a cualquiera que hubiese ca\u00eddo.  El fue el fundador del novacianismo.   Poco despu\u00e9s que Cipriano regres\u00f3 a su ciudad episcopal en la primavera de 251, se realizaron s\u00ednodos en Roma y \u00c1frica, en los cuales el asunto de los lapsi se arregl\u00f3 por com\u00fan acuerdo.  Se adopt\u00f3 como principio que ellos deb\u00edan ser exhortados  al arrepentimiento, y, bajo ciertas condiciones y despu\u00e9s de una penitencia p\u00fablica (exomologesis), deb\u00edan ser readmitidos a la comuni\u00f3n.   Al fijar la duraci\u00f3n de la penitencia, los obispos deb\u00edan tomar en consideraci\u00f3n las circunstancias  de la apostas\u00eda, por ejemplo, si el penitente hab\u00eda ofrecido sacrificio una vez o s\u00f3lo despu\u00e9s de la tortura, si \u00e9l hab\u00eda dejado a su familia en la apostas\u00eda o por otro lado los hab\u00eda salvado de ella, despu\u00e9s de haber obtenido para s\u00ed mismo un certificado de haber sacrificado.    Aquellos que por su propia voluntad verdaderamente sacrificaron (los sacrificati o thurificati), solamente ser\u00edan reconciliados con la Iglesia a la hora de la muerte.   Los libellatici podr\u00edan, despu\u00e9s de una penitencia razonable, ser readmitidos inmediatamente.  En vista de la severa persecuci\u00f3n entonces inminente, se decidi\u00f3 que en un s\u00ednodo cartaginense posterior todos los lapsi que hab\u00edan hecho penitencia p\u00fablica deb\u00edan ser readmitidos a la completa comuni\u00f3n con la Iglesia.   El obispo Dionisio de Alejandr\u00eda adopt\u00f3 la misma actitud hacia el lapsi que el Papa Cornelio y los obispos italianos, y Cipriano y los obispos africanos.  Pero en oriente las opiniones r\u00edgidas de Novaciano al principio encontraron una recepci\u00f3n m\u00e1s favorablemente dispuesta.    Los esfuerzos unidos de los que apoyaban al Papa Cornelio tuvieron \u00e9xito en traer a la mayor\u00eda de los obispos orientales a reconocerlo como el Pont\u00edfice romano leg\u00edtimo, a cuyo reconocimiento iba naturalmente adherida la aceptaci\u00f3n de los principios  relativos a la causa de los lapsi.    Un peque\u00f1o grupo de cristianos en diferentes partes del imperio compart\u00edan los puntos de vista de Novaciano, y esto le permit\u00f3 a ese \u00faltimo formar una peque\u00f1a comunidad cism\u00e1tica (v. Novacianismo).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el tiempo de la gran persecuci\u00f3n de Diocleciano, los asuntos tuvieron el mismo curso que bajo Decio.  Durante esta severa aflicci\u00f3n que asalt\u00f3 a la Iglesia, muchos mostraron debilidad y cayeron y, como antes, realizaron actos de culto pagano, o trataron de evadir la persecuci\u00f3n mediante artificios.    Algunos, con la confabulaci\u00f3n de los oficiales, enviaban a sus esclavos a los sacrificios paganos en vez de ir ellos mismos, otros sobornaban a los paganos para que asumieran sus nombres y realizaran los sacrificios requeridos  (Petrus Alexandrinus, \u00abLiber de poenitentia\u00bb en Routh, \u00abReliquiae Sacr.\u00bb, IV, 2nd ed., 22 sqq).   Durante la persecuci\u00f3n de Diocleciano apareci\u00f3 una nueva categor\u00eda de lapsi llamados los traditores:  estos fueron los cristianos (en su mayor\u00eda cl\u00e9rigos) que, obedeciendo a un edicto, le daban los libros sagrados a las autoridades.  El t\u00e9rmino traditores fue dado tanto a los que realmente entregaban los libros sagrados, como a aquellos que meramente entregaban obras seculares en su lugar.  Igual que en la ocasi\u00f3n anterior los lapsi en Roma, bajo el liderazgo de un cierto Hericlio, trataron por la fuerza de obtener readmisi\u00f3n a la comuni\u00f3n con la Iglesia sin hacer  penitencia, pero los Papas Marcelo y Eusebio se adhirieron estrictamente a la disciplina penitencial tradicional.   La confusi\u00f3n y disputas causadas por esta diferencia entre los cristianos romanos hizo que Marco Aurelio Maxentio desterrara a Marcelo, luego a Eusebio y a Heraclio.   (cf. Inscripciones del Papa D\u00e1maso sobre los Papas Marcelo y  Eusebio en Ihm, \u00abDamasi epigrammata\u00bb, Leipzig, 1895, p. 51, n. 48; p. 25, n. 18).  En \u00c1frica el infeliz cisma donatista surgi\u00f3 de las disputas sobre los lapsi, especialmente los traditores (v. donatistas).  Varios s\u00ednodos del siglo IV redactaron c\u00e1nones sobre el tratamiento de los lapsi, por ejemplo el S\u00ednodo de Elvira en 306  (can. I-IV, XLVI), o Arles en 314 (can. XIII), de Ancira en 314 (can. I-IX), y el Concilio General de Niza (can. XIII).   Muchas de las decisiones de estos s\u00ednodos concern\u00edan s\u00f3lo a miembros del clero que hab\u00edan cometido actos de apostas\u00eda en tiempo de persecuci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fuentes:  HEFELE, Konziliengesch., I (2nd ed., Freiburg, 1873), 111 sqq., 155 sqq., 211, 222 sqq., 412 sqq.; DUCHESNE, Hist. ancienne de l&#8217;Eglise, I (Paris, 1906), 397 sqq.; FUNK, Zur altchristl. Bussdisziplin in Kirchengesch. Abhandlungen u. Untersuchungen, I, 158 sqq., M\u00dcLLER, Die Bussinstitution in Karthago unter Cyprian in Zeitschr. f\u00fcr kathol. Theol. (1907), 577 sqq.; CHABALIER, Les Lapsi dans l&#8217;Eglise d&#8217;Afrique au temps de S. Cyprien: Th\u00e8se (Lyons, 1904); SCH\u00d6NAICH, Die Christenverfolgung des Kaisers Decius (Jauer, 1907); DE ROSSI, Roma sotteranea cristiana, II, 201 sqq.; ALLARD, Historie de pers\u00e9cutions, V, 122 sqq.  Vea tambi\u00e9n la bibliograf\u00eda bajo San Cipriano.<br \/>\nKirsch, Johann Peter. \u00abLapsi.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 9. New York: Robert Appleton Company, 1910.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/09001b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Transcirto por Ed Sayre.   Traducido al espa\u00f1ol por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Lat\u00edn, labi, lapsus). 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