{"id":25667,"date":"2016-02-05T17:21:44","date_gmt":"2016-02-05T22:21:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fray-bernardino-de-laredo\/"},"modified":"2016-02-05T17:21:44","modified_gmt":"2016-02-05T22:21:44","slug":"fray-bernardino-de-laredo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fray-bernardino-de-laredo\/","title":{"rendered":"FRAY BERNARDINO DE LAREDO"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Bernardo de Laredo por Pedro de Alc\u00e1ntara Mart\u00ednez, O.F.M.<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Bernardino de Laredo por Manuel de Castro, O.F.M.<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Bernardino de Laredo(1482-1540)  por Teodoro H. Mart\u00edn\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">4.1 Vocaci\u00f3n verdadera<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-6\">4.2 El escritor<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-7\">4.3 De Si\u00f3n en la cumbre<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-8\">4.4 Escudo-defensa de santa Teresa<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">5 Bernardino de Laredo (1482-1540) Apuntes sobre su teolog\u00eda m\u00edstica por Melqu\u00edades Andr\u00e9s Mart\u00edn<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fray Bernardino de Laredo naci\u00f3 en Sevilla en 1482. Estudi\u00f3 la carrera de medicina y fue m\u00e9dico de Juan III de Portugal. A los veintiocho a\u00f1os ingres\u00f3 en la Orden franciscana. Muri\u00f3 en 1540 en el convento de San Francisco del Monte, no lejos de Sevilla.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su nombre ha pasado a la historia de la m\u00edstica por su celebrada obra Subida del Monte Si\u00f3n, llena de luz, de gracia y de dulzura. La obra est\u00e1 dividida en tres partes. La primera trata de la purificaci\u00f3n de los sentidos, del propio conocimiento, de la meditaci\u00f3n, etc. La segunda, de los misterios de la vida de Cristo y de Mar\u00eda. La tercera, finalmente, est\u00e1 dedicada por entero a la contemplaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cinco grados tiene la escala de la contemplaci\u00f3n: lecci\u00f3n, oraci\u00f3n, meditaci\u00f3n, contemplaci\u00f3n y espiritualidad. \u00abCon la lecci\u00f3n -escribe- busca el \u00e1nima lo que quiere; con la oraci\u00f3n lo demanda; la meditaci\u00f3n lo recibe, y en la contemplaci\u00f3n lo posee y goza de toda quietud y paz; y en la espiritualidad pura, y simple, y verdadera, conoce a su Hacedor, que demanda ser buscado en esp\u00edritu y verdad\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El t\u00edtulo y la materia de esta obra recuerdan a la Subida del Monte Carmelo de san Juan de la Cruz, que ley\u00f3 sin duda la obra de Laredo. Tambi\u00e9n la ley\u00f3 santa Teresa, que se aprovech\u00f3 de ella para explicar a sus confesores el modo de su oraci\u00f3n en momentos dif\u00edciles para la Santa. Las met\u00e1foras del castillo, de la mariposica, de la abeja, etc., empleadas por santa Teresa, est\u00e1n tambi\u00e9n sacadas de esta obra de Laredo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bernardino de Laredo no quiso ordenarse nunca de sacerdote, permaneciendo lego franciscano toda su vida. Pero indudablemente era hombre culto y excelente m\u00e9dico. Su ardiente fantas\u00eda llena de luz y colorido su obra, en la que \u00ablas descripciones de la naturaleza son p\u00e1ginas admirables, no superadas quiz\u00e1 por ning\u00fan prosista anterior\u00bb (Sainz Rodr\u00edguez).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antonio Royo Mar\u00edn, OP, Los grandes maestros de la vida espiritual. Madrid, BAC, 1990, pp. 303-304.\n<\/p>\n<h2>Bernardo de Laredo por Pedro de Alc\u00e1ntara Mart\u00ednez, O.F.M.<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00edstico franciscano de gran renombre en el s. XVI y precursor de la escuela carmelitana. Nace en Sevilla el 1482, ingresa en la Provincia franciscana de los \u00c1ngeles (1510) en calidad de hermano lego y dedica su vida entera al cuidado de los enfermos. Su ciencia de curar y su bondad de vida le granjearon fama y la amistad de obispos y grandes personajes. No se puede afirmar que poseyera el t\u00edtulo de Medicina o de Farmacia, pero consigui\u00f3 un perfecto dominio te\u00f3rico-pr\u00e1ctico de las mismas; no habiendo cursado estudios regulares de Teolog\u00eda demuestra asimismo conocer bien sus fundamentos. Muri\u00f3 en Villaverde del R\u00edo (Sevilla) en 1540 y en olor de santidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escribi\u00f3 dos obras de Medicina en castellano, con los t\u00edtulos en lat\u00edn: Metaphora medicinae (Sevilla 1522 y 1524) y Modus faciendi cum ordine medicandi (Sevilla 1527, 1534, 1542, 1627). Su obra principal es la Subida al Monte Si\u00f3n (Sevilla 1535), refundida y, con la tercera parte, que trata de la contemplaci\u00f3n, completamente cambiada en la edici\u00f3n de 1538 (reimpresa en Sevilla 1542, Valencia 1590, Alcal\u00e1 1617). Junto a ella se edit\u00f3 siempre el tratadito Josephina, sobre las glorias y patrocinio de san Jos\u00e9, que tanto influy\u00f3 en santa Teresa, m\u00e1s dos op\u00fasculos eucar\u00edsticos, uno en la edici\u00f3n de 1535 y otro en la de 1538. Encontramos en Bernardino todas las caracter\u00edsticas de la piedad franciscana: amor a la naturaleza (lleno de poes\u00eda, de un lirismo hondo y penetrante, apenas superable, especialmente en el libro III de la 2\u00aa ed.), devoci\u00f3n a la humanidad de Cristo, sobre todo en su Pasi\u00f3n, Dios contemplado cual sumo bien, primado de la voluntad, teolog\u00eda afectiva, etc. Dotado de esp\u00edritu met\u00f3dico, su estilo es m\u00e1s bien did\u00e1ctico; su cualidad de m\u00e9dico le comunica dotes de observaci\u00f3n, de curiosidad cient\u00edfica, que le convierten en uno de los precursores de la m\u00edstica descriptiva.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Subida fue escrita primero como compilaci\u00f3n de respuestas a consultas espirituales y dividida en tres libros seg\u00fan las tres fases de la vida espiritual: la purgativa, que se logra mediante el conocimiento y desprecio de s\u00ed (socratismo pesimista); la iluminativa, por la imitaci\u00f3n de Jesucristo, y la unitiva en la contemplaci\u00f3n. La teor\u00eda acerca de \u00e9sta en la 1\u00aa ed. depende sobre todo de la m\u00edstica intelectualista de Ricardo de San V\u00edctor, con fuerte influjo de Francisco de Osuna: la oraci\u00f3n de quietud (culmen de la contemplaci\u00f3n) equivale al recogimiento de \u00e9ste y se realiza en un acto de amor mezclado de conocimiento oscuro e inefable. La 2\u00aa ed. se halla, en cambio, grandemente influida por el Pseudo-Dionisio, Harpio y Hugo de Balma, debiendo a la m\u00edstica de los Pa\u00edses Bajos su tonalidad general. Fray Bernardino admite en ella una escala para llegar a la contemplaci\u00f3n perfecta: la meditaci\u00f3n, que se realiza con la raz\u00f3n discursiva; la contemplaci\u00f3n viva, que es obra de la pura inteligencia (mirada quieta del entendimiento); y la contemplaci\u00f3n perfecta, que encierra varios grados; el m\u00e1s alto requiere una gracia especial de Dios por ser de car\u00e1cter infuso, tiene por objeto la pura divinidad y consiste en una uni\u00f3n de la voluntad con Dios en amor, sin mezcla de conocimiento intelectual precedente o concomitante. En este punto se distingue de Osuna, aun cuando en ambas ediciones coincida sustancialmente con \u00e9l por lo que respecta al papel de la humanidad de Cristo en la contemplaci\u00f3n y al juicio sobre los gustos espirituales, hacia los cuales Bernardino se muestra en la segunda algo m\u00e1s reservado. El m\u00e9todo para llegar a esta contemplaci\u00f3n es el de las aspiraciones afectivas, si bien presupone haber pasado las v\u00edas purgativa e iluminativa, m\u00e1s una perfecta pureza de conciencia. Es neta la distinci\u00f3n entre v\u00eda unitiva y contemplativa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bernardino de Laredo fue gu\u00eda de santa Teresa en la oraci\u00f3n de uni\u00f3n; en \u00e9l se halla gran parte de la doctrina de la Noche oscura de S. Juan de la Cruz; influy\u00f3 mucho en Juan de los \u00c1ngeles, Baltasar \u00c1lvarez, etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bibliograf\u00eda: Fidel de Ros, Un inspirateur de S. Th\u00e9r\u00e8se: Le Fr. Bernardin de Laredo, Par\u00eds 1948; Caballero Villadea, Fr. Bernardino de Laredo. Su vida, su \u00e9poca, sus obras, Madrid 1948; Sesi\u00f3n necrol\u00f3gica en honor de Fr. Bernardino de Laredo, \u00abBol. de la Sociedad Espa\u00f1ola de Historia de la Farmacia\u00bb, 7, 1956, 1-40.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pedro de Alc\u00e1ntara Mart\u00ednez, OFM, s.v. Bernardino de Laredo, en Gran Enciclopedia Rialp. Tomo IV. Madrid, Ed. Rialp, 1971, pp. 96-97.\n<\/p>\n<h2>Bernardino de Laredo por Manuel de Castro, O.F.M.<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Naci\u00f3 en Sevilla el a\u00f1o 1482 y muri\u00f3 en Villaverde del R\u00edo (Sevilla) el a\u00f1o 1540. Franciscano OFM. M\u00e9dico y escritor asc\u00e9tico. De noble familia, estudi\u00f3 en Sevilla las primeras letras. Muy joven todav\u00eda, pas\u00f3 al servicio de D. \u00c1lvaro de Portugal, se\u00f1or de Gelves, a quien abandon\u00f3 hacia 1495, para consagrarse m\u00e1s libremente a los estudios otra vez en Sevilla, seguramente en el colegio-universidad fundado por el arcediano D. Rodrigo Fern\u00e1ndez de Santaella, llamado vulgarmente, maese Rodrigo, en el que pod\u00edan cursarse Artes liberales, Teolog\u00eda y Derecho Can\u00f3nico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Laredo, continuando todav\u00eda sus estudios, comienza hacia 1507 a ejercer la profesi\u00f3n de la medicina. Pero en 1510, a la edad de veintiocho a\u00f1os, un acontecimiento imprevisto cambia el curso de su existencia: uno de sus amigos m\u00e1s \u00edntimos, doctor en ambos derechos, in utroque, muy estimado en Sevilla, a quien el padre Guadalupe identifica con Juan de Argumanes, que lleg\u00f3 a ser vicario provincial de los Observantes de la provincia de Santiago (1507-1510), ingres\u00f3 en la Orden franciscana. Bernardino, profundamente impresionado, decide imitarle solicitando un puesto entre los hermanos legos de la custodia franciscana de los Angeles, en el convento de San Francisco del Monte, de Villaverde, a 29 kil\u00f3metros al noroeste de Sevilla, en el que vivi\u00f3 habitualmente los treinta a\u00f1os de su vida religiosa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los superiores le nombraron enfermero de la custodia, lo que le oblig\u00f3 a recorrer los conventos de la misma atendiendo a los religiosos enfermos, y ordenar las boticas de los mismos, provey\u00e9ndolas de las hierbas necesarias. Para facilitar su trabajo compuso la Metaphora medicinae, manual de medicina y farmacopea, aparecida en Sevilla el 13-XII-1522, y el Modus faciendi cum ordine medicandi, dedicado al cardenal Alonso Manrique, aparecido tambi\u00e9n en Sevilla el 7-IX-1527, las dos obras escritas en castellano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su fama de santidad y ciencia m\u00e9dica, se extendi\u00f3 r\u00e1pidamente entre el pueblo y la aristocracia, de manera que fueron \u00e9stos sus mejores pacientes, llegando a ser m\u00e9dico de los reyes de Portugal, D. Juan III (1521-1557) y su mujer, D\u00f1a. Catalina, hermana de Carlos V. Juan III lo llam\u00f3 a la corte muchas veces, e incluso en un caso particular le salv\u00f3 la vida; en otra ocasi\u00f3n, hizo un viaje desde Sevilla a Estremoz, en Portugal, para visitar a D\u00f1a. Catalina, y tal vez haya sido en esta ocasi\u00f3n cuando, por mediaci\u00f3n de su camarera mayor, D\u00f1a. Mar\u00eda de Velasco, le dio a conocer la devoci\u00f3n por \u00e9l establecida llamada \u00abcorona de Jesucristo o de las 33 misas\u00bb [en correspondencia con los 33 a\u00f1os de la vida de Cristo]. Los soberanos portugueses deseaban ardientemente a finales de 1530 tener un descendiente var\u00f3n y el hecho es que, celebradas las 33 misas, el 1-XI-1531, la reina dio a luz en Alvito al infante D. Manuel que solamente sobrevivi\u00f3 tres a\u00f1os. Do\u00f1a Leonor Manrique, mujer de Luis de Guzm\u00e1n, se\u00f1ores de la villa de Algaba, tuvo tambi\u00e9n un hijo var\u00f3n practicando, por consejo de fray Bernardino, la devoci\u00f3n de las 33 misas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Continu\u00f3 recluido en su convento de San Francisco del Monte, entregado a la oraci\u00f3n y al estudio; all\u00ed compuso unas notas sobre la Regla franciscana, que no han llegado hasta nosotros, y la c\u00e9lebre obra Subida del monte Si\u00f3n, que public\u00f3 en Sevilla el 1-III-1535; de esta obra prepar\u00f3 una segunda redacci\u00f3n definitiva que apareci\u00f3 en Sevilla el 22-II-1538, dedicadas las dos ediciones al cardenal Alonso Manrique, gran inquisidor de Espa\u00f1a, arzobispo de Sevilla y protector de fray Bernardino. Favorecido por Dios con los dones de \u00e9xtasis, visiones y milagros, falleci\u00f3 santamente en el convento de San Francisco del Monte.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bibliograf\u00eda: Andr\u00e9s de Guadalupe, Historia de la santa provincia de los Angeles, Madrid 1662, pp. 320-43; Bienvenido Foronda, Fr. Bernardino de Laredo, su vida, sus escritos y su doctrina teol\u00f3gico-asc\u00e9tico-m\u00edstica, en Archivo Ibero-Americano 33 (1930) 213-50, 497-526. Fidel de Ros, Un inspirateur de Ste. Th\u00e9r\u00e8se, le Fr. Bernardin de Laredo, Par\u00eds 1948, 368 pp.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[Manuel de Castro, OFM, s.v. Laredo, Bernardino de, en Q. Aldea (dir), Diccionario de Historia Eclesi\u00e1stica de Espa\u00f1a, II, Madrid 1972, 1269].\n<\/p>\n<h2>Bernardino de Laredo(1482-1540)  por Teodoro H. Mart\u00edn<\/h2>\n<h3>Vocaci\u00f3n verdadera<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abSe\u00f1or Mayordomo, quiero consagrarme al servicio de Dios en la Orden religiosa de san Francisco\u00bb. As\u00ed de claro y resuelto, Bernardino de Laredo, muchacho de doce a\u00f1os, habl\u00f3 al mayordomo del conde de Gelves, don Jorge Alberto de Portugal, a quien serv\u00eda Laredo en calidad de doncel.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abNo -respondi\u00f3 el mayordomo-. No has cumplido a\u00fan doce a\u00f1os; los franciscanos de estas tierras llevan vida muy austera; debes educarte ahora para la nobleza, pues para eso tus padres te mandaron aqu\u00ed\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Transcurrido alg\u00fan tiempo, Bernardino dej\u00f3 la casa del conde, se\u00f1or a quien profesar\u00eda amor reverente por toda la vida. Volvi\u00f3 el mozalbete a la casa paterna en Sevilla, donde hab\u00eda nacido el a\u00f1o 1482, de padres \u00abhijosdalgo\u00bb, celosos por hacer de su hijo un perfecto cristiano y noble ciudadano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan el cronista [Fray Andr\u00e9s de Guadalupe, Historia de la provincia de los \u00c1ngeles, Madrid 1662], empez\u00f3 entonces los estudios de Latinidad y luego los de Artes. En la misma Universidad de Sevilla, fundada por maese Rodrigo, arcediano de la catedral, Bernardino emprendi\u00f3 los estudios que culminar\u00edan con el doctorado en Medicina; luego con la Teolog\u00eda, en que tambi\u00e9n se doctor\u00f3 con la especialidad de Sagrada Escritura. Te\u00f3logo consumado y doctor en Medicina, rozaba los veintiocho a\u00f1os de edad. Adem\u00e1s, sab\u00eda con perfecci\u00f3n el lat\u00edn, griego y hebreo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nadie podr\u00eda decirle ya que no ten\u00eda madurez para hacerse franciscano. Pero Bernardino no hab\u00eda vuelto a pensar en ello desde que su confidente, el mayordomo del se\u00f1or conde, le disuadiera de hacerse fraile. Ahora, en el a\u00f1o 1510, cuando el mundo pod\u00eda ofrecerle mayor atractivo, su \u00edntimo amigo Juan Bautista Vi\u00f1ones, doctorado en ambos Derechos, sin que nadie lo hubiera sospechado, ingresaba en el convento franciscano como hermano lego. Despert\u00f3 entonces la vocaci\u00f3n dormida de Laredo y sin m\u00e1s dilaci\u00f3n se fue al convento de San Francisco del Monte, en el pueblo de Villaverde, por las estribaciones de Sierra Morena.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conociendo las muchas letras del postulante, los frailes le ofrecieron reiteradamente el h\u00e1bito de coro, es decir, le ped\u00edan que entrase para ser ordenado sacerdote. Pero no hubo manera de cambiar su resoluci\u00f3n de servir como hermano lego. A petici\u00f3n propia, los superiores le concedieron la gracia de no trasladarle a ning\u00fan otro convento. Efectivamente, aquel de San Francisco del Monte fue su residencia hasta que vol\u00f3 al cielo el a\u00f1o de 1540, cumplidos treinta de profesi\u00f3n religiosa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siendo fraile ejerci\u00f3 la profesi\u00f3n de m\u00e9dico entre familias nobles de Sevilla y en particular a requerimiento del rey don Juan III de Portugal, en favor de do\u00f1a Catalina, su esposa, hermana del emperador Carlos V. Los superiores le designaron enfermero para todos los frailes de la provincia franciscana de los Angeles por Andaluc\u00eda. De hecho, era un verdadero director espiritual. Aut\u00e9ntica vocaci\u00f3n de santidad en aquel disc\u00edpulo de san Francisco.\n<\/p>\n<h3>El escritor<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ejercicio de su profesi\u00f3n indujo a Laredo a publicar dos tratados de medicina: Metaphora Medicinae uno, en Sevilla a\u00f1o de 1522, y el otro Modus faciendi cum ordine medicinandi. Del primero se hicieron dos ediciones, del segundo tres. Tiene \u00e9ste la manera de preparar casi todas las medicinas que se usaban en su tiempo, indicando las propiedades terap\u00e9uticas de cada una de ellas y el modo de administrarlas en cualquier caso. Nos dice tambi\u00e9n el cronista Andr\u00e9s de Guadalupe que \u00abescribi\u00f3 copiosos cuadernos de muchas dudas y cuestiones sobre toda la Regla y sus declaraciones\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Prescindiendo de temas no religiosos, \u00abaquel humild\u00edsimo hermano escribi\u00f3 otros muchos libritos\u00bb, dice el cronista Gonzaga. Refiri\u00e9ndose a las gracias espirituales de Laredo, o fen\u00f3menos de vida m\u00edstica, Andr\u00e9s de Guadalupe dej\u00f3 escrito: \u00abHici\u00e9ronle maestro en Teolog\u00eda m\u00edstica las experiencias; dej\u00f3 escritos muchos cartapacios tocantes a \u00e9xtasis y arrobamientos; discurre con elegancia y estilo delicado en la materia, y sobre la distinci\u00f3n y conocimiento de las revelaciones verdaderas y falsas\u00bb. Casi todos estos cuadernos fueron incorporados a la obra capital: Subida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Reconociendo las excelentes cualidades de Laredo, los superiores le mandaron que escribiera sobre la propia experiencia de la vida en Dios. Comenz\u00f3 entonces a recopilar las respuestas que hab\u00eda venido dando a muchas personas, como hiciera el hermano Bernab\u00e9 de Palma, su paisano, algunos a\u00f1os antes. As\u00ed, tras varios a\u00f1os de examen inquisitorial, se public\u00f3, an\u00f3nimo como todos los otros, el libro de la Subida del Monte Si\u00f3n en Sevilla el a\u00f1o 1535. Dentro de su anonimato, escribi\u00f3 Laredo: \u00abLo orden\u00f3 y compuso un fraile lego de peque\u00f1o entendimiento, todo tosco, todo idiota e ignorante, sin fundamento de letras\u00bb. En el pr\u00f3logo declara haberlo hecho \u00abpor obediencia\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dif\u00edcil empresa para tiempos agitados. En el a\u00f1o 1521 hab\u00eda estallado la revoluci\u00f3n luterana; en 1523 tuvo lugar la escisi\u00f3n entre recogidos y dejados; en 1524 los franciscanos en Toledo condenaban a los alumbrados; en 1525, por decreto inquisitorial, se hac\u00eda lo mismo; en Valladolid el a\u00f1o 1527 se discut\u00eda acaloradamente sobre Erasmo; en Toledo, reunidos en asamblea general, los franciscanos definitivamente se desentienden de los alumbrados y reprueban su actitud. \u00a1Peligrosa aventura escribir de oraci\u00f3n mental y vida interior cuando esto daba lugar a tanta controversia! Pero Laredo responde: \u00abPuede bien en nosotros la obediencia lo que en ninguna manera podr\u00edamos poder sin ella\u00bb.\n<\/p>\n<h3>De Si\u00f3n en la cumbre<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para algunos resulta \u00abmuy dif\u00edcil formar un cuerpo doctrinal de la Subida del Monte Si\u00f3n\u00bb, dice Robert Ricard. Cierto que Laredo, como los m\u00edsticos en general, procede sin el rigor cerebral de los te\u00f3logos; nos habla de la propia vida, que se manifiesta de diferentes maneras conforme a la psicolog\u00eda personal y moci\u00f3n del Esp\u00edritu. Pero Laredo, hombre intelectualmente muy bien preparado, sabe armonizar la vivencia de la gracia con los cauces l\u00f3gicos de la raz\u00f3n como puede entenderlo cualquier lector avisado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante todo, el autor nos presenta como espina dorsal la obra en forma de camino que lleva a la cumbre del monte Si\u00f3n, a la santidad. Siguiendo la tradici\u00f3n medieval propone las tres etapas cl\u00e1sicas, en conformidad con la sentencia del evangelio: \u00abQui vult venire post me \/ abneget semetipsum, \/ tollat crucem suam \/ et sequatur me\u00bb (Mt 16,24). Que significa: \u00abSi alguno quiere venir en pos de m\u00ed, \/ ni\u00e9guese a s\u00ed mismo, \/ tome su cruz \/ y me siga\u00bb. Lo relaciona, como se hab\u00eda hecho a lo largo de toda la Edad Media, con la triple v\u00eda: purgativa, iluminativa y unitiva. Pero Laredo lo modifica subdividiendo la tercera o vida contemplativa en cuasi perfecta y perfecta. Lo ha tomado del otro maestro de espirituales, el hermano Bernab\u00e9 de Palma. En la primera parte el sujeto ha de lograr conocerse a s\u00ed mismo, criatura fr\u00e1gil, y ejercitarse en el consiguiente anonadamiento. Son los cimientos de la vida espiritual. En la segunda, mediante el crecimiento de virtudes y desarraigo de vicios, se configura el alma con Cristo considerando los misterios de la Humanidad del Se\u00f1or. Finalmente, la vida contemplativa centrada en la Divinidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Laredo pone muy en claro que no son compartimientos estancos, etapas rigurosamente separadas, lo cual est\u00e1 bien para tratados te\u00f3ricos de vida espiritual. Nos alecciona por la propia experiencia vital, corriente que desborda los cauces rigurosos de razonamientos. Son tres v\u00edas paralelas por las que de una a otra el alma pasa en ciertos intervalos; cuando cesa la quietud ser\u00e1 provechoso retornar a los fundamentos. Habr\u00e1 entonces que tornar a la meditaci\u00f3n y oraciones vocales, como las abejas salen de la colmena para libar por valles y montes. Tanto que Laredo propone tres tiempos en una misma jornada: de maitines a prima para la v\u00eda purgativa, de prima a nona para la iluminativa, luego los ejercicios de contemplaci\u00f3n hasta el d\u00eda siguiente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre estas paredes maestras, como nervaduras ornamentales, Laredo ofrece en la tercera parte varios senderos en la segunda edici\u00f3n, la del 1538, que refunde con mucha ventaja la primera de tres a\u00f1os antes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viv\u00eda el autor en tiempos de plena gestaci\u00f3n del Siglo de Oro espa\u00f1ol y fervor de la provincia franciscana de los \u00c1ngeles, reci\u00e9n fundada para Andaluc\u00eda. Fray Francisco de Osuna resid\u00eda en Sevilla, en calidad de comisario general de la Orden para las provincias franciscanas de Am\u00e9rica, a\u00f1os 1527 al 1532, tiempo y lugar en que public\u00f3 sus cuatro primeros Abecedarios. Por Sevilla entraba en Espa\u00f1a Enrique Herp, franciscano de Flandes, con su Espejo de perfecci\u00f3n traducido al lat\u00edn en Venecia el a\u00f1o 1524. Diez a\u00f1os antes la Theologia Mystica del cartujo Hugo de Balma hab\u00eda sido puesta en castellano por orden de Cisneros. En el a\u00f1o 1538 se publicaba completa la Theologia Mystica de Enrique Herp, cuya segunda parte, el Espejo de perfecci\u00f3n, aparece con el t\u00edtulo de Directorio \u00e1ureo de contemplativos, uno de los libros m\u00e1s le\u00eddos por aquellos a\u00f1os.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ebullici\u00f3n por la cual Laredo se sinti\u00f3 obligado a transformar la tercera parte de la Subida, como si se tratara de un libro nuevo sobre la contemplaci\u00f3n. Lo dice el mismo autor: \u00abVa mudado casi aqueste libro tercero de la sustancia que tuvo en la primera impresi\u00f3n\u00bb. Inspirado principalmente en los \u00abm\u00edsticos del Norte\u00bb: en Herp m\u00e1s que en ning\u00fan otro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Laredo comienza la tercera parte avis\u00e1ndonos preciosa y precisamente en el primer cap\u00edtulo sobre el contenido, meta y modo de llegar a la uni\u00f3n con Dios, haci\u00e9ndonos saber al mismo tiempo por qu\u00e9 ha cambiado radicalmente su primera redacci\u00f3n: \u00abPareci\u00f3 ser cosa muy convenible mudar aqueste libro en m\u00e1s amorosos ense\u00f1amientos; porque como las dos partes pasadas tienen consonancia al t\u00edtulo, Subida del Monte Si\u00f3n, por ir, como dicho est\u00e1, subiendo, purgando el \u00e1nima e iluminando el esp\u00edritu, as\u00ed esta parte tercera no significa subir, mas haber subido y estar ya en lo alto de quieta contemplaci\u00f3n, mediante el juntamiento de amor, que se llama v\u00eda unitiva. Por esto podr\u00eda aquesta parte tercera intitularse por s\u00ed la cumbre del Monte Si\u00f3n, as\u00ed como la primera y segunda, Subida. Y es de notar que por exceder las fuerzas y disposici\u00f3n del autor va tomado y copilado de los sentimientos y sentencias de los Doctores contemplativos, y vinculado a figuras de la Escritura Sagrada\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9sta es la raz\u00f3n que nos ha inducido a publicar en un solo volumen el Via Spiritus de Bernab\u00e9 de Palma y la tercera parte de la Subida del Monte Si\u00f3n, que tienen el mismo objetivo, proceden del mismo ambiente, parten de los mismos supuestos, son de hermanos legos de la misma Orden y lugar. Notables diferencias, sin embargo, en el lenguaje: elegante decir y temas bien proporcionados en Laredo, mientras que Palma no ha podido dar los \u00faltimos toques a su obra. No en vano el uno proced\u00eda de altos y muy cumplidos estudios universitarios, mientras que el otro hab\u00eda pasado su juventud como ermita\u00f1o en Sierra Morena. Pero la mayor diferencia consiste en que Laredo sigue a Palma en la primera redacci\u00f3n en orden a llegar a la uni\u00f3n con Dios por v\u00eda intelectual, mientras que en la segunda lo alcanza per viam receptionis, que consiste en aceptar y dejarse llevar por amor hasta Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la cumbre del monte est\u00e1 situado Laredo, el \u00abhumild\u00edsimo\u00bb lego \u00abcon mansedumbre y quietud contemplando en cuadrado\u00bb, que significa tener horizontes abiertos por todas partes, es decir, estamos inmersos en Dios. Situaci\u00f3n sobrenatural, como dice el \u00abautor, de venerable memoria, del libro que se llama V\u00eda o camino del esp\u00edritu\u00bb (III cap. 3).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abAcrecienta el amor -nos dice el maestro Laredo-, pasa de la perfecta verdad, que tienes en los misterios de la Humanidad sagrada, a la bondad perfecta de la Divinidad increada, pues el amar con perfecci\u00f3n consiste en la quieta y perfeccionada contemplaci\u00f3n de la inaccesible Divinidad\u00bb (III cap. 4). Desde la altura se ven las tres clases de personas que, subidas ya a la altiplanicie, es decir, ya entradas en la contemplaci\u00f3n, avanzan por sendas de amor:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Principiantes, que se elevan contemplando la naturaleza, arte, acontecimientos, cosas materiales y sensibles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Proficientes, por la consideraci\u00f3n de la propia vida interior, en especial las tres facultades del alma y a Dios en el centro de la misma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuasi perfectos, con la mirada fija en los atributos y misterios de Dios y s\u00edmbolos espirituales de todo lo que sea, centrarse en una verdad espiritualizada, nada material, nada concreto (III, cap. 4, 14, 24, 25, 27).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Perfectos, de puro amor, por encima de todo conocer, donde el entendimiento se transforma en inteligencia o sapiencia fluyendo por la voluntad del alma enamorada, oraci\u00f3n infusa, perfecta quietud y recogimiento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al escuchar a Laredo nos damos cuenta de que oraci\u00f3n de quietud en su lenguaje, y asimismo en el hermano Palma, no equivale a la cuarta morada de santa Teresa, inicio de la contemplaci\u00f3n a la que siguen tres moradas m\u00e1s. Para estos dos hermanos legos, oraci\u00f3n quieta comprende toda la vida contemplativa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Laredo reduce a dos la cu\u00e1druple clase de contemplaci\u00f3n: meditaci\u00f3n, que es oraci\u00f3n especulativa, activa, intelectual, cuyo objeto directo en que se apoya son criaturas, visibles o invisibles; y contemplaci\u00f3n perfecta, pasiva, afectiva, m\u00edstica, cuyo objeto es la esencia divina, pensando en todo sin pensar en nada (III, cap. 27). Puro amor de Dios. Hay que estar como pergamino bien raspado, dice Laredo, para que el Esp\u00edritu de Dios escriba limpiamente. San Juan de la Cruz hablar\u00e1 de lienzo quieto y limpio ante el pintor (Noche 1,10,5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con preciosa claridad habla luego Laredo de unos y otros, analizando con ejemplos la contemplaci\u00f3n m\u00e1s activa o de principiantes, que se mueven en torno a su objetivo como el jugador de pelota, como el viajante de comercio, como el encargado de cobrar rentas. Actividad de que habr\u00e1 de servirse el alma a intervalos, cuando se interrumpe la concentrada quietud. En la primera edici\u00f3n (1535) Laredo presta mayor atenci\u00f3n a la actividad de la contemplaci\u00f3n imperfecta, que podr\u00edamos llamar adquirida o incipiente. Dir\u00edamos con Fid\u00e8le de Ros que \u00abla edici\u00f3n 1535 est\u00e1 muy influenciada por Ricardo de San V\u00edctor, quien pone en primer plano la actividad discursiva y ofrece en su conjunto una fisonom\u00eda intelectualista\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta aqu\u00ed Laredo apenas ha ense\u00f1ado abiertamente c\u00f3mo transformar el entendimiento en inteligencia, que quiere decir la actividad inquisitiva del discurso en la pasividad receptiva de la inteligencia o sabidur\u00eda de la M\u00edstica. Pero en la edici\u00f3n definitiva del 1538 se plantea el problema que resuelve con decisi\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo? \u00abPor puro amor, por v\u00eda de sola afectiva, sin que antevenga medio alguno del pensamiento\u00bb (III, cap. 9). Por aspiraciones y deseos, gracia infusa, como se hab\u00edan expresado Hugo de Balma y Enrique Herp.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00f1ade luego lo que yo llamo nervaduras ornamentales que llevan a la cima de la perfecta contemplaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A) Introversi\u00f3n. Sobre lo dicho por Ricardo de San V\u00edctor, Enrique Herp y Hugo de Balma, Laredo muestra su originalidad con este itinerario de pasar por el coraz\u00f3n en cuatro momentos: cerca de s\u00ed, dentro de s\u00ed, sobre s\u00ed, salida de s\u00ed o excessus mentis que son los arrobamientos y \u00e9xtasis (III, cap. 41; 40 en esta edici\u00f3n), concluyendo con sabio consejo: \u00abLo que al alma le conviene entonces saber es s\u00f3lo saber ser boba y no saberse entender ni querer poder saber m\u00e1s, antes reciba cuanto viniere sin echar el ojo a nada, mas por v\u00eda de recepci\u00f3n\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">B) Como ornamento adicional recoge de la tradici\u00f3n medieval la llamada \u00abescala m\u00edstica\u00bb, de cuatro escalones, para disponerse a la contemplaci\u00f3n adquirida: lectura, que busca; oraci\u00f3n, que pide; meditaci\u00f3n, que obtiene; espiritualidad pura, que conoce al Creador en el espejo de la creaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">C) Otro sendero, adem\u00e1s, que toma de Enrique Herp y lo hace suyo: amor activo, as\u00ed llamado por su diligencia en arrancar vicios y cultivar virtudes; amor desinteresado, caracter\u00edstico de los m\u00e1s avanzados que act\u00faan con pureza de intenci\u00f3n por amor a Dios; amor esencial de los cuasi perfectos, que se adentran hasta el fondo del alma, sin andarse por las ramas de sus potencias; amor unitivo, \u00abde contemplaci\u00f3n quieta, hecha el alma un esp\u00edritu con Dios\u00bb. Herp lo llama \u00abuni\u00f3n supraesencial\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Laredo llega a las \u00faltimas consecuencias, al excessus mentis, que tan sabrosamente y con cautela describe en los dos \u00faltimos cap\u00edtulos: el vuelo por arrobamiento del alma enamorada y la discreci\u00f3n de esp\u00edritus. Dice as\u00ed: \u00abS\u00e9 que pasando el alma m\u00e1s adelante de s\u00ed no hay en donde pueda estar sino fuera de s\u00ed misma y muy dentro en el amor que la tiene enamorada. S\u00e9 que puedo decir que cuando por estos t\u00e9rminos rect\u00edsimos y derechos se arroban algunas almas en aquel otro arrobamiento, les infunde Dios m\u00e1s gracia y les hace saber m\u00e1s en peque\u00f1itos espacios que sin \u00e9l en largos tiempos\u00bb (III, cap. 41; 40 de esta edici\u00f3n). Bell\u00edsimo colof\u00f3n de Laredo, hermano lego, m\u00e9dico de cuerpos y de almas.\n<\/p>\n<h3>Escudo-defensa de santa Teresa<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Laredo dar\u00eda por bien cumplidos sus trabajos aunque no hubiese logrado m\u00e1s que reafirmar a la santa de \u00c1vila en su camino de oraci\u00f3n. Nos revela ella su problema y angustias siendo monja en el monasterio de la Encarnaci\u00f3n: \u00abComenz\u00f3 su Majestad a darme muy ordinario oraci\u00f3n de quietud y muchas veces de uni\u00f3n, que duraba mucho rato\u00bb&#8230; \u00abYo, como en estos tiempos hab\u00edan acaecido grandes ilusiones en mujeres, y enga\u00f1os que las hab\u00eda hecho el demonio, comenc\u00e9 a temer\u00bb. Fundamento ten\u00eda la Santa, pues en aquellos tiempos eran frecuentes los casos de histerismo y \u00abenga\u00f1os entre personas tenidas por espirituales\u00bb. Especialmente entre los alumbrados, que son excrecencias de la verdadera piedad. Hab\u00eda ocurrido en la primera mitad del siglo XVI en C\u00f3rdoba con sor Magdalena de la Cruz, abadesa de monjas clarisas; m\u00e1s tarde ocurrir\u00eda algo parecido con sor Mar\u00eda de la Visitaci\u00f3n en Lisboa: con sus embustes embaucaron a mucha gente, incluso a gobernantes y al venerable fray Luis de Granada, por mencionar alguno m\u00e1s conocido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abComo yo vi -sigue diciendo santa Teresa- iba tan adelante mi temor, porque crec\u00eda la oraci\u00f3n, pareci\u00f3me que en esto hab\u00eda alg\u00fan gran bien o grand\u00edsimo mal\u00bb. Por medio de Francisco de Salcedo, \u00abun caballero santo\u00bb, dice la Santa, que ten\u00eda \u00abdeudos suyos casados con parientes m\u00edos, procur\u00e9 viniese a hablarme un cl\u00e9rigo letrado\u00bb, el can\u00f3nigo Gaspar Daza, a quien por sus muchas letras la gente le llamaba \u00abmaestro Daza\u00bb\u00bb&#8230; \u00abYo no sab\u00eda -sigue Teresa- poco ni mucho decir lo que era mi oraci\u00f3n\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta coyuntura se sirvi\u00f3 Dios de Laredo para que la angustiada carmelita tuviese palabras con qu\u00e9 darse a entender ante el caballero santo y el maestro Daza. Lo refiere ella as\u00ed: \u00abMirando libros para ver si sabr\u00eda decir la oraci\u00f3n que ten\u00eda, hall\u00e9 en uno que se llama Subida del Monte, en lo que toca a la uni\u00f3n del alma con Dios, todas las se\u00f1ales que yo ten\u00eda en aquel no pensar nada, que esto era lo que yo m\u00e1s dec\u00eda: que no pod\u00eda pensar nada cuando ten\u00eda aquella oraci\u00f3n; y se\u00f1al\u00e9 con unas rayas las partes que eran y dile el libro para que \u00e9l y el otro cl\u00e9rigo que he dicho, santo y siervo de Dios, lo mirasen y me dijesen lo que hab\u00eda de hacer\u00bb (Subida, III, 27; Autobiograf\u00eda, 23).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este cap\u00edtulo de Laredo sirvi\u00f3 de escudo defensor a santa Teresa contra los ataques de la ignorancia. As\u00ed pues, la santa entreg\u00f3les el libro junto con la \u00abrelaci\u00f3n de vida\u00bb, verdadera confesi\u00f3n no sacramental. Quiz\u00e1s por respeto a la confidencia, aquellos santos varones lo destruyeron mortificando nuestra curiosidad de ver \u00abcu\u00e1n ruin\u00bb era la Santa, quien a\u00f1ade: \u00abLos dos siervos de Dios miraron con gran caridad y amor\u00bb aquellas p\u00e1ginas de Laredo, considerando las mercedes y gracias de oraci\u00f3n que crec\u00edan en ella. Lleg\u00f3 la respuesta que Teresa esperaba con harto temor: \u00abA todo su parecer de entrambos era demonio\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 desolaci\u00f3n!\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed termin\u00f3 la ayuda de Laredo. Mejor ser\u00eda decir que empez\u00f3 aqu\u00ed la soluci\u00f3n del problema teresiano, porque el lego franciscano, maestro de espirituales, con su libro le hab\u00eda dado fortaleza de verdad a la Santa para seguir contra viento y marea hasta ver con claridad. La respuesta correcta, no entendida por los m\u00e1s venerables, le lleg\u00f3 a la apenada carmelita por el jovencito jesuita Diego de Cetina, de unos veinticuatro a\u00f1os de edad, reci\u00e9n ordenado sacerdote, siendo a\u00fan estudiante de Teolog\u00eda. Nos le imaginamos en el locutorio alto del monasterio de la Encarnaci\u00f3n en \u00c1vila hablando con aplomo y grata sonrisa, \u00abcomo quien bien sab\u00eda este lenguaje\u00bb, observa la Santa. \u00abMe declar\u00f3 -dice ella- lo que era y me anim\u00f3 mucho. Dijo ser esp\u00edritu de Dios muy conocidamente\u00bb. Cabr\u00eda aqu\u00ed decir con palabras del evangelio: \u00abTe bendigo, Padre&#8230;, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes y se las has revelado a los peque\u00f1os\u00bb (Mt 11,25).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gracias a aquel cap\u00edtulo de Laredo a que se refiere la santa Madre Teresa en el libro de su Vida (el 27 de Laredo), por medio de eruditos teresianistas del siglo XX ha empezado a salir del olvido el \u00abhumild\u00edsimo\u00bb lego franciscano y venerable maestro de espirituales. La Santa fue siempre muy agradecida. Ella nunca pudo llamarle por su nombre, pues todos los libros del lego franciscano se publicaron bajo riguroso anonimato de su autor. S\u00f3lo despu\u00e9s de setenta y siete a\u00f1os de su muerte, teniendo en cuenta los datos de los cronistas de la Orden, empez\u00f3 a figurar su nombre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podemos concluir diciendo que la santa reformadora del Carmelo se benefici\u00f3 tambi\u00e9n del venerable franciscano por el libro de devoci\u00f3n escrito por \u00e9l en honor del glorioso patriarca san Jos\u00e9, el santo a quien Dios \u00abha dado facultad para socorrer en toda necesidad\u00bb. \u00abEn especial -a\u00f1ade la Santa-, personas de oraci\u00f3n siempre le hab\u00edan de ser aficionadas\u00bb (Vida, 6,8). A modo de ap\u00e9ndice a la Subida del Monte Si\u00f3n, Laredo hab\u00eda publicado Josefina, op\u00fasculo edificante en alabanza de san Jos\u00e9. Laredo hace recordar que es el santo m\u00e1s grande, despu\u00e9s de la Sant\u00edsima Virgen, y el m\u00e1s poderoso intercesor\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Teodoro H. Mart\u00edn, Introducci\u00f3n, en \u00abVia Spiritus\u00bb de Bernab\u00e9 de Palma \/ \u00abSubida del Monte Si\u00f3n\u00bb de Bernardino de Laredo. Madrid, BAC (Cl\u00e1sicos de Espiritualidad), 1998, pp. XXX-XLIII].\n<\/p>\n<h2>Bernardino de Laredo (1482-1540) Apuntes sobre su teolog\u00eda m\u00edstica por Melqu\u00edades Andr\u00e9s Mart\u00edn<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fray Bernardino de Laredo es universitario, autor de dos obras de medicina: Metaphora medicinae y Modus faciendi cum ordine medicandi (Sevilla 1522 y 1534). Se autodescribe como \u00abun fraile lego, de peque\u00f1o entendimiento, todo idiota e ignorante, sin fundamento de letras&#8230;\u00bb. Es autor de Subida del monte Si\u00f3n (Sevilla 1535 y 1538), con grandes correcciones [en la 2\u00aa edici\u00f3n], que hacen de ella una obra nueva en su tercera parte. Laredo ingres\u00f3 a los veintiocho a\u00f1os en la Orden franciscana, despu\u00e9s de cursar la carrera de medicina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Subida del monte Si\u00f3n es la obra m\u00e1s famosa de los primeros codificadores del recogimiento despu\u00e9s de Tercer abecedario [de fray Francisco de Osuna], bastante ignorada y presentada de modo desconcertante hasta que el benem\u00e9rito padre Ros la situ\u00f3 biogr\u00e1fica, cultural e hist\u00f3ricamente. Osuna, Laredo y Palma constituyen una introducci\u00f3n necesaria a muchos planteamientos teresianos, sanjuanistas y de otros m\u00edsticos posteriores a 1550.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La obra de Laredo es un tratado met\u00f3dico sobre la oraci\u00f3n de recogimiento: aniquilaci\u00f3n (p. 1.\u00aa), seguimiento de Cristo (p. 2.\u00aa), quieta contemplaci\u00f3n de lo puro intelectual (p. 3.\u00aa). Laredo y Palma representan la vivencia de la m\u00edstica del recogimiento en Andaluc\u00eda. Laredo es estilista menos cuidadoso que Osuna, pero m\u00e1s comprometido ideol\u00f3gicamente en la defensa de la espiritualidad afectiva estricta, o contemplaci\u00f3n quieta, sin acto anteveniente o concomitante del entendimiento. \u00a1Cu\u00e1nto ayudar\u00eda a penetrar en la hondura de estos autores una monograf\u00eda sobre el amor puro y sobre el callar del entendimiento y de los discursos intelectuales, sobre la contemplaci\u00f3n quieta, la reflexi\u00f3n de las potencias, el conocimiento por amor&#8230; en los grandes reformadores m\u00edsticos de la edad de oro!\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Diferencia entre las dos redacciones de la \u00abSubida\u00bb.- En la edici\u00f3n de 1538, la tercera parte es reelaborada totalmente. Basta comparar los t\u00edtulos de los cap\u00edtulos. En ello influy\u00f3 sin duda la actitud de los censores de la primera redacci\u00f3n y sus observaciones, tal como se deduce de las 14 cartas del Extravagante y del desconcertante cap\u00edtulo 36 de la tercera parte de la primera edici\u00f3n. A ello hay que a\u00f1adir otros hechos importantes: la presencia de Francisco de Osuna en Sevilla durante los a\u00f1os de 1530 y 1531 y la entrada definitiva de Herp en nuestra espiritualidad. \u00bfLo conoci\u00f3 Laredo a trav\u00e9s de la traducci\u00f3n portuguesa de Spieghel (Coimbra 1533)? Acaso lo m\u00e1s caracter\u00edstico de la primera redacci\u00f3n sea el valor atribuido a la experiencia y la doctrina del engrandecimiento del alma, que se encuentra en Santa Teresa y a\u00fan no ha merecido estudio alguno de consideraci\u00f3n ni casi alusiones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Engrandecimiento, ensanchamiento, dilataci\u00f3n del alma, son modos de hablar de Ricardo de San V\u00edctor, recogidos por Carro de dos vidas (p. 1.\u00aa c. 17) y expuestos con detalle por Laredo. El alma se ensancha en el conocer, desear y amar, \u00abse engrandece en mayor conocimiento, y en mayor satisfacci\u00f3n ensancha la voluntad del amante, porque tenga la medida de sus deseos muy sin medida en su amor, hasta que sin medida ame a aquel que, sin medida amando, nos da el amor con que puede ser amado, muy junto con el deseo insaciable para amar\u00bb. \u00abCuanto m\u00e1s alto subiere el alma m\u00e1s alto hallar\u00e1 a Dios, engrandeci\u00e9ndose con \u00c9l\u00bb, en Dios uno y trino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la segunda redacci\u00f3n desaparece la doctrina sobre el engrandecimiento, con todos los retoques que ello comporta, y algunas f\u00f3rmulas como puro esp\u00edritu, al\u00fambrenos Dios, que resultaban sospechosas de erasmismo y, sobre todo, de alumbradismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A continuaci\u00f3n expongo algunos puntos doctrinales c\u00e9ntricos de la segunda redacci\u00f3n. Aunque publicada en 1538 y redactada despu\u00e9s de 1535, la analizo aqu\u00ed para no separarla de la primera y para que quede en este cap\u00edtulo junta la exposici\u00f3n de la v\u00eda del recogimiento y oraci\u00f3n quieta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La terminolog\u00eda.- No es un\u00e1nime el modo de hablar de los m\u00edsticos del recogimiento. Laredo distingue entendimiento e inteligencia, esp\u00edritu y mente, sind\u00e9resis, afici\u00f3n y afectiva, o talante de lo m\u00e1s alto y principal del \u00e1nima. Esta es, para \u00e9l, la parte superior de la voluntad. He aqu\u00ed como describe el ojo de la voluntad y su relaci\u00f3n con el entendimiento:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abPienso que la misma distinci\u00f3n que hay entre la voluntad y el entendimiento es la que divide estos dos t\u00e9rminos. Creo que la contemplaci\u00f3n sea oficio t\u00e1cito y quiet\u00edsimo de sola la voluntad, ocupada en solo Dios, reconociendo su amor sin conocer nada de \u00e9l, con tan estrecha quietud que no se sabe menear, mas que sin saber desea, a manera de ni\u00f1o que, antes que tenga conocimiento de su madre, pide holgar en su pecho, siendo aquesta petici\u00f3n en muy t\u00e1cito silencio, pues ni sabe en qu\u00e9 hablar ni tiene lengua que hable\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLos ojos de nuestra \u00e1nima son la voluntad y el entendimiento. Con el entendimiento mira el \u00e1nima como por espejo y ve en las criaturas al Criador de todas ellas. Este ojo ha de estar cerrado en aquesta especulaci\u00f3n&#8230; El segundo ojo con el cual el \u00e1nima mira a Dios, sin ver cosa alguna criada, es la fuerza noble del \u00e1nima, conviene a saber, la voluntad. Y este ojo nunca mira atentamente a su amado sin penetrar el coraz\u00f3n con el rayo del amor que sale del resplandor interior&#8230;, que es la afectiva o talante de lo m\u00e1s alto y principal del \u00e1nima&#8230;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bbHase tambi\u00e9n de notar que, entre los que somos flacos y poco ejercitados, muchas veces nos es necesario abrir el ojo del entendimiento y mirar con \u00e9l las cosas criadas y levantar la vista al cielo&#8230;, y esto no es m\u00e1s veces que aquellas que la afectiva se hallare rebotada&#8230; Cuando (el alma) no se halla dispuesta para poder s\u00fabitamente levantarse en solo amor, debe enviar a su entendimiento para que, tasada y discretamente, tome las criaturas como flores de potencia y sabidur\u00eda y bondad de su Criador, y, en hallando alg\u00fan poquito de gusto, vu\u00e9lvase a entrar en la sustancia de su \u00e1nima por v\u00eda de entera quietud; y en claridad de cera y dulcedumbre de miel convertir\u00e1 la maestra de abejas, a saber, la voluntad, lo que le presentaron&#8230; la memoria y entendimiento, y por v\u00eda de puro amor ser\u00e1 precioso panal aquello que sus abejas trataron&#8230;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Proceso hacia la contemplaci\u00f3n quieta.- Laredo matiza m\u00e1s que Osuna algunos aspectos del ejercicio de la oraci\u00f3n quieta, tales como la relaci\u00f3n de los perfectos con los misterios de Cristo; con los cuatro grados del amor: operativo, desnudo de todo inter\u00e9s, esencial y unitivo; con la oraci\u00f3n vocal y obras del entendimiento; con las industrias para incitar nuestra afectiva; con la lectura de la Sagrada Escritura y los libros de piedad; con el entrarse al alma en s\u00ed misma y subir sobre s\u00ed; con el arrobamiento&#8230;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Describe el proceso hacia la contemplaci\u00f3n quieta desde cuatro puntos de vista: las cuatro edades de la vida espiritual, los grados de interiorizaci\u00f3n, los cuatro grados de amor y los cuatro modos de meditaci\u00f3n que distingue.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cuatro edades de la vida espiritual son infancia, puericia, juventud y perfecci\u00f3n plena. Esta consiste en un h\u00e1bito de levantarse libremente a Dios por v\u00eda de aspiraci\u00f3n con muy pronta afectiva. Se trata de un estado infuso que tiene por objeto el misterio de Dios en s\u00ed, sin relaci\u00f3n con las creaturas, ya que se \u00abtoca\u00bb por negaci\u00f3n de todas ellas en una mansedumbre de sosegada quietud, en quieta contemplaci\u00f3n de la inaccesible divinidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cuatro grados del proceso de interiorizaci\u00f3n son llegarse el alma a s\u00ed, entrarse en s\u00ed, subir sobre s\u00ed, salir fuera de s\u00ed misma y muy dentro en el amor. Este proceso constituye una de las aportaciones hist\u00f3ricas m\u00e1s importantes de la m\u00edstica del recogimiento a la historia de nuestra espiritualidad. Fue el salto de una oraci\u00f3n prevalentemente vocal a otra preferentemente mental o de toda la persona en su integridad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A las cuatro edades de la vida espiritual corresponden cuatro grados de amor, que encontramos en Herp: operativo, desnudo de todo inter\u00e9s, esencial y unitivo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cuatro modos de meditaci\u00f3n laredianos son: por las criaturas conocer al que las cri\u00f3 (peque\u00f1a perfecci\u00f3n); por el Creador conocer a sus creaturas (muy mayor perfecci\u00f3n, pero no contemplaci\u00f3n pura); levantarse por medio del entendimiento convertido en inteligencia pura (esto es ya contemplaci\u00f3n en sola la voluntad, alzada por mediaci\u00f3n del entendimiento); alzarse s\u00fabitamente la voluntad en quieta contemplaci\u00f3n por sola afectiva, sin medio de entendimiento ni pensamiento; por v\u00eda de abrasante amor, juntarse con su Dios para tomar amor de la fuente y propio venero de donde man\u00f3 el amor, por el cual se levant\u00f3 (contemplaci\u00f3n quieta y perfecta, si en ella coinciden las dem\u00e1s se\u00f1ales requeridas).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como disposici\u00f3n, Laredo exige la reflexi\u00f3n, que es un arte o t\u00e9cnica para conseguir la recolecci\u00f3n de las potencias, y el silencio y sue\u00f1o de las mismas, que no es silencio de palabras, sino callar de entendimiento, serenidad de memoria y quietud de voluntad, sin admitir otra operaci\u00f3n que la de la afectiva, empleada en amor. Esta desnudez de potencias parece abarcar tambi\u00e9n a la voluntad. Queda s\u00f3lo la afectiva, que se resuelve en el fondo esencial del alma, que otras veces llama voluntad superior o parte m\u00e1s alta de la misma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una vez apartada el alma de lo que no es Dios, sobreviene el sue\u00f1o espiritual de las potencias, que no es otra cosa que su suspensi\u00f3n y t\u00e1cito callamiento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La contemplaci\u00f3n quieta en s\u00ed misma es designada por el m\u00e9dico m\u00edstico sevillano con diversos nombres: ciencia infusa, sabidur\u00eda escondida o secreta, m\u00edstica teolog\u00eda, ejercicio de aspiraci\u00f3n. Ella constituye el recogimiento perfecto, el puro, desnudo y unitivo amor, que es renunciamiento al mundo de los sentidos internos y externos, de las potencias superiores hasta reducirse a su pura mismidad y ordenarse a Dios en s\u00ed, en su pura esencia. El recogimiento es una v\u00eda hacia lo esencial, hacia lo absoluto en puro amor, \u00abcomo si no hubiese cosa criada m\u00e1s que sola aquella \u00e1nima que contempla en solo Dios\u00bb. En el \u00e1mbito de la contemplaci\u00f3n quieta se realiza la uni\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa contemplaci\u00f3n quieta se produce sin que antevenga medio de alg\u00fan pensamiento, ni de obra intelectual ni de raz\u00f3n natural. Laredo es m\u00e1s ide\u00f3logo en esta parte que Osuna; sigue a Balma y a Herp, y emplea la frase: \u00absin antevenir medio de alg\u00fan pensamiento. El alma durante esos momentos no ha de saber pensar nada&#8230;, porque el amor de mi Dios&#8230; no es cogitable ni inteligible\u00bb. Es un conocimiento sapiencial que se adquiere \u00abtocando\u00bb, no \u00abentendiendo\u00bb, porque Dios es incomprehensible, incogitable e inaccesible. Es un conocimiento propio de dioses, no de hombres. La quieta contemplaci\u00f3n comprehende tocando y no penetra entendiendo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La teor\u00eda de Laredo sobre los tocamientos divinos est\u00e1 inspirada en la M\u00edstica teolog\u00eda, del Pseudo-Dionisio. El alma es tocada por el amor increado. El amor divino levanta al alma y la junta con el amor increado de tal modo que pueda entender que el amor que le toc\u00f3, el que la ilumina y el que en s\u00ed tiene, sea un solo amor increado. Este amor es infuso, s\u00fabito, moment\u00e1neo, y tiende a convertirse en h\u00e1bito. La afectiva se une al amor que fue causa y es remedio de sus llagas. Produce uni\u00f3n por infusi\u00f3n y transformaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00f1ado tres consideraciones sobre la aspiraci\u00f3n como amor puro por v\u00eda de sola afectiva, sobre la f\u00f3rmula no pensar nada y sobre la oraci\u00f3n del alma en su pura sustancia esencial. Estos tres p\u00e1rrafos encuadran el recogimiento en sus l\u00edneas fundamentales y relacionan a sus codificadores entre s\u00ed con G\u00f3mez Garc\u00eda, Hugo de Balma, Herp y la tradici\u00f3n medieval, y con otros literatos de la \u00e9poca anterior, como Hernando de Pulgar, cuando en Los claros varones de Espa\u00f1a dice de Garcilaso de la Vega que era un caballero esencial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.\u00ba Cuantas veces en este tercer libro se dijese ciencia infusa, o sabidur\u00eda escondida, o secreta, o m\u00edstica teolog\u00eda, o ejercicio de aspiraci\u00f3n, hase de entender que significa un s\u00fabito y moment\u00e1neo levantamiento mental, en el cual el \u00e1nima, por divino ense\u00f1amiento, es alzada s\u00fabitamente a se ayuntar con Dios por puro amor, por v\u00eda de sola afectiva&#8230;, sin que antevenga medio de alg\u00fan pensamiento, ni de obra intelectual o del entendimiento, ni de la natural raz\u00f3n. Notando, como otra vez se apunt\u00f3, que esta obra sobrepuja a la raz\u00f3n y al entendimiento humano&#8230; como los misterios&#8230;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.\u00ba El objeto de la contemplaci\u00f3n quieta lo expresa Laredo con muchos nombres: quiet\u00edsimo sosiego, sosegado silencio, sosegada quietud, sue\u00f1o o dormir de las potencias, quiet\u00edsimo movimiento, sosegada pacificaci\u00f3n del secreto entendimiento, ocuparse en solo amor, no pensar nada. \u00abSiempre sea el principio de vuestra contemplaci\u00f3n levantar de todo cuanto no es Dios el talante de vuestra \u00e1nima, en manera que alg\u00fan pensamiento no tenga cabida en vos, cuanto quiera que sea bueno&#8230; Vuestra contemplaci\u00f3n, si ha de ser quieta y perfecta, no ha de saber ocuparse en m\u00e1s que en un solo amor; el cual, si es amarse quieto en contemplaci\u00f3n perfecta, no ha de saber pensar en nada durante aquella quietud, porque el amor de mi Dios, en el cual est\u00e1 el \u00e1nima ocupada, no es cogitable, ni inteligible, que lo pueda comprender nuestro entendimiento, sino deseable y amable; en nada tiene lugar en el entendimiento aprensi\u00f3n, sino s\u00f3lo la afectiva, los deseos y la voluntad. As\u00ed que, si la perfecci\u00f3n de todo contemplativo consiste en el amor de nuestro Cristo Jes\u00fas, en el cual los pensamientos impiden, necesario es que sintamos que entendi\u00f3 lo que dec\u00eda el que dijo que es mejor en quieta contemplaci\u00f3n no pensar nada&#8230; La noche, es a saber, el escondimiento de la contemplaci\u00f3n quieta, alumbra la \u00e1nima contemplativa, as\u00ed como lo muy m\u00e1s claro del d\u00eda, es a saber, de cualquier comprehensi\u00f3n intelectiva. Porque las tinieblas, es a saber, el silencio secret\u00edsimo de la contemplaci\u00f3n quieta, as\u00ed dan satisfacci\u00f3n al \u00e1nima en cualquier quietamiento de entra\u00f1able devoci\u00f3n como en la luz que m\u00e1s regala el esp\u00edritu; porque en lo uno y en lo otro tienen conformidad con el querer de Dios\u00bb. No pensar nada tiene, para Laredo, cuanto hay que pensar: \u00abPues el \u00e1nima que por amor unitivo en la contemplaci\u00f3n quieta est\u00e1 ocupada en su Dios, bien se dir\u00e1 con verdad que no debe pensar nada, pues que en este pensar nada tiene cuanto hay que pensar\u00bb. Laredo recoge la herencia agustiniana medieval sobre la naturaleza del afecto, que nos hace uno con la persona amada y es, a la vez, fuente de conocimiento. Hugo de Balma lo hizo tesis escol\u00e1stica. La actual psicolog\u00eda y teolog\u00eda revalorizan esta concepci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.\u00ba La oraci\u00f3n quieta es, para Laredo, la de toda el alma, recogidas las potencias a su parte m\u00e1s alta y profunda, donde la imagen de Dios est\u00e1 impresa, ha dicho Osuna, en un proceso admirable de integraci\u00f3n y esencializaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEl mismo esp\u00edritu que ha velado cuando reposa en quieta contemplaci\u00f3n ll\u00e1mase mente. Y de aqu\u00ed viene que la contemplaci\u00f3n quiet\u00edsima y reposada, y muy pura, ll\u00e1mase oraci\u00f3n mental, que quiere decir oraci\u00f3n de sola el \u00e1nima en su pura sustancia esencial, ajena a sus potencias inferiores. Donde es de saber que la oraci\u00f3n mental, absoluta y puramente, muy solamente es aquella en que el \u00e1nima, encerrada en su quietud, no entiende en lo que contempla. Y porque contempla en Dios solo, y Dios es bondad incomprensible; y as\u00ed, cuando el \u00e1nima, puesta en su estrecha quietud, est\u00e1 empleada en solo amor, no sabe entender, en aquel su esencial encerramiento, otra cosa sino amar. Y es menester que sepamos que en aqueste recogimiento del \u00e1nima que contempla consiste la mayor satisfacci\u00f3n y mayor contentamiento, y m\u00e1s gran felicidad que cualquier contemplativo puede tener en esta vida\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Melqu\u00edades Andr\u00e9s, La Teolog\u00eda espa\u00f1ola en el siglo XVI. T. II. Madrid, BAC (maior 14), 1977, pp. 214-218\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Introducci\u00f3n 2 Bernardo de Laredo por Pedro de Alc\u00e1ntara Mart\u00ednez, O.F.M. 3 Bernardino de Laredo por Manuel de Castro, O.F.M. 4 Bernardino de Laredo(1482-1540) por Teodoro H. Mart\u00edn 4.1 Vocaci\u00f3n verdadera 4.2 El escritor 4.3 De Si\u00f3n en la cumbre 4.4 Escudo-defensa de santa Teresa 5 Bernardino de Laredo (1482-1540) Apuntes sobre su &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fray-bernardino-de-laredo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abFRAY BERNARDINO DE LAREDO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-25667","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25667","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25667"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25667\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25667"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25667"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25667"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}