{"id":25698,"date":"2016-02-05T17:22:59","date_gmt":"2016-02-05T22:22:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/papa-san-leon-i-magno-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi\/"},"modified":"2016-02-05T17:22:59","modified_gmt":"2016-02-05T22:22:59","slug":"papa-san-leon-i-magno-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/papa-san-leon-i-magno-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi\/","title":{"rendered":"PAPA SAN LEON I MAGNO EN LAS AUDIENCIAS DE BENEDICTO XVI"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\"><b>Intervenci\u00f3n de Benedicto XVI durante la audiencia general del mi\u00e9rcoles 5 de marzo de 2008, dedicada a presentar la figura del Papa san Le\u00f3n Magno, doctor de la Iglesia <\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Continuando nuestro camino entre los padres de la Iglesia, aut\u00e9nticos astros que brillan a lo lejos, en el encuentro de hoy nos acercamos a la figura de un Papa que, en 1754 fue proclamado por Benedicto XIV doctor de la Iglesia: se trata de san Le\u00f3n Magno. Como indica el apelativo que pronto le atribuy\u00f3 la tradici\u00f3n, fue verdaderamente uno de los m\u00e1s grandes pont\u00edfices que han honrado la Sede de Roma, ofreciendo una gran contribuci\u00f3n a reforzar su autoridad y prestigio. Primer obispo de Roma en llevar el nombre de Le\u00f3n, adoptado despu\u00e9s por otros doce sumos pont\u00edfices, es tambi\u00e9n el primer Papa del que nos ha llegado su predicaci\u00f3n, dirigida al pueblo que le rodeaba durante las celebraciones. Viene a la mente espont\u00e1neamente su recuerdo en el contexto de las actuales audiencias generales del mi\u00e9rcoles, citas que se han convertido para el obispo de Roma en una acostumbrada forma de encuentro con los fieles y con los visitantes procedentes de todas las partes del mundo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le\u00f3n hab\u00eda nacido en Tuscia. Fue di\u00e1cono de la Iglesia de Roma en torno al a\u00f1o 430, y con el tiempo alcanz\u00f3 en ella una posici\u00f3n de gran importancia. Este papel destacado llev\u00f3 en el a\u00f1o 440 a Gala Placidia, que en ese momento reg\u00eda el Imperio de Occidente, a enviarle a Galia para subsanar la dif\u00edcil situaci\u00f3n. Pero en el verano de aquel a\u00f1o, el Papa Sixto III, cuyo nombre est\u00e1 ligado a los magn\u00edficos mosaicos de la Bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda la Mayor, falleci\u00f3 y fue elegido como su sucesor Le\u00f3n, quien recibi\u00f3 la noticia mientras desempe\u00f1aba su misi\u00f3n de paz en Galia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras regresar a Roma, el nuevo Papa fue consagrado el 29 de septiembre del a\u00f1o 440. Iniciaba de este modo su pontificado, que dur\u00f3 m\u00e1s de 21 a\u00f1os y que ha sido sin duda uno de los m\u00e1s importantes en la historia de la Iglesia. Al morir, el 10 de noviembre del a\u00f1o 461, el Papa fue sepultado junto a la tumba de san Pedro. Sus reliquias siguen custodiadas en uno de los altares de la Bas\u00edlica vaticana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Papa Le\u00f3n vivi\u00f3 en tiempos sumamente dif\u00edciles: las repetidas invasiones b\u00e1rbaras, el progresivo debilitamiento en Occidente de la autoridad imperial, y una larga crisis social hab\u00edan obligado al obispo de Roma \u2014como suceder\u00eda con m\u00e1s claridad todav\u00eda un siglo y medio despu\u00e9s, durante el pontificado de Gregorio Magno\u2014 a asumir un papel destacado incluso en las vicisitudes civiles y pol\u00edticas. Esto no impidi\u00f3 que aumentara la importancia y el prestigio de la Sede romana. Es famoso un episodio de la vida de Le\u00f3n. Se remonta al a\u00f1o 452, cuando el Papa en Mantua, junto a una delegaci\u00f3n romana, sali\u00f3 al paso de Atila, el jefe de los hunos, para convencerle de que no continuara la guerra de invasi\u00f3n con la que hab\u00eda devastado las regiones del nordeste de Italia. De este modo salv\u00f3 al resto de la pen\u00ednsula.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este importante acontecimiento pronto se hizo memorable y permanece como un signo emblem\u00e1tico de la acci\u00f3n de paz desempe\u00f1ada por el pont\u00edfice. No fue tan positivo, por desgracia, tres a\u00f1os despu\u00e9s, el resultado de otra iniciativa del Papa, que de todos modos manifest\u00f3 una valent\u00eda que todav\u00eda hoy sorprende: en la primavera del a\u00f1o 455, Le\u00f3n no logr\u00f3 impedir que los v\u00e1ndalos de Genserico, al llegar a las puertas de Roma, invadieran la ciudad indefensa, que fue saqueada durante dos semanas. Sin embargo, el gesto del Papa que, inerme y rodeado de su clero, sali\u00f3 al paso del invasor para pedirle que se detuviera, impidi\u00f3 al menos que Roma fuera incendiada y logr\u00f3 que no fueran saqueadas las bas\u00edlicas de San Pedro, de San Pablo y de San Juan, en las que se refugi\u00f3 parte de la poblaci\u00f3n aterrorizada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conocemos bien la acci\u00f3n del Papa Le\u00f3n gracias a sus hermos\u00edsimos sermones \u2014se han conservado casi cien en un lat\u00edn espl\u00e9ndido y claro\u2014 y gracias a sus cartas, unas ciento cincuenta. En estos textos, el pont\u00edfice se presenta en toda su grandeza, dedicado al servicio de la verdad en la caridad, a trav\u00e9s de un ejercicio asiduo de la palabra, como te\u00f3logo y pastor. Le\u00f3n Magno, constantemente requerido por sus fieles y por el pueblo de Roma, as\u00ed como por la comuni\u00f3n entre las diferentes Iglesias y por sus necesidades, apoy\u00f3 y promovi\u00f3 incansablemente el primado romano, present\u00e1ndose como un aut\u00e9ntico heredero del ap\u00f3stol Pedro: los numerosos obispos, en buena parte orientales, reunidos en el Concilio de Calcedonia, demostraron que eran sumamente conscientes de esto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Celebrado en el a\u00f1o 451, con 350 obispos participantes, este Concilio se convirti\u00f3 en la asamblea m\u00e1s importante celebrada hasta entonces en la historia de la Iglesia. Calcedonia representa la meta segura de la cristolog\u00eda de los tres concilios ecum\u00e9nicos precedentes: el de Nicea del a\u00f1o 325, el de Constantinopla del a\u00f1o 381 y el de \u00c9feso del a\u00f1o 431. Ya en el siglo VI estos cuatro concilios, que resumen la fe de la Iglesia antigua, fueron comparados a los cuatro Evangelios: lo afirma Gregorio Magno en una famosa carta (I, 24), en la que declara que hay que \u00abacoger y venerar, como los cuatro libros del santo Evangelio, los cuatro concilios\u00bb, porque, como sigue explicando Gregorio, sobre ellos \u00abse edifica la estructura de la santa fe, como sobre una piedra cuadrada\u00bb. El Concilio de Calcedonia, al rechazar la herej\u00eda de Eutiques, que negaba la aut\u00e9ntica naturaleza humana del Hijo de Dios, afirm\u00f3 la uni\u00f3n en su \u00fanica Persona, sin confusi\u00f3n ni separaci\u00f3n, de las dos naturalezas humana y divina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta fe en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, era afirmada por el Papa en un importante texto doctrinal dirigido al obispo de Constantinopla, el as\u00ed llamado \u00abTomo a Flaviano\u00bb, que al ser le\u00eddo en Calcedonia, fue acogido por los obispos presentes con una aclamaci\u00f3n elocuente, registrada en las actas del Concilio: \u00abPedro ha hablado por la boca de Le\u00f3n\u00bb, exclamaron unidos los padres conciliares. A partir de aquella intervenci\u00f3n y de otras pronunciadas durante la controversia cristol\u00f3gica de aquellos a\u00f1os, se hace evidente que el Papa experimentaba con particular urgencia las responsabilidades del sucesor de Pedro, cuyo papel es \u00fanico en la Iglesia, pues \u00aba un solo apostolado se le conf\u00eda lo que a todos los ap\u00f3stoles se comunica\u00bb, como afirma Le\u00f3n en uno de sus sermones con motivo de la fiesta de los santos Pedro y Pablo (83,2). Y el pont\u00edfice supo ejercer estas responsabilidades, tanto en Occidente como en Oriente, interviniendo en diferentes circunstancias con prudencia, firmeza y lucidez, a trav\u00e9s de sus escritos y de sus legados. Mostraba de este modo c\u00f3mo el ejercicio del primado romano era necesario entonces, como lo es hoy, para servir eficazmente a la comuni\u00f3n, caracter\u00edstica de la \u00fanica Iglesia de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Consciente del momento hist\u00f3rico en el que viv\u00eda y de la transici\u00f3n que ten\u00eda lugar, en un per\u00edodo de profunda crisis, de la Roma pagana a la cristiana, Le\u00f3n Magno supo estar cerca del pueblo y de los fieles con la acci\u00f3n pastoral y la predicaci\u00f3n. Alent\u00f3 la caridad en una Roma afectada por las carest\u00edas, por la llegada de refugiados, por las injusticias y la pobreza. Afront\u00f3 las supersticiones paganas y la acci\u00f3n de los grupos maniqueos. Enlaz\u00f3 la liturgia a la vida cotidiana de los cristianos: por ejemplo, uniendo la pr\u00e1ctica del ayuno con la caridad y con la limosna, sobre todo con motivo de las Quattro tempora, que caracterizan en el transcurso del a\u00f1o el cambio de las estaciones. En particular, Le\u00f3n Magno ense\u00f1\u00f3 a sus fieles \u2014y sus palabras siguen siendo v\u00e1lidas para nosotros\u2014 que la liturgia cristiana no es el recuerdo de acontecimientos pasados, sino la actualizaci\u00f3n de realidades invisibles que act\u00faan en la vida de cada quien. Lo subraya en un serm\u00f3n (64,1-2) hablando de la Pascua, que debe celebrarse en todo tiempo del a\u00f1o, \u00abno como algo del pasado, sino m\u00e1s bien como un acontecimiento del presente\u00bb. Todo esto se enmarca en un proyecto preciso, insiste el pont\u00edfice: as\u00ed como el Creador anim\u00f3 con el soplo de la vida racional al hombre plasmado en el barro de la tierra, del mismo modo, tras el pecado original, envi\u00f3 a su Hijo al mundo para restituir al hombre la dignidad perdida y destruir el dominio del diablo a trav\u00e9s de la nueva vida de la gracia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este es el misterio cristol\u00f3gico al que san Le\u00f3n Magno, con su carta al Concilio de Calcedonia, ofreci\u00f3 una contribuci\u00f3n eficaz y esencial, confirmando para todos los tiempos, a trav\u00e9s de ese Concilio, lo que dijo san Pedro en Cesarea de Filipo. Con Pedro y como Pedro confes\u00f3: \u00abT\u00fa eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo\u00bb. Por este motivo, al ser Dios y Hombre al mismo tiempo, \u00abno es ajeno al g\u00e9nero humano, pero es ajeno al pecado\u00bb (Cf. Serm \u00f3n 64). En la fuerza de esta fe cristol\u00f3gica, fue un gran mensajero de paz y de amor. De esta manera nos muestra el camino: en la fe aprendemos la caridad. Aprendamos, por tanto, con san Le\u00f3n Magno a creer en Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, y a vivir esta fe cada d\u00eda en la acci\u00f3n por la paz y en el amor al pr\u00f3jimo.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Intervenci\u00f3n de Benedicto XVI durante la audiencia general del mi\u00e9rcoles 5 de marzo de 2008, dedicada a presentar la figura del Papa san Le\u00f3n Magno, doctor de la Iglesia Continuando nuestro camino entre los padres de la Iglesia, aut\u00e9nticos astros que brillan a lo lejos, en el encuentro de hoy nos acercamos a la figura &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/papa-san-leon-i-magno-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPAPA SAN LEON I MAGNO EN LAS AUDIENCIAS DE BENEDICTO XVI\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-25698","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25698","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25698"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25698\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}