{"id":25769,"date":"2016-02-05T17:25:35","date_gmt":"2016-02-05T22:25:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/el-logos\/"},"modified":"2016-02-05T17:25:35","modified_gmt":"2016-02-05T22:25:35","slug":"el-logos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/el-logos\/","title":{"rendered":"EL LOGOS"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">La palabra Logos es el t\u00e9rmino con el cual la teolog\u00eda cristiana designa en lengua griega al Verbo de Dios, o Segunda Persona de la Sant\u00edsima Trinidad. Antes de que San Juan consagrara este t\u00e9rmino adopt\u00e1ndolo, los griegos y los jud\u00edos lo hab\u00edan utilizado para expresar concepciones religiosas que, bajo diferentes t\u00edtulos, han ejercido una influencia cierta en la teolog\u00eda cristiana, y a las cuales es necesario hacer referencia.\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 El Logos en el Helenismo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 La Palabra en el Juda\u00edsmo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 El Logos en el Nuevo Testamento<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 El Logos en la Literatura Cristiana Primitiva<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Analog\u00eda entre el Verbo Divino y el Lenguaje Humano<\/li>\n<\/ul>\n<h3>El Logos en el Helenismo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La  teor\u00eda del Logos aparece por vez primera en Her\u00e1clito, y es indudablemente por esta raz\u00f3n que fue considerado por San Justino (Apol. I, 46) como un cristiano antes de Cristo entre los fil\u00f3sofos griegos. Seg\u00fan Her\u00e1clito, el Logos, al que identifica aparentemente con el fuego, es aquel principio universal que anima y gobierna el mundo. Esta concepci\u00f3n solo pod\u00eda hallar lugar en un monismo materialista. Los fil\u00f3sofos de los siglos quinto y cuarto antes de Cristo eran dualistas, y conceb\u00edan a Dios como trascendente, de manera que ni en Plat\u00f3n (lo que quiera se haya dicho sobre el tema) ni en Arist\u00f3teles encontramos la teor\u00eda del Logos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Reaparece en los escritos de los estoicos, y son ellos particularmente quienes la desarrollan. Dios, de acuerdo a los estoicos, \u00abno hizo el mundo como un artesano hace su trabajo, sino que es penetrando completamente toda materia que \u00c9l se hace demiurgo del universo\u00bb (Galeno, \u00abDe qual. incorp.\u00bb en \u00abFr. Stoic.\u00bb, ed. von Arnim, II, 6); \u00c9l penetra el mundo \u00abcomo la miel el panal\u00bb (Tertuliano, \u00abAdv. Hermogenem\u00bb, 44); este Dios tan \u00edntimamente compenetrado con el mundo es fuego o aire encendido; en tanto \u00c9l es el principio que controla el universo, es llamado Logos; y en cuanto \u00c9l es el germen del que se desarrolla todo lo dem\u00e1s, es llamado Logos seminal (logos spermatikos). Este Logos es al mismo tiempo una fuerza y una ley: una fuerza irresistible que conduce al mundo entero y todas las criaturas a un final com\u00fan; una ley inevitable y sagrada de la que nada puede sustraerse, y que todo hombre razonable debe seguir voluntariamente (Cleantes, \u00abHimno a Zeus\u00bb en \u00abFr. Stoic.\u00bb I, 527 &#8211; cf. 537). En conformidad con sus h\u00e1bitos exeg\u00e9ticos, los estoicos hicieron de los diferentes dioses personificaciones del Logos, por ejemplo, de Zeus, y sobre todo de Hermes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Alejandr\u00eda, Hermes fue identificado con Thoth, el dios de Herm\u00f3polis, conocido luego como el gran Hermes, \u00abHermes Trimegistos\u00bb, y representado como el revelador de todas las letras y toda religi\u00f3n. Simult\u00e1neamente, la teor\u00eda del Logos se conform\u00f3 al dualismo neoplat\u00f3nico corriente en Alejandr\u00eda: no se concibe al Logos como naturaleza o necesidad inmanente, sino como un intermediario a trav\u00e9s del cual el Dios trascendente gobierna el mundo. Esta concepci\u00f3n aparece en Plutarco, especialmente en su \u00abIsis y Osiris\u00bb; desde temprana data en el primer siglo de la era cristiana, influenci\u00f3 profundamente al fil\u00f3sofo jud\u00edo Fil\u00f3n.\n<\/p>\n<h3>La Palabra en el Juda\u00edsmo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con bastante frecuencia el Antiguo Testamento presenta el acto creador como la palabra de Dios (Gn.1, 3; Sal. 32, 9; Si. 42, 15); a veces parece atribuir a la palabra acci\u00f3n por s\u00ed misma, aunque no independiente de Yav\u00e9 (Is. 55, 11; Za. 5, 1-4; Sal. 106, 20; 147, 15). En todo esto podemos ver solo audaces figuras ret\u00f3ricas: la palabra de creaci\u00f3n, de salvaci\u00f3n, o, en Zacar\u00edas, la palabra de maldici\u00f3n, es personificada, pero no concebida como una hip\u00f3stasis divina distinta. En el Libro de la Sabidur\u00eda esta personificaci\u00f3n se implica m\u00e1s directamente (18, 15 s), y se establece un paralelo (9, 1-2) entre la Sabidur\u00eda y la Palabra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el rabinismo palestino la Palabra (Memra) es mencionada a menudo, al menos en los T\u00e1rgumes: es el Memr\u00e1 de Yahv\u00e9 que vive, habla, y act\u00faa; sin embargo, si se procura determinar en forma precisa el significado de la expresi\u00f3n, frecuentemente aparenta ser solo una par\u00e1frasis por la que el targumista sustituye el nombre de Yav\u00e9. El Memr\u00e1 se asemeja al Logos de Fil\u00f3n tan poco como las obras de la mente rab\u00ednica en Palestina se asemejan a las especulaciones de Alejandr\u00eda: los rabinos se preocupan principalmente del ritual y las observancias; en raz\u00f3n de escr\u00fapulos religiosos, no se atreven a atribuir a Yav\u00e9 acciones como las que las Escrituras le atribuyen; es suficiente para ellos velar la majestad divina bajo una par\u00e1frasis abstracta: la Palabra, la Gloria, la Morada, y otras. El problema de Fil\u00f3n era de orden filos\u00f3fico: Dios y el hombre est\u00e1n infinitamente distantes uno del otro, y es necesario establecer entre ellos relaciones de acci\u00f3n y oraci\u00f3n; el Logos es aqu\u00ed el intermediario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s del autor del Libro de la Sabidur\u00eda, otros jud\u00edos alejandrinos antes que Fil\u00f3n hab\u00edan especulado acerca del Logos; pero sus obras nos han llegado \u00fanicamente a trav\u00e9s de los raros fragmentos que autores cristianos y Fil\u00f3n mismo han preservado. S\u00f3lo Fil\u00f3n nos es conocido cabalmente; sus escritos son tan extensivos como los de Plat\u00f3n o Cicer\u00f3n, y esclarecen cada aspecto de su doctrina; de \u00e9l es de quien mejor aprendemos la teor\u00eda del Logos seg\u00fan fuera desarrollada por el juda\u00edsmo alejandrino. El car\u00e1cter de su ense\u00f1anza es tan diverso como sus fuentes:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        a veces, influenciado por la tradici\u00f3n judaica, Fil\u00f3n representa al Logos como la Palabra creadora de Dios (\u00abDe Sacrific. Ab. et  Cain\u00bb; cf. \u00abDe Somniis\u00bb, I 182; \u00abDe Opif. Mundi\u00bb, 13);\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        en otras ocasiones lo describe como el revelador de Dios, simbolizado en la Escritura por el \u00e1ngel de Yav\u00e9 (\u00abDe Somniis\u00bb, I, 228-39, \u00abDe Cherub.\u00bb, 3; \u00abDe Fuga\u00bb, 5; \u00abQuis rer. divin. haeres sit\u00bb, 201-205).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        Con mayor frecuencia a\u00fan, acepta el lenguaje de la especulaci\u00f3n hel\u00e9nica; el Logos es entonces, siguiendo un concepto plat\u00f3nico, la suma total de ideas y el mundo inteligible (\u00abDe Opif. Mundi\u00bb, 24, 25; \u00abLeg. Alleg.\u00bb, I, 19; III, 96),\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7        o, de acuerdo con la doctrina estoica, el poder que sostiene el mundo, el lazo que asegura su cohesi\u00f3n, la ley que determina su desarrollo (\u00abDe Fuga\u00bb, 110; \u00abDe Plantat. Noe\u00bb 8-10; \u00abQuis rer. divin. haeres sit\u00bb, 188, 217; \u00abQuod Deus sit immut.\u00bb, 176; \u00abDe Opif. Mundi\u00bb, 143).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta diversidad de conceptos puede reconocerse una doctrina fundamental: el Logos es un intermediario entre Dios y el mundo; a trav\u00e9s de \u00e9l Dios crea el mundo y lo gobierna; a trav\u00e9s de \u00e9l tambi\u00e9n los hombres conocen a Dios y le oran (\u00abDe Cherub.\u00bb 125; \u00abQuis rerum divin. haeres sit\u00bb 205-06). En tres pasajes el Logos es llamado Dios (\u00abLeg. Alleg.\u00bb III, 207; \u00abDe Somniis\u00bb I, 229; \u00abIn Gen.\u00bb II, 62, citado por Eusebio, \u00abPraep. Ev.\u00bb VII, 13); pero, como Fil\u00f3n mismo explica en uno de estos textos (De Somniis), es una apelaci\u00f3n indebida e incorrectamente empleada, y \u00e9l la utiliza s\u00f3lo porque lo conducen a ello los textos sagrados que comenta. M\u00e1s a\u00fan, Fil\u00f3n no reconoce al Logos como una persona; es una idea, un poder, y aunque identificado ocasionalmente con los \u00e1ngeles de la Biblia, lo es por personificaci\u00f3n simb\u00f3lica.\n<\/p>\n<h3>El Logos en el Nuevo Testamento<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El t\u00e9rmino Logos se halla \u00fanicamente en los escritos jo\u00e1nicos: en el Apocalipsis (19,13), en el Evangelio de San Juan (1, 1-14), y en su Primera Carta (1, 1; cf. 1, 7 &#8211; Vulgata). Pero ya en las cartas de San Pablo la teolog\u00eda del Logos hab\u00eda hecho sentir su influencia. Vemos esto en las Cartas a los Corintios, donde Cristo es llamado \u00abfuerza de Dios y sabidur\u00eda de Dios\u00bb (1 Co. 1, 24) e \u00abimagen de Dios\u00bb (2 Co. 4, 4); es m\u00e1s evidente en la Carta a los Colosenses (1, 15 ss); por encima de todo, en la Carta a los Hebreos, donde la teolog\u00eda del Logos carece solo del t\u00e9rmino en s\u00ed, que finalmente aparece en San Juan. En esta carta tambi\u00e9n notamos una pronunciada influencia del Libro de la Sabidur\u00eda, especialmente en la descripci\u00f3n de las relaciones entre el Hijo y el Padre: \u00abresplandor de su gloria e impronta de su sustancia\u00bb (cf. Sb. 7, 26). Esta semejanza sugiere el modo por el que la doctrina del Logos se introdujo en la teolog\u00eda cristiana; otra clave nos es proporcionada por el Apocalipsis, donde el t\u00e9rmino Logos aparece por primera vez (19,13), y no a prop\u00f3sito de alguna ense\u00f1anza teol\u00f3gica, sino en una visi\u00f3n apocal\u00edptica, en cuyo contenido no hay indicio de Fil\u00f3n sino que m\u00e1s bien evoca a Sabidur\u00eda 18, 15.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Evangelio de San Juan el Logos aparece en el primer vers\u00edculo sin explicaci\u00f3n alguna, como un t\u00e9rmino familiar para los lectores; San Juan lo utiliza en el final del pr\u00f3logo (1, 14), y no lo vuelve a mencionar en su Evangelio. De esto, Harnack concluye que la menci\u00f3n de la Palabra era solo un punto de partida para el evangelista, y que pas\u00f3 directamente de esta concepci\u00f3n hel\u00e9nica del Logos a la doctrina cristiana del Hijo \u00fanico (\u00abUeber das Verh\u00e4ltniss des Prologs des vierten Evangeliums zum ganzen Werk\u00bb en \u00abZeitschrift fur Theol. und Kirche\u00bb, II, 1892, 189-231). Esta hip\u00f3tesis se ve desacreditada por la insistencia con que el evangelista vuelve sobre esta idea de la Palabra; adem\u00e1s, es bastante natural que este t\u00e9rmino t\u00e9cnico, empleado en el pr\u00f3logo donde el evangelista est\u00e1 interpretando el misterio divino, no reaparezca en la continuaci\u00f3n de la narrativa, cuyo car\u00e1cter podr\u00eda de esta manera variar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfCu\u00e1l es el valor preciso de este concepto en los escritos de San Juan? El Logos no tiene para \u00e9l el significado estoico que con tanta frecuencia ten\u00eda para Fil\u00f3n: no es el poder impersonal que sostiene el mundo, ni la ley que lo regula; tampoco encontramos en San Juan el concepto plat\u00f3nico del Logos como el modelo ideal del mundo; el Verbo es para \u00e9l la Palabra de Dios, y en consecuencia se alinea con la tradici\u00f3n judaica, la teolog\u00eda del Libro de la Sabidur\u00eda, de los Salmos, de los Libros Prof\u00e9ticos, y del G\u00e9nesis; \u00e9l perfecciona la idea y la transforma al mostrar que este Verbo creador, que desde toda la eternidad estaba en Dios y era Dios, se hizo carne y habit\u00f3 entre los hombres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta diferencia no es la \u00fanica que distingue la teolog\u00eda jo\u00e1nica del Logos del concepto de Fil\u00f3n, al que no pocos han querido asemejarla. El Logos de Fil\u00f3n es impersonal; es una idea, un poder, una ley; a lo m\u00e1ximo podr\u00eda ser comparado con aquellas entidades semi-abstractas, semi-concretas a las que la mitolog\u00eda estoica hab\u00eda prestado cierta forma personal. Para Fil\u00f3n, la encarnaci\u00f3n del Logos debe haber carecido absolutamente de significado, tanto como su identificaci\u00f3n con el Mes\u00edas. Para San Juan, por el contrario, el Logos aparece a la entera luz de una personalidad concreta y viviente; es el Hijo de Dios, el Mes\u00edas, Jes\u00fas. La diferencia es igualmente vasta cuando consideramos el papel del Logos. El Logos de Fil\u00f3n es un intermediario: \u00abEl Padre que engendr\u00f3 todo ha otorgado al Logos el insigne privilegio de ser un intermediario (methorios) entre la criatura y el creador\u2026 no es sin principio (agenetos) como lo es Dios, ni engendrado (genetos) como lo sois vosotros [la humanidad], sino intermedio (mesos) entre estos dos extremos\u00bb (Quis rer. divin. haeres sit, 205-06). El Verbo de San Juan no es un intermediario, sino un Mediador; \u00c9l no es intermedio entre dos naturalezas, divina y humana, sino que las une en su Persona; de \u00c9l no puede decirse, como del Logos de Fil\u00f3n, que no es agenetos ni genetos, porque es al mismo tiempo uno y otro, no en tanto es el Verbo, sino en cuanto es el Verbo encarnado (San Ignacio, \u00abAd Ephes.\u00bb vii, 2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la historia subsiguiente de la teolog\u00eda cristiana se originar\u00edan naturalmente muchos conflictos entre estos conceptos rivales, y las especulaciones hel\u00e9nicas constitu\u00edan una tentaci\u00f3n peligrosa para los escritores cristianos. Desde luego, no habr\u00edan de hacer del Logos divino un poder impersonal (la Encarnaci\u00f3n prohib\u00eda esto muy claramente), pero en ocasiones se inclinaban, m\u00e1s o menos conscientemente, a considerar al Verbo como un ser intermediario entre Dios y el mundo. De aqu\u00ed surgieron las teor\u00edas subordinacionistas encontradas en algunos escritores ante-nicenos; de aqu\u00ed, tambi\u00e9n, la herej\u00eda arriana (v\u00e9ase NICEA, CONCILIO DE).\n<\/p>\n<h3>El Logos en la Literatura Cristiana Primitiva<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Padres Apost\u00f3licos no mencionan la teolog\u00eda del Logos; una peque\u00f1a referencia aparece solamente en San Ignacio (Ad Magn. viii, 2). Los Apologistas, por el contrario, la desarrollan, debido en parte a su entrenamiento filos\u00f3fico, pero m\u00e1s particularmente a su deseo de declarar su fe de un modo familiar para sus lectores (San Justino, por ejemplo, insiste vigorosamente en la teolog\u00eda del Logos en su \u00abApolog\u00eda\u00bb destinada a los paganos; en muy menor medida en su \u00abDi\u00e1logo con el jud\u00edo Trif\u00f3n\u00bb). Esta ansiedad por adaptar la discusi\u00f3n apolog\u00e9tica a las circunstancias de sus oyentes acarreaba sus peligros, ya que as\u00ed era posible que los apologistas cayeran dentro de las l\u00edneas de sus adversarios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre la cuesti\u00f3n capital de la generaci\u00f3n del Verbo, la ortodoxia de los Apologistas es irreprochable: el Verbo no fue creado, como los arrianos sostuvieron m\u00e1s tarde, sino que naci\u00f3 de la misma sustancia del Padre de acuerdo a la posterior definici\u00f3n de Nicea (Justino, \u00abDi\u00e1l.\u00bb 128; Taciano, \u00abOr.\u00bb v; Aten\u00e1goras, \u00abLegat.\u00bb x, xviii; Te\u00f3filo, \u00abAd Autolyc.\u00bb II, x; Tertuliano \u00abAdv. Prax.\u00bb vii). Su teolog\u00eda es menos satisfactoria en lo que se refiere a la eternidad de esta generaci\u00f3n y su necesidad; de hecho, representan a la Palabra como pronunciada por el Padre cuando el Padre quiso crear y en orden a esta creaci\u00f3n (Justino, \u00abII Apol.\u00bb 6; cf. \u00abDial.\u00bb 61-62; Taciano, \u00abOr.\u00bb v, un texto corrupto y dudoso; Aten\u00e1goras, \u00abLegat.\u00bb x; Te\u00f3filo, \u00abAd Autolyc.\u00bb II, xxii; Tertuliano, \u00abAdv. Prax.\u00bb v-vii). Cuando buscamos comprender qu\u00e9 indicaban con esta \u00abpronunciaci\u00f3n\u00bb, es dif\u00edcil dar una \u00fanica respuesta. Aten\u00e1goras parece querer significar el rol del Hijo en la obra de la creaci\u00f3n, la syncatabasis de los Padres nicenos (Newman, \u00abCauses of the Rise and Successes of Arianism\u00bb en \u00abTracts Theological and Ecclesiastical\u00bb, Londres, 1902, 238); otros, especialmente Te\u00f3filo y Tertuliano (cf. Novaciano, \u00abDe Trinit.\u00bb xxxi), con suficiente certeza, parecen entender esta \u00abpronunciaci\u00f3n\u00bb literalmente. Ser\u00edan responsables de esta actitud remanentes mentales de la psicolog\u00eda estoica: los fil\u00f3sofos del P\u00f3rtico distingu\u00edan entre la palabra innata (endiathetos) y la palabra pronunciada (prophorikos); teniendo en mente esta distinci\u00f3n, los sobredichos apologistas conceb\u00edan un desarrollo en el Verbo de Dios seg\u00fan el mismo modo. Despu\u00e9s de este per\u00edodo, San Ireneo conden\u00f3 muy severamente estos intentos de explicaci\u00f3n psicol\u00f3gica (Adv. Haeres. II, xiii, 3-10; cf. II, xxviii, 4-6), y Padres posteriores rechazaron esta desafortunada distinci\u00f3n entre el Verbo endiathetos y prophorikos [Atanasio (?), \u00abExpos. Fidei\u00bb i, en PG XXV, 201 &#8211; cf. \u00abOrat.\u00bb II, 35, en PG XXVI, 221; Cirilo de Jerusal\u00e9n \u00abCat.\u00bb IV, 8, en PG XXXIII, 465 &#8211; cf. \u00abCat.\u00bb XI, 10, en PG XXXIII, 701 &#8211; cf. Concilio de Sirmio, can. viii, en Atan., \u00abDe Synod.\u00bb 27 &#8211; PG XXVI.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto a la naturaleza divina del Verbo, todos los apologistas estaban de acuerdo, pero para algunos de ellos, al menos para San Justino y Tertuliano, parec\u00eda haber en esta divinidad una cierta subordinaci\u00f3n (Justino, \u00abI Apol.\u00bb 13 &#8211; cf. \u00abII Apol.\u00bb 13; Tertuliano, \u00abAdv. Prax.\u00bb 9, 14, 26).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los te\u00f3logos alejandrinos, estudiosos profundos de la doctrina del Logos, evitaron los errores antes mencionados respecto de la concepci\u00f3n dual del Verbo (v\u00e9ase, sin embargo, un fragmento de las \u00abHipotiposis\u00bb, de Clemente de Alejandr\u00eda, citado por Focio, en PG CIII, 384, y Zahn, \u00abForschungen zur Geschichte des neutest. Kanons\u00bb, Erlangen, 1884, xiii 144) y la generaci\u00f3n en el tiempo; para Clemente y para Or\u00edgenes el Verbo es eterno como el Padre (Clemente \u00abStrom.\u00bb VII, 1, 2, en PG IX, 404, 409, y \u00abAdumbrat. in Joan.\u00bb i, 1, en PG IX, 734; Or\u00edgenes, \u00abDe Princip.\u00bb I, xxii, 2 ss, en PG XI, 130 ss; \u00abIn Jer. Hom.\u00bb IX, 4, en PG XIII, 357, \u00abIn Jo.\u00bb i, 32, en PG XIV, 77; cf. Atanasio, \u00abDe decret. Nic. syn.\u00bb 27, en PG XXV, 465). En lo referente a la naturaleza del Verbo, su ense\u00f1anza es menos segura: en Clemente, por cierto, encontramos solo unos pocos indicios de subordinacionismo (\u00abStrom.\u00bb IV, 25, en PG VIII, 1365; \u00abStrom.\u00bb VII, 3, en PG IX, 421; cf. \u00abStrom.\u00bb VII, 2, en PG IX, 408); en cualquier otro lugar \u00e9l afirma expl\u00edcitamente la igualdad del Padre y del Hijo y la unidad (\u00abProtrept.\u00bb 10, en PG VIII 228, \u00abPaedag.\u00bb I, vi, en PG VIII, 280; I, viii, en PG VIII, 325, 337 &#8211; cf. I, ix, en PG VIII, 353; III, xii, en P. d., V*I, 680). Or\u00edgenes, por el contrario, defend\u00eda frecuente y formalmente ideas subordinacionistas (\u00abDe Princip.\u00bb I, iii, 5, en PG XI, 150; IV, xxxv, en PG XI, 409, 410; \u00abIn Jo.\u00bb ii, 2, en PG XIV, 108, 109; ii, 18, en PG XIV, 153, 156; vi, 23, en PG XIV, 268; xiii, 25, en PG XIV, 441-44; xxxii, 18, en PG XIV, 817-20; \u00abIn Matt.\u00bb xv, 10, en PG XIII, 1280, 1281; \u00abDe Orat.\u00bb 15, en PG XI, 464, \u00abContra Cels.\u00bb V, xi, en PG XI, 1197); sus ense\u00f1anzas acerca del Verbo evidentemente adolec\u00edan de especulaci\u00f3n hel\u00e9nica: en el orden del conocimiento religioso y de la oraci\u00f3n, el Verbo es para \u00e9l un intermediario entre Dios y la criatura.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En medio de estas especulaciones de apologistas y te\u00f3logos alejandrinos, elaboradas no sin peligro ni error, la Iglesia mantuvo su estricta ense\u00f1anza dogm\u00e1tica acerca del Verbo de Dios. Se la reconoce particularmente en las obras de aquellos Padres m\u00e1s devotos de la tradici\u00f3n que de la filosof\u00eda, y especialmente en San Ireneo, quien condena cada forma de teor\u00eda hel\u00e9nica y gn\u00f3stica de seres intermediarios (Adv. Haer. II, xxx, 9; II, ii, 4; III, viii, 3; IV, vii, 4; IV, xx, 1), y quien afirma en\u00e9rgicamente la total comprensi\u00f3n del Padre por el Hijo y su identidad de naturaleza (Adv. Haer. II, xvii, 8; IV, iv, 2, IV, vi, 3, 6). La encontramos nuevamente con mayor autoridad a\u00fan en la carta del papa San Dionisio a su tocayo, el obispo de Alejandr\u00eda (v\u00e9ase Atan., \u00abDe decret. Nic. syn.\u00bb 26, en PG XXV, 461-65): \u00ab\u2026 opinan falsamente sobre la generaci\u00f3n del Se\u00f1or los que se atreven a llamar creaci\u00f3n a su divina e inefable generaci\u00f3n. Ni se debe dividir en tres divinidades la admirable y divina unidad, ni disminuir con la idea de creaci\u00f3n la dignidad y suprema grandeza del Se\u00f1or; sino que hay que creer en Dios Padre omnipotente y en Jesucristo su Hijo y en el Esp\u00edritu Santo, y que en el Dios del universo est\u00e1 unido el Verbo. Porque: Yo \u2014dice\u2014 y el Padre somos una sola cosa (Jn. 10, 30); y: Yo estoy en el Padre y el Padre en m\u00ed (Jn. 14, 10). Porque de este modo es posible mantener \u00edntegra tanto la divina Trinidad como la santa predicaci\u00f3n de la unidad de principio.\u00bb El Concilio de Nicea (325) no ten\u00eda m\u00e1s que prestar consagraci\u00f3n oficial a esta ense\u00f1anza dogm\u00e1tica.\n<\/p>\n<h3>Analog\u00eda entre el Verbo Divino y el Lenguaje Humano<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego del Concilio de Nicea, habiendo extirpado todo peligro de subordinacionismo, fue posible buscar en la analog\u00eda del habla humana alguna luz sobre el misterio de la generaci\u00f3n divina; los Padres griegos se refieren especialmente a esta analog\u00eda para explicar c\u00f3mo esta generaci\u00f3n es puramente espiritual y no implica disminuci\u00f3n ni cambio: Dionisio de Alejandr\u00eda (Atan., \u00abDe Sent. Dion.\u00bb 23, en PG XXV, 513); Atanasio (\u00abDe decret. Nic. syn.\u00bb 11, en PG XXV, 444); Basilio (\u00abIn illud: In principio erat Verbum\u00bb 3, en PG XXXI, 476-77); Gregorio de Nazancio (\u00abOr.\u00bb xxx, 20, en PG XXXVI, 128-29) Cirilo de Alejandr\u00eda (\u00bb Thes.\u00bb iv, en PG LXXV, 56; cf. 76, 80; xvi, ib\u00edd., 300; xvi, ib\u00edd., 313; \u00abDe Trinit.\u00bb di\u00e1l. ii, en PG LXXV, 768-69), Juan Damasc. (\u00abDe Fide Orthod.\u00bb I, vi, en PG XCIV, 804).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Agust\u00edn estudi\u00f3 m\u00e1s detalladamente esta analog\u00eda entre el Verbo divino y el habla humana (v\u00e9ase especialmente \u00abDe Trinit.\u00bb IX, vii, 12 s, en PL XLII, 967, XV, x, 17 s, ib\u00edd., 1069), y dedujo de ella ense\u00f1anzas aceptadas por mucho tiempo en la teolog\u00eda cat\u00f3lica. Compara al Verbo de Dios no con la palabra hablada por los labios, sino con el habla interior del alma, con lo cual podemos en alguna medida captar el misterio divino; engendrada por la mente, permanece all\u00ed dentro, es igual a ella, es la fuente de sus operaciones. Esta doctrina fue luego desarrollada y enriquecida por Santo Tom\u00e1s, especialmente en \u00abContra Gent.\u00bb IV, xi-xiv, op\u00fasc. \u00abDe natura verbi intellectus\u00bb; \u00abQuaest. disput. de verit.\u00bb iv, \u00abDe potent.\u00bb ii-viii, 1, \u00abSumma Theol.\u00bb I-I, xxvii, 2; xxxiv. Santo Tom\u00e1s expone de un modo muy claro la identidad de significado, mencionada ya por San Agust\u00edn (De Trinit. VII, ii, 3), entre los t\u00e9rminos Hijo y Verbo: \u00abeo Filius quo Verbum, et eo Verbum quo Filius\u00bb (\u00abSumma Theol.\u00bb I-I, xxvii, 2; \u00abContra Gent.\u00bb IV, xi). La ense\u00f1anza de Santo Tom\u00e1s ha sido honrosamente aprobada por la Iglesia especialmente en la condenaci\u00f3n del S\u00ednodo de Pistoya por P\u00edo VI (Denzinger, \u00abEnchiridion\u00bb 1460). (V\u00e9ase JESUCRISTO; TRINIDAD.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente:<\/b>  Lebreton, Jules. \u00abThe Logos.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 9. New York: Robert Appleton Company, 1910. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/09328a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Emilce S. F\u00e9kete\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La palabra Logos es el t\u00e9rmino con el cual la teolog\u00eda cristiana designa en lengua griega al Verbo de Dios, o Segunda Persona de la Sant\u00edsima Trinidad. Antes de que San Juan consagrara este t\u00e9rmino adopt\u00e1ndolo, los griegos y los jud\u00edos lo hab\u00edan utilizado para expresar concepciones religiosas que, bajo diferentes t\u00edtulos, han ejercido una &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/el-logos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEL LOGOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-25769","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25769","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25769"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25769\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25769"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25769"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25769"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}